El canal de nunca acabar

El lago Cocibolca o Nicaragua, 2014. Fotografía: Cordon Press.

Este artículo se publicó en papel en nuestra trimestral nº16 especial América

El que quiera camarones tiene que mojarse el fundillo. (Dicho nicaragüense)

Según diversas fuentes, Álvaro Saavedra Cerón, explorador del siglo XVI, fue el primero que mencionó la posibilidad de construir un canal que conectara el océano Pacífico con el mar Caribe aprovechando el lago Cocibolca, en lo que hoy es territorio nicaragüense. Pascual de Andagoya, otro conquistador español de la época y presumiblemente el encargado de materializarlo, aseguró que «no existe en Europa un monarca con poder y tesoros suficientes para realizar esa empresa». Proféticas palabras, puesto que han tenido que pasar casi cinco siglos para que los chinos tomen cartas en el asunto.

Desde las expediciones colombinas, cuyo objetivo final no olvidemos que era llegar a las Indias, conseguir unir por la ruta navegable más corta los océanos Pacífico y Atlántico ha impulsado multitud de proyectos o expediciones al respecto. Pero habría que esperar hasta 1871 para que se realizara el primer estudio en firme de un canal cuyo trazado atravesara el lago Cocibolca (también denominado lago Nicaragua). En las siguientes dos décadas hubo varias negociaciones entre el Gobierno local y el norteamericano para lanzar la construcción de este canal mediante un acuerdo bilateral, aunque ningún intento se materializó, principalmente por los desplantes o exigencias desorbitadas de los yanquis. La leyenda dice que el Congreso de Estados Unidos se decantó por Panamá para acometer la obra de un canal interoceánico cuando vio una imagen apocalíptica del Cocibolca rodeado de volcanes en erupción de tal calibre que, a su lado, Mordor parecía un resort de Bora Bora.

Y así quedó medio sepultada la idea de un canal nicaragüense hasta que ha resurgido, más de un siglo después, con la fuerza de un primigenio lovecraftiano.

La ley 840

En junio de 2013, Nicaragua sufre una conmoción con la aprobación de un inesperado y revolucionario decreto denominado «Ley Especial para el desarrollo de infraestructura y transporte nicaragüense atingente a El Canal, zona de libre comercio e infraestructuras asociadas», conocido como Ley 840, mediante el cual se firmaba una concesión con la empresa china Hong Kong Nicaragua Development Investment Company, Ltd. (HKND), para la construcción y explotación durante cincuenta años (prorrogables por otros cincuenta) de un faraónico canal interoceánico y varios subproyectos vinculados (sendos megapuertos a la entrada y salida del canal, complejos turísticos a lo largo de su traza que servirán de alojamiento a los trabajadores durante la construcción, un aeropuerto, una zona de libre comercio y unos seis mil quinientos kilómetros de nuevos viales con dos grandes puentes sobre el canal). La opinión pública se enteraba así, de repente, de que el presidente Daniel Ortega había estado llevando una negociación en secreto con HKND, corporación creada a tal efecto por el misterioso magnate Wang Jing. Y digo misterioso en cursiva porque es así como le describe la prensa americana, a pesar de que si lo comparamos con Amancio Ortega es tan mediático como Kim Kardashian: resulta que Wang ya era bastante conocido en Nicaragua debido a que un par de años antes había conseguido un gran contrato de alcance nacional para Xinwei, su empresa de telecomunicaciones.

La oscura tramitación de la Ley 840 y que el beneficiario sea un viejo conocido de otras concesiones, digamos que, siendo muy diplomáticos, no es un buen ejemplo de transparencia. Y si esto ocurre en un país con un índice de percepción de la corrupción tan alto como el de Nicaragua, no es difícil imaginar lo que piensa la mayoría de los nicaragüenses del multimillonario contrato para la construcción del canal. Porque la cifra tiene unos cuantos ceros: el montante presupuestario que se estaba manejando para este canal gigantesco, de unos 276 km de longitud (del orden del triple que el de Panamá), entre 520 y 230 m de anchura y hasta 30 m de calado, y que implicaba el mayor movimiento de tierras realizado en una sola obra en la historia de la humanidad, era de cincuenta mil millones de dólares. Por poner en contexto estas cifras que no todos ganamos en una tarde, la ampliación del canal de Panamá de reciente inauguración ha costado unos cinco mil quinientos millones, mientras que las obras ejecutadas con motivo de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro se estiman en quince mil millones y la línea de alta velocidad entre La Meca y Medina alcanzará los setenta mil millones de dólares. En resumen, el canal nicaragüense sería una infraestructura de primera magnitud mundial y haría realidad un sueño de quinientos años de antigüedad. Pero la gente, que es reacia a que la tomen por el pito de un sereno cuando se llevan negociaciones de este calado a escondidas, puso el grito en el cielo por muchos aspectos que no estaban del todo aclarados o que no aceptaban el acuerdo con HKND.

En primer lugar, las razones patrióticas: no sentó nada bien hipotecar el futuro de un par de generaciones por esos probables cien años en los que la empresa china iba a ostentar la concesión del canal. Los críticos entendían que había un conflicto con la soberanía nacional al ceder a unos extranjeros el control de una infraestructura estratégica de alcance global, aunque desafortunadamente el eslogan que trascendió a la opinión pública y que se puede leer en infinidad de pintadas y carteles («¡Que se vayan los chinos!») tiene el tono de no soy racista, PERO. Este argumento enlaza con la teoría de una conspiración: el Gobierno chino, sospechan muchos nicaragüenses, es quien en realidad maneja HKND. El principal atractivo para el comercio de contenedores para China y, por extensión, para todo el este asiático es la Costa Este norteamericana. Por eso hay especial interés en apropiarse del canal de Nicaragua, para dotarse de una vía, por así decirlo, privada para el transporte de sus productos, sin depender de un país extranjero o un intermediario que lleve la mercancía a su destino, como sucede en el canal de Panamá. Y esa es otra de las grandes dudas que despierta la obra: tendría que competir con el canal vecino, una infraestructura ya en servicio que supondría una dura competencia y que, con seguridad, saldría triunfadora de una guerra de precios que desestabilizaría a la región.

Pintada «No al canal» Juigalpa
Juigalpa, Nicaragua, 2015. Fotografía: Cordon Pres

Tal vez el aspecto más controvertido del proyecto de esta infraestructura es el ambiental. El trazado del canal discurrirá a lo largo de ciento cinco kilómetros por el lago Nicaragua, la mayor reserva de agua dulce superficial de América Central, y podría sufrir una contaminación accidental por vertidos si comienzan a navegar por él hasta catorce barcos gigantescos a diario. Además, un fallo propiciado por un temblor (recordemos que es una zona de fuerte actividad sísmica y volcánica) en el sistema de esclusas podría vaciarlo o contaminarlo con agua salada oceánica. Por no hablar de la ejecución en sí: la profundidad media del lago es de unos diez metros, por lo que habría que dragar casi veinte metros para conseguir el calado necesario para la navegación de grandes buques contenedores, operación extremadamente delicada que podría acabar llenando el lago de sólidos en suspensión. Son demasiados «podría» potencialmente gravísimos, como poner una central nuclear rodeada de guarderías y presas en una zona sísmica. Para calmar los ánimos ante riesgos de tal magnitud, se encargó un informe a la prestigiosa asesoría ambiental Environmental Resource Management (ERM), que fue publicado a finales de 2015 y acogido, siendo diplomáticos, con división de opiniones. Tras estudiar el informe de ERM, un grupo de expertos externo declaró que lo veía superficial y que no aclaraba qué tipo de medidas se tomarían para preservar el medio ambiente. El Gobierno de Nicaragua, lejos de contemporizar, llamó vendidos a los expertos.

