Bolsilibros del infierno: el boom de la literatura de terror

He leído en un magacín de tendencias que las personas que sufren trastornos (serios) de ansiedad pueden ser grandes espectadoras de cine de terror. Gracias a estas películas canalizan su angustia diaria y, por un rato o durante el empacho de tres o cuatro pelis y el consiguiente desfile de torturas, alaridos y fantasmas, se olvidan de su propio trastorno y lo proyectan en el sufrimiento de los protagonistas (o ya, en un nivel extremo, en la identificación con el psicópata, el demonio o la monja poseída de turno). Esto, de siempre, ha pertenecido a la esencia catártica del género, que, aunque sigue siendo considerado el hermano pequeño de la industria, ya detenta una posición más honorable con la incorporación de determinadas productoras, guionistas, directores y directoras que le han aportado otros elementos, más allá de la simple película para entretener, tales como la experimentación o las tramas «adultas», más interesadas en temas que afectan a la estructura familiar, política o psicológica. Sea como fuere, bien en forma de diversión, escapismo o reflexión sesuda, el terror cinematográfico es hoy pieza clave e insustituible de la ficción. Pero ha habido épocas en las que estuvo desaparecido y no se apostaba un duro por él. Fue la literatura, y además la literatura popular, la de las novelas de a duro, la de los clubs de lectura, la que lo trajo de vuelta a las pantallas, la que lo volvió moderno, atrevido y lo convirtió en el espacio ideal donde narrar los trastornos de la especie humana en sus momentos más bajos; o sea, en estos tiempos pre o posapocalípticos, que yo ya no sabría decir.

Nacimiento, auge y caída del «horror pulp»

El premio al mejor ensayo de 2017 que otorga la Asociación de Escritores de Terror Bram Stoker recayó en la obra del escritor Grady Hendrix, Paperbacks from Hell: The Twisted History of ‘70s and ‘80s Horror Fiction. Se trata de un trabajo minucioso e ilustrado con algunas de las (fantásticas) portadas de estos bolsilibros. En él, el autor analiza la historia del desembarco del terror moderno en la literatura, a través de este fenómeno popular de cientos y cientos de novelas, la mayoría escritas por encargo en muy poco tiempo y vendidas baratas en los expositores de los supermercados y las gasolineras. Tenían títulos locos (Las seductoras de Satán, Cangrejos: un sacrificio humano, Muros de terror…) y portadas repletas de imaginería perversa, violenta y, sobre todo, erótica (cementerios, mucha niebla y mujeres en camisón, siempre al borde del desmembramiento; mujeres en combinación, a punto de ser abducidas, mordidas o despellejadas… pero también niños del demonio, animales poseídos, edificios poseídos, mutaciones que salieron mal, posesiones en diferentes culturas y amuletos del demonio, etc.), todas ellas realizadas por ilustradores e ilustradoras del más alto nivel, muy conocidos en el mundo del arte y el comic. Hendrix explica, con humor y pasión de fan, que, igual que existe una prolífica corriente de investigación en torno a las películas de serie B y Z, o sobre la búsqueda de grabaciones pop desconocidas y poco ortodoxas, él ha rebuscado en los stocks y saldos de las colecciones pulp de libros de terror para leer los más desconocidos y raros de aquellos que vivieron un momento álgido entre 1970 y 1990.

Antes de esa fecha, la literatura no tenía un espacio dedicado al terror per se (solo había «suspense», fantástico y las obras clásicas de una época anterior). El cine, por su parte, se había quedado estancado en los monstruos y las creaciones del cine mudo. Pero llegaron Vietnam, las revueltas juveniles, las primeras señales de una crisis económica asomando su aleta por la superficie en calma del mar de los sesenta… y un miedo nuevo, aliado con los desastres naturales, el desarrollo de la ciencia y los cambios en la sociedad, produjo tres éxitos editoriales que nadie hubiese sido capaz de imaginar. El guionista y escritor de misterio, Ira Levin, publica La semilla del diablo en 1967. Un antiguo actor todoterreno, Tom Tryon, publica en 1971 su relato titulado El otro. En 1972, otro guionista de Hollywood, William Peter Blatty, ve por fin editado un libro que le ha costado años escribir. Se llama El exorcista.

Las tres novelas venden millones de copias, son un éxito que el mundo editorial no se espera, pues se trata de tres historias de terror, sin ningún tipo de adorno o justificación para ello. Hablan del mal y lo hacen de frente. En la primera, el mal se infiltra en un matrimonio de clase media que hace un pacto con el diablo por avaricia y sufre los terrores del embarazo; en la segunda, se arrastra en una infancia disfuncional, con la naturaleza como amenaza y los mitos del doble. En la tercera, simplemente se explicita esa malignidad, en otro entorno doméstico, con una lucha a muerte contra el mismísimo demonio. El cine las adaptó enseguida y las tres películas tuvieron una recepción igual o superior a sus versiones en libro, lo que cambió también el rumbo del género cinematográfico. Aparte de las muy conocidas de Polanski y Friedkin, la adaptación de The Other, que realizó Robert Mulligan, es una de las películas más atractivas y sobrecogedoras de su tiempo

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El boom del terror mezcló los productos de la pura serie B con verdaderas joyas literarias. Hendrix comienza su libro hablándonos de la novela que le motivó en esta búsqueda de ediciones pulp de terror. Cualquiera con un mínimo de sensibilidad echada a perder se hubiese prendado de ella. Es un delicioso disparate publicado por la editorial Avon, titulado The Little People (1966, John Christopher), donde aparecen unos sádicos duendes nazis con poderes psíquicos, que han sido creados por un científico loco (nazi) y viven en las mazmorras del castillo que hereda la pareja protagonista. Según Hendrix, al final, la novela no tiene nada de interés, pero la premisa, y en eso estamos de acuerdo, es una golosina y la portada, una locura de coleccionista, firmada nada menos que por Paul Bacon.

El autor enumera los precedentes del terror literario, que no son otros que las novelas románticas con espíritus (gothic romance), una tradición poco respetada por el canon y la autoridad porque fueron escritas en su mayoría por mujeres. Desde la obra de Daphne du Maurier, Edith Wharton o Vernon Lee a los romances de ultratumba de autoras de best sellers como Victoria Holt, fueron sustituidas en los setenta por otras novelitas de pasión fúnebre pero con escenas más explícitas de sexo y de sangre. En esos años, una autora vendía millones de libros con las mismas historias góticas y con sus protagonistas envueltos en terribles secretos y traumas familiares. El mundo devoraba con gusto las novelas de Virginia Cleo Andrews sin saber siquiera que era una mujer: para ello ya se ocupaban sus editoras de escribir, en gran tamaño, solo sus iniciales, en una serie casi infinita de libros, que comenzó en 1979 con la saga de los niños Dollanganger de Flores en el ático y su rastro de incesto, relaciones fallidas y familias monstruosas, y fue continuada por un equipo fantasma de escritores, aun después del fallecimiento de la autora en 1986.

