La lluvia en Sevilla

lluvia en sevilla
Fotografía: Enrique Moya Ortiz.

Así que me dije, vámonos a la Semana Santa sevillana, no vaya a ser que te mueras sin haberla visto. Según algunos amigos del club Viejos Ateos Solidarios, en las procesiones no era raro ver lo que debió de ser la religión mediterránea antes del cristianismo. Imaginaba yo que sería similar a las tremendas procesiones sicilianas y napolitanas, con sus penitentes tintos en sangre y sus masas agrícolas desesperadas por la muerte del fertilizador anual y luego gozosas por su resurrección primaveral. ¡Cuánto me equivocaba! La era moderna y científica también ha llegado a la Semana Santa de Sevilla. Por esta razón y no otra recomiendo la excursión como imprescindible.

Total que llegué un lunes abrileño que cayó en 25 de marzo. Para ir a Sevilla lo mejor es el AVE incluso si uno vive en Gerona. El avión no da tiempo para recapacitar, cogitar y recogerse en lo que estas celebraciones religiosas significan. El AVE sí. Son dos horas y media si se sale de Madrid y otras tantas para llegar a Madrid desde donde tenga uno el capricho de vivir. Hay lugares, sin embargo, malditos. Gijón, por ejemplo, Lugo o Santander. Si alguien vive todavía en esos remotos poblados, es mejor que vaya de semana santa a Londres. Le cae mucho más cerca. 

Aquel 25 de marzo y una vez desnortado desde Santa Justa hasta el hotel, salí un poco a tontas y a locas a comer, sin acordarme de que en Sevilla no se come. Puede uno tomar unas tapas aquí y allá, unas cazuelitas, pescaítos fritos por toneladas, hamón de bellota al peso, olivas, cacahueses, chufas, pijotas, pero comer, lo que se dice comer, es cosa de bárbaros, de modo que es mejor abstenerse. Eso no quiere decir que no haya tascas, tabernas y figones en donde se pueda pedir de casi todo. Yo me afinqué en el Olalla y ya de ahí no varié ni un solo día por lo que es mi única recomendación. 

Al salir del Olalla y tras evitar el café Tapanuba, Catunamba, Catacumba, o algo similar, que es lo que sirven en Sevilla casi en régimen de monopolio, me topé a la hermandad de la Redención que circulaba en ese momento por la plaza de la Encarnación, más conocida como «la de las setas» debido a un gigantesco monstruo ejecutado para dar una apariencia de modernidad a la ciudad, como si esta lo necesitara. Las setas son un armazón sinusoide a modo de platillo volante ingenuo, que ocupa casi toda la plaza. Debe de haber costado otra fortuna y no solo es horroroso sino que no sirve absolutamente para nada. Constituye un delirio levantino en una ciudad casi siempre sobria.

La procesión, debo confesarlo, me emocionó. El paso se llama «El beso de Judas» y habría que tener el corazón de pedernal para no reconocer en ese gesto del beso (tan español y tan político) la inminente traición en la que caeremos todos, uno después de otro, gracias a la incondicional amistad y la mano en el fuego etcétera. Los nazarenos en esta cofradía son solo mil cien y desfilaban con lenta grandeza, velón apagado y caperuzo bien sujeto con la mano no ocupada por el velón (hacía mucho viento), a quienes seguía la banda de música y sus claros clarines. Yo ya para cuando llegaron los músicos estaba llorando como una monja. Luego vino la Virgen que, si no ando equivocado, era la del Rocío, y ustedes se dirán ¿cómo es posible que no sepa este hombre qué Virgen era? Verán.

Los diarios de la ciudad reparten durante las celebraciones unos cuadernillos con las cofradías o hermandades (no me ha quedado claro qué es cuál), las procesiones, los pasos, los recorridos por la zona centro, los colores nazarenos, las bandas de música (si llevan) y todo tipo de información útil para el asiduo. Vienen a salir a un mínimo de cinco procesiones diarias, con acopio los jueves y viernes de hasta veinte. O sea, unas cuarenta en la semana a ojo de buen cubero. No hay quien distinga cuarenta Vírgenes, todas preciosas y cubiertas por lágrimas de cristal de cuarzo.

Así, por ejemplo, pillé por la tarde la procesión de la Vera Cruz, que porta la reliquia homónima sobre la que mucha gente se precipita a besar o tocar —tiene mucho poder—, operación difícil dado el gentío que pasa por en medio de la procesión, por los lados y casi por encima, porque una de las sorpresas del visitante es que aquello es un caos y hay familias enteras que cruzan por donde les apetece, levantando las cruces de los nazarenos al grito de «¡usté perdone!», madres con cochecitos por en medio del nazarenío, grupos de alegres muchachas cogidas del brazo, y así. Algún nazareno he visto que harto de que le crucen el caperuzo ha dado un giro veloz y cascado la nuca del incivil con un cristazo tremendo. Pues bien, en esa procesión pasea una bella Virgen que solo muy tarde supe que respondía al apelativo de «Las tristezas de María santísima». No solo es que haya muchas Vírgenes, es que responden a nombres de un lirismo sideral.

Como en este reportaje tengo que señalar algunos monumentos dignos de ser visitados, apunten la iglesia de El Salvador, uno de los templos más bellos de España, sin duda. Aquellos ancianos que a partir del Sesentayocho se fueron a  la India encontrarán allí lo más cercano al templo hindú que les sorbió el poco seso que les quedaba. Inmensos retablos de oro y pedrería, oscuridad tachonada por candelas, grandes y barrocos santos, santas, mártires y mártiras, muy semejantes a los de nuestros hermanos del Índico, aunque con mayor volumen de ropaje.

También merece la pena el Museo de Bellas Artes, posiblemente el recinto con más imágenes religiosas del mundo entero, incluido el Vaticano de Roma y el Walhalla de Múnich. No vaya a creerse, sin embargo, que la población sevillana y andaluza es particularmente católica. La frondosísima imaginería obedece más bien a un resto pagano ya muy estudiado etcétera. Y la mejor prueba es verlo en vivo y en directo, con toda la población gritándose de un lado a otro de la procesión que a ver dónde quedamos, vendedores de paraguas anunciando su mercancía o centenares de niños corriendo entre las piernas de los nazarenos en busca de caramelos.

Bueno, pero es que esa es precisamente la religiosidad que a mí me gusta, la que mejor comprendo y amo. Estoy casi seguro de que cuando el verdadero Nuestro Señor subía al Gólgota, numerosos niños palestinos seguían el cortejo y se colaban por entre las piernas de los soldados romanos, los verdugos, los felones y las santas mujeres, al tiempo que puñados de familias jerosolimitanas acompañaban el Vía Crucis comentando los últimos resultados de las carreras de cuádrigas en la capital y el precio del incienso y la mirra.

Luego ya empezó a llover, como cada año, y no merece la pena comentar ya más el asunto, excepto para hacer ver que la lluvia, en Sevilla, es una maravilla si a uno le pilla en el bar tomando un negroni bien servido. Llevado por mi entusiasmo, seguí buscando y encontrando procesiones en cuanto amainaba, gracias a lo cual creo que pillé uno de los momentos más grandiosos del siglo. Fue cuando me apretaba junto a mil sevillanos más (componíamos el típico funeral árabe) para ver a la Macarena. Era en la calle Feria. El paso de Cristo juzgado por Pilatos es uno de los más impresionantes del conjunto, pero cuando yo lo vi tenía una peculiaridad añadida, turbadora e irrepetible. Para protegerle de la lluvia lo habían cubierto con un chubasquero de la guardia civil. Formaba el santo paso un híbrido capaz de remover las entrañas del más desalmado. El Cristo vestido de guardia civil. Lloré como un crío. 

Considerando que ya no podía ver nada más elevado y grandioso, no solo en Sevilla, sino posiblemente en toda mi vida y teniendo en cuenta que seguía lloviendo como si aquello fuera Pontevedra, me refugié en el hotel y ya no abandoné el bar hasta que monté en el AVE transido de emoción y convertido en mucho mejor persona. Espero que a usted le suceda lo mismo.


Marismas y el canal de los Presos: la ruta del desasosiego

Compañía de Transformación y Explotación de Marismas, S.A.

Cotemsa. Un pueblo de recorrido corto: fábrica, cantina y casas. Pocas casas. Un escenario fantasma convertido en turismo de cine, el suelo hecho aún de tierra y las fachadas desconchadas. Un sitio pensado para trabajar, beber, volver a trabajar y a beber, dormir y soñar dormir, mayormente olvidarse de todo excepto de la producción. Hoy es una mancha sórdida en la carretera y uno de los escenarios de La isla mínima, la ventana que Alberto Rodríguez abrió para que nos acercáramos a los territorios secretos de las marismas. A sus miedos y sus contradicciones, a su infinitud eterna. 

A un lado del coche, los restos de Cotemsa, al otro, la sangre sepultada en el cemento de un canal, el sudor impregnado en los nuevos pueblos de colonización, el verde extendido en dirección al mar. Reverbera en el salpicadero el sonido electrónico de Pirámide, que interviene el paisaje, que abre paso a la tradición en sus letras y que empuja y lucha por resquebrajar el silencio. Nos bajamos del coche. Ahora solo se escucha el viento y nuestras pisadas torpes sobre lo que queda del pueblo factoría del arroz Brillante. Nos asomamos a la reja que cierra el acceso al edificio abandonado donde antes funcionaba la fábrica. Cruzamos la carretera y bordeamos el caserío, con dos o tres casas que parecen habitadas y con el resto que ratifican su abandono, incluido el puesto de la vieja cantina, una oferta difícil de rechazar para los obreros, una invitación a gastarse el jornal en alcoholes malos. No hay mucho más que hacer aquí que contemplar ruinas. Reanudamos el viaje y la playlist de Pirámide. 

marismas y Canal de los Presos
Cotemsa. Canal de los Presos

Toca hormigón

«El Caná vale pa to. El Caná… Ahora mismo vale pa regá, pa ponerte ciego o pa hacé deporte». Una voz oscura envuelve el habitáculo del coche y, detrás, la carretera se colma con demasiados vehículos rumbo a las playas de Cádiz. Nosotros seguimos el trazado de las canaletas, de los vasos comunicantes del agua de regadío, de los cientos de brazos hechos de un cemento duro y bastante sucio, de sudor enterrado y colocado junto a la inmensidad de la marisma. «Hay gente que coge y se va por la pata del Caná a hacé bicicleta, a corré,… o te vas a hacé una rave, ahí a La Muerte al Litro,… El Caná… El Caná vale pa to». Cruzamos ciclistas, corredores y paseantes, todas las escalas del ocio deportivo de un domingo soleado por la mañana. Hasta que nos deslumbra el skyline del embalse, la cantidad de piragüas cubiertas de lonas y un sendero de tela sintética que trata de imitar al césped y que busca funcionar como una suerte de alfombra de bienvenida. 

El embalse de Don Melendo marca el final del canal de los Presos y esa manera española de mirar hacia otro lado. «Lo de la concordia está inmerso en la cultura española y se basa en evitar mostrar lo que realmente pasó. Pero si tú lo sabes y yo lo sé ¿por qué no podemos decirlo delante de todo el mundo? Simplemente porque alguien se puede molestar de escucharlo. Y ya es tiempo de que la gente se moleste», dirá Antonio, uno de los Pirámide. Hoy el pantano es un espacio para aquellos que buscan aire puro, pero también para el turismo friki, el turismo histórico o como se llame lo que estemos haciendo nosotros aquí. «A partir de nuestro EP el mensaje ha llegado a más gente. Yo quedando con gente de mi edad y de círculo y preguntarle: ¿tú sabes que esto ocurrió aquí? Y normalmente les suena un poco cuando se lo cuentas, pero no es algo que la gente lo tenga presente normalmente: o se le olvida o directamente no lo sabe», agregará Karvy sobre el primer EP del grupo, titulado El Canal de los Presos

Desde la oficina de la comunidad de regantes, en el punto mal elevado del paseo, se puede apreciar la dimensión del pantano. En la pared que desciende hasta el agua hay una pequeña plantación de uvas que cuentan con un extraño sistema sonoro para espantar a los pájaros, haciendo el sonido de un tiro de aire comprimido sin proyectil, solo el aire. El entorno es silencioso y relajante y las vistas tan panorámicas que poco importa la persistencia de las moscas alternándose de la fruta pasada a la caca de perro sin recoger. Tanta cantidad de árboles, el canto de los pájaros, una piragua moviéndose bajo el sol y dejando su estela sobre el agua plateada: todo asemeja a un paraíso natural si no fuera por eso mismo, porque asemeja pero no es, porque imita. Y lo hace con mano de obra esclava en campos forzados de trabajo. 

Volvemos al coche, ponemos en marcha el motor y el equipo electrónico nos recuerda, de manera automática, nuestra elección, la banda de sonido que elegimos para este viaje: «Si andas por el Canal de los Presos/ toca hormigón / Piensa quién te trajo aquí».

marismas y Canal de los Presos
Embalse de Don Melendo.

Trip hop en las marismas

Nos gustaría decir que nos estamos metiendo en el medio de las marismas, pero no sabemos si es correcto asegurar que esta geografía extraña del sur tenga un medio, un corazón, un centro o una esencia propiamente dicha. Y tal vez ahí radique su atracción, en ser un enorme lago formado por la desembocadura de un río que se convirtió en fangal con suelo salino y que se debate entre la ausencia de vegetación natural en algunas zonas y la proliferación de una vegetación tan vasta que ni siquiera sirve para alimentar los animales. Historias dentro de otras historias, pueblos que se crearon con la finalidad de domar este suelo, pantanos que fueron esperanza y sufrimiento.

En Vetaherrado nos tomamos un café con Maica y un zumo con su hija y su nieto, en el único bar del pueblo frente a la iglesia que no se usa pero que todavía no han tapiado. Ahí, Maica hizo su comunión y se casó. Ahí, su nieto fue el último bautizado del pueblo, en esa iglesia cuya torre alguna vez fue blanca y que ahora se descama dejando a la vista su cemento. Damos un paseo en familia: a un lado de la carretera, los arrozales; del otro, las parcelas de los colonos con algodón y remolacha. En el fondo, la mano del hombre luchando contra la naturaleza salina de las marismas. Maica cree que su abuelo biológico trabajó en el canal de los Presos, pero no lo puede confirmar y, además, dice que aquí no se habla de eso. 

Volvemos al coche y a Pirámide, a su segundo EP, Furtivo, con la portada de un fondo violeta con unas ondas que se mueven entre el sonido y el pantano salado, sobre las que un campesino fosforescente inicia una deriva, o tal vez la acabe o quién sabe cuando empiece o termine algo en la marisma. «Un beso no es de onda triangular/ Tu sonrisa no puede oscilar/ ¿Esa mirada en qué nota va?/ ¿Cómo se envuelve tu claridad?», canta Claudio en «Rebaba», primer corte del EP. Lo furtivo: lo que se hace a escondidas o de manera disimulada y, también, el que caza sin permiso. La rebaba: ese trozo de materia sobrante que hay en un objeto cualquiera y que sobresale de manera irregular. Claudio nos dirá que son canciones más intimistas que las anteriores, más electrónicas y profundas, otra vez la raíz y el folclore «pero más quizás en la letra y en el modo que en la forma». Y Antonio intervendrá: «Habla de esa soledad que tú sientes cuando te metes en la marisma. Encontrarte solo en una inmensidad tan grande». Y Karvy agregará: «Un policía que te esté buscando se va a perder porque es un desierto enorme con agua». 

Dentro del coche, la materia sobrante: «Las rebabas despreciadas/ Son las únicas que rebotan luz/ Guarda en cristal/ El señor tiempo en tarros de cristal/ Guarda en cristal/ Nuestras rebabas no paran de arpegiar». En alguna pantalla anterior, las imágenes del videoclip, con paisajes de las marismas, ventosas, desiertas, y un cuerpo humano sin rostro, casi fluorescente, en posiciones de danza contemporánea, acentuando diferentes estados de ánimo con su coreografía: incomodidad, juego, fiesta, incertidumbre. A medida que cae la tarde y la luz se va haciendo más tenue, los mosquitos se adueñan de la inmensidad y empiezan a chuparnos por docenas, centenas tal vez, con total paciencia después de aparcar y recorrer Marismillas. Nos esperarán en San Leandro y también en otros pueblos nuevos y viejos levantados alrededor de las marismas, algunos comunicados por paradójicos caminos secos de tierra y polvo, atravesados por el cemento del canal. Y cuando llega la noche, la inmensidad ahora se vuelve más invisible que nunca y pensamos cómo se sentirá la soledad aquí, quienes serán en carne y hueso esos hombres fosforescentes de la portada de Furtivo. Cómo será agazaparse y ser perseguido, la incertidumbre de no saber a dónde huir ni por donde vendrán. El desasosiego en su esplendor absoluto.

marismas y Canal de los Presos
Pirámide en las marismas.

El vídeo, el libro y el documental

«¿Tú te imaginas celebrar una boda en Auschwitz? Aquí la gente se casa y celebra comuniones en el cortijo de Los Arenosos, que fue un campo de concentración. O celebran raves debajo del canal». Una voz distorsionada y grave pregunta y responde, la silueta difuminada de un hombre se mueve en una estética cargada de distopía y de imágenes de presos trabajando en un canal cuyos brazos de cemento transcurren invisibles y extendidos por todos los pueblos de las marismas. Antonio reconocerá que quizás los textos sean un poco exagerados y que, a veces, las comparaciones son odiosas, pero estaban buscando una manera atractiva de llegar con el mensaje y, al fin y al cabo, eran campos de trabajo forzados. Claudio lo ratificará: «Y yo voy a la boda y hay ciertos momentos que me pongo como todo el mundo, como a nadie le importa ya está ¿no? Pero sé lo que pasó ahí. Y creo que es de ley que lo sepamos todos los que vivimos cerca. Es que no hace seiscientos años, es que hace nada que pasó». 

En un capítulo del libro El canal de los Presos (1940-1962). Trabajos forzados: de la represión política a la explotación económica (Crítica), Reyes Mate también se refiere a Auschwitz dentro de la paradoja de la negación del crimen dentro del crimen: «Auschwitz no remite solo a la liquidación física de seis millones de judíos, sino que también señala un proyecto de silenciamiento y destrucción de todo rastro del crimen. Era el mayor desafío a la memoria». Según este volumen que, probablemente, sea la investigación más completa sobre el tema, no hay una cifra exacta de la cantidad de presos que pasaron por la construcción de esta obra faraónica, ni a quienes se fusiló por incumplir órdenes ni cuántos murieron accidentados o sufrieron torturas físicas y psicológicas ni tampoco cuantas personas acabaron en otras colonias penitenciarias para pasar hambre y sed, soportar cientos de piojos y garrapatas o ser juguetes de los carceleros en simulacros de fusilamientos.

El libro recoge algunos testimonios de sobrevivientes. A Gil Martínez Ruiz siempre lo conocieron en Los Palacios como «el Preso», nunca se pudo escapar realmente del campo de concentración y se llevará el estigma hasta la tumba. A todos los obligaban a cantar el «Cara al sol» con el brazo alzado y a rezar, gente de izquierdas y profundamente atea, sometida no solo a trabajos a destajo sino a diferentes mecanismos de humillación. «Todos los días ponían en el cuarto donde estaban los jefes de funcionarios un cartel que anunciaba el menú diario pa los presos, y en vez de poner primera comida, segunda comida, ponían primer pienso, segundo pienso y tercer pienso, porque a la vez que comían los presos comía la caballería, y no se hablaba de comida pa los presos sino de pienso. Eso se hacía pa humillar, figúrate», recuerda Luis Adame. 

En el documental Los últimos colonos de Paco Aragón alguien se anima a dar una cifra de la cantidad de esclavos que trabajaron en el canal entre 1940 y 1953: entre siete mil y ochomil presos políticos, a los que se sumarán después los presos comunes. Los obreros que hicieron la excavación, los peritos, topógrafos, ingenieros, personal de oficina: todos presos políticos. Y todos viviendo en campamentos con elementos característicos de un campo de concentración: doble alambrada, puestos de vigilancia, focos y rondas nocturnas. Y hay otra cifra en este documental: más de ciento treinta intentos de fuga, muchos de los cuales acabaron con fusilamientos ejemplares delante de todos los presos.

Torre del Águila

Seguimos uniendo los retazos del canal de los Presos y en este tramo del viaje nos recibe el actual encargado de este embalse, Emilio Carmona Roldán, y el antiguo, su padre Emilio Carmona Aguilera, quien nació en 1941. Han sido tres generaciones familiares a cargo de Torre del Águila desde que fuera construido y, para su desgracia, nos cuentan que Emilio nieto no podrá cumplir su sueño de seguir con la saga porque en la actualidad es más complicado, ahora hay que aprobar las oposiciones en Madrid y eso es muy difícil. 

Recorremos las instalaciones del canal, entre un persistente olor a pino y Emilio padre nos enseña las piedras de la escollera que sostiene el puente que cruzamos: colocadas una por una a mano, «como un rompecabezas», conformando una alta pared en la que «a cada piedra se le encontraba una posición y si no se la picaba y pulía a mano para que cupiera». Nos cuenta que «los civiles y los presos eran una gran familia» e insiste en que no hubo tratos vejatorios. «No tiene sentido desenterrar a los muertos, enemistar a la gente que es lo que hace este gobierno», nos dice cuando insistimos. Está tan orgulloso de la presa que pareciera que la hubiera levantado con sus propias manos. 

Emilio nieto, de veintitrés años, aparece antes de que nos vayamos con una camiseta de la Policía Nacional que nos hace pensar que es, efectivamente, policía, pero que no, se trata solo de una camiseta de entrenamiento. El abuelo y el padre están contentos porque el muchacho se ha colocado en la Comunidad de Regantes y trabaja con una moto repartiendo el agua. «Algo vinculado con la presa, al menos». Nos acercamos al coche y vienen a despedirnos un perro de la calle adoptado por la familia que se llama Paco y una cerda vietnamita llamada Pepa. Volvemos al coche y a la música: «El día que yo me muera/ dale un beso a la morera / Que los gusanos que me coman/ lleven algo de tu aroma». Y nos preguntamos a cuál de los tres Emilios le gustará más esta canción de los Pirámide.

marismas y Canal de los Presos
Pirámide en canal de los Presos.

Los Palacios y Pirámide

Para ver a los Pirámide hay que estar aquí, venir, desplazarse a la tierra sobre la que escriben y componen. Porque no viven en ninguna capital de la música, no están buscando suerte en ninguna tierra prometida de la industria. Claudio, Antonio y Karvy tienen sus ojos y oídos puestos en los sonidos electrónicos que circulan en el mundo y también en el folclore del Bajo Guadalquivir que legaron de sus madres y padres, abuelas y abuelos. Y su día a día transcurre en Los Palacios y Villafranca, a pocos kilómetros del canal de los Presos y de las marismas. 

Claudio venía del rock clásico y el grunge y Antonio de la electrónica, eran compañeros del instituto y fue Antonio quien, de a poco, arrastró a Claudio hacia estos nuevos sonidos. «En la música electrónica encontramos nuevas maneras de experimentar», dice Claudio y mira a su amigo y le agradece: «Lo que yo me di cuenta a los treinta o treinta y cinco años tu llevabas viéndolo de toda la vida». Antonio mira a su alrededor, estamos en la sala de ensayo de los Pirámide: «Aquí no paras nunca de aprender, porque es que todos los meses te sacan algo nuevo. Y es una putada porque de lo viejo no te quieres deshacer y tienes que comprar cosas nuevas y después no te caben. Y te pasa eso, te conviertes en un Diógenes». Efectivamente, el estudio está repleto de samplers, sintetizadores, teclados, guitarras y hasta una enorme batería. 

Karvy entra al grupo en diciembre de 2020, cuando Antonio y Claudio estaban a punto de sacar el primer EP, El Canal de los Presos, con un sonido cercano a la electrónica minimal y con influencias de Thom Yorke y Cabaret Voltaire, más el impacto escénico y conceptual de Gazelle Twin. «A mí me gusta Pirámide antes de estar en Pirámide. Yo los había visto en directo tres o cuatro veces y a mí me encantaban», dice Karvy, quien, además de participar en lo musical, está a cargo del concepto visual del grupo. Su estreno en el estudio de grabación fue con el segundo EP de Pirámide, Furtivo, pensado, ideado, grabado y conceptualizado por la actual formación y con un sonido mucho más cercano al trip hop estilo Bristol (Portishead, Massive Attack) y la infinitud de las marismas como leitmotiv principal.

Entre los muchos motivos por los que venimos a visitar a los Pirámide, nos interesa saber qué repercusión ha tenido en el pueblo, en la zona, en algunos de los sitios que visitamos estos días, que tres jóvenes hayan removido un tema tan delicado para la celosa memoria histórica de muchos españoles. «Tenemos el canal de los Presos a doscientos metros y había gente que no conocía su historia o que le sonaba porque lo había escuchado, pero nadie se había parado a reflexionar sobre todo lo que supone la obra. Y en generaciones más posteriores como la de Karvy todavía estaba más acentuado», dice Antonio, que tiene cuarenta años, al igual que Claudio (Karvy tiene veintisiete). «Está muy extendido en toda esta zona el rollo de los pantanos, los canales y la reforma agraria. Y a quienes más benefició todo eso y el canal de los Presos fueron a los grandes terratenientes», dice Claudio. «Los de nuestra generación tenemos la obligación de sacar las cosas a la luz. Creo que la generación previa a la nuestra tiene cierto adoctrinamiento cultural que evita que hablen o si hablan, lo hacen desde el punto de vista muy protector: nosotros vivíamos en otro pueblo y no teníamos nada, nos trajeron un tractor o una burra y un carro y para nosotros eso fue la vida», agrega Antonio.

Otra cosa que nos interesa es cómo conjugar un lugar de memoria con un lugar de ocio. Como llegar a un equilibrio y no caer en la frivolidad de las bodas y los deportes acuáticos y ese paisaje idílico con sol cayendo bajo el agua pero tampoco en la sordidez de un monumento inerte. Antonio tiene una idea: «Lo importante es informar. Después, cada uno le puede dar el concepto, la entonación o la interpretación que quiera. Pero por lo menos informar. A lo mejor para ti prima la cordialidad y no le quieres dar más importancia, pero para él no. Pero por lo menos vamos a informarlo a los dos y luego cada uno es libre de cómo reaccionar ante eso, pero que esa información surja, que no se quede ahí enterrada».

