Rafa Nadal, Bianca Andreescu y casi todo lo que nos dejó el US Open 2019

Rafa Nadal gana la final masculina del  US Open 2019 frente a Medvedev. Foto: Corinne Dubreuil / Cordon.

Nadie contaba con la longevidad. Cuando veíamos a aquel chaval de diecisiete, dieciocho, diecinueve años dejándose las rodillas en la pista corriendo como si no hubiera un mañana, pensábamos que efectivamente sería así: que no habría un mañana, que esa manera de jugar le condenaría a estrella fugaz y le abocaría a una retirada temprana o al menos a un sensible bajón de sus prestaciones antes incluso que sus contrincantes de mayor edad.

No ha sido así. Por supuesto, Nadal ha tenido muchísimas lesiones. Rara vez ha conseguido completar un año entero sin ausencias en torneos clave. Eso no le ha impedido mantener la competitividad ni la regularidad. El chico que ganó Roland Garros con diecinueve años es el mismo veterano que acaba de ganar con treinta y tres el US Open. Su cuarto título en las últimas diez ediciones del torneo, justo el que le había sido más esquivo en sus primeros años de esplendor.

Ese dato es el ejemplo perfecto de la evolución de Nadal. Un hombre que, sobre todo desde la llegada de Carlos Moyà, sabe dosificar sus fuerzas y mantiene ese instinto salvaje para aprovechar las oportunidades. Con Djokovic, Federer y Medvedev en el otro lado del cuadro, su presencia como finalista nunca estuvo en duda y solo perdió un set en todo el camino, contra Marin Cilic. Una vez en la final, fue mejor y se sobrepuso incluso a la mística de Medvedev, un jugador extraño donde los haya con más vidas que un gato.

Nadal ha aprendido a no fallar y en este circuito con eso basta. Desde su derrota contra Gilles Müller en Wimbledon 2017 no se le recuerda sorpresa alguna en su contra. O victoria o retirada o derrota contra sus homólogos, es decir, Djokovic y Federer. Pasaron los tiempos de Fogninis y Pouilles. Justo en el momento en el que más incómodo se siente en la competencia directa —Djokovic le ha ganado sus nueve últimos partidos fuera de la tierra batida y Federer, los últimos siete— más cerca está de convertirse en el jugador con más torneos de Grand Slam de la historia, algo que muy probablemente se cumplirá el año que viene, a los treinta y cuatro.

Hagamos un repaso a este y otros aspectos que nos ha dejado Flushing Meadows en esta quincena:

1. Hasta cierto punto, hubo dos torneos: uno que duró hasta el domingo y no fue gran cosa y otro que se limitó a la final y fue apasionante. Cuatro horas y media de una calidad bastante razonable… aunque hubo un momento en el que todo apuntaba a tres sets facilillos para Nadal. Ni verse con dos sets y break abajo fue suficiente para que se rindiera Medvedev, un hombre con una capacidad competitiva asombrosa que se dio cuenta de qué iba el partido demasiado tarde. A Nadal no puedes esperarle y devolverle bolas. Tienes que ir a por él, tienes que subirle, atacarle, incomodarle, hacer que se salga de su táctica previa… Aunque en ocasiones arriesgó más de la cuenta, Medvedev logró en el tercer y cuarto set lo que llevamos años pidiendo a su generación: que compita de tú a tú con los grandes mitos. En mi opinión fue peor que Nadal en ambos sets pero, de alguna manera agónica, los ganó y eso es lo que cuenta. Se dio a sí mismo una oportunidad y la aprovechó contra todo pronóstico.

2. Otra cosa fue el quinto set. Ahí, Medvedev llegó muerto. Me cuesta mucho imaginar cómo el ruso podría haberle ganado seis juegos a Nadal hecho un auténtico trapo… pero no estuvo tan lejos. De entrada, tuvo dos bolas de break para ponerse 2-0. Después, cedió sus siguientes servicios pese a adelantarse 40-0 y 30-0 respectivamente. Por último, ya con 5-2 y saque de Nadal, consiguió romper, salvar match point con su servicio y disponer de bola para el cinco iguales. Yo lo veía y no lo creía. Por supuesto, Rafa también estaba cansado, pero Medvedev se caía de agotamiento y no dejaba de pegar palos a las líneas. Esa versión tiene futuro. La otra, no tanto.

3. Y es que siento no compartir el entusiasmo generalizado por el ruso. Soy un viejo gruñón y tengo que vivir con ello. Su verano ha sido descomunal y ya digo que su capacidad de sufrimiento le distingue de la mayoría de sus coetáneos. Ahora bien, si de verdad quiere ser un gran campeón, tiene que mejorar determinadas cosas: de entrada, la lectura del juego. Durante buena parte del torneo y desde luego en la final, dio la sensación de ir improvisando sobre la marcha, de tirar hacia adelante como fuera, en una misión desesperada. Eso le salvó de muchísimos apuros, sobre todo en las primeras rondas, cuando parecía lesionado, pero no es una gran idea cuando quieres destronar a los campeones más laureados de la historia. Aparte, su tenis tiene carencias obvias: pese a medir 1,98 su saque es demasiado irregular, de ahí que le cueste tanto ganarlo con solvencia. Su derecha es mejorable, rara vez definitiva, y tiene mucho margen de mejora en la volea. Me parece que le falta, en general, un golpe que le pueda dar puntos fáciles, por muy bueno que sea ese revés a dos manos. Ahora bien, lo mismo se decía de Agassi y no le fue mal en la vida.

4. En cuanto a sus enfrentamientos con el público… bueno, si le ayudaron a motivarse cuando estaba contra las cuerdas ante Feliciano López o después ante el sorprendente Dominik Koepfer, estupendo. Ahora bien, el gasto mental (y físico, fruto de la adrenalina) que supone meterse en esas batallas cuando ya vienes cascado de jugar tres finales seguidas en un mes es enorme. Dejémoslo en tablas.

5. Primero se habló del «big 4», luego del «big 3» y creo que va siendo hora de llamar a las cosas por su nombre y referirnos al «big 2». Lo competido de la final, lo enloquecido de su desenlace, no puede hacernos olvidar que entre Nadal y Djokovic han ganado veintiocho de los últimos treinta y nueve torneos del Grand Slam. Eso son prácticamente tres de cada cuatro, dejando el cuarto para el Federer, Murray o Wawrinka de turno. Su tiranía es absoluta a cinco sets y este será el noveno de los últimos diez años en el que uno de los dos acaba como número uno del mundo. Si el sorteo del cuadro ya dejaba un camino bastante claro hacia la final para Rafa, la retirada de Djokovic terminó de sentenciar el torneo. Las finales pueden durar tres, cuatro o cinco sets, pero al final los que ganan son siempre los mismos.

6. Nos quedamos en Djokovic. Si en Cincinnati el problema fue con el codo que tanta guerra le dio en 2017, en Nueva York se lesionó el hombro. No sé si hay relación entre ambas molestias. Novak llevaba once semifinales consecutivas en el torneo y se vio obligado a retirarse ante Stan Wawrinka en octavos de final cuando ya perdía por dos sets a cero. Qué difícil es evaluar la carrera del serbio. Probablemente sea el más completo de los tres grandes, tiene el H2H ganado a los otros dos, ha conseguido ganar en Wimbledon a Roger y en Roland Garros a Rafa, se ha hinchado a Masters 1000 y a World Tour Finals… y sin embargo vuelve a estar a tres torneos de Grand Slam de Nadal y sigue a cuatro de Federer. 

7. Otra cosa, insisto una vez más, es que tengamos que evaluar la grandeza solo por los torneos de Grand Slam ganados. Para contar hasta veinte no hace falta ser un gran analista. Puede que haya llegado el momento en el que los tres han acumulado tantos méritos que los aficionados ya no podemos decir convencidos: «El mejor de la historia es este» sino que tenemos que limitarnos a un comedido «a mí el que más me gusta es este». Sé que también es una opinión poco popular pero creo sinceramente que al indudable talento de Novak, Rafa y Roger se ha unido una falta de competitividad escandalosa, lo que les ha permitido no solo dominar a su propia generación sino a las dos siguientes, algo extraordinario en el mundo del tenis. Talento ha habido siempre: Gonzales tenía talento, Hoad tenía talento, Laver tenía talento, y así Connors, Borg, McEnroe, Edberg, Agassi, Sampras… pero todos encontraron un dique que les frenara. Una fricción que detuvo o mitigó la corriente. Aquí, no. Aquí, ya digo, tres de cada cuatro durante diez años. Y antes, tres de cada cuatro solo para Federer durante otros seis.

8. Precisamente el torneo de Federer acabó en cuartos de final y supuestamente debido a otra lesión. Fue una enorme oportunidad perdida, pero no perdamos la perspectiva: a sus treinta y ocho años, Federer no está en la misma competencia de Djokovic y Nadal. Está a las sobras. Está a su Wimbledon y poco más. En diez años solo ha pisado una final en Nueva York y eso es por algo. Su principio de torneo, aún con la mente puesta en ese 8-7 y 40-15 de Wimbledon, fue espantoso. Luego mejoró gracias a un cuadro muy favorable y cuando ya podía soñar con algo grande se la pegó con Dimitrov. Puede, efectivamente, que la espalda fuera clave, pero el año pasado se la pegó con Millman y en el US Open ha perdido hasta con Tommy Robredo, así que me temo que es lo que hay. 

9. Con todo, ¿qué se le puede pedir al suizo a estas alturas? Tiene treinta y ocho años, acaba Wimbledon y se va de vacaciones con su mujer y sus cuatro hijos en una caravana. Cuando vuelve, entrena un poco y ya se pone a competir otra vez. ¿De verdad hay que pedirle que gane? ¿Está su cabeza preparada para afrontar otro reto como el de Londres de este año? Puede que sí y puede que no. Sin relevo, todo es posible. Por otro lado, las temporadas cada vez se le hacen más largas y todo lo que le beneficia la tierra batida de cara a preparar Wimbledon le perjudica a la hora de afrontar con garantías el final de año. Es el número tres del mundo y, en el peor de los casos, acabará el año como número cuatro. Eso ya de por sí es una heroicidad… y una señal de que los tiempos que corren no invitan al optimismo.

10. Pongamos por ejemplo al propio Grigor Dimitrov. Después de toda una carrera comparado con Federer y tras el peor año en muchísimo tiempo, logra colarse en semifinales y jugar contra un rival con problemas físicos como es Medvedev. ¿Resultado? No gana ni un set. Dimitrov ejemplifica para mí la mayoría de los problemas de los nacidos en los noventa: tiene los golpes pero no sabe cómo utilizarlos. Te puede pegar dos reveses maravillosos y una derecha que te echas a temblar pero de repente durante cuatro juegos desaparece, falla cosas imposibles, toma decisiones en la pista que no corresponden… Estas semifinales le van a salvar el año, pero a los veintiocho no se puede esperar progresión alguna.

11. Con todo, hay que reconocer que el hecho de que hubiera cuatro cuartofinalistas menores de treinta años y tres semifinalistas es un avance. Parece que están a punto de derribar el primer muro de contención, el de los Cilic, Monfils, Nishikori, Isner y compañía. Matteo Berrettini, por ejemplo, no solo se cargó al francés en un encuentro apoteósico que superó también las cuatro horas sino que en semifinales llevó a Nadal al tie-break del primer set, donde llegó a estar 6-4 por delante. A partir de ahí, el hundimiento, pero por algún lado hay que empezar.

12. Las decepciones fueron las habituales, empezando una vez más por Alexander Zverev, al que el año se le ha cruzado definitivamente sin posibilidad de remediarlo. Veremos si llega a las World Tour Finals y puede al menos defender su título. Peor aún le fue a Felix Auger-Aliassime, que sí, es un crío aún, pero del que cabe esperar algo más que seis juegos ganados en primera ronda. Kyrgios vio como su parte del cuadro se abría muchísimo tras la debacle de la primera ronda, donde cayeron Roberto Bautista, Dominic Thiem, Stefanos Tsisipas y Karen Khachanov a la vez, pero no supo aprovechar la ocasión. Tal vez esperábamos un poco más de Frances Tiafoe, pero sigue sin dar el estirón. En cuanto a Denis Shapovalov, pequeños progresos, veremos si Youzhny consigue espabilarlo.

13. Por cierto, ¿qué les ha pasado a Khachanov y, sobre todo, a Tsisipas? El ruso ganó París el año pasado y acabó la temporada en plena forma, por encima incluso de su compatriota Medvedev. Sin ser un año horrible —se mantiene en el top ten—, lo cierto es que no ha dado el paso adelante que se esperaba. Más preocupante es Tsisipas porque Tsisipas sí parecía que se iba a comer el mundo, incluso con ese punto arrogante que tanto se echa de menos… pero desde que perdiera con Wawrinka en Roland Garros ha entrado en una depresión de la que ni él mismo encuentra salida.