También hay cierto escepticismo con la riqueza que va a generar tanto la construcción como la operatividad del canal. Los rumores además insisten en que todo lo van a poner los chinos, tanto la mano de obra como la explotación, y que HKND no tiene obligación de contratar empresas ni mano de obra local. Describen, en definitiva, un panorama desolador y dejan al presidente Ortega como negociador a la altura del que asó la manteca con el dedo, sobre todo cuando según algunas interpretaciones de la Ley 840 se afirma que HKND no tendrá que pagar impuestos y podrá expropiar a precios muy bajos y sin derecho a recurso cualquier parte del territorio nacional que considere necesario para construir el canal o los subproyectos (posteriormente, HKND hizo público que expropiará a precios de mercado).

Esta potestad de disponer de terrenos ha sido calificada de inconstitucional y ha provocado decenas de marchas de protesta, ya que la Constitución del país reconoce los derechos indígenas. Además, el trazado del canal separaría irremediablemente comunidades afrodescendientes. Un problema aparentemente de difícil resolución.

Y, en cuanto a la construcción en sí, nadie se cree que el canal esté en funcionamiento para el 2020, tal y como han anunciado. Ese horizonte es una locura; según las estimaciones más atrevidas de empresas independientes, cifran en no menos de diez años el plazo real de las obras. Por ejemplo, la citada ampliación del canal de Panamá, de menor longitud, calado y anchura, y con menores esclusas, ha tardado ocho años en finalizarse. Las obras se iniciaron de cara a la prensa en diciembre de 2014, aunque la fecha efectiva que se está manejando para empezar los trabajos puros y duros del canal es finales de 2016. La versión oficial es que siguen redactando estudios previos, aunque las malas lenguas lo achacan a la falta de liquidez de Wang, que ha sufrido grandes pérdidas bursátiles y no consigue encontrar inversores que apoyen el canal (esta teoría choca frontalmente por tanto con la que sitúa al Gobierno chino detrás de HKND). Lo que sí parece cierto es que tal vez Wang, que era conocido por sus empresas de telecomunicaciones, ha dado un salto demasiado grande a la hora de cambiar de sector.

Pintada protesta «Muerte al chino» Juigalpa
Juigalpa, Nicaragua, 2015. Fotografía: Cordon Press

No os gusta el canal, no os gustan los chinos… no os gusta NADA

La respuesta oficial podría haber ido en esa línea, pero el Gobierno nicaragüense ha contraatacado ofreciendo datos y explicaciones para refutar o aclarar los argumentos de los críticos. La principal razón que ha impulsado la obra del canal es, según fuentes oficiales, buscar una salida a la pobreza extrema del país, un umbral bajo el que vive el 43 % de su población. En la actualidad el crecimiento anual es de en torno al 5 %, pero necesitaría duplicarse esa cifra para «erradicar la pobreza, reforestar el país, adaptarse al cambio climático y aumentar la resiliencia de sus ecosistemas». Y, para ello, lo mejor que se les ha ocurrido es construir un no-tan-controvertido canal interoceánico, ya que los sondeos oficiales sitúan la aprobación total del proyecto en el 60 % de los encuestados, mientras que totalmente en contra se posiciona únicamente el 17 %. Unos datos que chocan con las diferentes realidades que se venden en la prensa. Un ejemplo con regusto a déjà vu: supuestamente hay un clamor indígena contrario al canal, pero resulta que en mayo de 2016 se anunció que HKND había llegado al primer acuerdo con algunos de ellos para ocupar unos 263 kilómetros cuadrados de sus terrenos. El arrendamiento indefinido de estas tierras fue rubricado por representantes de las etnias rama y creole siguiendo la voluntad de sus colectivos. En ciertos medios esta firma no ha sentado nada bien y se insinúa que los han engañado, transmitiendo un destello de clasismo bastante acusado.

En cuanto a la apropiación de los chinos del trabajo y la riqueza derivada del canal, han dejado constancia de que, de los cincuenta mil trabajadores que se estima que sean necesarios para la construcción, en torno al 50 % serán nicaragüenses y el 25 %, chinos. Asimismo, serán necesarios unos doce mil setecientos empleos para operar el canal en el año 2050, así como unos ciento trece mil en la zona de libre comercio y tres mil en los centros turísticos. De ser unas previsiones realistas, para un país que tiene unos tres millones de personas trabajando, supone una inyección importantísima. Por otra parte, que HKND esté explotando el canal no significa que Nicaragua no se lleve nada al bolsillo: el país se quedará con un 1 % de las acciones del canal, aumentando un 10 % cada diez años, recibiendo además en torno a cien millones de dólares en diez pagos anuales por la concesión. El Gobierno nicaragüense se ha comprometido a que parte de este dinero se reinvertirá en luchar contra la deforestación, cifrada en unas setenta mil hectáreas anuales, cumpliendo su objetivo de combatir el cambio climático.

El principal objetivo del canal, lejos de entrar en una guerra de precios con Panamá (puesto que el ahorro de unos novecientos kilómetros en la ruta entre costas de Estados Unidos es significativo, pero no determinante), son los buques que no caben en ese canal, los denominados post-panamax, ya que en el 2030 se estima que el 30 % de los buques serán de este tamaño y transportarán en torno al 60 % del tráfico mundial de contenedores. Y, dentro de estos barcos gigantescos, el canal de Nicaragua apuesta (y apuesta a lo grande: cincuenta mil millones de dólares) por los denominados Triple E, que tienen un tamaño de 400 x 59 x 15,5 metros y son capaces de llevar unos dieciocho mil contenedores. En un notable gesto de respaldo al canal, Maersk Line, el mayor operador mundial de contenedores, apoya la construcción de una alternativa a Panamá (las nuevas esclusas de la ampliación miden 427 x 55 x 18,3 metros, mientras que las previstas en el canal de Nicaragua son de 520 x 75 x 27,6 m). Y, como en los Triple E la emisión de CO2 por contenedor es más pequeña, ¡también ayudan a combatir el cambio climático! Double hit combo.

En ocasiones, para valorar una actuación de este calibre hay que ser pragmático. Dejando de lado las formas sospechosas y los detalles abusivos de la Ley 840, los puntos débiles del proyecto esbozado por HKND, la complicada amortización de la obra y los brutales peligros ambientales, la cuestión de fondo es si Nicaragua debería apostar por la construcción de un canal interoceánico por esa ruta u otra. Ciertamente, hay que ser muy pragmático para poder tener una visión de conjunto obviando todo esto, pero hay quien lo tiene claro: no, porque «el verdadero desarrollo, el único posible, es el que se vincula con las características ecológicas, sociales y culturales de los pueblos». O, dicho con otras palabras, seguir más o menos como están, primando la economía de subsistencia y el sector primario. Pero viendo los fríos números y que Nicaragua es, según el Banco Mundial, el segundo país más pobre de América tras Haití, se plantea la duda razonable de si tal vez valdría la pena la apuesta.


Principales referencias

«Canal de Nicaragua», VV. AA. 1891. Revista de Obras Públicas, n.º 18.

«Estudios sobre el Canal de Nicaragua», Arturo Llopis. 1901. Revista de Obras Públicas, números 1348, 1349 y 1350.

«Las alternativas españolas para el ‘Paso del istmo’ en Tehuantepec, Nicaragua, Panamá y Darién», Luis Laorden Jiménez. 2010. Revista de Obras Públicas, n.º 3516.

«El gran canal interoceánico de Nicaragua en el desarrollo económico y social de Nicaragua, Centroamérica y América Latina». Presentación en la CEOE de Madrid el 20 de febrero de 2015 a cargo de Paul Oquist, ministro de la República de Nicaragua.

