El sofá de Los Simpson: la biblia de los mejores couch gags (y II)

Imagen: Fox.

Viene de «El sofá de Los Simpson: la biblia de los mejores couch gags (I)»

El couch gag, esa secuencia dentro de la cabecera de Los Simpson que se ha transformado en una entidad propia e independiente de la propia serie. En la teoría es una estampa que refleja el asentamiento de la familia animada más famosa en el emplazamiento más sagrado para el norteamericano medio: el sillón frente a la tele. Pero en la práctica es una excusa con la que visitar falsas teleseries ochenteras y horteras, invadir el escenario de South Park, invitar a Rick y Morty para que trituren a la tropa Simpson, trastear con la rotoscopia, proponer sketches de realidad virtual, desplegar un pixel art acojonante, homenajear a los Monty Python, trotar en stop-motion, derribar la cuarta pared sin parar, o dejar que Guillermo del Toro se desmadre todo lo que quiera arrojando monstruos a la pantalla.

Se han producido centenares de couch gags diferentes, enumerarlos todos equivaldría a componer un artículo de tamaño medio según el estándar de textos ligeros que se destilan en Jot Down. Pero hemos decidido ser benévolos y limitarnos a seleccionar los que tienen mejor pinta. Una colección repleta de animadores invitados, ocurrencias maravillosas, chistes fugaces, formatos mutantes y homenajes a paladas acurrucándose en un diván de Springfield.


LA-Z Rider

Temporada 27, episodio 585

LA-Z Rider (también conocido como Retro Couch Gag) fue una entradilla fabricada por el artista británico Steve Cutts. Un caballero que ejerció como animador estrella invitado en Los Simpson tras fraguarse una buena reputación con los muy exitosos cortometrajes creados para su canal de YouTube (ojo a Man, Happiness o al cafre Where Are They Now? que imaginaba el destino sufrido por diversos famosos de dibujos animados). Cutts confesaba que cuando los productores le ofrecieron la posibilidad de escribir un couch gag, su primera intención fue aprovechar para hacer denuncia social o bromear sobre lo absurdamente longevo de la serie. Pero al darse cuenta de que todo aquello ya lo habían hecho antes Banksy y Don Hertzfeldt, en sus respectivas colaboraciones en Los Simpson, el hombre decidió tomar la autopista del desenfadado revival ochentero, esa moda que se emperra con no abandonarnos nunca.

Y lo cierto es que Cutts se desenvolvió con bastante gracia en su gesta. Agarró la evidente estética de neones, tipografías metálicas, puestas de sol entre palmeras y calidad de VHS desgastado para televisores de tubo. Convirtió a Homer y su sofá en la pareja protagonista de una teleserie de acción, enfrentándolos a un tatuadísimo Ned Flanders interpretando el papel del villano Fernando Whitemore. Lo regó todo con referencias a El coche fantástico, Regreso al futuro, Miami Vice, El precio del poder, el tono de videojuegos como GTA o Hotline Miami, la movida synthwave y las coñas retromodernas al estilo Kung Fury. Le añadió un tema musical, «Push it to the Limit», que le sentaba como un guante y coló por el camino varios cameos de los personajes habituales de la serie, reimaginados para la ocasión como extras de una ficción ochentera. Porque si Los Simpson, que llevan formando parte de nuestras vidas desde el 89, no pudiesen a estas alturas apuntarse a la retromovida, no se podría apuntar nadie.


Musicville

Temporada 25, episodio 536

Una celebración de la animación musical de culto que tenía muy poco de gag del sillón y mucho de minicuento propio. Un opening donde se homenajeaba al corto de 1935 «Music Land» de la serie Silly Symphony de Disney, una pieza clásica pero no demasiado conocida protagonizada por versiones antropomórficas de instrumentos musicales. La versión simpsonizada se presentaba bajo la etiqueta Silly Simpsons, y orquestaba una fábula donde los habitantes de Springfield eran reimaginados como diferentes instrumentos de música según su personalidad. La aventura llegó protagonizada por una Lisa-saxofón encaminándose hacia un festival de jazz, y también tenía a un señor Burns-fagot a modo de villano, emperrado en imponer la música clásica como única melodía posible. Pero la palmadita en la espalda es para quienquiera que haya sido el guionista que tuvo la brillante idea de convertir a Ralph Wiggum en un bongo.


Los dos couch gags paridos por John Kricfalusi

Temporada 23, episodio 488 y temporada 27, episodio 579

Esto es lo que pasa cuando le das carta blanca en tu programa a John Kricfalusi, el tarado creador de Ren y Stimpy, para que imagine y anime la clásica escena de la familia en el salón: que el tío se dedica a pervertir el asunto todo lo que puede entre garabatos retorcidos. Pero sucedió que aquella locura gustó lo suficiente como para que, unos cuantos años más tarde, se volviese a invitar a Kricfalusi a fabricar otra cabecera con la que embellecer un especial de Halloween. La nueva secuencia resultó incluso más delirante que su predecesora, e incluía a un monstruo pelando la piel de la cabeza de Bart y devorando el alma de Homer. La parte trágica de todo esto es que Kricfalusi en el mundo real es un ser humano despreciable: en 2018 se descubrió que el tío se dedica a acosar a niñas adolescentes, algo que el dibujante justificó alegando un trastorno bipolar y muy poca capacidad de autocontrol.


Gag de sofá sin sofá

Temporada 2, episodio 22

Uno de los chistes primigenios más parcos y sencillos pero al mismo tiempo uno de los mejores de la serie. Porque apela a la base mínima de la comedia para hacer la gracia: ¿qué sería lo más gracioso que podría ocurrir en un gag con un sofá? Que no haya sofá, ahí lo tienes. Buenísimo y tremendamente efectivo, en serio.


