Antología de la música secreta: las mejores canciones ocultas

The Beatles, 1963. Fotografía: ingen uppgift (DP).

Her Majesty’s a pretty nice girl,
But she doesn’t have a lot to say
Her Majesty’s a pretty nice girl
But she changes from day to day

I want to tell her that I love her a lot
But I gotta get a bellyful of wine
Her Majesty’s a pretty nice girl
Someday I’m going to make her mine, oh yeah,
Someday I’m going to make her mine

«Her Majesty», The Beatles.

Paul McCartney escribió en 1969 un montón de cosas bonitas a quien por entonces era la reina de UK, una Isabel II que casualmente lo sigue siendo hoy en día. Aquella declaración se convirtió en una tonadilla de veintitrés segundos que intentó encontrar hueco en el Abbey Road de 1969 entre los temas «Mean Mr. Mustard» y «Polythene Pam», pero cuando McCartney descubrió que estropeaba el ritmo del álbum la descartó y ordenó al técnico John Kurlander destruir la cinta. Kurlander se pasó por el forro la orden para conservar intacto el contenido del propio forro porque en EMI no eran tontos y tenían prohibido destruir cualquier tipo de grabación de los Beatles ya fuese una canción descartada, una toma mala o un campeonato de regüeldos. El técnico acabaría incluyendo el tema al final del Abbey Road, separado por catorce segundos de silencio tras el último corte del disco para que la cancioncilla no se interpretase como parte de la obra. La pieza inicialmente ni siquiera aparecía en el tracklist impreso en la cubierta del disco y oficialmente no se mencionaría su existencia. Acababa de nacer el concepto de canción oculta.

Este tipo de creaciones que jugaban al escondite entre los recovecos del disco eran guiños del artista hacia sus fans, regalos para quienes peinaban pacientemente los silencios del compacto intentando localizar tesoros escondidos. Pero la razón de ser de dichas hidden tracks murió cuando el CD perdió su posición como el formato más utilizado para almacenar música. Aquellos momentos íntimos entre el intérprete y su público ya no tienen sentido ante la inmediatez y disponibilidad de la música, actualmente nadie aguanta más de un minuto de silencio entre canciones, casi todo está disponible a un par de clicks en Spotify y los artistas han dejado de ser seres indescifrables al convertir las redes sociales en un escaparate.

Pregap

En un CD de audio que siga el estándar habitual la pregap es una pequeña pista fantasma que antecede al primer corte del disco, una huella que leen por defecto la mayoría de equipos musicales con reproductores de CD pero no los ordenadores. A dicha pista solo es posible acceder si el usuario pulsa el botón de rewind en el primer corte del disco y retrocede hasta el inicio del álbum y más allá; si la pregap aloja contenido el equipo seguirá rebobinando a lo largo del mismo, y en determinados sistemas la pantalla mostrará la posición del disco en números negativos.

Lo bonito es que muchos artistas aprovecharon el escondrijo que proporcionaban las pregaps para ocultar todo tipo de material. Los salados de 2 many DJs escondieron allí un remix de «Can’t Get You Out of my Head» de doña Minogue. En As Heard on Radio Soulwax Pt. 2, Pulp rellenó la pregap con platillos en This Is Hardcore; el recopilatorio Rarest One Bowie ocultó un anuncio setentero de David Bowie; Psyence Fiction de UNKLE alojó allí dos minutos de samplers variados sobre los que probablemente ni siquiera tenían los derechos; el Origin de Evanescence escondió una grabación en tono de broma de la canción «Anywhere»; Muse ocultó en Hullabaloo Soundtrack un poema leído por Tom Waits; Morbid Angel insertó ruido estático en Entangled in Chaos y Public Enemy incluyó en la pregap de Muse Sick-n-hour Mess Age un mensaje profetizando las críticas que iba a recibir el propio disco. Super Furry Animals situaron ahí el «The Citizen’s Band» de su extraordinario Guerrilla. Los punkis canadienses de SNFU se las dieron de elegantes e incluyeron en FYULABA una discusión entre la banda y el dueño de un local que habían arrasado. Muchos otros como Mayhem, Pennywise, Damien Rice, Blur, The Music, Blind Melon o McFly  también jugaron a ocultar material en la pregap.

Secretos ocultos

Pero lo normal era hacer como los Beatles y añadir las pistas secretas al final del álbum tras unos minutos de silencio. The Rolling Stones enterraron una melodía navideña tétrica y ralentizada en su Their Satanic Majesties Request. Green Day incluyó una famosa oda a la masturbación en acústico en el fantástico Dookie. Marilyn Manson colocó una canción extra en la pista número 99 de su Antichrist Superstar. Robbie Williams en Life Thru a Lens incluyó un poema dedicado a un caballero que en el pasado se burló del sueño de un pequeño Robbie de ser una estrella pop, en I’ve Been Expecting You insertó dos hidden tracks y para Sing When You Are Winning ya se tomaba a broma lo de esconder cosas: al final del disco, tras veinticinco minutos de silencio, sentenciaba: «No, no voy a hacer una para este álbum».

