Rehazlo tú mismo

Laura Dern en Star Wars: los últimos jedis. Imagen: Walt Disney Studios Motion Pictures.

A principios de 2018, un miembro anónimo de la banda de tarados que conforman la Men’s Rights Activist (MRA), una asociación hombruna donde sus integrantes se dedican a hablar mucho sobre lo oprimidos que están sus testículos por las féminas, agarró la película Star Wars: los últimos jedi y decidió crear una versión ante la cual poder sentarse sin necesidad de sentirse esclavizado por el útero.

Así nació The Last Jedi: edición fan desfeminizada (o The Last Jedi: the chauvinist cut), un nuevo montaje del Epidosio VIII que eliminaba a (casi) todas las mujeres de la película original e intentaba que la gilipollez resultante tuviese algún sentido (spoiler: no lo tenía). «Es básicamente The Last Jedi menos el rollo girlz powah y las tonterías», especificaba el propio autor en la descripción de su vástago misógino en The Pirate Bay (la web de torrents por donde asomó la cabeza la criatura).

Pero la propuesta no había por dónde cogerla: la calidad del material era infame (estaba editada a partir de una versión grabada en cine con subtítulos asiáticos incrustados) y la propia idea de que las mujeres estorbaban en la trama se volvía contra sí misma al comprobar que el resultado final duraba cuarenta y seis minutos (frente a las dos horas y media de la versión original), y convertía toda la trama en un caos incomprensible. «Sé que no es ideal. Tiene problemas, pero alguien tenía que hacerlo» apuntaba su creador, «al menos ahora se puede ver sin sentir nauseas por todas aquellas decisiones grandes y pequeñas que tomaron en esta película. Sin Leia, la introducción es ahora más fresca y visible. Un combate mucho más satisfactorio donde la Resistencia está más unida y no tiene conflictos internos. La película también es más ágil gracias a los recortes, aunque desafortunadamente en ocasiones da la impresión de ir demasiado apresurada». Para evitar que el feminismo royera la leyenda de la Fuerza, aquella nueva edición eliminó las escenas en las que Leia «regañaba, cuestionaba o degradaba» a un varón y también se cargó con más rapidez a los personajes femeninos porque «las mujeres son más débiles que los hombres». Su creador aprovechó y, ya que estaba, eliminó todo lo que consideraba que jodía el canon particular de Star Wars, cosillas como la leche verde.

Cuando la Edición fan desfeminizada se convirtió en noticia, el director de la película original (Rian Johson) y algunos de sus protagonistas, Mark Hamill y John Boyega, deslizaron su opinión sobre el tema a través de las redes sociales:

Entretanto, el crítico cinematográfico Siddhant Adlakha resumió la idiotez del asunto de manera certera: «Ningún otro ejemplo de petulancia fandom se había saboteado a sí mismo con tanta fuerza por culpa de sus propios creadores».

Daisy Ridley en Star Wars: los últimos jedi. Imagen: Walt Disney Studios Motion Pictures

Aquel chauvinist cut del universo Star Wars era un disparate, pero demostraba que gracias a las herramientas disponibles hoy en día incluso la gente con las neuronas más fundidas puede editar material audiovisual de manera profesional para fabricar sus propias creaciones o moldear las ajenas. En el diario Rebelde sin pasta, Robert Rodríguez explicaba cómo durante la elaboración de su baratísima película El mariachi (1992), rodada en plan guerrillero y con un presupuesto de siete mil dólares destinados en su mayoría a costear los rollos de film, el proceso de edición le mantuvo horas encerrado (literalmente, porque en una ocasión se lo olvidaron dentro de la sala y cerraron con llave) en una sala de montaje. Hoy en día, cualquiera puede ensamblar una película competente, propia o ajena, tirando de teclado y ratón.

Galaxias

Star Wars, a causa de su legado y sobre todo gracias a sus legiones de fans, ha sido una de las franquicias que ha recibido más manipulaciones amateurs. Gracias a internet, un hombre apodado The Man Behind the Mask pudo presentar en sociedad The War of the Stars, un fanedit (montaje casero de un fan) que transformaba la Star Wars primigenia en una película grindhouse (que se puede ver completa aquí mismo). Una curiosidad divertida que arrancaba con «Érase una vez, en el espacio», regaba los combates con sangre digital, le añadía subtítulos a R2D2 y provocó suficientes alegrías como para generar una secuela llamada The War of the Stars II: The Future in Motion.

Otro aficionado a las galaxias con el alias Q2 perpetró la Fall of the Jedi Trilogy, una remodelación personal de las tres precuelas donde se extirpaban de la trama todos los spoilers sobre las futuras entregas. AARRSSTW era directamente una gilipollez laboriosa: se trataba de una mutación de La guerra de las galaxias con todos sus planos (2291 para ser exactos) reordenados de menor a mayor duración, una experiencia terrible que los sadomasoquistas más exquisitos podía redondear visionando WTSSRRAA, que era exactamente lo mismo pero con las escenas ordenadas de mayor a menor duración. Pulp Empire llegó intentando emular lo que hubiera sido del universo Star Wars si Quentin Tarantino estuviera a los mandos de la nave y se hubiese traído una colección de temazos musicales para el viaje. Fear and Loathing in the Star Wars Holiday condensó en dieciocho minutos lo más delirante del aquel especial navideño que sigue siendo considerado como una de las peores cosas que salpicaron la pantalla de las televisiones. Star Wars Silent Serial transformó las dos trilogías en un serial de los años treinta, mudo y en tonos sepia, dividido en varios capítulos.

Cubiertas de DVD y Blu-ray oficiales de producciones no oficiales: War of the Stars, Fear and Loathing in the Star Wars Holiday special, Pulp Empire y Star Wars 30’s Serial Edition.

A principios del 2000, entre los despachos de los estudios de Hollywood comenzó a circular de tapadillo algo llamado The Phantom Edit. Un nuevo montaje del Episodio I: la amenaza fantasma que suprimía lo más vergonzoso (las tontadas de Jar Jar Binks o los midiclorianos), añadía algunas escenas eliminadas para rellenar los butrones del guion e intentaba imitar el estilo y filosofía de la trilogía original. The Phantom Edit quedó tan bien peinada y tuvo tanto éxito como para que se rumorease que era obra de Kevin Smith (en realidad había sido parida por el editor Mike J. Nichols, aunque Smith confesó haber disfrutado de ella) y provocó que el propio George Lucas declarase oficialmente que prefería seguir alimentado a los ewoks de su rancho antes que perder el tiempo viendo esas chuminadas y que cuidado con los copyrights que los carga el diablo. No es el único montaje con cierta fama y aura de leyenda, porque existe uno elaborado por el mismísimo Topher Grace (el actor que interpretaba a Eric Forman en Aquellos maravillosos 70 y todo un hoolligan del mundo jedi), una producción que Grace perpetró minuciosamente para condensar las tres precuelas en una sola película. Y una copia que el actor solo ha proyectado a sus amigos en su casa durante los eventos importantes y las fiestas de guardar.

Una de las de ediciones galácticas más espectaculares fue la elaborada por el británico apodado Adywan, una persona que dejó boquiabiertos a los fans al facturar, personalmente y durante dos años, un montaje llamado Star Wars: Revisited, o lo que el hombre consideraba que debería de haber sido la edición especial de la cinta original de 1977. Una producción asombrosa donde Adywan no solo se deslomó limpiando a mano la imagen de cada fotograma (obteniendo resultados más profesionales que los de las ediciones en Blu-ray) sino que además se tomó la libertad de añadir efectos especiales a base de CGI propio (TIE Fighters, explosiones o mapas tridimensionales en las salas de control entre muchos otros), solucionar gazapos de la película (incluyendo disparos láser para disimular la caída accidental de algún extra o borrando digitalmente a miembros del equipo de rodaje en los planos) y corregir errores de continuidad.

También aprovechó para afinar algunas cosas que solo chirriarían a los más exquisitos, como eliminar la sangre de un brazo amputado por un sable láser (al razonar que la propia arma hubiese cauterizado la herida) o colgarle digitalmente una medalla al pobre Chewbacca en la ceremonia final. La obsesión de Adywan continuó con otra edición especial casera de El Imperio contraataca (The Empire Strikes Back: Revisited) donde al hombre ya se le fue la pinza del todo: para el nuevo proyecto se dedicó a construir minuciosas maquetas (que sustituirían los escenarios y naves originales que no le acababan de convencer) e incluso llegó a fabricar un complejo disfraz de monstruo (el wampa que captura a Luke Skywalker) con el que vestir a su señora para filmar un par de escenas. La versión Revisited de la tercera película, El retorno del jedi, está actualmente en producción.

Pero lo realmente curioso de la saga Star Wars es la fobia que su propio creador demuestra al material original y la manía que tiene de reeditarlo continuamente. Porque George Lucas ha enterrado en algún lugar la copias originales de la trilogía que se inició en 1977 y se niega a que la gente las pueda volver a ver, comprar o adquirir de cualquier modo (desde 2006 ya no se venden en DVD, y el Blu-ray no han llegado a pisarlo) por considerarlas vergonzosas. En lugar de eso, Lucas ha dedicado los últimos años a retocar digitalmente aquellos films para añadirles giliflautadas y sustituir las ediciones domésticas originales por las odiadas ediciones especiales que comenzó a producir a finales de los noventa. Como consecuencia de todo ello, los fans llevan ya bastante tiempo intentando rescatar o reconstruir las versiones que se proyectaron en cines hace cuarenta años, una labor que ha producido un par de iniciativas muy celebradas por los más puristas: la Puggo Grande y las Despecialized Editions. La primera de ellas, la Puggo Grande, es una copia en bruto de La guerra de las galaxias en formato celuloide. Un duplicado extraído de unos ajados rollos de película de 16 mm, material donado por una fuente que prefiere permanecer anónima para evitar que los stormtroopers se le presenten en casa con ganas de remodelarle las tibias.

