Guillermo Ortiz: El último concurso de mates de Dominique Wilkins

Es el tercer mate de la noche, después de los tímidos intentos de Kenny Battle y un jovencísimo Rex Chapman, aún en los Charlotte Hornets. Scottie Pippen se acerca a la línea de tiros libres, mira como para despistar y con una sonrisa en la boca empieza a caminar hacia atrás, hacia atrás, hacia atrás… hasta acabar debajo del aro que está al otro lado de la cancha. Desde ahí empieza su carrera que, como mandan los cánones, acaba de nuevo en la línea de tiros libres, un salto de cuatro metros y setenta centímetros que acaba en mate por los pelos, tan por los pelos como el de Michael Jordan en 1988, el que le sirvió para convertirse en logo de Nike.

No se sabe si el mate es una broma o una provocación o un homenaje. En cualquier caso, honestamente, es mejor que el de Michael porque salta desde más lejos y machaca con más contundencia. La diferencia, obviamente, es la plasticidad. Y la altura. Jordan aquel día no midió bien el aterrizaje pero el despegue fue algo mágico. Los distintos jugadores y aficionados sacan sus cartulinas con un 9 o un 10 pintado y el jurado le otorga 47,2 puntos, la mejor nota de la noche, muy por debajo de lo que Jordan consiguió en Chicago dos años antes.

El siguiente en saltar es Dominique Wilkins y no sabemos cómo le ha sentado el chiste o lo que fuera. Él sigue convencido de que en 1988 mereció ganar, que fue mejor que Jordan y que solo la mercadotecnia de la NBA, unida a la necesidad de que alguien de los Bulls ganara en casa, le robaron el título. Según Nique, el propio Jordan le confesó en su momento: «Tú sabes que has ganado hoy y yo sé que has ganado hoy, ¿qué puedo decirte? Estás en Chicago, eso es todo». A Wilkins le deben una y así es como afronta la competición dos años más tarde. Probablemente así es como le han convencido de que entre en competición junto a la habitual colección de rising stars.

La respuesta, en cualquier caso, es contundente pero rutinaria: Wilkins es tan favorito que parece no necesitar esforzarse. Su carrera ha sido la de un anotador compulsivo cuyo equipo acaba cayendo en primera o segunda ronda de play-offs contra los Boston Celtics, es decir, su carrera ha sido poco más o menos la de Michael Jordan, un duelo que ha hecho de los concursos de mates la cita ineludible en cualquier liga europea que se precie. David Russell saltando por encima de un niño en Don Benito, Wayne Robinson destrozando tableros.

Lo que pasa es que Jordan ya no está para concursos de popularidad y se limita a ver a pie de pista cómo Wilkins hace su típico molinillo a una mano, explosivo pero mil veces visto, y se lleva más puntos que Pippen o que cualquiera de sus otros dos antecesores. Como su asiento está justo delante del de Michael, los dos se parten de risa y acaban chocando manos, como si la cosa tampoco fuera con él.

Por lo demás, la primera ronda nos deja dos mates espectaculares, llenos de potencia, de Shawn Kemp, el jugador más joven de la liga a sus veinte años, un mate con dos balones de la estrella local Billy Thompson y el típico mate de Kenny «Sky» Walker cogiendo el balón a una mano desde la línea de fondo y hundiéndolo en el aro tras volar justo por debajo, girando el codo de manera inverosímil para machacar casi con desprecio. Los tres favoritos —Wilkins, Kemp y Walker— están en la siguiente ronda, queda por descubrir el cuarto. Cuando todo apunta a que el desganado segundo mate de Pippen le servirá para clasificarse, Kenny Smith, el base de los Sacramento Kings, sorprende colocándose de espaldas a la canasta, botando el balón entre sus piernas para que golpee en lo alto del tablero, recogerlo en el aire y machacar a dos manos. Es un mate impresionante y el jurado, por una vez, acierta. El chico se mete entre los grandes.

El nuevo Spud Webb

No es la primera vez que un «bajito» se cuela en estas fiestas. Si Dominique Wilkins no ha repetido hasta ahora el triunfo de 1985 en Dallas, precisamente ante Jordan, no es solo porque los jueces de Chicago fueran especialmente agradecidos con la estrella local sino porque en 1986 se le cruzó el diminuto Spud Webb, su compañero en los Atlanta Hawks, un base que haría carrera en la NBA contra todos los pronósticos y cuyo carisma era difícil de batir en concursos de este tipo. Nadie puede ir en contra de un tipo de 1,69 que se pelea con los Goliaths del planeta…

¿Será Kenny Smith el Webb de la ocasión? No parece probable. Solo faltaría que a Wilkins le hayan hecho participar en esta bufonada para acabar dándole el título a un suplente del peor equipo de la liga… Mucho más rival parece Kenny «Sky» Walker, desde luego. Su primer mate, casi calcado al que le dio el triunfo el año anterior, así lo muestra: un giro de trescientos sesenta grados con el balón pegado al cuerpo finalizando a una mano. Kenny Walker dándolo todo pese a sus lesiones en las rodillas, las lesiones que acabarían con su carrera en los Knicks, en la NBA y que lo dejarían de anotador estrella del IFA Granollers a los pocos años. El jurado le da 49,5 puntos.

