El caso del perro marrón

oie_6196122j1iil7z
Reconstrucción de la clase de vivisección de Bayliss, 1903. Imagen: University College London archives (DP).

El catedrático de fisiología del University College London William Bayliss (1860-1924) acuñó la palabra «hormona», descubrió una de ellas, la secretina, y fue el primero que describió el movimiento peristáltico de los intestinos. Bayliss quería comprobar si el sistema nervioso controlaba la secreción del páncreas como postulaba Iván Pavlov con sus perros y sus campanitas. La oportunidad surgió en febrero de 1903, en una práctica delante de sesenta estudiantes de medicina, en la que usó un pequeño terrier marrón al que había hecho una operación en el páncreas. En aquella segunda práctica expuso sus glándulas salivares para que los futuros médicos pudieran ver su inervación nerviosa y su irrigación sanguínea y, finalmente, usó el perro para explicar las respuestas del sistema nervioso periférico ante distintos estímulos, revisando los postulados de Pavlov. Al final, el can fue entregado a un estudiante de investigación, Henry Dale, que luego ganaría el premio Nobel, y era el encargado de sacrificar a los animales al terminar la práctica.

Desafortunadamente para Bayliss, en la clase se habían colado dos estudiantes suecas, Louise Lind af Hageby y Leisa Schartau, de la London School of Medicine for Women, feministas y contrarias a la experimentación con animales, que dijeron que aquello era un ejemplo de crueldad, que el animal estaba sin anestesiar y que los estudiantes se habían pasado la clase haciendo bromas y riendo, una experiencia que resumieron años después en un libro titulado Los mataderos de la ciencia: extracto del diario de dos estudiantes de fisiología.

Los datos recogidos por las activistas suecas, si eran ciertos, indicaban que se había violado la ley sobre experimentación animal de 1876 que prohibía usar el mismo animal en más de un experimento y Stephen Coleridge, bisnieto del poeta Samuel Taylor Coleridge, y secretario de la Sociedad Nacional contra la Vivisección —una vivisección es una disección cuando el animal todavía está vivo— al leer el diario de las dos muchachas, acusó a los médicos de crueldad «si esto no es tortura, que nos digan en nombre del cielo qué es tortura» en una conferencia celebrada el 1 de mayo, a la que asistieron entre dos mil y tres mil personas y cuyos mensajes clave fueron recogidos por la prensa local.

Bayliss, el catedrático que dirigía la práctica, pidió a Coleridge una disculpa y al no recibirla le denunció por difamación. Tras un agrio juicio celebrado cuatro meses después, donde explicó que hacer varias operaciones en el mismo animal permitía usar menos perros, ganó el caso. Coleridge le tuvo que pagar dos mil libras más otras tres mil en costas, una pequeña fortuna que abonó al día siguiente con un cheque. Bayliss donó el dinero al University College de Londres para usarlo en investigación aunque no lo denominó —como le sugirió el Daily Mail— «Fondo para la Vivisección Stephen Coleridge». Por su parte el Daily News, que apoyaba a la otra parte, pidió donaciones y recaudó cinco mil setecientas libras para apoyar a Coleridge y cubrir sus gastos, más de lo necesario. Ir a juicio, aun con el riesgo de perderlo, parece que fue el objetivo de Coleridge desde el principio, con objeto de conseguir la mayor repercusión pública para las ideas de los que, como él, se oponían a la experimentación con animales.

Anna Louisa Woodward, una rica londinense, fundadora de la Liga Mundial contra la Vivisección, pensó que era importante mantener el interés de la opinión pública por el tema y encargó una fuente con una estatua del perro en un pedestal. El monumento fue aprobado por el consistorio radical-socialista de Battersea, un barrio obrero de Londres, y se erigió en una zona de viviendas sociales donde fue inaugurado en septiembre de 1906. Llevaba una placa con la siguiente inscripción:

En memoria del terrier marrón llevado a la muerte en los laboratorios del University College en febrero de 1903 después de haber soportado vivisecciones durante más de dos meses y haber sido pasado de un vivisector a otro hasta que la muerte vino a liberarlo. También en memoria de los doscientos treinta y dos animales viviseccionados en el mismo lugar durante el año 1902.

Hombres y mujeres de Inglaterra: ¿hasta cuando seguirán pasando estas cosas?

oie_q00efuwjn9ol
La fuente en memoria del perrete. Fotografía: autor desconocido (DP).

Los estudiantes y profesores de medicina se quejaron de la naturaleza acusatoria de la inscripción y del ataque a su formación práctica dejando claro su malestar. Las revistas médicas también tronaron en contra del monumento, mientras que sus partidarios lo veían como un símbolo del progreso político hacia una mayor justicia social y una protesta contra el establishment ejemplificado por ese grupo peculiar, la clase médica.

Un año después, en noviembre de 1907, un grupo de estudiantes intentó atacar la estatua pero fueron dispersados por los gendarmes londinenses. Diez de aquellos estudiantes, que fueron bautizados por la prensa como los antidoggers, los antiperros, fueron detenidos por dos policías y un médico local escribió al periódico South Western Star lamentándose de lo que consideraba un signo de la degeneración de los futuros médicos: «Recuerdo cuando hacían falta más de diez policías para hacerse con un estudiante. La raza anglosajona está acabada».

Parte del ambiente social tenía que ver con una novela de ciencia ficción. Pocos años antes, en 1896, H. G. Wells había publicado La isla del Dr. Moreau. En la obra, un hombre rescatado de un naufragio es trasladado a una isla remota en el océano Pacífico, propiedad de un médico, el doctor Moreau. Moreau —por cierto un fisiólogo londinense— crea seres híbridos con un aspecto humanoide a partir de animales mediante un procedimiento que podríamos llamar de corta y pega quirúrgico, algo con ciertas similitudes con la vivisección. La novela generó un profundo revuelo social sobre temas como el dolor, la crueldad, la responsabilidad moral y la interferencia del hombre en la naturaleza, y fue parte de un debate social sobre la experimentación animal, nuestra relación con los demás seres vivos y la teoría de la evolución.

En Londres, mientras tanto, los disturbios continuaron y se empezaron a conocer como los «Brown Dog Riots», los  tumultos del perro marrón. Un juez puso multas de cinco libras a varios jóvenes que habían participado en ellos y eso hizo que más de mil estudiantes de medicina salieran de la universidad y de los hospitales e hicieran una manifestación llevando estacas con perros en miniatura encima y una efigie a tamaño natural del juez que intentaron quemar, y finalmente no debía prender bien  arrojaron al Támesis. Los manifestantes asaltaron oficinas y reuniones de sufragistas porque se generalizó entre ellos la idea de que las mismas que defendían el voto femenino eran las que estaban en contra de usar animales en la docencia, y que eran ellas las que habían elegido al perro pardo como su emblema, erigiéndole ese monumento. Uno de los enfrentamientos se saldó con las mesas de un local rotas y un titular del Daily Express que decía «Estudiantes de medicina luchan galantemente con mujeres».

