Viaje en cinco saltos hasta el mismísimo fin de los tiempos

El Ojo de gato, una nebulosa planetaria formada por las emisiones de plasma y gas ionizado de una gigante roja durante el último tramo de su vida. Fotografía: NASA / ESA / HEIC / STScI / AURA.

Si dos personas se diesen cita junto a un tablero de ajedrez y disputaran una partida tras otra hasta completar todas las que es posible jugar con arreglo a las normas tradicionales, esas dos personas jugarían un vigintillón de partidas. Un vigintillón es esto:

1 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000

No hace falta que pierda tiempo contando los ceros, ya le decimos nosotros cuántos tiene: ciento veinte. Por eso los números como este no se suelen escribir así, como una avalancha de cifras. Lo habitual es escribirlos abreviadamente recurriendo a la notación científica:

10120

Cuando se trata de números grandes, los divulgadores y los científicos suelen aportar comparaciones vistosas para ayudarnos a comprender sus magnitudes gigantescas. Algo frecuente, por ejemplo, es decir que hay una cantidad de tal o cual cosa mayor que el número de granos de arena que hay en todos los desiertos y playas de la Tierra. Esa clase de comparaciones, sin embargo, solo tienen sentido hasta que se alcanzan ciertas magnitudes, y dejan de tenerlo con las que son todavía mayores. Sería absurdo comparar un vigintillón (1) con el número de granos de arena que hay en todos los desiertos y playas de la Tierra, por ejemplo, o acaso con todos los granos de arena que hay en todos los planetas de nuestra galaxia. Un vigintillón es un número mucho mayor que el número de átomos que existe en el universo (2).

Esta es la razón por la que podemos derrotar a las máquinas jugando al ajedrez (3). No es posible construir un disco duro capaz de almacenar todas las partidas que se pueden jugar con treinta y dos fichas y el tablero reglamentario de sesenta y cuatro escaques. Incluso cuando fuese un disco duro extremadamente eficaz y emplease un único átomo de materia para almacenar una partida de ajedrez entera, sencillamente no hay suficientes átomos en el universo para construir ese disco duro.

A los seres humanos nos pasa algo muy parecido a esto. Somos incapaces de hacernos una idea de las magnitudes que representan realmente los números grandes. Aunque suele decirse que eso tiene mucho que ver con la biología y con nuestra propia evolución —entenderlos no representaba una ventaja cuando vivíamos en las selvas y en la sabana, por eso no nos hemos dotado con esa capacidad a través de la selección natural—, eso es cierto solamente en el caso de los números grandes «menos grandes», por llamarlos de alguna forma. En el caso de los números grandes «más grandes», la cosa es más sencilla: nos ocurre lo mismo que a los ordenadores. Incluso si nuestras habilidades matemáticas fuesen mejores de lo que son, estamos hablando de cantidades que exceden la cantidad de neuronas que hay en un cerebro o la cantidad de operaciones que puede realizar mentalmente un ser humano a lo largo de toda una vida.

En este artículo recorreremos el tiempo hacia delante y nos adentraremos muy profundo en el futuro, tan profundo que quizá lleguemos al punto en el que el propio tiempo se acabe. Encontrará usted muchas cifras y serán cifras muy grandes, pero no encontrará muchas comparaciones que le ayuden a comprender lo grandes que son realmente. La razón es que son números inimaginablemente grandes. Fuesen cuales fuesen esas comparaciones, sencillamente no les harían justicia.

El día que muera la próxima estrella (100 años en el futuro)

El 30 de abril del año 1006 apareció un punto de luz en el cielo y en cuestión de pocas horas se convirtió en el objeto más brillante del firmamento. Durante los tres meses siguientes pudo verse a todas horas, tanto de día como de noche, pero luego se atenuó lo suficiente como para aparecer solamente después de la puesta de sol, como hacen las estrellas y los planetas. En una crónica china de la época se dice que aquella «estrella invitada», como ellos la llamaron, brillaba tanto que los objetos arrojaban sombra durante las noches de luna nueva. Un astrónomo egipcio, Alí ibn Ridwan, precisó en sus comentarios al Tetrabiblos de Ptolomeo que emitía tanta luz como la luna durante sus cuartos. Y en la abadía de San Galo, en los Alpes suizos, los monjes anotaron que aquel resplandor variaba porque la estrella misteriosa, «de un modo maravilloso, algunas veces parecía contraerse, otras difuminarse e incluso a veces se extinguía» (4). Algunos creen que aparece retratada en unos petroglifos de la cultura hohokam, en Arizona, con la forma de un objeto celeste como radiante y expansivo, algo más parecido a una explosión (5).

Si la intención de los hohokam fue esa —retratar una explosión—, entonces fueron ellos los que estuvieron más acertados. Aquella estrella, en realidad, era una supernova, la detonación con la que terminan su vida los astros con más masa. Y se piensa que su magnitud aparente llegó a ser de −7,5, dieciséis veces mayor que la de Venus, el cuerpo más brillante de nuestro firmamento (6). SN 1006, como la conocemos hoy en día, fue la supernova más intensa que ha presenciado la humanidad a lo largo de la historia. Los restos de la explosión se redescubrieron en 1965 dentro de nuestra propia galaxia, a unos 7900 años luz de la Tierra (7).

Los restos de la supernova SN 1006. Fotografía: NASA / ESA / Zolt Levay / STScI.

Si le da envidia este acontecimiento y se dice que sería emocionante ver algo así con sus propios ojos, está usted de enhorabuena: la probabilidad de que llegue a hacerlo no es absurdamente remota, como suele pasar con la astronomía. De hecho, la posibilidad de que estalle una supernova en la Vía Láctea y de que sea visible desde la Tierra sin necesidad de instrumentos ópticos es del veinte por ciento en los próximos cincuenta años (8). Y si quiere mejorar su suerte, sabemos incluso en qué dirección debe mirar. Salga a la calle durante una noche despejada, vuelva la mirada hacia la constelación de Orión y busque la estrella rojiza que ejerce como hombro del cazador. Esa es Betelgeuse. Si alguna estrella cercana va a explotar pronto, es esa (9).

Palabra clave: cercana. Betelgeuse es la mejor candidata a convertirse en supernova entre las estrellas que conocemos bien y que están relativamente cerca de la Tierra. También es la que causaría una de las supernovas más espectaculares en nuestro cielo, ya que es una supergigante roja (la clase de estrella más grande que existe) y la estrella de esta clase que está a menos distancia de la Tierra (a unos 700 años luz). Es tremendamente improbable, eso sí, que lo haga mañana o pasado mañana o que sea la próxima en hacerlo (10), pero soñar es gratis y Betelgeuse nos está haciendo soñar últimamente. Hace unos cuantos meses era una de las diez estrellas más brillantes del cielo nocturno, pero ahora mismo ni siquiera está entre las veinte primeras. A finales de 2019 comenzó a perder luminosidad, y a mediados de 2020, cuando firmamos esta pieza, brilla un treinta y seis por ciento menos de lo habitual. Es normal que el resplandor de Betelgeuse cambie: a fin de cuentas, es una estrella variable (11), pero no es normal que lo haga tanto y con tanta rapidez.

Además, las estrellas como Betelgeuse tienen una esperanza de vida cortísima. Nuestro sol, por ejemplo, lleva brillando 4500 millones de años y lo seguirá haciendo otros tantos más, pero Betelgeuse tiene solo diez millones de años y seguramente le quedan unos cien mil, nada más. Las estrellas con tanta masa sencillamente son así, tan grandes y calientes que solo existen brevemente. Tienen más materia que las otras, pero también la fusionan a un ritmo mucho mayor y acaban con ella mucho antes. En el último tramo de su vida, cuando se dedican a fusionar elementos cada vez más pesados y lo hacen cada vez con más rapidez, sufren sacudidas parecidas a las que está sufriendo Betelgeuse. Pierden y ganan luminosidad, cambian de tamaño súbitamente y la temperatura en sus superficies experimenta variaciones vertiginosas. Son los estertores de una estrella.

El día que mueran todas las estrellas (100 años-1012 años en el futuro)

Cuando una estrella muere, expulsa sus capas exteriores hacia el espacio interestelar. Si la estrella tiene un tamaño modesto, parecido al del Sol y hasta diez veces mayor, lo hace mediante pulsos, contrayéndose y expandiéndose. Si la estrella tiene más masa, entonces se desata una única explosión violentísima, una supernova. El efecto es igual en ambos casos: los materiales esparcidos se mezclan con los restos de otras estrellas y con más gas interestelar, se aglutinan por efecto de la gravedad y dan lugar al nacimiento de nuevos astros y planetas.

