Izaskun Arretxe: «El universo de librerías de Cataluña es un ecosistema maravilloso»

Fotografía: Jorge Quiñoa

(Versió en català)

Izaskun Arretxe llegó al mundo editorial de casualidad. En principio ella quería ser medievalista, pero la buena suerte —y una recepcionista— la hizo cambiar de opinión. Ha sido mi editora y ya son muchas las conversaciones que hemos tenido acerca del catalán, el castellano en casa, la naturalidad de los bilingües y el mundo literario. Nos reunimos en el Institut Ramon Llull, en el que trabaja desde hace algunos meses. Tenemos que elegir un lugar para la entrevista: es un palacio, impresiona, pero cuando llevas meses reuniéndote en la misma sala, te acabas acostumbrando. La confianza que nos tenemos hace que la conversación se rescate de las anteriores que hemos mantenido, pero Izaskun es una mujer con las ideas muy claras, no se traiciona en ningún momento y su discurso no se tambalea. No tropieza, no duda, es una persona inteligente que ya ha reflexionado sobre las cosas que hay que reflexionar: no se arrepiente de nada de lo que ha dicho al acabar la entrevista. Ambas somos castellanoparlantes en casa, pero hemos acabado en el mundo de la edición y la cultura catalana. El castellano, eso sí, tiene un espacio íntimo en nuestra vida más cotidiana y en el pensamiento.

¿Piensas en castellano?

Yo, las cosas profundas, profundas de verdad, las pienso en castellano.

¿Y cuando te enfadas con tus hijos, por ejemplo?

A ese nivel, no tan profundo, en catalán. Pero las de verdad, las pocas dos o tres cosas de verdad, me las cuento en castellano.

Yo tenía una profesora que, cuando se enfadaba, lo hacía en castellano. ¿Y las palabrotas?

Todo eso lo tengo en catalán. He vivido en catalán y las digo en catalán, son solo pensamientos profundos. Y cuando quiero tener pensamientos profundos pero no quiero implicarme mucho, lo pienso en inglés, me hablo en inglés, porque cuando vivía en Australia me acostumbré mucho a hablar de cosas muy profundas en inglés. Era como si hablara otra, no era yo. Y entonces hay veces que me digo que eso quiero entenderlo bien y no me atrevo a decírmelo ni a mí misma… me las digo en inglés, que es como si no me las dijera yo.

Izaskun Arretxe. El segundo apellido no lo sé…

Irigoien.

Irigoien… tienes los ocho. Hay muchas cosas que aún no sé. ¿Cómo hablabas en tu casa, y cómo has acabado siendo editora en catalán?

Yo creo que he acabado siendo editora en catalán porque mis padres eran vascos. Mis padres son vascos de expresión castellana, ellos no hablan euskera. Son de una segunda generación que no habla euskera. Sus padres y abuelos lo hablaban, pero al ir del campo a la ciudad, se perdió la lengua, y en el País Vasco lo acusaron mucho. Desruralizarse era perder la lengua. Pero ellos tenían la sensibilidad, pese a no tener la lengua. Siempre digo que mis padres fueron unos emigrantes de país normal, como si nosotros fuéramos un país normal. Cuando ellos vinieron, hicieron como si aquí el catalán fuera una normalidad, y por tanto ellos vinieron a vivir a un lugar y a sus hijos debían escolarizarlos en una escuela en la que se hablara catalán y se viviera en catalán, con toda naturalidad.

¿Por qué vinieron?

Por cuestiones de trabajo. Mi padre vino aquí a trabajar. Tranquilamente, y no era fácil entonces, porque aún… soy mayor, ¿eh? [ríe], estábamos en el franquismo.

¿Y, pese a todo, les pareció un país normal?

No se lo parecía, pero actuaron como si lo fuera. ¿Qué hicieron? Buscaron una escuela catalana, porque era lo que tenían que hacer si venían aquí a vivir. Aunque era difícil, la encontraron. Y ellos no hablaban euskera ni catalán.

Y el euskera… ¿no lo hablaban nada?

No, nada.

Es algo que me sorprende. Hay mucha gente con esa sensibilidad en el País Vasco, pero no todo el mundo conoce la lengua.

Porque la identidad nacional no está vinculada a la lengua. Y aquí, hasta hace muy poco, estaba muy vinculada a la lengua. Ahora ya no lo está tanto, por fortuna, también. Pero allí no. Allí está la cuestión de la identidad nacional y la cuestión de la lengua, y no necesariamente van unidas.

Desde fuera se les intuye radicales en algunos aspectos, y en cambio con la lengua…

Los hermanos de mi madre, por ejemplo, han aprendido euskera de mayores, sus hijos ya han ido a la ikastola, y después de ese salto lingüístico, sus hijos ya hablan con sus hijos en euskera con naturalidad. Han hecho una recuperación lingüística con una generación, o dos. Lo han recuperado, dijéramos. Un poco artificial, pero lo han recuperado.

¿Empezaste en Anagrama?

Empecé en Quaderns Crema.

Hay muchos secretos que aún no sé…

[Ríe]. Empecé en Quaderns Crema porque venía de Australia. Estuve cuatro años en Australia estudiando la poesía de Ausiàs March, algo muy marciano, porque tenían mucho dinero y estuve haciendo de research assistant allí, y enseñando catalán. Hacía de lectora cuando aún no existía el Institut Ramon Llull. Y cuando volví quería hacer la tesis, pero necesitaba dinero para vivir, y pensé: iré a una editorial. Pero nunca en mi vida había puesto los pies en una editorial. Yo no quería ser editora, no tenía vocación de editora, porque no había máster… no había nada.

No era estudiable.

No era estudiable, y yo no sabía cómo se podía ser editora. Lo único que sabía era que había hecho Filología Catalana, que me encantaban los libros y que quería ser medievalista.

¿Medievalista?

Yo estaba estudiando Ausiàs March y quería hacer una tesis sobre un tema relacionado con la Edad Media, la literatura y el amor hereos.

No lo hubiera dicho nunca.

Y, de hecho, había estudiado literatura y me había especializado en literatura medieval. Y entonces empecé la tesis con la doctora Lola Badia, las cuestiones previas a la tesis, los cursos del doctorado, etc., y necesitaba recursos para comer, y pensé: iré a una editorial. Imprimí mi currículum y tomé una cerveza con una amiga mía. Le dije: «Mañana mandaré todos estos currículums a las editoriales de Barcelona, las he encontrado en un listado». Y me dijo: «Desengáñate, Izaskun, mañana no tienes nada que hacer, coge esos currículums y llévalos uno a uno». Y pensé: «Tiene razón, no tengo nada que hacer». Cogí los currículums y los fui llevando a las editoriales, y la última a la que llegué fue Quaderns Crema. Recuerdo que iba muy despeinada, cansada, todo el mundo me miraba mal y con poco interés… y entré allí y empecé a hablar con una recepcionista. La recepcionista era muy simpática y empezamos a hablar. Yo estaba cansada, ya no quería trabajo, solo quería irme a casa. Y, entonces, aquella tarde Jaume Vallcorba me llamó: me dijo que si podía ir aquella misma tarde a hacer una entrevista. Y yo fui y él hizo la pregunta que salvó mi vida, porque, si no, quizá ahora sería recepcionista. Me preguntó: «¿Tú qué quieres hacer en una editorial?». Yo jamás en la vida había puesto los pies en una editorial, y le empecé a hablar de literatura medieval.

De lo que sabías.

De lo que sabía. Y él me dijo: «Pues el trabajo que tengo no es para ti, porque tengo una vacante en recepción, que es esa chica con la que has hablado esta mañana, pero tú no puedes ser recepcionista, no lo serás, y por tanto lo siento mucho, pero vuelve a casa». Y yo me fui a mi casa y al día siguiente me volvió a llamar, y me dijo: «¿Puedes venir otra vez?». Era un viernes. Fui y me dijo: «Es que cuando le he contado la historia a Ernest Folch —que era el editor que había entonces—, Ernest me ha dicho: “Ah, ¿sabes qué? Que yo también me voy”. Y entonces he pensado: este trabajo sí que puede hacerlo la chica que ha venido esta mañana».

Y tú sin experiencia ni vocación…

No había puesto los pies en una editorial nunca. Y entonces me dice: «Esta tarde vamos a Romanyà de Valls, que hay una imprenta allí y empezarás a ver cómo es el sector editorial». Tenía un Mercedes, un coche gigante, y nos fuimos Ernest Folch, Vallcorba y yo a Romanyà de Valls con aquel coche. Por la mañana no tenía trabajo y por la tarde estaba en una imprenta. Y él el lunes se iba quince días, o tres semanas, a Argentina, Chile y no sé qué más, y era verano. Ernest se iba a los quince días o tres semanas… el primer día llegué y le dije: «Mira, Ernest, es que yo no sé nada del mundo editorial». Y dijo: «Ahora pasaremos quince días sin Vallcorba y te lo enseñaré todo». Hice durante quince días el máster más potente que se haya podido hacer. Recuerdo que cogió un libro y dijo: «Esto es un libro, estas son las guardas, eso son los créditos».

Empezar de cero.

De cero. Él se fue, yo me quedé, y duró poquito, porque no era fácil trabajar con Vallcorba [ríe]. Duró poquito porque me ofrecieron otro trabajo. Y entonces Anagrama buscaba a alguien, le preguntaron a Ernest si conocía a alguien, no directamente a Ernest, pero una cadena de personas, hasta que Herralde me llamó un día y me dijo: «¿Puedes venir?». Y fui…

Pasaste de querer ser medievalista a trabajar en una de las editoriales más potentes que había en aquel momento.

Sí. En Anagrama llevaba producción y edición de cubiertas, el catálogo, etc. No trabajaba de editora, pero de pronto fue entrar por la puerta grande a ver cómo era la cocina de, sin duda, si no la mejor, una de las mejores editoriales del mundo. Fue espectacular, y Herralde fue muy generoso conmigo.

¿Cómo era trabajar con Herralde?

Yo entré cuando tenía veintisiete o veintiocho años, y para mí fue un máster bestial. Trabajar con Herralde ha sido uno de los grandes privilegios de mi vida, porque es una de las personas más inteligentes que conozco. Es rápido, tiene sentido del humor… hay gente que dice que no es un hombre fácil, para mí lo fue. Era un hombre exigente, es un hombre muy exigente, pero yo aprendí muchísimo y conmigo fue generoso de principio a fin. Entendí algo que creo que después me ha ayudado mucho en el mundo editorial, que es que, para que las cosas salgan bien, se debe cuidar no solo el texto, que por supuesto, sino todo lo que envuelve al texto, y se tiene que hacer con mucha pasión. Tienes que ir defendiendo cada minuto lo que haces, si no, no funciona. Y eso… él vive para eso, y es un aprendizaje que procuro no olvidar en el día a día, no es algo que él tenga impuesto y diga: mira, ahora lo hago. No, no, vive así. Y así tienen que hacerse las cosas. Quizá el mundo está yendo en otra dirección, pero el respeto por el contenido, el trabajo del contenido y la pasión por el resto es lo que hace que todo funcione.

Apasionarte también por una cubierta, la tipografía…

Y él hacía algo que me hacía mucha gracia: siempre que podía, en cualquier conversación, fuera de lo que fuera, sacaba sus libros [ríe]. Él estaba hablando de cocina con alguien en algún sarao, y acababa saliendo alguno de sus títulos. Porque siempre estaba defendiendo sus títulos… siempre lo hace, hablo en pasado pero todavía es así. No bajaba la guardia ni un minuto. Y ver cómo se cocina todo… para mí, una cosa mágica era que de un manuscrito llegaras a un libro. Todo ese proceso que yo desconocía —lo conocía un poco de Quaderns Crema, pero estuve muy poco tiempo—, con toda su complejidad y riqueza, aquello fue un flechazo. Me enamoré del oficio.

Empezaste en el oficio con Vallcorba y Herralde. Después de eso solo puedes ser editora de tu propia editorial.

Con Vallcorba estuve menos tiempo, porque enseguida salió lo de Anagrama. Con Herralde estuve seis años. A mí no me gusta mucho que me manden, en general [ríe]. Pero en el caso de Herralde, no tenía nunca esa sensación… es un hombre que manda mucho, ¿eh?, pero yo no tenía la sensación de que él me mandaba. Yo tenía la sensación de que él tenía razón.

¡Lo hacía muy bien, entonces!

Sabe mucho, sí. La sensación no era: «se hace porque yo lo digo». Se hace así porque lo que te digo tiene sentido. No quiere decir que siempre tuviera razón. Había días que salías de la oficina enfadada, pero la sensación de que estás aprendiendo y de que hay un maestro allí la tenía muy vívida. Yo no sentí nunca que tenía un amo, por decirlo de algún modo, y él es muy amo de su parcela, pero la sensación siempre fue de que había una persona que sabía infinitamente más que yo, y que además me estaba transmitiendo conocimiento. Y eso para mí es un tesoro.

Ara Llibres forma parte de una cooperativa. ¿Cómo funciona? ¿Qué quiere decir que una editorial forme parte de una cooperativa, y qué hace que Ara Llibres que no sea estrictamente una editorial?

Una de las cosas que a mí más me gusta de Ara Llibres, aparte del proyecto editorial, evidentemente, es el hecho de que sea una cooperativa. Creo que es importante y creo que a veces nosotros mismos no le hemos dado el valor que tiene. Lo hemos asumido tanto como una forma de organización propia que no lo hemos explicado suficiente. La idea es que en el siglo XX, y en el siglo XXI también, hay muchas editoriales que son de una persona que tiene una editorial, un modelo de editoriales unipersonales. Cuando ahora mismo conviven con un modelo de grandes grupos, y por tanto tienes la editorial de una persona y cada vez más grandes grupos editoriales, como puede ser Planeta o Random. Y a eso hay que sumar los nuevos players, Amazon, Google, etc. Y nosotros decíamos: queremos que sea diferente, que el universo de los libros no solo sean editoriales muy pequeñas y grandes grupos, y eso solo puede ser diferente en una tradición que Cataluña tiene muy arraigada, que es la tradición de hacer cosas colectivamente desde la sociedad civil. Que haya un grupo de gente suficientemente importante que se pueda expresar fuera de esos dos modelos, y que haga de contrapeso a los grandes grupos, pero con músculo. Y pensamos: hagámoslo nosotros. E hicimos Ara Llibres y formamos el grupo cooperativo Som. Y, por tanto, que la propiedad sea de todos. Eso quiere decir que las decisiones son de todos, y que la información es de todos y que los resultados económicos son también para todos. Y los derechos y los deberes. ¿Eso quiere decir que en Ara Llibres las cosas se deciden de forma asamblearia? No. ¿Eso quiere decir que hemos tenido que aprender a ser empresarios? Sí. Funciona así, los propietarios son los trabajadores, y la organización del día a día es muy similar a la que podría tener una empresa que no fuera cooperativa. Es decir, hay unas personas que llevan la gerencia, unas personas que llevan la dirección editorial, unos editores, jefe de prensa… cada uno tiene muy explícita y muy delimitada su tarea. Pero, entonces, hay un momento al mes, que es cuando se reúne el consejo rector, el equivalente al consejo de administración, en que las grandes decisiones estratégicas se deciden y en que la información se comparte. Y por eso, para mí, cambia completamente el tipo de empresa que haces. Nos ha costado mucho aprenderlo, porque tú tienes dos sombreros. Hay días en que tienes el sombrero de editor, y hay un día en que tienes el sombrero de empresario. Y editor y empresario quizá se parecen, pero hay una persona que es administrativa, y en el día a día opera como administrativa, pero hay un día al mes en que también es propietaria, y por tanto a veces tiene que tomar decisiones que como trabajadora no tomaría. Y el aprendizaje ha sido duro, pero a la larga es el modelo más justo.

¿Trabajas de otra manera si todo de algún modo es tuyo?

Absolutamente. Primero, que hay un proyecto que se piensa en su nivel más estratégico por parte de todos y, por tanto, no solo lo decide una persona que determina hacia dónde quiere ir, y eso lo hace más tuyo. Se piensa desde todo el mundo y se ejecuta desde todo el mundo. Y todo eso para mí lo hace mucho más fuerte, porque al final la potencia que tiene una persona para defender un proyecto colectivo en el que se siente representada es enorme. Nosotros en Ara Llibres siempre decíamos: no tenemos vocación de editorial pequeña, tiene que ser una editorial cuanto más grande mejor, porque cuanta más gente pueda participar de la propiedad, más fuerte, más diverso y más rico será el proyecto. Por tanto: ambición total por crecer. Con un modelo determinado, pero para crecer. No a cualquier precio, evidentemente, pero a mí me gustaría ver que Ara Llibres es una editorial potentísima con muchos recursos de todo tipo y de mucha gente.

¿Eso quiere decir que todo el mundo que trabaja en Ara Llibres es socio?

Eso quiere decir que después de un periodo de tiempo, que está fijado en dos años, a todo el mundo se le invita a ser propietario. Eso conlleva un aspecto que me gusta mucho, y es que para los socios que ya están, cuando entra un socio nuevo, la propiedad queda dividida aún más, tú tienes menos propiedad, y en cambio tú lo que quieres es que entren muchos socios. Sabes que cuantos más socios entren, menos propiedad tendrás tú, porque la propiedad se distribuye de manera equitativa, pero tú quieres que entren socios, y me parece que eso también lo hace un proyecto muy potente. En lo que se refiere a Som, el grupo cooperativo del que participa Ara Llibres, parte de la siguiente base: el siglo XX es el siglo de las industrias pesadas, el siglo XXI tiene que ser el siglo de los contenidos. Y por tanto además de una editorial tiene que haber más cosas, porque la industria de los contenidos es muy amplia, y se creó una productora, que es BataBat, la revista Sàpiens, el Descobrir Catalunya, la cooperativa que nos da servicios al resto de las empresas, se integró en el periódico Contrapunt, etc.

Entonces, ¿tú también tienes una parte de la productora, de las revistas…?

No. Cada socio es socio de su cooperativa, que es la cooperativa en la que trabaja. Entonces hay una supracooperativa, que es una cooperativa de segundo grado, que es una cooperativa que no factura, por decirlo de alguna manera, que lo que hace es que las líneas estratégicas de todas las cooperativas estén alineadas y hace más fuerte el proyecto entero, con más músculo. Porque no es lo mismo ir a un banco siendo solo Ara Llibres que ir a un banco y tener detrás varias empresas. No solo por eso, no solo por cuestiones prácticas, sino porque si lo que queremos es ser más grandes, si lo que queremos es que el proyecto sea cooperativo y tenga incidencia social, tenemos que atacar desde distintos frentes. Y poder trabajar los contenidos desde diferentes perspectivas, la audiovisual, la de las revistas, la de los libros, etc., nos hacía mucho más fuertes, y por tanto mucho más ricos. Y para mí, que eso vaya bien y que se haga grande es una gran esperanza para el mundo de los contenidos.

¿Estáis, entonces, haciendo también un trabajo social?

Para mí, absolutamente. También hay una repercusión social, más allá de la aportación cultural.

El éxito podría ser no solo que Ara Llibres acabe creciendo, sino que hubiera más editoriales que apostaran por esta organización.

Y más gente que se organice de una manera que me parece más justa y más productiva, y más rica… sobre todo más rica, porque la suma de gente tiene que ser positiva necesariamente. Y, por tanto, cuanta más gente se sume, más fuerte y diversa será. Estamos yendo hacia un mundo en que la diversidad tiene poco valor, la diversidad no es algo que se potencie. Yo creo en una manera de organizarse en cooperativa que no es sencilla, porque no nacemos aprendidos, se tiene que aprender mucho, tienes que aprender muchas cosas, pero al final da esa diversidad. La tiene que dar, porque los propietarios no son una persona, son un conjunto, y cuanto más grande sea, más será el reflejo de una sociedad.

Tú formas parte de la sociedad y dejas de ser la editora, pero no te desvinculas de la sociedad.

En mi excedencia, ahora, soy simplemente socia en excedencia.

¿Vas a la reunión mensual?

Al consejo de administración, consejos rectores, que es donde se marcan líneas estratégicas, pero no se trabaja el día a día. Es decir, yo tengo mi duelo, por decirlo de alguna manera, al no participar en absoluto del día a día, porque el consejo rector de la cooperativa nunca discute títulos o autores.

Que es lo que a ti te gusta.