14. Dos historias bonitas: Álex de Miñaur y Diego Schwartzman. Al australiano le esperábamos desde su prometedor inicio de año y ha completado un excelente torneo, llevándose por delante a Nishikori, poco dado a perder con jugadores por debajo de su ranking. Después de salir del top 25 de la ATP, toca ponerse las pilas y volver a subir cuanto antes. En cuanto al argentino, volvió a colarse en cuartos de final con una gran victoria ante Zverev y disputó un extrañísimo partido ante Nadal en el que remontó un 0-4 y un 1-5 en los dos primeros sets para acabar perdiendo ambos. Enorme mérito el suyo.

15. Y enorme mérito también el de Pablo Andújar, que se coló en cuarta ronda después de tres años horribles de lesiones y operaciones constantes. Andújar tiene treinta y tres años pero al menos puede volver a disfrutar del tenis, como lo está haciendo Feliciano López a sus casi treinta y ocho. Verdasco (treinta y seis) no pasó de segunda ronda mientras Bautista (treinta y uno) perdía contra Kukushkin a las primeras de cambio. En la actualidad, hay nueve tenistas españoles entre los cien primeros de la ATP. Solo dos —Carballes (veintiséis) y Carreño (veintiocho)— tienen menos de treinta años. 

16. Pasamos ya al cuadro femenino y lo hacemos con la ganadora, la gran dominadora de lo que llevamos de año pese a su grave lesión en el hombro. A sus diecinueve años, Bianca Andreescu ha perdido solo cuatro partidos en 2019, incluyendo victorias en Indian Wells, Canadá y por supuesto Nueva York. Desde que volvió a las pistas acumula doce triunfos consecutivos… y eso que a punto estuvo de retirarse en los cuartos de final de Toronto tras molestias en una pierna. Andreescu no tuvo el cuadro más difícil del mundo pero supo llegar a la final y derrotar a la gran favorita delante de su público. No es poca cosa.

17. De hecho, la final se complicó más de lo debido. Con 5-1 en el segundo set, Andreescu dispuso de su primer match point al saque y lo perdió. Nadie le dio demasiada importancia porque su superioridad había sido indiscutible, pero de repente Serena Willimas olió la sangre, llegaron los nervios, la Arthur Ashe se puso en plan caldera… y a los diez minutos el resultado era 5-5. ¿Qué hizo Andreescu entonces? Ganar los dos siguientes juegos y evitarse muchos problemas. Respuesta de campeona. Habrá a quien no le guste que la WTA no tenga una dominadora clara, pero a mí desde luego me encanta esta mezcla de talentos, generaciones y estilos de juego que hacen que Naomi Osaka pueda ganar en Australia, Ashleigh Barty en Roland Garros, Simona Halep en Wimbledon y Bianca Andreescu en Nueva York y que en cada momento parezcan imbatibles… todo para pegársela en el siguiente grande. Supongo que en algún punto medio entre la tiranía del circuito masculino y la volatilidad del femenino estará la virtud, pero de elegir, me quedo con este.

18. La gran historia del torneo, con todo, fue una vez más Serena Williams, que se quedó a un partido de levantar el trofeo… veinte años después de imponerse por primera vez. Baste recordar que su rival en aquella final de 1999 fue Martina Hingis, que venía de perder Roland Garros ante Steffi Graf. Desde su maternidad, Serena apenas se deja ver por el circuito más que en las grandes ocasiones. Ahora bien, una vez ahí, sigue siendo tan peligrosa como siempre: hasta cuatro finales ha disputado en estos dos años… y lo curioso es que no ha conseguido ganar ni un solo set en ninguno de los cuatro encuentros: ni ante Kerber en Wimbledon 2018, ni ante Osaka en el US Open de ese año ni ante Simona Halep o Andreescu esta temporada. 

19. Queda, por tanto, la estadounidense aún a un torneo de Grand Slam de Margaret Court-Smith. No creo que sea algo para obsesionarse. Para empezar, con esta regularidad, tarde o temprano el número veinticuatro debería llegar. En cualquier caso, aunque no llegara, comparar a Court y el tenis de los sesenta y setenta con la hiperprofesionalidad de los tiempos de Serena es absurdo. Por longevidad y por resultados, la menor de las Williams está a otro nivel, peleando por lo más alto del podio con las Graf, Navratilova o Evert.

20. Si antes hablábamos de Martina Hingis, ha llegado el momento de hablar de otra suiza: Belinda Bencic. Ya salía en estos resúmenes cuando perdía, así que imaginen ahora que gana. Es una gozada ver que ya puede jugar al tenis siendo ella misma, sin lesiones ni molestias de por medio. En Nueva York llegó a semifinales y le dio bastante guerra a Andreescu; más de la que le dio Elina Svitolina a Serena Williams, desde luego, aunque también es muy positivo ver que la rusa está al cien por cien y centrada de nuevo.

21. No sé si se puede decir lo mismo de Naomi Osaka. Me sigue pareciendo un caso complicado porque no disfruta jugando, se la ve siempre tensa, preocupada, como si todo la superara. No es propio de una jugadora de veintiún años con dos torneos del Grand Slam ya en el bolsillo y que llegaba a Flushing Meadows como número uno del mundo. Quiero pensar que es un ataque de vértigo que se le irá pasando con el tiempo. Peor parece tenerlo Garbiñe Muguruza, incapaz de levantar cabeza incluso tras haber cambiado de técnico. En un circuito tan igualado y con tanto talento, en cuanto te relajas te vas al hoyo a toda velocidad. Lo bueno es que subir tampoco es tan complicado y el tenis lo tiene, desde luego.

22. La gran sorpresa de Wimbledon, «Coco» Gauff, aprovechó la wild card que le otorgó la USTA para meterse en tercera ronda, donde perdió precisamente con Osaka. Buen trabajo de la estadounidense, a la que espero que nadie empiece a pedirle ahora que se líe a ganar grandes cuando no ha dejado de ser una adolescente. Monica Seles solo hubo una. La «Cenicienta» de esta edición ha sido la de Taylor Townsend, quien, proveniente de la previa, eliminó a Halep en segunda ronda en otro partido espectacular, se plantó en octavos de final y aún le arrebató un set a la futura campeona. Tiene veintitrés años así que no es ninguna cría, pero habrá que seguirla de cerca a partir de ahora.

23. Vamos acabando ya y lo haremos con el reparto de premios en otras categorías. El dobles masculino fue para los colombianos Cabal y Farah, que ya se habían impuesto en Wimbledon. La derrota en la final fue la primera para la pareja Granollers.Zeballos, demostrando lo excelente doblista que son ambos. En el cuadro femenino, las vencedoras fueron Elise Mertens y Aryna Sabalenka, que derrotaron en la final a las grandes favoritas, Ashleigh Barty y Victoria Azarenka. Si la número uno del mundo en individuales quiere seguir siéndolo, a lo mejor tiene que replantearse tanto compromiso con el dobles. No todo el mundo es como las hermanas Williams.

24. En el doble mixto volvieron a ganar Jamie Murray y Betthanie Mattek-Sands y lo hicieron ante los primeros cabezas de serie, Michael Venus y Chan Hao-ching. Por cierto, ya que mencionamos a los Murray, Andy no participó en el US Open aunque la USTA le ofreció una wild card. A cambio, se fue a Mallorca a participar en el Trofeo Rafa Nadal, un challenger en el que cayó en segunda ronda, demostrando que aún le queda bastante para llegar a un nivel mínimamente competitivo aunque esté en el camino.

25. En cuanto a los jóvenes, el checo Jonas Forejtek se impuso en la categoría masculina mientras María Camilia Osorio se convertía en la primera colombiana en ganar un US Open en categoría junior. Ni rastro de los españoles. Ninguno superó la segunda ronda de ninguna de las categorías. Una tendencia preocupante.


Simona Halep, Novak Djokovic y casi todo lo que nos deja Wimbledon 2019

Novak Djokovic tras vencer a Roger Federer en Wimbledon. Foto: Cordon.

Hay un mundo paralelo en el que, después de haber ganado a Rafa Nadal en semifinales, Federer remonta un dos sets a uno en la final contra Djokovic, se sobrepone a un 4-2 en contra en la manga definitiva y gana uno de los match points que tiene con 8-7 y su propio servicio. Yo quiero quedarme a vivir en ese mundo paralelo: el mundo de los nueve Wimbledons a los treinta y ocho años en la final más larga de la historia del torneo y el de la sumisión, por fin, de sus dos grandes némesis.

Pero el mundo es el que es y hay que reconocerle a Djokovic su triunfo porque rendirse, para Nole, nunca es una opción. Con este triunfo, Djokovic no solo llega a los dieciséis grandes sino que acumula quince en menos de nueve años. Para hacernos a una idea, en este mismo período Nadal solo ha ganado dos veces fuera de Roland Garros (US Open 2013 y 2017) mientras que Federer ha ganado otras dos fuera de Wimbledon (Australia 2017 y 2018).

Esta es la era de Djokovic y lo lleva siendo desde 2011 con el único matiz del mágico 2013 de Nadal. Salvo desplome inesperado, como le sucedió a partir del verano de 2016, el serbio conseguirá adelantar a Federer en el número de semanas como número uno y se quedará muy cerca de su número total de torneos de Grand Slam si no le supera. Tiene el H2H ganado tanto con el suizo como con el español y además ha logrado algo que ninguno de los dos ha conseguido: ganar todos los Masters 1000 y las ATP Tour Finals (cinco veces, además).

Hagamos un repaso de lo que han sido estos catorce días de tenis en Londres.

1. Hay que empezar con el campeón. Es de justicia. Ganó «a lo Djokovic» tanto como su rival perdió «a lo Federer», es decir, resolviendo en los momentos clave. Hasta quince puntos más ganó Roger a lo largo del partido, donde dio la sensación de que pudo llevarse los cinco sets… pero, ay, en los tie-breaks la cosa cambió y en los tie-breaks es donde se deciden los partidos tan igualados. Djokovic sacó diecisiete veces y ganó catorce puntos (10/11 en los últimos dos y 5/5 en el quinto). Federer tuvo un 40-15 con su saque para levantar el torneo y no fue capaz de ganar ni uno solo de los puntos. Luego, desquiciado, se dejó llevar, como en el US Open de 2011, y acabó cediendo su saque. Mentalidad.

2. De hecho, esta es la cuarta vez que Federer y Djokovic juegan un partido a cinco sets y las cuatro veces ha ganado el serbio. En tres de ellas, Federer ha tenido dos match points a favor, como los tuvo el año pasado contra Anderson… como los ha tenido hasta en siete partidos que ha acabado perdiendo en los últimos dos años y medio. Son estadísticas impropias de un campeón… pero, volvemos a lo de siempre, si Roger fuera el mejor jugador de la historia —que lo es— y además fuera el mejor competidor, ¿cuántos grandes llevaría? ¿Treinta? No se puede pedir todo.

3. Lo que también es impropio es que un tío de casi treinta y ocho años con hijas ya casi adolescentes se deje la vida por el tenis como se la sigue dejando Federer. Que se sobreponga a la pérdida de un primer set que debería haber ganado. Que se sobreponga a la pérdida del tercer set en idénticas circunstancias… y que después de todo, salga de un 4-2 en contra en el quinto para acabar poniéndose 8-7 y saque ante el número uno del mundo y gran dominador de la década. Hay veces que siento que soy injusto con el suizo, quizá porque le admiro demasiado. Competir no es solo ganar el match point, competir también es llegar hasta ese match point. El domingo, Roger compitió como una bestia y no se rindió nunca. Para muchos, él perdió el partido; más justo sería decir que se lo arrebataron de las manos.

4. Esto nos lleva al recuento «histórico» de Grand Slams. La victoria de Federer ante Nadal garantizó que el español no se pusiera a tiro. Aun así, Nadal aún va a ganar dos o tres Roland Garros más, así que esa cuenta me da que hay que darla por cerrada. No creo que Federer se vea en una igual, pero, ojo, dependerá mucho de los cuadros que le toquen. Un cuadro como el de este año, una buena victoria… y alguien que le gane a Djokovic o a Nadal por el otro lado y ya tenemos el número veintiuno. Un poco como pasó en Wimbledon 2017 o después a Nadal en el US Open de ese mismo año.