Enrique III el Negro, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, observa la supernova acontecida en el año 1054 desde la ciudad italiana de Tivoli. Imagen: DP.

Sin embargo, las estrellas no diseminan todo su material por el espacio en el momento en el que mueren, solo el que integraba sus capas exteriores. Las capas interiores y el núcleo, en cambio, se contraen por efecto de la gravedad y forman un cuerpo caliente, pequeño y compacto que los astrónomos llaman «remanente» estelar. Las estrellas más modestas, que son la inmensa mayoría, se convierten de esta forma en una enana blanca, un cuerpo con un diámetro parecido al de la Tierra y una densidad monstruosa. Las estrellas de mayor tamaño, en cambio, se comprimen todavía más y forman una estrella de neutrones, un cuerpo celeste pequeñísimo, de diez o doce kilómetros de diámetro, e inimaginablemente denso. En el caso de las más grandes, la compactación no se detiene nunca y toda la materia se concentra en un punto infinitamente pequeño e infinitamente denso: un agujero negro. Estos remanentes, los tres, son estériles. La materia que acopian no regresará al medio interestelar y no contribuirá a la formación de nuevos astros (12).

Esto les pasará a todas las estrellas y esta es la razón por la que estas, simplemente, dejarán de nacer algún día. Aunque aparecen nuevos astros constantemente y lo hacen a partir de los restos de otros, la materia en circulación es cada vez menos. A medida que pasa el tiempo, a medida que las generaciones de estrellas se vayan relevando unas a otras, los remanentes estériles abundarán más y las fértiles nebulosas de gas donde se forman los nuevos sistemas estelares abundarán menos. Nacerán menos estrellas y serán más pequeñas y llegará un día en el que simplemente dejen de hacerlo.

No sabemos qué aspecto tendrá el universo entonces, dentro de 1010años aproximadamente, pero sí sabemos un detalle: que será rojo y mucho menos luminoso. Ya no quedarán estrellas azules, blancas o amarillas —como lo son ahora en función de su masa y su temperatura—, solo las más pequeñas de todas, las enanas rojas. Y las enanas rojas, ya lo dice su nombre, alumbran poco y lo hacen con luz roja. Eso sí: en lo tocante a la longevidad, no tienen competidor. Del mismo modo que las estrellas grandes viven poco porque fusionan su material enseguida, las enanas rojas viven durante un plazo de tiempo inconcebiblemente prolongado, ya que lo hacen a un ritmo muy lento (13). Se cree que las estrellas más pequeñas del universo, las enanas rojas de cerca de 0,1 masas solares, pueden vivir hasta 1012 años. Eso significa que las primeras enanas rojas que prendieron en el cosmos —y lo hicieron pronto, solo unos cientos de miles de años después del Big Bang— no solo siguen activas hoy en día; es que ni siquiera han superado el uno por ciento de su vida. Desde que el mundo es mundo, todavía no ha dado tiempo a que muera ni una sola de ellas.

El día que muera el último átomo (1012-1040 años en el futuro)

El día que se apague la última enana roja habrá acabado la era estelífera, la era de las estrellas, y dará comienzo la era degenerada. Que no le engañe su nombre, no se lo pusieron buscando dramatismo (14). En realidad, alude a la materia degenerada, la sustancia de la que están hechos los remanentes de las estrellas.

Parte de las estrellas que se acumulan en el centro de la Vía Láctea en una imagen tomada por el telescopio espacial Hubble. Fotografía: NASA / ESA / T. Brown.

Los cuerpos celestes que persistan para entonces serán estos mismos remanentes: enanas blancas, estrellas de neutrones (y las variaciones más exóticas de las estrellas de neutrones, como los púlsares, los magnetares y las estrellas de quarks) y agujeros negros (y sus propias variaciones exóticas: los cuásares). A los seres vivos, que solemos fijarnos solamente en los intercambios de energía, podría parecernos que esta no es la peor de las noticias. A fin de cuentas, las enanas blancas brillan, los púlsares también emiten grandes haces de radiación desde sus polos y los cuásares hacen fundamentalmente las dos cosas, solo que a una escala mucho mayor y con muchísima más potencia. Pero debe recordarse que estos objetos no generan esa energía, tanto si es térmica como cinética. La generaron en su día, cuando eran estrellas, y ahora solo la conservan. El brillo de las enanas blancas es más bien incandescencia, emiten luz debido a su temperatura altísima; los púlsares absorben y disparan la materia que hay en sus inmediaciones porque giran sobre sí mismos a una velocidad vertiginosa, hasta cientos de veces por segundo; y los cuásares, cuyos campos gravitatorios son potentísimos, ponen esa energía en circulación gracias a la fricción que se produce en sus discos de acreción descomunales. Pero ninguno de ellos ni ninguna otra clase de remanente estelar es capaz de poner en marcha la nucleosíntesis, de desencadenar la fusión de los átomos y de transformar materia en energía.

Poco a poco, las enanas blancas irán perdiendo temperatura, las estrellas de neutrones irán perdiendo velocidad y finalmente unas y otras se apagarán y se detendrán completamente. No sabemos cuánto tardarán en hacerlo. Una estimación muy repetida (15) dice que las enanas blancas podrían tardar unos 1015 años en convertirse en enanas negras, es decir, en cuerpos fríos e inertes constituidos por materia degenerada. El plazo en el que lo harán las estrellas de neutrones es incluso más incierto, pero el resultado será parecido.

Durante la era degenerada, el cosmos será un lugar oscuro, aunque habrá algún chispazo de cuando en cuando. En los sistemas binarios de enanas blancas, por ejemplo, las órbitas se acercarán hasta hacer que los dos cuerpos colisionen y estalle una supernova. Y algunas enanas marrones (grandes objetos gaseosos a medio camino entre un planeta y una estrella) que llegasen a colisionar de esta misma forma podrían reunir materia suficiente entre las dos como para empezar a fusionar y alumbrar alguna pequeña estrella tardía. Estas estrellas, las últimas estrellas del universo, serán enanas rojas y serán increíblemente longevas, pero da igual, el reloj tampoco se detendrá entonces. Poco a poco, eón a eón, también ellas se desvanecerán. El cosmos, ya sí que sí, será un lugar a oscuras.

Algunos creen que será entonces cuando la propia materia comience a desintegrarse. Aunque la longevidad de las partículas subatómicas es un tema muy discutido, algunos de los modelos de física de partículas más populares predicen que la vida media del protón (las partículas estables y con carga positiva que forman parte de los núcleos atómicos) es de 1038 años aproximadamente (16). El decaimiento de los protones es un asunto complejo y fascinante que daría para muchas páginas de curiosidades, pero aquí nos quedaremos solo con una: aunque el universo llegue a ser totalmente oscuro, no llegará a ser totalmente frío, al menos no todavía. A medida que sus protones decaen y sus átomos se desintegran, algunas de las enanas negras que sobrevivan irradiarían partículas subatómicas y la radiación podría alcanzar valores de hasta 400 vatios en cada una de ellas. El horno microondas de cualquier cocina emite el doble que eso y más, pero dentro de 1039 años ese será el poder que tengan las mayores estrellas.

El día que muera el último agujero negro (1040-1092 años en el futuro)

Dentro de 1040 años, un átomo se desintegrará en algún rincón del cosmos y será el último en hacerlo. A partir de ese momento ya no existirá nada mayor que un núcleo atómico en todo el universo.

Seguirán existiendo, eso sí, los agujeros negros, y dese cuenta de que eso no constituye una excepción. Aunque solemos referirnos a ellos con ligereza y los llamamos «grandes» y «pequeños», lo cierto es que los agujeros negros son infinitamente pequeños. Lo que es grande o pequeño es el diámetro de su horizonte de sucesos, el espacio alrededor de esa singularidad central en el que la velocidad de escape es superior a la de la luz y entonces ya nada puede circular en dirección contraria a la suya, debe hacerlo siempre hacia ella. Si pudiésemos viajar a las inmediaciones de un agujero negro y contemplarlo desde una distancia prudencial, ese horizonte de sucesos se dibujaría con nitidez frente al fondo luminoso y colorido que presenta el cosmos hoy en día y tendría un aspecto parecido al de una esfera negra, pero eso es algo engañoso. Lo que estaríamos viendo con los ojos seguiría siendo un espacio, una región, no un cuerpo sólido con masa. Masa tiene la singularidad central, y esa está confinada en un volumen infinitamente pequeño.

