Futuro Imperfecto #40: Las mejoras se hacen esperar

Foto: Cordon Press.

Cómo no vamos a denostar a veces la política, representada por hombres y mujeres de ideales volátiles y cambiantes. Nuestro error es denostar también la justicia, olvidando que está respaldada por leyes que no varían y personas sujetas a métodos rígidos de aplicación. Es lenta y exasperante, se hace esperar y a veces parece que no va a llegar nunca. Pero cuando finalmente el filo de su espada cae lo hace con tanta fuerza como proporcionalidad. 

La justicia ha obligado a los Franco a devolver el pazo de Meirás, ochenta y dos años después, sin que, como ha dicho la jueza, haya mucho que explicar sobre ello. También parece que es tiempo de que sepamos cómo se organizó el PP de M. Rajoy, manejando funcionarios desde el poder, concretamente a un comisario y a un secretario de Estado. Para ver a sus responsables en el banquillo habrá que esperar un poco más, quién sabe, a lo mejor menos que para lo de Franco, y seguir una guía del quién es quién en el caso Kitchen. Hasta Rodolfo Martín-Villa puede acabar ante el tribunal, desterrando de una vez la idea de que la transición fue limpia y modélica en todo. A este paso hasta llegaremos a ver a Juan Carlos I explicando cómo forjó su fortuna. No pedimos tanto, ni siquiera la fiscalía concluya que muchas de las señales de tráfico son machistas. Pero bien si lo hace, estamos en una sociedad nueva y muchos siguen comportándose como si viviéramos cien años atrás. 

La vacuna, para cuándo

Debe ser la primera vez que una investigación de laboratorio es más emocionante que la primera entrega de True Detective. No importa cuánto intenten explicarnos los científicos que esto no va así, la política se juega mucho con sus promesas de que pronto nos vacunaremos, en diciembre dice el gobierno español, en noviembre asegura Donald Trump. Vayamos un momento a la fuente del estudio de Astra-Zeneca, la vacuna de Oxford, la que nos llegaría a nosotros. En este enlace pone que la fase III estima que su estudio se habrá completado en octubre de 2022. Es lo mismo que ha dicho la OMS. Y es el único modo en que tendremos un medicamento seguro, libre de consecuencias tan terribles como la talidomida, origen de estos estrictos protocolos en la creación de un medicamento. Lo demás es ficción, rusa y también china. Hay que vivir con el COVID-19, y conseguir una vacuna es como conseguir justicia, se tarda y hay que hacerlo bien.

Es el urbanismo, idiota

La última teoría de moda, en España vivimos demasiado apiñados, por eso nos contagiamos más de coronavirus. Siguiendo esta lógica los barrios de favelas brasileños tendrían que estar peor que nosotros, pero sin embargo van mejor. Puede ser porque tengan mucha población joven y poca anciana, o porque han autorganizado planes de ayuda que están funcionando de maravilla. Y si nos ponemos quisquillosos habría que saber por qué en Londres se están contagiando menos que en el resto de Reino Unido y de Europa. Sus expertos apuntan a que el porcentaje de contagiados en la primera ola fue muy alto, o que aún no han sido golpeados con fuerza por la segunda. Para cuando tengamos una respuesta que sirva de algo la epidemia habrá terminado.

El cambio climático seguía ahí

Para quien quiera verlo el planeta sigue indicándonos por dónde llevará el clima en las próximas décadas. Las espectaculares imágenes del cielo californiano con un rojo Blade Runner que hemos visto esta semana responden a cuarenta y seis focos activos, de diferente intensidad, repartidos desde el sur, en Los Ángeles, hasta el norte del estado. California repite este escenario cada año, y aunque en 2020 haya vuelto a sufrir el peor de su historia —el mismo titular se empleó en 2018— su enorme problema son las sequías recurrentes que se agravan cada año. Bueno, eso y que la gente se ha vuelto muy tonta, pues a los accidentes por maquinaria que arrojan chispas se han sumado, como origen, las fiestas gender reveal, celebraciones para desvelar el sexo del bebé, con fuegos artificiales. Hagamos el idiota mientras el mundo se desmorona.

También el río Rin está secándose. La arteria económica de Alemania, que ya provocó una recesión local con la sequía de 2018. Su curso proporciona una vía de transporte barata e insustituible para las materias primas de la gran fábrica de Europa, sobre todo el carbón, el hierro y el gas natural. El origen del problema es doble, nieva menos en las montañas, y al producirse menos riadas se acumulan sedimentos en su curso, lo que ralentiza la velocidad de los barcos que lo surcan, ahora atentos a la detección de bancos de arena. Este reportaje de Bloomberg habla de los planes de ingeniería que el país germano prepara ya para paliar los efectos del cambio climático en su arteria fluvial. 

Las siguientes en caer, las bolsas

Desde que el coronavirus comenzó a dejar sentir sus efectos los índices bursátiles han vivido en el paraíso, sin dejar de subir. Como si las bolsas se hubieran desligado definitivamente de la economía real. Su ascenso ha sido especialmente acusado en Estados Unidos, donde en julio un tercio de los hogares no pudieron pagar la hipoteca o el alquiler, y donde acaba de aprobarse una ley para retrasar los desahucios hasta 2021. A mediados de agosto se avisaba que el índice Buffet —creado a raíz de este artículo de Warren Buffet— estaba en el 100 % del PIB de Estados Unidos. Es decir, que había una burbuja. 

La única señal desde entonces era que el millonario inversor ha empezado a hacer una estrategia de inversión a largo plazo, lo que se interpreta como que está protegiéndose frente a una súbita caída. Esta semana además ha habido avisos directos desde el parqué, las seis mayores tecnológicas perdieron unos 850 000 millones de euros en tres días. Este análisis de El Blog Salmón con numerosos enlaces de referencia avisa de que ya viene el desplome.

Un Brexit sin fin, negociado por hooligans

El Brexit vuelve a demostrar que vivimos un tiempo donde ya no importa qué digan los políticos. El ministro británico para Irlanda del Norte ha afirmado en el parlamento que van a violar el derecho internacional, pero solo un poquito. Lo hará al ignorar el acuerdo alcanzado con la UE para el Brexit, según el cual británicos y europeos iban a colaborar en el control de la frontera con Irlanda del Norte. Aunque no se esté hablando demasiado de ello, la violencia callejera en el Ulster está rebasando desde este verano la capacidad de la policía para atajarla, y se cree que el establecimiento de una frontera física —consecuencia del Brexit duro— agravaría el problema.

Hay además otra consecuencia directa del Brexit duro para quienes viven en Reino Unido, donde muchos de sus ciudadanos no disponen de más de sesenta y ocho euros al mes para comida. Con ese presupuesto pierden acceso a los alimentos frescos, quedando limitados a adquirir ultraprocesados, mucho más baratos. Ni que decir tiene que los problemas de salud y obesidad se están disparando en Reino Unido tanto como en Estados Unidos y que lo harán aún más, porque sin acuerdo con la UE entrará menos comida fresca a la isla

Así que además de decir lo que les venga en gana, los políticos tampoco tienen que preocuparse de garantizar el bienestar de sus ciudadanos. Quizá porque ya no les votan por eso. Lo más exasperante de todo esto es que desde el otro lado del Atlántico la presidenta del Congreso de Estados Unidos ha advertido a los viejos hooligans que si rompen el acuerdo con la UE ellos tampoco establecerán acuerdo comercial alguno con Reino Unido. Digo exasperante porque ahora darán marcha atrás, y vuelta a empezar.

Mulan, la cultura convertida en polémica  y dinero

Mulan es varias cosas a la vez, un experimento de Disney para entrar en China, un modo nuevo de explotar las plataformas de streaming, y una nueva polémica cultural sobre lo que está permitido o no en una obra artística. 

Para satisfacer a los chinos el argumento responde a la intención de la balada original, obediencia a los deberes familiares y para con el Estado, y sometimiento al papel femenino una vez que la protagonista cumple luchando como soldado. Añadiendo esa interpretación de igualdad entre géneros con que la popularizó Mao Tse-Tung en tiempos de implantación del comunismo. Para entenderlo todo con perspectiva cultural china, este artículo de la actriz hongkonesa Grace Wong, con algún spoiler

Muchos activistas de la lucha contra los abusos chinos han llamado al boicot contra la película, y Estados Unidos acaba de vetar la importación de ciertos productos de la región de Xinjiang por sus abusos contra los derechos humanos de las etnias uigur y kazaka. Habitualmente internados a la fuerza en campos de reeducación y obligados al trabajo esclavo. Es la misma región en la que se han hecho las localizaciones de Mulan, y a cuyas autoridades agradece Disney la ayuda para rodarla en los títulos de crédito. 

Aún no sabemos si todo esto afectará a su recaudación. Si el modelo occidental triunfa, pronto las plataformas de streaming dejarán de ser tan baratas como ahora. Y si abren el mercado chino las grandes producciones tendrán que ser poco críticas con el régimen de Pekín. Así que ya lo ven. Además de las cosas buenas, las malas también se hacen esperar.


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Lucía Méndez: «Soy una observadora de las patologías del poder»

Esta entrevista está también disponible en papel en nuestra revista trimestral de marzo Jot Down nº 30 «Sine qua non».

Lucía Méndez (Palacios de Sanabria, Zamora, 1960) creció en una pequeña aldea zamorana y dice que nunca tuvo otra vocación que no fuera la del periodismo, un sueño que persiguió con tesón. Estudió en la Universidad Complutense de Madrid y tuvo a Pedro J. Ramírez como jefe y maestro, y con él se fue de Diario 16 para poner en marcha el diario El Mundo. Tres décadas después —con solo un breve periodo en las entrañas del Gobierno— sigue a bordo del mismo barco, remando contra viento y marea, convertida en referente de la crónica política y la profesión periodística. Durante algo más de dos horas, Lucía Méndez habla largo y tendido sobre su carrera, presume de independencia y no pierde la sonrisa ni rehúye ningún tema. Confiesa la periodista que, a estas alturas, si en algo es experta es «en las patologías del poder».

Naciste en una aldea de Zamora y siempre dices que eres periodista gracias al esfuerzo de tus padres. Quiero que recordemos eso, porque durante mucho tiempo ha habido una generación de gente que se avergonzaba de venir de los pueblos.

Creo que todos nos avergonzábamos de venir de los pueblos. Hay una evolución vital en las personas que, como yo, nacimos en, como dice el director de Lo que arde, la Edad Media, y hemos atravesado muchos siglos en solo treinta o cuarenta años. Hay un punto de vergüenza, efectivamente. Vergüenza de la ignorancia, de la miseria. Cuando uno llega a la adolescencia o a la juventud y eres la única persona de tu familia que ha llegado a la universidad, los libros te han redimido de eso que tú considerabas una vida de miseria y te avergüenzas de tus orígenes. Llegas a decir: «Yo no soy de aquí, soy una persona culta, con carrera, con trabajo, me he leído muchos libros», y en el pueblo donde yo nací, había una especie de antropología bárbara, como se refleja en las películas de las tragedias de los pueblos. Si habéis visto Lo que arde, es un poco el pueblo donde yo nací. Una aldea de Sanabria, de la montaña, que tiene más que ver con Galicia que con donde administrativamente está enclavada, que es Zamora, es decir, Castilla. Pero luego, cuando el tiempo pasa… Eso lo han escrito en bastantes libros con esto de la España vacía, que ahora es una gran inspiración para la creación literaria y cinematográfica.

La España vacía también la describió Delibes.

Claro, lo que pasa es que Delibes vivía allí, y los que escriben de esto no viven allí, normalmente. Cuando me dieron el Premio Josefina Carabias, que seguramente es lo más cerca de un Óscar que voy a estar en mi vida, en mi discurso de agradecimiento en el Congreso empecé hablando de El camino de Delibes, de Daniel el Mochuelo, cuando en ese comienzo de la novela él se va a dormir sabiendo que a la mañana siguiente va a coger el autobús y se va a ir a Valladolid a estudiar interno. Con diez años viene a recordar cómo de plácida era su vida en el pueblo, y en realidad se viene a preguntar por qué se va de allí, si allí está contento subiéndose a los árboles, con las ranas, los animales, el campo y los amigos. Y su madre y su padre le dicen exactamente lo mismo que a mí me decían los míos: «Tú a estudiar, que para ser alguien hay que estudiar», como si ellos no fueran nadie. Viene a darte una idea de qué mentalidad de abandono había en aquellos sitios. Cuando la gente habla de lo bonita que es la naturaleza, ahora que hay un regreso a ella y la cosa esta pastoral y bucólica, yo siempre digo que está muy bien, pero tendrían que haber estado conmigo cuando yo nací y crecí en aquella naturaleza, la naturaleza totalmente salvaje, la naturaleza sin más. No es lo mismo un paisaje visto por alguien que ha vivido toda la vida en una ciudad y que va allí el fin de semana a descansar que un paisaje visto por una persona que ha nacido en ese ecosistema y se ha criado allí. No obstante, cuando avanza el tiempo y te haces mayor, descubres que sí eres de allí, que las fantasías que tenías de adolescente en las que renunciabas a todo lo que habías sido eran un error. El pueblo está allí y sigues siendo de allí, aunque hayas atravesado treinta años, vivas en otro ambiente y tu forma de vida haya cambiado absolutamente. Cuando voy al pueblo, donde tengo una casa, y me entero de que, por ejemplo, en un pueblo de al lado ya no hay nadie, me da que pensar. Eres de un sitio que ya no existe. Literalmente. Cuando naciste existió, pero ahora ya no existe como tal, como lugar de vida. Y es un poco desasosegante.

¿En qué momento deja una de avergonzarse?

Creo que cuando tienes hijos. En ese momento que pasas a ser madre entiendes mejor a tu madre, y comprendes y te identificas y te vuelves a reunir con ella como cuando naciste. No es cosa de un día, pero lo que recuerdo vitalmente es que cuando tuve hijos de pronto me convertí en una madre más. Y entendí por qué mi madre me decía esas cosas, por qué me mandó fuera, por qué insistió en que no quería esa vida para mí…, y por tanto, tus padres adquieren entonces una grandeza, se hacen como una estatua. 

¿Crees que hiciste lo que tus padres no pudieron hacer?

Sin duda. Eso ha sido una de las cosas que me han marcado vital y profesionalmente. 

En una profesión de tanto ego como es el periodismo, ¿le ayudan esos orígenes a uno a tener los pies en la tierra?

Soy una convencida de que la evolución de las personas en lo profesional y lo personal depende siempre de dónde vengas, de cuál es tu educación y tu familia y de cómo te hayas socializado. Y que no es lo mismo tener que habértelo currado como yo, estudiando con beca, viniendo a Madrid con una economía de supervivencia, literalmente, haber tenido que aprobar para que te dieran la beca… Eso supone una mentalidad de esfuerzo personal que los que, por fortuna, lo han tenido más fácil no tienen. Este afán de superación no es el mismo en una familia pudiente con apellidos de periodistas, banqueros, empresarios o escritores que para alguien que tiene que ingresar en un mundo que no conoce y en el que no tiene ningún tipo de ayuda y donde dependes de ti misma. Y más siendo una mujer. Y sobre todo, que hay personas a las que llegar a determinado nivel profesional les cuesta menos que a otras. No creo que nos haga superiores o a los demás inferiores, simplemente es distinto. No tiene nada que ver.

Estudiaste en la Complutense. ¿Qué recuerdas de tu llegada a Madrid y cómo era la facultad en aquellos años?

Llegué a Madrid cuando ya se había aprobado la Constitución, en el momento en el que España estaba girándose hacia el PSOE en vísperas de la victoria electoral de 1982. La universidad ya no era ese lugar de protesta. La manifestación que recuerdo fue la del golpe de Estado, ya no era la España de la Transición. Ya había libertades. En esos años, la facultad todavía no tenía mucha edad, era una facultad relativamente nueva, por tanto, estaba consolidándose. Por supuesto, no tenían nada que ver los planes de estudio con los de ahora. Diría que casi todas las asignaturas han cambiado. Tuve que socializarme en la universidad porque vine a Madrid sin conocer a nadie. Como a Daniel el Mochuelo, me echaron ahí, igual que a los nueve años me echaron sola al colegio de Zamora. Naturalmente, tuve que buscarme un entorno social y personal en la facultad. Entonces había mucha más vida universitaria, las clases no eran solo una clase a la que ibas con un profesor, sino que la pandilla que tenías para salir era la de tu clase. En mi caso no tenía más remedio, pero creo que era así, había mucha más vida en las facultades: exposiciones, conferencias…, cosas así. La vida universitaria era más intensa. Pero ya no era la efervescencia política de la Transición.

En Jot Down le hicimos una entrevista a Soledad Gallego-Díaz, la actual directora del diario El País, y dijo que para ser periodista no hacía falta estudiar Periodismo. ¿Compartes esa afirmación?

Absolutamente. Para ser periodista no hace falta estudiar Periodismo, pero sí hace falta estudiar. Los periodistas sabemos que el periodismo es un oficio que exige unos conocimientos previos de esto que se llamaba cultura general, que ahora ya no existe. Parecía una bobada, pero ahora se nota mucho que no hay. Tienes que tener unos conocimientos de historia, economía, literatura, política internacional, relaciones internacionales… Es que no puedes ser periodista sin unos conocimientos muy potentes en materia de humanidades, porque el periodismo es una profesión de humanidades.

¿Por qué dices que ahora no existe?

A la vista está. Cualquier persona sabe que la cultura general consiste en unos ciertos conocimientos básicos, unas lecturas básicas…, lo que se llamaba Reader’s Digest. Esas nociones que antes facilitaba la enseñanza pública, los institutos e incluso la universidad, ahora mismo no se facilitan. Hay un libro de un excatedrático de literatura comparada, Jordi Llovet, un hombre muy prestigioso y erudito, que se llama Adiós a la universidad, en el que cuenta su experiencia en la universidad (la dejó porque le echaron, consideraron que la cátedra de Literatura Comparada era innecesaria), y dice que los chicos pueden hacer toda una carrera de Literatura Comparada sin leerse un libro. Esto lo dice él. Y que llegan a la facultad sin saber quién es Goethe. Y algunos, ni siquiera quién es Shakespeare. Él no echa la culpa a las personas, se la echa al sistema educativo. Lo que hace en ese libro es, partiendo de su experiencia, una enmienda a la totalidad de cómo funcionan la enseñanza secundaria y la universidad.

Hay la sensación de que ese modelo de educación pública para todos es el que instauró José María Maravall, y me estás diciendo que es anterior.

Absolutamente, igual es algo disruptivo, como dicen los cursis, pero yo hablo de mi experiencia. Es inverosímil que, de donde yo nací, ahora esté hablando contigo en este hotel de la Gran Vía de Madrid. Es un viaje que casi solo se ha podido hacer en la España de los últimos cuarenta años. Bueno, Felipe González dice que en Singapur y en esos sitios también ha habido un desarrollo. Aquí hubo una reforma educativa en 1970, todavía vivía Franco. Y un ministro franquista que se llamó Villar Palasí. Esa reforma educativa, que fue la que creó la EGB, el BUP y el COU, hizo que miles de personas como yo llegaran a la universidad. Miles de personas, porque la demografía también ayudó, porque somos del baby boom de los años sesenta, el desarrollo del país creó todo eso. Pero en ese momento, finales del franquismo, el ascensor social funcionaba mejor que ahora. Y esto te lo digo yo porque esta es mi experiencia. Y porque ahora veo que la gente que nace donde yo he nacido, o que nace en las barriadas del extrarradio de las grandes ciudades o en los barrios de las ciudades pequeñas, tiene muchas más dificultades que yo para, a través de la enseñanza pública, labrarse un futuro más próspero que el de su familia. Y eso está en todos los estudios. En todas las investigaciones se habla de la relación directa que ahora mismo tiene la familia donde has nacido con tu futuro laboral y profesional. Si este hubiera sido el caso nuestro, yo sería la hermana de Benedicto, la de Lo que arde. Seguiría en aquel pueblo con las vacas. 

¿Cuál fue tu primer trabajo de periodista?

La primera vez que pisé una redacción fue la en El Correo de Zamora, que fui en verano cuando aún estaba estudiando para hacer unas prácticas. Aprendí muchísimo, porque hice reportajes de ámbito local, residencias de ancianos, la droga en los barrios… En la prensa local se aprende mucho. 

¿Y el primer contrato como periodista?

Me lo hicieron en la radio, en Radio Zamora de la SER, después de tener allí una beca de un año entero. Era una especie de máster pero que te pagaban, tenía una dotación. Estabas un año aprendiendo radio y luego te mandaban a alguna emisora. A mí me mandaron a Radio Bilbao, que es uno de los sitios donde más he aprendido de periodismo en mi vida.

¿En qué año fue lo de Radio Bilbao?

El verano que mataron a Yoyes, verano de 1986. 

Tu primer trabajo en un periódico nacional fue en Diario 16.

Cuando la gente preguntaba cómo había llegado yo a trabajar allí, algunas personas me llamaban Cenicienta, porque llegué de una manera muy de película. Estaba en Zamora y en 1987 hubo un escándalo de corrupción, el «caso Zamora». Unos cuantos empresarios de la construcción compraron, entre comillas, a un diputado provincial del PSOE para que hiciera presidente al candidato del PP.

El tamayazo de Zamora.

El tamayazo auténtico, porque ni siquiera hubo elecciones. Llegó el día de las elecciones, iba a ganar el del PSOE, con el PSOE y el CDS para gobernar la diputación, y ese día un voto lo cambió. En Radio Zamora lo investigamos y, para mi sorpresa, la noticia, que era un notición, no salió en ningún medio nacional, en ningún periódico. Me pareció raro, así que llamé a Diario 16. A El País no llamé porque me pareció un poco… [risas] En Diario 16 contacté con la centralita, me presenté, expliqué lo que había pasado y me pusieron con el jefe de Nacional, posteriormente director adjunto de El Mundo, Jorge Fernández, la primera persona con la que hablé, y luego con Fernando Baeta, y le expliqué lo que había pasado. Y me dijo que lo escribiera y se lo mandara. Lo escribí y se lo mandé, y al día siguiente lo publicaron en primera página. Una llamada. Y al día siguiente salió en El País. Y al día siguiente de eso recibí una llamada, y me dijo: «Soy Sagrario, la secretaria de don Juan Tomás de Salas», «¿Perdón?», «Que el señor De Salas quiere verte». El señor De Salas era el presidente del Grupo 16, ni siquiera era el director del periódico. Me citó en su despacho en García Noblejas, y yo llamé al periódico, a Diario 16, hablé con Baeta y le dije que le llamaba porque me había llamado la secretaria de Juan Tomás de Salas para citarme, y me dijo que eso era rarísimo [risas]. Pensé que quizá era una broma. Pero no lo era, vine a ver a Juan Tomás de Salas, me preguntó qué hacía en Zamora con lo bien que escribía, y que él había consultado con los abogados y lo que yo había escrito era inatacable. Me dijo que me quería trabajando en Diario 16, que ya hablaría él con Pedro J. Que cuando acabara mi contrato en la radio fuera hacia allí y me harían un contrato. Fue una especie de cuento de hadas. Y, efectivamente, fui a Diario 16 a hablar con Pedro J., que ni me miró. Ni me miró y me dijo que saliera ahí. Entonces estaban Antonio Romero, Juan Carlos Laviana y Nieves Concostrina en Madrid. Que saliera ahí y me dijeran lo que tenía que hacer. Yo, acojonada, salí a la redacción, y me puse a hacer reportajes en Madrid, que es a lo que me pusieron, con un contrato de auxiliar de redacción: el cementerio, los conciertos, la droga, bares, las huelgas, política con Leguina y Barranco… Al cabo de seis meses, cuando yo ya estaba trabajando y me había hecho mis amistades en Diario 16 y me había socializado, Pedro J. me llamó a su despacho y me dijo que en su momento él no había querido contratarme porque le parecía un disparate, que qué iba a hacer él con una de Zamora con la cantidad de necesidades que tenía el periódico, que Juan Tomás estaba loco, pero que me consideraba una gran periodista y que partir de septiembre me iba a mandar al Congreso a hacer información política con contrato fijo.

Eso habla bien de Pedro J.

Es que tengo que hablar bien, a estas alturas nunca podría hablar mal de él. Es mi jefe y quien me ha enseñado todo lo que sé, le debo agradecimiento y lealtad. Sin él no estaría aquí hablando contigo ni podría haber criado a mis hijos como los he criado ni haber tenido una vida confortable como la que tengo.

¿Cómo fue el aterrizaje de la zamorana en el Congreso?

Del pueblo al colegio de monjas, después a la facultad, después Diario 16 y después el Congreso. El día del premio conté que mi primer día en el Congreso, que debió de ser en 1988 o así, todavía estaba la sala de prensa antigua y yo llegué sin conocer a nadie. ¿Qué será de mí aquí, lejos de casa? Vi un cartel en un tablón de anuncios de la sala de prensa que decía que esperaban a Anabel [Díez] en el Txoko para comer. Pensé que cuándo iba a llegar yo a que alguien me dijera que me esperaba para comer. Ese detalle fue de esos que se te quedan grabados, pero empecé y fui aprendiendo como los niños, que te caes, te levantas, te equivocas, aciertas… En aquel entonces, había pocas periodistas allí y los políticos tenían una especie de talante paternal. 

Qué graciosa, la chica, ¿no?

Era en la política y en los periódicos. De alguna manera, lo que hice en ese mundo es comportarme como un hombre, un compañero más. En el periódico y en todos sitios: decir tacos, aparentar fortaleza, no permitir que anduvieran con chistecitos o bromitas verdes…

Cuando entrevisté a la fotoperiodista Marisa Flórez, una de las más destacadas de la Transición, me dijo exactamente lo mismo.

Claro, es que es así. Es que no tenías más remedio. Primero, en un momento dado, yo era la única mujer que había en la sección de Nacional del diario. Alguna vez pudo pasar por allí otra, pero éramos minoría. En el Congreso estaban más acostumbrados, porque había una generación de mujeres periodistas de la Transición, pero eran ya muy respetadas, ya no eran mujeres que estuvieran empezando, eran gente consolidada. Y además, no te das cuenta hasta después.

Lo interiorizas.

No me he dado cuenta hasta hace dos años, cuando pasó todo esto de las mujeres, que me preguntaron y tuve que preguntarme a mí misma y analizarme en aquel momento. Recordé que, efectivamente, lo que yo hice es comportarme de manera similar a los hombres para que me respetaran, porque no encontré otra manera. Si hubiera encontrado otra manera de que me respetaran lo habría hecho, pero eran otros tiempos. Tampoco quiero ir mucho de víctima, porque no me gusta, pero esto era una realidad. Más que discriminar, la idea era que a las chicas jóvenes que llegábamos allí nos trataban como si fueran nuestros padres o nuestros tíos.

En los ochenta gobernaba el PSOE. ¿Cómo era la relación con los políticos?

Nada que ver con ahora. En aquel momento, a los políticos todavía se les respetaba por parte de los ciudadanos, los medios y los periodistas. Cuando llegué, Felipe González todavía era Dios, todavía el PSOE gobernaba con mayoría absoluta, todavía el PP no era alternativa de gobierno, y por tanto, era un Congreso completamente distinto al que hay ahora. Eso de ponerle una grabadora en la boca al presidente o al vicepresidente era como profanar el lienzo divino. Era algo que no se podía hacer porque importunabas. El Gobierno tenía un respeto reverencial por parte de la prensa y los periodistas en el Congreso. Eso de abordarlos en el pasillo…, de ninguna manera. Esto empezó un poco con el «caso Guerra», que ya le ponían el micrófono a Alfonso Guerra, pero también con cuidado, porque no era fácil. Daba un poco de miedo, de temor reverencial. Esto, en términos generales, era así.

¿Cómo fue poner el proyecto de El Mundo en marcha?

Fue muy emocionante. Solo fue posible porque había una generación de periodistas con un líder, que era Pedro J. Ramírez, y con otros líderes más pequeños, que eran todas las personas que en ese momento nos fuimos a trabajar al periódico. Yo era de los más jóvenes de la redacción. Fue un glorioso comienzo. En ese momento, no solo éramos periodistas; en ese momento, el periodismo para nosotros era la vida, no había vida fuera de él. Éramos muy jóvenes, ni siquiera teníamos la certeza de que aquello fuera a triunfar, era una aventura. De hecho, durante varios años no estuvo claro que fuera a tener viabilidad. La financiación era muy débil, y tuvimos grandes éxitos periodísticos, el primero de los cuales fue una querella que nos puso el fiscal general del Estado por una información sobre Felipe González y Alfonso Guerra, que el juez ni siquiera admitió a trámite y le costó la dimisión al fiscal general del Estado, Leopoldo Torres. Cosas como estas fueron las que nos situaron en el mercado como un periódico atrevido, disruptivo, plural, pujante, cañero, denunciador de la corrupción y los abusos del poder… Teníamos lo que ahora se llama «un relato periodístico» muy brillante y atractivo. Entre eso y que éramos jóvenes y teníamos muchas ganas y entusiasmo por que aquello funcionara…, ese fue el cóctel.

El País quedó como el periódico del Gobierno.

Del establishment, más bien, del régimen. 

Hacéis una oposición muy dura y sacáis las grandes exclusivas sobre el GAL. No sé cómo se vivió aquello, porque intuyo que debió de ser muy difícil, sobre todo en el caso de Pedro J. Ramírez, cuando el ataque llegó a ser algo personal y se traspasaron líneas. Las presiones tuvieron que ser escandalosas.

Era muy complicado, sobre todo para los que hacíamos información política. De hecho, siempre me acuerdo del día que Felipe González anunció la querella contra el periódico en el pasillo del Congreso, y Felipe no hablaba casi nunca. Salió y yo me puse al final, y con el respeto reverencial que todo el mundo tenía hacia el presidente, había una expectación tremenda. Con un gesto de cabreo tremendo, dijo que había dado instrucciones al fiscal general del Estado para que presentara una querella…, y yo me iba haciendo pequeña, pequeña…, que no me vea, que no sepa que trabajo en El Mundo, por favor. Todavía no me conocían mucho. Luego, mis compañeros y yo tuvimos grandes tensiones y grandes debates y enfados por parte de los ministros y los dirigentes del PSOE en los pasillos. Era un nivel de tensión muy grande, pero éramos jóvenes, y además, estábamos imbuidos de un espíritu de denuncia, que era lo que nos mantenía vivos y los que nos permitía seguir trabajando, a pesar de que el PSOE tenía una gran hostilidad. Pero siempre me recuerda Rosa Conde, cuando la veo, que yo venga a preguntar. Y Rubalcaba también lo decía. Creo que, bajo la dirección de Pedro J., la idea que teníamos era crecernos siempre en el combate, nunca desfallecer. Y aunque era incómodo, también él, siempre, con esa capacidad para abarcarlo todo que le caracteriza, nos decía que le echáramos la culpa a él. Que, si tenía que hablar mal de él con la fuente, lo hiciera. 

Se difundió un vídeo de contenido sexual del director de El Mundo. Entre los condenados estuvo el exgobernador civil de Guipúzcoa, José Ramón Goñi Tirapu.

Correcto. Pedro J. es la única persona del mundo, que yo conozca, que es capaz de sobrevivir a una muerte civil. Y capaz de resucitar del más allá. Y capaz de plantar cara al enemigo, a pesar de estar semimuerto desde un punto de vista civil. Y a pesar de saber que tiene todos los ojos puestos en él, a pesar de saber que todo el mundo ha visto las imágenes de su intimidad. A pesar de todo, fue al juzgado y buscó la justicia en los tribunales, con un coste personal tan grande que durante el juicio tuvo que ver las imágenes del vídeo. Y él lo hizo y consiguió que condenaran a los autores. Cualquier otra persona se habría metido en la cama o se habría ido a Panamá. Pero él es así de fuerte. Es una persona muy segura de sí misma y, además, con una gran labor profesional detrás y una gran autoestima. Es muy difícil que acaben con su autoestima, porque tiene el liderazgo profesional, ha creado periodistas y figuras que ahora mismo son muy famosas. Hace menos de una semana se ha muerto David Gistau, pero te puedo citar a muchísima gente que ahora está en la élite del periodismo, en la aristocracia del periodismo español, a las que Pedro J. dio visibilidad y convirtió en figuras del periodismo. El Mundo era una redacción hace siete años en la que había periodistas, una redacción brillante y potente, en la que había todos los perfiles de periodista y que hacía dos productos: El Mundo en papel y elmundo.es. Ahora, esa misma redacción, las mismas personas, que nos han ido abandonando en sucesivos ERE que ha habido en los últimos seis años, hace cinco productos: El Mundo en papel, elmundo.es, El Independiente, El Español y OK Diario. Todos esos medios han salido de la redacción de El Mundo. Y en otros sitios, como en El Confidencial, por ejemplo, o en El País, hay personas ocupando puestos de mucha visibilidad y relevancia que han salido de la redacción de El Mundo. Subdirectores, directores adjuntos… Eso quiere decir que la redacción de El Mundo ha sido una cantera impresionante de periodistas, y quien lideraba esa redacción, creó y gestionó el periódico de forma personal durante veinticinco años fue Pedro J. Esto es un hecho.

