Rafa Nadal, Ashleigh Barty y casi todo lo que nos dejó Roland Garros 2019

Rafa Nadal contra Dominic Thiem durante la final de Roland Garros 2019. Foto: Christian Liewig / Cordon.

Cuando acabó 2016, Rafa Nadal ya tenía treinta años, estaba lesionado y había caído fuera del top 5 del ranking ATP por primera vez desde 2005. No solo eso: aquel 2016 había sido el segundo año consecutivo sin sumar un solo grande, mientras Djokovic y Murray protagonizaban una batalla por el número uno que invitaba a pensar en algo parecido al relevo en la jerarquía del tenis masculino.

No había, por tanto, muchos motivos para el optimismo cuando Toni Nadal decidió dar un paso al lado y dejó entrar a Carlos Moyà como primer entrenador de su sobrino. Sin embargo, desde entonces, Nadal ha jugado seis finales de Grand Slam y ha ganado cuatro de ellas. No está mal para un jugador del que se lleva diciendo que va a reventar físicamente desde que tenía veinte años. El duodécimo título de Rafa en París tiene tintes inéditos: nadie ha conseguido jamás ganar doce veces un torneo de Grand Slam —Margaret Court lo consiguió once veces en Australia—y la verdad es que no tiene pinta de que la dictadura vaya a acabar aquí.

Repasemos el triunfo del mallorquín y muchas otras cosas que pasaron durante esta tormentosa edición de Roland Garros:

1. Algo ocurrió con Nadal después de la contundente derrota contra Djokovic en Australia y la retirada forzosa en semifinales de Indian Wells. Algo más que la propia lesión, quiero decir, una especie de estallido mental en el que uno se plantea si esto merece la pena, si de verdad hay que estirar el chicle hasta los treinta y cinco o los cuarenta mientras el cuerpo va dando señales de aviso cada mes y medio. Las derrotas en Montecarlo, Barcelona y Madrid no ayudaron, desde luego, y quizá la historia hubiera sido distinta si Djokovic le hubiera vuelto a ganar en la final de Roma… pero la historia es la que es y el serbio, desfondado, solo pudo competir un set en condiciones. Una vez ungido de nuevo como campeón, las dudas de Nadal se disiparon y volvió el dominador implacable que conocemos desde su adolescencia. En siete partidos se dejó dos sets que más parecieron dos accidentes. El famoso vídeo de Nico Almagro en el que le dice a la grada: «Este tío va a ganar cuarenta Roland Garros seguidos» empieza a sonar como algo más que una boutade. Obviamente, no serán cuarenta y no serán seguidos, pero es difícil discutir su capacidad de lograr quince a poco que mantenga la concentración y las ganas.

2. Más que nada porque seguimos en las mismas: no hay un relevo claro y sus compañeros de generación se van quedando cada vez más atrás. Empezando por lo primero, es posible que Dominic Thiem sea un formidable jugador de tierra batida y tiene un enorme mérito haber ganado a Rafa cuatro años seguidos sobre arcilla en partidos al mejor de tres sets… ahora bien, a cinco, la cosa cambia y Thiem no está preparado. El austriaco va para los veintiséis años y eso le convierte en el finalista de Grand Slam más joven del circuito, pero si a los veintiséis años solo eres capaz de ganar un set en dos finales y pierdes los otros seis sin oponer apenas resistencia, tienes un problema. A ver, lógicamente, mayor problema tienen todos los que ni siquiera llegan a esas finales, pero espero que se me entienda: si Nadal va a pasarse los cinco años siguientes jugando finales con Thiem, igual, en el peor de los casos, pierde una, pero no tiene pinta de que la cosa pueda ir más allá. Otra cosa es el torneo de Buenos Aires, claro.

3. Más allá de Thiem, se vislumbra Stefanos Tsisipas. De Tsisipas me gusta mucho su tenis y más aún su actitud. Es un hombre que se ve que sufre en la derrota y que no se conforma con triunfos puntuales o con ir pasando rondas y ganando puntos. Esa ambición es justo lo que se necesita en el circuito ahora mismo. Un inconformismo que el griego solo comparte con el mencionado Thiem, a la espera de que Zverev salga del bache. El problema es que, antes de ganar a Nadal, Tsisipas tiene que preocuparse en ganar a los Wawrinka de turno, jugadores que a los treinta y pico años siguen compitiendo mejor y llevándose los partidos importantes. De la larga tradición hispanoamericana sobre tierra batida no se sabe nada: no se me ocurre un solo jugador capaz de causar un mínimo impacto en los próximos años.

4. Vamos ahora con los rivales de su generación: los cinco triunfos consecutivos de Federer sobre Nadal invitaron a pensar en una semifinal competida. Se habló mucho de los progresos de Roger, de cómo había aprendido a jugarle a su gran némesis, de la ventaja que le daba el no partir como favorito… y al segundo juego ya llevaba cinco golpes de revés fallados. Al final ganó nueve juegos en tres sets. Si se compara con la final de 2008 es un éxito pero, por lo demás, está claro que esto no tiene vuelta atrás ni la va a tener nunca porque no creo que Roger se vuelva a pasar por la tierra batida mientras solo pueda aspirar a cuartos de final o semifinales. No tiene sentido. Los fans más irredentos de Federer podrán excusarse en el viento y las condiciones de la pista, pero es un mero empeñarse en no ver la realidad porque molesta: nadie puede competir en tierra con Rafa… y cuando se pudo (el bienio 2015-2016), Federer estaba muy lejos de su mejor momento.

5. Vamos entonces a los otros dos campeones de Roland Garros en activo: Stan Wawrinka y Novak Djokovic. Lo de Wawrinka tiene un mérito descomunal. No solo su torneo, que le llevó a cuartos de final después de un excepcional y larguísimo partido ante Tsisipas, sino la trayectoria que ha seguido en el último año, trepando poco a poco en la clasificación, sufriendo en cada torneo por llegar a algo parecido a su nivel anterior a la lesión. Hay que tener en cuenta que Stan tiene treinta y cuatro años y ha ganado Roland Garros, el US Open y el Open de Australia. No tiene mucho que demostrar y tampoco tiene el talento de Nadal, Federer o Djokovic para salir de una lesión y plantarse en finales a las primeras de cambio. Cuando la gente me pregunta por qué pasan las generaciones y nadie asalta el palacio de invierno, se me viene a la cabeza Wawrinka entrenando como un mulo y negándose a rendirse. Me temo que la diferencia es esa.

6. Por último, Djokovic. Sinceramente, tras ganar en Madrid y llegar a la final en Roma, el serbio era mi gran favorito. Su trayecto hasta las semifinales fue plácido, quedando así a solo dos partidos de repetir por segunda vez en su carrera el hito de lograr los cuatro torneos de Grand Slam seguidos. Sin embargo, ahí se cruzó con Thiem, perdiendo el partido que siempre gana: cinco sets, multitud de breaks, sensación de inferioridad… la típica situación donde Djokovic te gana el cuarto set 7-5 y se lleva el quinto después de salvar dieciocho match points. No pudo ser. Si algo hay que agradecerle a Thiem es que no tiene complejos contra Djokovic ni contra Federer ni contra Nadal. Otra cosa es que eso le dé para ser un supercampeón, pero hay que valorarlo y mucho. Djokovic sale de Roland Garros con más diferencia aún sobre Nadal en la clasificación ATP pero la agria sensación de que pasa un año más y no consigue acercarse en el total de Grand Slams ganados.