Embalse de Peñaflor

«Escarba en la tierra, / pica la piedra, / la Memoria no / se encierra». Antes de abandonar el sur nos queda una última parada. Pasamos por pueblos de colonización y pueblos viejos metidos en carreteras estrechas adornadas de pozos y naranjos, seguimos la línea del río Guadalquivir y bordeamos el área metropolitana de Sevilla sin entrar en la capital, atravesamos el polígono industrial La Isla, cruzamos muchas rotondas y el parque empresarial El Copero muestra con orgullo las fachadas de Shell y de Amazon, de sus silos gigantes. Hasta que llegamos al embalse de Peñaflor, la presa donde nace el canal de los Presos, desprovista de cualquier tipo de cartel informativo. Si no hubiésemos pasado tantos días escuchando, hablando, leyendo e investigando sobre el tema, si no supiéramos algo, el embalse solo sería alambrada corroída y explanada repleta de musgo pero sin la sombra de los trabajos forzados. ¿Cuánta gente pasará a diario por esta carretera sin saber, sin mirar, sin nada más que dejar atrás? Y como una especie de broma, aunque muy en esa línea de concordia que mencionaba Antonio, se alza un obelisco conmemorativo con imágenes costumbristas en su base como un homenaje frívolo y leve a los trabajadores rurales. Sepultando, también, a esa cifra inasible de todos esos hombres con la espalda rota y la piel quemada y el cuero cabelludo comido por las liendres que levantaron los cimientos de toda esta oscuridad.

marismas y Canal de los Presos
Embalse de Peñaflor.

Coautor 4149


Imago Mundi. Libros para tiempos de barbarie y civilización

La Universidad de Sevilla organiza la exposición Imago Mundi, dedicada al libro como representación del mundo, en la que dialogan incunables, obras maestras del pasado y artistas del presente. En esta exposición podremos contemplar desde el Astronomicum caesareum de Petrus Apianus a una de las veintidos Biblias de Gutenberg que aún se conservan en la actualidad. 

Cardenal Petrus de Alliaco
Tractatus de ymagine mundi, et al.
Lovaina, 1480-1482 Catedral de Sevilla. Biblioteca Capitular Colombina

La imagen y la palabra han ido conformando a lo largo de la historia la visión del mundo, siempre en continuo proceso de construcción simbólica y real, mutable unas veces, sólida otras, tanto como la propia conformación de los relatos de viajes o de los mapas cartográficos que fueron ensanchando los límites de lo real y arrinconando los relatos fantásticos y mitológicos de lo diferente y de las tierras allende los mares, de lo no conocido y cambiante. El orden y la simetría del mundo se encerraba en cada página, en cuarenta renglones, cada renglón en ochenta letras de color negro que uniformaban cada libro de la biblioteca infinita soñada de Borges.

Son libros que poseen una narrativa y una armonía interna que se mantiene por sí misma, a la que cada tiempo, cada civilización vuelve una y otra vez. Por este motivo, estas obras dialogan con un conjunto de libros de artistas contemporáneos y fruto de esa conexión surgen reflexiones sobre cómo se ha observado, leído y representado el mundo a lo largo de la historia.

La creación de archivos y bibliotecas ha permitido salvaguardar el germen y el desarrollo de la civilización frente a la estrategia y amenaza de la desinformación. El esfuerzo por mantener viva la herencia de la cultura clásica, la elaboración costosa de manuscritos e incunables y, posteriormente, las ediciones impresas que difundieron universalmente los saberes, conformaron el conocimiento y la imagen del mundo.

Esta muestra reflexiona sobre el libro como fuente de conocimiento y cómo ha ido moldeando la vida, la representación y la transformación del territorio y de la ciudad. Los libros y los documentos fueron los depositarios del conocimiento y permitieron consolidar paso a paso los cimientos de la civilización como se refleja en las bibliotecas públicas o privadas que se fueron abriendo en las principales ciudades. La incorporación de xilografías, grabados, fotografías… a los libros permitió moldear el mundo, darlo a conocer masivamente y transformarlo merced a este conocimiento en una civilización cada vez más subyugada por la cultura de la mirada. Pero a su vez, la destrucción de esos contenedores del saber que son las bibliotecas y la quema o expurgos de los libros se convierten en epítomes de la barbarie, de la erradicación del individuo, de la comunidad y de su obra.

Los libros han permitido a sus lectores viajar con ellos a través de sus páginas y han ensanchado también el horizonte al divulgar a través de los descubrimientos nuevos continentes o al ilustrar el conocimiento del cielo y el firmamento. Libros que se convierten en maletas para viajar en tiempos de incertidumbre.

De acuerdo con estos propósitos, la exposición se articula en cuatro niveles:

La ciudad y los libros. Fragmentos del individuo
La palabra revelada
El control de la memoria. El naufragio del papel
El viaje de los libros

Útiles de escritura y soportes de papel

Se exponen un conjunto de instrumentos y soportes de la escritura, desde los metales y pétreos, como los mandamientos de la antigua ley judía, hasta los cerámicos, el pergamino y el papel, a la vez que se reúnen además aquellos utensilios que permitieron la escritura manuscrita desde estilos hasta cáñamos y tinteros que conformaron con el tiempo los libros como los conocemos.

Los estudios monásticos permitieron salvaguardar el conocimiento mediante la copia manuscrita. Esos estudios se recrean en grabados como el de Cicerón o en aquellas representaciones como la de san Jerónimo que nos lo muestran trabajando en el estudio, pues la única forma de escritura de los libros era a mano. Producir un libro de varios ejemplares se realizaba con el arduo trabajo de escribirlos al dictado. El resultado en el medievo eran obras únicas, muy caras y de muy limitada difusión como las que se copiaron en los monasterios que permitió que llegase el conocimiento de la cultura clásica, aunque estuviesen al alcance de una minoritaria élite alfabetizada. Poetas y filósofos fueron retratados y sus esculturas aparecían en las bibliotecas donde se concentraba la cultura grecorromana.

Torre de Babel

La Torre de Babel representa al mismo tiempo la capacidad técnica imprevisible del ser humano y el recordatorio de que no se debe pretender ser más que los dioses. Es una metáfora pionera de la construcción en un ignoto lugar donde surgió la palabra arquitectura, acontecimiento que viene a narrar el origen común del lugar y la palabra. Partiendo del mito bíblico de la Torre de Babel, expuesto en la pintura en la que Dios castiga la osadía de la humanidad con la confusión de las lenguas; Luis Mayo ha codificado desde la matriz común de la tradición iconográfica, una moderna Babel, en proceso de construcción, inspirándose en la tabla de Brueghel el Viejo.

Babel simboliza el gran mito bíblico sobre la narración del lenguaje y de la arquitectura, cuyos ecos iconográficos, semánticos, políticos y sus significados esotéricos y masones han reactualizado un tema que ha evolucionado a lo largo de los siglos en la cultura visual occidental como un hogar inicial del conocimiento y de la arquitectura, una utopía humana en proceso de elaboración acorde al proceso de cambio que vivimos, a la metamorfosis y arquetipos de la cultura vigente en tiempos efímeros y cambiantes, en las versiones de Pérez Villalta o de Curro González, más cercanas al tratado que le dedicó Athanasius Kircher. Un símbolo de la ciudad de un mundo que se ha hecho inacabable.

Imago mundi

El libro escrito por Pierre d’Ailly (1350-1420), prelado y teólogo francés, compendiaba el estado de la cosmografía, geografía y astronomía en la primera mitad del siglo XV. Es una edición incunable, conservada en la Biblioteca Colombina, que fue impresa en Lovaina por Johannes de Westfalia entre 1477 y 1483. El ejemplar contiene manuscrita las tablas de los equinoccios y horas de salida y puesta de sol. Comienza, además, con una advertencia relativa a las ocho figuras, esferas celestes y terrestres, que aparecen en las cuatro hojas, coloreadas, que siguen a estas tablas. Existen otras figuras, también con vistosos colores, que ilustran el texto, como la consistente en dos círculos destinada a calcular el día en que se debe celebrar la Pascua.

El libro era propiedad de Cristóbal Colón, dejado junto a otros impresos y el volumen manuscrito Libro de las Profecías, a su hijo Hernando Colón. Fue consultado por el Almirante y su hermano Bartolomé, que incorporaron notas manuscritas, que se aprecian en los márgenes con llamadas, noticias u observaciones propias del apostillador para aclarar y corregir ideas del libro. Así, por ejemplo, Colón señala su extrañeza por la duración del viaje de las naves romanas a la isla de Tapróbana o en otra identifica Sophora como la isla Española. Bartolomé de las Casas consultó este ejemplar para componer noticias relativas a las vidas de los hermanos Colón.

San Isidoro

El retrato que hace Murillo de san Isidoro determina la relación con la Iglesia de Sevilla, de la que fue arzobispo durante más de tres décadas. Isidoro de Sevilla llevó a cabo una intensa actividad literaria, de la que son fruto numerosas obras de carácter teológico, escriturístico, litúrgico, monástico, histórico y cultural. Las Etimologías constituyen la primera enciclopedia conocida, siendo concluida en torno al 634. Se trata de su obra más estudiada, de todas las que escribió el gran polígrafo hispalense y constituye uno de los pilares fundamentales del medievo. El libro que se expone es una edición del siglo XVI, destacando por su rigor científico, su extraordinaria erudición y su enorme dominio del saber antiguo. Las Etimologías transmitieron al medievo una buena parte del conocimiento del caudal enciclopédico de la cultura clásica.

En sus veinte libros divididos en 448 capítulos se tratan todos los ámbitos del conocimiento y de la vida cotidiana: Astronomía, Geometría, Geografía, Derecho, Arte, Teología, Historia, Literatura, Ciencias Naturales, desde los saberes clásicos a aspectos cotidianos como la agricultura, los adornos, los vestidos o el calzado de la época.

Andrea Palladio
I quattro libri dell’architettura
Venecia, 1570. Universidad de Sevilla

sección 1

La ciudad y los libros

La urbe es el espacio donde residen las palabras, cuyo eco resuena entre los edificios y las calles que habitamos. El comienzo de toda invención, como atestigua el origen filológico de la arquitectura, se compendia en los tratados que reunían los saberes teóricos y las habilidades técnicas. Los planos de las ciudades americanas reflejan los nuevos planteamientos urbanos llevados al Nuevo Mundo, equilibrando forma y contenido para dominar la naturaleza.

Los tratados de Vitrubio, Serlio, Paladio o Vignola tuvieron una enorme importancia por la facultad de fijar los cánones de las formas en el espacio a partir de los modelos de la cultura clásica. La difusión de sus repertorios grabados permitió la asimilación del nuevo lenguaje renacentista que vemos en la Giralda o en la custodia de la Catedral de Sevilla.

En el Siglo de Oro el teatro y la novela centraron su acción en la vida urbana, dando protagonismo a pícaros y valentones en las escenas populares que transcurren en ciudades como Sevilla, convertida en escenario literario. La difusión de las impresiones y la formación de la novela como género literario difundieron el placer de leer. Las notas manuscritas, las epístolas, las partituras musicales, los impresos… circulaban con noticias, poemas, guías o documentos como representan los trampantojos de Frans Gysbrechts, Marcos Fernández Correa o Bernardo Lorente Germán.

La difusión de las impresiones y la asistencia a los corrales de comedias difundieron el placer de leer, que unas veces llevó a la locura del Quijote o a embriagarse en la cárcel de amor que contienen sus páginas, como el libro abierto de la pintura de La muerte y el caballero de Pedro de Camprobín.

América y los libros

Sevilla fue uno de los principales centros del libro de España, no sólo por su prolífica producción, sino también por las colecciones que se atesoraron en la ciudad, siendo la mejor muestra de ello la fabulosa biblioteca de Hernando Colón. Desde Sevilla se mandaron numerosas partidas de libros en los galeones hacia América. Ya desde 1550 se obligaba a los cargadores de libros a América a registrarlos con el título de cada uno. En 1534 el obispo de México Juan de Zumárraga y el librero Benito Martínez gastaron cien mil maravedíes comprando a Juan Cromberger un conjunto notable de libros con el que construirían el núcleo de la primera biblioteca mexicana. En 1539 Juan Cromberger emprendió el establecimiento en México de la primera imprenta en el Nuevo Mundo.

Miguel de Cervantes intentó en 1590 marchar a América con un puesto, pero se le negó. Cervantes no irá a América, pero don Quijote sí que cruzó el océano acomodado en las entrañas de una nao para triunfar tanto allí como en España. Quizás los primeros ejemplares viajaron a tierras americanas en el equipaje de los viajeros o en algún lote de los libreros españoles para su venta en América, como los cuarenta libros que se envían desde Sevilla a Perú en 1605. Las aventuras del hidalgo se hicieron muy populares en el Nuevo Mundo como demuestra que en Lima en 1607 un Quijote se incluyese en la mascarada de las fiestas de la población minera de Pausa. Desde entonces, el Quijote recorrió toda América, siendo el mejor símbolo de los vínculos tejidos en la lengua de Cervantes, con la que seguimos hablando, pensando y sintiendo a uno y otro lado del Atlántico.

Trampantojos

Engañar al ojo era uno de los objetivos de los trampantojos de Frans Gysbrechts, como el que se expone procedente de Patrimonio Nacional, que representa una alacena abierta con libros y objetos en su interior. Este género fue introducido en Sevilla por el pintor Marcos Fernández Correa (activo entre 1667–1673), al que siguió Bernardo Lorente Germán con composiciones que aluden a los cinco sentidos.

Son composiciones muy similares que muestran diversos elementos propios del taller de un artista (cartillas, yesos), dispuestos sobre una repisa fingida o colgados en el empanelado de madera. La simbología de algunos objetos pretende aludir al inevitable deterioro que las cosas, al igual que la vida humana, sufren con el paso del tiempo. Las rasgadas cubiertas de los libros, los grabados doblados insisten en lo frágil de todo lo humano.

Las bibliotecas

Retratarse mientras que se escribía o leía un libro era un signo de distinción y un símbolo de la cultura y el intelecto. Algunos comitentes preferían posar frente a los libros que componían su biblioteca para demostrar su erudición, distinción, mecenazgo o poder. Poetas y filósofos fueron retratados y sus esculturas aparecían en las bibliotecas donde se concentraba la cultura grecorromana. Durante el Renacimiento, el conocimiento se concentra en los studioli de los humanistas, donde se encontraban retratos en forma de busto o pintura de sus propietarios o series de hombres y mujeres ilustres como la de Villa Carducci de Legnaia o en Sevilla el friso de la Casa de Pilatos. Juristas, religiosos o nobles posaron con sus libros para mostrar su condición letrada y erudita como se observa en los retratos expuestos.

La exposición incluye retratos de individuos proclamando sus aficiones intelectuales, representados mientras escriben, posan con un libro en la mano o con su biblioteca demostrando sus aspiraciones sociales o su condición letrada y erudita. La iconografía del escritor o del religioso en su estudio proyectan al retratado más allá del plano pictórico como sucede con los retratos de san Pedro Canisio o Fray Jerónimo de Guadalupe, mientras que otros mostraban su vinculación con la jurisdicción en el del jurista del siglo XVII. Un buen ejemplo del retrato del siglo XVIII lo representa el del arquitecto Torcuato Benjumeda en pleno reformismo borbónico, que evidencia las lecturas y los libros de ciencia reflejo del esfuerzo del país por modernizarse.

Gaspar de Molina

Uno de los grandes impulsores de la cultura en el XVIII sevillano fue fray Gaspar de Molina y Oviedo, a quien Felipe V encargó misiones de gran complejidad diplomática. Retratado aquí por Alonso Miguel de Tovar, fue nombrado cardenal en 1738, momento en el que se puede datar esta obra. En los años que pasó en Sevilla estuvo dedicado a su tarea docente en el Colegio de san Acacio donde se ocupó de formar su excelente biblioteca, integrada por más de 7.500 libros, algunos de ellos ediciones muy raras.

Las estanterías que aparecen al fondo del lienzo son las que se enviaron desde Madrid a Sevilla para ser instaladas en la biblioteca, junto con los libros que llegaron de la Corte. Esta fue la primera biblioteca pública de la ciudad, siendo inaugurada en 1749 con un índice publicado para uso de sus lectores, lo que era muy excepcional. Tras la desamortización sus fondos pasaron a formar parte de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla.

Bartolomé Esteban Murillo
San Isidoro,1655
Óleo sobre lienzo. Catedral de Sevilla

sección 2

La palabra revelada

Hay libros que tienden a convertirse en representación física de la divinidad. Hay una necesidad de compilar códigos, categorías morales más allá de las leyes de los hombres. Esos libros y documentos generan una forma de edición, de representación física y de capacidad simbólica única. Hay una manera de tratar, de asir lo inexplicable, de representar lo que no es legible y sobre estos libros se fundamenta buena parte de la historia universal.

Los escritos canónicos de la Iglesia están codificados por algunos eruditos. De los Padres de la Iglesia se muestra el lienzo de Louis Cousin, así como la figura de san Jerónimo tanto en su estudio como en el desierto, pintado por Ribera, acompañado de los útiles de escritura y rollos de libros. Responsable de la Vulgata, realizó la traducción de la Biblia hebrea y griega a un latín corriente a finales del siglo IV, con el objetivo de que fuese más fácil de entender. Toma su nombre de la frase vulgata editio, edición divulgada, para distinguirla de los anteriores textos en latín conocidos como Vetus Latina. El conocimiento teológico de la Sagrada Escritura ha sido representado en la iconografía cristiana con la meditación frente al libro como en la escultura de san Antonio de Padua.

Los textos revelados han sido una constante a lo largo de la historia de la humanidad, teniendo como carácter profético el Apocalipsis de san Juan Evangelista, también conocido como el libro de las Revelaciones. También lo han sido la experiencia mística que ha dejado algunos de las cimas más importantes de la literatura como los escritos de san Juan de la Cruz o de santa Teresa, quien señalaba la importancia de los libros: «Lee y conducirás, no leas y serás conducido».

San Jerónimo

Los cuadros dedicados a San Jerónimo en su estudio nos lo muestran como pensador, como la trasposición del humanista, la personificación del estudioso consagrado al saber a través de la lectura y la escritura. Es la imagen del conocimiento racional y de la sabiduría. San Jerónimo se muestra en su estudio, con su figura recortada sobre el fondo, con la atención reflejada en la cara y las manos como centros de acción del trabajo intelectual. La inmanencia del trabajo intelectual que pone constantemente los pensamientos por escrito. Una pluma y un tintero refuerzan la dedicación de san Jerónimo a la escritura, al verbo y la sabiduría que siembran los surcos del tiempo, mientras que la calavera recuerda lo finito y es a la vez símbolo de la penitencia.

Michal Rovner

La artista explora una temática que trata el tiempo, la memoria y la escritura a través de diferentes dimensiones temporales como son el uso de papel reciclado, el proceso de impresión y la proyección de las masas cinéticas. Sobre las quince hojas de papel reciclado, interactúan la imagen en movimiento de sus característicos individuos tipográficos que se proyectan sobre el papel impreso. Estas «tipografías» se presentan en un eterno bucle de movimiento procesionario, que se repite de manera hipnótica y meticulosa.

La repetición del movimiento humano nos recuerda que la historia se escribe y reescribe en un ciclo infinito. A medio camino entre el arte y la arqueología, el libro nos ofrece un testimonio enigmático aparentemente escrito en una lengua aún por descifrar. Rovner no circunscribe su obra a un mensaje acotado, al contrario, deja que el subtexto hable por sí mismo.

Biblia de Gutenberg

A partir de mediados del siglo XV hay un antes y un después en la historia gracias a Gutenberg, quien fue capaz de sintetizar y dar forma a los elementos mecánicos que ya existían y a los tipos de metal móviles de fundición de cada letra o símbolo, que facilitaron la edición para convertirlos en una producción asequible y funcional.  Y así ocurrió con el primer libro impreso masivamente, la Biblia de 42 líneas, conocida como la Biblia de Gutenberg, limitadas a solo 42 líneas por página por el tamaño de la fuente, que aunque era grande, también facilitaba la lectura del texto y por este motivo se hizo muy popular entre los sacerdotes.

De las doscientas copias que se realizaron, sólo se conservan veintidós en la actualidad, y una de ellas engrosa el patrimonio de la Universidad de Sevilla. La incorporación de la imprenta fue trascendental en la difusión del Renacimiento, la Reforma protestante y posteriormente la Ilustración. La imprenta, que permitió mediante un método mecánico la difusión masiva del conocimiento en los libros fue uno de los descubrimientos que tuvo un mayor impacto en la historia de la humanidad.

Gervasio Sánchez
Biblioteca de Sarajevo
Fotografía. Universidad de Sevilla

sección 3

El control de la memoria.
El naufragio del papel

El desarrollo del conocimiento ha ido aparejado a la aparición de las bibliotecas y archivos que se han convertido en los depositarios de aquellos documentos, sobre los que se ha construido el fundamento de la ciencia histórica otorgando veracidad a los hechos del pasado y de juicio ante un presente en el que parece fácil la manipulación de la memoria.

Frente a la avidez de contar y representar el mundo, ha existido en paralelo otra necesidad humana por destruir el conocimiento, los libros físicamente. Cervantes debía ser consciente de la imagen que creaba en la mente de los lectores la pila de libros quemándose bajo la ventana de don Quijote, o del choque emocional que debía suponer la necesidad de tapiar y esconder los libros en un muro de la casa. La destrucción de los libros se ha debido a fenómenos físicos o materiales, aunque los peores han sido causa de la ignorancia y el fanatismo, configurando una iconografía aterradora que nos lleva a Sarajevo.

La lucha titánica por conservar un legado se ha construido también sobre las ausencias, pues la historia de los libros está hecha a partir de los que conocemos, pero también de los muchos que se han perdido o de los que nunca tuvimos constancia de su existencia. A lo largo de la historia los libros se han considerado peligrosos, influyentes o transgresores para la moral y, por lo tanto, era necesario destruirlos, prohibirlos o censurarlos. La energía que la humanidad ha puesto en escribirlos ha sido en ocasiones la misma con la que ha tratado de destruirlos.

Libros de artistas

Una constante histórica ha sido el control de lo que se podía leer, condenando a autores al ostracismo, configurando listados de libros prohibidos o expurgando aquellos fragmentos que por índole política, moral o religiosa no era conveniente que se leyesen.

Las heridas del libro son recurrentes. La barbarie ha dejado su huella en la destrucción de tantos volúmenes. Y ante esto el libro ha tenido en ocasiones un poder sanador, telúrico, para restañar las heridas de tanta desolación y muerte. Libros de artistas como los de Anish Kapoor o Edmund de Waal nos hablan de esas simas de la barbarie, restañar las heridas a través de la poesía de Paul Celan.

Las cicatrices del libro están presentes en la obra de Idoaia Zabaleta con los volúmenes perforados. Anish Kapoor realiza en su obra Wound (Ivorypress) la grieta, la sima y la herida en el papel. Tiene un marcado interés para reflexionar sobre la dualidad del significado. Esta obra muestra la oposición entre lo voluminoso y el vacío, lo abierto y lo cerrado, entre presencia y ausencia, entre lo concreto y lo inespecífico. En estas obras se evidencia la conexión conceptual con su obra escultórica, expresado de un modo más desnudo, más místico para que el espectador conecte con la herida a nivel corporal y simbólico. El concepto del espacio interior anida en sus pliegos parece asemejarse a otras cicatrices en la piel de los volúmenes expurgados, pues la tinta ácida con la que se taparon frases, párrafos o páginas enteras para no leer lo prohibido, con el paso del tiempo acabó destruido como un signo del vacío y de la ausencia.

Fahrenheit 451

La quema de libros fue abordada por el director austriaco Georg-Wilhelm Pabst en su película Don Quichotte, rodada en Francia en 1933. Pabst alteraba el orden de la novela y finalizaba la película con la destrucción de los libros del hidalgo, en una fecha en la que el director tenía muy presente la reciente quema de libros por los nazis. El saqueo de bibliotecas y la quema de miles de libros considerados perniciosos para el Reich, constituían una clara advertencia del ataque al conocimiento y un modo de garantizar la erradicación de su memoria, pues como escribió Heinrich Heine «allí donde queman libros, acaban quemando hombres». Los totalitarismos del siglo XX eliminaron cualquier titulo que contuviese una crítica al poder, incorporando listas de índices prohibidos, requisas y destrucciones.

Para un director austriaco que había dejado la Alemania de Hitler detrás, el simbolismo de esta escena era muy importante y, de hecho, cierra la película con un plano fijo de la hoguera en la que se arrojan los volúmenes de la biblioteca del hidalgo. El último libro que aparece en la hoguera es el del propio Quijote, prefigurando la pesadilla de un mundo sin libros que llevaría a la pantalla François Truffaut en Fahrenheit 451 en 1966, cuando la brigada de bomberos se dedica a quemar los libros. Un mundo sin libros es lo que imaginó Ray Bradbury en 1953 en su novela Fahrenheit 451. Siguiendo instrucciones del gobierno, la lectura impide que las personas sean felices y genera preguntas, inquietud y ansiedad, por lo que los libros destruidos son sustituidos por las imágenes en programas de televisión anodinos, que se consumen compulsivamente, aunque carecen de sentido, pero que mantienen adictos a la audiencia, produciendo la pobreza cultural y la degradación del conocimiento. Un mundo donde los libros eran un arma subversiva y poseerlos era el delito más grave.

Sarajevo

La destrucción de la biblioteca de Sarajevo se produjo el 25 de agosto de 1992 y quedó inmortalizada en la fotografía de Gervasio Sánchez, convertida en un icono contemporáneo de la inquina y la barbarie. La guerra de los Balcanes es un ejemplo más de la aniquilación cultural, pues la biblioteca se convirtió en objetivo de la artillería serbia que bajo el mando de Ratko Mladi la bombardeó durante tres días con obuses incendiarios hasta destruirla. La destrucción de este símbolo era un paso más de la política de limpieza étnica de Karadzic para aniquilar todo cuanto evocaba a la cultura de los musulmanes de Bosnia-Hezergovina. El incendio supuso una pérdida fundamental del patrimonio y del saber universal, pero como escribió Goytisolo evocando las palabras de Ben Hazm a sus inquisidores: «Aunque queméis el papel, no podréis quemar lo que encierra».