Pixel Couch Gag

Temporada 26, episodio 566

Paul Robertson es la hostia en verso en el terreno del pixel art, y basta con echarle un ojo a su alucinante catálogo de creaciones para comprobarlo. Ivan Dixon tampoco se queda corto a la hora de animar con gracia puñados de pÍxeles. Ambos hicieron equipo para lanzar, sin que nadie se lo solicitase, una versión pixelada de la cabecera de Los Simpson, con música a cargo de Jeremy Dower. Una animación que empezaba con realtiva normalidad y acababa sumergiéndose en la locura más absoluta y encantadora. La pieza montó un tremendo revuelo en internet, y llamó tanto la atención de los propios productores del programa como para que Al Jean anunciase que el show había decidido adoptarla oficialmente como introducción para uno de los episodios. Y todos aplaudieron la idea.

Robertson y Dixon acabaron fabricando también espectaculares cabeceras en pixel art para series tan eminentes como Hora de aventuras o Rick y Morty.


Homer Shake

Temporada 24, episodio 522

El cerebro humano tiene mecanismos propios de defensa basados en forzarse a arrinconar y olvidar ciertos recuerdos o vivencias traumáticos. Por eso mismo es probable que la mayor parte de la humanidad no recuerde (o no quiera recordar) que en cierto momento se puso de moda algo llamado «Harlem Shake» que consistía básicamente en hacer esto. Como era de esperar, aquellos bailoteos entre sacudidas acabaron formando parte de un couch gag por culpa de esa gigantesca batidora de referencias pop en la que se han convertido Los Simpson.


Loading Screen

Temporada 8, episodio 168

Esta entradilla se emitió en febrero de 1997. Una época prehistórica donde palabras como «wifi», «YouTube» o «Spotify» sonaban a hechizos de magia negra. Una era tenebrosa donde el porno en internet requería por parte del usuario de muchísima más paciencia (para ver un puñado de fotos) de la que cualquiera tiene hoy en día. Por eso mismo, esta gracieta con una imagen sufriendo para cargarse en un clon del navegador AOL ya solo tiene sentido para todos aquellos que vivieron aquella época delante de un ordenador. Especialmente, para aquellos que la vivieron con los pantalones bajados delante de un ordenador.


Furniture Family

Temporada 29, episodio 321

Una imagen pesa más que mil palabras, así que atentos a la imagen que encabeza este párrafo. Pues eso.


Rick & Morty

Temporada 26, episodio 574

Cuando aterrizó Futurama a muchos nos voló la cabeza que de repente la ciencia ficción pudiera permitirse el lujo de desmadrase a aquella velocidad, salpicándolo todo con ocurrencias maravillosas y obviando hacer rehenes o concesiones en lo que debería de ser una serie de dibujos. Parecía lo más, pero años después llegaron Rick & Morty de mano de Justin Roiland y Dan Harmon para elevarlo todo, absolutamente todo, a once. Si Futurama era, en su mayor parte, un chorrazo de ingenio, Rick & Morty es como si Futurama fuese completamente pasada de coca. Algo demencial y extraordinario.

Matt Groening es un fan declarado de Rick & Morty, el tío incluso ha participado encantado en el comentario de audio de la edición en Blu-ray de las aventuras de aquellos dos, por lo que la irrupción de la pareja de aventureros multidimensionales en Springfield no pilló a nadie de sorpresa. Lo que sí que resultó asombroso fue que Rick y Morty entrasen en el show tan a lo bestia, aniquilando a la familia Simpson de golpe e ideando a la desesperada un plan para fabricar clones con los que sustituir a los estrapallados.

Este fabuloso crossover es el couch gag más largo producido para la serie, está protagonizado por dos de los mejores personajes que nos ha dado la animación moderna y viene relleno de guiños a los universos creados por Matt Groening: máquinas de refresco Slurm, babosas espaciales, Kang y Kodos, metareferencias (Rick asegura que hay millones de secundarios y que los Simpson llegaron a tener a George Bush de vecino, como ocurrió en el capítulo 141), el osito Bobo del señor Burns, muñecos del conejito Blinky de Life in Hell o la nave del Planet Express de Futurama surcando el espacio. El remate de todo el gag con la frase «Tío, no más animadores invitados» espetada por algo parecido a Bart Simpson es grandioso. Pero lo mejor de todo debe de haber sido el poema en la cara de todos aquellos espectadores que no tuviesen ni idea de quién coño eran Rick y Morty.


Rotoscoping

Temporada 27, episodio 583

La rotoscopia aplicada a Los Simpson. A Scanner Darkly en Springfield, un experimento que convence tan poco a la familia como para solo sobrevivir unos escasos, pero llamativos, segundos en pantalla.


Dandelions

Temporada 24, episodio 530

Una escena que resulta más interesante por lo inusual de su creación que por lo que ocurre en pantalla. Porque Dandelions es el único couch gag de la serie ideado por un miembro de la audiencia: en la Fox organizaron un concurso a finales del 2012 (titulado The Simpsons Couch Gag Contest por aquello de no romperse mucho la cabeza) donde se invitó a todo aquel norteamericano que quisiese a escribir su propio chiste del sillón. La propuesta ganadora se convertiría en un sketch real y su creador sería recompensado con un viaje a Los Ángeles, pasta gansa y la visita a la lectura de un episodio de la serie. Cheryl Brown fue la triunfadora y su ocurrencia se estrenó en sociedad durante el capítulo quinientos treinta. En su surrealista couch gag la televisión del salón de los Simpson estornudaba sobre unos dientes de león plantados en el sofá y estos desparramaban decenas de Marges, Homers, Maggies, Lisas y Barts por la habitación.

