España y el software que fue

Carátula de La abadía del crimen. Imagen: Opera Soft.
Carátula de La abadía del crimen. Imagen: Opera Soft.

Ya en el final de mi vida de pecador, mientras espero en el abismo sin fondo de la divinidad desierta y silenciosa…

Estas son las palabras que abren el relato de una historia antigua, ambientada en 1327. Quien la escribe es Adso de Melk, un joven novicio al servicio del fraile franciscano Guillermo de Occam. La narración empieza en la hora nona en una vieja abadía benedictina en algún lugar del norte de Italia. Los dos viajeros, de visita al monasterio para un debate teológico, son recibidos con la noticia del reciente suicidio de un monje. Su muerte es seguida por otras, cada vez más misteriosas, que deben ser investigadas por los protagonistas.

Esta es la premisa de El nombre de la rosa, la sorprendentemente popular novela de Umberto Eco publicada en 1980. Es también el principio de la historia de La abadía del crimen, el mejor videojuego jamás producido en España. Como tantas historias, es también una viñeta de una industria que pudo haber sido y nunca llegó a ser, el software hecho en España.

La abadía del crimen fue publicado en 1987, en el cénit de los viejos microordenadores de 8-bits. Sus diseñadores, Paco Menéndez y Juan Delcán, lo diseñaron en un Amstrad CPC6128, el último gran ordenador de ese periodo —tecnología punta de 1985, con 128 KB de RAM y una inusual disquetera de tres pulgadas.

Durante los gloriosos ochenta, antes de que los PC salieran de las oficinas y las consolas llegaran de Japón, el mercado del videojuego en España estaba dominado por la trinidad de Spectrum, Commodore y Amstrad (no vamos a pretender ahora que el MSX contara); eran ordenadores baratos, sencillos y accesibles, que millones de chavales recibieron para «aprender a programar». Casi nadie lo hizo, merced a la enorme cantidad de videojuegos disponible para estos sistemas. Aun así, lo cierto es que los sistemas de 8-bits permitían a un chaval despierto y paciente conseguir resultados más que decentes con algo de esfuerzo de programación.

Sea porque en España había un excedente de adolescentes con demasiado tiempo libre, sea porque los ordenadores de 8-bits llegaron justo cuando el país estaba creativo, durante los ochenta aparecieron decenas de pequeñas compañías de software, todas produciendo videojuegos como si no hubiera mañana.

A mediados de la década Topo Soft, Dinamic, Made in Spain/Zigurat y Opera Soft se habían consolidado como líderes del mercado. Cualquier persona con un pasado medio friki entre treinta y cinco y cuarenta y cinco años recuerda estos nombres; escribiendo estas líneas, y mirando viejas listas de lanzamientos pasados no he podido evitar cierta nostalgia. Estos cuatro pequeños monstruos, y sus minúsculos equipos de programadores, hicieron que España llegara a ser el cuarto mayor productor de software de entretenimiento del mundo, solo por detrás de Estados Unidos, Japón, y Reino Unido.

Lo cierto es que eran productoras excelentes. Aunque había de todo, y cada estudio tenía sus pequeños bodrios, la calidad media de los juegos publicados era fantástica. Dinamic se especializó pronto en arcades desalmadamente difíciles con gráficos elaborados, Topo en la variedad, Made in Spain anteponía calidad a cantidad y Opera disfrutaba sacando rarezas. Las cuatro publicaron clásicos, con algunos juegos que combinaban alta calidad técnica con brillantes innovaciones en controles o desarrollo. Livingstone Supongo (Opera) combinaba plataformas con puzles, en Viaje al centro de la Tierra (Topo) controlábamos tres protagonistas, en Dustin (Dinamic) nos fugábamos de una prisión y Sir Fred (Made in Spain) incluía una enorme variedad de posibles caminos para llegar al final. Se habla, y con razón, de una edad de oro, y entre 1983 y 1989 realmente lo parecía: una época de gloria del software patrio, acompañada de cubiertas dibujadas por Azpiri y miles de joysticks rotos.

De todas los juegos publicados en esa época, La abadía del crimen siempre ha tenido la fama de ser una creación especial. Fruto del esfuerzo solitario de dos programadores, Paco Menéndez y Juan Delcán, esta adaptación no oficial de El nombre de la rosa parecía salida de otro mundo. La abadía del crimen utilizaba una perspectiva isométrica que no era nueva (Knight Lore, el juego que la popularizó, había aparecido tres años antes) pero la empleaba en un juego que era mucho más ambicioso de lo que uno veía en esa época.

La trama era madura, brillante —una investigación de un asesinato, una temática prácticamente inaudita en 1987—. Eran los tiempos de las primeras aventuras gráficas de Sierra (King´s Quest) y sus tramas mágicas, o la brillante comedia del absurdo de Lucasarts (Maniac Mansion). Una visita a un monasterio medieval, recreado de forma realista, era algo fuera de lo común; ningún juego en esas fechas intentaba recrear una época histórica con ese detalle.

Lo que realmente distinguía Abadía, sin embargo, era cómo incorporaba el mundo en el que estaba ambientado en la misma mecánica del juego. El jugador tenía que seguir las normas, los horarios y costumbres de un monasterio benedictino, acudiendo a rezar, comer y retirándose a sus aposentos siguiendo las rutinas de la orden. La abadía era un sitio vivo lleno de monjes con sus propias tareas y horarios; para descubrir el misterio del juego era necesario aprenderlos y averiguar cómo saltárselos. En Abadía no hay espadas mágicas, hechizos o fosos con pinchos; la única forma de perder era agotar la barra de obsequium tras ser cazado investigando donde no debes demasiadas veces.

Esto puede parece banal, pero en 1987 nadie creaba juegos con esta filosofía. Shenmue, el clásico de Sega que es habitualmente señalado como el padre fundador de los juegos en un mundo abierto con horarios y rutinas reales, fue publicado en 1999. Personajes no jugadores autónomos de veras son algo que incluso hoy, décadas después, es inusual ver. Todo el mundo cita Metal Gear como el primer juego diseñado alrededor de ocultarse, pero La abadía del crimen lo hacía sin una gota de violencia. La creación de Menéndez y Delcán, aparte de ser un juego fantástico por sí solo, estaba extraordinariamente adelantado a su tiempo. Visto ahora en vídeo, no parece gran cosa, pero estamos hablando de un juego con mecánicas casi únicas en su era publicado hace veintinueve años.

Con todos estos elogios, uno, supongo, espera escuchar que La abadía del crimen ha sido una influencia clave en la historia del medio y que sus creadores son hombres ricos y venerados. Tristemente, este no no es el caso: La abadía del crimen, el mejor juego jamás creado en España, nunca fue publicado fuera del país, y Paco Menéndez y Juan Delcán nunca volvieron a trabajar en un videojuego.

El motivo de que eso sucediera es una historia antigua, común a muchas otras empresas en España. El año de publicación del juego debería ser una pista —La abadía del crimen aparece dos años después de la salida al mercado del Commodore Amiga, y con él de los ordenadores de 16-bits—. Los estudios españoles de videojuegos tuvieron sus años más productivos a finales de los ochenta, cuando el resto del mundo saltaba a los 16-bits (Atari ST y Amiga), consolas y PC. La industria nunca fue capaz de adaptarse, quedándose anclada en un mercado pequeño y en decadencia.