Libro del peligro

El olor a pólvora, a posible fuego, envuelve la obra Libro del peligro: fuegos artificiales del suicidio (2007) del artista chino Cai Guo-Quiang (Quanzhou, China, 1957). La pólvora empleada como un material para la guerra y la destrucción, es la base de sus creaciones, pues para él es como un pincel. En sus Danger Book realiza los diferentes dibujos con una mezcla de cola y pólvora, dejando su energía potencial y su impronta en el papel lista para detonar. Así, incorpora un conjunto de fósforos a lo largo del lomo unidos a una cuerda para que el lector pueda sentirse tentado de tirar de ella. Ya sea de manera intencional o accidentalmente, las imágenes hechas con pólvora, y el libro entero por supuesto, arderá en llamas y se destruirá en segundos, haciendo partícipe a su poseedor del momento de creación y destrucción. El artista quiere expresar que hay que tener cuidado con los libros, pues pueden convertirse en un arma y si uno lo tiene, puede convertirse en su víctima, encarnando la sutil relación entre el coleccionista, el artista y la obra de arte.

Francis Bacon
Detritus, 2006
© Stephan Van Der Linden. Cortesía Ivorypress

sección 4

El viaje de los libros

Una de las historias más antiguas de la humanidad ha sido la narración del viaje, vinculado con aquel que emprende el camino. Sófocles en Antígona describía que «muchas eran las cosas sorprendentes, pero no existe nada tan asombroso como la especie humana. Esa es la que atraviesa el mar grisáceo con viento sur tormentoso». El deseo de aventura y la fascinación por lo desconocido vertebraron las travesías y las exploraciones. El mundo se fue plasmando en cartas y mapas cartográficos que fueron ensanchando los límites de lo real y arrinconando los relatos fantásticos y mitológicos de lo diferente y de las tierras allende los mares, de lo no conocido y cambiante, como ya avanzaban los viajes comerciales de Marco Polo o los de exploración de las tierras americanas.

El concepto de viaje se modificó a medida que se produjeron los grandes cambios que trajo consigo la revolución industrial, científica y tecnológica. Bajo estas ideas, el objetivo del viaje fue el conocimiento, siendo sinónimo de ciencia y certeza. Se viajará por la necesidad de conocer, recogiendo en los cuadernos de viaje el conjunto de observaciones tomadas con instrumentos científicos, las narraciones de culturas y costumbres diferentes, los repertorios grabados de descripciones geográficas, vistas de ciudades y de sus habitantes, que siguen ilustrando trabajos contemporáneos como los de Ai Weiwei sobre el aeropuerto de Beijing de Norman Foster. El cielo fue objeto también de investigación, la astronomía y la física fueron dejando atrás la astrología, los mapas celestes y las constelaciones por una observación científica del cielo, para medir el tiempo y los fenómenos naturales, que son ese ámbito todavía desconocido de exploración. El viajero árabe Ibn Battuta decía en un íncipit «viajar te deja sin palabras y después te convierte en un narrador de historias».

Pedro Apiano. Astronomicum caesareum

Petrus Apianus publicó esta obra en 1540, dedicada al emperador Carlos V. Es la obra maestra de la imprenta del siglo XVI y una verdadera obra de arte por el cuidado de su impresión y el valor de sus ilustraciones, siendo el trabajo astronómico más importante antes de la edición del libro de Nicolás Copérnico De revolutionibus orbium coelestium, de 1543. Apiano resume el conocimiento sobre astronomía e instrumentos astronómicos, explicando el uso del astrolabio y otros instrumentos utilizados para calcular la posición de los planetas. Para ello el autor recurre al diseño de unos discos móviles de papel, coloreados a mano, que crean soberbias ilustraciones simulando verdaderos astrolabios. Apiano inicia la revolución científica que continúan Copérnico, Kepler, Galileo o Newton que rompieron las estructuras que consideraban la Tierra como el centro de Universo.

La maleta

Ivorypress ha realizado un libro de artista que recoge setenta y cinco fotografías, páginas de revistas, dibujos, instrumentos, cartas y notas de Francis Bacon encontrados en el estudio del artista en su casa en Reece Mews. Detritus es una metáfora del viaje a la vida y obra; a las pasiones y obsesiones; al proceso creativo y a los recovecos de Francis Bacon. Se presenta en un facsímil de una vieja maleta de cuero del estudio del artista. Un lugar al que no permitía que acudiesen visitas y al que aludía como si fuese un estercolero, lleno de objetos, notas, libros, pinturas que se acumulaban sin orden aparente en su interior.

Cada copia reproduce escrupulosamente el aspecto usado y polvoriento de la valija, que incluye setenta y seis facsímiles de elementos encontrados en el estudio del artista que actualmente se encuentran conservados en la Dublin City Gallery (Irlanda). Cada elemento está creado individualmente a mano usando técnicas especiales para hacer de cada uno de ellos un nuevo original. Pueden verse fotos, cartas, gotas de pintura, bosquejos, anotaciones en un calendario, libros que le inspiraron y fotografías dobladas, arrugadas, manipuladas, con las huellas de los dedos de Bacon manchados de pintura impresos en muchos de ellos. El alma de Bacon encerrada en su vieja maleta de cuero.

Una maleta reúne recuerdos, secretos y esperanzas. Son artefactos físicos con los que partimos al viaje o imaginarios que encierran los relojes del tiempo y el vacío desolador del abandono incrustado en sus costados de aquel que deja atrás todo lo que quiere, todo lo que es.

Los zapatos y las maletas son símbolos universales del viaje y del desplazamiento voluntario o forzoso. Memoria, exilio y huida con equipajes que llevaban libros perdidos para siempre como el manuscrito de Tesis sobre la filosofía de la Historia, de Walter Benjamin. El documento lo portaba en la maleta que dejó en su habitación del Hotel de Portbou donde se suicidó en 1940 al saber que sería detenido por la Gestapo. Su pérdida deja al lector la posibilidad de recordar la célebre frase del escritor alemán: «no hay documento de la cultura que no lo sea también de la barbarie». Benjamin analizó las consecuencias del avance técnico sin humanismo, que reflejaba la obra de arte en la época de su reproducción mecánica, muchas de las que pueden en la actualidad percibirse en la frialdad patológica de los algoritmos que deciden nuestras vidas.

El 13 de julio de 1942 fue detenida por la policía del régimen de Vichy Irène Némirovsky. Se despidió de sus hijas de trece y cinco años diciéndoles que se iba de viaje. Nunca volvió a verlas. Un mes después murió en Auschwitz. Su marido el mismo año en la cámara de gas. Las pequeñas cargaron con las pertenencias de sus padres, entre ellas, una maleta que contenía una de las obras más conmovedoras del siglo XX, la Suite francesa, que no fue publicada hasta 2004 y sin la que no se puede entender la Europa del período de entreguerras.

Homero, Eneas, ladrillo de la Eneida

El viaje de los libros es, al fin, el viaje introspectivo, el encuentro después de todo el periplo expositivo. El mundo podría existir perfectamente sin la literatura, pero ya no sería lo mismo. Tampoco lo somos nosotros sin esos artefactos perturbadores que son los libros. Ninguno nos pareceríamos a lo que somos si no hubiese caído en nuestras manos y en algún momento un libro que nos cambió la vida. Borges decía no ser quién era por lo que escribió, sino por lo que había leído. Como la persona que dejó grabados en un ladrillo de Itálica los tres primeros versos de la Eneida. Eneas, quien destruida su patria tiene que buscar un nuevo hogar como tantos que son empujados a migrar, acompañados de sus documentos vitales que identifican quién soy, de dónde vengo.

El espíritu del viaje, de la aventura de los libros se cierra con esa idea y metáfora de que un libro es también una maleta, que cada persona encierra el poso de sus lecturas.

Tres milenios después, todavía resulta difícil retornar a Ítaca. Pero al llegar, como escribía Pablo García Baena, bajo el árbol de la vida, podemos sentarnos a ojear un libro hermoso, ya leído.

«Y la mañana al sol, junto a la barca,
leer el mismo libro de mis días».


Conversaciones Literarias de Formentor – Sevilla 9, 10 y 11 de octubre de 2021

Los que deseen asistir al acto de entrega del Prix Formentor 2021 y seguir las Conversaciones Literarias encontrarán en esta web el programa completo de las jornadas dedicadas a comentar los libros, testimonios, memorias y ficciones de los “Náufragos, peregrinos y argonautas”.

La asistencia a las Conversaciones Literarias es gratuita previa inscripción en el siguiente ENLACE hasta completar aforo y siguiendo toda la normativa que regule las reuniones públicas en dichas fechas.

Los lectores que deseen viajar a Sevilla con tal motivo pueden consultar a través de este correo electrónico ([email protected]) la información necesaria.

Si desea asistir a la cena de gala, el almuerzo del domingo u hospedarse en el Hotel Barceló Sevilla Renacimiento puede consultar aquí las TARIFAS.

Las Conversaciones Literarias serán retransmitidas a través del Canal de la web.

Organizadas por la Fundación Formentor las conversaciones literarias celebrarán su decimocuarta edición este 2021 con el título: Náufragos, peregrinos y argonautas. De la vida itinerante en el ancho mundo

La historia de nuestra literatura comienza con el relato de un náufrago y es la deriva de su accidentado viaje el que dibuja el itinerario de la imaginación occidental. Zarandeado por el oleaje, fascinado por sus quimeras, incitado por la añoranza de la tierra firme, Ulises ilustra con su legendario naufragio los episodios de la vida itinerante que anhela o teme el desocupado lector.

El peregrino viene a ser un náufrago impelido por el remordimiento, conmovido por la intuición trascendental y deslumbrado por el destello de lo sagrado. La expiación guía sus pasos y la absolución conduce sus sueños. El peregrino camina hacia la tierra redimida por la penitencia de un fervoroso juramento y espera purgar el tortuoso recuerdo de sus íntimas trasgresiones.

Las hazañas heroicas de los navegantes y la proeza de los argonautas desafían las inclemencias de los dioses adversos y la amenaza de los temporales marinos. Pero el fulgurante encanto de la fortuna da aliento a sus desvelos, los mantiene despiertos y ojo avizor, a la espera de conquistar la recompensa prometida.

Jasón y Robinson Crusoe, Ali Bey y Simbad, Ibn ‘Arabí y Anselm Turmeda, Kavafis, los Durrell y Henry Miller se han embarcado junto a tantos otros en el viaje sentimental, erótico y espiritual que tiempo atrás emprendieron sus ancestros, los náufragos sin puerto, los peregrinos sin consuelo, los argonautas sin fin.

Formentor itinerante

El Premio Formentor, dotado con 50.000 euros, es un reconocimiento a la calidad e integridad de los autores cuya obra consolida el prestigio y la influencia de la gran literatura.

A partir de este año 2021, el galardón recupera su itinerancia y título, Prix Formentor.

En esta nueva etapa, las reuniones del jurado y las ceremonias de entrega del premio serán itinerantes, siguiendo la ruta que se trazó durante la primera parte de la historia del premio impulsado por la alianza de los editores europeos.

El Premio Formentor, galardón literario sostenido con el mecenazgo de las familias Barceló y Buadas, concedido por primera vez en 1961, fue impulsado por un reputado grupo de editores europeos (Carlos Barral, Gallimard, Einaudi, Rowolt…).

El Premio Formentor de las Letras ha sido otorgado, entre otros, a Jorge Luis Borges, Samuel Becket, Saul Bellow, Jorge Semprún y Witold Gombrowicz. Tras su recuperación, el premio lo han recibido Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Ricardo Piglia, Roberto Calasso, Alberto Manguel, Mircea Cărtărescu, Annie Ernaux, Cees Nooteboom y César Aira.

Tributo a Roberto Calasso

El recién estrenado Comité de Honor de la Fundación Formentor al que pertenecen los editores Jorge Herralde y Antoine Gallimard ha sufrido una triste pérdida. El fallecimiento de Roberto Calasso nos priva de un gran editor, un gran amigo y uno de los notables escritores premiados en Formentor.

Está previsto que en las próximas Conversaciones Literarias se tribute un homenaje a su figura de intelectual y humanista.

Premio Formentor 2021

El sábado 9 de octubre a las 20:00 h. tendrá lugar la entrega del Premio Formentor de las Letras 2021 al escritor César Aira.

El gran juego de la imaginación literaria

Desde el año 2008 las Conversaciones de Formentor nos invitan a celebrar el gran juego de la imaginación literaria.

Recuperando el espíritu de la Semana de la Sabiduría convocado por primera vez en 1931 y la inspiración renovada por las Conversaciones poéticas de 1959. Formentor prolonga el compromiso estético de editores, escritores, filósofos, pensadores, músicos, poetas y actores reunidos para conversar en un jardín a la orilla del mar.

El rótulo de las conversaciones convoca cada año la expectación de un público fascinado por la inmensidad de las letras y los libros.

El astrolabio de las letras; Las máscaras del yo; El futuro de la novela; Los grandes personajes de la literatura; ¿Qué hacemos con las obras maestras?; Belleza, violencia y dolor; Maldad, perfidia y espanto; Espíritus, fantasmas y almas en pena; Bohemios, magos y vagabundos; Vírgenes, diosas y hechiceras; Monstruos, bestias y alienígenas; Bagaudas, goliardos y estilitas; Náufragos, peregrinos y argonautas.

Formentor invita a los escritores a buscar en la gran biblioteca universal alguna de sus obras predilectas: la novela o el ensayo que les permita hablar de las figuras y personajes evocados por el lema de las Conversaciones.

Su ejercicio de interpretación es entonces una virtuosa lectura pública: los autores nos descubren libros de los que no habíamos oído hablar, o con una nueva mirada desvelan matices desconocidos de las obras que hemos leído.

La polifonía literaria de Formentor da cuenta de una incesante creatividad. La de los escritores que expanden las artes narrativas de la ficción y la de los lectores que dan vida a las emociones y visiones de sus libros preferidos.

Durante tres días de otoño, la conversación gira alrededor de las bellas letras, el estilo, la elocuencia y la genealogía de los que han hecho fructificar la herencia de Homero.

Las jornadas literarias de Formentor se celebrarán en los salones y jardines del Hotel Barceló Sevilla Renacimiento. En las orillas del Guadalquivir, en la isla de La Cartuja.

La Fundación Formentor ha sido creada para organizar el Premio Formentor de las Letras y las Conversaciones Literarias que se celebran cada año. La entidad, auspiciada con el mecenazgo de la familia Barceló, da continuidad a los encuentros culturales iniciados en 1930 y al premio literario convocado por los editores europeos desde 1961.


Abierta la inscripción para asistir a las Conversaciones Literarias de Formentor en Sevilla 2021

La entrega del premio Formentor al escritor César Aira y las Conversaciones Literarias tendrán lugar este año en Sevilla. Los lectores asiduos a Formentor que deseen asistir a los tradicionales encuentros del otoño encontrarán a través de este correo ( [email protected]) la información que les permita preparar su viaje.

Próximamente publicaremos el programa completo de las intervenciones dedicadas a comentar los libros, testimonios, memorias y ficciones de los «Náufragos, peregrinos y argonautas».

Formentor itinerante

El Premio Formentor, dotado con 50.000 euros, es un reconocimiento a la calidad e integridad de los autores cuya obra consolida el prestigio y la influencia de la gran literatura. A partir de este año 2021, el galardón recupera su itinerancia y título, Prix Formentor. En esta nueva etapa, las reuniones del jurado y las ceremonias de entrega del premio serán itinerantes, siguiendo la ruta que se trazó durante la primera parte de la historia del premio impulsado por la alianza de los editores europeos.

El Premio Formentor, galardón literario sostenido con el mecenazgo de las familias Barceló y Buadas, concedido por primera vez en 1961, fue impulsado por un reputado grupo de editores europeos (Carlos Barral, Gallimard, Einaudi, Rowolt…). El Premio Formentor de las Letras ha sido otorgado, entre otros, a Jorge Luis Borges, Samuel Becket, Saul Bellow, Jorge Semprún y Witold Gombrowicz. Tras su recuperación, el premio lo han recibido Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Ricardo Piglia, Roberto Calasso, Alberto Manguel, Mircea Cărtărescu, Annie Ernaux, Cees Nooteboom y César Aira.

El gran juego de la imaginación literaria

Desde el año 2008 las Conversaciones de Formentor nos invitan a celebrar el gran juego de la imaginación literaria.

Recuperando el espíritu de la Semana de la Sabiduría convocado por primera vez en 1931 y la inspiración renovada por las Conversaciones poéticas de 1959. Formentor prolonga el compromiso estético de editores, escritores, filósofos, pensadores, músicos, poetas y actores reunidos para conversar en un jardín a la orilla del mar.

El rótulo de las conversaciones convoca cada año la expectación de un público fascinado por la inmensidad de las letras y los libros.

El astrolabio de las letras; Las máscaras del yo; El futuro de la novela; Los grandes personajes de la literatura; ¿Qué hacemos con las obras maestras?; Belleza, violencia y dolor; Maldad, perfidia y espanto; Espíritus, fantasmas y almas en pena; Bohemios, magos y vagabundos; Vírgenes, diosas y hechiceras; Monstruos, bestias y alienígenas; Bagaudas, goliardos y estilitas; Náufragos, peregrinos y argonautas.

Formentor invita a los escritores a buscar en la gran biblioteca universal alguna de sus obras predilectas: la novela o el ensayo que les permita hablar de las figuras y personajes evocados por el lema de las Conversaciones.

Su ejercicio de interpretación es entonces una virtuosa lectura pública: los autores nos descubren libros de los que no habíamos oído hablar, o con una nueva mirada desvelan matices desconocidos de las obras que hemos leído.

La polifonía literaria de Formentor da cuenta de una incesante creatividad. La de los escritores que expanden las artes narrativas de la ficción y la de los lectores que dan vida a las emociones y visiones de sus libros preferidos.

Durante tres días de otoño, la conversación gira alrededor de las bellas letras, el estilo, la elocuencia y la genealogía de los que han hecho fructificar la herencia de Homero.

Comité de honor de la Fundación

Se estrena al mismo tiempo el Comité de Honor de la Fundación Formentor con los nombres de: Roberto Calasso (Italia), Antoine Gallimard (Francia) y Jorge Herralde (España). Los presidentes de la editorial Adelphi, Gallimard y Anagrama son reconocidos y homenajeados en este comité de honor como miembros ilustres de la escuela editorial europea y herederos de los editores que fundaron el Prix Formentor.

*Actualizado el 6 de septiembre de 2021


César Aira, galardonado con el Premio Formentor de las Letras 2021

César Aira.
César Aira, galardonado con el Premio Formentor de las Letras 2021.

Sevilla, 11 de abril de 2021. Reunidos en Sevilla los miembros del jurado del Premio Formentor de las Letras, Anna Caballé, Francisco Ferrer Lerín, Gerald Martin, Juan Antonio Masoliver Ródenas y su presidente Basilio Baltasar, después de deliberar y considerar los méritos de los escritores presentados por el jurado, y tras evaluar el sentido y calidad de sus obras, han procedido a reconocer los logros y virtudes literarias del autor que va a ser galardonado con el Premio Formentor de las Letras 2021.

Por la infatigable recreación del ímpetu narrativo, por la versatilidad de su inacabable relato y por la ironía lúdica de su impaciente imaginación, el jurado concede el Premio Formentor de las Letras 2021 al escritor César Aira.

El jurado considera que la constelación laberíntica de su obra es un inmenso crisol literario para las figuras de la cultura popular, los personajes de la gran ficción narrativa y los motivos visuales de las bellas artes.

La escritura de Aira adopta técnicas cuyo rigor, frescura y soltura recuerdan las claves jazzísticas de la improvisación artística. Sobre las estructuras invisibles de la inspiración, el autor levanta escenarios y voces que desconciertan y alimentan la perplejidad del lector.

Las convenciones de tiempo y espacio, paradigma que regula el oficio narrativo, aparecen en la obra de Aira como formalidades secundarias que son sustituidas a menudo por destellos y fulgores, recursos y licencias puestas al servicio de una bulliciosa inventiva.

Cabe celebrar que la fertilidad de su imaginación literaria acoja las figuras de lo grotesco, lo suprarreal, lo oscuro y lo transparente, lo sorprendente y lo desconocido, lo imprevisible y lo inesperado. La obra de César Aira confirma la certeza de la tradición novelesca, a través de la literatura se pueden vislumbrar las verdaderas posibilidades de la existencia.

El simulacro estilístico de su conciencia literaria hace del humor un séptimo sentido, de la parodia la más reverente de las adoraciones y de la ficción novelesca un monumental elogio del ingenio humano. César Aira asume los compromisos estéticos del artista y sostiene una inquebrantable lealtad a los más íntimos deseos del alma creadora.

El relato emprendido por Aira desde sus primeras publicaciones, el centenar de novelas escritas por el autor argentino, su fecunda y perseverante creatividad, conforman una audaz fábula del mundo postmoderno y confirman el arte poético de un excepcional malabarismo estético: sus incesantes variaciones literarias han hecho de su escritura una fuente inagotable de gozo, deleite y asombro.
Por todo ello, por sus méritos, logros y virtudes literarias, el jurado concede a César Aira el Premio Formentor de las Letras 2021.

César Aira nació en Coronel Pringles, Argentina, en 1949. Desde 1967 vive en Buenos Aires, dedicado a la traducción y a la escritura de novelas, ensayos y muchos textos que oscilan entre ambos géneros.

Aira es uno de los narradores más imaginativos e inteligentes. Su obra ha sido publicada profusamente en Argentina, Chile, México y España, y sus novelas han sido traducidas a más de veinte idiomas. Desde 1981, cuando apareció su novela inaugural, Ema, la cautiva, ha publicado una notable cantidad de libros, todos breves y algunos brevísimos: ficción, ensayo, teatro. Entre otras distinciones fue nombrado por el gobierno francés Chevalier dans l’Ordre des Arts et Lettres. Literatura Random House inauguró la Biblioteca César Aira, donde se recuperan algunas de sus mejores obras.

Prix Formentor, un premio itinerante

El Premio Formentor, dotado con 50.000 euros, es un reconocimiento a la calidad e integridad de los autores cuya obra consolida el prestigio y la influencia de la gran literatura.

A partir de este año 2021, el galardón recupera su itinerancia y título, Prix Formentor.
En esta nueva etapa, las reuniones del jurado y las ceremonias de entrega del premio serán itinerantes, siguiendo la ruta que se trazó durante la primera parte de la historia del premio impulsado por la alianza de los editores europeos.

El Premio Formentor, galardón literario sostenido con el mecenazgo de las familias Barceló y Buadas, concedido por primera vez en 1961, fue impulsado por un reputado grupo de editores europeos (Carlos Barral, Gallimard, Einaudi, Rowolt…).

El Premio Formentor de las Letras ha sido otorgado, entre otros, a Jorge Luis Borges, Samuel Becket, Saul Bellow, Jorge Semprún y Witold Gombrowicz. Tras su recuperación, el premio lo han recibido Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Ricardo Piglia, Roberto Calasso, Alberto Manguel, Mircea Cărtărescu, Annie Ernaux y Cees Nooteboom.

Jurado del Prix Formentor 2021

Ceremonia de entrega del premio en Túnez

En el mes de octubre, el acto de entrega del premio Formentor tendrá lugar en Túnez. Con el premiado, los miembros del jurado, los periodistas y escritores y otros invitados.

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Comité de honor de la Fundación

Se estrena al mismo tiempo el Comité de Honor de la Fundación Formentor con los nombres de:

Roberto Calasso (Italia), Antoine Gallimard (Francia) y Jorge Herralde (España)

Los presidentes de la editorial Adelphi, Gallimard y Anagrama son reconocidos y homenajeados en este comité de honor como miembros ilustres de la escuela editorial europea y herederos de los editores que fundaron el Prix Formentor.

El premio está organizado por la Fundación Formentor.

Con el mecenazgo de las familias Barceló y Buadas.

El encuentro de Sevilla tendrá lugar en el hotel Barceló Sevilla Renacimiento.

El encuentro de Túnez se celebrará en el hotel Barceló Concorde Les Berges du Lac.


ToteKing: «Ya está bien con los temas motivacionales. Las frases de azucarillos son tóxicas»

Manuel González Rodríguez (Sevilla, 1978), es el rapero sevillano que está detrás de ToteKing. Tote, un mote familiar, que el mismo se puso sin saberlo y que a la larga acabó fagocitando a Manuel. Consumidor compulsivo de literatura gracias a sus padres, aficionado al baloncesto y rapero en una ciudad donde los únicos sonidos que se reconocen institucionalmente son el flamenco y los que suenan en Semana Santa. 

Nos reunimos con Tote en la cervecería Río Azul, una fábrica de cervezas artesanales, donde conversamos sobre sus orígenes, caída a los infiernos, resurrección y de cómo un error sin importancia en un correo de felicitación lo conectó con su referente literario y fuente de inspiración: Enrique Vila-Matas. ¡Larga vida al rey!

¿Dónde termina Manuel y dónde empieza Tote?

Desde pequeño, a mí nunca me han llamado Manuel. Tote es un mote familiar, no viene del rap. Básicamente me lo puse yo cuando estaba en el carrito y le preguntó una vecina a mi madre: «ay, qué guapo, ¿cómo se llama?». Y yo respondí Tote queriendo decir Manolote, que era como me decían. O sea, que es un mote que me viene de bebé casi. Solo me llaman Manuel tres amigos del cole con los que me encuentro de vez en cuando. Y bueno, sí, claro, hay diferencias. No estoy todo el día trabajando en  la música ni metido en el papel, pero sí que intento limitar al personaje porque, cada vez que rapeo, pongo mis opiniones ahí, me mojo. Es un traslado casi prácticamente de mi vida diaria.

Manolote King no lo habías sopesado, ¿no?

No, eso era demasiado. De pequeño era muy gordo, por eso me decían Manolote. Hay fotos que lo prueban (risas). ¡Era supergrande!

Visualmente rompes con los estereotipos que tenemos de los raperos. No llevas cadenas, oros, grills… ¿Estamos muy influenciados por los Estados Unidos y por las series?

Sí, pero no creas que solo de Estados Unidos. Ese tipo de elementos como los grills, las cadenas y tal, las lleva un rapero de aquí, un rapero de Francia o de Alemania o de cualquier lado. Soy reacio a llevar ese tipo de adornos desde que tengo veinte años. Con la edad,  ya empieza a resbalarme un poco todo. No sé, creo que los chavales están usando esos elementos de la misma forma que tú y yo utilizábamos antes una simple gorra; es atrezo, una forma de vestir, de arreglarse. Y sí, es verdad que está más asociado al rapero, pero si te das cuenta después hay otras cosas que han cambiado. Todo eso está muy abierto y ahora la gente pasa mucho de ceñirse a una moda. Hay gente que son leyendas en la música y las ves por la calle y dices: «¿Este tío de verdad hace hip hop?». No lleva chándal, o no lleva gorra o melena. Russ es un artista estadounidense que lo peta y si lo ves no te imaginas que es rapero.

