Brandon Sanderson: «Quiero mostrar en mi obra que hay algo inherentemente bueno en los seres humanos»

Fotografía: Jorge Quiñoa

(English version here)

Antes de empezar la entrevista, el escritor Brandon Sanderson (Nebraska, 1975) come con sus colaboradores del Team Sanderson España y charla sobre Gaudí, los churros con chocolate y el hecho de que este sea el país en que tiene más fans de Europa. Las novelas de fantasía épica de Sanderson incluyen batallas, muertes y algún que otro apocalipsis, pero en conjunto son narraciones optimistas y repletas de personajes honorables, desde Elantris a las sagas de Nacidos de la bruma o la monumental El archivo de las tormentas, diez enormes volúmenes de los que se han publicado dos. También ha escrito novelas infantiles (Alcatraz), juveniles (Los Reckoners, El Rithmatista), cómic (White Sands), novelas cortas (Legion, El alma del emperador) y narraciones para acompañar videojuegos (Infinity Blade). Parece que no sabe estarse quieto. Charlamos amablemente un buen rato («¿Será una entrevista larga? ¡Me encantan las entrevistas largas!») cerca del Arco del Triunfo barcelonés. Después se marcha a toda prisa a una ronda de seis horas seguidas firmando libros en la librería Gigamesh.

Esta no es tu primera visita a Barcelona: en 2006 viniste a recoger el premio UPC de Ciencia ficción por En defensa del Elíseo. Abriste tu discurso diciendo que te considerabas más un narrador de historias que un escritor en el sentido clásico del término. ¿Crees que en el mundo literario se subestima el valor del entretenimiento?

Y no solo el del entretenimiento: también el valor de la emoción se subestima en el mundo literario. De eso trataba mi discurso, de que no solo las ideas son cruciales sino también las emociones. El poder de una historia fantástica es combinar buenas ideas con algo emocionante. Mi esposa les prepara cada mañana un batido a nuestros hijos, y le añade espinacas para que sea verde… Porque a los niños les encanta el color verde, pero también porque las espinacas son buenas para su salud. Si un libro de fantasía es apasionante, divertido y te hace sentir un montón de emociones, y además incluye ideas interesantes que te hagan pensar, tendrá un mayor efecto sobre el mundo que un libro que amontone pesadamente ideas difíciles de expresar en una historia.

Terry Goodkind dijo no escribir sobre fantasía o magia sino «historias que tocan importantes temas humanos». J. K. Rowling afirmó no leer fantasía ni ciencia ficción, y que no se le había ocurrido que los libros de Harry Potter fueran de fantasía. ¿Por qué los autores importantes de fantasía huyen del concepto de literatura fantástica?

No lo sé, la verdad es que me desconcierta y me frustra… Quizás demasiado. He criticado excesivamente a esos autores en el pasado, y a Philip Pullman, que también dijo cosas parecidas. No creo que trataran de resultar insultantes… Me gustaría remitir a los lectores a la maravillosa refutación de Terry Pratchett a J. K. Rowling sobre escribir fantasía. Creo que hay una sensación institucionalizada en nuestras mentes de que la fantasía no puede ser auténtica literatura. Es una sensación completamente incorrecta, pero que perpetuamos en el género cuando un autor afirma no leer literatura fantástica incluso aunque la escriba. Es como si un médico dijera que no sigue lo que hacen otros neurocirujanos, sino que se lo inventa y opera sobre la marcha.

No inspira confianza…

Es difícil criticar a otros autores, ya que vienen de áreas diferentes… Pero considero un modelo a seguir a gente como Neal Stephenson, Terry Pratchett o Ursula K. Le Guin, que están orgullosos de su patrimonio cultural fantástico y han hablado abiertamente de su amor por la literatura de género y lo que puede conseguir. Leer lo que ha escrito Ursula K. Le Guin al respecto te hace sentir orgulloso como lector de fantasía.

Una situación que parece gustarte narrativamente es lanzar a una buena persona al infierno y describir cómo intenta mejorarlo: Kaladin en el Puente Cuatro, Raoden en Elantris… ¿Qué te atrae de este tipo de escenarios?

Cuando nos vemos en circunstancias extremas revelamos mucho acerca de nosotros mismos. Y al contrario de lo que cree la mayoría de la gente, hay muchos ejemplos a lo largo de la historia de momentos extremos en que mostramos nuestras mejores cualidades. En lugar de huir y actuar egoístamente, la mayor parte de la gente se mantiene unida cuando ocurre algo realmente horrible. Vemos lo mejor que puede ofrecer la humanidad en alguno de sus peores momentos… Es un gran contraste. No quiero que nadie tenga que pasar por algo horrible, pero la ficción nos permite escribir historias sobre cómo reaccionan los humanos a situaciones extremas. Yo soy básicamente un optimista. Y no quiero implicar que la ficción pesimista sea mala, de hecho gran parte de mi narrativa preferida es pesimista. Mi cuento corto favorito es Harrison Bergeron, de Kurt Vonnegut, que es magnífico y muy pesimista. Pero cada escritor acaba eligiendo un estilo, y yo quiero mostrar en mi obra que hay algo inherentemente bueno en los seres humanos, y que nos esforzamos para manifestar esa bondad innata. ¡Nos unimos frente a la adversidad! Esa idea aparece una y otra vez en mi narrativa.

¿Crees que los enfoques positivos en tus libros acaban teniendo un efecto positivo en tus lectores?

A los escritores nos gusta pensar eso, pero francamente, no lo sé. Sería algo arrogante por mi parte decir que mi ficción está mejorando el mundo o a la gente… Pero, por otro lado, la ficción que he leído ha mejorado mi vida. El libro que me convirtió en escritor de fantasía fue Drangonsbane, de Barbara Hambly. Es una novela sobre una mujer de mediana edad que puede convertirse en la mayor hechicera de la historia. Sus maestros dicen que es fantástica, pero que necesita concentrarse más en su aprendizaje. Pero ella tiene también una familia, y no puede dedicarse por completo a su magia por su familia.

En la época en que leí este libro mi madre se graduó en Contabilidad, la primera de su clase en un año en que era la única mujer matriculada. Y mi madre siempre tuvo que hacer equilibrismos entre su familia y su carrera. Incluso se tomó un tiempo sabático en su trabajo y aprendizaje para estar con sus hijos cuando yo era muy, muy pequeño… Y de adolescente pensaba que por supuesto, eso es lo que hacen las madres. Pero entonces leí Dragonsbane, con catorce o quince años, y mientras lo leía pensaba que la protagonista debería estar pasando más tiempo con su magia, ¡y le decía en mi cabeza que ignorara a sus hijos y aprendiera los conjuros! Y cuando lo terminé sentí que podía entender cómo es pasar la crisis de la mediana edad siendo adulto, y verse obligado a elegir entre carrera y familia. Leer un libro de fantasía sobre un dragón y al hacerlo entender mejor a mi madre mejoró el mundo, mejoró mi mundo. El mayor poder de la ficción es ayudarnos a entender a otras personas, ver a través de sus ojos.

Escribiste un montón de manuscritos e incluso novelas enteras antes de vender tu primer libro. ¿Qué te decían los editores durante esos años? ¿Cómo mantuviste tus esperanzas ante las cartas de rechazo?

Fue duro, muy duro. Esto te va a encantar… Los editores no paraban de decirme: «¿No podrías parecerte más a George R. R. Martin?». Sin embargo, al mismo tiempo insistían en que mis libros eran demasiado largos. ¡Pero si los libros de Martin son larguísimos! El punto más duro de mi carrera llegó cuando acabé mi duodécimo libro… Escribí trece antes de vender uno. Los libros once y doce fueron mis intentos de escribir como George R. R. Martin, con antihéroes cínicos, fantasía cruda y oscura… Eso no se me da bien de forma natural. Algunos escritores lo logran estupendamente, pero mi especialidad es el optimismo, personajes que encuentran la luz en las peores circunstancias… Así que mis dos libros sombríos y breves resultaron ser malísimos. Me quedé descorazonado, pensando que nunca sería capaz de ganarme la vida con esto.

La gran decisión que tomé entonces fue escribir lo que me encantaba de verdad. Me di cuenta de que si moría a los noventa años con cien manuscritos inéditos en mi armario, lo consideraría igualmente un éxito… Un éxito mayor que si me rendía. Tenía que continuar escribiendo lo que amaba a cualquier precio. Y en ese momento pensé: «¡Escribiré los mayores y más alucinantes libros de fantasía épica que se han escrito! Me dicen que mis libros son demasiado largos, ¡así que los haré más largos aún! ¡Llenos de todo tipo de cosas extrañas y montones de personajes!». Y escribí El camino de los reyes, mi libro número trece, con esa novela le hice un corte de mangas a toda la industria editorial. El año siguiente vendí Elantris. Y es realmente bueno que pasara por ese momento clave de decidir que quería hacer lo que me gustaba porque realmente amaba hacerlo, en lugar de intentar lo que los demás me decían que tenía que hacer.

Tras vender Elantris a Tor, tus novelas inéditas empezaron a encontrar editores, como Mistborn PRIME que sería la semilla de Nacidos de la bruma. ¿Aún utilizas parte de ese material?

Sí, aún picoteo ahí de vez en cuando. He canibalizado la mayor parte para aprovechar ideas… Y reescribiré Dragonsteel en algún momento del futuro.

Me sorprendió leer en los comentarios de Nacidos de la bruma que te ofreces a enviar por correo electrónico la primera versión (Mistborn PRIME) a quien te la pida…

Prefiero White Sands o Aether Night, que son mejores… Así que cuando alguien me escribe intento enviarle esos dos. Pero en cualquier caso no tengo ningún problema en enviar mis libros primerizos a quien los solicite, mientras sean perfectamente conscientes de que no son demasiado buenos.

Hiciste de editor para la revista semiprofesional The Leading Edge durante tus años de estudiante. ¿Qué aprendiste ahí sobre la escritura?

