La ruta del ajedrez (y II)

ruta del ajedrez
DP.

(Viene de la primera parte)

Probablemente no exista ninguna otra nación en el planeta con tantos lugares sagrados para el ajedrez como España, lugares con una significación histórica que —si nuestras autoridades alguna vez hubiesen sido medianamente competentes en lo cultural— deberían haber sido promocionados hasta la saciedad. Aprovecharemos la ocasión y trataremos de hacer un recorrido por algunos de esos lugares históricos y seguimos trazando, a grandes rasgos, el mapa del ajedrez en España.

Valencia: Fue en la capital del Turia donde hacia 1495 Francesch Vicent publicó un tratado —escrito en valenciano— y titulado Llibre dels jochs partits dels schacs en nombre de 100 (cuya traducción sería «Libro de juegos y partidas de ajedrez, en número de 100». Francesch Vicent proponía diversas modificaciones, como la del antiguo patrón de movimiento del alfil. Pero sobre todo introducía la sustitución de una antigua pieza de poca movilidad, la alferza, por la nueva y mucho más poderosa figura de la reina. Este libro es, pues, el primero donde se muestra el movimiento de la dama, ahora la más fuerte y decisiva del tablero —fue bautizada como «reina» en honor de Isabel I de Castilla—, marcando el hito histórico del nacimiento del ajedrez moderno. Durante mucho tiempo se desconoció que este origen había tenido lugar en Valencia y se atribuía el invento a franceses o italianos, pero la aparición de tratados de la época ha documentado que los valencianos pueden (o podemos) decir orgullosos que nuestra ciudad fue el lugar donde se empezaron a practicar els escacs tal y como se siguen jugando hoy en día. Pero no acaba ahí el asunto; también en Valencia se publicó la primera partida de ajedrez moderno jamás registrada. Fue en otro libro escrito en valenciano y titulado Scachs d’amor, del literato Bernat de Fenollar. Sus versos narraban la ocasión en que dos caballeros de la ciudad de Valencia, Franci de Castelví y Narcis Vinyoles, juegan una partida de ajedrez mientras se enzarzan en un debate sobre las mujeres, comparando la guerra de las sesenta y cuatro casillas con la dulce guerra del amor. Cada estrofa del texto lleva por título una jugada concreta de la partida que tiene lugar entre ambos, de modo que al final del poema se ha podido seguir perfectamente todo el juego. Un ejemplo: las primeras jugadas estaban descritas así por los títulos de los primeros párrafos:

Lo Peó del Rey va en la quarta casa (El peón de rey blanco avanza a la cuarta casilla).

Lo Peó de la Dama a la quarta casa (El peón de dama negro avanza a la cuarta casilla).

Lo Peó del Rey pren lo Peó de la Dama (El peón de rey blanco captura al peón de dama negro).

La Dama, a la quarta casa sua, pren lo Peo que li havia pres lo seu (La dama negra avanza a la cuarta casilla y captura al peón blanco que había capturado al suyo).

Lo Cavall de la Reyna va a la tercera casa de l’Orfil, tirant ves la Dama (El caballo de dama blanco va a la casilla tercera del alfil y amenaza a la dama negra).

La Dama se’n torna a son loch (La dama negra vuelve a su lugar).

L’Orfil del Rey va a la quarta casa davant l’Orfil de la Reyna (El alfil de rey blanco va a la cuarta casilla de la columna del alfil de dama).

Juga Cavall de Rey a la tercera de Orfil (El caballo de rey negro va a la tercera casilla del alfil).

Es decir, se estaba jugando lo que mucho más tarde se bautizó como «defensa escandinava» (que bien podría haberse llamado «defensa valenciana»). Así pues, nos hallamos ante la primera transcripción documentada de una partida de ajedrez moderno, que ya incluye el movimiento de dama introducido muy poco antes por Francesch Vicent. Como decía el maestro internacional e historiador ajedrecístico Ricardo Calvo, la «manera de jugar valenciana» se expandió rápidamente por la Corona de Aragón —incluyendo los territorios italianos— gracias al reciente invento de la imprenta, llevando las nuevas y definitivas reglas al resto de Europa.