El problema fue una combinación entre costes de producción del software, beneficios escasos y acceso a capital. El primer factor es muy sencillo: producir un videojuego para Spectrum es mucho más barato que hacerlo para Amiga o Megadrive. En un sistema de 8-bits uno puede crear un juego con un par de programadores, y hacerlo sin demasiado problema. En una Super Nintendo, sin embargo, es difícil que una sola persona pueda dibujar todos los sprites, programar y componer la música, y hacerlo todo bien. El salto a los 16-bits conllevó un aumento de costes, y las empresas españolas no pudieron afrontarlo.

Primero, porque nunca ganaron demasiado dinero. Piratear un juego, en esos días antes de los cartuchos y Steam, era trivial, absurdamente fácil. En España lo hicimos, y lo hicimos con entusiasmo. No recuerdo haber comprado más de dos o tres juegos originales para mi viejo CPC de mi bolsillo esos años, y no conozco a nadie que lo hiciera; fuera de regalos navideños, pirateábamos absolutamente todo. Ganar dinero cuando casi nadie compra tu producto es solo posible si tus costes son bajos; cuando los presupuestos empezaron a aumentar, fue insostenible.

Las empresas podrían haber sobrevivido del mismo modo que lo hicieron otras empresas en Francia o Estados Unidos, ampliando el tamaño del mercado. El software, al fin y al cabo, es un producto que tiene un margen de beneficios mayor cuantas más copias vendas: lo caro es crear el programa, imprimir CD es básicamente gratis. Dinamic, Topo y compañía podían haber buscado economías de escala, trabajar juntas y crear una red de distribución fuera de España para ganar más dinero.

Nunca lo hicieron, porque nunca encontraron quien invirtiera en ellas. España en los ochenta (y ahora) carecía de una red de venture capitalists dispuestos a jugarse el dinero en negocios innovadores. Los bancos, siempre conservadores, nunca creyeron que un sector tan infestado de piratería pudiera generar beneficios. La única empresa que alcanzó cierta escala, Erbe Software, era una distribuidora a la que nunca se le ocurrió salir del país, y que solo recibió una inyección de capital importante en 1992, ya con el sector en decadencia.

Las productoras, mientras tanto, no tenían acceso a redes de servicios profesionales, bancos de inversión o asesorías especializadas en hacer crecer una empresa como sucede en otros lugares, en parte por falta de tradición, en parte porque eran islas de alta tecnología en un país aún metido en la reconversión industrial, en parte por las innumerables trabas burocráticas que dificultan el crecimiento de las empresas en España.

La realidad es que el éxito de una empresa no depende solo de la calidad de sus productos, sino también de la infraestructura e instituciones que tiene detrás. Electronic Arts no nace en el vacío: Trip Hawkins venía de Apple, y echa a andar con una inversión de Sequoia Capital. El mercado local para EA es un país de trescientos millones de personas, no uno de cuarenta, y sus primeros empleados son todos veteranos de Silicon Valley. La piratería, aunque presente, es algo que en Estados Unidos se toman más en serio, y la existencia de capitalistas buscando un retorno de inversión hizo que la empresa buscara crecer agresivamente. La producción de software de EA en los ochenta era casi seguro peor en calidad y variedad a la de los estudios españoles, pero siempre tuvieron dinero para invertir (a menudo comprando estudios ya consolidados —y no, nunca les perdonaré que se cargaran a Origin, Bullfrog y Maxis—) y vender juegos en todo el mundo.

La oscuridad y olvido relativos de La abadía del crimen así como los de toda una generación de programadores que nunca siguieron la estela de sus compañeros de generación en otros países no es la historia del fracaso de cuatro empresas de software, sino una muestra del poder de las economías de escala y los efectos de red. Estados Unidos (Activision, EA, Take-Two) domina el sector porque la estructura institucional y empresarial del país favorece el crecimiento de nuevas empresas. Solo Ubi (francesa) puede competir; Nintendo y el resto de empresas japonesas no son lo que eran, y Sony, en software, es más americana que nipona. Si queremos evitar que la próxima oleada tecnológica termine como acabó esta, deberíamos echar un vistazo a cómo ayudamos a crecer a nuestras nuevas empresas.

Para acabar, los dos creadores de La abadía del crimen tuvieron finales divergentes. Juan Delcán apenas ganó dinero con el juego y dejó la industria justo después, mudándose a Estados Unidos. Paco Menéndez, tras trabajar en solitario durante años, nunca estuvo a gusto en Opera. Dejó el sector en 1989, concentrándose en proyectos de computación en paralelo. Aunque fue consciente de la estatura de su juego en la historia del software en España, nunca quiso volver a la industria. En 1999, a los treinta y cuatro años, se quitó la vida.


Addiction to gambling in the 21st century: Trading

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(Versión en castellano)

Automatic Trading Systems in sports betting and stock exchange operations

Among fans of American roulette, there are two types of players: those who bet with their hearts on the first number that crosses their minds, and those who, in order to win, study and practice gaming systems, sketching out complicated strategies and searching for the perfect algorithmsAmong the latter there is a sub-group whose members program roulette computer simulators to control the anxiety that causes them to have an idea for a winning method but not to have a casino nearby to put it in practice (that is just me.)

Gambling has always been a fundamental activity for human beings throughout their emotional and cognitive lives, as it makes social development possible and allows the learning of social roles and behaviors. Moreover, research shows that people feel attracted by risk and the possibility of somehow knowing the laws that govern it in order to dominate ‘chance’. This attraction is made particularly clear with betting.

There is a word that refers to a game as an entertainment activity: play. An entirely different word refers to the activity in which one risks something in exchange for the possibility of obtaining a profit: gambling.

Throughout history we have known plenty of recreational games related to betting. Many of them still practiced today, like dice and card games, or sporting events. Although new versions of games continuously appear, the Internet has made possible qualitative changes in the world of gambling. The changes are derived from the features of the Internet itself, such as its accessibility, immediacy and universality. The intrinsic characteristics of the Internet can turn a calm entomology fan with savings into a compulsive daily reader of sporting and economic newspapers, tirelessly in search of the magical statistical pattern that will make him win enough money to dedicate body and soul to his interest in insects.

Gambling can be an entertainment activity or it can become a serious problem for the people who practice it. When gambling is not fun anymore but turns into an addiction, it becomes a pathology. Gaming regulators are more or less sensitive to this conduct disorder, mainly due to the fact that gambling generates a lot of money for businesses that offer it. In order to balance the economic benefits with the addiction problems and/or public concern that addictive gambling behavior generates, the authorities impose a series of controls and requirements. Thus, for example, the way to display information about gambling, the prizes, how to calculate the duration of the games, means of payment, etc. are all established by regulations.

To avoid these controls and to provide gambling businesses with maximum economic benefit, the Internet has become the most suitable setting for this market. Having access to online gambling platforms allows players to choose the most convenient and least restrictive gambling venues; we are not conditioned by physical barriers and it is our option to play as much and as fast we choose. There is a single restriction in common with the traditional systems: our capital and/or our debt capacity.

