La trilogía Binti: Ciencia ficción en África

Detalle de la cubierta de Binti, de Nnedi Okorafor. Editorial Crononauta.

La literatura de ciencia ficción fue cortada siguiendo los patrones de la cultura europea y estadounidense. Su lengua vehicular siempre ha sido el inglés; incluso en aquellos países donde se hablan otros idiomas las traducciones de relatos anglosajones han ayudado al construir el canon del género. Y hablo de los lugares más inesperados: no es infrecuente encontrar relatos de la era soviética, escritos en ruso, donde los protagonistas tenían nombres anglosajones.

Muchos autores procedentes de otros rincones del mundo han imitado estos patrones occidentales y anglosajones de manera muy consciente y no por falta de imaginación, sino como una declaración de fidelidad al género y una muestra de respeto al canon. Al igual que no se puede hacer pintura impresionista sin referirse a los franceses o música flamenca sin referirse a España, la ciencia ficción ha de alimentarse de lo que se ha hecho en países como Estados Unidos o el Reino Unido. Esto implica, entre otras cosas, la adopción de esquemas de pensamiento derivados de la Ilustración y la Revolución Industrial: racionalismo, materialismo, escepticismo, libre albedrío. La ciencia ficción suele ser humanista e idealista, pero también agnóstica y poco espiritual. Es algo fácil de percibir en la psicología de los personajes —al menos, de los personajes humanos—, que acostumbran a definirse por el individualismo, herramienta con la que afrontan los procesos de metamorfosis en el entorno que casi siempre conforman el núcleo de este tipo de narración.

Ha habido algunas excepciones a la regla, por descontado. Pocas, porque es difícil, si no imposible, abandonar los esquemas occidentales de pensamiento para hacer ciencia ficción sin que esta se transforme en otro género, ya sea fantasía o realismo mágico. Por ello resulta casi irónico que en los últimos años haya sido precisamente una escritora estadounidense, Nnedi Okorafor, quien se ha convertido en uno de los puntales de un enfoque alternativo al occidentalismo anglosajón en el género. No tanto en el estilo y estructura de sus relatos, que pueden recordar a los de Jack Vance o Ursula K. Le Guin (quien, por cierto, le dedicó a Okorafor sonados elogios). La escritora ha viajado con mucha frecuencia a Nigeria, el país del que proceden sus padres, desde muy pequeña, y suele ambientar sus relatos en África. Ella misma llama «afrofuturismo» a la decisión consciente de trasladar los mecanismos clásicos de la ciencia ficción a un ambiente distinto, acentuando de forma deliberada aquellas peculiaridades culturales que contrastan más con el pensamiento occidental. La propia novelista admite que basa sus mundos en un África mítica, de la memoria, «un África que existe, pero no existe». El pensamiento mitológico de los pueblos que describe es uno de los elementos que la enlazan con Vance o Le Guin, aunque más enraizado en tradiciones verdaderas.

Nnedi Okorafor lleva escribiendo desde principios de siglo y empezó a dar que hablar en 2012 con su novela ¿Quién teme a la muerte?, una historia posapocalíptica ambientada en África que trataba asuntos como el genocidio tribal. Esa novela, que es quizá la más oscura de la escritora, está siendo adaptada a serie de televisión por HBO, con la intervención como productor ejecutivo de George R. R. Martin, autor de la saga Canción de hielo y fuego. Con todo, su verdadero salto a la fama se produjo en el 2016, cuando su novela corta Binti ganó dos de los más importantes premios del mundo de la ciencia ficción, el Hugo y el Nebula. A esa novela breve siguieron dos secuelas, Hogar y La mascarada nocturna. Una trilogía que, supongo, está esperando también una adaptación a la pantalla.

La trilogía Binti no tiene un trasfondo político y social tan marcado como ¿Quién teme a la muerte?. Parece estar mucho más influida por circunstancias biográficas de la propia autora. La protagonista ha estudiado Matemáticas, como la escritora; se siente una mestiza, como la escritora. Trata de armonizar mundos diferentes entre sí, como la escritora. Esto hace que la «africanidad» del relato adquiera matices más personales y profundos. La trilogía discurre en un futuro donde la humanidad se ha expandido por la galaxia y ha entrado en contacto con razas alienígenas. La protagonista, una adolescente llamada Binti, pertenece a una tribu africana que combina la elaboración de tecnología para terceros con arraigadas creencias ancestrales y un modo de vida aferrado a la tierra. En su tribu, por ejemplo, las mujeres se cubren todo el cuerpo y las trenzas del cabello con una arcilla roja sin la que se sienten desnudas. El vínculo con el hogar de sus antepasados es muy intenso. Todos los miembros de la tribu tienen un papel que cumplir, determinado tanto por sus capacidades como por su genealogía. Binti posee una mente matemática genial y curiosidad por el mundo exterior, pero comparte las supersticiones de sus mayores.

En las novelas protagonizadas por adolescentes, por lo general, la figura central se rebela contra el mundo adulto. Binti, aunque disgusta a su familia cuando decide estudiar en una universidad interplanetaria, no pretende rebelarse. Desde el momento en que decide abandonar su aldea, es presa de los sentimientos de vergüenza, aislamiento y alienación. La lucha entre sus deseos y sus prejuicios se convierte en una constante fuente de angustia. Sigue sus instintos exploradores, propios de la edad, y aun así se siente abrumada por un respeto reverencial hacia las costumbres de los suyos.

El pequeño disgusto familiar quedará en nada cuando la nave en que Binti viaja —un enorme crustáceo vivo capaz de transportar pasajeros de un sistema estelar a otro— sea atacada por un grupo de medusas espaciales, raza belicosa y orgullosa que está en guerra con los humanos. Aunque Binti sobrevive, se verá metida de lleno en una encrucijada cultural que pondrá a prueba la percepción que tiene de sí misma. El acierto de Okorafor como narradora consiste en no cargar la mano con un melodrama centrado en los prejuicios ajenos; de hecho, la progresiva transformación de Binti en una mestiza multirracial será acogida con relativa tolerancia por quienes la rodean. Esto es un paralelismo con la sociedad occidental actual, donde las diferencias, aunque con mayor o menor entusiasmo, suelen ser bendecidas por el discurso colectivo. De manera hipócrita muchas veces quizá, pero el que la idea de tolerancia forme parte del discurso público es un avance y en el universo de Binti, aunque los prejuicios interraciales aún existen, no siempre dominan la relación entre los pueblos y pueden ser vencidos.

Es la propia Binti quien encuentra difícil deshacerse de los prejuicios que ella misma alberga para asimilar los cambios que experimenta. Su extraña posición como individuo excepcional que se convierte en el enlace entre varias razas la hará caer en frecuentes estados de pánico que trata de combatir «ramificando», esto es, desarrollando ecuaciones matemáticas en su mente (habilidad muy apreciada en su tribu y por la que se esperaba que Binti cumpliese determinado papel en la sociedad y economía locales). Aferrada a sus frascos de arcilla y su creencia en diosas ancestrales, atenazada por el terror ante lo desconocido, es asaltada por pensamientos recurrentes como «¿Por qué no me quedé en casa?», y por sentimientos de culpa que chocan de manera frontal con el estereotipo genérico de adolescente iconoclasta. De hecho, iremos descubriendo que Binti puede mostrar una resistencia al cambio mental tanto o más fuerte que sus mayores.

Tanto la primera novela como sus continuaciones ahondan en ese vértigo existencial mientras describen un pintoresco universo poblado por civilizaciones, razas, etnias y subgrupos culturales que conviven como pueden, sin llegar a entenderse, pero en última instancia dispuestos al entendimiento. Incluso las razas más susceptibles y guerreras parecen inclinadas al diálogo cuando las circunstancias lo permiten, aunque la violencia detona con facilidad y todos dudan sobre las intenciones de los demás. Eso sí, en este universo no existen los villanos, no hay una civilización de maldad intrínseca deseosa de imponerse al resto; casi todos los problemas surgen del malentendido.

Los tres libros de la saga son breves y contienen argumentos sencillos; su punto de apoyo no son las complicaciones argumentales, sino los mecanismos psicológicos de la protagonista y la recreación de un mundo alienígena en todos los sentidos de la palabra. La propia cultura de la tribu de Binti, los himba, es una combinación entre tradiciones africanas reimaginadas y artilugios futuristas que, a pesar de ser terrícola, nos resulta tan ajena (al menos, a quienes no conocemos en profundidad la base tradicional real que pueda haber inspirado a la escritora) como la cultura de las medusas espaciales o la omnipresente biotecnología de tintes casi mágicos. Conociendo la biografía de Nnedi Okorafor, resulta fácil deducir que la historia de Binti refleja preocupaciones nacidas de su condición de estadounidense hija de africanos, de su paso por la universidad o de sus problemas de salud (una afección en la columna vertebral la hizo retirarse de los deportes siendo todavía muy joven y solo una complicada cirugía evitó que quedase en una silla de ruedas). No solo la vida es frágil, no solo son frágiles la salud y la paz; también es frágil la identidad.

En estos relatos, la pérdida de la identidad es la principal fuente de pesadillas. O lo que, sin ser una pérdida de identidad, se percibe y se siente como tal. Porque la construcción de la identidad no es una decisión exclusiva del individuo, sino que depende en buena medida de las circunstancias que lo rodean durante su vida. Binti apenas puede tomar decisiones sobre las cosas que sucederán a su alrededor, que serán cada vez más extrañas. Por tanto, no puede decir cómo la vida terminará cambiándola y reacciona con aprensión. Lo único que puede hacer, como cualquier otro individuo, es intentar descubrir cuál es el núcleo verdadero de ella misma, cuál es el elemento central de su identidad, el elemento central que nunca cambia. El problema es que, en mitad de la tormenta, el individuo no siempre recurre a lo que desearía, sino a lo que tiene más a mano. Las pregunta «¿Quién soy?» se transforma en «¿Quién he decidido ser?» y después en «¿Quién han permitido las circunstancias que yo haya decidido ser?». Hasta que, de manera inevitable, llega la más incómoda de estas preguntas: «¿De verdad soy quien yo quería ser?». La respuesta honesta, por supuesto, siempre es «no».


Carlo Frabetti: «He vendido más ejemplares de “Malditas matemáticas” que de los otros cien libros juntos. Vivo de ese libro»

A Carlo Frabetti (Bolonia, 1945) a menudo se lo presenta como un escritor italiano que escribe en castellano, aunque desde los ocho años vive en España. Él no parece estar en desacuerdo con esta descripción; apunta que, según los psicólogos, todo se resuelve en los primeros siete u ocho años de vida y, además, no tiene pasaporte español. Con un centenar de libros publicados, este matemático de formación ha sabido reconciliar ciencia y humanidades, literatura para adultos y libro juvenil, marxismo y cristianismo, entre otras dicotomías aparentes, en sus libros y columnas para la prensa. Su carrera abarca un recorrido de difícil catalogación durante el que ha alcanzado la cima varias veces: en los ochenta fue con La bola de cristal, en los noventa con la literatura; ha llegado a ser el autor más leído en Cuba, después de Fidel Castro.

En la terraza de su casa en La Bisbal del Penedés, bajo la sutil y constante luz característica de una tarde de primavera, el ruido es inexistente. Es el lugar perfecto para más de tres horas de conversación tranquila que dan para profundizar en su trayectoria y reflexionar sobre ciencia, literatura, filosofía, política, religión, actualidad. Gestiona sus respuestas con la calma del que parece capaz de mantener su presión arterial baja, con una actitud en apariencia neutral y distante, pero con opiniones no exentas de indignación por las injusticias; sabe que el sistema está roto, pero no transmite ninguna urgencia en particular.

Te dedicas a muchas actividades que no parecen relacionadas: divulgación científica, activismo político, literatura infantil y juvenil… ¿Cómo se relaciona todo esto?

Cuando te interesa y te preocupa el mundo en el que vives, el viaje viene a ser siempre el mismo: un viaje hacia el conocimiento. Puedes cambiar de vehículo, hay gente que se siente muy cómoda con un vehículo concreto y hace el viaje siempre o casi siempre en ese vehículo, pero hay otros que por razones a veces circunstanciales vamos cambiando.

Hay una serie de cosas que me han gustado a lo largo de la vida y he tenido la suerte de poder dedicarme a varias de ellas, ganando el mínimo de dinero que me ha permitido emplear un tiempo considerable en esas actividades. Todos hacemos muchas cosas, pero no siempre nos pagan por ellas. Si me pagaran por pasear, sería paseante profesional. Sin embargo, por escribir, por hacer divulgación científica o dar clases, que son cosas que siempre me han gustado, he conseguido que me pagaran lo suficiente para vivir.

El activismo político, por el contrario, no solo no te lo pagan, sino que te lo hacen pagar caro. Cuando vives en un mundo tan injusto como este e intentas comprenderlo, llega un momento en el que no te conformas con comprender y piensas que, si puedes hacer algo, por modesto que sea, para modificarlo, tienes que hacerlo. Es lo que decía Marx: «Hasta ahora los filósofos se han preocupado por interpretar el mundo y lo que hay que hacer es cambiarlo». Esa frase me influyó mucho. Yo era un ratón de biblioteca, estaba obsesionado con conocer, y me di cuenta de que no bastaba, que había que utilizar ese conocimiento para hacer algo.

Naciste en 1945 y llegas a España ocho años después, ¿a qué se debió esta decisión familiar?

Algo muy italiano, mi padre montó en Valencia una fábrica de máquinas para hacer helados. Al principio vino él solo a España y durante un tiempo mi madre y yo íbamos y veníamos. A partir del 53, a mis ocho años, tuvimos casa propia en Valencia, nos instalamos, mi hermana nació en Valencia. Y la causa fue esa. En Valencia había una gran afición a los helados, y cuando nosotros llegamos se hacían a mano. Había unos tambores de corcho llenos de hielo con sal y un cilindro de metal con la crema dentro que había que mover a mano hasta que se congelaba, mi padre a eso le puso un motorcito y, en vez de corcho, una estructura refrigerante, y así empezó a fabricar máquinas de hacer helado aptas para instalarse en cafeterías. Llenó España. Primero Valencia y luego todo el país.

¿Cuándo publicaste tu primer libro y cuántos has publicado?

He publicado un centenar, en números redondos. Pero mi primera novela, posterior a los libros de cocina vegetariana, yoga, juegos y pasatiempos matemáticos, la publiqué en el 94. Fue una novela infantil que, para mi sorpresa, tuvo mucho éxito. Nunca me había planteado ser narrador, que es algo mucho más concreto que ser escritor. Me paso el día escribiendo desde hace muchos años. Había hecho guiones de televisión, teatro, poesía, pero narrativa… cuentos sí, pero novela no. Alfaguara, a raíz del éxito de La bola de cristal, me pidió algo…

Esto fue en el 94 y La bola de cristal acabó en el 88.

Sí, digo a raíz, pero no inmediatamente. Se pusieron en contacto conmigo, pero la primera novela no salió hasta el 94. Fue La magia más poderosa. Tuvo mucho éxito… Yo entonces no tenía ni idea de cómo funcionaba el mercado de la literatura infantil, pero resulta que el 90% de las ventas ocurre en los colegios. Lo que se llama venta por prescripción. La venta por impulso, es decir, que entre un niño o su padre en una librería y compre un libro, solo supone el 10%.

En algún colegio deciden que un libro está bien y compran cincuenta o cien de golpe. La magia más poderosa tuvo éxito porque gustaba a la vez a niños y profesores. Muchas veces lo que les gusta a los niños a los profesores no les parece lo suficientemente instructivo o didáctico y viceversa, lo que les gusta a los profesores a los niños les parece aburrido. Este libro se convirtió en un best seller infantil y, a raíz de eso, empezaron a pedir más y más.

Teniendo en cuenta que eres matemático y escritor, ¿cómo ves la relación actual entre ciencia y letras?

Pobre. Muy pobre. Cuando yo era joven la dicotomía era brutal. Casi se podía hablar de enemistad. De hecho, había un pique entre la gente de letras y la de ciencias. Los de ciencias decíamos que los de letras utilizaban la memoria porque carecían de inteligencia y los de letras que los de ciencias estábamos deshumanizados. Ahora por suerte la situación ha cambiado, pero sigue habiendo una separación demasiado estricta a mi modo de ver. Mi objetivo con los libros de divulgación que hago para Alianza y con los libros infantiles, donde siempre hablo de ciencia de alguna manera, es acercar estos dos campos. Porque este divorcio hace mucho daño a las dos partes.

En tu primer artículo en El País, en el año 96, hablas precisamente de eso, ¿seguimos un paradigma de cultura oficial basada exclusivamente en lo literario y artístico?

El cambio más significativo empieza a notarse en este siglo; si contemplamos un intervalo de sesenta años sí que hay un cambio considerable, científicos que se interesan por las humanidades y humanistas que se interesan por la ciencia.

¿Los hay?

Claro. Los filósofos se interesan por ejemplo con la irrupción de la mecánica cuántica, que es de principios del siglo XX, igual que la relatividad. Ya la relatividad influyó en movimientos artísticos y literarios como el surrealismo y el cubismo. Poco a poco la ciencia se ha ido infiltrando en el discurso literario y artístico.

¿Crees que los filósofos comprenden la mecánica cuántica?

Al menos lo intentan, que ya es algo. Aunque algunos lo único que hacen es apropiarse de la terminología de manera puramente efectista, como han señalado críticos como Sokal.

Cuando entrevistamos a Jesús Mosterín también los puso a parir a todos, a Derrida… no dejó títere con cabeza.

Yo también los he puesto bastante a parir. Lo que pasa es que valoro el intento. Que hablen, aunque sea mal, ya es algo. Recuerdo haberle enseñado a un conocido escritor un libro en el que había fórmulas y que dijera: «Quita, quita, eso es pornografía». Esta mentalidad sigue muy presente. Pero al menos se dan cuenta de que hay conceptos nuevos… Porque la física de Galileo y Newton no es nada contraintuitiva y no interfiere con la visión del mundo que viene de los griegos. Sin embargo, la mecánica cuántica y la relatividad son totalmente contraintuitivas, te obligan a modificar tus ideas. Y los filósofos, algunos, sí se han dado cuenta de esto e intentan no perder ese tren. A veces lo hacen de una forma lamentable, como cuando Lacan te dice que el falo es la raíz cuadrada de menos uno, que es… bueno, señor, córtese un poquito.

Te consideras discípulo de Martin Gardner, ¿qué aportó este matemático y divulgador a la sociedad?

Sí, me considero discípulo suyo porque empecé a leer sus artículos en Scientific American cuando todavía no se publicaban en España. Tenía diez u once años y se convirtió automáticamente en mi ídolo; si echas una ojeada a mi biblioteca tengo un estante lleno con toda su obra. No solo es un divulgador matemático excelente, sino que tiene libros filosóficos, ensayos contra el irracionalismo y contra las pseudociencias, es un escritor sumamente interesante en muchos aspectos y, sí, lo considero un maestro. A él y a Raymond Smullyan, de hecho, eran amigos, los dos han muerto recientemente. No llegué a conocerlos, pero sí me escribí con ellos. Tengo una novelita que no está publicada en España, solo en Cuba, que está dedicada a ellos dos y aparecen como personajes. Se titula las Las islas desventuradas y no me la quisieron publicar en España.

Todas las editoriales de libros infantiles, sean religiosas o no, tienen en cuenta que tienen que vender en los colegios religiosos. En el libro Las islas desventuradas los buenos son los herejes y los malos son los católicos ortodoxos, y esto no les pareció bien. Pero en Cuba tuvo muchísimo éxito.

Has dedicado mucho trabajo a los pasatiempos matemáticos. El primer desafío lógico que planteaste en la revista Algo fue el de los nueve puntos, ¿por qué es tan importante este problema?

Lo encuentro muy interesante porque es un claro ejemplo de que muchas veces, al intentar resolver un problema, no solo de matemáticas sino en cualquier área, nos imponemos más condiciones de las que en realidad nos piden. ¿Cuál es la condición no pedida que casi todo el mundo se impone sin darse cuenta? Que todos los vértices de la línea quebrada coincidan con alguno de los nueve puntos, pero eso no te lo piden… solo te dicen que tiene que ser un trazo continuo y de segmentos rectilíneos. Me parece un acertijo precioso. Ahora mucha gente lo conoce, se hizo famoso. ¿De cuándo es esta revista? [Señala un ejemplar de la revista que hemos llevado].

Del 84.

Me da vértigo. En su día muy poca gente resolvía ese problema. Todo el mundo llegaba a la conclusión de que tenían que ser cinco líneas, no que con cuatro bastaba.  

¿Qué recuerdas de esta revista de divulgación?

La recuerdo con mucho cariño porque, por desgracia, las revistas de divulgación científica o son poco accesibles o son poco serias. Pasamos de Investigación y Ciencia a Muy Interesante. Es tremendo. La revista Algo, por el contrario, era bastante seria y muy accesible.

En tu último libro, Detective íntimo, dices que la clave del pensamiento lateral es la atención flotante. Cuéntanos más.

Creo que en el propio libro lo explica el detective. No es una idea mía, cuando nos concentramos de una manera un poco obsesiva en una idea perdemos de vista el contexto. Esto lo saben todos los escritores. Lewis Carroll inventó un aparatito, que llamaba nictógrafo, para anotar ideas durante la noche. Entonces no era fácil tener una lamparita en la mesilla de noche, así que inventó ese artilugio porque de repente se despertaba con una idea genial y, si no la escribía, al día siguiente se le había olvidado. En estados como el duermevela o cuando uno está a punto de despertarse, la mente no ha puesto en marcha todas sus rutinas de control. Hay una serie de mecanismos mentales que son muy útiles, aunque a veces nos atenazan un poco. La atención flotante es un concepto que usan mucho los psicoanalistas, consiste en escuchar lo que te dicen, pero sin estar excesivamente concentrado. Dejar que la mente vague un poco a su antojo para no perder de vista cosas que pueden parecer accesorias pero que son información relevante.

Contabas en una conferencia que Malditas matemáticas lo escribiste a partir de los recortes de un libro de texto que los responsables de la editorial rechazaron por ser demasiado divertido.

Sí, Alfaguara y Santillana son de la misma empresa, Prisa. Están en plantas sucesivas de un mismo edificio. Hubo una época en que casi todos mis libros infantiles los publicaba en Alfaguara. Un día me llamaron del piso de arriba, de Santillana, donde siguen haciendo libros de texto, y me dijeron que, como yo era matemático, que por qué no les hacía un libro para segundo de la ESO.

¿El libro entero?

Sí. Me pasaron el programa y lo desarrollé. Meticulosamente. Intentando poner ejemplos divertidos, creando situaciones que ilustraran el concepto en vez de soltarlo sin más, seco y árido. Y me quedé muy contento. Lo llevé y me dijeron que no podía ser, que era demasiado divertido. Estaban ahí todos los conceptos, pero me dijeron: «No, no, no, tienes que podarlo», por así decirlo, y hacerlo más ceñido a lo que la gente espera de un libro de texto.

Pero claro, me dieron mucha pena aquellos descartes y decidí hacer una novelita. Y la llevé al piso de abajo. Al principio la rechazaron también, esto era a finales de los noventa, y me dijeron lo contrario que me habían dicho en el piso de arriba, que los niños detestan las matemáticas y lo que quieren es divertirse, que las matemáticas fuera. Y me fui muy triste a mi casa. Pero tuve la suerte de que el año 2000 fue el año mundial de las matemáticas y me llamaron de Alfaguara: «Oye, queremos publicar algo, y no importa que no se venda mucho, para poder decir que hemos publicado algo conmemorativo».

Ahora te lo han reeditado.

No solo me lo han reeditado, he vendido más ejemplares de Malditas matemáticas que de los otros cien libros juntos. Vivo de ese libro. He vendido más de un millón de ejemplares en todo el mundo. Se ha traducido al mongol, al turco, al iraní… Hoy mismo me ha llamado la directora del Museo de la Ciencia de Valladolid para decirme que han hecho una sección de matemáticas y que si no me parecía mal la iban a llamar «Malditas matemáticas». Y a ver si iba a la inauguración y tal. Un libro que se pasó dos años en un cajón de pronto se ha convertido en un best seller

Cuando entrevistamos a Jin Akiyama nos contó que lleva veinticinco años con un programa de televisión y que es toda una celebridad en Japón. ¿Cómo podemos convencer a los políticos de la necesidad de acercar los números a la sociedad?

