Cuando éramos normales 

nueva normalidad
Foto: Cordon.

La normalidad está claramente en decadencia. Se ha hecho vieja y ha sido relevada por un sucedáneo llamado «nueva normalidad» en el que besar está prohibido, no puedes salir de casa sin mascarilla y sabes lo que es la hidroxicloroquina. Pero el proceso de deterioro comenzó mucho antes de que empezáramos a saludarnos con el codo y sería poco riguroso atribuirlo únicamente al coronavirus. Digamos que la epidemia fue la patada final. He aquí algunos ejemplos.

Lo normal era votar cada cuatro años. Lo recordarán: las campañas duraban quince días —besos a bebés, carantoñas a vacas, pausas dramáticas, tríadas de manual («sangre, sudor y lágrimas»; «independentistas, comunistas y batasunos»)— y hasta el domingo. Al día siguiente sabías quién iba a gobernar y empezaba un periodo de normalidad llamado legislatura, con sus leyes educativas nuevas cada vez, sus presupuestos y sus promesas incumplidas. Pero eso saltó por los aires, y tras superar una época en la que había casi tantas elecciones como misas, vivimos en una campaña permanente con los presupuestos perennes del hombre que ríe siempre el último: Cristóbal Montoro. En la nueva normalidad, el PSOE y Podemos gobernaron meses con las cuentas del PP. 

Lo normal era tener unas rutinas, unos horarios. Aunque aquí he de confesar que yo puse la primera piedra del desorden. Empezó como un juego; mi novio de entonces y yo decidimos un domingo que sería muy divertido comer a la hora de desayunar. Inventamos el brunch, aunque nos faltó visión para ponerle nombre, y cuando nos dimos cuenta, estaba en los menús de los sitios de moda a partir de veinticinco euros. A mi padre le pasó algo parecido: inventó el selfie, pero le puso un nombre poco comercial, sin punch —la «autofoto»— y le levantaron la patente en su cara. El caso es que empezamos comiendo para desayunar y todo se desmoronó. Aquella cosa que se llamaba jornada laboral, y que después de mucha sangre, sudor y lágrimas había quedado estipulada en ocho horas, también saltó por los aires. Los políticos empezaron a convocar ruedas de prensa a las siete de la tarde, a enviar comunicados a las diez y a publicar tuits incendiarios a las once de la noche. Las fuentes se hacían de rogar hasta las tantas. Luego había que dormir. Ocho horas según la OMS. Pero llegaron las plataformas de pago: Netflix, HBO, Amazon, Movistar… 

Lo normal era ver un capítulo de una serie y esperar una semana para ver cómo seguía la historia. Pero de repente podíamos pegarnos atracones de una temporada entera y nos pudo la gula. Por lo menos a mí. Creo que hay que tener mucha sangre fría para irse a la cama sin saber quién es el asesino cuando es tan fácil como darle a «Ver siguiente» y siguiente y siguiente. Ahora, cuando noto a alguien irascible por las mañanas, ya no pregunto: «¿Qué te pasa?», sino: «¿Qué serie estás viendo?». Mañana puedo ser yo. 

Trabajamos más, dormimos menos y lo peor: nos han quitado dos estaciones del año. Se habrán dado cuenta, ahora pasamos del invierno al verano, lo que quiere decir que la operación bikini hay que empezarla en Navidad. Misión imposible. 

Lo normal era vivir dos o tres días históricos por año, no más. Si se daba muy mal, uno. Ahora es un no parar. Si no hay una abdicación, hay una moción de censura o un rey le quita la paga a su padre o se declara el estado de alarma. La excepcionalidad se ha abaratado. Hasta los clásicos se fueron devaluando. En 2011 llegaron a jugar cuatro en dieciocho días. 

Y para rematar la jugada, una pandemia. Los últimos reductos de normalidad que nos quedaban, dinamitados por un virus: fútbol sin aficionados, discotecas sin baile, besos sin besos. ¿Cómo no vamos a estar desquiciados? La serenidad es una facultad que nace y crece en las rutinas, pero las que teníamos han sido destruidas. Hasta que fabriquemos unas nuevas, parecidas a las de la decadente y vieja normalidad, keep calm y mucho sentidiño. 


Conduciéndonos hacia la no normalidad

Jot Down para MINI.

Año 1962. 23:51 de la noche. Dos mujeres en lo que sus contrincantes definen como un cochecito muy mono, y la copiloto embarazada. Ambas a punto de empezar a competir en el Tulpenrallye holandés. Cuatro mil kilómetros, una semana por delante, ciento cuarenta y cuatro equipos, y un montón de pilotos hombres que las miran con condescendencia. Ninguna mujer sabe aparcar bien, piensan, menos aún sabrán desenvolverse en una competición como esta. Pero siete días después Pat Moss y Ann Wisdom baten todos los récords y se alzan con el primer puesto. Acababan de demostrar que la igualdad entre hombres y mujeres no solo era una reivindicación de su tiempo, los sesenta, sino una realidad. Lo hicieron en un coche que iba a convertirse en un icono de la era pop, y que en muchos sentidos fue protagonista de una nueva normalidad. Aunque entonces no se llamara así. Hoy el fenómeno se repite, el mundo regresa a una no normalidad, y junto con el MINI Cooper SE 100% eléctrico hemos querido contar cómo es esta transformación. Con un programa de entrevistas patrocinado en que Jot Down & MINI electric nos acercan a destacadas figuras de la cultura y la ciencia, quienes nos han contado la transformación de sus proyectos.

Maite Aragón, de librería Caótica

«La nueva normalidad librera es incertidumbre. Es caminar por una cuerda floja. Algo como lo que está ocurriendo, una vez que sales del shock, es una oportunidad para hacerlo mejor. Sin este frenazo en seco no nos habríamos atrevido a reconocer que hay cosas que no funcionan y hay que cambiarlas. La facturación en libros, y eso da esperanza, cuadruplica la del bar. El café es una gran excusa para provocar la reunión, la charla; el olor a café y a bizcocho de chocolate horneándose crea una sensación muy acogedora. Pero uno de los que era nuestros valores frente a otros modelos, el activismo cultural, está en peligro. Crear más motivos para visitar la librería, que pudieras interactuar con escritores, editores o ilustradores. De pronto, el lector ya no puede acudir a la librería, ahora todo es streaming. Nos tenemos que olvidar de lo físico y cómo nos relacionamos sin eso. La magia del vínculo físico se desvanece en lo virtual, llámame carca pero la chispa que surge en el tú a tú, directamente, no tiene lugar en lo virtual. Soy de las que necesita volver al asidero de lo físico».

Todo está cambiando. Para las librerías, que se transforman en espacios culturales y de encuentro, y para nuestro modo de movernos. No es la primera vez que un cambio origina la necesidad de vehículos más eficientes, mejor adaptados a las ciudades y de menor consumo. El MINI era una respuesta a la crisis del petróleo de 1956, pero se convirtió en mucho más. Mary Quant, inventora de la minifalda, resumió a la perfección en qué consistía ese algo más: «El MINI era exactamente como la minifalda, hacía todo lo que uno deseaba, tenía un look fenomenal, era optimista, exuberante, joven, era perfecto». Además de eso revolucionó la estética del automóvil al ofrecer personalizarlo al gusto de cada usuario. Fueron famosas las cuatro versiones hechas para los Beatles, cada una de ellas adaptada al estilo de los componentes del grupo, y con equipamientos que siguen siendo modernos hoy, como las llantas de aleación o el techo deslizable. Aunque el que más influyente fue el de George Harrison, decorado por el Loco, un colectivo de artistas que también diseñó la funda del vinilo Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band. Aquel MINI supuso el lanzamiento definitivo para unos artistas que iniciaron una nueva normalidad en la difusión de sus obras fuera de las galerías de arte, y su expresión en soportes tan variados como un coche o el diseño de ropa. El concepto de centro artístico de creación moderno tiene sus remotos orígenes en ese fenómeno, y hoy lo encontramos en La Rambleta, espacio cultural de referencia en Valencia y uno de los más destacados a nivel nacional. Un punto de encuentro en el que se dan cabida todas las manifestaciones artísticas y de vanguardia, y hasta donde también nos llevó el MINI Electric.

Lorena Palau, de Rambleta

«La Rambleta es un proyecto cultural global. Es nuestra esencia, somos multidisciplinares, pero además trabajamos desde la diversidad, que trata de cubrir cualquier inquietud, interés o gusto que tenga el público de la ciudad, y sobre todo porque además de poner en marcha el foro de pensamiento y hacerlo crecer cualitativamente, creamos una serie de programas destinados a fomentar la producción artística, la creación, la investigación y a dar visibilidad al creador/a  valenciano/a. Hemos conseguido los objetivos marcados, generando formatos culturales innovadores, consiguiendo incrementar mucho la afluencia de público y asistentes al Centro, hacer crecer el proyecto con marcas de empresas privadas que se han querido unir a nosotros, trabajar y respaldar al tejido cultural local, aglutinar a distintos agentes culturales valencianos referentes y expertos en distintas disciplinas que se han unido al proyecto a través de distintas colaboraciones. Formar parte, acoger y colaborar con los festivales urbanos de artes escénicas referentes en la ciudad. Hemos conseguido dotar de una oferta cultural de calidad e innovadora a la ciudad, no solo en el Centro Cultural sino en el resto de la ciudad, y poner en valor el tejido creativo local dinamizando y revitalizando la cultura. Además de ser un referente nacional».

Una de las cosas que destacó Lorena Palau en su entrevista es el papel de la ciencia como una parte más de la cultura, con espacio en su centro. Parece lógico si pensamos que nuestra vida no sería la misma sin las aplicaciones tecnológicas de la ciencia, nuestras pantallas táctiles y telecomunicaciones. Este interés por lo científico acompañó también la trayectoria de MINI en los sesenta, siendo uno de los primeros coches en aplicar la fibra de vidrio, el componente empleado en el revestimiento de los transbordadores espaciales de la NASA. Con las novelas de autores como Arthur C. Clarke e Isaac Asimov mucha gente comenzó a soñar con ciudades y coches futuristas. Sin duda ambos escritores se hubieran sentido parte de ese futuro llegando al Laboratorio Subterráneo de Canfranc en MINI Electric desde Zaragoza. Ciento cincuenta kilómetros acompañados de Carlos Peña Garay, director de un laboratorio donde se desarrollan experimentos que podrían explicar el origen del universo y el enigma de la materia oscura.

Carlos Peña Garay, de LSC

«Hemos intentado que los grupos experimentales que estaban en fase de construcción y han detenido su actividad trabajaran para dar apoyo a iniciativas para la lucha contra la pandemia. En particular, el grupo “Colaboración global del argón”, del que forma parte el LSC y que hace experimentos para la detección de materia oscura, ha dado apoyo al desarrollo de un nuevo ventilador mecánico para las UCI. Este grupo lo forman más de cuatrocientos investigadores y la iniciativa, denominada MVM —Mechanical Ventilator Milano—, surge en Italia. Hemos desarrollado un modelo de ventilador respirador basado en las tecnologías y en el tipo de experiencia que hay en los experimentos que alojamos en laboratorios subterráneos como son los sistemas de gases, tanto en NEXT como en los experimentos de argón. En general, en cualquier experimento con gases nobles lo que necesitas es control de presión de gases y electrónica de precisión para ese control, y justamente los respiradores se basan en eso. La labor del laboratorio en el caso es apoyar a todo el grupo de argon dark matter, apoyar y consolidar el grupo español, y luego aportar los recursos de modo ágil para que se construya el primer respirador basándose en el esquema desarrollado internacionalmente.