El siguiente es Dominique Wilkins. Su primer intento es un desastre y tiene que repetirlo. Cada concursante tiene la opción de repetir un mate por ronda y ahí va Wilkins hacia el aro, el salto de siempre, la vuelta en el aire y la conclusión esperable. Correcto y ya está… pero le dan 48 puntos. Pippen, por saltar desde la línea de tiros libres se llevó 47,2 en la primera ronda, así que se ve que los jueces se van calentando. Terminan la serie Kemp y Smith: el de Seattle casi calca el de Pippen pero peor, más torpe, más desgarbado, saltando desde más cerca. Aun así, se lleva un 47,6. Smith no parece hacer nada del otro mundo: típico balón que bota con fuerza para que coja altura, el chico que salta en carrera, con el impulso detrás, lo agarra en el aire y lo machaca. Sorprendentemente, se lleva un 49,1 y se pone en segunda posición.

Dominique está jodido. Él lo sabe y todo el mundo lo sabe y no está claro que a David Stern la situación le guste. Es el mejor matador de la liga, el mejor del concurso de largo pero no parece estar esforzándose al 100%. Está más de un punto detrás de Kenny Smith y Kenny Walker y un punto a estas alturas es bastante. O los demás fallan o él lo borda… y esperemos que Kemp no nos salga con una maravilla marca de la casa.

La segunda serie la empieza Walker, que deja la puerta peligrosamente abierta: un mate a una mano, desde la línea de fondo tendiendo a la posición horizontal en el vuelo, que recuerda a Jordan y también recuerda a Patrick Ewing, su compañero en los Knicks, el que le aconseja desde los asientos de primera fila. A los jueces no les enloquece, pero le dan un 47,9. Wilkins se lo juega todo en el siguiente salto, así que hace el paripé de discutirlo con Isiah Thomas y Magic Johnson y acaba remontando él también la línea de fondo para acabar con un molinillo a dos manos.

Es su mejor mate de la noche, no hay duda. Puede que no sea lo más creativo del mundo, pero la explosividad con la que salta, la dificultad máxima de mantener en alto el balón con las dos manos y estamparlo contra el aro girando trescientos sesenta grados los brazos convence a los jueces: 49,7… justo tres décimas más de lo que necesita para superar a Kenny Walker. ¿Es de verdad un mate casi perfecto? No lo sé, pero desde luego es un pedazo de mate y, tras el intento de Kemp, que queda en nada, está en manos de Smith que la final soñada entre el campeón y el gran aspirante tenga lugar o no.

Smith necesita un 48,4 sobre 50 puntos posibles para avanzar de ronda. Estira bien los hombros antes de coger el balón, corre hacia la canasta, bota el balón delante de él, lo recoge bastante abajo y lo impulsa hacia arriba. No parece gran cosa. Tiene el mérito de la estatura, de medir solo 1,90, pero de verdad que no parece gran cosa. Hoy día, algo así no tendría sitio en un concurso de mates, todo lo que no sea saltar un coche vestido de Superman ya saben que no vale. Los comentaristas estadounidenses, entre ellos el mítico Doug Collins, están convencidos de que se va a quedar corto, pero el jurado vuelve a sorprender: 49,0. La final está servida.

El día que Trecet se convirtió en un fan más

Antes de Andrés Montes y Antoni Daimiel hubo otra gente: Ramón Trecet, Moncho Monsalve, Esteban Gómez, Vicente Salaner… gente que nos trajo a los niños de los ochenta el baloncesto NBA rodeado de gritos y madrugones y triples de Bill Laimbeer. Este concurso de mates de 1990 es un poco la consagración de esos tiempos, los tiempos en los que Larry Nance rompía las canastas y Roy Tarpley se empeñaba en sabotear su prometedora carrera. Los otros nombres, los que no han pasado a la historia.

Por ejemplo, Dominique Wilkins, que se cansó de perder con los Hawks y acabó fichando por los Celtics en plena reconversión del equipo, pasó por el Panathinaikos de Maljkovic, le ganó una Final Four al Barcelona a medias con Stojan Vrankovic, volvió como estrella, incluso a los treinta y seis años, a los San Antonio Spurs pre-Duncan y todavía tuvo tiempo para ganarse unos cuantos dólares extra en Bolonia antes de retirarse en los Orlando Magic junto a su hermano Gerald.

En 1990, Wilkins es un ídolo en España y Trecet lo sabe, enviado especial a Miami, francotirador en plena madrugada de Madrid donde un niño de doce años ve el concurso en casa de su padre. Sin embargo, a Trecet le gusta llamar la atención y sobre todo le repele seguir la corriente. Es consciente de que Dominique es el favorito, probablemente tenga claro que va a ganar, pero no le gusta su apatía, esa apatía de treintañero que parece estar de vuelta de todo, la estrella que ha decidido apuntarse en el último momento para que alguien vea el concurso.

