Librerías con encanto: Librería Izquierdo

En el número 12 de la Gran Vía Fernando el Católico de Valencia, a diez minutos de la plaza de España, hace treinta y nueve años que abre sus puertas la Librería Izquierdo. Los anteriores cuarenta y dos años de su existencia, desde que se fundó en 1937, el local en que se ubicaba era otro, más modesto. Es la historia que nos cuentan Juan Izquierdo (Valencia, 1959) y Pilar Izquierdo (Valencia, 1977), los dos hermanos que hoy se ocupan de llevar el negocio. «Es una librería familiar», «nos piden recomendaciones», «te tiene que gustar estar entre libros porque si solo vas a hacer negocio, esto no va». Es una mañana de sábado y el sol se extiende por varios espacios del local mientras conversamos sobre el oficio del librero, el mercado editorial, tendencias, éxitos… de todo un poco.

¿Cuándo abrió la Librería Izquierdo? Contadme cómo surge la idea de abrir este negocio.

Juan: El negocio se fundó a raíz de un kiosco de prensa que tenía mi abuelo. En marzo del año pasado hicimos ochenta años. Del kiosco pasó a una pequeña planta baja y en el año 1979 nos vinimos al local que tenemos ahora.

Desde el abuelo, ¿habéis trabajado todos en la librería?

Pilar: Sí, todos.

Juan: Mi abuelo tenía dos hijos, pero uno falleció. Mi padre fue el que dio el paso de kiosco a librería.

Respecto a la organización de la librería, ¿qué criterio seguís?

Juan: Tenemos literatura, historia… un poco de todo y organizado por editoriales. En la entrada tenemos principalmente las novedades y los libros más vendidos. Es más una librería familiar.

¿Sois especialistas en algo en concreto? ¿Tenéis gustos diferentes?

Juan: No, la verdad es que tocamos de todo. Yo me decanto más por los libros y las revistas de historia, los de viajes y los de deportes.

Pilar: Si, por ejemplo, entra uno preguntando por la Segunda Guerra Mundial, puedo orientarle, y Juan más. De infantil estoy a tope ahora, y hay editoriales que me gustan más que otras, como Acantilado.

¿Cómo decidís cuáles son los libros que van en el escaparate?

Pilar: Tenemos dos escaparates. En uno hay mucho best seller, libros de autoayuda, que se venden mucho, y en el otro, editoriales más selectas y los libros de economía, sociología.

Juan: En el escaparate también tenemos las novedades, que, aunque se venden directamente por la publicidad que hay, las ponemos para que la gente vea que las tenemos. Si tienen que entrar a preguntar, la gente duda, si las ven en el escaparate, entran seguro.

¿Hay distribuidores o editoriales que se ofrecen a pagar para que los coloquéis bien?

Juan: A pagar, no. A decírtelo, sí. Te dicen, por ejemplo: «Va a venir el editor», entonces, por hacerle el favor al comercial, colocas sus libros. A veces aumentas algo las ventas y a veces no.

Con la relevancia del movimiento feminista, ¿os planteáis hacer discriminación positiva? ¿Tenéis más autores que sean hombres o mujeres?

Pilar: En el día de la mujer hacemos descuento. Tenemos casi todo lo que ha salido publicado a raíz de este último movimiento feminista, desde Chimamanda Ngozi Adichie, Rosa Montero, Virginie Despentes, Leticia Dolera y muchas más.

Juan: En realidad, tenemos más autores hombres, pero eso ya no es culpa nuestra. Hay ahora un movimiento feminista y en el escaparate ponemos los libros que comentaba mi hermana, sí, se puede considerar discriminación positiva.

Una librería se define más por lo que no tiene que por lo que tiene. ¿Estáis de acuerdo?

Juan: No. Nosotros procuramos tener de todo.

¿Qué criterios tenéis para seleccionar los libros?

Pilar: Normalmente el editor te manda un listado con las novedades y por experiencia sabemos lo que vendemos y lo que no en nuestra librería, ese es el criterio principal. Los comerciales de las grandes editoriales presentan las novedades a dos o tres meses vista. Por ejemplo, te presentan un libro de Pérez Reverte y, según lo que los libreros les piden, hacen la previsión de tirada para no pillarse las manos. Las distribuidoras y editoriales pequeñas, cada semana nos mandan un boletín de novedades por internet y Juan las selecciona. Algunas directamente te mandan el libro.

¿Qué formación necesita tener alguien que quiera trabajar o montar una librería?

Pilar: Te tiene que gustar estar entre libros, porque, si solo vas a hacer negocio, esto no va. Hay muchos clientes que te dicen: «Recomiéndame un libro», y para eso hay que saber, tener ganas, experiencia y conocimientos en el sector. Pero no hay ninguna formación especial.

¿Qué tipos de lectores tenéis? ¿Os piden recomendaciones o actúan como en las grandes superficies?

Pilar: Nos piden recomendaciones. Mi hermano puede recomendarte un libro y acertar al cien por cien, por su experiencia.

En los centros de educación secundaria obligatoria y bachillerato hay programas de fomento de la lectura. ¿Están teniendo éxito en vuestra opinión? ¿Veis lectores jóvenes?

Juan: No, a los jóvenes les cuesta muchísimo leer. Los planes no tienen éxito, pero si los obligan a leer, leen. El problema es que hay muchos hobbies entre los que elegir y con tanta diversidad se diluye la lectura.

Pilar: Les obligan a leer lo que me obligaban a mí. La Celestina, el Quijote, a veces adaptados. Aunque está claro que tienen que leer literatura clásica, tendrían que abrir los ojos a la literatura más actual mandándoles que lean algo de Saramago, Sampedro, Vargas Llosa, cambiar un poco el chip.

Si entra un estudiante de secundaria diciendo que tiene que hacer un trabajo sobre biología o historia, ¿le podéis ayudar? ¿Cuál es el papel del librero en la sociedad?

Juan: Sí, le podemos orientar en qué libro le puede ir perfectamente. Lo que pasa es que cada vez buscan menos el libro para hacer el trabajo, lo tienen todo por internet. Antes había una biblioteca didáctica pequeñita, eran monográficos y estaba muy bien. De eso ya no hay, no se vende y no se publica.

¿Se lee más o menos que antes?

Pilar: La gente con el móvil se entretiene y lee mucho: artículos, entrevistas, cosas puntuales de ocio, pero no libros.  

Juan: Cada vez vivimos más deprisa y la gente tiene menos tiempo. La gente también quiere todo rápido. Para lo que sí creo que valen las tablet o el libro electrónico es para seleccionar. Mucha gente se queja de los precios y lo que hacen es que se descargan el libro, lo empiezan a leer y, si les gusta, lo compran en papel.

¿Cómo clasificáis a los lectores?

Pilar: El que ha leído mucho y ha probado el digital lee mucho libro digital, pero de vez en cuando le gusta comprarse uno en papel. Y luego está el que no toca el digital para nada.

Juan: Tenemos varios clientes que antes compraban bastante, pero se han pasado a digital por la cuestión económica. Los comerciales que vienen y que trabajan el digital dicen que cada día se vende más digital, pero no es verdad, se lo descarga la gente gratis.

Y respecto a las editoriales, ¿cuáles os gustan?

Pilar: Me gustan los autores que editan Impedimenta, Acantilado, Blackie Books, Anagrama, Salamandra... Tusquets, que ahora la ha comprado Planeta, también. Cuando una gran editorial como Planeta detecta que hay un autor que empieza a vender más de lo normal, enseguida intentan quedarse con lo que escriba a partir de ahí o con el sello entero. Con Harry Potter no lo consiguieron.

Juan: Alianza también, tiene buenos libros y buenas portadas, es una editorial bastante cuidada desde hace muchísimo tiempo. Sobre lo que comenta Pilar, hace unos meses Penguin Random House compró Ediciones B. Ediciones B surgió de Bruguera, que era una editorial bastante buena con mucho libro juvenil y libro de bolsillo, pero que con el tiempo se fue un poco a pique. La compró alguien y la lanzaron como Ediciones B. Ahora el grupo Penguin Random House la ha absorbido. Hace años Plaza & Janés, que es del grupo Penguin Random House, nos invitó a varios libreros a una comida con Matilde Asensi, cuando escribió El último catón, que tuvo un éxito tremendo. Plaza & Janés levantó a esta autora, y entonces Planeta vio que esta mujer era un filón y se fue a por ella. Otra cosa que quiero decir es que llega el Premio Planeta, ¿y a quién le dan el Premio Planeta? Pues a uno de dentro del grupo que quieren hacer grande o a alguien que quieren absorber. Eso lleva años pasando. Entiendo que es su inversión, y que está mal el negocio de los libros.

Hay casos en los que una editorial publica a un autor desconocido de gran calidad que pasa totalmente desapercibido. ¿Cómo logra una editorial tener credibilidad?

Juan: Siempre pasa igual. Un ejemplo, Alicia Giménez Bartlett, muy buena escritora de género. Donde nadie te encuentre, Premio Nadal de Novela 2011, Destino, Grupo Planeta. En 2015, Premio Planeta con Hombres desnudos, y porque no hay otro premio más grande. Los libros son buenos, por supuesto, pero con los premios consiguen bastante credibilidad.

La editorial, ¿cómo se las apaña para afianzarse?

Juan: Las editoriales pequeñas intentan publicar gente nueva para ver si les sale bien. Si eso les pasa con dos o tres autores, la gente piensa: «¡Uy!, esta editorial sabe captar buenos autores», y entonces es cuando la gente empieza a buscar libros de esa editorial porque creen que pueden ser buenos autores.

Cuando una editorial os manda un libro que no queréis vender, ¿cómo se lo toman? ¿Os pasa mucho?

Pilar: Seleccionamos nosotros. Pero, claro, tienen libros puntuales que quieren que saquemos. Normalmente no nos negamos a venderlos, lo que pasa es que hay libros que en nuestra librería no tienen punto de venta. Muchas veces veo que el libro no se va a vender, pero nunca les digo que no, lo intento vender.

Murió Carmen Balcells, murió Jaume Vallcorba, Toni López Lamadrid… Y se afianzan editoriales como Blackie Books, Impedimenta y Malpaso. ¿Cómo veis estos cambios?

Juan: Son editoriales más pequeñas, pero están entrando en el mercado. Libros del Asteroide, Funambulista… Funambulista, por ejemplo, es una editorial que tiene unas portadas muy parecidas a Impedimenta, cogen autores no de primera fila o autores extranjeros y los publican con buenas portadas. Creo que las nuevas editoriales se sostienen encontrando autores menos conocidos y arriesgando, a ver los que gustan y los que no. A mí, estas nuevas editoriales me gustan. Casi todas las lleva un distribuidor de Madrid que se llama UDL.

En esta librería, ¿tenéis la novela La librería, de Penelope Fitzgerald?

Pilar: Sí, desde que salió. Ahora con la película la ha comprado todo tipo de gente.

Juan: Es un libro de goteo continuo. Eso pasa con más libros. Hay un autor, que a mi padre le ha gustado mucho y el hombre siempre lo recomienda, Stefan Zweig, que lo publica Acantilado. Cuando era menos conocido estaba en Juventud, pero luego Acantilado lo recuperó y las traducciones son buenas. El año pasado hicieron una película de Zweig y lo compró todo el mundo. Hacen una película o una serie y suele moverse bastante la venta del libro.

¿Qué opinión os merecen los premios literarios en España? ¿Entendéis las decisiones?

Juan: Tengo una opinión, pero igual no gusta. Los Premios Planeta para mí son una operación de marketing, aparte de una exageración de premio a nivel económico. Mi padre está en contra porque nunca lo han invitado [risas]. Antiguamente venía un delegado de Planeta una vez al año, y mi padre le comentó que con el dineral que se gastan en un Premio Planeta no costaba nada seleccionar un grupo de librerías, una por provincia en España, invitar cada año a una y sentarlos en una mesa de libreros. Los libreros somos también parte del engranaje. Pero nada. Dentro del grupo Planeta hay varios premios, el Premio Lara de Novela, un Premio Espasa, uno a novela y otro a ensayo. Hay premios continuamente, pero yo creo que el premio se vende dependiendo del autor. Otras veces es todavía más aleatorio, como ocurre, por ejemplo, con el Princesa de Asturias, porque lo suelen dar a un autor desconocido. Prefiero los premios a una carrera de autor, no a un libro, el Premio Cervantes, el Princesa de Asturias, el Premio Nobel.

Los premios, ¿se venden mucho más?

Pilar: No siempre. El premio se vende, pega un tironcito de ventas, el editor se frota las manos, la gente dice: «Me voy a comprar un libro del que ha ganado el Nobel», pero, si luego no gusta, la venta se para y no se vende mucho más. La autora Svetlana Aleksiévich, que es una periodista, fue Premio Nobel hace tres años, escribe de la guerra de Ucrania y los conflictos de la zona, gustó, se ha vendido muchísimo, es un ejemplo de Premio Nobel que ha descubierto el autor a unos nuevos lectores.  

¿Hay boom de poesía?

Pilar: Sí, para los jovencitos con la Editorial Frida. Esta editorial se mueve a través de YouTube. Imagino que saldrá un youtuber y pondrá sus poemitas en las redes sociales, entonces lo ven quinceañeros y vende un montón. Por lo menos leen algo. Hay un youtuber que me gusta, Defreds, que lo ha captado Planeta.

Todavía se comenta lo asombroso que es cómo ha caído la venta de libros. ¿Cuánto va a durar la crisis en el mercado del libro?

Juan: ¿Cuánto va a durar? Las crisis duran un periodo corto por definición, y esto no va a remontar nunca. Hay otros hobbies, la gente se descarga libros y los jóvenes cada día leen menos. Una crisis puede durar dos o tres años, pero cuando una cosa dura diez años ya no es crisis. Subsiste pero ya no remonta el vuelo. Es el cambio de la sociedad que está ocurriendo.

Sin embargo, han salido editoriales nuevas.

Juan: Sí, hay editoriales nuevas. Ahora hay máquinas que te pueden hacer doscientos libros y así tienen pocas devoluciones. Además, trabajan haciendo una preventa, por ejemplo, yo tengo que pedirles los libros que yo creo que pueden salir de mi librería, ¿ellos qué hacen? Imprimir los libros según lo que los libreros les han pedido. Si un libro pega, hay un momento en que se quedan sin nada, pero es un momento, porque se imprimen enseguida y además el coste no es alto.

En una entrevista que hicimos en Jot Down a Fernando Iwasaki le preguntamos si la culpa del cierre de las pequeñas librerías es de las grandes cadenas o de la educación escolar y universitaria, y contestó: «No descartemos los periódicos y los kioscos, que regalando libros dieron la puntilla a las pequeñas librerías». Vosotros siempre habéis vendido prensa.

Juan: Los periódicos nunca han regalado libros, lo que han hecho ha sido venderlos juntos. Nosotros empezamos con un kiosco y mi padre empezó a vender libros que le pedía la gente del barrio.

Pilar: Negocios que hayan derivado de kiosco a librería hay muy pocos. A nosotros no nos afecta mucho, los kioscos suelen vender Los pilares de la tierra y cuatro best sellers puntuales.

A vosotros la crisis no os ha afectado.

Juan: Aquí en Valencia los más viejos somos Soriano y yo. Soriano y mi abuelo eran amigos, los dos empezaron igual. Cuando la prensa venía en tren desde Madrid y el tren llegaba tarde, a veces se turnaban para no dejar la tienda sola: «Quédate tú, Juan», o «Quédate, tú, Isidro». Soriano fue valiente y le ha ido bien. Pero no le doy la razón a Iwasaki, nosotros nos hemos hecho libreros y no hemos chafado a nadie, chafar quiere chafar Amazon y no solo libros, sino todo.

En librerías, vuestra competencia no es Amazon, es La Casa del Libro, que es quien más vende online.

Juan: Sí, además eso lo sabes porque son los que mejor se posicionan en internet.

Pilar: Es competencia en venta por internet. Pero muchas veces la gente lo ve en internet, y luego va a la tienda y no lo tienen físicamente, hay que pedirlo.

¿Qué hacéis para vender? ¿Participáis en ferias del libro? ¿Hacéis presentaciones o alguna actividad?

Juan: No. El ideal en una feria es que tu caseta sea de Acantilado, la de al lado sea de Impedimenta… porque si tú tienes todo y el de al lado tiene lo mismo, ¿a quién le compran? Las casetas tendrían que estar organizadas por temáticas o por editoriales, que no haya cuatro casetas iguales.

En las presentaciones no se vende mucho, ¿no?

Juan: No lo sé. ¿Ocho o diez libros? La gente a las firmas suele ir con el libro comprado ya.

Pero te sirve para hacer publicidad en las redes sociales, porque las fotos se publican en Facebook

Juan: Puede ser, eso sí.

He visto que tenéis página de Facebook, pero ¿aprovecháis más redes sociales?

Pilar: Es un filón que hay que aprovechar porque o estás ahí o no eres nadie.

La prensa en digital se lee mucho más que en papel, ¿y los libros?

Juan: Totalmente, la prensa de papel está muerta. Los libros, no. Hay editores que no venden libros digitales. Un ejemplo, un estudiante necesita un libro que se ha agotado, se lo fotocopia y le cuesta más que el libro. En el digital ocurre al contrario, un libro digital vale de cuatro a ocho euros, pero cuando te lo descargas pirateado te sale gratis. Por eso las editoriales siguen vendiendo más papel, no les conviene sacar el digital.

Pilar: Hay una cultura del «todo gratis» que es muy peligrosa. Pero a partir de una edad prefieren el papel.

Bastantes editores dicen que el digital no es competencia al papel, sin embargo, las ventas del libro de bolsillo sí que han caído. ¿Hay relación?

Juan: Creo que no ha caído la venta del libro del bolsillo, lo que pasa es que el bolsillo tiene movimiento de año, cuando llega el verano la gente se compra más bolsillo porque tienen más tiempo para leer, pesa menos para llevárselo de viaje en el tren, a la playa…

Para que una librería sea rentable, ¿hace falta poner una cafetería dentro?

Juan: [Risas] No, tenemos una al lado. Entiendo que es una forma de atraer a la gente, pero muchas de esas librerías han cerrado.

¿Cómo ha cambiado el paisaje de librerías en Valencia?

Juan: Han cerrado más librerías de las que han abierto. Hay algunas que han probado a poner café-librería, librería con presentación, librería con manualidades o actividades de tipo extraescolar para juntar gente.

¿Qué margen se llevan las librerías?

Juan: Normalmente un 30%, aunque algunos te dan solo el 25%. Luego, según niveles de ventas; por ejemplo, en libros de bolsillo a veces Planeta o Penguin Random House nos dicen: «Si nos compras tantos libros te damos un 5% más», por tanto es variable también según la cantidad que les compres, por lo que, cuando llegan a las grandes superficies, estas, por su nivel de compras, pueden apretar al distribuidor y al editor. Una jugada que hacen a los editores y distribuidores es que se sacan ellos las cuentas. Yo, cuando cierra el mes, al distribuidor tengo que pagarle a mes vencido o al mes siguiente, y los grandes almacenes, si les va mal, dicen: «Te he hecho una devolución y con eso te pago el siguiente». Encima consiguen más descuentos. Me contaba el comercial de Martin Fierro que los libros Taschen, que son libros caros y que, cuando me los dan a mí, a Soriano o a París Valencia, los tratamos con mimo, en las grandes superficies los tienen en pilas y hechos polvo. Entonces, llega un momento en que le devuelven al distribuidor el libro hecho polvo y luego el editor le dice al distribuidor: «Este libro a mí no me lo devuelvas así», con lo cual el distribuidor se tiene que tragar el libro.

¿Qué eventos culturales os gustan de Valencia? ¿Cuáles echáis en falta?

Pilar: El World Press Photo, La Valencia Negra. En Valencia haría falta algo como hay en Madrid: la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de la Cuesta de Moyano, que son libros que no se encuentran y hay que ir sí o sí a segunda mano. Como la feria del libro de ocasión que ponen en Marqués del Turia en marzo y que dura un mes pero de manera permanente, aunque fuera los domingos.

Juan: Sí, una feria local todos los domingos. Antiguamente, en la plaza Nápoles y Sicilia ponían un rastro y allí había libros de todo tipo, viejos, usados, nuevos. Los locales de libros de viejo han cerrado. Y la gente cuando más tiempo tiene es los sábados y domingos, así que eso iría bien.

Roberto Bolaño nombró como algunos de los mejores escritores del siglo XX a Georges Perec, Philip K. Dick, Jorge Luis Borges, Mario Levrero. ¿Cuáles son los mejores en vuestra opinión?

Juan: Miguel Delibes, Sampedro, Philip K. Dick, Asimov.

Pilar: Saramago, Zweig.

¿Qué libros habéis vendido más en el último año? ¿Tenéis algún caso excepcional?

Pilar: Patria.

Juan: Hacía años que no se vendía un libro tanto a diario. El Código Da Vinci fue otro fenómeno. Patria lo ha comprado gente que ni siquiera está muy interesada en el tema, por curiosidad a raíz del éxito que ha tenido.

Borges decía que en la literatura hay esencialmente cinco temas: la infancia, la memoria, el exilio, la muerte y el amor. ¿Estáis de acuerdo?

Juan: Sí, y yo incluiría otro, la guerra. Se sacan muchísimos libros sobre la guerra y se venden. No por morbosidad por lo que sucede en las guerras, sino más a nivel histórico, la gente quiere enterarse y conocer. El tema de la guerra mueve mucho libro.

¿Está sobrevalorado El principito?

Juan: El principito lo hemos vendido mucho a raíz de la película de dibujos. Está adaptado y, aun así, hay gente que te dice: «¿No tienes El principito para bebés o para mi hijo que tiene cuatro años?». Hay libros que están sobrevalorados, ese es quizás uno.

Pilar: Para mí sí está sobrevalorado, totalmente. Los colegios deberían fijarse también en los niños a los que les gusta leer. Si les gusta, por ejemplo, Futbolísimos, Harry Potter o Los juegos del hambre, dentro de unos años seguirán leyendo, pero si les dan «libros lomos» desde los trece años, al final no leen.

¿Se merece Murakami el Premio Nobel? ¿Y Javier Marías?

Juan: Murakami suena continuamente. Pero ¿cómo puedes dar un premio a un libro japonés si no lees japonés? Leemos traducciones del inglés. ¿Ponen en el jurado a alguien que sepa japonés?

Pilar: A Javier Marías no lo veo como Premio Nobel, pero puede ser que se lo merezca. Este año hemos vendido muchos libros de él, sobre todo el de Berta Isla. Aparte de que lo hayan publicitado, ha sido también por el boca-oreja, porque empezó muy lento y ha ido cada vez a más, lo hemos vendido más que otros de sus últimos libros.

Un libro que haya tenido éxito y que no os haya gustado.

Pilar: El niño con el pijama de rayas no me gustó nada. Que te cuenten una fabulita de un niño judío que se hace amigo del hijo del nazi que vive al lado del campo de concentración lo que hace es banalizar.

Un libro que recomendéis a los lectores de Jot Down.

Pilar: En juvenil, Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, de la Editorial Destino, que habla de mujeres que han luchado por conseguir sus objetivos, y Momentos estelares de la humanidad,de Stefan Zweig.

Juan: Instrumentalde James Rhodes, y A través de mis pequeños ojos, de Emilio Ortiz, que es una preciosidad de libro para amantes de los animales.


Baquear y otros poemas

Fotografía: Michal Jarmoluk.

Lo aseveró Lord Henry, el más cínico de los personajes del Retrato de Dorian Gray: «Definir es limitar». Poner significado implica cerrar puertas. Fijar con claridad, exactitud y precisión, que es como la RAE define «definir», puede parecernos hasta un proyecto demasiado ambicioso, si no descabellado. «¡Oh, cuán insuficiente es la palabra y cómo es débil para expresar mi concepto!» se lamentaba Dante. Y Bécquer parecía vivir angustiado por esa insuficiencia de la palabra, a la que consideraba un idioma mezquino por «empequeñecer  las ideas más grandes en su círculo de hierro».  No hay que enfrascarse en devaneos filosóficos para cuestionar que se pueda  describir con exactitud y precisión la alegría, la angustia, el mar, el miedo o la vida. Pero no nos queda más remedio que definir si queremos entendernos, por muy feo que pueda parecer embuchar conceptos. Es una cuestión de economía psíquica. La definición es, por tanto, un mal necesario. Y a mí, que me encantan las palabras, concluir esto me produce una cierta sensación de desamparo. Para paliar este regusto agrio, me he dedicado últimamente a buscar por el diccionario de la RAE definiciones que aporten algo más que un significado. La tarea ha sido no solo gratificante, sino reveladora. El diccionario no es un simple catálogo de descripciones parsimoniosas. Hay lírica. Y entusiasmo.  A veces puede resultar incluso empalagoso a fuerza de «almibarar», es decir, de «suavizar con arte y dulzura las palabras…».

Algunas definiciones son un monumento a Calíope. Se nota que los académicos que se han dedicado a limpiar, fijar y dar esplendor a nuestro idioma durante tres siglos no son escogidos al azar. Lo más bonito que he leído en el ilustre mataburros es «Navegar al amor del agua cuando la corriente de esta supera en rapidez a la que le daría a la nave el impulso del viento», que es la definición de «baquear». Ni el poco glamuroso origen etimológico (Der. del desus. baque «batacazo») es capaz de romper el embrujo que produce la definición de este vocablo. Aclaremos que «al amor del agua» no es una combinación que haya patentado el académico-bardo en un alarde de delicadeza retórica. La expresión está recogida en la RAE y significa «de modo que se vaya con la corriente, navegando o nadando». Pero podía haberse sacado de encima baquear, una palabra del montón, con un correcto, pero menos vistoso, «navegar dejándose llevar por la corriente…».

Y ya que hemos llegado hasta el amor, detengámonos en su primera acepción. Sí, esta palabra es un caramelito. A ti, como académico, te toca definir el amor e inevitablemente te vienes arriba; es normal que te acabes marcando florituras como la que encabeza la lista de las numerosas acepciones de uno de los vocablos más antiguos, polémicos y universales que existen: «Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser» (la negrita es mía). Partiendo de su propia insuficiencia me parece, a nivel estético, una delicatesen. Pero no deja de causarme cierto impacto este, a mi entender, latigazo retórico. No hay ni rastro de esa insuficiencia en, por ejemplo, el Dicionario de la RAG (Real Academia Galega) ni en el English Oxford Dictionary. En la definición de amor de la RAE yo, con mi limitada capacidad para ver, veo un llamamiento subliminal a la humildad, pero también una advertencia implícita: si no quieres enamorarte, allá tú, pero serás un ser incompleto. A la explicación no le falta pasión, pero deja entrever cierta fobia a la soltería. En el Diccionario de Autoridades, el amor era un más que apañado «afecto del alma racional, por el cual busca con deseo el bien verdadero, o aprehendido, y apetece gozarle». Yo no hubiera tocado mucho esta definición, pero vete tú a saber qué carencias observaron en los no enamorados los que incluyeron lo de la insuficiencia.

