Cincuenta años de Ram: el Pet Sounds de Paul McCartney

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Detalle de portada de Ram, de Paul McCartney. Imagen: EMI.

Se cumplen cincuenta años de la gran pieza pop del bajista de los Beatles. Vilipendiado en su tiempo por su frivolidad, en la actualidad se ha convertido en una referencia entre el mundo indie.

Demasiada gente predicando

No les digas lo que quieres ser (…)

Ese fue tu primer error

Tomaste tu oportunidad y la partiste en dos.

(Paul y Linda McCartney, «Too Many People» en Ram, Londres, Apple, 1971).

El 31 de julio de 1971 el periodista Alan Smith entrevistó a John Lennon y Yoko Ono para New Musical Express. El cantante de los Beatles había lanzado en marzo el sencillo Power to the People y poco antes realizado una entrevista con el diario marxista Red Mole. Como «nuevo» martillo de herejes contra el establishment, aprovechaba cualquier oportunidad para atacar a los artistas menos comprometidos. Uno de ellos, su excompañero de grupo Paul McCartney, lanzó en mayo un disco pop sin apenas riesgo ideológico en el verdadero apogeo de la izquierda antisistema entre los jóvenes. A la pregunta de Smith sobre qué le parecía el disco, Lennon lanzó su proverbial mala baba para denigrar las alegres sinfonías campestres de McCartney:

He escuchado Ram varias veces, claro. La primera vez que lo hice pensé, «joder, es horrible». Y luego, ejem, arreglé el tocadiscos un poquito y sonó mejor. Me gustan algunas, como la parte de «My Dog It’s Got Three Legs» o algo así, y la intro de «Ram On» y de «Uncle Albert». No puedo soportar la segunda pista de… Quiero decir, bueno no importa. Sabes, el otro disco que hizo era mejor de alguna manera: al menos había canciones en él. No soporto ese pop jazz baboso, ¿eh? Me gustan los discos pop que son discos pop.

Lo que odiaba Lennon, ese Lennon politizado de los setenta, son las fórmulas progresivas que permitían experimentar a McCartney los límites del formato pop. La separación de los Beatles, en fin, creó a tres artistas con propósitos opuestos y formas de entender los LP opuestas (John Lennon llegó a afirmar que Harrison estaba «zumbado» por poner tres discos en el mercado con All Things Must Pass). La prensa underground del tiempo, opuesta a los caminos sobrecargados del pop británico, también masacró el disco de McCartney. Así, Rolling Stone —la biblia musical de la contracultura norteamericana—, hizo célebre una crítica sin piedad de Jon Landau:

Ram representa el nadir de la descomposición del rock de los sesenta hasta ahora. Para algunos, incluido yo, Self-Portrait de Dylan tenía segura esa posición, pero al menos este último era un disco que podías odiar, que podías sentir algo sobre él, incluso si solo era arrepentimiento. Ram es tan inconsecuente e irrelevante de manera colosal que no puedes criticarlo. Es difícil concentrar tus energías en él, incluso que no te guste u odiarlo.

El resto de reseñas del disco no fueron nada lisonjeras: Chris Charlesworth lo llamó en NME «un buen disco para los baremos de cualquiera. El problema es si esperas demasiado de alguien como Paul McCartney»; Village Voice definió Ram como «un álbum muy malo, un clásico ejemplo de forma y contenido disfuncional». Más aún, alguien tan poco polémico como Ringo Starr, exbatería de los Beatles, llegó a afirmar que «no había una buena pista en Ram» a Melody Maker. Un epitafio catastrófico, todavía, para un disco que parecía merecer ser olvidado por cualquier aficionado a la música popular en esa edad de oro.

Viajemos en el tiempo cuarenta y un años más tarde: el avejentado McCartney como eterna Angela Lansbury del pop lanza una reedición del LP con cuatro discos extras conteniendo tomas alternativas y descartes. ¿Qué está pasando? Más aún, ¿cómo pudo reseñar así en 2012 Rolling Stone esta reedición de un disco que había defenestrado en 1971?

Macca apuntó a lo más alto con la secuela de su primer disco: un gran periplo psicodélico repleto de melodías divinas y emperifolle orquestal (…) ¿Cuántos indies podrían hacer una obra maestra tan locuela?.

Sinfonías de ayer y hoy

McCartney acabó el año 1970, el 31 de diciembre, denunciando a sus excompañeros de banda: exigía que el contrato que los unía dejara de estar vigente. A inicios del 71, aislado de todo en su granja escocesa, preparó el que sería el LP que buscaba recuperar el prestigio crítico perdido por su álbum debut. No pretendía, con todo, realizar un disco que cambiara el mundo:

«Era más o menos un trabajo a través de esbozos sin plan previo: no era pensar luego de los Beatles «seremos muy importantes» o «supermúsicos», sino vamos a encontrarnos a nosotros mismos.

Es en este mes cuando comenzaron sus primeras audiciones a músicos en Nueva York, que se realizaron en un garaje perdido de la calle 45. David Spinozza, posterior amante de Yoko Ono, sería el guitarrista elegido y aportaría furiosas descargas solistas en un disco que vira entre el folk y el primer progresivo. El batería, Denny Seiwell, sería el siguiente, el cual recordaba cómo fue:

Muchos chicos estaban fuera al ser requeridos para la audición. Paul me preguntó qué tocar, él no tenía ni guitarra, así que solo me senté y toqué. Tenía cierta mirada, buscaba algo más que un batería, quizá una actitud también. Así que toqué…siempre he dicho que, si no puedes tocar tu solo, no puedes hacerlo con nadie.