Yo me conformaría con convencer a los políticos de que respeten los derechos humanos. Vivimos en un país donde la irracionalidad más obtusa se ha instalado en todos los niveles oficiales.

Gracias al éxito de La bola de cristal tuve un momento en el que me hacían caso, algo de caso, en televisión. Y una de las cosas que propuse fue un programa de ciencias, pero muy enfocado a cuestiones de matemáticas y geometría. Al principio me dijeron que era muy interesante, pero no salió. Nunca salió. No es fácil, no creo que sea fácil ahora. Estamos muy atrasados en cuanto a programas culturales e incluso hemos ido hacia atrás.

La televisión de los años ochenta y noventa era bastante más interesante. Incluso durante el franquismo había programas de mayor calidad que ahora, por ejemplo, programas teatrales, entrevistas de larga duración. Había cosas que ahora no se ven.

Si pudieras pedir a los dioses algo que beneficiara a toda la humanidad, ¿qué les pedirías?

Es la famosa pregunta que le hicieron a Aristóteles. Yo a los dioses lo primero que les pediría es que desaparecieran, que se quitaran de en medio. Porque si en algo estoy de acuerdo con Marx es en que la religión es el opio del pueblo. Precisamente el pensamiento dogmático, el creer en dioses del tipo que sea, es lo más perjudicial. Si hubiera dioses y fueran benignos no habría que pedirles nada porque ya se encargarían ellos de cuidarnos un poquito y de evitar las injusticias igual que un padre impide que un hermano mate a otro. Como no nos cuidan, los dioses tienen que ser mala gente y les pediría que se largaran.

En un texto tuyo hemos leído que Fibonacci ideó su famosa sucesión viendo cómo los conejos se reproducen, y también dices que Fibonacci está presente en muchos fenómenos naturales. Las matemáticas, ¿las descubrimos o las inventamos?

Ese es un gran debate, pero en realidad es irresoluble. Solo Dios, si existiera, podría contestar a esa pregunta. De hecho, los matemáticos se dividen en idealistas y no idealistas, algunos los llaman materialistas, pero ellos lo rechazan. Los idealistas dicen que los entes matemáticos están ahí y nosotros los descubrimos, pero son independientes de la mente humana. De hecho, cualquier mente que hubiera en el universo los concebiría de la misma manera que nosotros; tal vez los expresaran o desarrollaran de otra manera, pero los conceptos básicos serían los mismos. Y otros, sobre todo los posmodernos, dicen que los conceptos matemáticos los inventamos, no los descubrimos. Es un debate irresoluble. Es casi la expresión de una sensibilidad personal situarse en un sentido u otro.

Etimológicamente, las dos palabras ¿no están relacionadas? Inventar y descubrir.

Sí, se habla muchas veces de descubrimiento como de invento. Lo que pasa es que son sinónimos solo en alguna de las acepciones, cuando hablas de descubrir América no hablas de inventar… aunque también haya algo de invención.

En Los jardines cifrados haces una lista de las treinta y una funciones identificadas en la Morfología del cuento de Vladimir Propp, ¿has tenido presentes estas funciones a la hora de escribir tus libros para jóvenes o adultos?

No siempre las tengo presentes a priori, pero yo releo mucho mis libros. Digo irónicamente que soy muy rápido escribiendo, pero muy lento leyendo.

En casi todos los relatos hay planteamiento, nudo y desenlace, si es un relato convencional, pero no todas las funciones están ahí. Si a lo que te refieres es a si uso las funciones como plantilla, no.

En El palacio de las cien puertas sigues el esquema que se hizo famoso con los libros de Elige tu propia aventura.

No suelo hacer libros de encargo, pero ese fue un libro de semiencargo, por así decirlo. Me llamaron para ver qué se podía hacer en esa línea, como en Elige tu propia aventura.

¿Por qué es interesante ese sistema?

Puede ser interesante o no tanto. He leído algunos, creo que a veces son bastante banales. No creo que sea una fórmula intrínsecamente muy interesante, porque en realidad cualquier libro que tenga un mínimo de complejidad te invita a seguir tus propios caminos, no es un monorraíl.

En ese libro también haces referencia a Alicia y Lewis Carroll. ¿Por qué te interesa tanto Alicia y por qué recomiendas este libro?

Para mí Lewis Carroll ha sido un referente en todos los aspectos. Algunas de las razones por las que ha sido tan importante son personales y circunstanciales. Lo leí de muy pequeño por primera vez, y fue un libro que me angustió. Vi la versión de Walt Disney siendo pequeño todavía, la de dibujos animados, luego hubo otras versiones cinematográficas. Me fui acercando a ese libro por distintos caminos. El hecho de que Carroll fuera matemático también me fascinaba, y hubo una época en la que me interesó mucho la fotografía y también me pareció Carroll un maestro como fotógrafo.

Poco a poco fui descubriendo su influencia en la literatura del siglo XX; tanto Joyce como Kafka son hijos de Carroll en alguna medida. Sobre todo, Joyce. Y, además, Carroll es el creador del retrato fotográfico. Es el que independiza la fotografía de la pintura. Los primeros retratos fotográficos eran cuadros. Planteaban imitar el gran arte. Y Carroll es el primero que se da cuenta de que es un lenguaje propio con sus recursos específicos y que no tiene por qué ser subsidiario o someterse de manera servil a los dictados de la pintura, sino que tiene que crear su propia estética y su propio lenguaje y hace unos retratos magníficos —muchos han desaparecido—. Vi en Bolonia, mi ciudad natal, una exposición de fotografías de Carroll que no sé de dónde las sacaron, porque no las he vuelto a ver en ningún sitio.

Jugabas al ajedrez con tu padre, ¿qué recuerdas de aquellas partidas?

Era muy interesante, porque no nos tomábamos el juego en sí demasiado en serio, siempre era un punto de partida para hacer suposiciones: «Si esto lo hubiéramos hecho de esta manera, si el alfil tal…». Lo que se llama ajedrez de fantasía a partir de partidas reales.

¿Os inventabais las reglas?

A veces.

De ahí sale el libro de El tablero mágico.

Exacto. De ahí sale.

Reconoces que no eres muy buen jugador de ajedrez, sino que lo que te gusta es hacer cosas alrededor del ajedrez.

Sí. Luego le dediqué más tiempo del necesario al ajedrez. Incluso llego a decir de forma autocrítica, no sé si en ese libro o en el de las Mil puertas, que jugar bien al ajedrez suele ser un signo de inteligencia y jugar muy bien suele ser un signo de estupidez. Hay que ser un necio o estar loco para dedicarle a ese juego el tiempo y el esfuerzo que requiere llegar a dominarlo, porque es un juego al fin y al cabo muy limitado. Solo para aprender la teoría de aperturas, que está estudiada desde el siglo XV…

Y con eso ya…

Ese es un requisito básico. Si no dominas las aperturas, cualquier jugador mediocre que sí las conozca en las cinco o diez primeras jugadas saca una ventaja posicional que luego, aunque seas mejor que él, no superas.

Ahora con la inteligencia artificial el ajedrez ha dejado de tener sentido.

Cualquier teléfono móvil te puede ganar. Me acuerdo cuando en los noventa el programa Deep Blue ganó a Kaspárov, aquello fue una conmoción. Había gente que, como argumento, decía que las máquinas podrían jugar al ajedrez, pero nunca tener el nivel de un gran maestro, porque un gran maestro es creativo, no analiza todas las posibilidades. Pero una máquina tampoco. Incluso para un ordenador, las posiciones de ajedrez, que son del orden de los septillones, son inabarcables.

Has prologado libros de Lem como Memorias encontradas en una bañera, ¿qué te parece este autor? ¿Asimov o Lem? ¿Cuál es tu novela de ciencia ficción favorita?

Mi novela de ciencia ficción favorita es Solaris, de Lem. Pero si tuviera que quedarme con un autor me quedaría con Asimov, que creo que es más amplio, versátil. Lem era un poco obsesivo. Solaris es la mejor de sus novelas, la más sutil. Le escribí, porque fui su editor durante diez años, su editor en castellano. Nos escribíamos en francés. En muchas de sus novelas hay un intento de contactar con una mente extraterrestre y el intento fracasa. En Fiasco pasa lo mismo, y en algunos cuentos. Le pregunté: «¿Esto le parece especialmente interesante, el tema del desencuentro, o es que cree que no hay posibilidad de encuentro o que es sumamente improbable?», y no me contestó. No sé si porque no le apeteció, si porque él mismo no lo tenía claro o porque no quiso revelar su punto de vista. Pero es curioso porque él nunca contempla, ni siquiera en sus cuentos de robots, medio humorísticos, la posibilidad de comunicación. E incluso como crítico era muy rígido, y bastante faltón. Insultaba continuamente a los autores de ciencia ficción estadounidenses. Con Ursula K. Le Guin, que murió hace poco, se metió alguna vez… no la desautorizó, pero dijo que La mano izquierda de la oscuridad era completamente inverosímil, que aunque fuera una novela brillante tenía cosas completamente inverosímiles, como que un humanoide pasara de mujer a hombre y de hombre a mujer. Era un escritor muy brillante, pero sumamente cuadriculado en algunos aspectos.

Es curioso cómo, siendo tan imaginativo, porque en sus libros hay cosas de una audacia imaginativa tremenda, fuera tan convencional en algunas cosas. Ursula le contestó muy bien, lo puso en su sitio: «Todo lo que usted dice tendría sentido si estuviera hablando de otra novela que no es la mía, porque usted quiere meterla en un marco que no es el suyo». De hecho, Lem se calló. ¿A quién machacó? A Harlan Ellison, por ejemplo. En este caso estoy bastante de acuerdo con Lem. Ellison fue un autor que ganó varios premios Hugo, pero a mí me parece un bluf. Era muy sensacionalista. Era una época en la que la ciencia ficción era bastante pacata y él empezó a meter sexo a lo bestia. Se hizo famoso por una antología que se llamaba Visiones peligrosas. Era una antología muy buena. Escribió cuentos muy famosos como No tengo boca y debo gritar o uno de un hombre que viaja a sus propios riñones. Hacía cosas así, muy efectistas y enrevesadas. Y luego desapareció sin dejar rastro.

A Robert A. Heinlein también le criticó.

Sí, el de Tropas del Espacio.

Robert A. Heinlein apoyó abiertamente la invasión de Vietnam por parte de Estados Unidos. Hubo un congreso mundial de ciencia ficción… Se solían celebrar en Estados Unidos o en Londres y un año, en el 69, lo hicieron en Heidelberg, en Alemania. Conocí a Poul Anderson y a Robert Silverberg, que estaban pegando fuerte. Entonces algunos alemanes y yo colgamos una pancarta diciendo que Poul Anderson y unos cuantos nombres más estaban a favor de que se rociara con napalm a los niños y se violara a las mujeres. Llegaron una panda de fans con cadenas a zurrarnos directamente. En el recinto universitario tuvimos una batalla campal. Mi involuntaria «venganza» fue ligar con la hija de Poul Anderson, que estaba por allí. Era una chica encantadora, y él también, era muy cordial, pero firmó el documento de apoyo. Asimov y unos cuantos más les contestaron con contundencia, hubo cierto enfrentamiento y fue la primera vez que la ciencia ficción se politizó de una manera clara.

Eres el que concibe la idea de La bola de cristal, desde el título hasta sus guiones, y fuiste uno de sus guionistas hasta el final, pero sobre La bola de cristal hay un libro publicado por la directora del programa y otro publicado por ti.

En realidad, mi libro lo hice como respuesta al suyo. Ella llegó a atribuirse mis guiones, que están registrados en la sociedad de autores. Su libro fue un best seller, llegó a vender cuarenta mil ejemplares o más, y cuenta cómo se le ocurrió, hablando con su abuela, el título La bola de cristal. Yo, que había dado cursos de guion explicando cómo se me había ocurrido el nombre de La bola de cristal, cómo se me había ocurrido la bruja Avería… Lógicamente, me indigné. Como tenía algunos relatos sueltos sobre el tema de la transacción, pues me interesa mucho lo que las relaciones humanas tienen de transacción en un mundo mercantilizado, aproveché y le dediqué el prólogo, donde cuento sencillamente esta historia.

¿Se te apoyó en los medios?

No. De hecho, escribí a algunos medios, por ejemplo, a La Vanguardia, diciendo que lo que decía esa señora era mentira y se podía demostrar, y no me hicieron caso. Ningún caso.

Televisión se quedaba con los derechos. La bruja Avería en teoría es de TVE, yo la he usado en mis libros y a TVE le da exactamente igual, pero teóricamente podrían demandarme, aunque ganaría yo ese pleito, porque la propiedad intelectual es irrenunciable. Ahora no te puede pasar lo que al pobre Salgari, que tenía un montón de hijos y, desesperado, vendía sus libros por cantidades ridículas, de modo que sus editores se hicieron riquísimos y él se suicidó. El padre de Sandokán.

Cuéntanos cosas de la época de La bola de cristal.

En televisión había un vacío de poder o un descontrol que permitía hacer cosas. Siempre que no pidieras mucho dinero, te dejaban hacer. Y la verdad es que, durante cuatro años y medio, en La bola de cristal hicimos lo que quisimos. Se lo cargaron por razones políticas en pleno éxito. Alguien dijo, no recuerdo qué ministro, que el programa lo usábamos para adoctrinar a los niños en el marxismo.

«Viva el mal, viva el capital», decía la bruja Avería.

Esa frase no es mía, es de Santiago Alba. A mí, aunque me hace mucha gracia, no me parece del todo bien. Mis camaradas me preguntan por qué en mis libros no hay arengas comunistas. Y contesto que porque a los niños hay que facilitarles que piensen solos. Tampoco metería asuntos religiosos… en todo caso, hay que hablarles de solidaridad, explicar que unas personas no son más importantes que otras, y esos no son valores exclusivamente marxistas. De hecho, se da la paradoja de que tengo el Premio de la Comisión Católica para la Infancia, que se concede al autor que fomenta los valores cristianos entre los más jóvenes.

En el programa había cosas que a mí me parecía que sobraban, pero no había motivo para cargárselo porque la bruja Avería dijera «Viva el mal, viva el capital». Eran como frases sueltas, no había un discurso político ni un relato adoctrinador.

Con el tiempo ha habido un reconocimiento intelectual del programa.

Sí, sí, y gracias a eso pude seguir haciendo televisión unos cuantos años. Gané una cantidad obscena de dinero, porque en aquella época te pagaban una barbaridad por cualquier chorrada. En el año 90 hice las primeras sitcoms como Una hija más, Aquí hay negocio, etc., de lo más banales y tontas. Hoy quizá parecerían exquisitas, pero era pura chabacanería casi todo el rato. Había buenos guionistas, pero se les obligaba a ser chabacanos.

Pues, por un guion de media hora, me daban por el argumento doscientas mil pesetas. Por el guion desarrollado, quinientas mil más y luego derechos de autor al emitirlo. Yo me sacaba un millón por cada guion de media hora y hacía uno al mes. Me duró tres años. Me echaron de televisión por rojo y subversivo, «antisistema», como dicen ahora, y proetarra, pero gracias a eso pude vivir varios años sin trabajar casi nada. Hasta que luego empecé a ganar dinero con los libros infantiles. Durante una década sobreviví gracias a dos o tres años de vacas gordísimas en televisión. Fue una época de descontrol en la cual algunos nos beneficiamos de poder hacer lo que queríamos y ganar una cantidad considerable de dinero.

Ahora a los guionistas los tienen como esclavos, no les reconocen la autoría, luego no cobran derechos de autor, trabajan en grupo, uno hace los diálogos, otro los gags, con lo cual nadie es autor y trabajan a destajo.

Supongo que te dará pena ver en lo que se ha convertido la televisión española.

Me reconforta un poco la televisión catalana, que tiene un cierto nivel.

En tu libro La bola de cristal cuentas una anécdota de tu infancia que te lleva a la conclusión de que los niños son estructuralistas natos. ¿Chomsky o Skinner?

Hay cosas interesantes en ambos. Si me tuviera que quedar con uno de los dos, me quedaría con Chomsky sin dudarlo. Plantear que lo único que conocemos de los demás es su conducta y que hemos de partir de ahí, como afirma el conductismo, creo que es la forma más científica de aproximarse a la situación. Pero creo que a partir de ahí se han cometido excesos de todo tipo. Mientras que otras corrientes que en su planteamiento pueden parecer menos racionalistas, que se aferran más a cuestiones intangibles o poco medibles, que se salen del ámbito puramente científico, en la práctica luego han tenido desarrollos que complementan un poco esa frialdad o esa aridez de ciertos planteamientos conductistas.

Hay que tomar un poco de todos los lados, porque la psicología, la sociología o la economía son protociencias. No son pseudociencias como dicen algunos. A veces sí, hay discursos psicológicos que son pseudocientíficos. Cuando Lacan dice que el inconsciente está estructurado como un lenguaje es muy interesante, pero demuéstremelo, en qué se basa usted.

Los niños sí que son muy conductistas.

Todos somos muy conductistas en el sentido de que respondemos a los estímulos y al premio-castigo. Lo que pienso es que es muy reduccionista quedarse ahí. Todos tenemos reflejos biológicos, pavlovianos y reflejos condicionados, por nuestra forma de vida, por la educación, pero también tenemos más cosas.

En un relato de La bola de cristal está el personaje de Elena, ¿es el mismo que el de Los jardines cifrados?

Sí y no. Rara vez los personajes de mis novelas se corresponden unívocamente con una persona real. Hay unas cuantas personas que me han suministrado material para construir personajes. No es el mismo personaje, pero no es casual que se llamen Elena. En casi todos los personajes hay también algo de mí mismo.

En Ulrico.

Ulrico era mi amigo imaginario de pequeño. Extrapolado de Blancanieves y los siete enanitos, que es la primera película que vi en mi vida. Entonces el enano sabio se convirtió en mi amigo imaginario, pero de joven, porque era demasiado viejo para tenerlo de compañero de juegos. Y acabó convirtiéndose en Ulrico. Es más un superego en el sentido freudiano que un alter ego. Siempre me dicen que Ulrico es como yo, y digo que no, Ulrico es más listo que yo. Lo que dice Ulrico en un minuto yo he tardado horas en pensarlo.

¿Te han censurado alguna vez? ¿Hay libros que no hayas podido publicar en España?

Hay algunos que no he podido publicar en España. Uno es Las islas desventuradas, que es esa historia en la que los católicos ortodoxos cazadores de herejes son los malos, y es en la que aparecen Raymond Smullyan y Martin Gardner como personajes. Otro libro es Abdicación… La censura muchas veces no es directa, Alfaguara seguramente podría haber publicado Las islas desventuradas o Abdicación, pero como tienen en cuenta si esos libros van a ser aceptados por colegios religiosos… En volumen de ventas suelen tener más poder adquisitivo los colegios religiosos que los no religiosos. Suelen ser privados, los niños son más ricos, se pueden gastar más dinero y las editoriales lo tienen en cuenta. De hecho, todas las editoriales de literatura infantil antes eran religiosas porque eran también las que hacían los libros de texto. Y aunque la editorial sea laica, hay temas que directamente no puedes tocar, esa es la censura.

Estás en la lista de honor de la Comisión Católica para la Infancia, algún libro tuyo ha sido de lectura obligatoria en colegios religiosos. ¿Cómo consigues entrar en este mercado?

Sí, creo que es cierto que yo propugno los valores cristianos, quienes no propugnan los valores cristianos muchas veces son los católicos. La idea de pobreza que aparece en el evangelio, de desprecio de los bienes materiales, de compartirlo todo, del desapego, que viene del budismo, la fraternidad cristiana… yo firmaría enseguida por un mundo de buenos cristianos, lo que pasa es que encontrar un buen cristiano es más difícil todavía que encontrar a un buen comunista, que tampoco es fácil.

No sé lo que es un buen comunista.

El que es coherente sin ser dogmático.

En Los jardines cifrados hay niveles de comunicación textual obvios, en uno intervienes tú como autor y en otro los personajes junto con el narrador. ¿Cómo das con esta fórmula?

Normalmente lo que intento cuando escribo es expresar determinadas ideas. Mi llorado amigo José Luis Sampedro antes de escribir una novela hacía unas fichas interminables, lo sabía todo sobre sus personajes. Dedicaba mucho tiempo a construir personajes y luego los ponía en una situación, un marco, los echaba a andar y ya tenían vida propia. Hay otros autores que parten de un escenario, de un momento.

Yo parto casi siempre de ideas, quiero expresar algunas ideas y voy buscando la forma de expresarlas. Es bastante parecido a cuando doy clases de matemáticas o de física, intento transmitir algo de una manera comprensible, amena y que invite a la reflexión, que sirva de punto de partida para una reflexión personal.

No soy un auténtico narrador, para mí la narrativa es un pretexto. He caído en la narrativa un poco por accidente, empecé a los cincuenta años, luego ha ido enganchándome, me ha ido gustando más. He visto que el medio, el instrumento, era más útil e interesante de lo que creía. Tampoco leo mucha narrativa, casi no leo narrativa… Cada idea, cada constelación de ideas que quieres transmitir te sugiere determinados recursos narrativos. E intento no condicionarme a priori en ese sentido. No decirme a mí mismo: voy a escribir una novela policiaca. Yo intento decir algo, que no sé muy bien lo que es, porque si lo supiera muy bien no me tomaría la molestia de escribirlo, porque al escribirlo lo voy descubriendo también. Y la cosa en sí acabará encontrando la forma más adecuada. O no.

Divulgación al principio y luego planteas una historia.

Llegué a ello, no fue un planteamiento de partida. Había cosas que me resultaba más fácil contarlas narrativamente y cosas que prefería exponerlas en forma de artículo. Llegó un momento en que me dije: ¿Por qué tengo que hacer una cosa u otra? Decidí mezclar las dos cosas de forma que no fuera un cajón de sastre, que tuviera una cierta estructura y adelante. De hecho, me lo rechazaron. Los jardines cifrados lo hice para Alfaguara cuando mis libros infantiles empezaron a tener éxito. Un par de años o tres después de publicar el primero, que se vendió muy bien en los colegios, me dijeron: «¿Por qué no haces también algo juvenil?».

¿Es juvenil Los jardines cifrados?

Yo creía que sí, escribí Los jardines cifrados y la envié. Y a los pocos días me dijeron: «Esto ni es juvenil ni es una novela». Entonces se la pasé a los de adultos a ver si colaba, y estuvo durmiendo un año en Alfaguara adultos. De pronto surgió Lengua de Trapo y mi agente me dijo: «Oye, estos chicos son muy interesantes, los editores, quieren hacer cosas distintas». Se lo llevé y lo sacaron al mes. «Lástima que sea tan corto», me dijeron.

En Los jardines cifrados hay una charla entre personajes sobre si el lenguaje es finito con alusiones a la cábala y el Corán. ¿Es el lenguaje finito o infinito?

El lenguaje es finito, como toda combinatoria de signos. Lo que pasa es que es ilimitado, inmenso, pero finito. De hecho, en algún momento del libro se calcula la cantidad de libros distintos escribibles.

Chomsky lo define como un conjunto finito o infinito de oraciones, y también habla de variedad infinita.

Una cosa es que tienda a… ¿Es infinito el mar? Pues no. Pero si te echas a nadar…

Ni siquiera es infinito el número de electrones.

Claro. Parece ser que el universo es finito. No está zanjada la discusión y posiblemente no se zanjará nunca. Pero la teoría más aceptada actualmente es que nuestro universo es una burbuja dentro de un macrouniverso o multiverso en expansión. En nuestro universo la expansión del big bang se ha atenuado, si no, no podría formarse la materia; y podría haber otros muchos universos como el nuestro o distintos.

No hay acuerdo unánime. Sí lo hay bastante amplio en el big bang y en lo que se llama la inflación. En esa inflación, si lo permeara todo, no habría materia. Porque el espacio crece a más velocidad que la luz, incluso. Aunque la velocidad de la luz no es superable en el espacio, cuando es el propio tejido del espacio el que se dilata, no hay límite. Pero según la teoría más aceptada, que es la de Hawking y sus colaboradores, el nuestro sería una burbuja de estabilidad dentro de esa explosión brutal que todavía sigue.