Zafra: Uno de los nombres más conocidos para cualquier estudioso o aficionado del ajedrez es el de un extremeño del siglo XVI llamado Ruy López de Segura. Nacido en Zafra, Ruy López creó una apertura que está entre las más básicas incluso de la teoría ajedrecística moderna y que hoy en día sigue utilizándose incluso al máximo nivel de la competición. Hablamos de la «apertura española» o sencillamente «apertura Ruy López». Por lo que sabemos de alguna crónica de la época, ya desde su infancia dio que hablar Ruy López de Segura por su talento ajedrecístico (siendo también, por tanto, uno de los más antiguos niños prodigio conocidos, si acaso no el primero). Hacia 1560 estaba considerado el mejor ajedrecista de Europa —y por tanto del planeta— hasta el punto de que los libros de historia del ajedrez suelen considerarlo como el primer «campeón mundial» extraoficial. El jugador nacido en Zafra fue pues la primera gran estrella del ajedrez mundial y miles de jugadores siguen practicando los mismos movimientos que él inventó y popularizó en su tratado Libro de la invención liberal y arte del juego del ajedrez, uno de los manuales básicos en la evolución de los escaques, donde introducía conceptos como la «captura al paso». Por lo demás, Zafra bien merece una visita por su conjunto monumental —con el Alcázar a la cabeza, o la Colegiata de La Candelaria y sus retablos firmados por nada menos que Zurbarán y Churriguera— y por su precioso casco histórico. Cómo no, recientemente se ha celebrado allí el Festival Internacional de Ajedrez Ruy López. 

Salamanca: Aparte de Ruy López de Segura, el otro gran ajedrecista y teórico de su tiempo fue el también español Luis Ramírez de Lucena. Estudió en la Universidad de Salamanca y en dicha ciudad publicó un tratado que recogía el «ajedrez de dama» creado por el valenciano Francesch Vicent, pero unificando por primera vez todas las reglas modernas en un único tratado (ya que algunas de esas reglas estaban todavía dispersas en diferentes escritos). Titulado Repetición de amores y arte en ajedrez con 150 juegos de partido, es el tratado de ajedrez más antiguo en recoger completo el reglamento básico actual. Lucena discutía conceptos y tácticas como el enroque, el fianchetto y varias aperturas que en ocasiones se atribuyeron después (y erróneamente) a ajedrecistas posteriores, generalmente de fuera de España. Por si fuera poco, Salamanca es la cuna de uno de los mejores ajedrecistas españoles, el citado gran maestro Arturo Pomar.

Linares: Otro ejemplo de que en España la historia del ajedrez está ligada a poblaciones con un tremendo encanto histórico y monumental. Linares bien merece una visita por sus propios méritos estéticos y culturales, pero la aportación de la ciudad al ajedrez contemporáneo es sencillamente enorme. Allí se celebra desde 1978 el Torneo Internacional Ciudad de Linares, que podemos considerar el más importante torneo de cuantos se celebran en el mundo, dejando aparte las distintas fases del Campeonato Mundial. De hecho, la génesis de esta competición es un perfecto ejemplo de la importancia de la iniciativa privada para el ajedrez español. Fue un amante del ajedrez —el empresario Luis Rentero— quien lo fundó, aunque después alcanzó una repercusión tal que las autoridades (por fortuna) decidieron garantizar su permanencia. El Torneo de Linares es, pues, el mayor acontecimiento del mundillo después de la lucha por la corona. Buena muestra de ello es que la edición de 1994 se considera aún hoy el torneo más fuerte jamás celebrado, el primero en la historia del ajedrez que alcanzó la inédita categoría XVIII debido a la fuerza de los jugadores presentes… no por nada se suele hablar del Torneo de Linares como «el Wimbledon del ajedrez».

Gijón: Algunos de los primeros torneos verdaderamente relevantes celebrados en España tuvieron lugar en Barcelona y Madrid, pero durante los años 40 y 50 el torneo de la ciudad asturiana alcanzó una relevante categoría y celebró diversas ediciones de relumbrón con la presencia de campeones mundiales como Alexander Alekhine o Max Euwe.

Palma de Mallorca: La ciudad balear alcanzó su máximo esplendor ajedrecístico durante los 60 y los 70 con un torneo en el que participaron grandes maestros de primera fila y que tuvo en su registro de vencedores nombres como Bent Larsen o Viktor Korchnoi. Pero el verdadero gran hito en la relación entre Palma y el ajedrez fue el Torneo Interzonal de 1970, ganado de forma aplastante por un Bobby Fischer que comenzaba su astronómico ascenso hacia la corona mundial y que estaba ya dando muestras de un dominio aplastante (en aquel torneo tuvo una racha de siete victorias consecutivas).

