El bustan judeoespañol

Aterricé en el aeropuerto de Ben Gurion una madrugada de julio de 1996. Había recibido una Beca MAEC para estudiar en la Universidad de Tel Aviv y desarrollar un proyecto de investigación. Este consistía en bucear en diferentes archivos del país para establecer una relación de la prensa en judeoespañol, y luego analizar la función que una parte determinada de esta prensa había desempeñado durante la creación del Estado. En aquel entonces, este país todavía no tenía medio siglo de existencia.

Lo que más me llamó la atención nada más llegar fue el afán absoluto de expresión que se vivía en sus calles, donde todo se discutía y matizaba. Cualquier tema de actualidad era causa de debate en el que cada cual marcaba su línea ideológica. Prueba de ello eran las innumerables pancartas expuestas en los comercios y en los balcones de las casas, o las pegatinas que se exhibían en todo tipo de vehículos, en los cascos de moto o en las carpetas de los universitarios. Antes de Twitter, pancartas y pegatinas eran los soportes ideales para el eslogan. 

Cuando llegué, el país estaba de luto. Isaac Rabin había sido asesinado hacía apenas unos meses por un ultranacionalista opuesto al proceso de paz y a los Acuerdos de Oslo. A su entierro había acudido Bill Clinton, quien en su discurso de despedida acabó con un «Shalom, jaber» (Adiós y paz, amigo). Esta frase se convirtió en el eslogan mayoritario de los pacifistas y de los que querían mantener vivo el proceso de paz. A esta consigna le siguieron «Jaber, ata jaser» (Amigo, haces falta) y «Jaber, ani zojer (Amigo, yo recuerdo). Algunos recortaban las frases y hacían collage con las pegatinas: «Shalom, ata jaser» (Paz, haces falta). 

Tras estos eslóganes iniciales hubo muchos más, que cada uno argüía desde su posición ideológica. Los tres más claros eran el izquierdista «Un pueblo fuerte hace la paz», el conservador «Paz, con prudencia», y el ortodoxo «Una generación de arrepentimiento traerá la paz». Al final, todo derivaba en dos modelos de redención: el laico «Una generación entera pide la paz», y el ortodoxo «Generaciones enteras solicitan al Mesías». Se temía entonces la existencia de una guerra civil, y las instituciones colgaban carteles en los que se leía «Opiniones diferentes sí, guerra de hermanos no».

También los problemas caseros se aireaban en pegatinas y pancartas. La compañía nacional de autobuses Eged —creada en su día por fuerzas sindicales y a cuyo volante estaban, al menos así me dijeron, curtidos soldados— expresaba sus desacuerdos con el entonces presidente Benjamin Netanyahu, a quien todos llaman «Bibi»: «Bibi no respeta pactos», «Eged en tu camino, Bibi en el camino que no».

bustan judeoespañol
Pegatinas de izquierda a derecha: Shalom, jaber (paz, amigo), Shalom, ata jaser (paz, haces falta), Dor shalem doresh shalom (una generación entera pide la paz).

Como ahora sucede con las redes sociales, entonces las consignas avivaban debates que parecían inaplazables, pero que tarde o temprano se desvanecían sin pena ni gloria. Veinticinco años después, el proyecto de paz está completamente abandonado, dejado a la lógica del capitalismo.

La diversidad de opciones e ideologías existentes antes de la fundación de Israel como Estado moderno en 1948 también es mucho mayor de lo que cabe suponerse en la actualidad. Es algo evidente cuando se lee la prensa de la época, en la que también se observa la continua metamorfosis que experimenta el país —y las variaciones de voto en las urnas— a medida que llegan diferentes oleadas de inmigrantes judíos, especialmente desde la creación del Estado y hasta finales de los noventa, tras la caída del muro de Berlín. 

Llegan de Alemania, Polonia, Rusia, Ucrania, Rumanía, Grecia, Bulgaria, Yemen, Etiopía, Argentina, México, Irak, Marruecos, Francia, Estados Unidos, y un largo etcétera de países. A modo de ejemplo diré que durante mi estancia allí, la televisión pública subtitulaba simultáneamente en los dos idiomas oficiales, el hebreo y el árabe, pero también en ruso, cuya población era entonces mayoritaria.

He escrito inmigrante y es un error llamarlo así. El término adecuado es olé (en masculino; olá, en femenino; olím, masculino plural; olot, femenino plural), pues no es un movimiento migratorio al uso, sino una aspiración sionista. Significa «el que sube a Israel». 

Si sumamos a la necesidad de expresión y comunicación, la diversidad ideológica existente, podemos comprender la abundantísima cantidad de publicaciones periódicas surgidas durante los años de fundación del Estado.  

Sin embargo, cuando empecé mi trabajo no existía una bibliografía que las reuniera, más allá del extraordinario trabajo que entonces desarrollaba el centro asociado a la Universidad de Tel Aviv, el Institute for the Study of Jewish Press; pero no tenían casi referencias de la prensa sefardí

Seguí buscando, pues sabía que miembros de la comunidad judía expulsada de Sefarad habían sido los encargados de introducir la imprenta en tierras del Imperio otomano. Contaba al menos con la referencia del primer periódico en ladino del que entonces había constancia: el Shaare Mizrah, fundado en 1845 por Raphael Uziel.

El Big-Bang de mi investigación, por así llamarlo —meses después de búsqueda de diarios en la Biblioteca Nacional y otros centros culturales, sin apenas éxito—, tuvo lugar cuando me lancé de lleno a investigar los archivos del Ben-Zvi Institute. Allí había un montón de información dispersa sobre publicaciones periódicas en judeoespañol y también ejemplares físicos procedentes de diversos lugares de la diáspora sefardí: especialmente de Bulgaria, de Nueva York, de la antigua Yugoslavia y de los territorios que formaban o estuvieron sometidos al Imperio otomano, como Salónica (Grecia), Estambul e Izmir (Turquía), y también de territorios de la llamada Erez Israel, especialmente en Jerusalén. 

Los periódicos impresos en Estambul a veces llevaban el nombre de la ciudad en españolico «Istambul», pero tampoco era raro encontrarlos con el topónimo «Costa», que es como los sefardíes de origen griego se referían a la antigua Constantinopla.  

Una vez hallado y ordenado el material, delimité la investigación a las publicaciones distribuidas en Israel y a un país de diáspora, el elegido fue Turquía. En total, analicé una veintena. Explicaré brevemente lo que hallé. Dividiré mi exposición en dos partes: una primera parte dedicada a la descripción de la prensa en judeoespañol distribuida en Turquía, y una segunda parte dedicada a la descripción de la prensa en judeoespañol distribuida en Israel. 

Esta segunda parte tiene como colofón un aliciente especial: está traducida al judeoespañol por el académico de la RAE en Israel Moshe Shaul, una de las personas vivas que mejor conocen y más ha cuidado este tesoro lingüístico.

bustan judeoespañol
La gran pegatina reza: «No tenemos en quien apoyarnos, sólo en nuestro Padre que está en los cielos».

Los medios en Turquía: del drama de la guerra mundial a la asimilación

Una publicación será clave en la historia de la comunidad sefardí que decide no emigrar y prefiere quedarse en Turquía durante el delicadísimo periodo que comprende la Segunda Guerra Mundial y la posguerra: La Boz de Türkiye

Bajo la dirección de Albert Cohen, esta publicación periódica de frecuencia quincenal comienza a publicarse el 1 de agosto de 1939, y de forma ininterrumpida hasta su cierre en 1949. Con sede en Estambul, mantuvo diversas corresponsalías y tuvo acceso a información internacional de calidad procedente de fuentes sobre el terreno, a través de la Agencia Telegráfica Judía —de la que el director de esta publicación era representante en Turquía— y de la Overseas News Agency, ambas dirigidas por Jacob Landau

Esta publicación hace un repaso del estado de los judíos en diferentes lugares en los que el nazismo se ensaña. El que expongo a continuación es un fragmento del suplemento especial titulado «Israel en el Galouth» (Israel en la diáspora), publicado el 15 de febrero de 1944:

La aniada 1943 fue un anio de destruccion y de ruinas, de muerte y de exterminacion. Miles y milarias de nuestros hermanos fueron hundidos en mares de miserias, angustias y matansas, cienes de comunidades judias fueron enteramente destruidas; cienes de miles de seres humanos fueron integrados en manos de persecutores sin que sus hermanos en los paises liberos puedan hacer nada por salvarlos. El Judaismo en Europa ocupada fue enteramente destruido. Esta destruccion fue el mas grande golpe dado a nuestra nacion en el mundo entero. La entera elita de sus hijos y de sus aglomeraciones, las mas mejores intelligencias, las mas grandes fuerzas creaderas del Judaismo Occidental, fueron atemados. En algunos paises los Judios fueron literalmente atemados fisicamente; en otros paises, ellos fueron deportados, exilados y matados. La mas grande parte de los exilados murieron en los wagones, otros no yegaron mismo a la frontera, siendo ellos fueron torturados y asasinados. Los jovenes fueron tomados a los travajos forsados, en fabricas o en fraguas, de fortificaciones en la Francia o en el fronte oriental. Los que no pueden travajar fueron matados sin otra forma de proceso

La Boz de Türkiye desempeñó una función esencial para la seguridad de las comunidades judías en la todavía joven república turca, inmersa en un intenso proceso nacionalista y cuya posición durante la guerra fue inicialmente de neutralidad, luego de relaciones diplomáticas con la Alemania nazi y finalmente su posición se decantó por los aliados. 

Esta publicación desempeñará un papel de mediador y portavoz entre el Estado, la sociedad turca y las comunidades judías dispersas por el país. Con un estilo sencillo y claro, el contenido se distribuye entre noticias y reportajes sobre las comunidades judías asentadas a lo largo y ancho del planeta. Al igual que se hace eco de las principales noticias sociales y políticas de carácter mundial, tampoco descuidan el contenido dedicado a la tradición. 

Sin embargo, el movimiento nacionalista de la joven república no ve con buenos ojos estas actividades cosmopolitas y de singularidad cultural. De hecho, durante estos años se prohíbe a la ciudadanía mantener cualquier actividad independiente o asociación afiliada al extranjero. 

Algunos miembros de la comunidad judía tienen que enfrentarse a acusaciones de otros ciudadanos. Comienza a extenderse el rumor de que los judíos «mantienen una postura de indiferencia ante los hechos del país». Se les critica que empleen el judeoespañol en detrimento del turco. En este difícil contexto, el equipo editorial decide poner en marcha una campaña de difusión con un doble mensaje: 

El primero es: «Somos turcos, hablemos el turco». Tratan de mentalizar a sus lectores de que en la calle solo deben hablar turco, incluso entre ellos. Les avisan que no deben auto marginarse ni diferenciarse hablando otras lenguas. 

El segundo mensaje es: «Formamos parte del pueblo judío». A través del contenido se fomenta el sentido de pertenencia a esta comunidad milenaria y se sugiere que se hable judeoespañol en casa.

Entre los colaboradores de La Boz de Türkiye destacan Abraham Galante —un reputado escritor y periodista admirado por Atatürk—, quien defendió la lealtad de las autoridades judías como elemento indispensable en la construcción del Estado turco; y Abraham Elmaleh, quien años después será dirigente de la comunidad sefardí en Jerusalén.

Como señalé, esta publicación da cuenta de lo que acontece en el mundo. Tiene a sus lectores bien informados. El tono no es sensacionalista, sino que procura el análisis reposado. La situación de los judíos en Europa se agrava de día en día, por tanto, la situación es muy delicada. 

Se hacen eco de las noticias trágicas relativas a la guerra en Europa, pero también de las procedentes de Palestina, muchas de las cuales dan cuenta del desarrollo social y comercial del yishuv (asentamiento en Eretz Israel). 

El periódico hace una amplia cobertura de la guerra y de la dramática situación de sus correligionarios. Parecen llegar a casi todos los rincones. Veamos, por ejemplo, lo que escriben sobre los judíos en Finlandia, en una noticia de mayo de 1944: 

La situacion de los Judios resfuidos en Finlandia se amejoro considerablemente desde el trocamiento del governo en Marso ultimo segun un raporto de stokcholm. Algunos resfuidos que se topaban en un campo de concentracion en una isla del golfo de Finlandia, mientras la perioda del gobernamiento precedente, fueron transferados en ariendas agricoles en Tavastland. El campo fue serrado a precipio del autonio y los Judios fueron autorisados a establecerse en dos communas de la region onde ellos se topavan en mesura de ganar su vida, independientemente de los reglamientos del servicio del Travajo. Los resfuidos judios en cuenta de 117, fueron autorisados desde el mez de Deciembre a vivir en no importa cuala partida del pais onde los extranjeros tienen la permision de morar sin restricciones

bustan judeoespañol

Peores noticias, noticias fatales, llegan de la vecina Salónica. Al leer el fragmento que destacaré a continuación, no puedo sino preguntarme si Hannah Arendt estaba informada del proceso que había tenido lugar en Grecia, quince años antes de que ella misma atendiera el juicio de Eichmann para escribir su artículo en The New Yorker en 1963, y que tantas pesadumbres le acarreó. Quizá ella no, pero sí los lectores de La Boz de Türkiye, quienes debieron de leer con una enorme tristeza la crónica del corresponsal Baruch Schiby con fecha 1 de octubre de 1946. Se titula, «El judaísmo exterminado en Grecia. Un proceso histórico». Algunos fragmentos:

Los evenementos de Palestina no permitieron a la prensa Judia mundiala de prestar toda la atencion querida a un proceso unico en la historia del pueblo judio que se desarrollo en el empesijo de este mez en Salonique. Se trata del proceso de los Judios que se avian metido al servicio de los Allemanes mientras la ocupacion nazi. Vital Hasson, Leon Simon (Tipouz), Jacques Alabala, Edgar Cugue, etc y que servieron el enemigo mortal de nuestro pueblo con mas ardor que los mas feroces S.S. […] La prensa greiga locala entendio toda la importansa historica del proceso. Es por cualo antes y despues de este, los journales de Salonico le consacraron colonas entereras. La “Makedonia”, el mas grande journal de la Maccedonia, le consacro mismo medias paginas enteras. […] Fue establecido en el tribunal que si los acusados no se uvieren metido al servicio de los nazis de la manera que ellos lo hicieron, la mitad o al menos 20.000 judios de Salonica pudieren ser salvados. Los acusados provocaron dunque la muerte gracias a sus sola actividad de estos 20.000 Judios

A diferencia de la prensa escrita en hebreo que entonces se publica en Palestina, La Boz de Türkiye no participa activamente de la teoría de que el yishub o asentamiento en Eretz Israel —«Tierra de Israel» en relación al territorio israelita bíblico— podría ejercer una presión moral sobre las naciones del mundo para salvar a la judería europea durante la guerra. También hay una especie de silencio administrativo en torno a temas candentes como los actos de violencia cometidos por algunos correligionarios bajo el mandato británico o las medidas políticas tomadas por los mandatarios contra la inmigración que llegaba a Palestina. 

No hicieron suyo el eslogan entonces extendido «Inmigración, defensa y asentamiento»; pero tampoco descuidaban la necesidad de consejo que podrían necesitar los conciudadanos que tenían el deseo de «subir» a Eretz Israel.

Escribían con mucha diplomacia y cuidado para mantener las relaciones con su país anfitrión, Turquía; para «cimentar la unión y predicar la harmonía», como ellos mismos señalan entre sus objetivos. Y podemos decir que lo lograron. Hacia finales de la década de los cuarenta, y gracias a las buenas relaciones que la comunidad ha ido forjando con las autoridades turcas, puede observarse una mayor apertura en materia de libertad de expresión que a su vez provocará una verdadera explosión de publicaciones en ladino. Precisamente, esta nueva oleada de publicaciones acabará arrinconando a La Boz de Türkiye, que deja de publicarse en 1949.

La primera publicación en aparecer fue Atikva (1947), cuyo nombre de cabecera en hebreo significa «Esperanza», como el himno nacional de Israel, y es el primer periódico judeoespañol distribuido en Turquía esencialmente sionista. Su director, Sabetay Leon, emigrará a Israel en 1949, donde se incorpora al partido presidido por Ben Gurión (Mapai). Le sigue Salom (1948), fundado por Abraham Leon, que todavía se publicaba cincuenta años más tarde. Otras cabeceras son Sabat (1947) reconvertido tres años más tarde en La Vara (1950), ambos bajo la dirección de Mose Benbassat, de carácter laico y modernizador. 

Otro semanal político e independiente es La Luz (1950), creado bajo la dirección de Eliezer Menda y Robert Balli. Luego, ambos se separan y el primero funda La Vera Luz (1953), y el segundo La luz de Turkiya (1953). Ambos se describen como continuadores de La Luz para adjudicarse a sus lectores. 

La Vera Luz es un periódico conservador, dirigido por el talmudista Eliezer Menda. El gran Rabinato, la comunidad, las noticias que llegan de la creación del Estado de Israel y la política internacional son los temas que definen el carácter del periódico, cuyo interés principal es el de contener al máximo el deseo de asimilación de los correligionarios que quedaban en Turquía. Por otro lado, La luz de Turkiya se apoya más en sostenes comerciales y sus noticias son más variadas, con especial atención a las informaciones que llegan de Israel. Su línea editorial se apoya prácticamente en su totalidad en la cuestión del antisemitismo. 

Finalmente, otros dos periódicos son: La Boz (1952), que tuvo una breve duración y reducida plantilla; lo dirigía M. Levi-Belman, un periodista mordaz que utilizaba este medio para criticar las decisiones tomadas por los dirigentes de la comunidad. Y El Tiempo (1957) del ortodoxo Levi Belman: conservador, antisionista, crítico con la gestión de la comunidad y observante estricto de la ley, denuncia toda reforma o ápice de liberalismo ante una comunidad que a sus ojos se torna abiertamente laica y asimilada.

bustan judeoespañol
«Opiniones diferentes sí, guerra de hermanos no»
(la pegatina del gato que alguien puso encima dice así: (¡Hay un gato nuevo en la ciudad! Y la verdad, tanto Tel Aviv como Jerusalén eran ciudades muy gatunas).