Chomsky también habla de la naturaleza del lenguaje y se refiere a la cuestión del reto de Galileo. Formularlo parece simple, ¿cómo deberíamos concebir el lenguaje? Y añade algo que tú también te has planteado, ¿puede el lenguaje expresar cualquier idea?

Pues no lo sé. Einstein por ejemplo decía que él no pensaba en términos lingüísticos. Él pensaba en imágenes y en impulsos musculares, que te explique él lo que quería decir… se ponía a pensar y notaba movimientos en su cabeza, pero no palabras. Y, trabajosamente, eso tenía que pasarlo a palabras para poder comunicarlo y no siempre del todo. No lo sé y no sé si alguien lo sabe, de verdad, lo que sí podemos decir es que somos seres eminentemente lingüísticos y que somos personas y seres pensantes en la medida en que tenemos un lenguaje.

¿Hay conexión entre la matemática y la poesía?

En ambos casos hay una gran voluntad de síntesis y de precisión, de afinar y de ir a la esencia. Además, tanto en matemáticas como en poesía o eres lo más o no eres nada. No hay término medio. Me refiero a la investigación. Puedes ser un gran profesor de matemáticas sin ser un gran matemático. Es más, los grandes matemáticos no suelen ser buenos profesores. Esto lo descubrí leyendo Opiniones de un payaso de Heinrich Böll, que dice que puedes ser un buen médico y ganarte bien la vida sin necesidad de ser premio Nobel de Medicina, pero payaso, o eres lo más o no eres nada. Con los matemáticos y los poetas pasa lo mismo.  

¿Por qué dejaron las editoriales del grupo Prisa de publicar tus libros?

Escribí un manifiesto que iba firmado por cien personas, denunciando la campaña de Prisa contra Cuba y Venezuela, y al día siguiente supieron que lo había escrito yo. Mis amigos de Prisa me dijeron que era un capullo, que cómo se me ocurría escribir eso. Denunciamos al grupo Prisa y al montón de escritores e intelectuales que habían firmado un manifiesto pidiendo que hubiera democracia en Cuba. Nosotros contestamos con nuestro manifiesto diciendo por qué no pedían que hubiera democracia en España. Esta era la idea. Se enteraron de que había sido yo, que yo había recogido las firmas, y al día siguiente, dos libros que tenía pendientes de publicación me llegaron en sendos paquetitos a casa. Hace poco me volvieron a llamar, después de muchos años, de Santillana: «Oye, que tus enemigos se han ido, que te echamos de menos». Y he vuelto a publicar con Santillana.

Fue fulminante. Y se da la paradoja de que soy el autor con más libros publicados en las editoriales del grupo Prisa. Más de veinte.

Así que esa es la razón por la que me defenestraron de la noche a la mañana, aunque no dejaron de vender mis libros. Y me quedé huérfano de editorial porque todo lo publicaba con ellos. Menos mal que SM acudió al rescate y empecé a publicar en El Barco de Vapor.

Colaboras con medios como Insurgente. Asumiendo que tus lectores no son los mismos que los de, digamos, Libertad Digital, ¿qué función tienen los medios?

Creo que su función es fundamental. Afortunadamente, se ha roto, aunque muy embrionariamente, el monopolio absoluto que hasta hace poco tenían los grandes medios. Entre Insurgente, Kaos en la Red y La Haine han formado una especie de consorcio que tiene más lectores que muchos diarios de papel. Más visitas. Y esto presumiblemente irá en aumento. Al principio, el número de visitas era bastante reducido, Rebelión tenía un poco más, pero ahora empiezan a ser comparables las cifras, ya no es como antes.

En un momento en que los grandes medios mienten y tergiversan sin cesar, que haya alternativas es vital. Es muy importante apoyar a estos medios. Sobre todo, los jóvenes están adquiriendo cada vez más el hábito de navegar y ver más medios. El gran problema sigue siendo la televisión. Ahí es muy difícil competir, pero en eso también estamos evolucionando. Las pantallas más pequeñas se van a imponer, y al menos no son monopolios ni te tienes que chupar toneladas de publicidad para ver cualquier cosa. Puede ser un camino. Yo soy moderadamente optimista. Solo moderadamente, porque me doy cuenta de la enorme capacidad de absorción que tiene el sistema.

Eres muy combativo como otro gran matemático y divulgador italiano, Piergiorgio Odifreddi. Pero a él le dejan publicar sus columnas de opinión en La Repubblica, a ti El País no.

Podría ser un poco demagógico con lo escaldado que estoy, pero no sería justo. No es mejor La Repubblica que El País, para qué nos vamos a engañar. No hay una gran diferencia. Seguramente, si no hubieran pasado determinadas cosas muy concretas, el asunto de Cuba y Venezuela, habría seguido publicando mis artículos de crítica cultural en El País. Los medios en Italia no están mejor que en España. El poder que tiene Berlusconi y su mafia, no solo en los medios, también en el mundo cultural, es enorme.

En una columna publicada en La Haine hablas de presos políticos y terrorismo de Estado. ¿Es peor Galindo que otros terroristas?

Infinitamente peor. Galindo es uno de los máximos exponentes de hasta dónde puede llegar el terrorismo de Estado. Es un criminal que tortura hasta la muerte y entierra en cal viva a dos chavales. Jack el Destripador es una hermanita de la caridad a su lado. Este sujeto, después de pasar de puntillas por la cárcel, está en su casa escribiendo sus memorias. Es un individuo concreto, pero es la expresión de todo un sistema. El máximo responsable de la infamia de los GAL, en última instancia, si hubiera que personalizar, es Felipe González, que está libre y sigue dando lecciones de política y de ética.

Para que en España la tortura sea sistemática e impune tiene que darse la colaboración de todos los poderes, el legislativo, el ejecutivo, el judicial y el de los medios. Sin su contubernio criminal no sería posible. Con que uno de los poderes dijera que no puede ser, no podría ser.

Yo sigo siendo de la Asociación Contra la Tortura. La media era de setecientas denuncias al año y una muerte semanal en dependencias policiales. Y aunque algunos funcionarios, algunos policías y guardias civiles hayan llegado a ser condenados, no conozco ni un solo caso en que hayan cumplido efectivamente su condena. Normalmente los trasladan. Y a menudo los ascienden.

No estamos hablando de un Gobierno, sino de un Estado, un Estado criptofascista. No exactamente fascista, hemos avanzado un poquito, pero sigue habiendo un fascismo atenuado, un fascismo «inteligente», como las bombas «inteligentes». Antes tiraban bombas indiscriminadamente, ahora pueden cargarse un objetivo muy concreto «quirúrgicamente». Ahora el fascismo se ejerce con toda su crudeza contra quienes realmente molestan, que son pocos en realidad. No hay necesidad de meter en la cárcel a tanta gente como durante el franquismo. Ni siquiera desde la lógica del poder tiene sentido, conviene ser más selectivo.

Has escrito un artículo en Insurgente, «Gracias, TV3», donde describes a su televisión como uno de los mejores regalos que te ha hecho Cataluña desde que llegaste.

En gran medida hay que decir que es por contraste. La televisión que veía me provocaba dolor de cabeza o ataques de furia, era algo tan espantoso que por contraste la catalana me parece exquisita. No gritan. Casi nunca estoy de acuerdo con lo que dicen, pero lo dicen de una manera que es aceptable y al menos invita a la discusión.

Pero se ha dicho que está manipulada.

Hay una tendencia, sí; pero al menos que sean educados y quede claro por dónde van. Que la gente diga: «Soy independentista y defiendo esto». Pero que no intenten darte gato por liebre.

¿Cómo te posicionas con respecto al procés?

Si tuviera que identificarme con algún grupo seria con la CUP. Creo que el independentismo tiene sentido para vehicular la lucha de clases y oponerse a un poder central que es heredero del franquismo en última instancia. En otra situación, en otro Estado, no sería independentista. No me interpela de forma directa, soy un italiano que escribe en castellano. Mi lengua madre es el italiano. Los psicólogos dicen que todo se resuelve en los seis primeros años de vida. Yo soy italiano, sueño en italiano, hago las operaciones aritméticas en italiano. Pero no me defino a mí mismo en términos de nacionalidad.

En este momento histórico y en esta situación, reclamar la independencia de Cataluña, de Euskal Herria, de Galicia, de Andalucía es una forma de oponerse a una España inventada por los Reyes Católicos y reinventada por Franco. Fundamentalmente, estamos hablando de lengua y cultura, y de derecho a la autodeterminación.

No se respeta la autodeterminación. Hay un Estado central autoritario. Creo que en Cataluña habría menos independentistas si no hubiera un Estado represor. Rajoy ha hecho muchos independentistas. Yo mismo estuve el 1 de octubre defendiendo las urnas con mi compañera.

Puedes defender las urnas y no ser independentista.

Desde luego. Si se permitiera que la gente votara, a mí me parecería aceptable que el no independentismo fuese mayoritario.

Yo, fuera de mi hábitat, en el que vivo bastante bien, tengo que reconocerlo, veo injusticias y brutalidades por todas partes. Sobre todo, en el terreno laboral y social. Si todo el mundo tuviera una vivienda digna…

¿Y eso qué tiene que ver con la independencia y el nacionalismo?

Tiene que ver en la medida en que algunos pensamos que superar este Estado criptofascista se puede conseguir por esa vía. Eso es lo que da sentido a esa lucha. El nacionalismo burgués no me inspira ninguna simpatía.

Puigdemont y Artur Mas.

Puigdemont no me inspira especial simpatía y Mas me parece un oportunista, valga el eufemismo.

Cambiando de tema, en el libro La bola de cristal dices que los hombres llevan milenios explotando a las mujeres, y que no van a dejar de hacerlo… Te leí en un artículo hablar de que cada vez más mujeres utilizan menos zapatos de tacón.  

Ha bajado el número, pero todavía hay demasiados. A mucha gente le parece anecdótico, pero a mí me parece alarmante. Los traumatólogos llevan años diciendo que es malo para los pies y para la columna. He tenido mucha relación con colectivos de lesbianas y movimientos feministas radicales, que me abrieron los ojos y me hicieron ver cosas que no veía.

Hay un estereotipo femenino que responde a fantasías masculinas. Muchos detalles tienen que ver con limitar la movilidad. Ocurrió en muchas culturas, como cuando en China a las niñas les vendaban los pies para que no crecieran, o en algunas tribus indias que cortaban los tendones a las mujeres para que no pudieran escapar. Lo de la pierna quebrada, que es muy metafórico.

¿Cómo ves el futuro del socialismo? ¿Qué opinas de los cambios en América latina? ¿Sigues pensando que el modelo es Cuba?

Nunca he dicho que Cuba sea «el» modelo. Solo he dicho que Cuba ha demostrado que el socialismo es posible. Es posible incluso en circunstancias muy adversas, con la bota de Estados Unidos ahí. Los cubanos han cometido muchos errores, los siguen cometiendo, no son prfectos, pero están en el buen camino. Un símil: si los Estados fueran personas, Cuba sería una buena persona, con sus defectos y errores, pero Estados Unidos, Alemania, España, Italia, serían Al Capone o Jack el Destripador. O las dos cosas a la vez. En Cuba hay racismo, machismo, corruptela, todo lo que quieras; pero hay un grado de solidaridad y una voluntad de superación ejemplares.

¿Conociste a Fidel?

He tenido el privilegio de trabajar y discutir con él. Empecé a ir a Cuba en 2002 y, en una de las primeras conversaciones que tuve con Fidel, me preguntó que me había impresionado más de Cuba, y le contesté: «Que los niños no lloran y los mayores no los regañan». En España o en Italia, la publicidad te agrede, puedes sufrir mil impactos al día, uno por minuto, y por eso siempre hay niños sobreexcitados pidiendo cosas y llorando y papás riñendo a los niños. En Cuba los niños no lloran y los papás no los riñen, dos cosas que están muy relacionadas con la ausencia de publicidad y consumismo desaforado.

En Cuba hay absoluta tranquilidad para ir por la calle, la delincuencia es prácticamente cero, paras cualquier coche por la calle y te subes. Se llama hacer botella, el botellón. He estado en casa del ministro de Cultura y en casa de su chófer y vivía mejor el chófer. Y comían exactamente lo mismo. Podrían comer un poco mejor, menos puerco. Los cubanos y las cubanas jóvenes suelen ser guapísimos, pero a partir de los treinta años suelen engordar y desarrollar enfermedades cardiovasculares. Fríen con manteca porque no tienen aceite, lo cual es mortal. Me entrevisté con el que llaman «el ministro del cerdo» y me reconoció el problema, «pero si les digo que no coman puerco me comen a mí». Comen fatal, beben, fuman. En ese aspecto, un desastre.

¿Estás de acuerdo con el pronóstico de Marx de que el capitalismo se destruirá a sí mismo un día? De ser así, ¿hay alguna alternativa que los ciudadanos debamos contemplar?

Yo creo que no es seguro. Hay una tendencia, en el mismo sentido que Freud dice que hay una pulsión de muerte en las personas, pero luego no todas se suicidan. Aunque si contamos los que se suicidan más los que se autodestruyen, son bastantes. Hay un impulso autodestructivo en el capitalismo, pero no es seguro que se vaya a autodestruir. Creo que hay que ayudarlo y bastante. Porque corremos el riesgo de que en ese proceso de autodestrucción el planeta quede fatalmente dañado en su conjunto: los recursos naturales, el medio ambiente, el clima.

¿Qué lo sustituirá? Lo tengo clarísimo. Cuando los cubanos dicen «socialismo o muerte», se tiende a interpretar que están dispuestos a morir por el socialismo, pero hay otra lectura: o superamos la barbarie capitalista y la sustituimos por alguna forma de socialización de los recursos naturales, de los grandes medios de producción, etcétera, o petamos. ¿Cuál es esa fórmula? Creo que el marxismo da algunas pistas. Las experiencias de socialismo real, la cubana entre ellas, dan pistas, pero lo tenemos que ir construyendo y perfeccionado. Esa es nuestra responsabilidad histórica.

¿Qué causa has apoyado con más interés como activista? ¿Te arrepientes de algo?

Me arrepiento de no haber dedicado más tiempo al activismo. Podría decir que defiendo la causa del socialismo, pero no la identifico con un programa concreto. Creo en compartir de manera fraterna lo que tenemos a nuestra disposición. Esa es la idea. Siempre he procurado ir en esa dirección y en ese viaje he colaborado con la izquierda abertzale o con algunas organizaciones de las llamadas antisistema, con el feminismo radical a pesar de no ser mujer, con el movimiento gay a pesar de no ser homosexual y con los okupas a pesar de no haber sido okupa.

Una causa muy importante, que afortunadamente está ganando adeptos con bastante rapidez, es el antiespecismo, que va ligado también al respeto al planeta en su conjunto. Consiste en negarse a considerar que los animales no humanos son nuestra propiedad, nuestros esclavos o nuestra comida.

Dinos de qué te sientes más satisfecho en tu carrera.

De los libros para niñas y niños. De la literatura infantil, aunque no me gusta ese nombre. Y de la buena acogida que mis libros han tenido en Cuba. Tengo el honor de ser el autor vivo más leído en Cuba; cuando vivía Fidel era el segundo, y ojalá siguiera siéndolo.


Kim Stanley Robinson: «La ciencia debe verse más a sí misma como un humanismo y una utopía política»

(English version)

Charlamos con Kim Stanley Robinson (Waukegan, 1952) durante el encuentro literario anual Kosmopolis, celebrado en Barcelona. Robinson es uno de los escritores de ciencia ficción hard más conocidos y respetados, especialmente gracias a su trilogía sobre la colonización y terraformación marcianas (Marte rojo, Marte verde, Marte azul). Después de Marte, imaginó a la humanidad expandiéndose por el sistema solar (2312) y tratando con gran dificultad de atravesar el espacio interestelar (Aurora). Varias de sus novelas se centran en los efectos del cambio climático, especialmente la trilogía Ciencia en la capital y la recientemente publicada New York 2140. Y a veces mira al pasado en lugar de al futuro, describiendo la vida durante una Edad de Hielo (Chamán) o imaginando cómo hubiera cambiado la historia si todos los europeos hubieran muerto en la peste negra (Los años de arroz y sal). La mayor parte de historias de Robinson, a pesar de incluir revoluciones, asesinatos y catástrofes, son en el fondo utópicas y optimistas. Habla con seriedad, corrección y sobriedad, excepto en los momentos en que súbitos destellos de entusiasmo contagioso iluminan su discurso, al subrayar el poder transformador de la ciencia o la necesidad urgente de cambiar el actual régimen socioeconómico.

Se te conoce como novelista utópico. A menudo la utopía se ve como algo inalcanzable, una idea teórica de perfección, pero en tus novelas parece algo más práctico…

Sigo la definición de utopía que esbozó H. G. Wells: un tipo dinámico de historia sin un punto final; no es un estado perfecto sino un proceso continuo en el que cada avance es amenazado y debe ser defendido, a riesgo de que se pierda y se vuelva hacia atrás. Joanna Russ, una gran escritora americana de ciencia ficción, solía hablar de optopía: dadas ciertas condiciones iniciales, se intenta llegar a una situación política óptima. Este enfoque es mejor para contar historias: esquivas así el tropo del «paseo por un zoo» típico de las narraciones sobre utopías: la Utopía de Tomás Moro tiene un poco de historia, pero es sobre todo la descripción de una sociedad estable. Desde Los desposeídos de Ursula K. LeGuin, e incluso antes, se han contado de un modo un otro historias de utopías dinámicas.

El personaje Arkady Bogdanov de la Trilogía marciana es descendiente de Alexander Bogdanov, autor de la novela utópica Estrella roja. ¿Cómo ayudó Estrella roja a dar forma a tu Marte rojo, y qué te atrae de Alexander Bogdanov?

Me encanta Bogdanov. Cuando Percival Lowell describió lo que había visto de Marte a través de su telescopio, hablando de la posibilidad de canales y marcianos, hubo una gran respuesta internacional. Para Wells fue La guerra de los mundos y la idea de una antigua civilización agresiva, para Kurd Lasswitz en Auf Zwei Planeten Marte era una avanzada utopía tecnológica; para Bogdanov Marte fue un espacio en el que especular sobre el futuro de una utopía comunista en la que los marcianos eran rojos en el sentido de izquierdistas políticos, avanzados. Estrella roja es una gran novela utópica, y anticipa muchos de los problemas que tuvo la Unión Soviética, un país socialista rodeado de países capitalistas. Bogdanov fue un pensador muy interesante en teoría de sistemas, y sus obras se usan como referencia en diferentes contextos por su tectología y sus estudios sobre la red de la vida. Quería asegurarme de que mi Trilogía marciana recogiera todos los hilos lanzados por las novelas previas sobre Marte.

Uno de los puntos clave de Marte azul es la escritura de la Constitución Marciana. En esos capítulos se proponen muchas medidas, y me gustaría examinar alguna de ellas y preguntar si las ves aplicables en nuestra Tierra. Por ejemplo: cuidado y administración común de los recursos naturales: aire, tierra, agua… ¿Cómo podría llevarse a cabo esa administración de los bienes comunes en la Tierra?   

Es una buena pregunta. Hay ciertos lugares considerados bienes comunes: los océanos y la Antártida, pero son espacios más o menos vacíos e inhabitables. Esa frase de la Constitución Marciana es un ataque a la ley de la propiedad, es anticapitalista, marxismo fundamental: la Tierra pertenece a todo el mundo como un bien común. Es una visión similar a la de los nativos americanos, en la que no se puede poseer tierra… Un concepto inconcebible en nuestro sistema capitalista. Se está hablando un poco del retorno de los bienes comunes en relación con quién posee internet, que no deja de ser un tipo de tierra virtual: veo discusiones legales sobre los nuevos regímenes y posibilidades creados por la tecnología. Y en cuanto a la tierra real: aproximadamente el 30% de la superficie de los Estados Unidos pertenece al Gobierno federal, y otras partes más pequeñas son de los Gobiernos estatales, así que toda esa tierra pertenece al pueblo como bien común.

Los bienes comunes nunca fueron tierras sin ley, siempre estuvieron regulados en un sistema organizado, aunque fuera informal. El aire es para todos. El agua también debe ser un bien común: ¿puede privatizarse el agua si la gente la necesita para sobrevivir? La tierra sigue el mismo principio. La tierra es un bien común: su propiedad debería desaparecer y convertirse en derechos de tenencia: cuidar de un terreno para el pueblo proporcionaría cierta cantidad de derechos, pero no los derechos completos de propiedad. Eso es muy chocante en el régimen legal actual. Definitivamente es hablar de forma utópica, pero ya se ven algunos indicios en internet y otros ámbitos. Puede convertirse pronto en una discusión relevante en relación con la Luna: el Tratado del Espacio Exterior se basa en el Tratado de la Antártida, así que ahora mismo nadie puede reclamar la propiedad de ninguna parcela de terreno en la Luna.    

Otro artículo de la Constitución Marciana retira del libre mercado las necesidades básicas (vivienda, salud o educación) para dejarlas en manos de cooperativas sin ánimo de lucro. Esto suena difícil en una sociedad capitalista: en España estamos en plena crisis inmobiliaria, en los EE. UU. la sanidad es notoriamente irregular… ¿Cómo podría lograrse algo así?  

Thomas Piketty en El capital en el siglo XXI defiende que los impuestos progresivos no deberían basarse solo en los ingresos anuales, que se pueden ocultar fácilmente bajo el sistema, sino en el capital en sí mismo, los activos capitalizados. Eso pondría límites legales a la fortuna: más allá de cierta cantidad de riqueza, el exceso se devolvería al bien común. Es una idea transformadora, una horizontalización del dinero y el poder. Con impuestos progresivos de este tipo los Gobiernos no estarían empobrecidos: se harían con la plusvalía y la emplearían para proporcionar sanidad universal y educación universitaria gratuita, y podrían garantizar las necesidades básicas como refugio, ropa, necesidades humanas que todo el mundo cubriría. También pleno empleo: si el Gobierno pudiera garantizar que todo el que quiera trabajar puede hacerlo, desaparecería el paro masivo que tenéis por ejemplo en el sur de Europa.

Todo esto hay que pagarlo, claro, pero los Gobiernos se lo podrían permitir perfectamente apropiándose de la plusvalía mediante impuestos progresivos al capital. Tras la II Guerra Mundial hubo impuestos progresivos muy extremos, incluso en los EE. UU. bajo Eisenhower, un presidente republicano. Si ganabas más de cuatrocientos mil dólares al año, lo que hoy en día serían unos cuatro millones de dólares anuales, la tasa de impuesto era el 91%. Básicamente pusieron límite a la riqueza, y no podías ser un multimillonario como los que se ven hoy en día, porque todo lo que ganabas por encima de cierta cantidad iba a financiar programas del Gobierno. Y pueden defenderse este tipo de medidas sin ser comunista o un marciano utópico: basta con estudiar medidas que ya se han aplicado antes y podrían volver a aplicarse, hay un precedente legal.

Pero hemos permitido que una contrarrevolución conquistara el mundo. Es horrible. Sufrimos los resultados del giro neoliberal de los años ochenta de Reagan y Thatcher: capitalismo global tardío, apropiación de la plusvalía por parte de los ricos a costa del empobrecimiento del resto del mundo… Que al empobrecerse se convierten en el precariado, sus vidas se vuelven precarias. El empleo y la salud son precarios, las pensiones disminuyen o desaparecen… Todo mediante el empobrecimiento del Gobierno y la repetición de las tres frases infames: «El Gobierno no es la solución, es el problema», «No existe la sociedad» y «No hay alternativa». Necesitamos que el péndulo keynesiano entre el Gobierno y los negocios se incline de nuevo hacia el Gobierno, porque la gente está sufriendo. Es el argumento izquierdista más débil, simple keynesianismo, pero es todo lo que tenemos en este punto. No es buena idea entrar en una situación revolucionaria de todo o nada, en que si no se cambia absolutamente todo estamos jodidos. Es más bien una simple batalla política: necesitamos más izquierda y menos derecha. Antiausteridad, keynesianismo, socialdemocracia… Esa es una secuencia por la que se puede luchar. Podría ocurrir en la UE: los países PIIGS, Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España, agrupados en una liga antiausteridad. Pero el mundo se ha vuelto tan neoliberal… El espacio cultural ha sido muy estúpido e inoperante. Pero, en fin, esto es lo que intento hacer como izquierdista, contar la misma historia una y otra y otra vez.

