¿Final de ciclo?

Pau Gasol, Juan Carlos Navarro y Felipe Reyes se abrazan tras el partido España – Italia / Eurobasket 2003. Fotografía: Cordon.

He escrito este ensayo sobre la selección española de baloncesto en el contexto más difícil en el que nunca me haya encontrado: la convulsa situación entre España y Cataluña, la convulsa situación entre ECA (empresa que organiza la Euroleague y la Eurocup) y FIBA. Y del último dúo supura el conflicto de las ventanas FIBA, unas fases clasificatorias forzadas por el nombrado organismo en medio de la temporada. Así que las selecciones que compiten no pueden contar, por temas de agenda, ni con sus jugadores NBA ni con los de Euroliga por la coincidencia de sus competiciones. Como hemos vistos estos días, una selección B española (Albert Oliver se ha convertido en el jugador más veterano de la selección en debutar con casi cuarenta años) ha ganado de forma excelsa a las también descafeinadas Montenegro y a la actual campeona europea Eslovenia para sumar más opciones en su participación en el próximo Mundial del 2019.

No obstante, adelante. Como muchos sabréis, la selección española ganó el bronce en el último Eurobasket. Por muchos entendido como el mínimo aceptado por tanto talento acumulado en los centímetros y kilos de sus integrantes. Pero, como viene siendo habitual desde hace varios años, cada vez que acaba un Eurobasket, un Mundial o unas Olimpiadas, independientemente del resultado, nos resta una misma cuestión.

La incursión de los Júniors de Oro en el baloncesto internacional ha marcado un punto de inflexión tan superlativo que es como si nos estuviéramos preparando para una caída libre. Aquella chavalería nacida en 1980, entre la que incluimos a José Manuel Calderón (un año menor), es una de las mejores de la historia del baloncesto mundial por tres razones: competitividad, talento y físico. En ese orden de importancia. Siempre creyeron que podían ganar. Sus rivales siempre creyeron que podían perder.

Ya han pasado diecisiete años desde que dos casi imberbes Juan Carlos Navarro y Raül López fueran reclamados para debutar con la selección absoluta en aquel combinado que dirigía Lolo Sainz. La cita, para soñar despierto, las Olimpiadas de Sydney del 2000. Raül me confesó en el libro Historia del baloncesto en España (Ed. Círculo Rojo, segunda edición mayo de 2016): «Aunque Pau aún no había explotado del todo en ACB, resulta curioso que no fuera seleccionado. Nuestro papel en las Olimpiadas fue malo y es difícil saber si con Pau las cosas hubieran ido de otra forma. Lo que es seguro es que él habría aportado cosas al equipo. Los puestos interiores los cubrieron Alfonso, Dueñas, Johnny Rogers y De Miguel». España quedaba novena. Después de ocho años, todo un histórico como Sainz dejaba el cargo tras un exiguo recorrido delimitado entre un «chinazo» (derrota ante China por 74-78 en el Mundial de Toronto del 94. El resultado se calificó, históricamente, como un desastre para el baloncesto español. Aquella victoria era imprescindible para que España no quedara apeada en la primera fase) y un único metal. Sainz nunca volvería a entrenar. Las veces que he hablado con él, he captado algo de desapego por la disciplina que le llevó a lo más alto. Seguramente, la injusticia de firmar un amargo final como punto y final a una excelente trayectoria. Todo, impresiones dueñas de quien escribe estas líneas.

Pau Gasol es un deportista que ha ligado el grado de su progresión a la magnitud de sus desafíos. Después de las mencionadas Olimpiadas en las antípodas, Pau, lejos de desanimarse, completaría una temporada de escándalo haciendo doblete en Copa y Liga. Siendo MVP en ambas competiciones. Después del chasco olímpico y una década noventera fundamentalmente funesta, la FEB se frotaba las manos. Tenían un as en la manga. Un 2,15 que se movía con la rapidez y agilidad de un jugador exterior. Un regalo llegado de la nada y sin precedente en España. Y ahora es cuando los más despistados alucinan. En la selección júnior, como jugador de segundo año, Pau no era titular. Y lo más sorprendente: antes el de Sant Boi nunca había sido seleccionado para jugar con España en dicha categoría ni inferiores. Lógicamente, ese verano del 2001 su talento acabaría encajando con la absoluta donde Javier Imbroda también debutaría como seleccionador. Para Pau, la fiesta se duplicaría en ese momento, los Atlanta Hawks le escogían en la tercera posición. Luego, como todos sabemos, sus derechos pasarían a los Memphis Grizzlies.

Imbroda lo incitaba para que lo diera todo en su debut. Pau, desde su determinación habitual, aceptaba el pulso. Su impacto en el Europeo de Estambul fue bestial, siendo elegido en el quinteto ideal del campeonato junto a Predrag Stojakovic, Damir Mulaomerovic, Dirk Nowitzki y el ídolo local Hidayet Türkoğlu. Y es que con veintiún años acabaría siendo el séptimo máximo anotador del Europeo con más de diecisiete tantos, a lo que añadió cerca de diez rebotes. Otro chaval de oro que se estrenó fue Felipe Reyes. Aquel pívot bajito de apellido familiar en el profesionalismo que no tenía tiro ya rentabilizaba sus minutos a base de tesón. Por su parte, Raül y Navarro repetían la experiencia con un concurso coral de veintidós puntos y más de cinco asistencias de media. De paso, España consiguió un bronce con sabor a venganza contra la Alemania de Nowitzki, para muchos de nosotros, a la altura de los legendarios Sabonis o Petrovic. Se declaraba la revolución. Además del astro germano, Tony Parker, Papaloukas, Ginóbili y un prolongado etcétera de estrellas sufrirían el descaro y determinación (sí, repito calificativo) de estos chicos durante muchos campeonatos internacionales. Estos tíos, conjugados con anteriores genios como Jorge Garbajosa (1977) o Carlos Jiménez (1976), y posteriores como Ricky Rubio (1991) o Sergio Rodríguez (1986), «la liaban» casi cada verano. Apunte, mi tocayo Carlitos, menos brillante y plástico, era el alero alto que ejercía de pieza angular para equilibrar el juego del equipo. Sin sacrificio e intangibles, siempre rendirás por debajo de tus posibilidades.

Recuerdo al gran Aleksandar Djordjevic, hace unos veranos, alabar el compromiso del grupo de la selección de Scariolo. El seleccionador de España había sido técnico del serbio en su época como jugador en Bolonia y Madrid. Sasha hacía referencia a ese grupo en el que las estrellas siempre estaban deseando volver a competir junto a sus amigos, su familia. Volviendo a los inicios de la incursión de los Júniors de Oro en la absoluta, su palmarés muestra que, después de diecisiete campeonatos, se hicieron con la friolera de doce metales. Cuatro oros y otras tantas platas y bronces. En el 2006 fueron los mejores del mundo, solo al alcance de seis países con el justo asterisco que aclare que los Estados Unidos congregaron a sus jugadores profesionales a partir de las Olimpiadas de Barcelona de 1992.

Pero, entonces… ¿se cierra un ciclo? Me entristece deducir que sí. Pau es el único integrante de aquella irrepetible generación que aún no ha confirmado su retirada de la selección. El último ha sido un voluntarioso pero maltrecho Navarro. La FIBA ya ha certificado que en el verano de 2018 no habrá competición internacional y ha trasladado el Mundial de Beijing a 2019. ¿Para que no coincida con el de fútbol? Les dejo a ustedes la respuesta. En 2020 se celebrarán los Juegos Olímpicos y en 2021 será la próxima vez que España podría volver a jugar un Europeo. Todo, si siguen clasificándose para tales citas sin olvidar que pudiera no ser así, tras la creación de las ya citadas peliagudas ventanas FIBA, las cuales comprometen a los jugadores que compiten en la Euroliga a lidiar con el conflicto FIBA-Euroleague. El caso es que Pau ya estampó su firma con los San Antonio Spurs de la NBA por tres años. Los tejanos son un potente equipo de los que, como poco, va a disputar las finales de conferencia. Este nuevo periplo coincidirá con los últimos años del catalán en la NBA y, quién sabe, si en el profesionalismo. Como viene siendo habitual, su bagaje natural tras cada temporada será de unos cien partidos a sus espaldas antes del periodo estival. Para el próximo Mundial tendrá treinta y nueve años. El legado podría recaer en su hermano Marcpero no olvidemos que andará en treinta y cuatro y que, en la selección, nunca fue tan decisivo como Pau. El Chacho tendrá treinta y tres y Llull, treinta y dos.

Entonces, ¿hay vida después de los Júniors de Oro?

Sergio Llull y Willy Hernangómez celebrando la victoria en el EuroBasket 2015. Fotografía: Benoit Tessier / Cordon.

Vaya por delante que será prácticamente imposible que vuelva a salir una generación de tal calidad y rendimiento como la de los Júniors de Oro. Aunque España sea una potencia mundial en la disciplina del baloncesto dicho sea de paso, es una lástima la fijación que se ejerce por centrar todos los esfuerzos en promocionar un único deporte tan deteriorado por malos hábitos como es el fútbol, es obvio que no siempre se puede estar en la élite de la élite.

Para responder a una pregunta tan compleja es necesario echar la vista atrás. La segunda mejor generación de la historia del baloncesto español fue la del 59 con los Epi, Romay, Iturriaga, Llorente y sus próximos Solozábal y Sibilio, del 58. Como pasó en el caso que nos compete, tal quinta fue el eje principal para poder contribuir a grandes éxitos grupales como fue la plata de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles del 84. Junto a esos talentos, destellos de otras generaciones más noveles. Léase el caso de Fernando Martín y Andrés Jiménez (ambos del 62) u otras más veteranas como la de Juan Corbalán (54) y Pep Margall (55). Tras ellos, un desierto noventero, aunque es de recibo apuntar la temprana muerte de Martín (veintisiete años), primer jugador español en jugar en la NBA, en 1986, y uno de los dominadores del baloncesto europeo desde la pintura.

No obstante, en este caso reafirmo mi esperanza en que en los próximos años se formará un grupo que también nos brindará, aunque con menos frecuencia, valiosos éxitos. No por el alentador refuerzo de una generación, pero sí de otros hermanos, los Hernangómez. Estos chicos serán dos estiletes dentro y fuera de la pintura durante muchos compromisos internacionales. El mayor, Willy, ya es un pívot tan exquisito como contundente a sus veintitrés años aunque el protagonismo de su vuelta a la NBA ahora ande algo frenado por parte del coach Hornacek. Paciencia, Willy es un tipo listo que aprende de los mejores. Tiene una capacidad de pase y un juego de pies cercanos a los de los mejores pívots del mundo. Ahora necesita mejorar su tiro, defensa y… lo hará. El pequeño, Juancho, es bárbaro. No tiene miedo al trabajo. A pesar de sus veintidós años, sabe lo que es sufrir. Tras su último año como cadete y una repetida lesión en su rodilla, fue descartado por el Real Madrid y acabó fichando por el modesto Majadahonda. Allí se recuperó para luego incorporarse al júnior del Estudiantes. Es una esponja. A pesar de que en su aún corta trayectoria ha jugado en posiciones interiores, su mejora en el tiro y rapidez le han permitido colocar sus 206 centímetros en el puesto de alero. Tremendo físico para esa posición. ¿Cuántos jugadores de perímetro en Europa son capaces de jugar por encima del aro?

Los Gasol son incomparables, como lo es la generación de oro, pero ellos serán clave para montar un buen puzle con otro modelo en el que reinará una mezcla de diversas quintas. Un modelo que debe sacarnos de la inopia del talento de aquellos tiempos en los que la generación dorada coleccionaba títulos de forma relativamente fácil. Tiempos que aún alcanzan el presente y en los que existen, en muchas ocasiones, productivas jerarquías en detrimento de la figura de un seleccionador con un mayor despliegue táctico y de papel más relevante. Ya no seremos tan buenos y, si se quiere continuar con una trayectoria fructífera, se requerirá un cambio de rumbo. Un patrón más próximo al de Serbia, Eslovenia e, incluso, la rebotona Hungría. Soldado, a tu trinchera. Intensidad y más rotaciones. Más asignación de roles. Claro ejemplo es el actual de la selección B española, que ha ejecutado un juego de equipo espectacular y efectivo en los choques de las ventanas FIBA (¡Excelente Quino Colom! (88) ¿Para cuándo una oportunidad en la «A» para este pedazo de base?). Se deberá buscar ese combinado que logre exprimir hasta al último componente de la plantilla en busca del robo de sensaciones de los contrarios. El talento también recaerá en los Mirotic (91), Abrines (93) y Ricky Rubio (90), mientras los Vives (93), Xavi Sastre (91) y Oriola (92) deberán seguir mejorando para poner en la pista esa entrega e intangibles que igualen fuerzas con otros conjuntos, esta vez, con mayor calidad y/o físico.

Veamos el paso al frente de los otros del 94. Como el MVP y campeón de la pasada Eurocup Alberto Díaz, un base ultradefensivo pero que en los momentos de la verdad también enchufa, o Oriol Paulí, con esa hambre y esos alley oops a lo Rudy. ¿En Andorra facilitarán que Jaime Fernández (93) sea ese oportunista «combo» que desequilibra y rompe dinámicas que todo equipo quiere tener? Cómo me hubiera gustado haber visto a este chico dando lo mejor de sí mismo en su «Estu» junto a otro pequeño de raza y francotirador como Darío Brizuela (94). Cómo me gustaría que el Baskonia hiciera un centro dominador de Ilimane Diop (95), como cuando antaño esculpieron a un tal Scola o Splitter. Tampoco debemos perder de vista al potente base mallorquín Sergio García que, a pesar de ser del 97, ya compite con plenas garantías en la Liga Endesa a favor del Tecnyconta Zaragoza.

Hasta ahí el manifiesto camino que me atrevo a vislumbrar con la meta de una selección con posibilidades para mantenerse en el podio en un alto porcentaje durante los próximos seis u ocho años. Después, o se cambian muchas cosas, o podría llegar un desierto.

¿Seguirán llegando éxitos dentro de ocho o diez años?

La solución pasa por extenderse también hacia mayores ambiciones estructurales y sociales. Ahora mismo, el escenario es angosto. Tiremos para la raíz, los clubes de barrio. La base de la base de nuestro baloncesto. El inicio, el vivero que da jugadores y jugadoras de todos los niveles, imprescindibles para el desarrollo de todo tipo de trayectorias y, de paso, para generar aficionados que acaben llenando pabellones y consumiendo baloncesto. Pero, antes, cuestión clave, sí… otra más: en general, ¿nuestros niños y chavales pueden practicar el deporte de la canasta? He preguntado a clubes de toda España y la cuota anual está entre cuatrocientos cincuenta y ochocientos euros. Ahí se podrían incluir (o no) gastos diversos y obligados: viajes, loterías, ropa, cuota de socio… La media de esos guarismos es prohibitiva para un elevadísimo porcentaje de la población; aquellos que malviven sin o con pocos recursos. «Un 15% recibe ayudas de servicios sociales», me cuenta el exjugador ACB Mario Fernández, que desde hace unas temporadas lleva las riendas del Club Bàsquet Mollet. «En Cataluña la media ronda los seiscientos cincuenta-setecientos euros», continúa. ¿Qué hay de la integración social y el desarrollo físico (deseados complementos para el intelectual) de los más jóvenes? Amantes y responsables de otras modalidades seguro que también se alzarían en protesta. Conclusión, no solo los pobres no pueden jugar a esto del baloncesto, tampoco tantas familias que se tienen que «ajustar el cinturón» a final de mes y que mayoritariamente representan a este país. Desde mi visión como docente, entiendo que el deporte debería conjugarse con la educación como otra herramienta fundamental en la lucha por la exclusión social, pero no solo el escolar, también el federativo.

Sigamos el largo y tortuoso camino. Una vez superada la fase de selección económica-social, aquellos jugadores que, por talento y disponibilidad, pueden seguir adelante se enfrentarán a otra criba en las canteras elitistas: la multitud de jugadores extranjeros becados, de los que se aprecia como una de sus principales virtudes su físico. Ahora, ¿quién apostaría por un chaval de dos metros que juega de pívot y que no tiene tiro ni de media distancia aunque sea una bestia atrapando rebotes? ¿Alguien le daría continuidad a un escolta que roza el metro noventa y pesa poco más de setenta kilos? Felipe Reyes y Juan Carlos Navarro eran así y, en su momento, Estudiantes y F. C. Barcelona sí tuvieron paciencia. Por incoherente que parezca, la altura y el físico no lo son todo en el deporte que más gigantes suma dentro de su marco; sí lo es la progresión, pero esta requiere de tiempo y trabajo. Sin respetar esas variantes, se antoja difícil no prever un desierto de éxitos en la selección española de aquí a diez años.

Cada año la FIBA realiza un estudio bajo unos baremos que dan como resultado un ranking en éxito de las mejores selecciones del mundo en varias categorías. Actualmente, España ocupa la segunda posición en el mundo, tanto en la selección absoluta masculina como en la femenina. En cantera, los chicos bajan a la séptima posición mientras que las chicas se mantienen en la segunda. Lituania, Turquía o Serbia ya pisan los talones de nuestros chavales. Hay que replantearse el funcionamiento de las canteras tuteladas por quien quiere el éxito inmediato. Insisto, a fuego lento, no solo para que entre la pelota, también para que evitemos llenar la sociedad de un buen número de juguetes rotos. Construyamos personas con formación y saludables hábitos físicos e intelectuales, lo demás llegará.

Para más dificultades, una vez se nos hacen mayores de edad, normalmente, aterrizan en un deficiente semiprofesionalismo. Hay un mundo entre la categoría júnior y la sénior. Las competiciones LEB (Oro, Plata, LF1 y LF2) requieren de una dedicación colosal, por lo que nuestros jugadores y jugadoras no pueden compaginar el baloncesto con sus estudios. A cambio, un futuro incierto mientras no se están formando para labrarse un oficio para un futuro no tan lejano. Contraprestación: insuficientes sueldos y compartir piso con tres o cuatro compañeros a kilómetros y kilómetros de sus casas. Por consiguiente, quien no se marcha becado a una universidad de los Estados Unidos para jugar y estudiar es muy posible que lo acabe dejando, o entrenando mucho menos en otras categorías que sean más de estar por casa, como la Liga EBA o las máximas autonómicas. En esos casos… ¡Bienvenidos! Acabáis de llegar, de forma fugaz, al final de vuestro trayecto profesional en las canchas.

EuroBasket 2017. Fotografía: Murad Sezer / Cordon.


Lucio Angulo: «Los jugadores de baloncesto somos demasiado correctos»

Diecisiete años como profesional dan para mucho. La carrera de Lucio Angulo recorre la última década del siglo XX y la primera del XXI casi en su totalidad: ha conocido el triunfo en la selección española, el Real Madrid o el Baskonia, ha conseguido triunfar en su tierra —Zaragoza y Huesca— y no ha tenido problema a la hora de encabezar proyectos más modestos como el del Alicante. Cuando su nombre ya no ocupaba páginas de suplementos deportivos, alargó su carrera cinco años en la LEB con el Cáceres, justo cuando las penurias económicas empezaron a asolar la categoría.

Con todo, Lucio Angulo es mucho más que eso: es un tipo normal. Los deportistas de élite normales y con sentido del humor no abundan. No hay en sus comentarios ni en sus chistes una voluntad especial de llamar la atención, simplemente salen solos, como cuando comparó su propio equipo con una casa de putas en pleno ataque de rabia o publicó en su blog una parodia sobre los árbitros que le costó tantas críticas que tuvo que acabar retirando el artículo. Diplomado en Magisterio, con varios años de conservatorio a sus espaldas y amante del cine independiente y de los Pixies, Lucio nos cita en una cafetería de Las Tablas, periferia de Madrid, que se sale de lo habitual en la zona: está llena, la decoración es moderna y en el hilo musical suenan éxitos anglosajones de todas las épocas.

Se le ve cómodo, aunque tengamos que cambiar de mesa dos o tres veces por cuestiones de iluminación. Ha pasado una noche complicada con problemas gástricos y está cansado, pero con muchas ganas de contar cosas. Es un torrente de recuerdos y anécdotas, las que marcaron a una generación que no es la de los ya demasiado gastados años ochenta.

Para muchos aficionados, el nombre de Lucio Angulo va ligado a una imagen y a una frase. De la frase hablaremos luego, pero la imagen hay que buscarla en los cuartos de final del Eurobasket 2001 contra Rusia a falta de un minuto, cuando robaste un balón decisivo y mientras corrías hacia el mate ibas haciendo gestos de alegría…

Bueno, levanté el puño. Daba por hecho que la iba a meter, pero si la llego a fallar me matan… Es un poco halagador y triste que te recuerden a veces por pinceladas. Ese Eurobasket para mí fue muy importante porque ya llevaba varios años en los que Lolo Sainz me dejaba fuera en el último momento. Siempre era igual; me decía: «Bueno, Lucio, que sepas que va a haber una concentración, que estoy encantado contigo… pero que vas a ser el descartado. Así que te toca trabajar un mes y medio —porque Lolo era así de distendido— para luego volverte a casa». Yo me sentía muy honrado igual, porque sabía que estaba siempre al límite, que había gente de mucha calidad, pero es verdad que en esa por fin entré y el robo aquel se convirtió un poco en el emblema del pase a semifinales, que ahora es lo normal, pero por entonces para la Federación era un éxito.

La maldición de cuartos de final… Además, contra Rusia habíamos perdido en los Juegos Olímpicos del año anterior.

Yo tuve la suerte de vivir entre la generación de Herreros, Esteller, Nacho Rodríguez, Orenga, Dueñas… y la de 1980, que era una barbaridad, así que Javi [Imbroda, el seleccionador] me pidió que hiciera un poco de enlace, que les explicara de qué iba esto a los chavales… aunque gente como Navarro ya iba muy aprendida. Tenía un estilo puro, era un verso libre, igual que Pau. Con no estropearles, bastaba.

El campeonato tuvo mucho de especial porque fue el primero en el que jugaron juntos Raül López, Juan Carlos Navarro, Pau Gasol y Felipe Reyes.

Rompieron con todo. Antes, en la selección hacías una entrada muy lenta: tenías que pagar un peaje, ir poco a poco, luchar por conseguir un estatus… pero ellos tuvieron claro que su impacto iba a ser brutal e instantáneo. Incluso en el vestuario, a la hora de poner la música: llegaba Navarro y ponía a Estopa y nos teníamos que tirar la tarde escuchando a Estopa. A todo trapo, además [risas].

Javier Imbroda, el seleccionador, te adoraba, decía que eras «el mejor defensor de Europa». ¿Exageraba o no?

Bueno, yo quiero pensar que era verdad [sonríe]. Ahí creo que Javi me echó un quite porque igual yo no era tan popular. Nuestra relación pasó por toda clase de etapas, porque luego coincidimos en el Real Madrid en un momento horrible para el club y las cosas no fueron tan bien, pero en ese momento aquello me dio alas. Es verdad que se recuerda mucho mi defensa, pero anotaba mucho más de lo que la gente cree. A ver, ha habido picos, pero cuando empecé en Zaragoza tenía partidos de dieciocho o veinte puntos, o al final en Alicante. Yo creo que la gente me recuerda solo por la etapa del Real Madrid, en la que sí era más especialista.

¿Qué más recuerdas de ese Eurobasket?

Pues me acuerdo de que compartía habitación con Pau Gasol porque habíamos tenido un rifirrafe en la final de la ACB de aquel año y Javi no quería problemas, pero luego Pau estaba todo el día con Navarro. De hecho, ha sido la única concentración en la que no han compartido habitación. Eso es algo que me llevo: ¡dormir con Pau Gasol!

Los dos años que jugaste en la selección te sirvieron para jugar contra algunas de las mayores estrellas del siglo XXI, por ejemplo Andréi Kirilenko en aquel partido.

Era un poco del estilo de Pau: muy, muy intenso, de moverse mucho, siempre atento al rebote. No era lento para la altura que tenía, también te cogía los rebotes por detrás. Yo compaginaba entre el escolta y el alero. Normalmente el titular era Paraíso y yo era su sustituto. Muchas veces Imbroda nos ponía a Navarro y a mí juntos para que él anotara y yo hiciera el trabajo más sucio.

Y en semifinales, Peja Stojakovic…

Aquella Yugoslavia era un equipo intratable, pero les plantamos cara. Me acuerdo de que estaba en el autobús pensando: «A ver, estoy en mi mejor momento defensivo y voy a defender a Stojakovic, que es una estrella de la NBA…». Me lo tomé como un reto, estaba totalmente concentrado y luego va el tío y me mete treinta puntos. Sacaba el balón altísimo en los tiros. Luego, en Indianápolis llegamos a jugar juntos al ping-pong, porque ahí todas las selecciones compartían la misma zona de recreativos, menos Estados Unidos, claro. Allí les ganamos, por cierto, en primera ronda, y eso que ellos acabaron campeones del torneo.

¿Cómo fue lo de jugar en aquel Mundial contra Estados Unidos, a los que por entonces aún se empeñaban en llamar el Dream Team?

Estaban tocados ya. Habían perdido ya dos partidos y se les veía desconectados. Tenían a Paul Pierce, tenían a Ben Wallace, a Reggie Miller… Como anécdota, cuando acabó el partido y después de ganarles, Carlos Jiménez fue a pedirle la camiseta y el tío se la cambió muy educadamente. Ya sabes que en la NBA están a todas. Tenían unos jugadores acojonantes, pero no jugaban como equipo.

¿A quién te tocó defender?

Pues creo que a Reggie Miller. Fue una sensación brutal, sobre todo al principio del partido, que les estás viendo calentar y dices: «Madre mía, qué armarios, qué percha tienen, qué guapos son todos…». Era una gozada estar ahí, en la misma pista. En teoría no íbamos a ganar, pero sí llevábamos la idea de competir y las cosas salieron bien.

¿Te vaciló mucho?

¡Me hubiera encantado! ¡Ojalá Reggie Miller me hubiera insultado! Yo soy muy de apuntar anécdotas y no recuerdo que en aquel partido me dijera nadie nada. No sé, fue un partido muy especial, la prensa nos puso muy bien. La pena es que en cuartos de final se nos había cruzado Alemania, con Nowitzki. Nos metió cuarenta puntos o por ahí, es que era imparable. Pensábamos: «Joder, si Pau no llega al tiro ese en suspensión hacia atrás, es que no llega nadie», y así se convirtió en una de las grandes superestrellas de la NBA. Al principio fue un poco palo perder contra Alemania con las expectativas que llevábamos, pero luego vimos hasta qué punto Nowitzki marcaba la diferencia.

Ya no volviste a la selección…

Es curioso, porque toma el mando Moncho López y lo primero que me dice es que piensa contar conmigo, que soy un jugador muy útil para la selección… pero no me vuelve a llamar. Es verdad que con Imbroda había entrado un poco «con calzador», porque encajaba perfectamente en su filosofía de equipo. Moncho prefirió repescar a Herreros, pero, claro, es que dejar a Herreros fuera tuvo que ser muy complicado para Javi. Yo creo que él quería darle más confianza a Navarro y por eso no llevaba a Alberto, para que tuviera más tiros. A la vista está que funcionó bien. El problema, a veces, es que cuesta cerrar ciclos. Se está viendo ahora con el propio Navarro en el Barcelona y yo lo viví con Fernando Arcega en Zaragoza, que me querían dar minutos a mí y se los quitaban a él. Igual en un par de años pasa lo mismo con Rudy en el Madrid. Son equipos que giran en torno a un jugador, pero tarde o temprano hay que cerrar el ciclo, y ¿cómo lo haces?

Uno de tus compañeros de selección, Jorge Garbajosa, dice de ti en el libro que escribió con Brotons: «Lucio es un tipo polifacético: lee, escribe, toca la guitarra y el piano». ¿De dónde salió esa vocación de ir más allá del deporte?

Bueno, hay muchos deportistas así, no te creas. Alfonso Reyes, por ejemplo, estaba todo el día estudiando y leyendo, incluso en el vestuario antes de un partido. También se ponía con sus fascículos de historia, que le mandaban cada semana, y él estaba ahí con la toallita y leyendo su fascículo encantado… Con Jorge veíamos películas, le ponía a los Pixies… También hice algo parecido con Raül López.

¿Qué películas veíais?

Eran todo películas independientes. Yo iba mucho al videoclub y a lo mejor cogía una película que no sabía ni de qué iba, pero prefería ver una película independiente a una más comercial. A veces eran un truño y otras veces eran muy buenas. También me gustaban los clásicos: me compré todas las películas de los hermanos Marx, las primeras de Woody Allen… pero de vez en cuando veíamos alguna producción egipcio-nigeriana por probar [risas]. Por ejemplo, en Cáceres, años más tarde, había un cine en que ponían pelis de autor por un euro y yo iba muy a menudo.

¿Y lo de la música?

Pues es que yo fui al conservatorio de pequeño y estudié solfeo y piano. De hecho, tengo el grado medio de piano. La guitarra la tocaba peor, pero también me gustaba, sí.