Sobre todo a evitar clichés leyendo un montón de mala literatura, pero también aprendí qué hace que una historia sea buena. Cada narración magnífica entre las pésimas brillaba como un lingote de oro en el barro… Así que trataba de averiguar qué volvía interesante esa historia. ¿Por qué nos encantaba a todos los de la revista mientras que ninguna de las cien anteriores nos había llamado la atención? Fue muy ilustrativo.

¿Recibiste consejos de escritores profesionales durante tus años de formación?

Katherine Kurtz y David Farland se sentaron conmigo algunas veces y me dieron un montón de buenos consejos. No habría llegado hasta donde estoy hoy en día sin el asesoramiento de escritores que me dedicaron tiempo durante convenciones, o que impartían clases en mi universidad. El trabajo de escritor se realiza casi siempre en solitario escribiendo y practicando, pero un poco de mentoría puede resultar una gran ayuda.

Y ahora enseñas escritura creativa en la universidad.

La mayor parte de lo que hago tengo que publicarlo online, ya que no tengo tiempo para leer y comentar escritos individuales. Doy talleres en mis clases, eso sí. Si alguien quiere que lea sus textos  puede volar a Utah, ser aceptado por la Universidad y apuntarse a mis clases. Lo siento, sé que es un buen obstáculo, pero…

Te matriculaste en Bioquímica en la Brigham Young University. ¿Por qué elegiste esa carrera?

Como verás en mis libros, siempre me han fascinado la física y la química… Todas las ramas de la ciencia, en realidad. El problema es que me encantan las ideas, pero odio el trabajo pesado. Cuando tenía que sentarme a revisar páginas y páginas de cálculos siempre me equivocaba y lo pasaba fatal. Me matriculé porque mi madre insistía en que conseguir un buen trabajo como químico me dejaría un montón de tiempo libre para escribir… Intentaba empujar a su nene a ser realista, pero resultó que ser realista era malo para mí.

Algunos escritores tratan de mezclar ciencia ficción y fantasía, como Margaret Weis y Tracy Hickman en la saga La espada de Joram. ¿Cómo pueden coexistir en una historia magia y ciencia, a pesar de sus diferencias?

Mencionas La espada de Joram, donde igual que en Shadowrun la magia y la ciencia son dos caminos completamente diferentes y hay que elegir uno o el otro. Pero en el Cosmere, mi universo compartido de libros, la magia es otra rama de la física. Y admito abiertamente que sacrifico un poco del sentido de la maravilla a cambio de poder acercarme racionalmente a la magia, haciendo que siga un método científico. Magia repleta de pequeñas excentricidades, pero basada en su núcleo en la ciencia. Así trabaja mi cerebro: si pudiera hacer repentinamente algo mágico y reproducible, pensaría que aún no conocemos la ciencia necesaria para explicarlo.

Esa es la idea tras las Leyes de Sanderson sobre la magia dura y la blanda…

¡Exactamente! Mis Leyes fueron traducidas al castellano por una revista, me alegra mucho que lo hicieran.  

Desde el 95 al 97 serviste como misionero para la Iglesia mormona en Corea del Sur. ¿Qué recuerdas más de esa experiencia?

Por supuesto hubo potentes experiencias religiosas, pero si quieres un recuerdo en particular… Era la primera vez en mi vida en que fui la minoría. Una minoría privilegiada, por supuesto, pero minoría igualmente. Ir a un lugar en el que todo el mundo te mira de forma esquinada es muy bueno para cualquiera, en particular para un chico blanco como yo del Medio Oeste americano. Aprender a formar parte de una nueva cultura y ver las cosas de un modo distinto no ha tenido precio para mí.

Terry Goodkind ha sido ha acusado a menudo de empapar sus libros, en particular los últimos, con su propia filosofía política. ¿Es este un peligro para los escritores de fantasía, acabar usando sus mundos como metáforas del mensaje político que quieren transmitir?

Cualquier escritor debería ser libre de usar sus herramientas como quiera. Yo agruparía a Terry Goodkind con C. S. Lewis y Philip Pullman, ya que todos ellos tienen historias y mensajes que quieren transmitir con su narrativa. En mis propios escritos sigo más bien la filosofía de Tolkien. Tolkien y C. S. Lewis eran amigos, y de hecho Tolkien convirtió a Lewis al cristianismo. Los dos eran cristianos incondicionales. Sin embargo, Tolkien creía en contar una historia y dejar que se sostuviera por sí misma sin ser una metáfora directa, de modo que los lectores pudieran extraer de la novela lo que quisieran. Me parece un buen acercamiento. No insinúo que escritores como Terry Goodkind no puedan escribir lo que quieran, ¡por supuesto que pueden! Pero cuando yo escribo quiero contar historias sobre personajes potentes en desacuerdo entre ellos, con buenos argumentos en todos los lados de cualquier discusión. Nos acercamos a la verdad a través de la discusión. Cuando me dices tus ideas y yo te contesto con las mías y los dos nos escuchamos mutuamente, ambos salimos de esa conversación pensando «quizá he estado equivocado y puedo hacer evolucionar mis ideas», o «quizá tenía razón, pero puedo expandir mi modo de pensar para acercarme a lo que otra gente cree». Así es como nos acercamos a la verdad, no repitiendo obsesivamente lo mismo una y otra vez.

Recuerdo una anécdota de mi época de misionero en Corea. Vi a un monje budista, de una secta que exige mendigar por la comida. Así que estaba tranquilamente tocando su tambor en la calle y haciendo reverencias a los paseantes. Y había un misionero cristiano, de una fe que no mencionaré, sosteniendo a su lado una pancarta enorme que decía «EL BUDISMO ES EL INFIERNO». Y esa imagen me ha impactado siempre. Porque cuando les preguntaba a los budistas si podía hablarles de mi religión, un montón me escuchaban amistosamente y decían «¡Oh, Jesucristo fue un gran buda!». Encontraba gente dispuesta a estrecharme la mano y a intercambiar las enseñanzas de guías que significaban mucho en nuestras vidas. No quiero convertirme jamás en la persona que sostiene la pancarta, sea hablando de religión o de política. Cuánto más avanzaríamos si, en lugar de sostener una pancarta así, nos sentáramos al lado del monje para preguntarle sobre su vida y sus creencias. Esa imagen está grabada a fuego en mi mente. Y en realidad Hrathen, de Elantris, vino de esa persona que sostenía la pancarta, esa fue mi inspiración para crear su origen. Hrathen es mi antagonista favorito porque le entiendo muy bien: hay una parte de mí que podría haberse convertido fácilmente en la persona que sostenía la pancarta.

Te he leído describiéndote a ti mismo como creyente, pero también como hombre de ciencia y lógica. ¿Cómo reconcilias estos dos acercamientos a la vida?

Hoy en día está demasiado extendida la creencia errónea de que la ciencia y la religión no pueden combinarse. ¡Tradicionalmente, muchos de los grandes científicos eran también teólogos! En América hay un pequeño grupo político que parece querer reclamar la religión como suya; solo ellos pueden decir que son religiosos. Ese razonamiento es también erróneo. Hay gente religiosa en todos los lados de las discusiones… Personalmente, creo que Dios es un Dios de milagros, y que el mundo natural que estudiamos es el modo en que suceden las cosas a no ser que Dios interfiera. La evolución es un hecho, es la forma en que el mundo es, mientras que la creación de la humanidad por parte de Dios es un milagro, una violación de la ley natural. Decir que la evolución no es real es como pretender que el mar Rojo se abre en dos por sí mismo periódicamente. Dios ha creado la ciencia. Dios ha creado el mundo y nos ha dado cerebros para entenderlo de la mejor manera que podamos y buscar respuestas. Mi creencia en la fe viene de sentimientos en mi corazón. Esa es mi reconciliación: que los sentimientos de mi corazón son mi conexión con un padre en el cielo. Creo en ellos.

Tengo que estar dispuesto a aceptar que quizá son un sesgo de confirmación. Mi cerebro lógico dice que tal vez tengo esos sentimientos porque creo que debería tenerlos. Pero por ahora la única experiencia cartesiana que puedo definir como propia es mi sentimiento personal y mi modo de ver el mundo, y eso tengo que aceptarlo. Cuando leo las Escrituras vivo una experiencia religiosa, siento un sentimiento que no tengo en otros momentos, y he tomado ese hecho, tentativamente, como mi prueba de un Dios. Esto es lo que me hace creer, aunque estoy dispuesto a seguir explorando el mundo, y es posible que se me pruebe que estoy equivocado y tenga que cambiar mi modo de pensar.

Mi personaje favorito en Nacidos de la bruma es Sazed, que está interesado en un montón de religiones diferentes. Veo algo similar en El archivo de las tormentas: fragmentos procedentes de diferentes sistemas de creencias, como el hecho de que el árbol de esencias sea visualmente similar al árbol de la vida de la cábala. ¿Cómo impactan las religiones tu trabajo?

Me encanta explorar cómo interactuamos con lo divino, y me fascina comparar lo espiritual con lo que procede de nuestra tradición. Y lo que me fascina termina apareciendo en mis libros, claro. Mis libros son mi búsqueda de respuestas, pero no me gusta dar respuestas a los lectores. Me gustan los personajes que se hacen un montón de preguntas. Me atraen los personajes que se acercan a la religión de modos diferentes. Quería que Sazed fuera la voz de todas las religiones olvidadas, la voz de todos los que no pueden ya tener una voz propia. Espero que mis exploraciones de la religión signifiquen algo para los lectores, aunque sospecho que significarán algo diferente para cada lector. Recibo un montón de correos electrónicos diciendo que debo ser ateo, porque he descrito tan bien a Jasnah, la atea de El archivo de las tormentas… Siempre me tomo esos correos como un gran motivo de satisfacción personal. Escribo porque quiero explorar las diferentes formas en que la gente ve el mundo. Cuando alguien tiene un sistema de creencias quiero tratarlo bien en mis libros. Odio leer un libro y encontrar un personaje con mis mismas creencias que es tratado como un idiota al que hay que probarle que está equivocado. No quiero expresar las creencias de alguien en mis libros y convertir a ese personaje en «el idiota». Por supuesto que hay gente que se equivoca en todos los lados de una discusión, pero quiero expresar las creencias de los personajes con precisión, del mismo modo en que cada uno las defendería.