El terror editorial se reveló como fascinante fuente de ingresos y las publicaciones de una gran cantidad de novelas en esa línea no se hicieron esperar. El exorcista fue la primera película de terror que se colaba entre las candidatas al Óscar, pero es que los setenta fueron, sin duda, la década satánica. Tanto el libro como su adaptación provocaron un revival del demonio (con perdón), entre nuevos títulos, reediciones de clásicos (de la obra de Lovecraft a las novelas de Dennis Wheatley de los años cincuenta, como To the Devil a Daughter y su versión para el cine, La monja poseída, de Peter Sykes, 1976) y las imitaciones, una tonelada de pulp sobre sacerdotes del mal (Dark Angel, El santuario, La iglesia nocturna, En el nombre del padre…), porno demoníaco (Súcubo, El hijo del amor del diablo, Estigma, El visitante nocturno…), rituales sanguinarios (La transformación, de Joy Fielding, La centinela, El círculo interior, El guardián…) y detectives que bajan a los infiernos (entre otras reelaboraciones del detective clásico, el personaje y la historia de Harry Angel de El corazón del ángel de Alan Parker, viene de una novela de 1978, El ángel caído, del guionista y escritor William Hjortsberg. Está publicada en castellano por Valdemar). Del éxito de Levin y Polanski nació el subgénero del embarazo sobrenatural, una temática que ha llegado hasta hoy, y que entonces se vendía en novelas truculentas, como Embryo, Prematuro, Cuna

Los niños horribles ya eran un clásico en la cultura popular, pero gracias al pánico satánico se hicieron con su propio subgénero. Con el taquillazo de La profecía, que esta hizo el camino contrario (primero la pantalla y después el papel), y su saga de novelas correspondiente, se editaron muchísimas historias en torno a la maldad en la infancia, con niño con poderes, niño reencarnado, niño malo mutante con poderes, niño o niña muy psicópata, niño psicópata por un trauma familiar o niño psicópata por ser de la piel del demonio: La semilla del mal, Los niños, La niña de mamá, El enviado de dios, La extraña semilla, Listo como el demonio… Subgénero dentro de este es la novela con niño y juguete/personaje diabólico, que también ha dado muy buenos resultados en cine y películas para televisión: Guardián de los niños, El castillo de muñecas, La voz del fantasma o El brillo de las velas (con portada de Jill Bauman).

En 1974, el demonio adquirió la forma de un animal furioso que atacaba a las personas, quizá porque estas contaminaban el medio ambiente, o porque la psicopatía humana se contagiaba a otras especies. Peter Benchley vio su novela Tiburón cuarenta y cinco semanas entre las más vendidas de la lista del New York Times, y la adaptación para el cine de Steven Spielberg desató la locura con los animales asesinos. Richard Adams se había adelantado con La colina de Watership y sus conejos rabiosos, pero el triunfo se lo llevaron los tiburones y una larga lista de bichos fuera de control. Las ratas (1975), de James Herbert, se convirtió en uno de los éxitos editoriales más importantes en el Reino Unido, una historia repulsiva y plagada de escenas realmente horribles. Luego llegarían los perros rabiosos o poseídos, las serpientes, los gusanos… y, por supuesto, los insectos, en todo su esplendor de viscosidad y voracidad por la carne humana.

No solo animales y plantas podían convertirse en monstruos del infierno: las casas, un hospital, un sótano… los edificios abandonados por la crisis económica y otros espacios urbanos afectados por la degradación municipal, la aluminosis y la radiación adquirían vida y un comportamiento asesino, reflejo de una política criminal, donde la ciudad devenía en un ser diabólico. El resplandor, de Stephen King, es una brillante remezcla de libros anteriores, iguales o superiores en calidad, sobre el horror que puede supurar un inmueble. E. A. Poe y Shirley Jackson ya habían dado categoría poética a la idea de la casa encantada, Richard Matheson la volvió perversa, llena de conductas innombrables, en el 71 (La casa infernal), y al final de la década llegarían el superéxito de la novela y las películas del caso Amityville, pero el mito moderno comenzó en 1973, con la novela de Robert Marasco Burnt Offerings (Holocausto), una inteligente historia de crisis económica y familia al borde de la locura por el fantasma de la hipoteca. La mansión Allardyce es el símbolo de la absoluta maldad, que esclaviza y trastorna a sus moradores. Su adaptación al cine no es menos recomendable, un estupendo relato dirigido por Dan Curtis y que fue titulada en nuestro mercado Pesadilla diabólica (1976).

Paperbacks from Hell es un festín de libros abracadabrantes, agrupados por temas, que, a medida que nos adentramos en los años ochenta, va dejando al demonio y las sectas destructivas de lado en favor de las máquinas mortales (coches y computadoras salidas de madre), los peligros del rap y el heavy metal en su lado más salvaje (tras la ocurrencia de Mrs. Gore de censurar los discos), con personajes de músicos y actores llevando a la realidad de la novela pulp sus más espantosos deseos, y culminando —sí, lo han adivinado— en el elegante psicópata caníbal de Thomas Harris de 1988 y su Silencio de los corderos. Luego llegó internet y los bolsilibros fueron lanzados al cubo de los saldos, donde esperan una oportunidad para volver a divertir a los enfermos de angustia que adoran el terror. Hay verdaderos descubrimientos, y no creo que los adapten para el lenguaje inclusivo. Aunque, con el ansia que tienen algunos…

El surtido ibérico del horror

Resulta imposible pasar por alto el fenómeno del terror literario en España en esos mismos años. La editorial Bruguera ofreció una maravillosa colección de novelas terroríficas entre 1973 y 1985. Aunque muy próximas al género negro, y lastradas por el peso de la censura (las historias se resolvían con un fantasma o maldición familiar) y las exigencias de la empresa, que hacía producir a destajo a sus creadores, aún hay verdaderas sorpresas entre los casi setecientos números. Entre sus autores y autoras se encuentran los maestros del pulp hispano, los mismos héroes que se aplicaban al wéstern, el noir y la ciencia ficción. Se trata de un terror muy cerca del telefilm de la época y el culebrón sentimental, con fornidos detectives, vampiresas de tebeo, malos disfrazados y paisajes siempre fuera de nuestras fronteras, pero hay que destacar, además de Lou Carrigan, Clark Carrados y Curtis Garland, a los «especialistas» en tramas sobrenaturales, como Silver Kane (el autor/personaje de su propia ficción, una leyenda de la literatura española) y Joseph Berna.

Por encima de todos, quiero mencionar a Ralph Barby, seudónimo del matrimonio Rafael Barberá y Àngels Gimeno, que comenzaron a escribir juntos porque Rafael había quedado prácticamente ciego. Las sombras y los terrenos angustiosos son claves en su obra y ambos practicaban un estilo refinado y muy moderno para la España de los años setenta. Las novelas de la Colección Selección Terror, además de sus detalles morbosos y picantes en la descripción de las mujeres protagonistas, tenían un reclamo igual de poderoso que el de los pulps extranjeros: unas llamativas portadas a todo color con impactantes dibujos de monstruos, esqueletos, vampiros y señoritas muy ligeras de ropa, que sugerían bastante más de lo que las narraciones iban a ofrecer. Sus autores, entre lo mejor de los pintores del momento: Miguel García, Rafael Cortiella, Alberto Pujolar, Salvador Fabá, Martí Ripoll y Antonio Bernal… responsables también de las portadas de revistas como Dossier Negro.

Bruguera no fue la única editorial de novelas de terror. Tuvimos una joya maldita, por la dificultad de encontrar hoy aquellos ejemplares, debido a que sus tiradas fueron más pequeñas: la Colección Terror Easa Andina (1975-82), doscientas ochenta y ocho novelas inéditas, también a cargo de autores españoles, que no coincidían, salvo excepciones, con los de Bruguera. Igual que las anteriores, estos libros tienen títulos y portadas espectaculares, preciosas recreaciones de paisajes góticos y pesadillas, realizadas por el gran Manuel Prieto Muriana, responsable de muchos dibujos para las aventuras de Marcial Lafuente Estefanía. La gente que no sabíamos lo que era el gusto literario (nos) las cambiábamos en los kioscos y con los amigos; ahora las personas con posibles pujan por ellas en los portales de subastas y de colecciones como si fuesen tesoros.