En la banda sonora The X-Files: the Album anidaba una pista secreta donde el creador de la serie, Chris Carter, explicaba las mitologías y conspiraciones de la misma. El extraordinario Without You I’m Nothing de Placebo contenía un tema oculto («Evil Dildo») que utilizaba como letra varias amenazas que Brian Molko había recibido en su contestador automático, mensajes de un psicópata que anunciaba querer hacerle el amor por la trasera, podar el pene del cantante y masticarlo como si fuese un Boomer, todo en ese orden. Alien Ant Farm incluyeron en su primer disco una versión primigenia del «Smooth Criminal» de Michael Jackson que les haría famosos. Alice in Chains se saltó el protocolo oficial y toda lógica: se les ocurrió colar una canción oculta («Iron Gland») en medio de su Dirt y no avisar, descolocando así el tracklist oficial. Al tema secreto del disco Transgression de Fear Factory solo se accedía introduciendo el CD en un ordenador y siguiendo el hipervínculo que contenía hacia una dirección de internet, difunta en la actualidad, para descargar aquella alegre melodía titulada «My Grave».

The Rolling Stones. Imagen: Andrea Sartorati (CC).

Secretos más ocultos

En septiembre de 2007 Radiohead anunció un nuevo disco titulado In Rainbows y diez días después, el 10 de octubre (10-10), lo colocaron en internet para descargar pagando lo que cada uno considerase: 1$, 10$, 20$ o nada en absoluto. Unos cuantos comenzaron a tomar nota  de la abundancia de ceros y unos en todo aquello que rodeaba a la obra: el título temporal del disco fue Zeroes and Ones, se emitieron diez comunicados antes de su publicación con una prosa salpicada de la letra X, el trabajo se alojó en diez servidores en internet y curiosamente había sido publicado diez años después de OK Computer, un álbum que al igual que In Rainbows tenía diez letras en su título. Con todo esto los fans acotaron una binary theory donde aseguraban que In Rainbows (al que se referían como 10) era un disco complementario a OK Computer (al que se referían como 01) y ambos podían combinarse en una playlist dando como resultado un álbum secreto: era necesario empezar con «Airbag», la primera pista de 01, continuar con «15 Step», la primera pista de 10, e ir salteando del mismo modo el resto de canciones con la excepción de «Karma Police» y «Fitter Happier», ambas del 01, ya que estas dos debían colocarse una detrás de otra antes de continuar alternando temas para servir como puente entre dos grupos de diez canciones. Supuestamente, al programar los temas de ese modo con un cross fade de diez segundos, las canciones se entrelazaban entre sí con naturalidad musical y lírica. La teoría es cuestionable, y las transiciones han sido documentadas para que cada uno saque sus conclusiones, pero lo más gracioso de toda esta hipótesis chiflada era una fabulosa coincidencia: las letras de OK Computer e In Rainbows pueden reordenarse para formar un combination superwork.

Radiohead. Imagen: michael dornbierer (CC).

Mucho más laborioso de destapar era el supuesto enigma del 10 000 Days de Tool. Según los fans, el álbum contenían una pista secreta que solo aparecía tras combinar con precisión quirúrgica tres canciones diferentes del disco: era necesario reproducir los temas «Viginti Tres» y «Wings for Marie», uno detrás de otro, sobre la canción «10 000 Days». Teóricamente en el resultado la música encajaba y las letras se ensamblaban sin pisarse, y gracias a YouTube es posible comprobar hasta qué punto aquello suena intencionado.

Lo de Arcade Fire también se las traía porque la banda ocultó en la pregap de su Reflektor un collage de diez minutos con versiones instrumentales de los temas del disco sonando al revés, un reflejo al que era necesario darle la vuelta para que tuviera sentido. Además alojaron una pieza de cinco minutos y alma ambient tras la «Supersymmetry» que cerraba el álbum. Y los fans más obcecados defendían que existía una tercera canción escondida, la que ocurría si se reproducía «Supersymmetry» sobre una versión sonando al revés de la misma canción.

Pero fueron The Flaming Lips los que le echaron más morro a lo de obligar al consumidor a montar puzles sonoros, porque idearon un disco que era en sí mismo una hidden track enorme. En el 97 publicaron Zaireeka, un álbum experimental  en cuatro CD diferentes que tenían que ser reproducidos al mismo tiempo en cuatro equipos distintos, aunque también se permitía combinar los CD en parejas, tríos o escucharlos individualmente.

Los rebuscados serían los miembros de Information Society al producir uno de los secretos más disparatados del vinilo. En su Love and Peace, Inc del 92 incluyeron una pista llamada «300 bbp N, 8, 1, (Terminal mode o ASCII download)» que en realidad era un código: si se configuraba un módem con las especificaciones que detallaba el título de la canción, se llamaba desde el módem a un teléfono que estuviese a mano y a través del auricular del aparato se reproducía aquella pista del disco, se obtenía como resultado un documento de texto detallando una loca historia donde la banda aseguraba haber sido extorsionada por el Gobierno brasileño.