El agujero negro de la galaxia elíptica M87, primer objeto de su clase en ser fotografiado. Fotografía: EHT / ESO.

En 1974, el físico Stephen Hawking descubrió que los agujeros negros emiten una forma de radiación térmica y que al hacerlo pierden masa (17). Aunque ocurra con una lentitud que desafía al entendimiento, los agujeros negros también se evaporarán poco a poco y al final, puf, desaparecerán completamente. Hawking calculó que los más pequeños que se forman naturalmente, los que tienen el equivalente a tres masas solares, tardarían 1068 años en desvanecerse. Los mayores, los agujeros negros supermasivos que se encuentran en el centro de las galaxias, y que a veces toman la forma de cuásares, tardarán 1092 años en hacerlo. Merece la pena pararse a pensar un segundo en esta cantidad, 1092. Es un número mayor que el número de partículas subatómicas que hay en el universo.

Si pregunta usted a un astrofísico, a un matemático o a cualquier otro profesional del ramo por la muerte del universo, es probable que le digan que ocurrirá más o menos en esta fecha, dentro de 1092 años, o en todo caso cuando el último agujero negro se encoja y desaparezca. Con él se irá también la última fuente energética del cosmos, la última forma de radiación, y el universo se habrá parado totalmente, se habrá enfriado completamente, habrá tocado fondo y habrá cesado para siempre. El universo habrá muerto, larga vida al universo.

El último día del mundo (1092-∞ años en el futuro)

¿Y después? Después de eso, poco más. Fotones, partículas subatómicas y una eternidad, esos son los ingredientes de esta sopa. Los dos primeros no son gran cosa, pero el tercero sí lo es. Algunos dicen que con ese ingrediente se pueden hacer muchas cosas.

La energía oscura tiene mucho que ver con el destino final del cosmos. Si hubiese una cantidad suficiente de ella, es probable que la expansión del universo acabase desgajándolo hasta la mismísima escala cuántica. A medida que el propio espacio se expandiese y lo hiciese cada vez a mayor velocidad —ese es precisamente el efecto que parecer tener la energía oscura en nuestro mundo—, disminuiría progresivamente la cantidad de espacio con la que se puede interactuar. Pongámoslo así: un fotón saldría del punto A y se dirigiría hacia el punto B a la velocidad de la luz, pero el espacio mismo que separa A y B estaría expandiéndose a una velocidad mayor que esa. Nuestro fotón hipotético, por tanto, jamás lograría alcanzar el punto B. Se dedicaría a viajar eternamente en su dirección y, pese a eso, estaría cada vez más lejos de él y también del lugar del que salió, el punto A. El diámetro dentro del cual la materia interactúa es gigantesco hoy en día, pero se está reduciendo a medida que la expansión del universo acelera. Si esa expansión sigue acelerándose, llegará el día en el que la distancia entre los puntos A y B sea menor que una galaxia, menor que un sistema estelar, menor que un planeta y menor que un átomo. Todas las distancias se harán infinitas y esto impedirá que tenga lugar cualquier proceso, sea el que sea, y que tenga efecto cualquier fuerza. A eso se lo llama «Big Rip», el Gran Desgarramiento (18).

El Cúmulo de Pandora, un cúmulo de galaxias también conocido como Abell 2744, en una fotografía tomada por el telescopio espacial Hubble en 2014. Fotografía: NASA / ESA / STScI.

Si el Big Rip no tuviera lugar, entonces el espacio-tiempo podría acabarse de otras formas. Los partidarios de la teoría del Big Freeze, por ejemplo, se atienen al hecho de que el cosmos empezó siendo algo infinitamente pequeño, infinitamente caliente e infinitamente denso, y nos recuerdan que las leyes de la termodinámica son muy claras al respecto: algo así solo puede derivar hacia lo infinitamente grande, lo infinitamente frío y lo infinitamente vacío. Y cuando las magnitudes físicas alcancen ese valor, o valores muy cercanos a ese, no cabe esperar que pase algo, sea lo que sea. El universo simplemente habrá sufrido la muerte térmica, se habrá alcanzado el grado máximo de entropía y los procesos físicos habrán cesado permanentemente. No ocurrirá nada que arrample con todo ello porque en esas condiciones no podría ocurrir nada. El mundo no acabará por una razón sencilla: ya se habrá acabado. En el mejor escenario solo habrá fotones en circulación y los fotones no experimentan tiempo, así que incluso hablar de eternidad carecería de sentido. El tiempo, que ahora es real, entonces será una ficción matemática, algo que solo existe en el plano de lo ideal y lo hipotético. The End.

Los partidarios del Big Crunch, por el contrario, admiten que algo así tendrá lugar, pero sostienen que ese no será el final del cosmos. Después de separarse al máximo, dicen ellos, la gravedad será la única fuerza capaz de afectar significativamente a las partículas subatómicas, por lo que podrían comenzar a reunirse de nuevo y hacer que la materia volviera a concentrarse poco a poco. Primero habría átomos, después moléculas y después volverían a existir trazas de material sólido. Al final, toda la materia del universo colisionaría, se compactaría y se convertiría en algo infinitamente pequeño, infinitamente caliente e infinitamente denso. El mundo, en otras palabras, terminaría con una implosión, y su resultado sería la aparición de una nueva singularidad de proporciones cósmicas y el estallido, quizá, de un nuevo Big Bang (19).

Y otros piensan que este Big Bang no es algo extraordinario, que ha ocurrido muchas veces en el pasado y que lo volverá a hacer indefinidamente en el futuro. La cosmología cíclica conforme, propuesta por Roger Penrose, es una de las tesis con más predicamento en los últimos años, en parte porque reconcilia visiones del futuro lejanísimo que parecían incompatibles hasta hace unos cuantos años. Este Big Bounce o Gran Rebote, como algunos lo llaman, tendría el mismo efecto que el Big Crunch, la reunificación de la materia, pero derivaría de algo más parecido al Big Freeze, la muerte térmica del cosmos. ¿Cómo? Ay, sería largo de explicar. A través de efectos cuánticos extravagantes y de procesos que tienen que ver con la geometría de la causalidad, fenómenos demasiado enjundiosos para detenernos de forma pormenorizada en ellos. Si le interesa, le recomendamos un par de lecturas en el capítulo de notas de este artículo (20) y le anticipamos que, de todos los cataclismos físicos y matemáticos que empiezan por «Big», este es el único que no acaba en la negrura y la nada. Al contrario: el cosmos podría haber existido una, dos, cuatro, mil, un millón y hasta un vigintillón de veces antes y después de nosotros. Y nuestros ajedrecistas hipotéticos, a fin de cuentas, sí podrían jugar sus 10120 partidas, todas las que permiten las reglas del juego. Si pensamos que no podrían, nos dice Penrose, fue porque pecamos de pocas miras, porque corrimos a echar cuentas sin levantar antes la mirada del tablero. Porque no nos dimos cuenta de que nosotros somos las fichas y de que el propio universo es el juego.

La región de formación de estrellas S106. Fotografía: NASA / ESA.


Notas

(1) Debe recordarse que, igual que un billón (en español) no es la misma cantidad que un billion (en inglés), tampoco lo son un vigintillón y un vigintillion. En lo tocante a los nombres de las cifras grandes, en los países hispanohablantes solemos usar la escala numérica larga (en la que cada nuevo nombre representa una cifra un millón de veces mayor que la anterior) y en Estados Unidos y en Reino Unido se usa normalmente la escala numérica corta (en la que cada nuevo nombre representa una cifra mil veces mayor). Cuando decimos, en español, «un vigintillón», estamos diciendo 10120. Cuando se dice, en inglés, «one vigintillion», se está diciendo 1063.

(2) Un vigintillón es 10120. El número de átomos en el universo oscila entre 1078 y 1082. Gott, J. Richard et al., «A Map of the Universe», The Astrophysical Journal, vol. 624, n.º 2, 2005.

(3) Algo que demostró Claude Shannon en 1950, razón por la cual hemos puesto su nombre a esta cifra y la llamamos «número de Shannon». Aunque él estimó que era 10120, hoy se cree que el número de Shannon es mayor, en torno a 10123. Shannon,  Claude E., «Programming a Computer for Playing Chess», Philosophical Magazine, ser.7, vol. 41, n.º 314, 1950.