¿Cómo alguien abandona un proyecto tan atractivo para irse a la secretaría de Estado de Comunicación?

Yo también me lo pregunto.

En 1996 te enrolaste en aquella aventura, durante el primer gobierno de José María Aznar.

A mí lo que me llevó a aceptar e irme a la secretaría de Estado y trabajar en el gabinete de comunicación del gobierno del PP presidido por José María Aznar, que todavía no era…, o sea, fue el comienzo de Aznar, era otro Aznar. Lo que me llevó a aceptar ese puesto fue, estrictamente y en exclusiva, la curiosidad periodística de saber cómo funcionaba el poder por dentro, qué pasaba en las entrañas de la bestia. Esto lo he interiorizado luego. Cuando me lo ofrecieron, me pareció una oportunidad para conocer por dentro un mundo que yo conocía desde fuera. Tampoco me disgustaba conocer el Gobierno, la administración. Era un mundo desconocido para mí. Pero me di cuenta bastante pronto de que aquel no era mi sitio. Soy muy periodista, y nunca he querido dejar de serlo, con mis propios criterios. Tampoco es que me haya ido mal, la verdad. He conseguido de alguna manera defender mi criterio y mi autonomía. Aquel no es un puesto para alguien como yo, y simplemente estuve dos años y me volví al periódico. Es muy sencillo de explicar: me fui allí creyendo que las cosas eran de una manera distinta, y por tanto, entendí que mi vocación periodística era mucho más potente que las ganas de trabajar en la propaganda política del Gobierno.

Aprendí muchas cosas sin las cuales yo no sería lo que soy ni hubiera tenido la capacidad de analizar la política de determinada manera, porque me fui de allí con unos conocimientos personales y profesionales que mis compañeros periodistas no tienen. Esto me ayudó para mi profesión periodística y, por supuesto, para entender la política. Todavía me sigue ayudando. Las personas que me comentan mi trabajo y cuando me dan los premios hablan de la forma distinta en la que yo analizo la política. También me explayo en la personalidad de los políticos, intento entenderles, comprender por qué hacen lo que hacen, no soy excesivamente doctrinaria en el sentido de que me puedo situar en la piel de casi todos para entenderles, y eso lo aprendí allí. Y también aprendí allí cómo se toman las decisiones y cómo funciona el poder. En realidad, básicamente, desde que Pedro J. me puso a hacer política, tanto fuera del periódico como en el propio periódico, que también es un ecosistema del poder, soy una observadora de las patologías del poder. Desde mi puesto de periodista, en la política y en el periodismo. Esto se me da bien. 

¿Cómo era trabajar con Miguel Ángel Rodríguez?

Estamos hablando de otras personas, no de los de ahora. Yo he conocido a muchas personas que han ido entrando y saliendo de mi vida profesional y personal y que han ido abandonando el mundo; yo estoy en el mismo sitio y los demás se han ido moviendo. Miguel Ángel Rodríguez fue la persona que, como jefe de prensa de Aznar, le acompañó, y digamos que fue el Iván Redondo del viaje al centro de Aznar. Ahora todos somos otra cosa, pero en aquel momento, Miguel Ángel Rodríguez era incluso más poderoso que Iván Redondo, porque Aznar tenía una confianza absoluta en él, y porque él tenía una relación con los periodistas muy buena, con toda una generación de periodistas que hicimos información del PP de 1990 a 1996. Esos periodistas te dirán que era una persona que cuidaba de la imagen de Aznar, que modernizó la imagen de la derecha, iluminó los escenarios del partido, cambió el tapete verde de las ruedas de prensa de Alianza Popular y de Fraga por una mesa moderna… En aquel momento, era muy joven y brillante, para bien y también para mal. Al mismo tiempo que tenía muchas ideas buenas, pues alguna no era tan buena. Lo mismo que les pasa ahora a los gurús.

De alguna manera, fue un precursor de lo que se llama «crear un relato», hacer un liderazgo, convertir a una persona como Aznar —que, al fin y al cabo, no era alguien muy sociable, carismático ni simpático— en una persona respetada, votada, que ganara las elecciones frente a un monstruo de carisma como era Felipe González. La diferencia política era muy grande. Aznar tuvo que hacer un gran esfuerzo, porque Felipe González ha sido el presidente más grande que ha tenido este país en los últimos cuarenta años, así que combatirle era muy difícil, y con Aznar, que no era precisamente un dechado de carisma, aún más difícil. Y Miguel Ángel Rodríguez lo consiguió, hizo ver a una persona seria, austera y fiable de tal manera que ganó las elecciones dos veces, en 1996 y en 2000. Luego, una vez en el Gobierno, pues distintos avatares que serían muy prolijos de contar hicieron que Miguel Ángel Rodríguez tuviera que irse de la portavocía del Gobierno, porque él era la persona para los tiempos de guerra, pero quizá no era la persona para los tiempos de paz. Quizá no todo el mundo vale para lo mismo. No es lo mismo estar en la oposición que en el Gobierno. Hubo dificultad de encaje y tuvo que dejarlo, dicho lo cual, si me preguntan por mi experiencia en la Moncloa, digo que bien. Me di cuenta y me volví al periódico, estuve dos años sin escribir con mi nombre, hice una travesía del desierto cuando volví, o sea, que a mí no me importó, porque quería ser periodista y tenía mi periódico. 

Dices que el Aznar de 1996 era uno distinto al de ahora.

Te voy a decir lo que yo conocí. A lo mejor es un poco naif para la gente de ahora, pero tengo que ser honesta conmigo misma. El Aznar de aquella época no era todavía un líder político, en el sentido de que los ciudadanos aún no le respetaban como tal, más bien se lo tomaban un poco a cachondeo. Era una persona honrada, austera, no era muy simpático, no hablaba mucho, pero era fiable, leal. Y serio, con un estilo castellano muy reconcentrado. Era amante de su familia, muy familiar, bastante respetuoso con la vida y la moralidad de los demás, y con una idea obsesiva en su trayectoria política, que es hacer del Partido Popular un partido de centro, y reunificar el centro-derecha. José María Aznar no hablaba nunca en sus discursos de la derecha, era centrista-liberal, de centroderecha. Es más, en el discurso del congreso de Sevilla, Aznar dijo dos cosas: no podemos trabajar para España sin ensanchar nuestra base social hacia el centro y hay que descentralizar y dar competencias a las autonomías. Está en las hemerotecas, de verdad. Si es mentira que alguien me lo diga, yo estaba allí.

Por tanto, yo no tengo que hablar de la diferencia que hay, si te cuento esto, todo el mundo va a saber cuál es la diferencia con este Aznar. Además, en el caso de Aznar, entiendo a la persona, no entiendo al político ni lo comparto. Él salió del Gobierno con 192 muertos en atentados, y yo sé, porque yo estaba en el Gobierno, que los presidentes del Gobierno y los ministros de Interior de alguna manera siempre se consideran un poco responsables de las muertes de los atentados. Cuando le dan la bandera a la viuda, a la madre o al padre, los miran y se sienten interpelados. Por tanto, desde el punto de vista personal, la salida del Gobierno de Aznar —por supuesto, no voy a orillar sus errores, están en la historia, eso no hace falta ni glosarlo— fue muy traumática, personal y emocionalmente muy difícil de asumir, muy complicada. Luego, además, sus planes no salieron como él esperaba, porque él esperaba que el PP ganara las elecciones, que su sucesor se hiciera cargo…, y eso no sucedió. Además, se convirtió en una especie de personaje trágico que sufre y se le nota. Es una persona que se presenta ante los ciudadanos siempre con cara de sufrimiento, de tragedia.

¿Fue mejor presidente que expresidente?

Por favor, sin lugar a duda. Las opiniones personales casi nunca las doy como tal, hay que opinar a propósito de cuáles son los grandes consensos de la sociedad española, y es una evidencia para todo el mundo, incluso para su propio partido, que José María Aznar fue un muy buen presidente en los primeros años, pero que, en los últimos años de su mandato, básicamente cometió un error: intentar doblar el pulso de la sociedad española. Cuando hay un día, un domingo, en que millones de personas en todas las ciudades de España dicen: «No a la guerra», hay que tener muchas narices para, estando tu sociedad, el ochenta y cinco por ciento de tu población, en contra de una cosa, seguir adelante.

Dices que eres una observadora de las patologías del poder. ¿Qué patología tiene Aznar? ¿Le pudo más la foto de las Azores que lo que le decía la calle?

Le pasaban muchas cosas. Una de ellas fue que creyó que un país se puede gobernar sin su gente, sin sus ciudadanos. Y eso es un error. Se ha demostrado históricamente en cuarenta años. Intentar echar un pulso a la población española… te lo ganan siempre, no puedes hacerlo. En segundo lugar, creyó, y sigue creyendo, que tenía más ambición que su propio país. Si tú piensas eso, ahí está el error: querer cambiar el lugar de España en el mundo con la oposición de tu población y creer que tú estás en lo cierto y que tu población, todos, están equivocados. Es un error, porque eres un político y te debes a tu país, no puedes ir en contra de lo que la inmensa mayoría de tu país quiere. Es un error gravísimo. Y eso lo pagó caro. Ese error es lo que más caro pagó Aznar.

¿Más que la gestión entre el 11 y el 14 de marzo de 2004?

Por supuesto. Es que, a ver, cuando la gente dice que lo que tenía que haber hecho Aznar es reunir a los partidos, buscar el consenso… ya. La cuestión es que él no podía hacer eso, porque no estaba en la disposición mental y personal de hacerlo. La opinión de sus ciudadanos le daba lo mismo, él ya había cruzado esa línea, con lo cual, la propuesta de que hiciera otra cosa es absurda: él no podía, no tenía la disposición política, personal, ni las capacidades mentales para hacer eso. Él estaba en otra cosa, con lo cual es inútil, nunca hubiera podido hacerlo. Jamás hubiera podido gestionar bien eso. Su deriva se lo impedía, por tanto, le pedían algo que él no podía dar. Él tenía que hacer lo que hizo porque no podía hacer otra cosa. ¿Qué iba a hacer? Según su trayectoria… Estamos hablando de una persona que eligió a su sucesor al estilo coreano. Piqué decía que no entendía cómo un partido político serio, de gente madura, está permitiendo a Aznar hacer una sucesión coreano-mexicana. Ni siquiera le atribuía toda la responsabilidad a Aznar. Si su partido le permitía comportarse como si él fuera el dueño del partido… No es que eligiera a dedo, es que, por supuesto que eligió a dedo, lo hizo sin consultar con nadie, y tuvo a tres personas durante un año pendientes de su dedo. ¿Tú crees que esa persona, con esa mentalidad, cuando le llega lo que le llegó, que fue bestial, tiene capacidad para reaccionar de una manera que quede bien? No la tiene.

Se creía un líder supremo con cierta impunidad.

Claro, a eso me refiero. Tenía una visión sobre sí mismo y su poder que le impedía totalmente reaccionar a ese atentado con sentido de Estado.

¿Se equivocó eligiendo a Rajoy como sucesor y se arrepintió?

Se está arrepintiendo todavía. Se arrepintió de elegir a Rajoy en la campaña electoral de las elecciones de 2004. 

¿Por qué?

Porque vio que Rajoy no contaba con él, que a rey muerto rey puesto. Desde ese mismo momento en el que le mandaron a hacer campaña, creo que a Tomelloso —te hablo incluso antes del 11-M—, se dio cuenta de que lo que él pensaba que iba a ser Rajoy no lo era. Y, naturalmente, empezó a protestar ya en ese momento, les echó la bronca durante toda la campaña.

¿Zapatero fue siempre el presidente sorpresa? Parece que ganó el 35º Congreso del PSOE por sorpresa y llegó a La Moncloa por las circunstancias.

Opinar sobre esto… Creo que los atentados terroristas… Los terroristas actúan donde pueden y cuando pueden, pero la victoria de Zapatero estaba cantada desde el momento en que hubo los atentados, porque un país en el que el ochenta y cinco por ciento está en contra de una guerra y viene la guerra a la puerta de casa… ¿a quién van a responsabilizar? Dos y dos son cuatro: daba igual lo que hiciera el PSOE, que se hubieran manifestado o no, como dice el PP. Da igual, aunque no hubiera habido concentraciones a la puerta de Génova habría ganado Zapatero igual, porque la población española estaba en contra de una guerra, y además de ver que habían traído la guerra a nuestro país, resulta que su gobierno le había mentido. Y ahora ya no, pero entonces la mentira se castigaba. La gente interpretó que le habían mentido. Y daba igual que la intención fuera mentir o no lo fuera, la intención moral que tuviera ese gobierno para hacer lo que hizo es lo de menos: si el ochenta por ciento cree que mintió, es que mintió, políticamente es así. Esas dos cosas, la guerra y la mentira… Lo sorprendente es que el PSOE no sacara mayoría absoluta. De hecho, si te fijas en esos tres días, Zapatero ni siquiera salió. Salió Rubalcaba.

Zapatero gana. ¿Pasará a los libros de historia por ejecutar el mayor ajuste presupuestario de la democracia, o por haber hecho cosas como legalizar el matrimonio homosexual?

Por las dos cosas, pero creo que Zapatero salió del Gobierno en una situación muy compleja. Por cierto, todos salen de la Moncloa mal. Es una maldición. Primero, porque casi todos están dos legislaturas, y ocho años de gobierno… a los siete ya están desatados y, además, porque la Moncloa es un poco como la corte de un rey, te lo digo yo, que he estado allí. Yo soy capaz de entender a los expresidentes, hay que ser un eremita o un loco para no creerse presidente. Es casi imposible. A ti te ponen de presidente y te crees que lo eres, te crees todopoderoso, cada uno a su manera. Zapatero salió fatal de la Moncloa en unas circunstancias de desprestigio inmensas, porque la crisis económica que nos ha golpeado no ha sido solo una crisis, ha sido casi una guerra. Consecuencias sociales, económicas… son bestiales. Y ya se vio que la salida de la crisis era la que era, es decir, no la de Tsipras ni la de Podemos, sino la de los organismos europeos, y Zapatero lo apuntó en su libro, en El dilema: no tuvo más remedio que rendirse. Le pasó un poco como a la Administración norteamericana de Bush cuando la Reserva Federal le dijo a Nancy Pelosi que, si no se intervienen los bancos y se inyectan 700 000 millones de dólares en la economía americana, mañana América no amanece. A Zapatero le dijeron lo mismo: recorte o reforma de la Constitución, o España no amanece. Eso, para el presidente más de izquierdas que ha tenido este país, fue un desprestigio muy grande. El 15-M le salió a él…

¿Zapatero es más de izquierdas que Sánchez?

Por supuesto que sí, naturalmente. Sánchez ahora es de izquierdas, pero cuando era joven… digamos que es una persona versátil, como ahora se lleva. Sí, Zapatero es mucho más de izquierdas que cualquiera del PSOE. Rubalcaba siempre decía que tenían que esperar a que los ciudadanos les perdonen lo que hicieron en la crisis. Y yo creo que, con el paso del tiempo, lo que se recuerda de Zapatero ya no es tanto eso como los derechos sociales. Es verdad que el futuro le ha dado la razón. Su agenda es la que ahora recorre el mundo: el feminismo, los derechos LGTBI… esa agenda era la de Zapatero. Y ahora se ha ampliado a otros sectores. Fíjate en el PP, que acepta el matrimonio gay y la ley del aborto y todo lo demás. En el fondo, el futuro le ha dado la razón a Zapatero.

¿Rajoy queda como el hombre que no hacía nada, pero en realidad era el mayor estratega que ha pasado por la Moncloa?

Sobre estos grandes conceptos de un genio de los tiempos soy bastante escéptica, porque la política casi nunca —y es una de las enseñanzas que recibí cuando estuve dentro— es una estrategia marcada por un líder que te lleva. Mao Tse-Tung y la Larga Marcha… Son las circunstancias, las personalidades…, y en los últimos años, la política ha perdido muchísima autonomía de decisión, porque las decisiones importantes se toman en otros sitios que no son el despacho del Gobierno. ¿O me dices que la política económica del Gobierno de España depende del Gobierno de España? Pues no, lo sabemos desde Zapatero y Rajoy. Cuando Rajoy presentó los recortes producidos por la nacionalización de Bankia y la crisis severa que teníamos, dijo que no se podía permitir el lujo de gobernar como él quería. 

En su libro de memorias, Una España mejor (Plaza & Janés), dice todo el rato que siempre tuvo que elegir entre lo malo y lo peor.

Es que es verdad. A ver qué pasa con este gobierno.

¿Rajoy ha cauterizado la herida que le dejó la moción de censura?

Creo que, en lo personal sí, en lo político no. De hecho, la situación del Partido Popular bebe directamente de esa moción de censura. Lo ha superado en lo personal, pero no el Partido Popular, porque esa moción de censura resucitó al PSOE como partido de gobierno. Y hundió al PP como alternativa de gobierno. 

En Fuego y cenizas (Taurus) Ignatieff dice que para los políticos es muy importante saber interpretar el momento de la fortuna. Sánchez la tiene.

La tuvo en 2014, cuando fue elegido por primera vez secretario general. Mi crónica de ese año, de ese día en el periódico, fue una glosa de Fuego y cenizas a propósito de esto. Esa fue la primera fortuna para Sánchez. Pero es verdad que solo con eso no hubiera llegado a donde está. Para llegar a donde está, además de la fortuna, le hizo falta el sufrimiento, el dolor.

La caída.

Es que él no cayó, le mataron, le apuñalaron, le masacraron con encarnizamiento. Y él salió de ahí después de pasar una época de depresión absoluta. Ese sufrimiento le explica más que la fortuna. Para explicar a Pedro Sánchez hay que analizar más esa época de sufrimiento, dolor y trauma que la fortuna y la alegría. Todo el mundo sabe que, además, del sufrimiento se aprende, y de la felicidad, poco. El sufrimiento te esculpe como persona, te hace la vasija. La felicidad, menos, tiene menos capacidad. Y la suerte tiene menos capacidad de madurarte como persona para poder aguantar todo lo que te venga en la vida. El primer Pedro Sánchez no tiene nada que ver con el segundo, son dos personas.

O con el tercero, porque hace seis meses no quería un gobierno de coalición.

Pero es que todo tiene que ver con eso. Cuando uno ha estado al borde de la muerte, hay cosas que no tienen importancia. Cuando te pasa algo muy gordo y has salido de ello, un rasguño no te preocupa. Creo que a Pedro Sánchez le pasa lo mismo. Y es un error por su parte. A Pedro le insultaron tanto en aquella época, que ya no le importa que le insulten. O le importa menos que a otros. A algunas personas les importa mucho el qué dirán; a Pedro Sánchez le importa poco, porque a él ya le dijeron de todo cuando estaba compitiendo con Susana Díaz. Le dijeron que no era del partido, que llevaba coleta, que estaba vendido a Pablo Iglesias, que iba a romper España… bueno, lo mismo que ahora [risas]. Digamos que ha desarrollado una capacidad de pasar de todo. Es tan notorio que ha incumplido su palabra y que dijo una cosa y luego ha hecho otra que da un poco de corte. 

Te he leído mucho sobre que la nueva política es en realidad muy vieja. ¿Cómo te tomaste que Pablo Iglesias utilizara una conversación privada contigo como argumento político?

A mi edad, y con los tiros que llevo pegados, francamente… Todo el mundo sabe que la buena prensa que tengo es en parte porque intento entender la mente de cada político y no rehúyo. Trabajo en El Mundo, que tiene una línea editorial determinada, pero yo hablo con todos los políticos. Es verdad que, cuando nacieron los nuevos partidos —no me duelen prendas reconocerlo, porque creo que una de las peores cosas del periodismo español es la falta de autocrítica—, me pareció que los dos partidos nuevos eran un soplo de aire fresco y que este sistema estaba muy carcomido por una forma de actuación política del PSOE y del PP que no había tenido en cuenta más que sus propias posiciones de poder y no las necesidades del país, y por tanto, saludé la renovación de la política. Intenté entender tanto a Pablo Iglesias como a Albert Rivera. A este último ya renuncio a entenderlo, porque lo que ha hecho… Entiendo casi todo, pero lo que ha hecho Rivera, no, me declaro incapaz de aplicar un análisis político al personaje de Albert Rivera. Pero, en el caso de Pablo Iglesias, intenté entenderlo, y tenía una relación con él como la que tengo con todos. Hablo con Pedro Sánchez, con Pablo Casado…, con todos. Es mi trabajo. Para escribir, necesito entender y que me expliquen por qué y cómo. Lo recibí con bastante optimismo, y me parecía que cumplían un papel, hasta que pasó el tiempo y demostraron que no eran dignos de los millones de votos que recibieron, que no supieron gestionar esa confianza millonaria que lograron en la sociedad española, que muy pronto se empezaron a convertir en pequeños dictadorzuelos del partido político que hicieron a su imagen y semejanza tirando por la borda cualquier tipo de crítica, autocrítica, debate, discusión… Les importaba más su aparato de poder que el país.

En estos años, he sufrido una decepción con estas personas. Igual fue una ingenuidad, pero hay muchos votantes que confiaron en ellos y les han defraudado. Podemos está en el gobierno, pero ha perdido la mitad de los votos y escaños. Y de Rivera y Ciudadanos ya no voy a hablar. No puedo juzgarles de forma distinta que por lo que hacen. No juzgo a las personas ni a los partidos por lo que son o por su ideología, sino por su actuación, y por si son capaces de hacer frente a las expectativas que la ciudadanía ha puesto en ellos. Y a las pruebas me remito, no han sido capaces de variar el sistema político español como prometieron ni una pizca. No han introducido ningún tipo de regeneración ni han hecho nada en la práctica. No han servido para nada, cero. Si no hubiera estado cuando nacieron…, pero no me lo pueden negar. Igual que Pablo Iglesias no me puede negar cómo era antes y cómo es ahora. Ha cambiado mucho. El incidente me preocupó relativamente, porque creo que intentó utilizar una conversación a su favor. Bueno, vale, barre para casa, genial. Por fortuna, la gente me conoce y no tengo que demostrar nada ni disculparme. Entiendo que en las reglas del juego de nuestra profesión está hablar con los políticos en confianza y hablar de los niños y de la vida, y las reglas de la política no hacen que eso tenga que ser incorporado. Yo no voy a las tertulias de la radio o en mis columnas o crónicas diciendo cómo se comporta Pablo Iglesias en su casa. Hay unas reglas, o eso creo. Ahora a lo mejor ya no, pero yo las cumplo porque son mis reglas, y mientras esté aquí, las cumpliré. Y si no se corresponden con las reglas del periodismo de ahora, me da igual.

¿Cómo viviste la salida de Pedro J. de la dirección de El Mundo?

Pues muy mal. El Mundo perdió un líder y, como en todas las grandes personalidades, la sucesión de ese liderazgo ha sido muy difícil. Y lo sigue siendo. La prueba es que hayamos tenido tantos directores en pocos años. Suceder a Pedro J. es complicado, porque tenía una personalidad brutal y era un periódico de autor, claramente. Y ahora tenemos que sobrevivir con 170 periodistas menos y sin el director ni parte del staff que se ha ido yendo también. No solo hemos perdido al director, sino también a varios staffs y a 170 periodistas en los últimos seis años. Y eso tiene consecuencias. La marcha del director fue muy traumática para nosotros. La prueba de que no fue buena idea, ni para él ni para nosotros, es que por separado somos menos listos. Cuando éramos una redacción que estaba junta, dirigida por Pedro J., éramos más listos que ahora que él está haciendo una cosa y nosotros otra. Somos menos capaces profesionalmente.

¿Has leído El director, de David Jiménez?

No, ni pienso hacerlo. Creo que está escrito por una persona que ha violentado todas las obligaciones morales que un director tiene hacia su redacción, que son muchas, independientemente de tus intereses personales, tus egos, tu individualidad o tu interés en hacerte famoso. Antes que todo eso, y por encima de todo eso, están tus compañeros y tus subordinados, a los que no puedes someter a escarnio, ponerles motes, nombrecitos y presentarlos en un libro como si fuéramos una pandilla de sumisos esclavos morales del capital y de no sé qué sistema. Antes te tienes que cortar una mano. Me parece una inmoralidad. No es mi forma de entender ni la vida ni el periodismo ni el periódico ni la responsabilidad que uno tiene cuando uno es director de El Mundo. Es muy difícil entender que un periodista que está en la realidad no sepa que los periódicos son empresas, no son ONG ni la fundación Vicente Ferrer de la India. Son empresas que, en este momento, tienen una situación financiera muy compleja, que hacen periodismo de la mejor manera que pueden y cuyos trabajadores hacen lo que pueden todos los días. Pensar que tú vas a ser nombrado director por parte de una empresa del mundo capitalista occidental y que vas a poder llegar ahí y que nadie te presione y tus empresarios vayan a ser Gandhi… es que esto no es posible. ¿De qué guindo nos hemos caído? Me parece increíble tener que explicar esto. Pues claro que tenemos presiones, pero es que tenemos la obligación de vencerlas. No somos libres, claro que no lo somos. Nadie es libre, colega. Nadie. Tienes que intentar ser libre en el mayor porcentaje que te sea posible. Y jugar con las cartas que tienes, no puedes usar otra baraja. Y mucho menos puedes irte de un periódico y contar en un libro las conversaciones que tus periodistas han tenido contigo en tu despacho. ¿Nos grabamos? Me parece un comportamiento francamente despreciable desde el punto de vista ético y moral. ¿O es que no sabemos lo que hay? Nosotros peleamos, Pedro J. peleaba, todos peleamos, pero él…

No has leído el libro, pero…

Sí, sé de qué va. 

Te llama «La digna». ¿Qué te parece tu mote?

No me parece mal, la verdad. Sé que a mí no me trata mal, porque me lo han dicho, pero no hablo de mí. Solo hablo de mí en una entrevista porque me las estás haciendo, pero tengo una mentalidad de redacción, de colectivo. Me importo mucho menos que mis compañeros. Estoy en El Mundo en parte porque mis compañeros quieren que esté, por lo que no puedo fallarles. Nunca jamás. Lo último en la vida sería fallarles. Puedo pelearme con un jefe, pero no fallarles a ellos. Cuando le nombraron director le apoyé y dije a mis compañeros que teníamos que darle una oportunidad, porque me parecía que tenía un perfil adecuado y limpio de adherencias. Hasta que descubrí que era el director equivocado y no servía. No tenía las cualidades necesarias para dirigir El Mundo, de ninguna manera. Él firmó la lista del peor ERE, y se llevó más de un millón de euros de indemnización. No estamos para dar lecciones en esta profesión. Ni yo ni tú ni nadie. Él tampoco. Pero que me llamen «La digna»… pues la dignidad es una cosa un poquito de la familia, eso de pobres pero honrados. Pobres pero dignos. Pues, bueno, no me molesta, pero me parece muy grosero y barato. No creo que tener dignidad sea malo o algo de lo que avergonzarse.

Pedro García Cuartango tuvo que asumir la dirección tras la destitución de David Jiménez. ¿Le tocó el papel más difícil?

Sin duda. Pedro García Cuartango es una persona excepcional, un periodista buenísimo, una persona brillante, culta y sabia. Y tuvo la mala suerte de tener que hacerse cargo de una transición muy complicada, porque la realidad es que la empresa editora del periódico… David Jiménez no era solo un director, era una apuesta estratégica de la compañía para llevar El Mundo al siglo XXI. Una apuesta que fracasó en toda regla, y la empresa editora se quedó un poco en shock porque había fracasado su gran apuesta estratégica: una persona joven, había estado en Harvard…, razón por la que yo siempre digo que esto de Harvard hay que relativizarlo mucho. Me dieron un premio en El Progreso de Lugo el año pasado que agradecí mucho a ese periódico de provincias muy digno y satisfecho de su propia existencia como periódico de provincias, orgulloso de sí mismo, y dije: «Más Lugo y menos Harvard». Me pasa en el caso de David y en el de más personas. Una persona de esas características era lo que la empresa consideraba que tenía que ser director para renovar el periódico, y fracasó, por lo que en ese momento hubo que echar mano de alguien de la casa, de uno de los nuestros. Y ese era Pedro García Cuartango. Las circunstancias hicieron que estuviera más tiempo del que iba a estar, porque era una solución provisional, pero fue un director con el que el periódico era muy reconocible, porque era uno de los nuestros y era una continuidad de la etapa de Pedro J., pero luego cambió el periódico con una OPA y pasaron muchas cosas, además de la propia profesionalidad. La gente se olvida de que hay una empresa detrás que tiene sus propias circunstancias. Por decir algo concreto, el consejero delegado que despidió a Pedro J. fue despedido seis meses después. Ha habido muchas cosas que explican mucho de lo que ha pasado y el cambio de director. 

Tú y Pedro García Cuartango liderasteis una sección de Opinión muy reconocible. ¿Qué te parece la actual, con Jorge Bustos al frente?

No es un secreto para nadie que tengo mis discrepancias con la línea editorial del periódico, pero es una apuesta estratégica y no me corresponde a mí, yo no puedo decidir cuál es la línea editorial del diario. Llevo treinta años en ese periódico y tres en Diario 16, sé cuáles son las reglas del juego de un periódico y cuál es el puesto que ocupa cada persona. Por fortuna para mí, Pedro J. me enseñó a ser libre, y todos los directores que han venido después me han permitido serlo en el sentido de que escribo lo que quiero. Podré equivocarme o acertar, pero soy yo la que lo hace. Estuve haciendo editoriales a las órdenes de Pedro J., escribiendo su opinión y no la mía, profesionalmente es un trabajo que había que hacer y no me sentí nada mal, hacía mi trabajo. En un periódico cada uno hace su papel. Y en este caso, tengo un papel y la opinión depende del director. Cuando estaba Pedro J., era su opinión, cuando estaba Pedro García Cuartango, dirigía la opinión, cuando estaba David Jiménez, un poco menos, porque nunca se preocupó mucho de la Opinión, y cuando estaba Casimiro, la dirigía él. Y las personas que están en la sección de Opinión tienen que hacer caso al director, porque es una sección que dirige de forma personal el director. Por tanto, los demás podemos estar o no de acuerdo, periodísticamente nos puede parecer bien o mal, pero es una opinión personal. Un periódico es un sitio donde cada uno cumple un papel, y el de los periodistas de El Mundo no es el de decidir la línea editorial. Qué le vamos a hacer.

¿Al columnismo español le sobra yoísmo?

Sabes que sí. Es una pregunta retórica. El columnismo español vive inmerso en una burbuja. Las redes sociales como Twitter han convertido eso en patológico, prácticamente es una enfermedad. Esa red social es una cámara en la que es mucho peor la alabanza que la crítica, en el sentido de que la alabanza atonta mucho. Los columnistas, que son un poco la aristocracia de la profesión, en este momento son personas que se creen que el mundo y el país gira en torno a lo que ellos escriben. Además como están todo el día echándose faroles, eso de «el gran» o «la gran»… fatal. Hay que ser un eremita o un loco para no creérselo. Cuando te dicen «la gran» tres veces, te lo crees. Eso completado con lo que le pasa al resto de la humanidad, que tiene adicción a la dopamina de las redes, que te hace dependiente de los elogios y que cambia tu visión sobre ti mismo y los demás. Pero está muy estudiado, así que no me voy a extender mucho. La particularidad de esta época es que antes había unos periodistas famosos: Pedro J., Cebrián…, y los demás éramos tropa del ejército. Había unos generales un poquito más famosos, y ya. Pero, ahora, cualquier periodista se cree que su opinión es importante. Así que cualquier periodista, y muchísimo más la aristocracia del columnismo, se considera en la obligación de opinar cada diez minutos sobre todo lo que pasa, supongo que porque entienden que al resto de la humanidad les importa lo que ellos piensen. Y no solo opinar cada diez minutos, sino que viven ahí. No viven en su casa, viven en Twitter. Además, se ponen a pelearse. ¿Perdón? Se pelean entre ellos y con los políticos. Si tú, periodista, te peleas públicamente con un político, ¿cómo puedes pretender que los ciudadanos te distingan de los políticos? ¿Cómo la persona que pasa por la calle puede distinguirme de Teodoro García Egea si yo públicamente estoy debatiendo políticamente con Teodoro García Egea o con Adriana Lastra? Eso es el fin del respeto y la credibilidad de los periodistas. Me sorprende mucho que eso no sea una línea de debate en la profesión, porque es algo obvio.

Todavía hay gente que confunde el periodismo con el activismo.

