Democracia para todos los públicos

Imagen: Alianza Editorial.
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Durante los últimos años ninguna idea ha sido más reivindicada, debatida, analizada y manoseada que la democracia. Pero si es enarbolada de forma unánime… ¿Cómo es posible que provoque desacuerdos? En realidad si todo el mundo queda hechizado ante su belleza es porque funciona como un espejo en el que cada uno solo ve su propio reflejo e, invariablemente, deduce que sus rivales la ponen en peligro o como mínimo la dejan descafeinada. El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. He ahí la democracia según la memorable definición de Abraham Lincoln en su discurso de Gettysburg. ¿Quién podría oponerse a algo así? De la misma manera que un vaso puede ser de diferentes tamaños pero para ser tal necesita tener unos bordes, así el sujeto de soberanía que denominemos «pueblo» debe tener unos límites igualmente definidos. Y ahí empiezan los problemas. Vivimos en un mundo en el que las fronteras están quedando cada vez más desdibujadas, lo que implica en consecuencia vaciar de contenido aquellas soberanías que delimitan, pues un vaso roto ya no es un vaso. Por otra parte las fronteras actualmente existentes no dejan de ser el fruto de mil avatares históricos —casi siempre sangrientos— que rara vez conforman a sus vecinos a uno u otro lado. Más follón.

Así que para que el pueblo pueda elegir primero debemos elegir cuál debe ser ese pueblo, pero una vez lo tengamos nos queda por delante la manera en que aplicar en él de forma efectiva la democracia. Otra fuente inagotable de controversia. Los redactores de la Constitución estadounidense discutieron incesantemente en torno a una posibilidad que les preocupaba mucho: la tiranía de las mayorías. Encontraron que la mejor manera de proteger a las minorías era limitando el poder y dotando de derechos inalienables a cada individuo, pues todos podemos ser minoría en un momento u otro, en uno u otro asunto. De manera que cuanto más garantista sea una constitución más limitada se verá la soberanía popular. Por otra parte tuvieron que afrontar una cuestión muy peliaguda. La democracia directa, asamblearia, puede funcionar en comunidades pequeñas y sencillas donde todo el mundo pueda opinar y decidir sobre todo. ¿Pero qué son, por ejemplo, los CDO sintéticos y cómo deberían ser regulados legalmente? Mi respuesta es que consisten en lanzar aros, aunque temo que no sea la correcta. Por tanto la democracia representativa, en la que elegimos a profesionales dedicados a tiempo completo a la gestión pública, especializados en tales cuestiones o al menos bien asesorados, aparenta ser mejor opción… Al tiempo que otros asuntos resultan tan importantes en nuestras vidas que sí merecen ser decididos sin intermediarios mediante un referendo. ¿Cómo distinguir unos de otros?

En fin, podríamos continuar desgranando las controversias que la rodean pero la idea está clara. Si la democracia es un reconocimiento de que no existen verdades absolutas (al menos en cuanto a cómo organizarnos) y por tanto debemos encauzar la pluralidad de opiniones en una versión a escala del país llamada parlamento y regirnos por la que sea mayoritaria, parece que ese relativismo afecta al propio concepto de democracia. Sin embargo, y esto es particularmente interesante, es un relativismo que no cae en la resignación y aspira a alcanzar verdades comunes, por ello una parte esencial de la democracia es el debate público, ese que tiene lugar cada día en las cámaras de representación, medios de comunicación, redes sociales y terrazas de los bares. Una ruidosa polifonía de argumentos mejor o peor razonados, chanzas y ocasionales insultos que debe celebrarse en libertad y sin que a nadie le agredan por expresar su opinión. A ella se suma Democracia, una excelente novela gráfica escrita por Abraham Kawa y dibujada por Alecos Papadatos y Annie Di Donna, pues qué mejor manera de comprender la democracia que remontándonos a sus orígenes en la antigua Grecia. Para ello recurre a un ficticio ciudadano de la Atenas del siglo VI a. C. llamado Leandro, cuya peripecia vital estará entrelazada con los hechos reales que posibilitaron la implantación del primer sistema de soberanía popular conocido por la humanidad. Un cambio de régimen rodeado de conspiraciones, violencia y momentos de gran tensión dramática que estaban pidiendo a gritos ser narrados en toda su grandeza. Al fin y al cabo —y como bien señalan en cierto momento de la obra— no es casualidad que el teatro fuera otra de las grandes invenciones griegas: tal como hemos visto en estos meses de fallidas investiduras la democracia tiene también su buena parte de representación teatral… Por otra parte el libro cuenta con un anexo en el que se explica cuáles fueron los personajes reales y los numerosos guiños a su sociedad, creencias y costumbres que encierra la trama y que el lector medio en parte desconocerá pero también encontrará familiares. Pues los griegos no solo nos regalaron la peor forma de gobierno posible con excepción de todas las demás, también un magnífico legado cultural que es, en lo fundamental, el nuestro. En conclusión, una novela gráfica en torno a un asunto que nunca pasará de moda, narrada con fluidez e ilustrada con talento, que respeta la inteligencia del lector y que en principio por el tema abordado se diría destinada a un público adulto, aunque los adolescentes más espabilados también la encontrarán de interés.

Imagen: Alianza Editorial.
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Quince tebeos de diez

Vamos con la selección de lo mejorcito en tebeos del año pasado. En la anterior entrega la lista se acotó a libros de autores españoles o con presencia de autores españoles—; este año vamos a ampliarla para dar cabida a tebeos de cualquier procedencia e igualmente aumentaremos el número de entradas para poder abarcar todas las obras interesantes. Se quedan muchas en el tintero el 2014 ha dado, de nuevo, una buena cosecha de títulos interesantes pero para no tener que hacer un Jot Down 100 annual con estas revisiones, ha habido, inevitablemente, que elegir.

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Las meninas, de Santiago García y Javier Olivares

lasmeninasportadaNormalmente la palabra «imaginación» cuando se refiere a una obra de cómic parece estar siempre asociada a obras de fantasía o futuristas, situadas en universos coloridos y extraños y repletos de personajes ingeniosos. Sin embargo, la imaginación puede emplearse en más de un sentido. Por ejemplo, puede usarse para la construcción de ficciones a partir de elementos reales que, aun siendo ficciones, puedan aportarnos comprensión sobre eventos reales sucedidos. Es el caso de Las meninas de Santiago García y Javier Olivares, novela gráfica que se propuso la labor de desgranar las claves de la creación de la celebrada obra maestra de Velázquez. Lo hicieron construyendo una ficción plausible a partir de los referentes históricos de la vida del pintor. Y ahí van desmenuzando el proceso de la creación artística en este caso dirigido hacia la creación de la obra que da título al cómic desde sus múltiples ángulos : el estado anímico del artista, el desafío de las convenciones de lo que se considera arte en su momento histórico, la visión de la culminación de una carrera, el acceso a una voluntad interna de no repetir patrones propios o ajenos o el entendimiento de lo que significa representar la realidad a través de la pintura son algunos de ellos. En Las meninas se intuye la confluencia del Santiago García autor con la del teórico y de la mano de los múltiples recursos gráficos que es capaz de desplegar Javier Olivares consiguen explicar y mostrar, sin dejar de narrar en ningún momento. Las Meninas es de aquellos tebeos que te lees del tirón y relees con más calma después. Sin lugar a duda ha sido una de las publicaciones capitales del año pasado, pero también lo será de este y se seguirá oyendo hablar de él en el tiempo.

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Cowboy Henk, de Herr Seele y Kamagurka

cowboyEstupendo volumen recopilatorio de varias historietas del personaje creado a principios de los ochenta en Bélgica. De temática underground, pero trazado con la línea clara del cómic franco-belga, cuenta las aventuras de humor surrealista de Cowboy Henk, un tipo que parece una bizarra fusión entre el Tintín de Hergé y el Popeye de Segar. Se le podría emparentar con otros autores europeos que usaban la misma pulcritud y la temática decantada hacia lo underground en el estilo como Joost Swarte; también con El bus de Kirchner que este año también ha visto su reedición en su dominio del surrealismo gráfico. Aunque el libro contiene historias extensas como «Cowboy Henk y los regaladores de caballos», creo que donde mejor se desenvuelve el personaje y mejor lucen sus ráfagas de humor absurdo y escatológico es en las historietas a una página o a tira. No hay frontera para las salidas de Herr Seele y Kamagurka: la caca, los penes, las amputaciones, el sexo y los códigos éticos resueltos en la práctica de forma impredecible son sus temas favoritos. El pasado año, además, Cowboy Henk recibió el Premio del Patrimonio en el Festival de Angulema. La editorial Autsaider ha rendido su particular homenaje a esta obra en nuestro país con un voluminoso y bien editado libro-ladrillo que recoge historietas de varios momentos de su publicación, suficientes para sacarle carcajadas al lector durante mucho tiempo.

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Bella muerte, de Kelly Sue DeConnick y Emma Ríos

bellaUna niña ataviada con plumas de buitre y un hombre con los ojos vendados, anciano pero corpulento, llegan a una ciudad de lo que podría ser el salvaje oeste americano. Suben a la tarima de los ahorcados, despliegan un estandarte que en realidad es un tapiz compuesto por las viñetas de una historia y ante todo el pueblo, empiezan a narrarla. Una historia de belleza y amor, de desamor y venganza, de muerte y nacimiento. Y eso es solo el principio. Bella muerte es una fábula colorista pero a la vez crepuscular a la que se le podría aplicar aquel relato de los sabios ciegos y el elefante cada sabio tocaba una parte del elefante y lo tomaba por aquello a lo que le recordaba según fuera, duro, blando, frío o caliente por lo mucho y lo variado a lo que la han referenciado sus comentaristas. En sus páginas se despliega una imaginería de western, pero con algunos elementos de fantasía. Se intuyen ciertos estilismos de manga, pero también unos combates y unos diseños icónicos de los personajes que podrían remitirse al cómic de superhéroes. Hay quien podría verlo como una especie de evolución contemporánea de aquellos tebeos de tema onírico que escribía Neil Gaiman en los noventa. Pero cuando una obra apunta a tantos posibles lugares, lo mejor es tratarla como algo único. Porque esto es lo que es. Es muy, muy difícil no dejarse maravillar por las bellísimas composiciones que elabora Emma Ríos para narrar las acciones que se van sucediendo en cada página de este trabajo, reforzando el drama emocional de cada escena con la medida distribución de cada imagen o secuencia de las mismas. Con Bella muerte, Emma Ríos demuestra que es capaz de evitar los cánones visuales repetidos hasta la saciedad en los géneros de acción, y refuerza un poco más la reciente generación de historietistas del «nuevo cómic gallego» compuesta por autores como José Domingo o David Rubín en su salida al éxito internacional. El único «pero» que puedo ponerle al libro en su edición española, eso sí, es la pérdida del múltiple significado del título original, Pretty Deadly (muy complicado de salvar en la traducción, por otra parte).

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Fabricar historias, de Chris Ware

fabricar-historias-portadaEn algunas de las listas que ya se han ido publicando de lo mejor de este año pasado una de las obras que he echado en falta sí, servidor también echa en falta elementos en listas es la compleja, pero a su manera también sencilla, Fabricar historias de Chris Ware. Lo atribuyo a que como yo mismo hice en su momento el responsable de la lista se hizo con el libro original, tiempo antes de su publicación en España, disfrutándolo consecuentemente con anterioridad y pasando por alto su publicación en el presente año. No es algo raro, nos ha pasado en esta misma casa, la comentamos aquí y aquí en listas del año 2013. Pero esto es completamente normal: una obra nueva de Chris Ware es fácilmente un ítem esperadísimo. Fabricar historias recoge una vida, una vida observada y retratada en diversos momentos, cuyo enfoque narrativo viene enmarcado por formatos muy diferentes, formando todo parte de la obra mayor. Dentro de una caja se nos presentan catorce piezas muy distintas del puzle de una biografía ante la que el lector debe tomar la decisión de por que parte de la misma debe empezar y luego configurar. Como si encontrásemos un viejo baúl de nuestros bisabuelos y al abrirlo, tuviéramos que decidir por ojear primero un sobre con unas fotos, unas libretas con unos diarios o un paquete de cartas escritas. Chris Ware lo hace desde los múltiples formatos desde los que se puede plantear la publicación física de un cómic y lo deja en nuestras manos para que cada lectura sea distinta, con la secuencia que prefiramos. La edición española en su traducción del título como pasaba con Bella muerte ha perdido los múltiples significados tras el título original Building stories pero creo que la editorial ha elegido bien al optar por la que apunta hacia la creatividad y la intervención del lector en el proceso. Aquí, el único «pero» que le pongo a la obra es el precio, que convierte su adquisición casi en una inversión. Sin embargo, esta puede resolverse como una compra compartida : varios lectores pueden empezar la historia por libros distintos sin estorbarse y luego gratificantemente compartir la experiencia de sus diferentes lecturas. Hagan la prueba. No obstante, también puede ser causa de enfrentamientos a la hora del reparto de bienes en casos de divorcio.