Es lo que yo hacía y me encanta. Allí lo que trabajas son otros temas: si en la empresa hay que hacer más títulos, si tenemos que trabajar estos mercados, qué pasa con la distribución, qué parte del presupuesto se dedica a la promoción… cosas mucho más prácticas, de funcionamiento de empresa. Y qué estrategia a medio y largo plazo se debe tener. No entras nunca en el día a día, porque no es el trabajo de la cooperativa, la cooperativa no decide esas cosas. Ahora hay un director editorial, Joan Carles, y él decidirá todas esas cosas. Como me explicaron muy bien el día que entré, el consejo rector no te cuestiona nunca lo que tú haces en el día a día, tus superiores, sí, pero la cooperativa como tal, no… eso sí, el consejo rector ratifica si en conjunto no estás haciendo bien tu trabajo y si tienen que tomar medidas, que puede incluir un despido en los casos más extremos. Y eso está bien. Para mí el buen equilibrio de este sistema cooperativo que nosotros tenemos, que no es necesariamente el de todo el mundo, es que permite una operatividad también. No podemos estar decidiendo entre todos, en nuestro caso, porque no sería óptimo. Y es un entorno duro, es un mercado duro, y necesitamos que sea óptimo.

Al ganar Eduardo Mendoza el Premio Cervantes, volvimos a hablar de los escritores catalanes que escriben en castellano, un tema del que hemos charlado a menudo y del que quiero que hablemos ahora. ¿De qué sirve traducir al catalán y al castellano simultáneamente? ¿Son realmente dos mercados diferentes o se mezclan?

No tengo la certeza absoluta. ¿Por qué tenemos que salir juntos? Tenemos que salir juntos sobre todo porque el catalán no puede salir después. ¿Por qué? Porque en estos momentos, todo el mundo, diría que el 100% de la población, puede leer en castellano y, por tanto, si primero sale la oferta en castellano, y la gente tiene ganas de acceder a aquel libro, de leerlo, lo hará en castellano y el mercado catalán es demasiado pequeño para permitírselo.

No esperará.

No. No esperará porque pienso que ahora no compramos libros tanto por cuestiones lingüístico-patrióticas.

Hacer país.

Ahora creo que hay otra naturalidad. Todo el mundo lee en castellano, y si primero sale la traducción en castellano, cuando sale la catalana ha perdido una gran cantidad de lectores, enorme, y por tanto nos resulta útil ir juntos. También nos resulta útil ir juntos porque nos potenciamos los unos a los otros y llegamos más lejos. Pese a que hay una parte del mercado que es confluente, hay una parte del mercado que no lo es, y por tanto tenemos que trabajarlo de formas distintas. Es muy diferente trabajar un libro en Cataluña que fuera. El universo de librerías de Cataluña es un ecosistema, para mí, maravilloso, que no es replicable en el resto de España. La librería mediana y pequeña tiene un peso en la venta de libros, en la facturación y sobre todo en la prescripción, muy grande, más grande que en el resto de la península, que trabajan mucho más con las grandes cadenas de librerías. Y eso condiciona también la manera de trabajar los libros, especialmente cuando son en catalán. Aquí tiene que hacerse mucha más microcirugía y no entender eso es trabajar los libros de una manera no óptima.

Cuando las pequeñas y medianas editoriales españolas vienen a presentar a Cataluña, se van a las grandes librerías, y es un error. No va nadie, si no es un autor mediático o con conocidos en la ciudad.

Hay un ecosistema que se tiene que entender, y que tiene que trabajarse en pequeño y distribuido por todo el territorio, no solo en Barcelona. Y, después, no solo son las librerías, los medios también. Los medios nacionales catalanes son diferentes, por tanto, tienes que pensar específicamente cómo los trabajas.

Y en los periódicos con ediciones en castellano y catalán, pese a tener oficina en Barcelona, a menudo tienen redactores distintos.

Absolutamente. Y después la prensa comarcal, teles comarcales, los medios locales, etc. Es mucho más de microcirugía. El espacio es más pequeño, y eso permite también que haya, si el autor es de aquí, mucho movimiento presencial. Yo lo vivo como una oportunidad, un goteo que puede alargar en el tiempo la vigencia de un libro, en esta época de dictadura de la novedad, que incluye bibliotecas… el trabajo que están haciendo las bibliotecas aquí es increíble. Bibliotecas, librerías, presentaciones, clubs de lectura. Y eso es diferente al resto del Estado. Seguramente no es diferente para los grandes blockbusters, o los grandes éxitos, pero sí para una cosa que a mí me preocupa mucho, que tengo que decirla en inglés porque no sé cómo se dice en catalán, que es la midlist. Para los libros que no son éxitos fulminantes, que no salen nunca en la lista de los más vendidos, pero funcionan, tienen una masa crítica de lectores. Que este tipo de libros exista es absolutamente fundamental para la riqueza cultural de un país, porque garantiza la diversidad y porque de esos libros también saldrán los grandes autores del futuro. Si dejamos yerma esa franja, no podremos crecer, no habrá grandes autores. Y no habrá libros buenos de público no tan mayoritario. Yo creo que para que funcione esa midlist entender bien nuestro mercado es fundamental. Los grandes blockbusters funcionarán igual, los tendrá todo el mundo, estarán en todas las librerías, tanto si son en castellano como si son en catalán, pero para los libros que no son de esa primera línea de venta hace falta un trabajo mucho más pequeño, un trabajo diferente.

En cuanto a las ediciones en castellano y catalán a la vez, habría que hablar también del tema del precio, tenemos que poner un precio igual al del castellano porque, si no, hay una desventaja competitiva; este precio igual al castellano para nosotros es más difícil, porque las tiradas son más cortas. Pagas los mismos fijos, pagas lo mismo por la traducción, pagas lo mismo por la corrección, pagas lo mismo por la cubierta, pero tu tirada y tu venta es necesariamente inferior. Y, en cambio, el PVP no lo decides tú. Lo decide el mercado español.

Laura Huerga habló de ello: el castellano se te come.

Se te come y además no tienes el poder de decisión. ¿Qué empresa no puede decidir el precio de su producto?

¿Por qué tienes que pagar lo mismo que la editorial en castellano?

Porque a un traductor no puedes decirle que, como es en catalán, le pagarás menos, porque el trabajo es el mismo.

Y menosprecias el catalán, claro.

El trabajo es el mismo. O a un corrector. Y en cambio la tirada es más corta. Y, después, para mí hay otra dictadura… es fuerte, la palabra, pero es algo que me preocupa casi más que lo del precio, que es la dictadura de los calendarios editoriales. La editorial en castellano acaba decidiendo en qué momento publicas aquel libro, porque si tú tienes que publicarlo cuando lo publican en castellano… Con algunas editoriales hay más flexibilidad y pactáis cuándo, pero con muchas otras la realidad no es esa. Te dice tal editorial: lo haremos en este momento, y tú tienes que adaptarte, o, si no, hazlo cuando quieras, pero sabes que no puedes salir después. Eso, que parece algo sin importancia, tiene una importancia crucial, por dos motivos, porque nuestros calendarios del libro del año son diferentes, y porque, como se publican en una misma editorial libros que en castellano salen en editoriales diferentes, se producen contrasentidos como lo que me pasó hace poco: tener cinco traducciones potentísimas, todas el mismo mes.

¿Y después de Sant Jordi?

Era antes de Sant Jordi, pero eso tampoco era bueno. Porque además a mí no me interesaban para Sant Jordi, porque para Sant Jordi nosotros estábamos trabajando otro tipo de libro distinto. En cualquier caso, lo que para mí es un problema es que no lo estábamos decidiendo nosotros. Lo decidía otra empresa.

Tu logística de prensa no puede soportar cinco libros potentes…

Y si decidimos nosotros que los queremos sacar todos juntos porque nos hemos vuelto locos, adelante, pero es que no lo hemos decidido nosotros, lo ha decidido otro mercado. Otro mercado me está diciendo a mí cómo tengo que vender mis libros. Y, además, de una manera ilógica. Eso sí que me parece ponernos en una segunda posición. No poder decidir sobre nuestro propio producto… no pasa en ninguna empresa. ¿Os imagináis que Coca-Cola dependiera de Pepsi para sacar un nuevo producto?

Y, por ejemplo, ¿con Libros del Asteroide es más fácil porque compartís el tipo de editorial y la complicidad lo facilita?

Hay editoriales y hay editoriales. Como siempre, el mundo se hará muy grande, muy tecnificado, muy no sé qué, pero al final las personas trabajan con personas, y esa sigue siendo la ley que mueve el mundo. Incluso en un grupo muy grande. Tú puedes encontrar un editor que tenga cintura, que te entienda… para mí no es tanto de grandes o pequeños, sino de personas y personas. Menospreciamos mucho el poder del individuo. Muchísimo. Si me preguntas si pasa con todas las editoriales, o si pasa con todas las grandes… tiende a pasar más con editoriales grandes, porque tienen la fuerza de imponer más cosas, pero no siempre.

En los grandes grupos ni siquiera los sellos pueden decidir demasiado…

Por eso con los grandes cuesta más que tengan cintura, pero al final muchas veces depende de la persona que tienes delante. Tú me dices: ¿con Asteroide a mí me ha resultado fácil hacer cosas conjuntamente? Facilísimo. Repetiría en cualquier momento. ¿Es porque son más pequeños que algunas editoriales y por tanto entienden más nuestras problemáticas? Seguro. Pero también porque Solano y yo nos entendimos bien en aquel momento, y porque él es una persona que entiende las cosas. También me ha pasado con editoriales grandes. Con el libro de Ramón Gener con Random… nos entendimos perfectamente, y son Random. Y, en cambio, las personas que estaban allí eran personas que no te menospreciaban, que te escuchaban, que podían entender tus problemáticas. Y, por tanto, intentaban planificar conjuntamente. Y después, con pequeñas y con grandes, y aquí sí que no diré nombres, ha habido veces que ha sido «ordeno y mando». Soy el castellano y salgo, y te aguantas.

Ir acompañado de una buena editorial en castellano también guía al lector que pueda conocer mejor un mercado que otro. Si ven que sales con Asteroide y leen en catalán, te presenta bien y te compran.

Nosotros como editores, cuando recibíamos un original, hacíamos dos preguntas muy prosaicas al agente internacional: una pregunta que me parece espantosa, «si el libro es muy largo», porque las traducciones en catalán, con la poca venta que tienen, es muy difícil que no supongan pérdidas, muy difícil, y por lo tanto hacíamos esa pregunta terrible… que casi la primera cosa que preguntas de un libro es cuántas páginas tiene, pensando que por favor tenga menos de 300, es patético… al margen de si es una obra maestra o no, me parece muy triste y muy sintomático, pero esa es otra conversación; y la otra cosa que preguntábamos era «quién lo hace en castellano». Porque los compañeros de viaje son importantes. Y no solo por si podrás entenderte o no, sino por cómo plantearán el libro, cómo lo cuidarán, por cómo sus agentes prescribirán el libro.

Y qué cómplices tienen.

Absolutamente. Es muy importante. Porque cuando digo que las personas son muy importantes, los sellos también son importantes. El sello que hay detrás de la persona también te da mucha información.

Uno de los problemas que pueden encontrarse las pequeñas y medianas editoriales es que los grandes grupos hayan incorporado también sellos en catalán, bloqueando los derechos en catalán (e incluso sin llegar a publicar después el libro). Por ejemplo: Random podría quedarse a Toni Morrison en castellano para Lumen y en catalán para Rosa dels Vents, y comprar los derechos por una cantidad que no puedas permitirte como Ara Llibres. ¿Eso pasa?

A mí no me ha pasado.

Laura Huerga lo comentó un día y todo el mundo parecía aceptar que ocurre a menudo.

Lo he oído muchas veces. A mí no me ha pasado… diría que nunca, querer una cosa, que la haya comprado alguien en castellano y catalán, y que no haya acabado saliendo en catalán. No quiero decir que no pase, estoy segura de que pasa, pero en mi experiencia personal no. Lo que sí me parece muy preocupante es: «Por el mismo precio, ponme dos». Cuando las editoriales están comprando a la vez catalán y castellano sin darle un valor al catalán. Porque, ¿qué pasa al final? Imagínate que una cosa la pagas, me invento el precio, cuatro mil por el castellano y mil por el catalán, en una correlación normal de fuerzas. Y dices: mira, te hago una oferta que son cuatro mil más mil, imaginémonos. Y el agente dice: muy bien, perfecto, adelante. Lo que ocurrirá con la oferta paquete es que no serán cuatro mil más mil, serán cuatro mil por los dos, no habrá valor del catalán. Y si tú no pagas por una cosa deja de tener valor para ti. Pero no solo me preocupa eso, sino que después, cuando tú compres los dos de ese modo, el catalán resulte subsidiario. Lo he comprado porque, como podía comprar los dos, alguno venderé en catalán y me aseguro de que nadie lo esté vendiendo en catalán y me esté robando algunas ventas. La parte de pasión, de conocimiento, de trabajártelo, de creértelo, de ir a buscar un mercado concreto… no lo harás. Porque no estás comprando porque realmente quieras aquello y te vayas a ocupar de ello. Estás comprando un paquete porque crees que de ahí obtendrás un rendimiento, pero no hay un trabajo específico sobre esa edición en catalán. Cuando decía que cuando lo hacen dos editoriales para mí es rico, lo es porque al final dos personas suman más que una persona. Si hay una editorial que trabaja su mercado en castellano de una manera determinada, y hay una editorial que lo hace en catalán… pero, incluso si se hubieran trabajado de maneras iguales, cuando lo trabajan dos suma. Pero cuando lo hacen todo en la misma campaña, primero, no tendría que hacerse en la misma campaña y, segundo, ¿quién acaba sufriendo? Dos nunca es igualdad. Desengañémonos. Acaba sufriendo y acaba siendo relegada la edición en catalán. Evidentemente.

Ahora tienes otras luchas distintas. En el Institut Ramon Llull… ¿qué haces?

Hago una cosa muy bonita, que es que la literatura en catalán pueda cruzar fronteras, y por tanto pueda ser disfrutada más allá de la gente que es capaz de leerla en catalán. Y eso, si no es un regalo, que baje Dios y lo vea. Es precioso. Eso es a grandes rasgos lo que hago.

Cuando dices que la literatura en catalán cruce fronteras… ya lo hemos hablado muchas veces, pero la gran frontera que tiene que cruzar la literatura catalana es España.

Sí. A mí eso me preocupa mucho, porque de forma natural la primera frontera que tendría que cruzar la literatura catalana tendría que ser la del castellano, por proximidad histórica y cultural, por pasado común, y en cambio muchas veces es un hándicap. Yo creo que en los últimos años se ha hecho aún más grande, pero viene de lejos. Cuando yo estaba en Anagrama, Herralde hizo un gran esfuerzo siempre por traducir a Montcada, Monzó, Sagarra, Pàmies… él iba traduciendo, y evidentemente algunos libros funcionaban, pero no en la medida que tendrían que hacerlo si no estuvieran escritos originalmente en catalán, creo. Al mercado español, no tanto el latinoamericano, le cuesta mucho.

¿Y al latinoamericano crees que no le cuesta?

No, quiero decir que al que sería más natural, que es el español, le cuesta muchísimo porque tiene más prejuicios. Yo creo que al mercado latinoamericano, si no hemos llegado más en profundidad es porque cuesta trabajarlo, ya que la puerta de entrada natural sería la traducción en castellano de la Península, porque creo que allí no hay los mismos prejuicios. En cambio, nuestro mercado natural es que en Segovia alguien lea a Llucia Ramis o a Jordi Nopca, o tanta otra gente que está siendo traducida a otras lenguas de forma natural… y cuesta. No quiere decir que todo cueste mucho. Hay libros que funcionan, Cabré funciona. Y no tenemos que olvidar que la primera lengua de traducción del catalán es el castellano, pero creo que tendría que traducirse más.

Pero Cabré funciona donde va. Es la excepción.

Absolutamente.

Hay libros comerciales que funcionan en ambas partes. Pero hay autores que aquí venden mucho, y que fuera de Cataluña no llegan proporcionalmente. Sílvia Soler, Màrius Serra…

No hay una proporcionalidad entre los lectores que leen en catalán aquí y los lectores que encuentran en un mercado como el castellano.

Pero aquí sí leemos a Almudena Grandes, Mendoza o Vila-Matas.

Sí. Aquí no hay un problema con la literatura en castellano, pero en el resto de España cuesta mucho.

Primero que los traduzcan.

Y que funcionen con naturalidad, porque tendrían que funcionar, porque son dos culturas que están absolutamente imbricadas. Forma parte de un prejuicio, obviamente. Es un problema no literario, es un problema que va más allá de los temas literarios. Yo siempre pienso, y más desde que estoy aquí, que tenemos que hacer un esfuerzo para intentar revertir esta situación, pese a que para nosotros, desde el Institut Ramon Llull, no es fácil, porque cuando hay un componente que no es literario es más difícil encontrar elementos. Pero tenemos que hacerlo, porque no puede ser que siendo una cultura tan próxima no esté más próxima culturalmente, me parece increíble.

Como editora has trabajado siempre como una gran empresa, con equilibrios. Has publicado todo tipo de libros: vermut, cocina, Kilian Jornet y Toni Morrison. Cuando presentas el catálogo, lo haces todo con la misma pasión porque todos los has elegido tú.

Sí, pero la misma pasión no quiere decir que lo presentes todo por igual. Es decir, que expliques todo de la misma manera. Yo creo que es muy importante creer todo lo que haces, pero las cosas las haces por distintas razones, como en la vida misma. Para mí es diferente defender a una Toni Morrison, a un Colm Tóibín, que defender a un Kilian Jornet. ¡Adoro a Kilian! O defender un Ramón Gener, o una Natza Farré.

A Natza no has podido defenderla, finalmente…

No he podido defenderla, que me da mucha pena. Pero me gusta mucho que le esté yendo tan bien. Es un gran libro. En cualquier caso, lo explicas con pasión, pero en cada caso es diferente. No dices: todo esto es maravilloso, todo esto es literario, todo esto tiene una calidad de… no, no. Yo lo que quiero es que si haces un libro de cocina, que sea el mejor libro de cocina que podemos hacer. Y si hacemos un libro de Kilian Jornet, que hagamos el mejor libro sobre superación, sobre reto, sobre la libertad que puedas hacer. A mí una cosa que me encantaba era ir a contar a los comerciales nuestros libros. Incluso en narrativa no puedes contar del mismo modo a Marc Pastor, Milena Busquets, Fonalleras o a ti, o a Lolita Bosch. En cada caso lo tienes que explicar de una manera. Y cuando vas a explicar cocina, no vas a hacerlo igual. Eso no quiere decir que no lo hagas con cariño ni apasionadamente. Simplemente tienes que saber que lo que estás ofreciendo en cada caso es distinto. También tengo que decir que el hecho de intentar abarcar tanto como hemos hecho nosotros, que de la misma manera hemos publicado un libro de no ficción o un Francesc Torralba, nos ha costado a veces que no nos entienda bien la librería. Y eso fue un problema que tuvimos. Fue un reto para nosotros, decir: no hemos explicado bien nuestro proyecto a las librerías. Y entonces hice aquella ruta, Amsterdam Tour, que para mí fue importantísima.

Quería preguntártelo.

Era muy importante, porque había mucha gente que no acababa de entender la dispersión.

En cambio, sí que lo entienden con los distintos sellos de un mismo grupo.

Sí, lo que pasa es que nosotros no nos habíamos explicado bien. Aquí el problema no era de los libreros, era nuestro. Al final, cuando explicas las cosas, se entenderá más o menos, y evidentemente lo tienes que demostrar libro a libro, pero yo creo que la dispersión, que era una dispersión para los demás y no para nosotros, que la entendíamos, nosotros no fuimos capaces de explicarla. No lo habíamos hecho, no se nos había entendido bien. No era culpa del receptor.

El purismo lingüístico. A veces me pregunto por qué mi padre no ha hablado ni una palabra de catalán entendiéndolo y pudiéndolo hablar, y creo que el pudor de hablarlo mal hace que mucha gente prefiera no hablarlo en absoluto. Por ejemplo, Arrimadas habla en catalán y nos burlamos de ella.

O con Montilla.

¿Esa tensión perjudica al catalán? ¿Es una barrera?

Lo que pasa es que yo creo que esa barrera ya se ha superado y en el mundo editorial se nota mucho. Hace unos años, quizá muchos, quizá veinte, parecía que en catalán solo se podía publicar determinado tipo de libro considerado literario. Y es evidente que tiene que trabajarse para mantener un catalán literario y una producción editorial literaria, pero, como en todas las lenguas y culturas del mundo, hay libros literarios y libros que no lo son.

Eso sería sintomático, en el caso del catalán, de la naturalidad de la lengua.

Absolutamente. En catalán, hasta hace mucho tiempo, solo había eso. Yo creo que se ha abierto mucho el abanico. Si tú vas a una librería, antes solo encontrabas literatura en catalán. Y ahora encuentras de todo. Y eso, que es la gran polémica sobre si Sant Jordi, qué es Sant Jordi… pero para mí es un síntoma de normalidad. Tenemos que consumir porno en catalán.