En el poscapitalismo que describes en 2123 y Marte azul, otro elemento clave es la sustitución de las grandes empresas por cooperativas de tamaño medio, siguiendo el modelo vasco de Mondragón…

Hace poco se puso en contacto conmigo un profesor de la Universidad de Mondragón y me envió la historia de cómo empezó Mondragón. Es muy interesante… Cómo un único sacerdote católico organizó a la gente para que hablara, hablara y hablara, quince años de educación política sobre una base industrial preexistente. Así que ahora sé más de Mondragón y aún me interesa mucho, porque es una alternativa ya existente al capitalismo dentro del orden capitalista actual. Un paso intermedio que puede aplicarse ya mismo: todo el mundo podría organizarse en cooperativas propiedad de los trabajadores al estilo Mondragón, con un sistema de valores mejor, sin la habitual explotación de la mano de obra y apropiación de la naturaleza que abunda en el resto del sistema. Dentro del actual orden capitalista hay órdenes alternativos legales, no hace falta que sean revolucionarios, no es necesario meterse en el caos de Barcelona en 1936, cuando anarquistas y comunistas luchaban entre sí sobre cómo crear una sociedad completamente nueva… En lugar de eso, tenemos algo como Mondragón, donde el cambio procede del interior de la sociedad actual.

¿Por qué crees que el modelo de Mondragón no se ha reproducido más ampliamente?

Probablemente porque aplana el gradiente de poder y no genera suficientes beneficios para la clase propietaria, así que no es popular con la gente que controla el capital móvil actualmente existente… Capital que está actualmente a buen recaudo, secuestrado en los bancos y defendido por las armas. La clase dirigente no quiere que el modelo Mondragón de cooperativas triunfe porque es una horizontalización del poder. En el sistema actual vertical, los que manipulan el dinero no cederán ese poder fácilmente, así que es necesario derrotarlos políticamente. Las leyes deben apropiar ese capital para el pueblo. Debemos presentar una argumentación lo suficientemente plausible y persuasiva como para que la gente actúe en consecuencia, tanto en su comportamiento político como dirigiendo sus votos a partidos que apoyen este modelo. Me sorprende que el modelo Mondragón no sea más popular, efectivo y rápido de lo que es ahora. Supongo que a eso se refería Gramsci al hablar de hegemonía, la cualidad mental que lleva a la gente a aceptar su propia subyugación porque la sienten natural, porque aceptan el mantra de «no hay alternativa». Es triste, creo que la gente debería tener algo más de chispa…  

La Administración Trump presentó un presupuesto que incluía grandes recortes en la mayoría de agencias gubernamentales, como un recorte del 31% en la EPA (Agencia de Protección del Medio Ambiente). ¿Cómo crees que estos cortes afectarán a los EE. UU. si se confirman?

Es un ataque particularmente horrendo contra todo lo bueno y valioso. No son más que matones y payasos gritando «que os jodan» a los valores americanos. En las encuestas los americanos contestan que quieren aire puro y agua limpia, ¡les gusta la EPA! Es como si hubiéramos experimentado una extraña apropiación de nuestro Gobierno por parte de una tropa deliberadamente destructiva. Esos presupuestos no se aplicarán tal como se han descrito, pero la sensación que produce la Administración Trump es la de un bruto cogiendo un bate de béisbol para destrozarlo todo. Hasta que alguien no les detenga y les saque del escenario es difícil hacer nada más que defender lo que ya existe, sin hacer mejoras. Aunque están sufriendo grandes derrotas. No pueden ponerse de acuerdo ni siquiera en cómo destruir las cosas, así que dinamitan sus propias posibilidades. Espero que ocurra algo que les frene en cuatro años, o dos años, o incluso algo menos que eso. No están ni siquiera gobernando, solo haciendo gestos de cara a la galería. Está siendo irritante, horrendo y doloroso…

Con el presupuesto de la NASA descendiendo, hay quien piensa que la exploración privada del espacio ganará importancia, con empresas como SpaceX o Moon Express liderando el camino. ¿Qué peligros ves en la privatización de la exploración espacial?

No me gusta para nada la privatización del espacio, prefiero pensar en él como un bien común. Por otro lado, los Gobiernos mundiales siempre han pagado a empresas privadas para la construcción de cohetes. SpaceX no tiene suficiente dinero como para financiar un programa espacial propio, así que debe venderle a alguien sus cohetes. Tengo la impresión de que algunos multimillonarios podrían construir como legado algún tipo de pequeña base en la Luna… Pero no puede sacarse beneficio del espacio, no hay nada allí afuera que necesitemos lo suficiente. Es posible enviar satélites de comunicaciones al espacio, así que hay industria en la órbita terrestre, pero no hay industria posible en la Luna. Por ahora el Tratado del Espacio Exterior controlaría cualquier disputa sobre propiedad o explotación, pero no hay nada que explotar. En la Luna hay simplemente rocas: silicatos, hierro, aluminio, magnesio… De todo eso ya tenemos suficiente en la Tierra. El peligro de la privatización no es muy grande, pues. En cierto modo es como la Antártida: es vulnerable a la explotación, pero no hay nada que explotar ahí.

El impulso privatizador podría no limitarse a la exploración espacial… Ahora mismo Calico (de Google) y otras empresas similares están investigando la senescencia, dejando en manos de corporaciones con ánimo de lucro potenciales tratamientos de longevidad como los que aparecen en tus novelas. ¿Terminará extendiéndose la vida solo para los ricos?  

Tampoco es una situación demasiado peligrosa, porque la longevidad no se nos da demasiado bien. Todo avance médico es bueno, y siempre será controlado por organizaciones como el Instituto Nacional de Salud. Sí es un peligro que si compañías farmacéuticas desarrollan lo que podría llamarse tratamientos de longevidad, serán probablemente muy caros al principio, y solo estarían al alcance de los extremadamente ricos. Es una posibilidad aterradora, pero en cualquier caso es bueno que existan avances sanitarios, porque tarde o temprano todo el mundo se beneficiará de ellos. Esa situación podría crear las condiciones para una gran lucha en que finalmente la desigualdad sea desafiada por gente defendiendo el derecho universal a la longevidad y la buena salud. Hay una posibilidad revolucionaria ahí… Pero por ahora no hay nada que hacer excepto seguir investigando. El progreso es muy lento: la duración media de la vida no es mucho mayor que la de hace unos años, parece ser una curva asintótica.

Un proverbio aparece a menudo en tus libros, en boca de un anciano en Chamán, de algunos personajes de Ciencia en la capital o incluso en el título de un cuento de Los marcianos… «Lo suficiente es tan bueno como un banquete». ¿Qué importancia le ves a esa frase?

Es una cita para escapar del capitalismo. La economía, que es el estudio cuantitativo del capitalismo, siempre afirma «cuanto más, mejor». Y ya que estamos en una crisis ecológica causada por el exceso de consumo, y destrozamos el planeta para obtener «cuanto más mejor», es importante insistir en el proverbio contrario, «lo suficiente es tan bueno como un banquete».

Parece haber cierta desconfianza en el mundo científico y en el de la ciencia ficción hard hacia la política: por ejemplo en Seveneves de Neal Stephenson los personajes políticos son en su mayoría malvados o egoístas, la Constitución del Arca Espacial es vista como un estorbo… ¿Por qué crees que existe esa desconfianza en la política?

Porque hacen una dicotomía entre lo sagrado y lo profano, entre la pureza y la corrupción. A Stephenson no se le dan bien los temas políticos, es un poco reaccionario y propenso al cliché. Es propio de la fantasía de mala calidad sugerir que la política es solamente trapicheo y parasitismo, frente a una ciencia pura y sagrada. En realidad, la ciencia es intensamente política y necesita una buena parte de los presupuestos gubernamentales. Necesita gobierno y regulación, porque no puede ser realizada por individuos o corporaciones individuales. La ciencia es un gigantesco trabajo en equipo, y por lo tanto requiere gobierno. Tal vez lo que Stephenson pretendía era reflejar cómo los políticos no tienen ni idea de política, del mismo modo que los políticos no tienen educación científica. Pero eso sería caritativo: yo diría que juega el cliché gastado de los científicos bondadosos contra los malvados políticos. Es un escritor muy popular, así que sería fantástico que afinara el tiro en estos temas, incluso que los usara como educación política… Pero, desgraciadamente, creo que una de las razones de su popularidad es que juega con prejuicios ya existentes.

En Marte verde un personaje opina que la síntesis de un científico y un místico debería ser llamado alquimista. ¿Qué terreno común pueden alcanzar un místico y un científico?

Mi personaje Michel siempre intenta recuperar o inventar una psicología de la ciencia que permita a los científicos ser un poco místicos, tener un sistema de valores que no sea solo un empirismo mal entendido. Muchos científicos son bastante ingenuos y no se han preguntado en profundidad acerca de sus proyectos. No van demasiado lejos en lo que a teoría se refiere… La ciencia debe verse a sí misma más como un humanismo y una utopía política que ya está realizándose en el mundo. Eso tratan de sugerir mis libros. Hago lo que puedo contando historias sobre lo que es la ciencia, cómo funciona y qué deberían hacer los científicos como actores políticos. Me siento como un niño jugando con sus muñecas, sería presuntuoso pensar que estoy haciendo algo significativo. Sin embargo, mucha gente lee historias, y algunos científicos leen ciencia ficción para tratar de comprender lo que hacen, así que… Hago lo que puedo.

El budismo aparece en tu obra, especialmente en Ciencia en la capital y Los años de arroz y sal. ¿Qué te atrae del budismo y cómo llegó a interesarte?

Soy de California, y allí se presta mucha atención al Asia Oriental, a diferencia de la Costa Este de los EE. UU., que se fija más en Europa. Durante el siglo XX, los inmigrantes chinos y japoneses venían a América pasando primero por California. El poeta Gary Snyder, que fue profesor mío, pasó diez años en Japón estudiando y practicando el budismo zen. Una vez de vuelta, junto a otros californianos de origen europeo, dio cuerpo a lo que podría llamarse budismo californiano, muy influenciado por el zen japonés y el dalái lama tibetano, pero también por ideas hippies o de la Nueva Era. Algo muy difuso, secular y poco serio en comparación con las tradiciones budistas más estrictas… Así que en la cultura californiana el budismo es una faceta importante, como en China: los chinos hablan de la triple enseñanza, un entramado de creencias compuesta a partes iguales de budismo, confucianismo y taoísmo. Pues bien: para los intelectuales californianos el budismo es tan importante como el cristianismo o cualquier influencia europea.

En cuanto a mí, no pretendo ser un experto. Es algo completamente casual, tanto un interés literario como una práctica espiritual. Ayuda en la vida cotidiana: las sugerencias del zen sobre cómo prestar atención al momento presente, cómo vivir la vida, qué es importante en un sistema de valores… El budismo ha sido útil para mí como persona. En Ciencia en la capital me pareció interesante presentar la ciencia como un tipo de práctica budista. Tanto el budismo zen como la ciencia sugieren una cierta devoción hacia la realidad; quizá la ciencia es como un budismo cuantificado. En Los años de arroz y sal describí un mundo en el que todos los europeos murieron tras la peste negra, así que el budismo podría ganar importancia como tradición intelectual. Son dos modos diferentes de usar el budismo en dos de mis libros; en el resto no es demasiado importante. El budismo quiere resultar útil en este mundo, así que creo que es más una forma de vida o una práctica que una religión per se. Muchos budistas no creen en un más allá. Algunos lo hacen, porque hablan de la reencarnación y un alma eterna. Y para quien sea materialista, como yo, y no crea en almas eternas, esa parte del budismo le resulta inútil. Así que tiene claroscuros.

El sufismo aparece bastante en Marte rojo, junto a bailarines derviches y algunos poemas de Rumi. ¿Qué te interesa de los sufíes?

En Marte quería que apareciera la cultura islámica, y en Los años de arroz y sal necesitaba describirla con mucho detalle, ya que sería una de las culturas mundiales dominantes si todos los europeos hubieran muerto. Así que aparece en algunas novelas y no en otras, como el budismo. Investigué la tradición mística, humanista y liberal del islam, en oposición a las partes conservadoras, salafistas, wahabitas, controladoras y totalitarias del Islam. Todas las grandes religiones parecen tener un ala liberal y otra conservadora, y en el islam me interesé por la tradición sufí porque me parecieron en cierto modo hippies místicos del siglo XII… Y Rumi es un poeta magnífico.

En tu obra hay muchas referencias a epifanías místicas ante la naturaleza, como contemplar la vista desde el pico de una montaña. ¿Has experimentado tú también satoris similares?

En efecto. Para mí es increíblemente importante ir a la montaña. Me crié siendo niño en las playas, así que lo primero fue el océano. Ante la estúpida cultura blanca y suburbana de clase media de los años cincuenta, hubiera sido una locura no refugiarme en el océano. Ya a cien metros de la costa entras de lleno en una realidad primaria en que el agua puede matarte, pero también te hace flotar y es bastante benigna si sabes seguir ciertas reglas. El océano resultó crucial para mantenerme cuerdo de niño. ¡Y entonces descubrí Sierra Nevada, las montañas de California! Mi realidad suburbana californiana como americano ordinario de clase media fue aumentada por mi experiencia en ese espacio natural. Ir a la montaña y vivir experiencias atléticas que requerían esfuerzo, pero también simplemente pasear al aire libre observando las rocas… Es montañismo de perfil bajo, nada peligroso y sin escalar caras verticales, pero es una parte crucial de mi vida. Más o menos un mes de cada año lo paso arriba, en la montaña, caminando y explorando.

Imagino que algunas escenas de Chamán, tu novela ambientada en la Edad de Hielo, se habrán inspirado de forma bastante directa en tu experiencia…  

Eso me encantó. Nadie sabe realmente cómo vivía la gente del Paleolítico, así que escribir sobre ello fue un ejercicio de imaginación. Pero sí sabía acerca de acampar en la nieve, porque lo hago yo mismo, así que pude escribir sobre zapatos para la nieve, cómo se trabajan el hielo y la nieve… Como Chamán está ambientada en una Edad de Hielo, podía hablar de este tipo de cosas con un grado extra de autenticidad muy importante para las novelas. Me lo pasé genial y probablemente insistí demasiado en ello en la novela, pero no pude resistirme.

¿En qué se parecen y en qué se diferencian una persona del Paleolítico y una contemporánea?

Para empezar, el material genético es el mismo: tenemos exactamente los mismos genes. De forma similar, estamos en contacto permanente con un grupo de personas de más o menos el mismo tamaño que ellos… Lo que yo llamo la manada o la tribu, un grupo de treinta a cincuenta personas reales con las que se interactúa, cara a cara y día a día. Eso son similitudes. También tenían una cosmología, una cierta idea de lo que ocurría en el mundo. Sobre algunas cosas no sabían tanto como nosotros, como qué son las estrellas, y sobre otras sabían bastante más que nosotros, como qué plantas son comestibles o cómo manipular el entorno natural. La diferencia principal es que nosotros somos conscientes de la sociedad global: sabemos que existen ocho mil millones de personas, mientras que los paleolíticos tenían un conocimiento intensamente localizado, muy limitado en lo que se refería a otros pueblos. Ser conscientes de la situación global nos impone obligaciones extra.

En 1995 visitaste la Antártida como parte del Programa para Artistas y Escritores de la Fundación Nacional de la Ciencia. Ya que la Antártida aparece frecuentemente en tus obras, parece que la visita tuvo una influencia profunda. ¿Qué recuerdas de la Antártida y cómo crees que te afectó conocerla?

¡Me encantó! Hace poco volví a McMurdo y permanecí allí once días de otoño, por primera vez desde 1995. Hay bastante gente que va y viene, organizando su carrera para poder seguir bajando ahí. La Antártida es como Sierra Nevada convertida en un supersueño surrealista, es como volver a la Edad de Hielo. La gente ahí es muy amable, y se interesan el uno por el otro. Tienden a ser científicos y gente que da soporte a los científicos, así que hay una gran simpatía por lo que representa la ciencia. Es una sociedad pequeña y sencilla, pero me encanta y fui muy feliz volviendo a visitarla. Se parece al espacio, en cierto modo: McMurdo es como una estación espacial operando en la Antártida, lo que resulta útil si escribes, como yo, sobre estaciones espaciales esparcidas por el sistema solar. La visita fue tan hermosa… No me gustaba la idea de permanecer en McMurdo los once días, saliendo a campo abierto solo en breves viajes en motonieve o helicóptero. Pensaba que iba a ser una experiencia menor, ¡pero no lo fue en absoluto! Ya simplemente estar en McMurdo fue fascinante y espectacular.

Cuando fui en el 95, McMurdo era solo una estación de paso donde te lavabas la ropa y salías rumbo al siguiente espacio natural. Pero ahora es interesante, y ahora sé que lo es. Tal vez sea también un pequeño espacio utópico: el continente para la ciencia. No hay dinero. A todo el mundo se le proporciona comida y ropa, y no hay propiedad: el mundo entero es dueño de McMurdo. Sugiere un buen número de aspectos utópicos. Orwell escribió sobre el momento en que los anarquistas tomaron el control de Barcelona y todo pareció diferente. Creo que McMurdo era como la Barcelona de 1936, en ese momento en que las reglas políticas y el orden habitual de capital, propiedad y clase desaparecieron y simplemente se veía a personas, todas en igualdad y simplemente haciendo sus trabajos. Acabo de releer Homenaje a Cataluña, de Orwell, porque Ian Watson me ha enseñado las partes de la ciudad sobre las que escribió.

Hay un recurso narrativo que aparece en diferentes formas en varias de tus novelas: el Padre Fundador (o Madre) muriendo al principio de la historia. John Boone asesinado en el prólogo de Marte rojo, Alex en 2312, también sucede en Aurora… ¿Por qué empleas este recurso narrativo de «estar a la altura de un gran predecesor»?

Retomar la sabiduría del pasado y darle un uso es un gran desafío en la adolescencia, o cuando se requiere continuidad en una sociedad. En ocasiones aparecen personas excepcionales capaces de liderar, mantener unida a la gente y sugerir nuevas formas de hacer las cosas… Pero después siempre viene gente normal, sin experiencia y con menos talento, pero que deben mantener vivos los avances. Es una historia interesante: la sensación de sentirse sobrepasado, de meterse en los zapatos de alguien y hacerlo lo mejor posible… En realidad siempre estamos en esa situación: no es automático aprovechar todos los avances sociales logrados en las generaciones anteriores. Esta idea aparece también en Chamán, ahora que lo pienso, porque los paleolíticos transmitían el conocimiento solo de forma oral. Sabemos que lo hacían porque las pinturas rupestres de hace treinta mil años y diecisiete mil años tienen la misma técnica, comparten la misma visión. ¡Son diez mil años de transmisión continua de cultura sin lenguaje escrito! Puede incluso que la escritura se interponga. Pero lograron hacerlo, así que algo estaba ocurriendo ahí. Es una historia que sigue contándose a sí misma con éxito.

En Aurora hablas de las limitaciones éticas y ecológicas del viaje y colonización interestelares, y la sensación general del libro que es que esos problemas pueden no ser superados; la visión sobre la colonización espacial parece algo más sombría que en la Trilogía marciana. ¿Ha cambiado tu actitud hacia la exploración del espacio entre Marte azul y Aurora?

No, la diferencia está entre el sistema solar y el espacio interestelar. Aurora trata de establecer un límite más allá del cual la colonización sencillamente no funciona. A pesar del modo en que habla habitualmente la ciencia ficción, el espacio interestelar es demasiado grande para que lo crucen los humanos. Este es un nuevo e importante hallazgo que llega de una mejor comprensión de la biología, ecología y de la psicología humana. La idea de que estamos destinados a las estrellas es una fantasía, una idea errónea incrustada en la cultura humana según la cual la Tierra es solo nuestra cuna y por tanto no es importante, del mismo modo que una cuna ya no es necesaria para un adulto. Esa idea es completamente falsa, y eso tenía que subrayarse en Aurora. Aún me gusta la idea de colonizar el sistema solar como en la Trilogía marciana: Marte sería un gran lugar para habitar, y el resto del sistema solar podría convertirse en algo parecido a la Antártida, con estaciones científicas que visitamos para volver luego a la Tierra, porque siempre puedes permanecer sano en tu hogar.

Había que machacar el sueño interestelar, y eso es lo que hice con Aurora. Creo que mi razonamiento es sólido. La ciencia ficción ha mentido en este tema. ¿A qué distancia está Tau Ceti? A doce años luz. Doce es un número pequeño, pero cuando te paras a pensar que es diez mil millones de veces más lejos que la Luna, diez mil millones… Entonces empiezas a darte cuenta de la escala. Y la mayor parte de estrellas están mucho más lejos que Tau Ceti. Siendo honestos, está claro que el universo que podemos ver por la noche es muy interesante, pero no podemos llegar hasta él. Debemos permanecer aquí. Y en ese momento entendemos que no hay un Planeta B. La Tierra es y será siempre nuestro único hogar, así que tenemos que mantenerla sana. Es importante que la ciencia ficción cuente esa historia, así que sentí que era necesario escribir Aurora. Aunque un montón de gente se enfadó muchísimo…

Has criticado el enfoque de Elon Musk respecto a la colonización de Marte. ¿Qué reticencias tienes sobre sus planes?

No me gusta que una sola persona lo controle, es una cierta privatización o incluso trivialización que puede convertir Marte en una atracción turística. Tampoco creo que Marte sirva como un segundo hogar para la humanidad. ¿No pasaría nada si hubiera una extinción masiva en la Tierra mientras en Marte sobrevivieran cinco mil o un millón de personas? El propósito declarado de la colonia marciana de Elon Musk es estúpido y trivial. Y tampoco queda nada claro cómo planean el aterrizaje en Marte. Gran parte del plan técnico no ha sido puesto a prueba todavía y no hay siquiera protocolos preparados, así que todo es más bien un plan de ciencia ficción fingiendo ser un plan auténtico. Solo tenemos una tasa de éxito del 50% al aterrizar pequeños robots en Marte, pero para que aterricen humanos necesitaríamos mucho más que eso. Es un poco extraño anunciar al mundo que en pocos años irán a Marte cuando tanto la metodología como el propósito declarado son débiles… Así que empieza a parecer simple narcisismo.  

Dicho esto, Elon Musk es muchísimo más interesante que la mayoría de multimillonarios, tanto en lo que hace como en lo que quiere conseguir. El Tesla es un gran coche eléctrico y necesitamos coches eléctricos, y el Falcon es un gran cohete y necesitamos cohetes. Temo que mis críticas hacia Musk puedan verse como una condena absoluta, cuando en realidad simplemente tenemos pequeñas diferencias. No quiero parecer demasiado crítico. Ni siquiera aparecería en las conversaciones si no estuviera haciendo un trabajo realmente importante… Lo adecuado es enfatizar que SpaceX es una gran empresa y mis discrepancias son más bien filosóficas, los cómos y los porqués sobre el viaje a Marte. Cada marciano prefiere sus propios métodos. Él es un marciano igual que yo, tenemos algunos desencuentros… Pero debería subrayar que está haciendo cosas interesantes.

En tus últimos libros las inteligencias artificiales y los ordenadores cuánticos cobran importancia: 2312 tiene a los qubos, y en Aurora el narrador es una IA cuántica, y un gran personaje por derecho propio. ¿Podría la conciencia ser un fenómeno cuántico, y por tanto podríamos llegar a crear una criatura autoconsciente con computación cuántica?

