Más raro que un vinilo verde

Foto: DP.

En 1989, Sony canceló la producción de discos de vinilo cuando el reluciente compact disc, que llevaba siete años haciéndole ojitos al público y presumiendo de higiene sonora, se merendó por completo el mercado hasta convertir los surcos musicales en un soporte obsoleto.

En 2012, la banda The Flaming Lips publicó un disco en vinilo relleno con la sangre real de los músicos que participaron en él.

En 2018, Sony inauguró en Japón una fábrica de dos plantas para producir vinilos porque los LP llevaban cuatro años seguidos incrementando las ventas en aquel país, y la única factoría del lugar dedicada a planchar discos no era capaz de cubrir la demanda. En el resto del mundo sucedió algo parecido, las ventas de vinilos se dispararon durante 2016 hasta alcanzar cifras que el formato no reconocía desde principios de los noventa. Unos números que significaban ganancias ínfimas para unas compañías concentradas en recaudar con el streaming digital. Pero, al mismo tiempo, unas cifras que insinuaban que el vinilo se había convertido en el soporte preferente para coleccionar música. La cadena de tiendas Best Buy ha anunciado que dejará de vender CD en sus establecimientos durante el verano de 2018 porque ya no los compra ni dios. En Europa, las fábricas especializadas en prensar vinilos musicales (GZ Media en la República checa y Record Industry en los Países bajos) fabrican más de cien mil discos diarios y no cubren todas las peticiones del mercado.

La veneración por el disco de vinilo es comprensible: se trata de un artefacto fantástico, una aguja que navega a través de surcos microscópicos y cuyas vibraciones generan música. Un proceso que conlleva un ritual laborioso y físico donde es necesario hacer girar el objeto y depositar la aguja sobre su superficie. Lo icónico de su imagen supera en glamur tanto a los reflejos del compact disc como al clic en Spotify, y su encanto no solo parece un antojo de los nostálgicos, porque las nuevas generaciones dan la impresión de asumir la existencia del vinilo como el modo ideal de comprar música en formato físico, sobre todo teniendo en cuenta que muchos LP actuales incluyen una descarga digital del álbum para que ni siquiera sea necesario quemar el tocadiscos. Se trata de un revival que no parece disparatado en una sociedad amiga de chapotear en el síndrome de Diógenes: si existe gente dispuesta a pagar trescientos dólares por la edición de coleccionista de un videojuego, no resulta extraño que haya seres soltando un par de billetes por la música que les gusta en un formato que conserva tanto romanticismo.

Pero lo mejor del disco de vinilo es que se trata de un soporte cuya presencia física ofrece a los artistas muchas posibilidades. Tantas y tan variadas como para que el título de este artículo sea una solemne mentira, porque un vinilo verde es una de las cosas menos extrañas que se pueden encontrar girando sobre un tocadiscos.

Música líquida

En 2012, el marciano Wayne Coyne, comandante de los también extraterrestres y geniales The Flaming Lips, explicaba a un periodista de Pitchfork: «Todavía no tengo la sangre de todos los colaboradores, pero ya he recogido unos cuantos viales y están guardados en mi nevera mientras hablamos»; aquella sangre de la que Coyne hablaba era el ingrediente principal de un disco de vinilo. Entre 2011 y 2012 los psicodélicos de Oklahoma grabaron The Flaming Lips and Heady Fwends, un disparatado álbum colaborativo en el que participó una tropa envidiable de artistas entre los que se encontraban Bon Iver, Ke$ha, Nick Cave, Tame Impala, Erykah Badu, Chris Martin, Neon Indian y gente como Yoko Ono. Algunos de ellos, además de participar musicalmente, también donaron una parte de sí mismos cuando a la banda se le ocurrió publicar una edición especial y limitadísima (diez unidades) del disco que contenía en su interior la sangre de los artistas. Cada copia del álbum se vendió por la módica cantidad de dos mil quinientos dólares («es una edición para fans ricos de The Flaming Lips») y la pasta recaudada se destinó a asociaciones caritativas. El mejor detalle de aquel producto de lujo era una pegatina a modo de cerrojo que rezaba «ADVERTENCIA: No rompas este sello. […] Este producto ha sido ideado a modo de objeto de exposición y no debe de ser abierto. […] En caso de abrirlo, que sea bajo su responsabilidad. La sangre no ha sido esterilizada. […] Hecho por freaks en Oklahoma con mucho amor y cariño».

Wayne Coyne explicando que ha parido un disco vampiro.

Pero Coyne y compañía no fueron los únicos que se animaron a inyectar plasma vital en la música. Un par de años más tarde la formación Perfect Pussy publicó Say Yes to Love en un formato muy singular: un embalaje dominado por el blanco impoluto que en su interior contenía un LP fabricado a base de mezclar vinilo con la sangre menstrual de la cantante del grupo, Meredith Graves. Otros habitantes de las galaxias que también rellenaron un disco con sus fluidos fueron los Aliens de James Cameron: la compañía Mondo, una empresa especializada en fabricar ediciones muy agraciadas de bandas sonoras, celebró los treinta años del film publicando la música compuesta por James Horner en una tirada de setenta y cinco discos rellenos de «sangre de xenomorfo» verde y viscosa. Y los machetazos de Jason Voorhees provocaron que otra banda sonora llegase con las entrañas rellenas de sangre (falsa). Waxwork Records publicó un centenar de copias de la música de Harry Manfredini para la película Viernes 13 en discos transparentes con un espeso líquido rojo en su interior.

Black hole, Whortless, Pink Floyd, TMNT, Happy Body Slow Brain, Aliens, Friday the 13th.