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I am a Hero, de Kengo Hanazawa

heroI am a Hero apareció en nuestro país en un momento ya sobresaturado de obras literarias, cinematográficas, comiqueras y televisivas de zombis. Particularmente, confieso que estaba ya hasta el gorro de muertos vivientes. El subgénero de los zombies normalmente recurre al mismo planteamiento una y otra vez hasta el cansinismo más extremo y donde su aparente originalidad es determinar si son muertos vivientes al estilo clásico o bien infectados o bien… bueno, a quién le importa. El exceso de producciones llevó la temática a una especie de paroxismo mediático donde cualquier historia de supervivencia tendría que funcionar. Y no es así. Sin embargo, Norma Editorial asomó la cabeza en medio de la «burbuja zombie» con un manga del que ya se ha publicado hasta el undécimo volumen. Debo reconocer que tardé bastante en subirme al carro de su lectura, lo que debo agradecer al crítico Daniel Ausente, por ponernos al tanto no ya de su existencia, sino de su calidad. Es cierto que I am a Hero se sale poco de los planteamientos habituales en la vida cotidiana de los protagonistas de la historia empiezan a aparecer zombis y a una velocidad de vértigo se va todo a la mierda y sin embargo, triunfa por su tono, que combina la tragicomedia con situaciones, escenarios realistas y un salpimentado ocasional de intriga. Encuadrable dentro del género que en Japón se conoce como el «humor serio» esto es, situaciones llevadas al absurdo hasta sus últimas consecuencias, lo que puede provocar la carcajada gruesa del lector no abandona para nada algunas alucinantes técnicas de terror casi cinematográficas llevadas al papel. Los autores controlan el ritmo y la secuencia de su historia haciendo que el tiempo subjetivo en el que transcurren las escenas, de repente, se convierta en tiempo real, para más de un susto del lector. A pesar de que el foco de la cámara se centre en Hideo Suzuki una suerte de trasunto del propio autor Kengo Hanazawa también ha sabido saltar de escenario puntualmente, no solo para dinamizar el argumento, sino también para potenciar la intriga de la historia y sembrar el interés en su lectura continuada. Por lo que I am a Hero es una lectura tremendamente adictiva, de aquellas en las que empezar la serie por el primer libro, habiendo ya varios volúmenes publicados, es un genuino peligro para el bolsillo.

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La mujer rebelde, de Peter Bagge

p-mujerrebeldeEste tebeo ha sido una sorpresa para mí, una muy grata. Nunca he sido un gran fan de Bagge y esto, evidentemente, no significa que no sea un gran autor pero jamás conseguí que las historias de Buddy Bradley me engancharan en exceso, ni por identificación con la quinta generacional que ilustra, ni por la mofa implícita de esta. Sin embargo, ha habido un algo especial con La mujer rebelde, la biografía contada en viñetas de la activista Margaret Sanger. Bagge cuenta la vida de Sanger a través de secuencias sueltas de su biografía ilustradas a una página o dos. Entre el carácter de la protagonista y el desarrollo de estas pequeñas historias, consigue mantener el formato de historieta de humor, si bien la mayoría de las anécdotas vira bastante hacia la tragicomedia. Así, a base de ráfagas vitales, de fragmentos biográficos, Bagge va componiendo el relato mayor con todas sus luces y sus sombras. Lo más destacable, en mi opinión, es el riesgo afrontado por el autor. A la hora de dibujar una biografía es posible caer en el error de contar la historia desde unos esquemas convencionales, una narración gráfica «realista», buscando una especie de neutralidad con la intención de compromiso hacia la verdad de la historia. Y eso, al final, puede convertir la obra en algo gris y aburrido. No es este el caso: Bagge no se pierde en el proceso, y sin entrar a juzgar o posicionarse respecto a la persona retratada, mantiene su «voz», su forma de contar la historia haciendo que al mismo tiempo sea enérgica y dinámica en todo momento, sin que el relato pierda veracidad.

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Locke and Key, de Joe Hill y Gabriel Rodriguez

LockeandKey_coverEsta serie de misterio con coletazos de terror publicaba su conclusión en el pasado año, dejando muchas horas de entretenida lectura y un buen sabor de boca a sus seguidores. El desencadenante de la historia no podría ser más típico: una familia que ha pasado por una tragedia familiar, vuelve a habitar la vieja casa de sus antepasados en una península ficticiade Nueva Inglaterra, llamada Lovecraft. A partir de ahí, los personajes empiezan a descubrir unas extrañas llaves que, en ciertas cerraduras… y hasta ahí voy a contar, porque el resto es para el gozo y disfrute del lector. A Joe Hill seudónimo del hijo de Stephen King es cierto que se le notan algunos de los dejes del padre. Como si eso fuera un problema. Los puntos fuertes de la historia residen en un elenco de personajes en el que los autores se molestan en profundizar sin que la interesante metatrama los engulla o los precipite al arquetipo fácil, un despliegue paulatino de los misterios de la historia que a los lectores les permitirá aventurar y apostar sobre los acontecimientos posteriores amén de engancharles irremediablemente a la lectura, el intensivo detallismo de los dibujos de Rodriguez que a un servidor de ustedes le tuvo horas buscando pistas ocultas en las paredes de la casa y un par de números especiales con estructuras narrativas peculiares, de entre los que hay que destacar el genial homenaje al Calvin and Hobbes de Bill Watterson (un experimento que podría resultar contraproducente en una serie de intriga y terror, pero que con mucha inteligencia los autores consiguen salvar con éxito). En la parte negativa, hay que reconocer que en el tomo final la originalidad de la serie se va un pelín hacia abajo, si bien en mi opinión ello no desmerece la buena calidad que hay que otorgarle al conjunto. Un gran tebeo al que aficionarse y para disfrutar viendo la cara de satisfacción de los amigos a los que se lo hayas recomendado.

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Unastoria, de Gipi

unahistoria_Creo que la vuelta de Gipi (Gianni Pacinotti) al cómic es una de las mejores noticias que hemos podido tener este 2014. En las primeras páginas de Unastoria se podría adivinar una especie de tanteo del autor en el regreso al medio, como si ilustrara cómo flexiona y estira los músculos antes de una gran carrera. Casi podría uno aventurar que ese personaje perdido incapaz de recordar ciertas cosas, es un autorretrato de sí mismo. Pero a medida que nos adentramos en el relato, vemos cómo la mano del italiano para la narración dibujada le es tan natural y sus recursos son tan variados que resulta difícil tomar esa intuición de inseguridad o de preparación preliminar como algo más que una finta para distraernos y sumirnos en el gran relato que se nos echa encima. En esta obra, Gipi nos hará malabares con dos historias entrecruzadas, la de un escritor desmemoriado y la de su abuelo en la primera guerra mundial. Gipi juega a la alternancia entre relatos distintos, con estilos gráficos distintos me ha recordado mucho a la variedad de la que hacía gala en Mi vida mal dibujada pero con ecos entre ellos, lo que le permitirá de alguna forma, ligar agua y aceite. Contado en cuatro capítulos, las dos historias, como una sola, se desarrollan en una especie de sinfonía visual, una ópera dibujada, con momentos que se quedarán grabados en la retina del lector.

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Orgullo y satisfacción, de V.V. A.A.

orgylloA principios de junio del año pasado, con motivo de la censura de una portada de un número de la revista satírica El jueves que representaba la abdicación de Juan Carlos I en favor del entonces príncipe Felipe con la imposición de una corona embadurnada de heces provocaba la salida de un gran número de autores que habían sido insignia y referencia de la misma durante muchos años. Albert Monteys, Manel Fontdevila, Bernardo Vergara, Guillermo Isaac Rosa, Luis Bustos, Manuel Bartual, Paco Alcázar, Malagón, Pepe Colubi, Bea Tormo, Mel, Iu Forn, Lalo Kubala, José Luis Ágreda y Miquel Gras abandonaban la revista en protesta por la censura impuesta sobre el número. Sin embargo, de tan triste suceso surgió una nueva iniciativa. Rápidamente, buena parte de los autores que salían de El jueves, estrenaban nueva cabecera, autoeditada y en formato digital. No habría tregua. Orgullo y satisfacción no solo ha entrado a formar parte de la historia de las publicaciones satíricas en España sino también de la historia de nuestro cómic online. Con media docena de números ya a sus espaldas y unos autores con amplia libertad para contar lo que les dé la gana, como les dé la gana, prometen seguir dando guerra.

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Terry, de V.V. AA

TERRY_0Ay, la revista de historietas. Cuánto añoramos algunos aquellos tiempos en que por una cantidad razonable de pesetas se podía llevar uno a casa un semanario o revista mensual con cómics de diversos autores, que nos permitía conocer lo mejor de aquí o lo de allí, seguir los estilos y temáticas más en boga. De la revista de historietas queda actualmente poco o casi nada. Sobrevive y no muy bien en algún semanario satírico y en la escena fanzinera, hasta donde puedan llevarlo sus esforzados autores. Por eso hay que celebrar a lo grande que Fulgencio Pimentel, una de las mejores editoriales de libros no solo de cómics, ya hablo de libros en general que pone muchísimo mimo y detalle en cada una de sus publicaciones, se lance a editar una revista como Terry que busca dar a conocer lo mejor de la vanguardia actual del cómic y la ilustración de nuestro país y del extranjero. Su primer número y hasta la fecha único, esperamos su continuación contiene trabajos de Los Bravú, Olivier Shrauwen, Sammy Harkman, Nacho García, José Ja Ja Ja, Jim Woodring, Sindre Goksøyr, Gonzalo Rueda, Bendik Kaltenborn, Rayco Pulido, Peter Jojaio, Sébastien Lumineau, Ed Carosia, Michael DeForge, Simon Hanselmann y Seiichi Hayashi. Sin duda es un must para todos aquellos que quieran asomarse a la escena del tebeo más experimental e independiente.

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Tiempo de canicas, de Gilbert Hernández

canicasEste pasado 2014 ha visto aparecer también unas cuantas obras interesantes sobre el tema de las memorias de la infancia o el costumbrismo de antes de entrar en una forma de vida adulta, con las pérdidas de inocencia respectivas. Curiosamente, estas mismas obras han sido abordadas desde la ficción más que desde la autobiografía, género que goza de una cierta popularidad entre el público lector de cómics de un tiempo a esta parte, pero que con la temática de las memorias de la infancia no parece haberse prodigado en exceso, quizás buscando narrar experiencias comunes a toda una generación. Desde estas ficciones, sin embargo, se han ensayado reflexiones interesantes, además de entretenidas, sobre esa etapa de la vida. Hay que destacar Aquel verano de Mariko Tamaki y Jillian Tamaki y Lo primero que me viene a la mente de Juaco Vizuete. Pero si me tengo que quedar con una sola, no puedo más que aferrarme al Tiempo de canicas de Gilbert Hernández. El autor de Palomar demuestra que está en una excelente forma narrativa, hace gala de sus mejores virtudes desarrollo equilibrado de una obra coral, manejo de la elipsis, caracterización de los personajes y sabrá atrapar a cualquier lector que haya vivido su infancia y juventud entre los setenta y los ochenta. La pasión por los cómics y por los muñecos articulados, las canicas, los amigos nuevos y los de toda la vida, los prejuicios de género, gamberradas, las peleas y los juegos inventados son algunos de los temas que quedan abordados en una historia o conjunto de historias que no tiene ni principio ni final, aunque a medida que pasa el tiempo quede en nuestras mentes como una especie de paraíso perdido (con permiso de Milton). Por ello hay que agradecerle a Gilbert Hernández que las plasme con tan buen tino en el papel que permita abrir las puertas al recuerdo. Algo bueno traerá.

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Torpedo: 1936 Integral, de Enrique Sanchez-Abulí y Jordi Bernet

TorpedoEn el campo de los integrales y recopilatorios este año ha cundido la reedición de historieta francobelga aparecida ya en nuestro país en revistas de historietas de humor infantil y juvenil. Dolmen ha continuado con la publicación de los tomos de Johann y Pirluit y este año ha añadido a la lista los títulos de Natacha, Quena y el sacramús y una por la que servidor tiene una particular debilidad Los hombrecitos. Trilita ha dado también una buena noticia al empezar a publicar los tomos de Aquiles Talon. Por su parte, Norma Editorial ha puesto a la venta el indispensable integral de Blacksad en castellano, con todos los álbumes publicados hasta la fecha en un solo volumen. Volumen, por cierto, que hace apenas unos años en un Salón del Cómic un encargado de stand me aseguró muy categóricamente que nunca se publicaría. Bueno, pues aquí lo tengo ya en mis manos: si usted me está leyendo, le agradezco que errara el tiro con tan certera rotundidad. Pero si hay que quedarse con un solo volumen recopilatorio de historietas, escojo el integral de Torpedo, 1936 de Panini. Y esto es por muchas razones de las que muchos ya habrán oído hablar: porque es un tebeo único en su género y fuera de su género; porque Jordi Bernet es uno de los dibujantes más grandes que ha visto la historia del cómic; porque las historias que crearon él y Enrique Sanchez-Abulí combinaron el género negro y el humor a través de este mismo color, con una capacidad narrativa sublime. No en vano decidimos incluirlo en nuestros 100 cómics imprescindibles.

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Versus, de Luis Bustos

versusgSi en el 2013 Nela de Rayco Pulido fue el tebeo adaptación de una obra literaria que brilló con luz propia, este año 2014 la adaptación que puede continuar la saga de estos trabajos ejemplares es el Versus de Luis Bustos dibujado a partir del relato Por un bistec de Jack London. La bonita edición del libro, inspirada en un cartel promocional de una velada de boxeo, es coherente con lo que vamos a encontrar en el interior: un combate entre púgiles que empieza en la primera página y termina con la última. ¿Recorta Bustos el relato de London ciñéndolo al enfrentamiento físico? No, al contrario. Toda la historia de Tom King está entretejida en los momentos del combate, desarrollando el personaje a lo largo del enfrentamiento con mucha inteligencia. Es por ello que sería más correcto decir que más que dibujar un combate, Bustos dibuja un proceso. Un proceso en el que paulatinamente nos irá metiendo en la piel de King, en la experiencia de ser King, de pensar como él, de respirar como él, de ver como él. Compartiremos sus miedos, comprenderemos su forma de evaluar la pelea, sentiremos su cansancio, nos invadirá su rabia. Y para conseguirlo tirará de multitud de recursos gráficos que nos obligarán a vivir la narración prácticamente como algo propio. De modo que. cuando el lector llegue hacia el final, difícilmente le importará poco el desenlace del combate. Si London nos contaba un relato y trataba de plasmar toda la emoción a través del lenguaje de las palabras, Bustos apuesta por lo mismo a través del lenguaje de las imágenes y de la narración gráfica. Con Versus, Bustos no juega en la liga de los que simplemente han transpuesto una historia colocando imágenes de forma secuencial, sino en la de los que la han comprendido, la han sentido y luego la han reproducido con lo experimentado.