El punto culminante fue el 10 de diciembre, cuando cien estudiantes quisieron derribar la estatua del perro marrón. Lo habían organizado el mismo día del partido de rugby entre Oxford y Cambridge, confiando en que los numerosos asistentes al partido se les unirían en la batalla con la policía, pero no fue así. A continuación los antidoggers intentaron asaltar el hospital de los antiviviseccionistas, un centro médico donde no se hacía experimentación con animales aunque es de suponer que aplicasen los resultados conseguidos en otros centros que sí lo hacían. Cuando uno de los estudiantes se cayó del tranvía al que se había subido, los operarios de la línea se negaron a llevarle al hospital indicando que era «la venganza del perro marrón», pero puesto que el más cercano era precisamente el de los defensores de los animales, el British Medical Journal comentó después que  la decisión podía haber «nacido de la benevolencia» por no llevar al muchacho herido al centro de sus enemigos. La cosa se fue radicalizando más y más. Esta revista, el British Medical Journal, seguía recibiendo cartas de médicos indignados, una de las cuáles decía: «Cuando un estudiante amante de la paz pacíficamente desfigura [la estatua] con un martillo está cumpliendo su deber moral con su universidad, sus profesores y sus camaradas y su estricto deber legal con su país y su rey».

oie_rq4irm5tuk4b
Las promotoras del International Anti-Vivisection Congress, 1913. Fotografía: Library of Congress (DP).

Los estudiantes fueron dispersados por la policía con cargas a caballo y uno de ellos fue detenido por «ladrar como un perro». Los disturbios siguieron durante meses, a los estudiantes de medicina se unieron los de veterinaria y unos y otros reventaban las reuniones de las sufragistas tirando las sillas y lanzando bombas fétidas. Era una mezcla de causas: a las antiviviseccionistas —tres de las cuatro vicepresidencias de la sociedad contra la vivisección estaban ocupadas por mujeres— se unieron los sindicalistas, los marxistas, los liberales y las sufragistas. Aun así, no todas las sufragistas eran antiviviseccionistas ni viceversa, pero había también cierta batalla de sexos: los estudiantes de medicina y veterinaria eran casi todos hombres mientras que un número importante de los antiviviseccionistas eran mujeres. Para muchas mujeres aquella lucha era parte de la rabia que sentían contra el estamento médico, por las sufragistas en huelga de hambre que eran alimentadas a la fuerza en prisión por médicos, o por las mujeres a las que se les extraían los ovarios y los úteros como cura para su histeria. Las dos partes se veían como los herederos del futuro, los promotores de la modernidad. Las sufragistas y antiviviseccionistas consideraban que la experimentación con animales y la prohibición del voto femenino eran dos caras de una misma realidad patriarcal, dominadora y cruel. Los estudiantes, por su parte, decían que ellos y sus profesores era un «nuevo sacerdocio» y las antiviviseccionistas y sus aliados los representantes de la superstición y el sentimentalismo.

Mientras tanto, la policía puso protección permanente a la estatua, lo que llevó a una nueva vuelta de tuerca pues hubo preguntas en la Cámara de los Comunes sobre cuánto costaban los seis policías diarios que eran necesarios para mantener la guardia de veinticuatro horas. Finalmente, tras las elecciones locales de noviembre de 1909, el nuevo consistorio de Battersea decidió que no querían seguir siendo el campo de batalla entre unos y otros, y sin decirlo —quizá pensaron que «muerto el perro se acabó la rabia» quitaron la fuente a escondidas, para lo que enviaron cuatro obreros protegidos por ciento veinte policías y la llevaron a un lugar secreto en las primeras horas del 10 de marzo. La retirada de la estatua generó una protesta de tres mil antiviviseccionistas en Trafalgar Square que demandaban que fuera devuelta inmediatamente a su emplazamiento original, pero no se hizo y fue fundida a escondidas años después.

En 1985 una nueva estatua en memoria del perro pardo fue erigida en el parque de Battersea, aunque hubo también polémica sobre la pose elegida por el escultor y sobre su localización. En la vieja estatua el perro estaba recto y desafiante, en la nueva, enroscado y con la cabeza gacha, parecía suplicar piedad. Además, los enemigos de la experimentación con animales se quejaban de que la estatua estuviese casi oculta. En 1992 fue retirada y en 1994 se volvió a instalar, pero en el pabellón de críquet del Viejo Jardín inglés, un lugar mucho más discreto que el que ocupó anteriormente.

Curiosamente, el perro también se convirtió en un símbolo de ambos grupos: la Sociedad para la Protección de los Animales expuestos a la vivisección tenía un perro en su logo y la Physiological Society, la asociación científica de los fisiólogos, los principales protagonistas de la experimentación con animales, también tenía una pequeña estatua de un perro que situaban en un lugar preferente en sus congresos y sus reuniones hasta que fue robada del maletero de un coche en 1994. Esa estatua fue usada para fabricar réplicas que se entregaban a los fisiólogos más respetados en el momento de su jubilación. La estatua original había sido presentada a la Sociedad en octubre de 1942 por Henry Dale, el hombre que sacrificó al perro marrón y, de hecho, muchos fisiólogos británicos todavía creen erróneamente que el emblema de su sociedad es ese animal concreto.

La controversia no ha desaparecido y sigue habiendo personas en contra de la experimentación con animales, mientras que médicos, científicos y asociaciones de pacientes, de forma prácticamente unánime, lo consideran un mal menor y necesario para seguir avanzando en nuestra lucha contra la enfermedad y para valorar la seguridad de nuestros productos químicos, incluyendo fármacos, pesticidas y detergentes. Los científicos utilizamos una estrategia denominada de las tres R: reducción (usar el mínimo número de animales posible, que suelen ser ratas y ratones), refinamiento (hacer todos los procedimientos con un cuidado extremo) y reemplazo (en lo posible sustituir los animales por células, modelos informáticos o cualquier otro procedimiento que no requiera animales vivos), pero el debate sigue vivo un siglo después. Hace unos años lo único que quedaba de la vieja estatua del perro marrón era una marca en el pavimento y un cartel en una valla cercana que ponía «No Dogs», «No se admiten perros».

oie_6191220jx0kjxlz
Manifestación en contra de la retirada de la estatua. Imagen: Library of Congress (DP).

Para leer más:

  • Baron JH (1956)  «The Brown Dog of University College». Brit Med J  2 (4991): 547–548.
  • Galloway J (1998) «Dogged by controversy». Nature 394: 635-636.
  • Mason P (1998) The Brown Dog Affair. Two Sevens Publishing, Londres.


El Capellán de la Virgen y el perro de Pavlov

El Capellán de la Virgen (1623). Imagen: Biblioteca Nacional de España.
El Capellán de la Virgen (1623). Imagen: Biblioteca Nacional de España.