Puede que el mismo lexicógrafo que apostó por ese inciso de la propia insuficiencia se convirtiera en esclavo de su explicación y, al no haberle ido bien en el amor, lo invadiera la desazón. Así, cuando le atribuyeron la definición de besar, quizá afrontó la tarea con resquemor: «Tocar u oprimir con un movimiento de labios a alguien o algo como expresión de amor, deseo o reverencia, o como saludo». Esto solo puede salir de una persona desengañada con la vida. O eso o «besar» se definió un lunes a las 9:00 de la mañana. Que estamos con el verbo besar, hombre, no con el beso de Judas ni el beso negro. Con todo respeto, y sin entrar ya en si hay algo de cierto en la fría acción de oprimir,¿era necesario incluirla? En el English Oxford Dictionary, en vez de oprimir, usan «caress», y en el RAG, aunque también utilicen el verbo «tocar», lo completan con un «como caricia». Y ni rastro de oprimir.

Otros académicos, o a lo mejor el mismo que profanó la palabra besar, en una época que ya se había recuperado de lo suyo, no fallaron con palabras que piden a gritos al liróforo que llevan dentro. Hay interés estético, y alma, en la primera acepción de «melancolía»: «Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que quien la padece no encuentre gusto ni diversión en nada»; y  «pena de verse ausente de la patria o de los deudos amigos» podrían ser versos de Alberti, pero es la descripción de la Real Academia de «nostalgia», que no desmerece al concepto en sí mismo. Una definición que empieza de manera muy parecida a la de nostalgia es «atrición»: «Pesar de haber ofendido a Dios, no tanto por el amor que se le tiene como por temor a las consecuencias de la ofensa cometida». No  me preguntes por qué, pero noto cierto tono de reproche, unas ganas latentes de acabar la frase con un «y esto es interés, no sentimiento honesto».

Pero no solo encontramos lirismo  en las definiciones de palabras hermosas en sí mismas, diamantes que predisponen al cariño y esmero en la definición. Las musas también pueden aparecer en lugares imprevistos, como en «salacidad», recogida como «inclinación vehemente a la lascivia». Oro puro, en estos tiempos en los que hemos sido condenados al «mueve tu trasero, abajo, arriba» y «si te me acercas más, no es culpa mía si me porto mal» del regatón. Cierto que no se puede pronunciar la palabra «lascivia» sin resultar lascivo: el movimiento de dientes y labios nos condena. Más popular es el «tener ayuntamiento o cópula carnal fuera del matrimonio» con que se lustra a la sórdida «fornicar». En este campo de lo lúbrico se nota recato, poco alarde de los académicos, pero aún se pueden hallar perlas como la tercera acepción de «satisfacer»: «aquietar y sosegar las pasiones del ánimo». Y en «concupiscencia» tenemos «… apetito desordenado de placeres deshonestos». Un «qué apetito más desordenado de placeres deshonestos me está entrando; me gustaría aquietar y sosegar las pasiones de tu ánimo y que tú hicieras lo mismo con las del mío» sería una forma muy decente de realizar una proposición indecente, pero no habrá manera, mientras sigamos empeñados en buscar inspiración en Maluma en vez de en Pérez Reverte.

Hay también conceptos que, para lo que son en sí mismos, podrían parecer no merecedores de tanto gasto en artificio literario: «tumbagobierno» suena a cachondeo, y de hecho la RAE especifica su carácter coloquial, pero alguien arrastrado por el entusiasmo se desató con un «que excede en tamaño, belleza o intensidad a las demás personas o cosas de su línea o especialidad». Vemos que, por ejemplo, «ser alguien o algo la hostia», locución que también recoge la RAE, y que viene a ser lo mismo que tumbagobierno, se zanja con «ser extraordinario»; ya. Gasto mínimo de espacio y de tiempo para los muñones del idioma. Lo mismo pasa con «del carajo»: «muy grande o muy intenso». «Mordaz», como concepto, no nos dice ni fu ni fa, y hay también esfuerzo poético en su definición: «Que murmura o critica con acritud o malignidad no carentes de ingenio». Es un recurso muy vistoso el «no carentes», una especie de doble negación prescindible pero bien traída para favorecer la sonoridad. Poca gente habla así ya. Y la palabra «matizar» no es fea, pero lo que la eleva a categoría de verso es su segunda acepción, que tuvo que surgir un viernes, bajo un cielo despejado: «juntar, casar con hermosa proporción diversos colores, de suerte que sean agradables a la vista».

También la expresión «palabritas mansas» podría pasar desapercibida; a primera vista no sugiere ningún tipo de glamur retórico. Pero alguien le ha cogido cariño, y le ha sacado brillo con esta pulquérrima definición: «Suavidad en la persuasiva o modo de hablar, reservando segunda intención en el ánimo». Algo parecido pasa con «prodigar» en su última acepción, en forma pronominal, certera y rebosante de armonía: «Excederse indiscretamente en la exhibición personal».

Y, como no pretendo prodigarme, aquí lo dejo, mostrando mi admiración por todos los que teniendo que lidiar con lo útil, lo exacto y lo preciso, no renuncian a introducir lo bello.


Editar en tiempos revueltos: Pre-Textos

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Manuel Borrás (Valencia 1952) era un chaval recién llegado a la Facultad de Filosofía y Letras de su ciudad natal cuando fundó junto con Manuel Ramírez y Silvia Pratdesaba la editorial Pre-Textos. Este año celebran su cuarenta aniversario. Cuarenta años dan para mucho, en concreto para publicar más de mil seiscientos libros, en sus colecciones de poesía, narrativa y ensayo. Lo entrevistamos en su oficina de Valencia entre viaje y viaje porque Manuel Borrás no para nunca. No sabemos cuál es su aeropuerto favorito pero sí sabemos que las salas de espera y los aviones le parecen lugares estupendos para leer. «Las azafatas me preguntan si no me canso de leer», confesó una vez. ¿Se lo seguirán preguntando o ya lo toman por un caso perdido?

¿Cómo se te ocurre el nombre de Pre-Textos?

El nombre se nos ocurre después de cavilar muchísimo. Nosotros tenemos que dar un nombre en un plazo determinado cuando empezamos a trabajar. Teníamos que cumplir ese plazo muy concreto, porque había que mandarlo a una oficina de patentes. No recuerdo exactamente cuál era el trámite. Una noche nos reunimos las cuatro personas que en ese momento la montamos, y que seguimos todavía hoy en la editorial. Tres de ellas han constituido el trípode sobre el que se construye la editorial, que son Silvia Pratdesaba, Manolo Ramírez y yo, y un cuarto componente que no se constituyó como el núcleo, pero que siempre ha estado unido a nosotros, que se llama Manuel Arranz… es escritor y un estupendo traductor, traduce para nosotros y para Acantilado. Recuerdo que nos reunimos los cuatro en torno a una botella de whisky, una noche, y empezamos a cavilar qué nombre podía ser. Y no dábamos con él. Todos los que proponíamos, unos y otros, iban siendo descalificados, y finalmente alguien dijo: «Pues necesitamos un pretexto», y yo dije: «Oye, ¿pretextos no os gusta?». Y todos dijimos que sí. Y Manolo Arranz, esa cuarta persona, ese cuarto pretexto, fue además el que sugirió que se incorporara ese guion para darle un campo semántico más ambiguo al nombre de Pre-Textos. Así es como nació.

¿Cómo influye la política en la cultura?

La política influye. Eso es indiscutible. La política siempre quiere intervenir en la cultura para dominarla, para controlarla, para manejarla, para instrumentalizarla. Y más que la política, el poder… el poder desde luego quiere intervenir, y creo que con intención non sancta.

¿Ha cambiado mucho desde que empezasteis en 1976?

Sí. Las cosas han evolucionado muchísimo. Ten en cuenta que nosotros empezamos en un periodo, diría incluso, predemocrático. Y las cosas han evolucionado, en ese sentido, para bien. Ahora nos encontramos ya en una democracia de facto, y, claro, las cosas han mejorado.

Pre-Textos cumple ahora cuarenta años. ¿Qué supuso para vosotros como editorial Las voces de Marrakesh, de Elias Canetti?

Creo que es muy importante. Incluso lo tengo escrito en un libro colectivo que me pidieron, con un evento que había influido en mi vida de una manera sustantiva. Y desde luego fue mi encuentro casualísimo con Elias Canetti. Tuve un encuentro en Innsbruck, en la universidad, y sin saber quién era aquel señor… Estaba investigando en los archivos de la revista Der Brenner, que dirigió un señor, un colega, que para mí era muy importante: Ludwig von Ficker. Aparte de ser el animador de esta revista, fue el que intercedió frente a Wittgenstein, el filósofo austriaco, para que financiase el primer libro de uno de los grandes poetas expresionistas austriacos y en alemán, que se llamaba Georg Trakl. A mí me interesaba mucho esa relación triangular. En aquel momento era muy joven, tenía apenas dieciséis o diecisiete años, y era muy pedante. Elias Canetti estaba haciendo una visita protocolaria a la universidad, y, advertido por el profesor Methlagl, que era el jefe del departamento, de que yo era un español que estaba haciendo una cosa que le llamaría mucho la atención, se me acercó y habló unos minutos conmigo para animarme en lo que estaba haciendo, y me habló de que él también era de origen español. Yo estaba hablando con un señor que no tenía ni la más remota idea de quién era. Recuerdo que, al día siguiente, le pregunté a Methlagl quién era aquel señor, y me dijo: «Mire, usted que está tan interesado en ese periodo de la literatura de Mitteleuropa, y en concreto en Karl Kraus, creo que usted ha saludado al digno sucesor de una persona de la envergadura de Karl Kraus». Me quedé muy impresionado por eso, y esa noche casualmente le dije a un amigo: «¿Sabes qué? He conocido a Elias Canetti». «¡Cómo que lo has conocido!» Entonces me sacó el volumen de Carl Hanser, que lo recuerdo todavía, amarillito, con Las voces de Marrakesh, y me dijo: «Toma, léetelo». Me acuerdo de que cuando volví a mi casa, la casa donde estaba hospedado, me puse a leerlo, empecé a leer los cuentos y me dormí leyendo ese libro con gran entusiasmo. En aquel momento todavía no pensaba siquiera si iba a ser editor o no iba a serlo, pero sí que se me pasó por la mente: «Si un día soy editor, me gustaría publicar este libro». Y, efectivamente, cuando fui editor lo publiqué.

¿No existía edición en castellano?

No, no. No había versión en castellano, ni existían precedentes de nada que se hubiera traducido de Elias Canetti. Después coincidieron en el tiempo las ediciones que hizo Mario Muchnik, que empezó a publicar a Canetti, y la nuestra. Quizá salieron antes sus ediciones que las nuestras, no sabría precisar tampoco la fecha, fue casi en paralelo. Nosotros al segundo año de iniciar esta aventura editorial teníamos una dependencia económica de nuestras respectivas familias, estábamos un poco cansados de que las cosas no acabaran de ir lo bien que debían ir. Tuvimos un enganchón con una distribuidora grande. Manolo Ramírez se había ido a hacer las milicias universitarias. Hubo un momento de cierta zozobra en la editorial, incluso nos planteamos la posibilidad de, si las cosas no evolucionaban en positivo en un plazo determinado, tirar la toalla. Con tan buena suerte que cuando nosotros estábamos con esto el libro de Las voces de Marrakesh se estaba imprimiendo. Estaba en imprenta y antes de salir de las prensas, le dan el Premio Nobel. Gran regocijo por nuestra parte, una gran alegría, tuvo mucho éxito la salida del libro, se vendió muy bien, y ese primer triunfo nos hizo rectificar la voluntad de querer cerrar. Y yo, cuando escribí sobre esta anécdota, siempre he reflejado lo mismo: hasta qué punto Elias Canetti en ese encuentro fortuitísimo —que es una casualidad, aunque yo creo que el azar no existe, que el azar es la conciencia de la necesidad—, cómo ese señor en un momento muy conciso de la vida influye positivamente en algo que después va a durar, como ha sido nuestra caso, cuarenta años. Creo que es una enseñanza bonita. Es como una pequeña fábula.

Pre-Textos comenzó con el objetivo de recuperar a autores republicanos exiliados, recuperar su memoria, puesto que en ese momento ellos eran unos grandes desconocidos. ¿Qué problemas os supuso esto?

Alguna editorial ya nos había precedido en la intención de la recuperación de la memoria del exilio republicano. Pero habían sido, yo creo, que muy vagos, porque entre otras cosas había una dificultad y era la censura. Nosotros lo teníamos bien claro desde el principio… es decir, Pre-Textos empieza con la intención de recuperar parte de la memoria de ese exilio republicano. Nos parecía que eran parte de la mejor España, que se había perdido, y nos sentíamos moralmente obligados a contribuir a su difusión. Esto nos hizo en principio acercarnos a gente del exilio, desde Juan Larrea, María Zambrano, pasando por Jorge Guillén, y todos nos animaban muchísimo en el proyecto. Nos decían: es maravilloso, pero cuando ustedes tengan un catálogo, ya les daremos un libro. Salvo Juan Larrea, que fue el único, la excepción que marcó la regla; el resto, todos muy buenas palabras pero… entonces nos veíamos con un proyecto de la editorial, pero claro, totalmente desasistidos, totalmente huérfanos. Aparte yo les decía, y me acuerdo perfectamente: «Si ustedes no nos dan un libro, cómo vamos a hacer un catálogo». Y esa fue la dificultad inicial que encontramos. Tanto es así que tuvimos que recurrir a una política de traducciones inicial, porque la sociedad literaria española en general era muy celosa de unos chicos, les dábamos poca confianza dada nuestra juventud. Ten en cuenta que nosotros ponemos nuestro primer libro en circulación a los veinte añitos. Yo creo que en los anales de la edición en castellano hemos sido de los editores más jóvenes que ha habido. Yo no sé si habrá habido otro editor tan joven como nosotros. Esto nos obligó a hacer toda una política de traducciones y después, claro, cuando tú ya tienes un catálogo constituido, todos quieren estar en el catálogo. Pero no antes.

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¿Cómo lo vivieron vuestras familias? Montar una editorial, dedicarle un espacio a los exiliados republicanos…

Lo vieron en ese momento con cierta perplejidad, porque no había en ninguna de las tres biografías un ascendente editorial. Cada uno venía de medios muy distintos. En mi casa había biblioteca, se leía, y en casa de Silvia y de Manolo también. Esa era quizá la característica que nos unía. Nos sentimos muy apoyados en todo momento por las tres familias. No hubo ninguna disidencia. Lógicamente la inquietud por saber cómo se iban a desarrollar los acontecimientos, pero nosotros precisamente lo que nos sentimos fue, y eso es algo que hay que reconocerles públicamente a las tres familias, muy apoyados.

Tu madre te leía poemas de niño de Rubén Darío. ¿Hasta qué punto eso fue importante para que luego tú quisieras ser editor? ¿Influyó para que pusieras la vista sobre Latinoamérica y los exiliados españoles?

Sí. Creo que sí. Siempre digo que mi primer viaje imaginario a América Latina, en concreto a Centroamérica, fue un descubrimiento por vía de mi madre. Juan Ramón, primero; mi madre, aparte, me leía también cosas de las traducciones de Juan Ramón, de Rabindranath Tagore, El cartero del rey. Mi primer libro fue Platero y yo, teníamos también en casa sus poesías, los sonetos espirituales, etc. Pero el descubrimiento de Darío fue para mí el descubrimiento de América. Además, me acuerdo, era muy jovencito, no tenía ni siquiera noción… sabía que existía América, pero no tenía noción de las repúblicas latinoamericanas todavía, y recuerdo que le pregunté a mi padre: «¿Y Nicaragua dónde está?». Saber que Rubén, que me había impresionado tanto, había nacido en Nicaragua… mi padre siempre me remitía a la enciclopedia Espasa Calpe, que tenía unos mapas que se extendían, y yo veo, ahora retrospectivamente, el niño que era recorriendo Centroamérica, buscando ese pequeño lugar. Ese recorrido con el dedo que yo estuve haciendo en busca de Nicaragua fue mi primer viaje imaginario a América. Y creo que sí que marcó carácter en mí. Ese fue mi primer contacto con América, y desde luego creo que comenzó una larga pasión y relación que ha durado todo este tiempo.

¿Cómo ves la enseñanza en nuestro país, y la enseñanza de la lengua y la literatura en concreto?

Muy mal. La evidencia la tenemos en que en este país, por desgracia, no hay un continuum cultural en lo que a lectura respecta. Tuve la suerte de tener buenos profesores de literatura y de lengua, pero por regla general veo que ahí hay una deficiencia grande. No pongo en duda que haya muy buenos profesores. Lo que sí pongo en duda es el sistema. Para mí la educación es seducción o no es nada. Siempre he identificado, y lo he dicho en reiteradas ocasiones, siempre identifico al maestro con el seductor. Lo que pasa es que plantear esto en términos institucionales supone una cosa que hace zozobrar a la propia institución, porque si hay algo que repele más a la institución es que los que enseñan seduzcan. Pero yo creo, y eso no lo dice Manolo Borrás, viene de la Grecia antigua: el educador tiene que ser necesariamente un seductor. Aquel que crea en el otro un estado de perplejidad que le permite trasladarle un conocimiento. Y que esa curiosidad surta efecto.

En tu larga trayectoria habrás pasado por unas cuantas crisis editoriales. ¿Ha habido alguna peor que la actual? ¿A qué crees que es debido?

Yo desde luego no tengo conciencia de que hayamos pasado por ninguna peor. Y creo que la actual es debida al desajuste general, a esta especie de mentira global y desafueros, una cadena constante de desafueros a la que se nos ha abocado. También te diría una cosa: ya no solo voy a demonizar al mundo financiero y al mundo de los políticos. No, no. Yo creo que todos tenemos una parte de responsabilidad. Y hasta que la sociedad no reconozca la parte alícuota de responsabilidad que le corresponde en cualquier crisis, no acabaremos de salir de ella. Y yo creo que sí, que una crisis tan grave como la que hemos vivido, de la que estamos saliendo a trancas y barrancas, desde luego yo, en mis cuarenta años de ejercicio profesional, no la he conocido.

En tus propias palabras: «No sobran editoriales, lo que sobran son malos editores». ¿Por qué? ¿Hay muchos malos editores en España?

Solo hay que asomarse a una librería y ver lo que se está ofreciendo. Y entonces, francamente, me pregunto cómo es posible que se editen algunas cosas. Recuerdo que fui invitado por José Manuel Lara hijo, que en paz descanse, a participar en un jurado que era el Premio José Manuel Lara, dedicado a su padre, que quería ser un poco como el Goncourt: premiar a un libro editado. Tuve que leer muchísimos libros que evidentemente no había leído, porque los habían editado otros… el editor, si lee, tiene que circunscribir su lectura a aquello que le llega. No tiene tiempo para leer otras cosas, salvo esos libros de los amigos que publican otros editores y que tú, por una cuestión de amistad, lees. También te diría que cuando me tuve que someter a la lectura de muchos libros, libros además que habían sido ovacionados por la crítica, de una manera ditirámbica, me dije: una de dos, o la crítica está totalmente equivocada, o yo estoy totalmente equivocado con lo que es la literatura. No solo había libros que estaban mal editados, sino que desde el punto de vista literario no pasaban ni siquiera la prueba del nueve.

¿Hay mucho intruso en la cultura?

Muchísimo.

¿Y mucho amiguismo? ¿En qué perjudican ambas cosas?

Hay mucho intrusismo y hay mucho amiguismo. Intrusismo en el sentido de que hay gente que tiene la sensibilidad de un pedazo de tocino que está hoy opinando sobre cultura, y ya no es solo que esté opinando sobre cultura, sino que está interviniendo en ella. Tanto desde la esfera política como desde la esfera exclusiva y propia de los libros. A mí me sonroja ver a veces el grado de ignorancia de esos que se llaman agentes culturales. Y por supuesto que hay amiguismo. Si es que solo hay que ver las páginas de cultura de los periódicos nacionales. A ver quién tiene el cuajo de no ver amiguismo en esas páginas de cultura. A ver quién tiene el cuajo de considerar que esa unanimidad de criterio de todas las páginas de cultura es creíble. Por ejemplo, te voy a poner un ejemplo que creo que dilucida lo que está ocurriendo. ¿Desde cuándo un editor tiene que ir mendigándole a un crítico literario que haga una reseña de un libro suyo? Cuando tendría que ser el crítico literario el que se lo hubiera currado; más que crítico literario voy a hablar de periodista literario, que hay un montón. Tendrían que ser ellos los que nos dijeran a nosotros: «Oye, voy a hacer la reseña de tal libro porque me interesa», o simplemente para criticártelo. Fijando jerarquía. Pero ¿dónde se ha visto eso? Si es que se han invertido los términos. El editor que más llora, el editor que más se queja, es el que acaba teniendo más protagonismo.

¿Qué te parece la prensa cultural en nuestro país? ¿Compras alguna revista en papel? ¿Y periódicos?

No compro ninguna revista en papel porque las revistas en papel que me interesan las recibo en casa, porque estoy suscrito a ellas. No me hace falta salir a comprarlas. Vamos, de las que conozco. Seguramente habrá alguna otra revista que se publica en otras ciudades, pues nos olvidamos siempre de que también en provincias se hacen cosas muy interesantes, y a mí no me lleguen noticias de ella. Las leo. Y periódicos… yo leo como profesional no solo los periódicos nacionales, sino también los periódicos internacionales. Además soy un editor que se mueve más por la intuición que por la información.

Hace poco Pérez Reverte y amigos de la talla de Juan Marsé han puesto en marcha el portal web Zenda. ¿A qué crees que se debe esta implicación de los escritores con la comunicación?

No me extraña nada que en paralelo se desarrollen todos estos proyectos, porque a algún sitio tendremos que irnos a alimentar. Yo sé por ejemplo que hay foros y páginas que se leen mucho más. El crítico para mí es aquel señor que fija jerarquías, aun a riesgo de poner su yo en crisis. Lo que le recriminaría a mucha de la crítica de hoy es la falta de generosidad con los más jóvenes; segundo, la falta de riesgo… la unanimidad a la que hacía referencia, ¿quién se va a creer esa unanimidad? Habrá alguien que discrepe, incluso de las cosas que yo publico; y, sobre todo, la falta de generosidad. La cultura se hace con generosidad. A mí me llama soberanamente la atención cuando tú publicas a un autor novel o un autor joven, la falta de apoyo que se recibe a ese respecto. Porque los críticos suelen ser unos cobardes, y son unos cobardes porque no tienen ni idea de lo que es la literatura. Y además «hablan de una cosa que entienden pero que no comprenden». Y eso, algo con lo que yo estoy totalmente de acuerdo, lo dijo Ramón Gaya antes que yo.

El País acaba de revitalizar Librotea con la pretensión de convertirse en el Goodreads hispano. ¿Qué te parece la figura de los prescriptores?

Hombre, para mí todos los recursos de los que provean a los lectores para tener una guía me parecen bienvenidos. Ahora, yo les diría a los de El País o de cualquier otro periódico que, por favor, traten de ser lo más neutrales posibles. Y que traten también de no estar mirándose siempre su propio ombligo. Creo que, aparte de hacer una labor honesta, lo que hay que hacer  también es manifestarla. Es decir, exteriorizarla.

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¿Tiene que ver algo la edición que se hacía en 1976 con la que se hace ahora?

Te diría que editar bien siempre se ha editado, y no todos los que se han dicho editores han editado bien, pero la edición ha evolucionado. En edición nadie inventa nada; nosotros, por ejemplo, por ponerte un caso desde la perspectiva formal, hemos sido una editorial que hemos apostado siempre por libros más bien tipográficos, hemos apostado por la tipografía, y, al fin y al cabo, hemos seguido una tradición muy vieja que comienza con los grandes tipógrafos italianos y que concluye ahora. Es verdad que, por ejemplo, cuando nosotros empezamos a publicar, recuerdo que nuestras distribuidoras, es decir, los comerciales, nos decían que éramos demasiado austeros. Que teníamos que publicar con mayor colorín, con iconos en portada, más vistoso… Un poco lo que estaba haciendo con mucho acierto Alianza con las cubiertas de Daniel Gil, etc. Pero es que nosotros no éramos Alianza editorial. No nos adscribíamos a ese gusto estético, estábamos en otra cosa. Hoy hablar de edición tipográfica está a la orden del día y no extraña. A nosotros, por ejemplo, la colección de poesía, que es una colección muy despojada, muy tipográfica, se negaban incluso a distribuírnosla, porque consideraban que no era suficientemente atractiva. ¿Ese es un criterio aceptable? Por supuesto que no. Nosotros nos rebelamos contra ese criterio y al final impusimos nuestra ley, pero hasta ese punto tuvimos que enfrentarnos a la incomprensión de los propios comerciales. Aún hoy, te dicen: «No, es que tendríais que salir de ese diseño». Y te dicen: «Es que los jóvenes piden otro tipo de cosas». Y resulta que Pre-Textos tiene muchos lectores jóvenes, y yo cuando les pregunto a los lectores amigos de mi entorno si les gusta la presencia física de los libros de Pre-Textos, indefectiblemente, todos, sin una sola disidencia, dicen que a ellos lo que les gusta es eso. ¿De dónde se sacan esas leyes? Es un poco lo que yo siempre digo: que vivimos una época perversa en que la sociología precede a la verdad. Déjense ustedes de decidir por nosotros qué es lo que quiere el público. Que sea el público el que diga lo que quiere, pero déjenles que se manifiesten ellos.

Distingues entre editor-autor, y editor-editor. ¿Puedes explicarnos por qué te parece tan importante esta distinción?

La historia de la edición está llena de grandes editores-autores. Tenemos el caso por ejemplo de Pavese. Y es indiscutible el mérito o la labor que hizo Ferrater simplemente como prescriptor y como informador de muchas editoriales, ahí están los informes literarios de Ferrater para darse cuenta de la importancia. Es fundamental. Ahora, yo creo que el autor necesariamente tiene que circunscribir su campo de actuación, su mirada sobre el mundo, porque es autor, porque es creador. El editor-editor, como es mi caso, que no entro en competencia en absoluto con la gente de mi catálogo, y que además es un lector esencialmente, creo que tiene una mirada en cierto modo más libre de la realidad. Tiene una mirada menos prejuiciada de la realidad. Yo tengo unas preferencias estéticas y tienen su peso específico en el trabajo que hago, sin duda, pero yo trato de dejarlas siempre de lado. A nuestros propios lectores profesionales siempre les digo: vosotros entrad en la lectura de todo lo que se os confía, sin pedir nada a cambio previamente. Vosotros entrad en la lectura a ver de qué os provee. Y entonces empezad a opinar sobre eso, pero no andéis con unas antiparras estéticas puestas.

Eres un editor que presume de no publicar un mal libro aunque venga de un amigo. ¿Eso te ha costado alguna amistad?

Si el amigo es de verdad, al final no pasa nada salvo el disgusto inicial, que eso no lo vamos a negar, porque somos humanos. Siempre he dicho que como editor he firmado un pacto de amistad con la literatura, con la cultura escrita, y ese pacto de amistad me obliga a ser sincero.

Cuando apuestas por autores desconocidos, ¿alguna vez te ha salido bien económicamente la apuesta? Dinos algún autor reconocido que hayas descubierto.

En ocasiones sí me ha salido bien. Por ejemplo, con Juan Bonilla, que ahora ya no es tan joven. Nosotros publicamos uno de sus primeros libros, El que apaga la luz. El primero lo publicó un sello que se llamaba la Carbonería de Sevilla, que era un sitio de copas, y se hizo una edición, una tirada pequeñísima de un libro misceláneo. Fue un autor que publicamos por primera vez y era un grandísimo desconocido. Y se vendió. Y por fortuna se han dado más casos.

¿Los derechos se los habéis dado a Renacimiento?