Otro clásico del rap es tener una infancia o una adolescencia chunga. Tampoco es tu caso.

No, ni el mío, ni el de mucha peña. Que también es una cosa que creo que parece que tiene que ser, pero no es así. Y hay muchos ejemplos clave: Gang Starr, grupo mítico que fundó The Vikar en los noventa, son peña que se conoció en la universidad. Obviamente, si nos remontamos a los orígenes sí que había mucha gente que provenían de entornos marginales, pero actualmente eso está muy superado.

Tu padre, que falleció, y tu madre son médicos. ¿Cómo estás viviendo la situación del covid teniendo a tu madre en primera línea de fuego? ¿Entiendes a los que niegan el virus, no se ponen la mascarilla y hacen un poco lo que les da la gana?

Mi madre ha estado trabajando toda la cuarentena, sigue trabajando en el centro de salud y por suerte estamos todos bien y no ha tenido problema. Se contagió una compañera suya, pero ella no tuvo contacto, por lo que tampoco tuvo que encerrarse. Yo no entiendo, obviamente, ni comparto la visión de los conspiranoicos, pero eso es ya harina de otro costal. Podría hablarte horas sobre por qué creo que se trata más de un ejercicio de ego que de preocuparse por los demás y de peña vanidosa en general, y sobre todo gente vaga. La gran mayoría de los antivacunas son capaces de comerse cualquier blog de internet o verse dos horas de un canal de YouTube, en el que les explican que en las vacunas hay microchips o que los famosos le quitan el adrenocromo a los niños. Son gente que, en realidad, es muy vaga, porque después cogen y se ponen delante de un libro de Enrique Vila-Matas y se duermen a la tercera página. Es más cómodo meterte en un blog y ver a Miguel Bosé hablando de mascarillas, de que todo es un invento y que lo han filtrado de un laboratorio, que documentarse y formar una opinión crítica, porque esto último requiere un esfuerzo intelectual. Eso como sentarte a ver Sálvame y pensar que ya estás informado. 

Tus padres pusieron el listón muy alto con su experiencia personal y profesional, ¿te sirvió de estímulo o fue un poco lastre por la presión que te supuso? 

De chico lo pasé mal. El nivel de exigencia era muy alto y ellos además lo demostraban. Cuando una persona te pide resultados y no los da, pues te ríes en su cara, pero cuando es como han sido mis padres, lo que sentías era vergüenza y te sentías mal. Yo de chico me sentía mal, notaba que nunca llegaba al esfuerzo que ellos hacían.

¿Tu nivel de autoexigencia es alto?

No creas. La vida es corta y hay que hacer cosas. Mi padre era muy claro conmigo. Me decía «mira, tío, suspéndeme cuatro o cinco, pero sácame un diez en otras. En algunas, sé el mejor o inténtalo por lo menos, aunque sea por puro ejercicio». Y me lo explicaba: «igual que te lo tomas cuando vas a entrenar y quieres meter veinte triples. Tómatelo así, pero involúcrate en algo con pasión, haz algo». Mi padre siempre tenía ese discurso y se lo aplicaba bien. En casa, los escuchaba como médicos hablar del Vademecum, de la carrera, de detalles técnicos. Se contaban cosas del día en el curro que habían tenido en el hospital, en el centro de salud. Además, seguían formándose. Ambos eran apasionados de la literatura y de la música, tenían colecciones buenas de libros y discos, que fueron los que yo pillé. Eran gente que hacía cosas.

Y a través del método «canje» te involucraron el amor por la literatura y el baloncesto.

Así fue. Lo hacían de esa manera. Si yo quería unas Reebok o quería unos botines guapos, mi padre me decía que a leer un poquito, a demostrar algo y a dar la cara.

¿Qué son las «totadas»?

Eso era cosa de mi padre; se refería a las «totadas» cuando estábamos entrenando y haciendo una jugada perfecta y la cagaba al final. A lo mejor me había ido ya de dos personas y solamente me faltaba dar los dos pasos y entrar a canasta, o tenía un tiro fácil, pero yo tenía que acabar enrevesando la jugada y pasarla en el último momento en lugar de anotar. Yo siempre he sido inseguro y tímido. También lo fui jugando al básquet, pero era a veces ridículo porque tenía un talento físico heredado de él. Yo me pegaba mates como quería y mi padre decía: «cabrón, pero si tienes el aro aquí, machácalo, no lo pases». Y empezó  a decirme que hacía «totadas» (risas).

He leído que, al nacer en diciembre, eras de lo más pequeñitos del cole y que algunos te dieron caña. ¿Has llegado a pensar que muchos de esos que te puteaban ahora van a tus conciertos y que tú eres el King, el que está encima del escenario?

Claro, de hecho ese ejercicio lo hice en un par de canciones.

¿Hay algún colega del colegio que te haya dicho que en el colegio le caías fatal y ahora te sigue?

Hay compañeros que han pasado toda la vida de mí porque era un rarito. Niños y niñas que en la vida se dignaron a decirme un hola en el cole, años más tarde han intentado acercarse. Es una cosa graciosa y supongo que hasta en cierto modo normal.

¿El rap te llevó a matricularte en Filología Inglesa? ¿O fue tu nota de Selectividad?

Fue mi nota (risas). Yo no tenía tiempo, tío, ni ganas de nada que no fuese estimulante en esa época, porque por otro lado tenía una diversión en casa bestial. A ver, si yo estaba en casa leyéndome Pedro Páramo de Juan Rulfo, la obra de Valle-Inclán u otros libros que me recomendaba mi padre, y luego llegaba al cole y tenía que leerme basura pasada de rosca… En fin, no me malinterpretes, hay gente a la que le encanta Cela. Yo no lo soporto, ni a él ni a las lecturas obligatorias del cole. Y si me apuras, las lecturas de la carrera tampoco me seducían la gran mayoría. No sé, el rollo ese de seguir el programa… Había cosas que me encantaban. Después, en Historia del Arte, por ejemplo, descubrí grandes cosas gracias a una profesora maravillosa que tenía y que me detonó el interés por el arte que aún mantengo. Sin estímulos intelectuales no tenía ganas de sacar grandes notas y  por otro lado el rap tiraba ya en aquella época de mí. Desde el instituto ya estaba perdido, fui a selectividad y saqué  5,75. Así que acabé en Filología Inglesa. Además, en mi casa no se me educó, como hacen ahora muchos padres, entrenándome como si fuera un coche de carreras. En mi casa no se hacía eso, en mi casa lo intentaban, pero tampoco eran tiranos y si veían que a mí no me entraba la puta Familia de Pascual Duarte, yo no iba con eso al examen.

No la llegaste a terminar, te quedan cuatro asignaturas.

No la llegué a terminar. Me quedaban cuatro y ya, en 2004, la música empezó a tirar muy bien y me escapé por ahí para encontrar mi sitio.

¿La experiencia de la carrera te ha ayudado a la hora de componer? ¿Te ha aportado recursos literarios?

Creo que sí. Así como en el instituto la profesora de Historia del Arte me marcó y me hizo interesarme por la pintura, en la carrera hubo grandes profesores de literatura que me despertaron la pasión por el uso de la palabra en los clásicos. Cuando coincidió una lectura obligatoria con una lectura que a mí me interesaba, eso era maravilloso, era increíble. Leí varias veces El sueño de una noche de verano de Shakespeare porque me apasionaba. Lo descubrí en la carrera. Después estaba MelvilleMoby Dick y eso era un muermo, aunque el tipo después me gusta con otros escritos. Había grandes cosas, tío, no sé. Me acuerdo de cosas de John Donne, poesía, que tampoco sé mucho de poesía, pero hubo cosas que me marcaron ahí y eso sí, sí me interesaba y me daban ideas que yo apuntaba para mis letras. Recuerdo estar en clase de Literatura Inglesa Medieval, y escuchando a la profesora, leyendo algún texto, alguna cosa se te quedaba. 

Tú eres de los que la inspiración les pilla trabajando.

Exacto. Así es. 

Es curioso, una etapa que no destaca especialmente por ser estimulante mientras estudiabas, pero en la que conoces a Juaninacka y a Enrique Vila-Mata. ¿Son insalvables los caminos del rap?

Totalmente. Me  encontré en el camino a Juaninacka, un tipo que también estaba en Filología conmigo y le pasó exactamente lo mismo que a mí, solo que yo creo que en mayor medida, porque él también venía de una familia que leía y le interesaba la literatura y compartíamos afición. Él se aburrió igual que yo, pero se piró mucho antes. Y después estaba el profesor Ignacio Guijarro, que daba Literatura Norteamericana, que era una asignatura guapísima, donde descubrí a escritores modernos como Toni Morrison. Ese mismo profesor fue el que me recomendó a Enrique Vila-Matas y fue ya como un antes y un después. Siempre lo he dicho. Enrique Vila-Matas me cambió completamente la perspectiva y el orden de mi lectura,  enseñándome un mundo aparte.

¿Cómo se toman tus padres que abandones la carrera por el rap? 

Era el curso  2004-2005 cuando lo dejé, y ya estaba de corista de SFDK. Se lo tomaron fatal. No lo vieron bien, la verdad. Pero bueno, después yo me senté a hablar con ellos y les dije «mirad lo que me pagan por tocar, mirad los números que estamos haciendo, mirad cómo me gano la vida» y no sé, supongo que se relajaron.

Formáis La Alta Escuela con DJ Randy y Juaninacka. ¿Cómo os acogió la gente que ya estaba rapeando? ¿Fue un hándicap el que vinieseis de la universidad? ¿Os vieron como impostores?

No, no, para nada, tío, para nada. Tengo que decirte que la acogida en Sevilla fue maravillosa. Cuando yo empecé a parar con gente que llevaba más tiempo, como SFDK, La Mala Rodríguez, La Gota que Colma, Expresión en Conserva, etc., me encontré  gente cariñosa. Nadie te juzgaba por ser de donde fueras, era una maravilla, de verdad. Era un ambiente muy abierto. Lo único que se te pedía era que tuvieras dos cojones, que cuando sacaran una radio a pilas en el parque, si tú eras rapero tenías que rapear. Tú llegabas allí y la gente estaba fumándose un porro, bebiendo litronas en los parques, y llegaba un momento en que alguien, que solía ser Zatu, bajaba con una radio, poníamos pasta para las litros, para los porros, para comprar pilas y nos pegábamos cinco o seis horas con un corro de gente rapeando letras o haciendo freestyle alrededor de la radio. ¡Era una maravilla, tío, eso es una maravilla! Ahí daba igual de dónde fueras, si estudiabas, si no estudiabas, si tus padres tenían dinero o no. Lo que importaba era que rapearas bien, que tuvieras rollo, que tuvieras buenas frases. Desde un principio, la escena fue una maravilla en Sevilla. 

¿Coria del Río era la zona cero?

Esto que te acabo de contar, esta escena que acabo de poner, eso es Pino Montano. El foco más grande de rap que ha habido nunca en Sevilla ha sido Pino Montano. De ahí salió SFDK y ahí es donde se juntaban los raperos. Después en mi barrio, la Macarena, había parte. Pero es que Coria era lo más, y esto cuando se lo cuento a la gente flipa. Coria tenía una escena que era igual de importante que la que podía tener Pino Montano. Es curioso, porque era un grupo de amigos que tenían una especie de comuna en una casa. Habían descubierto Discos del Sur, donde podías comprar por correo, que era la única tienda donde se podían conseguir discos americanos de rap, y pillaban a ojo, o a lo mejor conocían una referencia o veían a quien salió en el disco de otro y tenía que estar guay. 

En esa época no había ni siquiera ni portadas, ¿no? Era un listín.

Muchas veces se la jugaban y pedían un disco que era una mierda, pero como pedían diez a alguno le llegaba uno bueno y nos lo copiábamos en cinta. Tenían una gran cultura musical, tenían muy buen rollo. Randy pinchaba que flipas. Juanma y Juani rapeaban de la ostia. Cuando yo llegué ya tenían incluso un programa de radio pequeñito en Puebla del Río, donde ponían rap. Se hacían los corrillos alrededor de la radio en el «paflu», que es el paseo fluvial donde está la estatua del japonés. Los raperos de Coria eran más avanzados que los de la capital.

¿Podríamos decir que Juaninacka fue el primero que improvisó una canción «vacile» que aún te dura?

Totalmente. La marca más grande que alguien ha podido dejar en mí en el rap y la persona que más me ha impulsado a seguir y que más me ha hecho mejorar y tomármelo en serio ha sido Juaninacka, sin lugar a dudas. Es como si juegas liga provincial y de repente te topas con un tío de la ACB. O sea, Juaninacka era de nivel NBA ya desde el primer día. Tenía ese talento natural para rapear y escribía porque le gustaba escribir. Leía mucho, eso se notaba en sus letras, y era una maravilla. Pero encima hacía freestyle buenísimo. O sea, estaba muy por delante de todos nosotros en la época.

Sacasteis un LP con La Alta Escuela, pero no terminó de funcionar. ¿Cuál crees que fueron los motivos? 

El disco salió en el 98 y aún no estaba la peña preparada. Vamos a Zaragoza, a un «festivalillo» que era una especie de casa okupa, y cuando llegamos allí no pudimos tocar. Hicimos un viaje a Zaragoza y no pudimos tocar porque ¡no tenían cables para conectar platos! No tenían material. Pensaban que las bandas que iban eran todas de rock, que teníamos un backline de rock. No entraba en sus cabezas que un DJ existiera, que pincháramos, ¿entiendes? No teníamos para tocar. Encima Randy contaba con que allí iban a poner unos platos. Eso pasaba habitualmente. O sea, no funcionó porque en esa época había poquísimos grupos de rap. Era complicadísimo. Además, a mí el disco no me gusta nada y a mis compañeros tampoco, porque fue una maqueta convertida en disco. Hay temas de ese disco que pueden ser mi cuarta o mi quinta letra. 

¿Te da vergüenza?

Joder, si pudiera enterrar todo lo que he escrito ahí en ese disco, lo enterraría. ¡Es que es malísimo!

¿Por qué le das tanta caña también a El lado oscuro de Gandhi? ¿Por qué te mortificas?

Porque me conformé. Era una época en la que estaba drogado o borracho todo el día. Esos años, tío, fueron unos  años… Yo llegué a un pico en el 2007-2008 de ingresos, de pasta, de bolos y tal que ya era como… ¡Me he comprado una casa al contado! Estaba completamente desganado. 

Te volviste un gilipollas.

Totalmente. Me volví un gilipollas. Yo soy un tío que trabaja mucho en las líneas. Me gusta cerrar un compás bien y que las frases tengan peso y ese disco no tiene peso. Ese disco empieza con una línea que medio parece que está divertida y se cierra de cualquier forma, porque me estaba bebiendo un cubata enorme al lado del micro, porque me creía que era Dios. Los chistes con Randy, mucho compadreo, las instrumentales… Toqué fondo y me vino de puta madre pegar ese batacazo. Bueno, ni siquiera fue un batacazo. Fue un batacazo con respecto a mí y a la peña que más controla de rap y más escucha, que te dice que ese les ha gustado menos, y tú lo vas notando. Pero encima ni siquiera fue mal la gira, seguíamos casi con los mismos números. El batacazo no llegó en El lado oscuro de Gandhi. Fue  un poquito más adelante, porque el disco 78 tampoco es un disco que me guste. Ya te das cuenta de que has hablado de todo. Llevas muchos discos a la espalda. Has petado. ¿Y ahora de qué hablo, tío? ¿Ahora qué hago aquí? Y eso le ha pasado a todo el mundo. 

Es que cuando llevas ya un bagaje a la espalda, ¿qué haces? Te puedes reinventar, pero tampoco te vas a poner a tocar rumba….

Claro, claro. Yo no puedo hacer un «Matemáticas» 2, ni el «Ni de ellos ni de ellas» 2, porque no era mi estilo intentar hacer una canción así. Y cuando alguna vez he intentado redirigir una canción hacia ese sitio, sale mal porque sale siempre mal.  Eso es una cosa que aprendí. Si me salió bien la canción «Botines», donde voy nombrando una serie de bambas que me han marcado, no tiene sentido hacer una canción de marcas de café nombrando café. Eso no va a ningún lado. Eso no sale natural. Cuando yo creo que ya por fin remonto y vuelvo a sentirme vivo con la música es con Lebron. Bueno, no, en verdad, me vuelvo a sentir vivo haciendo un EP que viene antes del de Lebron, que se llama Tyson Pigeons, que es un EP que hice con Dheformer, un chico de Cádiz que, para mi gusto es el tío que mejor escribe rap ahora. Ese EP que hicimos juntos me volvió a dar ganas y vida.

Sevilla tiene unas costumbres sociales bastante arraigadas. ¿Cómo fue tu inicio como rapero en tu tierra? Supongo que al principio la gente tendría un poco de recelo, ¿no? Un rapero sevillano con dos tallas de chándal grande…

Esa era la broma que teníamos que aguantar todos los días. Era muy gracioso ver a una persona que te estaba juzgando mientras se hacía una raya en un CD esperando a que saliera un paso, porque eso sí estaba guay. En fin.

Pero tú tienes una contradicción con tu tierra, porque por un lado le das caña con los fachalecos, pero por otro lado adoras tus paseítos por Sevilla.

Por supuesto. Sevilla es un sitio maravilloso, me gusta. Es un club del que me encantan sus instalaciones, pero no me gustan sus socios. La gran mayoría de sensaciones que tengo con Sevilla son así. O sea, a mí me encanta mi ciudad, me gusta la historia de mi ciudad, pasear; lo que no me gusta es desprecien otras propuestas culturales. Mis amigos y yo impulsamos el rap de Sevilla, fuimos vanguardia y la gente no se enteraba. Yo no quería ni siquiera reconocimiento, me conformaba con que nos dejaran en paz ¡cojones! Lo que quería era pasar por Miraflores y no verte a todo el puto mundo mirándote los pantalones anchos, haciéndote un comentario de la gorra. Y tener que soportar comentarios de la gorra todavía ahora, porque  fui al programa de Risto Mejide y tuvo que hacer una broma de la gorra. O sea, es ridículo. ¿Todavía no os habéis enterado de esto? Sí, me encanta mi ciudad, pero ha costado trabajo, tío. 

¿Te sientes ya profeta en tu tierra o no?

¡Es que en realidad me da igual!. Lo que quería era que nos dejaran en paz. Sí, que nos dejaran a los raperos en paz con nuestra mierda y que ellos siguieran viendo sus pasos y metiéndose sus rayas esperando a la Borriquita.

¿Tú crees que los chavales que empiezan hoy en día lo tienen más fácil?

Creo que no. Para nosotros fue complicado arrancar, pero una vez que comienza la movida y que el rap español empieza a tener peso, los que estábamos lo petamos. Éramos pocos, trabajábamos bien y gustábamos al público. Lo teníamos todo: giras, pasta, sellos discográficos haciendo ofertas… Estuvimos en el momento y entramos. La cosa es que ahora, con el rollo de internet, entrar no tiene nada que ver. ¿Cuántos raperos podía haber en  Sevilla cuando Juani, Zatu y yo rapeábamos en la calle, en el barrio? Hostia, no sé decirte a ojo, pero ¿cuántos puede haber en Sevilla ahora que cuelgan sus cosas en Internet? La competencia es feroz. Ahora mismo para entrar tienes que ser muy bueno o gustar de alguna forma, o hacer algo llamativo, o crear polémica con algo. La oferta es ahora muy complicada.

¿Tenías más libertad para escribir antes que ahora, por el buenismo social? ¿Pretendemos ser un país de «Mister Wonderful»?

A mí me da un poco igual porque yo me paso por los huevos eso y no le tengo miedo a nada ni a nadie. Y si tengo que darle caña a una cosa, se la doy. Como norma general, el tema del «buenismo» está en todos los sectores. Es una extensión del analfabetismo de gente que realmente nunca se ha preocupado. Hay muchísima gente que jamás se ha preocupado o que  por ejemplo, no ha tenido la suerte de tener un hogar feminista como en el que yo me crie, y ahora quieren correr y hacer los deberes en cinco días. Y como no se pueden hacer los deberes en cinco días, acaban haciendo un post en internet lleno de gilipolleces, de incongruencias o haciendo lo que tú dices, intentando hacer una canción para gustar o agradar a un colectivo o para un sector.

Las letras de los grupos de rap o reguetón, ¿son machistas en general?

Ahí hay un debate complicado, muy complicado, porque ocurre una historia y es que a mí me puede parecer una cosa, pero a la que le tiene que parecer machista el reguetón es a una mujer. Y ahí hay debate entre ellas. Hay muchas mujeres que creen que las empodera. 

Como tú dices, igual que el velo. 

¿Te acuerdas del caso de Francia en el que le prohibieron a una alumna ponerse el velo y entonces todas se lo pusieron? Aunque la cuestión es otra. Imagina el mismo caso pero con una esvástica: vas a clase con la esvástica, el profesor te prohíbe asistir con un símbolo nazi, y por ir contra ese profesor y empoderarte todo el mundo acude con la esvástica. Muy bien, empoderada estás, ¿pero el símbolo qué está diciendo? Quiero decir ¿el velo qué hace? ¿Un burka qué hace? A mí, de puertas para fuera, no me parece que taparte la cara empodere. Es un asunto complicado.

Tú defiendes a las mujeres siempre y lo haces literalmente con la canción «Ellas».

Por supuesto. Yo me crie en un ambiente feminista. He tenido esa suerte. Mi casa ha sido la de una familia de izquierda, una familia con un ideario sólido, en la que el tema se tomaba de una manera natural. No se ha dicho «todes», ni se ha escrito nunca con una X. Se hacía todo de manera natural y todo el mundo tenía el mismo peso. En la canción de «Ellas» yo intento contar algo que me sale natural.

¿Qué piensas de lo que se formó con Valtònyc? ¿Dónde está el límite de la libertad de  expresión?

Me parece deplorable lo que ha pasado, que ese chaval se haya tenido que ir, que sea juzgado. Es vergonzoso que eso pase.  A  mí me parece una puta vergüenza.

¿Las letras de rap siempre tienen que ser combativas, provocadoras o malsonantes? No se puede escuchar rap junto a una niña de ocho años sonando continuamente palabras como «puta».

El problema está en que tú quieras taparle los oídos a tu niña de ocho años para que no escuche la palabra puta. Mañana la niña escuchará esa palabra en una serie de televisión o en el colegio. Para mí el problema es que el niño vaya al cole y se encuentre con un profesor negligente de cincuenta años que le está obligando a leer al puto Cela y La familia de Pascual Duarte. Es que hay que cambiar la educación. A lo mejor hay que cambiar la perspectiva.

El indie, que se supone que es mucho más sofisticado y más para puretitas, como nosotros, me repugna. A mí, sin gustarme el reguetón, me parece mucho más directo, real, auténtico y verdadero. En el reguetón te están diciendo que quieren follar… ¡pues yo prefiero que me lo digan!

Antonio Arias nos comentó que hay algunos indies que se tiran cinco minutos con un sufrimiento terrible para no decir nada. 

Para decir que quieren meter la polla. ¿No será más fácil, cojones? ¿No es más fácil hacer como en reguetón? Te dice un tío: «lo que quiero, nena, es cogerte esta noche. Te voy a hacer esto, te voy a hacer lo otro». ¡Coño, ve al grano! El tío del indie o del rock te cuenta lo mismo con letras más elaboradas, más bonitas. En definitiva todos vamos a hablar de lo mismo, si es que no hay más temas.

¿Por qué te arrogas el papel de «don Cristal»?

Porque precisamente no soy buenista y porque hay mucho Mister Wonderful. Justo ahí lo has clavado, porque esa barra de «Carne picá» cuando dice: «algunos nacieron para ser Bruce y otros don Cristal, y el paisaje de fondo es esta ciudad, este país que nos convierte en carne picada». Esa barra va detrás de esta otra: «Lo digo yo por ti, cobarde. Tú no te rayes, sigue haciendo letras de coaching para llenar ciudades. Lo tuyo es un eterno safari desde tu coche blindado, sonriendo, echando comida a los animales». Creo que está bien explicado. Es como decir, cabrón, llevas haciendo temas de Mister Wonderful, de si quieres lograrlo puedes hacerlo… Ya está bien con los temas motivacionales. Las frases de azucarillos, ese tipo de movida, tío, son tóxicas. Entonces tengo que tomar el papel malo, de ser el cabrón negativo. Porque claro, ¿ellos cómo consiguen apartarte? Los neoliberales estos, porque son una extensión del neoliberalismo, han llegado a la música, por desgracia. Cuando esos cabrones están dando un mensaje positivo de esperanza y llenan a los pobres chavalitos de quince años de falsas ilusiones, de que lo pueden lograr, tengo que venir yo, el malo, a decir: no, no lo vas a lograr. Hay suerte, puede gustar tu voz o puede que no. Puede gustar tu cara, puede no gustar, puedes vestir bien, puedes hablar bien en las entrevistas o no, te puede tocar un mánager bueno o un chorizo. Hay variantes. Me toca el papel de don Cristal, el hijoputa. Y dicen: «el Tote es que está todo el día rayado. El Tote está todo el día con mensajes negativos». ¡No, coño, te hablo de lo que hay! 

Te vas con SFDK de gira haciendo los coros. ¿Qué te aportó el rodar con una banda que ya contaba con muchos más recursos?

Creo que son, a día de hoy, el grupo con el mejor directo de rap e incluso  de otras músicas. El directo de SFDK siempre lo han trabajado y es espectacular. Y fue precisamente lo que más aprendí, a montar un directo.

Llega el momento en que decides ir en solitario y lanzas la maqueta Big King XXL. ¿Te dio un poco de vértigo?

Sí, tío. A la vez me lo pasé muy bien. Le tengo mucho cariño porque fue la primera vez que hablaba con un productor y me mandaba instrumentales, las escribía en mi casa…

Pero tú trabajas ahora mismo sin productor y te grabas a ti mismo, ¿no? 

Sí, bueno, es que en el rap el productor es otra cosa. Le llamamos productores a los que hacen las instrumentales. 

Tu madre es una foca, disco que publicas con tu hermano Shotta y que la revista Rockdelux ha reseñado en su especial 25º aniversario como un trabajo que es una «golosa gamberrada». 