No es que lo confunda, es que hay mucha gente que en lugar de periodista es activista. Siendo periodistas se convierten en activistas. ¿Cómo definir a un periodista que se pone a dar lecciones a un político? ¿Si no es activista, de qué otra forma se le puede definir? Los periodistas no estamos para entrar en confrontación con los políticos.

Y otros solo escriben en defensa de un partido político.

Si discutes con un político, estás convirtiéndote en el representante de otro partido político. Si quieres eso, preséntate a diputado y súbete a la tribuna. Pero utilizar los medios como si fuera la tribuna del Congreso… si no se llama activismo que lo llamen de otra manera. Si te estás confrontando con una persona de un partido, ¿lo haces en nombre de otro partido, en nombre del medio o en nombre del partido que votas?

Los periodistas que hacen eso ¿no manchan a su medio?

Me parece obvio que sí, pero es un comportamiento bastante amplio. Es posible que mi posición sea de un puritanismo trasnochado, porque veo que es una práctica habitual y a mí me parece el abecé del periodismo. Así que quizá soy yo la que está equivocada y esas reglas del juego en las que creo ya no existen. Un periodista tiene que ser responsable con el medio en el que trabaja y ser leal y velar por el prestigio de ese medio. Es su trabajo. Conforme pasan los años, creo más en la responsabilidad individual de cada uno. Los periodistas tenemos que hacer valer nuestra responsabilidad individual. Es más difícil, seguramente no todo el mundo podrá hacerlo, yo no voy a dar lecciones de eso, porque a mí siempre me han dejado ser yo y he tenido mucha suerte, porque no he tenido nunca que violentar demasiado mis principios y mis reglas de vida, pero creo que tenemos que hacer un examen de conciencia.

¿Lucía Méndez tiene algún referente periodístico?

Pedro J. Pero no en todo. Por ejemplo, en el 11-M estuve en contra desde dentro. Lo batallé y me gané mi libertad, pero me permitió discrepar. Hay muchos periodistas, desde Iñaki Gabilondo hasta Sol Gallego, Raúl del Pozo… Tengo claro cuáles son los grandes periodistas de este país, los que nos han traído hasta aquí y nos han enseñado, al menos a mí.

¿Nunca te han ofrecido dirigir el periódico?

No. Negativo.

¿Lo aceptarías?

No lo sé.

¿Te lo habrían ofrecido de no haber sido mujer?

No tiene tanto que ver con ser mujer sino con una determinada manera de concebir el periodismo. Siempre le dije a Pedro J. que para ser director había que tener instinto asesino, y a mí me falta. Él siempre me decía que el instinto asesino te lo da el despacho. Pero yo creo que no. Lo mejor que me pasa es que sí tengo cargo porque tengo respeto. Para mí es mucho más importante tener el respeto y la consideración de mis compañeros que tener cargo. Es más satisfactorio. Y tengo el respeto de mis compañeros del periódico. Mucho respeto. Un respeto que me pesa para bien y para superarme, comportarme, dar ejemplo, no rendirme. 

Pero no sabes si aceptarías el cargo.

No te puedo decir que sí, porque no lo sé. Aparte, no creo que nunca me lo vayan a ofrecer. Me conformo con que mucha gente crea que puedo ser directora de El Mundo. Pero ¿de dónde vengo yo? He sido mucho más de lo que jamás en la vida pude imaginar. Lo único que siento es que mi padre y mi madre no lo puedan ver. ¿Cómo podía imaginar que tú me ibas a entrevistar? ¿O que mis compañeros me iban a considerar un referente? ¿O que me iban a dar un premio del Congreso? ¿O que la gente por la calle me felicite por lo que escribo? Lo de ser directora ya me parece hasta marciano. Nunca he tenido esa ambición, porque me gusta ser periodista y escribir, no pido casi nada más. Salgo de mi casa y voy con el respeto de mis compañeros encima de los hombros, no me hace falta un cargo, porque ya tengo uno moral, que es lo mejor que se puede decir. Bueno, en el fondo esto que te digo es un poco de soberbia [risas].


El cuponazo, más allá del mito

Fotografía: DP.

El asunto de la creatividad en el eslogan da lugar a variadas, hilarantes y también falaces aristas en la vida política. Resume también a la perfección la crisis de verosimilitud política. Pero la gente encripta los mensajes-eslogan sin preocuparse de indagar la verdad, por lo que pretender desmontar prejuicios es prácticamente imposible. La propaganda es una de las armas más modernas. Su innegable malicia narrativa puede hacer zozobrar cualquier intento de explicación, pero esta siempre debe encontrar su lugar entre la ciudadanía responsable.

Los medios de comunicación han servido de caja de resonancia a la idea del cuponazo para referirse al concierto económico vasco, etiqueta que ha pasado a la jerga común con facilidad nada sorprendente. En este caso, el denominado cuponazo obedece más al arte de la elipsis informativa que a la metáfora, pues capta la realidad a través de una sensibilidad muy susceptible y ofrece un juicio de valor en bruto subjetivo. No obstante, la propaganda irreverente e irónica, a la vez que lúcida y escéptica, es uno de los grandes revulsivos políticos de nuestro tiempo. Como sostiene Zygmunt Bauman, el reemplazo de las rígidas ortodoxias por la heterodoxia y el relativismo es habitual. Pero la atmósfera de tolerancia se tambalea cuando están en jaque postulados partidistas interesados en demasía.

La tarea de la propaganda consiste en interesar a las masas sobre acontecimientos concretos y ganar su cooperación. Y para maximizar sus efectos debe omitir, distorsionar y desviar la atención. Por eso atacar con una etiqueta descalificadora es una fórmula habitual. El sarcasmo y la ridiculización son parte del ritual. Para mayor confusión, los conceptos políticos desplazan el sentido de la realidad histórico-política. Y esto genera reacciones simbólicas muy contradictorias. Entre ellas, la vedettizacion del «estado-espectáculo». Pero decidir una estrategia supone una elección de valores. Y ninguna estrategia está exenta de costes. No es baladí recordar, por tanto, que el sentido común debe primar en un dirigente.

Un eslogan sonoro

Memoria, realidad y deseo a veces se confunden. En torno al 20 de noviembre de 2017, la mayoría de la prensa publicaba que en el Congreso de los Diputados se acusaba al Gobierno de «pasar por encima de la igualdad» y haber entrado «en un cuarto oscuro» para pactar con el PNV. Convendría partir de datos fehacientes y situar el tema sobre supuestos histórico-políticos reales.

De entrada, el marco histórico que vincula el acuerdo residual no debiera obviarse. La abolición de los fueros vino de la aprobación de la Ley de 25 de octubre de 1839 (General Espartero), tras la victoria conseguida en la primera guerra carlista. En el artículo 1 de aquella ley, se decidía la vigencia de los fueros de las Provincias Vascongadas y de Navarra «sin perjuicio de la unidad constitucional de la Monarquía». Esa coletilla supuso el declive de los fueros, que tuvo su primera plasmación en la llamada Ley Paccionada de 1841 por la que Navarra perdió su condición de «Reyno», pasando a ser una provincia más aunque con un Estatuto especial, que dio origen a su Convenio Económico. 

El concierto —recordémoslo— es una institución singular y diferenciadora de la autonomía vasca y la «clave de bóveda» sobre la que se asienta la misma. Una institución que posibilita definir las capacidades tributarias y financieras del País Vasco, en una relación bilateral con el Estado español, a diferencia de la que establecen las quince comunidades autónomas no forales, que es multilateral.

Ese decisivo «pacto», en lo que se refiere al primer concierto, tras la aprobación del Estatuto de Gernika, se hizo en 1979 de la mano del Consejo General Vasco, aunque no llegó a acordarse formalmente ningún texto. Negociado a lo largo de 1980, la comisión negociadora estuvo integrada por seis representantes del nuevo Gobierno Vasco y de las Diputaciones Forales, por un lado, y otros tantos de la Administración del Estado, en el otro lado de la mesa. El último de los artículos acordados se firmó el lunes 29 de diciembre de 1980, a las 22:30 horas, según recuerda P. L. Uriarte.

Dos sistemas y un Estado

En verdad, de los dos sistemas de financiación del Estado, en el régimen común, donde el recaudador es el Estado, este aplica la normativa fiscal y distribuye. En las comunidades forales estas legislan impuestos, gestionan, recaudan y pagan un cupo al Estado. La caja se mantiene en los Gobiernos autonómicos, y los impuestos son concertados con el Estado para su gestión, salvo una parte relativa a cuestiones de carácter estatal y europeo (aduanas, IVA, etc.). En las comunidades forales existe, obviamente, una legislación que mimetiza la del Estado; pero la recaudación corresponde al propio Gobierno autonómico, de igual manera que el Estado la ejecuta en el régimen común.

Los impuestos directos están, por tanto, sometidos a la normativa autonómica, actuando de acuerdo con principios de solidaridad. Desde una explicación muy somera, ha de tenerse en cuenta —en sentido estricto— que el sistema común sigue la vía orgánica del Estado, pero muchas autonomías que tienen este perfil en cuanto a su financiación adoptan lo que un amigo mío define, aunque parezca heterodoxo, como «la postura del egipcio». Un perfil que, mano hacia adelante y extendida hacia atrás, visibiliza una metáfora, cuya interpretación material no deja de ser igualmente provocativa. Es decir, el Estado da y puede compensarte mediante fondos de reequilibrio que solventan hipotéticos déficits.

El régimen foral parte de una legislación y una disponibilidad de «caja» mediante impuestos concertados y otras actuaciones que permiten distinguir una tipología diferenciada en materia fiscal, pero implica un riesgo unilateral: recaude o no, debe pagarse el cupo estipulado.

Evidentemente, cualquier ciudadano puede señalar en tono crítico las ventajas de una gestión más flexible, o las facilidades recaudatorias del régimen foral. Lo cual técnicamente es cierto. Pero históricamente, antes y después de 1981, se ha confirmado la eficacia del sistema recaudatorio, tanto en la fórmula de convenio de Navarra como mediante el concierto económico vasco. Es difícilmente cuestionable la calidad gestora demostrada en ambos casos. Pero, incluso siendo así, algunos nacionalistas muestran su insatisfacción por la autoimposición de un techo de gasto, con lo que hipotéticamente se cercenan las posibilidades de poder hacer más.

Con lo que recaudan las haciendas forales y con otras fuentes de ingresos, las instituciones del País Vasco desarrollan sus propias competencias (educación, sanidad, servicios sociales, seguridad ciudadana, carreteras, etc.). Pero hay otra serie de servicios públicos que desarrolla el Estado y se paga por ello. Esa cantidad importante es el llamado «cupo». La comunidad autónoma del País Vasco tiene la obligación de contribuir con un determinado porcentaje —el 6,24 % fijado en la negociación cerrada el 29 de diciembre de 1980— y que hoy todavía se mantiene.

Considérese ahora la cara oculta e interesada del asunto y la de quienes descalifican al sistema. En primer lugar, hay una dimensión del cupo que pocas veces se menciona.

Si el sistema recaudatorio falla o es menor, el cupo debe pagarse siempre al Estado. Exista superávit o no, toca literalmente aguantarse. Hay que pagarlo.

Consiguientemente, y a riesgo de que mi valoración parezca favorable a ultranza, también he de advertir que el denunciado cuponazo parte de un supuesto discutible: tachar de desigual al sistema, cuando no lo es en la práctica. Resulta bastante despiadado conceptuar la fórmula como si se tratase de una bicoca, cuando en el sistema de régimen común existen fondos de compensación que ni el País Vasco ni Navarra reciben.

Para dar algo de luz al asunto es preciso recordar que la negociación del cupo, según lo estipulado constitucionalmente, se lleva a cabo quinquenalmente como acuerdo bilateral, y constituye una ley del Estado tramitada en el Parlamento español. Cualquier modificación en materia impositiva (incluidos los impuestos creados por Europa) exige este trámite.

El cupo negociado es —literalmente— un pago a los servicios del Estado. El porcentaje contribuye a la totalidad de las competencias no transferidas (desde gastos de la Casa Real hasta la financiación de las Fuerzas Armadas o la representación exterior, entre otras). En el País Vasco se mantienen sin transferir desde el Estado treinta y siete competencias. En el supuesto de transferirse nuevas competencias al Gobierno autonómico, el cupo sería renegociado, lógicamente.

¿Cuarto oscuro?

A nadie se le oculta que la hipótesis de modificar la Constitución resuena entre los descontentos de muy distinto signo político, por unas y otras razones. Al calor de argumentos muy contrastados, la manera de negociar bilateralmente entre el Gobierno del Estado y el Gobierno Vasco ha sido criticada por su falta de transparencia.

La prensa especializada recogía no hace mucho las dudas formuladas sobre el cálculo del cupo y lo que supone el País Vasco en relación al producto interior bruto (aproximadamente un seis por ciento). La conclusión para algunos críticos era que, como mínimo, debería aportar unos cuatro mil millones de euros. Sin embargo, el PIB del País Vasco ha cambiado y sus gobernantes piden rebajar el porcentaje del cupo.

¿Es el síndrome del hijo pródigo? No. Es el hijo pequeño que durante ciento cuarenta años se ha visto obligado a resolver utilizando los mecanismos legales y políticos a su alcance.

Cualquier alusión a privilegios constitucionales resulta poco sostenible. Lo inmediato ante una actitud que imputa al sistema fallos sería preguntarse también cómo se calculan las inversiones del Estado por el Gobierno central y qué resultados se obtienen.

Pagar el 6,24 % de lo que gasta el Estado implica no hacer trampas de ninguna clase, al ser una cantidad pactada que el propio Estado estipula. Algo que, dicho con franqueza, contrasta con lo acontecido en otras autonomías, en las que el fondo de liquidez autonómica es —como se ha demostrado— un saco sin fondo.

Pagando lo que toca, según el sistema de concierto, se subvenciona también al resto del Estado. Y, al respecto, el desinterés demostrado por algunas autonomías sobre la posible aplicación de un sistema similar pone al descubierto otros intereses. ¿Café para todos? Algunos Gobiernos autonómicos como los de Andalucía, Extremadura y la misma Galicia han venido a demostrar en su conducta un «no, gracias».

Evidentemente, la negociación en coyunturas políticas tan dispares como las gestionadas por las administraciones Suárez, González, Aznar, Zapatero o Rajoy, es decir, fuera quien fuera el partido dominante, ha puesto de manifiesto que era preciso un pacto. Si durante el régimen del concierto en la política del siglo XIX las conexiones políticas de los partidos —aquí y allá— se mostraron favorables para alcanzar el consenso gubernativo, en el régimen constitucional de nuestros días se exige otro tipo de estrategias. Por ello, los prejuicios de quienes no manifiestan deseo alguno por explicar en totalidad la clave del sistema son una estrategia como otra cualquiera. Expandiendo eslóganes como «España nos roba» o «el cuponazo vasco» solo se consigue despistar, pero a la larga la historia no absuelve a quienes mienten, se diga lo que se diga.

Otra cosa es el blindaje de las normas forales, pero el debate franco, evitando la visceralidad del que embiste más que piensa, lleva a la gran pregunta. ¿El mantenimiento de un sistema de financiación divergente va contra el principio de igualdad? Los defensores del concierto económico razonan de este modo: yo contribuyo, quiero que se gaste el dinero para cosas útiles para la sociedad, por ejemplo, cubriendo servicios de sanidad eficazmente; no construyendo aeropuertos innecesarios… Priorizando, en suma. ¿Y qué es desigual? ¿Cualquier trato diferencial es discriminante? Algo que es diferente no siempre resulta discriminatorio. Resolver los problemas de las diecisiete autonomías no implica considerar a todos por igual. Eso sería negar la legitimidad histórica de un pasado incuestionablemente distinto entre las distintas comunidades autónomas, sostienen sus partidarios. Argumento que aún aflora pese a que quien lo desmonta apela a postulados políticos de carácter totalmente divergente en materia de modelo de Estado.

En la Constitución se diseñó inicialmente un texto que hacía compatible la existencia de dos sistemas, reconociendo dos «nacionalidades» y «regiones». Ese federalismo asimétrico no hacía más guapos ni más altos a unos que a otros. Toda la concepción de una nueva ciudadanía para la España democrática implicaba la identificación inevitable de elementos diferenciales. Para muchos, seguramente, el término diferencial chirría y prefieren sustituirlo por el de discriminatorio. Sin embargo, no puede olvidarse que la disposición adicional primera de la Constitución española reconoce este trato diferente.

De modo que, siempre que no se haga trizas por interés espurio esta disposición adicional primera, la virtualidad de esta cláusula —la cláusula angélica, al decir de los juristas, ante su interpretación plagada de ambigüedades—, el sistema no tendría por qué ir hacia una deriva mayor que la que Cataluña ha experimentado al tratar estos y otros asuntos.

Hay que leer hasta el final el texto de la Constitución, me decía un experto foralista, y llegar a esta deducción: si el Estado te necesita… negociemos.

En definitiva, existe una legislación especial para las comunidades autónomas forales. El marco legal se justifica y esta disposición adicional en la legislación española establece un amparo innegable para los fines previstos. Al menos hasta la actualidad.

Si se fuerza una modificación constitucional, el futuro de este régimen especial, que no funciona como un privilegio como tal, acarrearía, muy probablemente, efectos que repercutirían en todo el conjunto definido constitucionalmente como autonomías. Y, puestos a hablar de apuestas, cualquier jugador sabe que si juegas a la primitiva siempre existe un riesgo. Más aún, confiar ante la falta de aciertos en atinar al menos con el joker es confiar en una probabilidad aún más incierta.


Los españoles y el inglés

Fotografía: Alborzagros (CC BY-SA 3.0).

Paseo sin prisa por una carretera rural encajada entre muros de sillería tosca de granito cubiertos de verdín y mohos. El vial es tan estrecho que no hay aceras ni arcenes, apenas cabe un vehículo y las entradas a las fincas hacen de apartaderos oportunos para los encuentros que se producen ocasionalmente. Las lluvias de los últimos días se han llevado el petricor que trajeron las primeras gotas tras varias semanas de sequía, pero no han conseguido anular el olor a estiércol de estos pagos.

Aunque el calendario nos dice que ya estamos en plena canícula, por aquí la vegetación no llega a agostarse de verdad, de manera que hasta donde alcanza la vista la gama cromática abarca todos los verdes imaginables —musgo, prados, robles, castaños, pinos, tojos, mimosas—, salpicada solo por los grises de cielo, muros y viviendas. Pero de repente, tras una de tantas curvas, surge en medio del océano verde un reflejo fucsia. Me acerco con parsimonia, centrándome en el color intruso, intentando descifrar con mi vista cansada el elemento extraño. Es un cartel de metacrilato, de tipografía y diseño pulcros, cuidados hasta el último detalle, en el que destacan dos palabras: un apellido inequívocamente aborigen y el término hairdressing. Con caracteres de menor tamaño se indica que el negocio se encuentra a cincuenta metros. No puedo evitar preguntarme por qué, ya puestos, no dicen que está a cincuenta y cinco yardas. Sigo mi paseo rumiando y me pregunto cuántos de los clientes de esa peluquería serán hablantes nativos de inglés o, simplemente, cuántos podrían chapurrear alguna palabra de modo más o menos coherente —ya no pido ni corrección— en el idioma de Samuel Johnson. No puedo dejar de contrariarme al pensar que de encontrarme con un establecimiento de ese gremio en Oklahoma o en Essex muy probablemente no vería hairdressing, sino hairdresser’s.

Incomodado por esta elección lingüística, doy media vuelta, preguntándome qué habrá podido llevar a sus propietarios —de apellido autóctono, recordemos— a rotular en un idioma ajeno un negocio situado a solo unos treinta kilómetros del lugar donde el insigne lexicógrafo José Martínez de Sousa, autoridad patria indiscutible en su campo, nació y pastoreaba vacas. Me consuelo pensando que son los tiempos y las modas, y que de haberme topado con ese cartel en otro siglo acaso habría leído coiffure en lugar de hairdressing. Debe de ser nuestra naturaleza, como describió muy acertadamente ya en el siglo XVIII José Francisco de Isla en su Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes:

«La que nació en Castilla, aunque sea la nona maravilla, no se tiene por bella mientras no hable como hablan en Marsella; la manchega, extremeña o campesina afecta ser de Orleáns; la vizcaína, entre su Jaincoa y Echeco Andrea, nos encaja un monsieur de Goicochea, muy preciadas de hablar a lo extranjero, y no saben su idioma verdadero».

Tal vez, dentro de un tiempo, ese rótulo estará en chino, quién sabe. Llego a casa, abro el buzón y el correo comercial me anuncia que «estás a un minuto de vivir tu lado one»: en breve un nuevo gimnasio abrirá en el barrio y me hacen llegar unos pases VIP para que disfrute la experiencia por un día. El gimnasio está rodeado de topónimos como «xuncal», «muíño», «outeiro» o «caeiro», pero sus propietarios han preferido recurrir al inglés para darle nombre.

Salgo a cenar a una tapería cercana y en la mesa contigua un padre de familia sienta cátedra a voz en cuello —como suelen pontificar los menos y peor informados— aseverando que practising en inglés se pronuncia «practáising» y que la «s» del genitivo sajón se puede eliminar conservando el apóstrofe —sí, ha dicho «apóstrofe» y no «apóstrofo»— siempre que la siguiente palabra empiece por «s-». Sus dos hijos, aunque ya tienen edad para rebatir sus argumentos —los conocimientos, como el valor en el servicio militar, se les suponen—, optan por callar y centrarse, con toda la razón del mundo, en las almejas y el pulpo…

Pero ¿qué nos pasa con el inglés? ¿Qué obsesión tenemos con él? ¿A qué viene esta claudicación cada vez más generalizada, esta renuncia y desprecio gregarios por las raíces propias? ¿De dónde sale esta vergüenza de nuestro origen y de lo que somos, este complejo de inferioridad pueblerino? Esa falta de autoestima diglósica, que se extiende a algunas otras lenguas peninsulares, nos lleva a casos como el del padre que abomina en público y por escrito de las comunicaciones que en gallego le remite el IES en que tiene escolarizados a sus hijos mientras, simultáneamente, los matricula en portugués por los vínculos empresariales que mantiene con Brasil. Y sí, por si lo está pensando, estimado lector, soy muy consciente del nombre de la publicación que airea estas líneas.

Queremos parecer cosmopolitas, «ciudadanos del mundo», sin lograrlo y con frecuencia caemos en el ridículo más espantoso, porque, como dicen las malas lenguas, es el españolito un individuo que está siempre intentando aprender inglés, con los dos picos anuales que imponen la venta de fascículos y los biorritmos de los buenas intenciones de «curso (o año) nuevo, vida nueva»: enero y septiembre; insisten las mismas malas lenguas —que son las que nos suelen cantar las verdades, para qué engañarnos— que estos propósitos bienintencionados serán tan infructuosos como los euros que tirará el indígena carpetovetónico en esa cuota de gimnasio por el que solo pasará cuatro veces el primer mes, dos el segundo y nunca más a partir del tercero.

¿Cuál es el origen de este fracaso nuestro con el inglés? Ay, si yo tuviese la solución, estaría ocupando un puesto importante del Ministerio de Educación, pero hay ciertos extremos que deberían quedarnos claros y, antes de nada, hay que decir que el futuro es halagüeño —entre otras cosas, porque más bajo ya no podíamos caer—: falta relativamente poco para que al mercado laboral empiecen a llegar las primeras generaciones que han recibido clases de inglés desde la etapa infantil. Como poco ya tendrán más horas de vuelo que los cuarentones y cincuentones que ocupamos puestos directivos públicos y privados, y que empezamos a recibir nuestras primeras nociones de inglés dentro de la enseñanza reglada como muy temprano a los once años, con el armario empotrado de nuestro cerebro con sus divisiones y cajoneras bastante bien fraguadas y poco maleables. Cuando estas nuevas generaciones nos releven, pocos Rajoys quedarán ya que tengan que recurrir a la traducción simultánea o que se tengan que quedar, tristes, solos y abandonados para rechifla y escarnio patrios, en la mesa durante el recreo, mientras sus colegas europeos departen con la sonrisa en la boca y la guadaña en la mano, y aún menos Botellas nos provocarán la más escandalosa vergüenza ajena por mor de su acento y su retintín impostado, aunque la mayoría de los que los señalan con índice acusador no sabrían hacerlo mejor.

Tradición de doblaje de cine y televisión aparte, que siempre carga con las primeras culpas cuando se trata de encontrarle explicación a nuestra impericia con el inglés, en primer lugar debe quedar rotundamente claro que alcanzar con tres o cuatro periodos de clase a la semana en aulas compuestas por alumnos de nivel muy dispar ese nivel que envidiamos de otros países europeos es una utopía. Traigan la reforma educativa que traigan, porque en esos países europeos se distribuye al alumnado por niveles de competencia —no solo para la enseñanza de lenguas—, como se hace aquí en academias privadas de idiomas, EOI y facultades universitarias. Pero, ay, díganles ustedes a unos españolitos que entre dos o tres agrupamientos en la enseñanza obligatoria su hijo no figurará en el de mayor nivel. ¿Quién es el valiente? ¿Pero no habíamos quedado en que había que personalizar la enseñanza, adaptarse al educando y a su nivel de competencia para a partir de ahí ir sembrando? Continuemos pues con el café para todos, la igualdad en la mediocridad, y podremos seguir lamentando nuestra torpeza y a la vez regodearnos en ella. De la ratio de alumnos por docente ya, mejor, ni hablemos, ni del nivel y preparación del profesorado, otra de las madres del cordero: simplemente echemos un ojo a nuestra idolatrada Finlandia.

En segundo lugar, debemos desprendernos de ciertos complejos y dejar de mirar con envidia a esos países germánicos y escandinavos que tan bien hablan inglés. Simplificando se podría decir que sus idiomas son primos hermanos del inglés, o que este es una versión para torpes de aquellos. Aquí entra en juego la explicación más pintoresca que me he topado para justificar nuestra torpeza a la hora de aprender idiomas extranjeros: la que alude a nuestro pasado imperial. Nuestro inconsciente colectivo de potencia mundial en la que no se ponía el sol nos dificultaría el aprendizaje, convencidos de que con nuestra lengua materna, la segunda con más hablantes, vamos sobrados. Como ejemplo ponen a los británicos —y, por extensión, a los anglosajones en general— y a los rusos, dos pueblos tradicionalmente poco inclinados a aprender idiomas extranjeros. De hecho, no dejan de ser llamativos los aires de superioridad del anglosajón que va por el mundo exigiendo, que no preguntando, vehementemente «Do you speak my language? Do you speak my language? », por no hablar de aquellos afincados en nuestras costas e islas que afirman rotundamente que el personal sanitario del centro de salud se ha dirigido a ellos en español «por joder»… Sí, lo que les cuento es verídico.

Simplificando de nuevo, se podría decir que la necesidad es fuerza mayor y que si hasta ahora no hemos aprendido inglés proficientemente es porque no nos hemos visto obligados; véase si no cómo, mal que bien, cualquier emigrante, incluso el que jamás haya pisado un aula, acaba entendiendo y haciéndose entender en la lengua del país que lo acoja. Quizá, ahora que vamos perdiendo por goleada la Tercera Guerra Mundial a manos de —aunque a lo peor lo más apropiado sería decir «a pies de»— Frau Merkel, la troika y sus bárbaras hordas bárbaras, acabaremos aprendiendo todos nosotros, camareros y personal de servicio de las razas arias, parece ser que ubérrimas en lo económico gracias a su productividad y laboriosidad legendarias, inglés a toda velocidad.

Disfrutan además muchos de esos idiomas de unos sistemas vocálicos amplísimos que les facilitan —y aquí tengo que volver a referirme a nuestro fortísimo acento y a nuestra organización mental— la asimilación de los doce fonemas vocálicos ingleses. Lo de los diptongos lo dejaremos para mejor ocasión: téngalo claro, lector, el español es también ese individuo al que se detecta fácilmente cuando habla un idioma extranjero por su acento indisimulable, porque lo primero que distingue al hispanoespañolito al abrir la boca no es el elevadísimo volumen al que habla, no, sino la reducción vocálica a la que le condena la organización de la zona que hemos reservado al lenguaje en nuestro lóbulo temporal. Nacemos con el cerebro casi en blanco. Es un disco duro por formatear en el que solamente se ha consumido el espacio imprescindible para el sistema operativo, un armario empotrado por dividir. Como nuestro idioma cuenta con solo cinco sonidos vocálicos, cinco son los anaqueles que les reservamos para exhibir clara e inequívocamente nuestras a-e-i-o-u; en principio esos anaqueles tienen la frágil consistencia del yeso, lo cual no es un perjuicio, sino toda una ventaja, de ahí la importancia de que el aprendizaje de un idioma se inicie a la menor edad posible. Poco a poco nos vamos asentando en nuestros esquemas y, al tiempo que lo nuevo deja de llamarnos la atención y perdemos capacidad de asombro y por tanto de aprendizaje, los materiales en los que hemos depositado las vocales se van endureciendo: del yeso pasamos al adobe, de este a la madera y de aquí al hormigón armado más tenaz.

A todo esto hay que añadir nuestra proverbial vagancia para pronunciar el último sonido consonántico de cualquier palabra —siempre estamos tan «cansaos pa’ pronunciar esos complicaos» sonidos consonánticos— y nuestra incompetencia para distinguir entre la «b» y la «v», que ya llevó a que hace dos mil años los legionarios romanos que nos conquistaron ataviados con faldita y sandalias se mofasen de nosotros diciendo «Beati hispani quibus vivere est bibere».

No hace falta leer a Chomsky para darse cuenta de que el hispanohablante de alrededor de diez años de edad —cuanto mayor, peor— que se enfrente por primera vez al inglés tendrá unas dificultades tremendas para hacer encajar doce sonidos —al menos la mitad de ellos completamente nuevos y ajenos— en únicamente cinco baldas. ¿Cómo que hay dos íes? ¿Qué me quiere usted decir? ¡Pero si i solo hay una! ¿Y la «b» y la «v» no se pronuncian igual? ¿Y tres aes, dice usted? Venga, venga, venga, por favor, con una me basta para arreglármelas. ¡A relaxin cap of ti, plis, que is beri díficul todo esto!


Mamá, quiero ser ministro de Cultura

Exposición sobre Lorenzo Lotto en el Museo del Prado. Fotografía: Cordon.

Jot Down para la Fundación Iberoamericana de las Industrias Culturales y Creativas

Imaginarse un futuro en el que todas tus decisiones modelen, impulsen y creen entornos propicios para fomentar las artes y las letras. Hasta convertir la industria cultural en un motor de desarrollo económico y social. Hasta que tu nombre figure junto al de los artistas inmortales, quienes, sin los promotores adecuados, seguirían siendo completos desconocidos. Si Màxim Huerta imaginó este escenario para sí al ser nombrado ministro de Cultura, la brevedad de su mandato nos dejó con la incógnita de qué hubiera conseguido. Lo que sí puso de manifiesto su elección fue que la sociedad demanda dejar la gestión cultural en manos de profesionales formados para ello. No todos reconocían tal mérito en la doble condición de escritor y periodista de Huerta, pero al menos su currículum tenía algo que ver con su cartera. Algo que ha sido la excepción, más que la regla, en la historia del ministerio.

Repasemos. Pío Cabanillas, primer ministro de Cultura de la democracia, notario. A Ricardo de la Cierva, catedrático e historiador, le podemos considerar más idóneo por su formación, pero era abierto defensor de algunos aspectos de la dictadura. Eso mejoró con Soledad Becerril, filóloga, y primera mujer en ocupar el cargo desde la República. Tampoco estuvo mal lo de Javier Solana, doctor en Ciencias Físicas, y hoy asiduo asistente a las reuniones del Club Bildeberg. Se sospecha que de la evolución cultural se habla también en esas reuniones tan opacas. La condición de Jorge Semprún, por escritor, intelectual, y superviviente al campo de exterminio nazi de Buchenwald ya empezó a estar más acorde a las exigencias de este ministerio. Aunque fue un jurista, y padre de la Constitución, Jordi Solé Turá, quien llevó a cabo los dos hitos más relevantes, culturalmente hablando, de esta cartera. Convertir el Reina Sofía en museo de arte contemporáneo, trasladando allí el Guernica, y conseguir que la sede del Thyssen-Bornemisza se estableciera en Madrid.

El cambio de mentalidad iniciado en los años noventa lo revela el nombramiento de Carmen Alborch, profesora de Derecho Mercantil. La cultura comenzó entonces a ser considerada un negocio de explotación, con el caso más visible en los museos, cuyas exposiciones puntuales y organización de colecciones estaban destinadas a conseguir grandes ingresos. Este modelo, consolidado hoy, contrasta con una herencia de siglos, donde el Estado o los reyes proporcionaban fondos y recursos del Tesoro a fondo perdido para conservar el patrimonio. Como liberales económicos, profundizaron en esta idea los siguientes ministros, cuya formación estuvo otra vez alejada del propio ámbito cultural. Esperanza Aguirre, licenciada en Derecho y técnica de información y turismo del Estado. Mariano Rajoy, registrador de la propiedad. Con Pilar del Castillo, catedrática de Ciencia Política, volvieron a producirse logros visibles, las ampliaciones del Museo del Prado y del Reina Sofía, y la creación del Museo del Traje.