«Ruta de tránsito y canal por Nicaragua o parte de la historia de un país en venta», Melvin Wallace Simpson. 2014.


Nos lees, nos escuchas

1940 Dorothy Comingore en el set de Ciudadano Kane-Dorothy_Comingore

Os presentamos el podcast Jot Down, treinta minutos de audio segmentados en microsecciones para que tengas otra versión de los contenidos que te ofrecemos en la web.

En estos artículos producidos por Bárbara Ayuso encontrarás la voz de Paula Aller y Humberto Salerno acompañados por redactores de Jot Down. ¿Por qué vas a conformarte con leernos, si ahora también nos puedes escuchar?


Nicaragua, the ruined utopia

Photography: Cristina Durán.

(Versión en español)

There are twenty of them, mostly girls. There are some boys in the group, but they are fewer in number and younger. All of them are painting on some big cardboards while their instructor, a young lad, cuts small pieces of tape he will use to stick children’s paintings on the school walls. When we ask why it is a man, so not a woman, who lead crafts workshops, the obvious answer comes naturally:

-They need to get used to male presence.

We are on the Caribbean coast, in the city of Bilwi, but almost all Nicaraguans know it by its Spanish name, Puerto Cabezas. As we can read in three languages, – Spanish, Miskito and Creole- , we are entering a shelter for women who are victims of violence, owned by the Nidia White Women’s Movement. That includes all kinds of violence, as the people in charge of it specify, but above all sexual violence and rapes. They tell us that among the 186 victims they have helped in 2013, only two dozen are adult women and 40 are teenagers. The other 122 are girls under 14. For those who haven’t yet connected the syllogism, we witness a revealing scene just in the same room where the girls are painting. One of them stands up, and goes into the main building to come back carrying a baby. Then, she breast-feeds him. Roughly estimating, she is no older than 13.

Nobody would say it, but she is a lucky girl. Nicaragua is one of the world’s five countries with a total ban on abortion, so many women die from non viable pregnancies, particularly if they are very young. Although we have no access to official data, we can reconstruct the information by our own means. Regarding to the number violations registered between 1998 and 2008, when the prohibition came into force, more than two-thirds of the victims were under 17 and half of them under 14. Until 2008, when the latest official information about this subject was provided, near 820 women per year asked Nicaraguan sanitary system for help suffering from dangerous embryonic and fetal malformations incompatible with life, and almost 630 suffered from ectopic and molar pregnancy, the two of them potentially fatal for the mother. Since them, all of them must continue the pregnancy and hope an spontaneous abortion save their lives. Any different conduct is penalized with prison. 

That should not happen anywhere, but even less here. According to the last gender equality report of the World Economic Forum, Nicaragua is the tenth country in better promoting equality between men and women. It shares its top position with Nordic countries, Switzerland and New Zealand. Indeed, Nicaragua has developed an astonishing normative framework for gender equality, in which is included Law 779 against violence towards women, considered one of the most completes of the hole world. The country has also achieved great rates of women working in High Institutions, where they are over 50 percent of the workforce. With such a successful trajectory, Nicaragua’s Foreign Policy Minister, Samuel Santos, announced last September before the UN that his country had accomplished the third of Millennium Development Goals, which focuses on promoting gender equality and women’s empowerment. 

Miskito’s Eden and some other statistical lies

He is not lying. He simply speaks using the large numbers language, which are not the best tool to accurately measure some kind of things. For example: On a map, Bilwi is 140 kilometers from the Miskito community of Wis Wis. That is not a great distance for us, because in Spain it would take us over two hours to cover it. Here, in Nicaragua, to make the same distance, people needs traveling six hours in an all-terrain vehicle through a ruinous trail, and two more hours in a “bató” all along the Coco River, the biggest in Central America. During the journey, that last two days because it is better to avoid traveling during the night, we have to promptly pay to the illegal squads who guard the crossing area, and almost invoke the NGO before other’s questions, because narcos don’t like tourists and foreign people.

We could easily locate it on a map, but that would not show the real and devastating isolation of Wis Wis, much more severe than anyone could describe. As a matter of fact, the way Miskito children looked at us at our arrival, with such expressions of curiosity, is a much more reliable unit than any number of kilometers. For many of them, it was the first time they meet white people.

Children are the first to arrive to the church, which is irremediably the first stop for anyone who visits the community. Women arrive too, little by little. Finally, some young and old men, including some of those who speak a little Spanish. The rest of the men are at the so-called Triángulo minero. They are absent because they work some days away from here, in a large mountainous jungle area located between the cities of Siuna, Bonanza and Rosita. There, they work during the gold season some months per year. It is also there, at the Triángulo, one of the most depressed and armed places in Nicaragua, where many of these men turn into drug addicts, get indebted to local mafia who force them to participate in the next gold seasons, and where they catch some infectious diseases they pass on in places like Wis Wis.

HIV, hepatitis and tuberculosis are among the most common diseases in Miskito families”, tells us the man who will be our guide during our visit to Coco’s riverside. For security reasons, we will not reveal his name. In order to prevent diseases, his NGO, Acción Médica Cristiana, teaches sexual and reproductive education to Miskitos, and works hard to promote condom use, which has motivated critic reactions among some of his partners in faith. When asking him for his personal opinion, he tells us the nearest city, Waspam, is five, ten and fifteen days far from the majority of Miskito communities, spread all along the river. Too many days to go every three months to pick up retrovirals delivered by his NGO. Some of them choose not to continue with the treatment, and some others cannot afford wasting so much time to reach the city, because here time is much more valuable than money itself. He shrugs his shoulders and smiles at the children, now crowded together in front of the door. “If they could only see what we witness here, a great quantity of Christians could not be against the use of condoms”, he states.

Resistance is mostly ideological, but it is far from being abstract. According to our guide, it is usual, after having convinced Miskito men to be more careful in their sexual relations, to discover they have been threatened with going to hell by their faith ministries. This is why “women’s empowerment is crucial in containing the epidemic”. In this viscerally patriarchal culture, men decide what, where and when in sexual-related issues. However, thanks to the NGO’s and to development cooperation, a change has come to places like Wis Wis. “Now, when men come from the mine, some of their wives refuse to have sex with them if they have had relations with other women. Some of them even force men to use condoms”, he says. Some others begin to be aware of the importance of family planning services. “This has only been achieved through years of hard field work”.

10
Photography: María Cimadevilla.

In 1641, an African slave ship wrecked on the shores of North Nicaragua, so part of the survivors mixed with the locals. The group of people resulting from this singular contact is what we call know the “Miskitos”, the largest indigenous population in the country, which along with the “Mayangna” and some other communities, represent 10 percent of the country’s population and occupy more than 56 percent of Nicaragua’s land area. Since the arrival of Morava missions, by the middle of the nineteenth century, Miskitos are deeply Christian, but they still preserve a rich Animistic mythology that we can easily trace by hearing their explanations about weird phenomenon, such as children disappearances. Miskitos believe they are taken away by river mermaids, the Liuamairi. They alson believe in Sisimiki, an errant giant who crosses the jungle going backwards because his feet are upside down. But the truth is that what really crosses the jungle of Central American Isthmus is the drug corridor, which sows the land with illegal runways. It is known that what crosses the border with Honduras -only a few kilometers from here, on the riverside- has few possibilities of coming back. Indeed, Nicaragua is a hotspot for human trafficking in contexts of sexual and labor exploitation.