En la final, cada participante tiene tres intentos y los dos parecen ponerse de acuerdo en desperdiciar el primero: dos mates insulsos, propios de un partido de liga regular y no de un concurso de este tipo. El de Smith consigue dos décimas más que el de Wilkins pero los dos pueden hacerlo mejor, o eso queremos creer, salvo que las piernas empiecen a pesar después de cinco mates y un montón de adrenalina.

Kenny abre el segundo turno y es una repetición del de la primera ronda pero mejorado: a la primera, consigue botar de espaldas el balón entre las piernas y contra el tablero y lo machaca a dos manos también hacia atrás. Si no me equivoco, este es el momento en el que Ramón Trecet se vuelve loco y empieza a gritar: «Quiero que gane él, lo siento por mi hijo Unai pero quiero que gane él. Si Dominique quiere ganar este concurso, que parezca que lo quiere ganar».

Y la verdad es que la pinta que tiene es que no lo va a ganar. Su cuarta derrota en cinco participaciones. A Smith le dan un 49,8 y desde luego no es hora para siestas y rutinas. Wilkins tiene que demostrar su estatus, tiene que justificar los muchos dólares que bajo cuerda le han dado para estar ahí. Lo que intenta es colosal. No muy creativo pero impresionante, como siempre: lanza el balón contra el tablero desde lejísimos y lo coge en el aire a una altura impensable, desde la que lo quiere estrellar contra el aro… pero sin éxito. La sensación de violencia en el pabellón es tremenda. Uno de los comentaristas de la televisión americana dice: «Yo le habría dado el 49,8 solo por el fallo».

Tiene que repetir. Es un momento complicado de verdad porque si falla de nuevo se va todo a la basura pero tampoco puede asegurar con un mate ramplón porque parte con demasiada desventaja… Sin embargo, y contra toda lógica, lo que hace es precisamente un mate ramplón: poca carrera, línea de fondo y molinillo a una mano. El mate que le hemos visto hacer durante diez años. Por supuesto, no es un mate fácil y la extensión del brazo hacia atrás es colosal, pero aquello no puede ir a ningún lado salvo que los jueces decidan que sí, que se merece un 49,7 ni más ni menos, que es lo que deciden para mantener la competición lo más viva posible.

El último mate de Dominique Wilkins

El tongo se huele de lejos y el público de Miami abuchea la decisión. El propio Wilkins se ríe sentado sobre la mesa de anotadores como si no se lo pudiera creer, como si quisiera decir: «No oí tantos silbidos en Chicago en el 88». Smith se queda sorprendido, Collins se queda sorprendido, Trecet directamente grita de indignación. Es el último intento y, pese a todo, Kenny sigue teniendo tres décimas de ventaja pero la sensación es que no va a bastar.

Su tercer mate es ambicioso pero sale mal: la rutina no tiene nada de especial, botar el balón en el suelo y cogerlo de nuevo, pero la carrera que coge anuncia algo espectacular que no llega. La pelota se acerca demasiado al aro hasta el punto de que Smith tiene que agarrarlo con la mano izquierda mientras coge la bola con la derecha y la machaca a aro pasado. No es un mate horrible. Con todo, es mejor que el anterior de Dominique y casi le dieron un 50, pero sabe que con eso no va a ganar y pide repetirlo. Tiene un mate de repuesto disponible y pide que se lo otorguen aunque no haya fallado. Obviamente, la NBA le dice que no y las propias protestas del jugador restan mérito a su mate. El jurado le da un 47,2. Dominique solo necesita un 47,6 para ganar y lo más bajo que ha conseguido en toda la noche es un 47,9.

En fin, Dominique se prepara para su último mate. No tiene mucho que perder, así que igual, con el torneo ganado, se lanza con algo especial. Eso es lo que desean todos los espectadores en Miami y en el mundo, pero no es lo que desea Wilkins, que lo que quiere es irse de ahí cuanto antes y descansar un poco las muñecas antes del partido del domingo. Corre tranquilamente hacia el aro y solo acelera un poco al final para elevarse y hacer de nuevo el molinillo, esta vez a dos manos. La decepción es enorme pero se lleva mejor con los 49,2 puntos que le da el jurado y los veinte mil dólares de premio que le entrega Gatorade, una minucia comparada con su caché por participar.

El público abuchea pero da igual. En el fondo es el inicio del fin de Dominique, arrasado por los años de títulos y dominio total de Michael Jordan. Seguirá cuatro años más en Atlanta, incapaz de llegar a una sola final de conferencia y discutiendo con Mike Fratello. No bajará de los 25 puntos por partido porque eso parece imposible, o al menos no bajará hasta que cumpla treinta y cautro años que no está nada mal. Sin embargo, la pasión no está, se la ha dejado en algún lado. Probablemente en cada anillo que puebla la mano derecha de Michael Jordan, en cada niño que ha decidido que los mates de Harold Miner son más divertidos.