7. ¿Cómo está la cuenta ahora mismo? La habrán leído en mil sitios y que conste que yo me niego a establecer esta lista como único referente para determinar quién ha sido el mejor de la historia. Básicamente porque me faltan cinco años de Laver jugando en el circuito profesional y porque los Connors, McEnroe, Borg y compañía no solían tener el Open de Australia entre sus prioridades. Aparte, es difícil juzgar: Federer lleva veinte grandes ganados, Nadal lleva dieciocho y Djokovic sigue en quince… pero, claro, de los quince de Djokovic casi la mitad han llegado precisamente en Australia y el 66% de los de Nadal han llegado en un solo torneo y una sola superficie. Alguien podrá objetarle a Federer que solo ha ganado un Roland Garros —objeción absurda porque nadie, en la Era Open, ha ganado dos veces todos los torneos del Grand Slam— y que buena parte de sus veinte triunfos llegaron precisamente cuando Nadal y Djokovic aún no habían alcanzado su esplendor.. pero, si los triunfos contra Thiem o Anderson cuentan, ¿por qué no iban a contar los conseguidos ante Agassi, Safin o Roddick? En esto, me temo que no vamos a encontrar una interpretación única y válida y cada uno encontrará motivos para arrimar el ascua a su sardina.

8. Dejamos el monográfico Nadal con un apunte: se puede discutir durante días sobre quién tiene la mejor derecha, quién tiene el mejor revés o quién tiene el mejor saque del circuito. El caso es que Rafa ha conseguido durante quince años imponer un golpe letal que, en sí, no hace más que pasar desapercibido: la derecha con efecto al revés del rival. Una derecha liftada que cae a unos centímetros de la línea de fondo y se eleva más de un metro, lo que imposibilita la respuesta del contrario. No es un golpe para pasar a la historia ni para llenar vídeos de highlights. A Nadal los highlights le dan igual. Puede que haya jugadores mejores y más talentosos que Nadal, pero no pueden demostrarlo nunca porque están golpeando la pelota a la altura del cuello mientras se echan para atrás. Si fuera tan fácil, todo el mundo lo haría o al menos todo el mundo habría encontrado un antídoto. Estamos en 2019 y nadie lo ha conseguido. En general, cada partido de Rafa, conocido en sus primeros años por su despliegue físico, es un prodigio de táctica: no hay un golpe equivocado. Si puede ganar el punto de un estacazo, lo gana. Si no, tiene claro cómo conseguir que lo pierdas tú.

9. Vayamos a otras cosas. Por ejemplo, a otro debate habitual: ¿es bueno jugar un torneo menor la semana antes de un grande? A Zverev le vino bien. Ganó en Ginebra y consiguió ritmo suficiente para plantarse en cuartos de final de Roland Garros, algo que, viendo su trayectoria a lo largo del año, no hay que dar por hecho. Por supuesto, en el camino tuvo su habitual ración de sufrimiento y partidos insospechados a cinco sets… pero para un jugador de veintidós años que reconoce estar pasando una depresión no está nada mal. A Zverev se le ama o se le odia. Yo he elegido amarlo y no puedo dar muchas razones que justifiquen mi decisión. Creo que es el gran talento de esta generación pero por supuesto también contemplo la opción de que quede en nada.

10. Sin embargo, a Felix Auger-Aliassime no le fue tan bien. Del canadiense hemos hablado muchísimo en estos resúmenes… pese a que a sus dieciocho años aún no ha conseguido completar un solo partido de Grand Slam (se retiró contra Shapovalov en la primera ronda del US Open de 2018). Poco a poco y curtiéndose en torneos de rango inferior, Auger-Aliassime consiguió llegar al número 21 de la clasificación tras disputar la final de Lyon contra Benoit Paire. Sin embargo, en dicho partido se lesionó… y perdió así la oportunidad de dar mucho que hablar en París. Esto le pasaba mucho a Thiem al principio de su carrera, así que esperemos que el chico aprenda.

11. Algunas sorpresas favorables: Karen Khachanov, desde luego, que llegó a cuartos de final —apenas opuso resistencia a Thiem— y ya es el noveno mejor jugador del mundo; Kei Nishikori, más que nada porque lograr llegar a cuartos de final en cuatro torneos de Grand Slam consecutivos no es ningún regalo, por mucho que luego durara menos de dos horas ante Nadal; Benoit Paire, que llegó a octavos y a punto estuvo de eliminar al propio Nishikori, cediendo 7-5 en el quinto set y confirmando que, cuando quiere, puede; Fabio Fognini, que cumplió llegando a octavos y se despertó este lunes como número diez de la ATP, la mejor posición en sus muchos años de carrera…

12. Cabe incluir en esta categoría a un joven como el argentino Juan Ignacio Lóndero, que se plantó contra pronóstico en octavos y por supuesto al veteranísimo Nicolas Mahut. El francés, invitado de nuevo por la organización, remontó un dos sets a cero ante Marco Cecchinato, semifinalista de la anterior edición, y después se cargó a Philip Kohlschreiber, un especialista en arcilla. En tercera ronda no pudo con Leo Mayer después de perder dos tie-breaks. Apesadumbrado tras la derrota —cada Roland Garros de Mahut bien puede ser el último—, su hijo pequeño saltó a la cancha para abrazarle, protagonizando uno de los más tiernos momentos de la quincena… aunque no sea la primera vez que sucede.

13. Vamos ahora con las decepciones: después de plantarle cara a Federer en Roma, quizá se esperaba algo más de Borna Coric. Cayó ante Jan-Lennard Struff en tercera ronda, evitando así el esperado enfrentamiento serbo-croata contra Djokovic. ¿Se acuerdan de Marin Cilic? De acuerdo, la tierra batida nunca fue su fuerte, pero entre lesiones y bajones mentales, el campeón del US Open y reciente finalista en Wimbledon (2017) y Australia (2018), se ha caído ya del top 20 y solo pudo avanzar una ronda antes de caer contra el renacido Dimitrov —al que el entusiasmo le duró un partido más, el que perdió en tres sets contra Wawrinka—. También hay que destacar las prontas derrotas de jugadores que venían con esperanzas de alcanzar la segunda semana como Nicolás Jarry, Christian Garín, Matteo Berrettini o Diego Schwartzman.

14. Seguimos sin noticias de Kevin Anderson. Sin duda, esta lesión ha partido el mejor momento de su carrera. Sobre la tendencia a que los mejores momentos de las carreras de los tenistas lleguen pasados los treinta años ya hemos hablado mucho. Tampoco hay novedades positivas sobre Milos Raonic —si le queda una última bala, la reservará para Wimbledon— ni sobre Hyeon Chung, cuya carrera parece condenada antes casi de comenzar. John Isner prefirió ni aparecer por París, misma decisión que tomó Nick Kyrgios, concentrado en la temporada de hierba y cuya valoración de la tierra batida se resume en un «tendrían que eliminarla».

15. No me gusta mucho detenerme en este tema porque creo que ya hay demasiada gente hablando todo el rato sobre Kyrgios, pero me sorprende la condescendencia con la que Roger Federer le trata. Todo ese «no pasa nada, no ha hecho nada grave» con el que, se supone, intenta ayudar al australiano. Creo que entre eso y la apelación constante de algunos analistas a que le expulsen del circuito hay un término medio. Kyrgios lanzó una silla a la mitad de la pista en medio de un descanso durante el torneo de Roma y fue descalificado. Ya arrastraba otros dos warnings en ese mismo partido. Es una historia de autodestrucción salvaje que no tiene nada de divertido y que va más allá del talento perdido. Huele a tragedia personal.

16. Cerramos el análisis del cuadro masculino con una evidencia: el tenis español está en mínimos históricos. Los continuos éxitos de Nadal tapan unas carencias brutales: solo Bautista, Verdasco, Carballés y Carreño llegaron a segunda ronda. La media de edad de los cuatro es de 32,5 años. Entre los cincuenta primeros de la ATP solo hay tres españoles: Nadal (treinta y tres años), Bautista (treinta y uno) y Verdasco (treinta y cinco). Los jóvenes no acaban de dar el salto: Munar perdió en primera ronda, igual que Davydovich, y eso que le habían repescado como «lucky loser», Nicola Kuhn está ahora mismo el número 250 de la clasificación… Desde los años ochenta no se vivía algo parecido y, desde luego, es preocupante.