¿Los de poesía? Es que no sé qué ha publicado Renacimiento.

Publicó las poesías. Un recopilatorio con los dos primeros que publicasteis vosotros.

Sí, pero… Juan es un amigo y no hay ningún problema, porque él dispone de eso, y nosotros no vamos a negarnos. Además, en esto de la poesía… realmente no hay beneficio, más bien lo contrario. Por parte del editor, y por parte del autor yo te diría que también, el beneficio es verse publicado en una buena colección. Ahí, lo que no podemos es pedir peras al olmo. Si Juan creyó oportuno publicar eso con Abelardo Linares, pues nosotros somos los primeros en alegrarnos. A Juan lo descubrieron en Pre-Textos. Juan era un chaval que escribía en Citas, un suplemento del Diario de Jerez con unas páginas de cultura que ya querríamos ahora, que dirigía Paco Bejarano, y que hacían él y José Mateos. Eso también les dio, a esas páginas de cultura, una agilidad y un dinamismo… y, fíjate tú, se hacían en Jerez. De ahí la importancia que tiene la periferia, lo que han denominado nuestra periferia. Yo me estoy desgañitando por decirle a la gente que más allá de Madrid y Barcelona en el mundo de la edición en este país hay vida. Aparte, que Madrid y Barcelona son los dos centros tradicionales de la edición, pero hoy la cultura no pasa por el eje Madrid-Barcelona. Eso es lo que les interesa a algunos. Hoy pasa por A Coruña, por Santander, por Bilbao, por Zaragoza, por Sevilla, por Extremadura…

Apostar por autores nuevos tiene muchos riesgos. Y uno de ellos es que una vez publicados dos o tres libros, cuando ya son conocidos y tienen éxito, te los pueden quitar, o ellos puede que quieran marcharse a otra editorial.

Hombre, se lleva con deportividad. Lo que pasa es que, claro, incluso cuando hay autores que lo que están es vendiendo o están es impartiendo o enunciando su obra desde una perspectiva moral y ética, que esos propios autores acaben incluso faltando a su palabra me parece bastante doloroso. No te voy a decir que inmoral, pero a mí, a título personal, me parece doloroso y decepcionante.

En Pre-Textos nunca le habéis puesto una faja a un libro diciendo los miles de ejemplares que ha vendido. ¿No confías en el poder del marketing?

No, para nada. Y además me parece que eso es faltarle al respeto a los lectores. Siempre digo una cosa que dijo Juan Ramón: «Yo me dirijo a lectores, no al público, porque el público ¿qué es?». El público es una masa amorfa que no sabemos muy bien. Pre-Textos se ha dirigido desde el principio a lectores. Y yo no puedo considerar al lector un número. A mí me parece que eso va en descrédito nuestro. Para nosotros los lectores son sagrados, y si por supuesto vendemos de un libro cien mil ejemplares vamos a ser los primeros en celebrar el número cien mil, pero nosotros no vamos a darle gato por liebre a la gente. Decir: «de este libro se vendieron veinticinco mil ejemplares hasta la fecha…». Me parece que es una falta de respeto al lector, de verdad.

Parece que hay un boom de pequeñas y nuevas editoriales.

Sí. Yo creo que hay un boom, no solo en España, sino te diría en el ámbito de nuestra lengua, en América. Viajo mucho por Latinoamérica, y hay nuevas editoriales en México, Colombia, Argentina, Chile… y son pequeñas editoriales de resistencia, muchas de ellas; que algunas acaban por imponerse, otras muchas, como siempre ha ocurrido, se quedan por desgracia en el camino. A mí me parece muy interesante desde la perspectiva de un editor porque han venido a revalorizar el trabajo que nosotros hemos hecho también, porque son editores con un perfil literario. En contraposición a otros editores que nacen ya con la vocación de ser comprados. Están constituyendo un catálogo para vendérselo a alguien en el futuro. Me parece totalmente legítimo, pero me parece que ese es un tipo de editor que no es comparable a esos otros editores que están trabajando y están enunciando desde una singularidad.

¿Y qué opinas del boom de la autoedición? ¿Habrá un futuro Premio Nobel de Literatura que haya empezado en Amazon?

¿Por qué no? Puede ser. Pero el boom de la autoedición creo que es un recurso que tienen los autores que se sienten desdeñados o ninguneados sistemáticamente, por qué no van a recurrir a eso. A mí me parece totalmente legítimo. Después, la labor del lector será hacer la criba, porque imagínate tú la cantidad de cosas que se pulirán… no es que no pasen la prueba del nueve, ni eso. Yo recibo una media de cien mecanoescritos, más PDF, más los libros de mis colegas extranjeros, al mes… que es como si estuviera convocando un premio constantemente. Con la advertencia previa de que no admitimos manuscritos. Fíjate lo que supone solo cuantificar eso, y dinero. Nosotros somos unos editores que contestamos a todos. Unos merecen una contestación más amplia, otros más escueta, porque también es lo que os decía, fijaos la cantidad de gente que se cree que es escritora y que no lo es en absoluto.

Enrique Redel, editor de Impedimenta, nos decía que no hay tiempo para leer manuscritos. Es una gran tragedia. ¿Eso es un lujo muy escaso en estos tiempos, tener tiempo para los manuscritos?

Yo no creo que sea un lujo, creo que es una obligación moral que tiene el editor. Enrique es mi amigo y le quiero muchísimo y aparte admiro muchísimo el trabajo que está haciendo, pero creo que es una de nuestras obligaciones morales: leer. Y leer aquello que nos llega. Hoy, por ejemplo, he recibido por parte de Italia la oferta de mandarme unos libros, una autora además que conozco previamente, y le he dicho: «Por supuesto, hazlo. Y lo que no te puedo garantizar es que te vaya a publicar, pero tú hazlo, porque mi obligación es leerte». Hay una joven, colega además, que conocí en un congreso que hubo hace poco en Castellón de jóvenes y pequeñas editoriales, y me ofrecía un libro suyo. Y yo le dije: «Mira, tengo el catálogo, y en lo que a poesía respecta, a cuatro años vista la programación completa, pero tú mándamelo». Y ella me dijo: «Es que me he enterado de que una amiga ha terminado un libro y se lo vas a publicar». Y digo: «Esa amiga, que ha acabado su libro, lleva cuatro años esperando a que Pre-Textos le levante la barrera».

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Hace poco has vuelto de Colombia. ¿Está el futuro del libro en español al otro lado del océano? ¿La crisis está obligando a una editorial como Pre-Textos a vender fuera lo que ya no se vende dentro?

No. Creo que el futuro pasa por las dos orillas. Y creo que la situación de la literatura en español, a la altura que estamos del siglo, es muy buena. Te lo digo con franqueza. De las lenguas que leo, la literatura en español y en inglés creo que pasa por momentos óptimos. Y eso no se circunscribe a Inglaterra ni a Estados Unidos. También en Sudáfrica hay buenos autores, en Nueva Zelanda hay buenos autores, en Australia hay buenos autores. Una tradición literaria sólida. En las dos orillas… yo creo que la importancia de nuestra literatura está en las dos orillas. A lo mejor la balanza se desequilibra, a lo mejor hay mejores prosistas allá que acá, yo no lo sé porque no he hecho ese escrutinio.

En cuanto a la otra pregunta: no. Las crisis siempre obligan a salir con tu carterita a vender las cosas. Pero en el planteamiento de tu pregunta hay una cosa que es un poco confusa. Por ejemplo, es verdad que lo que no hemos vendido aquí lo hemos querido endilgar allí, y eso no es. Yo creo que lo que tenemos que hacer es tratar de vender lo mejor que tenemos en nuestras casas, allí y aquí. Y eso es lo que nosotros hemos intentado y creo que hemos conseguido. Además, lo hemos conseguido por una razón: si tú vas a Colombia o a México o a Argentina, por ponerte tres casos, o Venezuela o Perú, a nosotros nos consideran como locales, no nos consideran como un equipo visitante. ¿Y por qué nos consideran locales?

Porque nosotros desde el principio hemos tenido la vocación y la intención, la voluntad expresa… y cuando he ido de invitado a alguno de estos países, a empaparme de lo que allí ocurría, si allí ocurría algo que a mi juicio valía la pena, lo que hacía era traérmelo. No actuar como un nuevo colonialista cultural, que va allí para venderles el producto, desembarcan allí como muchas de las editoriales industriales para vender su producto. Sí, copan a los autores locales, pero no tienen ninguna trascendencia después aquí. No tienen una correlación en Europa. Imposibilitan que en Europa los publiquemos nosotros, porque, si nos reducen el campo de intervención comercial, nosotros no podemos publicar exclusivamente para España. Porque si España está regular, por no decir mal, en lo que a índice de lectura respecta, imagínate tú si perdemos un espacio, por pequeño que sea.

Y los talleres, los cursos, las conferencias, los congresos… toda esa actividad pública del editor, ¿cómo la llevas?

Lo hago muy gustosamente. Lo que trato es de pautar, de ponderar eso, porque si dijera a todo que sí estaría todo el día en danza. Y yo soy un editor que creo que me tomo en serio. Es verdad que en los aviones se puede leer, y en los aeropuertos se puede leer, y en un autobús no me mareo y leo, pero yo necesito leer tranquilo. Si yo no leyese, cómo realizaría escrutinio. La edición la entiendo como una de las formas posibles de hacer pedagogía. Creo que por ejemplo dar una conferencia sobre un tema determinado es hacer pedagogía. Dar una clase magistral en un curso de edición creo que es hacer pedagogía. Y además me siento a gusto y creo que tengo ascendente sobre la gente cuando les hablo de aquello que hago. Y no porque Manolo Borrás sea más inteligente y sea más simpático, sino porque creo en lo que hago. Cuando uno tiene fe, la fe que tengo en aquello que hago, es fácil vendérselo a los otros. Vendérselo lo digo en el mejor de los sentidos. Y mis amigos en prensa, que me conocen bien y pueden dar fe de ello, me han dicho: «Tú no solo luchas por lo tuyo, sino que luchas también por los demás». Y lucho por lo de los demás egoístamente también. Si el crítico centra su mirada en algo que a mi juicio es bueno, a lo mejor no estoy equivocado, porque soy yo solo el que opina eso. Las cosas aquí no se hacen gratis, pero creo que hay que hacerlas con rigor y con cierto orden y concierto.

Uno de los últimos libros que habéis editado es una antología del poeta Francisco Brines. Editáis mucha poesía. En vuestro catálogo la poesía ocupa un lugar destacado. ¿Piensas que la poesía está viviendo un buen momento o que por el contrario la poesía siempre será un género minoritario?

Creo que la poesía está viviendo un momento excelente. Y te diría que de minoritario nada. Eso ha sido otra de esas etiquetas que nos han colocado esos que siempre digo. Vivimos un momento perverso en que la sociología precede a la verdad, y no es así. Lo que pasa es que es verdad que cuando tú apuestas por valores no consensuados, estás apostando por la gente más joven, es verdad que uno pierde dinero. Pero esa es responsabilidad de cada uno. El propio Paco Brines. Paco Brines es, en justicia, uno de nuestros grandes poetas vivos, tiene un público lector bastante amplio. Observad solo el caso de un Luis García Montero: ha hecho que la poesía llegara a muchísimos sitios en que la poesía no había llegado antes. Ahora, no mido las calidades poéticas por el índice de lectores. Ha habido poetas que sin tener lectores no han dejado de ser grandes poetas. Por ejemplo, Tomás Segovia. He estado publicando no sé cuántos libros suyos, y estuve publicando uno tras otro, y no vendía ni cien ejemplares de sus libros. Hoy Tomás Segovia se ha convertido en un referente ineludible de la poesía escrita en español.

Pre-Textos tiene un gran número de escritores portugueses en su catálogo. ¿Alguna otra literatura nacional que habría que reivindicar?

Seguramente, muchas. Yo, por ejemplo, húngaro no leo. A los húngaros los tengo que leer por ediciones interpuestas, inglesas o alemanas o italianas, que los italianos también son bastante activos en la edición de los europeos. A lo mejor habría que reivindicar Hungría. No lo sé. Eso de verlo regionalmente… He insistido mucho sobre Portugal, sobre el portugués, porque me refiero a Portugal y a la otra orilla. Aunque tengo una deuda con la otra orilla porque hasta la fecha llevo publicados pocos brasileños, más portugueses que brasileños. Portugal fue un empeño nuestro muy desde el principio porque España siempre ha mirado con desprecio a su vecino pobre. Lo sigue ignorando y te voy a decir por qué. Tengo la evidencia. Publiqué a, para mi juicio, uno de los mejores poetas que ha dado este continente en la segunda mitad del siglo XX, que fue Eugénio de Andrade, un poeta ahora ya de referencia, un libro que se llamaba El otro nombre de la tierra, del que publiqué quinientos ejemplares, y tardé veinte años en vender esos quinientos ejemplares. En todo el ámbito de nuestra lengua, ojo, que somos casi quinientos millones de hispanoparlantes. Es verdad que se murió Eugénio, hicimos su antología, que hizo Ángel Campos, acababa de salir unos días antes del fallecimiento de Andrade, y la vendimos y reeditamos. ¿Por qué? Porque es evidente que en nuestra sociedad lamentablemente la muerte tiene un gran poder sancionador, que eso lo he visto yo en muchos autores muy queridos y muy cercanos a la editorial, por los que he estado rompiendo una lanza que me hubiera encantado que se les hubiera reconocido en vida, y después siempre se les ha reconocido a toro pasado. Lo de Portugal… creo que era una razón de amor por un lado, como me ocurrió con América, y después también una deuda. Portugal son nuestros hermanos que están ahí al lado, y tienen una literatura que está muy bien, señores.

¿Y qué conexión tenemos con la literatura italiana?

Los españoles desprecian e ignoran mucho de la gran tradición de la literatura italiana. Hace años, en Bolonia, di una conferencia en tándem con Franco Loi, el grandísimo poeta milanés que ha traducido a muchísimos autores españoles, y él hablaba de la recepción que había tenido España en la cultura italiana, y yo tenía que hablar de la recepción que había tenido la cultura italiana en España. Y dije la verdad: no hay una correlación. Italia ha dado unos hispanistas, y sigue dándolos, porque acabo de comprobarlo ahora en Nápoles y Roma, de un talla enorme; y en cambio, los italianistas españoles han sido pocos. Muy pocos. Y tenéis el caso de un autor como Pavese. Es un mito de la literatura… a nosotros nos cuesta Dios y ayuda vender mil quinientos ejemplares de sus libros, ¿eh? Y es Pavese. Salvo La luna y las hogueras, el resto de los libros de Pavese apenas ha tenido fortuna. ¿Qué es lo que ocurre? Un amigo y autor de la casa, en una conferencia dijo que qué pena que a Pavese no se le estuviera publicando en España. Hasta tu propio autor no tenía conocimiento de que tú estabas reeditando a Pavese. Pero eso qué te demuestra. Fíjate la prensa la labor que está haciendo. Tú estás publicando a Pavese en buenas traducciones, y no se enteran. Y después se enteran de cosas que, francamente, a mí me llenan de vergüenza. Te lo digo con franqueza. ¿Cómo es posible que te estén diciendo que estos son una autora o autor valiosos si tú sabes que va a durar un cuarto de hora? El cuarto de hora que su editorial italiana o alemana o francesa quiera darle de vida. Una vez me preguntaron a qué autor echaba de menos, y a mí hay un autor italiano que me encanta que se llama Mario Rigoni Stern, y del que no vendíamos un clavo. Publicamos dos primeros títulos, después Estaciones, su último libro, una belleza, un libro breve en el que él habla de su vida, a través de las cuatro estaciones del año. Además fue el típico escritor de frontera, un hombre que vivía in confini, en la zona del Carso. Las fronteras parece que son inalterables, y son algo que está continuamente moviéndose, él vivió la traumática experiencia de la guerra, tiene un libro que nosotros publicamos, El sargento en la nieve, que habla de la campaña que él tuvo que hacer obligado por supuesto con las tropas mussolinianas en Rusia… Este es uno de los escritores, a mi juicio, con un sentido mayor de la ecología que hay.

Hay una cosa muy importante si queremos salvarnos: la reivindicación del fondo. Abelardo mismo, Renacimiento tiene un fondo extraordinario. Pre-Textos tiene su fondo, Del Viento tiene el suyo, Cuatro Ediciones tiene el suyo. Somos pocos y cada vez menos. De los resistentes ya somos cada vez menos, y ahora Anagrama o Tusquets ya son otra cosa. Y Acantilado, porque muere Jaume. Aunque en Acantilado, Sandra Ollo está manteniendo muy bien el tipo. Creo que eso hay que reconocérselo.

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A ti te dieron el Premio Líber en 2015. ¿Es importante el reconocimiento de tus propios compañeros de oficio?

Sí, claro. Y no solo es importante. Para mí fue una satisfacción y sobre todo que tus compañeros de oficio sean los que reconozcan tu labor… para mí es la mejor sanción a nuestro trabajo que puedo recibir. Además te digo una cosa: ahí sí que no se hacen distingos. Ahí no son solo editores literarios. Son editores industriales que yo, ojo, cuando establezco la divisoria, no lo hago de una manera maniquea. No creo que los editores industriales sean el ogro y sean una monstruosidad. Cada uno cumplimos con nuestro papel, y son papeles que se complementan. Los editores industriales merecen todo mi respeto. Hay muchas veces que se me quiere enfrentar a ellos, y ni hablar.

Con respecto a los grandes premios literarios. Parece que están completamente desmontados. ¿Crees que es necesario un premio a obras editadas?

Es lo que se intentó hacer con el Premio José Manuel Lara. Fue la iniciativa de su hijo, de José Manuel Lara Bosch. A mí me pareció una buena iniciativa. Después muy contestada, yo te diría que, en el fondo, nos la cargamos más bien los editores que estábamos en el jurado. Esa es mi opinión. Esa es mi opinión. No sé si esto es apropiado decirlo, pero creo que había como una… A nosotros nos trataban todos fenomenal; nadie se pudo quejar del trato que nos dieron en Planeta. Pero veía como cierto recelo entre mis colegas, qué quieres que te diga. No todos, por supuesto que no, pero yo veía… los movimientos orquestales en la oscuridad siempre existen. Aunque debo decirte una cosa: en honor a la casa matriz, jamás tuve la más mínima presión. Ni creo que la tuvieran ninguno de los que compusimos ese jurado.

Habéis editado el epistolario de un pintor como Ramón Gaya, que hasta hace poco era casi un desconocido. ¿Qué os llevó a publicarlo?

Gaya es un antiguo amigo de esta casa. Es un antiguo autor de esta casa. Es verdad que difundir la obra de Ramón no ha sido una tarea fácil, porque hemos encontrado muchísimas resistencias, de hecho las estamos encontrando… Ramón fue una persona incómoda para el establishment, para determinados poderes, sobre todo porque puso el dedo en la llaga. Ahora sí, ahora viene un francés y entonces dice lo mismo que dijo Ramón Gaya hace cincuenta o sesenta años, y todos lo celebran como la maravilla, cuando se está hablando del arte contemporáneo. Pero eso tiene que venir de Francia o de Estados Unidos, y le ríen las gracias y las genialidades a cualquiera. Una persona como Ramón Gaya, que lo hemos tenido aquí al lado, que ha estado diciendo también las verdades de la trampa y de la mentira del mercado del arte, etc., de cómo las cosas suben y bajan en ese mercado según los intereses incluso de un banco, o los intereses de un país. Por ejemplo, el otro día, sin ir más lejos, leíamos que la CIA había intercedido a la hora de que se diera el Nobel a Pasternak. A mí me da igual, el Nobel se le dio a un gran escritor como fue Pasternak, fue un Nobel bien dado. Hoy a Pasternak lo recordamos y nos hemos olvidado del 80% de los premios Nobel. La obra de Ramón Gaya me llevó a publicarlo. Cuando conocí a Ramón Gaya, leí su primera entrevista, a mí me provocó una gran conmoción. Es decir, una persona que podía enunciar las cosas como él las enunciaba, con la libertad con que las denunciaba, con la falta de presión con la que él hablaba de determinadas cosas, en las que todos, más o menos, creíamos, pero nadie había dado el paso adelante. Para mí fue una revelación. Ha habido un Manuel Borrás antes de conocer a Ramón Gaya y otro después. Ahora mismo me preguntaba una periodista cuánto tiene aún por enseñarnos la obra de Ramón Gaya. Su obra está ahí y creo que puede serle muy útil a aquel que quiera internarse en ella. Siempre, claro está, que se haya liberado antes de muchos de los prejuicios con que nos la encontramos en el siglo XX. A él hay que acudir libremente, sin prejuicios. Ramón no era antinada. Actuaba siempre a favor de las cosas. Por eso yo lo tuve como amigo. Lo que ocurría es que cuando había que ser muy duro con alguna situación, y había que descubrir y poner las cartas sobre la mesa, él era el primero que se la jugaba. Y no tenía el menor empacho de decir que a él uno de los grandes mitos del siglo XX le parecía una mamarrachada, por ponerte un caso.

¿Y cómo fue que saliste en el documental sobre Ramón Gaya?

Me lo propusieron, porque ese documental lo estaba haciendo un amigo, un joven amigo, cuyo padre fue un gran amigo de Ramón, e incluso el joven amigo pudo disfrutar todavía de Ramón, y entonces a mí me eligió como uno de los amigos más cercanos a Ramón. En ese documental intervino mucha gente y y yo me sentí muy honrado de participar en él, por supuesto.

También habéis publicado la biografía de Wislawa Szymborska. ¿Qué aporta este texto a su obra?

Yo creo que mucho. Porque la Szymborska era una mujer de una idiosincrasia muy particular. Y entre otras cosas, era muy celosa de su intimidad. Este es un libro que es producto de dos personas, dos periodistas admiradoras de su obra, que tras muchas conversaciones, tras muchísimos testimonios recibidos, escriben este libro como homenaje a la escritora, en el que revelan, y yo creo que con acierto y con un respeto enorme hacia el celo que ella tenía de su intimidad, una parte importante de la intimidad de la poeta. Pienso que ese lado humano de todo poeta es más importante de lo que creemos. Porque es parte constitutiva de la excelencia de su obra. Es un relato que te mantiene interesado desde el principio hasta el final, porque la vida de la Szymborska, siendo una vida muy doméstica y muy local, es una vida fascinante desde muchos sentidos. Fascinante desde una perspectiva suya amorosa, fascinante desde su condición de poeta, fascinante por ser una mujer que está viviendo en un país estalinista. Cómo tiene que enfrentarse a eso. De una juventud condicionada también por su militancia comunista y su posterior desengaño ideológico con ese sistema.

¿Cuál es tu poeta favorito?

Para mí hay dos poetas que son fundamentales. No, voy a decir tres. Para poner algún americano. Hemos hablado ya de Rubén Darío, pero, por ejemplo, para mí hay dos poetas en el siglo XX… Te iba a decir Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. Para mí son dos poetas indiscutibles, como dos rocas inamovibles. Ahora, claro, digo esos dos, y… ¿Unamuno? ¿Y el Cancionero de Unamuno dónde lo pondría? También le haría un sitio. Y en lo que a América respecta, para mí un poeta que es de las cumbres de la poesía en nuestra lengua es César Vallejo. Y te diría que después hay dos poetas que son menos conocidos en nuestra tradición, pero que a mí me parecen también de una gran importancia, que son López Velarde, el mexicano, y Eguren, el peruano. Y para mí esos son… ¡Hombre! Podría citar muchos: Dante me entusiasma…

Recomiéndanos alguno de tus libros.

Yo recomendaría, ya que hemos hablado antes de nuestro queridísimo Mario Rigoni Stern, cualquiera de los libros suyos que ha publicado Pre-Textos. Y desde luego, creo que nadie perderá el tiempo y saldría bastante, como dicen los italianos, colpito, bastante afectado en el mejor sentido, el libro que acabamos de publicar ahora, que son las Cartas a sus amigos de Ramón Gaya. No es un epistolario al uso. Es más que un epistolario. Es el reflejo de una soledad… y no diría de una pasión, porque aplicar el término pasión a la persona de Ramón sería como rebajarlo, pero sí de una revelación; verdaderamente, para mí, es una de las empresas intelectuales del siglo XX en español más apasionantes, y ahí sí puedo aplicarlo, que ha dado la cultura española en la última mitad del siglo pasado, que ha sido desde luego Ramón Gaya.

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Fotografía:  Ángel L. Fernández


Librerías con encanto: El árbol de las letras (Valladolid)

El local del número 25 de Juan de Mambrilla donde ahora se encuentra la librería El árbol de las letras “fue en los años 60 una librería especializada en medicina. No había entrado nunca, me daban repelús los ojos, los huesos…”, recuerda Soraya.

El árbol de las letras

Conocían la librería médica porque ambas hermanas, tanto María José como Soraya,  trabajaban en otra que no quedaba muy lejos. Primero Soraya, “no tenía experiencia ninguna; la había abierto el hijo de un profesor de historia que me hizo un contrato indefinido, y me quedé con él”, y luego María José. Lo que ocurrió fue que, de la noche a la mañana, cuando ya estaban las dos contratadas, la librería cambió de dueño: “Este va a ser vuestro nuevo jefe”. Les contó cómo iban a orientar el negocio y que tenían que prescindir de una de ellas. Lo pensaron —no mucho— y se marcharon ambas (solo le dieron a Soraya la opción de quedarse, en realidad, y esta dijo que no, que se iba con su hermana, “qué iba a hacer si no”). Así, que estaban las dos en la calle, sin trabajo. “A los cuatro días pasé justo por aquí, la propietaria acababa de comprar el local, y esa misma semana lo alquilamos. Me despedí un 31 de Noviembre, lo encontré un 7 de Diciembre, y el 6 de Enero del año 2002 abrimos. No teníamos un duro.” Será el marido de María José el que les ayude a pintar —hacer estanterías, montarlas, colocar— junto con más gente: “De nuestra anterior etapa teníamos muchos amigos y clientes que nos ayudaron en los comienzos, siempre difíciles”. El local no ha cambiado prácticamente desde que abrieron.

“Nos hemos especializado en el libro imposible:” “Oye, Soraya, no tendrás un libro  que escribió este hombre hace unos años cuando estaba no sé si con Espasa…” Y se lo encuentran. Entendemos que es así es como se marca la diferencia, cómo acaba uno yendo a la misma librería de siempre cada vez: es allí donde van a volcarse para ayudarte con una bibliografía para un trabajo (El árbol de las letras tiene una vida fundamentalmente universitaria), donde van a acabar sabiendo que lo tienes todo sobre Proust, que tienen que llamarte en cuanto salga algo nuevo; no van a olvidarse.

Anécdotas las hay de todo tipo. Alguna, incluso, para ponerte los pelos como escarpias: “Una chica de 20 años, estudiante de periodismo, me dijo que no sabía quién era Kennedy. La senté ahí mismo, en esa silla, y le estuve contando qué significó en su momento, que no se puede contar sin él la historia reciente de Estados Unidos”. Luego le buscó la documentación, como tantas otras veces para tantos otros. Quedan, no obstante, motivos para la esperanza: durante el rato que estuvimos por allí aparece otra chica, jovencísima, que quiere llevarse La biblioteca infinita. Vamos a obviar el que hayan venido también preguntado por El principito (preferimos a Benedetti llegados a este punto). “No hay libro tan malo que no tenga algo bueno”.