En tus libros aparece algún personaje LGBT (Ranette en la serie de Wax and Wayne, por ejemplo). ¿Influye de algún modo el hecho de ser mormón en tu forma de presentar estos personajes?  

Mi filosofía es tener un cuidado especial en contrarrestar cualquier sesgo que pudiera tener y del que no me estuviera dando cuenta. Para asegurarme de que los personajes LGBT están bien caracterizados le pregunto a gente homosexual que conozco: «¿Esto funciona?, ¿estoy representándolo bien?». Debo confiar en ellos. Es importante para mí, porque hay gente religiosa que parece querer ignorar que las personas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales existen, lo que creo que es inherentemente malvado. Es inmoral desterrar un grupo social entero, o pretender que no son buena gente con buenos argumentos, vidas y pasiones. No representarlos en mi ficción sería algo profundamente inmoral. No estoy seguro de ser la persona adecuada para narrar la experiencia homosexual adecuadamente, pero ciertamente debo hacer todo lo que puedo para asegurarme de que la gente LGBT está adecuadamente representada, porque si no estaría mintiéndole al mundo.

La viuda de Robert Jordan te pidió que terminaras los libros de La rueda del tiempo tras leer un panegírico que le dedicaste a Jordan y el primer libro de Nacidos de la bruma. ¿Qué crees que vio en tu escritura?

Puedo contestar lo que dijo, así que no queda demasiado arrogante que yo lo diga… Harriet pensó que mis caracterizaciones eran tan vívidas que podría hacerle justicia al enorme número de personajes de La rueda del tiempo.

Ahora que el último libro, Un recuerdo de luz, lleva tres años publicado, ¿has ido siguiendo las reacciones del fandom de La rueda del tiempo? ¿Estás contento con lo que escribiste?

Por supuesto hay cosas que cambiaría: la mayor es que no rematé del todo bien lo relacionado con el personaje Padan Fain. Hay detalles como ese que desearía haber hilvanado mejor, pero en conjunto estoy satisfecho con lo escrito y defiendo lo que se publicó. Lo que más oigo de los fans, en realidad, es si voy a escribir más Rueda del tiempo… Y la respuesta es que no. Robert Jordan se sentía muy incómodo con la idea de que otras personas escribieran libros ambientados en su mundo, y tuvo muchas dudas sobre si permitir a alguien terminar su serie. Así que cuando empecé a encargarme de esto, Harriet me preguntó mi opinión al respecto y contesté que no deberíamos hacer nada más que terminar la serie tal como él pidió, porque no creo que yo pudiera escribir más sin convertirse en más mío que suyo. No tengo control sobre La rueda del tiempo, y si Harriet le pide a otra persona que continúe la historia apoyaré por completo su decisión… Pero no seré yo quien lo escriba.

Todos los escritores de fantasía épica son comparados en algún momento con Tolkien… Por ejemplo, los primeros libros de Robert Jordan son muy tolkienianos. ¿Cómo tratáis los escritores de fantasía con la sombra de Tolkien?

Tolkien fundó la fantasía épica y lo hizo magníficamente: aún estamos tratando de entender completamente alguno de sus métodos e ideas. Así que no considero que estemos bajo su sombra, sino sobre los altos y orgullosos picos de la montaña Tolkien, los cimientos que nos proporcionó.

En La rueda del tiempo algunos aspectos de la relación entre hombres y mujeres se ven afectados por la forma en que está dividida la magia, por géneros… ¿Cómo crees que la literatura fantástica puede explorar diferentes dinámicas en la relación de los géneros?

Lo podemos hacer mejor que en cualquier otro género literario. Sí, de acuerdo, hay grandes libros en todos los géneros… Pero la especialidad de la fantasía y la ciencia ficción es la habilidad para tomar un problema del mundo real, trasladarlo a un mundo fantástico, y al hacerlo destilarlo obteniendo la esencia de lo que nos motiva como seres humanos. Robert Jordan creó un mundo con privilegio femenino, lo que puede resultar extraño y difícil de leer para alguien criado en una sociedad inversa, con privilegio masculino. La reacción habitual que puede verse online es que las mujeres de La rueda del tiempo son odiadas, consideradas como belicosas e intimidadoras… ¡Mientras que si todas esas mujeres hubieran sido hombres, se les habría considerado un elenco interesante y variado de personajes! Jordan logró algo muy interesante ahí.

También en El archivo de las tormentas hay diferencias de rol de género: los hombres no saben leer, solo las mujeres estudian ciencias…

La sociedad siempre reacciona de un modo u otro ante todo desequilibrio de poder entre géneros. A veces el género discriminado, casi siempre el femenino, toma posesión de algo que se convierte en su dominio. Eso no significa que la sociedad sea equitativa, sino que hay algo intocable y protegido, como cuando los carromatos hacen un círculo protector en las películas del Oeste. Por otro lado, me fascinó un hecho con el que me topé mientras estudiaba el desarrollo del alfabetismo: durante largos periodos de la historia la gente importante no leía. Tenían eruditos que lo hacían por ellos, leer estaba visto como algo indigno para un rey en varios puntos de la historia. Y jugar con estas ideas es parte de lo que hizo nacer el modo en que se juega con los géneros en El archivo de las tormentas.

Se podría decir algo similar sobre las dinámicas raciales. ¿Cómo te aproximas al racismo en El archivo de las tormentas?

Uno de mis objetivos en El archivo de las tormentas es explorar diferentes acercamientos al racismo. La discriminación basada en el color de los ojos, por ejemplo, está ahí en parte porque encaja con la construcción de ese mundo… Pero también porque si examinas poblaciones en que todo el mundo tiene el mismo color de piel, serían igualmente racistas contra los del barrio vecino, porque tienen un acento diferente. Los humanos encontramos siempre modos para clasificar a la gente en cajas, el color de ojos en el caso de El archivo. También hay en la serie un racismo profundamente problemático en el que una raza entera está esclavizada, lo que es ignorado por muchos lectores en el primer libro porque el hecho de que Kaladin sea un esclavo es el punto focal de la narración.

Otro objetivo en El archivo de las tormentas es que el lector vaya siendo más y más consciente de las injusticias del mundo que le rodea al mismo tiempo que Kaladin. Y no es que el libro trate de la lucha contra la injusticia, sino que muestra un mundo injusto, lleno de gente que perpetúa esa injusticia sin ser consciente de ello. Hay un giro importante cuando los lectores se dan cuenta de que la mayor parte de protagonistas no tienen, probablemente, su mismo color de piel. Muchos lectores tardan bastante en darse cuenta de eso… Me gusta la idea de que a medida que vas leyendo asumes que el desequilibrado Szeth es «el otro» y Kaladin se te parece, mientras que en realidad Kaladin es una mezcla asiática o de medio oriente, y Szeth es caucásico. Aunque por supuesto, si lo lees en Taiwán, entonces los personajes sí se te parecen y Szeth es el bicho raro… [risas]. Por ese motivo, quería que la primera portada no mostrara ninguna cara. Pero es difícil alinear las portadas: en el Reino Unido, la cubierta muestra básicamente a un tipo blanco. No es que los ilustradores no quieran hacerlo, sino que no se dan cuenta o no les transmitimos bien la idea. En el caso de Michael Whelan, estaba tan contento de tenerlo a bordo que no quería ir a decirle: «Por cierto, ¿podrías oscurecerle la piel?». Iremos mejorando en este tipo de cosas a medida que avance la serie.

En Nacidos de la bruma subviertes alguno de los tropos habituales en el género fantástico, como qué ocurriría si el mal ganara. Pero en El archivo de las tormentas pareces tomar una ruta diferente, más tradicionalmente épica, por decirlo así…

Nacidos de la bruma trata de invertir tropos y clichés: qué significa ser el héroe, tener una profecía, todos los lugares comunes de la literatura fantástica puestos patas arriba. Y cuando empecé a trabajar en el segundo borrador de El camino de los reyes, parte de mi cerebro buscaba tropos que invertir. Y eso era muy peligroso para mí, porque toda mi carrera podía convertirse solamente en subvertir lo que otra gente hacía, sin añadir nada al debate. Con El archivo de las tormentas quiero probar que la fantasía épica puede construir mundos como la ciencia ficción, con nuevas ecologías y planetas muy diferentes al nuestro, como en una historia de Frank Herbert. Eso es lo que quería aportar a la fantasía épica, y si me enfocaba demasiado en invertir tropos mi carrera podía acabar convertida en una nota a pie de página.

Alguna otra inversión haré, Los Reckoners subvierten los lugares comunes superheroicos, pero no puedo permitir que ese método domine mi carrera. Me alegra mucho haberme dado cuenta de eso, porque El camino de los reyes es un libro mucho más sólido siendo un ladrillo en la tradición de la fantasía épica, llevándola un pequeño paso más allá, subido a los hombros de gigantes, mejorando ligeramente el género en su conjunto. Y no es que no me guste Nacidos de la bruma, me encanta cómo socava algunas expectativas del género, pero no quiero que eso sea toda mi carrera. Quizá sí funcionaría para otro escritor, Terry Pratchett sería un buen ejemplo. Pero incluso sus libros se volvieron maravillosos cuando empezó a escribir sobre magníficos personajes y la inversión de tropos era el subtexto para una sátira del comportamiento humano. No sé si habrás leído a Pratchett…

¡Por supuesto! Queremos mucho a Pratchett en esta revista.

En los primeros libros de Mundodisco Pratchett hace chistes sobre el mundillo de la fantasía, pero en los posteriores realiza una sátira de toda la humanidad salpimentada con bromas sobre fantasía… Y alguno de esos Pratchetts son obras de arte hermosas, atemporales y sorprendentes que se alzan entre los mejores libros de fantasía jamás escritos, y es porque trascendió simplemente la burla a los clichés del género para empezar a explorar qué significa ser humano.

