Terror de culto, el musical

Escena de The Rocky Horror Picture Show. Imagen 20th Century Fox.
Escena de The Rocky Horror Picture Show. Imagen: 20th Century Fox.

Les voy a ser franco: este artículo va a tratar sobre musicales. Sin anestesia, sin vergüenza. Imagino que la primera frase ha provocado una brutal huida de lectores, por lo que nos hemos quedado un selecto grupo en el que estarán los que saben apreciar bien este género y los escépticos que están decepcionados con esa frase pero que siguen intrigados por el título. Esos que se han ido se perderán un artículo plagado de alienígenas travestis, cadáveres decapitados que bailan tangos, plantas asesinas que podrían grabar con la Motown o barberos que apuran al máximo sus navajas. Los que se hayan quedado encontrarán algunas de sus obras favoritas, bien porque ya lo sean o bien porque están a punto de convertirse a la fe del musical.

Porque en el género musical no todo es colorido, no todo es amor fantasioso, ni danzas bajo la lluvia. Tampoco es como Glee, que ha contribuido a asentar esa imagen pastelosa de los musicales. El musical tiene la ventaja de que se amolda —e incluso mejora— a otros géneros, como la comedia, el drama épico o las aventuras. De hecho, es habitual la inclusión en algunas de las mejores series de un capítulo musical en alguna de sus temporadas y que este acabe siendo de los más alabados por crítica y público. Cuando digo que mejora todos los géneros, lo macabro, lo bizarro e incluso el terror gore no se libran. Y si no me creen, pasen y vean. Eso sí, no se olviden el chubasquero y eviten llevar prendas blancas. Me lo agradecerán.

Son varias las obras que entran en la categoría y aquí vamos a mencionar algunas de las más significativas. Pero el foco principal será para tres musicales antológicos que deberían haber visto (aunque les digan que deberían verlos) o, al menos, escuchado una vez en la vida. Y lo más probable es que lo hayan hecho, aunque no lo sepan aún.

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Empezaremos con la más antigua de las tres. Si hablamos de cine de culto, esta película tiene un puesto fijo en esa categoría. Tan fijo que entraría a trabajar media hora más tarde y se iría a desayunar durante dos horas a los diez minutos de llegar. Porque, aunque no causó un impacto muy grande cuando se estrenó en 1975, si hoy hablamos de The Rocky Horror Picture Show, dos de cada tres personas visualizarán inmediatamente a Tim Curry travestido y la otra tarareará aquello de «Let’s do the Time Warp again!».

Que este musical entre en el grupo es debido, principalmente, a que su premisa es una auténtica chorrada. Brad y Janet (interpretados por Barry Bostwick y Susan Sarandon) son una joven pareja que sufre un pinchazo en medio de un bosque apartado, con una tormenta tremenda y sin un triste smartphone con el que tuitear un #perdidosenelbosque #LOL #SOS. Así que, en la búsqueda de algún refugio, gasolinera o cualquier lugar con teléfono, se topan con un enorme castillo. En mitad de la nada. Con una tromba bestial. Bien entrada la noche. Faltaba un letrero con luces de neón anunciando «Sitio peligroso». Pero, gracias a la falta de sensatez crónica de la juventud en las películas, deciden entrar a pedir ayuda. Lo que encontrarán allí, sin embargo, haría que esos muchachos no olvidasen esa noche… jamás.

The Rocky Horror Picture Show (en adelante, Rocky Horror), está basado en un musical que se estrenó en Londres, en 1973, escrito por Richard O’Brien, quien participa también activamente en la película: escribió el guion y además interpreta a Riff Raff, uno de los personajes más carismáticos de la obra. El espíritu de este musical era el de rendir homenaje a las películas de ciencia ficción de la serie B, como se puede constatar en la canción que abre el musical, «Science Fiction/Double Feature»:

La letra tiene referencias a películas míticas de la ciencia ficción como Ultimátum a la Tierra, Flash Gordon o El Hombre Invisible, además de menciones a las dobles sesiones de películas de antaño, los rayos láser, las naves espaciales, etc., etc.

El espíritu de esas películas es lo que marca el tono en general de la obra y se puede constatar en varios detalles: el clásico narrador, un señor conocido como El Criminólogo, que cuenta las desventuras de los protagonistas desde su despacho, más o menos como Leonard Nimoy en Los Simpsons; el villano (antihéroe, mejor dicho) es un doctor chiflado que viene del espacio exterior y su experimento principal es la creación de un hombre a lo monstruo de Frankenstein; incluso está el clásico castillo gótico/laboratorio secreto. Todos los elementos de la película sirven para homenajear esa maravillosa serie B. Es más, Vincent Price, uno de los actores más célebres de las películas de ese estilo, disfrutó una barbaridad en el estreno de la obra cuando era un mero proyecto amateur.

Pero todas esas referencias, coincidencias o como se las quiera llamar, no habrían servido de nada en un musical si las canciones no acompañan. O’Brien había participado en producciones como Jesucristo Superstar o Hair, y la influencia de ambas se nota muchísimo en sus composiciones. La música de Rocky Horror está a medio camino entre la ópera rock y el pop rock, muy pegadiza y con todas las papeletas para entrar en el Olimpo de las más legendarias.

Todas las canciones brillan por sí mismas y son capaces de aportar más originalidad, si cabe, al desarrollo de la historia. No obstante, podríamos decir que el buque insignia de esta aventura es «The Time Warp». ¿Por qué? Es muy sencillo. Todo empieza con un salto a la izquierda. Y luego un paso a la derecha. Pones las manos en las caderas y a continuación, juntas las rodillas. Pero es el contoneo de la pelvis lo que vuelve a la gente loca. A los fans de la obra sí, al menos, que se pondrán a realizar todo ese proceso que acabo de describir desde sus asientos, la coreografía de la canción. Pero no detendrán ahí la interacción. Porque ir a estas representaciones tiene detrás toda una serie de rituales y requisitos que multiplican la diversión. Es indispensable ir, entre otras cosas, con periódicos, guantes de látex, confeti, pistolas de agua, linternas, matasuegras, arroz… Cada uno de los objetos que componen este kit de supervivencia se emplean en momentos concretos de la representación para meterse de lleno en ella. Como cuando la pareja va por el bosque bajo la lluvia y se cubren con periódicos, o el lanzamiento del arroz en una boda… Y la lista aumenta con todo lo que se le ocurra al público veterano o a los vírgenes que van por primera vez a estos espectáculos. También puede masturbarse en su casa, pero no es tan divertido estando solo. Sí, he dicho «masturbarse». Una movida muy grande. Así es como llaman los rockyliebers a los que nunca han visto el montaje, bien en el cine o bien en teatro y lo hacen desde la intimidad de su casa.