En Canadá se montaron su propio concurso de couch gags aparte, uno donde se proclamó ganador un caballero llamado Ray Savaya con el guion de una secuencia repleta de iconos canadienses.


Chalk Board Couch Gag

Temporada 9, episodio 200

Otro couch gag sin couch, gracioso por jugar a desubicar a los personajes. La familia apareció en la clase de la señorita Krabappel mientras Bart copiaba en la pizarra un «No la liaré con los títulos de crédito». Tuvo hasta una secuela en la temporada veinte, en otro chiste de cabecera donde Bart se llevaba a casa la pizarra para escribir en ella esto de aquí.


Triplets of Belleville

Temporada 25, episodio 542

Las criaturas de Groening se atrevieron a parodiar el (magnífico) film Bienvenidos a Belleville allá por el 2011, durante el episodio «Papa rabioso: la película» de su vigesimosegunda temporada. Y lo hicieron demostrando mucha admiración por la película pero también un poquito de mala leche. Tres años después, los propios Simpson invitaron a Sylvain Chomet, director de aquella cinta y también de otra joya como es El ilusionista, a resarcirse con la icónica familia americana desde la poltrona del salón. Chomet aceptó encantado y embadurnó a los protagonistas del show en un envoltorio afrancesado que no solo se atrevía a rebozarse tanto en los tópicos como para convertir a Homer en un devorador de caracoles, sino que incluso traicionaba la propia fisionomía clásica de los dibujos al dotar de cinco dedos (en lugar de los cuatro que son habituales históricamente) a las manos de los personajes. La peor parte se la llevó la pobre Maggie, atrapada en el peor sitio imaginable del universo conocido.


500th Episode Celebration

Temporada 23, episodio 499

Moe se presentó en el salón de la familia Simpson con un gorrito cumpleañero, una trompetilla y bajo un cartel dónde se podía leer «Happy 500th Episode» para anunciar una fiesta sorpresa asistida por un puñado de secundarios clásicos y regada con confetis. Pero aquel festejo desembocaba en un lamentable coitus interruptus cuando a Lisa se le ocurría consultar la Exhaustiva guía de episodios de veinte años de Los Simpson para descubrir que en realidad todos ellos estaban habitando el capítulo 499. La decepción, uno de los pilares básicos del humor.


500th

Temporada 23, episodio 500

El auténtico episodio número quinientos de Los Simpson convirtió el legendario sofá en el escenario de otra celebración. Una que en el fondo fue lo mismo que está ocurriendo a lo largo de todo este texto: una reverencia sincera a los cientos de couch gags que la serie ha exhibido durante años. Un repaso acelerado a la historia del salón de los Simpson que acababa convirtiendo la pantalla en un collage gigantesco de cabeceras de sillones, presentadas con elegancia por unos trajeados Bart y Homer.


Groening Signature

Temporada 11, episodio 229

Tras sentarse en la butaca, Marge localizaba la firma de Matt Groening en una esquina de la escena y decidía limpiarla rápidamente porque es no es bonito tener el suelo de la casa enguarrado con garabatos. Pero aquel gesto provocaba que el propio Groening, en su versión animada, tuviese que presentarse en la pantalla, para reescribir su rúbrica de nuevo sobre el suelo.


Simcraft

Temporada 25, episodio 547

O la transformación televisiva, no especialmente brillante, de la familia Simpson en habitantes de Minecraft. Es mucho más pocha que la mayoría de sketches con sillones listados por aquí, pero consideramos que tiene un pase porque aquí vamos a tope con el Minecraft, el remate del chiste incluye a Moe en forma de Creeper explosivo y en el fondo toda la jugada resulta bastante sincera consigo misma: un letrerito al inicio de la escena ya nos anuncia que «Las parodias son fáciles». Mientras tanto, en el mundo paralelo del propio Minecraft la banda de los Simpson hace ya tiempo que tiene sus propios avatares oficiales.


Postpelícula

Temporada 19, episodio 401

El capítulo 401 inauguró la decimonovena temporada de la serie, pero también una nueva etapa del show al tratarse del primer episodio emitido en televisión tras el estreno de Los Simpson: la película en cines. El detalle interesante de dicho dato fue la ocurrencia de utilizar la introducción animada clásica como nexo de unión entre película y serie. Algo que se logró redibujando toda la cabecera para situarla en una Springfield semiderruida tras los eventos sucedidos en el film. La secuencia arrancaba con Bart escribiendo «No esperaré veinte años para hacer otra película», su paseo en monopatín por las calles hechas cisco de la ciudad incluyó cameos de personajes del largometraje (el presidente Schwarzenegger, Colin, Russ Cargill o la curandera esquimal), y el couch gag final recuperó al jamón con patas favorito de Homer presentándolo al ritmo de los acordes de Spider-Cerdo.


Anime Character Family

Temporada 15, episodio 320

Un banco en medio de una calle de Japón. Homer como Ultraman, Marge como Jun de La batalla de los planetas (esa serie, conocida popularmente como Comando G, que aquí nos llegó troceada y remontada de manera vil), una Maggie eléctrica al estilo Pikachu, Lisa vestida a la moda de Sailor Moon y Bart convertido en Astro Boy. Devoción total por el Japón animado en medio minuto.


Robot Chicken Couch Gag

Temporada 24, episodio 528

Robot Chicken es ese programa de sketches protagonizados por figuritas de acción animadas en stop-motion. Ese show gamberro cimentado en las referencias pop modernas, la violencia absurda y el humor idiota de eternos adolescentes contándose chistes guarros.