Los discos repletos de líquidos pronto dejaron de ser anécdota para convertirse en recurso molón: en el interior de la banda sonora de El abismo negro (The Black Hole) bailaban aguas de colores a modo de caleidoscopio psicotrópico. Worthless publicó su single Greener Grass en una edición exclusiva que convertía los vinilos en lámparas de lava a juego con la música. El EP Let’s Kick Shells de las Tortugas ninja (Teenage Mutant Ninja Turtles) duraba unos escasos ocho minutos, incluía tonadillas tanto de la serie ochentera como del videojuego de los salones recreativos, y llegaba embalado en un atractivo disco de vinilo que albergaba cuatro tortuguitas flotando en mocos verdes mutantes. Ghost inyectó aceite y purpurina dorada a Popestar, agua roja a From the Pineacle to the Pit y publicó varias versiones de Majesty  que alojaban líquidos de color rojo, azul y caca. Integrity acogió en su catálogo una edición de Humanity Is the Devil con un mar de tinta roja y negra en su interior. Pink Floyd, Metallica y David Bowie descubrieron que los coleccionistas traficaban con versiones no oficiales de sus discos inyectadas en colores líquidos. La banda Happy Body Slow Brain le dio una vuelta de tuerca al asunto al lanzar su Dreams of Water dentro de una funda rellena de purpurina y agua azulada. Tennessee Jet publicó Reata en el exclusivo formato «Crow & coke»: un disco relleno de dos pequeños ríos de Coca-Cola real y whiskey no inflamable. Fue una edición especial que tuvo a su vez ediciones especiales, la «Texas Tea» estaba rellena de aceite y en Japón se publicó una copia cargada de whiskey rojo.

Tennessee Jet, David Bowie, Ghost.

El caso del Demon Days de Gorillaz es curioso: el disco se planchó en dos LP en una pequeña tirada europea durante 2005, y lo escaso de las copias originales disparó su precio hasta los trescientos dólares en el mundo del coleccionismo. Como consecuencia, comenzaron a brotar infinidad de copias piratas de lo más creativas: vinilos azules, transparentes, con textura de mármol, en combinaciones perla/rosa o azul/verde, en tonalidades púrpuras sobre plástico transparente e incluso rellenos de líquido de colores variados. En 2017, se reeditó por fin Demon Days en una tirada limitada de discos de color rojo (en 2018 se reeditaría en los vinilos de toda la vida). Entre tanto, en internet, los coleccionistas se siguen peleando y arrojando billetes unos a otros para conseguir el original o, lo que es más delirante, la copia pirata original. En un momento dado alguien muestra una edición en YouTube que, además de estar rellena de aceites de colores, incluye juguetes flotando en su interior y nadie tiene claro de dónde coño ha salido eso.

Este disco se autodestruirá

«Escúchalo antes de comértelo» era la recomendación que acompañaba a la edición más singular de By Your Side de Breakbot, una versión del álbum moldeada en chocolate que realmente se podía escuchar si llegaba sin mordiscos hasta el plato del tocadiscos. El cantante croata Gibonni copiaría la ocurrencia pastelera al presentar su 21th Century Man como un single de chocolate que también podía convertirse en merienda.


La edición en chocolate de By Your Side de Breakbot. El futuro era esto.

The Durutti Column se estrenaron en el mundo de la música con un disco titulado con guasa, The Return of the Durutti Column. Mucho más simpático resultaba ser el concepto detrás de su edición física en LP, porque a la banda se le ocurrió empaquetar el álbum en una carpeta de lija para que, al colocarse entre el resto de la colección de vinilos del propietario, jodiese los discos que tenía a su alrededor. Nik Colk Void publicó el Oro EP en una carpeta fabricada con un plástico degradable que era en realidad una copia del propio disco que contenía, con lo que la propia funda del extended play podía ser pinchada y reproducida. Lo efímero del material utilizado era parte de la ocurrencia de aquel Oro EP, porque la idea era que, a causa del desgaste por el paso del tiempo, el sonido fuese mutando y evocando la idea de un disco vivo.

El tema «Blue Ice» de Shout Out Louds se presentó en un disco de hielo, un single de vida efímera que el propio usuario tenía que fabricarse en su casa. Una ocurrencia de los creativos de TBWA Stockholm que incluía un molde y una botella para que el propio comprador elaborase el disco en su congelador como quien se hace unos cubitos de hielo.

Blue Ice de Shout Out Louds. La música congelada.

Contenido extra

Liars embutió lana de colores bajo los surcos del vinilo de su Mess on a Mission. Emperor Yes decidió hacer galáctico su An Island Called Earth añadiendo como ingrediente del disco un poco de meteorito triturado en un mortero, una «especia espacial, pimienta cósmica». The Spook School, The Jazz June y Dads lanzaron discos transparentes rellenos de purpurina. El Subtle Cruelties de Barren Harvest contenía hojas otoñales reales cuyo relieve provocaba que cada una de las cien copias sonase diferente. Hellmouth fueron los más cafres a la hora de añadir ingredientes, se hicieron con una biblia alemana de finales del siglo XIX, le prendieron fuego y mezclaron sus cenizas con el policloruro de vinilo para dar forma al long play titulado Gravestone Skylines. En Eohippus optaron por ser los más cochinos, su single Getting Your Hair Wet with Pee llegó (para sorpresa de nadie que hubiese estado atento al título de la canción) adobado con pelo y pis de los miembros del grupo. A los coleccionistas más pudorosos aquello les supuso un bonito problema, porque los pelos añadidos al vinilo asomaban con alegría más allá del borde del mismo.

Liars, Hellmouth, The Jazz June, Karen Elson, Emperor Yes, Eohippus.

La belleza de lo raro

Money Mark publicó Maybe I’m Dead en un 10″ recortado con la silueta de un chihuahua. Talk Talk distribuyó «Living in Another World» en un picture disc como una mariposa con un tigre impreso en sus alas. Kate Nash regaló a sus fans un corazón que contenía la romántica «Free My Pussy». El Broccoli de D.R.A.M. apareció en forma de brócoli antropomórfico liándose un canuto de brócoli. Snow Patrol publicaron un single para Spiderman 3 con forma de telaraña. La banda sonora de Batman: the Animated Series lucía el contorno del símbolo de Batman. Tangerine Dream produjo un disco con la silueta de Polonia y a Less Than Jake se les ocurrió poner a la venta Cheese en un vinilo con la forma de una porción de queso, agujeros incluidos.

Reverends, Sounds in Space, Little Wings, Talk Talk, Boyz Noize & Eron Alkan, Golden Boots, Lemon Jelly.