Y canciones aparte, la verdadera estrella de esta película es, sin lugar a dudas, el irrepetible doctor Frank N Furter, al que borda Curry. Es imposible no asociar al uno con el otro y viceversa. Derrocha carisma con cada movimiento, cada palabra… ¡si hasta su sex appeal está por los aires! ¡El del jodido Pennywise! Y esta canción es el mejor ejemplo.

Este doctor, vicioso, ambiguo, bisexual (o pansexual, pomosexual o cualquier término que sirva para definir al que se tira a todo lo que se mueve) y con aires de dramaqueen se encuentra enfrascado en la búsqueda del hombre perfecto para… uso personal (qué habrá de malo en ir al sex-shop más cercano) y, tras algún que otro experimento fallido (como el pobre Eddie, que acaba un poco… zombi), alcanzará su éxito con Rocky, un adonis de medio cerebro. Pero su ambición y su libido no terminan ahí. El doctor no descansará hasta despojar de toda moralidad a sus invitados y abrirles las piernas a todo un nuevo y excitante mundo de erotismo, desenfreno y perversión. Puro sexo, drogas y rock and roll, vaya.

El fenómeno Rocky Horror Picture Show llegó a nuestro país de la mano de Gil Carretero y Teddy Bautista en 1974, un año antes de que se estrenase Jesucristo Superstar. Las primeras funciones se realizaron en la discoteca Cerebro de Madrid. Tres años después llegó la versión en catalán, estrenada en el teatro Romea el 4 de marzo. Fue adaptada por Narcis Comadira y dirigida por Ventura Pons.

En todos los sitios el reclamo principal fue la perversión característica del show. No en vano, lo anunciaban como un musical «satírico y sexual». Aun así, la obra ha sufrido bastantes cambios en todos estos años, ya fuese traduciendo nombres, luchando contra las trabas del copyright o aliviando la alta carga sexual para poder llegar a públicos más amplios. Actualmente, para vivir la experiencia Rocky Horror,pueden asistir a las funciones (porque convierten la proyección de la película en auténticos espectáculos) que realizan Dramakuin o Producciones Don’t Dream It, los embajadores de Rocky Horror Picture Show en Madrid.

Cuidado con lo que deseas…

De una obra de culto a otra. De travestis del espacio exterior a plantas carnívoras del espacio exterior. Casi una década más tarde, en 1983 se estrenó en Broadway un musical ambientado en la pequeña floristería del barrio pobre de una gran ciudad. En esa tienda trabaja Seymour, un pardillo, un don nadie que de bueno que es, es tonto. Sin carisma, sin personalidad… Ni siquiera tiene agallas de plantar cara a la vida, como si no quisiera molestar a nadie. Mucho menos de declararse a la chica con la que trabaja y de la que está enamorado profundamente. Hasta que un día se encuentra con una extraña planta, muy pequeña y como muerta. Aunque Seymour hace todo lo posible por mantenerla con vida, ninguno de sus remedios parece hacer efecto. Ni el agua, ni la tierra, ni el sol consiguen nutrir a la recién llegada. Hasta que nuestro amigo descubre que la sangre humana sí que entra en su menú (ya lo dijo Drácula: ¡la sangre es la vida!). Pero ese no es el único descubrimiento de Seymour: mientras más alimenta a la planta y más crece, su suerte va cambiando, como si el universo le allanase el camino para que, por fin, su vida se encarrilase. Pero a un alto precio, claro. Porque el vegetal cada vez es más grande, y mientras más aumenta su tamaño, más lo hace su sed de sangre. Llega un punto en que no se conforma con gotas de sangre, sino con algo más jugoso.

Escena de La pequeña tienda de los horrores. Imagen: The Geffen Company / Warner Bros.
Escena de La pequeña tienda de los horrores. Imagen: The Geffen Company / Warner Bros.

La versión de Broadway se hizo extremadamente popular en el mundillo teatral. Su reducido casting y la «sencilla» composición propiciaron miles de versiones de grupos amateurs. El libreto lo firman Howard Ashman y Alan Menken, quien escribió la partitura. La música va en la línea del pop rock de los sesenta y de los primeros grandes éxitos de la Motown, con melodías pegadizas y fáciles de cantar. Canciones como «Dentist!» o «Da-Doo» son el mejor ejemplo para constatar esa fluidez de estilo. No se puede negar que tienen mucha frescura y dinamismo. Esas características, además de las divertidas e ingeniosas letras, contribuyeron a la popularización de la obra.

Tres años después de su estreno, el maestro de las marionetas Frank Oz (el hombre que da vida a personajes tan célebres como Yoda, la Cerdita Peggy, el Monstruo de las Galletas o Blas, entre otros) se encargó de rodar la adaptación cinematográfica de este musical que a su vez se basa en una película de los años sesenta. Su reparto está encabezado por Rick Moranis, el pánfilo ideal. Lástima que dejase su carrera de forma prematura. La evolución de su Seymour es magnífica, y posee una magnífica voz. Ellen Greene, que ya actuó en la versión teatral, es el contrapunto ideal. La actriz da vida a Audrey, la chica que trabaja con Seymour. Juntos interpretan la balada «Suddenly Seymour», que es la representación musical del triunfo sobre la friendzone, además de una magnífica canción. Por supuesto, Levi Stubbs, el cantante de Four Tops que presta su voz a la planta, Audrey II. En ella nos tenemos que centrar, por ser la atracción principal de la historia y por ser una marioneta absolutamente espectacular. Desde la pequeña y moribunda macetita del principio a la monstruosa carnívora del final. Más de una veintena de operarios se necesitaron para animar a Audrey II durante todas las fases de su crecimiento. En cuanto al personaje en sí, Stubbs dota de una personalidad fantástica a la carnívora, muy aguda y con un sentido del humor bastante peculiar.

Aunque no podemos olvidar los dos grandes cameos del film: Steve Martin como un dentista sádico que, para mi gusto, es uno de los platos fuertes de la película; y un hilarante Bill Murray, que tiene un pequeño papel de masoquista.

Aunque la versión teatralizada siempre será mejor —tiene muchas más canciones—, esta película es una pequeña joya con encanto. Depende de la versión que vean, incluso, puede ser el musical bizarro más amable que encontrarán. Y digo que depende de la versión porque hay dos finales: uno impuesto por el estudio, que exigía un final feliz donde el chico salvaba al mundo de la malvada planta y conseguía a la chica. Un caso parecido al de la película de Terry Gilliam Brasil. Afortunadamente está la versión del director, donde se puede ver el final original, en el que la chica y el chico son devorados por la planta, que comienza la colonización de la Tierra arrasando las grandes ciudades a lo Guerra de los Mundos.