Cuando los responsables de Robot Chicken se pusieron a los mandos de un gag para Los Simpson no defraudaron y se mantuvieron en su estilo: tras un porrazo durante la animación inicial, Homer se despertaba convertido en un muñeco de acción que aniquilaba a su adorable vecinito Ned Flanders para después dedicarse a aplastar secundarios convertido en un donut gigante, pasarse a saludar por el bar de Moe y participar en una carrera mortal (en una pista de Hot Wheels) contra Otto y su autobús escolar. La locura finalizaba con los Simpson atados al sofá, siendo lobotomizados al estilo de La naranja mecánica por una Gallina-robot.


Robot Chicken Missing Sailboat

Temporada 28, episodio 611

La segunda colaboración del equipo de Robot Chicken para Los Simpson resultaba tan simpática como para merecer una mención aparte: al descubrir que el cuadro del salón había desaparecido, Homer decidía escaparse del rodaje en busca de la pintura, saltando entre sets adyacentes habitados por un trasunto de South Park, un spot de The California Raisins y el Nerd de Robot Chicken contemplando en su portátil el anterior spot de Los Simpson producido por Robot Chicken. Sorprendentemente, el desenlace le permitió a Marge escupir una palabrota, convenientemente censurada pitido mediante.


Scratchy Coug Gag

Temporada 26, episodio 554

Drama en treinta y siete segundos por culpa de aquel Pica que protagonizaba el show de Rasca y Pica en la ficción de la propia serie. Incluyó una familia con buen corazón, un felino desagradecido, un vómito en el sofá, un magreo con una gatita y, por supuesto, tragedia y muerte.


Derrape

Temporada 4, episodio 4

Otra de las fugaces ocurrencias de las primeras temporadas, muy simpática por juguetear a romper los límites de la función durante un par de segundos. Bart, Homer y Marge corretean hacía el diván pero se pasan de largo y acaban saliéndose de los fotogramas. Un derrape y varias muecas fugaces los devuelven a la escena del salón.


Planet of the Couchs

Temporada 28, episodio 600

En Google se acercaron a los despachos de FOX y les propusieron aliarse para elaborar un couch gag en un entorno de realidad virtual. A los chicos de Los Simpson les gustó la idea y aprovecharon para celebrar con dicha colaboración la emisión del episodio número seiscientos de la serie. Adaptaron un gag que ya tenían finiquitado a la tecnología VR, le añadieron escenas adicionales y lo convirtieron en algo que podría ser disfrutado de manera más inmersiva tirando de Google Cardboard.

Planet of the Couchs era una parodia de El planeta de los simios que servía como secuela a otro couch gag anterior (el del capítulo 361, donde los sillones comenzaban a devorar a los habitantes de Springfield). En televisión se emitió la versión reducida y fue necesario arrimarse a la página oficial del evento para disfrutar del juguete a tope, Pero aquellos que no tenga ni Google Cardboard, ni móvil compatible, ni ganas, pueden hacerse más o menos una idea de cómo se veía el invento con este vídeo.


Ullman Shorts

Temporada 11, episodio 227

Un encontronazo con las versiones originales de los personajes, aquellas que debutaron en forma de pequeños cortometrajes en The Tracy Ullman Show. O lo que ocurre cuando cualquier ser racional se tropieza con un álbum de fotos antiguas donde ha quedado inmortalizada una versión mucho más tosca y menos elegante de su pasado: que aquello solo puede desembocar en gritos y carreras.


Monty Python’s Flying Circus

Temporada 5, episodio 84

And now, for something completely different


Clapboard

Temporada 5, episodio 85

Tres tomas desastrosas donde los personajes se rompían en pedazos, se mezclaban entre ellos o directamente explotaban al tropezarse en su carrera hacia el sillón. Es una de las secuencias que más se reutilizó, en versiones recortadas que tan solo mostraban una de las tomas, durante los episodios posteriores que carecían de un couch gag original.


Homer’s Evolution

Temporada 18, episodio 394

Otro clásico. Un repaso a la evolución utilizando a Homer como protagonista absoluto, con un impagable arranque entre quejidos microscópicos y con una broma que se ceba de manera salvaje con Moe. Pobre hombre, pobre rata.


Guillermo del Toro

Temporada 25, episodio 532

La alianza con Guillermo del Toro para fabricar la entradilla del especial de Halloween «Treehouse of Horror XXIV» dio lugar a una de las cabeceras más espectaculares del programa. Un desfile apoteósico donde el director mexicano aprovechó para introducir a las criaturas de su filmografía en el mundo animado: por la pantalla se pasearon los cachivaches vampiros de Cronos, el fantasma de El espinazo del diablo, los jaeger y kaijus de Pacific Rim, o los bichejos de Mimic, Blade II y El laberinto del fauno. Pero al mismo tiempo, un patio de juegos por el que asomaron decenas de universos fantásticos adorados por el realizador: Alien, Stephen King, Alfred Hitchcock con sus pájaros, Godzilla, Cthulhu, H. P. Lovecraft, Edgar Allan Poe, Richard Matheson, Ray Bradury, el monstruo de Frankenstein, los habitantes de La parada de los monstruos, el coche de Asesino invisible, Rod Serling, el robot de Perdidos en el espacio, el hombre lobo, la novia de Frankenstein, La invasión de los hombres del espacio, El enigma de otro mundo, La mosca, el hombre invisible, Ultimátum a la tierra, diferentes versiones de El fantasma de la ópera dirigidas por El fantasma del paraíso, el hipnosapo de Futurama, Alicia en el país de las maravillas, Robot Monster, Nosferatu, los seres mitológicos de Ray Harryhausen y muy probablemente algunos otros invitados que se nos hayan escapado durante el recuento. Una genialidad, un ¿Dónde está Wally? del fantástico.


