Librerías con encanto: Palas

Llevan cuarenta años en el mismo sitio, el número 51 de la calle Asunción, en el muy atípico y no siempre bien ponderado barrio de Los Remedios de Sevilla. Son en efecto una librería de barrio, y así les gusta que se les considere. Son a su vez una de las pocas librerías de fondo no viejo que quedan en la ciudad, siendo quizás esta pequeña resistencia su principal atractivo. ¿Cómo es posible que en esas cuatro paredes quepan tantos libros? Detrás de este interrogante se encuentra la familia Lazo Contreras. La librería Palas es también, por tanto, un negocio familiar regentado en la actualidad por los hermanos Amparo y José Lazo, con quienes nos reunimos para charlar y conocer mejor su historia y de paso para celebrar con ellos su insólito aniversario.

La librería Palas se funda en 1980. Vuestra historia es, por encima de todo, una de resistencia. ¿Por qué creéis que habéis durado tanto tiempo en el mismo sitio? 

Amparo: Eso mismo me he estado yo preguntando estos días [risas]. Y creo que he llegado a la conclusión de que si hemos durado tanto tiempo es porque al menos durante los primeros veinte o treinta años de vida de la librería nunca consideramos que teníamos un negocio entre las manos, más que nada porque nuestro modelo de librería, el que era entonces y el que queremos que sea, una librería de fondo, es algo poco rentable de por sí. Te confieso que ha habido años en que no nos hemos preocupado ni de llevar contabilidad. No vivíamos de esto, al menos hasta hace diez años, que es cuando nos dimos cuenta de que para poder hacerlo había que reorganizar un poco el funcionamiento del negocio. Gracias a ese bagaje un tanto inconsciente durante los primeros veinte o treinta años, creo que aprendimos a tomar las riendas de la librería como negocio con otra vocación. 

José: Lo que cuenta Amparo es cierto, pero hay también otro aspecto muy importante: el local es nuestro, de nuestros padres, así que no hemos tenido que pagar nunca alquiler. Si no, hubiera sido imposible mantenernos cuarenta años con esa filosofía de vida, y menos en un barrio como este, en una calle tan comercial como es la calle Asunción. De hecho, ahora mismo, si tuviéramos que pagar un alquiler como los que se pagan en esta calle por un local como el que tenemos lo mismo tendríamos que cerrar.

Amparo: Sí, eso es de hecho lo que le ha pasado a muchas librerías en Sevilla. La mayoría de las que se mantienen desde los años ochenta lo hacen porque el local es suyo. Es el caso de Reguera, Yerma o en su día Céfiro, que cerró no porque el negocio no fuera bien sino por jubilación. 

¿Y no creéis que vuestra labor haya tenido nada que ver con el éxito de la librería?

Amparo: Bueno, sí, claro, algo habremos hecho bien nosotros [risas]. Pero, ya te digo, esa labor se habrá podido notar a partir de un momento muy concreto, hará unos diez años como mucho, cuando nos planteamos en serio que la librería tenía que ser un negocio rentable para dar de comer a unas familias. Hasta entonces fuimos aprendiendo como libreros a base de errores, de corregirlos obviamente, pero eran en todo caso errores que no nos obsesionaron, que no nos crearon ningún desgaste, de ahí que hayamos podido llegar hasta aquí, tantos años después, con más ganas que nunca.

Palas es un negocio familiar. ¿Había tradición libresca en la familia?

Amparo: No, en mi familia no había siquiera tradición como comerciantes. Bueno, mi abuelo por parte de madre sí que tuvo un negocio de tejidos desde los años cuarenta, Almacenes Contreras, pero esa era hasta entonces la única conexión familiar con el comercio. La librería la montó de hecho mi padre con la herencia que recibió del suyo. Cuando mi abuelo paterno murió, mi padre heredó unas tierras que vendió al poco y con el dinero que sacó quiso poner una librería básicamente para su uso y disfrute personal. Lo que quería mi padre era poder venirse aquí los fines de semana y tener a su disposición todas las novedades del momento, títulos que él veía no estaban en otras librerías. Su ideal era encerrarse aquí, bajar las persianas y encontrarse rodeado de libros sin que nadie lo molestase [risas]. Y por eso compró este local. Mi padre le puso el nombre a la librería y poco más. Él nunca trabajó en ella. Fueron mi madre y mi prima Gloria quienes se encargaron del negocio al principio. 

José: Al principio de todo sí que recuerdo que nuestro padre intervino en la primera selección de títulos que iban a formar parte del fondo de la librería. Lo recuerdo viendo los catálogos y haciendo esa selección, que en gran parte era de títulos difíciles de encontrar. Date cuenta de que estamos hablando de 1980. La oferta editorial que había entonces era mínima, sobre todo si la comparamos con la que hay ahora. Hablamos de un momento en el que muchos autores de renombre empezaban a ser publicados en España, como Sartre, por ejemplo. Mis padres ya habían viajado mucho y tenían mucha cultura. La librería se llenó al principio con títulos de corte «intelectual», por así decirlo, poco comerciales. 

Amparo: Mi madre y Gloria entonces se podían permitir el lujo de no tener ningún best seller en la librería. No tenían nada que no les gustase. La mayoría de las grandes editoriales y de los grandes distribuidores tenían poco que hacer en Palas, porque a ellas no les interesaba lo que ofertaban. Tenían muy claro lo que querían tener en las estanterías. Si esos títulos no se vendían, les daba igual tenerlos allí años y años, porque sabían que tarde o temprano llegaría alguien a por ellos. Nosotros hemos heredado esa línea, aunque ahora tengamos algunos best sellers o libros para niños. Llevar a cabo estas «osadías» te lo permitía el no haber pensado nunca en la librería como un negocio, como te contábamos antes.

¿Cuál es el motor actual de ventas de la librería?

Amparo: El fondo, fundamentalmente. Vendemos también muchas novedades, ¿eh? Sobre todo de ensayo, que ha subido de ventas muchísimo en los últimos años. Nosotros estamos bastante especializados en historia, también en la narrativa publicada por editoriales independientes, cuyas ventas han subido también bastante últimamente. Tenemos los best sellers que hay que tener, ya no somos tan estrictos como lo éramos al principio con este tema, aunque también te digo que nunca verás un best seller en nuestro escaparate. Si alguien nos lo pide, se lo vendemos, claro [risas], pero nuestro fuerte no es ese. Te diría de hecho que nuestro fuerte es cada vez más el ensayo.

La librería goza ahora mismo de buena salud, tras superar la crisis de 2012, que fue un momento en el que pensamos que no íbamos a poder salir a flote. Aquel fue un momento bastante crítico, la verdad. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que no podíamos seguir haciendo lo mismo. Nos salvó en cierta medida que la Universidad de Sevilla sacó a concurso una parte de su servicio de proveedores de libros, nos presentamos y conseguimos entrar en esa rueda, hasta el punto de que a día de hoy somos unos de los proveedores más fuertes que tienen y recurren a nosotros con mucha frecuencia. Aunque la universidad cuenta con distintos acuerdos con distribuidores internacionales y bibliotecas, lo cierto es que prefieren el trato personal y directo y nosotros creo que le damos uno de calidad, porque removemos Roma con Santiago buscando los libros que nos piden, que muchas veces son de segunda mano, o están ya agotados, y nosotros solemos localizárselos. La verdad es que nuestras relaciones con la Universidad de Sevilla se han convertido en una parte muy importante de nuestra facturación anual. Ahora mismo, de hecho, tenemos las finanzas saneadas y nos hemos podido permitir contratar a una persona a tiempo parcial.

Al margen de con la Universidad de Sevilla, ¿con qué otras administraciones o instituciones públicas tenéis relación?  

José: Trabajamos también con la Universidad Pablo de Olavide y con muchos institutos.

Amparo: Sí, y a la Biblioteca Pública Infanta Elena también le hemos servido mucho. Las relaciones con este tipo de instituciones surgen también en cierta medida por afinidad, pues si trabajas bien con un organismo público luego, dentro de lo posible, dentro de lo que el manejo de la legislación administrativa permite, terminas accediendo a otros entes. De alguna manera, trabajar bien para uno te termina llevando a otros. De esta forma hemos podido también colaborar con la biblioteca del Parlamento Andaluz, con la Escuela de Estudios Hispano-Americanos… Curiosamente, con el Ayuntamiento de Sevilla y con las bibliotecas municipales hemos trabajado poco, pues funcionan de otra manera. 

¿Sois también de los que reniegan de las ayudas públicas o habéis tenido que acudir a ellas en alguna ocasión?

Amparo: Mira, hasta hace tres años, éramos en efecto de los que nos negábamos a pedir ayudas o subvenciones, pero vimos que el Ayuntamiento de Sevilla lanzó una línea de ayudas para organizar actividades relacionadas con el fomento de la lectura y las solicitamos. 

José: De hecho es justo reconocer que gracias a estas ayudas empezamos a hacer más cosas dentro de la librería, actividades con una mayor continuidad, porque hasta entonces tan solo habíamos hecho alguna que otra presentación aislada.  

En ese sentido, es cierto que también habéis sido una librería atípica, pues parece que os ha costado un poco comenzar a promover otro tipo de actividades en vuestras instalaciones.

Amparo: Aquí hay que tener en cuenta que nosotros, por naturaleza, somos muy tímidos, y eso de tener que interactuar con gente que no conocemos o con escritores famosos nos ha impuesto siempre bastante, la verdad. A la librería suelen venir muchos escritores a comprar, como clientes, pero la relación que se establece en esos casos no es la misma que la que surge de la necesaria socialización que conlleva la organización de un acto literario. Julio Manuel de la Rosa, por ejemplo, fue cliente nuestro toda la vida, pero curiosamente nunca lo tuvimos aquí presentando nada. Era muy amigo nuestro, venía y nos compraba muchos libros. De hecho nos podíamos hacer una idea de qué era lo próximo que estaba escribiendo por los libros que nos pedía, que normalmente había que buscar debajo de las piedras, porque eran cosas difíciles de verdad. Lo echamos mucho de menos.

Con todo, lo cierto es que el gran problema que tenemos nosotros para organizar actividades es el espacio. E incluso así, cuando nos hemos lanzado a hacer alguna, en ocasiones nos ha quedado un cierto mal sabor de boca, porque, por ejemplo, el año pasado tuvimos aquí a Juan Bonilla, ni más ni menos, presentando Totalidad sexual del cosmos, novela que como sabes acaba de ganar el Premio Nacional, y a dicha presentación vino muy poca gente. Fue una pena. 

José: También tenemos miedo de que nos pase lo contrario, ¿eh?, pues precisamente por tener poco espacio es fácil que se nos colapse la librería. Nosotros hacemos muchas presentaciones de libros de historia y de hecho la más populosa que hemos tenido nunca fue la del historiador José Luis Comellas, en la que tuvimos que dejar a gente fuera.

Amparo: Ahora mismo, de las actividades que organizamos, estamos muy contentos con el taller de lectura que dirige Eduardo Jordá, que seguimos haciendo en modo semipresencial, porque en la librería no podemos garantizar las distancias mínimas. La última sesión de hecho la hicimos en la azotea de mi casa, al aire libre, y quedó muy bien. 

También tenemos bastante relación con el Consulado de Portugal y el Centro Cultural Lusófono. Tenemos incluso un pequeño fondo de libros en portugués. Esta es una línea que nos gustaría explorar más, porque al hilo de esto realizamos el año pasado un pequeño taller de lectura en portugués y funcionó muy bien. Tuvimos aquí también a Lídia Jorge presentando su último libro, así como un encuentro virtual con José Luis Peixoto

En fin, que nosotros queremos seguir haciendo cosas, pero el espacio, como estás viendo, nos condiciona muchísimo. Por eso creemos que la actividad que más se ajusta a nuestra realidad es la del diálogo con escritores. Eso es algo que podríamos hacer en la librería sin problemas, con grupos pequeños o al menos asequibles, pues en las grandes presentaciones muchas veces es complicado interactuar con el autor y nada más que dan lugar a que quien venga pueda llevarse el libro firmado. Ojalá podamos pronto retomar esta idea.   

Tras cuarenta años en el mismo sitio, ¿en qué creéis que ha cambiado vuestra clientela? 

Amparo: Más que cambiar, nuestra clientela lo que ha hecho es envejecer mucho [risas]. Al principio, cuando mi prima Gloria trabajaba aquí, como ella era fotógrafa y tenía muchas conexiones con el mundo del arte y la literatura, la librería quizás podía parecer desde fuera un sitio más peculiar de lo que es ahora. Ella, como sabes, le hizo muchas fotografías a mucha gente famosa, Silvio incluido. Silvio no entró nunca en la librería, que yo sepa, pero su amigo Curro, cuando trabajaba todavía en la barbería, sí venía bastante. Pive Amador, por otro lado, es uno de nuestros clientes fijos y viene mínimo un par de veces por semana. Pero aquel ambiente más «bohemio» se diluyó mucho con la salida de mi prima, a la altura de 1990, que coincide por otro lado con la entrada de José. 

José: Nosotros hemos tenido la suerte de que nuestra clientela, desde el principio, ha sido una clientela de mucho nivel, con ciertas inquietudes. Funcionarios, profesores de instituto o universidad, gente con un sueldo asegurado, un nivel adquisitivo medio-alto y un importante bagaje intelectual. El estar en el barrio en el que estamos se nota en ese sentido. 

Amparo: Esto que dice José es muy importante, y más ahora mismo, con la situación que estamos viviendo. El ser una librería de barrio, en este caso de un barrio con la idiosincrasia de Los Remedios, nos favorece. Las librerías del centro de Sevilla lo están pasando peor que nosotros, porque ahora aquella zona se encuentra totalmente despoblada. Es cierto también que nuestra clientela al principio estaba más definida, pero con el paso del tiempo se ha ido también generalizando, en el sentido de que aquí vienen a comprar tanto profesores universitarios como señoras buscando la última encíclica del papa. Tenemos no obstante la suerte de tener clientes que vienen todas las semanas, el mismo día a la misma hora, porque han instaurado esa visita como un hábito, como una rutina, y pueden pasarse aquí horas rebuscando en los anaqueles. Una de nuestras máximas es la de no intentar venderle nada a nadie. Nosotros dejamos a nuestros clientes totalmente a su aire, que miren y cojan lo que quieran. Y pienso de hecho que esta filosofía forma parte de nuestro éxito.

Tenéis en cualquier caso fama de ser libreros que leen mucho, es decir, que se preocupan de estar al día de lo que se publica. 

Amparo: Es que leer forma parte del trabajo del librero. Un librero que no lee no es un librero. Yo suelo leer cuando me levanto, a las siete de la mañana, porque a las diez de la noche, cuando llego a casa, suelo estar más cansada. Un librero tiene que sacar como sea una serie de horas a la semana, si no diarias, para leer. No se puede concebir de otra manera.

José: De hecho estos meses de confinamiento nos han venido muy bien a todos en este sentido. Yo he aprovechado para leerme los típicos tomachos que va uno por ahí acumulando… [risas].

Amparo: Leer es una forma además de fidelizar a ciertos clientes, al menos a aquellos que se fían de nuestro criterio. Cada uno cubrimos además un área de conocimiento. José, por ejemplo, está especializado en ensayo científico; Juan está centrado en poesía y en el ensayo más general; y yo, en la narrativa. Reconozco que tenemos que desarrollar más la parte infantil [risas], aunque ahora tenemos a Sonia trabajando con nosotros y nos echa una mano en ese ámbito. 

José: Aprovechando ahora que no está Amparo [risas], he de decir que la librería es ella, ¿eh? Ella es la que lleva todo el peso del negocio sobre sus hombros, es su espíritu. Es además la que más lee y la que más aconseja. Sin ella no hubiera aguantado tanto esta historia.

¿Cuál dirías que es el secreto para gestionar bien un fondo librero tan dinámico como el que tenéis vosotros?

Amparo: Nosotros pensamos que hay libros que hemos de tener en la librería, sí o sí, los tengamos en las estanterías parados durante veinte años, los vendamos finalmente o no. La mitad de las veces que conseguimos vender este tipo de libros no podemos luego reponerlo simple y llanamente porque no están disponibles. Aun así, si yo veo que alguien lo tiene, lo compraré de nuevo para tenerlo yo en la librería aunque tenga que esperar otros veinte años más para venderlo. Nuestra librería tiene que ser así. No tiene sentido por tanto que estemos trabajando por un ideal de librería y no intentemos al menos cumplir con ello. Es cierto que cada vez trabajamos más con depósitos. En la medida en que tratamos bien el fondo de las editoriales que nos gustan, las editoriales y sus distribuidoras nos tratan bien a nosotros y nos dejan los libros en depósito. Con todo, para nosotros es un verdadero drama tener que hacer devoluciones. Ahora, a final de año, tenemos que hacer algunas, no queda otra, porque el espacio que tenemos es el que es, no podemos estirarlo, y yo sufro muchísimo a la hora de hacer expurgos, lo paso realmente mal. Le dedicamos horas y horas a este tema, le damos vueltas y vueltas…

José: Al hilo de esto creo que es importante señalar que muchas veces el trabajo en las librerías se ha idealizado demasiado. Mucha gente piensa «uy, me gustaría tener una librería para estar aquí todo el día leyendo novedades», pero lo cierto es que este trabajo implica muchísima labor administrativa, mover físicamente muchos libros. Como dice Amparo, hay que estar todo el día seleccionando si lo que queremos es tener un fondo digno. Nuestro fondo es entonces el resultado de mucho trabajo, de estar todo el día con los libros para arriba y para abajo, porque el nivel de novedades que salen al año es brutal. El trabajo de selección constante es fundamental para nosotros. 

Amparo: En el primer confinamiento, los distribuidores y las grandes editoriales creo que fueron conscientes de este problema que tenemos las librerías a la hora de gestionar tantísima novedad y decidieron acortar el número de ellas. Pero ahora mismo yo creo que estamos igual que antes. Algo tiene que cambiar de verdad a este respecto. No estoy al tanto del volumen de novedades que se editan en otros países como Francia, Inglaterra o Alemania, pero estoy convencido de que España los supera.

En vuestro empeño por continuar siendo una librería de fondo, ¿cuánto creéis que hay de «romantización» de un modelo quizás en vías de extinción? Resulta innegable que hoy día es relativamente fácil encontrar cualquier libro y tenerlo en la librería a los pocos días. 

José: No podemos renunciar al fondo porque a nuestra clientela principal le gusta tocar los libros, le gusta venir por aquí y echar un buen rato mirando las estanterías. Si nos rendimos a eso, nos convertiríamos en otra cosa. 

Amparo: No puedes además pretender tener una librería física en la calle Asunción, donde ahora mismo hay otras cuatro librerías, sin diferenciarte. Con esto no quiero decir que nosotros seamos una librería de fondo por ese motivo, porque nosotros hemos sido así siempre, de ahí que no pueda verlo como una cuestión «romántica». Como dice José, nuestros clientes no solo quieren comprar libros, cosa que podrían hacer por internet, sino que también quieren pasar la tarde en nuestra librería y ponerse a rebuscar en las segundas filas. En este sentido, no te digo que no, nosotros hemos heredado cierto espíritu de las librerías de viejo, que sí que están despareciendo, y quizás tengas razón al decir que las librerías de fondo no van a durar, porque cuando se jubilen en Reguera y nos jubilemos nosotros estoy bastante convencida de que morirá un tipo de librería en Sevilla. 

Ahora que lo mencionas, ¿qué relaciones mantenéis con las demás librerías de la ciudad?

Amparo: Nosotros mantenemos relaciones muy estrechas con Casa Tomada, Yerma, Botica y Caótica. Todas formamos parte de un grupo que llamamos Noctámbulas y desde el que intentamos hacer cosas juntas. Nuestras relaciones son fantásticas, la verdad. Los libreros sevillanos, gracias al impulso de Manuel Padilla, estamos ahora mismo trabajando en constituir una suerte de gremio que aglutine no solo a las librerías de la capital sino también de la provincia. Lo que ocurre, y esto tiene que ver con lo que hablábamos antes, es que existen conceptos muy distintos de librería y en contra de lo que pueda parecer no es tan fácil encontrar líneas comunes entre nosotras. Creo sinceramente que somos un gremio difícil de armonizar, porque queramos o no entre nosotras hay una competencia constante y el nicho de mercado en el que nos movemos es muy pequeño. Los editores de Sevilla, por ejemplo, han conseguido hace poco asociarse y me parece perfecto. Los veo funcionar además la mar de bien. Ojalá los libreros de la ciudad consigamos pronto eso mismo.

¿Y con el resto de librerías de España?

Amparo: Con ellas estábamos interconectados a través de CEGAL, pero ahora lo vamos a estar mucho más a través del nuevo Todostuslibros.com, que ya está funcionando como una verdadera plataforma de venta. Yo, personalmente, le veo mucho futuro a esa plataforma. Antes, como sabes, al principio de lanzarse la web, esta funcionaba como aglutinante, no era una plataforma de venta propiamente dicha. El cliente podía ver a través de ella quién tenía tal o cual libro, pero para adquirirlo tenía luego que entrar en la web de esa librería en concreto. Ahora ya no, ahora puede uno hacer la compra directamente a través de Todostuslibros.com, indicando en su caso la librería en la que quiere hacer la compra, pero sin tener que hacerla a través de su web particular. Hemos firmado unos acuerdos específicos con los servicios de mensajería para que los costes de envío estén unificados para todas las librerías que se han incorporado a la plataforma, que no son solo españolas sino también latinoamericanas. Creo que Todostuslibros.com es la única vía que tenemos ahora mismo las librerías independientes para ser competitivas frente a Amazon. Me imagino que a lo largo de estos meses se irán adhiriendo más librerías, porque, sinceramente, no entiendo las reticencias. A nosotros ya la plataforma de CEGAL en red nos cambió la vida. Saber dónde estaba un libro en cada momento, saber si estaba agotado o no y en ese caso saber en qué librería estaba nos parece una información básica para poder atender a nuestros clientes. Para nosotros fueron todo ventajas, como lo será el día de mañana Todostuslibros.com.

Me vais a permitir que haga un poco de abogado del diablo, pero no deja de llamarme la atención que una librería como la vuestra, con una clientela tan específica, pueda sentirse afectada por lo que haga Amazon. ¿Hasta qué punto creéis sinceramente que es una amenaza para vosotros?

José: Es cierto que una librería como la nuestra no debería verse especialmente afectada por lo que pueda hacer o dejar de hacer Amazon, cuyo principal volumen de ventas lo constituyen los best sellers y los libros de bolsillo. Te diría entonces que lo que más nos afecta a nosotros de su forma de actuar es el tema de la inmediatez. Nos guste o no, nuestros clientes también quieren tener los libros ya, de un día para otro. Amazon está ahora mismo entregando los sábados y los domingos, y contra eso es muy difícil luchar de forma individual. Por ahí estoy convencido de que perdemos clientela.

Amparo: El tema de la inmediatez es justo lo que se quiere combatir a través de Todostuslibros.com. Como dice José, hay clientes que no pueden o no quieren esperar cuatro o cinco días a que le llegue un libro. Esos clientes son los que podemos perder por culpa de Amazon. Visto en perspectiva, es cierto que a nosotros nos hizo más daño en su día que abrieran La Casa del Libro en Sevilla. La Casa del Libro claramente nos quitó una parte muy importante de nuestra clientela específica, sobre todo cuando abrió la sede de Nervión, donde se pudieron permitir tener todos los fondos de todas las editoriales, porque el espacio con el que contaban era enorme. A mí Amazon no me amarga la vida, que conste, básicamente porque me niego a estar pensando todo el día en eso. Pero claro que se nota negativamente su presencia. Te pongo un ejemplo reciente: cuando se falló el último premio Nobel a Louise Glück, contactamos inmediatamente con el distribuidor para que nos facilitara ejemplares y este nos dijo que no podía, que estaban bloqueados de momento para evitar que Amazon los comprara todos de un golpe. Esta forma tan agresiva de actuar también la hacía antes El Corte Inglés, ¿eh?

Al hilo de esto, ¿qué opinión os merece que algunas editoriales vendan sus catálogos directamente a través de sus páginas web?

Amparo: Yo entiendo perfectamente que las editoriales pequeñas lo hagan, porque a mí a veces me da vergüenza el porcentaje que nos llevamos los libreros por poner un libro en una mesa. De verdad, si lo piensas fríamente, eso es lo más que nosotros hacemos, ese es el único valor que aportamos a un libro. Me parece en ese sentido muy duro que el editor se lleve solo un diez por ciento de cada libro vendido. Al final estamos todos luchando por lo mismo, y más ahora.

Os ha costado un poco «digitalizaros», ¿no?

Amparo: Eso se ha debido a que somos totalmente analógicos [risas]. De todos modos, yo aquí distingo entre lo que es aplicar la tecnología a nuestro negocio, que es algo que hicimos ya hace mucho tiempo, informatizando enormemente nuestros procesos, cosa que hemos ido con el tiempo mejorando, creando a su vez nuestra página web, que lleva funcionando ya un par de años, y lo que son las redes sociales, que es algo con lo que yo, personalmente, no puedo. Desde hace tres o cuatro años tenemos a Sonia trabajando en ese tema, porque yo no quiero saber ni cómo se usan. Al final de lo que se trata es de rodearte de la gente que sabe y ya está. Sonia está de hecho ahora pensando en diseñar algún tipo de newsletter, que probablemente terminemos implementando. 

José: También te digo que ha sido ahora, gracias al confinamiento, cuando la gente ha empezado a utilizar más nuestra página web, donde ofrecemos un servicio de entrega a domicilio ecológico, en bicicleta eléctrica, que en muchos casos hacemos en el mismo día, y con descuentos del cinco por ciento. La web nos ha permitido implementar ideas de este tipo para fomentar la compra desde casa en estos tiempos tan raros que nos ha tocado vivir. También creo que la idea del «comercio de proximidad» está llegando a la gente y muchos clientes, antes de venir a la librería, se informan por nuestra web de la disponibilidad de tal o cual título. Vienen por tanto muy a tiro hecho. Para celebrar nuestro cuarenta aniversario hemos lanzado por primera vez una tarjeta de cliente, que es algo que tienen muchas librerías en España, con la que poder ir acumulando puntos con los que conseguir el descuento máximo del cinco por ciento que nos permite la ley. 

Amparo: En Todostuslibros.com ha habido de hecho un pequeño desajuste con el tema de los libros que tenemos disponibles físicamente en la librería, porque a la hora de dar de alta nuestro stock en la plataforma se podía contar con el de una serie de distribuidores de confianza, de los que sabemos que pueden garantizarnos servirnos cualquier cosa que tengan en veinticuatro horas. Esto ha llevado a que algunos clientes se hayan presentado aquí en la librería preguntando por tal título que habían visto que teníamos disponible en Todostuslibros.com pero que en realidad no teníamos físicamente, pero ya lo hemos arreglado. Ahora estos libros aparecen en la plataforma con otro color, advirtiendo de su verdadera situación. 

Son ya un clásico entre los libreros y han dado pie a numerosas antologías, así que no me resisto a pediros que me contéis alguna anécdota imborrable con clientes.

José: Aquí sigue todavía entrando gente creyendo que esto es una papelería, preguntando si hacemos fotocopias y cosas así. Me imagino que eso habrá ocurrido alguna vez en todas las librerías del mundo. Al principio, cuando Gloria todavía trabajaba aquí, recuerdo que entró una señora un día preguntando si teníamos bragas, que ya no sé si es una petición tan común [risas].

Amparo: A principios de los noventa tuve un cliente que venía mucho y que yo sabía a ciencia cierta que me robaba. Era un chico con problemas de drogas, pero me robaba los libros para leerlos. A lo mejor luego los vendía también, pero me consta que los leía y los atesoraba. Cuando lo veía entrar en la librería, yo me daba la vuelta, me hacía la tonta, y le dejaba. El pobre al final murió muy joven. Recuerdo entonces que vino un día su madre a verme a la librería a contarme lo que había sucedido y a decirme también que sabía lo que habíamos estado haciendo por su hijo, y que nos quería mucho por eso. Fue muy emocionante.

Para terminar, recomendadnos dos libros, un clásico y una novedad.

José: Como novedad me gustaría recomendar La vida contada por un sapiens a un neandertal, de Juan José Millás y Juan Luis Arsuaga, que me ha divertido muchísimo. El tema que trata, la biología evolutiva, me interesa especialmente, pero la gracia de este libro está sobre todo en cómo está contada la cosa. Me ha encantado. Y luego, un clásico para mí es El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Lo recomiendo mucho, porque además es uno de los pocos libros que releído varias veces. Es una historia a la que vuelvo constantemente, me gusta mucho comparar las distintas versiones que se han hecho de ella, ya sea en cine o en cómic. La vida de Conrad también me interesa mucho, es un autor de referencia para mí. 

Amparo: Yo, como novedad, recomendaría Exhalación, de Ted Chiang, que me ha gustado mucho. He sido siempre muy lectora de ciencia ficción, gracias sobre todo a mi padre, que compraba muchos libros de ese tipo. Toda la parte clásica del género —Arthur C. Clarke, Isaac Asimov, Stanislaw Lem…— la conozco bien. Y, luego, como clásico me gustaría recomendar Maqroll el Gaviero, de Álvaro Mutis, un libro que lo reúne todo y que ha sido hace poco reeditado muy bellamente por la editorial RM.


Librerías con encanto: Librería Izquierdo

En el número 12 de la Gran Vía Fernando el Católico de Valencia, a diez minutos de la plaza de España, hace treinta y nueve años que abre sus puertas la Librería Izquierdo. Los anteriores cuarenta y dos años de su existencia, desde que se fundó en 1937, el local en que se ubicaba era otro, más modesto. Es la historia que nos cuentan Juan Izquierdo (Valencia, 1959) y Pilar Izquierdo (Valencia, 1977), los dos hermanos que hoy se ocupan de llevar el negocio. «Es una librería familiar», «nos piden recomendaciones», «te tiene que gustar estar entre libros porque si solo vas a hacer negocio, esto no va». Es una mañana de sábado y el sol se extiende por varios espacios del local mientras conversamos sobre el oficio del librero, el mercado editorial, tendencias, éxitos… de todo un poco.

¿Cuándo abrió la Librería Izquierdo? Contadme cómo surge la idea de abrir este negocio.

Juan: El negocio se fundó a raíz de un kiosco de prensa que tenía mi abuelo. En marzo del año pasado hicimos ochenta años. Del kiosco pasó a una pequeña planta baja y en el año 1979 nos vinimos al local que tenemos ahora.

Desde el abuelo, ¿habéis trabajado todos en la librería?

Pilar: Sí, todos.

Juan: Mi abuelo tenía dos hijos, pero uno falleció. Mi padre fue el que dio el paso de kiosco a librería.

Respecto a la organización de la librería, ¿qué criterio seguís?

Juan: Tenemos literatura, historia… un poco de todo y organizado por editoriales. En la entrada tenemos principalmente las novedades y los libros más vendidos. Es más una librería familiar.

¿Sois especialistas en algo en concreto? ¿Tenéis gustos diferentes?

Juan: No, la verdad es que tocamos de todo. Yo me decanto más por los libros y las revistas de historia, los de viajes y los de deportes.

Pilar: Si, por ejemplo, entra uno preguntando por la Segunda Guerra Mundial, puedo orientarle, y Juan más. De infantil estoy a tope ahora, y hay editoriales que me gustan más que otras, como Acantilado.

¿Cómo decidís cuáles son los libros que van en el escaparate?

Pilar: Tenemos dos escaparates. En uno hay mucho best seller, libros de autoayuda, que se venden mucho, y en el otro, editoriales más selectas y los libros de economía, sociología.

Juan: En el escaparate también tenemos las novedades, que, aunque se venden directamente por la publicidad que hay, las ponemos para que la gente vea que las tenemos. Si tienen que entrar a preguntar, la gente duda, si las ven en el escaparate, entran seguro.

¿Hay distribuidores o editoriales que se ofrecen a pagar para que los coloquéis bien?

Juan: A pagar, no. A decírtelo, sí. Te dicen, por ejemplo: «Va a venir el editor», entonces, por hacerle el favor al comercial, colocas sus libros. A veces aumentas algo las ventas y a veces no.

Con la relevancia del movimiento feminista, ¿os planteáis hacer discriminación positiva? ¿Tenéis más autores que sean hombres o mujeres?