[En ese momento, suena en el bar una canción de la Velvet Underground. Lucio inmediatamente la reconoce y dice: «¡El primer grupo de Lou Reed! Esto se lo ponía mucho a Jorge también». De repente, cambia de tema y vuelve a la literatura…]

Estaba acordándome ahora de que el año ese malísimo que tuvimos en el Real Madrid me lo pasé leyendo La náusea, de Sartre. ¡El existencialismo! Me lo recomendaron varios amigos, pero no lo podía leer, se me atragantaba, y me acuerdo de que le decía a Herreros: «Esto —La náusea— es lo que estoy sintiendo este año, te lo juro. Cuando acabe este libro, todo va a mejorar…», y Alberto decía «Sí, sí», como si nada, pero cada vez que me veía con el libro en las manos me gritaba: «¡Acábate ya esa mierda, estamos perdiendo por esa mierda!», y al final no me lo acabé, tuve que esperar al verano.

¿Cómo compaginabas el conservatorio con todo lo demás?

Pues era una paliza. Me empeñé en acabar el grado medio, que eran cuatro años. El año que acabé cuarto estaba en el Huesca y tenía que practicar un par de horas al día como mínimo. Además, estaba estudiando Magisterio a la vez, así que imagínate la locura, porque esto era como otra carrera… Me levantaba a las siete de la mañana, pero me lo saqué en Teruel porque me dijeron que ahí era más fácil y me lo saqué por mis cojones. Tenías que tocar tres estudios, uno era de Bach, otro libre… luego he seguido, pero de soslayo.

Tienes en YouTube un vídeo maravilloso con Andrea Pecile…

Es que a mí siempre me ha gustado hacer canciones de coña y en Cáceres tenía más tiempo y a Andrea le conocía de jugar contra él. Era un tío muy divertido, nos llevábamos muy bien… así que, de cachondeo, le escribí una canción, con letra y todo, y se la mandé a ver si le gustaba, para hacer algo juntos, y se animó. No sé, es que a mí esto del deportista profesional que vive en su burbuja me parece un poco coñazo. Siempre he querido hacer más cosas. Por ejemplo, tenía una idea muy buena para hacer un cortometraje con un amiguete de Zaragoza y lo íbamos a hacer, pero al final se quedó en nada. Los americanos nos llevan años luz de ventaja a la hora de reírse de ellos mismos.

Vamos ya a la frase famosa, más que nada porque me parece que refleja bastante bien tu forma de ser. Aquello de «Si uno hace lo que no sabe, esto es una casa de putas», que soltaste en la temporada 2002/2003, la única en la que el Madrid no ha jugado ni play-offs en toda la historia del club… ¿Puedes decir ya en quién o en qué estabas pensando en ese momento?

A ver, es que los jugadores de baloncesto somos demasiado «correctos» y hay muy poca gente que patine. Yo recuerdo tener encima una frustración enorme y esto era diciembre. Lo curioso es que no cambió nada después. El ambiente estaba enrarecido y aquella frase era una llamada de atención, casi de auxilio, pero no sirvió de nada. No había buen rollo, se perdió conexión con el entrenador. Lolo Sainz, que estaba de director deportivo, intentaba apagar los fuegos, pero yo creo que tendría que haber habido un cambio radical, no sé si de entrenador o de jugadores, pero radical… y el único cambio que hubo fue traer a Mulaomerovic, que era una bomba de relojería: un jugador muy egoísta, con el que era muy complicado jugar. Yo quería algo, aunque fuera que me echaran, porque es que las sensaciones eran terribles. Más en un equipo como el Real Madrid, que tiene margen para probar cosas nuevas.

¿Cuántas broncas te echaron por decir eso y además en televisión?

Pues fíjate que hasta Valdano me llamó al orden. Yo tenía muy buena relación con él porque estaba de encargado de la sección de baloncesto, y me dijo: «Lucio, ¿qué ha pasado?». ¿Te acuerdas de aquella canción de Sabina, la de «¿Quién pudiera reír como llora Chavela?», pues ¡quién pudiera animar como echa las broncas Valdano! Yo salí de ahí encantado. Se ve que estaba acostumbrado a tratar con gente con más «poderío» y tenía mucho tacto. Me vino a decir que entendía el fondo pero que las formas no procedían.  

Con todo, llegasteis a la última jornada con opciones de play-offs y solo teníais que ganar en Lleida a un equipo que no se jugaba nada. Perdisteis 85-69. ¿Qué recuerdas de aquel partido en concreto?

Lo tengo un poco como una nube. Es que nadie pensaba que pudiera pasar. El Lleida llegaba muerto, se suponía que nosotros teníamos que salir a por todas… pero no salió nada. Los jugadores estaban muy desconectados, Imbroda intentaba cosas pero no había manera… Mucha gente que no cumplió las expectativas.

Dragan Tarlac, por ejemplo.

Pues sí. A ver, era un fenómeno: buena persona, majo… y jugaba bien, correcto, pero no era lo que se esperaba de él. También influyó la apatía, quizá nos juntamos un equipo apático. Derrick Alston tenía mucha clase pero estaba muy fastidiado con las rodillas; Alfonso Reyes tenía la espalda destrozada, se juntó todo… Esto no puede servir como excusa, porque éramos el Madrid y el Madrid tiene que ganar siempre, pero no ayudó a cambiar la dinámica. En el Lleida jugaba mi hermano Alberto y, joder, lo celebraron como si hubieran ganado la Copa de Europa. Eso también nos dolió, la verdad.

¿Hasta qué punto influyeron esas declaraciones en tu marcha ese verano del club?

Pues lógicamente no ayudaron, pero creo que fue una cuestión deportiva. El Madrid se tiene que construir para ser competitivo en Europa, no solo en España, y nosotros no cumplimos ni con la parte de España. Había que hacer una limpia completa.

Ese fue tu último partido después de cuatro años en el Madrid. El primero fue en 1999, con un nuevo entrenador, Sergio Scariolo, tu hermano Alberto y jugadores como Djordjevic en la plantilla. Fue un año muy raro, con muchos fichajes extraños como Gnad o Larsen, muchas lesiones, un entrenador cuestionado todo el año… pero acabasteis ganando la liga en el Palau, el día que Nacho Rodríguez casi se lía a tortas con Djordjevic.

Sasha era el rey del marketing. Aparte de ser un jugador extraordinario, sabía montar un buen espectáculo, aprovecharse de la «marca Djordjevic». Él era muy consciente de que era un personaje, aparte de un jugador. Muchas veces me ha chocado que aquella se recuerde como «la liga de Djordjevic» cuando mi hermano Alberto fue el que ganó el MVP con unos partidos espectaculares. Aquello fue un mérito muy de equipo: Struelens jugó genial, Brent Scott desquició a Dueñas en defensa… No era un equipo muy brillante, pero éramos más guerreros, con gente como el propio Scott, como Galilea, como yo. Se nos cuestionó mucho, por ejemplo, el tener a Djordjevic ya un poco mayor y a Galilea de suplente, que tampoco era un crío. Había mucha gente rebotada de otros equipos…

Y, centrándonos directamente en el quinto partido, ¿cómo fue ganar la liga en una de las canchas más complicadas de Europa?

En el vestuario estábamos con una confianza tremenda, muy tranquilos, convencidos de que se podía sacar adelante. El asunto era competir, llegar al final ajustados y luego ya veríamos. Fue una eliminatoria con mucho «juego de prensa» por parte de los entrenadores. Aíto tenía su cultura del karate press y Scariolo era igual. Recuerdo entrenamientos con Sergio en los que les decía a sus asistentes: «No pitéis faltas, no pitéis faltas», y ahí nos pegábamos de lo lindo. Fíjate hasta qué punto era un enfoque físico que cuando estábamos en Vitoria, también con Brent Scott, hubo un entrenamiento en el que Sergio empezó a gritarnos «más duro, más duro» y en un bloqueo Scott pescó a Jorge Fernández, el que luego fue modelo y ahora presenta La ruleta de la fortuna, y le rompió la rodilla. De broma siempre le dice que le debe su carrera en el espectáculo [risas].

¿Qué pasó de verdad entre Scariolo y Herreros? ¿Le echó en el gimnasio delante de todo el mundo como dijo el jugador o fue en un despacho como dijo el entrenador?

Scariolo tenía una visión de equipo… y para mí no estaba desorientada. Tenía su razón de ser, vaya. Recuerdo que estábamos haciendo pesas y nos fue llamando Sergio para ir diciéndonos si contaba con nosotros o no. A mí también me dijo que me tenía que ir, lo que pasa es que yo le dije que tenía contrato en vigor y que me gustaría seguir aunque fuera con pocos minutos, y lo entendí y lo acepté. Su intención era hacer un barrido total, echar incluso a Herreros, y al final resultó que el que acabó en la calle fue él y Herreros siguió porque pusieron a Lolo Sainz de director deportivo y a Imbroda de entrenador. Fueron unas formas un poco drásticas, pero lo mismo que le hizo a Herreros se lo hizo a mi hermano. Esa era su idea de futuro y tampoco le veo tanto problema.

Aquella fue la primera liga del Madrid desde los tiempos de Sabonis y coincidió con la novena Copa de Europa de la sección de fútbol. ¿Cómo se vivía aquello de jugar entre gritos de «Sí, sí, sí, nos vamos a París» en el viejo Saporta? ¿Descentraba mucho jugar al baloncesto en un club de fútbol?

Con los presidentes no tenías relación, ni con Lorenzo Sanz ni con Florentino, pero en general el trato era muy amable y ahora mucho más, porque recuerdo que hubo una época en la que siempre se decía si iba a desaparecer la sección… No sé, el jugador de baloncesto se acaba acostumbrando a ese vivir en la línea porque yo viví la desaparición del Amway Zaragoza, con el Huesca descendimos y pasó lo que pasó… Después de todo eso, llegar al Madrid te supone una seguridad enorme, no se te ocurre ponerle pegas.

Tu segundo año allí llegan Zídek y Milic como estrellones, pero la cosa no cuaja para nada… ¿Por qué?

Bueno, porque estaba Pau Gasol en el Barcelona. Las finales nos las gana él. Ya estaba muy hecho, muy maduro. Fíjate que muchas veces decíamos: «Vamos a jugar más duro con Pau, a ver si le sacamos del partido», pero sabía encajar muy bien, como ha hecho después en la NBA. Tenía una presencia y una tranquilidad enormes. De hecho, Aíto, muy inteligentemente, intentó retenerle diciendo que no estaba preparado, pero estaba más que preparado. Nosotros teníamos a Zídek y a Milic, sí. A ver, en mi opinión, Marko Milic salió bien, físicamente era una bestia. Zídek tuvo más problemas de espalda y es verdad que solo tiraba triples, pero Milic sí nos aportó muchas cosas y aparte era un tío feliz, se lo tomaba todo a coña. Es verdad que a veces chocaba, porque nos estábamos jugando las castañas y él jugaba como si estuviera en el patio del colegio. Esa era su virtud y su defecto. Era muy divertido y a lo mejor daba la impresión de que no se tomaba en serio el partido cuando sí que se lo tomaba muy en serio. Aparte, tenía el problema del tiro. Muchas veces le hacían falta para que tirara tiros libres o le flotaban demasiado y eso nos complicaba el ataque…

En general, dentro de tu larguísima experiencia de catorce años en la ACB, ¿qué rivales recuerdas como los que más miedo te daban, los que sabías que no iba a haber manera de pararles?

Había un alero en Valencia, creo que era Aaron Swinson, que jugaba todo el rato al poste bajo y como yo no tenía mucho físico las pasaba canutas con él. También con Navarro, porque era todo el rato dar vueltas alrededor de la cancha detrás de él y hacías más kilómetros que un maratoniano. Además, con Navarro te daban el scouting y eran dos hojas: penetra bien por la derecha, por la izquierda, tira bien de siete metros… ¡Ponme lo que no hace bien y acabamos antes! Tenía una jugada que le gustaba mucho, que era que pedía un bloqueo directo, te fijaba con la mirada y en cuanto tú apartabas una centésima la vista para ver por dónde venía el bloqueo, te la tiraba.

¿Y los que más te motivaban?

José Luis Maluenda, del Pamesa. Lo conocía de antes y éramos amiguetes porque también es aragonés. Me pasaba el partido diciéndole: «Manu, me encanta defenderte porque hueles muy bien» [risas]. El tío era muy metrosexual, tenía como cincuenta colonias en casa. Entraba muy bien al trapo, nos llevábamos muy bien.

Bueno, ahora que ya nos hemos quitado al Madrid y a la selección de en medio, vamos al principio de tu carrera. Empezaste en el Argal Huesca, con Gavaldá de entrenador.

Sí, era un tío muy teórico. En aquella época no tiraba muy bien los tiros libres y él probaba técnicas así más experimentales, que digo yo que tendrían su base; me sentaba en el suelo y me decía: «Cien tiros», luego, pegado a la pared, «Doscientos tiros». Me tapaba los ojos con un pañuelo y decía: «Trescientos tiros».

Tenías veinte años, la edad a la que se les empezaba a dar responsabilidades a los jóvenes en los primeros noventa. Ahora, hasta los veinticinco, o eres Doncic o no la hueles; ¿por qué ha cambiado tanto la mentalidad de los entrenadores en ese sentido?

Es que el baloncesto se ha globalizado. Ahora, la cantera del Real Madrid es todo el mundo. Antes, la del CAI Zaragoza era Aragón. No había lo de los representantes que se iban a África a buscar estrellas. Como mucho fichaban a algún yugoslavo. Para que te hagas una idea, Jiri Okác, que jugó conmigo en el Daroca, el filial del CAI, se vino desde Brno en coche, no sé si tardó dos o tres días. Eran otros tiempos y la competición era menor. Yo creo que si ahora sale un Lucio Angulo igual no llega al Madrid porque de joven no le habrían dado muchas oportunidades. En mi caso, tuve la suerte de tener entrenadores, como Julbe sobre todo, que apostaron por mí siendo muy joven. Si tú tienes a un tío como Julbe o Aíto, a los que no les gustan demasiado los talluditos, pues tienes mucho ganado.

El equipo coqueteó todo el año con el descenso pese a contar con americanos como Sallier o incluso el veterano Larry Micheaux, que había sido una institución en Vitoria…

Larry Micheaux era un figura. Nos invitaba a Iván Pardo y a mí a tomar chupitos después de los entrenamientos. Decía: «¡Vamos a tomar algo!», y nosotros pensábamos: «Vamos a huir de este tipo, que nos hunde la carrera». Estábamos empezando y él ya estaba casi de vuelta de todo. Tuve muy buenos partidos, pero luego vino Ángel Navarro, que se trajo a Barneda y me tocó chupar más banquillo. Estaban construyendo por entonces el pabellón nuevo y me acuerdo de que siempre comíamos en el mismo bar de menú ahí al lado y estaban ahí los obreros que decían: «Pero ¿quién va a jugar ahí, si está lleno de grietas?». Y al año siguiente el equipo desapareció. Es una pena porque el pabellón antiguo era una gozada: venía el Fórum de Sabonis y la gente se dedicaba a tirarle pipas al banquillo porque estaban al lado [risas].

¿Recuerdas algún campo especialmente complicado como jugador visitante?

El del Manresa. Estaba todo muy cerca y teníamos al del bombo todo el rato llamándonos «burros» a todos. No te condicionaba porque, una vez en el partido, estabas concentrado, pero era un coñazo. El del Aris de Salónica también era tela. Fui con el CAI cuando era un chavalín. Quique Andreu y compañía se fueron al centro de la pista a entrenar y Fran Murcia se quedó en una banda. Todos empezamos: «Fran, ahí no; ahí no», y le empezaron a llover escupitajos, monedas… Nadie quería sacar de banda. Sacabas rápido, a quien fuera, solo por quitártela de en medio. Debimos de perder un montón de balones en ese partido.

Al siguiente año vuelves al CAI de Zaragoza, donde ya estaba tu hermano Alberto, pero apenas juegas. ¿Cómo viviste el cambio de rol?

¡Yo estaba haciendo la ola! Mi hermano entró de casualidad, porque hicieron una «operación altura» y él no daba el mínimo, pero vieron que jugaba bien, le dejaron quedarse, fue pasando pruebas y acabó jugando en el primer equipo. Aquel primer año fue el de los tres extranjeros en la ACB y nosotros teníamos a Andy Toolson, que era un tirador buenísimo, a Ken Bannister, un pívot espectacular y a Andre Turner, que era un jugadorazo.

Nacho Azofra nos contó hace poco que Turner había sido el jugador más difícil de defender que había conocido.

Es que era imparable. El mejor americano que ha pisado España en años. Estaba un paso por delante, mental y físicamente. Tenía una cabeza… hacía la primera falta a los diez minutos; la segunda, a los veinte; siempre estaba de buenas con los árbitros… Me acuerdo de una frase que me dijo: «Deja que el baloncesto venga a ti, no fuerces situaciones», y yo pensé: «Joder, claro, es que tú eres Andre Turner». Era un tío con mucha presencia, lo tenía todo clarísimo. Sabía llevar el ritmo en el juego y fuera de la cancha sabía llevar el vestuario, controlar incluso a Bannister, que se echaban unas partidas de póker tremendas, con broncas y todo, pero que acababan entre risas. Estaba muy por encima del resto.

También coincidiste con Rickie Winslow, antes de hacerse turco…

Sí, pero fue un fichaje extraño. Llegó lesionado, tenía ya treinta y pico años y no cumplió las expectativas. Le cortaron al poco de llegar. Sí recuerdo que era muy guapete y que tenía un pedrusco de no sé cuántos kilos de diamante. No sé lo que podría costar aquello.

Tu ascenso coincide, como decías antes, con los últimos coletazos de Fernando Arcega…

Fernando era lo más grande para Zaragoza. Tenía dote de palabra, actitud de capitán, negociaba muy fuerte con José Luis Rubio, el presidente. El caso es que Alfred Julbe, el entrenador, tenía una idea muy clara de rejuvenecer el equipo y apuesta muy fuerte por mí y por Fran Murcia, que tendría unos veintitrés o veinticuatro años por entonces. La verdad es que la relación no fue demasiado buena, aunque yo estaba feliz. Veía que Fernando estaba siendo el damnificado por mí pero es que yo estaba haciendo muy buenos números. Si en un momento no hubiera respondido, habría salido Fernando, que era una garantía. El caso es que fue un cambio muy brusco, casi de todo a nada.

Después del segundo año, la cosa con Julbe va tan bien que te llama Querejeta para el Baskonia. ¿Qué otras ofertas tuviste por entonces?

Ese año jugué muy bien y en Zaragoza tenía un contrato ascendente: tres millones, cinco millones, siete millones… pero el caso es que con veintiséis años te plantabas con un gran rendimiento pero cobrando poquísimo. Además, ese año el patrocinador, Amway, desapareció y el club se vio ahogado económicamente. Julbe incluso hizo el esfuerzo de reunirnos a ver si podíamos ayudar en algo, pero acabamos saliendo todos. Yo tuve ofertas del Estudiantes, que insistió bastante, del Joventut, de Unicaja, de Pamesa… y la verdad es que me volví un poco loco porque me apetecían todos. Me decidí por el Tau por culpa de Manel Comas, que había estado conmigo en Zaragoza y también por no alejarme mucho de la familia. Además, iban también Fran Murcia y Pepe Arcega. Nunca sabes si has acertado o no. De hecho, después del primer año se va Manel Comas y llega Scariolo y dice que no quiere contar conmigo porque quería hacer una carambola con Marcelo Nicola para mandarme a mí a Italia. Llegué incluso a ir a Pésaro a ver la ciudad porque también tenía una oferta del Scavolini.

Julbe y Comas, pocos entrenadores tan carismáticos como ellos…

Para mí, Julbe es el mejor entrenador que podía haber tenido. Apuesta por mí, pero es que además me coge un poco de pupilo. Me acuerdo de ir a museos con él y tener una cercanía que me extrañaba entonces y que no he vuelto a vivir después con nadie. Me regalaba libros, como Trópico de Cáncer, de Henry Miller, y en la dedicatoria me puso: «Luego sigues con la trilogía SexusNexusPlexus». Yo ya leía a Bukowski por entonces y me regalaba libros de ese tipo. Él se preocupaba por que fuera más allá… Manel Comas era más distante, era un genio en el día a día… bueno, «en el día a día» a lo mejor no, porque tampoco era muy trabajador [risas].

¿Ah, no?

Bueno, a veces llegaba con las gafas de sol, se sentaba en la mesa y decía: «Sesión de tiro», y se quedaba ahí, que le mirabas y decías: «Esta noche ha habido mandanga», pero luego en los partidos era un genio. El primer año en Vitoria jugamos con Kenny Green y le sacó un partido maravilloso. Manel no era tan formativo pero era muy querido. Tenía un tono muy particular, entre burla e ironía. Me acuerdo de que a Jorge Garbajosa le vacilaba mucho, porque era muy joven, o a lo mejor cogía a algún pívot que no tenía mucho talento y le decía: «Pero ¿qué haces tirando? Tú, argamasa; tú, argamasa. ¡No inventes!».

Pero era un tipo muy temperamental, eso todo el mundo lo dice…

Sí, también tenía su pronto. ¿No has oído hablar de «la jornada Michelín»?

En la vida.

Pues cuando perdíamos un partido, Comas decía: «Horario Michelín», y te hacía estar ocho horas en el pabellón. «Un trabajador normal está ocho horas en su curro, ¿no?, pues vosotros vais a estar ocho horas aquí». Gimnasio, tiro… lo que fuera. Me acuerdo de un partido que perdimos contra un equipo griego: teníamos una ventaja en el basket-average de trece puntos y perdimos por más de trece allí, y nada más volver del viaje nos metió a entrenar. Imagínate. Ahí se podía haber lesionado todo dios. Y todo por sus cojones. A ver, lo entiendes por el lado del correctivo, pero a la vez es demasiada presión. Yo creo que los americanos se lo toman mejor en ese sentido y a la larga se acaba notando.

En Vitoria coincides brevemente con Perasovic, un mito del baloncesto europeo…

¡Peras! Sí, joder, era un cansino, nos mareaba a todos. Decía: «Lutsio ven aquí, vamos jugarr uno contra uno», y yo le decía: «Joder, Peras, que llevamos dos horas de entrenamiento», pero él como si nada: «Lo que pasa es que no quieres aprender», así que tenías que jugar otros quince minutos hasta que ya no podías más.

Como entrenador también tiene fama de duro.

Es que ya entrenaba cuando era jugador. Decía: «Lutsio, cuando yo sea entrenador, a ti te ficharé», aunque luego ni me fichó ni nada. Hizo el curso de entrenador superior el año antes que yo y me dijeron que el tío era un show, que salió a hacer un ejemplo, quitó al que estaba dando la charla y se puso a hablar durante media hora de cómo había que defender el bloqueo indirecto. Con Perasovic tengo una anécdota: yo me examinaba en Zaragoza y tenía que ir y venir todo el rato, y en una de esas me dijo: «Tú te llevas mi cotse, ningún problema». ¿En serio? «Sí, sí, sí, no problema». Así que cojo el coche y le digo: «Peras, ¿dónde está la radio? Que tengo tres horas de viaje…». Y me dice: «No, no, no, este cotse no tiene radio, ¿para qué quieres radio? Tengo un balón detrás, por si quieres hacer tiro en algún momento». Y yo: «Pero, Peras, que tengo que ir a las ocho de la mañana, llego a las once, hago el examen, y me vuelvo a entrenar, no me va a dar tiempo a hacer tiro en ningún sitio…». «¡Pero si entrenamos a las tseis! Tienes tiempo de tsobra, pero si tú no quieres hacer tiro, si no quieres mejorar, no hagas tiro». El tío no tenía radio, pero sí un balón para tirar en el camino en algún parking. Ivanovic debía de ser un poco así también.

¿Tuviste algún viaje a Serbia con él en el equipo? Dicen que eran de altísima tensión.

Pues a Serbia no recuerdo, pero sí hubo una vez que nos sentamos juntos en el avión y le pregunté por la guerra, por cómo estaba el conflicto, y el tío me estuvo hablando media hora sin parar, hasta el punto de que me puse con el libro a leer otra vez y se enfadó: «¿Por qué me preguntas si no te interesa?» ¡Pero, Peras, que llevas cuarenta minutos hablándome del tema! Claro, para él era la vida, era importantísimo.

¿Y qué me cuentas del famoso viaje del Mosquito?

Joder, teníamos que hacer mil escalas. No recuerdo dónde jugábamos, en el centro de Europa, puede que en Yugoslavia, sí. Para empezar, paramos en Bolonia, que hacía un tiempo terrible. Una tormenta de cojones. El avión era tan pequeño que veías al piloto a tres metros y le oías hablar con la torre de control, que le decía: «No, por favor, no aterrice, que no nos hacemos responsables», y el piloto en plan: «Muy bien, pero es que no tengo carburante, así que tengo que aterrizar…». La gente estaba llorando, rezando. Fran Murcia, con el carné en la boca, diciendo: «Eh, que vamos a palmar», pero en plan de coña. Miguel Ángel Reyes tenía pánico a los aviones y dijo que no quería volver a viajar.

En Vitoria tenías un programa que se llamaba El triple de oro, también con Fran, y creo que Pepe Arcega y Garbajosa colaboraban asiduamente. ¿Cómo surgió la idea?

Pues era en Radio Vitoria y al club le pareció bien porque hacíamos sorteos con el merchandising. Ahí teníamos por contrato que teníamos que hacer determinadas cosas de imagen del club, como ir a colegios o a hospitales. Me acuerdo de una vez que tuve que ir a Indautxu, a un colegio que solo hablaban en euskera, con un traductor… Lo cuidaban todo muchísimo. Tenían muy claro que había que hacer comunidad.

El segundo año en Vitoria, ya con Scariolo, el equipo va como un tiro, tanto que acaba primero en la liga programada. En cuartos de final le ganáis 3-0 al Unicaja y en semifinales le ganáis 3-0 al Barcelona… y el TDK se carga al Madrid y os toca en la final.

Lo vimos todo hecho.

Eso pareció…

Y eso que en liga regular habíamos perdido con ellos, no se nos daban bien. Había sido un año durísimo desde la pretemporada. Scariolo nos metía una caña enorme y se iba lesionando todo el mundo. Correr, entrenar, correr, entrenar… Eso sí, la temporada fue brutal. Ganamos trece partidos seguidos y cuando perdimos el decimocuarto nos cayó una bronca acojonante para que no nos relajáramos. En la final lo que pasó es que el TDK tenía muy buen equipo: no había manera de parar a Derrick Alston ni a Bryan Sallier, que era un pedazo de jugador, ni a Chichi Creus, que nos hizo un traje.

¿Cómo os quedasteis?

En estado de shock, porque veníamos como un rodillo, pero nos ganaron el primero y ya se nos vino el mundo encima. Me acuerdo que Chichi Creus las metía de todos los colores, hubo un triple en la esquina que nos hizo polvo. ¡Y tenía cuarenta tacos el tío, cumplidos! Además, el Manresa era un equipo que caía bien, porque tenía muchos nacionales, como Capdevila, Peñarroya, Lázaro, Singla… Salían un rato y nos hacían mucho daño. Todos cumplían.

Vosotros teníais a Bennett.

Impresionante. Me acuerdo de que cuando llega sustituye a Tony Smith, creo que era, un base que había estado en los Lakers, y el primer entrenamiento fue lamentable. Yo pensé: «Madre mía, vaya castaña nos han traído aquí», pero luego fue cogiendo ritmo y era imparable. Me acuerdo sobre todo de los mates con la izquierda. Con la derecha no los hacía, pero con la izquierda hizo uno en la Copa del Rey de 1999, que la ganamos contra el Sevilla, impresionante. También estaba Beric, que era buenísimo, y Espil, que era un artillero de primera, las metía todas. De los pocos argentinos sensatos que he conocido [risas]. Era muy tranquilo, muy poco fiestero.

Aquella Copa que dices fue tu primer título, ¿cómo fue lo de levantar una copa, ser campeón por fin?

Fue curioso. Era una final rara, contra el San Fernando de Imbroda y con Andre Turner de base, así que había cosas que se mezclaban. De hecho, me tocaba defenderle en algunos momentos porque, como le conocía, Scariolo me ponía sobre él para incomodarle. Tampoco éramos los favoritos: el Madrid iba con Bodiroga, por ejemplo.

Y en esas, cuando el proyecto parecía ir sobre ruedas y después de jugar la Euroliga por primera vez… Scariolo y tú decidís iros al Madrid, probablemente el equipo más odiado para la afición del Baskonia. ¿Fue una decisión difícil?

Fue una carambola, la verdad, porque ellos querían a Scariolo y en el paquete entré yo como segundo plato. A Querejeta le venía muy bien porque se libraba de mi ficha y se llevaba ochenta millones por los dos. Ahí salió su lado de empresario, una línea que ha trazado y que le ha ido muy bien. Tienes que entenderlo, es su filosofía de empresa. Tampoco engaña a nadie, es un estilo más NBA. Con el jugador apenas tenía relación. Me acuerdo de una vez que me puso una multa Scariolo y yo, tan inocente, fui a hablar con Querejeta porque no estaba de acuerdo. El tío me miró y me dijo: «A mí no me vengas con milongas, que aquí hay una jerarquía». Lo del Madrid surge cuando yo estaba de vacaciones en Cuba, y la verdad es que estaba encantado porque el Madrid siempre va a ser el Madrid. Estaba con mi hermano Sergio y me llamó mi representante y me dijo: «Oye, esto hay que firmarlo ya; te lo mando por fax y me lo firmas ahora mismo». Así que lo firmé en el hotel, por si acaso, no se fuera a complicar.

¿Qué tal te trataban en Vitoria cada vez que volvías? ¿Llegaron a perdonarte la afrenta alguna vez o fue como lo de Herreros con Estudiantes?

