LeBron James y Stephen Curry: los últimos escollos entre Tim Duncan y su sexto anillo de la NBA

Tim Duncan. Foto Cordon Press.
Tim Duncan. Foto Cordon Press.

A falta de cincuenta y ocho segundos para el final del sexto partido de la final de 2013, los Miami Heat siguen en algo parecido a un estado de shock. Ni siquiera el increíble último cuarto que se está marcando LeBron James sirve para distanciar a los San Antonio Spurs y en cuanto estos han conseguido respirar un poco se han marchado tres puntos arriba con un parcial de 0-5, cortesía de Tony Parker y sus canastas imposibles.

Queda mucho por jugar, en cualquier caso, y mucho más con James de por medio: consciente de su responsabilidad, LeBron recibe el balón, su defensor se queda en el bloqueo y el alero de los Heat se ve defendido por un hombre mucho más bajo que él, Tony Parker. Parker, ganador de tres anillos de la NBA, es bajo, sí, pero no es tonto. James ralentiza en exceso el camino a la canasta, su espalda echando hacia atrás al base francés, hasta que, al darse la vuelta, Parker le roba la pelota de un manotazo. En el contraataque posterior, Ginóbili recibe falta de Ray Allen y anota los dos tiros libres. El parcial aumenta a 0-7 y el resultado marca un desalentador 89-93 a falta de treinta y siete segundos.

Es tiempo de nuevo de LeBron James, que lleva trece puntos en los últimos diez minutos de cuarto. James repite casi la anterior jugada pero esta vez con Kawhi Leonard delante en vez de Parker. Da igual, el resultado es el mismo: una jugada embarullada que acaba en tapón y rebote para Ginóbili, que vuelve a marcharse como loco hacia la canasta contraria y vuelve a recibir falta de Ray Allen. Quedan veintiocho segundos y, como marca el protocolo, los agentes de seguridad empiezan a acordonar la pista con un cordón amarillo, preparado para evitar cualquier invasión de cancha si los Spurs al final ganan el partido y se hacen así con el quinto anillo de su historia. Parece un trámite más, pero es una herida en el orgullo de los locales. Una herida similar a la de aquella final de 1969, cuando el propietario de los Lakers llenó el Forum de globos y fanfarrias, todo preparado para festejar una victoria ante los Celtics que jamás se produjo.

Volvemos al partido: Ginóbili falla uno de los dos tiros libres y el resultado queda en 89-94. En una decisión algo dudosa, Popovich decide retirar a Duncan en defensa para ajustarse al juego de cuatro pequeños de los Heat, que van descaradamente a buscar los triples como recurso desesperado. Tras el tiempo muerto, el cordón amarillo estorbando incluso la colocación de los jugadores, los Heat consiguen hacer una jugada perfecta, tal y como la habría soñado su entrenador Spoelstra: el balón vuelve a llegar a James, completamente abierto desde la línea de tres… pero su tiro es una pedrada que no toca ni el aro.

Casi por casualidad, el balón, tras varios manotazos y ante la ausencia de un reboteador sólido en los Spurs, llega a Mike Miller. Miller se la pasa a James, que vuelve a lanzar de tres y esta vez anota: 92-94 y veinte segundos por jugarse.

El tiempo muerto esta vez lo pide Popovich, que vuelve a meter a Duncan para jugar el ataque. De hecho, el veteranísimo pívot de las Islas Vírgenes, a sus treinta y siete años, es el encargado de sacar y no lo tiene nada fácil: de entrada, el dichoso cordón sigue molestando a todo aquel que se salga mínimamente de las proporciones de la cancha. Además, la defensa de los Heat es casi perfecta, tanto que en vez de conseguir pasar la bola a Parker o a Ginóbili, Duncan solo logra encontrar a Leonard, de milagro, y al borde de la infracción. Leonard recibe falta, por supuesto, y dispone de dos tiros libres para matar el partido.

Para un jugador de segundo año tanta responsabilidad no es poca cosa, pero la temporada de Kawhi ha sido extraordinaria y su rendimiento en la final, defendiendo a James, anotando con cierta regularidad y cogiendo una sorprendente cantidad de rebotes, ha entusiasmado a todos. El público de Miami se vuelve loco: silba, golpea palos gigantes, patalea… y el joven Leonard falla el primer tiro libre, aunque anota el segundo. Quedan diecinueve segundos y los Heat no tienen tiempos muertos, así que todo queda en manos de James, salvo que los Spurs decidan hacer falta, que no es el caso.

James, por si las moscas, tira lo antes posible, un triple forzado y sin mucho sentido que podría haber acabado con la temporada si no fuera porque la zona de los Spurs vuelve a estar vacía de hombres al rebote. Chris Bosh alcanza el rechazo sin demasiada dificultad y, apurado por el tiempo, se la pasa a Ray Allen, quien da un par de botes para atrás y tira desde una esquina con las manos de Parker y Leonard casi en la cara. El triple entra limpio, el enésimo en su carrera y sin duda el más importante. El partido se va a la prórroga y como es de esperar ganan unos embalados Heat. El cordón amarillo tendrá que esperar al séptimo partido, donde de nuevo los locales se imponen en el último minuto. Es el segundo título en tres finales. Todas las miradas, sin embargo, se posan en los viejos Spurs, en lo que parece haber sido su último baile y lo cruel que sería que Duncan y sus escuderos se retirasen de esta manera, con un triple de Ray Allen en la cara.

Como si no conocieran a los tales Duncan y compañía y su obsesión competitiva.

La revancha más dulce

No, Tim Duncan no es de los que se rinde fácilmente. Su séptimo partido de aquella final fue sobresaliente, con veinticuatro puntos y doce rebotes… pero dos fallos imperdonables debajo de la canasta en el último minuto. Fallos que impidieron que los Spurs empatasen el partido y pusiesen más presión sobre los hombros de los chicos de Spoelstra. Puede que un título le hubiera retirado, pero una derrota así solo le podía empujar a seguir adelante.

Haciendo un resumen de lo que había sido la temporada, y en concreto la serie final, San Antonio se dio cuenta de que su derrota había sido fruto de una conjunción de casualidades que era difícil que se repitiera dos años seguidos: por supuesto, los dos triples tras rebote ofensivo del sexto partido… y los seis triples sin fallo de Shane Battier en el séptimo, un hombre con el que desde luego nadie contaba. Por lo demás, la plantilla tenía dosis ideales de veteranía —Duncan, Ginóbili, Diaw, Parker…— y juventud arrogante —Leonard, Green, Mills, Bellinelli, Splitter— como para pensar en un último intento.

Duncan ya no tenía treinta y siete años sino que tenía treinta y ocho, pero llevaba demasiado tiempo sin ganar, fuera de los focos. Su llegada a la liga en 1997 había supuesto un cataclismo solo comparable a la de Shaquille O´Neal en 1992. De hecho, ambos gigantes, tan distintos en su estilo de juego, protagonizarían una lucha feroz durante los siguientes años: haciendo pareja con David Robinson, Duncan se llevó los títulos de 1999 y 2003, dejando a Shaquille los tres de en medio —2000, 2001 y 2002—. Tras la retirada de Robinson, Lakers y Spurs volvieron a enfrentarse en segunda ronda de conferencia la temporada 2003/2004. Todo apuntaba a un triunfo en la serie de los vigentes campeones, cuando Derek Fisher se inventó una canasta imposible en el quinto partido con el tiempo casi a cero, dando una ventaja a los de Phil Jackson que hundió moralmente a los tejanos.

Aquel 2004 sería el último año de Shaq en Los Ángeles. Sus desavenencias con Kobe Bryant le mandaron a Miami, donde ganaría en 2006 su cuarto anillo. Un año antes, en 2005, Duncan se llevaba su tercero y en 2007 alcanzaría también el póquer para equilibrar las cosas. Aquellos Spurs que ganaron tres títulos en cinco años eran un equipo sólido y trabajador. Bajo la influencia del rocoso y arisco Popovich, los Spurs buscaron fuera de Estados Unidos lo que no podían encontrar en casa: Ginóbili y Parker se hicieron imprescindibles y, tras la retirada de Robinson, Popovich decidió acompañar a Duncan de pívots fuertes fajados en las grandes ligas europeas: primero Nesterovic, luego Oberto y Francisco Elson, y años después, Splitter.

No era un equipo atractivo y muchas veces la duda era a quién lesionaría Bruce Bowen en el siguiente partido. La final de 2003 contra los Nets sigue siendo la menos vista de la historia de la NBA y solo alcanzaron cierto estatus mediático después de los descomunales siete partidos que jugaron contra los Detroit Pistons para hacerse con el anillo de 2005, gracias a aquel triple de Robert Horry que hizo callar al Palace cuando los Pistons venían de dos victorias seguidas y soñaban con adelantarse en la serie. En 2007 todo sería más fácil, con un Parker estelar que se comió él solito a los Cleveland Cavaliers de un LeBron James casi recién salido de la adolescencia.

Era el cuarto anillo de los Spurs en ocho años y nadie suponía entonces que habría que esperar otros siete para añadir un quinto.

Porque sí, en 2014, los Spurs le dieron otra vuelta a la tuerca: no solo seguían siendo competitivos, no solo podían ganar de nuevo sesenta y dos partidos en la liga regular, sino que jugaban de memoria, como los ángeles. Un juego rápido y preciso, con circulaciones eléctricas de balón, que presagiaba lo que vendría las temporadas siguientes con los Golden State Warriors como protagonistas. De repente, los Spurs pasaron de ser los más odiados a ser los más queridos y, al enfrentarse de nuevo a los Heat en la final, no tuvieron la más mínima misericordia: ganaron en cinco partidos y en ninguna de sus victorias bajaron de los quince puntos de diferencia.

Este sí que era un buen final para Tim Duncan, campeón de la NBA quince años después de su primer título, algo que solo supera Kareem Abdul-Jabbar, que ganó el anillo en 1971 con los Bucks y repitió en 1988 con los Lakers.

Solo que no era el final. Uno no puede retirarse tras perder un título de manera tan cruel y no puede retirarse sin defender lo que ha ganado el año anterior. En resumen, uno no puede retirarse nunca y así, Popovich, Duncan y los sospechosos habituales se volvieron a unir para las dos siguientes temporadas: en la 2014/15 cayeron en primera ronda de play-off ante Los Angeles Clippers y en esta temporada 2015/16 solo el espectacular récord de victorias de los Warriors está eclipsando lo que es uno de los mejores años de cualquier equipo en la historia de la NBA. Un año que, quién sabe, igual se ve coronado con el esquivo sexto anillo, igualando a Duncan con las más grandes estrellas: Michael Jordan y el propio Kareem, inmediatamente por debajo de las leyendas de los Celtics de los años sesenta y del inclasificable Robert Horry, que se llevó siete anillos con tres equipos distintos.

Stephen Curry, el único escollo a la vista

Hay un detalle curioso en estos años de esplendor de los San Antonio Spurs desde que Tim Duncan se incorporó a la franquicia y que escapa a cualquier análisis: salvo en la temporada 98/99, en la que el cierre patronal obligó a suspender treinta y dos partidos de liga regular, el equipo siempre ha ganado como mínimo cincuenta partidos en cada una de las otras diecisiete campañas. Eso, de por sí, ya es una barbaridad. De hecho, nadie lo había conseguido antes. Lo que me llama más la atención, sin embargo, no es esa regularidad en el éxito sino su regularidad a la hora de frenar los excesos: en esas diecisiete temporadas solo han ganado sesenta partidos o más cuatro veces y su récord está en sesenta y tres victorias, justo el año que cayeron en primera ronda contra los Dallas Mavericks de Dirk Nowitzki.