Sport betting

In Spain, for a long time, the only sporting bets permitted have been football and horse racing pools. That system allows few gambling options since it is only possible to bet on a very small number of results — three, in the case of the football pools: the home team wins, there is a draw, or the away team wins. The most complex strategy for an expert of, say, the Spanish BBVA League[1], is to make double or triple bets with the consequent payments.

Mathematically, the probability of guessing 14 results correctly in the football pool is 1 in 4,782,469. That is far lower than the possibility of guessing the right numbers in the national lottery (before the share offer took place). In the ONCE draws (organized by the National Organization of Spanish blind people), the lottery offers a win probability of 1 in 100,000. The week of August 28, 2011, the 17 winners who correctly guessed 14 results obtained a prize of approximately €35,000 (the approximate amount paid for guessing the daily ticket correctly).

When betting online, however, the game options are countless. Not only can people bet on the famous 1-X-2 but they can also do it on the number of cards given during a game, the amount of corners or the exact result of the game — and we can do it before or even during the game. Furthermore, the options are not restricted to a particular sport or a certain country.

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Betting platform bet365: while we bet live we can consult the statistics and even watch the sport events online.

 

Similarly, we can combine bets to multiply the probable gains. We end up creating our own pool by combining bets and games. For example, we could bet that the security car will not be needed during the F1 grand prix in Singapore (4.20) and that Napoli and Villarreal will draw the next UEFA Champions League match (3.50). We could give, as a result, a multiple bet that would pay €15.16 for each euro we bet. The betting houses, like casinos, allow a maximum amount to bet; in our example €72, which potentially would have a €1091 prize. In order to bet a higher amount, this bet would have to be evaluated by one of the company’s analysts.

Trading systems

Trading is a term with which any fan of economy blogs and markets is familiar. It means to buy and sell and we normally relate it to short term operations of purchases/sales.

A trading system or platform is a computer program in which the processes related to trading are automated. Examples include the stock exchange product transactions (stocks, metals, currencies) or, in relation to sports betting, the systems that make it possible to bet on quotes set by other users as if they were stock exchange products. These sorts of brokerages are known as betting exchange offices. Therefore, in the betting exchange offices, one does not gamble against a broker but against other fans in exchange for a fee out of which taxes are paid in Gibraltar.

Users can bet in favor of (“back”) or against (“lay”) a certain event (for example, that Atlético beats Real Madrid or that Casey Stoner falls off his bike in a certain race). This is similar to the way a purchase (“bid”) or sale (“ask”) process is used in the financial markets.

Much like we can observe how the interest on the Greek debt grows in line with doubts about the Greek economy, we can also see how, during a football or soccer match, the prices that the betting offices pay change when one team or another has scored a goal or has had its star striker sent off. Therefore, in sports trading, the psychological factors seem the same as in financial trading, such as panic, euphoria, optimism, etc.

Betfair trading platform with data about the amounts at stake at any given moment.
Betfair trading platform with data about the amounts at stake at any given moment.

Markets

In these times, mass media bombards us with economic terms and pushes us to coexist with the various stock exchanges: New York, NASDAQ, Tokyo, TMX (Toronto), Deutsche Börse,  BM&F Bovespa (Sao Paulo), and Ibex35 (the stock market index of the Bolsa de Madrid, Spain’s principal stock exchange). Naturally, it makes one try to comprehend a little more of this world of the stock market. This understandable interest can cause the person to end up playing the stock market and its derivatives.

Until recently, if we saved €500, we did not think of investing them in financial products. This was not only because we did not know how these products functioned, but also because the purchase and sale fees together with having to go to a bank made these operations inconvenient and hardly profitable in any respect.

With online trading systems these difficulties disappear. Opening an account on IG Markets or X-trader is as simple as obtaining a Gmail account. Online we do not have to go anywhere, and now we do not even need to have saved money; if we “trust” a value we can “invest” with a credit card. Of course, we might be asking ourselves, what about the benefits? We have commented previously that we cannot win much with €500. Well, this is no longer true if we apply the concepts of leverage and Contracts for Difference.

A Contract for Difference (CFD) is a financial product that allows investors to participate in the price movements of securities without owning the stocks or commodities. This makes it possible to buy or sell on credit, disbursing only a small amount of the cost of the product.

Leverage is the ratio between one’s own capital and the credit invested in a financial operation. Reducing the initial capital that one has to invest, produces an increase in the obtained profitability. The increase in the leverage also increases the risks of the operation since it causes less flexibility or greater exposure to insolvency or incapacity to cover payments.

Therefore, when operating in a trading platform, our €500 becomes €5,000 as if by magic. Then, as the value of a stock changes, we can obtain profitability. All of this allows us to operate with intraday data or its equivalent: just as if we were professional brokers we can see within one hour how much we make or lose as the value of our stocks varies. It also is not necessary to pay fees for the purchase and sale of stocks; we can work with indices, commodities, or the price per square meter in London.

If we can make plenty of money due to leverage, we might at first suspect that we can lose it too, but that is not exactly so. Here we find the magic of the CFDs. At least, it is magic for the trading companies that make so much money on the basis of something so apparently innocent as not to allow us to lose.

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The guaranteed stop-loss is the name of the safeguard for the small investor, who cannot assume great losses in a single payment. The guaranteed stop-loss is the maximum amount that a user of CFDs can lose in a position. (A “position” refers to the fact of having invested money in some product, betting that its price will either increase or decrease).

What is the trick? When the commodity reaches the guaranteed stop, you lose all the money, which goes to the trading officeThis is illustrated in the following example.

td6We think that the Ibex35 is going to increase today so we access the platform and find the live information of the prices of purchase and sale related to Ibex.

We decide to purchase a contract so that whenever the Ibex35 raises a point we will make €1 and whenever it lowers a point we will lose €1. If the Ibex rises up to 2% (that is 166 points) we will make €166.

In the stop level field we indicate how much we are willing to lose and that amount of money will be the one required by the trading office.

First, we begin losing €18 for the 18 points between the purchase price and the sale price; this is what is called the spread.

 

Unlike the stocks, with which one normally operates at banking institutions, when using CFDs we do not have the option of waiting to recover our investment if we make a mistake in our predictions.If we decide that our stop level is €166, in the event that the stock market oscillates 2% we will lose all the money, and, although later our index might grow by 10%, we will not receive a euro. The stock market, especially in these times of great volatility (many ongoing ups and downs), has continuous changes of intraday quotations, even if at the end of the day it has a clear upward or downward tendency.

Damn it, corpses bleed!

The famous psychiatrist Abraham Maslow tells us that once he received in his office a person who considered himself a corpse. In spite of the logical arguments of the doctor, the man persisted in his belief. In a moment of inspiration, Maslow asked his patient: “Do you believe that corpses can bleed?” To which the man replied: “That is ridiculous! It is evident that corpses cannot bleed.” After asking him for permission, the psychiatrist punctured the patient’s finger and there appeared a drop of shining red blood. The astonished patient exclaimed: “Damn it, corpses bleed!”