Machacar pasándose el balón por debajo de la pierna

Jason Richardson

El acto de machacar, de hundir el balón con contundencia dentro del aro, es probablemente la acción más espectacular del baloncesto. Como la canasta se encuentra a 3,05 metros del suelo, hacer un mate exige tener cierta envergadura, una potencia asombrosa de salto o ambas cosas. Aparte de la plasticidad de la acción en sí, machacar simboliza el dominio absoluto de la zona del rival puesto que se llega a tocar el aro contrario (poniéndonos en plan metafóricos, es como profanar lascivamente el templo del enemigo) y es casi imparable para el defensor ya que, si este se arma de valor e intenta evitar el mate, la inmensa mayoría de las veces se cargará con una falta y/o quedará posterizado. Y cuanto más llamativo resulta el mate da la sensación de que la canasta cuenta, moralmente, como un poco más que dos puntos. Esa búsqueda de la plasticidad que te haga congraciarte con el público al mismo tiempo que mine la confianza del equipo contrario ha generado todo un catálogo de formas diferentes de machacar: a una mano, a dos manos, de frente, lateral, de espaldas, molinos, rectificados…

De entre la gran variedad de dunks que existen hay uno que es especialmente complicado a la par que vistoso: el mate pasándose el balón por debajo de la pierna en el aire (en adelante, para abreviar, lo denominaremos arbitrariamente UTL —under the leg—). Para hacerse una idea de la combinación de potencia y coordinación que exige esta maniobra, pueden intentar recrearlo en su casa a pequeña escala: cojan una pandereta, salten con fuerza, en el aire, golpee la pandereta con la mano opuesta a la que la sujeta bajo una de sus piernas (que obviamente deberá haber levantado) y, antes de caer al suelo y en un mismo movimiento fluido, golpeese con la pandereta en la cabeza. Bien fuerte, si les da tiempo. Si todo esto lo hace satisfactoriamente y además suele ir disfrazado de Cervantes, podrá presentarse con aspiraciones de éxito a una audición para ser el tuno saltimbanqui de la facultad más prestigiosa de cualquier universidad centenaria. Lo normal es que la primera vez que lo intente sea incapaz de hacerlo puesto que, afortunadamente para la humanidad, el gen que caracteriza al tuno de la pandereta es recesivo. Aun así, extrapole su esfuerzo y sustituya mentalmente la pandereta por un balón de basket y su salto por uno que le catapulte hacia ese aro que está alrededor de medio metro más alto que el techo de una vivienda convencional. Pero no se venga abajo si no se ve capaz de hacerlo, puesto que hasta jugadores profesionales en su plenitud física no han podido culminar una jugada así: ni Michael Jordan acertó en su único intento que ha quedado registrado, en un campus veraniego organizado por Magic Johnson en 1989.

Este tipo de mate no se vio en baloncesto al máximo nivel hasta que Orlando Woolridge lo realizó en el Slam Dunk Contest de 1984 de la NBA. Su altura (medía 2,06 m) y su salto un tanto justito le hicieron parecer agarrotado y deslucieron la ejecución, aunque le otorgaron 48 puntos. Tendrían que pasar diez años hasta que Isaiah Rider recuperara este mate en el concurso de 1994, del que fue ganador; por eso, muchos piensan que fue el primero que lo hizo en un evento de estas características:

Su cuerpo más compacto (pesaba lo mismo que Woolridge midiendo unos diez centímetros menos), la extensión de las piernas y la fuerza de su batida dejan en mal lugar al innovador mate del malogrado alero de los Bulls, siendo mucho más plástico el de Rider, a quien por cierto le dieron 49 puntos. Al año siguiente, el polémico Rider, cuyo nombre será siempre recordado por ser el campeón de mates del 94 y por sus múltiples problemas con la justicia, defendía título pero fue incapaz de repetir el mate a pesar de intentarlo varias veces (en aquella edición, las bases del concurso permitían todos los intentos que quisieran en un tiempo dado). Un par de años más tarde, tras ganar ¡un blanco! (Brent Barry) el título de mejor matador, lo que dio lugar a una de las frases más memorables de Charles Barkley («la NBA está en decadencia. Necesitamos otra marcha del Millón de Hombres»), fue un jovencito de 18 años quien se llevó el gato al agua pasándose el balón por debajo de la pierna:

Este chaval, como habrán adivinado, era Kobe Bryant, quien ya había realizado esta jugada durante un partido de exhibición cuando iba al instituto en 1995. A pesar de la belleza del mate, más elegante que el de Rider, esta edición supuso un punto y seguido para la NBA. El nivel del concurso había ido bajando progresivamente dado que las grandes estrellas dotadas para esta disciplina renunciaban a participar. Tanto el año 1998 como el 1999 no se celebró el Slam Dunk Contest (en 1999, de hecho, ni se celebró el All Stars como consecuencia del cierre patronal de la liga), pero la NBA no quería renunciar a un evento que le proporcionaba muchísima publicidad. Así, el año 2000 recuperó el concurso reuniendo a los mejores especialistas del momento, que dieron lo mejor de sí en el que probablemente sea el mejor concurso que se haya realizado y que encumbró a Vince Carter con un mate inolvidable:

Si ya es difícil realizar todo el movimiento en el aire cuando se tiene el balón en las manos, imagínense tener que cogerlo cuando ya se ha saltado. Tracy McGrady le puso el balón a la altura de la cabeza por lo que Carter tuvo que bajarlo, pasárselo bajo la pierna y hundirlo a toda velocidad; Air Canada hizo todo esto con un movimiento fluido y continuo, con una plasticidad tan insultante que hasta miembros del jurado se subieron a la mesa dando saltos de alegría, enloquecidos con lo que acababan de ver. La propia puesta en escena propició el estallido de asombro general: McGrady se la dejó demasiado baja al primer intento y Carter no pudo realizar el mate pero se pudo intuir lo que iba a hacer, lo que aumentó la expectación porque parecía imposible. Tras realizar ese prodigio de coordinación y potencia, Carter se apuntó al show haciéndonos entender que el concurso había acabado porque lo que había hecho era insuperable. En directo pareció increíble, pero cuando se ve la repetición es impresionante. Incluso en el pabellón, cuando repitieron el mate por las pantallas al mismo tiempo que en todas las televisiones del mundo, el público no pudo reprimir los ¡oh! de asombro con cada toma. Una maravilla. Huelga decir que le puntuaron con lo máximo, 50 puntos. Vince Carter

A partir de ese momento, el UTL se convirtió en una especie de acto iniciático o de prestigio, todo el mundo quería entrar en ese selecto club. La lista de jugadores que han completado con éxito esta jugada desde entonces en concursos por todo el mundo (1) sería interminable, por lo que solo recordaremos los más destacados en la NBA: Desmond Mason ejecutándolo en escorzo en el concurso del 2003, Amar’e Stoudemire a aro pasado en 2005, el meritorio mate de Nate Robinson en 2006 desde sus escasos 1,75 metros de altura o el de Gerald Green en 2008, puntuado únicamente con 45 puntos. Y es que en los últimos años, perdida la novedad y el impacto, así como la masificación puesto que lo ejecutan ya muchos jugadores, el UTL no ha sido bien recibido por los jurados del concurso. Los casos más significativos en este aspecto han sido los de Andre Iguodala y DeMar DeRozan. Iguodala tuvo virtualmente ganado el concurso de 2006 cuando le hacían falta 45 puntos para llevarse el título y realizó esto. Estableciendo los primeros mimbres para el pucherazo, le dieron solo 44 puntos, por lo que tuvo que jugarse una ronda de desempate con Nate Robinson quien, en una de las situaciones más bochornosas de la historia del fin de semana de las estrellas de la NBA, necesitó ¡14 intentos! para un mate muy regular. Por su parte, Iguodala dio un paso más y ejecutó el UTL a aro pasado. El jurado parecía que tenía claro que debía ganar Robinson y le dieron solo 46 puntos al visiblemente cabreado Andre, suficientes para que el histriónico y menudo base ganara (inmerecidamente) aquella edición. En cuanto a DeRozan, también sufrió en 2010 la indiferencia de los jueces que dieron 42 puntos a un UTL que finalizó de espaldas y a dos manos, o 44 puntos en 2011 en una versión aún más complicada.

Siempre hablando de concursos dentro del baloncesto profesional, se han dado algunas innovaciones interesantes más allá de machacar con la misma mano que el pie de batida (un movimiento menos natural). El que más evolucionó el UTL en la primera década del siglo XXI fue Jason Richardson, campeón en 2002 y 2003, con bellas variaciones: fue el primero que lo finalizó de espaldas tras coger el balón en el aire o el que lo comenzó lanzando el balón contra el tablero. Otro tipo de novedad introdujo Terence Ross en el concurso de 2013: ejecutar un UTL saltando sobre un niño. Pero este tipo de mate, saltando sobre personas u objetos me parece que están (aún) más cerca del circo que del baloncesto, sobre todo si el saltador calcula mal y se lleva todo por delante. Que ya ha pasado.

James Flight White

James WhitePuede que James White sea el mejor matador que ha dado el baloncesto profesional. Reúne potencia, plasticidad y una exuberante capacidad de salto aunque, como jugador, su mejor logro ha sido el título de máximo anotador… de la liga italiana. Tras su paso por la NCAA, fue elegido en segunda ronda del draft de la NBA, donde apenas ha tenido minutos, por lo que ha deambulado por Rusia, Turquía o la NBDL. Pero es un superdotado cuando llega la hora de machacar; raro es el concurso en el haya participado en el que el mejor mate no ha sido suyo, aunque su irregularidad y atrevimiento le hayan costado más de un título. En el 2013, puesto que formaba parte de la plantilla de los Knicks (aunque lo cortaron al finalizar la temporada), pudo por fin intentar demostrar su capacidad en el mejor escaparate posible: el concurso del All Stars. Y comenzó con un mate desde la línea de tiros libres, para romper el hielo. Pero marró su segundo intento, quedando fuera de la fase final para la que probablemente se guardaba un UTL… ¡desde la línea de tiros libres! Esta barbaridad se ha convertido en la marca de la casa aunque no siempre lo consiga, pero es de alabar que se arriesgue poniendo toda la carne en el asador. En el concurso de la liga turca de 2008, por ejemplo, lo clavó. Que alguna franquicia de la NBA lo fiche, por favor, aunque solo sea para que imite a Carter tras marcarse un UTL desde la línea personal y diga, con razón, que lo que acaba de hacer es insuperable.