Portadas de las Despecialized Editions de Harmy.

Por otro lado, las Despecialized Editions son reconstrucciones de las tres películas originales (La guerra de las galaxias, El Imperio contraataca y El retorno del jedi) para que luzcan como lo hicieron en sus estrenos en cine en 1977, 1980 y 1983. Una labor extremadamente compleja, comandada por un profesor de inglés de la República Checa llamado Petr «Harmy» Harmáček, para la que fue necesario buscar, pescar y montar material añejo recuperado de laser-discs, extras de DVD, tráilers en celuloide hallados en los cajones de algún cine o cualquier otra fuente posible (aquí se explican las complicaciones de tanta arqueología fílmica). Un curro tan importante como para tener hueco propio en Wikipedia, y una iniciativa que ha permitido a la gente ver la versión que George Lucas no quiere que se vea.

Comparativa entre una copia de la versión original en celuloide de 16 mm (conocida en internet como Puggo Grande), la edición especial oficial editada en Blu-ray, la versión despecializada de manera amateur y la versión Revisited creada a mano por un fan.

Puristas y costosas revisiones especiales aparte, probablemente lo mejor que ha hecho el universo con los fotogramas de Star Wars es utilizar su estatus icónico como combustible de sketchs delirantes. Uno de los más geniales anida en Bad Lip Reading, un canal de YouTube que se dedica a doblar escenas célebres encajando diálogos absurdos en los labios de los protagonistas. Se titula «Seagulls! (Stop It Now)», es una canción pegadiza hasta el absurdo y tiene a Yoda entonando sobre los peligros de ir a playas con gaviotas a la vista. Acumula más visitas que la mayoría de hits musicales recientes (ha superado los cincuenta y nueve millones de reproducciones), maravilló al propio Mark Hamill y en la legendaria cadena de cines Alamo Drafthouse lo han proyectarDo precediendo a las nuevas aventuras de Rey y compañía para animar el ambiente:

Pero fue otro canal de la galaxia YouTube, aquel llamado PistolShrimps, el que tirando de edición hábil y un balón de rugby fabricó el crossover más asombroso que ha contemplado la raza humana: aquel que tiene al extraterrestre de Tommy Wiseau , el genial artista desastre culpable de The Room, invadiendo Star Wars:

Rehazlo tú mismo

Más allá de los droides y el Imperio, también existen otro tipo de películas que han gozado de revisiones por parte de sus fans. Los colorines de Batman Forever, aquella película en la que Joel Schumacher esculpió pezones en el hombre murciélago, provocaron tantos dolores de cabeza como para empujar al público a editar versiones más oscuras del film que añadían escenas eliminadas, reajustaban los neones y suprimían los chistes malos, cosas como Batman Forever: Red Book Edition (una versión que además de incluir escenas descartadas aprovechaba para ir a juego con su título y teñirlo todo de rojo) o un Batman Forever: The Burton Cut que intentaba imitar el estilo de Tim Burton.

Jaws: The Sharksplotation Edit transformó el brillante Tiburón de Steven Spielberg en una cinta de serie B. Un estudiante de cine montó una Inside Out: Outside Edition de catorce minutos encadenando las imágenes de la vida exterior de aquella niña en cuya cabeza guerrean los protagonistas de Del revés. Riddles of the Lost Gods es un apaño de Indiana Jones y la calavera de cristal que incluye a Hugh Jackman en el prólogo (importado desde La fuente de la vida), se olvida de la mayor parte de las escenas que hacían chirriar los dientes de los amigos del látigo, elimina el parentesco entre Indy y el tupé interpretado por Shia LaBeouf y convierte la malograda cuarta entrega en una aventurilla de una hora y veinte minutos. The Matrix DeZIONized combinó las dos secuelas de Matrix en una sola película a base de recortarle la morralla innecesaria: todas las escenas que tienen lugar en Zion y la tontería pseudofilosófica que se traía, según sus creadores así todo el mundo sale ganando.

The Godfather: The Chronological Epic 1901-1980 reordenó cronológicamente la trilogía de El Padrino creando una bestia de diez horas. Titanic: Q2 Extended Edition añadía veintinueve escenas eliminadas al crucero de Kate Winslet y Leonardo DiCaprio alargando el metraje hasta las cuatro horas. Conan: Man of War se apodera del Conan de John Milius para sacudirle su banda sonora original y vestirla con música de Manowar. Man of Future  compuso una película de Superman a base de combinar El hombre de acero y Batman vs Superman dejando fuera los momentos más ridículos de ambas. Y alguien muy mañoso transformó El planeta de los simios de 1968 en un capítulo de The Twilight Zone (con la imagen en blanco y negro e incluso pausas para los anuncios) inspirándose en el hecho de que tanto el film como la serie tenían como guionista al inagotable Rod Serling.

Otras revisiones optaban por arrancar de raíz lo que no convencía a sus autores: Accountability eliminaba al sheriff de No es país para viejos, Two Glorious Bastards extirpaba por completo del metraje al malo de El bueno, el feo y el malo, y Caddyshack: No Respect se presentó como una modificación de El club de los chalados muy obsesionada por suprimir de la película a Al Czervik (Rodney Dangerfield) por motivos razonables: «Odio a Rodney Dangerfield, lo odio con pasión. No es gracioso, nunca lo ha sido y su presencia resulta incluso más irritante en El club de los chalados por encontrarse cerca de cómicos tan grandes como Bill Murray o Chevy Chase», justificaba su autor.

Memories Alone, Riddles of the Lost Gods, Man of Tomorrow, The Godfather: The Chronological Epic y MatriX Dezionized.

Otros cuantoas optaban por remezclar films: Memories Alone combinó El luchador y Cisne negro, dos películas de Darren Aronofsky que no tenían nada que ver, para construir una única historia donde Mickey Rourke se convertía en el padre de Natalie Portman. Bateman Begins: An American Psycho mezclaba al Christian Bale de American Psycho con el de Batman Begins para transformar a Bruce Wayne en un superhéroe aficionado a trocear prostitutas y meterlas en la nevera.

Cosmogony destacó por ser extremadamente ambiciosa, se trataba de una creación de The Man Behind the Mask (responsable de The War of the Stars, Conan: Man of War o Two Glorious Bastards mencionadas más arriba) que pretendía ser algo así como El árbol de la vida de Terrence Malick pero tirando de apropiacionismo. Cosmonogy es «un fanedit sobre nosotros» que cuenta «la historia de la humanidad y la naturaleza, desde la creación de la vida hasta hacia dondequiera que nos estemos encaminando», una ensalada que combina metraje de una veintena de fuentes diferentes, de Apocalypto a Jurassic Park III pasando por La selva esmeralda, Lucha de titanes, Pozos de ambición, documentales de la BBC o extractos de Battlestar Galactica. Todo junto a una banda sonora omnipresente a base de Jean-Michel Jarre, Judas Priest, Neil Young, Lou Reed & Metallica, Bruce Dickinson o Björk. El resultado son dos horas y pico (disponibles aquí) que algunos consideran un esfuerzo muy interesante y otros un ladrillo petulante.

Con muchas menos ínfulas, el usuario GrandmaBird se ocupó de combinar retales y construir otro gran relato capaz de englobar y dar significado a la historia de la humanidad: una revisión de Tortugas Ninja 2: el secreto de los mocos verdes, titulada Ninja Turtles 2 Re-edited, que mezcló sin venir a cuento metraje de cintas ochenteras y noventeras, convirtió a los quelonios y el resto del reparto en simpáticos cabrones malhablados e instaló la nevera hacía otra dimensión de Cazafantasmas en el apartamento de April O’Neil. Cowabunga.


Estrategias heterodoxas para encontrar tesoros hundidos

Restos del Titanic. Foto: Corbis.
Restos del Titanic. Foto: Corbis.

No sé si es por haber nacido horas antes de que se encontraran sus restos o por ser una adolescente cuando la cara de Leonardo DiCaprio llenaba las salas de cine, pero el descubrimiento del Titanic siempre me ha llamado especialmente la atención. La historia de cómo se llegaron a localizar los restos del mítico trasatlántico es útil a la hora de encontrar salida a situaciones cuya solución se resiste a los caminos tradicionales. A día de hoy, cuando muchos problemas políticos y sociales a los que nos enfrentamos parecen inabordables, ejemplos como este pueden recordarnos las ventajas de ensayar estrategias de aquello que los psicólogos conocen como pensamiento lateral, tan utilizando en el mundo de los negocios, y que busca dar respuestas en contextos que parecen callejones sin salida.

El 1 de septiembre de 1985, setenta y tres años después de su naufragio, se encontraban a tres mil ochocientos metros de profundidad los restos del que se había apodado como el «inhundible». Días después la prensa internacional se hacía eco de la noticia. Y no era para menos. A lo largo de siete décadas habían sido muchos los intentos frustrados por encontrar la localización exacta del mítico transatlántico que había partido de Southampton en dirección a Nueva York el 10 de abril de 1912.