Este artículo ha obtenido el primer premio del concurso DIPC de divulgación del evento Ciencia Jot Down 2015

Van siendo cada vez más conocidas las similitudes entre la famosa magdalena de Proust y el más famoso todavía perro de Pavlov. También se ha escrito sobre la relación del perro de Pavlov con la tolerancia a las drogas, el café, y los refrescos, por poner algunos ejemplos recientes. Podríamos incluso destacar la importancia de Pavlov, y toda la investigación posterior que siguen generando sus propuestas, en el tratamiento de desensibilización de los niños alérgicos, así como, de forma más general, en el condicionamiento de la función inmunológica. Son solo algunos ejemplos de la importancia del trabajo pionero de Pavlov y su influencia posterior en la psicología y fisiología. Lo cierto es que Pavlov fue galardonado con el Premio Nobel en 1904 y a día de hoy está en todas partes. Solo hay que mirar la realidad con un poco de cariño, e ir un poco más allá del detalle de que el perro salivaba al escuchar el sonido del diapasón y preguntarse por qué salivaba, ¿qué era lo que realmente llamó la atención de Pavlov?

Si el perro saliva es porque ha pasado por un proceso de aprendizaje. Los perros no nacen salivando ante sonidos. El perro que saliva ante un sonido ha tenido que aprender antes que ese sonido predice comida. Y esto es un tipo de aprendizaje complejo y vital. El perro, al igual que los humanos y los demás animales, aprende a predecir lo que ocurrirá a continuación fijándose en señales sencillas de su ambiente que han sido bien condicionadas. Y una vez que el animal entra en contacto con la señal, predice que va a recibir comida, y se ponen en marcha de manera inmediata, y sin requerir el control voluntario, las primeras fases del sistema digestivo, la salivación en este caso, preparando al organismo para recibir la comida. Es así de sencillo y así de bonito. Aprendemos a predecir nuestro entorno, y nuestro organismo se anticipa respondiendo adecuadamente a los eventos ambientales que están por llegar. Se adapta al ambiente anticipándose a él. Esta capacidad de aprender a predecir lo que ocurrirá a continuación es muy valiosa en la vida de cualquier animal, también en la especie humana. Un organismo que no sea capaz de aprender a predecir los eventos importantes de su entorno y prepararse adecuadamente para ellos morirá joven. Como es lógico, además, la respuesta anticipatoria del organismo no será siempre la salivación, sino que se adaptará a la perfección a lo que el organismo espera que vaya a ocurrir. Si fuera un estímulo doloroso en lugar de alimento lo que el organismo espera que ocurra tras una señal determinada, se pondrá en marcha una reacción de miedo condicionado que hará que se produzca inmediatamente una respuesta de huida. Y lo mismo para otros estímulos biológicamente significativos (estímulos sexuales, frío, calor, drogas, medicamentos, cobijo, etc.). Todos ellos producirán una respuesta del organismo que, de manera automática, se anticipará a la llegada del estímulo biológicamente significativo utilizando para ello señales del ambiente que ayudarán a predecirlo gracias al proceso de condicionamiento clásico o pavloviano. Ejemplos de este proceso son, como mencionábamos al principio, la felicidad que evocaba la famosa magdalena de Proust, y, también, las reacciones de tolerancia a las drogas. Y tantas, tantas cosas.

Pues bien. En estas andaba yo, leyendo experimentos pavlovianos para pasar la tarde, cuando resulta que me encuentro que existe una carta en la que el filósofo René Descartes (1596-1650) mencionaba la posibilidad de hacer un experimento de condicionamiento como los de Pavlov. También con perros, sí. Sin magdalenas, de acuerdo. Pero ojo, ¡en el año 1630!  Pavlov vivió entre 1849 y 1936. Proust entre 1871 y 1922. No sabemos aún si se leyeron mutuamente o fue casualidad que escribieran los dos sobre el condicionamiento clásico, el uno con perros, el otro con magdalenas. ¡Pero es que el bueno de Descartes andaba ya, mucho antes que ellos, nada menos que en 1630, describiendo en una carta cómo podrían hacer el experimento! A punto estuvo monsieur Descartes de pisar el experimento a Pavlov. Eso sí, tratándose de un experimento imaginario, Descartes pensó en utilizar un violín, nada de un mundano diapasón como el que usó después Pavlov. Experimentos con violines. Eso es glamour y lo demás son tonterías. Pena que no llegó a realizarlo. Esto ocurría más de doscientos años antes de que nacieran Pavlov o Proust. ¡Habría adelantado la historia de la humanidad! Estaríamos ahora en el mismísimo futuro. Igual. O no. Quién sabe. No sé si importa realmente.

Pero el caso es que, cuando te encuentras con que hay una carta de Descartes describiendo el experimento de Pavlov con doscientos años de antelación, no te queda más remedio que seguir investigando. Y una web te lleva a otra y esta a otra, y la otra a un artículo y… al final te acabas encontrando con El capellán de la Virgen, una obra de D. Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635). Sí. El mismo.

Parece ser que nuestro gran Lope, el «Monstruo de la Naturaleza», como lo llamaba Cervantes, se adelantó a todos ellos, a Proust, a Pavlov, a Descartes, y a todos los demás. Nada menos que en 1623, has leído bien, 1623, publicó ya nuestro SuperLope la primera descripción del condicionamiento clásico. (Ay, qué poquito le faltó también para pisar el experimento a Pavlov).

Pero como me seguía pareciendo bastante increíble todo este lío de cartas, experimentos y novelas, continué investigando un poco más en internet, y me encontré, esta vez, con un artículo escrito en 1970 por R. J. Laurenza, donde menciona al profesor Arjona, de la Universidad de Connecticut, en Estados Unidos, que atribuye a Lope de Vega la primera descripción conocida de los reflejos condicionados. ¿Sabéis lo que eso significaría, verdad? ¡Que tendríamos que cambiar todos los libros de texto de psicología!

Evidentemente mi reacción fue pensar que esta historia no tiene ni pies ni cabeza y que Laurenza o Arjona, o quizá los dos, sencillamente no tienen mucha idea de lo que son los reflejos condicionados y pretenden atribuírselos a Lope de Vega con más buena intención y orgullo patrio que con rigor científico y conocimiento de causa. Sigo leyendo a Laurenza, pues, sin esperar mucho. Y para mi enorme sorpresa, así resume Laurenza la escena del condicionamiento Pavloviano en la obra El capellán de la Virgen (1623), de Lope de Vega:

texto
Imagen: Biblioteca Nacional de España

Maravilloso.

Tiro un poco más del hilo, y resulta que existe incluso un artículo publicado en 1955 en el American Psychologist, una de las principales revistas de psicología del mundo, con el título: «Lope de Vega on early conditioning». ¡En 1955! Ahí os dejo eso. A cambiar los textos.

Y ya para los más románticos, pero sin que sirva de precedente, que no suele ser buen consejo, he aquí el original de Lope, en verso:

El Capellán de la Virgen (1623). Imagen: Biblioteca Nacional de España.
El Capellán de la Virgen (1623). Imagen: Biblioteca Nacional de España.