I hope, with this anecdote, to offer a metaphor on our beliefs; in an addict’s case, the fact that bets derived from a strategy might be winning can dominate common sense. Such a winning technique does not exist, or at least there is no mathematical demonstration of it. This is, of course, excluding the scientific works of Kevin Mitnick or the Pelayos (which I will address in an additional article) — despite their fan’s thousands of pseudoscientific attempts to discover a winning formula.

Darren Aronofsky’s debut workPi, faith in chaos, is very illustrative of these attempts. A very reticent mathematician, quite paranoid and suffering from severe migraines, tries to discover the mathematical model that governs the swings of the stock market, through calculations and programs that he produces on his computer.

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SPOILER: In the end he goes mad.

When someone goes to play a few games of Bingo, s/he hopes to be lucky by making a gesture, sometimes as complex as a Will Smith greeting  from The Fresh Prince of Bel Air, or by invoking luck with some weird amulet that perhaps comes from one of the Heechees’ lost spaceships. In Bingo there is no strategy that favors the probability of winning because the cards are not normally chosen but given to you, and although you could choose them it would be practically impossible to find a card with a specific combination between the time one game finishes and the next begins.

In the lottery something similar happens, although it is possible to buy a specific number. Supposing that a combination exists that is awarded daily (say 300 numbers per year), to go through the 100,000 numbers, we would need at least 30 years, and yet we would not have sufficient data to make a statistical analysis to evaluate future tendencies.

Therefore, we know for sure that in many games of chance the knowledge of a discipline like statistics does not offer any advantage unless it convinces us that playing is not a good idea economically. Nevertheless, there are other games in which mathematics or an in-depth knowledge of events offers a great advantage for the player who dominates the subject. Dice are an example.

Intuitively, when we play dice we can think that there is the same probability of getting a 7 as a 12 and therefore we trust our lucky number. An analysis of the different dice combinations will quickly disabuse us of that notion. It is a given that the 12 can only be obtained by combining two 6s (1/36), whereas the 7 can be obtained with the combination of 6 and 1 or 5 and 2 or 4 and 3 (6/36). It is 6 times more possible to get a 7 than a 12!

Obviously, the casinos and betting offices know these data and adapt the prizes to the type of bet so that the bank always plays with an advantage.

In financial and sports trading it seems important to know the markets or the sports trajectories of the bet elements in order to play with an advantage and to obtain profits. At this point, the conceptual difference between playing by trusting luck (like in the lottery) or by trusting knowledge becomes visible.

You only need to have a look at the advertising on the Internet to see to what extent the financial and sports trading offices are eager for clients. After a pair of seminars and a few manuals, it is simple to make them become donors of euros. It is easier to learn Klingon than to grasp the new slang that floods a beginner trader. Unless you are very bright, you can lose a lot of money while learning the oddities of each system.

Trading is currently booming. To introduce us to it there are numerous websites that reverberate or are just there to guide us in this amalgam of words and strategies. In sports betting we can find many well-meaning messages from users who share their analyses and intuitions, like those which appear in this site of strategies. In financial trading the same companies give free seminars all over the countries where they operate.

For a long time, there have been similar techniques implemented to win in roulette. We can find thousands of those pages on the Internet, most of them made available online by the same casinos that offer the roulette games. There are also many techniques to bet on the stock market or on sporting events. The difference is based on the fact that roulette has been deeply studied and there is no proven technique that helps people win. However, betting on financial markets and sports events offers so many possibilities that it cannot be demonstrated mathematically that one will end up losing, unless one concludes, motu proprio, that “the bank always wins.”

[1] The Spanish BBVA League is the National Professional Football League (soccer). It is named BBVA League for sponsorship reasons. BBVA is a multinational Spanish banking group.

Translation: Teresa Galarza


Ludopatía en el siglo XXI: Trading

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(English version)

Sistemas automáticos de Trading en apuestas deportivas y operaciones bursátiles

Entre los aficionados a la ruleta americana hay dos tipos de jugadores: los que apuestan con el corazón al primer número que se les ocurre y los que intuyen y practican sistemas de juego para ganar, pergeñando estrategias de lo más enrevesadas en pos del algoritmo perfecto. Entre estos últimos existe un subgrupo cuyos miembros llegan a programar simuladores informáticos de la ruleta para controlar la ansiedad que provoca tener una ocurrencia y no disponer de un casino a mano para ponerla en práctica. Éste es mi caso.

El juego ha sido y es una actividad fundamental para los seres humanos durante todo su vida ya que posibilita el desarrollo social, emocional y cognitivo y permite el aprendizaje de roles y conductas sociales. También sabemos que las personas nos sentimos atraídas por el azar y la posibilidad de conocer en algún modo las leyes que lo rigen para dominarlo, lo cual se pone particularmente de manifiesto con las apuestas.

En la lengua anglosajona se utilizan dos vocablos distintos para distinguir el juego sólo como entretenimiento:  play, del juego como actividad en la que se compromete algo a cambio de la posibilidad de lograr una ganancia:  gambling.

A lo largo de la historia hemos conocido multitud de juegos recreativos relacionados con las apuestas, muchos de ellos aún practicados en la actualidad como los dados, las cartas o los eventos deportivos; y aunque aparecen nuevos tipos y versiones continuamente, con Internet se produce un cambio cualitativo en el mundo del juego de azar derivado de las características propias del medio como son la accesibilidad, la inmediatez y la universalidad. Estas características intrínsecas de Internet pueden convertir a un apacible aficionado a la entomología con ahorros en un compulsivo lector de los diarios Marca y Expansión que busca sin descanso entre las estadísticas el patrón mágico que le hará ganar el dinero suficiente para dedicarse en cuerpo y alma a sus insectos.

Los juegos de azar pueden ser actividades de entretenimiento o pueden llegar a convertirse en un grave problema para las personas que los practiquen. En el momento en que el juego deja de ser una diversión para convertirse en una adicción la afición al juego se convierte en una patología. Los diferentes legisladores son más o menos sensibles a este trastorno de la conducta debido principalmente a que los juegos de azar generan mucho dinero. Para controlar la balanza en la que se contrapesan los beneficios económicos en relación a los problemas y/o alarma social que generan las conductas adictivas al juego, las administraciones imponen una serie de controles y requisitos para que estos se desarrollen. Así, por ejemplo, se establece la forma de exhibir la información sobre el juego, los premios a los jugadores, el cómputo del tiempo de duración de las partidas, los medios de pago, etc.

Para evitar estos controles y que el negocio del azar pueda obtener el máximo beneficio económico por persona, Internet se convierte en el medio más adecuado para la explotación de este mercado. Accediendo a través de la red a las plataformas de juegos on-line podemos escoger el marco legislativo de juego que más nos convenga, no estamos condicionados por barreras físicas y está en nuestras manos jugar cuanto y a la velocidad que queramos, con un solo límite en común con los sistemas tradicionales: nuestro capital y/o nuestra capacidad de endeudamiento.