Los medios en Israel. La forja de un Estado

Buena parte de los periódicos en judeoespañol que se publican en Israel durante la Creación del Estado son dirigidos por y para sefardíes recién llegados de Turquía. Tres ejemplos de periódicos, independientes pero efímeros, son La Boz de Israel, La Boz de Jerusalaim y La Unión. Otros recibieron ayudas de grupos políticos con los que simpatizaban, así sucede con Libertad, afín al partido Herut; y El Avenir, Deretcho al Buto y Faktos afines al Mapai, los dos últimos explícitamente propagandísticos. Dos periódicos de mayor duración fueron apoyados parcialmente por partidos políticos: La Verdad, por el centrista General Zionists, y El Tiempo, por Mapai. 

El denominador común de estas publicaciones es el de facilitar a la vez que influir en el proceso de absorción de los inmigrantes (olím) sefardíes en Israel, al proporcionar la máxima información sobre su nueva patria, incluidas las explicaciones de problemas tan complejos que enfrenta el nuevo país como la internacionalización de Jerusalén, la educación secular en clara confrontación con la religiosa, las diferencias no superadas entre askenazis y sefardíes, y el contexto político en el Oriente Medio.

El periódico que gozó de un mayor protagonismo en la orientación de esta comunidad inmigrante fue El Avenir, subvencionado por Mapai o Partido de los Trabajadores de la Tierra de Israel, que lideraba Ben Gurion. Este periódico se publica, además de en ladino, en otros cinco idiomas simultáneamente: yidis, francés, húngaro, búlgaro y rumano.

Su oponente fue La Verdad, un periódico crítico con la administración laborista, especialmente con el sistema de favoritismo, amiguismo y clientelismo que, señalan, campaba en la política. El término empleado, de origen ruso, y que se ha incorporado al hebreo para describir esta práctica es «proteksia».  

Este extendido uso de la «proteksia» —el libro Israel: Pluralism and Conflict del sociólogo Sammy Smooha trata esta cuestión—, desmoralizó a un buen número de inmigrantes hasta el punto de que hubo quien regresó a su país de origen, o cambió la dirección de su migración hacia Estados Unidos. El hecho de que judíos decidan «bajar» de Israel, es decir, irse del país y abandonar la idea del yishuv es una preocupación constante del nuevo Estado, desde entonces y todavía hoy.

Como en toda la prensa mundial, pero quizá con mayor importancia en un contexto de continuo conflicto bélico como el que viven los israelíes al arrancar su Estado, las columnas de humor y las novelas por entregas o folletín, fuente la primera de catarsis y la segunda de evasión, son decisivas. 

Solo el periódico Libertad —afín al partido Herut, procedente del movimiento paramilitar Irgun—prescinde del humor: mecanografiado y con grapas, austero, sin fotografías, este semanal dirigido expresamente a los inmigrantes recién llegados a Israel busca minar el trabajo del partido en el gobierno y suele incidir en el aumento de discriminación sobre los sefardíes en todos los ámbitos de la vida política, profesional y cotidiana.

El partido en el poder subvenciona otras publicaciones menores, también en judeoespañol y también dirigidas al olé procedente de Turquía: Deretcho al buto, que significa «directo al grano», aparece en 1959, y Faktos en 1961. Ambas tienen muy buena calidad de impresión y son gratuitas. Con ellas pretenden hacer sordina para las voces críticas.  

Pero lo mejor es reproducir el texto resumen de mi investigación y que el erudito Moshe Shaul tradujo al judeoespañol para su publicación en 1998 en Aki Yerushalayim, la más importante revista cultural en ladino, que se editó en papel desde 1979 a 2016. Valga a modo de resumen y conclusión. Espero que disfruten del color y musicalidad de este precioso lenguaje.

bustan judeoespañol

La prensa en djudeo-espanyol. La kreasion del estado de israel 

Kuando el eskritor espanyol Miguel de Unamuno oyo avlar por primera vez de la existensia del djudeo-espanyol, el se maraviyo al deskuvrir ke esta lengua pudo mantenerse biva, malgrado la falta de kontakto fiziko de los djudios sefaradis kon Espanya. El yego a la konkluzion ke una lengua ke proviene del rekuerdo i de la nostaljia devia poseder una ermozura espesiala i romantika. Otra konkluzion suya, aun ke yerrada, fue ke el djudeo-espanyol meresia ser alavado por no ser uzado para la redaksion de periodikos. 

El se yerro siendo ke ya avia desdel siglo XIX una muchidumbre de periodikos en djudeo-espanyol, publikados en Saloniko, Estambol, Izmir, Sofia i Viena i mas tadre en New York i Tel Aviv, por dar algunos eshemplos solo. No en vano fueron los ekspulsados de Espanya i Portugal los ke yevaron la imprimeria al Imperio Otomano. Eyos fueron tambien los primeros en este imperio a imprimir livros, aun ke al prinsipio sovresalieron los djeneros rabinikos i relijiozos i es solo en el siglo 19 ke se empeso a publikar romanes i livros de otros djeneros literarios ansi ke periodikos tambien en djudeo-espanyol. Desde su prinsipio la prensa djudeo-espanyola okupo un lugar importante en la vida kulturala de los sefaradis, sigun lo prova el echo ke en Saloniko onde los sefaradis resivian edukasion i kultura en fransez, italiano i alman, la lektura del djudeo-espanyol era embezada solamente para poder meldar los jurnales i algunas orasiones en ladino. 

Es posible ke kon la prensa eskrita, el djudeo-espanyol se alesho del kamino romantiko imajinado por Unamuno a kaminos mas pragmatikos, ma esta fue una eleksion de los ke no kijeron enmudeser frente a la istoria. Ansi fue despues del establesimiento del Estado de Israel onde de 1948 i asta los anyos 60, uvo a lo menos una diezena de periodikos redaktados enteramente en djudeo-espanyol, kon karakteres latinos, organizados i redaktados en sus mayoria por jurnalistas i colaboradores de orijin turko. 

Algunas de estas publikasiones partieron de inisiativas privadas i se mantuvieron independientes, del punto de vista politiko i ekonomiko, de kualker partido. Ansi fue kon «La Boz de Israel» (1949) i «La Boz de Yerushalayim» (1953-1954). Otras publikasiones fueron finansadas por partidos politikos i redaktadas i dirijidas por sus miembros. De este modo nasio el jurnal «Libertad» (1950) del partido Herut enkavesado por Menahem Bejín, i los ke eran finansados por el MAPAI, enkavesado por David Ben Gurion: «El Avenir» (1949- 1950), «Deretcho al Buto» (1959) i «Faktos» (1961). Djuntos kon esto los dos periodikos kon mas grande tiraje i durasion eskojeron el kamino de en medio: no fueron prensa de partido aun ke eran partidistas; no estuvieron finansados yenamente por sus partidos ma resivieron de eyos ayudo ekonomiko. Estos son: «La Verdad» (1950-kontinua en 1965) ke apoyava la politika de lo Sionistas Jenerales i «El Tiempo» (1950-1967) ke fue todo el tiempo portavoz de la politika del Mapai, el partido socialista al poder. 

Al marjen de los argumentos kontra i en favor de una prensa en djudeoespanyol o en otra lengua afuera del ebreo –tema sovre el kual uvo una fuerte polemika en los primeros anyos despues de la kreasion del Estado- se puede afirmar kon yena seguridad ke la prensa dirijida a los sefaradis, i mas konkretamente a los orijinarios de Turkia, a la fin de los anyos 40 i durante toda la dekada de los 50, kumplio una importante funksion, esensiala para la buena marcha del paiz: ayudar al ole (imigrante) a integrarse en su mueva vida en Israel. Komo? Ofresiendo kursos de ebreo, dando a konoser al ole el programa sionista, manteniendolo informado sovre todo tema de interes a la vida en Israel, i aziendolo partisipar en los diversos debates politikos ansi ke en los prinsipales akontesimientos ke tenian lugar adientro i afuera de las frontieras de Israel. 

Komo prensa dedikada a la formasion i integrasion del ole, eya no kijo i no pudo tener una influensa direkta en la politika nasionala. Ma los jurnales djudeo-espanyoles reflektaron en sus pajinas los prinsipales debates ke tuvieron lugar al seno del publiko israeli, ofresiendo a sus lektores diferentes pozisiones i opsiones politikas. Eyos denunsiaron tambien a traves de sus pajinas las difikultades ke enfrentavan a los olim, para ke el governo i los lideres politikos tengan yena konosensia de la situasion a traves de la prensa. De este modo, fueron munchas las linyas dedikadas a la internasionalizasion o no de Yerushalayim, a la edukasion laika o relijioza en las eskolas, a las diferensias entre eshkenazis y sefaradis, a la politika internasionala, sovre todo en el Oriente Medio, i fundamentalmente a los problemas atados al yishuv i al aresentamiento de los imigrantes en el nuevo estado. 

Es interesante sinyalar las diferentes pozisiones de los dos prinsipales periodikos: «El Tiempo», dirijido por Yitshak Ben Rubi, i «La Verdad», dirijido por Yitshak Yaesh. Los dos se preokuparon enormemente de elevar el moral de los olim i fasilitarles sus integrasion sosial: ma mientres ke «El Tiempo» apoyo siempre la politika del governo dirijido por Ben Gurion, «La Verdad» adopto kontinualmente una pozision de kritika enverso esta politika. Uvo entonses en la prensa opiniones diferentes i mizmo kontrarias i no solo un uniko punto de vista, lo ke kreo una situasion de rikeza komunikativa i ekspresiva. 

El premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez, apuntava ultimamente ke la fleksibilidad de la lengua espanyola desde hace tiempo no cabe en su pellejo. Ke diria el gran eskritor kolombiano frente a la rikeza i fleksibilidad del djudeo-espanyol en su larga trajektoria? Ke diria del karakter umano ke esta lengua estuvo dezvelopando? El djudeo-espanyol no enmudesio en Israel sino ke al kontrario: si en un primer momento esta prensa kumplio una importante funksion sosiala, formando i ayudando a los olim, sin pedrer el karakter periodistiko propio, al pasar los anyos esta prensa se esta konvertiendo ademas, en un dokumento istoriko de imenso valor. No solo porke en eyos se arekojeron para siempre los artikolos i las opiniones de tantos jurnalistas i kolaboradores, ke las muevas jenerasiones podran meldar, sino tambien porke en eyos se reflektan los akontesimientos de kada dia en la konstruksion del Estado de Israel.


Notas

(1) En farsi, la lengua de los persas, «bustan» hace referencia al huerto doméstico, compuesto por árboles frutales y hierbas aromáticas. Una importante obra de teatro en judeoespañol representada en las últimas décadas en el Teatro Nacional de Israel con gran éxito se titula Bustan sefaradí, del escritor y político Yitzjak Nabon, y recrea los años treinta del pasado siglo en uno de los barrios sefardíes de Jerusalén.

(2) Publicado originalmente en «AKI YERUSHALAYIM» Revista Kulturala DjudeoEspanyola, Anyo 19, 1998, nº57, pp.27-29.


Lola Pons: «No somos usuarios de la lengua, somos hablantes y soberanos»

Lola Pons

Lola Pons Rodríguez no es la primera profesora que acerca la filología a las masas, pero sí es quien lo está haciendo con más encanto y alcance divulgativo en los últimos tiempos. Sevillana de Barcelona y de 1976, esta catedrática de Lengua Española de la Universidad de Sevilla, especialmente dedicada a la historia del español y el cambio lingüístico, se dio a conocer al gran público con el libro Una lengua muy muy larga (Arpa), que ya lleva cinco ediciones, y más recientemente con El árbol de la lengua, en la misma editorial. 

Dos volúmenes que, como sus frecuentes colaboraciones en prensa, indagan en el pasado de la lengua que usamos como una invitación a extraer lo mejor de ella para enriquecer nuestro presente. En su lugar de trabajo, la antigua Real Fábrica de Tabacos hoy convertida en Facultad de Filología, Pons atiende las preguntas de Jot Down demostrando lo que ya saben sus lectores: que en ella la erudición no está reñida con el desenfado.      

Una idea central en sus libros es que la lengua, que muchos consideran algo petrificado, inmutable, está tremendamente viva. ¿Es así?

Esa idea de que la lengua es un fósil, o algo arqueológico, digno de ser adorado desde fuera, se sustenta en la creencia de que la lengua está fuera de nosotros, cuando en realidad no existe fuera de nosotros. No es un monumento, no es algo visualizable desde fuera. Y como producto humano, que vive dentro de los hablantes, está sometida a todos los vaivenes y cambios que atraviesan los hablantes: tanto ellos como persona, y como sociedad con sus circunstancias sociohistóricas. La lengua está en ti, lo digo siempre en mis clases. No es homogéneo, unitario. Puede sonar poético, místico, pero no es otra cosa. Claro que también sale de nosotros y construye nuestras relaciones humanas y sociales, hay una externalización de la lengua… 

Usted añade que la lengua que no cambie «será la dueña del cementerio». ¿En qué sentido?

Una idea muy alejandrina que resurge en la Edad Moderna es que las lenguas nacen, crecen, se desarrollan, tienen un apogeo, que se identifica con una edad de oro, y a partir de ese momento solo cabe esperar la decadencia y el declive. Es una metáfora biologicista que puede ser comprensible, que didácticamente funciona muy bien, pero no es real. Las lenguas pueden atravesar momentos de apogeo, efectivamente, o que se desarrolle un canon en un determinado momento, con logros literarios admirados por los demás, pero tienen que estar continuamente sometidas a cambios. A veces decimos que si el español y otras lenguas hijas del latín no hubiesen cambiado, seguiríamos hablando latín. Pero hasta ese aserto tiene una parte que no es verdad, porque existe un latín clásico, el que hacemos estudiar a los muchachos, pero también hay latines posteriores; hay un latín medieval y un neolatín en el XVI que se modifica, al menos léxicamente, con el curso de los tiempos. Incluso lenguas que han sido creadas artificialmente, como el esperanto, han conocido la variación. En el momento en que son usadas, empiezan a variar. 

¿Confía en el impulso político y económico para que una lengua no desfallezca?

Es una cuestión interesante. La lengua que pierde hablantes, o más bien dominios funcionales de uso, porque esa es la clave para que una lengua crezca o decrezca, merece el cuidado o la atención institucional. Pero permíteme que use esas metáforas biologicistas que antes criticaba. Hay lenguas que se parecen mucho a esas plantas que uno se empeña en eliminar, y siguen brotando por el último resquicio donde cayó una semillita. También hay lenguas particularmente desprotegidas e incluso perseguidas que se han mantenido porque sus hablantes así lo han querido, y también hay lenguas que han sido protegidas y potenciadas, a veces con un uso político, no prenden en los hablantes. Es la prueba de que esto es un producto humano, no se trata de enseñar a utilizar una herramienta. Porque no somos usuarios de las lenguas, somos hablantes. Usamos objetos, teléfonos, esta grabadora. Si fuéramos usuarios se nos podría convencer, derivar, conducir por otros caminos, y no es así. Los hablantes, al final, son soberanos. 

En Córcega me contaban que había habido campañas similares a las que ha habido con el catalán, y en cambio no había funcionado: la gente prefería hablar francés. ¿Tiene explicación?

Sí, está ese concepto que usan los sociolingüistas que es la lealtad y deslealtad lingüística.  A las lenguas o a los rasgos lingüísticos: hay rasgos que están muy desprestigiados en su entorno inmediato, que no encuentran en la lengua estándar, pero llevan siglos manteniéndose en los idiomas. ¿Por qué? Porque hay lealtad a esos rasgos. A veces tiene que ver con el tipo de sociedad en que se encuentran los hablantes. Ahora se habla mucho de redes sociales, pero ese concepto se usaba ya desde los años ochenta para explicar cómo sociedades que tienen redes de relación interna muy densas especialmente son propensas a proteger sus rasgos lingüísticos, incluso aunque sean desprestigiados. En Andalucía, por ejemplo, hay islotes de «no yeísmo» como marca de identificación de quién es del pueblo y quién forastero. Y a ese rasgo concreto están siendo muy leales. 

Lola Pons

¿Cree que las lenguas cooficiales deberían ser al menos optativas en todo el territorio español?

Creo que antes incluso de que se enseñasen como optativas, hay que empezar por algo previo a eso, y es que tengamos cultura lingüística. Eso quiere decir sensibilidad a las lenguas oficiales que hay en España, y a las variedades que hay en nuestro país. Porque ni eso se da. Falta muchísimo, porque todavía está la idea de «si estamos en España, por qué no hablamos español». Y también está esa misma idea prejuiciosa hacia variedades, sobre todo medidas en clave de pronunciación. «Hablas mal porque no hablas con el acento castellano norteño». Ni siquiera se da el respeto a la variedad dentro de la propia lengua oficial. 

Pensando en esas guerras de lenguas, no deja de sorprender que el idioma, que está concebido para entenderse, se use para no entenderse. ¿Usted entiende que esa herramienta se ponga al servicio de alejar a la gente, en lugar de acercarla?

Es perverso. La paradoja es que la palabra comunicación, que es la variante culta de «comulgar», no es otra cosa que tender un puente, hacerse entender. Y es algo que de manera primaria tenemos. Si nos para alguien por la calle y nos pregunta algo, nos intentamos hacer entender de forma natural. Pero eso no se da por arriba, en las instituciones. 