Menciones especiales

Entre los cientos de gags de sofá producidos para la serie existe una buena colección de ellos que no han logrado encaramarse a esta lista pero también merecen un vistazo. Cosas como la versión simpsonizada del Avatar de James Cameron, la parodia de la famosa cabecera de Big Bang repasando la historia de la serie, el cameo de Thanos, la edición navideña de la introducción, el sencillo pero efectivo «¡Ta-dah!», el cruce con el mundo de Futurama (que llegaba adornado con el descojonante, por certero, eslogan «Un show sin ideas se alía con un show sin episodios»), la recreación del juego de tablero The Game of Life, el zapping marciano a través de treinta años en antena, la coña con el iPhone, el homenaje al disco Tea for the Tillerman (1970) de Cat Stevens, la invasión de Moes, el repaso a la rutina laboral diaria del propio sofá familiar, el tatuaje en la parte baja de la espalda de Marge o aquella máquina de pinball gigante convenientemente llamada Couch GagChaos.


Los otros sofás

Lo icónico de Los Simpson ha propiciado que broten de tanto en tanto algunos couch gags paridos por los propios fans de manera completamente amateur. Entradillas no oficiales que no forman parte del programa, pero lo suficientemente curiosas como para llamar la atención.

Los Simpsoni de Lazy Square

Al artista Lenivko Kvadratjić se le conoce popularmente bajo el apodo Lazy Square con el que firma animaciones tan disparatadas como ese Terminator 2 y medio con una cuchara asesina o una pervertida Matrix 4 que incluye el vibrador de Lana Wachowski. Ocurre que Lazy Square es también el responsable de una versión no oficial y negrísima del opening de Los Simpson ubicada en una Rusia bien jodida y malrollera. Y el tío lo ha bautizado en YouTube con bastante coña como The Simpson: Rusian Art Film Version cuando en realidad hubiese sido mucho más adecuado llamarlo «Trituradora de almas».

Las trilogía no oficial de Lee Hardcastle

Lee Hardcastle es un animador británico tan independiente y autóctono como para haber formalizado su carrera por su cuenta, en su casita y a base de amasar plastilina. Hardcastle comenzó filmando pequeñas secuencias gores en stop-motion , logró colarse en la película The ABCs of Death con un segmento protagonizado por un váter asesino, y se ganó a la gente estrenando en internet cortometrajes que mezclaban Frozen o Pingu con La cosa de John Carpenter junto a parodias de Evil Dead, The Raid o La jungla de cristal. Su pericia amasando monigotes y esparciendo sus entrañas le llevó a colaborar también en diversos videoclips (Gorillaz, Portugal. The Man o Mark Stoermer) y con la gente de la 20th Century Fox o Adult Swim. También toca en un grupo punk que se llama Shit the BedCaga la cama»). Cómo no quererle.

Su relación con el universo de Matt Groening es una bonita cafrada en forma de trilogía repleta de tripas y sesos de plastilina y mala hostia. Una primera entrega que convierte el salón de la familia de Marge en una parodia de la película Tú eres el siguiente, una secuela que escenifica el atraco que no vimos en Reservoir Dogs (ojo al detallazo de tener a Wiggum como policía infiltrado llevando una careta de un cerdo, «pig») y una tercera parte en el mundo de He-Man y los Masters del Universo que incluye sorpresa loca al final.

Los otros LEGO

Los Simpson no solo tuvieron en 2007 su propio couch gag oficial ensamblado a base de LEGO de manera bastante básica. Sino que, siete años después de aquello, durante la vigesimoquinta temporada, estrenaron un llamativo capítulo titulado «Brick Like Me» en el que todo estaba construido a base de piezas de LEGO y donde un Homer de juguete se enfrentaba a las visiones de una realidad alternativa de dibujos en 2D. Un episodio que, al igual que ocurría con la extraordinaria La LEGO película, sorprendió por ir mucho más allá del mero anuncio juguetero y demostró méritos propios, siendo alabado por la crítica como uno de los mejores guiones de la temporada.

Pero antes de que se estrenase aquel episodio oficial de LEGO, un caballero llamado MonsieurCaron se construyó con los ladrillos del juguete, y mezclando piezas tanto de los set de Los Simpson como de los de La LEGO película, sus propios gags del sofá en stop-motion.

Electronic Simpsons

Una animación casera y no oficial perpetrada por Radio Gosha al ritmo de una versión electrónica y machacona de la sintonía clásica elaborada por S3RL. Bastante digna, con un Bart que copia en la pizarra del colegio un «Make hardcore happy again», su propio couch gag alucinógeno, y una colección de guiños diversos a la serie y sus alrededores: la escena con la familia al completo inflando globos emula la vistosa fase de bonus de la conocida máquina recreativa The Simpsons Arcade Game que tenía toda tasca y antro que se preciase a principios de los años noventa.


Pokémon Go o el día que todos nos volvimos gilipollas

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Fotografía: Voltordu (CC).

Oliver Stone se asomó por la Comic-Con 2016 de San Diego para promocionar su película Snowden, un biopic basado en la figura de Edward Snowden protagonizado por Joseph Gordon-Levitt. Lo curioso del asunto es que durante la presentación del film que ofreció el director junto a Gordon-Levitt, Shailene Woodley y Zachary Quinto, alguien le preguntó por su opinión sobre el juego de realidad aumentada Pokémon Go aprovechando la alarma que había causado un fallo de seguridad que aparentemente permitía al programa de Pikachu y compañía acceder a toda la información del usuario en Google.