Para saber más:

Bousfield, W. A. (1955). «Lope de Vega on early conditioning». American Psychologist, 10 (12), 828. doi: 10.1037/h0046749. Enlace

Domjan, M. (2003). Principios de aprendizaje y conducta. (5.ª Edición). Madrid: Paraninfo.

Laurenza, R. J. (1970). «La poesía como intuicion y conocimiento: Lope de Vega y los reflejos condicionados». Perspectivas de la UNESCO, 569 (II), 29-31. PDF

Lope de Vega, F. (1623). El Capellán de la Virgen. Edición digital. Biblioteca Nacional de España.

Matute, H. (2003). «La magdalena de Proust y el perro de Pavlov». E-ciencia. Enlace

Matute, H. (2015). «Las drogas, el café y el perro de Pavlov». Cuaderno de Cultura Científica. Enlace

McNamee, R. V. & Parker, D. (2013). «Descartes’ dog». OUPblog. Oxford University Press. Enlace

Pavlov, I. (1927). Los reflejos condicionados. Traducción de Editorial Morata, Madrid, 1997.

Ribera, A. (2011). MATERNITY (LXX): M. vale millones y el día de San Huevo Frito.Cosas que (me) pasan. Enlace


Héroes de la psicología soviética: Luria y el experimento Uzbekistán

Alexander Luria (DP)
Alexander Luria (DP)

La psicología es una ciencia fascinante por muchas razones, una de las cuales es encontrarse atravesando por una especie de adolescencia, de la que tiene muchos síntomas. El hecho de no estar aún bien consolidada como disciplina científica «adulta» la hace indiscutiblemente todavía más atractiva; no solo se debate entre un arsenal de incertidumbres y complejos sobre su propia naturaleza (del cual es muy evidente el de la «bata blanca»), sino que se abren multitud de apasionantes incógnitas sobre su propio objeto de estudio, que van cambiando casi a diario dada su amplitud y complejidad. El resultado es un crecimiento desigual, confuso en ocasiones y conflictivo, como si se tratara de una pubertad en la que uno ha de encontrar su lugar en el mundo atormentado por preguntas existenciales.

Algunas de ellas han generado agrias polémicas, cismas y corrientes divergentes, como la clásica cuestión alrededor del individualismo frente al peso del cuerpo social en el desarrollo de la persona: ¿cómo influye la colectividad en la que crecemos en nuestro propio desarrollo psicológico? ¿Hasta qué punto somos «libres» de elegir o en cambio somos criaturas restringidas por nuestra época y cultura? No hace falta tener un máster para encontrarle las cosquillas políticas a este problema, lo que contribuye a complicarlo aún más. El caso es que si nos arremangamos para profundizar en esto nos tropezamos con otro de los ejes principales en que psicólogos, investigadores y aficionados se tiran los trastos a la cabeza. ¿Qué es lo que puede estudiar satisfactoriamente la psicología? El acercamiento cientifista parte de aquello observable, del sustrato biológico y se centra únicamente en procesos básicos como atención, memoria o el estudio de las funciones cerebrales hurgando en los sesos de la gente. Sin embargo, hay un abismo que separa todavía lo que conocemos en este terreno de los procesos psicológicos superiores, tan subjetivos e inatacables ellos, como el pensamiento, la abstracción o el lenguaje. Pues bien, resulta que en la época y el lugar más insospechado tuvo lugar un único e irrepetible estudio alrededor de estos asuntos de resultados bastante interesantes. Estoy hablando nada menos que de Uzbekistán, 1931.

Sí, amigos, en la antigua Unión Soviética se pone de manifiesto esta cuestión y además lo hace en formas bastante peligrosas, por lo que astutamente he elegido este escenario de emociones fuertes y montañas … rusas —risas en lata aquí— para ilustrarla. Dedicarse a la ciencia en la URSS podía meterte en graves aprietos si cometías la torpeza de centrarte exclusivamente en tu trabajo y no atender a las implicaciones políticas de las conclusiones, por lo que la investigación se convertía en una especie de ruleta…rusa. Ya, ya paro, prometido.

A falta de teología con la que discutir sobre sexo de los ángeles, la psicología podía resultar comprometida por poner en entredicho o interpretar libremente alguno de los supuestos teórico-prácticos fundamentales del marxismo. Y ya saben lo que pasa cuando uno ataca las bases del dogma: tomar postura en este debate te podía costar muy caro, ya que sugerir una vía alternativa a la doctrina oficial conllevaba sorpresitas en forma de ostracismo, condena y olvido. El Partido podía borrarte de la foto de un plumazo, camarada, esgrimiendo la espantosa acusación de «idealista», que aunque parezca ridículo era un asunto muy serio. Así que los grandes de la disciplina en la URSS tuvieron que hacer juegos malabares para poder seguir dedicándose a la investigación de lo suyo.

Y el caso es que los grandes de la psicología soviética eran bastante grandes. Al estallar la revolución y fundarse la nueva sociedad sobre principios marxistas, oficialmente la doctrina era el materialismo dialéctico. Si se fijan bien, materialismo implica conocimiento sobre la realidad material basado en la experimentación, mientras que la dialéctica —tesis, antítesis y síntesis de Hegel— tiene una dimensión social del tamaño de la catedral de Burgos. Esta discrepancia abre la pregunta de cómo se transforma un pequeño bebé soviético, todo biológico y material él, en un socialista inserto adecuadamente en la colectividad. Como fuere que Marx pasó de considerar este asunto, la dirección del Partido decidió que ni puñetera falta que hacía: el Instituto de Ciencias de la URSS determinó que la única línea a seguir eran los estudios de Pavlov sobre reflexología, más conocidos como los de perritos salivando. Así que solo la psicología fisiológica era científica y marxista, curioso y paradójico paralelismo con la por entonces naciente corriente conductista en los EE. UU.

Y aquí aparece un señor genial, Lev Vygostki, a llevar la contraria. Sin haber completado unos estudios formales de psicología, Vygotski puso patas arriba la comunidad científica de su época. Y eso que tuvo tiempo limitado, ya que murió de tuberculosis con treinta y siete años. Lector de Freud y Piaget, además de interesado en filosofía, literatura y teatro, propuso un modelo conocido como psicología socio-histórica, que defiende a grandes rasgos que el desarrollo intelectual y el aprendizaje del lenguaje en el niño no son un todo sino que corren paralelos, siendo este último no solo una herramienta para comunicarse con los adultos, sino para interiorizar la cultura de los que le rodean y desarrollar así su pensamiento racional. Esto a Vygotski le parecía mucho más marxista, dónde va a parar, pero las autoridades comunistas no estuvieron de acuerdo. Aquello no era científicamente comprobable y más bien poco «materialista», por lo que su obra cayó en el olvido hasta hace pocas décadas en que se descubrió en Occidente la versión uncensored. Paradójicamente, la dimensión social de la psicología no interesaba en un estado socialista.