No sé nada con seguridad sobre este tema, porque al fin y al cabo soy filólogo… Así que tengo que basarme en opiniones de expertos en este campo. La creación de un auténtico ordenador cuántico tiene aún muchos problemas cruciales sin resolver, como la estabilización del qubit. Pero si se pudiera técnicamente construir un buen ordenador cuántico y programarlo, obtendríamos un computador extraordinariamente rápido, mucho más que los actuales. En este punto tendríamos una capacidad de procesamiento casi tan rápida como la del cerebro humano, pero no estaría organizada igual que en un cerebro humano. Por otro lado, nunca sabremos qué es la conciencia o cómo el cerebro la alcanza. No puede investigarse sin matar el cerebro, y una vez lo has matado no hay conciencia. Hay una barrera invisible pero permanente en nuestra comprensión del funcionamiento del cerebro. Esto es algo que los fanáticos de las inteligencias artificiales tratan de ignorar, y especialmente los autores de ciencia ficción que quieren descargar cerebros en ordenadores… Son fantasías en que se ignoran esas barreras permanentes. Nuestra comprensión de la conciencia siempre será aproximada y vaga, así que nunca podremos recrearla.  

Pero lo que quise explorar en 2312 y Aurora es que, si tenemos un ordenador cuántico en funcionamiento, tal vez no importe que no funcione como un cerebro humano, y quizá no importe que no sea consciente como nosotros: sería igualmente muy rápido y expresaría algo similar al pensamiento. Podría pasar fácilmente el test de Turing, que no es demasiado difícil. Lo que obtendríamos no sería otra mente humana, sino algo que podría hablar como un ser humano sin que supiéramos del todo qué está ocurriendo en su interior…

Los capítulos cuánticos de 2312 funcionan casi como poemas en prosa, cadenas de pensamiento disperso tratando de expresar cómo pensaría esa conciencia cuántica…

[Ríe] Con esos capítulos me divertí como nunca en mi carrera de escritor. Le estuve dando vueltas al monólogo interior, la técnica literaria del siglo XX que escritores como Joyce, Woolf y algunos más exploraron para expresar cómo ordenamos las ideas. Pero siempre lo he encontrado un poco artificial, porque muchos pensamos interiormente más bien como Proust, con frases mentales proustianas de gramática articulada… No como en el batiburrillo roto de frases e impresiones sensoriales que se usa en la técnica del monólogo interior. Pero para simular a mi ordenador cuántico encajaba como un guante. Fue muy divertido, porque normalmente soy un estilista bastante conservador.

En 2312 hay referencias a Marina Abramovic y Andy Goldsworthy. ¿Te interesan el performance y el Land Art?  

La verdad es que sí. Acabo de ver a Abramovic en Nueva York. Su amigo Hans Ulrich Obrist, un curador de arte, nos puso en contacto para colaborar en un proyecto. No tuvo éxito: ella quería poner a la audiencia en trance y yo contar una historia… Discutimos. Hubo un tercer colaborador, un ingeniero de audio que logró sacar algo en claro de nuestra pelea. Pero adoro a Marina; es una gran artista llena de ideas, le falta tiempo para desencadenarlas sobre el mundo. Creo que sus performance lentas de larga duración son una forma de autoterapia. Cuando está realizando su arte disminuye el ritmo y se concentra, mientras que en su vida diaria es como una persona con TDAH, con pensamiento rápido y cambiante. Goldsworthy es muy ermitaño. Traté de enviarle mis libros, diciéndole que me encanta su trabajo y que le había mencionado en mis historias, pero nunca logré contactar con él. Probablemente le llegaron los libros, pero no quiso contestar… Me gusta hacer esculturas al aire libre similares a las de Goldsworthy. En las sierras construimos Goldsworthys, como los llamamos, pequeñas obras efímeras que destruimos tras fotografiarlas, para que no molesten a nadie. Abramovic y Goldsworthy son ambos muy importantes, porque extienden el arte a nuestras vidas cotidianas y cambian nuestras concepciones sobre qué son la vida y el arte.

¿Cuál ha sido tu sorpresa agradable más reciente en lectura, tanto de ciencia ficción como en general?

Acabo de leer las cuatro novelas napolitanas de Elena Ferrante, sobre dos mujeres que crecieron en Nápoles y tienen más o menos mi misma edad. En ciencia ficción he estado leyendo The Dervish House de Ian McDonald, una fantástica novela sobre el Estambul del futuro cercano.  

¿Qué opinas sobre la geoingeniería, terraformar la Tierra, por decirlo de algún modo? Hubo un experimento no autorizado de geoingeniería hace unos años en Canadá, fertilización del mar con hierro para estimular el plancton y capturar CO2 del aire…

La geoingeniería me interesa mucho, porque no creo que haya nada intrínsecamente malo en ella. No creo que la fertilización del océano sea técnicamente una buena idea para capturar dióxido de carbono de la atmósfera… Pero creo que debería haber Gobiernos y grandes grupos de estudio  hablando de estos temas, y quizá preparando experimentos para ver cómo resulta. Puede que acabemos necesitando la geoingeniería… Si la crisis climática empeora, si pasamos el punto sin retorno en que el metano bajo el permafrost empieza a ser liberado a la atmósfera, si nos dirigimos a un evento de extinción masiva… En esos casos la geoingeniería es una herramienta que querríamos utilizar. Estoy a favor de hablar de geoingeniería sin ningún pánico moral al respecto, aunque no creo que vayamos a ser particularmente eficaces en ella. Hay muchos procesos a escala geológica que son realmente demasiado grandes como para influir en ellos.  

Uno de los temas de la Trilogía marciana es la reconciliación de modos de vida aparentemente opuestos, como la actitud conservacionista de la naturaleza de la facción roja frente al poder transformador de la facción verde. ¿Crees que es posible hallar un equilibrio entre el mantenimiento de la naturaleza en su estado primigenio y su adaptación a las necesidades humanas?

Sí, cada vez me estoy convenciendo más de que es un error pretender mantenerse puro, la pureza no nos sirve para nada. Los espacios de naturaleza salvaje son una buena idea, pero una vez hemos alterado la atmósfera y los océanos ya no hay en realidad ningún espacio natural, vivimos en un planeta mestizo. Lo que deberíamos conseguir entonces es evitar las extinciones. Y eso implica transformar el entorno y el paisaje, quizá con granjas que también puedan albergar vida salvaje, o zoos, o reservas… He leído acerca de las partes de Europa que van siendo progresivamente abandonadas, como la Polonia central, parte de la España central, el centro de los EE. UU., Montana o Dakota del Norte… En los terrenos en que la agricultura no es fácil o económica la gente se marcha hacia las ciudades, así que grandes porciones del campo están ahora libres de humanos. Eso es extremadamente interesante, porque lo necesitamos. No son espacios naturales, sino tierra poshumana en la que los seres humanos construyeron pueblos o carreteras y luego los abandonaron. Puede que tengamos un mundo que incluya áreas semisalvajes, o tierra vacía que aún es parcialmente humana, incluso levemente agrícola… Todo excepto la pureza. Ya no me preocupa la pureza.


Kim Stanley Robinson: “Science needs to think of itself more as a humanism and as an utopian politics”

(Versión en español)

We meet with Kim Stanley Robinson (Waukegan, 1952) in Barcelona, during the annual literary convention Kosmopolis. Robinson is a respected and popular hard science fiction writer, especially known for his trilogy dealing with martian colonization and terraformation (Red Mars, Green Mars, Blue Mars). After Mars, he imagined humanity expanding through the whole Solar System (2312) or trying with enormous difficulties to reach for interstellar space (Aurora). In some of his novels climate change issues take a central role, particularly in the Science in the Capital trilogy and the recently published New York 2140. And sometimes he looks into the past instead of the future, describing  life during an Ice Age (Shaman) or imagining how world history would have changed if all Europeans died during the Black Plague (The years of rice and salt). Most of Robinson’s stories, although peppered with revolutions, murders and catastrophes, are utopian and optimistic in their core. He speaks with restraint, correction and seriousness, but sudden flares of contagious enthusiasm light up his speech when discussing the transformative power of science or the urgent necessity of changing the current socio economic regime.

You are known as an utopian novelist. Frequently utopia is seen as something unattainable, a theoretical ideal of perfection, but in your novels it seems something more practical…

I’ve been following the definition of utopia sketched out by H.G. Wells: a dynamic kind of history without an end point; it’s not a perfect state, it’s a continuous process where every advance has to be defended against falling apart or going backwards. Joanna Russ, a great american science fiction writer, used to talk about optopia: given the conditions that you’ve been handed, you get to the optimum best situation politically. This is better for storytelling: you don’t have the “walk to the zoo” feel of standard utopia: even Thomas More’s Utopia has a little bit of story, but it’s really the description of an achieved society. Since Ursula K. Le Guin’s The Dispossessed and even before, the story of dynamic utopias has been told one way or another.

The character Arkady Bogdanov of The Martian Trilogy is a descendant of Alexander Bogdanov, the author of the utopian novel Red Star. How did Red Star help to shape your Red Mars, and what do you find appealing about Alexander Bogdanov?

I love Bogdanov. When Percival Lowell made his reports on what he had seen of Mars through his telescope and talked about the possibility of canals and martians, there was an international response. For Wells it was War of the Worlds and the idea of an aggressive ancient civilization, for Kurd Lasswitz in Auf Zwei Planeten Mars is an advanced technological utopia; for Bogdanov Mars was a space used to discuss the future of a communist utopia where the martians were red in the sense of being political leftists, ahead of us, advanced. Red Star is a really good utopian novel, and it  anticipates many of the problems the Soviet Union had, a socialist country surrounded by capitalist countries. Bogdanov was a really interesting thinker in systems theory, and his writing is being remembered in different contexts because of his Tektology and his web of life studies. I wanted to make sure that my Mars trilogy picked up all the strands of all the previous Mars novels.

One of the highlights of The Martian Trilogy is the writing of the Mars Constitution. Many measures are proposed in those chapters, and I would like to take a closer look at some of them and ask if you see them to be feasible on our Earth. For instance: common stewardship of natural resources: air, land, water… How could such a “management of the commons” be implemented on Earth?

That’s a good question. We do have certain commons, the oceans and Antarctica, but these are somewhat empty and uninhabitable spaces. That phrase of the Martian Constitution is an attack on the law of property. It’s anticapitalist, fundamental marxism: land itself belongs to everybody as a commons. This is similar to the native american view that you can’t own land, a concept shocking in our capitalist system. There’s a little bit of talk of the return of the commons in regards to who owns the Internet. That is kind of virtual land: I see legal discussions about all the new regimes and possibilities created by technologies. And as for real land itself: about 30% of the surface of the US is owned by the federal government, and some smaller parts owned by state governments, so this is owned by the people as commons. The commons was never just free space, it was always regulated, an organized system, even if it was informally. The air is for everybody. Could water be privatized when people need it to stay alive? Land is part of that. Property needs to be shifted over effectively to tenure rights: you have the rights to take care of the land for the people in certain ways, and that procures you a certain amount of rights that don’t extend to the fullness of property rights. This is kind of shocking in the current legal regime. It’s definitely speaking in an utopian way, but you see strands with the Internet. It may become relevant pretty soon in discussing the Moon: the Outer Space Treaty is based on the Antarctic Treaty, so right now nobody can claim property of the land on the Moon.

Another article in the Martian Constitution takes out from free market and into non-profit co-ops the bare necessities of life like housing, health or education. This sounds difficult in a capitalist society: in Spain we have an ongoing housing crisis, in the US health care is notoriously irregular… How could we make this happen?

Thomas Piketty in Capital in the Twenty-First Century talks about how progressive taxation should not be just on the annual income, because that can be buried under the system and hidden, but on capitalized assets themselves. That would legislate caps on how wealthy can you be: beyond a certain amount of wealth, the excess goes back to the public good. That is a  transformative thing, a horizontalization of wealth and power. With progressive taxation like that, governments would not be impoverished, they would seize the surplus value and afford universal healthcare, free public education through college, and guarantee the necessities like shelter, clothing, human basic needs that everybody gets. And also full employment: if government can afford to make sure that everybody who wants a job has one, you don’t get massive unemployment like in the bottom of Europe. These things need to be paid for, but governments can easily be made much wealthier by a seizure of surplus value by way of progressive taxation. After World War II there was quite extreme progressive taxation, even in the US under Eisenhower, a Republican president. After you made four hundred thousand dollars a year, that in our days will be like four million dollars a year, the tax rate was 91%. So essentially they capped the wealth, and you could not be a multibillionaire like we’ve got today, because everything you made after a certain amount went to support government programs. And you can advocate these kind of things without being a complete communist or a completely utopian person like a martian. You can talk about policies that used to be enacted and could be enacted again, there’s legal and precedent base.

But we allowed a counterrevolution to take over the world, and it sucks. We are suffering the results of the Reagan-Thatcher neoliberal turn of the eighties, late global capitalism, the seizure by the rich of the surplus value and the impoverishment of everybody else becoming the precariat, in that their lives are precarious. Employment and health is precarious, pensions gone away… All by impoverishing government and repeating the three infamous lines  “The government is not the solution, it is the problem”, “There is no thing as society” and “There is no alternative”. We need the keynesian pendulum between government and business to swing back, because people is suffering. It’s the weakest leftist argument possible, just keynesianism, but it’s all we got at this point. You don’t want to get into an either/or apocalyptic revolutionary situation in which unless we change everything we’re completely screwed. But if it’s just a simple political battle: more left and less right, anti-austerity, keynesianism, social democracy… This is a sequence that can be fought for. It could happen in the EU: the PIIGS countries, Portugal, Italy, Ireland and Spain, banded together into an anti-austerity league. But the world has gotten so neoliberal… The cultural space has been stupid. This is what I’ve been doing as a leftist, telling the same story over and over again.

In the post-capitalism you describe in 2123 and Blue Mars, another key element is the substitution of big companies by medium-sized co-operatives in the model of the basque Mondragon.

I have been recently contacted by a professor at Mondragon university who sent me his history of how Mondragon came about. It’s very interesting, how a single catholic priest organized people to talk and talk and talk, fifteen years of political education in itself within a pre-existing industrial base. So now I know more and I’m still very interested, because it’s an already existing alternative to capitalism within the working capitalist order. An interim step that can be enacted right now: everybody could organize around employee-owned Mondragon-type cooperatives and start working with a better value system, ownership without the usual exploitation of labour and appropriation of nature that you see in the rest of the system. Within the already existing capitalist order you have alternative orders that are legal, they don’t need to be revolutionary, you don’t need to get into the chaos of Barcelona 1936 where anarchists and communists were fighting against each other over how to make a completely new society… Instead you have something like Mondragon where in the already existing society there is a change coming from inside.

Why do you think that the Mondragon model has not been reproduced more widely?

Probably because it flattens the power gradient and it doesn’t make enough of a profit for the ownership class, so it’s unpopular with the people that actually control the already existing mobile capital, captured as it is, sequestered in banks and defended by guns. They don’t want it to succeed because it’s a horizontalization of power. In the current vertical system, people who manipulate most of the money will not give up that power voluntarily, so they need to be politically whipped and the the laws need to appropriate it for the people. We need to tell a story that’s plausible enough and persuasive enough that people will act on it in terms of political behaviours and votes going towards political parties that support this model. It surprises me that it is not more popular and effective and quick than it is now. I guess this is what Gramsci was talking about with hegemony, the mental quality people have of accepting their own subjugation because it’s natural, because people agree with the “there is no alternative” mantra. It’s sad, it strikes me that people should be a little bit sparkier.

The Trump Administration presented a budget including huge cuts in most of government agencies, and a 31% cut on the EPA (Enviromental Protection Agency). How do you think that these cuts will affect the US if they come to pass?

It’s a particularly ugly attack on everything valuable and right. These people are thugs and clowns and they are saying “fuck you” to American values. In the polls people like having clean air, clean water, they like the EPA! In effect we’ve had a weird little seizure of our government by a crew of people who are being deliberately destructive. The budget proposed will not be enacted the way it is described, but it feels like somebody taking a crowbar and smashing things, so until you subdue these people, until you tie them down and get them out of the room, it’s hard to do anything but defend what’s already existing. You can’t make improvements, you can only defend what you’ve got. But they are suffering massive defeats. They can’t even agree whether to destroy things in one way or another, so they’re wrecking their own possibilities. I’m hoping that in four years, or two years, or even something shorter than that, something will occur to slow them down. They’re not really governing, just gesturing. It has been irritating and ugly and painful…

With NASA funding going down, some think that private exploration of space will become more important, with companies like SpaceX or Moon Express leading the way. What dangers do you see in the privatization of space exploration?

I don’t like the privatization of space at all, I like to think of it as commons and public. On the other hand, the governments of the world have always paid private companies to build rockets. SpaceX doesn’t have the money to fund a space program of its own, so it has to sell its rockets to somebody. I have the feeling that some billionaires could indeed build some small base as kind of a legacy project on the Moon… But you can’t make a profit in space, there is nothing up there that we want badly enough. You can send communication satellites, so there’s industry on Earth orbit, but   there’s no possible industry on the Moon. Right now the Outer Space Treaty would control questions of ownership and exploitation, and there’s nothing to exploit. The Moon it’s simply rock: silica, iron, aluminum, magnesium: we already have lots of that on Earth. The danger of privatization isn’t very extreme. It’s something like Antarctica, it’s vulnerable to exploitation, but there’s nothing there to exploit…

This privatization trend may extend not only to space exploration… Right now Google’s Calico and similar companies are investigating senescence, leaving potential longevity treatments in the hands of for-profit corporations. Will life end up being extended just for the wealthy?

Again, it’s not very much of a danger, but because we’re not really very good at it. All medical advancing is good, and I think it will always remain organized by organizations like National Institute of Health. But it is a danger that if pharmacology companies develop what you may call longevity treatments, they might end up very expensive at first, only affordable by people having lots of money. That’s a frightening possibility, but it’s good to have health advances, because eventually everybody will benefit. It might create the conditions of a big fight, when finally income inequality will be challenged fundamentally by people saying that everybody has equal right to longevity and health. There’s a revolutionary possibility there, but for now there’s nothing to be done but continue to keep ahead in the game. It’s a very slow progress: average lifetimes are not very much longer that they were, it’s an asymptotic curve.

There’s a proverb often appearing in your books, from an elder in Shaman to some characters in Science in the Capital or even a story title in The Martians: “enough is as good as a feast”. Why does this sentence resonate so much in you?  

It’s a quote to get out of capitalism. Economics, which is the quantitative study of capitalism, it’s always saying “more is better”. And since we’re in an ecological crisis of over consumption and wrecking the planet in order to get “more is better”, it’s important to keep insisting on its contrary, “enough is as good as a feast”.

There seems to be distrust in the scientific world and the hard science fiction community against politics: for instance in Neal Stephenson’s Seveneves the political characters are mostly evil, and the Space Ark Constitution is seen like a burden… Why do you think this distrust or lack of interest for politics exists?

They’re making a dichotomy between the sacred and the profane, between purity and corruption. Stephenson’s not good on these issues, he’s a bit reactionary and cliched. It plays into bad fantasy to suggest that politics is just grubby and parasitic, and science is some kind of pure, holy thing. In fact, science is intensely political and needs a big part of the money allocations of governments, and it needs government and regulation, because it can’t be done by individuals or individual corporations. Science is a gigantic team effort, and requires, therefore, government. At its best, I guess that what Stephenson’s saying is that politicians are scientifically uneducated just as scientists are politically uneducated. But that’s being generous, because he mostly plays the mannequin cliches of good scientists and bad politicians. He is very popular, so it would  be great if he was a little bit better on this issues, even using them as political education… But unfortunately, I think one of the reasons for his popularity is that he plays into already existing prejudices.

In Green Mars one character thinks that the synthesis of a scientist and a mystic would be called an alchemist. Which kind of common ground can a mystic and a scientist reach?

This is my character Michel, who is always trying to recover or invent a psychology of the scientist that allows them to be a little mystical and have a value system that is not some kind of poorly theorized empiricism. A lot of scientists are fairly naive and underdeveloped about what is their project. They don’t have much in the way of theory. Science needs to think of itself more as a humanism and more as an utopian politics that’s already enacting itself in the real world. This is what my books are trying to suggest. I’m doing what I can by telling stories about what science is, how science works and what scientists should do in terms of being political actors. Time after time, story after story, trying to take a different angle on the problem. It’s a little bit like a kid playing with his dolls, it’s presumptuous to think that I’m doing anything, but people read stories, and some scientists read science fiction to try to think about what they’re doing, so… I do what I can.

Buddhism appears in your work, specially in Science in the Capital and The years of rice and salt. What do you find appealing in buddhism and how did you become interested in it?

I’m from California, and California pays close attention to East Asia, more so than the Eastern part of the US, which looks back to Europe. All through the XXth Century, Chinese and Japanese immigrants were coming to America and heading California first. The poet Gary Snyder, who was my teacher, went to Japan and spent ten years studying and practicing Zen buddhism. He came back along with a lot of other Californian of European origin, and began to to make what you could call a California buddhism, heavily influenced by Zen and the Dalai Lama, but also by New Age or hippy California ideas. It’s very diffuse, secular and unserious, compared to the more strict Buddhist traditions. So in Californian culture buddhism is an important strand, like in China: the chinese talk about the triple strand, a braid of beliefs composed almost equally of buddhism, confucianism and taoism. For the Californian intellectuals buddhism is about as important as Christianity or any other European influence. As for me, I wouldn’t claim much. It’s completely casual, a literary interest as much as it is a spiritual practice. It helps in daily life: the suggestions of Zen on how to pay attention to the present, how to be in the moment, how to live life, what’s important as a value system… It’s been helpful to me as a person. It stroke me as interesting in Science in the Capital to think of science as a kind of buddhist practice. A devotion to the real is suggested by both Zen buddhism and science; maybe science is like a quantified buddhism. In The Years of Rice and Salt I described a world in which all Europeans were gone after the Black Plague, so buddhism might become much more important as an intellectual tradition. Those are two different ways of using buddhism, and in my other books it’s not so important. Buddhism wants to be useful in this world, so I think it’s more a way of life or a practice than a religion per se. Lots of buddhists don’t speak about an afterlife. Some do, because they talk about reincarnation and an eternal soul.  If you’re a materialist, which I am, and you don’t believe in an eternal souls, then that part of Buddhism is kind of useless. So it’s a mixed picture.

Sufism is heavily represented in Red Mars, along with some Rumi poems. How does Sufism appeal to you?

In Mars I wanted Islamic culture to appear, and in The Years of Rice and Salt I needed to discuss in great detail Islamic culture as one of the world culture that would be prominent if all the europeans died. So in both cases it’s sort of similar to buddhism, that appears in some novels and not in others. I looked for the mystical humanist liberal tradition in Islam, as opposed to the conservative salafist wahhabist controlling totalitarian parts of Islam. All the great religions seem to have a liberal and a conservative wing, and in Islam I got interested in the Sufi tradition because it did look like a kind of mystical hippies of the XII Century… And Rumi is a beautiful poet.  

There are references to mystic epiphanies in your work, like nature contemplation in the peak of a mountain. Have you experienced these kind of satoris yourself?

I have, it’s hugely important to me to go to the mountains. I grew up as a kid in the beaches, so first it was the ocean. In this stupid middle american suburban 1950s white culture, it was almost obviously crazy not to go out into the ocean. Just a hundred meters offshore you are back in a primal reality of water that can kill you, but it’s also floating you and it’s quite benign if you know how to be there. The ocean was crucial to me for staying sane when I was a kid. And then I discovered the Sierra Nevada, the mountains of California! My suburban Californian reality as an ordinary middle-class american was augmented by this wilderness experience. Going out to the mountains, having athletic hard working experiences, but also spending a lot of time outdoors just walking, dealing with rock. It’s very low-key mountaineering, we’re not doing anything dangerous and we stay out of vertical faces, but it’s been a crucial part of my life. Close to a month a year I’m up in the mountains, doing walking expeditions.

I guess that many scenes in Shaman, a story set in an Ice Age, are drawn quite directly from your experience…

That was a beautiful thing, because we don’t really know how the Paleolithics lived like, and to write about that was an imagining exercise. But I knew about snow-camping, because I’ve done it myself and I could write about snowshoes and what was it like  to work in the snow. Since Shaman is about an Ice Age I could write about it with that little extra degree of lived reality which is important for novels. It was a joy and I probably put too much of it, but I couldn’t stop myself.

What do you think that is similar and what is different between a Paleolithic person and a contemporary one?