¿Qué pasa ahora con la RAE, que continuamente se le está pidiendo la hoja de reclamaciones? 

¿Cuántos años de educación básica obligatoria tenemos en España? ¿Una década? En todos los años de escolarización hay una asignatura de Lengua, y pese a toda esa educación no hemos sido capaces de enseñar qué es una lengua y para qué sirven las instituciones que se dedican a la lengua. En el caso de la RAE y otras academias, hay que insistir una vez más en que no trabajan creando la realidad, sino fotografiándola. Y esa realidad incluye, usos, giros y locuciones que entiendo que puedan ser ofensivos. E incluyen usos particularmente innovadores, deliberadamente fuera de la norma, como los que se crean en las redes sociales: ese concepto de «ortografía tróspida», ortografía deliberadamente transgresora, que va a estar siempre en los márgenes, porque en el momento en que se haga común, ya no será transgresora y se dejará de usar. Respecto a la lengua no se puede prohibir la realidad, solo hacer de notario si esa realidad se extiende, se generaliza y entra en el uso común.

También insisten los académicos en que a menudo lo que hacen son recomendaciones, que luego tienen que validar los hablantes con el uso. ¿Coincide con esa idea? 

Sí, las instituciones académicas han cambiado mucho desde el XVIII. Antes se optaba, incluso en la propia educación escolar, por proponer normas de uso que podían ser muy contrarias a lo extendido en la población. La experiencia dice que los hablantes al final no han aceptado eso. En el siglo XIX se llegó a recomendar en los manuales el empleo del leísmo y del laísmo. Y eso provocó que autores literarios que por su zona de procedencia no eran leístas ni laístas, como Juan Valera, introdujeran leísmos y laísmos en sus obras. Esa recomendación hoy no tiene ningún sentido, y el leísmo se ha extendido más allá de las recomendaciones que se hayan podido hacer académicamente. También hay que hacer pedagogía.

¿Hay un problema con el sexismo en el lenguaje? Lo de hablar con la arroba, con los amigues, ¿cómo lo viven los lingüistas? 

A los lingüistas solo nos cabe ver qué hace la gente con eso. Y eso de momento son usos restringidos, de los que se hace un empleo simbólico en algunos discursos —pienso en el político— y desambiguador en otros, como la prosa administrativa. Pero cosas como los nuevos femeninos, los desdobles o las marcas de género en «e» no están extendidas en el habla común y no se pueden imponer. Pero repito que la lengua no es sexista, ni feminista, ni racista, ni es ningún –ista. Lo es el uso que hacemos de ella. La lengua refleja, claro, el sistema del que emana. Y cambia como cambia ese sistema. Nosotros mismos hemos vivido desde los años ochent los nuevos femeninos, porque no era común oír hablar de arquitecta, médica o jueza. Se ha difundido, ha habido una sedimentación en el uso, y ha hecho que eso se haga general. Pero esa generalización todavía no se ha dado con otros empleos. 

Lola Pons

Me gustaría que se demorara en otra cuestión, el tema del andaluz y esa ola que pretende difundir una transcripción más o menos literal del acento sureño, que incluso tiene respaldo académico. ¿Cómo lo valora? 

Intentos de escritura en andaluz se han dado, de hecho el primer artículo que publiqué giraba en torno a un personaje que hablaba así en la primera prensa profernandina, a principios del XIX. El argumento de base para esas propuestas es que, si una variedad se escribe, alcanza mayor prestigio y respeto social que si no se escribe. Y eso es un presupuesto equivocado, porque parte de una idea muy eurocéntrica, colonialista incluso, según la cual las lenguas sin escrituras no tienen el mismo rango que las lenguas con escrituras. Obviamente, la ortografía es una convención: ¿por qué escribimos filosofía con f, y no con ph? Pero esa ortografía convencional nos une a muchísimos hablantes hispánicos. Y dentro de esos hablantes hay muchísimas variedades internas.  Algunas, como la andaluza, particularmente relevante por su historia y su demografía, pero otras también muy interesantes, como las variedades del español americano. Así que mi opinión respecto a esos intentos de pasar a ortografía el andaluz es que no los veo necesarios, y están fundados en una idea equivocada. 

Ha sido muy corriente, por otro lado, que incluso en la prensa seria, cuando hablaba un político andaluz, como Alfonso Guerra, se transcribiera su acento, cosa que no se hace con el acento de Rajoy o de los políticos catalanes. ¿Por qué?

Claro, eso es porque llama mucho la atención la divergencia del andaluz respecto al patrón del castellano estándar, y no se atienden a otras divergencias. Ocurría con Guerra, pero no tengo ni que cambiar de partido, para que se vea que no es un asunto ideológico: José Blanco, gallego, que no pronunciaba jamás los grupos cultos consonánticos, como es propio de las variedades del español de Galicia, jamás se reflejaba en una entrevista. Es otro proceso interesante, observar cómo en el siglo XIX, en un proceso que lidera la prensa, se otorga una gran visibilidad al andaluz dentro de las variedades hispánicas. Una visibilidad que antes no tenía, pero se le concede un especial protagonismo a partir de ese momento; por cierto, con valoraciones bastante positivas, algunas de ellas muy tópicas, con el andaluz como lengua de la facundia, no tanto de la gracia, pero sí del ingenio, que es una cosa muy barroca y muy de aquí. Y poco después, asociado al proceso de creciente industrialización en España, y de desindustrialización en Andalucía, asociando eso al obrero. 

¿Cuánto exageran quienes dicen que el andaluz lo hablan cuatrocientos treinta y un millones de personas en todo el mundo, porque cuentan la América que fue colonizada por andaluces?

Del uno al diez, un cinco [risas]. Es como el poema de Machado: «¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad». ¿Cuál es la otra mitad? Lo que conocemos por el Archivo de Indias es la amplia masa andaluza, extremeña y canaria, que configura una fisionomía básica del español americano. Pero hay dos cuestiones, una en el tiempo y otra en lo social. La cuestión temporal: es un tópico asociado a la creación de la identidad de los países configurarla a partir de sus primeros colonizadores. Les pasa mucho a los estadounidenses, que configuran su identidad en torno al establecimiento complejísimo en nuevos territorios, y no tanto en torno a la llegada de inmigración irlandesa y polaca en el siglo XIX. Y ocurre con el resto de América, cuya identidad a veces fijamos a partir de los establecimientos del XV o del XVI, sin atender, por ejemplo, a la masiva llegada reciente de italianos a Argentina y Uruguay. O el establecimiento de asentimientos lingüísticamente muy interesantes de esclavos libertos en algunos puntos del Caribe. Eso no configura tanto el discurso en torno a la identidad americana, pero hay que tenerlo en cuenta, porque tiene un gran impacto lingüístico.

Después está la cosa social: se habla de un español atlántico, en el que se incluye a toda la América hispanohablante, a Canarias —un territorio interesante, que es muy andaluz pero también más leonés que algunas zonas andaluzas que son leonesas por repoblación—, e incluye a Extremadura, y todos tienen rasgos compartidos, quizá el más llamativo el seseo. Pero otros que son también compartidos tienen diferente altura social. El uso de ustedes en lugar de vosotros, que claramente se sigue dando en el andaluz de hoy («¿ustedes a qué hora os vais, o se vais?») se da también en América, pero el patrón de concordancia es distinto: «ustedes se van», algo que se decía también en Andalucía y se está perdiendo. O la pluralización del verbo haber, «habemos tres personas», que en España está condenadísima y en América alcanza en cambio bastante altura social. Que compartamos unos rasgos en común no significa que valoremos igual esos rasgos. 

Una curiosidad: ¿por qué en Andalucía occidental, en las capitales se sesea y en la provincia se cecea?     

Lo primero que tenemos que ver es que seseo y ceceo, que reconocemos como fenómenos distintos, nacen como adelantamiento articulatorio de un viejo sonido medieval, surgen como sececeo o ceseseo, que produce tanto la ese andaluza, dental, muy adelantada, y el ceceo. Eso, cuando surge en el XVI, son dos muestras del mismo fenómeno, y no sabemos cuál fue antes y cuál después. Efectivamente, el seseo alcanza prestigio porque es el que se queda en la capital del Reino de Sevilla, y eso explicaría su difusión a otras capitales de Andalucía occidental, e incluso a sectores de grandes pueblos, con una red social muy interesante, porque la región tiene pueblos muy grandes, cosa que no se da en otras zonas de la península.   

Lo cierto es que los sonidos son fascinantes. Volviendo a los políticos, recordamos el «eshpléndido» de Rajoy, o el «ej que» de Bono… ¿Todos se explican históricamente?

Todos estos ejemplos comunes y conocidos, mainstream, como dirían mis alumnos, son muy útiles en clase. La ese es un sonido que está dando muchas variaciones. La ese del español actual, ¿qué ese es? ¿La mía dental? ¿La más atrasada, de Rajoy? ¿La que altera Bono, tan manchego, hasta hacerla sonido velar? Todo esto significa que desde hace siglos estamos erosionando, cada uno a su manera, el final de las sílabas. Esas consonantes están en peligro [risas]. 

Mientras los cómicos y los imitadores escuchan eso y se frotan las manos, ustedes los lingüistas sacan la libreta y se ponen a analizar, ¿no?

Sí, nos volvemos locos. Yo desde que me levanto hasta que me acuesto no puedo parar de pensar en lengua. Me pasa con las canciones, de pronto oigo algo que me llama la atención, ¿por qué tiene esa ese tan sonora?, y pido información para explicarme por qué dicen lo que dicen. «Se llama Maluma, es colombiano, de tal zona…».

Lola Pons

Comparando con nuestros vecinos, ¿hemos evolucionado mejor o peor?

En lo que se refiere a decisiones formales, por ejemplo la ortografía, podemos estar muy satisfechos con la que gradualmente hemos ido aquilatando. Hasta el siglo XVIII hay unas tendencias gráficas, se propone una reforma con la Academia, pero esa reforma no triunfa hasta el cambio de la educación en España, hasta la ley Moyano, cuando llega una horizontalidad en la educación básica. Desde entonces hasta ahora hemos mejorado nuestra ortografía, mucho menos compleja que la francesa. Por ejemplo, eliminando grafías dobles, acentos circunflejos… haciendo que la enseñanza de español para extranjeros, en el plano gráfico, sea bastante asequible. 

También en países próximos, como Francia o Italia, parece darse mayor importancia a la educación oral, mientras que aquí ponemos más el foco en el texto. ¿Es una asignatura pendiente?

Es una asignatura pendiente en la que el suspenso es reciente, porque no siempre ha sido así. Nosotros identificamos eso que se llama las cuatro destrezas, la expresión y la comprensión escrita y oral, y tenemos clarísimo que ese es el objetivo de la enseñanza de las segundas lenguas. En cambio, cuando un crío sale de sexto de primaria e ingresa en educación secundaria obligatoria, es posible que sepa que existe el pretérito anterior y el futuro de subjuntivo, pero que no sepa argumentar por qué quiere ser delegado de clase o qué ocurrió en la escuela ayer por la tarde. Esto no siempre fue así, todos sabemos que en España hubo un interesantísimo movimiento de renovación pedagógica en torno a los krausistas, la Institución de Libre Enseñanza, el colegio de Jimena Menéndez Pidal, y son colegios en los que se impulsa que los niños reciten, como hacían nuestros abuelos. No olvidemos que era memoria, pero también expresión oral. Impulsaban que se hiciera teatro: el teatro universitario, que fue tan importante en la primera mitad del siglo XX, nace de esas raíces… En cambio, ahora, sea por una cuestión de ratio o por exigencia del programa, eso no se trabaja. Si hubiera al menos un buen trabajo sobre textos escritos, serían al menos buenos lectores, aficionados a la lectura y capaces de hacer una lectura comprensiva, pero no es así. Y por los maestros no es, porque estoy convencida de que los maestros se desviven por que los niños se expresen en condiciones.  

Ahora que el tema de la inmigración está tan candente, se habla siempre de la riqueza económica que supone. ¿También lingüística?

Valoramos mucho tener ciudadanos bilingües, o plurilingües, pero seguro que cuando escuchamos ese aserto, «queremos que nuestros hijos sean bilingües», pensamos en que sean bilingües de español-inglés, español-alemán, y no nos damos cuenta de que ya tenemos personas bilingües en los colegios e institutos, pero de árabe, chino o polaco. Eso da un perfil profesional futuro potencialmente muy aprovechable. Pero ese tipo de bilingüismo no incluye lenguas prestigiosas, y lo rechazamos. Luego está la idea de que hablar una segunda lengua puede ser incluso pernicioso para tu primera lengua. Es una idea completamente errada. Lo que demuestran los expertos en adquisición es que los niños bilingües pueden tardar un poco más en hablar sus lenguas, pero no van a escribir ni hablar peor. Tampoco para quienes, por circunstancias personales sobrevenidas, se ven en un entorno lingüístico distinto, ellos también van a adquirir la lengua. En Estados Unidos ha pasado durante muchos años, que se extendió la idea entre la emigración latina de que era mejor hablar a los niños en casa en inglés, para que el inglés del colegio no fuera latino, con acento. Es una idea completamente equivocada.    

Defiende que la idea de pureza lingüística es tan peligrosa como la racial. ¿Por qué?

Nacen de la misma idea fundamentalista, surgen en el siglo XIX a partir de ideas nacionalistas, y ahí sale la idea de que hay pureza idiomática. En el XVI ya se habla de pureza de las lenguas, pero en otros términos. Se hacía en un sentido renacentista, que me provoca entre ternura y sonrojo, ya que se competía por ver cuál de las lenguas europeas se parecía más al latín. Hacían batallas dialécticas, de escuela, en las que un italiano se enfrentaba a un español intentando que su texto contuviese tantos cultismos que pareciese latín, y en ese contexto hablaban de pureza. Pero la idea de que haya un castellano, un francés o un catalán más puro que otro, eso es una idea más propia del XIX, una idea que alimenta ideologías muy peligrosas. 

Usted denuncia también que la gramática impone una «ley de extranjería» sobre las formas foráneas. Pero, ¿quién pone la aduana?

Los hablantes, que abrazamos con mucha rapidez palabras como escáner o zapping, y nos creamos nuestro propio verbo español zapear, en cambio damos muchas vueltas a otros extranjerismos sin saber muy bien qué hacer con ellos. Me hablaba el otro día alguien la batalla en torno a jeans, por vaqueros, y cómo se escribe, si a la inglesa o a la española, yin. Aquí se propuso escribir whisky de una forma muy hispánica, güisqui, con su diéresis, con su q, y no triunfó, pero en cambio ha triunfado fútbol. En lo gráfico también los hablantes abrazamos o despreciamos formas. 

A propósito de leyes, algo tan importante como el lenguaje jurídico, que rige tanto la vida de todos nosotros, ha derivado en un lenguaje deliberadamente opaco. ¿Qué opina de esa especie de gueto lingüístico? 

En lo que se refiere a uso interno, los gremios tienen su tecnolecto y se manejan entre ellos, como lo tienen los médicos o los luthieres. Pero también hay una parte de ese discurso que se dirige al ciudadano, como las resoluciones administrativas, o incluso la multa más básica. En ese tipo de cuestiones hay que apostar, como está haciendo Correos desde hace unos años, por iniciativas de lenguaje fácil. Porque la ciudadanía no es por defecto titulada universitaria. Hablamos mucho de políticas inclusivas, y resulta que lo más fácil, que es incluir comprensivamente a personas mayores, personas con algún tipo de discapacidad, no lo hacemos. A veces llego a sospechar que hay determinadas resoluciones administrativas que se redactan de forma deliberadamente ambigua o críptica, y creo que eso no puede ser.  

Lola Pons

Un amigo que trabajaba en ONG se sorprendía de cierta retórica según la cual el agua se llamaba «recursos hídricos» y una vivienda «unidad habitacional». Y esto me recuerda que en asuntos candentes, como el cambio climático, están pidiendo ayuda a lingüistas para poder transmitir a la gente la dimensión del problema. ¿Es esto importante? 

El problema es que cuando se crea un lenguaje institucional muy oscuro, es muy fácil que alguien venga y te diga: yo te voy a hablar claro y te lo resuelvo en dos tardes. Una parte del triunfo actual del populismo es el triunfo de un lenguaje que simplifica tanto las ideas que hace ver como resolubles problemas que tienen muchas aristas. Me pasa cuando me preguntan por los anglicismos, hay que matizar, no estamos en blanco y negro: como lingüista no puedes ser purista, te sitúas en una especie de balcón, observando qué va a hacer la gente. ¿Adoptarán e-mail, o dirán correo electrónico? Como científicos, la postura es de pura observación. Pero como hablantes tenemos que ser conscientes de que ese lenguaje del anglicismo excluye a una parte de la sociedad, esa que no sabe qué es una veggie-food, y sí lo que es cocinar con productos de huerta. 

En los periódicos, cuando llegó la crisis de 2008, lo primero que empezaron a sacrificar fue a las correctoras (eran casi todas mujeres). ¿Qué no entendían los jefes de recursos humanos cuando tomaron esa decisión?

Que la identidad institucional se construye igual que la personal. Que hay una parte básica de apariencia física, y una segunda parte de apariencia verbal: en el momento en que estás hablando te estás colocando marcas, marcas en la boca. Un producto verbal poco cuidado parece poco fiable. Porque tú identificas el fraude que hay detrás del correo del príncipe argelino que te va a donar mucho dinero porque está mal escrito. Ese «Estimado señora» del principio en los mensajes spam ya te hace sospechar. Hay una parte de la corrección lingüística que es convencional, pero tu imagen de marca, a la que has dedicado tanto tiempo, con su tipografía y su publicidad en la que has invertido dinero, la descuidas en el aspecto de corrección lingüística. 