17. Vamos al torneo femenino, que es algo así como el masculino pero justo al revés: en el mismo período (quince años) en el que Nadal ha ganado sus doce títulos, ha habido hasta once ganadoras distintas, empezando por Justine Henin en 2005 y acabando por la sorprendente Ashleigh Barty en 2019. Son dos perfiles completamente opuestos: en el masculino las «vacas sagradas» llevan diez grandes del tirón. En el femenino, de repente te aparece Osaka o Stephens o Halep o Muguruza o Jelena Ostapenko… y así llevamos tres años, de sorpresa en sorpresa. ¿Qué es preferible? Bueno, digamos que si aparte de tener a Nadal, Djokovic y Federer en semifinales, también tuviéramos a Serena Williams, Maria Sharapova y Kim Clijsters sería para apagar la tele.

18. Lo curioso del triunfo de Ashleigh Barty es que, en principio, era alérgica a la tierra batida. Todos sus títulos, incluido el reciente de Miami que le metió en el top ten, habían llegado en hierba o pista dura. En Roland Garros había participado cinco veces y nunca había pasado de segunda ronda. Tiene veintitrés años y una más que decente carrera como doblista a sus espaldas, pero el salto de este año en individuales era completamente inesperado.

19. Más inesperada aún fue su compañía en la final y en las semifinales. En penúltima ronda derrotó a la estadounidense Amanda Anisimova, de diecisiete años, en uno de los partidos más raros de la edición: Barty se puso 5-0 por delante y tuvo dos bolas para el 6-0 en el siguiente servicio de Anisimova. La estadounidense las salvó y ganó los siguientes seis juegos para colocarse 5-6 y saque. Por supuesto, no podía ser tan fácil, y perdió ese servicio, llevando el primer set al tie-break donde por fin consiguió imponerse a la australiana. En cualquier otra circunstancia, Barty se habría venido abajo… y eso es a lo que apuntaba el partido cuando Anisimova se puso 3-0 por delante en la segunda manga. Ahí estuvo el torneo: Ashleigh se negó a conformarse con unas semifinales, tuvo claro que esa era la oportunidad de su vida, se llevó el parcial por 6-3 y resolvió en el tercero no sin antes desperdiciar cinco bolas de partido.

20. Si Anisimova fue la gran sorpresa de la competición, no se queda muy atrás la presencia de Marketa Vondrousova en la final. La checa, de diecinueve años, venía de jugar la final en Estambul y llegar a cuartos en Roma… y además supo gestionar un cuadro de lo más amable para plantarse en el partido decisivo de un Grand Slam por primera vez en su carrera. Después de la explosión de Naomi Osaka el año pasado da gusto ver que siguen apareciendo jóvenes capaces de incordiar a sus mayores y que además pertenecen a tres continentes distintos.

21. Por cierto, Osaka perdió la oportunidad de ganar su tercer grande consecutivo cayendo en tercera ronda frente a Katerina Siniakova, otra doblista de lujo. En realidad, bien pudo haber caído en primera ronda o en segunda pero tiró de agallas y sacó esos partidos adelante jugando un tenis horrible. Hay algo alrededor de Osaka que no me gusta, como si a los veintiún años estuviera expuesta a un exceso de presión y se le notara demasiado. Veremos cómo evoluciona la que aún es número uno del mundo.

22. Con tanta invitada sorpresa en cuartos de final, pocos dudaban de que Simona Halep repetiría el título del año pasado. La finalista en Madrid, que venía de pasearse en tercera y cuarta ronda, cayó en dos sets sin oponer resistencia frente al vendaval Anisimova, confirmando que repetir triunfo en París es una hazaña: desde 1996 solo Justine Henin ha conseguido defender el título del año anterior. Sus tres triunfos en 2005, 2006 y 2007 suponen una anomalía en un palmarés de lo más variado.

23. Garbiñe Muguruza amagó pero no dio. Todavía no le toca. Sumida en una enorme crisis de resultados, mantiene ese aire imprevisible que hace que todas las alertas se disparen en cuanto gana dos partidos seguidos. Llegó con cierta comodidad a octavos de final, pero ahí fue derrotada por Sloane Stephens, la campeona del US Open de 2017. Garbiñe tiene ya veintiséis años y cumplirá veintisiete en octubre. No creo que haya que perder por completo la esperanza. En cualquier caso, repito lo de cada torneo: con un Roland Garros, un Wimbledon y el número uno del mundo ya tiene la carrera hecha.

24. ¿Qué tienen que hacer Karolina Pliskova y Madison Keys para ganar un grande?  La checa llegó como número dos del mundo y con el título de Roma en su bolsillo… todo para caer en tercera ronda ante Petra Martic. No es algo puntual. Desde su aparición en la final del US Open de 2016, Pliskova no ha vuelto a llegar a la última ronda de ningún grande. Un claro caso de miedo escénico. En cuanto a Keys, venía de las semis del año anterior, se le había quedado un cuadro más que asequible… y no pudo ni hacerle un set a Barty en cuartos de final. Ambas tendrán otra oportunidad en Wimbledon.

25. No sé si estamos ya ante el ocaso definitivo de Serena Williams. No lo sé, precisamente, porque no hay una gran dominadora en el circuito y si Ashleigh Barty puede ganar siete partidos seguidos sobre tierra batida, ¿cómo descartar que lo consiga Serena en hierba? Ahora bien, lleva sin ganar un grande desde Australia 2017 y las sensaciones no son buenas. Su actitud en pista ante la desconocida Sofia Kenin dejó mucho que desear y no mejoraron las cosas en la rueda de prensa posterior, cuando prácticamente desalojó de malos modos a Dominic Thiem para quitarse el trámite de encima cuanto antes. Es cierto que la televisión estadounidense alegó motivos de programación ajenos a Serena, pero el cabreo del austriaco fue monumental…

26. No podemos cerrar este resumen sin reflejar la tremenda injusticia que supuso el hecho de que las semifinales femeninas no se jugaran en la Philippe Chartrier y solo una se hiciera en la Suzanne Lenglen. Todos sabemos que los estragos del mal tiempo son a menudo impredecibles y bien vendrá ese techo retráctil el año que viene, pero relegar unas semifinales de Grand Slam a horario de matinal y en pistas secundarias no es propio de un torneo como Roland Garros. Bien podrían haberse jugado a la vez las dos semifinales femeninas en las dos centrales y luego las dos masculinas… pero, una vez más, las televisiones mandan a este respecto

27. Repaso de palmarés antes de marcharnos: los dobles femeninos fueron para Timea Babos y Kristina Mladenovic (la única alegría para el espectador francés) mientras que los masculinos se los llevaron los alemanes Kevin Krawietz y Andreas Mies. Yung-Jan Chan e Ivan Dodig se impusieron en los dobles mixtos mientras que los títulos junior fueron para el danés Holger Vitus Nodskov Rune y la canadiense Leyla Annie Fernández. Si alguien quiere saber qué ha pasado con el taiwanés Tseng Chun-hsin (también conocido como Jason Tseng), gran dominador del circuito junior el año pasado, comentar que ahí sigue, en el top 500 pero relegado aún a torneos ITF y Challengers. Todavía no ha cumplido los dieciocho años, así que me comprometo a ir actualizando su estatus según pasen los torneos.

Por lo demás, quedamos emplazados a la cita de julio en Wimbledon, donde todo lo que no sea ver a Djokovic, Federer, Nadal y otro cualquiera en semifinales será una sorpresa… Solo que algún día esa sorpresa tendrá que producirse, que nos pille atentos.


Novak Djokovic, Naomi Osaka y lo mejor que nos dejó el Australian Open 2019

Open de Australia 2019. Fotografía: Cordon.