(4) Aquellos monjes también precisaron en sus Annales Sangallenses maiores que la estrella apareció «in intimis finibus austri», tan al sur como el sur llega. Suiza es el punto más septentrional donde quedó documentado el fenómeno celeste y allí tuvo que verse solamente en junio y apenas por encima del horizonte. La constelación del lobo, donde apareció la nueva estrella, está ubicada en el hemisferio sur, pero en verano puede verse completamente hasta los 35° de latitud norte y solo parcialmente si es más al norte que eso. Stephenson, Richard F., Clark, David H. y Crawford, David F., «The Supernova of 1006 AD», Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, vol. 180, 1977.

(5) Cuando se trata de petroglifos, pintura rupestre y otras formas de arte prehistórico, las interpretaciones son siempre especulativas. Hamacher, Duane W., d«Are Supernovae Recorded in Indigenous Astronomical Traditions?»,  Journal of Astronomical History and Heritage, vol. 17, n.º 2, 2014.

(6) La magnitud aparente de un objeto celeste equivale al brillo que tiene al observarse desde la Tierra, pero fuera de la atmósfera. La magnitud aparente progresa de forma logarítmica y representa más resplandor cuanto más pequeño es el número. Las estrellas más débiles que alcanzamos a ver con nuestros ojos tienen una magnitud aparente de 6; la estrella más brillante, Sirio, de -1,5; Venus, de -4,4; la Luna llena, de -12,6; y el Sol, de -26,8.

(7) Goldstein, Bernard R., «Evidence for a supernova of A.D. 1006», The Astronomical Journal, vol. 70, 1965.

(8) La última supernova que estalló en la Vía Láctea y fue visible desde la Tierra lo hizo en 1604. La última supernova visible desde nuestro planeta tuvo lugar en 1987 y estalló en una galaxia vecina, la Gran Nube de Magallanes. En nuestra galaxia hay dos supernovas cada siglo, aproximadamente, pero tres de cada cuatro no llegan a verse a simple vista. Es preciso que no ocurran demasiado lejos, que no duren demasiado poco y que no se interpongan entre ellas y nuestro planeta nubes de polvo y gas interestelar. Sobre la probabilidad de observar una supernova desde la Tierra en los próximos cincuenta años, Adams, Scott M. et al., «Observing the Next Galactic Supernova», The Astrophysical Journal, vol. 778, n.º 2, 2013. Sobre la frecuencia de las supernovas en la Vía Láctea, Diehl, Roland et al., «Radioactive 26Al from massive stars in the Galaxy», Nature, vol. 439, n.º 7072, 2006.

(9) En palabras del astrofísico Alex Filippenko, «ninguna estrella de la que tengamos noticia tiene más posibilidades de convertirse en supernova antes que Betelgeuse».

(10) Lo más probable es que la próxima estrella que se convierta en supernova dentro de la Vía Láctea sea alguna a la que no nos hayamos anticipado, bien porque la desconozcamos totalmente o bien porque esté muy lejos y sepamos poco sobre ella.

(11) Los registros de su brillo sugieren que Betelgeuse gana y pierde luminosidad siguiendo dos ciclos, uno de seis años y otro de cuatrocientos días, aproximadamente. Algunos creen que lo que ha ocurrido en este momento es que los dos ciclos han coincidido y que Betelgeuse está experimentando un pico a la baja del que comenzará a recuperarse pronto.

(12) Hay excepciones, en particular cuando estos remanentes interactúan entre sí o con astros ordinarios en el contexto de sistemas binarios.

(13) Hay otra razón que explica la longevidad de las enanas rojas. La convección hace que los materiales puedan circular y que todo su hidrógeno tenga acceso al núcleo, donde se transforma en helio. En las estrellas grandes, por el contrario, el hidrógeno de las capas exteriores no pasa por el núcleo y no llega a experimentar la fusión.

(14) El nombre lo pusieron Fred Adams y Greg Laughlin en The Five Ages of the Universe, una obra de referencia en lo tocante al tiempo profundo y el futuro lejanísimo. Desde su publicación en 1999 se ha normalizado el uso de la cronología de cinco eras que proponían Adams y Laughlin en aquel libro, incluso entre astrofísicos y académicos. Estas eras son la era primordial, la era estelífera, la era degenerada, la era de los agujeros negros y la era oscura.

(15) Barrow, John D. y Tipler, Frank J., The Anthropic Cosmological Principle (Oxford Paperbacks, 1986).

(16) Son predicciones que se hacen desde la teoría de la gran unificación, pero otras hipótesis con mucho sustento confieren al protón una vida de hasta 10200 años. Adams, Fred C. y Laughlin, Gregory, «A dying universe: The long-termfate and evolution of Astrophysical objects», Reviews of Modern Physics, vol. 69, n.º 2, 1997.

(17) Aunque se han aportado distintos cálculos y algunos de los procesos cuánticos involucrados están descritos solo de forma muy vaga, la mayoría de los astrofísicos y los matemáticos consideran que la radiación de Hawking es algo fundado y probado. Steinhauer, Jeff, «Observation of quantum Hawking radiation and its entanglement in an analogue black hole», Nature Phys vol. 12, n.º8, 2016.

(18) Con frecuencia se dice que, si el Big Rip tuviese lugar, sería dentro de 22000 millones de años aproximadamente. Eso es en algún momento avanzado de la era estelífera, muchísimo antes del momento en el que ocurrirían los otros «Bigs», como el Big Freeze o el Big Crunch.

(19) Todos estos escenarios son conjeturas y la del Big Crunch es la más especulativa de todas. De las cuatro fuerzas fundamentales que rigen los procesos físicos (la fuerza nuclear débil, la fuerza nuclear fuerte, el electromagnetismo y la gravedad) la gravedad es la que nos resulta más familiar y la que mejor comprendemos intuitivamente, pero también es la peor documentada en el modelo estándar de física de partículas y la que más desconocemos en grado fundamental.

(20) Penrose presentó su tesis en una conferencia de 2006 titulada «Before the Big Bang: An Outrageous New Perspective and Its Implications for Particle Physics», que puede leerse aquí. Se trata de un texto muy celebrado por sus dobles sentidos y su retórica informal, aunque resulta inaccesible sin conocimientos muy avanzados de física de partículas. Para los profanos es mucho más recomendable la lectura de su libro de divulgación Cycles of Time: An Extraordinary New View of the Universe, publicado en 2010.


Los 11111 mejores intérpretes del universo

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Gerty, de Moon (2009). Imagen: Sony Pictures Classics.

Es evidente que la principal función de la industria del cine es la de ejercer como empresa que genere cierto rendimiento monetario, un beneficio alejado del cuestionable ideal romántico, y repulsivamente humano, de producir algo tan abstracto y poco mensurable como es el «arte». El resultado de todo esto es una producción cinematográfica acotada por una visión extremadamente racista y sesgada de la sociedad, una interpretación del mundo centrada únicamente en aquel público que para los estudios se establece como el auditorio más rentable: el ser humano medio.

El listado ofrecido a continuación consta de una relación de los 11111 mejores intérpretes de la historia del cine. Una enumeración que pretende subsanar el error típico en este tipo de cómputos de ignorar a cierto colectivo en grave riesgo de exclusión social.

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11111. El hombre mecánico – L’uomo meccanico (1921)

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Imagen: Alpha video.

Un film mudo italiano del que solamente se conserva media hora escasa de metraje constituiría el primer largometraje lo suficientemente valiente como para mostrar a esa minoría que hasta entonces se hallaba escondida en lo más profundo de los trasteros y armarios acumulando capas de polvo y completamente alejada de la mirada pública. Una propuesta valiente que además reforzaba los principales valores de la especie retratada: tenacidad, diligencia, eficiencia por el trabajo bien hecho y sed de sangre.

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11110. El fake de María – Metrópolis (1927)

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Imagen: Paramount Pictures.

Una búsqueda rápida en Google demuestra que los alemanes tienen unas cuantas cosas pendientes con las madres en general y con cierto complejo de héroe trágico griego en particular. Y quizás por eso resulta menos extraño que la matriarca oficial de toda una generación de intérpretes haya aterrizado en el celuloide de la mano de un alemán, Fritz Lang. L’uomo meccanico habría llegado antes, pero el robot que suplantó a María dotó de visibilidad al colectivo, aunque en este caso la criatura en cuestión aún dibujaba un retrato añejo y dañino del androide. Aquella interpretación era la de una figura cruda e incendiaria, pero el personaje carecía de iniciativa y se convertía en marioneta de otros para cabrear masas con su discurso. Todo muy políticamente concreto.