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¡Cadáver en el Imjin! Y otras historias bélicas de Harvey Kurtzmann

cadaverHe aquí un pedazo importante de la historia del noveno arte y de su evolución hacia el cómic como un producto para adultos. Norma Editorial publicó este imprescindible recopilatorio sobre las historietas bélicas que hizo para EC a principios de los cincuenta que son una muestra de cómo Harvey Kurtzmann revolucionó el género del cómic de guerra con sus concienzudos trabajos de documentación inspiraba sus obras en historias reales pero también desde el empleo de un punto de vista más maduro y realista para escribir sus relatos, alejándolo de las fantasías épicas y del excesivo maniqueísmo. Los tebeos de Kurtzmann no eran necesariamente antibelicistas, pero sí que ilustraban con mucha fuerza la crudeza de la guerra cuando otros se agarraban férreamente a la propaganda y a una visión del conflicto armado más idealizada. También se permitía reflexionar sobre las muchas caras y consecuencias de la guerra de una forma que lo convertía en algo universal. ¡Cadáver en el Imjin! la historieta que da título al recopilatorio por ejemplo, ponía cara y ojos al acto de matar para sobrevivir y la pérdida de la inocencia del proceso; igualaba el enemigo al protagonista de la historia en su necesidad por mantenerse con vida a toda costa. ¡Escombros! mostraba cómo una vida de trabajo y esfuerzo la del enemigo quedaba arruinada en apenas un momento por los estragos de la guerra. Y ¡Abrir fuego! reflexionaba sobre la importancia del miedo como una forma de coraje. Todas estas vueltas de tuerca, además, ilustradas desde la particular forma de narrar secuencialmente de Kurtzmann, que abundaba en técnicas como el uso de repeticiones para crear ritmos o el fijado del punto de vista durante algunas acciones para reforzar la sensación de peligro, tensión o drama. ¡Cadáver en el Imjin! Y otras historias bélicas es una pequeña biblia de cómo hacer buenas historietas cortas y debería estar en la biblioteca de todo amante del medio.

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Fútbol, la novela gráfica de Santiago García y Pablo Ríos

futbolpnovelaLo primero que me atrae de este cómic es su forma tan atípica de tratar un tema tan popular en nuestro país. Para empezar, es cierto que no hay una tradición de cómics de deportes de ningún tipo en España. Pero, además, fuera de nuestro país el fútbol ha sido ilustrado en el mundo del cómic de forma muy puntual y siempre bajo los mismos enfoques. Fútbol, la novela gráfica no es ni una bd de aventuras, ni un shonen de batallas épicas con aspecto de partido, ni un documental sobre «la vida de». Así como sucedía con Las meninas, García vuelve abordar la cuestión de las ficciones plausibles para elaborar un ensayo narrado sobre el fútbol como deporte, como arte, como pasión vital, como elemento de amor y odio entre seres humanos. Conecta con el dibujante Pablo Ríos en el estilo de explicar ideas y contar historias que recuerda a un «documento oral» en el que el locutor en este caso, García se presenta al lector y va presentando los casos y los temas. Esto, de alguna forma, es continuador de la línea de estilo narrativo con la que se manejó muy bien Ríos en Azul y pálido. También debo decir que esta obra me atrae tanto por ser amante de los tebeos desde siempre como por ser un amante muy reciente del fútbol, y se agradece el enfoque inteligente, original y alejado de las parafernalias mediáticas, las polémicas tertulianas y demás planteamientos circenses de muchos medios de comunicación. Es por ello que Fútbol, la novela gráfica no solo es una obra rara y a contracorriente, dentro del cómic cuyo tema es el fútbol, sino que lo es también dentro de las obras o documentos mediáticos que tratan de comunicar la experiencia de lo que es este deporte; se halla dentro de los sanos trabajos que son por desgracia una excepción. Y para finalizar hay que amar este libro, por un solo momento uno de los pocos contenidos que no es de ficción—: una doble página que ilustra un instante de nuestra historia reciente ante el que hay que dibujar una sonrisa, como mínimo, mientras se lee. Es extraño y una lástima también que Fútbol, la novela gráfica haya pasado un tanto desapercibida este año en un país con un amplio número de seguidores de este deporte y en un año de Mundial, además. Quizás esto sea por el posicionamiento del libro y su voluntad de evitar lugares comunes y tópicos manidos. Quizás sea porque el cómic fuera de los géneros a pesar de haber aumentado su capacidad de penetración en la cultura popular, aun tiene muchas barreras que derribar. Pero me queda el convencimiento de que este es un libro que en el boca a boca entre los aficionados apasionados pero inteligentes del fútbol y por las buenas historias del mismo puede gustar mucho. A este novato forofo, servidor de ustedes, que cree que ya le queda menos para entender cómo funciona el fuera de juego, al menos, sí le ha convencido.

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Grandes preguntas

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“Quince años son mucho tiempo para estar trabajando en un proyecto, para contar una historia. En ese tiempo he vivido en cuatro ciudades distintas, en ocho casas distintas, y he tenido siete trabajos distintos. He estado comprometido, dos veces, casado una, divorciado y sufrido la erosión de una muerte. También he publicado varios libros, jugando con varias formas distintas de afrontar el cómic. Pero a pesar de todo eso, y de una manera muy real, siento que es ahora —al fin— cuando estoy a punto de terminar el primero.” (Anders Nilsen. Marzo, 2011).

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Vaya por delante que no soy lectora habitual de cómics. De niña miraba cómo otros niños disfrutaban como locos con los tebeos de Mortadelo y Filemón; me preguntaba de qué se reían, despistadísima, dónde estaría toda esa gracia que parecían tener aquellas historietas. Como en la casa donde crecí había solo medio libro ―una Biblia rota― no fue hasta mucho más tarde que pude darme cuenta —cuando cayó en mis manos, ya no recuerdo a santo de qué, un Calvin y Hobbes— de que no todo el monte era Ibáñez, quien sigue pareciéndome tan sin sal como cuando iba al colegio, dicho sea de paso y para que vayan conociendo mis gustos, digamos. Antes de Bill Watterson, entonces, yo no sabía nada de nada (y ya existía Google, o sea).

Se lo cuento ―lo de que no soy ni de lejos una experta en la materia, no cuál fue el primer cómic que leí o de qué limitaciones puedo hacer gala, entiéndaseme― porque si por fin me he decidido a hacer esta reseña yo misma no es porque crea, ni de lejos, que voy a poder contar bien qué es este libro, dar cumplida cuenta de la sensación que se te queda en el cuerpo tras haberlo leído, tras haber escrutado sus más de seiscientas páginas. No, no es eso; para hablar de según qué hay que conocer a los clásicos, y no es el caso, decía. Es porque si un libro de la calidad del que voy a hablarles aquí cae en esta redacción, por descontado hay que dar puntual noticia del hallazgo, no queda otra: leemos un buen libro, tenemos la oportunidad de darlo a conocer, lo hacemos. Es así como funciona. De manera que tendrán que multiplicar lo que aquí diga por una cantidad múltiplo de 10 ―sean generosos― para hacerse una idea cabal de lo bueno que es; un libro de una belleza sorprendente, aplastante por momentos, conmovedor, emotivo, de una sutileza sobrecogedora. Un ejemplar que ya se ha instalado  para siempre jamás en esta casa y en el estante de los libros que no se prestan.

El caso es que el comienzo de esta novela gráfica no anticipa en modo alguno cómo irá a desarrollarse la historia. La simplicidad de los trazos de estos primeros dibujos, el cariz de las primeras conversaciones:

Dime algún chiste.
No me sé ningún chiste.
¿Cómo que no? El otro día todo el mundo se partía de risa junto al pino del río.
¿Te refieres a lo del lince rojo? No era un chiste. Me pasó a mí de verdad.
¿Sí?
Ajá.
Entonces no es gracioso.
A mí tampoco me lo pareció.

Tal parece que anuncian algo completamente diferente, que a uno no le va a pasar nada durante la lectura de esta magnífica obra. Entiendo, tras haberla leído ya un par de veces, que es algo  premeditado, medido.

 

grandes-preguntas

 

No será hasta que aparezcan los personajes humanos ―no van a tardar mucho en hacerlo― cuando empiece a atisbarse que vamos a asistir a una narración dura en ocasiones, espeluznante en otras. Recuerdo ahora ―creo que ilustra bien esto que digo― cuando uno de los protagonistas se acerca a el piloto esgrimiendo un miembro mutilado que ha recogido de entre unos escombrosEstremecedor. El hombre sale de allí despavorido, “coño mierda joder hostia joder”, completamente alucinado, al borde mismo de la locura, si no ya inmerso completamente en ella.

Pájaros y hombres y una serpiente y un búho confluyen en un paraje donde de pronto va a ocurrir algo insólito, extraordinario. Charlotte lo sabe. Por eso “hay que vivir cada día como si fuera el último” (esta es de Morris, también conocido como el filósofo).

Leyendo sobre el autor ―no le conocía de nada, tenía luego de acabar la lectura que indagar sobre él― alguien señalaba una de las páginas, una en la que se ve a la sombra amenazante, omnipotente, de el avión sobrevolar la escena, para hablar de cómo son utilizados ciertos recursos a lo largo de la obra. El propio autor le dedica a este dibujo unas líneas al final. Pues bien, justo en la página anterior a la de la imagen que digo hay otra donde se ve a la abuela y el idiota caminando hacia el horizonte a través de una amplia pradera en mitad de ninguna parte, sin más atrezo que la figura abandonada de la modesta edificación donde viven. La sensación de desesperanza y soledad que transmite ese solo dibujo da buena cuenta de lo que se puede esperar del resto. O cuando, y de una forma especialmente emotiva ―o así me lo parece a mí―, se ve cómo le sobreviene la muerte a uno de los personajes principales,”tan callando”. O cómo se va anticipando que se va a morir en las viñetas previas.

Anders Nilsen cuenta en el epílogo que la semilla de la que partirá lo que acabará siendo esta obra aparece en un taller al que asiste en 1996. Tenían que dibujar en unas cuartillas un modelo una y otra vez hasta que no les quedara más remedio que idear nuevas maneras de dibujar. Al tener que dibujar el mismo motivo de tantas maneras diferentes tenían que aparecer formas nuevas, formas que no habían utilizado hasta entonces. Ahí fue donde empezó a dibujar los pájaros. Grandes preguntas se ha hecho con dibujos que han ido conformando una historia que ha ido creciendo a medida que pasaban los años. “Los pájaros reaparecieron y empezaron a hablar entre sí”, cuenta. Y el resto igual. Fueron presentándose los distintos caracteres, los humanos, los conflictos, las alimañas, más preguntas. Cientos de cuartillas donde el autor iba dibujando, aprendiendo, averiguando cómo hacer, qué era lo que quería dibujar, qué podía y quería contar y cómo. Sobre todo cómo. Un trabajo arduo, muy elaborado. Diría que magnífico; no lo digo: la palabras grandilocuentes las carga el diablo, y es por eso por lo que no se sabe reír. Bromas que nadie entiende salvo yo aparte, comprádselo a un librero o robadlo en una gran superficie: de veras que es un libro que es un gustazo tener.

“Por encima de todo, este libro está dedicado a las personas que me leían historias cuando era niño: mi madre, mi padre, Dick y Lila”..

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Portada

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Grandes preguntas
, de Anders Nilsen.
Título original: Big questions

Editores de esta edición en castellano: Sinsentido y Fulgencio Pimentel.
Premio Ignatz a la Mejor Novela Gráfica 2012.
Nominado a Mejor Álbum en el Festival de Angoulême 2013.

Traducción: Alberto García Marcos.
Encuadernación: Rústica con solapas
Interior: Blanco y negro
Páginas: 602

 
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Sketch Down: febrero

Sketch Down

La Novela Gráfica del Juicio Final

Empezaremos las recomendaciones con una serie. “¿Pero cómo? ¿En la sección de tebeos? ¿Hablaremos de animación, acaso?” Pues no. “¿Adaptación de alguna célebre serie de cómic acaso?” Pues tampoco. “Oye, que yo he venido aquí a por tebeos”.

Y es que los tebeos tienen mucha relación con Utopía, la excelente miniserie de seis episodios que acaba de emitirse en tierras británicas. Para empezar porque el tema gira alrededor de una intrigante carrera en la que se ven envueltos cuatro foreros, desconocidos entre ellos en la vida real, por conseguir el manuscrito de la segunda parte de una novela gráfica inédita, tras la que parece estar más gente detrás: asesinos y organizaciones secretas varias. Lejos de estar planteada como una comedia o parodia —aunque nos arranque alguna sonrisa torcida en algún momento— el thriller resultante es absorbente, inquietante en los temas de actualidad que toca, y plantea un juego de conspiraciones e identidades ocultas de las que fuerzan al espectador a elaborar esas deliciosas quinielas sobre qué está pasando realmente y quién es quién en el juego de espionaje que se despliega ante nuestros ojos. Súmenle la garantía de que en seis episodios se finiquita el asunto, con todas las respuestas sobre la mesa.