Similar, for sure, is the genetic material: we have exactly the same genes as them. Similarly, we are in close contact with a group of people about the same size that we know socially well.  We have what I call your pack or your tribe, thirty or fifty actual people that you interact with, face to face and day to day. Those are similarities. They also had a cosmology, a sense of what was going on in the world. In some ways the didn’t know as much as us, like what are the stars, and in other ways they did know a lot more than us, like which plants can you eat and not, and how can you manipulate the landscape. The main difference is that we are dealing with a sense of global society: we know that eight billion people exist, while Paleolithics were very limited in what they knew about other people, they had intensely localized knowledge. Knowing the global picture we have extra obligations.

In 1995 you stayed in Antarctica as part of the National Science Foundation’s Antarctic Artists and Writers Program. Given the frequent appearance of Antarctica in your books, it seems that the visit had a profound influence. What do you remember most about that time and how do you think it affected you?

I loved it! I just went back to McMurdo during eleven days in the last fall for the first time since 1995. Quite a few people are coming back and forth, arranging their entire career to keep going down there. It’s like the Sierras turned into a surrealistic superdream, it’s like going back into the Ice Age. The people are very kind and interested in each other. They tend to be scientists and people who support scientists, so there’s a huge sympathy for what science is about. It’s a small, simple society relative to the world at large, but I love it and I was very happy to go back. It resembles space: Antarctica is like a space station operating down there, and that’s useful if you’re writing about stations gathered across the Solar system. The visit was so beautiful… I didn’t like the idea of staying in McMurdo the eleven days, leaving for the wilderness only in brief trips in snowmobiles or helicopters. I thought it would be lesser, but it wasn’t lesser at all! It was fascinating and spectacular even just to be in McMurdo. When I went in 95, McMurdo was just a transfer station where you went to wash your clothes and get to the next wilderness. But now it’s interesting, and now I know it’s interesting. Maybe it’s also a little utopian space: the continent for science. There’s no money. The food and the clothing is all provided, and there is no property, the world owns McMurdo. It has all kind of suggested aspects of utopia. Orwell wrote about the day in Barcelona when anarchists took charge and everything felt different. I think McMurdo was like Barcelona in 1936, that moment when the political rules and the customary order of capital, property and class are gone, and you see just people, everybody equal and just doing their jobs. I just reread Homage to Catalonia by Orwell, because Ian Watson showed me the parts of the city he writes about.

There’s a narrative device that appears in different forms in some of your books: the Founding Father (or Mother) dying at the very beginning of the story. John Boone murdered in the prologue of Red Mars, Alex in 2312, it happens also in Aurora… How does this “having to fill the shoes of a great predecessor” trope appeal to you narratively speaking?

It is a huge challenge to properly take up the wisdom of the past and put it to use when you start up as an adolescent, or you have a society that needs continuity. Occasionally you have exceptional characters who manage to lead, hold things together and suggest new ways, but then always afterwards comes inexperienced ordinary people who might be less talented but need keep the advances alive. It’s an interesting story to tell: the feeling of being overwhelmed, of stepping into someone’s shoes and do a proper job with it. We’re always in that situation, right? Whatever advances we’ve made in the previous centuries or in the generation before you, it’s not automatically that you can hold to them. That’s in Shaman too, now that I think of it, because Paleolithics held on to knowledge by oral transmission alone. We know they did it because the cave paintings thirty thousand years old and seventeen thousand years old have the same same skillset, the same vision. It’s ten thousand years of continuous transmission of culture without written language! Perhaps even written language gets in the way. But they managed to do it, so something was going on there. It’s a story that keeps getting told succesfully.

In Aurora you talk about the ethical and ecological limitations of interstellar travel and colonization, and the general feeling of the book is that these problems may not be overcome; the view on space colonization seems grimmer than in The Martian Trilogy. Has your attitude towards space exploration changed between Blue Mars and Aurora?

No, it’s the difference between the Solar System and the interstellar space. Aurora was trying to set a limit beyond which colonization does not work. Despite the way that science fiction usually talks, interstellar space is just too big for humans to cross. This is an important new story, a new finding coming out from the better understanding of biology, ecology and human psychology. That’s a fantasy space, an idea cast in human culture that we were destined for the stars, that the Earth was just our cradle, and so it is unimportant in the same way that a cradle is unimportant to an adult. That’s completely wrong, and that needed to be shown in Aurora. In the Mars trilogy I still like the idea of the Solar System, and I think that Mars is a great place to inhabit and the rest of the Solar System can be turned into something like Antarctica: we have scientific stations out there, so you visit them and you come back home, because you can always stay healthy on Earth. But the interstellar dream needed to be smashed, and that’s what Aurora did. If you read the book I think my reasoning is sound. Science fiction has lied on this issue. How far away is Tau Ceti? It’s twelve light years. Twelve is a little number, but then you think it’s actually ten billion times further away than the Moon, ten billion times, you start to get a sense of the scale… And much of the stars are much farther away than Tau Ceti . If you’re being honest, you’d see that this universe that we can see at night it’s very interesting, but we cannot get to it. We have to stay here. And then you understand that there is no Planet B. Earth is our one and only home and that’s a permanent situation, so we have to keep it healthy. That’s a very important story for science fiction to tell, so I felt it was really necessary to do Aurora… Although a lot of people got really angry at it.  

You have criticized Elon Musk’s approach to Mars colonization. Which are your main concerns about his plans?  

I don’t like this notion of one person doing and controlling it, it’s like privatization, or trivialization to turn it into a tourist attraction.  I also don’t think that Mars functions as a second home for humanity. Having a mass extinction event will be OK as long as there’s five thousand or a million people surviving on Mars? The stated purpose of a Mars colony is stupid and trivializing. And also they’re waving their hands when it comes to talk about landing in Mars. A lot of the technical plan hasn’t been tested and we don’t have protocols yet in place, so it’s very much of a science fiction plan pretending to be a real plan. We only have 50% success rates landing these little robots on Mars, but landing humans would take a lot more than that. It’s a little weird to say to the world that they’re going to Mars when both the methodology and stated purpose are weak… And so it begins to look like narcissism. That being said, Elon Musk is way more interesting than most billionaires in terms of what he wants to achieve. Tesla is a great car and we need electric cars, and the Falcon is a great rocket and we need  great rockets. I’m afraid that my criticism of Musk might sound like a complete condemnation, while it’s closer to small differences. I don’t want to be too critical. He wouldn’t really come up if it he wasn’t doing really important work. It’s best for me to emphasize that SpaceX is a great company and the rest is kind of philosophic, like why and how would you go to Mars. Every martian has their own favored methods. He’s a martian, I’m a martian, we have some disagreements there… But I probably should emphasize the way that he’s doing interesting things.  

In your later books quantum computers and artificial intelligences take a big role: 2312 has the qubes, and a quantum AI is the narrator of Aurora and a great character in its own right. Do you think that consciousness may be a quantum-related phenomena, and hence we may end up creating a sentient entity with quantum computing?

I don’t know for real about this, because I am an English major and I have to take the opinions of the experts who are involved with that… Making a quantum computer is still an open question, there are some crucial problems like stabilizing the qubit. But if you can make a quantum computer, both technically and system-wise, you would have an extraordinarily fast computer, way beyond what our computers are now. At that point you get processing power almost as fast as the human brain, but it won’t be organized like a human brain. And we will never know what sentience is or how the brain achieves it. You can’t investigate the brain without killing it, and once you kill it you don’t have sentience, so there is an invisible but permanent barrier in our understanding of how brains work. And this is something that the AI crowd try to ignore, and specially the science fiction crowd who want to download brains into  computers… These are fantasies in which people ignore the permanent barriers in our understanding of brain and consciousness. It’s always going to be approximated and vague, so we will not be able to recreate it. But what I explored in 2312 and Aurora is that if we got a working quantum computer, maybe it wouldn’t matter that it didn’t operate like a human brain, and maybe it wouldn’t matter that it is not sentient as we are: it might still be extraordinarily fast and expressive of something like thought. It could easily pass the Turing test, as that test  is not really very hard. So what you get is not just another human mind, but something that might talk like a human without you knowing what is really going on inside… Whatever it is,  it will be extremely fast, but emitting a string of sentences like ours.

Actually the quantum sections in 2312 work like a prose poems almost, all these strands of thought trying to express how a quantum consciousness would be…

That was amongst the most fun I’ve ever had as a writer. I tried to think about stream of consciousness, the literary technique of the XXth Century that Joyce, Woolf, and a few other writers explored as a way of expressing how we go through our days. But I’ve always thought it was a little artificial, because a lot of us go through our days like Proust, with mental proustian sentences of incredibly articulated grammar, and not this broken jumble full of sensory impressions. But for my computer it worked. [Laughs] it was so much fun, because I’m normally a fairly conservative stylist.

2312 has some references to Marina Abramovic and Andy Goldsworthy. Are you interested in performance art and land art?

I definitely am. I just saw Abramovic in New York. Her friend Hans Ulrich Obrist, who is a curator, put us in contact with each other to do a collaboration together. It wasn’t successful: she wanted to put audience into a trance and I wanted to tell a story… We had a big argument. There was a third collaborator, an audio engineer who managed to make something out of our fight. But I do love her, she’s a great artist full of ideas, more ideas than she has time to unleash on the world. I think her duration performance art  is a kind of self-therapy: when she’s doing her art she slows down and focuses, while in her daily life she is like an ADHD person, with bouncy rapid thinking. Goldsworthy is very reclusive. I’ve tried to send him books and say that I love his work and I’ve put it into my stories, but I never managed to contact him. Probably the books arrived to him, but he’s not interested in replying… I like to do Goldsworthy’s type work. Up in the Sierras we build Goldworthys, as we call them, and then photograph them and knock them down at the end of the day, to avoid bothering other people. Abramovic and Goldsworthy are both very important, for extending art to our daily lives and then change your sense of what life and art are.

What was your most recent pleasant surprise in science fiction and non-science fiction reading?

I just read the Neapolitan Novels by Elena Ferrante, a four volume novel about two women who grew up in Naples and are about the same age as me. In science fiction I’ve been reading The Dervish House by Ian McDonald, a fantastic novel about Istanbul in the near future.

What is your opinion on geoengineering, terraforming Earth, so to speak? There was a rogue geoengineering effort some years ago of ocean fertilisation in Canada…

I’m very interested in geoengineering, because I don’t think there’s anything intrinsically wrong with it. I don’t think that ocean seeding is technically a good idea for capturing carbon, but I think bigger groups and governments ought to be discussing these things, and possibly make some experiments to see what works. We might end up needing geoengineering… We might end up in a climate crisis, if we pass a tipping point where the methane under the permafrost starts to get released to the atmosphere, and we go  into a jungle planet mode or a mass extinction event. Then geoengineering is a tool that we might want to use. I’m in favor of discussing it without any moral horror at the idea of interference, even though I don’t think we’ll be good at it. There are lots of processes in a geological scale that are really too big for us to influence in any useful way.

One of the themes I see in The Martian Trilogy is the reconciliation of apparently opposite ways of life, like the conservationist attitude of the Reds and the transformative power of the Greens. Do you think that it is possible to find an equilibrium between keeping the nature in its primeval state and adapting it to human needs?

Yes, more and more I become convinced that the bad thing is trying to be pure, purity is useless to us. Wilderness is a nice idea, but once you alter the atmosphere and the oceans there is no wilderness anymore, all the planet is a mongrel planet, and what you want to do then is to avoid extinctions. That takes working landscapes, like farms that also support some wildlife, or zoos, or landscape enclosures. I’ve read about these parts of Europe that are being almost abandoned, like central Spain, central Poland, the center of the US, Montana or North Dakota… Where is not easy or economical to do agriculture, people leave for the cities, and so big places of the countryside are empty now of humans. This is extremely interesting, because we need that. It’s not wilderness, but ex-human land where humans built towns or roads and abandoned them. We might have a world that includes some semi-wilderness, or empty land that is still human land or even lightly agricultural… Everything except for purity, I don’t really worry about purity anymore.


Brandon Sanderson: «Quiero mostrar en mi obra que hay algo inherentemente bueno en los seres humanos»

Fotografía: Jorge Quiñoa

(English version here)

Antes de empezar la entrevista, el escritor Brandon Sanderson (Nebraska, 1975) come con sus colaboradores del Team Sanderson España y charla sobre Gaudí, los churros con chocolate y el hecho de que este sea el país en que tiene más fans de Europa. Las novelas de fantasía épica de Sanderson incluyen batallas, muertes y algún que otro apocalipsis, pero en conjunto son narraciones optimistas y repletas de personajes honorables, desde Elantris a las sagas de Nacidos de la bruma o la monumental El archivo de las tormentas, diez enormes volúmenes de los que se han publicado dos. También ha escrito novelas infantiles (Alcatraz), juveniles (Los Reckoners, El Rithmatista), cómic (White Sands), novelas cortas (Legion, El alma del emperador) y narraciones para acompañar videojuegos (Infinity Blade). Parece que no sabe estarse quieto. Charlamos amablemente un buen rato («¿Será una entrevista larga? ¡Me encantan las entrevistas largas!») cerca del Arco del Triunfo barcelonés. Después se marcha a toda prisa a una ronda de seis horas seguidas firmando libros en la librería Gigamesh.

Esta no es tu primera visita a Barcelona: en 2006 viniste a recoger el premio UPC de Ciencia ficción por En defensa del Elíseo. Abriste tu discurso diciendo que te considerabas más un narrador de historias que un escritor en el sentido clásico del término. ¿Crees que en el mundo literario se subestima el valor del entretenimiento?

Y no solo el del entretenimiento: también el valor de la emoción se subestima en el mundo literario. De eso trataba mi discurso, de que no solo las ideas son cruciales sino también las emociones. El poder de una historia fantástica es combinar buenas ideas con algo emocionante. Mi esposa les prepara cada mañana un batido a nuestros hijos, y le añade espinacas para que sea verde… Porque a los niños les encanta el color verde, pero también porque las espinacas son buenas para su salud. Si un libro de fantasía es apasionante, divertido y te hace sentir un montón de emociones, y además incluye ideas interesantes que te hagan pensar, tendrá un mayor efecto sobre el mundo que un libro que amontone pesadamente ideas difíciles de expresar en una historia.

Terry Goodkind dijo no escribir sobre fantasía o magia sino «historias que tocan importantes temas humanos». J. K. Rowling afirmó no leer fantasía ni ciencia ficción, y que no se le había ocurrido que los libros de Harry Potter fueran de fantasía. ¿Por qué los autores importantes de fantasía huyen del concepto de literatura fantástica?

No lo sé, la verdad es que me desconcierta y me frustra… Quizás demasiado. He criticado excesivamente a esos autores en el pasado, y a Philip Pullman, que también dijo cosas parecidas. No creo que trataran de resultar insultantes… Me gustaría remitir a los lectores a la maravillosa refutación de Terry Pratchett a J. K. Rowling sobre escribir fantasía. Creo que hay una sensación institucionalizada en nuestras mentes de que la fantasía no puede ser auténtica literatura. Es una sensación completamente incorrecta, pero que perpetuamos en el género cuando un autor afirma no leer literatura fantástica incluso aunque la escriba. Es como si un médico dijera que no sigue lo que hacen otros neurocirujanos, sino que se lo inventa y opera sobre la marcha.

No inspira confianza…

Es difícil criticar a otros autores, ya que vienen de áreas diferentes… Pero considero un modelo a seguir a gente como Neal Stephenson, Terry Pratchett o Ursula K. Le Guin, que están orgullosos de su patrimonio cultural fantástico y han hablado abiertamente de su amor por la literatura de género y lo que puede conseguir. Leer lo que ha escrito Ursula K. Le Guin al respecto te hace sentir orgulloso como lector de fantasía.

Una situación que parece gustarte narrativamente es lanzar a una buena persona al infierno y describir cómo intenta mejorarlo: Kaladin en el Puente Cuatro, Raoden en Elantris… ¿Qué te atrae de este tipo de escenarios?

Cuando nos vemos en circunstancias extremas revelamos mucho acerca de nosotros mismos. Y al contrario de lo que cree la mayoría de la gente, hay muchos ejemplos a lo largo de la historia de momentos extremos en que mostramos nuestras mejores cualidades. En lugar de huir y actuar egoístamente, la mayor parte de la gente se mantiene unida cuando ocurre algo realmente horrible. Vemos lo mejor que puede ofrecer la humanidad en alguno de sus peores momentos… Es un gran contraste. No quiero que nadie tenga que pasar por algo horrible, pero la ficción nos permite escribir historias sobre cómo reaccionan los humanos a situaciones extremas. Yo soy básicamente un optimista. Y no quiero implicar que la ficción pesimista sea mala, de hecho gran parte de mi narrativa preferida es pesimista. Mi cuento corto favorito es Harrison Bergeron, de Kurt Vonnegut, que es magnífico y muy pesimista. Pero cada escritor acaba eligiendo un estilo, y yo quiero mostrar en mi obra que hay algo inherentemente bueno en los seres humanos, y que nos esforzamos para manifestar esa bondad innata. ¡Nos unimos frente a la adversidad! Esa idea aparece una y otra vez en mi narrativa.

¿Crees que los enfoques positivos en tus libros acaban teniendo un efecto positivo en tus lectores?

A los escritores nos gusta pensar eso, pero francamente, no lo sé. Sería algo arrogante por mi parte decir que mi ficción está mejorando el mundo o a la gente… Pero, por otro lado, la ficción que he leído ha mejorado mi vida. El libro que me convirtió en escritor de fantasía fue Drangonsbane, de Barbara Hambly. Es una novela sobre una mujer de mediana edad que puede convertirse en la mayor hechicera de la historia. Sus maestros dicen que es fantástica, pero que necesita concentrarse más en su aprendizaje. Pero ella tiene también una familia, y no puede dedicarse por completo a su magia por su familia.

En la época en que leí este libro mi madre se graduó en Contabilidad, la primera de su clase en un año en que era la única mujer matriculada. Y mi madre siempre tuvo que hacer equilibrismos entre su familia y su carrera. Incluso se tomó un tiempo sabático en su trabajo y aprendizaje para estar con sus hijos cuando yo era muy, muy pequeño… Y de adolescente pensaba que por supuesto, eso es lo que hacen las madres. Pero entonces leí Dragonsbane, con catorce o quince años, y mientras lo leía pensaba que la protagonista debería estar pasando más tiempo con su magia, ¡y le decía en mi cabeza que ignorara a sus hijos y aprendiera los conjuros! Y cuando lo terminé sentí que podía entender cómo es pasar la crisis de la mediana edad siendo adulto, y verse obligado a elegir entre carrera y familia. Leer un libro de fantasía sobre un dragón y al hacerlo entender mejor a mi madre mejoró el mundo, mejoró mi mundo. El mayor poder de la ficción es ayudarnos a entender a otras personas, ver a través de sus ojos.

Escribiste un montón de manuscritos e incluso novelas enteras antes de vender tu primer libro. ¿Qué te decían los editores durante esos años? ¿Cómo mantuviste tus esperanzas ante las cartas de rechazo?

Fue duro, muy duro. Esto te va a encantar… Los editores no paraban de decirme: «¿No podrías parecerte más a George R. R. Martin?». Sin embargo, al mismo tiempo insistían en que mis libros eran demasiado largos. ¡Pero si los libros de Martin son larguísimos! El punto más duro de mi carrera llegó cuando acabé mi duodécimo libro… Escribí trece antes de vender uno. Los libros once y doce fueron mis intentos de escribir como George R. R. Martin, con antihéroes cínicos, fantasía cruda y oscura… Eso no se me da bien de forma natural. Algunos escritores lo logran estupendamente, pero mi especialidad es el optimismo, personajes que encuentran la luz en las peores circunstancias… Así que mis dos libros sombríos y breves resultaron ser malísimos. Me quedé descorazonado, pensando que nunca sería capaz de ganarme la vida con esto.

La gran decisión que tomé entonces fue escribir lo que me encantaba de verdad. Me di cuenta de que si moría a los noventa años con cien manuscritos inéditos en mi armario, lo consideraría igualmente un éxito… Un éxito mayor que si me rendía. Tenía que continuar escribiendo lo que amaba a cualquier precio. Y en ese momento pensé: «¡Escribiré los mayores y más alucinantes libros de fantasía épica que se han escrito! Me dicen que mis libros son demasiado largos, ¡así que los haré más largos aún! ¡Llenos de todo tipo de cosas extrañas y montones de personajes!». Y escribí El camino de los reyes, mi libro número trece, con esa novela le hice un corte de mangas a toda la industria editorial. El año siguiente vendí Elantris. Y es realmente bueno que pasara por ese momento clave de decidir que quería hacer lo que me gustaba porque realmente amaba hacerlo, en lugar de intentar lo que los demás me decían que tenía que hacer.

Tras vender Elantris a Tor, tus novelas inéditas empezaron a encontrar editores, como Mistborn PRIME que sería la semilla de Nacidos de la bruma. ¿Aún utilizas parte de ese material?

Sí, aún picoteo ahí de vez en cuando. He canibalizado la mayor parte para aprovechar ideas… Y reescribiré Dragonsteel en algún momento del futuro.

Me sorprendió leer en los comentarios de Nacidos de la bruma que te ofreces a enviar por correo electrónico la primera versión (Mistborn PRIME) a quien te la pida…

Prefiero White Sands o Aether Night, que son mejores… Así que cuando alguien me escribe intento enviarle esos dos. Pero en cualquier caso no tengo ningún problema en enviar mis libros primerizos a quien los solicite, mientras sean perfectamente conscientes de que no son demasiado buenos.

Hiciste de editor para la revista semiprofesional The Leading Edge durante tus años de estudiante. ¿Qué aprendiste ahí sobre la escritura?

Sobre todo a evitar clichés leyendo un montón de mala literatura, pero también aprendí qué hace que una historia sea buena. Cada narración magnífica entre las pésimas brillaba como un lingote de oro en el barro… Así que trataba de averiguar qué volvía interesante esa historia. ¿Por qué nos encantaba a todos los de la revista mientras que ninguna de las cien anteriores nos había llamado la atención? Fue muy ilustrativo.

¿Recibiste consejos de escritores profesionales durante tus años de formación?

Katherine Kurtz y David Farland se sentaron conmigo algunas veces y me dieron un montón de buenos consejos. No habría llegado hasta donde estoy hoy en día sin el asesoramiento de escritores que me dedicaron tiempo durante convenciones, o que impartían clases en mi universidad. El trabajo de escritor se realiza casi siempre en solitario escribiendo y practicando, pero un poco de mentoría puede resultar una gran ayuda.

Y ahora enseñas escritura creativa en la universidad.

La mayor parte de lo que hago tengo que publicarlo online, ya que no tengo tiempo para leer y comentar escritos individuales. Doy talleres en mis clases, eso sí. Si alguien quiere que lea sus textos  puede volar a Utah, ser aceptado por la Universidad y apuntarse a mis clases. Lo siento, sé que es un buen obstáculo, pero…

Te matriculaste en Bioquímica en la Brigham Young University. ¿Por qué elegiste esa carrera?

Como verás en mis libros, siempre me han fascinado la física y la química… Todas las ramas de la ciencia, en realidad. El problema es que me encantan las ideas, pero odio el trabajo pesado. Cuando tenía que sentarme a revisar páginas y páginas de cálculos siempre me equivocaba y lo pasaba fatal. Me matriculé porque mi madre insistía en que conseguir un buen trabajo como químico me dejaría un montón de tiempo libre para escribir… Intentaba empujar a su nene a ser realista, pero resultó que ser realista era malo para mí.

Algunos escritores tratan de mezclar ciencia ficción y fantasía, como Margaret Weis y Tracy Hickman en la saga La espada de Joram. ¿Cómo pueden coexistir en una historia magia y ciencia, a pesar de sus diferencias?

Mencionas La espada de Joram, donde igual que en Shadowrun la magia y la ciencia son dos caminos completamente diferentes y hay que elegir uno o el otro. Pero en el Cosmere, mi universo compartido de libros, la magia es otra rama de la física. Y admito abiertamente que sacrifico un poco del sentido de la maravilla a cambio de poder acercarme racionalmente a la magia, haciendo que siga un método científico. Magia repleta de pequeñas excentricidades, pero basada en su núcleo en la ciencia. Así trabaja mi cerebro: si pudiera hacer repentinamente algo mágico y reproducible, pensaría que aún no conocemos la ciencia necesaria para explicarlo.