Pilar: En el día de la mujer hacemos descuento. Tenemos casi todo lo que ha salido publicado a raíz de este último movimiento feminista, desde Chimamanda Ngozi Adichie, Rosa Montero, Virginie Despentes, Leticia Dolera y muchas más.

Juan: En realidad, tenemos más autores hombres, pero eso ya no es culpa nuestra. Hay ahora un movimiento feminista y en el escaparate ponemos los libros que comentaba mi hermana, sí, se puede considerar discriminación positiva.

Una librería se define más por lo que no tiene que por lo que tiene. ¿Estáis de acuerdo?

Juan: No. Nosotros procuramos tener de todo.

¿Qué criterios tenéis para seleccionar los libros?

Pilar: Normalmente el editor te manda un listado con las novedades y por experiencia sabemos lo que vendemos y lo que no en nuestra librería, ese es el criterio principal. Los comerciales de las grandes editoriales presentan las novedades a dos o tres meses vista. Por ejemplo, te presentan un libro de Pérez Reverte y, según lo que los libreros les piden, hacen la previsión de tirada para no pillarse las manos. Las distribuidoras y editoriales pequeñas, cada semana nos mandan un boletín de novedades por internet y Juan las selecciona. Algunas directamente te mandan el libro.

¿Qué formación necesita tener alguien que quiera trabajar o montar una librería?

Pilar: Te tiene que gustar estar entre libros, porque, si solo vas a hacer negocio, esto no va. Hay muchos clientes que te dicen: «Recomiéndame un libro», y para eso hay que saber, tener ganas, experiencia y conocimientos en el sector. Pero no hay ninguna formación especial.

¿Qué tipos de lectores tenéis? ¿Os piden recomendaciones o actúan como en las grandes superficies?

Pilar: Nos piden recomendaciones. Mi hermano puede recomendarte un libro y acertar al cien por cien, por su experiencia.

En los centros de educación secundaria obligatoria y bachillerato hay programas de fomento de la lectura. ¿Están teniendo éxito en vuestra opinión? ¿Veis lectores jóvenes?

Juan: No, a los jóvenes les cuesta muchísimo leer. Los planes no tienen éxito, pero si los obligan a leer, leen. El problema es que hay muchos hobbies entre los que elegir y con tanta diversidad se diluye la lectura.

Pilar: Les obligan a leer lo que me obligaban a mí. La Celestina, el Quijote, a veces adaptados. Aunque está claro que tienen que leer literatura clásica, tendrían que abrir los ojos a la literatura más actual mandándoles que lean algo de Saramago, Sampedro, Vargas Llosa, cambiar un poco el chip.

Si entra un estudiante de secundaria diciendo que tiene que hacer un trabajo sobre biología o historia, ¿le podéis ayudar? ¿Cuál es el papel del librero en la sociedad?

Juan: Sí, le podemos orientar en qué libro le puede ir perfectamente. Lo que pasa es que cada vez buscan menos el libro para hacer el trabajo, lo tienen todo por internet. Antes había una biblioteca didáctica pequeñita, eran monográficos y estaba muy bien. De eso ya no hay, no se vende y no se publica.

¿Se lee más o menos que antes?

Pilar: La gente con el móvil se entretiene y lee mucho: artículos, entrevistas, cosas puntuales de ocio, pero no libros.  

Juan: Cada vez vivimos más deprisa y la gente tiene menos tiempo. La gente también quiere todo rápido. Para lo que sí creo que valen las tablet o el libro electrónico es para seleccionar. Mucha gente se queja de los precios y lo que hacen es que se descargan el libro, lo empiezan a leer y, si les gusta, lo compran en papel.

¿Cómo clasificáis a los lectores?

Pilar: El que ha leído mucho y ha probado el digital lee mucho libro digital, pero de vez en cuando le gusta comprarse uno en papel. Y luego está el que no toca el digital para nada.

Juan: Tenemos varios clientes que antes compraban bastante, pero se han pasado a digital por la cuestión económica. Los comerciales que vienen y que trabajan el digital dicen que cada día se vende más digital, pero no es verdad, se lo descarga la gente gratis.

Y respecto a las editoriales, ¿cuáles os gustan?

Pilar: Me gustan los autores que editan Impedimenta, Acantilado, Blackie Books, Anagrama, Salamandra... Tusquets, que ahora la ha comprado Planeta, también. Cuando una gran editorial como Planeta detecta que hay un autor que empieza a vender más de lo normal, enseguida intentan quedarse con lo que escriba a partir de ahí o con el sello entero. Con Harry Potter no lo consiguieron.

Juan: Alianza también, tiene buenos libros y buenas portadas, es una editorial bastante cuidada desde hace muchísimo tiempo. Sobre lo que comenta Pilar, hace unos meses Penguin Random House compró Ediciones B. Ediciones B surgió de Bruguera, que era una editorial bastante buena con mucho libro juvenil y libro de bolsillo, pero que con el tiempo se fue un poco a pique. La compró alguien y la lanzaron como Ediciones B. Ahora el grupo Penguin Random House la ha absorbido. Hace años Plaza & Janés, que es del grupo Penguin Random House, nos invitó a varios libreros a una comida con Matilde Asensi, cuando escribió El último catón, que tuvo un éxito tremendo. Plaza & Janés levantó a esta autora, y entonces Planeta vio que esta mujer era un filón y se fue a por ella. Otra cosa que quiero decir es que llega el Premio Planeta, ¿y a quién le dan el Premio Planeta? Pues a uno de dentro del grupo que quieren hacer grande o a alguien que quieren absorber. Eso lleva años pasando. Entiendo que es su inversión, y que está mal el negocio de los libros.

Hay casos en los que una editorial publica a un autor desconocido de gran calidad que pasa totalmente desapercibido. ¿Cómo logra una editorial tener credibilidad?

Juan: Siempre pasa igual. Un ejemplo, Alicia Giménez Bartlett, muy buena escritora de género. Donde nadie te encuentre, Premio Nadal de Novela 2011, Destino, Grupo Planeta. En 2015, Premio Planeta con Hombres desnudos, y porque no hay otro premio más grande. Los libros son buenos, por supuesto, pero con los premios consiguen bastante credibilidad.

La editorial, ¿cómo se las apaña para afianzarse?

Juan: Las editoriales pequeñas intentan publicar gente nueva para ver si les sale bien. Si eso les pasa con dos o tres autores, la gente piensa: «¡Uy!, esta editorial sabe captar buenos autores», y entonces es cuando la gente empieza a buscar libros de esa editorial porque creen que pueden ser buenos autores.

Cuando una editorial os manda un libro que no queréis vender, ¿cómo se lo toman? ¿Os pasa mucho?

Pilar: Seleccionamos nosotros. Pero, claro, tienen libros puntuales que quieren que saquemos. Normalmente no nos negamos a venderlos, lo que pasa es que hay libros que en nuestra librería no tienen punto de venta. Muchas veces veo que el libro no se va a vender, pero nunca les digo que no, lo intento vender.

Murió Carmen Balcells, murió Jaume Vallcorba, Toni López Lamadrid… Y se afianzan editoriales como Blackie Books, Impedimenta y Malpaso. ¿Cómo veis estos cambios?

Juan: Son editoriales más pequeñas, pero están entrando en el mercado. Libros del Asteroide, Funambulista… Funambulista, por ejemplo, es una editorial que tiene unas portadas muy parecidas a Impedimenta, cogen autores no de primera fila o autores extranjeros y los publican con buenas portadas. Creo que las nuevas editoriales se sostienen encontrando autores menos conocidos y arriesgando, a ver los que gustan y los que no. A mí, estas nuevas editoriales me gustan. Casi todas las lleva un distribuidor de Madrid que se llama UDL.

En esta librería, ¿tenéis la novela La librería, de Penelope Fitzgerald?

Pilar: Sí, desde que salió. Ahora con la película la ha comprado todo tipo de gente.

Juan: Es un libro de goteo continuo. Eso pasa con más libros. Hay un autor, que a mi padre le ha gustado mucho y el hombre siempre lo recomienda, Stefan Zweig, que lo publica Acantilado. Cuando era menos conocido estaba en Juventud, pero luego Acantilado lo recuperó y las traducciones son buenas. El año pasado hicieron una película de Zweig y lo compró todo el mundo. Hacen una película o una serie y suele moverse bastante la venta del libro.

¿Qué opinión os merecen los premios literarios en España? ¿Entendéis las decisiones?

Juan: Tengo una opinión, pero igual no gusta. Los Premios Planeta para mí son una operación de marketing, aparte de una exageración de premio a nivel económico. Mi padre está en contra porque nunca lo han invitado [risas]. Antiguamente venía un delegado de Planeta una vez al año, y mi padre le comentó que con el dineral que se gastan en un Premio Planeta no costaba nada seleccionar un grupo de librerías, una por provincia en España, invitar cada año a una y sentarlos en una mesa de libreros. Los libreros somos también parte del engranaje. Pero nada. Dentro del grupo Planeta hay varios premios, el Premio Lara de Novela, un Premio Espasa, uno a novela y otro a ensayo. Hay premios continuamente, pero yo creo que el premio se vende dependiendo del autor. Otras veces es todavía más aleatorio, como ocurre, por ejemplo, con el Princesa de Asturias, porque lo suelen dar a un autor desconocido. Prefiero los premios a una carrera de autor, no a un libro, el Premio Cervantes, el Princesa de Asturias, el Premio Nobel.

Los premios, ¿se venden mucho más?

Pilar: No siempre. El premio se vende, pega un tironcito de ventas, el editor se frota las manos, la gente dice: «Me voy a comprar un libro del que ha ganado el Nobel», pero, si luego no gusta, la venta se para y no se vende mucho más. La autora Svetlana Aleksiévich, que es una periodista, fue Premio Nobel hace tres años, escribe de la guerra de Ucrania y los conflictos de la zona, gustó, se ha vendido muchísimo, es un ejemplo de Premio Nobel que ha descubierto el autor a unos nuevos lectores.  

¿Hay boom de poesía?

Pilar: Sí, para los jovencitos con la Editorial Frida. Esta editorial se mueve a través de YouTube. Imagino que saldrá un youtuber y pondrá sus poemitas en las redes sociales, entonces lo ven quinceañeros y vende un montón. Por lo menos leen algo. Hay un youtuber que me gusta, Defreds, que lo ha captado Planeta.

Todavía se comenta lo asombroso que es cómo ha caído la venta de libros. ¿Cuánto va a durar la crisis en el mercado del libro?

Juan: ¿Cuánto va a durar? Las crisis duran un periodo corto por definición, y esto no va a remontar nunca. Hay otros hobbies, la gente se descarga libros y los jóvenes cada día leen menos. Una crisis puede durar dos o tres años, pero cuando una cosa dura diez años ya no es crisis. Subsiste pero ya no remonta el vuelo. Es el cambio de la sociedad que está ocurriendo.

Sin embargo, han salido editoriales nuevas.

Juan: Sí, hay editoriales nuevas. Ahora hay máquinas que te pueden hacer doscientos libros y así tienen pocas devoluciones. Además, trabajan haciendo una preventa, por ejemplo, yo tengo que pedirles los libros que yo creo que pueden salir de mi librería, ¿ellos qué hacen? Imprimir los libros según lo que los libreros les han pedido. Si un libro pega, hay un momento en que se quedan sin nada, pero es un momento, porque se imprimen enseguida y además el coste no es alto.

En una entrevista que hicimos en Jot Down a Fernando Iwasaki le preguntamos si la culpa del cierre de las pequeñas librerías es de las grandes cadenas o de la educación escolar y universitaria, y contestó: «No descartemos los periódicos y los kioscos, que regalando libros dieron la puntilla a las pequeñas librerías». Vosotros siempre habéis vendido prensa.

Juan: Los periódicos nunca han regalado libros, lo que han hecho ha sido venderlos juntos. Nosotros empezamos con un kiosco y mi padre empezó a vender libros que le pedía la gente del barrio.

Pilar: Negocios que hayan derivado de kiosco a librería hay muy pocos. A nosotros no nos afecta mucho, los kioscos suelen vender Los pilares de la tierra y cuatro best sellers puntuales.

A vosotros la crisis no os ha afectado.

Juan: Aquí en Valencia los más viejos somos Soriano y yo. Soriano y mi abuelo eran amigos, los dos empezaron igual. Cuando la prensa venía en tren desde Madrid y el tren llegaba tarde, a veces se turnaban para no dejar la tienda sola: «Quédate tú, Juan», o «Quédate, tú, Isidro». Soriano fue valiente y le ha ido bien. Pero no le doy la razón a Iwasaki, nosotros nos hemos hecho libreros y no hemos chafado a nadie, chafar quiere chafar Amazon y no solo libros, sino todo.

En librerías, vuestra competencia no es Amazon, es La Casa del Libro, que es quien más vende online.

Juan: Sí, además eso lo sabes porque son los que mejor se posicionan en internet.

Pilar: Es competencia en venta por internet. Pero muchas veces la gente lo ve en internet, y luego va a la tienda y no lo tienen físicamente, hay que pedirlo.

¿Qué hacéis para vender? ¿Participáis en ferias del libro? ¿Hacéis presentaciones o alguna actividad?

Juan: No. El ideal en una feria es que tu caseta sea de Acantilado, la de al lado sea de Impedimenta… porque si tú tienes todo y el de al lado tiene lo mismo, ¿a quién le compran? Las casetas tendrían que estar organizadas por temáticas o por editoriales, que no haya cuatro casetas iguales.

En las presentaciones no se vende mucho, ¿no?

Juan: No lo sé. ¿Ocho o diez libros? La gente a las firmas suele ir con el libro comprado ya.

Pero te sirve para hacer publicidad en las redes sociales, porque las fotos se publican en Facebook

Juan: Puede ser, eso sí.

He visto que tenéis página de Facebook, pero ¿aprovecháis más redes sociales?

Pilar: Es un filón que hay que aprovechar porque o estás ahí o no eres nadie.

La prensa en digital se lee mucho más que en papel, ¿y los libros?

Juan: Totalmente, la prensa de papel está muerta. Los libros, no. Hay editores que no venden libros digitales. Un ejemplo, un estudiante necesita un libro que se ha agotado, se lo fotocopia y le cuesta más que el libro. En el digital ocurre al contrario, un libro digital vale de cuatro a ocho euros, pero cuando te lo descargas pirateado te sale gratis. Por eso las editoriales siguen vendiendo más papel, no les conviene sacar el digital.

Pilar: Hay una cultura del «todo gratis» que es muy peligrosa. Pero a partir de una edad prefieren el papel.

Bastantes editores dicen que el digital no es competencia al papel, sin embargo, las ventas del libro de bolsillo sí que han caído. ¿Hay relación?

Juan: Creo que no ha caído la venta del libro del bolsillo, lo que pasa es que el bolsillo tiene movimiento de año, cuando llega el verano la gente se compra más bolsillo porque tienen más tiempo para leer, pesa menos para llevárselo de viaje en el tren, a la playa…

Para que una librería sea rentable, ¿hace falta poner una cafetería dentro?

Juan: [Risas] No, tenemos una al lado. Entiendo que es una forma de atraer a la gente, pero muchas de esas librerías han cerrado.

¿Cómo ha cambiado el paisaje de librerías en Valencia?

Juan: Han cerrado más librerías de las que han abierto. Hay algunas que han probado a poner café-librería, librería con presentación, librería con manualidades o actividades de tipo extraescolar para juntar gente.

¿Qué margen se llevan las librerías?

Juan: Normalmente un 30%, aunque algunos te dan solo el 25%. Luego, según niveles de ventas; por ejemplo, en libros de bolsillo a veces Planeta o Penguin Random House nos dicen: «Si nos compras tantos libros te damos un 5% más», por tanto es variable también según la cantidad que les compres, por lo que, cuando llegan a las grandes superficies, estas, por su nivel de compras, pueden apretar al distribuidor y al editor. Una jugada que hacen a los editores y distribuidores es que se sacan ellos las cuentas. Yo, cuando cierra el mes, al distribuidor tengo que pagarle a mes vencido o al mes siguiente, y los grandes almacenes, si les va mal, dicen: «Te he hecho una devolución y con eso te pago el siguiente». Encima consiguen más descuentos. Me contaba el comercial de Martin Fierro que los libros Taschen, que son libros caros y que, cuando me los dan a mí, a Soriano o a París Valencia, los tratamos con mimo, en las grandes superficies los tienen en pilas y hechos polvo. Entonces, llega un momento en que le devuelven al distribuidor el libro hecho polvo y luego el editor le dice al distribuidor: «Este libro a mí no me lo devuelvas así», con lo cual el distribuidor se tiene que tragar el libro.

¿Qué eventos culturales os gustan de Valencia? ¿Cuáles echáis en falta?

Pilar: El World Press Photo, La Valencia Negra. En Valencia haría falta algo como hay en Madrid: la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de la Cuesta de Moyano, que son libros que no se encuentran y hay que ir sí o sí a segunda mano. Como la feria del libro de ocasión que ponen en Marqués del Turia en marzo y que dura un mes pero de manera permanente, aunque fuera los domingos.

Juan: Sí, una feria local todos los domingos. Antiguamente, en la plaza Nápoles y Sicilia ponían un rastro y allí había libros de todo tipo, viejos, usados, nuevos. Los locales de libros de viejo han cerrado. Y la gente cuando más tiempo tiene es los sábados y domingos, así que eso iría bien.

Roberto Bolaño nombró como algunos de los mejores escritores del siglo XX a Georges Perec, Philip K. Dick, Jorge Luis Borges, Mario Levrero. ¿Cuáles son los mejores en vuestra opinión?

Juan: Miguel Delibes, Sampedro, Philip K. Dick, Asimov.

Pilar: Saramago, Zweig.

¿Qué libros habéis vendido más en el último año? ¿Tenéis algún caso excepcional?

Pilar: Patria.

Juan: Hacía años que no se vendía un libro tanto a diario. El Código Da Vinci fue otro fenómeno. Patria lo ha comprado gente que ni siquiera está muy interesada en el tema, por curiosidad a raíz del éxito que ha tenido.

Borges decía que en la literatura hay esencialmente cinco temas: la infancia, la memoria, el exilio, la muerte y el amor. ¿Estáis de acuerdo?

Juan: Sí, y yo incluiría otro, la guerra. Se sacan muchísimos libros sobre la guerra y se venden. No por morbosidad por lo que sucede en las guerras, sino más a nivel histórico, la gente quiere enterarse y conocer. El tema de la guerra mueve mucho libro.

¿Está sobrevalorado El principito?

Juan: El principito lo hemos vendido mucho a raíz de la película de dibujos. Está adaptado y, aun así, hay gente que te dice: «¿No tienes El principito para bebés o para mi hijo que tiene cuatro años?». Hay libros que están sobrevalorados, ese es quizás uno.

Pilar: Para mí sí está sobrevalorado, totalmente. Los colegios deberían fijarse también en los niños a los que les gusta leer. Si les gusta, por ejemplo, Futbolísimos, Harry Potter o Los juegos del hambre, dentro de unos años seguirán leyendo, pero si les dan «libros lomos» desde los trece años, al final no leen.

¿Se merece Murakami el Premio Nobel? ¿Y Javier Marías?

Juan: Murakami suena continuamente. Pero ¿cómo puedes dar un premio a un libro japonés si no lees japonés? Leemos traducciones del inglés. ¿Ponen en el jurado a alguien que sepa japonés?

Pilar: A Javier Marías no lo veo como Premio Nobel, pero puede ser que se lo merezca. Este año hemos vendido muchos libros de él, sobre todo el de Berta Isla. Aparte de que lo hayan publicitado, ha sido también por el boca-oreja, porque empezó muy lento y ha ido cada vez a más, lo hemos vendido más que otros de sus últimos libros.

Un libro que haya tenido éxito y que no os haya gustado.

Pilar: El niño con el pijama de rayas no me gustó nada. Que te cuenten una fabulita de un niño judío que se hace amigo del hijo del nazi que vive al lado del campo de concentración lo que hace es banalizar.

Un libro que recomendéis a los lectores de Jot Down.

Pilar: En juvenil, Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, de la Editorial Destino, que habla de mujeres que han luchado por conseguir sus objetivos, y Momentos estelares de la humanidad,de Stefan Zweig.

Juan: Instrumentalde James Rhodes, y A través de mis pequeños ojos, de Emilio Ortiz, que es una preciosidad de libro para amantes de los animales.


Librerías con encanto: La Esquina del Zorro

La Esquina del Zorro para JD 0

Aléjense los de derechas, los monárquicos, los papistas y los futboleros (excepto rayistas) con ganas de darse la razón. Aquí Evaristo es Dios y el Drogas su profeta. Por si no lo habían notado estamos en Vallecas, así que si recalan en La Esquina del Zorro ávidos de cupcakes, prepárense para recibir tercios. Entre Portazgo y el Puente, pregunten por «los chicos esos que hacen cosas raras» y les dará indicaciones precisas hasta aquí, una de las pocas librerías del barrio de la Barbie Superstar. Ciclos de poesía en días de partido, conciertos de rock en días pares, presentaciones de libros en los impares. Editan a los «melenudos» que asustan a las grandes editoriales y si se lo piden, también despachan biblias y coranes.

Charlamos con Bego Loza y Jorge Jiménez, propietarios de La Esquina del Zorro, (Calle Arroyo del Olivar, 34), una librería que se parece más a un espacio cultural, y un espacio cultural que se antoja también librería de viejo.

La Esquina del Zorro, ¿es por la canción de Barricada?

Jorge: Sí. El rollo del nombre es que te vale también para los críos, porque aquí tenemos mucho libro infantil y de vez en cuando realizamos también alguna actividad, pero a la vez el zorro puede ser un personaje un poco canalla con el que se puede identificar un adulto perfectamente, así que es un nombre del todo versátil y nos pareció bueno a pesar de no estar en una esquina.

Bego: Pero vamos, el guiño es a Barricada.

J.: Una de las ideas originales era dar cabida a mucha literatura musical y meterla dentro de la cultura, cosa que no se hace tanto, aunque últimamente hay bastantes más.

Esa es una de vuestras reivindicaciones iniciales: devolverle al rock su lugar literario.

J.: Sí, tratar de aportar tu granito de arena para que se considere cultura, porque lo es aunque no esté dentro del gran círculo cultural, llamémosle, o aunque se considere que culta es otro tipo de música. En fin, tiene ciertas connotaciones que a mí personalmente no me gustan nada. Todo lo que podamos hacer para favorecer que no sea así o darle la relevancia que tiene el rock, genial.

Habéis cumplido cinco años. ¿Qué tal el balance?

B.: En abril, sí.

J.: La verdad es que guay. Y por esa parte de reivindicar el rock cojonudo también, porque a los dos años de empezar la librería arrancamos la editorial. Fíjate, una actividad complementaria pero muy centrada en esa idea… pues es una pasada. Estamos viviendo una experiencia superinteresante.

¿Teníais ya desde el principio la idea de montar la editorial (Desacorde Ediciones) o surgió después?

B.: No, la editorial surgió a raíz de la librería. Estuvimos haciendo varias presentaciones y vino Toni Marmota, Juan Abarca y más músicos que habían publicado libros, y todos contaban lo difícil que les resultaba publicar: «Un melenudo va ahí a Planeta y no quieren saber nada de él» y «¡Qué difícil ha sido!». Entonces nos dijimos: bueno, pues si sabemos editar —porque yo vengo del mundo de la edición—, nos gusta el rock y los roqueros necesitan una casa que les edite sin que vayan a mirar si llevan melena o no, pues esta es la nuestra. Así se nos ocurrió y fuimos adelante.

J.: Somos una editorial al uso, la idea simplemente es funcionar como cualquier otra editorial con la salvedad o diferencia de que nosotros nos distribuimos también.

Bego, decías tenías experiencia en la edición. ¿De qué mundos venís?

B.: Yo vengo del mundo editorial. Había estado trabajando en dos editoriales grandes pero me fui y luego estuve un tiempo trabajando de freelance para esas editoriales y para otras hasta que decidimos montar la librería.

J.: Yo vengo del mundo audiovisual y el rollo de plantearnos esto… Yo decía: «Joder, si ya es complicado cualquier negocio imagínate una librería». O sea, manda narices.

Y era innegociable que fuera en Vallecas.

J.: Sí, era la idea. Si te fijas fuera en la calle pone «librería y rincón cultural» porque la idea era un espacio donde pudiéramos hacer de todo. Tener encuentros culturales, vaya. Pues claro, no vas a poner una tienda de chicles. En lo de la librería había interés y, en fin, el rollo de «venga, vamos a arrancar por ahí», porque al principio parecía una locura, pero entiendo que como cualquier cosa que vas a emprender.

B.: Hombre, Vallecas era porque nos gusta y entre otras cosas porque vivimos aquí. Y porque aparte de la librería Muga, que está un poco más para allá, en este rinconcito de aquí no había ninguna librería de este estilo que hiciese encuentros y demás. Hay librerías-papelerías de compraventa y ya está.

Por lo que hemos visto abristeis en un momento en el que habían cerrado un par de librerías muy icónicas de la zona. El panorama era poco halagüeño.

J.: Sí, cerraron una en un centro comercial que había por ahí arriba el primer año que estuvimos funcionando. Fíjate, estamos hablando de Vallecas, que es uno de los barrios más populosos de la ciudad, así que dentro de la locura que supone una cosa de estas tampoco lo es tanto, porque al final sabes que vas a llegar a mucha gente y es cuestión de despertar intereses. Al final si lo haces medianamente bien, un pequeño respaldo vas a tener.

Supongo que también sabíais que este es uno de los barrios con más tasa de paro de Madrid y que, al fin y al cabo, de los productos culturales es de lo que prescindimos antes.

B.: Bueno, eso quisimos obviarlo [risas]. Dijimos que para adelante, porque si te pones a pensarlo mucho al final te quedas en casa porque todo son miedos. Era el 2011, en plena crisis, con cambio de Gobierno, etc. De hecho aquí nos confesaron después que hacían apuestas para ver cuánto durábamos [risas].

En vuestro entorno, supongo.

J.: Los de los bares de arriba. Y el de abajo también. Son parte de nuestro entorno, claro, siempre vamos allí porque cómo no te vas a tomar algo con quien viene a una actividad en la librería —además es una pasada y un privilegio poderte tomar un día una cerveza con un poeta, otro con un escritor…— en fin, son cosas que no están pagadas. Y con el tiempo terminas haciendo amistad con los de los bares y nos decían: «¿Vosotros tenéis un circo, no?» [risas]. Porque hacemos cosas tan diferentes que no tiene sentido.

B.: Cuando preguntas por ahí a gente un poquito más alejada que a lo mejor no nos tiene muy controlados alguien dice: «¿Oye, La Esquina del Zorro, dónde está?». «¿La Esquina del Zorro? No me suena…». «Sí, la librería». Y dice: «Ah, ¿los chicos esos que hacen cosas raras?». «Pues serán». «Ah, pues está ahí». Ahora colaboramos con mucha gente de aquí. En Vallecas se mueven mucho los centros sociales y las organizaciones de vecinos, y en principio no nos hacen competencia pero sí que de repente hay mucho más movimiento que cuando llegamos hace cinco años.

La Esquina del Zorro para JD 1

No sé si aplaudiros o llamaros locos, pero he visto que habéis programado ciclos de poesía el mismo día en que había partido de fútbol de los potentes. ¿Esto es una provocación absoluta o coincidió?

B.: Bueno, como nosotros no sabemos cuál es el calendario futbolístico… [ríe].

J.: Sí, muchas veces es que ya no te enteras porque es es imposible. Si te pones a mirar…

Si preguntas si hoy hay fútbol la respuesta es «sí». Siempre.

J.: Además es que luego nos han pasado unas cosas… Por ejemplo: un día presentaron un libro que era Conversaciones con Pablo Iglesias y venía aquí el escritor, Jacobo Rivero, y resulta que Pablo Iglesias, el de verdad, iba al Ateneo, que está en esta misma calle unos cuantos números más arriba. ¿Pero quién coño va a venir? Si es que…

B.: Una cosa programada el mismo día y no anunciada, la verdad. Nos enteramos  una hora antes de que pasase. Había sido todo secreto para que no se montase mucho pifostio allí, que tampoco tienen mucho espacio, y fue una convocatoria rápida. Y claro, Jacobo no se había enterado y nosotros tampoco [ríe]. Y llegamos aquí y le dijimos: «Pues nada, apáñate con Pablo para que no te contraprograme».

J.: Otra vez igual, era un libro sobre el Rayo y accedimos porque, bueno, estando aquí cerca del estadio, a pesar de que no nos gusta nada el fútbol, se entiende que es una cosa del barrio y un pequeño respeto le tienes que tener… y ese día justo había partido contra el Atleti, así que no vino nadie, solo una familia y un vecino que siempre suele venir y ya está.

Lo importante: el día de la poesía y el fútbol… ¿Vino gente? 

B.: Sí. El otro día tuvimos a Marta Sanz, justo el mismo día en el que tocaban Silvio Rodríguez y Aute aquí. Es verdad que ahí sí que nos fallaron un par de personas que sabíamos que querían venir, pero bueno, lo de Silvio es una cosa única, no va a pasar nunca más, creo yo. El fútbol, pues bueno… dentro de dos días vas a tener otro partido.

Ya que mencionáis a Marta Sanz, he estado viendo que a Chirbes le tuvisteis antes de que muriera, y no es el único gran autor que ha pasado por aquí. ¿Es difícil abrirse camino para una librería pequeñita lejos del centro y traer a gente que está en editoriales grandes?

B.: Pues en este caso no porque han sido muy amables, pero sí que es cierto que en algunos casos cuesta. Hemos querido traer a gente que forma parte de grupos editoriales un poco fuertes y a nosotros esas cosas nos cuestan. También es cierto que cuando Gsús Bonilla abrió el ciclo de Poétikas nos abrió un espectro de contactos y de renombre que vamos, agradecimiento infinito y por siempre. Porque empezó como algo informal y de repente nos ha traído una cantidad de gente que cuando empiezas a verlo alucinas. Por ejemplo, Marta repitió porque había venido así la primera vez. Chirbes vino a través de un cliente que era amigo personal suyo. En estos casos si tienes algún contacto que te ayude… si no es un poquito difícil.

Los autores consagrados van a hacer sus presentaciones a un circuito de librerías muy cerrado.

B.: Alguna vez hemos intentado traer a algún autor por intereses personales y… «Bueno, pues se lo digo a la editorial a ver si lo cuadran en la agenda», pero todo se termina diluyendo. Pero con lo que ha llegado estamos muy contentos.

J.: Sí, la verdad es que sí. Al final ya acaba convirtiéndose en una especie de rueda y todo es más sencillo porque también sabes a qué puertas llamar y tienes otros recursos.

Y un autor sirve para tirar del otro. Ahora que ha venido Marta Sanz imagino que a otro autor de Anagrama le tirará más.

B.: Sí, eso lo miran mucho. De hecho, este último año te dicen: «Uy, pero si es que este año habéis tenido ahí a…» como diciendo «a unos peces gordos» o algo así. Sí, es verdad que vino Marta Sanz, Javier Azpeitia, etc. En un mes vinieron dos o tres así grandecitos.

Y nadie vinculado con el barrio, además.

B.: Marta sí me parece que tiene vínculo con Vallecas. Creo que su padre vivió en Vallecas o algo así y conoce el barrio. Lo cierto es que mucha gente tiene algún vínculo con Vallecas, si no es un amigo es otra cosa, porque hablamos con la gente y nos dice: «Ah, pues es que yo venía aquí de pequeña» o «Yo tengo un amigo que vive aquí a la vuelta de la esquina».

Decís algo así como que «si lleva el sello de Vallecas ya es prácticamente nuestro y lo aceptamos».

B.: Vallecas es un barrio que tiene muchísima identidad. Tú pones en una agenda «Vallecas» abajo y la gente quiere la agenda. Y a nosotros nos parece que todo lo que sea darle vida al barrio y a la gente de aquí es fundamental, por todo lo que recibimos nosotros de ellos. De hecho, tenemos ahí un pequeño rinconcito para los libros sobre Vallecas o publicados por gente de Vallecas. Para nosotros el barrio es importante, hay un sentimiento identitario que quizá en otros de Madrid  no lo he vivido tan fuerte.

Vuestro catálogo decís que es generalista, pero en las publicaciones o ensayo político no escondéis de qué pie cojeáis.

B.: Sí, hay cosas que no entran y hay otros que sí que están y además los exponemos clarísimamente. De hecho, cuando vienen los comerciales con el nuevo libro del papa les decimos que no. Les damos una lista de lo que no queremos en esta librería: ni papado, ni fútbol, ni monarquía, ni derecha.