Discos mutantes

Los Monty Python publicaron en 1973 el vinilo Matching Tie & Handkerchief, un recopilatorio de sketches con el que jugaron a la broma: algunos ejemplares incluían una corbata y un pañuelo a juego y se vendían en tiendas de ropa con la excusa de que el disco era lo que venía de regalo. En las primeras ediciones la portada escondía una ilustración de Terry Gilliam y ambas caras del disco estaban etiquetadas como «Disco gratis. De regalo junto a la corbata y pañuelo a juego de los Monty Python – Cara 2» para despistar. Pero lo más inusual del producto es que se trataba de un vinilo mutante, porque en una de sus caras se habían tallado dos surcos concéntricos con pistas diferentes, y aquello provocaba que el tocadiscos reprodujera un contenido u otro de manera aleatoria (según dónde comenzase a leer el sonido la aguja). Para aumentar la confusión y que esto pillase a todo el mundo de sorpresa, los Python decidieron no incluir ningún tipo lista de canciones o advertencia de aquella travesura.

Monty Python. Imagen: BBC One.

Pero la ocurrencia de añadir surcos adicionales y provocar que repetidas escuchas de un mismo disco tuviesen resultados diferentes no era una exclusiva de los Python. El trío The Fontane Sisters publicó en los años cincuenta un single, The Fortune Teller Song, con cuatro versiones diferentes escondidas mediante ese mismo truco. Kate Bush, Fine Young Cannibals, De La Soul, Garbage, The Smashing Pumpkins, Marillion, Jack White o Motorpsycho también añadieron surcos concéntricos a sus álbumes. Otros optaron por utilizar la artimaña del loop: el Super Trouper de ABBA se quedaba atrapado en una ovación eterna porque el último surco del vinilo enlazaba consigo mismo condenando a la aguja a reproducir el aplauso hasta que alguien parase el tocadiscos.

Las mejores canciones ocultas

Beck – «Diamond Bollocks»

Tras Odelay todos estaban pendientes de Beck y al hombre no se le ocurrió otra cosa que devolver la pelota en la pista que nadie se esperaba sacando Mutations, un álbum que decidía alejarse de su predecesor y mezclar folk rock con bossa nova, tonos oscuros, blues y grabaciones acústicas. Aquello descolocó al público, encantó a la crítica musical y le tocó los huevos al sello musical (Geffen Records). Lo curioso es que tras la última pista incluía un tema, «Diamond Bollocks», de seis minutos con pinta de pertenecer más al Odelay que al Mutations. Beck se explicaba así: «Grabamos ocho canciones en una noche, las montamos todas en una pista y el resultado es esta locura. Es como el hijo rebelde que no encaja con la familia durante la cena de Acción de Gracias, lo pones al final de la mesa».

The Clash –  «Train in Vain»

«Train in vain» es una canción oculta por accidente. Escrita en una noche y grabada en el estudio al día siguiente, era un corte que iba a formar parte de un flexi disc producido por la revista NME, pero finalmente la publicación descartó la idea. El grupo decidió rescatar el tema para el disco London Calling, pero al hacerlo a última hora se encontraron con que la imprenta ya había producido las cubiertas del álbum y no iban a reimprimirlo todo para añadir una canción a la contraportada. Por eso mismo, «Train in Vain» no figuraba en el tracklist del álbum y su letra tampoco estaba incluida en el interior. Aunque lo cierto es que a la propia canción se le dio fatal lo de jugar al escondite porque acabó lanzándose como single y fue un éxito en Estados Unidos.

Lauryn Hill – «Can’t Take My Eyes Off You»

The Miseducation of Lauryn Hill era un pedazo de disco y gozó de tanto éxito como para que Lauryn Hill desde 1998 se haya tomado la vida con calma y no haya sacado más álbumes de estudio. Su maravillosa versión de «Can’t Take My Eyes Off You» se escondía al final del tracklist, pero la canción triunfó tan a lo bestia como para lograr una nominación a un Grammy y que las reediciones dejasen de considerarla una pista oculta.

Ramones – «Spider-Man»

El ¡Adiós amigos! que Ramones sacaron en 1995 llevaba la despedida en el título por tratarse del último álbum de estudio de la banda. Poco después el grupo se disolvería y sus componentes comenzarían a hacer lo mismo al entrar en los dos miles, Dee Dee Ramone, Johnny Ramone y Joey Ramone la palmarían entre 2001 y el 2004. ¡Adiós amigos! incluía como secreto una versión de la sintonía de Spider-Man, convirtiéndose así en la segunda mejor aportación de los Ramones a los dibujos animados tras el cumpleaños feliz dedicado al señor Burns. La canción acabó formando parte de sus greatest hits, de un disco de versiones de temas de dibujos (Saturday morning cartoon greatest hits) e incluso de anuncios de juguetes de Spider-Man.

Bloc Party – «Everytime Is the Last Time»

El energético Silent Alarm de Bloc Party escondió una pieza instrumental serena y flotante que según el país servía como prólogo ninja o como epílogo fantasma: en el Reino Unido apareció en forma de pregap y en el resto de Europa se agazapó al final del disco.

TV on the Radio – «Mr Grieves»

El EP Young Liars de los neoyorquinos Tv on the Radio incluía cuatro temas y una quinta pista que no venía anunciada en ningún lado. Se trataba de una sorprendente versión del «Mr Grieves» de The Pixies reinterpretado a capela por varias voces que mutaban el original hasta un doo wop fantasmagórico y extraordinariamente marciano.