Seis bolsilibros terroríficos que no deben faltar en su biblioteca

  1. Cómic de terror, Adam Surray (Selección Terror Bruguera, 1980). Con este nombre firmaba el gallego José López García. Esta historia es un estupendo homenaje al mundo del tebeo, de trama mucho más violenta y retorcida de lo que cualquiera hubiese imaginado, que narra el penoso descenso de su protagonista, un dibujante rechazado, al pozo de los asesinatos en la búsqueda de modelos para sus cómics.
  2. El subastador, Joan Samson. Publicada en castellano por Ultramar en 1977, es una de las mejores novelas de la década. Su autora remite a los ambientes de Shirley Jackson en una metáfora sobre el poder de las fuerzas represivas y económicas cuando el conjunto de un pueblo se pliega sobre sus miedos y no hace frente a esa presión.
  3. La furia, John Farris. Especialista en literatura de género, su novela de 1976 (publicada por Grijalbo en 1979, tras el estreno de la adaptación al cine de Brian de Palma) es una de mis preferidas: las peripecias de una pareja con poderes de clarividencia y telequinesis, que son perseguidos por una organización secreta, sembrando la destrucción por donde pasan.
  4. Nuestra señora de las tinieblas, Fritz Leiber. Editada en 1977 y publicada en castellano a comienzos de los noventa, estamos ante una de las más exquisitas historias con edificio, libro y secta malditas, tras un telón de referencias literarias, en pos de la verdad sobre una organización subterránea a la que han pertenecido los grandes autores del género, de Jack London a Thomas de Quincey. Imprescindible.
  5. Let’s Go Play at the Adams (1974, Grafton), de Mendal W. Johnson. La descubrí gracias al libro de Hendrix y es, sin duda, uno de los relatos más terroríficos de psicopatía y violencia gratuita con los que me he encontrado (sobrepasa a algunos libros de Jack Ketchum). Única obra de su autor, describe sin omitir detalle ni ofrecer razones el calvario que sufre la canguro a manos de los cinco niños y niñas que se supone tiene que cuidar.
  6. Lo que dijo Harriet, Beryl Bainbridge. Recientemente editada por Impedimenta en castellano, esta novela de 1972 recrea un caso real en el que dos adolescentes asesinan a la madre de una de ellas. Bainbridge, autora británica de estilo negrísimo y sofisticado, da voz a las pulsiones reprimidas y los actos violentos que todos conocemos por la película de Peter Jackson Criaturas celestiales; inspirada en el mismo caso real.


Pedro Rivera: «El cómic, el cine y la literatura me han ayudado a tener una mente abierta»

Pedro Rivera Barrachina (Cartagena, 1974) es licenciado en Derecho por la Universidad de Murcia y desde 2016 forma parte del Consejo de Gobierno de la CARM, primero como consejero de Fomento y actualmente como consejero de la Presidencia. Firme defensor de la justicia gratuita ejerció como letrado y luego como coordinador del turno de oficio del Colegio de Abogados de Murcia.

Pedro nos recibe en su despacho presidencial y a primera vista ya observamos que esta entrevista no se va a centrar en cuestiones políticas. Las paredes, tapizadas con láminas y pósteres de cómics y películas clásicas, nos muestran la admiración del consejero por personajes como Tintín, Corto Maltés o Alack Sinner.  También por Ransom Stoddard, Sherlock Holmes o Atticus Finch, del que se confiesa admirador y quien a la postre le ha inspirado su nick en Twitter.

Alfonso Zapico dedicó un ejemplar de su Dublinés al consejero de la Bande Desinée del Gobierno de Murcia. ¿Cómo es la relación de consejero de la Presidencia con el consejero de BD?

Me gusta mucho Alfonso Zapico. Y me encantó esa dedicatoria que me hizo. Soy un apasionado del cómic en general desde que tengo uso de razón y no lo oculto, como puedes ver en mis redes sociales e incluso en la propia decoración que adorna mi despacho en la Consejería. De las distintas corrientes existentes, la que más me gusta es la europea y dentro de ella el cómic franco-belga. Empecé a leer precisamente con los álbumes de Astérix y los de Tintín y a partir de ellos me interesé por otros cómics.

¿Por qué el cómic franco-belga tiene tanta riqueza y goza de tan buena salud y el cómic español no?

Es una buena pregunta y creo que la respuesta pasa por la conciencia que tienen los propios lectores respecto del cómic. En España el cómic, o tebeo como lo hemos llamado tradicionalmente, se ve como un arte menor y encuadrado dentro del mundo del entretenimiento, con minúsculas. Sin embargo, tanto en Francia como en Bélgica, los lectores lo equiparan a la literatura y ya desde los años sesenta comienza a ser objeto de investigaciones y estudios académicos. En cualquiera de los dos países es prácticamente imposible entrar en una casa sin que haya un cómic; es un regalo habitual y tiene lectores en todas las franja de edad. No es infrecuente ver en librerías de cómic especializadas a niños con sus abuelos. En su momento se dio el salto de considerar el cómic como un mero entretenimiento a verlo como un arte capaz de producir obras muy interesantes. Tal es así que  podemos encontrar cómics en cualquier librería o museo. En España, sin embargo, el cómic está entrando en las pinacotecas ahora precisamente: los museos del Prado, Reina Sofía o el Thyssen le han dedicado exposiciones e incluso han editado cómics.

Hay un dato muy curioso y revelador y es que este proceso de prestigio de los cómics en nuestro país comienza sacándolos de los quioscos, que era donde se vendían habitualmente, para llevarlos a las librerías. Y esto se ha conseguido pasando a denominar determinadas obras con el término novela gráfica, ideado por Will Eisner, que se ha demostrado muy eficaz. En el momento en que la gente ve una publicación en una librería generalista con una edición bien cuidada se supera la dificultad inicial. En cualquier caso hay mucho que hacer todavía. Está ayudando también en España que se haya creado el Premio Nacional de Cómic, un prestigioso galardón que concede el Ministerio de Cultura.

El año pasado lo ganó la obra El paraíso perdido del ilustrador Pablo Auladell y escoció un poco en el mundo del cómic.

Pablo Auladell es un dibujante extraordinario y es verdad que hubo algo de polémica con la obra porque su formato se asemeja más a un libro ilustrado.  Ahora bien, me pregunto por qué se ha generado esa discusión cuando el cómic, del mismo modo que ocurre con otras artes, no se debe encorsetar. Eso sí, veo positivo que se entable ese debate precisamente entre críticos, porque ayuda a la consideración del cómic como el arte que es.

Estudiaste derecho y tu nick en twitter es @pedroatticus. ¿Cuándo descubriste Matar a un ruiseñor? ¿El cine influyó en tu decisión de hacerte abogado?

Pues yo diría que sí. Matar a un ruiseñor es una película  que a mí me impactó mucho cuando la vi. De hecho hace poco presenté la película en un ciclo de la Filmoteca Regional que se llamaba La película de tu vida donde invitan a personas de la Región de Murcia de distintos ámbitos a elegir un filme que para ellos haya sido importante en su vida. Mis dos películas preferidas son El hombre tranquilo, de John Ford y Matar a un ruiseñor, de Robert Mulligan. El hombre tranquilo ya había sido escogida, y aunque tengo especial debilidad por ella por encima del resto, pensé que en realidad a mí vitalmente me había influido mucho más Matar a un ruiseñor, por el personaje de Atticus Finch. En todos mis lugares de trabajo siempre ha habido una imagen de Gregory Peck interpretando a Atticus. Como podéis ver, tengo aquí en el despacho el cartel de la película. En mi vida profesional he procurado regirme por una ética intachable y Atticus Finch siempre me ha inspirado en mi ejercicio como abogado. También es el padre que me gustaría ser para mis hijas.

Fuiste coordinador de la Comisión de Turno de Oficio y Justicia Gratuita de la Comunidad. ¿Es la justicia igual para todos los españoles?

Efectivamente, tuve el honor de coordinar durante ocho años el turno de Oficio del Colegio de Abogados de Murcia y ser el representante en la Comisión de Justicia Gratuita de la Región de Murcia de los tres colegios de abogados de nuestra comunidad autónoma: Murcia, Cartagena y Lorca. Durante ese tiempo pude constatar la importancia que tiene el turno de oficio y la justicia gratuita para que la justicia sea igual para todos. El abogado de oficio tiene una cualificación y una profesionalidad incuestionable: se le exige llevar varios años ejerciendo la abogacía y realizar unos cursos de especialización para poder acceder al turno. Gracias a esos abogados se puede decir que las personas sin medios, sin recursos, tienen la posibilidad de defenderse ante los tribunales de justicia en igualdad de condiciones que el resto de ciudadanos. Son grandes profesionales. Estoy muy orgulloso del trabajo de mis compañeros y de haber sido letrado del turno de oficio.