Ya tenemos el titular.

No, no. No me digas. [Ríe]. Natza me matará. Revistas del corazón en catalán. Sin olvidar que hace falta un catalán literario. No tenemos que banalizar tanto las cosas hasta que todo valga porque es en catalán, porque da igual, qué importa si se escribe bien o mal… No, hay diferentes registros, como en todas las lenguas, y tiene que haber un registro literario, tiene que haber un registro correcto. También para trabajarlo literariamente y hacerlo incorrecto si hace falta, pero tiene que estar. Y después tiene que haber el resto. Tenemos que vivir con naturalidad en todos los aspectos de la vida en catalán. Pero eso yo creo que está pasando. Y cuando entras a la librería se nota mucho que el catalán ya tiene su espacio. Seguro que no suficientemente. Se puede hablar de muchas cosas en catalán.

Salió un artículo hablando de los autores jóvenes (Forns, Adam, Espasa, Nopca) que preguntaba si estaban modernizando el catalán.

Yo creo que eso es también un síntoma de normalidad. La lengua no puede estar en una torre de cristal. Tiene que haber una lengua formal, con unos parámetros de corrección establecidos, y también autores que, a partir de esa lengua correcta, la trabajen literariamente y la hagan evlucionar. La lengua es una cosa viva, no estática. Incluso que la usen de manera incorrecta voluntariamente, si es con voluntad estilística.

¿Crees que Quim Monzó nos ha hecho esa transición hacia un catalán más moderno?

Absolutamente. Especialmente cuando él empezó a escribir, él y otros también, pero sobre todo él, Ferran Torrent en su momento, Pàmies un poco más tarde, demostraron que se podía hacer literatura moderna en catalán.

Parece una tontería, pero…

Sí, parece una chorrada, pero eso tenía mucho valor en aquel momento. Y, por tanto, somos herederos de aquello. Gracias a Dios que existió.

Como editora has publicado libros que han estado marcados políticamente. Colau, Junqueras, Puigdemont… ¿Hay que mojarse cuando editas?

No tienes que estar de acuerdo con todo lo que editas. Eso es imprescindible porque, si no, eres un sectario. Pero también hay unos límites de lo que a ti te apetece editar. Tienes que defender unas determinadas cosas, que no quiere decir contenidos de un libro. Es difícil encontrar el límite, pero yo no suscribo muchas de las cosas de los libros que he publicado. Pero, primero, no eran libros que me ofendían en su conjunto; tengo que decir que como editora si un libro me hubiera ofendido muchísimo, incluso si me pareciera publicable, habría decidido no publicarlo, porque después tengo que defenderlo, y por tanto siempre hay esa parte. No que te cases con su contenido, no es eso, sino que no te ofenda. Es un límite muy amplio. Ahora, lo que para mí es importante es que las personas a las que he publicado tengan cosas que decir y las puedan decir de una manera articulada y que no exista ya en la librería, y por tanto que aporten una visión que pueda ser interesante para los lectores. Me ha pasado solo una vez, y tampoco diré de quién, recibir una propuesta de libro, que el libro no necesariamente estaba mal, pero que me ofendía… y pensé que no hacía falta.

No dirás quién.

No. [Ríe]. Me ofendía.

¿Político?

Era un libro político, sí. Para eso… tenemos que estar muy al límite, porque, si no, hay muchas perspectivas que me parecen interesantes, y con las que yo quizá no comulgo, ni en una gran parte, pero que me parece que necesitan ser contadas. Es muy divertida esa parte de la edición. Muy bonito estar emitiendo, es una parte de Ara Llibres que a mí me interesaba mucho, también, y que es decir: «Ostras, ¿quién está diciendo cosas?». E irlos a buscar.

Las editoriales independientes en castellano rescatan mucha literatura olvidada, autores que no tuvieron prestigio en su época, y diría que en catalán no se está haciendo tanto. Como también se está descuidando la traducción de autores importantes. Ahora Club Editor y L’Altra están haciendo una gran labor de traducción nueva de Ginzburg y McCullers, pero todavía queda mucho por hacer. ¿Por qué durante tantos años no nos hemos ocupado de eso?

Yo creo que eso ocurre porque somos una industria muy débil. Es decir, pasa porque es más difícil que un libro funcione en catalán, porque el mercado es más pequeño, y por tanto nos hemos dedicado a ir, sobre todo en momentos de crisis, que ha afectado muchísimo al catalán, a hacer cosas más seguras y a la novedad. Le ha afectado mucho porque ya era una industria débil, y porque si una tirada de un libro antes era de tres mil de media, y ahora es de mil quinientos, eso quiere decir que, para que un libro funcione, tienes que hacer muchos milagros. Y ciertos experimentos ya no puedes permitírtelos, y ahora que parece que habríamos salido de eso, seguramente tampoco nos hemos dedicado a hacerlo. Pero creo que la razón va por ahí. Y después pasa otra cosa que a mí me preocupa mucho, cuya explicación no tengo, y es: nosotros, cuando mirábamos Nielsen, que no es demasiado bueno para el catalán porque no refleja bien ese entramado de librerías medianas…

¿Porque no aparecen, porque hacen la aproximación?

Sí, y el territorio no funciona siempre así. Y el peso de las grandes cadenas de librerías es menor que en otros mercados, y por tanto las extrapolaciones no siempre funcionan, pero te ayuda a ver cosas. Veíamos una cosa que a mí me resulta muy sorprendente, y es que no hay venta de fondo del libro de no ficción. Cuando un libro de no ficción se detiene, hemos vendido muchos y llega un momento en que el libro se detiene, tú ves que el libro en castellano, aquel mismo título, cada año aún coletea. Poquito, pero sigue. Y en catalán se detiene en seco. Yo no sé por qué, y con la ficción pasa un poco lo mismo. Dices: ostras, este libro, que en castellano vas viendo que ya es un libro antiguo, que igual tiene seis, siete u ocho años, pero que aún va goteando, a ti no te gotea ni de la manera proporcional. ¿Por qué a nosotros se nos seca el mercado y ya no hay una lógica, y en el mercado castellano, al menos en nuestras interpretaciones de Nielsen, eso no pasaba? No sé por qué es, pero es algo muy preocupante, porque una de las cosas que era maravillosa de Herralde era la cantidad de reediciones que hacía. Cuando yo estaba, igual reeditaba veinte o veintidós o veinticuatro títulos cada mes. ¿Sabes lo que es eso? Es una burrada. Quiere decir que el peso del fondo es enorme. Él tenía un fondo muy rico, pero esos mismos libros en su versión en catalán estoy segura de que no iban vendiendo de la misma manera ni proporcionalmente. ¿Por qué? No lo sé, y sería muy sano para el sector, porque lo que te permite funcionar bien es tener un buen equilibrio entre novedad y fondo.

El equilibrio imposible.

El equilibrio deseable. [Ríe]. Pero es muy difícil. La dictadura de la novedad es terrible.

No solo publicas libros que recibes, sino que tú también los propones.

En no ficción.

Por ejemplo, Natza Farré. ¿A quién le propondrías un libro ahora?

[Ríe]. ¡No puedo decírtelo! Pero le doy muchas vueltas. Últimamente he pensado muchos. Después te los digo.

Aunque no seas editora, entonces, sigues pensando como si lo fueras.

Vas viendo cosas…

Desde fuera, ¿propones a los editores de Ara Llibres autores o libros para publicar en la editorial? ¿O esperas a tu vuelta?

No. Me espero. ¿Sabes qué pasa? No me gustaría interferir demasiado. No es fácil sustituir a alguien. Ellos tienen que crear su espacio, a veces no es fácil. Y creo que está bien que no interfiera, porque no es fácil cambiar de editor y construirte tu propio mundo, dentro de una coherencia. Por eso muchas veces me muerdo la lengua y no sé a quién decírselo. [Ríe].

¿Por qué un libro como el de Milena Busquets, escrito en castellano, tiene que ser traducido al catalán?

El caso de Milena es un caso muy especial. A mí me importa bastante la mirada. Cuando defiendo que haya un mundo de lectores en catalán, no es porque hay autores que escriban en catalán y ya está. Que muy bien, es mi lengua de adopción, por decirlo de alguna manera, y me parece rico. Pero no solo es eso, es que en una lengua hay una mirada. Y perder la lengua es perder esa mirada. Nosotros no traducíamos novelas en castellano para el mercado catalán, porque no creíamos que tuviera sentido pudiendo ser leídas en el original. Cuando me pasaron el manuscrito de Milena, que me lo pasó Pontas, me lo pasó primero Marina y después Anna, recuerdo perfectamente que lo estaba leyendo y pensaba que esa mirada estaba escrita en castellano, pero esa mirada existía, y por tanto me parecía raro que no se hiciera en catalán. Me pareció antinatural lo que normalmente me parece natural, y es que no estuviera en catalán. Pero pensé, con un gran ojo comercial, que en catalán sería un fracaso. [Ríe]. Me enamoré de la novela, y hubo un punto de locura al decir: esto no funcionará en catalán, funcionará muy bien en castellano pero no en catalán, porque todo el mundo se leerá el original, pero no me chirría traducirlo al catalán porque hay una mirada, y además me gusta mucho la novela y me gustaría que la hiciéramos. Presentamos una propuesta. Fue una historia bonita, porque al final creo que a Anna y a Milena les convencieron también las ganas que teníamos de hacerlo, cómo lo planteábamos, más allá de la propia propuesta estrictamente de condiciones económicas, y eso fue un voto de confianza… y pensé que entonces teníamos que dar el callo, teníamos que hacerlo bien. Y recuerdo que estaba yo en Donosti, en el festival de cine, y me mandó un WhatsApp Marina y me dijo: «Es una locura, lo está comprando todo el mundo». Porque era cuando aún no lo había comprado nadie. Y yo pensando: «Ostras, a ver si venderemos alguno que otro en catalán». Y entonces la cosa se fue haciendo grande, y en el momento en que salieron los dos libros y vi cómo Milena, que es obviamente catalana, lo defendía en los medios en catalán, pensé: «Esto funcionará». Funcionó mucho mejor, desde luego, de lo que yo había previsto en el primer momento para el catalán. Yo creía que en castellano vendería muchísimo, como así ha sido, porque no podía ser de otra manera.

La Feria del Libro de Madrid tiene algo que Sant Jordi no tiene: como son más días, el lector que se acerca no es solo el lector que quiere una firma y persigue a los autores, sino que es un lector que pasea y descubre. En Sant Jordi firmas pero no vendes, y en Madrid vendes libros firmados.

Yo soy fan de Sant Jordi. No puedo decir otra cosa. Es verdad que el hecho de que Sant Jordi esté tan concentrado en un día tiene un punto prehistórico, incluso. Los editores nos pasamos un mes antes mirando las noticias del tiempo como si fuéramos campesinos de la pera, con todo el cariño del mundo, pero es que nosotros no vivimos de la tierra. Y es una cosa tan… tiene un punto gracioso. [Ríe] Y si es domingo, y si lloverá, y si habrá viento, y han dicho que…

Y si el Barça juega esa día.

Que esté todo concentrado en un solo día tiene un punto absolutamente loco. Porque dependes de una serie de elementos que además no puedes rectificar. La campaña de Navidad… tú puedes ver. En Sant Jordi no tienes tiempo de reacción. Lo peor que te puede pasar en Sant Jordi es romper stock. Es decir, que un libro que no preveías que funcionara tan bien, resulta que por razones x lo peta y todo el mundo lo quiere. Eso es terrible. Pero para no romper stocks la única posibilidad que tienes es sobreproducir, y después tienes unas devoluciones que hacen que libros que podrían ser viables dejen de serlo, porque has producido por encima de tus posibilidades. Solo hay que imaginarse que todas las librerías de Cataluña tienen los mismos libros dentro de la librería, y después tienen una parada fuera llena de libros que cuando se acabe Sant Jordi sigue llena de libros, y esos libros se devuelven. Eso, desde un punto de vista de lógica de mercado, es muy duro. Yo creo que sería mucho mejor si pudiéramos alargarlo unos cuantos días más, pero es verdad que Sant Jordi es Sant Jordi, y por tanto es difícil hacer cambios a un evento tan maravilloso que funciona tan bien. Los editores lo hablan, los libreros lo hablan… de qué forma podemos hacer que el libro sea la culminación, pero que haya un calentamiento. Que ya lo hay, ¿eh?… pero de una manera más intensa, porque es que, si no, es una locura fiarlo todo a un solo día. Pero… no deja de ser mágico. Si lo miro desde mi mentalidad infantil, de niña, es muy bonito. Ahora, si lo miro desde cualquier otra perspectiva, ¿qué estamos haciendo mirando si caerán dos gotas en Olot? Por favor, que llevamos un año entero trabajando este manuscrito, hablando con el autor y pensando cómo lo haremos, qué cubierta le pondremos, cómo haremos la promoción, y resulta que llueve en Olot, y que aquel autor era de Olot… [Ríe]. ¿Qué estamos haciendo? Si consiguiéramos que la gente leyera… es decir, el gran tema es ese. Pero, dejando a un lado el gran tema, después hay otros temas. Si consiguiéramos que no todo fuera tan estacional en estos momentos concretos, llegar a una cierta desestacionalización. Ahora para mí la Setmana del Llibre en Català es un gran momento para hacer una rentrée en catalán. Si conseguimos eso sería muy sano. No todo es Sant Jordi. Es la fiesta que es, es maravillosa, es singular, no existe nada igual en ningún lugar del mundo. Por tanto, eso está ahí. Si pudiera durar unos días más, sería bueno. Y después busquemos otros momentos. La Setmana del Llibre en Català…

El Off Sant Jordi.

Exacto. Intentemos que no todo sea Sant Jordi.

Y que no todo sea Barcelona.

Y sobre todo que la gente lea todo el año.

Lo dices apenada.

Es que, al final, Sant Jordi, que es una fiesta maravillosa, es una fiesta en la que hay un gran consumo de libros. ¿Cuántos de esos libros se leen? Como editora estoy encantada de que se inventen los Sant Jordis que quieran. El consumo de libros es bueno también para la industria, es necesario, es bueno, me gusta, pero…

Como autor, es desesperante ver las colas que hay para personajes.

Sí, pero yo creo que nos lo tenemos que tomar con mucho relax. El problema que yo veo de fondo es que pretendemos que en Sant Jordi se arreglen todas las carencias que tenemos nosotros, y la carencia principal es que somos gente que lee poco. Si fuéramos gente que lee mucho, y después un día de Sant Jordi te encuentras a Frank de la Jungla firmando libros, no sería un problema, porque es una gran fiesta. No de la literatura, sino del libro, así que adelante. Ahora, claro, todos ponemos todas nuestras esperanzas, porque como el resto del año no leemos, cuando podemos nos aferramos. Yo creo que tendríamos que ir solucionando el problema de fondo, pero no tengo la receta.

¿Qué opinas de los cursos de escritura creativa? Porque publicasteis un libro de Maria Escalas, que descubristeis gracias al Ateneu Barcelonés, si no me equivoco. ¿Te parecen útiles los cursos?

Yo creo que los cursos de escritura creativa son útiles, pero también que somos un país un poco extraño. Muchas veces he tenido la sensación de que se escribe más de lo que se lee. La cantidad de manuscritos que llegábamos a recibir… si toda esa gente que nos está mandando manuscritos, hubiera entendido una cosa que para mí es importante, que es que al mismo tiempo que escribes, lees… porque la lectura también te ayudará en tu proceso de escritura, estaría muy contenta. Pero muchas veces tenía la sensación de que hay mucha gente que escribe y no es lectora. Y eso me resulta increíble.

En un curso que impartí, el primer día de clase pregunté qué libros leían y muchos alumnos decían que no, que no tenían tiempo ni de leer el periódico.

Es la sensación que tenía, entonces. Si son una estafa los cursos de creación… no. Porque si sale una Maria Escalas, estoy satisfecha. Contaba el editor de El señor de los anillos que, en toda su vida lectora, nunca encontró otro manuscrito enviado espontáneamente que le resultara interesante. Pero encontró El señor de los anillos, y lo justifica todo. ¿Qué tienen las escuelas de escritura, bajo mi punto de vista, que sea bueno? Primero, que está muy bien que, si la gente tiene un hobby que es escribir, también nos sirve un poco de filtro, y creo que eso para un editor es interesante. Te llegan muchos manuscritos sin filtro, y te llega cada cosa… Tanto los agentes literarios, en otro orden de cosas y con mucha más intensidad, como las escuelas de escritura hacen un poco ese trabajo. Ahora, que de todo lo que se produce en las escuelas de escritura, creo que hay pocas cosas realmente que sean publicables con garantías… Y hay muchas escuelas. ¡La del Ateneu es la segunda del mundo! Después de Nueva York, la segunda escuela de escritura con más alumnos es el Ateneu. Me lo dijo Muriel Villanueva, que era profesora allí. Eso es insólito. ¿Si son una estafa? Hombre, entre eso e ir a jugar a marcianitos, me parece un hobby mucho más bonito. Ahora, si eso es realmente útil… será útil en algunos casos. En el caso de Maria, por ejemplo, es un caso precioso. La escuela de escritura le sirve como lugar en el que canalizar una cosa que no sabe muy bien cómo hacer sola. Te da una pauta.

Marta Orriols también.

Ya la he leído. Me ha gustado mucho, porque tiene una voz muy personal, porque los cuentos no son fáciles, y ella a todos les saca punta. Si somos capaces de que salgan unas cuantas personas como Marta o Maria, perfecto. Ya lo justifica. Hay muchísima gente y lo que sale no siempre es publicable. Es escribible, pero no es publicable.

¿De qué libro te sientes más orgullosa como editora?

Yo, del libro que me siento más orgullosa, por motivos literarios y también no literarios, seguramente es de Un cel de plom. Es un libro que para mí ha sido…

¿Lo propusisteis vosotros?

No. Nos lo propuso Anna Soler-Pont. Un verano que yo estaba de vacaciones en Ibiza y se lo propuso a Marina. Marina Penalva estaba trabajando en Ara Llibres en aquel momento. Le dijo: «Tengo esto, solo es un capítulo, pero me tienes que decir algo enseguida». Y es sobre Neus Català. Lo ha escrito Carme Martí, que era una persona a quien yo no conocía. Había escrito un libro de relatos orales, y no la conocía. Me dijo: «Te lo tienes que leer hoy porque tenemos que decirle algo». Yo pensé: Neus Català, de entrada me interesa, pero para mí fue muy bonito porque lo que leí me dejó agarrotada, pero no solo por el contenido, sino por la fuerza literaria. Carme es una escritora de primera línea, y por tanto encontrar una historia como la de Neus Català, que tenía que reivindicarse… una mujer que aún estaba viva y que le podíamos hacer aquel regalo, que además era una restitución por todo lo que le había pasado… y que además eso fuera una magnífica novela. Y para mí lo fue porque además Pontas nos dio un voto de confianza, porque nosotros en aquel momento habíamos publicado pocas cosas de ficción. Era un libro importante, y nosotras estábamos seguras de que lo podíamos hacer bien, pero no necesariamente lo sabía todo el mundo. [Ríe]. Carme no había acabado de escribir la novela. Tenía aquellos capítulos, que eran muy potentes, y por tanto decidimos que lo haríamos, hicimos el contrato y entonces se acabó la novela, y la novela era maravillosa. Es una gran novela, Carme Martí es una gran autora y es una historia que se tenía que contar. Un país como el nuestro, con una persona como Neus Català, no puede ser que no tenga este libro. Y además, que fue un gran éxito de público lector. Es decir, encontró y sigue encontrando lectores. Es uno de los pocos casos en que diría que sí que hay fondo, sí que hay goteo. Funcionó en cuanto a encontrar lectores, y lectores apasionados. Eso me hizo muy feliz. Después, hay muchos otros libros que por muchos motivos diferentes me han hecho muy feliz. Me hizo muy feliz publicarte a ti, por ejemplo [sonrisa de complicidad].

Eso no puedo dejarlo.

[Ríe]. Y muchos libros que me han hecho muy feliz, por diferentes razones. Y libros de los que me siento muy orgullosa y no han funcionado. Pensaba: ¿qué libro te gustaría que hubiera funcionado y no ha funcionado? Nicolàs Valle, que es reportero de TV3, durante muchos años enviado especial de conflictos bélicos, hizo un libro, que se llamaba Secrets de guerra, precioso. Muy potente. Es un libro que habla de guerras, porque él las ha vivido, dijéramos, como reportero, en primera persona. Pero no es el típico libro de reportero de guerra. Es un libro muy profundo, que habla de guerra, pero sobre todo habla de nosotros. Es un libro que pasó, no te diré sin pena ni gloria, porque no es verdad, pero no encontró los lectores que yo sigo creyendo que necesita. Me siento muy orgullosa de haberlo publicado. Me da pena, porque pienso que algo hice mal para que un libro tan bueno no encontrara lectores. En algo me equivoqué.