El no va más: realizar el UTL durante un partido

En partidos de instituto se lo hemos visto hacer, entre otros, al citado anteriormente Bryant o a LeBron. Este último también lo intentó con éxito en el partido de Rookies-Sophomores de 2004, aunque llamar a eso partido es como catalogar de «exhibición de talento» a una pachanga entre solteros y casados. A The Chosen One, por cierto, sigue dándosele bien este truco, como hemos podido ver en alguna rueda de calentamiento reciente. Pero en partidos del máximo nivel es muy raro ver un UTL en juego. No es lo mismo intentar hacer un mate de concurso durante un concurso que en un partido serio porque a tu entrenador le puede dar un infarto como falles una canasta fácil en contraataque por hacer el gamba. Por ejemplo Josh Smith, ganador del concurso de 2005, probó suerte durante un partido de playoff y se saldó con un rotundo fracaso. Curiosamente, Smith no lo había intentado en ninguno de los concursos en los que participó (2005 y 2006). El caso contrario es Ricky Davis, que erró en su intento en el concurso de 2004 pero fue el primero que realizó un UTL durante un partido de la NBA, en el año 2003:

Si se han fijado en el marcador habrán visto que en el momento de ejecutar el mate su equipo perdía de 20 puntos a falta de menos de dos minutos y medio para la conclusión. Vamos, no es que el partido estuviera igualado que digamos, por lo que no se estaba jugando gran cosa. Podríamos pensar que Davis no es el tipo de hombre que mira el marcador y las estadísticas cuando está en la cancha. Pero no. Ese mismo año protagonizó una de las acciones más rocambolescas de los últimos tiempos: a falta de pocos segundos para acabar un partido que su equipo ganaba cómodamente, tiró a fallar ¡en su propia canasta! para así apuntarse su rebote número diez en el partido y conseguir su primer triple-doble como profesional. A sus rivales evidentemente no les hizo tanta gracia como a nosotros y uno de ellos, DeShawn Stevenson, le midió un poco el lomo. Lo peor de todo es que la NBA no le anotó el rebote en su planilla por la forma en que lo había conseguido. Su equipo, además, rescindió su contrato por conducta inapropiada o algo así. Pero no le dijeron nada por hacer un UTL durante un partido cuando es una jugada que también puede despreciar al rival, porque pasar el balón bajo la pierna en el aire es una imagen que muchos tenemos grabada desde hace décadas gracias a Drazen Petrovic, que no es que fuera un ejemplo de deportividad. Por cierto, Davis volvió a intentar un UTL en un contraataque en la temporada 2003-2004. Y falló, aunque lo compensó cogiendo el rechace y anotando la canasta (un vistoso windmill, además) antes de que se replegara la defensa. O puede que lo hiciera a propósito para apuntarse otro rebote en su estadística, quién sabe.

 

(1) Por ejemplo, en el concurso de la ACB en 2005, lo realizó en la forma clásica Saúl Blanco y, en alley oop, Mickaël Gelabale. O recientemente en la NCAA, el explosivo James Justice consiguió una de las mejores canastas del 2012. Y luego están los concursos o partidos de exhibición, donde se ven auténticas burradas (las jugadas nº 6, 4, 2 y 1). 

 


2012 en doce canastas

Al grano y sin paños calientes: el 2012 será recordado, desde el punto de vista baloncestístico, como el año en el que LeBron James se encontró al fin con la historia ganando el MVP de la liga regular, MVP de la Final, el anillo de la NBA y la medalla de oro en Londres 2012. Además, fuimos testigos del hype Jeremy Lin, de la llegada, caída y vuelta de Ricky Rubio, de la sorprendente Final Four de la Euroliga y de otro USA-España para el recuerdo en una final de Juegos Olímpicos. Y, por supuesto, de muchas canastas espectaculares.

La mejor canasta del mejor jugador del mundo (en el 2012)

Por méritos propios, James debía aparecer en el primer lugar de esta relación de vídeos. Y qué mejor manera. Como una metáfora de su temporada, en la que ha estado a un nivel inalcanzable para los demás, este alley oop por encima del jugador de los Bulls John Lucas ilustra a la perfección la potencia y habilidad de El Elegido: remonta la línea de fondo para coger en el aire con una mano el gran pase de Dwyane Wade y hundir el balón en el interior de la canasta, pasando literalmente por encima de la defensa. Y además, para redondear el partido, acabó con 35 puntos, 11 rebotes y 5 asistencias. Definitivamente, un año horrible para los LeBron haters.