Las Palmas: Otra ciudad insular que necesita poca presentación y que lógicamente posee más que suficientes atractivos para que el ajedrez no sea la única excusa, pero que además ha celebrado un torneo en cuyo palmarés han inscrito su nombre figuras tan importantes como Kaspárov, Timman o Ljubojevic

Dos Hermanas: El Torneo Magistral de la localidad sevillana es otro evento de importancia en el que han participado varios campeones mundiales —Kárpov, Kramnik, Anand, Topalov— y que también tiene un palmarés de auténtico privilegio.

Bilbao: Desde el año 2008 es la sede del importantísimo Masters Final que enfrenta a los vencedores en los más importantes torneos del año, los del Grand Slam del ajedrez (el de Linares está entre ellos). Así pues, en Bilbao han participado los más grandes nombres de la actualidad, incluyendo campeones mundiales: Magnus Carlssen, Viswanathan Anand, Vladimir Kramnik, Levon Aronian, Vaselin Topalov… en fin, un evento ajedrecístico de primerísima magnitud.

Madrid: La ciudad tiene un larguísímo historial de torneos nacionales e internacionales. Durante décadas ha albergado importantes eventos en los que han inscrito su nombre como ganadores jugadores de la talla de Alekhine, Keres o Kárpov. Durante los 90 alcanzó especial esplendor el Torneo Magistral de Madrid, al que acudieron grandísimos nombres como el mencionado Kárpov, Kramnik, Korchnoi o la húngara Judit Polgar.

Barcelona: Otra ciudad con un largo historial de torneos, destacando algunos de especial magnitud durante los años 20 (con la presencia del gran Capablanca, por ejemplo) y 30, o durante los 80. Por centrarnos en años más recientes ha destacado el Torneo Magistral Casino de Barcelona, en cuyo palmarés figuran Vassily Ivanchuk o el estadounidense Hikaru Nakamura. Pero, lógicamente, la lista de torneos de todo tipo y tamaño celebrados en la Ciudad Condal es larga.

San Sebastián: En la ciudad vasca se celebró en 1911 un torneo que está considerado uno de los más importantes de todos los tiempos, al cual acudieron quince de los mejores maestros del mundo en aquel momento, incluyendo al genio cubano José Raúl Capablanca, que por entonces contaba con veintidós años y se impuso ante casi toda la élite mundial (Rubinstein, Tarrasch, Vidmar, Nimzowitsch). San Sebastián fue la entrada por la puerta grande del futuro campeón mundial y absoluto dominador, imbatido durante varios años. 

Montilla: Durante los años 70 alcanzó el culmen el torneo local, donde compitieron en la localidad cordobesa algunos de los ajedrecistas más importantes de la época como el campeón mundial Kárpov, el excampeón Spassky, Polugaevsky o Gligoric. Por lo demás, otra ciudad que vuelve a demostrar que, en España, el ajedrez y las poblaciones con una bella arquitectura y un legado monumental suelen ir de la mano.

Hay muchos otros lugares que podríamos citar en los que se celebran o se han celebrado torneos relevantes, pero por motivos de espacio los dejaremos fuera (desde ya, pido perdón por ello). Algunas de estas localidades siguen albergando grandes torneos; otras dejaron de hacerlo por falta de apoyo financiero. Con todo, esta es una buena muestra de la enorme cantidad de lugares históricos para el ajedrez que existen en España; de hecho, una ruta ajedrecística completa cubriría prácticamente la totalidad del país. Este es un legado en el que no se suele hacer hincapié, pero realmente es un motivo de orgullo el que tantos momentos importantes del fascinante universo de las sesenta y cuatro casillas hayan tenido lugar en nuestras tierras, en pueblos y ciudades que —por si fuera poco— resultan suficientemente atractivas por sí mismas como para merecer más de una visita, pero que podemos mirar con otros ojos si las visitamos durante un torneo o si nos interesamos por su legado ajedrecístico. 