Tres sets y ocho juegos ganados por parte del perdedor. Hay que remontarse a la humillante final de Roland Garros 2008, en la que Federer solo le pudo hacer cuatro a Rafa Nadal, para buscar una comparación en finales de Grand Slam entre el llamado «Big Three». Si hace menos de un año Djokovic estaba pensando en retirarse al menos una temporada, y descansar el codo malherido, ahora está a un torneo de repetir la hazaña de 2015-2016 y ganar los cuatro grandes de forma consecutiva.

Es la suya una enorme historia de superación, como la es la del propio Rafa Nadal, que se presentó en Melbourne con un partido de exhibición como todo bagaje competitivo en los últimos cuatro meses. Nada, en cualquier caso, comparado con lo de Petra Kvitova, quien hace dos años fue apuñalada salvajemente en su casa y vio cómo la mano izquierda —es zurda— le quedaba destrozada, sin apenas posibilidades de regresar al circuito. El Open de Australia 2019 nos ha dejado muchos detalles que pueden invitar a pensar en épica, remontada y cambios… pero en realidad ha sido más de lo mismo. La historia de un estancamiento masivo del que solo se salva la campeona femenina, Naomi Osaka, a la sazón nueva número uno del mundo.

Vayamos con los detalles…

1. Quince títulos de Grand Slam ya para Novak Djokovic, siete de ellos en Australia. A dos de Nadal y a cinco de Federer. No tengo claro que esa estadística sea la única válida para determinar al mejor jugador de esta generación, pero desde luego es indicativa. Más me impresiona el hecho de que a esos quince grandes, Novak sume triunfos en los nueve Masters 1000, en las ATP World Tour Finals y en la Copa Davis, además de un registro personal favorable con sus dos grandes rivales. Salvo la medalla de oro olímpica lo tiene absolutamente todo. Lo de este domingo fue una exhibición de saque, resto, derecha y revés. Es cierto que tuvo enfrente a una versión disminuida de Nadal, pero cuando juega así es imparable: no deja ni un resquicio al rival ni a su hinchada.

2. La victoria en la final la cimentó desde el saque. En todo el primer set cedió un punto y en el último juego. En el segundo, la cifra aumentó a cinco, aunque sin enfrentar bolas de break, y solo en el tercero se vio más apurado, entre otras cosas porque Nadal decidió jugársela al todo o nada en varias ocasiones. Aun así, la única bola de break que concedió en todo el partido la solventó con facilidad y cuando el partido ya estaba muy a su favor. Todo esto ante uno de los mejores restadores de la historia. Por su parte, el servicio de Nadal fue casi siempre un regalo. No tanto por el saque en sí sino por los golpes de continuación: derechas o reveses que casi nunca eran definitivos, a diferencia de lo que habíamos visto durante toda la semana.

3. Como habrán leído ya en muchos sitios, son ya diecisiete los sets consecutivos que Djokovic le ha ganado a Nadal en pista dura desde la final del US Open 2013. En total, el serbio se ha llevado trece de los últimos dieciséis partidos entre ambos en todas las superficies. Obviamente, es un dato preocupante para el español. Si el resto de grandes títulos a lo largo de los próximos años se los van a seguir repartiendo entre ellos dos y Federer, las perspectivas para el serbio son inmejorables: ninguno le tose en la superficie más utilizada con diferencia a lo largo de la temporada. Con todo, y aunque no tenga ninguna evidencia que apoye mi argumento, sigo pensando que no va a haber otra «era Djokovic» que dure dos, tres o cuatro años, hasta los treinta y cinco. Quizá no es más que un acto de wishful thinking pero me resisto a ver a estos dos mismos tenistas en la final de Wimbledon o de Roland Garros o del US Open en 2022, cuando sumen setenta años entre ambos. Las dos sorprendentes derrotas de Djokovic en la final de París –ante Khachanov– y en la final de Londres —ante Zverev— apuntaban a algo parecido al relevo… pero ahí ha quedado de momento la cosa.

4. De hecho, no hay nada más desesperanzador para el circuito que el hecho de ver que Nadal, sin competir desde septiembre y que había tenido que renunciar a Brisbane por molestias físicas, haya llegado a la final y lo haya hecho sin ceder un set ni perder el servicio en todo el torneo. Ahora mismo, la superioridad del número uno y el número dos del mundo sobre todos los demás es tal que, a medio gas, como se ha demostrado en la final, Rafa solo tuvo que disputar un tie-break en seis partidos. Puede que su cuadro no fuera el más duro posible, pero ahí estaba Álex de Miñaur, reciente ganador en Sídney; estaba Tomas Berdych, que parecía en gran forma, y estaban Frances Tiafoe y Stefanos Tsisipas, otros dos ilustres miembros de la «next gen». No le hicieron ni cosquillas y se ve que bastaba con buscárselas con un poco de fe.

5. Quizá es eso lo que falta a esta generación: fe. No lo sé. Tsisipas la tuvo para ganarle a Federer y tanto Khachanov como Zverev —lo acabamos de decir— la tuvieron al mejor de tres sets el año pasado para ganarle a Djokovic… pero el caso es que Nadal no les dio ni una sola opción. Muchos se apresuraron a decir que era «el mejor Rafa de la historia en pista dura» pero eso era imposible. Nadie se pasa lesionado tanto tiempo, se retira por precaución de un torneo y, de la nada, juega el mejor tenis de su carrera. Ni siquiera Federer, pese a ganar en 2017 después de seis meses de parón. En aquella ocasión, al menos el suizo jugó la Hopman Cup entera y tuvo que sufrir como un perro en tres agónicos partidos a cinco sets.

6. En cualquier caso, el resultado para Nadal es excelente, por mucho que Djokovic se le acerque en la famosa lista de grand slams y se aleje en la clasificación ATP. Después de cada lesión de este tipo y más conforme avanzan los años —cumplirá treinta y tres en junio—, vuelven los rumores acerca de su recuperación y una vez tras otra, ahí está Rafa para demostrar por qué lleva catorce años entre los diez primeros del mundo. Simplemente, este no era su torneo. No para ganarlo, al menos. Es su cuarta final perdida en Australia, lo que choca especialmente teniendo en cuenta que entre los otros tres grandes tan solo ha perdido otras cuatro.

7. Vamos ya con el resto de mortales y empecemos por el doble defensor del título, Roger Federer. Claramente, ha perdido comba. No ya contra Rafa y Novak —con los tres en su esplendor hace años que Federer es el tercero en discordia— sino con el resto de competidores. No tengo claro dónde está el problema porque físicamente no parece especialmente lento, así que no tiene por qué ser una cuestión de edad. Sus derrotas en los últimos tres slams —todas ellas antes de semifinales— han seguido un patrón parecido: empieza jugando de maravilla, desaprovecha varios puntos clave y de repente se viene abajo sin voluntad alguna de remontada. Cuando Roger se hunde, se hunde con todo, no hay matices. Contra Tsisipas fue muy superior en el primer set y bastante superior en el segundo. Dispuso de diez bolas de break y las perdió absolutamente todas. Cuando vio que el griego le igualaba el partido en el segundo tie-break, en vez de tirar de jerarquía, se dejó llevar por sus demonios.

8. Ahora bien, eso aún puede cambiar. Por supuesto, el adiós de Federer está mucho más cerca que lejos. Dudo que sea esta temporada porque los Juegos de Tokio 2020 están ahí y no creo que Roger quiera renunciar a una quinta cita olímpica como ya tuvo que hacerlo en Río por lesión. Mientras tanto, debe seguir al acecho. No le veo opciones serias contra Djokovic o Nadal —salvo quizá contra el segundo en hierba— pero si los dos salen de su camino, Roger siempre será Roger. No le enterremos hasta que él decida meterse en el ataúd.

9. Las dos grandes noticias del cuadro masculino han sido, por supuesto, Lucas Pouille y Stefanos Tsisipas, dos veinteañeros que llegaron a semifinales. Todo un acontecimiento. Lo de Pouille fue aún más sorprendente, teniendo en cuenta su pésimo 2018 y la irregularidad que le caracteriza. Tirando de un servicio excelente, fue pasando rondas hasta que se encontró con Djokovic en las semifinales… donde solo pudo hacerle cuatro juegos. Supongo que ver que Nadal solo le hacía ocho en la final, le hará sentir mejor.