5. En cualquier caso, la victoria de Djokovic aprieta muchísimo la cuenta. Cada uno está separado del otro por dos Grand Slams. Es una carrera importante pero yo me niego desde hace tiempo a reconocerla como la única. Para mí, aunque queda mucho tiempo por delante, el veredicto histórico no cambia. El mejor «jugador»: Federer; el mejor «competidor»: Nadal; el más «completo», Djokovic. Y por completo no entiendo al que tiene mejores golpes más distintos sino al que es capaz de producirlos en el momento clave y lo que es casi tan importante: el que es capaz de impedir que los produzca el contrario.

6. Vamos con el tercer vértice del famoso «Big 3». Rafa Nadal cumplió de sobra. No tiene treinta y ocho años, pero tienet reinta y tres, que no son pocos y lleva desde abril sin parar de jugar y normalmente de ganar. Aun así, se planta en semifinales sin demasiados apuros y juega un partido aceptable ante un enorme Federer. ¿Lo malo? Que precisamente la competición con Federer está ya claramente del otro lado: Nadal ha perdido los seis últimos partidos contra el suizo fuera de la tierra batida y el H2H entre ellos en pistas rápidas ya está en 12-8 a favor de Roger, si no me equivoco. Era el que más tenía que ganar y el que menos tenía que perder, así que puede estar satisfecho.

7. El único que puede estar satisfecho aparte de los tres grandes es Roberto Bautista. Qué enorme torneo el suyo. Se plantó en cuartos de final sin perder un solo set y confirmando lo que ya habíamos visto en Halle, cuando puso a Federer contra las cuerdas. Bautista jugó de maravilla, pero tiene ya treinta y un años, es decir, aún le quedan siete hasta llegar a lo máximo de su carrera así que habrá que esperar (es broma… o no). La presencia de Verdasco en octavos insufló un cierto aire nacionalista a la prensa local obviando que Fer, enorme jugador bajo mi punto de vista, va para los treinta y seis también. 

8. El resto, calabazas. Desde hace años repito que a los nuevos jugadores no hay que pedirles que ganen a los tres grandes. Hay que pedirles que lleguen a las rondas donde puedan enfrentarse a los tres grandes. Para eso, hay que derrotar a los Bautistas, los Berankis y los Querrys de turno, pero no hay manera. Hagamos un repaso al parte de bajas: Zverev, Tsisipas y Thiem se quedaron fuera en primera ronda; Kecmanovic, lesionado en segunda —después de ganar el torneo previo, un clásico— y a partir de ahí, un lento goteo: Fritz, De Miñaur, Khachanov, Medvedev… incluso Auger Aliassime perdió un partido asequible ante Ugo Humbert, aunque al menos Humbert tiene solo veinte años y no cuarenta y uno como Karlovic.

9. Por cierto, para llegar a tercera ronda, Aliassime tuvo que ganar dos partidos. Sus primeras dos victorias en un torneo de Grand Slam. Cuando logró la primera, corrí a Twitter a escribir: «Es un día histórico, será la primera de muchas», pero nada más darle a enviar me puse a pensar en cuántas veces habría mandado ese mensaje anteriormente. A favor del canadiense está su juventud. A los dieciocho años, no es probable que vaya a coincidir muchos años más con los grandes dictadores, pero si ya empezamos a hablar de «presión», como hizo en rueda de prensa, mal vamos.

10. Toni Nadal escribió un interesante artículo en El País viniendo a decir que los jóvenes no se esfuerzan lo suficiente porque les dan todo hecho. Mitad y mitad. Lo hablábamos en Roland Garros: la fe que tiene Wawrinka con treinta y cuatro años y la rodilla destrozada no la tiene Zverev, desde luego. Por otro lado, Toni es un hombre con tendencia a los extremos competitivos: modeló a su sobrino como un campeón histórico a base de hacerle jugar de niño con su mano mala. ¿Se imaginan lo que es tener siete u ocho años, estar obligado a dedicarle no sé cuántas horas de tu día a jugar y jugar al tenis en vez de estar con tus amigos y encima tener que hacerlo con tu mano izquierda cuando eres diestro? No sé, salió bien. Nada que decir. Pero como ejemplo tampoco me entusiasma, la verdad.  

11. La más dura de todas estas derrotas fue, sin duda, la de Grigor Dimitrov, aunque vaya ya camino de los treinta: dos sets a cero, 6-5 y saque en el tercero… y a la calle en la primera ronda. Me temo que le hemos perdido definitivamente, después de ese espejismo de 2017.

12. La única buena noticia y el único reflejo de la edad: a estos chicos siempre les quedarán los torneos más o menos menores. Por ejemplo, en los dos últimos años, Djokovic ha ganado «solo» siete torneos, pero cuatro han sido de Grand Slam. Es decir, mientras los grandes se dosifiquen, ahí tienen a su disposición el ATP de Estambul y cosas así. Mucho ánimo.

13. Último comentario al respecto: en octavos de final, la media de edad era de 29,6 años y solo dos jugadores estaban por debajo de los veinticinco. Uno, ya lo sabemos, era Humbert. Es justo hablar del otro: el italiano Marco Berrettini, que lleva una temporada muy interesante pero que defraudó por completo en su partido contra Federer, al que solo pudo ganarle seis juegos. Tiene veintitrés años, seguiremos atentos.

14. Otro italiano puso la nota más desagradable del torneo: Fabio Fognini, cabreado como un mono porque la organización había programado su partido en la pista 15 pese a ser un top ten, se desahogó con un «ojalá les pongan una bomba a estos ingleses» claramente salido de tono. He oído por ahí hablar de «amenaza». No, no fue una amenaza, fue una brutalidad y punto. No es la primera. Tanto pedirle a la ATP que no le haga el juego a  Kyrgios y luego resulta que nos llevamos a Fognini de cenita…

15. Por cierto, Kyrgios en su línea. Un par de partidos, cobra el cheque y se va. Se montó un circo importante porque tiró a dar a Nadal en una subida del español a la red y no solo los medios españoles saltaron a una sino que el propio mallorquín se lo recriminó en rueda de prensa. A ver, una cosa es tirar sillas a la pista y otra es tirar al cuerpo lo más fuerte posible, algo que hacía Ivan Lendl continuamente. Tampoco nos pongamos excesivamente melindrosos que esto es tenis. Lo del saque por debajo ojalá cree escuela, puede ser efectivo.

16. Pasamos ya al torneo femenino: Ashleigh Barty ganó el torneo de Simona Halep y Simona Halep ganó el torneo que parecía destinado a Ashleigh Barty. Dos auténticas sorpresas consecutivas. Habrá quien piense que esta múltiple amenaza resta atractivo al circuito porque nadie se consolida como verdadera estrella… pero a mí me encanta. No puedo evitarlo. Me encanta que empiece un torneo y que no sepa si va a ganar Halep o Serena o Barty u Osaka. Pliskova, ya me voy haciendo a la idea de que no. Mejor eso que la misma final todo el rato, por espectacular que sea.

17. De hecho, la final femenina no tuvo nada de espectacular porque Serena Williams jugó como una mujer de treinta y ocho años, que es lo que es. Ya en el resumen de Roland Garros decíamos que no se podía descartar que ganara siete partidos consecutivos sobre hierba pero que era complicado. Se quedó en seis. Van ya tres finales de Grand Slam consecutivas perdidas en su intento de igualar a Margaret Court Smith a veinticuatro Grand Slams. Perdidas, además, sin ganar un solo set. Como en el caso de Federer, el número veinticuatro dependerá de que coincida un cuadro amable con un par de buenos partidos en los momentos clave. Como en el caso de Federer, también, el mérito es impresionante. Hay que recordar que esta mujer ganó el US Open… en 1999.

18. Con todo, la gran atracción mediática fue Cori «Coco» Gauff, la niña de quince años que llegó más allá del número 300 de la WTA, se impuso a Venus Williams (veinticuatro años mayor) en primera ronda y alcanzó los octavos después de un partido espectacular en el que tuvo que remontar un 3-6, 2-5 y varios puntos de partido frente a Polona Hercog. Me preocupa tanto hype a su alrededor, como si ganar tres partidos te convirtiera en la próxima Serena Williams. Luego llega la ansiedad y el pánico.

19. Hablando de ansiedad y pánico, no apunta nada bien lo de Naomi Osaka. Algo pasa pero no sabemos el qué. Cumples tu sueño de ganar el US Open ante Serena, luego refrendas tu jerarquía en Australia, eres joven, con talento, número uno del mundo… y acabas perdida, cambiando de entrenador y llorando en las ruedas de prensa después de perder en primera ronda. Nadie se merece algo así, pero Naomi menos que nadie porque es un pedazo de pan. Muguruza no está mucho mejor y por fin se ha deshecho de Sam Sumyk. Digo «por fin» no porque el trabajo de Sumyk haya sido malo sino porque si no hay confianza, no hay confianza… y es absurdo eternizarse.

20. Carla Suárez Navarro sí que cumplió, como casi siempre. Creo que llevo cinco años escribiendo este mismo párrafo. Llegó a octavos, que es su límite, y ahí perdió contra Serena Williams. Nada que objetar. Por detrás, como en el tenis español masculino, no se ve a nadie capaz ni de entrar entre las veinte primeras. ¿A qué se debe este atasco generacional? Puede que Toni Nadal tenga la respuesta.

21. Aparte de Muguruza y Osaka, centrémonos en varias decepciones: la alemana Angelique Kerber, defensora del título, cayó en segunda ronda pese a hacerse con el primer set; Madison Keys hizo lo propio en la misma ronda; Ashleigh Barty aguantó hasta cuartos, pero todos la veíamos campeona… y Karolina Pliskova, pues, en fin, como siempre, grandes esperanzas y hecatombe final. Yo sigo pensando que la checa acabará ganando un grande por pura insistencia, pero, ¿cuándo? Ni idea.

22. Último cara y cruz del cuadro femenino: Elina Svitolina llegó a semifinales después de haber perdido siete de sus anteriores nueve partidos previos a Wimbledon. Después de pasar serios problemas físicos, es una suerte poder verla ahí de nuevo. Es cierto que no compitió demasiado bien ante Halep, pero su lugar es ese y no las primeras rondas a las que nos ha acostumbrado este año. ¿La cruz? Maria Sharapova. No ya por la derrota ni la retirada ni la lesión sino por el feo gesto de hacerlo cuando tu rival va ganando 5-1 en el set decisivo y tu lesión no es grave. Aguanta cuatro puntos ahí y dale el gustazo de disfrutar de una victoria sin asteriscos.

23. Si fue una satisfacción ver a Svitolina recuperada y cerca de su máximo nivel, también lo fue ver a Andy Murray de nuevo sobre una pista de tenis y más concretamente sobre su amada hierba de Wimbledon. En su caso aún no está para jugar torneos individuales y no está claro si lo estará algún día, pero sí para jugar los dobles individuales y los mixtos, donde hizo pareja con Serena Williams y juntos llenaron la pista central. En ninguno de los dos cuadros llegó muy lejos, pero estar ahí ya era todo un triunfo. Por cierto, los campeones de estas categorías fueron los colombianos Cabal y Farah, una de las mejores parejas del circuito, y la pareja Latisha ShanIvan Dodig respectivamente. En el dobles femenino, las campeonas fueron Hsieh su-wei y Barbora Strycova.

24. Vamos cerrando ya el chiringuito veraniego con los resultados de las jóvenes promesas. El torneo junior masculino lo ganó el japonés Shintaro Mochizuki, con el español Carlos Gimeno —que debutaba sobre hierba— como finalista. El femenino fue a las manos de la ucraniana Daria Snigur, derrotando en la final a la estadounidense Alexa Noel.

25. Por cierto, último apunte: ni una sola jornada tuvo que suspenderse por la lluvia. De hecho, no hubo ni que cambiar a nadie de pista ni retrasar un solo partido. Hay años así, pero son pocos. En cuanto a la máxima novedad de este año, el tie-break en el quinto set con 12-12, solo se utilizó una vez: justo el último día, en la final masculina, y en el mundo paralelo al mundo paralelo ideal.

Disfruten del verano, nos vemos en septiembre en Nueva York.


Novak Djokovic, Naomi Osaka y lo mejor que nos dejó el Australian Open 2019

Open de Australia 2019. Fotografía: Cordon.

Tres sets y ocho juegos ganados por parte del perdedor. Hay que remontarse a la humillante final de Roland Garros 2008, en la que Federer solo le pudo hacer cuatro a Rafa Nadal, para buscar una comparación en finales de Grand Slam entre el llamado «Big Three». Si hace menos de un año Djokovic estaba pensando en retirarse al menos una temporada, y descansar el codo malherido, ahora está a un torneo de repetir la hazaña de 2015-2016 y ganar los cuatro grandes de forma consecutiva.