J.: Al final tienes que tener tu propia identidad de alguna manera y esas pequeñas cosas… Además es una licencia que resulta perfectamente permisible porque no le estás haciendo daño a nadie tampoco.

Si quieres un libro de Pío Moa tienes la opción de ir a comprarlo a otro sitio, ¿no?

J.: Sí, o lo pides e igual se te trae. Alguna Biblia sí que ha caído, como hay colegios… Y también algún Corán hemos vendido. Ten en cuenta que hay mucha población musulmana y nos dicen: «Oye, pues tráeme un Corán en castellano». Igual tres desde que hemos abierto, tampoco es que sea muy significativo, pero tiene su gracia.

Es decir, que también recibís encargos y tratáis de aprovisionar.

J.: Claro, ten en cuenta que el espacio que tienes es limitado y, en nuestro caso, encima teniendo la editorial, hay cajas por todos lados con diferentes historias y no puedes tener tampoco un fondo muy amplio. La idea es esa: tú tienes un número de libros que te parecen a ti imprescindibles, más las novedades y luego traes lo que te piden.

Te lo pregunto sobre todo porque ahora mismo con Amazon, un sitio en el que puedes comprar un libro y tenerlo de inmediato en tu casa sin moverte, el aprovisionamiento es fundamental para vosotros.

J.: A mí me da la impresión de que Amazon le hace más daño a sitios grandes tipo FNAC y todo eso que a un sitio pequeño. Al final un sitio pequeño tiene que ser un sitio de encuentro y debes crear un espacio y un vínculo con el barrio donde el comprador es diferente. Igual me equivoco pero yo lo veo así.

Últimamente mencionar a Amazon en el sector editorial es poco menos que mentar al demonio.

J.: Bajo mi punto de vista el libro electrónico es el típico electrodoméstico que es la novedad y entonces la gente a la que le gusta mucho la tecnología, léase la gente que quiere tener el último móvil y demás, lo compra pero luego tampoco le hacen tanto caso. Por ejemplo, tenemos aquí clientes a los que se lo regalaron en su momento y leen bastante, pero luego siempre vuelven al libro de papel. Yo qué sé, creo que ahora mismo está limitado y creo que se va a quedar así. No te digo que sea una anécdota, pero bueno.

La Esquina del Zorro para JD 2

En la editorial tampoco tenéis ebooks, ¿verdad?

J.: No, porque lo que teníamos en mente al crearla, tratando de músicos, era coger un poco el rollo romántico que tenían antes los discos, que ahora ya no se venden. Un libro lo puedes tener fotocopiado pero ¿qué interés tiene? Haces una tirada más pequeña o más grande según sea el caso, pero la idea es que la gente que lo quiera lo tenga impreso porque a mí es lo que me gustaría como fan o como seguidor de alguien.

¿En qué habéis tenido que transigir vosotros? 

J.: Pues por ejemplo cuando salió lo de las Cincuenta sombras de Grey, que de hecho yo me lo llevé para empezar a leérmelo y buf, ¡madre mía!, eso no es recomendable a ningún nivel, pero luego la gente lo pedía y ponerle vetos a eso pues…

¿También es cultura popular?

J.: Sí, está claro. Va de boca en boca y al final es el fenómeno que hay que tener. Lo que sí veo negativo, en cambio, es meter cosas que ideológicamente no compartes y que te parece que no son muy beneficiosas.

No se va a dar el caso de que vendáis algo con lo que no comulgáis.

J.: Sí hombre, se puede dar el caso, pero la idea es no hacerlo si no es un caso muy especial. La pequeña libertad que tenemos hoy en día los ciudadanos es poder elegir esas pequeñas cosas. Yo qué sé, en la vida vendería un libro de Jiménez Losantos, tampoco lo recomendaría y muy difícilmente se lo traería a alguien, porque pienso que le estoy haciendo mal. Hay gente para todo, pero creo que a los ciudadanos solo nos quedan esos pequeños espacios o decisiones de libertad, como las quieras llamar, y si puedes elegir lo que vendes y lo que no…

Vivís en Vallecas pero, ¿sois de Vallecas?

J.: No, además nacimos los dos muy cerquita uno del otro, por la zona de Cuatro Caminos, pero sí que muchas horas de ocio las hemos pasado aquí. Y luego conocíamos a mucha gente del barrio y al final todos elegimos el lugar donde nos gustaría ir a vivir.

Lo pregunto porque todas las librerías que están surgiendo ahora y en los últimos años remiten a las librerías de barrio de la infancia a las que ibas, pedías un libro aunque te tardaran tres días y tu consumo cultural estaba condicionado por lo que tenían y por lo que te traían.

J.: Sí, y que el trato con la gente fuera de otra manera: el poder recomendar, el abrir un lugar de encuentro. Yo creo que las librerías tienen que ser un local de encuentro donde se programen actividades culturales y abran otro foco, si quieres llamarlo así. En este barrio hay bastantes cosas, en ese sentido no nos podemos quejar. Pero sí, esa era la idea, salir de lo que era la papelería de siempre.

Pero además, al ser una librería tan particular, en la que organizáis eventos culturales y estáis especializados en música, en rock y en política, ¿no viene gente de otros distritos de la ciudad? Porque nos contó Juan Salvador López, de Estudio en Escarlata, que está en Chamberí, que cuando programa eventos se acercan allí personas de otras zonas.

J.: Sí, sí. Cuando se hacen eventos y vienen autores o músicos claro que arrastran a gentes de otros lados. Y luego también se nota mucho en que hay gente incluso de otras ciudades que buscan un poco el «¿Dónde se habla de mi historia?» y te preguntan «Oye, ¿puedo hacer aquí algo?». Pues claro. En ese sentido sí que hay movimiento desde otras partes de la ciudad.

Por lo que veo también tenéis novela gráfica y cómic. ¿Habéis notado mayor interés en los jóvenes estos años?

J.: Eso le interesa a un público más de nuestra edad y quizá a alguien que quiere hacer un regalo y se decanta por eso, pero en general casi todo el mundo que se acerca al cómic o a la novela gráfica es de nuestra edad.

El gran reto: ¿la juventud viene?

B.: Hasta los doce años o así sí que leen. Además vienen ellos e incluso ya se enteran por sí mismos de cuáles son las novedades. A partir de esa edad, buf, ya caen, y creo que tenemos tres lectores de dieciséis años o por ahí. Muy poquitos, caen muchísimo.

J.: Pero bueno, yo entiendo que es una cosa lógica. Recuerdo cuando yo estaba en el colegio con esa edad y había un montón de chavales que no leían. Sentías que te estaban obligando a leer cosas que a ti no te interesaban. Al final la lectura te engancha porque encuentras algo que te hace decir «qué pasada», pero tienes que dar tú el paso a nivel personal. No sé ahora, pero antes la educación era un poco complicada en ese sentido, bajo mi punto de vista, y ha habido una época en la que muchos no leíamos, Yo, por ejemplo, lo único que hacía era escuchar música, y la música es cultura. No hemos sido todos burros ni mucho menos, e igual hemos estado muchos años solo con la música y nos entraban las cosas por esa vía.

Y también muchos años explicando los grandes prebostes eso no era cultura. Ahora decimos que sí y no pasa nada. Durante mucho tiempo a la música popular y al cómic era imposible verlos dentro de la esfera cultural.

J.: ¿A que sí? Totalmente.

Por eso os preguntábamos por los jóvenes, porque ellos ya han crecido con el cómic completamente incorporado al mundo de la cultura.

B.: Sí, eso sí que es verdad. Aunque bueno, son muy de manga. Los chavales que vienen de más de doce años buscan manga.

O los libros de youtubers. ¿O no tenéis?

B.: Libros de youtubers también.

J.: Sí, los tenemos. ¿Un tal el Rubius te suena? [ríe] 

Nos fascina.

J.: Es la leche, ¿eh?

B.: Pero solo tenemos el de el Rubius porque el otro youtuber que vimos en la Feria del Libro no sabíamos ni quién era. Es un fenómeno extraño, yo no sé lo que ese escribe ni le he visto en YouTube. El otro día dije por curiosidad: «Voy a verme un vídeo», pero es que solo verle la cara me dio una pereza… Pero me sorprendió cuando el Rubius sacó el nuevo: los críos vinieron dos días antes a decirme que el miércoles salía el nuevo del Rubius y «tiene una carpeta y una agenda y yo quiero…». Se lo sabían y sabían lo que costaba. Pues si de repente vienen unos niños que antes no venían a por libros del Rubius, quizá de esos diez dos van a leer más cosas.

Además tendemos a homogeneizar mucho cuando hablamos de youtubers y los hay tóxicos, horribles y social e ideológicamente deleznables, pero también hay otros que son geniales y otros que ni siquiera hacen daño a nadie. Hay que saber diferenciar. ¿A quién hace daño el Rubius?

J.: Yo no le conozco, pero eso lo que demuestra es que internet sí que llega y que al final termina siendo un medio de comunicación, porque hay gente que aún se resiste a esa idea pero fíjate, la gente de esa edad ya lo tiene como tal.

Es que resistirse en 2016 a que internet sea un medio de comunicación…

B.: En Planeta los libros que son de youtubers ya los editan con el logotipo de YouTube detrás.

Pero tampoco esto es nuevo, es como el antiguo logo de «anunciado en TV», lo único que pasa es que ahora YouTube ha sustituido a lo que en nuestra generación era la tele.

B.: Claro. Es que es el poder del medio audiovisual es innegable, tanto internet como la televisión. Porque ahora ¿qué periodista de telediario no ha escrito una novela? o ¿qué película de Disney no tiene su ristra de libros y merchandising? De librería, no solo de las toallas de la playa. Sale Dory y tiene como quince o veinte productos de librería. El medio audiovisual tiene un poder que es innegable y creo que eso está bien, lo que hay es que aprender a usarlo. Si quitamos todo eso la librería estaría vacía, vale que no entre el papado y la monarquía pero si quitamos esto… [risas].

La Esquina del Zorro para JD 3

Durante el Día del Libro, Bego, dijiste que te parecían muy aburridas las iniciativas institucionales. ¿Crees que en general las políticas de fomento de la lectura o los aniversarios como el de Cervantes son útiles?

B.: Hay cosas y cosas. Es verdad que La Noche de los Libros ya lleva un par de años que se lo están currando mucho. Aunque bueno, lo que están es aglutinando las actividades que promueven las librerías. Pero es verdad que con La Noche de los Libros se están poniendo las pilas y la iniciativa parece que va bien y además van mejorando. Pero en general desde el mundo institucional es todo un poco sosito. Si comparamos el año Shakespeare con el año Cervantes… Es que lo del año de Shakespeare ha sido una pasada, y aquí todos los años leer el Quijote en BUP uno tras otro y lectura continuada del Quijote por mucha gente. Pues bueno, está bien pero…

Ya no es noticia ni quién lo lee.

B.: Claro, es noticia el primero y luego ya pasa la ciudadanía a leer. Vaya, que en general todo lo que se hace por el fomento de la lectura, ya desde la propia denominación, que ya echa bastante para atrás… Además  yo creo que lleva la carga detrás de que quien fomenta la lectura es un profesor o alguien por el estilo, cuando tendría que ser algo mucho más creativo y mucho menos evidente: fomentar la lectura sin querer fomentar la lectura. No se trata de la gente lea mucho, sino de que aprenda a leer y que aunque solo hayas leído un libro en tu vida, que ese libro haya hecho mella en ti. Hay gente que lee cien libros y es como quien lleva en la mano un ladrillo, que no le cala. Cuando hablan del fomento de la lectura parece que se refieren a la cantidad y no; es el cómo, la calidad. Es ver qué hacen los niños o los adultos con esa lectura luego. ¿Qué hacemos con eso que hemos leído? Parece que hay que leer, hay que leer, hay que leer… Y creo que no se trata de decir «hay que leer», sino que hay que demostrar cómo se disfruta con la lectura.

J.: Claro. Por ejemplo, aquí hay muchos colegios y vienen los chavales «oye, que me han mandado esto», y suelen ser siempre los mismos libros. Yo solo recuerdo ahora mismo a un profesor que viene y se preocupa de preguntarnos «¿de literatura juvenil para estas edades qué hay así más o menos interesante y de qué trata?». Y él se preocupa y lo lee.

J.: Las lecturas que están haciendo ahora son las de siempre. Ya os las podéis imaginar: El sí de las niñas

B.: Tres sombreros de copa… Y bueno, hay lecturas de esas que incluso para esa edad están muy bien.

Como libreros ¿qué recomendaríais vosotros a los chavales de instituto o finales de la ESO, en un plan de educación en la clase de Lengua y Literatura Española? ¿Cuáles son los libros que podrían hacer que lo cojan y digan: «Pues esto de leer mola»?

B.: Pues para empezar yo no leería solo en la clase de Lengua. Creo que tendrían que leer en la clase de Matemáticas, en la clase de Historia… En la clase de Lengua e Historia es bastante fácil recomendar, y  un profesor de Matemáticas puede encontrar literatura en la que la matemática está de fondo y la puedes leer en esa clave. Si no, solo lees en clase de Lengua y Literatura. Si vas a clase de Historia y para explicarte la Segunda Guerra Mundial te dicen: «Vamos a leernos El festín de la muerte y no estudiamos la asignatura», te lees ese libro y dices «pues mira tú, qué fácil de entender es la Segunda Guerra Mundial», y cosas así. Se trata más de sacarlo de la asignatura, aunque es verdad que en Literatura tienes que leer y si les quieres enseñar qué es el Romanticismo tendrán que leer algún fragmento o incluso una novela, pero yo creo que lo suyo es decirles que la literatura sirve para otras cosas. Puedes estar hablando de matemáticas y de física leyendo una novela. Puedes estar hablando de historia y aprender de historia leyendo una novela.

Casi habría que decir de cuál de las disciplinas no podrías estar aprendiendo mientras lees. Hay para todos.

B.: Claro, incluso los de Religión podrían hacerlo también. Incluso de Educación Física… Una misma novela se puede utilizar para muchas cosas y leerla con muchas claves de lectura. Hay rollos matemáticos detrás de Alicia en el país de las maravillas y un profesor de Matemáticas podría leer fragmentos o animar a leer Alicia y descubrirles la cantidad de cosas que hay con referencia a las matemáticas. Sería una forma diferente de plantearlo, y creo que es lo que sorprendería a un chaval. «Anda, si esto no es el típico rollo que me mandan y tengo que aprenderme el personaje y quién lo escribió y cuándo…». No, de repente está leyendo esto y hay cosas de matemáticas ahí detrás. Pero oye, de todos modos los profes lo hacen muy bien y hay muchísimos que se lo curran.

Sí, sin duda. La pregunta se refiere más a planes educativos, porque individualmente siempre hay profesores que se preocupan y se esfuerzan.

B.: ¿Por qué los planes educativos son así, además, habiendo gente de la comunidad educativa metida? Eso es una incógnita. Yo trabajé haciendo libros de texto. Las editoriales de las que me fui eran de libros de texto. Y es que me parece aberrante y difícil de comprender que habiendo tanta gente en la comunidad educativa con tantas ideas brillantes, ¿por qué luego todo termina derivando en un currículo que no entiende nadie? En la editorial hay antiguos profesores y cuando se trabaja con el currículo nadie entiende nada. Los mismos profesores no entienden por qué se montan así los currículos. Entonces te preguntas por qué hemos acabado en esto si aquí hay gente que sabe hacerlo. No hay quien lo coja.

Habrá un tapón en alguna parte del proceso.

B.: Sí, no sé a qué atiende. Sí que es verdad que hay políticos que echan un poquito de ingrediente y de sal al asunto, y entonces puede ir derivando en cosas, pero en líneas generales no sé por qué se termina desvirtuando tanto. Eso es un misterio y da para un debate largo.

J.: Además de que a los profesores les han castigado tanto que ahora tampoco les puedes pedir encima que le metan dos horas de trabajo más al día, o lo que sea, para preocuparse por tantos detalles. Que sí que deberían, pero después de toda la que ha estado cayendo, imaginaos. Yo entiendo hasta que estén desanimados muchas veces.

La Esquina del Zorro para JD 5

Me gustaría saber con qué apoyos habéis contado o si os habéis sentido respaldados al abrir una librería desde cero, nueva y en una zona en la que no había.

B.: Es muy complicado.

J.: Y además te hacen pagar por todo, como a cualquiera que quiera abrir algo, me imagino. Y luego es la leche, porque cuando te piden algo desde las bibliotecas públicas tardan en pagarte la de Dios por mucho que se les llene la boca diciendo «no, ahora tienen que pagarte a tantos días». No. Anda que no hemos estado, este año no tanto pero sí el anterior, haciendo llamadas. No entienden que a lo mejor para mí seis mil euros menos significan que puedo tener que cerrar, yo no soy El Corte Inglés, obviamente. Y te dicen: «Intentaremos hacer un esfuerzo, a ver si en agosto». Y al final tienes que estar discutiendo un montón.

¿Cuánto tiempo pasa desde que decidís montar la librería hasta que se abre la puerta?

B.: Pues como cuatro meses, me parece.

J.: ¿Tanto? Bueno, lo hablamos unas Navidades, es verdad.

B.: Al principio teníamos un socio y yo creo que las primeras cervezas con Paco fueron en diciembre.

Los peores planes y las cañas, un clásico.

B.: [Ríe] Sí, debió de ser a comienzos de diciembre, porque empezaban ya las vacaciones de Navidad y le dijimos a Paco «pues a la vuelta nos ponemos» y el 1 de abril ya estaba la puerta abierta. Fue como si te dijeran «abre la puerta», pero la tienes que abrir a empujones y venga a empujar hasta que consigues hacerlo todo. Y mira que nosotros en cierto modo, por amistades y contactos, algunos trámites los hicimos fácilmente.

J.: No sé si os acordáis, pero fue una época en la que Gallardón había metido, no sé si por ley, un rollo de que si te querías abrir algo tenías que pedir la licencia a empresas privadas y pagarles. Yo me encontré a una compañera del colegio de cuando era más pequeño y una mano nos echó en el sentido de agilizar las cosas.

B.: Y te sientes más respaldado a la hora de hacer esto con una persona a la que conoces que cuando no la conoces. Aunque solo sea por eso… Y bueno, Paco también tenía contactos con los proveedores y como venimos del mundo editorial y todo eso pudimos tener una milésima de ayuda, pero lo que viene a ser con la Administración…

J.: Fue todo complicadísimo, porque no te dan ninguna facilidad. Luego te sientes mal cuando ves en la tele o en la prensa que se dedican a decir que cualquier persona que quiera abrir un negocio lo tiene en poco más que una semana. ¡Los cojones!

No sé lo que costarán las campañas de fomento de la lectura, pero la lectura se fomenta también ayudando a la apertura de negocios de este tipo.

B.: En Francia, por ejemplo, y en Europa en general, hay una cantidad de ayudas para el que quiera montar una librería… y aquí no. Así somos.

J.: Y luego para ciertas cosas tienes que estar en el gremio de libreros si quieres ir a la Feria del Libro. Aunque eso es libre, nosotros no estamos.

Pero habéis estado en la Feria.

J.: Sí, pero como editorial.

B.: Han ido nuestros autores a firmar a una caseta pero nosotros no tenemos caseta.

J.: Hemos estado dos veces: la primera fue en una librería de las que trabajaba con nosotros, es decir, un punto de venta.

B.: La Marabunta, que cerró hace un año.

J.: Y este año hemos ido donde la FAL [Fundación Anselmo Lorenzo] que es una fundación donde también pueden ir editoriales.

B.: De la CNT.

J.: Fueron con sus autores, pero aparte complementaron su catálogo con otra gente y perfecto, porque llevamos a nuestros autores y listo. Si lo piensas es un rollo para sacar dinero. Joder, estás viendo que hay unos escritores que alucinas y no tienen a nadie y luego la gente de la tele o los youtubers sí. Está más enfocado a vender.

Hay librerías y editoriales que casi con lo que venden en la Feria ya tienen casi tres o cuatro meses ventilados. Y es verdad que es muy difícil conseguir una caseta…

B.: A nosotros es que ya por lo pronto los grandes libreros no nos gustan y no nos queremos agremiar.

¿No?

B.: Estas son mis cabezonerías y luego les arrastro a ellos [risas]. Partiendo de la base de que no estoy muy de acuerdo en cómo se gestiona el gremio de libreros, de que no quiero formar parte de él y que para ir a la Feria del Libro como librería que yo sepa no puedes ir si no estás agremiado… Como editorial o fundación sí, porque ahí no tienes que estar en el gremio, pero como librero sí. Y luego es que somos dos y para repartirnos el trabajo durante diecisiete días…

J.: Hay que coger a alguien que te sirva de apoyo.

B.: Pero entonces me imagino que será lo comido por lo servido. Yo creo que si no estuviese el gremio de por medio, si no hubiese tanta mafia por ahí y sobre todo si fuese más corta y con otro talante sí que me animaría, pero  es que diecisiete días son una barbaridad. Cuando luego preguntas a los otros libreros y editoriales la mayoría de las veces entre semana los pobres están a dos velas.

Pasando calor en la caseta.

B.: Pasando calor, viendo pasar las horas… Pues a lo mejor habría que hacer tres fines de semana o concentrarlo en una semana, porque también es cierto que somos así y que si te dicen diecisiete días, vas el primero y el último. El primero por la emoción y el último porque no llegas y el resto de días pues va algún loco. Si lo haces en nueve días, hay siete de gente mirando al techo. No sé por qué lo plantean tan largo. Por otra parte, está claro que hay que vender porque si no el negocio no andaría y no comeríamos. Yo no estoy en contra de las ventas, evidentemente, pero sí que hay veces en las que es demasiado excesivo el mercantilismo de la Feria. Entiendo que hay que vender pero a veces es muy exagerado. Es cierto que hacen algunas actividades aparte de lo de las firmas, pero en el fondo es una feria únicamente de venta. Cuando hemos ido a otras ferias más pequeñitas con la editorial se nota, porque también se va a vender, vale, pero ya hay un acercamiento directo con el lector. El que viene es el lector, ya no tanto el consumidor. Se hacen más eventos para fomentar todo eso y da otro aspecto. Aunque al final todos vamos a lo mismo: a vender para comer. No tengo nada en contra porque somos comerciantes.

La Esquina del Zorro para JD 6

Comerciantes de libros, es exactamente eso.

B.: Claro, solo que la de Madrid me parece un poco excesiva.

J.: Además es que hay una competencia muy fuerte. ¿Cómo te comes que aparte de librerías haya distribuidoras que pillan por todos lados, además de fundaciones o editoriales?

B.: Y luego que lo patrocine Bankia, que ya me parece que nos hemos vuelto todos locos.

J.: Sí, este año era de risa lo de las bolsas.

Y tenían un eslogan también que era como… «¿Perdón?».

B.: «Menos comisiones y más libros» [risas].

J.: El Drogas pensaba que eran unas bolsas que habían hecho los de la CNT para joder [risas]. «No, no, Enrique, que son en todos lados así, que las paga Bankia». «¡Joder!». [Risas].

¿Por qué le sacasteis del error? Hay equivocaciones que bien merecen ser ciertas.

J.: Luego es que lo piensas y… ¡encima Bankia!

Por defender un poco la Feria, quizá es cuestión de tamaño. Cuando es tan grande, al final no deja de ser un centro comercial para vender y se pierde la atención sobre el resto de eventos, aunque los hay. En la Feria de Granada, siendo más pequeña y siendo también para vender, era fácil seguir charlas de autores, mesas redondas y demás.

B.: Pero había mucha más actividad alrededor que pudiese justificar más esa parte de venta.

J.: Claro, debería hacerse un espectáculo en torno al libro para que tenga ya de por sí una entidad suficiente que justifique el hecho de que hay que hacer un evento en torno a él.

Eso es más sencillo cuando la Feria del Libro es pequeña.

J.: Sí, es más manejable.

B.: Claro, y si gracias a eso hay muchas librerías que viven todo el año pues olé, de verdad me alegro. Como el chico de Venir a cuento que cierra y está ahí en la Feria porque le merece la pena por todo lo que vende. En ese sentido me alegro un montón por las pequeñas, pero por las grandes no. Que esté allí FNAC y VIPS no me gusta.

J.: A mí me llamó la atención el primer año —no recuerdo si era la Casa del Libro o el VIPS, pero uno de esos era— que veías el planning de firmas que tenían y estaban, creo recordar, Wyoming y un poco antes el Pío Moa o uno de esos, que yo dije joder, ¿pero quién programa esto? No tiene ningún sentido.

B.: El otro día también pasó algo así. No recuerdo quiénes eran, pero era una cosa muy chocante.

J.: Está muy bien que haya sitio para todos pero no sé, entiendo que cada uno tiene que llevar una línea.

Bueno, la línea es vender.

J.: Ya, ¿pero no tienen un criterio, no?

B.: Bueno, este año en la FAL, la caseta en la que hemos estado nosotros, vendían lo suyo y además por un lado estaban las firmas de los de Amargord y por otro estaban las nuestras. Cualquiera diría «¿pero estos cenetistas que se traen a unos roqueros y a unos de filosofía política?».

J.: Pero casa mejor.

A mí no me suena nada marciano.

B.: Pero nadie estaba firmando libros anarquistas. Bueno, iban con uno pero se les calló. Cualquiera podría decir: «¡Anda estos!, qué poco criterio tienen». Al final buscas lo mismo, estás para vender y para que la FAL tenga dinero y pueda pagar la caseta. Ahí sí que lo hemos hecho.

En este caso el rock español de este tipo sí pega. En Estados Unidos no te vas a poner a vender literatura anarcosocialista y colocar firmando a Ted Nugent, porque es un fascista del copón, pero aquí sí es más común la identificación del rock con una ideología de izquierdas.

B.: A los autores les dijimos «vamos a una caseta de la CNT». «¡Estupendo!» «¡Fenomenal!». [Risas].

Estoy viendo que tenéis La banda que escribía torcido, de Libros del KO. Con todo este boom de las pequeñas editoriales ¿cómo lo gestionáis vosotros? ¿Les dais más apoyo?

J.: Sí. Ya sabéis que vivimos en un país en el que se publica un montón, pero estas editoriales editan de la leche, hay una diferencia que alucinas. Blackie Books, Libros del KO… hay un montón de editoriales que están haciendo cosas muy chulas y muy interesantes.

De hecho ellos decían que el salto más grande y más duro ha sido entrar en las librerías. Ahora están mucho más asentados y la gente más o menos lectora ya les conoce, pero hace unos años…

J.: Es que joder, parece que no pero es un currazo que tela marinera. Y no en todas las distribuidoras te admiten al principio porque tienes que tener un número de publicaciones o lo que sea. Vete a saber tú los criterios. Cuesta. Pero vamos, yo creo que están haciendo una labor alucinante, son cosas superchulas y tenemos que salir un poco del sota, caballo y rey, porque además justamente vivimos en un momento en el que Planeta, por ejemplo, que son supuestamente una gran casa de cultura, termina publicando que si a Belén Esteban, que si tal… Les dan dinero y nadie dice que sea malo, pero quizá están descuidando otro tipo de literatura. Ojalá existieran muchas más, pero es complicado.

J.: El otro día estuvimos en una feria que hacían en el Matadero. ¿Os acordáis? Poetas se llamaba. La hace la gente de Arrebato Libros y claro, ahí eran todas chiquititas. Hablando con una de al lado me decía que deberíamos unirnos, desde la fabricación: nos juntamos todos y vamos a una imprenta, y como vas a tener un número de publicaciones y un número de impresiones, negociamos el precio. También nos distribuimos nosotros de alguna manera y luego ya tienes unos puntos de venta.

La Esquina del Zorro para JD 7

Eso es lo que han hecho los de la Editorial Contexto. ¿Son un caso aislado o un precedente?

J.: Eso llegará porque el mundo del libro se está transformando.

El fenómeno asociativo está llegando incluso a las librerías.

B.: Claro, un poco lo que han hecho La Conspiración de la Pólvora, que se aliaron la librería Letras Corsarias de Salamanca, Intempestivos de Segovia y La Puerta de Tannhauser de Plasencia. Ellos lo hacen para mover el tema de las presentaciones. Decían que es muy complicado pedirle a un grupo editorial que le trajese a los autores porque claro, estás en Segovia, en Salamanca, en Plasencia… Así que se han unido y además les han dicho: «Mira, la ruta es superfácil. Hay una carretera que une las tres ciudades», y entonces programan y coordinan las presentaciones. Por ejemplo, consiguen a Millás y piden tres fechas seguidas, una en cada librería. Así, hacer fuerza a la hora de conseguir estas cosas es mucho más fácil. Intempestivos, que están en Segovia, lo tenían mejor porque a la gente de Madrid le pilla cerca, pero la que está en Salamanca o Plasencia… Son los últimos monos y allí nadie quería ir. Porque claro, que venga el autor cuesta dinero, pero con la asociación se han organizado de una manera que les permite hacer fuerza y da resultado.

A estos sitios no van ni los editores. Nos contaba Diego Moreno, de Nórdica, que fue a Badajoz y el librero le dijo que era la primera vez que un editor iba allí a hablar con ellos, que en veinticinco años no había ido un editor nunca. Un autor ya no te digo.

J.: ¿Sí?

B.: A no ser que estés en Bilbao, Barcelona, Valencia o las ciudades más grandes, en las localidades de la periferia tiene que ser desesperante.

Imagínate una librería de fantasía y ciencia ficción en una pedanía de Soria…

J.: [Risas]. Bueno, a lo mejor luego te va genial, quién sabe.

B.: Hombre, cuanto más específico es el tema que coges, mejor. Incluso una rama de la ciencia ficción y solo esa, pero resulta que eres eres superespecialista, y al final terminas atrayendo a los equis frikis que están interesados en tu tema, y esos van a ser clientes fieles aunque estés en la Conchinchina, porque te los van a pedir por correo o por internet o lo que sea. Cuando es algo muy, muy, muy específico, que hasta puede parecer una locura, en el fondo no es tan locura porque generalmente esos públicos suelen ser muy fieles y van buscando todo lo que salga.

Cuando se entra en el debate de los problemas del sector todos coincidís, más o menos, en cuáles son los riesgos y dificultades que se afrontan. Hay un problema muy claro y es que en España se lee poquísimo, se edita una barbaridad y el nicho de lectores no disminuye, que es una buena noticia, pero tampoco crece. Vender mil quinientos ejemplares con una tirada es un éxito, pero esa cifra, en un país de cuarenta y seis millones de habitantes, en fin. Vosotros como editores ¿sentís también que se está sobreproduciendo?

B.: Sí. Yo tengo clarísimo que se sobreproduce y de hecho tenemos nuestros conflictos a la hora de marcar la tirada [ríe]. Este último, que sale mañana [Cuatro estaciones hacia la locura], han sido dos mil. Es el de Evaristo, la segunda parte del anterior. Lo adaptamos según el autor, porque el de Kutxi Romero fueron tres mil pero por ejemplo, el de Maraví han sido trescientos. El primer año tiramos como locos…

Cometisteis el error del principiante de tirar de más.

J.: Sí. Del primero tiramos mil y hala, luego al final te los comes, pero bueno.

¿Cuántas cajas tenéis muertas de risa?

B.: Infinitas. Pues todas menos una, yo creo [risas]. Lo que hicimos con ese libro, una vez que vimos lo que pasaba, fue utilizarlo mucho como regalo o para hacer promoción. Con un libro que poco más se va a vender, antes de tenerlo ahí…

J.: Bueno, saldrá uno nuevo para septiembre e igual tira un poco del anterior.

B.: Sí. Pero luego hemos sabido ir ajustando las tiradas porque a mí me da mucha rabia que se queden ahí.

J.: Ese es el problema. Con el tiempo aprendes y también dices: bueno, vamos a imprimir aquí que nos da otras facilidades o es más económico o lo que sea.

B.: Nosotros no podemos editar tanto y, además, con la librería es complicado. Por ejemplo, Periférica nos mandó ayer el catálogo de los cien primeros títulos. En diez años han sacado cien títulos, o sea que son diez al año para una editorial mediana, quince como mucho, y no publican más. Creo que si quieres cuidar el producto no te puedes permitir mucho más y no da tiempo. Si sacas uno y la siguiente semana estás con otro, ¿qué haces?, pues estás menospreciando el anterior, porque si ya estás con la siguiente novedad a este no le has dado vida. Yo creo que hay una sobreproducción, pero qué vas a decirle al autor, ¿que no escriba tanto?