Seiwell sería el batería de la posterior banda de McCartney, Wings, hasta el año 73. Desde el diez de enero, en los estudios Columbia de Nueva York, el matrimonio McCartney —Paul y Linda— junto a estos y otros músicos grabarían más de dieciséis temas que verían la luz tanto en sencillos como en varios elepés. Dado el nivel de productividad, habitual en alguien tan laborioso como McCartney, sorprende que todas estas canciones estuvieran casi listas ya el 15 de marzo. Muchas de ellas, claro, estaban compuestas antes, y conocemos que tanto «Another Day» como «Back Seat Of My Ca»r habían sido tocadas en estado muy embrionario en las sesiones de Let it Be en enero de 1969. McCartney recuerda el origen del disco:

De vuelta a Escocia, tenía una máquina de grabación de cuatro pistas empotrada en la granja que llamábamos Rude Studio. Así que allí era capaz de hacer piezas de prueba, experimentar, y realizar trocitos de música. Con el tiempo, empezamos a armar una banda juntos y podíamos practicar allí (…) Había escrito unas pocas canciones y pensamos que, para cambiar, sería bueno ir a Nueva York a grabar. Es un gran lugar, con muchos músicos y que nos daría otra perspectiva.

En esta declaración de McCartney, realizada en ocasión del aniversario de los Wings, también afirmaba que su primer disco había sido concebido de manera «amateur» y ahora querían ser Linda y él un poco «más profesionales». Ram, en ese sentido, es el primero de un cuarteto de elepés que completa Red Rose Speedway, Band on the Run y Venus and Mars donde McCartney utiliza con profusión elementos progresivos, no muy pretenciosos, pero inequívocos en sus formas. Estos siguen el sendero del clásico Abbey Road, cuya cara B instigó Paul, y están más en la línea de las canciones a distintos ritmos de Tommy de los Who o el sonido bucólico de los primeros Genesis que en las improvisaciones etéreas sin final de Pink Floyd. Esta música ambiciosa tenía como escudo a la filarmónica de Nueva York en las pistas más progresivas: «Uncle Albert/Admiral Halsey», «Long Haired Lady» y «The Back Seat of My Car».

Un camino arriesgado, quizá, por el cual el crítico musical Thomas Macfarlane pudo llegar a juzgar Ram como un disco en ocasiones hermano de Sgt.Pepper… Ahora, Paul McCartney en su fértil frivolidad, hace virar este disco entre el inevitable vaudeville —su padre fue músico de jazz y ragtime aficionado— y los discos tardíos de los Beach Boys. Esta última influencia, las multipistas de voces, son un elemento único de Ram respecto al resto de los ex-Beatles: Paul fue el único que siguió manteniendo como firma el uso de coros muy elaborados en casi todas las canciones. El propio McCartney afirmó al crítico David Leaf sobre el disco clásico de Brian Wilson Pet Sounds:

Adoro la orquesta, cómo están grabados los instrumentos. Quiero decir, me encanta la manera en la que usa armónicas, clavicordios, etc. El modo en que utiliza los sonidos de la batería, que en ocasiones son patrones rarillos. Ya he mencionado el bajo y su creación de armonías como brillante (…) Es un disco imbatible de muchas maneras.

Quizá la rémora de Ram sea que en las voces no pueda tener a John y George a los coros y deba conformarse con su mujer Linda en una interpretación tan alabada como denostada por la crítica. En el tiempo McCartney juzgó que esas armonías «eran muy buenas», pero el guitarrista Spinozza, más honesto, consideró que cantaba «como cualquier chica de un coro de secundaria (…) ¿Por qué coño ella cantaba con Paul McCartney?». Puede ser, según el periodista James Perone, que McCartney «buscara desarrollar» un sonido en solitario alejado al grupo de Liverpool con la incorporación de una voz femenina. Opiniones diversas para un Pet Sounds doméstico repleto de excelentes pistas vocales.

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The Beatles. Foto: Cordon Press.

«Me senté con el piano debajo de mi nariz»: temas entre el hogar y el estudio

Las canciones grabadas entre Estados Unidos y el Reino Unido sirvieron para llenar un sencillo, el posterior Ram, y como esbozo para algunos de los mejores temas de Red Rose Speedway. Antes de todo, se adelantaría a los álbumes el estupendo single Another Day / Oh Woman, Oh Why.

«Another Day», crónica suburbana de una chica alienada por el trabajo de oficina, comenzó como un boceto en las sesiones de Let it Be, pero los Beatles jamás llegaron a grabarla. En el fondo otro sencillo autoproducido por McCartney con cameos mínimos de Spinozza y Seiwell, puede considerarse como la emancipación definitiva del bajista, además de su primer éxito concebido desde el inicio con ese objetivo. La canción tenía además como cara B un blues-rock casi improvisado de nombre «Oh Woman, Oh Why» donde llegaba a disparar una pistola como efecto sonoro. En el fondo una jam conducida por McCartney donde narra un crimen pasional, ¡disparos incluidos!, es un perfecto contraste al Paul de la cara A. El sencillo alcanzó el número cinco en Estados Unidos y el dos en el Reino Unido, además de ser un éxito en España.