Es la suya una enorme historia de superación, como la es la del propio Rafa Nadal, que se presentó en Melbourne con un partido de exhibición como todo bagaje competitivo en los últimos cuatro meses. Nada, en cualquier caso, comparado con lo de Petra Kvitova, quien hace dos años fue apuñalada salvajemente en su casa y vio cómo la mano izquierda —es zurda— le quedaba destrozada, sin apenas posibilidades de regresar al circuito. El Open de Australia 2019 nos ha dejado muchos detalles que pueden invitar a pensar en épica, remontada y cambios… pero en realidad ha sido más de lo mismo. La historia de un estancamiento masivo del que solo se salva la campeona femenina, Naomi Osaka, a la sazón nueva número uno del mundo.

Vayamos con los detalles…

1. Quince títulos de Grand Slam ya para Novak Djokovic, siete de ellos en Australia. A dos de Nadal y a cinco de Federer. No tengo claro que esa estadística sea la única válida para determinar al mejor jugador de esta generación, pero desde luego es indicativa. Más me impresiona el hecho de que a esos quince grandes, Novak sume triunfos en los nueve Masters 1000, en las ATP World Tour Finals y en la Copa Davis, además de un registro personal favorable con sus dos grandes rivales. Salvo la medalla de oro olímpica lo tiene absolutamente todo. Lo de este domingo fue una exhibición de saque, resto, derecha y revés. Es cierto que tuvo enfrente a una versión disminuida de Nadal, pero cuando juega así es imparable: no deja ni un resquicio al rival ni a su hinchada.

2. La victoria en la final la cimentó desde el saque. En todo el primer set cedió un punto y en el último juego. En el segundo, la cifra aumentó a cinco, aunque sin enfrentar bolas de break, y solo en el tercero se vio más apurado, entre otras cosas porque Nadal decidió jugársela al todo o nada en varias ocasiones. Aun así, la única bola de break que concedió en todo el partido la solventó con facilidad y cuando el partido ya estaba muy a su favor. Todo esto ante uno de los mejores restadores de la historia. Por su parte, el servicio de Nadal fue casi siempre un regalo. No tanto por el saque en sí sino por los golpes de continuación: derechas o reveses que casi nunca eran definitivos, a diferencia de lo que habíamos visto durante toda la semana.

3. Como habrán leído ya en muchos sitios, son ya diecisiete los sets consecutivos que Djokovic le ha ganado a Nadal en pista dura desde la final del US Open 2013. En total, el serbio se ha llevado trece de los últimos dieciséis partidos entre ambos en todas las superficies. Obviamente, es un dato preocupante para el español. Si el resto de grandes títulos a lo largo de los próximos años se los van a seguir repartiendo entre ellos dos y Federer, las perspectivas para el serbio son inmejorables: ninguno le tose en la superficie más utilizada con diferencia a lo largo de la temporada. Con todo, y aunque no tenga ninguna evidencia que apoye mi argumento, sigo pensando que no va a haber otra «era Djokovic» que dure dos, tres o cuatro años, hasta los treinta y cinco. Quizá no es más que un acto de wishful thinking pero me resisto a ver a estos dos mismos tenistas en la final de Wimbledon o de Roland Garros o del US Open en 2022, cuando sumen setenta años entre ambos. Las dos sorprendentes derrotas de Djokovic en la final de París –ante Khachanov– y en la final de Londres —ante Zverev— apuntaban a algo parecido al relevo… pero ahí ha quedado de momento la cosa.

4. De hecho, no hay nada más desesperanzador para el circuito que el hecho de ver que Nadal, sin competir desde septiembre y que había tenido que renunciar a Brisbane por molestias físicas, haya llegado a la final y lo haya hecho sin ceder un set ni perder el servicio en todo el torneo. Ahora mismo, la superioridad del número uno y el número dos del mundo sobre todos los demás es tal que, a medio gas, como se ha demostrado en la final, Rafa solo tuvo que disputar un tie-break en seis partidos. Puede que su cuadro no fuera el más duro posible, pero ahí estaba Álex de Miñaur, reciente ganador en Sídney; estaba Tomas Berdych, que parecía en gran forma, y estaban Frances Tiafoe y Stefanos Tsisipas, otros dos ilustres miembros de la «next gen». No le hicieron ni cosquillas y se ve que bastaba con buscárselas con un poco de fe.

5. Quizá es eso lo que falta a esta generación: fe. No lo sé. Tsisipas la tuvo para ganarle a Federer y tanto Khachanov como Zverev —lo acabamos de decir— la tuvieron al mejor de tres sets el año pasado para ganarle a Djokovic… pero el caso es que Nadal no les dio ni una sola opción. Muchos se apresuraron a decir que era «el mejor Rafa de la historia en pista dura» pero eso era imposible. Nadie se pasa lesionado tanto tiempo, se retira por precaución de un torneo y, de la nada, juega el mejor tenis de su carrera. Ni siquiera Federer, pese a ganar en 2017 después de seis meses de parón. En aquella ocasión, al menos el suizo jugó la Hopman Cup entera y tuvo que sufrir como un perro en tres agónicos partidos a cinco sets.

6. En cualquier caso, el resultado para Nadal es excelente, por mucho que Djokovic se le acerque en la famosa lista de grand slams y se aleje en la clasificación ATP. Después de cada lesión de este tipo y más conforme avanzan los años —cumplirá treinta y tres en junio—, vuelven los rumores acerca de su recuperación y una vez tras otra, ahí está Rafa para demostrar por qué lleva catorce años entre los diez primeros del mundo. Simplemente, este no era su torneo. No para ganarlo, al menos. Es su cuarta final perdida en Australia, lo que choca especialmente teniendo en cuenta que entre los otros tres grandes tan solo ha perdido otras cuatro.

7. Vamos ya con el resto de mortales y empecemos por el doble defensor del título, Roger Federer. Claramente, ha perdido comba. No ya contra Rafa y Novak —con los tres en su esplendor hace años que Federer es el tercero en discordia— sino con el resto de competidores. No tengo claro dónde está el problema porque físicamente no parece especialmente lento, así que no tiene por qué ser una cuestión de edad. Sus derrotas en los últimos tres slams —todas ellas antes de semifinales— han seguido un patrón parecido: empieza jugando de maravilla, desaprovecha varios puntos clave y de repente se viene abajo sin voluntad alguna de remontada. Cuando Roger se hunde, se hunde con todo, no hay matices. Contra Tsisipas fue muy superior en el primer set y bastante superior en el segundo. Dispuso de diez bolas de break y las perdió absolutamente todas. Cuando vio que el griego le igualaba el partido en el segundo tie-break, en vez de tirar de jerarquía, se dejó llevar por sus demonios.

8. Ahora bien, eso aún puede cambiar. Por supuesto, el adiós de Federer está mucho más cerca que lejos. Dudo que sea esta temporada porque los Juegos de Tokio 2020 están ahí y no creo que Roger quiera renunciar a una quinta cita olímpica como ya tuvo que hacerlo en Río por lesión. Mientras tanto, debe seguir al acecho. No le veo opciones serias contra Djokovic o Nadal —salvo quizá contra el segundo en hierba— pero si los dos salen de su camino, Roger siempre será Roger. No le enterremos hasta que él decida meterse en el ataúd.

9. Las dos grandes noticias del cuadro masculino han sido, por supuesto, Lucas Pouille y Stefanos Tsisipas, dos veinteañeros que llegaron a semifinales. Todo un acontecimiento. Lo de Pouille fue aún más sorprendente, teniendo en cuenta su pésimo 2018 y la irregularidad que le caracteriza. Tirando de un servicio excelente, fue pasando rondas hasta que se encontró con Djokovic en las semifinales… donde solo pudo hacerle cuatro juegos. Supongo que ver que Nadal solo le hacía ocho en la final, le hará sentir mejor.

10. En cuanto a Tsisipas, apunta alto. No sé qué quiere decir eso en este circuito tan mediocre, pero ha demostrado que puede jugar bien en tierra batida y en pista dura y se va a instalar entre los diez primeros del mundo durante algún tiempo. Con veinte años recién cumplidos no se le puede pedir más. Le ganó a Federer sin complejo alguno y naufragó tácticamente ante Nadal, que le hundió a base de bolas altas al revés a una mano. Sus declaraciones pospartido: «No sé cómo Federer le ha podido ganar más de diez veces» lo dicen todo del naufragio. La buena noticia para Stefanos es que su esplendor debería coincidir con la retirada de Rafa y ahí, sobre todo en tierra batida, se abre un hueco descomunal.

11. Otra historia positiva del torneo fue la «resurrección» de Roberto Bautista y Pablo Carreño. Es sorprendente que a estas alturas de su carrera, Bautista debute en los cuartos de final de un gran torneo, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Derrotó a grandes rivales como Marin Cilic en un partido épico y corroboró lo visto en Doha, donde fue capaz de ganar a Wawrinka, Djokovic —sí, el mismo del que hablábamos antes— y Berdych antes de hacerse con el título. En cuanto a Carreño, ocurre como con Pouille: absolutamente nadie le esperaba en octavos y aun así consiguió filtrarse con buenas dosis de sufrimiento. En esa ronda perdió ante Nishikori, no sin antes dejar uno de los momentos del campeonato.

12. Pongámonos en situación: después de un 2018 para olvidar, Carreño llega a octavos de final de Australia y le gana los dos primeros sets a Kei Nishikori. La cosa parece hecha pero se complica: desaprovecha un break a favor en el tercero y acaba cediéndolo en la muerte súbita. Pierde el cuarto sin ofrecer demasiada resistencia y en el quinto cede su servicio nada más empezar, dejando que Nishikori saque para culminar la resistencia… pero, de repente, Carreño saca su mejor tenis, rompe al japonés y consigue forzar el llamado «super tie-break» del quinto set, al mejor de diez puntos. No solo eso, sino que se adelanta 8-5, una diferencia prácticamente imposible de remontar. Y entonces, pasa lo que han visto en el vídeo. Una decisión polémica, un jugador que se va completamente del partido y cinco puntos que van pasando uno tras otro al marcador del nipón, entre la desesperación y los insultos de su rival. En la siguiente ronda, Nishikori, para seguir su tradición, se retiraría.

13. Por cierto, a esto del «super tie-break» habrá que acostumbrarse. De momento, a mí se me hace corto. Entiendo que no tiene sentido llegar al 70-68 pero ponerse a ello en el 6-6 me resulta precipitado. Tal vez podrían esperarse al 10-10 y no pasaría nada. En cualquier caso, si los jugadores lo prefieren, no hay mucho que discutir.

14. Españoles: aparte de Bautista, Nadal y Carreño, Verdasco tuvo momentos de verdadera brillantez en el que es su Grand Slam favorito y se quedó a un punto de ganar a Marin Cilic en tercera ronda. El problema, en términos de relevo, es que Verdasco tiene treinta y cinco años. De los jovencitos, aún no se sabe nada, aunque se sabrá: Jaume Munar  —que ya no es tan jovencito a sus veintiún años— se retiró en primera ronda después de perder dos tie-breaks con Fabio Fognini, mientras que Nicola Kuhn y Alejandro Davidovich se quedaron en la segunda ronda clasificatoria. En cualquier caso, seguimos creyendo.

15. Si la «next gen» como concepto y a excepción de Tsisipas ha sido la gran decepción del torneo, nadie encarna mejor esa decepción que Alexander Zverev. Lo del alemán es incomprensible: es capaz de ganar a los mejores y jugar como los ángeles en torneos tan importantes como los Masters 1000 o las mismísimas World Tour Finals… pero se viene abajo lamentablemente en cada Grand Slam. Y, sinceramente, si no eres capaz de cambiar eso ni con Ivan Lendl como entrenador, tienes un problema muy serio. Lendl consiguió cambiar la mentalidad de Murray y puede que lo consiga con Zverev, pero el camino se nos está haciendo largo. Está claro que el chico no está para competir de tú a tú con Djokovic o Nadal al mejor de cinco sets, pero entre eso y perder contra Raonic en tres mangas (1-6, 1-6 las dos primeras) tiene que haber un punto medio.