Varios de tus libros han sido nominados o han ganado el premio Romantic Times a la mejor fantasía épica. ¿Tratas conscientemente de incluir (¡o subvertir!) tropos románticos en tus historias?

Buena pregunta… Cuando gané por primera vez un premio de Romantic Times pensé que era una elección bastante extraña, pero mi agente me contó que son una buena revista, acostumbrada a leer textos más allá de su propio nicho específico. Eso es muy loable. El romanticismo forma parte de nuestras vidas, casi todo el mundo tiene inclinaciones románticas en algún momento de su vida. Casi todos queremos estar con alguien, y parte de lo que nos hace ser felices y sentirnos realizados es encontrar a una persona que nos haga vibrar… Es parte de la experiencia humana, como la religión. En mis libros intento mostrar relaciones familiares y relaciones estables. ¡No se suele ver ninguna de las dos en la narrativa fantástica! En El archivo de las tormentas decidí que mi historia de amor sería entre los dos personajes de mediana edad, no los adolescentes. Kaladin no tiene un romance, Shallan sí pero con un giro argumental… Son Dalinar y Navani los que viven un romance. ¡La gente de cuarenta y cincuenta años se enamora constantemente, aunque los jóvenes pretendan que todo gira a su alrededor! No puedo decir mucho más, porque jugaré con otros tropos y no quiero destripar nada.

Has escrito libros infantiles como la serie de Alcatraz, y libros juveniles como la trilogía de los Reckoners o El rithmatista. ¿De qué modos adaptas tu escritura en cada caso?

Alcatraz es un caso único. Estaba escribiendo los libros de Nacidos de la bruma, y sentí que necesitaba un descanso. Había estado escribiendo demasiado en ese mundo, en parte porque era la primera serie en la que escribía una secuela. Así que me permití libertad creativa completa, un alivio tras las estrictas directrices que me impongo en mis otros libros, y me lancé a una escritura libre. Y salió Alcatraz. He leído bastante literatura infantil: la serie de Artemis Fowl, Eva Ibbotson, Lemony Snicket… Así que no me sorprendió que saliera un libro infantil, aunque no es como si estuviera tratando de escribir expresamente algo así. Es una serie extraña, porque su humor depende mucho del sarcasmo y de juegos de palabras, ambas cosas por encima de lo habitual en muchos lectores infantiles. Así que Alcatraz tiene una audiencia potencial reducida: niños demasiado listos para su propio bien o lectores adolescentes recientes.

Los lectores objetivo serían pues los niños de doce o trece años, y quizá los de ocho o nueve que pillen el sarcasmo. Por su parte, Los Reckoners se publican a menudo en mi línea adulta, como en España o el Reino Unido, aunque en los Estados Unidos se publican como novela juvenil. Es una decisión editorial, ya que los libros están muy en el límite. Pero los escribí como novelas adolescentes: en este caso la gran diferencia reside en que el punto de vista se centra en un solo personaje y su visión del mundo. Reckoners no tiene muchos de los rasgos distintivos de la novela juvenil, porque no está ambientada en un colegio, por ejemplo, y funciona también como adulta.

Tengo la impresión de que algunos libros de fantasía solo pueden disfrutarse si se leen durante la infancia o adolescencia, mientras que otros resultan magníficos a cualquier edad. ¿Qué cualidades hacen que un libro de fantasía resulte atractivo tanto a lectores jóvenes como a adultos?

Los libros con mayor aceptación entre diferentes grupos de edad tienden a ser los que cuentan una historia en múltiples niveles al mismo tiempo. Es el principio Pixar: sacan películas que son obviamente infantiles pero funcionan a todos los niveles, incluyendo el adulto. Inside Out podía resonarle a cualquiera que haya vivido o tratado con la depresión, sin dejar de ser al mismo tiempo una película infantil muy divertida. Eso es muy difícil de conseguir, pero solo así puedes crear algo como El juego de Ender, uno de esos libros que puede resultar significativo a cualquier edad. En mi caso, intento asegurarme de contar con una variedad amplia de personajes en cada libro con diferentes perspectivas de la vida. Eso se le daba muy bien a Robert Jordan. Cuando leí sus libros de adolescente empaticé con los adolescentes, mientras que en una relectura de adulto empaticé con los adultos y pensé que los adolescentes estaban siendo muy estúpidos.

En los comentarios de Nacidos de la bruma dices que un escritor debe tener un cierto grado de arrogancia: «hay que ser arrogante para ser un autor». Pero al mismo tiempo, tus personaje suelen ser humildes sobre sus logros, como tú mismo en varias entrevistas. ¿Cómo reconcilias arrogancia y humildad?

[Risas] No lo sé, esta pregunta es muy difícil para mí… Lo que más me preocupa de mí mismo es que se me suba todo a la cabeza y me convierta en un fanfarrón. Ese sería mi peor defecto. Al mismo tiempo, creo que un artista debe tener confianza innata en que lo que está haciendo es merecedor de que otra gente invierta en ello su tiempo y dinero. Es tan extraño… Hay en ello un contraste natural, lo reconozco. Crear personajes como Sazed, que consigue fácilmente ser humilde, es quizá mi manera de inspirarme a abandonar parte de mi propio ego. Pero no se me da demasiado bien, así que mejor que nadie me tome como modelo a seguir en esta área.  

Marta Rossich, tu editora en España, menciona elogiosamente a tu equipo de colaboradores cercanos, el Team Sanderson… ¿Qué hacen por ti exactamente?  

Su trabajo es liberarme para que yo pueda escribir, les encargo cualquier cosa que pueda acelerar todo lo que no sea escribir libros… Por ejemplo, cuando escribo una entrada en el blog, se la doy a Peter para que la edite en lugar de releerla yo tres veces para corregirla. Peter se la da luego a Adam, que la publica en mi página web. No es que eso me ahorre un montón de tiempo, pero incluso media hora son treinta minutos en que puedo estar escribiendo en lugar de liarme con otras cosas. Isaac se encarga del arte: dibuja las ilustraciones interiores o las encarga, y se asegura de que todas las ediciones tienen buenas portadas, para que no tenga que hacerlo yo. Revisó los dibujos del cómic White Sands cuando llegaron las páginas, le dio el feedback al ilustrador, y así solo fue necesario que yo le echara un vistazo al final. Ese tipo de cosas son muy útiles para mantenerme escribiendo.

Eres copresentador de un podcast sobre escritura creativa llamado Writing Excuses, que ganó un premio Hugo en 2013…

Sí. Ese podcast nació gracias a mi hermano, que estaba matriculado en unas clases de transmedia en la universidad. Quería hacer un podcast guionizado, una historia de la que yo escribiría el guion, que sería interpretado por varios locutores… Pero no tuve suficiente tiempo. Sin embargo, eso me hizo interesarme por el mundo de los podcast y empecé a escucharlos. Pensé que no había nadie haciendo un podcast como a mí me gustaría. Muchos podcast divagan mucho, lo que es divertido y muy propio de internet… Pero yo quería algo informativo, como Grammar Girl pero sobre escritura de novelas. Así que reuní a unos cuantos amigos que pensé tendrían buenas personalidades radiofónicas y lo empecé. Es como mi bebé que ha ido creciendo y convirtiéndose en algo mucho mayor.

He leído que no te interesan especialmente los juegos de cartas coleccionables, pero que adoras Magic: The Gathering. ¿Qué le encuentras de especial?

Magic saca una nueva expansión que cambia completamente el juego cada tres meses, así que seguirle el ritmo a este juego consume todo el tiempo que reservo para jugar. A veces bromeo diciendo que o juegas a Magic o a todo el resto de juegos, porque Magic es muy exigente, no para jugar sino para mantenerse al día. Así que en realidad solo juego cada nueva expansión un par de veces, porque quizá tengo tiempo una vez al mes para jugar un rato y lo que me apetece es probar las nuevas cartas de Magic.  

¿Te gustan también los RPG, como la serie Final Fantasy?

He jugado a todos, y Final Fantasy X es mi favorito. El VII es el que todo el mundo recuerda porque la construcción del mundo es chula. Pero la historia, y lo siento por todos los fans del VII que haya por ahí, era un lío terrible. Había personajes divertidos, y cuando Aeris murió estuve a punto de darle un puñetazo a la televisión, pero fue la historia del Final Fantasy X la que me llegó de verdad, porque se parece a las historias que me gusta escribir a mí.

Se dice que en tus vuelos de larga distancia trabajas en novelas cortas… ¿Cuál has estado escribiendo durante este último viaje?

En este, estoy tan retrasado con la serie de El archivo de las tormentas y el siguiente está resultando un libro tan complejo que he trabajado en él. Así que nada de novela corta esta vez, no me estaba permitido.

Te involucras en bastantes actividades colaterales a la escritura: responder en Reddit, escribir notas o comentar escenas eliminadas de tus libros, mantener una barra de progreso de tus siguientes trabajos en tu web… ¿Por qué esa dedicación?

Siempre he sido un fan de La rueda del tiempo. Y era durísimo durante aquellos años no tener ni idea de cuándo iba a salir un nuevo libro, o qué estaba haciendo Robert Jordan… Entiendo que no todo escritor puede ser transparente: por ejemplo si Patrick Rothfuss habla demasiado de su libro, eso daña psicológicamente su capacidad de trabajar en él… Pero mi psicología se beneficia de la interacción y de tener que dar cuentas, y si tengo que ir informando a los fans de cómo llevo cada proyecto es más probable que los termine a tiempo. Además, soy parte de una generación que creció con internet, así que estoy acostumbrado a encontrar cualquier cosa cuando quiera. Entiendo esa sensación, así que quiero asegurarme de que mis fans, que al fin y al cabo me sostienen y me pagan por existir, tengan toda la información que pueda razonablemente darles.  

He visto dos vídeos muy originales en que apareces escribiendo en tiempo real: la maratón de la Fundación Waygate en la JordanCon de 2014, y la escritura del interludio de Rysn de Palabras radiantes. ¿Por qué mostrar tan abiertamente tu proceso de escritura?