Los cambios modales, el uso de las armonías con Linda, presentarían al mundo el sonido global de Ram que fue grabado al mismo tiempo. Lanzado el 19 de mayo de 1971, con todas las pistas acreditadas a Paul y Linda para evitar que los nuevos poseedores del copyright Lennon-McCartney pudiera dieran ver dinero a su costa, es un disco de folkpop con toques progresivos de fantástica secuenciación. Abre el disco el rock malevolente «Too Many People», ajuste de cuentas con John Lennon y respuesta oficiosa a su escandalosa entrevista con Rolling Stone de finales de 1970. McCartney reconoció tan pronto como en 1984 a Playboy que la canción contenía varios ataques a Lennon, lo que quizá llevaría al juicio negativo de este disco por el líder de los Beatles:

Él estaba predicando mucho y me tenía un poco harto. En una canción escribí: «Demasiada gente predicando». Creo que era la frase, quiero decir, era una puya contra John y Yoko. No había nada más en el disco sobre ellos. Oh, y también la frase «tomaste tu oportunidad y la partiste en dos».

Lennon, conocido por su paranoia, se tomó el disco entero como una ofensa contra él y el resto de los Beatles. A ello no ayudaban las letras crípticas, con bastante doble sentido, ni tampoco la imagen de dos escarabajos follando en el collage del disco. Llegó a juzgar que «3 Legs» iba sobre el resto de la banda: un perro con tres patas (los otros Fab) que no puede correr, a lo cual no ayudaba la línea «cuando pensé que eras mi amigo (…) me fallaste y rompiste el corazón». La frase final de «Back Seat of My Car» («no creíamos que lo que habíamos hecho podría estar mal») fue la guinda para que John Lennon respondiera con su malicioso ataque «How Do You Sleep?». La letra de esta última, urdida entre Lennon, su mánager Allen Klein y Yoko Ono, incluía un misil a la línea de flotación del ego de McCartney: «La única cosa que has hecho es “Yesterday” y desde que te fuiste es solo “Another Day”».

Fuera de estas peleas entre los Fab, «Too Many People» es una sibilina y notable canción rock, con notables cambios de acordes, y fantásticos ganchos a la guitarra eléctrica obra de McCartney.  El enloquecido solo de guitarra que finaliza la canción, cortesía del músico de estudio Hugh McCracken que sustituyó a Spinozza, se enlaza con un final country casi demencial en una de las pistas más arriesgadas que grabó nunca el bajista.

Es, también, el método de enlazar en un discreto y escaso fundido con la evocación pastoril «3 Legs», que mezcla una introducción acústica con una insidiosa parte media no tan lejana a Led Zeppelin. Prácticamente otro tema autoproducido, sin apenas instrumentación, se funde con esa pequeña pieza entre folk y orquestal que es «Ram On». Comandada con un ukelele, escondida tras una estupenda introducción de piano, y con su sencilla letra sentimental —el juego de palabras Ram On (Paul Ramón fue el pseudónimo de McCartney a inicios de los sesenta)— es un pegajoso ejercicio de pop ligero. Sigue a ese espíritu folk la divertida «Dear Boy», oda feliz a Linda, y que ofrece una letra complaciente en la cual decía al exmarido de ella lo «afortunado» que era por ser ahora su pareja.

Ese tono saltarín es un adelanto para la excepcional y en gran parte banal pieza progresiva «Uncle Albert/Admiral Halsey». Sencillo de éxito en Estados Unidos, número uno en septiembre de 1971, es otro ejemplo de McCartney uniendo secciones dispares, lo que llamaba «trocitos», para crear una estructura progresiva. Con una letra inspirada en un tío lejano, contrapone la introducción somnolienta, que celebra la vagancia, con una inspirada sección de sonidos de viento que remite inevitablemente a Sgt. Pepper’s… Rememora McCartney:

Yo tuve un tío de nombre Albert: estaba más o menos pensando en él. Era un tío que murió cuando era niño, un buen colega que solía emborracharse y permanecer en la mesa para leer partes de la Biblia. En ese punto la gente se reía, claro. Mucho.

Pieza autoproducida, con la colaboración de la filarmónica de Nueva York, es uno de los mejores trabajos musicales de Paul y solo su letra insustancial, tan alejada de la solemnidad de sus últimos años Beatle, le impidió alcanzar el consenso crítico. Finalizaba esta cara A el divertido rock «Smile Away», que supuso un trabajo concienzudo en el estudio, a decir del ingeniero de sonido Eirik Wangberg. Se especula si la letra iba a dirigida a alguien de los ex-Beatles o a su enemigo Allen Klein, pero es tan insustancial, tan divertida, que ejerce orgullosa como buena meta para una cara A tan heterodoxa como adictiva.

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Paul y Linda MacCartney. Foto: Cordon Press.

La cara B de Ram es la que tiene más influencia del estilo Brian Wilson de producción, sonando en ocasiones extemporánea para ese año 1971 donde los grupos progresivos y el primer glam hacían a esas sinfonías infantiles felizmente (¿o fatalmente?) superadas. «Heart of the Country», muy querida por su autor (este la incluyó en un recopilatorio de los Wings además de regrabarla junto a Elvis Costello en 2013), es casi prima lejana de «Mother Nature’s Son» o las citadas «3 Legs» y «Ram On».