La cuestión no estaba demasiado fuera de lugar: por un lado se trataba de la Comic-Con y ahí el visitante más normal tiene dos carreras convalidadas como entrenador Pokémon, y por otra parte la privacidad en el mundo digital era un tema que rozaba con la vida y obra de Snowden, un hombre a quien la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense le quiere comentar cuatro cosas por filtrar documentos ultrasecretos sobre programas de vigilancia. El director de Platoon se quedaría a gusto comentando su percepción del fenómeno: «Realmente no es gracioso porque lo que está ocurriendo es un nuevo nivel de invasión, la búsqueda de beneficios es enorme en este caso, enorme. Nadie ha visto nunca en la historia del mundo algo como Google. Es la empresa que más rápidamente ha crecido, la más grande y más exitosa que ha existido nunca. Y ellos han invertido una enorme cantidad de dinero en lo que es la vigilancia, la recopilación de datos. Están recopilando datos de cada una de las personas que está en esta habitación para adquirir información sobre lo que compras, lo que te gusta y tu comportamiento» sentenciaba Stone antes de apuntar al juego en sí mismo. «Y Pokémon Go encaja dentro de esto. Está en todas partes, es lo que la gente llama vigilancia del capitalismo, es un nuevo nivel. No tiene como objetivo sacar beneficios en un principio, sino obtenerlos al final. Porque crea una conciencia propia y se cuela en todos los rincones del mundo hasta que manipula nuestro comportamiento, y empezamos a actuar de otra manera, algo que ya ha sucedido en internet». Lo mejor llegaba al final: «Y sinceramente, veréis una nueva forma de sociedad robot donde ellos sabrán cómo vas a comportarte y crearán un patrón que encaje contigo y te guíe a otro tipo de comportamiento. Es lo que ellos llaman totalitarismo».

Oliver Stone en la Comic-Con sopesando la posibilidad de abrir de una vez un blog sobre chemtrails. Foto: Gage Skidmore
Oliver Stone en la Comic-Con sopesando la posibilidad de abrir de una vez un blog sobre chemtrails. Fotografía: Gage Skidmore (CC).

Pablo Hasel, el rapero condenado en abril de 2014 a dos años de cárcel por enaltecimiento del terrorismo (en una sentencia polémica por provocar debate: ¿el chico estaba realmente alabando el terrorismo o solo pretendía tocar los cojones siendo muy bestia?) se asomó a Twitter el 25 de julio para soltar la siguiente proclama en la red social: «Que haya más personas buscando pokémones que luchando contra los desahucios lo dice todo de esta sociedad enferma». Sor Lucía Caram, tuitstar y monja, por ese orden, escribía algo muy en la línea de Hasel un día antes: «Si en lugar de “cazar moscas” o “pokémones” ocupamos el tiempo en buscar soluciones y hacer el mundo más bonito para todos. ¡Todos ganaremos!».

Durante un concierto en Lille, Francia, la cantante Rihanna decidió advertir a la audiencia sobre la idoneidad de dejar de lado el teléfono móvil durante el show, y lo hizo gruñendo un bastante directo «No quiero veros escribiendo a vuestros novios o novias. Y no quiero ver a nadie cazando pokémones sobre esta perra que tenéis delante». Casi al mismo tiempo y en otro lugar del mundo Beyoncé se encontraba en pleno concierto cuando uno de sus fans subió a Instagram un vídeo donde una espectadora se mostraba más concentrada en atrapar a las criaturas digitales que en prestar atención a la estrella que tenía a escasos metros.

Pero la persona que realmente se cubriría de gloria con todo esto sería José Aranda en una columna del diario Ultima Hora Mallorca con un texto que arrancaba con un «Me enoja hablar de Pokémon Go […] publicitar esta basura de juego aparentemente inofensivo.» para continuar con un indescifrable «porque si alguien cree que inventar y desarrollar un videojuego en el que por arte de manipulación de masas tavistokiano cientos de personas se ven obligadas a concentrarse en un mismo lugar y a la misma hora —léase el Central Park en Nueva York por ejemplo, o el Parc de la Mar en Palma— es que no entiende nada de esto» [Nota personal: ¿si alguien cree qué? El texto está transcrito tal cual pero parece que le falta algo, es como si en su cabeza centellease una idea pero se la olvidase por el camino]. Lo genial sería el remate de la diatriba, porque conforme Aranda iba pillando carrerilla la cosa se desmelenaba hasta hacer mención a guerras futuristas a través de televisores de plasma y poderes X que podrían aniquilar a la población aprovechando que las gentes se concentraban en masa en lugares concretos para cazar pokémones. Hasta que al final el columnista decidía hasta bajarse los pantalones y hacerle el amor a la Ley de Godwin metiendo en la maleta todos sus traumas contemporáneos: «… las teorías libertarias, libertarias y anarquistas de principios del siglo XX teorizaban acerca de cuestiones como el aborto, el amor libre, la defensa de los animales, la eutanasia o el vegetarianismo —ideas, algunas, por cierto, de Adolf Hitler—, todo eso acabó en la miseria moral en la que nos encontramos en la actualidad». El fin de fiesta de la columna era directamente espectacular y remataba un discurso fantástico y demencial en el que se podía escuchar un «pollavieja hace buen caldo» entonado por un coro de góspel si uno pegaba la oreja a la página del periódico: «Por eso no nos extraña ver a mujeres que son capaces de abortar tras ocho meses de gestación porque “les daba pereza” hacerlo antes. O abandonar al marido, estar con el amante, dejar al amante, volver con el marido, y encontrar otro amante».