Lev Vygotski, el Mozart de la psicología. (DP)
Lev Vygotski, el Mozart de la psicología. (DP)

Sin embargo, pocos años antes de fallecer en 1934, ideó un experimento crucial junto con sus colegas Leontiev, Zajárova y especialmente el gran Alexander Luria, que finalmente fue quien lo dirigió porque Lev no andaba fino de salud. Este neuropsicólogo se convirtió en uno de los más ilustres investigadores de la URSS y fue frecuentemente invitado a congresos internacionales; durante muchos años mantuvo correspondencia con Oliver Sacks, con el que compartía su pasión por el estudio de las lesiones cerebrales. Precisamente fue este campo de estudio de Luria, las lesiones cerebrales (para el cual contó con abundante material en cuanto estalló la Gran Guerra Patriótica), el que le permitió esquivar la prohibición que cayó sobre la obra de Vygotski. Al fin y al cabo, el cerebro es una cosa material, ergo científica y marxista. También le ayudó mantener en secreto los resultados de su investigación en Asia Central, que no publicó hasta 1974 en el libro Los procesos cognitivos. Análisis socio-histórico. Se dedicó a mantener pues un perfil más bien bajo teniendo en cuenta además que era judío —condición que se convirtió en delicada a mediados de los 4cuarenta— y psicoanalista, doctrina condenada por pequeñoburguesa por el PCUS.

Uzbekistán en 1931 era poco más o menos como la describe Borat: una región de Asia Central que permanecía prácticamente en el medievo, con una economía agraria, organización tribal, analfabetismo, islamismo y tradición por todas partes. La Revolución acababa de llegar allá de manos de técnicos del Partido, desembarcando con todas sus nuevas ideas sobre propiedad colectiva, marxismo y educación. Se construyeron  escuelas, hospitales y carreteras con la misión de convertir a aquellas gentes en una sociedad moderna y socialista en una generación. Toda esta reforma de choque la pilotaba una minoría rusa instalada en la zona compuesta por intelectuales, ingenieros y profesionales. Así que era un escenario poco menos que único en el que convivían formas de vida tradicionales con otras propias de sociedades industrializadas. Todo un pastelito para unos investigadores sociales como Marx manda.

Campesinos uzbekos en granja colectiva soviética, años treinta. (DP)
Campesinos uzbekos en granja colectiva soviética, años treinta. (DP)

El objetivo del estudio era precisamente comprobar las hipótesis de Vygotski sobre el desarrollo de las funciones psicológicas superiores, en especial el pensamiento y el razonamiento abstracto. El procedimiento consistió en realizar un buen montón de entrevistas a campesinos, pastores de camellos y mujeres que vivían prácticamente encerradas en sus aldeas sin haber recibido ningún tipo de enseñanza, en las que se les planteaban algunos problemas lógicos a resolver. Los mismos problemas se requirieron también a campesinos incluidos en programas de alfabetización y misiones pedagógicas. Las respuestas de los primeros son bastante gráficas:

Abdurjamán, de treinte y siete años, aldea de Kashgaria.

P: El algodón puede crecer solo donde hace calor y el clima es seco, en Inglaterra hace frío y humedad, ¿puede crecer allí el algodón?

R: No lo sé.

P: Piénselo.

R: Yo solo estuve en Kashgaria, no sé otra cosa.

P: ¿Pero de mis palabras se puede sacar alguna conclusión?

R: Si la tierra es buena allí, crecerá el algodón, pero si es mala y húmeda, no crecerá. Si es como en Kashgaria, también crecerá. ¡Si la tierra allí es blanda, claro que crecerá!

Campesino, treinta años:

P: Todos los osos son blancos allá donde siempre nieva. En Novaya Zemlya siempre hay nieve. ¿De qué color son los osos allí?

R: Solo he visto osos negros y no hablo de lo que no he visto.

P: Pero, ¿qué implican mis palabras?

R: Si una persona no ha estado allí no puede decir nada en palabras. Si un hombre tuviera sesenta u ochenta años y hubiera visto un oso blanco y me lo contara, le podría creer.

Cuando les señalaban imágenes geométricas, los pastores uzbecos las nombraban como objetos de uso habitual, y agrupaban objetos en función no de categorías, sino de situaciones prácticas cotidianas. Los investigadores rusos encontraron que los campesinos analfabetos utilizaban un tipo de inteligencia práctica basada exclusivamente en su experiencia y eran completamente ajenos al razonamiento abstracto y los silogismos lógicos propios de aquellos que habían sido escolarizados. Luria concluyó por tanto que mediante el aprendizaje se modificaban la estructura de los procesos cognitivos, desarrollando nuevas capacidades psicológicas. En otras palabras, que Vygotski estaba en lo cierto y los procesos psicológicos están mediados culturalmente.

Este experimento no ha estado exento de críticas una vez que salió a la luz, algunas de ellas bastante fundamentadas, como el hecho de que los campesinos analfabetos se expresaran en uzbeco mientras que los funcionarios, investigadores y personal ayudante lo hacían en ruso; no se tuvo en cuenta si los sujetos eran bilingües o no, ni el hecho de que la educación formal fuera en ruso. Por otro lado, acudiendo a la teoría de Vygotski, el propio Luria se encontraría limitado por su propia subjetividad producto de su situación histórica y cultural y podría haber pasado por alto la relación social entre él y los sujetos. ¿Lo verían como peligro potencial? ¿O por el contrario tratarían de agradarle cooperando en exceso? ¿Podrían estar mediatizadas esas respuestas? También ha sido etiquetado como polémico, pero generalmente es una objeción desde la trinchera política opuesta, que en cuanto huele la palabra marxista lo ve todo rojo (valga la redundancia). Sin embargo, el estudio se ha replicado en otras condiciones (por ejemplo en Sudáfrica en 1984) obteniendo casi idénticos resultados.

Luria y Zasetski (DP)
Luria y Zasetski (DP)

Como se puede ver, la cuestión no está ni mucho menos resuelta, aunque sí parece que la tesis de los psicólogos rusos no anda desencaminada. Sin embargo, a pesar de que podían utilizarse para bendecir las políticas de colectivización agraria, los resultados de estas expediciones permanecieron ocultos y censurados por las autoridades estalinistas, por diversos motivos. No solo sostenían los «idealistas» postulados de Vygostki, sino que el ascenso en Alemania del NSDAP empujó a la diplomacia soviética a negar cualquier tipo de teoría que afirmara diferencias raciales o nacionales…así que el estudio pasó a ser sospechoso de querer sugerir algo feo.