Reverends plancharon Derealization Blues en diferentes vinilos adornados con ojos flotantes, salpicaduras de tinta o con pedazos del tracklist embutidos bajo el plástico en forma de papel hecho trizas. El single Ghostbusters de Ray Parker Jr se manifestó en al menos tres formas  sorprendentes: como un disco recortado con la forma del logotipo de Los cazafantasmas, en una versión que brillaba en la oscuridad y también en una edición conmemorativa que olía a marshmallows. True Colors de Split Enz talló dibujos sobre su superficie tirando de láser y otorgando al plástico la apariencia de un CD grabado. Boyz Noize & Erol Alkan también quisieron hacer pasar un LP por un CD al imprimir la imagen de un CD regrabable sobre la superficie de sus remixes de Lemonade (un disco que se denominaba a sí mismo «Ultra rare format Phantasy CD-R 12” disc Lemonade edition»). Lemon Jelly autoeditó Soft/Rock envuelto en una funda hecha con pantalones vaqueros que contenía un condón en uno de sus bolsillos. Y Public Image Ltd colocó Metal Box en las tiendas envasado en el interior de una lata de rollos de cine. La banda sonora de Star Wars: el despertar de la fuerza obtuvo una edición en dos LP que incluían efectos especiales propios: hologramas de un TIE-Fighter y el Halcón Milenario que flotaban sobre las pistas si el disco estaba en marcha bajo la luz adecuada.

Ghostbusters.

El sello People In A Position To Know (Piatik Records) se especializó en convertir en realidad locuras sorprendentes: discos mutantes con múltiples agujeros que permitían instalar el vinilo sobre el plato del tocadiscos en posiciones inusuales (y que además contenían cosas como sonidos del espacio exterior). El Opus VI de Kasparian publicado en una edición limitadísima taladrada sobre un espejo. Singles de varios artistas (Little Wings, Money Mark, American Monoxide o Julien Gasc, entre otros) editados en compact discs híbridos que podían reproducirse tanto en un lector de CD como en un tocadiscos gracias a los surcos horadados en sus superficies. O un disco (Bland Caynon Adventure de Golden Boots) con una portada para colorear acompañada de un pack de acuarelas y la promesa de enviar una copia del álbum con canciones inéditas a todos aquellos que remitiesen la foto de la cubierta coloreada (algo que solo hicieron diez personas).

Jack White y Third Man Records

En el universo de la música en formatos delirantes, Jack White ocupa probablemente un trono importante al haber participado en todas las ocurrencias chifladas posibles a través de su propio sello discográfico, Third Man Records. Su Sixteen Saltines se publicó relleno de un líquido azulado. Editaron discos tricolores, bicolores, con imágenes grabadas sobre su superficie, con carpetas que emitían melodías al abrirse al estilo de una tarjeta musical, fabricados sobre radiografías de rayos X, con materiales que brillaban en la oscuridad, con etiquetas de fieltro azul, e incluso en el simpático «tamaño Texas» de ocho y trece pulgadas frente a las siete y doce habituales. Blue Blood Blues de The Dead Weather se presentó en un doce pulgadas en cuyo interior habitaban dos canciones inéditas en otro disco de siete pulgadas, y para escuchar el segundo era necesario rajar con un cuchillo el borde del primero y extraer de sus entrañas el 7″. The Ghost Who Walks de Karen Elson incluía el olor a melocotón como extra, y el Vicious de la misma artista llevaba embutidos pétalos de rosa en el disco. Para la banda sonora original de El gran Gatsby, la editora hizo historia al atreverse a producir la primera pareja de discos fabricados en oro y platino, una lujosa edición embalada en una caja de madera con dibujos tallados a láser. Boarding House Reach, del propio White, se publicó en nueve versiones distintas que solo se diferenciaban en una frase pronunciada en uno de los temas. Y para celebrar el aniversario del desaparecido Carl Sagan editaron una copia de A Glorious Dawn sobre un vinilo que llevaba impreso en una de sus caras el esquema que viaja a bordo de las Voyager.

Single líquido de Sixteen Saltines y banda sonora original de El gran Gatsby.

La recopilación The First Three Years of Blue Series Singles on One LP at 3 RPM fue uno de los productos más extraños de la industria musical: cincuenta y seis canciones de Third Man Records embutidas en un disco de doce pulgadas, algo que era físicamente imposible pero se había logrado a base de acelerar los temas hasta el absurdo. Un recopilatorio, regalado en exclusiva a los asistentes al tercer aniversario del sello, que solo podía ser escuchado a tres revoluciones por minuto. Teniendo en cuenta que los tocadiscos giran habitualmente a 33 o 45 RPM, aquello forzaba al usuario a frenar la velocidad del disco a mano, una tarea imposible que convertía la rareza en una maravilla inservible. La joya de su catálogo es la edición ultra-LP del Lazaretto de Jack White, por culpa de todas las cosas inusuales que contiene: bajo las propias etiquetas del vinilo se incluyen dos pistas ocultas que la aguja es capaz de leer (una de ellas a 78 RPM y la otra a 45 RPM, convirtiendo el artefacto en el que probablemente sea el primer disco a tres velocidades de la historia), la cara A del vinilo se reproduce desde el centro del mismo hacía afuera (al contrario que la de cualquier disco normal) y el surco desemboca en un loop eterno en el borde exterior, la canción «Just One Drink» incluye dos intros diferentes (una acústica y otra eléctrica) que varían dependiendo de dónde se deje caer la aguja, la cara B tiene un acabado en mate, y el LP, al ser reproducido bajo la luz adecuada, proyecta un pequeño holograma de Tristan Duke con forma de ángel.

Third Man Records también tiene el honor de haber efectuado el lanzamiento (literal) más disparatado y absurdo al editar Freedom at 21 en formato flexi-disco. Un single que, tal y como se había anunciado, solo estaba disponible vía «globo de helio»: White y sus socios ataron mil copias del disco a mil gigantescos globos de helio biodegradables y los soltaron a su aire un 1 de abril de 2012.

Third Man Records

Tus muertos

La propuesta más fascinante, siniestra y asombrosa viene de mano de And Vinyl, una compañía británica que permite a cualquiera protagonizar su propia tirada de discos post mortem en el sentido más completo de la palabra. La empresa ofrece la posibilidad de embutir, previo paso por el crematorio, las cenizas de un fallecido en un LP. Un disco (del que se publica una treintena de copias) sobre el que se grabará cualquier tipo de recuerdo sonoro del finado: mensajes para los familiares, testamentos, una banda sonora personalizada, quejas varias, epitafios simpáticos o cualquier cosa que el artista principal considere que es buena idea dejar como legado sonoro a sus seres queridos. Todo ello empaquetado en una edición con carátula personalizada a base de fotografías del fallecido o cualquier otro material gráfico representativo. La empresa incluso ofrece la posibilidad de distribuir el álbum en «tiendas de discos de fiar» (¿?). En general, lo que vienen a ser vinilos a modo de ataúdes sonoros que sustituyen la ceremonia de rellenar el nicho en el cementerio por el ocupar un hueco en la estantería. Un concepto que suena a humor negro y a locura para excéntricos, hasta que uno se para a observar a aquellos que demandan el servicio y descubre que sus motivaciones, volver a escuchar la voz de un ser querido, evidencian que todo es más tierno de lo que parece.