A pesar de la popularidad de la obra, el estreno de la versión cinematográfica no causó un gran impacto. Al menos no tanto como las cintas de vídeo, que se vendían/alquilaban como panes. Y eso es un requisito indispensable si quieres que tu creación se considere «de culto».

En España, el montaje llegó primero en catalán, en 1987. La compañía Dagoll Dagom fue la que se encargó del montaje, protagonizado por Pep Antón Muñoz, Angels Gonyalons y el gran Constantino Romero como Audrey II. En el año 2000 se estrenó la versión en castellano protagonizada por Angel Llácer y Aurora Frías, con Carlos Lázaro como la planta alienígena.

Solo las puntas… Pero no tanto… ¡no tanto!

En nuestro viaje por el terror de culto hecho musical tenemos una parada obligatoria en la calle Fleet de Londres. Ese es el escenario de una de las obras más brutales, sangrientas, macabras y con un peculiar sentido del humor que podemos encontrar en los teatros y salas del mundo.

Cartel de Sweeney Todd.
Cartel de Sweeney Todd.

Estamos hablando de un musical que tiene como protagonista a un brutal asesino inglés. No es Jack el Destripador. Este hombre, además de ser más leyenda que realidad, gustaba de cortar un poco más arriba, a la altura de la nuez. Y no lo hacía con instrumentos quirúrgicos, sino con navajas de afeitar. Las víctimas eran sus clientes. Según la leyenda, fueron centenares los que murieron en la barbería de la calle Fleet, regentada por el diabólico Sweeney Todd. Y si nunca se sospechó de él fue porque tenía la estrategia perfecta: deshacerse de los cadáveres de sus víctimas convirtiéndolos en… pasteles de carne… que luego su vecina de abajo vendía… con gran éxito, llenando cada noche su local de caníbales involuntarios. Ahora las plantas carnívoras y los travestis con complejo de Frankenstein suenan más amigables, ¿no?

Sweeney Todd, The Demon Barber of Fleet Street es uno de los mejores musicales de toda la historia. Con todas las letras. Su autor es Stephen Sondheim, que es junto a Andrew Lloyd Webber el mejor compositor de teatro musical, una garantía más que suficiente. La historia del barbero, a lo largo de los años, ha ido variando según quién la cuente. Sondheim se quedó con la que convierte al bueno de Benjamin Barker en el terrorífico Todd por culpa de un juez corrupto que, al enamorarse de la esposa del barbero, lo acusó de un crimen que no cometió y lo encerró en la peor de las cárceles donde, evidentemente, no estuvo muy a gusto, perdió toda bondad y la sustituyó por la ira, el rencor y la venganza como proyecto de vida. Así que, quince años después, al regresar a Londres, se pone manos a la obra aliándose con su vecina de abajo, la mentalmente inestable Mrs. Lovett, que tiene una tienda de pasteles de carne de menos una estrella Michelín, porque la carne está muy cara… y los recortes… y que a los autónomos nos tratan mal. Juntos ponen en marcha un plan en el que ambos salen ganando: él se convierte en un barbero de renombre por cuyas manos acabará pasando tarde o temprano el cuello del odiado juez; y mientras, con aquellos a los que nadie echará de menos, aprovechará para conseguir carne fresca para los pasteles. WIN WIN.

Su estreno fue en Broadway en 1979. Un año más tarde llegó al West End londinense. En ambos sitios se convirtió en un éxito rotundo e inmediato, cosechando grandes críticas y numerosísimos premios. De hecho, aún sigue representándose en teatros de todo el mundo. Lo que hace grande a este musical no es el festival de muerte y autodestrucción, ni el canibalismo encubierto, sino, una vez más, lo poderosa que es su música. Capaz de reconfortarte e incomodarte inmediatamente en la misma canción, hacer que la tensión de la propia escena crezca exponencialmente… También tiene la presencia de un poco de humor negro, sutil, pero verdaderamente efectivo. Las canciones y matanzas se van sucediendo en un escenario giratorio que alterna la barbería con la tienda de pasteles de carne.

En 2007, Tim Burton dirigió una versión con un auténtico repartazo encabezado por, cómo no, Johnny Depp y Helena Bonham Carter, a quienes acompañaban un Sacha Baron Cohen interpretando al primo italiano de Borat y Alan Rickman como el malvado juez. Esta película se encuentra entre las salvables que el estrambótico director perpetró a lo largo de la primera década del milenio. Aunque no es una obra maestra, es capaz de trasladar de forma decente el espíritu de la obra teatral a la pantalla, pero con los necesarios sacrificios: el pueblo no ejerce de coro, muchas escenas y personajes que cambian su orden de aparición o que desaparecen directamente… De hecho, es mucho más oscura que la versión teatralizada. No obstante, todos estos cambios se compensan porque es capaz de explotar el punto fuerte de la obra, su música, que suena de forma sublime. Para muestra, los créditos de apertura.

Además, los actores están de dulce. Depp recibió su segunda nominación merecida al Óscar (la otra es, evidentemente, por Jack Sparrow) con su interpretación de Todd y la señora de Burton aún no había perdido su talento. Y por los secundarios, Baron Cohen demuestra que es más que un cómico cafre, mientras que Alan Rickman es soberbio y punto.

En España tuvimos que esperar hasta 1995 para que llegase, y el responsable fue Mario Gas, casi una verdadera eminencia en cuanto a Stephen Sondheim en nuestro país (hace dos años arrasó en los Premios MAX de Teatro con Follies, de hecho).

Primero se estrenó una versión en catalán protagonizada, una vez más, por Constantino Romero y Vicky Peña, quien repetiría en la versión castellana. A Constantino Romero lo sustituyó Joan Crosas. Las versiones de Gas fueron tan buenas que el mismísimo Sondheim vino a verlo.

Cuerpos decapitados bailando tangos y terroríficamente muertos con ritmo

Este artículo finaliza con un par de musicales que, en sí, no han generado un impacto mundial, generacional o como quieran llamarlo, pero que están basadas en dos clásicos del cine de terror de serie B: Re-Animator y Evil Dead.

Imagen Cortesía de Re Animator The Musical.
Imagen: Cortesía de Re-Animator The Musical.