Luria sufrió pacientemente la censura hasta el deshielo de Jruschev  y prosiguió pues por otros derroteros más fisiológicos, entre los que se encuentran el famoso caso del subteniente Zasetski, al que trató durante veintiséis años de las graves lesiones resultado del balazo que le destrozó la zona parieto-occipital izquierda del cerebro. O el de Solomon Shereshevsky y su memoria prodigiosa, que padecía una fuerte sinestesia que le dificultaba olvidar las cosas. Hay que reconocer no solo la brillante trayectoria científica de nuestro personaje en un contexto tan represivo y totalitario, sino también la fidelidad a sus orígenes intelectuales y a las tesis de su maestro. Nunca renunció a la psicología socio-histórica ni al psicoanálisis por mucho que tuviera que enterrarlo: se cuenta la anécdota de que Cesare Musatti, presidente de la asociación italiana de psicoanálisis, visitó Moscú y preguntó allí por el hecho de que esta disciplina estuviera vista como reaccionaria en la URSS mientras que en Italia se asociaba con la izquierda. Luria le dio la versión oficial y al salir, fue al guardarropa y se puso el abrigo de Musatti, no se sabe si deliberadamente o en lapsus freudiano. Sí, podría ser accidental, pero hablamos de un congreso de psicoanalistas. Sea como fuere, el trabajo de Luria siempre mantuvo un carácter global, más allá de la pura neurología y del reduccionismo biologicista, y nunca abandonó esa dimensión social y subjetiva sin la cual la investigación en psicología está pura y simplemente coja; sus descripciones detalladas de casos, al igual que los de Sacks, son casi literarias. Luria no tuvo nunca problema en integrar ambos mundos, actitud imprescindible si uno desea acceder a una comprensión más completa de lo que constituye un ser humano.


Miguel Brieva: «El trabajo creativo no debe tener como objetivo el lucro»

Fotografías e ilustraciones cedidas por Miguel Brieva

Miguel Brieva es un inquieto ser cultivado en Sevilla durante la cosecha del 74 que se dio a conocer autoeditando su revista “Dinero” y paseándola por las calles. Su obra utiliza una  iconografía inspirada en la publicidad americana de los años 50 y reflexiona con tono ácido sobre la sociedad de consumo, la educación, la capacidad creativa, la alienación por la vía catódica o la religión. Ha participado en las publicaciones Nosotros Somos Los Muertos, TOS, La Vanguardia, Recto, Cinemanía, Rolling Stone, Ajoblanco, El País, Mondo Brutto o El Jueves entre otras. También ilustró “Al Final”, un cuento de Silvia Nanclares. Participó en los créditos de la película Astronautas y el documental “Underground, La Ciudad del Arcoiris” y toca instrumentos tan exóticos como el charango en el grupo Las Buenas NochesMondadori ha publicado recopilatorios de sus trabajos en los libros “Dinero”, “Bienvenido al mundo. Enciclopedia Universal Clismón”, y “El Otro Mundo”.

Humor: La manera más seria consecuente y gozosa de afrontar la complejidad de la existencia.
-Enciclopedia Universal Clismón.

¿Es el humor el arma más útil para la denuncia?
El humor es una herramienta fundamental para poner las cosas en su sitio, incluido a uno mismo. Nos distancia de la realidad, como lo hacen ciertas drogas, y nos permiten comprenderla plenamente, de manera desprejuiciada. No sólo es útil para la denuncia, es fundamental para vivir bien, para gozar y conocerse a un mismo tiempo. Si uno lo piensa, en el amor se manifiesta la sensibilidad; en el humor, la inteligencia.

¿Por qué cree que la gente encuentra tanto placer en el consumo?
Eso no es placer, es pulsión inducida, a menudo bordeando la insatisfacción más profunda. Pavlov estaría orgulloso de todo lo logrado.

Nos sorprende reírnos de cosas que, sopesadas con calma, son realmente preocupantes, como por ejemplo un infierno que resultase un calco de la vida real. ¿La reflexión es más eficaz si congela la sonrisa del lector?
La letra con risa entra.

¿Existe el humor inteligente o es una etiqueta para tontos?
Bueno, está el gag primigenio de alguien dándose un trompazo, que a menudo se repite incesantemente en los innúmeros programas de vídeos caseros de la televisión; luego está, por ejemplo, un sketch de Monty Python. ¿Son la misma cosa? Puedes escuchar a Tom Waits o esas interferencias sonoras que publicitan en Spotify mientras uno escucha a Tom Waits. A ambas cosas le llaman música, según parece. ¿Es eso así?

Ese humor que carece de una capacidad de reflexión, ¿juega en una liga menor?
Bueno, si desencadena la risa, algo logra. Pero no deja de ser algo que se queda a medio camino de su verdadero potencial. Por otra parte, el humor del absurdo o surrealista, o como quiera llamarse, no busca intencionadamente desencadenar la reflexión y, sin embargo, a menudo es el más incisivo de todos.

¿Es lícito bromear con las injusticias sociales?
La broma nunca puede ser lícita o ilícita; puede ser de mal gusto, eso sí. Como el arte.


Arte: Forma refinada de mercancía.
-Enciclopedia Universal Clismón.

¿Tienen más de artistas auténticos los dibujantes satíricos que las personas que llenan salas de exposición con excrementos enlatados?
Bueno, concretamente Manzoni, el de los excrementos, parecía un tipo bastante despierto e irónico. Murió como una estrella del rock and roll, a los 30 años. Al menos no era un funcionario de las artes plásticas, que es lo más desasosegante y lo que más abunda. Es evidente a estas alturas que el reconocido como Arte con mayúsculas se halla en un callejón sin salida, completamente desconectado de la población,y básicamente sirve para nutrir otro mercado más, el del arte, especialmente interesante para el poder por la subjetividad del valor de sus mercancías. Pero si desmontas todo ese engranaje de intereses no queda apenas nada, y la gente de la calle no notaría cambio alguno en sus vidas si desapareciese ese arte. Esto quiere decir que eso ya muy poco tiene que ver con el arte; ni con el arte popular, ni con el arte culto.

Del mismo modo, ¿tienen los artistas contemporáneos que se apilan en Arco algo de humoristas inconscientes?
La verdad es que sí. A menudo ves obras de las que piensas: “vaya, eso podría estar plasmado sencillamente en un chiste sobre papel, y sería más barato de hacer y más fácil de comunicar”. Eso los creadores más jocosos, claro. Los que aún pretenden atesorar una trascendencia superior y, por razones obvias, incomprendida (incomprensible, más bien), no tienen gracia alguna.

¿Salvaría a algún artista actual de la élite considerada “Arte con mayúscula”?
La verdad es que no estoy muy puesto. Recuerdo algunos nombres de gente interesante de cuando estudié Bellas Artes: Bill Viola, Raymond Pettibon. En todo caso, como dice Agustín García Calvo: “el precio del bollo en el bollo lo cambia al bollo de gusto”. Es decir, en ocasiones una misma obra, en función del contexto en que se halle, puede parecernos interesante o generarnos rechazo. Es como si alguien nos recita un bello poema de amor y luego nos pide a cambio que le ingresemos dinero en un número de cuenta. El arte oficial a mi me produce esa sensación.

En su caso el proceso creativo ¿es una necesidad fisiológica?

Más o menos, como todo lo que uno hace voluntariamente y por placer, ¿no?

¿Qué ventajas tiene el cómic con respecto a otros medios de expresión artística?
Es fácil, accesible, barato de hacer y editar, concede una libertad creativa sin límites y encima la gente se halla muy familiarizada con los códigos del lenguaje gráfico. Es el cine de los pobres que no podemos hacer cine.