Los primeros intentos para encontrar sus restos se iniciaron inmediatamente después de su naufragio. La localización aproximada era conocida, ya que había sido retransmitida por la tripulación durante el hundimiento la madrugada del 15 de abril de 1912 tras la colisión con un iceberg. Y además existían muchos incentivos para hacerlo. Entre ellos, el hecho de que entre los más de dos mil pasajeros que transportaba se encontraban miembros de grandes fortunas como los Astors, los Guggenheims, o los Widener, que formaron un consorcio con el objetivo de encontrarlo. Pero las dificultades técnicas, las restricciones tecnológicas, el mal tiempo y hasta la falta de fondos hicieron fracasar el proyecto. El posterior estallido de la Primera Guerra Mundial hizo que se postergaran nuevos intentos.

Pero la atracción del mito siguió viva. A lo largo de los años sesenta y setenta fueron varios los intentos que se saldaron con nuevos fracasos. Hasta la Walt Disney Company consideró financiar una de las expediciones. En 1977 Robert Ballard, miembro de la Institución Oceanográfica de Woods Hole (WHOI), el mayor centro independiente de investigación oceanográfica de los Estados Unidos, inició su aventura para encontrar el tesoro hundido. Creó una empresa con este fin, la Seasonics International Ltd. Pero lamentablemente no pudo precisar la localización del naufragio al romperse una de las tuberías del equipo de sonar.

Los primeros años de la década de los ochenta permitieron tener un mejor conocimiento fotográfico del área del fondo marino donde el Titanic había naufragado. Jack Grimm, un magnate tejano de la industria petrolífera que había financiado expediciones para encontrar, entre otros, el monstruo del lago Ness o el arca de Noé, consiguió implicar a la Universidad de Columbia, e incluso al propio Orson Welles para narrar el documental. Después de tres expediciones, Grimm tampoco consiguió localizar el Titanic, pero las fotografías que hicieron del fondo marino permitieron, como mínimo, obtener una imagen más clara de donde no se encontraban los restos del barco.

Bob Ballard, tras su intento fallido en los setenta, decidió intentarlo de nuevo a mediados de los ochenta. Añadía a su equipo un nuevo elemento, el Argo/Jason. Se trataba de un vehículo submarino de control remoto llamado Argo, conectado a un barco con un robot, el Jason, que a través de un conjunto de cámaras permitía recoger imágenes y muestras del fondo marino. La National Geographic Society sería la encargada de financiar estas cámaras. A esta tecnología americana se sumó el Instituto Francés de Investigación la Explotación del Mar (IFREMER), Agencia Oceanográfica Nacional, que añadió a la investigación un sonar de barrido lateral de alta resolución. El 1 de septiembre de 1985 el equipo franco-americano, liderado por Ballard, anunciaba el hallazgo de los restos del Titanic.

Robert Ballard. Foto: Corbis.
Robert Ballard. Foto: Corbis.

El comunicado, así como las distintas publicaciones de los principales periódicos, destacaban la importancia del uso del Argo/Jason, que a diferencia de los robots anteriores permitía sumergirse a gran profundidad, recorrer largas distancias del fondo submarino y permanecer ahí por un largo periodo de tiempo mientras los investigadores analizaban las imágenes desde la superficie. Se destacaba también el secretismo que rodeaba los términos de la operación, apodada White Star, que habían sido acordados tras largas negociaciones entre los gobiernos francés y americano. El mensaje era claro: gracias a las mejoras tecnológicas y a la colaboración entre países se había conseguido por fin hallar los restos del que ya era una de las grandes leyendas de la historia.

Sin embargo, los aspectos más interesantes del descubrimiento del Titanic no se derivan, a mi entender, de estos factores. Romper con las verdades establecidas, el oportunismo para utilizar objetivos complementarios y el ensayar estrategias poco convencionales fueron determinantes para el éxito.

En primer lugar, la expedición aprovechó el interés para un objetivo distinto al de encontrar el Titanic. Cuando en el año 1982 Ballard buscaba fondos para financiar el Argo/Jason contactó con la marina de los Estados Unidos, que se mostró especialmente interesada en el desarrollo de esa tecnología para encontrar los reactores nucleares de dos submarinos hundidos en los sesenta. Se calculaba que el USS Thresher y el USS Scorpion debían encontrarse en el Atlántico Norte, en una área cercana a la que se suponía debían estar los restos del Titanic. Nos encontramos en plena Guerra Fría, y la marina americana no solo quería investigar los efectos sobre el fondo marino de los reactores nucleares, sino también si uno de los submarinos había sido hundido por los soviéticos. Por lo tanto, la intención inicial de Ballard, encontrar el Titanic, se convirtió en una tapadera. Si conseguía encontrar los submarinos, con los recursos restantes la expedición podría intentar localizar los restos del trasatlántico. Estos recursos se convirtieron en doce días, suficientes para obtener las primeras imágenes del naufragio.

Pero siempre he pensado que el uso de una nueva tecnología robótica, el sonar de barrido lateral, o el «principio de oblicuidad» de ser tapadera de una misión secreta del gobierno americano, han eclipsado la gran aportación de Ballard al descubrimiento del Titanic: el plantear una nueva estrategia de búsqueda. Bob Ballard contaba con menos tiempo que sus predecesores, con recursos económicos similares y una información aproximada sobre el área en la que debía encontrarse el barco naufragado. Ante esta situación, se planteó un cambio de estrategia, aunque eso le llevase a cuestionar alguna de las grandes verdades que se conocían sobre el Titanic.

Jack Thayer, uno de los supervivientes del Titanic, había declarado a su llegada a Nueva York que el barco se había partido por la mitad durante el naufragio. Si aceptar que el unsinkable, el mayor, más avanzado y más lujoso trasatlántico de su tiempo se había hundido ya fue difícil, considerar que este podía haberse dividido en dos significaba un ejercicio de disonancia cognitiva demasiado grande. Ballard decidió dar por buena esa posibilidad, lo que suponía no buscar un buque de cincuenta mil toneladas que se había hundido en el fondo del mar, sino las piezas que saltaron del interior del barco cuando este se rompió. Estos restos, de poco peso, eran más fácilmente desplazables por las corrientes marinas, dejando así un extenso campo de escombros —mucho mayor que el propio barco que, según las corrientes, debía localizarse de norte a sur. Con esta nueva y heterodoxa estrategia, en la madrugada del 1 de septiembre de 1985 la expedición de Ballard logró fotografiar una de las piezas que saltaron durante el hundimiento, una caldera del Titanic. Y siguiendo este rastro encontraron poco después el resto del barco.

Son muchos los factores que permitieron dar respuesta a uno de los grandes misterios del siglo XX y encontrar así la salida a una situación que parecía condenada a estancarse sin solución alguna. Los avances tecnológicos, la colaboración entre distintos actores, el aprender de la práctica no olvidemos las expediciones fallidas previas del mismo equipo y seguramente hasta un alto componente de suerte fueron factores determinantes. Pero, a mi juicio, la clave del éxito de Robert Ballard fue su atrevimiento al romper con las verdades establecidas y con las formas tradicionales de abordar el problema. Aunque distintos y distantes, muchos retos políticos y sociales a los que hoy nos enfrentamos, cuya solución se resiste a través de los caminos de la política tradicional, se pueden beneficiar de utilizar estrategias heterodoxas que sepan abrir nuevas formas de plantear esos problemas.


Cuéntame otra historia: los finales alternativos más curiosos

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Es muy conocida la historia de las desavenencias durante la postproducción de Blade Runner: el presupuesto se infló y Ridley Scott fue echado a patadas (aunque posteriormente recontratado) por los productores Jerry Perenchio y Bud Yorkin, un par de personajes que se encargarían de tomar toda decisión durante el proceso de edición.

Dichos caballeros proyectarían la película a un par de audiencias para luego encontrarse con un público muy descontento que ni se sentía cómodo con el tono ni entendía la mitad de lo que estaba ocurriendo. La solución absurda de los productores fue añadir un narrador a la historia, el propio Harrison Ford en su papel de Richard Deckard. Pero mientras el director (a quien la idea de añadir una nueva voz le parecía útil e interesante) quería que el narrador añadiese carne a la historia con divagaciones filosóficas varias, aquel demonio bicéfalo de Perenchio-Yorkin decidió utilizar la voz en off para explicar en cada momento lo que estaba pasando en la pantalla, dejando claro que para los productores el público potencial y un bloque de hormigón tenían una capacidad de comprensión bastante similar.

La rumorología dice que el odio de Ford a la idea de hacer de narrador es el culpable de que el hombre grabara todo el texto con ese tonillo repelente y anestesiado de I don’t give a fuck combinado con un énfasis nivel «me están apuntando con una pistola», algo que el hombre se ha esmerado en desmentir más de una vez. Para después aparecer en el documental Dangerous Days: Making Blade Runner asegurando que lo que más molesto de Blade runner no fue el infernal rodaje o las peleas con Scott, sino el que le obligasen a recitar «un texto escrito por payasos».