«La libertad de expresión no es patrimonio de nadie. Es de todos y la seguiré ejerciendo. Le pese a quien le pese». ¿Es una frase de Valtonyc?

Es una frase mía que escribí como reacción a varios comentarios injuriosos vertidos en redes sociales sobre cierto tema que había generado polémica. Me gustan las redes sociales, especialmente Twitter, y suelo utilizarlas para comunicarme. Respeto todas las opiniones por distintas que sean, pero siempre con un límite, los derechos de la otra persona. Las cosas dichas con respeto enriquecen, aunque no nos gusten. La libertad de expresión es un derecho fundamental que tenemos todos y que hemos de defender. Pero ciertos comentarios injuriosos y calumniosos no se deben consentir. Hay veces que en las redes sociales la gente, incluso con sus propias identidades, traspasa esos límites sin darse cuenta que están utilizando un medio de expresión público.

El eternauta fue una obra censurada por la dictadura Argentina desde 1976. Además fue la causa del asesinato y la tortura de su autor, H. G. Oesterheld. Actualmente, Mauricio Macri también la ha prohibido en las escuelas por el supuesto adoctrinamiento que puede provocar su lectura. ¿Qué te pareció este cómic? ¿Crees que los cómics pueden adoctrinar?

Oesterheld fue uno de los desaparecidos durante la dictadura argentina, posiblemente fuera torturado y asesinado. Sigo preguntándome y seguiré preguntando, como hacen muchos, ¿dónde está Oesterheld?

Oesterheld era maravilloso. Como guionista fue absolutamente extraordinario, estaba dotado de una gran sensibilidad. El hecho es que lo que Oesterheld escribía molestaba a algunos porque ejercía su libertad de expresión y además lo hacía con belleza. Sus cómics siguen siendo actuales. Los valores que Oesterheld muestra en su Eternauta son valores positivos y universales. No sé qué pudieron ver en la dictadura argentina para entender que Oesterheld era un peligro. Lo que él contaba consigue emocionarte todavía años después de su muerte. Si han prohibido el cómic en Argentina es un craso error porque ni los cómics ni los libros adoctrinan motu proprio.

¿En esa línea no te parece que el cómic tiene un elemento subversivo que va un poquito más allá que el libro?

Puede que tengas razón y se dé ese componente más subversivo en el cómic que en otros medios. En cualquier caso es un medio de expresión que da pie, como ocurre con el resto, a realizar cualquier tipo de planteamiento ideológico. Y no hablo necesariamente del cómic satírico pues hay muchos autores, por ejemplo Oesterheld, que hacen una crítica política muy interesante, consiguiendo despertar conciencias y hacernos reflexionar y pensar. Escuchar solo lo que quieres oír y lo que tú piensas es lo más cómodo, pero no te aporta nada. Conocer lo que opinan quienes tienen ideas distintas a la tuyas te enriquece. Y a mí el cómic, el cine y la literatura me han ayudado a tener una mente abierta. Otro de mis autores preferidos, que me han marcado mucho a la hora de desarrollar un pensamiento crítico, es Hugo Pratt. Su Corto Maltés representa a ese tipo de persona libre, que no se casa con nadie y que cuando interviene en los acontecimientos lo hace siempre poniéndose del lado del más débil. Los guiones de Pratt son un canto a la aventura y a la libertad, a lo que contribuyen, sin duda, los paisajes en los que ambienta gran parte de sus historias: la mar, la sabana, las estepas siberianas…

Otro gran personaje es el Capitán Trueno de Víctor Mora. ¿Tiene algún parecido con Corto Maltés?

Creo que llegué demasiado tarde al Capitán Trueno porque es un personaje de una época muy anterior a cuando yo empecé a leer cómics, aunque conservo algunos álbumes guionizados por Victor Mora y dibujados por Ambrós. Sí que diría que comparte elementos y valores con Corto Maltés porque vive aventuras por todo el mundo, participa en acontecimientos históricos importantes de su época y porque entra en relación con los débiles para ayudarlos.

Corto Maltés destaca por esa forma de ser silenciosa con la que contempla la realidad que le rodea.

Corto Maltés recorre uno de los períodos más interesante del siglo XX: desde la Primera Guerra Mundial hasta su desaparición en la Guerra Civil Española, a la que Hugo Pratt llamó la última guerra romántica. Yo, sin embargo, niego que se la pueda denominar así porque en ella se usaron armas muy destructivas y se cometieron grandes infamias por ambos bandos. En cualquier caso, es cierto que la Segunda Guerra Mundial superó a ambas y las armas que se emplearon causaron una muerte y una destrucción como jamás había conocido el ser humano. Esa guerra jamás le habría gustado a Corto Maltés vivirla.

Respecto de su papel en el mundo que le toca vivir, hay quien ha definido a Corto Maltés como una especie de Doctor Who, que se mueve por distintos lugares y acontecimientos como actor pero no protagonista, más bien como personaje secundario. Está en la sombra y su intervención siempre es discreta, se pone de lado de los débiles, sí, pero apenas actúa, y si toma partido en algo su actuación nunca es determinante en la producción del hecho histórico destacado al que está asistiendo. Lo mismo ocurre con el Capitán Trueno. La diferencia entre ambos es el carácter cínico, descreído, del marinero frente a Trueno. Aunque hay quien diría que el Maltés es un cínico pretendido que en el fondo es un héroe…

Hablábamos de que el cómic no adoctrina.

A ver, cualquier obra puede ser utilizada para adoctrinar, todo depende de quién y cómo la explique. Lo importante es que los chicos en el colegio puedan, además de leer literatura, acercarse al cómic a través de distintas obras bien seleccionadas que puedan ayudarles a pensar, a plantearse cosas, a formar un pensamiento crítico, en definitiva.

Desde luego estoy en desacuerdo con que el Eternauta sea una obra que adoctrine. Contiene un mensaje muy potente acerca de la importancia de la colectividad, del grupo frente a una amenaza exterior representada por una invasión alienígena. Es cierto que tras la lucha de la especie humana contra esa invasión se esconde una segunda lectura, la de la lucha contra la dictadura y es ello lo que hacía temer a los militares argentinos. No sé si la prevención del gobierno de Macri irá en la misma línea de no querer que la gente identifique determinados gobiernos con ese poder frente al que ha de luchar el pueblo. En cualquier caso no lo entiendo porque sus políticas no tienen nada que ver con las dictaduras que tanto rechazaba Oesterheld.

Como cartagenero conocerás bien la historia del Cantón de Cartagena que se declaró independiente de España en 1873 e incluso pidió su adhesión a Estados Unidos con tal de no caer en manos del gobierno de Madrid. ¿Es Cartagena una aldea irreductible como la de Astérix?

La historia del Cantón de Cartagena es un episodio histórico muy curioso. Si queréis acercaros a él recomiendo leer Mister Witt en el cantón de Ramón J. Sender.

El cartagenero comparte con los galos de la aldea de Astérix un firme orgullo por su tierra y sus tradiciones. Y no le faltan razones para ello porque Cartagena es una ciudad maravillosa con casi tres mil años de historia y que tiene unas potencialidades tremendas. Además de ser el centro industrial de la Región de Murcia es uno de sus principales motores turísticos.

También habéis tenido al alcalde más chulo de España.

Es una lástima que de Cartagena se haya estado hablando en medios de comunicación nacionales por las impertinencias, groserías y otras salidas de tono del que fue dos años alcalde de nuestra ciudad. Alguien que llegó a Cartagena merced a una carambola pues su partido no ganó las elecciones de 2015, sino que las ganó el Partido Popular. Sin embargo llegó a un pacto con el PSOE para «repartirse» la alcaldía dos años cada partido. Un extraño pacto contra natura que acabó como el rosario de la aurora entre el anterior alcalde y la actual alcaldesa, que gobierna en solitario una ciudad de más de doscientos mil habitantes con tan solo seis concejales de un total de veintisiete. El resultado ha sido que estos cuatro años se han perdido completamente para el municipio. Sin embargo, estoy convencido que tras las elecciones la cosa va a cambiar para mejor.