Lo siguiente que nos lleva a pensar en cómics al ver la serie es el impecable despliegue visual. Una fotografía de lujo donde cabría pensar que cada segundo de plano ha sido dibujado meticulosamente sobre la pantalla: una estética visual impactante con una banda sonora pegadiza.

utopia

Y para terminar… bueno, que es cojonuda. Recientemente, el nivel de fiabilidad de las series británicas es tal que creemos que casi se disfrutan más con el mero apunte de su recomendación. A falta de que nuestro comité de expertos la revise de arriba abajo y la incluya en nuestra lista de imprescindibles, no podíamos evitar dejar caer nuestras cuatro líneas e instaros a verla.

Lecturas y otros hábitos

Algo menos excitante ha sido la lectura del informe sobre Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España en el año pasado, que puede leerse en este enlace. Entre otras cosas, porque el perfil que concluyen del comprador y lector habitual de cómics no revela cambios importantes. Amén de que en algunas categorías se incluye erróneamente el tebeo como género y no como medio. Observamos que tratan revistas, libros, prensa y cómics como soportes diferenciados, pero se le pregunta al entrevistado “¿Cuál es la materia del último libro leído?” y se incluye como categoría —o se acepta como respuesta— “cómic”. ¿Entendemos que lo último que leyeron fue un cómic (soporte) y no un libro? ¿O entendemos que lo último que leyeron es un libro sobre cómics (temática)? Que haberlos, haylos, y muy interesantes. Y de los que parece que cada vez se están editando más.

Al margen de los pocos cambios en el perfil de los lectores de cómics, de sus hábitos de compra y lectura de los mismos este año en comparación con los anteriores, se antoja interesante el aumento de lectura general de libros, revistas y prensa en versiones digitales, porque no lo es tanto en el caso de los cómics. El estudio lo atribuye a una falta de oferta de los mismos. También es interesante ver en las listas de los más comprados a un historietista, Aleix Saló (13º) y su última obra Simiocracia (12º).

También queremos saludar desde aquí al 31’1% del total de la población que navega por internet buscando reseñas y críticas literarias, por la parte que nos toca.

Lecturas

prophetProphet 1: Remisión
Brandon Graham, Simon Roy, Farel Dalrymple, Giannis Milonogiannis, Emma Rios
Aleta, 2013
160 páginas. 17×26 cm
Rústica. Color

La historia de la serie Prophet es la de una babosa fea y desagradable que se transforma en mariposa gracias a un capullo tejido por otros. El Prophet original nació en el 93 con el aspecto de homeless disfrazado de caballero del Zodiaco reprogramado como una máquina de matar y despertado tras años de hibernación. Aquella criatura se gestó en las cuadras de Image Comics y era obra de Rob Liefeld (personaje muy odiado en el mundo del cómic, tanto por sus métodos empresariales como por sus plagios, su memez creativa o lo desastroso de sus dibujos de absurdas proporciones capaces de abonar artículos como este). La obra no sobrevivió demasiado en el mercado, ni siquiera cuando trató de ser relanzada a mediados de los 90.

Y muchos años más tarde, en 2012, la Image Comics actual anuncia que revive la franquicia. Brandon Graham (responsable del loco King City) construye sus cimientos encargándose del guión y mutando la historia hacia la aventura espacial, conservando en principio solo detalles anecdóticos de la obra original: el título y un protagonista proyectado al futuro tras un largo sueño. Y el resultado es tan opuesto a lo que engendró Liefeld como estupendo. Y tan convencido de sí mismo que incluso se decide por echarle huevos y no resetear la memoria de los insulsos tebeos anteriores: la numeración del Prophet de Graham comienza en el número 21, recordando sin ruborizarse que existen 20 entregas noventeras que no tienen nada que ver con la presente. Y esto último es de agradecer.

El Prophet moderno comienza con un John Prophet expulsado a la superficie de un planeta árido, con una misión encomendada por sus propios sueños en un planeta futuro donde lo interesante (para los mangoneados clichés del género) es que la especie humana es un vago recuerdo. Graham arranca construyendo de manera maravillosa la odisea de la supervivencia. No toma un personaje y nos cuenta sus aventuras recubriéndolo de un aura superheroica, suelta a un personaje en un mundo completamente hostil y le grita ¡Sobrevive! Recuenta su inventario, le azota con una lluvia de criaturas feroces, lo abandona en páramos desoladores, lo convierte en un Bear Grylls cósmico que se dedica a cazar todo lo que encuentra para llenar las tripas y lo humaniza pese a vivir en un mundo contrachapado por la ci-fi pura, esa que se retroalimenta y retoza en decenas de ideas pescadas tanto del pulp más elemental como de la reverencia directa a Moebius. Y cuando creíamos que todo el volumen iba a ser una especie de revisitación de Conan en formato espacial, Graham cambia de artista a los lápices*, de historia y de protagonista… o quizá no. Y continua jugueteando con la ciencia ficción enmarañando más y más un universo que esconde más de lo que muestra y explica menos de lo que necesitamos.

Pulp y pulpa de aventuras galácticas, el espíritu del bárbaro cimerio teletransportado al posapocalipsis de la raza humana. Un space western muy hábil con sus armas que aspira a épica galáctica con una estupenda puesta en escena vibrante en el dibujo (y en la que Simon Roy gana de calle y por dos cabezas a sus compañeros).

Asomarse a Prophet es como encontrar hoy en día, sin esperarlo, una veta de la ciencia ficción más pura.

Y ojalá que los números venideros vuelen a la misma altura.

(*)Una de las grandes ideas de la obra es dividir la epopeya en las aventuras de varios protagonistas diferentes y que de cada uno de ellos, y de sus devenires, se encargue un dibujante diferente. Lo premeditado es que los artistas sigan ilustrando las correrías del personaje que tienen asignado en futuras entregas.

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azul y pálidoAzul y pálido
Pablo Rios
Entrecomics Cómics, 2012
88 páginas, 17 x 24 cm
Cartoné. Color

Pablo Ríos ha debutado este pasado año con un tebeo sobre OVNIS. Su opera prima es tan inusual tanto en temática como en enfoque que los reseñadores de Sketch Down hemos decidido tratarla precisamente como una rareza avistada por el horizonte y elaborar un informe con las particularidades del objeto en cuestión que lo hacen precisamente algo realmente “extraterrestre”.

1) Distorsión espacio-temporal
La obra cuenta nueve relatos de testimonios reales sobre casos de ovnis, en menos de un centenar de páginas. Todas las historias están documentadas en casos reales —refiriéndonos a los testimonios de los individuos, sin entrar en que estos puedan ser falsos o no— y, quitando el tema común, no tienen relación entre ellas. La sucesión de las nueve narraciones y la inmersión en estas provoca que el libro nos dure más de lo que aparenta su tamaño.

2) Sinestesia narrativa
Como bien indicó en una de las presentaciones en Barcelona el experto en cómics —y en aliens— Daniel Ausente, el estilo narrativo de Azul y pálido es el de un documento oral. Con el espíritu de la adaptación gráfica de un documental, la lectura de sus textos se reproduce en nuestras cabezas como una voz en off de los diversos protagonistas acompañando a la sucesión de imágenes.

3) Manifestaciones visuales de diferente inspiración
La diversidad de los relatos contados desde el mismo tema que ocupa es amplia. Y también lo será el estilo visual usado para ilustrar cada uno de ellos. Destacamos, por ejemplo, un homenaje a las cosmogonías del gran Kirby. Pero también habrá atisbos del retrofuturismo de los 50, episodios inquietantes que remiten a Encuentros en la Tercera Fase o relatos de intriga y acción relativos a producciones más contemporáneas como Expediente X. Todo ello enmarcado con una introducción y conclusión conducida por un referente clásico de la cuestión de los misterios del universo, el divulgador Carl Sagan.

4) Observador imparcial
Ríos, a través del documento, da voz a cada testimonio, pero no da crédito ni lo retira. No justifica ni parodia. El libro simplemente transmite y, al margen de plantear algunas preguntas y elaborar algunas reflexiones, lo libera de la emisión de juicio alguno; aspecto que, dado el tema planteado, realmente es una rareza.

5) Agente doble e infiltrado mediático
Precisamente la anterior característica ha permitido que el libro haya tenido una buena acogida tanto entre los escépticos de la ufología como entre los creyentes. Es más, no solo ha sido un medio para llevar el tema a los lectores de cómics —muy poco tratado anteriormente y menos en estas claves— sino que ha sido un medio para que el propio medio —el cómic en general— aumente su presencia popular y ayude a aumentar la conciencia en el público no lector habitual de que este tiene unas capacidades narrativas y documentales tan potentes como cualquier otro medio audiovisual.

Diagnóstico final: Para considerarse este un primer avistamiento de las manifestaciones artísticas del señor. Ríos ante el gran público, destaca la buena estructura de la obra, la novedad tanto de la temática como del planteamiento en el medio y la variedad de imaginería a la que es capaz de acudir con un dibujo sencillo y pragmático complementado por una forma externa elegante, bien diseñada y aparentemente inofensiva. Puede ser una buena obra para curiosos de la cuestión ufológica como entradilla neutral al mismo, pero también lo es para los que solo quieran quedarse en esa antesala y conocer los nombres más emblemáticos de la historia de los testimonios sobre abducciones y avistamientos. Recomendamos una vigilancia estrecha sobre el autor responsable y seguir su carrera con detenimiento.

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tokyo sanpoTokyo sanpo
Florent Chavouet
Ediciones Sins Entido, 2012
208 págs. 19,5x 26 cm
Rústica con solapas. Color.

A mi regreso a Francia me preguntaron si me había gustado China, a lo que respondí que, en cualquier caso, los japoneses del lugar habían sido de lo más hospitalarios”.

En 2006, Claire, la novia de Florent Chavouet, se mudó a Tokio durante medio año para realizar unas prácticas. Y su pareja, ese francés graduado en Arte, decidió acompañarla al tiempo que incluía en su mochila una libreta de dibujo, una silla plegable y un puñado de lápices de colores. Una vez allí dedicó su tiempo a rodar en bicicleta por el asfalto japonés, plasmando la urbe y sus entrañas en estampas abocetadas y coloreadas que realizaba sobre la marcha en lugares públicos y cafeterías de amplios ventanales. Y una vez de vuelta, aquel material dio el salto a las librerías. Tokyo sanpo no funciona como una guía de viaje, ni como un tomo de recomendaciones sobre lo más destacado de la capital de Japón. Tokyo Sanpo propone contemplar la ciudad a través de la mirada de un extranjero que se para a curiosear las apiladas formaciones urbanísticas más modestas, las vestimentas y modas de los transeúntes y sobre todo los objetos cotidianos que le resultan marcianos y pintorescos al visitante. Y es que Chavouet confecciona ilustraciones preciosas de callejuelas, de edificios, de carteles publicitarios, de vehículos y de gente que pulula en torno a todo lo anterior. Pero también se para a contemplar las etiquetas de la fruta, los envases de comida insólita, los insectos, las papeleras, las máquinas expendedoras y la señalización de tráfico.

Tokyo sanpo es permitirle al propio Chavouet que nos lleve de la mano por el Tokio que él mismo conoció durante esos meses. Sus capítulos se abren con mapas de los barrios, detallados y dibujados a mano, en los que el autor tiene la amabilidad de señalizar a los Koban —policías de barrio— potencialmente peligrosos para el usuario de bicicleta. En el propio libro Chavouet muestra su colección de multas por aparcar las dos ruedas donde no debía, y también nos narra un curioso incidente en una de las comisarías. Además incluye el detalle de anotar las localizaciones del mapa con pequeños apuntes que van desde lo trivial y anecdótico a lo interesante para el turista. Y desde el comienzo de la lectura nos avisa que la lógica que guía a este paseo por la metrópolis no responde a nada más que a su día a día y a su humor. Son estos factores (visibles y palpables) los que justifican las ilustraciones, esos dibujos que a veces están inacabados porque la lluvia amenazaba o porque el objeto que servía de modelo había desaparecido del campo de visión. Lo más destacable es que el fabuloso uso del lápiz del francés convierte el callejeo en hermosas estampas con alma de dibujo animado y una técnica admirable. El Tokio de Chavouet, un Tokio construido con lápices de colores. Remata la faena la sólida edición de Sins Entido que hace que parezca como si cada página hubiese sido extraída directamente del cuaderno original.

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Señor Mardi-Gras DecenizaSeñor Mardi-Gras Deceniza vol.1
Éric Liberge
001 Ediciones, 2011
128 páginas. 17 x 24 cms.
Rústica, Color

Cuando empecé a leer las primeras páginas de esta obra —publicada aquí hace un par de años, finalizada en Francia hace siete y ganadora de un Premio René Goscinny en Angulema— la primera referencia que me vino a la mente por el ambiente melancólico y su huesudo protagonista fue, inevitablemente, Tim Burton. Ampliada la historia y su universo visual unas páginas después, las siguientes referencias fueron los mundos delirantes de Jodorowski y el —salvando distancias, claro está— Moebius del blanco y negro con desiertos de arenas blancas, cielos profundamente negros y el despliegue de alguna monumental ciudad de fantasía, con un repunte fantasmagórico-fantástico entre lo gótico y lo modernista. Unas páginas más tarde aquello se había convertido en un festival rocambolesco de esqueletos andantes intentando organizarse en sociedad de una forma tan tragicómica que podría hacer fácilmente las delicias de Terry Gilliam o Jean Pierre Jeunet.