Sí, como lo leen. Hay un musical de la lovecraftiana película de zombis y otro de la película de terror en la cabaña del bosque por excelencia. Y son una maravillosa genialidad táctica que respetan a la perfección la esencia de las películas que adaptan.

Re-Animator fue la película que adaptó el célebre relato de H. P. Lovecraft Herbert West, Reanimador, que narraba los siniestros experimentos del tal West, un estudiante de medicina con complejo de Dios o complejo de Frankenstein (cuánto daño hiciste, Mary Shelly) cuyo trabajo no se centra en buscar curas contra enfermedades mortales o formas de mejorar la calidad de vida, sino de devolver la vida. Con catastróficos resultados, claro. Stuart Gordon llevó ese relato a la gran pantalla modernizándolo y dotándolo de muchas dosis de sangre, cadáveres, toneladas de humor negro y un personaje retorcido, el mejor papel que ha interpretado jamás Jeffrey Combs junto con el agente del FBI de Agárrame esos fantasmas. Sí, esta película también dio pie a muchas secuelas tan desastrosas que no hay letras en el abecedario para calificar la serie en la que entrarían (una de ellas es española, con Elsa Pataky y Santiago Segura, nada menos), pero tampoco nos vamos a poner tiquismiquis ahora.

Gordon no dirigió esas secuelas, pero sí se encargó de adaptar la versión musicalizada de la primera película. El resultado fue una de esas obras hechas para los fans incondicionales de la cinta, esos que se conocen cada minúsculo detalle y no ocultan su emoción al ver los paralelismos entre ambas versiones. Pero, sobre todo, que disfrutan al máximo la gran interacción que la teatralización ofrece. No en vano, hay entradas especiales para aquellos que quieran bañarse en sangre.

Y de zombis reanimados pasamos a zombis poseídos. Evil Dead, Posesión infernal, Terroríficamente muertos o cualquiera de los títulos por los que se conozca la ópera prima de Sam Raimi se convirtió en una comedia musical en el año 2003, como resultado de unos talleres de interpretación en Canadá.

Evil Dead, al igual que todas las comentadas en este artículo, tiene una legión de fans que ha ido cosechando a lo largo de los años, especialmente a raíz de la comercialización de sus cintas de vídeo. Como Re-Animator, tiene dos secuelas (mejores, eso sí; de hecho, la segunda parte supera muchísimo a la primera) que siguen con la historia de su carismático protagonista, Ash, y su lucha contra los demonios y el encasillamiento del actor que le da vida, Bruce Campbell (solo ganó una de las dos batallas: los cameos en las películas de Spiderman, por muy graciosos que sean, no son suficiente).

El musical comenzó a rodarse con el visto bueno de Raimi y Campbell, convirtiéndose en un grandísimo éxito. El New York Times llegó a considerarla como el nuevo Rocky Horror, incluso. Una vez más, revivir un clásico del terror (¡si hasta han metido al célebre reno, por favor!) con la posibilidad de ponerte perdido de rojo atrajo a las audiencias que, además, encontrarían unas canciones delirantes, como la ya mítica «What The Fuck Was That?».

Tuvo tanto éxito que incluso se estrenó una versión en España protagonizada por Pablo Puyol.

Anda. Para que luego digan que el género musical es un petardo para pijos.


¿Cuál es el extraterrestre más feo?

Basta que alguien se ausente en una reunión para que nos surja la imperiosa necesidad de despellejarlo, no puede haber tema de conversación más reconfortante. Lo que nos lleva a pensar de qué hablarán entonces los demás cuando es uno el que se va, quién sabe. Pero si ese efecto se produce solamente con salir de una habitación, qué no pasará cuando el aludido está a miles de años luz de distancia. Así que el cercano día en que los alienígenas vengan a visitarnos no nos exterminarán para robar nuestros recursos naturales, no, sino por puro rencor viendo la manera que hemos tenido de retratarlos durante todo este tiempo, a cada cual más feo y aborrecible. Llega a tal punto el ensañamiento con su aspecto que no sabemos ni por cuál decidirnos, así que aquí les presentamos una breve selección para que sean ustedes quienes elijan. Si es que no se nos puede dejar solos.

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El bebé lagarto de V

Imagen: Kenneth Johnson Productions / Warner Bros. Television.

No podría haber mayor tropiezo como que viniera algún experto en la materia, por ejemplo Giorgio A. Tsoukalos y nos dijera que la encuesta está bien, pero le faltan aliens. Lamentablemente todos no pueden entrar, pero al menos que no falten los genuinos de color verde y que además viven infiltrados entre nosotros, tal como mostró esta añorada serie de los ochenta, quién sabe si basada en hechos reales. Aquí vemos a uno rabiosamente feo y malencarado desde el momento mismo de su nacimiento, una estremecedora escena que quedó grabada en nuestras mentes.

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La guerra de los mundos (1953)

Imagen: Paramount Pictures.

Si un marciano te mira con esa cara… ¿Se alegra de verte? ¿Tiene pesambre? ¿Es una mirada irónica ante algún embarazoso malentendido? ¿O tal vez está mostrando un leve gesto de melancolía ante la fugacidad de la juventud y los días de esplendor en la hierba? Vete a saber, la imagen podría estar del revés y no nos daríamos cuenta. Incluso podría decirse que no es la cara precisamente, que en ese momento estaba expulsando una canica mal digerida y alguien se ha acercado desvergonzadamente por detrás a hacer la foto del inoportuno momento. No hay que descartar opciones. Lo poco que sabemos de él es lo que se cuenta en la adaptación que se hizo en 1953 del clásico de H. G. Wells La guerra de los mundos.

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Kuato, de Desafío Total (1990)

Imagen: Carolco Pictures / Columbia TriStar.

Aunque alojada en el pecho de un cuerpo humano, Kuato es una horrible criatura mutante de Marte dotada de poderes telepáticos sobrenaturales. También se parece mucho a cierto expresidente autonómico con una capacidad igualmente sobrenatural para el ahorro. Nos quedamos con la versión marciana, desde luego, y también con la película original de Desafío Total en la que aparece, la buena.

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Invasion of the Saucer-Men

saucer
Imagen: Malibu Productions / AIP / Columbia TriStar.

Los marcianitos hipercerebrados y malévolos de Mars Attacks! son una versión actualizada de los que veíamos en Regreso a la Tierra y de estos. Esa mirada torva y reptiliana es horrenda, sí, aunque al menos hay que reconocerles el buen gusto al secuestrar a personas jóvenes y atractivas con escasa ropa. No como los de ahora, capaces de introducir sus sondas anales en cualquier hortelano cincuentón de brazos peludos y barriga desbordada.