And Vinyl y la vida más allá del vinilo.

Zoótropo

El zoótropo fue ideado por el británico William George Horner en 1834. Consistía en un mecanismo con forma de tambor en cuyo interior se alojaba una secuencia de dibujos que componían una animación si el usuario hacía girar el cilindro. Vendrían a ser algo así como los GIF del siglo XIX, una versión primitiva de los dibujos animados.

Los vinilos-zoótropos son un juguete tan fabuloso de contemplar que resulta extraño que no existan más sellos pintando con secuencias animadas su música. King Gizzard & The Lizard Wizard elaboró una versión muy espectacular de Murder of the Universe que incluía dos zoótropos maravillosos con calaveras de estómago fino y cocodrilos incansables. El dúo artístico Sculpture elaboró ingenios como Plastic Infinite, un disco que al ser observado a través de una cámara a 25 fps con alta velocidad de obturación se convertía en una animación asombrosa. Dj Food lanzó un pack (The Search Engine) donde cuatro EP embellecidos con zoótropos se acurrucaban junto a otros juguetes visuales. Kate Bush hizo corretear a un hombre pez en una remezcla y Allan Gravgaard Madsen puso a bailar a las figuras geométricas de su Waves / Crystal Tapestry. Lary dejó que el arte de Future Deutsche Welle adquiriese vida propia al girar sobre un plato.

Uno de los ejemplos más hermosos de zoótropo en vinilo llegó de la mano de Bonobo cuando decidió que el single Cirrus transportaría a la superficie del disco el extraordinario vídeo musical de la canción. Una docena de pulgadas que al ser contempladas a través de un mecanismo especial, incluido junto al disco, desvelaban un zoótropo fabuloso:

Todos ellos tenían un precursor eminente: los discos/juguetes de Red Raven Movie Records. Un artilugio para niños ideado en los años cincuenta que venía en una caja etiquetada como Magic Mirror. Una pack de vinilos con canciones infantiles que gracias a un quiosco de espejos se convertía en un carrusel de pequeñas películas de dibujos animados:

Red Raven Movie Records. Se puede echar un vistazo al resto aquí.


¿Cuál es la banda sonora ideal para Halloween?

Fieles a la tradición, Halloween es tras las Navidades nuestra fiesta favorita. Solo le faltan los regalos y un discurso del rey vestido para la ocasión. Ojalá llegue el día. Mientras tanto únicamente nos queda prepararnos para la noche que está al caer: ya tenemos listo nuestro disfraz, hemos elegido una película acorde al momento y… la música, eso tenemos pendiente aún. Aquí va entonces una selección para que escojamos la que merecería ser el himno de semejante acontecimiento, voten su favorita o, como la lista sería interminable, añadan las que consideren oportunas.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)

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«Werewolves of London», de Warren Zevon

No es posible hablar de terror y que no aparezca mencionado en algún momento Stephen King, así que empecemos por él. Una de sus últimas novelas, Doctor Sueño (continuación de El resplandor) está dedicada a quien fue gran amigo suyo, Warren Zevon, basta leer la letra de este tema para descubrir la afinidad entre ambos. Seguro que más de una vez habrá canturreado esa bonita aliteración de «Little old lady got mutilated late last night»… La inspiración de la canción provino de uno de los componentes de los Everly Brothers, que vio la película Werewolf of London la noche anterior y se la comentó a los músicos que por entonces le acompañaban en su gira, Zevon y Waddy Wachtel. Este último lanzó un aullido que formaría parte de la composición, mientras bromearon sobre un hombre lobo con el menú de un restaurante chino en la mano. Para la parte musical Zevon tampoco se complicó la vida, teniendo a mano el tema «Shambala» de Three Dog Night, y muy especialmente la conocidísima «Sweet Home Alabama». Que si es sincronizada con «Werewolves of London» cuesta distinguir donde empieza y termina cada una.

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«Halloween», de Helloween

Cómo podríamos olvidarnos del metal alemán en general y de este grupo en concreto, cuyo nombre además de aludir a esta festividad incluye en su logo una Jack-o’-lantern, las características calabazas con rostro maléfico y una luz en su interior previamente ahuecado. Del repertorio de este grupo hamburgués valdrían muchas, pero la que ven sobre estas líneas es evidentemente la más apropiada.

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«I Want Candy», de Bow Wow Wow

Muchos de nosotros crecimos siendo advertidos por nuestras madres de señores que repartían caramelos con droga en la puerta de los colegios. Unos personajes que adquirieron un aura siniestra comparable a la de fantasmas, vampiros y zombis, todos ellos capaces de robarnos el alma. Luego crecimos y descubrimos con decepción que la droga no solo no se regalaba sino que salía carísima, por lo que resultaron ser tan ficticios como aquellas otras criaturas de terror. Pero en un nuevo giro de guion llegó internet para mostrarnos que tal leyenda urbana sí tuvo una base real, aquí está. «Su distribución se ha cortado a tiempo y no se cree probable que la droga que contiene haya alcanzado a provocar la adicción en las personas que puedan haberlos consumido», informaban, aunque para tranquilizar a los padres se añadía que «conforme a los resultados de los análisis, el consumo de estos caramelos en pequeñas cantidades no es nocivo y solo provoca un poco de sed». Ah bueno. Un momento… ¿Qué clase de análisis hicieron para concluir que provocan sed? Muy raro todo. El caso es que en Estados Unidos deben ser menos aprensivos y en estas fechas mandan a los niños de casa en casa al grito de «trick or treat» en busca de dulces. Qué mejor banda sonora entonces que el tema de The Strangeloves que esta banda punk inglesa versionó en los ochenta.

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«The Witches Promise», de Jethro Tull

Tal como nos anuncia el título de esta canción de 1970 la letra nos cuenta la historia de una bruja y sus artimañas para confundir a al incauto con el que se cruzó. Pero lo verdaderamente inquietante es en realidad el aspecto que luce Ian Anderson y sus muecas extraviadas. En el 3:07, por ejemplo, nos indica que necesita urgentemente un exorcismo.