Parece claro que la estrategia de Gregg Popovich, independientemente de la edad de sus jugadores, ha sido siempre ir de menos a más: acabar la liga regular como un tiro y arrasar en los play-offs. Este año todo apunta a que va a ser distinto y la razón hay que buscarla en el fracaso de la temporada anterior, cuando empezaron al trantrán y ni siquiera el arreón final y un número de triunfos muy aceptable (cincuenta y cinco), les evitó acabar sextos de la conferencia Oeste, teniendo que enfrentarse, con el factor cancha en contra, a los temibles Clippers de Chris Paul, J. J. Redick, Blake Griffin y DeAndre Jordan.

Conscientes de que eso no se puede repetir, los Spurs llevan una primera parte de temporada más que brillante. En el momento en el que escribo este artículo, ocupan la segunda plaza de su conferencia con treinta y cuatro victorias y solo seis derrotas, una progresión que les acerca a los setenta triunfos a final de año. Solo un equipo ha conseguido llegar a esa cifra: los Chicago Bulls de Michael Jordan, Scottie Pippen, Dennis Rodman y Toni Kukoc, en 1996. Si esas setenta victorias no les sirven al final para ganar siquiera su conferencia será mérito de los Warriors, quienes, también al cierre de esta edición, han perdido solo dos partidos de treinta y ocho, una locura que sí que no tiene comparaciones posibles.

La diferencia, al menos en los últimos meses, es cómo gana un equipo y cómo gana otro. Mientras los Warriors acumulan lesiones, prórrogas y un desgaste mental importante, los Spurs parece que van a velocidad de crucero y siempre bajo el radar de las expectativas mediáticas, que lo hace todo más fácil. Han empezado la temporada ganando sus veintidós partidos en casa, un registro único en la historia de la franquicia aunque aún lejos del 37-0 de los Bulls en la temporada de todos los récords. Sí pueden presumir de tener la mejor diferencia jamás vista entre puntos anotados y puntos recibidos después de cuarenta partidos: 103,8 a favor y solo 89,7 en contra. De hecho, solo en siete ocasiones han pasado sus rivales de los 100 puntos, de lejos la mejor marca de la NBA esta temporada.

Aunque Tim Duncan, ya a punto de cumplir cuarenta años, está en las peores medias de su carrera —apenas 9,2 puntos y 7,8 rebotes por partido—, la siguiente generación ha tomado el relevo con solvencia, en especial Kawhi Leonard, quien ya fuera MVP de la final de 2014 y que lidera al equipo con 20,2 puntos y 7 rebotes por partido, un poco por encima de los 16,2 y 9,1 del recién fichado este año LaMarcus Aldridge, un jugador del que se tenían dudas por su mala cabeza pero que ha cuajado a la perfección en el sistema Popovich. Junto a ellos dos, Parker y Ginóbili siguen promediando más de diez puntos por partido y la profundidad del banquillo es enorme, con Diaw, Green, Mills, West e incluso la sensación serbia Boban Marjanovic, el pívot de 2,21 m que ha decidido explotar por fin a sus veintisiete años aportando rebotes, intimidación y dosis de espectáculo en muchos de sus partidos.

Pocos ponen ya en duda que este sí que será el último baile de los Spurs, por lo menos el último de Duncan y Ginóbili, que suman setenta y siete años entre los dos. En su camino solo se ve como amenaza a los Warriors de Curry si recuperan la frescura de los primeros partidos, y puede que en la final a los Cavaliers de LeBron James, la gran estrella de la NBA de este siglo, rumbo a su sexta final consecutiva, un poco más cerca de las diez que sumó Bill Russell en pleno esplendor de los Celtics. En los próximos días podremos ver cómo respiran estos tres equipos porque el calendario les enfrentará varias veces entre sí en lo que queda de enero. No se fíen. Entre la liga regular y los play-offs hay un abismo de intensidad.

Disfruten todo lo que puedan, en cualquier caso, de este último baile de Tim Duncan, probablemente la estrella más infravalorada mediáticamente de los últimos años. Si ganara su sexto anillo a los cuarenta, diecisiete temporadas después del primero, pocas excusas habría para no nombrarle mejor ala-pívot de la historia de este deporte.


Reporte NBA: qué ha pasado este verano y cómo afectará a la temporada que viene (y II)

Paul Millsap y Paul Pierce, perro viejo. Fotografía: Keith Allison (CC)
Paul Millsap y Paul Pierce, perro viejo. Fotografía: Keith Allison (CC)

(Viene de la primera parte)

Desde que se iniciaran los movimientos el 11 de junio, más de doscientos jugadores han cambiado de equipo por lo menos una vez en apenas cuatro meses en una orgía de números, dinero, futuras opciones del draft y, a fin de cuentas, baloncesto de oficina.

Dinastías consolidándose, equipos haciendo borrón y cuenta nueva y otros que empiezan a formar las bases de lo que, esperan, sea un futuro brillante para la franquicia. Jugadores novatos, veteranos buscando la esquiva gloria del anillo, jugadores franquicia y suplentes que aportan longitud de banquillo. Ha habido movimientos en todos esos sentidos y muchos más.

Lo que sigue es un recuento de los cambios que han llevado a cabo los mejores dieciséis equipos de la pasada temporada, ordenados por su balance entre victorias y derrotas. Con lo cual, obviamente, tiene más peso la mejor conferencia, siendo la oeste, con especial hincapié en la división suroeste, en la que todos sus cinco equipos se clasificaron para playoffs.

De todas esas idas y venidas de jugadores, y de la repercusión que estas tengan sobre sus equipos, trata este artículo, en orden ascendente. Adicionalmente, y para que puedan ustedes echarme en cara todos los errores cometidos cuando termine la temporada, puntúo sus movimientos de verano de una a cinco estrellas:

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8. Portland Trail Blazers (51-31)

Incorporaciones: Al-Farouq Aminu, Ed Davis, Mason Plumlee, Gerald Henderson, Mike Miller, Maurice Harkless, Noah Vonleh, Phil Pressey, Daniel Diez

Elecciones del draft: Pat Connaughton (#41, derechos adquiridos de Brooklyn)

Salidas: LaMarcus Aldridge, Nicolas Batum, Arron Afflalo, Robin Lopez, Steve Blake, Wesley Matthews, Joel Freeland, Alonzo Gee, Brendan Haywood

Terminábamos el primer artículo haciendo un repaso de los sinsabores de Dallas este verano. Si hay algo que sirva de consuelo a los aficionados de los Mavs es mirar hacia Oregón. En Portland básicamente se han deshecho de todos sus mejores jugadores con la única excepción de Damian Lillard. Queda también el prometedor McCollum, que sin embargo ha tenido hasta ahora un rol secundario en Portland con apenas 14,5 minutos de media por partido, pero ambos juntos no logran camuflar el desastre sucedido en Portland. El caso es que tras una buena temporada 2014-2015, en la que lograron una cómoda clasificación para playoffs para sin embargo caer en primera ronda ante los contundentes Grizzlies, han decidido hacer borrón y cuenta nueva. Del borrón no cabe duda, sí de la cuenta nueva por venir.

Aldridge, jugador franquicia con un promedio de 23,4 puntos y 10,2 rebotes por partido la pasada temporada. Batum, jugador de los Trail Blazers desde su llegada a la liga en 2008 y aportando al equipo en todas las facetas del juego, traspasado a Charlotte a cambio de dos jugadores menores como son Henderson y Vonleh. Afflalo, uno de los mejores defensas de la liga, adquirido la temporada pasada desde Denver. Lopez, pívot fiable en ataque y duro en defensa. Matthews, excelente escolta y poseedor del récord de triples de la franquicia. Blake, buen base suplente con facilidad para anotar y pasar el balón, poseedor del récord de asistencias en un solo cuarto en la NBA con Portland, con catorce de ellas. Todo esto han perdido los Blazers en un solo verano.

Las incorporaciones sencillamente no están a la altura: Davis es un ala-pívot decente pero va a ser deprimente verlo reemplazar a Aldridge. Aminu no es alero suficiente como para reemplazar a Batum, y llega además a un precio de cuarenta millones de dólares por cuatro años. Mason Plumlee es un pívot del montón, Henderson un escolta cuya calidad desde la línea de tres anda a años luz de la de Matthews, Miller es prácticamente un exjugador, Vonleh ha tenido una buena liga de verano aunque no se deberían esperar grandes cosas de él, Harkless está haciendo una buena pretemporada que a pesar de ello contrasta con una gris carrera en la NBA, y el drafteado Connaughton apenas es digno de mención. Por si esto fuera poco, siguen sin un pívot titular a menos que se quiera considerar a Plumlee como tal. Adiós a la postseason.

Calificación de movimientos: una estrella

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7. Cleveland Cavaliers (53-29)

Renovaciones: LeBron James, Kevin Love, J.R. Smith, Timofey Mozgov, Iman Shumpert, Matthew Dellavedova, Richard Jefferson, James Jones, Mo Williams, Sasha Kaun (drafteado en 2008)

Elecciones del draft: Cedi Osman (#31, llegado vía Minnesota), Sir’Dominic Pointer (#53)

Salidas: Kendrick Perkins, Brendan Haywood, Shawn Marion, Mike Miller, Rakeem Christmas

LeBron James. Fotografía: Keith Anderson (CC)
LeBron James. Fotografía: Keith Anderson (CC)

Tras haber caído en las finales de la pasada temporada en unos heroicos playoffs en los que poco o nada podían lograr al tener tres de sus cinco titulares lesionados, lo único que debían hacer los Cavaliers era asegurarse de que los jugadores que más aportaron el año pasado continuaran en la franquicia. Y así ha sido. Tanto los dos jugadores que han sido all-stars como los que bordaron un papel excepcional el pasado año (Smith, Mozgov, Shumpert, Dellavedova —qué forma de dejarse la piel en playoffs—, Jefferson y Williams) aseguran que este equipo sea uno los más fuertes de la próxima temporada.

En cuanto a las incorporaciones, no es que hicieran falta: solo tres drafteados que no deberían gozar de apenas minutos dadas la extensión y calidad del banquillo de los Cavs. Osman es un jugador muy intenso y osado, pero será difícil de verlo jugar fuera de los minutos de la basura, a menos que las lesiones vuelvan a lastrar al equipo. En cuanto a Kaun, parece una versión reducida en tamaño de Mozgov, en lo ruso y en el juego: bueno en defensa, limitado al «recibir y anotar» bajo el aro en ataque.

Tan buenas como las renovaciones son las salidas, prescindiendo de jugadores en evidente decadencia y de un Christmas que ha sido intercambiado por una segunda ronda del draft de Indiana Pacers. Absolutamente nada que reprochar en este sentido. Lo único pendiente es la renovación de un muy buen jugador interior como es Tristan Thompson. En el momento de escribir este artículo las negociaciones parecen en punto muerto y sería la guinda para Cleveland la renovación de un jugador joven, agresivo como pocos en el rebote y con espacio para crecer aún.

Si las lesiones los respetan, no habrá nadie que se interponga entre los Cavs y las finales de la NBA y una vez ahí será difícil impedir que LeBron logre su ansiado anillo con el equipo de su estado.