Luego llegó Carmen Calvo, doctora en Derecho Constitucional y ministra polémica por autorizar la devolución de parte del Archivo de Salamanca a la Generalitat de Catalunya. Tampoco fue muy popular su Plan Antipiratería, aunque por primera vez el ministerio identificaba un problema de calado en el ámbito cultural. Atendía además la gestión económica de estas industrias, con una reducción del IVA al sector editorial, la Ley del Libro y la Ley del Cine, medidas todas ellas que siguen vigentes, al menos en su esencia. En su mandato parecía haber calado por fin la idea de que la cultura es un ámbito para cuya adecuada gestión son imprescindibles unas capacidades técnicas orientadas a ella. Y a la vez, que su peso en el PIB del Estado puede ser tan relevante como la de sectores tradicionalmente mejor considerados por el gobierno. La formación de los ministros comenzó también a reflejar esta realidad. César Antonio Molina, licenciado en Derecho y escritor, había sido director del Instituto Cervantes. Ángeles González-Sinde, filóloga y cineasta, promovió una ley antipiratería que se aprobó en el mandato del PP, y que adelantó las directrices ahora contenidas en la Ley de Copyrigth de la UE.

Con José Ignacio Wert, licenciado en Derecho, volvió a cambiar el tercio. No solo por su ideología, sino porque como Mariano Rajoy cuando ocupó esta cartera prefirió centrarse en las reformas educativas. El siguiente, Íñigo Méndez de Vigo, era jurista. A Màxim Huerta ya hemos aludido. Y así es como llegamos al último, José Guirao, quien, si por currículum fuese, señalaríamos como el ministro mejor formado para el cargo de la democracia. Y también como el primero al que podemos llamar propiamente gestor cultural, algo que le reconocen desde todos los ámbitos culturales.

Guirao comenzó desarrollando importantes proyectos en Andalucía, entre ellos la creación del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Ha sido director de Bellas Artes y Archivos, y del Museo Nacional Reina Sofía. También dirigió el experimento cultural La Casa Encendida en Madrid, que se mantiene como éxito permanente y referencia de gestión internacional. Su nombramiento como ministro ha dado a conocer su nombre, pero es su trayectoria la que atrae el interés de quienes desean hacer de la cultura su profesión. Independientemente de que aspiren, siquiera sea en sus sueños, a ocupar algún día el ministerio.

Tampoco es desdeñable ser director de un gran museo, una fundación, convertirse en promotor de las artes escénicas, o hacer viable tu sostenimiento como artista a través del emprendimiento. Esas son solo algunas de las actividades que se enmarcan dentro de esa profesión, relativamente nueva, de gestor cultural. Para definirla y hacerla posible han sido necesarias una batería de experiencias de formación, cooperación e investigaciones en los ámbitos de la cultura, el arte y la creatividad. Algo que la Fundación Iberoamericana de las Industrias Culturales y Creativas, FIBICC, lleva años haciendo, y con las que ha extendido su influencia a Europa, Iberoamérica y África.

CC0.

Ese conocimiento acumulado ha sido trasladado de manera específica a la formación, mediante el Instituto de Gestión Cultural y Artística, la primera escuela de negocios especializada en esta industria. Que imparte tanto el Máster de Dirección y Gestión de Industrias Culturales como una serie de cursos ideados para profesionales, estudiantes y personas relacionadas con el sector cultural. Su éxito responde a haber sido diseñado acorde las medidas sugeridas por la Unesco para la enseñanza en el ámbito de las industrias culturales y creativas. Además de eso, FIBICC ha establecido un convenio de colaboración con la Universidad Europea Miguel de Cervantes, que respalda la calidad de sus programas y expide las titulaciones oficiales.

De acuerdo a las directrices Unesco, se ha eliminado tanto la necesidad de acudir a las aulas de forma presencial como la obligatoriedad de cumplir unos horarios. Condiciones difícilmente compatibles con el ejercicio de la actividad profesional, o con la proximidad geográfica al centro docente, con sede en Valladolid. Gracias a lo cual los alumnos matriculados proceden de muy diferentes países, abarcando la mayoría de los latinoamericanos, todas las regiones españolas, muchos europeos como Italia, Francia, Alemania y Portugal, y también China.

La formación se imparte a través de una plataforma de aprendizaje electrónico, el campus virtual. Los inscritos pueden acudir a las clases cuando lo deseen, y de forma ilimitada. También les permite trabajar en red, realizar tutorías con sus profesores, plantear dudas, enviar sus trabajos y recibir calificaciones. Cuentan además con materiales y bibliografía técnica, así como foros de debate. La formación es impartida por doctores y por expertos acreditados en el ejercicio de profesiones culturales. La carga de trabajo es flexible, de tal forma que el alumno puede adaptarla a sus circunstancias a lo largo del año, hacerla compatible con otra actividad, y pedir prórrogas en aquellos casos en que se le presenten imprevistos. La única parte presencial la constituyen las prácticas, garantizadas al finalizar la formación, en un amplio abanico de empresas e instituciones del mundo empresarial, con las que FIBICC mantiene acuerdos de forma permanente.

Los cursos del instituto permiten ampliar conocimientos mediante una combinación de teoría y práctica, en programas de entre treinta y cincuenta horas de duración. La variedad de ámbitos contemplados incluye la gestión y el management, la comunicación y el marketing, la gestión musical y los aspectos jurídicos y fiscales. Además imparten gestión del turismo cultural y patrimonio, de archivos y bibliotecas, de la industria musical, de empresas audiovisuales, culturales, editoriales y fundaciones.

Y es que el gestor cultural encuentra hoy día una amplia variedad de campos en que desarrollar su carrera laboral. A diario estos profesionales son requeridos para museos, orquestas, teatros, galerías de arte, montaje de exposiciones, desarrollo rural y festivales. Y sin bien esas áreas son las más solicitadas, las fundaciones, compañías de artes escénicas, centros culturales, empresas de videojuegos, cine y cooperación al desarrollo demandan cada vez más estos perfiles.

Porque nadie duda ya de que la cultura y la creatividad son bienes que pueden proporcionar beneficios, y un medio de vida a muchas personas. Algunas iniciativas desarrolladas por FIBICC se han demostrado especialmente exitosas, como La Harinera, un lugar para el intercambio de proyectos y la colaboración entre profesionales y no profesionales. Conjunto de museo y espacio cultural con alojamiento para sus usuarios, y de dimensión internacional, recupera el patrimonio industrial y fomenta el desarrollo del ámbito rural. Fábrica de la Memoria, por su parte, se dedica a la divulgación de contenidos relevantes sobre las luchas individuales y colectivas de las mujeres hacia la igualdad, sus logros y conquistas, hasta formar un museo virtual y un importante archivo documental.  

FIBICC es socio además de numerosos proyectos, como Up Skill, dedicado a mejorar y actualizar las habilidades y competencias de los gestores culturales, conectando su formación con las necesidades del mercado de trabajo, e integrado por asociaciones de Italia, Hungría, Reino Unido y Dinamarca. CultUp  destinado a fomentar las vocaciones en el ámbito del emprendimiento cultural o la Cátedra Iberoamericana de Patrimonio Cutural e Industrias Culturales que han creado junto a la Universidad de Granada.

Desde estas experiencias y su desarrollo, la Fundación Iberoamericana de las Industrias Culturales y Creativas puede responder con programas de excelencia en la formación, tanto práctica como teórica, y adaptarse a las demandas del mercado. Solo en España existen ya ciento quince mil empresas de ámbito cultural, y casi seiscientos mil trabajadores, un crecimiento que se está dando también en toda Iberoamérica. Ese ministro o ministra de Cultura que superará las máximas aspiraciones de todos quienes integramos el ámbito cultural ya se está formando. Felizmente para él, o para ella, tiene por delante todo un abanico de salidas profesionales que le permitirán dedicar su vida profesional a la cultura. Sin necesidad de llegar al ministerio, o quizá soñando con ocuparlo. El futuro ha comenzado a escribirse ahora, y además de los sueños de los creadores necesita como nunca la gestión de los profesionales. Quienes ya cuentan con una escuela de negocios específica donde formarse.


Aitor Esteban: «Ahora Otegi quiere ser hombre de Estado, se ha puesto el traje de Gerry Adams»

En España hay un problema territorial desde hace cientos de años. Se ha abordado desde todos los puntos de vista en los últimos dos siglos. Desde las declaraciones de independencia o la rebelión cantonal a las dictaduras militares con estados unitarios. En la II República el asunto se abordó en una época demasiado convulsa, en la Transición la prioridad era la democracia y luego ya se iría viendo. En el siglo XXI lo estamos viendo. El debate territorial acapara gran parte de la actualidad política desde hace años. En este contexto, el PNV es el partido que ha sido capaz de llegar a acuerdos con todo el arco parlamentario. Su portavoz, Aitor Esteban (Bilbao, 1962) ha asegurado que su partido hablará «con el extremo más izquierdo y con el extremo derecho». Acudimos a la sala de reuniones de su grupo parlamentario en el Congreso para escuchar su análisis sobre la situación actual.

¿Tienen preocupación ante la posibilidad de que PP, Ciudadanos y VOX lleguen al poder con un pacto como en Andalucía?

Nos preocupa, pero qué le vamos a hacer. En peores situaciones hemos estado y mares hemos navegado. Tomaremos nuestras medidas e intentaremos seguir navegando. Creo que sería un desastre, pero no solo para Euskadi. Con los discursos de Rivera, el que hace día tras día Casado, agresivo contra el autogobierno, derechos y libertades, y con el franquismo ya purísimo que es VOX, el enfrentamiento iba a ser constante. Pero creo que también será muy perjudicial para España. Va a ahondar en sus problemas estructurales, porque estarán otra vez con la cabeza bajo tierra, haciendo la del avestruz. Para muchos asuntos de ámbito social o que han ido evolucionando con la sociedad sería terrible. Vamos a ver qué pasa, yo confío en el sentido común de la gente.

¿Qué nivel de protección tiene su autogobierno? Han dicho ustedes que está en «alerta naranja». Reformar la Constitución o el Estatuto será complicado pero parece que el concierto sí que se puede tocar como una ley orgánica, con mayoría absoluta nada más.

Cambiar la Constitución he visto hacerlo en una semana. ¿Y qué nivel de protección tiene el autogobierno cuando el Tribunal Constitucional nos lo ha estado machacando año tras año, y más en la última década? Al final uno pacta en términos claros y luego resulta que «¡Ay! Es que no quería decir eso». Además, resulta que luego el árbitro no es neutral, porque no lo es, que lo nombra quien lo nombra. Sin un arbitraje serio, al final nos encontramos siempre con recortes. Luego tenemos recuperar un poquito, después otra vez nos mandan atrás…. C’est la vie.

No creo que tuvieran la mayoría necesaria para hacer un cambio de calado.

Depende de lo que quieran modificar. Sigue estando el Estatuto de Autonomía, que es bien claro. Tendrían que tumbarlo, su modificación supone eso. Fíjese en qué fregado nos metemos. Ánimo, que lo intenten, si algo va a haber que una más a la sociedad vasca es ese tema. Por encima de sentimientos nacionales e ideologías.

Porque aquí seguro no hay nada. Las generaciones actuales dan todo por garantizado o que ya está hecho. La educación, la televisión vasca, Osakidetza —el sistema de salud—, el euskera… Yo he vivido cuando no había absolutamente nada. Ha costado mucho asentarlo. Parece que no se va a mover nada, pero nadie diría hace ocho años que iban a entrar en la cámara Podemos o Ciudadanos con los escaños que tienen. O hace dos años preguntas si VOX iba a tener diputados y habríamos respondido que no. Por lo tanto, yo siempre estoy preparado con el escudo y a ver qué es lo que pasa.

Igual ahora en campaña están compitiendo a ver quién es más duro y luego la cosa cambia. El PNV es el partido de España que ha llegado a más acuerdos con gente más dispar…

Y en Euskadi. En el Estado y en la comunidad autónoma

Conocidas son sus facultades negociadoras. ¿Habrá posibilidad de entendimiento con estos tres partidos?

Lo veo prácticamente imposible. Hay gente, y cada vez más, en el ámbito político que piensa que la política es un acto teatral. Una vez que se acaba el primer acto comienza el segundo, y no tiene nada que ver con el primero. Es otra obra. Se pueden tirar diciendo barbaridades… Rivera supongo que es consciente de las que va soltando. Casado, desde que preside el PP, ¿cuántas lleva? Casi, casi una al día. ¿Que luego dirá que no quería hacer una ley de lenguas única para toda España, que el 155 no, que la ertzaintza no va a tener que estar subordinada a la policía nacional, que lo del aborto no lo he dicho? ¿Esto luego se borra y yo no he dicho nada?

Como Ciudadanos, que dice que no va a pactar con el PSOE e igual luego Rivera hace un intento. Hombre, entonces, no hables. No hay seriedad. Es un puñetero desastre. Tenemos una gran desconfianza, y si entra VOX no le quiero ni contar. No veo posibilidades de acuerdo inmediatas. Ahora, tomar la temperatura hay que hacerlo siempre, incluso en la peor de las situaciones. Para saber cómo están los temas siempre hay que hablar con unos y con otros. Acordar… eso puede ser imposible, sobre todo viendo la que se avecina. No creo que la mejor manera de hacer amigos sea estar amenazando constantemente, más allá de un concepto de sociedad que no cuadra con el nuestro.

Urkullu actuó como mediador en la crisis catalana por petición, primero, de Puigdemont, luego del PSE… Tras su declaración en el juicio, Puigdemont dijo que Urkullu se guardó cosas para sí, que no lo dijo todo.

Conozco a Urkullu desde que éramos chavales. Tiene una manía, apuntar absolutamente todo en unos dietarios. A estas alturas no le deben de entrar en casa. Tiene todo desde los tiempos de EGI, la organización juvenil del PNV. Urkullu en el juicio, que además fue llamado por la defensa, contestaría a lo que le preguntaran. Si no le preguntaron algunas cosas no las diría.

Puigdemont dijo: «No fue así (…) estoy convencido de que Urkullu cuando explique la integridad de las conversaciones, [se] sabrá [que] al único acuerdo que yo estaba dispuesto a llegar era convocar elecciones si había garantías explícitas de que no se aplicaría el 155, si se retiraba la policía enviada extraordinariamente a Cataluña para dar miedo, si se levantaba la intervención de las finanzas de la Generalitat y si se paraba la represión».

No tengo ni idea. Yo con el lehendakari no he hablado de estos temas; ni tengo intención de hablar, ni hablé en su momento. Lo que puedo asegurar es que lo tiene todo muy documentado y que contestó a lo que le preguntaron. Ahora bien, todos los documentos los ha depositado en tres sitios: el Archivo Nacional de Euskadi, la Fundación Sabino Arana y el Archivo de Poblet. En el momento en que eso se abra y los investigadores accedan ya se verá. Ahora no se puede porque estamos en pleno juicio.

Dijo Urkullu que la CUP era un mal compañero de viaje para los independentistas, y usted que «echaron los dados al aire». Deduzco entre líneas que lo que quieren decir es que esa actitud de que el que ceda es que ha flaqueado o se ha rendido, es débil o menos patriota, es un poco estéril.

Es estéril. Por eso también me parece ridícula la actitud de la derechona española, esa de a ver quién es más antiautonomista y más Hernán Cortés, por decirlo de alguna manera. Estoy absolutamente de acuerdo con Urkullu en que la CUP tenía sus propios objetivos, que no coincidían con los nacionalistas, patriotas catalanes o independentistas, como quiera llamarlos. Buscaban otra cosa: una revolución.

Desestabilizar.

Claro. Y dejar en sus manos todo, todas las decisiones, todo el proceso… Lo de tirar los dados es evidente. Aquí [en el  Congreso] tenían la ecuación de otorgar la mayoría al Gobierno, pero tú tienes que saber hasta dónde puedes hacer que se mueva el Gobierno. Hay rayas que ni les salen rentables, ni creen en ello, ni es el momento, ni circunstancialmente… La política consiste en eso: en darte cuenta de cómo están las cosas.

A veces te equivocas, evidentemente, pero esto era tan sencillo como: tengo los dados, soy el que puede inclinar y en un momento en el que parece que va a ganar la derecha, eso al menos decían las encuestas, coges y tiras todo. ¿Por qué? Ellos sabrán.

El juicio del procés pesa mucho, pero creo que a la gente siempre hay que hablarle claro y decirle la verdad, lo posible y lo no posible. Una cosa es lo que tú pienses, pero no puedes hacer creer que la realidad es lo que no es. Ellos tenían el control y deberían haber intentado moverse en esa situación, porque si no lo haces, no vas a tener el control. ¿Buscas que se te venga toda la derecha? Igual algunos sí, pero yo sé que muchos no.

¿Buscan la profecía autocumplida?

Si viene la derecha, que todo este clima la alimenta, si viene una inestabilidad absoluta o si, simplemente, la derecha se hace con el control mayoritario del Gobierno español y de las instituciones españolas, no va a venir una solución. Si alguien piensa que del caos va a venir una solución para Cataluña, sigue engañándose. Tampoco para Euskadi ni para el Estado.

Necesitamos estabilidad e intentarnos encontrar más o menos en la mitad. Cada uno utilizará sus argumentos, su peso democrático, etcétera. Pero hay que hacer política. Estamos en el siglo XXI, no solo eso, en Europa occidental, que ya no es una serie de países, es un mercado único, instituciones únicas, una moneda única. Del «choque de trenes»… ¿Qué pasa con el Reino Unido ahora? Es complicado prescindir de ello. Tienes que leer también todo eso y saber qué apoyo o fuerza tienes.

No soy quién para decirles lo que tienen que hacer, pero yo lo vi desde el primer momento, semana y media antes, lo vi clarísimo, porque hablas con la gente, ves cómo está el patio, y me sorprendió que se echaran los dados al aire; lo único que podía salir era una jugada peor. Nunca una mejor.

¿Le parecen proporcionadas las acusaciones que afrontan en el juicio?

Absolutamente desproporcionadas. No tienen ni pies ni cabeza. Es más, no tiene ni pies ni cabeza la prisión provisional. Y sí son presos políticos. Y sí hay una mayoría de la sociedad española que quiere dar un escarmiento. Les da igual si se han infringido leyes o no. Si es un motivo para que estén en la cárcel o no. Si es una multa o no. Les da igual que una mayoría amplísima de la sociedad catalana quiera que estas personas estén fuera, porque necesitan ese escarmiento. Los partidos españoles deberían ser didácticos por su propio país, por intentar una sociedad más armoniosa.

La idea de judicializar el asunto ha sido mala. Fue un desastre y ya se lo dijimos al PP. Luego los jueces han cogido vida autónoma, como Llarena, el que metió a Turull el día después de la primera votación para ser presidente y eliminó la posibilidad de un interlocutor político. Intuyo, por una información de la que no puedo estar plenamente seguro, que esto se ha hecho a disgusto del PP, que no esperaba ese movimiento. Porque no ayuda, tensiona todo.

Hay quien opina que Rajoy estuvo más preocupado durante esta crisis de resistir las presiones que le llegaban por la derecha que de los movimientos de Puigdemont. De hecho, ahora en el PP los suyos han sido apartados por el ala más dura y ha aparecido VOX.

Por mi experiencia diría que Rajoy no quería aplicar el 155. Le parecía una medida que iba a complicar las cosas, las iba a tensionar. Y porque creía, y de esto puedo decirle que yo también me sorprendí, que no iba a poder controlar la administración catalana. Sin embargo de ahí no se fue nadie. Se quedaron todos, eh. Lo cual me sorprendió. No voy a decir qué hubiera pasado en otros lugares, porque no ha pasado, pero me sorprendió que se quedaran todos, incluso los cargos políticos de designación. Más pasivos o menos pasivos, pero la cosa siguió funcionando.

Fueron inteligentes al no apretar el pistón, pero sí me consta que él quería quitarse el 155 cuanto antes. Luego se complicó al entrar la gente en la cárcel. Hay un juego del ratón y el gato. Él no quería, pero al final lo judicializó. Entiendo que hubo presiones, pero el 155 lo aprobó Rajoy y Sánchez también, y Rivera. Todos de común acuerdo.

Podría hablar largo y tendido del 155 y sus consecuencias, sobre todo las constitucionales, porque no estaba pensado para disolver un parlamento, ni para tomar el control. De hecho, se planteó en el debate constitucional y se rechazó. Ahora algunos pretenden hacer creer que el 155 supone que en el momento en el que el Senado quiera, a petición del Gobierno, se suspende una autonomía. Oiga, que no, que una autonomía no se puede suspender.

¿Cómo se define el PNV en la cuestión independentista? Porque…

Se lo defino con una palabra. Pregúnteme: ¿Es usted independentista? Respuesta: sí. Por eso estoy en el PNV.

Pero las declaraciones que hacen no son tan claras. Tenemos a Egibar con su lazo amarillo, usted dijo hace poco «querremos decidir», pero Urkullu en 2018 dijo que la independencia de Euskadi no es una  prioridad.

Ojalá nos dieran la posibilidad de hacerlo. Urkullu y Egibar en eso coinciden. Ahora bien, me imagino que no va a pasar mañana por la mañana.

La izquierda abertzale lo ve como que están en el sí pero no.

La izquierda abertzale, cuando el procés estaba en lo alto y todo eran días de vino y rosas, se pasó el día diciendo que nos teníamos que meter. Han forzando manifestaciones, nos han dicho al PNV que teníamos que abrir un segundo frente. Pero nosotros sabíamos cómo iba a evolucionar esto. No sabíamos cómo iban a evolucionar algunas personas, pero hemos tenido una interlocución con todos y eso nos ha dado una atalaya buena. Una panorámica.

Nosotros hemos defendido, y yo mismo desde la tribuna, la causa catalana. Creo en ella. Tienen derecho a decidir su futuro, y si Cataluña fuese independiente no pasa nada. ¡No pasa nada! España seguiría y Cataluña sería otro país independiente. Seguramente, en un país que se va a llamar Europa en un futuro si las cosas van bien, crucemos los dedos, con temas comunes, espero, como el ejército, defensa, fronteras, etcétera. Siendo un país diferente no pasaría nada.

Les hemos defendido a capa y espada, pero su estrategia no era la nuestra. La de la izquierda abertzale parece que sí, pero ahora ya no lo dicen tanto. Ahora Otegi quiere ser hombre de Estado. Se ha puesto el traje de Gerry Adams y es el que va a negociar, el que hablará con Sánchez… ya. Hace dos días decía otra cosa. Porque estos tíos siempre llegan tarde. Primero era independencia, luego autodeterminación, después ni se sabía, independencia y socialismo, matar, tal, no, apoyar a ETA… siempre llegan tarde a todo.

Algo que se debatió fue que una independencia de España supondría salirse de la Unión Europea. Urkullu ha pedido en Bruselas una directiva de claridad que permita que se haga un referéndum de independencia y declararla no suponga salirse de la Unión.

Formalmente supondría una salida de la UE. Es una manera que tienen los Estados europeos de decir: «Cuidadín, no te muevas». Pero ahora seamos sinceros, ¿se puede permitir Europa un país no integrado? Estamos intentando integrar todo el este y la Europa balcánica, ¿y se puede permitir Europa que un país cuyos ciudadanos tienen una voluntad absolutamente europeísta, que ya han formado parte de la Unión, y cuya economía no supondría ningún problema para la UE; se puede permitir el lujo de mantenerlo fuera? Sería para un ratito.

¿Y formulado al revés? ¿Se puede permitir la UE que todas las regiones que están mejor puedan reestablecerse como Estados?

No se confunda. No es estar mejor. No estoy de acuerdo con eso. Si algunas están mejor es porque han tenido un dinamismo propio, lo cual quiere decir que se han sentido nación. Hablemos en serio, yo creo que Galicia es una nación, pero en Galicia tiene mayoría absoluta el PP. Hoy por hoy. Mañana no sé qué va a pasar, pero hoy no está reivindicándose.

Hoy, Euskadi, Cataluña, Flandes, Escocia y quizá Gales en un futuro son los que están buscando su propio espacio en Europa. Eso de decir que luego va a ir el Valle de Aosta pues, oiga, vamos a ver… No. Seamos serios. No sé si en el futuro se unirá la Bretaña francesa o quien sea, pero evidentemente, si hay una mayoría social hay que dar una respuesta. ¿Cuál sería? Que Europa se lo plantease.

No le estoy pidiendo que acepte o que haya una ley, porque sé además que es imposible en una primera estancia que acepte una segregación e integración automática. Pero sí creo, y es a lo que iba Urkullu, que Europa tiene que plantearse que no vale decir «esos organismos de regiones y entes locales», la Asamblea de Municipios y Regiones. Hay otras comunidades autónomas de España, las hay con más peso poblacional y económico que Euskadi, pero no tienen un problema nacional. Todo el mundo se siente español, está muy orgulloso de ser español y quiere seguir siendo español. Tenemos que hablar de donde hay verdaderamente problemas.

Euskadi no es Ródano o no es Extremadura. Tenemos que arbitrar algunos espacios en los que haya lugares que no son Estado para buscar mejor empaste social, porque yo también sé que mi sociedad es plural, aunque en esto seguramente tendríamos una mayoría muy grande, que haya unos planos donde puedan tener mayor presencia en Europa, perteneciendo a España o a Bélgica, se lo tiene que plantear Europa porque tiene un problema nacional interno. Europa debería enfrentarlo ya.

¿Cuál era el mantra de los que estaban en contra de la secesión de Quebec en Canadá? La ley de Claridad. El PSOE trajo aquí a su autor. Hablaba de pregunta clara, mayorías cualificadas, qué territorios, todo. Y yo digo: Vale, estoy de acuerdo. Pero ellos dijeron entonces que Ley de Claridad ya no. Decían que sin violencia todo será posible, pero ¡ay, amigo! ya no hay violencia y no es posible.

Una frontera, aunque sea dentro de la UE, siempre tiene consecuencias económicas, que pueden ser malas para los que se quedan de un lado.

La Unión Europea tendría que arbitrarlo. Hablamos sobre categorías genéricas que no van a ninguna parte, pero luego la práctica nos pone a todos en nuestro sitio. Evidentemente, los nacionalistas catalanes no pueden obviar, igual que los vascos, que estamos dentro de la UE, donde hay una geopolítica diferente, que estamos en el siglo XXI, pero tampoco puede España obviar que estamos en el siglo XXI y que esto no se soluciona con un «aquí mando yo porque tengo más tribunales y gobierno y porque tengo más cañones».

Es una cuestión aritmética que si dentro de un Estado se independiza la parte que está mejor puede empobrecer a la que se queda. ¿Ese enfoque no es pertinente?

¿Y por qué la fórmula genial es la de España? Porque si vamos por enriquecimiento, porque necesitamos zonas ricas, que España anuncie la anexión con Alemania. Así tendremos mucha más pasta todos, más regiones ricas. O con Francia. Si de lo que se trata es de tener más dinero y vivir mejor, pues nos juntamos Francia, España y Portugal, aunque no creo que quieran los portugueses ¿Aquí los nacionalistas somos solo nosotros? Y una gaita.

Hay que admitir que un éxito absoluto del independentismo catalán y vasco es que se confunda el derecho de autodeterminación con el derecho a que todo pueblo tenga su propio Estado.

Sí, no es exactamente así.

Esa visión primordialista del derecho de autodeterminación ha conseguido que hasta PP y PSOE la asuman cuando hacen declaraciones.

El derecho de autodeterminación tiene varias facetas. Digamos que la última fase sería la del Estado propio. Un Estado o un estatus.

En España, con las instituciones autonómicas actuales se puede decir que el derecho de autodeterminación es efectivo y se cumple

Ese cuentíbiris, no. El derecho de autodeterminación cuando se habla en crudo es el derecho de autodeterminación externo, el derecho a decidir tus relaciones con el resto. Incluso el interno tampoco está aquí tan claro, porque tu forma de gobierno está limitada por la Constitución. No te permite determinadas cosas sobre cómo debe ser tu parlamento o tu gobierno.

Mire, de lo que hablamos es de la autodeterminación externa. Los nacionalistas vascos cuando hablamos de esto no nos olvidamos de que hay una parte del País Vasco que está en Francia. Y para mí también es Navarra, pero acepto que en Navarra tendrá que ser una mayoría amplísima la que lo quiera, porque con que lo piense yo no vale.

Soy muy consciente de todo esto y de la variedad de mi país y sus diferentes ideologías, pero creo que en Euskadi hay una mayoría para que haya más autogobierno y una plaza diferente a la de cualquier otra comunidad autónoma en el marco de la Constitución. España no creo que debiera sentirse amenazada. El que tiene un concepto de España uniforme y centralizada, sí, pero hay que moverse en esos términos.

Los países que nos rodean son más restrictivos. En Portugal, por ejemplo, la Constitución prohíbe los partidos de obediencia regional…

Portugal es uniforme. Lo único que podría querer es anexionarse Galicia o los gallegos a Portugal, que no creo que quieran hacerlo ni unos ni otros.

Francia.

Sí, Francia lo tiene prohibido en la propia Constitución. No me ponga ese ejemplo. La Carta de Lenguas europea no la ha ratificado Francia. Una auténtica vergüenza. Ese concepto de «una lengua, un parlamento, una ley» que viene con la Revolución Francesa es el que luego importa España a sus propias constituciones. En Francia choca, pero emplean la guillotina, deportaciones… y España, al final, fíjese qué siglo XIX más convulso. Esa idea de una ley y una lengua choca con unos territorios durante siglos y siglos. Unos se amoldan más, y otros seguimos aquí.

Y en Italia, el año pasado por primera vez, el sardo entró en la escuela y tímidamente; las demás lenguas siguen en la calle. Solo quiero decir que viendo nuestro entorno europeo, igual usted tendría que decirles a ellos: «¡España es un prodigio!».

Sí, pero como yo no le digo a los catalanes a lo que tienen que aspirar, les respeto y creo que tiene que estar en sus manos lo que ellos desean, ni usted ni yo podemos, ninguno podemos decir a los demás: «a usted ya le vale, usted ya tiene». Es que igual yo lo que quiero es esto: «A usted le parece que con el plato de natillas tengo suficiente, pero es que en realidad tengo buena barriga y necesito dos». ¿Esto quién lo tiene que juzgar?

En España ¿hay autonomía, hay autogobierno? Claro, claro. El problema que tenemos es que no hay un árbitro neutral. Lo que hay es que hemos firmado un estatuto de autonomía que no está todavía cumplido. Hay competencias que todavía no han sido transferidas. Entonces la excusa era ETA, ahora te dicen que no. Contestas que viene en el Estatuto y no. «Es que nos equivocamos». ¿Pero no está en la ley? España mucho tal pero luego no se cree ni su propia ley, que te la van recortando.

Además, ha pasado una nueva generación, yo no tenía edad para votar la Constitución española, tenía dieciséis años, y para el Estatuto tampoco. Empiezo a pensar ya más en cómo va a quedar la jubilación que en otras cosas. Si quisiéramos un nuevo estatus y una nueva ley, si ya somos otra generación ¿no podemos negociar? El mundo ha cambiado. Y la respuesta es no. O lo que ha dicho Casado, que hay que recentralizar.

En la Transición catalanes y vascos estuvimos reivindicando las autonomías, en caso contrario no las habría habido. Así de claro. Ahora bien, lamentablemente, en una gran parte de la sociedad española y sus partidos políticos, ese espíritu del autogobierno, de dejar hacer, de las diferencias, no existe. Sigue la misma idea de la teórica España eterna.

Con el concierto hay quejas de que el gasto público en Euskadi es más del doble que en otros lugares, especialmente del sur.

No lo sé, puede ser.

¿A usted le parecería admisible que hubiera esa desigualdad dentro de Euskadi, entre Álava y Gipuzkoa, por ejemplo?

La hay. En el ámbito social hay municipios que reciben menos que otros. Los de Álava creo que tienen más por habitante.

¿Serán desigualdades tan acentuadas?

No lo sé, pero lo que quiero decir es algo de lo que la gente no se da cuenta. Eso de que los vascos tienen más pelas y se las reparten como les da la gana entre ellos porque el PNV es un mago de las finanzas y le roba a todos los presidentes españoles la pasta, no. Nosotros no recibimos dinero del Estado, lo recaudamos y luego pagamos. Durante todos estos años que se ha estado haciendo el AVE a Sevilla, Málaga, Galicia, Valencia, Barcelona… nosotros hemos pagado el 6,4% de ese AVE y a Bilbao o a Donostia, ni siquiera a Vitoria, todavía no ha llegado. Se invierta o no en Euskadi, nosotros pagamos un porcentaje, igual que en otros temas.