Una excepción en esta cara, «Monkberry Moon Delight», está construida siguiendo a un infeccioso riff de piano que tiene en origen una pifia gramatical de sus hijos con la palabra milk a la cual llamaban monk. Inspirada en el polifacético artista Screamin’ Jay Hawkins, que la grabó en el año 1973 como sencillo, es una de las letras favoritas de Paul y la incluyó orgullosamente, quizá como su particular imitación del cómico Spike Milligan, en su un tanto ególatra libro de poesía. Un reconocimiento tardío a este clásico bizarro, de infecciosa melodía, es que John Lennon pretendió radiarla como homenaje a McCartney la vez que fue DJ en el Nueva York de los setenta.

«Eat at Home» es esencialmente el tema más Wings del disco, con la idea de feliz vida doméstica que también tienen otros pop del grupo como «Daytime Nighttime Suffering» o «Junior’s Farm» (especialmente la última, que suena parecidísima). Canción que homenajea al primer rock de Buddy Holly, en sus acordes abiertos y melodías contagiosas, llegó a lanzarse como sencillo en diversos países. Fue canción de apertura de los primeros conciertos improvisados de los Wings, señal de su decisiva influencia en el sonido del grupo dominado por McCartney.

Quien empiece el disco Ram por sus tres últimos temas, «Long Haired Lady», la repetición de «Ram On» y especialmente «The Back Seat of My Car» puede llegar a preguntarse si McCartney pretendía imitar de manera deliberada a Brian Wilson. Los parecidos, así, en la canción «Long Haired Lady» con pistas como «You Still Believe in Me» o «God Only Knows» son tan evidentes como vintage. Pero McCartney, gracias a su don melódico, es capaz de sobreponerse con esta coda final wilsoniana. Eirik Wangberg recordó la decisiva influencia de Pet Sounds en estos temas:

Paul sabía de veras lo que estaba haciendo (risas), las armonías y pistas de voces, había muchas, en ningún caso se pisan unas a las otras en la mezcla. Como sabréis, Paul estaba aquí inspirado por la manera en la que se hicieron los arreglos vocales de los Beach Boys, a los cuales yo también habría grabado (…) Recuerdo poner la canción «Long Haired Lady» a Paul en el estudio. Él puso sus brazos en mis hombros, luego de escucharla, y al volverme y mirar su cara las lágrimas fluían (…).

La excelente «The Back Seat of My Car», cuatro minutos de homenaje indisimulado al rock californiano, había sido oída de manera fugaz, sin acabar, en las sesiones de Let it be. McCartney la define como «la canción adolescente definitiva» y recuerda los juegos de palabras de la canción: «sentarse detrás en el coche» era en argot de los cincuenta y sesenta hacer el amor. El crítico Jon Landau, que como hemos visto destruyó Ram para Rolling Stone, la consideraba una de las únicas pistas destacables del disco, pero su lanzamiento como sencillo en el Reino Unido, en agosto de 1971, fue una de las pocas pifias comerciales de McCartney en esta década al alcanzar solo el puesto 39.

Estas fueron las canciones publicadas en ese mismo 1971, pero las sesiones originaron otros temas que aparecerían de una forma u otra en futuros discos de los McCartney: el rock «Get on the Right Thin», el pop pegajoso «Little Woman Love, la excepcional balada desnuda «Little Lamb Dragonfly», el notable y pegadizo pop-rock de «Big Barn Bed» y la relajante cara B «I Lie Around».

El broche final sería su portada, que fue pintada por Paul y Linda alrededor de la foto de un carnero agarrado por los cuernos por McCartney —tuvieron que seriar y fotografiar a cada animal de su finca escocesa por ley—. Esta funda incluía fotos recientes de la pareja y un tono vivaracho, infantil, adecuado al contenido del disco y que se contraponía deliberadamente a estos inicios de los setenta repletos de discos con la solemnidad de un manifiesto político. Uno de los principales «propagandistas», Lennon, vio incluso esta portada como un ataque y hubo de parodiarla regalando una postal en el que cogía a un cerdo de las orejas con su disco Imagine. No, el año 1971 no fue el mejor para las relaciones de los ex-Beatles.

Un clásico tardío

Su portada colorida, su música feliz y banal, lo hicieron un éxito de ventas en Estados Unidos y Europa: número uno en el Reino Unido y dos en Estados Unidos, está certificado que pasó el millón de copias; algo muy estimable para un LP hogareño aún comercial, sin duda ajeno a los emergentes fenómenos pop del tiempo. Los críticos, en cierto sentido, han tenido opiniones ambivalentes incluso en la reedición, Uncut lo llamó «ocasionalmente brillante» y A.V. Club lo consideró «un conjunto excéntrico» incapaz de ser «juzgado seriamente». El propio McCartney, en retrospectiva, fue el primero en reivindicar el disco al lanzar con pseudónimo una versión jazz del LP en 1977. Con nombre Thrillington, es una curiosa colección de muzak sin el encanto hippie del original, pero que demuestra la ambición sinfónica de muchas pistas del disco.