Calificación de movimientos: cinco estrellas; con o sin Thompson esta franquicia ha asegurado ser el máximo candidato para levantar el trofeo Larry O’Brien la próxima temporada.

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6. San Antonio Spurs (55-27)

Incorporaciones: LaMarcus Aldridge, David West, Ray McCallum, Boban Marjanovic

Renovaciones: Tim Duncan, Manu Ginóbili, Kawhi Leonard, Danny Green, Matt Bonner

Elecciones del draft: Nikola Milutinovic (#26), Cady Lalanne (#55)

Salidas: Marco Belinelli, Tiago Splitter, Cory Joseph, Aron Baynes

Tim Duncan. Fotografía: miu3112 (CC)
Tim Duncan. Fotografía: miu3112 (CC)

Por si fuera poco renovar a sus tres mejores jugadores junto a Tony Parker, han conseguido hacerse con uno de los mejores jugadores de la NBA como es Aldridge. El ex de Portland busca con este movimiento el anillo que no podría haber logrado de continuar en su equipo, y tras el resto de movimientos llevados a cabo por los Spurs bien podría ver su deseo cumplido.

Además de Aldridge, llegan un veterano solvente como David West, un joven McCallum que el año pasado en Sacramento logró dar un paso adelante en su juego así como protagonizar varias de las mejores jugadas diversas noches (sirva esto como ejemplo). Marjanovic viene de hacer una temporada espectacular en el Crvena Zvezda de Belgrado, pero su adaptación a la NBA está en duda, en especial a nivel defensivo. Llega sin embargo al equipo idóneo para su correcto ajuste, y puede ser una de las pequeñas sorpresas del año.

La pieza central del éxito de San Antonio en las dos últimas décadas, Tim Duncan, una de las figuras más respetadas de la NBA, ha accedido a renovar reduciendo su sueldo a la mitad, de diez a cinco millones de dólares. Más drásticamente, Ginóbili ha pasado de cobrar siete millones la pasada temporada a 2,8 en la viniente. Ambos son dramáticos recortes que demuestran el compromiso y la generosidad de estos dos grandes del baloncesto.

En el polo opuesto a nivel salarial, gracias en gran parte a los dos futuros hall of famers del párrafo anterior, están Green y Leonard, el primero en su apogeo y el segundo a gran nivel pero aún joven, que ven sus sueldos crecer como merecido reconocimiento al papel aportado, con especial hincapié en el anillo conseguido en 2014.

Hay salidas dolorosas, como el fiel y correcto Splitter, o el buen anotador y tirador Belinelli, pero son correctamente reemplazados por las nuevas incorporaciones y lo ya existente.

Los Spurs prometen ser de nuevo el equipo jugando el mejor baloncesto de la NBA, siendo el único misterio el mismo que venimos afrontando desde hace años: ¿hasta cuándo podrán Duncan y Ginóbili rendir a gran nivel? La inevitable decadencia deberá llegar en algún momento, y de hacerlo esta temporada sus posibilidades de anillo quedarían muy reducidas. Sin embargo, con la siempre correcta gestión del minutaje de Popovich, y con la sensación de inmortalidad que estos dos veteranos ya han logrado emanar, sumando los buenos movimientos de verano, los de San Antonio deberían ser unos dignos candidatos al anillo. La continuidad más allá de este año es, como quiera que se mire, más discutible e incluso insostenible. Quizá sea esta temporada la última aspiración al anillo de la época Duncan

Calificación de movimientos: cinco estrellas.

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5. Memphis Grizzlies (55-27)

Incorporaciones: Brandan Wright, Matt Barnes

Renovaciones: Marc Gasol, Jeff Green

Elecciones del draft: Jarell Martin (#25), Andrew Harrison (#44, llegado vía Seattle… Phoenix, perdón)

Salidas: Kosta Koufos, Jon Leuer, Luke Ridnour

La mejor noticia del verano en Memphis ha sido la renovación del pívot más completo de la NBA, Marc Gasol (quizá en lucha por el puesto con el asimismo descomunal DeMarcus Cousins). Desde luego la renovación ha salido a un altísimo precio, algo más de ciento trece millones de dólares por cinco años —siendo el quinto optativo a elección del jugador—, pero la franquicia ha estimado conveniente el sacrificio con tal de mantener a un jugador querido y respetado no solo en Tennessee si no en toda la NBA.

Es también una buena noticia la renovación de Green, que llegó el año pasado a Memphis para dotar de una nueva arma ofensiva a un equipo algo carente en esa faceta.

Para aportar en ese sentido llega Jarell Martin del draft, un atlético ala-pívot que destaca en el campo del rival mientras que carece en el propio —algo que en un equipo tan rocoso como son los Grizzlies debería aprender a mejorar rápidamente—. Aunque la mejor de las incorporaciones es el despiadado Matt Barnes, un jugador de 3+D que debería encajar a la perfección en el esquema de Memphis dadas sus cualidades y las del equipo.

En cuanto a las salidas, se va un inconstante Koufos, reemplazado por el entrante Wright, un aparentemente más rotundo jugador que sin embargo y de modo sospechoso llega a su cuarto equipo NBA en dos años. Dejan también el equipo Leuer y Ridnour, dos pérdidas intrascendentes.

La sensación que queda tras todos estos movimientos es que la franquicia va a seguir el mismo rumbo. Fueron la pasada temporada el segundo equipo que menos puntos encajó tras Utah, con lo cual su defensa no admite críticas. Es el apartado ofensivo el que deberían mejorar, y las incorporaciones de este año no parecen ser suficientes como para paliar esa deficiencia. Varios jugadores terminan contrato el año que viene, y con Gasol asegurado, va a ser interesante ver cómo se mueven en Memphis para tratar de hacer de su muy buen equipo uno que verdaderamente aspire al anillo.

Calificación de movimientos: cuatro estrellas.

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4. Houston Rockets (56-26)

Incorporaciones: Ty Lawson, Marcus Thornton

Renovaciones: Patrick Beverley, Corey Brewer, KJ McDaniels, Jason Terry

Elecciones del draft: Sam Dekker (#18), Montrezl Harrell (#32)

Salidas: Josh Smith, Nick Johnson, Pablo Prigioni, Kostas Papanikolaou

James Harden. Fotografía: Drew Goodman (CC)
James Harden. Fotografía: Drew Goodman (CC)

El ejército de una sola barba —pero qué barba—, de nombre James Harden, debería volver a estar entre los tres mejores anotadores de la liga la temporada que viene, tras tres años consecutivos en el top 5.

Todas las renovaciones son positivas, con un Brewer crecido desde que llegó desde Minnesota, unos Beverly y McDaniels que si consiguen librarse de las lesiones tienen un futuro muy esperanzador, y un veterano como Terry que, a pesar de estar lejos de sus números con Atlanta y Dallas cuando aún estaba en su plenitud física, sigue siendo un jugador temible en los momentos finales del partido.

Ty Lawson viene para hacerse con el papel de base titular, y debería aportar mucho a nivel ofensivo así como liberar a Harden de tareas como subir el balón, si es que accede a prescindir de esa función, lo cual debería hacer. Lawson es un base con grandes fundamentos y sin miedo a cualquier rival, que encajará en la filosofía de un equipo muy dado a atacar como planteamiento defensivo. En el otro lado de la balanza, sus problemas con el alcohol son el motivo por el cual en Denver aceptaron a traspasarlo a cambio de cuatro jugadores de tercera categoría.

Dekker, llegado desde el draft, suele ser comparado con Chandler Parsons, antaño militante de los Rockets. Está por ver su evolución, pero no es de entrada una mala referencia.

Las bajas de Johnson, Prigioni y Papanikolaou son insustanciales, pese al buen papel llevado a cabo en algún que otro momento por todos ellos la pasada temporada, eso sí: de forma muy aislada. Sí es más dañina la baja de Josh Smith, una importante pieza en los Rockets que ha decidido irse a uno de los grandes rivales en el oeste, los Clippers.

La incorporación de Lawson debería ser de mayor incidencia que la pérdida de Smith. Al fin y al cabo era este un equipo náufrago de base más que de un cuatro dado a las excursiones inexplicables a la línea de tres, imaginando ser Nowitzki. Un Dwight Howard y un Terrence Jones sanos lograrán que nadie recuerde que J-Smoove jugó alguna vez en Houston.

En definitiva, un balance positivo que promete continuidad para un equipo rápido y vistoso.

Calificación de movimientos: cuatro estrellas.

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3. Los Angeles Clippers (56-26)

Incorporaciones: Josh Smith, Lance Stephenson, Paul Pierce, Wesley Johnson, Luc Mbah a Moute, Chuck Hayes, Cole Aldrich, Pablo Prigioni

Renovaciones: DeAndre Jordan, Austin Rivers

Elecciones del draft: Branden Dawson (#56, llegado vía New Orleans)

Salidas: Matt Barnes, Spencer Hawes, Jordan Hamilton, Nikoloz Tskitishvili, Lester Hudson

Lo que parecía el inicio de un desastre cuando DeAndre «The Giant» apalabró su fichaje con Dallas, se tornó en un giro de circunstancias radical tanto para Los Angeles Clippers como para los texanos cuando se desdijo y terminó renovando con los de California.

Dejaremos el desplante del poderoso pívot de Houston para otra ocasión puesto que no es el propósito de este artículo, sin embargo su renovación fue la mejor noticia de una serie de buenas noticias para los Clippers desde que se abriera el mercado, así como fue la peor noticia de una serie de malas noticias para los Mavericks.

Renueva justamente Austin Rivers, el hijo del entrenador que se ha ganado el contrato no por línea sucesoria sino por méritos en la cancha. Destacable y emotivo fue el momento en el que Chris Paul se acercó Doc Rivers para decirle «this is the one time you can be his dad and not be his coach» ante un soberbio partido de Austin la pasada temporada.

En el apartado de las incorporaciones, muchos movimientos y de gran trascendencia: Josh Smith, contundente ala-pívot al que Doc Rivers debería apartar de su infructuosa e incomprensible tendencia a jugar dentro de la línea de triples buscando puntuar de tres en tres con resultados por lo general contraproducentes. Su 38% de la pasada temporada en ese tipo de tiros es su mejor resultado histórico, pero hay muchas mejores opciones desde esa línea en los Clippers como para justificar la opción, especialmente cuando se le necesita en la zona. Llega también el efervescente Lance Stephenson, jugador de calidad indudable pero de sesera dudosa. Otro reto para Doc, que de lograr domarlo puede aportar muchísimo a un equipo de por sí ya repleto de alternativas. Sumad a estas dos incorporaciones un veterano con galones como Pierce que puede decidir partidos por sí solo y vuelve a su ciudad natal, un zorro viejo como es Prigioni, un todoterreno en Wesley Johnson, unos excelentes defensores como son el alero Mbah a Moute, el ala-pívot Hayes y en menor medida el pívot Aldrich, y lo que tenemos es un equipo infranqueable aún y cuando los titulares se sienten en el banquillo, sin duda la gran carencia de los Clippers en las recientes temporadas.

La pérdida de Barnes es sin duda importante, y en menor medida la de Hawes, pero lo llegado de fuera suple sus ausencias con creces. Así como a Memphis, a los Clippers les faltaba ese extra para convertirse en amenazas para los grandes del oeste. Y este año han dado un gran paso en ese sentido. No podían incorporar a ninguna gran estrella (DeAndre aparte) dado el estado del mercado y su espacio salarial, pero vaya si han logrado todo lo que podían lograr.