Sí. El disco fue una locura. Está feo que lo diga yo, pero el disco estaba adelantado y lo dice mucha gente ahora. Ese disco fue muy puro. Fue el resultado a que el sello discográfico me  cerrara la puerta a un montón de peticiones que le hice. Pedí ciertos productores, quise varias colaboraciones… Ya tenía planteado sobre el papel un disco muy guay, pero el tío del sello discográfico se vino abajo y dijo que no había presupuesto y empezó a recortar. Yo me rayé y le dije: «tío, mira, si me vas a recortar por aquí y por allá me hago un disco con mi hermano Shotta». Y así pasó. ¡Fue una locura! Me lo pasé del carajo. Shotta y yo nunca hemos vuelto a estar así jamás. O sea, fue pura libertad, una gamberrada auténtica diciendo barbaridades en los temas. Las instrumentales que nos dieron encajaban perfectas, tío. A ese disco, por ponerle una pega, le pasa lo que le pasaba a todos los discos de la época, que suena muy mal. Los estudios de grabación no estaban preparados para el rap y no sabían mezclar rap.

Haces colaboraciones y luego le das caña. ¿Doble moral?

No. Lo que pasa es que yo intento hacer un ejercicio honesto, porque aparte creo que es una cosa que se hace poco en el rap, que es darte caña cuando toca. En el tema de «Dos días» también lo he hecho, cuando me arrepiento de lo que decía en la canción de «Ven», porque ahora mismo, con cuarenta y dos años, decir groupie me parece vergonzoso. Tenía veinte años, por ahí me salvo. La cosa es que eso es un ejercicio que me gusta hacer y me siento bien haciéndolo. Así como muchas veces vacilo y soy muy guay en las letras, otras veces también quiero decir, como Bartleby, que pensé en dejarlo, o como en el tema en el que digo que he colaborado con peña por hype. Porque sin darte cuenta entras en una rueda en las que estás colaborando ya con alguien porque ¿te mola su música o porque peta? Y eso es una putada. Eso es nuevo. Lo estamos viviendo todos ahora. Fue a raíz de la explosión de internet. La gente empezó a colaborar por eso, por inercia, y sobre todo porque dices bueno, confundo que este tío me flipa a que este tío saca un vídeo y mañana tiene un millón de visualizaciones.

Antes de rapero eras metalero, ¿no?

Y sigo.

¿Cómo crees que esa influencia se manifiesta en tu música? Estuviste también girando con Santo Rostro.

Con Santo Rostro tengo mucha amistad y me los llevé a un programa de la tele: La Hora Musa. A mí me sigue fascinando el metal. Antes, cuando era más joven, me gustaba casi todo. Yo he llegado a escuchar black metal noruego y bandas superextremas, pero con lo que me he quedado los últimos diez años de mi vida son el stoner metal y en el doom. Son géneros que me apasionan.

De hecho, en algunas canciones tuyas se  nota en la base y que le metes los punteos de guitarra.

Sí, intentando que sea arrastrado y denso.

Lebron, nominada a los Grammy Latino por mejor disco urbano. ¿Te lo esperabas?

No, para nada. Yo creo que nadie. Fue una cosa rarísima. Bueno, también te digo que nos duró para la broma del día.

No estás contento con nada.

No, no es por eso, no es por falsa modestia, es porque fue muy gracioso hacer la broma un rato. ¿Pero después en qué se traduce? A ver, si el Grammy viene como el Nobel con una pasta y lo gano, entonces estamos hablando de algo. Dame seiscientos mil pavos y no te preocupes, que me voy a poner contentísimo (risas).

Hablando de lo que te aporta… El Chester de Risto. ¿Por qué fuiste?

Te voy a decir la verdad, absolutamente la verdad. Le pregunté a mi padre, que entonces vivía, con el que hablaba todos estos temas y a mi amigo David Bravo, si debía ir. Los dos me dijeron que ese tío es un coñazo, que se ha creado ese personaje de buscarte las vueltas, de meterte el dedo en la llaga. Prepáratelo bien si quieres ir. Total, que claro, obviamente Sony me decía: ve, ve, ve. Es promo y quieren que hagas promos y tal. Yo sabía que no iba a estar cómodo, porque si hablamos y tú me quieres hacer veinte preguntas y alguna es puñetera, pues adelante. Pero tío, ¿las veinte? ¿Tienen que ser las putas veinte preguntas de meter el dedo en la llaga? Si es que no es ni siquiera productivo, si es que no ayuda a nadie. No tiene sentido. Además, ni siquiera son preguntas que tengan nivel intelectual o que tengan un poso, o que me lleven a mí a sitios bonitos. Jugando con esa pose, esa solemnidad o como si estuvieras hablando con un puto rey. Y yo lo cogí, más que nada, por no ser tan rancio con Sony, a los que les decía  que no a casi todo. Ya ni me acuerdo, porque no lo vi.

¿Podemos decir que te arrepientes?

No me arrepiento porque en realidad yo sé que hablé guay. Me estoy empezando a arrepentir de ir al «circuitillo» de la tele, porque este país, tío, es que no da para más. Es que no me han hecho una pregunta divertida nunca. Si me van a sacar en la tele y vamos a hablar y se nos va a ver la cara, la expresión corporal… ¡Coño, por lo menos entérate del nombre de uno de mis discos!

¿Eso te ha pasado? ¿Que no te pregunten por el nombre de uno de tus discos? ¿Ni por tu música?

¿Cómo que si me ha pasado? En las entrevistas televisivas te preguntan por todo menos tu música, como hizo Risto. A ver, Broncano es famoso por eso. 

Con Broncano estuviste muy cómodo.

Con Broncano me tocó la lotería, porque sabes que eso es una lotería. Te puede tocar que se ría de ti, que no te conozca y te menosprecie… Él me dijo que me respetaba mucho y que me había escuchado. Pero si te fijas, Broncano no hace ninguna pregunta musical. En La Hora Musa sí que estuvo bien la entrevista.

Maika Makovski, la presentadora, comentó que uno de los requisitos que puso para realizar el programa es que sonaran bien los músicos que fueran allí. 

Radio 3 es un ejemplo, una imagen perfecta para definir al país. Tú vas a Radio 3, coges un micrófono; te puedes llevar dos horas haciendo una prueba de sonido que la voz no suena. Suena mejor en mi local de ensayo, te lo juro. Y esto no lo digo yo, te lo puede decir cualquier músico del país. La Hora Musa suena que flipas. Yo sé que ellos sacan pecho, pero con razón, porque se han gastado los billetes en un plató que sonaba que flipas. Toqué allí en directo y parecía un bolo. ¿Pero eso quién lo hace? Después de Risto he dicho que no a mil cosas que no tienen nada que ver con la música. Y claro, hay gente que se tira el rollo porque tiene más gracia, más guasa, pero a mí no me vas a llevar a un sitio a hacer el tonto. Hace poco salió también la opción de Latemotiv. Buenafuente conoce mi música. Hemos coincidido y también me ha dado la sorpresa, le gusta. Probablemente haríamos una entrevista guay y el plató suena bien. ¿Pero qué más hay aparte de eso? Después te metes en un montón de follones de la televisión y es peor, tío. Porque mira, tú haces una entrevista escrita y la entrevista te lleva de un sitio a otro. Pero quien quiera se tiene que molestar en leerla. Pero tú concedes una entrevista en tele y ya se te nota la cara de que estás ahí a disgusto. Es diferente. 

¿Cómo te trata el público fuera de España?

Latinoamérica bien, te diría que bien, tampoco espectacular.  Yo te diría que prácticamente mis números en Latinoamérica son iguales que los de España.

¿Qué te llevó a escribir Búnker

Pues, fundamentalmente, la muerte de mi padre. El avance en los últimos años de su enfermedad me dio para empezar una correspondencia con Vila-Matas. Desde la facultad se ha convertido en una guía de lectura para mí. De cada diez libros que me recomienda Enrique me gustan ocho, y además me llevan a otros ocho. Porque sabes que Enrique es metaliterario a tope y te va llevando siempre a otros autores. Es como que no acabas nunca. Eso es feo decirlo, pero Enrique me ha ordenado la lectura de los últimos quince años de mi vida. Y aparte, como persona fue cariñoso, encantador y empezamos a tener una amistad guay. Nos escribimos todas las semanas con algún correo hablando de lo que ha leído él, de lo que he leído yo. Hablamos de cine. Y eso me empujó mucho. Mi padre estaba muy mal y yo estaba muy solo, porque mi padre era mi colega. Mi padre fue el que me recomendó el primer libro que me voló la cabeza, que fue el Pedro Páramo de Juan Rulfo. Y a raíz de ahí siempre nuestra relación fue de colegas. Y de repente, de un día para otro, hay una persona que ya no está ahí y no sé, me salió. Se me quitó el miedo que tenía a escribir.

¿Podemos decir que un tiburón te empujó a escribir?

Sí (risas). Fue otro de los grandes empujes, porque cuando Vila-Matas me pidió un texto para su web, le mandé el relato del tiburón blanco, que es una historia real de cuando fui a Sudáfrica a bañarme en la jaula.

Eso del tiburón me parece una frikada. Te podías haber ido al Castillo de las Guardas a ver a los monos (risas).

Es la oportunidad que tienes de ver lo más parecido a un dinosaurio. !Es una pasada! Tengo el vídeo de la excursión. Si te lo pudiera poner ahí, ibais a flipar. 

Publicas con Blackie Books. ¿Te tomaron en serio desde el principio? Tú llamas a la puerta y dices oye, que soy el Tote y voy a escribir un libro. ¿Qué dijeron en Blackie?

Fue una pasada. De hecho, ellos me tomaron a mí más en serio de lo que yo me tomaba. Mira, otro de los empujes fueron Jan y Rebeca. Me dieron un empujón superbueno, porque yo tenía unas inseguridades tremendas y el borrador que mandé era inmenso, porque una vez que escribí el texto de Vila-Matas del tiburón fue como abrir un puto dique, ya no podía parar. Y claro, muchas, muchas de las cosas se quedaron fuera, pero me dijeron: «esto que has escrito una puta maravilla, si nos dejas editarlo contigo mano a mano y no te aferras mucho a querer sacar todo esto que nos has entregado, sino que lo pulimos y nos quedamos con lo que hay, las partes que son potentes son increíbles. Créete que esto es una pasada. Nosotros no ficharíamos a cualquiera. De hecho, nos llegan muchos manuscritos, pero no fichamos a cualquiera». Y me dieron un empuje serio.

 ¿Cuál fue la reacción de tu pareja cuando le comentas que va a escribir un libro?

Bien, María me apoya siempre, tío. Ella me apoyó como en la música. Ella es cruel. Su manera, después de doce años de relación, como es lógico, es ser  cruel (risas). Y entonces, si leía algo, hacía lo mismo que cuando le pongo un tema: cuando le gustaba mucho, la veías ahí emocionada y cuando no le gustaba, ya la veías resoplando (risas).

¿No te dio vergüenza desnudarte en el libro? ¿Y a María salir en él?  Porque hay capítulos donde se habla de ella…

No, no. Al principio tuve un poco de reparo pero hay capítulos que son de verdad y hay capítulos que son de mentira, y los que son de verdad se nota, son auténticos. Y hay que contarlo, tío, porque quedan bonitos, sirven a un propósito, que es que después la obra quede bonita  Y por ejemplo, el capítulo ese de María, sin ir más lejos, a mí me encanta, es auténtico, es cierto y creo que es bonito. Y creo que, si lo hubiera abordado con miedo a decir tal y cual, no hubiese quedado igual.

¿El del helado?

Si, cuando nos fuimos a comer helado y los dos estábamos comiendo en pelotas en el sofá.

Haces referencia a tu TOC en algunas canciones y en el libro. ¿Podemos ser imperfectos en una sociedad que aspira a la perfección como meta?

Joder. Deberíamos, vamos. Y debería ser una de las cosas que yo me debería aplicar. Sí, porque cuando una parte de tu cabeza toma el mando, que es lo que pasa cuando tienes un trastorno obsesivo, ya no se trata de que quieras ser perfeccionista. Es como que otra persona toma el mando. Es una movida. No eres tú siendo quisquilloso, ¿sabes? No estoy siendo peculiar, sino que ya no eres tú.

¿Has sufrido el síndrome de folio en blanco? ¿Y cómo lo combates?

Lo combatí justo en El lado oscuro de Gandhi. Primero, dejando un descanso grande, porque te das cuenta de que por mucho que fuerces, no sale nada. Y fue también con un poco en línea con lo que hablábamos del libro, dejando los miedos al lado y el pudor y el no voy a decir esto en esta letra, no sea que se ofenda tal o que se ofenda cual. Vuelve al Tu madre es una foca, a cuando te sudaba la polla lo que fuera a pensar quien escuchara el disco.

¿Y cuando a ti te dan el libro impreso por primera vez, que sientes?

Pues imagínate, colega. Y encima hicieron esta edición tan bonita. Cuando me dijo Jan: «vamos a hacer la portada como si fuera la piel de unas bambas, de unas Jordan». De hecho, te voy a decir una cosa, el día que me llegó me harté de llorar, porque me habían preparado los de Blackie una sorpresa. Yo estaba presentando el disco en Bilbao, teníamos que hacer el fin de gira de Lebron en Bilbao, y coincidió con que ese día cumplía mis cuarenta, y entonces me llega el borrador final. Me llegan a casa unas galeradas, las pruebas de imprenta, y me llega esto. Además de eso, me manda Jean el prólogo de Enrique, que lo había guardado en secreto. Enrique había dicho que sí, pero no me lo dijo a mí. ¡Y me llegó el mismo día del concierto  en Bilbao!

Llevas más de veinte mil ejemplares, ¿no?

Sí, sí, ha sido una pasada.

Cuando hiciste Mi colega, le comentas a tu padre que en La casa del libro, en el top, hay uno que no es escritor. ¿Quién te iba a decir que tú ibas a estar vendiendo libros, que tampoco eras escritor?

Sí (risas). Bueno, no lo soy, pero creo que, por lo menos, con mi debut estoy más cerca de serlo que el de otros debutantes, el de otras personas que entran en un top de ventas.

Me comentaste que el libro empezaste a escribirlo con la muerte de tu padre. ¿Te ha servido para superar el duelo y para canalizar todo lo que llevabas dentro?

Sí, así es. Y para descubrir cosas. No sé, es  una experiencia increíble. La verdad es que  yo no sospechaba que fuera así. También es verdad que no es ficción. Supongo que si escribiese ficción sería diferente. He escrito un libro autobiográfico. Entras en contacto contigo y sientes cosas. Es verdad que las sientes y que llegas a sitios y a conclusiones sobre ti mismo muy guapas.

¿Y cómo te han acogido el gremio de los escritores? ¿Has tenido buen feedback?

Desde que entré en Blackie, salió el libro y empezaron a reseñarlo, a darme opiniones, estoy contentísimo, de verdad.


Ocaña cegado por el sol

Ocaña
José Pérez Ocaña ©Roger Velàzquez.

Toda obra de arte aspira a tal ocaso cuando quiere llevar la muerte a todas las demás.

(Theodor Adorno, Minima Moralia: Reflexiones desde la vida dañada)

Una faz de color ámbar se destapa: es el nuevo rey sol. En el ardiente septiembre del año 1983, José Pérez Ocaña —sus labores— se travistió de astro dorado en el calor de Híspalis. Era ya, en pleno auge de esa falsa modernidad de inicios de los ochenta, un pintor reclamado y no solo exponía sus cuadros, ya que también organizaba completos montajes e instalaciones. Representaba el artista total, «hombre del Renacimiento» le llamaba Jordi Petit —activista gay—, en el cual su mayor obra era él mismo. Estaba allí, en Cantillana (su pueblo natal), buscando el descanso a sus múltiples compromisos artísticos, según el dibujante underground Nazario Luque

Poco podría durar este letargo para un creador nato: se desperezó con prontitud y pergeñó con los niños y los músicos del lugar una espontánea cabalgata. En ella habría dragones, gigantes, cabezudos y un sol cartón piedra. Con un ostentoso disfraz de tiras multicolores, improvisado arcoíris de guardería, ocultaba su rostro macilento, enfermo de hepatitis. Este último estaba pintarrajeado y se asemejaba a un polichinela lisérgico coronado por unos anteojos verdes. Algo así como un cronopio del dios Baal; un aterciopelado personaje de una canción instigada por Carlos Berlanga.

Al inicio de la comitiva un grupo de querubines tamborileros encaraban esa «turba pelona y descalza», que decía el clásico. Detrás serpenteaba un animal fabuloso, entre reptil y lombriz, cosido con sábanas de motas, piezas de colores y que tenía como testa una máscara que diríase sacada de la pesadilla más belicosa de Moctezuma. Una piñata florida entre ese gentío travieso y juguetón. El artista, según su amigo Alejandro Molina:

… había embolicado a todo el chavalerío, a sus madres y abuelas (…) en un pasacalle que recorrería el pueblo y que acabaría en el patio de la escuela ¡Banda de música (ella era muy completa) incluida!.

Presidía este aquelarre entre maricón y dadá el estandarte del sol. Este se coronaba con un rostro bifaz: una cara tenía los ojos abiertos mientras la distinta estaba dominada por otro guiñado. En esa banderola flamígera caían ocho puntas de pliego amarillento con varias bengalas incorporadas; ejercían como rayos en paño de papel de seda y caían como guirnaldas: una suerte de tirabuzones áureos.

Se había avisado a Ocaña que estas podrían incendiarse, pero el artista asumió los riesgos y al prenderse extendieron el fuego a su traje. Se convirtió en un bonzo del Bosco como obra inadvertidamente póstuma. El fotógrafo de la kermés, que acudió a socorrerle sin éxito, no pudo captar el instante donde aquella llama uranista brilló pura.

La respuesta de Ocaña ante ese desliz es tan perspicaz en su ordinariez como suntuosa en su ambición: «¡Nene, te has perdido la foto de tu vida!».

Así publicó El País su obituario, el 9 de septiembre de 1983.

Ocaña, pintor y actor sevillano afincado en Barcelona, falleció en la madrugada de ayer en la residencia sanitaria García Morato, en la capital andaluza, víctima de una hepatitis, que se le había recrudecido en las últimas semanas como consecuencia de un accidente en el que sufrió diversas quemaduras. El cadáver de Ocaña será enterrado esta tarde en el cementerio de su pueblo natal, Cantillana. Con Ocaña desaparece, como ha dicho el actor Enric Majó, «el espíritu del 75 que transformó las Ramblas de Barcelona en un espacio de libertad».

Las Ramblas, años setenta

Existe toda una literatura evocadora, fuertemente melancólica, de la Barcelona de los años setenta. Subprefectura a la altura de Perpiñán, según célebre definición del poeta Pere Gimferrer, escritores como Marcos Ordóñez, Federico Jiménez Losantos, Terenci Moix o Mario Vargas Llosa han recreado literariamente esta urbe como paraíso ácrata y nudista.

Si el célebre espíritu del tiempo se suele encarnar en un hombre, en un arquetipo, es difícil separar a Ocaña, «la diosa Ocaña» según Moix, de ese tiempo y lugar. Pintor de brocha gorda, nacido en 1947, llegó en 1971 a esa Barcelona en pleno ocaso de la dictadura. Recordaba el propio artista su tránsito con no poco cachondeo:

Yo soy sevillano que llevo seis años en Barcelona y vivo con mi gato Enrique. No es que haya venido aquí para resolver mis cuestiones sexuales, eso lo tenía más que superado en mi pueblo. Ya de pequeñito hacía los amores en un pajar con amiguitos míos, ¡aquello era divino y espontáneo!.

En Barcelona, con la progresiva libertad (libertinaje, más bien…), encontró una forma de ser y escapó del ambiente represivo de su pueblo natal. Esos recuerdos, esas vírgenes alucinadas y alucinantes, decoraban su casa —cripta situada en la plaza Real de Barcelona—. Esas ermitas andaluzas fueron sustituidas por el templo posmoderno en la capital de Cataluña para aquel tiempo: el drugstore. Según Marcos Ordóñez, en sus recientes apuntes Juegos reunidos, estos eran «la quintaesencia de la nocturnidad más peliculera y neoyorquina».

Las Ramblas le tenían como figurante de lujo y se recuerda cómo llegaba a erigir procesiones en honor a la Virgen de la Macarena en el Barrio Chino. El periodista Josep María Carandell inmortaliza a ese Ocaña que dirigía con mano de hierro, quizá mejor dicho con abanico de madera, a todos los travestidos con un «gesto enérgico y sobrio» para finalizar con una saeta a la virgen que terminaba «en un silencio sentido y perfecto». 

No era ninguna boutade esta solemnidad: Terenci Moix rememora un debate encendido entre Ocaña y Nazario respecto a qué virgen era más milagrera: la Asunción o el Rocío. Nuestro devoto mariano declamaba que su arte, su pintura, eran «ojos tristes, cuerpos desproporcionados y mucha humanidad. Fetiches y recuerdos de mi niñez, mi pueblo y su gente, farolillos de colores como abanico, muerte y vida, luz de cirio, Macarena y saeta». El antropólogo Alberto Cardín, personaje ubicuo en esta escena barcelonesa gay y contracultural (escuela lacaniana), enunciaba el travesti en aquella época como una «moderna asceta» que todavía tenía presente el «ideal».

Estos travestidos, Ocaña, Camilo y otros, proyectaban por el día una performance multicolor que era celebrada por la pudorosa burguesía catalana. Resultaba para ellos una síntesis surreal e inofensiva de las emergentes libertades. En las clases sociales populares, en el mercado de la Boquería, sus verduleras contratacaban las ordinarieces del artista ofreciéndole pepinos de gran tamaño. A esta dádiva Ocaña respondía con esa procacidad que los andaluces dominan: «¡Pues métaselo a su marido por el culo!».

Hombre sin carné ni afiliación política, declara Petit, desfilaba con su troupe, la cual glorificaba sin control —ni protección— la perversión. Según Jiménez Losantos, llegó a despreciar en su heterodoxia un encuentro con la novelista Marguerite Duras afirmando que «no quería pasar toda la tarde con una inteletualah aburridah». 

Su aparición en las Jornadas Libertarias de julio del 77, que historió divertidamente Guillem Martínez en su Barcelona rebelde, fue una de sus principales obras al límite. Su grupo representó una felación en el escenario como acto erótico y festivo; más aún, teniendo delante a gran parte de la vieja inteligencia de la CNT que sobrevivió a la guerra civil. 

Recuerda Nazario:

Mientras otros intrigaban, manipulaban y se destrozaban buscando acomodo junto al nuevo poder, nosotros nos dedicábamos a pasarlo bien. Bailábamos, ocupábamos la calle, nos emborrachábamos, nos drogábamos, follábamos… Pero, además, buscábamos nuevas formas de expresión, creábamos nuevas músicas, nuevas revistas, nuevo cine.

El director de su gran retrato fílmico, Ocaña, retrato intermitente (1978), Ventura Pons, afirma cómo en su primer encuentro nuestro pintor se definió con una frase delirante, aún acertada: «¡Soy la Pasionaria de las mariquitas!». Fue su irrupción total, otra performance, en el progresista y sesudo Front d’Alliberament Gai de Catalunya, organización pionera de la comunidad LGTB aquí. Pons quedó fascinado y poco a poco trabó amistad con el pintor y artista. Este le pareció un mutante imbuido en el barroco sevillano y trasplantado a la Barcelona de las primeras libertades.

El filme, que tiene algo de testamento de su tiempo, funciona también como obra destinada a autoinmolarse en los abismos de la memoria. Casi, tal cual, como el preciosista y real recuerdo de Ocaña en la película sobre el aspecto de vírgenes de todas las niñas de su pueblo en su primera comunión con Dios.

El documental llegó a Cannes en el año 1978 dentro de la sección Un Certain Regard de cine más experimental. Ocaña y su séquito dieron allí, a decir del periodista José Luis Guarner, «la rueda de prensa más divertida de la historia del Festival». El artista llegó a cantar un verso a la Macarena y asistió luego travestido junto a Camilo, su camarada en estas fechorías petardas, al estreno del filme de Carlos Saura Los ojos vendados en el Gran Palais. Los dos llegaron entrelazados a los brazos del todavía joven Ventura Pons. 

Un acto artístico, otro más, que Petit consideró «impecable».

Un hombre incoherente

En el mismo tiempo en el cual Ocaña destruía todos los tabúes burgueses, Jordi Pujol reeditaba su libro sobre la inmigración en Cataluña. En él existe un párrafo célebre donde se refiere al natural de Andalucía de este modo:

El hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido. Es, generalmente, un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual.

Es una declaración xenófoba, todavía marginal, que prefigura el viraje cultural de la ciudad en los años ochenta. La aparición de la cultureta, en célebre definición de Joan de Segarra, enterrará en prejuicios del interior de la provincia catalana a todos estos condenados al futuro. El quiosco, la copla y el carnaval dejarán paso a Terenci Moix citando pomposamente a Gramsci ante «no demasiado público», según la rumba escrita de Segarra.

Ocaña, hombre coherente en su incoherencia, se adaptó a este cambio al profesionalizarse como retratista. Son sus grandes años como vendedor de esas vírgenes de Plastidecor: ahora por fin alcanzaban comprador y dejaban de ser regalos a «sus chulos» por los servicios prestados. Cardín recordó con perspicacia cómo esa construcción de un personaje fue clave en ese éxito artístico y comercial. Escribía en la Revista de Asturias (1979) que esos lienzos se vendían solos y los burgueses nuevaoleros, embutidos en Montesinos, le ofrecían «sustanciosos contratos» para decorar las casas de esa incipiente gente guapa levantina.

No mentía: del 69 al 75, en la dictadura, Ocaña apenas tuvo dos o tres exposiciones (en Cantillana, en bares de Barcelona o librerías hippies). Del 76 en adelante comenzará su buena nueva, siendo una firma dominante en la galería Mec-Mec y exponiendo ya en Besançon (Francia) en la galería Artémis para mayo de 1979. Sus exposiciones más célebres, las de Mec-Mec y la Capilla del Antiguo Hospital (las dos en Barcelona), congregaban a todo el grupo de Nazario y resultaban un tipo de catarsis colectiva gay.

Mec-Mec, en el carrer dels Assaonadors (cerca del Barrio Gótico), fue el referente irreverente de la contracultura catalana y duró apenas tres años en este estilo de ruptura (de 1976 a 1979). El investigador Andrés Ruiz cree que Ocaña quería redescubrir la «pintura popular», dar a conocer a nuevos autores, y lo hacía en este lugar cercano a un pub dominado por el lenocinio y sus meretrices. Nazario es el gran cronista de esos happenings, donde Ocaña llegó a instalar «su dormitorio», además de recordar que «manadas de maricones» le ayudaban en sus trabajos kitsch de papel maché. La otra exposición, aquella de la capilla, fue más ambiciosa y el dibujante underground rememoraba que nuestro artista llegó a «derribar» la pared de su estudio para poder sacar las imágenes religiosas. Estas fueron llevadas a hombros por sus camaradas espirituales, en una especie de procesión psicotrónica y que él intitula de manera clarividente como «felliniana». 