A través del CDTI y con la coordinación del CIEMAT, tres empresas que están interesadas en el desarrollo se han unido al proyecto MVM España. El objetivo es que este tipo de tecnología sirva para producir nacionalmente en un futuro, es decir, tener una sede, una producción española de respiradores de incluso más calidad del que hemos desarrollado. Llevamos ya más de un mes con reuniones semanales con las empresas. Las empresas de hecho ya están integradas en el proyecto MVM España, y ahora la cuestión es ver cómo se integran todas a nivel europeo de cara a hacer una certificación conjunta para que este producto se pueda usar no solo en situación de emergencia, sino que sea un producto válido para el mercado de respiradores en UCI».

Nueva normalidad, nuevos productos y múltiples procesos que están haciendo cambiar nuestra sociedad. Precisamos nuevas formas de vivir, de trabajar, de entender las librerías, los espacios culturales y la investigación científica. Y por supuesto también de movernos. MINI ha recogido todas esas demandas para crear el MINI Cooper SE, «E» de totalmente eléctrico, aspirando a ser un representante de este tiempo. Sin renunciar a las características que le han hecho único, como ese Go-Kart Feeling, sensación de kart al volante que tan bien reflejó la película The Italian Job. Ni su total capacidad para adaptarse a las regulaciones de las nuevas ciudades con sus cero emisiones. Tampoco le faltan los sistemas remotos para estar siempre conectado, ni la arquitectura del salpicadero con pantalla táctil y cuadro de mandos digital, incorporando los desarrollos de la tecnología aeroespacial. Que hoy nos da acceso a mucho más que fibra de vidrio. Y por supuesto, el MINI Electric cuenta con esos detalles estéticos tan MINI. Como el led traseras Union Jack de serie, el característico diseño frontal con sus expresivos faros redondos, la nueva parrilla, y los cuatro paquetes de acabado que elegir con un clic. Cuatro, como los cuatro Beatles. Todo un legado, ahora 100% eléctrico, sobre el que algún día alguien escribirá un artículo, hablando de cómo se entró en la nueva normalidad conduciendo un MINI 100% eléctrico.


Carlos Peña Garay: «Tenemos un modelo de sociedad capaz de adaptarse con agilidad a pequeños cambios, pero cuando nos enfrentamos a un cambio drástico el sistema no aguanta tan bien»

La nueva normalidad es un programa de entrevistas de Jot Down & MINI electric que nos acerca a destacadas figuras de la cultura y la ciencia para que nos cuenten la transformación de sus proyectos tras la vuelta a la no normalidad.

Desde la ventana del despacho de Carlos Peña Garay (Vegadeo, 1968) se puede ver la Estación Internacional de Canfranc, un impresionante edificio de estilo entre modernista y art déco con una historia fascinante. A la estación se llegaba en tren desde Francia por un túnel que atraviesa el pirenaico monte Tobazo, a ochocientos metros de profundidad. Tras el derrumbe de un puente en 1970, se suspendió el tráfico ferroviario y desde 1985 aloja el Laboratorio Subterráneo de Canfranc  (LSC).

Vamos camino al LSC en nuestro MINI electric desde Zaragoza. Son ciento cincuenta kilómetros con la subida al puerto de Monrepós. Carlos nos acompaña y, tras los primeros kilómetros, ya ha hecho los cálculos de consumo y asegura que llegaremos sin tener que recargar la batería. Tras poco más de noventa minutos, nos encontramos inmersos en el impresionante paisaje pirenaico donde el LSC tiene sus instalaciones. Carlos, que dirige el laboratorio desde 2018, nos explica que allí se están desarrollando experimentos avanzados en áreas como la astrofísica y la biología de sistemas.

Carlos es licenciado en Química y doctor en Física Teórica. Mientras hacía el postdoctorado en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton contribuyó a la resolución del problema de los neutrinos solares, que condujo al descubrimiento de la existencia de la masa de los neutrinos. Carlos es un apasionado de la ciencia y también un entusiasta de los coches. Tras conversar con él de temas tan variados como la materia oscura o el proyecto de desarrollo de respiradores en los que han estado trabajando durante la crisis del COVID-19, no puede evitar volver a conducir el MINI para llevarnos hasta el túnel donde hace poco descubrió la existencia de unas arqueas extremófilas que llevan viviendo dentro de la montaña desde hace millones de años.

¿Qué es y para qué sirve un laboratorio subterráneo?

Es una instalación especial donde lo que utilizamos es la cobertura que nos da la roca. Hay dos tipos: los de acceso horizontal en el caso de aprovechar un túnel de carretera o un túnel ferroviario o los de acceso vertical en el caso de las minas. Básicamente, se trata de un espacio para alojar experimentos o instrumentos protegidos por la mayor cantidad de roca posible.

¿Cómo es la nueva normalidad en la ciencia?

Para un laboratorio como este, que busca estar protegido por una montaña para alojar estos experimentos, que haya poca actividad alrededor es lo ideal. De modo que para aquellos experimentos que estaban tomando datos, el confinamiento ha sido muy bueno. Es lo que nos transmiten los grupos experimentales, tanto NEXT, como ANAIS, etc. Los datos obtenidos son de mejor calidad. Esa es la razón por la que también los laboratorios subterráneos o centros como este son interesantes para ondas gravitacionales, es decir, para todos aquellos experimentos que busquen sucesos muy raros y donde lo que necesitas es reducir el ruido al máximo y no quieres gente alrededor. Por lo tanto, para estos experimentos ha ido muy bien. Ahora, es verdad, para todos aquellos experimentos que estaban en fase de construcción supone un retraso porque la industria asociada se ha parado, porque todos los procesos burocráticos se han detenido. Esto significa un parón y ahora reiniciar actividades.

¿La crisis del COVID puede ser una oportunidad a nivel científico e industrial para cambiar el modelo económico?

Ojalá. Desde luego, cuando hay una crisis es cuando se producen oportunidades de hacer cosas nuevas. Tenemos un modelo de sociedad que se ha optimizado para ser ágil ante cambios menores, pero ha perdido robustez cuando la variabilidad es grande. Somos capaces de adaptarnos con agilidad a pequeños cambios, pero cuando nos enfrentamos a un cambio drástico el sistema no aguanta tan bien. Esto va a hacer que al menos algún sector estratégico se prepare para afrontar crisis de este nivel. En ciencia y en particular en tipo de ciencia que hacemos aquí, no esperamos un gran cambio.

El futuro es eléctrico: la autonomía homologa del MINI electric según WLTP es de 234 kilómetros. Nosotros fuimos de Zaragoza a  Canfranc Estación, subiendo un puerto de montaña, sin problema ninguno.

¿En el LSC habéis podido colaborar científicamente en la lucha contra la pandemia?

Sí, hemos intentado que los grupos experimentales que estaban en fase de construcción y han detenido su actividad trabajaran para dar apoyo a iniciativas para la lucha contra la pandemia. En particular, el grupo «Colaboración global del argón», del que forma parte el LSC y que hace experimentos para la detección de materia oscura, ha dado apoyo al desarrollo de un nuevo ventilador mecánico para las UCI. Este grupo lo forman más de cuatrocientos investigadores y la iniciativa, denominada MVM —Mechanical Ventilator Milano—, surge en Italia. Hemos desarrollado un modelo de ventilador respirador basado en las tecnologías y en el tipo de experiencia que hay en los experimentos que alojamos en laboratorios subterráneos como son los sistemas de gases, tanto en NEXT como en los experimentos de argón. En general, en cualquier experimento con gases nobles lo que necesitas es control de presión de gases y electrónica de precisión para ese control, y justamente los respiradores se basan en eso.

Habéis usado un conocimiento generado por investigación en ciencia básica…

Ha sido muy natural trasladarlo. La labor del laboratorio en el caso es apoyar a todo el grupo de argon dark matter, apoyar y consolidar el grupo español, y luego aportar los recursos de modo ágil para que se construya el primer respirador basándose en el esquema desarrollado internacionalmente.

¿Y cuál ha sido la respuesta de la industria? ¿Ha llegado al mercado?

Sí, a través del CDTI y con la coordinación del CIEMAT, tres empresas que están interesadas en el desarrollo se han unido al proyecto MVM España. El objetivo es que este tipo de tecnología sirva para producir nacionalmente en un futuro, es decir, tener una sede, una producción española de respiradores de incluso más calidad del que hemos desarrollado. Llevamos ya más de un mes con reuniones semanales con las empresas. Las empresas de hecho ya están integradas en el proyecto MVM España, y ahora la cuestión es ver cómo se integran todas a nivel europeo de cara a hacer una certificación conjunta para que este producto se pueda usar no solo en situación de emergencia, sino que sea un producto válido para el mercado de respiradores en UCI.

¿El LSC tiene libertad para decidir si abre una nueva línea de investigación?

El laboratorio tiene una doble actuación. Una, que es la que ha tenido desde el inicio y por la que se ha constituido, que es ser un HUB. Es decir, es un centro que lo que hace es permitir que grupos nacionales e internacionales puedan unir sus esfuerzos. El valor del LSC es realmente el valor de los grupos de investigación que atrae y que desarrollan su investigación aquí. En paralelo y desde hace aproximadamente tres años, también estamos desarrollando proyectos propios del LSC que no tienen por qué estar asociados a ningún experimento concreto de ningún grupo externo. Creo que va a ser un área donde se van a producir cambios significativos durante los próximos años.

¿Tenéis capacidad para atraer investigadores? El laboratorio se encuentra en medio de los Pirineos.

A priori puede parecer que la localización juega en nuestra contra a la hora de atraer investigadores, pero yo estoy convencido de que no es así. La gente va a donde pasan cosas, y aquí se están desarrollando proyectos muy importantes.

¿Los planes regionales de investigación científica e innovación tecnológica os ayudan?

Son muy importantes. La idea es incorporar personal financiado por entidades externas y que estén residiendo aquí. Es una figura que va a crecer y de hecho creo que llegará a dotarnos del cincuenta por ciento de nuestro personal.

En este sentido, el LSC es una ICTS.

Sí, es una instalación científica y técnica singular.

¿Este sistema está implementado en otros países?

Probablemente, hay cosas similares. Existen los National Labs en Estados Unidos, donde cada laboratorio tiene circunstancias peculiares y típicamente se especializa en un área. Las ICTS tenemos unas reglas comunes y una coordinación desde el ministerio. Mi experiencia personal es que funciona muy bien. Somos centros relativamente jóvenes y realmente muy ágiles, estamos funcionando, estamos creciendo. Es verdad que los últimos dos o tres años han sido especialmente complicados porque al no aprobarse los presupuestos generales del Estado se complica la ejecución de las inversiones. Las ICTS han dado una vía nueva muy útil a la ciencia y a la tecnología en España porque aportan excelencia a todos aquellos grupos, consolidados o no, de centros de investigación.

¿Qué te ha parecido la foto de la entrevista de Pedro Duque en El Mundo?