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El hombre del planeta X

Imagen: Mid Century Film Productions / United Artists.

Este hombre tiene cara de haber sido subinspector de hacienda en su planeta. La resignación se ha adherido a su rostro después de años y años soportando atascos para ir y volver del trabajo, noches en vela por vecinos ruidosos y una esposa que le regala ropa interior por su cumpleaños. Hasta que un día manda todo a la mierda y dice «¡Me largo al planeta Tierra!». Si quieren saber qué pasa entonces, la película está disponible en Youtube con subtítulos en castellano.

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Distrito 9

Imagen: TriStar Pictures / Block Hanson / WingNut Films.

No es que le haya pasado la rueda de un camión por encima de la cara, es que todos los de su especie son así. Este cruce entre un insecto gigante y un langostino adicto a la comida para gatos era uno de los protagonistas de Distrito 9. Una película que con el fin de denunciar el Apartheid comparaba a los negros sudafricanos con feos bichos alienígenas que vienen a parasitar la sociedad humana. Un enfoque curioso, por decirlo así. Según tenemos entendido, el próximo proyecto del director será un alegato contra el antisemitismo: tratará de unos vampiros que por la noche se alimentan de la sangre de niños cristianos y por el día permanecen ocultos en sinagogas y bancos.

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Mi amigo Mac

Imagen: Orion Pictures.

Esta película partió de un error de base que le impidió, de lejos, igualar el éxito de E.T. No puedes esperar que el público simpatice con una criatura a la que cualquier persona normal lo único que puede desear es aplicarle un lanzallamas hasta vaciar el depósito. Esta especie de furby famélico y sin pelo que estaba presente mientras su amigo tomaba conciencia de la adolescencia podía volverse a su planeta sin que el espectador sintiera la menor congoja e incluso respirando aliviado. Pues va el cabrón y se queda.

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Yautja, de Predator

Imagen: Amercent Films / Silver Pictures / Twentieth Century Fox.

Pese a su corpulencia y sus greñas de rastafari, estamos ante un alienígena muy poco agraciado. De hecho iba siempre a cuestas con un dispositivo de invisibilidad, el pobre no debía llevar bien lo de su aspecto. En dos de los spin-offs que protagonizó se enfrentaba a una bestia de la que ya hablamos aquí y que no nos parece adecuado incluir en esta lista dada la singular belleza y armonía de su diseño por Giger.

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It Conquered the World

Imagen: Sunset Productions.

Este film de Roger Corman es uno de los grandes clásicos del cine de ciencia-ficción de los años cincuenta. Como era habitual en las producciones de la época el monstruo —que en este caso viene de Venus pone su mejor voluntad en ser feroz y aterrador, pero más bien parece salido de una prueba de Humor Amarillo o Grand Prix del Verano.

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Audrey II, de La tienda de los horrores

Imagen: Geffen Company / Warner Bros.

Remake de otra película de Corman, en la que el protagonista está enamorado de su compañera de trabajo, Audrey, así que decide ponerle ese nombre a la pequeña planta carnívora que ha comprado durante un eclipse solar, como vemos en esta escena sencillamente maravillosa. Pero comienza a crecer, a hablar y a desarrollar un voraz apetito. No es el tipo de planta que conviene poner en el balcón, no vaya a comerse a una vecina en un descuido.

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La banda de la cantina, de La guerra de las galaxias

Imagen: Lucasfilm / Disney.

Esta cantina que reúne a lo más selecto de la galaxia bien podría completar por sí sola una lista como la que nos traemos entre manos. Pero alguno hay que elegir, así que nos quedamos con los integrantes de la banda de jizz Figrin D’an and the Modal Nodes, unos humanoides de la raza bith, originaria del planeta Clak’dor VII, que si triunfaron en el mundo del espectáculo no fue por su cara bonita.

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Space: 1999

Imagen: Group 3 / Incorporated Television Company / RAI.

Esta serie de ciencia-ficción de los años setenta fue la de mayor presupuesto rodada hasta entonces en Gran Bretaña, así que imagínense cómo serían las demás. Hay fiestas en colegios con trajes más elaborados que este. Pero fíjense además en la interpretación a cargo del actor, qué manera tan desganada de moverse, ese monstruo extraterrestre parece que estuviera buscando las llaves de casa.

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Jeriba «Jerry» Shigan, de Enemigo mío

Imagen: Twentieth Century Fox / Kings Road Entertainment / SLM / Bavaria Film.

Tras interpretar al estricto sargento de Oficial y caballero, Louis Gossett Jr. Se puso esta máscara encima para dar vida a un antipático extraterrestre que poco a poco va abriendo su corazón en este remake de Infierno en el Pacífico. Puede entenderse también como un bonito manifiesto contra la xenofobia, por extraño o amenazante que pueda parecernos alguien llegado de fuera, si nos acercamos a él y nos molestamos en conocerle veremos que no es tan distinto y tarde o temprano terminará poniendo un huevo o expeliendo una larva por partenogénesis.

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Ballchinian, de Hombres de negro II

Imagen: Columbia / Amblin Entertainment / MacDonald-Parkes Productions / Sony.

La trilogía de Hombres de negro nos desveló como nunca se había hecho antes la más completa relación de todas las criaturas extraterrestres que habitan entre nosotros de forma más o menos disimulada. Algunos han logrado integrarse con éxito y pasan casi desapercibidos: pocos pasatiempos hay más entretenidos que hacer listas de personalidades de la política, el espectáculo y los deportes que sospechamos vienen de otro planeta. Pero a otros, como los Ballchinian, se les nota bastante en cuanto se quitan el pañuelo (su prenda característica, ya saben qué ocultan con ella quienes llevan un palestino).

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Cuéntame otra historia: los finales alternativos más curiosos

Blade Runner p

Es muy conocida la historia de las desavenencias durante la postproducción de Blade Runner: el presupuesto se infló y Ridley Scott fue echado a patadas (aunque posteriormente recontratado) por los productores Jerry Perenchio y Bud Yorkin, un par de personajes que se encargarían de tomar toda decisión durante el proceso de edición.

Dichos caballeros proyectarían la película a un par de audiencias para luego encontrarse con un público muy descontento que ni se sentía cómodo con el tono ni entendía la mitad de lo que estaba ocurriendo. La solución absurda de los productores fue añadir un narrador a la historia, el propio Harrison Ford en su papel de Richard Deckard. Pero mientras el director (a quien la idea de añadir una nueva voz le parecía útil e interesante) quería que el narrador añadiese carne a la historia con divagaciones filosóficas varias, aquel demonio bicéfalo de Perenchio-Yorkin decidió utilizar la voz en off para explicar en cada momento lo que estaba pasando en la pantalla, dejando claro que para los productores el público potencial y un bloque de hormigón tenían una capacidad de comprensión bastante similar.