Ahora, fue el indie, en el efímero revival folk de los dos mil, el cual vindicó esta gema sin pulir del pop ligero: de 2009 a 2013 se repitieron cover del disco por artistas diversos interesados en un sonido juguetón. El proyecto más interesante, Pure McCartney, unió a varios músicos para realizar el disco Ram en vivo en una grabación de éxito. Dave Depper, guitarrista de la banda americana Death Cab for Cutie, llegó a hacer una cover completa del disco bajo el nombre The Ram Project. El autor lo definió como un «ejercicio simple» de si podía mejorar sus «habilidades» de grabación e incluso llegó a ser comercializado.

El propio McCartney, sorprendido por el éxito de un disco que en su génesis no valoraba tanto, comentó divertido este cambio de gustos:

Años después de grabarlo, uno de mis sobrinos veinteañeros de Nueva York me dijo: «Ram es mi disco favorito. Lo adoro tío. Lo ponemos en la universidad, incluso». Me tomó por sorpresa y eso despertó mi interés en el disco. Entonces, comencé a escuchar lo mismo por más gente a lo largo del tiempo. Creo que es porque ellos conectan el LP con la libertad de poder tener pareja, de ser libre, esto de los primeros veinte. Parece que tienes un poco más de oportunidades a esa edad: has salido de la escuela, no tienes un trabajo serio. Es un periodo muy bueno para vagar por ahí: algunos hacen un viaje a la India, al Tíbet, o realizan autoestop por Europa… Este fue mi viaje al Tíbet, solo que me quedé en Escocia.


Debería estar en un museo: portadas de videojuegos

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Es una industria, lo que cuenta ya no es el programa, el 70 u 80 por ciento del producto lo componen la publicidad, el marketing y la carátula. 

Paco Menéndez, cocreador de La abadía del crimen.

El episodio «Golpes mortales» de Historias corrientes contiene un gag genial donde los protagonistas contemplaban alternativamente la ilustración que sirve de portada a un videojuego y el programa en funcionamiento en la pantalla mientras flipaban en diversas tonalidades con lo inapreciable de las diferencias entre ambos. La gracia estaba en que obviamente la detallada ilustración de la caja se transformaba en el televisor en un puñado de píxeles groseros y antipáticos. Era una escena basada en millones de hechos reales.

En la prehistoria del juego los casetes de música eran utilizados como medio de almacenamiento y era posible encontrarlos tanto en centros comerciales como en gasolineras o tiendas de electrodomésticos cubriendo las caras de los expositores giratorios que no estaban copadas por los greatest hits del underground feriante (en los ochenta el mundo en general era quinqui por defecto). En aquellos años programar esas aventuras tan solo requería de amigos adolescentes con tiempo libre entre las autoexploraciones y muchísimas ganas de tallar código encerrados en una habitación poco ventilada. La tecnología era optimista en lugar de futurista e incluso así resultaba fascinante, y las carátulas eran importantísimas.

Algunos compradores del Spectrum 48k recibían junto a la máquina un pack de programas para empezar a trastear con el cacharro. Entre juegos de backgammon y tacaños simuladores de vuelo destacaba con facilidad el Panama Joe de Parker Brothers gracias a una portada impresa a color y con opulenta tinta plateada: en ella un aventurero de moda cuestionable encaraba una gigantesca serpiente y a un escorpión desafiante. Todo parecía estar ocurriendo en una gruta de aspecto infernal con escaleras y bloques de piedra elevándose sobre un mar de lenguas de fuego. En general había un montón de mierda sucediendo a la vez en aquella carátula y casi todo eran promesas con una aventura humeando. Cargar el juego revelaba que el aguerrido héroe era realmente un botijo con sombrero con dificultades muy serias para encadenar un par de pasos, los enemigos tenían el aspecto de pelusas irreconocibles y la pirámide era un mundo cuadriculado de colores vociferantes. La portada había vendido un espectáculo, la pantalla ofrecía una representación abstracta colindante con una bosta digital y al usuario le parecía todo alucinante. Un placebo visual.

Panama Joe. Expectativas a la izquierda, realidad a la derecha.
Panama Joe. Expectativas a la izquierda, realidad a la derecha.

En el territorio patrio los hermanos Ruiz (Pablo, Nacho y Víctor) formaron la compañía Dinamic Software y comenzaron a producir de manera artesanal videojuegos exitosos. Pronto cayeron en la cuenta de que las portadas de sus Videolimpics, Saimazoon y Babaliba parecían haber sido dibujadas por un adolescente, un problema de imagen que realmente era consecuencia de haber sido dibujadas por un adolescente sin pajolera idea de pintar. Para enmendarlo a los chicos se les ocurrió telefonear al dibujante Alfonso Azpiri (que paseaba las aventuras de su Lorna por revistas como Heavy metal y Penthouse Comix) y encargarle la portada de su próximo videojuego. Poco después Azpiri abría la puerta de su casa y se sorprendía al encontrarse con un chaval de dieciocho años que hablaba todo el rato sobre un juego de boxeo. Ninguno de los dos era consciente de ello pero en aquel momento  estaban haciendo historia en el panorama de la industria del ocio española.

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Rocky. Abu Simbel Profanation. Camelot Warriors. Mega-corp.