Ese mundo cultural se trastocaba lentamente: Nazario confesó al periodista David Barba que la victoria de Jordi Pujol en las autonómicas de 1980 fue «la puntilla del movimiento libertario». La ciudad se convirtió en más violenta, los intelectuales fueron más modosos, y el trabajo en la Caixa resultó algo más tentador. Terenci Moix, ya en 1978, recogía el hartazgo en los quioscos de la figura del travesti. Esta había pasado de convertirse en «revulsivo cultural» a ejercer ahora más bien como atractivo extraño para señores de Barcelona no poco reprimidos. Es de imaginar que muchos de ellos serían calvos, gordos y con bigote, siguiendo ese modelo físico que popularizó, que legitimó intelectualmente, Manuel Vázquez Montalbán. Moix sentenciaba que «la nostalgia del andrógino ideal pierde puntos cuando se la encuentra colgada semanalmente en un quiosco».

Esta década será fructífera para Ocaña en lo comercial ya que los museos de arte contemporáneo se abren a sus obras y a él como firma (expondrá en Ibiza, Santander, Donostia, etc.). Todo cambió para este artista total, según Nazario, cuando se estableció como retratista: compró un «enorme piso» donde la alcurnia canalla y sórdida estaba fuera de marco, desenfocada, ante la nueva realidad propia del Hola. De hecho, en su afán de promoción, llegó a vender una página doble a color en la revista Fotogramas donde se inmortalizaba junto a este casoplón

Sin duda, Ocaña convertido en «marchante de su propia obra» estaba empezando a ser un tipo de funcionario cultural, subsección camp. A la vez, fue poco a poco consumido por la enfermedad, cuyo origen nadie conoce en todos esos libros de memorias, y que derivó en la aludida hepatitis. Su piel, de tono amarillo limón, habría de dorarse en esa inmolación artística propia de un personaje creado por Gabriele D’Annunzio.

Ahora, quedémonos con esta diosa de cartón piedra un poco antes, todavía en los setenta, con su bombín, camisa a rayas y zapatones. Un Chaplin todavía más amanerado en medio de esa Barcelona lluviosa; ciudad triste, sucia y gris casi siempre en otoño. Allí, según Jiménez Losantos, Ocaña hizo su mejor y más sentida representación:

Una mañana, yendo en taxi a no sé dónde, lo vi solo en las Ramblas desiertas, bajo la lluvia, viviendo con disciplina teatral el personaje que quiso ser.


Librerías con encanto: Palas

Llevan cuarenta años en el mismo sitio, el número 51 de la calle Asunción, en el muy atípico y no siempre bien ponderado barrio de Los Remedios de Sevilla. Son en efecto una librería de barrio, y así les gusta que se les considere. Son a su vez una de las pocas librerías de fondo no viejo que quedan en la ciudad, siendo quizás esta pequeña resistencia su principal atractivo. ¿Cómo es posible que en esas cuatro paredes quepan tantos libros? Detrás de este interrogante se encuentra la familia Lazo Contreras. La librería Palas es también, por tanto, un negocio familiar regentado en la actualidad por los hermanos Amparo y José Lazo, con quienes nos reunimos para charlar y conocer mejor su historia y de paso para celebrar con ellos su insólito aniversario.

La librería Palas se funda en 1980. Vuestra historia es, por encima de todo, una de resistencia. ¿Por qué creéis que habéis durado tanto tiempo en el mismo sitio? 

Amparo: Eso mismo me he estado yo preguntando estos días [risas]. Y creo que he llegado a la conclusión de que si hemos durado tanto tiempo es porque al menos durante los primeros veinte o treinta años de vida de la librería nunca consideramos que teníamos un negocio entre las manos, más que nada porque nuestro modelo de librería, el que era entonces y el que queremos que sea, una librería de fondo, es algo poco rentable de por sí. Te confieso que ha habido años en que no nos hemos preocupado ni de llevar contabilidad. No vivíamos de esto, al menos hasta hace diez años, que es cuando nos dimos cuenta de que para poder hacerlo había que reorganizar un poco el funcionamiento del negocio. Gracias a ese bagaje un tanto inconsciente durante los primeros veinte o treinta años, creo que aprendimos a tomar las riendas de la librería como negocio con otra vocación. 

José: Lo que cuenta Amparo es cierto, pero hay también otro aspecto muy importante: el local es nuestro, de nuestros padres, así que no hemos tenido que pagar nunca alquiler. Si no, hubiera sido imposible mantenernos cuarenta años con esa filosofía de vida, y menos en un barrio como este, en una calle tan comercial como es la calle Asunción. De hecho, ahora mismo, si tuviéramos que pagar un alquiler como los que se pagan en esta calle por un local como el que tenemos lo mismo tendríamos que cerrar.

Amparo: Sí, eso es de hecho lo que le ha pasado a muchas librerías en Sevilla. La mayoría de las que se mantienen desde los años ochenta lo hacen porque el local es suyo. Es el caso de Reguera, Yerma o en su día Céfiro, que cerró no porque el negocio no fuera bien sino por jubilación. 

¿Y no creéis que vuestra labor haya tenido nada que ver con el éxito de la librería?

Amparo: Bueno, sí, claro, algo habremos hecho bien nosotros [risas]. Pero, ya te digo, esa labor se habrá podido notar a partir de un momento muy concreto, hará unos diez años como mucho, cuando nos planteamos en serio que la librería tenía que ser un negocio rentable para dar de comer a unas familias. Hasta entonces fuimos aprendiendo como libreros a base de errores, de corregirlos obviamente, pero eran en todo caso errores que no nos obsesionaron, que no nos crearon ningún desgaste, de ahí que hayamos podido llegar hasta aquí, tantos años después, con más ganas que nunca.

Palas es un negocio familiar. ¿Había tradición libresca en la familia?

Amparo: No, en mi familia no había siquiera tradición como comerciantes. Bueno, mi abuelo por parte de madre sí que tuvo un negocio de tejidos desde los años cuarenta, Almacenes Contreras, pero esa era hasta entonces la única conexión familiar con el comercio. La librería la montó de hecho mi padre con la herencia que recibió del suyo. Cuando mi abuelo paterno murió, mi padre heredó unas tierras que vendió al poco y con el dinero que sacó quiso poner una librería básicamente para su uso y disfrute personal. Lo que quería mi padre era poder venirse aquí los fines de semana y tener a su disposición todas las novedades del momento, títulos que él veía no estaban en otras librerías. Su ideal era encerrarse aquí, bajar las persianas y encontrarse rodeado de libros sin que nadie lo molestase [risas]. Y por eso compró este local. Mi padre le puso el nombre a la librería y poco más. Él nunca trabajó en ella. Fueron mi madre y mi prima Gloria quienes se encargaron del negocio al principio. 

José: Al principio de todo sí que recuerdo que nuestro padre intervino en la primera selección de títulos que iban a formar parte del fondo de la librería. Lo recuerdo viendo los catálogos y haciendo esa selección, que en gran parte era de títulos difíciles de encontrar. Date cuenta de que estamos hablando de 1980. La oferta editorial que había entonces era mínima, sobre todo si la comparamos con la que hay ahora. Hablamos de un momento en el que muchos autores de renombre empezaban a ser publicados en España, como Sartre, por ejemplo. Mis padres ya habían viajado mucho y tenían mucha cultura. La librería se llenó al principio con títulos de corte «intelectual», por así decirlo, poco comerciales. 

Amparo: Mi madre y Gloria entonces se podían permitir el lujo de no tener ningún best seller en la librería. No tenían nada que no les gustase. La mayoría de las grandes editoriales y de los grandes distribuidores tenían poco que hacer en Palas, porque a ellas no les interesaba lo que ofertaban. Tenían muy claro lo que querían tener en las estanterías. Si esos títulos no se vendían, les daba igual tenerlos allí años y años, porque sabían que tarde o temprano llegaría alguien a por ellos. Nosotros hemos heredado esa línea, aunque ahora tengamos algunos best sellers o libros para niños. Llevar a cabo estas «osadías» te lo permitía el no haber pensado nunca en la librería como un negocio, como te contábamos antes.

¿Cuál es el motor actual de ventas de la librería?

Amparo: El fondo, fundamentalmente. Vendemos también muchas novedades, ¿eh? Sobre todo de ensayo, que ha subido de ventas muchísimo en los últimos años. Nosotros estamos bastante especializados en historia, también en la narrativa publicada por editoriales independientes, cuyas ventas han subido también bastante últimamente. Tenemos los best sellers que hay que tener, ya no somos tan estrictos como lo éramos al principio con este tema, aunque también te digo que nunca verás un best seller en nuestro escaparate. Si alguien nos lo pide, se lo vendemos, claro [risas], pero nuestro fuerte no es ese. Te diría de hecho que nuestro fuerte es cada vez más el ensayo.

La librería goza ahora mismo de buena salud, tras superar la crisis de 2012, que fue un momento en el que pensamos que no íbamos a poder salir a flote. Aquel fue un momento bastante crítico, la verdad. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que no podíamos seguir haciendo lo mismo. Nos salvó en cierta medida que la Universidad de Sevilla sacó a concurso una parte de su servicio de proveedores de libros, nos presentamos y conseguimos entrar en esa rueda, hasta el punto de que a día de hoy somos unos de los proveedores más fuertes que tienen y recurren a nosotros con mucha frecuencia. Aunque la universidad cuenta con distintos acuerdos con distribuidores internacionales y bibliotecas, lo cierto es que prefieren el trato personal y directo y nosotros creo que le damos uno de calidad, porque removemos Roma con Santiago buscando los libros que nos piden, que muchas veces son de segunda mano, o están ya agotados, y nosotros solemos localizárselos. La verdad es que nuestras relaciones con la Universidad de Sevilla se han convertido en una parte muy importante de nuestra facturación anual. Ahora mismo, de hecho, tenemos las finanzas saneadas y nos hemos podido permitir contratar a una persona a tiempo parcial.

Al margen de con la Universidad de Sevilla, ¿con qué otras administraciones o instituciones públicas tenéis relación?  

José: Trabajamos también con la Universidad Pablo de Olavide y con muchos institutos.

Amparo: Sí, y a la Biblioteca Pública Infanta Elena también le hemos servido mucho. Las relaciones con este tipo de instituciones surgen también en cierta medida por afinidad, pues si trabajas bien con un organismo público luego, dentro de lo posible, dentro de lo que el manejo de la legislación administrativa permite, terminas accediendo a otros entes. De alguna manera, trabajar bien para uno te termina llevando a otros. De esta forma hemos podido también colaborar con la biblioteca del Parlamento Andaluz, con la Escuela de Estudios Hispano-Americanos… Curiosamente, con el Ayuntamiento de Sevilla y con las bibliotecas municipales hemos trabajado poco, pues funcionan de otra manera. 

¿Sois también de los que reniegan de las ayudas públicas o habéis tenido que acudir a ellas en alguna ocasión?

Amparo: Mira, hasta hace tres años, éramos en efecto de los que nos negábamos a pedir ayudas o subvenciones, pero vimos que el Ayuntamiento de Sevilla lanzó una línea de ayudas para organizar actividades relacionadas con el fomento de la lectura y las solicitamos. 

José: De hecho es justo reconocer que gracias a estas ayudas empezamos a hacer más cosas dentro de la librería, actividades con una mayor continuidad, porque hasta entonces tan solo habíamos hecho alguna que otra presentación aislada.  

En ese sentido, es cierto que también habéis sido una librería atípica, pues parece que os ha costado un poco comenzar a promover otro tipo de actividades en vuestras instalaciones.

Amparo: Aquí hay que tener en cuenta que nosotros, por naturaleza, somos muy tímidos, y eso de tener que interactuar con gente que no conocemos o con escritores famosos nos ha impuesto siempre bastante, la verdad. A la librería suelen venir muchos escritores a comprar, como clientes, pero la relación que se establece en esos casos no es la misma que la que surge de la necesaria socialización que conlleva la organización de un acto literario. Julio Manuel de la Rosa, por ejemplo, fue cliente nuestro toda la vida, pero curiosamente nunca lo tuvimos aquí presentando nada. Era muy amigo nuestro, venía y nos compraba muchos libros. De hecho nos podíamos hacer una idea de qué era lo próximo que estaba escribiendo por los libros que nos pedía, que normalmente había que buscar debajo de las piedras, porque eran cosas difíciles de verdad. Lo echamos mucho de menos.

Con todo, lo cierto es que el gran problema que tenemos nosotros para organizar actividades es el espacio. E incluso así, cuando nos hemos lanzado a hacer alguna, en ocasiones nos ha quedado un cierto mal sabor de boca, porque, por ejemplo, el año pasado tuvimos aquí a Juan Bonilla, ni más ni menos, presentando Totalidad sexual del cosmos, novela que como sabes acaba de ganar el Premio Nacional, y a dicha presentación vino muy poca gente. Fue una pena. 

José: También tenemos miedo de que nos pase lo contrario, ¿eh?, pues precisamente por tener poco espacio es fácil que se nos colapse la librería. Nosotros hacemos muchas presentaciones de libros de historia y de hecho la más populosa que hemos tenido nunca fue la del historiador José Luis Comellas, en la que tuvimos que dejar a gente fuera.

Amparo: Ahora mismo, de las actividades que organizamos, estamos muy contentos con el taller de lectura que dirige Eduardo Jordá, que seguimos haciendo en modo semipresencial, porque en la librería no podemos garantizar las distancias mínimas. La última sesión de hecho la hicimos en la azotea de mi casa, al aire libre, y quedó muy bien. 

También tenemos bastante relación con el Consulado de Portugal y el Centro Cultural Lusófono. Tenemos incluso un pequeño fondo de libros en portugués. Esta es una línea que nos gustaría explorar más, porque al hilo de esto realizamos el año pasado un pequeño taller de lectura en portugués y funcionó muy bien. Tuvimos aquí también a Lídia Jorge presentando su último libro, así como un encuentro virtual con José Luis Peixoto

En fin, que nosotros queremos seguir haciendo cosas, pero el espacio, como estás viendo, nos condiciona muchísimo. Por eso creemos que la actividad que más se ajusta a nuestra realidad es la del diálogo con escritores. Eso es algo que podríamos hacer en la librería sin problemas, con grupos pequeños o al menos asequibles, pues en las grandes presentaciones muchas veces es complicado interactuar con el autor y nada más que dan lugar a que quien venga pueda llevarse el libro firmado. Ojalá podamos pronto retomar esta idea.   

Tras cuarenta años en el mismo sitio, ¿en qué creéis que ha cambiado vuestra clientela? 

Amparo: Más que cambiar, nuestra clientela lo que ha hecho es envejecer mucho [risas]. Al principio, cuando mi prima Gloria trabajaba aquí, como ella era fotógrafa y tenía muchas conexiones con el mundo del arte y la literatura, la librería quizás podía parecer desde fuera un sitio más peculiar de lo que es ahora. Ella, como sabes, le hizo muchas fotografías a mucha gente famosa, Silvio incluido. Silvio no entró nunca en la librería, que yo sepa, pero su amigo Curro, cuando trabajaba todavía en la barbería, sí venía bastante. Pive Amador, por otro lado, es uno de nuestros clientes fijos y viene mínimo un par de veces por semana. Pero aquel ambiente más «bohemio» se diluyó mucho con la salida de mi prima, a la altura de 1990, que coincide por otro lado con la entrada de José. 

José: Nosotros hemos tenido la suerte de que nuestra clientela, desde el principio, ha sido una clientela de mucho nivel, con ciertas inquietudes. Funcionarios, profesores de instituto o universidad, gente con un sueldo asegurado, un nivel adquisitivo medio-alto y un importante bagaje intelectual. El estar en el barrio en el que estamos se nota en ese sentido. 

Amparo: Esto que dice José es muy importante, y más ahora mismo, con la situación que estamos viviendo. El ser una librería de barrio, en este caso de un barrio con la idiosincrasia de Los Remedios, nos favorece. Las librerías del centro de Sevilla lo están pasando peor que nosotros, porque ahora aquella zona se encuentra totalmente despoblada. Es cierto también que nuestra clientela al principio estaba más definida, pero con el paso del tiempo se ha ido también generalizando, en el sentido de que aquí vienen a comprar tanto profesores universitarios como señoras buscando la última encíclica del papa. Tenemos no obstante la suerte de tener clientes que vienen todas las semanas, el mismo día a la misma hora, porque han instaurado esa visita como un hábito, como una rutina, y pueden pasarse aquí horas rebuscando en los anaqueles. Una de nuestras máximas es la de no intentar venderle nada a nadie. Nosotros dejamos a nuestros clientes totalmente a su aire, que miren y cojan lo que quieran. Y pienso de hecho que esta filosofía forma parte de nuestro éxito.

Tenéis en cualquier caso fama de ser libreros que leen mucho, es decir, que se preocupan de estar al día de lo que se publica. 

Amparo: Es que leer forma parte del trabajo del librero. Un librero que no lee no es un librero. Yo suelo leer cuando me levanto, a las siete de la mañana, porque a las diez de la noche, cuando llego a casa, suelo estar más cansada. Un librero tiene que sacar como sea una serie de horas a la semana, si no diarias, para leer. No se puede concebir de otra manera.

José: De hecho estos meses de confinamiento nos han venido muy bien a todos en este sentido. Yo he aprovechado para leerme los típicos tomachos que va uno por ahí acumulando… [risas].

Amparo: Leer es una forma además de fidelizar a ciertos clientes, al menos a aquellos que se fían de nuestro criterio. Cada uno cubrimos además un área de conocimiento. José, por ejemplo, está especializado en ensayo científico; Juan está centrado en poesía y en el ensayo más general; y yo, en la narrativa. Reconozco que tenemos que desarrollar más la parte infantil [risas], aunque ahora tenemos a Sonia trabajando con nosotros y nos echa una mano en ese ámbito. 

José: Aprovechando ahora que no está Amparo [risas], he de decir que la librería es ella, ¿eh? Ella es la que lleva todo el peso del negocio sobre sus hombros, es su espíritu. Es además la que más lee y la que más aconseja. Sin ella no hubiera aguantado tanto esta historia.

¿Cuál dirías que es el secreto para gestionar bien un fondo librero tan dinámico como el que tenéis vosotros?

Amparo: Nosotros pensamos que hay libros que hemos de tener en la librería, sí o sí, los tengamos en las estanterías parados durante veinte años, los vendamos finalmente o no. La mitad de las veces que conseguimos vender este tipo de libros no podemos luego reponerlo simple y llanamente porque no están disponibles. Aun así, si yo veo que alguien lo tiene, lo compraré de nuevo para tenerlo yo en la librería aunque tenga que esperar otros veinte años más para venderlo. Nuestra librería tiene que ser así. No tiene sentido por tanto que estemos trabajando por un ideal de librería y no intentemos al menos cumplir con ello. Es cierto que cada vez trabajamos más con depósitos. En la medida en que tratamos bien el fondo de las editoriales que nos gustan, las editoriales y sus distribuidoras nos tratan bien a nosotros y nos dejan los libros en depósito. Con todo, para nosotros es un verdadero drama tener que hacer devoluciones. Ahora, a final de año, tenemos que hacer algunas, no queda otra, porque el espacio que tenemos es el que es, no podemos estirarlo, y yo sufro muchísimo a la hora de hacer expurgos, lo paso realmente mal. Le dedicamos horas y horas a este tema, le damos vueltas y vueltas…

José: Al hilo de esto creo que es importante señalar que muchas veces el trabajo en las librerías se ha idealizado demasiado. Mucha gente piensa «uy, me gustaría tener una librería para estar aquí todo el día leyendo novedades», pero lo cierto es que este trabajo implica muchísima labor administrativa, mover físicamente muchos libros. Como dice Amparo, hay que estar todo el día seleccionando si lo que queremos es tener un fondo digno. Nuestro fondo es entonces el resultado de mucho trabajo, de estar todo el día con los libros para arriba y para abajo, porque el nivel de novedades que salen al año es brutal. El trabajo de selección constante es fundamental para nosotros. 

Amparo: En el primer confinamiento, los distribuidores y las grandes editoriales creo que fueron conscientes de este problema que tenemos las librerías a la hora de gestionar tantísima novedad y decidieron acortar el número de ellas. Pero ahora mismo yo creo que estamos igual que antes. Algo tiene que cambiar de verdad a este respecto. No estoy al tanto del volumen de novedades que se editan en otros países como Francia, Inglaterra o Alemania, pero estoy convencido de que España los supera.

En vuestro empeño por continuar siendo una librería de fondo, ¿cuánto creéis que hay de «romantización» de un modelo quizás en vías de extinción? Resulta innegable que hoy día es relativamente fácil encontrar cualquier libro y tenerlo en la librería a los pocos días. 

José: No podemos renunciar al fondo porque a nuestra clientela principal le gusta tocar los libros, le gusta venir por aquí y echar un buen rato mirando las estanterías. Si nos rendimos a eso, nos convertiríamos en otra cosa. 

Amparo: No puedes además pretender tener una librería física en la calle Asunción, donde ahora mismo hay otras cuatro librerías, sin diferenciarte. Con esto no quiero decir que nosotros seamos una librería de fondo por ese motivo, porque nosotros hemos sido así siempre, de ahí que no pueda verlo como una cuestión «romántica». Como dice José, nuestros clientes no solo quieren comprar libros, cosa que podrían hacer por internet, sino que también quieren pasar la tarde en nuestra librería y ponerse a rebuscar en las segundas filas. En este sentido, no te digo que no, nosotros hemos heredado cierto espíritu de las librerías de viejo, que sí que están despareciendo, y quizás tengas razón al decir que las librerías de fondo no van a durar, porque cuando se jubilen en Reguera y nos jubilemos nosotros estoy bastante convencida de que morirá un tipo de librería en Sevilla. 

Ahora que lo mencionas, ¿qué relaciones mantenéis con las demás librerías de la ciudad?

Amparo: Nosotros mantenemos relaciones muy estrechas con Casa Tomada, Yerma, Botica y Caótica. Todas formamos parte de un grupo que llamamos Noctámbulas y desde el que intentamos hacer cosas juntas. Nuestras relaciones son fantásticas, la verdad. Los libreros sevillanos, gracias al impulso de Manuel Padilla, estamos ahora mismo trabajando en constituir una suerte de gremio que aglutine no solo a las librerías de la capital sino también de la provincia. Lo que ocurre, y esto tiene que ver con lo que hablábamos antes, es que existen conceptos muy distintos de librería y en contra de lo que pueda parecer no es tan fácil encontrar líneas comunes entre nosotras. Creo sinceramente que somos un gremio difícil de armonizar, porque queramos o no entre nosotras hay una competencia constante y el nicho de mercado en el que nos movemos es muy pequeño. Los editores de Sevilla, por ejemplo, han conseguido hace poco asociarse y me parece perfecto. Los veo funcionar además la mar de bien. Ojalá los libreros de la ciudad consigamos pronto eso mismo.

¿Y con el resto de librerías de España?

Amparo: Con ellas estábamos interconectados a través de CEGAL, pero ahora lo vamos a estar mucho más a través del nuevo Todostuslibros.com, que ya está funcionando como una verdadera plataforma de venta. Yo, personalmente, le veo mucho futuro a esa plataforma. Antes, como sabes, al principio de lanzarse la web, esta funcionaba como aglutinante, no era una plataforma de venta propiamente dicha. El cliente podía ver a través de ella quién tenía tal o cual libro, pero para adquirirlo tenía luego que entrar en la web de esa librería en concreto. Ahora ya no, ahora puede uno hacer la compra directamente a través de Todostuslibros.com, indicando en su caso la librería en la que quiere hacer la compra, pero sin tener que hacerla a través de su web particular. Hemos firmado unos acuerdos específicos con los servicios de mensajería para que los costes de envío estén unificados para todas las librerías que se han incorporado a la plataforma, que no son solo españolas sino también latinoamericanas. Creo que Todostuslibros.com es la única vía que tenemos ahora mismo las librerías independientes para ser competitivas frente a Amazon. Me imagino que a lo largo de estos meses se irán adhiriendo más librerías, porque, sinceramente, no entiendo las reticencias. A nosotros ya la plataforma de CEGAL en red nos cambió la vida. Saber dónde estaba un libro en cada momento, saber si estaba agotado o no y en ese caso saber en qué librería estaba nos parece una información básica para poder atender a nuestros clientes. Para nosotros fueron todo ventajas, como lo será el día de mañana Todostuslibros.com.

Me vais a permitir que haga un poco de abogado del diablo, pero no deja de llamarme la atención que una librería como la vuestra, con una clientela tan específica, pueda sentirse afectada por lo que haga Amazon. ¿Hasta qué punto creéis sinceramente que es una amenaza para vosotros?

José: Es cierto que una librería como la nuestra no debería verse especialmente afectada por lo que pueda hacer o dejar de hacer Amazon, cuyo principal volumen de ventas lo constituyen los best sellers y los libros de bolsillo. Te diría entonces que lo que más nos afecta a nosotros de su forma de actuar es el tema de la inmediatez. Nos guste o no, nuestros clientes también quieren tener los libros ya, de un día para otro. Amazon está ahora mismo entregando los sábados y los domingos, y contra eso es muy difícil luchar de forma individual. Por ahí estoy convencido de que perdemos clientela.

Amparo: El tema de la inmediatez es justo lo que se quiere combatir a través de Todostuslibros.com. Como dice José, hay clientes que no pueden o no quieren esperar cuatro o cinco días a que le llegue un libro. Esos clientes son los que podemos perder por culpa de Amazon. Visto en perspectiva, es cierto que a nosotros nos hizo más daño en su día que abrieran La Casa del Libro en Sevilla. La Casa del Libro claramente nos quitó una parte muy importante de nuestra clientela específica, sobre todo cuando abrió la sede de Nervión, donde se pudieron permitir tener todos los fondos de todas las editoriales, porque el espacio con el que contaban era enorme. A mí Amazon no me amarga la vida, que conste, básicamente porque me niego a estar pensando todo el día en eso. Pero claro que se nota negativamente su presencia. Te pongo un ejemplo reciente: cuando se falló el último premio Nobel a Louise Glück, contactamos inmediatamente con el distribuidor para que nos facilitara ejemplares y este nos dijo que no podía, que estaban bloqueados de momento para evitar que Amazon los comprara todos de un golpe. Esta forma tan agresiva de actuar también la hacía antes El Corte Inglés, ¿eh?