J.: Y luego está la autopublicación, que eso no lo hemos hablado. Es una pasada porque ves que todavía les parece la leche estar publicando sus cosas y eso sí que es amor a los libros. Porque al final todo el mundo tiene derecho. Aprecian tener sus letras impresas. Y por todos los lados venga libros, venga libros…

B.: Y toda esta gente de la autoedición está copando las plataformas como Amazon, etc., y claro, tú vas a Amazon y te resulta sugerente un libro… Muchísimo de eso lo está copando la autoedición.

J.: Bubok, por ejemplo.

B.: Como se llega a esto a través de internet pues no tienes mucho criterio para poder elegir, porque la información que te viene ahí es mínima. Al final la elección se centra en que la cubierta te guste y en que el título te resulte sugerente. Entonces claro, hay mucha producción ahí que se está sumando a la preexistente, que ya era mucha. Pero no le vas a decir a alguien que no edite su libro.

Al final el problema es que las cifras no cuadran porque es un bombardeo enorme para un público pequeñísimo. Es lo que nos decían en Valdemar, que el mercado editorial se sostiene porque todos compramos libros por encima de nuestras posibilidades. Compramos libros que no tenemos tiempo de leer porque invertimos en una expectativa.

J.: Eso pensarán: «Cuando tenga tiempo, cuando me jubile».

B.: La falta de tiempo es el mayor problema. Aunque es verdad que en Europa se publican menos títulos y se leen más.

J.: También tienen otra percepción. Mira cuando estuvimos en Sicilia, que publican en bolsillo muchas novedades, con tapa blanda y mucho más económico. Y estamos hablando de que aquí nos gastamos veinte euros así porque sí.

Siempre se habla del precio de los libros…

B.: Claro, es que te sacan la novedad de Dan Brown en tapa blanda y te lo cobran a veintidós euros y se quedan tan panchos. Y el precio de los libros en Polonia es una barbaridad; una novedad cuesta ocho euros y son libros bien encuadernados. Y en Italia igual; lo vimos el año pasado en Sicilia. Y están bien editados y son más económicos, que ese también es uno de los problemas fundamentales. Desde que hemos abierto, lo hemos oído muchas veces, sobre todo en este barrio donde ha habido y hay mucho problema de paro. Aquí hay gente que quiere leer y no puede permitirse comprar libros.

La Esquina del Zorro para JD 8

Nos hemos fijado también que tenéis los de segunda mano en la puerta. Combinación de librería de viejo y librería tradicional.

J.: Si te das cuenta, es un pequeño reclamo; tienes ahí eso y dentro también hay. Es muy poquito, la verdad que es anecdótico, pero es suficiente para que la gente se pare y se pueda llevar un libro.

B.: Esta mañana mismo ha venido una señora y se ha podido llevar tres libros para su hijo porque había ahí unos de El Barco de Vapor por dos euros y a lo mejor de otra manera no se los habría podido llevar. Y los nuevos de El Barco de Vapor ya son ocho euros cada libro. Aquí ese problema sí que existe. La gente te lo dice, aquí no se corta nadie: «Cómo me gustaría, pero no puedo» o «vengo el día 10 que es cuando cobro». Es que es muy triste. Tú claro, tampoco puedes decirle: «Venga, te lo dejo a diez euros», porque no puedes regatear. Nosotros con la editorial sí que quisimos ajustar para que no hubiese nadie que dijese: «Ay Dios mío, no puedo».

¿A cuánto los estáis vendiendo?

J.: Te diría que a una media de trece euros pero luego los hay a doce y alguno a diez.

Son baratos en comparación con el sector.

B.: Claro, es que si no lo fuesen mucha gente no los compraría. Luego ya no sé si los leen o no, pero de otra manera no se acercarían al libro por el problema económico. Hablábamos antes del fomento de la lectura, pues ya podrían hablar con determinadas editoriales que sabemos que pueden bajar los precios. Y yo no me meto en sus economías y contabilidades, pero no me puedo creer que una gran editorial tenga que sacar su novedad a veintidós euros.

En una pequeña sí es lógico, además ellos te lo explican muy claramente: son caros pero porque no pueden bajarlos. Ves la calidad del papel, lo cuidados que están… y esa edición y esa tapa cuestan dinero.

B.: Y este libro es muy barato para lo bien editado que está. [Instrumental, de James Rhodes, N. d. R.].

B.: Este me parece que son 19,90 euros. Están bajando y es verdad que está muy ajustado. Es una tapa dura y está bien encuadernado… Mira, voy a dar nombres: Planeta. Sacan alguna novedad que ni siquiera es en tapa dura y en fresado y dices: «Chico, te estás ahorrando lo que no está escrito, ¿cómo lo puedes sacar al mismo precio?». Por eso una de las iniciativas para incentivar la lectura sería bajar el precio de los libros. En el caso de Planeta no les vas a dar subvenciones —además yo no soy partidaria de dar subvenciones—, pero sí facilitar que los editores puedan bajar los precios de los libros para que el consumidor los pueda comprar. Pero claro, eso lo está haciendo la editorial pequeña y mediana de su bolsillo y, sin embargo, en la media del resto de editoriales una novedad cuesta entre dieciocho y veintidós euros, no hay otra cosa. Claro, si tú quieres que la gente lea una media de cuatro o cinco libros al mes, pues dieciocho por cuatro es una barbaridad de dinero. Los directivos de grandes empresas se podrán permitir eso y más, pero gente que está en paro y está cobrando solamente la prestación por desempleo o los sueldos de mierda que existen… ¿te vas a gastar cien euros al mes en libros si estás cobrando quinientos?

Es que es una locura plantearlo.

B.: No salen las cuentas. Y claro, hay mucha gente que no tiene acceso, y aquí está clarísimo porque nos lo dicen.

En esta librería se notan los finales de mes y la disminución de clientes esos días.

B.: Sí, sí. Pero clarísimamente. Y gente que te dice: «Ay porfa, resérvamelo que vengo tal día que es cuando cobro». Es una cosa peliaguda porque yo entiendo que en el precio de un libro hay muchas cosas que pagar y está el sueldo de muchas personas, así que yo también estoy especulando aquí con las finanzas de esta gente [ríe]. Pero sí que entiendo que se pueden recortar costes, y lo sé porque he vivido el mundo el libro de texto desde dentro y sé lo que son los presupuestos y cuánto se gastan las editoriales en determinadas cosas, y también sé lo que luego cuesta el libro.

O sea, que esos padres y madres que se quejan de los precios de los libros tienen toda la razón del mundo, ¿no?

B.: Pues sí, sobre todo porque si una editorial, para hacer una convención, contrata un crucero donde llevar a doscientos empleados, si no se gastara ese dinero en el crucero podría abaratar costes. Lo del crucero es una cosa que me parece indecente e innecesaria; claro que puedes hacer una convención, pero ¿por qué tienes que hacerla en un crucero?

[….]

B.: Y cosas así. No son todas, gracias a Dios. Pero es que el mundo del libro de texto da para otro capítulo. Ahí ha habido unas que son la leche.

Porque además son unas ventas seguras y obligatorias.

B.: Claro, sí. Hay muchísimos niños en este país en edad escolar. Este es un problema gravísimo, pero creo que tiene más que ver con la concienciación de la sociedad.

Ahora están empezando a surgir iniciativas de colectivos de madres y padres que se agrupan para el tema de los libros.

B.: Sí, es verdad que hay un montón de asociaciones que se están uniendo. Aquí en Vallecas empezaron a surgir hace dos años, cuando la gente ya empezó a estar muy muy canina con la economía. La historia no es que se monten asociaciones… Pero, ¿por qué un libro de texto cuesta treinta y seis euros?

Es más, ¿por qué tienes que pagarlos?

J.: Yo creo que eso cambiará y lo veremos nosotros.

Qué optimista.

J.: Seguramente. Tiene que haber una política en serio en educación.

B.: Pues no lo sé, porque en el mundo del libro de texto hay determinados mastodontes y lobbys con los que no vas a poder.

Para terminar, a los libreros siempre se se os suele preguntar por el libro que recomendáis o por el que más se vende, pero como nos parece una brasa, preferimos preguntar qué clásico tenéis atragantado. Un poco por desmitificar los Quijotes, los Rayuelas, los Ulises… No pasa nada por decir «no me lo he acabado y no soy un paleto».

B.: El Ulises.

J.: Yo no entiendo nada.

Creo que hace pleno, nos han dicho el Ulises nueve de cada diez veces.

B.: Y Proust. En Literatura en la universidad nos lo mandaron y no me acabé ni el primer volumen. Yo cada vez que llegaba a la magdalena no podía más, y eso que es la quinta página o así.

La Esquina del Zorro para JD 9

Fotografía: Begoña Rivas


Librerías con encanto: Estudio en Escarlata

estudio en escarlata para jd

La novela negra puede ser entretenida, pero no es alta literatura. Los thrillers policíacos son disfrutables para la horizontalidad veraniega, pero rara vez nos ayudan a comprender las complejidades del ser humano, sus contradicciones y anhelos. Eso es algo más serio, más profundo y más complejo. Hay que tomárselo en serio. Los libros de misterio están bien como escapismo pero para ser «literatura de verdad» es necesario un compromiso férreo con la realidad. Nada que remotamente huela a evasión. Las novelas de terror son aceptables cuando eres adolescente con acné en busca de espanto barato, pero hay demasiados clásicos pendientes y solo una vida, no vaya usted a malgastar el tiempo en sótanos oscuros. Los libros de mundos fantásticos son un bautismo inmejorable para que la infancia despierte al placer de la lectura, pero tarde o temprano hay que crecer y no aferrarse a utopías inertes. Ni los detectives con ridículos gorros, los dragones, los elfos o los espectros van a enseñarle nada de la vida. Porque esa, y no otra, ha de ser la aspiración de la literatura. Si además le entretiene, mejor que mejor. Pero si ese libro solo le ha entretenido solo se ha carcajeado, aterrorizado o fantaseado con él no hay duda: eso no es literatura de verdad. Solo es entretenido. «Solo».

Si han asentido ante al menos una de estas afirmaciones, es mejor que permanezcan alejados de la librería Estudio en Escarlata (Calle de Guzmán el Bueno, 46, Madrid) porque no encontrarán allí nada de lo que buscan. Pocos premios Nobel. Pocos autores para epatar a las visitas o los que citar mesándose las barbas. A cambio, solo ofrecen estantes rebosantes de misterio, novela policíaca, terror, literatura gótica, ciencia ficción y fantasía. Solo un camino entretenido, de Conan Doyle a Ligotti, de Philip K. Dick a Chandler, solo Pratchett y Lovecraft. Charlamos con su fundador y dueño, Juan Salvador López, que solo huye del aburrimiento literario de la elevación intelectual, y de los prejuicios de la alta cultura contra la cultura popular. Solo.

Cuando os preguntan qué tal os va, respondéis que sois una mezcla entre el Soy leyenda de Richard Matheson y la aldea de los irreductibles de Astérix.

Sí, sobre todo en esta época del año. La cuesta de enero ya llega hasta marzo. Cuando preguntan «qué tal va la librería», zanjamos con un «seguimos abiertos» por no empezar con el rollo victimista. Pensándolo, nos vemos mucho como ese Robert Neville o los galos resistiendo ahora y siempre al invasor

¿Quién es el invasor?

Pues son variados. Cantidad de libros continuamente, el contraste entre las pocas ventas y otra serie de factores, los inconvenientes que te ponen determinadas distribuidoras… Y lo que llamo los «espontáneos» que de repente te llaman y te dicen «este libro es buenísimo, es maravilloso, espectacular» y preguntas de quién es, y contestan: «Es mío, lo he escrito yo». Y dices «vale, bien, pero es que libros de poesía, o de autoayuda no vendemos, nosotros nos dedicamos a esto». Pero es un continuo. A los de Paulo Coelho no sucumbo, o determinados autores, que se venderán mucho pero nosotros aquí no tenemos, y tampoco nos apetece. Alguna vez lo hemos hecho, por ejemplo unas navidades que coincidieron tres políticos y tres personas que salen en televisión y habían publicado libro, y los pusimos ahí juntos en el escaparate. ¿Y yo para qué los pongo en el escaparate si al final vendo uno de cada? Además fue un contraste, porque coincidieron las memorias de Carrillo con las del cansino de Aznar los puse juntos; y al final dices: pues no. No experimento.

Hombre, suena a género, terror primigenio.

Vas probando y quieres captar a la gente del barrio, que es mucha gente mayor, y supuestamente vota por ahí. Para irse a comprar determinado libro a un gran almacén pues que lo compren aquí. Pero al final llega un momento en que renuncias y vas puliendo determinadas cosas. Lo nuestro está claro: tener unos determinados libros que son nuestras especialidades.

Lleváis diez años abiertos, y esto surge como negocio familiar.

Once hemos cumplido. Tenía experiencia en otra librería en La Vaguada, en la librería Egea, y ahí tuve una especie de maestro librero que llevaba treinta en la Cuesta de Moyano, y que tenía el concepto de esta librería en mente. Lo de unir el apartado de novela negra, policíaca y misterio con el apartado de aventuras y el de ciencia ficción, fantasía y terror.

Géneros populares.

Sí, era la idea inicial. Aunque luego se incorporara una sección de romántica y otros detalles. Ese concepto como tal en España no lo había, había librerías de cómic o librerías con un fondo de ciencia ficción o fantasía. Dos años antes que nosotros surgió lo de Negra y Criminal basado solo en novela negra, pero nosotros teníamos la idea de algo más completo. Eso es algo que se puede dar una ciudad grande, claro.

Os dirían que estabais locos, claro.

Sí, eso era lo habitual. Una librería de género en particular, pero creo que una librería cualquiera recibe ese tipo de comentarios de gente determinada del sector. «¿Estáis seguros? ¿Os ha pasado algo?» porque es un negocio muy vocacional y que tienes que ir ajustando mucho. Pero es algo complicado ya sea especializado o no lo sea.

estudio en escarlata para jd 1

¿Intentáis equilibrar el hecho de ser una librería de barrio con ser librería de género, de referencia en esos géneros?

Sí, claro, aunque es difícil. Pero la ventaja de internet es que la gente consulta, busca determinado libro, de una editorial pequeña que ha salido hace un año, y dice «mira, está aquí». Y está aquí y en dos sitios más, que quizá son Valencia y Bilbao, pero en Madrid solo está en esta librería. Nos llegan muchos pedidos de gente de fuera, y eso es la ventaja. Tienes una determinada serie de libros, y los tienes juntos.

¿Cuántos títulos tenéis aquí?

En la web alrededor de doce mil, in situ más o menos.

¿El público os encuentra por ahí?

Pues es que hay de todo, la cosa fluctúa entre la gente del barrio y el que viene una vez al mes o cada dos meses. Incluso pides determinados libros pensando en alguien. En las entrevistas nos preguntan cuál es nuestro lector tipo, y están esperando que digas que un adolescente con granos. O la señora que parece Miss Marple y se lleva todas las de Agatha Christie porque está preparando un veneno o qué se yo. Y no, hay de todo tipo.

¿Dirías que antes sí era el típico adolescente con granos y en los últimos años se ha ampliado el público de este tipo de literatura?

Creo que no estoy de acuerdo con eso. La imagen del friki de Big Bang Theory, el friki que va a las convenciones, es una figura muy de Estados Unidos. Aquí los frikis del terror y de la ciencia ficción y la fantasía son quinientas personas, o mil quinientas, que compren libros. O libros y cómic. No es una cosa masiva. Pero aquí hay señoras de setenta años que vienen a por la saga de Andrzej Sapkowski, que les parece maravillosa y la conocieron hace diez años, y previamente se han leído a Ursula K. Le Guin; y ves a una señora que parece tu abuela y dices «pues claro, por qué no». Luego ves a un chaval de treinta y tantos, que se lleva un libro de George R. R. Martin, o de fantasía y ciencia ficción y te paga con tarjeta. Y ves el nombre en el DNI y resulta que se llama Manuel Gándalf. Tolkien se editó en los setenta y claro…

Entiendo que os decían que estabais locos por eso, porque el prejuicio es que os dirigíais a un público de quinientas o mil personas.

Sí, aunque en el negocio lo es al margen de la especialización. Hay gente que viene y dice «es que sois la librería de referencia en Madrid de novela negra» y dices «gracias», pero no lo sé. Llegas a la Feria del Libro y piensas ¿cómo coloco los libros? La idea es casi mitad y mitad, aunque haya un poco más de novela negra. Un sesenta por ciento de novela negra y un cuarenta del resto de géneros, más o menos.

¿Se publica más novela negra que terror?

Sí, se publica mucho más thriller, incluso novela histórica con intriga, que del resto. Aunque del resto, curiosamente, los lectores suelen ser mucho más fieles. Y aunque no me guste generalizar, cierto lector de ciencia ficción y fantasía tiene una apertura de mente mayor a llevarse tal o cuál cosa. Tienen más variedad.

Por lo que hemos visto aquí seguís aconsejando al lector, recomendando títulos en función de sus gustos, algo que se ha perdido en la compra de gran superficie.

Sí, es así. Preguntan y recomendamos, algo que parece que se ha perdido. Las últimas veces que he pasado por una gran superficie he visto que tienen treinta o cuarenta en la sección de novedades, pero treinta y cinco son de las grandes distribuidoras. Parece que hay variedad, pero no la hay. Aquí tenemos menos títulos, pero veinte o quince son de las grandes, y el resto son de las pequeñas. En determinadas cosas, dar prioridad a las editoriales pequeñas resulta en que encima vendes más. Hay grandes bestsellers y llegan aquí, y… ¡A mí también me gustaría vender una pila! Pero no la vendes. Solo uno, dos, tres. En una gran superficie sí. Pienso que hay más variedad en superficies pequeñas que en las grandes.

Luego tienes iniciativa de gente muy pequeña, como una cosa que tenemos que se llama «La Hermandad del Enmascarado». Una asociación cultural sin ánimo de lucro, una serie de amigos de la literatura pulp, que en un momento dado hicieron una revista con lo que les gusta. Un fanzine bien hecho, y lo llaman Barsoom. También se unen para publicar libros, que traducen ellos o que están libres de derechos. Eso es una cosa marginal, claro que lo es, una tirada de doscientos ejemplares que venden en tres sitios. Pero claro, es que te pones a mirar, hablas con editores, y la tirada de un libro con reseña en el Babelia ha sido de mil ejemplares. Y eso es de lo que curiosamente no se habla, y se habla mucho del digital. La ventaja ahora mismo, en cuanto impresión, es que tú haces una tirada de mil ejemplares y lo puedes poner a quince o dieciocho euros, y vendes ochocientos. Has cubierto gastos y empiezas a ganar dinero. Conozco editores que me dicen eso, que tiran mil ejemplares, pero no sé cómo lo ajustan, cómo consiguen pagar al autor unos derechos mínimos, pagar la imprenta, colocarlo en la librería…

¿Quién sale perdiendo más en esa cadena?

Hay de todo. Están los que son una gente suicida o lo hacen por amor al arte, que hay pocos, y gente que son una panda de ladrones. No pagan al autor, el autor no sabe cuántos ejemplares se ha tirado ni cuánto se ha vendido… Estoy hablando de editoriales grandes, eh. Luego hay una serie de empresas —los llamo empresas porque no son editoriales— donde realmente el cliente es el autor. El autor paga lo que llama la impresión y la encuadernación, y la empresa dice que se encarga de la difusión y promoción. En realidad lo que hacen es colocar la ficha en la página web y ya está. Y por eso le han cobrado dos mil euros al autor.

estudio en escarlata para jd 2

¿Por qué a los que somos aficionados a este tipo de géneros, especialmente el terror, se nos cuestiona constantemente? Es algo que no ocurre con los fans de otro tipo de géneros, nadie pregunta por qué te gusta la novela realista, por ejemplo.

Comparado con otros países, yo creo que es un problema educativo o cultural. El Quijote lo puedes plantear como un clásico de la literatura española, pero es básicamente una novela de aventuras y de humor. Pero te salen con eso de que la literatura es algo muy serio, y el prestigio de la cultura y no se qué. Y dices: ¡Váyanse ustedes a aburrir a otra gente! ¿Qué es lo que queda fuera de los géneros populares? La literatura realista, más o menos. Llámalo si quieres psicológica o costumbrista. Y a mí es que me aburre, de verdad. Javier Marías, Muñoz Molina, las reseñas de «esta novela es fundamental e imprescindible».

Y no digamos ya cuando alguno de estos autores hace una incursión en un género como la fantasía.

Eso ya… Cuando meten un crimen o una trama de ciencia ficción o fantástica, se dice eso de que «han trascendido el género». Es ya una expresión común. O lo de « va más allá de la novela negra».

Como si el género en sí no fuera suficiente, como si tuvieran que legitimarlo.

Es exactamente eso. Por ejemplo, coges a Eduardo Mendoza. La gente dice: Sin noticias de Gurb, qué novela más divertida; o El Misterio de la cripta embrujada, La ciudad de los prodigios… Pero te pones a pensar y eso son novelas de género. Están muy bien escritas y son muy literarias, pero son novelas de género. ¡Pérez Reverte escribe novelas de aventuras! Por eso creo que a nivel educativo y cultural en este país hay un desprecio absoluto por la literatura de género. Están que si con los temas, con la crítica social, y dices: ¡Joder, es que sois muy pesados! Hay novelas que pueden ser muy entretenidas, y al mismo tiempo aprendes o reflexionas…

¿Pero qué hay de malo en que solo te entretengan?

Eso digo yo. Como si hacer eso no fuera complicado.

Quizá es cosa de la cultura española en sí y no de la lengua. En la literatura latinoamericana siempre han tenido muy asumido el género, como con Quiroga, o Lugones. Sus cuentos son prácticamente góticos, y Borges incorpora lo fantástico, sin ningún problema. 

Sí, sin duda. No es problema tanto de los autores. Si te vas al pasado y enfocas El Quijote, por ejemplo. O piensas que la primera historia de viajes en el tiempo fue La Máquina del tiempo de Wells, pero resulta que hay una obra anterior que se llama Anacronópete, anterior a la de Wells y que la escribió un español, Enrique Gaspar y Rimbau. Literariamente no es nada del otro mundo, pero históricamente es anterior. Y Jardiel Poncela escribía novelas policíacas. Pero toda esa faceta del género se aparta y se ignora, porque somos realistas y estamos metidos en el mundo y no se qué… Y los «me duele España», y la madre que los parió.

Puede ser más un problema de la crítica y del sector académico que del público…

Puede ser. Pero en las historia de la literatura se quitan determinados autores y determinadas ideas para meternos el rollo de que somos todos muy serios y muy tal. Como el humor de El Quijote o el humor de Quevedo. Lo que veo es que la literatura está concebida aquí como algo muy serio que hay que reverenciar. Os cuento un ejemplo: en un club de lectura que tenemos, elegimos una novela de Donald Westlake, y coincidimos lectores normales y corrientes, con un editor y un escritor de novelas, también profesor de literatura. Uno, al que llamábamos «el hermano anarquista de Stalin» porque era muy cerrado en el sentido de la crítica social, leía las novelas y decía «este es suizo, y todos los suizos son unos cabrones, no me da la gana leerlos». «¡Es Dürrenmatt, y Dürrenmatt es suizo, así que está forrado!». Cosas así. Pues el caso es que leímos a Westlake, una novela divertidísima con la que te lo pasabas bien, sobre un ladrón. Y en Estados Unidos ser un ladrón e ir contra la propiedad privada es una transgresión brutal. Pero veías al editor y al escritor que decían cosas como «es que no elabora las frases». Por su parte, el hermano anarquista de Stalin decía que «es que aquí no se refleja la pobreza de Estados Unidos, no hay una crítica». Y yo decía: vamos a ver, la novela es muy entretenida y te cuenta una serie de cosas de los años setenta, y ya está. Aquí hasta hace poco la novela negra era algo despreciable. Hasta que llegaron Vázquez Montalbán y Carvalho. Incluso hay algunas cátedras de algunos profesores, conozco a varios, que se van poniendo medallas porque dicen que gracias a ellos la novela ha entrado en la Universidad y es algo digno. Bueno, hasta entonces era algo despreciable.

Y la fantástica no te cuento.

Ya ves tú, con los elfos, los enanos, la magia. La ciencia ficción va entrando en algunos sitios. Pero con el género fantástico la gente siempre piensa que tienes que ser un adolescente o un disminuido.

Uno de los mejores ejemplos quizá sea Terry Pratchett, que en muchas bibliotecas sigue consignado a la sección de juvenil. ¿Es porque persiste esa división de que hay que leer para instruirse, y leer para divertirse es cosa de adolescentes o de incultos?

Justo. Mira, nos hacen una pregunta habitual: «¿Aquí solo tienen libros de lectura?». Y te paras a pensar, y escuchas: «Es que estoy buscando libros de texto, libros de colegio, y esos no son de lectura». O dicen eso de: «¿Aquí solo tienen literatura, solo tienen novelas?». Y contestas que no, que tenemos una sección de ensayo también. Pero es como si hubiera una serie de compartimentos. Luego te encuentras una serie de cómics estupenda como Blacksad, que es obra de unos españoles buenísimos y se publica primero en Francia, es su casa madre. Porque en Francia hay una industria.

El dibujante estuvo trabajando en Disney, de hecho.

Sí, y se nota muchísimo. Hasta que te pones a leer la historia y piensas que Disney jamás lo habría aceptado.

La «versión Vértigo» de Disney.

Eso, justo. Aquí no se valora y es por una serie de razones. En mi opinión es porque hay determinado desprecio al género, y una falta histórica a determinados autores clásicos. No solo en literatura, también en otros sectores. Se olvidan y de repente parece que han descubierto a tal. Miro vuestra revista, que salen librerías como Tipos Infames, y me he acordado de que hace veinte años existía al lado de la calle Mayor un sitio que se llamaba La Madriguera y era un café, pero tenían libros. Y nos reuníamos allí, reuniones literarias; ya tenían esa idea. Y ahora ves estas librerías nuevas y jóvenes, que te dan un cupcake y una cerveza artesanal, y dices ¡bien! Porque también hay libros, y de editoriales muy exquisitas. También es una de las claves ahora, diversificar. Porque si el público tiene la opción del libro digital, que te cuesta nada —cuando lo pagas, porque esa es otra— ¿qué haces para vender papel impreso? Pues creas libros, libros bonitos, como Valdemar, que están genialmente encuadernados y son maravillosos. Te cobran equis, pero el libro te dura. Hay otras grandes editoriales que te cobran veinte euros, y ese libro al año y medio está a 5,95. Y ves que te lo has leído un par de veces y se deshace entre las manos, se caen las tapas. Se parece mucho a lo que pasó con los discos, la novedad de tres mil pesetas se rebajaba.

¿Los libros son caros?

Algunos sí son muy caros, solo fijándonos en la calidad del papel y de encuadernación. Por no entrar en la calidad literaria o lo que fuera. Son caros respecto a lo que tú ganas habitualmente. Has hecho una tirada de mil ejemplares: lo van a leer mil personas. Entonces es barato. Pero si está bien hecho, si te va a durar… Luego está el inconveniente, o la ventaja en España, para algunos, de los setenta mil libros al año, con el índice de lectura y el índice de compra. ¡Joder, pues somos una potencia! Somos la tercera potencia en cuanto a edición. Pero luego en cuanto a lectura estamos a la cola, somos el veintintantos.

De la lista de los más vendidos llama la atención que hay algunos que no son nada de género. ¿Qué sientes cuándo ves que en una librería de novela negra, fantástica y terror arrasa Almudena Grandes?

Son cosas del mes. En 2005 o 2006 el más vendido fue el de Narnia, porque coincidió con el fenómeno. Pero es una cosa puntual, porque luego llega el ranking del año y es diferente. Básicamente vendes lo tuyo. Este año lo más vendido ha sido una antología de relatos y ensayos de Sherlock Holmes, e incluso tres piezas que no están dentro del de Conan Doyle. La segunda es curiosamente Camilla Läckberg, que solo la vendemos en la Feria, es la reina de la Feria. El primer año que fuimos le pregunté al editor dónde estaba el truco. La gente llega y lo coge sin mirarlo, te piden que se lo cobres sin mirarlo. Y yo miraba la cubierta y decía: me pierdo algo, ¿dónde pone el «cómprame, cómprame»? Pero bueno, nosotros tenemos una idea bastante amplia del género. Ruiz Zafón es literatura popular, o el cansino de Dan Brown, que es literatura esotérica de toda la vida. Como El Ocho u otra serie de novelas.

estudio en escarlata para jd 3

Has abierto el melón: ¿Tenéis a Dan Brown por aquí?

Cuando abrimos dijimos: hay que tenerlo. Pensamos que ya se había vendido todo, pero vendimos unos cuantos, aunque después de Ángeles y Demonios ya no se vendió nada. Sacaron tres o cuatro, y ya no era el famoso Robert Langdon o caracartón Tom Hanks haciendo el papel.

Con el peluquín de Bertín Osborne.

[Risas] Además dirigida por Ron Howard. Fuimos al cine a verla, porque confié en un amigo, aunque a priori pintaba fatal. Y efectivamente, mala, mala.

Cuando alguien viene pidiendo más cosas como El Código Da Vinci, ¿qué haces?

Cuando te dicen que les ha gustado mucho Dan Brown, y te dice tres libros que les han gustado y han vendido millones de ejemplares… qué vas a hacer. Yo intento recomendarles un libro que sea también entretenido, un thriller, pero que sea bueno. Es como cuando vas a la Feria y ves pasar a escritores españoles hojeando en tu caseta a ver si está el suyo. ¡Coño, Javier Sierra, si sé quién eres, pero no lo tengo! No lo vendemos, o lo vendemos muy poco. El de Gómez-Jurado tampoco lo vendemos mucho. Determinados autores, no. Mucha gente viene a buscar otro libro del que hay muy pocos, o autores españoles pero de editoriales pequeñas.

¿Los clásicos son inagotables?

Más de lo que creéis. Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Patricia Highsmith, Chester Himes... Determinados autores que se siguen vendiendo. Y todos los de Conan Doyle, porque tenemos ahí nuestra sección holmesiana para que se vea muy bien. Cuando abrimos pensamos que no venderíamos nada de Agatha Christie, y no, se sigue vendiendo.

Y en cuanto al terror, ¿afectan los los fenómenos extraliterarios como True Detective en el interés del público en obras como El Rey Amarillo? ¿Ha revivido Chambers?

Bueno, ha sido toda una ola. La edición ilustrada se ha vendido muchísimo, incluso un ensayo sobre todos los textos que aparecen en True Detective. Han salido muchas cosas y se han vendido genial, especialmente las ediciones en bolsillo de Valdemar. El relato de Ambrose Bierce de Carcosa se pide mucho. Por el contrario, tengo que agradecerle mucho a Will Smith, a ver si algún día le conozco en persona, que en cuanto hizo la película de Soy Leyenda dejamos de vender a Matheson. Uno de los libros más vendidos desde hace años de pronto lo dejamos de vender. Encima para hacer una mierda de película, y consigues que dejemos de vender la novela, que es mi favorita. Yo creo que algunos autores se deberían plantear que si llevan sus libros al cine les cambien el título, por si acaso.

Y el fenómeno inverso de «el libro en el que se basó la película», que directamente usan las carátulas cinematográficas.

Aquí pasó con uno de estos fenómenos editoriales que venden miles de ejemplares, La historiadora, de Elizabeth Kostova. La misma editorial hizo una edición de Drácula de Bram Stoker, y ponían: «La novela que ha inspirado a La historiadora». Bram Stoker ha inspirado aquello, así que él tiene que ser bueno también. Con el fenómeno Crepúsculo también le hicieron algo parecido al pobre Stoker, la novela que inspiró a… ¡A una escritora de novela romántica chunga, qué coño! Porque luego hasta ella misma lo decía en entrevistas, que no había leído nunca novela de terror ni de vampiros ni de nada. Eso son novelas románticas.