Las apuestas deportivas

En España, durante mucho tiempo, las únicas apuestas deportivas que se podían hacer eran la Quiniela en fútbol y la Quiniela Hípica en carreras de caballos. Este sistema permite pocas opciones de juego ya que sólo se puede apostar por un número muy pequeño de resultados que en el caso de la Quiniela son que en un partido gane el equipo local, que empate o que gane el equipo visitante.  La estrategia más compleja que puede poner en práctica un cabalista de la Liga BBVA es hacer apuestas dobles o triples con el consiguiente desembolso.

Matemáticamente, la probabilidad de acertar 14 resultados en la Quiniela es de 1 entre 4.782.469, la cual es bastante más baja que la posibilidad de acertar el número premiado en la lotería nacional antes de la OPV (después lo mismo añaden otro dígito) o en el sorteo de la ONCE, cuyas probabilidades son de 1 entre 100.000. La semana del 28 de agosto de 2011 los 17 acertantes de 14 obtuvieron un premio de aproximadamente 35.000€ (lo que se paga aproximadamente por acertar el cupón diario).

A través de las casas de apuestas, sin embargo, las opciones de juego son incontables; no sólo podemos apostar al famoso 1-X-2 sino que también lo podemos hacer al número de tarjetas del partido, la cantidad de córneres o al resultado exacto del encuentro, pudiendo hacerlo previamente al partido o en riguroso directo. Además las opciones no están acotadas a un deporte o a un país determinado.

Plataforma de apuestas de bet365: mientras apostamos en directo podemos consultar las estadísticas e incluso ver los eventos deportivos en la propia web

Así mismo podemos combinar apuestas para multiplicar las ganancias probables de tal forma que acabamos por organizar nuestra propia quiniela combinando que no saldrá el coche de seguridad durante el gran premio de F1 de Singapur (4.20) con que el Nápoles y el Villarreal empatarán en su próximo partido de la UEFA Champions League (3.50) dando como resultado una apuesta múltiple que pagaría 15.16€ por cada euro que apostásemos. Las casas de apuestas, como los casinos, permiten una cantidad máxima a apostar; en el caso anterior 72€ que tendría en potencia un premio de 1091€. Para apostar más cantidad dicha apuesta tendría que ser estudiada por uno de los analistas de la empresa.

Sistemas de Trading

Trading es en un vocablo inglés con el que cualquier aficionado a los blogs de economía y mercados está familiarizado. Significa comercio y lo solemos relacionar con operaciones de compra/venta a corto plazo.

Un sistema o plataforma de trading es un programa informático en el que se automatizan los procesos relacionados con el trading como pueden las compra-ventas de productos bursátiles (acciones, metales, divisas) o, en relación a las apuestas deportivas, los sistemas que posibilitan apostar sobre cuotas marcadas por otros usuarios como si de productos bursátiles se tratara. A este tipo de corredores se les denomina casas de intercambio. Por lo tanto, en las casas de intercambio de apuestas no se juega contra un corredor de apuestas, sino contra otros aficionados a cambio de una comisión, la cual paga impuestos en Gibraltar.

Los usuarios pueden apostar a favor (“back”) o en contra (“lay”) de un determinado acontecimiento (por ejemplo que el Atlético le gane al Real Madrid o que Casy Stoner se caiga en una determinada carrera) de forma similar a la operativa de compra (“bid”) o de venta (“ask”) utilizados en los mercados financieros.

Así, podemos observar cómo a medida que crecen las dudas sobre la economía griega crecen los intereses sobre la deuda, como en un partido de fútbol van cambiando los precios que pagan las casas de apuestas en tanto a que un equipo u otro haya marcado un gol o sa haya expulsado a su delantero estrella. Por lo tanto, parece que en el trading deportivo influyen los mismos factores psicológicos que en el trading financiero, como son el pánico, la euforia, el optimismo, etc. Así cómo la información que proporcionan los mejores pronósticos de fútbol.

Plataforma de trading de Betfair con datos sobre los importes en juego en un momento determinado

Mercados

En estos tiempos donde los medios de comunicación nos bombardean con términos económicos y donde se nos obliga a convivir con el Ibex35  no hay quien escape a intentar entender un poco más del mundo en el que vive en relación a esta información. Este lícito interés puede desembocar en el acercamiento a la bolsa y sus derivados.

Si tenemos 500€ ahorrados hasta hace bien poco no se nos podía ocurrir invertirlos en productos financieros. No sólo porque desconociésemos su operativa, sino porque las comisiones por compra-venta junto con la necesidad de acudir al banco hacían poco rentable en todos los sentidos cualquier operación.

Con los sistemas de trading estas dificultades desaparecen. Abrirse una cuenta en IG Markets o en X-trader es tan simple como obtener un correo de Gmail. Por supuesto no tenemos que desplazarnos, pero es que además no es necesario que tengamos dinero ahorrado; si “confiamos” en un valor podemos “invertir” con la tarjeta de crédito. Pero ¿y los beneficios? nos preguntaremos. Hemos comentado anteriormente que con 500€ poco podemos ganar. Pues bien, esto ya no es así gracias a los conceptos apalancamiento y contratos por diferencia.

El Contrato por Diferencia (en adelante CFD) es un producto financiero que permite a los inversores participar en el movimiento de precios de los valores sin necesidad de tener en propiedad la acción o la materia prima subyacente. De esta forma nos posibilita comprar o vender a crédito, desembolsando sólo una pequeña cantidad del coste del producto.

El apalancamiento es la relación entre capital propio y el crédito invertido en una operación financiera. Al reducir el capital inicial que es necesario aportar se produce un aumento de la rentabilidad obtenida. El incremento del apalancamiento también aumenta los riesgos de la operación dado que provoca menor flexibilidad o mayor exposición a la insolvencia o incapacidad de atender los pagos.

Por lo tanto nuestros 500€ se convierten, al operar en la plataforma de trading, en 5.000€ por arte de magia, con lo que a poco que cambie el valor de una acción podemos obtener rentabilidad. Todo esto nos permite operar intradía o lo que es lo mismo: ver en una hora cuánto ganamos o perdemos con la variación del valor de nuestras acciones como si fuésemos brokers profesionales. Tampoco es necesario pagar comisiones por la compra venta de acciones, podemos trabajar con índices, materias primas o el precio del metro cuadrado en Londres.

Si podemos ganar mucho dinero con el apalancamiento lo primero que intuimos es que también lo podemos perder, pero esto no es exactamente así: aquí encontramos la magia de los CFDs al menos para las empresas de trading que ganan mucho dinero en base a algo tan aparentemente inocente como no permitirnos perder.

Plataforma de trading de IG Markets

El Stop garantizado es la denominación de la salvaguarda del pequeño inversor que no puede asumir grandes pérdidas, al menos en un solo pago. El stop garantizado es el importe máximo que un usuario de CFDs puede perder en una posición (se denomina posición al hecho de tener invertido el dinero en algún producto bien apostando a que el precio de éste baja o bien a que sube).

¿Cuál es el truco? Cuando el valor alcanza el stop garantizado se pierde todo el dinero que pasa a manos de la casa de trading. Ilustremos el funcionamiento de esta operativa con un ejemplo.

Nosotros pensamos que hoy el Ibex35 va a subir con lo que entramos en nuestra plataforma y encontramos la información en directo de los precios de compra y de venta en relación al ibex.