ZZ Top – «As Time Goes By»

Arrinconada al final del Mescalero de los amigos texanos de las barbacas yacía una versión serena del «As Time Goes By», aquel tema que popularizó Casablanca y que la gente sigue creyendo erróneamente que se detonaba con un «tócala otra vez, Sam».

Keith Urban – «One Chord Song»

No te puedes fiar de quien confunde la portada del disco con la foto que su madre enmarcaría en el salón. Y aceptar a alguien que posa así resulta incluso más complicado si tienes en cuenta que el caballero se dedica al country. Pero bueno, «One Chord Song» venía de incógnito y es un chiste de un solo acorde, tampoco pasa nada.

Queens of the Stone Age – «Mosquito song»

Songs For the Deaf era una especie de álbum conceptual de Queens of the Stone Age que simbolizaba un viaje en coche a través del desierto de California sintonizando diversas emisoras. Nick Oliveri lo tenía clarísimo: «Me aburre que un montón de emisoras pinchen las mismas canciones una y otra vez. Nosotros no sonamos en la radio, por lo que me figuré que podríamos arrojar mierda sobre ella». «Mosquito Song» era la canción secreta incluida, una pieza acústica de cuya letra se extraería el título del próximo disco de la banda: Lullabies to Paralyze.

Van Halen – «Growth»

El tercer álbum de Van Halen, Women and Children First, contenía «Growth», o una de las canciones ocultas más innecesarias de la historia. «Growth» arrancaba con ganas y se desinflaba a los quince segundos. La excusa era que la versión completa estaba siendo horneada para plancharse en el siguiente disco, pero aquello nunca llegó a ocurrir.

Pearl Jam – «Master/Slave»

Jeff Ament, bajista del grupo, aclaraba que «Master/Slave» fue parida en un par de días durante los cuales Stone Gossard estaba pachucho o «en el dentista». Una pieza despiezada: sonaba durante los primeros cuarenta y cinco segundos del disco, desaparecía para dar paso a «Once», y reaparecía de nuevo al final, acurrucada tras el último corte del álbum, «Release».

John Mellencamp – «Let It All Hang Out»

John Mellencamp escondió «Let It All Hang Out», su versión de un tema sesentero de The Hombres, porque no pegaba en el disco Big Daddy, una obra que nacía de la propia agonía del artista. Curiosamente la canción acabó recibiendo un videoclip con rubia explosiva y redneck explotado bailando en el camping.

Yeah Yeah Yeahs – «Poor Song»

«Poor Song» apareció abrazada a «Modern Romance» en el debut de la banda, Fever to Tell, y tenía a una suavizada Karen O entonando un tema que de pobre solo tenía el título.

The Rembrandts – «I’ll Be There for You»

Anda que no dio por el culo en los noventa la cancioncita de las palmitas de The Rembrandts por culpa de ser la sintonía oficial de la serie Friends. El éxito pilló desprevenido al grupo y la canción se añadió en el último momento al álbum que estaban a punto de lanzar (LP). No llegó a figurar en el tracklist de contraportada porque el embalaje ya había sido impreso y de ese modo se convirtió en la pista oculta que todo el mundo conocía.

Alt-J – «Hand-made»

An Awesome Wave como álbum era la hostia. Alt-J pecaban de haberse puesto nombre de una combinación de teclas (en un Mac el Alt+J se corresponde con el símbolo delta) pero lo compensaban acariciando acordes y entretejiendo voces. An Awesome Wave contenía maravillas como «Breezeblocks» (que llegó acompañada de un videoclip espectacular), «Tessellate», «Matilda» o «Bloodflood». Al final del disco ocultaba «Hand-made», una creación que no desentonaba con el resto.

Kings of Leon – «Talihina Sky»

«Talihina Sky», un lamento melancólico se agazapaba al final del Youth & Young Manhood con el que debutaron los americanos y daría nombre al rockumental basado en la propia banda: Talihina Sky: the Story of Kings of Leon.

The Afghan Whigs – «Miles Iz Ded»

El 28 de septiembre de 1991 Greg Dulli, integrante de la banda The Afghan Whigs, recibía dos mensajes en su contestador automático de parte del productor musical David Katznelson. El primero de ellos era la dirección de una comilona a la que ambos pretendían asistir, y el segundo era mucho más breve y conciso: «Miles ha muerto. No te olvides de traer el alcohol». El Miles al que se refería Katznelson era el mismísimo virtuoso del jazz Miles Davis, y la frase serviría de inspiración a Dulli para componer «Miles Iz Ded», la duodécima pista de un disco que anunciaba once canciones.

Misfits – «Hellnight»

Con American Psycho (1997) los Misfits presentaron nuevo cantante, Michael Graves, algo difícil de asimilar para muchos amigos del horror punk que habían crecido escuchando a Glenn Danzig. La pista oculta homenajeaba a la película Noche infernal.

Deftones – «Damone»

Lo habitual era utilizar los rincones del CD para apilar descartes, experimentos extraños o creaciones menos dignas. Pero Deftones eran de aquellos que recompensaban al curioso con un tema que no tenía ninguna razón real para estar escondido.