La otra violación al trabajo ajeno llegó a la hora de toquetear el cierre: Ridley Scott quería un punto y seguido gris y la productora clavó un punto y final verde. La aventura de Deckard finalizaba en la mente del director con una puerta de ascensor cerrándose y un desenlace incierto, pero aquello era demasiado deprimente y los productores se encargaron de insertar una escena que sobrevolaba bosques rescatados de metraje sobrante de El resplandor, y una concesión al final feliz que se saltaba con pértiga la norma sentenciada por la historia: Rachael de repente y sin explicación alguna no tenía fecha de caducidad y los dos personajes se las veían felices conduciendo hacía un bufé libre de perdices. Dicha escena también tenía una voz en off que, efectivamente, leía un texto que parecía haber sido escrito por payasos.

Ese epílogo era desastroso en comparación con la cámara temblorosa y la actitud de Deckard en el final más certero, aquel que incluía al icónico unicornio, aquel que permitía a los personajes seguir viviendo su historia en la cabeza de un espectador que con el telón ya bajado se preguntaba qué sería de ellos y cuánto tendría de máquina el antihéroe de la fábula.

No es extraño que una película se muestre indecisa llegado el final. Directores, estudios y productores han decidido muchas veces experimentar con la forma de poner el lazo de cierre. Cuando los DVD aterrizaron en los salones se empezó a descubrir este metraje perdido en armarios repletos de esqueletos de finales que nunca fueron.

Con peor o mejor pulso lo importante es que esos epílogos contaban otra historia.

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efectomariposa

Suicidio prenatal – El efecto mariposa (2004)

El efecto mariposa como película cojeaba demasiado y basaba su fuerza en un final que se las daba de potente, pero el conjunto navegaba al nivel de un Twilight Zone normalillo.

Lo curioso del asunto es que existe metraje de varios desenlaces posibles que no se utilizaron:

Uno de ellos era una variante de la escena que cerraba el film: mientras suena el Stop crying your heart out de Oasis los personajes de Kutcher y Amy Smart se cruzan por casualidad y el primero aprovecha para invitar a la chavala a un café.

Otro dejaba la puerta abierta: la misma escena, pero ninguno de los protagonistas entabla contacto con el otro, en su lugar se nos ofrecía a un Evan en modo stalker.

Y ahora, atención:

En el tercer final alternativo el protagonista viaja en el tiempo hasta el momento de su nacimiento, y una vez dentro del vientre de su madre se suicida estrangulándose a sí mismo con su propio cordón umbilical, antes incluso de llegar a este mundo.

El director’s cut de El efecto mariposa, ese poema a la vida. Con pelotas de adamantio.

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Malvado McClaneJungla de Cristal. La venganza (1995)

John McClane localiza a un escurridizo Simon Gruber, aprovecha para devolverle el paquete de aspirinas y ambos se ponen a hablar de cómo les trata la vida. Pero es evidente que no ha ido hasta allí solo por la cháchara y pronto propone jugar a un entretenimiento que combina acertijos clásicos (McClane says… se regodea el héroe) con el sutil estilo McClane: jugar a la ruleta rusa con un bazooka.

Desgraciadamente el estudio acabó oponiéndose a esta secuencia por considerar que oscurecía demasiado la figura del héroe.

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t2

Michael JacksonTerminator 2 (1991)

Dramatización.

Un anónimo se encuentra a James Cameron sentado en la mesa de montaje vistiendo una camiseta con la portada del Bad de Jacko. El director está dando palmitas y comenta con ilusión lo bien que le ha quedado el epílogo de su epopeya de robots. Entonces apaga las luces y enciende el proyector:

Vemos un colorido futuro donde la moda ha llevado a la población a tomarse ciertas libertades que deberían ser penadas en sociedades civilizadas. Varios niños juegan en un parque, adivinamos a Linda Hamilton bajo medio kilo de maquillaje recitando la historia acontecida tras su encuentro con el terminator:

… Nada ocurrió. Michael Jackson cumplió los 40. El día del juicio nunca llegó…

El anónimo acompañante pone una mano sobre el hombro de Cameron y le mira a los ojos:

Déjalo James, déjalo.

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acorralado

Bang!Acorralado (1982)

La primera versión de la película pretendía dejar el asunto bien cerrado con una bala como herramienta y el cuerpo inerte de Rambo como plano final. Una pena, nos hubiese evitado las secuelas.

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latienda

Plantageddon – La tienda de los horrores (1986)

Remake basado en el musical de La pequeña tienda de los horrores low cost de Roger Corman. O una obra que lo tiene todo: a Rick Moranis, a una planta carnívora (de constitución 100% marioneta), con la voz de Levi Stubbs, a un dentista sádico interpretado por Steve Martin, a Jim Henson de titiritero y un repertorio musical espectacular. Pero su desenlace no parecía estar a la altura: durante el enfrentamiento final el brazo de Seymour resurgía de entre escombros cable pelado en mano y electrocutaba al enemigo. Fin.

En realidad ese no era el final planeado, en la versión teatral la planta se zampaba a la humanidad y tanto Frank Oz (director) como Howard Ashman (escritor) querían mantenerse fieles a dicho desenlace, pese a que el productor (David Geffen) no estaba por pintarlo todo tan negro. Oz siguió adelante con lo suyo, construyó varias maquetas para que Audrey II hiciese un rato el Godzilla, rodó esa versión apocalíptica por todo lo alto y cuando alguien decidió comprobar la factura descubrió que esos últimos 23 minutos de película habían fundido cinco millones de dólares. En la versión inicial fallecía la chica (Audrey), Seymour era devorado durante el cara a planta y el resto de la humanidad rellenaba el estómago vegetal. Se realizaron pases de prensa y en ellos comprobaron que el público disfrutaba con la obra hasta que, cuando los dos protagonistas la palmaban, el espectador se convertía en un hater de los gordos. Como consecuencia de los tests se desechó el material, se volvió a rodar todo el tramo final, sustituyendo a los actores que no se encontraban disponibles (James Belushi sustituyó a Paul Dooley y una actriz anónima hizo lo mismo con una de las chicas del coro), y con el añadido de un nuevo happy ending todo el estudio quedó un poco más contento. En la medida en que podía estar contento alguien después de haber tirado cinco millones de dólares a una hoguera en un contenedor.

De aquel final original se conservó por los pelos un legado, una copia en blanco y negro bastante trastocada que se editó en DVD fugazmente durante un par de días, porque el productor pensó que sería mejor retirar los DVD, arreglar el material, estrenarlo en cines y rellenar la cartera. En realidad no se vería una copia restaurada hasta 2012 con el director’s cut en Blu-ray.

Oz concluiría: «Aprendí una lección: en una obra de teatro tú matas a los protagonistas y ellos al final de la misma salen a saludar. En una película no reaparecen para saludar, están muertos».

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elexorcista

Dos hombres adultos van al cine en parejaEl exorcista (1973)

No tiene especial chicha, y es un añadido que ya aparecía en el libro de William Peter Blatty, pero lo curioso es cómo aquí nos están haciendo un «Louis, presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad» en toda regla.

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eldiablo

¿That’s it?¿No explosions, no hellfire, no Eirrghzz? – El diablo metió la mano (1999)

Un adolescente con la mano poseída por el demonio y dedicada por completo a un desmadre infernal es algo que tampoco es ninguna novedad para todo aquel que haya tenido cierta curiosidad durante su pubertad, pero que servía como base para el fiestorro de El diablo metió la mano. Revival de la comedia de terror ochentera con maquillaje de látex, chorros de líquidos viscosos, zombis adictos a los burritos, mala baba, Jessica Alba antes de ser patrimonio de la humanidad, una revisión de la buhardilla del cantante de The Offspring y en general un humor mongólico y una superficialidad tan encantadora como sus referentes de videoclub.

En el montaje que llegó a las salas la amputada mano psicópata era derrotada con puñal y chispazo mientras uno de los personajes se quejaba de aquel epílogo tan soso y poco espectacular. Lo cierto es que el final original tenía algo más de gracia al aportar una piscina conectada con el mismo infierno y una hostia sin agua.

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infiernoenelpacifico

Arreglar un desastreInfierno en el Pacífico (1968)

En todo el metraje de Infierno en el Pacífico solo aparecen dos personajes: Lee Marvin y Toshirô Mifune, un piloto norteamericano y un capitán de la marina japonesa que durante la Segunda Guerra Mundial acaban atrapados el uno junto al otro en una pequeña isla del Pacífico.

La gracia de la película se encuentra en su osadía: en su estreno en cines la cinta venía sin subtítulos para el personaje de Mifune, quien como buen japonés tiene por costumbre hablar en japonés, logrando que el espectador sintiera la incómoda sensación de no entender un carajo del diálogo del capitán, al igual que le ocurría al americano del film.

La desgracia de la película es que Infierno en el Pacífico poseía el que puede ser con facilidad el peor final de la historia: en mitad de una escena una explosión eliminaba a los dos protagonistas de golpe, sin avisar ni hostias y nos endosaba un lapidario The end. Más lamentable resultaba incluso el descubrir que aquella secuencia explosiva estaba robada del metraje de otra película de la Metro-Goldwyn-Mayer: El guateque de Blake Edwards, y más concretamente de este momento con Peter Sellers decidiendo con poco ojo dónde encontrar apoyo. Resulta que algún gerifalte del estudio decidió que el final original (enlazado en la cabecera de esta entrada, que tampoco es especialmente fabuloso pero al menos no recurre a la chapuza) no transmitía todo lo que era necesario y lo sustituyó inexplicablemente por el petardazo gordo.