16- Por cierto, hay que hablar de Murray. Qué difícil es evaluar su carrera. Se retirará después de Wimbledon —puede que antes, acabó su partido de primera ronda contra Bautista en Australia hecho unos zorros— con solo tres Grand Slams en su carrera. Los mismos que Wawrinka. Y, con todo, ha sido un jugador descomunal y un verdadero ejemplo fuera de la pista, destacando por su sensibilidad en torno al sexismo en el tenis. No en vano, eligió a Amélie Mauresmo como entrenadora cuando su carrera necesitaba un nuevo giro. Ha sido finalista en todos los grandes, ha ganado una pila de torneos, ha sido campeón olímpico dos veces… y aun así, ni siquiera su fugaz paso por el número uno, evitará que, con los años, el famoso «big four» quede para la historia como un «big three con acompañantes». Sobreviviente de la tragedia de Dunblane, cuando un loco entró en su colegio y mató a dieciséis niños, el escocés ha estado siempre rodeado por ese aura de maldito e inconformista, incapaz de agradar a tanta gente que estaba empeñada en ser agradada por él. Confiemos en que pueda estar en Wimbledon y que reciba la ovación que se merece en la pista central.

17. Último apunte masculino: Alex de Miñaur, el australiano de origen vasco, tiene «pintaza». Vale que contra Nadal no pudo hacer nada y que quizá no es lo más sensato afrontar un Grand Slam jugando nueve partidos en dos semanas… pero a los diecinueve años este chico parece cosa seria, igual que Shapovalov, que al menos cayó en tercera ronda sacándole un set a Djokovic, es decir, con algo de dignidad. No se puede decir lo mismo de Karen Khachanov, otra gran decepción que se nos pasará pronto.

18. Pasemos al cuadro femenino y empecemos loando justamente a la campeona: Naomi Osaka. No es solo su talento, sino su capacidad para lidiar con situaciones críticas. Ganó el US Open derrotando en la final a Serena Williams en medio del abucheo de toda la pista central y casi entre lágrimas. En su siguiente grande repite título después de recuperarse de una de esas situaciones que marcan una carrera: Osaka tuvo un 7-6, 5-3 y 0-40 a su favor sobre el servicio de Kvitova y no solo desperdició las tres bolas de partido sino que perdió su servicio dos veces más en el set y acabó teniendo que irse a un tercero. Cualquier otra jugadora —más a los veintiún años— se habría venido abajo, pero a los tres juegos ya volvía a estar break arriba y esta vez ya no dio más opciones.

19. La alegría de Osaka fue la decepción de Kvitova, pero, ¡qué torneo el de la checa! Se plantó en la final sin perder un solo set gracias a un cuadro bastante favorable y se agarró a esa final como se agarró a la vida en diciembre de 2015. Hablamos de un ataque cuyas secuelas físicas y mentales acabarían con cualquiera de nosotros y Petra ahí está, luchando por volver a ser la mejor del mundo, como cuando ganaba Wimbledons e impresionaba con su juego de ataque. Se ha quedado a un paso de un nuevo grande y de recuperar el número uno, pero ha demostrado de qué material está hecha. Esperemos que haya más oportunidades.

20. Si lo de Kvitova fue una sorpresa —relativa, pues no dejaba de ser la cabeza de serie número seis—, no sé cómo calificar lo de Daniele Collins, su rival en semifinales. La estadounidense, número 35 del mundo, consiguió superar a Caroline García y Angelique Kerber para lograr su mejor resultado en un slam. Aún tuvo energía para aguantarle un set a Kvitova (llegó a estar break arriba) pero se vino abajo en el segundo. Hablamos de alguien que venía de caer en primera ronda de Sidney tras pasar por la ronda clasificatoria.

21. Si Kvitova y Collins fueron las sorpresas, Karolina Pliskova fue la gran «aguafiestas». Todo el mundo soñaba con un nuevo enfrentamiento entre Naomi Osaka y Serena Williams después de lo que pasó en Nueva York, pero la mala suerte se cebó con la estadounidense. Sin quitar méritos a una gran jugadora como es Pliskova, solo la desgracia en forma de «falta de pie» y lesión en el tobillo pueden lograr que Serena pase de ganar 5-1 en el tercer set y disponer de cuatro pelotas de partido a acabar arrastrándose y perdiendo 5-7. El récord de la homófoba Margaret Court-Smith sigue a un grande de distancia pero se está haciendo rogar. Y Serena, como Roger, va para treinta y ocho este año. Aunque apenas se note.

22. Garbiñe Muguruza. ¿Qué hacemos con Garbiñe Muguruza? Yo sigo pensando que tiene otro slam en su raqueta y que, en cualquier caso, habiendo ganado dos y sido número uno del mundo, pues ni tan mal. Su torneo fue anodino, como casi todo lo que viene haciendo últimamente. Muy por debajo de su talento. Protagonizó como anécdota el partido con comienzo más tardío de la historia del Grand Slam —pasada la medianoche ante Johanna Konta— para acabar cayendo en la siguiente ronda ante la propia Pliskova sin ofrecer demasiada resistencia. Al menos, esta vez no hubo imágenes de discordia con su entrenador.

23. Quien se presentó sin entrenador en Melbourne fue Simona Halep. Ella misma se ocupó en autodescartarse para el título con tanta insistencia que empezó a resultar sospechoso. Sin embargo, tenía razón: parece que su juego no es el mismo y la ex número uno del mundo cayó en octavos ante Serena Williams perdiendo de paso su trono. Le hizo sudar a la estadounidense, eso sí, justo dos días después de derrotar a su hermana Venus, ganadora de este torneo… en 2003.

24. En cuanto al resto del tenis femenino español y confirmado el bajón anímico y físico de Carla Suárez, que volvió a quedarse en segunda ronda, destaca la presencia de la ganadora del Roland Garros junior de 2015, Paula Badosa. Entre lesiones y diversos problemas, a Badosa le está costando llegar. Tanto que esta fue su primera participación en un Grand Slam y perdió en primera ronda. La buena noticia es que aprovechó la segunda semana para quedarse en Australia, disputar un torneo ITF y llegar a la final. Debería al menos ser fija en los grandes cuadros; a partir de ahí, el nivel del circuito WTA es tan alto y tan variado, que es difícil pronosticar.

25. Vamos con el resto de ganadores: los franceses Herbert y Mahut completaron su Grand Slam particular al hacerse con el torneo de dobles masculinos. Por el camino, eliminaron a los hermanos Bryan, de vuelta al circuito como pareja tras casi un año de lesión de Bob. Teniendo en cuenta los excelentes resultados que cosechó Mike con Jack Sock el año pasado —ganaron Wimbledon, el US Open y las World Tour Finals— el hecho de esperar pacientemente a su hermano y seguir adelante con su carrera en común cuando ambos están ya en los cuarenta dice mucho de él. El doble femenino fue, sorprendentemente, para la pareja Sam StosurZhang Shuai, lo que quiere decir que por fin Stosur puede presumir de ser campeona del Abierto de su país después de más de una década intentándolo en individuales. Los mixtos fueron para la excelsa doblista Barbora Krejcikova y el bombardero estadounidense Rajeev Ram.

26. Por último, repasemos los ganadores de los torneos junior, por si algún año de estos —¿2025, 2030…?— consiguen tomar el relevo de Djokovic y Nadal. Ya sin Chun Hsin Tseng como gran dominador, el torneo masculino lo ganó el italiano Lorenzo Musetti, del que se hablan maravillas, y que tuvo que salvar dos bolas de partido antes de imponerse al estadounidense Emilio Nava por 14-12 en el tie-break definitivo. El femenino fue también a manos de la cabeza de serie número uno, en este caso la danesa Clara Tauson, que derrotó en la final a la canadiense Leylah Annie Fernández.

Nos vemos en cuatro meses y medio en Roland Garros, donde no es de prever otra final que no sea un nuevo Nadal- Djokovic… aunque ahí, desde luego, el serbio no lo tendrá tan fácil.


Novak Djokovic, Naomi Osaka y todo lo que nos dejó el US Open 2018

Novak Djokovic con el trofeo del US Open 2018.

A finales del año 2016, Roger Federer estaba apurando aún la rehabilitación de la rodilla izquierda en Suiza, Novak Djokovic arrastraba continuas molestias en el codo mientras coqueteaba con un espiritualismo difuso, y Rafael Nadal decía adiós a la temporada un mes y pico antes de lo necesario por su enésima lesión, esta vez en la muñeca. Desde entonces han pasado casi dos años y ocho torneos de Grand Slam. Los ocho, precisamente, ganados por el español, el serbio y el suizo.

Desde que se consolidaran en el top 3, allá por 2007, solo Murray y Wawrinka han podido hacerles cosquillas. El suyo es un dominio como no se ha vivido antes en el tenis y me atrevería a decir que en ningún deporte. Juntos han ganado trece Opens de Australia, trece Roland Garros, catorce Wimbledons y once US Opens. Desde la victoria de Marat Safin en Melbourne en 2005, se han repartido cuarenta y siete de los cincuenta y cinco grandes disputados. Seguimos sin saber si es que estamos ante los tres mejores jugadores de la «era open» o si es que el nivel medio de los otros jugadores es extraordinariamente bajo.

De hecho, hay otro dato que llama la atención. Si Juan Martín del Potro hubiera ganado la final, se habría convertido en el primer ganador de Grand Slam menor de treinta años desde que Andy Murray ganara Wimbledon en 2016. El argentino tiene veintinueve años y once meses, los mismos que Marin Cilic, el ganador más joven de un grande. Los dos nacieron en septiembre de 1988 y desde entonces no ha aparecido absolutamente nadie para tomar el relevo. Este US Open dejó muchos momentos memorables pero en lo esencial fue más de lo mismo: los jóvenes fueron incapaces de dar un paso adelante y hacer tambalear el statu quo. La única sorpresa digna de tal nombre la protagonizó John Millman, un australiano de veintinueve años.

Vamos, en cualquier caso, con el resumen de lo más relevante de este US Open 2018:

1. Empecemos con el ganador, Novak Djokovic. Llegó a Queen’s deprimido, planteándose si esto tenía sentido y en medio del pesimismo generalizado de la prensa, que le daba ya por desahuciado. En Queen’s llegó a la final —tuvo punto de partido para ganarla—, luego ganó Wimbledon, a continuación Cincinnati y ahora el US Open. Igual que había pasado de ser el nuevo Rod Laver tras ganar Roland Garros 2016 a estar acabado, en tres meses ha pasado de estar acabado a ser de nuevo el gran dominador del circuito. ¿Qué lección podemos sacar de todo esto? Que conviene ser algo moderado en los juicios cuando hablamos de enormes campeones.

2. ¿Cómo ha conseguido Djokovic volver a lo más alto? De entrada, igual que les pasó antes a Nadal y a Federer, sería absurdo no mencionar la escasísima competencia que ha encontrado. El circuito sigue igual o peor que cuando abandonó el número uno en 2016. Por entonces, Nadal y Federer tenían dos años menos y ahí estaban Wawrinka y Murray para dar guerra puntualmente. Ahora, Wawrinka y Murray están en su propio proceso de rehabilitación, Nadal sigue con sus problemas de rodilla y Federer tiene treinta y siete años, una cifra que lo dice todo. Ahora bien, el verdadero mérito del serbio ha sido reconocer sus errores: alejarse del misticismo, volver a la disciplina de Marian Vajda y luchar como luchaba antes sin buscar excusas. De tercera ronda en adelante, no cedió ni un solo set y de hecho solo le forzaron un tie-break, en la final ante Del Potro.

3. Lo que nos lleva al más que digno finalista. La historia de Juan Martín del Potro es la de un hombre cuyo afán de superación rara vez se ha visto en una pista de tenis. Hablamos de alguien que con veinte años ya era campeón del US Open y que poseía un talento descomunal, ejemplificado en la mejor derecha que yo haya visto en mi vida. A partir de ahí, todo se torció. Y se torció muchas veces. La cadera, la muñeca, el hombro… Del Potro ha intentado volver a estar entre los mejores muchas veces a lo largo de estos casi diez años y cada vez que lo ha intentado lo ha conseguido… para volver a lesionarse inmediatamente y tener que empezar de cero. En cuanto ha conseguido sumar un año más o menos tranquilo, ha recuperado su mejor golpe y ha reinventado su revés, no solo se ha vuelto competitivo sino que por fin es capaz de disputar de nuevo finales de Grand Slam. Un ejemplo para todos.

4. Ahora bien, la verdad es que la final tuvo poca historia. Contra Djokovic suele pasar. No tienes la sensación de haber jugado demasiado mal pero sencillamente es imposible jugar demasiado bien. Del Potro tuvo sus oportunidades en el segundo set, con tres puntos de break para ponerse 5-3 y saque, pero los desperdició. O el serbio hizo que las desperdiciara, que viene a ser lo mismo. En cualquier caso, fue inferior durante todo el partido y su derrota fue merecida, como merecido fue su triunfo ante Nadal en semifinales a pesar de la lesión del español. Incluso con la rodilla de Rafa al cien por cien, el torneo de Del Potro solo podía acabar el domingo decisivo.