Pero independientemente de las modas, Stephen King sigue siendo el rey del terror, y luego hay clásicos que también se venden muy bien, como M. R. James o Lovecraft. Autores decimonónicos publicados en su mayotía por Valdemar, sobre todo hay mucho cuento, y novelas del XVIII o del XIX. En general en ventas ganan los norteamericanos. Especialista en thriller de terror es Stephen King, en thriller médico legal Robin Cook, en novela de jurados John Grisham. Y ahora hemos entrado en otro subgénero: el de «John Grisham, o quien sea, recomienda». Como Stephen King, que yo no sé si tiene mucho tiempo, pero recomienda de todo, por ejemplo en España salió antes la edición de bolsillo de La Sombra del viento en inglés, porque Planeta tenía que seguir vendiendo el libro a veinte euros por si acaso. Y venía una frase de Stephen King: «Great mistery novel, I love it». James Ellroy decía en una entrevista —aunque es un mentiroso redomado y podía ser verdad o no— que solo leía clásicos y no leía autores actuales, y que los nórdicos no los había leído. Pero de repente ves alguna novela con una recomendación de Ellroy: «Me ha encantado». Pero él explicaba que eso eran cosas de su agente, y que como lo había publicado la misma editorial pues entonces lo recomendaba, aunque no se lo hubiera leído.

Ya que mencionas a los nórdicos, ¿seguimos en pleno auge o empieza a decaer un poco la cosa?

Son fenómenos cíclicos. Al fin y al cabo con lo de Stieg Larsson y Los hombres que no amaban a las mujeres hablamos de un thriller con una serie de características bastante comunes. Ahora por tercera vez van a relanzar a los que llaman los padres, aunque técnicamente deberían ser los abuelos, Maj Sjöwall y Per Wahlöö, que en el año 65 escriben diez novelas e inspiran a Mankell y a toda una serie de gente.

Es decir, que la ola ayuda a recuperar ciertos clásicos.

Sí, tiene una parte muy positiva, porque ayuda a recuperar ciertas cosas, pero luego hay algo extraliterario. Vamos a ver, realmente a nivel literario somos una colonia británico-norteamericana, incluso a nivel cinematográfico y musical. Y yo no sé si esto no se dice porque es evidente, o porque da igual. Cuando se dice eso de «tenemos nuestra propia cultura y nuestros propios intereses» no es verdad. Mire, la mayoría de lo que se traduce, se traduce del inglés. Entonces claro, encontrar un traductor de sueco… Hay una señora que se llama Carmen Montes Cano que es quien traducía a Mankell, y básicamente solo estaba ella traduciendo literatura sueca. Ahora ya hay más. Esa es la parte positiva, que conoces a ciertos autores que son buenos pero hay otros que…

Mira, en un acto de Getafe Negro hace unos años, invitaron a los editores de Åsa Larsson, que la ha publicado Seix Barral, a Camilla Läckberg, que la publica Maeva y a la supereditora de Stieg Larsson, que parecía que le iban a besar los pies. Y también al de Suma de Letras, que había editado a Jens Lapidus. Yo estaba allí, y hablaban de por qué habían editado a esos autores, qué les había aportado. Y ves a Maeva, como la pequeña-mediana editorial, que tienen a un tipo allí en Suecia y Europa, viendo qué puede ser interesante para su público, y editan de determinada manera. Hay un cierro cuidado en lo que hacen. Pero otros no. Las editoriales tienen traductores en sueco o en noruego, pero no tienen a nadie que se ponga a leer en original, así que se fían de otros editores. ¿Y por qué la han publicado a ella? Pues porque Stieg Larsson decía que esta novela era buenísima, y empezaron por ahí. Ese fue el criterio. Qué nivel. ¿Y a Lapidus, por qué le han editado? Pues según decían, porque buscaban a un autor que tuviera una trilogía, que estuviera ubicada en Suecia, en Estocolmo a ser posible; que fuera guapo e interesante para poner en la contraportada. Y por eso empezaron a publicar a Lapidus. Un nivel literario exagerado, como veis. Aunque hay editoriales más o menos grandes que son cuidadosas. Pero eso es lo que pasa con el fenómeno nórdico, que se han publicado muchas cosas, pero la mayoría se sigue publicando desde el inglés. Hace poco me contaban que ya habían rescatado a todos los grandes tesoros, tanto escondidos como subterráneos, de la literatura inglesa, galesa y escocesa, como norteamericana evidentemente, y ahora tenían que buscar tesoros escondidos en Australia. Joder, es que no saben qué hacer. Pero claro, es que la lengua inglesa es vastísima.

estudio en escarlata para jd 4

¿Cómo ha afectado el fenómeno George R. R. Martin, con la serie y los libros al auge de la literatura fantástica?

El librero que os decía al principio llevaba años antes de la primera de Canción de hielo y fuego intentando publicar El sueño del Fevre, la primera novela de Martin. Decía que era una de las grandes novelas de vampiros. Martin se pasó años siendo guionista de cine y televisión, y él mismo contaba cómo le felicitaban por algunos guiones pero le decían «es buenísimo, pero esto no se puede hacer. No hay presupuesto para ello». Y entonces empieza a escribir una serie de novelas con la idea de «esto no lo vas a adaptar, ahí os maten. Voy a meter cien personajes, va a haber dragones y va a haber de todo». Y se lo adaptan.

Hasta le adelantan.

Exacto. Así que el fenómeno de Martin está muy bien, porque ha rescatado bastante de su obra. Además hay gente que piensa que lo de Martin son novelas históricas. Así te lo piden «busco una novela histórica como Juego de Tronos», y dices, bueno, sí, con sus zombis, dragones…. Y luego llega el cansino, que para mí cansinos son todos los partidos políticos, Pablo Iglesias. Si le da el libraco de Juego de Tronos al rey, dirías ¡bien!, pero no, le regala la serie de televisión. Ahí hubiera triunfado… Regalándole un libro de Gigamesh, de una editorial pequeña. Así sí.

¿Sucumbís a vender merchandising?

Alguna vez hemos intentado vender camisetas, pero no. Estas navidades hemos tenido tazas y alguna cosa, y puntualmente, pues bueno. Las librerías de cómic en cambio son casi todo merchandising, y luego un apartado cada vez más pequeño de cómic y libros. Hay de todo, porque ahí hay más margen. Pero nuestro negocio es el que es.

En cuanto a la literatura de género, ¿cómo está el mercado?

Ha habido un boom de novela negra, pero ahora ha bajado mucho. Lo que pasa con algunas editoriales es que publican muchísimo y cuando ven que no lo venden todo rápidamente, en lugar de mantener el fondo, lo rebajan y lo saldan. Luego hay editoriales pequeñas que no. ¿Por qué hemos podido leer a Dashiell Hammett o a Chandler muchos años? Porque lo ha publicado Alianza. Ahora ha bajado bastante lo de novela negra, y la fantástica está en bajada total y absoluta. La Factoría de Ideas ha cerrado este enero…

Aunque La Factoría de Ideas tampoco es que tuviera muy buena fama entre los lectores, especialmente por ciertas traducciones.

Las traducciones y la calidad de los libros. Mal maquetados, mal impresos. Algunos lectores la llamaban «La Fechoría de Ideas». Y luego Timun Mas, alguna de sus series fantásticas de varios tomos, como veían que el tomo tenía seiscientas páginas, decían «esto lo partimos en dos» y te cobraban dos veces. Era «Timo Más».

A Ligotti lo publicó aquí la Factoría primero, y si lo lees ahí te da la impresión de que no entiendes nada y no sabes a qué se debe la fama… Y es todo por la traducción.

Sí, trabajaban con estudiantes y les pagaban lo mínimo. O lo hacían por trozos de cincuenta páginas distintos traductores, y así no hay manera. Ahora hay una editorial que se llama Sportula, tanto en digital como en papel, una editorial muy pequeñita y sacan quince títulos al año, pero muy cuidado. O Tyrannosaurus Books, que son una panda de frikis o de fans, que tienen una colección que hacen mezclas con clásicos del cine y del terror. La última ha sido Sherlock Holmes contra Nosferatu.

¿Qué autores españoles de género reivindicaríais?

A mí me gusta mucho Montero Glez, aunque entiendo que algunas de sus novelas son complicadas. Alejandro Gallo, Emilio Bueso… Hay posibilidades de leer cosas interesantes. Y me viene con esto a la cabeza otra vez  Sapkowski, es un fenómeno que han empezado a traducir ahora al español porque algún ejecutivo ha dicho que es muy interesante. Es un éxito en Polonia, en países del este, y luego llega a España a la vez que Alemania y Francia, es un fenómeno que no es habitual. Hay una critica por ahí, no sé si es de Andrés Ibáñez que hablaba de él: «Me he leído una serie de novelas de un polaco que son buenísimas, la profundidad de los personajes, la trama….». Y al final, de repente dice: «Salen dragones, es un tío mitad brujo y mitad humano con poderes y dos espadas, pero es buenísimo».

Como disculpándose. Como co Pratchett, al que cuando murió se le felicitaba por haber tocado los grandes temas, obviando que lo fundamental es que te lo pasabas genial. ¿Qué hay de malo en ir leyendo en el metro riéndose?

Sí, joder, qué aburridos. Es lo que decía Borges: «El prestigio de la literatura es el aburrimiento». Si te lo has pasado muy bien no puede ser buena literatura. Si te gusta leer eres una persona muy culta y muy interesante, y joder, a lo mejor te gusta leer a Marcial Lafuente Estefanía, o te gusta Danielle Steel. Que te guste leer no aporta ni quita nada. Es como cuando algunas editoriales tratan de vender una novela de estos géneros, aferrándose a ciertas palabras: «Esto es una novela negra diferente». ¿Diferente a qué? «Pues que profundiza en los personajes y enlaza con la rica tradición mediterránea y que es tan buena como las de Camilleri». Ah, pues vale. Luego ves el libro saldado a los dos años y que no ha vendido, aunque hayan hecho un gran lanzamiento. Tú escribe una novela interesante y que sea buena y entretenida, y luego ya si quieres puedes ser Fred Vargas.

Hemos visto que en vuestra web dais una especie de reconocimientos, como galardones literarios. ¿Cómo veis el panorama de los premios literarios en España? ¿Os los piden más?

Bueno, el Planeta por tradición es el que más tirón tiene. La famosa estadística de «me leo o me compro un libro al año, uno de ellos es el Planeta». En nuestro apartado de «librería de barrio» los tenemos, aunque no tengan nada que ver. Aunque te pones a ver cómo funcionan los premios… Especialmente el Planeta. Pues eso, ya sabemos todos el funcionamiento, todo márketing. Hombre-mujer, conservador-progresista, uno literario y otro mediático… Y alternan. Y el resto de premios literarios importantes también son siempre para autores conocidos. La mayoría funcionan así. El que ha ganado el premio Planeta antes ha ganado el Primavera, por ejemplo, Maxim Huerta será Planeta el que viene. O Víctor del Árbol, que ha ganado el Nadal, de aquí a unos años si sigue vendiendo bien ganará el Planeta. Son cuestiones extraliterarias, como el fenómeno de La chica del tren. ¿Cómo es posible que un libro que salió cinco días antes de empezar la Feria llegue un montón de gente y te lo pidan? ¿Cómo se han enterado? Y te pones a mirar y a investigar, y determinadas revistas de moda dedican una publicidad a «los libros que hay que leer». Un fenómeno que es lo único que quieren muchas editoriales, vender cien mil en cinco o seis meses y ganar dinero. Pero bueno, al margen de todo, el problema real de España en este sector es la distribución. Me contaba un comercial que trabajó en Alemania, y en una reunión de editoriales le preguntaban: ¿Cuántas distribuidoras hay en España? Y el tío contaba que quinientas. Y el alemán le decía que no, que cuántas distribuidoras, no editoriales. Y el español insistía: quinientas. El alemán flipaba, porque allí tienen cinco distribuidoras y en cuarenta y ocho horas lo distribuyen a cualquier punto de Alemania, desde Plaza Janés, a Impedimenta o Errata Naturae o Valdemar. De la más grande a la más pequeña. Ese es el tema.

estudio en escarlata para jd 5

Fotografía: Begoña Rivas


Librerías con encanto: una conversación con los libreros de Bartleby

oie_18142440EU11w3jz

Bartleby es la librería de moda en Valencia, tienen poesía, vinos, cómics y están en Ruzafa. Nos citamos con Luci Romero y David Brieva, artífices del proyecto, para que nos cuenten cómo surgió la idea, qué tal les va y, sobre todo, para descubrir si realmente han leído a Herman Melville

Luci, cuéntanos cómo empieza esta historia.

David y yo coincidimos en el programa de radio Café con vistas, donde David presenta una sección de cómics y yo una de literatura. Cuando me quedé sin trabajo comenté en una conversación que una de las ilusiones de mi vida era tener una librería propia, David estaba delante y se interesó por la idea. He trabajado tanto en librerías como en grandes almacenes, en el departamento de libros, así que esa experiencia la tenía. Y aunque me he formado en Historia del Arte la literatura es una de mis pasiones.

David, lo tuyo son los cómics.

El cómic es mi pasión desde que era muy pequeño, y aunque en la librería hay mayoritariamente libros, me he preocupado de tener una sección de cómic amplia y atractiva, algo que habitualmente solo se puede encontrar en establecimientos especializados. Las librerías comunes solo venden cómics populares, sin embargo en Bartleby apostamos también por el cómic especializado y procuramos que los títulos encajen con el resto de referencias que hay en la librería. Fundamentalmente, hay novela gráfica, algún europeo, algo de humor… cosas que tengan sentido junto al resto de nuestra oferta, no es el caso del comic book americano de grapa.

¿Cuándo empezó a haber cómics en las librerías?

Aún no estoy seguro de que ahora haya. Las grandes superficies empezaron a trabajarlo hace unos años, pero las librerías aún se están resistiendo a incorporarlos a su fondo editorial porque son productos culturales que han  estado muy separados desde el punto de vista de la comercialización. El librero tradicional no conocía el producto, y el experto en cómic, aunque fuera aficionado a los libros, no unía ambos mundos. De hecho, en nuestro caso somos dos personas que dominan dos medios diferentes, pero precisamente en esa fusión es donde está la riqueza. Somos una de las pocas librerías que, siendo mayoritariamente de libros, tiene una sección de cómic importante y especializada.

¿Cómo organizáis los cómics? ¿Por editorial? ¿Por autor?

La novela gráfica la ordenamos por nacionalidades, luego está el álbum europeo, que es un formato en sí mismo; finalmente tenemos manga adulto, el que se llama seinen —que para mí es el más interesante— y humor.

¿Vender un cómic es como vender un libro o una revista?

Depende. Hay que diferenciar entre la librería especializada de cómic, que vende publicaciones periódicas de grapa protagonizadas habitualmente por superhéroes, y el que nosotros vendemos, que suele ser novela gráfica autoconclusiva. Cuando coleccionas cómic americano tienes un compromiso de compra mensual por cada una de las series que sigas. Comprar novela gráfica es como comprar un libro, adquieres el título que te interesa y ya te comprarás otro cuando te apetezca.

¿Qué te parece el webcómic? ¿Conoces el proyecto Panel Syndicate?

Sí, claro. Como lector de cómics me parece muy interesante. Del digital me interesa que los nuevos modelos empiecen a aportar cosas diferentes: que se integre al público, que se fusionen medios… Panel Syndicate ha tenido un éxito tremendo y ha demostrado que puede funcionar. Creo que es el camino y que en el futuro cada vez vamos a ver más de esto.

Luci, ¿qué poesía podemos encontrar en Bartleby?

Me gustaría tener mucha más de la que tengo, pero hay mucha poesía contemporánea. Actualmente podemos encontrar editoriales aportando títulos bastante jugosos e interesantes, con traducciones de autores desconocidos en España. Hay clásicos, evidentemente, pero me interesaba apostar por poesía contemporánea, cercana a mi generación en muchos casos, y así poder dar a conocer otras voces del panorama poético.

¿Tenéis todo en castellano o también hay en idioma original?

Vamos poco a poco. Queremos tener más cosas, y cada vez vamos teniendo más libros en inglés y francés, por ejemplo. Está entre nuestros proyectos, pero como somos una librería pequeña tenemos que ir con prudencia. Crecemos en función de lo que te van demandando. Y además, nos interesa tener cosas en otros idiomas porque vivimos en una ciudad y un barrio con bastante alcance turístico.

¿Y literatura en valenciano?

Sí, pero menos de la que me gustaría. Ten en cuenta que somos de Córdoba y Gijón respectivamente, por nuestros orígenes está claro que no vamos a abrir una librería especializada en valenciano [risas].

¿Por qué asociáis «preferiría no hacerlo» con el nombre de una librería?

Desde el principio nos gustó el contrasentido que supone. Y al abrir la librería queríamos hacer muchas cosas, no parar quietos y ese aspecto que tiene el personaje da mucho juego. Es un «preferiría no hacerlo» mientras estás intentando hacer todo lo que puedes. Además ya hay una editorial con ese nombre y la librería ya tocaba.

[Bartleby, el escribiente de Herman Melville narra la historia de un empleado ejemplar al que un buen día su jefe le pide que examine con él un documento. Bartleby le contesta: «Preferiría no hacerlo» y no lleva a cabo la solicitud. A partir de entonces y sin motivo aparente, a cada nueva petición de su superior contesta con la misma frase].

Y el barrio…

Ruzafa tenía librerías de segunda mando y modelos mixtos donde se combina restauración y libros, pero no tenía una librería como tal.

¿De dónde salió lo de combinar vino y literatura?

El vino lo hace todo más interesante [risas]. Nosotros en Bartleby hacemos muchas actividades y el vino las acompaña y enriquece. Aunque es un elemento distintivo de la librería lo consideramos secundario, nosotros lo que tenemos son  libros. Hay una selección de vinos muy cuidada, no hay un tirador de cerveza.

Cuando entra un cliente, ¿se puede pedir una copa de vino o está reservado solo para las actividades?

Claro, todo el que quiera la puede pedir. Si quieres una ahora yo te la pongo.

1

En estos tiempos de Amazon, Black Fridays y Cyber Mondays… ¿qué hay que hacer para vender libros en una librería?

Recomendar mucho y bien. La función de sugerir y aconsejar al cliente es fundamental en una librería, sigue existiendo, y no perderá relevancia con el paso del tiempo. Ser prescriptores y saber recomendar. Y nuestra gran apuesta son, sobre todo, las actividades. Hacemos muchas. Tenemos una media de tres a la semana, aunque en ocasiones llegan a ser muchas más. Con las actividades y los eventos creamos comunidad y generamos un movimiento necesario para que la librería esté viva.

Fernando Iwasaki dice que leer un libro en digital es como beber vino en tetrabrik.

Para nosotros también es así, depende de los hábitos de lectura y de las generaciones. Entiendo que para las nuevas generaciones quizás ya no sea así.

¿Se puede encontrar en Bartleby Cincuenta sombras de Grey?

Si lo pides sí, aunque no lo encontrarás expuesto. Como es lógico, no nos negamos a traerle a la gente el libro que quiera, pero habitualmente no tenemos muchos best sellers. Obviamente, el servicio lo ofrecemos. Hacemos una selección muy cuidada de lo que exponemos en la librería, y hay ciertos libros que por gustos personales no van a estar.

¿Qué editoriales os gustan?

¡Eso es como preguntar si tienes tres hijos y cuál es el favorito! Hay muchas. Pero no solo las independientes o las nuevas, sino que hay editoriales que llevan muchos años y que tienen  un catálogo tan espectacular que lo tendría entero en mi casa, como Acantilado. Otras que llevan menos tiempo, como Gallo Nero o Sexto Piso tienen catálogos que te hacen salivar. A un librero eso no se lo puedes preguntar.

¿Qué te parece cómo funcionan las grandes editoriales a la hora de mandarte novedades que no quieres?

Estás tocando un tema delicado. En nuestro caso y después de mucho negociar, hemos conseguido que nos envíen solo las novedades que nos interesan.

Así que se puede hacer.

Cuesta mucho, pero lo hemos conseguido.

¿Cuánto tardasteis?

Lo intentamos desde el principio, porque teníamos muy claro qué es lo que nos gustaba y qué queríamos vender. Pero el juego está en que le has de decir que no te mande lo que no quieres y a la vez decirle que funcionas, que le sales rentable vendiendo lo que tú quieres. Si no, no tienes nada que hacer. Tuvimos que demostrar que con un catálogo coherente con lo que queremos ofrecer vendemos igual y desde entonces las grandes distribuidoras no nos atosigan. Le pusimos freno. Es que si no al final descapitalizan a las pequeñas librerías, por eso cierran tantas librerías, aparte de que se venda menos. Es un problema grande.

Habladnos de las actividades.

Hacemos de todo. Por ejemplo, cada mes cambiamos la exposición que tenemos en la pared.

¿Vendéis lo que exponéis?

Sí, claro. Algunas se venden mejor que otras, pero está todo a la venta.

¿Cuál es vuestra actividad favorita?

Un amigo nuestro es director de teatro y creó una obra especialmente para nosotros, y la representábamos cada mes. Esa actividad estuvo genial. Y nos gustan mucho aquellas en las que se mezclan varios campos.

Por ejemplo…

El gourmet solitario es un cómic japonés que habla de un comerciante que come en diferentes sitios y observa a la gente alrededor de la comida. Hicimos una charla sobre la obra y, después, en una taberna japonesa del barrio, hicimos una cena en la que se degustaban los platos que aparecían en el cómic. Amazon no puede competir con este tipo de actividades.

¿Música también?

Hacemos sobre todo conciertos acústicos, y eso es lo que nos es más fácil mezclar con otras cosas: amenizamos una exposición con un concierto, alguien dibujando mientras toca una orquesta de jazz

¿Apoyáis a las editoriales de la zona como Grafito Editorial o la revista infantil Xiulit?

Si en la zona hay alguien haciendo algo interesante, va a tener aquí una presentación asegurada. Tanto Grafito como Xiulit han presentado aquí.

¿Qué os parecen estos dos proyectos?

Grafito es un proyecto un poco extraño, porque tienen una línea editorial un poco dispersa. Editan lo que les gusta, sea de quien sea. Y hasta ahora los proyectos que han sacado son interesantes. En el primero dan a conocer a Agustín Ferrer, un dibujante espectacular al que no conocía nadie. Y el segundo, Chorizos, que lo presentaron aquí, es muy bueno. Una sátira política brutal.

Es muy difícil hacer una revista de cómics para niños en valenciano como Xiulit. Hay muy poco cómic juvenil e infantil en España, y este tipo de proyectos son necesarios. La mayoría de lo que llega es francés. Ahora la editorial Bang está sacando una línea infantil espectacular y Dibbuks lleva ya mucho tiempo haciéndolo, pero hace falta más cómic infantil y juvenil.

¿Qué te parece que Grafito venda directamente sin distribuidores?

Me parece un modelo interesante para los pequeños editores. Para ellos es muy difícil trabajar con un distribuidor: cobran un porcentaje alto y se da el famoso efecto bola de nieve.

¿Qué es ese efecto?

Los distribuidores compran una cantidad determinada al editor y luego lo distribuyen. Pero eso no quiere decir que esté vendido, así que mucho tiempo después esos libros pueden volver. Y cuando vuelven quizá el editor no tiene el dinero para hacer la devolución. Y eso significa que tienen que sacar un nuevo libro. Te metes en una dinámica comprometida. Lo que están haciendo muchos pequeños editores es prescindir del distribuidor, que es muy útil para llegar a muchos sitios, pero no te asegura que tus libros estén bien posicionados y colocados en las mesas y en los escaparates. Así, prefieren trabajar directamente con los libreros eligiendo unas cuantas librerías. No me parece un mal modelo.

¿Os pagan los distribuidores por colocar los libros de forma destacada?

Con las grandes superficies no sé cómo funciona, pero con nosotros desde luego no va así.

¿Qué os parece la iniciativa por parte de la Universitat de València de celebrar un congreso de «Cómic y Compromiso Social»?

Estuvimos allí, y es una demostración palpable de que el cómic es cada vez es más relevante en lo académico. Cada vez interesa más como sujeto de estudio. Cómic y compromiso social parece una denominación ambigua porque engloba mucho de lo que hablar: memoria histórica, enfermedad, inmigración… En este caso lo que hicimos fue liarnos la manta a la cabeza e ir allá a vender. No era difícil porque es una temática de la que tenemos abundantes títulos. Por ejemplo, están El arte de volar, Los surcos del azar… Hace un tiempo se hubiera hecho con literatura de compromiso social y ahora se hace con cómic. Está más de moda.

¿Y aquí tenéis hueco para fanzines?

Tenemos mucho y muy variado. El fanzine es una revista amateur. No desde el punto de vista del acabado, sino de la no profesionalización. Y puede ser de cualquier cosa. Lo más conocido es de cómic e ilustración, pero puede ser de poesía…

¿Qué eventos culturales echáis en falta en Valencia?

Acabas de tocar un tema sensible. Hace muy poco se ha frustrado lo que iba a ser un salón del cómic grande, que iba a ser muy parecido a Ficomic, el de Barcelona. No se han vendido demasiados stands y de momento lo han retrasado. Está claro que falta, desde hace muchos años, un salón del cómic grande en una ciudad que tiene muchos autores de cómic… Mira, acaba de entrar uno a la tienda, el señor Lalo Kubala. Esta es una ciudad con muchos autores de cómic e ilustradores de prestigio internacional.

¿Y en literatura? ¿También hay muchos autores?

Que no haya autores no quiere decir que no puedas montar un festival de literatura para traerlos. No se monta el Valencia Negra porque aquí haya ochenta autores de novela negra, al contrario, montan un festival, traen a autores y montan actividades en torno a ese género. En literatura no hay nada. No digo que haya que equipararse a Madrid o Barcelona, pero… Incluso la feria del libro es muy pequeñita.

3

El año pasado participasteis en ella. ¿Es rentable esta feria del libro?

Sí, son quince días en los que la gente sale, ofreces un descuento, es un espacio bonito al aire libre… Sí, se nota. Hay mucho movimiento.

¿Por qué creéis que hay esta carencia en Valencia? ¿Han de unirse más las librerías? ¿Falta apoyo del Ayuntamiento?

Igual que han ido saliendo estas iniciativas como Valencia Negra, la de artes escénicas o la de arte que se hace cada dos años, poco a poco se va viendo que faltan esas cosas y se van poniendo en marcha esas iniciativas. En Valencia hay mucha actividad cultural. Este fin de semana, por ejemplo, en Las Naves hay un festival de música dedicado a la mujer. No creo que sea porque nadie ha visto que falta eso, sino que no se ha dado el momento justo para hacerlo. Han faltado medios.

¿Se lee ahora más o menos que antes?

Que se lee más es una obviedad. El quid de la cuestión está en el cómo. Ahora todo el mundo está leyendo continuamente: en el móvil, en el ordenador, en la tableta… pero libros…

¿La competencia del libro quizá es entonces el Candy Crush o las series de televisión?

No tiene por qué. Puedes ver series de televisión y leer.

Pero el tiempo de ocio es el que es. Si estás viendo Juego de tronos no estás leyendo.

Si te gusta leer hay tiempo para todo. Yo leo y veo series de televisión. Hay que repartir el tiempo, pero se puede.

¿Pirateáis las series?

Piratas, claro. Pero estoy a dos días de hacerme el bono de Netflix. Estaba esperando a la opción de poder ver las cosas cuando yo quiero y como yo quiero pagando. Netflix va a ser una buena bofetada para todos aquellos que decían que la gente no quiere pagar.

No tenéis página web, establecéis la relación con vuestra comunidad principalmente a través de Facebook y Twitter.

En su momento estudié algo de esto, y tenía muy claro que hoy la relación con la comunidad pasa en gran parte por las redes sociales. En Facebook vamos camino de seis mil seguidores y en Twitter unos dos mil trescientos. Hoy es básico no solo escribir en Facebook, sino comunicarte, hablar. De hecho se comunican mucho con nosotros por Facebook.

¿Puedo reservar un libro por Facebook, por ejemplo?

Y por Twitter. Más que por e-mail.

Luci, recomienda un libro a los lectores de Jot Down.

Hace muchos años fui a una presentación de un libro y estaba Vila-Matas. Habló de un libro de una poeta llamada Elizabeth Smart, que Lumen había editado en castellano hacía muchos tiempo. Sentí curiosidad y empecé a buscarlo, pero no lo encontraba. Lo encontré en inglés y era prosa poética muy difícil. Al año siguiente descubrí que Periférica lo había traducido recientemente. Se llama En Grand Central Station me senté y lloré. Es un libro de prosa poética, en parte autobiográfico, y a mi me marcó mucho leerlo y descubrirlo.

Luci, ¿y una editorial?

Me está llamando mucho la atención, y lo digo por lo peculiar del catálogo, La Felguera. Tienen ensayos muy interesantes y particulares. Pero digo esa como podría decir otras muchas que me gustan.

¿Y tú, David?

Voy a irme hacia la ciencia ficción, y lo que más me ha gustado últimamente es Aama, de Frederik Peeters. Es un autor con un recorrido muy interesante, porque el primer cómic que tiene es uno que se llama Píldoras azules, que habla de su relación con su novia, que tiene sida, y cómo lidian con la enfermedad. Luego pasa a hacer una ciencia ficción bastante íntima con El lupus, y este Aama es una ciencia ficción de aventuras de la que a mí me ha gustado toda la vida: lúdica y de descubrimiento de nuevos mundos. Son cuatro volúmenes publicados por Astiberri y le gustará a cualquiera a quien le guste la ciencia ficción. Y como editorial diría Fulgencio Pimentel, que lleva un tiempo sacando cosas interesantísimas, todo cómic bastante diferente, como Arsène Schrauwen o Frank.

 image001


Librerías con encanto: una conversación con los libreros de Enclave Libros y dos poetas

La de hoy no va a ser —o sí, pero no solo— una charla con los libreros sobre la librería y los libros o el sector editorial y sus vericuetos y paradojas. En esta ocasión pedí a los poetas Gsús Bonilla y Ana Pérez Cañamares que se vinieran conmigo, «Así hablamos de poesía», les dije. De manera que, además de María y Pino, los libreros —y editores— de Enclave Libros, contamos con la aparición estelar de estos dos autores madrileños. Y sí, hablamos de poesía, claro. Pero no solo y como no podía ser de otra manera.

28022015-_MG_8371

María y yo nos sentamos al fondo en torno a un café bien rico. Los poetas aún no han llegado. Pino anda atendiendo a alguien.

¿De dónde eres, María?

De un pueblo de Roma. Acabo en España porque necesito otro idioma para pasar un examen en la universidad, y me pareció que lo más fácil era aprender español. Voy a Salamanca, para un mes. De esto hace ya dieciocho o diecinueve años. Recuerdo que cuando llegué, esas primeras semanas, lo pasé fatal. No hablaba nada de español. Venía de Escocia, en mi mente estaba el inglés. Luego ya sí; me aclimaté muy bien. Tanto es así, que ya no vuelvo a Italia nada más que por breves periodos, por vacaciones. Es decir, busco becas, hago los exámenes… Paso un par de años durante los cuales vivo en Salamanca y voy y vengo a Roma. Hice el doctorado, encontré trabajo, y viví en Salamanca hasta que por un tema de trabajo tuve que cambiar de ciudad; tenía claro que quería seguir en España. Entonces me vine a Madrid; me surgió la oportunidad de montar una librería virtual para unos italianos: Unilibro. La estuve gestionando durante unos tres años, hasta que los dueños me plantearon que tenían que cambiar de sede. Ahora ya no tienen nada físico aquí.

Así que tuve que volver a buscar trabajo… Y fue cuando me encontré con Pino, y empezamos a madurar la idea de abrir la librería. A ambos nos une el amor por los libros. En realidad, la idea principal, o fundamental, fue la de crear una editorial. Para ello vimos que crear una librería podía ser un primer paso. Abrimos hace seis años, en plena crisis. Compaginamos un tiempo con nuestros trabajos. Hasta que nos dimos cuenta de que teníamos que dejarlos; yo estaba muy cansada, era una doble vida muy rara… Fue así como empezó todo.

Es una librería asociativa. ¿Por qué?

Porque es una asociación cultural. Lo decidimos por varias razones. Una de ellas es que nos preocupaba que no fuese un comercio nada más, que tuviera gente alrededor que aportara, que ayudara a organizar cosas. Evidentemente, para poder sobrevivir vender es importante, pero queríamos algo más; ser un punto de encuentro, no solo una librería al uso.

Y esto está siempre lleno. Cada vez que vengo estáis hasta arriba de gente.

Sí. Mañana viene Hasier Larretxea, por ejemplo. Es algo que hacemos con mucho cariño además. Es un chico al que conocimos al poco de abrir la librería; nos estuvo pasando poemas fotocopiados. Ahora ya tiene tres libros publicados. Es un autor muy interesante, muy prometedor. Viene él y viene con su padre, que sale por primera vez del País Vasco; va a cortar un tronco marcando el ritmo de la poesía de su hijo.