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«Ghostbusters», de Ray Parker Jr.

En una década tan generosa en canciones rematadamente pegadizas como la de los ochenta, esta destacó por encima de la media en ese aspecto. Estuvo además perfectamente adaptada a la película, al recrear aquellos anuncios televisivos con los que se daban a conocer los Cazafantasmas. Solo le faltaba ser original. Pero no se puede tener todo, de manera que «I Want a New Drug» de Huey Lewis and the News nos muestra de dónde sacó la inspiración Ray Parker Jr. Una inolvidable película que protagonizó la portada de este número de nuestra revista en papel, en el que encontrarán todo lo que necesitan saber sobre los fantasmas.

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«Halloween», de Siouxsie And The Banshees

Inspirada en su adolescencia por un David Bowie que, a sus ojos, parecía llegado del futuro o de otro planeta, Susan Janet Ballion se cambió el nombre por el mucho más artístico Siouxsie Sioux y acabaría formando esta banda de post-punk que a su vez ejercería una considerable influencia en otros muchos grupos posteriores. Una canción cargada de lirismo que forma parte del álbum Juju, del año 1981.

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«Mi novio es un zombi», de Alaska y Dinarama

Nacho Canut y Carlos Berlanga fundaron a comienzos de los ochenta el grupo Dinarama, al que poco después se sumaría Alaska. Duraron hasta 1989, año en que publicaron uno de sus temas más recordados. Es una canción desenfadada a la que poco se le puede objetar… Miren, no es por ser puntillosos pero vemos durante la actuación a uno disfrazado de Freddy Krueger, cuando este personaje NO es un zombi. Cada criatura de terror tiene su personalidad, sus características individuales, no caigamos en generalizaciones injustas y tengamos un poco de cultura de ultratumba.

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«Scary Monsters (and Super Creeps)», de David Bowie

Cómo no iba a ganarse fama de rarito del espacio alguien que no desaprovechaba la ocasión de cantar sobre hombres de las estrellas, marcianos, astronautas o, como en este tema, monstruos espantosos y supergrimosos. Si quieren leer en más detalle sobre él, aquí tienen este artículo.

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«Black Sabbath», de Black Sabbath

«Black Sabbath» fue un sencillo del disco Black Sabbath, del grupo británico abuelo del metal Black Sabbath. Se diría que no dedicaban mucho tiempo a pensar títulos, pero en realidad el nombre de la canción precedió al del grupo. Después de que su guitarrista Tony Iommi pasara un tiempo con los mencionados Jethro Tull, regresó el mismo año, 1969, en que descubrieron que su nombre previo, Earth, era usado por otra banda. De forma que tras copiar el título de una película de terror de Boris Karloff para dicha canción, decidieron que así es también como serían conocidos. Su letra se inspiró en la experiencia de Geezer Butler, bajista del grupo, que de tanto hacer cosas satánicas en su casa un día se le terminó apareciendo aquello que describe como «una gran silueta negra con ojos de fuego».

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«No es serio este cementerio», de Mecano

Pocas cosas resultan más espeluznantes en este sombrío mundo que los ripios de Mecano. Te asaltan repentinamente, como una niña japonesa del más allá, y una vez que oigas uno ya no podrás olvidarlo jamás: «Y aunque hay buenas tumbas / Están mejor los nichos / Porque cuestan mas baratos / Y no hay casi bichos». En definitiva, una gran canción imprescindible para estas fechas.

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«This Is Halloween», de Danny Elfman

Danny Elfman es el compositor de la banda sonora de prácticamente cualquier película que puedan imaginar. Las ha hecho todas. Desde Hombres de negro, pasando por Misión Imposible hasta Cincuenta sombras de Grey. La melodía de Los Simpson también es obra suya. Una constante a lo largo de su trayectoria ha sido su cercanía a Tim Burton, para quien ha creado la música de casi todos sus filmes. Una de las más conocidas es esta para Pesadilla antes de Navidad, repleta de pavorosas imágenes en su letra: «I am the one hiding under yours stairs / Fingers like snakes and spiders in my hair». Tuvo además una versión de Marilyn Manson.

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«Return Of The Phantom Stranger», de Rob Zombie

En 1978 John Carpenter dirigió una de de las obras cumbre de su carrera artística y del cine de terror en su conjunto, Halloween. Conoció desde entonces tantas secuelas que a partir de la sexta ya perdimos la cuenta. Casi treinta años después llegó el inevitable remake, que estaría a cargo del cineasta y músico Rob Zombie, quien dos años después dirigió también la secuela de ese remake. Estamos por tanto ante todo un experto en lo que a Halloween se refiere, alguien cuya música se distingue por sus connotaciones tétricas y sobrenaturales. Esta canción pertenece al álbum con el que debutó en solitario en 1998.

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«After Dark», de Tito & Tarantula

Hay escenas que salvan películas, que logran incluso independizarse de ellas y seguir su propio camino. Es el caso de la escena del baile en el Titty Twister. No quitaremos méritos a Hayek, gran economista y mejor actriz, pero es indudable que su magnífica banda sonora tuvo mucho que ver en ello. Tito Larriva ya había colaborado con el director en Desperado, tanto en su banda sonora como actuando, y aquí repitió con inmejorable resultado. Como la escena es de sobra conocida merece la pena escuchar esta versión en directo del tema.

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«Hocus Pocus», de Focus

¿Es esta la canción más espeluznante jamás interpretada? Evoca a espectros deambulando por psiquiátricos abandonados, a demonios atrapados en dimensiones ignotas, a criaturas deformes salidas de alguna pesadilla. Es una cosa de locos. No es de extrañar que la utilizaran en uno de los episodios de Supernatural.

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«Thriller», de Michael Jackson

Tras una ardua lucha contra la tentación de dejarlo fuera, finalmente ahí va este tema que no se entendería sin su vídeo. John Landis había estrenado Un hombre lobo americano en Londres (cuyos actores protagonistas mostraron posteriormente su extrañeza porque no incluyera en la banda sonora la citada «Werewolves of London»), film que entusiasmó a Michael Jackson y recurrió a él para rodar un videoclip que superase todo lo visto hasta entonces. Han pasado treinta y tres años y ahí sigue esta maravilla en lo más alto de la cultura pop. Sobre la canción, el vídeo y la trayectoria musical de tan peculiar artista ya publicamos en su día este artículo.