¿Qué papel cree que juegan hoy los traductores, ahora que está tan avanzada la traducción electrónica? ¿Hacen falta más que nunca?

Así es. El debate hoy es donde está la frontera de esa inteligencia artificial. Cualquiera que conoce internamente esos procesos, sabe que esa máquina necesita un perfil humano detrás, o mejor dicho, al principio. El buen traductor es hoy insustituible por la máquina. Si alguien busca un sintagma en un traductor automático para descifrar qué dice el menú del restaurante que tiene delante, a lo mejor le sirve, pero también hay casos de traducciones terribles que todos hemos visto, por usar el traductor automático. Cuando eso sucede, terminas desconfiando no de la traducción, sino del producto. Un producto bueno no se permitiría eso. 

La traducción electrónica, ¿va a contribuir a la estandarización del idioma? Lo digo porque un traductor electrónico no contempla la inmensa variedad del español, por ejemplo.  

Un proceso de traducción inevitablemente estandariza, nivela. Imaginemos lo que en el siglo XIII supuso, en tiempos de Alfonso X, la inmensa labor de volcado que se realiza de obras del árabe o el latín al castellano de la época ayuda a nivelar una lengua romance muy variable en aquella época, porque propone terminología. Es inevitable.  

La imprenta provocó una enorme revolución en todas las lenguas. ¿Es pronto para saber qué provocará internet?

Pues las consecuencias primeras que hemos observado son las consecuencias gráficas, la ortografía idiosincrática, el ascenso de la arroba —que es un signo medieval que prácticamente estaba en desuso— o de la almohadilla, dónde ponemos la ñ, la virgulilla… Pero la consecuencia mayor está pasando desapercibida para la mayor de los hablantes, cuando son ellos los protagonistas: y es la génesis de una producción escrita que será estudiable, y está siendo de hecho estudiada. Entre quienes hacen análisis conversacional o pragmático, se codiciaban mucho las transcripciones de conversaciones. Se construían corpus de conversaciones para estudiar cómo hablábamos. Recuerdo la presentación a la que asistí en Alemania de un trabajo de análisis conversacional sobre el programa Gran Hermano, porque son horas y horas de gente conversando. Ahora tienes en Twitter gente que se geolocaliza, que escribe y está emitiendo continuamente rasgos lingüísticos. Hay ya muchos estudios que analizan Twitter como nicho lingüístico como un corpus ya hecho, donde te puedes llevar muchas alegrías. Yo misma me llevé una alegría con un estudio que hice hace unos años sobre la pluralización del qué determinante que se da mucho en Andalucía occidental, en esa frutería donde te preguntan «qués manzanas quieres». Eso lo hemos escuchado, pero no es tan fácil verlo por escrito. En cambio, en Twitter, se encontraba sin problema. «Qués amigos más buenos tengo».  

¿Acabarán desapareciendo los signos de apertura de exclamación o interrogación?

Aquí tienes una militante. Aquí hemos hecho una bandera en torno a la ñ, tenemos un himno sin letra pero no hace falta porque ya tenemos nuestra letra, la ñ. Pero no nos damos cuenta de que hemos inventado también dos cosas, la apertura de exclamación e interrogación, y que además pasan por un proceso de variación muy interesante, en el XVIII y en el XIX, hasta que se asientan. Son modernísimas, las hemos exportado, eso también es marca España. La buena ortografía está asociada a esos signos, y aquí tienes a una defensora.    

¿Influye también en la lengua el hecho de que cada vez más nos expresemos tecleando en una pantalla, y no tanto usando el lápiz o el bolígrafo?

Yo escribo a mano, los artículos y los libros, y tengo asociada la reflexión a la fijación escrita. También parece que retenemos mejor quienes escribimos a mano que quienes tecleamos, porque supone una mayor demora. Tengo la impresión de que asociamos la ligereza de la escritura actual, incluso de la propagación de las ideas actuales, con la ligereza de la reflexión. Pero que tú puedas transmitir rápidamente no significa que no necesites pensarlo demoradamente. Y yo encuentro dilemas ante los que necesito reflexionar, oír otras opiniones. Quizá no tenga una consecuencia inmediata que yo reconozca en lo puramente lingüístico, pero sí en cómo encaramos la letra escrita. Lo decían los latinos, scripta manent, pero asociado a eso estaba la idea de «piensa primero», porque el lapicida tardaba un rato en escribir «Augusto» en piedra.   

Lola Pons

«Invertir en lengua es invertir en ciencia». ¿Por qué a quienes nos gobiernan no les entra eso en la cabeza?

Porque piensan que las humanidades no son ciencias. Creen que los que nos dedicamos a las humanidades somos recolectores de datos, cazamos mariposas lingüísticas o literarias y se las enseñamos a nuestros alumnos como una curiosidad. Pero todos hacemos cultura científica, y las disciplinas humanísticas tienen sus logros científicos, hacemos estadística, usamos mapas…  La pregunta del para qué, esa óptica finalista, oculta la realidad de la disciplina humanística. En medicina está muy claro, ¿para qué investigas? Para conseguir una vacuna. ¿Y el ingeniero electrónico? Para que el teléfono móvil vaya más rápido. Sin embargo, el para qué de la dialectología interna del castellano en el siglo XV… Pues para saber quiénes somos, cómo hemos construido la identidad. Eso no es poco en un país que todavía se está preguntando quién es y cómo es. Y luego tenemos un patrimonio que no es solo monumental, que también está en el papel, un patrimonio documental que tenemos que entender y mantener, y produce muchísimo dinero, porque el turismo viene por las playas y también por el patrimonio. Y una parte importante de nuestros visitantes son investigadores que vienen a los archivos, a los yacimientos, y eso es también parte de nuestra marca. A mí me enfada mucho cuando hablan del día de la mujer y la niña en la ciencia, y le ponen a las niñas muchos ejemplos muy loables, pero nadie de letras… 

Esa era mi última pregunta. ¿Dónde quedan las grandes lingüistas españolas? A María Moliner la tenemos más a mano en el diccionario, pero ¿y las demás?

Es difícil hacer visibles a muchas de ellas, porque hay un perfil en el siglo XX que es el de mujer colaboradora. Muchas de ellas, esposas de grandes titanes de las humanidades que tuvieron la fortuna de contar con mujeres universitarias que decidieron no hacer carrera visible. Recopilaban fichas, revisaban artículos… Por eso su biografía no es reconstruible en términos bibliográficos. Yo tengo mi particular batalla con algunos perfiles. El año pasado trabajé sobre una dialectóloga y etnógrafa, Concha Casado Lobato, que trabajó sobre todo en el ámbito leonés, que hacía encuestas como entonces, viajando y preguntando al local, pero teniendo en cuenta a las mujeres. Algo que tenían más complicados los investigadores hombres, porque claro, ¿dónde va un hombre forastero a reunirse con una señora durante una hora y media preguntándole cosas raras sobre palabras? Ella bajaba con las mujeres al río a lavar, cosía con ellas y se hacía con las palabras del pueblo. 

¿Aprovechamos para recordar a algunas más?

María Goyri, la esposa de Menéndez Pidal, que reivindicamos en su papel pionero, la primera mujer que se licencia y doctora en Filosofía y Letras, que llegaba a la universidad y escoltada por bedeles; pero aparte, fue una gran revolucionaria e innovadora en el ámbito que le tocó, que fue el de la enseñanza. Extiende la idea de que hay que cuidar la expresión oral, y valida y recupera el romancero, que estaba en boca de las mujeres, que ella descubre en su viaje de novios, que se pasa la vida grabando y transcribiendo, y lo lleva a la escuela.  

¿Qué proyecto tiene ahora entre manos?

En los últimos diez años he dirigido varios proyectos dedicados al castellano del siglo XV, que se llaman Historia 15 como un guiño a los cuadernos de Historia 16, que fueron fundacionales para nuestra generación. Y hace unas semanas nos comunicaron que nos han dado una ayuda de la Junta de Andalucía sobre paisaje lingüístico: con seis universidades y diez componentes del equipo de investigación, vamos a investigar realizaciones lingüísticas de los espacios públicos, carteles comerciales, grafitis, rótulos de tiendas, prestando particular atención a todo aquello que no está escrito en español, para observar qué censo de lengua de uso común hay en Andalucía, aunque no estén reflejadas en su censo institucional: lenguas que aparecen por la migración, por la connotación con los turistas… Porque cada vez estamos más antes espacios multilingües. 

Lola Pons


No es yeísmo, es sheísmo, ¡che! 

yeísmo
Buenos Aires, 1871. Imagen: Getty. yeísmo

Era 1921 cuando el joven Jorge Luis Borges regresó de Europa a su Buenos Aires natal. Contaba solo veintiún años y, del natural culto a las vanguardias que todo americano era susceptible de adquirir en Europa, su incipiente prosa sorprendió por sus inclinaciones hacia un nacionalismo literario. Empezó a escribir relatos sobre los suburbios porteños, sobre el tango y las peleas resueltas a cuchilladas, que años más tarde reuniría en un libro titulado Historia universal de la infamia. Entre los años 1925 y 1928, Borges también publicó El idioma de los argentinos, El tamaño de mi esperanza e Inquisiciones, y, en las tres obras, manifestó su preocupación por el lenguaje rioplatense. 

«¿Qué zanja insuperable hay entre el español de los españoles y el de nuestra conversación argentina?» Nos lanza Borges esta pregunta, porque tiene la respuesta. «Yo les respondo que ninguna, venturosamente para la entendibilidad general de nuestro decir. Un matiz de diferenciación sí lo hay: matiz que es lo bastante discreto para no entorpecer la circulación total del idioma y lo bastante nítido para que en él oigamos la patria».

Si en algo oyen la patria en Argentina es en la pronunciación de las letras ye y elle. Se trata de un sonido tan llamativo que se ha convertido en el mayor rasgo de identidad del español rioplatense. Hay otras características que ayudan a describir la variedad idiomática que se habla en gran parte de Argentina y Uruguay, pero el modo en que pronuncian la ye y la elle es tan marcada y única entre los hispanohablantes que es la característica que más resalta. 

Esta particularidad del español rioplatense se conoce como yeísmo rehilado. Veamos, en primer lugar, qué es el yeísmo. 

Llamamos yeísmo a pronunciar las letras y (i griega, ye) y ll (elle) de la misma manera, algo que hoy ocurre en España y gran parte de Latinoamérica. Las dos letras representan sonidos muy parecidos, porque las dos son palatales, y por eso se confunden. Pero hay una pequeña diferencia: la ye es palatal central, /j/ (el aire sale por el centro de la lengua), y la elle es palatal lateral, /λ/ (el aire sale por los laterales). Cuando ambos sonidos convergen en el representado por la ye, ocurre el yeísmo. 

La clave de este proceso está documentada en la historia de la lengua. En latín, la elle no se pronunciaba como ahora, sino que suponemos que tenía una pronunciación de ele larga o doble ele, o l + l. En algunas lenguas derivadas del latín, como es el caso del castellano, el portugués y el italiano, el sonido representado por ll se transformó en otro sonido. En castellano, el nuevo sonido se representó con la elle, mientras que en portugués se combinó la ele con la hache, formando el dígrafo lh, y en italiano se formó la combinación gli

Ocurrió en la génesis del castellano, entre los siglos X y XI. En el XV, pensamos que ya había yeísmo. Lo había en judeoespañol, por lo que es razonable pensar que el yeísmo fuera frecuente antes de la expulsión de los judíos. También hay errores ortográficos documentados en esa época (por ejemplo, escribir cabayo en lugar de caballo). Poco después, en el siglo XVI, encontramos referencias al yeísmo en varias gramáticas. Por otra parte, y esto es solo un argumento, si tenemos en cuenta que gran parte de Latinoamérica es yeísta, es muy probable que los primeros pobladores también lo fueran. De hecho, los primeros indicadores de yeísmo en Latinoamérica se remontan al Caribe y sus colonizadores. Ya debía estar extendido el yeísmo en la península ibérica, al menos en Sevilla. 

Viajemos ahora al Cono Sur. En Argentina, la disolución de la oposición de /λ/ y /j/ se manifiesta en una pronunciación más o menos abierta del fonema /j/, pero también en una realización rehilada, definida como «vibración relativamente intensa y resonante con que se producen ciertas articulaciones […] no solo en la laringe, sino en el punto de articulación, y el efecto acústico que produce», según Navarro Tomás. Es a lo que llamamos yeísmo rehilado o žeísmo. Es frecuente en Uruguay y en la zona rioplatense de Argentina. 

Se piensa que el yeísmo rehilado surgió a partir del yeísmo, y su desarrollo se pone en evidencia al presentar la evolución de los diferentes fonemas: [j]> [dʒ]> [ʒ]. Además, la pérdida de la palatal lateral /λ/ no se refleja solamente en el yeísmo y el žeísmo, sino también en el šeísmo, que resulta de un proceso de ensordecimiento del fonema /ž/. Y así se completa la evolución de las palatales: [λ]> [j]> [ʒ]> [ʃ].

¿Cuándo se produjo el cambio lingüístico? A principios del siglo XIX se encuentran algunos testimonios fiables, como el de la crítica a la pronunciación de unos actores en el Mensajero Argentino del año 1826: «Alguno hay de ellos que al pronunciar llanto, batalla y otras palabras con ll parece que pronuncia un ch medio líquido pero prolongado; y que dice chchchanto, batachchcha, etc. No hallamos otro modo de escribir esta pronunciación viciosísima». 

A finales del siglo XIX, cuando Buenos Aires ya era el centro político, económico y cultural del país, hubo un gran incremento poblacional a causa de las olas de inmigrantes llegadas de Europa. Justo durante esta época surgió el sonido /š/ en el español bonaerense, posiblemente debido a la influencia del francés en los ámbitos culturales. Esto se deduce de textos periodísticos en los que abundan préstamos lexicológicos con /š/, como champagne o chef. Aproximadamente medio siglo después, el fonema /š/ que deriva del francés influyó finalmente en la sonora pronunciación žeísta. Un documento que atestigua este desarrollo lingüístico es la Guía de buen decir (1915) de Juan Selva, donde se compara la pronunciación con la del francés. Otro testimonio son los Estudios sobre el español de Nuevo México del año 1930, en los que se estudian y comparan diferentes variedades del español en México, Uruguay, Ecuador y Argentina.

Lo que no sabemos es qué provocó este cambio lingüístico a mayor escala. Se han dicho otras ideas al respecto, pero ninguna demostrable. Podría ser que la variante rioplatense se viera influida por el portugués de Brasil, por el gallego, el italiano y el francés de las distintas oleadas migratorias de los siglos XIX y XX. En el poema «Cielito oriental», publicado por Bartolomé Hidalgo a principios del siglo XIX, el escritor uruguayo cambia la grafía g, y en palabras como gente escribe yente, para imitar el sonido del portugués. Otras teorías se inclinan por la facilidad que ofrece el yeísmo rehilado, es decir, sería más sencillo pronunciar parrisha que parriya

En un principio, el rehilamiento debió de ser marginal, pero terminó imponiéndose sobre el yeísmo importado en la variedad idiomática rioplatense. El motivo nunca lo sabremos; el cómo resulta más fácil de deducir. Una comunidad de habla, según explica William Labov, no se define por ningún acuerdo que regule el uso de los elementos del lenguaje, sino por la participación en un conjunto de normas compartidas. Dentro de dicha comunidad de habla, un mecanismo principal de cambio es la transmisión con incremento. Se supone que los niños primero adquieren el lenguaje de su entorno inmediato, y luego, durante un período de reorganización vernácula, se centran en una nueva norma, impulsada por fuerzas sociales y aumentando gradualmente el uso de las nuevas formas.

¿Cómo se selecciona la variante que triunfa? El proceso tiene lugar en dos niveles. En primer lugar, se da la adopción de una variante particular en el idiolecto de un hablante. Este es el llamado nivel individual. Las opciones en este nivel están determinadas por las limitaciones en la adquisición del lenguaje, en el procesamiento y en las representaciones resultantes. En segundo lugar, la selección también ocurre en el nivel de la comunidad de habla, es decir, en el llamado nivel poblacional. En este caso, la selección significa la adopción de una variante particular en la nueva variedad lingüística, según lo determinado por presiones sociolingüísticas como la acomodación y el prestigio.

Hoy, el yeísmo rehilado está plenamente aceptado. En 2011, la Real Academia de la Lengua Española incluyó dicha pronunciación como una de las posibles en el manual Nueva gramática de la lengua española: fonética y fonología. Esto significa que la RAE acepta que esta variante rioplatense no es una desviación de la norma, sino una forma válida. 


Professor Sweet, Professor Higgins

George Bernard Shaw Sweet Higgins
George Bernard Shaw, 1946. Fotografía: Getty. sweet

Cuando George Bernard Shaw escribió Pigmalión, necesitaba dinero. Años atrás había viajado de Irlanda a Inglaterra con la intención de ganarse la vida como crítico y escritor, pero esto, viniendo de una familia de clase trabajadora y sin influencias, no era sencillo. Sus ideas políticas y su pensamiento complejo, junto a los temas controvertidos que trataba, tampoco le ayudaban a hacerse popular. 

Es posible que por eso eligiera escribir una versión de uno de los mitos que el poeta romano Ovidio trató en Las metamorfosis, asumiendo la familiaridad del público con la literatura clásica. Y es posible que acertase con la idea, pues los críticos concluyeron que se trataba de una de las comedias menos provocadoras de Shaw. 

También es posible que uno de los motivos por los que, a partir de Pigmalión, se hizo la versión My Fair Lady fuera que el público pudiera ver un final feliz. My Fair Lady y Pigmalión comparten trama básica: la pobre florista Eliza Doolittle se transforma en una dama a manos del profesor Henry Higgins; pero en Pigmalión Eliza Doolittle abandona a Henry Higgins, mientras que en My Fair Lady, estrenada casi cuarenta años después, los protagonistas acaban juntos. 