¿Los editores en realidad lo que querrían es escribir?

Yo no. Clarísimamente. No he tenido nunca esa pulsión. Es una carencia que tengo. Siempre he encontrado en algún libro lo que yo sentía. Lo que quería contarme. Siempre lo he encontrado. De una manera o de otra. Quizá porque soy una persona simple, no lo sé. No me ha pasado nunca, sentir algo y no encontrarme en las páginas de otro. Y, por tanto, no he tenido nunca la necesidad de explicarlo. De una manera muy profunda, nunca he querido escribir. Solo me he escrito cosas a mí misma cuando yo sabía que tenía que salir de algún agujero, tenía que cicatrizar algo. Pero nunca en mi vida con voluntad estilística alguna. Siempre con voluntad vomitiva, por decirlo de alguna manera. No sé si es una cosa buena o mala.

Buenísima.

Siempre me he encontrado en los demás.

Hace un tiempo salió un libro de Sebastià Portell y lo entrevistaron en el programa Estat de gràcia, y por la tarde presentó en La Calders y fue un éxito. Al día siguiente, Isabel Sucunza dejó muy claro que sin los medios no podemos promocionar bien los libros y que, si todo el mundo hace su trabajo, salimos adelante. ¿Qué tienen que hacer políticos, medios o quien sea que no forme parte de la cultura para potenciarla y que las cosas funcionen?

Lo que me parece es que tenemos que poner la cultura en el centro. Es una cosa muy sencilla. Muy obvia. Tengo muchas veces la sensación de que hablamos de cultura cuando tenemos un problema y decimos: ahora vamos a hablar de cultura. No, la cultura forma una parte consustancial importantísima. Yo no lo veo reflejado en la clase política. No lo veo. No los veo hablar de libros, no los veo leer libros. No digo que sean los únicos, digo que eso refleja también un estado de las cosas. Acabas hablando de las cosas solo porque toca hacerlo. Hace falta que todos nos impregnemos de eso. Y por tanto, evidentemente, más presencia en los medios. Es obvio. Hay una parte que, si no está de una manera natural porque no le hemos dado como sociedad la importancia que debería tener, tendremos que forzarlo y por tanto tiene que estar. Una vez me preguntaron si yo quería más programas de libros, y yo decía que lo que quería era más libros en los programas. Es evidente que también quiero programas de libros. Por una parte, programas de libros.

Y, por favor, con Anna Guitart.

¡En todos! [Risas]. Sí, porque tenemos que hacerlo, debemos tener programas de libros, y después todo el mundo tendría que hablar de libros. Si le hacen una entrevista a alguien, a un político, o a alguien con proyección pública, preguntarle: «¿Y tú qué estás leyendo?». Da miedo la pregunta porque da miedo que el otro no tenga respuesta. Eso tenemos que incorporarlo de manera natural. Y después programas de libros… ¿cómo? Tenemos que hacer programas de libros que sean atractivos. Que sean atractivos no quiere decir que tengan mucha luz y colores. Yo, cuando veo a Anna y la oigo hablar de libros, me engancho. La empiezo a escuchar hablar de libros y me quedo clavada, me gusta. Si dejamos de ponerla a una hora que no sabemos cuál es, para empezar, que no sabemos ni a qué hora saldrá, y la ponemos en un lugar al que nosotros le damos importancia… coloquémosla en prime time en TV3. Eso es que le estamos dando importancia y por tanto la gente lo verá.

No es solo el programa, sino el mensaje que estás dando con el horario.

Estás diciendo muchísimas cosas con respecto al horario. Si publicas un libro en el mes de enero o junio, estás dando muchos mensajes. No necesariamente es peor antes de Sant Jordi o después, pero tú mandas un mensaje. Y, por tanto, el momento en que pones un programa dice mucho. Los medios tienen que hacer los libros más naturales en sus programas, y después algo que me resulta insólito: tienen que aprovechar mucho algo que tenemos en este país, quizá en otros también, pero que para mí es impagable: la prescripción de nuestros profesionales. Tenemos un ejército de libreras, bibliotecarias, periodistas culturales que son una joya, y que se saben expresar, y que tienen sus capillas, y que tienen seguidores. Y tenemos que aprender también que tenemos todo eso y tenemos una oportunidad única. Única, que no teníamos antes, que son las nuevas tecnologías. Las posibilidades que nos dan determinadas maneras nuevas de comunicarnos. Aprovechemos todo eso, porque tenemos carencias, pero también un tesoro. Que esa gente haga llegar esos mensajes en los medios convencionales, evidentemente, porque al final siguen siendo de masas; y en los no convencionales, porque también pasa ahora que de pronto una cosa funciona y nadie sabe por qué. Y resulta que la Sucunza ha dicho no sé qué, la Fe, en el Altell, ha comentado no sé cuánto, y Júlia de Can Roca ha dicho la suya. Aprovechemos eso y situémoslo en el centro. Tenemos que empezar por darle la importancia que tiene. Pero no le doy importancia porque me han dicho que es importancia. Le doy importancia porque es caudal. Me parece que socialmente no nos lo creemos. Si nos lo creyéramos…

Eso me va muy bien para acabar la entrevista, porque en Jot Down siempre acabamos pidiendo un libro y una película a todo el mundo, independientemente de su oficio.

A Trump le pidieron un libro y se ve que dijo un título que era lectura obligatoria en el instituto al que iba. Ahora no recuerdo el título. Eso es imperdonable. Libros: ¿puedo decirte dos?

Venga…

Te diría uno, pero es de un escritor hombre, y me hace ilusión que haya una escritora mujer. Para mí, La carretera, de Cormac McCarthy, es un libro que es una catedral, y es un libro sobre el abandono. Es un libro sobre saber abandonar, que es algo que a mí personalmente me interesa. No sobre que te abandonen, sino sobre saberlo hacer. Y otro libro que me conmovió mucho es el de Delphine de Vigan, Rien ne s’oppose à la nuit, Nada se opone a la noche. Es un libro sobre las heridas.

Muy alegres ambos.

Me gusta mucho leer libros alegres, pero los pocos libros que yo considero transformadores, los que me transforman a mí, los que me hacen ser una persona diferente… hay muchos que me gustan mucho y que no hacen esa función, pero los que lo hacen son terribles. Y de películas para recomendar… cuando era joven siempre decía Rumble Fish, porque es una peli de Coppola que me gusta mucho, que habla sobre la familia y sobre la fragilidad, cómo de difícil es ser frágil cuando todos somos frágiles… pero, si miro más cerca, una peli que me ha gustado mucho es Boyhood. Richard Linklater siempre me apasiona, porque simula que no pasa nada, y pasa todo. Es la trascendencia de la vida, de cuando parece que no pasa nada. La enorme trascendencia que tienen determinadas cosas que no parece que sean trascendentes. Eso también lo cuenta siempre muy bien Ian McEwan. De un detalle acaba transformándolo todo, porque los detalles de la vida a veces tienen ese poder. Y eso es muy guapo.


Izaskun Arretxe: «L’univers de llibreries de Catalunya és un ecosistema meravellós»

(Versión en castellano)

Izaskun Arretxe va arribar al món editorial de casualitat. En principi ella volia ser medievalista, però la bona sort —i una recepcionista— la va fer canviar d’opinió. Ha estat la meva editora i ja són moltes les converses que hem tingut sobre el català, el castellà a casa, la naturalitat dels bilingües i el món literari. Ens reunim a l’Institut Ramon Llull. Hi treballa des de fa uns mesos. Hem de triar un lloc per fer l’entrevista: és un palau, impressiona, però quan fa mesos que et reuneixes a la mateixa estància, t’hi acabes acostumant. La confiança que ens tenim fa que la conversa sigui rescatada de les anteriors que hem tingut, però la Izaskun és una dona amb les idees molt clares, no es traeix en cap moment i el seu discurs no trontolla. No ensopega, no dubta, és una persona intel·ligent que ja ha reflexionat sobre les coses que cal reflexionar: no es penedeix de res del que ha dit, un cop hem acabat l’entrevista. Totes dues som castellanoparlants a casa, però hem acabat al món de l’edició i la cultura catalana. El castellà, això sí, té un espai íntim a la nostra vida més quotidiana, i al pensament.

Penses en castellà?

Jo les coses profundes, profundes de veritat, les de verdad, les penso en castellà.

I quan t’enfades amb els teus fills, per exemple?

En aquest nivell, no tan profund, en català. Però les de veritat, les poques dues o tres coses de veritat, me les explico en castellà.

Jo tenia una professora que quan s’enfadava, ho deia en castellà.

I les paraulotes?

Tot això ho tinc en català. He viscut en català i les dic en català, són només pensaments profunds. I quan vull fer pensaments profunds però no em vull implicar molt, ho penso en anglès, em parlo en anglès, perquè quan vivia a Austràlia em vaig acostumar molt a parlar de coses molt profundes en anglès. Era com si parlés una altra, no era jo. I llavors hi ha vegades que em dic que això ho vull entendre bé i no m’atreveixo ni a dir-m’ho a mi mateixa… me la dic en anglès, que és com si no me les digués jo.

Izaskun Arretxe. El segon cognom no me’l sé…

Irigoien.

Irigoien… tens els vuit. Hi ha moltes coses que encara no sé. Com parlaves a casa teva, i com has acabat sent editora en català?

Jo crec que he acabat sent editora en català perquè els meus pares eren bascos. Els meus pares són bascos d’expressió castellana, ells no parlen euskera. Són d’una segona generació que no parlen euskera. Els seus pares i avis el parlaven, però a l’anar del camp a la ciutat, es va fer la pèrdua de llengua, que al País Basc era molt acusat, això. Desruralitzar-se era perdre la llengua. Però ells tenien aquesta sensibilitat, malgrat no tenir la llengua. Sempre dic que els meus pares van ser uns emigrants de país normal, com si nosaltres fóssim un país normal. Quan ells van venir, van fer com si aquí el català fos una normalitat, i per tant ells van venir a viure a un lloc i els seus fills els havien d’escolaritzar a una escola on es parlés en català i es visqués en català, amb tota naturalitat.

Per què van venir?

Per qüestions de feina. El meu pare va venir aquí a treballar. Ells ho van fer tranquil·lament, i no era fàcil en aquell moment, perquè encara… sóc molt gran, jo [riu], era el franquisme.

I tot i així els hi va semblar un país normal?

No els hi semblava, però van actuar com si ho fos. Què van fer? Van buscar una escola catalana, perquè era el que havien de fer si venien a viure aquí. Tot i que era difícil, la van trobar. I ells no parlaven euskera ni català.

I l’euskera… no el sabien?

No el sabien, no.

És una cosa que em sorprèn. Hi ha molta gent amb sensibilitat al País Basc, però alhora no tothom coneix la llengua.

Perquè la identitat nacional no està vinculada a la llengua. I aquí, fins fa molt poc, estava molt vinculada a la llengua. Ara ja no ho està tant, per fortuna, també. Però allà no. Allà hi ha la qüestió de la identitat nacional i la qüestió de la llengua, i no necessàriament van unides.

Des de fora ens semblen radicals en alguns aspectes, i en canvi en la llengua…

Els germans de la meva mare, per exemple, han après euskera de grans, els seus fills ja han anat a la ikastola, i després d’aquest salt lingüístic, els seus fills ja parlen als seus propis fills en euskera amb naturalitat. Han fet una recuperació lingüística amb una generació, o dues, que no el tenien. L’han recuperat, diguéssim. Una mica artificial, però l’han recuperat.

Vas començar a Anagrama?

Vaig començar a Quaderns Crema.

Hi ha molts secrets que encara no sé…

[Riu] Vaig començar a Quaderns Crema perquè jo venia d’Austràlia. Vaig estar quatre anys a Austràlia estudiant les poesies d’Ausiàs March, una cosa molt marciana, perquè tenien molts diners i estava fent de research assistant allà, i ensenyant català. Feia de lectora quan encara no existia l’Institut Ramon Llull. I quan vaig tornar, volia fer la tesi però necessitava diners per viure, i vaig pensar: aniré a una editorial. Però mai en la meva vida havia posat els peus en una editorial. Jo no volia ser editora, no tenia vocació d’editora, perquè no hi havien màsters… no hi havia res.

No era estudiable.

No era estudiable, i jo no sabia com es podia ser editora. L’únic que sabia era que havia fet Filologia Catalana, que m’encantaven els llibres i volia ser medievalista.

Medievalista?

Jo estava estudiant Ausiàs March i volia fer una tesi sobre un tema relacionat amb l’Edat Mitjana, la literatura i l’amor hereos.

No ho hagués dit mai.

I de fet havia estudiat literatura i m’havia especialitzat en literatura medieval. I llavors vaig començar la tesi amb la doctora Lola Badia, les qüestions prèvies a la tesi, els cursos de doctorat, etc., i necessitava recursos per menjar, i vaig pensar: aniré a una editorial. I vaig imprimir el meu currículum i vaig fer una cervesa amb una amiga meva. Li vaig dir: demà enviaré tots aquests currículums a les editorials de Barcelona, que les he trobat en un llistat. I em va dir: desengáñate, Izaskun, mañana no tienes nada que hacer, coge esos currículums y llévalos uno a uno. I vaig pensar: té raó, no tinc res a fer. Vaig agafar els currículums i els vaig anar portant a les editorials, i l’última on vaig anar a parar va ser Quaderns Crema. Me’n recordo que anava molt despentinada, cansada, tothom em mirava malament i amb poc interès… i vaig entrar allà i vaig començar a parlar amb una recepcionista. La recepcionista era molt simpàtica i vam començar a xerrar. Jo estava cansada, ja no volia feina, només volia anar a casa. I llavors aquella tarda el Jaume Vallcorba em va trucar: em va dir si podia anar-hi aquella mateixa tarda a fer una entrevista. I jo vaig anar-hi i ell va fer la pregunta que va salvar la meva vida, perquè si no potser ara seria recepcionista. Em va preguntar: tu què vols fer en una editorial? Jo mai de la vida havia posat els peus en una editorial, i li vaig començar a parlar de literatura medieval.

Del que tu sabies.

Del que jo sabia. I ell em va dir: doncs la feina que tinc no és per tu, perquè tinc una vacant a la recepcionista, que és aquesta noia amb qui has parlat aquest matí, però tu no pots ser recepcionista, no ho seràs, i per tant ho sento molt, però vés-te’n a casa teva. I jo me’n vaig anar a casa meva i l’endemà em va tornar a trucar, i em va dir: pots venir un altre cop? Era un divendres. Vaig anar allà i em va dir: és que quan li he explicat aquesta història a l’Ernest Folch, que era l’editor que hi havia en aquell moment, l’Ernest m’ha dit: ah, saps què, és que jo també me’n vaig. I llavors he pensat: aquesta feina sí que la pot fer aquesta noia que ha vingut aquest matí.

I tu sense experiència ni vocació.

No havia posat mai els peus en una editorial. I llavors em diu: aquesta tarda anem a Romanyà de Valls, que hi ha una impremta allà i començaràs a veure com és el sector editorial. Tenia un Mercedes, un cotxe d’aquests gegants, i ens en anem l’Ernest Folch, el Vallcorba i jo a Romanyà de Valls amb aquell cotxe. Al matí no tenia feina i a la tarda estava a una impremta. I ell el dilluns se n’anava quinze dies, o tres setmanes, a Argentina, Xile i no sé on, i era l’estiu. L’Ernest marxava al cap de quinze dies o tres setmanes… el primer dia vaig arribar i li vaig dir: mira, Ernest, és que jo no sé res del món editorial. I va dir: ara estarem quinze dies que no hi és el Vallcorba i t’ho ensenyaré tot. I vaig fer durant quinze dies el màster més potent que s’hagi pogut fer. Recordo que va agafar un llibre i va dir: això és un llibre, això són les guardes, això són els crèdits.

Començar de zero.

De zero. Ell va marxar, jo em vaig quedar, i va durar poquet, perquè no era fàcil treballar amb el Vallcorba [riu]. Va durar poquet perquè em van oferir una altra feina. I llavors Anagrama buscava algú, li van preguntar a l’Ernest si coneixia algú, no directament a l’Ernest però una cadena de persones fins que l’Herralde em va trucar un dia i em va dir: pots venir? Jo hi vaig anar…

Vas passar de voler ser medievalista a treballar a una de les editorials més potents que hi havia en aquell moment.

Sí. A Anagrama portava producció i edició de cobertes, el catàleg, etc. No feia feina d’editora, però de cop va ser entrar per la porta gran a veure com era la cuina de, sens dubte, si no la millor, una de les millors editorials del món. Va ser espectacular, i l’Herralde va ser molt generós amb mi.

Com era treballar amb l’Herralde?

Jo vaig entrar-hi que tenia 27 o 28 anys, i per mi va ser un màster bestial. Treballar amb l’Herralde ha estat un dels grans privilegis de la meva vida, perquè és una de les persones més intel·ligents que conec. És ràpid, té sentit de l’humor… hi ha gent que diu que no és un home fàcil, per mi ho va ser. Era un home exigent, és un home molt exigent, però jo vaig aprendre moltíssim i amb mi va ser generós de principi a fi. Vaig entendre una cosa que crec que després m’ha ajudat molt en el món editorial, que és que perquè les coses surtin bé, s’han de fer amb molta cura no només del text, que per descomptat, sinó de tot el que envolta el text, i s’ha de fer amb molta passió. Has d’anar defensant cada minut allò que fas, si no, no funciona. I això… ell viu per això, i és un mestratge que procuro no oblidar en el dia a dia, no és una cosa que ell tingui imposada i digui: mira, ara ho faré. No, no, viu així. I així s’han de fer les coses. Potser el món està anant en una altra direcció, però el respecte pel contingut, el treball del contingut i la passió per tota la resta és el que fa que tot funcioni.

Apassionar-te també per una coberta, la tipografia…

I ell feia una cosa, que em feia molta gràcia: sempre que podia, en qualsevol conversa, fos del que fos, treia els seus llibres [riu]. Ell estava parlant de cuina amb algú en algun sarao, i acabaven sortint algun dels seus títols. Perquè ell sempre estava defensant els seus títols… sempre ho fa, parlo en passat però encara ara. No baixava la guàrdia ni un minut. I veure com es cuina tot… per mi, una cosa màgica era que d’un manuscrit arribessis a un llibre. Tot aquest procés que jo desconeixia, el coneixia una mica de Quaderns Crema, però hi vaig ser molt poc temps, amb tota la seva complexitat i riquesa, allò va ser un enamorament. Em vaig enamorar de l’ofici.

Vas començar l’ofici amb el Vallcorba i l’Herralde. Després d’això només pots ser editora de la teva pròpia editorial.

I sobretot… amb el Vallcorba hi vaig estar menys temps, perquè de seguida va sortir el tema d’Anagrama. Amb l’Herralde vaig estar sis anys. A mi no m’agrada gaire que em manin, en general. [Riu] Però en el cas de l’Herralde, no tenia mai aquesta sensació… és un home que mana molt, eh, però jo no tenia la sensació que ell em manava. Jo tenia la sensació que ell tenia raó.

Ho feia molt bé, llavors!

En sap molt, sí. La sensació no era: es fa això perquè jo ho dic. Es fa això perquè això que et dic té sentit. No vol dir que sempre tingués raó. Hi havia dies que sorties de l’oficina emprenyada, però la sensació aquesta que estàs aprenent i que hi ha un mestre allà, aquesta la tenia molt vívida. Jo no vaig sentir mai que tenia un amo, per dir-ho d’alguna manera, i ell és molt amo del seu hort, però la sensació sempre va ser que hi havia una persona que en sabia infinitament més que jo, que a més a més m’estava transmetent coneixement. I això per mi és un tresor.

Ara Llibres forma part d’una cooperativa. Com funciona? Què vol dir que una editorial formi part d’una cooperativa, i què hi ha amb Ara Llibres que no és estrictament l’editorial?