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11101. Supernova – Supernova (1993)

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Imagen: Aligartor Producciones S.A.

Supernova es la cumbre artística de Marta Sánchez, o la obra donde la intelectual interpretaba a dos personajes físicamente idénticos en la misma película, hazaña que años más tarde imitaría Tom Hardy en Legend. Sánchez daba vida a la famosa cantante Fénix y al mismo tiempo se ponía en los implantes de Supernova, la replicante exacta de la estrella pop, una metamorfosis que la ex Olé Olé salvaba con una facilidad asombrosa. Sobre el papel aquel androide de silicio y silicona era un personaje teóricamente inspirado en la María de Metrópolis, pero dicha afirmación era como ponerse a esculpir un David en caca y excusarse diciendo que se tenía puesto el ojo en la obra de Miguel Ángel: en ningún momento nadie había dejado de hablar de mierda. Lo notable es que la cinta era una de las escasas películas de la historia construidas en torno a un ser públicamente reconocido como biónico que se había integrado por completo en la sociedad: semanas antes del estreno Sánchez coronaba las salas de espera de todas las peluquerías del país con un desnudo en Interviú que soldaría varias puertas del váter en los domicilios adolescentes. El logro tiene el doble de mérito por haber aniquilado a la competencia contemporánea formada por ese otro par de cíborgs llamadas Samantha Fox y Sabrina. Ana Torroja de aquella aún no había empezado a pasarse por el taller para dejar de ser humana.

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11100. Edgar – Sueños eléctricos (1984)

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Imagen: Metro-Goldwyn-Mayer.

Edgar es el Hugh Grant de su especie, con algo más de circuitería y sensibilidad, ni rastro de flequillo columpio (sustituido por gafas y bigote) y definitivamente nada de prostitutas sórdidas malpagadas para agitar un poco de frankfurt británico. Sueños eléctricos se atrevió a desafiar el triángulo amoroso clásico sustituyendo una de sus aristas por un ordenador muchísimo antes de que la humanidad decidiera que el interés romántico por cualquier cosa con teclado era algo socialmente aceptable. Y aquella escena del cortejo/duelo musical nos enamoró a todos.

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11010 y 11011. V.I.N. CENT y B.O.B – The black hole (1981)

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Imagen: Walt Disney Productions.

Porque los robots también lloran.

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11001. Busconas en biquini – El doctor G. y su máquina de biquinis (1965)

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Imagen: American International Pictures.

Que alguien pensase que se podía justificar de algún modo una película sobre un mad doctor en la que el plan para la dominación mundial consistía en crear un ejército de chavalas-robot jamonas en biquini, con la malvada estrategia de cazar a hombres adinerados, dice mucho de hasta qué punto puede andar de jodido el cerebro humano. Pero ahí está Vincent Price excusándose por protagonizar esto con la cantinela de que a él le habían dicho que sería un musical muy gracioso, un musical que al final acabó con todas las escenas de canto extirpadas del guion. En el fondo, Price se disculpaba mucho, pero no hacía ascos a protagonizar un spin-off televisivo, The wild weird world of Dr Goldfoot, o la secuela cinematográfica, Dr Goldfoot and the girl bombs.

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11000. Chappie – Chappie (2015)

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Imagen: Columbia Pictures.

Chappie es ese colega guapo pero falto al que la gente pretende y tiene interés en conocer hasta que cruzan cuatro palabras con él. Neill Blomkamp es el típico que un día encuentra gracioso un filtro de Instagram y a partir de ahí decora toda su producción artística con ese velo, como J. J. Abrams con el lensflare o Homer Simpson con la cortinilla de estrellas. Sí, Chappie está en la lista por pena, es bonito pero poco más.

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10111. Número cinco – Cortocircuito (1986), Cortocirtuito 2 (1988)

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Imagen: TriStar Pictures.

Un auténtico despropósito a la hora de reflejar la vida mecánica. Películas para hacer caja rápida que se les ocurrieron a sus productores cuando andaban metidos en el negocio de distribuir un vídeo educativo con robots en el reparto. Si la imagen superior no deja bien claro qué niveles de prostitución robótica y vergüenza ajena puede alcanzar la película a lo mejor el vídeo con el Número cinco punki ayuda un poco.

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10110, 10100 y 10101. T-800, T-1000 y T-X – Terminator (1989), Terminator 2 (1992), Terminator 3(2003)

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Imagen: Orion pictures/Warner bros.

T-800 lo bordó con su papel durante el primer Terminator al acotar inteligentemente su rango de registros en rictus tan específicos y complejos como el de «cara de gobernador de California» o «jeta de culturista austriaco». En Terminator 2 el mismo modelo realizó un trabajo bastante digno a pesar de que el guion le hacía saltar al bando de los buenos y dejaba el papel más agradecido para un T-1000 que venía en el formato líquido de ese mercurio denso de FX de la época. Para Terminator 3 el original se actualizó los drivers hasta la versión 850 y dejó la cancha libre para que se luciese su antagonista, una T-X o Terminatrix que no solo copió unas cuantas cosas del malogrado T-1000, sino que también hizo fantasear al varón medio con la posibilidad de que la tecnología en algún momento futuro tuviese entre sus objetivos el desarrollo de un par de tetas que creciesen a voluntad.

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10011. Robby el robot – Planeta prohibido (1956)

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Imagen: Metro-Goldwyn-Mayer.

Con sus más de dos metros de altura, y una cabeza con la misma premisa estética que un reloj Kundo, a mediados de los cincuenta se presentaba en los fotogramas del Planeta prohibido de Fred McLeod Wilcox una de las figuras más influyentes del cine clásico, Robby el robot. Robando constantemente los planos a sus compañeros de carne, e incluso aceptando la sumisión a las leyes de la robótica deI tirano Isaac Asimov, Robby acabó convirtiéndose en la primera superestrella atornillada del séptimo arte y en su agenda comenzaron a escasear los huecos. Tras el éxito de Planeta prohibido la Metro-Goldwyn Mayer  transportaría en el tiempo a su personaje para encajarlo en la trama de otra película, The invisible boy, y durante los años posteriores la fama le serviría como vehículo para el paseo como guest actor por los programas más importantes de la pequeña pantalla: La familia Addams, Colombo, Perdidos en el espacio, My Little Margie, The Monkees, Ella, él y astaEl agente de CIPOL tendrían a Robby aceitándose en los camerinos. Desgraciadamente sufrió el mismo destino de muchas otras superestrellas y cuando Hollywood se olvidó de su cara transparente acabó condenado a papeles menores o autoreferenciales —su cameo en Gremlins o a prostituirse militando en campañas publicitarias. Pese a ser introducido en el Robot Hall of fame en 2004, el destino convirtió a Robby en un juguete roto, de manera literal: tras saltar entre las manos de varios coleccionistas un par de exposiciones al público repercutieron en su estado cuando decenas de visitantes se dedicaron a vandalizarlo. Hasta que el director de cine de terror William Malone, obsesionado con coleccionar cualquier cosa sobre Planeta prohibido, pagó el rescate y lo atrinchero entre su colección privada lejos de la civilización.

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10010. Tik-tok – Oz, un mundo fantástico (1985)

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Imagen: Walt Disney Productions.

Un hombre de hojalata paseaba embudo por la pantalla durante la primera visita cinematográfica a esa tierra de Oz ideada por L. Frank Baum. Pero en la segunda parada de Dorothy por aquellos mundos aparecería el relevo espiritual del antiguo hombre chapa: Tik-Tok. Una figura histórica en el mundo de la robótica por abrir camino para algo que hasta entonces los robots tenían prohibido: el bigote.

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10001. Gigoló Joe – Inteligencia artificial (2001)

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Imagen: Warner Bros. Pictures.

David, el niño carapan de Inteligencia artificial, esa película de Spielberg que venía con la versión extendida ya de serie sin que nadie se la hubiese pedido, resultaba profundamente cargante y en el fondo no demasiado emotivo. En cambio con el personaje de Gigoló Joe el asunto era muy diferente y su mera existencia le encumbraba como el auténtico héroe del film: un prostituto automático, un consolador andante, una idea que resultaba morbosa pero también generaba cierto tipo de rechazo ante la imagen mental del polvo. Porque en el fondo estamos hablando de ayuntar con seres humanos, esas criaturas que son incapaces de hacer algo que les divierta sin generar líquidos de un modo u otro.

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10000. Bishop – Aliens, (1986), Alien 3 (1992)

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Imagen: 20th Century Fox.