La Cartagena de entre 1960 y 1970 era una Cartagena pobre donde la gente no decía que tenía vacaciones, decía «estuve de permiso», era una Cartagena donde siempre había un uniforme detrás de todo. ¿En qué se parece esa Cartagena a la Cartagena de ahora?

Pues se parece bien poco. Recuerdo perfectamente la crisis espectacular que Cartagena sufrió de finales de los ochenta hasta mediados de los noventa por la desafortunada confluencia de varios factores: el servicio militar obligatorio desapareció, cerraron varias empresas públicas importantes que había en Cartagena y se produjo también la llamada desindustrialización de la zona. Eran los principales motores económicos de la ciudad, Cartagena se hundió en una depresión tremenda y parecía que no iba a levantar cabeza. Sin embargo, desde el año 95, coincidiendo con la llegada del Partido Popular al gobierno regional y al ayuntamiento, la ciudad experimentó una transformación espectacular. Me atrevo a decir que hay pocas ciudades de España que hayan tenido una metamorfosis tan importante, tan extraordinaria, tan revolucionaria como Cartagena en los últimos veinte años.  Ahora es una ciudad nueva, distinta y eso es un hecho que está ahí y que se puede constatar perfectamente.

Cartagena hizo algo importante como Barcelona: abrirse al mar. El  derribo del muro que delimitaba la zona del puerto comercial fue revolucionaria. Con él desapareció una barrera que impedía que la gente pudiera pasear frente al mar. Se trasladó la actividad comercial del puerto a otra zona y se transformó en lugar de paseo y de recreo, situando allí el puerto deportivo y conectando la explanada del puerto con el eje principal de las calles más emblemáticas del centro histórico de Cartagena. Se han recuperado los más importantes edificios modernistas y junto con la recuperación del teatro romano, se ha conseguido que Cartagena sea una ciudad de gran interés turístico. Se añade además la apuesta del gobierno regional por el turismo de cruceros que hace que lleguen a Cartagena miles de turistas, casi doscientos treinta mil en 2018.

Eres fan de Eduardo Mendoza. ¿Sigue siendo Barcelona la ciudad de los prodigios?

La ciudad de los prodigios es mi novela preferida de Eduardo Mendoza, uno de los autores españoles que más me gusta. Y Barcelona es una de las ciudades en las que me hubiera gustado vivir. Soy un enamorado de Barcelona. El problema de Barcelona, y de Cataluña, es la irresponsabilidad de muchos de sus políticos que han generado artificialmente un problema donde no existía, convenciendo a muchos catalanes de la falacia de que el resto de España les robaba para ocultar así su pésima gestión en unos casos así como  la corrupción de muchos de sus dirigentes. Es una lástima y espero que en Cataluña las cosas vuelvan a su cauce, pero va a ser un proceso largo porque llevamos casi dos generaciones con un adoctrinamiento constante a través de la educación y la televisión pública que recuerda a la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley, en la que se sometía desde el nacimiento a los niños a adoctrinamiento durante el sueño, empleando drogas y técnicas hipnóticas. Ello ha hecho que Barcelona haya pasado en apenas unos años de tener una vocación de polis cosmopolita a desarrollar planteamientos de aldea.

Aprendiste a montar en bicicleta en el mar Menor. ¿Tuviste allí algún verano Diabolik? ¿Llegaste a vivir esos veranos de tres meses donde todo iba lento?

Un verano Diabolik es un cómic fantástico, con un dibujo de Alexandre Clérisse muy pop que ilustra un gran guion de género negro a cargo de Thierry Smolderen; ganó el premio al mejor thriller en el prestigioso Salón de Angouleme. Lo recomiendo.

Los veranos de mi infancia no se asemejan, afortunadamente, a los sucesos narrados en aquel. Los recuerdo con mucho cariño y se asocian con La Manga del Mar Menor. Y sí, tengo grandes recuerdos de paseos por La Manga en bicicleta con mis amigos, recorriéndola de arriba a abajo. Aquellos largos y cálidos veranos comenzaban el 20 de junio cuando acababan las clases y terminaban casi a mediados de septiembre cuando volvíamos al colegio.

Al vivir en Cartagena y tener la suerte de tener mi familia una casa en La Manga podíamos disfrutar de esos veranos porque nuestro padre, los días que estaba trabajando podía ir y venir cómodamente en el día. Lo mismo ocurría con Semana Santa, que se acaba convirtiendo en una semana de cerca de diez días junto al mar Menor…

Es un estilo de vida que se nos ha olvidado, ahora parece que las vacaciones tengan que ser un apresurado tres días aquí, tres días allá, y a ser posible irme a Cancún o Japón…

Hoy día ya no son posibles esos veranos y las vacaciones son muy distintas. Creo que probablemente el cambio tiene que ver con el papel que desempeñaban nuestras madres. La mayoría de ellas eran amas de casa que sacrificaron en muchos casos su vida profesional para estar en casa y dedicarse íntegramente a cuidarnos como ocurrió con la mía y la de muchos de mis amigos.

Lo habitual hoy en día es que trabajen fuera de casa tanto el padre como la madre, lo que ha condicionado completamente el modo de disfrutar las vacaciones y la duración de las mismas.

Eso sí, lo que hemos perdido por un lado, lo  hemos ganado con creces por otro, pues la incorporación de la mujer al mundo laboral ha sido un importante elemento transformador de la sociedad y nos ha enriquecido mucho. A mis dos hijas, que aún son pequeñas, les digo constantemente que tienen que estudiar y trabajar muchísimo para poder hacer en su vida lo que quieran y no depender absolutamente de nadie.

Por cierto, si tienen niñas, recomiendo que les compren Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes de Elena Favilli y Francesca Cavallo, editado por Destino sobre mujeres extraordinarias.

El mar Menor es la mayor laguna litoral de todo el Mediterráneo occidental y se está muriendo, a pesar de tener siete figuras de protección. ¿Cuál es su futuro?

El mar Menor es una de las joyas de la corona de la Región de Murcia, un patrimonio no solo de los murcianos, sino de todo el país. Hay muy pocas lagunas en el mundo como ésta. Entre 2015 y 2016 la transparencia del mar Menor, una de sus características más propias, dio paso a una turbidez verdosa que apenas permitía ver unos centímetros como consecuencia de la proliferación de pequeñas algas que se estaba produciendo en la zona por distintas causas, según apuntaban los científicos.

El gobierno regional se encontró con esta situación  y no se quedó quieto, abordó el problema tomándoselo muy en serio. Se creó, en primer lugar, un comité de expertos para analizar el estado de la laguna, cuáles eran las causas que habían provocado esa situación y, sobre todo, cuáles eran las medidas para revertirla y que en el futuro no volviera a producirse. Tanto se ha hecho desde entonces que la situación actual del mar Menor es radicalmente distinta. La transparencia y visibilidad han mejorado ostensiblemente y lo dice todo el mundo, no hay más que venir a verlo y a disfrutarlo. Hoy día es, probablemente, la laguna más analizada y estudiada desde el punto de vista científico que existe. Somos optimistas en el gobierno regional, pensamos que va a ir todavía a mejor y lo que hemos hecho es adoptar las medidas necesarias para que no vuelva a repetirse. Quizá esto se pueda ver como un aviso importante para que todos nos detengamos a pensar que es una especie de ser vivo que requiere respeto, cuidado y mimo.

En mayo de 2016 te nombran consejero de Fomento por «tus inquietudes intelectuales y tu formación jurídica», con dos retos enormes: el nuevo aeropuerto y la llegada del AVE ¿Cómo están ambos proyectos?

Cuando el anterior presidente de la Comunidad Autónoma me ofreció incorporarme a su equipo no me lo esperaba, era algo que no estaba en mi horizonte. De hecho esa semana tenía varios juicios. Pero me pareció un reto tan interesante, que no supe decirle que no, a pesar de carecer de experiencia política. En ese momento había varios proyectos estratégicos que se encontraban estancados, entre ellos la llegada del AVE y la apertura del nuevo Aeropuerto Internacional de la Región de Murcia, que ya estaba construido pero se encontraba inmerso en una especie de laberinto jurídico, con varios nudos gordianos que cortar, que no permitían su puesta en marcha. Finalmente y gracias a un extraordinario trabajo de equipo salió a concurso la explotación del aeropuerto por los próximos veinticinco años resultando adjudicataria AENA. El pasado 15 de enero fue inaugurado por su majestad el rey.