5. Con Nadal nunca sabemos qué decir. Lleva jugando con las rodillas destrozadas desde 2005 y por el camino ha ganado diecisiete grandes y treinta y tres Masters 1000. Es algo increíble. Rafa debió haber perdido contra Khachanov en tercera ronda y ante Thiem en cuartos de final… pero les ganó a los dos. Medio cojo, frente a dos rivales en estado de gracia, acabó imponiéndose obligándoles a cometer los errores que él no comete nunca cuando el sol aprieta. Si esta nueva tendinitis le aparta solo un mes de las pistas puede tener alguna opción de mantener el número uno hasta diciembre. En cualquier caso, el año ha sido sensacional: cuatro semifinales en los cuatro grandes, incluyendo la victoria en Roland Garros, y otros tres Masters 1000, a la espera de lo que pase en Shanghai y París.

6. De hecho, hay cierto consenso en que el partido del torneo fue el que enfrentó a Thiem y a Nadal en cuartos de final. Un partido de cinco horas resuelto en el tie-break final después de que Rafa salvara una bola imposible y el austriaco fallara un remate relativamente sencillo. El partido tuvo de todo y fue bueno ver a Thiem tomando la responsabilidad en pista dura, donde hasta ahora no había destacado tanto. Desde la final de Roland Garros, Dominic estaba completamente desaparecido, como casi toda su generación, por otro lado. Con veinticinco años, ya debería de haber dejado de ser una promesa, pero en un mundo de treintañeros se le sigue viendo como tal.

7. ¿Qué fue del resto de la «Next Gen»? Alexander Zverev decepcionó, como sucede siempre en los grandes torneos. Ni siquiera la hierática presencia de Ivan Lendl como entrenador en las gradas hizo que el alemán fuera capaz de superar la tercera ronda. El problema no es perder, sino perder contra Philip Kohlschreiber. Si su talento también acaba en nada, yo ya no sé con qué quedarme. Stefanos Tsitsipas, que tan buen verano ha tenido, nos duró dos partidos, aunque al menos cayó ante otro «joven», Daniil Medvedev, de veintidós años, y que a su vez fue eliminado por Borna Coric, el croata al que también se espera con ansia y que llegó por primera vez en su carrera a los octavos de final de un grande. Allí se encontró Juan Martín del Potro y solo le pudo ganar ocho juegos en todo el partido. La diferencia entre niños y hombres a día de hoy.

8. En el plano positivo, hay que destacar al citado Khachanov, que tuvo contra las cuerdas a Rafa Nadal hasta que se puso a coleccionar dobles faltas, y a Álex de Miñaur, el vasco-australiano, que a sus diecinueve años llegó a tercera ronda y dispuso de dos sets de ventaja sobre Marin Cilic antes de caer derrotado en cinco. Tampoco me disgustó Dennis Shapovalov, de la misma quinta: supo luchar para vencer a Andreas Seppi en segunda ronda y cayó en tercera ante el finalista de la anterior edición, Kevin Anderson, en cinco disputados sets. Es de suponer que los dos van en serio, pero lo mismo decíamos hace dos años de Zverev y hace tres o cuatro de Kyrgios

9. Vayamos ya a uno de los momentos de la competición: set y break abajo ante Pierre-Hughes Herbert, Nick Kyrgios empieza a enfilar su habitual camino de autodestrucción. Saca por sacar, no hace esfuerzo alguno por restar, se burla del público cuando el público le silba… Todo hace indicar que volverá a caer en segunda ronda cuando de repente aparece un salvador que le explica que esa conducta no es apropiada, que no puede hacer eso, que él es demasiado buen jugador para actuar así y, de repente, Kyrgios devuelve el break, gana el set y se pasea en los dos siguientes, imperial.

10. El problema de toda esta historia es que el salvador en cuestión no fue otro que el árbitro del partido, el sueco Mohamed Lahyani. Lahyani es un buen árbitro, con un excelente sentido del humor y cierta tendencia al protagonismo. Ahora bien, lo que hizo fue inaceptable. ¿Bajar de tu silla para intentar cambiar el curso del partido en favor de uno de los competidores? Inaudito. Nunca había visto nada parecido. Herbert no quiso hacer mucha sangre del asunto y tampoco la USTA ni la ATP, que concedieron que aquello era raro pero no fueron mucho más allá. Quizá influyó el hecho de que Kyrgios, ya sin Lahyani de consejero, perdiera el siguiente partido en tres sets.

11. ¿Y contra quién perdió? Contra Roger Federer. Aquí nos paramos, por supuesto. Algo pasa con Federer y es algo que va más allá de sus treinta y siete años y los problemas físicos que eso supone. Desde que consiguiera llegar al número uno de la ATP en Rotterdam, allá por febrero de este año, parece que se haya quedado sin objetivos que cumplir: ya tiene sus veinte Grand Slams, ya tiene sus ocho Wimbledons, ya ha demostrado que puede volver a lo más alto incluso con cuatro hijos y a una edad imposible… ¿qué le queda por demostrar? Desde entonces, su juego ha sido errático. Juega tenso, inseguro, con una cantidad enorme de errores no forzados y con serios problemas con su saque. No parece cansado, pero el caso es que sus golpes se van a menudo demasiado lejos del objetivo, incluso con la derecha. No queda ahí la cosa: sigue sin saber jugar bien con el marcador a favor. En su derrota ante Millman, ganó el primer set, tuvo break de ventaja en el segundo, set point en el tercero y de nuevo break en el cuarto. No sirvió de nada.

12. Lo más grave, en cualquier caso, llegó en rueda de prensa. Que alguien de treinta y siete años pierda en octavos de final de un gran torneo es lo más normal del mundo. Nos alarma porque le queremos mucho, pero en el fondo, insisto, es normal. Lo preocupante es que luego declare que la derrota ha sido «un alivio» porque hacía tanto calor que deseaba acabar cuanto antes. Desde luego, en Nueva York ha hecho mucho calor estos días y todos los tenistas se han quejado de las condiciones de extrema humedad y dificultad para respirar. Todos. Y ninguno ha salido a decir que, bueno, sí, ha perdido, pero casi mejor porque vaya calor… Son declaraciones impropias de un gran campeón y probablemente indiquen que Roger está cada vez más lejos de este deporte y sus exigencias. Nadie le culpa porque nos lo ha dado todo durante veinte años de carrera. De hecho, no convendría descartarle para futuros eventos: si el problema es mental, como parece, lo puede resolver en cualquier momento y volver a tener dos semanas mágicas en Australia, Londres… o Tokio.

13. Del excelente torneo del tenis japonés hablaremos más adelante, cuando nos refiramos a la campeona del cuadro femenino. Paremos antes brevemente en otro luchador, Kei Nishikori. La historia de Nishikori es, hasta cierto punto, parecida a la de Del Potro. Nunca ha tenido su talento y, afortunadamente, sus lesiones tampoco han tenido su gravedad, pero es encomiable ver cómo resiste y resiste. En su torneo favorito, aquel en el que llegó a la final en 2014, Nishikori alcanzó las semifinales después de batallar durante más de cuatro horas con Cilic. Es cierto que no tuvo rivales de gran entidad, pero eso no es culpa suya. Esta semana se queda a dos pasos del «top ten», pronto volverá a donde pertenece.

14. ¿Hace falta hablar de Grigor Dimitrov o mejor lo dejamos? El búlgaro va camino de los veintinueve y en cuanto le quiten los puntos de las World Tour Finals y alguno de los torneos indoor donde brilló el año pasado, probablemente no esté ni entre los veinte primeros del mundo. Otra bonita historia de autodestrucción. Algo parecido sucederá con Jack Sock, incapaz de ganar dos partidos seguidos en todo el año. Y con Lucas Pouille, otro prometedor tenista caído en desgracia.

15. David Ferrer dijo adiós a Nueva York de la peor manera posible: con una retirada. Al menos se dio el gusto de irse de la pista central con un juego de ventaja sobre Rafa Nadal en el segundo set, pero su futuro parece que está lejos ya del tenis. A los treinta y seis años, y según declaró a Rafael Plaza en El Español, la idea es jugar torneos muy selectos en 2019 —con su ranking actual no puede aspirar a Grand Slams ni a Masters 1000— y poner fin a casi veinte años de carrera. También puede que todo esto se acelere y la retirada llegue aún antes o que consiga un par de buenos resultados en Auckland y Buenos Aires, por ejemplo, y se anime a seguir hasta el Godó. Se va uno de los grandes de la historia del tenis español y deja a Nadal muy solo en el circuito: Carreño también tuvo que retirarse en su partido de segunda ronda y Roberto Bautista cayó a las primeras de cambio. Fernando Verdasco, a punto de cumplir treinta y cinco años, fue el único que cumplió, derrotando a Andy Murray en un partido no exento de polémica, pues el escocés le acusó de aprovechar una de las pausas para reunirse con su equipo técnico y hablar del partido en curso. El siguiente español en el ránking, Alberto Ramos, queda ya fuera de los cincuenta primeros.

16. Nos quedamos con Andy Murray para terminar con el análisis del cuadro masculino. Todavía está demasiado lejos de su nivel de 2016 pero empieza a dar señales de vida. La lesión de cadera ha sido devastadora y la cosa va ya para año y medio sin buenos resultados. Tal vez podamos esperar algo de él en 2019 si el invierno se le da bien. No habrá que esperar tanto para ver ganar a Stan Wawrinka. El suizo, cuya recuperación se nos antojaba imposible hace bien poco, llegó a octavos en Canadá y a cuartos en Cincinnati (derrotas ajustadas frente a Nadal y Federer, respectivamente) y se impuso a Dimitrov en Nueva York antes de caer en tercera ronda contra Milos Raonic. La mejoría ha sido impresionante en solo un mes, veamos cómo acaba la temporada.

17. Y vamos ya al cuadro femenino. Vamos, sobre todo, con el décimo juego del segundo set de la final. Naomi Osaka gana 5-4 y tiene el saque. A los veinte años, está a punto de ganar su primer grande —ya ganó Indian Wells en marzo, pero esto sigue siendo otra historia— ante la mejor jugadora de los últimos treinta años y quizá de la historia. Está jugando frente a quince mil espectadores y los quince mil quieren que pierda, jalean a su rival, celebran cada error suyo… El ambiente es irrespirable tras la trifulca de Serena Williams con el árbitro y Osaka quiere echarse a llorar, como hará inmediatamente después en la entrega de premios. Sin embargo, tira de orgullo, se coloca 40-15, pierde su primer match point y conquista el trofeo en el segundo. De Osaka llevamos tiempo diciendo que era una campeona potencial de lo que se le pusiera por delante pero nadie pensaba que el triunfo llegaría tan pronto. Conseguirlo de esta manera la hará, aún si cabe, más peligrosa cara al futuro.

18. «La trifulca de Serena Williams», acabo de escribir. No sé bien cómo definir lo que pasó durante esos locos cinco minutos en la pista central de Flushing Meadows. De hecho, no sé si merece la pena centrarse demasiado en eso porque para entonces Serena ya perdía 6-2, 4-3 y, de hecho, si no fuera perdiendo 6-2, 4-3 no habría perdido los nervios de esa manera. Williams acaba de pasar un año entero fuera de las pistas por su embarazo, posterior parto —un parto complicado, con unos coágulos que pusieron en riesgo su salud— y crianza de su hija. Está a punto de cumplir treinta y siete años, ha ganado veintitrés torneos de Grand Slam —más que Steffi Graf, solo uno menos que Margaret Court— y aun así lucha y lucha para llegar a la final de Wimbledon y ahora la del US Open. Solo que de repente ve que se le van a escapar los dos títulos y no soporta la idea y la mente se le nubla. Si hemos de quedarnos con lo positivo, es increíble que a esa edad y con ese palmarés se puedan tener tantas ganas de ganar. Compárenlo con el «alivio» que sintió Federer cuando perdió ante John Millman en octavos de final…

19. Ahora bien, si somos objetivos, lo que hizo Serena fue muy injusto y muy grosero. Injusto con el juez de silla, al que acusó de imparcial y de machista, e injusto con la rival que le estaba pasando por encima en ese momento. Una rival que no tenía ni dos años cuando ella ganó su primer US Open, en 1999. Los tres warnings que recibió la estadounidense fueron merecidos. Puede que el primero resultara algo estricto, pero su entrenador reconoció que le había dado instrucciones desde la grada y eso está prohibido. Punto. Pudo dejarlo ahí, pero prefirió destrozar su raqueta delante de todo el mundo y eso, en cualquier partido, es otro warning. Por último, consciente de su situación, decidió enzarzarse en una agria batalla verbal con el árbitro en la que el árbitro apenas si participó, más bien se limitó a aguantar, aguantar y aguantar. Serena Williams se pasó tres minutos seguidos gritándole, llamándole de todo, tratándole como basura y exigiéndole, básicamente, que no hiciera su trabajo si eso iba a perjudicarla. Solo cuando pronunció la palabra «ladrón», Carlos Ramos no aguantó más y la aplicó el tercer warning, lo que provocó la pérdida de un juego en un momento clave.