La rumorología dice que el odio de Ford a la idea de hacer de narrador es el culpable de que el hombre grabara todo el texto con ese tonillo repelente y anestesiado de I don’t give a fuck combinado con un énfasis nivel «me están apuntando con una pistola», algo que el hombre se ha esmerado en desmentir más de una vez. Para después aparecer en el documental Dangerous Days: Making Blade Runner asegurando que lo que más molesto de Blade runner no fue el infernal rodaje o las peleas con Scott, sino el que le obligasen a recitar «un texto escrito por payasos».

La otra violación al trabajo ajeno llegó a la hora de toquetear el cierre: Ridley Scott quería un punto y seguido gris y la productora clavó un punto y final verde. La aventura de Deckard finalizaba en la mente del director con una puerta de ascensor cerrándose y un desenlace incierto, pero aquello era demasiado deprimente y los productores se encargaron de insertar una escena que sobrevolaba bosques rescatados de metraje sobrante de El resplandor, y una concesión al final feliz que se saltaba con pértiga la norma sentenciada por la historia: Rachael de repente y sin explicación alguna no tenía fecha de caducidad y los dos personajes se las veían felices conduciendo hacía un bufé libre de perdices. Dicha escena también tenía una voz en off que, efectivamente, leía un texto que parecía haber sido escrito por payasos.

Ese epílogo era desastroso en comparación con la cámara temblorosa y la actitud de Deckard en el final más certero, aquel que incluía al icónico unicornio, aquel que permitía a los personajes seguir viviendo su historia en la cabeza de un espectador que con el telón ya bajado se preguntaba qué sería de ellos y cuánto tendría de máquina el antihéroe de la fábula.

No es extraño que una película se muestre indecisa llegado el final. Directores, estudios y productores han decidido muchas veces experimentar con la forma de poner el lazo de cierre. Cuando los DVD aterrizaron en los salones se empezó a descubrir este metraje perdido en armarios repletos de esqueletos de finales que nunca fueron.

Con peor o mejor pulso lo importante es que esos epílogos contaban otra historia.

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efectomariposa

Suicidio prenatal – El efecto mariposa (2004)

El efecto mariposa como película cojeaba demasiado y basaba su fuerza en un final que se las daba de potente, pero el conjunto navegaba al nivel de un Twilight Zone normalillo.

Lo curioso del asunto es que existe metraje de varios desenlaces posibles que no se utilizaron:

Uno de ellos era una variante de la escena que cerraba el film: mientras suena el Stop crying your heart out de Oasis los personajes de Kutcher y Amy Smart se cruzan por casualidad y el primero aprovecha para invitar a la chavala a un café.

Otro dejaba la puerta abierta: la misma escena, pero ninguno de los protagonistas entabla contacto con el otro, en su lugar se nos ofrecía a un Evan en modo stalker.

Y ahora, atención:

En el tercer final alternativo el protagonista viaja en el tiempo hasta el momento de su nacimiento, y una vez dentro del vientre de su madre se suicida estrangulándose a sí mismo con su propio cordón umbilical, antes incluso de llegar a este mundo.

El director’s cut de El efecto mariposa, ese poema a la vida. Con pelotas de adamantio.

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lajungla3

Malvado McClaneJungla de Cristal. La venganza (1995)

John McClane localiza a un escurridizo Simon Gruber, aprovecha para devolverle el paquete de aspirinas y ambos se ponen a hablar de cómo les trata la vida. Pero es evidente que no ha ido hasta allí solo por la cháchara y pronto propone jugar a un entretenimiento que combina acertijos clásicos (McClane says… se regodea el héroe) con el sutil estilo McClane: jugar a la ruleta rusa con un bazooka.

Desgraciadamente el estudio acabó oponiéndose a esta secuencia por considerar que oscurecía demasiado la figura del héroe.

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t2

Michael JacksonTerminator 2 (1991)

Dramatización.

Un anónimo se encuentra a James Cameron sentado en la mesa de montaje vistiendo una camiseta con la portada del Bad de Jacko. El director está dando palmitas y comenta con ilusión lo bien que le ha quedado el epílogo de su epopeya de robots. Entonces apaga las luces y enciende el proyector:

Vemos un colorido futuro donde la moda ha llevado a la población a tomarse ciertas libertades que deberían ser penadas en sociedades civilizadas. Varios niños juegan en un parque, adivinamos a Linda Hamilton bajo medio kilo de maquillaje recitando la historia acontecida tras su encuentro con el terminator:

… Nada ocurrió. Michael Jackson cumplió los 40. El día del juicio nunca llegó…

El anónimo acompañante pone una mano sobre el hombro de Cameron y le mira a los ojos:

Déjalo James, déjalo.

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acorralado

Bang!Acorralado (1982)

La primera versión de la película pretendía dejar el asunto bien cerrado con una bala como herramienta y el cuerpo inerte de Rambo como plano final. Una pena, nos hubiese evitado las secuelas.

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latienda

Plantageddon – La tienda de los horrores (1986)

Remake basado en el musical de La pequeña tienda de los horrores low cost de Roger Corman. O una obra que lo tiene todo: a Rick Moranis, a una planta carnívora (de constitución 100% marioneta), con la voz de Levi Stubbs, a un dentista sádico interpretado por Steve Martin, a Jim Henson de titiritero y un repertorio musical espectacular. Pero su desenlace no parecía estar a la altura: durante el enfrentamiento final el brazo de Seymour resurgía de entre escombros cable pelado en mano y electrocutaba al enemigo. Fin.

En realidad ese no era el final planeado, en la versión teatral la planta se zampaba a la humanidad y tanto Frank Oz (director) como Howard Ashman (escritor) querían mantenerse fieles a dicho desenlace, pese a que el productor (David Geffen) no estaba por pintarlo todo tan negro. Oz siguió adelante con lo suyo, construyó varias maquetas para que Audrey II hiciese un rato el Godzilla, rodó esa versión apocalíptica por todo lo alto y cuando alguien decidió comprobar la factura descubrió que esos últimos 23 minutos de película habían fundido cinco millones de dólares. En la versión inicial fallecía la chica (Audrey), Seymour era devorado durante el cara a planta y el resto de la humanidad rellenaba el estómago vegetal. Se realizaron pases de prensa y en ellos comprobaron que el público disfrutaba con la obra hasta que, cuando los dos protagonistas la palmaban, el espectador se convertía en un hater de los gordos. Como consecuencia de los tests se desechó el material, se volvió a rodar todo el tramo final, sustituyendo a los actores que no se encontraban disponibles (James Belushi sustituyó a Paul Dooley y una actriz anónima hizo lo mismo con una de las chicas del coro), y con el añadido de un nuevo happy ending todo el estudio quedó un poco más contento. En la medida en que podía estar contento alguien después de haber tirado cinco millones de dólares a una hoguera en un contenedor.