El día que Nintendo nos enseñó a jugar

La editorial Héroes de Papel cobija en su catálogo los dos volúmenes de La historia de Nintendo, un par de libros de Florent Gorges que permiten descubrir que los orígenes de la empresa, en el muy lejano 1889, estaban enfocados hacia lo lúdico pero alejados de los contornos pixelados: Nintendo comenzaría fabricando cartas y juguetes clásicos mucho antes de convertir la pantalla del televisor en una ventana a otros mundos. Años más tarde la compañía se asentaría en el mundo del videojuego con una mentalidad empresarial muy japonesa, estricta consigo misma y el oficio. A causa de ello los juegos de producción propia resultaban minuciosos y rotundos: errar un par de milímetros en una partida podía implicar que un estereotipo de fontanero se precipitase al abismo, pero dicho error era siempre culpa del jugador porque el programa estaba afinado con precisión de relojero.

Nintendo gozaría de un éxito importante con la venta de hardware: NES, GameBoy (y casi todas las portátiles hasta llegar a la New Nintendo 3DS actual), SuperNES y Nintendo 64 tuvieron éxito entre mercados y jugadores. Su GameCube tuvo menos suerte de la deseada y el extraño experimento que era el Virtual Boy se enterró en cal viva al poco de nacer. La famosa Wii apostó por un marketing arriesgado que promocionaba la consola como un producto para toda la familia y arrasó vendiendo toneladas de unidades a personas que no jugaban habitualmente a videojuegos. A su sucesora Wii U le ocurriría todo lo contrario: en Nintendo no supieron venderla con claridad y el público creería de manera errónea que aquello era una Wii con una tablet acoplada, algo que provocó unas ventas situadas muy lejos de unas expectativas demasiado optimistas. Tras el tropezón, Nintendo necesitaba un nuevo tipo de táctica para reflotar y realizó un movimiento inesperado: anunciaría que el desarrollo de apps para el mercado del teléfono móvil. Era un paso extraño porque gran parte del valor de la compañía se basaba en tener un catálogo de videojuegos (las sagas Zelda o Mario) que solo era posible disfrutar en sus máquinas, y que probablemente resultaban mucho más incómodos en cualquier otro soporte que no fuese el original. Pero el plan de Nintendo no era trasladar los brincos entre champiñones al smarthphone, sino crear aplicaciones paralelas que introdujesen a cierto público en el mercado de las consolas. En marzo de 2016 la compañía lanzaba Miitomo, una red social protagonizada por los avatares que utilizaban los jugadores en las consolas de Nintendo. Un programa que gozaría de un éxito absurdo durante sus primeros días de vida, medio planeta se lo descargó gracias al boca a boca, pero murió con la misma rapidez con la que había crecido: dos semanas después de su nacimiento la aplicación había perdido a la mitad de sus usuarios.

Tras aquella incursión en el mercado móvil Nintendo encargaría el desarrollo de una aplicación llamada Pokémon Go a la compañía Niantic, una empresa que tenía cierta experiencia en la realidad aumentada al ser responsables de un exitoso juego llamado Ingress, que utilizaba el GPS del móvil para dibujar el escenario de la acción. Pokémon Go se estrenaría en julio del 2016 presentando una mecánica sencilla: utilizando el GPS del móvil, la aplicación sitúa al jugador en una especie de Google Maps plagado de pokémones, donde el objetivo consiste en atrapar a las criaturas, visitar poképaradas para recoger diferentes objetos (entre ellos las pokéballs necesarias para llevar a cabo la caza) y frecuentar gimnasios donde los animalillos digitales que el usuario ha capturado se pelean con los de otros jugadores. La gracia del asunto está en que todos los puntos de interés estaán situados en localizaciones reales, y para interactuar con los mismos es necesario salir de casa y desplazarse físicamente hasta sus proximidades. Los pokémones, el objetivo real de tanto trekking, brotan de manera aleatoria a lo largo del mapa y por eso mismo las posibilidades de encontrar un mayor número de criaturas dependen de lo largos que sean los paseos del jugador.

El día que Pokémon Go se convirtió en noticia

Advertencia de tráfico en Florida. Fotografía: Cyclonebiskit (CC).
Advertencia de tráfico en Florida. Fotografía: Cyclonebiskit (CC).

Tras su aterrizaje en el mercado del teléfono móvil, Pokémon Go se transformó en un éxito descomunal de manera instantánea. Con una cantidad disparatada de descargas y usuarios el fenómeno se tradujo en media humanidad paseando por las calles, con el teléfono en una mano en busca de un bichejo extraño al que lanzarle las pelotas, y la otra mitad de la población contemplándolo todo con la boca muy abierta por resultar todo el asunto algo mucho más divertido de observar que de jugar gracias a la, en apariencia, infinita cantidad de noticias absurdas y disparatadas que producen los monstruos de bolsillo.

Durante las primeras semanas de vida de la aplicación una chica llamada Shayla Wiggins, natural del Wyoming más rural, descubrió un cadáver en el río mientras peinaba la zona en busca de pokémones de agua, y algo muy similar ocurriría días más tarde en un parque de San Diego donde tres mujeres, que también se encontraban en plena cacería, acabarían encontrando el cuerpo de un hombre sin vida entre un par de arbustos. En Missouri un grupo de atracadores utilizaría los puntos de interés del juego como lugares donde acechar a posibles víctimas, y en California la casualidad quiso que un par de marines a la caza de poképaradas acabasen ayudando a la policía a capturar a un presunto asesino. La guionista de cómics Kate Leth compartiría una disparatada anécdota con forma de chiste sucedida en torno a un gimnasio Pokémon. Un hombre dispararía a un grupo de jugadores al confundirlos con posibles ladrones. Otro acabaría buceando en un estanque por no mirar dónde ponía los pies y un par más se caerían por un acantilado. La aplicación ayudaría a una mujer de Queens a descubrir que su pareja le ponía los cuernos (el hombre había cazado uno de aquellos seres en el interior de la casa de su exmujer).