NOBODY expects the Spanish Inquisition!

JJOO

Nobody? Bueno, nosotros siempre creímos en las posibilidades de la selección española de jugar la revancha de la final de los Juegos Olímpicos de Pekín. Cuatro años después, en Londres, se volvió a presenciar un partido vibrante, lleno de acciones de calidad por parte de dos equipos plagados de estrellas. Tal vez, la imagen que mejor ilustra la sensación que nos quedó a los aficionados españoles la dio Pau Gasol, cuando las cámaras mostraron un primer plano de su cara, estando en el banquillo, a falta de minuto y medio para el final y el marcador parecía que ya no daba opciones a España. Se pudo leer en sus labios (y en su gesto de decepción) un “qué pena” que nos hizo un nudo en la garganta… y borró de un plumazo las dudas, la derrota contra Rusia, la polémica de la relajación contra Brasil que nos permitió librarnos de USA hasta la final. Sirva la conexión Sergio RodríguezRudy Fernández como recuerdo de lo que pudo ser y no fue, porque, francamente, no parece que a medio plazo volvamos a tener el oro tan cerca como lo estuvo en Londres

El triple de Marcelinho

Primer partido de la final de la Liga ACB 2012. El Real Madrid gana por 2 puntos y tiene el balón a falta de 10 segundos, existiendo un desfase de 3 segundos entre la posesión y el tiempo de partido. Sorprendentemente, el Barcelona renuncia a hacer falta personal y confía su suerte a que el Madrid no anote. Sergio Llull aguanta el balón hasta que le quedan 3 segundos de posesión y lanza un triple. El rebote lo coge la defensa azulgrana con poco menos de cuatro segundos por jugar. El balón le llega a Marcelinho Huertas que corre hacia la canasta contraria pero apenas le da tiempo a rebasar el medio campo, desde donde salta para realizar el lanzamiento, en carrera, a una pierna… ¡y lo anota! Pablo Laso se va con un monumental cabreo al vestuario, negando con la cabeza, porque han perdido el partido en el último segundo de forma increíble. Fueron los tres primeros puntos del base brasileño en el partido, suficientes para que su equipo ganara y se adelantase en la serie final, una de las más igualadas y entretenidas de los últimos tiempos.

La manoletina de Printezis

En la temporada 2011-2012, el CSKA de Moscú contaba con una de las mejores plantillas a nivel continental de las últimas décadas con nombres como Kirilenko, Shved, Krstic, Teodosic, Siskauskas, Khryapa, Kaun… y su superioridad en la Euroliga era incontestable, llegando con un balance de solo 2 derrotas en 21 partidos a la final de la competición europea más prestigiosa. Incluso ya saboreaba el triunfo en el minuto 28 de la misma, cuando ganaba por 19 puntos al Olympiacos. Pero entonces comenzó la remontada del equipo griego que, con un parcial de 14-0, volvió a dar vida al partido. En un final de infarto, el CSKA desaprovechó dos tiros libres a falta de 9 segundos que podían haberles dado el título; tras el rebote, el Olympiacos dio el balón a Vassilis Spanoulis, su mejor jugador, quien penetró con decisión y dobló el balón a Giorgos Printezis que, con un tiro lateral a una mano un poco extraño, logró la canasta del título para su equipo. El proyecto deportivo millonario del CSKA se quedó con la miel en los labios.

El mejor alley oop del 2012 (y tal vez de todos los tiempos)

Para valorar esta jugada basta con observar al banquillo de los Houston Rockets, que está en segundo plano del espectacular vuelo del jugador de los Nets Gerald Green: son incapaces de reprimirse y, si tuvieran carteles con puntos como en un concurso, también levantarían su dieces. Porque con ese mate Green podría haber ganado varios concursos en los 80 y 90 por innovación, salto, potencia, plasticidad y coordinación. Basta recordar que Dominique Wilkins solía conseguir grandes puntuaciones en los slam dunk contest con molinos similares que sorprendían al público hace ya un cuarto de siglo, pero ejecutados sin alley oop y sin alcanzar esa altura con la cabeza. No es de extrañar que Green fuera campeón del concurso de mates en el 2007 y subcampeón en el 2008.

La bestia parda

Blake Griffin es una máquina de fabricar highlights. Este año le ha cogido el gusto a arrollar a todo lo que se ponga por delante a la hora de ir a por el aro, dejando incluso a Pau Gasol posterizado no una, sino dos veces en el mismo partido. La verdad es que la canasta del vídeo no es un mate propiamente dicho (acotar qué es un dunk es motivo de animados debates), pero la sensación de fortaleza que transmite la canasta de Griffin, superando la oposición de Kendrick Perkins, es una definición bastante buena de matarla. Esta jugada se está convirtiendo en marca de la casa porque unos meses atrás Griffin había realizado una acción similar sobre Timofey Mozgov (incluso Micah Downs realizó uno muy parecido en la ACB sobre Fran Vázquez). Viendo este derroche físico no es demasiado arriesgado aventurar que tal vez, dentro de unos años, una raza afroamericana-pelirroja domine la NBA y por tanto, el baloncesto mundial.