El aeropuerto es una infraestructura absolutamente imprescindible para aumentar el número de turistas que vienen a nuestra Comunidad Autónoma. El anterior aeropuerto era una infraestructura militar con un uso  autorizado civil pero incapaz de desarrollar todas nuestras posibilidades de crecimiento de turistas. Este aeropuerto es capaz de llegar a los cinco millones de turistas al año y creemos, desde luego, que va ser un auténtico revulsivo para nuestro turismo. Tenemos muchísima confianza en esta infraestructura.

Respecto al AVE, se llegó a compromisos importantes con el anterior gobierno para que en el año 2019 estuviera absolutamente operativo, sin embargo el gobierno de Pedro Sánchez lo ha retrasado.

¿La vía ya está hecha?

Lo único que queda es la electrificación de la vía, que es precisamente lo que permite la circulación de trenes de Alta Velocidad. Y se ha paralizado. Algo absolutamente incomprensible porque la Región de Murcia es, junto a Extremadura, la única región de España que no tiene un solo kilómetro de línea férrea electrificada. Tenemos el mismo trazado del siglo XIX. El AVE nos hubiera permitido saltar, automáticamente, del siglo XIX al siglo XXI, en materia de infraestructuras ferroviarias.

Una ciudad como Murcia que tiene cerca de cuatrocientos mil habitantes, la séptima ciudad de España, carece de AVE mientras que otras muchas ciudades mucho más pequeñas de España sí cuentan con red de Alta Velocidad. Es una infraestructura absolutamente necesaria que iba a estar operativa en 2019, como estaba negociado y acordado con el anterior gobierno del PP, el de Mariano Rajoy. Sin embargo, de una manera absolutamente incomprensible, cuando se produce el cambio de gobierno se cambia de planes.

¿El famoso muro?

El verdadero muro lo constituyen las vías del tren que llevan más de ciento cincuenta años rompiendo, marcando como una cicatriz la ciudad y separándola en dos mitades. Es una herida abierta en la trama urbana y se iba curar precisamente con la llegada del AVE. Era el AVE el que iba a permitir que se soterraran todas las vías del tren a su paso por la ciudad de Murcia y eso iba a ser así, estaba pactado, había presupuesto, licitaciones abiertas y obras. De hecho, ya se había iniciado el soterramiento de las vías. La idea inicial era que mientras se ejecutaba el soterramiento se iba tender una vía paralela para que provisionalmente discurriera por ella todo el tráfico ferroviario, incluido el AVE. Y habríamos tenido AVE en la ciudad de Murcia funcionando en 2019. Tras la moción de censura, el gobierno socialista cambió los planes y frenó las obras para que llegara directamente soterrado, algo que se producirá, como pronto, en 2022.

Eso sí, los trenes van a tener que seguir circulando por una vía provisional que estará separada de los barrios por las mismas pantallas, muro les llaman algunos, que iban a colocarse para el AVE. Pero no tendremos AVE. Es algo kafkiano. Creo que es un error que vamos a lamentar mucho los murcianos porque el AVE hubiera sido un importante catalizador de la actividad económica de toda la región. Una infraestructura que no era solo para que lo usáramos nosotros, sino para que llegaran turistas. Se había calculado que podrían llegar a multiplicar por cuatro el número de viajeros. Imagínese lo que es eso para una ciudad como Murcia desde el punto de vista turístico y empresarial. Es un error muy grave del que los murcianos nos vamos a resentir por una decisión meramente electoralista del PSOE sin valorar el interés general.

En abril de este año López Miras hace la primera remodelación de su ejecutivo y dejas Fomento para llevar Presidencia. ¿A qué se debe el cambio?

En mi caso, comencé en el gobierno de Fernando López Miras como Consejero de Presidencia y Fomento. En aquel momento había dos proyectos importantes, la apertura del nuevo Aeropuerto y la llegada del AVE que estaban por concluir y decidió que era conveniente que el equipo que estaba trabajando en ellos y que mejor los conocía pudiera continuarlos. Quizás por mi formación jurídica añadió la Consejería de Presidencia a mis funciones para ayudarle a coordinar la acción de gobierno.

Luego decidió reconfigurar el gobierno volviendo a dotar a Fomento de una consejería específica que se centrara exclusivamente en el impulso y desarrollo de los proyectos estratégicos de infraestructuras. Y yo continué en Presidencia. El presidente ha querido que en su gobierno se conjugue la política con la experiencia profesional y ha procurado que todos sus consejeros tengan una trayectoria profesional que pueda aportar experiencia a la acción de gobierno. En cualquier caso, las razones últimas de los cambios solo las conoce el presidente, que es quien tiene esa prerrogativa de conformar el gobierno. Yo solo puedo dar las gracias por la confianza depositada pues es un honor servir a todos los ciudadanos de la Región de Murcia.

Explícanos qué hace la Consejería de la Presidencia de un gobierno regional.

La Consejería de Presidencia tiene sus propias competencias en materia de seguridad ciudadana, emergencias, acción exterior, Unión Europea, cooperación o administración local y luego tiene una parte de relaciones institucionales en general y con la Asamblea Regional en particular, preparar los contenidos de los consejos de gobierno y la coordinación de la acción de gobierno, es decir, ayudar a que se desarrollen todas las políticas marcadas por el presidente de la Comunidad. Para un jurista es una consejería muy bonita. Está siendo una experiencia apasionante.

La CARM va a convocar 8194 plazas de empleo público la mayoría para el Servicio Murciano de Salud. ¿Cuál es la salud del SMS?

La mejora de los servicios públicos es una de las principales prioridades del gobierno del presidente López Miras. Y ello a pesar de que somos la comunidad autónoma peor financiada de todas merced a un sistema de financiación muy injusto. Los presupuestos generales de la comunidad autónoma destinan ocho de cada diez euros a sanidad, a educación y a servicios sociales. A sanidad, en concreto, cuatro de cada diez. Contamos con uno de los mejores servicios sanitarios regionales. Las valoraciones que hacen los ciudadanos del servicio murciano de salud son muy positivas en cuanto a la calidad del servicio y la atención recibida por sus profesionales.

Tú has sido profesor de la UCAM. ¿Qué opinión te merece esta universidad privada?

En la Región de Murcia contamos con dos magníficas universidades públicas, la Universidad de Murcia y la Politécnica de Cartagena y con una universidad privada, la Universidad Católica de San Antonio.

He sido profesor del Máster de Acceso a la Abogacía, tanto en la universidad pública como en la Universidad Católica de San Antonio. En ambos casos impartía asignaturas relacionadas con la deontología profesional así como la materia correspondiente a la asistencia jurídica gratuita y turno de oficio, precisamente por mi condición de responsable en el colegio de abogados durante ocho años de esa materia.

El gobierno regional entiende que el hecho de que haya tres universidades nos enriquece. Respecto de la Universidad Católica, cuenta con miles de estudiantes y está generando miles de empleos directos e indirectos, está apostando por la investigación y también por el deporte, llevando el nombre de la Región de Murcia más allá de nuestras fronteras. Todo ello justifica que reciba el reconocimiento y apoyo del gobierno regional.

Uno de los mejores divulgadores científicos españoles es el investigador murciano de la UM José Manuel López Nicolás, autor de Vamos a comprar mentiras: alimentos y cosméticos desmontados por la ciencia. ¿Conoces su trabajo?

Conozco a José Manuel. Es un tipo genial y uno de los mejores divulgadores científicos del momento. Consigue explicar la ciencia de una manera muy amena. Y además es un gran fan de Star Wars y de Tolkien.

En tus redes sociales siempre estás animando a la lectura, sin embargo Murcia tiene los índices más bajos de lectura en prensa y libros. ¿Qué se hace para fomentar la lectura desde la comunidad?