De aquel final original se conservó por los pelos un legado, una copia en blanco y negro bastante trastocada que se editó en DVD fugazmente durante un par de días, porque el productor pensó que sería mejor retirar los DVD, arreglar el material, estrenarlo en cines y rellenar la cartera. En realidad no se vería una copia restaurada hasta 2012 con el director’s cut en Blu-ray.

Oz concluiría: «Aprendí una lección: en una obra de teatro tú matas a los protagonistas y ellos al final de la misma salen a saludar. En una película no reaparecen para saludar, están muertos».

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elexorcista

Dos hombres adultos van al cine en parejaEl exorcista (1973)

No tiene especial chicha, y es un añadido que ya aparecía en el libro de William Peter Blatty, pero lo curioso es cómo aquí nos están haciendo un «Louis, presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad» en toda regla.

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eldiablo

¿That’s it?¿No explosions, no hellfire, no Eirrghzz? – El diablo metió la mano (1999)

Un adolescente con la mano poseída por el demonio y dedicada por completo a un desmadre infernal es algo que tampoco es ninguna novedad para todo aquel que haya tenido cierta curiosidad durante su pubertad, pero que servía como base para el fiestorro de El diablo metió la mano. Revival de la comedia de terror ochentera con maquillaje de látex, chorros de líquidos viscosos, zombis adictos a los burritos, mala baba, Jessica Alba antes de ser patrimonio de la humanidad, una revisión de la buhardilla del cantante de The Offspring y en general un humor mongólico y una superficialidad tan encantadora como sus referentes de videoclub.

En el montaje que llegó a las salas la amputada mano psicópata era derrotada con puñal y chispazo mientras uno de los personajes se quejaba de aquel epílogo tan soso y poco espectacular. Lo cierto es que el final original tenía algo más de gracia al aportar una piscina conectada con el mismo infierno y una hostia sin agua.

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infiernoenelpacifico

Arreglar un desastreInfierno en el Pacífico (1968)

En todo el metraje de Infierno en el Pacífico solo aparecen dos personajes: Lee Marvin y Toshirô Mifune, un piloto norteamericano y un capitán de la marina japonesa que durante la Segunda Guerra Mundial acaban atrapados el uno junto al otro en una pequeña isla del Pacífico.

La gracia de la película se encuentra en su osadía: en su estreno en cines la cinta venía sin subtítulos para el personaje de Mifune, quien como buen japonés tiene por costumbre hablar en japonés, logrando que el espectador sintiera la incómoda sensación de no entender un carajo del diálogo del capitán, al igual que le ocurría al americano del film.

La desgracia de la película es que Infierno en el Pacífico poseía el que puede ser con facilidad el peor final de la historia: en mitad de una escena una explosión eliminaba a los dos protagonistas de golpe, sin avisar ni hostias y nos endosaba un lapidario The end. Más lamentable resultaba incluso el descubrir que aquella secuencia explosiva estaba robada del metraje de otra película de la Metro-Goldwyn-Mayer: El guateque de Blake Edwards, y más concretamente de este momento con Peter Sellers decidiendo con poco ojo dónde encontrar apoyo. Resulta que algún gerifalte del estudio decidió que el final original (enlazado en la cabecera de esta entrada, que tampoco es especialmente fabuloso pero al menos no recurre a la chapuza) no transmitía todo lo que era necesario y lo sustituyó inexplicablemente por el petardazo gordo.

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brazil

El amor todo lo puedeBrazil (1985)

De los devenires, gracias y desgracias de Terry Gilliam y su Brazil ya hablamos por aquí muy largo y muy tendido. Resumiendo, un caso muy similar al de Blade runner, con un final que se intentó imponer y que no cuadraba en absoluto con el tono de la obra y sobre todo con la visión trágica de Gilliam de cómo pintar el punto y final. Fue popular y muy jocosamente rebautizado como el desenlace love conquers all.

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lastortugas

Viñetas y tontadas Tortugas ninja (1990):

Las Tortugas ninja son los 90 condensados en muñequitos verdes de plástico articulado. Un cruce absurdo de conceptos que nacía de tebeos y concedía adaptarse al cine aceptando leyes del señor «Todos los públicos» (en el papel, las desventuras de las tortugas resultaban mucho más bestias).

Ya posados en la edad adulta, revisitar esa primera aparición de los caparazones nos produce varias revelaciones curiosas: el no tener muy claro por qué la mente del niño recordaba los combates bastante más dinámicos, espectaculares y, sobre todo, más ninja. El toparnos con un final más extendido que incluye una referencia al mundo del cómic y a las tortugas colgadas de las esquinas de una ventana. Y por último, descubrir en la versión en castellano que ese «¡De puta madre!» triunfal de la última escena (que tienes clarísimo que has escuchado en aquella sala de cine) ha sido víctima de un nuevo doblaje políticamente correcto que lo ha sustituido por un «¡Cowabunga!» más fiel al original, pero menos a tu infancia.

Y entonces te sientes estafado.

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srsrasmith

Pistolas de jugueteSeñor y señora Smith (2005)

Era ligeramente simpática la idea de insinuar una misión en lo que al final resulta ser la típica vida familiar de un par de espías. Un guiño que además incluye una muñeca con una bala (de ventosa) entre las cejas. No llegó a utilizarse porque es mejor no jugar a retratar niños armados, aunque sea con juguetes.

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abyss

Aliens «Modafuckas» provocandoAbyss (1989)

En la versión que llegó al cine los alienígenas de Abyss no tenían mala fe y en cambio sí demostraban mucha curiosidad por la raza humana. En el material descartado descubriríamos que los extraterrestres, tras pasarse sus buenas tardes cotilleando nuestra televisión, habían llegado a la conclusión de que lo mejor que podían hacer con la raza humana era acojonarla con amagos de tsunamis gigantescos. Y finalmente se les quitaba la tontería por un SMS ñoño que había enviado Ed Harris.