Hay fotos mejores de Pedro Duque. Tengo que decir que estamos muy contentos con el ministro. Vino a visitar el LSC y la visita es una forma de dar visibilidad y reconocimiento al trabajo que hacemos. También demuestra tener un conocimiento más cercano de lo que está pasando en cada una de estas instalaciones que forman la red de ICTS, de las que también forman parte otras instalaciones como el Centro de Supercomputación en Barcelona. Claramente, su campo de gran experiencia es el espacio, así que seguro que será un candidato fantástico para dirigir la ESA.

¿A ti te parece que ha sido un buen ministro?

Yo diría que ha mostrado un gran interés por el estado de la ciencia en nuestro país y ha intentado hacer todo lo que está en su mano, pero mientras no haya unos presupuestos generales del Estado en el área de la ciencia aprobados por su ministerio, no sabremos realmente el alcance de su gestión. Hasta ahora lo que ha podido ejecutar es con presupuestos de 2018.

Puede ser que con la salida de Pedro Duque se fusionen ciencia y universidad en un solo ministerio. ¿Qué te parece?

Son ya unos cuantos años, décadas, y he seguido muchísimo los argumentos a favor de si universidades e investigación tienen que estar juntos o no. Y son válidas las dos opciones. Obviamente, si están por separado exigen una coordinación en aquellos temas comunes, y hay muchas áreas claramente interrelacionadas. Que ciencia vaya con tecnología e industria también es muy relevante. Ciencia e innovación le da un empuje a la ciencia que le hacía falta desde hace años, mientras ciencia y universidades se enfoca más en lo formativo. Me parece que las dos son soluciones viables, probablemente incluso son soluciones alternativamente válidas en momentos concretos.

¿Hace falta un Ministerio de Universidades?

Claro. Podemos llamarlo ministerio o lo podemos llamar dirección general, pero sí se necesita que haya una autoridad que proteja la gran libertad que tienen que tener las universidades. Un autoridad más centrada en coordinar que en regular.

¿Y que evalúe?

Sí, las universidades tienen que ser evaluadas. Una de las virtudes que tienen las universidades en este país es la homogeneidad que hay entre ellas, con una calidad media bastante alta. Incluso las que tienen menos recursos tienen un nivel razonable de calidad. Cuando tienes un sistema donde evalúas mucho más, penalizas aquellas que están en situaciones peores. Entonces, sí, se tienen que evaluar, probablemente no más sino que se tienen que evaluar mejor.

¿Cuando dices que tienen un nivel razonable, te refieres de enseñanza, de investigación?

Lo que quiero decir es que no hay una gradación excesiva de nivel, tanto científico como educativo, entre el conjunto de universidades, y eso es de un gran valor. Facilita las oportunidades de formarse a cualquier estudiante independientemente de su localización. Hay gente que no se puede permitir ir a otra ciudad a estudiar porque es una mejor universidad. Entonces, tener un sistema con una razonable homogeneidad es bueno. Si la homogeneidad lo que hace es tasarnos a todos por abajo, es malo. Y por eso es muy importante evaluar y evaluar bien.

En España, los doctores quieren acabar en el mundo académico, mientras que en Alemania o Estados Unidos prefieren el sector privado. ¿A qué se debe y cómo influye esto en la economía?

Depende un poco del área de la que hablemos. En biología sí que hay un tejido empresarial importante y muchos doctores van a la empresa privada. En otras áreas como la física es mucho más difícil, ya que no hay demanda en el sector privado, eso conduce a que los doctores acaben trabajando en el ámbito público. A nivel internacional, cuando no tienes una industria tecnológica te es difícil competir. Yo soy razonablemente optimista y espero que poco a poco vayamos mejorando esa incorporación de doctores al sector privado.

En tu época de doctorado estuviste en un movimiento que denunciaba la precariedad laboral de los doctores en el mundo académico. ¿Crees que habría que informar a los estudiantes sobre sus posibilidades y su futuro como doctores en este país?

Recuerdo todo en aquellos años, desde 1998 a 2002. No había ninguna perspectiva para los predocs. Había un sistema de becas donde cada una era diferente, algunas ni siquiera llegaban a un salario digno, y se pagaban con un retraso de tres a seis meses. Cuando las instituciones públicas quieren que la gente se organice lo que tienen que hacer es lo que nos hicieron: tratarnos mal. Entonces, la gente al final con mucha insistencia es capaz de organizarse. Yo viví los primeros cambios que puso en marcha el recientemente fallecido Rubalcaba. Se empezaron a unificar las becas tanto del Estado como de las distintas comunidades autónomas para que tuviesen unas condiciones similares y se pagasen de forma correcta. Se solicitó cambiar las becas por uno de beca y tres años de contrato. Se aprobó el dos más dos y ahora ya está en cuatro. No obstante, aún no se ha hecho lo suficiente y sigue habiendo doctores precarios.

El programa Ramón y Cajal vino para mejorar las condiciones, pero sigue sin estar bien definido y lo van mejorando con el sistema de prueba y error. También está el programa Torres Quevedo, que intenta hacer esta transferencia de doctores a la industria y ha tenido muchísimos casos de éxito, particularmente en la industria farmacéutica y bioquímica.

En ese sentido, el programa Ramón y Cajal, que es un programa de estabilización de investigadores junior, lo están recibiendo investigadores mayores de cuarenta años…

El programa Ramón y Cajal nace en 2001 cuando yo me voy a ir a Estados Unidos. Era el año 2003, haciendo un postdoc en Princeton, la información que me llegó era que iban a contratar a dos mil quinientos investigadores. Recuerdo comentárselo a John Bahcall, entonces mi jefe y una gran figura de la astronomía y la física, y me dijo: «¿Y de dónde vais a sacar a tanta gente?». Es verdad que había un tapón, mucha gente que llevaba años dando vueltas en condiciones precarias, pero es difícil que un programa lo resuelva todo en un año. Los programas tienen que ser de largo recorrido. Entonces, se contratan a un montón de ramones y cajales y cuando terminan su periodo llega una crisis económica y no los puedes estabilizar generando un daño internacional al programa. Perdimos a un capital humano espectacular. Y sobre todo provocó un gran daño de imagen. El programa Ramón y Cajal tiene que tener fechas y plazos bien delimitados, siempre los mismos, no tienen por qué cambiar en cada convocatoria.

Tú eres doctor en Física. ¿Qué tal la carrera de Física?

(Risas) Empezaré contándote que soy el décimo primero de una familia de quince hermanos y, como mi padre falleció cuando yo era joven, mis hermanos mayores, algunos buenos estudiantes, tuvieron que ayudar a la familia. Yo fui el primero en ir a la universidad. Aunque soy de un pequeño pueblo de Asturias, por razones casi accidentales, hice los años de bachillerato y COU en un centro de Valencia. En aquella época no tenía ni idea de nada salvo de estudiar, que era lo que se me daba bien. En COU, en la asignatura de Física, el profesor básicamente dedicó el noventa por ciento del tiempo a estática y dinámica, y aunque inicialmente me pareció muy divertido luego me cansó. Sin embargo, en la asignatura de Química, el profesor nos dio algunas clases de física atómica y cuántica. Y yo pensé: esto es lo que quiero hacer, e hice la carrera de Química. Según la iba haciendo, ya en segundo, me di cuenta de que igual tenía que haber hecho Físicas. Total, que terminé Químicas y empecé un doctorado. En aquella época además dormía en el laboratorio. Como me gustaban muchísimo las matemáticas me fui de oyente a algunas clases de Físicas.  Al año decidí que no seguía con el doctorado y con esta visión apasionada que tengo de la vida, me fui a hacer Físicas.

¿Por qué dejaste el doctorado?

Tuve una señal muy clara. En el verano antes de empezar el doctorado me fui a una escuela de verano en Ávila a estudiar mecánica cuántica, lo pasé muy bien. Al año siguiente hice lo mismo pero en las  Azores. Al acabar este segundo curso de verano me di cuenta de que mis compañeros del curso estaban a años luz de mí y que el año de doctorado durmiendo en el laboratorio no me había aportado nada. Entonces pensé: esto no puede ser el camino, así no puedo seguir, y me matriculé en Físicas.

¿Y te convalidaron muchas asignaturas?

De hecho esa historia es interesante. Voy el 30 de abril y pregunto por las convalidaciones, y entonces, por razones que nunca me explicaron, te convalidaban no poniéndote la nota que tenías, sino que te ponían todo aprobado. Y bueno, eso no me interesaba, yo quería buenas notas. Total, que me cambio a primero, hago los exámenes y todo me resultó muy fácil. Hice el resto de la carrera de Físicas en tres años. Y además como no tenía beca, trabajaba. Había creado fama e iba más rápido que otros y empecé a tener estudiantes de mi propia carrera. Estudiaba para mi curso pero también daba clases del curso anterior. Esto fue una formación tremenda. Y luego los fines de semana iba a trabajar a un restaurante en El Saler, y ahí aprendí toda la cultura de arroz que tengo (risas). Lo pasé muy bien en ese periodo. Por un momento pensé que ya era mayor para comenzar en investigación y me presenté a un trabajo de comercial de algo. Fui, hice una entrevista y me dijeron: mañana por la mañana empiezas. Y por la mañana me asusté y dije: no, quiero seguir con mi sueño, y entonces conocí a Concha González-García.

La entrevistamos en Jot Down.

Para mí fue determinante. Cómo puedes con la misma información elegir una cosa que te va fatal y otra cosa que te cambia la vida para bien. Fue un doctorado apasionante y me entregué completamente. Ahí fue donde me encontré por primera vez con los neutrinos.

Cuéntanos un poco la temática de tu doctorado.

Estábamos en 1998 y ese año pasa una cosa fantástica en el mundo de los neutrinos, Takaaki Kajita presentó al mundo el descubrimiento de que los neutrinos que se producen en la atmósfera a partir de los rayos cósmicos oscilan entre dos identidades en su vuelo hacia la Tierra. Esos neutrinos, si te vienen directamente al detector desde el cielo o te vienen cruzando por abajo, cambian en número para cada sabor. Para comprobarlo se utilizó un detector gigante de agua con fotomultiplicadores llamado Superkamiokande, que es capaz de reconstruir la dirección de la partícula cargada que genera el neutrino al interaccionar en el agua o en la roca de alrededor. Recuerdo que tras ese descubrimiento Concha me dijo la siguiente frase: «Ahora ya se ha demostrado experimentalmente las oscilaciones de neutrinos. Ahora quedan los neutrinos solares», y me dijo «vamos a trabajar en neutrinos solares». Y entonces se fue a Brasil. Me marcó unos deberes, unos artículos y se fue. Fue un momento muy afortunado para mí, ya que trabajé con otro estudiante del doctorado, Pedro Cunha de Holanda, con el que me entendí muy bien. En tres meses empapelamos el despacho de plots, de figuras. Concha vio esa habitación llena de papeles y dijo «estos tíos valen», y se puso a trabajar sin parar durante tres años consecutivos colocándonos en la frontera de esa área del conocimiento. Ahí es donde nos conoce John Bahcall, que nos denominó en una conferencia internacional muy importante como los «speedy spaniards».

Tú te pusiste a trabajar con dos figuras muy importantes en el campo de los neutrinos. ¿Cómo ha sido la relación con este grupo?