10. En cuanto a Tsisipas, apunta alto. No sé qué quiere decir eso en este circuito tan mediocre, pero ha demostrado que puede jugar bien en tierra batida y en pista dura y se va a instalar entre los diez primeros del mundo durante algún tiempo. Con veinte años recién cumplidos no se le puede pedir más. Le ganó a Federer sin complejo alguno y naufragó tácticamente ante Nadal, que le hundió a base de bolas altas al revés a una mano. Sus declaraciones pospartido: «No sé cómo Federer le ha podido ganar más de diez veces» lo dicen todo del naufragio. La buena noticia para Stefanos es que su esplendor debería coincidir con la retirada de Rafa y ahí, sobre todo en tierra batida, se abre un hueco descomunal.

11. Otra historia positiva del torneo fue la «resurrección» de Roberto Bautista y Pablo Carreño. Es sorprendente que a estas alturas de su carrera, Bautista debute en los cuartos de final de un gran torneo, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Derrotó a grandes rivales como Marin Cilic en un partido épico y corroboró lo visto en Doha, donde fue capaz de ganar a Wawrinka, Djokovic —sí, el mismo del que hablábamos antes— y Berdych antes de hacerse con el título. En cuanto a Carreño, ocurre como con Pouille: absolutamente nadie le esperaba en octavos y aun así consiguió filtrarse con buenas dosis de sufrimiento. En esa ronda perdió ante Nishikori, no sin antes dejar uno de los momentos del campeonato.

12. Pongámonos en situación: después de un 2018 para olvidar, Carreño llega a octavos de final de Australia y le gana los dos primeros sets a Kei Nishikori. La cosa parece hecha pero se complica: desaprovecha un break a favor en el tercero y acaba cediéndolo en la muerte súbita. Pierde el cuarto sin ofrecer demasiada resistencia y en el quinto cede su servicio nada más empezar, dejando que Nishikori saque para culminar la resistencia… pero, de repente, Carreño saca su mejor tenis, rompe al japonés y consigue forzar el llamado «super tie-break» del quinto set, al mejor de diez puntos. No solo eso, sino que se adelanta 8-5, una diferencia prácticamente imposible de remontar. Y entonces, pasa lo que han visto en el vídeo. Una decisión polémica, un jugador que se va completamente del partido y cinco puntos que van pasando uno tras otro al marcador del nipón, entre la desesperación y los insultos de su rival. En la siguiente ronda, Nishikori, para seguir su tradición, se retiraría.

13. Por cierto, a esto del «super tie-break» habrá que acostumbrarse. De momento, a mí se me hace corto. Entiendo que no tiene sentido llegar al 70-68 pero ponerse a ello en el 6-6 me resulta precipitado. Tal vez podrían esperarse al 10-10 y no pasaría nada. En cualquier caso, si los jugadores lo prefieren, no hay mucho que discutir.

14. Españoles: aparte de Bautista, Nadal y Carreño, Verdasco tuvo momentos de verdadera brillantez en el que es su Grand Slam favorito y se quedó a un punto de ganar a Marin Cilic en tercera ronda. El problema, en términos de relevo, es que Verdasco tiene treinta y cinco años. De los jovencitos, aún no se sabe nada, aunque se sabrá: Jaume Munar  —que ya no es tan jovencito a sus veintiún años— se retiró en primera ronda después de perder dos tie-breaks con Fabio Fognini, mientras que Nicola Kuhn y Alejandro Davidovich se quedaron en la segunda ronda clasificatoria. En cualquier caso, seguimos creyendo.

15. Si la «next gen» como concepto y a excepción de Tsisipas ha sido la gran decepción del torneo, nadie encarna mejor esa decepción que Alexander Zverev. Lo del alemán es incomprensible: es capaz de ganar a los mejores y jugar como los ángeles en torneos tan importantes como los Masters 1000 o las mismísimas World Tour Finals… pero se viene abajo lamentablemente en cada Grand Slam. Y, sinceramente, si no eres capaz de cambiar eso ni con Ivan Lendl como entrenador, tienes un problema muy serio. Lendl consiguió cambiar la mentalidad de Murray y puede que lo consiga con Zverev, pero el camino se nos está haciendo largo. Está claro que el chico no está para competir de tú a tú con Djokovic o Nadal al mejor de cinco sets, pero entre eso y perder contra Raonic en tres mangas (1-6, 1-6 las dos primeras) tiene que haber un punto medio.

16- Por cierto, hay que hablar de Murray. Qué difícil es evaluar su carrera. Se retirará después de Wimbledon —puede que antes, acabó su partido de primera ronda contra Bautista en Australia hecho unos zorros— con solo tres Grand Slams en su carrera. Los mismos que Wawrinka. Y, con todo, ha sido un jugador descomunal y un verdadero ejemplo fuera de la pista, destacando por su sensibilidad en torno al sexismo en el tenis. No en vano, eligió a Amélie Mauresmo como entrenadora cuando su carrera necesitaba un nuevo giro. Ha sido finalista en todos los grandes, ha ganado una pila de torneos, ha sido campeón olímpico dos veces… y aun así, ni siquiera su fugaz paso por el número uno, evitará que, con los años, el famoso «big four» quede para la historia como un «big three con acompañantes». Sobreviviente de la tragedia de Dunblane, cuando un loco entró en su colegio y mató a dieciséis niños, el escocés ha estado siempre rodeado por ese aura de maldito e inconformista, incapaz de agradar a tanta gente que estaba empeñada en ser agradada por él. Confiemos en que pueda estar en Wimbledon y que reciba la ovación que se merece en la pista central.

17. Último apunte masculino: Alex de Miñaur, el australiano de origen vasco, tiene «pintaza». Vale que contra Nadal no pudo hacer nada y que quizá no es lo más sensato afrontar un Grand Slam jugando nueve partidos en dos semanas… pero a los diecinueve años este chico parece cosa seria, igual que Shapovalov, que al menos cayó en tercera ronda sacándole un set a Djokovic, es decir, con algo de dignidad. No se puede decir lo mismo de Karen Khachanov, otra gran decepción que se nos pasará pronto.

18. Pasemos al cuadro femenino y empecemos loando justamente a la campeona: Naomi Osaka. No es solo su talento, sino su capacidad para lidiar con situaciones críticas. Ganó el US Open derrotando en la final a Serena Williams en medio del abucheo de toda la pista central y casi entre lágrimas. En su siguiente grande repite título después de recuperarse de una de esas situaciones que marcan una carrera: Osaka tuvo un 7-6, 5-3 y 0-40 a su favor sobre el servicio de Kvitova y no solo desperdició las tres bolas de partido sino que perdió su servicio dos veces más en el set y acabó teniendo que irse a un tercero. Cualquier otra jugadora —más a los veintiún años— se habría venido abajo, pero a los tres juegos ya volvía a estar break arriba y esta vez ya no dio más opciones.

19. La alegría de Osaka fue la decepción de Kvitova, pero, ¡qué torneo el de la checa! Se plantó en la final sin perder un solo set gracias a un cuadro bastante favorable y se agarró a esa final como se agarró a la vida en diciembre de 2015. Hablamos de un ataque cuyas secuelas físicas y mentales acabarían con cualquiera de nosotros y Petra ahí está, luchando por volver a ser la mejor del mundo, como cuando ganaba Wimbledons e impresionaba con su juego de ataque. Se ha quedado a un paso de un nuevo grande y de recuperar el número uno, pero ha demostrado de qué material está hecha. Esperemos que haya más oportunidades.