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brazil

El amor todo lo puedeBrazil (1985)

De los devenires, gracias y desgracias de Terry Gilliam y su Brazil ya hablamos por aquí muy largo y muy tendido. Resumiendo, un caso muy similar al de Blade runner, con un final que se intentó imponer y que no cuadraba en absoluto con el tono de la obra y sobre todo con la visión trágica de Gilliam de cómo pintar el punto y final. Fue popular y muy jocosamente rebautizado como el desenlace love conquers all.

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Viñetas y tontadas Tortugas ninja (1990):

Las Tortugas ninja son los 90 condensados en muñequitos verdes de plástico articulado. Un cruce absurdo de conceptos que nacía de tebeos y concedía adaptarse al cine aceptando leyes del señor «Todos los públicos» (en el papel, las desventuras de las tortugas resultaban mucho más bestias).

Ya posados en la edad adulta, revisitar esa primera aparición de los caparazones nos produce varias revelaciones curiosas: el no tener muy claro por qué la mente del niño recordaba los combates bastante más dinámicos, espectaculares y, sobre todo, más ninja. El toparnos con un final más extendido que incluye una referencia al mundo del cómic y a las tortugas colgadas de las esquinas de una ventana. Y por último, descubrir en la versión en castellano que ese «¡De puta madre!» triunfal de la última escena (que tienes clarísimo que has escuchado en aquella sala de cine) ha sido víctima de un nuevo doblaje políticamente correcto que lo ha sustituido por un «¡Cowabunga!» más fiel al original, pero menos a tu infancia.

Y entonces te sientes estafado.

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srsrasmith

Pistolas de jugueteSeñor y señora Smith (2005)

Era ligeramente simpática la idea de insinuar una misión en lo que al final resulta ser la típica vida familiar de un par de espías. Un guiño que además incluye una muñeca con una bala (de ventosa) entre las cejas. No llegó a utilizarse porque es mejor no jugar a retratar niños armados, aunque sea con juguetes.

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abyss

Aliens «Modafuckas» provocandoAbyss (1989)

En la versión que llegó al cine los alienígenas de Abyss no tenían mala fe y en cambio sí demostraban mucha curiosidad por la raza humana. En el material descartado descubriríamos que los extraterrestres, tras pasarse sus buenas tardes cotilleando nuestra televisión, habían llegado a la conclusión de que lo mejor que podían hacer con la raza humana era acojonarla con amagos de tsunamis gigantescos. Y finalmente se les quitaba la tontería por un SMS ñoño que había enviado Ed Harris.

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clerks

Cerrado por defunciónClerks (1994)

Randall retira el cartel de «Os aseguramos que está abierto» y desaparece de escena. Poco después una persona entra en la tienda, dispara al dependiente y roba el dinero de la caja. El cuerpo de Dante queda tendido en el suelo y la historia se funde a negro, ruedan los créditos. Cuando estos acaban volvemos a la tienda, otro cliente ha entrado y al no ver a nadie decide robar tabaco. Ese cliente es el propio director, Kevin Smith, y cuando alguien le pregunta por qué se le había ocurrido inicialmente matar a uno de los protagonistas de su ópera prima contesta del siguiente modo: encogiendo los hombros, poniendo cara de Silencioso Bob y alegando: «Es que no sé cómo acabar una película».

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El chiste sin gracia – Cuestión de pelotas (2001)

Cuestión de pelotas (la del 2004 con Ben Stiller, no aquella del 2007 con Billy Bob Thorton) era una comedia socarrona que seguía las aventuras de un equipo de balón prisionero formado por acabados. Y en el DVD aparecería tímidamente un final alternativo que hubiese cerrado la película de manera amarga, con el equipo protagonista perdiendo el partido y yéndose con pena y sin gloria. Pero al mismo tiempo de manera tremendamente graciosa: el objeto de la broma hubiese sido el propio espectador que esperaba el final victorioso y se quedaba con cara de mosaico. Se extendió el rumor de que aquel era un final descartado que no funcionó en los primeros pases, pero los más informados asegurarían (con IMDb en la mano) que de eso nada, que el propio final alternativo nunca fue planeado como algo más que un trolleo a modo de chiste para el DVD.

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Jugar a doblesScott Pilgrim contra el mundo (2010)

¿Y si Scott hubiese acabado ennoviado con Knives en lugar de con su Ramona Flowers? Pues no cuadraría mucho con la historia ni de la película, ni de los tebeos. Pero por lo menos tenemos claro que Edgar Wright tendría maña para rodarla.

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París vs. Predator Alien: resurrection (1997)

Pese a ser muy fan de Jean-Pierre Jeunet (incluso de Amelie, porque hay que ser muy hombre para reconocer que te encanta esa película) encuentro serias dificultades para justificar Alien: resurrection más allá de unos primeros minutos con la ambientación particular del director tanteando la saga del xenomorfo. Tampoco arreglará nada esta versión del final, con Sigourney Weaver y Winona Ryder contemplando cómo los franceses parecen haberse marchado a la francesa. Pero resulta curiosa de ver.

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eljuegodelasospecha

El final misteriosoEl juego de la sospecha (1985)

El juego de la sospecha me resultó más graciosa que al resto del universo porque me pilló desprevenido: me topé con ella de rebote en televisión sin saber que era una película basada en el juego Cluedo, y la estupefacción ante tanta referencia de nombres y objetos a un juego de tablero nublaron todo criterio. Como ponerse a ver un thriller policial y descubrir que todos los sospechosos de la historia son caras del ¿Quién es quién?

El caso es que para sembrar incertidumbre, hacerse los interesantes y lograr publicidad los creadores de la película enviaron a los cines copias con distintos finales (hasta un total de tres) y distintos asesinos. En las tripas de internet se encuentra alojado uno de ellos, aquel en el que el asesino resulta ser…

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titanic

That really sucks, lady!Titanic (1997)

Es difícil agarrar por algún lado esta otra variante del final de Titanic: tenemos a una tripulación preocupada por el destino del colgante, moralina de bote, a Bill Paxton poniendo caras, a un hombre tan maleducado como para gritarle desplantes a una adorable ancianita, y a Bill Paxton riendo como un loco y tirando la caña. Buf.

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Sin botón de pausaThelma y Louise (1991)

Thelma y Louise están ancladas en la memoria cinematográfica en un plano pausado, volando eternamente sobre la música de Hans Zimmer. Y podría no haber sido así, podrían haber caído por aquel cañón y después, simbólicamente, porque la gente no suele andar para mucha fiesta después de despeñarse en coche desde alturas terroríficas, encaminarse libres hacia el horizonte al ritmo del You better not look down de BB King.

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CGI con corazón – Soy leyenda (2007)

Soy leyenda no estaba exenta de momentos interesantes, pero se venía abajo por la presencia de unos enemigos que por su naturaleza de FX por ordenador solo podrían cantar más si fuesen caracterizados como una tuna universitaria. El final oficial se alejaba de la novela y sacrificaba al protagonista para salvar a los demás, pero la otra versión que rueda por ahí humanizaba a las criaturas malvadas, se acercaba al libro original, convertía al personaje de Will Smith en el malo e incluía el Art attack de una mariposa sobre vidrio a cargo de un vampiro.

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ejercito

La siestaEl ejército de las tinieblas (1992)

Oficialmente las aventuras de Ash terminaron con su vuelta al trabajo de dependiente en el S-Mart y las ocasionales pausas para rellenar de plomo carne diabólica.

Pero Sam Raimi también se encargó de producir otro cierre para su trilogía Evil dead que se regodeaba en la torpeza del personaje. Ash obtenía una pócima mágica cuya ingesta racionada le permitiría dormir durante generaciones hasta alcanzar de nuevo la época a la que pertenece, pero tras enterrarse en una gruta, y prepararlo todo para la larga siesta, se equivocaba al suministrar la dosis y acaba despertando en un futuro postapocalíptico con pinta de vertedero.

Dependiendo del país y la edición era posible encontrar diferentes versiones de El ejército de las tinieblas (además del final, algunas añadían escenas eliminadas). Pero la palma se la llevaba un VHS alemán que en lugar de decantarse por uno de los dos desenlaces cometía la insolencia de remezclarlos y situar a uno como un sueño producido durante el otro.

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elreyleon

La barbacoa – El rey león (1994)

Nos situamos: estamos en un Scar vs. Simba, pelea final. Rugido, zarpazo, rugido, pelea, confesión de Scar, alegre salto con mortal y villano león colgando de un acantilado y suplicando al héroe que no le deje morir. Pero aquellos ruegos solo son una artimaña; Simba es engañado y arrojado al fuego, Scar se alza triunfal y en su celebración las llamaradas le frien las carnes. Resultado: un Simba vivo, pero churruscado.

Nunca llegó a pasar del storyboard, ni siquiera está animado, pero esto bien enfocado podía haber dado para al menos un poco de trauma infantil.

Nota: Paranormal activity y sus tres finales distintos no han entrado en la lista porque Paranormal activity no es una película, es un documental sobre una puerta.


Vajont, el Titanic de las presas

“Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo, en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ligereza o ignorancia”.

Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina (1852-1934)

Una serie de accidentes ocurridos durante el siglo pasado en destacadas obras de ingeniería han dejado una huella imborrable en el inconsciente colectivo. Curiosamente, muchas de estas desgracias se produjeron cuando la ambición o prepotencia cegaron el sentido común y el rigor profesional, transformando records del mundo en tragedias: el bamboleo del puente de Tacoma, el incendio del dirigible Hindenburg… y por supuesto, el Titanic, el buque que alardeaba de ser, además de insumergible, el más grande y lujoso de su tiempo pero su primer (y último) viaje solo le llevó al fondo del océano Atlántico dejando tras de sí unos 1500 muertos. Menos conocido, el incidente de la presa bóveda de Vajont (Italia), que con sus 261,6 metros era la más alta del mundo en el momento de su inauguración, costó la vida a más de 2000 personas(1) la noche del 9 de octubre de 1963. Cuando la mayor parte de los habitantes de la zona estaban en la cama o viendo un partido de fútbol por televisión, una ola gigantesca proveniente del embalse de Vajont arrasó pueblos enteros… pero tanto aguas arriba como aguas abajo del valle. Y la presa aún permanece intacta hoy en día. ¿Qué había sucedido?

Panorámica de la presa de Vajont antes de la catástrofe. Para apreciar la escala de la fotografía, la coronación de la presa (abajo, a la izquierda) mide 190,50 metros

Un desprendimiento colosal

Parte de la ladera del Monte Toc, uno de los accidentes geográficos que delimitaban el vaso por el lado sur, se deslizó y cayó sobre el embalse desalojando la mayor parte del agua que contenía, que en ese momento se encontraba a unos 20 m por debajo de su máxima capacidad. Si nos fijamos en las cifras nos comenzamos a dar cuenta de la magnitud del accidente: se desprendieron unos 250 millones de metros cúbicos de terreno, que cayeron a una velocidad cercana a 100 km/h en el embalse que en ese momento albergaba unos 150 millones de metros cúbicos de agua (2).

Para los que prefieran otras unidades más visuales para captar esas magnitudes volumétricas, midamos por ejemplo en yokozunas, luchadores de sumo del rango más alto: suponiendo que un yokozuna pesa unos 150 kg y que la densidad del cuerpo humano es del orden de unos 980 kg/m3, se obtiene que cada yokozuna ocupa un volumen de 0,153 m3; por tanto, 250 millones de metros cúbicos equivalen a ¡más de 1600 millones de yokozunas! Ahora, imaginen a esos 1600 millones de luchadores de sumo amontonados, con sus taparrabos ceremoniales y bien untados de Aceite Johnson’s para niños para evitar fricciones indeseadas, lanzándose ladera abajo al doble de la máxima velocidad punta que ha conseguido jamás Usain Bolt. Una imagen estremecedora.

La presa de Vajont el día después de la catástrofe. La ladera del monte Toc ahora llena parcialmente el embalse, mientras que la estructura de la presa no ha sufrido daños aparentes. Que mil millones de chinos salten a la vez no cambia la órbita terrestre, pero ojo con que se bañen a la vez 1600 millones de yokozunas

Al irrumpir esa imponente masa de millones de metros cúbicos (los que quieran seguir hablando en yokozunas, que transformen las unidades) en el embalse, el agua fue desplazada con violencia en todas las direcciones:

— Hacia la orilla opuesta al deslizamiento (norte), generando una primera ola que llegó hasta la localidad de Casso, que se encontraba a la cota 928 (la coronación de la presa está a la 722,50), y que incluso dañó parcialmente algunos edificios: el agua empujada por el deslizamiento se elevó creando una ola/salpicadura de unos 240 m de altura medidos respecto la lámina libre del embalse. Una vez disipada la energía que impulsó esa ola verticalmente, el agua cayó de nuevo sobre el vaso que ahora estaba ocupado parcialmente por el desprendimiento, por lo que solo pudo tomar dos caminos: hacia aguas arriba o hacia aguas abajo.

— Hacia aguas arriba (este): unos 50 millones de metros cúbicos de agua remontaron el curso fluvial, alcanzando hasta un máximo de 40 m de altura de ola en algunos puntos, afortunadamente deshabitados. No obstante, la crecida en sentido antinatural del río se llevó por delante la vida de unas 160 personas.

— Hacia aguas abajo (oeste): otros 50 millones de metros cúbicos saltaron por encima de la presa, en una altura estimada respecto a la coronación de la misma de unos 100 m (es decir, unos 360 metros respecto al fondo), vertiendo a gran velocidad sobre el desfiladero que desembocaba en el valle del Piave y llevándose consigo los 62 trabajadores que había en ese momento en la presa. La combinación del caudal de agua desplazada con la estrechez del valle favoreció un efecto émbolo que arrancó ventanas, tejados y vidas humanas en Longarone, el pueblo que se encontraba frente a la presa, precediendo la llegada de la terrible marea artificial: siguiendo de cerca esa onda de choque (que según algunas fuentes, era el doble de potente que la sufrida en Hiroshima), el agua salió del angosto valle con una altura de unos 70 metros y una energía gigantesca, por lo que fue imposible que girase 90º siguiendo la dirección natural del cauce y se dirigió directamente hacia Longarone, que literalmente fue borrada del mapa dejando tras de sí un paisaje lunar, la pura esencia de la muerte. El paso de este torrente apocalíptico dejó unos 1900 muertos repartidos entre Longarone y otras localidades ribereñas como Pirago, Fae, Rivalta y Villanova.

Longarone antes (izquierda) y después (derecha) del incidente. Ni escombros, ni ruinas… lo que entró en contacto con el agua quedó prácticamente volatilizado

La tragedia podría haber sido aún mayor si la presa se hubiera derrumbado, vertiendo otros 50 millones de metros cúbicos que a pesar de todo permanecieron embalsados. Afortunadamente, la esbelta bóveda de Vajont resistió todos los esfuerzos generados por el deslizamiento, sufriendo apenas daños en la pasarela de servicio que discurría sobre el aliviadero.

La presa bóveda de Vajont

Torre Caja Madrid, de Norman Foster. El edificio más alto de España solo tiene ocupadas 3 de sus 45 plantas. Bankia, el despropósito sin fin

Una presa bóveda es una de las más complejas obras de ingeniería que se pueden construir. La mayoría de las presas son de gravedad, es decir, contrarrestan el empuje del agua con su peso propio. En cambio, las presas bóveda contienen el empuje hidrostático con su forma y lo transmiten al terreno a través de la doble curvatura (en planta y en alzado) de su estructura, buscando la antifunicularidad (3) de la misma. La presa de Vajont tiene casi 262 metros de altura (recordemos que el edificio más alto de España, la Torre Caja Madrid, mide 250 metros), con un grosor de 3,40 m en coronación y en cimentación, solo 22,11 m (prácticamente, una décima parte de la altura), mientras que una presa de gravedad necesitaría unos 180 metros de anchura en la base para contener ese mismo nivel de agua embalsada (una relación de 7/10, aunque esta proporción depende del terreno de cimentación).

Hay que tener en cuenta que una presa ha de soportar todas las situaciones posibles, un amplio abanico que comprende desde el llenado completo rebosando por el aliviadero, hasta en vacío y con el viento soplando contra el paramento de aguas abajo. Las solicitaciones son radicalmente diferentes pero la estructura tiene que seguir siendo funcional y estable. Además, un factor determinante en la estabilidad es el agua, que penetra por el contacto entre la presa y la roca creando unas presiones intersticiales que afectan al estado tensional tanto de la propia estructura de la presa… como del vaso. Es necesario por tanto un cálculo cuidadoso (y una ejecución acorde) para que esa flexible y delgada capa de hormigón que contiene millones de toneladas de agua cumpla con su cometido, pero tan importante o más que su estabilidad estructural es su conexión con el terreno, por un lado para evitar filtraciones y, sobre todo, para que el empuje del embalse no la arranque de la roca y se la lleve por delante. Por eso, la cerrada ha de tener unas condiciones topográficas y geológicas muy determinadas que no siempre posibilitan la elección de esta tipología. En este caso, la flexibilidad de la bóveda de Vajont, la campaña de anclajes que la cosía al terreno y la resistencia de la roca de la cerrada hicieron posible que soportara los enormes e inesperados esfuerzos que generó el desprendimiento.

Planos de construcción de la bóveda de Vajont, donde se aprecia la doble curvatura de la presa y su esbeltez

Eppur si muove: pasos hacia la tragedia

Las obras se iniciaron en 1957. Carlo Semenza, el ingeniero jefe de construcción de la Sociedad Adriática de Electricidad (SADE), promotora de la presa, siempre estuvo preocupado por la estabilidad de la ladera del Monte Toc, por lo que durante las obras encargó dos estudios específicos a personas de su total confianza:

Leopold Müller, un experto en geomecánica con prestigio mundial con el que ya había trabajado anteriormente. Se le contrató como asesor debido a la inquietud que produjo un desprendimiento en 1959 en la cercana presa de Pontesei similar (pero de mucha menor envergadura) al que posteriormente sufriría Vajon.

— Edoardo Semenza (su hijo) y Francesco Guidici, ambos geólogos, prepararon un informe para SADE en junio de 1960 en el que pronostican que se podía producir un desprendimiento de 50 millones de metros cúbicos.

Las obras se finalizaron sin incidencias destacables en 1960, tras lo cual comenzó el primer intento de llenado que se abortó cuando aún faltaban 70 metros para llegar a la cota máxima porque se produjo un deslizamiento —sin víctimas— del orden de un millón de metros cúbicos en 10 minutos. Hasta ese momento, los movimientos de la ladera (hasta algún pequeño desprendimiento) se asumían como normales porque es habitual en la ejecución de presas que el terreno se vaya acomodando a la nueva situación progresivamente, incluso con eventuales episodios sísmicos de baja intensidad, hasta que se estabiliza.