“Mi hermana lee mucho más, es una pena que no haya podido quedarse hoy; se lo lee todo, y habla mucho mejor que yo”. Nos deja las líneas que sobre la librería escribió a invitación de la Revista Mercurio María José, diríamos que con un puntito de orgullo: “Nos gusta sugerir y orientar a nuestra clientela a la hora de elegir una buena lectura, aunque, dada la condición habitual del amigo-cliente, es este quien, a su vez, nos asesora y enseña en muchos casos (…). Nos gustaría recomendar los libros  Lecturas no obligatorias,  de Wislawa SzymborskaEl cielo a medio hacer, de Tomas Tranströmer”. Soraya se leyó hace poco Los enamoramientos de Javier Marías,”me ha gustado un montón”. Y ahora se estaba leyendo precisamente la novela a la que se hace referencia en aquella, la que le gustaba a la protagonista, El coronel Chabert de Balzac, “a mí Balzac es que me gusta mucho, así que me hice con la edición de Alfaguara para tenerlo”, y en esas estoy ahora. Nos explica que es difícil encontrar tiempo para leer, que llega muchos días tardísimo a casa, y que en la librería no paran un minuto, es imposible. Nos lo creemos: no ha dejado de entrar gente, preguntando, dejando teléfonos para que les llamen cuando les consigan el libro que buscan, parándose a charlar sobre esto y sobre aquello. Se nota  que la parroquia les conoce bien, que se encuentran a gusto, tratados de maravilla, que es cómodo entrar y darse una vuelta para ver qué hay de nuevo, para departir. Huelen los libros de otra forma en un centro comercial; cuando los compras online, ni eso. Si no nos creen vayan a la que les pille más cerca, a ver por qué la parroquia de Pepe  leyó antes que nadie La liebre con ojos de ámbar, o a Antonio Méndez a que les cuente el porqué de ese estante destacado con los Pérez Reverte; por qué los sábados por la tarde están los Tipos Infames despachando libros sin parar, a seis manos; qué es lo que cuenta y cómo Gisela para que ya todos por aquí hayamos leído 84, charing cross road, o qué tipo de contubernio ha hecho posible que tanto salmantino tenga a Foster Wallace en la cabecera de su cama.

Salimos por la puerta y tenemos que acordarnos de aquello que nos dijo Paco Goyanes en Zaragoza: “El librero es resistente por naturaleza”. María José  y Soraya no es que sean incombustibles, que también, es que además tienen esa forma de mimar al lector de libros que es la que marca, por encima de todo, la diferencia; la que hace que Jot Down se vuelque en esto; si alguien tiene que poder vivir con dignidad del promover la cultura, que sean los libreros,* ¿no?

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(*Sin ánimo de ser exhaustivos)

Fotografía: Manu Granadero @manujhy


Carlota Reig: “Hemos endiosado a muchos deportistas”

“Normalmente no voy tan maquillada, pero vengo directa de hacer el Telediario”. Carlota Reig (Madrid, 1984) llega puntual a la Nevera del Ramiro de Maeztu, el legendario instituto por el que Club Estudiantes es tal. Va armada de una de esas sonrisas amplias y sinceras capaces de abrir casi cualquier puerta, lo que unido a sus 177 cm. hizo que el gran Andrés Montes le adjudicara el mote de Julia Roberts. Carlota lleva desde los 24 años frente a las cámaras de LaSexta Deportes y acaba de cubrir el Europeo de baloncesto en el que la selección española resultó campeona, todo un logro para esta periodista de mirada penetrante y dicción impecable. Tras una sesión de fotografía en las canchas, buscamos un lugar tranquilo y apartado de los estudiantes que entrenan y podrían arremolinarse a nuestro alrededor por estar en plena edad de conocer el Mal, y ya lejos del cartel de “No echen de comer a los dementes” conversamos largamente acerca de su profesión y, sobre todo, en lo que respecta al baloncesto.

¿Hubo algún medio, programa o personaje que te inspirara para ser periodista?

Siempre quise serlo, pero no por ningún medio o personaje en particular. Desde pequeñita me gustaba mucho escribir; pero no como un diario, sino reflexiones de las cosas que me pasaban y por qué podían pasarme. Y no sólo por escribir, sino porque también me interesaba mucho la actualidad, lo que estaba pasando en el mundo. Por eso decidí que me gustaría ser periodista.

Deduzco, por lo tanto, que el periodismo deportivo no es tu vocación. ¿Te gustaría trabajar en otros campos?

El deporte me interesa —de hecho los he practicado casi todos— pero también me interesa la política. Empecé trabajando en Real Madrid Televisión y en deportes me quedé. Es algo que me encanta, pero la verdad es que no informas de nada serio, te limitas a entretener. El día del adiós de ETA, por ejemplo, los otros periodistas te dan un poco de envidia sana; me gustaría hablar de eso, no de si Higuaín ha metido más goles con la derecha que con la izquierda.

¿Crees que el periodismo deportivo tiende últimamente a lo fácil?

Sí, son muchos tópicos que al final te cansan. Y no sólo en el lenguaje, estoy harta de escuchar “abrió la lata”. Cuando cojo un periódico deportivo y leo “mejor promedio goleador de Europa”, me aburre. Pero también me pasa con algunos diarios nacionales; llego al final y me doy cuenta de que no he leído ninguna historia interesante.

El otro día, por ejemplo, la portada de un periódico deportivo se centraba en un entrenamiento del Madrid pese a la de historias interesantes que genera el deporte.

Lo que cuenta es el dinero. Si metes en portada que, por ejemplo, Marta Domínguez vuelve a ganar una carrera, puede que vendas un periódico. Si la haces de un entrenamiento del Madrid con Cristiano Ronaldo, Mourinho e Íker Casillas vendes el doble. Por desgracia es así.

¿Te gustaría probar otro medio además del televisivo?

¿Por qué no? Aún no estoy preparada, para escribir tienes que seguir una serie de pautas, pero sí, en algún momento me gustaría escribir. Aunque no de deportes.

¿Cómo ves el papel de una mujer joven como tú en un mundo que tradicionalmente ha sido de hombres?

Ha habido otras mujeres antes que yo que han roto el estereotipo de que tiene que haber un hombre en un campo de fútbol o una cancha de baloncesto. En mi caso, por ser mujer, no he conseguido ni más ni menos. Hay a quien le puede chocar aún que le dé un abrazo o dos besos a los jugadores que me encuentro, pero ¿qué haría un tío? Pues chocaría la mano, daría un abrazo y unas palmadas en la espalda. Quizá queda un poco raro, pero ¿qué más da?

¿Los jugadores te tratan de forma distinta que a tus compañeros?

Creo que no, aunque siempre tienes el puntito de que un hombre le va a prestar más atención a una mujer que a otro hombre, sois así. Estoy convencida de que si un deportista tiene a un lado a un periodista-hombre al que no conoce y al otro a una periodista-mujer a la que tampoco conoce, en el 80% de los caso se va a ir hacia la chica.

¿Existe un tapón generacional que impide a periodistas jóvenes alcanzar puestos de más relevancia?

Presenté mi primer informativo con 24 años, que me parece una pasada. Ahora tengo 27 y me dejan hacer cosillas, pero es que en LaSexta siempre hemos sido todos muy jóvenes. Sí que es cierto que en TVE, por ejemplo, los periodistas duran y duran. Caen gobiernos, cambia el siglo y siguen los mismos presentadores. Cosa que no me parece mal, pero no hay relevo. En la radio ahora también hay muchas mujeres. Están Àngels Barceló, Julia Otero… Pero sí, me gustaría ver, además de a mujeres presentadoras, a mujeres mandando. En LaSexta, por ejemplo, apenas hay. Tenemos una editora que rige los contenidos, pero los tres grandes jefes de la cadena son chicos; estaría bien que hubiera alguna chica ya que somos casi todo mujeres.

¿Cómo analizas el creciente sensacionalismo que últimamente rodea a muchos programas deportivos?

A mí no me gusta, pero entiendo que es entretenimiento y el deporte no tiene que ser serio. Una cosa es que en un campo muera un deportista de un ataque al corazón o pase algo en la IndyCar como pasó hace poco. Pero si no, te estás dedicando a entretener. Intentas que la gente pase un buen rato entretenida e informada sobre deporte. Por lo tanto, sensacionalismo, depende.

¿Notas en la prensa en general un cierto amarillismo? ¿La prensa deportiva se ha convertido en prensa del corazón para hombres?

Sí, pero es lo que quiere este país. LaSexta hizo un especial de Al rojo vivo sobre el adiós de ETA mientras al mismo tiempo en Telecinco emitían Sálvame; la diferencia de audiencias fue brutal. Piensas que en España a nadie le interesa que una banda terrorista deje las armas, que interesa más qué le pasa a Belén Esteban por la cabeza. Es triste, pero es el país en el que vivimos.

Parece que prefiramos otros medios cuando lo que queremos es mera información.

Puede ser. Lo primero que hago por las mañanas es entrar en Twitter, ver qué ha pasado. Sigo, además de amigos, a periodistas y agencias de noticias; es como un teletipo. Me gustan los informativos, pero para ver cómo lo cuenta cada uno, es algo periodístico. Ahora mismo si te interesa buscar información o saber qué ocurre en el mundo vas a internet y está todo.

¿Crees entonces que en la televisión van a desparecer los informativos como tal?

Quedan muy pocos informativos que se dediquen sólo a informar. Prácticamente todos son una especie de magacín. Tienes información seria de política, pero también te meten reportajes sobre Halloween. Sólo es diferente en TVE, pero porque es como una burbuja; siguen haciendo las cosas igual que hace 20 años. Han evolucionado y han ido mejorando, pero siguen trabajando como se trabajaba antes; son los que aportan más información pura y dura. El resto intentan dar otro tono. El de LaSexta, por ejemplo, me parece más fresco, pero es verdad que no te informas.

¿Cuál debería ser la función de un periodista?

Aparte de informar y entretener, debería ayudar a mejorar cosas, sobre todo mediante la denuncia. Por ejemplo, lo que ha ocurrido en Libia y en Egipto ha sido gracias a los medios de comunicación. Si en la otra parte del mundo no estás viendo cómo está la plaza de Tahrir, no te crea una conciencia que te hace ver que están oprimidos y que necesitan ayuda. Y eso lo hace un medio de comunicación. Sirve para denunciar injusticias aquí o en cualquier sitio.

Es decir, para actuar como el cuarto poder que se supone que es. ¿Crees que está muy sujeto a los otros poderes, por lo que estamos lejos de conseguirlo?

Creo que hay esperanza. Atravesamos un período muy complicado, sobre todo por las elecciones que se avecinan, pero normalmente un medio de comunicación o un periodista tiene que ejercer un control sobre el poder. Si nadie informara de nada algunos políticos seguirían robando. No creo que estemos a años luz de esa situación. Francisco Camps, por ejemplo, dimitió por presión popular, y eso lo logran los medios de comunicación. Pero por ejemplo con lo de Blanco, lo de los 200.000€ del primo, lo está sacando todo un medio de comunicación; me pregunto hasta qué punto ese medio tiene interés en cargarse a Blanco. Hay que lidiar con todo. Pero no estamos tan lejos.

¿En la universidad se forma correctamente a los periodistas?

Depende. Yo tuve algunas clases que me sirvieron de mucho y otras que absolutamente nada. Además, a partir de tercero casi ni pisé la universidad. Me acuerdo de un profesor que nada más entrar dijo “¿Tú qué quieres ser?” Uno contestó “Periodista deportivo”. Y le dijo “Pues coge una cámara, vete a un estadio de fútbol y busca una historia curiosa. En esta universidad no pintas nada, no vas a aprender nada.” En cierto modo es verdad, para que te cuenten la Historia del Periodismo y poco más.

¿Qué opinas de que en la mayoría de los puestos más mediáticos —tertulianos y opinantes— , tanto en radio como en televisión, estén copados por gente ajena a la profesión?

Me aburre bastante ver a periodistas hablando sobre algo, porque al final solo son periodistas. Sobre una trama corrupta en política, por ejemplo, prefiero que me hable un político. Igual que en deporte, me aburren las tertulias de periodistas hablando de fútbol. Es verdad que los jugadores, a veces, no tienen mucho que decir, pero siempre es más interesante.

Si fueras la dueña de un gran emporio, ¿cómo sería tu medio de comunicación perfecto? ¿Qué crearías?

Probablemente, con lo tiempos que corren en los que al papel le queda poquísimo y en la tele la competencia es durísima, sería una agencia de noticias a través de internet, con perfiles individuales en los que el usuario pudiera seleccionar lo que le interesa. Creo que hacer previsión para las masas o el público en general ya no vale. Tienes que centrarte en un determinado sector, más individualista, como los canales de pago.

¿Cómo recuerdas a Andrés Montes delante y detrás de las cámaras?

Era un fenómeno, pero coincidí muy poco con él. Estuve los últimos 15 días en Polonia, que fue su último Europeo con LaSexta; al poco de regresar murió. Era una persona que impresionaba bastante. Mucha gente me preguntó si se había suicidado, y yo decía que no, pero que no me extrañaba que hubiera muerto porque al salir de los pabellones íbamos caminando a cenar y él, que creo que tenía tres by-pass, no podía dar dos pasos sin descansar. Y delante de las cámaras, narrando un partido de baloncesto, era un genio, el mejor. No ya sólo por los motes, lo hacía divertido. Un partido que podía ser un coñazo te lo contaba de otra manera. Además era un tipo muy peculiar, se ponía a hablar de música, era muy culto… me gustaba mucho. Ponía motes a todos. A mí, desde el primer día, me llamaba Julia Roberts. Estaba cenando tranquilamente y se dirigía a mí como Julia.

¿Y la química con Daimiel?

Muy bien. Cuando Montes murió Daimiel estaba tocadísimo. Andrés hablaba muchísimo de Daimiel. Salió del Plus hacia laSexta porque le hicieron un contratazo; pero él mismo, cenando, siempre estaba “porque con Daimiel… con Daimiel…”. Un fenómeno.

Hablemos un poco de la actualidad del baloncesto. ¿Qué opinas de los fichajes por parte de clubes europeos de jugadores afectados por el lockout de la NBA? ¿Pueden quedar descompensadas cuando éstos se marchen?

Como marketing me parece brutal. Tener en la liga a los Gasol entrenando con el Barça y en el Madrid dos NBA como Ibaka y Rudy Fernández es una pasada. Pero cuando se vayan va a ser un problema, sobre todo en el caso del Madrid. Rudy solo está levantando un montón de partidos pero, cuando no esté, ¿qué vas a hacer? Si se alarga mucho el lockout puede valer, pero lo cierto es que la temporada ACB no vale para nada, ni ser primero te da demasiado. Hasta los playoffs no se decide nada y la temporada regular prácticamente no cuenta. Veremos hasta cuándo dura.

¿Y el caso concreto de Ibaka, que es para sustituir a un lesionado?

Ése sí me parece un buen fichaje, porque es un tío que atrae a gente al pabellón y va a aportar cosas en defensa que hoy por hoy no puede aportar mucha más gente. Me parece un fichaje muy bueno.

El Barça dice que descarta los fichajes del lockout, pero se comenta que intentó fichar a Ibaka que, de hecho, es del Barça, y a Rudy. ¿Ésta es la primera victoria del Madrid en los despachos desde el fichaje de Sabonis?

Sí, en mucho tiempo. A mí me ha llegado que el Barça se interesó por Rudy. Y también es verdad que el Barça ha dicho que descarta hacer fichajes, pero si en enero sigue el lockout me extrañaría mucho que no intentaran fichar a Gasol. Oye, que si no lo quieren, alguien lo fichará. Eso de que no se meten en fichajes de lockout no me lo creo. No se meten porque no han podido.

¿Hay algún equipo en Europa que pueda ganar a un Barça con los Gasol?

Creo que es imposible.

¿Crees que Mark Cuban permitiría a Rudy romper su contrato para jugar en España toda la temporada?

Lo veo muy difícil. Mark Cuban es un tipo bastante especial y creo que está esperando a ver cómo juega. Hizo unas declaraciones cuando terminaba la pasada temporada diciendo que le gustaría verle, que cree que podría ser titular. Y el propio Rudy quiere ver qué hay de cierto, porque ¿a qué jugador no le gustaría triunfar en la NBA?

¿En la NBA entrará en la rotación igual que en Europa o será más un especialista tipo “microondas”?

No creo que pueda tener la repercusión que tiene en Europa, y él lo sabe, porque allí cuesta confiar en un jugador extranjero. Y además, pese a que el año pasado tuvo más minutos, llega a un equipo veterano pero campeón y creo que su posición está bastante cubierta. Pero allí hay partidos cada tres días, hay lesiones… hay que ver cuándo empieza la temporada y si al final Rudy se va o no.

¿Crees que Ricky Rubio se puede adaptar bien al juego de Adelman en Minessotta con un juego como el de los Sacramento Kings de Bibby?

Ricky necesita libertad para jugar; en los sistemas muy esquematizados, basados en el libro de jugadas, está más atado. Ha de ser creativo porque tiene más talento que nadie y cuando lo quiere sacar no hay un base mejor que él, pero los sistemas le agobian bastante. En la selección española, por ejemplo, juega maniatado, y tanto él como su familia están contentos porque en la NBA va a tener más libertad de juego.

¿Los esquemas de Xavi Pascual en el Barça eran demasiado rígidos para él? Porque los resultados del entrenador son innegables.

Sí, los resultados de Pascual son innegables y tiene gente en la plantilla como Navarro, por ejemplo; conseguir eso no es fácil. A Ricky le afectó mucho el momento de si se iba o no, tomar la decisión, se metió mucha gente por medio, el Madrid estuvo a punto de ficharle, al final acabó en el Barça, él es del Espanyol… Creo que, una vez allí, después de la vorágine, no supo recuperarse, y la decisión de la NBA le afectó un montón, por eso me parece magnífico que se vaya ahora.

Hoy en día todos sabemos casi con seguridad quién va a llegar a la Final Four de la Euroliga. ¿Crees que un sistema imitando al de la NBA con límites salariales, sin descensos, etc, igualaría la competición o el hecho de ser el Madrid o el Barça siempre te dará ventaja sobre el Alba Berlín?

Creo que dará ventaja, pero es algo que nunca se sabe. El año pasado el Bilbao Basket ganó al Madrid en los playoffs de la Liga ACB, cuando te juegas la temporada. Y la diferencia de presupuesto es brutal. El otro día me decía Sergio Scariolo, que ahora está con el Armani Jeans, que no son competitivos porque han de jugar con un mínimo de italianos. Pues estuvo ganándole al Madrid de 10 o 12 puntos.

¿Matará la Euroliga a la ACB?

O la ACB espabila o… no sé qué vuelta le pueden dar, porque yo lo he estado pensando y no se me ocurre, pero tienen que hacer algo; tienes un montón de partidos que sabes que no te valen para nada.

¿Qué milagro tiene que hacer Querejeta para ganar la Euroliga con Baskonia?

Es raro. Creo que al final les falta competitividad en los momentos clave, porque será por jugadores… Los jugadores que ha tenido el TAU han sido espectaculares: Luis Scola, Pablo Prigioni, Thiago Splitter, Marcelinho Huertas… Es verdad que el año pasado les tocó un grupo difícil, pero vi los partidos en los que cayó eliminado y parecía que había ansiedad.

¿España puede quitarle el oro a Estados Unidos en unos Juego Olímpicos?

Espero que en Londres 2012, porque no creo que a Pau, a Navarro o a Calderón les queden muchos más campeonatos. Era muy curioso porque en el Europeo no te decían que querían ganar el campeonato, sino desde el primer día querían llegar a la final para meterse en las Olimpiadas, era su objetivo. Y es que ya tienen una plata, pero un oro ante EEUU sería una pasada.

¿Qué parte de responsabilidad tiene Scariolo de la victoria en este último europeo?

Mucha. El último partido me pareció impecable. Es verdad que en otros partidos, en algunos tiempos muertos, jugadas decisivas o últimas posesiones no había estado muy acertado. Pero es que no es fácil, es un equipo en el que todos están acostumbrados a jugar. Llull, en el Madrid, juega casi todos los minutos; en un momento sentó a Pau y éste se enfadó; no es fácil lidiar con estas estrellas. Muchos dicen que en la selección manda Pau, y es verdad, pero hasta determinado punto. Hay un entrenador que les coloca, que les cambia jugadas… creo que es un buen entrenador para la selección.

¿Qué debe de decir Carlos Suárez cuando ve a Rudy defendiendo a “treses” altos?

Pues Rudy no lo hizo mal, pero es que lo de Carlos Suárez fue un poco raro: cuando fue descartado, salió diciendo que Scariolo le había prometido contar con él. Yo dudo que Scariolo le prometiera nada, es imposible. Si tienes catorce plazas te quedas a Suárez, porque es el único “tres” puro de la selección, pero con doce… ¿dónde cabe Suárez ahí?

¿Para ti Víctor Claver es un “cuatro”?

Scariolo lo ponía de “cuatro” y él se perdía bastante, mientras que en el Valencia juega de “tres” y se le da mejor, pero creo que a Claver lo que le pasa es que en la selección no termina de decir “aquí estoy yo y puedo aportar esto y eso”. Y es que en ninguno de los campeonatos a los que ha ido ha conseguido aportar nada más que tres minutos.

Pero promete, porque cuando se pone a jugar es una máquina.

Sí, porque en el Valencia sí lo hace.

¿Navarro hubiera llevado a la selección española donde está si no existiera Pau Gasol?

Creo que en un 90% sí. Navarro es un jugador imprescindible. En este Europeo, donde ha acabado como MVP, sobre todo en los últimos tres partidos, todo el ataque ha sido suyo: partidos de 35 puntos, una locura. Y los momentos en los que Pau estuvo más flojo del tobillo por la lesión el peso lo llevó Navarro. Aun con Pau al 100%, si no tienes a alguien como Navarro, Pau no te gana siempre él solo los partidos.

También un gran cambio en defensa de Navarro, porque recuerdo aquellos tiempos en los que metía 30 puntos y no ganábamos nada.

Es verdad.

Hace poco subiste una foto a Twitter de Ibaka y Mirotic jugando juntos en el Madrid. ¿Lo veremos alguna vez en la selección española?

Por lo que me dicen de la Federación, ya están trabajando en ello. Me parece genial, no tengo ningún problema en que haya jugadores nacionalizados que provengan de otros países. Todos suman y prácticamente se han criado aquí. Su baloncesto y formación es española.

Teniendo en cuenta que al que botarían de la selección sería a Felipe Reyes, ¿qué crees que les puede hacer un animal como él en los entrenamientos del Madrid de este año?

(Risas) No creo que fuera necesariamente a Felipe. Este año fue Felipe quien dijo que quería ir, y por eso le convocaron. Nadie pensó en prescindir de Felipe, primero le preguntaron si quería venir.

Si fueras seleccionadora de cara a los Juegos de Londres, ¿mantendrías a Felipe y te cargarías a Claver para que lo sustituyera Mirotic? Porque los Gasol van a ir.

Sí, me cargaría a Claver.

¿Es mejor Mirotic que Claver?

A mí me gusta más.

La selección española de baloncesto, tanto masculina, como femenina, juveniles, en silla de ruedas… no para de ganar medallas verano tras verano. ¿Cuál es el secreto del éxito de la Federación?

Se preocupan mucho por el equipo. Ni siquiera Estados Unidos en el pasado Mundial llevaba a tanta gente como España. Al menos en la absoluta, que es lo que conozco yo. Dos fisioterapeutas, un médico, uno de prensa… y la propia Federación lo dice, que se apuntan tantos jugadores porque les dan muchas facilidades. Saben que van a estar cuidados todo un mes, les encanta porque para ellos es como un campamento de verano, se van con sus colegas a jugar unos partidos, y encima ganan porque son muy buenos. Lo tienen todo: masaje aquí, masaje allí, máquinas especiales… por eso van tantas estrellas NBA, que no es fácil. En otras selecciones renuncian, o dicen que es que acaba de nacer su hija. Navarro lleva diez veranos yendo con la selección, sin estar con sus hijas, y por supuesto que quiere estar con ellas.

Cuando llegó Colangelo a USA Basketball dijo que la idea era imitar a España. Por algo será.

Claro, y además Colangelo siempre está en los campeonatos. Recuerdo una charla con él hace unos veranos, no recuerdo si fue el pasado Europeo o Mundial, en las que también estaba Calderón, que estaba lesionado, y éste decía que él iba allí con su preparador pero además estaban los fisios de la selección. Es que esto no lo tiene ningún otro equipo.

Y es el más europeísta de todos los “general manager” americanos.

Sí, es verdad, es muy majo.

¿Qué será del basket femenino en España cuando se retire Amaya Valdemoro?

Muy poca gente se había fijado en el baloncesto femenino y entonces pareció Amaya con su cinta de la bandera de España, que la veías y decías “Es Rafa Nadal, pero en tía y en baloncesto.” Ahora está con las dos muñecas rotas y estuve el otro día en su casa para un reportaje. No puede hacer nada, ni ir al baño, ni ducharse sola, con 35 años. Tiene una especie de museo lleno de trofeos en su casa y una foto muy curiosa, en la que están ella y Pau muy jóvenes. Y es que está casi a la altura de Pau.

¿Hasta dónde llegaría la selección española si fuera una franquicia NBA?

Sería un equipo bastante potente. A la actual la meto en playoff. Nuestro quinteto titular es quinteto NBA. Metes a los Gasol juntos, a Rudy, a Calderón, Ibaka desde el banquillo, Navarro…

¿Cuántos partidos tendrá la liga regular de la NBA este año?

Yo creo que el lockout no va a durar mucho. Me ha explicado el propio Calderón que a los jugadores les dan muchas charlas sobre cuánto dinero van a ganar; sientan a los recién llegados o a los que les van a poner un salario muy alto y les ponen una persona para gestionarlo. Por ejemplo, si se casan, que hagan separación de bienes, que no se metan en muchos líos de empresas, cosas así. Hace poco estuvimos con Pau en La Rioja y nos dijo que era imposible que el lockout durara mucho, porque los jugadores se gastan muchísimo dinero y no van a poder estar muchos meses sin cobrar.

¿Cómo puede influir una temporada corta y compensada en el equilibrio de poderes de la NBA? Decía Rajon Rondo que a su equipo le iba muy bien, debido a la alta media de edad de la plantilla. ¿Le da esto una última oportunidad a Boston de ganar el anillo?

A mí me impresionó el palo que se llevaron los Celtics el año pasado. Kevin Garnett, por ejemplo, no espabiló hasta los últimos partidos. Y es que los Celtics son Pierce, Garnett, Allen y Rondo, que es el único joven de los importantes. Por supuesto, si hay pocos partidos los Celtics van a a ser unos de los beneficiados.

¿Ganará Lebron James un anillo alguna vez?

Seguro. Tiene equipo.

¿Qué opinas de él?

Me parece un jugador bastante chulo. Una persona que lleva un tatuaje en la espalda que dice “el elegido” tiene un problema. Puede ser muy bueno, pero no sé hasta qué punto decírtelo tú mismo y retar a la grada cada vez que metes un punto diciendo que eres el mejor es conveniente. ¿Luego qué pasa? Pues que llegas a los playoff, el momento de la verdad, y no haces nada, que es lo que sucedió. Su equipo, Miami, perdió por él, porque tuvo un bajón. Eso quiere decir también que es un jugador muy bueno, vital, pero que si se le va la cabeza te quedas sin equipo.

¿A qué equipo tiene que ir Steve Nash para conseguir un anillo?