20. Si lo de Kvitova fue una sorpresa —relativa, pues no dejaba de ser la cabeza de serie número seis—, no sé cómo calificar lo de Daniele Collins, su rival en semifinales. La estadounidense, número 35 del mundo, consiguió superar a Caroline García y Angelique Kerber para lograr su mejor resultado en un slam. Aún tuvo energía para aguantarle un set a Kvitova (llegó a estar break arriba) pero se vino abajo en el segundo. Hablamos de alguien que venía de caer en primera ronda de Sidney tras pasar por la ronda clasificatoria.

21. Si Kvitova y Collins fueron las sorpresas, Karolina Pliskova fue la gran «aguafiestas». Todo el mundo soñaba con un nuevo enfrentamiento entre Naomi Osaka y Serena Williams después de lo que pasó en Nueva York, pero la mala suerte se cebó con la estadounidense. Sin quitar méritos a una gran jugadora como es Pliskova, solo la desgracia en forma de «falta de pie» y lesión en el tobillo pueden lograr que Serena pase de ganar 5-1 en el tercer set y disponer de cuatro pelotas de partido a acabar arrastrándose y perdiendo 5-7. El récord de la homófoba Margaret Court-Smith sigue a un grande de distancia pero se está haciendo rogar. Y Serena, como Roger, va para treinta y ocho este año. Aunque apenas se note.

22. Garbiñe Muguruza. ¿Qué hacemos con Garbiñe Muguruza? Yo sigo pensando que tiene otro slam en su raqueta y que, en cualquier caso, habiendo ganado dos y sido número uno del mundo, pues ni tan mal. Su torneo fue anodino, como casi todo lo que viene haciendo últimamente. Muy por debajo de su talento. Protagonizó como anécdota el partido con comienzo más tardío de la historia del Grand Slam —pasada la medianoche ante Johanna Konta— para acabar cayendo en la siguiente ronda ante la propia Pliskova sin ofrecer demasiada resistencia. Al menos, esta vez no hubo imágenes de discordia con su entrenador.

23. Quien se presentó sin entrenador en Melbourne fue Simona Halep. Ella misma se ocupó en autodescartarse para el título con tanta insistencia que empezó a resultar sospechoso. Sin embargo, tenía razón: parece que su juego no es el mismo y la ex número uno del mundo cayó en octavos ante Serena Williams perdiendo de paso su trono. Le hizo sudar a la estadounidense, eso sí, justo dos días después de derrotar a su hermana Venus, ganadora de este torneo… en 2003.

24. En cuanto al resto del tenis femenino español y confirmado el bajón anímico y físico de Carla Suárez, que volvió a quedarse en segunda ronda, destaca la presencia de la ganadora del Roland Garros junior de 2015, Paula Badosa. Entre lesiones y diversos problemas, a Badosa le está costando llegar. Tanto que esta fue su primera participación en un Grand Slam y perdió en primera ronda. La buena noticia es que aprovechó la segunda semana para quedarse en Australia, disputar un torneo ITF y llegar a la final. Debería al menos ser fija en los grandes cuadros; a partir de ahí, el nivel del circuito WTA es tan alto y tan variado, que es difícil pronosticar.

25. Vamos con el resto de ganadores: los franceses Herbert y Mahut completaron su Grand Slam particular al hacerse con el torneo de dobles masculinos. Por el camino, eliminaron a los hermanos Bryan, de vuelta al circuito como pareja tras casi un año de lesión de Bob. Teniendo en cuenta los excelentes resultados que cosechó Mike con Jack Sock el año pasado —ganaron Wimbledon, el US Open y las World Tour Finals— el hecho de esperar pacientemente a su hermano y seguir adelante con su carrera en común cuando ambos están ya en los cuarenta dice mucho de él. El doble femenino fue, sorprendentemente, para la pareja Sam StosurZhang Shuai, lo que quiere decir que por fin Stosur puede presumir de ser campeona del Abierto de su país después de más de una década intentándolo en individuales. Los mixtos fueron para la excelsa doblista Barbora Krejcikova y el bombardero estadounidense Rajeev Ram.

26. Por último, repasemos los ganadores de los torneos junior, por si algún año de estos —¿2025, 2030…?— consiguen tomar el relevo de Djokovic y Nadal. Ya sin Chun Hsin Tseng como gran dominador, el torneo masculino lo ganó el italiano Lorenzo Musetti, del que se hablan maravillas, y que tuvo que salvar dos bolas de partido antes de imponerse al estadounidense Emilio Nava por 14-12 en el tie-break definitivo. El femenino fue también a manos de la cabeza de serie número uno, en este caso la danesa Clara Tauson, que derrotó en la final a la canadiense Leylah Annie Fernández.

Nos vemos en cuatro meses y medio en Roland Garros, donde no es de prever otra final que no sea un nuevo Nadal- Djokovic… aunque ahí, desde luego, el serbio no lo tendrá tan fácil.


Novak Djokovic, Angelique Kerber y todo lo que nos dejó Wimbledon 2018

Novak Djokovic tras ganar la final masculina de Wimbledon 2018 Foto: Cynthia Lum / Cordon.

Han vuelto. Djokovic y Kerber, Kerber y Djokovic. El serbio ya había apuntado maneras en Roland Garros, perdiendo medio lesionado en cuartos de final, y se había quedado a un punto de ganar en Queen’s, pero pocos esperaban que consiguiera su cuarto triunfo en Wimbledon y el decimotercero en un torneo de Grand Slam. Igual que Federer y Nadal fueron el relevo de Djokovic, Djokovic lo ha sido del suizo y el español, que venían de repartirse los seis últimos grandes. De hecho, Nole fue el semifinalista más joven de esta edición a sus treinta y un años, pero de eso hablaremos —de nuevo— un poco más tarde.

En cuanto a Angelique Kerber, dominadora absoluta del circuito en 2016, se apunta su tercera gran corona derrotando ni más ni menos que a Serena Williams en la final, un plus. Para la estadounidense queda el dato casi heroico de haber sido finalista con casi treinta y siete años y después de disputar solo cuatro torneos desde que ganara la edición 2017 del Open de Australia. Si no es la mejor tenista de todos los tiempos, desde luego lo parece. Son ya veinte años de éxitos sin apenas decepciones de por medio. Llega el momento de analizar un torneo algo previsible pero que nos dejó partidos para el recuerdo.

1- Empecemos por el cuadro masculino y por el campeón: Novak Djokovic. Cuando logró completar a su manera el Grand Slam en 2016 —ganó los cuatro grandes seguidos, aunque no en el mismo año natural— pocos dudaban de que la cosa no iba a quedar ahí y que pronto superaría a Federer y a Nadal en la lista de tenistas más laureados. Por entonces, el serbio llevaba doce majors por catorce del español y diecisiete del suizo. Dos años después, Nole se presentaba en Londres con solo una final disputada en este periodo —el US Open de 2016, con derrota ante Wawrinka—, después de una molestísima lesión de codo, tras haber cambiado varias veces de entrenador y con una edad —treinta y un años— a la que las resurrecciones solían ser misión imposible. Mientras él seguía anclado en los doce grandes, Nadal ya sumaba diecisiete y Federer, veinte. No era exactamente un «ahora o nunca», pero los expertos tampoco parecían dispuestos a esperarle mucho más.

2- Ahora bien, lo consiguió. Pasó rondas ante rivales como Edmund o Nishikori sin atascarse más de lo aconsejable y viéndose relegado en ocasiones a la Pista 2, hasta que llegó a la semifinal contra Rafa Nadal. Después de años y años de dominio serbio, Nadal había ganado los dos últimos enfrentamientos y partía como número uno del mundo. Una victoria del español habría consolidado una tendencia más que peligrosa para Novak. El partido fue un espectáculo en todos los sentidos, probablemente el mejor del año: a la tensión del momento se le sumaron dos jugadores en estado de gracia y una emoción superlativa. Dos veces estuvo a punto Nadal de romper el servicio de Djokovic y sacar para ganar el partido pero fueron las dos únicas en las que no pudo conseguirlo. Nole aguantó y aguantó, y de repente se encontró con un 9-8 a favor y 0-40 sobre el saque del balear. De las tres oportunidades, le sobraron dos.