Los científicos tenemos algunos patrones, aunque obviamente hay mucha variabilidad. Primero, la intensidad con la que típicamente para tener éxito te dedicas a esto hace que luego te guste que te reconozcan el trabajo, y obviamente este es un trabajo en el que aunque existe una parte muy significativa de colaboración es muy importante que se reconozca la autoridad y la propiedad de tus ideas. Colaboramos y competimos, como dijo Ayrton Senna: «El segundo es el primero de los últimos». Pasan cosas muy divertidas, como cuando tienes una conversación con un jefe y primero habla de «tu idea», y el siguiente día ya es «nuestra idea», y al otro día ya es «mi idea». Esas líneas a veces no están definidas y se generan complicaciones que hacen que las relaciones entre científicos vayan variando. Esto es una forma muy suave y elegante de decir que a veces hubo relaciones un poco complicadas dentro del grupo, pero era un grupo muy competitivo que ha hecho que Valencia sea conocida a nivel internacional y uno de los centros top de física, tanto experimental como teórica en el ámbito de los neutrinos.

Si tu tesis va sobre energías solares entonces podrás explicarnos cómo brilla el Sol…

La explicación de cómo brilla el Sol tiene detrás una historia fascinante relacionada con su edad. Cómo brilla el Sol tiene que ver con cómo está emitiendo energía y por tanto, con cuánto va a durar emitiéndola. Los grandes físicos de finales del XIX creían que ya entendían todo en la naturaleza y dedujeron que el Sol funciona básicamente con las leyes de la termodinámica y, por lo tanto, conociendo el calor que está emitiendo se puede estimar su vida. La vida del Sol, se estimaba en aquella época, era de unas decenas de millones de años. Luego llega un grupo de científicos liderado por uno de los pocos grandes genios, que es Charles Darwin, y basándose en la observación de pájaros en distintas islas y otras acumulaciones de observaciones, se ponen las bases de la teoría de la evolución, y según esta estima la edad de la Tierra en cientos de millones de años. Ahí se da una de las grandes batallas para entender cómo es el Sol.

Esta historia continúa cuando llega la era nuclear y empezamos a entender que hay otra fuente de energía, que es el núcleo; entendemos cómo cambian los núcleos, cómo liberan energía, y al medir la masa del núcleo de helio se observa que falta masa, y se deduce que en la transformación de hidrógeno a helio sobra energía y que por tanto eso es una fuente de energía. Si uno ya hace los cálculos con esta nueva fuente se ve que entonces el Sol no vive en la escala de las decenas de los millones de años ni de los cientos, sino de los miles de millones, que es la edad estimada que le tenemos ahora: unos cuatro mil quinientos millones de años. El Sol brilla por mecanismos nucleares, la conocida fusión nuclear.

Entonces, parece que ya entendemos el Sol y de este modo ya no es interesante, deja de estar de moda en los años 60. En astronomía el Sol ya es un objeto conocido y están de moda las estrellas de neutrones, las grandes explosiones, otros fenómenos que se vuelven fascinantes. Pero hay un par de científicos que creen que se pueden observar los neutrinos del Sol. No les vale con la conclusión debe haber fusión, es decir, no les vale la teoría por un lado y algunos datos experimentales por otro, sino que quieren observar directamente por evidencia experimental que hay reacciones nucleares. Para eso hay que ver los neutrinos que se producen en estas reacciones nucleares. Ver directamente qué está ocurriendo. Y de hecho, ver qué está ocurriendo dentro del Sol, porque lo que vemos de fuera de él es una energía hace unos treinta mil años. Los fotones tardan en salir desde el núcleo a la superficie del Sol un promedio de treinta mil años.

El último gran avance que tenemos sobre neutrinos es del año 98, cuarenta años después de empezar. ¿Qué cosas faltan por saber?

Hay una serie de experimentos que van contribuyendo a dar más información y el experimento definitivo ocurre en Canadá, en el Sudbury Neutrino Observatory, que es un tanque de mil toneladas del agua pesada. Agua pesada cedida por el gobierno canadiense, no propiedad de experimento. Esta agua pesada tenía una propiedad que permitía observar los distintos tipos de neutrinos que venían del Sol y la suma de todos ellos. Con esos datos se descubre que en el viaje desde el Sol los neutrinos electrónicos deciden cambiar de personalidad y convertirse en los otros dos de su familia; eso se llama oscilaciones de neutrinos o conversión de sabor y de ahí se deduce que los neutrinos tienen masa. Ahora los neutrinos ya no son partículas sin masa, como predecía el modelo estándar, sino que son partículas con masa y nos tenemos que hacer la pregunta que ya hizo Majorana en los años treinta: «¿Es el neutrino a la vez partícula y antipartícula?». Y la respuesta a esa pregunta es la gran aventura que se desarrolla en el LSC de Canfranc.

Además de químico y físico eres experto en genética. ¿Cómo y cuándo se te ocurre meterte en una disciplina de la biología?

Siempre es un área que me ha interesado y en la que me he involucrado cuando he tenido la oportunidad. Tras tres cortas experiencias, al volver a España me invitan a la primera tesis doctoral que hace un estudio experimental de microbioma humano seguido en el tiempo. Aunque no entendí mucho de la tesis, me fijé en unos datos que me llamaron la atención, y en tres o cuatro días, sin haber leído mucho, sin tener mucha idea del campo, encontré una ley que me pareció curiosa. Un alumno mío de doctorado también se interesó y cambio su tesis sobre neutrinos por una sobre evolución de comunidades. Era un área que estaba en ese momento explotando y pudimos hacer algunas contribuciones muy interesantes de cómo está conectada la evolución de tu microbioma con lo que está pasando contigo, con la toma de antibióticos, ingesta de elementos externos, con tu estado de salud desde el punto de vista de obesidad, alimentación o incluso con otros estados de salud. Y es algo que puedes matematizar, que puedes reescribir con ecuaciones. Y ahí, para mí, se abrió el mundo, porque es una de las áreas en las que estoy trabajando con virólogos y con matemáticos. Se trata caracterizar este ecosistema interactuante de múltiples sistemas, con ecuaciones como se hace ahora, que son típicamente deterministas, muchas enlazadas pero incluyendo toda esta parte de la estocasticidad que dan todos los elementos que no controlas. Y esto está en la frontera del conocimiento y por lo tanto me pareció muy atractivo.

La mayoría de los experimentos que hay en Canfranc son de física, pero tu primera toma de contacto con el laboratorio fue un experimento de biología.

Yo venía con frecuencia al LSC para dar charlas y participar en eventos y el antiguo director, Alessandro Bettini, siempre me preguntaba en qué andaba metido y yo le decía que con temas de biología. Como el LSC quería crecer en otras áreas, además de la física, Bettini me animó a proponer una investigación en el área de biología. Un día caminando por el túnel se me ocurre que podía ser buena idea perforar la roca del túnel y ver lo que está viviendo ahí, y como el coste era tan bajo nos dieron vía libre. Encontramos una serie de bacterias arqueas viviendo que se quedaron aisladas cuando todas estas montañas estaban en el fondo del mar. Cuando se forman los Pirineos y desaparece el mar esa roca caliza los deja ahí, y están sobreviviendo quitándole la energía a los minerales. Son grandes supervivientes, obtienen energía tomando electrones de los metales.

¿Y esta arqueas se podrían encontrar en Marte ?

De hecho lo que se quiere hacer en Marte es perforar y ver si también hay extremófilos que estén vivos como estas arqueas. Otra de las cosas que queremos explorar, aprovechando que estamos debajo de una montaña, es una propiedad de inicio sorprendente. Sabemos que más radioactividad de lo normal daña la vida, así que se podría intuir que menos radioactividad les beneficiaría. Pues resulta que la baja radioactividad también es perjudicial para la vida. Tenemos un ruido presente que no vamos a evitar, que es el ruido que produce todo el espectro de ondas visibles y ultravioletas, que está generando toda la radioactividad y rayos cósmicos que están atravesándonos constantemente. Lo que pretendemos es que los físicos ayuden a los biólogos a trabajar en entornos controlados de radioactividad para entender cómo esta influye en los procesos celulares y, en definitiva, en la vida.

Carlos nos ha explicado cómo innovan en el LSC en la nueva normalidad, que no tiene por qué ser normal. Él la hace extraordinaria, y tú también puedes conectarte a esa corriente. La de una no normalidad conectada a un mundo más sostenible. El primer MINI 100% eléctrico es el mejor comienzo. Y empieza aquí https://www.mini.es/mini-electric


Maite Aragón: «La nueva normalidad librera es incertidumbre»

La nueva normalidad es un programa de entrevistas de Jot Down & MINI electric que nos acerca a destacadas figuras de la cultura y la ciencia para que nos cuenten la transformación de sus proyectos tras la vuelta a la no normalidad.

Maite Aragón (Sevilla, 1977) es librera. Tras estudiar Música y Filología hispánica pasó un tiempo —poco— trabajando como librera en dos importantes cadenas nacionales. Ahorró lo suficiente para lanzarse a cumplir su sueño de dar la vuelta al mundo y justo antes de partir le surgió la oportunidad de montar su propia librería; el mundo le dio la vuelta. Desde entonces ha cambiado dos veces de local, multiplicando por diez el espacio para sus libros, ha impulsado varios encuentros y festivales culturales y acaba de relanzar la Revista Mercurio como coeditora.

Llegamos a Caótica en nuestro MINI electric, para descubrir un espacio cultural de más de cuatrocientos metros cuadrados en el centro de Sevilla. La librería promueve un estilo de vida urbano más sostenible; dispone de cafetería, biblioteca para socios y libros. Sobre todo muchísimos libros. Maite es impetuosa, dinámica y muy apasionada. Hablamos con ella de innovación, modernidad y ecología en estos momentos de transformación e incertidumbre para un sector tan importante y frágil como es el de las librerías independientes.

Ser librero es una profesión de riesgo.

¿Has leído mi estado de Whatsapp? Sí, obviamente es una profesión de riesgo. Desde luego, nada que tenga que ver con ese mito romántico del librero, lo decimos mucho. Se deja una la piel todos los días, solo por estar en el sector cultural o ser librería, y se arriesga incluso más de lo que se querría.

¿Cómo es la nueva normalidad librera?

La nueva normalidad librera es incertidumbre. Es caminar por una cuerda floja. Hasta hace unos días andaba muy enfadada con la estupidez machacona de que «la amenaza es una oportunidad». No tiene por qué serlo. La oportunidad existe si existe la capacidad de adaptarse, la también famosa exigencia de la «reinvención» a veces suena a eufemismo para ocultar la precariedad. Pero sí es cierto que algo como lo que está ocurriendo, una vez que sales del shock, es una oportunidad para hacerlo mejor. Sin este frenazo en seco no nos habríamos atrevido a reconocer que hay cosas que no funcionan y hay que cambiarlas.

Estudiaste música.

Música y Filología Hispánica. Lo primero parece mentira. Parece que fuera como en otra vida. Pero estoy muy agradecida a la influencia de la música en mi sensibilidad. Provengo de una familia con mucho talento para la música, para las artes en general, y eso te coloca en un lugar en el mundo.

Y empezaste con la librería muy pronto.

Cuando era pequeña, mientras mis amigas montaban casitas, mi hermana Carolina y yo jugábamos a montar librerías. Nos entreteníamos mucho imaginando cómo sería una librería del futuro, que sería, además de un lugar en el que se vendieran libros, un espacio cultural. Caótica se parece a lo que imaginábamos, me di cuenta al poco de abrir. Me estrené como librera en la Casa del Libro, en el año 2006, fue el primer trabajo que encontré cuando volví a Sevilla.