Nonetheless, what prevails here is the supernatural explanation, like the one given to the Grisi Siknis, or “jungle madness”, a quite revealing term. They are episodes of mass hysteria induced by an assumed demonic possession that affect entire groups of people, frequently young women. Sometimes a whole community can develop the symptoms. Although scientific investigations have not found an explanation for these facts yet, it is proved that outbreaks often appear after famines resulting from natural disasters. The last documented biggest episodes happened after hurricane Felix, in 2007, and continued until 2009 especially in some areas of the East and at the shores of the country. Prior to that, there have been registered this kind of episodes in 2005 after hurricane Beta, and especially in 1998, due to the devastating hurricane Mitch.

Cristian, socialist and in solidarity

Famine is not unfamiliar for Nicaraguans, even if their government ignores it while exhibiting the achievements of the country in the international marble meeting-rooms. The UN itself has recognized that Nicaragua has accomplished the first of the Millennium Goals, which is to halve the number of people suffering from hunger. Indeed, after having cleaned-up the macroeconomic indicators, Nicaragua shows an impeccable look, that is only believed by those who don’t know the real situation. In 2010, Nicaragua officially entered the group of “middle-income countries”, backed by the World Bank and, in September 2013 Przemek Gajdeczka, the emissary of the International Monetary Fund (IMF) sent to check the country’s economical situation, confirmed Nicaragua did not need any more permanent financial assistance, so special programs carried out by the IMF were ended. The estimated growth in 2013 is near 5%, the country has doubled the 2006 exports, and has nearly tripled foreign direct investment, which is expected to be around 10 million dollars in the next five years. Gajdeczka also congratulated the government on their fiscal discipline and the financial stabilization of the country. In his words, Nicaragua has “graduated” from IMF programs in terms of economic development. And he was serious while stating it.

Despite of these words, Managuan children still beg for Cordobas (Nicaraguan money) at the traffic lights, juggling before drivers, and shanty towns pour like magma, like huge heavy black oceans moving forward between Xolotlán lake and volcanic craters that peck at the city. Nicaraguan’s great financial figures disappear at ground level, in the same way that relativity applied to subatomic magnitudes does. Persuaded by these figures, some of those who only understand the “big language” have already withdrawn their support programs from country; among others: the IMF, some NGOs and embassies well-known for their interest in cooperation like Sweden, Finland, Austria or United Kingdom. Those who stand denounce that the small print of Nicaraguan progress hasn’t changed. The population of the Republic is about six million people, and almost half of it lives in poverty. It is the second poorest country of Latin America, and the one with the lowest per capita income of the entire continent, according to United Nations Development Program. The average wage is two and a half dollars per day, but it is estimated than over half a million of Nicaraguans survives with less than a dollar per day. That is 0, 73 euro a day. 

Venezuelan money, which got torrentially into Nicaragua during Chávez government, has also stopped flowing despite the symbolic efforts from Nicaraguan government. The most important of them is a huge bust of Hugo Chávez placed at Bolívar Avenue, in the very center of the capital city. Near it, we find a monument dedicated to the “Próceres del Alba”, consisting in some enormous concrete columns lifted at with the same height as Chavez’s and crowned with the effigies of revolutionary heroes like Simón Bolívar, José Martí, Ernesto Che Guevara, Camilo Cienfuegos and Fidel Castro. Salvador Allende has been also lifted to the heights at the end of the same avenue, this time represented in a huge banner placed in the harbor with his name written on it. But that has nothing to do with a real harbor. In fact, it is an indoor space – “the only safe place for tourists in all Nicaragua”, in words of our taxi driver- conceived to let cheles relaxed, the word used to design white people. To get into this Sandinista ideological resort and enjoy the lake views, one must pay a ritual price: to pass below both the Republican and the Sandinista National Liberation Front’s (SNLF) flags. They have equal size and both are hung at the same height.

Photography: Pablo San José.

In today’s Nicaragua, Parliament means Government, Government means President and President means Daniel Ortega. The Comandante Presidente was part of the Front during the revolution that overthrown Somoza family – a family of dictators controlling the government since 1934 under the guardianship of the United States-, and became the President of the nation in the early years of democracy, from 1985 to 1990. After a long interlude, marked by liberal governments, the SNLF regained political power with Ortega in 2006 and 2011 general elections, even if a third presidential term was not allowed by the Constitution. This action was nevertheless backed up by the Nation’s Supreme Court of Justice, and in order to put an end to the controversial about its constitutionality, the president has recently passed a brand-new -and highly-debated constitutional reform. Among the new measures, the indefinite reelection of the President is now allowed, militaries can now integrate the highest positions of the government, and Nicaragua is defined as a Republic officially “Christian, socialist and in solidarity”.

María Teresa Blandón, from the feminist organization “La Corriente”, does not clear up the question about how to define “Orteguism” because, she says, there is not much to clarify. “Plundering ideologies is his way of political survival”, she explains. Today’s Front is very different from the one that once drove the Revolution and introduced Democracy in Nicaragua. During the 16 years of liberal governments, headed by Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán and Enrique Bolaños, Ortega sunk the party into an ideological purification, partly responsible of weakening the party. Many revolutionaries that had accompanied the President in his first mandate, including the then vice-president Sergio Ramírez Mercado and other illustrious members of the party such as the songwriter Carlos Mejía Godoy or the writer Gioconda Belli, have joined the Sandinista Renovation Movement, a split within the Front. This Movement, however, hasn’t yet reached the democratic support the Front has obtained since its’ ultra christian reconversion. And it never will because in words of Blandón “Nicaragua is not a country with lay vocation”. She adds, “the Front has naturalized its sui generis way of doing politics”. 

As an example of these new ways, we find the purísimas, an endless succession of virgins spread out all along the Bolívar Avenue between 28 November and 8 December. “ENATREL and the Virgin Mary, together electrifying Nicaragua”, says the one set up by the Empresa Nacional de Transmisión Eléctrica (in charge of electricity transmission networks). A Virgin’s icon dominates a huge model representing a village criss-crossed with posts, wires and generators. Each Purísima has been set up by a State Institution and represents a different scene. In addition, at each one of them a little food bag is given to those who manage to withstand the long lines, what seen from the distance could appear as a result of devotion.

Another example are virtual stadiums, consisting in open-air projections of European football matches. Free buses to Managua are chartered by the government. One more: the declaration of “perpetual Christmas” in the capital city between 2008 and 2012, a period when Christmas trees were not removed from the streets in order to relieve spiritually the inhabitants of the city. To finish with the examples, the so-called “Trees of life”, 22 meters tall metallic sculptures that have substituted some months ago the Christmas trees located in the biggest roundabouts of Managua. According to the First Lady -compañera Rosario Murillo– they “promote and protect our lives in Nicaragua”. It does not escape to anyone that these trees, clearly inspired by those painted by Klimt, were placed during the Front’s anti-abortion offensive prior to the constitutional reform. And nobody doubts that the idea came from the First Lady, butthis remains kind of a legend. 

Everything surrounding “la Chayo”, as she is known, is becoming a legend. Like the one that tells the President deals with Foreign Policy while she deals with Internal Policy, even if her only known official position is Coordinator of the Council of Communication and Citizenship. Another legend tells that she did not help her daughter Zoila América Narváez when she reported her step-father, President Ortega, for sexual abuse. With such an atypical attitude, she resolved a political crisis that threatened Government’s continuity, while getting a great part of her actual absolute powers in the Front. What is indisputable is that she has an ubiquitous presence in the media. As a matter of fact, Managua is papered by posters showing the presidential couple even if we are not in campaign period. Furthermore, most of the Nicaraguans do not question the legitimacy of her power. In our way to the free zone, located in the suburbs of Managua, our Sandinista driver let us understand why. When we subtly expound nobody has voted for her, he explains it could be possible, but anyways “she is quite revolutionary”.