Eels – «Mr. E’s Beautiful Blues»

Dreamworks obligó a Mark Oliver Everett, líder de Eels, a meter la canción  «Mr. E’s Beautiful Blues» en el disco Daisies For the Galaxy y el hombre añadió dicha composición como una pista oculta al considerar que no compartía tono con el álbum. Pero los de Dreamworks continuaron jodiendo al artista y le forzaron a ceder la canción para la banda sonora de la película Road Trip, algo para lo que además tuvo que rodar un videoclip en contra de su voluntad. A día de hoy Everett no se ha molestado en ver Road Trip. Tampoco se pierde nada.

Tool – «Maynard’s Dick»

A principios del 2000 Tool editó una caja, Salival, con vídeos y canciones que incluía un extraño tema dedicado al pito del cantante. Sonaba infantil, y mucho más en un grupo que la gente se tomaba muy en serio, pero a lo mejor no tanto como lo de cerrar la canción con eructos y pedos.

Nirvana – «Endless, Nameless»

Nirvana asustó a todos aquellos que se dejaron el Nevermind rodando en la minicadena sin vigilancia cuando tras acabar el disco, y después de diez minutos de silencio, Cobain y compañía hacían sangrar las guitarras entre berridos durante los nueve minutos de la anárquica y ruidosa «Endless, Nameless». La jugada caló bastante en el ecosistema musical: Weird Al Yankovic no solo parodió la portada del Nevermind y su canción más famosa (transformándola en «Smell Like Nirvana») sino que además insertó «Bite Me», una pista de seis segundo consistente en un puñado de chirridos y chillidos amontonados, tras diez minutos de silencio al final del disco Off the Deep End que homenajeaba directamente a «Endless, Nameless».


Woody Guthrie: revisitando las Dust Bowl Ballads

Woody Guthrie. Fotografía: DP
Woody Guthrie. Fotografía: DP

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En 1939 se publicó Las uvas de la ira, novela social de corte realista firmada por John Steinbeck que se convirtió al instante en el mayor éxito de su autor, ganando ese año el Premio Pulitzer y el National Book Award. Las uvas de la ira narra la odisea vivida por los Joad, familia campesina desterrada de su Oklahoma natal por culpa del «Dust Bowl» (nombre por el que se conoce a la catástrofe medioambiental ocurrida a mediados de los años treinta en los Estados Unidos en la que, debido a una terrible sequía, se formaron tormentas de arena y polvo que secaron los campos y desolaron muchas poblaciones), que se ve obligada a trasladarse a la soleada California en busca de trabajo y de un futuro algo más prometedor. Steinbeck dibujó así a toda una generación de «okies» (como se denominó, de forma genérica, a estos desplazados) que protagonizaron uno de los éxodos más trágicos ocurridos en Norteamérica. El retrato de Steinbeck pareció conmocionar a todo el mundo, y su lectura del estado de las cosas levantó ampollas en las altas esferas, que gestionaban como podían los estragos de la Gran Depresión. En algo habría acertado el amigo Steinbeck para gustar y cabrear a tanta gente. Sin embargo, un joven lector llamado Woody Guthrie no parecía compartir el entusiasmo generalizado.

Antes de convertirse en el icono folk que es hoy día, Woody Guthrie (1912-1967) fue uno de esos okies a los que Steinbeck dio voz en Las uvas de la ira. Natural de Oklahoma pero residente en Texas desde los dieciocho años, el Dust Bowl lo obligó a migrar a California en busca de trabajo. Durante la travesía, Guthrie, que había demostrado tener un oído privilegiado para la música, comenzó a «documentar» todo lo que veía en forma de canciones. Dicha crónica musical terminó viendo la luz bajo el título Dust Bowl Ballads (RCA-Victor, 1940), que es la grabación que queremos revisitar hoy y que bien podría considerarse la banda sonora de Las uvas de la ira.

De todas formas, como recientemente se ha podido demostrar, antes que componer canciones, lo que Guthrie siempre quiso hacer fue escribir la novela definitiva sobre el Dust Bowl. Al fin y al cabo, él había sido uno de los afectados y tenía una historia personalísima que contar. Pero Steinbeck se le adelantó, y eso que él no sufrió la travesía en sus carnes sino que se limitó a recopilar, con afán periodístico, los dramas que le fueron contando los desplazados a su llegada a California. Si algo le achacaba Guthrie a Steinbeck era precisamente eso: que escribiera de segunda mano. También se lamentaba de que en Las uvas de la ira no se hubiera captado con verismo el habla (incorrecta) de los okies. Esto no quitaba para que Guthrie le reconociera al futuro premio nobel el haber sido el primero en documentar el éxodo, pero: ¿y la historia de aquellos que se quedaron en casa, en Texas, en Kansas o en Oklahoma, sufriendo las hambrunas y padeciendo las feroces tormentas de polvo? Guthrie tomó entonces la decisión de novelar esa parte de la historia, y comenzó a trabajar en ella a finales de los años treinta, dándola por finalizada en 1947 bajo el título Una casa de tierra. Inexplicablemente, Guthrie no llegó nunca a publicar esta obra en vida (se ha editado, de hecho, por primera vez, en 2013): al parecer se empeñó en venderla a Hollywood, quizás con la idea de capitalizar el impacto que tuvo la adaptación cinematográfica que de Las uvas de la ira realizó magistralmente John Ford en 1940. Guthrie perdió así la oportunidad de pasar a la historia como el cronista literario oficial del Dust Bowl: a cambio se convirtió en su trovador, que es lo que hoy celebramos en estas páginas.