¿Qué recuerdos tienes?

Fue emocionante. Estaba tan orgullosa de haber conseguido ese trabajo como si hubiera adquirido una distinción social. Aunque mi tarea no era más que atención al cliente, durante una campaña de Navidad, nada recubierta de tal dignidad, estaba más en mi cabeza que en la realidad. En Fnac, al menos, se denominaba «vendedora cualificada». En la Casa del Libro lo de cualificada no figuraba en ningún lado, no sé cómo será ahora. Pero fue muy agradable ese inicio, era mi primer contacto con una librería real. Me estrenaba en una cadena que se llama la Casa del Libro, una de las más antiguas de España. Solo estaba incómoda con los temas corporativos, los colores un poco tristes, el chalequito y esas cosas, pero para mí fue apasionante hablar de libros con mis compañeros, con la misma pasión por la lectura sin sentirme un bicho raro. Aprendí muchísimo, pero no me dejaban hacer gran cosa más que esa atención general, intentaba prescribir pero no me dejaban prescribir, no tenía rango pero tenía mucha vocación. Después de estar estudiando el doctorado en Literatura en la Universidad de Puerto Rico, que no llegué a terminar, entrar a trabajar en una librería como esa, que podía ser un referente, era todo un logro. Pero pronto me supo a poco. Necesitaba más.

Con tus primeros sueldos ahorraste para dar la vuelta al mundo.

Sí, cuando recuerdo esa parte de mi vida me siento tan naíf, tan inocente, que ahora me sorprende muchísimo. Efectivamente, era joven, y como joven tienes intacta la capacidad de soñar; luego abandonas unos sueños por otros. Siempre he querido ser muy independiente —mis padres lo llevaban muy mal—, y a los dieciséis años ya era camarera, luego fui taquillera de cine —otra experiencia que me encantó— y después de trabajar en Casa del Libro surgió la oportunidad entrar a trabajar en Fnac Sevilla, coincidiendo con su apertura. Aquello sí que fue una apoteosis de identidad corporativa, hablando en plata, cuando te seleccionan para abrir tienda te hacen un «lavado de cerebro» para inocular en ti los valores de la empresa y el virus de una inmejorable atención al cliente como clave del éxito, pero un lavado de cerebro que funcionaba porque recuerdo una compañera que llegó a decir con entusiasmo « ¡Yo soy un producto Fnac!» —algunos se rieron, a otros se nos heló la sangre de miedo—. Cuando decías que eras librero o librera en Fnac la gente joven te endiosaba, y no era más que otro trabajo precario más: pocas horas, poco sueldo. Lo cierto es que, entre los compañeros, de nuevo bichos raros amantes de los libros, había mucha cohesión y pude aprender mucho de aquella época.

Cuando conseguí ahorrar doce mil euros —el dinero que según había leído en diferentes blogs especializados era lo que se necesitaba para dar la vuelta al mundo—, me surgió la oportunidad de montar mi propia librería. Estaba cansada de la Fnac, quería montar mi propio espacio librero en Sevilla. Cogí mis doce mil euros para dar la vuelta al mundo y pusimos en marcha la librería de viajes como una combinación de los dos anhelos. Confié en que el mundo seguiría esperándome. Cambié la vuelta al mundo por una librería de viajes, no sabes cuánto me arrepiento (risas).

En la Extra Vagante además de comprar libros se podía tomar una cerveza o un vino. ¿Cuál es tu concepto de librería?

De los viajes saqué esa idea. Antes incluso de tener la librería, en mis viajes siempre visitaba las librerías y observaba, conectada quizá con aquella preadolescente que imaginaba como juego montar una. El modelo librería-café es muy viejo. Pero, desde luego, tiene que ser un espacio híbrido y moderno donde lo importante son tanto los libros como todo lo que rodea la experiencia lectora: el olor, la música, el vino, el intercambio humano; un espacio vivo en el que la gente pueda transitar, encontrar otras personas con los mismos intereses y poder interactuar con los libreros. Un lugar en el que la conversación es muy importante y la música es una excelente compañera en la relación con el espacio: un refugio frente a la prisa y todos los peligros de ahí afuera.

¿Se gana más dinero sirviendo café y muffins a los hipsters o vendiendo libros?

Vendiendo libros, definitivamente, aunque desde fuera no lo parezca. Hemos tenido que soportar muchos comentarios sobrados que vienen a decir «claro, la facturación del bar soporta la de la librería, que es seguro deficitaria», y no hay nada más alejado de la realidad: es la librería la que a veces tiene que tirar del café. La facturación en libros, y eso da esperanza, cuadruplica la del bar. El café es una gran excusa para provocar la reunión, la charla; el olor a café y a bizcocho de chocolate horneándose crea una sensación muy acogedora.

Cuando parecía que todo iba bien, llega la gentrificación a vuestra zona y os tenéis que ir.

Llega la gentrificación a La Alameda. Se vio venir. La Alameda era un sitio chulo para ubicarse, porque era el bulevar cultural de la ciudad. Era una zona alternativa con una gran presencia del colectivo LGTBI, también era una zona de prostitución y drogas. Y había mucha actividad cultural.

¿Qué ocurrió?

Pues que un sitio con proyección cultural acabó convirtiéndose con el turismo en un bulevar gastronómico. Efectivamente, la gentrificación fue devorando la zona, los alquileres se fueron inflando de manera impensable, nosotros abríamos los domingos y las familias que paseaban agradecían encontrar la librería abierta además de los bares, además hacíamos cuentacuentos muchos domingos y apenas se cabía. Fue una gran decepción ver como los dueños de aquel edificio, a los que considerábamos afines a nuestros valores, apenas nos protegieron de la presión inmobiliaria. Se dejaron llevar por los cantos de sirena de la hostelería y fue nuestro barco el que se estrelló contra las rocas. Hoy hay un restaurante repleto de veladores, posiblemente muchos más de los permitidos. En Andalucía habría que reconfigurar las ciudades: los veladores están corroyendo todo el espacio urbano para el transeúnte y, si vamos a explotarlo como seña de identidad, por el clima y la identidad social ligada a la comida, no puede ser a costa de que los espacios públicos se conviertan en incómodas pistas de obstáculos. Nos costó reconocerlo, pero ellos se quedaron con el local y aquel, efectivamente, no era nuestro sitio.

El futuro es eléctrico: puede construirse un modelo de ciudad sostenible incluyendo el coche en el modo de vida. Solo depende de las características del vehículo, y MINI las cumple todas.

Y entonces ponéis en marcha Caótica, una librería de cuatrocientos metros cuadrados...

Cuatrocientos treinta y cuatro metros. Esos treinta y cuatro metros de diferencia tienen su importancia (risas), es la diferencia que nos ha obligado a reabrir un poco más tarde que otras librerías. Hasta ese momento, no tenía conciencia exacta de nuestro tamaño…

… bastante potente.

Muy, muy potente. Es cierto que cuando cerramos La Extra Vagante, Joaquín y yo vagamos por la ciudad buscando posibles nuevas ubicaciones y a la vez nos planteábamos el dilema de si seguir o reciclarnos, si cambiar directamente de misión en la vida, como quien dice. Pero encontramos un local que nos animó a seguir. Es cierto que también mientras charlábamos de lo humano y de lo divino en ese momento en el que no sabes qué hacer con tu vida, nos encontrábamos con que la gente se nos acercaba, sin que fuéramos conocidos, y nos decía «¿Sois los de la Extra Vagante? Hemos visto que habéis cerrado, qué putada, pero vuestro proyecto no debe morir, tenéis que encontrar otro sitio. La librería no puede morir». Era como una responsabilidad, como si tú fueras el que atesoraba el sueño de los demás. Como si se cumpliera aquello de que cuando cierra una librería el mundo es un lugar más pobre. Y nosotros tuviéramos la responsabilidad de resucitar la fe en la humanidad.

Y eso os motivó a seguir.

Parecía una trampa, pero nos animó a seguir. Nos dábamos cuenta de que nuestros clientes y socios necesitaban esa esperanza. La Extra Vagante había generado un gran vínculo emocional con la gente de Sevilla y eso no merecía morir. Así fue como nos convertimos en depositarios del sueño de una gran parte de los lectores sevillanos. Nos empezamos a venir arriba y cuando estábamos a punto de alquilar un local aburrido, en otra ubicación con menos potencial, salió esta oportunidad. Vine a ver este local y algo visceral me decía que era aquí. Me encantó y llamé a los que podían a ser mis futuros compañeros de viaje.

La competencia no se lo tomó muy bien.

Para nada en absoluto. Entonces los libreros de la ciudad estaban, como todos, preocupados por el apocalipsis que anunciaban, a bombo y platillo, de la amenaza del libro digital y la impresión bajo demanda. Encontré mucha calidez librera como acogida. Fueron muchos los consejos, mucho el apoyo, la ayuda para despejar dudas, gracias a ellos cometimos menos errores. El modelo de la librería no era el modelo establecido (vigente en otras partes del mundo pero no en España; se llegó a criticar mucho este concepto por entonces por no considerarse «librería de verdad», es increíble como aún hoy puede generar rechazo por parte de una rara especie de «estirpe» librera o lectora, cortos de mira quizá), pero los libreros sevillanos fueron listos, se dieron cuenta de que el cambio había llegado a la ciudad para quedarse y, en seguida, se ofrecieron para cualquier ayuda que nos fuera necesaria. Fue vital ese recibimiento por parte del sector. Nos impulsó a hacer lo que habíamos venido a hacer, fomento de la lectura y la cultura a través del vínculo humano y la gestión cultural, con más fuerza y empuje si cabe. Y esa fuerza nos ha impulsado ya once años nada desdeñables. La apertura de Caótica creo que consiguió un hito en la historia de esta ciudad: se colapsaron las tres calles que daban a la puerta de la librería de gente que quería acudir a la apertura, tuvimos que improvisar un discurso desde el balcón para dar la bienvenida a las ochocientas personas que se agolparon en la calle hasta que abrimos y pudieron recorrer la librería. Fue sencillamente sorprendente, una muchedumbre así para inaugurar una librería independiente. Aquel día surfeábamos en adrenalina.

Apostáis por la literatura infantil.

Desde el principio, teníamos una microlibrería y la zona infantil ocupaba una tercera parte. En la segunda librería pasó lo mismo y en la tercera ha sido la oportunidad para desarrollarlo todo a lo grande. Ahora nos hemos vuelto locos: una sección infantil que está concebida como un espacio en el que llegar para quedarse, los libros al acceso de la altura de los niños, el suelo blando para hacerlo un espacio más seguro, un árbol gigante que casi se sale del edificio y una casita en el árbol, como un refugio. La idea era conseguir que la visita a la librería fuera para las familias una experiencia emocional inolvidable, asociarlo a los libros, a las historias y a la lectura. Desarrollamos el proyecto arquitectónico del edificio con otro apasionado con el que, afortunadamente, la vida nos cruzó: Carlos Pedraza. Con él y con su estudio pudimos convertir en arquitectura nuestra manera de concebir una librería como refugio, como espacio para el disfrute de lo sensorial, lo lúdico y para el encuentro. Sin él no lo habríamos logrado. Y encima es un proyecto sin acabar, en constante cambio y movimiento. Nos gusta decir que nunca es dos veces la misma librería, ya lo decía Heráclito (risas).