20. El asunto es que Serena lo llevó todo aún más lejos. Acusó a Ramos de machismo —«si fuera un hombre no me habría sancionado por llamarle ladrón»— y acusó al torneo de tener algo en su contra —«siempre que estoy aquí, pasa algo de ese tipo»—. Quizá se refiriera a cuando en 2009 le dijo a una juez de línea que iba a ahogarla con la pelota —descalificación inmediata— o a 2011, cuando insultó a una juez de silla durante minutos sin recibir sanción alguna. En ambos casos, mujeres, como ella. Utilizar el sexismo para defender un comportamiento así es deplorable. Ciertamente, los tenistas tienen mucho que aprender en lo que respecta a la educación y el respeto a los árbitros. Eso no quita para que la barra libre de insultos y desprecios sea el camino correcto. Serena Williams es capaz de insultar a un hombre como es capaz de insultar a una mujer o incluso amenazarla de muerte. Del mismo modo, es normal que un hombre o una mujer, sea quien sea, haga su trabajo y la sancione por ello.

21. Ahora bien, aún hay muchos asuntos que tratar en la igualdad entre hombres y mujeres en el deporte y más concretamente en el tenis. Alize Cornet recibió una sanción por quitarse la camiseta en medio de un partido, algo que los hombres hacen constantemente. Tal fue la protesta que la organización tuvo que retirar la multa. Del mismo modo, la propia Serena había vivido la semana anterior un desagradable incidente cuando desde Roland Garros se le informó de que no podía llevar el conjunto negro con el que protesta por la desigualdad racial y de género. Es difícil imaginar a alguien dicíendole a Novak Djokovic qué debe ponerse y qué no. Cambiemos eso cuanto antes y que el resto vuelva a ser tenis y no circo.

22. Tenis: Simona Halep ganó en Cincinnati, donde pareció intocable, y no duró más de un partido en Nueva York. Eso resume el estado de la WTA ahora mismo y, con todo, me gusta más que la monotonía absurda de la ATP donde nunca sale nadie nuevo y siempre ganan los mismos. El juego a veces es más brillante y a veces lo es menos, pero cada partido puede deparar una sorpresa y eso se agradece. De hecho, y al igual que sucedió en Wimbledon, a la segunda semana la parte baja del cuadro estaba libre de «top tens», ni una había llegado siquiera a octavos de final.

23. La campeona vigente, Sloane Stephens, quedó a un paso de enfrentarse a Serena en semifinales y revivir el famoso enfrentamiento de 2013 en el Australian Open, cuando con diecinueve años Stephens no solo derrotó a la menor de las Williams sino que desencadenó la furia de la campeona, que dejó de hablarle durante años. En su camino, sin embargo, se interpuso la letona Anastasia Sevastova, una jugadora que siempre ha tenido más talento del que su cuerpo le ha dejado demostrar. En cuanto a la finalista de 2017, Madison Keys, al menos llegó a semifinales, aunque cayó ante el ciclón Osaka.

24. De las demás favoritas, poco se puede decir: la campeona de Wimbledon, Angelique Kerber, cedió en tercera ronda ante Cibulkova, y la campeona de Australia, Caroline Wozniacki, perdió en segunda ronda ante Leia Tsurenko, una de las grandes sorpresas del torneo. Elina Svitolina, que parece haber mejorado su juego en las últimas semanas, llegó al menos a octavos esta vez, mientras Caroline García fue eliminada por Carla Súarez-Navarro en tercera ronda. Garbiñe Muguruza solo ganó un partido, siguiendo la línea a la baja de todo el año y de la que saldrá cuando menos lo esperemos.

25. La travesía de Carla por el cuadro duró apenas dos rondas más, hasta los cuartos de final. Es un resultado excelente teniendo en cuenta las dificultades por las que ha atravesado durante todo el año. La derrota ante Madison Keys le dejó un sabor muy amargo en la boca, pero con el tiempo aprenderá a valorar lo conseguido en Nueva York. No creo que sea justo pedirle más a quien se deja la vida en cada partido aunque a veces no le llegue para llevarse la victoria. En cuanto al resto de españolas, solo podemos encontrar a dos entre las cien primeras del ranking: Lara Arruabarrena (72), que cayó 6-0, 6-1 en segunda ronda ante Bárbara Strýcová y Sara Sorribes Torno (86), que solo jugó un partido en Nueva York: 0-6, 0-6 ante Daría Gavrilova.

26. En cuanto al resto de cuadros, hagamos un breve resumen: Mike Bryan y Jack Sock volvieron a ganar el torneo, como ya hicieran en Wimbledon. La lesión de Bob ha dado pie a una nueva pareja de éxito. En el caso de Mike no es ninguna sorpresa porque a sus cuarenta años acumula ya dieciocho grandes, pero lo de Sock sí que llama la atención precisamente porque su despegue en los dobles a una edad temprana (veinticinco años) ha coincidido con la caída en picado de su rendimiento en individuales. Los dobles femeninos fueron para Ashleigh Barty y Coco Vandeweghe. Lo de la australiana es un caso curiosísimo porque, además de ser una interesantísima jugadora en individuales —llegó a octavos de final—, puede presumir de una precocidad inusual en el terreno de los dobles: en 2013, con tan solo diecisiete años, llegó a tres finales de Grand Slam junto a su compatriota Casey Dellacqua… pero perdió las tres, como también perdió la final de Roland Garros del año pasado. Junto a Vandeweghe —semifinalista el año pasado en individuales— ha formado una pareja con excelente química, capaz de levantar dos bolas de partido en la final a uno de los mejores dúos del circuito, el formado por Timea Babos y Kristina Mladenovic.

27. Acabamos esta extensa recapitulación con los más jóvenes: el brasileño Thiago Seyboth Wild dio la sorpresa eliminando en semifinales al poderoso Chun Hsin Tseng, ganador de Roland Garros y Wimbledon y finalista en Australia. En la final tuvo menos problemas ante el italiano Lorenzo Musetti, de dieciséis años y con un precioso revés a una mano. Lo curioso de Seyboth Wild es que es cinco meses mayor que Felix Auger-Aliassime, que participó en el cuadro principal e incluso le arrebató un set a Shapovalov antes de tener que retirarse, algo preocupantemente habitual en el canadiense. En cuanto a las chicas, la ganadora fue la china Wang Xiyu, que, curiosamente venía de ganar los dobles en Wimbledon junto a su compatriota Wang Xinyu —no, no es un juego de palabras—. Su rival en la final fue la francesa Clara Burel, finalista en Australia este mismo año.


Rafael Nadal, Simona Halep y casi todo lo que nos dejó Roland Garros 2018

Fotografía: Chen Yichen / Cordon.

El 5 de junio de 2005, Manuel Fraga comenzaba sus últimas elecciones gallegas como candidato del PP con unas incendiarias declaraciones contra el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El juicio contra Michael Jackson por abusos sexuales a menores llegaba a su fin ante el evidente deterioro físico del cantante mientras, en Bolivia, el líder indígena Evo Morales pedía elecciones para deponer al gobierno. En el mundo del deporte, el COI publicaba sus primeros informes de evaluación respecto a las distintas candidaturas para los Juegos Olímpicos de 2012: París y Londres aparecían como favoritas, con Madrid y Nueva York en un segundo plano. Moscú quedaba prácticamente descartada.

Todo esto sucedía el mismo día que, con diecinueve años recién cumplidos, Rafa Nadal se proclamaba por primera vez campeón de Roland Garros tras derrotar en cuatro sets al argentino Mariano Puerta, posteriormente descalificado por dopaje. Creo que es una buena manera de colocar las cosas en contexto: trece años después, Fraga está muerto como muerto está Michael Jackson. Tras Zapatero llegó Rajoy y tras Rajoy ha llegado Sánchez. Evo Morales lleva una década instalado en el poder y Madrid no solo perdió la votación por los Juegos de 2012 sino que volvió a perder las de 2016 y 2020 hasta que por fin decidió olvidarse del asunto.

El mundo cambia y cambia rápido excepto para algunos elegidos: por ejemplo, Rafa Nadal, campeón a los treinta y dos años de su undécimo Roland Garros, decimoséptimo torneo de Grand Slam de su palmarés. Como diría Tolstoi, cada una de sus tres derrotas en París tiene detrás una historia distinta, pero sus once victorias en catorce ediciones dejan un aire en común: paseo tras paseo hasta el paseo final. Nunca en el deporte de élite se ha visto un dominio tal sobre una disciplina como el de Nadal sobre la tierra batida. Analicemos en detalle lo que nos ha dejado esta edición.

1. A diferencia del año anterior, cuando Nadal no perdió ni un solo set ni estuvo cerca de hacerlo, esta vez Rafa se ha mostrado moderadamente humano. En primera ronda, Simone Bolelli le forzó un tie-break, lo mismo que Maximilian Marterer en octavos de final. En cuartos, Diego Schwartzman llegó incluso a ir ganando 6-4, 2-1 y 40-0 con su saque… pero se puso a llover y la cosa acabó 6-4, 3-6, 2-6 y 2-6. En semis, Del Potro rayó a un excelente nivel durante ocho juegos en los que debió haberse llevado el primer set. Ahora bien, no convirtió ninguna de las seis oportunidades de break y acabó sufriendo un suplicio. La final, una vez más, fue poco más que un trámite.

2. Éramos muchos los que pensábamos que el juego de Nadal era pan para hoy y hambre para mañana. Allá por 2006, 2007, 2008… cuando veíamos a ese postadolescente correr detrás de cada bola como loco y recargar su calendario hasta la exageración para acabar cada temporada con algún tipo de molestia o lesión, el veredicto común era que, a los treinta años, el mallorquín estaría ya más que retirado. Pues bien, tiene treinta y dos y ha ganado tres de los últimos seis grandes. Los otros tres los ha ganado Roger Federer, a punto de cumplir treinta y siete.

3. Por cierto, la última vez que Federer y Nadal consiguieron ganar seis Grand Slams consecutivos fue en el tramo 2008-2009. Rafa se impuso en Roland Garros 2008, en Wimbledon 2008 y en Australia 2009 mientras Roger lo hacía en el US Open 2008, en Roland Garros 2009 y en Wimbledon 2009. Por aquel entonces, Juan Martín del Potro fue el encargado de romper la racha en el US Open de 2009. Que los tres sigan entre los cuatro mejores del mundo una década después creo que dice mucho del nivel de las siguientes generaciones, pero ese es un tema ya mil veces tratado.

4. Se podría argumentar que Rafa no ha tenido grandes rivales camino a la final. Es cierto. Sin embargo, a diferencia de lo sucedido en el pasado US Open, donde levantó el trofeo sin jugar contra un solo rival de los veinte mejores del mundo, apelar en Roland Garros al ranking del rival es absurdo. A cinco sets solo hay un jugador capaz de ganar a Nadal en tierra y ese jugador es Alexander Zverev… solo que Alexander Zverev, que tiene el tenis para ello, aún no ha aprendido a manejarse en formatos largos. Cuando lo haga, veremos.

5. Tiempo para el finalista, Dominic Thiem. El austriaco es un buen jugador, sin duda. No me parece una estrella, pero sus resultados están ahí, sobre todo en tierra, y ha sido el único en ganar a Nadal en esa superficie en los dos últimos años. Ahora bien, la diferencia con el número uno del mundo cuando el número uno del mundo se lo toma en serio es abismal, como se mostró en la final: Thiem solo fue competitivo durante seis juegos. Con todo, Thiem se ha convertido a sus veinticuatro años y medio en el segundo jugador nacido en los noventa en llegar a la final de un torneo del Grand Slam y eso que su preparación no fue la idónea: en tres semanas ha tenido que jugar doce partidos por su decisión incomprensible de participar en el torneo de Lyon mientras todos los demás favoritos descansaban. Espero que, por muy bien que le haya ido, el año que viene se tome su físico más en serio.