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«Halloween», de The Misfits

Es muy interesante ver cómo un mismo tópico, en este caso la fiesta de Halloween, es interpretado por cada grupo de forma que cada uno aporta su estilo, su particular mirada. Eso es el arte. Así que aquí tenemos de nuevo una canción con el mismo título de otras incluidas en esta lista y también, una vez más, a una banda en la que las fronteras entre la música y el cine resultan muy difusas. Para este conjunto de horror punk originario de Nueva Jersey el género de terror de serie B ha sido una fuente inagotable de inspiración, cuyas canciones a menudo llevan el mismo título que esas películas: «Abominable Dr. Phibes», «Night of the Living Dead», «Astro Zombies», «Return of the Fly»… etc.

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«Somebody’s Watching Me», de Rockwell

Si en plena noche oímos crujir algún mueble podríamos creer en un primer momento que se trata de la madera contrayéndose debido a la bajada de temperaturas… ¿Pero no es mucho más lógico pensar que se trata del espíritu de nuestra abuela muerta que ha recorrido unos cuantos kilómetros para meterse en nuestra casa y hacer esos ruiditos a las tres de la mañana sin otro fin que jodernos? Es de sentido común. Así que, quizá por cercanía a nuestra experiencia, pocos tópicos del género de terror avivan más nuestra imaginación que el de las casas encantadas en las que acecha alguna presencia sobrenatural. De eso trataba este himno a la paranoia en el que también cantaba Michael Jackson, que alcanzó un gran éxito por las mismas fechas que el anterior. Cabe señalar que en buena parte está rodado en primera persona, unos cuantos años antes de que «Smack My Bitch Up» pusiera de moda esa perspectiva en los vídeos musicales.

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Los plagios musicales más sangrantes del siglo XX (II)

noel gallagher

Hace apenas unos días, y a propósito del primer artículo sobre plagios musicales publicado en Jot Down en noviembre de 2012 y firmado por quien redacta estas primeras líneas, una enciclopedia musical andante llamada Isaac Pedrouzo, de cuya amistad tengo el placer de presumir, me dejaba atónito al explicarme que el riff de guitarra de Eighties que Nirvana había copiado en Come as You Are y que yo había defendido como original, no era sino otro plagio de una canción anterior. En su momento, Jaz Coleman explicó que si no había demandado a Kurt Cobain fue porque su confesión en privado le había parecido suficiente reconocimiento, ¡pero lo cierto es que el muy embustero tampoco era el verdadero autor del riff!

Es impresionante la cantidad de material que se recicla sin permiso en la música pop y rock. Sorprende el escasísimo respeto que se tiene por la propiedad intelectual. Como me decía Isaac, tal vez quienes conjugan el verbo «plagiar» en primera persona no sean conscientes de la gravedad de sus actos, pero vivir sabiendo que has vendido como propio algo ajeno es, desde luego, poco castigo para quien por falta de talento o por escasez de ideas se rebaja a la utilización de semejantes artimañas. Escuchar, copiar, cambiar, adornar… y vender.

No sería justo, de todos modos, olvidar que las coincidencias existen. Más aún: la mera semejanza remota tampoco debe ser considerada como plagio. El problema, como decíamos en el artículo mencionado, es que las musas a veces son temerarias y la diferencia entre la simple influencia y la apropiación indebida es generalmente demasiado sutil.

Puede ser que uno haya escuchado lo mismo tantas veces que acabe por no diferenciar hasta qué punto su producción musical es verdaderamente suya. O tal vez en la música ya no quede nada por inventar y estemos recorriendo una y otra vez el mismo camino.

El parecido entre las estrofas de I’d Love You to Want Me y Bailar pegados, por ejemplo, es innegable, pero calificarlo de plagio se nos antoja excesivo. Lo mismo ocurre con el riff de la versión de La bamba popularizada por Ritchie Valens y el de la famosa adaptación de Twist & Shout que The Isley Brothers realizaron de la original Shake It Up, Baby de The Top Notes. Tal vez sea solo el lejano efecto de cierta influencia. Tal vez, sin más, una curiosa casualidad. Pero en estos casos ―acierta Isaac―, el beneficio de la duda siempre se convierte en sospecha. Y en ocasiones, en acusación directa.

Permítannos, en cualquier caso, la licencia de distinguir entre original y plagio a efectos clasificatorios y evitar así galimatías taxonómicos, pero nuestra autoridad en la materia solo alcanza ―salvo evidencias― a la mera exposición de sospechas. Lo cierto es que entre copia, influencia o casualidad resulta muy difícil dirimir. El torrente de comentarios disconformes que suscitó la primera lista vino a confirmar que es el oído de cada cuál el único que mide la suerte de la canción sospechosa, y su veredicto, casi siempre subjetivo, pocas veces es aceptado sin controversia. Será complicado que a estos 20 nuevos ejemplos no les suceda lo mismo.

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21. Original: Life Goes onde 

Plagio: Eighties de Killing Joke

Ya que en el número ocho de los primeros v20 plagios se defendía equivocadamente el honor de Coleman y compañía y que el descubrimiento de tal error ha servido de inspiración para esta nueva ronda de hurtos musicales, es lo suyo comenzar con el célebre riff de Come as You Are. No fue Cobain en el 92. Tampoco Coleman en el 84. El padre de la criatura es Captain Sensible y la engendró en 1982.

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22. Original: Under the Bridgede Red Hot Chili Peppers

Plagio: My Wicked Heart de Diana Vickers

Los estribillos de ambos temas son de un parecido asombrosamente sospechoso. La propia Vickers ha reconocido que efectivamente se parecen y que se dio cuenta de la similitud incluso antes de publicar la canción. Por qué carajo no la modificó, en tal caso, es todo un misterio. Ahora se enfrenta a una posible demanda de plagio por parte de Warner Music. Desde luego, hay que ser rubia…

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23. Original: La caza al bisonte de Piero

Plagio: La chica de ayer de Nacha Pop

La canción original, de 1975, es obra de los compositores italianos Oscar Prudente e Ivano Fossati para el actor y cantante Gianni Morandi. Un año más tarde, el cantautor italo-argentino Piero la versionaba en castellano, y en el 1977 Antonio Vega escribía por fin La chica de ayer, que se publicaría tres años más tarde.