The women’s country

At our arrival, we are kindly received by the spokeswoman of the National Corporation of the Free Zone -a public enterprise-, who says she is glad to see us because she has nothing to hide. She will be also our guide during our visit of one of the factories, where some 1500 people sew sportswear for a Taiwan intermediary enterprise. They benefit from the rights guaranteed by the Nicaraguan labor regulation, she says, but we know that is not true. Before coming, we have talked with some women who work in the polygon. To see us, they have had to pretend a ineludible visit to the doctor. With them, we have learned about their wages, under 500 dollars per month, about lack of respect for working hours, and about metas – goals-, a minimum number of manufactured items established by their boss for each of them. The quantity is often raised up to discipline women. Exemplary dismissal and black lists are also usual too; that is the reason why we will not publish their names.

Photography: Oxfam / Mathieu Gagnon.

Free Zones are industrial areas profiting from an special labor regulation that turns them into paradises of cheap labor force, something very interesting to foreign investors. They were an idea of the first liberal government, whose President was Violeta Chamorro, who aimed to attract international investment and make Nicaragua’s war economy become productive and export-focused. Indeed, all the products manufactured in these kinds of areas are dedicated to exportation. In this moment, 100 000 people work there, 65 percent of them in textile industries. With the empowerment of the Front, worker’s conditions have not improved, changing only the dominant discourse. What once was seen by liberals as “a source of wealth”, is now understood by the Front as source of employment for the people.

When asked about syndical protection, these women begin to laugh and answer that Nicaraguan syndicates are “white”, that is to say, they are branches of government, including the National Workers’ Front, the biggest one in the country. Previsionist clinics – medical insurances- and managers of the National Corporation of the Free Zone- the factory we are visiting- are Sandinistas too. Our guide does not want to talk about politics, but she confirms our suspicious about government’s interests by showing us a sky jacket ready to be sold in the United States, 150. Her fingernails are painted in black and red, the emblematic colors of the Sandinista National Liberation Front.

Thanks to the investigation of María Elena Cuadra Feminist Movement, we discover that in some tobacco factories women are subjected to forced pregnancy tests. Following a feminist approach, the Movement supervises education and training processes for women who need them. In words of Martha Sandino, the director of the Movement in the city of Estelí: “In one hand, we inform women about their rights as workers of these factories, because many of them ignore them. On the other hand, we organized workshops on topics like gender and self esteem”. After years of work, many women have become promoters of the Movement in their workplaces, so somehow they are some sort of syndical supervisors. In Nicaragua, Syndicates are associated with feminism. It must be like that, she says, in a country where gender determines people’s professional future. And women always lose, of course. “If this were not so, what point there would be in such a division?” ask Sandino. 

Her words are not merely rhetoric. In Pueblo Nuevo, a rural area close to Estelí, coffee and farming belong to men but, unfortunately, they are no other things to do. So women must fight against these established conventions cross the limits of house working and informal farm work, -what we could call mere survival-. 

That is why Isabel sees feminism as a way to execute concrete material realities, and not just a group of abstract values. Ten years ago, she could not read, and “with you in my house, I would have let a man speak”. Now, she uses a rigorously equalitarian rhetoric to act as the spokeswoman of a women’s cooperative, Las Diosas (the Goddesses). They produce organic coffee, beans and Jamaica flowers they sell then to Fair Trade with a gourmet label. This cooperative pays workers’ salaries and hers daughter’s universities courses, but its most important achievement is these women have encouraged the rural population of Pueblo Nuevo, where many other initiatives of the same kind are flourishing. 

When we congratulate her on her work, Isabel prefers sharing her success with the rest of the organizations that have backed the project: Fundación Entre Mujeres, Veterinarians Without Borders, Paz con Dignidad ans the Basque Government. For her, “everything happening here is a consequence of women’s empowerment; I only did my little part”.

The ruined utopia

In Nicaragua, feminism is an urgent cause. Sofía Montenegro, director of the Communications Research Center, explains the political importance the movement has in the Republic. “Feminists are one of the most attacked collectives since 2007”, she declares.

The other, she says, are the journalists, a job she performs atConfidencial, one of the rare non-aligned media in Nicaragua. President Ortega has many sons, and some of them, like Rafael, Juan Carlos, Daniel Edmundo and Maurice are already the directors of most ofthe television channels and radio stations of the country. The rest of the media are owned by the Mexican magnate Ángel González, or have disappeared because of the high advertising prices, artificially raised thanks to González’s oligopoly. Only few media have managed to survive “the organized dismantling of the critical press”, in Montenegro’s words, and fewer have access to the only available financial relief: public advertising contracting. This one usually ends in Front’s newspapers, televisions and radio stations, contributing to the official jingoistic message, strikingly summarized by Montenegro as: “They aim to talk about a country that does not really exist”.

With her, we talk about our impressions before leaving the country. We finally get the courage to make the question we haven’t dared to ask during our stay in this country, which is suffering from an obvious and accelerated setback in the democratization process: who is going to bell the cat? Sofía is not afraid of answering it, and tells us that it is impossible. For her, the solution can only be democratic, and she rather prefers to see the Sandinista dream fade -the “true Sandinista dream” she points out- than taking up arms again. She already fought for the utopia, and with her, a whole Nicaraguan generation that is now walking through its ruins. “I do not want my children to do what I did, the revolution was already carried out and it ended like this”, she said. “I would rather grab my bags and leave”. 

Photography: Mathieu Gagnon.

The article was translated by Carolina Camarmo.

Full gallery of pictures here.


Nicaragua, la utopía en ruinas

1b
Fotografía: Cristina Durán.

(English version)

Son cerca de veinte y la mayoría son niñas. También hay niños, pero menos y más pequeños. Pintan sobre unas grandes cartulinas mientras el monitor, un muchacho joven, recorta pedacitos de cinta adhesiva para pegarlas más tarde en las paredes del centro. Cuando nos interesamos por la razón de que sea un hombre y no una mujer quien dirige las manualidades, la respuesta es casi tan obvia como la pregunta:

—Tienen que acostumbrarse a la presencia del varón.

Estamos en la costa del Caribe, en Bilwi, aunque en el resto de Nicaragua se suele denominar a esta ciudad por su nombre en castellano, Puerto Cabezas. El cartel del centro también anuncia en tres lenguas —español, misquito y creole— que acabamos de ingresar en un refugio para mujeres víctimas de violencia, el albergue del Movimiento de Mujeres Nidia White. Violencia de todo tipo, especifican sus responsables, pero sobre todo sexual y violaciones. También aclaran que de las ciento ochenta y seis víctimas que el centro ha atendido en 2013 solo un par de docenas son adultas y apenas cuarenta son adolescentes. El resto, ciento veintidós, son niñas de menos de catorce años. Para quien no hile el silogismo, una escena reveladora tiene lugar en la mesa donde pintan las pequeñas. Una se levanta, entra al edificio del albergue y regresa con un bebé en brazos, que empieza a amamantar. A ojo, no se le calculan más de trece años.

No lo parece, pero es una afortunada. Nicaragua es uno de los únicos cinco países del mundo donde el aborto está prohibido en cualquier supuesto y muchas mujeres mueren en embarazos inviables, particularmente las niñas. No hay datos oficiales pero se pueden reconstruir. De todas las violaciones denunciadas entre 1998 y 2008, cuando la prohibición entró en vigor, más de dos tercios se perpetraron contra menores de diecisiete años y la mitad, contra niñas de menos de catorce. Hasta esa fecha, la última en la que se aportaron cifras fiables, cerca de ochocientas veinte mujeres acudían cada año al sistema de salud nicaragüense con malformaciones embrionarias y fetales incompatibles con la vida y casi seiscientas treinta lo hacían con embarazos ectópicos y molares, entre otros potencialmente mortales para la madre. Desde entonces todas deben continuar con la gestación y confiar en que un aborto espontáneo les salve la vida. Lo contrario está penado con la cárcel.