Una de les coses que a mi més m’agrada d’Ara Llibres, a part del projecte editorial, evidentment, és el fet que sigui una cooperativa. Crec que és important i crec que de vegades nosaltres mateixos no li hem donat el valor que té. Ho hem assumit tant com una forma d’organització pròpia que no ho hem explicat suficient. Una mica la idea és que al segle XX, i al segle XXI també, hi ha moltes editorials que són d’una persona que té l’editorial, un model d’editorials unipersonals. Quan ara mateix conviuen amb un model de grans grups, i per tant tens l’editorial d’una persona i cada vegada més grans grups editorials, com pot ser Planeta o Random. I a això cal sumar els nous players: Amazon, Google, etc. I nosaltres dèiem: volem que això sigui diferent, que l’univers dels llibres no només siguin editorials molt petites i grans grups, i això només pot ser diferent en una tradició que Catalunya té molt arrelada, que és la tradició de fer coses col·lectivament des de la societat civil. Que hi hagi un grup de gent suficientment important que es pugui expressar fora d’aquests dos models, i que faci de contrapès als grans grups, però amb múscul. I vam pensar: fem-ho nosaltres. I vam fer Ara Llibres i vam formar el grup cooperatiu Som. I per tant, que la propietat sigui de tots. Això vol dir que les decisions siguin de tots, i que la informació sigui de tots i que els resultats econòmics siguin també per a tots. I els drets i els deures. Això vol dir que a Ara Llibres les coses es decideixen de forma assembleària? No. Això vol dir que hem hagut d’aprendre a ser empresaris? Sí. Funciona així, els propietaris són els treballadors, i l’organització del dia a dia és una organització molt similar a la que podria tenir una empresa que no fos cooperativa. És a dir, hi ha unes persones que porten la gerència, unes persones que porten la direcció editorial, uns editors, cap de premsa… cadascú té molt explicitada i molt delimitada la seva feina. Però llavors hi ha un moment al mes, que és quan es reuneix el consell rector, l’equivalent al consell d’administració, on les grans decisions estratègiques es decideixen, i on la informació es comparteix. I això, per mi, canvia completament el tipus d’empresa que tu fas. Ens ha costat molt aprendre-ho, perquè tu tens dos barrets. Hi ha dies que tens el barret d’editor, i hi ha un dia que tens el barret d’empresari. I editor empresari potser s’assembla més, però hi ha una persona que és administrativa, i en el dia a dia opera com a administrativa, però hi ha un dia al mes que és també propietària, i per tant de vegades ha de prendre decisions que com a treballadora no prendria. I fer aquest aprenentatge ha estat costós, i molt dur, però a la llarga el model és molt més just.

També treballes d’una altra manera si tot d’alguna manera és teu?

Absolutament. Primer, que hi ha un projecte que es pensa en el seu nivell més estratègic per part de tothom, i per tant no només ho decideix una persona, que determina que vol anar cap aquí o cap allà, i això ho fa més teu. Es pensa des de tothom i s’executa des de tothom. I tot això per mi ho fa molt més fort, perquè al final la potència que té una persona per defensar un projecte col·lectiu en el qual se sent representada és enorme. Nosaltres a Ara Llibres sempre dèiem: no tenim vocació d’editorial petita, ha de ser una editorial com més gran millor, perquè com més gent pugui participar de la propietat, més fort serà el projecte, més divers serà el projecte, i més ric serà el projecte. Per tant: ambició total per créixer. Amb un model determinat, però per créixer. No a qualsevol preu, evidentment, però a mi m’agradaria veure que Ara Llibres és una editorial potentíssima amb molts recursos de tot tipus, i de molta gent.

Això vol dir que tothom que treballa a Ara Llibres és soci?

Això vol dir que després d’un període de temps, que està fixat en dos, a tothom se’l convida a ser propietari. Això té un aspecte que m’agrada molt, i és que pels socis que ja hi són, quan entra un soci nou, la propietat queda dividida encara més, tu tens menys propietat, i en canvi tu el que vols és que entrin molts socis. Tu saps que com més socis entrin, menys propietat tindràs tu, perquè la propietat es distribueix de manera equitativa, però tu vols que entrin socis, i trobo que això també ho fa un projecte molt potent. Pel que fa a Som, el grup cooperatiu del qual participa Ara Llibre, parteix de la següent base: el segle XX és el segle de les indústries pesades, el segle XXI ha de ser el segle dels continguts. I per tant a més d’una editorial hi ha d’haver més coses, perquè la indústria dels continguts és molt més àmplia, i es va crear una productora, que és BataBat, la revista Sàpiens, el Descobrir Catalunya, la cooperativa que ens dóna serveis a la resta de les empreses, es va integrar el diari Contrapunt, etc..

Llavors tu també tens una part de la productora, de les revistes…?

No. Cada soci és soci de la seva cooperativa, que és la cooperativa on treballa. Llavors hi ha una supracooperativa, que és una cooperativa de segon grau, que és una cooperativa que no factura, per dir-ho d’alguna manera, que el que fa és que les línies estratègiques de totes les cooperatives estiguin alineades i fa més fort el projecte sencer, amb més múscul. Perquè és diferent anar a un banc sent només Ara Llibres, que anar a un banc i tenir darrere diverses empreses. No només per això, no només per qüestions pràctiques, sinó perquè si el que volem és ser més grans, si el que volem és que el projecte sigui cooperatiu i tingui incidència social, hem d’atacar des de diversos fronts. I poder treballar els continguts des de diferents perspectives, l’audiovisual, la de les revistes, la dels llibres, etc., ens feia molt més forts, i per tant molt més rics. I per mi, que això vagi bé i que es faci gran és una gran esperança pel món dels continguts.

Esteu fent també una feina social, doncs?

Per mi, absolutament. També hi ha una repercussió social, més enllà de l’aportació cultural.

L’èxit podria ser no només que Ara Llibres acabi creixent, sinó que hi hagués més editorials que apostessin per aquesta organització.

I més gent que s’organitzi d’una manera que em sembla més justa i més productiva, i més rica… sobretot més rica, perquè la suma de gent ha de ser positiva necessàriament. I per tant, com més gent s’hi sumi, més forta i més diversa serà. Estem anant cap a un món que la diversitat té poc valor, la diversitat no és una cosa que es potenciï. Jo crec en una manera d’organitzar-se en cooperativa que no és senzilla, perquè no naixem apresos, se n’ha d’aprendre molt, has d’aprendre moltes coses, però al final dóna aquesta diversitat. L’ha de donar, perquè els propietaris no són una persona, són un conjunt de persones, i com més gran sigui, més serà el reflex d’una societat.

Tu formes part de la societat i deixes de ser l’editora, però no et desvincules de la societat.

En la meva excedència, ara, sóc simplement sòcia en excedència.

Hi vas, a la reunió mensual?

Al consell d’administració, consells rectors, que són on es marquen línies estratègiques, però no es treballa el dia a dia. És a dir, jo tinc el meu dol, per dir-ho d’alguna manera, de no participar en absolut del dia a dia, perquè al consell rector de la cooperativa mai es discuteixen títols o autors.

Que és el que t’agrada a tu.

És el que jo feia i m’encanta. Allà el que treballes són altres temes: si a l’empresa hem de fer més títols, si hem de treballar aquests mercats, què passa amb la distribució, quina part del pressupost es dedica a la promoció… coses molt més pràctiques, de funcionament d’empresa. I quina estratègia a mig i llarg termini s’ha de tenir. No entres mai al dia a dia, perquè no és la feina de la cooperativa, la cooperativa no decideix aquestes coses. Ara hi ha un director editorial, el Joan Carles, i ell decidirà totes aquestes coses. Com em van explicar molt bé el dia que vaig entrar,  el Consell rector no et qüestiona mai el que tu fas al dia a dia, els teus superiors sí, però la cooperativa com a tal no… ara, el Consell rector ratifica si en conjunt no estàs fent bé la teva feina i si s’han de prendre mesures, que poden incloure un acomiadament en els casos més extrems. I això està bé. Per mi el bon equilibri d’aquest sistema cooperatiu que nosaltres tenim, que no és necessàriament el de tothom, és que permet una operativitat també. No podem estar decidint tot entre tots, en el nostre cas, perquè no seria òptim. I és un entorn dur, és un mercat dur, i necessitem que sigui òptim.

En guanyar Eduardo Mendoza el Premi Cervantes, tornem a parlar dels escriptors catalans que escriuen en castellà, un tema que nosaltres hem xerrat sovint i que vull que en parlem ara. De què serveix traduir el català i el castellà simultàniament? Són realment dos mercats diferents o es barregen?

La certesa absoluta segur que no la tinc. Per què hem de sortir junts? Hem de sortir junts sobretot perquè el català no pot sortir després. Per què? Perquè en aquests moments, tothom, diria que el 100% de la població, pot llegir en castellà, i per tant si primer surt l’oferta en castellà, i la gent té ganes d’accedir a aquell llibre, de llegir-lo, ho farà en castellà i el mercat català és massa petit per permetre-s’ho.

No s’esperarà.

No. No s’esperarà perquè penso que no comprem ara tant els llibres per qüestions lingüístico-patriòtiques.

I faig país.

Ara crec que hi ha una altra naturalitat. Tothom llegeix en castellà, i si primer surt la traducció en castellà, quan surt la catalana ha perdut una gran quantitat de lectors, enorme, i per tant ens és útil anar junts. També ens és útil anar junts perquè ens potenciem els uns als altres i arribem més lluny. Tot i que hi ha una part del mercat que és confluent, hi ha una part del mercat que no ho és, i per tant hem de treballar-lo de maneres diverses. És molt diferent treballar un llibre a Catalunya que fora de Catalunya. L’univers de llibreries de Catalunya és un ecosistema, per mi, meravellós, que no és replicable a la resta d’Espanya. La llibreria mitjana i petita té un pes en la venda de llibres, en la facturació i sobretot en la prescripció, molt gran, més gran que a la resta de la península, que treballen molt més amb les grans cadenes de llibreries. I això condiciona també la manera com es treballen els llibres, especialment quan són en català. Aquí s’ha de fer molta més microcirurgia i no entendre això és treballar els llibres d’una manera no òptima.

Quan les petites i mitjanes editorials espanyoles venen a presentar, se’n van a les grans llibreries, i és un error. No hi va ningú, si no és un autor mediàtic o amb coneguts a la ciutat.

Hi ha un ecosistema que s’ha d’entendre, i que s’ha de treballar en petit i distribuït per tot el territori, no només a Barcelona. I després no només són les llibreries, els mitjans també. Els mitjans nacionals catalans són diferents, per tant has de pensar específicament com els treballes.

I als diaris amb edicions en castellà i català, tot i tenir l’oficina a Barcelona, sovint tenen redactors diferents.

Absolutament. I després la premsa comarcal, teles comarcals, els mitjans locals, etc. És molt més de microcirurgia. L’espai és més petit, i això permet també que hi hagi, si l’autor és d’aquí, molt de moviment presencial. Jo ho visc com una oportunitat, un degoteig que pot allargar en el temps la vigència d’un llibre, en aquesta època de dictadura de la novetat, que inclou biblioteques… la feina que estan fent les bibliotecàries aquí és increïble. Biblioteques, llibreries, presentacions, clubs de lectura. I això és diferent que a la resta de l’estat. Segurament no és diferent pels grans blockbusters, o els grans èxits, però sí per una cosa que a mi em preocupa molt, que ho he de dir en anglès perquè no sé ni com ho diem en català, que és la midlist. Pels llibres que no són èxits esclatants, que no surten mai a la llista dels més venuts, però funcionen, tenen una massa critica de lectors. Que aquesta mena de llibres existeixi, és absolutament fonamental per la riquesa cultural d’un país, perquè en garanteix la diversitat i perquè d’aquests llibres també sortiran els gran autors de futur. Si deixem erma aquesta franja, no podrem fer créixer ningú, no hi haurà grans autors. I no hi haurà llibres bons de públic no tan majoritari. Jo crec que perquè funcioni aquesta midlist entendre bé el nostre mercat és fonamental. Els grans blockbusters funcionaran igual, els tindrà tothom, estaran a totes les llibreries, tant si són en castellà com si són en català , però pels llibres que no són d’aquesta primera línia de venda, cal fer una feina molt més petita, i és una feina diferent.

Pel que fa a les edicions en castellà i català alhora, caldria parlar també del tema del preu, hem de posar un preu igual al del castellà, perquè si no hi ha un desavantatge competitiu; aquest preu igual al castellà per nosaltres és més difícil, perquè les tirades són més curtes. Pagues els mateixos fixes, pagues el mateix per la traducció, pagues el mateix per la correcció, pagues el mateix per la coberta, però la teva tirada i la teva venda és necessàriament inferior. I en canvi, el PVP no el decideixes tu. El decideix el mercat espanyol.

La Laura Huerga en va parlar: el castellà se’t menja.

Se’t menja i a més a més tu no tens el poder de decisió. Quina empresa no pot decidir el preu del seu producte?

Per què has de pagar el  mateix que l’editorial en castellà?

Perquè un traductor… no li pots dir que com que és en català, et pagaré menys, perquè la feina és la mateixa.

I menysprees el català, és clar.

La feina és la mateixa. O un corrector. I en canvi la tirada és més curta. I després per mi hi ha una altra dictadura… és forta, la paraula, però és una cosa que em preocupa gairebé més que la del preu, que és la dictadura dels calendaris editorials. L’editorial en castellà acaba decidint en quin moment publiques aquell llibre, perquè si tu l’has de publicar quan la publiquen en castellà… amb algunes editorials hi ha més flexibilitat i pacteu quan, però amb moltes editorials la realitat no és aquesta. Et diu tal editorial: ho farem en aquell moment, i tu has d’adaptar-te, o si no fes-ho quan vulguis, però saps que no pots sortir després. Això, que sembla una cosa que no té importància, té una importància cabdal, per dos motius, perquè els nostres calendaris del llibre de l’any són diferents, i perquè com que es publiquen en una mateixa editorial llibres que en castellà surten en editorials diferents es produeixen contrasentits com el que em va passar a mi fa poc temps: tenir cinc traduccions potentíssimes, totes el mateix mes.

I després de Sant Jordi?

Era abans de Sant Jordi, però això tampoc ho feia bo. Perquè a més a mi no m’interessaven per Sant Jordi, perquè per Sant Jordi nosaltres estàvem treballant un altre tipus de llibre diferent. En qualsevol cas, el que per a mi és un problema és que no ho estàvem decidint nosaltres. Ho decidia una altra empresa.

La teva logística de premsa no pot suportar cinc llibres potents…

I si decidim nosaltres que els volem treure tots junts perquè ens hem tornat boges, endavant les atxes, però és que no ho hem decidit nosaltres, ho ha decidit un altre mercat. Un altre mercat m’està dient a mi com he de vendre els meus llibres. I a més a més, d’una manera il·lògica. Això sí que em sembla posar-nos en segona posició. No poder decidir sobre el nostre propi producte… no passa a cap empresa. Us imagineu que Coca-Cola depengués de Pepsi per treure un nou producte?

I per exemple amb Libros del Asteroide és més fàcil perquè compartiu el tipus d’editorial i la complicitat ho facilita?

Hi ha editorials i hi ha editorials. Com sempre, el món es farà molt gran, molt tecnificat, molt no sé què, però al final les persones treballen amb persones, i això continua sent la llei que mou el món. Fins i tot en un grup molt gran. Tu et pots trobar un editor que tingui cintura, que t’entengui… per mi no és tant de grans o petits, sinó de persones i persones. Menystenim molt el poder de l’individu. Moltíssim. Si em preguntes si passa amb totes les editorials, o si passa amb totes les grans… tendeix a passar més amb les editorials grans, perquè tenen la força d’imposar més coses, però no sempre.

Als grans grups ni tan sols els segells poden decidir gaire…

Per això amb les grans costa més que tingui cintura, però al final moltes vegades depèn de la persona que tens al davant. Tu em dius: amb Asteroide a mi m’ha resultat fàcil fer coses conjuntament? Facilíssim. Repetiria en qualsevol moment. És perquè són més petits que algunes editorials i per tant entenen més les nostres problemàtiques? Segur. Però també perquè el Solano i jo ens vam entendre bé en aquell moment, i perquè ell és una persona que entén les coses. També m’ha passat amb editorials grans. Amb el llibre del Ramón Gener amb Random… ens vam entendre perfectament, i són Random. I en canvi les persones que estaven allà, eren persones que no et menystenien, que t’escoltaven, que podien entendre les teves problemàtiques. I per tant intentaven planificar conjuntament. I després, amb petites i amb grans, i aquí sí que no et diré noms, hi ha hagut vegades que ha sigut ordeno y mando. Sóc el castellà i surto, i t’aguantes.

Anar acompanyat d’una bona editorial en castellà també guia al lector que pugui conèixer millor un mercat que l’altre. Si veuen que vas amb Asteroide i llegeixen en català, et presenta bé i et compren.

Nosaltres com editors, quan rebíem un original, fèiem dues preguntes molt prosaiques a l’agent internacional: una pregunta que em sembla espantosa, si el llibre és molt llarg, perquè les traduccions en català, amb la poca venda que tenen, és molt difícil que no suposin pèrdues, molt difícil, i per tant fèiem aquesta pregunta terrible… que gairebé la primera cosa que preguntis d’un llibre és quantes pàgines té, pensant que per favor en tingui menys de 300, és patètic… al marge de si és una obra mestra o no, ho trobo molt trist i molt simptomàtic, però aquesta és una altra conversa; i l’altra cosa que preguntàvem era qui ho fa en castellà. Perquè els companys de viatge són importants. I no només per si t’hi podràs entendre o no, sinó per com plantejaran el llibre, com el cuidaran, per com prescriuran el llibre, per com els seus agents prescriuran el llibre.

I quins còmplices tenen.

Absolutament. És molt important. Perquè quan dic que les persones són molt importants, els segells també són molt importants. El segell que hi ha darrere de la persona també et dóna molta informació.

Un dels problemes que poden trobar les petites i mitjanes editorials és que els grans grups hagin incorporat també segells en català, bloquejant els drets en català (i fins i tot sense publicar-los després). Per exemple: Random podria dir de quedar-se Toni Morrison en castellà a Lumen i en català a Rosa dels Vents, i comprar els drets per una quantitat que no et puguis permetre com Ara Llibres. Això passa?

A mi no m’ha passat.

La Laura Huerga ho va comentar un dia i tothom semblava acceptar que això passa sovint.

Ho he sentit a dir moltes vegades. A mi no m’ha passat… diria que mai, de voler una cosa, que l’hagi comprat algú en català i castellà, i que no hagi acabat sortint en català. No vull dir que no passi, estic segura que passa, però en la meva experiència personal a mi això no m’ha passat. El que sí que trobo molt preocupant és: pel mateix preu, posi-me’n dos. Quan les editorials estan comprant alhora català i castellà sense donar un valor al català. Perquè què passa al final: imagina’t que una cosa la pagues, m’invento el preu, quatre mil pel castellà i mil pel català, en una correlació normal de forces. I dius: mira, et faig una oferta que són 4.000+1.000, imaginem-nos. I l’agent et diu: molt bé, perfecte, endavant. Però l’oferta paquet acabarà per no ser 4.000+1.000, seran 4.000 pels dos, no hi haurà el valor del català. I si tu no pagues per una cosa deixa de tenir valor per tu. Però no només em preocupa això, sinó que després, quan tu compres els dos d’aquesta manera, el català esdevingui subsidiari. Ho has comprat perquè com que podia comprar els dos, algun en vendré en català o m’asseguro que ningú l’està venent en català i m’està esgarrapant algunes vendes. Aquella part de passió, de coneixement, de treballar-t’ho, de creure-t’ho, d’anar a buscar un mercat concret… no ho faràs. Perquè no estàs comprant allò perquè realment vols allò i te n’ocuparàs. Estàs comprant un paquet perquè creus que d’allò en trauràs un rendiment, però no hi ha un treball específic sobre aquella edició en català. Quan deia que quan ho fan dues editorials per a mi és ric, ho és perquè al final dues persones sumen més que una persona. Si hi ha una editorial que treballa el seu mercat en castellà d’una manera determinada, i hi ha una editorial que ho fa en català… però fins i tot si s’haguessin de treballar de maneres iguals, quan ho treballen dos suma. Però quan ho fan tot en la mateixa campanya… primer, no s’hauria de fer una mateixa campanya, i segon, qui acaba patint? Dos mai és amb igualtat. Desenganyem-nos. Acaba patint i acaba sent relegada l’edició en català. Evidentment.

Ara tens altres lluites, però. Què fas a l’Institut Ramon Llull?

Faig una cosa molt maca, que és que la literatura en català pugui traspassar fronteres, i per tant pugui ser gaudida més enllà de la gent que és capaç de llegir-la en català. I això, si no és un regal, que baje Dios y lo vea. És preciós. Això és a grans trets el que faig.

Quan dius que la literatura en català traspassi fronteres… ja ho hem parlat molts cops, però la gran frontera que ha de traspassar la literatura catalana és Espanya.