Rocky era un juego de boxeo que se llamaba Rocky porque en aquella época y en este país las leyes de copyright las solían agarrar terceros para obligarlas a pasar por el proceso administrativo que formalmente se conoce como frotárselas contra las pelotas. Rocky, que sería lanzado como Rocco en el Reino Unido para evitar demandas, era una copia descarada del Punch-Out!! de Nintendo con lustre castizo: los contrincantes tenían nombres como Cimbe-Lin o Ted Matare y las limitaciones del juego hacían que los diferentes oponentes siempre tuviesen cara de Lupin III. Azpiri concibió la portada tras repasar la película de Stallone y los tebeos pugilísticos (Big Ben Bolt), y el éxito de la misma propició una montaña de nuevas colaboraciones: Cobra’s Arc, West Bank, Arquímedes XXI o el simulador de caminar por un pasillo esquivando cosas Sgrizam. La carátula del plataformas infernal Abu Simbel Profanation se volvería legendaria aunque le ocurriese lo mismo que a Panama Joe con lo de prometer cosas: el Indiana Jones de la ilustración que saltaba sobre una araña monstruosa en la pantalla resultaba ser un culo con patas y ojos y sus enemigos cosas tan temibles como goterones de agua. Camelot Warrior se vistió con otra ilustración fantástica que fundía un dragón amenazante con la caverna que habitaba, y también se sacó cosas de la manga: de la armadura futurista en el juego no había ni rastro. Aquello de tomarse tantas libertades a la hora de ilustrar el material original se convertiría en una costumbre aceptada, muchas veces el propio dibujante no tenía nada más allá de un par de ideas sobre el aspecto del juego y lo importante era crear algo muy llamativo que luciese en el escaparate. Mega-corp era un gran ejemplo de ello, una aventura conversacional que no tenía nada que ver con su cubierta espectacular, en la historia ni siquiera existía una dama en apuros.

Dustin. Meganova. Phantis. Army moves. Krypton riders. Nonamed.
Dustin. Meganova. Phantis. Army Moves. Krypton Riders. Nonamed.

Dustin, una aventura en la que el objetivo era fugarse de la cárcel, recibió una portada genial. Phantis explotó el exitoso concepto de chica con vestuario poco práctico  frente a muro de monstruos con aires a los goblins de Terry Jones. El celebrado Army Moves, exigente propuesta multicarga que combinaba desde el shoot’em up a la acción a lo Green Beret o los tiroteos en un jeep saltarín, convertía al vehículo de la primera fase en protagonista. Los lápices del dibujante también engalanarían Mike Gunner, Phantomas junto a su secuela inmediata, Krypton Raiders, Alí-Bébe y otros títulos menores como Nonamed o Meganova agraciados con portadas espectaculares.

R.A.M. Mad mix game. Ulises. Mot. Sirwood. Poogaboo.
R.A.M. Mad Mix Game. Ulises. Mot. Sirwood. Poogaboo.

Cuando el resto de compañías españolas contemplaron el trabajo de Azpiri en el campo de los videojuegos rápidamente buscaron su nombre en la agenda para hacerle carantoñas, el artista a lo largo de los años colaboraría con todas ligando su firma definitivamente a la etapa más boyante del software español. Abrillantaría obras para Opera Soft como Chicago’s 30, Corsarios, Gonzzalezz donde el objetivo era lograr sobrevivir a los sueños surrealistas producidos por la siesta, Olympic Games ’92, Mithos, Sirwood, el simulador de pelota vasca Jai alai, la reinvención del comecocos de Mad Mix, Ulises, el espectacular dibujo para el menos espectacular Rescate en el Golfo que iba de terroristas y aviones mucho antes del 11-S o Trigger. También otorgaría a un programa de fútbol una portada que no daba pena en Mundial de fútbol y lograría que la carátula fuese lo mejor de un juego en Poogaboo una olvidable secuela tardía de La pulga el primer videojuego español. Opera le devolvería el favor llevando a las pantallas a uno de sus personajes de cómic: Mot, un éxito entre las páginas de El pequeño país, se convertiría en un juego con una primera parte con formato de tebeo y un segundo acto con monstruo repartiendo galletas en mundos de fantasía.

Viaje al centro de la tierra. Rescate en el Golfo. Lorna.
Viaje al centro de la tierra. Rescate en el Golfo. Lorna.

Topo Soft sería la otra compañía que bucearía en sus viñetas para convertirlas en sprites: Lorna, el cómic erotico-festivo de Azpiri que paseaba curvas por Playboy y Heavy metal, había pasado por las manos de Dinamic pero al final sería Topo Soft la encargada de producirlo y venderlo con una extraordinaria ilustración panorámica que condensaba casi todos los puntos comunes del trabajo del dibujante. Junto a aquella compañía el artista también colaboraría en la molona portada de Black Beard, el arcade de carreras de cuadrigas Coliseum, El mundo perdido, Luigi en Circusland, Desperado y su secuela, la dinámica ilustración para Ice Breaker, Metropolis, Stardust, Wells & Fargo, Titanic, Tuareg, Silent Shadow o Temptations. Entre los encargos de esta empresa el autor pariría algunas de sus mejores portadas: la furiosa imagen que vendía R.A.M. un arcade mercenario, el cuadro que hacía olvidar que Zona 0 era un plagio sinvergüenza de la secuencia de las modos de Tron (una ilustración que compartía con la de Rescate en el Golfo el recurso de Azpiri del rostro gigantesco cuyos tentáculos invaden el espacio) y la excelente, y enorme, composición para el juego con alma de superproducción titulado Viaje al centro de la tierra.