Dallas le habría ido muy bien. Tiene pinta de que este año va a saltar de Phoenix, lo que pasa es que allí le quieren muchísimo. No lo sé, porque se podría pensar que quizá a los Spurs, pero es que Tim Duncan ya está llegando al final de su carrera en la élite. Quizá le pondría en un equipo nuevo. ¿Por qué no con Ricky? Te lo llevas a los Timberwolves, que han cogido a los primeros del draft y tiene allí a un veterano para hacer jugar a los nuevos, y de paso aprende Ricky; como pasó en Chicago. Estaba fatal hasta que apareció Rose, y un jugador es capaz de levantar un equipo. Te metes en playoff, y si ahí suena la flauta…

¿No lo ves como sustituto de Fisher en los Lakers?

No. Luego seguro que me equivoco y pasa lo contrario.

Que quede claro que se trata de periodismo-ficción.

Si es periodismo ficción, entonces prefiero a Calde en los Lakers.

¿Quién va a ser el próximo español en la NBA?

Creo que será Mirotic.

El primer partido de la final de la última ACB en TVE tuvo 614.000 espectadores (4% share), mientras que la final del Eurobasket en LaSexta tuvo 4,7 millones (31,4%). ¿Dónde está el problema?

Creo que además de cómo trate el medio a las retransmisiones también influye el equipo. Ver a la selección es muy goloso. Sería injusto decir que es porque lo hacemos mejor, porque no es lo mismo ahora, con los Gasol jugando una final, que antes. Pero a mí me pareció un error que el primer partido suyo no fuera el debut de Rudy. Tienes a un NBA que ha firmado por un pastón. ¿Cómo no abres con ese partido? Yo no lo entiendo, pero supongo que hay gente en TVE y Teledeporte que se dedica a pensar eso y tendrán sus razones.

La semifinal del europeo entre Francia y Rusia en Marca TV tuvo 590.000 espectadores y un share del 5,7%, que es más que el primer partido de la ACB que comentaba antes. ¿No habíamos quedado en que el básket era un deporte para unos pocos entendidos y que realmente no llega a la masa? ¿Hay 600.000 entendidos que ven unas semifinales en las que no juega España?

Pero es que creo que Marca lo hizo muy bien. Y volviendo a lo de Teledeporte de antes, el otro día debuta Ibaka, y yo no lo vi por la tele, pero según me contaron no hubo ni un solo plano corto de Ibaka, no tienes la reacción del público… no sé, me parece que no tratan excesivamente bien el producto, que es supergoloso teniendo aquí ahora a jugadores NBA. Sabiendo lo que comentábamos antes, que la temporada regular no vale para mucho, ¡explota eso!

En la NBA los periodistas pueden entrar al vestuario, pinchan a los entrenadores en los tiempos muertos para oír que dicen… ¿crees que eso se podría importar para mejorar el producto?

Claro que sí. Pero no sólo en baloncesto, también en otros deportes. Me parece algo de locos que puedas hablar con Fernando Alonso tres minutos antes de subirse a un coche a 300 por hora y que no puedas hablar con un jugador de fútbol diez minutos antes de saltar al campo porque se va a desconcentrar. ¿Estamos locos? Hemos endiosado a muchos deportistas, y eso es un problema, porque cuando les pides que se salgan de lo que están acostumbrados te dicen que no.

¿Qué podría hacer la ACB para mejorar las audiencias? Y no tires para casa, aparte de llevarse las retransmisiones a LaSexta.

Oigo mucho rumor, pero no sé si se lo van a llevar a LaSexta. Tal y como estamos, con la crisis y a las puerta de una fusión, no sé hasta qué punto se va a hacer. Incluso me parece que a Teledeporte todavía le queda un año, no tengo muy claro cómo está lo de los derechos. Creo que han de crear un sistema de competición distinto en el que cada partido sea trascendental. Yo los veo, me gusta la emoción de cada partido, pero también veo los de fútbol porque sé que si pierden son tres puntos menos y la Liga se les escapa.

¿Abogarías por eliminar el playoff?

O un formato que sea un playoff contante. No sé si para eso se tendrían que quitar partidos,o algo que te haga decir: “Bueno, de acuerdo, voy a ver 30 partidos, pero van a valer para algo.”

Parece que las audiencias de la ACB mejorarán con los fichajes del lockout, pero ¿crees que se mantendrán cuando esos jugadores se vayan? ¿Se conseguirá enganchar a la gente?

No sé si será definitivo, pero ahora está atrayendo gente. Que se queden es difícil, aunque aparte hay mucho seguidor de baloncesto que no soporta la NBA. Pero también hay mucha gente que, por lo general, no entiende gran cosa de baloncesto, que han empezado a verlo ahora que hay NBA. Así que a lo mejor éstos se quedan un poquito más.

¿Eres de NBA o de baloncesto europeo?

Me gustan mucho los dos, no sabría quedarme con uno. Es verdad que la NBA es la locura, un ataque sin defensa, jugadas más espectaculares; sin embargo el baloncesto europeo está más pensado, es más táctico.

¿Qué se siente gritando la palabra “cojones” en prime time ante cuatro millones de espectadores?

No me di cuenta. Es decir, fui consciente al decirlo, pero no me di cuenta de lo que había pasado hasta que salí y vi que me había reventado el móvil: llamadas, mensajes, Twitter… en seguida dije: “Madre mía”. Pero bueno, estaba mi jefe allí, que es un loco del baloncesto, y se rió, así que bueno… Llevábamos en directo en el pabellón desde las cinco de la tarde, eso fue hacia las diez y media, acabas de ganar, de estar en el vestuario donde te han tirado agua… La historia fue que yo entré en el vestuario y me dijo Navarro que en un momento podría volver a entrar, pero que saliera que querían hablar ellos un minuto. Pero yo estaba con Scariolo dentro del vestuario listos para entrar en directo y preguntarle tres cosillas. Entonces Navarro empezó a tirar agua y yo me salí, como me había pedido, y justo en ese momento me dijeron: “¡Venga, Carlota, hablando!” Y lo que dices es “No, tío, llevo media hora esperando a que me des paso y ahora no puedo.”

Leído en los foros de acb.com: “Apenas sabe de basket, no sabe de geografía, no sabe contar, de sentido común va escasa. Puede tener más habilidades, pero eso queda en el secreto de su entrevista de trabajo.” ¿Se hubiera escrito esto de Carlos Reig?

No, pero también es cierto que, al ser mujer, se fijan en otros aspectos, pero a mí me preocupa cero, porque no me he parado a leer los foros, ya que sé cómo funciona esto. Cuando empecé miré alguno y, la verdad, mejor no gustarle a todo el mundo, porque entonces tienes un problema: eres plano, inane, no dices absolutamente nada. Mejor recibir alguna crítica. Y esto, personalmente, no lo leo. Hace un tiempo en Twitter, durante una discusión con un tipo sobre una información, me dijo que tenía 16 años. Claro, es que estás hablando con gente de 16 años que se sienta ahí y ¡venga! A mí, desde luego, ningún foro me va a decir cómo tengo que hacer mi trabajo.

¿Por qué todas las presentadoras de LaSexta son jóvenes y bellas en una cadena que mantiene en nómina a Antonio Lobato, Mel Otero o Berto Romero?

Me encanta compartir cadena con Berto, me parece un crack. LaSexta empezó como una nueva moda, por así decirlo, de la periodista mujer, y yo soy fan absoluta de Mamen Mendizábal, me parece una periodista acojonante: cómo cuenta la información, lo que sabe, qué puede aportar… y resulta que además es muy atractiva. Es cierto que también hay mucha moda de poner una presentadora guapa que no tiene mucho que decir pero que, bueno, tiene muchas aptitudes para trabajar en la tele, que se come la cámara, por así decirlo. No estoy muy a favor porque puedo ser perjudicada en algunos momentos, pero el negocio es ése.

¿Y por qué con los hombres no? También hay periodistas muy atractivos con cuerpazo y no se les señala por eso.

A lo mejor es por esta peculiaridad de cierto tipo de hombres, igual que llegan Carnavales y se disfrazan de mujer, cada vez que sale una mujer en la tele opinan de ella. No sé, yo cuando estoy en mi casa y sale un tío no me pongo a escribir a ver con quién se ha acostado para tener ese puesto. Me da igual, si es guapo, pues mira, mejor, pero a mí me interesa más lo que me vaya a decir que su belleza.

Esta pregunta no va por ti, sino por el medio en general. ¿Es Twitter el juguete de los malos periodistas?

No lo sé. Yo meto cosas de deporte y política, pero sobre todo son apreciaciones personales, pocas veces he puesto información. Lo usé mucho, eso sí, con la selección. Pero es verdad que nos fiamos mucho de Twitter. Mañana puedo escribir que me acabo de cruzar a Rubalcaba y Rajoy discutiendo ferozmente en plena calle; la gente lo empieza a retwittear y al final has creado una noticia de la nada por lo que, en ese sentido, puede ser un peligro.

¿Qué haces en los ratos muertos, cuando estás tantos días fuera de casa siguiendo a la selección?

Me llevo libros, mi portátil… me gusta estar tranquila en mi habitación escuchando música, porque la verdad es que no tienes muchos ratos libres. Quizá dos o tres horas por la tarde, pero luego estás que si un entrenamiento, un partido… Yo tenía que hacer cosas cada día para los dos informativos, y luego los partidos. Y muchas veces te vas a ver un partido, porque si es un europeo están los mejores jugadores y te apetece verlos. Pero sí, fuera del baloncesto, leer. Me llevé 100 años de cosa nostra, de Eric Frattini, porque me interesa mucho el tema de la mafia, y estoy con El pintor de batallas, de Pérez-Reverte, que me lo recomendaron y me parece un libro espectacular.

¿Sigues alguna serie de televisión?

Estoy con Los Soprano y terminé, allí precisamente, The Wire.

¿Qué te pareció?

Un escándalo. Buenísima. De hecho, estuve en Baltimore y me arrepiento de no haberla visto antes porque tengo ganas de volver, pasearme por las calles…

Un sitio curioso para hacer turismo.

Después de ver la serie me apetece mucho volver.

Te íbamos a preguntar algo de música, pero ya sabemos que Coldplay, así que…

No, me gusta mucho Coldplay, pero también me gusta mucho la clásica, me relaja mucho; también la música celta, me encanta el piano…

¿Lo tocas?

No, ni una tecla, pero siempre me ha llamado mucho la atención. Me hubiese encantado aprender y aprenderé algún día. Me gusta un poco de todo.

Dime tus tres libros favoritos, que te gustaría releer.

Génesis, El hombre en busca de sentido y me está gustando mucho el de Reverte, pero no me quiero lanzar porque aún no me lo he acabado y quizá me decepcione al final; así que el tercero sería El perfume.

Ahora, para terminar, te vamos a hacer la clásica batería de preguntas del estilo “quieres más a papá o a máma”: ¿Bombitas de Navarro o “fadeaway” de Nowitzki?

Bombitas de Navarro.

¿El gol de Iniesta en la final del Mundial o el tiro final de Jordan en Utah?

El gol de Iniesta.

¿Magic o Stockton?

Magic.

¿Petrovic o Kukoc?

Petrovic.

¿Ramón Trecet o Andrés Montes?

Montes.

¿Daimiel o Segurola?

Segurola.

¿Estudiantes o Joventut?

Joventut.

¿Cichi Creus o Alberto Herreros?

Creus como responsable de sección y como jugador, sin duda, Herreros.

¿Aíto García-Reneses o Pepu Hernández?

Pepu.

¿Lakers o Celtics?

Lakers.

Fotografía: Guadalupe de la Vallina

 

 


Antonio Muñoz Molina: “La imaginación humana es muy limitada”

Podría ser el inicio de un bestseller metaliterario, pero no lo es. Antonio Muñoz Molina entra en un café de Nueva York de estilo centroeuropeo y paredes forradas con portadas de libros que fueron escritos en estas mesas. Los clientes son jóvenes, algunos no tanto, que sueñan con el día en que sus portadas luzcan en alguna pared. Y nadie le reconoce. A Muñoz Molina parece no importarle porque, aunque sea un autor consagrado, miembro de la Real Academia y profesor de literatura en la Universidad de Nueva York, está encantado de su anonimato de bermudas, camiseta de letras trémulas “¿Dónde está mi cerveza?” y libro de Nietzsche que acaba de comprar por un dólar. En la entrevista habrá más risas de las aquí descritas, frases dichas con una determinación que escapa a las exclamaciones y una o muchas pruebas del amor que siente por Nueva York, la ciudad desde la cual mira el mundo seis meses al año.

¿Por qué estamos en esta cafetería, la Hungarian Pastry Shop? ¿Podría describirme la ubicación de este lugar en el mapa de Nueva York?

Este es mi barrio en Nueva York, un barrio al que tengo mucho cariño porque dentro de Manhattan es de los pocos sitios que todavía tiene un aire vecinal. Manhattan está muy embellecido por ese proceso que sufren a veces las ciudades en el que se va la gente normal y llegan las tiendas, las franquicias, los restaurantes de lujo y la gente normal se tiene que ir. Este barrio tiene todavía una vitalidad muy grande. Está muy cerca la Universidad de Columbia y de la catedral de St. John The Divine, que es la catedral episcopaliana de Nueva York y es extremadamente progresista. Son muy avanzados en cuestiones sociales, políticas y de costumbres. En la catedral, todos los años con motivo del Memorial Day, toca gratis la Filarmónica de Nueva York. Se forma una cola que no te puedes imaginar, nunca he conseguido entrar. Y ésta es la Hungarian Pastry Shop, el nombre remite al carácter que tenía el barrio de todo el Upper West Side y Morningside Heights, un sitio en el que se mezclaba la inmigración centroeuropea y, un poco más allá, en Amsterdam Ave., la inmigración puertorriqueña. Es un barrio muy mezclado. Hay una biblioteca pública a la que me gusta ir a trabajar. También hay puestos callejeros de libros, entre la 106 y la 116, me acabo de encontrar éste —El nacimiento de la tragedia de Friedrich Nietzsche—. Fatalmente siempre encuentro alguno; encuentras obras maestras por un dólar. El sitio éste tiene una intensidad vital muy grande, hasta el baño tiene los graffitis más cultos que hay en el mundo, todo son citas de Nietzsche o de Chomsky. Cada año lo repintan y empiezan otra vez las citas. Y en la pared ponen libros de gente que ha escrito aquí. Yo aquí he escrito bastante, pero no he dicho nada. Me gusta citar a la gente en la Hungarian Pastry Shop. A las personas cuando nos gusta una ciudad, nos gusta enseñar los sitios que son difíciles de encontrar. Hace falta que te lo diga alguien. Representa mucho la ciudad y el barrio y una idea de Nueva York que en España no se tiene, que es un Nueva York nada cool, ni nada de moda. Tonterías del tipo de Sexo en Nueva York han creado una imagen de la ciudad completamente falsa.

¿Qué ha escrito aquí?

Muchas cosas, he escrito borradores. No vengo con la computadora, así que escribo a mano, desde cuadernos de notas hasta conferencias, de todo. Claro, llevo viviendo en este barrio seis años.

El poeta y crítico literario Gonzalo Sobejano cuenta que a su llegada a Nueva York, por primera vez, de noche, vio un océano de luces y tuvo la sensación de haber estado antes en esta ciudad en otra vida. ¿Recuerda su primera noche en Nueva York?

Sí, perfectamente. Lo que más recuerdo es el momento de bajar de un microbús que nos había recogido en el aeropuerto, bajar a la acera del hotel – que estaba en la calle 49 y Lexington – y respirar el aire, ese aire tan particular, sobre todo cuando hace un poco de calor, un aire que casi se puede tocar, una mezcla de los respiraderos del metro, el olor de la lavandería, el olor de la comida barata, de la gasolina. Algún químico tendría que encontrar la mezcla. Una sensación especial, tanto el olor como casi lo tangible del aire. Lo recuerdo perfectamente y es el tipo de sensación que por mucho que uno se haya imaginado una ciudad sólo lo tiene en el momento de estar de verdad. Curiosamente, siempre que paso por esa misma zona me parece que el olor está esperándome allí, en esa esquina, aunque el hotel ya ha cambiado. De la primera noche también recuerdo el ruido, en la habitación del hotel, esa especie de vibración, como estar en un camarote barato de un transatlántico, que supongo que son los que más ruido tienen. Una maquinaria en continuo funcionamiento y ver desde la ventana ventanas de otros sitios.

¿En qué año fue?

En el 90.

En apenas dos semanas se cumplirá una década del 11-S. En su blog tiene varias fotos en Nueva York en septiembre de 2001, una a los pies de las Torres dos días antes del ataque y otras en las que comenta que “eran los únicos turistas en la ciudad”. Alfonso Armada, en su libro El deseo y la quimera, habla de una mitología de la catástrofe, una ciudad que se enfrentó a una pesadilla recurrente en libros y películas. ¿Qué recuerdos guarda, qué detalles, de aquel día?

Lo que pasa es que esa pesadilla sólo guarda una relación visual con lo que ocurrió ese día. En cien películas se han visto caer edificios, pero eso era completamente distinto a todo. La imaginación humana es muy limitada. Al año siguiente, en el aniversario del 11-S, me pidieron un artículo sobre los recuerdos que tenía y yo puse un verso de T.S. Eliot, de los Cuatro Cuartetos, que dice: “Human kind cannot bear very much reality”, es decir, la especie humana no puede soportar demasiado la realidad. El efecto que tenía aquello era la suspensión total… No se podía comprender. Yo estaba con mi esposa y con nuestros hijos, a los que habíamos traído para que conocieran la ciudad porque yo tenía que dar clases en octubre. De pronto, no había nadie del periódico aquí, nosotros éramos los únicos cronistas de lo que estaba ocurriendo, pero vivíamos en la calle 66 y Broadway y, esa mañana, lo veíamos todo a través de la televisión. Es decir, nuestra percepción de lo que estaba pasando era indirecta. Paradójicamente, lo que vimos al salir a la calle fue normalidad. Es muy llamativo eso: la normalidad y algunos cazas sobrevolando la ciudad muy bajo. Y mucha gente en las aceras, gente que subía con traje y corbata porque venían de la zona de negocios. Subían caminando por Broadway porque no había metro, ni autobuses, ni nada. La otra noche, un amigo nuestro de Brooklyn, párroco episcopaliano, rompió en llanto al contarnos la siguiente imagen: su jardín lleno de papeles quemados y el puente de Brooklyn lleno de gente, una muchedumbre que huía, cubierta de ceniza. Eso no se lo puede imaginar nadie. La literatura está sobrevalorada. La ficción está sobrevalorada porque hay experiencias que su rareza y su radicalidad no pueden ser imaginadas. Este hombre llamó a su hermana por teléfono, que vivía junto a la Zona Cero, y estaba viendo a la gente caer.

El reportaje The Falling Man de Tom Junod.

Claro. Don DeLillo hizo una novela que se llama Falling man (El hombre que cae). Tiene partes que están muy bien, pero lo mejor que se ha escrito sobre el 11-S es el informe oficial. Otro recuerdo que tengo muy poderoso de esa tarde del 11-S es bajar con Elvira por la Séptima Avenida hacia Broadway y ver todas las luces de Times Square encendidas pero sin anuncios. En Times Square no había nadie. De pronto, vimos un grupo de gente y nos fuimos hacia allá y era un tío que estaba vendiendo camisetas. Nadie, nadie, nadie. Y además veías en las ventanas las televisiones encendidas. Otra imagen todavía más rara es en la Quinta Avenida, un poco más abajo del Empire State, que estaba acordonado. El policía no nos dejaba pasar por la acera y le dijo a Elvira: “Para un edificio alto que nos han dejado”. Esto parece que es una cosa soñada, pero la Quinta Avenida estaba vacía y había un homeless con una sillita de plástico de playa; había conectado un televisor recogido de la basura a un cable de una farola y estaba viendo las noticias en ese televisor. ¿Eso quién se lo inventa? El olor a ceniza cuando llegabas a la estación de Canal St. A ceniza mojada y a otra cosa, y esa otra cosa era carne, carne humana.

La idea de la retaguardia de las guerras y de las miserias lejanas que también dejan su rastro aquí. ¿Cree que Nueva York es la caja de resonancia de lo que ocurre en el mundo?

Eso es así. Es como si hubiera terminaciones nerviosas al descubierto, como esos cables que no están bien protegidos. Yo recuerdo al poco del terremoto de Haití ir hablando con un taxista y contarme que acababa de volver y que iba continuamente a ayudar. El hombre se puso a llorar. Es un sitio raro, ¿sabes?, porque por una parte es una ciudad ensimismada. Aquí existe el mundo entero, pero el mundo entero tiene que venir. Por ejemplo, en Madrid o en Buenos Aires o en Berlín, la gente sabe lo que está pasando fuera, pero aquí la gente sabe lo que está sucediendo aquí. También hay muchas cosas que están en Nueva York y nadie sabe que están en Nueva York. La eterna frustración tanto de artistas como de funcionarios culturales europeos: todo el mundo quiere venir aquí a darse a conocer, pero ellos son los que deciden conocerte. Hay como una niebla que separa la ciudad del resto del mundo. Hay una manera provinciana de estar en Nueva York.

En el noreste de Congo, cerca de la ciudad de Bunia, hay una mina de oro cuyo propietario, John Paulson, ganó 15.000 millones de dólares apostando al colapso de las hipotecas basura en Estados Unidos y es uno de los responsables directos de la crisis financiera mundial. ¿Qué le sugiere esta historia?

¿Es el dueño de la mina? Eso es tremendo. Es la parte obscena de la ciudad, es decir, aquí está todo. Yo siempre lo pienso cuando veo las tiendas de lujo, aquí es donde los que han robado a los pobres del mundo vienen a gastarse el dinero. Un lujo metafísico con ese cristal blindado y un bolso, un bolso de mierda, por otra parte, que lo ha hecho otro pobre desgraciado en Bangladesh, pero que le han puesto el marchamo de una marca. El gran peligro de Nueva York es convertirse en París. Una ciudad escaparate para millonarios. Nueva York también me recuerda mucho a Venecia. Tengo una teoría absurda y es que Venecia era el centro del mundo cuando el eje del comercio mundial estaba en el Mediterráneo, llegaba la Ruta de la Seda. Cuando llega América se desplaza el eje a Nueva York y Venecia se queda convertida en una especie de teatro. El eje ahora se desplaza hacia el Pacífico, hacia Shanghai y, claro, Nueva York puede ser ahora Venecia. Ya tiene algo en su arquitectura de ladrillo… ¿No? Aquí he aprendido a ser libre, una libertad profunda. A hacer las cosas que quieres hacer sin mirar al vecino. En España estamos siempre mirando de soslayo y si eres un poco conocido, ya ni te cuento. La libertad de respetar de verdad la diferencia la he aprendido aquí. Hasta visualmente a cada momento estás ajustándote a la diferencia. Cuando vas a España, ahora un poco menos, hay una monotonía visual en el paisaje, todos nos parecemos extraordinariamente. Curiosamente, tenemos una clase política que se ha empeñado en inventar diferencias, en tu tierra, en la mía y en todas. Recuerdo a Arzalluz que decía en un mitin: “Qué tenemos que ver nosotros con esos de Logroño”. ¿Qué vas a tener que ver con los de Logroño? Tiene que ver todo, si son la provincia de al lado. Y no es que tenga ninguna idea centralista.

¿Le ha pasado factura vivir en Nueva York? En una polémica relativamente reciente el columnista del ABC Ignacio Ruiz Quintano criticó a usted y a su mujer, Elvira Lindo, por, entre otras cosas, ir al Carnegie Hall a escuchar a Bach. También el escritor Rafael Reig, en su artículo “Cosmopolitas y cosmopaletos”, hablaba de la sabiduría humilde de Josep Pla y Miguel Delibes y la contraponía a escritores actuales como Javier Marías, Pérez-Reverte y, de nuevo, usted y su mujer.

Son cosas tan… Estoy aquí ahora mismo, estamos tomando esto, ¿y qué? Quizá los que han escrito eso están en, qué más da dónde. Es tan penoso. Realmente tengo la suerte que se me olvida a los cinco minutos. Este señor Quintano hablaba de ir al Carnegie Hall. Al Carnegie Hall va todo el mundo, donde no va todo es al Teatro Real o al Liceo porque la mitad de los asientos están pillados por políticos. Al Carnegie Hall vas por 10 dólares, van estudiantes, todo el mundo. ¿No puede vivir uno donde le dé la gana?

¿Es un deporte nacional el de criticar al que se va fuera?

Pues qué deporte más triste. Luego está la mala leche española, la ignorancia voluntaria de decir que te lo has llevado crudo en el Cervantes. Estoy aquí trabajando, dando clases y escribiendo.

Hubo otra polémica con Almudena Grandes en torno a un artículo en el que la escritora insinuaba el placer sádico que la madre Maravillas hubiera encontrado en ser agredida por un grupo de milicianos republicanos. ¿Cree que la izquierda española ha utilizado la Guerra Civil como arma arrojadiza contra la derecha y que el guerracivilismo explica parte de la pobreza intelectual, económica y de tantos otros ámbitos de la España actual?

Es todo tan penoso. Hay que ser muy preciso en eso. Yo mandé una carta a El País por una columna que esta mujer había escrito haciendo bromas del gozo que sentiría la madre Maravillas, el viejo chiste de la monja violada, aquello de “ummm, sudorosos”. Escribí una carta ofendido, bastante educada. Luego resultó además que las dos cosas sobre las que bromeaba esta mujer era una frase que no era de la madre Maravillas sino de San Juan de la Cruz y quién hablaba era el alma, pero bueno. 75 años después, las personas progresistas, es decir, para ser progresista, ¿tenemos que negar que, en primer lugar, hubo una responsabilidad repartida en el desastre del fracaso de la República? Dejando aparte que los causantes inmediatos fueron los que dieron el golpe de Estado, los que conspiraron contra el régimen. Una vez sucedido eso, ¿no podemos reconocer lo que personas que estaban entonces comprometidos con la defensa de la República reconocían y deploraban? Esa es la pregunta que yo hago. Yo no te estoy diciendo dar la razón a Pío Moa, te estoy hablando de dos cosas distintas. Si tú lees La velada en Benicarló de Manuel Azaña, escrita en 1937, ahí ves como Azaña lamenta con un dolor trágico los crímenes cometidos en la zona republicana durante la guerra. Si lees a Manuel Chaves Nogales, republicano, socialista, director de Ahora, lees su libro A sangre y fuego publicado en 1937. Arturo Barea, republicano, socialista, exiliado en Inglaterra, el tercer tomo de La forja de un rebelde, que trata del verano en Madrid en 1936. Julián Zugazagoitia, director de El Socialista… Lee las cosas que escribieron ellos, yo sólo digo eso. Segundo paso: historiadores. Yo creo que 75 años después, lo historiadores han dejado claro lo que pasó. A mí me gusta poner siempre un ejemplo: el asesinato de García Lorca y el asesinato de Muñoz Seca. Los dos son inocentes. García Lorca era un escritor extraordinario y universal, comprometido con la República, no políticamente, pero en una época de divisiones políticas muy feroces te situabas tú y te situaban tus enemigos. Él estaba situado y visto como alguien muy vinculado con la República. Federico García Lorca es asesinado en Granada y es un horror y una vergüenza. Muñoz Seca está en Barcelona porque había estrenado una de sus múltiples obras de teatro. Era un autor muy popular, muy conservador. Lo detienen en Barcelona, lo trasladan a Madrid, lo encierran en el convento de San Antón y muere en Paracuellos del Jarama. ¿Una persona decente va a hacer distinciones entre crímenes? ¿Es menos crimen matar a Muñoz Seca? Pero no sólo es la izquierda, a la derecha le pasa exactamente igual, parece que tampoco hay manera de reconocer la responsabilidad de la derecha en la conspiración contra la República y del horror de la posguerra, del horror de la dictadura. Nadie quiere reconocer y yo me pregunto por qué.