Qué va, aunque tampoco es que yo fuera una figura ahí muy importante. Depende del perfil del jugador. Yo con la afición de Vitoria estaba encantado.

Ya hemos hablado de tus años en el Madrid, pero, echando la vista atrás, ¿los considerarías los mejores de tu carrera o simplemente fueron los que te ayudaron a ser más conocido?

Fueron los más mediáticos, no los mejores. Mi mejor año fue sin duda el último en Alicante, que acabo MVP de dos jornadas y hago los mejores números de mi carrera… pero al año siguiente estaba jugando en la LEB. Y en cuanto a sensaciones de juego, nada parecido a mi primer año en el Amway Zaragoza… pero, claro, el efecto mediático que tiene el Madrid o tiene la selección no es comparable a nada.

Del Madrid pasaste al Etosa Alicante. Debió de ser duro. ¿O tal y como acabó la cosa en Madrid era justo lo que necesitabas, un poquito de calma?

El Alicante hizo una apuesta muy fuerte. Tenía a Luis Casimiro, pero le cortaron nada más llegar. Luego empiezan a llegar Iñaki de Miguel, que había coincidido conmigo en la selección; Quincy Lewis, que tenía una muñequita de lujo; Pepe Sánchez, un primer espada; Larry Lewis, un tío veterano pero que se conservaba de maravilla y, sobre todo, Lou Roe, que es de los mejores jugadores con los que he compartido equipo. El primer partido que jugué con él hizo veintiocho puntos y catorce rebotes. Era una bestia, todo nervios. Todo lo que hacía, lo hacía a mil por hora. Mates de lado a lo Jordan, suspensiones elegantes…

El segundo año hacéis la machada y os metéis en los play-offs por el título con Trifón Poch de entrenador y Nacho Rodríguez de base. El típico equipo veterano que sabe lo que hace y no regala nada. ¿Cuál fue la clave de ese éxito?

Nos tocó Unicaja, ¡con Scariolo! Íbamos ganando 2-0 la serie y en una de sus genialidades montó un chocho espectacular en el tercer partido en medio de la pista. Le pitan técnica, luego le expulsan… y a partir de ahí, todo cambió. Es algo que le he oído muchas veces, lo de forzar técnicas para cambiar la dinámica del partido y el arbitraje. Ahí le funcionó de maravilla y a partir de ese momento revientan la serie.

Scariolo, ese gran incomprendido… siempre parece estar bajo sospecha.

No sé, quizá hay gente que tiene mejor prensa, como Pepu Hernández, pero el currículum de Scariolo ya debería avalarle. Es un poco Expediente X. Es verdad que el método de Scariolo es algo confuso: le gusta empezar mal para acabar bien. Yo a veces sospechaba que hacía algunas cosas voluntariamente… te explico: cuando iba a llegar la Copa del Rey, el partido de antes lo perdíamos siempre, y te preguntabas si aquello estaba pensado de antemano para ir más motivados y más en alerta después de una derrota. Además, así nos podía echar más broncas [risas].

Tu último año en la ACB coincide con el del descenso del Alicante en 2007. Hasta ocho jugadores de aquel equipo superaban la treintena. ¿No pensaste entonces en retirarte? ¿Cómo es que seguiste en la LEB con el equipo?

Pues yo venía de un año muy bueno y tenía un contrato altísimo. A ver, para la ACB estaba bien, pero es que para la LEB era inasumible, así que, como tenía ofertas de otros equipos ACB como el Sevilla, le dije al presidente que me traspasara, pero me dicen que no y el año se me hizo muy cuesta arriba porque yo no quería estar en la LEB, es todo muy complicado, además cuando bajas ya es muy difícil subir… Juego ese año y me voy al Cáceres.

¿Cómo surgió lo de Cáceres?

Bueno, yo me veía con fuerza para seguir un par de años más, pero la idea era jugar en cualquier parte menos en España. Aprender algún idioma, intentarlo de nuevo en Italia, que es una espinita que se me ha quedado clavada… pero al final no surge. Llegué a estar unas semanas de prueba en Treviso con la Benetton, pero fue un poco paripé porque estaba muy claro desde el principio que no tenía sitio. En esas, me llamó Piti Hurtado, que estaba entrenando allí, empeñado en que me fuera con él. Me fui y me puso de pívot, que siempre le he dicho de coña que ahí acabó con mi carrera [risas]. Era un tipo más rollo Alfred Julbe, de hecho fue su segundo en Zaragoza mucho tiempo, más centrado en la formación global del deportista.

Si la ACB está en ruinas prácticamente, ¿qué decir de la LEB?

Lo de la ACB es preocupante. Están los equipos de arriba, que sí que tienen dinero y, claro, eso se nota en la clasificación porque es como jugar con dos barajas, puedes hacer más cambios durante la temporada… y a mucha distancia los equipos de abajo. Por ejemplo, en mi caso, al principio no cobraba mucho, luego hay un momento en el que la cosa se dispara en todos lados y de repente llega el petardazo. Empiezan a fallar patrocinadores, Ayuntamientos, Diputaciones… cuando ese seguro desaparece, estás jodido. En Cáceres, por ejemplo, hay un dinero acordado, pero no se paga nunca, o se paga a seis meses. Entonces, los jugadores y proveedores cobran a seis meses, claro. Por eso se empiezan a ver los contratos mileuristas, la gente jugando sin cobrar…

De hecho, yo en Cáceres tuve que acabar en juicio porque me debían cuatro o cinco meses. Afortunadamente, la Asociación de Baloncestistas Profesionales tiene un fondo salarial para la gente que está sin cobrar, pero la pena es que no llega para todos, claro. Luego, ojo, hay equipos que han sabido hacerlo bien… en la LEB, por ejemplo, hay equipos que lo que te prometen, te lo pagan. Lo que pasa es que son unas cantidades un poquito ridículas. Quizá esa es la filosofía: pagar lo que puedas, pero pagarlo. Antes, con tres patrocinadores te hacías el año. Ahora, hay equipos que juegan con una docena de patrocinadores para ir poquito a poquito y no perder mucho dinero.

En 2011, diecisiete años después de debutar, cuelgas las botas. ¿Cuál es tu sensación después de retirarte? ¿Cómo viviste «el vacío del deportista»?

La ABP da charlas en ese sentido, animándote a formarte antes, a hacer un colchón cultural y económico, que evites las relaciones de amistad que se quieren aprovechar de ti…

¿Eso pasa en España? Pensé que era cosa de la NBA solo.

Pasa mucho menos, claro, porque se mueve menos dinero, pero algún argentino he visto yo con sus «mochilas», o algún americano, que tenía «amigos» por todos lados y ni él sabía quiénes eran. Lo de la retirada es muy complicado, porque te acabas acostumbrando a que el delegado te lo haga todo: que te busque la casa, el colegio de los niños, que te ponga incluso el módem si quieres internet… Te estupidizas a un nivel muy alto. Recuerdo a un americano en Vitoria al que el delegado le tenía que pedir la cena todas las noches. «Es que no sé el idioma», decía. Joder, vale, pero ¿qué es lo siguiente?, ¿que te ate los zapatos por las mañanas?

Y en tu caso…

Yo sabía que quería probar al menos un año la docencia, que es lo que hice, pero vi que era muy complicado, que no era lo que habría querido. Cuando dejé eso, me dediqué a entrenar a alevines, un equipo de primera nacional en Madrid y a seguir con el baloncesto en general. Comentando en Movistar Plus, colaborando de vez en cuando en Colgados del Aro

¿Y no te has planteado otras cosas? Lo digo por tus inquietudes culturales, lo que decías al principio de la música, el cine, etc.

Bueno, es que también tienes que encontrar una entrada. A mí escribir me gusta mucho, lo que pasa es que siempre he escrito de gratis: en la FEB, en una revista, en varios foros… y he acabado diciendo que no a todo. Es muy complicado vivir de eso, del picoteo constante en medios, así que de momento voy a seguir con el baloncesto y a ver qué pasa.


Los minutos de oro de la selección de baloncesto

Juan Carlos Navarro y Pau Gasol. Foto: Cordon Press
Juan Carlos Navarro y Pau Gasol. Foto: Cordon Press.

«¡Ba-lon-ces-to!» (Pepu Hernández, por aquel entonces seleccionador nacional, durante la celebración por el título mundial).

Hay trayectorias deportivas que han quedado marcadas por un error o un acierto decisivo en un momento determinado, siendo recordados los nombres de sus protagonistas por ese instante crítico. El ejemplo por antonomasia es el increíble salto de Bob Beamon en los Juegos Olímpicos de México 68. Si nos ceñimos al fútbol nacional, quién no recuerda el (no) gol de Cardeñosa en el Mundial de Argentina 78 o el gol de Señor en el inolvidable partido del 12-1 contra Malta; o si nos centramos ya en el mundo del baloncesto, la (no) canasta de Montero en la Final Four de 1996 o la canasta de Alexander Belov en la final de los Juegos Olímpicos de Múnich 72. Y es que el baloncesto tiene uno de sus alicientes en la incertidumbre del resultado hasta el último suspiro en los encuentros (más o menos) igualados, donde una canasta puede separar la gloria del infierno. O no solo al final de los encuentros, sino que hay fases del partido que pueden decantar definitivamente la suerte del mismo y de los venideros: una racha buena puede reforzar la moral en un momento crítico de un campeonato, o servir de revulsivo a un grupo desanimado por las críticas o por un momento de forma discreto. Si se revisan algunos partidos o torneos más allá del resultado final o boxescorismos varios, se pueden sacar conclusiones muy diferentes a las que los palmareses parecen indicar; es más, una dinastía puede haberse forjado por una serie de instantes precisos —y no todos de desenlace favorable— que definieron su destino.

Queda muy poco que decir sobre las gestas de la selección española de baloncesto en este siglo, pero si se realiza ese ejercicio de análisis de determinados instantes o, siendo más exactos, si nos ceñimos a un minuto en concreto de doce partidos clave, tantos como miembros de la plantilla, tal vez descubramos que esta época dorada pudo haberlo sido aún más… o que pudo haberse esfumado sin siquiera materializarse. En la jerga televisiva, se denomina «minuto de oro» a aquel momento en el que una emisión logra la máxima audiencia, y es un parámetro frecuentemente utilizado para negociar las tasas publicitarias. En cierto modo, estos doce minutos de oro, le han servido a la Federación Española de Baloncesto para crear una imagen de marca superior incluso a la Liga ACB y fijar en consecuencia el precio que han de pagar los patrocinadores por anunciar sus productos con la selección. Independientemente de cuestiones económicas, unos minutos tuvieron desenlace positivo y otros no tanto, pero todos son imprescindibles para intentar comprender la dimensión de lo que ha conseguido la selección de baloncesto capitaneada por los juniors de oro, equiparada ya sin rubor a la mejor URSS o Yugoslavia, y lo fina que ha sido en ocasiones la línea que separa el triunfo del olvido.

Mundial 2002.

España-Estados Unidos. Partido por el quinto puesto.

3:53 para el final del último cuarto.

Llegados a ese punto del partido, el marcador 66-74 no es definitivo pero a priori parece que está bastante de cara para el combinado norteamericano, al cual se le comienza a perder el respeto que se ganó por estar integrado por jugadores de la NBA. Tras la apoteosis deportiva que supuso la presencia del Dream Team en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, USA Basketball ha ido perdiendo influencia en los jugadores de la liga profesional patria, costándole cada vez más que sus estrellas representen a su país. No obstante, para el Mundial celebrado en su tierra (en concreto, en Indianápolis) consiguió reunir una selección liderada por Reggie Miller, Michael Finley y Paul Pierce, bastante potente pero insuficiente: están fuera de las medallas, luchando por el quinto puesto tras dos derrotas (contra Argentina y Yugoslavia), algo impensable hace diez años.

En el equipo español, por su parte, ya han tomado las riendas de la selección los juniors de oro Juan Carlos Navarro y Pau Gasol, que junto a Felipe Reyes y José Manuel Calderón, comandan el (a)salto generacional. La selección no lo ha hecho mal del todo en el campeonato, incluso derrotaron en la primera fase a la que posteriormente sería la selección ganadora, Yugoslavia, un equipazo liderado por Pedja Stojakovic, Dejan Bodiroga y Vlado Divac, bien acompañados por Gurovic, Jaric, Rakocevic, Tomasevic… canela fina, vamos. Pero se perdió el cruce decisivo contra la Alemania de un superlativo Dirk Nowitzki, MVP del torneo tras llevar a su equipo a la medalla de bronce.

Estábamos, entonces, a 3:53 del final del partido y ocho abajo. Y llega el minuto de baloncesto champán: Pau materializa un 2+1 y en la siguiente jugada tapona el ataque de Estados Unidos; acto seguido, Navarro clava un triple y, con casi tres minutos por jugar, España pierde solo por dos puntos (72-74). Es otro partido. Siempre se dijo que la generación del 80 había perdido el miedo a la mayor potencia baloncestística al derrotarlos en el recordado Mundial juvenil de Lisboa. Por eso, llegados a este momento del encuentro, estos chavales descarados de veintidós años tenían el desparpajo suficiente para enfrentarse sin miedo a los famosos, inalcanzables e imbatibles profesionales de la NBA. Tal vez este fue el verdadero inicio de la hegemonía de esta generación: estar convencidos de que con su talento podían derrotar a cualquiera. Y derrotarlos, claro. En esos últimos 3:53 minutos del partido, España le endosa un parcial de 15-1 a los famosos, inalcanzables e imbatibles profesionales de la NBA; de esos quince puntos, siete son de Navarro y cinco de Pau. El partido acaba 75-81 favorable a una selección española que en el último cuarto ha pasado por encima al equipo norteamericano (25-10).

Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

España-Estados Unidos. Cuartos de final.

3:45 para el final del último cuarto.

Los norteamericanos afrontan estos minutos con una ventaja de cuatro puntos (78-82). España, que como acabamos de ver ya sabe lo que es ganar a un equipo de enebeas, en este torneo lleva una trayectoria imperial y es, junto a Argentina, el máximo favorito para el oro. Pero un parcial de 0-7 en poco más de sesenta segundos decidió el partido: tres puntos de Stephon Marbury, dos de Tim Duncan y otros dos de Carlos Boozer hacen que se esfumen las posibilidades porque, aunque luego volvió a estrecharse la renta a cinco puntos, se trató del canto del cisne. Muchos recuerdan que palmamos por los triples de Allen Iverson y Marbury, pero ojo, que la selección norteamericana no estaba formada por pelagatos: ahí tenían, además de los citados, a Amar’e Stoudemire, LeBron James, Dwyane Wade o Carmelo Anthony entre otros. El equipo americano acabó consiguiendo el bronce y España, con solo un partido perdido en los Juegos, finalizó séptima. Los sistemas de competición unas veces dan y otras veces quitan. En ocasiones quitamos valor a subir al pódium cuando no hace mucho nos dábamos golpes en el pecho con actuaciones como esta; que sí, que cómo molamos y qué mala suerte ser séptimos y perder solo un partido, pero nos íbamos para casa con las manos vacías… aunque cargados de moral y experiencia: esta derrota sirvió para, en adelante, relativizar los partidos de las primeras fases y considerarlos como parte del rodaje para llegar al punto óptimo de forma en los cruces decisivos. Aunque, sistemáticamente, en cada nueva competición se olvide este detalle.

Eurobasket 2005.

España-Alemania. Semifinal.

1:00 para el final del último cuarto.

A falta de un minuto, España pierde por tres puntos (69-72) y tiene el balón. Se ha ido a remolque en el marcador (a unos cinco minutos para el final, Alemania ganaba por nueve) y se está a punto de culminar la remontada. Las directrices en ataque parecen claras: balones a Navarro que, en ausencia de Pau Gasol, ha asumido la responsabilidad y está haciendo un torneo descomunal. La Bomba no falla y deja a España a un punto con cuarenta y ocho segundos por jugar. Alemania busca a Nowitzki, claro, que bien defendido por Garbajosa tiene que doblar el balón y el equipo alemán lanza casi quitándose la bola de encima. España coge el rebote y nuevamente confía en Navarro, que anota una bombita y pone a España uno arriba. Quedan quince segundos. En la siguiente jugada, Nowitzki no se anda con tonterías esta vez y se la tira con la mano de Jorge Garbajosa encima. Y anota, claro. El equipo español consigue lanzar en los exiguos tres segundos que restan, pero el triple de Calderón no entra. Alemania, que se conformaría con la medalla de plata en la final, debería poner el nombre de Nowitzki a cientos, miles de calles. España, por su parte, totalmente desmoralizada, es vapuleada por Francia en el partido por el tercer puesto.

No obstante, la cuarta posición no está tan mal si recordamos que, unos días antes, el combinado español estuvo virtualmente eliminado puesto que en la fase de grupos necesitaba ganar su partido contra Croacia y a falta de siete segundos perdía por tres puntos (70-73) si bien disponía de dos tiros libres. Navarro convirtió el primero pero falló el segundo, aunque Fran Vázquez capturó el rebote ofensivo y anotó una canasta que forzó la prórroga. En la prolongación, Croacia perdió los papeles por unas decisiones arbitrales a su entender discutibles, y el partido lo acabó ganando España por 100 a 85… sí, han leído bien: la selección española anotó ¡veintisiete puntos! en unos demenciales cinco minutos.

Mundial 2006.

España-Argentina. Semifinal.

1:00 para el final del último cuarto.

Se entra en el último minuto con España dos puntos arriba (74-72) y la posesión del balón, pero sin Pau Gasol, lesionado durante el partido. Rudy falla un intento triple y se suceden los tiempos muertos, hay mucho en juego. Manu Ginobili tampoco acierta con el tiro exterior y Luis Scola recibe una falta personal en el rebote. Como España está en bonus, el argentino dispone de dos tiros libres, que aprovecha y empata el partido. El vencedor se decidirá en estos veinte segundos (si no hay prórroga). Argentina juega sus cartas y comete falta personal sobre Calderón, quien en este caso solo acierta con el segundo tiro libre. Prácticamente es la misma situación cambiando los papeles, solo ha pasado un segundo y España está uno por encima, pero los técnicos españoles eligen jugárselo defendiendo y no en los tiros libres, como han preferido los oponentes. Argentina realiza un aclarado para Ginobili que, cuando restan diez segundos de partido, intenta penetrar pero choca contra la defensa. No obstante, consigue doblar el balón a Andrés Nocioni, que está totalmente solo en el lateral, y lanza el triple… y falla. El rebote es para la selección española, que se clasifica para la final donde ganaría el oro con facilidad frente a Grecia, a pesar de la ausencia de Pau. Puede que esta generación hubiera cargado con el sambenito de perdedores si Nocioni llega a encestar. No lo sabremos nunca. Si llega a salir mal la defensa sin faltas, puede que hubieran arreciado las críticas poco constructivas. En esto sí que pudimos salir de dudas al año siguiente.

Eurobasket 2007.

España-Rusia. Final.

1:00 para el final del último cuarto.

Gana España 59-56 pero la posesión es para Rusia, que acaba de robar el balón a Carlos Jiménez. Mueven bien en ataque y anotan cerca del aro. 59-58 y cuarenta y tres segundos por jugar. España busca a Gasol en el poste bajo y, cuando estaba pivotando para ganarse espacio para lanzar, Holden le roba el balón. La posesión del equipo ruso está dos segundos desfasada con el tiempo de partido. La situación es muy similar a la que se vivió en la semifinal del Mundial 2006 contra Argentina, y España decide no hacer falta. Pero esta vez el rival sí acierta: Holden anota con bastante suerte un tiro a media distancia. España está uno abajo y solo quedan 2,4 segundos. Recibe Pau a unos cinco metros del aro y el lanzamiento a la media vuelta, a tabla, no entra. Rusia, oro. España, el equipo anfitrión, se tiene que conformar con la plata. Apenas unos segundos después, con las lágrimas aún frescas de los jugadores españoles, comenzaron las críticas a la decisión táctica. La estrategia que sirvió para conseguir un título mundial no fue bien vista por algunos que estuvieron todo un año esperando su oportunidad para asestar una puñalada trapera al cuerpo técnico.

Juegos Olímpicos de Pekín 2008.

España-Estados Unidos. Final.

9:14 para el final del último cuarto.

Estados Unidos está 82-91 arriba. El combinado español ha ido cediendo ventaja cada cuarto, por lo que el inicio del último periodo es crucial. Se acortan distancias con un palmeo de Pau. Tras una personal de Jiménez, Kobe Bryant falla un intento triple. Rudy sube el balón y hace un pick and roll con Pau, que finaliza la jugada con un espectacular alley hoop. 86-91. En la siguiente jugada, el equipo estadounidense vuelve a marrar un lanzamiento de tres; Ricky coge el rebote y lanza el contraataque, que culmina con un pase picado entre Kobe y LeBron para Rudy, que clava el triple. España se pone a dos puntos (89-91) y los estadounidenses piden tiempo muerto.

En una improbable sinergia entre la teoría del caos y las leyendas populares, podríamos aventurar que el salto de miles de aficionados españoles al unísono por un lance de un partido de baloncesto en China a punto estuvo de provocar una alteración en la órbita terrestre. Aquel domingo veraniego tuvimos que madrugar pero valió la pena sobre todo por este minuto, en el que nos hicieron creer en la victoria frente a una de las mejores selecciones de baloncesto de la historia. Lamentablemente, la desbordante calidad de las estrellas norteamericanas y alguna decisión puntual discutible de los árbitros nos dejó un regusto amargo, el sabor que tiene la plata cuando creías poder paladear el oro.

Mundial 2010.

España-Serbia. Cuartos de final.

1:00 para el final del último cuarto.

En una nueva cita sin Pau, llegamos al minuto final del cruce de cuartos perdiendo de dos (87-89) contra Serbia, que ya ganaba de ocho al descanso. El ataque de España acaba con Navarro trastabillado tras una entrada a canasta que es parada con un contacto en el que los árbitros no apreciaron falta personal para, a continuación, Sergio Llull tomarse la justicia por su mano y parar el contraataque serbio dejando un recado a Milos Teodosic. Como España aún no está en bonus, Serbia saca de banda con cincuenta y siete segundos por delante. Amasan el balón hasta que les queda poco tiempo de posesión y lanzan un triple. Durante la lucha por el rebote la bola se pierde por la línea de fondo y los árbitros esta vez dan la razón a la selección española que, quedando solo treinta y seis segundos de partido, debe anotar. Y en esta situación ya sabemos lo que toca: balones a Navarro, que finta el tiro y crea el espacio necesario para que Marc Gasol empate el marcador dejando poco más de una posesión a Serbia. Tiempo muerto. Una vez más, llega el momento del análisis: cometer personal para tener la última bola o jugártela con la defensa. España, de nuevo, decide defender. Serbia también lo tiene claro y le da el balón a Teodosic, que es hostigado por Llull. Cuando quedan trece segundos juegan un bloqueo muy arriba. Al segundo intento, la defensa española cambia de marca y Garbajosa se queda con Teodosic. Con seis segundos de partido por jugar el base serbio se levanta, a medio camino del centro del campo y la línea de tres, y convierte un triple demoledor.

Garbajosa estaba medio metro por delante del 6,25 m. ¿Debería haber estado más encima del serbio?, ¿tendrían que haber defendido los bloqueos sin cambios? Como curiosidad comparativa, se puede estudiar la sensacional defensa del criticado Kevin Love sobre Stephen Curry en el último medio minuto del séptimo partido de la final de la NBA de 2016. Volviendo al partido, con tres segundos por jugar, España a duras penas logra sacar de banda, pero Garbajosa pierde el balón sin mirar a canasta. Serbia gana el partido. Las cámaras siguen a Garbajosa hasta el túnel de vestuarios. El jugador está hundido. Aquel Mundial fue su última participación con la selección española (anunció su retirada al año siguiente) y sus detractores, que ya ponían en tela de juicio su presencia en el combinado, se fijaron en estas dos últimas acciones (la defensa a Teodosic y la pérdida de balón) para encontrar al culpable de la derrota.

Eurobasket 2011.

España-Macedonia. Semifinal.

1:30 para el final del tercer cuarto.

La sorprendente Macedonia de Bo McCalebb, que incluso ganaba de un punto al descanso, sigue disputando el partido a la selección española. A minuto y medio para terminar el tercer cuarto, el marcador es favorable a España por solo cinco puntos (65-60), pero un ataque muy atascado lo resuelve Navarro a punto de acabar la posesión con un triple a una pierna delante de dos defensores que provoca la desesperación del entrenador macedonio, aunque su equipo acorta distancias en la siguiente jugada (68-62). Otro triple de Navarro con treinta y cinco segundos por jugar en este cuarto deja el partido bastante cuesta arriba para Macedonia, que está nueve abajo (71-62).

Más que decisivo para el resultado final del encuentro fue el momento más significativo, puesto que, tras ese triple a la remanguillé, la imagen del entrenador macedonio alzando los brazos como diciendo «¡Anda ya! ¡Lo de este tío no tiene nombre!» fue todo un poema. La Bomba anotó diecinueve puntos en un cuarto antológico para un total de treinta y cinco en el partido. Fue merecidamente MVP del torneo, que ganó España. Poco más que añadir que no sepamos ya. Como dijo Bozidar Maljkovic, entrenador de Eslovenia, tras sufrir una actuación similar en cuartos de final: «Juan Carlos me saluda siempre muy educado, pero luego me mete veinte puntos».

Juegos Olímpicos de Londres 2012.

España-Brasil. Último partido de la primera fase.

2:30 para el final del último cuarto.

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En un partido en el que ganar es un premio envenenado, se llega a este momento del encuentro con 76-79 a favor de Brasil. España ataca para reducir la ventaja o empatar, pero Navarro falla el lanzamiento… Sesenta segundos después, el marcador refleja un 76-84. Un parcial de 0-5 (tres puntos de Anderson Varejao y dos de Leandrinho Barbosa) puede que no diga mucho, pero remontar ocho puntos en minuto y medio es bastante complicado. Y aún más si recordamos que el perdedor del partido presumiblemente iría por el lado opuesto del cuadro a Estados Unidos, por lo que no se encontraría a la selección norteamericana hasta la final, dando por descontado que ambos equipos ganarían sus respectivos cruces.

La actitud del equipo español en las postrimerías del encuentro recibió muchas críticas. España afrontaba el último cuarto con una cómoda ventaja de nueve puntos (66-57), pero se vino abajo encajando treinta y un puntos en este periodo. Aunque hay que recordar que las canastas brasileñas, muchas de ellas lanzamientos triples, no las anotaron los jugadores españoles, también hay quien ve cierta relajación en la defensa. ¿Mirada sucia? En los mismos Juegos Olímpicos, en atletismo, en las series de clasificación de 100, 200, 400, 800… los competidores no buscan el récord del mundo y no es raro que los favoritos se dejen llevar en los últimos metros viendo que ya han conseguido el pase por puestos a la siguiente ronda; en definitiva, no luchan por ganar. Nadie aprecia ahí una actitud antideportiva o una afrenta al espíritu olímpico. Además, resumiendo con la reflexión de un espectador sagaz de los programas de Torrebruno: si lo importante es participar, ¿por qué narices solo dan medallas a los tres primeros?

Aunque conscientemente siempre quieras vencer, ganar un partido que no te va a traer ningún beneficio es una cosa boba. Sobre todo si en tu subconsciente pululan recuerdos como la derrota de 2004. El caso es que Brasil se llevó la victoria (bien por ellos) y finalizó el torneo olímpico en quinta posición con solo dos derrotas, las mismas que Francia (sexta) y Rusia (bronce). España perdió este partido, pero llegó a disputar la final, quedando aún más cerca del equipo de USA Basketball que cuatro años atrás. Y consiguió la medalla de plata con tres derrotas.

Eurobasket 2013.

España-Francia. Semifinal.

1:00 para el final del último cuarto.

65-64 gana España. Francia ataca y, tras sacar un fuera de banda, consiguen conectar con Ajinca en la pintura, que recibe una personal. Anota uno de los dos tiros libres y empata el encuentro con cuarenta segundos por jugar. Sergio Rodríguez, el Chacho, eléctrico casi todo el campeonato, se juega un uno contra uno pero no le entra el tiro. En la jugada posterior, Tony Parker penetra y se encuentra con el tapón de Rudy Fernández. Quedan diez segundos y España tiene la bola del partido. Pero ni el lanzamiento triple abierto de Calderón ni el posterior palmeo de Víctor Claver (hábilmente entorpecido por Parker) entran. Prórroga… donde Francia, que tenía ganas a nuestro combinado nacional desde hacía años, gana merecidamente el partido y, posteriormente, el oro. España se tuvo que conformar con el bronce y con la sensación de que, a pesar de haber jugado la semifinal al trantrán, a pesar de las críticas habituales, a pesar de las ausencias (Navarro y Pau por lesión, y Serge Ibaka o Nikola Mirotic por motivos extradeportivos), a pesar de las derrotas previas a los cruces… a pesar de todo eso, la final y la medalla de oro no quedó muy lejos.

Eurobasket 2015.

España-Francia. Semifinal.

1:00 para el final de la prórroga.

Se vive un clima de revancha en la selección española. El año anterior, el Mundial de baloncesto se jugó en España y la derrota contra Francia en cuartos de final privó a los anfitriones de la lucha por el pódium (no es cuestión de ser pesado, pero en ese torneo España solo sufrió esa derrota; Serbia y Francia, medalla de plata y bronce respectivamente, acumularon tres derrotas). Además, solo conseguirán plaza directa para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro los finalistas del Eurobasket, por lo que ganar este partido supone, además de asegurar al menos la medalla de plata, evitarse un farragoso preolímpico el año siguiente.