Solo llevaba leídas 25 páginas de 125. Así que decidí que, con tanta referencia flotante, el autor —del que no había leído nada hasta el momento— ya había conseguido construir su universo único y personal. Y sumergirme en él, por lo que logré completar y disfrutar su lectura esquivando la frecuente deformación profesional que a veces nos asalta a los reseñadores de buscar símiles autorales por todas las esquinas de una historieta.

Señor Mardi-Gras de Ceniza es una fábula épica y fantástica construida sobre la incognoscible respuesta a la gran pregunta: adónde va el ser humano cuando muere. Según el inicio del relato, de este no quedan más que los huesos —la parte más resistente de su cuerpo— y acaba en un lugar, un desconocido paraje de noche constante en el que va a morar para el resto de la eternidad o mientras le aguante el esqueleto. El protagonista —que da nombre al tebeo— no tardará en encontrarse con todos los difuntos que han llegado allí antes que él y que, en un amago de organización social no muy original les ha dado por reproducir, de nuevo, como en vida, instituciones civiles y religiosas para gestionar la ingente cantidad de fallecidos y tratar de darles una explicación a semejante broma de vida después de la muerte. Esta es una sociedad que también se las ha ingeniado para recuperar pequeños placeres —una gastronomía digamos altamente exótica y un cine basado en los recuerdos de los fallecidos— para tratar de olvidar u obviar el purgatorio presente. Deceniza, de carácter contestatario e inconformista, causará revuelos en la necrópolis, generará interés en los estamentos superiores y facciones secretas del lugar, que le tienen por un activo valioso de cara a desvelar el misterio del mundo debido a su profesión en vida —cartógrafo—; y se verá embarcado en una búsqueda por recuperar un artefacto sobrenatural preciadísimo: su propia alma. Toda una señora historia.

Éric Liberge se inventa una excelente ambientación inframundesca con el uso inteligente de muy pocos colores —blanco, negro, cobre, muchos grises y algún otro color muy puntual— e ingeniosos efectos de salpicado en negativo para los fondos. También despliega ideas creativas para el dibujo caracterizado de los personajes: el autor se deja la mano dibujando miríadas de esqueletos exactamente iguales, distinguiéndolos a través de pequeños detalles como el rechapado con metales que estos hacen sobre su osamenta. Y realmente consigue construir un mundo de fantasía crepuscular con la firma de la imaginación visual de la bd francesa. Pero no estamos ante una fábula escapista, sino todo lo contrario. Ante nuestros ojos se reproduce la pesadilla-broma kafkiana definitiva: después de muertos tenemos que seguir soportando a burócratas haciéndonos rellenar formularios, a sacerdotes diciéndonos en qué tenemos que creer y, en definitiva, a instituciones, facciones y grupos variados tratando de dirigir nuestras vidas para sus propios beneficios. Más o menos como en el mundo real presente, solo que hasta el fin de los tiempos. Lo que inevitablemente no dejará de tocar la fibra al lector.

A este primer volumen, que contiene dos de los cuatro primeros libros franceses, lo único que le puedo reprochar es lo poco lúcido de su edición española —un poco pequeña para mi gusto— porque por todo lo demás ha sido un disfrute —y un descubrimiento— de tebeo en toda regla.

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Tinta de GuatinéTinta de Guatiné
Varios Autores
Libros de autoengaño, 2013
32 págs. 14 x 21 cm
Color

El día a día del dibujante de tebeos en una página. Esta es la propuesta de una recién nacida editorial que abre fuego en su rama de fotonovela-cómic con un pequeño librito en el que han participado hasta 27 autores para dejar constancia ilustrada de los trasuntos del quehacer cotidiano del historietista. El torrente temático ha sido tan variado como los estilos gráficos de cada uno de ellos, que han optado por historias que usan desde una sola viñeta hasta casi una veintena o ilustraciones a página entera, con composiciones ingeniosas y opciones de diseño gráfico. Allí se han expresado la ilusión o la fantasía de un futuro brillante, la desesperación ante la idea que no surge, la cíclica jornada laboral eterna que va de la cama a la mesa de dibujo, las interrupciones de los deberes familiares y paternales y los cantos de sirena de las distracciones que invitan a la procrastinación. Cada uno de ellos ha dado voz a su experiencia personal con originalidad y bastante humor. El libro es una buena muestra de autores, algunos ya conocidos y otros que se darán a conocer muy en breve. Un vistazo a lo que ofrece y puede ofrecer nuestro panorama del cómic.

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Angulema 2013

Para finalizar, os dejamos con el palmarés de Angulema de este año, que contiene obras publicadas en nuestro país y que os invitamos a leer.

-Gran premio de la ciudad de Angulema:

Willem.

-Premio especial 40º Aniversario:

Akira Toriyama.

-Premio al mejor álbum:

Quai d’Dorsay 2. Crónicas diplomáticas, de Abel Lanzac y Christophe Blain (editado en España por Norma Editorial)

-Premio del público:

Tu mourras moins bête 2, de Marion Montaigne.

-Premio especial del jurado:

Le nao de Brown, de Glyn Dillon.

-Premio a la serie:

Aama 2. La multitud invisible, de Frederik Peeters (editado en España por Astiberri).

-Premio revelación:

Automne, de Jon McNaught.

-Premio patrimonio:

Krazy Kat 1, de George Herriman (editada en España por varios editores).

-Premio polar (premio al género en novela negra):

Castilla drive, de Anthony Pastor (editado en España por Ediciones La Cúpula).

-Premio juventud:

Les Légendaires 1. Origines, de Patrick Sobral

-Premio al cómic alternativo:

Dopututto Max, de Misma Editions.


Lo inquietante: Clift


Lo inquietante tuvo lugar cuando dos hombres presuntamente adultos enfundados en sendos trajes de conejo llamaron a nuestra puerta con un par de criaturas de celulosa en brazos.

Lo perturbador aconteció cuando aquellas pesadillas lynchianas de felpa nos ofrecieron a sus retoños y nos alentaron: “Coméoslos”.

Dichos retoños respondían (ambos) al nombre de Clift, eran cuadrados, tenían un gramaje generoso, un traje de dos tintas y el clasicismo estoico de la grapa. Eran hermanos y los separaban tres meses de diferencia. Un trimestre que parece ser el tiempo normal que requiere el proceso de gestación y alumbramiento entre los miembros del colectivo DeHavilland quienes, sospechamos, probablemente eran también el relleno de los antropomórficos Oryctolagus cuniculus.

Clift es un fanzine y DeHavilland una agrupación comandada por Eduard de Vicente y Rafael Luna. Cada una de sus entregas orbita en torno a un tema concreto. Clift luce modales profesionales en el acabado y propone un paseo de cuarenta páginas en el que el camino está pavimentado por una alianza entre lo literario y lo gráfico, combinando textos, ilustraciones, collage y fotografía. Pero lo realmente conmovedor y tierno de la empresa es el criterio de selección de las materias a tratar en cada número: los perpetradores de Clift se centran en el estudio de aquello que les resulta de algún modo angustioso, perverso o deformado. Exponen su máxima a las claras: “nos gusta lo inquietante”. Y demuestran que lo inquietante vive alrededor de nosotros. Analizan subculturas tan locas como los militantes del furry fandom, esos hombres y mujeres ya bastante maduros que asisten a quedadas disfrazados de gigantescos animales de peluche para cargarse el corazón de electricidad estática a base de roces acolchados. O investigan esa curiosa y exótica ramificación de la cocina-fusión que combina lo intelectual con el paladar: la bibliofagia, o el placer estomacal de llevar hasta límites muy optimistas la expresión “devorar libros”.

Clift #01: Pelaje

El arriba firmante se ha enfrentado a bastantes cosas retorcidas a lo largo de su tosco recorrido vital, pero nunca se había parado a pensar que existe algo realmente turbador en el hecho de que haya gente que vive parte de su existencia dentro de un disfraz de mascota, bien sea por trabajo, por fetichismo de la pelusa o simplemente por la enmascarada diversión que proporciona el meterse dentro de un animal sin pisar el colorido mundo de la zoofilia o ser denunciado y amenazado de muerte por algún psicópata con carnet de afiliado a PETA.

El primer número de Clift se arrodilla ante el furry fandom como eje central. Y sus páginas y colaboradores exprimen al teddy bear gigante de manera sorprendente. Eduard de Vicente repasa la historia del asunto desde el chamán milenario hasta los fursuiters en un texto cargado de revelaciones. Rafael Luna analiza el concepto de mascota deportiva y su poder de santificación cuasicelestial en el deporte. Pedro Pérez Forcén reflexiona paseando por el Ikea tras encontrar ternura laboral en una empleada disfrazada de lápiz gigante. Jota investiga con maña la (silenciosa pero visible) presencia del disfraz de conejo en el celuloide. Dashiell Fernández asiste a una curiosa reunión de gente con colas postizas, Jonathan Millán ilustra una noticia aterradora protagonizada por el pato Donald, Judit Taborda ofrece el escrito más paranoico y desquiciado del número, Miqui Otero resucita en la ficción a un Curro que no veíamos desde el 92 y Virginia Capellas salpica algún pelaje sintético con un chorro de líquido vaginal. Alex Redondo, Brian Berman, Daniel Vega, María Herreros, Nadia Pastor, Silvia Poch y Nicolas Provost empaquetan el asunto con dibujos y fotografías. Y Sara Xiol se dedica a salpimentar todo el número con unos ilustrativos ¿Sabías que…?.

DeHavilland demuestran que no son mancos y se sacan de la chistera con este primer número un fanzine curiosísimo, de alineación competente y maquetación impecable con notables decisiones de diseño como ese sutil detalle de utilizar la restricción a dos colores para dividir la naturaleza de los textos, los que optan por la fábula por un lado y los cercanos a la realidad por otro, dependiendo del color de base de la hoja. Los participantes en esta orgía de peluches antropomórficos se esmeran y el resultado alcanza bastante más lejos de lo que uno se podría imaginar cuando se parte de un tema central tan poco común.

Y además de todo eso en las páginas finales aparece una calavera con el nombre de Murray. Toda calavera debería llamarse Murray.

Clift #02: Celulosa

Un servidor, como todo sociópata en potencia, era en su infancia bastante reservado, gordo y (a consecuencia de esto último) estático durante la mayor parte del tiempo. Por eso mismo los recreos resultaban más fáciles de afrontar si uno andaba lejos de una pelota rodante y más cerca del plan que proporcionaba atrincherarse en un rincón del patio con la merienda en una mano dispuesta a ser devorada y el libro en la otra mano dispuesto a ser leído. Curiosamente nunca tomó fuerza algo remotamente parecido a la idea de invertir el proceso (es decir comerse el libro, que no leerse la merienda). Pero por lo visto sí que fue plato común en la dieta de muchas otras personas. Personas que mastican libros, así con todas las letras. Que llevan toda la vida haciéndolo y sacándose párrafos de entre los dientes después de las ingestas literarias.

La bibliofagia es la tradición milenaria de zamparse un libro con cuchillo y tenedor que hace posible el segundo número de Clift. En el relleno comestible Rafael Luna hace un repaso curioso a bibliófagos ilustres de la historia, Lucía Lutmaer se confiesa en modo autobiográfico (con mención, que suscribo, a La guía del autoestopista galáctico como saga azuzadora del insomnio), Owen Gent redibuja a una Alicia de Lewis Carroll bibliófaga, el Colectivo Leland Palmer se pone académico y empieza con Sócrates para continuar repasando la estética del grignoter, Sergi Puyol revisita el apocalipsis, Ibán Manzano analiza libros que han hecho acto de presencia a lo largo de la serie Perdidos, Alex Redondo se marca un cómic delirante, Eduard de Vicente borda una maravillosa fantasía de cincuentona lectora, Alain Forton rescata una rareza de ese tempestuoso mar de locuras que es Yahoo Answers, Agustín Fernandez Mallo se pone escatológico y crea excrementos leídos, Judit Taborda compone un cuento de libreras con pésimo gusto y clientes con exquisito estómago, Land L se autoescriben notas con el metabolismo del Yoyó. Y Andrea Kaiser, Laura Redburn, Ellen James, Judit Canela, Sara Xiol y Pablo Boffelli también hacen de las suyas. Cierran el fanzine los propios editores aconsejando (de manera bastante extraña) comerse el propio ejemplar.

La segunda entrega de Clift pierde inevitablemente el factor sorpresa de la primera (y también toca un tema quizás algo menos sorprendente que aquel) pero no desmerece. Sigue tomando un rumbo poco explorado y desmarcándose para bien de la fanzineria común. Además los responsables han tenido el buen gusto de presentarla en sociedad en un evento que tenía más de gastronómico que de literario, con un bonito surtido de tartas de temática bibliotecaria en una Edible book party que predicaba con el ejemplo del relleno del propio número.

El futuro

DeHavilland amenazan con seguir construyendo Clifts y ya han desvelado que la tercera encarnación escarbará en el fanart como concepto: “Nos inquieta el fan art como arte que nace de la admiración. Desde el shitty art de mirada amateur sobre una obra o ídolo adorado hasta las reapropiaciones plásticas y narrativas que cambian estilos, introducen tramas y personajes, mezclan ficciones, precuelan y secuelan, entre muchas otras opciones”.

Además nos comentan que el 20 de diciembre se presentará en sociedad dicho tercer volumen con un evento cargado de fanart original y que también tienen alguna nueva colección en el horno casi a punto de ser presentada.

Todos aquellos inquietos que tengan curiosidad por saber que traman los chicos de DeHavilland pueden darse un paseo por su minimalista página web donde es posible comprar online alguno de los ejemplares o indagar por ese (muy recomendable) rincón de facebook en el cual el colectivo anuncia tanto presentaciones y novedades como desata y destapa sus peculiares filias e inspiraciones.