Luego hay opciones. ¿Quién se gasta qué en qué? Nuestra prioridad ha sido siempre educación y sanidad. Ahí ha ido un montón de tela. Coja proporcionalmente a la hora de hacer el reparto qué se dedica a sanidad y qué a otras cosas y eso son opciones políticas. No voy a poner ejemplos, pero se pueden poner con nombres y apellidos de amigos y no tan amigos: ¿quién es el responsable del desastre de gestión que ha habido en tantas y tantas comunidades autónomas durante todo este tiempo? Los dos grandes partidos españoles, el PP y el PSOE.

Esto de «¡bajamos los impuestos!», otro de los mantras cachondos que me alucinan. Si tú eres el que tiene que recaudar, si verdaderamente eres responsable, eso no lo puedes decir tan fácilmente. Tendrás que calcular. Si algún impuesto lo bajas, será  porque vas a recaudar más de otra manera o porque vas a subir otro impuesto. El discurso no es tan sencillo como ese. Nosotros tenemos que ser responsables, hacer que ese dinero circule bien, que tenga un rendimiento, no dispararnos con nuestra deuda pública. Igual ocurre porque somos responsables de recaudar nuestro dinero, pero también hay una gestión detrás. Esto de que viene Aitor con el tractor y Andoni Ortuzar con la varita y Urkullu que es un mago, pues no. Eso es un discurso muy simplón.

Felipe González ha dicho que la única solución es el Estado federal.

Yo, de Felipe, ya paso.

Pero lo ha puesto sobre la mesa.

No sé, como ha dicho tantas cosas sobre Cataluña… Pero mire, el Estado federal es que no lo quieren en otros lugares de España. Si es Euskadi, con Navarra con su estatus foral y Cataluña con Madrid, sí, pero el resto… Es como el Senado, donde se iba a discutir la política territorial y solo están los grandes partidos repartiéndoselo todo. Nosotros somos una minoría ante dieciocho comunidades autónomas y siempre va a ser que no.

Nadie está pensando en una España federal. Si hay comunidades autónomas que han propuesto devolver las competencias al Estado, como la sanidad, que nunca las pidieron, que se la dieron los grandes partidos al alimón. Si están planteando la devolución de educación. ¿En Euskadi o en Cataluña alguien te va a devolver la sanidad o la educación? Evidentemente que no. Dejemos de hacernos trampas al solitario. Enfrentemos el problema en serio. Lo del café para todos no cuela. Una descentralización es importante, pero si consiste en cambiar el título de Estado de las autonomías a Estado federal, para eso…

Mi enfoque es que el dinero son habas contadas: donde pones, quitas de otro lado. Ahora, por ejemplo, con los recursos que demanda lo que se llama España vaciada, ¿cómo se podrían enfrentar las reformas federales?

Me alegro de que me hable de la España vaciada. Muchas veces se me ocurren iniciativas, pero no las digo porque me dirían que meto la nariz en los asuntos de otros. Para empezar: Madrid es una aspiradora. En Madrid es donde está el paraíso fiscal español. Es una auténtica vergüenza. Nosotros tenemos con el concierto un nivel impositivo superior a la media, pero es que Madrid es una aspiradora y no pasa nada. Todos los gobiernos españoles han pensado solo en Madrid, como si Madrid fuera el gran centro de la granja desde el que se controla todo y se gobierna todo.

¿Cuándo se ha pensando en desarrollar algún tipo de industria? ¿Cuándo se ha dicho vamos a desviar algún desarrollo educativo que vaya asociado a este tipo de tejido productivo porque va muy bien por la zona o por la ubicación? Si además no tienes una autonomía real porque no recaudas…La forma de concebir España, todo el día con ¡España, España! en la boca, pero luego es Madrid. ¿Alguien ha pensado en un desarrollo de país? No, y hay lugares que son más dinámicos.

Cuando nosotros cogimos el concierto económico había un 28% de paro en Euskadi con toda la siderurgia destrozada, todos los astilleros al cuerno, toda nuestra industria se había ido al garete, hubo que reinventarse. Bilbao era una ciudad gris de industria parada y obsoleta. Nosotros optamos por el concierto por eso de «oiga, yo me fío de mí mismo». Cuando elegimos el concierto los catalanes nos dijeron «¿Estáis locos? ¿Dónde vais a recaudar si se os está cayendo toda la industria? Además, recaudar es lo más impopular del mundo, lo popular es gastar». Pero lo cogimos y sacamos la economía adelante.

Ahora vemos que la cosa funciona, que se ha hecho una buena gestión y no ha venido Madrid a echarnos un cable. Además, hemos tenido todo el handicap de ETA que ha ahuyentado el desarrollo del país más allá del daño familiar y social. Hemos tenido grandes dificultades y porque haya habido una buena gestión a través de nuestros recursos, que ahora se diga… es una lectura muy poco profunda.

Respecto a paraísos fiscales, el caso de Rafael Nadal, que sus sociedades tributaban en el País Vasco sin tener allí su actividad, ¿es una excepción?

Supongo que sí, porque las haciendas vascas han sido investigadas hasta por la Unión Europea. Estamos homologados absoluta y perfectamente. Si hay algún superchollo de esos, que me lo cuenten, que igual hasta me puedo apuntar yo… No, nunca lo haría. No sé qué haría él, qué fórmula emplearía.

Nosotros no aparecemos en la lista de paraísos fiscales. El propio concierto dice que los impuestos tienen que ser iguales o superiores a la media estatal. Si hubiera habido de eso habría salido en prensa echando betún, aunque tal vez debería mirarse un poco en el espejo la hacienda española, que ya se ve qué legislación había con Ronaldo, etc…

El modelo educativo vasco tiene diferentes opciones según el euskera que se quiera como lengua vehicular. Mayoritariamente, se escogen las opciones con más euskera. Con un sistema flexible como este, ¿qué visión tiene de la inmersión catalana?

Creo que estamos en dos situaciones lingüísticas diferentes. Nosotros siempre hemos optado por esta porque recuerdo que se criticó por parte de PP y PSOE que la opción D iba creciendo en detrimento de la A y era porque el gobierno estaba desviando… pero llegaron ellos al poder y siguió creciendo la D. Algo que es normal, si así tu hijo va a  dominar un idioma más, por qué no. Es un proceso natural.

Nuestra lengua no es latina, es difícil de comprender, tiene una sintaxis absolutamente contraria a la del castellano. No es tan sencilla de aprender. La lengua materna de mis hijos es el euskera, y en la ikastola con dos añitos se juntaban con dos o tres de los que tenían de lengua materna el euskera, y había otro grupito de diez que se les notaba que no era su lengua materna porque aquello no funcionaba. Pero, poco a poco, a estos se les fueron dando clases especiales, van cogiendo, van aprendiendo de niños, y al final en dos añitos estaban todos integrados. Hemos desarrollado toda una pedagogía.

El catalán es una lengua latina. Yo a veces me pongo a hablar en catalán con ellos y no lo he estudiado en mi vida. He mirado un poquito la gramática y, si te pones a ello, no sé si en seis meses, pero en ocho meses… y no te digo nada si sabes francés, si sabes francés y español. La mayoría de la población allí sabe catalán. El proceso natural es que los críos se escolaricen en ese idioma. Como parece que el proceso natural en Castilla sea el castellano.

Lo que llama la atención es que se pida que también sea en castellano, porque hay mucha gente en Cataluña que no habla catalán. Sí que hay gente que no lo habla, pero yo diría que no precisamente los críos y las personas jóvenes. En Cataluña el idioma tiene una presencia muy generalizada. Además nunca ha estado en cuestión y fíjese si lleva años. Ahora bien, yo tampoco soy quién para defender o dejar de defender el catalán. Yo le encuentro esa lógica. Nosotros hemos optado por la nuestra y funciona bien.

La opción D, la opción en euskera, se coge mayoritariamente en todas las fases de la educación. En primaria, secundaria, etc… menos en una. En Formación Profesional la más elegida es la opción en castellano, ¿por qué?

En Formación Profesional tenemos un problema con el cuadro de profesorado. Y depende. Siempre es verdad que en este proceso hay una gente que controla perfectísimamente el idioma y otra que no acaba controlando al cien por cien todas las herramientas del idioma. Puede estudiar, entiende perfectamente, lee, puede escribir, pero igual le cuesta expresarse o buscar la expresión correcta a la hora de escribir. Eso se va notando al cabo del tiempo. Formación Profesional se adopta ya con una edad y supongo que ahí también hay un grupo de gente que se ve con menos herramientas.

Aunque la Formación Profesional en Euskadi tampoco es la hermana menor de nada. El FP actualmente tiene un nivel universitario. Pero también le diría váyase a la formación dual en Eibar, Mondragón y toda esa zona, todas las máquinas tienen sus letreros en euskera y todos sus alumnos hablan en euskera. No sé lo que darán esas estadísticas, pero yo le diría que hacer la generalización de que los tontos o los menos capacitados ni aprenden euskera y encima los mandamos a FP en lugar de la universidad, si me está diciendo eso, le digo que no es verdad. Hay gente que luego se pasa al castellano en bachillerato, en los últimos cursos.

Hay una cosa que los castellanos no entienden porque nunca han visto a su lengua en peligro. De hecho se vanaglorian de que sea la segunda o tercera más hablada del mundo. Pero cuando hablas de idiomas en Euskadi, se ponen ¡no, es que el castellano está desapareciendo! Pero qué va a desaparecer, si está por todas partes. Pero para el euskera o el catalán, su presencia en la educación o en el sistema educativo, que sea una lengua que no sea de aprender y que luego no sirva para nada, sino una lengua que tenga una utilidad, es fundamental para su supervivencia, y eso los españoles no se dan cuenta.

Las críticas que se pueden leer en este sentido, que piden más flexibilidad, creo que van más por el hecho de que la Unesco recomienda la enseñanza en lengua materna porque en caso contrario puede tener consecuencias en el aprendizaje del alumno, sobre todo para el alumno con dificultades. Pero no lo dice para España, sino para todo el mundo.

Estoy de acuerdo, y yo creo que hay que poner apoyos. En Euskadi pueden elegir el modelo y en Cataluña seguro que hay apoyos. Yo estoy de acuerdo con lo de la lengua materna, me imagino también que en algún barrio de Madrid es necesario el idioma wólof o el tamazight. Si lo queremos llevar al extremo, llevémoslo al extremo. Yo no me opondría. ¿Dónde está el mayor fracaso escolar en España? En Ceuta y en Melilla, y estoy convencido de que más allá de la desestructuralización y la pobreza el problema es el idioma. Yo dije que pusieran clases los tres primeros años en bereber en Melilla y en árabe en Ceuta, que luego al quinto año pasen a castellano, que no pasa nada, pero den ese apoyo para que los chavales puedan pasar. Eso lo he dicho yo aquí y ni puñetero caso.

Le veo con impulsos de gobernar un poco España.

Lo haríamos mejor, lo que pasa es que no tenemos ninguna vocación. No queremos hacer ninguna Operación Roca como los catalanes aquella vez. Nosotros solo queremos que España nos deje a nosotros gobernarnos; Madrid a lo suyo y nosotros a lo nuestro.

Cuando salieron las cuentas de los partidos en julio de 2007 con la Ley de Financiación de Partidos Políticos, se vio que el PNV recibía más donaciones anónimas y privadas que el PP, siendo uno un partido autonómico y el otro estatal.

Es cierto. También hemos tenido donaciones de patrimonio importantes y es resultado del trabajo de los batzokis. Pero más allá de eso creo que somos el único partido político que tiene consolidadas todas las cuentas, las de todas sus organizaciones. Cada vez que pasa el Tribunal de Cuentas eso es como un ejército que te paraliza la contabilidad durante un montón de tiempo. Lo que siempre he echado de menos en el Tribunal de Cuentas es que dentro solo hay dos familias políticas. ¿Por qué no dejamos que al menos uno de sus miembros lo proponga cada partido político? Así nos vigilamos todos y andamos todos con más cuidadito. Porque unos andamos más vigilados y otros al menos tienen interlocución.

Cuando entró Bildu en Gipuzkoa, dijo Egibar que parecía que había llegado la Stasi por cómo fiscalizaron sus cuentas pasadas.

Claro, porque la obsesión de Bildu es sentarse en nuestra silla. Todo lo que crean que van a encontrar en nuestra contra lo quieren utilizar. Pero no encontraron nada.

En mayo llega la sentencia del Caso De Miguel, calificado como «el caso de corrupción más grande jamás juzgado en la comunidad vasca».

Pues es la leche porque son cuatrocientos mil euros de daño público, ya me dirá usted comparado con todos los casos que hay en España. Pero la gran diferencia no es esa, sino que el PNV actuó inmediatamente. En cuanto se supo, les pidió el carné, les separó del partido y se les quitaron todas las responsabilidades que tenían. Eso no se lo he visto hacer a ningún partido. Desde luego quedó acreditado que no hay acusación contra el PNV como organización política y, por lo tanto, en esta segunda parte del juicio no se está dilucidando eso. Es contra unas personas. Vamos a ver en qué queda eso. Se pueden tomar todas las medidas contra la corrupción que se quieran, pero lo importante es que desde la cúpula del partido se tomen medidas. Dar un plastazo. Ahora, si es la cúpula la que está implicada… Por eso algunos no pueden dar plastazos, porque se los darían a sí mismos.

Arzalluz ha fallecido este año. En el recuerdo ha dejado muchas frases que yo creo que ya es tópico darle más vueltas. Sin embargo, hay una vivencia suya que contó Carlos Garaikoetxea que es poco conocida y que a mí me parece muy relevante. En sus memorias políticas, Euskadi: La transición inacabada (Planeta, 2002), el exlehendakari Garaikoetxea escribió que Arzalluz dijo, y que él lo tenía grabado en una cinta, que llegó a un «pacto de caballeros» con el rey Juan Carlos, quien le propuso cambiar al lehendakari, desalojarlo de Ajuria Enea, apelando al peligro de involución por parte de los militares, ya que ponía dificultades al entendimiento entre Madrid y Euskadi, entre otras cosas, como que no ondease la bandera española en la sede del Gobierno vasco.

No viví la escisión en las entrañas. Si esto fuera un ejército, lo viví como un sargento o un teniente. Un compañero, Mikel Legarda, tiene una frase muy ilustrativa al respecto. Suele decir que en las peleas, y más en las internas de los partidos, los más agresivos suelen ser los soldados y los sargentos y nunca los generales. Porque los generales saben de qué va la cosa. En cambio, normalmente, la gente cree a pies juntillas todo lo que transmite la persona en la que tú crees y te lo tomas más visceral. Las peleas internas de los partidos son lo más desagradable que puede haber nunca. Pero a Garaikoetxea no lo sacó el rey. ¿El rey qué pinta aquí? ¿Y el rey con Arzalluz?

Le leo un poco: «Existía un impulso regio para desestabilizar mi gobierno y sacarme a mí de Ajuria Enea, así como una exigencia de abandono de nuestra acción política en Navarra»… «varios problemas, para algunos de los cuales pedía su colaboración en una especie de pacto de caballeros». Esto lo dijo Arzalluz a La Vanguardia, le llegaron las grabaciones a Garaikoetxea, que las mandó a la Casa Real a ver si eran ciertas y como no recibió respuesta alguna les dio carta de veracidad.

Porque no lo desmintió… Personalmente, no tengo ni idea. No estuve en el intríngulis de esto. Algunas cosas las he conocido después. Garaikoetxea se va porque son dos egos importantes. El de Xabier también, pero sobre todo el de Garaikoetxea, al que la bicefalia se le hacía muy difícil. Intentó hacer un movimiento en el que el gobierno se impusiera en el partido y eso en la tradición nacionalista vasca es muy complicado y se lleva muy mal. Era un movimiento en detrimento de las diputaciones forales. Esto, mezclado con las filias y las fobias de unos y otros, más un momento determinado en Navarra, eso va a ir generando un clima en el que al final todo se convierte en intereses personales. ¿El rey qué interés podía tener ahí? ¿El gobierno de Garaikoetxea le hacía daño al rey? El rey estaría pensando en dónde iba a pasar las vacaciones y a qué animalito se iba a cargar el mes siguiente. Me parece que es darse demasiada importancia.

Como lo plantea, lo leo al exlehendakari en sus memorias y me parece una fuente autorizada y un asunto importante; el rey maniobrando para cargarse un gobierno vasco y lograrlo. Lo suficiente como para que al menos lo comentemos.

¿Y cuál es el interés de Xabier para darle lo que quiere al rey y montar un pochocho en el partido de campeonato? Se me escapa.

La verdad es que la bandera española no ondeó en Ajuria Enea hasta 2009, y por sentencia judicial.

Fíjese, él se fue mucho antes. ¿Para qué va a hacer Arzalluz un pacto con el rey contra su partido? ¿Estamos tontos? Es una tontería, una sandez.

Euskadi ahora está en una fase de postconflicto. Una situación que se dé donde se dé es complicada de manejar. Las críticas que están recibiendo ustedes son que están situando en el mismo plano el discurso de las víctimas y el de los terroristas.

Hacer un relato único es imposible, cada uno lo vivió como lo vivió. Sectores ligados al PP quisieron hacer una verdad única y verdadera. Hacer una verdad, con tantas historietas, como la que me acaba de contar, pues son muy complicadas. Por no decir imposibles de construir.

Personalmente creo, y puedo discrepar de mi partido o de las instituciones vascas, que necesitamos poso y reposo. Algunos lo que tienen que hacer es mirarse al espejo, ver lo que hicieron. No pueden ir encima sacando pecho. Un respeto.

Pero la sociedad vasca ha respirado. Cada uno pensará cómo lo vivió, cómo se sintió, qué debería haber hecho, qué no. Si actuó, si no actuó. Desde todos los puntos de vista habría que verlo. El relato único oculta las torturas, los desmanes policiales, las policías políticas. Si quieres hacer algo conjunto tendrías que hablar de eso, pero si lo haces te acusan de no querer la verdad, de blanquear a ETA.

La primera manifestación contra la violencia y contra ETA la hizo el PNV el 25 de octubre de 1978. Nosotros. La izquierda abertzale contraprogramó otra manifestación. «Por los gudaris de ayer y de hoy», decía, que para mí ETA nunca han sido gudaris. Aquí hay muchas historias familiares, personales, nosotros necesitamos reposo y que se vaya pasando el tiempo. Yo tengo mis dificultades para mantener diálogos sosegados con determinada gente porque hemos vivido cosas y conocemos. Sabemos. Olvidar ni para unos ni para otros va a ser fácil, cada uno desde su ideología.

ETA ha sido una fuente de problemas para el país, de sufrimiento en las familias, también para las suyas propias. Han causado auténticos dramas, al final para nada. Para hacer una lectura de que «nosotros somos la élite, nosotros sabemos lo que conviene y esto va a ser así». Se han equivocado siempre una y otra vez, siempre desde la imposición y con métodos totalitarios. Yo no creo, sinceramente, en un relato único. A los hechos individuales hay que llamarlos por su nombre.

ETA practicó el terrorismo y era lo que era, ahí está la historia. Pero pretender que esa sea la verdad absoluta y que no haya habido torturas policiales y Lasas y Zabalas… Hay cosas que al Estado le deberían dar vergüenza, el Estado no puede entrar en los mismos métodos en los que la organización terrorista se ha degradado.

No tenemos ninguna duda de lo que hizo el gobierno, pero lo seguirá negando en público. Es verdad que hay crímenes de ETA sin investigar o aclararse, ¿pero cuántas cosas hay también que se hicieron desde el propio gobierno o la policía? Ministros del Interior y secretarios de Estado han acabado en la cárcel, por algo sería. Nos acordamos de la X y todo aquello. Nosotros sufrimos un atentado en el que mataron a seis afiliados nuestros en un bar y estamos preguntando constantemente. Sabemos que la pista era policial, pero nadie encuentra un papel de nada. ¡Nada! No hay nada en ningún sitio, ni en los juzgados ni en el Ministerio del Interior. Alucinante. Dentro de cien años aparecerán, pero en cien años todos calvos.

En cuanto al postconflicto como intento político de que los enfrentamientos de los abuelos no se transmitan a las nuevas generaciones, ¿la Transición española qué valoración le merece?

Las cosas hay que contarlas, lo que quiero decir es que mi folio no será el mismo que el de María San Gil, y tampoco que el de Otegi. Los dos se iban a cabrear mucho con mi folio. Por eso creo que hay que contar las cosas, cada uno desde su punto de vista, pero contarlas. Y de la Transición no se ha contado todo. Igual un día conseguimos cambiar la ley de secretos oficiales.

Yo pensaba en la guerra civil.

Aquí se echaron paladas. En España siguieron los mismos jueces, la misma policía, los que se habían quedado con negocios, los Franco siguen siendo personajes de la prensa rosa, con sus propiedades… al rey lo nombró Franco. Con el ejército muchos se tuvieron que callar, pero después de cuarenta años algunos ni siquiera aceptan que se puedan decir algunas cosas. A mí no me parece modélica la Transición española. Se hizo bajo la presión de los sables con el miedo a que podía darse un golpe de Estado. Por eso digo lo de la ley de secretos oficiales. Aquí se han creado leyendas que sinceramente no me las creo.

En el documental El fin de ETA (de Justin Webster), que entrevista a Rubalcaba, a Eguiguren, a Otegi… Mi impresión es que todos los testimonios ponen de manifiesto que se logró acabar con ETA, aparte de por el trabajo policial, explotando las contradicciones de la izquierda abertzale. Ustedes unos años antes propusieron como solución al conflicto el libre Estado asociado del Plan Ibarretxe.

Hubo muchas circunstancias. La izquierda abertzale siempre ha jugado a lo mismo. Ahora nos decían que iban a pactar presupuestos, pero era marear la perdiz para al final hacer caer el presupuesto. Siempre es lo mismo. Vamos a hablar, vamos a tal, pero al final tiene que salir lo mío.

Nosotros hicimos un intento sincero. Tomamos la temperatura en todos los sitios siempre. Pensamos que había posibilidades serias de dejar la violencia, pero luego se vio que no era así, desgraciadamente.

Luego a ETA la ha ido derrotando su propio camino. Yo creo que la sociedad vasca estaba hartísima del asunto. Se ahogaron sus finanzas, le ahogó el 11S y luego el 11M, cambió la colaboración policial europea.

Después del 11S y el 11M planificaron sus atentados más sangrientos, al por mayor, que por suerte fueron todos frustrados.

ETA hacía barbaridades ya desde el año ochenta. El gran salto absolutamente indiscriminado fue Hipercor. Luego lo de Blanco fue otro salto terrible. Capacidad operativa siempre han tenido. Pero al final, el día que se quite la careta la dirección de ETA, la mitad serán guardias civiles, porque tendrían que estar ya muy infiltrados, debían estar como un queso gruyere. Y hubo un momento en que Francia jugó a no dar información a España, pero cuando colaboró, ETA lo pasó mal.

También hubo un movimiento de la izquierda abertzale cada vez mayor que no le veía salida a la violencia. Todo se va cerrando y, de hecho, en el tema económico yo seguiría votando que no a la Ley de Partidos, pero tengo que reconocer que les hizo daño. En términos políticos fue inaceptable, pero eso dificultó su acción. Impidió a su expresión política tener representación.

El problema de una ley de partidos de ese tipo es cogerle gusto.

Hay algunos que hasta la quieren ampliar.


Pedro Rivera: «El cómic, el cine y la literatura me han ayudado a tener una mente abierta»

Pedro Rivera Barrachina (Cartagena, 1974) es licenciado en Derecho por la Universidad de Murcia y desde 2016 forma parte del Consejo de Gobierno de la CARM, primero como consejero de Fomento y actualmente como consejero de la Presidencia. Firme defensor de la justicia gratuita ejerció como letrado y luego como coordinador del turno de oficio del Colegio de Abogados de Murcia.

Pedro nos recibe en su despacho presidencial y a primera vista ya observamos que esta entrevista no se va a centrar en cuestiones políticas. Las paredes, tapizadas con láminas y pósteres de cómics y películas clásicas, nos muestran la admiración del consejero por personajes como Tintín, Corto Maltés o Alack Sinner.  También por Ransom Stoddard, Sherlock Holmes o Atticus Finch, del que se confiesa admirador y quien a la postre le ha inspirado su nick en Twitter.

Alfonso Zapico dedicó un ejemplar de su Dublinés al consejero de la Bande Desinée del Gobierno de Murcia. ¿Cómo es la relación de consejero de la Presidencia con el consejero de BD?

Me gusta mucho Alfonso Zapico. Y me encantó esa dedicatoria que me hizo. Soy un apasionado del cómic en general desde que tengo uso de razón y no lo oculto, como puedes ver en mis redes sociales e incluso en la propia decoración que adorna mi despacho en la Consejería. De las distintas corrientes existentes, la que más me gusta es la europea y dentro de ella el cómic franco-belga. Empecé a leer precisamente con los álbumes de Astérix y los de Tintín y a partir de ellos me interesé por otros cómics.

¿Por qué el cómic franco-belga tiene tanta riqueza y goza de tan buena salud y el cómic español no?

Es una buena pregunta y creo que la respuesta pasa por la conciencia que tienen los propios lectores respecto del cómic. En España el cómic, o tebeo como lo hemos llamado tradicionalmente, se ve como un arte menor y encuadrado dentro del mundo del entretenimiento, con minúsculas. Sin embargo, tanto en Francia como en Bélgica, los lectores lo equiparan a la literatura y ya desde los años sesenta comienza a ser objeto de investigaciones y estudios académicos. En cualquiera de los dos países es prácticamente imposible entrar en una casa sin que haya un cómic; es un regalo habitual y tiene lectores en todas las franja de edad. No es infrecuente ver en librerías de cómic especializadas a niños con sus abuelos. En su momento se dio el salto de considerar el cómic como un mero entretenimiento a verlo como un arte capaz de producir obras muy interesantes. Tal es así que  podemos encontrar cómics en cualquier librería o museo. En España, sin embargo, el cómic está entrando en las pinacotecas ahora precisamente: los museos del Prado, Reina Sofía o el Thyssen le han dedicado exposiciones e incluso han editado cómics.

Hay un dato muy curioso y revelador y es que este proceso de prestigio de los cómics en nuestro país comienza sacándolos de los quioscos, que era donde se vendían habitualmente, para llevarlos a las librerías. Y esto se ha conseguido pasando a denominar determinadas obras con el término novela gráfica, ideado por Will Eisner, que se ha demostrado muy eficaz. En el momento en que la gente ve una publicación en una librería generalista con una edición bien cuidada se supera la dificultad inicial. En cualquier caso hay mucho que hacer todavía. Está ayudando también en España que se haya creado el Premio Nacional de Cómic, un prestigioso galardón que concede el Ministerio de Cultura.

El año pasado lo ganó la obra El paraíso perdido del ilustrador Pablo Auladell y escoció un poco en el mundo del cómic.

Pablo Auladell es un dibujante extraordinario y es verdad que hubo algo de polémica con la obra porque su formato se asemeja más a un libro ilustrado.  Ahora bien, me pregunto por qué se ha generado esa discusión cuando el cómic, del mismo modo que ocurre con otras artes, no se debe encorsetar. Eso sí, veo positivo que se entable ese debate precisamente entre críticos, porque ayuda a la consideración del cómic como el arte que es.

Estudiaste derecho y tu nick en twitter es @pedroatticus. ¿Cuándo descubriste Matar a un ruiseñor? ¿El cine influyó en tu decisión de hacerte abogado?

Pues yo diría que sí. Matar a un ruiseñor es una película  que a mí me impactó mucho cuando la vi. De hecho hace poco presenté la película en un ciclo de la Filmoteca Regional que se llamaba La película de tu vida donde invitan a personas de la Región de Murcia de distintos ámbitos a elegir un filme que para ellos haya sido importante en su vida. Mis dos películas preferidas son El hombre tranquilo, de John Ford y Matar a un ruiseñor, de Robert Mulligan. El hombre tranquilo ya había sido escogida, y aunque tengo especial debilidad por ella por encima del resto, pensé que en realidad a mí vitalmente me había influido mucho más Matar a un ruiseñor, por el personaje de Atticus Finch. En todos mis lugares de trabajo siempre ha habido una imagen de Gregory Peck interpretando a Atticus. Como podéis ver, tengo aquí en el despacho el cartel de la película. En mi vida profesional he procurado regirme por una ética intachable y Atticus Finch siempre me ha inspirado en mi ejercicio como abogado. También es el padre que me gustaría ser para mis hijas.

Fuiste coordinador de la Comisión de Turno de Oficio y Justicia Gratuita de la Comunidad. ¿Es la justicia igual para todos los españoles?

Efectivamente, tuve el honor de coordinar durante ocho años el turno de Oficio del Colegio de Abogados de Murcia y ser el representante en la Comisión de Justicia Gratuita de la Región de Murcia de los tres colegios de abogados de nuestra comunidad autónoma: Murcia, Cartagena y Lorca. Durante ese tiempo pude constatar la importancia que tiene el turno de oficio y la justicia gratuita para que la justicia sea igual para todos. El abogado de oficio tiene una cualificación y una profesionalidad incuestionable: se le exige llevar varios años ejerciendo la abogacía y realizar unos cursos de especialización para poder acceder al turno. Gracias a esos abogados se puede decir que las personas sin medios, sin recursos, tienen la posibilidad de defenderse ante los tribunales de justicia en igualdad de condiciones que el resto de ciudadanos. Son grandes profesionales. Estoy muy orgulloso del trabajo de mis compañeros y de haber sido letrado del turno de oficio.

«La libertad de expresión no es patrimonio de nadie. Es de todos y la seguiré ejerciendo. Le pese a quien le pese». ¿Es una frase de Valtonyc?

Es una frase mía que escribí como reacción a varios comentarios injuriosos vertidos en redes sociales sobre cierto tema que había generado polémica. Me gustan las redes sociales, especialmente Twitter, y suelo utilizarlas para comunicarme. Respeto todas las opiniones por distintas que sean, pero siempre con un límite, los derechos de la otra persona. Las cosas dichas con respeto enriquecen, aunque no nos gusten. La libertad de expresión es un derecho fundamental que tenemos todos y que hemos de defender. Pero ciertos comentarios injuriosos y calumniosos no se deben consentir. Hay veces que en las redes sociales la gente, incluso con sus propias identidades, traspasa esos límites sin darse cuenta que están utilizando un medio de expresión público.

El eternauta fue una obra censurada por la dictadura Argentina desde 1976. Además fue la causa del asesinato y la tortura de su autor, H. G. Oesterheld. Actualmente, Mauricio Macri también la ha prohibido en las escuelas por el supuesto adoctrinamiento que puede provocar su lectura. ¿Qué te pareció este cómic? ¿Crees que los cómics pueden adoctrinar?

Oesterheld fue uno de los desaparecidos durante la dictadura argentina, posiblemente fuera torturado y asesinado. Sigo preguntándome y seguiré preguntando, como hacen muchos, ¿dónde está Oesterheld?

Oesterheld era maravilloso. Como guionista fue absolutamente extraordinario, estaba dotado de una gran sensibilidad. El hecho es que lo que Oesterheld escribía molestaba a algunos porque ejercía su libertad de expresión y además lo hacía con belleza. Sus cómics siguen siendo actuales. Los valores que Oesterheld muestra en su Eternauta son valores positivos y universales. No sé qué pudieron ver en la dictadura argentina para entender que Oesterheld era un peligro. Lo que él contaba consigue emocionarte todavía años después de su muerte. Si han prohibido el cómic en Argentina es un craso error porque ni los cómics ni los libros adoctrinan motu proprio.

¿En esa línea no te parece que el cómic tiene un elemento subversivo que va un poquito más allá que el libro?

Puede que tengas razón y se dé ese componente más subversivo en el cómic que en otros medios. En cualquier caso es un medio de expresión que da pie, como ocurre con el resto, a realizar cualquier tipo de planteamiento ideológico. Y no hablo necesariamente del cómic satírico pues hay muchos autores, por ejemplo Oesterheld, que hacen una crítica política muy interesante, consiguiendo despertar conciencias y hacernos reflexionar y pensar. Escuchar solo lo que quieres oír y lo que tú piensas es lo más cómodo, pero no te aporta nada. Conocer lo que opinan quienes tienen ideas distintas a la tuyas te enriquece. Y a mí el cómic, el cine y la literatura me han ayudado a tener una mente abierta. Otro de mis autores preferidos, que me han marcado mucho a la hora de desarrollar un pensamiento crítico, es Hugo Pratt. Su Corto Maltés representa a ese tipo de persona libre, que no se casa con nadie y que cuando interviene en los acontecimientos lo hace siempre poniéndose del lado del más débil. Los guiones de Pratt son un canto a la aventura y a la libertad, a lo que contribuyen, sin duda, los paisajes en los que ambienta gran parte de sus historias: la mar, la sabana, las estepas siberianas…

Otro gran personaje es el Capitán Trueno de Víctor Mora. ¿Tiene algún parecido con Corto Maltés?