La idea vino de la gente que juega a videojuegos en Twitch, o que hacen demos de dibujo online… Se me ocurrió que podría hacer algo parecido con la escritura. Pero resulta que escribir es mucho más aburrido que jugar a videojuegos [risas]. En los tutoriales de dibujo, el artista puede hablar mientras pinta, pero mientras escribes es dificilísimo ir parando para hablar de qué estás haciendo. Puede que haga algún vídeo más en el futuro, pero caray, fue muy duro.

¿Qué opinas sobre la fan fiction basada en tus personajes y mundos? Autores como Martin o Anne Rice se oponen frontalmente por temas de copyright y para evitar colisión de argumentos… Otros autores no tienen problema con las obras derivadas.

No tengo problema con ellas. Creo que los fans deberían poder hacer lo que quisieran. Cuando leía de adolescente, siempre me divertía mucho insertando mis propios personajes en los libros que estaba leyendo. Creo firmemente que una vez estás leyendo un libro te pertenece, al menos tu versión en tu cabeza, y tienes derecho a cambiarlo en tu mente como quieras. También creo en el poder de la ficción y el arte para inspirar más ficción y arte. Le estamos dando vueltas a algo que publicaremos en la web tras la revisión de los abogados: la idea es dar permiso para crear legalmente fan art, incluso obras derivativas, así que si hay gente que compone música, crea algún tipo de ilustración o algo similar basado en mis libros, debería ser capaz de venderlo porque es una obra de arte diferente. Y no quiero que escriban libros para competir con los míos, pero me honra que alguien quiera escribir fan fiction si es para diversión propia o para publicar online de forma gratuita.

¿Te preocupa la piratería? Lectores que se descarguen por Torrent tus libros sin comprarlos…

No es una gran preocupación para mí. La piratería me preocupa más en países que no tienen aún un gran número de lectores de fantasía y ciencia ficción, porque me preocupa que perjudique a las librerías. Pero en general creo que la preocupación sobre este tema está sobredimensionada. Mi experiencia ha sido que los lectores quieren apoyar las cosas que les gustan, y si pueden apoyar a sus artistas favoritos lo harán. Pero si están en un punto de sus vidas en que no pueden, es mejor permitir que lean las historias que quieran, dejar que desarrollen su vida y sus ideas, y que apoyen a los artistas cuando sean capaces de ello. Así que soy muy fan de dar libros gratis…

Warbreaker está disponible por entero en tu página web…

Y animo a Tor para que regale ejemplares de El camino de los reyes y Nacidos de la bruma en EE. UU. Creo que la gente no debería piratear en la mayoría de los casos, pero no voy a tomar acciones contra ellos. Dejo que sea su propia moralidad la que guíe cómo toman esa decisión… Y me concentro así solamente en escribir mis libros y agradecer a los lectores que me apoyan.


Brandon Sanderson: «I want to show in my writing that there is something inherently good inside human beings»

Photography: Jorge Quiñoa

(Versión en castellano aquí)

Before starting the interview, the writer Brandon Sanderson (Nebraska, 1975) has lunch with his collaborators of Team Sanderson Spain and chats about Gaudí, chocolate with churros and the fact that Spain is the country with most fans in continental Europe. His epic fantasy novels include battles, death and some apocalypse or other, but on the whole they are optimistic stories full of honorable characters, from Elantris to the Mistborn saga or the Stormlight Archive series, consisting of ten huge volumes with two already published. He’s also written middle-grade novels (Alcatraz), young adult (The Reckoners, The Rithmatist), comic-books (White Sands), novellas (Legion, The emperor’s soul) and stories complementing videogames (Infinity Blade). It looks like he’s always doing something. We have a long chat (“Will this be a long interview? I love long interviews!) near the Arch of Triumph in Barcelona. After taking some pictures he goes full speed to a six-hour signing marathon in  Gigamesh library.

This is not your first time in Barcelona… In 2006 you came here to pick up the UPC Science Fiction award for Defending Elysium. I liked very much your speech… You opened it saying that you consider yourself more a storyteller and entertainer than a classical writer, so to speak. Do you think that in the literary world the value of entertainment is underrated?   

I do. In fact, the value of emotion is underrated in the literary world, and this was what the speech was about: that not only ideas are important, but also emotion. The power of a great fantasy story is to combine good ideas with something exciting. My wife makes every morning a smoothie for our children, and in the smoothie she puts spinach to make it green, because they love green, but also because spinachs are good for their health. If you read a fantasy book that is exciting, enjoyable, and makes you feel a lot of emotions, plus you insert some interesting ideas that make you think, you can have a bigger effect on the world than if you pile all this ponderous ideas that are difficult to approach into a story.  

Terry Goodkind said once that he didn’t write fantasy, but “histories that have important human themes”. J.K. Rowling also said that it didn’t really occur to her that Harry Potter books were fantasy books, and that she didn’t read fantasy.  Why do important fantasy writers try to disown fantasy literature?

I don’t know, it really baffles me and bothers me… Perhaps too much. I’ve been overly critical of some of these authors in the past: Philip Pullman has said similar things. I don’t think they were trying to be insulting… I would refer your readers to Terry Pratchett’s wonderful rebuttal on J.K. Rowling about writing fantasy. I think that there is some sort of institutionalized feeling in our minds that fantasy can’t be real literature. Completely inaccurate, completely untrue, but we perpetuate in in the genre when authors say that they don’t read fantasy even if they write it. It’s like a doctor saying “I don’t read what other brain surgeons do. I made it up and now I do brain surgery“.

It doesn’t inspire confidence…

It’s hard to criticize other authors, because they come from different areas, but I would hold up as role models people like Neal Stephenson, Terry Pratchett and Ursula K. LeGuin, who are very proud of their fantasy heritage and have spoken openly about how they love the genre and what it can do. Reading what Ursula K. LeGuin has written about this makes you feel proud as a fantasy reader.

There is a situation that seems to appeal to you narratively speaking: throwing a good person into hell and describe his efforts to turn it into a better place. Kaladin in Bridge Four, Raoden in Elantris… What do you find interesting in these kind of scenarios?

When we are put in extreme circumstances we often reveal the most about ourselves. And contrary to what a lot of people think, there are many examples in history that in those extreme situations we exhibit our best qualities. Instead of running away and acting selfishly, most people hold together when something really terrible happens. We see the best of humanity at some of its worst moments, which is a very a big contrast. I wouldn’t want anyone to have to go through that, but in fiction we can write stories where we examine how human beings react to extreme situations. I am an optimist. This is not to say that pessimistic fiction is bad, in fact a lot of my favourite fiction is pessimistic.  My favourite short story is Harrison Bergeron, by Kurt Vonnegut, and it’s wonderful, but hugely pessimistic. But we each pick a style, and I want to show in my writing that there is something inherently good inside of human beings, and we will strive to keep being good. We’ll be more unified in the face of trouble! You will see that popping time and time again in  my fiction.

Do you think that positive messages in your books end up having a positive effect on your readers?

We certainly like to think this way, as writers. I don’t know… It might be a little arrogant of me to say that my fiction is making the world a better place or is making people better, but at the same time, fiction I read made my life better. The book that made me a fantasy writer, the first book that pulled me into fantasy was Dragonsbane by Barbara Hambly. This is a book about a middle-aged woman who has been told that she can be the greatest magic user ever. Her teachers say that she is wonderful, but she needs to concentrate on the magic learning. She also has a family, and she can’t dedicate herself entirely to her magic because of her family. At the same time, my mother graduated first in her class in Accounting, in a year where she was the only woman in the accounting classes, and she always had this bouncing between career and family. She did even took time off of her career to stay with his kids when I was very young, and as a teenager I thought “OK, that’s what mothers do”. But then I read this book when I was fourteen or fifteen years old, and I kept thinking that the protagonist should be spending time with her magic, and ignore her kids to learn the magic! And when I was done with this book I felt I could understand what it’s like to have a midlife crisis as an adult, and to have to choose between career and family. Reading a fantasy book about a dragon and then understand my mom better improved the world, improved my world. And that’s the greatest power that fiction has, helping us understand other people, see through their eyes.

You wrote a lot of manuscripts and even full novels before selling your first book. Could you speak a bit about those years? What did the publishers say, what kept your hopes up against rejection letters…

It was hard. You’re gonna love this: what the publishers kept telling me was: “Can you make this more like George R. R. Martin?”. At the same time, though,  they were telling me that my books were too long. But George R. R. Martin books are huge! The hardest point in my career came as I finished book number twelve… I wrote thirteen before I sold one. Books number eleven and twelve were my attempts to be more like George R. R. Martin, with gritty anti-heroes, dark and grim fantasy… That’s not a natural fit for me. Some writers do a fantastic job of it, but for me: person thrown into hell but inside of them there is the light of hope, they are good people in a bad situation, that’s what I excel at. So my two grim and shorter books were very bad books, and I got discouraged, thinking that I was never going to be able to do this for a living. And the big thing that I decided then is that I absolutely loved what I did as a writer, and I realized that if I get to age ninety and die with a hundred and twenty unpublished books in my closet, I would think of myself as a success… More of as a success than if I give up. I just had to keep doing this. And at that point I sat down and I thought “I’m gonna write the biggest most awesome epic fantasy ever. People say that my books are too long, well then: they’re gonna be longer! Full of all kinds of weird things and characters!”. And I wrote The Way of Kings, book number thirteen, and with this book I was flipping the bird at the entire publishing industry. The next year I sold Elantris. It is really good that I went through that moment of deciding to do what I wanted to do because I loved it, rather than chasing what people told me to do.  

After selling Elantris to Tor, some of your unpublished novels started to get publishers. Did you rewrite some of them, like with Mistborn PRIME? Are you still using some of that material?

Yes, I’m still dipping in there now and then. Most of them have been cannibalized for their ideas, but Dragonsteel, for instance, will someday get rewritten.

I was surprised that in Mistborn annotations you say that you can email that first version of Mistborn to whoever asks…

I prefer White Sands and Aether Night, which are better… So when people write I point to them. But yes, I’m perfectly happy to send my early books when requested, as long as they know that they are not great books.