Un nuevo partido igualado entre estas selecciones puesto que, a falta de un minuto para finalizar la prórroga, gana Francia (74-75) y tiene la posesión, pero pierde el balón. El contraataque lanzado por Llull acaba con mate de Pau Gasol. Quedan cuarenta y nueve segundos. En el siguiente ataque Rudy, como hace un par de años, le vuelve a taponar un tiro decisivo a Parker. España apura la posesión moviendo la bola hasta que habilita al Chacho para un triple abierto, que falla, pero Gasol consigue el rebote en ataque rozando la falta personal y vuelve a machar. La renta se eleva a tres puntos y solo restan dieciocho segundos. En el siguiente ataque, Claver comete falta sobre Nicolas Batum regalándole tres tiros libres. Y, lo que son las cosas, un triple milagroso de Batum forzó la prórroga, pero después lo compensó fallando los tres tiros libres. España coge el rebote y mueve el balón rápidamente para evitar la personal. Finalmente llega el balón a Gasol, solo, bajo el aro, y de nuevo hunde el balón. En un minuto ha hecho tres mates para un total de cuarenta puntos en una de las mejores actuaciones individuales de la historia del baloncesto FIBA. España, tras dos derrotas en la primera fase, con sus consiguientes críticas, conseguiría el oro en un plácido partido frente a Lituania. Francia ganaría el bronce habiendo perdido únicamente el encuentro de semifinales.

Juegos Olímpicos de Río 2016.

España-Australia. Partido por la medalla de bronce.

1:00 para el final del último cuarto.

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En esta ocasión, las dos derrotas ya clásicas en primera fase han provocado que el partido contra la selección USA se haya producido en semifinales, sin posibilidad de haber elegido el camino hasta la final como hace cuatro años. Enfrente está un equipo menor comparado con el de Pekín o Londres si se tiene en cuenta que han renunciado LeBron, Curry, Russell Westbrook o Kawhi Leonard, pero hay siete integrantes de los tres mejores quintetos de la última temporada de la NBA. Una selección B, digamos. España tampoco es la de hace ocho o cuatro años, pero el partido finalizó con menor diferencia que en esas anteriores (solo seis puntos) aunque la sensación, al ser un encuentro más feo y agarrotado, fue diferente. Paradójicamente, quedamos más cerca, les ganamos dos cuartos y la segunda parte (ni en Londres ni en Pekín lo hicimos), pero parecían más lejos.

Toca luchar por el bronce contra la selección australiana, la revelación del torneo, que se encuentra un punto por debajo (84-85) al afrontar el último minuto del partido. La posesión española no culmina en canasta y el balón sale fuera de banda tras cargar el rebote ofensivo. Después del tiempo muerto, se comete personal en el rebote a David Andersen, que anota los dos. El rocoso pívot Aron Baynes le regala una rápida falta a Pau Gasol, que no desaprovecha los dos tiros libres. En la siguiente jugada, Baynes se desquita enchufando un gancho con la izquierda por encima de Gasol. Ahora la situación es dramática para España: quedan diez segundos y pierde por un punto (88-87). Sergio Rodríguez ataca el aro y fuerza una dudosa personal a Mills. Tras convertir los dos tiros libres y con cinco segundos por jugar, toda la presión es ahora para Australia. Con esta situación nadie pone en duda la táctica a seguir: no hay que hacer falta y la defensa ha de ser durísima. Tras sacar de banda, Ricky Rubio toca lo justo para que Andersen no controle el pase y Claver, injustamente ascendido a muñeco de pimpampum oficial tras la retirada de Garbajosa, roba un balón que vale el partido y otra medalla, quién sabe si la última de la inolvidable quinta del 80. Una vez más, la selección pasó de ser puesta en duda y de crispar a los más escépticos a hacer vibrar a todos los aficionados.

La selección española de baloncesto con la medalla de bronce de los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro. Foto: Cordon Press
La selección española de baloncesto con la medalla de bronce de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.
Foto: Cordon Press


Guillermo Ortiz: Darko Milicic, de acosador de árbitros a émulo de Limonov

Darko Milicic. Foto: k1k0.com (CC)
Darko Milicic. Foto: k1k0.com (CC)

Después de perder en la prórroga su segundo partido de la fase de grupos, lo que quedaba claro era que Serbia no iba a clasificarse directamente para cuartos de final. Aquello empezaba a ser lo habitual en una selección tocada por el fracaso de 2005 en casa y que no había levantado cabeza en 2006, antes al contrario. Como prueba de fuego para los jóvenes Teodosic, Velickovic, Markovic o Tepic, el Eurobasket de 2007 podía tener algún sentido iniciático, pero para veteranos como Jaric o Gurovic, llamados a tirar del equipo, el campeonato estaba siendo un fracaso absoluto.

En medio de todo esto quedaba Darko Milicic, el poderoso pívot por entonces de los Orlando Magic, a punto de completar su fichaje por los Memphis Grizzlies de Pau Gasol. Milicic tenía solo veintidós años pero se le llevaba exigiendo como estrella desde que fuera elegido sorprendentemente con el número dos en el draft de 2003 por los Detroit Pistons, el mismo draft que vio como Carmelo Anthony, Chris Bosh y Dwyane Wade eran elegidos inmediatamente después del serbio. Milicic era un diamante en bruto que todos esperaban pulir pero que tenía mucho más de bruto que de diamante. Zurdo de corpachón enorme y con un tiro de media distancia aceptable, aquel «rookie» conoció todos los banquillos de la NBA en su primera temporada, relegado por Larry Brown a un ostracismo total.

Si a Dumars no le echaron a palos de Michigan por pensar que lo que necesitaba el equipo era un serbio de dieciocho años que apenas había jugado dos temporadas en el Hemofarm fue simplemente porque aquel año los Pistons ganaron el anillo con Chauncey Billups como MVP y Ben Wallace dominando los tableros. La broma de Milicic dejó de tener gracia cuando en los siguientes años, fuera por lesiones, por inadaptación o por pura inmadurez, siguió sin contar para el entrenador. En ninguna de sus tres temporadas en los Pistons conseguiría pasar de los siete minutos por partido, eso cuando directamente no jugaba o no se vestía.

Con todo, en 2007, jugar en la NBA era jugar en la NBA y eso daba un estatus. Un número dos del draft de 2,13 y 22 años siempre iba a ser una posible estrella a tener en cuenta. En el primer partido del Eurobasket, contra Rusia, se vio completamente desbordado por Kirilenko y Morgunov. El mítico «Moka» Slavnic no conseguía desde el banquillo transmitir su energía competitiva y tampoco lo conseguiría un día después, contra Grecia, la derrota en la prórroga de la que hablábamos al principio del artículo. Esta vez sí, Milicic estuvo a la altura de las expectativas con 17 puntos, 6 rebotes y 3 tapones en 39 minutos. No sirvió para calmar sus ánimos.

«Si alguno tiene hija, me follo a su hija»

El arbitraje tuvo sus cosas, como siempre. Una eliminación de Gurovic algo polémica, jugadas bajo los aros que podían haberse pitado en una dirección o en otra… lo habitual en un Grecia- Serbia, vaya. Sin embargo, Milicic salió de la pista encendido, se dirigió a la zona mixta y tras la inofensiva pregunta por sus impresiones generales del partido empezó ya fuerte: «Nada, estos tres árbitros de mierda nos han robado la victoria. Esos tres maricones, esos tres mierdas se creen que son alguien» y ya, sin parar, rodeado de grabadoras, las palabras que le perseguirían durante su carrera: «Voy a volver y a follarme a las madres de los tres, esto es lo que les tengo que decir: ¡maricones!».

En ese momento, uno de los periodistas serbios alerta del lenguaje y pide un poco de calma al gigante pero Milicic no está para tonterías: «Son unos mierdas, que me coman la polla, eso lo podéis escribir, estaban acojonados y no pitaron nada. Me voy a follar a sus madres, a las madres de los tres, y si alguno tiene hija, me follo a su hija». Esa sucesión enloquecida de madres, hijas y árbitros italianos tenía un aire de familia a aquello del pito de Benito Floro, pero con una alevosía inaudita. La FIBA no supo qué hacer así que no hizo nada, tan solo ponerle una multa de 10 000 euros. Milicic pasó de ser un jugador sobrevalorado a un idiota en apenas un minuto. Jugó el último partido, ante Israel, y no solo lo jugó, contraviniendo toda lógica, sino que fue la estrella del equipo con 18 puntos, 13 rebotes y 4 tapones.

Serbia perdió y quedó fuera del torneo.

El traspaso a los Grizzlies no mejoró las cosas. Después de un par de incursiones en los play-offs, Memphis volvía a ser la peor franquicia de la NBA pese al trabajo de Pau Gasol y contaban con el serbio para convertirse en el complemento eficaz al poste bajo que nunca fuera Stromile Swift, otro bala perdida que jamás llegó al nivel esperado. Los Grizzlies contaban con Iavaroni como entrenador y ficharon a Juan Carlos Navarro tras largas negociaciones con el Barcelona. Nada resultó. El equipo volvía a perder sesenta partidos y parte de culpa en ello tuvo la marcha a mitad de temporada de Pau a los Lakers.

Gasol y Milicic ya habían tenido un pequeño enfrentamiento mediático antes del Eurobasket, cuando se publicó que el serbio había expresado su preferencia por jugar contra el español, «porque es un jugador muy blando». En cuanto firmó por la misma franquicia, por supuesto, negó todo tipo de declaraciones, pero la relación se mantuvo fría y de hecho Milicic siempre intentó dar lo mejor de sí ante Pau, como si le debiera algo. Su estancia en Memphis quedó en unos 7 puntos y 6 rebotes por partido y un posterior traspaso a los Knicks, donde jugó ocho partidos —¿quién no ha jugado alguna vez ocho partidos con los Knicks en estos años locos?— y fue inmediatamente enviado a Minnesota.

El repunte frustrado por las lesiones

Cuando llega a Minnesota en 2009, todo el mundo tiene claro que Milicic no llegará a ser nada parecido a una estrella; él, el primero. Su carrera con la selección, sin saberlo, ya ha acabado: aquel verano, Serbia había sorprendido al mundo llegando a la final del Eurobasket redoblando su apuesta de 2007 por la juventud. A los mencionados Teodosic, Tepic, Markovic o Velickovic se les unieron Radulijca, Perovic, Macvan o Krstic. No había sitio para el polémico Milicic en esa Serbia y tampoco lo habría en 2010, cuando fuera el propio jugador el que renunciara para poder entrenar con los Minnesota Timberwolves y mejorar su juego.

Minnesota pintaba como el último tren al que agarrarse: Milicic se consolidó como pívot titular de una franquicia en reconstrucción tras la marcha de Kevin Garnett y aunque seguía mostrando limitaciones en ataque, digamos que era fiable en el rebote y contundente en el tapón. La temporada 2010/11 fue la mejor de su carrera, con 9 puntos y 5 rebotes en más de 24 minutos de juego. Aquel verano tuvo la oportunidad de volver con Serbia al Eurobasket de Lituania pero Ivkovic le acusó de poco compromiso. Cabreado como en él era habitual le llamó «viejo malvado» y negó haber recibido ninguna llamada convocándole a ningún entrenamiento.

Puede que la 2011/12 estuviera llamada a ser la gran temporada de Milicic y de los Wolves, ya con Kevin Love y Ricky Rubio en el equipo. Nunca lo sabremos. Las lesiones de cadera y de muñeca se cebaron con él y apenas pudo jugar 29 partidos, bajando sus números a menos de 5 puntos y 3 rebotes. La eclosión de Love y sus persistentes molestias hicieron que los Wolves decidieran no renovarle y acabara como agente libre en los Boston Celtics.

Eran aquellos Celtics de antes de la estampida de Pierce y Garnett aunque ya no contaban con Ray Allen. Jermaine O´Neal se pasaba la temporada en la enfermería y Danny Ainge pensó que estaría bien contar con el típico pívot blanco suplente que subiera un poco la temperatura del equipo y la afición. La pretemporada fue bien pero su experiencia en liga regular se limitó a un partido: el primero en el TD Garden, contra los Milwaukee Bucks. No consiguió anotar ni un punto y apenas cogió un rebote en cinco minutos de juego. A partir de ahí, la nada.

Tras diez partidos sin jugar, el propio Milicic pedía que le liberaran para poder atender a su madre enferma en Novi Sad. «Doc» Rivers se lamentó mucho de la baja de un talento tan grande y todo el rollo habitual pero el propio jugador tardó poco tiempo, apenas unos meses, en desmentirlo todo: su madre no estaba mala, solo un poco pachucha; lo que él quería era irse de ahí cuanto antes porque «no soy el tipo de jugador que se conforma con que le paguen un dineral por sentarse en el banquillo». Con los 47 millones de dólares que acumuló a lo largo de su carrera NBA se ve que bastaba.

La última rajada de Darko Milicic

Desde aquel 2 de noviembre de 2012 no hemos vuelto a ver a Milicic en un partido de baloncesto profesional. De vez en cuando salen rumores de que va a volver, que está entrenando duro, que puede tener tal oferta de tal equipo europeo o americano… pero el caso es que nadie se atreve. El chico aún no ha cumplido los treinta —lo hará el año que viene— y ya parece una leyenda de otro tiempo. Se le ve a menudo apoyando al Estrella Roja de fútbol en el fondo norte y en una entrevista para Gigantes del Basket aseguraba estar preparándose con la selección de su país para el Mundial… de pesca de carpas.

En junio de 2013 aseguró que no volvería a jugar en la NBA pero no dijo nada de la Euroliga. Quién sabe. De momento, aparte del fútbol, le entretiene la política. Simpatizante del Partido Radical Serbio, ha participado en movilizaciones a favor de Vojislav Seselj, político y escritor nacionalista que lleva diez años esperando veredicto del Tribunal Internacional de La Haya, donde el fiscal le acusa de hasta quince cargos de crímenes contra la humanidad.

Preguntado al respecto, Milicic se limitó a decir: «Lo que me jode es que nosotros los serbios no nos podemos comportar como serbios en Serbia. Eso es un problema. Este hombre lleva en La Haya diez años y no podemos ni decir su nombre aquí en Serbia. Nuestros vecinos, con los que hemos tenido nuestros problemas, pueden dar la bienvenida a sus imputados por el TPI como si fueran héroes, nosotros no». Uno se para a pensar en cómo entenderá Milicic que debe comportarse un serbio en Serbia o en su definición de «problemas» y le entran temblores. No importa. Está claro que la cosa no va a ir a mejor. Cualquier día de estos aparece en una novela de Emmanuel Carrère.


Composición de la Mecánica Superior

Hace ya más de una década se publicaba en acb.com un singular artículo bajo el título «Los cuatro niveles de la suspensión pura», una tímida tentativa de clasificar el tiro en suspensión atendiendo a su mecánica. Motivaba aquel trabajo la aventura de pisar terreno virgen, tratar de conquistar un inmenso vacío conceptual y acaso demostrar que era posible organizar el aparente caos formal del arma ofensiva más importante del baloncesto.

De acometer semejante tarea con éxito la gramática del juego contaría con una preciosa herramienta de que favorecerse en adelante, como una ampliación teórica no en los confines de la técnica sino en uno de sus pilares más básicos.

Hasta la fecha esta herramienta no existía. De manera que cada vez que tocaba describir la mecánica de lanzamiento de un jugador, no ya distinguir unas de otras, resultaba desolador comprobar lo vago y tortuoso de los intentos, encerrados sin remedio en la doble adjetivación de lo normal y lo anormal, como si las decenas de miles de ejemplos no pudieran caber más que en este vulgar péndulo. Esta pobreza descriptiva tiene su única razón en la inexistencia de una nomenclatura básica sobre un elemento tan crucial como es el lanzamiento a canasta. Ojo, uno de ellos, el más repetido y numeroso de la historia del juego: el tiro exterior de formación académica.

El objetivo de aquel trabajo era, pues, muy pretencioso. Buscaba nada menos que apresar a cada tirador por su elemental ejecución del lanzamiento. Y no solo es posible sino que la lógica a seguir para descifrar las diferentes mecánicas de tiro es mucho más sencilla de lo que pudiera parecer.

El paso del tiempo ha precisado enormemente la eficacia de las técnicas de tiro. Pero en lo más básico y elemental, en su apariencia más genérica, la mecánica que las envuelve ha variado muy poco y difícilmente lo hará en el futuro, lo que ratifica la convicción de que además de posible resultaría útil establecer una clasificación de carácter y validez universales.

Aquel proyecto, no más que el boceto apenas bosquejado en unas pocas categorías, se rescata y amplía aquí adecuadamente dejando claro de inicio que este trabajo no es un manual de tiro. Tampoco una memoria. Busca ser una aproximación descriptiva a las diversas formas del tiro en suspensión en relación con la mecánica de brazos y manos. De otro modo, se pretende una tipificación universal de la mecánica de lanzamiento en función de su fisonomía más aparente, la que nos entra por los ojos. Por eso las imágenes que ilustran el texto —fugaces sombras de la realidad— resultan de inestimable ayuda para el reconocimiento general de las cuatro categorías de tiro más comunes en el baloncesto.

Antes de su enunciado conviene precisar unos pocos conceptos básicos que facilitarán la comprensión general.

El primero de ellos pasa por separar el significado de mecánica y técnica, dos fundamentos el segundo de los cuales queda excluido de este estudio. La técnica enseña a tirar. La mecánica envuelve esa personal elección. Por eso confundir mecánica y técnica es como hacerlo con el vaso y el agua. La técnica es el contenido y la mecánica el continente, el envoltorio que arropa la técnica elegida por el tirador. En el lanzamiento, en suma, la mecánica envuelve a la técnica, como la carrocería al coche.

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1. FASES DEL TIRO

a) Formación
b) Desarrollo
c) Término
d) Resonancia

2. FACTORES DEL TIRO

a) Mecánica de Formación – Mecánica de Posición
b) El concepto de Resistencia Mecánica

3. MECÁNICA DE FORMACIÓN. EL TIRADOR FRONTAL

a. Frontal de impulso.
b. Frontal de arrastre.

4. MECÁNICA DE FORMACIÓN. EL TIRADOR OBLICUO

a) Oblicuo de impulso
b) Oblicuo de arrastre

5. MECÁNICA DE POSICIÓN. EL TIRADOR ELEVADO

a) Elevado abierto
b) Elevado cerrado

6. MECÁNICA DE POSICIÓN. EL TIRADOR LATERAL

a) Lateral abierto
b) Lateral cerrado

7. LA COMPACTA COMUNIDAD ZURDA

8. UNA NOMENCLATURA UNIVERSAL

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[Nota: la expresión tirador no se utiliza aquí como destreza sino como acto. Tirador es, pues, quien tira a canasta al margen de su eficacia y/o frecuencia]

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1. FASES DEL TIRO

Veamos de qué se compone exactamente la secuencia de un lanzamiento a canasta.

a) Formación: estado embrionario del tiro que coincide con su inevitabilidad. A la pregunta de en qué punto preciso comienza el lanzamiento acude en respuesta la mera cronología del gesto. Un lanzamiento nace exactamente en el punto en que su ejecución se torna irreversible.

Una vez el cerebro decide ejecutarlo la relación de las manos con el balón se ve alterada de modo decisivo. En ese instante la situación del balón podrá ser muy diversa, pero la posición de las manos responderá de manera inconsciente a la mecánica dactilar del tirador. Se trata por ello de un acto reflejo que marca la fase más crucial en el lanzamiento, pues si la formación fracasa todas las demás fases se verán irremisiblemente alteradas. Igual que sujetar el bolígrafo de modo inhabitual perturba la escritura, así un tiro sin la formación acostumbrada perderá su identidad y muy posiblemente su eficacia.

FormacionOBLICUO
Formación avanzada de un oblicuo puro en Scottie Pippen.

b) Desarrollo: periodo del tiro comprendido entre la formación y el término. El factor más decisivo en el desarrollo es la fuerza. Sin ella no hay lanzamiento. Para imprimir fuerza es necesaria la sucesión de dos pulsos que actúan por contracción mecánica como un latido: uno, el retroceso, la retropulsión o traslación hacia atrás y dos, la extensión o traslación hacia delante.

Separa a ambos pulsos un factor infinitesimal en el ecuador del tiro: el golpe de tracción. Durante este proceso que apenas dura una fracción de segundo es donde mayores diferencias se observan en los tiradores de todo lugar y época. La razón es simple: cada formación deriva en un desarrollo diferente que cada jugador diversifica a su vez en íntima ejecución. Esto permite al desarrollo ser la variable más rica y valiosa, aquella que distingue visiblemente a cada lanzador y de la que nos vamos a servir para elaborar la clasificación de los tiradores. En la práctica las diferencias de desarrollo son abismales.

GolpedeTRACCION
Ecuador del desarrollo: golpe de tracción.

TardoCONTRACCION
Tardocontracción del desarrollo.

c) Término: periodo del tiro que coincide con el último tacto al balón y la hiperextensión de brazos y manos.

En la fase terminal del tiro o término el doble factor de dirección y fuerza llega a su fin. Al igual que en la formación se trata de una fase irreversible. Mientras las dos primeras fases encierran una gran diversidad de formas esta tercera guarda una gráfica similitud en todo lanzamiento completado. En sentido figurado el término equivale a un latigazo de precisión. En sentido práctico el término traza una alineación parabólica ideal entre ojos, balón y aro.

El término es la fase más uniforme del tiro. Comprende el último tacto al balón y la inmediata hiperextensión. A mayor distancia del aro menor será el ángulo terminal y viceversa.
El término es la fase más uniforme del tiro. Comprende el último tacto al balón y la inmediata hiperextensión. A mayor distancia del aro menor será el ángulo terminal y viceversa.

En la fase terminal los brazos abren un ángulo con el suelo, una inclinación natural que llamaremos ángulo terminal. La distancia al aro guarda una relación inversamente proporcional con el ángulo terminal. Así cuanto mayor sea la distancia del lanzamiento menor será el ángulo terminal y viceversa. Esta relación permite reconocer a qué distancia se encuentra el tirador del aro atendiendo únicamente al ángulo de los brazos en su fase terminal. Todo ello sin contar con la intervención de factores decisivos como el obstáculo defensivo a sortear y la altura de parábola determinada por la técnica del tirador.

Término de un frontal de impulso en Michael Jordan (1982).
Término de un frontal de impulso en Michael Jordan (1982).

d) Resonancia: periodo de parábola del balón o mecánica residual del tiro. Se trata de un concepto sumamente interesante. Una inmensa mayoría de entrenadores de tiro concede gran relevancia a esta postrera fase del lanzamiento en que las manos ya no disponen del balón y se ven sometidas a un factor de inercia que, en el caso que nos ocupa, puede resultar muy útil si esa fuerza natural que provoca la hiperextensión termina siendo domesticada.

Como recurso propiamente técnico la resonancia es una continuación de la mecánica que busca apurar al máximo la eficacia de las tres primeras fases del tiro. No hay resonancia en la mera inercia de los brazos. Para lograr su cometido los brazos deben preservar durante unos instantes su posición terminal como si al hacerlo la parábola respondiera a una orden. En sentido figurado la resonancia actúa sobre el balón a modo de hechizo. En sentido riguroso la resonancia consiste en una prolongación espacial de la mecánica elaborada que actúa como un excedente de seguridad en la coordinación visomotora.

En la mayoría de los casos se trata de un reflejo condicionado y por ello no son pocos los jugadores que estiman el lanzamiento incompleto si no va acompañado de su particular dosis de resonancia. En esta curiosa fase del tiro cobra relevancia la destreza en el último tacto al balón, el llamado efecto de retroceso obra de los dedos. Por eso es muy común la resonancia en jugadores que imprimen al balón un intenso efecto de retroceso.

La resonancia no es un recurso exclusivo del baloncesto. Se encuentra también muy presente en aquellas disciplinas deportivas que conceden una importancia vital a los envíos de precisión y puntería como ocurre en fútbol, tenis, golf, hockey o curling. Así, los grandes lanzadores de faltas en el fútbol presentan un sofisticado sentido geométrico de la resonancia aunque, en efecto, su duración resulte mucho más breve. En este gol del brasileño Roberto Carlos (1997), un auténtico prodigio de la física, la resonancia acontece por la llamada ley proximodistal por la que todo el cuerpo actúa como un compacto resorte de precisión cuya fuerza se desarrolla de manera centrífuga, de dentro afuera a partir del centro de gravedad. El balón en este caso no es disparado por un puntapié sino por la entera masa corporal.

En el baloncesto, sin embargo, se consigue aislar esa fuerza de manera que la práctica totalidad de la masa resonante proceda del tronco superior. Vale recordar que en el fútbol (como en hockey, tenis, billar o golf) los envíos acontecen en una fracción de segundo como un golpe seco o disparo (mecánica de percusión), mientras que en el baloncesto las manos manipulan la contracción mecánica otorgando a esta fase el crucial factor de duración (mecánica de tacto), que algunos prolongan hasta el final de la parábola a modo de resonancia.

El espacio más común de resonancia: el tiro libre.
El espacio más común de resonancia: el tiro libre.

Al tratarse de un factor adquirido hay tiradores de resonancia pronunciada (Kobe Bryant, Tim Duncan, Kevin Durant), otros de resonancia ocasional (Michael Jordan, Carmelo Anthony, Stephen Curry) y un tercer grupo de resonancia marginal o que por lo general renuncia a ella (Baron Davis, Shawn Marion, Monta Ellis) entregando exclusivamente la mecánica del tiro a sus tres primeras fases (formación-desarrollo-término).

La resonancia más célebre en la historia de la NBA (Michael Jordan, Utah, 14/VI/1998).
La resonancia más célebre en la historia de la NBA (Michael Jordan, Utah, 14/VI/1998).

La noción de resonancia admite su valor sobre la más correcta de persistencia mecánica por una razón: la resonancia como figura física vincula a dos elementos (sonido producido por repercusión de otro). Pero en el campo que nos ocupa el concepto de persistencia mecánica pierde fuerza al vincular únicamente al primero de los dos elementos en juego (brazos) excluyendo al segundo (balón), igualmente crucial. Así la resonancia verifica su validez como fenómeno de propagación de doble presencia.

GraficoRESONANCIA

El concepto de persistencia guarda no obstante una mejor aplicación en el escenario exclusivo ocupado por los maestros del tiro. Los grandes tiradores, aquellos que conquistan el verdadero plano de la excelencia, alcanzan un grado tan sofisticado de resonancia que consiguen transmitir su sentido a los ojos, a la vista, donde el excedente de seguridad queda retenido. Se trata de tiradores de condición mnemotécnica, sujetos en los que el acto de tiro se encuentra tan extraordinariamente memorizado que perciben con claridad su desenlace durante la fase terminal o extensión de los brazos. Se conoce este fenómeno de anticipación como persistencia retiniana o resonancia visual, un tipo de resonancia invisible al espectador al manifestarse únicamente a nivel cerebral en el autor del lanzamiento en calidad de precognición. Mientras la resonancia convencional trata de proyectar una imagen con la que reproducir una traza ideal de parábola, la resonancia visual consigue anticiparla. Este es el recurso mental de que se valen los mejores durante sus mejores experiencias.

La mayoría de jugadores cree percibir el acierto o el fallo en cuanto el balón sale despedido de las manos. En el fondo se trata de un espejismo, pues en realidad solo perciben con claridad el fallo y únicamente los tiradores maestros visualizan con absoluta nitidez el acierto. Así era frecuente que jugadores como Larry Bird o Dale Ellis, en el cénit de parábola de un triple desde la frontal, estuvieran ya situados a media pista cuando el balón entraba, pues en la fase terminal del lanzamiento retrocedían a terreno defensivo por su absoluta certeza de que el balón terminaría entrando. Ese altísimo margen de seguridad habita exclusivamente en el ánimo del tirador experto, consciente de que pocas sensaciones igualan a la satisfacción del acierto consumado a varios metros de distancia del punto exacto desde el que el lanzamiento se produce.

La resonancia visual permitía a Larry Bird (1988) anticipar el desenlace del lanzamiento en el cénit de parábola.
La resonancia visual permitía a Larry Bird (1988) anticipar el desenlace del lanzamiento en el cénit de parábola.

Mientras la resonancia es el alma del lanzamiento sus tres primeras fases constituyen el cuerpo. Así pues el concepto de resonancia, como vemos por sus múltiples derivaciones en el baloncesto, resulta un fenómeno tan fascinante que bien merecería un estudio de mayor profundidad que viniera a descifrar el enorme misterio que en nuestro juego encierra la mecánica espectral dentro del campo aún más vasto de la mímica inconsciente. Aquí tan solo nos hemos asomado a lo que podríamos llamar eco del tiro.

No habrá salido el balón de tus manos cuando ya debieras imaginarlo dentro. Siempre que tires que sea por segunda vez, como la prueba material del acierto imaginado. (Psicobasket, XXXIII).

Manos en resonancia.
Manos en resonancia.