3- En cualquier caso, a Nadal poco hay que reprocharle: se pasó cinco horas en la pista contra Djokovic, divididas en dos días, después de jugar durante otras cinco horas contra Juan Martín del Potro en cuartos de final. Todo esto, a los treinta y dos años y después de la paliza que se pegó en primavera durante la gira de tierra batida. Tampoco jugó a su favor el hecho de que el partido se disputara con el techo cerrado. El español se medio quejó, con esa manera suya de «decir pero no decir pero a la vez decir». Wimbledon es un torneo al aire libre, así está catalogado, y así debería haberse jugado. Otra cosa es que sea justo que los cuatro torneos del Grand Slam sean en cubierto, que igual no lo es.

4- Una vez más, la resistencia mental de Nadal destacó sobre la de todos sus competidores. Es un atleta extraordinario en ese sentido. No sé si el mejor de la historia, pero por ahí debe de andar. No se rinde nunca, bajo ningún concepto y hace fácil lo difícil: ganar los puntos que cuentan. Si el partido ante Djokovic se fue a cinco sets y estuvo tan cerca de ganarlo fue por una sencilla razón: mientras el serbio había amenazado con el break en nueve de sus saques, consiguiéndolo solo en tres, él rompió las cuatro veces que tuvo oportunidad. Es cierto que esta fiabilidad le falló en el momento clave, pero para llegar al momento clave hay que pasar por muchas etapas antes y esas etapas también cuentan.

5- Hemos dicho que la semifinal entre Nadal y Djokovic fue la verdadera final porque la final duró más bien poco: Kevin Anderson llegó completamente agotado después de su maratón del viernes ante John Isner, con un 26-24 incluido en el quinto set y más de cien aces entre ambos jugadores. El partido reabrió el debate sobre la necesidad de acortar estas quintas mangas con un tie-break, como ya hacen en el US Open. Tiene toda la lógica del mundo, porque pasarse casi siete horas sacando y sacando no parece lo más sensato. Quizá se podría buscar un término medio, como ampliar ese posible tie-break a diez puntos o realizarlo a partir del 8-8 o incluso el 10-10.

6- Sea como fuere, a Anderson le pasó factura el esfuerzo y apenas fue competitivo en la final. Era de esperar porque el sudafricano tampoco es ningún niño, aunque extrañó la diferencia en condición física teniendo en cuenta que Djokovic también se había pasado cinco horas y media en pista ante Nadal, acabando menos de veinticuatro horas antes. El torneo de Anderson fue majestuoso, en línea con lo que está siendo su inesperada segunda juventud. Apoyado en su saque, como siempre, derrotó en octavos a un sólido Gaël Monfils, que venía haciendo su mejor torneo en Londres, y fue capaz de remontarle dos sets en contra a Federer en cuartos de final, sin duda la gran sorpresa del campeonato.

7- Nos paramos ahí un momento porque la oportunidad lo exige. Federer no solo cedió una ventaja de dos sets a cero por solo quinta vez en su carrera, sino que perdió el partido después de tener match point a favor en el tercer set. Según apunta @OnlyRogerCanFly basándose en las estadísticas del mítico foro Tennis Warehouse, esta es la vigésima vez que algo así sucede. Si aún no sabe si veinte veces son muchas o pocas, cabe decir que a Djokovic solo le ha pasado tres veces en su carrera, a Murray cinco y a Nadal, siete, aunque cuatro de ellas son anteriores a 2006.

Roger Federer en el partido contra Kevin Anderson. Foto: Kevin Quigley / Cordon.

8- Tras el partido, Roger afirmó en rueda de prensa que era una derrota muy dura: «Lo mismo tardo meses en recuperarme como me olvido a la media hora». Ver el nivel de Djokovic de alguna manera le habrá aliviado. Aunque Federer empezó el torneo de maravilla —llegó a sumar treinta y cuatro sets ganados de manera consecutiva si sumamos los de 2017—, la derrota ante Anderson no fue una casualidad: le habíamos visto torpe en Stuttgart, aunque se llevara el título, y algo incómodo en Halle, aunque llegara a la final. Está a días de cumplir treinta y siete años y, por muy campeón vigente que fuera del torneo, esa es una edad a la que es un poco injusto que te exijan la victoria. Viendo que no hay relevo digno de tal nombre, las posibilidades de Federer de seguir ganando grandes y luchando por el número uno dependerán exclusivamente de si Djokovic vuelve a su nivel de hace dos años.

9- Hemos pasado muy de puntillas por la actuación de John Isner y es un poco injusto, pero también es reflejo del nivel actual del circuito: que un jugador así haya ganado este año en Miami y dispute una semifinal de Wimbledon cuando debería haber empezado su declive indica que el nivel medio es mucho más bajo que hace cinco o diez años. Isner sigue siendo el jugador que siempre ha sido: un gran sacador, con un revés cortado decente y una derecha errática. En toda su carrera eso no le había servido más que para llegar a cuartos de final del US Open de 2011. Encontrárselo en semifinales sobre hierba es hasta cierto punto decepcionante, por mucho que nos alegremos por él.

10- Isner se impuso en cuartos de final a Milos Raonic, que pese a sus lesiones sigue dando guerra en Wimbledon año sí y año también. El canadiense, a sus veintiocho años, era el más joven de los ocho cuartofinalistas. De la tan esperada next generation solo cumplieron Stefanos Tsitsipas (perdió en octavos), Karen Jachánov (también en octavos) y Álex de Miñaur, que cedió en tercera ronda ante un avasallador Rafa Nadal. El resto, un desastre: Borna Coric, ganador en Halle, perdió en primera ronda ante Daniil MedvedevDominic Thiem se retiró lesionado también en primera ronda contra Marcos Baghdatis; Denis Shapovalov se quedó en segunda ronda ante un rival —BenoîtPaire— con el menisco desgarrado, y Francis Tiafoe cayó en tercera ante el citado Jachánov después de ceder dos sets de ventaja. Tampoco duró mucho más la aventura del ruso, que cedió en tres rápidas mangas ante Djokovic en octavos.

11- La gran decepción del torneo fue sin duda, una vez más, Alexander Zverev. Cabría esperar de su actuación en Roland Garros, con unos batallados cuartos de final, que por fin el alemán empezara a demostrar su talento en un grande, pero habrá que esperar al menos dos meses más. Zverev ya estuvo a punto de perder en segunda ronda ante Taylor Fritz y al final lo hizo en tercera frente al renacido Ernests Gulbis. Es imposible saber qué pasa con este chico. Ha ganado torneos importantes en tierra, en dura y en hierba… pero solo ha pasado una vez de tercera ronda en un Grand Slam. En cuanto a Gulbis, habrá que ver si ha sido flor de un día o si su recuperación va en serio. Sería una excelente noticia.

12- En el terreno negativo, destacaron también Grigor Dimitrov y Marin Cilic. Dimitrov perdió en primera ronda ante Stanislas Wawrinka. Si fuera sobre tierra y en 2015, lo entenderíamos, pero Wawrinka nunca ha destacado sobre hierba y en 2018 está casi retirado del tenis por sus continuas lesiones. Todos los avances del búlgaro el año pasado, incluyendo su Masters 1000 y las World Tour Finals, parecen haberse quedado en nada. Por su parte, Cilic, finalista el año pasado y campeón diez días antes en Queen’s, cedió contra el argentino Guido Pella en segunda ronda. Una enorme ocasión perdida para el croata, que al menos tuvo todo el tiempo del mundo para ver el Mundial a gusto.

13- En nuestra sección «¿Qué hacemos con Nick Kyrgios?» de nuevo tocan lamentos. Perdió en tercera ronda contra Nishikori después de enfrentarse públicamente con Marion Bartoli, la campeona de 2013. La francesa le reprochaba su actitud excesivamente despreocupada en pista y Kyrgios decidió burlarse de ella en Twitter. Todo venía a cuento de la multa de quince mil euros que le puso la ATP por fingir que estaba masturbando una botella durante las semifinales del torneo de Queen’s. Los esfuerzos de Kyrgios por convertirse en una continuación de Bernard Tomic no dejan de ser preocupantes.