Sí. A mi això em preocupa molt, perquè de manera natural la primera frontera que hauria de traspassar la literatura catalana hauria de ser la del castellà, per proximitat històrica i cultural, per passat comú, i en canvi moltes vegades és un handicap. Jo crec que en els últims anys s’ha fet encara més gran, però això dura de sempre. Quan jo estava a Anagrama, l’Herralde va fer un gran esforç sempre per traduir Montcada, traduir Monzó, traduir Sagarra, traduir Pàmies… ell anava traduint, i evidentment alguns llibres funcionaven, però no en la mesura que ho haurien d’haver fet si no fossin escrits originalment en català, penso. Al mercat espanyol, no tant el llatinoamericà, li costa molt.

I al llatinoamericà vols dir que no costa?

No, vull dir que el que seria més natural, que és l’espanyol, li costa moltíssim perquè té més prejudicis. Jo crec que el mercat llatinoamericà, si no hi hem arribat més és perquè ha costat treballar-lo, ja que la porta d’entrada natural seria la traducció en castellà de la península, perquè penso que allà no hi ha els mateixos prejudicis. En canvi, el nostre mercat natural, és que a Segòvia algú llegís la Llucia Ramis o el Jordi Nopca, o tanta altra gent que després veus com s’està traduint en altres idiomes amb molta naturalitat… i costa. No vol dir que tot costi molt. Hi ha llibres que funcionen, el Cabré funciona. I no hem d’oblidar que la primera llengua de traducció del català és el castellà, però crec que s’hauria de traduir més.

Però el Cabré funciona allà on va. És l’excepció.

Absolutament.

Llibres comercials n’hi ha que funcionen a totes dues bandes. Però hi ha autors que aquí venen molt, i que fora de Catalunya no arriben proporcionalment. Sílvia Soler, Màrius Serra…

No hi ha una proporcionalitat entre els lectors que llegeixen en català aquí i els lectors que troben en un mercat com el castellà.

Però aquí sí que llegim Almudena Grandes, Mendoza o Vila-Matas.

Sí. Aquí no hi ha un problema amb la literatura en castellà, però a la resta d’Espanya costa molt.

Primer que els tradueixin.

I que amb naturalitat funcionin, perquè haurien de funcionar, perquè són dues cultures que estan absolutament imbricades. Forma part d’un prejudici, òbviament. És un problema que no és literari, és un problema que va més enllà dels temes literaris. Jo sempre penso, i més des de que estic aquí, que hem de fer un esforç per intentar revertir aquesta situació, tot i que per nosaltres, des de l’Institut Ramon Llull, no és fàcil, perquè quan hi ha un component que no és literari, se’t fa més difícil trobar elements. Però que ho hem de fer, perquè no pot ser que sent una cultura tan pròxima no estigui més pròxima culturalment, em sembla increïble.

Tu, com editora, has treballat sempre com una gran empresa, amb equilibris. Has publicat tot tipus de libres: vermut, cuina, Kilian Jornet i Toni Morrison.  Quan presentes el catàleg, ho fas tot amb la mateixa passió perquè tots els has triat tu.

Sí, però la mateixa passió no vol dir que ho presentis tot per igual. És a dir, que expliquis tot de la mateixa manera. Jo crec que és molt important creure tot el que fas, però les coses les fas per diferents raons, com a la vida mateixa. Per mi és diferent defensar una Toni Morrison, un Colm Tóibín que defensar un Kilian Jornet. Jo l’adoro, el Kilian… O defensar un Ramón Gener, o una Natza Farré.

A la Natza no las pogut defensar, finalment…

No l’he pogut defensar, que m’ha fet molta pena. Però m’agrada molt que li estigui anant molt bé. És un gran llibre. En qualsevol cas, ho expliques amb passió, però en cada cas és diferent. No dius: tot això és meravellós, tot això és literari, tot això té una qualitat de… no, no. Jo el que vull és que si fas un llibre de cuina, que sigui el millor llibre de cuina que podem fer. I si fem un llibre del Kilian Jornet, que fem el millor llibre sobre la superació, sobre el repte, sobre la llibertat que puguis fer. A mi una cosa que m’encantava és anar a explicar als comercials els nostres llibres. Fins i tot en narrativa no pots explicar de la mateixa manera el Marc Pastor, la Milena Busquets, en Fonalleras o a tu, o la Lolita Bosch. En cada cas els has d’explicar d’una manera. I quan et dic això, quan vas a explicar cuina, no vas a explicar el mateix. Això no vol dir que no ho facis amb carinyo ni apassionadament. Simplement has de saber què és el que estàs oferint en cada cas és diferent. També t’he de dir que el fet d’intentar abastar tantes coses, com hem fet nosaltres, que de la mateixa manera que hem publicar un llibre de no ficció polític o un Francesc Torralba, ens ha costat de vegades perquè ens entengui bé la llibreria. I això va ser un problema que vam tenir. Va ser un repte per nosaltres, dir: no hem explicat bé el nostre projecte a les llibreries. I vaig fer aquella ruta, Amsterdam Tour, que per a mi va ser importantíssim.

T’ho volia preguntar.

Era molt important, perquè hi havia molta gent que no acabava d’entendre aquesta dispersió.

En canvi sí que ho entenen amb els diferents segells d’un mateix grup.

Sí, el que passa és que nosaltres no ens havíem explicat bé. Aquí el problema no era dels llibreters, era nostre. Al final, quan expliques les coses, s’entendrà més o menys, i evidentment això ho has de demostrar llibre a llibre, però jo crec que la dispersió, que era una dispersió per als altres i no per a nosaltres que l’enteníem, nosaltres no vam ser capaços d’explicar-la. No ho havíem fet, no se’ns havia entès bé. No era culpa del receptor.

El purisme lingüístic. De vegades em pregunto per què el meu pare no ha parlat ni una paraula de català entenent-lo i podent-lo parlar, i crec que el pudor a parlar-lo malament fa que molta gent prefereixi no parlar-ne gens. Per exemple, Arrimades parla català i ens en fotem d’ella.

O amb el Montilla.

Això fa mal al català, aquesta tensió? És una barrera?

El que passa és que jo crec que aquesta barrera ja s’ha superat i en el món editorial es nota molt. Fa uns anys, potser molts, potser vint, semblava que en català només es podia publicar determinat tipus de llibre considerat literari. I és evident que s’ha de treballar per mantenir un català literari i una producció editorial literària, però, com a totes les llengües i cultures del món, hi ha llibres literaris i llibres que no ho són.

 

Això seria simptomàtic, en el cas del català, de la naturalitat de la llengua.

Absolutament. En català, fins fa molts anys, només hi havia això. Jo crec que s’ha obert molt aquest ventall. Si tu vas a una llibreria, abans només trobaves literatura en català. I ara trobes molt de tot. I això, que és la gran polèmica sobre si el Sant Jordi, què és el Sant Jordi…, però per a mi és un símptoma de normalitat. Hem de poder consumir porno en català.

Ja tenim el titular.

No, no. No diguis això. [Riu] Em matarà la Natza. Revistes del cor en català. Sense oblidar que cal un català literari. No hem de banalitzar tant les coses que tot valgui perquè és en català, perquè és igual, tant se val si s’escriu bé o malament… no, hi han diferents registres, com a totes les llengües, i hi ha d’haver un registre literari, hi ha d’haver un registre correcte. També per treballar-lo literàriament i fer-lo incorrecte si cal, però hi ha de ser. I després hi ha d’haver-hi tota la resta. Hem de viure amb naturalitat en tots els aspectes de la vida en català. Però això jo crec que està passant. i quan entres a la llibreria es veu molt que el català ja hi és molt. Segur que no suficientment. Es pot parlar de moltes coses en català.

Va sortir un article parlant dels autors joves (Forns, Adam, Espasa, Nopca) preguntant si estaven modernitzant el català.

Jo crec que això és un símptoma també de normalitat. La llengua no pot estar a una torre d’ivori. Hi ha d’haver una llengua formal, amb uns paràmetres de correcció establerts, i també autors que, a partir d’aquesta llengua correcta, la treballin literàriament i la facin evolucionar. La llengua és una cosa viva, no estàtica. Fins i tot que la utilitzin de manera incorrecta voluntàriament, si és amb voluntat estilística.

Creus que Quim Monzó ens ha fet aquesta transició cap a un català més modern?

Absolutament. Especialment quan ell va començar a escriure, ell i alguns altres també, però sobretot ell, Ferran Torrent en el seu moment, Pàmies una mica més tard, van demostrar que es podia fer literatura moderna en català.

Sembla una tonteria, però…

Sí, sembla una xorrada, però això tenia molt de valor en aquell moment. I per tant som hereus d’això. Gràcies a Déu que va existir això.

Com a editora has publicat llibres que han estat marcat políticament. És a dir: Colau, Junqueras, Puigdemont… Cal mullar-se quan edites?

No has d’estar d’acord amb tot el que edites. Això és imprescindible, perquè si no ets un sectari. Però també hi ha uns límits del que tu et ve de gust editar. Has de defensar unes determinades coses, que no vol dir continguts d’un llibre. És difícil el límit, però jo no subscric moltes de les coses dels llibres que he publicat. Però sí que, primer, no eren llibres que m’ofenien en el seu conjunt; he de dir que com editora si un llibre m’hagués ofès moltíssim, fins i tot si em semblés publicable, hagués triat de no publicar-lo, perquè després l’he de defensar, i per tant sempre hi ha aquesta part. No que et casis amb el seu contingut, que això no és així, sinó que no t’ofengui. És un límit molt ampli. Ara, el que per a mi és important és que les persones a qui he publicat tinguin coses a dir i les puguin dir d’una manera articulada i que no existeix ja a la llibreria, i per tant que aportin una visió que pugui ser interessant per als lectors. M’ha passat només una vegada, i tampoc no diré de qui, rebre una proposta de llibre, que el llibre no necessàriament estava malament, però que m’ofenia… i vaig pensar que no calia.

No diràs qui.

No. [Riu] M’ofenia.

Polític?

Era un llibre polític, sí. Però això… hem d’estar molt al límit, perquè si no hi ha moltes coses que a mi em semblen interessants, perspectives que em semblen interessants, i amb les quals jo potser no hi combrego, ni en una gran part, però que em sembla que necessiten ser explicades. És molt divertida, aquesta part de l’edició. Molt maco estar emetent, és una part d’Ara Llibres que a mi m’interessava molt, també, i que és dir: ostres, qui està dient coses? I anar-los a buscar.

Les editorials independents en castellà rescaten molta literatura oblidada, autors que no van tenir prestigi a la seva època, i diria que en català no s’està fent tant. Com també està descuidant la traducció d’autors importants. Ara Club Editor i L’Altra estan fent una gran feina fent traducció nova de Ginzburg i McCullers, però queda molt per fer encara. Per què durant tants anys d’això no ens hem ocupat?

Jo crec que això passa perquè som una industria molt feble. És a dir, passa perquè és més difícil en català que un llibre funcioni, perquè el mercat és més petit, i per tant ens hem dedicat a anar, sobretot en moments de crisi, que ha afectat moltíssim al català, a fer coses més segures, i a la novetat. Li ha afectat molt perquè ja era una industria feble, i perquè si una tirada d’un llibre abans era de 3.000 de mitjana, i ara és de 1.500, això vol dir que perquè un llibre funcioni, has de fer molts miracles. I certs experiments ja no te’ls pots permetre, i ara que sembla que hauríem de sortir d’això, hauríem de fer-los. Amb això no ens trec les culpes col·lectivament, segurament tampoc ens hi hem dedicat. Però crec que la raó va per aquí. I després passa una altra cosa que a mi m’amoïna molt, i que no tinc l’explicació, no tinc la resposta a això. I és: nosaltres, quan miràvem NIELSEN, que no és gaire bo pel català perquè no reflecteix bé aquest entramat de llibreries mitjanes…

Perquè no hi apareixen, perquè fan l’aproximació?

Sí, i el territori no funciona sempre així. I el pes de les grans cadenes de llibreries és menor que en altres mercats, i per tant les extrapolacions no sempre funcionen, però t’ajuda a veure coses. Vèiem una cosa que a mi em resulta molt sorprenent, i és que no hi ha venda de fons del llibre de no ficció. Quan un llibre de no ficció s’atura, n’hem venut molts i arriba un moment que el llibre s’atura, i tu veus que el llibre en castellà, aquell mateix títol, cada any va fent. Poquets, però va seguint. I en català, s’atura en sec. Jo no sé per què és, i amb la ficció passa una mica el mateix. Dius: ostres, aquest llibre, que en castellà tu el vas veient que ja és un llibre antic, que igual té sis, set o vuit anys, però que encara va gotejant, a tu no et goteja ni de la manera proporcional. Per què a nosaltres se’ns asseca el mercat i ja no hi ha una lògica, i en el mercat en castellà, com a mínim en les nostres interpretacions de NIELSEN, això no passava? No sé per què és, però és una cosa molt preocupant, perquè una de les coses que era meravellosa de l’Herralde, era la quantitat de re-edicions que feia. Quan jo hi era, igual re-editava vint o vint-i-dos o vint-i-quatre títols cada mes. Saps el que és això? És una burrada. Vol dir que el pes del fons és enorme. Ell tenia un fons molt ric, però aquests mateixos llibres en la seva edició en català, estic segura que no anaven venent de la mateixa manera ni proporcionalment. Per què? No ho sé, i seria molt sa pel sector, perquè el que et permet funcionar bé és tenir un bon equilibri entre novetat i fons.

L’equilibri impossible.

És l’equilibri desitjable. [Riu] Però és molt difícil. La dictadura de la novetat és terrible.

No només publiques llibres que reps, sinó que tu també en proposes.

En no ficció.

Per exemple, la Natza Farré. A qui li proposaries un llibre ara?

[Riu] No t’ho puc dir! Però hi penso molt. Últimament he pensat molts. Després te’ls dic.

Encara que no siguis editora, doncs, segueixes pensant com si ho fossis.

Vas veient coses…

Des de fora, proposes als editors d’Ara Llibres autors o llibres per publicar a l’editorial? O t’esperes a tornar-hi?

No. No m’espero. Saps què passa? No m’agradaria interferir gaire. No és fàcil substituir algú. Ells han de fer el seu espai, de vegades no és fàcil. I crec que està bé que no interfereixi, perquè no és fàcil canviar d’editor i construir-te el teu propi món, dintre d’una coherència. Per això moltes vegades em mossego la llengua i no sé a qui dir-li. [Riu]

Per què un llibre com el de la Milena Busquets, escrit en castellà, ha de ser traduït al català?

El cas de la Milena és un cas molt especial. A mi m’importa bastant la mirada. Quan defenso que hi hagi un món de lectors en català, no és perquè hi ha autors que escriguin en català i ja està. Que molt bé, és la meva llengua d’adopció, per dir-ho d’alguna manera, i em sembla ric. Però no només això, és que en una llengua hi ha una mirada. I perdre la llengua és perdre aquesta mirada. Nosaltres no traduíem novel·les en castellà pel mercat català, perquè no li vèiem el sentit podent-les llegir en l’original. Quan em van passar el manuscrit de la Milena, que me’l va passar Pontas, me’l va passar primer la Marina i després l’Anna, recordo perfectament que l’estava llegint i pensava que aquesta mirada estava escrita en castellà però hi havia aquesta mirada, i per tant em semblava estrany que no es fes en català. Em va semblar antinatural el que normalment em sembla natural, i és que no hi fos en català. Però vaig pensar amb un gran ull comercial, que seria un fracàs en català. [Riu] Em vaig enamorar de la novel·la, i va haver un punt de bogeria de dir: això no funcionarà en català, funcionarà molt bé en castellà però no en català, perquè tothom se’l llegirà en original, però no em grinyola traduir-lo al català perquè hi ha una mirada, i a més a més m’agrada molt aquesta novel·la i m’agradaria que la féssim. Vam presentar una proposta. Va ser una història maca, perquè al final crec que a l’Anna i a la Milena les va convèncer també les ganes que teníem de fer-ho, com ho plantejàvem, més enllà de la pròpia proposta estrictament de condicions econòmiques, i això va ser un vot de confiança… i vaig pensar que llavors havíem de donar el do de pit, ho havíem de fer bé. I recordo que estava jo a Donosti, al festival de cine, i em va enviar un WhatsApp la Marina i em va dir: és una bogeria, ho està comprant tothom. Perquè era quan encara no l’havia comprat ningú. I jo anava pensant: ostres, a veure si en vendrem algun en català. I llavors la cosa es va anar fent gran, i en el moment que van sortir els dos llibres, i vaig veure com la Milena, que és òbviament catalana el defensava en els mitjans en català, vaig pensar: això funcionarà. Va funcionar molt més bé, per descomptat, del que jo havia previst en el primer moment pel català. Jo pensava que en castellà en vendria moltíssim, com així ha estat, perquè no podia ser d’una altra manera.

La Feria del Libro de Madrid té una cosa que Sant Jordi no: com que són més dies, el lector que s’hi acosta no és només el lector que vol una signatura i persegueix els autors, sinó que és un lector que passeja i descobreix. A Sant Jordi signes però no vens, i a Madrid vens llibres signats.

Jo sóc fan de Sant Jordi. No puc dir una altra cosa. És veritat que el fet que Sant Jordi estigui tan concentrat en un dia té un punt prehistòric, fins i tot. Els editors ens passem un mes abans mirant les notícies del temps com si fóssim pagesos de la pera, amb tot el carinyo del món, però és que nosaltres no vivim de la terra. I és una cosa tan… té un punt que fa gràcia. [Riu] I si és diumenge, i si plourà, i si farà vent, i he sentit…

I si hi ha Barça aquell dia.

Que estigui tot concentrat en un sol dia té un punt absolutament boig. Perquè depens d’una sèrie d’elements que a més a més no tens una oportunitat per rectificar. La campanya de Nadal… tu ho pots veure. A Sant Jordi no tens temps de reacció. El pitjor que et pot passar a Sant Jordi és trencar estocs. És a dir, que un llibre que no preveies que funcionés tan bé, resulta que per raons x, ho peta, i tothom el vol. Això és terrible. Però per no trencar estocs, l’única possibilitat que tens és sobre-produir, i després tens unes devolucions que fan que llibres que podrien ser viables, deixin de ser-ho, perquè has produït per sobre de les teves possibilitats. Només cal imaginar-se que totes les llibreries de Catalunya tenen els mateixos llibres dintre de la llibreria, i després tenen una parada fora plena de llibres que quan s’acaba Sant Jordi, continuen plenes de llibres, i aquells llibres es tornen. Això, des d’un punt de vista de lògica de mercat, és molt dur. Jo crec que seria molt millor si poguéssim allargar-ho uns quants dies més, però és veritat que Sant Jordi és Sant Jordi, i per tant és difícil fer canvis a un esdeveniment tan meravellós que funciona tan bé. Els editors en parlen, els llibreters en parlen… de quina manera podem fer que el llibre sigui la culminació, però hi hagi un escalfament. Que ja hi és, eh… però d’una manera més intensa, perquè és que si no, és una bogeria fiar-ho tot a un dia. Però… no deixa de ser màgic. Si ho miro des de la meva mentalitat infantil, de nena, és maquíssim. És magnífic. Ara, si ho miro des de qualsevol altra perspectiva, què estem fent allà mirant si cauran dues gotes a Olot? Per favor, que portem un any sencer treballant aquest manuscrit, parlant amb l’autor i pensant com el farem, quina coberta li posarem, com farem la promoció, i resulta que plou a Olot, i aquell autor era d’Olot… [Riu] Què estem fent? Si aconseguíssim que la gent llegís… és a dir, el gran tema és aquest. Però deixat una mica de banda el gran tema, després hi ha altres temes. Si aconseguíssim que no tot fos tan estacional en aquests moments concrets, arribar a una certa desestacionaltizació. Ara per a mi la Setmana del Llibre en Català és un gran moment per fer una rentrée en català. Si aconseguim això seria molt sa. No tot és Sant Jordi. És la festa que és, és meravellosa, és singular, no existeix res igual enlloc de món. Per tant, això està allà. Si pogués durar un dies més, seria bo. I després busquem altres moments. La Setmana del Llibre en Català…

L’Off Sant Jordi.

Exacte. Intentem que no tot sigui Sant Jordi.

I que no tot sigui Barcelona.

I sobretot fem que la gent llegeixi tot l’any.

Ho dius amb veu de pena.

És que al final, Sant Jordi, que és una festa meravellosa, és una festa en què hi ha un gran consum de llibres. Quants d’aquests llibres es llegeixen? Com editora estic encantada que s’inventin els Sant Jordis que vulguin. El consum de llibres és bo també per la indústria, és necessari, és bo, m’agrada, però…

Com autor, és desesperant veure les cues que hi ha per personatges.