Pero quizá la izquierda sí que ha esgrimido la bandera de la República y la derecha no se ha posicionado abiertamente como defensora del franquismo.

No se posicionan como defensores, pero saltan de una manera muy curiosa. En un artículo me sumé a la idea de que el Valle de los Caídos fuera usado como un museo de la guerra y de la dictadura. Tengo un amigo que acaba de volver de Alemania del Este y me ha contado que ha visitado el museo de la Stasi. ¿Tú crees que en Alemania hay quien reconoce los crímenes del nazismo pero no los del régimen comunista? Y es un ejercicio que hay que hacer, el convertir a la República en una especie de paraíso ideal es un disparate. Ahora el negarse a reconocer abiertamente el horror del franquismo también es una responsabilidad muy grande la derecha española. Entonces, personas como yo hemos conseguido una cosa perfecta y es que te odian en ambos sentidos, es decir, a Almudena Grandes sólo la odian en un sitio, a mí en los dos. Y dejando claro que esto sólo tiene que ver con las minorías políticas, porque la inmensa mayoría de la gente en España es mucho más sensata que la clase política, que la clase intelectual y que la clase periodística; es decir, la sociedad es mucho más sana, al igual que pienso que la media de los lectores es mucho mayor que la de los críticos. Tú seleccionas a cinco lectores de una novela al azar y seguro que sus críticas son mejores que la media de lo que escriben los críticos. Es tan triste que 75 años después no podamos sentir el mismo dolor ante la gente asesinada en Granada al principio de la guerra que ante la gente asesinada en Madrid. El argumento de la izquierda es que esas víctimas ya fueron reconocidas durante el franquismo. Oiga, es que a mí lo que el franquismo reconozca me da igual, es la democracia la que tiene que reconocerlos. Y te voy a decir otra cosa, soy socialdemócrata, no soy más de derechas… No sé qué relación hay entre ser de izquierdas y no sentir dolor ante los asesinatos cometidos en nombre presuntamente de la izquierda, no sé qué relación hay. Evidentemente, hay una responsabilidad de los militares traicioneros que se sublevaron. Menos opinar y más leer los libros de Historia. Hay un libro que no me canso de recomendar de Enrique Moradiellos, que se llama 1936, y es un resumen de todo lo que ha sido probado y en lo cual hay un consenso abrumador entre los historiadores. En España estamos todos locos opinando todo el tiempo.

¿Cree que ser un intelectual socialdemócrata le sitúa en una tierra de nadie en la España actual?

Bueno, me sitúa en la tierra en la que está casi todo el mundo. En España, la mayoría de las personas aceptan la democracia como un régimen normal, están de acuerdo con que haya una educación, una sanidad públicas, un imperio de la ley y una organización democrática de la sociedad. La palabra socialdemócrata tiene de bueno que sirve igual para definirse y para insultar. Yo me defino tranquilamente con esa palabra. Ahora gente como Arcadi Espada están haciendo bromas sobre los socialdemócratas. Entonces, en alguna discusión con algún amigo, le he dicho, oye, tú también eres socialdemócrata; cuando te pones malo, ¿a que te gusta ir a un hospital público de calidad? A todas estas personas que dicen que este régimen no sirve, cabe preguntarles: ¿qué régimen queréis?

¿Se refiere al 15M?

Sí, a gente que está ahí y a gente que dice ser muy de izquierdas y que dice que lo bueno era la República. Hace tiempo escribí un artículo Notas escépticas de un republicano que publiqué en El País y decía: ¿qué derechos políticos y sociales que reconoció la República no existen ahora en España? y ¿cuántos de los derechos sociales que tenemos ahora existían en 1931? Vamos a mirar la realidad, no podemos vivir en la adolescencia permanente.

Hablando de adolescencia, ¿ha sido Zapatero una decepción?

A mí no me ha decepcionado porque nunca me ha parecido… A mí alguien que se colocó en La Moncloa me llegó a decir que era “como estar con Kennedy en Camelot” (risas). No me despertó nunca grandes ilusiones. Hay cosas que se han conseguido y que han sido importantes, pero la verdad es que no me he llevado una decepción. Ni celebré su llegada ni lamento su marcha. Tampoco me gustan los que le van a sustituir.

Dígame si está de acuerdo con esta afirmación: la generación que vivió la Transición en su juventud, su generación, se ha anquilosado en el poder, en todos los ámbitos del poder, mediante el mito de que “fueron los que consiguieron la democracia en España” y las generaciones posteriores han tenido que cargar con el pecado original de no haber sufrido la dictadura y haberlo tenido todo muy fácil.

Fíjate que en política, lo que hizo el Partido Socialista con Zapatero y la gente de la que se ha rodeado fue que su bandera era dar un paso más allá de la Transición.

Sí, pero digamos que son un tipo de persona…

Incluso, el discurso que se ha hecho dominante en España ha sido el de la crítica, digo hablando de política, dejar de creer que aquello fue la célebre bajada de pantalones y que sólo ellos, con su juventud, eran los que iban a cambiar las cosas, iban a hacer justicia a la Guerra Civil, iban a abrir las fosas y todo eso. Yo creo que hay diferencias culturales y políticas. España es un país muy oligárquico y estoy de acuerdo en parte de lo que dices. Yo estoy en una posición generacional un poco más rara porque yo era un adolescente cuando murió Franco, entonces eran como mis hermanos mayores los que hacían eso. Ahora, es verdad en el aspecto de la cultura y de la música, no quiere decir que las cosas tengan que cambiar. En el deporte por razones naturales van desapareciendo generaciones, pero en otros ámbitos, las personas siguen teniendo derecho a vivir, pero sí hay un anquilosamiento cultural, sí, es verdad, estoy de acuerdo completamente. Hay cosas que, para bien, está bien que duren. Aquí, por ejemplo, en los medios de comunicación ves gente que lleva haciendo un programa 30 años y está bien, siempre que haya oportunidades, pero en España también hay un juvenilismo, en TVE o en RNE lo que ha habido es una especie de lobotomía…

De la gente más cualificada que podía enseñar más cosas…

Claro, es que las dos cosas no tienen que ser incompatibles.

Lo que planteaba es que ese diálogo generacional dentro de cada área es más bien un conflicto.

Eso es verdad, pero por ejemplo, en literatura, todas las generaciones parecen estar rebelándose contra una literatura costumbrista que, al parecer, había antes, ¿cómo puede ser que la rebelión sea siempre la misma? Lo que falta es verdadero rigor, oportunidades, falta honradez en los que tienen posiciones visibles e importantes. La honradez de no repetirte, de aprender, de cambiar. Y faltan verdaderos debates.

¿Cree que se instalará una cierta meritocracia en España algún día?

Ojalá. Hay un malentendido terrible en la sociedad española y es creer que el mérito comprobable y el esfuerzo no cuentan. Y es que en realidad no cuentan, ¿cuenta algún mérito para ser político? No cuenta nada. Ahora se dice eso de que ésta es la generación mejor preparada. En España hay gente muy preparada, mucho mejor que cuando yo terminé mi carrera, pero hay una diferencia, hay un vacío entre los que están muy preparados y una gran cantidad de gente que no está nada preparada. Una desigualdad profunda desde que vino la democracia. ¿Una persona preparada puede llegar a ser profesor universitario? ¿Para ocupar un puesto cultural en un país de habla no española se exige hablar la lengua de ese país? Es un problema gravísimo y fantasma, porque no se habla de él.

¿Cuál es su opinión acerca del llamado movimiento del 15M?

Eso es muy amplio. Hay una mezcla de cosas muy grande. Hay una evidencia y es que España necesita un cambio radical en muchas cosas, pero también hay que saber no sólo qué queremos cambiar, sino qué tenemos que conservar; porque hay cosas que tenemos que conservar y mejorar, y perdona que insista pero es la clave de todo: la enseñanza y la sanidad públicas y mejorar el sistema judicial. Tiene que ser un cambio pragmático, hay que tomar el ejemplo del Movimiento de los Derechos Civiles de este país, no nos podemos perder en las nubes. No puedes dedicar asambleas agotadoras a inventar la rueda. Una cosa práctica, según la ley en España: todos los plenos municipales son públicos y se puede intervenir. Vamos a ir a los plenos municipales a vigilar los acuerdos. Otra cosa que he aprendido aquí es la cantidad de cosas que uno puede hacer, el modo en que la gente se responsabiliza de ámbitos de acción cívica. Los community garden de este barrio los cuidan los vecinos.

¿Cree que el Estado ha invadido espacios de libertad del ciudadano?

El ciudadano también los ha abandonado. Lo que no podemos hacer ahora es siempre estar buscando que la responsabilidad la tiene otro. Es decir, el discurso nacionalista de que la culpa de todo la tienen en Madrid o que la culpa de todo la tienen los políticos, ¿y tú?, ¿y nosotros?, ¿qué hacemos? Tenía un hijo en la plaza del Carmen en Granada y otro en la Puerta del Sol al principio del 15M y yo les decía: ¿cómo está el tema de la basura?, ¿se recoge la basura? Si se recoge me lo creo, si no, no me lo creo. Yo soy muy radical en ese sentido, estoy hasta las narices de gente que habla y lo que habla no tiene nada que ver con lo que hace.

¿Y se recogía la basura?

Sí, cosa que me alegra. La ética de la responsabilidad personal, por ahí hay que empezar.

¿Puede comentarme sus dos años al frente del Cervantes?

Era bonito intentar hacer un servicio público. Me gustó hacer y mostrar ciertas cosas de la cultura española en buenas condiciones. El tener una exposición de Julio González y que el New York Times le dedicara una página o el Réquiem de Tomás Luis de Victoria llenando la catedral de Saint Patrick’s. Pero claro, era mucho trabajo y yo soy un escritor, no puedo dedicarle mi vida entera. Un trabajo agotador y muy mal pagado.

¿Ha tenido contrapartidas también?

Sí, claro. La contrapartida es que te dicen que te has quedado con dinero, que has vivido aquí, que era un privilegio. Cualquiera que compare el sueldo de un director del Cervantes y lo que cuestan los alquileres de Nueva York…

¿Y la Real Academia?

Ahora estoy más distante porque paso más tiempo aquí. Me gustaba mucho el trabajo que se hacía. La parte de la pompa me gusta menos, pero el trabajo del diccionario me gusta mucho y haber conocido a gente muy brillante y muy excéntrica, muy libre, como Lázaro Carreter, Emilio Alarcos, Francisco Ayala, Claudio Rodríguez

En Ardor guerrero narraba la experiencia que supuso para usted hacer la mili en el País Vasco en una época especialmente sanguinaria de ETA y desde entonces ha seguido con interés la situación política vasca. ¿Qué opina del fenómeno Bildu?

Tendrá que prevalecer el imperio de la ley. La democracia no es sólo que gobierne quien gana, sino también que se cumpla la ley.

De El invierno en Lisboa usted ha dicho que le cambió la vida, pero que se siente muy lejos de ella. Ha contado que era un funcionario municipal que escribía en sus ratos libres y “quería escribir como soñando una película o tocando una música de jazz y que el lector se dejara llevar sonámbulamente por la historia”. ¿Tienen la música o el cine alguna influencia en su prosa, la forma en la que está construida, su ritmo?

Me gusta mucho la música, me da mucha felicidad y claro, en ese momento, había que inventarlo todo. Yo no tenía experiencia de nada. Fui a Lisboa, en mitad de la novela, tres días de permiso que pillé entre Nochevieja, Año Nuevo y un día de fiesta en Granada y estuve paseando. Fíjate que con ese libro y con otros, me está pasando una cosa muy curiosa y es que pasa el tiempo y el libro se te olvida, pero lo que te reconcilia es la gente que lo lee, gente que no había nacido cuando yo escribí el libro y que me habla del libro con emoción, me reconcilia con él. Es una alegría muy grande.

En su página personal tiene una foto con Dizzy Gillespie en 1990 en Granada. “Él me hablaba y yo sonreía, pero entendía menos de la mitad”. ¿Cuál es su anécdota preferida de las grandes figuras del jazz que ha conocido?

Conocí a muchas. La que más traté fue a Dizzy Gillespie, pero lo que me gustaba de esa gente era su naturalidad. Es algo que he comprendido mejor viniendo aquí luego. Para nosotros eran como dioses y aquí están tocando en clubes normales, cosa que me parece un antídoto contra esta tontería del famoseo pop. La naturalidad y el sentido del trabajo. Me acuerdo una vez que estaba en Madrid, había visto un concierto de Johnny Griffin, un concierto extraordinario, y fui a felicitarlo y estaba el hombre allí desmontando el saxo y me dijo: “It’s my job!”. ¡Es mi trabajo! Es una ética, no sólo una estética. Esto no es una fantasía animada, éste es el trabajo que yo tengo y además de hacerlo lo mejor que puedo, también me permite volverme loco. A Dizzy le pregunté cómo se había inspirado para la banda sonora de El invierno en Lisboa, con ciudades que no había conocido y me respondió que para él, su inspiración era más bien la sensación de viajar entre ciudades, sin parar nunca. Una historia curiosa, hay una canción en mi novela, que está supuestamente compuesta por el protagonista, que se llama Lisboa y para imaginarme esa canción pensaba en otra de Paquito d’Rivera que se llama Brussels in the rain. Una vez se lo conté a Paquito y me contó que la compuso paseando una noche en Bruselas, después de saber que su padre se estaba muriendo y que el gobierno cubano no le había dado permiso para volver a La Habana a ver a su padre.

¿Cuál es su lugar preferido de jazz en Nueva York?

Hay muchos, pero uno de mis preferidos está al lado de casa, en la calle 105 y Broadway, el Smoke. Un sitio extraordinario. Hay un sitio misterioso que es el hotel Kitano, que está en la 38 y Park Ave., un hotel japonés en cuyo bar hay siempre música de jazz buenísima.

¿Nos ayuda la ficción a ser mejores personas? O, por el contrario, la ficción es un asunto juvenil que se abandona con la edad, como ha hecho el escritor norteamericano Philip Roth hace poco.

La ficción es una cosa muy seria. Yo estoy releyendo ahora La montaña mágica de Thomas Mann; es una explicación del mundo, tú puedes ser un canalla o puedes ser buena persona, no depende de lo que leas, pero la ficción tiene algo muy importante que es la posibilidad de ponerte en el lugar de otro, de hacer presente la vidas de otras personas que han existido en otras épocas o que no han existido. Te produce un consuelo, de que eso que a ti te pasa no es raro, no estás solo. Si la ficción no fuera muy importante no sería universal. No hay cultura humana que no tenga música, que no tenga ficción. Ni una sola.

Leí hace poco que no incluir a internet o los teléfonos móviles como elementos cotidianos en un relato de ficción es tan absurdo como esas novelas victorianas donde no hay sexo. ¿Qué le parece?

Toda ley sobre cómo ha de ser de antemano un texto literario es una tontería. ¿Que no hay sexo en las novelas victorianas? En una historia de ficción entran con naturalidad los elementos tecnológicos de su época, así que no hay nada de novedad en sacar ordenadores o mensajes de texto o internet en algo que sucede ahora. En el Quijote están los molinos de viento, que son una tecnología entonces recién importada de los Países Bajos, los batanes, etc, por no hablar de la imprenta. En Dickens y en Galdós hay ferrocarriles y telegramas. En un soneto de Lorca de principios de los años 30 hay una cabina de teléfono. Quien dice, como se oye decir, que la presencia de la tecnología es un rasgo singular de esta época es que ha leído poco.

Cada cierto tiempo la crítica habla de una nueva obra maestra absoluta y a la vez, regularmente, se plantea la cuestión de la muerte de la literatura (especialmente la novela, en este siglo va por el enésimo entierro) ¿Cree que puede defenderse cualquiera de estos dos extremos desde el momento presente, sin la perspectiva del tiempo?

La obra maestra tarda en saberse, es la que traspasa el tiempo, necesita del tiempo. ¿Cómo puedes saber si eso te va a gustar dentro de 20 años? La obra maestra no es algo que está ahí, sagrado, intocable, es aquello que está siendo continuamente sometido a pruebas y sale de ellas. Tú lees ahora una novela de Philip Roth, La mancha humana, que tiene ya 14 o 15 años, va teniendo un poso. Los libros tienen que durar.

¿Qué autores en inglés son sus favoritos?

Hay tantos. Roth está de capa caída, me parece, en los últimos tiempos, pero tiene novelas insuperables. Alice Munro, canadiense, me parece el mejor escritor vivo que conozco. Adoro a algunos poetas contemporáneos americanos: Charles Simic, Robert Haas, Mark Strand. Muchos más.

¿Qué opina de David Foster Wallace?

Cuando murió no lo había leído. Me he comprado The Infinite Jest (La broma infinita) y sus cuentos.

¿Y de Truman Capote?

Tenía un talento increíble y lo desperdició en parte. Pero hizo cosas maravillosas. Los cuentos de Music for Chameleons (Música para camaleones), por ejemplo.

Qué tipo de genio le gusta más, ¿el huidizo y neurótico Salinger o el público y excesivo Mailer?

No me gustan los genios, en general. Me parece que siempre hay algo de impostura por parte del autor y de papanatismo por parte de quien lo admira en exceso. Si uno vive con naturalidad no necesita esconderse, y si lleva una vida normal no tiene tiempo de dedicarse a histrionismos públicos. De Salinger lo que me gusta son, sobre todo, los Nueve cuentos, y de Mailer The Executioner’s Song (La canción del verdugo). En general, un escritor no tiene ninguna necesidad de esconderse para que lo dejen en paz. No hay tantas personas interesadas en conocerlo.

Vargas Llosa dijo justo después de recibir el Nobel que él, al principio, era un mal escritor, pero que lo apostó todo al método, el esfuerzo y las lecturas. ¿Cuáles son sus fuertes como escritor? ¿Qué es lo que más le ha costado aprender?

Yo no creo que todo dependa de la voluntad, ni mucho menos. Escribir bien implica siempre mucho trabajo, pero se puede trabajar mucho, leer mucho y no llegar a ser muy bueno por razones diversas: por el azar de no dar con los temas que son fértiles para uno o porque la falta de reconocimiento te desaliente. O simplemente porque el amor a la literatura y la vocación por escribir no garantizan que se vaya a lograr nada. Amar mucho a una mujer no garantiza que ese amor vaya a ser correspondido. ¿Mis fuertes? Quizá un sentido natural del idioma, que tiene el peligro de la facilidad. También el hecho de que me gusta mucho lo que hago, entonces le dedico muchísimo tiempo con poco esfuerzo. Creo que me gusta fijarme mucho en la gente y tengo mucha curiosidad por muchas cosas.

Cuando empezó a escribir Borges, Cortázar, Josep Pla o Juan Rulfo estaban vivos. ¿Se ha quedado vacío el panteón de la literatura? ¿Qué escritores vivos cree que gozan de ese estatus?

No suelo pensar en esos términos. El diálogo con los escritores es algo muy íntimo que no tiene mucho que ver con su presencia física. Muchos han muerto Bellow, entre ellos— pero otros están bien vivos, y en plenitud de facultades, o casi: Roth, Modiano, la inmensa Alice Munro, etc. Y otros que no conocemos y que serán extraordinarios.

¿Qué opina de la gente que dice que Shakespeare está sobrevalorado?

Que lo lean. Que lo vean representado, a ser posible en su idioma original, o en una buena traducción y en un montaje digno. 

¿Prefiere a Lope de Vega o a Quevedo?

El que me gusta es Cervantes. Lope lo trató con el desprecio del escritor de mucho éxito hacia el que parece fracasado. Y Quevedo, que tenía un dominio maravilloso de la lengua, carecía por completo de compasión hacia los seres humanos. Cervantes tiene originalidad, talento, compasión y además una ironía bastante poco española, por lo sutil.

En su última novela La noche de los tiempos, sitúa a los personajes en un hecho histórico (el inicio de la guerra civil española) pero desde una perspectiva en la que el protagonista es apenas consciente de la situación por estar solo pendiente del encuentro con su amante. ¿Usted, parafraseando a Serrat, sólo ha escrito novelas de amor?

Sí, sí, sí. El amor es muy importante para mí. Fíjate que en la literatura española las cuestiones amorosas se tratan con miedo a quedar como sentimental. En las películas españolas siempre hay un momento embarazoso y es cuando hay que echar el polvo contra una pared. Yo digo, bueno, ya ha llegado el polvo contra la pared, una cosa acrobática, pero qué hay de la gente que se enamora. No me da miedo ser sentimental, creo que la exploración de los sentimientos es algo muy importante en la vida de una persona. Gente que va buscándose por sitios sin encontrarse. El amor, el deseo, el olvido. Uno no se cansa de escribir sobre eso.

Fotografía: Pablo Mediavilla Costa


Pepe Albert de Paco: Raúl Pérez López

A punto de cumplir 42, sigo quemando a conciencia las etapas que se suponen a cualquier serpiente de bien. Mi primera mudanza consistió en abandonar el trotskismo para, tras un lustro de penitencia maragallista, acabar abrazando el lado oscuro de la fuerza. Me ocurrió, en fin, lo que describe el gran Horacio Vázquez-Rial en Por qué dejé de ser de izquierdas: “En un primer momento el trostkismo te sirve para hacerte trotskista, y en un segundo momento para liberarte de los trotskistas, porque con ese modelo de pensamiento no hay nada que te sirva de nada”. El cambio de camisa tuvo su correlato en el de periódico, siendo así que una mañana de finales de los noventa, al plantarme en el quiosco, mi mano se fue desviando de la pila de El País hasta posarse, temblorosa, en la de El Mundo. Asimismo, he ido camuflando mi querencia toxicómana (es la genética, comisario, se lo juro) con un súbito interés por lo culinario en el que, a buen seguro, ha influido la supervivencia de mis dos hijas. Por lo demás, en los últimos tiempos apenas leo novelas y mi hastío de planta joven ha llegado al punto de ensuciarme la mirada ante ciertas señoras de cincuenta. Digo yo que el divorcio debió de trastorcarme el canon. Soy, en definitiva, un converso de antología, por lo que convengo con Boadella en que a la fundación de un partido político ha de seguir, obligatoriamente, la de su escisión. Mas si les hablo de mí no es porque considere que soy un tema más enjundioso que el amor o la muerte, sino con el propósito de que, por contraste, la figura de Raúl Pérez López, 25 años de amistad, cobre el realce que merece. El 29 de diciembre cumplirá 42 y desde los dieciséis vive gravemente emparejado con la que viene siendo la madre de sus tres hijos. Ni que decir tiene que no se le conoce una maldita amante ni más vicios que los miles de comics de la Marvel que almacena quién sabe dónde. De izquierdas lo conocí y de izquierdas sigue siendo, de esa izquierda lúcida y repelente que da su brazo a torcer cuando les mentas sortilegios como Pajín, Chacón o Aído. Y, cuando compra un diario, ese diario es El País, el mismo que compraba en juventud. Como entonces, sigue disfrutando de las novelas de Pérez-Reverte y desollando las películas de Woody Allen. En el cuestionario del Pandemonium, a la pregunta de “¿es su vida como se la había imaginado a los 20 años?”, Raúl respondería que su vida no es fruto de la imaginación, sino de un diseño inteligente. Un dechado de coherencia, ése es Raúl. Hace unos días, no obstante, descubrí una grieta en su vida. De siempre, mi amigo había despotricado del mundo maquero: de los iMacs, de los iPods y de todo lo que tuviera que ver con el logo de la manzanita, esa fruslería para niños bien. “Donde esté un buen pecé que se quite lo demás”, clamaba con su estupendísima vehemencia. (Lo que yo he pasado, señores, no hay artículo que lo pueda contener.) El caso es que habíamos quedado en vernos y me dijo que cuando saliera de casa de sus suegros me enviaría un whatsapp (porque Raúl, prototipo mejorado de Guardiola, suele comer los festivos en casa de sus suegros, que le profesan devoción). En fin, “que si eso cuando salga, te envío un whatsapp”. Yo sospeché algo, no me pregunten por qué. Fue luego, en su casa, cuando vi sobre la mesa del salón el iPhone 4, ese magnífico borrón que habrá de acompañarle de por vida junto con la derecha a la que jamás se abandonó, los divorcios que no le devastaron y las amantes que nunca tuvo.


Pilar Rahola: “Twitter es el Gran Hermano”

Es una de las figuras más conocidas —hoy diríamos “mediáticas”— del periodismo de opinión en España. Feminista, catalanista, antitaurina… son sólo algunas de las etiquetas ideológicas que el público suele asociar a su nombre, pero hay mucho más. Hablamos de su paso por el mundo de la política —cuyo funcionamiento interno describe en términos bastante sórdidos— pero también, y profusamente, de su faceta como escritora (en concreto de su último libro, La república islámica de España, publicado recientemente), de sus afinidades  filósoficas y literarias, de los nombres que más han influido en su pensamiento, de la influencia de Internet, del poder de los medios, de lo que significó el siglo XX europeo en la Historia o de lo que significa ser aficionado del Barça. Una intensa conversación en la que pudimos escucharla citando nombres como Spinoza, Klaus Mann, Proust, Lincoln o Malatesta. Nos citamos con ella en las plácidas instalaciones del Club de Polo de Barcelona y este fue el resultado.

Pilar Rahola, figura política, figura mediática. ¿Es posible comprender la una sin la otra?

La verdad es que mi etapa política fue una transición. Aunque la recuerdo con intensidad —porque fue intensa— nunca pensé que fuera una profesión. Creo que fundamentalmente soy periodista. O comunicadora, opinadora, como quieras llamarlo. Lo que ocurre es que, en el mundo en que vivimos, esa capacidad de influir y opinar se hace a través de diversos medios. Entre ellos la televisión, que siempre es más superficial… aunque si tuviera que escoger y quedarme sólo con algo, me quedaría siempre con la palabra escrita. Fundamentalmente soy alguien que se hace preguntas.

Entonces, ¿cómo valoras tu etapa política?

La política fue más bien producto del azar. Yo no quería estar en política. Había tenido ofertas en su época, por ejemplo de Jordi Pujol, y siempre había dicho que no. Estaba ya en el periodismo y me gustaba. Después, cuando hubo la opción de defender valores republicanos y de defender el ser mujer, ser catalana, ser antitaurina, y de hacerlo en una España que era muy machista, que era monárquica, que era taurina… en fin, la verdad es que resultaba bastante divertido. Al final me lié la manta a la cabeza. Era, además, el partido de mi familia, históricamente hablando. En el proceso descubrí lo mejor y lo peor de la política. Lo mejor es la defensa de unas ideas, a veces en situación difícil. Lo peor son las guerras internas de poder. No valgo para eso. No valgo ni para lo uno ni para lo otro, porque esto de tener que defender cosas debido a que el partido las imponía nunca me gustó. Me ponía muy nerviosa ese dogmatismo que se da a veces en la disciplina de partido, y creo que realmente no sirvo para la política. Fue una etapa de mi vida a la que no volvería ni loca. Pero ni loca, ¿eh?