2. FACTORES DEL TIRO

a) Mecánica de Formación – Mecánica de Posición

En el lanzamiento a canasta intervienen numerosos factores, tantos que es posible asegurar que no hay dos lanzamientos iguales, ni siquiera aquellos que proceden de las mismas manos. La relación de los brazos, la disposición de los antebrazos, la dinámica de las manos, su posición de contacto con el balón, la velocidad de ejecución, la apertura de los codos, la cinética del cuerpo, su equilibrio y, en suma, una infinidad de variables en viva interacción que dota a cada lanzamiento de una huella dactilar irrepetible. De manera que para elaborar una clasificación válida es conveniente ampliar los campos desde los que observar similitudes. Campos que nos permitan agrupar los tiros en función de su mecánica más aparente.

Para ello necesitamos, primero, delimitar el espacio del cuerpo donde la mecánica opera: tronco superior por encima de los hombros, esto es, brazos y manos, la llamada mecánica superior. Y segundo, aislar las constantes en la mecánica de tiro: fuerza y dirección. De esos cuatro elementos en juego precisa todo lanzador para ejecutar su técnica. En consecuencia, es posible observar la mecánica derivada de ella desde una doble perspectiva: la formación de los brazos y la situación del balón respecto de la cabeza.

Así se establece una gráfica distribución entre:

  • Mecánica de formación: atiende a la disposición de los brazos y manos en el desarrollo del tiro. Brinda dos categorías: frontal y oblicua.
  • Mecánica de posición: atiende a la situación del balón respecto de la cabeza o eje visual (formado por la mediatriz de los ojos). Ofrece dos géneros: elevada y lateral.

GraficoMECANICA

b) La noción de Resistencia Mecánica

Al igual que la resonancia, se trata de un concepto de muy rica significación. Pero en lo referente al tiro en suspensión su explicación es sencilla.

Cuando más adelante refiramos las propiedades de cada mecánica emplearemos el término versatilidad. Esta versatilidad no hace referencia a la diversidad mecánica del tirador sino a algo mucho más concreto y relevante que damos en llamar resistencia mecánica, esto es, la capacidad de preservar la mecánica propia en condiciones desfavorables o desacostumbradas.

En relación con las extremidades superiores en el lanzamiento, a la mecánica superior objeto del texto, la resistencia no es más que la facultad de aislar la mecánica de una parte ante la perturbación de las otras, y particularmente, la facultad de aislar la mecánica superior del resto del cuerpo.

El concepto de resistencia mecánica supone que el sujeto es capaz de discriminar las extremidades superiores en condiciones hostiles y dotarlas así de un alto grado de independencia sin una paralela pérdida de eficacia. Algunos de los más prodigiosos anotadores de la historia, como Pete Maravich, George Gervin, Michael Jordan, Kobe Bryant o Kevin Durant, representan un altísimo grado de inmunidad mecánica a la presión exterior aun refiriéndola exclusivamente al tiro formal en suspensión y no al resto de maniobras.

Destacar este vivo aspecto del tiro es necesario porque no todas las mecánicas ofrecen igual resistencia a los desequilibrios del cuerpo. Esta versatilidad de los tiradores se admite aquí únicamente como recurso técnico omitiendo su valor como recurso psíquico. Porque la resistencia mecánica está directamente relacionada con un fenómeno mucho más complejo denominado cenestesia (sensibilidad difusa que permite la integración de sensaciones procedentes de la entera topografía del cuerpo) cuya exposición escapa con creces al motivo del texto.

Ejemplo de frontal de impulso intacto ante dos desequilibrios leves. La resistencia mecánica en Michael Jordan a todo tipo de desplazamientos en el aire sigue ocupando un plano hegemónico. En términos generales la mecánica frontal es la más resistente de cuantas los jugadores emplean.
Ejemplo de frontal de impulso intacto ante dos desequilibrios leves. La resistencia mecánica en Michael Jordan a todo tipo de desplazamientos en el aire sigue ocupando un plano hegemónico. En términos generales la mecánica frontal es la más resistente de cuantas los jugadores emplean.

3. MECÁNICA DE FORMACIÓN. EL TIRADOR FRONTAL.

Esta primera categoría resulta la base canónica para todo tirador y, por ello, la más común de cuantas existen. Todas las demás no son, en efecto, más que derivaciones de esta fuente original que cada cual interpreta con arreglo a su íntima configuración.

La mecánica frontal es prácticamente irrenunciable. Existe desde siempre debido al componente natural de su formación: si dispusiéramos de un solo brazo la mecánica no habría visto nacer más que este género de lanzamiento. En un principio, una vez la técnica de tiro inició su progreso, el factor de fuerza recayó de modo abrumador en el antebrazo que propulsaba el balón. A partir de entonces toda futura derivación tendría como fundamento aquella disposición original tan acusada durante la primera mitad de siglo que en su ecuador figuras como Luisetti, Fulks, Zaslofsky o Feerick parecían incluso poder prescindir del antebrazo de dirección, entregando el completo misterio del tiro a una sola mano.

El rasgo más acusado en la apariencia de la mecánica frontal reside en la notable perpendicularidad al suelo del antebrazo de fuerza que sucede al golpe de tracción. La entera masa del tiro descansa así sobre ese apoyo fundamental cuya apariencia remite a la figura gráfica de una catapulta. En este tipo de mecánica de aspecto vertical el lanzador se entrega aprisa a la formación de su antebrazo de fuerza como resorte para iniciar la tracción desde un apoyo muy sólido que actúa como pilar del tiro. Adrian Smith, Dale Ellis o Dejan Bodiroga son casos muy representativos en este sentido.

En esta modalidad hegemónica, a la que llamamos frontal por la manifiesta preposición del balón ante el rostro, el peso del lanzamiento recae de forma muy visible en el antebrazo de fuerza. El de dirección en cambio podrá ofrecer diversos ángulos de apertura sin que la mecánica frontal se vea traicionada. Es durante la fase de desarrollo donde la categoría frontal permite abrir dos categorías igualmente mayoritarias: frontal de impulso y frontal de arrastre.

Desarrollo de un frontal de impulso puro (Michael Jordan, 1989). Se aprecia la firme determinación de que el balón preceda al rostro tras el golpe de tracción por medio de la mecánica vertical del antebrazo de fuerza.
Desarrollo de un frontal de impulso puro (Michael Jordan, 1989). Se aprecia la firme determinación de que el balón preceda al rostro tras el golpe de tracción por medio de la mecánica vertical del antebrazo de fuerza.

a) Frontal de impulso

En ninguna otra mecánica de lanzamiento se manifiesta de forma más reveladora el factor de fuerza a que somete al balón el antebrazo. Este opera por delante del rostro como un resorte neto que catapulta el balón. Por esta razón vale denominarlo de impulso. Porque su desarrollo presenta un doble pulso muy pronunciado que actúa a modo pendular y que viene determinado por el golpe de tracción más súbito y acusado de cuantas mecánicas existen.

El frontal de impulso articula una traza imaginaria que a modo de mira telescópica alinea tres elementos: ojo-balón-aro. En el decisivo ecuador del tiro los lanzadores de impulso sitúan la mano de su antebrazo de fuerza en el espacio visual que ocupa el aro, de manera que durante una fracción de segundo la mano que retiene el balón consigue eclipsar su visión. Sin embargo, donde pudiera parecer que la ocultación del hierro perjudicara al lanzamiento, los tiradores frontales consiguen situar el balón en el punto exacto del fondo visual que supone su objetivo final. De ahí la oportuna referencia a la mira telescópica, pues el balón suplanta al aro y lo aproxima a los ojos como recurso de precisión.

Reiterada tardocontracción vertical en un frontal de impulso clásico. Hasta 1993 la mecánica de lanzamiento en Michael Jordan respondía con precisión a las características propias del frontal de impulso (golpe de tracción pronunciado, desarrollo de doble fase y verticalidad del antebrazo de fuerza). A partir de 1996 terminaría por retrasar el golpe de tracción y templar el doble pulso hacia una secuencia uniforme, lo que aproximaba su mecánica al frontal de arrastre a la manera de «The last shot» (1998).
Reiterada tardocontracción vertical en un frontal de impulso clásico. Hasta 1993 la mecánica de lanzamiento en Michael Jordan respondía con precisión a las características propias del frontal de impulso (golpe de tracción pronunciado, desarrollo de doble fase y verticalidad del antebrazo de fuerza). A partir de 1996 terminaría por retrasar el golpe de tracción y templar el doble pulso hacia una secuencia uniforme, lo que aproximaba su mecánica al frontal de arrastre a la manera de «The last shot» (1998).

Propiedades:

  • Manifiesta perpendicularidad al suelo del antebrazo de fuerza, donde recae el peso del tiro.
  • Golpe de tracción muy acusado.
  • Versatilidad: alta. Mientras el tirador se reconozca en su factor hegemónico —la verticalidad del antebrazo de tracción— las diversas posiciones del cuerpo no afectarán en exceso a su mecánica. Se trata de un género de lanzamiento muy resistente. Los desequilibrios provocados por defensas de contacto en Michael Jordan, Kobe Bryant o Kevin Durant no neutralizan la solidez de una mecánica difícilmente vulnerable. Basta para ello preservar la catapulta.

Ejemplos: Adrian Smith, Sam Jones, Earl Monroe, Jerry West, Dan Majerle, Michael Jordan, Kyle Macy, Isiah Thomas, Dale Ellis, Chris Mullin, John Starks, Bill Walton, Quentin Richardson, Drazen Petrovic, Fanis Cristodoulou, Arvydas Sabonis, Nick Anderson, Tony Parker, Alberto Herreros, Dejan Bodiroga, Juan Carlos Navarro, Richard Hamilton, Rudy Fernández, Kirk Hinrich, J.R . Smith, Kemba Walker, Kevin Love.

b) Frontal de arrastre

La modalidad frontal presenta una variante específica de una desenvoltura visiblemente más prolongada que la anterior. En ella el antebrazo de fuerza abre el ángulo y pierde verticalidad al igual que el antebrazo de dirección; el desarrollo presenta una mayor combadura y el golpe de tracción queda amortiguado y se difumina. La apertura de los codos es mayor y en algunos casos se llega a aplastar el tiro (Vince Carter, Allen Iverson) o a levantarlo (Julius Erving, Ryan Anderson), pero en ambos el golpe de tracción se distribuye de manera más uniforme, haciendo del desarrollo un movimiento más repartido a modo de una sola secuencia.

FrontalARRASTRE

La característica principal del arrastre reside en que el golpe de tracción queda notablemente amortiguado.

Si en el impulso el balón parece rebotar contra una pared, en el arrastre el balón 1) traza un minúsculo arco que atenúa el efecto rebote y 2) ralentiza el golpe de tracción. En el arrastre, sea frontal u oblicuo, interviene en mayor medida el influjo de las manos y muy especialmente de los dedos, pues en ellos llega a reposar el balón antes de iniciar el recorrido completo a lo largo de su palma en forma de recorrido dactilar.

Este recorrido del balón es mayor en el arrastre que en el impulso. Si en el impulso la mayor masa del tiro recae en el uso del antebrazo de fuerza, en el arrastre parte de esa masa se transmite al antebrazo de dirección para culminar en la superficie de las manos y suavizar notablemente la parábola (efecto de retroceso), lo que provoca en el observador la firme impresión de que el balón se arroja con ambas manos. Con todo, sigue siendo un frontal dado que el antebrazo de fuerza concentra la práctica totalidad de la masa del tiro.

GraficaDESARROLLO

La figura gráfica derivada de este tipo de frontal presenta una mayor apertura en el plisado de los brazos, un menor recogimiento vertical y por ello una manifiesta inclinación del antebrazo de fuerza respecto al suelo, lo que también aprobaría su denominación como frontal abierto si este género fuera incluido en la mecánica de posición.

GraficoCODOS

Propiedades:

  • Golpe de tracción dilatado.
  • Pérdida de verticalidad del antebrazo de fuerza.
  • Desarrollo de mayor recorrido.
  • Versatilidad alta. Por las dos razones anteriores el frontal de arrastre está capacitado para preservar su mecánica ante la presión defensiva: uno, retrasando el golpe de tracción (Erving, Carter), y dos, elevando la posición del balón ligeramente por encima del eje visual (Epi, LeBron James).

Ejemplos: Allen Iverson, Nick Van Exel, Toni Kukoc, Baron Davis, Julius Erving, Epi, Panagliotis Yannakis, Dennis Scott, Rex Chapman, David Wesley, Damon Stoudamire, Vince Carter, Jalen Rose, LeBron James, Ryan Anderson.

4. MECÁNICA DE POSICIÓN. EL TIRADOR OBLICUO.

Armónica simetría de los antebrazos en el oblicuo puro (Ray Allen & Gilbert Arenas).
Armónica simetría de los antebrazos en el oblicuo puro (Ray Allen & Gilbert Arenas).

Además del más propiamente moderno, este género es posiblemente el más específico de todos, la articulación de fisonomía más hermética al entregar la mecánica de los brazos a una ejecución automática. En otras palabras: hablamos de la mecánica más pura de cuantas existen.

El tirador oblicuo es, de todos, quien aísla en mayor medida la mecánica de los brazos hasta hacer de ella un recurso técnico muy sofisticado que pone en marcha exclusivamente al momento de la suspensión, con el cuerpo vertical y altamente equilibrado.

Genéricamente la mecánica oblicua podría ser definida como una atractiva derivación abierta de la mecánica frontal. En ella el eje de impulso reduce su tiranía y distribuye más la masa del tiro entre ambos brazos, cuyos codos se abren notablemente durante el desarrollo del tiro. De hecho llega a dar la impresión de que el tirador oblicuo distribuye por igual el tiro entre los resortes de fuerza y dirección, de un modo muy superior al frontal de arrastre. Si en el tirador frontal se adivina en el antebrazo de fuerza una prolongación perpendicular al suelo, en el tirador oblicuo la perpendicular se origina en la bisectriz del ángulo que abren los antebrazos, lo que confiere a la mecánica oblicua un aspecto de simetría. En este factor de tipo geométrico reside la mayor y más visible diferencia entre ambas mecánicas.

Perpendiculares

Más allá de la apariencia basada en el dibujo que forman los brazos, la diferencia más pronunciada y manifiesta entre el frontal y el oblicuo reside en que mientras en el tirador frontal la masa del tiro parece situarse en el antebrazo de fuerza, el oblicuo tiende menos a la descarga del balón en un solo brazo en favor de los dos; parece repartir el tiro entre ambos brazos, que tienden a una visible formación triangular en la mecánica del inicio al término y particularmente en los oblicuos puros (Dumars, T. Hardaway, Allen).

La posición de los brazos en el oblicuo así como el ángulo de apertura guardan a menudo cierta similitud con el frontal de arrastre, hasta el punto de poder llegar a confundirse. Sin embargo, mientras que en el frontal de arrastre el contacto de la mano con el balón tiende a ocupar su región más baja como prueba de que el antebrazo de fuerza opera como principal tutor del impulso, en la mecánica oblicua la mano del antebrazo de fuerza tiende a levantarse, a ocupar un plano menos paralelo al suelo y más hacia un lateral del balón. En vivo, ambos géneros de tiro se distinguen con relativa facilidad debido precisamente a ese reparto desigual que conduce al frontal de arrastre a concentrar en el antebrazo de fuerza la masa del tiro y al oblicuo al reparto equitativo entre ambos brazos.

Tal y como sucede en el género frontal, el oblicuo deriva en dos vertientes atendiendo una vez más al factor clave de su desarrollo: el golpe de tracción.

a) Oblicuo de impulso

OblicuodeIMPULSO

Aquí es donde el oblicuo admite su mayor sentido como mecánica pura y es, por ello, sumamente reconocible a la vista. Una vez el desarrollo de la mecánica forma el triángulo entre los antebrazos que parecen repartirse la masa del tiro, el tirador oblicuo de impulso marca de modo muy vivo el golpe de tracción, haciendo de la ejecución una secuencia claramente fraccionada en dos partes o golpes de ejecución: el retroceso y la extensión. Como mecánica automática este doble episodio se halla aún más marcado que en el frontal de impulso, de tal modo que el balón parece rebotar en las manos del lanzador.

No es un factor categórico pero el ángulo de apertura de los antebrazos en el oblicuo de impulso suele aproximarse solidariamente a los noventa grados o, en su defecto, responder al factor de simetría.

Propiedades:

  • Versatilidad baja. El tirador oblicuo de impulso prácticamente nunca renuncia a su mecánica, lo que provoca que en posiciones de desequilibrio la correcta formación de su mecánica prácticamente desaparezca. Un ejemplo sangrante en este sentido lo representa Kyle Korver.
  • Al tratarse de una mecánica pura, específica y entregada al misterio de la rutina, este tipo de oblicuo suele ser propiedad de tiradores de media y larga distancia de alto nivel que desarrollan una enorme destreza para despegarse de los obstáculos defensivos y así poder descargarla al modo más intacto posible.
  • Golpe de tracción muy pronunciado.
  • Guarda por ello una apariencia robótica. Los brazos devienen en resortes de un alto grado de automatismo, razón por la que el oblicuo de impulso representa la mecánica más hermética y sofisticada de todas.
  • En la NBA el oblicuo de impulso más arquetípico lo representa Ray Allen. En el resto del mundo una figura gráfica equivalente en términos de nitidez corresponde al esloveno Juri Zdvoc.

Ejemplos: John Havlicek, Leon Wood, Joe Dumars, Mookie Blaylock, Ray Allen, Craig Hodges, Scottie Pippen, Juri Zdvoc, Latrell Sprewell, Danko Cvjeticanin, Walt Williams, Mitch Richmond, George McCloud, Steve Smith, Bobby Jackson, Monta Ellis, Jamal Crawford.

b) Oblicuo de arrastre

Se distingue de su especie hermana por el desarrollo. En el arrastre, sea frontal u oblicuo, el golpe de tracción se retrasa —a menudo eleva— y queda amortiguado, la secuencia se sucede de manera más gradual y así el impacto seco del oblicuo de impulso queda en cambio absorbido en el arrastre, lo que dilata visiblemente su ejecución.

OblicuodeARRASTRE

El oblicuo de arrastre es una mecánica poco común que a menudo actúa como un híbrido con el elevado abierto, como demuestra incluir en la anterior tira de imágenes un tiro libre de McAdoo cuando su género de lanzamiento en juego pertenece propiamente al elevado abierto. La razón es simple: ante la ausencia de brazos defensores se tiende a rebajar la posición del balón. De ahí que con frecuencia los híbridos (Bob McAdoo, Karl Malone, Jason Terry) suelan revelarse en los tiros libres.

Propiedades:

  • Versatilidad media. Al situarse el balón en una posición ligeramente más elevada, el oblicuo de arrastre preserva su molde ante la hostilidad de los brazos en una defensa cerrada al tiro.
  • Por esa razón no es infrecuente que esta mecánica derive oportunamente en formas más propias del tirador elevado. Sin embargo, sin marcaje alguno, el oblicuo de arrastre se mantiene sistemáticamente intacto.
  • El golpe de tracción se absorbe y dilata atenuando en alto grado el coletazo típico del oblicuo de impulso.

Ejemplos: Hal Greer, Walt Frazier, Lou Hudson, Hubert Davis, Charles Barkley, Brian Shaw, Tim Hardaway, Jason Terry, José Calderón.

La mecánica de formación: una elección inconsciente.

Tiene su interés detenerse a examinar el comportamiento visual del tirador al momento del tiro. En las fases de formación y desarrollo el mundo desaparece a los ojos y su lugar lo ocupa el aro. La visión periférica se reduce a cero y el entero registro visual se concentra en el interior del aro como objetivo. Ahora bien, no todos observan ese objetivo de manera uniforme. Prueba de ello es el diferente comportamiento de la mecánica desde su formación. Esas diferencias no son ni mucho menos casuales.

La razón por la que unos jugadores eligen la mecánica frontal y otros la oblicua reside en la propia psique, y más concretamente en un factor que actúa como detonante inicial y que responde a la seguridad. Así los tiradores frontales entregan ostensiblemente la masa del tiro al brazo predominante (derecho en los diestros, izquierdo en los zurdos), mientras que los tiradores oblicuos estiman que el reparto de la masa del tiro entre ambos brazos favorece notablemente su canal de transmisión. Este canal no es más que la traza imaginaria que proyecta el cerebro hacia su objetivo y que las manos transformarán en parábola.

Este canal es más estrecho y lineal en los tiradores frontales. Su visualización inmediata se concentra en un punto del aro, con seguridad su centro, debido a la relación longitudinal que se establece entre el brazo predominante y el destino como un punto situado en el espacio. Es la misma relación dinámica que mueve al brazo del martillo hacia el clavo o a la mano del dardo al centro de la diana.

En los oblicuos, en cambio, el canal de transmisión se ensancha y la visualización no se entrega a un punto sino al completo diámetro del aro. Como la predominancia descansa en este caso sobre las dos manos estas recrean el ancho del balón con arreglo al ancho de su objetivo. Se trata de una mecánica de analogía espacial o de proyección paralela.

Pero en ambos casos el verdadero motivo de la elección responde a la seguridad de replicar materialmente el canal de transmisión imaginario.

Visualización longitudinal en la mecánica frontal: el brazo predominante traza una línea punto-punto.
Visualización longitudinal en la mecánica frontal: el brazo predominante traza una línea punto-punto.

Visualización paralela en la mecánica oblicua: predominancia repartida y proyección sobre el completo diámetro del aro.
Visualización paralela en la mecánica oblicua: predominancia repartida y proyección sobre el completo diámetro del aro.

5. MECÁNICA DE POSICIÓN. EL TIRADOR ELEVADO

ElevadoPURO

Apuntamos antes que la mecánica de posición atiende en lo básico a la posición del balón respecto de la cabeza o eje visual del tiro. Pues bien, iniciamos este doble apartado con una categoría muy sencilla de distinguir. Como su nombre indica lo específico de este género reside en una manifiesta elevación del balón sobre la cabeza durante el desarrollo del tiro. Con escasísimas salvedades (Adams, Korfas, Elie) la práctica totalidad de las mecánicas acontecen en rigor por encima de la cabeza. Pero asimismo buen número de jugadores caracteriza su mecánica de tiro precisamente por una elevación más ostensible del balón, por un desplazamiento superior del objeto de tiro. Ahí reside el género elevado, que se divide a su vez en abierto y cerrado en función de la apertura de los codos. No hay mayor misterio.

La experiencia histórica se empeña en demostrar que son los hombres altos los propietarios habituales de la mecánica elevada, como si a edad temprana hubieran sido persuadidos de ello para evitar los brazos rivales, de estatura muy similar y dotados por ello de forma natural al tapón. Sin embargo, acude también el motivo de la propia longitud de los brazos en las estaturas mayores, más largos por regla general. Esto provoca la impresión de que en el desarrollo del lanzamiento la posición del balón se muestre más elevada de lo común. Si bien existe variedad en este tipo de tiradores, predomina en ellos una cierta rigidez de mecánica (o tracción de baja intensidad) y una natural tendencia a desatar los brazos en distancias relativamente cortas, lo que no impide renunciar a este patrón cuando la distancia es mayor (English, Olajuwon, Duncan, Galis, Gurovic).

Los tiradores elevados se revelan desde el momento en que en la formación del tiro —recordemos, su fase inicial— los brazos apenas aparecen flexionados. De modo que si su característica principal reside en la elevación de los brazos durante la fase de desarrollo esa prolongación de las articulaciones acontece prácticamente desde el principio.

El caso de Tim Duncan resulta muy paradigmático: ante el marcaje de su par y en los instantes que preceden al tiro, podrá descender su centro de gravedad, pero aun así no flexionará en exceso los brazos en la formación, pues ello supondría alterar de modo decisivo el desarrollo de su mecánica elevada. E igual sucede con Yao, Mutombo, Aldridge y aquellos hombres altos poseedores de este género de tiro. De ahí que en el momento de levantar el balón desde abajo reciban muchas faltas (la mayoría por manotazos), pues parecen no poder ocultarlo al modo de los frontales y oblicuos precisamente por su acusada longitud de brazos.

A pesar de la regla general la mecánica elevada no es exclusiva propiedad de las tallas mayores. Jugadores como Nikos Galis, Tracy McGrady o Rafer Alston representan estaturas diversas luciendo una mecánica que, como recurso técnico, verifica su práctica en la dificultad de ser defendida.

a) Elevado abierto

ElevadoABIERTO

En el desarrollo del elevado abierto la apertura de los codos es visiblemente mayor. Si en el elevado cerrado las muñecas soportan buena parte de la masa del tiro debido a la escasa flexión de los brazos, en el elevado abierto la contracción transmite su fuerza a los brazos al modo de las modalidades de impulso.

Ejemplos: Oscar Robertson, Mo Lucas, Darryl Dawkins, Pat Ewing, Hakeem Olajuwon, Alex English, Tim Duncan, Robert Parish, Xavier McDaniel, Valdemaras Homicius, Dikembe Mutombo, Stephen Jackson, Karl Malone, Marc Gasol.

b) Elevado cerrado

En los dos casos, abierto y cerrado, las propiedades son prácticamente similares. Solo varía el factor de versatilidad, media en el abierto y baja en el cerrado. Estos últimos procuran una mayor rigidez en la extensión de los brazos, mientras que los propietarios del elevado abierto, si bien no renuncian a la ejecución de su mecánica, resultan algo más flexibles a la hora de ponerla en práctica. De ahí que el elevado abierto alcance también a las posiciones bajas (alero y escolta), mientras que el cerrado resulte casi exclusivo de los hombres altos.

ElevadoCERRADO

El baloncesto también ha ofrecido extrañas mecánicas de tiro en las que el balón partía en su fase inicial de desarrollo visiblemente por detrás de la cabeza. Esta mecánica resulta tan poco común que sería demasiado generoso abrir una nueva categoría, la mecánica trasera o posterior, donde adquiriera validez. Sin embargo, no es su escaso porcentaje lo que desestima su clasificación, sino su fácil integración en la mecánica elevada, pues en todos aquellos jugadores en los que el balón partía muy por detrás del eje visual (W. B. Free, Jamaal Wilkes, Mike Sylvester, Antonio Burks), la fase crucial del desarrollo acontecía por sistemática superposición, esto es, con el balón muy por encima de la cabeza, lo que termina por integrarlos en la mecánica general elevada.

Ejemplos: Moses Malone, Bill Cartwright, Kevin McHale, Trent Tucker, Dusko Ivanovic, Wang Zhizhi, Juwan Howard, Thur Bailey, Reggie Theus, James Worthy, Milan Gurovic, Nikos Galis, Pedja Stojakovic, Chris Webber, Rafer Alston, LaMarcus Aldridge, Nenad Krstic, Andrea Bargnani, Pau Gasol.

6. MECÁNICA DE POSICIÓN. EL TIRADOR LATERAL.

lateral

Igualmente sencillo de apreciar este género del lanzamiento, uno de los menos comunes pero asimismo uno de los más específicos e irrenunciables. Se trata en el fondo de otra mecánica pura. Su característica principal reside en que desde la formación al término del tiro el jugador desplaza ligeramente el balón a un lado de la cabeza.

Vimos más arriba cómo en el desarrollo de la mecánica frontal de impulso sobreviene un punto donde balón y mano ocultan durante una fracción de segundo el aro. Se trataba, como apuntamos, de una referencia de precisión de tipo distal. En la mecánica lateral, por el contrario, el sujeto desestima ese punto de ocultación, de manera que la visión del aro quede completamente libre durante la ejecución del tiro. Esta especie de higiene visual acontece igualmente en la mecánica elevada y en las modalidades de arrastre.

a) Lateral abierto

El género de tiro lateral basa su fundamento mecánico en esa discriminación espacial entre el eje visual y los brazos. De ahí que el lateral abierto reciba su nombre por la ostensible apertura de los codos, y muy en particular, del antebrazo de dirección.

LateralABIERTO

La versatilidad en el lateral abierto es mayor que en su especie hermana por la tendencia a retrasar y elevar el punto de tracción, lo que dificulta enormemente su defensa incluso cuando esta presiona muy próxima al tiro. Por ello el ángulo terminal en este tipo de tiradores, recordemos, la inclinación de los brazos en el preciso instante de despedir el balón, suele ser muy elevado. Así jugadores como Terry Cummings, Mark Aguirre o Clyde Drexler resultaban ocasionalmente híbridos entre el lateral abierto y la mecánica elevada.

Lateral abierto en Adam Morrison.
Lateral abierto en Adam Morrison.

Ejemplos: George Gervin, Larry Bird, Vinnie Johnson, Darwin Cook, Aleksandr Volkov, Reginald Johnson, Jamaal Wilkes, Terry Porter, Mark Aguirre, Shawn Kemp, Carlos Boozer, Tayshaun Prince, Adam Morrison, Dirk Nowitzki, Keyon Dooling, Travis Outlaw, Rajon Rondo, Tony Allen.

b) Lateral cerrado

Igualmente manifiesta por el ligero desplazamiento del balón a un lado del eje visual, el lateral cerrado reduce la apertura de los codos, adelanta el punto de tracción y desciende la posición del balón.

Por ello su versatilidad es notablemente inferior a su especie hermana. Su vulnerabilidad es mayor dado que la intención de ocultar el balón a una defensa presionante es menor. Se trata, en el fondo, de una mecánica pura, de un automatismo adquirido en la práctica solitaria que el jugador reconoce por un simple factor de eficacia.

LateralCERRADO

El triple de John Stockton (1997) que daba paso a los Jazz a sus primeras finales y el célebre «Kiss of Death» obra de Mario Elie en 1995 han pasado a la historia de la NBA como dos bonitos ejemplos con inusual éxito de lateral cerrado en acción.