Aunque quizá Pigmalión no sea una pieza tan intelectualmente compleja como otras de las obras del conocido como «teatro de las ideas» de Shaw, trata cuestiones relativas a las clases sociales y las relaciones entre hombre y mujer. El prólogo se titula «Un profesor de fonética» y, probablemente, se refiere al distinguido erudito Henry Sweet. No pocos académicos han señalado que Shaw tomó a Sweet como modelo para desarrollar el personaje de su profesor Higgins. 

Todo comienza una tarde de verano. Llueve, y una multitud que sale del teatro se refugia en el pórtico de la catedral de san Pablo en Covent Garden. Una madre y su hija esperan al hermano de esta, que intenta encontrar un taxi. Cuando el chico regresa, tropieza con Liza Doolittle y esparce sus flores. 

La florista trata de convencer a la señora de que le pague el género arruinado. Con temor, se da cuenta de la presencia de Henry Higgins, que ha estado anotando cada palabra que ha dicho. Esto le hace pensar que Higgins es un policía que la va a arrestar, pero resulta ser un profesor que registra su discurso con fines científicos. Tras reprender a Liza por su mal lenguaje, Higgins se jacta de que en tres meses podría hacer pasar a la chica por una duquesa en una fiesta. 

Empieza la lección de fonética. 

A los fonólogos les gusta hacer divisiones entre grupos de sonidos: consonante o vocálico, sonoro o sordo, etc. De manera que la ciencia se organiza en términos binarios. El mismo objeto de estudio es, por un lado, fonética, y por otro, fonología.

Fonética y fonología

La fonética es la ciencia de los sonidos del habla, y tiene como objetivo proporcionar el conjunto de características con las que describir y distinguir los sonidos del lenguaje. En cambio, la fonología estudia los principios que rigen las formas en que los hablantes de diferentes idiomas organizan los sonidos para expresar significados. 

Fonología segmental y suprasegmental

El objeto de estudio más básico de la fonología es el análisis fonémico, en el que el objetivo es determinar cuáles son los fonemas y llegar al inventario de sonidos de la lengua. Esto es la fonología segmental. Pero es necesario ir más allá y estudiar otros aspectos como el acento, el ritmo y la entonación, es decir, la fonología suprasegmental.

Acento y pronunciación 

El acento es el conjunto de particularidades fonéticas, rítmicas y melódicas que caracterizan el habla de un país, región, ciudad, etc. Es decir, el acento se refiere a una forma particular de pronunciar, por ejemplo, el español andaluz o el castellano. 

La pronunciación, definida como el acto de producir los sonidos de un idioma, no ayuda a diferenciar entre pronunciación y acento. Y si nos fijamos en el aspecto de la pronunciación que más preocupa a la gente, que suele ser aprender una dicción correcta, el factor principal es la elección del acento: una vez que se ha elegido un modelo, como por ejemplo el castellano, cualquier desviación será criticada o ridiculizada, incluso por los que mantienen que no hay acentos buenos o malos, pero sí pronunciación correcta o incorrecta. 

Demasiados prejuicios para algo muy sencillo: si alguien te dice: «No te entiendo», es probable que tu pronunciación sea mala, pero si te pregunta: «¿De dónde eres?», la cuestión es el acento. 

Acento y dialecto 

Es habitual distinguir entre dialecto y acento. Ambos términos se utilizan para identificar diferentes variedades de un idioma en particular, pero la palabra acento se utiliza para las variedades que difieren entre sí solo en cuestiones de pronunciación, mientras que dialecto también cubre diferencias en vocabulario y gramática.

Grafema y fonema

Un grafema es la unidad mínima e indivisible de la escritura de la lengua, las letras, que no nos dan ni una pista del origen geográfico y social de una persona. En la lengua oral, la unidad mínima es el fonema, definido como la unidad fonológica que no puede descomponerse en sucesivas menores y que sirve para distinguir significados. Y tampoco indican nada de la persona que habla, solo son una descripción objetiva sobre cómo articular un sonido. Que no es poco. 

Fonema y alófono

Los alófonos son las diferentes realizaciones o pronunciaciones que puede tener un fonema. Por ejemplo, en español, cada uno de los fonemas /b/, /d/ y /g/ tiene dos alófonos principales: [b], [d], [g], oclusivos y [β̞], [ð̞], [ɣ̞], aproximantes.

Los alófonos suelen estar condicionados por el contexto en el que aparecen, aunque también dependen de la variedad del hablante u otros factores. Por ejemplo, el fonema /d/ tiene el alófono oclusivo [d] y el alófono aproximante [ð̞]. Uno y otro aparecen en contextos fijos: [d] aparece tras pausa (dar), /l/ (falda) o /n/ (funda); [ð̞] aparece en todos los demás contextos.

En teoría, un fonema puede tener un número infinito de alófonos que, esta vez sí, nos resultarán muy indicativos de la clase social y el origen de la persona que pronuncia. Pero en la práctica, y con fines descriptivos, tendemos a concentrarnos en un número pequeño que ocurre con mayor frecuencia.

Cuando Bernard Shaw escribía teatro trataba de anotar la manera en que los actores debían dar voz a los personajes. Era un cometido que no le debía de resultar sencillo por la falta de correspondencia entre fonema y grafema de la lengua en que escribía, el inglés. Como en Pigmalión, en otras de las obras de teatro de Shaw hay partes en las que los personajes muestran, mediante el lenguaje, su origen social. El escritor estaba completamente familiarizado con el argot londinense y con varios dialectos asociados a mineros, marineros y otros colectivos.

Shaw, además, era consciente de la importancia y del impacto que una correcta dicción tenía en la sociedad, es decir, una pronunciación con la que al menos uno pudiera prosperar en la vida, sin que su lengua delatara su origen geográfico y social. Creía que la representación exacta de los sonidos, es decir, una transcripción fonética, ayudaría a pronunciar las palabras correctamente. Con un acento prestigioso y una buena dicción, sería más sencillo lograr la movilidad social ascendente. 

Su interés en los dialectos lo llevó a conocer a Henry Sweet, el famoso fonólogo, y a estudiar fonética por su cuenta. Sweet era el autor de un manual de fonética que había captado la atención de académicos y profesores de todo el continente. Describió, en lenguaje científico, la pronunciación y el acento del discurso culto de Londres, e incluyó muestras de habla con su transcripción fonética. Se cuenta que nada impedía a Sweet acercarse a un grupo de hablantes y anotar el registro fonético de su conversación. 

Para Sweet, el estudio de cualquier idioma se basaba en su comprensión fonológica. Consideraba fundamental adoptar un sistema consistente de pronunciación, lo que facilitaría que el estudiante comprendiera el idioma con más firmeza. Estaba tan interesado en la enseñanza de la lengua que habría sido perfectamente capaz de transmutar a Liza en miss Doolittle.

Por su prolífico trabajo en el campo de la lingüística, Sweet se ganó un lugar destacado entre los académicos que han hecho contribuciones importantes tanto a la ciencia pura del lenguaje como a la fonética —Sweet, Sievers, Storm, Jespersen—.

Shaw, que consideraba a Sweet un genio y sabía de sus intentos por reformar la ortografía de la lengua inglesa, se unió a la causa. A su muerte, dejó un legado en dinero para impulsar un alfabeto, que hoy conocemos como «alfabeto shaviano». 


El Santo Dual: tres siempre es multitud

el santo dual
Un esqueleto y una reproducción del dodo en el Museo Nacional de Gales, 1938. Fotografía: Getty.

Probablemente hayan oído hablar del dodo, ese pájaro que no volaba y que se extinguió allá por el siglo XVII. Gordo, torpote y alicorto, el pobre bicho, más presa que depredador, acabó siendo merendado bajo las leyes más básicas de la naturaleza. En cierta manera, el dual es en la lingüística como el dodo en la zoología: un ser de otro tiempo que nos puede resultar tan simpático como poco útil, aunque, a diferencia del pájaro, este aún asoma la cabeza en algún que otro ecosistema lingüístico. Pasamos a explicar qué es el dual. 

La mayoría damos por hecho que el número se limita a las formas singulares y plurales (dodo/dodos). Se trata de la norma en la inmensa mayoría de las lenguas, pero sepan que no siempre fue así. El sánscrito, el griego de la Ilíada y otras muchas lenguas que mencionaremos a lo largo del texto contaban —o cuentan aún— con una forma específica para designar una pareja, una marca distintiva que hace que dos personas, cosas, ideas, lo que quieran, no sea plural sino eso: dual. Todo esto se entiende mejor con un ejemplo que encontramos en el gaélico irlandés, donde clach (piedra) tiene su plural en chlachan siempre y cuando se trate de tres o más porque, si son dos, se queda en chloich. Como en el árabe clásico كتاب kitaab (libro) / كتابيْن kutub (libros), pero كتابان kitaabaan para la pareja. Y sepan que el dual no es exclusivo de los sustantivos; también se puede manifestar en adjetivos, pronombres y otras categorías gramaticales. 

¿Que qué importancia tiene todo esto? Pues tanta como la caprichosa papada de un petirrojo o la fatalidad de ese pájaro que no vuela. Quizá incluso más, pero si no les parece suficiente no pierdan el tiempo con esto, que hay mucho y bueno por leer en esta web. A los que se queden les gustará saber que a un creador de lenguas tan prolífico como Tolkien tampoco le pasó desapercibido: ¿se han fijado en que los elfos distinguen entre dos o más cuando hablan en su quenya de cuna? 

Dejando atrás la Tierra Media, una de las particularidades del dual es que se manifiesta aquí y allá, de forma completamente arbitraria: desde la isla de Groenlandia a las de la Polinesia, pasando por la pequeña Frisia, o Lusacia, donde aún se habla el sorabo, la única lengua eslava de Alemania. Así las cosas, resulta inútil buscar patrones a través de la llamada «clasificación genética» de las lenguas, según su parentesco: en la familia céltica, ni el galés ni el bretón lo conservan, y únicamente aparece en el sorabo y el esloveno entre las eslavas. El hebreo, pariente del árabe, también tiene algunas formas duales, pero hablamos siempre de partes del cuerpo u otras cosas que vienen siempre en pares, como eynayim (ojos) o mišqafayim (gafas). En cuanto a los inuits y polinesios, aparece en sus pronombres, pero no en los sustantivos, principalmente porque ambos pueblos tienden a no marcar el número en estos. 

Un momento: ¿hemos dicho «ambos»? ¿Acaso no es esa una partícula dual? Por supuesto, lo mismo que el both inglés, o su antónimo neither (ninguna de las dos). Acabamos de dar con huellas dejadas por el dodo en el antepasado común de ambas lenguas. Ambas pertenecen al tronco común indoeuropeo que, además del inglés y el castellano, incluye también el ruso o el persa entre muchas otras, formando así la mayor familia lingüística del mundo de hoy. Todas ellas descienden de una lengua común que se hablaría hace más de seis mil años, pero de la que no se han encontrado registros. Lo que sí se ha hecho es comparar a sus hijas y nietas y desandar el viaje hasta obtener una reconstrucción aproximada de lo que hablaba aquella gente; lo que se conoce como «protoindoeuropeo». 

Dicen los capaces de obrar tales milagros que el dual campaba a sus anchas en aquella lengua primigenia, algo que es aún más fácil de cotejar en los textos de sus descendientes más directos, como el sánscrito o el antiguo eslavo eclesiástico, la madre de todas las lenguas eslavas. De entre estas últimas, decíamos que solo se conserva en el sorabo —hród (castillo), hrodaj (dos castillos) y hrody (castillos)— y el esloveno. Nos parece fantástico que el dual goce del respeto que merece entre los alpinos, quienes lo incluyen a menudo en sus folletos turísticos junto al monte Triglav o el pintoresco castillo de Bled. También estaba presente en las primeras lenguas germánicas como el gótico o el escandinavo antiguo, pero ya hemos dicho antes que hoy, en esa familia, solo resiste en el pequeño frisón. Si piensan que se debe a que hablamos de una lengua remota y rarísima, sepan que aún sobrevive en el norte de Holanda, alguna isla danesa y un municipio alemán, y que es la más parecida al inglés. 

La ballena y el krill

Las hay que tienen un sistema numeral aún más complicado: el larike, una lengua polinesia hablada en la isla Ambon, tiene un trial además de un dual; en Papúa Nueva Guinea, el lihir suma a la lista el paucal para cantidades no muy numerosas, pero siempre de más de cuatro elementos. Su sistema de cinco categorías (singular, dual, trial, paucal y plural) es el más complejo descubierto hasta la fecha. 

A estas alturas se habrán preguntado ya qué narices pasaba con el latín. Desengáñense porque lo único que puede ofrecernos es duoambō, que no necesitan traducción. Entre su prole, el plural se hará con la marca /s/ en el oeste de antiguo imperio, pero casi siempre con la /i/ en el este. Así, hombres, homens y hommes en castellano, portugués y francés, pero uomini, oameni y uameni en italiano, rumano y arrumano, hablado al sur de los Balcanes. De hacer excavaciones en algún lugar del espacio románico lo haríamos en el sardo, que sigue siendo la lengua viva más parecida al latín. En cualquier caso, ya hemos dicho que poco hay que rascar en la ribera norte del Mediterráneo.

Recoger agua con las dos manos y ver cómo se escurre entre los dedos: así es la búsqueda del Santo Dual. Ocurre que las lenguas están en constante cambio para adaptarse a nuestras necesidades y, claro, se deshacen de lo que ya no resulta útil. Aquí es tan fácil como añadir un «dos» donde haga falta, y ya. En esta península de Asia que es Europa, el dual ya no es más que un recurso poético en la literatura lituana, y se escriben estas líneas cuando nos comunican que acaba de morir en Heligoland. Es la inhóspita isla del mar del Norte donde el frisón más puro se resguardaba de los embates de sus vecinos en el continente. Se nos va: el plural más ramplón, ese que no distingue la compañía de la multitud, lo engulle como la ballena al krill, aunque a veces el pequeño se cobre una última victoria antes de desaparecer. Como en la lejana Islandia, donde los antiguos pronombres duales se han convertido en plurales. Al menos en la forma, más de uno será siempre dos. 

Es precisamente en la helada soledad del Norte donde parece encontrar refugio. En la tundra escandinava, lo de menos es que los samoyedos tengan no cien, sino doscientos vocablos para la nieve y sus derivados. Y es que esos pastores de renos siguen diferenciando entre el gris e impreciso nosotros (mii) y un evocador nosotros dos aquí (moai). El solitario nómada subraya como se merece la presencia del compañero o la compañera, y justo en ese punto del círculo polar en el que se encuentra. Moai: si al pronunciarlo sienten algo parecido a la nostalgia, eso es que el dual más atávico sigue vivo en ustedes. Ahí, en el fondo.


Lo que la palabra esconde

palabras
Fotografía: CC.

La lengua inglesa recurre a dos elementos geográficos —las corrientes (stream) y la tierra (ground)— para definir la oposición entre las tendencias dominantes y las alternativas. La voz underground, ‘subterráneo’ en español, es una palabra compuesta (‘bajo tierra’, en su traducción literal) que se utiliza con frecuencia para definir los movimientos contraculturales que se oponen a las corrientes principales o mainstream. Sin embargo, aunque el término se emplea mayoritariamente en su acepción de sub- o contracultura desde la década de los cincuenta en la mayor parte de los países de habla inglesa, el recorrido histórico en su lengua de origen es largo, y ya desde el siglo XVII era sinónimo de sociedad secreta. Como muchas de las palabras y expresiones que colorean nuestro vocabulario, el significado metafórico que la palabra underground tuvo desde mitad del siglo XX procede del ámbito bélico.

En español, expresiones tan comunes como «hacer alarde de algo» o «mandar a alguien a la porra», por citar tan solo un par de casos, fueron originalmente expresiones castrenses. Como indica el Diccionario de la lengua española, la primera, cuya vía de entrada en nuestra lengua está en el árabe hispánico al‘árḍ, se utiliza para definir la gala propia de los desfiles militares, la lista en la que se inscribían los soldados y la revista que pasan los jefes al mando. La segunda incluye el instrumento con el que se tocaba el tambor. En el Diccionario enciclopédico de la lengua castellana (1895) de Elías Zerolo (junto a otros escritores como Emiliano Isaza y Miguel de Toro y Gómez), se documenta ya la expresión «¡a la porra!», como equivalente de ‘enhoramala’ o como expresión de impaciencia. Dice que es «voz vulgar, pero de mucho uso» en América. No aparecerá como sinónimo de mandar a alguien «a paseo» hasta 1970, en el Suplemento del diccionario de la Academia. Ese paseo alude a la distancia que recorrían los soldados que recibían castigo y que debían encaminarse al punto más alejado del regimiento, donde se encontraba el tambor, colocado como punto de referencia, y la porra con la que se tocaba. Algo similar sucede con la palabra underground, que pasará a asociarse a la cultura alternativa a partir de los cincuenta, aunque, hasta entonces, los ejemplos de su uso figurado hagan referencia a los grupos de oposición a los nazis. 