Tras deambular por diferentes emisoras de radio interpretando canciones hillbilly, en febrero de 1940, invitado por su amigo el actor Will Geer, Guthrie abandona California y se traslada a Nueva York, donde despegará su carrera musical. Gracias al folclorista Alan Lomax, Guthrie entra por primera vez en un estudio de grabación y de esas primeras sesiones, realizadas a finales del mes de abril, saldrá el material que conformará su primera referencia discográfica. Publicado en julio de 1940 en un formato un tanto atípico (dos volúmenes que incluían cada uno tres discos de 78 rpm), Dust Bowl Ballads bien puede considerarse uno de los primeros álbumes conceptuales, pues está compuesto exclusivamente de canciones dedicadas al Dust Bowl.

1940 y Nueva York fueron el tiempo y el lugar de Woody Guthrie: fue entonces cuando compuso el que se convertiría en su gran himno: «This Land is Your Land»; fue allí donde conoció a Pete Seeger, con quien formaría al poco el seminal grupo folk The Almanac Singers; también fue allí donde escribió gran parte de sus memorias (que terminarían siendo publicadas en 1943 con el título de Rumbo a la gloria), y fue ese mismo año que decidió que Nueva York era demasiado para él y se volvió a California con su mujer e hijos.

Guthrie dedicaría toda la década de los cuarenta a componer y grabar canciones, todas con un alto contenido de crítica social, participando a su vez, de forma muy activa, en numerosos mítines y conciertos asociados al Partido Comunista, en los que mostraba orgulloso la frase «This machine kills fascists» escrita en su guitarra. Pero a finales de la misma empezó a actuar de forma extraña, errática, y su salud comenzó a deteriorarse gravemente. Los médicos le terminaron diagnosticando la enfermedad de Huntington, dolencia degenerativa que lo obligó a estar hospitalizado durante los últimos diez años de su vida. Estuvo ingresado hasta un 3 de octubre de 1967, día en el que murió en un centro psiquiátrico de Nueva York. Curiosamente, la ciudad que lo vio nacer musicalmente hablando ahora lo veía marcharse, pero mientras que Guthrie se apagaba poco a poco, postrado en su cama de hospital, las calles del Greenwich Village ya habían comenzado a reivindicar su figura: en 1964, en plena eclosión del revival folk, el sello Folkways reeditó su Dust Bowl Ballads haciéndolo así llegar a una nueva hornada de músicos comprometidos.

1.«The Great Dust Storm» (1971), de Heron

Se conoce al 14 de abril de 1935 como el Domingo Negro, el día en que una enorme tormenta de polvo barrió el llamado panhandle de Texas. Muchos creyeron que era el mismísimo Apocalipsis el que se cernía sobre ellos. Como cuenta Douglas Brinkley en la introducción a Una casa de tierra, «la mayor parte del ganado había perecido durante la tormenta: el polvo les había obstruido la nariz y la garganta. Ni los buitres habían sobrevivido al torbellino gigantesco. Se veían por todas partes imágenes de la angustia humana. Alguna gente de edad —la más afectada— había sufrido daños permanentes en ojos y pulmones. La «neumonía del polvo» (…) llegó a ser una epidemia en el panhandle de Texas». Woody Guthrie, que entonces vivía en Pampa (Texas), fue testigo presencial del fenómeno y escribió «The Great Dust Storm» en homenaje a todos los supervivientes. Aquí la escuchamos en una versión hermosísima grabada por el grupo británico de folk-rock Heron, e incluida en su segundo LP Twice As Nice & Half The Price (1971).

2.«I Ain’t Got No Home» (1968), de Bob Dylan

Ningún músico ha reivindicado a Woody Guthrie con más fuerza que Bob Dylan. Lo cuenta él mismo en el primer volumen de sus Crónicas (2004): «Mi vida cambió para siempre el día en que me pusieron un disco de Woody (…). Guthrie captaba como nadie la esencia de las cosas. Era tan poético, duro y rítmico a la vez (…). Para mí fue como una revelación (…)». La influencia de Guthrie en Dylan no solo se dejó ver en su música, pues fue a raíz de la lectura de Rumbo a la gloria (1943), las memorias de Guthrie, que Dylan decidió salir de su Minnesota natal y seguir los pasos del okie. En enero de 1961 Dylan llega por primera vez a Nueva York y lo hace con la intención de conocer a su ídolo, que se encontraba hospitalizado cerca, en el Greystone Park de Nueva Jersey. Cuenta la leyenda que Dylan fue a ver a Guthrie al hospital y allí en su habitación interpretó el tema «Song to Woody» que había compuesto para él y que al poco grabaría para su primer LP. Guthrie le dio el visto bueno a la composición, en un gesto que ha sido magnificado por muchos aficionados que han querido ver en ese encuentro algo así como una especie de cesión del testigo de cronista oficial de la época. Lo único cierto es que, desde entonces, Dylan no ha perdido nunca la oportunidad de homenajear a su maestro: por ejemplo, tras la muerte de Guthrie en 1967, se celebró en el Carnegie Hall de Nueva York el primero de muchos tributos a su figura. La cita tuvo lugar el 20 de enero de 1968 y allí que estuvo Bob Dylan, acompañado de The Band, versionando con fuerza este «I Ain’t Got No Home».