Al hilo de esto, ¿qué opinión os merece que algunas editoriales vendan sus catálogos directamente a través de sus páginas web?

Amparo: Yo entiendo perfectamente que las editoriales pequeñas lo hagan, porque a mí a veces me da vergüenza el porcentaje que nos llevamos los libreros por poner un libro en una mesa. De verdad, si lo piensas fríamente, eso es lo más que nosotros hacemos, ese es el único valor que aportamos a un libro. Me parece en ese sentido muy duro que el editor se lleve solo un diez por ciento de cada libro vendido. Al final estamos todos luchando por lo mismo, y más ahora.

Os ha costado un poco «digitalizaros», ¿no?

Amparo: Eso se ha debido a que somos totalmente analógicos [risas]. De todos modos, yo aquí distingo entre lo que es aplicar la tecnología a nuestro negocio, que es algo que hicimos ya hace mucho tiempo, informatizando enormemente nuestros procesos, cosa que hemos ido con el tiempo mejorando, creando a su vez nuestra página web, que lleva funcionando ya un par de años, y lo que son las redes sociales, que es algo con lo que yo, personalmente, no puedo. Desde hace tres o cuatro años tenemos a Sonia trabajando en ese tema, porque yo no quiero saber ni cómo se usan. Al final de lo que se trata es de rodearte de la gente que sabe y ya está. Sonia está de hecho ahora pensando en diseñar algún tipo de newsletter, que probablemente terminemos implementando. 

José: También te digo que ha sido ahora, gracias al confinamiento, cuando la gente ha empezado a utilizar más nuestra página web, donde ofrecemos un servicio de entrega a domicilio ecológico, en bicicleta eléctrica, que en muchos casos hacemos en el mismo día, y con descuentos del cinco por ciento. La web nos ha permitido implementar ideas de este tipo para fomentar la compra desde casa en estos tiempos tan raros que nos ha tocado vivir. También creo que la idea del «comercio de proximidad» está llegando a la gente y muchos clientes, antes de venir a la librería, se informan por nuestra web de la disponibilidad de tal o cual título. Vienen por tanto muy a tiro hecho. Para celebrar nuestro cuarenta aniversario hemos lanzado por primera vez una tarjeta de cliente, que es algo que tienen muchas librerías en España, con la que poder ir acumulando puntos con los que conseguir el descuento máximo del cinco por ciento que nos permite la ley. 

Amparo: En Todostuslibros.com ha habido de hecho un pequeño desajuste con el tema de los libros que tenemos disponibles físicamente en la librería, porque a la hora de dar de alta nuestro stock en la plataforma se podía contar con el de una serie de distribuidores de confianza, de los que sabemos que pueden garantizarnos servirnos cualquier cosa que tengan en veinticuatro horas. Esto ha llevado a que algunos clientes se hayan presentado aquí en la librería preguntando por tal título que habían visto que teníamos disponible en Todostuslibros.com pero que en realidad no teníamos físicamente, pero ya lo hemos arreglado. Ahora estos libros aparecen en la plataforma con otro color, advirtiendo de su verdadera situación. 

Son ya un clásico entre los libreros y han dado pie a numerosas antologías, así que no me resisto a pediros que me contéis alguna anécdota imborrable con clientes.

José: Aquí sigue todavía entrando gente creyendo que esto es una papelería, preguntando si hacemos fotocopias y cosas así. Me imagino que eso habrá ocurrido alguna vez en todas las librerías del mundo. Al principio, cuando Gloria todavía trabajaba aquí, recuerdo que entró una señora un día preguntando si teníamos bragas, que ya no sé si es una petición tan común [risas].

Amparo: A principios de los noventa tuve un cliente que venía mucho y que yo sabía a ciencia cierta que me robaba. Era un chico con problemas de drogas, pero me robaba los libros para leerlos. A lo mejor luego los vendía también, pero me consta que los leía y los atesoraba. Cuando lo veía entrar en la librería, yo me daba la vuelta, me hacía la tonta, y le dejaba. El pobre al final murió muy joven. Recuerdo entonces que vino un día su madre a verme a la librería a contarme lo que había sucedido y a decirme también que sabía lo que habíamos estado haciendo por su hijo, y que nos quería mucho por eso. Fue muy emocionante.

Para terminar, recomendadnos dos libros, un clásico y una novedad.

José: Como novedad me gustaría recomendar La vida contada por un sapiens a un neandertal, de Juan José Millás y Juan Luis Arsuaga, que me ha divertido muchísimo. El tema que trata, la biología evolutiva, me interesa especialmente, pero la gracia de este libro está sobre todo en cómo está contada la cosa. Me ha encantado. Y luego, un clásico para mí es El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Lo recomiendo mucho, porque además es uno de los pocos libros que releído varias veces. Es una historia a la que vuelvo constantemente, me gusta mucho comparar las distintas versiones que se han hecho de ella, ya sea en cine o en cómic. La vida de Conrad también me interesa mucho, es un autor de referencia para mí. 

Amparo: Yo, como novedad, recomendaría Exhalación, de Ted Chiang, que me ha gustado mucho. He sido siempre muy lectora de ciencia ficción, gracias sobre todo a mi padre, que compraba muchos libros de ese tipo. Toda la parte clásica del género —Arthur C. Clarke, Isaac Asimov, Stanislaw Lem…— la conozco bien. Y, luego, como clásico me gustaría recomendar Maqroll el Gaviero, de Álvaro Mutis, un libro que lo reúne todo y que ha sido hace poco reeditado muy bellamente por la editorial RM.


Maite Aragón: «La nueva normalidad librera es incertidumbre»

La nueva normalidad es un programa de entrevistas de Jot Down & MINI electric que nos acerca a destacadas figuras de la cultura y la ciencia para que nos cuenten la transformación de sus proyectos tras la vuelta a la no normalidad.

Maite Aragón (Sevilla, 1977) es librera. Tras estudiar Música y Filología hispánica pasó un tiempo —poco— trabajando como librera en dos importantes cadenas nacionales. Ahorró lo suficiente para lanzarse a cumplir su sueño de dar la vuelta al mundo y justo antes de partir le surgió la oportunidad de montar su propia librería; el mundo le dio la vuelta. Desde entonces ha cambiado dos veces de local, multiplicando por diez el espacio para sus libros, ha impulsado varios encuentros y festivales culturales y acaba de relanzar la Revista Mercurio como coeditora.

Llegamos a Caótica en nuestro MINI electric, para descubrir un espacio cultural de más de cuatrocientos metros cuadrados en el centro de Sevilla. La librería promueve un estilo de vida urbano más sostenible; dispone de cafetería, biblioteca para socios y libros. Sobre todo muchísimos libros. Maite es impetuosa, dinámica y muy apasionada. Hablamos con ella de innovación, modernidad y ecología en estos momentos de transformación e incertidumbre para un sector tan importante y frágil como es el de las librerías independientes.

Ser librero es una profesión de riesgo.

¿Has leído mi estado de Whatsapp? Sí, obviamente es una profesión de riesgo. Desde luego, nada que tenga que ver con ese mito romántico del librero, lo decimos mucho. Se deja una la piel todos los días, solo por estar en el sector cultural o ser librería, y se arriesga incluso más de lo que se querría.

¿Cómo es la nueva normalidad librera?

La nueva normalidad librera es incertidumbre. Es caminar por una cuerda floja. Hasta hace unos días andaba muy enfadada con la estupidez machacona de que «la amenaza es una oportunidad». No tiene por qué serlo. La oportunidad existe si existe la capacidad de adaptarse, la también famosa exigencia de la «reinvención» a veces suena a eufemismo para ocultar la precariedad. Pero sí es cierto que algo como lo que está ocurriendo, una vez que sales del shock, es una oportunidad para hacerlo mejor. Sin este frenazo en seco no nos habríamos atrevido a reconocer que hay cosas que no funcionan y hay que cambiarlas.

Estudiaste música.

Música y Filología Hispánica. Lo primero parece mentira. Parece que fuera como en otra vida. Pero estoy muy agradecida a la influencia de la música en mi sensibilidad. Provengo de una familia con mucho talento para la música, para las artes en general, y eso te coloca en un lugar en el mundo.

Y empezaste con la librería muy pronto.

Cuando era pequeña, mientras mis amigas montaban casitas, mi hermana Carolina y yo jugábamos a montar librerías. Nos entreteníamos mucho imaginando cómo sería una librería del futuro, que sería, además de un lugar en el que se vendieran libros, un espacio cultural. Caótica se parece a lo que imaginábamos, me di cuenta al poco de abrir. Me estrené como librera en la Casa del Libro, en el año 2006, fue el primer trabajo que encontré cuando volví a Sevilla.

¿Qué recuerdos tienes?

Fue emocionante. Estaba tan orgullosa de haber conseguido ese trabajo como si hubiera adquirido una distinción social. Aunque mi tarea no era más que atención al cliente, durante una campaña de Navidad, nada recubierta de tal dignidad, estaba más en mi cabeza que en la realidad. En Fnac, al menos, se denominaba «vendedora cualificada». En la Casa del Libro lo de cualificada no figuraba en ningún lado, no sé cómo será ahora. Pero fue muy agradable ese inicio, era mi primer contacto con una librería real. Me estrenaba en una cadena que se llama la Casa del Libro, una de las más antiguas de España. Solo estaba incómoda con los temas corporativos, los colores un poco tristes, el chalequito y esas cosas, pero para mí fue apasionante hablar de libros con mis compañeros, con la misma pasión por la lectura sin sentirme un bicho raro. Aprendí muchísimo, pero no me dejaban hacer gran cosa más que esa atención general, intentaba prescribir pero no me dejaban prescribir, no tenía rango pero tenía mucha vocación. Después de estar estudiando el doctorado en Literatura en la Universidad de Puerto Rico, que no llegué a terminar, entrar a trabajar en una librería como esa, que podía ser un referente, era todo un logro. Pero pronto me supo a poco. Necesitaba más.

Con tus primeros sueldos ahorraste para dar la vuelta al mundo.

Sí, cuando recuerdo esa parte de mi vida me siento tan naíf, tan inocente, que ahora me sorprende muchísimo. Efectivamente, era joven, y como joven tienes intacta la capacidad de soñar; luego abandonas unos sueños por otros. Siempre he querido ser muy independiente —mis padres lo llevaban muy mal—, y a los dieciséis años ya era camarera, luego fui taquillera de cine —otra experiencia que me encantó— y después de trabajar en Casa del Libro surgió la oportunidad entrar a trabajar en Fnac Sevilla, coincidiendo con su apertura. Aquello sí que fue una apoteosis de identidad corporativa, hablando en plata, cuando te seleccionan para abrir tienda te hacen un «lavado de cerebro» para inocular en ti los valores de la empresa y el virus de una inmejorable atención al cliente como clave del éxito, pero un lavado de cerebro que funcionaba porque recuerdo una compañera que llegó a decir con entusiasmo « ¡Yo soy un producto Fnac!» —algunos se rieron, a otros se nos heló la sangre de miedo—. Cuando decías que eras librero o librera en Fnac la gente joven te endiosaba, y no era más que otro trabajo precario más: pocas horas, poco sueldo. Lo cierto es que, entre los compañeros, de nuevo bichos raros amantes de los libros, había mucha cohesión y pude aprender mucho de aquella época.

Cuando conseguí ahorrar doce mil euros —el dinero que según había leído en diferentes blogs especializados era lo que se necesitaba para dar la vuelta al mundo—, me surgió la oportunidad de montar mi propia librería. Estaba cansada de la Fnac, quería montar mi propio espacio librero en Sevilla. Cogí mis doce mil euros para dar la vuelta al mundo y pusimos en marcha la librería de viajes como una combinación de los dos anhelos. Confié en que el mundo seguiría esperándome. Cambié la vuelta al mundo por una librería de viajes, no sabes cuánto me arrepiento (risas).

En la Extra Vagante además de comprar libros se podía tomar una cerveza o un vino. ¿Cuál es tu concepto de librería?

De los viajes saqué esa idea. Antes incluso de tener la librería, en mis viajes siempre visitaba las librerías y observaba, conectada quizá con aquella preadolescente que imaginaba como juego montar una. El modelo librería-café es muy viejo. Pero, desde luego, tiene que ser un espacio híbrido y moderno donde lo importante son tanto los libros como todo lo que rodea la experiencia lectora: el olor, la música, el vino, el intercambio humano; un espacio vivo en el que la gente pueda transitar, encontrar otras personas con los mismos intereses y poder interactuar con los libreros. Un lugar en el que la conversación es muy importante y la música es una excelente compañera en la relación con el espacio: un refugio frente a la prisa y todos los peligros de ahí afuera.

¿Se gana más dinero sirviendo café y muffins a los hipsters o vendiendo libros?

Vendiendo libros, definitivamente, aunque desde fuera no lo parezca. Hemos tenido que soportar muchos comentarios sobrados que vienen a decir «claro, la facturación del bar soporta la de la librería, que es seguro deficitaria», y no hay nada más alejado de la realidad: es la librería la que a veces tiene que tirar del café. La facturación en libros, y eso da esperanza, cuadruplica la del bar. El café es una gran excusa para provocar la reunión, la charla; el olor a café y a bizcocho de chocolate horneándose crea una sensación muy acogedora.

Cuando parecía que todo iba bien, llega la gentrificación a vuestra zona y os tenéis que ir.

Llega la gentrificación a La Alameda. Se vio venir. La Alameda era un sitio chulo para ubicarse, porque era el bulevar cultural de la ciudad. Era una zona alternativa con una gran presencia del colectivo LGTBI, también era una zona de prostitución y drogas. Y había mucha actividad cultural.

¿Qué ocurrió?

Pues que un sitio con proyección cultural acabó convirtiéndose con el turismo en un bulevar gastronómico. Efectivamente, la gentrificación fue devorando la zona, los alquileres se fueron inflando de manera impensable, nosotros abríamos los domingos y las familias que paseaban agradecían encontrar la librería abierta además de los bares, además hacíamos cuentacuentos muchos domingos y apenas se cabía. Fue una gran decepción ver como los dueños de aquel edificio, a los que considerábamos afines a nuestros valores, apenas nos protegieron de la presión inmobiliaria. Se dejaron llevar por los cantos de sirena de la hostelería y fue nuestro barco el que se estrelló contra las rocas. Hoy hay un restaurante repleto de veladores, posiblemente muchos más de los permitidos. En Andalucía habría que reconfigurar las ciudades: los veladores están corroyendo todo el espacio urbano para el transeúnte y, si vamos a explotarlo como seña de identidad, por el clima y la identidad social ligada a la comida, no puede ser a costa de que los espacios públicos se conviertan en incómodas pistas de obstáculos. Nos costó reconocerlo, pero ellos se quedaron con el local y aquel, efectivamente, no era nuestro sitio.

El futuro es eléctrico: puede construirse un modelo de ciudad sostenible incluyendo el coche en el modo de vida. Solo depende de las características del vehículo, y MINI las cumple todas.

Y entonces ponéis en marcha Caótica, una librería de cuatrocientos metros cuadrados...

Cuatrocientos treinta y cuatro metros. Esos treinta y cuatro metros de diferencia tienen su importancia (risas), es la diferencia que nos ha obligado a reabrir un poco más tarde que otras librerías. Hasta ese momento, no tenía conciencia exacta de nuestro tamaño…

… bastante potente.

Muy, muy potente. Es cierto que cuando cerramos La Extra Vagante, Joaquín y yo vagamos por la ciudad buscando posibles nuevas ubicaciones y a la vez nos planteábamos el dilema de si seguir o reciclarnos, si cambiar directamente de misión en la vida, como quien dice. Pero encontramos un local que nos animó a seguir. Es cierto que también mientras charlábamos de lo humano y de lo divino en ese momento en el que no sabes qué hacer con tu vida, nos encontrábamos con que la gente se nos acercaba, sin que fuéramos conocidos, y nos decía «¿Sois los de la Extra Vagante? Hemos visto que habéis cerrado, qué putada, pero vuestro proyecto no debe morir, tenéis que encontrar otro sitio. La librería no puede morir». Era como una responsabilidad, como si tú fueras el que atesoraba el sueño de los demás. Como si se cumpliera aquello de que cuando cierra una librería el mundo es un lugar más pobre. Y nosotros tuviéramos la responsabilidad de resucitar la fe en la humanidad.

Y eso os motivó a seguir.

Parecía una trampa, pero nos animó a seguir. Nos dábamos cuenta de que nuestros clientes y socios necesitaban esa esperanza. La Extra Vagante había generado un gran vínculo emocional con la gente de Sevilla y eso no merecía morir. Así fue como nos convertimos en depositarios del sueño de una gran parte de los lectores sevillanos. Nos empezamos a venir arriba y cuando estábamos a punto de alquilar un local aburrido, en otra ubicación con menos potencial, salió esta oportunidad. Vine a ver este local y algo visceral me decía que era aquí. Me encantó y llamé a los que podían a ser mis futuros compañeros de viaje.

La competencia no se lo tomó muy bien.

Para nada en absoluto. Entonces los libreros de la ciudad estaban, como todos, preocupados por el apocalipsis que anunciaban, a bombo y platillo, de la amenaza del libro digital y la impresión bajo demanda. Encontré mucha calidez librera como acogida. Fueron muchos los consejos, mucho el apoyo, la ayuda para despejar dudas, gracias a ellos cometimos menos errores. El modelo de la librería no era el modelo establecido (vigente en otras partes del mundo pero no en España; se llegó a criticar mucho este concepto por entonces por no considerarse «librería de verdad», es increíble como aún hoy puede generar rechazo por parte de una rara especie de «estirpe» librera o lectora, cortos de mira quizá), pero los libreros sevillanos fueron listos, se dieron cuenta de que el cambio había llegado a la ciudad para quedarse y, en seguida, se ofrecieron para cualquier ayuda que nos fuera necesaria. Fue vital ese recibimiento por parte del sector. Nos impulsó a hacer lo que habíamos venido a hacer, fomento de la lectura y la cultura a través del vínculo humano y la gestión cultural, con más fuerza y empuje si cabe. Y esa fuerza nos ha impulsado ya once años nada desdeñables. La apertura de Caótica creo que consiguió un hito en la historia de esta ciudad: se colapsaron las tres calles que daban a la puerta de la librería de gente que quería acudir a la apertura, tuvimos que improvisar un discurso desde el balcón para dar la bienvenida a las ochocientas personas que se agolparon en la calle hasta que abrimos y pudieron recorrer la librería. Fue sencillamente sorprendente, una muchedumbre así para inaugurar una librería independiente. Aquel día surfeábamos en adrenalina.

Apostáis por la literatura infantil.

Desde el principio, teníamos una microlibrería y la zona infantil ocupaba una tercera parte. En la segunda librería pasó lo mismo y en la tercera ha sido la oportunidad para desarrollarlo todo a lo grande. Ahora nos hemos vuelto locos: una sección infantil que está concebida como un espacio en el que llegar para quedarse, los libros al acceso de la altura de los niños, el suelo blando para hacerlo un espacio más seguro, un árbol gigante que casi se sale del edificio y una casita en el árbol, como un refugio. La idea era conseguir que la visita a la librería fuera para las familias una experiencia emocional inolvidable, asociarlo a los libros, a las historias y a la lectura. Desarrollamos el proyecto arquitectónico del edificio con otro apasionado con el que, afortunadamente, la vida nos cruzó: Carlos Pedraza. Con él y con su estudio pudimos convertir en arquitectura nuestra manera de concebir una librería como refugio, como espacio para el disfrute de lo sensorial, lo lúdico y para el encuentro. Sin él no lo habríamos logrado. Y encima es un proyecto sin acabar, en constante cambio y movimiento. Nos gusta decir que nunca es dos veces la misma librería, ya lo decía Heráclito (risas).

¿Está Caótica bien organizada?

No (risas). Pero no es una cuestión de las personas que integramos el proyecto, que también. El modelo de gestión de las librerías, tal como se configura en este momento, conlleva un exceso de gestión y papeleo que requiere de muchos, demasiados, recursos humanos. La selección de novedades, el control de stock y, sobre todo, las devoluciones de los libros no vendidos, de los fondos vencidos, dan un trabajo ingente que provoca un caos estacional. Según el flujo de ventas natural de la librería. Cada libro que tenemos en esta librería puede requerir cerca de diez documentos (con solo ser vendido una vez y repuesto) para entrar y salir de ella. Y tenemos unos cuarenta mil ejemplares. Multiplica. Es una locura. A los libreros nos gustaría poder dedicarnos más a lo esencial: leer y recomendar (lo que es igual a vender). Y enseguida se nota: cuando un librero o librera dispone de tiempo para la lectura, se refleja rápidamente en las ventas. Es un desperdicio tenernos a los profesionales de la lectura sobrepasados por albaranes, comprobaciones de albaranes, gestión de stock, inventario y demás tareas que son necesarias, hoy, para tener una librería. El futuro estará, y no puede ser de otra manera, en el valor de la prescripción. Así que hay que cambiar el modelo. Pero aunque cambie y, por soñar, deje de ser un sistema de gestión desmesurado, aquí seguiremos siendo caóticos. Defendiendo el caos, el desorden, como el origen y el poder de la capacidad de crear. Es en el caos donde surge la chispa de la vida.

En cuestión de naming eres muy original. ¿No te seducen nombres como Shakespeare, Bartleby u otros con origen en los clásicos?

Si te digo la verdad, el nombre de La Extra Vagante se le ocurrió a un amigo. Él propuso Extravagante y yo lo afiné al dividirlo en Extra y Vagante para que englobara la idea de viajar por encima de lo habitual. Se hicieron muchos juegos de palabras para contar con la sorpresa y que no fuera el nombre habitual de una librería. Cuando cerramos La Extra Vagante tuvimos que cambiar el nombre porque cambiábamos los integrantes y la sociedad que estaba detrás de la librería, ni podíamos ni estábamos dispuestos a pagar el precio de mantener el nombre y además nos dimos cuenta que habíamos cambiado de era, como quien dice. En las tormentas de ideas, hablábamos de caos y desorden y la reivindicación del caos como algo no necesariamente negativo. Era el boom de Marie Kondo. Es muy molesto tanta devoción por el orden, ¿dónde quedamos las personas caóticas y desordenadas? ¿Estamos excluidas? Siempre se habla de ser desordenado o caótico como algo malo. No olvidaré en la vida cuando fui a Hacienda a dar de alta la sociedad, Caótica S.C.A, Sociedad Cooperativa Andaluza, y el señor de la Agencia Tributaria, trabajando en su mesa muy ordenada, me dijo: «Espero, señorita, que la sociedad no haga honor a su nombre». Pues sí que lo hace. Menos mal que los impuestos no los presentamos nosotros, los presenta gestoría. En resumen: un nombre disruptor para un proyecto disruptor.

¿Qué apoyo institucional tenéis las librerías? ¿Hace algo en Ayuntamiento de Sevilla para evitar que todo el centro esté copado por la hostelería?

Las librerías necesitan el apoyo de lo público, el apoyo de sus ayuntamientos, porque damos un servicio cultural a la comunidad y no tenemos recursos propios suficientes para hacerlo a riesgo propio. La interlocución con el Ayuntamiento de Sevilla es muy rica, hay mucha predisposición, pero la ciudad se sigue abarrotando de bares, hasta saturarla, y no de espacios culturales; ellos tienen los medios para cambiar la proporción y saben que pueden contar con los agentes culturales: qué queda para conseguirlo. El Ayuntamiento de Sevilla creó hace unos años una subvención de fomento de la lectura que no tienen otras ciudades en España y es la envidia de los libreros de otras ciudades. Sin embargo, luego de que conceden las subvenciones y se ponen en marcha las actividades culturales, el Ayuntamiento puede tardar más de año y medio en pagarla y eso se convierte en un gran problema.

La ayuda se convierte en una carga. 

Exacto. Esa es mi lucha con el equipo de Cultura del Ayuntamiento y de ellos con los interventores que, al parecer, son los que la lían parda en el proceso, o todos los eslabones necesarios para que esa subvención concedida cumpla su función y llegue a tiempo. Me los imagino como hombres grises, insensibles, que disfrutan con los problemas que nos ocasionan sus decisiones. Puede que la gestión de Cultura del Ayuntamiento sea más caótica que la nuestra. Estoy harta de que tanto el gobierno como los ayuntamientos nos copien el concepto (risas). Si te fijas, durante la crisis del coronavirus, a nivel mundial, de lo que más se ha hablado es de «caos». Si para gestionar una crisis hace falta gente curtida en caos, que nos llamen a nosotros. Entonces, qué ocurre: con el Ayuntamiento pasa lo mismo. Los responsables de Cultura siempre están disponibles para escucharnos y estudiar nuestras reivindicaciones, y eso no tiene tampoco precedentes en esta ciudad y es muy valioso, pero luego cuando lanzan una iniciativa para apoyarnos, los plazos que manejan y la burocracia que nos separa de la ayuda, hace que no sea efectiva. Si no cumplen con los plazos las subvenciones son una ayuda envenenada. Una trampa. Y estás al límite de decir: «Paso. Mejor no me ayudéis, no me deis nada». Pero lo cierto es que, sin muchas de esas ayudas, gran parte de la actividad cultural de la ciudad no se desarrollaría. Sale la subvención. Tienes un proyecto, y tienes fe en él, porque estás convencida de lo enriquecedor que puede ser ese proyecto para la ciudad, tu ciudad, porque sabes que una parte importante de la ciudadanía va a valorar, va aprovechar y va a agradecer tu esfuerzo. Y ahí estás otra vez, cumplimentando la solicitud sin dar crédito, al mismo tiempo que rezas, sin ser creyente, e intentas convencerte de que este año va a salir mejor lo de los plazos.

Desde tu inicio has apostado por la cooperativa como modelo de negocio. ¿Cuántos socios trabajadores sois ya? ¿Cobráis todos lo mismo? ¿Se valora la aportación de ideas al mismo nivel que la realización de inventario?