14- Por cierto, Tomic se apuntó a la previa, se sacó su plaza en el cuadro principal, ganó un partido e incluso le arrebató un set en segunda ronda a Kei Nishikori. También ganó un partido —es decir, más que Dimitrov y Coric juntos— el veteranísimo Ivo Karlovic, que a sus cuarenta años parece más fuera que dentro del circuito. Lo de Karlovic fue especialmente doloroso porque cayó a continuación ante Jan-Lenard Struff después de cinco sets y un 11-13 en el quinto, incluyendo punto de partido a favor. En el camino dejó sesenta y un aces, la segunda mejor marca del campeonato después de los sesenta y cuatro de Isner ante Ruben Bemelmans.

15- Los españoles. Aparte de las semis de Nadal, lo único mínimamente celebrable fue el récord de Feliciano López de torneos de Grand Slam consecutivos disputados (sesenta y seis, desde Roland Garros 2002). La fiesta duró un partido porque en segunda ronda cayó contundentemente ante Del Potro, que cuajó un excelente torneo. Ferrer, Ramos, Carreño y Verdasco cayeron en primera ronda. García-López y Feliciano, en segunda. A las chicas no les fue mucho mejor.

Angelique Kerber en el momento en el que se proclama vencedora de la categoría femenina de Wimbledon 2018. Foto: Cynthia Lum / Cordon.

16- Vamos, pues, al cuadro femenino. Angelique Kerber estuvo fantástica durante todo el torneo. Ya el año pasado estuvo más cerca de lo que pareció de haber logrado un buen resultado, pero se le complicó el partido contra Muguruza cuando parecía tenerlo controlado y al final ella se quedó en octavos y la española acabó levantando el trofeo. Este año se aprovechó de la masacre de favoritas —de entre las diez primeras cabezas de serie, solo Karolina Pliskova llegó a octavos de final y ahí se quedó— para conseguir su tercer grande tras los triunfos en Australia y el US Open de 2016. Lo más impresionante de su victoria fue la manera de manejar a Serena Williams en la final. Una cosa es ganar a Serena y otra cosa es arrollar a Serena. Lo segundo está al alcance de muy pocas.

17- Por cierto, la menor de las Williams entró en el torneo rodeada de dudas: hundida en el puesto 181 de la WTA después de un año y medio casi sin competir por su reciente maternidad, tras tener que retirarse de Roland Garros con una lesión en el pectoral y con turbios problemas con la USADA, pocos confiaban en que la estadounidense fuera capaz de llegar tan lejos. La suya es una historia increíble. Ganó su primer grande en los años noventa y creo que eso lo dice todo. Es cierto que se benefició de un cuadro muy asequible, pero, como siempre digo en estos casos, la culpa no es suya, sino de quien pierde antes de que ella gane.

18- Gran torneo el de Jelena Ostapenko, que llegó a semifinales con cierta contundencia después de un decepcionante Roland Garros. La letona apenas le dio guerra a Kerber, pero se va consolidando como una jugadora hábil en todos los terrenos pese a su juventud. También destacó Julia Görges, aunque dio la sensación de que en la semifinal contra Serena podría haber hecho un poco más, como sí hizo Camila Giorgi en cuartos, por ejemplo. En cuanto a las sorpresas positivas, recalquemos la de Kiki Bertens, que por fin rompió el muro de los octavos de final sobre hierba.

19- En cuanto a sorpresas negativas, todas las que quieran: Kvitova, Sharapova, Caroline García, Sloane Stephens y Elina Svitolina perdieron en primera ronda; Muguruza y Wozniacki lo hicieron en segunda; Halep, Mertens, Barty, Keys y Venus Williams se quedaron en tercera. También cayó en dicha ronda Carla Suárez Navarro, pero me temo que tampoco se esperaba mucho más de ella en este torneo.

20- Nos quedamos con Garbiñe Muguruza por aquello de que era la campeona vigente y que venía de hacer semifinales en Roland Garros. Cayó ante Alison van Uytvanck de la manera más inopinada, después de ganar el primer set y sin oponer resistencia en los dos siguientes: 6-2 y 6-1. Digo ahora lo mismo que dije después de Roland Garros. Hablamos de una mujer que ya ha ganado dos grandes y que ha sido número uno del mundo. Todo lo que venga de más será un regalo y así habrá que tomarlo.

21- El momento emotivo de la quincena lo protagonizó la propia van Uytvanck cuando, después de vencer en tercera ronda a Anett Kontaveit, se lanzó a las gradas para besar a su novia, la también profesional Greet Minnem. Ver a dos mujeres besándose en una pista de tenis debería ser lo más normal del mundo, pero desgraciadamente no lo es. Que se recibiera, en medio de las manifestaciones del orgullo gay en todo el mundo, con alborozo es una excelente noticia. Sobre todo porque para ella fue importante, que es lo que cuenta. Hay que tener en cuenta que hablamos de un deporte en el que la jugadora con más títulos de Grand Slam —Margaret Court-Smith— es una conocida homófoba.

22- ¿Qué pasa con Elina Svitolina? No hablo ya de sus resultados deportivos, que son más que preocupantes, sino de su aspecto físico. Ha perdido muchísimos kilos en pocos meses o eso parece y uno empieza a preguntarse si no habrá algún tipo de enfermedad detrás de un proceso que sin duda está afectando a su tenis. La rusa no parece excesivamente preocupada, así que esperemos que la cosa quede en nada y pueda recuperar su mejor nivel cuanto antes.

23- Una de las grandes alegrías del cuadro femenino fue volver a ver a Belinda Bencic disfrutando del tenis y jugando a un gran nivel. Aunque ya no nos acordemos, Bencic llegó a ser top ten hace apenas un par de años y desde entonces no se ha vuelto a saber de ella, afectada por una plaga de lesiones. En Londres recuperó su versión más ilusionante, derrotando a García, Riske y Suárez antes de caer contra la campeona en octavos y dando guerra. Confiemos en su recuperación. También sorprendió gratamente Eugénie Bouchard, de la que tanto se había hablado para mal últimamente y que se apuntó a la previa, consiguió pasar al cuadro principal y ganó su primer partido antes de caer frente a Ashleigh Barty. Esta semana, de nuevo a los torneos ITF.

24- En cuanto a las demás categorías, breve recuento de ganadores y ganadoras: Mike Bryan se impuso en el dobles masculino, pero sin hacer pareja con su hermano, sino con su compatriota Jack Sock, cuya crisis en individuales sigue vigente desde que se impusiera en el Masters 1000 de París. En los dobles femeninos ganaron las checas Barbora Krejcikova y Katerina Siniakova. Los dobles mixtos fueron a manos de Alexander Peya y Nicole Melichar, que derrotaron en la final a los grandes favoritos, Jamie Murray —el hermano de Andy— y Victoria Azarenka.

25- ¿Quieren mirar al futuro con un poco de esperanza, visto lo visto? Bien, apunten de nuevo el nombre del taiwanés Tseng Chun-hsin, el mismo que ganó en Roland Garros y fue finalista en Australia. Llegó a la final sin ceder un solo set y acabó derrotando al local Jack Draper, que estaba ante la posibilidad de ser el primer británico en ganar la competición júnior desde 1962. Tseng tiene dieciséis años y un futuro esplendoroso por delante. Sobre todo porque, para cuando empiece a ser competitivo, igual Federer, Nadal y Djokovic ya han decidido retirarse… En el júnior femenino, la campeona fue la polaca Iga Swiatek, una apasionada de Jane Austen a sus diecisiete años. Toma así el relevo de las hermanas Uwe y Agnieszka Radwanska, que no están pasando precisamente por su mejor momento como profesionales.