¿Habría escuchado el líder de Nacha Pop La caza al bisonte? Es imposible saberlo, pero que en la original se escuche la frase «la luz de la fogata nos alumbrará» y en la de Antonio Vega «la luz de la mañana entra en la habitación» sobre una línea melódica prácticamente idéntica, da bastante que pensar…

Por cierto, no se pierdan el vídeo del éxito de Nacha Pop. Es la prueba irrefutable de que hace más de tres décadas Pepe Domingo Castaño ya era viejo.

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24. Original: A Whiter Shade of Palede Procol Harum

Plagio: By Your Side de Sade

A pesar de ser uno de esos casos en los que no se sabe muy bien si apostar por la copia, la influencia o la casualidad, en el momento en el que la chiquilla se pone a cantar uno ya está esperando sin remedio el conocidísimo «we skipped a light fandango» de Gary Brooker. Juzguen ustedes mismos.

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25. Original: I Wanna Be Your Boyfriendde The Rubinoos

Plagio: Girlfriend de Avril Lavigne

Después de la demanda por plagio interpuesta por The Rubinoos, Avril afirmó que jamás había escuchado nada de ese grupo y mucho menos un éxito menor como I Wanna Be Your Boyfriend. Curiosamente, los estribillos no solo se parecen melódicamente sino que en el original se escucha «hey (hey), you (you), I wanna be your boyfriend» y en de Lavigne «hey (hey), you (you), can I be your girlfriend». Mujer, habelas hailas, pero tanto…

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26. Original: Going to California de Led Zeppelin

Plagio: Given to Fly de Pearl Jam

Los fans de Pearl Jam dirán que no. Incluso los fans de Zeppelin dirán que no. Pero es la misma canción. Distinto tempo y distinto compás, pero lo es. Comparen melodías y échense las manos a la cabeza. Háganlo. Corran indignados por la habitación. Griten como perturbados y exijan venganza. Es lo mejor para combatir el calor.

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27. Original: Aire de Mecano

Plagio: Faithfulness de Skin

¿Tiene algún sentido que la excantante de Skunk Anansie plagiase en 2003 una canción de José María Cano publicada en 1984? A primera vista no. Tal vez nos encontremos ante un caso de coincidencia pura y dura. Pero es tal la igualdad entre ambas canciones que su pertenencia a esta lista es casi obligatoria. Escuchen el estribillo de la primera y luego la estrofa de la segunda. ¿Cómo es posible?

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28. Original: Father and Sonde Cat Stevens

Plagio: Fight Test de Flaming Lips

«Quiero pedir disculpas por todo esto. Realmente, me encanta Cat Stevens. Lo respeto sinceramente como un gran cantautor. Y ahora quiere su dinero. Hubo un momento durante la grabación en que dijimos “esto se parece a Father and Son” y cambiamos esas partes. Pero me arrepiento de no haber contactado con su compañía y haber pedido su opinión. Podríamos habérnoslo repartido al 50%. Ahora Cat Stevens tiene el 75% de los royalties de Fight Test. Podíamos haber cambiado la melodía fácilmente pero no lo hicimos. Me da mucha pena que Cat Stevens piense que he plagiado deliberadamente su trabajo. Me da vergüenza. Pero, obviamente, hay una línea muy fina entre estar inspirado en algo y robarlo». Wayne Coyne, líder de Flaming Lips.

En todo el artículo venimos diferenciando entre la influencia, la coincidencia y el plagio, atribuyendo a este último un componente de intencionalidad. La tenga o no, una copia es una copia, y en este caso no es tan difícil dirimir. Son dos canciones prácticamente iguales.

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29. Original: I Want a New Drugde Huey Lewis

Plagio: Ghostbusters de Ray Parker Jr

Es un caso curioso. Los productores de Cazafantasmas se encontraban en negociaciones con Huey Lewis para que su éxito I Want a New Drug encabezase la banda sonora de su película cuando este decidió que prefería figurar en los créditos de otra cinta de ciencia ficción que se iba a estrenar ese mismo año, Regreso al futuro. Ante semejante plantón, Columbia Pictures encargó a Ray Parker Jr. que escribiese una canción de estilo similar a la de Lewis, con tan «mala suerte» que el resultado fue un tema con una base rítmica prácticamente idéntica a la elegida inicialmente. Antes de celebrarse el juicio, Parker aceptó pasar por caja y santas pascuas. Que en las listas de ventas norteamericanas de 1984 hubiese dos canciones que, salvo matices, sonaban igual, es algo que todos le debemos a nuestro amigo el plagio.

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30. Original: Aqualung de Jethro Tull

Plagio: Little Black Submarines de The Black Keys

No hay mucho que decir. Escuchen Aqualung a partir del minuto 1:02 y Little Black Submarines a partir de 0:33. The Black Keys han elegido un pedacito de canción de Jethro Tull que les gustaba y lo han incorporado a una suya. Punto.

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31. Original: My Generationde The Who

Plagio: Magic Bus de The Who

Sin llegar al nivel de aquella situación esperpéntica en la que una compañía demandaba a John Fogerty por haber plagiado Run Trough the Jungle en la canción The Old Man Down the Road siendo ambas composiciones suyas, este también es un claro ejemplo de autoplagio. El patrón melódico de la estrofa se repite una y otra vez a lo largo de toda la canción, lo cual podría quizá atribuirse al hecho de que Magic Bus fue compuesta en la época en la que los Who se encontraban grabando My Generation y tal vez se produjese cierta contaminación de ideas en la cabeza de Pete Townshend. No obstante, ambas se publicaron con tres años de diferencia, así que si no se dio cuenta de la similitud no sería por falta de tiempo.

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32. Original: Almost Independence Dayde Van Morrison

Plagio: Wish You Were Here de Pink Floyd

Semejante parecido no puede ser casualidad, pero tal vez tampoco sea lo suficientemente evidente como para poder afirmar que hubo intención de copiar. Es posible que Waters y Gilmour escuchasen la canción de Van Morrison, publicada tres años antes, y decidiesen escribir algo del mismo estilo, pero se acercaron demasiado a esa línea en la que la simple influencia se convierte en apropiación indebida. Es algo parecido a lo que sucedió con el homenaje que The Eagles quisieron brindar a We Used to Know de Jethro Tull en Hotel California. Puede que sean canciones distintas, pero es imposible escuchar una sin tener presente en todo momento a la otra.