Esto no debería ocurrir en ningún lugar, pero mucho menos aquí. Según el último informe anual sobre igualdad de género del Foro Económico Mundial, Nicaragua es la décima nación del planeta que más y mejor promueve la equidad entre el hombre y la mujer, compartiendo posición en tan noble top ten con los países nórdicos, Suiza o Nueva Zelanda. El país cuenta con un marco normativo sobre igualdad como pocos tienen —empezando por la Ley 779 contra la violencia hacia las mujeres, aplaudida como una de las más completas del mundo— y unas envidiables tasas de representación femenina en las altas instituciones del Estado, donde las mujeres han llegado a superar el cincuenta por ciento de los cargos. Con estos galones en la pechera, el ministro nicaragüense de Relaciones Exteriores, Samuel Santos, declaró el pasado septiembre ante la ONU que su país ha cumplido ya el tercero de los Objetivos de Desarrollo del Milenio para 2015, el de promover efectivamente la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer.

El Edén misquito y otras mentiras estadísticas

Y no miente, no. Simplemente habla el lenguaje de los números grandes, que no constituyen la mejor unidad para medir según qué cosas, especialmente en según qué lugares. Un ejemplo: sobre el mapa, Bilwi no dista de la comunidad misquita de Wis Wis más de ciento cuarenta kilómetros, pero eso aquí no son dos horas. En Nicaragua son seis de todoterreno por una pista forestal ruinosa y dos más en bató por el río Coco, el más grande de Centroamérica. Hay que acometer el viaje en dos jornadas para evitar que la noche se te eche encima, pagar puntualmente en los retenes ilegales que custodian el paso e invocar al nombre de las ONG ante cualquiera que pregunte, porque el narco no quiere aquí ni turistas ni extranjeros. Podríamos situarlo en los mapas, pero ninguno haría justicia al aislamiento desolador de Wis Wis, cuya magnitud trasciende cualquier escala que nos propusiésemos asignarle. Del mismo modo, la curiosidad con la que nos miran los niños misquitos al llegar es una unidad de medida más fiable que cualquier cantidad de kilómetros. Para muchos, somos los primeros blancos que ven en su vida.

Son ellos los que llegan antes a la iglesia del pueblo, primera parada para cualquiera que visita la comunidad. Poco a poco también lo hacen las mujeres y por último algunos varones jóvenes y ancianos, entre ellos los pocos que saben algo de castellano. Los demás hombres están a varias jornadas de aquí, en el llamado Triángulo Minero. Es un vasto territorio de selva montañosa entre las ciudades de Siuna, Bonanza y Rosita donde trabajan en la campaña del oro durante varios meses al año. Es también en el Triángulo, una de las zonas más deprimidas y armadas de Nicaragua, donde muchos caen en la drogodependencia, donde contraen deudas con las mafias que les obligan a regresar en la siguiente campaña y donde se contagian con las enfermedades infecciosas que luego llevan a lugares como Wis Wis.

«El VIH, la hepatitis y la tuberculosis son auténticas plagas entre las familias misquitas», explica sobre el terreno el miembro de Acción Médica Cristiana que ejerce como guía en nuestra visita a la ribera del río Coco, cuyo nombre no revelamos por razones de seguridad. También que, por ese motivo, su ONG imparte educación sexual y reproductiva entre los misquitos y trabaja para concienciar sobre el uso del preservativo, lo que le granjea la crítica de muchos de los que comparten su fe. Cuando le preguntamos por su opinión personal, el hombre nos explica que la ciudad más cercana, Waspán, queda a cinco, diez y quince días de viaje fluvial de la mayoría de estas comunidades indígenas, que se reparten por toda la extensión del río. Demasiados para ir a recoger cada tres meses los retrovirales que reparte la ONG. Muchos optan por no seguir un tratamiento y otros tantos no se pueden permitir el tiempo que exige, mucho más valioso aquí que el dinero. El cooperante se encoge de hombros y le dedica una sonrisa fugaz a los niños que se amontonan en la puerta. «Si vieran lo que nosotros vemos aquí, muchos cristianos no se opondrían al uso del preservativo», sentencia.

La resistencia es ideológica, pero tiene poco de abstracta. Según este hombre, no es excepcional convencer a los varones de un pueblo misquito sobre la necesidad de protegerse en sus relaciones para regresar y descubrir que el pastor de la iglesia les ha amenazado con el infierno. Por esa razón, explica, «el empoderamiento de la mujer es clave para frenar la epidemia». En esta cultura visceralmente patriarcal es el hombre quien decide qué, cómo y cuándo en todo lo que concierne al sexo, pero en lugares como Wis Wis eso va cambiando gracias al trabajo de las ONG y de la cooperación al desarrollo. «Ahora, cuando el marido vuelve de la mina, algunas esposas se niegan a tener relaciones si ha estado con otras mujeres y hasta le obligan a que sea con preservativo», cuenta. Otras, nos dice, empiezan concienciarse incluso con la planificación familiar. «Solo conseguir eso ha supuesto años de trabajo».

Fotografía: María Cimadevilla.

En 1641 un barco negrero procedente de África naufragó en la costa norte nicaragüense y parte de los supervivientes se mezclaron con los habitantes locales. El grupo resultante de esta singular eclosión, los misquitos, es hoy el más grande de las comunidades indígenas del país, que junto a los mayangna y otras menores suman el diez por ciento de la población nicaragüense y abarcan más del cincuenta y seis por ciento de su territorio. Desde que llegaron las misiones moravas a mediados del XIX los misquitos son también profundamente cristianos, aunque conservan una rica mitología de origen animista en la que no cuesta rastrear sus explicaciones para fenómenos como la desaparición de niños, por ejemplo. Los misquitos creen que se los llevan unas sirenas del río, las liuamairi, o en el sisimiki, un gigante que va y viene por la jungla caminando hacia atrás porque tiene los pies del revés. Lo cierto es que el corredor de la droga atraviesa estas mismas selvas del Istmo de Centroamérica, sembradas de pistas de aterrizaje ilegales, y todo lo que atraviesa la frontera con Honduras —a solo unos metros de donde nos encontramos, en la otra orilla del río— tiene pocas posibilidades de volver. Nicaragua es un importante punto de origen y tránsito de la trata de personas con fines en la explotación sexual y laboral.

La explicación sobrenatural es la que prevalece, sin embargo, incluso cuando se trata del grisi siknis o «locura de la selva», que nadie puede decir que no es un nombre revelador. Son episodios de histeria colectiva contagiosa inducida por una supuesta posesión demoníaca que afecta a grupos enteros de personas, con frecuencia mujeres jóvenes, aunque a veces a comunidades enteras. Ningún estudio científico ha sabido aún darle una explicación concluyente, aunque todos apuntan que los brotes suelen coincidir las hambrunas que siguen a los desastres naturales. Los últimos grandes episodios documentados tuvieron lugar después del paso del huracán Félix en 2007 y arreciaron hasta 2009 en diversos puntos de la costa y el norte del país. Los anteriores fueron en 2005 tras el paso del huracán Beta y sobre todo en 1998, a raíz del devastador huracán Mitch.