Clift #1

40 páginas
Papel de 150 gr. Dos tintas.
Encuadernación grapada. 5 €

Clift #2

48 páginas
Papel de 130 gr. Dos tintas.
Encuadernación grapada. 5€


Pudridero, de Johnny Ryan

Pudridero
Johnny Ryan
Entrecomics Comics / Fulgencio Pimentel
240 páginas. 17 x 24 cm.
Cartoné. B&N.
20 euros

Para hablar de la última obra publicada por Entrecomics Comics y Fulgencio Pimentel en esta reseña me he decidido por un inicio clásico y algo rancio, probablementeacudiendo a la RAE. Para consultar la definición del término empleado en el título de la misma, quiero decir, que nos facilita una primera acepción entendida como el sitio o lugar en que se pone algo para que se pudra o corrompa. Porque eso es exactamente Pudridero.

Titulada en el original como Prison Pit, la historia comienza con la llegada del protagonista, Carantigua, al lugar en el que se desarrolla la acción, arrojado allí por sus carceleros. No sabemos por qué ha sido capturado, ni quién es, ni qué es esa versión del carcelario yermo australiano entre planetario y futurista al que lo han enviado, que tanto podría ser una Esfera de Dyson para criminales como el puñetero infierno, sin más. Solo sabemos que tendrá que arreglárselas para sobrevivir en un entorno abiertamente hostil.

A caballo entre la espectacularidad de la lucha libre mexicana y las maniobras fantásticas del manga de acción más gore, Johnny Ryan lleva al fornido y salvaje protagonista de su obra al enfrentamiento visceral con diversos enemigos otros presos, si no nativos del lugar con inspiraciones visuales sobre la monstruosidad que abarcarán diversas mitologías, desde la griega a la lovecraftiana, y referentes más contemporáneos, comerciales y populares como la juguetería de monigotes articulados de los ochenta del estilo de los Masters del Universo. Toda esa monumental refriega se saldará a base de hostias a rodabrazo, pero también a través de un surtido arsenal escatológico. Como leen: los movimientos y combos letales de los contendientes se desarrollan a través del uso creativo y sobrenatural de toda una variedad de fluidos corporales y casquería, elementos clave para obtener la victoria. Semejante despliegue de vísceras y líquidos internos no es gratuito, como bien comenta el crítico Santiago García en una de sus reseñas sobre la obra que además emplaza dentro de un cierto grupo/movimiento artístico en materia de minicómics que denomina como los primitivos cósmicos. Si en una escena cualquiera de un cómic cualquiera el autor recurriera a la escatología para provocar una reacción en el lector o buscar así la carcajada fácil, podríamos hablar sobre la gratuidad de su uso. Pero este no es el caso. Todos esos elementos devienen esenciales para el transcurso de la acción, como el acero y los embrujos pudieran serlo en un cómic de acción de espada y brujería, porque es lo que define la ambientación y a los personajes y sus esencias.

Como lectores, asistimos a los acontecimientos como cuando se presencia un accidente: sabemos que es algo muy chungo, pero no podemos apartar los ojos. Más aun, este será un accidente en cadena, dado que los rivales vendrán uno detrás del otro, subiendo las apuestas constantemente. Un terrible trajín sisifesco en el que, para sobrevivir, Carantigua deberá seguir la lógica vital del pudridero: ser más sucio que el otro, corrompiéndose, adaptándose y transformándose a sí mismo, para así subir al siguiente nivel.

Si el impacto argumental de la obra les parece para caerse de culo, el impacto gráfico no lo es menos. Ryan decide presentarnos toda la obra con el estilo garabateado de un crío, a base de dibujar anatomías de monigote de juguete, fondos simples y vacíos y mucha línea explosiva para la acción. Sin embargo, en lo que se refiere a la estructura de la viñeta y su secuencialidad todo está bien organizado, el transcurso de las acciones queda perfectamente comprensible y todo lo que aparezca en la historia será identificable. La ausencia de realismo en el dibujo salvará parcialmente a los sensibles para con el gore, pero inevitablemente cuando veamos un mojón ante nosotros, lo identificaremos como tal de forma automática (o casi). También ahí podría residir una de las claves del éxito del libro: que el estilo gráfico lo acerque al lector induciéndole a pensar que podría haberlo dibujado él mismo, consiguiendo que semejante despliegue de inventiva e imaginación sin fin despierte el niño que llevamos dentro. Eso sí, uno gamberro, marrano y bastante enfermizo.

En cuanto a la excelente coedición de Entrecomics Cómics y Fulgencio Pimentel, cabe destacar que contiene los dos primeros libros de la versión original en este la serie original tendrá seis entregas y que trae consigo una divertida contradicción: tan sucio y podrido es su interior como pulcro y refinado su diseño exterior. Y así parece ser que es como ha gustado en Estados Unidos.

Para el futuro solo nos queda saber si el título español dará sentido a la obra también en la segunda acepción que da el DRAE al término: el de una cámara destinada a los cadáveres antes de colocarlos en un panteón.


¡Caramba!

Pasado

Es una estampa clásica. Una calle es recorrida por las piernas, los nervios y los ojos inquietos de una señorita de figura atractiva, corte de pelo a lo garçon, elegancia innata y deslumbrante sofisticación, digamos que con unos vientos a lo Jean Seberg, que parece dedicarse, no sin cierto desasosiego, a la caza y captura de algún bien recientemente extraviado. Lo poco fructífero de su batida callejera acaba conduciéndola a reclamar la ayuda de un recio caballero, digamos que con un porte similar a Jean-Paul Belmondo, que se encuentra contemplando la escena con cierta curiosidad.

La chica se acerca tímida pero apresuradamente, le roza de manera temblorosa y con un hilillo de voz y sus ojos aún saltando por algún punto incierto de las calles, le pregunta anhelante en un susurro trémulo:

—Perdone, ¿ha visto a Mistetas?

Ahí estaba. El núcleo primigenio del humor por tradición oral. Una estampa clásica. El chiste del perro Mistetas. Una de las cosas que con más rapidez, gracias a millones de bocas y orejas, se ha transmitido en este país generación tras generación junto a aquello que propició que Ricky Martin no saliera del armario hasta estar convencido de que la mayonesa, la chavala liberal e Isabel Gemio ya se habían ido. Mistetas. El humor burdo o la piedra filosofal de la coña. No representaba solamente a una mujer con una percepción de la realidad difusa a la hora de tener que bautizar a sus mascotas, era algo más. Era un francés, un inglés y un español entrando a un bar para narrarte las desventuras escolares de un infante llamado Jaimito. Era Paca poniéndose medieval con un enchufe detrás de un telón. Era gente de Lepe llamando por teléfono para contactar con Consuelos y Conchitas. Eran clásicos ignorados, la mecánica del humor hablado más vilipendiada.

Manuel Bartual y Alba Diethelm decidieron hacer justicia a todo esta cultura popular del humor y en Junio del 2011 salía a la venta vía web una locura editorial: el fanzine-tebeo ¡Caramba! un compendio, con intrigante promo previa en forma de ensalada de caras conocidas, que en un centenar de páginas aglutinaba a 30 autores vertiendo y pervirtiendo el chiste primigenio. Tirada de 333 copias numeradas y agotadas por la voracidad de los lectores de manera fulminante. Una segunda edición ampliaría a 999 los ejemplares y estos serían despachados en cuestión de un mes. Bartual y Diethelm decidieron estoicamente no reeditarlo y ponerse manos a la obra con una tarea más épica: bajo el mismo nombre de su primera publicación (¡Caramba!) cimientan una editorial independiente redefiniendo a su medida el canal entre el autor y el distribuidor: ¡Caramba! desde su nacimiento se promociona a través de las redes sociales y las tempestades de Internet y se vende principalmente a través de su página web.

El éxito de aquella revisitación del chiste legendario tendría secuelas no ya inesperadas, sino más bien insólitas: ¡Caramba! 2 comenzó a gestarse y los buzones de la prensa empezaron a recibir misteriosas misivas que anunciaban el advenimiento durante enero del 2012 de lo que anunciaban como el tebeo más largo jamás creado. ¡Caramba! 2 al final se retrasó un poco (fue publicado en marzo) pero aquello tenía su razón de ser, sus perpetradores pretendían con el nuevo fanzine no repetir temática, formas, maneras o formato. Especialmente esto último. ¡Caramba! 2 venía dentro de un tubo y solo tenía una página, aunque esta era una única página de cinco metros de largo. El fanzine era una tira enrollada y entubada. De ahí su retraso durante el proceso de impresión. Suelo imaginar a Bartual y Diethelm como dos personas muy enteras hablando muy despacito con el responsable de la imprenta a la hora de explicar el encargo.

La idea general detrás del número 2 también destacaba por única y ayudaba a reforzar la imagen de fanzine de culto que poco a poco se estaba modelando: ¡Caramba! 2 huía por completo del concepto del primer número, esta vez se nos presentaba a una pareja de cadáveres exquisitos gráficos. Constaba de dos historias paralelas en forma de sendas tiras, que tenían en común solamente la primera viñeta. Cuarenta y siete dibujantes acataron las normas de gestación: cada uno de ellos desarrollaría una parte de la historia (más concretamente una de las viñetas) con la única referencia de las viñetas inmediatamente anteriores, respetando paleta de colores y personaje principal e ignorando tanto el trabajo como lo que tramaban el resto de creadores que parían la historia paralela. El resultado sería bastante atípico y especial. Y todo partiendo de un problema con uno de esos condensadores de ciclotrones tan comunes y propensos a la avería.

El ejemplar-alfombra de ¡Caramba! 2

Este #2 venía al mundo en una edición única de 500 números y Bartual aseguraba que no habría más reediciones una vez el número quinientos estuviese camino del hogar de su legítimo comprador. Como se intuía, esta segunda parte también acabó colgando el cartel de Agotado sin demasiadas dificultades.

En Junio de 2012 ¡Caramba! cumplía un año y para celebrarlo la entidad bicéfala Bartual-Diethelm ponía amablemente a disposición del fanservice y del público potencial una versión digital, descargable y gratuita, de aquella obra, aquel primer número que lo inició todo.

Pero no solo de Carambas vivía ¡Caramba! Entre medias, por delante y por detrás empezaron a surgir muchas otras cosas con el sello editorial en el lomo al margen de las celebradas bacanales de dibujantes.

Presente

Tras el éxito del primer número de ¡Caramba!, la editorial se decidió presentarse en sociedad con un producto impredecible: Reunión de Manel Fontdevila. O como recopilar parte del garabateo que el integrante del staff de El Jueves coleccionaba en su libretilla. Una serie de notas, bocetos e ideas surgidas durante brainstormings estrellándose sobre las páginas. La edición también era extraordinaria: en forma de libreta de anilla gruesa. Dimos cuenta más extensamente del ejemplar en esta esquina. Poco después de eso la editorial haría llegar al papel a las hermanas Pacheco y su existoso Let’s Pachecho, una historia inédita nacida a raíz de un tebeo-blog donde las desventuras cotidianas de la familia de las autoras, un micromundo de curioso patriarcado, aglutinaba fans en la red. En la redacción también les pasamos la lupa.

¡Caramba! no se detuvo ahí, en su catálogo comenzaron a aflorar láminas con héroes cinematográficos, miembros fugaces de Rockdelux en formato lámina, o ilustraciones australopithecus. Y además nuevas propuestas de libro, que seguían la línea de apostar por el humor como elemento fundamental y el atreverse con cosas de lo más curioso: La industria de los sueños de Paco Alcázar, El Hematocrítico de Arte del twitterfílico Hematocrítico y Humor cristiano del inclasificable Alberto González Vázquez.

La industria de los sueños
Paco Alcázar
Editorial ¡Caramba!, 2012

A Paco Alcázar lo conocéis los amigos de la tinta patria. Es ese hombre que está detrás de aquel Ignatius J. Reilly de nombre Silvio José y cuyos pinceles y particular estilo han desfilado por Mondosonoro, NSLM, Rockdelux o El Jueves haciendo que underground, publicaciones de moderneces y revistas clásicas del cómic patrio se fundan en un tierno corrillo de felicidad y reconocimiento ante el dibujante. En el caso que nos ocupa La industria de los sueños se presenta como una recopilación de su trabajo para la revista Cinemanía donde desde 2007 el caballero publica particulares ideas sobre el cine en la sección que da título al volumen.

Libro de formato cuadrado a viñeta por página (y con 150 de aquellas) que en su conjunto demuestra la cinefilia a través de los ojos de Alcázar, una visión tan curiosa como agradecida para el apasionado del séptimo arte: Alcázar no juguetea con lo más obvio sino que se destapa como un verdadero devorador de celuloide al exprimir coña de cualquier tipo de obra sin pudor ni vergüenza alguna por la naturaleza de los referentes, lo cual es muy de agradecer.

Se atreve entre las páginas a saltar de Russ Meyer a Terrence Malick, con John Woo, Francis Ford Coppola, Carlos Iglesias, Kevin Smith, Michael Haneke, Vicente Aranda, Gus Van Sant o Emilio Aragón entre medias. Se lanza por igual sobre Los cuatrocientos golpes como a elucubrar una supuesta secuela de Los bingueros. Se anima a recordarnos que existe Gnomeo y Julieta y como le habría sentado eso a William Shakespeare. Suma Videodrome con Rebobine por favor o La naranja mecánica con Eloy de la Iglesia. Analiza los cuatro pelos de Jude Law, los papeles que interpreta Jason Stathman y a aquel robot que ha sustituido a Robert de Niro. Propone una versión de Depredador firmada por Sofia Coppola y un Torrente por Iciar Bollaín. Se hace preguntas cruciales que desde siempre nos han inquietado (ese tono de voz agudo del doblador de Will Smith) o simplemente aterrado (una secuela de El Capitan Trueno). Resume las carreras de famosos directores transformándolas en platos gastronómicos encargados en una barra de bar (reinventando la máxima dime qué comes…) y en general se demuestra tan suelto que se atreve con todo. ¿O quién más aparte de Jim Carrey y Joel Schumacher se hubiese acordado de que existe aquel esperpento que era El número 23?