¿El mundo de las viñetas está mejor reconocido como medio en la actualidad?
Se halla en proceso de reajuste, de producto de entretenimiento masivo a género de autor minoritario, cada día ocupando más un lugar entre la literatura y el audiovisual. Aunque aún quedan industrias muy potentes, como el manga o los superhéroes; esta vertiente de autor parece estar consolidándose cada día más. Pero ya veremos en qué acaba todo esto.

Entre sus influencias ha citado a Robert Crumb, Daniel Clowes, Pessoa, Winsor McCay, Tom Zé, Chris Ware o André Franquin. Por sus páginas desfilan personajes tan diversos como Robby the Robot, Kubrick resucitado o el mismo Dios como despreocupado creador de todo el tinglado. Incluso se intuyen homenajes de raíces Monty Pythonescas.
Pues sí, hay tantas cosas buenas… La influencia de Monty Python es enorme, claro, aunque creo que cualquiera que guste de practicar el humor los tendrá inevitablemente en un altar, como a los hermanos Marx.

Uno de sus sellos es la estética naïf de propaganda americana de los 50, cínica reproducción de personas felices adquiriendo objetos innecesarios. ¿La elección de esta iconografía publicitaria presuntamente ingenua pretende atacar al consumismo con sus propias armas?
Más o menos. Los albores del marketing, allá por los 50, contienen una innegable belleza plástica, a menudo desplegada por anónimos ilustradores de gran talento, a la par que una ingenuidad y fe ciegas. Todo ello al servicio de una visión del mundo mercantilista y, como bien podemos ver en la actualidad, utópica e imposible. El contraste de ello con la inquietante, decadente y desesperanzada fase del capitalismo actual hace que chisporroteen las neuronas, es el objetivo.

¿Qué opinión le merecen los publicistas actuales?
Gente inteligente, a menudo talentosa, pero desgraciadamente sin muchos escrúpulos. Son, lo sepan ellos conscientemente o no, los sacerdotes de la nueva religión del consumo y el dinero. Enorme potencial creativo derrochado con el peor de los fines.

¿De qué otras fuentes no confesadas bebe Brieva? ¿Algún descubrimiento reciente?
Chicho Sánchez Ferlosio. Un referente como artista y como persona que vivió acorde con sus convicciones. Tan desconocido como fundamental.

Comenzó vendiendo su revista mochila a la espalda. ¿La autoedición nace como una necesidad para propagar ideas heredera del espíritu que lanzó a Crumb a las calles con Zap Comix o como la única forma viable de alcanzar fama, fortuna y favores de doncellas? ¿Fue una tarea difícil?

No sé, a mi me gustaba, por encima de todo, la tarea de editar, de fabricar un objeto armonioso con su contenido intrigante y desconcertante a ser posible. La autoedición es la vía rápida para hacer exactamente lo que uno quiere, sin depender de nadie. Luego la cosa se complica cuando uno se ve con decenas de cajas por casa, pero no deja de ser grande la ilusión de ver una cosa hecha, aproximada a lo que uno se había imaginado, aunque sólo sea para acabar regalándosela a tu prima de Sabadell.

Ha editado bajo licencia Creative Commons. ¿Son alternativas como ésta el futuro de la obra artística?
Desde luego. La sociedad ha de cambiar urgentemente el enfoque de sus prioridades, y esto no es ya una opción política, sino una cuestión de mera supervivencia. Lo colectivo ha de primar sobre lo individual y, en el caso particular del arte y el conocimiento, esto ya es posible gracias a internet y los nuevos formatos digitales. La industria de la cultura, como por otra parte los bancos, las multinacionales, las grandes instituciones de poder, están obsoletas; pertenecen a otro tiempo, a una manera de entender el mundo que se ha desvelado como inhumana y suicida. La cultura libre no es más que el mascarón de proa de toda una serie de cambios que, por el bien de todos, hay que impulsar con urgencia.

Participa también en el grupo musical Las Buenas Noches. Toca charangos, ukeleles y lo que se preste. ¿Una vía de escape o la necesidad de afinar en otros campos?
Si hubiera tenido el talento necesario habría sido músico. La música es la actividad creativa más hipnótica y emocionante de todas. En Las Buenas Noches tratamos de, en la medida de nuestras posibilidades, dar rienda suelta a esa energía visceral que tiene el sonido.

El disco Aventuras Domésticas está disponible tanto en formato físico como en descarga desde la artesana página del grupo. ¿Deberían de tomar nota de propuestas así el resto de artistas musicales?
Volvemos al tema de la cultura compartida. Nosotros somos de la opinión de que los artistas no tienen por qué ser millonarios, ni hacer millonarios a otros. De hecho, lo mejor sería que nadie lo fuese, dado que es muy malo para la salud; tanto la propia como la ajena. Un artista debe ver retribuido su trabajo, por supuesto, pero en la misma medida que lo hace un profesor o un vendedor de zapatos. El trabajo creativo no debe tener como objetivo el lucro (ninguno lo debería); es lo suficientemente gratificante ya de por sí. Yo me considero ya un afortunado tan sólo por poder dedicarme a lo que me gusta. Estamos hablando, pues, de un cambio de mentalidad.

¿Ve Internet como una alternativa eficaz para la autoedición?
Es la gran herramienta comunicacional, el mayor invento desde la imprenta de Gutemberg. Es perfecta para compartir creaciones y conocimientos, que a fin de cuentas es lo que uno busca con la autoedición. Esperemos, por el bien de todos, que siga siendo libre y que lo sea más aún, que despliegue todo su potencial como gran archivo colectivo y accesible de los logros humanos.

Televisión: Aparato para cuyo alojamiento se construyen las casas.
-Enciclopedia Universal Clismón.


Las cortinillas en “Astronautas” y en “Underground, La Ciudad del Arcoiris” son su pequeña excursión (al estilo Gilliam) a la pantalla, pero salvando todas las distancias: ¿el salto al largometraje es posible? ¿Se lo ha planteado?  Mire el tándem Mariscal-Trueba.
Me encantaría, y de hecho he tanteado el tema tanto en formato cine como televisivo, pero lo doy casi por imposible. Hay mucho dinero en juego, muchos intereses, ninguna voluntad de riesgo por hacer algo nuevo, en fin, esas cosas que ya todos sabemos. Si uno pelea mucho tal vez puede conseguirlo, pero soy más bien de naturaleza perezosa.

En sus páginas la televisión es un elemento con capacidad de defecar físicamente bostas muy envidiables. Entendiendo su percepción y aún así, ¿salvaría algo de la televisión actual?
No mucho. La televisión, entendida como ese canal monodireccional de emisión de contenidos cerrados e interesados, también está al borde de la desaparición.

¿Irónicamente, estamos más desinformados y aborregados que nunca pese a tantos medios a nuestro alcance?
Desinformados o fragmentariamente sobreinformados, que para el caso viene a ser lo mismo. Ordenar, priorizar y asimilar racional y emocionalmente toda esa avalancha de información requiere de un nivel de sensatez y ponderación casi inalcanzables. Pero no por ello deja de ser ése nuestro deber, si aspiramos a considerarnos personas libres.