Cristiana, socialista y solidaria

Hambrunas, en efecto, aunque las medallas que el Gobierno de Nicaragua se granjea con tanto esfuerzo en los salones marmóreos internacionales no digan lo mismo. La misma ONU ha avalado que esta república ha satisfecho el primero de los Objetivos del Milenio —el de reducir a la mitad la cantidad de personas que padecen hambre— gracias al saneamiento de sus indicadores macroeconómicos, que de cara a la galería presentan un aspecto inmaculado. Tanto que, desde 2010, Nicaragua también recibe oficialmente la etiqueta de «país de renta media» del Banco Mundial y el pasado septiembre el jefe de la misión en el país del Fondo Monetario Internacional, Przemek Gajdeczka, confirmó que este ya no necesita asistencia financiera permanente, por lo que no firmará con el Fondo ningún programa especial más. En 2013 se espera un crecimiento económico cercano al cinco por ciento, Nicaragua exporta el doble que en 2006 y recibe el triple de inversión extranjera, que en los próximos cinco años rebasará el umbral de los diez mil millones de dólares. Gajdeczka también felicitó al Gobierno por su disciplina fiscal y por la estabilización financiera. Nicaragua, dijo, se ha «graduado» en desarrollo económico. Y lo dijo completamente en serio.

En los semáforos de Managua, sin embargo, los niños mendigan córdobas haciendo malabares ante los coches detenidos y los mares de chabolas se vierten inmensos, negros y espesos como lenguas de magma entre el lago Xolotlán y los cráteres volcánicos que picotean la urbe. También aquí las cifras integrales que luce Nicaragua se derrumban a ras de suelo como la relatividad cuando se aplica a las magnitudes subatómicas. Convencidos por estas cifras, los que solo hablan el idioma de lo grande ya han retirado sus programas de ayuda del país, entre ellos el FMI, ciertas ONG y embajadas tan involucradas en la cooperación como Suecia, Finlandia, Austria o Reino Unido. Los que se quedan denuncian que la letra pequeña del aparente progreso nicaragüense sigue diciendo lo mismo. En esta república viven seis millones de personas y casi la mitad lo hacen sumidas en la pobreza. Es el segundo país más pobre de América Latina y el último del continente en renta per cápita, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. La media de ingresos es de dos dólares y medio al día por persona, pero hasta medio millón de nicaragüenses sobrevive diariamente con menos de uno. Eso son setenta y tres céntimos de euro por jornada.

El dinero venezolano, que hasta la muerte de Hugo Chávez entraba torrencialmente en Nicaragua, también está dejando de fluir pese los esfuerzos simbolistas del Gobierno. El más grande de ellos es el gigantesco busto de Chávez que se alza desde hace unos meses en la Avenida Bolívar, en pleno centro de la capital. A su lado también lo hace el Monumento a los Próceres del Alba, unas enormes columnas de hormigón elevadas a su misma altura y coronadas con las efigies de Simón Bolívar, José Martí, Ernesto Che Guevara, Camilo Cienfuegos o Fidel Castro, entre otros héroes revolucionarios. Al final de esta misma avenida Salvador Allende ha sido elevado igualmente a las alturas desde una gran pancarta en el puerto que lleva su nombre, que de puerto no tiene nada. Es un recinto cerrado —«el único seguro para los turistas de todo Managua», ilustra el taxista que nos acerca hasta allí— concebido para que el visitante chele, como aquí se denomina a los blancos, se pueda relajar fuera de la zona de hoteles. Para ingresar en este resort ideológico del sandinismo y disfrutar de las vistas al lago tiene que pagar un precio ritual: pasar bajo las banderas de la república y del Frente Sandinista de Liberación Nacional, el partido que domina el Parlamento. Son del mismo tamaño y están izadas a la misma altura.

Fotografía: Pablo San José.

En la Nicaragua de hoy decir Parlamento es decir Gobierno, decir Gobierno es decir presidente y decir presidente es decir Daniel Ortega. El comandante presidente formó parte del Frente desde la revolución que destronó a los Somoza —la familia de dictadores que gobernaba desde 1934 con la tutela de Estados Unidos— y fue presidente de la nación en los primeros años de democracia, de 1985 a 1990. Tras un largo interludio de gobiernos liberales, el FSLN volvió al poder con Ortega en las elecciones de 2006 y repitió en 2011 pese a que la Constitución no permitía, en principio, un tercer mandato presidencial. La Corte Suprema avaló entonces su constitucionalidad y el mandatario acaba de neutralizar definitivamente el escollo con su reciente y contestadísima reforma constitucional. Entre otras medidas, permite su reelección indefinida, faculta a los militares para integrarse en los cuadros de mando del Estado y consagra Nicaragua como una república oficialmente «cristiana, socialista y solidaria».

María Teresa Blandón, del Programa Feminista La Corriente, no nos aclara cuál es la verdadera identidad ideológica del orteguismo porque en realidad, dice, no hay mucho que aclarar. «El saqueo de las ideologías forma parte de su proyecto de supervivencia política», explica. Estamos ante un Frente muy distinto de aquel que hizo la revolución y trajo la democracia a Nicaragua, empezando por la pureza orteguista en la que se sumió durante los dieciséis años de oposición a los gobiernos liberales de Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños. Muchos de los revolucionarios que acompañaron al presidente en su primer mandato —incluyendo su vicepresidente Sergio Ramírez Mercado y otros ilustres como el cantautor Carlos Mejía Godoy o la escritora Gioconda Belli— integran hoy las filas del Movimiento Renovador Sandinista, una escisión del Frente que nunca ha pasado del estatus parlamentario. No tiene el apoyo en las urnas del que goza el Frente desde su reconversión ultracristiana ni lo tendrá, explica Blandón, «en una nación que no es de vocación laica». Además, sostiene, «el Frente ha naturalizado sus formas sui generis de hacer política».

Una expresión de estas formas son las purísimas, una interminable sucesión de vírgenes que se despliega por la Avenida Bolívar entre el 28 de noviembre y el 8 de diciembre desde la llegada del Frente al poder. «ENATREL con María electrificando Nicaragua», anuncia a nuestro paso la que ha instalado la Empresa Nacional de Transmisión Eléctrica, en la que una imagen de la Virgen preside la maqueta enorme de un pueblo surcado de postes, cables y generadores. Cada purísima ha sido instalada por una institución del Estado, cada una incorpora una escena temática y en cada una se reparte un pequeño saquito de alimentos a quien aguante unas colas que, vistas desde lejos, parecen solo fruto de la devoción.

Otra muestra son los estadios virtuales, proyecciones al aire libre de encuentros de fútbol europeo para los que el Gobierno fleta regularmente autobuses gratuitos hasta Managua. Otra, la navidad perpetua que se declaró en la capital entre 2008 y 2012, cuando se conservaron indefinidamente los árboles de navidad instalados para el alivio espiritual de sus habitantes. Otra, los llamados Árboles de la vida, esculturas metálicas de veintidós metros de altura que sustituyen a los de navidad en todas las grandes rotondas de Managua desde hace unos meses «protegiendo y promoviendo la vida en nuestra Nicaragua», según la primera dama, la compañera Rosario Murillo. A nadie se le escapa que estos árboles, inspirados en los que pintaba Klimt, aparecieron durante la ofensiva antiabortista del Frente de cara a su reforma de la constitución. Y casi nadie duda que son cosa de la primera dama, aunque esto es materia de leyenda.

De hecho, todo en torno a la Chayo, como se la conoce, es materia de leyenda. Ella es el segundo término de lo que aquí denominan «pareja presidencial», un epíteto casi más presente en las conversaciones sobre política que la alusión única al presidente. Una leyenda dice que él hace la política exterior y ella la interior, aunque su único cargo oficial sea el de Coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía. Otra que no prestó apoyo a su hija Zoila América Narváez cuando esta denunció a su padrastro, el presidente Daniel Ortega, por abusos sexuales, zanjando una crisis que amenazó la continuidad del Gobierno mismo y granjeándose desde entonces sus poderes omnímodos en el Frente. La única certeza de la que disponemos es que su presencia es ubicua en los medios de comunicación y que acompaña a su marido en los carteles que empapelan Managua aunque no estemos en campaña electoral. Esa y la de que buena parte de los nicaragüenses no cuestiona la legitimidad de su poder. Rumbo a la Zona Franca, en las afueras de Managua, nos toca en suerte un conductor sandinista y entendemos el porqué. Cuando exponemos sutilmente que nadie ha votado a la Chayo, nos replica que quizá, pero que ella «es bien revolucionaria».