El fenómeno social se extendería hacia diferentes hábitos de la vida diaria: las compañías de viaje comenzarían a ofrecer packs especializados que permitían recorrer rutas con pokémones a la vista, los bares aprenderían a anunciar en sus pizarras a los viandantes las criaturas disponibles en las cercanías y, en las webs de anuncios, un puñado de listos alquilarían sus paseos para atrapar monstruos a gente con menos tiempo libre. Lugares como Auschwitz se verían obligados a prohibir el uso de la aplicación y Niantic acabaría eliminando las poképaradas y gimnasio en los alrededores del Monumento de la Paz de Hiroshima. En Irán la Corte Suprema de los Espacios Virtuales (se llama así de verdad) ha decidido vetar el juego hasta tener claro de qué va el asunto. Un tal Michael Baker pasaría de ser un loser desconocido a una leyenda moderna cuando alguien le apuñaló en el hombro y en lugar de ir a buscar ayuda decidió continuar su misión de caza y captura de pokémones. Kohei Uchimura, un gimnasta japonés que mataba las horas muertas en las Olimpiadas de Río 2016 dándole duro al juego de Niantic, acabó convertido en titular al descubrir que no se había cambiado de tarifa de datos al salir de su país y su factura del móvil bailaba cerca de los cuatro mil quinientos euros. En la ciudad de Vaughan, Canadá, un helicóptero perseguiría a un coche de movimientos erráticos y conducta sospechosa para acabar descubriendo que estaba tripulado por cazadores de pokémon que habían decidido hacer la ronda sobre ruedas, un malentendido que acabó con un inusual comunicado oficial de la policía:

Finalmente ocurrió lo inaudito: los trucos para el juego se convirtieron en noticia en el medio periodístico cuando La Vanguardia apuntó cómo evitar perder las pokéballs en su sección de tecnología como si aquello fuera el rincón de trucos de la Hobby Consolas.

El día que todos nos volvimos gilipollas

De repente la población comenzó a dividirse entre los que salían a la calle a intentar atrapar a toda la fauna virtual y los que calificaban a los primeros de idiotas sin remedio y a la app en un detector de gilipollas. Llegó a alcanzarse un punto en el que despreciar el juego era la opción socialmente inteligente, aceptable y parecía obligatorio calificar de infraseres a los que jugaban en las calles, como si lo de caminar mirando el móvil lo hubiesen inventado las huestes de Pikachu y la gente no llevase años decorando las farolas con los dientes por andar ojeando redes sociales, whatsapps, porno gonzo y trivialidades diversas en la segunda pantalla. Más disparatado sería observar que los fans originales de la saga Pokémon (que lleva en el mercado desde 1996 en forma de RPG exitoso) empezaban a renegar de los jugadores de Pokémon Go al considerarlo un producto paralelo, casual y tontorrón que funcionaba como una aplicación para hacer deporte disfrazada y no tenía la profundidad del juego en el que se inspiraba.

La percepción del asunto resultaba paradójica: los padres que llevaban años quejándose de cómo los videojuegos evitaban que los niños respirasen el aire del exterior ahora se defecaban en un juego cuya razón de ser era salir de casa, patear mucho y visitar poképaradas que el juego ubicaba en zonas de interés, lugares conocidos de cada barrio, monumentos, edificios históricos o iglesias.

Werner Herzog. Imagen: Erinc Salor
Werner Herzog. Fotografía: Erinc Salor (CC).

Y entre todo esto apareció Werner Herzog, director y fundador del nuevo cine alemán, mostrándose sincero y despreocupado con el asunto que parecía traer a todo el mundo de cabeza: en una entrevista para The Verge, al ser cuestionado sobre el fenómeno respondería: «No sé lo que es Pokémon Go y todas esas cosas. Estás hablando con alguien que hizo su primera llamada a los diecisiete años, con alguien que por razones culturales no tiene teléfono móvil». A lo mejor la posición de Herzog, la de no hablar de algo si no tienes ni puta idea, era la única coherente y la que nadie se molestaba en haber considerado. Quizás Pablo Hasel y sor Lucía Caram tenían poca fe en la capacidad del ser humano para la multitarea y por eso confundían velocidades y mantecas al relacionar con una lógica infantil asuntos que nunca han sido excluyentes. Probablemente Rihanna andaba un poco quemada de las giras y Oliver Stone a estas alturas ha logrado perfeccionar su técnica a la hora de moldear gorritos con papel de plata. Lo de José Aranda directamente no tenía explicación, porque todo el mundo sabe que si en el futuro un denominado (gesto con los dedos de abrir comillas) «poder X» (gesto con los dedos de cerrar comillas) quiere acabar con la población el truco no consiste en apuntar los misiles hacia el lugar donde brotan los pokémones legendarios, sino hacia el estadio donde se celebre la final futbolística de turno. En el fondo todo este asunto de mirar por encima del hombro a los jugadores y considerarlos una masa borrega tiene pinta de adoptar la forma de un señor muy ofendido que se burla de aquellos chavales que se entretienen enfundándose en cosplays, pero que al mismo tiempo no considera un problema pintarse la cara con los colores de su equipo y atornillarse el sombrero de bufón para animar en el estadio.

A lo mejor es que todos nos hemos vuelto gilipollas y acabamos de descubrir antes de ayer que lo que persigue una compañía es el éxito de su producto. A lo mejor ahora está bien visto condenar a alguien por sus hobbies y culpar a un juego por invitar a jugar.

A lo mejor es verdad que Pokémon Go funciona como un detector de gilipollas.