De remate y de agradecer, índice con un listado de actores, directores y personajes.

Y como curiosidad en las primeras páginas, allí donde figuran los discursos de copyrights, localizamos un par de líneas coñeras: Parte de los beneficios de este libro irán destinados a financiar clases de caricatura para Paco Alcázar. Y nosotros, entre risas, nos declaramos a favor de dicha empresa.

El Hematocrítico de arte
El Hematocrítico
Editorial ¡Caramba! 2012

El Hematocrítico es una especie de tuit-star de Internet con decenas de fans que lo animan y jalean con manos de gomaespuma gigantes. Es aquel hombre que se dedicaba a comentar en vivo y en directo vía twitter ese documental de la selección natural que es ¿Quién quiere casarse con mi hijo? Y también la persona a la que se le ocurrió acuñar en la red de los piolines (y a golpe de hashtag) el término “tróspido” para referirse a los participantes del reality show, obteniendo con ello tanto éxito en el mundo digital que incluso la propia cadena Cuatro llegó a tomar prestado el adjetivo para las promos de la serie.

También es un caballero que tiene un avatar de Patricio, el amigo de Bob Esponja. Un avatar que parece dibujado con los pies. Pero además de todo eso es gracioso.

Lo que nos interesa es que El Hematocrítico mantiene un exitoso tumblr, llamado El Hematocrítico de arte, en el que se dedica a recopilar obras pictóricas y dotarlas de un nuevo y burlesco sentido a través de desquiciados títulos falsos.

Y cuando vimos que ¡Caramba! iba a editar El Hematocrítico de arte, los responsables de la sección de cómics y divertimentos gráficos de esta publicación (que somos en cierta manera personal marginal y residual, el resto de colaboradores tienden a mirarnos raro por encima de sus monóculos) tuvimos alegres diatribas apocalípticas sobre la estabilidad mental de los editores. Al fin y al cabo la propuesta consistía en transportar un blog muy inusual al papel, un blog que además ni siquiera era un cómic (como por ejemplo Let`s Pacheco) o una propuesta narrativa. Aquello era un tumblr en el que haciendo gala de una sana psicosis de apropiacionismo digital un tal Hemato se dedicaba a excavar en archivos online de lienzos, extraer los más adecuados y rebautizarlos con mucho choteo desvelando anacronismos bufos, significados ocultos y reinterpretaciones cachondas.

Con el libro en las manos y los ánimos apaciguados le echamos un ojo a sus 96 páginas para descubrir que era exactamente lo que nos temíamos, y que los amigos de ¡Caramba! definitivamente toman decisiones muy locas. En realidad tampoco resulta tan chocante, Reunión ya era una propuesta atípica y bastante particular. Y en este caso el libro es un trasplante al formato clásico de una obra que germina y se alimenta de las entrañas de internet, ese lugar donde más de un virtuoso demuestra gracejo subtitulando la obra ajena a base de disparos en forma de pie de página.

Es obvio que Hemato es bastante ingenioso, lo demuestran entradas gloriosas como Señor convirtiéndose en Cocker Spaniel, Tráfico de influencias en el reparto de cruces, Vayamos a devorar patinadores o Juventud sin valore. E incluso la broma se convierte en doble al incluir muchos de los cuadros un subtítulo humorístico del título en su supuesta versión original, como ese impagable Die Teenagemutantninjaobisppen.

Pero también es una obra que se devora rápidamente (a cuadro con leyenda por página) y cuyo sentido depende mucho de las expectativas del lector. Unos encontraran leve la propuesta de cuadros con títulos de broma, otros lo encontraran delirante, otros tantos pueden que se contenten solamente con las entradas del blog original y algunos otros encontrarán encantador que se inmortalice en papel las ocurrencias de El Hematocrítico (quien aún debe de estar flipando con todo, hace un año que montó el blog y esto ha desembocado en acabar firmando en la Feria del Libro de Madrid). Al fin y al cabo es esto es una celebración de la estupidez internetera y su peligrosa volubilidad en materias humorísticas, el subtítulo del propio volumen lo deja blanco y embotellado: La recopilazioni della stupideci de Interneti.

Empacan el libro un prólogo de Nacho Vigalondo (quien conoce en primera persona los claroscuros de la fama en Internet) y una portada de José Luis Ágreda.

Humor cristiano
Alberto González Vázquez
Editorial ¡Caramba!

Hay obras que deciden provocar cruzando la línea, dondequiera que se encuentre dicha línea.

Humor cristiano en cambio no se limita a rebasarla sino que cuando es consciente de dónde se encuentra dicha línea se baja la cremallera y orina sobre ella.

Alberto González Vázquez es guionista (Muchachada Nui), montajista (es el genial perpetrador de esas cortinillas que brillan en El Intermedio), director eventual de videoclips (Dinero) y cortometrajista que aglutina con éxito y premios varios una selecta colección de locuras bajo ese celebradísimo rincón de internet que es Querido Antonio. Y Humor cristiano es una recopilación, plagada de material inédito, de lo que hace y deshace el caballero.

Imagínese el lector que, por lo que sea, Juan Echanove va a cenar a su casa. Imagínese que a Echanove, también por lo que sea, le da un apretón terrible y ha de utilizar su lavabo. ¿En algún momento rondaría por la cabeza del anfitrión la opción de no tirar de la cadena porque Juan Echanove es una super-star y como tal su deposición puede tener un valor incalculable? Probablemente no, pero en Humor cristiano hay gente que acude a esa taza del váter con un tupperware en la mano.

Humor cristiano tiene poco de cristiano y mucho de negro, cruel y over the top. En realidad cuando se pasa tres pueblos es cuando mejor funciona. A González Vázquez le hacen gracia cosas que al resto de la humanidad le provocan un rechazo inmediato, bromear con el SIDA, el maltrato o la pederastia parecería simplemente un intento de provocación gratuito pero lo cierto es que GonzAlez Vázquez juega la carta dando la impresión de que más que por provocación le sale natural, y de todos modos probablemente se la sude tanto acatarse un límite hasta el punto de ni siquiera pensar en ello. Por eso hay pocas cosas que se puedan comparar a su trabajo, porque es un humor por momentos muy bestia, pero bestia con estudios.

Humor cristiano se compone de gags dibujados de diferente extensión, de una única viñeta a varias páginas, y de algunos textos selectos. González Vázquez no es ducho en el dibujo, en realidad sus ilustraciones son creadas calcando sobre fotografías reales o directamente (las que menos) cogiendo directamente las imágenes prestadas. El resultado son páginas repletas de unos personajes de líneas temblorosas, amateurs hasta el hastío y torpemente básicas. Una sensación de dibujo aséptico que sorprendentemente refuerza la gracia. El fondo antes que la forma. Ese fondo en el que se luce el humor más negro junto al directamente surrealista.

El gag titulado Lecho de muerte es, de tan desalmado y cruel, un chiste descojonante. La página Ayuda es representativa del modus operandi de González Vázquez, jugar a hacernos partícipes del chiste y después golpearnos con la sorpresa para repudiarlo asqueados al mismo tiempo, algo similar a lo que hace en Eutanasia. Vida en Marte y Obama son humor clásico llevado a cabo de manera estupenda. Amaral y Heroína son geniales deducciones del humor del absurdo. Campamento invoca la carcajada por ser un chiste tan descaradamente burro y bestia. Invierno se descompone tras su final en un collage que hace la vez de making off extraño e inesperadamente cómico. Los textos El Hundimiento y Entrevista a Antonio Banderas son surrealismo puro y locura a lo Hora Chanante presentándonos una reinvención descacharrante de la película sobre Hitler y una entrevista ficticia loquísima a un Banderas que representa en teatro capítulos de Perdidos. Amor de Verano es un texto breve de reacción inmediata: en la última línea deshueva todas las anteriores a lo bruto.

El resto es una batidora inenarrable: Gandhi del Sporting de Gijón, una reinvención de portadas para Russian Red teniendo en cuenta que es de derechas, las sugerencias de Google y la estupidez humana, Manolo Escobar componiendo grandes éxitos al dar una paliza a su mujer, Guille el de farmacia de guardia de nexo de unión en relatos de autoengaño, superhéroes vengativos con Gibraltar, visitas con inesperados resultados al Taj Mahal, y pajas, bastantes pajas, mucha gente poniéndose cariñosa consigo mismo a lo largo del libro.

Puede que Alberto González Vázquez sea uno de los mejores exponentes de la nueva ola de humor que resulta tan refrescante frente al enquistamiento general. Humor cristiano no es una obra perfecta, está salpicada de unos cuantos chistes muy olvidables, pero en cambio cuando da en la diana acierta de lleno. Es como un Miguel Noguera desbocado y salvaje. Es un tio con aura de genio que juega a hacer chistes sobre pajas. Es como una versión en cómic del teatro de la crueldad.

Y por si queda alguna duda basta mencionar que su prólogo, un texto situado en las dos primeras páginas, es probablemente la cosa más jodida y desquiciada que jamás sirvió de introducción a un libro en la historia escrita.

Futuro

Los planes de futuro de la editorial ¡Caramba! ya se intuyen maquinados y preparados en la base de operaciones. Tras el verano amenazan con algo llamado La colección Jaimito, donde apuestan por el formato de historia en veinticuatro páginas, con los anunciados Cómo y por qué de Albert Monteys, Infame de Néstor F., Colmado Sánchez de Clara Soriano, Cosmic Dragon de Carlos Vermut y La muerte en los ojos de David Sánchez.

Al mismo tiempo también han anunciado la publicación de Grandes verdades de la humanidad de Carlos de Diego, aquel hombre que en el primer número del fanzine ¡Caramba! llevaba a David Lynch a Lepe.

Y para cerrar 2012 cuentan con la ayuda de esa salvaje muchacha que es la encantadora Mireia Pérez, quien publicará Una zorra de siete tetas a finales de año. Para darle más color al asunto se ha anunciado y montado, con una de las simpáticas promos habituales de la editorial, un blog en el que irá desvelando el proceso de creación de la obra al ritmo de 25 entradas que sirven a la vez de cuenta atrás para el momento del lanzamiento.

Y mientras todo esto sucede probablemente en alguna calle, junto a alguna señorita de buen ver Jean-Paul Belmondo contesta elegante:

—No, pero me gustaría verlas.

El primer número de ¡Caramba! se puede descargar gratuitamente aquí.

La Industria de los Sueños de Paco Alcázar se puede comprar aquí.

El Hematocrítico de Arte se puede comprar aquí.

Humor Cristiano de Alberto González Vázquez se puede comprar aquí.

 

 


Emigrantes, de Shaun Tan

Emigrantes
Shaun Tan
Barbara Fiore editora, 2011. Cartoné. 23 x 31. 132 páginas. 24€

[Si alguien me pregunta a qué me dedico siempre tengo la tentación de decir depositaria de tesoros con el estricto deber de ponerlos en circulación por el mundo para que no se extingan. Mi “oficio” es más emocional que laboral, así que olvidémonos por ahora de a lo que me dedico y hablemos de tesoros, que es lo que importa.]

Si hablo de Emigrantes de Shaun Tan, no lo hago porque se trate de una novedad sino más bien porque se trata de un imprescindible. Los tesoros tienen la capacidad de llamar irremediablemente la atención, ejerciendo una especie de fascinación hipnótica que llega a tener el poder de adueñarse de tu voluntad. Cuando entres en tu librería sabrás reconocerlo por la nostalgia de su lomo, la apariencia común, y el tacto, de un álbum familiar gastado de fotografías antiguas.

Esta tarde, este tesoro, se ha apoderado de mí para que rompa una lanza en favor de los libros ilustrados. Sí, esos libros que hacen malabares combinando la imagen y la palabra; disciplinas artísticas que han convivido en armonía, nutriéndose la una de la otra, desde los orígenes mismos de la comunicación y la expresión artística, y que nos hemos venido empeñando en escindir considerando solo como verdaderas obras de arte, pictóricas o literarias, aquellas que no se necesiten mutuamente, que no sean interdependientes.

Se nos olvida que el dibujo, el símbolo, desde las culturas primitivas, es el origen de la palabra. Así como el garabato y el balbuceo son el lenguaje inicial de los niños. Extrañamente, se nos exige ir abandonando lo visual en pos de un prestigio de lo escrito, dejar de representar la realidad que nos rodea a través del dibujo para hacerlo a través de la palabra (escrita y leída) que goza de mayor prestigio social como medio de transmisión de conocimiento. Los dibujos son para los niños. Dibujar es cosa de niños. Y solo unos pocos trascienden esas barreras tradicionales para convertirse en ilustradores o devoradores de libros ilustrados (álbumes, tebeos, cómics, novelas gráficas). Sin embargo, si lo pensamos, lo gráfico solo consiste en la “representación por medio de líneas”; nos debería dar igual si esas líneas representan letras o imágenes.