Mapa de las aficiones del fútbol español

Fotografía: Alberto Varela (CC)
Fotografía: Alberto Varela (CC)

Vivimos en un país de aficionados al fútbol. Para sospecharlo basta con mirar un telediario o asomarse a Twitter una tarde de partido, pero además tenemos datos que la confirman: según las encuestas del CIS, a la mitad de los españoles le interesa este deporte. Los datos también confirman la impresión generalizada de que la mayoría de simpatizantes lo son del Real Madrid (38%) o del FC Barcelona (25%) y que el resto de aficiones —las del Atlético (6%), Valencia, Athletic o Betis (3%)— son minoritarias a nivel nacional. Esas estadísticas nos dan la foto general, y es verdad que son las cifras que mueven el dinero y gobiernan las audiencias televisivas, pero no reflejan el duelo que se libra en cada ciudad y cada pueblo.

Porque, ¿cómo se distribuyen las aficiones a lo largo y ancho del país? Esa es la pregunta que hacemos hoy. Queremos averiguar (¡por fin!) si hay más culés que madridistas en Valencia, si las Castillas beben de la fuente central, o el nacionalismo (o la simple singularidad territorial) tiene efectos sobre qué equipos prefieren los ciudadanos. Vamos a ver que hay regiones monolíticas, como Lleida y Bizkaia, y otras divididas en tres contingentes, como Granada o Castellón. ¿Está justificada esa sensación de inferioridad numérica que le asola cada lunes cuando llega la discusión futbolera? ¿Es Ud. uno de tantos entre sus vecinos o puede sentirse una excepción?

(En las provincias que faltan, desgraciadamente, la muestra de la encuesta del CIS era demasiado pequeña para concluir nada, lo sentimos)

1. Los favoritos en cada provincia

El mapa siguiente muestra qué equipo de fútbol tiene más aficionados en cada provincia. Los datos, como todos los que veremos, provienen de la encuesta que realizó el CIS en junio pasado.

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Las muchas Españas del fútbol. Aunque el Real Madrid es capaz de dominar en la mayoría de territorios del centro y sur de la península, en las provincias del norte, en Valencia y en Sevilla las mayorías se alinean con otros equipos. El Barcelona domina Catalunya y la provincia de León (!), mientras que el resto de regiones optan por sus escuadras locales: Valladolid, Deportivo, Sporting, Osasuna, Athletic, etc. Las provincias de La Rioja, Albacete y Baleares, por su lado, tienen el corazón dividido entre los dos grandes. Más tarde, hacía el final de este artículo, discutiremos sobre las posibles causas de esta distribución, pero de momento permítannos que sigamos indagando.

2. El madridismo y el barcelonismo por provincias

Los dos mapas que siguen muestran el porcentaje de aficionados que tienen el Real Madrid y el Barcelona.

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(Este mapa puede verse con más detalle en un mapa interactivo en CartoDB. Ahí se incluyen también los márgenes de error, que son significativos en las provincias donde la muestra de la encuesta es más pequeña. Al final del artículo hay una tabla con los principales datos desglosados).

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(Este mapa puede verse con más detalle en el mapa interactivo).

Madrid vs. Barça, ¿sur contra norte y centro contra periferia? En España el Real Madrid es el equipo con más aficionados (33%), seguido a una distancia nada despreciable del FC Barcelona (24%) y con el resto mucho más atrás. Este madridismo se concentra en el centro de la península ibérica… así como en Lugo y Ourense, donde seguramente se nota la falta de un equipo local fuerte. Pero en general, el tercio norte parece ser mal sitio para la escuadra blanca. Por su parte, el Barça, el segundo club más querido del país, tiene sus plazas más fuertes, aparte de en Catalunya, en una especie de donut que rodea el centro peninsular. Esta distribución en centro y periferia es bastante clara, aunque hay varias provincias que escapan del patrón: el norte es poco barcelonista, Tarragona es más madridista de lo que cabría esperar y Ourense justo lo contrario.

Esta distribución se observa aún mejor si ponemos frente a frente la potencia de arrastre de los dos equipos más seguidos de España, donde puede apreciarse cómo efectivamente la ventaja del Madrid respecto al Barça se difumina conforme uno se aleja del centro y del sur del país.

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(Este mapa puede verse con más detalle en el mapa interactivo.)

3. Ni del FC Barcelona ni del Real Madrid: los terceros equipos

El último mapa refleja el porcentaje de las aficiones del tercer equipo, diferente de Barcelona y Real Madrid, con más aficionados en cada provincia. De esa manera estaremos viendo la fuerza de esos «otros equipos» en cada una de las regiones.