Pude pasarme al día siguiente: Hasier leía sus poemas, un par de ellos de cierta envergadura, y su padre, al fondo, blandía su hacha contra el tronco de haya que habían traído a la librería para esto. Los golpes, implacables, se colaban a través de la puerta del patio, abierta de par en par, alcanzándonos a todos. No había visto u oído nada igual; la gente parecía como atrapada; fue emocionante, incluso estremecedor. El padre henchido de orgullo y el poeta, el hijo, conmovido, como a punto de salir volando por la emoción, muy agradecido. Tuve que irme en cuanto terminó todo, en fin, de manera que no pude ver si la gente que allí se quedaba se los acabó comiendo, que ganas daban, al padre y al hijo.  

28022015-_MG_8376

Y en estas estábamos, contándome María en lo que iba a consistir el acto del día siguiente, cuando aparecen Gsús Bonilla y Ana Pérez Cañamares. Pino también ha acabado lo que quiera que estuviera haciendo.

Gsús, acaba de salir tu libro sobre Panero. Hay un montón de gente que le tiene ganas a ese libro, no sé si eres consciente. Algo me tendrás que contar…

Gsús: Es un libro que se acerca a Panero desde una perspectiva muy diferente a todo lo que se ha hecho sobre él hasta ahora. Su obra está superestudiada, hay montones de tesis, de estudios, antologías sobre su obra…  A mí había una parte que me interesaba mucho: era un tío, a pesar de todo, con un sentido del humor considerable, debido a su forma de ser y de estar en este mundo. Así que es ese Panero el que yo cojo para esto, un Panero guasón, con un gran sentido del humor y con muy mala leche a veces.

El libro son en realidad tres partes: una primera es ficción. Y es arriesgada: lenguaje coloquial, tacos… En la última parte sí que hago una contraposición entre lo que es ficción y no ficción. Hay mucha gente que no conoce a Panero, que se queda en la anécdota. Lo que yo he hecho es reunir a un grupo de gente —libreros, autores, editores, compañeros poetas, etc.— que han tenido contacto con él o con su obra. Y ellos van a ofrecer una realidad que les es conocida.

Es un libro arriesgado, muy valiente desde el punto de vista del editor, Ricardo Moreno Mira, que ha creído en el proyecto desde el principio.

La portada es genial.

Gsús: Esa portada tiene su historia. La contamos en el libro. Es de José Ramón Vega, fotógrafo leonés.

Ana: Las portadas de los libros de Ricardo son una seña de identidad, casi te diría que una marca.

libros

Poesía en las librerías. Es un tema, María. Se publica muchísimo…

María: Aquí, ya sabes, tenemos mucho libro de poesía, muchas editoriales, desde las más grandes o más reconocidas hasta las más independientes o pequeñitas. Han surgido muchas editoriales en los últimos años. Siempre es muy grato, para mí por lo menos, que venga un cliente y te descubra una editorial pidiéndote un libro que no conocías. Es la excusa para ir luego escarbando y acabar pidiendo otros títulos para incorporarlos.

Es difícil hablar de poesía; la producción es tan amplia… Es complicado poder reconocerte en todo. Hacemos muchísimos actos en torno a la poesía. Han pasado muchos poetas por aquí.

Gsús: Yo he leído aquí, por ejemplo.

María: Sí que tengo la impresión a veces de que hay algo de inflación, de que se edita demasiado. Y eso hace más complicado reconocer nuevas voces; diría «buenas», pero quién puede decir esto.

Pino, ¿cómo creáis este fondo?

Pino: Diría que es ocasional. Como librería de barrio nosotros estamos abiertos. Venimos de una cultura, de una forma de ser, digamos «crítica» respecto a la marcha que se suele seguir en estas ciudades, en este contexto histórico. En principio lo que nos planteamos es crear un punto de referencia, hacer de filtro, de punto de encuentro. No podemos olvidar dónde estamos, no puede ser de otra manera.

Esto [señalando el espacio, los libros] son objetos, es una mercancía, una mercancía cultural. Lo que ocurre es que estamos en una fase en la que la mercancía cultural cada vez es más mercancía y menos cultural. Creo que no hace falta que entre en detalles acerca de cómo está considerada, apoyada, la cultura en este país. Probablemente en Occidente, no solo aquí, salvando algunos países como Francia, que tiene una tradición, otras sendas diferentes.

Aquí nosotros hicimos de pioneros, de filtro, ese era el espíritu: nos encantan los libros. No somos chavales que empezamos con dinero de papi y que si después de un año esto no funciona cerramos y a otra cosa. Nos quedamos aquí porque tenemos unas convicciones, y también un trayecto laboral en esta sociedad más o menos acabado por decisión personal, o por accidentes de recorrido. Queríamos crear algo, al final ya del camino, que fuera gratificante.

La gente del barrio empieza a reconocerte enseguida. Enlazando esto que decías antes, sobre la cantidad de libros que se publican, con la revolución digital, el acceso fácil a muchas herramientas de edición, etc., te encuentras con mucha autoedición, mucha invención personal, mucha práctica personal de la cultura como se entiende desde abajo. En lo bueno y en lo malo. Y, entonces, el juicio estético clásico no vale. Te encuentras con  una cantidad de gente que viene: «¿Puedo presentar un libro que he escrito?», «¿Puedo dejar este libro para que lo vendáis aquí? No tengo distribuidora». Pasamos los primeros tiempos recibiendo empujes, ideas…

He de decir, por otra parte, que mi experiencia con la poesía no es una experiencia larga. Soy más de ensayo. Pero sigo reflexionando sobre las posibilidades de presentar la poesía, de leer poesía en público. Entiendo que es la construcción de un sensorium, algo muy vivo que involucra a la gente, que construye sentido, probablemente, y emoción. Hay una parte de mí, no obstante, que sigue pensando que la poesía es un silencio interior, algo que se construye en la intimidad y que me cuesta seguir en un acto. No es como cuando me lees un cuento o un ensayo, que sigo perfectamente. En el caso de la poesía necesito una reflexión, bucear en esa misma palabra, en esa única palabra que tú me has metido, que me quieres transmitir. Es un interrogante mío. En la librería seguimos invitando a todas estas personas que quieren innovar, poner su vida dentro de este mecanismo, y que tienen mucho que aportar.

Creo que hay que dejar a la poesía hablar de esta potencialidad, de hablar según a quién, según en qué momento, en dónde… Es lo que la constituye. La poesía no es lo mismo en todos los lugares.

28022015-_MG_8343bn

Gsús: Son muy importantes los contextos. Como poeta e incluso como lector me parece muy importante. El contexto hace que el autor de desenvuelva de una manera más crítica, o más cómoda. Hay autores que utilizan la calle, y otros que no la utilizan para nada.

Ana es poeta de calle, por ejemplo, ¿no? ¿O poetisa?

Ana: Poeta, poeta. Poetisa es una palabra muy fea. Ya genera gueto por sí misma.

Y, sí, a mí me gusta mucho la calle. En estos últimos años, además, yo siento que hay una necesidad de poesía. Que la poesía, en cierta manera, se las apaña para transmitir una verdad. Como decías tú, Gsús, tal vez no es para todo el mundo igual. Sí que hay algo que pone el autor siempre sobre sí mismo y que tiene que ver con la honestidad del propio poeta, de desnudez, y frente a tanta mentira diaria institucional y mediática creo que sí, que hay esta necesidad de poesía. Quizá no sea algo masivo, pero eso no quiere decir que no esté completamente viva, que sea necesaria y que haya un montón de espacios ahora mismo en los que no solo se agradezca, sino que te la reclamen.

¿De calle? Bueno, yo he recitado en bares, en bibliotecas, en muchos sitios. Y de lo más satisfactorio que yo he hecho estos años ha sido cerrar un acto, una manifestación, leyendo poemas, no solo míos, de otros autores. Porque se puede estar hablando durante horas de esto, de lo otro, y cada uno puede expresar sus opiniones, etc. Y, de repente, llega un poema. Y sales de ahí transformado, también arropado, de alguna forma. Es algo que consigue la poesía.

Economía de guerra es un libro muy pegado a la realidad. Me refiero a esto cuando digo que eres un poeta de calle. Es fácil identificarse con lo que cuentas en él.

Gsús: Sí, la gente se identifica. Es muy importante también el contexto en este sentido. Ana habla de las mentiras, por ejemplo. El poder tiene los mecanismos de utilización de la palabra, que llega a todas partes. La obligación del poeta creo que es desenmascarar ese poder a través de la poesía. Creo que es ahí donde el poeta, por amor propio incluso, debería estar.

Ana: Por amor propio y por amor a las palabras. Uno de los mayores atentados que hemos vivido estos últimos años es el que se ha hecho contra las palabras, los eufemismos que, analizados en frío, significan lo contrario de la realidad que se supone que describen. Una «subida sostenida de los salarios» no significa que los salarios suban, sino todo lo contrario. Se están pervirtiendo las palabras, torturándolas hasta hacerlas significar lo contrario. A veces me pongo a escribir tratanto de defender eso, una palabra, una expresión en concreto. Para reivindicar su significado, lo que de verdad significa.

Gsús: En este sentido, también es muy importante la labor de los libreros en los barrios. Estos ciclos de poesía, de actividades en torno a los libros, acción formativa, cultural, para luego presentar una acción social. La labor de este tipo de librerías, implicarse ya no solo como autor, como ciudadano, me parece fundamental.

Cerca de mi casa —vivo en Vallecas— tenemos una de estas librerías, La Esquina del Zorro Rojo. Organizamos un ciclo de poesía contemporánea. Vienen los vecinos… La poesía tiene unas posibilidades inmensas: visuales, performáticas, críticas como la nuestra. Me asombra la acogida, más allá de los clásicos, gente como tú o como yo, con sus fracasos y sus virtudes, con la que es fácil empatizar. Esto es fundamental. La librería de barrio en contraposición a los grandes grupos o las librerías grandes del centro, que te invitan a comprar y poco más. Aquí podemos hacer otras cosas, llegar a la gente.

27022015-_MG_8262

Las mesas de novedades. Otro tema. Aquí, por ejemplo, no hay esa mesa, María.

María: No. Aquí tenemos mesas donde vamos colocando los libros, libros que estaban en una estantería y que nos apetece volver a sacar. Veréis que ahora tenemos a Roland Barthes. Son libros que vemos que tienen vida, que necesitan respirar, van cambiando. Sí hay alguna novedad, sobre todo reediciones. La diosa blanca, que se acaba ahora de llevar un cliente. Es un libro que merece estar fuera.

La librería como lugar de encuentro para combatir la soledad. Es otro tema. Tiene un valor que la gente se junte, que hable, ¿no?

María: Sí, es muy importante. En torno a las actividades se encuentra gente en la librería que luego ha acabado formando grupos que quedan para hacer otras cosas. Aquí en Madrid yo mis amigos los he hecho en la librería. A través de los libros presentas no solo contenidos, también sentires.

Ana: Formas de vida.

Pino: Por otro lado, cambiamos precariedad con relacionalidad. No aguantaríamos este malvivir, trabajar doce horas al día, si no hubiera esta contrapartida emocional, de satisfación, de retorno. No es que sea el reencuentro de una humanidad perdida, pero sí de establecer lazos, de cercanía, proximidad con la gente corriente. Una «casa del pueblo» moderna, digamos. Y esto, quieras o no quieras, es lo que te da la fuerza para seguir.

Como editorial, por ejemplo, sacas un libro que no promocionas porque no tienes medios ni ganas. No es una posición esnob, es más una cuestión de que sabes que te diriges a un nicho; has hecho algo y no piensas en el marketing. No porque seas un héroe, sino porque, sencillamente, tienes otras cosas que hacer y no te has metido, ni piensas hacerlo, a aprender cómo se conecta con ochocientos periodistas o cómo se hace una base de datos, o cómo se alimenta Facebook. Ni tienes tiempo ni te interesa. Y sacas un libro, digo, como Beaubourg. Una utopía subterránea. Es un libro de culto en Francia e Italia. Sobre la ocupación imaginaria del Centro Pompidou por cinco mil chicos y chicas durante cinco años. Es una invención utópica. La sorpresa fue que se están haciendo, de manera espontánea grupos de lectura en otras ciudades; gente que nos felicita por la publicación, otros que te dicen «Este libro me ha cambiado la vida»… ¿Qué hay mejor que esto? Es un privilegio.

Quien se ve obligado a realizar trabajos de mierda para ganarse la vida, a rociar la fruta de veneno, a repetir el mismo gesto cien veces por minuto (o peor, a cronometrar a los condenados a hacerlo), a construir casas horrorosas, toda esa gente con sus trabajos de mierda acaba por no saber reconocer ni apreciar la belleza. Llega un punto en que ya no son capaces de amar. Porque la amistad y el amor son complementos de la belleza, y la moral y la estética son inseparables. (Beaubourg. Un utopía subterránea. Albert Meiser)

Convivimos con la frustración, al menos yo. Es una postura esquizofrénica. De un lado, lo que estamos haciendo no es que mine los fundamentos de este sistema, al contrario: es una parte integrante; además de precarizar nuestra vida, de autoexplotarnos, de proponer contenidos que efectivamente tienen un valor, encima, por otro lado, lo que estamos haciendo es sostenerlo, hacerle un servicio al Ayuntamiento, que se pone la medalla porque nosotros sí promovemos la cultura haciendo un trabajo de curritos, sin un duro, sin apenas nada. Esta es la contradicción de todo lo cultural. Este es el problema.

Gsús: Estamos supliendo a la administración pública, ni más ni menos. La contraprestación emocional nos compensa, ya se ha dicho, y seguimos haciéndolo. Por eso tiras del carro.

Pino: Es esquizofrénico, insisto. Estamos promoviendo la cohesión social, la responsabilidad social, la cultura colectiva, etc. Supliendo lo que estos cabrones —[a mí, señalando la grabadora:] pon cabrones, por favor— no hacen, lo que estos cabrones nos quitan.

Lo interesante es no quedarse en la queja, ¿no? Hacer propuestas viables.

Gsús: Se trata de utilizar los recursos en favor de la ciudadanía.

Pino: El capitalismo se adueña de la gratuidad. Vende la gratuidad a cambio de información, de datos, de publicidad, de control. Se debe resdistribuir equitativamente, construir organizaciones de sector, reticulares, culturales, que sean capaces de defender los intereses no de cuatro autores que venden mucho y en torno a los cuales se forman estas grandes colas en la feria del libro, sino de todos aquellos que tengan una determinada entrega. Empezando por los chavales, por la universidad.

Es tan sencillo como dar el lugar que le corresponde a la cultura, que es aquello que diversifica y emancipa a los seres.

Ana: Tengo una anécdota personal que creo que ilustra todo esto. La cuento no como héroe ni nada parecido, sino para ilustrar de qué estamos hablando. Yo trabajo en una universidad, soy auxiliar administrativo en la UNED. No hay ninguna instancia donde pueda ir y decir: «Me han invitado a un acto cultural en un instituto». Surgió que me llamaron para dar una charla en un instituto, no me quedaban días libres. Tuve que pedir un día sin sueldo. Salió el director del centro a recibirme: «Otros años sí hemos tenido algo de dinero… Te puedo invitar a una cocacola». Yo volvería otra vez, fue increíble la experiencia, estar allí con los chavales, que estaban deseando que alguien les hablara de su vida, poemas sobre ellos, algo que les tocara. Y lo tuve que pagar yo. No había dinero público para esto.

27022015-_MG_8274

Que no tenga que depender todo, por favor, de algo altruista, incluso azaroso. Que algo tan  fácil como ir a dar una charla sea accesible también para poetas que no son los de siempre, los que están todos los días en los periódicos, en la televisión, en las ferias, que no seamos tan cutres. No tiene por qué ser tan difícil.

Gsús: Se trata de utilizar bien los recursos que tenemos, ni más ni menos.

Ana: Que se valore lo que se hace. Hay poetas en este país que todo el mundo tiene en mente como referencia y que no pueden ir a dar una charla, participar, porque no se lo pueden permitir.

Gsús: Tienes el caso de David González, un poeta viviendo en la miseria absoluta, ninguneado. Quiere hacer cosas, pero no puede. Y si no puedes te quedas apartado, olvidado.

En este sentido esta librería es como un oasis.

Pino: Te diriges a un público menor, pero por otro lado te diriges a un público que tiene el interés y la atención, que es lo que se ha perdido en este contexto, en determinadas materias críticas. Esta es una librería sin sesgo político, de índole libertaria, general, que tiene toda la colección sobre cuestiones de antagonismo de Akal, donde pueden encontrarse también libros anarquistas, de filosofía, de movimiento, de ciencias sociales. El porcentaje entre narrativa y ensayo es 40/60. Y las ventas 12/88. Es una completa revolución en este sentido. Ponemos nuestros gustos por delante, y estamos contentos porque hay mucha gente afín.

María: La librería, esto lo apuntábamos antes, se nutre mucho de lo que aportan los clientes, de las cosas por las que ellos se interesan. Hay una sintonía. Las editoriales también son muy significativas: siempre que sale un nuevo libros de Pretextos lo vemos. Si vienen y alguien nos pide Economía de guerra aprovechas para conocer el resto de la editorial, amplías tu oferta. No puedes conocerlo todo.

Pino: El aprendizaje es fundamental.

Hace poco hicimos un ciclo en torno a las editoriales. No se trataba de venir y presentar un libro, se trataba de hablar del proyecto, de entrar en la cocina, por así decir. Hay una característica de este mundo que es la fractura que existe entre lo que se produce y el consumidor final, que ve este objeto —un libro— y no sabe, no tiene ni puñetera idea de lo que hay detrás, de la cadena de trabajo que hay, mal pagado, precario, externalizado, no pagado… El lector de a pie no conoce esto.

Gsús: Todo eso es un mundo.

Ana: Sería interesante poner a todos los de la cadena a hablar.

27022015-_MG_8278

Hay una historia negra: editoriales que no pagan, o que retrasan muchísimo los pagos.

Gsús: Hemos tenido todos experiencias de ese tipo. Volvemos a la esquizofrenia de antes.

María: Y el tema de las autoediciones encubiertas. Es tremendo.

Gsús: Mi primer libro fue una autoedición. No encubierta, vaya, pero sí. Tenía una obra que sabía que no me iba a publicar nadie. Me fui a una imprenta que me proporcionaba un depósito legal, un ISBN, que me lo maquetaba.

Sí que tuve propuestas, en plan «Sí, yo te edito». Y el acuerdo consistía en que yo tenía que comprar trescientos ejemplares a no sé qué precio… ¿Qué me estás contando? Se supone que aceptan tu obra, pero no es así: en un momento dado te proponen esto, que compres determinado número de ejemplares. Te aseguran que vas a tener una presencia en librerías, lo cual es mentira.

Pino: En poesía pasa cada vez más. Es indignante.

Ana: A mí me llegan consultas, me cuentan otros poetas propuestas de este tipo. Yo soy tajante: «No lo hagas». Se juega con la ilusión de la gente. Y con la ignorancia, porque la parte más difícil de esto es distribuirlo y venderlo.

Yo tengo la sensación de que falta comunicación entre nosotros. Unas veces no se cuentan las cosas porque no nos atrevemos a acusar a alguien, a sacarlo a la luz. Y hay que hacerlo, hablar claro. En mi caso, es casi lo primero que pregunto, por la distribución que va a tener el libro. Si no hay distribución te comes los libros.

Es muy complicado hacerse un hueco.

Ana: De verdad que yo creo que si habláramos más, si hiciéramos mesas redondas sobre esto, reuniones donde participáramos todos los eslabones de la cadena, sería bueno.

Caso práctico real, para que lo comentemos: autor llama a editor porque el librero con el que ha hablado le ha dicho que no se ha enterado de la publicación de su libro, que se lo va a pedir a la distribuidora inmediatamente, qué alegría, qué bien, ahora mismo les llamo. Editor llama a distribuidora. Distribuidora llama a librero. Librero, no precisamente dando saltos de alegría: «Sí, bueno, mándame uno». Decirle a un escritor que no interesa su libro, entiendo, debe ser duro.

Ana: Falta comunicación, sí. Y sinceridad.

Podemos contar también sobre las antologías. Toda editorial tiene su antología. Al principio, cuando me llamaban, me hacía ilusión, la verdad. Ahora, Gsús, ¿cuántas llevaremos? ¿Treinta? ¿Cuarenta? Te piden foto, currículum, poemas sobre este tema. Bueno, algunos no ten cuentan ni de qué va. Antología sobre qué. ¿Poetas cuarentonas funcionarias? ¿Poetas indignadas? No. «Mándame poemas, que estoy haciendo una antología». ¿Te hago yo la antología? Porque tengo poemas a la muerte de mi madre, poemas críticos, eróticos. Eso por un lado. Te piden ya que curres. Nunca sabes cuántos libros se editan, en qué condiciones, si te van a dar un libro. Qué menos. Hay algunas que no te informan absolutamente de nada. Eso sí: «Presentamos en Guadalajara. Vente». Y, si no vas, te echan en cara que no te implicas. Por el amor de Dios. Creo que, en todo este tiempo he visto dinero de una antología. Y, mira, algunas son de amigos, lo haces por apoyar el proyecto. Pero otras sientes que es un abuso. Y hablas de estos temas, de gratificaciones, y es como tabú. Te dicen: «Es que te gusta escribir, lo vas a hacer de todos modos». Hombre, un poco de respeto. Si hay dinero que se reparta entre todos. Que, por lo menos, si no, te den la información, un espacio para decidir de manera informada.

Gsús: Yo he de reconocer que para esto soy bastante dejado. Lo que yo disfruto es el proceso de creación. Hasta que llega el libro, cuando se publica ya me interesa muy poco. Tengo una cosa muy clara: he tenido suerte porque mi obra, por diferentes circunstancias, ha tenido editores que han querido publicarla. Pero es que si no fuese así, tengo un mecanismo que es internet donde puedo publicarla. Esa necesidad de comunicarme la tengo. El proceso de edición se me escapa totalmente. Y no lo disfruto, es como que mi obra deja de ser mía.

Sé que soy un caso raro, en este sentido. Más que para que me lean lo que tengo es la necesidad de comunicarme, de expresión.

Ana: Para mí esa parte, que me lean, es también muy importante. Lo que pasa es que no es solo el libro. Somos los dos autores muy presentes en internet, por ejemplo, trasciende lo que es el libro libro.

Gsús: En mi caso es que no consigo adaptarme, dar el siguiente paso, después de que ya ha salido el libro. Esa parte la llevo mal, no consigo disfrutarlo como disfruto del proceso creativo.

28022015-_MG_8308

Tendríamos que hablar también de la autoedición, del valor que tienen los otros eslabones de la cadena del libro: el editor como intermediario.

Pino: El editor, como el periodista, es un ser un tanto anacrónico. Forman parte de un mundo en el que la información y la cultura circulaban por otros medios. Hoy la cultura se ha superficializado y además ha llegado a estar al alcance de todos, o muchos, a través de los medios digitales. Hablamos, obviamente, de Occidente. Porque los talibanes rompen las estatuas y queman los instrumentos musicales… Este concepto de «cultura» es un concepto virtual.

Creo que es absolutamente democrático el considerar que todo el mundo debe tener acceso a la creación, a la expresión de sus sentimientos, ideas, opiniones, etc. Y forma pare de un mundo en el que no se trata solamente de tener valor como mercancía, sino como transferencia de valor cultural, afectivo, emocional, relacional. En un mundo así, bienvenida sea la autoedición.

Esto conlleva, evidentemente, una inflación de producción, con lo cual tendrás muchísimas más cosas de escaso valor, según el metro que uno use para juzgarlo. Pero tendrás también mucha más variedad, más corrientes.

El problema para mí está en la mercancía. Quiero decir: la autoedición tiene solamente un defecto: el exceso de narcisismo que conlleva. Y cuidado, que no soy un censor, solo es una opinión personal. Estamos en una sociedad en la que la exposición y la venta de uno mismo es un dispositivo del sistema, del capitalismo, que nos hace empresas a cada uno; tenemos que vendernos, tenemos que publicitarlos. Es la estetización de la vida. Esto lo decía Benjamin. Yo no soy quien para condenarlo, pero sí reconozco que esto es un defecto, un problema. El narcisismo lo que hace es reproducir el mismo mecanismo del sistema transformando todo en mercancía.

María: Antes de irte tenemos que hablar del tema de las devoluciones. Esto que decía Ana antes, hay que unirse, hablar todos los que formamos parte de la cadena del libro. No es posible que el único objeto que se pueda devolver, siempre y cuando exista todavía la editorial, sea el libro. A los diez años de habértelo pedido te lo pueden devolver.

Y te hacen polvo si eres pequeño. No puedes tener en previsión esa devolución la mayoría de las veces.

María: Eso es. Devuelven y eres tú el que lo tiene que destruir. Es uno de los grandes dramas del sector. Crea una economía de burbuja, una ficción, totalmente falsa.

Las distribuidoras se convierten en financieras en este sentido.

Ana: Lo que subyace, al final, fíjate que yo creo que es una falta de respeto enorme. Todo el proceso este necesita de un buen meneo, repensarlo entre todos. Estamos pringando como gilipollas.

María: Y hay quien quiere ser autor, ¡y editor!

Gsús: Y editor de poesía, además.

Ana: Tenemos que hablar unos con otros, de márgenes, de lo que pasa, de cómo funciona, reunirnos editores, autores, distribuidores…

Gsús: Pues, mira, para eso valen este tipo de artículos.

Sea, Gsús.

28022015-_MG_8328

 Fotografía: Raquel Blanco


Librerías con encanto: una conversación con los libreros de Muga (Vallecas)

Librerir-Muga15

Librería Muga. Avenida de Pablo Neruda, 89. ¿En Madrid? No exactamente: en Vallecas. Me encuentro con Pablo e Igor (con acento en la O, que es vasco, por favor) para luego contar aquí sobre su librería, su día a día, quiénes son. Acabamos —no podía ser de otra manera— hablando sobre qué significa ser una librería de barrio, qué es lo que hay que proteger con dinero público, e incluso sobre lo que Xabi Alonso o Guardiola pueden hacer por todos nosotros dejándose fotografiar con La Gaya Ciencia, por ejemplo; quién sabe, si nos dejaran, tal vez en otro par de horas podríamos acabar de arreglar el mundo, acaso conseguir que se pareciera un poco más al mundo que queremos. 

¿Qué es esto de Muga?

Igor: Yo diría que es una librería, pero a veces no lo tengo claro…

Empecemos entonces por el principio. ¿Cómo os conocéis vosotros dos?

Igor: Pablo y yo nos conocimos en la época del instituto, en Atenas, en un viaje de fin de curso. Tenemos de aquello, imagínate, un vago recuerdo… Luego nos vimos menos, él estudió Periodismo y yo Filosofía, aunque no llegamos a perder el contacto.

Pablo: Yo aquí he de decir que Igor fue mi primer librero. Me acuerdo muy bien de aquellas primeras recomendaciones, El Lobo-Hombre, de Boris Vian, publicado por Tusquets. Me lo dejó y me entusiasmó. También me habló de Las flores del mal. Fueron libros claves para mí, para mi desarrollo como lector. Igor es librero desde que tenía diecisiete años. Esto hay que decirlo.

¿Vivíais en el barrio?

Igor: No, no. Acabamos aquí por el local, que es de mi padre. Muga es, por así decir, un negocio familiar, de mi familia. Lo que ocurre es que mi padre no ha participado trabajando aquí. Esto lo hemos hecho nuestro. El tener el local nos ha ayudado mucho, imagínate. Si tuviéramos que pagar un alquiler tendríamos que vender droga; con los libros no llegaríamos. Originalmente éramos cuatro chicos, de entre veinticuatro y veinticinco años, no estaba Pablo en el inicio, en aquellas primeras conversaciones. Iba a empezar con nosotros una persona que sí tenía experiencia en el mundo del libro, pero que cambió de opinión en el último momento.

Pablo: Les conocí porque estaba trabajando por el barrio como comercial de tabaco, y me asomé un día y les vi aquí, en el local, trajinando, rodeados de cajas, de libros. Y me quedé a echarles una mano, me gustó mucho lo que estaban haciendo, el proyecto, el ambiente que había. Pasamos así algunos días, venía y les ayudaba. A la vez, dejé lo de comercial. Y como la chica que iba a meterse, en el último momento, falló…

Igor: Nos envió un fax… Cómo suena ahora. Ya nadie envía faxes. Y justo entró Pablo, apareció y le propusimos que se quedara.

Pablo: En diciembre hacemos catorce años. Recuerdo perfectamente ese momento en que llega el fax [le brillan los ojos, guarda un grato recuerdo de aquello, se le nota el cariño, la gratitud], estaba por aquí, echándoles una mano. Se fueron los tres como en un aparte y estuvieron hablando cerca de media hora. Luego vinieron hacia mí y me propusieron quedarme. Y, claro, para mí fue un shock, lo recuerdo como uno de los momentos más alegres de mi vida. Me hizo muchísima ilusión. También vivía por entonces en un barrio como este del extrarradio, en San Blas. El proyecto me pareció emocionante, me identifiqué plenamente con todos ellos, aluciné. Y aquí sigo.

¿Y qué les habéis hecho a los otros dos?

Pablo: Hasta hace nada éramos tres.

Igor: Sí, a Santi lo conociste. Es un chico argentino. Eran los dos argentinos y filósofos. El otro, Facundo, ahora vive en Italia. Los dos se han ido por temas personales, sigue habiendo una vinculación. Luego por aquí ha pasado mucha gente, colaborando.

¿Quién más trabaja aquí?

Igor: Hay otras dos personas, María José y Goi (Goizargi), mi hermana, y otra que se va a incorporar ya como fija a tiempo parcial, y que estaba colaborando hace ya un tiempo con nosotros, Rita.

Librerir-Muga25

La librería, lo que queríais hacer, ¿cómo era ese ideal? Erais jóvenes, habíais leído a los románticos.

Igor: Sí. Totalmente. Yo aún recuerdo la sección de filosofía que montamos cuando abrimos. Teníamos las obras completas de los filósofos de Gredos, no sé si recuerdas la colección, las tapas azules. La gente entraba y seguramente lo pensaba: «¿Qué hacen estos chicos aquí, en este barrio…?». Veníamos de la burbuja de la Universidad. Los tres de Filosofía y Pablo, de Periodismo.

Pablo: Construimos esto piedra a piedra.

Igor: Al principio tienes una ilusión completamente irracional por este mundo, no conoces nada. Sí que es cierto que en nuestro caso habíamos hecho un trabajo previo, sobre todo con esta persona que te digo que iba a empezar con nosotros, para conocer el sector, etc. Pero vas con tus prejuicios, como alguien que ve el mundo del libro desde fuera, con esa fascinación. Me imagino a toda la gente joven que está ahora abriendo librerías así, con esa misma ilusión.

En nuestro caso es cierto que tuvimos suerte cuando empezamos, y también nos dimos cuenta muy rápido de que había que deshacerse de la idea romántica de librería que teníamos.

Pablo: Los libreros, por ejemplo, no tenemos tiempo de leer todo lo que queremos, o lo que deberíamos. El día a día no te lo permite.

Algo que sí destaco del inicio, de esos primeros años, es que ellos tenían perfectamente pensado el organizar actividades en torno a la librería. Recuerdo que teníamos hasta una máquina de café, muy regular, nos tomábamos como diez cafés al día.

Igor: Y hemos sobrevivido. Lo cual es ciertamente sorprendente.

Pablo: Ofrecíamos café a la gente, y para ellos, en aquel entonces, era chocante. Lo recuerdo bien.

Y ya no hay café. Habéis recorrido el camino en la misma dirección que el resto de librerías que ahora están tan de moda, por así decir, pero en sentido contrario.

Igor: Muga ha pasado por diferentes etapas, realmente. La primera librería que abrimos aquí era como las que se abren ahora en el centro: teníamos ese mismo espíritu que pueden tener…

¿Tipos infames?

Igor: Bueno, no lo teníamos tan claro como ellos, que lo han hecho muy bien. Me gusta mucho su librería. Muchos hablamos de hacerlo… y ellos lo han hecho. También es cierto que están en el sitio para poder hacerlo. Aquí, en Vallecas, lo intentamos, pero aquí no se puede abrir una librería de ese tipo.