Primer paso hacia la catástrofe: no suspender el llenado hasta caracterizar sin lugar a dudas la ladera del Monte Toc. Este desprendimiento de un millón de metros cúbicos podría asimilarse a que el Titanic hubiera rozado un iceberg pequeñito y el capitán Edward John Smith aún tuviera dudas sobre si debería reducir la velocidad del buque.

Imagen parcial de la grieta de más de dos kilómetros de longitud que apareció en la ladera del monte Toc tras el desprendimiento de noviembre de 1960. El tipo de cosas que deberían dar mala espina a cualquiera. Fotografía tomada por E. Semenza durante la corrección de su informe

Tras ese deslizamiento, E. Semenza y Guidici corrigieron su informe al observar la gigantesca grieta que había aparecido en el Monte Toc y lo reestimaron en unos 200 millones de metros cúbicos, reconociendo la existencia de un paleodeslizamiento que se había reactivado. Lamentablemente, algunos de los sondeos que se ejecutaron para caracterizar la ladera no llegaron hasta el plano de debilidad, por lo que las conclusiones del estudio no fueron determinantes en cuanto a la velocidad a la que se produciría el desprendimiento. Por eso Müller, que también corrigió su informe y coincidió en la cifra de 200 millones de metros cúbicos que estimaban E. Semenza y Guidici, consideró que el movimiento iba a ser lento, tipo creep (reptación).

Segundo paso: los sondeos no aportaron pruebas definitivas e irrefutables del mecanismo de deslizamiento.

A partir de este momento, los constructores de la presa ya tenían claro que se iba a producir un desprendimiento de gran envergadura, aunque la duda residía en la velocidad del mismo. En este sentido, se tomaron dos decisiones:

— Ejecutar un túnel de 2 km de largo y 5 m de diámetro que uniría los extremos del embalse para evitar que el desprendimiento dividiera en dos el mismo, con los problemas que ello acarrearía para la población aguas arriba. Para ejecutar el túnel-bypass se tuvo que vaciar el embalse hasta la cota 600, lo que más tarde se supo que aplazó el fatal deslizamiento.

— Encargar un modelo hidrodinámico a escala 1:200 del impacto que tendría en el entorno de la presa ese hipotético desprendimiento.

Tras casi un año de trabajos, se finalizó el túnel y se comenzó a llenar de nuevo el embalse. Poco después, en octubre de 1961, cuando tenía que tomar una decisión trascendental porque su propio hijo, en el que confiaba plenamente, ponía en tela de juicio nombres tan destacados como el de Müller o geólogos asesores de SADE como Francesco Penta, o el profesor universitario Giorgio Dal Piaz, C. Semenza murió de un derrame cerebral.

Tercer paso: el informe de E. Semenza y Guidici pasa a segundo plano porque su principal valedor, Carlo Semenza, muere.

En cierto modo se entiende la decisión de SADE porque, al fin y al cabo, E. Semenza y Guidici no eran nadie frente a Müller, Dal Piaz o Penta… y las propuestas de su informe (no llenar la presa) eran muy desfavorables para los intereses de la promotora, claro.

Mientras tanto, el estudio hidrodinámico realizado por el Instituto de Hidráulica de la Universidad de Padova concluye que en el peor de los casos, el desprendimiento generaría una ola de unos 20 metros de altura por lo que si la lámina de agua del embalse está a la cota 700, no se crearía ningún problema grave.

Cuarto paso: El modelo con el que se experimentó estaba mal ideado o no se facilitaron los datos correctos. Ni el volumen (no representaba los 200 millones de metros cúbicos), ni el material (gravas, que no recreaban el comportamiento de prácticamente sólido rígido del desprendimiento), ni la velocidad (mucho más lenta) se ajustaban a la situación que se quería modelar.

Evidentemente, no es lo mismo que si uno de nuestros amigos yokozuna se quiere bañar en una piscina, baje a la misma por las escalerillas o se lance de bomba desde el trampolín. Y recordemos que estamos hablando de una piscina que es más pequeña que el propio yokozuna.

El nivel del embalse alcanzó la cota 700 en noviembre de 1962; se dio por válida la prueba y se procedió a su inauguración oficial. Pero en marzo de 1963 el gobierno italiano decidió nacionalizar SADE a través del Ente Nacional de Energía Eléctrica (ENEL) por lo que la presa de Vajont pasaría a manos públicas tras acordar un precio, que dependería de la altura de llenado alcanzada: si llegaba a la cota 715 su valor sería superior.

Quinto paso: Realizar con urgencia un tercer llenado buscando la cota 715 (que no se había alcanzado con ninguno de los dos anteriores) para vender al mejor precio posible la presa.

Gráficas donde se ve la relación entre las precipitaciones, el nivel del embalse, el movimiento de la ladera y el nivel freático. Blanco y en una botella que pone “leche” (Hendron y Patton, 1985)

En septiembre de 1963, cuando el embalse estaba a la cota 710 (a 5 metros del máximo que se quería alcanzar), los desplazamientos de la ladera se consideraron alarmantes, motivo por el que se decidió bajar a la cota 700, que era segura según el estudio hidráulico. A partir de las últimas mediciones de los movimientos se estimó que el deslizamiento se producirá el 15 de noviembre, fecha para la cual se esperaba tener prácticamente vacío el vaso.

Sexto paso: Las lluvias. Entre septiembre y octubre se produjeron fuertes precipitaciones que elevaron el nivel freático, penetraron por la grieta que fotografió E. Semenza y además dificultaron el rebaje de la cota del agua embalsada.

Pero los movimientos no decrecieron al vaciar el embalse, sino que aumentaron rápidamente, midiéndose 1 cm por día la semana del 18 de septiembre, de 10 a 20 cm/día la semana del 25, de 20 a 40 cm/día del 2 al 7 de octubre, 40 cm el 8 de octubre y hasta 80 cm el 9 de octubre, antes de que deslizase súbitamente.

El día 9 de octubre, viendo la velocidad que estaba adquiriendo la ladera, informaron a las localidades próximas al embalse que quedaba prohibida la presencia humana por debajo de la cota 730, confiando en todo momento en la veracidad del estudio hidrodinámico ya que habían conseguido bajar a 700 la cota del embalse (aunque a duras penas, por las dichosas precipitaciones). El Titanic comenzaba a levantar la popa y no solo no había botes salvavidas para todos, sino que únicamente ofrecían un par de manguitos de Bob Sponja.

Séptimo paso: cuando la ladera desaparece bajo tus pies.

A las 22:39 se consuma la tragedia; la velocidad de la ladera pasa de unos 4 cm por hora a 30 metros por segundo, convirtiendo el valle del Piave y el entorno de la presa de Vajont en un infierno. El temblor generado por el desprendimiento se registra en sismógrafos de toda Europa. Quince minutos después, solo queda lodo, destrucción y cadáveres.

Cortes geológicos con la situación previa (1) y la posterior al desastre (2). Recordemos que ese diminuto triangulito que representa la sección del embalse mide unos 250 metros de altura (E. Semenza y Ghirotti, 2000)

Según se ha confirmado después, a través de los cientos de estudios del incidente de Vajont, la acción del agua durante los distintos llenados del embalse afectó la precaria estabilidad del Monte Toc cuya capa exterior (de unos 100 metros de espesor) estaba formada por los restos de un deslizamiento muy antiguo que descansaba sobre unas arcillas de poca potencia, que a su vez se asentaban sobre un estrato más estable. El llenado de la presa introdujo gran cantidad de agua en las arcillas, donde las presiones intersticiales reactivaron el paleodeslizamiento. Los movimientos iniciales fueron de escasa entidad y lentos, pero aceleraban cuanto mayor era la cota de la lámina libre y el nivel freático. Finalmente, la acción del agua transformó las arcillas en un lubricante, generando un plano de deslizamiento sobre el que resbaló la ladera como si estuviera en un tobogán.

Video con una recreación infográfica del desprendimiento y la riada

You know now

En una traducción libre del inglés tejano-aznariense, viene a significar que, una vez vistos los testículos, todos sabemos que se trata de un espécimen macho. Y recuerdo esta frase porque ahora parece que siempre se supo lo que iba a ocurrir con la ladera del Monte Toc, que era tan evidente que hasta un niño lo hubiera predicho. Es más sencillo explicar un fenómeno que ya ha ocurrido (y quedar como un señor) que predecirlo, sobre todo en disciplinas tan inexactas que dependen de tantas variables como la geotecnia y la geología.

O la economía, ¿verdad?

Una de las críticas más oídas, con las que se intenta achacar a los técnicos su falta de preocupación, es que Monte Toc significa en un dialecto de la zona podrido/disgregado, lo que debería haber dado una pista sobre el posible colapso de la ladera (algo que ya hemos dicho que se supo prácticamente en todo momento, las discrepancias residían en la velocidad del mismo). Bien, es cierto que en algunos casos los nombres locales sirven de utilidad. En Cantabria, por ejemplo, existe un pueblo llamado Correpoco que debe su nombre a que está edificado sobre una ladera que se mueve muy lentamente, tipo creep. Pero por otro lado, en los topónimos no está siempre la verdad, porque se puede echar mano de ejemplos ilustrativos como Villaviciosa o el puerto del Pozo de las Mujeres Muertas, nombres que pueden dar lugar a razonables malentendidos.