Calificación de movimientos: cinco estrellas.

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2. Atlanta Hawks (60-22)

Incorporaciones: Tim Hardaway jr, Tiago Splitter

Elecciones del draft: Marcus Eriksson (#50), Dimitrios Agravanis (#59)

Salidas: DeMarre Carroll, Pero Antic, John Jenkins, Austin Daye

Lo más llamativo del verano en Atlanta son dos cosas: la salida de un jugador tan «atlantanesco» como Carroll y la entrada de un jugador tan poco «atlantanesco» como Hardaway Jr. Son ambos movimientos a priori inexplicables.

Solo que no lo son.

Empecemos por Carroll: ha firmado un contrato claramente hinchado con Toronto que Atlanta no debería haber igualado. En primer lugar por lo hinchado y en segundo lugar por las alternativas: el joven Kent Bazemore hizo un muy buen papel la pasada temporada. Sin estar al nivel de DeMarre en el tiro más allá de los 7,62 metros, es joven y con capacidad de mejora en ese aspecto. Es un gran defensa y una bestia en el contragolpe y el ataque al aro rival. También el suizo Sefolosha palía la baja defensiva de Carroll así como el soporte desde la línea de tres. Incluso uno de los mejores triplistas de la liga (y de la historia) como Kyle Korver podría asumir la posición de alero para dar lugar en el puesto de escola al que abre el nuevo párrafo.

Hardaway Jr. ha demostrado ser un jugador con sobrada calidad ofensiva pero al mismo tiempo una elección de tiro cuando menos discutible. Llega no obstante al equipo más sesudo de la liga junto a San Antonio, y si Budenholzer (como apuntamos en la anterior parte, elegido como el mejor entrenador de la pasada temporada) logra moldearlo, puede ser un escolta anotador muy dañino para la línea rival, algo que Atlanta necesita. Hardaway aporta cosas que Korver, pese a su excelente tiro exterior, no logra aportar en cuanto a penetración de la defensa enemiga y por lo tanto apertura de segundas opciones.

Llega Splitter reemplazando a Antic, lo cual supone una indiscutible mejora para la suplencia del pívot titular Al Horford. A menos que venga a ser titular, Horford pase a hacer de cuatro y Paul Millsap a hacer de alero, una alternativa interesante pero quizá inviable en un contexto de small ball y juego rápido.

Dadas las circunstancias, han jugado bien sus cartas y no han caído en una costosa renovación con Carroll, dejando así las puertas abiertas para posibles futuras incorporaciones de nivel (y la excepción salarial Early Bird para renovar a Millsap). Las únicas dudas vienen en cuanto a si serán capaces de mantener el nivel cuando lleguen a playoffs. El año pasado su rendimiento cayó dramáticamente; quizá Splitter, un veterano en esto de partidos a vida o muerte, logre contagiar al vestuario con la serenidad del guerrero curtido.

Calificación de movimientos: cuatro estrellas.

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1. Golden State Warriors (67-15)

Incorporaciones: Jason Thompson, Chris Babb

Renovaciones: Draymond Green, Marreese Speights, Leandro Barbosa, Brandon Rush

Elecciones del draft: Kevon Looney (#30)

Salidas: David Lee, Justin Holiday, Gerald Wallace

Stephen Curry. Fotografía: Noah Salzman (CC)
Stephen Curry. Fotografía: Noah Salzman (CC)

Ningún equipo logra un 80% de victorias en la NBA sin ser un equipo sobresaliente a todos los niveles, y eso es lo que fueron los Warriors la pasada temporada. Desde la reinvención del concepto de base anotador por parte de Stephen Curry, pasando por lo insultante de la eficiencia de Draymond Green, hasta llegar al récord de anotación en un cuarto de Klay Thompson con 37 puntos, ahí es nada, los GSW de Steve Kerr fueron un torbellino baloncestístico que enamoró a cualquiera que disfrute de este deporte.

Las cosas como son: de haberse topado en las finales ante unos Cavaliers con Kyrie Irving, Kevin Love y Anderson Varejao, otro gallo podría haber cantado, pero es indiscutible que los momentos que este equipo nos ofreció la pasada temporada difícilmente serán ofrecidos por ningún otro. A menos que sea por ellos mismos. Y en esas están.

La renovación de Green es una excelente noticia, y se ha ganado el sueldo máximo con creces con trabajo duro y siendo siempre un sacrificado jugador de equipo. También es buena la renovación de otro jugador interior intensísimo como Speights. Barbosa ya no es el jugador velocísimo de antaño pero el que tuvo, retuvo. Lo de Rush es insignificante, a decir verdad.

El toque negativo está en el balance entre lo que deja el equipo y lo que llega. Si bien Holiday no es digno de ser llorado, sí puede serlo David Lee, excelente incorporación desde el banquillo para los Warriors hasta ahora, que llegó a cambio de Wallace y Babb. El primero fue inmediatamente traspasado a cambio de Thompson, que junto al rookie Looney suponen el pobre recambio para Lee. Es de suponer que la intención de Golden State tras el traspaso haya sido la de liberar espacio salarial y quizá también conceder al jugador su deseo de titularidad que le permita aspirar a ser nuevamente all-star.

No hay nada que nos haga pensar que no vuelvan a superar el 80% de victorias, que no vuelvan a tener al MVP en forma del sencillamente admirable Curry, ni siquiera de que no vuelvan a ganar el anillo. Pero teniendo el aura del campeón quizá deberían haber logrado algo mejor que perder a su sexto hombre a cambio de nada.

Calificación de movimientos: tres estrellas.

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Lo que nos queda por delante es otra apasionante temporada de baloncesto con muchos equipos dignos de lograr el anillo. Por motivos reduccionistas nos dejamos en el tintero escuadras con mucho que contar, de las cuales podremos disfrutar sin duda alguna en la temporada viniente. ¿O acaso no son dignos de ver Kobe, Carmelo, George, Dragic, Wade, Cousins, Drummond, Wiggins o Ricky?

Feliz 2015-2016 a todos.

Menos a Portland.


Composición de la Mecánica Superior

Hace ya más de una década se publicaba en acb.com un singular artículo bajo el título «Los cuatro niveles de la suspensión pura», una tímida tentativa de clasificar el tiro en suspensión atendiendo a su mecánica. Motivaba aquel trabajo la aventura de pisar terreno virgen, tratar de conquistar un inmenso vacío conceptual y acaso demostrar que era posible organizar el aparente caos formal del arma ofensiva más importante del baloncesto.

De acometer semejante tarea con éxito la gramática del juego contaría con una preciosa herramienta de que favorecerse en adelante, como una ampliación teórica no en los confines de la técnica sino en uno de sus pilares más básicos.

Hasta la fecha esta herramienta no existía. De manera que cada vez que tocaba describir la mecánica de lanzamiento de un jugador, no ya distinguir unas de otras, resultaba desolador comprobar lo vago y tortuoso de los intentos, encerrados sin remedio en la doble adjetivación de lo normal y lo anormal, como si las decenas de miles de ejemplos no pudieran caber más que en este vulgar péndulo. Esta pobreza descriptiva tiene su única razón en la inexistencia de una nomenclatura básica sobre un elemento tan crucial como es el lanzamiento a canasta. Ojo, uno de ellos, el más repetido y numeroso de la historia del juego: el tiro exterior de formación académica.

El objetivo de aquel trabajo era, pues, muy pretencioso. Buscaba nada menos que apresar a cada tirador por su elemental ejecución del lanzamiento. Y no solo es posible sino que la lógica a seguir para descifrar las diferentes mecánicas de tiro es mucho más sencilla de lo que pudiera parecer.

El paso del tiempo ha precisado enormemente la eficacia de las técnicas de tiro. Pero en lo más básico y elemental, en su apariencia más genérica, la mecánica que las envuelve ha variado muy poco y difícilmente lo hará en el futuro, lo que ratifica la convicción de que además de posible resultaría útil establecer una clasificación de carácter y validez universales.

Aquel proyecto, no más que el boceto apenas bosquejado en unas pocas categorías, se rescata y amplía aquí adecuadamente dejando claro de inicio que este trabajo no es un manual de tiro. Tampoco una memoria. Busca ser una aproximación descriptiva a las diversas formas del tiro en suspensión en relación con la mecánica de brazos y manos. De otro modo, se pretende una tipificación universal de la mecánica de lanzamiento en función de su fisonomía más aparente, la que nos entra por los ojos. Por eso las imágenes que ilustran el texto —fugaces sombras de la realidad— resultan de inestimable ayuda para el reconocimiento general de las cuatro categorías de tiro más comunes en el baloncesto.

Antes de su enunciado conviene precisar unos pocos conceptos básicos que facilitarán la comprensión general.

El primero de ellos pasa por separar el significado de mecánica y técnica, dos fundamentos el segundo de los cuales queda excluido de este estudio. La técnica enseña a tirar. La mecánica envuelve esa personal elección. Por eso confundir mecánica y técnica es como hacerlo con el vaso y el agua. La técnica es el contenido y la mecánica el continente, el envoltorio que arropa la técnica elegida por el tirador. En el lanzamiento, en suma, la mecánica envuelve a la técnica, como la carrocería al coche.

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1. FASES DEL TIRO

a) Formación
b) Desarrollo
c) Término
d) Resonancia

2. FACTORES DEL TIRO

a) Mecánica de Formación – Mecánica de Posición
b) El concepto de Resistencia Mecánica

3. MECÁNICA DE FORMACIÓN. EL TIRADOR FRONTAL

a. Frontal de impulso.
b. Frontal de arrastre.

4. MECÁNICA DE FORMACIÓN. EL TIRADOR OBLICUO

a) Oblicuo de impulso
b) Oblicuo de arrastre

5. MECÁNICA DE POSICIÓN. EL TIRADOR ELEVADO

a) Elevado abierto
b) Elevado cerrado

6. MECÁNICA DE POSICIÓN. EL TIRADOR LATERAL

a) Lateral abierto
b) Lateral cerrado

7. LA COMPACTA COMUNIDAD ZURDA

8. UNA NOMENCLATURA UNIVERSAL

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[Nota: la expresión tirador no se utiliza aquí como destreza sino como acto. Tirador es, pues, quien tira a canasta al margen de su eficacia y/o frecuencia]

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1. FASES DEL TIRO

Veamos de qué se compone exactamente la secuencia de un lanzamiento a canasta.

a) Formación: estado embrionario del tiro que coincide con su inevitabilidad. A la pregunta de en qué punto preciso comienza el lanzamiento acude en respuesta la mera cronología del gesto. Un lanzamiento nace exactamente en el punto en que su ejecución se torna irreversible.

Una vez el cerebro decide ejecutarlo la relación de las manos con el balón se ve alterada de modo decisivo. En ese instante la situación del balón podrá ser muy diversa, pero la posición de las manos responderá de manera inconsciente a la mecánica dactilar del tirador. Se trata por ello de un acto reflejo que marca la fase más crucial en el lanzamiento, pues si la formación fracasa todas las demás fases se verán irremisiblemente alteradas. Igual que sujetar el bolígrafo de modo inhabitual perturba la escritura, así un tiro sin la formación acostumbrada perderá su identidad y muy posiblemente su eficacia.