3.«Talking Dust Bowl Blues» (1955), de Ramblin’ Jack Elliott

Si Dylan ha pasado a la historia como el reivindicador oficial de Woody Guthrie, lo cierto es que él no fue ni mucho menos el primero en obsesionarse con la música del de Oklahoma. Debe reconocérsele a Ramblin’ Jack Elliott el haber sido el catalizador del repertorio de Guthrie para las nuevas generaciones de folkies que llegaban a Nueva York dispuestas a dejarse impregnar por el ambiente bohemio del Greenwich Village. El propio Dylan así lo admite en sus famosas Crónicas: sin Elliott el legado musical de Guthrie no habría llegado a tanta gente. Elliott quizás fuera el primero en grabar todo un LP con material de Guthrie: Woody Guthrie’s Blues vio la luz a la temprana fecha de 1955. Ese mismo disco fue reeditado (y ampliado) en 1963, en plena efervescencia del revival folk neoyorquino, con el nombre de Talking Woody Guthrie. En cualquiera de las ediciones puede encontrarse esta lectura maravillosa del «Talking Dust Bowl Blues».

4.«Vigilante Man» (1972), de Ry Cooder

Uno de los grandes indagadores en las raíces musicales del mundo es Ry Cooder, excelso guitarrista que nunca ha tenido miedo de interpretar cualquier cosa que se le pusiera por delante. Tras varios años curtiéndose como músico de sesión, Cooder comenzó en 1970 una interesantísima carrera en solitario. En sus primeros discos, Cooder parece empeñado en revitalizar el sustrato musical de su país, integrando con una nueva sensibilidad rock todos los grandes géneros musicales, creando así una amalgama de raíces que muchos identifican hoy día con la llamada «americana». No podía faltar en esta especie de proyecto de recuperación la música de Woody Guthrie, cuyo «Vigilante Man» fue versionado por Ry Cooder en clave de blues para su segundo álbum titulado Into the Purple Valley (1972).

5.«Dust Can’t Kill Me» (1940), de Woody Guthrie

Por extraño que parezca, no he sido capaz de encontrar una versión del «Dust Can’t Kill Me» de Woody Guthrie. Ni siquiera una mala. Y creedme, he buscado mucho. Esto nos «obliga» a tener que escucharla en la voz del propio Guthrie, armado con su guitarra y armónica, tal y como la grabó el 26 de abril de 1940 en los estudios de la RCA-Victor en Camden, Nueva Jersey; y tal y como apareció en el álbum Dust Bowl Ballads que hoy revisitamos.

6.«Pretty Boy Floyd» (1968), de The Byrds

Con la reedición del Dust Bowl Ballads en formato LP en 1964, se aprovechó por parte del sello Folkways para incorporar dos canciones que, si bien habían sido grabadas por Guthrie en las sesiones de 1940, no fueron finalmente incluidas en la primera versión del álbum, por falta de espacio. Una de ellas era este «Pretty Boy Floyd», con la que Guthrie quiso retratar a uno de los outlaws más conocidos de la Gran Depresión, visto por muchos como una víctima de las circunstancias más que como un simple delincuente. En 1968, los Byrds grabaron esta particular versión country, que incluyeron en su seminal Sweetheart of the Rodeo.

7.«Dust Pneumonia Blues» (1970), de Mungo Jerry

Curiosa (y potente) versión del «Dust Pneumonia Blues» de manos de uno de los grupos más exitosos de principios de los setenta, Mungo Jerry, ejecutada al más puro estilo boogie woogie y con no pocas reminiscencias de su omnipresente «In the Summertime», que toparía todas las listas de éxito en 1970. La banda británica liderada por Ray Dorset hizo tan suya esta canción de Guthrie que, directamente y sin ningún pudor, la retitularon en algunas ediciones como «Mungo’s Blues». Con todo, esta versión posee la suficiente fuerza como para ser reconocida como una lectura autorizada, que de paso demostraba al mundo que el comprometido repertorio de Guthrie aún era capaz de seguir dando guerra, incluso a nivel comercial.