La intro de Wish You Were Here recuerda demasiado a la de Almost Independence Day, pero cuando esta arranca del todo en 0:45 uno tiene la sensación de que en cualquier momento va a escuchar el célebre «so, so you think you can tell». Se pasaron de inspiración.

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33. El curioso caso de Noel Gallagher (segunda parte)

En el último punto de la primera lista de plagios ya comentamos la especial querencia de Noel Gallagher por lo ajeno. La demostró con las melodías de Shakermaker, Whatever, High Horse lady, Step Out, etc. Podríamos añadir muchas más a la lista, y algunas especialmente sangrantes ya que además de la música se apropió también de la letra. Ya hemos mencionado el caso de Hello, pero también ocurre en otras como Put Yer Money Where Yer Mouth Is, cuya melodía es igual a la de Roadhouse Blues y además transforma el «keep your eyes on the road, your hands upon the wheel» de Jim Morrison en «put your money in your mouth and your hands right upon the wheel» con toda la cara del mundo.

Pero lo que queríamos destacar en esta ocasión no es lo mucho que le gusta incorporar a sus canciones melodías de voz ajenas ―tampoco es cuestión de hacer sangre―, sino hasta qué punto lo hace también con los riffs. Adueñarse de la línea de guitarra de Get It On de T. Rex le supuso su segunda demanda por plagio ―de un total de cuatro singles publicados hasta la fecha―, pero eso no le impidió seguir adelante con su modus operandi.

Original: 5 to 1 de The Doors

Plagio: Waiting for The Rapture de Oasis

Es el mismo riff.

Original: Clean Prophet de The La’s

Plagio: The Importance of Being Idle de Oasis

Ídem.

El total asciende a unas seis o siete, pero no queremos aburrirles. Sin embargo, el hurto de riffs no es una disciplina que solo practique Noel Gallagher. Copiar la frase de guitarra o piano que se repite en una canción hasta convertirse en una de sus principales características ―recuerden el ejemplo de Come as You Are y familia― es algo que por lo visto gusta a demasiados. Abramos una sección de plagios de riffs.

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34. Original: Don’t Bring Me Down de Electric Light Orchestra

Plagio: Go Right Ahead de The Hives

En el momento en que The Hives se dieron cuenta de que el riff era el mismo, se pusieron en contacto con Jeff Lynne para ofecerle la posibilidad de figurar en los créditos de la canción. Un caso de coincidencia ―o no― bien solucionado.

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35. Original: All Right Now de Free

Plagio: Rock’n Me de Steve Miller Band

Más colorista, menos saturado y con un final arpegiado, pero el mismo riff, al fin y al cabo.

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36. Original: Crimson and Clover de Tommy James and the Shondells

Plagio: Black Magic de Jarvis Cocker

En la primera se aprecia sobre todo a partir de 0:25. En la segunda, a partir de 0:14. Reproduzcan uno y seguidamente el otro. ¿Alguna diferencia?

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37. Original: Three Girl Rhumba de Wire

Plagio: Connection de Elastica

Hay mucha gente que conoce a Elastica únicamente por este riff. No por la canción, no. Por el riff de guitarra y la batería que lo acompaña. Menuda sorpresa se van a llevar quienes se encuentren en esa situación…

Por supuesto, los chicos de Wire demandaron a Elastica, aunque llegaron a un acuerdo antes de enfrentarse en los tribunales. Sin embargo, Elastica tuvo que pagar a The Stranglers por birlarles parte de la letra de No More Heroes. Muy bonito.

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38. Original: Gloria de Humberto Tozzi

Plagio: Disco 2000 de Pulp

Aquí Jarvis Cocker vuelve a las andadas, pero esta vez se ha producido una transmutación que no por ello consigue ocultar la realidad. El muy listillo cogió la línea de voz del estribillo de Gloria, la convirtió en un riff de guitarra, y a grabar Disco 2000. Quizá la jugada habría pasado desapercibida si además no hubiese cantado el característico coro de la original sustituyendo «Gloria» por «Deborah», pero le pudo la codicia.

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39. Original: Taurus de Spirit

Plagio: Stairway to Heaven de Led Zeppelin

Es difícil calificar una canción como plagio de otra cuando una es un sencillo corte instrumental y la otra una elaborada pieza que incluye una línea vocal. Sin embargo, si el inicio de esta se compone de una reconocidísima progresión de arpegios cuya similitud con la parte principal del tema instrumental es asombrosa, la cosa cambia. Sobre todo cuando esa progresión es tan famosa que incluso en algunas tiendas de música, hartos de escucharla, se prohíbe utilizarla a la hora de probar las guitarras ―lo cual, por cierto, resulta desternillante―. Que Led Zeppelin telonease a Spirit unos años antes y Jimmy Page se quedase prendado de esta canción, no obstante, ayuda a comprender todo un poco mejor.

Pero el caso de Page, como el de Noel Gallagher, es para enmarcar. No nos gustaría saturar el artículo con todas y cada una de las acusaciones de plagio que han recibido los Zeppelin, pero para muestra, un botón. ¿Le encuentran algún parecido a You Need Loving de Small Faces con Whole Lotta Love? Pues por ahí van los tiros…

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40. Original: Thunderbird de The Nightcaps

Plagio: Thunderbird de ZZ Top

No le den más vueltas. Es la misma canción. El plagio entre plagios. ZZ Top decidieron versionar en 1975 una canción que unos chicos llamados The Nightcaps habían compuesto un par de décadas antes. Cuando se percataron de que aquellos muchachos no habían registrado la canción, lo hicieron ellos mismos y se apropiaron de sus derechos. Pasaron de versionar un tema ajeno a interpretar uno legalmente propio pero que no habían escrito ellos, para bochorno de sus verdaderos autores. Menuda marranada.

Y es que el plagio, como el agua, termina abriéndose paso. Ya sea de forma deliberada, ya sea accidentalmente, mientras haya canciones originales habrá plagios.

Lennon solía decir, a propósito del famoso plagio que cometió George Harrison cuando copió la melodía de She’s So Fine de The Chiffons en My Sweet Lord, que lo único que había hecho su excompañero de grupo era seguir el método compositivo habitual de The Beatles: elegir una canción que te pareciese muy buena y modificarla lo suficiente hasta que nadie se diese cuenta de cuál era la original. «Solo que George olvidó la segunda parte», añadió. Y es que las musas, a veces, son temerarias…