¿Está Caótica bien organizada?

No (risas). Pero no es una cuestión de las personas que integramos el proyecto, que también. El modelo de gestión de las librerías, tal como se configura en este momento, conlleva un exceso de gestión y papeleo que requiere de muchos, demasiados, recursos humanos. La selección de novedades, el control de stock y, sobre todo, las devoluciones de los libros no vendidos, de los fondos vencidos, dan un trabajo ingente que provoca un caos estacional. Según el flujo de ventas natural de la librería. Cada libro que tenemos en esta librería puede requerir cerca de diez documentos (con solo ser vendido una vez y repuesto) para entrar y salir de ella. Y tenemos unos cuarenta mil ejemplares. Multiplica. Es una locura. A los libreros nos gustaría poder dedicarnos más a lo esencial: leer y recomendar (lo que es igual a vender). Y enseguida se nota: cuando un librero o librera dispone de tiempo para la lectura, se refleja rápidamente en las ventas. Es un desperdicio tenernos a los profesionales de la lectura sobrepasados por albaranes, comprobaciones de albaranes, gestión de stock, inventario y demás tareas que son necesarias, hoy, para tener una librería. El futuro estará, y no puede ser de otra manera, en el valor de la prescripción. Así que hay que cambiar el modelo. Pero aunque cambie y, por soñar, deje de ser un sistema de gestión desmesurado, aquí seguiremos siendo caóticos. Defendiendo el caos, el desorden, como el origen y el poder de la capacidad de crear. Es en el caos donde surge la chispa de la vida.

En cuestión de naming eres muy original. ¿No te seducen nombres como Shakespeare, Bartleby u otros con origen en los clásicos?

Si te digo la verdad, el nombre de La Extra Vagante se le ocurrió a un amigo. Él propuso Extravagante y yo lo afiné al dividirlo en Extra y Vagante para que englobara la idea de viajar por encima de lo habitual. Se hicieron muchos juegos de palabras para contar con la sorpresa y que no fuera el nombre habitual de una librería. Cuando cerramos La Extra Vagante tuvimos que cambiar el nombre porque cambiábamos los integrantes y la sociedad que estaba detrás de la librería, ni podíamos ni estábamos dispuestos a pagar el precio de mantener el nombre y además nos dimos cuenta que habíamos cambiado de era, como quien dice. En las tormentas de ideas, hablábamos de caos y desorden y la reivindicación del caos como algo no necesariamente negativo. Era el boom de Marie Kondo. Es muy molesto tanta devoción por el orden, ¿dónde quedamos las personas caóticas y desordenadas? ¿Estamos excluidas? Siempre se habla de ser desordenado o caótico como algo malo. No olvidaré en la vida cuando fui a Hacienda a dar de alta la sociedad, Caótica S.C.A, Sociedad Cooperativa Andaluza, y el señor de la Agencia Tributaria, trabajando en su mesa muy ordenada, me dijo: «Espero, señorita, que la sociedad no haga honor a su nombre». Pues sí que lo hace. Menos mal que los impuestos no los presentamos nosotros, los presenta gestoría. En resumen: un nombre disruptor para un proyecto disruptor.

¿Qué apoyo institucional tenéis las librerías? ¿Hace algo en Ayuntamiento de Sevilla para evitar que todo el centro esté copado por la hostelería?

Las librerías necesitan el apoyo de lo público, el apoyo de sus ayuntamientos, porque damos un servicio cultural a la comunidad y no tenemos recursos propios suficientes para hacerlo a riesgo propio. La interlocución con el Ayuntamiento de Sevilla es muy rica, hay mucha predisposición, pero la ciudad se sigue abarrotando de bares, hasta saturarla, y no de espacios culturales; ellos tienen los medios para cambiar la proporción y saben que pueden contar con los agentes culturales: qué queda para conseguirlo. El Ayuntamiento de Sevilla creó hace unos años una subvención de fomento de la lectura que no tienen otras ciudades en España y es la envidia de los libreros de otras ciudades. Sin embargo, luego de que conceden las subvenciones y se ponen en marcha las actividades culturales, el Ayuntamiento puede tardar más de año y medio en pagarla y eso se convierte en un gran problema.

La ayuda se convierte en una carga. 

Exacto. Esa es mi lucha con el equipo de Cultura del Ayuntamiento y de ellos con los interventores que, al parecer, son los que la lían parda en el proceso, o todos los eslabones necesarios para que esa subvención concedida cumpla su función y llegue a tiempo. Me los imagino como hombres grises, insensibles, que disfrutan con los problemas que nos ocasionan sus decisiones. Puede que la gestión de Cultura del Ayuntamiento sea más caótica que la nuestra. Estoy harta de que tanto el gobierno como los ayuntamientos nos copien el concepto (risas). Si te fijas, durante la crisis del coronavirus, a nivel mundial, de lo que más se ha hablado es de «caos». Si para gestionar una crisis hace falta gente curtida en caos, que nos llamen a nosotros. Entonces, qué ocurre: con el Ayuntamiento pasa lo mismo. Los responsables de Cultura siempre están disponibles para escucharnos y estudiar nuestras reivindicaciones, y eso no tiene tampoco precedentes en esta ciudad y es muy valioso, pero luego cuando lanzan una iniciativa para apoyarnos, los plazos que manejan y la burocracia que nos separa de la ayuda, hace que no sea efectiva. Si no cumplen con los plazos las subvenciones son una ayuda envenenada. Una trampa. Y estás al límite de decir: «Paso. Mejor no me ayudéis, no me deis nada». Pero lo cierto es que, sin muchas de esas ayudas, gran parte de la actividad cultural de la ciudad no se desarrollaría. Sale la subvención. Tienes un proyecto, y tienes fe en él, porque estás convencida de lo enriquecedor que puede ser ese proyecto para la ciudad, tu ciudad, porque sabes que una parte importante de la ciudadanía va a valorar, va aprovechar y va a agradecer tu esfuerzo. Y ahí estás otra vez, cumplimentando la solicitud sin dar crédito, al mismo tiempo que rezas, sin ser creyente, e intentas convencerte de que este año va a salir mejor lo de los plazos.

Desde tu inicio has apostado por la cooperativa como modelo de negocio. ¿Cuántos socios trabajadores sois ya? ¿Cobráis todos lo mismo? ¿Se valora la aportación de ideas al mismo nivel que la realización de inventario?

Desde el principio apostamos por el modelo de cooperativa, es cierto que teníamos una idea romántica de este modelo empresarial, igual que de la librería… Una idea romántica de la cooperativa, la economía social y el trabajo horizontal. Seguimos apostando por la cooperativa, pero a lo largo del proyecto hemos ido aprendiendo con la experiencia los matices o aprendiendo bien en qué consiste que en un grupo de personas se unan en igualdad de criterio y de peso a la hora de tomar decisiones y decidir el devenir de un proyecto empresarial. Empezamos siendo tres socios trabajadores y ahora somos siete. Y si superamos la crisis del coronavirus y la empresa vuelve a crecer, aumentaremos el número de socios, porque es el modelo que da estabilidad al proyecto. Cada uno aporta riesgo propio. No solo se valora la aportación de capital, que ha ido creciendo con el volumen de facturación, sino que se valora el perfil de la persona que solicita entrar en cuanto a lo que aporta de experiencia profesional, de fondo de lectura, de capacidad de prescripción y de relacionarse, de conocimiento de este y otros ámbitos, que también puedan servir como influencia en la reinvención constante a la que nos debemos y estamos condenados. Y no solo hace falta innovación, sino trabajo de fondo, como realizar un inventario de manera eficiente y mantener el stock sin fallo alguno. En ese sentido, a cada perfil se le evalúa según la necesidad del proyecto en el momento en el que se abre a un nuevo socio. El último en entrar, Javier, es una persona de la que se espera que aporte rectitud a nuestro inventario y pulcritud esmerada a nuestra gestión de stock. Y esperamos que lo defienda con su vida, si hace falta. Es eso o la muerte (risas).

¿Cómo fue el fichaje de Rafa Castaño? ¿Influyó que fuese famoso?

A Rafa lo fichamos porque era asiduo y era voraz, lo sigue siendo en medida que le deja la librería, para ser voraz se precisa tiempo (risas). Voraz en Caótica significa «lector voraz», de los diferentes tipos de socios consumidores, el «lector voraz» es el que tiene la cuota más alta, acorde, entendemos, con su mayor necesidad de adquisición de lectura. Compraba sus libros, se iba a la cafetería y se quedaba leyendo tres horas. A todos los libreros nos llamaba la atención por sus lecturas y por la conversación que se generaba en el mostrador cada vez que venía. Yo no sabía que él era famoso, para nada. Apenas veo la televisión. Yo empecé a hablar con él sin saber nada de los concursos, me lo tuvo que contar él «no, yo es que fui magnífico». ¿Magnífico en qué? (risas).

¿No le rompiste su ego?

Supongo que se lo rompí, pero también es un tipo muy humilde y él comprende perfectamente que hay mucha gente que no lo conoce mucho, y que su público más numeroso lo conforman los mayores de sesenta años y los menores de diez. Él lo explica muy bien: ¿quién ve la tele a esas horas? Señoras y señores a partir de sesenta; ¿y quiénes les acompañan? Sus nietos. Ese público le reconoce a la perfección y le idolatra. Él sabe quién puede ser su público y sabía que yo no lo era. Pero nos relacionábamos con total naturalidad.

Entonces lo fichaste…

Aquí viene mucha gente diciendo: «yo es que quiero montar mi propia librería». Yo me desinflo nada más comenzar esa conversación… Una vez puse un post en Facebook con un decálogo que reflexioné, muy en serio, de lo que hacía falta para montar una librería y Jorge Carrión lo usó para un artículo. Alguna vez lo he vuelto a leer, después de pasar unos años, y volvería a decir casi lo mismo. No sé si serviría ahora en esta era postcovid, puede que no. Rafa me dijo que quería montar una librería y le dije, como le digo a todo el mundo, «olvídalo». Luego insistió y como parecía que tenía tantas ganas le dije: «¿Tú de verdad quieres saber lo que es una librería? ¿Tienes tantas ganas que te vendrías con nosotros de aprendiz, sin cobrar, solo para que nosotros te enseñemos de qué va esto y luego, si sigues queriendo, te montes tu propia librería?». Y dijo que sí. Estuvo unos días en Navidad como librero. Tenemos cinco días en Navidad que es lo peor y lo mejor del año en la librería. Lo pusimos para que recomendara, sin tocar la base de datos. Atendiendo a personas era —y es— alucinante. Ese hombre era un animal prescriptor, todos nos quedamos alucinados con su capacidad. Y todos quisimos que se quedara, obviamente. Soy de las que piensa que las cooperativas, como modelo, tienen la obligación de captar a los mejores perfiles para tender a la excelencia como equipo humano.

Pasó de querer entrar a que tú quisieras que entrara.