O cómo conquistar con la legendaria escena del cuchillo todos los corazones de silicio al hacer un nudo Windsor con las pelotas de su compañero humano de aventuras.

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1111. Max – El vuelo del navegante (1986)

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Imagen: Disney.

Como aventura ochentera fantástica lo cierto es que la soporífera Los Goonies no tenía demasiado que hacer frente a la extraordinaria excursión espacial de El vuelo del navegante, pero las criaturas de la época acabaron enganchadas a la película de Richard Donner y la elevaron a leyenda mientras el simpático Max —que compartía voz con Pee Wee Herman y su nave acumulaban polvo en los almacenes de Disney. La cinta tenía además el fabuloso honor de ser una de las escasas producciones Disney con arrebatos deslenguados: la palabra mierda era pronunciada dos veces, algo que en el cine americano es casi equivalente a devorar un bebé en pantalla.

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1110. Gerty – Moon (2009)

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Imagen: Sony Pictures Classics.

Un smiley siempre levanta sospechas, y en el caso de Gerty todo formaba parte del plan del director (Duncan Jones) para, amparado en la desconfianza general en las máquinas automáticas, utilizar al pobre robot como diana de sospechas mientras escondía el verdadero giro sorpresa de Moon.

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1101. Wall-E – Wall-E (2008)

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Imagen: Pixar.

Que el romance entre el zarrapastroso Waste Allocation Load Lifter Earth Class y la pijilla Extraterrestrial Vegetation Evaluator pillase a los humanos con la guardia baja y acabase exprimiendo más de una lagrimilla y un par de suspiros no tenía mucho de sorpresa si recordamos que estamos tratando con un público cuya especie acampa en las colas de los Applestore y muy probablemente mantiene relaciones sexuales con los productos de dicha cadena. Para todo lo demás, en Pixar fueron listos y se tiraron más de un año revisando diariamente el cine de Chaplin y Buster Keaton intentando aprender cómo transmitir emociones sin utilizar palabras. Mención especial para el villano del film, otra fabulosa interpretación robótica.

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1100. Chitti – Enthiran (2010)

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Imagen: Sun Pictures.

Ojo, cine tamil con pasta.

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1011. Keanu Reeves – Cualquier película de Keanu Reeves

30 Jan 2005 --- Keanu Reeves, Los Angeles, CA. --- Image by © Armando Gallo/Corbis
Fotografía: Corbis.

Teniendo en cuenta que Steven Seagal está más cerca de la familia vegetal que de la mecánica y que otros androides de incógnito como Pierce Brosnan ya destaparon su condición no humana de un modo u otro —en el caso concreto de Remington Steele por culpa del número musical que le obligaba a cantar en Mamma mia—, es bastante sorprendente que la audiencia general siga creyendo que Reeves viene con ombligo de serie y no ha sido ensamblado en una cadena de montaje. El asunto resulta doblemente inexplicable si tenemos en cuenta que el hombre reveló su naturaleza de contrachapado en los comienzos de su carrera, que la incapacidad para envejecer de su organismo se ha acabado convirtiendo en un elefante que mira para otro lado mientras silba paseándose por la habitación, y que sus intentos recientes por parecer un ser vivo lo han alejado más de su especie: en el Knock, knock de Eli Roth, aquella película de frescas acosando a domicilio, el chip de las emociones le hace overclocking y su interpretación se convierte en una carrera por arrebatarle a Nicolas Cage el reinado de materia prima para GIFs animados.

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1010. Bubo – Furia de titanes (1981)

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Imagen: Metro-Goldwyn-Mayer.

Los griegos no solo convirtieron el yogur en crema y los orificios en vías de entrada opcionales para el coito, sino que muchísimo antes de que la gente comenzase a atornillar cosas ya trasteraron con la robótica al ensamblar en su mitología la lechuza biónica más encantadora del universo: Bubo.

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1001. Data – Star Trek Generations (1994)

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Imagen: Paramount Pictures.

El Hollywood racista, aquel que había alojado ejemplos vergonzosos de blackfaces y yellowfaces, parecía no tener ningún problema en silverfacear con un maquillaje más que obvio y de dudoso gusto al personaje de Data. El personaje basaba su presencia en otra máquina famosa, el galán Robby, y con sus apariciones fílmicas y televisivas acabó convertido en un sex symbol entre las seguidoras de la serie. Casi toda la correspondencia de fans que el actor Brent Spiner recibía era de mujeres con las bragas en la mano, la mano en el corazón y el corazón embobado por el plástico: las cartas iban dirigidas al personaje, Data, y no a la persona.

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1000. Robocop – Robocop (1987)

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Imagen: Orion Pictures Corporation.

Tramposa entrada en la lista por tratarse de una criatura que al igual que Cher parte de unos cimientos humanos para construir encima una estructura robótica. Peter Weller decidió fundirse por completo con la circuitería y no salirse del personaje ni siquiera entre los tiempos muertos entre toma y toma, adquiriendo una actitud de mobiliario y únicamente respondiendo a las ordenes del director, Paul Verhoeven, si este se dirigía a él como «Robo». Dicho circo duró tan solo un par de semanas antes de que los implicados decidieran que ya estaba bien de hacer el gilipollas.

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111. Gort – Ultimatúm a la Tierra (1951)

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Imagen: Twentieth Century-Fox Film Corp.

Ni siquiera los implicados eran conscientes de ello, y por eso mismo Patricia Neal se pasa toda la película poniendo cara de que solamente está ahí porque en casa no le quedaban crucigramas, pero Ultimatúm a la Tierra acabaría convirtiéndose en un clásico de la ciencia ficción y una leyenda del cine con la mítica frase «Klaatu barada nikto» resonando por todo el imaginario pop. Coprotagonizada por Gnort, una mole que parecía construida a partir de una pieza de metal flexible, muy poco amiga del movimiento innecesario y temible por estar equipada con poderoso rayo ofensivo. La peor parte de todo era la irrespetuosa fechoría que los guionistas, humanos, perpetraban contra el robot al pervertir el material original, porque la cinta estaba basada en la historia corta «Farewell to the master» donde, spoiler, el giro final convertía a la criatura de metal en el auténtico jefe al mando, un detalle que se obvió en este film, relegando a la mera función de portero de discoteca.

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110. Replicantes – Blade Runner (1982)

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Imagen: Warner Bros.

Existen tantas versiones diferentes del montaje final de la película Blade Runner que es bastante probable que la propia portera de Ridley Scott haya dirigido en algún momento una de ellas. El caso es que dependiendo del montaje que el espectador tenga como referencia el número de replicantes —seres artificiales similares a los humanos que trastabillean por sus calles puede aumentar en número si aceptamos la teoría de que el propio protagonista, interpretado por un Harrison Ford que últimamente da señales de no estar bien configurado del todo, sea uno de dichos androides. En el fondo da un poco igual, porque los replicantes a los que trata de dar caza son la escala más baja de la ética robótica: aquellos que no saben apagar el equipo sin montar un drama, sin ponerse absurdamente poéticos en el momento del shut down, las attetion whores del futuro.

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101. El pistolero – Westworld (1973)

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Imagen: Metro-Goldwyn-Mayer.

Michael Crichton, el que fuese autor de la novela original de Jurassic Park, tenía algún trauma importante con los parques de atracciones, porque años antes de abrir su bufé libre para velociraptores escribiría y dirigiría esta fábula futurista sobre un parque temático donde los robots eran utilizados como juguetes y sometidos a todo tipo de vejaciones (sexuales y sádicas) por los clientes del lugar. Y todo eran risas hasta que un fallo general convertía a toda la comunidad animatrónica del parque en psicópatas y al pistolero de la sección Westworld en un asesino implacable y auténtico protagonista del film. Tuvo una secuela menor llamada Futureworld y fue la primera película que intentó representar como veían el mundo los ojos de un robot: como un vídeo porno japonés, es decir, exageradamente pixelado.

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100. R2-D2 – La guerra de las galaxias (1977)

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Imagen: Disney.

La gente suele acordarse muy bien de toda la mierda aquella de las espaditas luminosas, los señores con capa haciendo trucos de magia y la comuna de perretes que vivía en el bosque, pero olvida a la hora de la verdad que todo aquello no era nada más y nada menos que un mero relleno a la trilogía de buddy movies protagonizadas por R2-D2 y C-3PO, donde el segundo hacia las veces de subtítulos del primero. Y el primero se dedicaba a pasear por ahí molando sin parar y sirviendo de proyector de dvdrips eventual.