6. Aparte de Juan Martín del Potro —casi 30 años, resultados mediocres en tierra batida durante las últimas temporadas, lesionado justo antes de empezar el torneo y aun así semifinalista—, la gran historia del torneo fue la de Marco Cecchinato, un habitual de los torneos challengers que puede encontrar por fin cierta estabilidad entre los cincuenta mejores del mundo ahora que ha dejado atrás sus problemas con las apuestas. Cecchinato jugó muy bien y mereció llegar donde llegó, especialmente después de eliminar a Djokovic en cuartos de final con una exhibición de garra y juego. Mi problema es que me cuesta mucho hablar bien de gente relacionada con el dopaje o con los amaños. Gente, en definitiva, que no entiende lo que debería ser el deporte. Por lo tanto, aquí lo dejo.

7. Novak Djokovic. Muy buenas sensaciones hasta cuartos de final. Ahí, un poco de caos y de cabreo. Pasó de afirmar que volvía a estar a su mejor nivel a cuestionar su presencia en Wimbledon por un nuevo problema, ahora en el hombro. Seamos prudentes: no sé si a los treinta y un años le va a dar tiempo a poner de nuevo en orden todas las piezas, pero después de lo visto en las dos últimas temporadas con jugadores que todo el mundo daba ya por acabados igual se lía a ganarlo todo a los treinta y cuatro.

8- Hablaba antes de Alexander Zverev como gran esperanza de futuro, o incluso de presente. Con Federer regulando su calendario y a poco que Nadal se relaje un poco en lo que queda de curso, el alemán podría incluso optar al número uno. Si le presento como el único capaz de poner fin a la dictadura de Rafa en París es simplemente porque ya estuvo a punto de ganarle en Roma —solo la lluvia lo impidió— y porque antes de Roma ya había ganado dos Masters 1000 en tierra batida, algo que ni Thiem ha logrado. Este Roland Garros tiene que suponer un antes y un después para él. A sus veintiun años se había chocado siempre con la muralla de los Grand Slams y los partidos a cinco sets. Este año ha demostrado que está dispuesto a no dejarse vencer. Su  juego fue horrible, de acuerdo, pero remontó en todas las rondas hasta llegar a cuartos de final, donde cayó exhausto y lesionado ante el posterior finalista. Son los pasos que todo el mundo ha de dar para llegar a lo más alto. Aprender a luchar y aprender a perder. Me cuesta mucho no imaginarlo como vencedor de un grande este año o el siguiente a más tardar.

9. Los otros jóvenes nos dejaron un sabor agridulce: Stefanos Tsitsipas sufrió más de la cuenta para derrotar a Carlos Taberner… pero puso en serios apuros a Thiem en segunda ronda. Con otro cuadro, igual podríamos haber visto más del griego. Dennis Shapovalov tampoco tuvo suerte: en segunda ronda se enfrentó a un Maximilian Marterer en el mejor momento de su carrera —veintitrés años cumplirá en pocos días— y cayó en cuatro sets. Alex de Miñaur llegó y se fue: tres mangas perdidas contra Kyle Edmund y a casa. En cuanto al prometedor Felix Auger Aliassime no fue capaz ni de llegar al cuadro principal, derrotado por el español Jaume Munar.

10. En Jaume Munar nos quedamos. Gran torneo el suyo, refrendado la semana siguiente con un meritorio y sufrido triunfo en el challenger de Prostejov, lo que le coloca este lunes a las puertas del top 100. Es de lo poco a lo que puede agarrarse el tenis español, que ve cómo la carrera de David Ferrer llega a su fin así como la de Feliciano López en individuales —otra cosa son los dobles, donde llegó a semifinales con Marc López y puede seguir jugando hasta los cuarenta si quiere—. El mal momento de Roberto Bautista sigue siendo preocupante y la gran actuación de Fernando Verdasco, que se impuso cómodamente a Grigor Dimitrov en tercera ronda, apenas compensa el patinazo de Pablo Carreño, que sufrió en primera ronda, sufrió en segunda y acabó derrotado en tercera, precisamente ante Cecchinato. Seguimos esperando a Nicola Kuhn, convaleciente aún de una lesión en un dedo, y a Alejandro Davidovich, reciente finalista del challenger de Lisboa.

11. Por cierto, hay gente que se toma esto en serio y gente que se lo toma con más ligereza. En una superficie tradicionalmente hostil para él, Marin Cilic se clasificó para cuartos de final y puso en apuros a Del Potro. En una superficie que debería adaptarse a su juego, Dimitrov hizo lo de siempre: marcharse a casa mucho antes de lo que su talento debería permitirle. Incluso Kevin Anderson y John Isner lucharon hasta llegar a octavos. Especialmente doloroso fue lo del sudafricano, que dejó escapar dos sets y un break de ventaja antes de caer ante Diego Schwartzman.

12. Fabio Fognini hizo un buen torneo teniendo en cuenta que la estabilidad mental no es lo suyo. Cayó en octavos, también en cinco sets. En el camino dejó unas declaraciones en las que se quejaba del trato preferencial que se le estaba dando a la «NextGen», relegando partidos de gente más consagrada como Garbiñe Muguruza a pistas con menos glamur. Supongo que en ese caso concreto tenía razón. Ahora bien, entiendo que Fognini también se estará dando cuenta de que el tenis profesional agoniza. Si sobrevive es solo gracias a las exhibiciones de dos tipos que sobrepasan con mucho la treintena, así que la única ilusión del aficionado está en ver si los muchachos de la «NextGen» consiguen hacer lo que la generación de Fognini nunca hizo: apartarles del trono.

13. Hablando de la «NextGen», qué buena pinta tiene Karen Khachanov. No copa portadas, no es el estandarte de nada… pero qué bueno es cuando quiere. Pasó por encima del alicaído Lucas Pouille antes de caer en octavos ante Zverev, en un partido que debió ganar.  

14. Vamos ya al cuadro femenino. Después de tres finales de Grand Slam perdidas, Simona Halep se encontró con un 3-6, 0-2 en contra en su cuarto intento frente a Sloane Stephens, vigente campeona del US Open. Fue uno de esos momentos que define una carrera: ¿iba a resignarse Halep a un nuevo «no pudo ser» y seguir la larga lista de números uno del mundo incapaces de llevarse un grande? No. La derrota habría sido demasiado devastadora como para permitírsela. Su juego durante el resto del segundo set fue de tal calidad que acabó desquiciando a Stephens, desaparecida en la tercera manga. Roto el dique del primer «grande» no sería de extrañar que la rumana consiga llevarse unos cuantos más… claro que lo mismo decíamos hace dos años de Angelique Kerber.

15. Sobre Stephens, poco hay que decir. La asesina silenciosa. Parece que no está, nunca llega como favorita, no coquetea con el número uno del mundo… pero se quedó a un paso de su segundo grande. En eso se parece a su compatriota Madison Keys, a la que derrotó en semifinales: a dos semanas, ambas pueden ser intratables. Las dos tendrán una nueva oportunidad en Wimbledon.

16. Me gustó mucho Garbiñe Muguruza. Siempre tengo la sensación de que le exigimos demasiado. Queremos que sea Nadal y no es Nadal, claro. Nadie es Nadal. Después de un año espantoso y lleno de lesiones, se plantó en semifinales de un torneo que ya ganó en 2016. Tiene veinticuatro años aún, ha sido ya número uno del mundo, ha ganado dos grandes y ha sido finalista en otra ocasión. Yo diría que no está mal. De haber ganado su semifinal, habría vuelto a lo más alto del ranking WTA; aun así, las semifinales la dejan en el número tres a la espera de defender título en Wimbledon.

17. La gran sorpresa fue, sin duda, la derrota de Jelena Ostapenko en primera ronda después de haber ganado el año pasado, confirmando una primavera más bien gris sobre tierra batida. No solo extrañó la derrota sino la rival ante la que cayó derrotada, Kateryna Kozlova, número 62 del mundo y que solo duró un partido más en el torneo. En el plano positivo, habrá que reconocer la mejoría de María Sharapova, capaz de llegar a cuartos de final de un Grand Slam por primera vez desde su sanción por dopaje. Con Sharapova me pasa lo mismo que con Cecchinato, así que, enhorabuena, pero no voy a extenderme más.

18. ¿Qué hacemos con Karolina Pliskova? Hace cosa de un año iba a comerse el mundo y no sé hasta qué punto el mundo va a acabar merendándosela. Finalista en el US Open de 2016, semifinalista en Roland Garros de 2017 y fugaz número uno del mundo el pasado verano, la checa cayó en tercera ronda ante Sharapova por un excesivo 6-2, 6-1. Llega ahora Wimbledon, un torneo en el que no ha pasado de la segunda ronda en ninguna de sus siete pasadas participaciones. ¿Será la hora de la remontada o de seguir con la depresión? Un talento así no puede desaparecer de buenas a primeras.

19. Serena Williams fue otra de las grandes protagonistas del torneo. En su primer grande desde que ganara el Open de Australia de 2017 ya embarazada, la campeonísima estadounidense llegó con cierta facilidad hasta octavos de final donde tuvo que retirarse por unas molestias en el pectoral. Para muchos, no ayudó el empeño en seguir disputando el dobles con su hermana Venus. Según ella, era la única manera de saber hasta qué punto era grave la lesión. En cualquier caso, si después de un año sin competir y medio lesionada, consigue llegar a octavos en tierra batida, miedo da pensar lo que puede hacer en hierba o en pista dura si no hay sobresaltos de por medio.

20. Apunten este nombre: Daria Kasatkina. Igual queda en nada, pero por si acaso, apúntenlo. Entiendo que a Naomi Osaka ya la tienen apuntada aunque no fuera ni mucho menos su mejor torneo.

21. Iba a hablar del tenis femenino español pero la verdad es que el tenis femenino español se ha visto reducido a Muguruza. La siempre fiable Carla Suárez Navarro cayó de forma sorprendente en segunda ronda y ninguna de las otras dos participantes en el cuadro principal —Lara Arruabarrena y Georgina García Pérez— consiguió pasar la segunda ronda. Ahora bien, son dos casos bien distintos. Mientras Lara ya es una veterana en estas lides, Georgina disputaba en París su primer Grand Slam y solo haberse impuesto en su primer partido es un recuerdo que le quedará para siempre, aunque Wozniacki la despertara a continuación del sueño con un 6-0 y 6-1.

22. Herbert y Mahut, una de las mejores parejas de dobles del momento, se llevaron el torneo en su especialidad frente a Marach y Pavic. Es su tercer torneo de Grand Slam después de haberse llevado Wimbledon y el US Open en 2016. Curiosamente, siendo franceses, nunca habían destacado en Roland Garros. Para celebrarlo, la pista entera coreó «La Marsellesa» en su honor.

23. Agárrense con los ganadores junior porque vienen curvas. En el cuadro masculino, se impuso Tseng Chun-hsin, de dieciséis años, que venía de ser finalista este mismo año en Australia. Con Sebastian Korda compitiendo ya en los «futures», probablemente el taiwanés haya quedado como la gran promesa del circuito juvenil. En el cuadro femenino, la ganadora fue la estadounidense Cory Gauff. Lo impresionante de esta chica es que acaba de cumplir catorce años y de hecho ya había llegado a la final del US Open con trece. ¿Saben cuántas jugadoras de catorce años habían ganado ya un Grand Slam como juniors? Tres: Gabriela Sabatini, Jennifer Capriati y Martina Hingis. No les fue mal a ninguna.

24. Acaba por fin la temporada de tierra batida, una temporada que se lleva mal salvo que uno sea muy aficionado de Rafa Nadal porque la verdad es que competencia hay la justa desde hace ya catorce años. Lo curioso es que Federer puede arrebatarle el número uno del mundo solo con llegar a la final esta semana en Sttutgart, pero probablemente lo vuelva a ceder después de Queen’s y Wimbledon salvo nueva heroicidad. ¿Los demás? Al acecho. Puede que vuelva Murray, pero no hay que esperar gran cosa de él. A Wawrinka igual convendría ir dándole por retirado y Djokovic sigue siendo una incógnita, como hemos visto. En cuanto a los nuevos, habrá que esperar. Tarde o temprano, alguien llegará y acabará con este eterno retorno de los mismos nombres. Desde que Marat Safin se impusiera en la final del Open de Australia de 2005 solo siete jugadores se han repartido todos los torneos de Grand Slam (cincuenta y tres): Nadal, Federer, Djokovic, Murray, Wawrinka, Cilic y Del Potro. El más joven de todos cumplirá treinta años a lo largo de 2018.