Ha habido una evolución, me dices, hacia un proyecto que fuera viable. Contadme, que nos están leyendo jóvenes emprendedores, decidnos cómo lo habéis hecho.

Igor: Empezamos con esa idea y, como te decía, y esto fue muy rápido, nos dimos cuenta enseguida de que donde estábamos, un barrio del extrarradio, iba a marcarnos el paso. Podemos intentar vender filosofía, pero al final es que no era el sitio. Poco a poco, entonces, vas entrando en contacto con lo que tienes a tu alrededor. Y vas definiendo el proyecto. Es más importante escuchar lo que necesita la gente, saber hacer esto, que generar el tipo de librería ideal que te gustaría.

Así, nos fuimos convirtiendo rápidamente en una librería de barrio, en el buen y en el mal sentido de la palabra. Porque tú no nos has conocido en esa época, pero llegamos a tener prensa, papelería, a hacer fotocopias…

Pablo: Abríamos los domingos por la mañana. La primera estrategia fue abarcar todo lo que podíamos.

Igor: Y a partir de un determinado momento de lo que nos dimos cuenta es de que la gente lo que quería de nosotros era, aparte de atender esa demanda, que fuéramos profesionales, que supiéramos de libros. Y dejamos todo el tema de papelería y demás y nos convertimos en una Librería [en mayúsculas]. Pasamos por una etapa, entonces,  en la que no estábamos aportando lo que tiene que aportar una librería.

¿Qué es lo que tiene que aportar una librería? Es la pregunta del millón.

Librerir-Muga9

Igor: Justo esta mañana estábamos hablando de eso. Fundamentalmente somos intermediarios, eso es lo principal. No te puedes olvidar de esto. No somos creadores. Tenemos que intentar dar valor a algo que ya llega a nosotros. Somos el último escalón entre el autor, el editor y el lector. Uno de los escalones, no sé si el más importante. Esa mediación es lo que tenemos que aportar. Y esta mediación, me parece, con el paso del tiempo ha cambiado mucho. Originalmente las librerías, solo por el hecho de tener libros, porque no era fácil encontrarlos, ya estaban haciendo esa labor. Ahora, sin embargo, cuando cualquier libro puede estar en tu casa de un día para otro… tener los libros en la librería no es suficiente. Hay que hacer algo más.

Pablo: Lo primero que aportamos, ya desde el punto de vista del barrio, es un servicio. También teniendo en cuenta que teníamos una competencia muy fuerte con Abacus, la cooperativa que había aquí al lado. Tenían un espacio enorme lleno de libros. Nosotros teníamos que provocar que Muga, aparte de tener los libros, fuera un lugar de encuentro. Y creo que esto lo fuimos consiguiendo, adaptándonos. De hecho, hay gente que no se ve durante años y se encuentra por fin aquí; Vallecas es enorme.

Igor: Cuando le explicas a la gente que no es de aquí lo que es Vallecas… «Ah, un barrio de Madrid». Sí, bueno, un barrio, pero un barrio más grande que casi cualquier ciudad de provincia.

La gente de Vallecas contesta con un «De Vallecas» cuando le preguntan de dónde son. No dice «De Madrid».

Igor: Sí, sí. Ese es otro tema, el de la identidad. La identidad del barrio y nuestra relación con ella es una historia muy bonita. Personalmente, siento que aquí en la librería he aprendido muchas cosas; te lo digo enlazándolo con lo que hablábamos de la burbuja en la que estábamos cuando salimos de la universidad. He aprendido mucho del mundo del libro, sí, y de la vida, sobre todo. El contacto con toda la gente, con la vida no voy a decir real, pero sí con la identidad vallecana, sea lo que sea eso.

Hay otras librerías en Vallecas, gente que lo hace fenomenal. Ahora bien, la sensación que yo tengo con Muga es que la gente lo percibe como algo que, sin ser suyo, sí forma parte del barrio, se sienten orgullosos de tener una librería como esta. Porque al final parece que la cultura ha de pasar por los centros de las ciudades, y un poco también esa función es nuestra: en la medida de nuestras posibilidades colaborar a la hora de dinamizar el espacio cultural del barrio.

Librerir-Muga41

¿Qué lee la gente de Vallecas? Porque por Muga pasa sobre todo gente de Vallecas, ¿no?

Igor: Sí. Y dentro del barrio, un público muy determinado. Te he hablado en alguna ocasión de La esquina del Zorro Rojo, por ejemplo. Es un perfil de público muy diferente al nuestro, más moderno, muy conectado a la música, también. Están haciendo un trabajo muy bueno, la verdad. Te van a gustar cuando les conozcas.

Nosotros tenemos un perfil más político, más social. No abarcamos todo lo que sucede aquí, entonces. Sí que creo que somos una referencia dentro de lo que es el Vallecas más político-social. Vallecas es, para que te hagas una idea, el único barrio donde no ganó el PP en las últimas elecciones. Con todo lo que eso significa. Es un barrio muy popular, con una identidad muy fuerte. La plataforma por la escuela pública empieza aquí, las camisetas verdes famosas empiezan aquí, la gente de la marea blanca, gran parte, está aquí; centros de referencia de defensa de la sanidad pública están también aquí. Con esta parte de Vallecas es con la que más conectamos nosotros.

¿Qué lee la gente de Vallecas, entonces…?

Pablo: Bastante ensayo político, en muchos casos. Y luego una literatura muy ligada a todo esto.

Igor: Editoriales como Impedimenta, que pueden gustarnos a nosotros, por ejemplo, pues aquí no encajan, es un perfil diferente. Incluso la Jot Down. Cuesta.

¿Y la relación con el resto de libreros? ¿Cómo lo vivís, estando aquí, en principio algo apartados (geográficamente, al menos)?

Pablo: La verdad es que estos años hemos estado un poco más unidos. Es cierto también que ha habido cierto movimiento en el gremio de libreros. No ha habido ningún cambio, pero sí un amago de cambio. Te lo contaba a ti Santiago Palacios. Se perdió por cuatro votos. Yo entiendo que la cosa está dividida entre generaciones, una de gente de más edad, que mantiene un poco la estructura, la forma de hacer las cosas de siempre, y luego hay otra serie de personas, a las que se une también gente más mayor, que vemos la necesidad de un cambio, que apostamos por algo diferente, sobre todo en lo referente a estar conectados, organizar actos juntos, etc. Hace un par de años, por ejemplo, nos juntamos la Alberti, La Buena Vida y Lé y nosotros en torno a Petros Márkaris en La Casa del lector del Matadero. Y muy bien. La librería es un mundo que, al final, te cierra mucho, siempre hay algo que hacer. Por eso este tipo de iniciativas cuestan. Pero sí, lo hablamos estos últimos años, el intentar unirnos para hacer más actividades de este tipo.

Igor: Hay como dos mundos en choque, y no creo que solo sea en el sector del libro. Hay una idea más tradicional sobre lo que representa el pertenecer a este mundo, y otra idea que tiene presente todo lo que está pasando, las nuevas tecnologías. Hay también un debate abierto entre nosotros, si las librerías somos cultura o no, si nos tendrían que proteger o no, si somos intermediarios de valor o no lo somos. Lo que está pasando es como un cambio de paradigma.

¿No tenéis la sensación de que hay otras dos comunidades que están muy diferenciadas: la que está en la red, con librerías muy activas en torno a las cuales se mueve bastante gente, y otra, distinta, que apenas tiene presencia en las redes pero que sí que tiene una gran presencia en las librerías, incluso un gran peso, por la cantidad de libros que compran?

Igor: Yo creo que la presencia de las librerías en la red no es tanta. Es algo anecdótico. Hay presencia, pero no de gente que sea capaz de generar actividad a través de la red. No la hay. No existe ese mercado. Al menos no todavía.

Pablo: Esa discusión la tenemos aquí. Si existe esa gente que tenga presencia y que, además, genere un resultado. Nosotros tenemos Twitter, Facebook…  Y lo hablamos muchas veces, ¿conseguimos que venga más gente porque retuiteemos algo, porque lo compartamos en el Facebook? Tal vez sea algo que está por explotar, o que está ahora explotando… Hoy por hoy creo que la gente no usa las redes para esto. Que pongas una foto de un libro no va a hacer que la gente vaya a la librería a comprárselo, tampoco. No lo creo.

Otro público, tal vez uno más joven, con menos capacidad de compra, sí que puedes conseguir que se acerquen a la librería.

Librerir-Muga37

Queda muy bien sacarse la foto con el libro, tuitear a una editorial de moda, darle al «me gusta» cuando se comparte la última portada… pero toda esa gente, ¿compra libros? ¿Genera negocio? Es a lo que voy. ¿Qué notáis vosotros?

Igor: Ah, el postureo… No lo sé. Lo cierto es que yo no me veo con la capacidad de análisis global necesaria. En nuestro caso no hemos trabajado más las redes porque en un momento dado te das cuenta de que tu gente es la que viene a la librería. Ninguna librería, y esto es mi opinión, va a poder competir con Amazon, con grandes empresas con una presencia en internet brutal. Ninguna. Ni la suma de todas las librerías.

Pablo: Bueno, eso es discutible.

Igor: Sí, bueno, esto se podría discutir. Pero yo creo que la cuestión es que tienes que ofrecer algo distinto, algo que ni Amazon ni estas grandes corporaciones pueden ofrecer. No por ofrecer distinción o diferencia, sino porque es tu espacio: un determinado tipo de mediación que tiene que ver con la cercanía, con el valor que le puedes añadir a una persona que necesita en un momento determinado orientarse, estar al día. Y, sobre todo, que le gusta el contacto.

Yo estoy en este sentido completamente convencido de que el 50% de la gente que nos compra libros a nosotros nos los compra porque quiere que existamos. Pasan por la FNAC, ven un libro, y se vienen a comprarlo aquí. Porque quieren que estemos, que sigamos.

El mercado del libro, por suerte, está muy regulado.

¿Te refieres al precio fijo? ¿Estás a favor?

Igor: Tengo mis dudas. En estos términos: si el precio del libro está pensado para proteger a editoriales, librerías y creadores de tamaño medio y pequeño y no funciona y siguen cerrando librerías y editoriales… Algo hay ahí que da qué pensar.

En los VIPS te encuentras libros a 3,95 €. Libros cuyo precio de venta al público era de 22,24 €. ¿Cómo va esto?

Pablo: Porque la editorial los salda. Sacan el libro del catálogo.

Igor: Esto está todo especificado en la ley del libro. Plazos, etc. [Así es. Les dejo aquí el enlace. Artículo 10. Exclusiones al precio fijo]

Pablo: Los grandes centros como VIPS y demás compran mucho.

¿Y el autor? ¿Qué tiene que hacer ante eso?

Pablo: No puede hacer nada. Al estar fuera de catálogo se habrán liquidado los derechos antes de hacerlo.

Igor: El tema del precio yo creo que es el tema del libro de hoy. El precio es tu presentación. Realmente, hacerlos, todos lo sabemos, no cuesta mucho.

Imprimirlos no cuesta. Hacer un libro bien sí que cuesta. Hay que saber hacerlo, por ejemplo.

Igor: Sí, eso es verdad. Pero el sacarlo es muy barato. Lo que pasa es que el precio de lo que cuesta hasta que llega al lector final se va multiplicando por cinco, o más incluso. Todo eso es la cadena del libro. Hay quien piensa que todo eso es innecesario, pero esa cadena es la que hace que el precio llegue al consumidor final.

Librerir-Muga31

¿Son caros los libros?

Igor: El tema del precio no es objetivo. Las cosas no son caras o baratas en abstracto. Lo son con relación a lo que la gente percibe de ellas. Aquí, por ejemplo, desde muy pronto, ese 5% de descuento que tenemos de margen para jugar con el PVP lo hacemos.

Para la mayoría de la gente los libros son caros. ¿Quiere eso decir que son objetivamente caros? No. Si fuéramos ricos en España se comprarían más libros.

Pablo: De hecho, es lo primero que se ha notado con la crisis. Esa familia que compraba algún libro al mes ha pasado de comprar uno o dos a no comprar ninguno. Incluso gente que no ha perdido su trabajo: por precaución han decidido guardar el dinero que antes dedicaban a ocio, o parte de ese dinero.

Igor: Es un tema importante este. Creo que el libro corre el riesgo de convertirse en un signo de distinción. Consumo libros porque me lo puedo permitir, formo parte de una élite. Y no lo digo en sentido peyorativo. El lector de libros como parte de una élite cultural. Son élites que existen naturalmente.

El otro día lo hablamos en la charla en torno al cómic. El libro puede acabar, por muchas razones, desatendiendo el elemento popular. El libro tal vez debería intentar cubrir no solo esa parte elitista, ser más popular, no sé si a través del precio… Habría muchas posibilidades. A mí esto me preocupa un poco, porque si solo van a poder comprar libros los que tengan dinero, porque no hay dinero para bibliotecas, etc., al final se van a hacer libros solo para esta gente. Y a mí eso no me gusta.

¿Y qué hacemos?

Igor: ¿Te refieres a contenidos? No creo que sea un tema tanto de contenido como de promoción del libro. No estoy diciendo que se tengan que escribir libros sobre Cristiano Ronaldo todo el rato…

Pablo: El libro tiene que llegar a la gente como algo más natural. No como algo especial o selecto.

Igor: Los jugadores de baloncesto americanos, por ejemplo, hacen promoción de libros constantemente, salen leyéndolos. ¿Ves aquí a algún futbolista haciendo algo parecido?

Xabi Alonso, Guardiola…

Igor: Sí. Se les tiene como un par de culturetas. No, a ver. Se trata de conseguir que la gente vea el libro como un entretenimiento posible, que no es algo ajeno a la vida cotidiana. Porque estamos convirtiendo el libro en algo distintivo, y nos incluyo a nosotros también, es autocrítica.

Vender libros, sean los libros que sean, ¿es siempre una buena noticia? Estoy pensando en Belén Esteban y similares.

Igor: No, no. Muchas veces, cuando nos reunimos el gremio de libreros hablamos de que habría que proteger las librerías porque son un elemento de cultura, de transmisión de valores, etc. Solemos discutir porque hay posturas diferentes. Personalmente, lo que digo es que no hay que proteger a las librerías, sino a la cadena del libro. Y proteger la cadena del libro no es proteger un sector concreto, es conseguir que determinadas cosas existan y lleguen a la gente.

¿Pero cómo se hace eso? Vamos a lo concreto.

Igor: Primero, con dinero.

¿Subvenciones?

Igor: Pero, ¿qué es subvencionar? Es invertir dinero en determinados sectores sin esperar que tenga un rendimiento. Se hace con los libros y se hace con las energías renovables. El Estado lo hace, claro, el Estado se dedica a subvencionar. Esa es su tarea. Todos invertimos, pagando impuestos, para que determinadas cosas salgan adelante. La cuestión es cómo se gestiona ese dinero. Por qué se subvencionan determinados proyectos y por qué no otros. La cuestión es que lo que subvenciones tenga una repercusión como la que tú quieres. Por mi parte, lo que subvencionaría es la cultura que consiga generar más cultura. No tanto proyectos concretos. Se ha subvencionado mucho a la edición, la creación, se subvenciona a las librerías desde el momento que proteges el precio, por ejemplo, o con el IVA superreducido.

Pablo: Sí, dentro del mundo de la cultura el IVA del libro es el único que no se ha tocado. De momento.

Igor: No creo que sea porque lo respeten mucho. Es que si lo tocan esto no es como el cine; esto se hunde, directamente.

En lo que hay que gastarse el dinero es en promocionar el libro como tal.

Pablo: Claro. Dotar a las bibliotecas de barrio de más fondos para comprar libros. Es un ejemplo. Que sea accesible, fácil llegar a un libro.

Igor: Mira, otro ejemplo; nosotros ahora queremos lanzar dos concursos: uno de creación literaria y otro de creación vinculada al periodismo. Para chavales. Puedo hacerlo y dar un lote de libros, etc. A mí lo que me gustaría es llegar a esa gente que quiere dedicarse a esto porque le gusta y que vean que es posible, que puede formar parte de su vida, que es viable. Que el premio fuera, por ejemplo, un curso de escritura creativa durante un año en alguno de los sitios que hay aquí en Madrid, que son fantásticos. O tiempo de prácticas en un periódico. También traer a escritores que les hablen a los chavales de qué es escribir, etc. Y sí, hay gente que lo va a hacer. Podremos pagar alguna cosa… pero no tenemos medios. Lo quiero hacer en el entorno de Vallecas. Si hubiera un sitio donde acudir para poder pedirles dinero, que colaboraran (Ayuntamientos, etc.) sería fantástico.

Es un tipo de apuesta. Un ejemplo que se me ocurre porque estamos ahora con ello.

Librerir-Muga21

Leíamos hace nada que un tercio de los españoles no lee nunca o casi nunca.

Igor: Las compañías discográficas han encontrado la manera de enfrentarse a la crisis del sector proporcionando experiencias a la gente, experiencias colectivas (conciertos, etc.). Alrededor de los libros no es tan fácil hacer esto mismo. A mí me flipa el tema de las lecturas en el mundo anglosajón, que haya gente que se junte para escuchar a un autor leer su libro.

¿Habéis probado a hacerlo aquí?

Pablo: Nosotros no. Justo Lola Larumbe ha empezado a hacer algo parecido. Empezó con Belén Gopegui.

Hemos hablado también en alguna ocasión de lo precario de todo este mundo.

Igor: A mí me preocupa mucho ahora, lo veo, lo difícil que es hacer de algo como esto un proyecto de vida. Pablo ha dejado trabajos, rechazado ofertas, porque es que este era su proyecto de vida. ¿Sería esto ahora posible? Creo que no.

Tenemos que hablar aquí de nuestra editorial este mes [enero]: Capitán Swing. Dani Moreno lleva prácticamente la editorial él solo. Y para mí ha editado el que yo creo que es el libro del año: El precariado. Una carta de derechos. Habla de todo esto. El libro tendrá probablemente sus erratas. Aunque me fijo poco yo en eso.

El problema no es tanto lo que cobra o no la gente. El problema es que hay gente que no cobra. Hay una idea como de que existe la clase trabajadora, de que toda la clase trabajadora formamos parte de la misma clase. Y la realidad es que no. Hoy en día el que tiene un contrato, por malo que sea, está mucho mejor que el que no tiene un contrato. En el libro lo que el autor sostiene es que está surgiendo una nueva clase social, cada vez más masiva, que no tiene acceso a una serie de derechos (laborales). Hoy en día hay un montón de gente que no aspira ya a tener los beneficios del estado del bienestar, cuando sí hay gente que los tiene.

Es tremendo este tema.

Al hilo de esto que dices y del debate que se generó en torno a la entrevista que publicamos en esta casa a Marta Ramoneda, ¿es tan escandaloso lo que allí se denunciaba en los comentarios? ¿Puede una librería ofrecer condiciones laborales mucho mejores?

Igor: No, en absoluto. Ahora bien, si se puede, se ha de hacer. Hay gente que hace grandes inversiones en este sector en infraestructuras, locales, etc.; y no en el trabajador. Yo te digo que esta librería, la nuestra, no hubiera llegado donde está si todos los que estamos aquí no hubiéramos sentido que era algo nuestro.

Pablo: Totalmente. Es así.

Igor: Se trata de invertir en las personas. Ahora bien, no sé si La Central, el caso que dices, puede hacer lo que nosotros aquí.

Pablo: Bueno, ella hablaba de lo importante que es para ellos tener unos libreros preparados, por ejemplo. Si luego te ciñes al convenio, que es muy justito…

Igor: Bien. Pues lo que dice este señor [Guy Standing] es que no puedes hacer que una economía funcione cuando cada vez les quitas más derechos a la gente; no puedes sostener un proyecto si no está basado en la gente que lo lleva día a día. Si compras un local de puta madre en pleno centro de Madrid y además construyes una imagen alrededor de ti determinada, eso te renta al principio… pero a la larga se tiene que basar en la gente. De otro modo se caerá.

Librerir-Muga18

Bien, pues vosotros diréis, ¿cómo acabamos?

Igor: A mí una de las cosas que más me gusta de nuestra librería es, cómo te diría, como cuando se habla de la biodiversidad. Nosotros tenemos grandes ventas de muy pocos libros; eso sí: vendemos muchísimos libros, muchos tipos diferentes. Y eso me encanta. Al cabo del tiempo te vas dando cuenta de que mueves libros de editoriales muy diferentes.

Esta mañana nos acordábamos: recomendábamos a George Martin mucho antes de que se hiciera famoso. Ahora nos llega gente y nos lo dice: «Vosotros me metisteis en esto». Ahora vende cientos. Ya no le hacemos ninguna falta.

La historia es que aquí puedas encontrar cualquier libro, cualquier editorial. Si me preguntas qué libro he vendido más me tengo que parar a pensar, porque realmente tengo esta sensación. Además, nosotros, los que trabajamos aquí, también somos muy diferentes. Y esto a mí me gusta mucho.

[No puedo acabar sin dejar aquí anotado el libro que me recomienda Igor: La trabajadora, de Elvira Navarro. Que va a ser verdad que lo de ser librero del tipo Buen Recomendador es desde chico. Lo dejamos así]

Fotografía: Joaquín Gómez.


Librerías con encanto: Una conversación con Santiago Palacios

Take us the foxes, the little foxes,
that spoil the vines: for our vines have tender grapes.

The Little Foxes (William Wyler, 1941)

.

[Primera parada: La Fugitiva. Calle Santa Isabel, número 7. Madrid.]

la-fugitiva-(1-de-1)

Clea, la librera, me ofrece un pedazo de tarta y un té cuando me siento, tras el mostrador; me hace ocupar su lugar; ella prefiere quedarse de pie, así tiene libertad para seguir trajinando: «Te voy a poner una Ítalo Calvino». Me explica que es el escritor que toca hoy. Las tartas veganas las hace ella misma, las otras una compañera, y les pone, a las tartas, a los bizcochos, cada día el nombre de un autor. «Te la tengo que calentar; Ítalo Calvino es caliente». Me la sirve junto a un té verde fuerte con una nota de jazmín y limón, con hielo. La tarta es como de chocolate fundido. Deliciosa. Me la zampo con glotonería y me digo que la felicidad se parece a comer cosas tan ricas, que ha de ser algo así: efímera y contundente, y capaz de perdurar en la memoria, como el sabor de este dulce.

Mientras doy cuenta de la merendola, me cuenta más cosas; le he preguntado cómo acabó allí. «Entré por esa puerta». Por aquel entonces estaba buscando un lugar para organizar presentaciones de libros, explica: «Y un amigo, muy amigo de Santiago —Santiago Palacios es el dueño, le veré más tarde—, me dijo que iba a presentármelo, que tenía que conocerlo. Me adelanté». Justo era jueves, día en el que se organizan este tipo de eventos en La Fugitiva. «Estaban los de Revista Mongolia. Me fijé en lo que suelo fijarme cuando llego a una librería: en si están mis libros preferidos. Si no está Dostoievsky no me gusta. Estaba. Todo Dostoievsky, y Tolstoi. Vi también a Ítalo Calvino, a Thackeray y a Dickens. Hay libros que tiene que tener una librería. Una librería tiene que tener El Quijote». (Ah, cómo, ¿hay librerías que no lo tienen? No me lo había planteado. Lo daba por supuesto. ) «Vi también cómo funcionaba el local en una presentación». (Después del acto se sirven cava y berenjenas. Hay que quererles, no me digan que no.) «Santiago es como una ONG: además de ofrecer el sitio de manera gratuita, tiene estos detalles. Me gustó mucho. Uno llega y se siente acogido inmediatamente, es como estar en casa. Porque, además, te dice que sí a todo. Es la personificación del positivismo». Luego le pediría trabajo: «Y también me dijo que sí».

la-fugitiva-(6-de-1)

Contribuye sin duda al encanto especial de este sitio el mobiliario; cada silla de su padre y de su madre, los techos, los carteles; los menús hechos con cartón, un par de grapas, y cinta aislante; una ventana de madera, viejísima, que ya les han querido comprar más de una vez. Entra alguien: «Hola, Victoria», le dice Clea en cuanto la ve asomar, «tengo unos cuentos japoneses para ti». Y se va corriendo a enseñárselo, más feliz que una lombriz.

[Esta librera es una máquina. Les reto a que vayan y salgan sin haberse llevado un libro.]

—Tres maestros de la literatura japonesa. Cuando lo vi ayer me acordé inmediatamente de ti –le tiende el libro y se le ve ese brillo en los ojos; lo que le gustan a Clea los libros es algo sobre lo que aún no se ha escrito.
Venía justo pensando en El libro de la almohada que me decías el otro día –contesta Victoria, que me va a ayudar a ilustrar lo que pasa en esta librería; no voy a cambiar ni poner una coma.
Ah, claro, sí. Es que si tú quieres estar con los japoneses, conocer su mundo, hay que empezar por ese libro. Es un clásico de la literatura japonesa. Del siglo XI, escrito por una mujer. Esto es precioso: la literatura japonesa se basa en la literatura femenina. Qué bonito. Se llama El libro de la almohada, hay una palabra japonesa, no quiero decirla, que no me acuerdo bien. Es una palabra para esto, para el libro de la almohada, el diario íntimo que tú ponías debajo de la almohada. En este libro, en esta expresión, se basó Peter Greenaway para su película The Pillow book. Ella, en lugar de escribir un diario y guardarlo ahí, tatuaba a su amante en el cuerpo. Es un poco lo mismo porque ella duerme con él.

Victoria se sienta en la mesa con tres libros, finalmente.

la-fugitiva-(8-de-1)

«Esta librería son los libros y los personajes que vienen». Hemos vuelto detrás del mostrador. «Y los libreros». En la Fugitiva son tres: Jacobo, que es historiador; Quique, que está especializado en cómic, sobre todo el clásico, me dice Clea que es el que más le gusta; y ella. «Pero la librería, fundamentalmente, son los clientes y los libros». Se refiere a la decisión de tener unos libros y no otros. «Santiago se mueve mucho, es un librero librero. Continuamente está buscando libros que nos diferencien, siempre con calidad». Tienen el fondo completo de DVD Ediciones —sí, el nombrecito de la editorial es de traca, en qué estaría pensando el editor—, «una editorial que no pudo seguir, una pena». Se trata de libros de Thomas Bernhard, Novalis, Safo, Luna Miguel, Charles Simic… [Les dejo aquí el listadito, que no tiene desperdicio ninguno.] Hay también libros de cine —son vecinos de la Filmoteca—, cómics, libros para niños… Pero fíjense cuando vayan, sobre todo, en los que no ven. Se darán cuenta entonces de qué tipo de librería se trata.

Hay como unas ocho personas nada más en la librería (segunda mitad del mes de Julio, Madrid), que funciona también como un café. Clea conoce el nombre de todos y cada uno, su nacionalidad, qué están estudiando. No es la primera vez que ve a ninguno de ellos. En cada una de las ocasiones en que ha venido alguien a pagar le ha preguntado por el libro anterior, sugerido otros… No se le escapa nada. Una máquina, ya digo.

Y me tengo que marchar, he quedado con Santiago en la calle Príncipe, en Con Tarima, la más cinematográfica —por el fondo— de las tres librerías que tiene (debería decir cuatro: desde hace nada llevan también la gestión de la librería de la Biblioteca Nacional). Si se han quedado con ganas de conocer otro tipo de detalles, les recomiendo el artículo que publicó el otro día la Revista Leer. Y si quieren de verdad conocer la librería, que es de lo que se trata en esta serie, ya lo saben, busquen los libros que no están, con cuáles se quedan de los catálogos de las grandes distribuidoras y con cuáles no. Esa es la cuestión. No les voy a dar más pistas.

con-tarima-(7-de-1)

[Segunda parada: Sin Tarima. Calle Príncipe, número 9. Madrid]

Encuentro a Santiago en Sin Tarima, esperando el relevo para poder marcharse y dedicarme «una hora, más o menos», le dije. Estuvimos qué sé yo la de tiempo, seguramente algo más de tres. No voy a transcribir la charla completa, tendrán ustedes que hacer alguna cosa más hoy, imagino, y esto como hay que leerlo es del tirón.

Por fin puedo venir a verte. Te tenía ganas, Santiago.

Esto creo que te lo he contado alguna vez: a los cinco días de estar en el local de La Fugitiva instalados vinieron a entrevistarme de un periódico de tirada nacional, que se llaman ahora. Estaban haciendo una serie sobre librerías de Madrid. Habían empezado por el barrio de Lavapiés. Vino un señor de unos 35 años, estuvimos hablando. En plan cortés le pregunté, «Qué otras librerías has visitado, ¿No has ido a La Marabunta?». No, no la conozco. «Hombre, pues es una que han abierto los troskos». No tenía ni idea de lo que era, me dijo que si me refería al pastelito este de los anuncios de la tele. Qué desastre. Ser periodista y no saber qué es un trosko.

Creo que el problema del periodismo ahora es que hay periodistas con un nivel muy bajo. Me pillas en una época en que tengo una muy mala opinión de muchas cosas, no te voy a decir lo contrario. [Me lo dice como con pena, como me nota el entusiasmo.]

[Tercera parada: Con Tarima. Calle Príncipe, número 17. Madrid]

Dejamos en Sin Tarima a Paula, que justo llega para sustituir a Santiago y que este pueda ocuparse de mí, y nos vamos para Con Tarima: Libros de fotografía, mucho cine, algunos tiradísimos de precio… Luego vendrá Clemente, que se pasará la tarde colocando libros y atendiendo a la gente, que no deja de entrar y salir, lo cual no está nada mal. Aquí también hay una pequeña zona dedicada a la restauración, unas cuatro o cinco mesas. Y un fondo de libros para perderse, por descontado. Es el sello de la casa.

con-tarima-(1-de-1)

Tienes cuatro librerías, nada menos. Dos en esta misma calle.

En esta librería, en Con Tarima, tenemos todo lo relacionado con el arte, incluyendo arquitectura; y en Sin Tarima está todo lo que tiene que ver con narrativa, infantil, juvenil, historia, poesía, y una sección de ensayo. Y en la Biblioteca nacional no me atrevo a decirte, porque todavía no me lo sé bien. Estamos allí nada más que desde el 1 de Julio.

Mis amigos dicen que no delego, que tengo que delegar, como me paso aquí el día. Y sí que delego, la gente que trabaja aquí tiene una gran autonomía. He de decir que la gran suerte que tengo —hace poco me hacían una entrevista en la radio y lo contaba— es que tenemos un gran equipo, espectacular. Y es que es verdad, aunque parezca un topicazo; tú puedes hacer muchas cosas, pero como la gente no se enrolle es como si nada.

No pones anuncios para contratar gente.

En esta empresa hay dos tipos de trabajadores: unos como Soledad, que empezó con nosotros en el 2005, haciendo ferias del libro. Y ya cuando decidimos abrir la librería se vino aquí. Y luego la mayor parte son chavales que conozco yo desde que eran pequeños: compañeros de mis hijos, parientes, etc. Es un núcleo muy familiar.

Salvo Clea, que se presentó un día en la librería. Me dejó además muy sorprendido. Sabes que no se corta nada. Entra como una escopeta. Ella apunta y dispara. Se puso a hablar conmigo y poquito a poco fue entrando, hasta que se quedó allí. En seguida te das cuenta de que es una persona muy preparada. Ama mucho el tema, eso es muy importante, tiene una pasión por el libro insólita. Y creo que es un complemento muy bueno para nosotros. No teníamos mujeres entonces, prácticamente, solo a Sole.

Leíamos estos días en la prensa cómo ha caído la venta de libros.

No sé si alguna vez nos dirán los datos reales. Lo de la Feria del Libro ha sido un escándalo.

[Nos interrumpe un cliente o amigo, no sabría decir; quedan en que se pasará antes de las diez de la noche, que es cuando Santiago tiene previsto irse. Esta interrupción le da pie para obviar mi pregunta y contar algo de lo que está bien contento. Y yo me doy cuenta de que me va a costar Dios y ayuda llevar esta conversación de un modo ordenado, porque yo también quiero contarle cosas, no tengo remedio.]

Otra de las cosas buenas muy buenas de esta librería es que, aunque esté en este sitio, tan especial, es un barrio barrio. Conocemos a los ciudadanos de aquí.