Decidimos comprar un contrato con el que cada vez que suba un punto el Ibex35 ganaremos 1€ y cada vez que baje un punto perderemos 1€. Si el Ibex sube un 2% (o sea 166 puntos) ganaremos 166€.

En el nivel de stop indicaremos hasta cuánto estamos dispuestos a perder y esa cantidad de dinero será la que nos requerirá la casa de trading.

De entrada empezaremos perdiendo 18€ que son los 18 puntos que hay entre el precio de compra y el precio de venta, esto es lo que se llama spread

Al contrario que en las acciones con las que normalmente se opera con entidades bancarias, con los CFD’s no tenemos posibilidad en caso de equivocar nuestras predicciones a esperar para recuperar nuestra inversión.Si decidimos que nuestro nivel de stop es de 166€, en caso de que la bolsa oscile un 2% perderemos todo el dinero y aunque posteriormente nuestro índice crezca un 10% no percibiremos ni un euro. La bolsa, más en estos momentos de gran volatibilidad (muchas subidas y bajadas continuadas), tiene cambios continuos de cotización intradía, aunque al final de la jornada haya tenido una clara tendencia hacia arriba o hacia abajo.

¡Maldita sea, los cadáveres sangran!

Cuenta el famoso psiquiatra Abraham Maslow que en cierta ocasión acudió a su consulta una persona que se consideraba a sí mismo un cadáver. A pesar de los argumentos lógicos del médico, aquel hombre persistía en su creencia. En un momento de inspiración le preguntó a su paciente: “¿Cree que los cadáveres sangran?” A lo que éste respondió: ” ¡Eso es ridículo! Es evidente que los cadáveres no sangran”. Tras pedirle permiso, el psiquiatra pinchó en un dedo al paciente y una gota de sangre roja y brillante brotó. El paciente asombrado exclamó: “¡Maldita sea, los cadáveres sangran!”

Pretendo, con esta anécdota, hacer una metáfora sobre cómo nuestras creencias, en nuestro caso: que las apuestas derivadas de una estrategia sean ganadoras, pueden dominar nuestro sentido común. Y es que no existe, o al menos no hay demostración matemática, de que alguna técnica pueda generalizarse como ganadora, y de aquí excluyo a los trabajos científicos de Kevin Mitnick o los Pelayos, que los trataré en un artículo adicional, a pesar de los  miles de intentos pseudocientíficos de los aficionados por alcanzarla.

Es muy ilustrativa la ópera prima de Darren Aronofsky: Pi, la fe en el caos , en la que un matemático muy reservado, bastante paranoico y aquejado de fuertes migrañas, pretende descubrir el modelo matemático que rige los vaivenes de la bolsa, a través de cálculos y programas propios que introduce en su ordenador.

SPOILER: Al final se vuelve loco

Cuando uno acude al bingo a jugar unos cartones confía en la suerte invocándola con un gesto a veces tan complejo como los saludos de Will Smith en El príncipe de Bel Air o totemizándola con algún extraño amuleto quizá procedente de una de las perdidas naves espaciales de los Heechees. En el bingo no hay ninguna estrategia que favorezca la probabilidad de salir premiado ya que los cartones habitualmente no se eligen sino que te los dan y aunque se pudieran elegir es prácticamente imposible encontrar un cartón con una combinación específica en el tiempo entre que termina y empieza la siguiente jugada.

En la lotería pasa algo parecido, aunque sí  es posible comprar un número específico. Suponiendo que existe una combinación premiada diaria (pongamos por ejemplo 300 números al año) para recorrer los 100.000 números, necesitaríamos al menos 30 años y aún así no tendríamos datos suficientes con los hacer un análisis estadístico para evaluar las tendencias futuras.

Por lo tanto tenemos la seguridad de que en muchos juegos de azar el conocimiento de una disciplina como la estadística no nos supone ventaja alguna excepto si nos convence de que jugar no es una buena idea en términos económicos. Sin embargo sí hay otros juegos en los que las matemáticas o el conocimiento en profundidad de los eventos suponen una gran ventaja para el jugador que domina la materia. Un ejemplo son los dados.

Intuitivamente cuando jugamos a los dados podemos pensar que existe la misma probabilidad de que salga un 7 que un 12 y por tanto confiarnos a nuestro número de la suerte. Un análisis de las diferentes combinaciones de los dos dados nos sacara rápidamente del error ya que el 12 sólo lo podemos obtener con la combinación de dos 6 (1/36), mientras que el 7 se puede obtener con la combinación de un 6 y 1 ó un 5 y 2 ó un 4 y 3 (6/36). ¡Hay 6 veces más de posibilidad de que salga 7 a que de que salga 12!

Evidentemente los casinos y casas de apuestas conocen estos datos y adecuan los premios al tipo de apuesta, jugando la banca siempre con ventaja.

En el trading financiero y deportivo parece importante conocer los mercados o las trayectorias deportivas de los objetos de apuesta para jugar con ventaja y obtener ganancias, y es en este punto donde se aprecia un cambio conceptual entre jugar confiando en la suerte como en la lotería o en los conocimientos.

Sólo hay que echarle un vistazo a la publicidad en internet para ver hasta qué punto las empresas de trading financiero y deportivo están ávidas de clientes para convertirlos tras algunos manuales y un par de seminarios en donantes de euros. Y es que es más fácil aprender Klingon que dominar la nueva jerga en la que se imbuye un trader principiante. A menos que uno sea muy espabilado,  puede perder mucho dinero mientras aprende las particularidades de cada sistema.

El trading está en auge y para introducirnos en él contamos con numerosas webs que se hacen eco o directamente forman para orientarnos entre la amalgama de vocablos y estrategias. En apuestas deportivas podemos encontrar muchos mensajes bienintencionados de usuarios que comparten sus análisis e intuiciones como los que aparecen en esta web de estrategias, y en el trading financiero las propias compañías van dando seminarios gratuitos por todos los países en los que funcionan.

De la misma manera que desde hace mucho tiempo se vienen poniendo en práctica técnicas para ganar en la ruleta y de las que podemos encontrar miles de páginas en Internet la mayoría puestas en línea por los propios casinos, también hay muchas técnicas para apostar en la bolsa o en resultados de los eventos deportivos. La diferencia estriba en que la ruleta está muy estudiada y se sabe con seguridad que no hay ninguna técnica demostrada que sirva para ganar. Sin embargo, en las apuestas en mercados financieros y eventos deportivos hay tantas posibilidades que no se puede demostrar matemáticamente que uno acabará perdiendo, a no ser que se deduzca motu proprio que la banca siempre gana.


En las nubes

Hace unos meses el gurú informático favorito del mundo entero, Steve Jobs —QEPD—, desveló la nueva estrategia de su compañía: migración hacia la computación en la nube —cloud computing—. Anuncio que supuso el habitual aluvión de tinta virtual que todos los anuncios de la compañía de la manzana suelen producir sean o no relevantes. Este en cuestión es muy relevante ya que podría marcar una manera distinta de entender el negocio informático. Particularmente el negocio del software y de la información. Sin embargo entre todo lo que se ha escrito, que ha sido mucho, se echa a faltar algún tipo de análisis caso de que la computación en la nube se acabe convirtiendo en una realidad generalizada. Cosa que, aun careciendo de licencia —y dotes— de gurú, me atrevo a aventurar que ocurrirá ya más pronto que tarde.