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(Este mapa puede verse con más detalle en el mapa interactivo).

Lo primero que verán es que en la mayoría de provincias los terceros equipos son más bien minoritarios (no superan el 20% de aficionados), pero que hay un buen número de excepciones. Los equipos de Asturias, Cantabria, Valladolid y Pontevedra se mueven entre el 30%  y el 50% de seguidores, seguidos de aquellos de Sevilla, La Coruña, Valencia y Zaragoza, que superan el 50% y consiguen ser mayoritarios. Un tercer grupo lo forman la Real Sociedad, el Osasuna y el Athletic que superan el 70% y son casi monolíticos en Gipuzkoa, Navarra, y Bizkaia, respectivamente.

El porqué de esta distribución de aficionados

Hemos visto que el Real Madrid domina en la mayoría de territorios del centro y sur de la península, que el Barcelona es mayoritario en Catalunya y está muy presente en toda la periferia, mientras que son otros equipos los que dominan en Valencia, Sevilla, Zaragoza y la mayor parte del norte (sobre todo en Galicia, País Vasco y Navarra). Pero, ¿qué puede explicar esta distribución de aficionados? ¿Por qué en algunas provincias son tan fuertes los equipo locales mientras que en otras todo el mundo apoya a Real Madrid y Barcelona?

Pues bien, además del «factor norte», un elemento que parece ayudar a tener una afición local numerosa es contar con una gran ciudad en la provincia: con la excepción de Málaga, en todas las provincias donde se ubican las ciudades más pobladas domina siempre un equipo local (ocurre en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao y Zaragoza). No es extraño. Una gran ciudad sirve para coordinar aficionados en número suficiente y alimentar así un equipo competitivo, capaz de mantenerse en primera y hasta competir por títulos de vez en cuando. Un equipo, en definitiva, capaz de proporcionar emoción, ilusiones y espectáculo de primer nivel. Donde eso no es posible, o no ocurre, la gente elige seguir al Real Madrid o al FC Barcelona.

Tampoco cabe despreciar que un mayor sentimiento de pertenencia, de singularidad cultural o nacional, tenga su reflejo en las afinidades futbolísticas y acabe atado al balompié. La tierra pesa, pero parece que no pesa lo mismo en todas partes. Un tercer elemento, aunque seguramente menor, pueden ser los flujos migratorios:las provincias con más habitantes llegados de otras tendrán sus fidelidades más repartidas —quizás eso explica porque el Real Madrid y el Barça dominan Toledo y Lleida más incluso que las propias Madrid y Barcelona.

En todo esto hay, por supuesto, un efecto de retroalimentación y de «dependencia histórica» más que evidente: conforme un equipo tiene más aficionados —por la razón que sea—, consigue más recursos y construye equipos más competitivos, gana partidos, lucha por títulos y da más espectáculo, y de esa forma consigue reclutar más aficionados; aficionados que le servirán para conseguir más recursos nuevamente, y así sucesivamente. Esa realimentación nos aporta otro factor para explicar nuestro mapa: la antigüedad de los equipos. Si una ciudad tuvo pronto su primer equipo de fútbol, esos equipos pioneros tuvieron tiempo de crearse una afición antes de que los dos grandes dominasen, y ese impulso inicial pudo bastar para consolidarlos como equipos con una cierta base social y por tanto competitivos.

En definitiva, es posible elucubrar durante infinitos cafés y amontonar montañas de cascos de cerveza sin saber exactamente por qué las simpatías futbolísticas se han distribuido como lo han hecho. Por suerte es una cuestión que importa poco. Lo cierto es que una miríada de factores, unos obvios y otros inimaginables han interaccionado e interaccionan de forma incierta y presumiblemente complicada, pero el resultado es conocido: todas esas fuerzas agitadas, miles de personas inculcando equipo a sus hijos, niños en el colegio observando camisetas y balones de cuero, ojos emocionados que ven ganar a un equipo, o casi ganar, o perder y estar satisfechos… todas esos sucesos diminutos se amontonan y configuran un escenario conocido: los mapas que acabamos de dibujar.

 

Apéndice. Tabla con los datos principales desglosados (también pueden consultarse en el mapa interactivo al que ya nos hemos referido antes).

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