La lectura es una de mis pasiones desde pequeño. En casa ya no me caben más libros. Además de ser un placer es muy importante para aprender a expresarte, adquirir vocabulario y, por supuesto, para conformar un pensamiento crítico.

Conscientes de esa importancia, desde el gobierno regional estamos desarrollando un ambicioso plan de fomento de la lectura que está dando muy buenos frutos y que tiene su epicentro en las bibliotecas públicas. La Región de Murcia tiene una red de bibliotecas muy interesante y cuenta con una biblioteca regional, en la ciudad de Murcia, con unos magníficos fondos, no solo de libros sino también de películas, series y documentales. Y su comicteca es una de las más importantes de España.

Sé que te gusta Jiro Taniguchi. ¿Sueles acudir al Salón del Manga de Murcia o te pilla mayor tanto cosplay?

Suelo acudir cada año con mis hijas al Salón del Manga de Murcia, un certamen que se ha consolidado como uno de los mejores del país. Al igual que me ocurre con la literatura y el cine, no me encasillo en géneros con el cómic. Hay buen cómic franco belga, americano, español…y también hay muy buen manga, que es como los japoneses denominan al cómic. Dentro de él hay histórico, para adolescentes, más intimista, de acción, de ciencia ficción… Tengo bastante manga en casa y hay dos autores de los que he comprado prácticamente todo lo que se ha publicado en España, que son Osamu Tezuka, al que se conoce como el padre del manga y, por supuesto, Jiro Taniguchi, que es mi preferido. Lamentablemente ha fallecido recientemente, dejándonos huérfanos a millones de lectores.

Taniguchi es un poeta, cada una de sus viñetas es como un cuadro. Creo que es el más europeo de los dibujantes japoneses. Tiene un dibujo muy limpio que entra muy bien por los ojos y sus historias son pura poesía. Utilizo a Taniguchi para introducir a la gente en el mundo del cómic. Barrio lejano o El almanaque de mi padre, son dos de sus mejores novelas gráficas y son perfectas para regalar a una persona con inquietudes que nunca ha leído cómic.

Taniguchi tiene un éxito gastronómico: El gourmet solitario, ¿lo conoces? Como asociado al Murcia Club Gourmet, ¿cómo recomiendas el arroz? Ojo con lo que contestas que el lobby de la paella valenciana en Jot Down es tremendo.

También he leído El gourmet solitario, por supuesto. Combina dos de mis grandes pasiones, el cómic y la gastronomía.  Respecto de la paella, y que me perdonen los valencianos, me quedo antes con cualquiera de los arroces que se hacen aquí en la Región de Murcia, en especial con el caldero, el arroz con verduras o el de conejo con caracoles. Cuando quieras entablamos un duelo gastronómico al respecto. El guante está lanzado.

¿Cómo surgió el Murcia Club Gourmet?

El gusto por la buena mesa es la que nos llevó hace ya más de diez años a tres amigos a fundar un club gastronómico, el Club Murcia Gourmet. Hoy tiene cerca de cuarenta socios que una vez al mes visitamos un restaurante en la Región de Murcia al que le pedimos que nos presente una cena con un menú degustación con los platos más significativos de su carta maridado con vinos. Tenemos una página web que tiene un gran número de visitas y se ha convertido en una auténtica referencia de la Región de Murcia para buscar y conocer nuevos restaurantes. Somos muy respetuosos con los restaurantes que visitamos, hacemos crónica de la cena, con fotografías de los platos y luego hacemos una valoración atendiendo a varios parámetros, como maridaje, servicio, presentación del plato….

Al mejor restaurante visitado le damos un premio, que se llama Mursiya Mezze, dos vocablos en honor a dos civilizaciones que han tenido una gran importancia en la historia de la Región de Murcia: Mursiya es como llamaban los árabes a Murcia y Mezze es un término fenicio que significa degustación de platos con distintos sabores, colores y texturas.

Me encanta disfrutar de una buena mesa con buenos productos, bien regados con buen vino pero, sobre todo, acompañado de buenos amigos. En la Región de Murcia tenemos unos vinos excelentes, unas frutas y hortalizas espectaculares y también buen pescado y buenas carnes. El turismo gastronómico está en auge y es uno de los grandes valores, de los grandes activos que tiene nuestra comunidad y en el que estamos trabajando mucho desde el gobierno regional para reforzarlo.

En tus palabras «Somos lo que somos por quienes nos rodean». ¿Es una frase aplicación universal?

Sin duda alguna. La escribí en cierta ocasión pensando en mi buena suerte por contar con la familia y los buenos amigos que tengo. El problema es que muchas veces, por la vorágine de la vida, no eres consciente de ello. A mí me pasa demasiado. A veces has de pararte, mirar a tu alrededor, dar las gracias por lo que tienes y disfrutarlo.

En un duelo sacado de un spaghetti western de Sergio Leone, ¿quién ganaría? ¿La gamba roja de Águilas o el langostino del mar Menor?

Me haces una pregunta muy complicada, porque me he criado en el mar Menor pero desde que me casé con María, mi mujer, veraneo en Águilas donde ella ha veraneado toda la vida. No me atrevo a elegir ninguno de los dos pues son dos productos absolutamente extraordinarios, únicos. Lo que si haré es invitar a los lectores a acudir a la Región de Murcia a disfrutar de ambos y de la gran cantidad de productos del mar que podemos ofrecerles. No se arrepentirán.

¿El excomisario Villarejo daría para personaje de cómic? ¿Quien tendría que dibujarlo? ¿Podría ser un villano de Superlópez, de Marvel o de Mortadelo y Filemón?

Villarejo ha sacado a la luz lo peor del Estado, sus cloacas. Tanto en mi condición de abogado como de político me repugnan esas prácticas. Cuesta creer que puedan producirse cosas así en un Estado de derecho como el nuestro.

Respondiendo a tu pregunta, lo que se ha conocido por los medios parece más bien una combinación de lo más cutre del Anacleto de Vázquez con lo más miserable de los personajes del dibujante francés Vuillemin.

Durante la construcción del Parador de Lorca permitió sacar a la luz la Sinagoga de la Judería. ¿Por qué es tan importante esta sinagoga?

Porque a diferencia del resto de las sinagogas halladas en Europa nos ha llegado prácticamente como fue diseñada en el siglo XIV, además de que en ella solo se ha celebrado la liturgia hebrea. Es algo único que merece ser visitado. Se encuentra en la zona de la antigua judería de Lorca. Actualmente el ayuntamiento está intentando integrar a la ciudad en la Red de Juderías de España. Si se consigue será un auténtico revulsivo para el turismo de Lorca y de la Región de Murcia.

¿Has leído Maus de Art Spiegelman?

Por supuesto. Y varias veces, pues me interesa mucho la cultura y la historia de los judíos y dentro de esta última, la Shoah, el Holocausto. Un horror como no ha conocido otro igual la historia de la humanidad pero que muchos todavía se atreven a negar, por un antisemitismo que no acaba de desaparecer de la vieja Europa. Creo que Maus es una obra que debería de estudiarse en los colegios.

Para acabar, recomienda a los lectores un cómic y un motivo para visitar Murcia.

Voy a recomendar dos La balada del Mar Salado de Hugo Pratt y El almanaque de mi padre de Jiro Taniguchi.

Y respecto de la Región de Murcia os diré que es una tierra maravillosa donde puedes encontrar todo lo que buscas, desde una costa magnífica a un paisaje interior absolutamente extraordinario, combinado con una de las mejores gastronomías de España y con una gente muy amable y muy acogedora.

No puedo darte un solo motivo porque literalmente hay mil. Te costará irte de aquí y volverás seguro si vienes. Venid, no os defraudará.


Blade Runner y qué es lo que nos hace humanos

Imagen: Warner Bros.
Imagen: Warner Bros.