8.«Blowin’ Down This Old Dusty Road» (1956), de Chris Barber’s Skiffle Group

El skiffle fue un invento de los británicos con el que quisieron hacer creer al mundo que, al igual que los americanos, ellos también tenían géneros musicales autóctonos asociados a la música popular, y ahí que se atrevieron a ponerle un nombre diferente a algo que ya existía, como era el dixieland que ejecutaban las jug bands de Nueva Orleans a principios del siglo pasado, un sonido que ciertamente se hizo muy popular en Inglaterra, eso sí, veinte años después, a lo largo de la década de 1950. De toda esa fiebre del skiffle debe destacarse un nombre, el de Chris Barber, figura pionera en introducir en el Reino Unido el interés por el jazz, el blues y el folk americanos. Gracias sobre todo a la impagable labor iniciada por John A. Lomax en los Estados Unidos, que a lo largo de los años treinta se dedicó a recopilar el folclore musical de su país, los británicos pudieron acceder a un repertorio clásico que fue incorporándose de forma natural a su cultura hasta el punto de que, por ejemplo, el mejor blues del mundo se llegó a hacer en las Islas Británicas a lo largo de los años sesenta. Si alguien quiere conocer el origen del interés que siempre han tenido los ingleses en la música tradicional americana, por aquí pueden encontrar varias pistas. Y qué mejor prueba que esta fantástica versión de Woody Guthrie firmada por el Chris Barber’s Skiffle Group, grabada para el sello Pye en 1956.

9 y 10.«Tom Joad (Part 1 & 2)» (1969), de Country Joe McDonald

Podría decirse que Woody Guthrie se «vengó» de Steinbeck con esta larguísima composición (tan larga que tuvo que ser cortada en dos para que cupiera en el single) en la que fantaseaba con la historia de Tom Joad, el protagonista de Las uvas de la ira, tras su salida de la cárcel. De esta forma, Guthrie jugaba a suceder al exitoso novelista, tomando como punto de partida un personaje que bien podría haber sido el mismo Woody. De todos modos, la historia personal de Guthrie se terminó contando en Rumbo a la gloria (1943), sus espléndidas memorias que venían a ofrecer una suerte de lectura paralela a la ofrecida por Steinbeck en Las uvas de la ira. En 1976, el cineasta de culto Hal Ashby llevó a la gran pantalla la vida de Woody Guthrie, que fue interpretado magistralmente por David Carradine en la cinta aquí titulada Esta tierra es mi tierra. Tanto en el papel como en el cine, las conexiones entre Guthrie y Joad son claras, de ahí que al de Oklahoma le pareciera legítimo apropiarse del personaje de Steinbeck para su cancionero, en una composición que aquí escuchamos en la versión de Country Joe McDonald, que le dedicó todo un LP a Guthrie en 1969, grabado en el mítico Bradley’s Barn de Nashville.

11.«Dust Bowl Refugee» (2000), de James Talley

De los últimos tributos dedicados a Woody Guthrie, uno de los más sinceros es este firmado por James Talley, cantante folk increíblemente olvidado hoy día que facturó en los años setenta cuatro LPs maravillosos para el sello Capitol. Talley, natural de Oklahoma (como Guthrie), publicó en 2000 un CD para el sello Cimarron cuyo título no dejaba lugar a la imaginación: Woody Guthrie and Songs of My Oklahoma Home. De ese disco rescatamos esta versión del «Dust Bowl Refugee».

12.«Do Re Mi» (1988), de John Mellencamp

En 1988, Harold Leventhal, el que fuera mánager de Guthrie y avispado empresario musical, se las apañó para juntar a algunos de los músicos más importantes del momento y con ellos grabó un disco colectivo en el que se homenajeó no solo a Guthrie sino a otro grande del folclore americano: Huddie Ledbetter. Una jugada un tanto extraña quizás, pero el álbum, que se tituló Folkways: A Vision Shared, se convirtió en un éxito tremendo, llegando a ganar incluso un Grammy. De este tributo destacamos la versión un tanto cajun que se marcó John Mellencamp del clásico «Do Re Mi».

13.«Dust Bowl Blues» (2000), de Ace Moreland

«Dust Bowl Blues» es junto a «Pretty Boy Floyd» la otra canción que se incorporó al Dust Bowl Ballads en su reedición de 1964. Como su propio título indica, se trata de un blues y por este motivo he querido recuperarla en la voz de un bluesman de verdad como es el medio cherokee Ace Moreland, natural también de Oklahoma, y que la versionó de esta forma tan soberbia en su álbum Give It To Get It.

14.«So Long, It’s Been Good To Know You» (1951), de Gordon Jenkins and His Orchestra and The Weavers

Titulada originalmente «Dusty Old Dust», Woody Guthrie compuso esta canción inmediatamente después de vivir el Domingo Negro. En su estribillo puede rastrearse la desesperación que supuso para muchos encontrarse de repente sepultados por una nube negra de polvo y barro. Siendo esta una de sus letras más duras, sorprende enormemente que se convirtiera en todo un éxito pop a principios de los años cincuenta en las angelicales y orquestadas voces de Gordon Jenkins acompañado por los Weavers. Curiosamente, en los Weavers se encontraba Pete Seeger, que había coincidido con Guthrie en los Almanac Singers. Al parecer a Woody no le pareció mal el estropicio que hicieron con su canción pues, según cuenta su manager Harold Leventhal, estuvo incluso presente en las sesiones de grabación, aportando ideas para versos nuevos. Me imagino que a Guthrie le entraría un buen montón de dinero por esta versión, así que poco más hay que añadir. Hasta luego, Woody, estuvo bien conocerte.