La computación en la nube no es precisamente una recién llegada, es de hecho el sueño húmedo de la industria del software desde la época de la burbuja 1.0. El concepto es en realidad muy sencillo. El software que usamos y nuestros ficheros están disponibles ahí arriba, en internet, para que podamos acceder a ellos independientemente del dispositivo y del lugar en el que nos encontremos. La razón por la que los intentos de llevarla a cabo aún no han fructificado son muchos, pero podemos dividirlos en dos grandes grupos. Uno es tecnológico y resumible en que las redes, sean de cableado físico o electromágnético, no daban de sí para que un elevado número de terminales se conectaran por la misma vía. Aún hoy los proveedores de telecomunicaciones mantienen legalmente un servicio de capacidad inferior al número de usuarios potenciales. El otro gran problema es la privacidad; las compañías, objetivo inicial de las propuestas de computación en la nube, no estaban dispuestas a dejar sus ficheros en el ciberespacio asumiendo todos los riesgos que ello conlleva.

Decía sueño húmedo porque esto es hacer por fin realidad la declaración de intenciones incluida en esas licencias de software que nunca nos leemos. A saber, que nosotros no somos propietarios de lo que hemos comprado sino que la compañía nos cede el derecho de uso. La computación en la nube es, en rigor, las puertas al campo de la piratería que la industria de software venía reclamando. Esto conlleva por tanto la obligatoriedad de licencias para el uso ya no sólo del software que precisemos sino del acceso al producto del mismo, nuestros ficheros. Pase lo del software, pero ¿nuestro trabajo? El trabajo no lo sé pero sus fotos personales, sus pensamientos íntimos, sus ligoteos o el producto de las horas cuidando de su granja virtual ya están en la nube, usted no es propietario de ellos y tiene tan sólo una licencia de uso de los mismos. Esta nube se llama Facebook y sí, le mentí, yo sí leo los acuerdos de licencia.

Llevo ya dos artículos seguidos hablando de la sensación de dejà vu, pero es que no puedo evitarlo. La computación en la nube es moderna, cómoda, ordenada e ideal si le preguntamos a alguien de la industria. Sin embargo no puedo evitar la sensación de ver este fenómeno como la vuelta a los ordenadores centrales de compañías y universidades con sus administradores dotados de poderes sobre la vida y la muerte, sus decenas de terminales tontas y, sobre todo, la frustración asociada a su uso.

Sin ponernos demasiado dramáticos también podemos decir que las cosas han cambiado mucho desde entonces. Hoy en día existen cosas como la redundancia de servidores, mejores sistemas de copia de seguridad, mayor seguridad en las comunicaciones y mucho mayor ancho de banda. Sin embargo los administradores, por el simple hecho de serlo, siguen siendo los que eran; los servidores se siguen cayendo y aún siguen precisando mantenimiento. Por otro lado hay que añadir los centenares de millones de usuarios potenciales de lo que usted precisamente necesite en ese momento. No se confundan, ya usamos la nube sin darnos cuenta; servicios —que así se llama la cosa en la nube— como las realidades virtuales lúdicas tipo WoW, nuestro correo electrónico, servicios de comunicación o nuestros juegos legalmente adquiridos en plataformas como Steam ya están en la nube total o parcialmente… Y en ocasiones no podemos acceder a ellos. Los motivos para revivir antiguas frustraciones siguen ahí, aunque atenuados gracias a los avances tecnológicos.

¿Qué va a ocurrir? La lógica indica que este modelo debería imponerse en dispositivos ultraportátiles, que es el mercado en el que Apple está centrada y es la fuente de sus mayores satisfacciones empresariales. Aunque similares un iPhone y un iPad no son el mismo dispositivo y dadas las trabas físicas que la compañía pone a la transferencia de archivos, por muy nuestros que sean, desde sus dispositivos a soportes físicos la única solución plausible es la nube. Por otro lado esto centraliza y simplifica, de alguna manera, el control de licencias evitando la piratería. Sí, ya sé que la piratería no es un problema que Apple sufra normalmente, pero todo indica que tiene intención de trasladar su modelo iTunes al mundo editorial. Este detalle ya es enormemente relevante, porque esta industria está todavía deshojando la margarita del cómo va a ser su desembarco en el mundo digital y lógicamente están preocupados porque no se les repita la experiencia de la industria musical. Si Apple lo tiene todo atado y bien atado en la nube tiene muchas posibilidades de pasar por encima de Amazon para hacerse con el monopolio de la distribución editorial en formato digital y propiciar ese desembarco.

Otro punto a favor de este nuevo modelo es que los dispositivos ultraportátiles, aunque potentes, aún no son nuestros ordenadores de sobremesa lo que justificaría, en cierto modo, el uso de los mismos como nodos de la computación en la nube. Esto no invalidaría en absoluto el modelo de obsolescencia programada que la industria necesita, sino que serviría en los primeros compases del mismo para educar al usuario en el modelo y hacerle cautivo de este sistema. Porque de esto se trata, no se engañen: minimizar la capacidad de elección del usuario. En la informática tradicional la computación en la nube es casi una herejía. Por muy buenos que sean los servicios en la nube es menos frustrante almacenar y ejecutar el software en nuestro dispositivo. El poco uso que servicios como Google Docs tiene en comparación con el modelo tradicional de Office es una muy buena prueba de ello. Es útil, sí, pero sólo en casos de emergencia.

Pero ahora tenemos unos dispositivos poco potentes que empiezan a darle sentido a este tipo de servicios, ¿para qué queremos una suite ofimática si podemos tenerla como servicio? ¿Para qué queremos una librería de fotos por cada dispositivo si podemos tenerla accesible desde cualquier sitio en cualquier momento? Las ventajas son indiscutibles, pero los riesgos también lo son y nos vienen por dos cuestiones ya viejas conocidas de todos.

Seguridad. Los servidores corporativos son, en general, infinitamente más seguros que nuestros ordenadores personales. Sin embargo nuestros ordenadores cuentan con la ventaja del anonimato. El interés que nuestro ordenador en concreto pueda tener para un hacker es discutible. No pasa igual para los servidores de una compañía como Apple que, por cierto, ya ha sufrido alguna brecha de seguridad. Y eso por no mencionar el affair Sony.

Privacidad. Si colgamos nuestros ficheros en servidores corporativos eso significa que la compañía tiene, en teoría, el mismo acceso a ellos que nosotros. Ya tenemos muchos servicios en la nube y sabemos muy poco acerca de los derechos de acceso que se reserva la compañía a nuestros datos. Resulta revelador, a la par que inquietante, los ficheros con nuestras localizaciones GPS que almacenaban los teléfonos basados en IOS y Android. Lo normal es que sean libremente accesibles por parte de la compañía que se reserva además el derecho de compartir esa información con terceros.