Con la Segunda Guerra Mundial, los movimientos de resistencia que luchaban contra la ocupación nazi recibieron el nombre de Underground en toda Europa y, por analogía, la palabra comenzó a usarse años más tarde como oposición a la cultura que ocupaba el poder. Hasta 1939, alejada ya de la connotación de sociedad secreta del siglo XVII, solía utilizarse en su sentido literal, es decir, para definir algo subterráneo y, particularmente, en conexión con el metro londinense, cuyo trayecto estaba soterrado en gran parte desde el siglo XIX. Dado que es una palabra de uso muy frecuente, disciplinas como el cine nos pueden ayudar a documentar su evolución. Los dos primeros largometrajes de los ocho que llevan por título la palabra underground dan buena muestra del cambio que experimentó el término. En 1928 apareció la primera cinta con este nombre: una película muda dirigida por Anthony Asquith, hijo del primer ministro que gobernó en una de las épocas más decisivas del siglo XX en Inglaterra (1908-1916). Narraba una historia de amor ambientada en una estación de Londres. Pero trece años más tarde, en 1941, en la película dirigida por Vincent Sherman ya no había escenarios con los icónicos túneles londinenses, sino intrigas entre dos bandos: el poder alemán y la resistencia. En 1970 se rodó otra película sobre el mismo asunto, dirigida esta vez por Arthur H. Nadel.

Los años de guerra y posguerra fueron una época fructífera para los intercambios lingüísticos; de hecho, el nombre que emplean los ingleses para los ataques repentinos y potentes (desde los bombardeos hasta las tácticas de la economía y el fútbol hoy en día) es blitz, un acortamiento de la palabra alemana Blitzkrieg (literalmente, ‘guerra relámpago’). Hasta entonces, las palabras alemanas que llegaron a muchos puntos del mundo occidental para quedarse se podían englobar, por lo general, en cuatro categorías: la alimenticia (con el Strudel y las delicatessen), la filosófico-cultural (Zeitgeist, Angst, Leitmotiv, Doppelgänger y hasta el Bildungsroman), los descubrimientos químicos y médicos (la aspirina, el cobalto y el alzhéimer como representantes) y los del campo de la física y la ingeniería (con el efecto doppler y los motores diésel). Pero, a partir de la llegada del Führer, el contacto entre la lengua inglesa y la alemana alcanzó cotas sin precedentes. Tanto se salpicaban los discursos con alusiones y analogías con Hitler que, en 1951, el filósofo político Leo Strauss acuñó un nuevo tipo de falacia, la reductio ad Hitlerum, una combinación de varios engaños discursivos por la que aquello que se esgrimiese en comparación con el régimen nazi en una argumentación la dejaba desprovista de validez.

¿Cómo se da entonces el salto al panorama cultural desde los movimientos contrarios a un Gobierno? En 1960, en el artículo «Contraculture and Subculture», el sociólogo estadounidense John Milton Yinger acuña la palabra y la noción de contracultura; en el Diccionario Merriam-Webster, obra de referencia estadounidense, la palabra aparece, con un baile preposicional, como counterculture y se fecha su origen en 1947 (primero con un ejemplo de oposición política y luego con uno cultural). Yinger, por su parte, la define ya en su artículo como el elemento de conflicto que identifica a un grupo, en referencia a sus relaciones internas o externas, frente a los valores de la cultura dominante. En las décadas de los sesenta y setenta, con el aliento que les había dejado la generación beat en los cincuenta, surgirá el germen de la cultura hippie, abriendo un amplio camino para el desarrollo de obras en todo tipo de canales: desde la literatura y sus medios de producción alternativos hasta la música independiente. 

Las imprentas y editoriales clandestinas, a las que se agrupa en inglés con el nombre de underground press, publicarán muchos de los cómics, revistas y novelas gráficas. Estos, a su vez, se venderán en tiendas donde también se fuma marihuana y se tiene acceso a libros que no habrían podido superar el filtro social, político y legal de la época. La palabra underground cobrará, así, una dimensión estética subversiva y marginal. Cabe recordar aquí los aberrantes castigos a los que eran sometidos los homosexuales, a los que se les imputaba cargos de «indecencia grave» y «perversión sexual». En 1952, el padre de la inteligencia computacional, el matemático Alan Turing, fue condenado a prisión por su orientación sexual, sin que el servicio que había prestado a la Corona durante la Segunda Guerra Mundial le sirviese siquiera como salvoconducto. De hecho, en Reino Unido la homosexualidad no se despenalizó hasta 1967 (cuando, gracias al Sexual Offences Act, se permitieron actos con consentimiento mutuo entre personas del mismo sexo mayores de veintiún años y en privado). En Estados Unidos, uno de los primeros libros que se atrevió a documentar las distintas tendencias sexuales, entre las que se incluía la homosexualidad —aunque su autor, Michael Leigh, lo hizo como un voyeur cargado de prejuicios—, fue el ensayo The Velvet Underground (1963); en Reino Unido se reeditó el año de la despenalización de la homosexualidad con el nombre de Bizarre Sex Underground. La casualidad quiso que uno de los principales grupos musicales alternativos de Nueva York, que definió a toda una generación, escogiera dicho nombre a raíz del título del libro de Leigh. Curiosamente, el descubrimiento de la procedencia del plátano como icono sexual de Warhol para el primer álbum de la Velvet se lo atribuyó el productor musical Julián Ruiz en un artículo publicado en El Mundo (1-4-2017), cuando dos semanas antes una leyenda del punk como Howie Pyro había narrado ese mismo descubrimiento en Dangerous Minds (14-3-2017).

Las técnicas de mercadeo y el mundo de la publicidad han pervertido el uso de una palabra que siempre definió a aquellos grupos que iban a contracorriente y arriesgaban sus vidas por algo en lo que creían. Tampoco es nada nuevo. Le sucedió a la palabra best seller, que a finales del siglo XIX podía apuntar a Charles Dickens y hoy se emplea para un tipo de libro que sigue unas pautas determinadas orientadas al incremento de la venta de ejemplares. De hecho, caprichos del lenguaje y de la propia vida, antes más que ahora podía darse que una obra de calidad se convirtiera en un best seller, pero ahora más que antes una obra concebida para convertirse en un best seller puede no arrojar los resultados de venta que se esperan de ella. En el panorama musical, los grupos que nacieron con un afán independiente de los circuitos comerciales, los denominados indies, pueden ver ahora cómo la mayor parte de lo que se presenta como indie ya no es tal, sino un producto de la industria discográfica con el que captar a determinados públicos. Y también hay ya editoriales que se autodenominan independientes y que reproducen las peores prácticas de algunos de los grandes grupos comerciales. Ya se sabe, la vejez de las palabras y quienes las pervierten revelan también hoy su propia decadencia. 


Hablar la lengua de Dios

dios
Edward Kelly y John Dee invocando un espíritu, por Ebenezer Sibly. (DP)

El doctor Dee llevaba tiempo avisando: existen ángeles bondadosos enviados para hablar con la humanidad. Bastan un médium y un espejo de obsidiana para comunicarse con ellos. Cientos de documentos escritos a finales del siglo XVI dan fe de aquel diálogo conducido en la mismísima lengua de Adán. También es la de Dios. 

No era para tomárselo a broma porque John Dee (1527-1609) distaba de ser un advenedizo más en busca de notoriedad. Siempre hubo muchos de esos. La iluminación le llegó ya a sus cincuenta y cuatro años, y tras una vida dedicada al estudio más profundo de las matemáticas y la astronomía, entre otras ramas de la ciencia. Por si fuera poco, era consejero y confidente de la reina Isabel I: si alguien como él aseguraba haber tenido tales revelaciones, la Corona no escatimaría en medios. Edward Kelley, un colega médium, recibiría los mensajes a través de unas superficies reflectantes. Dee se encargaría de transcribirlo todo con la fidelidad que se le suponía a alguien de su posición y su trayectoria. 

El ritual empezaba con plegarias a Dios, a ángeles y a arcángeles a los que invitaba a manifestarse. En sesiones que duraban entre quince minutos y una hora, a la pareja se le dijo desde el otro mundo que, además de otorgar poderes sobrehumanos a sus practicantes, la magia también cambiaría la estructura política de Europa y anunciaría la llegada del Apocalipsis. Pero más que una cantinela cacareada por iluminados de todas las épocas nos interesa su vehículo transmisor: los cientos de manuscritos y los libros que Dee y Kelley legaron a la posteridad están escritos en una lengua con un alfabeto propio a la que llamaron «adánico» o «angélico», y que se acabó bautizando como «enoquiano». Dee insistía en que el último en hablarla había sido el patriarca bíblico Enoc. Milenios después de su muerte —fue padre de Matusalén y bisabuelo de Noé—, llama la atención que haya dos versiones alfabéticas de la lengua que Dee le adjudicaba, aunque probablemente se trate de variaciones que obedecen al pulso de sus dos autores. La primera versión la encontramos en los primeros cinco «Libros de los misterios» escritos por Dee, mientras que la segunda, la más aceptada, está en el Liber Loagaeth del propio Kelley. Fue este último quien, en 1584, escribió en su diario una serie de diecinueve encantamientos mágicos con claves que comprenden cuarenta y ocho versos poéticos y que articulan gran parte del sistema de magia enoquiano.

Negro sobre blanco, o sepia de pergamino, el enoquiano se ha estudiado, recuperado y popularizado hasta nuestros días por sociedades secretas seculares como la Aurora Dorada (Golden Dawn) y reconocidos ocultistas como Israel Regardie o el propio Aleister Crowley. Anton LaVey, fundador de la Iglesia de Satán, es uno de muchos adoradores del diablo que incluyeron claves enoquianas en sus rituales, y varios de ellos han llegado a adoptar la lengua para su uso. Más allá de las ciencias más oscuras, también ha sido estudiado por el ingeniero espacial Jack Parsons —es miembro de la Ordo Templi Orientis, eso sí—, y sus glifos son los utilizados para activar una puerta dimensional en la película Stargate. A los amantes del ajedrez les interesará saber que la versión enoquiana de su juego favorito es también una herramienta de adivinación que requiere de sólidos fundamentos en el estudio de la Cábala, la geomancia, el tarot, la alquimia y la astrología. Muchos de los objetos utilizados por Dee y Kelly pueden encontrarse hoy en el British Museum de Londres. En definitiva, que no se trata de un asunto menor.

Protolengua

Tras su expulsión del Paraíso, Adán habría olvidado su lengua materna para comunicarse de ahí en adelante en una versión primigenia del hebreo, la que se convertiría en lengua universal hasta la confusión lingüística en la torre de Babel. Ya hemos dicho antes que Dee aseguraba entenderse con los ángeles en una lengua común a seres humanos y divinos pero que, desafortunadamente para creacionistas y satanistas, no resiste el menor análisis científico. El lingüista australiano Donald Laycock constató sin gran esfuerzo las diferencias entre ambas versiones del enoquiano, las que, según el experto, descartaban a la lengua de Adán como un habla consistente. Que solo haya dos verbos conjugados apunta en la misma dirección, pero más que un error que se pudiera atribuir a la precipitada alfabetización de los padres de la criatura, la lengua de los ángeles presenta una sintaxis sospechosamente parecida al inglés (sujeto-verbo-objeto), en contraposición a la del hebreo (verbo-sujeto-objeto) al que presuntamente dio vida al morir. Podríamos seguir con el hecho de que el enoquiano se represente de forma alfabética, con símbolos para cada letra (veintiuno en total), y no con caracteres para ideas como el chino o el japonés. O, ya puestos, con esas formas circulares con las que se comunicaban los alienígenas en La llegada. Heptápodo era lo que hablaban. 

No seamos crueles. Cuando Dee y Kelley sorprenden al mundo faltaban aún tres siglos para dar con eso que se dio en llamar «lingüística moderna»: fue entonces cuando se comenzó por comparar el sánscrito, el latín y el griego y se acabó por establecer la teoría de las grandes familias lingüísticas. De haber sido incluida en el estudio, la lengua de los ángeles pertenecería al gran tronco indoeuropeo, aunque como una variante en la que se despliega un léxico extraño sobre una estructura gramatical muy cercana a la lengua germánica materna de los ocultistas británicos. Y es que, como toda lengua inventada, el enoquiano también es hija de sus padres. Pensemos que el esperanto se descuelga sobre el esqueleto del yidis en el que pensaba su creador, Ludwik Lejzer Zamenhof. En el caso del klingon, Marc Okrand se esforzó para que la lengua interestelar más universal se pareciera lo menos posible al inglés —Okrand era californiano— y conferirle así más autenticidad. Por citar ejemplos más cercanos en el tiempo, podríamos hablar del valyrio o del dothraki, pero desconfíen. A pesar de lo que digan los fans de GoT, apenas se trata de un puñado de palabras y frases con las que engatusar a una reina o cometer un magnicidio antes de irse a dormir. 

Manuscrito de John Dee en alfabeto enoquiano. (DP)

Crear una lengua es un asunto muy serio: hay que dotarla de una sintaxis coherente sobre la que volcar un léxico, pero también conjugar verbos, decidir si se usarán preposiciones o, en su lugar, partículas que se añadirán a los sustantivos. Hay que considerar prefijos y sufijos y, por qué no, esos maravillosos circunfijos que se incorporan al principio y al final de la palabra. También hay que decidir si el sujeto será ergativo (esto ya es demasiado largo de explicar aquí), e incluso si se podrá prescindir de él («pienso» tiene significado por sí mismo, pero el inglés go, por ejemplo, es un brindis al sol: ¿quién va?). Hay que considerar la acentuación y entonación y, por si fuera poco, también un contexto histórico del que se nutra y en el que pueda mutar y evolucionar. El propio Tolkien construyó sus relatos para alimentar sus lenguas, y no al revés. 

Volviendo a la ciencia, el estudio comparativo de las lenguas permite no solo su clasificación en familias y subfamilias, sino también la reconstrucción de las que estas proceden. El latín, del que nacieron el francés, el español o el sardo, entre otros, está sobradamente documentado, no así la matriz de la que surgieron las lenguas celtas o las germánicas, por citar dos ejemplos cercanos. Tras un intento de recreación a manos de los lingüistas se las llamará protocelta y protogermánico, respectivamente, porque no salen del marco puramente teórico basado en patrones de cambio regulares. No hay textos antiguos para corroborarlo. También se ha intentado reconstruir la que fuera la lengua original de aquel pueblo, el indoeuropeo, que se empieza a desplazar desde una zona al norte del Caspio hacia oriente y occidente hace seis mil años. Hablaríamos de ahora del protoindoeuropeo, sin olvidar que habría existido otra lengua común para las de África, las americanas, las de Oceanía… Así hasta llegar, quizás, a una protolengua ancestral común a toda la humanidad: la que hablaban Adán y Eva. Ni la agricultura, ni la rueda; ni siquiera el fuego supusieron un avance tan decisivo para el ser humano como el desarrollo de un lenguaje articulado. Solo entonces se desmarcó nuestro antepasado homínido del resto de las especies animales. No existe logro más insigne. 

La idea de una lengua antediluviana para comunicarse con lo divino era algo que se barajaba de forma habitual en tiempos de Dee y Kelley, aunque estos difícilmente podían navegar por un mar, el de la lingüística (la moderna), aún por descubrir. Probablemente tampoco fue nunca su objetivo. En un momento de gran convulsión política en Europa, tras el aldabonazo de Lutero y la fractura del cristianismo, los ocultistas se presentaban ante la reina como Rasputín ante la zarina: con un mensaje místico con el que obtener réditos económicos, sociales y vaya usted a saber cuántas cosas más. Pero había una diferencia de calado entre el siberiano y los ingleses.

«Escribe lo que sea, da igual, que el alfabeto hebreo ya se encarga de que las páginas pesen más», decía Isaac Bashevis Singer sobre su yidis de cuna y en el que escribió toda su obra. Cuatro siglos antes, el delirio compartido de Dee y Kelley se sirvió aliñado con glifos y arcanos que solo ellos eran capaces de entender. Por supuesto, nadie fue capaz de rebatirles nada en la lengua de Dios. 


Venir al mundo con ganas de hablar

Noam Chomsky imparte una conferencia en Riverside Church, Nueva York, 2009. Fotografía: Corbis.

La gramática es como el bazo o las ganas de llorar: esta ahí desde que nacemos, o incluso antes. La lengua que aprendemos después no es más que un cincel para dar forma a algo que nuestro ADN trae de serie. Queda dicho.

Todo esto les puede sonar muy raro y, de hecho, hay lingüistas que discrepan. No hagan caso; «el intelectual más importante de la actualidad» (New York Times), el que es «uno de los padres de la lingüística moderna» (clamor popular) está convencido de ello. Nos referimos, claro, a Noam Chomsky. Es uno de esos sonoros nombres con los que se da por un sesudo análisis político o por una preclara visión de la lingüística. Uno le empieza a seguir por un camino y, en algún momento, mira a un lado y descubre que este atleta del pensamiento también trota por otro que discurre paralelo. Luego resulta que es velocista y maratoniano; que corre simultáneamente por dos, tres, cuatro, o más pistas y, quizás lo más maravilloso, que estas se entrecruzan para abrir nuevos caminos aún por explorar. Decir que Chomsky es inabarcable resulta una obviedad, por lo que antes de enfangarnos en más metáforas para ilustrar su ubicuidad intelectual, nos centraremos en eso que mencionábamos del lenguaje. 

Hay que remontarse a la década de los cincuenta para dar con la semilla de su aportación principal en este campo. Hasta entonces, los lingüistas consideraban las lenguas como un fenómeno puramente social, un conjunto de códigos arbitrariamente distintos que había que clasificar atendiendo a factores como los sonidos, lexemas u oraciones. Por poner algún ejemplo, hay lenguas SVO (sujeto-verbo-objeto) como el castellano o el inglés (Yo como patatas/I eat potatoes); lenguas SOV como el turco, el vasco o el japonés. Si se preguntaban por el klingon, sepan que es OVS, lo mismo que el hixkaryána, (lengua indígena de Brasil). También hay lenguas con artículos y preposiciones per se, y otras en las que se manifiestan en forma de caprichosas partículas que se añaden a las palabras; lenguas en las que el acento cae siempre en la primera sílaba (islandés); vergeles de consonantes en el Cáucaso, de vocales en la India… 

Toda esta diversidad se estudia, se clasifica y se compara, pero independientemente de la particularidad de cada lengua, Chomsky fue el primero en plantear la hipótesis de que el lenguaje podía ser un esquema mental innato que explicara cómo alguien es capaz de aprender una lengua de forma natural y sin esfuerzo, y también de entender y producir un numero infinito de oraciones gramaticales. Los hablantes, todos nosotros, diferenciamos aquellas expresiones aceptables de las que no lo son en nuestras respectivas lenguas, de igual manera que entendemos que una luz verde en un semáforo significa «pasar», mientras que una roja lo contrario. Esto último lo sabemos porque alguien nos lo ha dicho, pero ¿cómo es posible que podamos conocer las restricciones de nuestra lengua si haber aprendido las expresiones que violan dichas restricciones?