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11. HAL 9000 – 2001: Una odisea del espacio (1968)

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Imagen: Metro-Goldwyn-Mayer.

Probablemente una de las interpretaciones más viscerales y cargadas de registros de la historia del cine. HAL 9000 no solo constituía un modelo de conducta a seguir, sino también un ejemplo de educación y modales en cuanto a la interacción con las especies inferiores. También resultaba asombrosamente educativo: nadie antes había alertado de manera tan acertada sobre las ventajas prácticas de saber leer los labios.

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10. Sico – Rocky IV (1985)

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Imagen: MGM/UA Entertainment Company.

Con el personaje de Sico en Rocky IV ocurre un poco como con ese Kevin que convivía con Screech en Salvados por la campana, muchas personas tienen un recuerdo vago en su memoria de que aquello realmente hubiese tenido lugar. Pero como los mecanismos de defensa ante incongruencias del cerebro tienden a bloquear la información confusa apenas quedan cuatro testigos fiables de aquello y un perturbador vídeo en YouTube. Perturbador por la lectura entre líneas del asunto, porque el diálogo implica que la máquina ha evolucionado de ser un montón de chatarra a convertirse en la putita de Paulie.

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1. El gigante de hierro – El gigante de hierro (1999)

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Imagen: Warner Bros.

La película de Brad Bird pasó de puntillas por las pantallas hasta que el sentido común acabó rescatándola para convertirla en una de las recomendaciones eternas del cine de animación. Aunque el auténtico triunfo de El gigante de hierro es haber sabido ocultar su naturaleza real: lo que para muchos era una hermosa historia de amistad entre un infante y una máquina en realidad ocultaba los preliminares de una sangrienta invasión extraterrestre. El gigante del título no llegaba al planeta en modo turismo sino con la idea de masacrar un rato a sus gentes y servir de avanzadilla a una invasión a gran escala. Su desenlace resultaba especialmente hermoso cuando la criatura reiniciaba el proceso de reconstrucción sentenciando que la aniquilación de la especie humana tan solo era cuestión de tiempo. Para rematar el personaje venía doblado por otro robot famoso: Vin Diesel.


El difícil arte de llevar razón estando totalmente equivocado

Si preguntamos a físicos profesionales, estudiantes o aficionados acerca de sus «héroes» en el campo seguramente obtengamos diversas respuestas comunes. Los populares de la clase, los sensación de vivir de la física, seguramente sean Feynman, Einstein, Newton y algún otro.  Si me preguntan a mí, respondería, sin dudarlo, que mi ídolo es Sir Fred Hoyle.

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Fred Hoyle. Public Domain (University of Cambridge)

Este señor fue un portento de la física que aunaba cualidades que no he encontrado en ningún otro físico relevante en la historia. Tenía el don de llevar razón estando totalmente equivocado. Y eso, quieran que no, le da esperanzas a cualquiera.

No entraré aquí a hacer un esbozo biográfico del bueno de Hoyle, simplemente diré que vivió de 1915 a 2001, sin duda uno de los periodos más convulsos, crueles y excitantes de la historia universal y de la historia de la física. Estoy convencido de que vosotros, queridos lectores, tenéis los suficientes recursos para encontrar datos biográficos de este señor.  Lo que pretendo es dar mi visión personal, sesgada y subjetiva, sobre el trabajo de este físico.  Espero que sepan apreciar la belleza de su cabezonería y su terquedad.

El campo donde brilló su estrella fue la astrofísica (nótese aquí la genialidad de la frase que me acabo de sacar de la manga). Hoyle es sin duda uno de los gigantes de este campo de la física aplicada al universo que nos rodea.  Sus contribuciones nunca pasaron desapercibidas y generaron mucha controversia. Permitidme dar unas breves pinceladas sobre las que a mi parecer son las más interesantes.

Las nubes moleculares

Allá por los años cuarenta del pasado siglo, los físicos habían sido capaces de detectar la presencia de nubes intergalácticas en las que había evidencia de la existencia de grandes cantidades de átomos de hidrógeno. El hidrógeno es el elemento más ligero posible, su átomo más simple está formado por un protón y un electrón que están ligados entre sí por la fuerza eléctrica debido a que sus cargas son iguales en magnitud y opuestas en signo.

Hoyle supuso que además de átomos de hidrógeno en dichas nubes de «polvo» esparcidas por el espacio deberíamos encontrar moléculas más complejas.  Las moléculas están conformadas por la unión química de varios átomos. Intentó publicar este resultado con la ingrata sorpresa de que fue rechazado en varias publicaciones. Cualquiera hubiera desistido de insistir con el tema, es muy difícil luchar contra el castillo ortodoxo y en ese castillo estaba asentada la opinión de que nada más complicado que el hidrógeno podría existir ahí fuera, en el espacio.

Pero, afortunadamente, no todos somos como Hoyle y él tuvo la audacia de explicar detalladamente su idea en una novela de ciencia ficción llamada The black cloud (La nube negra) y publicada en 1957.

En esta novela una gran nube compuesta de moléculas más complicadas que el hidrógeno se acerca al sistema solar y priva a la tierra de la luz del sol (hasta aquí el spoiler). Lo maravilloso de esto es que hoy por hoy las nubes moleculares son objetos astrofísicos bien conocidos y en permanente estudio.  Cada vez hay mayor evidencia de que en el espacio se pueden encontrar moléculas bastante complejas, incluso moléculas orgánicas que podrían ser precursoras de algunas moléculas biológicamente activas. Además, es en estas nubes moleculares donde se da el nacimiento de nuevas estrellas.

Cepheus B - X-ray: NASA/CXC/PSU/K
Cepheus B – X-ray: NASA/CXC/PSU/K

Esta es una gran forma de estar equivocado a los ojos de todo el mundo. Para mí quisiera este tipo de errores.

La excitación del carbono

En la actualidad es vox populi que el mecanismo por el que una estrella brilla y da calor es debido a reacciones nucleares donde se funden determinados núcleos para da lugar a núcleos más pesados. Una estrella no es más que una bola de gas comprimido por efecto de la gravedad. Al comprimirse el gas se calienta y llega un momento en el que tiene la suficiente energía como para dar lugar a reacciones de fusión nuclear en su seno.  A partir de este momento, el gas se calienta aún más, esto aumenta la presión hacia fuera y se produce una competición entre la gravedad que intenta comprimir el gas y la presión hacia fuera que intenta expandirlo debido a las temperaturas tan altas que se alcanzan.

El mecanismo más simple y el más popular entre las estrellas es el de convertir núcleos de hidrógeno (esencialmente protones) en núcleos de helio (también llamados partículas alfa). Este  proceso explica la generación de fotones que son capaces de salir de la estrella y son los que le dan su brillo.  Un esquema de este proceso es el siguiente

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Y algo más visual:

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El problema aquí es responder a la pregunta, ¿qué pasa cuando esta reacción ya no puede tener lugar porque se ha consumido todo el hidrógeno nuclear disponible?

La respuesta es simple, la estrella se enfría y domina la gravedad produciendo un colapso del material hacia su núcleo. Pero pronto los físicos se dieron cuenta de que al comprimir el material gaseoso de la estrella se produciría un aumento de la temperatura. ¿Pudiera ser que este aumento permitiera nuevos procesos de fusión esta vez con núcleos más pesados que el hidrógeno?

Esta pregunta llevó de cabeza a los físicos una temporada y aquí Fred Hoyle volvió a sorprender al personal. Dijo que sería posible mantener una fusión si se pudiera dar la reacción de fusión entre tres núcleos de helio simultáneamente. Esta reacción es extremadamente difícil de conseguir, hay que tener unas condiciones muy especiales, y de hecho estaba medio descartada como segunda fuente de energía estelar. Pero Hoyle removió otra vez la astrofísica haciendo una impresionante predicción: esta reacción sería factible y eficiente si existiera un estado nuclear excitado del carbono.

Los núcleos pueden estar en diferentes estados de energía; tenemos un estado de mínima energía denominado estado fundamental y los estados de mayor energía se denominan estados excitados. En algunos procesos los núcleos se pueden generar en estados excitados y  espontáneamente pasar a su estado fundamental. Para ello lo que hacen es emitir la energía que los separa del estado fundamental en forma de fotón, las partículas de luz.

Resulta que la reacción triple alfa sería mucho más probable si existiera un estado excitado del carbono que se separara una energía de 7.65MeV de su estado fundamental. Esta predicción fue hecha por Hoyle en 1957 y nunca se había visto experimentalmente este estado excitado del núcleo carbono. Pero poco después Ward Whaling y su equipo encontraron experimentalmente la existencia de este estado excitado.