En cualquier caso, sin resultar paranoicos, lo lógico es que la nube se imponga asociada a ciertos servicios, los que ya conocemos y algunos más —de pago o gratuitos— que irán saliendo en función de lo que precisen los usuarios o marque la moda. Una de las grandes ventajas de la pérdida de intimidad es que las compañías que ofrecen esos servicios pueden hacer dinero con nuestros datos y así mantener servicios gratuitos. Dudo mucho que lleguemos a pagar por todos los servicios propuestos, así que ese seguirá siendo el peaje que deberemos pagar, que de hecho ya estamos pagando, aunque bastante incrementado. No hay que olvidar que los dispositivos ultraportátiles vienen con nosotros a todas partes, así que la información personal que pueden recabar es infinitamente más detallada que la que pueden ofrecer los sistemas tradicionales.

Lo que preveo que sí va a estar en la nube sin discusión alguna es el material sujeto a derechos de autor y esa será la razón principal por la que la nube acabará situándose firmemente sobre nuestras cabezas. La nube, en cualquier caso, no se hará con el gran anhelo de la industria: el mundo empresarial. Supongo que seguirá con su sistema de ordenadores centrales, pero aislados tanto como puedan de acceso a la red de redes.

A este panorama tan brillante para el negocio sólo le veo un nubarrón en ciernes: los pagos con dispositivos electrónicos. Existe una nueva tendencia a realizar pagos a través de nuestros dispositivos portátiles. Tendencia que quedará en nada si nuestros datos y dispositivos resultan no ser todo lo seguros y privados que deberían ser asociados a asuntos tan sensibles. Hay mucho dinero ahí, así que la implantación del sistema en la nube dependerá de si los bancos, las compañías de crédito y las empresas de telecomunicaciones deciden terminar por explotar este posible negocio. Si es así, los servicios en la nube se acabarán diluyendo como las ídem en un día con altas presiones barométricas, porque la seguridad y privacidad en la nube nunca podrá estar garantizada, me temo.

De todas formas, el modelo de pago electrónico no va a imponerse hasta que no haya un estándar muy claro, cosa que no va a ocurrir precisamente mañana.


La ciencia-ficción al alcance de la mano

Hoy me gustaría que hiciéramos un ejercicio de futurología y dar un paso más allá de lo último en tecnología. Lo mejor es que, si lo pensamos bien, el paso no es muy grande y toda esa tecnología ya esta ahí esperando a que le demos un uso. O mejor dicho, que las empresas creen un hueco de mercado al que nos empujen y nos precipitemos sin remedio.

Vamos a coger una pizca de realidad aumentada. ¿Qué es esto?

El que tenga un smartphone seguro que lo ha usado, voluntaria o involuntariamente. Pero esta tecnología es anterior y, cómo no, tiene origen militar. Los aviones de combate disponen de una pantalla donde se muestra información visual digital sobre la realidad o imagen real. Esto, en sí, es la definición de la realidad aumentada.

Head-up display (click en la imagen para más información)

Casco con pantallas de información integrada (click en la imagen para más información)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con esto se consigue aportar al usuario mucha información de un modo rápido e intuitivo. Y… ¿cómo funciona?

Se necesita un GPS que proporcione nuestra posición “2D” sobre el plano (donde estamos); sensores como radar, altímetro, giroscopio, acelerómetro o brújula que ayuden a determinar nuestra posición “3D” en el espacio (hacia dónde estamos mirando, por ejemplo); una fuente de datos (información que se muestra); una forma de mostrar la información (pantalla, por ejemplo); y el software.

Casi todas estas características se aúnan en los móviles de última generación y los desarrolladores lo han sabido aprovechar. Uno de los primeros programas de realidad aumentada fue Layar, pero hoy podemos encontrar muchos otros, como Wikitude. Estos son los más característicos y, como hemos dicho, añaden información digital e imagen sintética a la imagen real. Otro estilo de estos programas podría ser Google Sky Map o SatelliteAR, que no usan imagen real pero sí señalan nuestra posición. Y aún podríamos hablar de un tercer tipo como sería Google Goggles.

A estos primeros ingredientes vamos a añadir un LCD translúcido.

El LCD es una tecnología muy común usada en pantallas de televisión, ordenador, etc. Lo que no es tan habitual, aunque hace años que se ha inventado, son las pantallas de LCD que permiten ver la imagen pero también a través de ella, ya que son semitransparentes. Si aplicamos esta tecnología a unas gafas tenemos una alternativa perfecta a la cámara y la pantalla del teléfono móvil, además de un dispositivo ideal para mostrar datos sobre imagen real. Hemos podido ver prototipos de Sony con un acabado que no se diferencia en absoluto de las gafas normales.

Prototipo de Sony 2008, QVGA en 120g (click en la imagen para más información)

Presentación prototipo Sony en CES 2009 (click en la imagen para más información)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si a todo esto añadimos una tecnología de reconocimiento de superficies tridimensionales desde una simple imagen de vídeo, lo que conseguimos es enlazar perfectamente la imagen generada por ordenador con la imagen real, haciendo ésta mucho más atractiva e intuitiva para el usuario. Esto que parece algo muy extraño se lleva aplicando a los videojuegos desde hace un par de años. Un ejemplo es EyePet para PS3 y PSP o Nintendogs para 3DS. En estos casos se utilizan unas plantillas especiales que el videojuego es capaz de detectar y sirven de punto de referencia para analizar inclinación y distancia de la superficie con respecto a la cámara, y que así las imágenes que el videojuego presenta guarden coherencia con la realidad. Pero gracias al Proyecto Smart AR, otra vez de Sony, esos puntos de referencia ya no son necesarios y la aplicación de Realidad Aumentada tendrá un conocimiento total y constante del entorno que nos rodea.

Click en la imagen para ver el vídeo

 

También se puede hablar del reconocimiento facial (Xbox360-Kinect), reconocimiento de objetos o reconocimiento de voz (en ambos casos Google tiene una larga experiencia) Como veis, en todos los casos existen ya proyectos en desarrollo o tecnología consolidada que demuestran la viabilidad de una unión a corto plazo de todas ellas. Esto, junto al rapidísimo progreso tecnológico de los teléfonos móviles, nos lleva a imaginar un futuro cercano en el que la realidad aumentada forme parte importante de nuestras vidas.

¿Qué nos puede aportar?

Imaginad que vamos a salir de compras (por el placer de salir ya que no sería estrictamente necesario) llevando una de estas gafas de realidad aumentada. Tras mirar al cielo para revisar la previsión meteorológica del resto del día, nos informa de que la mejor ruta es en autobús. El dispositivo nos mostrará el camino para llegar a la parada adecuada; ya en la parada, el tiempo que resta para que llegue el autobús; cuándo llega éste, el precio del billete y el número de asientos libres. Una vez en el trayecto, accedemos a internet mientras nos recuerda cuánto falta para llegar a destino y  nos avisa  una vez allí. Cuando hemos llegado, mientras paseamos, en la fachada de cada tienda muestra las últimas ofertas personalizadas para nosotros. Al entrar en la tienda no es necesario probarse el articulo: frente a un espejo, lo seleccionamos y podemos verlo proyectado sobre nuestro cuerpo, cambiar de color, talla, disponibilidad, composición, precio, etc.

El límite está en nuestra imaginación.