FormacionOBLICUO
Formación avanzada de un oblicuo puro en Scottie Pippen.

b) Desarrollo: periodo del tiro comprendido entre la formación y el término. El factor más decisivo en el desarrollo es la fuerza. Sin ella no hay lanzamiento. Para imprimir fuerza es necesaria la sucesión de dos pulsos que actúan por contracción mecánica como un latido: uno, el retroceso, la retropulsión o traslación hacia atrás y dos, la extensión o traslación hacia delante.

Separa a ambos pulsos un factor infinitesimal en el ecuador del tiro: el golpe de tracción. Durante este proceso que apenas dura una fracción de segundo es donde mayores diferencias se observan en los tiradores de todo lugar y época. La razón es simple: cada formación deriva en un desarrollo diferente que cada jugador diversifica a su vez en íntima ejecución. Esto permite al desarrollo ser la variable más rica y valiosa, aquella que distingue visiblemente a cada lanzador y de la que nos vamos a servir para elaborar la clasificación de los tiradores. En la práctica las diferencias de desarrollo son abismales.

GolpedeTRACCION
Ecuador del desarrollo: golpe de tracción.

TardoCONTRACCION
Tardocontracción del desarrollo.

c) Término: periodo del tiro que coincide con el último tacto al balón y la hiperextensión de brazos y manos.

En la fase terminal del tiro o término el doble factor de dirección y fuerza llega a su fin. Al igual que en la formación se trata de una fase irreversible. Mientras las dos primeras fases encierran una gran diversidad de formas esta tercera guarda una gráfica similitud en todo lanzamiento completado. En sentido figurado el término equivale a un latigazo de precisión. En sentido práctico el término traza una alineación parabólica ideal entre ojos, balón y aro.

El término es la fase más uniforme del tiro. Comprende el último tacto al balón y la inmediata hiperextensión. A mayor distancia del aro menor será el ángulo terminal y viceversa.
El término es la fase más uniforme del tiro. Comprende el último tacto al balón y la inmediata hiperextensión. A mayor distancia del aro menor será el ángulo terminal y viceversa.

En la fase terminal los brazos abren un ángulo con el suelo, una inclinación natural que llamaremos ángulo terminal. La distancia al aro guarda una relación inversamente proporcional con el ángulo terminal. Así cuanto mayor sea la distancia del lanzamiento menor será el ángulo terminal y viceversa. Esta relación permite reconocer a qué distancia se encuentra el tirador del aro atendiendo únicamente al ángulo de los brazos en su fase terminal. Todo ello sin contar con la intervención de factores decisivos como el obstáculo defensivo a sortear y la altura de parábola determinada por la técnica del tirador.

Término de un frontal de impulso en Michael Jordan (1982).
Término de un frontal de impulso en Michael Jordan (1982).

d) Resonancia: periodo de parábola del balón o mecánica residual del tiro. Se trata de un concepto sumamente interesante. Una inmensa mayoría de entrenadores de tiro concede gran relevancia a esta postrera fase del lanzamiento en que las manos ya no disponen del balón y se ven sometidas a un factor de inercia que, en el caso que nos ocupa, puede resultar muy útil si esa fuerza natural que provoca la hiperextensión termina siendo domesticada.

Como recurso propiamente técnico la resonancia es una continuación de la mecánica que busca apurar al máximo la eficacia de las tres primeras fases del tiro. No hay resonancia en la mera inercia de los brazos. Para lograr su cometido los brazos deben preservar durante unos instantes su posición terminal como si al hacerlo la parábola respondiera a una orden. En sentido figurado la resonancia actúa sobre el balón a modo de hechizo. En sentido riguroso la resonancia consiste en una prolongación espacial de la mecánica elaborada que actúa como un excedente de seguridad en la coordinación visomotora.

En la mayoría de los casos se trata de un reflejo condicionado y por ello no son pocos los jugadores que estiman el lanzamiento incompleto si no va acompañado de su particular dosis de resonancia. En esta curiosa fase del tiro cobra relevancia la destreza en el último tacto al balón, el llamado efecto de retroceso obra de los dedos. Por eso es muy común la resonancia en jugadores que imprimen al balón un intenso efecto de retroceso.

La resonancia no es un recurso exclusivo del baloncesto. Se encuentra también muy presente en aquellas disciplinas deportivas que conceden una importancia vital a los envíos de precisión y puntería como ocurre en fútbol, tenis, golf, hockey o curling. Así, los grandes lanzadores de faltas en el fútbol presentan un sofisticado sentido geométrico de la resonancia aunque, en efecto, su duración resulte mucho más breve. En este gol del brasileño Roberto Carlos (1997), un auténtico prodigio de la física, la resonancia acontece por la llamada ley proximodistal por la que todo el cuerpo actúa como un compacto resorte de precisión cuya fuerza se desarrolla de manera centrífuga, de dentro afuera a partir del centro de gravedad. El balón en este caso no es disparado por un puntapié sino por la entera masa corporal.

En el baloncesto, sin embargo, se consigue aislar esa fuerza de manera que la práctica totalidad de la masa resonante proceda del tronco superior. Vale recordar que en el fútbol (como en hockey, tenis, billar o golf) los envíos acontecen en una fracción de segundo como un golpe seco o disparo (mecánica de percusión), mientras que en el baloncesto las manos manipulan la contracción mecánica otorgando a esta fase el crucial factor de duración (mecánica de tacto), que algunos prolongan hasta el final de la parábola a modo de resonancia.

El espacio más común de resonancia: el tiro libre.
El espacio más común de resonancia: el tiro libre.

Al tratarse de un factor adquirido hay tiradores de resonancia pronunciada (Kobe Bryant, Tim Duncan, Kevin Durant), otros de resonancia ocasional (Michael Jordan, Carmelo Anthony, Stephen Curry) y un tercer grupo de resonancia marginal o que por lo general renuncia a ella (Baron Davis, Shawn Marion, Monta Ellis) entregando exclusivamente la mecánica del tiro a sus tres primeras fases (formación-desarrollo-término).

La resonancia más célebre en la historia de la NBA (Michael Jordan, Utah, 14/VI/1998).
La resonancia más célebre en la historia de la NBA (Michael Jordan, Utah, 14/VI/1998).

La noción de resonancia admite su valor sobre la más correcta de persistencia mecánica por una razón: la resonancia como figura física vincula a dos elementos (sonido producido por repercusión de otro). Pero en el campo que nos ocupa el concepto de persistencia mecánica pierde fuerza al vincular únicamente al primero de los dos elementos en juego (brazos) excluyendo al segundo (balón), igualmente crucial. Así la resonancia verifica su validez como fenómeno de propagación de doble presencia.

GraficoRESONANCIA

El concepto de persistencia guarda no obstante una mejor aplicación en el escenario exclusivo ocupado por los maestros del tiro. Los grandes tiradores, aquellos que conquistan el verdadero plano de la excelencia, alcanzan un grado tan sofisticado de resonancia que consiguen transmitir su sentido a los ojos, a la vista, donde el excedente de seguridad queda retenido. Se trata de tiradores de condición mnemotécnica, sujetos en los que el acto de tiro se encuentra tan extraordinariamente memorizado que perciben con claridad su desenlace durante la fase terminal o extensión de los brazos. Se conoce este fenómeno de anticipación como persistencia retiniana o resonancia visual, un tipo de resonancia invisible al espectador al manifestarse únicamente a nivel cerebral en el autor del lanzamiento en calidad de precognición. Mientras la resonancia convencional trata de proyectar una imagen con la que reproducir una traza ideal de parábola, la resonancia visual consigue anticiparla. Este es el recurso mental de que se valen los mejores durante sus mejores experiencias.

La mayoría de jugadores cree percibir el acierto o el fallo en cuanto el balón sale despedido de las manos. En el fondo se trata de un espejismo, pues en realidad solo perciben con claridad el fallo y únicamente los tiradores maestros visualizan con absoluta nitidez el acierto. Así era frecuente que jugadores como Larry Bird o Dale Ellis, en el cénit de parábola de un triple desde la frontal, estuvieran ya situados a media pista cuando el balón entraba, pues en la fase terminal del lanzamiento retrocedían a terreno defensivo por su absoluta certeza de que el balón terminaría entrando. Ese altísimo margen de seguridad habita exclusivamente en el ánimo del tirador experto, consciente de que pocas sensaciones igualan a la satisfacción del acierto consumado a varios metros de distancia del punto exacto desde el que el lanzamiento se produce.

La resonancia visual permitía a Larry Bird (1988) anticipar el desenlace del lanzamiento en el cénit de parábola.
La resonancia visual permitía a Larry Bird (1988) anticipar el desenlace del lanzamiento en el cénit de parábola.

Mientras la resonancia es el alma del lanzamiento sus tres primeras fases constituyen el cuerpo. Así pues el concepto de resonancia, como vemos por sus múltiples derivaciones en el baloncesto, resulta un fenómeno tan fascinante que bien merecería un estudio de mayor profundidad que viniera a descifrar el enorme misterio que en nuestro juego encierra la mecánica espectral dentro del campo aún más vasto de la mímica inconsciente. Aquí tan solo nos hemos asomado a lo que podríamos llamar eco del tiro.

No habrá salido el balón de tus manos cuando ya debieras imaginarlo dentro. Siempre que tires que sea por segunda vez, como la prueba material del acierto imaginado. (Psicobasket, XXXIII).

Manos en resonancia.
Manos en resonancia.

2. FACTORES DEL TIRO

a) Mecánica de Formación – Mecánica de Posición

En el lanzamiento a canasta intervienen numerosos factores, tantos que es posible asegurar que no hay dos lanzamientos iguales, ni siquiera aquellos que proceden de las mismas manos. La relación de los brazos, la disposición de los antebrazos, la dinámica de las manos, su posición de contacto con el balón, la velocidad de ejecución, la apertura de los codos, la cinética del cuerpo, su equilibrio y, en suma, una infinidad de variables en viva interacción que dota a cada lanzamiento de una huella dactilar irrepetible. De manera que para elaborar una clasificación válida es conveniente ampliar los campos desde los que observar similitudes. Campos que nos permitan agrupar los tiros en función de su mecánica más aparente.

Para ello necesitamos, primero, delimitar el espacio del cuerpo donde la mecánica opera: tronco superior por encima de los hombros, esto es, brazos y manos, la llamada mecánica superior. Y segundo, aislar las constantes en la mecánica de tiro: fuerza y dirección. De esos cuatro elementos en juego precisa todo lanzador para ejecutar su técnica. En consecuencia, es posible observar la mecánica derivada de ella desde una doble perspectiva: la formación de los brazos y la situación del balón respecto de la cabeza.

Así se establece una gráfica distribución entre:

  • Mecánica de formación: atiende a la disposición de los brazos y manos en el desarrollo del tiro. Brinda dos categorías: frontal y oblicua.
  • Mecánica de posición: atiende a la situación del balón respecto de la cabeza o eje visual (formado por la mediatriz de los ojos). Ofrece dos géneros: elevada y lateral.

GraficoMECANICA

b) La noción de Resistencia Mecánica

Al igual que la resonancia, se trata de un concepto de muy rica significación. Pero en lo referente al tiro en suspensión su explicación es sencilla.

Cuando más adelante refiramos las propiedades de cada mecánica emplearemos el término versatilidad. Esta versatilidad no hace referencia a la diversidad mecánica del tirador sino a algo mucho más concreto y relevante que damos en llamar resistencia mecánica, esto es, la capacidad de preservar la mecánica propia en condiciones desfavorables o desacostumbradas.