Creo que llegué demasiado tarde al Capitán Trueno porque es un personaje de una época muy anterior a cuando yo empecé a leer cómics, aunque conservo algunos álbumes guionizados por Victor Mora y dibujados por Ambrós. Sí que diría que comparte elementos y valores con Corto Maltés porque vive aventuras por todo el mundo, participa en acontecimientos históricos importantes de su época y porque entra en relación con los débiles para ayudarlos.

Corto Maltés destaca por esa forma de ser silenciosa con la que contempla la realidad que le rodea.

Corto Maltés recorre uno de los períodos más interesante del siglo XX: desde la Primera Guerra Mundial hasta su desaparición en la Guerra Civil Española, a la que Hugo Pratt llamó la última guerra romántica. Yo, sin embargo, niego que se la pueda denominar así porque en ella se usaron armas muy destructivas y se cometieron grandes infamias por ambos bandos. En cualquier caso, es cierto que la Segunda Guerra Mundial superó a ambas y las armas que se emplearon causaron una muerte y una destrucción como jamás había conocido el ser humano. Esa guerra jamás le habría gustado a Corto Maltés vivirla.

Respecto de su papel en el mundo que le toca vivir, hay quien ha definido a Corto Maltés como una especie de Doctor Who, que se mueve por distintos lugares y acontecimientos como actor pero no protagonista, más bien como personaje secundario. Está en la sombra y su intervención siempre es discreta, se pone de lado de los débiles, sí, pero apenas actúa, y si toma partido en algo su actuación nunca es determinante en la producción del hecho histórico destacado al que está asistiendo. Lo mismo ocurre con el Capitán Trueno. La diferencia entre ambos es el carácter cínico, descreído, del marinero frente a Trueno. Aunque hay quien diría que el Maltés es un cínico pretendido que en el fondo es un héroe…

Hablábamos de que el cómic no adoctrina.

A ver, cualquier obra puede ser utilizada para adoctrinar, todo depende de quién y cómo la explique. Lo importante es que los chicos en el colegio puedan, además de leer literatura, acercarse al cómic a través de distintas obras bien seleccionadas que puedan ayudarles a pensar, a plantearse cosas, a formar un pensamiento crítico, en definitiva.

Desde luego estoy en desacuerdo con que el Eternauta sea una obra que adoctrine. Contiene un mensaje muy potente acerca de la importancia de la colectividad, del grupo frente a una amenaza exterior representada por una invasión alienígena. Es cierto que tras la lucha de la especie humana contra esa invasión se esconde una segunda lectura, la de la lucha contra la dictadura y es ello lo que hacía temer a los militares argentinos. No sé si la prevención del gobierno de Macri irá en la misma línea de no querer que la gente identifique determinados gobiernos con ese poder frente al que ha de luchar el pueblo. En cualquier caso no lo entiendo porque sus políticas no tienen nada que ver con las dictaduras que tanto rechazaba Oesterheld.

Como cartagenero conocerás bien la historia del Cantón de Cartagena que se declaró independiente de España en 1873 e incluso pidió su adhesión a Estados Unidos con tal de no caer en manos del gobierno de Madrid. ¿Es Cartagena una aldea irreductible como la de Astérix?

La historia del Cantón de Cartagena es un episodio histórico muy curioso. Si queréis acercaros a él recomiendo leer Mister Witt en el cantón de Ramón J. Sender.

El cartagenero comparte con los galos de la aldea de Astérix un firme orgullo por su tierra y sus tradiciones. Y no le faltan razones para ello porque Cartagena es una ciudad maravillosa con casi tres mil años de historia y que tiene unas potencialidades tremendas. Además de ser el centro industrial de la Región de Murcia es uno de sus principales motores turísticos.

También habéis tenido al alcalde más chulo de España.

Es una lástima que de Cartagena se haya estado hablando en medios de comunicación nacionales por las impertinencias, groserías y otras salidas de tono del que fue dos años alcalde de nuestra ciudad. Alguien que llegó a Cartagena merced a una carambola pues su partido no ganó las elecciones de 2015, sino que las ganó el Partido Popular. Sin embargo llegó a un pacto con el PSOE para «repartirse» la alcaldía dos años cada partido. Un extraño pacto contra natura que acabó como el rosario de la aurora entre el anterior alcalde y la actual alcaldesa, que gobierna en solitario una ciudad de más de doscientos mil habitantes con tan solo seis concejales de un total de veintisiete. El resultado ha sido que estos cuatro años se han perdido completamente para el municipio. Sin embargo, estoy convencido que tras las elecciones la cosa va a cambiar para mejor.

La Cartagena de entre 1960 y 1970 era una Cartagena pobre donde la gente no decía que tenía vacaciones, decía «estuve de permiso», era una Cartagena donde siempre había un uniforme detrás de todo. ¿En qué se parece esa Cartagena a la Cartagena de ahora?

Pues se parece bien poco. Recuerdo perfectamente la crisis espectacular que Cartagena sufrió de finales de los ochenta hasta mediados de los noventa por la desafortunada confluencia de varios factores: el servicio militar obligatorio desapareció, cerraron varias empresas públicas importantes que había en Cartagena y se produjo también la llamada desindustrialización de la zona. Eran los principales motores económicos de la ciudad, Cartagena se hundió en una depresión tremenda y parecía que no iba a levantar cabeza. Sin embargo, desde el año 95, coincidiendo con la llegada del Partido Popular al gobierno regional y al ayuntamiento, la ciudad experimentó una transformación espectacular. Me atrevo a decir que hay pocas ciudades de España que hayan tenido una metamorfosis tan importante, tan extraordinaria, tan revolucionaria como Cartagena en los últimos veinte años.  Ahora es una ciudad nueva, distinta y eso es un hecho que está ahí y que se puede constatar perfectamente.

Cartagena hizo algo importante como Barcelona: abrirse al mar. El  derribo del muro que delimitaba la zona del puerto comercial fue revolucionaria. Con él desapareció una barrera que impedía que la gente pudiera pasear frente al mar. Se trasladó la actividad comercial del puerto a otra zona y se transformó en lugar de paseo y de recreo, situando allí el puerto deportivo y conectando la explanada del puerto con el eje principal de las calles más emblemáticas del centro histórico de Cartagena. Se han recuperado los más importantes edificios modernistas y junto con la recuperación del teatro romano, se ha conseguido que Cartagena sea una ciudad de gran interés turístico. Se añade además la apuesta del gobierno regional por el turismo de cruceros que hace que lleguen a Cartagena miles de turistas, casi doscientos treinta mil en 2018.

Eres fan de Eduardo Mendoza. ¿Sigue siendo Barcelona la ciudad de los prodigios?

La ciudad de los prodigios es mi novela preferida de Eduardo Mendoza, uno de los autores españoles que más me gusta. Y Barcelona es una de las ciudades en las que me hubiera gustado vivir. Soy un enamorado de Barcelona. El problema de Barcelona, y de Cataluña, es la irresponsabilidad de muchos de sus políticos que han generado artificialmente un problema donde no existía, convenciendo a muchos catalanes de la falacia de que el resto de España les robaba para ocultar así su pésima gestión en unos casos así como  la corrupción de muchos de sus dirigentes. Es una lástima y espero que en Cataluña las cosas vuelvan a su cauce, pero va a ser un proceso largo porque llevamos casi dos generaciones con un adoctrinamiento constante a través de la educación y la televisión pública que recuerda a la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley, en la que se sometía desde el nacimiento a los niños a adoctrinamiento durante el sueño, empleando drogas y técnicas hipnóticas. Ello ha hecho que Barcelona haya pasado en apenas unos años de tener una vocación de polis cosmopolita a desarrollar planteamientos de aldea.

Aprendiste a montar en bicicleta en el mar Menor. ¿Tuviste allí algún verano Diabolik? ¿Llegaste a vivir esos veranos de tres meses donde todo iba lento?

Un verano Diabolik es un cómic fantástico, con un dibujo de Alexandre Clérisse muy pop que ilustra un gran guion de género negro a cargo de Thierry Smolderen; ganó el premio al mejor thriller en el prestigioso Salón de Angouleme. Lo recomiendo.

Los veranos de mi infancia no se asemejan, afortunadamente, a los sucesos narrados en aquel. Los recuerdo con mucho cariño y se asocian con La Manga del Mar Menor. Y sí, tengo grandes recuerdos de paseos por La Manga en bicicleta con mis amigos, recorriéndola de arriba a abajo. Aquellos largos y cálidos veranos comenzaban el 20 de junio cuando acababan las clases y terminaban casi a mediados de septiembre cuando volvíamos al colegio.

Al vivir en Cartagena y tener la suerte de tener mi familia una casa en La Manga podíamos disfrutar de esos veranos porque nuestro padre, los días que estaba trabajando podía ir y venir cómodamente en el día. Lo mismo ocurría con Semana Santa, que se acaba convirtiendo en una semana de cerca de diez días junto al mar Menor…

Es un estilo de vida que se nos ha olvidado, ahora parece que las vacaciones tengan que ser un apresurado tres días aquí, tres días allá, y a ser posible irme a Cancún o Japón…

Hoy día ya no son posibles esos veranos y las vacaciones son muy distintas. Creo que probablemente el cambio tiene que ver con el papel que desempeñaban nuestras madres. La mayoría de ellas eran amas de casa que sacrificaron en muchos casos su vida profesional para estar en casa y dedicarse íntegramente a cuidarnos como ocurrió con la mía y la de muchos de mis amigos.

Lo habitual hoy en día es que trabajen fuera de casa tanto el padre como la madre, lo que ha condicionado completamente el modo de disfrutar las vacaciones y la duración de las mismas.

Eso sí, lo que hemos perdido por un lado, lo  hemos ganado con creces por otro, pues la incorporación de la mujer al mundo laboral ha sido un importante elemento transformador de la sociedad y nos ha enriquecido mucho. A mis dos hijas, que aún son pequeñas, les digo constantemente que tienen que estudiar y trabajar muchísimo para poder hacer en su vida lo que quieran y no depender absolutamente de nadie.

Por cierto, si tienen niñas, recomiendo que les compren Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes de Elena Favilli y Francesca Cavallo, editado por Destino sobre mujeres extraordinarias.

El mar Menor es la mayor laguna litoral de todo el Mediterráneo occidental y se está muriendo, a pesar de tener siete figuras de protección. ¿Cuál es su futuro?

El mar Menor es una de las joyas de la corona de la Región de Murcia, un patrimonio no solo de los murcianos, sino de todo el país. Hay muy pocas lagunas en el mundo como ésta. Entre 2015 y 2016 la transparencia del mar Menor, una de sus características más propias, dio paso a una turbidez verdosa que apenas permitía ver unos centímetros como consecuencia de la proliferación de pequeñas algas que se estaba produciendo en la zona por distintas causas, según apuntaban los científicos.

El gobierno regional se encontró con esta situación  y no se quedó quieto, abordó el problema tomándoselo muy en serio. Se creó, en primer lugar, un comité de expertos para analizar el estado de la laguna, cuáles eran las causas que habían provocado esa situación y, sobre todo, cuáles eran las medidas para revertirla y que en el futuro no volviera a producirse. Tanto se ha hecho desde entonces que la situación actual del mar Menor es radicalmente distinta. La transparencia y visibilidad han mejorado ostensiblemente y lo dice todo el mundo, no hay más que venir a verlo y a disfrutarlo. Hoy día es, probablemente, la laguna más analizada y estudiada desde el punto de vista científico que existe. Somos optimistas en el gobierno regional, pensamos que va a ir todavía a mejor y lo que hemos hecho es adoptar las medidas necesarias para que no vuelva a repetirse. Quizá esto se pueda ver como un aviso importante para que todos nos detengamos a pensar que es una especie de ser vivo que requiere respeto, cuidado y mimo.

En mayo de 2016 te nombran consejero de Fomento por «tus inquietudes intelectuales y tu formación jurídica», con dos retos enormes: el nuevo aeropuerto y la llegada del AVE ¿Cómo están ambos proyectos?

Cuando el anterior presidente de la Comunidad Autónoma me ofreció incorporarme a su equipo no me lo esperaba, era algo que no estaba en mi horizonte. De hecho esa semana tenía varios juicios. Pero me pareció un reto tan interesante, que no supe decirle que no, a pesar de carecer de experiencia política. En ese momento había varios proyectos estratégicos que se encontraban estancados, entre ellos la llegada del AVE y la apertura del nuevo Aeropuerto Internacional de la Región de Murcia, que ya estaba construido pero se encontraba inmerso en una especie de laberinto jurídico, con varios nudos gordianos que cortar, que no permitían su puesta en marcha. Finalmente y gracias a un extraordinario trabajo de equipo salió a concurso la explotación del aeropuerto por los próximos veinticinco años resultando adjudicataria AENA. El pasado 15 de enero fue inaugurado por su majestad el rey.

El aeropuerto es una infraestructura absolutamente imprescindible para aumentar el número de turistas que vienen a nuestra Comunidad Autónoma. El anterior aeropuerto era una infraestructura militar con un uso  autorizado civil pero incapaz de desarrollar todas nuestras posibilidades de crecimiento de turistas. Este aeropuerto es capaz de llegar a los cinco millones de turistas al año y creemos, desde luego, que va ser un auténtico revulsivo para nuestro turismo. Tenemos muchísima confianza en esta infraestructura.

Respecto al AVE, se llegó a compromisos importantes con el anterior gobierno para que en el año 2019 estuviera absolutamente operativo, sin embargo el gobierno de Pedro Sánchez lo ha retrasado.

¿La vía ya está hecha?

Lo único que queda es la electrificación de la vía, que es precisamente lo que permite la circulación de trenes de Alta Velocidad. Y se ha paralizado. Algo absolutamente incomprensible porque la Región de Murcia es, junto a Extremadura, la única región de España que no tiene un solo kilómetro de línea férrea electrificada. Tenemos el mismo trazado del siglo XIX. El AVE nos hubiera permitido saltar, automáticamente, del siglo XIX al siglo XXI, en materia de infraestructuras ferroviarias.

Una ciudad como Murcia que tiene cerca de cuatrocientos mil habitantes, la séptima ciudad de España, carece de AVE mientras que otras muchas ciudades mucho más pequeñas de España sí cuentan con red de Alta Velocidad. Es una infraestructura absolutamente necesaria que iba a estar operativa en 2019, como estaba negociado y acordado con el anterior gobierno del PP, el de Mariano Rajoy. Sin embargo, de una manera absolutamente incomprensible, cuando se produce el cambio de gobierno se cambia de planes.

¿El famoso muro?

El verdadero muro lo constituyen las vías del tren que llevan más de ciento cincuenta años rompiendo, marcando como una cicatriz la ciudad y separándola en dos mitades. Es una herida abierta en la trama urbana y se iba curar precisamente con la llegada del AVE. Era el AVE el que iba a permitir que se soterraran todas las vías del tren a su paso por la ciudad de Murcia y eso iba a ser así, estaba pactado, había presupuesto, licitaciones abiertas y obras. De hecho, ya se había iniciado el soterramiento de las vías. La idea inicial era que mientras se ejecutaba el soterramiento se iba tender una vía paralela para que provisionalmente discurriera por ella todo el tráfico ferroviario, incluido el AVE. Y habríamos tenido AVE en la ciudad de Murcia funcionando en 2019. Tras la moción de censura, el gobierno socialista cambió los planes y frenó las obras para que llegara directamente soterrado, algo que se producirá, como pronto, en 2022.

Eso sí, los trenes van a tener que seguir circulando por una vía provisional que estará separada de los barrios por las mismas pantallas, muro les llaman algunos, que iban a colocarse para el AVE. Pero no tendremos AVE. Es algo kafkiano. Creo que es un error que vamos a lamentar mucho los murcianos porque el AVE hubiera sido un importante catalizador de la actividad económica de toda la región. Una infraestructura que no era solo para que lo usáramos nosotros, sino para que llegaran turistas. Se había calculado que podrían llegar a multiplicar por cuatro el número de viajeros. Imagínese lo que es eso para una ciudad como Murcia desde el punto de vista turístico y empresarial. Es un error muy grave del que los murcianos nos vamos a resentir por una decisión meramente electoralista del PSOE sin valorar el interés general.

En abril de este año López Miras hace la primera remodelación de su ejecutivo y dejas Fomento para llevar Presidencia. ¿A qué se debe el cambio?

En mi caso, comencé en el gobierno de Fernando López Miras como Consejero de Presidencia y Fomento. En aquel momento había dos proyectos importantes, la apertura del nuevo Aeropuerto y la llegada del AVE que estaban por concluir y decidió que era conveniente que el equipo que estaba trabajando en ellos y que mejor los conocía pudiera continuarlos. Quizás por mi formación jurídica añadió la Consejería de Presidencia a mis funciones para ayudarle a coordinar la acción de gobierno.

Luego decidió reconfigurar el gobierno volviendo a dotar a Fomento de una consejería específica que se centrara exclusivamente en el impulso y desarrollo de los proyectos estratégicos de infraestructuras. Y yo continué en Presidencia. El presidente ha querido que en su gobierno se conjugue la política con la experiencia profesional y ha procurado que todos sus consejeros tengan una trayectoria profesional que pueda aportar experiencia a la acción de gobierno. En cualquier caso, las razones últimas de los cambios solo las conoce el presidente, que es quien tiene esa prerrogativa de conformar el gobierno. Yo solo puedo dar las gracias por la confianza depositada pues es un honor servir a todos los ciudadanos de la Región de Murcia.

Explícanos qué hace la Consejería de la Presidencia de un gobierno regional.

La Consejería de Presidencia tiene sus propias competencias en materia de seguridad ciudadana, emergencias, acción exterior, Unión Europea, cooperación o administración local y luego tiene una parte de relaciones institucionales en general y con la Asamblea Regional en particular, preparar los contenidos de los consejos de gobierno y la coordinación de la acción de gobierno, es decir, ayudar a que se desarrollen todas las políticas marcadas por el presidente de la Comunidad. Para un jurista es una consejería muy bonita. Está siendo una experiencia apasionante.

La CARM va a convocar 8194 plazas de empleo público la mayoría para el Servicio Murciano de Salud. ¿Cuál es la salud del SMS?

La mejora de los servicios públicos es una de las principales prioridades del gobierno del presidente López Miras. Y ello a pesar de que somos la comunidad autónoma peor financiada de todas merced a un sistema de financiación muy injusto. Los presupuestos generales de la comunidad autónoma destinan ocho de cada diez euros a sanidad, a educación y a servicios sociales. A sanidad, en concreto, cuatro de cada diez. Contamos con uno de los mejores servicios sanitarios regionales. Las valoraciones que hacen los ciudadanos del servicio murciano de salud son muy positivas en cuanto a la calidad del servicio y la atención recibida por sus profesionales.

Tú has sido profesor de la UCAM. ¿Qué opinión te merece esta universidad privada?

En la Región de Murcia contamos con dos magníficas universidades públicas, la Universidad de Murcia y la Politécnica de Cartagena y con una universidad privada, la Universidad Católica de San Antonio.

He sido profesor del Máster de Acceso a la Abogacía, tanto en la universidad pública como en la Universidad Católica de San Antonio. En ambos casos impartía asignaturas relacionadas con la deontología profesional así como la materia correspondiente a la asistencia jurídica gratuita y turno de oficio, precisamente por mi condición de responsable en el colegio de abogados durante ocho años de esa materia.

El gobierno regional entiende que el hecho de que haya tres universidades nos enriquece. Respecto de la Universidad Católica, cuenta con miles de estudiantes y está generando miles de empleos directos e indirectos, está apostando por la investigación y también por el deporte, llevando el nombre de la Región de Murcia más allá de nuestras fronteras. Todo ello justifica que reciba el reconocimiento y apoyo del gobierno regional.

Uno de los mejores divulgadores científicos españoles es el investigador murciano de la UM José Manuel López Nicolás, autor de Vamos a comprar mentiras: alimentos y cosméticos desmontados por la ciencia. ¿Conoces su trabajo?

Conozco a José Manuel. Es un tipo genial y uno de los mejores divulgadores científicos del momento. Consigue explicar la ciencia de una manera muy amena. Y además es un gran fan de Star Wars y de Tolkien.

En tus redes sociales siempre estás animando a la lectura, sin embargo Murcia tiene los índices más bajos de lectura en prensa y libros. ¿Qué se hace para fomentar la lectura desde la comunidad?

La lectura es una de mis pasiones desde pequeño. En casa ya no me caben más libros. Además de ser un placer es muy importante para aprender a expresarte, adquirir vocabulario y, por supuesto, para conformar un pensamiento crítico.

Conscientes de esa importancia, desde el gobierno regional estamos desarrollando un ambicioso plan de fomento de la lectura que está dando muy buenos frutos y que tiene su epicentro en las bibliotecas públicas. La Región de Murcia tiene una red de bibliotecas muy interesante y cuenta con una biblioteca regional, en la ciudad de Murcia, con unos magníficos fondos, no solo de libros sino también de películas, series y documentales. Y su comicteca es una de las más importantes de España.

Sé que te gusta Jiro Taniguchi. ¿Sueles acudir al Salón del Manga de Murcia o te pilla mayor tanto cosplay?

Suelo acudir cada año con mis hijas al Salón del Manga de Murcia, un certamen que se ha consolidado como uno de los mejores del país. Al igual que me ocurre con la literatura y el cine, no me encasillo en géneros con el cómic. Hay buen cómic franco belga, americano, español…y también hay muy buen manga, que es como los japoneses denominan al cómic. Dentro de él hay histórico, para adolescentes, más intimista, de acción, de ciencia ficción… Tengo bastante manga en casa y hay dos autores de los que he comprado prácticamente todo lo que se ha publicado en España, que son Osamu Tezuka, al que se conoce como el padre del manga y, por supuesto, Jiro Taniguchi, que es mi preferido. Lamentablemente ha fallecido recientemente, dejándonos huérfanos a millones de lectores.

Taniguchi es un poeta, cada una de sus viñetas es como un cuadro. Creo que es el más europeo de los dibujantes japoneses. Tiene un dibujo muy limpio que entra muy bien por los ojos y sus historias son pura poesía. Utilizo a Taniguchi para introducir a la gente en el mundo del cómic. Barrio lejano o El almanaque de mi padre, son dos de sus mejores novelas gráficas y son perfectas para regalar a una persona con inquietudes que nunca ha leído cómic.

Taniguchi tiene un éxito gastronómico: El gourmet solitario, ¿lo conoces? Como asociado al Murcia Club Gourmet, ¿cómo recomiendas el arroz? Ojo con lo que contestas que el lobby de la paella valenciana en Jot Down es tremendo.

También he leído El gourmet solitario, por supuesto. Combina dos de mis grandes pasiones, el cómic y la gastronomía.  Respecto de la paella, y que me perdonen los valencianos, me quedo antes con cualquiera de los arroces que se hacen aquí en la Región de Murcia, en especial con el caldero, el arroz con verduras o el de conejo con caracoles. Cuando quieras entablamos un duelo gastronómico al respecto. El guante está lanzado.

¿Cómo surgió el Murcia Club Gourmet?

El gusto por la buena mesa es la que nos llevó hace ya más de diez años a tres amigos a fundar un club gastronómico, el Club Murcia Gourmet. Hoy tiene cerca de cuarenta socios que una vez al mes visitamos un restaurante en la Región de Murcia al que le pedimos que nos presente una cena con un menú degustación con los platos más significativos de su carta maridado con vinos. Tenemos una página web que tiene un gran número de visitas y se ha convertido en una auténtica referencia de la Región de Murcia para buscar y conocer nuevos restaurantes. Somos muy respetuosos con los restaurantes que visitamos, hacemos crónica de la cena, con fotografías de los platos y luego hacemos una valoración atendiendo a varios parámetros, como maridaje, servicio, presentación del plato….

Al mejor restaurante visitado le damos un premio, que se llama Mursiya Mezze, dos vocablos en honor a dos civilizaciones que han tenido una gran importancia en la historia de la Región de Murcia: Mursiya es como llamaban los árabes a Murcia y Mezze es un término fenicio que significa degustación de platos con distintos sabores, colores y texturas.

Me encanta disfrutar de una buena mesa con buenos productos, bien regados con buen vino pero, sobre todo, acompañado de buenos amigos. En la Región de Murcia tenemos unos vinos excelentes, unas frutas y hortalizas espectaculares y también buen pescado y buenas carnes. El turismo gastronómico está en auge y es uno de los grandes valores, de los grandes activos que tiene nuestra comunidad y en el que estamos trabajando mucho desde el gobierno regional para reforzarlo.

En tus palabras «Somos lo que somos por quienes nos rodean». ¿Es una frase aplicación universal?

Sin duda alguna. La escribí en cierta ocasión pensando en mi buena suerte por contar con la familia y los buenos amigos que tengo. El problema es que muchas veces, por la vorágine de la vida, no eres consciente de ello. A mí me pasa demasiado. A veces has de pararte, mirar a tu alrededor, dar las gracias por lo que tienes y disfrutarlo.

En un duelo sacado de un spaghetti western de Sergio Leone, ¿quién ganaría? ¿La gamba roja de Águilas o el langostino del mar Menor?

Me haces una pregunta muy complicada, porque me he criado en el mar Menor pero desde que me casé con María, mi mujer, veraneo en Águilas donde ella ha veraneado toda la vida. No me atrevo a elegir ninguno de los dos pues son dos productos absolutamente extraordinarios, únicos. Lo que si haré es invitar a los lectores a acudir a la Región de Murcia a disfrutar de ambos y de la gran cantidad de productos del mar que podemos ofrecerles. No se arrepentirán.

¿El excomisario Villarejo daría para personaje de cómic? ¿Quien tendría que dibujarlo? ¿Podría ser un villano de Superlópez, de Marvel o de Mortadelo y Filemón?

Villarejo ha sacado a la luz lo peor del Estado, sus cloacas. Tanto en mi condición de abogado como de político me repugnan esas prácticas. Cuesta creer que puedan producirse cosas así en un Estado de derecho como el nuestro.

Respondiendo a tu pregunta, lo que se ha conocido por los medios parece más bien una combinación de lo más cutre del Anacleto de Vázquez con lo más miserable de los personajes del dibujante francés Vuillemin.

Durante la construcción del Parador de Lorca permitió sacar a la luz la Sinagoga de la Judería. ¿Por qué es tan importante esta sinagoga?

Porque a diferencia del resto de las sinagogas halladas en Europa nos ha llegado prácticamente como fue diseñada en el siglo XIV, además de que en ella solo se ha celebrado la liturgia hebrea. Es algo único que merece ser visitado. Se encuentra en la zona de la antigua judería de Lorca. Actualmente el ayuntamiento está intentando integrar a la ciudad en la Red de Juderías de España. Si se consigue será un auténtico revulsivo para el turismo de Lorca y de la Región de Murcia.

¿Has leído Maus de Art Spiegelman?

Por supuesto. Y varias veces, pues me interesa mucho la cultura y la historia de los judíos y dentro de esta última, la Shoah, el Holocausto. Un horror como no ha conocido otro igual la historia de la humanidad pero que muchos todavía se atreven a negar, por un antisemitismo que no acaba de desaparecer de la vieja Europa. Creo que Maus es una obra que debería de estudiarse en los colegios.

Para acabar, recomienda a los lectores un cómic y un motivo para visitar Murcia.

Voy a recomendar dos La balada del Mar Salado de Hugo Pratt y El almanaque de mi padre de Jiro Taniguchi.

Y respecto de la Región de Murcia os diré que es una tierra maravillosa donde puedes encontrar todo lo que buscas, desde una costa magnífica a un paisaje interior absolutamente extraordinario, combinado con una de las mejores gastronomías de España y con una gente muy amable y muy acogedora.

No puedo darte un solo motivo porque literalmente hay mil. Te costará irte de aquí y volverás seguro si vienes. Venid, no os defraudará.


Carlo Frabetti: «He vendido más ejemplares de “Malditas matemáticas” que de los otros cien libros juntos. Vivo de ese libro»

A Carlo Frabetti (Bolonia, 1945) a menudo se lo presenta como un escritor italiano que escribe en castellano, aunque desde los ocho años vive en España. Él no parece estar en desacuerdo con esta descripción; apunta que, según los psicólogos, todo se resuelve en los primeros siete u ocho años de vida y, además, no tiene pasaporte español. Con un centenar de libros publicados, este matemático de formación ha sabido reconciliar ciencia y humanidades, literatura para adultos y libro juvenil, marxismo y cristianismo, entre otras dicotomías aparentes, en sus libros y columnas para la prensa. Su carrera abarca un recorrido de difícil catalogación durante el que ha alcanzado la cima varias veces: en los ochenta fue con La bola de cristal, en los noventa con la literatura; ha llegado a ser el autor más leído en Cuba, después de Fidel Castro.

En la terraza de su casa en La Bisbal del Penedés, bajo la sutil y constante luz característica de una tarde de primavera, el ruido es inexistente. Es el lugar perfecto para más de tres horas de conversación tranquila que dan para profundizar en su trayectoria y reflexionar sobre ciencia, literatura, filosofía, política, religión, actualidad. Gestiona sus respuestas con la calma del que parece capaz de mantener su presión arterial baja, con una actitud en apariencia neutral y distante, pero con opiniones no exentas de indignación por las injusticias; sabe que el sistema está roto, pero no transmite ninguna urgencia en particular.

Te dedicas a muchas actividades que no parecen relacionadas: divulgación científica, activismo político, literatura infantil y juvenil… ¿Cómo se relaciona todo esto?

Cuando te interesa y te preocupa el mundo en el que vives, el viaje viene a ser siempre el mismo: un viaje hacia el conocimiento. Puedes cambiar de vehículo, hay gente que se siente muy cómoda con un vehículo concreto y hace el viaje siempre o casi siempre en ese vehículo, pero hay otros que por razones a veces circunstanciales vamos cambiando.

Hay una serie de cosas que me han gustado a lo largo de la vida y he tenido la suerte de poder dedicarme a varias de ellas, ganando el mínimo de dinero que me ha permitido emplear un tiempo considerable en esas actividades. Todos hacemos muchas cosas, pero no siempre nos pagan por ellas. Si me pagaran por pasear, sería paseante profesional. Sin embargo, por escribir, por hacer divulgación científica o dar clases, que son cosas que siempre me han gustado, he conseguido que me pagaran lo suficiente para vivir.

El activismo político, por el contrario, no solo no te lo pagan, sino que te lo hacen pagar caro. Cuando vives en un mundo tan injusto como este e intentas comprenderlo, llega un momento en el que no te conformas con comprender y piensas que, si puedes hacer algo, por modesto que sea, para modificarlo, tienes que hacerlo. Es lo que decía Marx: «Hasta ahora los filósofos se han preocupado por interpretar el mundo y lo que hay que hacer es cambiarlo». Esa frase me influyó mucho. Yo era un ratón de biblioteca, estaba obsesionado con conocer, y me di cuenta de que no bastaba, que había que utilizar ese conocimiento para hacer algo.

Naciste en 1945 y llegas a España ocho años después, ¿a qué se debió esta decisión familiar?

Algo muy italiano, mi padre montó en Valencia una fábrica de máquinas para hacer helados. Al principio vino él solo a España y durante un tiempo mi madre y yo íbamos y veníamos. A partir del 53, a mis ocho años, tuvimos casa propia en Valencia, nos instalamos, mi hermana nació en Valencia. Y la causa fue esa. En Valencia había una gran afición a los helados, y cuando nosotros llegamos se hacían a mano. Había unos tambores de corcho llenos de hielo con sal y un cilindro de metal con la crema dentro que había que mover a mano hasta que se congelaba, mi padre a eso le puso un motorcito y, en vez de corcho, una estructura refrigerante, y así empezó a fabricar máquinas de hacer helado aptas para instalarse en cafeterías. Llenó España. Primero Valencia y luego todo el país.

¿Cuándo publicaste tu primer libro y cuántos has publicado?

He publicado un centenar, en números redondos. Pero mi primera novela, posterior a los libros de cocina vegetariana, yoga, juegos y pasatiempos matemáticos, la publiqué en el 94. Fue una novela infantil que, para mi sorpresa, tuvo mucho éxito. Nunca me había planteado ser narrador, que es algo mucho más concreto que ser escritor. Me paso el día escribiendo desde hace muchos años. Había hecho guiones de televisión, teatro, poesía, pero narrativa… cuentos sí, pero novela no. Alfaguara, a raíz del éxito de La bola de cristal, me pidió algo…

Esto fue en el 94 y La bola de cristal acabó en el 88.