Sí, però jo crec que ens ho hem de prendre amb molt de relax, això. El problema que jo veig de fons és que pretenem que en el Sant Jordi s’arreglin totes les mancances que tenim nosaltres, i la mancança principal és que som gent que llegeix poc. Si fóssim gent que llegeix molt, i després un dia de Sant Jordi et trobes a Frank de la Jungla signant llibres, no seria un problema, perquè és una gran festa. No de la literatura, sinó del llibre, i per tant som-hi. Ara, és clar, tots posem totes les esperances allà, perquè com que la resta de l’any no llegim, quan podem ens hi agafem. Jo crec que hauríem d’anar solucionant el problema de fons, que no tinc la recepta.

Què opines dels cursos d’escriptura creativa? Perquè vau publicar un llibre de la Maria Escalas, que vau descobrir gràcies a l’Ateneu, si no m’equivoco. Són útils, els cursos?

Jo crec que els cursos d’escriptura creativa són útils però crec que som un país una mica estrany. Moltes vegades he tingut la sensació que s’escriu més que es llegeix. La quantitat de manuscrits que arribàvem a rebre… si tota aquesta gent que ens estan enviant manuscrits, hagués entès una cosa que per mi és important, que és que alhora que escrius, llegeixis… perquè la lectura també t’ajudarà en el teu procés d’escriptura, estaria molt contenta. Però moltes vegades tenia la sensació que hi ha molta gent que escriu i no és lectora. I això em resulta increïble.

A un curs que vaig impartir, el primer dia de classe vaig preguntar quins llibres llegien i molts alumnes deien que no, que no tenien temps ni de llegir el diari.

És la sensació que tenia, llavors. Si són una estafa els cursos de creació… no. Perquè si surt una Maria Escalas, estic satisfeta. Explicava l’editor de El senyor dels anells  que de tota la seva vida lectora, mai va trobar cap altre manuscrit enviat espontàniament que li semblés interessant de publicar. Però va trobar-hi El senyor dels anells, això justifica tot. Què tenen les escoles d’escriptura, per a mi, de bo? Primer, que està molt bé que si la gent vol tenir un hobby que sigui escriure. També ens serveix una mica de filtre, i crec que això per a un editor és interessant. T’arriben molts manuscrits sense filtre, i t’arriba cada cosa… Tant els agents literaris, en un altre ordre de coses i amb molta més intensitat, com les escoles d’escriptura, fan una mica aquesta feina. Ara, que de tot el que es produeix a les escoles d’escriptura, crec que hi ha poques coses realment que siguin publicables amb garanties… I n’hi ha moltes, d’escoles. La de l’Ateneu és la segona del món! Després de Nova York, la segona escola d’escriptura amb més alumnes és l’Ateneu. M’ho va dir la Muriel Villanueva, que era professora d’allà. És insòlit, això. Si són una estafa? Home, entre això i anar a jugar a marcianitos, em sembla un hobby molt més maco. Ara, si això és realment útil… serà útil en alguns casos. Ara, en el cas de la Maria, per exemple, és un cas preciós. L’escola d’escriptura li serveix com un lloc on canalitzar una cosa que no sap molt bé com fer sola. Et dóna una pauta.

Marta Orriols també.

Ja l’he llegida. M’ha agradat molt, perquè té una veu molt personal, perquè els contes no són fàcils, i ella a tots els hi treu la punta. Si som capaços que surtin unes quantes persones com la Maria o com la Marta, perfecte. Ja ho justifica. Hi ha moltíssima gent i el que surt no sempre és publicable. És escribible, però no és publicable.

De quin llibre et sents més orgullosa, com editora?

Jo del llibre que més orgullosa em sento, per motius literaris i també no literaris, segurament és Un cel de plom. És un llibre que per a mi ha estat…

El vau proposar vosaltres?

No. Ens el va proposar l’Anna Soler Pont. Un estiu que jo estava de vacances a Eivissa i li va proposar a la Marina. La Marina Penalva estava treballant a Ara Llibres en aquell moment. Li va dir: tinc això, només és un capítol, però m’has de dir alguna cosa de seguida. I és sobre la Neus Català. L’ha escrit la Carme Martí, que era una persona a qui jo no coneixia. Havia escrit un llibre de relats orals, i no la coneixia. Em va dir: t’ho has de llegir avui perquè li hem de dir alguna cosa. Jo vaig pensar: Neus Català, de sortida m’interessa, però per a mi va ser molt maco perquè el que vaig llegir em va deixar garratibada, però no només pel contingut, sinó per la força literària. La Carme és una escriptora de primera línia, i per tant trobar una història com la de Neus Català, que s’havia de reivindicar… una dona que encara era viva i que li podíem fer aquest regal, que a més a més era una restitució a tot el que li havia passat… i que a més a més això fos una magnífica novel·la. I per mi ho va ser perquè a més a més ens va fer confiança, Pontas, perquè nosaltres en aquell moment havíem publicat poques coses de ficció. Era un llibre important, i nosaltres estàvem segures que ho podíem fer bé, però no necessàriament ho sabia tothom, això. [Riu] La novel·la no l’havia acabada d’escriure, la Carme. Tenia aquells capítols, que eren molt potents, i per tant vam decidir que ho faríem, vam fer el contracte i llavors es va acabar la novel·la, i la novel·la era meravellosa. És una gran novel·la, la Carme Martí és una gran autora i és una història que s’havia d’explicar. Que un país com el nostre, amb una persona com la Neus Català, no pot ser que no tingui aquest llibre. I a més a més, que va ser un gran èxit de públic lector. És a dir, va trobar i continuar trobant lectors. És un dels pocs casos que et diria que sí que hi ha fons, sí que hi ha degoteig. Va funcionar a nivell de trobar lectors, i lectors apassionants. Això a mi em va fer molt feliç. Després hi ha molts altres llibres que per motius diferents m’han fet molt feliç. Em va fer molt feliç publicar-te a tu, per exemple [somriure còmplice].

Això no ho puc deixar.

[Riu] I molts llibres que m’han fet molt feliç per diferents raons. I llibres dels quals em sento molt orgullosa i no han funcionat. Pensava: quin podria ser un llibre que t’agradaria que hagués funcionat i que no ha funcionat? El Nicolàs Valle, que és reporter de TV3, durant molts anys enviat especial a conflicte bèl·lics, va fer un llibre, que es deia Secrets de guerra, que és un llibre preciós. Molt potent. És un llibre que parla de guerres, perquè ell les ha viscut, diguéssim, com a reporter en primera persona. Però no és el típic llibre de reporter de guerra. És un llibre molt profund, que parla de guerra, però sobretot parla de nosaltres. És un llibre que va passar no et diré sense pena ni glòria perquè no és veritat, però no va trobar els lectors que jo continuo pensant que necessita. Em sento molt orgullosa d’haver-lo publicat. Em sap greu, perquè penso que alguna cosa vaig fer malament perquè un llibre tan bo no trobés els lectors. En alguna cosa em vaig equivocar.

 

És veritat, que la majoria d’editors en realitat el que voldrien fer és escriure?

Jo no. Claríssimament. No he tingut mai aquesta pulsió. Jo ho trobo una carència meva. Sempre he trobat en algun llibre el que jo sentia. El que jo volia explicar-me. Sempre ho he trobat. D’una manera o d’una altra. Potser perquè sóc una persona simple, no ho sé. No m’ha passat mai, sentir una cosa i no trobar-m’hi en les pàgines d’un altre. I per tant no he sentit mai la necessitat d’explicar-ho. D’una manera molt profunda, mai he volgut escriure. Només m’he escrit coses a mi mateixa quan jo sabia que jo havia de sortir d’algun forat, havia de cicatritzar alguna cosa. Però mai de la meva vida amb cap voluntat estilística. Sempre amb una voluntat vomitiva, per dir-ho d’alguna manera. Terapèutica però absolutament personal. No he tingut mai aquesta necessitat. No sé si és una cosa bona o dolenta.

Boníssima.

Sempre m’he trobat en els altres.

Fa unes setmanes va sortir un llibre del Sebastià Portell i el van entrevistar al programa Estat de Gràcia, i a la tarda el van presentar a La Calders i va ser un èxit. L’endemà, la Isabel Sucunza va deixar molt clar que sense els mitjans no podem promocionar bé els llibres, i que si tothom fa la seva feina, ens en sortim. Què han de fer polítics, mitjans o qui sigui que no formi part de la cultura per potenciar això i que les coses funcionin?

El que crec és que hem de posar la cultura al centre. És una cosa molt senzilla. Molt obvi. Tinc moltes vegades la sensació que parlem de cultura quan tenim un problema i diem: ara hem de parlar de cultura. No, la cultura forma una part consubstancial importantíssima. Jo no ho veig reflectit en la classe política. No ho veig. No els veig parlar de llibres, no els veig llegir llibres. No dic que siguin els únics, dic que això reflecteix també un estat de les coses. Acabes parlant de les coses només perquè toca fer-ho. Cal que tots ens impregnem d’això. I per tant, evidentment, més presència als mitjans. És obvi. Hi ha una part, que si no hi és d’una manera natural perquè no li hem donat com a societat la importància que ha de tenir, haurem de forçar-ho, i per tant hi ha de ser. Una vegada em preguntaven si jo volia més programes de llibres, i jo deia que el que volia era més llibres al programes. És evident que també vull programes de llibres. D’una banda, programes de llibres.

I si us plau, amb l’Anna Guitart.

A tots! [Riuen] Sí, perquè hem de fer això, hem de tenir programes de llibres, i després tothom hauria de parlar de llibres. Li fan una entrevista a algú, a un polític, o algú amb projecció pública… preguntar-li: i tu què estàs llegint? Fa por aquesta pregunta perquè fa por que l’altre no tingui la resposta. Això ho hem d’incorporar de manera natural. I després programes de llibres… com? Hem de fer programes de llibres que siguin atractius. Que siguin atractius no vol dir que tinguin molta llum i colors. Jo quan veig a l’Anna i la sento parlar de llibres, jo m’enganxo. La començo a sentir parlar de llibres i em quedo clavada, m’agrada. Si deixem de posar-la a una hora que no sabem quina és, per començar, que no sabem ni a quina hora sortirà, i la posem en un lloc que nosaltres li estem donant importància… col·loquem-la en prime time a TV3. És que li estem donant importància i per tant la gent anirà a mirar-ho.

No és només el programa, sinó el missatge que estàs donant amb l’horari.

Estàs dient moltíssimes coses respecte l’horari. Si publiques un llibre  al mes de gener o al juny, estàs donant missatges. No necessàriament és pitjor abans de Sant Jordi o després, però tu envies un missatge. I per tant, el moment en què poses un programa diu molt. Els mitjans han de fer els llibres més naturals en els seus programes, i després per mi una cosa que em resulta insòlita: han d’aprofitar molt una cosa que tenim en aquest país, potser n’hi han d’altres, però que per a mi és impagable: la prescripció dels nostres professionals. Tenim un exèrcit de llibreteres, bibliotecàries, periodistes culturals que són una joia, i que se saben expressar, i que tenen les seves capelles, i que tenen seguidors. I hem d’aprendre també que tenim tot això i tenim una oportunitat única. Única, que no teníem abans, que són les noves tecnologies. Les possibilitats que ens donen determinades maneres noves de comunicar-nos. Aprofitem tot això, perquè tenim carències, però tenim allà un tresor. Que aquesta gent faci arribar aquests missatges en els mitjans convencionals, evidentment, perquè al final continuen sent de masses; i en els no convencionals, perquè també passa ara que de cop una cosa funciona i ningú sap per què. I resulta que la Sucunza ha dit no sé què, la Fe, a l’Altell han comentat no sé quants, i la Júlia a Can Roca ha dit la seva. Aprofitem això, i situem-ho al centre. Hem de començar per donar-li la importància que té. Però no li dono importància perquè m’han dit que és important. Li dono importància perquè és cabdal. Sí que aquí penso que socialment no ens ho creiem. Si ens ho creguéssim…

Això em va molt bé per acabar l’entrevista, perquè a Jot Down sempre acabem les entrevistes demanant un llibre i una pel·lícula a tothom, independentment del seu ofici.

A Trump li van demanar un llibre i es veu que va dir un títol que era lectura obligatòria a l’institut quan ell hi anava. Ara no recordo el títol. Això és imperdonable. Llibres: te’n puc dir dos?

Sí…

Et diria un, però és d’un escriptor home, i em fa il·lusió que hi hagi una escriptora dona. Per mi, La carretera, de Cormac McCarthy és un llibre que és una catedral, i és un llibre sobre l’abandó. És un llibre sobre saber abandonar, que és una cosa que a mi personalment m’interessa. No sobre que t’abandonin, sinó sobre saber-ho fer. I un altre llibre que em va colpir moltíssim és el de la Delphine de Vigan, Rien ne s’oppose à la nuit, Res no s’oposa a la nit. És un llibre sobre les ferides.

Molt alegres tots dos.

M’agrada molt llegir llibres alegres, però els pocs llibres que jo considero per a mi transformadors, els que em transformen a mi, els que em fan ser una persona diferent… n’hi ha molts que m’agraden molt i que no fan aquesta funció, però els que ho fan són terribles. I de pel·lis per recomanar… quan era jove sempre deia Rumble fish, perquè és una pel·li de Coppola que m’agrada molt, que parla sobre la família i sobre la fragilitat, com és de difícil ser fràgil quan tots som fràgils… però si miro més a prop, una pel·li que m’ha agradat molt és Boyhood. El Richard Linklater sempre m’apassiona, perquè fa veure que no passa res, i passa tot. És la transcendència de la vida, de quan sembla que no passa res. L’enorme transcendència que tenen determinades coses que no sembla que siguin transcendents. Això també ho explica sempre molt bé Ian McEwan. D’un detall acaba transformant-ho tot perquè els detalls de la vida de vegades tenen aquest poder. I això és molt guapo.


Manuscrito encontrado en Zaragoza: el origen de la extrañeza

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Miniatura del Libro de horas de Aussem. Imagen: Museo Walters (DP).

Ad calculum periculum bonum.
Bueno para predecir los riesgos.

En julio de 1989, Bruce Sterling publicó un artículo en el número 5 de la revista SF Eye donde decía: «[…] es un tipo de literatura que sencillamente te hace sentir muy extraño; la forma en que vivir en el siglo XX te hace sentir, si eres una persona con una cierta sensibilidad». El escritor americano empleaba esa frase para definir un género literario al que llamó slipstream. De alguna manera, el slipstream englobaría todas esas narraciones que no se adscribían de manera precisa a un género, sino que se alimentaban de varios —o de todos—, disolviendo en el camino los límites que pudiesen diferenciarlos. No es fantasía ni ciencia ficción ni novela negra ni ficción convencional, sino que se sitúa en un paisaje construido en el conjunto intersección de todo lo demás. Un paisaje exótico.

En el borroso cajón del slipstream se fueron colocando obras y autores que acabarían conformando el panteón contemporáneo de la denominada «literatura de género»: Michael Chabon, Scarlett Thomas, Neil Gaiman, Octavia Butler, China Miéville o Jeff VanderMeer. Lo cierto es que ninguno de estos escritores se cuelga voluntariamente la etiqueta del slipstream, posiblemente por lo vasto de su interpretación. Es más, VanderMeer está considerado como punta de lanza del New Weird, una suerte de recuperación del tema y los tonos de la weird fiction: la ficción extraña. Sin embargo, si atendemos a la descripción que el crítico  S.T. Joshi hizo en 1990 en su ensayo The Weird Tale, se diría que ambos géneros se solapan si es que no son el mismo: «Los relatos weird mezclan con frecuencia lo sobrenatural, lo mítico e incluso lo científico. Muchos de los autores que abrazaron el género, a menudo publicaron sus obras en revistas literarias convencionales […]».  

Aunque las definiciones tienen apenas veinticinco años, el género no es precisamente reciente. El weird se remonta a los magacines pulp que llenaban los quioscos de la América de los años treinta y cuyos principales estandartes fueron Robert E. Howard, Edgar Rice Burroughs y H. P. Lovecraft. En cuanto al slipstream, el propio Bruce Sterling incluye a autores como Thomas Pynchon, Kurt Vonnegut, Toni Morrison, Isabel Allende, Gabriel García Márquez, David Foster Wallace, Paul Auster o Norman Mailer, generando así una lista que abarcaría la mejor literatura de medio siglo XX.

Pero las cosas empezaron antes. Todo empezó hace más de doscientos años. Porque el weird, el slipstream y, en definitiva, la literatura fantástica contemporánea comenzó con Manuscrito encontrado en Zaragoza.

Advertí de pronto, amontonados en el suelo, en un rincón, varios cuadernos. Se me ocurrió mirarlos: era un manuscrito en español, lengua que conozco poco, pero no tan poco, sin embargo, para no comprender que aquel libro podía divertirme: trataba de bandidos, de aparecidos, de cabalistas, y nada más adecuado que la lectura de una novela extravagante para distraerme de las fatigas de la campaña.

LB00309001_primera_rgb_altaEscrito en los últimos años del siglo XVIII por el conde Jan Potocki, viajero, historiador, dramaturgo y novelista polaco, y publicada entre 1804 y 1815, Manuscrito encontrado en Zaragoza cuenta la historia de un oficial polaco (sosias del propio Potocki) que, batallando a las órdenes de los franceses en pleno sitio de Zaragoza, encuentra un manuscrito. El oficial es tomado prisionero por los españoles pero no desprovisto del manuscrito, pues este narra la historia, acaecida casi un siglo antes, del noble Alfonso van Worden, a la sazón pariente —quizá abuelo— del militar que le ha capturado. La historia de Alfonso van Worden, capitán de la guardia valona a servicio de Felipe V, se desarrolla en el viaje que dicho noble debe hacer desde Andalucía hasta Madrid, atravesando Sierra Morena. En el trayecto, van Worden se topará con las hermanas Emina y Zebedea, que le contarán la historia de su fe islámica secreta y que, además, son primas del mismo van Worden. Lo cual desembocará en la historia del padre de van Worden, pendenciero noble francés, que contrajo un insólito matrimonio con una mujer aparecida de la nada en medio de Sierra Morena. Esta historia la cuenta van Worden a un ermitaño, amo del endemoniado Pacheco, quien a su vez le cuenta la historia de cómo paso de ser un noble español a terminar con los espasmos propios de la posesión diabólica. Lo cual acaba entroncando con la historia de los dos ahorcados, hermanos del bandolero Soto, que cuelgan en medio del páramo como una bandera ominosa. Lo cual a su vez va generando una serie continua de historias dentro de otras historias dentro de cuentos dentro de leyendas.

Porque claro, realmente ningún género literario es verdaderamente nuevo, y esta estructura de relato enmarcado bebe de Las mil y una noches e incluso del Decamerón de Bocaccio, de quien también toma ciertas licencias eróticas como la relación lésbica-incestuosa entre las dos jóvenes hermanas. De igual manera, se suele incluir a Manuscrito encontrado en Zaragoza dentro de la literatura gótica. Sin embargo, lo que diferencia a la novela de Potocki de sus coetáneos relatos de fantasmas es la sensación de extrañeza constante y contemporánea, precisamente por desarrollarse en un territorio bien conocido incluso en la época de su publicación.

Esta elevada cadena que separa Andalucía de la Mancha no estaba entonces habitada sino por contrabandistas, por bandidos, y por algunos gitanos que tenían fama de comer a los viajeros que habían asesinado. De allí el refrán español: devoran a los hombres las gitanas de Sierra Morena.

Lo que provoca más extrañeza de la narración es que no transcurre en el lejano Oriente ni en los oscuros Cárpatos, sino en España. Pues Potocki sentía tal fascinación por los mitos de nuestro país que lo convirtió en un espacio misterioso y extraordinario. Y por eso, Manuscrito encontrado en Zaragoza es una novela inusualmente cercana a la contemporaneidad. ¿No es esa Sierra Morena tan cotidiana y a la vez tan exótica como el Macondo de García Márquez? ¿No son sus riscos y sus pedregales tan intrincados como la Hiperbórea por donde Conan desfacía entuertos a espadazo limpio (y cuya adaptación cinematográfica, por cierto, se rodó también en España)? ¿No es la Venta Quemada, portal de visiones y hechos sobrenaturales, un lugar tan fuera del tiempo como el Muro del Stardust de Gaiman? ¿No se comportan los endemoniados como los enloquecidos lectores del Necronomicón? ¿No son los fantasmas que flotan entre encinas y ahorcados tan incomprensibles como las criaturas que pululan por el Área X de VanderMeer?