Gonzzalezz. Black beard. Bronx. Coliseum. Desperado. Zona 0.
Gonzzalezz. Black Beard. Bronx. Coliseum. Desperado. Zona 0.

Para Animagic el dibujante facturaría la muy macarra portada de Bronx. Y para Delta la imagen, con primo de Mot al fondo, de Sideral War. En total entre anuncios y portadas Azpiri calcularía que habría contribuido con unas doscientas piezas al panorama del ocio digital, muchas de las cuales se reúnen en el libro recopilatorio Spectrum. Entre algunos de sus trabajos inéditos o menos conocidos se encontrarían las carátulas de títulos que no llegaron a publicarse en su momento como Vega Solaris (finalizado en el 89 y rescatado años después en MadriSX & Retro 2005) Alhambra Tales o Zero Kelvin y otras que directamente no se utilizaron como las realizadas para After The War o Satan que fueron sustituidas por piezas de Luis Royo.

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After The War (alternativa). Alhambra Tales. Satan (alternativa). Zero Kelvin. Ilustración para Ocho quilates. La corona encantada. Dead Synchronicity. La diosa de Cozumel (alternativa).

La colmena, un desastroso juego erótico de tablero en formato digital sería una de sus últimas colaboraciones (y para en ella el hombre también dibujaría un buen montón de ilustraciones de temática picante/tontorrona que se mostraban durante la partida), se trataba de un programa del que hoy en día solo se recuerda que se autocensuró cubriendo con un par de alas el culo de la imagen principal.

El legado de Azpiri llegó a marcar tanto que su firma se asocia con la nostalgia de la época e incluso se recupera con regularidad: se encargaría de la portada de Dead Synchronicity una reciente aventura para Windows e iOS, la carátula de videojuegos para ordenadores obsoletos publicados en la época actual como el brillante La corona encantada y la que debiera de ser su secuela Los templos de fuego, una versión alternativa de la portada de Dark Souls II, el cartel de la película Rojo sangre y el cortometraje Dvd y diseñaría nuevas versiones de clásicos del videojuego para el libro Ocho quilates de Jaume Esteve (entre ellas una para La abadía del crimen, cuya portada original era de Juan Delcán) o una cubierta alternativa para la aventura La diosa de Cozumel que acompañaría una reedición moderna en el difunto formato de cinta.

Smaily. Power magic. Freddy Hardest. Freddy Hardest en Manhattan sur. Capitán Sevilla. Los pájaros de Bangkok.
Smaily. Power Magic. Freddy Hardest. Freddy Hardest en Manhattan sur. Capitán Sevilla. Los pájaros de Bangkok.

Otros dibujantes ilustres también se asomarían por aquellas casetes, Enrique Ventura se encargaría de Rescate Atlántida, Freddy Hardest y su olvidable secuela. Max de Capitán Sevilla el único superhéroe cuyo combustible eran las saludables morcillas. Rafael Negrete se ocuparía del diseño de la portada de Los pájaros de Bangkok, una aventura del Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán. Y el ilustrador Pedro José Martín de los Santos firmaría las llamativas entradas para Powermagic y Smaily.

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Game Over.

Luis Royo es conocido por ser el principal suministrador de avatares interneteros para la comunidad gótica, y además de eso también un admirado artista del aerógrafo que ha lucido criaturas en Heavy metal, Comic art, El víbora o National Lampoon, un ilustrador cuyos libros recopilatorios parecen no pasar de moda nunca. Su aportación al videojuego español destacaba por dotar de lustre instantáneo a cualquier producto, lo majestuoso e imponente de su trabajo creaba la falsa impresión de que cada uno de aquellos programas era una auténtica superproducción. Aunque en muchas ocasiones las obras no surgían de encargos específicos del medio sino que se pescaban de su catálogo, razón por la que resulta habitual encontrarse diferentes productos de distintos medios luciendo la misma cara: La aventura con monstruo gigante Ciberbig compartiría portada con la novela Un fuego en el sol de George Alec Effinger, y la imagen de fachada de La aventura espacial no solo no estaba relacionada con el juego que envolvía sino que además también ilustraba otra novela ciberpunk de Effinger.

La diosa de Cozumel. La aventura espacial. Los templos sagrados. Satan.
La diosa de Cozumel. La aventura espacial. Los templos sagrados. Satan.

Royo se encargaría de cubrir la trilogía de Cozumel: La diosa de Cozumel, Los templos sagrados (cuya portada con bestia colosal incluida tenía poco que ver con el juego en realidad) y Chichen Itza. Y sus pinturas proporcionarían fachadas para Hundra, Comando Tracer, el After The War que encabeza este artículo, Narco Police o la genial cubierta de El capitán Trueno.

El capitán Trueno.
El capitán Trueno.

Aunque su obra no escaparía de tirar de un morro evidente a la hora de buscar inspiración: Navy Moves, una producción notable de fases muy variadas con una dificultad demencial que solo conseguía que la mayoría de sus jugadores no pasasen de los primeros segundos de partida, tenía por imagen una composición peliculera extraordinaria que fusilaba sin vergüenza la estampa de Arnold Schwarzenegger en el póster de Commando.

Navy moves vs Commando.
Navy Moves vs Commando.