Desde el principio apostamos por el modelo de cooperativa, es cierto que teníamos una idea romántica de este modelo empresarial, igual que de la librería… Una idea romántica de la cooperativa, la economía social y el trabajo horizontal. Seguimos apostando por la cooperativa, pero a lo largo del proyecto hemos ido aprendiendo con la experiencia los matices o aprendiendo bien en qué consiste que en un grupo de personas se unan en igualdad de criterio y de peso a la hora de tomar decisiones y decidir el devenir de un proyecto empresarial. Empezamos siendo tres socios trabajadores y ahora somos siete. Y si superamos la crisis del coronavirus y la empresa vuelve a crecer, aumentaremos el número de socios, porque es el modelo que da estabilidad al proyecto. Cada uno aporta riesgo propio. No solo se valora la aportación de capital, que ha ido creciendo con el volumen de facturación, sino que se valora el perfil de la persona que solicita entrar en cuanto a lo que aporta de experiencia profesional, de fondo de lectura, de capacidad de prescripción y de relacionarse, de conocimiento de este y otros ámbitos, que también puedan servir como influencia en la reinvención constante a la que nos debemos y estamos condenados. Y no solo hace falta innovación, sino trabajo de fondo, como realizar un inventario de manera eficiente y mantener el stock sin fallo alguno. En ese sentido, a cada perfil se le evalúa según la necesidad del proyecto en el momento en el que se abre a un nuevo socio. El último en entrar, Javier, es una persona de la que se espera que aporte rectitud a nuestro inventario y pulcritud esmerada a nuestra gestión de stock. Y esperamos que lo defienda con su vida, si hace falta. Es eso o la muerte (risas).

¿Cómo fue el fichaje de Rafa Castaño? ¿Influyó que fuese famoso?

A Rafa lo fichamos porque era asiduo y era voraz, lo sigue siendo en medida que le deja la librería, para ser voraz se precisa tiempo (risas). Voraz en Caótica significa «lector voraz», de los diferentes tipos de socios consumidores, el «lector voraz» es el que tiene la cuota más alta, acorde, entendemos, con su mayor necesidad de adquisición de lectura. Compraba sus libros, se iba a la cafetería y se quedaba leyendo tres horas. A todos los libreros nos llamaba la atención por sus lecturas y por la conversación que se generaba en el mostrador cada vez que venía. Yo no sabía que él era famoso, para nada. Apenas veo la televisión. Yo empecé a hablar con él sin saber nada de los concursos, me lo tuvo que contar él «no, yo es que fui magnífico». ¿Magnífico en qué? (risas).

¿No le rompiste su ego?

Supongo que se lo rompí, pero también es un tipo muy humilde y él comprende perfectamente que hay mucha gente que no lo conoce mucho, y que su público más numeroso lo conforman los mayores de sesenta años y los menores de diez. Él lo explica muy bien: ¿quién ve la tele a esas horas? Señoras y señores a partir de sesenta; ¿y quiénes les acompañan? Sus nietos. Ese público le reconoce a la perfección y le idolatra. Él sabe quién puede ser su público y sabía que yo no lo era. Pero nos relacionábamos con total naturalidad.

Entonces lo fichaste…

Aquí viene mucha gente diciendo: «yo es que quiero montar mi propia librería». Yo me desinflo nada más comenzar esa conversación… Una vez puse un post en Facebook con un decálogo que reflexioné, muy en serio, de lo que hacía falta para montar una librería y Jorge Carrión lo usó para un artículo. Alguna vez lo he vuelto a leer, después de pasar unos años, y volvería a decir casi lo mismo. No sé si serviría ahora en esta era postcovid, puede que no. Rafa me dijo que quería montar una librería y le dije, como le digo a todo el mundo, «olvídalo». Luego insistió y como parecía que tenía tantas ganas le dije: «¿Tú de verdad quieres saber lo que es una librería? ¿Tienes tantas ganas que te vendrías con nosotros de aprendiz, sin cobrar, solo para que nosotros te enseñemos de qué va esto y luego, si sigues queriendo, te montes tu propia librería?». Y dijo que sí. Estuvo unos días en Navidad como librero. Tenemos cinco días en Navidad que es lo peor y lo mejor del año en la librería. Lo pusimos para que recomendara, sin tocar la base de datos. Atendiendo a personas era —y es— alucinante. Ese hombre era un animal prescriptor, todos nos quedamos alucinados con su capacidad. Y todos quisimos que se quedara, obviamente. Soy de las que piensa que las cooperativas, como modelo, tienen la obligación de captar a los mejores perfiles para tender a la excelencia como equipo humano.

Pasó de querer entrar a que tú quisieras que entrara.

Me dije: vamos a ver, si es un tipo que tiene talento, lo quiero aquí. Encima tiene la oportunidad, no todo el mundo la tiene, de darse el lujo de probar si de verdad por aquí hay algo para él. Le dije: un año. Se quedó un año y al año le dije: «Ya estás preparado, ¿quieres montar tu propia librería?» y me dijo: «No, me quedo aquí». Nos hemos integrado muy bien. Esto es como una familia al final, pasas muchísimas horas aquí y si no hay feeling y cohesión entre los compañeros al final se nota y hay una ruptura natural. Rafa es una persona muy entregada, «todo por la librería», e incluso ha hecho la locura de hacer de reclamo. Clientes seguidores de Rafa tenemos un montón, personas que vienen a presentar a sus hijas casaderas… Hubo una señora que cuando quitaron Pasapalabra vino compungida porque no veía todos los días en su casa a Rafa. Decía «es que Rafa es como mi hijo, es mi familia y cómo me vas a decir tú que deje de ver a mi familia, que me quede sin conexión con mi familia». Y venía porque quería verlo. Rafa había desaparecido unos meses porque era imposible esa atención. Pasapalabra lo quitaron y estuvo un tiempo sin venir, con perfil bajo. El tema era que algunos serían capaces de arrancarle los pelos y la ropa para llevarse una reliquia, como cuando devoran a Grenouille en El perfume, de Süskind. Espero que no acabe así, por favor, necesitamos a este librero.

¿Qué ha cambiado o va cambiar en Caótica?

Estamos todavía en ello, la verdad. Si en algo hemos estado ocupados, y preocupados, durante el confinamiento, y no hemos dejado de hacerlo en la desescalada, no ha sido en hacer pan sino en reflexionar. De momento, uno de los que eran nuestros valores frente a otros modelos, el activismo cultural, está en peligro. Crear más motivos para visitar la librería, que pudieras interactuar con escritores, editores o ilustradores. De pronto, el lector ya no puede acudir a la librería y encontrarse con Paula Bonet, que iba a hacer aquí un taller, con Irene Vallejo que venía a presentar El infinito en un junco, ese maravilloso libro del que nos hubiera encantado hablar con ella en vivo y en directo. Ahora todo es streaming. Nos tenemos que olvidar de lo físico y cómo nos relacionamos sin eso. Lo he hablado con otros libreros. Hemos hecho una presentación en streaming, con doscientas personas al otro lado de la pantalla, y no he vendido un libro. Y si no vendo libros y no cobro entradas de qué puñetas vivo y para qué hago yo gestión cultural, que además te quita tanto tiempo. Y que no es lo mismo que María Hesse, Ilu Ros, Ana Jarén, Flavita Banana, Inma Serrano, Guridi y tantos otros te firmen o te ilustren los libros en persona a que lo hagan en su casa y luego te lo mandemos. Esa interactuación humana y física es lo que hace también que María, o los demás, conecten contigo y se esmeren muchísimo más en esas dedicatorias. La magia del vínculo físico se desvanece en lo virtual, llámame carca pero la chispa que surge en el tú a tú, directamente, no tiene lugar en lo virtual. Y después del confinamiento, no sé vosotros, pero yo estoy cansadísima de lo virtual. Embotada y atolondrada. Lo virtual es como un flujo inconsistente, como dice Byung-Chul Han en el ensayo que acaba de salir, La desaparición de los rituales, estamos rodeados de un desvanecimiento que desestabiliza la vida. Soy de las que necesita volver al asidero de lo físico.

Con tanta videollamada y tanto videotrabajo hemos visto que todo el mundo tiene una estantería con libros detrás. ¿Hay mucho postureo?

¡Es cierto! Ha sido alucinante esa historia. Yo lo que tengo detrás, en la habitación en la que me conecto (vivimos en un piso pequeño con dos niñas de cinco años que son las verdaderas dueñas de todo), es una pared con un mapa gigante de Swiss Air de los años sesenta que es magnífico. Soy la librera no tiene libros detrás (risas). Me preguntaban cómo podía ser que siendo librera… y tenía que sacarlos, giraba la cámara y decía «mira, ahí están». Es cierto que ha habido mucho postureo y mucha coña con lo del metro de libros. Esto indica, por lo menos, que el libro de papel sigue teniendo un gran prestigio. ¿Te imaginas que alguien hubiese puesto para presumir un e-book colgado en la pared? Ese meme ha faltado. Yo lo habría compartido. A los e-books aún les falta entidad, y siglos, para ser un signo inequívoco de bagaje, de conocimiento o sabiduría de la persona que lo posee.

Desde el principio de la pandemia teníais claro que no haríais envíos. ¿El comercio por internet está deshumanizado? ¿Hasta qué punto es importante la ecología en vuestro proyecto?

La ecología y la sostenibilidad son inherentes a nuestro proyecto. Durante el estado de alarma por el coronavirus mucha gente nos ha pedido que vendiéramos los libros por internet, sin embargo, desde el principio hemos priorizado la seguridad de los compañeros y la de los transportistas a los ingresos; teniendo en cuenta la ecología de asumir, sin rebelarse, que no era momento para el consumo a cualquier precio. Instando a nuestros lectores habituales a resistirse a los encantos de las empresas sin escrúpulos que te seducían con la posibilidad de consumo sin ética, e invitándoles a que redescubrieran sus bibliotecas —esos libros que estaban de fondo de las telerreuniones—. Si la lectura es un placer, la relectura es un placer doble. Y, como la librería, nunca es dos veces el mismo libro, como el río. Esta librería, afortunadamente, no se sustenta en el consumo salvaje y desmedido. Preferimos el consumo consciente, responsable, transformador, crítico, sostenible. Y que crezcamos con su difusión como único consumo posible.

Nosotros al principio del proyecto incluimos una tienda virtual en nuestra página web, pero no nos daba más que quebraderos de cabeza. Está claro que todo el mundo corre hacia el comercio online y hay empresas que están ganando mucho dinero —ninguna es una librería independiente ni una pyme vinculada a un territorio—. Sin embargo, nuestro fuerte es el vínculo, que tú me mires a los ojos y yo te mire a ti, que detectemos nuestros mutuos estados de ánimo, sin algoritmos que intermedien, y nos dejemos influir el uno por el otro: en eso se basa el poder de la prescripción, y esa es nuestra apuesta empresarial. La conversación que se pueda generar en el mostrador, la luz que entra por la ventana, el olor a café y el bizcocho de chocolate recién hecho. ¿Dónde está todo eso en la tienda online? Hemos generado una marca potente, hemos creado un vínculo con nuestros lectores y ese es nuestro camino. Muchos me llamarán anticuada u obsoleta; ojo, que entiendo los beneficios del comercio electrónico. Yo, como consumidora, al otro lado de una pantalla fría, querría lo mismo: pagar lo mínimo y tener el producto en casa lo antes posible. Pero, y esto es importante, el precio del libro está protegido por ley (desde los años setenta en este país) y el margen del libro es pequeño. Qué pasa: si regalo el envío, para poder hacerlo tengo que ser partícipe de la precarización del empleo y nosotros, como modelo y como cooperativa, no estamos dispuestos, aspiramos, precisamente, y ahora más que nunca, a abandonar la precariedad.

¿Las librerías estáis bien organizadas sectorialmente, formáis parte de algún grupo de compra?

Existe CEGAL, la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros. Hace lo que puede y a veces es mucho, muchos de los que están en CEGAL son libreros y libreras muy comprometidos, pero se necesita más. Es lo que te puedo decir. Es muy significativo que el mismo Jorge Carrión, de todos estos artículos que han salido durante la crisis del coronavirus, con el libro o las librerías como tema, señalara que uno de los motivos por los que cree que las librerías tienen problemas de competitividad frente a otras empresas es que no estamos bien organizadas. Yo lo creo. No sentó muy bien porque nos puso el dedo en el ojo. Yo pienso como Carrión, estamos en un círculo vicioso de urgencia y precariedad. Los libreros estamos con la soga al cuello, completamente saturados por la gestión, con una economía y unos empleos muy precarios. Los editores independientes también. En esta situación es difícil organizarse y acaba cada uno haciendo la guerra por separado. Y, por separado, no se tiene la misma fuerza. Lo que es necesario y urgente es que el Ministerio de Cultura, y el Gobierno de España, tenga la valentía de dictar una ley de excepción para protección de las librerías y editoriales independientes, como ocurre en Francia (no todas las comparaciones van a ser odiosas). Es urgente que esta protección dote de oxígeno, hemos hecho muchas propuestas a Rodríguez-Uribe, a los libreros independientes para poder dedicar tiempo a la reflexión y a la unión del sector. Así seríamos imbatibles. Estamos perdiendo el tiempo. Y el tiempo, para nosotros, es más oro que nunca.

¿Tú has intentado unir a la gente? ¿Cuál ha sido la respuesta?

Cuando lo intentas lo primero que encuentras es desconfianza. Ya sabes, eso de salir de la zona de confort, genera resistencia de inicio. Tengo un espíritu cooperativista, para mí lo natural es negociar el territorio que se cede y el que se adhiere para unir fuerzas y me resulta muy tedioso y cansino tener que estar peleándome para unir. Existe una confederación de libreros, hay una cámara del libro, y se hacen cosas, se ponen en marcha algunas iniciativas interesantes, pero se podrían, se deberían, hacer muchas más y más definitivas. También es por lo que hablábamos antes: estamos en una situación de urgencia constante, de apagar fuegos, y no podemos dedicar recursos si no hay buena disposición. Es el pez que se muerde la cola. Esta asfixia que nos mantiene casi inmóviles, beneficia a alguien.

¿Qué son los socios consumidores?

Caótica es un proyecto de economía social, somos una cooperativa mixta, lo que nos permite tener socios trabajadores y socios consumidores. En Andalucía, la mayor parte de la economía social era del sector agrícola. Aplicarlo al sector cultural ha sido una gran innovación y cada vez hay más proyectos. En esto fuimos pioneros y hemos influido en otros proyectos. Creo que el cooperativismo mixto es la solución de futuro para la cultura, porque en definitiva te asegura que tu plataforma de usuarios esté vinculada al proyecto. Esto genera una tesorería fija. No dependes exclusivamente del cliente que entra por la puerta y su voluntad de comprar un libro hoy o mañana. Para nosotros, los socios consumidores son de vital importancia. No es fácil hacer un socio consumidor porque no es algo como ser un simple suscriptor, ya que te vincula a la estructura de la empresa, tienes voz y voto para una serie de cosas. En la gestión, los libreros mandamos, somos los que tenemos el conocimiento, pero como socio consumidor puedes tener voz y voto para decidir los proyectos culturales, para fijar el devenir de la cooperativa. ¿Qué ha pasado en el confinamiento? Por el riesgo a desaparecer de las librerías, ha habido más gente queriendo vincularse al proyecto para impedirlo. Ha habido una vinculación extra ante el peligro. Gracias a la tecnología, hemos facilitado todo el proceso de asociación para que pueda hacerse a través de nuestra página web y junto a una discreta campaña muy casera hemos pedido apoyo y hemos conseguido duplicar el número de socios. Son gestos que nos hacen creer en el futuro.

El socio tiene una ventaja en la compra de los libros

Efectivamente, son las ventajas de la economía social. La mejora competitiva es que si eres socio tienes la mejor oferta comercial posible en tu ámbito. En nuestro caso, como la ley protege el precio del libro, además del 5% de descuento que dicta la ley, podemos dar un cheque regalo por parte de las compras acumuladas anualmente. Esto es posible gracias a la Ley de cooperativas. Y a disposición solo de socios está la Biblioteca de Lecturas Indispensables, formada por las aportaciones de los socios como libros de lectura indispensable y que los libreros hemos elegido con el mismo criterio. Si un lector leyera entera esa biblioteca, que ahora mismo puede estar conformada por unos quinientos títulos, tendría herramientas suficientes para enfrentarse a lo que sea que vaya a ser el mundo a partir de ahora, estoy segura.

En una reciente entrevista en ABC dijiste que las librerías tenían que apoyar a los autores locales y a los editores locales, quizá no sepas que están un poco molestos porque nadie los apoya en instituciones ni librerías…

Es verdad que están un poco molestos, motivos tienen de sobra, los editores independientes locales pueden ser los grandes olvidados, hay mucho trabajo que hacer para reivindicarlos como patrimonio de la ciudad. Pero también es cierto que nosotros participamos de una reunión con ellos y con la directora de Cultura y la directora del ICAS, de la que salió un compromiso institucional de apoyo a las editoriales sevillanas; intentamos estar a la altura de su reclamo reinvindicando que se valorara positivamente la relación de las librerías sevillanas con estas editoriales, en los criterios para recibir subvenciones de fomento de la lectura, visibilizando su fondo a través del activismo cultural de cada librería. Es un comienzo. Se hará más. Caótica hará más.

¿Aquí tenéis todas las editoriales locales?

No solamente las tenemos, sino que las reivindicamos en la prescripción diaria a los clientes. Nosotros, además, ordenamos los libros por editoriales, lo cual a veces no está muy bien visto, creemos en el criterio del editor, de manera que el fondo de cada editorial es muy visible y reconocible. Recientemente he visto un catálogo de estas editoriales que tiene una calidad magnífica, un fondo del que deberíamos estar especialmente orgullosos. Digo algunos: Barrett, Triskel, Maclein y Parker, El Paseo, Renacimiento, West Indies, Crononauta, Advook, Athenaica, Tres tristes tigres, Pálido Fuego… Fíjate si hay riqueza en estos catálogos y ¡no están todos!

Los editores locales se han agrupado para que se les tenga en cuenta. ¿Se puede sacar la cabeza en el mundo editorial si no estás en Madrid o Barcelona?

Se puede sacar, pero ¿nos basta? No nos basta, está esta cosa de que en las provincias arañamos por la visibilidad. Si no hablan de ti en Madrid o Barcelona, esas ciudades que un poco tontamente son las que consideramos con algo así como estirpe editorial, parece que no existes. Esa batalla consume unos recursos muy altos y al final pasas de puntillas por tu ciudad.

Recomiéndanos un par de sellos sevillanos.

No puedo decantarme por un par, sería muy injusto, ya he mencionado muchas, pero gracias a que impulsamos el Festival Bookstock, una feria de libros y música donde invitamos a muchas editoriales independientes, hemos potenciado la relación de Caótica con todas las editoriales de la ciudad y acercado a los lectores con las editoriales autóctonas que quizá desconocía; eso formaba parte del espíritu del evento.

¿Habrá Bookstock este año?

Pues aún no lo sabemos. Como todos los eventos programados para este año, dependemos de la evolución del coronavirus. Estamos pensando que quizás podríamos hacerlo de manera excepcional invitando solo a editoriales sevillanas. Sería un Bookstock muy local.

¿Cuál es la feria más rancia de Andalucía?

(Risas). No hay feria rancia. Rancio es el concepto de la feria en sí. Así como las librerías estamos en constante reinvención, las ferias del libro no pueden quedarse atrás.

¿Qué le pasa a la Feria del Libro de Sevilla? ¿Hay posibilidades de mejora?

Lo primero que tenemos que hacer es admitir que la herencia de la anterior Feria del Libro de Sevilla tiene muchísimo peso y es difícil romper con ese modelo tan fosilizado e impuesto por los anteriores gestores durante tanto tiempo. No dudo que haya vocación de ruptura, pero creo que como con todo, Sevilla es una ciudad a la que le cuesta cambiar, le cuesta romper con los modelos tradicionales por muy malos que sean, y con esto no quiero decir que todo lo tradicional sea malo. Como digo, estamos en un primer momento en el que hay una vocación por parte de las nuevas gestoras de la FLS de romper con el pasado, pero todavía no se ha cristalizado. La primera feria del libro con nueva gestión tuvo algunos nuevos rasgos, la segunda no se ha llevado a cabo, no lo sabremos nunca, porque incluso no se llegó a saber mucho de su planteamiento. Me gustaría que, para plantear nuevas posibilidades (y es extensivo a todos los modelos de ferias del libro), se pensara en la librería como centro y no las plazas públicas como centro. Hay usuarios tienen una sola visita obligada al año con la librería y es cuando la montaña va a Mahoma. Y ahora que se imponen nuevas maneras de relacionarse, el reto es mayor si cabe. No renovar modelos es un error y hasta un delito. Nos estamos jugando la continuidad. Quiero pensar que la próxima, la tercera feria de la nueva gestión, va a tener más oportunidades para romper con el modelo anterior. Y hasta ahí puedo leer. Lo demás son expectativas.

Además de librera eres editora, hace poco te hiciste cargo junto a Javier González-Cotta de la revista cultural Mercurio, decana de las revistas literarias de nuestro país. Háblanos del nuevo proyecto.

Ese es otro proyecto apasionante. Y debería decir que también estamos, entonces, en el mismo bando de las editoriales locales independientes, pero de eso ya hemos hablado. Mercurio, efectivamente, tiene un bagaje de más de veinte años en la reseña literaria. Después de unos años en manos de la Fundación Jose Manuel Lara, y cuando parecía que estaba condenada a morir, Javier quiso contar conmigo, y por ende con Caótica, para rescatarla. Y al hacerlo le hemos querido quitar diez años de encima. La hemos convertido en una jovencita, con la cabeza amueblada de un foco más amplio en todos los ámbitos de la cultura y de una belleza atractiva a la que es imposible resistirse, por dentro y por fuera. Ha cambiado el formato, cuida mucho más el diseño y las ilustraciones (que están a cargo de Sofía Fernández Carrera, que está realizando un trabajo exquisito), ha cambiado el tono hacia el desenfado, sin abandonar el rigor y la profundidad, y es una revista que puede fardar de un equipo de colaboradores excepcional. De nuevo es un proyecto cooperativo (la renovación ha llegado a lo más profundo) y es un proyecto independiente y autofinanciado. Es cierto que la crisis del coronavirus también nos ha dado un revés apenas estrenarnos pero, estamos decididos a encauzar la trayectoria y seguir adelante. Nos queda mucho por hacer y esto no ha hecho nada más que empezar.

Afortunadamente, sale por fin el número que teníamos secuestrado por el COVID-19 a principios de julio y va a ser un número memorable. La revista mantiene su gratuidad, nos gusta decir que «somos gratuitos, pero no para gente gratuita», y tiene caracter bimensual (covid mediante). Pero para los que la bimensualidad les sepa a poco, está la web que actualiza sus contenidos diariamente. Solo puedo hablar bien de ella. Estamos orgullosísimos de la criatura.

En Mercurio escribes sobre el mundo editorial desde una posición muy combativa. ¿Hay muchas cosas que mejorar? ¿Es momento de renovar los desafíos y ser valiente?

Si en este momento no somos valientes, no va a haber otro momento en la historia del libro que lo propicie tanto. Lo tengo claro, clarísimo. Si una pandemia mundial le ha echado el freno a todo, si de aquí no salimos con una propuesta y un nuevo planteamiento, ¿cuándo diablos lo vamos a hacer? ¿Cuándo vamos a volver a tener una ocasión como esta? Últimamente me aferro mucho a la cita de Orwell que dice «En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario». Hoy hace falta decir muchas verdades en el sector editorial para que haya un cambio. Como ha hecho la editorial Errata Naturae, no comparto su postura al cien por cien, pero es de una valentía radical; otros editores pueden compartirlo o no compartirlo, como yo, estar de acuerdo o no, pero desde luego genera un debate y una reflexión que son necesarios. Al final, si no hay gente valiente que se atreva a llevar la contraria y decir verdades incómodas, no se provoca el cambio. O te ponen el dedo en el ojo, o no haces ningún esfuerzo por apartarlo.

¿Qué necesita Sevilla para terminar de eclosionar culturalmente? Es una de las ciudades más grandes, pero no termina de tener un ritmo como Granada…

En Sevilla hay un reinado de la cultura tradicional, que tiene que ver con el poder adquisitivo, que se percibe como cultura de clanes y con rasgos clasistas, con un arraigo muy profundo, tan profundo que pareciera imposible influir apenas sobre ella. Existe otra cultura posible, alternativa, underground, social, pero nos faltan medios para hacer que la ciudadanía se apropie de ella y la reivindique al mismo nivel que esa otra cultura tradicional. Hace falta trabajar esa posibilidad de apropiación desde los barrios, impactar en lo popular, que la oferta cultural en los barrios también sea disruptiva. Que genere cambio. Los gestores culturales alternativos de la ciudad aspiramos a provocar vientos de cambio que sean capaces de despeinar el pelo engominado o lacado de esa población cerrada en bloque sobre la cultura tradicional, a generar fisuras por las que se cuelen otra forma de hacer, transmitir y de vivir esa cultura. Esta ciudad no va abandonar nunca ese carácter barroco del claroscuro, esto sí debería ser una oportunidad para trabajarlo y conseguir que la cultura tradicional y la alternativa sea una unidad en sí misma, más polarizada y evidente.

Eres emprendedora, diseñadora, editora, pero sobre todo librera; recomiéndanos un libro clásico y una novedad para leer este verano.

Ahora más que nunca, lo llevaba recomendando años, pero es obligado recuperarlo, Los ensayos de Montaigne. Si es posible, edición Acantilado, porque es la edición definitiva. Es para mí una lectura muy contemporánea puesto que, sin haber nacido con esa vocación, es un texto muy fragmentario y muy ágil. Adentrarse en Los ensayos es adentrarse en un refugio de meditación, reflexión y calma frente a las adversidades. Un oasis de pensamiento. Y una delicia de texto. Es un libro que siempre he recomendado tener en la mesita de noche, puesto que en cualquier momento puedes leerte un solo texto y te ha sembrado una semilla en la cabeza para vislumbrar cosas que de otra manera no verías. De rabiosa actualidad, como se dice. Y, al ser fragmentaria, no importa de cuánto tiempo o energía dispongas, siempre te aguarda un descubrimiento.

En cuanto a novedades, para gustos colores. A pesar del recorte editorial, hay múltiples opciones según las aficiones del lector. Yo no dejaría de leerme, ya lo he mencionado, La desaparición de los rituales de Byung-Chul Han, editorial Herder, como recomiendo siempre muchos ensayos suyos anteriores. Un libro para los que gustan como yo de este género, para leer con lápiz en mano y hacer subrayados entusiastas y reveladores.

Maite nos ha explicado cómo va a aprovechar lo mejor de Caótica en la nueva normalidad, que no tiene porqué ser normal. Ella la hace extraordinaria, y tú también puedes conectarte a esa corriente. La de una no normalidad conectada a un mundo más sostenible. El primer MINI 100% eléctrico con cargador wallbox incluido es el mejor comienzo. Y empieza aquí https://www.mini.es/mini-electric