Me dije: vamos a ver, si es un tipo que tiene talento, lo quiero aquí. Encima tiene la oportunidad, no todo el mundo la tiene, de darse el lujo de probar si de verdad por aquí hay algo para él. Le dije: un año. Se quedó un año y al año le dije: «Ya estás preparado, ¿quieres montar tu propia librería?» y me dijo: «No, me quedo aquí». Nos hemos integrado muy bien. Esto es como una familia al final, pasas muchísimas horas aquí y si no hay feeling y cohesión entre los compañeros al final se nota y hay una ruptura natural. Rafa es una persona muy entregada, «todo por la librería», e incluso ha hecho la locura de hacer de reclamo. Clientes seguidores de Rafa tenemos un montón, personas que vienen a presentar a sus hijas casaderas… Hubo una señora que cuando quitaron Pasapalabra vino compungida porque no veía todos los días en su casa a Rafa. Decía «es que Rafa es como mi hijo, es mi familia y cómo me vas a decir tú que deje de ver a mi familia, que me quede sin conexión con mi familia». Y venía porque quería verlo. Rafa había desaparecido unos meses porque era imposible esa atención. Pasapalabra lo quitaron y estuvo un tiempo sin venir, con perfil bajo. El tema era que algunos serían capaces de arrancarle los pelos y la ropa para llevarse una reliquia, como cuando devoran a Grenouille en El perfume, de Süskind. Espero que no acabe así, por favor, necesitamos a este librero.

¿Qué ha cambiado o va cambiar en Caótica?

Estamos todavía en ello, la verdad. Si en algo hemos estado ocupados, y preocupados, durante el confinamiento, y no hemos dejado de hacerlo en la desescalada, no ha sido en hacer pan sino en reflexionar. De momento, uno de los que eran nuestros valores frente a otros modelos, el activismo cultural, está en peligro. Crear más motivos para visitar la librería, que pudieras interactuar con escritores, editores o ilustradores. De pronto, el lector ya no puede acudir a la librería y encontrarse con Paula Bonet, que iba a hacer aquí un taller, con Irene Vallejo que venía a presentar El infinito en un junco, ese maravilloso libro del que nos hubiera encantado hablar con ella en vivo y en directo. Ahora todo es streaming. Nos tenemos que olvidar de lo físico y cómo nos relacionamos sin eso. Lo he hablado con otros libreros. Hemos hecho una presentación en streaming, con doscientas personas al otro lado de la pantalla, y no he vendido un libro. Y si no vendo libros y no cobro entradas de qué puñetas vivo y para qué hago yo gestión cultural, que además te quita tanto tiempo. Y que no es lo mismo que María Hesse, Ilu Ros, Ana Jarén, Flavita Banana, Inma Serrano, Guridi y tantos otros te firmen o te ilustren los libros en persona a que lo hagan en su casa y luego te lo mandemos. Esa interactuación humana y física es lo que hace también que María, o los demás, conecten contigo y se esmeren muchísimo más en esas dedicatorias. La magia del vínculo físico se desvanece en lo virtual, llámame carca pero la chispa que surge en el tú a tú, directamente, no tiene lugar en lo virtual. Y después del confinamiento, no sé vosotros, pero yo estoy cansadísima de lo virtual. Embotada y atolondrada. Lo virtual es como un flujo inconsistente, como dice Byung-Chul Han en el ensayo que acaba de salir, La desaparición de los rituales, estamos rodeados de un desvanecimiento que desestabiliza la vida. Soy de las que necesita volver al asidero de lo físico.

Con tanta videollamada y tanto videotrabajo hemos visto que todo el mundo tiene una estantería con libros detrás. ¿Hay mucho postureo?

¡Es cierto! Ha sido alucinante esa historia. Yo lo que tengo detrás, en la habitación en la que me conecto (vivimos en un piso pequeño con dos niñas de cinco años que son las verdaderas dueñas de todo), es una pared con un mapa gigante de Swiss Air de los años sesenta que es magnífico. Soy la librera no tiene libros detrás (risas). Me preguntaban cómo podía ser que siendo librera… y tenía que sacarlos, giraba la cámara y decía «mira, ahí están». Es cierto que ha habido mucho postureo y mucha coña con lo del metro de libros. Esto indica, por lo menos, que el libro de papel sigue teniendo un gran prestigio. ¿Te imaginas que alguien hubiese puesto para presumir un e-book colgado en la pared? Ese meme ha faltado. Yo lo habría compartido. A los e-books aún les falta entidad, y siglos, para ser un signo inequívoco de bagaje, de conocimiento o sabiduría de la persona que lo posee.

Desde el principio de la pandemia teníais claro que no haríais envíos. ¿El comercio por internet está deshumanizado? ¿Hasta qué punto es importante la ecología en vuestro proyecto?

La ecología y la sostenibilidad son inherentes a nuestro proyecto. Durante el estado de alarma por el coronavirus mucha gente nos ha pedido que vendiéramos los libros por internet, sin embargo, desde el principio hemos priorizado la seguridad de los compañeros y la de los transportistas a los ingresos; teniendo en cuenta la ecología de asumir, sin rebelarse, que no era momento para el consumo a cualquier precio. Instando a nuestros lectores habituales a resistirse a los encantos de las empresas sin escrúpulos que te seducían con la posibilidad de consumo sin ética, e invitándoles a que redescubrieran sus bibliotecas —esos libros que estaban de fondo de las telerreuniones—. Si la lectura es un placer, la relectura es un placer doble. Y, como la librería, nunca es dos veces el mismo libro, como el río. Esta librería, afortunadamente, no se sustenta en el consumo salvaje y desmedido. Preferimos el consumo consciente, responsable, transformador, crítico, sostenible. Y que crezcamos con su difusión como único consumo posible.

Nosotros al principio del proyecto incluimos una tienda virtual en nuestra página web, pero no nos daba más que quebraderos de cabeza. Está claro que todo el mundo corre hacia el comercio online y hay empresas que están ganando mucho dinero —ninguna es una librería independiente ni una pyme vinculada a un territorio—. Sin embargo, nuestro fuerte es el vínculo, que tú me mires a los ojos y yo te mire a ti, que detectemos nuestros mutuos estados de ánimo, sin algoritmos que intermedien, y nos dejemos influir el uno por el otro: en eso se basa el poder de la prescripción, y esa es nuestra apuesta empresarial. La conversación que se pueda generar en el mostrador, la luz que entra por la ventana, el olor a café y el bizcocho de chocolate recién hecho. ¿Dónde está todo eso en la tienda online? Hemos generado una marca potente, hemos creado un vínculo con nuestros lectores y ese es nuestro camino. Muchos me llamarán anticuada u obsoleta; ojo, que entiendo los beneficios del comercio electrónico. Yo, como consumidora, al otro lado de una pantalla fría, querría lo mismo: pagar lo mínimo y tener el producto en casa lo antes posible. Pero, y esto es importante, el precio del libro está protegido por ley (desde los años setenta en este país) y el margen del libro es pequeño. Qué pasa: si regalo el envío, para poder hacerlo tengo que ser partícipe de la precarización del empleo y nosotros, como modelo y como cooperativa, no estamos dispuestos, aspiramos, precisamente, y ahora más que nunca, a abandonar la precariedad.

¿Las librerías estáis bien organizadas sectorialmente, formáis parte de algún grupo de compra?

Existe CEGAL, la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros. Hace lo que puede y a veces es mucho, muchos de los que están en CEGAL son libreros y libreras muy comprometidos, pero se necesita más. Es lo que te puedo decir. Es muy significativo que el mismo Jorge Carrión, de todos estos artículos que han salido durante la crisis del coronavirus, con el libro o las librerías como tema, señalara que uno de los motivos por los que cree que las librerías tienen problemas de competitividad frente a otras empresas es que no estamos bien organizadas. Yo lo creo. No sentó muy bien porque nos puso el dedo en el ojo. Yo pienso como Carrión, estamos en un círculo vicioso de urgencia y precariedad. Los libreros estamos con la soga al cuello, completamente saturados por la gestión, con una economía y unos empleos muy precarios. Los editores independientes también. En esta situación es difícil organizarse y acaba cada uno haciendo la guerra por separado. Y, por separado, no se tiene la misma fuerza. Lo que es necesario y urgente es que el Ministerio de Cultura, y el Gobierno de España, tenga la valentía de dictar una ley de excepción para protección de las librerías y editoriales independientes, como ocurre en Francia (no todas las comparaciones van a ser odiosas). Es urgente que esta protección dote de oxígeno, hemos hecho muchas propuestas a Rodríguez-Uribe, a los libreros independientes para poder dedicar tiempo a la reflexión y a la unión del sector. Así seríamos imbatibles. Estamos perdiendo el tiempo. Y el tiempo, para nosotros, es más oro que nunca.

¿Tú has intentado unir a la gente? ¿Cuál ha sido la respuesta?

Cuando lo intentas lo primero que encuentras es desconfianza. Ya sabes, eso de salir de la zona de confort, genera resistencia de inicio. Tengo un espíritu cooperativista, para mí lo natural es negociar el territorio que se cede y el que se adhiere para unir fuerzas y me resulta muy tedioso y cansino tener que estar peleándome para unir. Existe una confederación de libreros, hay una cámara del libro, y se hacen cosas, se ponen en marcha algunas iniciativas interesantes, pero se podrían, se deberían, hacer muchas más y más definitivas. También es por lo que hablábamos antes: estamos en una situación de urgencia constante, de apagar fuegos, y no podemos dedicar recursos si no hay buena disposición. Es el pez que se muerde la cola. Esta asfixia que nos mantiene casi inmóviles, beneficia a alguien.

¿Qué son los socios consumidores?

Caótica es un proyecto de economía social, somos una cooperativa mixta, lo que nos permite tener socios trabajadores y socios consumidores. En Andalucía, la mayor parte de la economía social era del sector agrícola. Aplicarlo al sector cultural ha sido una gran innovación y cada vez hay más proyectos. En esto fuimos pioneros y hemos influido en otros proyectos. Creo que el cooperativismo mixto es la solución de futuro para la cultura, porque en definitiva te asegura que tu plataforma de usuarios esté vinculada al proyecto. Esto genera una tesorería fija. No dependes exclusivamente del cliente que entra por la puerta y su voluntad de comprar un libro hoy o mañana. Para nosotros, los socios consumidores son de vital importancia. No es fácil hacer un socio consumidor porque no es algo como ser un simple suscriptor, ya que te vincula a la estructura de la empresa, tienes voz y voto para una serie de cosas. En la gestión, los libreros mandamos, somos los que tenemos el conocimiento, pero como socio consumidor puedes tener voz y voto para decidir los proyectos culturales, para fijar el devenir de la cooperativa. ¿Qué ha pasado en el confinamiento? Por el riesgo a desaparecer de las librerías, ha habido más gente queriendo vincularse al proyecto para impedirlo. Ha habido una vinculación extra ante el peligro. Gracias a la tecnología, hemos facilitado todo el proceso de asociación para que pueda hacerse a través de nuestra página web y junto a una discreta campaña muy casera hemos pedido apoyo y hemos conseguido duplicar el número de socios. Son gestos que nos hacen creer en el futuro.