En cuanto a esas guerras de poder internas… ¿la política es aún más oscura de lo que ya piensa el ciudadano de a pie?

Las guerras internas de poder son lo más oscuro que he experimentado en cincuenta años de vida. Lo más oscuro. Vale todo. Mira, cuando te peleas con un adversario de otro partido político… recuerdo que en mi época discutía mucho con Vidal-Quadras, por ejemplo. Él era mi antítesis; él y el Partido Popular en general. Pero eso, en su dureza, era limpio. Era la pelea limpia entre dos adversarios políticos que tienen dos modelos radicalmente contradictorios a la hora de ver las cosas. En cambio, las luchas internas por el poder tenían más que ver con dossiers secretos —por supuesto enfermizos y mentirosos—, con tergiversaciones y manipulaciones, con criminalizaciones de personas, con utilizar la vida privada… y todo era siempre anónimo. Todo era con pasamontañas. De manera que lo peor que he vivido nunca es lo que he vivido allí. En Esquerra Republicana viví lo mejor —defender la república y Cataluña— y lo peor, que es lo que puede llegar a hacer un republicano catalanista por llegar al poder. Qué asco. Te lo diré de otra forma: en Esquerra Republicana había muchos reyes con vocación de Rey Sol y con mucha afición por la guillotina.

¿Los sigue habiendo?

Sí, sí, lo que pasa es que el Rey Sol se ha quedado sin cabeza.

Cuando vas por ahí a tomarte algo, ¿la gente intenta discutir de política contigo?

No. Bueno, la verdad es que llevo la cara puesta… como soy muy conocida siempre hay alguno que me dice cosas. Tengo que decir que en Cataluña la gente es bastante prudente; normalmente se acercan para elogiarte: que si me ha gustado este artículo, que si estuve de acuerdo con este otro, que si el otro día en la televisión no sé qué… si te quieren criticar, es raro que se te acerquen. Fuera de Cataluña, especialmente en Madrid, es bastante más divertido porque te encuentras de todo: uno que de repente dice “¡viva el rey!” o “¡viva el Real Madrid!”, y yo me lo tomo a coña, la verdad. Cuando alguno dice “¡viva Franco!” me cabreo más. En Madrid la gente es más suelta, se te acercan y dicen “ah, pues el otro día me gustó, pero de todas formas pienso que tal y tal”… la pequeña tertulia de calle, la tertulia de semáforo, la vivo más en Madrid que en Barcelona.

¿En Madrid son más abiertos para bien y para mal?

Los catalanes somos un poquito más demócrata-cristianos. Es decir: “cuidado, esto no lo toques, esto no lo digas”. En Madrid son más desinhibidos a ese nivel, lo cual tiene ventajas e inconvenientes. Al final uno se acostumbra a todo y tengo que decir que normalmente voy por la calle muy tranquila y muy bien. Habrá alguna vez en que te digan alguna cosa más antipática, pero es minoritario.

Tu último libro es La república islámica de España. Para quien no lo haya leído todavía: ¿cuál es el mensaje que pretendes transmitir?

Es un libro a favor del Islam, pero es un libro a favor del Islam libre. Después de casi quince años de seguimiento del tema he llegado a conocer —por suerte para mí y a través de viajes, del mundo internáutico que ahora es tan útil, y de muchos encuentros— a hombres y mujeres musulmanes extraordinarios. Auténticos héroes de nuestro tiempo. En el libro hablo de que algunos de los hombres y mujeres del Islam son los Nelson Mandela del siglo XXI. Por tanto creo que la gran lucha por la libertad, que en el siglo XX estuvo en Europa, en este siglo XXI está en el Islam. No tender la mano a esta gente, jugándotela un poco, diciendo “voy a hablar claro contra los fanáticos, los misóginos, los que alimentan el odio, los intolerantes, los que están contra una sociedad civilizada, los que quieren volver al siglo VIII”… no alzar la voz contra esto es una irresponsabilidad y un acto de profunda traición a la libertad.

¿Qué piensas, por ejemplo, de estas mujeres que en Francia se oponían a la prohibición del burka?

 Prefiero pensar en las muchísimas mujeres musulmanas, la mayoría de ellas exiliadas iraníes y algunas muy notorias argelinas, que han alzado la voz contra el burka y contra el hiyab. Hay una muy famosa que participó en la comisión de educación del senado francés que decía “poner un velo a una niña de ocho años es ponerla  en el mercado del matrimonio… y a partir de ese momento, todo el mundo podrá con ella”. Y esto no lo decía Pilar Rahola o cualquier otra occidental feminista, esto lo dicen mujeres musulmanas. Por supuesto, el opresor siempre encuentra oprimidos que defiendan la opresión. Los esclavistas encontraban negros que defendían la esclavitud. El Islam integrista, el Islam fanático, encuentra mujeres oprimidas que defienden la opresión pero nunca van a ser mis interlocutores.

Angela Merkel ha dicho que en Alemania el multiculturalismo ha fracasado por culpa de la minoría turca, el primer ministro David Cameron ha dicho algo parecido respecto al Reino Unido, ¿compartes este análisis?

El multiculturalismo ha fracasado. ¿Por culpa de quién? No sabría decirte. En todo caso, quien ha puesto en evidencia que el multiculturalismo ha fracasado ha sido el islamismo radical. ¿Dónde fracasa el multiculturalismo? En los atentados del metro de Londres, cuando se descubre que todos los terroristas han nacido en Londres. Son vecinos del Londonstan, que tienen pasaporte inglés, que son ingleses de pleno derecho, que han estudiado en escuelas inglesas… y que quieren destruir la sociedad inglesa para llevarla al siglo VIII. Entonces se descubre que el multiculturalismo ha sido un mal negocio para la democracia. Evidentemente, entre la inmigración musulmana hay de todo: hay gente que ama la libertad desde su propia identidad, porque es perfectamente compatible. Tener unos orígenes, rezar a un dios, ayunar de determinada forma, hacer las fiestas… y ser demócrata. Ser musulmán no significa estar contra la democracia. Ser un militante radical islamista, sí. El multiculturalismo ha creado guetos donde los imanes radicales se han convertido en auténticos reyes, en gobernadores de territorios. Hoy en día, en España por ejemplo, nos estamos encontrando con mezquitas donde se está defendiendo la aplicación de la sharia en suelo español. Con policías religiosos, con imposición, con violencia, con agresiones, etc. etc. Esto ocurre en España. Tanto en Inglaterra como en Alemania y Francia existen estos problemas. Y en Holanda, no olvidemos Holanda, donde murió asesinado Theo Van Gogh, donde Ayaan Hirsi Ali ha tenido que huir porque el gobierno no podía garantizar su vida, donde asesinaron al político Pym Fortuyn… Holanda es un país roto, absolutamente roto, que hoy tiene clarísimo que el multiculturalismo lo ha destruido. Es evidente que Europa nos está diciendo que por ese camino no vamos bien. Quede claro sin embargo que no hablamos ni de sociedad única, ni de pensamiento único, ni de religión única, ni nada parecido. Al contrario: hablamos de civilización libre en la que caben todos, pero con unas reglas de juego legales que son las que nos garantizan la libertad.

Cambiando un poco de registro, ¿crees que la crisis económica que estamos viviendo puede estar gestando algún movimiento cultural o artístico que aún no se ha manifestado?

Estamos viviendo un cambio de paradigma que, desde mi punto de vista, no va a llevarnos a una sociedad mejor sino peor. El tema no es la crisis económica en el mundo occidental —Europa o Estados Unidos— que resulta evidente que va a ser peor y más grave. El tema es que las economías emergentes que van a dominar el mundo no creen en las libertades. Lo que me preocupa es esto: el siglo XX europeo nos trajo el nazismo, el colonialismo, el estalinismo. Europa fue un desastre en el siglo XX, es un siglo para tirarlo a la basura. Sin embargo, ese mismo siglo XX europeo nos trajo el estado del bienestar, que significa jubilación, escuela y sanidad públicas, derechos laborales, derechos para la mujer… a ese siglo XX hay que ponerlo en el podio, en el museo de las grandezas. Bien, pues ese mundo occidental que ha creado derechos fundamentales y que ha basado su economía —a pesar de ser en muchos aspectos una economía salvaje— en una cierta solidez de esos derechos sociales y laborales, está en absoluta caída libre. Hoy en día, las economías más fuertes del planeta son países como la India, que basan su economía en que cien millones de extremadamente ricos viven por encima de novecientos millones de extremadamente pobres. Sin clases medias, sin autónomos, sin dinamizadores, sin prácticamente derechos igualitarios. No hay derechos ecológicos, ni laborales, ni sociales… eso no importa; importa que sea una economía fuerte. China es un caso parecido y también las mafias rusas derivan hacia ahí. Brasil, a pesar de ser una gran democracia, no tiene prácticamente derechos laborales garantizados. Está cambiando el mundo y el paradigma hacia el que vamos, que probablemente pondrá a China en el podio de la hegemonía mundial, ¿garantiza una sociedad más igualitaria o una sociedad peor? Yo creo que vamos a peor. En ese cambio de paradigma tan trágico y complejo, no hay duda de que los creadores van a ser los grandes pensadores de los próximos tiempos. Desde que el mundo es mundo, la creación siempre se ha basado en la crisis. Cuando acaba la Edad Media y comienza el Renacimiento aparecen los grandes en la filosofía, el pensamiento, etc. En el 1900, en el ámbito en que aparece Hitler, aparecen también Thomas Mann, Freud, Einstein. Los momentos más frágiles y vulnerables de la humanidad —donde hay más interrogantes, donde todo se trastoca— son donde los creadores crecen y se multiplican de manera extraordinaria. Por tanto estoy convencida de que hay una generación que está por despertar y que va a aportar muchísimo a la creación… pero porque el mundo está peor.

¿Crees que en estos tiempos el arte, la literatura, la filosofía todavía son un motor de evolución del ser humano?

No. El gran motor de cambio—y cambio no ha de ser evolución, puede ser regresión— del ser humano en el siglo XXI es, sin ninguna duda, Internet. La gente joven, mi hijo por ejemplo, no tiene televisión en su habitación. No la necesita. No la ve. Su mundo es Internet. El otro día escribí un artículo en La Vanguardia titulado El Facebook de mi sobrina. Mi sobrina tiene quince años: le pido una foto y me mira con cara de “¡vieja loca que no sabe dónde están las fotos!”. Porque, evidentemente, las fotos están en Facebook. Su mundo es mucho más virtual y claro, esto me preocupa en algunos aspectos: mi sobrina dice que tiene doscientos amigos y yo me pregunto si tiene uno sólo.

Esto en cierto modo podía ocurrir también antes de Internet, ¿no?

Pero yo creo que el mundo internáutico nos hace más solitarios. Pero bueno, tampoco quiero hacer un discurso nostálgico. Lo que sí es cierto es que la gran revolución mental de los ciudadanos en el mundo, a nivel global, es la mundialización de las autopistas de la información. El hecho de que lo que alguien escriba ahora lo estén leyendo, defendiendo y atacando en cualquier lugar del mundo —si entienden el idioma, pero ahora que los traductores empiezan a ser buenísimos, aún más— es un hecho que ha cambiado el mundo. Para bien, porque nos interconectamos, tenemos más información que nunca, todo es más rápido, más vivaz y dinámico, quizá más creativo. Para mal, porque lo peor de la humanidad también está más interconectado: hay más pederastas que nunca, están más interrelacionados que nunca. Hay más discursos totalitarios que nunca… puedes hacer una bomba mirando en Internet cómo se fabrica. Como pasa siempre en todo gran proceso de cambio, se magnifica lo bueno y se magnifica lo malo. Imagínate a Thomas Mann, o a Spinoza, con Internet… ¡wow! Pero, ¿te imaginas a Goebbels con Internet?

Preocupante. Sería uno de los que más provecho le sacaría a Internet, probablemente.

Ahí estamos. De hecho, de eso se aprovecha, por ejemplo, Irán. Sus contactos con Hezbollah en Sudamérica se producen a través de Internet, ya no hacen falta servicios secretos. O la Venezuela de Chávez. Que son personajes que, al menos a mí, me disgustan profundamente. Es Spinoza y Miguel Ángel, pero también Hitler.

Ahora que has citado a Spinoza, ¿qué filósofos o artistas han tenido influencia en tu vida, en tu forma de pensar, en tu forma de ver el mundo?

¡Oh! Soy una lectora voraz. Y un poco “psicópata”: hubo una época en mi vida en que cualquier libro que me pasaba cerca lo leía, y además, si no me gustaba, lo acababa. Uno de mis primeros libros complicados fue El hombre unidireccional de Marcuse, que lo leí con catorce o quince años… y no entendí el título. Me acordaré toda la vida, porque ¡me pasé medio libro intentando entender el título! Pero yo leía y leía como una loca. Recuerdo que en la biblioteca de mi padre había un libro de Menéndez Pidal, un estudio filológico sobre el Quijote… ¡y me lo leí! Evidentemente, hoy en día estas locuras ya no las hago. Ahora soy muy selectiva: si un libro no me interesa… ya sé dejar los libros, como ya sé dejar los amores. Es que uno se hace mayor, ¿no? Ahora sé decir que no a un libro, pero eso sí, todavía miro todo lo que me llega. Como he leído mucho y a veces muy en aluvión, en cada momento de mi vida ha habido gente que me ha influido mucho. En la adolescencia me influyeron muchísimo los franceses y especialmente la literatura. Tuve una época muy Proust, A la recerca del temps perdut me la leí entera, la disfrutaba y la releía. Leía ensayos sobre Proust, sobre el concepto de la memoria… me interesaba mucho. Leí mucho también a Stendhal, el concepto del espejo que va por el mundo me parecía algo extraordinario: yo quería ser una mirona y llevar un espejo… en realidad al final he hecho un poco eso, ¿no? Lo que pasa es que me he metido en el espejo. Y luego tuve una época Flaubert muy intensa. También Durrell, El cuarteto de Alejandría me influyó una barbaridad. Tuve mi época Kafka. Y también tuve mi época rusa, sobre todo Nabokov, que lo leí entero y del cual sólo hay un libro que no me gusta nada: Lolita. Es un libro que odio porque me parece una apología de la pederastia.

Sin embargo mucha gente opina que es uno de sus mejores libros.

Sí. Lo que ocurre es que cuando leo una buena obra literaria —y sin ninguna duda Lolita es un ejercicio literario extraordinario— no puedo evitar proyectar una cierta moral. Lo que subyace en esa mirada literaria, a mí que soy madre de una hija, me pone muy nerviosa… no puedo evitarlo. Es un libro que rechazo. Evidentemente nunca lo prohibiría ni lo sacaría de la biblioteca… es más, yo lo tengo. Pero no puedo evitar rechazarlo. Es como Hemingway: me cuesta leerle —a pesar de que he leído con placer El viejo y el mar, que es una obra extraordinaria—debido a ese gusto que tiene por la sangre y la violencia. Era un apasionado defensor de los toros, y no solamente eso. Me repugna profundamente. Tengo un problema ético que es culpa mía, no lo hago exportable. Como para gustos hay colores, de Nabokov me quedo con Ada y el ardor, del que soy una entusiasta, hasta el punto de que mi hija pequeña se llama Ada por Nabokov. Un pequeño homenaje. Y bueno, evidentemente siempre me han acompañado por la vida los autores castellanos y catalanes. Si me tuviera que quedar con un sólo autor de literatura española me quedaría sin ninguna duda con Valle-Inclán, y en cierta medida con el mejor Vargas Llosa. Pero también he tenido mi época García Márquez… no sé, es que son tantos. De catalanes, quizá me quedaría con Baltasar Porcel. Y también un poco con Mercé Rodoreda, y no precisamente con La plaça del diamant, sino con Mirall trencat… esa idea de que la verdad es un espejo roto y todos tenemos un trozo. Ese concepto de la realidad rota me parecía fascinante. También he leído mucha poesía. De grandes pensadores, también ahí he sido bastante promiscua. Soy promiscua con las ideas, sobre todo. Te sorprenderá quizá, pero tuve mi época Chomsky, que ahora es un autor que rechazo profundamente.

Sorprende un poco, sí.

Sí. Pero la tuve. Hubo una época en mi vida en que me interesó una barbaridad. He sido gran lectora de textos libertarios: de Kropotkin, de Bakunin… me los leí casi todos. Y por supuesto Malatesta, quizá de todos ellos el que me interesó más. Aún me siguen interesando. Te diré más: a diferencia de algunos textos importantes del comunismo que ya no me aguantan, algunos textos libertarios sí se sostienen. En el fondo la mirada libertaria del mundo, que nunca fue dogmática, resiste más el paso del tiempo que la mirada comunista, que es más dogmática. Y bueno, Klaus y Thomas Mann han sido también importantes escritores para mí. Los románticos alemanes, a nivel de poesía, también me han gustado mucho. ¿Filósofos? He leído también, bastante en aluvión, a casi todos. He tenido una época Kierkegaard, una época Nietzsche… pero al final me quedaría con Spinoza. No ha sido casual cuando lo he mencionado antes. También me quedaría con Camus. Nunca Sartre. Leí a Sartre y hay algunos textos de Sartre como Huis Clos (A puerta cerrada) que aún me sirven hoy en día: ese concepto, fíjate, de que el infierno son los otros. Qué cosa, ¿no? Pero Camus es el tipo que defiende la libertad en todo momento y cuando Sartre dice “viva Stalin” él responde: “no, Stalin no, por ahí no vamos bien”. Es un faro de luz.

Hablando de personajes e influencias, ¿a qué personaje histórico te hubiese gustado encontrarte para sentarte a cenar y conversar?

¡Uau! Qué cosa tan fascinante, hay tantos personajes históricos que me atraen tanto… (piensa durante un instante) Erasmo de Rotterdam. Porque vivió una época de crisis terrible y porque fue un pensador que cambió el mundo. No atacó a su emperador porque era quien le proporcionaba las lentejas, por tanto fue también pragmático, de otro modo no hubiésemos tenido sus textos. Pero dejando a un lado esa servidumbre inevitable, fue un tipo de una lucidez extraordinaria. Y a pesar de ser un antisemita y un misógino, como todos en su época, también me gustaría encontrarme con Voltaire. Y con Descartes.

Si pudieras viajar en el tiempo  y presenciar cualquier episodio de la historia humana…

El momento en que Moisés sube a la montaña, habla con alguien y le dan las tablas de la Ley. Ese día se fundó la civilización moderna. El momento en que alguien le dice a su pueblo “no matarás, porque no está bien. No robarás. Respetarás a tu padre y a tu madre”. Y crea un código de conducta civilizado, crea la modernidad. Quizá ese momento. Es un momento inexistente en realidad (risas), es una metáfora. También viviría la salida de la cárcel de Nelson Mandela. He presenciado momentos históricos: viví la caída del Muro de Berlin en la propia Berlín, estaba en la ciudad esa misma noche. Viví las revoluciones bálticas, el asalto del parlamento lituano —también estaba allí—, viví la guerra de Bosnia… que no fue demasiado bonita, la verdad. He vivido algunos momentos interesantes, pero si tuviera que vivir algo fuerte… el momento en que Lincoln llega a la presidencia americana. Eso también cambió el planeta. O el día en que unos cuantos tipos con una radio están escuchando la independencia de Israel. También me gustaría vivir el momento en que los palestinos pongan su bandera y crean un estado propio. Significará que ha terminado un conflicto terrible.

¿Lo viviremos?

No, lo viviremos mal. No creo que lo veamos en esta vida. Quizá lo viviremos de manera virtual, con una resolución en la ONU: mal hecha, con países en contra y países a favor, con fronteras imposibles… estamos lejos de solucionar el conflicto. Pero me gustaría vivir ese día, porque significaría que el mundo está mucho mejor. Y me gustaría muchísimo, muchísimo, vivir el día en que una mujer saudita se saca el velo completamente y en medio de la plaza de Riad dice: “soy libre”. Eso sí que no lo voy a ver.

Hablando de la situación de la mujer no ya en el Islam sino en España, hace poco entrevistamos a Arcadi Espada y nos dijo que el “techo de cristal” del que hablan las feministas es inexistente.

Yo no estoy de acuerdo con él. Arcadi Espada es de estas personas a las que a veces mataría, pero a las que siempre quiero leer. Porque me enriquece la gente inteligente incluso cuando estoy en discordancia. Y a veces lo estoy, sin duda. Otras no, ¿eh? Pero yo creo que se equivoca: el techo de cristal existe inequívocamente, entre otros muchos motivos porque hemos cambiado las leyes pero no hemos cambiado el paradigma social, porque no tenemos conciliación familiar, porque el peso de la familia recae en la mujer, porque la mujer que es competitiva profesionalmente tiene muchos más problemas y menos recursos, porque a pesar de tener los mejores currículums no avanzamos en las jerarquías sociales, porque todavía ganamos menos… cuidado. Pensar que esto no existe es pensar que hemos resuelto dos mil años de historia en dos días. Existe y es muy duro, ¿eh? Pero le daré la razón en una cosa: una parte importante de los constructores de ese techo de cristal son las propias mujeres. En mi generación, y en la generación anterior a la mía, las mujeres luchábamos por la igualdad. Pero las mujeres de la generación siguiente quieren volver a ser madres. Conozco a muchas mujeres que dicen “no” a un trabajo porque no es compatible con el horario de los niños, etc. La principal enemiga de la mujer a la hora de recortar sus aspiraciones profesionales, a veces, es ella misma, que se carga de culpa. Es verdad que la sociedad no ha cambiado el chip, pero tampoco las generaciones jóvenes juegan fuerte. Por tanto hay una responsabilidad femenina considerable, ciertamente. Las mujeres también hemos sido, en algunos temas, un poco inquisidoras. Por ejemplo, estoy a favor de la Ley contra la Violencia de Género, pero me preocupan mucho los abusos que esa ley ha facilitado contra muchos hombres. Me preocupan las acusaciones falsas. Me preocupa que un hombre, si una mujer dice que es un violador le cae toda la culpa del mundo y luego explícate y demuestra que no lo eres. Hay un sobrepeso de culpa en el hombre, y eso tampoco es bueno.

En otra entrevista, César Vidal defendía la definición incluida en el diccionario de la Academia de la Historia, en la que se dice que Franco no era totalitario. ¿Caben los matices lingüísticos en esta clase de discusiones?

Decir que Franco era medio dictador es como decir que uno puede estar medio embarazado. Uno, o defiende la libertad, o es un dictador. Franco utilizó los recursos legales, económicos, militares, policiales y sociales para oprimir a todo un pueblo. Fundamentó su dictadura en unos primeros años de matanzas indiscriminadas sin juicio. Mató a miles de personas, encarceló a otros miles, envió al exilio a centenares de miles, y destruyó completamente el futuro de un país. ¿Que después se volvió más blandito y mató menos? Dígame usted: ¿un asesino es menos asesino porque mata menos y se vuelve un poco más blando? Murió matando. Hasta el final firmó condenas a muerte políticas. Por tanto, sin ninguna duda, es un dictador totalitario. De lo peor que le ha pasado a España después de los Reyes Católicos. Fue, desde mi punto de vista, un auténtico constructor de odio. Me pasa con César Vidal lo mismo que con Arcadi, con algo más de diferencias. Yo leo a César Vidal, pero me cuesta mucho encontrar puntos de acuerdo. En estos temas sobre todo. Estoy de acuerdo con él en otros asuntos, pero no en el tema del franquismo.

Hablando de totalitarismo, ¿qué cara pondría George Orwell si levantara la cabeza y viera que su expresión “Gran Hermano” se utiliza para titular un “reality show”?

Pensaría que él acertó (risas). En realidad vivimos con el Gran Hermano. Mira, una cosa es un “reality show” de la televisión. Pero es que el Twitter es el Gran Hermano. El otro día estaba con mi madre y con mi hija en el dentista, le comenté a mi madre cómo serían las vacaciones… cuando salí del médico lo vi colgado en Twitter: “he estado al lado de Pilar Rahola en el médico y he oído que decía esto y aquello”. Yo me siento vigilada. Y como yo, cualquiera. Todos vivimos con el Gran Hermano. Mi sobrina, cuando cuelga sus fotos, no sabe quién las está viendo ni qué harán con ellas. No sabe que su vida la pueden controlar. Somos la aldea global. El libro de Orwell, como pasaba con Jules Verne, es una especie de anticipación del mundo que vendrá. Más que novelistas fueron casi visionarios. Por tanto, Orwell diría: “¡caray, qué desgracia haber acertado!”

Siguiendo con totalitarismo y medios, hay una frase de Eurípides que dice que frente a una multitud, los mediocres son los más elocuentes.

Sin ninguna duda. Los mediocres y los malos. Nietzsche ha escrito mucho sobre ello, quizá es quien ha escrito más y mejor. La masa es informe, siempre. Informe y deforme. En la masa, el individuo desaparece. Por eso me preocupa la mundialización de las cosas, la opinión global, el pensamiento único; cada día soy más disidente de todo, hasta de mí misma. Quiero disentir, quiero preguntarme, no quiero dogmas, me horroriza todo este mundo. Odio profundamente a los inquisidores del pensamiento, a los que les gustan las listas negras. Había una concejal de Iniciativa que pidió que me expulsaran de la televisión porque lo no le gustó lo que dije. Y yo digo: claro, es que la tía quiere resucitar al Pravda. Esto me parece horroroso. Vamos hacia un mundo de pensamientos únicos y sobre todo de estigmas para quienes no piensen igual. La masa siempre tiende a anular la personalidad, la individualidad, la iniciativa… es lo peor que existe, las masas, que siempre son deformes y monstruosas.

En la película Ciudadano Kane se muestra la fina línea que separa al periodista del inquisidor, del político, del hombre que busca poder. ¿Hay algún ciudadano Kane en España?

El problema es que los periodistas también buscan el poder, de manera que quien esté libre de culpa que tire la primera piedra. Frase que nos recuerda que la lapidación ya era bíblica, que era la forma de matar a todos. Se convierte en la forma de matar mujeres en la Penísula Arábiga —aún no era Arabia Saudita— a finales del siglo XVIII. Hasta ese momento no se lapidaban mujeres. Pero bueno, hecha esa disertación (risas), creo que demasiadas veces el periodista quiere: primero, estar cerca del poder. Y segundo, tener más poder que el poder político. Si no lo tiene, acercarse. Y si puede, tenerlo él y marcar las pautas del ministro, del diputado, del alcalde… hay muchos aprendices de ciudadano Kane en la política y en el periodismo en España.

¿Es difícil que existan periodistas que resistan esa tentación?

Mira, la única forma de mantener unos ciertos criterios de libertad en el periodismo es depender de muchas casas. Porque puedes decir “bueno, si este me falla…” Yo es lo que practico, la verdad. Practico una cierta promiscuidad de jefes, lo cual me da unos niveles de libertad muy envidiables. Al final eres de todos y no eres de nadie. Eres de ti mismo. Es siempre el dilema de Erasmo de Rotterdam: para poder decir que el mundo va mal, no puedo criticar al emperador, porque es él quien me da la capacidad de decir que el mundo está mal. Evidentemente, tú intentarás no meterle el dedo en el ojo a tu jefe de turno, y por eso aguantas. Pero si no dependes de uno sólo tienes bastante más libertad. He escrito artículos críticos sobre el rey en el grupo Godó, he hecho discursos críticos sobre TV3 en la propia TV3, le he dicho cosas a Julia Otero o a Jordi Gonzalez en sus programas. Quizá es que tengo la suerte de trabajar con gente que me da mucha libertad pero también tiene que ver con que no soy de nadie. Por ahí tendríamos que ir todos… pero a veces no se puede, claro.