Hoy día es difícil encontrar dos mecánicas de lateral cerrado sobre una misma pista. Más difícil aún hallarlos en el mismo equipo. Utah consiguió reunir a dos ejemplares en John Stockton y Jeff Hornacek (este último híbrido con el frontal de impulso). Pero el caso más sorprendente en este sentido lo representa el Joventut de mitad de los ochenta. En su plantilla llegaron a coincidir tres tiradores de lateral cerrado: dos puros, José María Margall y Xavi Crespo, y un tercero algo más elástico que rozaba la fisonomía frontal, Jordi Villacampa.

Ejemplos: Kiki Vandeweghe, Xavi Crespo, John Stockton, José María Margall, Jerry Sichting, Jordi Villacampa, Dave Bing, Andris Biedrins, A. C. Green, Danny Ferry, Mario Elie, Derek Fisher, Nate Robinson, P. J. Tucker, Norris Cole, Jeremy Lin.

7. LA COMPACTA COMUNIDAD ZURDA

Por alguna razón la mecánica de lanzamiento en la inmensa mayoría de jugadores zurdos corresponde al género frontal. Prueba de la escasa diversidad es que las mayores diferencias discurren a caballo entre el frontal de impulso y el frontal de arrastre. Es como si todos ellos se vieran impelidos a hacer de su rasgo una verdadera seña identitaria, a lo que se añade la irresistible sensación en el espectador de que, debido al contraste, el lanzador zurdo lo es por encima de otra consideración por su antebrazo de impulso. En este único caso predomina la parte por el todo en la óptica del observador.

Prueba de ello es que los zurdos han renunciado hasta la fecha al empleo de la mecánica oblicua, a su reparto equitativo en ambos brazos. Da la impresión de que en los jugadores zurdos la zurdera precede a toda otra cualidad sobre la mecánica de lanzamiento como si no fuera una opción, sino un automatismo inherente a la condición zurda.

En relación, pues, con los patrones clásicos un modelo zurdo de impulso puro lo representa Chris Mullin: la verticalidad de su antebrazo de fuerza más el pequeño recorrido del balón durante el desarrollo lo convierten en una figura de muy sencilla clasificación. En cambio jugadores como Sam Perkins, Jalen Rose o Toni Kukoc, jugador este último que con la defensa encima merodeaba por la categoría elevada, pertenecen por derecho propio al frontal de arrastre.

De izquierda a derecha: Frontal de impulso (Chris Mullin), frontal de arrastre (Toni Kukoc) y lateral abierto (Tayshaun Prince).
De izquierda a derecha: Frontal de impulso (Chris Mullin), frontal de arrastre (Toni Kukoc) y lateral abierto (Tayshaun Prince).

Hay por supuesto excepciones, pero estas representan un inapreciable porcentaje respecto al global de zurdos de todas las épocas. Así es posible integrar la mecánica de David Robinson dentro del género elevado cerrado, la de Michael Young como elevado abierto, la mecánica de Walter Berry o Ed O’Bannon dentro del lateral cerrado, e incluso se da el extraño caso del lateral abierto en Tayshaun Prince. Pero se insiste en que, por lo común, la práctica totalidad de la mecánica zurda pertenece de raíz al género frontal en su doble vertiente de impulso o arrastre.

Zurdos (frontal de impulso): Nate Archibald, Dick Barnett, Dave Cowens, Artis Gilmore, Gail Goodrich, Johnny Dawkins, Avery Johnson, Kenny Anderson, Travis Best, Derrick Coleman, John Crotty, Chris Mullin, Anthony Mason, Elliot Perry, Sarunas Marciulionis, Ferdinando Gentile, Nacho Solozábal, Chris Gatling, Carles Marco, Cuttino Mobley, Salim Stoudamire, Chris Bosh, Goran Dragic.

Zurdos (frontal de arrastre): Lionel Hollins, Jeff Turner, Sam Perkins, Greg Anthony, Rodney Rogers, Nick Van Exel, Toni Kukoc, Damon Stoudamire, Michael Redd, Kareem Rush, Jalen Rose, Manu Ginobili, David Lee, Brandon Jennings.

8. UNA NOMENCLATURA UNIVERSAL

Cuesta creer que en una disciplina deportiva de carácter mundial que supera holgadamente ya el siglo de vida, no se haya dado el intento por clasificar el tiro en suspensión en función de su mecánica más aparente. Es como si la anatomía hubiese prescindido de la morfología de la especie humana, como si la música no discriminara los registros vocales o como si la geografía no supiera de accidentes que se repiten a lo largo y ancho del mapa. En el baloncesto la mecánica es relevante porque afecta directamente a uno de los fundamentos esenciales, si no el más esencial, del universo ofensivo del baloncesto individual.

Cada vez que asistimos a ocasionales intentos por describir una mecánica en particular, con toda lógica se comprende la pobrísima naturaleza de la representación dado que no existe una nomenclatura básica sobre una cuestión tan crucial como esta. Así pues, si la particular tentativa por sembrar un primer terreno que aquí se expone resulta medianamente útil, algo habremos conseguido.

Las fotografías nos han servido como apoyo gráfico para plasmar similitudes, pero para el reconocimiento visual de las diferentes categorías nada como la secuencia viva del tiro, donde la diversidad de las mecánicas y su clasificación en cuatro grandes grupos adquieren pleno sentido. Lo que en principio puede resultar aparentemente complejo debido a la infinidad de configuraciones íntimas en la mecánica de tiro, termina siendo sencillo cuando los enormes paralelismos nos permiten agrupar a grandes rasgos a las cuatro categorías elementales que acaso acompañen al baloncesto eternamente.

Subyacen a los matices, a menudo fugitivos, esos grandes rasgos que permiten dar nombre a las cuatro categorías del lanzamiento en suspensión. Y con ello sería más que suficiente para dotarnos de un instrumento cuya utilidad resulta a todas luces muy valiosa. Porque permite además absorber los casos más extraños habidos: así la mecánica en Shawn Marion y Joakim Noah queda incluida en el grupo de oblicuos, de impulso en Marion, de arrastre en Noah, y ambos de desarrollo extremadamente bajo, como lo era el frontal de impulso en Michael Adams.

Gráficamente, los cuatro géneros de la suspensión:

De izquierda a derecha: Frontal / Oblicuo / Elevado / Lateral.
De izquierda a derecha: Frontal / Oblicuo / Elevado / Lateral.


2012 en doce canastas

Al grano y sin paños calientes: el 2012 será recordado, desde el punto de vista baloncestístico, como el año en el que LeBron James se encontró al fin con la historia ganando el MVP de la liga regular, MVP de la Final, el anillo de la NBA y la medalla de oro en Londres 2012. Además, fuimos testigos del hype Jeremy Lin, de la llegada, caída y vuelta de Ricky Rubio, de la sorprendente Final Four de la Euroliga y de otro USA-España para el recuerdo en una final de Juegos Olímpicos. Y, por supuesto, de muchas canastas espectaculares.

La mejor canasta del mejor jugador del mundo (en el 2012)

Por méritos propios, James debía aparecer en el primer lugar de esta relación de vídeos. Y qué mejor manera. Como una metáfora de su temporada, en la que ha estado a un nivel inalcanzable para los demás, este alley oop por encima del jugador de los Bulls John Lucas ilustra a la perfección la potencia y habilidad de El Elegido: remonta la línea de fondo para coger en el aire con una mano el gran pase de Dwyane Wade y hundir el balón en el interior de la canasta, pasando literalmente por encima de la defensa. Y además, para redondear el partido, acabó con 35 puntos, 11 rebotes y 5 asistencias. Definitivamente, un año horrible para los LeBron haters.

NOBODY expects the Spanish Inquisition!

JJOO

Nobody? Bueno, nosotros siempre creímos en las posibilidades de la selección española de jugar la revancha de la final de los Juegos Olímpicos de Pekín. Cuatro años después, en Londres, se volvió a presenciar un partido vibrante, lleno de acciones de calidad por parte de dos equipos plagados de estrellas. Tal vez, la imagen que mejor ilustra la sensación que nos quedó a los aficionados españoles la dio Pau Gasol, cuando las cámaras mostraron un primer plano de su cara, estando en el banquillo, a falta de minuto y medio para el final y el marcador parecía que ya no daba opciones a España. Se pudo leer en sus labios (y en su gesto de decepción) un “qué pena” que nos hizo un nudo en la garganta… y borró de un plumazo las dudas, la derrota contra Rusia, la polémica de la relajación contra Brasil que nos permitió librarnos de USA hasta la final. Sirva la conexión Sergio RodríguezRudy Fernández como recuerdo de lo que pudo ser y no fue, porque, francamente, no parece que a medio plazo volvamos a tener el oro tan cerca como lo estuvo en Londres

El triple de Marcelinho

Primer partido de la final de la Liga ACB 2012. El Real Madrid gana por 2 puntos y tiene el balón a falta de 10 segundos, existiendo un desfase de 3 segundos entre la posesión y el tiempo de partido. Sorprendentemente, el Barcelona renuncia a hacer falta personal y confía su suerte a que el Madrid no anote. Sergio Llull aguanta el balón hasta que le quedan 3 segundos de posesión y lanza un triple. El rebote lo coge la defensa azulgrana con poco menos de cuatro segundos por jugar. El balón le llega a Marcelinho Huertas que corre hacia la canasta contraria pero apenas le da tiempo a rebasar el medio campo, desde donde salta para realizar el lanzamiento, en carrera, a una pierna… ¡y lo anota! Pablo Laso se va con un monumental cabreo al vestuario, negando con la cabeza, porque han perdido el partido en el último segundo de forma increíble. Fueron los tres primeros puntos del base brasileño en el partido, suficientes para que su equipo ganara y se adelantase en la serie final, una de las más igualadas y entretenidas de los últimos tiempos.

La manoletina de Printezis

En la temporada 2011-2012, el CSKA de Moscú contaba con una de las mejores plantillas a nivel continental de las últimas décadas con nombres como Kirilenko, Shved, Krstic, Teodosic, Siskauskas, Khryapa, Kaun… y su superioridad en la Euroliga era incontestable, llegando con un balance de solo 2 derrotas en 21 partidos a la final de la competición europea más prestigiosa. Incluso ya saboreaba el triunfo en el minuto 28 de la misma, cuando ganaba por 19 puntos al Olympiacos. Pero entonces comenzó la remontada del equipo griego que, con un parcial de 14-0, volvió a dar vida al partido. En un final de infarto, el CSKA desaprovechó dos tiros libres a falta de 9 segundos que podían haberles dado el título; tras el rebote, el Olympiacos dio el balón a Vassilis Spanoulis, su mejor jugador, quien penetró con decisión y dobló el balón a Giorgos Printezis que, con un tiro lateral a una mano un poco extraño, logró la canasta del título para su equipo. El proyecto deportivo millonario del CSKA se quedó con la miel en los labios.

El mejor alley oop del 2012 (y tal vez de todos los tiempos)

Para valorar esta jugada basta con observar al banquillo de los Houston Rockets, que está en segundo plano del espectacular vuelo del jugador de los Nets Gerald Green: son incapaces de reprimirse y, si tuvieran carteles con puntos como en un concurso, también levantarían su dieces. Porque con ese mate Green podría haber ganado varios concursos en los 80 y 90 por innovación, salto, potencia, plasticidad y coordinación. Basta recordar que Dominique Wilkins solía conseguir grandes puntuaciones en los slam dunk contest con molinos similares que sorprendían al público hace ya un cuarto de siglo, pero ejecutados sin alley oop y sin alcanzar esa altura con la cabeza. No es de extrañar que Green fuera campeón del concurso de mates en el 2007 y subcampeón en el 2008.

La bestia parda

Blake Griffin es una máquina de fabricar highlights. Este año le ha cogido el gusto a arrollar a todo lo que se ponga por delante a la hora de ir a por el aro, dejando incluso a Pau Gasol posterizado no una, sino dos veces en el mismo partido. La verdad es que la canasta del vídeo no es un mate propiamente dicho (acotar qué es un dunk es motivo de animados debates), pero la sensación de fortaleza que transmite la canasta de Griffin, superando la oposición de Kendrick Perkins, es una definición bastante buena de matarla. Esta jugada se está convirtiendo en marca de la casa porque unos meses atrás Griffin había realizado una acción similar sobre Timofey Mozgov (incluso Micah Downs realizó uno muy parecido en la ACB sobre Fran Vázquez). Viendo este derroche físico no es demasiado arriesgado aventurar que tal vez, dentro de unos años, una raza afroamericana-pelirroja domine la NBA y por tanto, el baloncesto mundial.

Linsanity

La sensación del año. Una serie de circunstancias adversas para los Knicks propició que Jeremy Lin, que solo había jugado 55 minutos en total en los 23 encuentros anteriores, encadenara varios partidos estelares, culminando su particular versión del cuento de la cenicienta con el triple de la victoria frente a los Raptors. Al finalizar la temporada 2011-2012 dejó los Knicks para fichar por los Rockets y, debido a que tal vez se sienta eclipsado por el emergente James Harden, no está rindiendo al mismo nivel que aquellos días de ensueño. Pero desde luego, Lin es todo un titular de la NBA (probablemente, hasta acabe siendo un allstar) y no un jugador para los minutos de la basura.

Ricky is back!

Confiamos en sus posibilidades cuando partió hacia la NBA, nos alegramos enormemente de su impacto en la liga y nos rompimos todos un poquito cuando su rodilla se hizo añicos. Aunque más lentamente de lo que nos gustaría en unos Wolves que parece que los ha mirado un tuerto en lo referente a las lesiones, Ricky comienza a coger el ritmo de la competición y el nivel de juego que tenía antes de la lesión, cuando realizaba pases complicados con una facilidad pasmosa. Como el que dio a Greg Stiemsma en la noche de su regreso: sin mirar, a una mano, por entre sus piernas y evitando un mar de brazos, para que su compañero reciba en una posición franca para lograr la canasta. Una maravilla.

Na-va-rro

Navarro

La última jornada de la ACB del año nos trajo una de las mejores actuaciones en esta liga de Navarro, que anotó 33 puntos (¡solo falló un lanzamiento!), cogió seis rebotes y dio tres asistencias. El triple al final del tercer cuarto del partido contra el Real Madrid, cayéndose, desequilibrado y a la pata coja, puede parecer un churro, de esos tiros que solo entran una vez en la vida. Pero a Navarro le hemos visto meterlos así más veces, como en las semifinales del Eurobasket 2011 contra Macedonia, para desesperación de su entrenador. Como dijo nuestro colaborador Lartaun de Azumendi en Twitter, Juan Carlos es el mejor jugador español de la historia libra por libra. Es un fenómeno, me quedo sin palabras… así que, una vez más, retomo las del blog de Lucio Angulo:

Hoy te toca defender a La Bomba Navarro, lees sus características en el scouting: “Puede penetrar a canasta con ambas manos, arma el tiro rápido por lo que es importante estar cerca de él. Cuidado con pegarse en exceso pues es listo para sacar faltas. No dejar de defenderle lejos del aro, puede sorprender con tiros de larga distancia (hasta 7 metros) con buenos porcentajes. Precaución con su primer paso, que no nos pille de sorpresa, excelente en tiros de 2 lanzando por encima del defensor. No enviarle a la línea de tiros libres ya que saca así muchos puntos…”

Y llega el partido. Y Navarro te mete un triple. Y el entrenador grita:

—¡Que no te separes! ¿No lees el scouting?

—Sí, entrenador, sí.

Los blancos la saben meter

Real Madrid

Contraataque del Real Madrid que arranca Sergio Rodríguez driblando a dos contrarios, da un pase de 15 metros a una mano mirando al otro lado a Nikola Mirotic, que recibe a la altura de la línea de personal contraria y cuelga el balón para que Llull machaque la canasta contraria en un alley oop espectacular. El baloncesto ofensivo y dinámico que está desarrollando el Real Madrid entrenado por Laso merece un reconocimiento, que además en esta temporada 2012-2013 le está reportando éxitos deportivos: entre ACB, Supercopa y Euroliga, lleva un parcial de 21 victorias y 1 derrota, y sus más de 94 puntos por partido en esta edición de la Liga Endesa parecen cifras de otras épocas.

¿Quién demonios es James Justice?

El slam dunk contest de la NCAA nos dio a conocer a un pequeño jugador que parece una pelota de caucho debido a su salto vertical de 132 cm. Con menos de 1,80 m de altura, este base de la desconocida universidad Martin Methodist College dejó a todo el mundo boquiabierto con una colección de mates espectacular, culminado con un cross complicadísimo para alguien de su estatura. No obstante, parece que de momento no le veremos competir en el baloncesto profesional puesto que le han contratado los Harlem Globetrotters.

La no-canasta

Faverani

Es prácticamente imposible meter una canasta desde un lugar más alejado del campo de juego; tal vez, un metro o dos más si te vas al vértice de la cancha. Vitor Faverani, tras capturar un rebote bajo su aro y ante la inminencia del final de cuarto, lanza a la desesperada y ¡clava la canasta! Lamentablemente para su equipo, el tiro se realizó fuera de tiempo, pero merece ser recordado.


Objetivo: la final de baloncesto de Londres 2012

 Sabemos que nos pueden ganar.

Mike Krzyzewski (1947), entrenador de la selección de Estados Unidos.

Los Juegos Olímpicos de Londres están en marcha, y con ellos, el torneo de baloncesto masculino. Hace seis meses, cuando aún había grandes interrogantes sobre la final olímpica de este deporte, veíamos las cosas de un modo; hace tres, de otro. Echemos el último vistazo ahora, cuando ya queda poco margen para la especulación.

A mi derecha: Aquiles (Estados Unidos)

Finalmente, los norteamericanos presentarán un equipo bastante más flojo que el esperado hace unos meses, lo cual no implica que dejen de ser los máximos favoritos para el oro. Su lista definitiva de 12 jugadores es la siguiente:

Carmelo Anthony, Chris Paul, Kevin Durant, Kobe Bryant, Kevin Love, LeBron James, Russel Westbrook, Deron Williams, Tyson Chandler, James Harden, Andre Iguodala y Anthony Davis.

La verdad es que siguen asustando a pesar de las ausencias. Para captar realmente el potencial que han perdido solo tenemos que pensar en el equipo que se ha quedado fuera por lesión o motivos extradeportivos: Rose, Rondo, Wade, Odom, Aldridge, Bosh, Howard, Bynum, Gay, Gordon, Billups y Griffin, una escuadra que, de competir en este mismo torneo, automáticamente sería candidata a la final. Son ausencias que han mermado notablemente su equipo, que no es el más fuerte que podrían haber presentado. Esta reflexión en voz alta viene al hilo de unas declaraciones de Bryant, en las que afirmaba que el equipo que irá a Londres podría ganar algún partido al Dream Team de Barcelona 92. Larry Bird, flemático, dio la razón a Bryant diciendo que todos ellos tenían ahora unos cincuenta años y que él hacía al menos 20 que no tocaba un balón. Fue y sigue siendo un grande. En fin, son discusiones absurdas generadas a partir de una afirmación gratuita (pero no descabellada) de Bryant, porque está claro que con el Dream Team formaron el mejor equipo que podían presentar (salvo Laettner, claro) y era insultantemente superior a sus rivales tanto por la calidad de su plantilla como por el retraso del resto del mundo baloncestístico respecto a la NBA. No olvidemos que era tal la diferencia entre el basket FIBA y el norteamericano que hasta 4 años antes les bastaba con llevar a los mejores jugadores universitarios para prácticamente asegurarse el oro en los JJ.OO. Y en sus declaraciones, el escolta de los Lakers solo dijo que este equipo podría ganar algún partido al Dream Team, quienes por cierto perdieron un amistoso-entrenamiento frente a una selección de jugadores universitarios antes de ir a los Juegos de Barcelona. Son datos que parece que se pierden en la memoria, como el supuesto fair-play del Dream Team original que no fue tal, con ese aire de sobraos, de risitas, de malabarismos frente a rivales que iban perdiendo de 30… sin olvidar a Barkley haciendo cosas como esta. Arrasaron a sus rivales, sí, pero no fueron precisamente un ejemplo de deportividad.

LeBron James, a por el anillo y oro olímpico en una misma temporada

La fase de preparación del equipo estadounidense ha servido para reafirmar dos sospechas:

  1. Cuando juegan bien, no hay equipo que sea capaz de ganarles.
  2. Cuando se atascan y su rival juega muy bien, se les puede llegar a tutear.

Los ejemplos de este segundo punto se han podido constatar en el primer cuarto contra Brasil (27-17) y contra España (23-21), y en el segundo y último cuarto contra Argentina (24-16 y 19-14, respectivamente). Ante un oponente que movía el balón con seguridad, hacía puntos en la pintura, aprovechaba los ventajosos cambios automáticos en defensa unido a una relativa falta de puntería de los norteamericanos, estos tres equipos (todos ellos candidatos a medalla, no lo olvidemos), les pusieron en aprietos…

… momentáneamente, claro. Porque después, lo ya sabido: minutos de defensa asfixiante al balón, incluso con 2 contra 1, y manos interceptando todas las líneas de pase para lanzar contraataques rapidísimos. Y cuando te quieres dar cuenta, te han endosado un parcial de 7-0 en dos minutos. Es muy difícil mantener la cabeza fría para evitar que el nerviosismo genere nuevas pérdidas y pararlos en la cancha cuando entran en ese ritmo de juego; a veces solo se pueden salvar los muebles desde la banda, ya sea pidiendo tiempo muerto en cuanto encadenan dos contraataques y hace falta espabilar a los tuyos o haciendo zancadillas desde el banquillo cuando salgan veloces a la contra. Una solución efímera, limitada al número de tiempos muertos o faltas descalificantes.

Por otro lado, un equipo estigmatizado porque juega gran cantidad de minutos sin pivots puros (porque puede ser una grave desventaja en defensa), ha demostrado que no lo es en contraataque e incluso, en ataque estático, como se pudo ver cuando Pau Gasol intentó defender a Anthony en la línea de tres y le enchufó dos en la cara. Y ese va a ser su planteamiento. En los partidos amistosos ha quedado claro que el núcleo duro del equipo lo forman James, Bryant, Durant y Anthony, con irrupciones puntuales de Paul, Williams o Westbrook. Love, Iguodala y Chandler tienen una labor mucho más oscura y el papel de Davis y Harden hasta el momento ha sido prácticamente testimonial. Su juego se basará en el talento individual, la potencia física y el acierto en el tiro exterior. Si no tienen un buen día en los lanzamientos triples (muy difícil teniendo a Durant, Anthony, Bryant, Paul…) pueden pasarlo mal ante defensas zonales muy cerradas con poderío interior, como Brasil o Francia (además de España, por supuesto). Aún así, que no nos engañen: con esta tropa, si jugasen 100 veces este mismo torneo, lo ganarían más de 95. Así que, efectivamente: ¡hay posibilidades!

Bueno, vale. Basta de risas. Quien dice 95 de 100, dice 99 de 100

 

A mi izquierda: Paris (España)

Tras tantos debates, el sustituto de Ricky Rubio ha sido la única sorpresa en una convocatoria continuista:

Pau Gasol, Rudy Fernández, Sergio Rodríguez, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Víctor Claver, Sergio Llull, Víctor Sada, Marc Gasol, Fernando San Emeterio y Serge Ibaka.

Hasta el día 12 de julio estuvo en la selección Rafa Martínez en vista de que Rudy y Navarro estaban tocados. Si bien el nuevo jugador del Real Madrid ya ha jugado buenos minutos, es más preocupante el estado físico de Navarro. No se puede fiar todo el futuro en el torneo al juego interior, por muy superiores que seamos sobre el papel: sin amenaza de lanzamiento exterior no se generan espacios para que nuestros pivots puedan sumar en la pintura. Por este motivo es imprescindible que el escolta barcelonista alcance un estado de forma apropiado cuanto antes; incluso por encima de Marc Gasol, ya que las posiciones interiores están mejor cubiertas -al menos hasta el partido contra Brasil (el último de la primera fase)- y, por supuesto, la de Sergio Rodríguez. Porque si queremos llegar a la final y disputársela a USA, necesitamos que los mejores estén bien: se ha notado un significativo bajón en algunos partidos cuando ha salido la llamada segunda unidad, sobre todo en los dos últimos (Argentina y USA) que comenzó con el equipo español como un vendaval pero se fue diluyendo con los cambios. Es muy importante que los partidos más sencillos se resuelvan cuanto antes para dar a los titulares descanso, y así, en los partidos decisivos utilizar el máximo de minutos a los 8-9 jugadores importantes, hasta que resuelvan el partido.

A pesar de nuestros esfuerzos, Carmelo Anthony nos hizo un hijo de madera en el partido amistoso del 24 de julio

Tras los encuentros amistosos no creo que quede nadie que piense que Mirotic debía haber sido convocado en lugar de Ibaka. Los rebotes, tapones e intensidad del jugador de los Thunder han sido de lo mejor de la preparación (junto con Pau, como siempre), aunque puntualmente  ha perdido los nervios en alguna refriega. Tanto Rudy (por la lesión) como Calderón (algo descontrolado los primeros partidos) han ido de menos a más, mientras que Rodríguez y Marc han estado a la altura de lo que se espera de ellos cuando han podido jugar. Llull, por la merma de minutos del convaleciente Navarro, ha tenido una gran presencia en algunos encuentros y es muy necesario para el juego de España, tanto en contraataques como en defensa y ocasionalmente en el lanzamiento exterior. Claver ha estado bastante activo y descarado, como si su fichaje por los Blazers le hubiera dado una inyección de autoestima, aunque todo sea que llegue la competición oficial y chupe banquillo en cantidades industriales como otros veranos. Por el contrario, Sada y San Emeterio (bastante apagado) no han respondido a las expectativas al menos en los amistosos, y tienen papeletas para ser los jugadores 11 y 12 de la rotación.

Los amistosos nos han permitido confirmar las sospechas sobre el sistema que utilizará la selección: en ataque, la primera opción será meter el balón al interior y a partir de ahí generar juego, hacia dentro o hacia fuera. Los mejores momentos de la selección han venido cuando han entrado los tiros exteriores, por eso es de capital importancia recuperar a Navarro… y acertar con los tiros libres (fallones ante USA), para disuadir al rival de la táctica del Hack-a-Shaq. En defensa no se aprecian muchas dudas, aparte de los legendarios teóricos problemas para defender al 3 contrario,  y los brazos interminables de Pau e Ibaka dificultarán gran cantidad de tiros, cuyos rebotes o rechaces habrá que aprovechar para lanzar contraataques. También parece que será frecuente ver la zona 2-3. En resumen, tenemos claro a lo que jugamos. Ahora hay que ponerlo en práctica.

El cuadro

Finalmente, el resultado del sorteo (1) dictaminó que el grupo de España lo completara Rusia, mientras que los otros dos equipos clasificados en el Preolímpico (Lituania y Nigeria –la sorpresa-) quedaban encuadrados en el otro grupo, el A. Demos un pequeño repaso a los rivales de la selección en su grupo, el B:

Shved, junto con Rudy, tiene uno de los cabellos más rebeldes del torneo

Rusia: El último en llegar se ha convertido automáticamente en el rival más duro del grupo. Peligro en todas las líneas, destacando al polivalente Andrei Kirilenko que una vez más será el jugador que más problemas nos dé en defensa y en ataque, tirando desde fuera o penetrando. Su temporada en la Euroliga ha sido imperial. Junto a él, la otra amenaza es el que ha sido su compañero este año en CSKA y en el futuro en los Wolves, Aleksey Shved, que puede reventar un partido en cualquier momento con su lanzamiento exterior y su creatividad, aunque por suerte su línea de juego es bastante irregular. Rusia también cuenta con jugadores interiores grandes y competentes, pero no deberían plantear excesivos problemas. Vence España por unos 10 puntos.

Brasil: Tal vez el único juego interior puro, junto el músculo de Francia, que puede tutear a nuestros interiores: Tiago Splitter, Nené Hilario y Anderson Varejao, contando además con las rachas de Marcelinho Huertas y Leandro Barbosa por el exterior, pueden hacer pasar una mala tarde a cualquiera (que le pregunten a USA). Un rival muy incómodo si está entonado. España gana de 10.

Gran Bretaña: La grada y presunto favor arbitral son sus grandes bazas. Y ya. No valen excusas, si vamos a por el oro Gran Bretaña no puede hacernos sufrir. En el amistoso del 9 de julio, el primero de la selección, se les ganó (con algo de esfuerzo) a pesar de jugar sin Rudy ni Navarro. España tiene que ganar de 15-20.

Australia: Un quinteto en el que estén David Andersen y Matt Nielsen nos podría dar problemas, con la amenaza en el lanzamiento de 3 del primero y los fundamentos en la zona del segundo, quien por cierto ha estado lesionado durante la preparación. Correosos, pondrán en apuros a todos los favoritos del grupo, pero España ganará de 10-15.

China: no hay disculpas, ya no está Yao Ming. Todo lo que no sea ganar cómodamente de más 15 puntos y dando descanso a los titulares, se debería considerar una sorpresa.