Esa es la idea tras las Leyes de Sanderson sobre la magia dura y la blanda…

¡Exactamente! Mis Leyes fueron traducidas al castellano por una revista, me alegra mucho que lo hicieran.  

Desde el 95 al 97 serviste como misionero para la Iglesia mormona en Corea del Sur. ¿Qué recuerdas más de esa experiencia?

Por supuesto hubo potentes experiencias religiosas, pero si quieres un recuerdo en particular… Era la primera vez en mi vida en que fui la minoría. Una minoría privilegiada, por supuesto, pero minoría igualmente. Ir a un lugar en el que todo el mundo te mira de forma esquinada es muy bueno para cualquiera, en particular para un chico blanco como yo del Medio Oeste americano. Aprender a formar parte de una nueva cultura y ver las cosas de un modo distinto no ha tenido precio para mí.

Terry Goodkind ha sido ha acusado a menudo de empapar sus libros, en particular los últimos, con su propia filosofía política. ¿Es este un peligro para los escritores de fantasía, acabar usando sus mundos como metáforas del mensaje político que quieren transmitir?

Cualquier escritor debería ser libre de usar sus herramientas como quiera. Yo agruparía a Terry Goodkind con C. S. Lewis y Philip Pullman, ya que todos ellos tienen historias y mensajes que quieren transmitir con su narrativa. En mis propios escritos sigo más bien la filosofía de Tolkien. Tolkien y C. S. Lewis eran amigos, y de hecho Tolkien convirtió a Lewis al cristianismo. Los dos eran cristianos incondicionales. Sin embargo, Tolkien creía en contar una historia y dejar que se sostuviera por sí misma sin ser una metáfora directa, de modo que los lectores pudieran extraer de la novela lo que quisieran. Me parece un buen acercamiento. No insinúo que escritores como Terry Goodkind no puedan escribir lo que quieran, ¡por supuesto que pueden! Pero cuando yo escribo quiero contar historias sobre personajes potentes en desacuerdo entre ellos, con buenos argumentos en todos los lados de cualquier discusión. Nos acercamos a la verdad a través de la discusión. Cuando me dices tus ideas y yo te contesto con las mías y los dos nos escuchamos mutuamente, ambos salimos de esa conversación pensando «quizá he estado equivocado y puedo hacer evolucionar mis ideas», o «quizá tenía razón, pero puedo expandir mi modo de pensar para acercarme a lo que otra gente cree». Así es como nos acercamos a la verdad, no repitiendo obsesivamente lo mismo una y otra vez.

Recuerdo una anécdota de mi época de misionero en Corea. Vi a un monje budista, de una secta que exige mendigar por la comida. Así que estaba tranquilamente tocando su tambor en la calle y haciendo reverencias a los paseantes. Y había un misionero cristiano, de una fe que no mencionaré, sosteniendo a su lado una pancarta enorme que decía «EL BUDISMO ES EL INFIERNO». Y esa imagen me ha impactado siempre. Porque cuando les preguntaba a los budistas si podía hablarles de mi religión, un montón me escuchaban amistosamente y decían «¡Oh, Jesucristo fue un gran buda!». Encontraba gente dispuesta a estrecharme la mano y a intercambiar las enseñanzas de guías que significaban mucho en nuestras vidas. No quiero convertirme jamás en la persona que sostiene la pancarta, sea hablando de religión o de política. Cuánto más avanzaríamos si, en lugar de sostener una pancarta así, nos sentáramos al lado del monje para preguntarle sobre su vida y sus creencias. Esa imagen está grabada a fuego en mi mente. Y en realidad Hrathen, de Elantris, vino de esa persona que sostenía la pancarta, esa fue mi inspiración para crear su origen. Hrathen es mi antagonista favorito porque le entiendo muy bien: hay una parte de mí que podría haberse convertido fácilmente en la persona que sostenía la pancarta.

Te he leído describiéndote a ti mismo como creyente, pero también como hombre de ciencia y lógica. ¿Cómo reconcilias estos dos acercamientos a la vida?

Hoy en día está demasiado extendida la creencia errónea de que la ciencia y la religión no pueden combinarse. ¡Tradicionalmente, muchos de los grandes científicos eran también teólogos! En América hay un pequeño grupo político que parece querer reclamar la religión como suya; solo ellos pueden decir que son religiosos. Ese razonamiento es también erróneo. Hay gente religiosa en todos los lados de las discusiones… Personalmente, creo que Dios es un Dios de milagros, y que el mundo natural que estudiamos es el modo en que suceden las cosas a no ser que Dios interfiera. La evolución es un hecho, es la forma en que el mundo es, mientras que la creación de la humanidad por parte de Dios es un milagro, una violación de la ley natural. Decir que la evolución no es real es como pretender que el mar Rojo se abre en dos por sí mismo periódicamente. Dios ha creado la ciencia. Dios ha creado el mundo y nos ha dado cerebros para entenderlo de la mejor manera que podamos y buscar respuestas. Mi creencia en la fe viene de sentimientos en mi corazón. Esa es mi reconciliación: que los sentimientos de mi corazón son mi conexión con un padre en el cielo. Creo en ellos.

Tengo que estar dispuesto a aceptar que quizá son un sesgo de confirmación. Mi cerebro lógico dice que tal vez tengo esos sentimientos porque creo que debería tenerlos. Pero por ahora la única experiencia cartesiana que puedo definir como propia es mi sentimiento personal y mi modo de ver el mundo, y eso tengo que aceptarlo. Cuando leo las Escrituras vivo una experiencia religiosa, siento un sentimiento que no tengo en otros momentos, y he tomado ese hecho, tentativamente, como mi prueba de un Dios. Esto es lo que me hace creer, aunque estoy dispuesto a seguir explorando el mundo, y es posible que se me pruebe que estoy equivocado y tenga que cambiar mi modo de pensar.

Mi personaje favorito en Nacidos de la bruma es Sazed, que está interesado en un montón de religiones diferentes. Veo algo similar en El archivo de las tormentas: fragmentos procedentes de diferentes sistemas de creencias, como el hecho de que el árbol de esencias sea visualmente similar al árbol de la vida de la cábala. ¿Cómo impactan las religiones tu trabajo?

Me encanta explorar cómo interactuamos con lo divino, y me fascina comparar lo espiritual con lo que procede de nuestra tradición. Y lo que me fascina termina apareciendo en mis libros, claro. Mis libros son mi búsqueda de respuestas, pero no me gusta dar respuestas a los lectores. Me gustan los personajes que se hacen un montón de preguntas. Me atraen los personajes que se acercan a la religión de modos diferentes. Quería que Sazed fuera la voz de todas las religiones olvidadas, la voz de todos los que no pueden ya tener una voz propia. Espero que mis exploraciones de la religión signifiquen algo para los lectores, aunque sospecho que significarán algo diferente para cada lector. Recibo un montón de correos electrónicos diciendo que debo ser ateo, porque he descrito tan bien a Jasnah, la atea de El archivo de las tormentas… Siempre me tomo esos correos como un gran motivo de satisfacción personal. Escribo porque quiero explorar las diferentes formas en que la gente ve el mundo. Cuando alguien tiene un sistema de creencias quiero tratarlo bien en mis libros. Odio leer un libro y encontrar un personaje con mis mismas creencias que es tratado como un idiota al que hay que probarle que está equivocado. No quiero expresar las creencias de alguien en mis libros y convertir a ese personaje en «el idiota». Por supuesto que hay gente que se equivoca en todos los lados de una discusión, pero quiero expresar las creencias de los personajes con precisión, del mismo modo en que cada uno las defendería.

En tus libros aparece algún personaje LGBT (Ranette en la serie de Wax and Wayne, por ejemplo). ¿Influye de algún modo el hecho de ser mormón en tu forma de presentar estos personajes?  

Mi filosofía es tener un cuidado especial en contrarrestar cualquier sesgo que pudiera tener y del que no me estuviera dando cuenta. Para asegurarme de que los personajes LGBT están bien caracterizados le pregunto a gente homosexual que conozco: «¿Esto funciona?, ¿estoy representándolo bien?». Debo confiar en ellos. Es importante para mí, porque hay gente religiosa que parece querer ignorar que las personas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales existen, lo que creo que es inherentemente malvado. Es inmoral desterrar un grupo social entero, o pretender que no son buena gente con buenos argumentos, vidas y pasiones. No representarlos en mi ficción sería algo profundamente inmoral. No estoy seguro de ser la persona adecuada para narrar la experiencia homosexual adecuadamente, pero ciertamente debo hacer todo lo que puedo para asegurarme de que la gente LGBT está adecuadamente representada, porque si no estaría mintiéndole al mundo.

La viuda de Robert Jordan te pidió que terminaras los libros de La rueda del tiempo tras leer un panegírico que le dedicaste a Jordan y el primer libro de Nacidos de la bruma. ¿Qué crees que vio en tu escritura?

Puedo contestar lo que dijo, así que no queda demasiado arrogante que yo lo diga… Harriet pensó que mis caracterizaciones eran tan vívidas que podría hacerle justicia al enorme número de personajes de La rueda del tiempo.

Ahora que el último libro, Un recuerdo de luz, lleva tres años publicado, ¿has ido siguiendo las reacciones del fandom de La rueda del tiempo? ¿Estás contento con lo que escribiste?

Por supuesto hay cosas que cambiaría: la mayor es que no rematé del todo bien lo relacionado con el personaje Padan Fain. Hay detalles como ese que desearía haber hilvanado mejor, pero en conjunto estoy satisfecho con lo escrito y defiendo lo que se publicó. Lo que más oigo de los fans, en realidad, es si voy a escribir más Rueda del tiempo… Y la respuesta es que no. Robert Jordan se sentía muy incómodo con la idea de que otras personas escribieran libros ambientados en su mundo, y tuvo muchas dudas sobre si permitir a alguien terminar su serie. Así que cuando empecé a encargarme de esto, Harriet me preguntó mi opinión al respecto y contesté que no deberíamos hacer nada más que terminar la serie tal como él pidió, porque no creo que yo pudiera escribir más sin convertirse en más mío que suyo. No tengo control sobre La rueda del tiempo, y si Harriet le pide a otra persona que continúe la historia apoyaré por completo su decisión… Pero no seré yo quien lo escriba.

Todos los escritores de fantasía épica son comparados en algún momento con Tolkien… Por ejemplo, los primeros libros de Robert Jordan son muy tolkienianos. ¿Cómo tratáis los escritores de fantasía con la sombra de Tolkien?

Tolkien fundó la fantasía épica y lo hizo magníficamente: aún estamos tratando de entender completamente alguno de sus métodos e ideas. Así que no considero que estemos bajo su sombra, sino sobre los altos y orgullosos picos de la montaña Tolkien, los cimientos que nos proporcionó.

En La rueda del tiempo algunos aspectos de la relación entre hombres y mujeres se ven afectados por la forma en que está dividida la magia, por géneros… ¿Cómo crees que la literatura fantástica puede explorar diferentes dinámicas en la relación de los géneros?

Lo podemos hacer mejor que en cualquier otro género literario. Sí, de acuerdo, hay grandes libros en todos los géneros… Pero la especialidad de la fantasía y la ciencia ficción es la habilidad para tomar un problema del mundo real, trasladarlo a un mundo fantástico, y al hacerlo destilarlo obteniendo la esencia de lo que nos motiva como seres humanos. Robert Jordan creó un mundo con privilegio femenino, lo que puede resultar extraño y difícil de leer para alguien criado en una sociedad inversa, con privilegio masculino. La reacción habitual que puede verse online es que las mujeres de La rueda del tiempo son odiadas, consideradas como belicosas e intimidadoras… ¡Mientras que si todas esas mujeres hubieran sido hombres, se les habría considerado un elenco interesante y variado de personajes! Jordan logró algo muy interesante ahí.

También en El archivo de las tormentas hay diferencias de rol de género: los hombres no saben leer, solo las mujeres estudian ciencias…

La sociedad siempre reacciona de un modo u otro ante todo desequilibrio de poder entre géneros. A veces el género discriminado, casi siempre el femenino, toma posesión de algo que se convierte en su dominio. Eso no significa que la sociedad sea equitativa, sino que hay algo intocable y protegido, como cuando los carromatos hacen un círculo protector en las películas del Oeste. Por otro lado, me fascinó un hecho con el que me topé mientras estudiaba el desarrollo del alfabetismo: durante largos periodos de la historia la gente importante no leía. Tenían eruditos que lo hacían por ellos, leer estaba visto como algo indigno para un rey en varios puntos de la historia. Y jugar con estas ideas es parte de lo que hizo nacer el modo en que se juega con los géneros en El archivo de las tormentas.

Se podría decir algo similar sobre las dinámicas raciales. ¿Cómo te aproximas al racismo en El archivo de las tormentas?

Uno de mis objetivos en El archivo de las tormentas es explorar diferentes acercamientos al racismo. La discriminación basada en el color de los ojos, por ejemplo, está ahí en parte porque encaja con la construcción de ese mundo… Pero también porque si examinas poblaciones en que todo el mundo tiene el mismo color de piel, serían igualmente racistas contra los del barrio vecino, porque tienen un acento diferente. Los humanos encontramos siempre modos para clasificar a la gente en cajas, el color de ojos en el caso de El archivo. También hay en la serie un racismo profundamente problemático en el que una raza entera está esclavizada, lo que es ignorado por muchos lectores en el primer libro porque el hecho de que Kaladin sea un esclavo es el punto focal de la narración.

Otro objetivo en El archivo de las tormentas es que el lector vaya siendo más y más consciente de las injusticias del mundo que le rodea al mismo tiempo que Kaladin. Y no es que el libro trate de la lucha contra la injusticia, sino que muestra un mundo injusto, lleno de gente que perpetúa esa injusticia sin ser consciente de ello. Hay un giro importante cuando los lectores se dan cuenta de que la mayor parte de protagonistas no tienen, probablemente, su mismo color de piel. Muchos lectores tardan bastante en darse cuenta de eso… Me gusta la idea de que a medida que vas leyendo asumes que el desequilibrado Szeth es «el otro» y Kaladin se te parece, mientras que en realidad Kaladin es una mezcla asiática o de medio oriente, y Szeth es caucásico. Aunque por supuesto, si lo lees en Taiwán, entonces los personajes sí se te parecen y Szeth es el bicho raro… [risas]. Por ese motivo, quería que la primera portada no mostrara ninguna cara. Pero es difícil alinear las portadas: en el Reino Unido, la cubierta muestra básicamente a un tipo blanco. No es que los ilustradores no quieran hacerlo, sino que no se dan cuenta o no les transmitimos bien la idea. En el caso de Michael Whelan, estaba tan contento de tenerlo a bordo que no quería ir a decirle: «Por cierto, ¿podrías oscurecerle la piel?». Iremos mejorando en este tipo de cosas a medida que avance la serie.

En Nacidos de la bruma subviertes alguno de los tropos habituales en el género fantástico, como qué ocurriría si el mal ganara. Pero en El archivo de las tormentas pareces tomar una ruta diferente, más tradicionalmente épica, por decirlo así…

Nacidos de la bruma trata de invertir tropos y clichés: qué significa ser el héroe, tener una profecía, todos los lugares comunes de la literatura fantástica puestos patas arriba. Y cuando empecé a trabajar en el segundo borrador de El camino de los reyes, parte de mi cerebro buscaba tropos que invertir. Y eso era muy peligroso para mí, porque toda mi carrera podía convertirse solamente en subvertir lo que otra gente hacía, sin añadir nada al debate. Con El archivo de las tormentas quiero probar que la fantasía épica puede construir mundos como la ciencia ficción, con nuevas ecologías y planetas muy diferentes al nuestro, como en una historia de Frank Herbert. Eso es lo que quería aportar a la fantasía épica, y si me enfocaba demasiado en invertir tropos mi carrera podía acabar convertida en una nota a pie de página.

Alguna otra inversión haré, Los Reckoners subvierten los lugares comunes superheroicos, pero no puedo permitir que ese método domine mi carrera. Me alegra mucho haberme dado cuenta de eso, porque El camino de los reyes es un libro mucho más sólido siendo un ladrillo en la tradición de la fantasía épica, llevándola un pequeño paso más allá, subido a los hombros de gigantes, mejorando ligeramente el género en su conjunto. Y no es que no me guste Nacidos de la bruma, me encanta cómo socava algunas expectativas del género, pero no quiero que eso sea toda mi carrera. Quizá sí funcionaría para otro escritor, Terry Pratchett sería un buen ejemplo. Pero incluso sus libros se volvieron maravillosos cuando empezó a escribir sobre magníficos personajes y la inversión de tropos era el subtexto para una sátira del comportamiento humano. No sé si habrás leído a Pratchett…

¡Por supuesto! Queremos mucho a Pratchett en esta revista.

En los primeros libros de Mundodisco Pratchett hace chistes sobre el mundillo de la fantasía, pero en los posteriores realiza una sátira de toda la humanidad salpimentada con bromas sobre fantasía… Y alguno de esos Pratchetts son obras de arte hermosas, atemporales y sorprendentes que se alzan entre los mejores libros de fantasía jamás escritos, y es porque trascendió simplemente la burla a los clichés del género para empezar a explorar qué significa ser humano.

Varios de tus libros han sido nominados o han ganado el premio Romantic Times a la mejor fantasía épica. ¿Tratas conscientemente de incluir (¡o subvertir!) tropos románticos en tus historias?

Buena pregunta… Cuando gané por primera vez un premio de Romantic Times pensé que era una elección bastante extraña, pero mi agente me contó que son una buena revista, acostumbrada a leer textos más allá de su propio nicho específico. Eso es muy loable. El romanticismo forma parte de nuestras vidas, casi todo el mundo tiene inclinaciones románticas en algún momento de su vida. Casi todos queremos estar con alguien, y parte de lo que nos hace ser felices y sentirnos realizados es encontrar a una persona que nos haga vibrar… Es parte de la experiencia humana, como la religión. En mis libros intento mostrar relaciones familiares y relaciones estables. ¡No se suele ver ninguna de las dos en la narrativa fantástica! En El archivo de las tormentas decidí que mi historia de amor sería entre los dos personajes de mediana edad, no los adolescentes. Kaladin no tiene un romance, Shallan sí pero con un giro argumental… Son Dalinar y Navani los que viven un romance. ¡La gente de cuarenta y cincuenta años se enamora constantemente, aunque los jóvenes pretendan que todo gira a su alrededor! No puedo decir mucho más, porque jugaré con otros tropos y no quiero destripar nada.

Has escrito libros infantiles como la serie de Alcatraz, y libros juveniles como la trilogía de los Reckoners o El rithmatista. ¿De qué modos adaptas tu escritura en cada caso?

Alcatraz es un caso único. Estaba escribiendo los libros de Nacidos de la bruma, y sentí que necesitaba un descanso. Había estado escribiendo demasiado en ese mundo, en parte porque era la primera serie en la que escribía una secuela. Así que me permití libertad creativa completa, un alivio tras las estrictas directrices que me impongo en mis otros libros, y me lancé a una escritura libre. Y salió Alcatraz. He leído bastante literatura infantil: la serie de Artemis Fowl, Eva Ibbotson, Lemony Snicket… Así que no me sorprendió que saliera un libro infantil, aunque no es como si estuviera tratando de escribir expresamente algo así. Es una serie extraña, porque su humor depende mucho del sarcasmo y de juegos de palabras, ambas cosas por encima de lo habitual en muchos lectores infantiles. Así que Alcatraz tiene una audiencia potencial reducida: niños demasiado listos para su propio bien o lectores adolescentes recientes.

Los lectores objetivo serían pues los niños de doce o trece años, y quizá los de ocho o nueve que pillen el sarcasmo. Por su parte, Los Reckoners se publican a menudo en mi línea adulta, como en España o el Reino Unido, aunque en los Estados Unidos se publican como novela juvenil. Es una decisión editorial, ya que los libros están muy en el límite. Pero los escribí como novelas adolescentes: en este caso la gran diferencia reside en que el punto de vista se centra en un solo personaje y su visión del mundo. Reckoners no tiene muchos de los rasgos distintivos de la novela juvenil, porque no está ambientada en un colegio, por ejemplo, y funciona también como adulta.

Tengo la impresión de que algunos libros de fantasía solo pueden disfrutarse si se leen durante la infancia o adolescencia, mientras que otros resultan magníficos a cualquier edad. ¿Qué cualidades hacen que un libro de fantasía resulte atractivo tanto a lectores jóvenes como a adultos?

Los libros con mayor aceptación entre diferentes grupos de edad tienden a ser los que cuentan una historia en múltiples niveles al mismo tiempo. Es el principio Pixar: sacan películas que son obviamente infantiles pero funcionan a todos los niveles, incluyendo el adulto. Inside Out podía resonarle a cualquiera que haya vivido o tratado con la depresión, sin dejar de ser al mismo tiempo una película infantil muy divertida. Eso es muy difícil de conseguir, pero solo así puedes crear algo como El juego de Ender, uno de esos libros que puede resultar significativo a cualquier edad. En mi caso, intento asegurarme de contar con una variedad amplia de personajes en cada libro con diferentes perspectivas de la vida. Eso se le daba muy bien a Robert Jordan. Cuando leí sus libros de adolescente empaticé con los adolescentes, mientras que en una relectura de adulto empaticé con los adultos y pensé que los adolescentes estaban siendo muy estúpidos.

En los comentarios de Nacidos de la bruma dices que un escritor debe tener un cierto grado de arrogancia: «hay que ser arrogante para ser un autor». Pero al mismo tiempo, tus personaje suelen ser humildes sobre sus logros, como tú mismo en varias entrevistas. ¿Cómo reconcilias arrogancia y humildad?

[Risas] No lo sé, esta pregunta es muy difícil para mí… Lo que más me preocupa de mí mismo es que se me suba todo a la cabeza y me convierta en un fanfarrón. Ese sería mi peor defecto. Al mismo tiempo, creo que un artista debe tener confianza innata en que lo que está haciendo es merecedor de que otra gente invierta en ello su tiempo y dinero. Es tan extraño… Hay en ello un contraste natural, lo reconozco. Crear personajes como Sazed, que consigue fácilmente ser humilde, es quizá mi manera de inspirarme a abandonar parte de mi propio ego. Pero no se me da demasiado bien, así que mejor que nadie me tome como modelo a seguir en esta área.  

Marta Rossich, tu editora en España, menciona elogiosamente a tu equipo de colaboradores cercanos, el Team Sanderson… ¿Qué hacen por ti exactamente?  

Su trabajo es liberarme para que yo pueda escribir, les encargo cualquier cosa que pueda acelerar todo lo que no sea escribir libros… Por ejemplo, cuando escribo una entrada en el blog, se la doy a Peter para que la edite en lugar de releerla yo tres veces para corregirla. Peter se la da luego a Adam, que la publica en mi página web. No es que eso me ahorre un montón de tiempo, pero incluso media hora son treinta minutos en que puedo estar escribiendo en lugar de liarme con otras cosas. Isaac se encarga del arte: dibuja las ilustraciones interiores o las encarga, y se asegura de que todas las ediciones tienen buenas portadas, para que no tenga que hacerlo yo. Revisó los dibujos del cómic White Sands cuando llegaron las páginas, le dio el feedback al ilustrador, y así solo fue necesario que yo le echara un vistazo al final. Ese tipo de cosas son muy útiles para mantenerme escribiendo.

Eres copresentador de un podcast sobre escritura creativa llamado Writing Excuses, que ganó un premio Hugo en 2013…

Sí. Ese podcast nació gracias a mi hermano, que estaba matriculado en unas clases de transmedia en la universidad. Quería hacer un podcast guionizado, una historia de la que yo escribiría el guion, que sería interpretado por varios locutores… Pero no tuve suficiente tiempo. Sin embargo, eso me hizo interesarme por el mundo de los podcast y empecé a escucharlos. Pensé que no había nadie haciendo un podcast como a mí me gustaría. Muchos podcast divagan mucho, lo que es divertido y muy propio de internet… Pero yo quería algo informativo, como Grammar Girl pero sobre escritura de novelas. Así que reuní a unos cuantos amigos que pensé tendrían buenas personalidades radiofónicas y lo empecé. Es como mi bebé que ha ido creciendo y convirtiéndose en algo mucho mayor.