You acted as editor for the semipro magazine The Leading Edge during your student years. What did you learn about writing there?

I learnt about avoiding cliches by reading a whole bunch of bad writing, but I also learnt about what makes a good story. A great story among all the awful ones shone like a nugget of gold in the dirt, so I would try to find what made that story great. Why we all loved it while the hundred stories before that didn’t grab us? It was very illustrating to me.

Did you receive good advice from professional writers during your formative years?

Katherine Kurtz and David Farland sat me down and gave me all kinds of great advice. I wouldn’t have gotten to where I am today without the advice of writers who took time during a convention to talk to me, or engaged a class in my university. This job is mostly done on your own by writing and practicing, but a little mentorship can go a long way to help you out.

And now you teach creative writing…

Most of the things I do I just have to put them online, as I can’t read and give advice on enough individual writing. I do workshops in my class, though. People who really want me to read their writing can fly to Utah, get accepted by the university and take my class. It’s a big hurdle, I’m sorry, but…  

You enrolled Brigham Young University as a biochemistry major. Why did you choose that discipline?

I’ve always been fascinated by physics, chemistry and all branches of science: if you read my books you will find lots of those ideas there. The trouble is that I loved the ideas, but I hated the busywork. When I had to sit and view pages of calculations I was always wrong and I didn’t enjoy it. I enrolled because my mother made the point that getting a good job as a chemist would leave me lots of time for writing… She was pushing her baby boy to be realistic, but it turns out that being realistic was bad for me.

Some writers have tried to mix science fiction and fantasy, like Margaret Weiss and Tracy Hickman in the Darksword final books. How do you think that fantasy and science, being so different, can coexist in a story?

You mentioned Darksword, which is the Shadowrun approach: magic and science are two different paths and you have to choose one or the other. But in the Cosmere, my shared universe of books, magic is another branch of physics. And I fully admit that I sacrifice a little of the sense of wonder for being able to rationally approach the magic, for having magic that follows a scientific method. Magic full of little weird oddities, like science itself is, but scientifically-based at its core. This is just the way my brain has to approach it. If I could suddenly do something magical and reproducible, I would think that we don’t understand science well enough to explain why it happens.

That’s the idea behind the Sanderson Laws about hard and soft magic…

Yes, it is! Those got translated to Spanish by a magazine, I’m very pleased that they did that.

From 95 to 97 you served as a missionary for LDS Church in South Korea. What do you remember most about that experience?

Of course there are the powerful religious experiences that come with that, but if you want one thing I remember: it was the first time in my life being the minority. A privileged minority, but still the minority. And I think that’s so good  for a person, particularly a white kid like me from the Midwest of America, to go to a place where you are the one who everybody looks sideways at. Learning to be part of a new culture and to see things in a different way was invaluable for me.

Terry Goodkind has been accused sometimes of letting his own political philosophy to pervade too much his books, particularly the last ones. Do you consider that a danger for fantasy writers, using their worlds as political metaphors, as a way to carry a message or an agenda?

People should be free to use their writing tools however they want to use them. I would lump Terry Goodkind with C.S. Lewis and Philip Pullman, all of whom had stories and messages they wanted to bring to their fiction. In my own writing I take more of Tolkien’s philosophy. Tolkien and C.S. Lewis were friends, in fact Tolkien converted C.S. Lewis to christianity, so they were both very staunch christians. But Tolkien felt to tell a story and let it stand on its own, with people drawing what they want of it. I fall more into that camp. I don’t want to say that people like Terry Goodkind should not write what they want. Of course they should! But when I write I want to tell a story about powerful characters who disagree, where there are good characters with good arguments on all sides, because I think we approach truth through discussion. When you tell me your ideas, I tell you mine and we actually listen, we both walk away thinking “maybe I’ve been wrong and I can evolve my thoughts”, or “maybe I’ve been right, but I need to expand my thinking to approach to what other people believe”. That’s how we get closer to the truth, not by doggedly repeating the same thing over and over again. I remember a story from my mission, when I was in Korea. There was a buddhist monk from a sect that required them to beg for their food. And so he was quietly drumming in the street and bowing to everyone who passed by.  And there was a christian missionary from a faith I won’t mention holding a big sign saying “BUDDHISM IS HELL”. And that image always struck me. Because when I would ask buddhists if I could talk to them about my religion, a lot of them would friendly listen and say “oh, Jesus Christ was a great buddha”. That is someone reaching across to shake my hand so we can exchange teachings of people that meant a lot in our lives. And I always say, whatever I do I don’t want to be the person holding the sign, whether it’s religion or politics. How much further would we get if, instead of holding up the sign, we just sat down next to this priest and ask him about his life and beliefs. That image is burnt into my head. And actually Hrathen from Elantris came from that person holding that sign. That was my inspiration for where he came from. He’s actually my favourite antagonist, because I understand him so well: there is a part of me that could easily have become that person with the sign.

I have read you describing yourself as a believer, but also a man of science and logic. How do you reconcile those two approaches to life?

There is too much of a faulty belief in society these days that science and religion don’t have a part with each other. Classically, all of the great scientists were also theologians! In America, there is a small political group who seem to want to claim the religion as theirs; only they can say that they’re religious. That belief is also faulty. Religious people are on all sorts of sides of all arguments. Personally, I believe that God is a God of miracles and the natural world that we study is the way that things happen unless God interferes. Something like evolution is the way that world is, it’s a fact, and God creating people, a miracle, is a violation of natural law. Saying that evolution is not real is like trying to pretend that the Red Sea automatically parts, periodically, on its own. God has created science. God has created the world and has given us brains, so our job is to do the best that we can to understand the world and search for answers. My belief in faith comes from feelings in my heart. That is my reconciliation: that feelings in my heart are my connection to a Father in Heaven. I believe in them. I have to be willing to accept that maybe they are confirmation bias. My logic brain says that maybe that’s what it is, you feel that feeling because you think you should feel that feeling. But so far  the only cartesian experience that I can say definitely as my own is my personal feeling and the way I see the world, and I have to accept that. When I read Scriptures I have a religious experience, I feel a feeling I don’t feel at other times, and that I’ve taken, tentatively, as my proof of a God. I’m willing to continue to explore the world  and is possible I can be proven wrong and I’ll change my mind, but this is what has made me believe.

My favourite character in Mistborn is Sazed, who is interested in a lot of different religions. I see something similar in your writings, bits and pieces coming from different belief systems, like the Surgebinding tree being visually similar to the tree of life of the Qabalah. How do different religions impact your work?

I love looking at how do we interact with the divine, and I’m fascinated with what is spiritual versus what is part of our tradition. And what I’m fascinated by ends up in my books. I feel that my books are my search for answers, but I don’t like giving people answers, though. I like characters who ask lots of questions. I like people who approach  religion from different ways. I wanted Sazed to be the voice for all forgotten religions, for those who could no longer have a voice for themselves. I hope that my explorations on religion mean something to the readers, but I suspect they will mean something different for every reader. I get a lot of emails from people saying that I must be an atheist, because I wrote Jasnah, the atheist in Stormlight, so well… I always take that as a big mark of pride for myself. I’m writing because I want to explore the way different people see the world. When someone has a belief system, I want to treat it well in my books. I hate it when I read a book with a character who believes like me and is treated like an idiot who has to be proven wrong. I don’t want to express someone’s beliefs in my book and then have that person be the idiot, if that makes sense. Not to say that there can’t be people on all sides of the issues that are wrong, but I want to express people’s beliefs accurately, the way that they would argue.  

There are some LGBT characters in your books (Ranette in Wax and Wayne, for instance). Does the fact of being LDS influence in any way how do you present those characters?

My philosophy is to be extra careful that I counter any bias I might have that I might not be noticing. To make sure that LGBT characters are well represented I ask gay people that I know: “Is this working? Am I approaching this right?”. I have to trust in them. It’s important to me, because a lot of religious people seem to want to ignore that lesbian, gay, bisexual and transgender people exist, which I think is inherently evil. It is immoral to banish an entire group of people, and to pretend that they are not good people with good arguments, and lives and passions. To not represent that in my fiction would be something deeply immoral. I’m not sure if I’m the right person to tell the gay story appropriately, but I certainly should do everything I can to make sure that gay people are represented, because otherwise I would be lying to the world.

Robert Jordan’s widow asked you to finish The Wheel of Time books, after reading an eulogy you wrote to RJ and the first Mistborn book. What do you think that she saw in your writing?

I can answer this for her so it’s not too arrogant for me to say… She felt the characterizations were so vivid that I could do justice to the large number of characters in the Wheel of Time.

Now that A memory of light has been out for three years, have you been listening to the reactions of the Wheel of Time fandom? Are you satisfied with them?

There are of course things I would change: the big one is that I think I dropped the ball a little bit on a character called Padan Fain, didn’t quite stick the landing with him. There are little things like that I do wish I had done better, but on the whole I am satisfied and I stand behind what I released. One thing I hear from fans is if I am going to do more Wheel of Time… And the answer is no. Robert Jordan was very uncomfortable with people writing books in his world, and he was very hesitant to even let anyone finish his series. So, when I picked this up, Harriet asked my opinion on this and I said that we should not do more than finishing the series as he asked to be done, just because I don’t think I could write anymore without it becoming me instead of him. I don’t have control over Wheel of Time, and if Harriet asks somebody else to write more, I would be completely behind her… But I won’t write anymore.

All epic fantasy writers are at some point compared with Tolkien… For instance, early Robert Jordan feels very Tolkienesque. How do fantasy writers deal with Tolkien’s shadow?

Tolkien founded epic fantasy, and he did a very good job: we are still trying to figure out exactly some of his methods and ideas. So I don’t really consider Tolkien’s shadow, I think we stand high and proud upon the peaks of Tolkien, because of the foundations he gave us.

In The Wheel of Time some aspects of gender relationship are affected by the way that the magic is divided between men and women… How do you think that fantasy literature can help explore different dynamics in gender relationships?