En relación con las extremidades superiores en el lanzamiento, a la mecánica superior objeto del texto, la resistencia no es más que la facultad de aislar la mecánica de una parte ante la perturbación de las otras, y particularmente, la facultad de aislar la mecánica superior del resto del cuerpo.

El concepto de resistencia mecánica supone que el sujeto es capaz de discriminar las extremidades superiores en condiciones hostiles y dotarlas así de un alto grado de independencia sin una paralela pérdida de eficacia. Algunos de los más prodigiosos anotadores de la historia, como Pete Maravich, George Gervin, Michael Jordan, Kobe Bryant o Kevin Durant, representan un altísimo grado de inmunidad mecánica a la presión exterior aun refiriéndola exclusivamente al tiro formal en suspensión y no al resto de maniobras.

Destacar este vivo aspecto del tiro es necesario porque no todas las mecánicas ofrecen igual resistencia a los desequilibrios del cuerpo. Esta versatilidad de los tiradores se admite aquí únicamente como recurso técnico omitiendo su valor como recurso psíquico. Porque la resistencia mecánica está directamente relacionada con un fenómeno mucho más complejo denominado cenestesia (sensibilidad difusa que permite la integración de sensaciones procedentes de la entera topografía del cuerpo) cuya exposición escapa con creces al motivo del texto.

Ejemplo de frontal de impulso intacto ante dos desequilibrios leves. La resistencia mecánica en Michael Jordan a todo tipo de desplazamientos en el aire sigue ocupando un plano hegemónico. En términos generales la mecánica frontal es la más resistente de cuantas los jugadores emplean.
Ejemplo de frontal de impulso intacto ante dos desequilibrios leves. La resistencia mecánica en Michael Jordan a todo tipo de desplazamientos en el aire sigue ocupando un plano hegemónico. En términos generales la mecánica frontal es la más resistente de cuantas los jugadores emplean.

3. MECÁNICA DE FORMACIÓN. EL TIRADOR FRONTAL.

Esta primera categoría resulta la base canónica para todo tirador y, por ello, la más común de cuantas existen. Todas las demás no son, en efecto, más que derivaciones de esta fuente original que cada cual interpreta con arreglo a su íntima configuración.

La mecánica frontal es prácticamente irrenunciable. Existe desde siempre debido al componente natural de su formación: si dispusiéramos de un solo brazo la mecánica no habría visto nacer más que este género de lanzamiento. En un principio, una vez la técnica de tiro inició su progreso, el factor de fuerza recayó de modo abrumador en el antebrazo que propulsaba el balón. A partir de entonces toda futura derivación tendría como fundamento aquella disposición original tan acusada durante la primera mitad de siglo que en su ecuador figuras como Luisetti, Fulks, Zaslofsky o Feerick parecían incluso poder prescindir del antebrazo de dirección, entregando el completo misterio del tiro a una sola mano.

El rasgo más acusado en la apariencia de la mecánica frontal reside en la notable perpendicularidad al suelo del antebrazo de fuerza que sucede al golpe de tracción. La entera masa del tiro descansa así sobre ese apoyo fundamental cuya apariencia remite a la figura gráfica de una catapulta. En este tipo de mecánica de aspecto vertical el lanzador se entrega aprisa a la formación de su antebrazo de fuerza como resorte para iniciar la tracción desde un apoyo muy sólido que actúa como pilar del tiro. Adrian Smith, Dale Ellis o Dejan Bodiroga son casos muy representativos en este sentido.

En esta modalidad hegemónica, a la que llamamos frontal por la manifiesta preposición del balón ante el rostro, el peso del lanzamiento recae de forma muy visible en el antebrazo de fuerza. El de dirección en cambio podrá ofrecer diversos ángulos de apertura sin que la mecánica frontal se vea traicionada. Es durante la fase de desarrollo donde la categoría frontal permite abrir dos categorías igualmente mayoritarias: frontal de impulso y frontal de arrastre.

Desarrollo de un frontal de impulso puro (Michael Jordan, 1989). Se aprecia la firme determinación de que el balón preceda al rostro tras el golpe de tracción por medio de la mecánica vertical del antebrazo de fuerza.
Desarrollo de un frontal de impulso puro (Michael Jordan, 1989). Se aprecia la firme determinación de que el balón preceda al rostro tras el golpe de tracción por medio de la mecánica vertical del antebrazo de fuerza.

a) Frontal de impulso

En ninguna otra mecánica de lanzamiento se manifiesta de forma más reveladora el factor de fuerza a que somete al balón el antebrazo. Este opera por delante del rostro como un resorte neto que catapulta el balón. Por esta razón vale denominarlo de impulso. Porque su desarrollo presenta un doble pulso muy pronunciado que actúa a modo pendular y que viene determinado por el golpe de tracción más súbito y acusado de cuantas mecánicas existen.

El frontal de impulso articula una traza imaginaria que a modo de mira telescópica alinea tres elementos: ojo-balón-aro. En el decisivo ecuador del tiro los lanzadores de impulso sitúan la mano de su antebrazo de fuerza en el espacio visual que ocupa el aro, de manera que durante una fracción de segundo la mano que retiene el balón consigue eclipsar su visión. Sin embargo, donde pudiera parecer que la ocultación del hierro perjudicara al lanzamiento, los tiradores frontales consiguen situar el balón en el punto exacto del fondo visual que supone su objetivo final. De ahí la oportuna referencia a la mira telescópica, pues el balón suplanta al aro y lo aproxima a los ojos como recurso de precisión.

Reiterada tardocontracción vertical en un frontal de impulso clásico. Hasta 1993 la mecánica de lanzamiento en Michael Jordan respondía con precisión a las características propias del frontal de impulso (golpe de tracción pronunciado, desarrollo de doble fase y verticalidad del antebrazo de fuerza). A partir de 1996 terminaría por retrasar el golpe de tracción y templar el doble pulso hacia una secuencia uniforme, lo que aproximaba su mecánica al frontal de arrastre a la manera de «The last shot» (1998).
Reiterada tardocontracción vertical en un frontal de impulso clásico. Hasta 1993 la mecánica de lanzamiento en Michael Jordan respondía con precisión a las características propias del frontal de impulso (golpe de tracción pronunciado, desarrollo de doble fase y verticalidad del antebrazo de fuerza). A partir de 1996 terminaría por retrasar el golpe de tracción y templar el doble pulso hacia una secuencia uniforme, lo que aproximaba su mecánica al frontal de arrastre a la manera de «The last shot» (1998).

Propiedades:

  • Manifiesta perpendicularidad al suelo del antebrazo de fuerza, donde recae el peso del tiro.
  • Golpe de tracción muy acusado.
  • Versatilidad: alta. Mientras el tirador se reconozca en su factor hegemónico —la verticalidad del antebrazo de tracción— las diversas posiciones del cuerpo no afectarán en exceso a su mecánica. Se trata de un género de lanzamiento muy resistente. Los desequilibrios provocados por defensas de contacto en Michael Jordan, Kobe Bryant o Kevin Durant no neutralizan la solidez de una mecánica difícilmente vulnerable. Basta para ello preservar la catapulta.

Ejemplos: Adrian Smith, Sam Jones, Earl Monroe, Jerry West, Dan Majerle, Michael Jordan, Kyle Macy, Isiah Thomas, Dale Ellis, Chris Mullin, John Starks, Bill Walton, Quentin Richardson, Drazen Petrovic, Fanis Cristodoulou, Arvydas Sabonis, Nick Anderson, Tony Parker, Alberto Herreros, Dejan Bodiroga, Juan Carlos Navarro, Richard Hamilton, Rudy Fernández, Kirk Hinrich, J.R . Smith, Kemba Walker, Kevin Love.

b) Frontal de arrastre

La modalidad frontal presenta una variante específica de una desenvoltura visiblemente más prolongada que la anterior. En ella el antebrazo de fuerza abre el ángulo y pierde verticalidad al igual que el antebrazo de dirección; el desarrollo presenta una mayor combadura y el golpe de tracción queda amortiguado y se difumina. La apertura de los codos es mayor y en algunos casos se llega a aplastar el tiro (Vince Carter, Allen Iverson) o a levantarlo (Julius Erving, Ryan Anderson), pero en ambos el golpe de tracción se distribuye de manera más uniforme, haciendo del desarrollo un movimiento más repartido a modo de una sola secuencia.

FrontalARRASTRE

La característica principal del arrastre reside en que el golpe de tracción queda notablemente amortiguado.

Si en el impulso el balón parece rebotar contra una pared, en el arrastre el balón 1) traza un minúsculo arco que atenúa el efecto rebote y 2) ralentiza el golpe de tracción. En el arrastre, sea frontal u oblicuo, interviene en mayor medida el influjo de las manos y muy especialmente de los dedos, pues en ellos llega a reposar el balón antes de iniciar el recorrido completo a lo largo de su palma en forma de recorrido dactilar.

Este recorrido del balón es mayor en el arrastre que en el impulso. Si en el impulso la mayor masa del tiro recae en el uso del antebrazo de fuerza, en el arrastre parte de esa masa se transmite al antebrazo de dirección para culminar en la superficie de las manos y suavizar notablemente la parábola (efecto de retroceso), lo que provoca en el observador la firme impresión de que el balón se arroja con ambas manos. Con todo, sigue siendo un frontal dado que el antebrazo de fuerza concentra la práctica totalidad de la masa del tiro.

GraficaDESARROLLO

La figura gráfica derivada de este tipo de frontal presenta una mayor apertura en el plisado de los brazos, un menor recogimiento vertical y por ello una manifiesta inclinación del antebrazo de fuerza respecto al suelo, lo que también aprobaría su denominación como frontal abierto si este género fuera incluido en la mecánica de posición.

GraficoCODOS

Propiedades:

  • Golpe de tracción dilatado.
  • Pérdida de verticalidad del antebrazo de fuerza.
  • Desarrollo de mayor recorrido.
  • Versatilidad alta. Por las dos razones anteriores el frontal de arrastre está capacitado para preservar su mecánica ante la presión defensiva: uno, retrasando el golpe de tracción (Erving, Carter), y dos, elevando la posición del balón ligeramente por encima del eje visual (Epi, LeBron James).

Ejemplos: Allen Iverson, Nick Van Exel, Toni Kukoc, Baron Davis, Julius Erving, Epi, Panagliotis Yannakis, Dennis Scott, Rex Chapman, David Wesley, Damon Stoudamire, Vince Carter, Jalen Rose, LeBron James, Ryan Anderson.

4. MECÁNICA DE POSICIÓN. EL TIRADOR OBLICUO.

Armónica simetría de los antebrazos en el oblicuo puro (Ray Allen & Gilbert Arenas).
Armónica simetría de los antebrazos en el oblicuo puro (Ray Allen & Gilbert Arenas).

Además del más propiamente moderno, este género es posiblemente el más específico de todos, la articulación de fisonomía más hermética al entregar la mecánica de los brazos a una ejecución automática. En otras palabras: hablamos de la mecánica más pura de cuantas existen.

El tirador oblicuo es, de todos, quien aísla en mayor medida la mecánica de los brazos hasta hacer de ella un recurso técnico muy sofisticado que pone en marcha exclusivamente al momento de la suspensión, con el cuerpo vertical y altamente equilibrado.