Sí, digo a raíz, pero no inmediatamente. Se pusieron en contacto conmigo, pero la primera novela no salió hasta el 94. Fue La magia más poderosa. Tuvo mucho éxito… Yo entonces no tenía ni idea de cómo funcionaba el mercado de la literatura infantil, pero resulta que el 90% de las ventas ocurre en los colegios. Lo que se llama venta por prescripción. La venta por impulso, es decir, que entre un niño o su padre en una librería y compre un libro, solo supone el 10%.

En algún colegio deciden que un libro está bien y compran cincuenta o cien de golpe. La magia más poderosa tuvo éxito porque gustaba a la vez a niños y profesores. Muchas veces lo que les gusta a los niños a los profesores no les parece lo suficientemente instructivo o didáctico y viceversa, lo que les gusta a los profesores a los niños les parece aburrido. Este libro se convirtió en un best seller infantil y, a raíz de eso, empezaron a pedir más y más.

Teniendo en cuenta que eres matemático y escritor, ¿cómo ves la relación actual entre ciencia y letras?

Pobre. Muy pobre. Cuando yo era joven la dicotomía era brutal. Casi se podía hablar de enemistad. De hecho, había un pique entre la gente de letras y la de ciencias. Los de ciencias decíamos que los de letras utilizaban la memoria porque carecían de inteligencia y los de letras que los de ciencias estábamos deshumanizados. Ahora por suerte la situación ha cambiado, pero sigue habiendo una separación demasiado estricta a mi modo de ver. Mi objetivo con los libros de divulgación que hago para Alianza y con los libros infantiles, donde siempre hablo de ciencia de alguna manera, es acercar estos dos campos. Porque este divorcio hace mucho daño a las dos partes.

En tu primer artículo en El País, en el año 96, hablas precisamente de eso, ¿seguimos un paradigma de cultura oficial basada exclusivamente en lo literario y artístico?

El cambio más significativo empieza a notarse en este siglo; si contemplamos un intervalo de sesenta años sí que hay un cambio considerable, científicos que se interesan por las humanidades y humanistas que se interesan por la ciencia.

¿Los hay?

Claro. Los filósofos se interesan por ejemplo con la irrupción de la mecánica cuántica, que es de principios del siglo XX, igual que la relatividad. Ya la relatividad influyó en movimientos artísticos y literarios como el surrealismo y el cubismo. Poco a poco la ciencia se ha ido infiltrando en el discurso literario y artístico.

¿Crees que los filósofos comprenden la mecánica cuántica?

Al menos lo intentan, que ya es algo. Aunque algunos lo único que hacen es apropiarse de la terminología de manera puramente efectista, como han señalado críticos como Sokal.

Cuando entrevistamos a Jesús Mosterín también los puso a parir a todos, a Derrida… no dejó títere con cabeza.

Yo también los he puesto bastante a parir. Lo que pasa es que valoro el intento. Que hablen, aunque sea mal, ya es algo. Recuerdo haberle enseñado a un conocido escritor un libro en el que había fórmulas y que dijera: «Quita, quita, eso es pornografía». Esta mentalidad sigue muy presente. Pero al menos se dan cuenta de que hay conceptos nuevos… Porque la física de Galileo y Newton no es nada contraintuitiva y no interfiere con la visión del mundo que viene de los griegos. Sin embargo, la mecánica cuántica y la relatividad son totalmente contraintuitivas, te obligan a modificar tus ideas. Y los filósofos, algunos, sí se han dado cuenta de esto e intentan no perder ese tren. A veces lo hacen de una forma lamentable, como cuando Lacan te dice que el falo es la raíz cuadrada de menos uno, que es… bueno, señor, córtese un poquito.

Te consideras discípulo de Martin Gardner, ¿qué aportó este matemático y divulgador a la sociedad?

Sí, me considero discípulo suyo porque empecé a leer sus artículos en Scientific American cuando todavía no se publicaban en España. Tenía diez u once años y se convirtió automáticamente en mi ídolo; si echas una ojeada a mi biblioteca tengo un estante lleno con toda su obra. No solo es un divulgador matemático excelente, sino que tiene libros filosóficos, ensayos contra el irracionalismo y contra las pseudociencias, es un escritor sumamente interesante en muchos aspectos y, sí, lo considero un maestro. A él y a Raymond Smullyan, de hecho, eran amigos, los dos han muerto recientemente. No llegué a conocerlos, pero sí me escribí con ellos. Tengo una novelita que no está publicada en España, solo en Cuba, que está dedicada a ellos dos y aparecen como personajes. Se titula las Las islas desventuradas y no me la quisieron publicar en España.

Todas las editoriales de libros infantiles, sean religiosas o no, tienen en cuenta que tienen que vender en los colegios religiosos. En el libro Las islas desventuradas los buenos son los herejes y los malos son los católicos ortodoxos, y esto no les pareció bien. Pero en Cuba tuvo muchísimo éxito.

Has dedicado mucho trabajo a los pasatiempos matemáticos. El primer desafío lógico que planteaste en la revista Algo fue el de los nueve puntos, ¿por qué es tan importante este problema?

Lo encuentro muy interesante porque es un claro ejemplo de que muchas veces, al intentar resolver un problema, no solo de matemáticas sino en cualquier área, nos imponemos más condiciones de las que en realidad nos piden. ¿Cuál es la condición no pedida que casi todo el mundo se impone sin darse cuenta? Que todos los vértices de la línea quebrada coincidan con alguno de los nueve puntos, pero eso no te lo piden… solo te dicen que tiene que ser un trazo continuo y de segmentos rectilíneos. Me parece un acertijo precioso. Ahora mucha gente lo conoce, se hizo famoso. ¿De cuándo es esta revista? [Señala un ejemplar de la revista que hemos llevado].

Del 84.

Me da vértigo. En su día muy poca gente resolvía ese problema. Todo el mundo llegaba a la conclusión de que tenían que ser cinco líneas, no que con cuatro bastaba.  

¿Qué recuerdas de esta revista de divulgación?

La recuerdo con mucho cariño porque, por desgracia, las revistas de divulgación científica o son poco accesibles o son poco serias. Pasamos de Investigación y Ciencia a Muy Interesante. Es tremendo. La revista Algo, por el contrario, era bastante seria y muy accesible.

En tu último libro, Detective íntimo, dices que la clave del pensamiento lateral es la atención flotante. Cuéntanos más.

Creo que en el propio libro lo explica el detective. No es una idea mía, cuando nos concentramos de una manera un poco obsesiva en una idea perdemos de vista el contexto. Esto lo saben todos los escritores. Lewis Carroll inventó un aparatito, que llamaba nictógrafo, para anotar ideas durante la noche. Entonces no era fácil tener una lamparita en la mesilla de noche, así que inventó ese artilugio porque de repente se despertaba con una idea genial y, si no la escribía, al día siguiente se le había olvidado. En estados como el duermevela o cuando uno está a punto de despertarse, la mente no ha puesto en marcha todas sus rutinas de control. Hay una serie de mecanismos mentales que son muy útiles, aunque a veces nos atenazan un poco. La atención flotante es un concepto que usan mucho los psicoanalistas, consiste en escuchar lo que te dicen, pero sin estar excesivamente concentrado. Dejar que la mente vague un poco a su antojo para no perder de vista cosas que pueden parecer accesorias pero que son información relevante.

Contabas en una conferencia que Malditas matemáticas lo escribiste a partir de los recortes de un libro de texto que los responsables de la editorial rechazaron por ser demasiado divertido.

Sí, Alfaguara y Santillana son de la misma empresa, Prisa. Están en plantas sucesivas de un mismo edificio. Hubo una época en que casi todos mis libros infantiles los publicaba en Alfaguara. Un día me llamaron del piso de arriba, de Santillana, donde siguen haciendo libros de texto, y me dijeron que, como yo era matemático, que por qué no les hacía un libro para segundo de la ESO.

¿El libro entero?

Sí. Me pasaron el programa y lo desarrollé. Meticulosamente. Intentando poner ejemplos divertidos, creando situaciones que ilustraran el concepto en vez de soltarlo sin más, seco y árido. Y me quedé muy contento. Lo llevé y me dijeron que no podía ser, que era demasiado divertido. Estaban ahí todos los conceptos, pero me dijeron: «No, no, no, tienes que podarlo», por así decirlo, y hacerlo más ceñido a lo que la gente espera de un libro de texto.

Pero claro, me dieron mucha pena aquellos descartes y decidí hacer una novelita. Y la llevé al piso de abajo. Al principio la rechazaron también, esto era a finales de los noventa, y me dijeron lo contrario que me habían dicho en el piso de arriba, que los niños detestan las matemáticas y lo que quieren es divertirse, que las matemáticas fuera. Y me fui muy triste a mi casa. Pero tuve la suerte de que el año 2000 fue el año mundial de las matemáticas y me llamaron de Alfaguara: «Oye, queremos publicar algo, y no importa que no se venda mucho, para poder decir que hemos publicado algo conmemorativo».

Ahora te lo han reeditado.

No solo me lo han reeditado, he vendido más ejemplares de Malditas matemáticas que de los otros cien libros juntos. Vivo de ese libro. He vendido más de un millón de ejemplares en todo el mundo. Se ha traducido al mongol, al turco, al iraní… Hoy mismo me ha llamado la directora del Museo de la Ciencia de Valladolid para decirme que han hecho una sección de matemáticas y que si no me parecía mal la iban a llamar «Malditas matemáticas». Y a ver si iba a la inauguración y tal. Un libro que se pasó dos años en un cajón de pronto se ha convertido en un best seller

Cuando entrevistamos a Jin Akiyama nos contó que lleva veinticinco años con un programa de televisión y que es toda una celebridad en Japón. ¿Cómo podemos convencer a los políticos de la necesidad de acercar los números a la sociedad?

Yo me conformaría con convencer a los políticos de que respeten los derechos humanos. Vivimos en un país donde la irracionalidad más obtusa se ha instalado en todos los niveles oficiales.

Gracias al éxito de La bola de cristal tuve un momento en el que me hacían caso, algo de caso, en televisión. Y una de las cosas que propuse fue un programa de ciencias, pero muy enfocado a cuestiones de matemáticas y geometría. Al principio me dijeron que era muy interesante, pero no salió. Nunca salió. No es fácil, no creo que sea fácil ahora. Estamos muy atrasados en cuanto a programas culturales e incluso hemos ido hacia atrás.

La televisión de los años ochenta y noventa era bastante más interesante. Incluso durante el franquismo había programas de mayor calidad que ahora, por ejemplo, programas teatrales, entrevistas de larga duración. Había cosas que ahora no se ven.

Si pudieras pedir a los dioses algo que beneficiara a toda la humanidad, ¿qué les pedirías?

Es la famosa pregunta que le hicieron a Aristóteles. Yo a los dioses lo primero que les pediría es que desaparecieran, que se quitaran de en medio. Porque si en algo estoy de acuerdo con Marx es en que la religión es el opio del pueblo. Precisamente el pensamiento dogmático, el creer en dioses del tipo que sea, es lo más perjudicial. Si hubiera dioses y fueran benignos no habría que pedirles nada porque ya se encargarían ellos de cuidarnos un poquito y de evitar las injusticias igual que un padre impide que un hermano mate a otro. Como no nos cuidan, los dioses tienen que ser mala gente y les pediría que se largaran.

En un texto tuyo hemos leído que Fibonacci ideó su famosa sucesión viendo cómo los conejos se reproducen, y también dices que Fibonacci está presente en muchos fenómenos naturales. Las matemáticas, ¿las descubrimos o las inventamos?

Ese es un gran debate, pero en realidad es irresoluble. Solo Dios, si existiera, podría contestar a esa pregunta. De hecho, los matemáticos se dividen en idealistas y no idealistas, algunos los llaman materialistas, pero ellos lo rechazan. Los idealistas dicen que los entes matemáticos están ahí y nosotros los descubrimos, pero son independientes de la mente humana. De hecho, cualquier mente que hubiera en el universo los concebiría de la misma manera que nosotros; tal vez los expresaran o desarrollaran de otra manera, pero los conceptos básicos serían los mismos. Y otros, sobre todo los posmodernos, dicen que los conceptos matemáticos los inventamos, no los descubrimos. Es un debate irresoluble. Es casi la expresión de una sensibilidad personal situarse en un sentido u otro.

Etimológicamente, las dos palabras ¿no están relacionadas? Inventar y descubrir.

Sí, se habla muchas veces de descubrimiento como de invento. Lo que pasa es que son sinónimos solo en alguna de las acepciones, cuando hablas de descubrir América no hablas de inventar… aunque también haya algo de invención.

En Los jardines cifrados haces una lista de las treinta y una funciones identificadas en la Morfología del cuento de Vladimir Propp, ¿has tenido presentes estas funciones a la hora de escribir tus libros para jóvenes o adultos?

No siempre las tengo presentes a priori, pero yo releo mucho mis libros. Digo irónicamente que soy muy rápido escribiendo, pero muy lento leyendo.

En casi todos los relatos hay planteamiento, nudo y desenlace, si es un relato convencional, pero no todas las funciones están ahí. Si a lo que te refieres es a si uso las funciones como plantilla, no.

En El palacio de las cien puertas sigues el esquema que se hizo famoso con los libros de Elige tu propia aventura.

No suelo hacer libros de encargo, pero ese fue un libro de semiencargo, por así decirlo. Me llamaron para ver qué se podía hacer en esa línea, como en Elige tu propia aventura.

¿Por qué es interesante ese sistema?

Puede ser interesante o no tanto. He leído algunos, creo que a veces son bastante banales. No creo que sea una fórmula intrínsecamente muy interesante, porque en realidad cualquier libro que tenga un mínimo de complejidad te invita a seguir tus propios caminos, no es un monorraíl.

En ese libro también haces referencia a Alicia y Lewis Carroll. ¿Por qué te interesa tanto Alicia y por qué recomiendas este libro?

Para mí Lewis Carroll ha sido un referente en todos los aspectos. Algunas de las razones por las que ha sido tan importante son personales y circunstanciales. Lo leí de muy pequeño por primera vez, y fue un libro que me angustió. Vi la versión de Walt Disney siendo pequeño todavía, la de dibujos animados, luego hubo otras versiones cinematográficas. Me fui acercando a ese libro por distintos caminos. El hecho de que Carroll fuera matemático también me fascinaba, y hubo una época en la que me interesó mucho la fotografía y también me pareció Carroll un maestro como fotógrafo.

Poco a poco fui descubriendo su influencia en la literatura del siglo XX; tanto Joyce como Kafka son hijos de Carroll en alguna medida. Sobre todo, Joyce. Y, además, Carroll es el creador del retrato fotográfico. Es el que independiza la fotografía de la pintura. Los primeros retratos fotográficos eran cuadros. Planteaban imitar el gran arte. Y Carroll es el primero que se da cuenta de que es un lenguaje propio con sus recursos específicos y que no tiene por qué ser subsidiario o someterse de manera servil a los dictados de la pintura, sino que tiene que crear su propia estética y su propio lenguaje y hace unos retratos magníficos —muchos han desaparecido—. Vi en Bolonia, mi ciudad natal, una exposición de fotografías de Carroll que no sé de dónde las sacaron, porque no las he vuelto a ver en ningún sitio.

Jugabas al ajedrez con tu padre, ¿qué recuerdas de aquellas partidas?

Era muy interesante, porque no nos tomábamos el juego en sí demasiado en serio, siempre era un punto de partida para hacer suposiciones: «Si esto lo hubiéramos hecho de esta manera, si el alfil tal…». Lo que se llama ajedrez de fantasía a partir de partidas reales.

¿Os inventabais las reglas?

A veces.

De ahí sale el libro de El tablero mágico.

Exacto. De ahí sale.

Reconoces que no eres muy buen jugador de ajedrez, sino que lo que te gusta es hacer cosas alrededor del ajedrez.

Sí. Luego le dediqué más tiempo del necesario al ajedrez. Incluso llego a decir de forma autocrítica, no sé si en ese libro o en el de las Mil puertas, que jugar bien al ajedrez suele ser un signo de inteligencia y jugar muy bien suele ser un signo de estupidez. Hay que ser un necio o estar loco para dedicarle a ese juego el tiempo y el esfuerzo que requiere llegar a dominarlo, porque es un juego al fin y al cabo muy limitado. Solo para aprender la teoría de aperturas, que está estudiada desde el siglo XV…

Y con eso ya…

Ese es un requisito básico. Si no dominas las aperturas, cualquier jugador mediocre que sí las conozca en las cinco o diez primeras jugadas saca una ventaja posicional que luego, aunque seas mejor que él, no superas.

Ahora con la inteligencia artificial el ajedrez ha dejado de tener sentido.

Cualquier teléfono móvil te puede ganar. Me acuerdo cuando en los noventa el programa Deep Blue ganó a Kaspárov, aquello fue una conmoción. Había gente que, como argumento, decía que las máquinas podrían jugar al ajedrez, pero nunca tener el nivel de un gran maestro, porque un gran maestro es creativo, no analiza todas las posibilidades. Pero una máquina tampoco. Incluso para un ordenador, las posiciones de ajedrez, que son del orden de los septillones, son inabarcables.

Has prologado libros de Lem como Memorias encontradas en una bañera, ¿qué te parece este autor? ¿Asimov o Lem? ¿Cuál es tu novela de ciencia ficción favorita?

Mi novela de ciencia ficción favorita es Solaris, de Lem. Pero si tuviera que quedarme con un autor me quedaría con Asimov, que creo que es más amplio, versátil. Lem era un poco obsesivo. Solaris es la mejor de sus novelas, la más sutil. Le escribí, porque fui su editor durante diez años, su editor en castellano. Nos escribíamos en francés. En muchas de sus novelas hay un intento de contactar con una mente extraterrestre y el intento fracasa. En Fiasco pasa lo mismo, y en algunos cuentos. Le pregunté: «¿Esto le parece especialmente interesante, el tema del desencuentro, o es que cree que no hay posibilidad de encuentro o que es sumamente improbable?», y no me contestó. No sé si porque no le apeteció, si porque él mismo no lo tenía claro o porque no quiso revelar su punto de vista. Pero es curioso porque él nunca contempla, ni siquiera en sus cuentos de robots, medio humorísticos, la posibilidad de comunicación. E incluso como crítico era muy rígido, y bastante faltón. Insultaba continuamente a los autores de ciencia ficción estadounidenses. Con Ursula K. Le Guin, que murió hace poco, se metió alguna vez… no la desautorizó, pero dijo que La mano izquierda de la oscuridad era completamente inverosímil, que aunque fuera una novela brillante tenía cosas completamente inverosímiles, como que un humanoide pasara de mujer a hombre y de hombre a mujer. Era un escritor muy brillante, pero sumamente cuadriculado en algunos aspectos.

Es curioso cómo, siendo tan imaginativo, porque en sus libros hay cosas de una audacia imaginativa tremenda, fuera tan convencional en algunas cosas. Ursula le contestó muy bien, lo puso en su sitio: «Todo lo que usted dice tendría sentido si estuviera hablando de otra novela que no es la mía, porque usted quiere meterla en un marco que no es el suyo». De hecho, Lem se calló. ¿A quién machacó? A Harlan Ellison, por ejemplo. En este caso estoy bastante de acuerdo con Lem. Ellison fue un autor que ganó varios premios Hugo, pero a mí me parece un bluf. Era muy sensacionalista. Era una época en la que la ciencia ficción era bastante pacata y él empezó a meter sexo a lo bestia. Se hizo famoso por una antología que se llamaba Visiones peligrosas. Era una antología muy buena. Escribió cuentos muy famosos como No tengo boca y debo gritar o uno de un hombre que viaja a sus propios riñones. Hacía cosas así, muy efectistas y enrevesadas. Y luego desapareció sin dejar rastro.

A Robert A. Heinlein también le criticó.

Sí, el de Tropas del Espacio.

Robert A. Heinlein apoyó abiertamente la invasión de Vietnam por parte de Estados Unidos. Hubo un congreso mundial de ciencia ficción… Se solían celebrar en Estados Unidos o en Londres y un año, en el 69, lo hicieron en Heidelberg, en Alemania. Conocí a Poul Anderson y a Robert Silverberg, que estaban pegando fuerte. Entonces algunos alemanes y yo colgamos una pancarta diciendo que Poul Anderson y unos cuantos nombres más estaban a favor de que se rociara con napalm a los niños y se violara a las mujeres. Llegaron una panda de fans con cadenas a zurrarnos directamente. En el recinto universitario tuvimos una batalla campal. Mi involuntaria «venganza» fue ligar con la hija de Poul Anderson, que estaba por allí. Era una chica encantadora, y él también, era muy cordial, pero firmó el documento de apoyo. Asimov y unos cuantos más les contestaron con contundencia, hubo cierto enfrentamiento y fue la primera vez que la ciencia ficción se politizó de una manera clara.

Eres el que concibe la idea de La bola de cristal, desde el título hasta sus guiones, y fuiste uno de sus guionistas hasta el final, pero sobre La bola de cristal hay un libro publicado por la directora del programa y otro publicado por ti.

En realidad, mi libro lo hice como respuesta al suyo. Ella llegó a atribuirse mis guiones, que están registrados en la sociedad de autores. Su libro fue un best seller, llegó a vender cuarenta mil ejemplares o más, y cuenta cómo se le ocurrió, hablando con su abuela, el título La bola de cristal. Yo, que había dado cursos de guion explicando cómo se me había ocurrido el nombre de La bola de cristal, cómo se me había ocurrido la bruja Avería… Lógicamente, me indigné. Como tenía algunos relatos sueltos sobre el tema de la transacción, pues me interesa mucho lo que las relaciones humanas tienen de transacción en un mundo mercantilizado, aproveché y le dediqué el prólogo, donde cuento sencillamente esta historia.

¿Se te apoyó en los medios?

No. De hecho, escribí a algunos medios, por ejemplo, a La Vanguardia, diciendo que lo que decía esa señora era mentira y se podía demostrar, y no me hicieron caso. Ningún caso.

Televisión se quedaba con los derechos. La bruja Avería en teoría es de TVE, yo la he usado en mis libros y a TVE le da exactamente igual, pero teóricamente podrían demandarme, aunque ganaría yo ese pleito, porque la propiedad intelectual es irrenunciable. Ahora no te puede pasar lo que al pobre Salgari, que tenía un montón de hijos y, desesperado, vendía sus libros por cantidades ridículas, de modo que sus editores se hicieron riquísimos y él se suicidó. El padre de Sandokán.

Cuéntanos cosas de la época de La bola de cristal.

En televisión había un vacío de poder o un descontrol que permitía hacer cosas. Siempre que no pidieras mucho dinero, te dejaban hacer. Y la verdad es que, durante cuatro años y medio, en La bola de cristal hicimos lo que quisimos. Se lo cargaron por razones políticas en pleno éxito. Alguien dijo, no recuerdo qué ministro, que el programa lo usábamos para adoctrinar a los niños en el marxismo.

«Viva el mal, viva el capital», decía la bruja Avería.

Esa frase no es mía, es de Santiago Alba. A mí, aunque me hace mucha gracia, no me parece del todo bien. Mis camaradas me preguntan por qué en mis libros no hay arengas comunistas. Y contesto que porque a los niños hay que facilitarles que piensen solos. Tampoco metería asuntos religiosos… en todo caso, hay que hablarles de solidaridad, explicar que unas personas no son más importantes que otras, y esos no son valores exclusivamente marxistas. De hecho, se da la paradoja de que tengo el Premio de la Comisión Católica para la Infancia, que se concede al autor que fomenta los valores cristianos entre los más jóvenes.

En el programa había cosas que a mí me parecía que sobraban, pero no había motivo para cargárselo porque la bruja Avería dijera «Viva el mal, viva el capital». Eran como frases sueltas, no había un discurso político ni un relato adoctrinador.

Con el tiempo ha habido un reconocimiento intelectual del programa.

Sí, sí, y gracias a eso pude seguir haciendo televisión unos cuantos años. Gané una cantidad obscena de dinero, porque en aquella época te pagaban una barbaridad por cualquier chorrada. En el año 90 hice las primeras sitcoms como Una hija más, Aquí hay negocio, etc., de lo más banales y tontas. Hoy quizá parecerían exquisitas, pero era pura chabacanería casi todo el rato. Había buenos guionistas, pero se les obligaba a ser chabacanos.

Pues, por un guion de media hora, me daban por el argumento doscientas mil pesetas. Por el guion desarrollado, quinientas mil más y luego derechos de autor al emitirlo. Yo me sacaba un millón por cada guion de media hora y hacía uno al mes. Me duró tres años. Me echaron de televisión por rojo y subversivo, «antisistema», como dicen ahora, y proetarra, pero gracias a eso pude vivir varios años sin trabajar casi nada. Hasta que luego empecé a ganar dinero con los libros infantiles. Durante una década sobreviví gracias a dos o tres años de vacas gordísimas en televisión. Fue una época de descontrol en la cual algunos nos beneficiamos de poder hacer lo que queríamos y ganar una cantidad considerable de dinero.

Ahora a los guionistas los tienen como esclavos, no les reconocen la autoría, luego no cobran derechos de autor, trabajan en grupo, uno hace los diálogos, otro los gags, con lo cual nadie es autor y trabajan a destajo.

Supongo que te dará pena ver en lo que se ha convertido la televisión española.

Me reconforta un poco la televisión catalana, que tiene un cierto nivel.

En tu libro La bola de cristal cuentas una anécdota de tu infancia que te lleva a la conclusión de que los niños son estructuralistas natos. ¿Chomsky o Skinner?

Hay cosas interesantes en ambos. Si me tuviera que quedar con uno de los dos, me quedaría con Chomsky sin dudarlo. Plantear que lo único que conocemos de los demás es su conducta y que hemos de partir de ahí, como afirma el conductismo, creo que es la forma más científica de aproximarse a la situación. Pero creo que a partir de ahí se han cometido excesos de todo tipo. Mientras que otras corrientes que en su planteamiento pueden parecer menos racionalistas, que se aferran más a cuestiones intangibles o poco medibles, que se salen del ámbito puramente científico, en la práctica luego han tenido desarrollos que complementan un poco esa frialdad o esa aridez de ciertos planteamientos conductistas.

Hay que tomar un poco de todos los lados, porque la psicología, la sociología o la economía son protociencias. No son pseudociencias como dicen algunos. A veces sí, hay discursos psicológicos que son pseudocientíficos. Cuando Lacan dice que el inconsciente está estructurado como un lenguaje es muy interesante, pero demuéstremelo, en qué se basa usted.

Los niños sí que son muy conductistas.

Todos somos muy conductistas en el sentido de que respondemos a los estímulos y al premio-castigo. Lo que pienso es que es muy reduccionista quedarse ahí. Todos tenemos reflejos biológicos, pavlovianos y reflejos condicionados, por nuestra forma de vida, por la educación, pero también tenemos más cosas.

En un relato de La bola de cristal está el personaje de Elena, ¿es el mismo que el de Los jardines cifrados?

Sí y no. Rara vez los personajes de mis novelas se corresponden unívocamente con una persona real. Hay unas cuantas personas que me han suministrado material para construir personajes. No es el mismo personaje, pero no es casual que se llamen Elena. En casi todos los personajes hay también algo de mí mismo.

En Ulrico.

Ulrico era mi amigo imaginario de pequeño. Extrapolado de Blancanieves y los siete enanitos, que es la primera película que vi en mi vida. Entonces el enano sabio se convirtió en mi amigo imaginario, pero de joven, porque era demasiado viejo para tenerlo de compañero de juegos. Y acabó convirtiéndose en Ulrico. Es más un superego en el sentido freudiano que un alter ego. Siempre me dicen que Ulrico es como yo, y digo que no, Ulrico es más listo que yo. Lo que dice Ulrico en un minuto yo he tardado horas en pensarlo.

¿Te han censurado alguna vez? ¿Hay libros que no hayas podido publicar en España?

Hay algunos que no he podido publicar en España. Uno es Las islas desventuradas, que es esa historia en la que los católicos ortodoxos cazadores de herejes son los malos, y es en la que aparecen Raymond Smullyan y Martin Gardner como personajes. Otro libro es Abdicación… La censura muchas veces no es directa, Alfaguara seguramente podría haber publicado Las islas desventuradas o Abdicación, pero como tienen en cuenta si esos libros van a ser aceptados por colegios religiosos… En volumen de ventas suelen tener más poder adquisitivo los colegios religiosos que los no religiosos. Suelen ser privados, los niños son más ricos, se pueden gastar más dinero y las editoriales lo tienen en cuenta. De hecho, todas las editoriales de literatura infantil antes eran religiosas porque eran también las que hacían los libros de texto. Y aunque la editorial sea laica, hay temas que directamente no puedes tocar, esa es la censura.

Estás en la lista de honor de la Comisión Católica para la Infancia, algún libro tuyo ha sido de lectura obligatoria en colegios religiosos. ¿Cómo consigues entrar en este mercado?

Sí, creo que es cierto que yo propugno los valores cristianos, quienes no propugnan los valores cristianos muchas veces son los católicos. La idea de pobreza que aparece en el evangelio, de desprecio de los bienes materiales, de compartirlo todo, del desapego, que viene del budismo, la fraternidad cristiana… yo firmaría enseguida por un mundo de buenos cristianos, lo que pasa es que encontrar un buen cristiano es más difícil todavía que encontrar a un buen comunista, que tampoco es fácil.

No sé lo que es un buen comunista.

El que es coherente sin ser dogmático.

En Los jardines cifrados hay niveles de comunicación textual obvios, en uno intervienes tú como autor y en otro los personajes junto con el narrador. ¿Cómo das con esta fórmula?

Normalmente lo que intento cuando escribo es expresar determinadas ideas. Mi llorado amigo José Luis Sampedro antes de escribir una novela hacía unas fichas interminables, lo sabía todo sobre sus personajes. Dedicaba mucho tiempo a construir personajes y luego los ponía en una situación, un marco, los echaba a andar y ya tenían vida propia. Hay otros autores que parten de un escenario, de un momento.

Yo parto casi siempre de ideas, quiero expresar algunas ideas y voy buscando la forma de expresarlas. Es bastante parecido a cuando doy clases de matemáticas o de física, intento transmitir algo de una manera comprensible, amena y que invite a la reflexión, que sirva de punto de partida para una reflexión personal.

No soy un auténtico narrador, para mí la narrativa es un pretexto. He caído en la narrativa un poco por accidente, empecé a los cincuenta años, luego ha ido enganchándome, me ha ido gustando más. He visto que el medio, el instrumento, era más útil e interesante de lo que creía. Tampoco leo mucha narrativa, casi no leo narrativa… Cada idea, cada constelación de ideas que quieres transmitir te sugiere determinados recursos narrativos. E intento no condicionarme a priori en ese sentido. No decirme a mí mismo: voy a escribir una novela policiaca. Yo intento decir algo, que no sé muy bien lo que es, porque si lo supiera muy bien no me tomaría la molestia de escribirlo, porque al escribirlo lo voy descubriendo también. Y la cosa en sí acabará encontrando la forma más adecuada. O no.

Divulgación al principio y luego planteas una historia.

Llegué a ello, no fue un planteamiento de partida. Había cosas que me resultaba más fácil contarlas narrativamente y cosas que prefería exponerlas en forma de artículo. Llegó un momento en que me dije: ¿Por qué tengo que hacer una cosa u otra? Decidí mezclar las dos cosas de forma que no fuera un cajón de sastre, que tuviera una cierta estructura y adelante. De hecho, me lo rechazaron. Los jardines cifrados lo hice para Alfaguara cuando mis libros infantiles empezaron a tener éxito. Un par de años o tres después de publicar el primero, que se vendió muy bien en los colegios, me dijeron: «¿Por qué no haces también algo juvenil?».

¿Es juvenil Los jardines cifrados?

Yo creía que sí, escribí Los jardines cifrados y la envié. Y a los pocos días me dijeron: «Esto ni es juvenil ni es una novela». Entonces se la pasé a los de adultos a ver si colaba, y estuvo durmiendo un año en Alfaguara adultos. De pronto surgió Lengua de Trapo y mi agente me dijo: «Oye, estos chicos son muy interesantes, los editores, quieren hacer cosas distintas». Se lo llevé y lo sacaron al mes. «Lástima que sea tan corto», me dijeron.

En Los jardines cifrados hay una charla entre personajes sobre si el lenguaje es finito con alusiones a la cábala y el Corán. ¿Es el lenguaje finito o infinito?

El lenguaje es finito, como toda combinatoria de signos. Lo que pasa es que es ilimitado, inmenso, pero finito. De hecho, en algún momento del libro se calcula la cantidad de libros distintos escribibles.

Chomsky lo define como un conjunto finito o infinito de oraciones, y también habla de variedad infinita.

Una cosa es que tienda a… ¿Es infinito el mar? Pues no. Pero si te echas a nadar…

Ni siquiera es infinito el número de electrones.