También se suele hacer hincapié en que una periodista del diario l’Unità llamada Tina Merlin alertó de lo que iba a ocurrir y nadie la hizo caso. Aunque el tiempo le dio la razón en lo referente a que se produjo un desprendimiento catastrófico, en sus primeros reportajes no aportó ninguna evidencia científica y su argumentación se basaba en declaraciones de algunos vecinos de Eerto (4), una población cercana a Vajont. Debido a sus incendiarios artículos fue denunciada en 1959 por SADE, en un proceso con un marcado componente político porque l’Unità es un periódico de ideología comunista, tal y como dicen en su cabecera: “órgano del partido comunista italiano”. Sinceridad ante todo; no como aquel célebre lema que decía “diario independiente de la mañana”, que cuando lo leías era como si te guiñara el ojo y te diera un codazo cómplice. Merlin, que en la película del año 2001 Vajont (cinematográficamente regulera y periodísticamente poco ajustada a la realidad), representan como una especie de intrépida y sosegada Erin Brockovich, finalmente fue absuelta y continuó con su acoso a SADE. Su artículo más famoso a posteriori se publicó en febrero de 1961, cuando aseguró que se iba a producir un desprendimiento de 50 millones de metros cúbicos pero que “no se sabe si el deslizamiento se ralentizará o si se producirá un terrible accidente”. O lo que es lo mismo, no dijo nada con exactitud e incluso su artículo era más conservador que los informes de Müller y E. Semenza que ya tenía SADE. Después de ocurrir el accidente, Merlin, poseída tal vez por el espíritu del ácido bórico, culpó en uno de sus artículos a las autoridades de un “genocidio a sangre fría” (!!!) por lo ocurrido en Vajont.

Y respecto a los reproches sobre los retrasos en la presentación de algunos documentos en el Gobierno italiano, tampoco es creíble que su tramitación puntual hubiera evitado la pérdida de vidas humanas.

Otra fotografía de los restos de Longarone tomada por el ejército de Estado Unidos el día después de la catástrofe

El juicio condenó en 1971 a dos de los acusados a penas que, tras indultos y reducciones por buena conducta, rondaron los dos años de cárcel. Otros dos acusados murieron durante el proceso (uno por muerte natural y otro se suicidó). El pago de las indemnizaciones no se acordó hasta el año 2000.

Seguramente, si en alguno de los pasos comentados anteriormente se hubiera tomado otro camino, se podría haber evitado la tragedia; haber prestado más atención a los informes desfavorables, haber insistido en ejecutar ensayos y sondeos que aportasen datos irrefutables o, en última instancia, haber desalojado el valle del Piave. Puede ser. Lo que está claro es que la presa de Vajont, que era un orgullo para toda una nación, una obra de ingeniería superlativa que iba a aportar energía eléctrica y trabajo a una zona humilde, acabó con la vida de más de 2000 personas. Que no vuelva a ocurrir.

Para saber mucho más y bastante mejor

— La noticia en los periódicos de la época:

    • La Vanguardia, edición del 11/10/1963 (1, 2 y 3).
    • ABC, edición del 11/10/1963 (1, 2 y 3).

— Documentación técnica disponible vía web:

— Documentales:

— Recopilación de artículos de Tina Merlin (italiano).

(1)  Las cifras de muertos presentan muchas variaciones en función de las fuentes, pero todas se encuentran en el entorno de ese número.

(2)  Al igual que sucede con el número de muertos, todos estas cifras (volúmenes, velocidades, etc) varían dependiendo del estudio técnico consultado.

(3)  Ya hablamos de antifunicularidad aquí. Para el correcto comportamiento estructural de la presa en servicio, la parte interior de las curvas en planta y alzado tiene que quedar hacia el exterior del embalse.

(4)  Tampoco es que sea algo fuera de lo normal, solo hay que acercar un micrófono a los lugareños del entorno donde se proyecte cualquier presa para que comiencen a despotricar. Necesitamos agua, electricidad y un lugar donde tirar nuestra basura, pero casi nadie quiere vivir cerca de una presa, un vertedero ni, por supuesto, nada que tenga que ver con energía nuclear.

 


Antonio J. Rodríguez: La importancia de salvar a la orquesta si el Titanic se hunde

Al menos en lo moral, la preocupación por el estado de la cultura en tiempos de crisis se parece bastante a intentar salvar los instrumentos de la orquesta con el hundimiento del Titanic. Pese a lo injusto o cuestionable del enunciado, fue esto lo primero que consideré al conocer la destrucción de la distribuidora musical PIAS durante los recientes disturbios en Londres. 15-M, debates sobre el acuerdo de la deuda en EEUU, masacre de Utoya, saqueos en la capital británica, elecciones anticipadas en España y subiendo. Tras tres meses en los que la intensidad de la agenda mundial ha violado los aburridos pronósticos con que la prensa acostumbra a plantar cara al verano, cuando los temas culturales gozan de cierto privilegio sobre las demás secciones, de más está decir que corren malos tiempos para la discusión en torno a problemas estéticos. «La retórica bélica que nos rodea muestra un desprecio absoluto por la música, el arte, la literatura y cualquier otra manifestación característica de la civilización», escribió Arundhati Roy. Y Thomas Mann, que suspendió la escritura de La Montaña Mágica para entregarse a sus Consideraciones de un apolítico, admitía que «el dominio de la ideología conduce fácilmente a la hostilidad contra la cultura y el arte. Es conocida la aversión de la virtud por la belleza, la forma, el brillo, la elegancia, a las que considera frívolas, esteticistas».

Obligada entonces parece la pregunta sobre si deben los agentes culturales entregarse o no a la causa política en momentos como éste. Jan Fleischhauer publicaba la semana pasada un artículo en Das Spiegel donde interrogaba sobre los peligros de tal proceder. «La reflexión política no debe quedar en manos de los novelistas», titulaba. «¿Por qué la gente mantiene insistentemente la creencia de que los novelistas tienen algo que aportar a los asuntos políticos? Como se ha visto en repetidas ocasiones con el caso del Nobel Günter Grass, que sepas elaborar historias entretenidas no significa que puedas hacer lo mismo con la reflexión política de altura». Que los intelectuales son peligrosos para la política no es nada nuevo. Mark Lilla, autor de Pensadores temerarios, la clase de persona que no duda un segundo en liquidar las aspiraciones populares (¿populistas?) de gente como Sontag o Chomsky, lo ha repetido en no pocas ocasiones. Y el anteriormente mencionado Thomas Mann, aficionado en su juventud al «arte de tintes moralistas», tampoco puede decirse que en el momento de escribir sus Confesiones fuese un ejemplo de virtud. Él mismo se arrepentiría tiempo después de aquel libro en donde mostraba su faceta más peligrosamente germanófila y antidemocrática.

Cierto es que siempre he sospechado de aquellos críticos para los cuales «todo arte es político». Al revés, igual desconfianza me provoca gente con ideas como las de Lilla o Fleischhauer, empeñados —al menos éste último— en obliterar la dimensión humana, social y política de la ficción. Ningún autor o consumidor cultural, por mucho que adore la expresión creativa, puede sobrevivir a los hechos de la no ficción. Paralelamente, el grueso de los creadores, tarde o temprano, termina defendiendo en sus propias carnes el adagio emersoniano por el cual «el hogar del escritor no es la universidad sino el pueblo.» ¿Y qué ha sido el pueblo en los últimos diez, quince años? Hiperconsumo, entretenimiento, nuevas tecnologías… Pero si deseamos seguir manteniendo nuestro hogar en el pueblo, entonces no deberíamos soslayar lo que en estos instantes está pasando en las calles, de la Primavera Árabe a la indignación europea, sus causas y consecuencias. Y tanto da si confraternizamos o no con las ideas que burbujean en estos espacios.

No hay que olvidar que el siglo XX ha sido una etapa marcada por el desprecio progresivo al concepto intelectual. Naturalmente, este rechazo avanza, en buena medida, ligado a la falsa ilusión positivista del fin de la historia. ¿Quién precisa de antorchas que guíen nuestro pensamiento cuando gozamos de la mejor educación de todos los tiempos? La propia universidad propone lecturas colaboradoras en las que los dos polos comunicativos gozan de la misma jerarquía. Ningún buen autor que se precie tratará de imponer ningún pensamiento, dicen, solo un terreno a partir del cual moverse y extraer conclusiones personales. Aunque en verdad, es hoy más que nunca cuando exigimos de información veraz y soluciones. Y desde luego, de más está decir que la preocupación por la cultura en tiempos de crisis no es inmoral. O como Philippe Kern afirmaba en el Congreso Europeo de Cultura celebrado recientemente en Wroclaw, Polonia, tenemos que abandonar la idea de la cultura como «isla autónoma dentro del marco social. En estos momentos hay que situarla en el centro del discurso social y económico de la nueva sociedad, y no solo porque actualmente la industria cultural proporciona millones de empleos y supone una parte importante del PIB, ni tampoco porque cuando China quiere desarrollar una economía creativa viene a Europa en busca de talento, sino porque aunque no nos demos cuenta, es nuestro principal recurso económico, como lo sería el petróleo para otros». We don’t need no education, cantaba Pink Floyd, Teachers leave them kids alone. Cierto. Otra educación, otros profesores y otra cultura son necesarios.