Genéricamente la mecánica oblicua podría ser definida como una atractiva derivación abierta de la mecánica frontal. En ella el eje de impulso reduce su tiranía y distribuye más la masa del tiro entre ambos brazos, cuyos codos se abren notablemente durante el desarrollo del tiro. De hecho llega a dar la impresión de que el tirador oblicuo distribuye por igual el tiro entre los resortes de fuerza y dirección, de un modo muy superior al frontal de arrastre. Si en el tirador frontal se adivina en el antebrazo de fuerza una prolongación perpendicular al suelo, en el tirador oblicuo la perpendicular se origina en la bisectriz del ángulo que abren los antebrazos, lo que confiere a la mecánica oblicua un aspecto de simetría. En este factor de tipo geométrico reside la mayor y más visible diferencia entre ambas mecánicas.

Perpendiculares

Más allá de la apariencia basada en el dibujo que forman los brazos, la diferencia más pronunciada y manifiesta entre el frontal y el oblicuo reside en que mientras en el tirador frontal la masa del tiro parece situarse en el antebrazo de fuerza, el oblicuo tiende menos a la descarga del balón en un solo brazo en favor de los dos; parece repartir el tiro entre ambos brazos, que tienden a una visible formación triangular en la mecánica del inicio al término y particularmente en los oblicuos puros (Dumars, T. Hardaway, Allen).

La posición de los brazos en el oblicuo así como el ángulo de apertura guardan a menudo cierta similitud con el frontal de arrastre, hasta el punto de poder llegar a confundirse. Sin embargo, mientras que en el frontal de arrastre el contacto de la mano con el balón tiende a ocupar su región más baja como prueba de que el antebrazo de fuerza opera como principal tutor del impulso, en la mecánica oblicua la mano del antebrazo de fuerza tiende a levantarse, a ocupar un plano menos paralelo al suelo y más hacia un lateral del balón. En vivo, ambos géneros de tiro se distinguen con relativa facilidad debido precisamente a ese reparto desigual que conduce al frontal de arrastre a concentrar en el antebrazo de fuerza la masa del tiro y al oblicuo al reparto equitativo entre ambos brazos.

Tal y como sucede en el género frontal, el oblicuo deriva en dos vertientes atendiendo una vez más al factor clave de su desarrollo: el golpe de tracción.

a) Oblicuo de impulso

OblicuodeIMPULSO

Aquí es donde el oblicuo admite su mayor sentido como mecánica pura y es, por ello, sumamente reconocible a la vista. Una vez el desarrollo de la mecánica forma el triángulo entre los antebrazos que parecen repartirse la masa del tiro, el tirador oblicuo de impulso marca de modo muy vivo el golpe de tracción, haciendo de la ejecución una secuencia claramente fraccionada en dos partes o golpes de ejecución: el retroceso y la extensión. Como mecánica automática este doble episodio se halla aún más marcado que en el frontal de impulso, de tal modo que el balón parece rebotar en las manos del lanzador.

No es un factor categórico pero el ángulo de apertura de los antebrazos en el oblicuo de impulso suele aproximarse solidariamente a los noventa grados o, en su defecto, responder al factor de simetría.

Propiedades:

  • Versatilidad baja. El tirador oblicuo de impulso prácticamente nunca renuncia a su mecánica, lo que provoca que en posiciones de desequilibrio la correcta formación de su mecánica prácticamente desaparezca. Un ejemplo sangrante en este sentido lo representa Kyle Korver.
  • Al tratarse de una mecánica pura, específica y entregada al misterio de la rutina, este tipo de oblicuo suele ser propiedad de tiradores de media y larga distancia de alto nivel que desarrollan una enorme destreza para despegarse de los obstáculos defensivos y así poder descargarla al modo más intacto posible.
  • Golpe de tracción muy pronunciado.
  • Guarda por ello una apariencia robótica. Los brazos devienen en resortes de un alto grado de automatismo, razón por la que el oblicuo de impulso representa la mecánica más hermética y sofisticada de todas.
  • En la NBA el oblicuo de impulso más arquetípico lo representa Ray Allen. En el resto del mundo una figura gráfica equivalente en términos de nitidez corresponde al esloveno Juri Zdvoc.

Ejemplos: John Havlicek, Leon Wood, Joe Dumars, Mookie Blaylock, Ray Allen, Craig Hodges, Scottie Pippen, Juri Zdvoc, Latrell Sprewell, Danko Cvjeticanin, Walt Williams, Mitch Richmond, George McCloud, Steve Smith, Bobby Jackson, Monta Ellis, Jamal Crawford.

b) Oblicuo de arrastre

Se distingue de su especie hermana por el desarrollo. En el arrastre, sea frontal u oblicuo, el golpe de tracción se retrasa —a menudo eleva— y queda amortiguado, la secuencia se sucede de manera más gradual y así el impacto seco del oblicuo de impulso queda en cambio absorbido en el arrastre, lo que dilata visiblemente su ejecución.

OblicuodeARRASTRE

El oblicuo de arrastre es una mecánica poco común que a menudo actúa como un híbrido con el elevado abierto, como demuestra incluir en la anterior tira de imágenes un tiro libre de McAdoo cuando su género de lanzamiento en juego pertenece propiamente al elevado abierto. La razón es simple: ante la ausencia de brazos defensores se tiende a rebajar la posición del balón. De ahí que con frecuencia los híbridos (Bob McAdoo, Karl Malone, Jason Terry) suelan revelarse en los tiros libres.

Propiedades:

  • Versatilidad media. Al situarse el balón en una posición ligeramente más elevada, el oblicuo de arrastre preserva su molde ante la hostilidad de los brazos en una defensa cerrada al tiro.
  • Por esa razón no es infrecuente que esta mecánica derive oportunamente en formas más propias del tirador elevado. Sin embargo, sin marcaje alguno, el oblicuo de arrastre se mantiene sistemáticamente intacto.
  • El golpe de tracción se absorbe y dilata atenuando en alto grado el coletazo típico del oblicuo de impulso.

Ejemplos: Hal Greer, Walt Frazier, Lou Hudson, Hubert Davis, Charles Barkley, Brian Shaw, Tim Hardaway, Jason Terry, José Calderón.

La mecánica de formación: una elección inconsciente.

Tiene su interés detenerse a examinar el comportamiento visual del tirador al momento del tiro. En las fases de formación y desarrollo el mundo desaparece a los ojos y su lugar lo ocupa el aro. La visión periférica se reduce a cero y el entero registro visual se concentra en el interior del aro como objetivo. Ahora bien, no todos observan ese objetivo de manera uniforme. Prueba de ello es el diferente comportamiento de la mecánica desde su formación. Esas diferencias no son ni mucho menos casuales.

La razón por la que unos jugadores eligen la mecánica frontal y otros la oblicua reside en la propia psique, y más concretamente en un factor que actúa como detonante inicial y que responde a la seguridad. Así los tiradores frontales entregan ostensiblemente la masa del tiro al brazo predominante (derecho en los diestros, izquierdo en los zurdos), mientras que los tiradores oblicuos estiman que el reparto de la masa del tiro entre ambos brazos favorece notablemente su canal de transmisión. Este canal no es más que la traza imaginaria que proyecta el cerebro hacia su objetivo y que las manos transformarán en parábola.

Este canal es más estrecho y lineal en los tiradores frontales. Su visualización inmediata se concentra en un punto del aro, con seguridad su centro, debido a la relación longitudinal que se establece entre el brazo predominante y el destino como un punto situado en el espacio. Es la misma relación dinámica que mueve al brazo del martillo hacia el clavo o a la mano del dardo al centro de la diana.

En los oblicuos, en cambio, el canal de transmisión se ensancha y la visualización no se entrega a un punto sino al completo diámetro del aro. Como la predominancia descansa en este caso sobre las dos manos estas recrean el ancho del balón con arreglo al ancho de su objetivo. Se trata de una mecánica de analogía espacial o de proyección paralela.

Pero en ambos casos el verdadero motivo de la elección responde a la seguridad de replicar materialmente el canal de transmisión imaginario.

Visualización longitudinal en la mecánica frontal: el brazo predominante traza una línea punto-punto.
Visualización longitudinal en la mecánica frontal: el brazo predominante traza una línea punto-punto.

Visualización paralela en la mecánica oblicua: predominancia repartida y proyección sobre el completo diámetro del aro.
Visualización paralela en la mecánica oblicua: predominancia repartida y proyección sobre el completo diámetro del aro.

5. MECÁNICA DE POSICIÓN. EL TIRADOR ELEVADO

ElevadoPURO

Apuntamos antes que la mecánica de posición atiende en lo básico a la posición del balón respecto de la cabeza o eje visual del tiro. Pues bien, iniciamos este doble apartado con una categoría muy sencilla de distinguir. Como su nombre indica lo específico de este género reside en una manifiesta elevación del balón sobre la cabeza durante el desarrollo del tiro. Con escasísimas salvedades (Adams, Korfas, Elie) la práctica totalidad de las mecánicas acontecen en rigor por encima de la cabeza. Pero asimismo buen número de jugadores caracteriza su mecánica de tiro precisamente por una elevación más ostensible del balón, por un desplazamiento superior del objeto de tiro. Ahí reside el género elevado, que se divide a su vez en abierto y cerrado en función de la apertura de los codos. No hay mayor misterio.

La experiencia histórica se empeña en demostrar que son los hombres altos los propietarios habituales de la mecánica elevada, como si a edad temprana hubieran sido persuadidos de ello para evitar los brazos rivales, de estatura muy similar y dotados por ello de forma natural al tapón. Sin embargo, acude también el motivo de la propia longitud de los brazos en las estaturas mayores, más largos por regla general. Esto provoca la impresión de que en el desarrollo del lanzamiento la posición del balón se muestre más elevada de lo común. Si bien existe variedad en este tipo de tiradores, predomina en ellos una cierta rigidez de mecánica (o tracción de baja intensidad) y una natural tendencia a desatar los brazos en distancias relativamente cortas, lo que no impide renunciar a este patrón cuando la distancia es mayor (English, Olajuwon, Duncan, Galis, Gurovic).

Los tiradores elevados se revelan desde el momento en que en la formación del tiro —recordemos, su fase inicial— los brazos apenas aparecen flexionados. De modo que si su característica principal reside en la elevación de los brazos durante la fase de desarrollo esa prolongación de las articulaciones acontece prácticamente desde el principio.

El caso de Tim Duncan resulta muy paradigmático: ante el marcaje de su par y en los instantes que preceden al tiro, podrá descender su centro de gravedad, pero aun así no flexionará en exceso los brazos en la formación, pues ello supondría alterar de modo decisivo el desarrollo de su mecánica elevada. E igual sucede con Yao, Mutombo, Aldridge y aquellos hombres altos poseedores de este género de tiro. De ahí que en el momento de levantar el balón desde abajo reciban muchas faltas (la mayoría por manotazos), pues parecen no poder ocultarlo al modo de los frontales y oblicuos precisamente por su acusada longitud de brazos.

A pesar de la regla general la mecánica elevada no es exclusiva propiedad de las tallas mayores. Jugadores como Nikos Galis, Tracy McGrady o Rafer Alston representan estaturas diversas luciendo una mecánica que, como recurso técnico, verifica su práctica en la dificultad de ser defendida.

a) Elevado abierto

ElevadoABIERTO

En el desarrollo del elevado abierto la apertura de los codos es visiblemente mayor. Si en el elevado cerrado las muñecas soportan buena parte de la masa del tiro debido a la escasa flexión de los brazos, en el elevado abierto la contracción transmite su fuerza a los brazos al modo de las modalidades de impulso.