Personajes como Gandhi o Martin Luther King murieron asesinados, lo cual es muy llamativo: ¿el promulgar cambios pacíficos es una mejor manera de buscarse enemigos que el ser violento?

Murió Gandhi asesinado, murió de forma violenta King, murió Kennedy por lo que murió, pero también murió Anwar Al Sadat porque firmó la paz. La paz siempre tiene un enemigo feroz que es quien ama la guerra, es decir, los que quieren imponer su razón por la vía de la espada, que siempre matan a la razón. Es la espada y la palabra. A pesar de todo, los grandes movimientos que han luchado por entenderse, por convivir, por tolerar y por imponer mediante vías no violentas han acabado triunfando de alguna forma, aunque generalmente dejando mártires. Los caminos de la paz siempre tienen mártires.

Si el paso del tiempo transforma la tragedia en comedia, ¿también transforma las ideologías políticas en chistes?

Es que niego la mayor: yo creo que hay tragedias que nunca son cómicas. El nazismo nunca lo será, Auswitchz nunca será una comedia. Te diré más, cuando Charles Chaplin hace su parodia de Hitler aún no sabe que existen los campos de exterminio. Estoy convencida de que nunca habría rodado El gran dictador después de conocer los campos de exterminio, porque Hitler fue cómico hasta un cierto punto. Y como esto te diría tantas cosas… la lapidación nunca será cómica, no me imagino un sketch sobre la lapidación.

Pero en La vida de Brian hay un gran sketch sobre la lapidación.

Sí, pero a mí no me hace reír. No, puede haber humoristas que se rían del mundo, de todo, ¿eh? Pero yo tengo límites con eso como los tengo con la literatura.

¿Crees que el humor debe tener límites?

Bueno, yo no los pondría legalmente. Pero si yo fuera por ejemplo dibujante de cómics, tendría límites. Nunca me reiría de un maltrato, por ejemplo. No podría. Me repugnaría profundamente. Hay tragedias que nunca me harán reír, pero puedo entender que la creación tiene que ser muy libre. Muy libre. Y muy rupturista a veces. Por tanto, puede ser muy provocadora y creo que el siglo XX europeo tuvo que ver con la ruptura de cosas, con el surrealismo, el quiebro y el romper todas las convenciones. Y no todo me gusta, pero ahí está, y en ese sentido defiendo la libertad creativa. Yo, personalmente, tengo límites. Bueno, también me preguntabas si el paso del tiempo convierte las ideologías políticas en chiste. Las ideologías del siglo XX que querían cambiar el mundo ya son un chiste. Son una caricatura y quienes aún defienden determinados dogmas de fe son payasos. Chávez, por ejemplo, es un payaso. Pero en cambio me preocupa que la sustitución de las ideologías sea el establecimiento de una única ideología que es la del pensamiento correcto. Todo el mundo tiene que pensar lo mismo, acerca de todo, en todas partes. Lo políticamente correcto es hoy la ideología que censura más y que crea más problemas a la libertad. Me preocupa más —en mi sociedad, recalco— la inquisición de lo políticamente correcto que la extrema derecha, porque la extrema derecha no tiene capacidad para taparme la boca pero lo políticamente correcto sí. O la extrema izquierda, que los extremos se tocan: no hay nada más parecido a un fascista que un fascista de izquierdas. Pero ya no hablo de fascismos en el sentido del espectro ideológico, te hablo de gente muy normal que convierte lo políticamente correcto en una forma de censura. Y esa es otra forma de ver el mundo, es otra ideología, y me preocupa.

Viendo la marcha que lleva el mundo, ¿deberíamos olvidar lo que hemos aprendido durante muchos siglos, retornar a La República de Platón o a las Analectas de Confucio y volver a empezar de cero?

Siempre releo a los griegos, de hecho tengo una muy buena colección: la Bernat Metge, desde mi punto de vista la mejor que hay para leer a los clásicos, con traducciones de gran categoría… cada traducción es una obra de arte. Alguien decía que, cuanto más mayores nos hacemos, más releemos y menos leemos. Me debe pasar un poco esto, porque permanentemente releo a los clásicos y casi nunca me fallan. Y bueno, el concepto de La República de Platón está vigente, pero absolutamente vigente: uno mira cómo está la política actual y dice “vamos otra vez a Aristóteles”, y en él encontramos lo básico. Como vamos al catecismo o a las Tablas de la Ley, como quieras llamarlo —hablo en términos cívicos y no religiosos— y encuentras lo básico. Te vas a una isla desierta, te llevas los Diálogos de Platón… y vuelves a fundar la civilización moderna. O te llevas las Tablas de la Ley: diez mandamientos… “usted, al vecino no le haga esto ni esto ni aquello”. Oye, pues el mundo iría un poco bien si haces caso. Quizá sí, quizá hay que volver a lo básico.

¿Hemos evolucionado demasiado?

Bueno, lo que menos ha fracasado de la evolución es la medicina y la ciencia, globalmente. Porque ha cambiado la cara al mundo para bien… aunque también nos ha traído el calentamiento global y la bomba atómica. Es el Ying y el Yang, siempre. Quizá sí que hay que leer a Confucio.

Hablemos un poco de fútbol. Nos decía Alfredo Relaño en su entrevista a este medio que el Barça es el nuevo equipo del régimen, ¿estás de acuerdo?

De qué régimen. ¿Sabes qué pasa? Creo que ni el Barça ni el Madrid son los equipos de ningún régimen porque, por suerte, no hay un régimen. Hacer este tipo de metáforas de una época  que fue trágica no me gusta. El Barça es un equipo muy influyente, como lo es el Madrid. Son equipos grandes que se basan en la pura irracionalidad: si tú me preguntas racionalmente por qué soy del Barça, no te lo puedo decir. Porque no tiene ninguna lógica. No tiene ninguna lógica que me vuelva una loca gritona viendo a once tipos en calzoncillos detrás de una pelota. No tiene lógica intelectual, ni tiene valores profundos, ¡no tiene nada! Pero me pasa.

¿Es folklore?

Es el cerebro reptiliano, que es el que vence ante el fútbol (risas), tiene que ver con los instintos primarios, con lo básico… que, si no haces daño a nadie, si no es violento y si es un divertimento, por qué no. También el sexo es muy primario. En el fondo, un orgasmo futbolístico y un orgasmo sexual se parecen bastante. Los dos son bastante irracionales. Yo, que soy muy culé, lo interpreto como una faceta muy irracional de mi propia personalidad. En mi vida tiene mucho peso lo racional, en todo: siempre me pregunto todo, me lo pienso e incluso los sentimientos pasan a veces por la razón. Después tengo este divertimento que es bastante irracional y me parece fantástico. Si no se me descontrola, ¿eh? Eso no me impide tener grandes amigos del Madrid: si lo derivas hacia el odio o la intolerancia, vamos mal. Eso no me pasa. Creo que el Madrid tiene que ser un gran equipo para poder ganarlo siempre, porque si fuera una mierda de equipo iríamos fatal y perdería la gracia. Pero bueno, hablando en esos términos tan poco racionales el Madrid ha sido durante mucho tiempo no el equipo del régimen —porque vivimos en democracia—, pero sí el equipo del poder. Ahora lo comparte un poquito, que no está mal.

¿Cuál es actualmente tu libro de cabecera?

Estoy leyendo en inglés Nomad, de Ayaan Hirsi Ali. Lo compré casualmente porque la conocí en Nueva York. Estoy a punto de acabarlo y tengo esperando La Barcelona progre de Xavier Rius, un buen amigo; es un libro que me interesa mucho. Pero en agosto sólo leo clásicos.

¿Qué harías si Pedro Almodóvar te ofreciese un papel en una película?

Por supuesto le diría que se ha vuelto loco. Soy una pésima actriz. Nunca sería una “chica Almodóvar” pero no por él; para mi suerte o mi desgracia soy auténtica, no tengo doblez, lo cual significa que si tuviera que hacer un papel lo haría fatal. Yo sólo podría hacer de Pilar Rahola. Hombre, si me ofreciera hacer de Pilar Rahola…

Por ejemplo.

No sé, ¿eh? No me veo. Aunque igual me divertiría. Tendría que pensarlo. Si me divirtiera, quizá. Pero lo veo raro, eh, lo veo raro.

Ahora un pequeño ejercicio: te digo unos títulos de unas películas, y tú me dices qué personajes públicos de cualquier ámbito te imaginas protagonizando estas películas.

¡Uau!

“Toma el dinero y corre”

Sin ninguna duda, los cabecillas de Gürtel.

“Dos tontos muy tontos”

Cualquier militante de grupos de extrema izquierda o de extrema derecha.

“El hombre que nunca estuvo allí”

Zapatero (risas)

“El resplandor”

Si me baso en el título tengo una idea, pero si me baso en el argumento tengo otra. Si sólo me baso en el título El resplandor, te diría que el nuevo presidente de Sudán del Sur: ha nacido un país y ha acabado una sangría. Resplandece. En el otro sentido, el torturado y terrible y maléfico… creo que Francisco Camps, que cada día está peor. Me lo imagino enloquecido gritando “¡mis trajes los he pagado yo!”.

“Misión imposible”

¿Misión imposible? Rubalcaba.

“El doctor Jeckyll y Mr. Hyde”

Un maltratador: puede amarte hasta la locura y puede matarte.

“El bueno, el feo y el malo”

El bueno es Bono. Le tengo un gran cariño y creo que ha sido muy injusto todo lo que le ha ocurrido. El feo es Salgado, sin ninguna duda, porque es muy feo todo lo que dice, así no vamos bien. El malo es Zapatero, ha sido un desastre.

Ahora una breve opinión sobre algunos personajes: Félix de Azúa.

Un tipo al que hay que leer siempre. Uno de los grandes. A veces cuando habla del catalán me pone muy nerviosa, pero es uno de los grandes.

Quim Monzó.

Me interesó más cuando era adolescente que ahora, curiosamente. Pero me gusta el articulista. Y es un gran escritor. Es un gran relatista.

Iván Tubau.

Un tipo libre, un heterodoxo. Divertido.

Jiménez Losantos.

Me parece un manipulador al que no le importa arrasar con todo. Un tipo que criminaliza gente, demoniza e impide el diálogo.

Salvador Sostres.

A veces cabalga en caballos muy inteligentes y bravos, a veces baja a los infiernos. Demasiado dual, me tortura.

Pérez Reverte.

Un buen escritor y un perverso opinador. Es histriónico, es barroco, es salvaje y sobre todo es indecente cuando escribe opinión. Le es igual, arrasa con todo. No me interesa nada como opinador, pero me interesa como escritor. Me pasaba también con Camilo José Cela: La familia de Pascual Duarte es un monumento literario y en cambio sus opiniones eran las de un misógino, carca, antiguo, retrógrado e insoportable. Pérez Reverte se le parece: es un misógino insoportable, pero un buen escritor.

Tenía a César Vidal en esta lista, pero ya me has dado tu opinión sobre él.

Es un tipo que a veces me interesa mucho y a veces me cabrea mucho. Diría que, sobre todo, mi problema con César Vidal es por mi condición de catalana y por mi condición de antifranquista. En otros temas… es un tipo al que escucho. En cualquier caso, me interesa.

Fotografía: Sergi Fuster


Schwartz-García Siñeriz: “En la televisión actual no encajamos en ningún sitio”

Fotografía: Jesús Llaría

Nos encontramos en un restaurante de Palma de Mallorca con Ana García-Siñeriz y Fernando Schwartz, que nos confía: “en esta mesa de aquí al lado se sienta Su Majestad en verano”. La verdad es que entre el entorno, la comida y la agradable compañía, nos sentimos como reyes. Estando los dos juntos sentados codo con codo en la misma mesa, es inevitable comenzar preguntando por Lo + Plus.

Fernando Schwartz: (Risas) ¿Sabes que me siguen reconociendo por la calle? Hace ya cinco o seis años que dejé el programa y todavía me dicen “yo a este señor le veía todas las tardes”. Me pasa mucho. Y me llama la atención que me pasa con mucha gente joven.

Sí, no me extraña; toda una generación de estudiantes enlazábamos Friends con Lo + Plus.

Ana García-Siñeriz:
¡Yo también! Veía la serie todos los días antes de salir al plató. Esa serie era fantástica. Aquélla fue una época maravillosa. Y es irrepetible, porque no estábamos sujetos a la tiranía de la audiencia: un día traíamos personajes televisivos que siempre nos hacían subir los espectadores, y al día siguiente Juan Luis Arsuaga o un violinista que no conocían más que los melómanos… Pero sobre todo, que la gente venía con mucho ánimo al programa. Recuerdo entrevistas memorables, de divertirnos, de reírnos sin parar…

A pesar de la existencia de tantos canales en abierto, entre la homogeneidad de las ofertas y la programación que actualmente hay en antena, no ven factible la existencia de un programa de aquellas características, tanto por presupuesto como filosofía. Aunque hay alguno que se salva.

AGS: Por ejemplo, el otro día fui de invitada a El intermedio y me lo pasé fenomenal. Me recordó un poco a nuestros viejos tiempos. Hay muy buen ambiente, hacen sketches… nada más llegar me metieron en lo que llamábamos nosotros un pregrabado (que consistía en meter al invitado en una patochada que se le había ocurrido a los malévolos guionistas), con Wyoming, a lo Gran hermano, debajo de un edredón los dos y me divertí mucho.

FS: Con Wyoming… Nosotros, si te acuerdas, hicimos un pregrabado metidos en la cama con Cameron Diaz. Hay cierta diferencia, ¿eh?

(Risas). Sí, mucha diferencia. Hablando de parodias de Gran hermano, ¿qué opináis del cambio de CNN+ por un canal con 24 horas de Gran hermano?

FS: Duele, duele.

¿Y la audiencia, respaldando el cambio?

AGS: ¿Y qué esperabais? La televisión no es algo independiente del resto de la sociedad. Si en un kiosko vendes Le Monde Diplomatique y, de repente, su editorial retira esa publicación y la sustituye por una revista del corazón y cotilleos, el público seguramente va a responder. El problema es cuando sólo puedes comprar revistas de cotilleos. En la televisión la oferta cada vez es más homogénea y queda desprotegida gente que tiene otros intereses, porque no tienen nada que ver. Ofrecen sólo lo que demanda la masa.

Las audiencias muestran una realidad y las encuestas, otra. Así como la mayoría de encuestados proclama que ve los documentales de La 2, las audiencias dicen que la mayoría está viendo el Aquí hay tomate”de turno. Fernando nos recuerda: “todo el mundo dice que lee los editoriales de El País”. Ya que ha salido el nombre de ese diario, aprovechamos para preguntarle su opinión sobre Wikileaks, ya que, como ha sido diplomático y editorialista en El País, ha estado, por así decirlo, en los dos lados.

FS: Yo creo que Wikileaks es un megabuzoneo. Dicho lo cual, sirve para sacarle los colores a alguna gente, para castigar a algunos criminales, pero no sirve para cambiar las relaciones internacionales. Cuando el Departamento de Estado desclasifica documentos a los 50 años, lees hoy los documentos de 1945. Con Wikileaks, abrimos los documentos de hoy; aceleran el tiempo. Creo que hay alguna lección fundamental que sacar de estos documentos. Contrariamente a lo que se dice, los americanos trabajan los temas, los analizan y los planifican con una mucha mayor profesionalidad de lo que la gente se cree. Pero luego tienen a Bush como presidente y claro, no actúan como deberían. A mí me sorprendió encontrar algunas cosas como un cable en el que se hablaba de una posible penetración norteamericana en China y, al mismo tiempo, los chinos intentaban una reunificación de las dos Coreas pero sin decirlo a los del Norte, que son una banda de locos… Me pareció de una habilidad y de una fuerza diplomática perfecta. También plantea algún problema de acceso y redistribución de la información confidencial, que es complicada… Openleaks por ejemplo, tiene una capacidad de selección de quién quieres que sepa lo que tú estás diciendo. Todo esto hace que la gente tenga que ser un poquito más cuidadosa.

De todas formas, parece que Wikileaks iba a ser más explosivo de lo que ha sido. Por ejemplo, al poco de publicar los primeros cables, sale a la luz la Operación Galgo, que acapara todas las portadas y Wikileaks pasa a segundo plano. Parece que el periodismo, de forma similar a la televisión, también está intentando atraer a la audiencia con la última y más sonora noticia.

AGS: Totalmente. Y de hecho hay veces que no se respetan ciertas cosas. Hay países en los que no se puede publicar la foto de un presunto criminal hasta que no ha sido condenado. Aquí te acusan y ya aparece tu foto en el periódico como presunto violador de niños. Por ejemplo, los casos de pederastia: un cura a quien cogieron en Facebook con un montón de fotografías; seguramente será un sinvergüenza, pero todavía ningún jurado o ningún juez ha dicho que es un sinvergüenza. Es que, además, después de una acusación así estás condenado socialmente.

FS: Me temo que, en los temas de pederastia, aunque los declaren inocentes, van a ser considerados culpables por la sociedad para siempre jamás. Luis Montes será culpable de la muerte por asesinato para siempre.

AGS: Hay muchas cosas que deberíamos revisar y hacer un ejercicio de buenas prácticas, que no todo vale. Hay cosas con las que no haces daño, como los gatitos en Internet. Pero hay cosas que tienen un daño colateral, cuando haces según qué en los informativos.

Surge el nombre de Sostres, de gran actualidad en las fechas de la entrevista por su última salida de tono en una columna de El Mundo. Estamos de acuerdo en que sus comentarios sobre una mujer asesinada son totalmente desafortunados. No obstante, parece que últimamente hay una especie de policía del pensamiento.

AGS: Sí, es lo que decía, no me gusta que exista. Hay ciertos temas que tienen los límites muy claros, pero tampoco me gusta la sociedad tan vigilada en la que nos movemos. No se puede hacer ni un chiste sobre nada. Como en el caso de Nacho Vigalondo. Originariamente era una broma, pasadita, pero era una broma. El problema vino cuando se creció y empezó a responder a los comentarios que estaban en contra del chiste y le llamaban antisemita, con bromas que ya eran de mal gusto. Luego pidió perdón muchas veces. Pero me pareció excesivo.

Además de presentadores de televisión, comparten la faceta de ser escritores y haber publicado diversas obras de distintos géneros. Preguntamos a Fernando si nos puede adelantar algo sobre la novela en la que está trabajando.

FS: Poco, poco. Estaba rondando esta idea desde hace tiempo. En cierto modo es una novela sobre la Transición, pero no es una novela correcta, porque está vista desde la óptica de una familia rica, pija y franquista, que no es lo habitual. Es una familia bastante normal que, siendo franquistas, inician la evolución a la democracia de forma remolona, pero no les queda más remedio. Son gente, sobre todo la madre, que consideran que ellos son la verdadera España porque son ricos, son guapos, hablan idiomas, han viajado… no la chusma que hay del otro lado. Ellos representan verdaderamente la España que Europa quiere.

AGS: Una pregunta tipo Lo + Plus: ¿qué hay de autobiográfico en esta novela? Porque son ricos, son guapos, han viajado…

FS: (Risas) Yo cuento la experiencia desde donde la veo porque la conozco. Pero no es mi familia.

AGS: Entonces nadie te va a dejar de hablar.

FS: Bueno, alguien se va a reconocer… En fin, es la historia entre dos bombazos: el de Carrero y el del 11-M. La familia, en muchos momentos de la novela, no entiende lo que está pasando, para ellos es todo un choque político y cultural. Me gustaría que funcionara porque desde la visión del conservadurismo no hay una novela.

Por lo que cuenta, los protagonistas de su nueva novela van a ser los “malos”…

FS: No los malos, el otro lado. Por qué no. Ellos vieron el 23-F del otro lado y quisieron colaborar; eran la trama civil del golpe, todos los viejos franquistas que todavía no se habían ajustado a la democracia.

¿Es más arriesgado poner la voz de la novela en el otro lado? Tal vez los protagonistas pueden no producir empatía.

FS: Sí, es posible que pueda producir rechazo. Pero el efecto empatía es irrelevante. Por ejemplo, el protagonista de Vichy 1940 yo pensaba que era simpático y que representaba bastante bien mis ideas, y sin embargo hubo algunos críticos que dijeron que les había parecido antipático desde la primera página hasta la última. Todo depende de la óptica del lector.

Al hilo de esto y lo que comentábamos antes de la pederastia y el antisemitismo, me vienen ahora a la mente dos novelas: Lolita y Las benévolas, ambas redactadas desde el punto de vista de los “malos”, y generaron muchas críticas en contra.

AGS: ¡Menuda novela, Lolita! Pero hoy día, cualquiera escribe Lolita, te meten en la cárcel.

FS: Y Las benévolas… ¡qué novela! Yo la tuve que leer a trozos porque me producía repulsión que, al fin y al cabo, era lo que buscaba. Era terrible.

La fecha que maneja para la salida del libro, del que tiene preparado algo más de un tercio, es final de año. No obstante, se muestra conservador con los plazos, porque “pasas mucho tiempo no necesariamente creando a los personajes, o describiéndolos, sino colocándolos. Aunque no lo parezca, dedicas mucho tiempo a hacerlo”. Ana lo corrobora.

AGS: De hecho no sé cómo fui capaz de escribir una novela. Comienzas a tirar de un hilo y de ese hilo vas construyendo toda la novela, pero podías haber tirado de otro… No estoy descontenta con ella, se vendió bien para ser una primera novela, pero me da rabia una cosa: la estructura me gustaba mucho. Tal vez vuelva a utilizarla para otra novela. Ya habrá una segunda. Bueno, de todo se aprende. Por ejemplo, ahora estoy metida en un proyecto de libros infantiles, muy bonito, que va a salir en septiembre, y he aprendido a ser más madura, a dejar de pensar que por no molestar eres mejor. Y es peor. Si no molestas, no tiendes a la excelencia. Hay veces que tienes que decir: “esto no es así, estoy hay que hacerlo de otra manera”.

Continuamos hablando un poco más de literatura: Ana, que sigue fiel al papel, nos recomienda “ remember, de Joe Brainard; y Fernando, que utiliza su Kindle sin parar, Wolf hall, de Hillary Mantel (ganadora del Booker hace un par de años). Está claro que el formato digital está entrando en el mundo editorial gracias a la difusión de los libros electrónicos. ¿Hará que la gente lea más gracias a la facilidad de acceso a los contenidos y a la piratería?

AGS: No sé. A mí me sorprendió mucho el otro día que una persona que conozco me dijo “ah, ese libro ya lo he leído, se lo ha bajado mi hijo”. Yo pensé que el negocio editorial estaba todavía a salvo de los piratas porque para mí leer es un acto tan civilizado – al menos yo lo entiendo así  que me parece incompatible con una actitud de pirata. Yo creo que hay actos de piratería inocuos, que no causan un perjuicio económico y moral al autor. Pero al final, si los autores no ganan dinero, no podrán ser escritores, sino que tendrán que ser fontaneros, médicos o electricistas. Lo que no sé es si piratearán solo a Dan Brown o hasta a un poeta vasco desconocido.

Precisamente en la revista tenemos un artículo en el que comentamos la paradoja de 1Q84, de Haruki Murakami, un libro que no está a la venta en castellano en España en formato digital, pero que se puede conseguir ilegalmente. En digital está a la venta en catalán, a unos 15 euros, frente a los 26 que cuesta en papel.

AGS: Sí, ¡ése es el libro que comentaba antes! El mercado audiovisual es un claro ejemplo. Yo siempre cuento que quiero comprar películas o series de televisión y no me dejan. Si yo un día quiero ver una película en mi casa, desde mi ordenador, es tonto que usted le deje el negocio al pirata en lugar de facilitar al usuario que lo compre legalmente. En el mundo de cine es más complicado porque interviene mucha gente, pero en el negocio de la música o de la edición se pueden autorregular muy fácilmente tendiendo hacia la autoedición. Pienso, por ejemplo, en el propio Dan Brown, o Antonio Gala, o Pérez-Reverte, gente que vende mucho, que cuelguen sus propios libros y los vendan independientemente, por un precio de unos 3 euros, y serán prácticamente 3 euros de ganancias por cada ejemplar. En la música, Radiohead cuelga sus propios discos en su página web.

Hace unas semanas, leí una noticia en la que decían que los grandes estudios cinematográficos habían llegado a un acuerdo para ofrecer en televisión las últimas novedades a las pocas semanas de su estreno en los cines. Las salas se quejaron.

AGS: Pero es que la gente seguirá queriendo ir al cine. Si Ferran Adrià saca sus platos congelados, ¿crees que la gente que va a elBulli dejará de ir porque piensa que tiene lo mismo en el supermercado? Ofreces distintos productos, distintas ventanas a los consumidores. Pero la experiencia, en este caso del cine, no tiene nada que ver con ver una película en casa, aunque un día no te apetezca salir y prefieras quedarte en zapatillas. Son cosas complementarias. Pero es lo que veníamos diciendo, dejad que cada uno utilice las cosas como le da la gana, dad libertad al consumidor.

Surge el ejemplo de las series de televisión: emiten una serie en Estados Unidos, de madrugada en España. Y al día siguiente, no sólo te puedes descargar la serie de forma gratuita (e ilegal), sino que alguien ha preparado subtítulos en castellano. “Lo tenían que ofrecer en HBO o en TMZ. Si intentas ver una serie en sus páginas te aparece un mensaje de que tu IP no te permite acceder a este contenido. Vale, no te preocupes. Ya me ocupo yo”.

(Risas) Entonces, ¿por qué creéis que las cadenas no hacen como en la finale de Perdidos, y emiten las series prácticamente en directo?

AGS: El mercado está en plena ebullición. Llegará un momento en el que el negocio se ordenará. Ahora mismo, casi nadie ve el anuncio que está en mitad del bloque publicitario, pero lo han pagado. Si lo meten antes del inicio o al final de un capítulo online sabes que lo tienen que ver por narices, y sabes que tienes tres millones de clicks. No hay mejor audímetro que éste. Pero todavía no lo han asumido. Cuando quiero ver un programa que me divierte, prefiero verlo por Internet, cuando a mí me da la gana, no cuando ellos lo programan. Cuando llegue la Web TV se va a acabar todo lo que hay ahora; es otro concepto, no tiene nada que ver.

FS: Para cuando llegue yo ya estaré muerto. (Risas)

AGS: No, no. Tú ahora tienes una televisión conectada a Internet y buscas el programa que quieras. Tú ya no ves lo que te echan, sino lo que te apetece. Te puedes montar tu propio canal, el canal Fernando Schwartz, en el que dan tus programas y lo comercializas. Se abre un nuevo horizonte. Hay una cosa que en Francia funciona fenomenal: el canal de seniors.

FS: (Risas) No sé si cabrearme.

¿Y un canal de gatitos 24 horas?

AGS: (Risas) A mí me encantaría, yo sería espectadora.

Acabamos la entrevista preguntando a Fernando por un blog de diplomáticos donde le critican tan duramente. Ni quiere responder, ni tomárselo en serio.

FS: No merecen nada. Que cada cual sopese en un platillo a estos anónimos cobardes, esos fachitas cabreadines, y mi trayectoria como escritor, editorialista, presentador de TV, etc.

Todo eso que dicen ¿es representativo de la carrera diplomática?

FS: Sí, mucho me temo que sí. El poso final de la carcunda está ahí. Esta carrera tiene ese problema.