El país de las mujeres

En las oficinas de este gran polígono industrial nos recibe con amabilidad una portavoz de la Corporación Nacional de Zona Franca, una empresa pública, y nos explica con otras palabras que lo hace encantada porque no tiene nada que ocultar. Es ella quien ejerce como guía en la fábrica que visitamos, donde mil quinientas personas cosen prendas de ropa deportiva para una intermediaria taiwanesa. Aquí disfrutan de todos los derechos que garantiza la regulación laboral nicaragüense, nos dice, pero sabemos que no es así. Antes de venir nos hemos entrevistado con operarias de este mismo polígono managüense, que solo para hacerlo han tenido que alegar una visita médica inexcusable. Nos han hablado de salarios de menos de quinientos dólares al mes, del incumplimiento de horarios y de las metas, un número mínimo de piezas manufacturadas por hora que un supervisor asigna a cada operaria y que sube para disciplinarla. También de despidos ejemplares y de listas negras, razón por la que nos han pedido que no publiquemos sus nombres.

Fotografía: Mathieu Gagnon.

Las zonas francas son áreas industriales con un régimen laboral especial que las convierte, a todos los efectos, en limbos de mano de obra barata para inversionistas extranjeros. Fueron un proyecto del primer gobierno liberal de Violeta Chamorro para atraer la inversión internacional hacia la industria de las maquilas y transformar la economía de guerra nicaragüense en una productiva y exportadora, único destino por ley de los productos procesados en las zonas francas. Hoy trabajan en ellas más de cien mil personas, el sesenta por ciento en la industria textil, y las condiciones no han mejorado desde la llegada al poder del Frente, que solo ha cambiado el discurso que las naturaliza. Ahora esta gran fuente de riqueza que mentaban los liberales se vende como una fuente de trabajo para el pueblo.

Cuando preguntamos a estas obreras por la protección sindical, ríen y responden que acá los sindicatos —empezando por el mayor, el Frente Nacional de Trabajadores— son blancos, es decir, órganos del Frente. También son sandinistas las clínicas previsionistas —las aseguradoras médicas— y los cargos de la Corporación Nacional de Zona Franca, la empresa estatal que nos ha abierto las puertas de su fábrica modelo. La funcionaria que nos guía por ella no habla de política pero lo confirma al enseñarnos una chaqueta de esquí acabada y lista para su venta en Estados Unidos por ciento cincuenta dólares. Lleva las uñas esmaltadas en rojo y negro. Son los emblemáticos colores del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Algunas tabacaleras incluso realizan tests de embarazo a las mujeres que buscan trabajo. Así lo evidencia un estudio acometido por el Movimiento María Elena Cuadra, que tutela procesos de formación y capacitación laboral para mujeres desde una perspectiva feminista. «Hablamos a las trabajadoras de los derechos que tienen por ley, que muchas desconocen, y celebramos talleres sobre género y de autoestima», nos explica su directora en la ciudad de Estelí, Martha Sandino, cuando nuestro recorrido nos lleva al centro del país. Con el tiempo, algunas de estas trabajadoras se convierten también en promotoras del Movimiento en sus lugares de trabajo y acometen en cierto modo esa vigilancia sindical ausente en Nicaragua, siempre conjugada con el mensaje feminista. No debe ser de otra forma, nos dice, en una nación donde impera una poderosa división del trabajo en función del sexo que juega, por supuesto, en contra de la mujer. «Si no fuera así, ¿qué sentido tendría que existiese esa división?», se pregunta Sandino.

No es un ardid retórico. En Pueblo Nuevo, una vasta zona rural cerca de Estelí, la ganadería y el café son trabajo de hombres, pero a la postre son el único trabajo que hay. Desafiar esa convención es la única posibilidad que las mujeres de aquí tienen para prosperar más allá del entorno familiar y del trabajo agrícola informal, manera políticamente correcta de denominar la mera supervivencia.

Por eso para Isabel, que ha puesto en práctica sus principios, el feminismo no es una colección de valores abstractos sino una vía para la ejecución de realidades materiales concretas. Hace diez años esta mujer no sabía leer, confiesa, y si hubiésemos estado en su casa «habría preferido que hablase en público un varón». Ahora practica una retórica rigurosamente igualitaria y ejerce como portavoz de una cooperativa de mujeres, Las Diosas, que produce café, alubia y flor de Jamaica orgánicos para el mercado del comercio justo, en el que se venden con la etiqueta de gourmet. La cooperativa mantiene a sus integrantes y paga los estudios de sus hijas en la universidad, aunque su mayor logro es el ejemplo que sirve en el entorno rural de Pueblo Nuevo, donde cunde ya en la forma de experiencias similares.

Cuando la felicitamos, Isabel descarga sus méritos y se acuerda de la Fundación Entre Mujeres, Veterinarios sin Fronteras, Paz con Dignidad y el Gobierno Vasco, las instituciones que apoyan el proyecto. Cuando la felicitamos de nuevo y le pedimos que nos acepte el cumplido personalmente, Isabel sonríe y de nuevo delega el merecimiento. «Todo lo que ve aquí es producto del empoderamiento de la mujer», nos dice. «Yo solo hice mi pequeña parte».

La utopía en ruinas

Puede que en Nicaragua el feminismo sea una causa urgente, pero la enorme magnitud política que adquiere en esta república también se debe a un factor que nos resume Sofía Montenegro, directora del Centro de Investigaciones de la Comunicación: «Las feministas son uno de los colectivos más atacados desde 2007», sentencia.

El otro, dice, son los periodistas, un oficio que consigue practicar en el diario Confidencial, de los pocos medios de comunicación desalineados que quedan en Nicaragua. El presidente Ortega tiene muchos hijos y varios de ellos —Rafael, Juan Carlos, Daniel Edmundo y Maurice, entre otros— dirigen ya la mayoría de grandes televisiones y radios del país. Las demás obran en poder de Ángel González, un magnate mexicano afín, o han caído presa de los precios publicitarios, sostenidos artificialmente por el oligopolio de González. Los pocos medios independientes que resisten «el desmantelamiento ordenado de la prensa crítica», como lo califica Montenegro, nunca reciben el único alivio financiero posible, la contratación de publicidad pública. Esta acaba inexorablemente en diarios, televisiones y radios del Frente y contribuye al mensaje triunfalista de estos medios, que Montenegro resume con una afirmación lapidaria: «Su objetivo es hablar de un país que no existe».

Recurrimos a ella para hacer un balance de nuestras impresiones al marchar y hacerle la gran pregunta que no nos hemos atrevido a formular desde que llegamos a este país en evidente y acelerado retroceso democrático: la de si cree que alguien aquí se va a atrever a ponerle el cascabel al gato. A Sofía no le escandaliza nuestra pregunta pero replica que no, que la única solución ha de ser democrática y que prefiere ver marchitarse el sueño sandinista —el «verdadero» sueño sandinista, matiza— antes de tener que volver a empuñar un arma. Ella ya persiguió la utopía y con ella la generación entera de nicaragüenses que hoy camina entre sus ruinas. «Yo no querría que mis hijos hiciesen lo que hice yo, porque la revolución ya se hizo y la revolución acabó en esto», sentencia. «Antes que eso agarro las maletas y me voy».

Fotografía: Mathieu Gagnon.

Este artículo ha sido traducido al inglés por Carolina Camarmo.

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