Sí. Y mucho más. Porque si decidimos seguir a Alfonso van Worden como Alicia siguió al conejo blanco, acabaremos en un entretejido de cuentos y relatos que se mezclan y se solapan; y nos encontraremos con cultos iniciáticos, conspiraciones, cábalas, jeques y princesas moras, contrabandistas, ladrones, jefes de tribus gitanas, nobles y lacayos. Y cuando giremos la última página y miremos a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que la extrañeza que nos rodea no es exclusiva del siglo XX ni del XXI. Las cosas eran mucho más raras hace doscientos años.

Manuscrito encontrado en Zaragoza está incluido en el pack de nuestro Jot Down 14.


Tres novelas sucias más

Foto: Karen Apricot (CC)
Foto: Karen Apricot (CC)

Quizá la crueldad que se puede vivir en la ciudad es más fría, más sutil. La crueldad a la que me refiero cuando hablo de una novela sucia solo existe en el mundo rural —de una dureza y un salvajismo animal. Quizá por el aislamiento, por el contacto directo con la naturaleza, que no entiende de normas sociales. Los de las novelas sucias son personajes embrutecidos por la soledad. Carson McCullers, para hablar de la literatura sureña, describía a sus habitantes como «”tipos” nacionales que poseen en común ciertos rasgos psicológicos perfectamente reconocibles (hedonismo, imaginación, pereza, sensibilidad) […] En el Sur, como en la antigua Rusia, se advierte a cada instante el escaso valor que se le otorga a la vida humana. […] La razón no es otra que la sobreabundancia de vida humana. Los niños nacen y mueren, y si no mueren luchan por sobrevivir. Los límites de un campo estéril de apenas unos cuantos acres, una mula, una bala de algodón puede suponer la existencia y todo el sufrimiento de un ser humano». Ese poco valor que se le da a la vida humana, una actitud sudista, no le pertenece en exclusiva al mundo del Sur, sino a la ruralidad de esta. Para hablar de Mientras agonizo, McCullers plantea la confusión de valores de sus personajes y su poca responsabilidad espiritual. Las anteriores tres novelas sucias —Del color de la leche, La niña que amaba las cerillas y Un mal día para nacer— eran así: no se le daba el valor a la vida que la moralidad nos obliga a darle. Por eso conviven con el salvajismo hasta normalizarlo, un ejercicio ligero que avanza y, sobre todo, imperceptible: de pronto ya estás instalado en la barbarie. Y esa frialdad literaria para contárnoslo la hace más descarnada, más sucia, porque parecen no darse cuenta. No hay atisbo de pudor o arrepentimiento en los personajes de ninguno. Bien: he encontrado tres novelas sucias más.

La benévola, o el abuso de poder

benevolaGinny está firmando su sentencia cuando decide seducir al primo de su madre para casarse con él. Su marido, Linus Lancaster, le promete el paraíso, y Ginny se encuentra con una granja fría y un hombre despreciable. Allí convivirá con dos niñas —ella también lo es— y los pocos escrúpulos del hombre al que se ha entregado. Sin embargo, la brutalidad de Linus era necesaria para el equilibrio de todo lo demás: mientras haya una maldad reinante, el resto de maldades quedarán aletargadas. La suciedad empieza, precisamente, cuando el hombre ya no tiene la capacidad de ser cruel con su esposa, sus criadas y sus trabajadores: de ese poder restante nace una nueva maldad: la de aquellos que hasta entonces eran víctimas. Las dos niñas criadas han recibido abusos no solo de Linus, también Ginny ha acabado sucumbiendo a lo animal, y cuando Cleome y Zinnia, las hermanas que recibieron a Ginny y le enseñaron lo que le debían enseñar; cuando Cleome y Zinnia se hacen con ese poder que pertenecía a Linus, el universo rural da un vuelco y queda indefenso, en carne viva. No se lo esperaba nadie, nadie contemplaba la posibilidad de que la superioridad recayera en las niñas. Y las niñas han crecido en el horror, como la protagonista de Del color de la leche, y el horror no les asusta como a los demás. Laird Hunt es un narrador paciente, pausado, y le da a la historia la lentitud de un asesino cruel, la lentitud que necesita una historia sucia como ésta. La novela no se recrea ni enfoca lo repugnante, porque no lo necesita, porque con la memoria de Ginny, cuando ya no es Ginny y ella misma cambia de nombre, la memoria y sus lagunas y sus pequeñas concesiones son más que suficientes para abrumarnos.

Volver, o la memoria

H421197.jpgFrank Money es un veterano de guerra. Huyó de Lotus, un pueblo de Georgia, porque no pasaba nada: esa peligrosa nada que te corroe. No había futuro para él y sus amigos en aquel lugar, así que deciden alistarse y enfrentarse a la vida. Pero la vida ha sido demasiado dura para él, la guerra siempre es demasiado dura para los hombres, y Frank Money es la mitad de la persona que era. Las imágenes, la desesperación y la locura que vive un veterano de Corea al reincorporarse al mundo sin armas es demasiado para él, es demasiado para cualquiera. Ha perdido a sus amigos (aunque a la larga sea la pérdida un refugio perfecto: no tiene cómplices de lo malvado), ha perdido sus raíces, ha perdido a su hermana, lo único que echa de menos de Lotus. La infancia de Frank fue dura y áspera, una infancia carente de sensibilidad, sudista a la manera de Carson McCullers hablando de Mientras agonizo. Al poco valor de la vida humana que había en Lotus debemos añadirle una guerra, y ahí lo tenemos: un hombre deshecho, sin respeto, alcohólico. Y aún peor: negro. Pero hay algo que de verdad lo puede devolver a la cordura, y esa es su hermana, que se quedó en Lotus, después se marchó con el primero que pasó para alejarse también de la nada corrosiva, después la abandonaron, después acabó en casa de un médico: ahí, en esa casa y en las imágenes bélicas de Frank Money, está la suciedad de esta novela. Toni Morrison trabaja la repugnancia con maestría, hasta el punto de abochornarte con lo que describe. Y sin embargo, no hay ningún momento en que juzgues la suciedad, porque la mezcla con cierta compasión. ¡Y ahí está lo perverso de esta novela! Que acabas del lado del salvaje, sucumbiendo a la normalidad de cada una de las imágenes que Frank lleva consigo y que tú, al cerrar contigo, también llevarás.

En el bosque, o el padre y el hijo

en el bosqueTom no conoce nada salvo la granja en la que vive con su padre. Es así como empieza el problema: sin referentes, cómo puede uno darse cuenta de que lo que tiene a su alrededor no es lo que debiera tener. El desprecio en el trato con los criados, por ejemplo, es algo natural. El equilibrio en el que vive Tom es inestable: no conoce hombre salvo a su padre, no conoce mujer salvo a la mujer que su padre le arrebatará, no conoce hogar salvo la granja, no conoce amistad salvo los criados, no conoce raza salvo la blanca. Y de ese desconocimiento empezará a brotar el desamparo, primero, y la ferocidad después. Él, sin haberse dado cuenta, estará en el otro bando, en el enemigo. Del otro lado del padre, del otro lado de la amante, del otro lado de los buenos. El blanco será el opresor y Tom es blanco y, por tanto, opresor: no le quedará nada, todo caerá por su propio peso. Vivir al raso te complica las cosas, vivir sin ejemplos que seguir: pero si incluso esos referentes inútiles y lejanos desaparecen, hay un doble derrumbe. Quedarse sin nada, para alguien que solo conoce lo que tiene a su alcance, es una traición que solo se le puede atribuir, por lo injusto, a Dios. Para crear una atmósfera perfecta para una situación así, en el que el mundo de los colonos está a punto de desaparecer, Katie Kitamura se ayuda del viento que cubrirá toda la granja de ceniza.

Quedar expuesto a la suciedad

Lo malo de la suciedad literaria es que traspasa. El problema no es tanto que el autor se posicione, que los personajes sean crueles, sino cómo tú —lector— vas a acabar sintiendo una gran empatía por todos ellos. Te repugna el médico con el que vive la hermana de Frank Money, te repugna Linus Lancaster, te repugna la abuela Money, te repugna el padre de Tom, te repugnan Katie Kitamura, Toni Morrison y Laird Hunt. Pero los acabas justificando a todos: el médico solo quería experimentar y lo hacía con la única raza que estaba permitida—la negra—, Linus Lancaster es un fracasado soñador que no acepta su propia vida y carga contra los demás, la pobre abuela Money no ha tenido la vida que creía merecer y se vuelve áspera, el padre de Tom es un hombre solo que busca ser efectivo y conseguir todo cuanto quiera. Así, poco a poco, vas aceptando lo inaceptable —ya eres uno de los suyos.


Mujeres con hijo

Doris Lessing.
Doris Lessing.

La otra cara de Mujeres sin hijo.

«Las madres no escriben, están escritas»Helene Deutsch. 

Cuando pensamos en una madre, en una buena madre, lo que nos devuelve la literatura es una mujer servicial, paciente y entregada al cuidado de su hijo. Del mismo modo que el amor o el sexo, la maternidad está idealizada en el arte, confundiendo a unos y desalentando a otras. ¿Por qué una buena madre está siempre relacionada con la renuncia a su propio empleo, a su vida, a su sexualidad y a sus tiempos? La madre de verdad, la madre que ama a su hijo, lo tiene que hacer por encima de todo y, lo más importante, de modo incondicional y a tiempo completo. Adrienne Rich es una de las primeras mujeres que nos alerta de algo: nadie ama todos los días, a todas horas. Nadie. Las madres tampoco. Por eso la imagen de maternidad y sacrificio, esa combinación diabólica, frustra a tantas mujeres ocupadas y contradictorias e imperfectas y, oh, humanas: esa madre no existe. Y no pasa nada porque no exista, no es ninguna deshonra, no es una acusación. Tranquilicémonos: las madres no quieren menos a sus hijos porque estén cansadas o sientan rabia (una rabia que los niños no comprenden de dónde viene), los hijos no son menos importantes porque sus madres —igual que sus padres— tengan otras ambiciones, otros intereses, otras ocupaciones: porque ellas, a veces, quieran perderlos de vista.

De eso, de reflexionar acerca de la madre modélica y oponerla a la madre real, trata Maternidad y creación, un libro de Moyra Davey en el que se recogen textos (relatos, pero también diarios, ensayos y memorias) de mujeres como Doris Lessing, Jane Lazarre, Margaret Atwood o Toni Morrison. Confesiones de madres divididas entre el mundo y sus hijos, entre su vocación y su obligación como madre, entre su intimidad y el placer de la crianza. Lo que hace diferente esta edición de otras es que estas mujeres no quieren demostrar nada, no quieren dar ningún discurso. Son madres y son escritoras, y quieren hablar de ello, y quieren hacerlo honestamente, aunque la honestidad sea incómoda y políticamente incorrecta. Quieren hablar del otro lado, de la oscuridad, de la incomprensión y el aislamiento en el que te sume la maternidad, los primeros años del niño. Madres socialmente despreciables que no encajan con ese modelo de mujer al servicio de la casa, el marido y los niños.

El instinto, un enemigo

Doris Lessing, en Dentro de mí, habla de muchas de las contradicciones que vive la mujer joven fértil cuando está rodeada de mujeres jóvenes fértiles. En sus primeros años como madre, lo que reina es un cansancio absoluto. Es impactante leer a una mujer hablar de su hijo sin efusividad, sino desde un tono lento y una voz exhausta. Cuando la madre habla del niño, acostumbra a obviar los malos ratos, no se atreve a enumerar las decepciones, porque se la podrá malinterpretar, pasará al otro bando: el de las malas madres. Por eso, cuando Doris Lessing va a esas reuniones del té a las que acuden mujeres con sus hijos y los amamantan, siente tanto rechazo y, a un tiempo, la necesidad de acudir regularmente. Nos cuenta cómo esas mujeres, en confianza, reconocen que no quieren tener más hijos, que este —esa preciosa cabeza que se abalanza sobre su pecho para su toma— es el último, y cómo unos meses más tarde anuncian otro embarazo. «Una de ellas llega con un nuevo bebé, y allí está con su cosita, con la cabeza desplomada sobre el hombro de su madre. De repente, tu propio niño te parece enorme, incluso bruto. Recuerdas la dulce intimidad con el recién nacido. Seguramente dijiste: “Todavía no voy a tener otro bebé —o tal vez nunca más”, pero de pronto, con un bebé en los brazos, te vuelves “clueca” […] Las hormonas ya se han sobresaltado y tú estás fuera de juego. Pronto en una reunión del té, anunciarás: “¡Estoy embarazada!”». Pero esto no solo le ocurre a Doris Lessing, Adrienne Rich, después de muchos años, de tener hijos ya más independientes, se encuentra con una conocida que acaba de tener un bebé. Tras haber luchado —incluso con la esterilización después del tercer hijo— para recuperar su vida y su autonomía, ve al bebé y vuelve a sentir, por unos momentos, el deseo de tener uno.

El aislamiento de la madre

En uno de los textos más estremecedores del libro, Jane Lazarre habla de cómo poco a poco la madre va perdiendo identidad. Cómo la pierde consigo misma, con la sociedad y, lo que es peor, con otras madres. El primer síntoma es la pérdida del nombre: Jane ya no es Jane, sino la mamá de Benjamín. «Temblarán y temblaré mientras nos saludamos, y haremos algún comentario sobre el tiempo y algún otro sobre el bebé, y ninguno sobre nuestros maridos, que no volverán hasta que oscurezca para ayudarnos con los niños mojados, fríos, malhumorados, y tampoco ningún comentario sobre nosotras. Para unas y para otras, para los niños pequeños y para los padres ausentes, somos madres. Soy la madre de Benjamin y en breve le daré los buenos días a la madre de Matthew».

Vive en un complejo residencial y lo único que la conecta con el exterior de su casa es ese bebé que tiene, que no duerme toda la noche, a diferencia de los otros, y que tiene a su madre en permanente confusión. Pronto, en los primeros meses, se da cuenta de lo insatisfecha que se siente, de lo mucho que le gusta gritar «para no perder la fe en mi existencia». Esa existencia se ha ido evaporando hasta un punto extremo: Jane se pasa tres semanas vestida con una bata sucia, y se pregunta para qué se va a cambiar de ropa si cada tres horas va a tener que quitársela para dar de mamar y se va a manchar. Hasta que un día ve cómo otras jóvenes toman la misma actitud que ella, van mal vestidas, incluso por el complejo, y se asusta.

Digo que es un texto sobrecogedor porque, llegados a un punto de desesperación, una desesperación que no puede mostrar porque podría convertirse automáticamente en una mala madre…; bien, llegados a un punto de desesperación, Jane decide poner a prueba al resto de mujeres y les habla con honestidad: las incomoda con su mala actitud y su poca generosidad como madre. Se atreve a exteriorizar el horror, esa intensidad emocional, la insatisfacción, el cansancio, el ceder o no ceder a las necesidades del hijo. Y a partir de entonces, después de hacerlo con algunas de las madres, encuentra a alguien que la comprende, que la apoya y que siente exactamente lo mismo: una cómplice. Y de esa cómplice, otras, otras muchas que forman un grupo y se reúnen para hablar de todo aquello que esconde la maternidad, que los demás esconden de la maternidad y que existe. Anna, una de las mujeres del complejo, dice: «Ser madre es algo horrible. Arruina la relación con tu marido. Arruina tu vida. No puedes abandonarlos porque los quieres y cuando estás con ellos los odias. Yo era una buena enfermera. Muy competente. He cuidado de gente de todo el mundo. Dirigía una planta entera en Boston. Ahora soy madre, y significa que soy nada».

Adrienne Rich.
Adrienne Rich.

La contradicción, una intrusa en la convivencia

Sin embargo, en todo el libro, pocas veces podemos leer el arrepentimiento de la madre. Aunque hablen tan crudamente de sus hijos, de su vida, de su maternidad, de lo que sienten, eso no las convierte en peores. Viven en una constante contradicción, porque aunque aman a sus hijos, también los detestan. Aunque darían la vida por ellos, necesitan una propia en la que ellos no intervengan. Aunque desean pasar todo el tiempo con ellos, cuando están juntos se sienten encarceladas. Adrienne Rich, una de las más lúcidas de la antología, habla de que sus hijos «me causan el sufrimiento más exquisito que haya experimentado nunca. Se trata del sufrimiento de la ambivalencia: la alternancia mortal entre el resentimiento amargo y los nervios crecientes y salvajes, y la gratificación y la ternura más felices. […] Tal vez sea un monstruo —una antimujer—, un ser sin voluntad, dirigido y sin recurso para experimentar los consuelos normales atractivos del amor, la maternidad y la alegría en los demás».

Esa ambivalencia es común a todas las mujeres que hablan de la maternidad de un modo duro y vulgar, sin lugares comunes, con dosis de realismo. Muchas madres se quedan atrapadas en un perfil de madre incondicional, y confían en que si no se salen del estereotipo, no estarán fallando en nada. Por eso, cuando estas mujeres tienen ciertos pensamientos o sentimientos hacia sus hijos, se sienten monstruos, antimujeres, madres de cuentos para asustar a los niños. Hay tantas diferencias entre lo que se espera de ellas y lo que finalmente están dispuestas a dar, que se decepcionan consigo mismas. Pero nada más lejos de la realidad: se habla de resentimiento, pero también de gratificación.

Maternidad y creación: madres que escriben

Pero la antología va más allá. Además de relatos, en la última parte, también se habla de la maternidad desde el punto de vista creativo: la madre que escribe. Rich nos señala cómo la literatura suele tratar el drama del niño, desde el niño, y cómo las madres de las novelas acostumbran a ser personajes completos, redondos, que saben dónde está el bien y empieza el mal, qué se debe hacer. El niño vive en la incomprensión con unos padres que le han tocado, que no puede elegir, y olvidan que la madre vive igual que el hijo: tampoco ha elegido, también está confusa.

Por otra parte, como artistas, viven en una constante lucha contra el tiempo: el hijo o la literatura. «No sé si se trata de extrema lasitud del principio del embarazo o de algo más fundamental; pero en este último tiempo me inspira la poesía —tanto si la leo como si la escribo— no más que tedio e indiferencia, sobre todo la mía y la de mis contemporáneos más inmediatos». Adrienne Rich se aburre con la poesía, pero cuando la escribe, lo hace como mujer y no como madre. Sí, decide que, cuando pase ese tedio, cuando la poesía vuelva a interesarle, será su espacio y ahí no será la madre de nadie, no escribirá sobre hijos. Pero no importa, porque aunque no escriba sobre ellos, ellos están sobre la poesía, por encima, y cuando a medianoche tenga que despertarse porque alguno de sus hijos ha tenido una pesadilla o tiene sed, volverá a la cama con los ojos vidriosos de rabia, sabiendo que al día siguiente, cuando quiera volver a ese espacio en el que no es la madre de nadie, cuando quiera volver a la poesía, estará demasiado cansada.

Kate Kollwitz, entonces, determina algo: «Tal y como vosotros, niños de mi carne, habéis sido mis tareas, lo son también mis otras obras». Pero esas otras obras no reclaman tu atención, no al menos de una manera tan desbordante y absorbente, sin perdón. Liv Ullman dice: «Intenta decirle a un niño que mamá está trabajando cuando el niño ve con sus propios ojos que su madre está sentada escribiendo… No me atrevo a poner música cuando estoy en el sótano escribiendo, no sea que arriba se crean que estoy holgazaneando». Se trata de mujeres que no trabajan, que se quedan en casa al cuidado de los niños y que intentan escribir: es decir, apenas traen dinero a casa. Y esa enorme responsabilidad que acarrea no ser económicamente solvente y tener tus deberes como mujer, anulan esa libertad para crear. Para poner unos horarios y para aislar la escritura de la vida doméstica, reconciliarlas, se necesita la osadía de Alicia Ostriker al preguntarse algo fundamental: «Que las mujeres deberían hacer bebés en lugar de hacer libros es la opinión de la civilización occidental. Que las mujeres deberían hacer libros en lugar de bebés es una variación sobre el mismo tema. ¿Es posible, o deseable, para una mujer, hacer ambas cosas?».

Esa es la gran pregunta: no tanto si es deseable, que ya sabemos que sí, sino si es posible. ¿Es posible que la mujer que no tiene hijos no se sienta egoísta (Mary Gaitskill), que la mujer que no atiende a los caprichos de un hijo no se sienta culpable (Ellen McMahon), que la mujer que escribe pueda hacerlo en un lugar adecuado y no frente al mar, como en el principio de El cuarto de Jacob, de Virginia Woolf (Ursula Le Guin)? ¿Puede la mujer reconciliar lo doméstico, la maternidad, el buen matrimonio y el arte? Y una última pregunta que no hago yo, sino Julia Kristeva, y que quizá sea lo primero que debamos responder para después ocuparnos del resto de matices: ¿qué sabemos acerca del discurso interno de una madre?

Liv Ullmann.
Liv Ullmann.