Sí, ya he visto a Clea…

Les conoce a todos.

con-tarima-(6-de-1)

Ayer vino un chico, no se me olvidará su nombre, mejicano, Julio Villanueva. Estábamos presentando un libro de Javier Esteban sobre Valle Inclán y la bohemia. El acto estuvo muy bien. Terminó, y una señora pidió que se le recomendaran libros para sus hijos, y este chico, que había venido como espectador, se metió en la conversación. Lo hizo fenomenal. Empecé a hablar con él y me di cuenta de que sabía un montón. Tenía 19 años, me dijo. Casi me desmayo. Se había leído a Coetzee, Virginia Woolf

Hoy por hoy no es tan habitual. Ahora se lee menos.

¿Tú crees?

Sí. Se leen cosas sueltas por internet, pero libros… muy poco.

Eso es verdad.

No obstante, no debo estar en un grupo atípico, porque aquí los chavales sí que leen. Y los que entran a sitios como esta librería, pues más. Claro, no me atrevo a generalizar. Aquí viene mucho chaval muy rojo, también. Lo que sí es cierto es que hay bastantes chavales jóvenes que no tienen el más mínimo interés, que se asoman… Pasa mucho con las parejas. A él o ella les puede interesar, y para el otro es como una patada en la nariz el que pierdan aquí el rato cotilleando libros o discos. Luego está el grupo que entra y que son auténticos profesionales de la lectura. Y con la política les pasa igual.

Oye, por qué se publican tan pocos libros escritos por mujeres.

Pues nunca me lo había planteado. Pero tienes razón. Y algunas se pierden que son magníficas. Una de mis novelas favoritas es Urraca, de Lourdes Ortiz. Por ejemplo. Y es inencontrable hoy en día. No entiendo cómo no lo reedita alguien. Se lo he dicho a ella varias veces, porque viene por aquí mucho. Es decir, se editan pocas, y las que hay que han tenido cierto éxito tampoco se recuperan.

Lourdes Ortiz es una mujer que se acaba de jubilar, ha estado durante muchísimos años dando clase en la Escuela de Arte dramático. Esta novela es sobre Dña. Urraca. Es una disección del poder absolutamente maravillosa. Escribió también mucha novela negra, teatro… Es una autora muy versátil. No sé si habrá hecho algo de poesía también. Ha sido de las de Planeta de siempre. Urraca lo publicó una editorial de Barcelona que se llamaba Puntual, ya desaparecida. Sacó también a Nuria Amat. Creo que empezó todo con mujeres, ahora que lo pienso.

Y quebró. Feliz ejemplo me pones…

Pero las que más leen son mujeres

No lo tengo tan claro.

Bueno, las que más compran.

[Esto tampoco lo tengo claro, pero ya me callo]

Almudena Grandes sigue vendiendo. Creo, eso sí, como está ocurriendo con todo, que vende menos de lo que dicen. Es lo que decíamos antes: en este país no tenemos datos reales. Mira, una persona que tiene un control rigurosísimo sobre lo que se vende en este país es Juan Miguel, de la librería Diógenes de Alcalá de Henares. Tiene un truco, o lo tenía por lo menos, según el cual, a partir de su venta, hacía un escalado de lo que se vendía en toda España. No me digas cómo ha llegado a esto, después de los años que lleva, cómo lo calcula.

Pero tú has trabajado muchos años en distribución.

Sí, pero no sé cómo lo hace. En la librería llevamos nada más que desde el 2008. Hasta el 2010 lo compaginábamos con distribución, hacíamos logística con otra gente.

Ahora es incuestionable que se está vendiendo menos, es lo que decía antes de la Feria del libro. Nos han vendido la moto de que hemos vendido todos el 5% más, ¿no? Es el promedio que sale. Y yo hablo con la gente que controlo, con los que tengo confianza y sé que no me están engañando: todos han vendido menos, entre el 10% y el 15%. Entonces, ¿adónde nos lleva esto? A que lo de decir que se vende más es una política para no alertar, para tranquilizar.

con-tarima-(4-de-1)

Se ha publicado estos días también que la venta de libros electrónicos ha subido.

Yo es que creo, Raquel, y tú que trabajas en medios lo sabrás mejor que yo, que la información nunca es aséptica. La mitad de la información que nos da el Grupo Prisa es muy interesada. Cuando empezaron con que si ya no se vendía el periódico en papel, que se iba a acabar, era porque ellos querían que se acabase. Tenían interés en que esto fuera así.

Las ventas que más se han resentido, entiendo, son las de los bestsellers.

Claro, y ahí hay un tema importante: el sector necesita estas ventas. Entra un dinero que de otro modo no entraría. He oído decir a un señor de El Corte Inglés que el gran año de El Código Da Vinci fue la primera vez que el libro había facturado más que el perfume. Eso viene fenomenal al sector. Además de la facturación, hay gente que se ha acercado a un libro así, vale, pero quién nos dice que mañana no va a leer a Lourdes Ortiz.

No sé si recordarás que el año pasado, no en la Feria del Libro del 2014, la del 2013; El País sacó una serie de artículos en los cuales se comentaba la posibilidad de que se organizasen dos tipos de ferias; habría como dos niveles: una para los grandes lectores y otra para el vulgo. ¿Tú te acuerdas de aquello? Una cosa lamentable, vamos.

A mí que me pongan con el vulgo, que me dejen de cuentos chinos.

Este año no conocía a ninguno de los que estaban firmando en las grandes colas que se formaban, quién es toda esa gente.

No conoces a ninguno, claro, esa es la realidad. Personajes mediáticos a los que no les conoce nadie. O toda esta gente nueva de literatura fantástica. Tampoco les conozco. No son tan mediáticos, pero se han sabido difundir muy bien por donde sea, y acude gente que les sigue.

Mira Gigamesh, lo bien que les va; han inaugurado hace no mucho un local enorme.

Sí, llevan ya más de cuarenta años.

Es un debate jodido. Y tienes tú efectivamente razón: el libro electrónico a quien está afectando realmente es a ese tipo de libros, los bestsellers. Y a la novela romántica.

con-tarima-(2-de-1)

Venía en el metro y a mi lado iba una señora leyendo en su cacharro electrónico. Yo iba con un libro que acabo de recibir de Sd Edicions, el último que han publicado de Erika Bornay, ¿les conoces?

Les conozco, les conozco. Tenemos muchas cosas de ellos. Fueron los primeros que sacaron Jazzuela(1), de Cortázar.

Me gustan mucho porque publican cosas que de otro modo no conoceríamos.

Claro, es el sentido de una editorial. Publican cosas que, efectivamente, sino lo hicieran ellos no lo haría nadie.

Lo del metro es impresionante. Y ocurre otro fenómeno, en el metro, que a mí me llama la atención: no es que solo vayan leyendo o no, es que casi nadie va distraído y simplemente pensando en sus cosas. Todo el mundo necesita o ir mandando mensajitos, o ir pasando el dedito. Y yo es que soy muy dado a ir así, y lo pienso a veces: «Joer, si es que no tienen un minuto en paz».

Es el mal de nuestro tiempo. Nos dejamos distraer continuamente.

¿Y has ido a conocer El Buscón? Es la única librería de filosofía que hay en España. Y tienen un nivelazo. Son del 77, que tiene ya su mérito.

No. No conozco aún todas las librerías de Madrid. Y, además, he de contenerme, las sacaría todas, como están aquí, me pillan muy a mano, ¿y qué hay del resto, de las que están en otras provincias? No sería justo.

Bueno, en Madrid no hay tantas.

Cómo qué.

Ha bajado muchísimo. Han cerrado muchísimas librerías en los últimos 20 años. Otra cosa es que en algunos barrios se hayan abierto bastantes. Pero, en números globales, hay menos, y, sobre todo, menos potentes. ¿Cuántas librerías hay que trabajen el fondo, en Madrid?

La Alberti, se me ocurre.

Sí, tiene un gran fondo.

Me decía Clea que hay librerías que no tienen El Quijote.

Hay muchísimas que no lo tienen. Nosotros vendemos aquí cada fin de semana algún Quijote. Y es cierto que mucha gente viene y te lo pregunta: «Ustedes no tendrán El Quijote, ¿no?». Pues sí, lo tenemos, claro que lo tenemos. Además, tenemos cuatro o cinco ediciones diferentes. En esto sí que no me pillan a mí. En otra cosa, tal vez, pero en el fondo que tenemos, no. Es un fondo que está bastante pensado.

¿Cuáles hay más de fondo?

Bueno, ahora ya voy a muy pocas, pero te diría que hay poquitas. Especializadas sí que hay. Otra cosa son las generalistas. No hay. Muy poquitas. Está también Machado, pero a Machado hace ya años que no entro. No tengo ni idea de cómo estará ahora. Era un pedazo de librería.

Y Madrid es grande, ¿eh? Y no hay. Date cuenta que en Madrid había librerías en todos los barrios. Excelentes librerías. Yo empecé en el mundo del libro en el año 70, tenía 16 años. Con un grupo de amigos teníamos un grupo de acción política, una cosa que nos montamos. Se nos ocurrió que una manera de financiarnos era vender libros en el rastro. Vendíamos bastante.

Había librerías en Madrid… montañas. Se vendían muchos, muchos libros. Recuerdo que había una red de librerías de los pueblos de la periferia de Madrid, esto no me lo sé muy bien, pero tenían algún tipo de vinculación entre ellas, algo como «librerías populares de Madrid». Había unas cuantas.

¿Y cuándo empezaron a cerrar las librerías?

Ha habido varios temas: uno es que nos hemos ido haciendo mayores y no ha habido continuidad. Creo, en ese sentido, que esto está salvado aquí, por los chavales que trabajan aquí conmigo. La mayor es Soledad, que tiene 40 años. Y luego ya tienen treinta y tantos.

En este sector no estamos subrepresentadas, tenemos una presencia normal.

Yo te diría que hay más mujeres. Al menos, en el punto de venta. Luego en la propiedad no lo sé.

con-tarima-(10-de-1)

Oye, cuéntame del cava y las berenjenas al finalizar las presentaciones de libros.

La primera vez que hicimos una presentación yo quería que diésemos un golpe invitando a alguna cosa. Buscamos algo que se acomodara a nuestras posibilidades económicas. Tengo un amigo que tiene un primo en Sant Sadurní d’Anoia que me ofreció el cava a 2.10 € la botella. Y resultó además que el cava era cojonudo. Lo de las berenjenas es porque yo soy simpatizante de La Sanabresa desde que tengo uso de razón. Está en la calle Amor de Dios. Por cuatro euros nos pone un plato así de berenjenas rebozadas. Cuando quedan 5 minutos para que acabe el acto vamos allí y avisamos, y empiezan a prepararlas. Nos las traemos calentitas. Es una combinación magnífica. A la gente le encanta.

Aquí, como está lejos, tenemos que encontrar otra cosa. Hemos encontrado una, vaya, pero se nos pasa de presupuesto. Son croquetas de cecina. Espectaculares. Nos las hace el de El Prada, aquí al lado. Pero, claro, ya se pasa un poco.

Actividades organizamos muchísimas. Queremos estar ahí. Conciertos, presentaciones…

Hay librerías que cobran por dejar el espacio para hacer presentaciones. ¿Qué opinas?

Estoy en total desacuerdo. Me parece vergonzoso. Y, además, te digo una cosa: te quita independencia. Si estás cobrando por hacer una presentación, por qué vas a decir que no en un momento determinado a alguien que no te apetece. Qué argumento tienes. Yo le digo a mucha gente que no. Aquí lo llevamos, este tema de las presentaciones, entre tres, de manera bastante colectiva. Por otro lado, creo que las presentaciones, a quién acoges y a quién no, marcan un poco el alma de lo que quiere ser la librería. Y hay bastantes que cobran. Y creo que les resta independencia, ya digo. Y credibilidad. Porque de lo que se trata, igual que cuando compras libros, cuando haces una selección de lo que quieres tener, es del espacio que tienes, de lo que quieres transmitir.

A nosotros nos llaman para muchísimas cosas. Hay un programa de televisión que nos llama continuamente. Siempre les digo que no. Nos llaman para cosas insólitas.

Este sector puede ser muy cutre. En el café comercial se hacen presentaciones. Y cobran. Van las editoriales, pagando. Creo que es otro error. En la feria del libro, por ejemplo, hay autores magníficos, que todos estamos deseando tener, y editoriales pequeñas que están en principio muy involucradas con las librerías pequeñas que se llevan las firmas solo para su caseta. Me parece una cutrez. Así, qué consigues.

la-fugitiva-(17-de-1)

Se trataría de buscar sinergias, formas de colaborar para llegar al «todos ganan», ¿no?

Ha habido unos enfrentamientos tremendos en el gremio de libreros de Madrid. La gente que dirige el gremio, la candidatura que ha ganado las últimas elecciones, más o menos, con matices, llevan siendo los mismos muchos años. Igual te estoy hablando —de cabeza, ¿eh?— de veinte o veinticinco años. ¿Y qué ocurre? Pues que estas cosas ayudan poco a la higiene. En mi opinión. Y, además, nunca había habido nadie que se hubiera presentado. Y este año nos presentamos unos cuantos. Ganaron ellos también este año. La vida es así.

Por lo menos hubo debate, ¿no? Que siempre es sano.

Como en este país somos unos cuantos los que vivimos pensando que somos unos perdedores, una de las cosas más graciosas, cuando terminaron las elecciones, con una de las participaciones más altas, en comparación con la que suele haber, hay que decirlo, fue que el grupo en el que estaba, a los que apoyaba, estaban encantados. Yo pensaba: «Me he rodeado de anormales» [Lo dice divertido]. Estaban contentísimos, y habíamos perdido. Yo estaría contento si hubiéramos ganado. «Es que nos han ganado por tres votos». Ya, bueno, me da igual: han ganado ellos, nosotros hemos perdido.

Ha sido muy justito. La próxima vez tal vez…

No, qué va. No somos capaces, no es fácil. Todos los que participamos vamos siendo ya mayorcitos. Ahora tienen que empezar estos jóvenes, ¿no, Clemente?

Clemente está, lo decía al principio, colocando libros aquí y allá: «Tú estorbas ya», le dice, chinchándole. «Qué majete el chaval», contesta Santiago, diciéndomelo a mí. No me ha engañado o intentado vender ninguna moto: la gente que trabaja en las librerías de Santiago está en su casa, hacen suyo el sitio.

¿Cuántos trabajadores hay en las librerías en total?

¿Tú lo sabes, Clemente?

Ocurre que Clemente está ahora muy entretenido con dos jóvenes y pizpiretas asiáticas que preguntan por un libro con mapas de Madrid; tiene que irse a la otra librería, ya no recuerdo si a por otro libro, o a cobrarles el que se llevan.

la-fugitiva-(16-de-1)

Tienes libros bien chulos aquí, ¿eh? Y en La Fugitiva.

Sí, está muy trabajado. Eso y las presentaciones [Se acuerda de pronto de algo] ¿Tú sabes quién es un catedrático de la Complutense al que hicieron una entrevista —ha fallecido estas Navidades— en El País, sobre el tema de la eutanasia. José Luis Sagüés. La organizamos a toda prisa, porque quería asistir. Al final no pudo. Fue muy emotivo. Murió unas semanas más tarde.

Volviendo a tu pregunta, hay poca gente que trabaje las 36 horas, la jornada completa. Gente que trabaja aquí, en total, somos 14. La jornada completa solo son 5. Mi hijo, por ejemplo, trabaja 22 horas, luego da masajes.

Es genial cuando puedes hacer algo y dar trabajo a la gente.

Bueno, como sabes, es un tema complicado.

La idea de hacer política de mucha gente en este país es ir a una manifestación. Contra el capital, por ejemplo. Llevarse las manos a la cabeza por cómo funciona el mercado y luego llegar a casa y, para comprar un libro, en vez de ir a la librería del barrio, hacer click en Amazon. ¿No es un contrasentido?

Esto que planteas, que creo además que es algo muy interesante, es una discusión que tengo con relativa frecuencia con amigos míos. Yo he sido Boy Scout, desde que tenía cinco años. Somos dieciséis o diecisiete, siempre los mismos, nos juntamos muy a menudo. El sábado pasado estuvimos comiendo, hasta las doce de la noche, todo el rato discutiendo. Uno de ellos defendía Amazon. Que era muy cómodo, decía. Claro, cuando le planteo lo que tú estás diciendo, me dice: «Es que tú eres parte interesada». Y sí, lo soy, pero es que además, me lo planteo no solo como dueño de un negocio, que también, me lo planteo como ciudadano. La destrucción del tejido de la pequeña empresa, del pequeño comercio, en este país es acojonante. Y el tipo no lo entendía.

Ya viste cómo celebró la Comunidad de Madrid la inauguración del almacén de Amazon. Estuvo nuestro queridísimo presidente González. En qué mundo viven estos tíos.

Y esto nos lleva a otra cosa, la concentración del mercado del libro, es absolutamente bestial.

Se trata del mundo que queremos.

Claro. No es lo mismo que se sigan abriendo librerías, al menos determinado tipo de librerías, que el que se sigan abriendo bares.

Cuando yo era niño, no te puedes imaginar lo que era la calle Arenal. Yo vivía en la calle de La bola, que es una calle que va desde la Plaza de la Encarnación hasta Arsenal. Bueno, pues nada más entrar en la calle Arenal había una librería, Abril, especializada en teatro. Luego estaba la librería Hernando, que tenía dos locales; la librería Pueyo, que tenía otros dos locales. Llegó a haber en esa calle creo que once librerías. Hazte una idea. Igualito que ahora, vamos.

Todas esas librerías no han cerrado «por lo digital».

No, no. Han cerrado por lo que han cerrado. El mundo del libro es un mundo que está muy justo de dinero, como todos sabemos. Competir con un local por el que tienes que pagar tres mil euros de alquiler con los márgenes que trabajamos, imagínate, no se puede. Cuántos libros tienes que vender. A nosotros nos querían subir el alquiler al doble, cuando estábamos ahí enfrente. Es imposible. Por eso nos cambiamos a este hace nada. Estábamos en frente. El margen que tiene el libro no te permite competir con todo lo que tienes alrededor.

Bueno, el local sigue vacío, no lo han alquilado.

Ya, pero les da igual, tienen un montón de locales, capacidad de resistencia de sobra. En Madrid hay gente que tiene muchísimos locales comerciales en el centro.

con-tarima-(5-de-1)

Vuelve Clemente, ya sin sus amigas asiáticas: «Pues resulta que era una eminente geógrafa, por lo visto, me lo ha dicho la que nos hacía de intérprete, y que era muy famosa en su país».

Tenemos público muy raro nosotros. [A Clemente:] Siéntate aquí, hombre , que te lo has ganado. Han venido esta mañana una pareja de brasileños… Jo, y te he conseguido una cantidad de libros de cine hoy.

Clemente: Ya he visto, ya.

S.: Te he conseguido todo el fondo de la Filmoteca Valenciana.

C.: ¿Sí? Qué bueno. Habrá que hacerles sitio.

S.: Bueno, estos brasileños que han pasado esta mañana, te lo tengo que contar [A mí:], hay gente que viene de fuera que nos viene a ver, hay que reconocer que la fidelidad existe. Han venido: «Qué disgusto, cuando hemos visto el local de enfrente cerrado, creímos que habíais cerrado». Estaba Sole. Luego han venido a llevarse una selección del fondo de DVD, no sé si les conoces. Tenemos todo el fondo. Es una editorial magnífica. El defecto es el nombre, que es horroroso. Pero es el único defecto. [A Clemente:] Tráete El Rey Lear para que lo vea Raquel. Es una edición bilingüe. Van a tener un futuro importante en España. El tío ha aguantado 16 años antes de cerrar.

[Les recuerdo, a los que siguen aún por aquí, que más arriba tienen el enlace con todos los títulos de esta editorial]

Esa es otra, Santiago, ¿tantas editoriales? ¿Tiene sentido?

Sí, tiene su lógica. Tú tienes una idea, un concepto de lo que te gusta, y decides publicarlo tú.

Si tú lo dices.

Ahora Edhasa va a publicarle un libro al editor de DVD, Sergio Gaspar. Es un libro que vamos a presentar en La Fugitiva, y que va a dar mucho que hablar, ya lo verás: una conversación entre Cervantes y Pla. Toca el tema del mundo del libro en España, bastante molesto por su experiencia. Es difícil de leer. Anoche tuve que coger el diccionario alguna vez. Es de Guadalajara, residente en Cataluña de toda la vida.

Me encantan los libros de Edhasa. La edición que tengo en casa de La Montaña Mágica es suya (Colección Diamante, 2006).

El libro de bolsillo de Edhasa es el mejor que hay ahora mismo. Clemente, trae a Raquel De ratones y hombres para que lo vea.

Y así vamos dejando languidecer la charla, con más ejemplares que me traen para que los vea, la cantidad de cosas que sabe este hombre. No conocía a la mitad de las personas de las que me iba hablando, librerías, libreros, autores, editoriales. Me he apuntado Clan Editorial, por ejemplo, les diré que voy de su parte, a ver si cuela y les hago un retrato de estos para la Jot Down, por los libros que hacen, que dan ganas de llorar de lo bonitos que son.

Al final, me traigo en sospecha, más sabe el diablo por viejo que por diablo, le conté más cosas yo a él que él a mí. Menos mal que no me cobró la clase, por otra parte.


Nota al pie:

(1) La editorial Sd·edicions se ha puesto en contacto con esta redactora para aclarar que Jazzuela no es uno de los títulos de su catálogo. He tenido entonces que investigar a qué libro se refería Santiago en la grabación, y he llegado a todostuslibros. La editorial es Satelite k; no he podido encontrar su web, ya lo siento.

Fotografía: Manu Granadero


Librerías con encanto: Literanta (Palma de Mallorca)

DSCF2650El día que llegamos a Literanta, a primera hora,  no está aún ninguno de los dueños: no está Sergio González, no está otro de los socios —son tres— que «nunca está aquí», Antonio Sureda; no ha llegado aún Marina P. de Cabo… Huele a cruasán recién hecho, a zumo de naranja, a libro. La luz del jardín interior empapa toda la librería, cálida, optimista; se está francamente bien: es uno de esos sitios donde se acaba quedando un rato el paseante, a ello invita el lugar, incluso al que va con prisas. La luz de Literanta te arropa, te sientas, te pones a leer. Es lo natural hacerlo así.

Se concibe, desde su inicio, como cafetería librería. «Antes de abrir nosotros las librerías eran asépticas, frías, con los cuatro bestsellers», explica la librera. Acaba casi que de llegar, y se  sienta por fin conmigo. Marina, aventuro, no hace nada de forma precipitada, usa el tiempo tal como viene, sin detenerse, sin intentar tampoco alcanzarlo dándose mucha prisa. Para qué. Sospecho que domina el presente, que ha sabido domesticarlo, cómo usarlo en beneficio propio, burlarlo instalándose en él. «Se planteó —explica, sobre el proyecto original— como una librería de fondo que pudiera ofrecer algo más. Abajo tenemos un espacio dedicado a hacer presentaciones, cursos, talleres. No paramos de organizar actividades en torno a la librería, queremos y procuramos mantenerla viva, llena. La clave para mantenerse, para sobrevivir como libreros, es ofrecer al potencial consumidor de libros cosas diversas, algo nuevo, despertar la curiosidad, hacer que vengan no solo a comprar, que darse una vuelta por aquí sea un complemento a la mera transacción, un valor añadido».

El jardín es espectacular, una presencia importante, definitiva. Literanta sería muy diferente, sería otra cosa, sin ese rincón al que no es posible acceder desde la librería y que preside e ilumina todo el espacio a través de los dos enormes vanos que se abrieron, precisamente, para conseguir ese efecto, para integrarlo de forma completa, radical: «Es un rincón que no puedes ver desde la calle, está escondido aquí. Plantas preciosas; es una maravilla».

Cuando le preguntamos por la parroquia, por cómo es la gente que va por allí, se ríe, recuerda una petición muy particular: «No es exactamente el tipo de libro que tenemos nosotros; un señor llegó hasta el mostrador donde yo estaba y me preguntó: “¿Tienes Conversaciones con Dios?”. No acerté  a contestar, qué podía decir». Nos reímos y lo comentamos, la cantidad de anécdotas de todo tipo que te deja el trabajar de cara al público. «De un lado —contestando a la pregunta— te encuentras con el perfil de un hombre de unos cincuenta años, serio, reflexivo, que compra ensayo, libros de filosofía, sociología; de otro, la señora también de mediana edad, la típica lectora de  Impedimenta. Aquí vendemos sus libros como churros. Ellos lo han hecho muy bien, y nosotros tenemos el público al que van dirigidos sus libros, señoras que quieren algo de calidad, sí, pero entretenerse, pasar el rato. Y luego tenemos una serie de clientes más jóvenes, más inquietos, que también es muy interesante».

DSCF2682

Por Literanta han pasado desde Agustín Fernández Mallo a Lorenzo Silva o Patty Smith: «Fue hace unos años, estuvo firmando uno de sus libros, Éramos unos niños, coincidiendo con un concierto que dio aquí. Es un encanto, bellísima. La librería se colapsó. Tuvo una paciencia, con fotógrafos que la atosigaban… estuvo tres horas firmando, con una enorme sonrisa, encantadora con todo el mundo».

Al preguntarle sobre qué lee, qué recomendaría, se muestra cauta: «Hay muchas cosas que leo que sé que no puedo recomendar. Me gusta un poco de todo, desde Foster Wallace a Virginia Wolf, Dostoyevski me encanta, los rusos suelen gustarme mucho, Gógol. Son infinitos». [Es la primera vez que salen los rusos a colación en las librerías de esta serie, pienso según voy transcribiendo las palabras de Marina. Esto va a ser influencia de Nevsky, seguro, de alguna forma]. «Hay un libro, de Gallonero, sobre la librera de La Maison des Amis des Livres, Adrien Monnier, que es una gozada. Un libro muy interesante, en un periodo súper convulso.  No son textos nada pedantes, fue una pionera como librera. Muy recomendable». Se refiere al título Rue de l’Odeon. La mítica librería abrió sus puertas en 1915. Creo que es el broche perfecto para acabar, el recuerdo de una librera que hizo escuela, una lectura emocionante y actual. Gracias, Marina.

DSCF2660

Fotografía: José Amengual Ramis


Librerías con encanto: Argot (Castellón)

IMG_0220

Cuando llegamos a Argot nos encontramos nada más y nada menos que con Emilio Bueso, autor al que ha invitado para la ocasión Juan Vicente Centelles, responsable de la librería: «Me gusta mezclar, asociar ideas, así siempre sale algo diferente. Le he pedido por eso que se quede, así nos cuenta él también, ya verás que queda mejor». Como lo cierto es que no es en absoluto casual —luego lo veremos— el encontrarnos con un escritor en este despacho, que es muy de la casa el arropar y dar voz a los escritores del propio Castellón, lo menciono, me siento, y a mandar.

«La ciencia ficción se ha vuelto miope, lo hablábamos este año en la Semana Negra de Gijón. El futuro ya no está lleno de aventuras en naves espaciales, tampoco es algo tan lejano», dice Bueso, casi en seguida. «Hay un movimiento en Estados Unidos caracterizado por trabajar lo fantástico pero no desde lo bizarro, sino desde el shock value que dicen los americanos. Es algo desconcertante». Ha salido el tema a raíz de su colaboración en el magacín Presencia Humana. «Hablando con César Mallorquí —ha escrito una novela, La isla de Bowen, que es una puesta al día de Julio Verne, en cierto modo, y que a mí me encantó, está muy chula—, me decía que con la nave espacial más avanzada que tenemos, una nave soyuz setentera soviética, está claro que muy lejos no llegamos. Los temas del género han cambiado, ahora nos encontramos con distopías, temáticas e inquietudes muy diferentes a las que podías encontar hace unos años sobre el futuro. Se han acabado los viajes interestelares», concluye Bueso.

Irrumpo en la conversación para que me cuente Juan Vicente cómo acaba uno haciéndose librero —yo he venido aquí a hablar de mi libro—, si el librero nace o se hace. Me atrevo con una pregunta tan manida porque no parece que vaya a dar una respuesta tipo. Y no me equivoco: «Por casualidad, podía haber sido cualquier otra cosa», contesta, sincero, categórico. «Además, te das cuenta de que estás vendiendo un producto, y de que da igual lo que vendas, tomates, cerezas, libros, ladrillos. Al principio la versión romántica no existe, es esto que te digo, nada más: la mecánica es la de vender. Y es así como orientas tu trabajo. Te haces librero con el tiempo. Es el tiempo el que te acaba aportando esa sensibilidad, el que acaba formándote». Luego habrá que reinventar el concepto de librería; tenemos que hablar de la crisis del sector, es inevitable: «El momento actual no solo está afectando a negocios como este. Hay que replantearse los conceptos, qué es una librería, qué es un librero, qué papeles juegan unos y otros, las editoriales, pasarlo todo por un tamiz para darnos cuenta de qué es lo que queda, qué es lo realmente importante». En este sentido, entiende que lo que hay ahora que hacer es volver a trabajar el fondo de la librería, volver a darle protagonismo, es lo que mejor va a funcionar a nivel comercial, «volver a remover todo lo que habíamos dejado de lado, grandes sellos de toda la vida como Alianza, Cátedra, Austral… Y, por otro lado, apoyar proyectos que están haciendo un esfuerzo importante, pequeñas grandes editoriales como lo puede ser Salto de Página», dice, sonriendo para Emilio Bueso, quien ha publicado ya la friolera de cuatro libros con este sello.

IMG_0182

«Lo que más se ha resentido es la venta del best seller tradicional, por lo que  creo que el camino a seguir es apoyar el fondo, y también en nuestro caso al autor local», continúa. Y es curioso esto, cuando menos, porque no es habitual encontrarse con un apoyo y una comunidad en torno a los autores autóctonos como la que se puede encontrar en Argot. Juan Vicente tiene muy claro que es fundamental apoyarlos, que funciona y se genera, además, un efecto best seller. «Nosotros empezamos a hacer más presentaciones en el años 2004, 2005, una media de cien al año, hazte una idea; y podemos decir que seguramente unos noventa de estos libros serán de gente de aquí. Nos dimos cuenta de que había un potencial enorme». Bueso asiente. «En el caso de Eloy Moreno, por ejemplo, fue muy fácil. Ha vendido ochenta mil libros, ha sido traducido a qué sé yo la de idiomas, coreano, por ejemplo». En la librería, y esto tampoco es muy común, se recomienda la autoedición: «Si quieres sacarlo, adelante». De manera que todas las semanas hay quien lleva algo. Recuerdan ambos un título, uno de los superventas, Asesinato en la plaza de las farolas, que lleva ya vendidas dos mil copias. Novela negra cuya trama se desarrolla en escenarios locales, conocidos por todos, personajes que se adivinan, caracteres sobre cuya identidad real se puede hacer conjeturas. «Neuras típicas», apunta Emilio, «muy reconocibles». El autor de esta novela, Julio César Cano,  publica ya en una editorial vasca, Hiria. La plaza de la farola es un lugar emblemático de Castellón. «Te lees la novela y te das cuenta de que es la mejor guía turística», sigue Juan Vicente, divertido.

Uno de los escritores amateurs que más le ha sorprendido a este librero entusiasta de la autoedición ha sido Luis Rodríguez: «Era asiduo de los clubs de lectura que montamos, empezó también a venir a las tertulias… Su primer libro lo publica con KRK. Es espectacular, La soledad del cometa. Ha sacado un segundo libro, Novienvre. ¿Cuánto venderá? Pues tal vez del primero no haya vendido más de quinientas copias, y del segundo otro tanto». Ahora bien, Juan Vicente lo tiene claro: «A una isla desierta me llevaría dos libros: uno es Novienvre (el otro la Biblia, pero porque es muy largo, duraría más)».

IMG_0272

De manera que este es el universo Argot, una librería en una ciudad no muy grande con vocación de permanencia, un lugar al que acudir, ya seas lector, escritor aficionado o autor consagrado. «Hay quien ha llegado, se ha sentado a leer en la cafetería y, como no le daba tiempo a acabar, ha dejado el punto de lectura para poder continuar desde donde lo dejó».

Estos días, por cierto, la librería está inmersa en el Fantasti’cs. «Nos damos cuenta de que estas jornadas funcionan muy bien sobre todo para que los propios escritores y editores se encuentren y conozcan, para que haya una puesta en común. Esto me gustó mucho. Luego hemos pasado al cine, a hacer concursos de relatos…». El año pasado ya participaron en la muestra de cortometrajes cien cortos. Sucede cada año, en noviembre. Si tienen la oportunidad, vayan. Que cada librería es un mundo, decíamos ayer.

Fotografía: Ángel L. Fernández Recuero