Su Turbo Girl utilizaba a Brigitte Nielsen como modelo sin pedir mucho permiso, La aventura original incluía un clon, inexistente en el juego, de Luke Skywalker y la espectacular portada de Satan calcaba algún fotograma de Willow y otro de Los diez mandamientos. Por lo menos el resultado de tanta inspiración ajena eran portadas asombrosas porque otros como David Sueiro plagiaron con mucha menos fortuna a Conan en una cubierta de videojuego. La polémica real en el caso de Royo llegaría con las tetas al aire: el escotazo de Game Over sería censurado con un parche a la hora de exportar el juego.

El poder oscuro. Senda salvaje. Comando quatro. Jungle warrior. Autocrash. Kong’s revenge.
El poder oscuro. Senda salvaje. Comando quatro. Jungle Warrior. Autocrash. Kong’s Revenge.

Ángel Luis Sánchez desgraciadamente suele ser uno de los grandes olvidados a la hora de hacer recuento de portadistas excelsos de la época. Trabajando para Zigurat consumó llamativas estampas para Comando quatro, Senda salvaje, Jungle Warrior, Autocrash, Kong’s Revenge e ideó aquella imagen de excesiva armadura para la cubierta de El poder oscuro que un dibujo que no guardaba apenas relación con el juego. Fernando San Gregorio sería otro artista con una suerte similar: no siempre se recuerda lo suficiente que de su aerógrafo salieron obras para Emilio Brutagueño 2, Míchel Fútbol Master, Aspar G.P. Master, Drazen Petrovic Basket o diseños de recopilaciones como el Top by Topo.

Aspar GP Master. Top by Topo. Emilio Brutagueño 2. Drazen Petrovic basket.
Aspar GP Master. Top by Topo. Emilio Brutagueño 2. Drazen Petrovic Basket.

Nadie dibuja el metal y los harapos como Juan Giménez, un argentino que introdujo sus maravillas en las páginas de Comix International y Zona 84 para acabar legando al mundo junto a Alejandro Jodorowsky la saga de los Metabarones. Sus personajes con armaduras excesivas y tejidos trasquilados saltaron al mundo del videojuego sin dificultades: Soviet y Livingstone supongo II demostraban que el hombre era capaz de hacer portadas impresionantes cascando en ellas tan solo a un personaje estático. Guillermo Tell y Mutan Zone lucían su maña con el diseño de armaduras. También se haría cargo de Golden Basket, Defcom 1, Casanova, la aventura conversacional Ke rulen los petas (que venía escrita en un insoportable lenguaje protocani), y de la tetaxplotation descarada de Toi Acid Game, un juego que combinaba dos modas imposibles de los primeros noventa: los Tois que salían en el Bollicao de la merienda y los smileys. La espectacular fachada de Sol negro, ciencia ficción condensada en una pareja de pose badass, sería una de sus mejores piezas de la época.

gimenez
Mutan Zone. Ke rulen los petas. Guillermo Tell. Livingstone supongo II. Soviet. Toi Acid Game. Casanova. Sol negro.

Ciruelo Cabral es un argentino especializado en dibujar dragones, lo que siempre está bien pues no hay los suficientes documentalistas de dragones en el mundo, y habitante habitual de los mundos de fantasía: se encargó de las portadas de Chronicles of the Shadow War la trilogía de novelas que expandían el mundo de Willow, de ilustraciones de cartas de Magic, colaboraciones para Playboy o Heavy metal y creador de la técnica de los petropictos que consiste en realizar ilustraciones sobre piedras aprovechando su relieve, su portada para el disco The 7th Song de Steve Vai está realizada con dicha técnica. El paso de Ciruelo por el mundo del software español fue efímero pero notable, su firma se puede encontrar en las fabulosas portadas del colorido y frenético A.M.C. y la aventura conversacional Jabato.

Ciruelo
A.M.C. Jabato.

Ricardo Machuca era el gracias-por-venir del grupo, no era especialmente diestro con el diseño y los pinceles y aquello se acentuaba más al compararlo con el elevado nivel de sus contemporáneos. Participó con competencia en diversos campos, se encargaría de los dibujos in game de la versión PC de Los pájaros de Bangkok, pero en el caso de las cubiertas perpetró piezas menores como Cosmic Sheriff, Bestial Warrior o La guerra de las vajillas, un juego cuyo humor jugaba con cosas tan peligrosas como tener un personaje cegato llamado Obi-Juan-Que-no-ve, creaciones que no por feuchas ocupan huecos más olvidados de la nostalgia. Sus carátulas eran como aquellos juguetes de muñecos cascados de la infancia, eran imperfectas pero seguían siendo parte de nuestra nostalgia. Ricardo, te queremos.

Machuca
Bestial Warrior. La guerra de las vajillas. Cosmic Sheriff.

La mención especial es para el recientemente desaparecido José María Ponce ilustrador de carrera extensa, cuyos dibujos y firma escondidas alegraban los libros escolares de Anaya y Santillana, que ha pasado a la memoria del ocio digital en España por creaciones que no revestían casetes de videojuegos sino a la familia cercana: fue el culpable durante años de gran parte de las portadas de la primigenia revista Microhobby. Y a su trabajo se le puede echar un ojo aquí mismo al ojear los primeros números de la publicación.

Ponce