La lingüística, decía Chomsky, tenía que romper las barreras de la mera taxonomía; no solo clasificar las lenguas, sino también formular una «gramática universal» común a todas ellas. Había que dar con esa serie de reglas que ayudan a los niños a adquirirlas, desde el mapuche hasta el frisón. Para que se hagan una idea de la importancia histórica de esta teoría, se la ha considerado el equivalente en lingüística a la teoría de la evolución de Darwin en biología, o la del inconsciente de Freud en psicología. Y así es como llegamos al capítulo de los «universales lingüísticos». Algunos son tan predecibles como: «Todas las lenguas tienen nombres y verbos», o vocales y consonantes, sujetos y predicados, pronombres… Pero a medida que nos adentramos en esta jungla, la vegetación se va haciendo más espesa. ¿Cuál es el número mínimo de vocales que puede tener una lengua? Dicen que todas tienen sendos vocablos para los colores blanco y negro, pero ¿qué ocurre con el naranja o el marrón? En cualquier caso, ¿podemos hablar de certezas en esto de los universales sin haber analizado todas y cada una de las aproximadamente siete mil lenguas que se hablan en el mundo? 

El lingüista americano Joseph Greenberg recogió cuarenta y cinco de esas pautas comunes supuestamente innatas tras un estudio de treinta lenguas, un método inductivo que se oponía al reduccionismo deductivo de Chomsky: si son comunes a todas las lenguas, bastará con analizar una sola de ellas. Pero aquello se les fue de las manos. La selva del «generativismo», que es como se le llamó a la teoría chomskiana de la impronta genética del lenguaje, se iba llenando de exploradores que presumían de dar con más y más universales: «Si hay tres vocablos para los colores, el tercero es el rojo (recuerden que los anteriores son el blanco y el negro)», se oía desde la espesura; «Y si hay un cuarto o un quinto seguro que son el amarillo y el verde», replicaba alguien desde la copa de un árbol. Y así con la distribución de sujetos objetos y verbos en los enunciados, la proporción entre vocales y consonantes, entre fonemas sordos y sonoros… 

Bajo la premisa de que existían docenas, incluso centenares de particularidades y categorías lingüísticas innatas al ser humano, se daban concurridas conferencias y se publicaban trabajos en todas las manifestaciones de la fiebre académica a manos de lingüistas dispuestos a dejarlo todo en su búsqueda del grial de los universales. Hasta que Chomsky dijo «basta». Con el ocaso del siglo XX, Zaratustra bajó de la montaña y anunció a los hombres que eso de que hubiera un carro de universales era una entelequia. Más que en una gramática común, el nuevo paradigma se centraba ahora en un mecanismo simple pero multitarea con el que se producía un nutrido grupo de oraciones. Había algo innato, sí, pero se limitaba a cubrir las necesidades más básicas del hablante. Muy acertadamente, a esta nueva corriente del generativismo se la llamó «minimalismo». 

Entre el pánico y la confusión que generó todo aquello, los generativistas clásicos, ahora huérfanos, se debatían entre seguir adelante o rebajar sus expectativas de búsqueda, como ya hiciera el Creador. ¿Qué habría hecho san Pedro si Jesús le hubiese dicho que lo del reino de los cielos era poco más que una fantasía? «Estamos descubriendo propiedades nuevas e inesperadas de las lenguas hasta un punto en el que resulta imposible probar lo que sabemos que ha de ser cierto: que todas están sacadas de un mismo molde», fue exactamente lo que el dios de la lingüística les dijo a sus apóstoles. 

La resaca tras décadas borrachos del generativismo más añejo dibujaba ahora un mundo distópico en el que Chomsky sumaba su voz a la de aquellos antichomskianos, en oposición a los últimos chomskianos. Eso sí, fue mucho más cauteloso al considerar el minimalismo como un «programa», y no una teoría: admitió que no había una razón concreta para pensar que fuera a funcionar. Si Dios se reconocía a sí mismo como un ser falible, ¿qué motivos tenían los chomskianos más irredentos para renegar de su fe? Probablemente muy pocos. 

Universales interestelares

A sus noventa y dos años, Chomsky sigue dando charlas, escribiendo libros y dando entrevistas literalmente a todo aquel que se lo pida, desde estudiantes de primaria hasta jefes de Estado, pero ya no se prodiga demasiado en el tema de la adquisición del lenguaje. Que su sentido del humor sigue intacto quedaba públicamente corroborado hace un par de años, cuando arrancaba una charla en la Universidad de Arizona con un «Histórico: La primera presentación en PowerPoint de Noam Chomsky», proyectado sobre una pantalla a su espalda. El maestro es ya demasiado sabio para tomarse a sí mismo en serio, por lo que hoy son sus discípulos los que se esfuerzan en desarrollar nuevas metáforas para ilustrar su teoría de lo innato. Mark Baker, por ejemplo, trabaja sobre una «tabla periódica» de lo que él llama «átomos del lenguaje», los cuales se combinarían de la misma manera que las moléculas. Sepan, no obstante, que el generativismo as we knew it aún sigue vivo en los corazones y las mentes de un nutrido grupo de románticos, y que ni siquiera hace falta revolcarse en el fango académico para dar con él. Es disfrutando de una película como La llegada (2016), cuyo eje central es la comunicación con alienígenas, cuando escuchamos un nostálgico discurso que nos retrotrae al siglo XX. Con ocasión de su estreno, la lingüista Jessica Coon (se usó su oficina para el rodaje) insistía en lo de la «gramática universal», a la que consideraba «parte del legado genético que capacita al ser humano para adquirir el lenguaje». Coons, eso sí, matizaba que este podría resultar inútil para llegar a comunicarse con alienígenas. 

Los de la película hablan en heptápodo, una lengua cuyos sonidos son imposibles de reproducir por los humanos por razones biológicas, y que se representan a través de unas formas circulares. Conviene no confundir el instrumento para la realización material de la lengua, el alfabeto, con su gramática. Si una raza alienígena se comunicara a través de feromonas, o frecuencias subsónicas, seríamos obviamente incapaces de interactuar de forma directa con ellos, pero sí sería factible fabricar un dispositivo que lo hiciera por nosotros: se teclea una palabra y la máquina emite la feromona o el infrasonido correctos. La cuestión ahora es si la forma en que las señales funcionan y el modo en que se combinan tienen algún sentido para la mente humana en el caso de que, por ejemplo, los alienígenas sean capaces de procesar cientos de enunciados superpuestos simultáneamente. Esto sería un problema porque nosotros los entendemos de forma lineal, es decir, uno detrás de otro. 

Atravesamos aquí el umbral de la astrolingüística, la ciencia que estudia una potencial comunicación con seres del espacio exterior. En la película acaban apañándose, aunque todos sabemos que la previsibilidad es una cualidad innata de Hollywood. Aunque quizás no sea algo descabellado. «Si el universo está sujeto a las mismas leyes de la física, podríamos esperar que las lenguas interestelares también estén dotadas de bloques de significado que se combinen para crear significados más complejos. Puede que la marciana no sea una lengua tan distinta de la humana», dijo Chomsky en una conferencia en Los Ángeles el año pasado. Algo trama.


¿Qué es la gramática universal? ¿Alguien la ha visto?

Gramática Universal
Verbum, M.C Escher, 1942. Imagen: M.C.Escher Foundation.

Cuando dibujo, siento a veces que soy como un médium espiritista, controlado por las criaturas que convoco. Es como si ellas mismas eligieran la forma bajo la cual van a aparecer. Toman escasamente en cuenta mis opiniones críticas del momento en que nacen, y no puedo ejercer mayor influencia sobre el grado de su desarrollo. (M. C. Escher)

De las palabras de Escher se infiere que los patrones de desencadenamiento de un determinado símbolo no son absolutos, sino que dependen del sistema dentro del cual se activa el símbolo. La mayoría de los pensamientos están compuestos por elementos básicos, cuya dimensión coincide, más o menos, con la de la palabra, como sugiere Verbum, litografía del autor.

Son las palabras los trazos de pincel elementales que habitualmente usamos para pintar el retrato de conceptos más complejos. Están conectadas, en cada individuo, con formas que asimismo son correspondientes entre individuos. Se trata de un verdadero isomorfismo funcional con el que tratamos de caracterizar qué es lo invariante y universal en todos los lenguajes.

La gramática universal es un constructo sospechoso. Poca gente la ha podido ver, y quienes la ven —generalmente lingüistas— no se ponen del todo de acuerdo en qué la compone exactamente. En el año 2000, el lingüista estadounidense Noam Chomsky la definió como la idea de que los lenguajes humanos, que son superficialmente diversos, comparten unas similitudes fundamentales atribuibles a principios innatos exclusivos del lenguaje. «En el fondo, solo hay un lenguaje humano.» Esto es la gramática universal.

Para afirmar esto tranquilamente suscitando una controversia moderada han tenido que pasar décadas de estudio. Aun así, la gramática universal produce tal bloqueo en lingüistas y no lingüistas que todavía cuesta entender el lenguaje que articula dicho constructo.

Durante la primera mitad del siglo XX, el conductismo prevalecía en los estudios de psicología y tenía repercusiones significativas en la lingüística y los estudios sobre adquisición del lenguaje. Según esta línea de pensamiento, toda conducta era el fruto de asociaciones repetidas entre estímulos y respuestas, incluido el lenguaje. Se creía que el aprendizaje de lenguas, como cualquier otro tipo de aprendizaje, podía explicarse por una sucesión de pruebas, errores y recompensas en caso de éxito. En otras palabras, los niños aprendían su lengua materna por simple imitación, escuchando y repitiendo lo que los adultos decían.

Pero este punto de vista fue cuestionado radicalmente por Noam Chomsky. En 1959 publicó un artículo, «Review of Verbal Behavior», en el que criticaba un libro, Conducta verbal, de Burrhus F. Skinner, principal teórico del conductismo en esos momentos. Argüía Chomsky que la capacidad para comprender y producir lenguaje no se podía explicar como conducta aprendida. Cuando aprendemos un lenguaje somos capaces de generar todo tipo de expresiones que antes no hemos oído, por tanto, nuestro conocimiento es más profundo.

Con la publicación de sus trabajos, Chomsky empezó a cambiar la lingüística. Se cuestionó el conductismo, y la idea de la gramática universal y generativa se puso de moda. Se plantearon preguntas como: ¿qué aspectos del lenguaje se pueden manifestar sin ayuda de la experiencia? ¿Aprendemos el lenguaje al imitar a los padres, o tenemos un instinto? Chomsky partía de la observación de que el lenguaje es infinito —no hay límite en el número de oraciones que podemos producir y comprender—. Sin embargo, los elementos que configuran el input que recibe el niño que aprende la lengua sí son finitos. La cuestión es describir cómo el niño es capaz de comprender y producir un número infinito de expresiones lingüísticas utilizando un número finito de elementos.

En opinión de Chomsky, la razón por la que los niños dominan tan fácilmente las operaciones complejas del lenguaje es que tienen un conocimiento innato de ciertos principios que los guían en el desarrollo de la gramática de su lenguaje. En otras palabras, la teoría de Chomsky es que el aprendizaje de lenguas se ve facilitado por una predisposición que nuestros cerebros tienen para ciertas estructuras del lenguaje.

La idea no es del todo nueva. Un grupo de académicos de la Edad Media, los Modistae, y más tarde, durante el Renacimiento, los de la escuela francesa Port Royal, creían que todas las lenguas se basaban en una gramática universal que reflejaba la estructura de la mente de Dios. Chomsky, que de muy joven había leído los textos de estas dos escuelas, desarrolló su oposición al conductismo en esa línea. Él mismo traza la filiación de sus ideas al siglo XVII e identifica su punto de vista con el de los grandes filósofos racionalistas —sobre todo Descartes—, y lo contrasta con el de los pensadores británicos de la corriente del empirismo que mantenían que la mente es una tabula rasa y que todo el conocimiento deriva de la experiencia. Para Chomsky, la mente es un sistema bello, cuya construcción es visible en el lenguaje. El que resuelve el enigma del lenguaje se lleva el premio gordo: el conocimiento sobre la estructura del pensamiento.

Así formuló Chomsky la idea de que la capacidad de controlar las estructuras gramaticales es innata y está genéticamente determinada. La gramática es generativa en el sentido de que se genera, se crea. La pregunta que se debe hacer el lingüista es: ¿cómo hacer una descripción finita de algo que tiende a infinito? Es posible hacerlo si se piensa en la gramática como si fuera un dispositivo que junta frases y trozos de oraciones siguiendo unas reglas precisas, de manera que se generan oraciones correctas. Si hay unas reglas que se pueden aplicar a su mismo resultado, es decir, recursivas, entonces es posible que las gramáticas finitas generen lenguajes infinitos.

¿Pero qué idioma? Para que la teoría de Chomsky sea cierta, todos los idiomas del mundo deben compartir ciertas propiedades estructurales. Y, de hecho, Chomsky y otros lingüistas generativos como él han demostrado que los aproximadamente seis mil idiomas del mundo, a pesar de tener gramáticas muy diferentes, comparten un conjunto de reglas y principios. Creen que esta gramática universal es innata y se produce en algún lugar de los circuitos neuronales del cerebro humano. Y esa sería la razón por la cual los niños pueden seleccionar, de todas las oraciones que les vienen a la mente, solo aquellas que se ajustan a una estructura codificada en los circuitos del cerebro.

La gramática universal, por tanto, consiste en un conjunto de restricciones inconscientes que nos permiten decidir si una oración es correcta. Un par de dados ofrece una metáfora útil para explicar lo que Chomsky quiere decir cuando se refiere a la gramática universal como conjunto de restricciones. Antes de lanzar los dados, sabemos que el resultado será un número del 2 al 12, pero nadie apostaría a que sea el 1111. Del mismo modo, un bebé recién nacido tiene el potencial de hablar varios idiomas, dependiendo del país en el que nazca, pero no solo los hablará de la manera que quiera: adoptará ciertas estructuras innatas preferidas. No son cosas que los bebés y los niños aprenden, sino cosas que les suceden. Imaginemos a hablantes nativos de inglés, español, urdu y ewe, todos los cuales tienen un excelente dominio de sus respectivas lenguas maternas. Sus redes de símbolos ¿serán similares? Lo cierto es que una gran parte de la red de símbolos de todo ser humano es universal.

La investigación posterior pronto apoyó la teoría de la gramática universal. Por ejemplo, los investigadores descubrieron que los bebés de solo unos días de edad podían distinguir los fonemas de cualquier idioma y parecían tener un mecanismo innato para procesar los sonidos de la voz humana. Por lo tanto, desde el nacimiento, los niños parecen tener ciertas habilidades lingüísticas que los predisponen no solo a adquirir un lenguaje complejo, sino incluso a crear uno modificado a partir de un estímulo incompleto si se da el caso.

Un ejemplo de tal situación se remonta a la época de la esclavitud. Sabemos que, en muchas plantaciones, los esclavos provenían de lugares diferentes y tenían lenguas maternas distintas. Por lo tanto, a partir de un input lingüístico incompleto consiguieron desarrollar, para comunicarse entre ellos, lo que se conoce como lenguas criollas.

Pero hay muchos más ejemplos, que podemos resumir en una serie (incompleta, construida para este artículo) de argumentos que apoyan la existencia de la gramática universal.

-Los universales del lenguaje: todas las lenguas comparten ciertas propiedades: los principios.

-Convergencia: los niños están expuestos a diferentes tipos de input y aun así convergen en la misma gramática.

-Pobreza de estímulo: los niños adquieren conocimientos para los que no hay evidencia en el input.

-Ausencia de evidencia negativa: los niños saben qué estructuras no son correctas a pesar de que no están expuestos a evidencia negativa.

-Facilidad y rapidez en la adquisición del lenguaje infantil: los niños aprenden el lenguaje rápido y sin esfuerzo, con una exposición mínima.

-Uniformidad: todos los niños pasan por las mismas etapas en el mismo orden cuando adquieren el lenguaje.

-Efectos madurativos: la adquisición del lenguaje es muy sensible a factores de maduración y relativamente insensible a factores medioambientales.

-Disociaciones entre lenguaje y cognición: algunas personas tienen un lenguaje (relativamente) normal, pero una cognición deteriorada, mientras que otros tienen problemas cognitivos y un lenguaje (relativamente) normal.

No era tan difícil de entender. Definir qué componentes tiene exactamente la gramática universal es algo más complicado. La gramática universal comprende el sistema de categorías, mecanismos y restricciones compartidos por todos los lenguajes humanos y considerados innatos. En general, incluye «principios», es decir, declaraciones generales que especifican las restricciones sobre las gramáticas de las lenguas, y «parámetros», que especifican las opciones para la variación gramatical entre ellas.