Bien, si te vas a seguir dejando llevar por el prejuicio de que “los libros con dibujos son para niños”, este tesoro no está hecho para tu paladar. Y vamos a por el “más difícil todavía” abriendo la veda con esta novela gráfica muda que prescinde en su totalidad de lo escrito; así que donde te dije “combinación de la imagen y la palabra”, olvídate por completo de lo segundo. Te he engañado. He buscado el caso más puro, el tesoro más genuino. Se trata de leer sin estar leyendo ni una sola palabra. ¿Es que los adultos ya no somos capaces de hacer esa proeza? Si la falta de texto no te frena a quedarte en la primera página, si indagas y regresas a lo que hiciste alguna vez de comprender el mundo a través de la imagen, entrarás desde el sentido de la vista en una novela silenciosa, en una narración secuencial, una suerte de cine mudo sin intertítulos. No es arbitrario que Shaun Tan haya asumido el reto de narrar una historia sin palabras, el recurso estará al servicio del tema: la emigración. Cuando ya ha logrado que nos identifiquemos con el protagonista a través de los rasgos no marcados de su origen (una ciudad como cualquiera, un marco opresor genérico del que huir), es coherente que si al protagonista se le presenta esa situación habitual de desventaja al no entender los códigos y el idioma del país al que llega, el lector tampoco tenga el privilegio y experimente la piel y el lugar del inmigrante, la extrañeza del otro.

Esta novela gráfica plantea dos viajes paralelos: el viaje del protagonista, que se ve obligado a emigrar, y nuestro viaje sensorial desde el libro, como objeto, a la historia. Para ello se vale de un dibujo de trazo muy fino y minucioso, de corte realista al detalle, a modo de retratos secuenciados con la estructura de un álbum de fotografías. La combinación de tamaños juega una suerte de perspectiva narrativa en un paradigma que va desde las pequeñas “fotografías” para centrar la atención del lector en los detalles, en el ritmo de lo alienante, a la doble página de viñeta para lo panorámico. Shaun Tan le dicta el pulso al tiempo desde los pequeños gestos y lo aparentemente insignificante, como el roce fortuito de unas manos mientras cierran una maleta o el transcurrir de las nubes sobre un océano que, en sesenta pequeñas viñetas de cielo que va mutando, se nos hace inmenso y largo como el propio viaje en barco para atravesarlo.

Más tarde, Shaun Tan consigue desubicar al lector cuando, a esas ilustraciones que reflejan el imaginario compartido de la realidad de las migraciones de principios del siglo XX, les añade el ingrediente del sueño surrealista y la fantasía futurista, que dan cabida a extrañas criaturas y maquinarias inverosímiles. Excelente como recurso para expresar la vivencia de la otredad y aliviar el peso del drama con una luminosidad entrañable.

Si adquieres este tesoro para llevártelo a casa, cosa que te recomiendo encarecidamente como inversión emocional, tendrás entre tus manos un rara avis exquisito, una obra capaz de partir de una realidad universal y atemporal hacia la fantasía, con el combustible de la imaginación y el lirismo, para hacerlas simbióticas, cercanas y universales. Una suerte de lectura sensorial que consigue convertirnos en un pasajero más del barco que emprende el viaje hacia la tierra prometida.

*Este libro puede dejarte con ganas de más, así que te recomiendo recurrir a otros álbumes de Shaun Tan, con multitud de premios merecidísimos a sus espaldas, o a su cuaderno Esbozos de una tierra sin nombre. El proceso de creación de Emigrantes, de nuevo en Bárbara Fiore editora.


Librerías con encanto: Shogun (Salamanca)

Estamos en pleno centro de Salamanca, en el número 11 de  la calle Padilleros, medio metro bajo el nivel de la calle; hay luz, no andamos a tientas entre las tinieblas… “Aunque nuestro fuerte son los cómics también nos dedicamos al ocio alternativo”, nos cuentan  Sole y Raúl mientras nos enseñan, nada más llegar, la cantidad de miniaturas y figuras y curiosidades varias que tienen perfectamente expuestas en diferentes estantes a lo largo y ancho del local y su trastienda. Son ya siete años de Shogun tal cual la conocemos hoy, ahora ya los dos solos,  abriendo los sábados hasta las nueve de la noche.“Vivimos prácticamente aquí”.  “Y luego me voy yo a la radio”, donde lleva Raúl ya un tiempo colaborando con La rosa de los vientos de Onda Cero; “el café es fundamental en esta casa”.

Se le ocurriría la idea también a él durante los años que pasó viviendo en Barcelona; abrir un establecimiento que no fuera “la típica tienda de cómic que tiene todo el mundo en la cabeza; ese zulo, todo amontonado… romper con todo eso y cambiarlo”. Así, el anejo al fondo de Shogun es en realidad un espacio versátil, con aforo para 92 personas, donde se organizan presentaciones (veremos luego que vino Paco Roca, por ejemplo; pero también gente no tan conocida, “nos gusta mucho prestar nuestro espacio, y lo hacemos con frecuencia”), juegos de miniatura, torneos, charlas. “Es como en la tienda: está  pensado para poder echarlo todo abajo cuando te canses y poder trasformarlo así en un espacio completamente diferente”, nos dice Raúl, orgulloso, “yo es que claro que vivo esto; soy lector  de cómic desde los cuatro años, me lo paso muy bien con lo que hago” “¿Y ves el Gremlin que está en el escaparate? Pues vas a ver sólo ese y el de la Warner. No hay más”.

Sole es más de novela gráfica; le gustó mucho“Transmetropolitan, que va sobre un periodista en un futuro en el que la sociedad ha perdido todos sus valores; él es el primero que los ha perdido”, se ríe. Nos enseñará también con cierta satisfacción el expositor de novelas autoeditadas, “Música para tus ojos , de Francisco Javier Panera, por ejemplo, un melómano redomado que se dio el capricho de sacar este libro, que es una gozada”, apunta Raúl. Son publicaciones “más lentas”, pero que sí están funcionando.

Disfrutaron ambos, volviendo ahora al cómic para adultos, con Blacksad, “sus autores —Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido— podemos decir que son de ida y vuelta: en España no gustó nada, tuvieron que editarlo en Francia, donde fue un éxito, y luego ya fue cuando volvieron aquí (…) Este año el Salón del Cómic de Angoulêm, que es el más grande de Europa, el segundo del mundo, y que suele sacar anuncios animados de series, etc… la escogió, junto con otras afortunadas, para abrir esta edición”. También son asiduos de Paco Roca, decíamos, que ganó el premio nacional de cómic en el 2008 y que a ellos les conquistó —de verdad— cuando fue a Shogun. Allí les contaría cómo para hacer Arrugas  fue a documentarse a residencias de ancianos donde conoció a los personajes en los que luego se basaría la historia que cuenta. Hablamos también de Memorias de un hombre en pijama, que hace a quien esto escribe especial gracia, no sólo por la parte que nos toca,  “cómo es tu vida cuando trabajas desde casa, ese día a día, divertidísimo cómo lo cuenta, toda esa serie de anécdotas cotidianas”.

No se cansan de enseñarnos cómics, ediciones originales, cuidadas, de contar anécdotas de los autores más conocidos que han ido por allí a presentar su obra, de cómo han ido creciendo con ellos los chavales que ya no son tan chavales, “casi una generación”; de un señor ya de cierta edad —sin circunloquios: en torno a los 80— y experto en Cómics como el que más, uno de sus mejores clientes, sin duda; de los chiquillos que empiezan con el Spiderman, cómo corren a por la abuela para que les de el euro que les falta; de la gente que asiste a las charlas que dan en la Facultad, de los grillos; de lo bien que se pasa haciendo esto juntos, del  día a día; de todas esas cosas que les pasan y de todas las que pueden llegar a pasar.

Casi que de pronto tenemos entonces que acabar la charla: Sole tiene que ir a comprar unos peces. “Es que nos vamos a una boda”, dice, como si eso fuera a explicar… Pero no, no vamos a hacer esa pregunta. Lo vamos hoy a dejar aquí y de esta manera.

 

Fotografía: Cristina Urruzola.

 


Comedia sentimental pornográfica

Comedia sentimental pornográfica
Jimmy Beaulieu
Ediciones Sins Entido, 2012
288 páginas. 15 x 21 cm.
Rústica con solapas. Color.
25 euros

Jimmy Beaulieu es un canadiense bastante inquieto en el mundo de la tinta de historieta. Se ha abierto camino entre páginas desde la autoedición de sus obras, las colaboraciones en revistas o el trabajar en tiendas especializadas hasta la fundación de magazines, editoriales e incluso colectivos de artistas. Y al final parece haber decidido centrarse en ser dibujante. El extenso resumen biográfico de su web, y también el hallado en una de las solapas de esta edición de Comedia sentimental pornográfica, añade que antes de todo esto se dedicaba a divertirse y hacer música con máquinas, y de paso aventura que probablemente dentro de unos años el autor se iniciará en el mundo de la fontanería o el bajorrelieve.

Comedia sentimental pornográfica es una de las obras que ha visitado la selección oficial de Angoulême en 2012. Título explícito y morboso para una fábula de la lujuria en 288 páginas en la que el autor se divide en un reparto coral y a través de una narración cuyo vínculo vertebral tiende a yacer bajo las sábanas con elegancia. En realidad no es tanto una obra lubricada y pornográfica como una melancolía de la erótica; Beaulieu es explícito y no pretende autocensurarse, pero al mismo tiempo no es burdo. Es sexo sudando acuarela entre lechos a lápiz.

La intención resulta incluso más obvia cuando llegando a su epílogo dos personajes mantienen una charla sobre la pornografía en la ficción impresa: “¿No tienes miedo de que te tomen por un obseso por hacer historias guarras?” “[…] Yo no tengo la impresión de estar diciéndole a nadie lo que tiene que ser, hacer o pensar. Lo que escribo son cartas de amor”, Beaulieu y su misiva de amor al sexo.

Protagoniza un reparto que juega a regatear convencionalismos. Louis, un autor incomprendido que pretende exiliarse de la especie humana y para ello fabrica con premeditación una película horrible, con el único fin de atraer a la idiotizada y conformista gente a las salas hasta hacerse multimillonario y mudarse al monte; Corrine, libertina y tierna compañera eventual de camas y de viaje de Louis; Annie, ex-amante de Corrine obsesionada con reencontrarla entre las calles de Quebec y también con ser objeto de los favores de una panadera; Martin, adulto adolescente enamorado platónicamente de Annie, escritor de éxito aquejado de una crisis creativa que trata de encauzar redirigiéndose hacía la pornografía y autor de un laureado libro de título improbable: Pink Floyd o el morbo de las fiestas de sótano de Beauport, la obra favorita de Louis y Corrine cuyos extractos y mitomanías musicales varias saltean la narración. Y muchos otros amigos e invitados colaterales de similar importancia que se pasean entre sus copas y camas.

En sus primeras páginas se bromea a costa del hábito social imperante de imitar el estilo de vida de los personajes de las películas americanas. Quizá sabedor de tan absurda incongruencia ficticia, Beaulieu ha apuntado a propósito a una historia con protagonistas tan atípicos como para resultar bastante humanos y donde las partes acaban cobrando más importancia que el conjunto. Y ese es posiblemente uno de sus defectos: pese a girar en torno a temas concretos (el sexo, el amor, la creatividad, la obsesión) el guión que encauza esta Comedia sentimental pornográfica regala un montón de buenos momentos y escenas notables (esa cama mudada al exterior para “ver todos los agujeros a la luz de la luna”), pero no se preocupa de soldarlos en un todo. El resultado final es una colección de retratos salpicados de erotismo, tiernos y exquisitamente dibujados pero deslavazados entre sí, haciéndose este detalle mucho más evidente en esa recta final en la que las palabras dejan a menudo el escenario libre a favor de las situaciones imposibles. También el no ofrecernos la posibilidad de conocer realmente el destino de ciertos personajes acaba dándole a la obra una sensación de historia truncada.

Pero si bien tiembla en la cohesión argumental en la presentación se muestra brillante, Beaulieu se atreve a cambiar constantemente sus herramientas de trabajo y salta entre el grafito, la acuarela, los lápices de color, las tintas azuladas y el bolígrafo según el escenario y el momento de la obra. Y lo hace de una manera milimetrada para parecer fruto de la pura improvisación, tanto utilizando trazos gruesos y reiterativos de lápiz como pinceladas fugaces de color, creando bellas estampas en las que las líneas temblorosas definen rotundamente la personalidad de la obra. Hermosas imperfecciones, colores que embalan postales de tinta. Viñetas cuya composición a menudo parece la de unos esbozos espontáneos logrando que el resultado final sea el de tener la sensación de que el autor acaba de dibujar la obra sobre un libro en blanco y justo después te la ha entregado en mano. Bello libro que diría.

Y uno de los detalles más de agradecer es la sana celebración de la fisionomía femenina a todos los niveles: Beaulieu se recrea al evitar las sandeces tópicas del cuerpo de la mujer en este tipo de obra, aquí no hay ni rastro de anodinas chicas anoréxicas o asiliconados conejitos de Playboy, sus muchachas tienen cuerpos de pechos pequeños, con kilos de más, barriguillas, caderas pronunciadas, curvas en general y proporciones comunes. Y en ningún momento pierden sexualidad o encanto, sino todo lo contrario.

El detalle curioso es que la bisexualidad en los personajes parece afectar en esta obra exclusivamente al bando de las señoritas, aunque es obvio que esto puede ser debido a que donde en realidad nos hallamos en todo momento es dentro de la cabeza del autor, es su mundo, son sus reglas y por supuesto su modo de entender la sensualidad.

Comedia sentimental pornográfica tiene menos de pornográfica que de erótica y por supuesto es más sentimental que comedia. Cojea reiteradamente a lo largo de trescientas páginas, pero también es hermosa a lo largo de miles de líneas de grafito garabateado. Interesante para los amantes de la bande dessinée erótico-artística, curiosa para el lector medio, menos recomendable para el qué prefiera la novela sin fisura.

Es la carta de amor de Beaulieu, con mayor o menor fortuna a la hora de conquistar.