El último día de la primera fase (lunes 6 de agosto) se jugarán dos partidos que en principio son decisivos para que España se encuentre con USA solo en la final. En el Grupo A, los norteamericanos juegan contra Argentina, y en el B, los españoles contra Brasil. Podría darse la desgracia de acabar España invicta, que en el encuentro siguiente Argentina diera la campanada y que el cuadro acabase cruzando a los dos equipos antes de la final. Ídem si Brasil nos derrota. Pero todo apunta (al menos, mis pronósticos) que la clasificación de los grupos quedará del siguiente modo:

Grupo A: USA-Argentina-Francia-Lituania

Grupo B: España-Rusia-Brasil-Australia

De esta forma, España se cruzaría con Lituania en cuartos y con el ganador del Brasil-Argentina en semifinales.

Lituania: El torneo le llega muy pronto para el pivot europeo del futuro (Valanciunas) y demasiado tarde para el nuevo base del Barcelona (Jasikevicius). Sufrirán para entrar en la segunda fase, sobre todo tras la lesión del pivot Robertas Javtokas. Su jugador más peligroso será Kleiza, uno de los favoritos para el título de máximo anotador del torneo si está fino, que nos dará muchos problemas en los desajustes defensivos (si lo defiende un bajo, posteará; si lo defiende un alto, lanzará triples). No obstante, España debería ganar de unos 15 puntos.

Manu Ginobili frente a Kobe Bryant. Ambos, con un oro olímpico, quieren subir de nuevo a lo más alto del cajón

Argentina: El resultado del amistoso contra España fue muy engañoso. Los primeros minutos de los nuestros han sido de los mejores que ha jugado esta generación, tanto en defensa (aunque los argentinos también fallaron más de lo habitual) como en ataque, con puntos de todas las facturas. Es más justo para evaluarlos su partido contra USA, en el que no perdieron la cara en ningún momento. En su contra tienen que cuentan con una plantilla competitiva corta por lo que el cansancio puede ser un factor muy importante una vez llegados a semifinales, sobre todo tras el partido de cuartos que tendrán que jugar a cara de perro frente a Brasil. España, por descontado, gana, pero sufriendo y por menos de 10 puntos. Son mis favoritos para el bronce, partido en el que se encontrarían con los franceses. La generación argentina merece acabar su ciclo con otra medalla, por talento, garra y calidad.  Y por Manu Ginobili, un grande.

Y la gran final: USA-España. Insisto, 95% de posibilidades de que nos ganen, incluso sin apuros. Pero ese 5% nos hace albergar esperanzas. Que salgan los sistemas, que entren los tiros, no perder la calma si nos roban un par de balones, jugar con cabeza… Sinceramente, creo que perderemos la final. Pero por menos de 10 puntos y espero que brindando un espectáculo a la altura del precedente de hace cuatro años.

Por otra parte, tal vez deberíamos ignorar estos debates y centrarnos en otros más importantes: puede que estas sean los últimos (o penúltimos) JJ.OO. donde el baloncesto tenga tanto atractivo porque David Stern ha declarado recientemente que no quiere que las grandes estrellas participen en los Juegos, sino que lo hagan los jugadores jóvenes, a semejanza del fútbol. En ese caso, volverá la hegemonía norteamericana porque a medio plazo no se vislumbra ningún país que tenga suficiente potencial con su selección sub 23 para hacer sombra a los mejores norteamericanos de esa edad. Sean o no sean los últimos JJ.OO. con este nivel en la competición baloncestística, esperemos que para nosotros sean inolvidables. Positivamente, claro. El torneo está en marcha, veamos qué nos ofrece.

(1)  En efecto, al final las plazas del preolímpico se asignaron por sorteo y no según clasificación en el mismo. A pesar de que en su momento fue dicho así por el presidente de la FEB, Jose Luis Sáez, las bases de la FIBA lo decían así, aunque hasta unas horas antes del mismo se seguían con las dudas.


A tres meses de la final de baloncesto de Londres 2012

Como el que no quiere la cosa ya han pasado tres meses más y hemos rebasado la barrera psicológica de los 100 días para el comienzo de los Juegos Olímpicos de Londres. Entre el anterior análisis y éste ha habido varias novedades de interés, que pasaremos a relatar.

Habemus cuadro. O casi

Qué bonitas, las bolitas

El lunes 30 de abril se realizó el sorteo de los grupos que conformarán el cuadro de competición de los JJ.OO. de Londres. El proceso ha sido un tanto opaco porque nos enteramos el mismo día que los bombos se iban distribuir de la siguiente manera: USA-España, Francia-Australia, Argentina-Brasil, China-Túnez, Gran Bretaña-1º Preolímpico, 2º Preolímpico-3º Preolímpico, una disposición de emparejamientos que no responde ni al ranking FIBA, ni a la clasificación del último Mundobasket o de la última edición de los JJ.OO. Sea como sea, las bolitas decidieron que los grupos iban a ser los siguientes:

Grupo A: USA, Francia, Argentina, Túnez, 1º Preolímpico y 2º Preolímpico.

Grupo B: España, Australia, Brasil, China, Gran Bretaña y 3º Preolímpico.

En teoría, el Grupo A ya cuenta con un equipo prácticamente imbatible a priori (USA) y dos equipos potencialmente cuartofinalistas (Francia y Argentina), mientras que en el B sólo se perfila Brasil como rival potente para España… y se está a la espera del 3º del Preolímpico, que a día de hoy es una incógnita y será un puesto por el que habrá literalmente tortas en el torneo previo que se jugará en Venezuela. Contrariamente a lo que se hizo en otros Juegos, donde se realizó un nuevo sorteo entre los tres equipos repescados, para Londres ya está todo el pescado vendido porque su ubicación en un grupo u otro depende de su clasificación, según confirmó el propio José Luis Sáez. Visto el resultado del sorteo, la final del preolímpico no va a ser un partido que pase a la historia por su intensidad, ya que no se jugarán gran cosa.

Puestos a especular y teniendo en cuenta el mayor potencial del Grupo A, es posible que algún equipo opte por dejarse llevar en semifinales y fiarlo todo a conseguir la victoria en el partido por el tercer y cuarto puesto. ¿Muy arriesgado? Sin duda. Pero solo hay que imaginar la primera fase del Grupo A si, por ejemplo, se compone de USA, Francia, Argentina, Rusia, Lituania y… Túnez (pobre Túnez, por cierto): 10 partidazos a muerte y 5 palizas. Cualquiera de las favoritas para clasificarse en ese preolímpico (las mías: Lituania, Rusia y Grecia) encuadrada en el Grupo B tendría bastantes boletos para pasar a cuartos, mientras que en el Grupo A… sería bastante más complicado. No descartaría del todo ver unas semifinales jugadas al despiste.

Así como dije en el anterior artículo que prefería estar en el grupo de USA para reducir las posibilidades de encontrarnos con ellos en los cruces, también dejé claro que la mayor parte de nuestras esperanzas por reeditar la final nos las jugábamos en el sorteo. Y así ha sido. Siempre hablando sobre el papel y sin conocer aún las plantillas definitivas, creo que España tiene una primera fase bastante placentera, donde acabar invicta es un objetivo bastante factible que además nos garantizaría no encontrarnos con USA hasta la final, siempre y cuando los americanos hagan lo que suponemos: marchar como una locomotora hacia la medalla de oro. Esperemos a julio para hacer análisis más detallados del resto de rivales.

La lesión de Rose: lamentable para los amantes del baloncesto y catastrófica para las aspiraciones de los Bulls pero… ¿buena para los intereses de España? (la selección de baloncesto, se entiende)

Jerry Colangelo pone un circo y se le lesionan los gigantes

Aunque el núcleo duro de los que estarán en Londres representando a USA se mantiene (a día de hoy), la lista de preseleccionados que hicieron pública en enero ha tenido una serie de bajas, algunas de ellas muy importantes. El mismo día que se presentaba el partido amistoso USA-España que se anuncia como anticipo de la final de los JJOO, se daba a conocer que Dwight Howard tenía que pasar por el quirófano para operarse de una hernia discal, quedando automáticamente descartado de la selección norteamericana. Por cierto, que Andrew Bynum, en un arranque difícil de explicar, le faltó tiempo para borrarse como sustituto del pivot de Orlando Magic, ya que “prefiere cuidar sus rodillas de cristal”. Y parece que fue ayer cuando se dejó ver con una playmate a hombros en lugar de operarse de dicha articulación. Angelito.

La otra gran ausencia de los norteamericanos será Derrick Rose, MVP de la pasada temporada, que se rompió los ligamentos de la rodilla durante el primer partido de playoff. Chauncey Billups y LaMarcus Aldridge también se caen de la lista por lesión, aunque no contaban con muchas papeletas de estar entre los que viajarán a Londres. Lamar Odom, por su parte, a día de hoy sigue contando para Colangelo, aunque Dallas Mavericks rescindiera su contrato sin acabar la temporada (por bajo rendimiento vinculado a causas extradeportivas, o viceversa). Personalmente, no apostaría fuerte por que Odom sea uno de los 12.

Señoras que posan con Kevin Durant y LeBron James

Las bajas de Rose y sobre todo, Howard, son muy importantes para la selección norteamericana. Si bien una terna de playmakers formada por Chris Paul, Deron Williams y Russel Westbrook no desentona frente a otra formada por Rose y dos de ellos, la sustitución (teórica) de Howard por Tyson Chandler sí que es significativa, sobre todo en aspecto ofensivo. Llama la atención que el propio cuerpo técnico de USA Basketball haya destacado el potencial del juego interior de España (Pau, Marc e Ibaka) y que aparenten confiar en pararlo con el center de los Knicks más los minutos en la pintura de Kevin Love y Blake Griffin, que por cierto se han ganado el puesto con su gran regular season.

Bueno, que también está Chris Bosh. Acabáramos.

Puede que solo sea una cortina de humo y sí que estén realmente preocupados; tras las primeras lesiones, dijeron que había suficientes nombres de entidad en la preselección para construir un equipo con el que ganar el oro en Londres. Al poco, y sobre todo tras la lesión de Rose, recularon. Así, han anunciado dos nuevas incorporaciones al roster: James Harden y Anthony Davis, jugadores que tienen aspecto de ser referentes a medio plazo pero que no deberían quitar el puesto a otros preseleccionados. A pesar de su excelente temporada (que le ha valido ser nombrado Mejor Sexto Hombre), Harden tiene en contra que hay demasiados pesos pesados en el backcourt. Pero si Dwyane Wade sigue haciendo declaraciones en la misma línea de las últimas semanas, en las que tan pronto insinúa que unos cuantos dólares por ir a Londres no vendrían mal o que igual está cansado, apostaría por la inclusión del barbudo jugón de los Thunder en la lista definitiva. En cuanto a Davis, el freshman de la universidad de Kentucky, su presencia en la selección tendría el sabor de otras convocatorias donde USAB hacía un gesto al baloncesto universitario, como la de Emeka Okafor en Atenas 2004 o como cuando Christian Laettner fue nombrado integrante del Dream Team en lo que muchos entendieron como un gesto de discriminación positiva. Por cierto, las paradas de metro de Londres se van a renombrar con motivo de los Juegos como homenaje a las grandes leyendas olímpicas. Bien, pues Laettner ha dado nombre a una de ellas; por comparación, el bañador de Mark Spitz debería tener en su honor una terminal calatravesca. O dos, si son pequeñas.

Barkley, Bird, Magic y… ¡Laettner!, en posición de alerta felina

En muchos medios se ha culpado de la plaga de lesiones a la carga de partidos de esta temporada, comprimida por el lock out. Es cierto. En parte. La de Rose, como la de Ricky Rubio, fue fortuita en el sentido de que se puede producir en cualquier lance de un partido, no por sobrecarga. Más peligroso para la integridad del plantel norteamericano es la Final de la NBA, que puede acabar allá por el veintitantos de junio, apenas un mes antes del inicio del torneo olímpico. Hay muchas posibilidades entonces de que Kevin Durant, LeBron James, Westbrook, Bosh y Wade (Heat y Thunder son dos de los máximos favoritos para jugar la Final), 5 jugadores sobre 12, lleguen bastante cansados a la ciudad inglesa.

Resumiendo, si no hay lesiones o espantadas de última hora, entiendo que USAB mantendrá la misma filosofía de juego: un único cinco puro con un puñado de ala-pivots polivalentes que sirvan de comparsa a la batería de exteriores y aleros que son los verdaderamente imparables en el basket FIBA. Según este criterio, los 12 que representarían a USA en Londres serían: Carmelo Anthony, Blake Griffin, Chris Paul, Chris Bosh, Kevin Durant, Kobe Bryant, Kevin Love, Dwyane Wade, LeBron James, Russel Westbrook, Deron Williams y Tyson Chandler. Quedarían fuera los otros preseleccionados: Lamar Odom, Anthony Davis, James Harden, Eric Gordon, Rudy Gay y Andre Iguodala. Una selección aparentemente un poco inferior que la que suponíamos en enero, pero ¿suficiente para ganar el oro?

Anuncio del USAB-España de julio. Posterized! Digo… ¡Barcelona!

Nosotros tampoco estamos para muchos trotes

Hace un par de meses todos nos rompimos un poquito al confirmarse los peores diagnósticos iniciales: Ricky Rubio se había lesionado de gravedad en la rodilla, perdiéndose el resto de la temporada y los Juegos Olímpicos.

Siendo pragmáticos, si lo analizamos en perspectiva y con frialdad es difícil aventurar si hemos salido perdiendo en el intercambio de piezas con Rose porque si bien el americano es un jugador que te gana los partidos, le sustituirá otro que es de la misma calaña. En cambio, la lesión de Ricky abre un abanico de (limitadas) posibilidades para Sergio Scariolo a la hora de elegir sustituto:

— Raül López. Ha demostrado tener aún minutos de calidad en sus piernas, aportando puntos y dirección saliendo del banquillo cuando Aaron Jackson se cansaba o simplemente no atinaba. A lo largo de la temporada nos ha dejado muchos encuentros con actuaciones reseñables como su partidazo de Euroliga frente al Montepaschi Siena, canasta ganadora incluida. Tiene el perfil perfecto de segundo base y se complementaría con Víctor Sada (lo que uno tiene de capacidad ofensiva, el otro lo compensa con su defensa y físico), al que seguiremos considerando el tercer base de la selección.

— Sergio Rodríguez. Podría ser la hora de volver a la selección, aunque su año aparece entre sombras porque su compañero de equipo (con el que ahora iremos) le ha comido la tostada en números, focos y premios. Su convocatoria podría ser una especie de inversión a medio plazo, porque la quinta de los juniors de oro va sumando años.

— Sergio Llull. Todos contamos con que estará en Londres, pero su gran temporada en el Madrid, donde ha jugado la mayoría de los minutos como base, hace que le consideremos como el sustituto natural de Ricky como suplente de José Manuel Calderón. Diversos MVPs de la jornada, incluido en el mejor quintero de la ACB y MVP de la Copa del Rey, dan la razón a Pablo Laso cuando decidió hacerlo jugar de uno.

Según ha dicho en Twitter, la rodilla va bien y ya ha comenzado a andar. Ánimo, Ricky

Si Llull abandona el puesto de escolta nos queda una vacante aún más complicada de llenar: o bien pasamos a Rudy Fernández (aún convaleciente de una lesión en la espalda) a la posición de dos alternándose con Juan Carlos Navarro (que toda la temporada ha arrastrado una fascitis plantar) por que se necesitaría otro alero, o se convoca a otro escolta. Dependiendo del caso, podrían entrar en el roster Carlos Suárez, Rafa Martínez o hasta Álex Abrines, para ir preparando el relevo generacional.

En cuanto al juego interior, estamos de suerte porque a pesar de la dura temporada y la carga de minutos (Pau y Marc están entre los 12 jugadores que más minutos han jugado en la temporada regular de la NBA e Ibaka probablemente alargue su participación en el playoff hasta la Final), los nuestros están bastante sanos. El único jaleo se ha debido a Nikola Mirotic, y en dos frentes distintos, además.

Por un lado, en una entrevista de hace un par de semanas Mirotic vino a decir que prefería quedarse entrenando en solitario que acudir como invitado a la concentración de la selección porque veía razonable que Ibaka ocupe la plaza de jugador asimilado. Unos días después, Scariolo en persona salía al paso diciendo que Mirotic no había querido decir eso y que contaba con él. Lo que nos lleva a la conclusión de que lo convocará… ¿también para los Juegos? Porque el otro frente se produjo a finales de enero, cuando unos tweets cruzados entre Rafa Vecina, Víctor de la Serna y Ramón Trecet a alguno nos dejó con el culo torcido:

@vdelaserna @trecet Tranquilos q se prepara la revolución. Mirotic e Ibaka podrán ir juntitos a las olimpiadas!! D buena tinta…

@Rafavecina @vdelaserna Rafa,en medio del lio de tuits que recibo, llegas tu con la espoleta… Que pueden jugar juntos Mirotic e Ibaka?JODÓ

@trecet @Rafavecina Hay una gaseosa categoría de jugador asimilado por formación, que PUEDE no contar como nacionalizado. Berisha-Kelati…

Después de aquello, no se ha vuelto a saber nada que nos haga suponer que podrán ir los dos (la normativa es bastante clara al respecto), aunque las declaraciones de Scariolo alimentarán rumores y esperanzas. De todas formas, la FIBA debería ponerse seria con el asunto de asimilados y nacionalizados para que no sigan ocurriendo casos como el escolta de origen estadounidense Jaycee Carroll, que no se sabe bien si se siente más de Montenegro o de Azerbaiyán. Un singular conflicto en su sentimiento patriótico. Tampoco nos podemos olvidar que la asimilación de Ibaka también parece en cierto modo… artificial, porque bien podría haber elegido jugar con Francia si se hubieran dado otras circunstancias en su momento.

Ibaka con la camiseta de Congo jugando contra USA en el Nike Hoop Summit de 2008; en el 2006 formó parte de la selección Sub18 de dicho país africano. También estuvo en el Prissé-Macon francés. Pero juega con España. Tal vez no deberíamos agitar mucho el avispero con lo de Mirotic

Y llega la hora de mojarme. ¿López, Rodríguez, Llull…? Llull, Lulll, Llull. No tendría mucho sentido sacar a Llull de la posición en la que mejor le hemos visto jugar y que, además, ninguno de los otros candidatos puede mejorar. ¿Suárez, Rafa Martínez, Abrines…? Carlos Suárez. En caso de necesidad Llull podría tener minutos en cancha como escolta, y con Suárez reforzamos la posición de alero. ¿Mirotic? No si está Ibaka, porque no parece que la FIBA vaya a flexibilizar la normativa para que puedan jugar ambos.

En resumen, los 12 por los que apuesto son: Pau Gasol, Rudy Fernández, Carlos Suárez, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Víctor Claver, Sergio Llull, Víctor Sada, Marc Gasol, Fernando San Emeterio y Serge Ibaka.

Ya queda menos para el 12 de agosto.


Final de baloncesto de Londres 2012: un análisis a seis meses vista

 En los Juegos Olímpicos, lo más importante no es ganar, sino participar.

Barón Pierre de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos modernos (1863-1937).

No queremos revancha. Si Estados Unidos queda eliminado en cuartos de final y llegamos a la final y la ganamos, nos da igual. Nosotros intentamos aspirar al oro olímpico.

Pau Gasol, en una reciente entrevista.

Se acaba de hacer pública la preselección de USA Basketball para los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y, aunque todavía nos queda medio año largo para que comience el campeonato, en los círculos baloncestísticos más cerriles el ambiente se empieza a calentar con cuentos de la lechera: ¿la selección española será capaz de ganar la final al, probablemente, segundo equipo más poderoso de la historia del baloncesto? Repito: USA-España-Final-JJ.OO.-Ganar. Cuatro conceptos aparentemente inofensivos que encierran cada uno sesudos análisis basados en intuiciones, filias, fobias y muy pocos datos contrastables aún, la verdad. Como soñar es gratis y llorar también, arrojemos un poco de luz sobre este asunto porque tan fácil es tocar el cielo con las manos como que el cielo se nos abra bajo los pies.

Silencio. Son los favoritos hasta que se demuestre lo contrario

USA: estarán todos los que son

Hace casi cuatro años, USA Basketball presentó el que hasta entonces era el segundo combinado nacional más potente de la historia, con un plantel basado en el cuarteto de All Stars de la talentosa promoción del 2003 compuesta por los Beach Boys (LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh) y Carmelo Anthony, que con Kobe Bryant, Chris PaulDwight Howard formaban el núcleo duro de aquella selección. El roster fue este:

Carmelo Anthony, Jason Kidd, Carlos Boozer, Chris Paul, Chris Bosh, Tayshaun Prince, Kobe Bryant, Michael Redd, Dwight Howard, Dwyane Wade, LeBron James y Deron Williams.

Cuando se acercó el Mundial de Turquía del 2010 estos doce angelitos escurrieron el bulto de forma miserable, aunque con una desfachatez pasmosa todos ellos han anunciado plena disponibilidad de sus agendas para este verano 2012. Y es que desde el punto de vista deportivo y económico, la repercusión de una y otra competición son incomparables.

La preselección de 20 jugadores que se ha anunciado ha confirmado las quinielas. Siempre dejando de lado la posibilidad de lesiones de última hora que puedan torcer los planes de seleccionadores y articulistas, todo el mundo asumía que iban a sustituir a Kidd por Derrick Rose, y a Prince por Kevin Durant, mientras que si mueven la silla a Williams (cosa harto probable a pesar de su mayor conocimiento del basket FIBA por su experiencia turca), su lugar lo ocuparía Russel Westbrook. Las opciones de repetir convocatoria de Boozer y Redd también eran nulas y para ocupar estas dos plazas habrá tortas, aunque tengo la sensación de que la elección estará entre Tyson Chandler, Kevin Love y Blake Griffin.

Chandler tiene a su favor que ya estuvo en Turquía y que su inclusión equilibraría la plantilla, en la que solo hay otro 5 puro, Howard. No obstante, que existan únicamente dos jugadores con un claro perfil de center en la preselección de 19, da a entender que solo llevarán a uno porque no tienen un tercer hombre como recambio, lo que implícitamente es una pista sobre el tipo de juego que tiene en mente el seleccionador americano Mike Krzyzewski: el mismo que en los anteriores JJ.OO. y el Mundial de 2010, con solo un pivot y numerosos power forwards. Bien pensado, no sé ni por qué lo he destacado. De hecho, antes del anuncio de la preselección contaba con que Amar’e Stoudamire o Andrew Bynum se encontraran en ella en lugar de Chandler. Olvídenlo.

Kevin Love, que también formó parte de la selección que ganó Mundial, reforzaría el juego interior al ser un falso 5, con el añadido de que este año también es una amenaza (para los contrarios y en ocasiones para su propio equipo) desde la línea de tres, y su nivel en este arranque de temporada es espectacular (cerca de 26 ptos y 15 rbd por partido). Reboteador, con muchas ganas, un proyecto de futuro: ha de estar, por justicia.

Y qué decir de Griffin, el Hype of year, perdón Rookie of year del año pasado. Una fuerza de la naturaleza encerrada en un físico singular, que está en el equipo de moda (Clippers) y que goza del beneplácito de la liga y los espectadores. Rapidez, fortaleza, contundencia y highlights: la perfecta imagen de marca de la NBA.

Mi apuesta es por estos dos últimos, Love y Griffin. En resumen, cinco nombres nuevos respecto a Pekín, por lo que tendríamos entonces este equipo (en cursiva los presuntos titulares):

Carmelo Anthony, Derrick Rose, Blake Griffin, Chris Paul, Chris Bosh, Kevin Durant, Kobe Bryant, Kevin Love, Dwight Howard, Dwyane Wade, LeBron James y Russel Westbrook.

Un equipo muy respetable.

LeBron, Kobe y Dwyane. La línea que separa el respeto del miedo es a veces muy fina

Según esta propuesta, el teórico plantel inicial del equipo americano estaría formado por el reconocido como Mejor Quinteto de la NBA del 2011. Como son muy de tener en cuenta la veteranía, Paul podría ser titular en lugar de Rose o Anthony por Durant, y si valoran el estado de forma, Wade por Bryant; pero qué quieren que les diga, para el caso: patata. Porque menudos jugones:

Carmelo Anthony es un anotador letal que ha demostrado en sus anteriores participaciones en torneos internacionales que rinde bastante bien en formato FIBA, donde las defensas se las ven y se las desean para parar su vendaval ofensivo. Un pequeño apunte estadístico: tiene el record de anotación en un cuarto en la NBA (junto con George Gervin) con 33 puntos. Ahí es nada.

Puede que este año volvamos a ver sonreír a Chris Paul y, aunque dudo que llegue algún día a jugar al nivel que lo hizo en la temporada 2007-2008 (donde quedó segundo en la votación del MVP de la temporada regular), su conexión con Griffin va a deparar alegrías para los seguidores de los Clippers y los alley-oops. Ya sea titular o suplente, es el base que más juego puede crear para los americanos, y calculo que contará con unos 15 minutos por partido. Los otros 25 se repartirán en unos 5 para Westbrook, que saldrá como revulsivo o desatascador y cerca de medio partido para Derrick Rose, que por cierto es el actual MVP de la NBA. Si usted no es demasiado impresionable y esta carta de presentación le deja frío, le ruego eche un vistazo al último cuarto de cualquier partido igualado de Chicago Bulls de los últimos años. Y si hablamos de clutch time, tenemos que mencionar a Durant, que a la hora de meter triples le da igual jugar en Rucker Park o contra Dallas, los actuales campeones de la NBA. Meras anécdotas en la carrera del que va a ser el mejor jugador de la NBA de esta década. Sí, han leído ustedes bien. En todo caso, otro 3 devastador en baloncesto FIBA, en donde su único contacto con este estilo de juego se ha saldado con el MVP del Mundial del Turquía.

Kevin, Derrick y Russel: Campeones del mundo con 22 años. Ojo con la quinta del 88

El puesto de small forward se completa con LeBron James, aunque seguramente jugará de lo que quiera. En prácticamente todos los corrillos del mundo del baloncesto hay preparados unos bidones de gasolina junto a una pira para, a la mínima señal de duda, inmolar a James y a cualquiera que se atreva a desafiar a la corriente imperante (que se lo pregunten a Gonzalo Vázquez). Un jugador que batirá numerosos records individuales en la NBA, realmente imparable salvo por su ignoto mundo interior que lo muta de bestia corderito; cada vez tengo más claro que es como una especie de Juggernaut (el personaje de Marvel) al que nada físico puede parar cuando se pone en movimiento… nada, excepto un ataque psíquico.

En la lista de tareas pendientes para parecerse más a Michael Jordan, Kobe Bryant tiene subrayado con fluorescente el sexto anillo y la segunda medalla de oro en unos JJ.OO., por lo que su interés por la cita londinense estará asegurado. Para los que le veían ya mayor o desmotivado, acaba de lanzar un mensaje en forma de anotación, encadenando 4 partidos consecutivos por encima de los 40 puntos.

El otro escolta de la selección es Wade, que para mí es como el Juan Carlos Navarro americano, una debilidad personal: otros se llevarán los focos y la mayoría de reconocimientos individuales, pero él siempre está ahí, descolgándose con actuaciones portentosas curiosamente cuando el balón quema en las manos. Recordemos que en un equipo con Bryant y LeBron de titulares, Wade como sexto hombre fue el máximo anotador americano en los anteriores JJ.OO.

Por dentro, la mayoría de los minutos se repartirán entre Howard, quien para disfrute de sus rivales atraviesa un momento dulce desde la línea de personal (un vergonzoso 46% de acierto), y Chris Bosh, del que nadie espera ya actuaciones estelares pero que ayudará con su puñado de rebotes y puntos, sus saques de banda y sus bloqueos ciegos; es decir, su día a día en los Heat.

Y contra esta horda, ¿qué tenemos nosotros?

Posterized!

España: que estén todos los que son

El combinado español también irá con el mismo bloque que acudió a Pekín, siempre construido alrededor de la generación de los Juniors de oro (Pau Gasol, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Raül López y Berni Rodríguez). Recordemos la selección al completo que ganó la medalla de plata en el 2008:

Pau Gasol, Rudy Fernández, Ricky Rubio, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Carlos Jiménez, Raül López, Berni Rodríguez, Marc Gasol, Alex Mumbrú y Jorge Garbajosa.

Análogamente a la selección USA, todo parece indicar que habrá cinco cambios respecto a los anteriores JJ.OO. Entre los nuestros ya no estarán Jiménez, Mumbrú y Garbajosa debido a que se han retirado voluntariamente de la selección; mientras que, deportivamente hablando, muy pocos cuentan con que incluyan en la lista a Berni y a Raúl.

Con toda seguridad (y merecimiento), tres de esas cinco plazas se ocuparán con Fernando San Emeterio, Sergio Llull y Serge Ibaka. Los otros dos puestos restantes cuentan con varios pretendientes, entre los que destaco a Nikola Mirotic, Víctor Sada, Víctor Claver, Carlos Suárez y Fran Vázquez. Echemos un vistazo más pormenorizado a los candidatos:

Mirotic está demostrando su valía semana a semana con el Madrid, tanto en la Liga Endesa (ACB) en la que ya es reconocido como una de las estrellas, como en la Euroliga, donde ha sido nombrado MVP del mes de diciembre. Joven, versátil, con tiro de media y larga distancia, no rehúye la pintura, con carácter… muy bueno en definitiva. Entonces, ¿por qué no es un fijo entre los 12? Porque según los reglamentos actuales de la FIBA es ilegal jugar con dos asimilados por selección (Ibaka ocuparía el único puesto que se permite). José Luis Sáez, el presidente de la FEB, está haciendo todo lo que está en sus manos para modificar la reglamentación, pero a día de hoy, la participación de Mirotic es incompatible con la del congoleño de los abdominales hipertrofiados.