¿Se ha dado el hecho de que Miguel Brieva alguna vez haya disfrutado por error de un programa banal de la parrilla catódica?
Disfrutar no es la palabra, sino más bien abismar.

¿De qué medio o canal se fía para obtener información sobre el estado del mundo?
De aquí y de allá, de libros de ensayo y análisis histórico, del periódico Diagonal, de Ecologistas en Acción, Rebelión.org y otros portales de información alternativa. También en los grandes medios, por supuesto, sólo que ahí hay que saber “entreleer la enjundia”, como suele repetir Chomsky. Lo importante es entender las dinámicas que mueven las cosas, vislumbrar esa estructura subyacente, la fría ecuación matemática por la que nos regimos. Todo lo demás son variables.

¿Algún consejo para los encargados de la programación de la televisión que no implique que se autolesionen, o al menos no demasiado?
Si han llegado hasta esa posición es probablemente porque dejaron de escuchar consejos hace ya mucho tiempo.

¿El escándalo de las filtraciones de Wikileaks ha cambiado algo en el mundo del periodismo?
La información, que en la prensa convencional-empresarial se dosifica interesadamente y con cuentagotas, con Wikileaks se ha vertido en aluvión y ha inaugurado una vía inédita para crear nodos de información sin control externo desde el poder, que abre algunas esperanzas para romper el cerrojazo informativo habitual.

Educación: Los niños de algún modo saben lo que es bueno para ellos y por eso aman tanto los libros detesto.
-Enciclopedia Universal Clismón.

Si en un universo paralelo y con más sentido del humor la Enciclopedia Universal Clismón fuera materia de estudio en las escuelas, ¿la sociedad saldría ganando?
No sé si ese libro u otro, pero el humor y la poesía en las escuelas, como parte fundamental del proceso educativo, siempre será algo positivo. Todos recordamos durante años a aquel profesor que nos hacía reír o nos cautivaba por la pasión que ponía en su trabajo.

¿Los niños están condenados a la idiotización?
Condenados a ser fiel reflejo de lo que sus adultos son y desean para ellos. Si nuestra sociedad discurriera sensatamente, nuestros niños heredarían ese rasgo. En una sociedad inmoral como la nuestra, los niños simplemente adoptan los hábitos que les harán sobrevivir más cómodamente. Por eso, en estas circunstancias, cada persona con conciencia y dignidad es como un pequeño milagro en sí mismo.

¿Es necesario modificar el sistema educativo? En ese caso, ¿quién tiene la culpa del mismo?
Es obvio. Tan obvio que hasta los políticos lo dicen, aunque ninguno lo desea en verdad. La humanidad vive en un loop desde hace siglos. Para cambiar la melodía es preciso romper ese ciclo monótono y sin salida por algún sitio. La educación es el lugar. Pensando en positivo, cada nueva generación (20 años) supone la posibilidad de regenerar por entero nuestra especie. Es decir, aunque hayamos actuado en cierta manera como autómatas durante siglos trasmitiendo esos valores nefastos una y otra vez, ello no quita que, con un cambio de conciencia, pudiéramos alumbrar, en dos o tres décadas y casi por primera vez en la historia, una generación de personas verdaderamente libres. Por supuesto, existe una elite mundial que se niega a cualquier movimiento en este sentido,o en el de frenar el cambio climático con tal de no perder el control de todo este chiringuito.

¿Existe la esperanza de una época mejor para la humanidad o el Apocalipsis es cada vez más inminente?

Por supuesto que existe la posibilidad de algo mejor, de hecho está permanentemente al alcance de nuestra mano. Pensar que no es así es un acto de cinismo, de negación de lo humano. El entendimiento nos conduce al pesimismo porque los antecedentes no son precisamente halagüeños, pero el corazón siempre nos insufla esperanza. Si no, es que estamos muertos en vida o somos sencillamente imbéciles.

Sociedad: Modo en el que se articulan en función del país, la cultura y los modos de vida, el conjunto de las soledades individuales.
-Enciclopedia Universal Clismón.

¿Cree que en algún momento se equilibrará la balanza mundial? ¿La sociedad está preparada para enfrentarse a un cambio o vive cómodamente sentada en el sistema capitalista?
Es el sistema capitalista, y la sociedad a remolque suyo, el que va a darse de bruces con sus propios límites, fundamentalmente los biofísicos. Crecimiento ilimitado en un mundo finito es el concepto más demencialmente utópico jamás concebido. Como dice Zizek, vivimos en una utopía de tal escala… ¡que ríete tú de los soviets! El  fin de los recursos fósiles, después del derroche que hemos hecho de ellos en apenas un siglo, va a marcar el colapso de nuestro mundo global. Frente al discurso mainstream del eterno presente, en el que nunca pasa nada, ésta puede ser una realidad muy alarmante de aquí a dos décadas si atendemos a lo que dicen los científicos y no a los políticos. Lo que queda por ver es si en dicho proceso aprendemos a vivir mejor con menos o nos sumimos en la barbarie durante siglos.

¿Qué opinión le merece el actual gobierno?
Es como todos los demás gobiernos del bipartidismo occidental. Exclusivamente al servicio de este concepto mercantil de las cosas, guardián de los privilegios de las elites dirigentes y, secundariamente, de nosotros; clase media del primer mundo frente al resto de la Humanidad. Un sistema de pandillaje gangsteril disfrazado de traje y corbata: el orden mundial, la comunidad internacional.

¿Qué ha ocurrido con el comunismo en la actualidad? ¿Qué opina de los partidos nacionales de dicha ideología?
Aunque bienintencionado, el comunismo ha quedado algo obsoleto, pues era una concepción política de otros tiempos, tal vez bastante ingenua en cuanto a su consideración de la naturaleza humana. También, todo hay que decirlo, ha sido particularmente desprestigiado por la intelectualidad del sistema, esos cansinos y anodinos opinadores y tertulianos a sueldo. A contradecir esa imagen no ayudó, desde luego, el tétrico y criminal desarrollo de sus aplicaciones en Rusia y otros países. Pero también hay que decir que dichos sistemas poco o nada tenían que ver en la práctica con los ideales que los alumbraron, con una equidistancia tan perversa como la que hay entre la Iglesia católica y las enseñanzas de Jesús. El socialismo en cambio, el socialismo real, es el único sistema político que parece compatible con el estado de derecho. Algo así como un sistema mixto de pequeños propietarios y servicios públicos comunes.

¿Cuál es su visión sobre todo lo que ha suscitado el derrocamiento del régimen tunecino? ¿Son revueltas necesarias o arriesgadas?

Contra todo lo pronosticado por el pensamiento único occidental, son precisamente las sociedades musulmanas las que más consecuentemente están reivindicando la democracia. Al igual que los indígenas en Latinoamérica. Y Occidente se repliega temeroso de que todas esas palabras vacías con las que puebla sus telediarios, mítines y hemiciclos puedan volverse realidad, por primera vez, en algún lugar del mundo.