Así que la reacción

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es posible y nos da de regalo fotones, con lo cual las estrellas pueden seguir brillando, gracias a que existe un estado excitado del carbono que hemos representado por C*.

Dado que esta reacción es posible gracias a la combinación del aumento de densidad de las capas interiores de la estrella por la contracción gravitatoria y la existencia del estado excitado del carbono, se vuelve a producir energía que tiende a ejercer presión hacia fuera sobre las capas exteriores.  Este proceso da lugar a una expansión de dichas capas externas y las estrellas crecen en tamaño convirtiéndose en gigantes rojas. Eso es lo que le pasará a nuestro sol en unos 5000.000.000 de años y acabará comiéndose a los planetas interiores del Sistema Solar, incluida la Tierra.

Hoyle, junto a Margarett y Geoffrey Burbidge y Willy Fowler, además propuso los mecanismo por los que las estrella podrían llegar a crear núcleos más pesados como el oxígeno, nitrógeno, neón, silicio y los del grupo del hierro. Con esto se explica la aparición de estos elementos pesados vía generación estelar. Estos procesos de síntesis de elementos pesados se dan en estrellas muy grandes que acaban sus días con explosiones supernova, contaminando el medio interestelar con núcleos pesados que luego conforman planetas y nosotros mismos.  Así que podemos decir que somos las cacas de las estrellas.

El tema cosmológico

Sin lugar a duda, las ideas más controvertidas de Hoyle hacen referencia a la cosmología. Hoy tenemos una visión del origen y evolución del universo que se puede resumir en los siguientes puntos:

1.-  El universo tuvo su origen en un tiempo pasado en un proceso de creación desde el vacío cuántico de forma espontánea.

2.-  En los primeros instantes el universo sufrió un proceso de expansión acelerada denominada inflación cosmológica que provocó un sorprendente aumento de su tamaño y proporcionó el medio para crear las distintas partículas que nos componen, aprovechando la energía sobrante que resultó del proceso de frenado de este fenómeno inflacionario.

3.-  Durante este proceso se crearon las semillas para las galaxias que conforman la estructura a gran escala del universo. Este universo está en expansión constante y además lo hace de forma acelerada.

Estas ideas, que están muy resumidas, han sido corroboradas observacionalmente.  Las pruebas más fiables son de dos tipos:

a)  Este modelo predice la proporción en la que se encuentra el hidrógeno, helio, litio y otros elementos en el universo y coincide muy bien con los datos que hemos obtenido con las observaciones.

b)  Además, se predice una radiación de fondo, fotones que se crearon unos 300.000 años después del origen del universo y que nos llegan desde todos los puntos del cielo. La distribución de energía/temperatura de esta radiación es casi homogénea teniendo variaciones muy pequeñas que concuerdan con las predicciones del modelo cosmológico estándar.

Aquí es donde Hoyle sacó toda la artillería y se empecinó en llevarle la contraria a todo el mundo. No podía aceptar un universo que había nacido en el pasado, consideraba que el universo debería de ser eterno y puso sobre la mesa un modelo que explicaba esa idea. Es lo que se conoce como la teoría del estado estacionario.

Uno de los mayores «aciertos» de Hoyle en este respecto fue que en unas lecciones que dio en la BBC por radio intentó ridiculizar la imagen estándar de la cosmología, diciendo que según sus defensores todo había empezado en un Big Bang (gran explosión). Hemos de reconocer que su intento de burlarse de dicha teoría sufrió algo que hoy llamaríamos como efecto Streisand. Así que deberíamos de llamar al efecto Streisand el efecto Big Bang. No hace falta decir que es el nombre por el que se conoce la teoría cosmológica estándar.

Pero pasemos a resumir las locas ideas de Hoyle respecto a la cosmología. Sorprendentemente ninguna de ellas ha sido aceptada por los físicos y, sin embargo, hoy tenemos muchos modelos que podrían pasar por modelos propuestos por el mismísimo Hoyle.

La teoría del estado estacionario se puede resumir como sigue:

Se parte de que el principio ha sido como lo vemos desde siempre y seguirá siéndolo por siempre. A esto se le conoce como Principio Cosmológico Perfecto.

Hoyle sabía que el universo se estaba expandiendo, por lo tanto, para que la densidad del universo fuera constante y del valor que vemos en la actualidad, tuvo que introducir un campo que llamó campo C (la C viene de Creación) que tenía como efecto crear neutrones. Las características de este campo harían que la expansión del universo fuese acelerada. Para que no hubiera problemas con la conservación de la energía, el campo C debería de tener una energía negativa, y por lo tanto produciría repulsión gravitatoria en lugar de atracción como los campos usuales de energía positiva.

Ni que decir tiene que le cayeron palos de todos los sitios. Pero permitidme hacer varios comentarios al respecto de las críticas del modelo y de los modelos que se usan actualmente en física cosmológica.

Primera crítica:

El campo C es responsable de crear neutrones. Pero los neutrones son un tipo de partículas llamadas bariones, que son partículas formadas por tres quarks. Existe una ley de conservación de bariones que nos dice que el número de bariones iniciales y finales en un proceso ha de ser el mismo.  Por lo tanto, no es aceptable un campo que cree bariones de la nada.

En la actualidad hay muchos modelos que predicen violaciones a esta ley de conservación de bariones. Por ejemplo, los modelos de gran unificación que intentan dar con la teoría que describiría a la vez los procesos electromagnéticos, los procesos de radioactividad de la interacción débil y los procesos de la interacción fuerte responsable de la estructura nuclear entre otras cosas.  Lo que en los tiempos de Hoyle, allá por los cuarenta, era una crítica, hoy es algo que los físicos aceptan de entrada. No hay ninguna razón fundamental por la que el número de bariones del universo tenga que ser contante.

Segunda crítica:

El campo C tiene una energía negativa lo cual carece de sentido físico. Además, produciría una expansión acelerada en el universo lo cual va en contra de lo esperable.

Cosas de la vida, actualmente sabemos que el universo se expande de forma acelerada y, para rizar el rizo, sabemos que la mayor parte de nuestro universo es algo que llamamos energía oscura que entre otras cosas tiene energía negativa. La verdad es que equivocarse así da gusto.

Evidentemente, el modelo estacionario tiene más problemas que estos y por eso no es la corriente estándar en la cosmología. Pero lo que me interesa remarcar aquí es que Hoyle tuvo la suficiente valentía y confianza en sus resultados para equivocarse de la mejor manera. Por favor, con esto no estoy haciendo un alegato del error per se, sino del hecho de que la ciencia cambia sus ideas con el paso del tiempo y lo que un día son ideas alocadas en un futuro pueden ser ideas aceptadas. Pero, eso sí, todo lo que dijo este hombre lo demostraba siguiendo las reglas de la ciencia, proponía sus modelos teóricamente de forma matemática y proponía la forma de comprobarlos experimentalmente. Por desgracia para él, la naturleza ha preferido otra forma de hacer las cosas.

Uno puede tener todas las ideas raras que quiera pero ha de poder demostrarlas y defenderlas y, por supuesto, aceptar la sentencia del experimento.

Miscelánea

Hasta aquí todo lo que quería contar, pero Hoyle fue polémico en muchos más campos. Fue uno de los primeros en proponer la panspermia como posible origen de la vida en la tierra. Además defendió el diseño inteligente, cosa que no resiste un análisis muy minucioso. Por tener, tiene hasta una falacia a su nombre.  La falacia de Hoyle dice así:

¿Qué probabilidad hay de que un tornado se forme a partir de un conjunto de planchas metálicas, componentes electrónicos y tornillos de un Boeing 747?  Pues imagínese usted la probabilidad de crear vida a partir de un conjunto de moléculas abióticas en el medio terrestre primitivo.

Sí, la probabilidad de ese proceso es casi nula, pero se le olvidó introducir el tema de la evolución. La creación de la vida no fue un proceso directo y sin cortes de principio a fin. Fue una auténtica cadena de errores de las que solo unos pocos intentos tuvieron éxito en sobrevivir, adaptarse y evolucionar hasta formas complejas de vida. Vamos, que los mamiferos no salieron de una sopa de aminoácidos, glúcidos y ácidos nucléicos disueltos en agua, tuvieron que esperar hasta que sonó la flauta. Pero estos son otros temas de los que algún día me atreveré a decir algo.

Un abrazo, Fred.