Ejemplos: Oscar Robertson, Mo Lucas, Darryl Dawkins, Pat Ewing, Hakeem Olajuwon, Alex English, Tim Duncan, Robert Parish, Xavier McDaniel, Valdemaras Homicius, Dikembe Mutombo, Stephen Jackson, Karl Malone, Marc Gasol.

b) Elevado cerrado

En los dos casos, abierto y cerrado, las propiedades son prácticamente similares. Solo varía el factor de versatilidad, media en el abierto y baja en el cerrado. Estos últimos procuran una mayor rigidez en la extensión de los brazos, mientras que los propietarios del elevado abierto, si bien no renuncian a la ejecución de su mecánica, resultan algo más flexibles a la hora de ponerla en práctica. De ahí que el elevado abierto alcance también a las posiciones bajas (alero y escolta), mientras que el cerrado resulte casi exclusivo de los hombres altos.

ElevadoCERRADO

El baloncesto también ha ofrecido extrañas mecánicas de tiro en las que el balón partía en su fase inicial de desarrollo visiblemente por detrás de la cabeza. Esta mecánica resulta tan poco común que sería demasiado generoso abrir una nueva categoría, la mecánica trasera o posterior, donde adquiriera validez. Sin embargo, no es su escaso porcentaje lo que desestima su clasificación, sino su fácil integración en la mecánica elevada, pues en todos aquellos jugadores en los que el balón partía muy por detrás del eje visual (W. B. Free, Jamaal Wilkes, Mike Sylvester, Antonio Burks), la fase crucial del desarrollo acontecía por sistemática superposición, esto es, con el balón muy por encima de la cabeza, lo que termina por integrarlos en la mecánica general elevada.

Ejemplos: Moses Malone, Bill Cartwright, Kevin McHale, Trent Tucker, Dusko Ivanovic, Wang Zhizhi, Juwan Howard, Thur Bailey, Reggie Theus, James Worthy, Milan Gurovic, Nikos Galis, Pedja Stojakovic, Chris Webber, Rafer Alston, LaMarcus Aldridge, Nenad Krstic, Andrea Bargnani, Pau Gasol.

6. MECÁNICA DE POSICIÓN. EL TIRADOR LATERAL.

lateral

Igualmente sencillo de apreciar este género del lanzamiento, uno de los menos comunes pero asimismo uno de los más específicos e irrenunciables. Se trata en el fondo de otra mecánica pura. Su característica principal reside en que desde la formación al término del tiro el jugador desplaza ligeramente el balón a un lado de la cabeza.

Vimos más arriba cómo en el desarrollo de la mecánica frontal de impulso sobreviene un punto donde balón y mano ocultan durante una fracción de segundo el aro. Se trataba, como apuntamos, de una referencia de precisión de tipo distal. En la mecánica lateral, por el contrario, el sujeto desestima ese punto de ocultación, de manera que la visión del aro quede completamente libre durante la ejecución del tiro. Esta especie de higiene visual acontece igualmente en la mecánica elevada y en las modalidades de arrastre.

a) Lateral abierto

El género de tiro lateral basa su fundamento mecánico en esa discriminación espacial entre el eje visual y los brazos. De ahí que el lateral abierto reciba su nombre por la ostensible apertura de los codos, y muy en particular, del antebrazo de dirección.

LateralABIERTO

La versatilidad en el lateral abierto es mayor que en su especie hermana por la tendencia a retrasar y elevar el punto de tracción, lo que dificulta enormemente su defensa incluso cuando esta presiona muy próxima al tiro. Por ello el ángulo terminal en este tipo de tiradores, recordemos, la inclinación de los brazos en el preciso instante de despedir el balón, suele ser muy elevado. Así jugadores como Terry Cummings, Mark Aguirre o Clyde Drexler resultaban ocasionalmente híbridos entre el lateral abierto y la mecánica elevada.

Lateral abierto en Adam Morrison.
Lateral abierto en Adam Morrison.

Ejemplos: George Gervin, Larry Bird, Vinnie Johnson, Darwin Cook, Aleksandr Volkov, Reginald Johnson, Jamaal Wilkes, Terry Porter, Mark Aguirre, Shawn Kemp, Carlos Boozer, Tayshaun Prince, Adam Morrison, Dirk Nowitzki, Keyon Dooling, Travis Outlaw, Rajon Rondo, Tony Allen.

b) Lateral cerrado

Igualmente manifiesta por el ligero desplazamiento del balón a un lado del eje visual, el lateral cerrado reduce la apertura de los codos, adelanta el punto de tracción y desciende la posición del balón.

Por ello su versatilidad es notablemente inferior a su especie hermana. Su vulnerabilidad es mayor dado que la intención de ocultar el balón a una defensa presionante es menor. Se trata, en el fondo, de una mecánica pura, de un automatismo adquirido en la práctica solitaria que el jugador reconoce por un simple factor de eficacia.

LateralCERRADO

El triple de John Stockton (1997) que daba paso a los Jazz a sus primeras finales y el célebre «Kiss of Death» obra de Mario Elie en 1995 han pasado a la historia de la NBA como dos bonitos ejemplos con inusual éxito de lateral cerrado en acción.

Hoy día es difícil encontrar dos mecánicas de lateral cerrado sobre una misma pista. Más difícil aún hallarlos en el mismo equipo. Utah consiguió reunir a dos ejemplares en John Stockton y Jeff Hornacek (este último híbrido con el frontal de impulso). Pero el caso más sorprendente en este sentido lo representa el Joventut de mitad de los ochenta. En su plantilla llegaron a coincidir tres tiradores de lateral cerrado: dos puros, José María Margall y Xavi Crespo, y un tercero algo más elástico que rozaba la fisonomía frontal, Jordi Villacampa.

Ejemplos: Kiki Vandeweghe, Xavi Crespo, John Stockton, José María Margall, Jerry Sichting, Jordi Villacampa, Dave Bing, Andris Biedrins, A. C. Green, Danny Ferry, Mario Elie, Derek Fisher, Nate Robinson, P. J. Tucker, Norris Cole, Jeremy Lin.

7. LA COMPACTA COMUNIDAD ZURDA

Por alguna razón la mecánica de lanzamiento en la inmensa mayoría de jugadores zurdos corresponde al género frontal. Prueba de la escasa diversidad es que las mayores diferencias discurren a caballo entre el frontal de impulso y el frontal de arrastre. Es como si todos ellos se vieran impelidos a hacer de su rasgo una verdadera seña identitaria, a lo que se añade la irresistible sensación en el espectador de que, debido al contraste, el lanzador zurdo lo es por encima de otra consideración por su antebrazo de impulso. En este único caso predomina la parte por el todo en la óptica del observador.

Prueba de ello es que los zurdos han renunciado hasta la fecha al empleo de la mecánica oblicua, a su reparto equitativo en ambos brazos. Da la impresión de que en los jugadores zurdos la zurdera precede a toda otra cualidad sobre la mecánica de lanzamiento como si no fuera una opción, sino un automatismo inherente a la condición zurda.

En relación, pues, con los patrones clásicos un modelo zurdo de impulso puro lo representa Chris Mullin: la verticalidad de su antebrazo de fuerza más el pequeño recorrido del balón durante el desarrollo lo convierten en una figura de muy sencilla clasificación. En cambio jugadores como Sam Perkins, Jalen Rose o Toni Kukoc, jugador este último que con la defensa encima merodeaba por la categoría elevada, pertenecen por derecho propio al frontal de arrastre.

De izquierda a derecha: Frontal de impulso (Chris Mullin), frontal de arrastre (Toni Kukoc) y lateral abierto (Tayshaun Prince).
De izquierda a derecha: Frontal de impulso (Chris Mullin), frontal de arrastre (Toni Kukoc) y lateral abierto (Tayshaun Prince).

Hay por supuesto excepciones, pero estas representan un inapreciable porcentaje respecto al global de zurdos de todas las épocas. Así es posible integrar la mecánica de David Robinson dentro del género elevado cerrado, la de Michael Young como elevado abierto, la mecánica de Walter Berry o Ed O’Bannon dentro del lateral cerrado, e incluso se da el extraño caso del lateral abierto en Tayshaun Prince. Pero se insiste en que, por lo común, la práctica totalidad de la mecánica zurda pertenece de raíz al género frontal en su doble vertiente de impulso o arrastre.

Zurdos (frontal de impulso): Nate Archibald, Dick Barnett, Dave Cowens, Artis Gilmore, Gail Goodrich, Johnny Dawkins, Avery Johnson, Kenny Anderson, Travis Best, Derrick Coleman, John Crotty, Chris Mullin, Anthony Mason, Elliot Perry, Sarunas Marciulionis, Ferdinando Gentile, Nacho Solozábal, Chris Gatling, Carles Marco, Cuttino Mobley, Salim Stoudamire, Chris Bosh, Goran Dragic.

Zurdos (frontal de arrastre): Lionel Hollins, Jeff Turner, Sam Perkins, Greg Anthony, Rodney Rogers, Nick Van Exel, Toni Kukoc, Damon Stoudamire, Michael Redd, Kareem Rush, Jalen Rose, Manu Ginobili, David Lee, Brandon Jennings.

8. UNA NOMENCLATURA UNIVERSAL

Cuesta creer que en una disciplina deportiva de carácter mundial que supera holgadamente ya el siglo de vida, no se haya dado el intento por clasificar el tiro en suspensión en función de su mecánica más aparente. Es como si la anatomía hubiese prescindido de la morfología de la especie humana, como si la música no discriminara los registros vocales o como si la geografía no supiera de accidentes que se repiten a lo largo y ancho del mapa. En el baloncesto la mecánica es relevante porque afecta directamente a uno de los fundamentos esenciales, si no el más esencial, del universo ofensivo del baloncesto individual.

Cada vez que asistimos a ocasionales intentos por describir una mecánica en particular, con toda lógica se comprende la pobrísima naturaleza de la representación dado que no existe una nomenclatura básica sobre una cuestión tan crucial como esta. Así pues, si la particular tentativa por sembrar un primer terreno que aquí se expone resulta medianamente útil, algo habremos conseguido.

Las fotografías nos han servido como apoyo gráfico para plasmar similitudes, pero para el reconocimiento visual de las diferentes categorías nada como la secuencia viva del tiro, donde la diversidad de las mecánicas y su clasificación en cuatro grandes grupos adquieren pleno sentido. Lo que en principio puede resultar aparentemente complejo debido a la infinidad de configuraciones íntimas en la mecánica de tiro, termina siendo sencillo cuando los enormes paralelismos nos permiten agrupar a grandes rasgos a las cuatro categorías elementales que acaso acompañen al baloncesto eternamente.

Subyacen a los matices, a menudo fugitivos, esos grandes rasgos que permiten dar nombre a las cuatro categorías del lanzamiento en suspensión. Y con ello sería más que suficiente para dotarnos de un instrumento cuya utilidad resulta a todas luces muy valiosa. Porque permite además absorber los casos más extraños habidos: así la mecánica en Shawn Marion y Joakim Noah queda incluida en el grupo de oblicuos, de impulso en Marion, de arrastre en Noah, y ambos de desarrollo extremadamente bajo, como lo era el frontal de impulso en Michael Adams.

Gráficamente, los cuatro géneros de la suspensión:

De izquierda a derecha: Frontal / Oblicuo / Elevado / Lateral.
De izquierda a derecha: Frontal / Oblicuo / Elevado / Lateral.