We can do it better than anywhere else. Granted, there are great books in all genres, but in fantasy and science fiction this is our specialty: the ability to take a real world issue, bring it into a fantasy world, and in so doing distill it down and get out what makes us tick. Robert Jordan has a world with female privilege and that can be really weird and off-putting to read for someone raised in a society with the inverse, male privilege. The general reaction that can be seen online is that  the women in Wheel of Time are hated, considered as belligerent and bullying… Whereas if all that women had been men, they would have been considered a diverse and interesting cast of men! Jordan managed to pull something very interesting of there.

Also in your Stormlight books there are gender role differences: men don’t know how to read, only women study science…

For good or bad, during history society reacts when there has been an imbalance of power between the genders. Sometimes the gender disenfranchised, usually women, grabs a hold of something that becomes their dominion, it’s a natural split. It doesn’t mean that society is equal, but that there is something that you don’t touch, a “circling the wagons” sort of thing. I grew also very fascinated with the idea of literacy, as I ran across the fact that there were great periods in time where important people didn’t read. They had scholars to do that for them, it was seen as beneath a king to read at various points in history. That idea is part of what gave birth to how the gender roles play out in Stormlight.

Same thing could be said about race dynamics. How do you approach racism in Stormlight?

One goal for me in the Stormlight was to do some different takes on racism. The racism based on eye color, for instance, is there in part because in part it fits the worldbuilding, but also because if you look into populations in which everyone has the same skin color, they would be still racist against the guys down the street because they had a different accent. Humans find ways to put people in boxes. The eye color in Stormlight became very interesting for me to explore how you can have a society where racism is rampant even if everyone has similar skin tones. And then there’s this deeply problematic racism with a whole race enslaved, which most readers ignore in the first book because Kaladin being enslaved is the focal point. One of the goals in Stormlight is that as Kaladin becomes more and more aware of the injustices in the world around him, the reader becomes aware too. Not to say that this is a book about fighting injustice, it is a book about a world that is not fair, and full of people perpetuating this without realizing it. One big reversal is when readers realize that most of the main characters probably don’t look like them. Most readers don’t make that connection for quite a while… I like the idea that as you read you assume that the offbeat Szeth is “the other” and Kaladin looks like you, when in reality Kaladin is an Asian-Middle Eastern mix, while Szeth is caucasian. Of course, if you read it in Taiwan, then the characters really look like you and Szeth is the oddball… [Laughs] I wanted the first cover not to show somebody’s face because of that reason. It’s hard to get the covers to align, though: in the UK, the cover has basically a white guy on it. It’s not that the cover artists don’t want to, it’s just that they don’t quite make the connection or it doesn’t get through. In the case of Michael Whelan, I was so happy to have him that I didn’t want to go to him and ask “By the way, can you make his skin darker?”. We will get better at this as we progress.

In Mistborn you subvert some of the established tropes in the fantasy genre, like what would happen if evil won. But in Stormlight Archive you seem to be taking a different route, more traditionally epic, so to speak…

Mistborn was about trope inversion: what does it mean to be the hero or to have a prophecy, all the classic fantasy tropes turned on their heads. And so, when I was working on the second draft of The way of kings, part of my brain was looking for tropes to invert. And that was very dangerous to me, because my whole career could become only about subverting what other people did, not adding to the discussion. With Stormlight one of the things I wanted to do is prove that epic fantasy can have worldbuilding like science fiction, with brand new ecologies and a very different planet, something like you would see in a Frank Herbert story. That is what I wanted to bring to epic fantasy, and if I focused too much in inverting tropes I felt that my whole career would become just one footnote. Certainly I will do more: The Reckoners are a trope inversion, but I can’t let my career to be only about that. I’m so glad I realized this, because The way of kings is much stronger a book being a block in the tradition of epic fantasy, taking hopefully a little step forward standing on the shoulders of giants, making the whole genre just a bit better. Not that I dislike Mistborn, I love how it undermines some of the genre expectations, but I don’t think that should sum my whole career. Maybe it would work for someone else, Terry Pratchett would be a good example. But even his books became fantastic when he was writing about great characters and the trope inversion was the subtext for a satire of human experience. I don’t know if you’ve read Pratchett…

Oh, yes! Pratchett is well beloved in this magazine.

In the first few Discworld books he’s trying to do jokes about fantasy, but in the later ones he makes a satire of all humankind with some fantasy jokes prickled in… And some of those Pratchetts are just beautiful, timeless, amazing works of art that stand as some of the best fantasy ever written, and it’s because he got beyond just making fun of the tropes and instead exploring what does it mean to be human.

Some of your books have been nominated or won the Romantic Times award for Best Epic Fantasy… Which romance tropes do you try to put (or subvert) on your stories?

That’s a very good question. When I first won an award from Romantic Times I thought it was an odd choice, but my agent said that they are a very good magazine accustomed to read outside their own specific niche. That’s actually quite laudable. Romance is part of most of our lives, almost everyone has romantic inclinations in times in their lives. Most of us want someone to be with, and part of what makes us happy and fulfilled is to find someone else that we flip with, so most of my books will contain that to an extent… It’s part of the human experience, like religion. One thing that I try to do in my books is to show family relationships and  stable relationships. We don’t see enough of either one of these in stories! In Stormlight I decided that my love story would be between the middle-aged people, not the kids. Kaladin does not have a romance, Shallan does but there is a twist involved, Dalinar and Navani are the ones having a romance. People who are in their forties and fifties fall in love all the time, kids pretend that it’s all about them! But I can’t say more, because I’m playing with some tropes that would give spoilers.

You have written middle-grade books like the Alcatraz series, and young adult books like the Reckoners trilogy or The rithmatist. In which ways do you try to adapt your writing in each case?

Alcatraz is a very unique case. I was writing the Mistborn books, and I felt like I needed a break. I had been writing too much in that world, in part because it’s the first world where I wrote a sequel. So after the second Mistborn book I needed to do something else. So, letting myself complete freedom from the very strict outlines I need for my other books, I started a free-write and this is what came out.  I’ve read a decent amount of middle-grade: the Artemis Fowl series, Eva Ibbotson, Lemony Snicket… So I wasn’t surprised when a middle-grade novel came out, but it isn’t like I was trying to write that. Alcatraz is a really weird series, because the humor involves a lot of sarcasm and wordplays, things that are above a lot of middle-grade readers. It has a very narrow audience: middle-grade readers that are too smart for their own good or the very recent young adult readers. Twelve and thirteen year olds is Alcatraz’s sweet spot, and maybe the nine or ten year olds who like and get sarcasm. As for The Reckoners: it is often published in my adult line, like in Spain or UK, although in the US is published as young adult. It’s just a publisher decision, as the books are so on the line. But I did write it as a young adult book: in this case the big difference was that I focused on only one character as viewpoint. It doesn’t have a lot of the young adult hallmarks, because it’s not set in a school for instance, that’s why it goes both ways.

I have the feeling that some fantasy books should be read during early years to make an impression, while others are enjoyable at any age. Which qualities make a fantasy book appeal to both young readers and adult ones?

The books that have the widest appeal between the age groups tend to be the ones that tell a story at multiple levels at the same time. It’s the Pixar principle: they make movies that are sensibly children’s films but work on all levels… Inside Out was able to speak to anyone who has dealt with depression, while also being a fun kids film. This is very difficult to do, but it’s the way you can make something like Ender’s Game, one of these books that can be meaningful for any age group. I just try to make sure I have a variety of characters in each book with different perspectives of life. Robert Jordan was very good on this. When I read his books as a teenager I empathized with the teenies, and rereading as an adult I empathized with the adults and thought that stupid teens were being stupid.

In the Mistborn annotations you say that a writer must have a certain degree of arrogance: “you have to be arrogant to be an author”. But at the same time, yourself and most of your characters are humble about their accomplishments. How do you reconcile arrogance and humility?

[Laughs] I don’t know, that one is so hard for me… The thing I worry most about myself is getting a big head, becoming a braggart. If I have a fatal flaw, that would be it. At the same time, I do think an artist must have some innate confidence that what they are doing is worth other people spending their time and money on. It’s so weird… It’s got a natural contrast to it, I agree. Trying to write characters like Sazed, who can manage to be humble, is maybe a way to try to inspire myself to abandon a bit of my own ego, but I’m sure bad at this at some times, so don’t hold me up as a role model in this area.

When speaking with Marta Rossich, your Spanish editor, she spoke highly of your team of close collaborators, “the Sanderson Team”… What do they do for you exactly?

Their whole job is to free me up to write books. Anything that I can conceivably give to them to speed up all the things that aren’t writing books, I do. For instance, when I write a blog post, I give it to Peter to edit it rather than going through it three times finding the typos myself. Then he gets it to Adam, who posts it in my website. It’s not that saves me a ton of time, but even half hour is thirty minutes more that I could be writing. Isaac handles art, so he draws a lot of the pictures for the interior art or commissions them, and works with the cover illustrators to make sure we have good covers, so I don’t have to do any of that. He went over the art for White Sands: when the pages came in, he was the one who gave the feedback to the artist, and then I had only to do a final glance-over at the end. These sort of things are very helpful for just keeping me writing.

You co-host a writing advice podcast called Writing Excuses, a work that won a Hugo award in 2013. How did that podcast came to be?

The podcast came to be because of my brother, who was taking some transmedia classes in college. He wanted to do a scripted podcast where I wrote a story and he had voice actors act it out, but I didn’t have enough time for that. Anyway, this got me very interested in podcasts, I started listening to them. Over time, I thought, there’s nobody really doing a writing podcast the way I want. A lot of podcast ramble a lot, which is fun, but I wanted something informative, like Grammar Girl but for writing podcast, specifically for novel writing. So I got together some friends that I thought would be good on-air personalities, and I started it up! So it’s kind of my little baby that has now changed into something much larger.

I’ve read that you are not specially interested in collectible card games, except for Magic: The Gathering. What do you see in that particular game?

Magic releases an extension that revolutionizes the game every three months, so keeeping up takes basically all my playing time. I joke: “you either play Magic or you play all other games”, because Magic is very demanding, not to play but to keep up on. And so, I usually only get to play a new Magic set maybe once or twice, because I get only once a month time to be able to play some games… So I want to use that time to play the new Magic set. It just doesn’t leave time to play one of the others.