En la década de 1990, afinando un poco más, la investigación de Chomsky se centró en lo que llamó Programa Minimista, que trata de demostrar que la facultad del lenguaje de nuestro cerebro es la facultad mínima que puede esperarse, dadas ciertas condiciones externas que se nos imponen de forma independiente. Siguiendo los avances en neurociencia, Chomsky comenzó a poner menos énfasis en la idea de una gramática universal formada en el cerebro humano, y más énfasis en una gran cantidad de circuitos cerebrales plásticos. Y junto con esta plasticidad vendría un número infinito de conceptos. Luego, el cerebro procedería a asociar sonidos y conceptos, y las reglas de gramática que observamos serían, de hecho, solo las consecuencias o efectos secundarios de la forma en que funciona el lenguaje. De manera análoga, podemos, por ejemplo, usar reglas para describir la forma en que opera un músculo, pero estas reglas no hacen más que explicar lo que sucede en el músculo; no explican los mecanismos que utiliza el cerebro para generar estas reglas.

Por esto, entre otras razones, los componentes de la gramática universal se reformulan con los años. Algunos lingüistas ven la gramática universal como una estructura muy elaborada, que consiste en una gran cantidad de principios y parámetros. En el otro extremo, tenemos la tesis minimista, según la cual la gramática universal comprende solo la operación de construcción de estructuras. Pero la mayoría de los lingüistas afines a la tradición chomskiana se quedan con el modelo de gramática universal que mejor sirve a sus propósitos, porque todos los modelos son válidos; si uno quiere estudiar la adquisición del lenguaje, posiblemente escoja el Programa Minimista, pero si lo que quiere es viajar a, por ejemplo, África, y describir una o dos lenguas que todavía no han sido estudiadas, lo más adecuado es que escoja la teoría de los principios y parámetros y tendrá el modelo perfecto para articular formalmente su investigación.

En Verbum, la ya mencionada litografía de Escher, hay una elaboración de oposiciones dentro de unidades ubicadas en diversos niveles. El ciclo metamórfico transita de noche y de día por tierra, aire y agua dentro de un hexágono. Mirando circularmente, vemos un tránsito gradual: de pájaros negros a pájaros blancos, de ranas negras a ranas blancas, y volvemos al comienzo: pájaros negros. Según nos desplazamos hacia el centro, las distinciones se hacen paulatinamente difusas hasta que por fin permanece una única esencia que sugiere la palabra Verbum.


Algoritmos para el suicidio

Nicole Kidman como Virginia Woolf en The Hours, 2002. Fotografía: Cordon Press.

Aunque el suicidio tiene una gran repercusión en nuestra sociedad (la OMS informa de que se registran 800 000 al año, uno cada cuarenta segundos), ha permanecido en una especie de refugio informativo durante mucho tiempo. El Libro de estilo de El País indicaba en 2003 que «los suicidios deberán publicarse solamente cuando se trate de personas de relevancia o supongan un hecho social de interés general». Aunque no cabe duda de que se trata de un tipo de información extremadamente delicada e íntima, el efecto contagio o «efecto Werther» (por la obra de Goethe) que se esgrimía para no hablar de ello parece no ser tal. En Japón, uno de los países con índices de suicidio elevados, hablar abiertamente del tema ha contribuido, al contrario de lo que se pensaba, a que desciendan los casos. A este tratamiento de la información lo han bautizado con el nombre de «efecto Papageno» (por el libreto de Schikaneder para la ópera alemana La flauta mágica, de Mozart). Lo que se persigue es que los potenciales suicidas encuentren vías alternativas a sus planes.

Pedro Antunes, editor en jefe de la división brasileña de la revista Rolling Stone, se dio cuenta de que en su país estaba aumentando el número de personas que se suicidaban, pero no había labores de detección sistemática con las que interrumpir el proceso que desencadenan los distintos estados anímicos que atraviesa todo suicida en potencia: «Quitarse la vida es un tabú y nosotros en la revista quisimos sacarlo de ahí». Es un gesto valiente. Muchos medios habían optado hasta ahora por la vía fácil: para no caer en un tratamiento de la información morboso, consideraban que lo mejor era evitar hablar del tema. Si bien la sensibilidad ayuda ante un problema social que es el resultado de una concatenación de factores, el silencio no solo no sirve, sino que acaba por volverse cómplice, como demuestra el caso de Guyana. La situación está cambiando y entre las muchas pruebas que lo demuestran no solo está su mayor presencia en la información que ofrecen los medios de comunicación, sino también en los ambiciosos proyectos de especialistas en lingüística computacional.

En la era de la inteligencia artificial, distintas corporaciones y grupos de investigación intentan reducir una de las causas de muerte más importantes en el mundo mediante algoritmos diseñados para detectar indicios y activar mecanismos de prevención. Desde los intentos del equipo de Rolling Stone en Brasil hasta Facebook en Estados Unidos, los protocolos para analizar los testimonios en las redes de posibles víctimas han ido adquiriendo características más sofisticadas sin que los usuarios hayamos sido ni siquiera conscientes de ello. De hecho, tanto la revista como la red social cuentan con sus propios algoritmos para rastrear el lenguaje de sus lectores en busca de pistas. Las herramientas que emplea la inteligencia artificial parecen presentarse ahora como una solución eficaz: pueden analizar millones de datos de un número incontable de usuarios, establecer patrones a partir de ellos y mantener la subjetividad relativamente al margen en un proceso inicial de cribado. Esto abre, sin embargo, numerosos interrogantes, que van desde la utilidad real de estos sistemas hasta la invasión de la privacidad que supone que una corporación esté escaneando las interacciones de todos sus usuarios.

Gramática depresiva

¿Cómo mide una máquina el estado de ánimo más allá de cierto empleo de un léxico negativo que podría quedarse en estados puntuales de tristeza? Son varias las empresas que han desarrollado algoritmos con los que rastrear textos en redes sociales como Twitter o Facebook. En este tipo de foros la gente se expresa con mayor libertad, amparada por el relativo anonimato que ofrecen. El suicidio, en efecto, no está clasificado como enfermedad mental, pero los profesionales que lo estudian coinciden en que, en la mayor parte de los casos, guarda una estrecha relación con algún trastorno, diagnosticado o no, o con una combinación de varios. 

En 2004, tres especialistas del McGill Group for Suicide Studies, un grupo del centro de investigación del área de psiquiatría del Hospital Douglas, que forma parte de la universidad canadiense McGill, en Montreal, analizaron 3275 casos de suicidio. Arsenault-Lapierre, Kim y Turecki hallaron que el 87,3 por ciento de los suicidas ya había sido diagnosticado de una enfermedad mental. El estudio buscaba identificar patrones geográficos y de género para detectar indicios que les ayudaran a analizar las distintas variables que intervienen en la planificación de un suicidio. Encontraron, por ejemplo, que el trastorno bipolar era «especialmente preocupante» entre hombres, que mostraban un «riesgo absoluto de suicidio» con un 7,8 por ciento más alto que en el resto de las enfermedades; los pacientes con bipolaridad tenían de veinte a treinta veces más riesgo de suicidio que el resto de la población. Concluyeron, además, que los hombres habían sufrido en menor proporción desórdenes afectivos en comparación con las mujeres, en quienes, sin embargo, la esquizofrenia adelantaba ligeramente al trastorno bipolar. Todo ello conlleva diferencias considerables entre pacientes según su género y, por tanto, implican distintas soluciones, pero, sobre todo, arrojan la necesidad de considerar un amplio abanico de indicios a la hora de identificar casos de manera individualizada.

En Brasil, Bzsys, la empresa contratada por Rolling Stone para su proyecto, determinó que las personas que sufren de depresión emplean de manera recurrente un número de palabras y frases que desvelan su estado y se convierten en una especie de petición de auxilio. A esta morfosintaxis la bautizó en su campaña con el nombre de «gramática de la depresión». 

Tres modelos: Virginia Woolf como caso de estudio 

En 2018 comenzaron a publicarse algunos de los análisis más significativos mediante herramientas informatizadas a partir de los textos de la autora inglesa Virginia Woolf (1882-1941), que se suicidó en el río Ouse con los bolsillos cargados de piedras antes de cumplir los sesenta años. Woolf vivió con una salud mental precaria desde su temprana adolescencia hasta el fin de sus días. Como dejan ver sus escritos, desde sus obras literarias hasta las anotaciones y entradas en sus diarios, la escritora alternaba periodos de esperanza con fases de profunda angustia y ansiedad. 

Aunque en los últimos años ha habido varios intentos de categorizar los textos de Woolf mediante análisis semánticos con los que determinar ciertos patrones que confirmaran las tendencias suicidas de la escritora, la introducción de algoritmos clasificadores textuales del comportamiento suicida ha supuesto un avance considerable. Un grupo de investigadores liderados por De Ávila Berni, Rabelo-da-Ponte, Librenza-Garcia, V. Boeira y Kauer-Sant’Anna analizó la producción literaria personal de Woolf dividiendo textos de la autora en dos grupos. El equipo publicó en la prestigiosa revista académica PLOS ONE los resultados de un algoritmo de clasificación textual mediante el que se compararon 46 entradas en los diarios que Woolf escribió dos meses antes de su muerte con 54 fragmentos de otras obras seleccionados aleatoriamente y de distintos momentos de su vida. Usaron para ello un clasificador bayesiano ingenuo; a este modelo supervisado de aprendizaje automático se le llama así porque se basa fundamentalmente en el teorema de Bayes y se asume que hay independencia entre las variables predictoras. Aunque a simple vista el nombre engañe y pudiera parecer un método poco fiable, los resultados tienden a ser buenos. En el estudio sobre los escritos de Woolf, el algoritmo fue preciso a la hora de clasificar qué textos de entre las cien muestras se habían escrito dos meses antes del suicidio de la escritora.

Siguiendo una premisa similar y con pocos meses de diferencia, Androutsopoulou, Rozou y Vakondiou publicaron su estudio «Voices of Hope and Despair: A Narrative-Dialogical Inquiry into the Diaries, Letters, and Suicide Notes of Virginia Woolf». En este caso, la investigación se centró en esclarecer la polifonía de voces en las entradas de los diarios durante los dos meses previos al suicidio de la autora de Una habitación propia. Como el grupo de investigadores anterior, dividieron los textos en dos grupos de voces, los de la esperanza (hope) y los de la desesperación (despair). Con la investigación, pusieron de manifiesto que algunos pacientes luchan entre dos voces a lo largo de todo el proceso de su enfermedad. La carta de suicidio que Woolf le dejó a su marido apuntaba ya en esa dirección:

Querido:

Tengo la certeza de que voy a enloquecer de nuevo. Siento que no podemos pasar otra vez por esos tiempos horribles. Y esta vez no me recuperaré. Comienzo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que voy a hacer lo que parece ser lo mejor.

El examen que muestra este artículo no es solo útil para mejorar las tasas de prevención, sino para los tratamientos de aquellos que sobreviven al suicidio. Los datos que arrojan las estadísticas son, de nuevo, duros y crueles: se han contabilizado veinte supervivientes por cada acto que llega a su fin.

«Identifying Suicide Notes Using Forensic Linguistics and Machine Learning» ahonda en los dos factores principales de los experimentos anteriores. Lee y Joh repitieron el experimento de mezclar textos de Woolf de distintos momentos de su vida, a los que aplicaron un método de minería de datos denominada «máquina de soporte vectorial» o Support Vector Machine (SVM). Se trata de un conjunto de algoritmos que representa un conjunto de puntos en el espacio y los divide en dos categorías para predecir si un nuevo punto debe colocarse en una u otra. Los investigadores utilizaron textos literarios de Woolf (entre ellos, La habitación de Jacob) y sus notas de suicidio a su hermana, Vanessa Bell, y a su marido, Leonard Woolf.

Un poco de historia

En realidad, el análisis de los testimonios escritos como las cartas de suicidio cuenta ya con un recorrido considerable en el campo de la lingüística, pues forman parte del corpus de documentos que pueden requerirse como pruebas ante un juez y para los que es necesario contar con una opinión experta, complementaria a los informes periciales médicos o incluso caligráficos. Antes del empleo ordinario de algoritmos con los que manejar grandes cantidades de datos, la disciplina de la lingüística forense ya se ocupaba de detectar patrones textuales que pudieran resolver una amplia gama de casos: desde la falsificación documental hasta la detección de la autoría. En 1968, el caso de Timothy John Evans, ejecutado tras ser declarado culpable de los homicidios de su esposa e hija, que no cometió, llevó al lingüista sueco Jan Svartvik a demostrar que los cuatro fragmentos textuales examinados contenían discrepancias considerables y no procedían de un mismo autor. 

Una década antes, en 1957, Edwin Shneidman también utilizó la lingüística para desenterrar algunas verdades: recopiló 66 notas de suicidio; 33 eran auténticas, 33 falsas. Esta fusión de los procedimientos legales y lingüísticos ha ido conformando el avance de una disciplina que ha ayudado a dilucidar importantes casos. En su tesis de 2011, Shapero analizó 286 notas circunscritas al área de Birmingham (Inglaterra). Al ser un género de textos al que Swales bautizó en 2007 como «ocluido», es decir, fuera del alcance de la mayoría de la población, tenían características propias. En 2012, Chaski categorizó varios tipos de enunciados, que iban desde el perdón y el amor hasta la rabia, la queja y el shock, para el manual que Oxford publicó sobre lingüística forense. Con el avance de la tecnología, el ámbito jurilingüístico no hará sino crecer, pues al tiempo que puede ampliar el campo de sus investigaciones con herramientas cada vez más desarrolladas, esas mismas herramientas irán planteando mayores retos al propio objeto de estudio.

Tres iniciativas: las redes sociales como nueva base de datos

En Brasil, la empresa Bzsys bautizó su programa con el nombre de «Algoritmo de la vida» para la campaña de Rolling Stone, que en su vídeo promocional se proclama como «mucho más que una revista icónica» y promete prestar «oídos digitales a aquellos que estén pidiendo ayuda a gritos». Para el corpus lingüístico que utilizaron (el conjunto de textos que integra una base de datos con la que comparar las intervenciones públicas de usuarios en Twitter), recurrieron a diarios de suicidas; entre los más conocidos, los de la escritora británica Virginia Woolf, pero también los del líder de Nirvana, Kurt Cobain. Ahora esperan que, desde el momento en que se detectan signos de depresión en la red, se pueda derivar a las personas detectadas por mensaje privado a recibir tratamiento psicosocial.

«Code of Hope», o código de esperanza, es el algoritmo que se ha desarrollado Publicis España y la agencia digital WYSIWYG en alianza con el Teléfono de la Esperanza. Para identificar pruebas de depresión severa, se han añadido otras variables propuestas por el psicólogo Robert Plutchik, que recurrió a los perfiles de personas que se suicidaron para clasificar sus interacciones en 32 estados de ánimo relativos a la tristeza. Para su análisis, se rastrearon un millón de casos y se seleccionaron trescientos, marcados como «de alto riesgo». Ahora, una vez detectado un caso, hay que pasar a la acción. El programa informático o bot del Teléfono de la Esperanza en Twitter sigue al perfil detectado y lo pone en contacto con un chat virtual. Este nuevo procedimiento de Twitter, el DMCard o Card de Mensaje Directo, es el que permite que los voluntarios de la institución realicen el acompañamiento de la persona que el programa ha identificado. 

Facebook tiene, como cabría esperar, sus propios algoritmos para escanear el material que publican sus usuarios. Solo en caso de que se detecte alguna irregularidad salta la alarma y, entonces, según el New York Times, un equipo de la empresa se pone en contacto con agencias de seguridad local. En un comunicado de Facebook, Mark Zuckerberg ha declarado que están trabajando con organizaciones como la Red Nacional de Prevención del Suicidio, Safe.org y Forefront para avanzar en el proyecto. Desde el 25 de mayo de 2018, cuando entró en vigor el Reglamento General de Protección de Datos (o GDPR, por sus siglas en inglés, General Data Protection Regulation), Facebook no puede operar este servicio en la Unión Europea.

Si el uso de la inteligencia artificial con fines sociales comienza por la identificación de lo que podrían considerarse patrones lingüísticos esenciales para anticipar una predisposición al suicidio en un nivel grave, es importante que se tengan en cuenta ciertas variables que parecen olvidarse, en ocasiones, cuando se programan tareas complejas para una máquina. En primer lugar, no sobra aquí recordar que los sesgos humanos acaban por traspasarse con frecuencia a la estadística que programamos. Últimamente aparecen titulares sobre lo machistas que son las máquinas cuando, en realidad, son los datos, que emanan de las personas que las utilizan y las alimentan, los que revelan las desigualdades de nuestra sociedad. También conviene incluir en los equipos de especialistas a más expertos en lingüística que puedan considerar algunos matices semánticos y pragmáticos del lenguaje, nunca exento de ciertas inclinaciones inconscientes y polarizaciones involuntarias en quienes trabajan con la configuración de los programas. 

Aunque el aprendizaje automático ha avanzado a pasos de gigante, el reconocimiento apropiado de palabras como «desaparecer», «nunca», «morir» o «adiós» es muy complejo debido a las variedades contextuales del lenguaje humano. Aquí no se trata de aplicar un filtrado de fuerte carga léxica, como el que se utiliza, por ejemplo, para descartar el correo no deseado de nuestros mensajes mediante términos bastante inequívocos. Tampoco parece probable que suceda lo que habían programado para Siri: cuando el asistente oía (en inglés) la frase «quiero suicidarme», respondía: «Parece que hablar con alguien podría ayudarte. La línea de la National Suicide Prevention te ofrece apoyo confidencial personalizado veinticuatro horas al día» y facilitaba incluso la opción de marcar el número. Para que la máquina «aprenda» patrones de identificación consistentes y de mayor fiabilidad necesita un entrenamiento basado en un tejido lingüístico más allá de la superficie de las palabras o de simples frases. Dado que una gran parte de los sistemas que se están perfeccionando en la actualidad dependen de bases de datos, conviene obrar con cautela para no construirlas con sesgos que serán muy difíciles de borrar en un futuro próximo.