El socio tiene una ventaja en la compra de los libros

Efectivamente, son las ventajas de la economía social. La mejora competitiva es que si eres socio tienes la mejor oferta comercial posible en tu ámbito. En nuestro caso, como la ley protege el precio del libro, además del 5% de descuento que dicta la ley, podemos dar un cheque regalo por parte de las compras acumuladas anualmente. Esto es posible gracias a la Ley de cooperativas. Y a disposición solo de socios está la Biblioteca de Lecturas Indispensables, formada por las aportaciones de los socios como libros de lectura indispensable y que los libreros hemos elegido con el mismo criterio. Si un lector leyera entera esa biblioteca, que ahora mismo puede estar conformada por unos quinientos títulos, tendría herramientas suficientes para enfrentarse a lo que sea que vaya a ser el mundo a partir de ahora, estoy segura.

En una reciente entrevista en ABC dijiste que las librerías tenían que apoyar a los autores locales y a los editores locales, quizá no sepas que están un poco molestos porque nadie los apoya en instituciones ni librerías…

Es verdad que están un poco molestos, motivos tienen de sobra, los editores independientes locales pueden ser los grandes olvidados, hay mucho trabajo que hacer para reivindicarlos como patrimonio de la ciudad. Pero también es cierto que nosotros participamos de una reunión con ellos y con la directora de Cultura y la directora del ICAS, de la que salió un compromiso institucional de apoyo a las editoriales sevillanas; intentamos estar a la altura de su reclamo reinvindicando que se valorara positivamente la relación de las librerías sevillanas con estas editoriales, en los criterios para recibir subvenciones de fomento de la lectura, visibilizando su fondo a través del activismo cultural de cada librería. Es un comienzo. Se hará más. Caótica hará más.

¿Aquí tenéis todas las editoriales locales?

No solamente las tenemos, sino que las reivindicamos en la prescripción diaria a los clientes. Nosotros, además, ordenamos los libros por editoriales, lo cual a veces no está muy bien visto, creemos en el criterio del editor, de manera que el fondo de cada editorial es muy visible y reconocible. Recientemente he visto un catálogo de estas editoriales que tiene una calidad magnífica, un fondo del que deberíamos estar especialmente orgullosos. Digo algunos: Barrett, Triskel, Maclein y Parker, El Paseo, Renacimiento, West Indies, Crononauta, Advook, Athenaica, Tres tristes tigres, Pálido Fuego… Fíjate si hay riqueza en estos catálogos y ¡no están todos!

Los editores locales se han agrupado para que se les tenga en cuenta. ¿Se puede sacar la cabeza en el mundo editorial si no estás en Madrid o Barcelona?

Se puede sacar, pero ¿nos basta? No nos basta, está esta cosa de que en las provincias arañamos por la visibilidad. Si no hablan de ti en Madrid o Barcelona, esas ciudades que un poco tontamente son las que consideramos con algo así como estirpe editorial, parece que no existes. Esa batalla consume unos recursos muy altos y al final pasas de puntillas por tu ciudad.

Recomiéndanos un par de sellos sevillanos.

No puedo decantarme por un par, sería muy injusto, ya he mencionado muchas, pero gracias a que impulsamos el Festival Bookstock, una feria de libros y música donde invitamos a muchas editoriales independientes, hemos potenciado la relación de Caótica con todas las editoriales de la ciudad y acercado a los lectores con las editoriales autóctonas que quizá desconocía; eso formaba parte del espíritu del evento.

¿Habrá Bookstock este año?

Pues aún no lo sabemos. Como todos los eventos programados para este año, dependemos de la evolución del coronavirus. Estamos pensando que quizás podríamos hacerlo de manera excepcional invitando solo a editoriales sevillanas. Sería un Bookstock muy local.

¿Cuál es la feria más rancia de Andalucía?

(Risas). No hay feria rancia. Rancio es el concepto de la feria en sí. Así como las librerías estamos en constante reinvención, las ferias del libro no pueden quedarse atrás.

¿Qué le pasa a la Feria del Libro de Sevilla? ¿Hay posibilidades de mejora?

Lo primero que tenemos que hacer es admitir que la herencia de la anterior Feria del Libro de Sevilla tiene muchísimo peso y es difícil romper con ese modelo tan fosilizado e impuesto por los anteriores gestores durante tanto tiempo. No dudo que haya vocación de ruptura, pero creo que como con todo, Sevilla es una ciudad a la que le cuesta cambiar, le cuesta romper con los modelos tradicionales por muy malos que sean, y con esto no quiero decir que todo lo tradicional sea malo. Como digo, estamos en un primer momento en el que hay una vocación por parte de las nuevas gestoras de la FLS de romper con el pasado, pero todavía no se ha cristalizado. La primera feria del libro con nueva gestión tuvo algunos nuevos rasgos, la segunda no se ha llevado a cabo, no lo sabremos nunca, porque incluso no se llegó a saber mucho de su planteamiento. Me gustaría que, para plantear nuevas posibilidades (y es extensivo a todos los modelos de ferias del libro), se pensara en la librería como centro y no las plazas públicas como centro. Hay usuarios tienen una sola visita obligada al año con la librería y es cuando la montaña va a Mahoma. Y ahora que se imponen nuevas maneras de relacionarse, el reto es mayor si cabe. No renovar modelos es un error y hasta un delito. Nos estamos jugando la continuidad. Quiero pensar que la próxima, la tercera feria de la nueva gestión, va a tener más oportunidades para romper con el modelo anterior. Y hasta ahí puedo leer. Lo demás son expectativas.

Además de librera eres editora, hace poco te hiciste cargo junto a Javier González-Cotta de la revista cultural Mercurio, decana de las revistas literarias de nuestro país. Háblanos del nuevo proyecto.

Ese es otro proyecto apasionante. Y debería decir que también estamos, entonces, en el mismo bando de las editoriales locales independientes, pero de eso ya hemos hablado. Mercurio, efectivamente, tiene un bagaje de más de veinte años en la reseña literaria. Después de unos años en manos de la Fundación Jose Manuel Lara, y cuando parecía que estaba condenada a morir, Javier quiso contar conmigo, y por ende con Caótica, para rescatarla. Y al hacerlo le hemos querido quitar diez años de encima. La hemos convertido en una jovencita, con la cabeza amueblada de un foco más amplio en todos los ámbitos de la cultura y de una belleza atractiva a la que es imposible resistirse, por dentro y por fuera. Ha cambiado el formato, cuida mucho más el diseño y las ilustraciones (que están a cargo de Sofía Fernández Carrera, que está realizando un trabajo exquisito), ha cambiado el tono hacia el desenfado, sin abandonar el rigor y la profundidad, y es una revista que puede fardar de un equipo de colaboradores excepcional. De nuevo es un proyecto cooperativo (la renovación ha llegado a lo más profundo) y es un proyecto independiente y autofinanciado. Es cierto que la crisis del coronavirus también nos ha dado un revés apenas estrenarnos pero, estamos decididos a encauzar la trayectoria y seguir adelante. Nos queda mucho por hacer y esto no ha hecho nada más que empezar.

Afortunadamente, sale por fin el número que teníamos secuestrado por el COVID-19 a principios de julio y va a ser un número memorable. La revista mantiene su gratuidad, nos gusta decir que «somos gratuitos, pero no para gente gratuita», y tiene caracter bimensual (covid mediante). Pero para los que la bimensualidad les sepa a poco, está la web que actualiza sus contenidos diariamente. Solo puedo hablar bien de ella. Estamos orgullosísimos de la criatura.

En Mercurio escribes sobre el mundo editorial desde una posición muy combativa. ¿Hay muchas cosas que mejorar? ¿Es momento de renovar los desafíos y ser valiente?

Si en este momento no somos valientes, no va a haber otro momento en la historia del libro que lo propicie tanto. Lo tengo claro, clarísimo. Si una pandemia mundial le ha echado el freno a todo, si de aquí no salimos con una propuesta y un nuevo planteamiento, ¿cuándo diablos lo vamos a hacer? ¿Cuándo vamos a volver a tener una ocasión como esta? Últimamente me aferro mucho a la cita de Orwell que dice «En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario». Hoy hace falta decir muchas verdades en el sector editorial para que haya un cambio. Como ha hecho la editorial Errata Naturae, no comparto su postura al cien por cien, pero es de una valentía radical; otros editores pueden compartirlo o no compartirlo, como yo, estar de acuerdo o no, pero desde luego genera un debate y una reflexión que son necesarios. Al final, si no hay gente valiente que se atreva a llevar la contraria y decir verdades incómodas, no se provoca el cambio. O te ponen el dedo en el ojo, o no haces ningún esfuerzo por apartarlo.

¿Qué necesita Sevilla para terminar de eclosionar culturalmente? Es una de las ciudades más grandes, pero no termina de tener un ritmo como Granada…

En Sevilla hay un reinado de la cultura tradicional, que tiene que ver con el poder adquisitivo, que se percibe como cultura de clanes y con rasgos clasistas, con un arraigo muy profundo, tan profundo que pareciera imposible influir apenas sobre ella. Existe otra cultura posible, alternativa, underground, social, pero nos faltan medios para hacer que la ciudadanía se apropie de ella y la reivindique al mismo nivel que esa otra cultura tradicional. Hace falta trabajar esa posibilidad de apropiación desde los barrios, impactar en lo popular, que la oferta cultural en los barrios también sea disruptiva. Que genere cambio. Los gestores culturales alternativos de la ciudad aspiramos a provocar vientos de cambio que sean capaces de despeinar el pelo engominado o lacado de esa población cerrada en bloque sobre la cultura tradicional, a generar fisuras por las que se cuelen otra forma de hacer, transmitir y de vivir esa cultura. Esta ciudad no va abandonar nunca ese carácter barroco del claroscuro, esto sí debería ser una oportunidad para trabajarlo y conseguir que la cultura tradicional y la alternativa sea una unidad en sí misma, más polarizada y evidente.

Eres emprendedora, diseñadora, editora, pero sobre todo librera; recomiéndanos un libro clásico y una novedad para leer este verano.

Ahora más que nunca, lo llevaba recomendando años, pero es obligado recuperarlo, Los ensayos de Montaigne. Si es posible, edición Acantilado, porque es la edición definitiva. Es para mí una lectura muy contemporánea puesto que, sin haber nacido con esa vocación, es un texto muy fragmentario y muy ágil. Adentrarse en Los ensayos es adentrarse en un refugio de meditación, reflexión y calma frente a las adversidades. Un oasis de pensamiento. Y una delicia de texto. Es un libro que siempre he recomendado tener en la mesita de noche, puesto que en cualquier momento puedes leerte un solo texto y te ha sembrado una semilla en la cabeza para vislumbrar cosas que de otra manera no verías. De rabiosa actualidad, como se dice. Y, al ser fragmentaria, no importa de cuánto tiempo o energía dispongas, siempre te aguarda un descubrimiento.

En cuanto a novedades, para gustos colores. A pesar del recorte editorial, hay múltiples opciones según las aficiones del lector. Yo no dejaría de leerme, ya lo he mencionado, La desaparición de los rituales de Byung-Chul Han, editorial Herder, como recomiendo siempre muchos ensayos suyos anteriores. Un libro para los que gustan como yo de este género, para leer con lápiz en mano y hacer subrayados entusiastas y reveladores.

Maite nos ha explicado cómo va a aprovechar lo mejor de Caótica en la nueva normalidad, que no tiene porqué ser normal. Ella la hace extraordinaria, y tú también puedes conectarte a esa corriente. La de una no normalidad conectada a un mundo más sostenible. El primer MINI 100% eléctrico con cargador wallbox incluido es el mejor comienzo. Y empieza aquí https://www.mini.es/mini-electric