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clerks

Cerrado por defunciónClerks (1994)

Randall retira el cartel de «Os aseguramos que está abierto» y desaparece de escena. Poco después una persona entra en la tienda, dispara al dependiente y roba el dinero de la caja. El cuerpo de Dante queda tendido en el suelo y la historia se funde a negro, ruedan los créditos. Cuando estos acaban volvemos a la tienda, otro cliente ha entrado y al no ver a nadie decide robar tabaco. Ese cliente es el propio director, Kevin Smith, y cuando alguien le pregunta por qué se le había ocurrido inicialmente matar a uno de los protagonistas de su ópera prima contesta del siguiente modo: encogiendo los hombros, poniendo cara de Silencioso Bob y alegando: «Es que no sé cómo acabar una película».

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El chiste sin gracia – Cuestión de pelotas (2001)

Cuestión de pelotas (la del 2004 con Ben Stiller, no aquella del 2007 con Billy Bob Thorton) era una comedia socarrona que seguía las aventuras de un equipo de balón prisionero formado por acabados. Y en el DVD aparecería tímidamente un final alternativo que hubiese cerrado la película de manera amarga, con el equipo protagonista perdiendo el partido y yéndose con pena y sin gloria. Pero al mismo tiempo de manera tremendamente graciosa: el objeto de la broma hubiese sido el propio espectador que esperaba el final victorioso y se quedaba con cara de mosaico. Se extendió el rumor de que aquel era un final descartado que no funcionó en los primeros pases, pero los más informados asegurarían (con IMDb en la mano) que de eso nada, que el propio final alternativo nunca fue planeado como algo más que un trolleo a modo de chiste para el DVD.

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Jugar a doblesScott Pilgrim contra el mundo (2010)

¿Y si Scott hubiese acabado ennoviado con Knives en lugar de con su Ramona Flowers? Pues no cuadraría mucho con la historia ni de la película, ni de los tebeos. Pero por lo menos tenemos claro que Edgar Wright tendría maña para rodarla.

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París vs. Predator Alien: resurrection (1997)

Pese a ser muy fan de Jean-Pierre Jeunet (incluso de Amelie, porque hay que ser muy hombre para reconocer que te encanta esa película) encuentro serias dificultades para justificar Alien: resurrection más allá de unos primeros minutos con la ambientación particular del director tanteando la saga del xenomorfo. Tampoco arreglará nada esta versión del final, con Sigourney Weaver y Winona Ryder contemplando cómo los franceses parecen haberse marchado a la francesa. Pero resulta curiosa de ver.

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eljuegodelasospecha

El final misteriosoEl juego de la sospecha (1985)

El juego de la sospecha me resultó más graciosa que al resto del universo porque me pilló desprevenido: me topé con ella de rebote en televisión sin saber que era una película basada en el juego Cluedo, y la estupefacción ante tanta referencia de nombres y objetos a un juego de tablero nublaron todo criterio. Como ponerse a ver un thriller policial y descubrir que todos los sospechosos de la historia son caras del ¿Quién es quién?

El caso es que para sembrar incertidumbre, hacerse los interesantes y lograr publicidad los creadores de la película enviaron a los cines copias con distintos finales (hasta un total de tres) y distintos asesinos. En las tripas de internet se encuentra alojado uno de ellos, aquel en el que el asesino resulta ser…

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titanic

That really sucks, lady!Titanic (1997)

Es difícil agarrar por algún lado esta otra variante del final de Titanic: tenemos a una tripulación preocupada por el destino del colgante, moralina de bote, a Bill Paxton poniendo caras, a un hombre tan maleducado como para gritarle desplantes a una adorable ancianita, y a Bill Paxton riendo como un loco y tirando la caña. Buf.

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thelma

Sin botón de pausaThelma y Louise (1991)

Thelma y Louise están ancladas en la memoria cinematográfica en un plano pausado, volando eternamente sobre la música de Hans Zimmer. Y podría no haber sido así, podrían haber caído por aquel cañón y después, simbólicamente, porque la gente no suele andar para mucha fiesta después de despeñarse en coche desde alturas terroríficas, encaminarse libres hacia el horizonte al ritmo del You better not look down de BB King.

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soyleyenda

CGI con corazón – Soy leyenda (2007)

Soy leyenda no estaba exenta de momentos interesantes, pero se venía abajo por la presencia de unos enemigos que por su naturaleza de FX por ordenador solo podrían cantar más si fuesen caracterizados como una tuna universitaria. El final oficial se alejaba de la novela y sacrificaba al protagonista para salvar a los demás, pero la otra versión que rueda por ahí humanizaba a las criaturas malvadas, se acercaba al libro original, convertía al personaje de Will Smith en el malo e incluía el Art attack de una mariposa sobre vidrio a cargo de un vampiro.

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ejercito

La siestaEl ejército de las tinieblas (1992)

Oficialmente las aventuras de Ash terminaron con su vuelta al trabajo de dependiente en el S-Mart y las ocasionales pausas para rellenar de plomo carne diabólica.

Pero Sam Raimi también se encargó de producir otro cierre para su trilogía Evil dead que se regodeaba en la torpeza del personaje. Ash obtenía una pócima mágica cuya ingesta racionada le permitiría dormir durante generaciones hasta alcanzar de nuevo la época a la que pertenece, pero tras enterrarse en una gruta, y prepararlo todo para la larga siesta, se equivocaba al suministrar la dosis y acaba despertando en un futuro postapocalíptico con pinta de vertedero.

Dependiendo del país y la edición era posible encontrar diferentes versiones de El ejército de las tinieblas (además del final, algunas añadían escenas eliminadas). Pero la palma se la llevaba un VHS alemán que en lugar de decantarse por uno de los dos desenlaces cometía la insolencia de remezclarlos y situar a uno como un sueño producido durante el otro.

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elreyleon

La barbacoa – El rey león (1994)

Nos situamos: estamos en un Scar vs. Simba, pelea final. Rugido, zarpazo, rugido, pelea, confesión de Scar, alegre salto con mortal y villano león colgando de un acantilado y suplicando al héroe que no le deje morir. Pero aquellos ruegos solo son una artimaña; Simba es engañado y arrojado al fuego, Scar se alza triunfal y en su celebración las llamaradas le frien las carnes. Resultado: un Simba vivo, pero churruscado.

Nunca llegó a pasar del storyboard, ni siquiera está animado, pero esto bien enfocado podía haber dado para al menos un poco de trauma infantil.

Nota: Paranormal activity y sus tres finales distintos no han entrado en la lista porque Paranormal activity no es una película, es un documental sobre una puerta.