«Más humanos que los humanos» era el lema de la Tyrell Corporation, y tan a rajatabla lo cumplían que para distinguir uno de sus androides de una persona era necesario hacerles pasar el test VoightKampff con el que medir su empatía. Ese era el rasgo característico de nuestra especie según esta película, aquello que nos dota de humanidad ¿Por qué? Esa es la pregunta a la que intentaremos responder a continuación.

El prolífico autor estadounidense Philip K. Dick encontró en la ciencia-ficción el género que mejor reflejaba su extraño e intrincado universo mental, sus preocupaciones filosóficas y metafísicas. Mientras preparaba su novela El hombre en el castillouna ucronía en la que Japón y Alemania habían ganado la Segunda Guerra Mundial—, tuvo ocasión de leer el diario de un miembro de las SS destinado a Polonia. En él encontró una frase que le provocó una gran consternación: «Por la noche nos mantienen despiertos los gritos de hambre de los niños». Según explicó posteriormente en una entrevista, pensando en torno a dicha frase llegó a la conclusión de que su autor poseía «una mente tan emocionalmente defectuosa que no se le puede aplicar el calificativo de humana y lo peor es que me di cuenta de que ese rasgo no era forzosamente alemán. Es una tara que, tras la Segunda GuerraMundial, se ha exportado a todo el mundo y que puede tenerla gente de cualquier lugar y en cualquier momento».

Dicha idea iría madurando en la mente de Dick y le llevaría finalmente a escribir ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, donde «el androide es una metáfora para la gente que tiene una apariencia humana pero no se comporta como tal». Esta novela fue publicada en 1968 y ya el año siguiente encontró a un por entonces novato pero prometedor director interesado en adaptarla al cine: se trataba de Martin Scorsese. No sabemos si por suerte o por desgracia, pero el proyecto finalmente no cuajó y años después terminó pasando a manos del director de Matar a un ruiseñor, Robert Mulligan, que comenzó a preparar una versión que se llamaría Dangerous Days. Pero finalmente terminó descolgándose debido a las diferencias creativas con el guionista encargado de adaptar la novela y que también sería el productor, Hampton Fancher. Un personaje muy curioso por cierto, que en los años cincuenta estuvo viviendo en España ejerciendo de bailarín de flamenco bajo el nombre de Mario Montejo y posteriormente se casó con la actriz que hizo de Lolita en la película de Kubrick. Más adelante, ya en el año 1980, se incorporó quien sería finalmente su director, Ridley Scott. Con él llegó también otro guionista, David Peoples, que introduciría cambios fundamentales sobre la versión de Fancher. Uno de ellos fue un monólogo de reminiscencias nietzscheanas que recitaba la voz en off del detective protagonista tras ver morir al replicante que momentos antes le había salvado la vida:

Lo supe en el tejado aquella noche. Roy Batty y yo éramos hermanos. Modelos de combate del más alto nivel. Habíamos luchado en guerras aún no soñadas… en vastas pesadillas aún por nombrar. Éramos la nueva gente… Roy y yo y Rachael. Fuimos hechos para este mundo. Era nuestro.

Esa hermandad era metafórica, espiritual, pero Scott la malinterpretó tomándola en sentido literal… y le gustó. Aunque esas líneas finalmente no aparecieron en la película hicieron germinar en el director la idea de que el protagonista era también un androide. Algo que en el montaje del director que tuvo lugar años después se veía explícitamente (el sueño con el unicornio, que resultaba ser un implante), pero que en la versión original se insinuaba con sutileza en detalles como la obsesión común de los replicantes y de Deckard por las fotografías, que representaban un pasado imaginario al que aferrarse y que les dotaba de identidad. Una ambigüedad en la naturaleza humana/robótica del protagonista que conseguía recuperar la idea inicial de Philip K. Dick, para quien los androides como decíamos eran la metáfora de un comportamiento. De esa manera, a base de casualidades y malentendidos y sin ser completamente conscientes de lo que se traían entre manos, los creadores de Blade Runner lograron dotarla de una profundidad y de una riqueza de significados insospechada. La obra de arte a veces trasciende al artista, como si tuviera vida propia, y se convierte así en algo verdaderamente genial: en este caso en una de las mejores películas de la historia del cine.

Imagen: Warner Bros.
Imagen: Warner Bros.

De manera que finalmente veíamos en la película a un detective sin conciencia que ejecuta («retira», prefiere decir) a lo que no considera más que máquinas, sin sentir la menor compasión por sus víctimas. Y frente a él unos superhombres sintéticos —o más coloquialmente, «pellejudos»— dotados de todas las cualidades deseables… excepto de la duración. La estrella que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo, les dice su creador, pero eso no les sirve de consuelo. No quieren morir y es esa conciencia de la propia mortalidad lo que los convierte en humanos. Precisamente los antropólogos señalan que una de las características comunes a todas las sociedades humanas es la celebración de ritos funerarios; el hecho de que se hayan encontrado tumbas de neandertales es una característica fundamental que lleva a considerarlos como equivalentes nuestros, nos permite suponer que tenían conciencia. Tener presente la propia muerte es también lo que nos impulsa a tomar el control de nuestra propia vida, es la chispa del libre albedrío, de los proyectos y las metas. Tal como nos mostraba Borges en «El inmortal», un cuento en el que sus protagonistas caían en una eterna y completa apatía al saber que no iban a morir jamás. La misma idea en la que incidía Steve Jobs en en su célebre conferencia de Stanford que ha llegado a hacerse viral con el tiempo.

Pero hay además otro aspecto en este asunto. En la Antigua Roma existía la costumbre durante los desfiles que celebraban alguna victoria militar de poner a un esclavo junto al general susurrándole «memento mori»: recuerda que morirás. Era una manera de evitar que en ese momento de gloria se viniese arriba, pues la conciencia de la muerte nos vuelve frágiles. Y de esa fragilidad surge precisamente la empatía, esa característica que escudriñaba el test de Voight-Kampff y que si se lo hubieran realizado en aquella azotea a Roy ya no habría podido identificarlo como replicante. Ese es el momento clave de la película. Justo cuando siente que está a punto de morir es cuando quiere que Deckard siga viviendo y lo salva de caer despeñado. Dice Fernando Savater sobre esa escena:

Al final cuando expira el tiempo, vuelve la constancia de lo irrepetible: «he visto atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tanhäuser». Espectáculos ni más ni menos asombrosos que cualquiera de los testimoniados por el individuo más modesto. «He visto… estuve allí… padecí… anhelé… perdí…»: solo es lo que no es, todo ya es pérdida y lo llamamos nuestro. «Momentos que se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia». Bienvenido a la humanidad, hermano replicante.

El profesor de psicología de la Universidad de California, Michael S. Gazzaniga, en un libro titulado precisamente ¿Qué nos hace humanos? se plantea justo esta cuestión en torno a la empatía aunque partiendo desde un ámbito más fisiológico: «Si alguien no puede sentir una emoción (no hay actividad cerebral ni respuesta fisológica) ¿es capaz de reconocerla en otra persona?». La respuesta que da a continuación es negativa. Pone como ejemplo un paciente que sufría daños en unas regiones del cerebro llamadas ínsula y putamen (bonita palabra) que le impedían tener la sensación de repugnancia, y que por tanto no era capaz de reconocerla en otros cuando la sentían. Da igual cómo se lo intentasen mostrar o explicar, simplemente no era capaz de verlo. Pues bien, ocurre algo similar con las demás emociones, estados de ánimo, traumas y en general con toda clase de experiencias buenas y malas que se puedan tener en la vida. De la misma manera que si uno conoce bien la distribución de las habitaciones de su casa podrá deducir de forma bastante precisa cómo es la de su vecino de arriba, aunque nunca la haya visitado, quien tenga un hijo comprenderá mejor a quien acaba de ser padre, quien haya estado en paro sabrá mejor por lo que pasa alguien en dicha situación… Y, en definitiva, quien se sepa mortal entenderá lo frágil y valiosa que es también la vida de otros. Algo que no parecía comprender aquel miembro de las SS en Polonia pero sí nuestro agónico y entrañable androide interpretado por Rutger Hauer. Es hora de morir.

Imagen: Warner Bros.
Imagen: Warner Bros.