Linsanity

La sensación del año. Una serie de circunstancias adversas para los Knicks propició que Jeremy Lin, que solo había jugado 55 minutos en total en los 23 encuentros anteriores, encadenara varios partidos estelares, culminando su particular versión del cuento de la cenicienta con el triple de la victoria frente a los Raptors. Al finalizar la temporada 2011-2012 dejó los Knicks para fichar por los Rockets y, debido a que tal vez se sienta eclipsado por el emergente James Harden, no está rindiendo al mismo nivel que aquellos días de ensueño. Pero desde luego, Lin es todo un titular de la NBA (probablemente, hasta acabe siendo un allstar) y no un jugador para los minutos de la basura.

Ricky is back!

Confiamos en sus posibilidades cuando partió hacia la NBA, nos alegramos enormemente de su impacto en la liga y nos rompimos todos un poquito cuando su rodilla se hizo añicos. Aunque más lentamente de lo que nos gustaría en unos Wolves que parece que los ha mirado un tuerto en lo referente a las lesiones, Ricky comienza a coger el ritmo de la competición y el nivel de juego que tenía antes de la lesión, cuando realizaba pases complicados con una facilidad pasmosa. Como el que dio a Greg Stiemsma en la noche de su regreso: sin mirar, a una mano, por entre sus piernas y evitando un mar de brazos, para que su compañero reciba en una posición franca para lograr la canasta. Una maravilla.

Na-va-rro

Navarro

La última jornada de la ACB del año nos trajo una de las mejores actuaciones en esta liga de Navarro, que anotó 33 puntos (¡solo falló un lanzamiento!), cogió seis rebotes y dio tres asistencias. El triple al final del tercer cuarto del partido contra el Real Madrid, cayéndose, desequilibrado y a la pata coja, puede parecer un churro, de esos tiros que solo entran una vez en la vida. Pero a Navarro le hemos visto meterlos así más veces, como en las semifinales del Eurobasket 2011 contra Macedonia, para desesperación de su entrenador. Como dijo nuestro colaborador Lartaun de Azumendi en Twitter, Juan Carlos es el mejor jugador español de la historia libra por libra. Es un fenómeno, me quedo sin palabras… así que, una vez más, retomo las del blog de Lucio Angulo:

Hoy te toca defender a La Bomba Navarro, lees sus características en el scouting: “Puede penetrar a canasta con ambas manos, arma el tiro rápido por lo que es importante estar cerca de él. Cuidado con pegarse en exceso pues es listo para sacar faltas. No dejar de defenderle lejos del aro, puede sorprender con tiros de larga distancia (hasta 7 metros) con buenos porcentajes. Precaución con su primer paso, que no nos pille de sorpresa, excelente en tiros de 2 lanzando por encima del defensor. No enviarle a la línea de tiros libres ya que saca así muchos puntos…”

Y llega el partido. Y Navarro te mete un triple. Y el entrenador grita:

—¡Que no te separes! ¿No lees el scouting?

—Sí, entrenador, sí.

Los blancos la saben meter

Real Madrid

Contraataque del Real Madrid que arranca Sergio Rodríguez driblando a dos contrarios, da un pase de 15 metros a una mano mirando al otro lado a Nikola Mirotic, que recibe a la altura de la línea de personal contraria y cuelga el balón para que Llull machaque la canasta contraria en un alley oop espectacular. El baloncesto ofensivo y dinámico que está desarrollando el Real Madrid entrenado por Laso merece un reconocimiento, que además en esta temporada 2012-2013 le está reportando éxitos deportivos: entre ACB, Supercopa y Euroliga, lleva un parcial de 21 victorias y 1 derrota, y sus más de 94 puntos por partido en esta edición de la Liga Endesa parecen cifras de otras épocas.

¿Quién demonios es James Justice?

El slam dunk contest de la NCAA nos dio a conocer a un pequeño jugador que parece una pelota de caucho debido a su salto vertical de 132 cm. Con menos de 1,80 m de altura, este base de la desconocida universidad Martin Methodist College dejó a todo el mundo boquiabierto con una colección de mates espectacular, culminado con un cross complicadísimo para alguien de su estatura. No obstante, parece que de momento no le veremos competir en el baloncesto profesional puesto que le han contratado los Harlem Globetrotters.

La no-canasta

Faverani

Es prácticamente imposible meter una canasta desde un lugar más alejado del campo de juego; tal vez, un metro o dos más si te vas al vértice de la cancha. Vitor Faverani, tras capturar un rebote bajo su aro y ante la inminencia del final de cuarto, lanza a la desesperada y ¡clava la canasta! Lamentablemente para su equipo, el tiro se realizó fuera de tiempo, pero merece ser recordado.