Mirotic e Ibaka. De momento, la selección tendrá que esperar

Sada puede ser el mejor base reboteador del mundo, no lo discuto. Pero personalmente, considero que la posición de 1 estará suficientemente cubierta con Calderón y Ricky, y en caso de ser necesario también está Llull (este año está jugando en esa posición en el Madrid aunque Sergio Scariolo lo prefiere de escolta). Incluso su bien merecida fama como defensor puede ser puesta en tela de juicio frente a nuestros bases NBA, que a esas alturas de año llevarán no menos de 50 partidos a sus espaldas defendiendo a bases purasangre día sí y día también. Sus minutos en el campo serían escasos de no mediar problemas de faltas personales a gran escala o molestias físicas. El jugador número 11 o 12 de la rotación, en todo caso.

Claver acaba de salir de una lesión, por lo que su evolución es una incógnita. Bien pensado, es una incógnita su evolución en general; cuesta creer que ese chico desgarbado que estos últimos veranos languidece en el banquillo de la selección es el mismo jugador que se marca partidazos con el Valencia. Con un lanzamiento exterior cada vez más fiable y una potencia de salto afroamericana, sigo confiando en su potencial porque es lo más parecido al 3 alto por el que suspira medio mundo, aunque más bien es un 4 con mentalidad de alero.

Y Suárez. Qué pasa con Suárez. No lo entiendo. Estoy seguro de que existe una explicación para su caso, aunque la desconozco. Planta, números, presencia, tiro, pelazo… aún así, hay algo que sigue fallando. Parece que los intangibles en este caso están presentes pero de forma negativa. Puede que sea su gran oportunidad… y que la deje escapar de nuevo. O tal vez no; por el bien de la selección, ojalá que no. ¡Juega al nivel que puedes jugar, carajo!

Si nos planteamos preguntas en voz alta sobre El Caso Suárez, qué decir de Fran Vázquez. El Incidente de la Taquilla es uno de los grandes misterios del baloncesto español y, según dice la leyenda, esconde las respuestas que explican a nivel estequiométrico por qué Pau y Fran son como agua y aceite. Vázquez, que tuvo los huevos de hacerle la cobra a Orlando Magic, recula cuando llega el verano y el mayor de los Gasol acepta defender los colores de España. Con los hermanos Gasol, Ibaka y Vázquez podríamos jugar el balón a no menos de medio metro por encima del aro ataque sí, ataque no, bien alimentados por nuestros exteriores. Solo razones extradeportivas justifican su colección de ausencias. Una lástima.

¿Qué sería lo ideal? Mirotic y Suárez. ¿Qué me pide el cuerpo? Mirotic y Claver, y añado Vázquez por Reyes. ¿Qué será lo que pasará? Pues me temo que llevarán de nuevo a Sada y Claver. Como hasta junio no saldremos de dudas con la convocatoria oficial, asumiremos que los seleccionados son los siguientes (de nuevo, el quinteto inicial en cursiva):

Pau Gasol, Rudy Fernández, Ricky Rubio, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Víctor Claver, Sergio Llull, Víctor Sada, Marc Gasol, Fernando San Emeterio y Serge Ibaka.

Si se confirman estos nombres, probablemente estamos ante la selección más potente de nuestra historia con 7 jugadores con pasado NBA y la mayoría de ellos en el mejor momento de su carrera. Esbocemos un pequeño perfil de todos ellos:

Solo una actuación jordanesca de Navarro privó a Pau de conseguir su segundo MVP del Eurobasket, que añadir al MVP del Mundial de Japón de 2006 y a ser el máximo anotador de los pasados JJ.OO: es el dominador absoluto de los campeonatos FIBA del siglo XXI, el hombre franquicia de España, el referente. Su irregular arranque de temporada, probablemente despechado por el desprecio público de los Lakers al ponerlo en el mercado, sin duda se tornará en una voraz hambre competitiva en cuanto llegue julio. La medalla de oro es su máxima aspiración, porque se antoja complicado que en el 2016 el equipo español tenga el mismo potencial.

Los meses de Rudy en el Madrid han demostrado que no se le ha olvidado enchufarlas. Encargado de labores oscuras tanto en la selección como en Portland, parece que está atravesando su mejor momento en la NBA en los Nuggets con actuaciones muy meritorias, aunque acaba de lesionarse con pronóstico incierto. Su carrera estará marcada por ser el protagonista de uno de los dos mejores mates de la historia de lo JJ.OO. (1)

De Ricky Rubio comienzo con una palabra: yoyalodije. Aprovecho la ocasión para un comentario ventajista: ni se le había olvidado jugar al baloncesto ni lo que está haciendo ahora es una novedad sobre lo que ya habíamos visto; simplemente, necesitaba recuperar sensaciones. Otro tema es que su rendimiento como base suplente o falso escolta en los Timberwolves le haga merecedor de ser actualmente el tercer jugador más votado para el All Stars en su posición (guard) en el Oeste, solo por detrás de Paul y Bryant. Un reconocimiento importante aunque llegados a este punto siempre recuerdo que, en algún All Stars, Grant Hill sacó más votos que Michael Jordan, lo que salvando las distancias viene a ser el “Hitler también ganó las elecciones” del ámbito baloncestístico. El juego de Ricky es el contrapunto ideal al juego de Calderón que es más pausado, más de equipo, y que teóricamente es una mayor amenaza en el lanzamiento exterior. El estado de forma de ambos en el momento de redactar este artículo se puede calificar de muy esperanzador, recolectando regularmente dobles-dobles.

Navarro es el Dwyane Wade español (¡Alerta! Referencia circular), a lo que hay que añadir que es el segundo mejor jugador de nuestra historia. Una debilidad personal, insisto. Me quedo sin palabras, así que tomo unas cuantas del blog de Lucio Angulo:

Hoy te toca defender a La Bomba Navarro, lees sus características en el scouting: “Puede penetrar a canasta con ambas manos, arma el tiro rápido por lo que es importante estar cerca de él. Cuidado con pegarse en exceso pues es listo para sacar faltas. No dejar de defenderle lejos del aro, puede sorprender con tiros de larga distancia (hasta 7 metros) con buenos porcentajes. Precaución con su primer paso, que no nos pille de sorpresa, excelente en tiros de 2 lanzando por encima del defensor. No enviarle a la línea de tiros libres ya que saca así muchos puntos…”

Y llega el partido. Y Navarro te mete un triple. Y el entrenador grita:

-¡Que no te separes! ¿No lees el scouting?

-Sí, entrenador, sí.

MVP del Eurobasket, de la Euroliga, de la Final Four, de la liga regular de la ACB, de la final de la ACB, de la Supercopa ACB… y en la NBA no lo valoraron. No se hizo el caviar para la boca del asno

Llull jugará en el puesto de uno y medio, que traducido a lenguaje coloquial viene a ser la posición que quede libre cuando él esté en cancha. Esta situación es fruto de los desequilibrios en la rotación derivados del empecinamiento por jugar con Rudy de alero titular. Gracias a sus piernas e intensidad, nuevamente se perfila como integrante de la unidad de remontada a base de bajar el culo y correr, junto a Ricky, San M e Ibaka.

San Emeterio es el típico jugador que parece que no está hasta que roba un balón, o coge un rebote improbable, o anota un triple en un momento caliente y te das cuenta, al mirar la planilla, que lleva un partidazo. Un MVP de la liga regular de la ACB y un integrante del mejor quinteto de la Euroliga (ambos logros en la temporada pasada 2010-2011) no es cualquier cosa, oiga.

Y la gran baza española está en nuestros pivots. Junto con Pau, Ibaka, Marc y Reyes formarán el juego interior más poderoso del mundo. Sin exagerar, sin patriotismos, tenemos todo: contundencia defensiva, intimidación, movimientos al poste, juego por encima del aro, complementarios entre sí… Han de ser la piedra angular del proyecto oro olímpico.

El camino hacia la Final

Es muy difícil pronosticar el grado de dificultad del camino hacia una final si el cuadro del torneo aún no se ha dibujado. Eso para empezar. Por el momento, el resto de selecciones clasificadas, esas que todos queremos pensar que irán como sparrings previos a la gran final, son (por orden alfabético): Argentina, Australia, Brasil, China, Francia, Gran Bretaña y Túnez. En el preolímpico, que tendrá lugar en Venezuela a principios de julio (apenas unas semanas antes de los JJ.OO.), habrá una lucha brutal por tres puestos entre las selecciones de Lituania, Grecia, Rusia, Venezuela, Macedonia, Puerto Rico, Nueva Zelanda, República Dominicana, Angola, Nigeria, Jordania y Corea del Sur (escritas en el orden en el que creo que quedarán clasificadas). Después del seudopucherazo de la FIBA, que de mala manera ha metido directamente a Gran Bretaña por ser país organizador, diversos representantes nacionales presenciarán en persona el sorteo de este torneo, que se realizará el día 31 de enero.

Esto es lo más parecido al cuadro oficial del torneo que tenemos por ahora

Así pues, en algún momento indeterminado (2) se meterán 12 bolitas en un bombo y resultarán dos grupos de 6. A pelo. Nada de cabezas de serie. Todo dependerá del azar y de la componente trilera que pueda flotar en el ambiente.

Tan factible es que a España le toque con, por ejemplo, China, Túnez, Gran Bretaña, Australia y Rusia, como en otro con USA, Argentina, Brasil, Francia, Lituania y Grecia. Y de esos dos grupos, pasan a la siguiente fase los cuatro primeros; el resto, a arrasar la villa olímpica durante noches sin fin.

En la segunda fase es cuando la matan: enfrentamiento directo en los clásicos cuartos-semis-final. Si España quiere evitar a USA en los cruces hay que hacer bueno el dicho “ten cerca a tus amigos, pero aún más a tus enemigos”: habrá que poner una vela negra a Michael Jordan para que el sorteo nos empareje en el mismo grupo que los norteamericanos, porque de lo contrario tendríamos que hacer la machada de dejarlos fuera de la final o realizar complicados cálculos hasta dilucidar qué basket average y/o cuántas derrotas son necesarias para ir por el otro lado del cuadro. Y si hacemos caso del Informe PISA, no somos los más preparados para ese nivel de análisis. Tampoco sería de recibo jugar al no me chilles que no te veo para perder de 20 contra Túnez, cuando hace pocos meses nos llenamos la boca con palabras como ética y deportividad al referirnos a la pantomima de los franceses en el Eurobasket de Lituania; no obstante, somos un país que está lleno de gente que se viste por los pies pero se cambia de chaqueta (ojo, que aunque lo parezca no estoy incidiendo de nuevo en el asunto Ricky Rubio), así que no descarto nada. Recapitulando, un porcentaje muy alto de nuestras posibilidades y esperanzas de disputar la final del 12 de agosto puede que nos lo estemos jugando por abril, cuando el bombo gire.

Lituania ha llegado a semifinales de los cinco JJ.OO. que se han celebrado desde su independencia en 1991. Y quieren seguir la racha

Pero veámoslo de otro modo: si nos creemos en disposición de ganar a USA en la final, ¿no sería mejor cruzarnos con ellos incluso antes (cuartos o semifinales) porque podría jugar a nuestro favor que ellos sientan una presión mayor por tener que llegar a la final? Francamente, me cuesta creer que a gente como Wade, Bryant, Rose o Durant les tiemble la mano al final del partido (nótese que voluntariamente he evitado mencionar a LeBron James), pero es una idea sobre la que reflexionar, pensamientos que seguro hacen secar la gomina del pelo de Scariolo y son un torreón importante del castillito de naipes que están edificando en el aire las altas esferas de la FEB.

En todo caso, si algo nos han enseñado los últimos campeonatos, es que somos capaces de palmar con cualquier equipo medio pelo. Hay que tener presente que Turquía (por dos veces), Serbia, Rusia, Croacia, Argentina, Lituania y Francia nos han mojado la oreja en partido oficial recientemente. Vender la piel del oso antes de matarlo nos puede costar caro, sobre todo si nos relajamos y cuando nos queremos dar cuenta tenemos el cuello entre los dientes del plantígrado peludo y hermoso. En este sentido soy optimista, porque asumo que el grado de mentalización de los nuestros superará cualquier efímera caraja que podamos sufrir. Ya son campeones de Europa y campeones del Mundo, pero para la mayoría de ellos es su última oportunidad de ser campeones olímpicos. Cuento con que harán todo lo posible para no desaprovecharla.

A estas alturas de artículo, en el que hemos dado por bueno un cuadro que desconocemos y unas selecciones que aún no se han formado, desgranar una final hipotética no chirriará a los lectores. Antes de partir hacia Londres, creo que aún sin fecha fija, se jugará un nuevo amistoso contra USA en el Palau San Jordi. Tras ese partido, se podrán sacar algunas conclusiones, mientras tanto se puede analizar el histórico reciente de los enfrentamientos de ambas selecciones, los duelos individuales, las unidades, el estilo de juego, el estado anímico… pero todo sigue en el ámbito del análisis-ficción.

¡Qué tiempos! Jordan, Fernando Martín… más de la mitad de los 24 jugadores que podrían rememorar por segunda vez aquella final no la presenciaron en directo por televisión porque ni siquiera habían nacido

Antecedentes recientes

Desde que entraron en la selección española los juniors de oro, el balance con Estados Unidos es el siguiente:

  • Mundial 2002 de Estados Unidos: victoria en el partido por el 5º puesto (81-75)
  • Juegos olímpicos de Atenas 2004: derrota en cuartos de final (94-102)
  • Juegos olímpicos de Pekín 2008: derrota en la primera fase (82-119) y derrota en la final (107-118)
  • Amistoso en Madrid previo al Mundial 2010: derrota (85-86)

Total: 1 victoria-4 derrotas. Vamos, que cuando ganamos la última vez a Estados Unidos, Ricky Rubio ni había debutado en la ACB (que es casi como decir que fue en blanco y negro). A la vista de estos resultados, ¿cuál debe ser nuestra filosofía? ¿jugar a meter 100 o a que no te metan más de 80? Los fríos números dicen que nos convendría centrarnos en la defensa no permitiendo más de 85 puntos para estar en disposición de disputar la victoria, porque si nos meten más de cien lo tenemos crudo. Me parece bien; a ver quién es el guapo que le pone el cascabel al gato. Aunque sí hay algo cierto: uno de los análisis que obviamos es que España jugó su mejor partido ofensivo de toda la era Gasol en la final de Pekín 2008. Y que, por lo general, es más complicado repetir (a nivel colectivo) un día excepcional en ataque que una defensa férrea, porque no depende tanto del estado de gracia sino de piernas y voluntad.

Duelos individuales

Si hacemos una quiniela jugador por jugador sobre quién ganaría los duelos individuales, me ponga como me ponga, nos saldrían todo victorias visitantes excepto tal vez el de los gasoles (Pau-Howard y Marc-Love, o viceversa, 1X en el peor de los casos). Sí, en un par de duelos individuales somos mejores, pero tampoco es para coger aire y gritar dándonos puñetazos en el pecho. Por nuestro bien, es mejor analizar el juego en conjunto.

Gasoles unidos jamás serán vencidos

El juego 5 contra 5

El mayor ejemplo de que el talento colectivo puede hundir al individual se dio en las semifinales del Mundial de Japón cuando Grecia, con el grandísimo Theodoros Papaloukas como estrella, comió la moral a los americanos. Desde ese cortocircuito a ambos lados de la banda, no se ha vuelo dar el caso de tener a los americanos colapsados en ataque. Lo más parecido fue el amistoso que jugamos contra ellos en el 2010, aunque fue un partido devaluado por las ausencias de ambos equipos. En este sentido, hay que hacer de abogado del diablo y dar un voto de confianza a la labor de scouting de los entrenadores estadounidenses.

Recuperando la polémica del 3 que comentaba anteriormente, no comparto que sea punto de partida innegociable salir con Navarro y Rudy de titulares independientemente del rival, mucho más si con ello se resiente el rendimiento de las unidades, que quedan muy descompensadas. La única gran ventaja que veo es que la amenaza de lanzamiento exterior creará mucho más espacio para nuestros interiores, porque ahí es donde podemos hacerlos daño. Insisto: ni los americanos ni ninguna selección puede parar el arsenal de centímetros y calidad que tenemos en la pintura. Es más, defensivamente tenemos 18 faltas personales con las que enviar a Howard a hacer el ridículo desde la línea de tiros libres sin que se resienta notablemente nuestro rendimiento en la zona rival.

Y por lo demás, lo de siempre: atención a sus robos de balón, porque corren como si les faltara la fe. Manos rápidas, contraataques meteóricos y mates estratosféricos son sus marcas de la casa. Hay que evitar canastas fáciles a toda costa.

Para ser un análisis preliminar, creo que tenemos suficiente material para discutir y fantasear. O si no, nos queda el consuelo de que tras la lectura de este interminable artículo ya queda menos para el 12 de agosto, el día de la final.

(1)  Siempre está bien recordar el mate de Rudy frente a Howard en Pekín 2008… pero es que el mate de Vince Carter sobre el francés Frederic Weis en los JJ.OO. de Sidney 2000 es de otra galaxia.

(2)  La fecha del sorteo aún no está decidida; para que sirva de orientación, en los Juegos de Pekín se repartieron los grupos cuatro meses antes de la competición (incluso antes que el preolímpico), completando el cuadro con los equipos A, B y C provenientes del torneo clasificatorio. Eso sí, para evitar suspicacias, una vez finalizado el preolímpico se hizo un nuevo sorteo entre esos tres equipos clasificados para ver cuál de ellos era el denominado A, B y C, respectivamente.

 


Seis claves para un Eurobasket histórico

La final

Después de sonados fracasos, la generación dorada del baloncesto francés —Parker, Batum, Diaw y el recién llegado Noah— llegaban a la final de una gran competición. Había que remontarse a Sydney 2000 para recordar algo parecido, los tiempos del maravilloso Rigaudeau… y al igual que sucediera en aquellos Juegos Olímpicos, los franceses salieron con muchas ganas pero se fueron diluyendo conforme avanzó el partido.

La premisa número uno para el triunfo galo era que el encuentro fuera a pocos puntos. Ahí se podían manejar con cierta comodidad y poner en apuros al conjunto español, cuyo juego posicional es francamente mejorable y que ha demostrado en estos seis años victoriosos ciertos problemas en los últimos cuartos. Si lo intentaron, desde luego no lo consiguieron: intercambiando golpes, España iba a ser superior y eso se veía venir desde el minuto seis. Nadie va a ganar anotando a un equipo con los dos Gasol, Navarro, Rudy, Calderón y compañía… Si a eso le unimos el control del rebote, tenemos el partido soñado para los nuestros: diez arriba más o menos desde inicios del segundo cuarto y a conservar.

Anotar casi 100 puntos en una final de un gran evento europeo remite a otras épocas. Las épocas del dominio yugoslavo y soviético. Esas son las referencias de esta generación a la que no se le adivinan sustitutos. A la vez, recibir 100 puntos en una final habla de la tensión competitiva de los franceses, empeñados en tirar triple tras triple para compensar sus carencias interiores. El truco les funcionó cinco minutos. No hubo más. Cada vez que se ponían a una distancia de siete u ocho puntos, el balón llegaba a Pau Gasol o Juan Carlos Navarro y se acabó la revolución. Pareció fácil, eso lo dice todo. Igual que en 2009, España quedó campeona de Europa ganando sus tres cruces por una diferencia mayor de 10 puntos.

El MVP

Nadie duda que Pau Gasol es el mejor jugador de la historia del baloncesto español. No solo eso: probablemente haya sido también el mejor jugador de este Europeo, pero el premio se lo llevó su compañero de quinta Juan Carlos Navarro. No se puede decir que no se lo mereciera. Aunque Pau fue el pan y la mantequilla del juego español —el único partido perdido coincidió con su lesión en el tobillo—, el campeonato de Navarro hizo justicia a una trayectoria deportiva espectacular: campeón de todo con el Barcelona y con la selección, solo pinchó en la NBA y por puro aburrimiento: pasar los mejores años de su carrera en Memphis viendo a Rudy Gay tirar suspensiones y perdiendo 50 partidos por temporada no podía resultarle demasiado atractivo. Su actuación en cuartos, semifinales y final fue demoledora, decisiva, a la altura de los mejores escoltas europeos de todos los tiempos y pongan aquí el nombre que quieran.

Si Gasol era la gota malaya que erosionaba a los rivales, Navarro era la dinamita que los hacía saltar por los aires: triples en carrera, a pie cambiado, penetraciones imposibles, tiros tras bloqueo recibiendo casi de espaldas… la exhibición ofensiva de Navarro en estos tres partidos finales compensan su espantosa final de 2007 ante Rusia y el constante segundo plano que no le ha quedado más remedio que asumir ante los triunfos y el dominio de Pau.

Navarro necesitaba ese reconocimiento y que fuera público y notorio. Necesitaba un trofeo, vaya. Doce veranos consecutivos con la selección, siete medallas y tres campeonatos: dos de Europa y uno del mundo. Un jugador diferente, especial, uno más de nuestros bajitos locos que andan desquiciando el deporte mundial, muy bien acompañado por Marc Gasol, quien por fin dio ese paso adelante que tanto le reclamábamos y el intermitente pero siempre intenso Rudy Fernández.

Sergio Scariolo

Para la historia quedarán sus dos victorias, las dos primeras de España en un Europeo. No deja de ser irónico tratándose del seleccionador más cuestionado desde los últimos tiempos de Díaz-Miguel. Hay algo errático en Scariolo cuando dirige a la selección. Como un hombre que no supiera posar en la foto y siempre le pillaran cerrando los ojos, con el paso cambiado o con una sonrisa demasiado forzada en la boca.

Igual que sucediera en Polonia 2009 y Turquía 2010, el equipo, por momentos, pareció descontrolado, tanto en defensa como en ataque. Había una orden algo vaga y de sentido común consistente en meter balones a los pivots, pero poco más. Entre los episodios realmente extraños de estas tres semanas contamos dos muy llamativos: ese último cuarto ante Turquía en el que España no solo fue incapaz de meter más de dos puntos en diez minutos sino que cada jugador decidió hacer la guerra por su cuenta, olvidando cualquier tipo de consideración táctica, y los últimos ocho minutos contra Alemania en defensa, en los que Ricky Rubio pasó mal los bloqueos hasta once veces consecutivas sin ninguna reacción desde el banquillo.

Incluso Iturriaga se lanzó a la crítica tras la enésima penetración de Schaffartzik sin que nadie acudiera a la ayuda.

Dejar a Carlos Suárez fuera del equipo fue un error. Un error cruel porque se trataba del tercer año consecutivo para el de Aranjuez. Como no le dejaron llevarse 14 jugadores decidió llevarse 11, algo ridículo. Probablemente, Claver no esté al nivel de sus compañeros o eso han demostrado los tres campeonatos consecutivos que lleva viendo desde el banquillo. Queda la sensación de que nunca lo sabremos. Scariolo no le hace ningún favor llevándole todos los veranos para luego dejarlo sin participar más que en el último minuto de los partidos sentenciados.

Su dirección táctica a menudo dio la sensación de entorpecer más que de ayudar aunque en realidad se limitó a no existir. Durante todo el campeonato —y esto también pasó hace dos años— dio la sensación de estar ante un equipo autogestionado, con sus ventajas y sus inconvenientes. Algo parecido a lo que era Estados Unidos en la época del Dream Team: jugadores maravillosos, ráfagas de gran juego, presión durante unos minutillos… y a ganar a base de talento. A favor del técnico italiano hay que decir que su política de rotación en los cruces, ciñéndose a 8 ó 9 jugadores se demostró acertada. Todos estuvieron centrados y preparados, sin grandes estancias en el banquillo. Aparte de eso, poco. También es cierto que un equipo así, tan unido desde hace tantos años, probablemente sea imposible de entrenar.

Macedonia, el nuevo Super Depor

Hubo un tiempo en España en el que todos decíamos que nuestro segundo equipo era el Deportivo de la Coruña, aquel pequeño club de un rincón de la península que se empeñaba en plantarle guerra año tras año a Real Madrid y Barcelona. Aquel “Súper Depor” fue algo más que un equipo revelación que pasaba de moda a las diez jornadas… y lo mismo se puede decir de Macedonia, junto a Rusia el equipo que mejor jugó al baloncesto colectivo del torneo, con el añadido de que Macedonia no tenía ni a Kirilenko, ni a Mozgov ni a Khryapa ni a ninguna estrella de la NBA. Solo tenía un buen grupo de jugadores veteranos y rocosos y un pequeño mago llamado Bo McCallebb que jugó un campeonato de dibujos animados.

Con su pequeña estrella —no llega al 1,80— subiendo el balón lentamente, con su aire desolado, cansino, melancólico… para de repente cruzarlo entre las piernas dos veces, cambiarlo de mano y anotar en una penetración imposible, Macedonia se cargó a Lituania en cuartos y fue competitiva ante España en semifinales. Desde luego, más de lo que lo sería Francia en la final. En el partido por la medalla de bronce cayó ante Rusia por una cuestión de cansancio y peso específico, pero siempre dio gusto ver jugar a ese equipo pegajoso, como el ciclista que no suelta nunca la rueda y en cualquier momento lanza un ataque pestoso.

El triple de Illievski que dejó fuera a la anfitriona quedará sin duda como la gran canasta del campeonato. Ver a jugadores como el imposible Chekovski, con sus dos metros de ancho y dos de alto o el hiper-tatuado Antic remitía a alguna de esas películas americanas de los 70 tipo “El gran castañazo”. Oficio, oficio y oficio. Fíjense en los nombres de las selecciones que quedaron fuera de la lucha por las medallas y admiren el trabajo de estos jornaleros de la antigua Yugoslavia.

Las estrellas sin brillo

Cuando Serbia llegó a la pasada final del Eurobasket, llegó como favorita. No hay que olvidar eso. Había arrollado a España en el primer partido de la competición y su juventud hacía pensar en un dominio parecido al que mantuvieron en la segunda mitad de los noventa, con Teodosic, Tepic, Keselj, Bjelica, Velickovic, Krstic… un montón de jugadores que apenas superaban los 20 años y rebosaban talento.

Dos años después, apenas han podido llegar a cuartos de final y ahí fueron superados claramente por la Rusia del gran Kirilenko, un jugador descomunal.

No fue Serbia la única gran decepción. El fracaso alemán podía preverse pero no la escasa aportación de Dirk Nowitzki, reciente MVP de las finales de la NBA. Incluso Chris Kaman rayó a mayor altura. Peor lo tuvieron Turkoglu e Ilyasova en Turquía, eliminada en la segunda fase pese a la citada victoria contra España. Grecia cumplió: se clasificó para el pre-olímpico pese a contar con las ausencias de Papaloukas, Diamantidis, Spanoulis y Schortsianitis entre otros.

Con todo, probablemente la gran decepción fuera Italia. Su grupo era muy complicado, de acuerdo, pero una selección con Bargnani, Belinelli y Gallinari debería aspirar a algo más que una victoria en seis partidos. La crisis italiana va ya para doce años, desde que los Carlton Myers, Andrea Meneghin, Gregor Fucka y compañía vencieran precisamente a España en la final del Eurobasket de 1999. Se hace raro, la verdad.

Caser necesita un nuevo actor

Ya se sabe que el deporte en España sigue unas constantes: los jugadores despotrican del entrenador, el entrenador del árbitro, la prensa de entrenador, árbitro y jugadores… y el aficionado pone a caer de un burro a los cuatro anteriores y a la televisión que retransmita el campeonato o partido en cuestión.

No nos vamos a alejar del tópico ni un centímetro. Seis años de La Sexta empiezan a ser muchos años, con esas agotadoras giras de pretemporada en las que ya se prueban los anuncios con los que nos machacarán durante semanas y semanas… ese “este partido es la leche” para anunciar a una central lechera, ese Marc Gasol aturdido, medio mareado, dando vueltas en bucle en su coqueto loft pidiendo a Caser que le arregle una gotera, o el hombre que consigue gracias a su móvil arreglar un desayuno de aniversario moviendo sillas, mesas, flores y bandejas llenas de comida sin que su mujer se despierte.

Podría llegar a odiar la retransmisión del Eurobasket solo por convertir el It must be love de Madness en una pesadilla.

Aparte, los recortes de Mediapro se notaron. Aunque no lo llegaran a admitir nunca, la retransmisión hasta los cuartos de final se hizo en un estudio de Madrid. Iturriaga no se ahorró ninguna broma al respecto ante la evidente incomodidad de Mel Otero. Solo en las eliminatorias consiguieron que La Sexta pagara el desplazamiento de los comentaristas a Kaunas, a costa de dejar a Trecet en tierra e incorporar a Epi. Que Epi lleve casi quince años comentando partidos de baloncesto resulta un misterio, he renunciado a intentar entenderlo.

Trecet, como Scariolo, tiene sus seguidores y detractores. Creo que podría encuadrarme en las dos categorías: a veces sus aires de superioridad o su histrionismo me desesperan, aparte de ese misterio vacuo con el que pretende envolver cada comentario… pero por otro lado reconozco que me hace pensar, aunque solo sea para contradecirle. El resto de los comentaristas no llegaron a eso, salvo algún chiste de Iturriaga, un tipo llamado a caer bien y que por fin se soltó con alguna crítica. A favor: nos ahorramos las batallitas. Seis años han bastado para que se les agotaran.