Claro. Parece ser que el universo es finito. No está zanjada la discusión y posiblemente no se zanjará nunca. Pero la teoría más aceptada actualmente es que nuestro universo es una burbuja dentro de un macrouniverso o multiverso en expansión. En nuestro universo la expansión del big bang se ha atenuado, si no, no podría formarse la materia; y podría haber otros muchos universos como el nuestro o distintos.

No hay acuerdo unánime. Sí lo hay bastante amplio en el big bang y en lo que se llama la inflación. En esa inflación, si lo permeara todo, no habría materia. Porque el espacio crece a más velocidad que la luz, incluso. Aunque la velocidad de la luz no es superable en el espacio, cuando es el propio tejido del espacio el que se dilata, no hay límite. Pero según la teoría más aceptada, que es la de Hawking y sus colaboradores, el nuestro sería una burbuja de estabilidad dentro de esa explosión brutal que todavía sigue.

Chomsky también habla de la naturaleza del lenguaje y se refiere a la cuestión del reto de Galileo. Formularlo parece simple, ¿cómo deberíamos concebir el lenguaje? Y añade algo que tú también te has planteado, ¿puede el lenguaje expresar cualquier idea?

Pues no lo sé. Einstein por ejemplo decía que él no pensaba en términos lingüísticos. Él pensaba en imágenes y en impulsos musculares, que te explique él lo que quería decir… se ponía a pensar y notaba movimientos en su cabeza, pero no palabras. Y, trabajosamente, eso tenía que pasarlo a palabras para poder comunicarlo y no siempre del todo. No lo sé y no sé si alguien lo sabe, de verdad, lo que sí podemos decir es que somos seres eminentemente lingüísticos y que somos personas y seres pensantes en la medida en que tenemos un lenguaje.

¿Hay conexión entre la matemática y la poesía?

En ambos casos hay una gran voluntad de síntesis y de precisión, de afinar y de ir a la esencia. Además, tanto en matemáticas como en poesía o eres lo más o no eres nada. No hay término medio. Me refiero a la investigación. Puedes ser un gran profesor de matemáticas sin ser un gran matemático. Es más, los grandes matemáticos no suelen ser buenos profesores. Esto lo descubrí leyendo Opiniones de un payaso de Heinrich Böll, que dice que puedes ser un buen médico y ganarte bien la vida sin necesidad de ser premio Nobel de Medicina, pero payaso, o eres lo más o no eres nada. Con los matemáticos y los poetas pasa lo mismo.  

¿Por qué dejaron las editoriales del grupo Prisa de publicar tus libros?

Escribí un manifiesto que iba firmado por cien personas, denunciando la campaña de Prisa contra Cuba y Venezuela, y al día siguiente supieron que lo había escrito yo. Mis amigos de Prisa me dijeron que era un capullo, que cómo se me ocurría escribir eso. Denunciamos al grupo Prisa y al montón de escritores e intelectuales que habían firmado un manifiesto pidiendo que hubiera democracia en Cuba. Nosotros contestamos con nuestro manifiesto diciendo por qué no pedían que hubiera democracia en España. Esta era la idea. Se enteraron de que había sido yo, que yo había recogido las firmas, y al día siguiente, dos libros que tenía pendientes de publicación me llegaron en sendos paquetitos a casa. Hace poco me volvieron a llamar, después de muchos años, de Santillana: «Oye, que tus enemigos se han ido, que te echamos de menos». Y he vuelto a publicar con Santillana.

Fue fulminante. Y se da la paradoja de que soy el autor con más libros publicados en las editoriales del grupo Prisa. Más de veinte.

Así que esa es la razón por la que me defenestraron de la noche a la mañana, aunque no dejaron de vender mis libros. Y me quedé huérfano de editorial porque todo lo publicaba con ellos. Menos mal que SM acudió al rescate y empecé a publicar en El Barco de Vapor.

Colaboras con medios como Insurgente. Asumiendo que tus lectores no son los mismos que los de, digamos, Libertad Digital, ¿qué función tienen los medios?

Creo que su función es fundamental. Afortunadamente, se ha roto, aunque muy embrionariamente, el monopolio absoluto que hasta hace poco tenían los grandes medios. Entre Insurgente, Kaos en la Red y La Haine han formado una especie de consorcio que tiene más lectores que muchos diarios de papel. Más visitas. Y esto presumiblemente irá en aumento. Al principio, el número de visitas era bastante reducido, Rebelión tenía un poco más, pero ahora empiezan a ser comparables las cifras, ya no es como antes.

En un momento en que los grandes medios mienten y tergiversan sin cesar, que haya alternativas es vital. Es muy importante apoyar a estos medios. Sobre todo, los jóvenes están adquiriendo cada vez más el hábito de navegar y ver más medios. El gran problema sigue siendo la televisión. Ahí es muy difícil competir, pero en eso también estamos evolucionando. Las pantallas más pequeñas se van a imponer, y al menos no son monopolios ni te tienes que chupar toneladas de publicidad para ver cualquier cosa. Puede ser un camino. Yo soy moderadamente optimista. Solo moderadamente, porque me doy cuenta de la enorme capacidad de absorción que tiene el sistema.

Eres muy combativo como otro gran matemático y divulgador italiano, Piergiorgio Odifreddi. Pero a él le dejan publicar sus columnas de opinión en La Repubblica, a ti El País no.

Podría ser un poco demagógico con lo escaldado que estoy, pero no sería justo. No es mejor La Repubblica que El País, para qué nos vamos a engañar. No hay una gran diferencia. Seguramente, si no hubieran pasado determinadas cosas muy concretas, el asunto de Cuba y Venezuela, habría seguido publicando mis artículos de crítica cultural en El País. Los medios en Italia no están mejor que en España. El poder que tiene Berlusconi y su mafia, no solo en los medios, también en el mundo cultural, es enorme.

En una columna publicada en La Haine hablas de presos políticos y terrorismo de Estado. ¿Es peor Galindo que otros terroristas?

Infinitamente peor. Galindo es uno de los máximos exponentes de hasta dónde puede llegar el terrorismo de Estado. Es un criminal que tortura hasta la muerte y entierra en cal viva a dos chavales. Jack el Destripador es una hermanita de la caridad a su lado. Este sujeto, después de pasar de puntillas por la cárcel, está en su casa escribiendo sus memorias. Es un individuo concreto, pero es la expresión de todo un sistema. El máximo responsable de la infamia de los GAL, en última instancia, si hubiera que personalizar, es Felipe González, que está libre y sigue dando lecciones de política y de ética.

Para que en España la tortura sea sistemática e impune tiene que darse la colaboración de todos los poderes, el legislativo, el ejecutivo, el judicial y el de los medios. Sin su contubernio criminal no sería posible. Con que uno de los poderes dijera que no puede ser, no podría ser.

Yo sigo siendo de la Asociación Contra la Tortura. La media era de setecientas denuncias al año y una muerte semanal en dependencias policiales. Y aunque algunos funcionarios, algunos policías y guardias civiles hayan llegado a ser condenados, no conozco ni un solo caso en que hayan cumplido efectivamente su condena. Normalmente los trasladan. Y a menudo los ascienden.

No estamos hablando de un Gobierno, sino de un Estado, un Estado criptofascista. No exactamente fascista, hemos avanzado un poquito, pero sigue habiendo un fascismo atenuado, un fascismo «inteligente», como las bombas «inteligentes». Antes tiraban bombas indiscriminadamente, ahora pueden cargarse un objetivo muy concreto «quirúrgicamente». Ahora el fascismo se ejerce con toda su crudeza contra quienes realmente molestan, que son pocos en realidad. No hay necesidad de meter en la cárcel a tanta gente como durante el franquismo. Ni siquiera desde la lógica del poder tiene sentido, conviene ser más selectivo.

Has escrito un artículo en Insurgente, «Gracias, TV3», donde describes a su televisión como uno de los mejores regalos que te ha hecho Cataluña desde que llegaste.

En gran medida hay que decir que es por contraste. La televisión que veía me provocaba dolor de cabeza o ataques de furia, era algo tan espantoso que por contraste la catalana me parece exquisita. No gritan. Casi nunca estoy de acuerdo con lo que dicen, pero lo dicen de una manera que es aceptable y al menos invita a la discusión.

Pero se ha dicho que está manipulada.

Hay una tendencia, sí; pero al menos que sean educados y quede claro por dónde van. Que la gente diga: «Soy independentista y defiendo esto». Pero que no intenten darte gato por liebre.

¿Cómo te posicionas con respecto al procés?

Si tuviera que identificarme con algún grupo seria con la CUP. Creo que el independentismo tiene sentido para vehicular la lucha de clases y oponerse a un poder central que es heredero del franquismo en última instancia. En otra situación, en otro Estado, no sería independentista. No me interpela de forma directa, soy un italiano que escribe en castellano. Mi lengua madre es el italiano. Los psicólogos dicen que todo se resuelve en los seis primeros años de vida. Yo soy italiano, sueño en italiano, hago las operaciones aritméticas en italiano. Pero no me defino a mí mismo en términos de nacionalidad.

En este momento histórico y en esta situación, reclamar la independencia de Cataluña, de Euskal Herria, de Galicia, de Andalucía es una forma de oponerse a una España inventada por los Reyes Católicos y reinventada por Franco. Fundamentalmente, estamos hablando de lengua y cultura, y de derecho a la autodeterminación.

No se respeta la autodeterminación. Hay un Estado central autoritario. Creo que en Cataluña habría menos independentistas si no hubiera un Estado represor. Rajoy ha hecho muchos independentistas. Yo mismo estuve el 1 de octubre defendiendo las urnas con mi compañera.

Puedes defender las urnas y no ser independentista.

Desde luego. Si se permitiera que la gente votara, a mí me parecería aceptable que el no independentismo fuese mayoritario.

Yo, fuera de mi hábitat, en el que vivo bastante bien, tengo que reconocerlo, veo injusticias y brutalidades por todas partes. Sobre todo, en el terreno laboral y social. Si todo el mundo tuviera una vivienda digna…

¿Y eso qué tiene que ver con la independencia y el nacionalismo?

Tiene que ver en la medida en que algunos pensamos que superar este Estado criptofascista se puede conseguir por esa vía. Eso es lo que da sentido a esa lucha. El nacionalismo burgués no me inspira ninguna simpatía.

Puigdemont y Artur Mas.

Puigdemont no me inspira especial simpatía y Mas me parece un oportunista, valga el eufemismo.

Cambiando de tema, en el libro La bola de cristal dices que los hombres llevan milenios explotando a las mujeres, y que no van a dejar de hacerlo… Te leí en un artículo hablar de que cada vez más mujeres utilizan menos zapatos de tacón.  

Ha bajado el número, pero todavía hay demasiados. A mucha gente le parece anecdótico, pero a mí me parece alarmante. Los traumatólogos llevan años diciendo que es malo para los pies y para la columna. He tenido mucha relación con colectivos de lesbianas y movimientos feministas radicales, que me abrieron los ojos y me hicieron ver cosas que no veía.

Hay un estereotipo femenino que responde a fantasías masculinas. Muchos detalles tienen que ver con limitar la movilidad. Ocurrió en muchas culturas, como cuando en China a las niñas les vendaban los pies para que no crecieran, o en algunas tribus indias que cortaban los tendones a las mujeres para que no pudieran escapar. Lo de la pierna quebrada, que es muy metafórico.

¿Cómo ves el futuro del socialismo? ¿Qué opinas de los cambios en América latina? ¿Sigues pensando que el modelo es Cuba?

Nunca he dicho que Cuba sea «el» modelo. Solo he dicho que Cuba ha demostrado que el socialismo es posible. Es posible incluso en circunstancias muy adversas, con la bota de Estados Unidos ahí. Los cubanos han cometido muchos errores, los siguen cometiendo, no son prfectos, pero están en el buen camino. Un símil: si los Estados fueran personas, Cuba sería una buena persona, con sus defectos y errores, pero Estados Unidos, Alemania, España, Italia, serían Al Capone o Jack el Destripador. O las dos cosas a la vez. En Cuba hay racismo, machismo, corruptela, todo lo que quieras; pero hay un grado de solidaridad y una voluntad de superación ejemplares.

¿Conociste a Fidel?

He tenido el privilegio de trabajar y discutir con él. Empecé a ir a Cuba en 2002 y, en una de las primeras conversaciones que tuve con Fidel, me preguntó que me había impresionado más de Cuba, y le contesté: «Que los niños no lloran y los mayores no los regañan». En España o en Italia, la publicidad te agrede, puedes sufrir mil impactos al día, uno por minuto, y por eso siempre hay niños sobreexcitados pidiendo cosas y llorando y papás riñendo a los niños. En Cuba los niños no lloran y los papás no los riñen, dos cosas que están muy relacionadas con la ausencia de publicidad y consumismo desaforado.

En Cuba hay absoluta tranquilidad para ir por la calle, la delincuencia es prácticamente cero, paras cualquier coche por la calle y te subes. Se llama hacer botella, el botellón. He estado en casa del ministro de Cultura y en casa de su chófer y vivía mejor el chófer. Y comían exactamente lo mismo. Podrían comer un poco mejor, menos puerco. Los cubanos y las cubanas jóvenes suelen ser guapísimos, pero a partir de los treinta años suelen engordar y desarrollar enfermedades cardiovasculares. Fríen con manteca porque no tienen aceite, lo cual es mortal. Me entrevisté con el que llaman «el ministro del cerdo» y me reconoció el problema, «pero si les digo que no coman puerco me comen a mí». Comen fatal, beben, fuman. En ese aspecto, un desastre.

¿Estás de acuerdo con el pronóstico de Marx de que el capitalismo se destruirá a sí mismo un día? De ser así, ¿hay alguna alternativa que los ciudadanos debamos contemplar?

Yo creo que no es seguro. Hay una tendencia, en el mismo sentido que Freud dice que hay una pulsión de muerte en las personas, pero luego no todas se suicidan. Aunque si contamos los que se suicidan más los que se autodestruyen, son bastantes. Hay un impulso autodestructivo en el capitalismo, pero no es seguro que se vaya a autodestruir. Creo que hay que ayudarlo y bastante. Porque corremos el riesgo de que en ese proceso de autodestrucción el planeta quede fatalmente dañado en su conjunto: los recursos naturales, el medio ambiente, el clima.

¿Qué lo sustituirá? Lo tengo clarísimo. Cuando los cubanos dicen «socialismo o muerte», se tiende a interpretar que están dispuestos a morir por el socialismo, pero hay otra lectura: o superamos la barbarie capitalista y la sustituimos por alguna forma de socialización de los recursos naturales, de los grandes medios de producción, etcétera, o petamos. ¿Cuál es esa fórmula? Creo que el marxismo da algunas pistas. Las experiencias de socialismo real, la cubana entre ellas, dan pistas, pero lo tenemos que ir construyendo y perfeccionado. Esa es nuestra responsabilidad histórica.

¿Qué causa has apoyado con más interés como activista? ¿Te arrepientes de algo?

Me arrepiento de no haber dedicado más tiempo al activismo. Podría decir que defiendo la causa del socialismo, pero no la identifico con un programa concreto. Creo en compartir de manera fraterna lo que tenemos a nuestra disposición. Esa es la idea. Siempre he procurado ir en esa dirección y en ese viaje he colaborado con la izquierda abertzale o con algunas organizaciones de las llamadas antisistema, con el feminismo radical a pesar de no ser mujer, con el movimiento gay a pesar de no ser homosexual y con los okupas a pesar de no haber sido okupa.

Una causa muy importante, que afortunadamente está ganando adeptos con bastante rapidez, es el antiespecismo, que va ligado también al respeto al planeta en su conjunto. Consiste en negarse a considerar que los animales no humanos son nuestra propiedad, nuestros esclavos o nuestra comida.

Dinos de qué te sientes más satisfecho en tu carrera.

De los libros para niñas y niños. De la literatura infantil, aunque no me gusta ese nombre. Y de la buena acogida que mis libros han tenido en Cuba. Tengo el honor de ser el autor vivo más leído en Cuba; cuando vivía Fidel era el segundo, y ojalá siguiera siéndolo.


Un culé al que le gustaba el Madrid

El problema de no hacer nada es que nunca sabes cuándo has terminado. (Groucho Marx citado por Rafa Cabeleira para explicar el zidanismo)

Ante la llegada del Mundial de Rusia, me partía de risa hablando con Pepe Lobo, autor de Yonkis y gitanos sobre un detalle que apuntó Paul Preston en su biografía de Franco. Decía así: «El 9 de julio el caudillo ingresó en el Hospital Francisco Franco por consejo de Vicente Gil, para tratar una flebitis en la pierna derecha. Gil atribuyó el problema a la repetida presión ejercida por la caña de pescar que apoyaba en su pierna y a que durante la Copa Mundial de fútbol de 1974 hubiera permanecido sentado ante el televisor mirando todos y cada uno de los partidos que se habían transmitido». Todos y cada uno, como nosotros si pudiéramos. Hasta los partidos de Haití se tragó el caudillo. Y eso que España no se había clasificado. Se dice que los dictadores utilizaron el fútbol para prolongar sus regímenes y el nuestro, de algún modo, se acortó gracias a él.

Es curioso, porque si uno lee las revistas de fútbol entre 1975 y 1982, no es extraño encontrarse artículos que se quejaban de que se estaba perdiendo la afición, que no había relevo, que a los jóvenes les gustaba más el rock and roll. Testigos de la época lo achacan, sin embargo, a la efervescencia política. Sea como fuere, el fútbol fue viejuno a principios de los ochenta y, como me comenta un superviviente de la época: «Actualmente tiene mucha más relevancia el fútbol que cuando Franco lo utilizaba como opio del pueblo».  

Y, efectivamente, así es. E incluso podríamos añadir que, como aficionados, somos peores personas ahora que antes. Al menos la prensa en los ochenta era menos parcial, no era tan forofa por no decir ultra de sus respectivos equipos. Por este motiv, es toda una experiencia leer Alienación indebida de Rafa Cabeleira (Círculo de Tiza, 2018) prologado nada menos que por Pep Guardiola, de quien el autor tenía un póster en su habitación justo al lado de uno de Estefanía de Mónaco.

Esta obra está escrita por alguien a quien antiguamente habrían calificado de «señor», pero que ahora no es más que un «blandengue». ¿Por qué? Al autor, culé, no le duelen prendas a la hora de reconocer méritos e incluso admirar al rival que no es un rival, ni un oponente: el Real Madrid para los barcelonistas significa sepsis, leucocoria y protusión de los glóbulos oculares. Y viceversa.

Quizá fuese vacunado de niño. Como él cuenta en estas páginas, de crío era madridista por una experiencia traumática. Un tío suyo colocó un escudo del FC Barcelona en el bar de su abuelo. El abuelo pidió que se retirara y, como no se le hizo caso, al cabo de unas horas lo cogió y lo estampó contra la ventanilla del Seat Ritmo 65 CL de su tío. Mientras su abuelo siguió vivo, Cabeleira fue blanco. Luego, liberado, optó por el azul y el grana. Quizá ese pequeño periodo dio una inmunidad que le sirvió para que de mayor no le explotasen las venas de la sien al reconocerle méritos al rival. Aunque en estas páginas llega tan lejos como para exclamar ¡Hala Madrid! antes de la final de Lisboa que este disputó frente al Atlético.

No es la única herejía del libro. Hay también una confesión de que, cuando bebe, se imagina a Arbeloa vestido de azulgrana y la imagen le deleita como ninguna. Pero sin duda las frases que se agitarán ante él si un día la época va a peor y nos encontramos ante tribunales populares son las del artículo «El dulce más dulce», donde se califica de pamplina la teoría que resta mérito a las seis primeras copas de Europa del Madrid por ayudas del franquismo y las seis últimas (cuando solo tenía doce) por deberse al Partido Popular. Miren cómo delira: «A veces me pregunto qué satisfacción encontramos en devaluar los triunfos del rival, qué necesidad vital mueve estas discusiones en las que uno trata de demostrar qué dulce es más dulce». Parece una persona cargada de sentido común el muy asqueroso.

En «Entre tú y yo: son el Madrid» encontramos intentos de buscar teorías alternativas a Franco y Rajoy como artífices de los éxitos del club de Concha Espina. Recurre a imágenes más contemporáneas, como los caminantes blancos de Juego de tronos, pero no lo logra. La responsabilidad la escala a la providencia: «Ayer metió un gol sin tirar a portería, otro de tantos milagros perpetrados por este equipo a lo largo de los años sin que nadie sepa todavía cómo lo hace».

Eso no quita que su guardiolismo sea extremo. Dice que solo hay dos tipos de entrenadores, Guardiola y los otros. Y en el famoso 5-0 a Mourinho subraya las palabras del míster catalán: que solo eran tres puntos, pero que cómo se habían logrado quedará para siempre. Por si no lo recuerdan porque son jóvenes, fue como para exigir a la retransmisión que se pixelase la cara de los jugadores. Un ejemplo del no aceptar la superioridad del enemigo y parapetarse tras paparruchas como las mencionadas fue que en Madrid tras aquella masacre hubo gente que le quitó mérito diciendo que en realidad lo bonito es el fútbol inglés, «fútbol directo», decían muy serios, del que habían sido seguidores de toda la vida, y no el «parabrisas» que les acababa de destrozar. Un servidor fue testigo de alguna de estas exhibiciones subconscientes de pánico, terror y desorientación.

Cabeleira rechaza esas actitudes entre los suyos: «Aunque resulte duro decirlo, el de hoy se me antoja un barcelonismo obsceno e inmaduro que se asemeja demasiado al madridismo interesado que algunos rechazamos durante la infancia por una simple cuestión de principios: no solo importa ganar, nunca importó». Y luego desarrolla la idea marcándose estos barroquismos: «El aficionado blaugrana de pura raza, el culé de verdad, el old school, se preocupa tanto o más por la imagen del conjunto blanco que los propios aficionados merengues, no digamos por la de su propio club, lo que no deja de ser una prueba evidente y maravillosa de hasta qué punto un buen barcelonista no es otra cosa que un madridista evolucionado, un madridista consciente y decente, un madridista mejor».

Pero no todo es la eterna dicotomía en esta recopilación de artículos, hay recuerdos a Andrés Escobar, malogrado futbolista colombiano. O a Garrincha, que se malogró a sí mismo. Y entre todos, uno destaca especialmente. Es el debido homenaje a Luis Aragonés. Una figura que, durante su etapa como seleccionador nacional, vio cómo constantemente se acompañaba su mote de «el sabio de Hortaleza» de la pregunta «pues cómo será el tonto» a convertirse en leyenda eterna de nuestro fútbol porque lo hizo muy bien, sí, y también porque le ganó una tanda de penaltis a Italia. Antes de eso, era carne de toda clase de vilipendios y del humor más cruel y con menos fundamento que hay hoy día, el guionizado sobre actualidad para televisión. Y así hubiera seguido de no meter la pata en dos penales De Rossi y Di Natale.

En el libro se le recuerda en «La parte de los ángeles». Entiende el autor que Luis estaba categorizado como «de equipos pequeños» y que se le consideraba «incompatible con las grandes estrellas, los divos del área y los periodistas de cámara de los grandes clubes». Era de los entrenadores que rechazaban las teorías de que «el mundo gira alrededor del balón», pero supo bajarse del barco, «abandonar el lado oscuro de la Fuerza». Para Cabeleira, hay que valorar su «capacidad para rectificar» y decidir jugar al toque y esas cosas que tanto gustan ahora a todo el que se viste una camiseta roja con el escudo de España.  

Una visión discutible, porque el legado de Luis en el Valencia, Sevilla, Betis, Mallorca y Oviedo, la etapa en la que brilló por una profesionalidad sin mácula, que se lo digan a Romario, si por algo destacaron sus equipos no fue por rechazar el balón, sino por el imperio del orden. No obstante, lo emocionante es cómo se lamenta de su pérdida. Tras haber conocido el fútbol siempre con la presencia de Luis, cuenta que el padre de su mejor amigo solo presumía de una cosa, de beber el mismo coñac que Luis Aragonés, y por eso ahora guarda una botella de la que espera ver cómo cada año desaparece un pequeño sorbo: la parte de los ángeles.

Es por esos detalles por lo que merece la pena a veces esta, tan creciente, literatura balompédica, cuando la humilde vida de los mortales trasciende en sus páginas a través del dichoso balón. En este sentido, hay un artículo que me ha parecido de una calidad extraordinaria. Se titula escuetamente «Messi», pero el ínclito solo está presente en espíritu. Habla de un mariscador jubilado de Lourido al que sus compañeros le llamaban Messi en la Cofradía San Telmo de Pontevedra. Su conocimiento de la ría y perseverancia le daban unos números inalcanzables para el resto de los pescadores. Cuando descargaba sus capturas, los demás se amontonaban en el muelle para verlo. Le gritaban cosas y no era para menos, pero a él no le gusta que le llamasen Messi. Porque es ahí, en Campelo (Pontevedra), el único lugar del mundo donde Messi es del Real Madrid.


Canciones para Rajoy sobre el retiro del mundanal ruido

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspe sustentado!

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

(…)

Ha sido una de las noticias más comentadas de la semana, Mariano Rajoy retomaba en Santa Pola su antiguo trabajo de registrador de la propiedad desentendiéndose por completo del pasado: «Me he retirado de la política y vuelvo donde estaba. La vida continúa». Un cambio drástico este de dejar atrás toda pompa y poder, del que no faltan precedentes en nuestro país, desde Carlos V recluyéndose en el monasterio de Yuste para meditar hasta, con bastante menos solemnidad, Alfonso XIII, cuya respuesta a quien le preguntaba por su nueva condición era sacarse los bolsillos del revés mientras decía: «¡Comprendedlo! ¡Estoy sin guita! ¡Soy un rey en paro!». Aunque ninguno supo expresarse tan bien al respecto como fray Luis de León y no fue mala opción tampoco la del dictador romano Sila, quien se dedicó desde entonces a «beber y contender en bufonadas y chistes, haciendo cosas muy impropias de su vejez y que desdecían mucho de su autoridad». ¿A quién de ellos terminará pareciéndose más nuestro expresidente? El tiempo lo dirá; pero mientras otros luchan por abrazar con sed insaciable el peligroso mando, si opta por quedar tendido a la sombra, entonces le recomendaremos que tenga puesto el atento oído al son dulce, acordado, del plectro sabiamente meneado en estas canciones que siguen. Voten por su favorita o añadan la que deseen en los comentarios.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)

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«Ahch-To Island», de John Williams

Santa Pola tampoco es que sea tan recóndita como una isla del planeta Ahch-To, pero cada uno vive inmerso en su propia película y desde la percepción subjetiva de quien poco antes ha estado en el epicentro del poder puede asemejarse a un retiro de introspección espiritual jedi. La banda sonora de Star Wars ha sido considerada por el American Film Institute como «la mejor de todos los tiempos», también es la más vendida y desde luego resulta una seña de identidad esencial de la saga, así que se hacía inevitable que fuera John Williams el encargado de ponerle música a Los último jedi. Como en las anteriores entregas cada personaje tiene una composición asociada acorde a su carácter, de manera que aquí se intenta recrear el tormento interior de Luke en su exilio, alejado del alegre heroísmo de sus inicios.

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«Guaranteed», de Eddie Vedder

Continuando con el cine nos encontramos con Hacia rutas salvajes, la cinta biográfica en torno a Christopher McCandless, un joven estadounidense cuyo rechazo por una sociedad que consideraba materialista y opresiva le llevó a intentar vivir como un ermitaño en plena naturaleza. Con más voluntad que acierto hay que decir, pues apenas logró mantenerse con vida cuatro meses. Eddie Vedder, el vocalista de Pearl Jam, fue el encargado de componer la banda sonora y este tema en concreto, que describe el temperamento indómito del protagonista, le valió un Globo de Oro.  

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«Wand’rin’ Star», de Lee Marvin

No hay dos sin tres, pues si hablamos de espíritus libres y peregrinos sin rumbo en el cine no podemos dejar de mencionar a este buscador de oro que formaba parte de un triángulo amoroso en La leyenda de la ciudad sin nombre. Lee Marvin nunca se había dedicado a la música, pero la interpretación que le dio con esa voz grave y melancólica a este tema tuvo más éxito que la propia película, donde nos dice que «el cielo está en el adiós para siempre, para mí es tiempo de marchar».  

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«Margaritaville», de Jimmy Buffett  

Jimmy Buffett está también estrechamente vinculado al cine como compositor de bandas sonoras, productor y actor (en la primera parte de Jurassic World, por ejemplo) aunque en concreto esta canción de reminiscencias caribeñas, la que más éxito le proporcionó, no tenga relación con ninguna cinta pese a que su productor, al escucharla por vez primera y cautivado por la historia que contaba en ella, dijera «demonios, no era una canción, era una película». De hecho fue un tema que en cierta forma creó un estilo si no musical al menos sí hostelero, pues el autor se hizo exageradamente rico con una cadena de restaurantes relacionados con la letra de este tema.

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«Last Rose of Summer», de Renée Fleming

Thomas Moore fue un poeta romántico irlandés cuya obra más conocida es un poema alegórico en torno a la última rosa del verano, desde luego algo sabía en torno a la melancolía y el sentimiento de pérdida que evoca pues vio morir a sus cinco hijos. El poema ha sido posteriormente cantado por diversos artistas, la versión de Renée Fleming en concreto formó parte de  la banda sonora de Tres anuncios en las afueras.

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«Joan of Arc», de Leonard Cohen

También es una voz autorizada —además de melodiosa— la de Leonard Cohen, que dejó atrás el mundo con todo su ruido y furia para encontrar la serenidad en un monasterio zen, en el que permaneció recluido cinco años. Este tema, perteneciente al álbum Songs of Lve and Hate, resulta particularmente oportuno al tratar la caída en desgracia desde el poder de Juana de Arco, quien expresa su deseo de volver a su trabajo anterior aunque en este caso no era cuestión de que le reservasen la plaza opositada.

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« La llorona», de La Polla Records  

La poesía pastoril cuenta con una larguísima tradición en Occidente, que se remonta a los clásicos grecolatinos, pasa por el Renacimiento y desemboca en La Polla Records, quienes en esta canción se hacían eco del tradicional reproche a la ciudad, con sus intrigas cortesanas, su alboroto y sus vicios: «Voy al campo, abandonaré la ciudad / Porque allí, encontraré la paz / Porque allí, tendré mi libertad / Seré un hippie impresentable en sociedad».

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«We’ll Meet Again», de Johnny Cash

La Segunda Guerra Mundial tuvo un auge en ambos bandos del cine de comedia y musical como forma de evasión, y una película muy popular en Gran Bretaña fue We’ll Meet Again, cuyo tema principal tenía el mismo nombre. Es una letra que habla de despedidas pero en tono esperanzador, prometiendo un futuro reencuentro tal vez en esta o en otra vida. Fue un tema que luego usó Kubrick con notable sarcasmo en la escena final de ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú y resultó especialmente conmovedora en la versión que hizo Johnny Cash, dado que fue la última canción de su último disco.

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«All These Things That I’ve Done», de The Killers

La retirada de quienes estuvieron en primera línea nos ha dejado testimonios que entremezclan la reflexión más ponderada de algunos asuntos, nostalgia y también alivio de la carga liberada, recuperación de los placeres sencillos… pero muy a menudo lo que más se ve es un rencor vitriólico y las consabidas memorias en las que ajustar cuentas. Así que dentro de los partidos vuelan las puñaladas, quién lo hubiera imaginado. El camino que se toma en este sencillo es más improbable, el de la autocrítica, pero ahí queda.

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«Too Old To Rock’n’Roll Too Young To Die», de Jethro Tull

Aquí terminaban extrayendo la conclusión —en contra de lo que indica el título— de que si bien siempre se es joven para morir, nunca se es lo suficientemente viejo como para tener que dejar de hacer aquello que uno quiere. Algo que esta banda inglesa aplicó fielmente en su propia trayectoria, pues permanecieron en activo nada menos que cuarenta y siete años.

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«End of the Line», de Traveling Willburys

Este grupo fue formado en 1988 por Bob Dylan, George Harrison, Tom Petty, Jeff Lynne y Roy Orbison, aunque este último murió ese mismo año. De hecho ni siquiera le dio tiempo a rodar el vídeo, así que en la parte en la que canta él podemos ver su fotografía y una guitarra en una mecedora representándolo. Es precisamente una de las cosas más interesantes de esta canción, que cada parte está interpretada por cada uno de ellos, con unas voces perfectamente distinguibles. Respecto a lo que expresan hay una buena carga de melancolía y de sabiduría, si es que no viene a ser lo mismo, que se desgrana en esos consejos que nos dan acerca de lo que han aprendido durante el viaje antes de llegar la última parada.

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«Just Go Away», de Blondie

Concluimos con un tema que no llegó a ser sencillo aunque está muy bien y que formó parte del álbum más celebrado de la banda neoyorquina, Parallel Lines, publicado en 1978.

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Fotografía: Cordon.