Do you also like RPG games, like the Final Fantasy series?

I played them all, and Final Fantasy X is my favourite. VII  is the one that everyone holds up because the worldbuilding is cool. But the story, sorry for all the VII fans out there, was a mess. There were fun characters, and when Aeris died I was ready to punch my TV, but Final Fantasy X story clicked for me, because it was very like the stories I like to write.

I’ve heard that in all your long distance plane flights you work on novellas… Which one have you been writing in this last trip?

On this one, Stormlight has been so demanding and I’m so behind on it that I actually worked on Oathbringer. No novella for me this time, I wasn’t allowed to do it.  

You seem to do a lot of collateral things to your writing, like answering reddit, writing annotations to your books, keeping a progress bar about your next works in your website… Why do you try to be so active with the fandom?

I am a Wheel of Time fan. And it was so hard during those years not to know when a new book was coming and how Robert Jordan was doing on it… I understand that not every writer can be transparent: for instance if Patrick Rothfuss talks too much about his book, psychologically it harms his ability to work on it… But my psychology benefits from interaction and accountability, and if I have to report to the fans how I’m doing I’m more likely to get things done. I’m also part of a generation of people who grew up with the Internet, so I’m used to be able to find whatever I want when I want it, and I understand that feeling. So I want to be able to make sure that my fans, who are supporting me and paying for me to exist, have all the information that I can reasonably give them.

I’ve seen two videos of you writing in real-time: the write-a-thon for the Waygate Foundation in JordanCon 2014, and the writing of the Rysn interlude in Words of Radiance. How did you get the idea of showing so openly your writing process?

This came from people who play video games on Twitch or who sometimes do painting demos online, and I thought “can I do something like this with writing”? It turns out that writing is way more boring to do than playing videogames. [Laughs] In painting tutorials the artist can talk while drawing, but when you’re writing it’s very hard to stop and talk about what you’re doing. I might do more of that in the future, but it was super-hard.

What is your opinion on fan fiction based on your characters and worlds? Authors like Martin or Anne Rice are opposed adamantly to it because of copyright issues and to avoid plot collision. Other authors, in contrast, have no issues with derivative works…

I have no issues with it. I think that fans should be free to do what they want. When I read as a young boy, one thing I always did was to insert my own characters into the books as I read them in my head. I believe strongly that once you are reading a book, it belongs to you, at least your version of it in your head. You have the right to change in your head how you want it to be. And I also believe in the power of fiction and art to inspire more fiction and art. We’ll be posting something in my website after running past our attorneys, to give permission for people to create legally fan art and things like this. Even people who do a transformative work, so if they make music or a visual art piece based on my books they should be able to sell that, because it’s a new piece of art. As for writing, I don’t want them writing books to compete with me, but I’m honored that they would want to for their own fun or to release online for free.

Are you worried about book piracy? Readers torrenting your books without buying them, for instance…

It’s not a main concern for me. I worry about it more in countries that don’t already have a strong science fiction and fantasy readership, because I worry about it undermining the bookstores. But in general I think the worry about this is overblown. My experience has been that readers want to support things they like, and if they can support their favourite artists, they will. But if they are at a point in their lives where they can’t, then it’s better to let them read the stories they want, develop their life and their ideas, and let them support artists when they’re capable of it. So I am a big fan of giving away books for free.

Warbreaker is fully available on your website…

And I encourage Tor to give away The way of kings and Mistborn in the US. I don’t think people should in most cases pirate, but I’m not going to take actions to stop them. I let their own morality guide how they approach that, and I’ll just write my books and be thankful for the people who support me.


Toda historia es un viaje

En The amber spyglass,  Lyra y Will descienden a los infiernos, siguiendo los pasos de Ulises, Orfeo y Dante.

En casi toda historia digna de contarse hay un viaje. Ulises viaja a Itaca y Simbad sigue sus pasos un par de milenios más tarde. Orfeo visita los infiernos buscando a Eurídice, donde también se aventuran Dante y los héroes de Philip Pullman, en su magnífica trilogía, His dark materials. Otros viajes son más humildes. Mi padre cuenta en sus memorias el suyo, desde el pueblo de su niñez, hasta el sur de Francia; un viaje a menudo sólo de ida, que realizaron muchas familias de la España arruinada de la posguerra. La mía no dejó de viajar durante toda mi infancia, deambulando entre ciudades costeras. Mi propio periplo por medio mundo empezó al terminar la licenciatura en Ciencias Físicas y duró los casi 20 años que le costó al griego volver a casa.

En casi toda historia digna de contarse hay un viaje. Uno que ha llamado poderosamente la atención de la prensa y el público durante estas últimas semanas es el viaje de una curiosas partículas, los neutrinos, entre el CERN y un laboratorio subterráneo, Gran Sasso, situado cerca de la ciudad italiana de l’Aquila, que también alcanzó triste fama hace poco tiempo al ser casi destruida por un terremoto.

La razón por la que el viaje de los neutrinos se ha hecho famoso se debe a un artículo recientemente publicado en ArXives (el repositorio digital donde los físicos de partículas suelen hacer públicos sus trabajos, a la vez que los envían a revistas arbitradas para su publicación formal). En ese artículo, un equipo de científicos que trabajan en un experimento llamado OPERA mide la velocidad con la que los neutrinos viajan entre ambos laboratorios. Y esa velocidad, de acuerdo a su medida, supera a la de la luz en el vacío. La idea de que nada viaja más rápido que la luz es vox populi como el hierro de las lentejas, el calcio de la leche o las virtudes medicinales de la homeopatía. Es palabra de Einstein, que es lo más parecido a un Mesías que ha producido el mundo de la ciencia. Y como tal revelación sagrada exige un acto de fe. La intuición no comulga con la idea. En nuestra experiencia cotidiana siempre es posible encontrar un Aquiles que corre más que la tortuga, un Centauro que corre más que Aquiles, un Pegaso que adelanta al Centauro, un Ferrari que los adelante a todos, un avión supersónico que deja al Ferrari clavado. Nada a nuestro alrededor nos ofrece una pista que apunte a la idea de que existe una barrera insalvable, una velocidad que no puede superarse. Es verdad que la luz viaja muy rápido. Aproximadamente a 300.000 kilómetros (que es algo menos de la distancia que separa la luna de la tierra) por segundo. Subidos a bordo de un fotón luminoso podríamos dar diez vueltas al planeta en lo que se persigna un cura loco. Claro que recorrer el trayecto que nos separa del Sol nos costaría ya 8 minutos y llegar hasta Alpha de Centauri, la estrella más cercana a nuestro sistema solar, nos llevaría 4 años. Por no decir los más de 26 milenios que necesitaríamos para alcanzar el centro de la galaxia o los eternos dos millones de años que cuesta salvar la distancia a la vecina galaxia de Andrómeda. Medida contra Ferraris y aviones supersónicos la luz es tan veloz como Aquiles. En términos de las distancias estelares es más lenta que la tortuga.

Boldly go where no man went before. Si la velocidad de la luz no puede superarse, la Enterprise no puede ir muy lejos. El sueño del viaje espacial se da de bruces con la estricta legislación relativista.

Las implicaciones no son baladíes. Si la velocidad de la luz no puede superarse, es dudoso que la humanidad pueda salir del barrio —el sistema solar, como mucho alguna estrella vecina— en algún remoto futuro. Y esa prohibición, a una especie de navegantes como la nuestra, le fastidia. Aún peor, la luz no es más que una forma de onda electromagnética, como el radar, el sonar, o la radio. Y como todas viajan a la misma velocidad, imagine el lector una conversación con alguna civilización del centro de la galaxia:

Tierra: Hola, ¿qué tal?
26.000 años más tarde
Centro de la Galaxia: Hola, hola. Muy bien por aquí. ¿Qué tal los niños?
26.000 años más tarde
Tierra: Bastante creciditos ya, ¿y los vuestros?

Nautilus, una máquina mucho más prodigiosa que la Enterprise.

Es decir, no sólo los viajes interestelares parecen poco menos que imposibles, sino que también lo es comunicarse en tiempo real con otras civilizaciones. Lo cual, por cierto, deja a los guionistas de Star Trek y al 90% de los escritores de ciencia ficción sin argumentos para sus novelas. De ahí el hyperdrive de la Enterprise y otros objetos para saltarse a la torera el signo de prohibido adelantar a la velocidad de la luz. Pero cuando un escritor o guionista se ve obligado a recurrir a un objeto como el hyperdrive —en el fondo tan mágico como las escobas de Harry Potter—, el lector, aunque no sea consciente, se da cuenta del truco. Cuando Julio Verne escribe Veinte mil leguas de viaje submarino hechiza a una generación de jóvenes que se precipitan a las escuelas de ingeniería dispuestos a construir su propio Nautilus, una máquina tan maravillosa —no, más, mucho más— como la Enterprise, que apenas un siglo más tarde se encarna en los submarinos nucleares del mismo nombre. Veinte mil leguas de viaje submarino es un ejemplo clásico de lo que ha dado en llamarse hard SciFi, ciencia ficción dura. El Nautilus que describe Verne es una máquina prodigiosa, pero no lo es más que los fabulosos submarinos que surcan hoy los océanos. La Enterprise, en cambio, no es ni será nunca más real que Excalibur. De ahí que la ciencia ficción “blanda” nos parezca a muchos equivalente a las historias de espada y brujería. Unas y otras entretienen pero no maravillan. Todos sabemos ver a través del cartón piedra.

En esa clave, es fácil entender el revuelo que ha causado la noticia de que los neutrinos viajan más rápido que la luz. No es nada personal con don Albert, que en paz descanse. Es la rabieta de una tribu de nómadas contra una ley inventada por la Naturaleza, se diría, para chincharnos. Y por eso todos, sin saberlo, estábamos del lado de los físicos de OPERA. Todos deseábamos que los neutrinos —luego, quizá algún día, también la Enterprise— viajaran más rápido que la luz.