He leído que no te interesan especialmente los juegos de cartas coleccionables, pero que adoras Magic: The Gathering. ¿Qué le encuentras de especial?

Magic saca una nueva expansión que cambia completamente el juego cada tres meses, así que seguirle el ritmo a este juego consume todo el tiempo que reservo para jugar. A veces bromeo diciendo que o juegas a Magic o a todo el resto de juegos, porque Magic es muy exigente, no para jugar sino para mantenerse al día. Así que en realidad solo juego cada nueva expansión un par de veces, porque quizá tengo tiempo una vez al mes para jugar un rato y lo que me apetece es probar las nuevas cartas de Magic.  

¿Te gustan también los RPG, como la serie Final Fantasy?

He jugado a todos, y Final Fantasy X es mi favorito. El VII es el que todo el mundo recuerda porque la construcción del mundo es chula. Pero la historia, y lo siento por todos los fans del VII que haya por ahí, era un lío terrible. Había personajes divertidos, y cuando Aeris murió estuve a punto de darle un puñetazo a la televisión, pero fue la historia del Final Fantasy X la que me llegó de verdad, porque se parece a las historias que me gusta escribir a mí.

Se dice que en tus vuelos de larga distancia trabajas en novelas cortas… ¿Cuál has estado escribiendo durante este último viaje?

En este, estoy tan retrasado con la serie de El archivo de las tormentas y el siguiente está resultando un libro tan complejo que he trabajado en él. Así que nada de novela corta esta vez, no me estaba permitido.

Te involucras en bastantes actividades colaterales a la escritura: responder en Reddit, escribir notas o comentar escenas eliminadas de tus libros, mantener una barra de progreso de tus siguientes trabajos en tu web… ¿Por qué esa dedicación?

Siempre he sido un fan de La rueda del tiempo. Y era durísimo durante aquellos años no tener ni idea de cuándo iba a salir un nuevo libro, o qué estaba haciendo Robert Jordan… Entiendo que no todo escritor puede ser transparente: por ejemplo si Patrick Rothfuss habla demasiado de su libro, eso daña psicológicamente su capacidad de trabajar en él… Pero mi psicología se beneficia de la interacción y de tener que dar cuentas, y si tengo que ir informando a los fans de cómo llevo cada proyecto es más probable que los termine a tiempo. Además, soy parte de una generación que creció con internet, así que estoy acostumbrado a encontrar cualquier cosa cuando quiera. Entiendo esa sensación, así que quiero asegurarme de que mis fans, que al fin y al cabo me sostienen y me pagan por existir, tengan toda la información que pueda razonablemente darles.  

He visto dos vídeos muy originales en que apareces escribiendo en tiempo real: la maratón de la Fundación Waygate en la JordanCon de 2014, y la escritura del interludio de Rysn de Palabras radiantes. ¿Por qué mostrar tan abiertamente tu proceso de escritura?

La idea vino de la gente que juega a videojuegos en Twitch, o que hacen demos de dibujo online… Se me ocurrió que podría hacer algo parecido con la escritura. Pero resulta que escribir es mucho más aburrido que jugar a videojuegos [risas]. En los tutoriales de dibujo, el artista puede hablar mientras pinta, pero mientras escribes es dificilísimo ir parando para hablar de qué estás haciendo. Puede que haga algún vídeo más en el futuro, pero caray, fue muy duro.

¿Qué opinas sobre la fan fiction basada en tus personajes y mundos? Autores como Martin o Anne Rice se oponen frontalmente por temas de copyright y para evitar colisión de argumentos… Otros autores no tienen problema con las obras derivadas.

No tengo problema con ellas. Creo que los fans deberían poder hacer lo que quisieran. Cuando leía de adolescente, siempre me divertía mucho insertando mis propios personajes en los libros que estaba leyendo. Creo firmemente que una vez estás leyendo un libro te pertenece, al menos tu versión en tu cabeza, y tienes derecho a cambiarlo en tu mente como quieras. También creo en el poder de la ficción y el arte para inspirar más ficción y arte. Le estamos dando vueltas a algo que publicaremos en la web tras la revisión de los abogados: la idea es dar permiso para crear legalmente fan art, incluso obras derivativas, así que si hay gente que compone música, crea algún tipo de ilustración o algo similar basado en mis libros, debería ser capaz de venderlo porque es una obra de arte diferente. Y no quiero que escriban libros para competir con los míos, pero me honra que alguien quiera escribir fan fiction si es para diversión propia o para publicar online de forma gratuita.

¿Te preocupa la piratería? Lectores que se descarguen por Torrent tus libros sin comprarlos…

No es una gran preocupación para mí. La piratería me preocupa más en países que no tienen aún un gran número de lectores de fantasía y ciencia ficción, porque me preocupa que perjudique a las librerías. Pero en general creo que la preocupación sobre este tema está sobredimensionada. Mi experiencia ha sido que los lectores quieren apoyar las cosas que les gustan, y si pueden apoyar a sus artistas favoritos lo harán. Pero si están en un punto de sus vidas en que no pueden, es mejor permitir que lean las historias que quieran, dejar que desarrollen su vida y sus ideas, y que apoyen a los artistas cuando sean capaces de ello. Así que soy muy fan de dar libros gratis…

Warbreaker está disponible por entero en tu página web…

Y animo a Tor para que regale ejemplares de El camino de los reyes y Nacidos de la bruma en EE. UU. Creo que la gente no debería piratear en la mayoría de los casos, pero no voy a tomar acciones contra ellos. Dejo que sea su propia moralidad la que guíe cómo toman esa decisión… Y me concentro así solamente en escribir mis libros y agradecer a los lectores que me apoyan.


Brandon Sanderson: «I want to show in my writing that there is something inherently good inside human beings»

Photography: Jorge Quiñoa

(Versión en castellano aquí)

Before starting the interview, the writer Brandon Sanderson (Nebraska, 1975) has lunch with his collaborators of Team Sanderson Spain and chats about Gaudí, chocolate with churros and the fact that Spain is the country with most fans in continental Europe. His epic fantasy novels include battles, death and some apocalypse or other, but on the whole they are optimistic stories full of honorable characters, from Elantris to the Mistborn saga or the Stormlight Archive series, consisting of ten huge volumes with two already published. He’s also written middle-grade novels (Alcatraz), young adult (The Reckoners, The Rithmatist), comic-books (White Sands), novellas (Legion, The emperor’s soul) and stories complementing videogames (Infinity Blade). It looks like he’s always doing something. We have a long chat (“Will this be a long interview? I love long interviews!) near the Arch of Triumph in Barcelona. After taking some pictures he goes full speed to a six-hour signing marathon in  Gigamesh library.

This is not your first time in Barcelona… In 2006 you came here to pick up the UPC Science Fiction award for Defending Elysium. I liked very much your speech… You opened it saying that you consider yourself more a storyteller and entertainer than a classical writer, so to speak. Do you think that in the literary world the value of entertainment is underrated?   

I do. In fact, the value of emotion is underrated in the literary world, and this was what the speech was about: that not only ideas are important, but also emotion. The power of a great fantasy story is to combine good ideas with something exciting. My wife makes every morning a smoothie for our children, and in the smoothie she puts spinach to make it green, because they love green, but also because spinachs are good for their health. If you read a fantasy book that is exciting, enjoyable, and makes you feel a lot of emotions, plus you insert some interesting ideas that make you think, you can have a bigger effect on the world than if you pile all this ponderous ideas that are difficult to approach into a story.  

Terry Goodkind said once that he didn’t write fantasy, but “histories that have important human themes”. J.K. Rowling also said that it didn’t really occur to her that Harry Potter books were fantasy books, and that she didn’t read fantasy.  Why do important fantasy writers try to disown fantasy literature?

I don’t know, it really baffles me and bothers me… Perhaps too much. I’ve been overly critical of some of these authors in the past: Philip Pullman has said similar things. I don’t think they were trying to be insulting… I would refer your readers to Terry Pratchett’s wonderful rebuttal on J.K. Rowling about writing fantasy. I think that there is some sort of institutionalized feeling in our minds that fantasy can’t be real literature. Completely inaccurate, completely untrue, but we perpetuate in in the genre when authors say that they don’t read fantasy even if they write it. It’s like a doctor saying “I don’t read what other brain surgeons do. I made it up and now I do brain surgery“.

It doesn’t inspire confidence…

It’s hard to criticize other authors, because they come from different areas, but I would hold up as role models people like Neal Stephenson, Terry Pratchett and Ursula K. LeGuin, who are very proud of their fantasy heritage and have spoken openly about how they love the genre and what it can do. Reading what Ursula K. LeGuin has written about this makes you feel proud as a fantasy reader.

There is a situation that seems to appeal to you narratively speaking: throwing a good person into hell and describe his efforts to turn it into a better place. Kaladin in Bridge Four, Raoden in Elantris… What do you find interesting in these kind of scenarios?

When we are put in extreme circumstances we often reveal the most about ourselves. And contrary to what a lot of people think, there are many examples in history that in those extreme situations we exhibit our best qualities. Instead of running away and acting selfishly, most people hold together when something really terrible happens. We see the best of humanity at some of its worst moments, which is a very a big contrast. I wouldn’t want anyone to have to go through that, but in fiction we can write stories where we examine how human beings react to extreme situations. I am an optimist. This is not to say that pessimistic fiction is bad, in fact a lot of my favourite fiction is pessimistic.  My favourite short story is Harrison Bergeron, by Kurt Vonnegut, and it’s wonderful, but hugely pessimistic. But we each pick a style, and I want to show in my writing that there is something inherently good inside of human beings, and we will strive to keep being good. We’ll be more unified in the face of trouble! You will see that popping time and time again in  my fiction.

Do you think that positive messages in your books end up having a positive effect on your readers?

We certainly like to think this way, as writers. I don’t know… It might be a little arrogant of me to say that my fiction is making the world a better place or is making people better, but at the same time, fiction I read made my life better. The book that made me a fantasy writer, the first book that pulled me into fantasy was Dragonsbane by Barbara Hambly. This is a book about a middle-aged woman who has been told that she can be the greatest magic user ever. Her teachers say that she is wonderful, but she needs to concentrate on the magic learning. She also has a family, and she can’t dedicate herself entirely to her magic because of her family. At the same time, my mother graduated first in her class in Accounting, in a year where she was the only woman in the accounting classes, and she always had this bouncing between career and family. She did even took time off of her career to stay with his kids when I was very young, and as a teenager I thought “OK, that’s what mothers do”. But then I read this book when I was fourteen or fifteen years old, and I kept thinking that the protagonist should be spending time with her magic, and ignore her kids to learn the magic! And when I was done with this book I felt I could understand what it’s like to have a midlife crisis as an adult, and to have to choose between career and family. Reading a fantasy book about a dragon and then understand my mom better improved the world, improved my world. And that’s the greatest power that fiction has, helping us understand other people, see through their eyes.

You wrote a lot of manuscripts and even full novels before selling your first book. Could you speak a bit about those years? What did the publishers say, what kept your hopes up against rejection letters…

It was hard. You’re gonna love this: what the publishers kept telling me was: “Can you make this more like George R. R. Martin?”. At the same time, though,  they were telling me that my books were too long. But George R. R. Martin books are huge! The hardest point in my career came as I finished book number twelve… I wrote thirteen before I sold one. Books number eleven and twelve were my attempts to be more like George R. R. Martin, with gritty anti-heroes, dark and grim fantasy… That’s not a natural fit for me. Some writers do a fantastic job of it, but for me: person thrown into hell but inside of them there is the light of hope, they are good people in a bad situation, that’s what I excel at. So my two grim and shorter books were very bad books, and I got discouraged, thinking that I was never going to be able to do this for a living. And the big thing that I decided then is that I absolutely loved what I did as a writer, and I realized that if I get to age ninety and die with a hundred and twenty unpublished books in my closet, I would think of myself as a success… More of as a success than if I give up. I just had to keep doing this. And at that point I sat down and I thought “I’m gonna write the biggest most awesome epic fantasy ever. People say that my books are too long, well then: they’re gonna be longer! Full of all kinds of weird things and characters!”. And I wrote The Way of Kings, book number thirteen, and with this book I was flipping the bird at the entire publishing industry. The next year I sold Elantris. It is really good that I went through that moment of deciding to do what I wanted to do because I loved it, rather than chasing what people told me to do.  

After selling Elantris to Tor, some of your unpublished novels started to get publishers. Did you rewrite some of them, like with Mistborn PRIME? Are you still using some of that material?

Yes, I’m still dipping in there now and then. Most of them have been cannibalized for their ideas, but Dragonsteel, for instance, will someday get rewritten.

I was surprised that in Mistborn annotations you say that you can email that first version of Mistborn to whoever asks…

I prefer White Sands and Aether Night, which are better… So when people write I point to them. But yes, I’m perfectly happy to send my early books when requested, as long as they know that they are not great books.

You acted as editor for the semipro magazine The Leading Edge during your student years. What did you learn about writing there?

I learnt about avoiding cliches by reading a whole bunch of bad writing, but I also learnt about what makes a good story. A great story among all the awful ones shone like a nugget of gold in the dirt, so I would try to find what made that story great. Why we all loved it while the hundred stories before that didn’t grab us? It was very illustrating to me.

Did you receive good advice from professional writers during your formative years?

Katherine Kurtz and David Farland sat me down and gave me all kinds of great advice. I wouldn’t have gotten to where I am today without the advice of writers who took time during a convention to talk to me, or engaged a class in my university. This job is mostly done on your own by writing and practicing, but a little mentorship can go a long way to help you out.

And now you teach creative writing…

Most of the things I do I just have to put them online, as I can’t read and give advice on enough individual writing. I do workshops in my class, though. People who really want me to read their writing can fly to Utah, get accepted by the university and take my class. It’s a big hurdle, I’m sorry, but…  

You enrolled Brigham Young University as a biochemistry major. Why did you choose that discipline?

I’ve always been fascinated by physics, chemistry and all branches of science: if you read my books you will find lots of those ideas there. The trouble is that I loved the ideas, but I hated the busywork. When I had to sit and view pages of calculations I was always wrong and I didn’t enjoy it. I enrolled because my mother made the point that getting a good job as a chemist would leave me lots of time for writing… She was pushing her baby boy to be realistic, but it turns out that being realistic was bad for me.

Some writers have tried to mix science fiction and fantasy, like Margaret Weiss and Tracy Hickman in the Darksword final books. How do you think that fantasy and science, being so different, can coexist in a story?

You mentioned Darksword, which is the Shadowrun approach: magic and science are two different paths and you have to choose one or the other. But in the Cosmere, my shared universe of books, magic is another branch of physics. And I fully admit that I sacrifice a little of the sense of wonder for being able to rationally approach the magic, for having magic that follows a scientific method. Magic full of little weird oddities, like science itself is, but scientifically-based at its core. This is just the way my brain has to approach it. If I could suddenly do something magical and reproducible, I would think that we don’t understand science well enough to explain why it happens.

That’s the idea behind the Sanderson Laws about hard and soft magic…

Yes, it is! Those got translated to Spanish by a magazine, I’m very pleased that they did that.

From 95 to 97 you served as a missionary for LDS Church in South Korea. What do you remember most about that experience?

Of course there are the powerful religious experiences that come with that, but if you want one thing I remember: it was the first time in my life being the minority. A privileged minority, but still the minority. And I think that’s so good  for a person, particularly a white kid like me from the Midwest of America, to go to a place where you are the one who everybody looks sideways at. Learning to be part of a new culture and to see things in a different way was invaluable for me.

Terry Goodkind has been accused sometimes of letting his own political philosophy to pervade too much his books, particularly the last ones. Do you consider that a danger for fantasy writers, using their worlds as political metaphors, as a way to carry a message or an agenda?

People should be free to use their writing tools however they want to use them. I would lump Terry Goodkind with C.S. Lewis and Philip Pullman, all of whom had stories and messages they wanted to bring to their fiction. In my own writing I take more of Tolkien’s philosophy. Tolkien and C.S. Lewis were friends, in fact Tolkien converted C.S. Lewis to christianity, so they were both very staunch christians. But Tolkien felt to tell a story and let it stand on its own, with people drawing what they want of it. I fall more into that camp. I don’t want to say that people like Terry Goodkind should not write what they want. Of course they should! But when I write I want to tell a story about powerful characters who disagree, where there are good characters with good arguments on all sides, because I think we approach truth through discussion. When you tell me your ideas, I tell you mine and we actually listen, we both walk away thinking “maybe I’ve been wrong and I can evolve my thoughts”, or “maybe I’ve been right, but I need to expand my thinking to approach to what other people believe”. That’s how we get closer to the truth, not by doggedly repeating the same thing over and over again. I remember a story from my mission, when I was in Korea. There was a buddhist monk from a sect that required them to beg for their food. And so he was quietly drumming in the street and bowing to everyone who passed by.  And there was a christian missionary from a faith I won’t mention holding a big sign saying “BUDDHISM IS HELL”. And that image always struck me. Because when I would ask buddhists if I could talk to them about my religion, a lot of them would friendly listen and say “oh, Jesus Christ was a great buddha”. That is someone reaching across to shake my hand so we can exchange teachings of people that meant a lot in our lives. And I always say, whatever I do I don’t want to be the person holding the sign, whether it’s religion or politics. How much further would we get if, instead of holding up the sign, we just sat down next to this priest and ask him about his life and beliefs. That image is burnt into my head. And actually Hrathen from Elantris came from that person holding that sign. That was my inspiration for where he came from. He’s actually my favourite antagonist, because I understand him so well: there is a part of me that could easily have become that person with the sign.

I have read you describing yourself as a believer, but also a man of science and logic. How do you reconcile those two approaches to life?

There is too much of a faulty belief in society these days that science and religion don’t have a part with each other. Classically, all of the great scientists were also theologians! In America, there is a small political group who seem to want to claim the religion as theirs; only they can say that they’re religious. That belief is also faulty. Religious people are on all sorts of sides of all arguments. Personally, I believe that God is a God of miracles and the natural world that we study is the way that things happen unless God interferes. Something like evolution is the way that world is, it’s a fact, and God creating people, a miracle, is a violation of natural law. Saying that evolution is not real is like trying to pretend that the Red Sea automatically parts, periodically, on its own. God has created science. God has created the world and has given us brains, so our job is to do the best that we can to understand the world and search for answers. My belief in faith comes from feelings in my heart. That is my reconciliation: that feelings in my heart are my connection to a Father in Heaven. I believe in them. I have to be willing to accept that maybe they are confirmation bias. My logic brain says that maybe that’s what it is, you feel that feeling because you think you should feel that feeling. But so far  the only cartesian experience that I can say definitely as my own is my personal feeling and the way I see the world, and I have to accept that. When I read Scriptures I have a religious experience, I feel a feeling I don’t feel at other times, and that I’ve taken, tentatively, as my proof of a God. I’m willing to continue to explore the world  and is possible I can be proven wrong and I’ll change my mind, but this is what has made me believe.

My favourite character in Mistborn is Sazed, who is interested in a lot of different religions. I see something similar in your writings, bits and pieces coming from different belief systems, like the Surgebinding tree being visually similar to the tree of life of the Qabalah. How do different religions impact your work?

I love looking at how do we interact with the divine, and I’m fascinated with what is spiritual versus what is part of our tradition. And what I’m fascinated by ends up in my books. I feel that my books are my search for answers, but I don’t like giving people answers, though. I like characters who ask lots of questions. I like people who approach  religion from different ways. I wanted Sazed to be the voice for all forgotten religions, for those who could no longer have a voice for themselves. I hope that my explorations on religion mean something to the readers, but I suspect they will mean something different for every reader. I get a lot of emails from people saying that I must be an atheist, because I wrote Jasnah, the atheist in Stormlight, so well… I always take that as a big mark of pride for myself. I’m writing because I want to explore the way different people see the world. When someone has a belief system, I want to treat it well in my books. I hate it when I read a book with a character who believes like me and is treated like an idiot who has to be proven wrong. I don’t want to express someone’s beliefs in my book and then have that person be the idiot, if that makes sense. Not to say that there can’t be people on all sides of the issues that are wrong, but I want to express people’s beliefs accurately, the way that they would argue.  

There are some LGBT characters in your books (Ranette in Wax and Wayne, for instance). Does the fact of being LDS influence in any way how do you present those characters?

My philosophy is to be extra careful that I counter any bias I might have that I might not be noticing. To make sure that LGBT characters are well represented I ask gay people that I know: “Is this working? Am I approaching this right?”. I have to trust in them. It’s important to me, because a lot of religious people seem to want to ignore that lesbian, gay, bisexual and transgender people exist, which I think is inherently evil. It is immoral to banish an entire group of people, and to pretend that they are not good people with good arguments, and lives and passions. To not represent that in my fiction would be something deeply immoral. I’m not sure if I’m the right person to tell the gay story appropriately, but I certainly should do everything I can to make sure that gay people are represented, because otherwise I would be lying to the world.

Robert Jordan’s widow asked you to finish The Wheel of Time books, after reading an eulogy you wrote to RJ and the first Mistborn book. What do you think that she saw in your writing?

I can answer this for her so it’s not too arrogant for me to say… She felt the characterizations were so vivid that I could do justice to the large number of characters in the Wheel of Time.

Now that A memory of light has been out for three years, have you been listening to the reactions of the Wheel of Time fandom? Are you satisfied with them?

There are of course things I would change: the big one is that I think I dropped the ball a little bit on a character called Padan Fain, didn’t quite stick the landing with him. There are little things like that I do wish I had done better, but on the whole I am satisfied and I stand behind what I released. One thing I hear from fans is if I am going to do more Wheel of Time… And the answer is no. Robert Jordan was very uncomfortable with people writing books in his world, and he was very hesitant to even let anyone finish his series. So, when I picked this up, Harriet asked my opinion on this and I said that we should not do more than finishing the series as he asked to be done, just because I don’t think I could write anymore without it becoming me instead of him. I don’t have control over Wheel of Time, and if Harriet asks somebody else to write more, I would be completely behind her… But I won’t write anymore.

All epic fantasy writers are at some point compared with Tolkien… For instance, early Robert Jordan feels very Tolkienesque. How do fantasy writers deal with Tolkien’s shadow?

Tolkien founded epic fantasy, and he did a very good job: we are still trying to figure out exactly some of his methods and ideas. So I don’t really consider Tolkien’s shadow, I think we stand high and proud upon the peaks of Tolkien, because of the foundations he gave us.

In The Wheel of Time some aspects of gender relationship are affected by the way that the magic is divided between men and women… How do you think that fantasy literature can help explore different dynamics in gender relationships?

We can do it better than anywhere else. Granted, there are great books in all genres, but in fantasy and science fiction this is our specialty: the ability to take a real world issue, bring it into a fantasy world, and in so doing distill it down and get out what makes us tick. Robert Jordan has a world with female privilege and that can be really weird and off-putting to read for someone raised in a society with the inverse, male privilege. The general reaction that can be seen online is that  the women in Wheel of Time are hated, considered as belligerent and bullying… Whereas if all that women had been men, they would have been considered a diverse and interesting cast of men! Jordan managed to pull something very interesting of there.

Also in your Stormlight books there are gender role differences: men don’t know how to read, only women study science…

For good or bad, during history society reacts when there has been an imbalance of power between the genders. Sometimes the gender disenfranchised, usually women, grabs a hold of something that becomes their dominion, it’s a natural split. It doesn’t mean that society is equal, but that there is something that you don’t touch, a “circling the wagons” sort of thing. I grew also very fascinated with the idea of literacy, as I ran across the fact that there were great periods in time where important people didn’t read. They had scholars to do that for them, it was seen as beneath a king to read at various points in history. That idea is part of what gave birth to how the gender roles play out in Stormlight.

Same thing could be said about race dynamics. How do you approach racism in Stormlight?

One goal for me in the Stormlight was to do some different takes on racism. The racism based on eye color, for instance, is there in part because in part it fits the worldbuilding, but also because if you look into populations in which everyone has the same skin color, they would be still racist against the guys down the street because they had a different accent. Humans find ways to put people in boxes. The eye color in Stormlight became very interesting for me to explore how you can have a society where racism is rampant even if everyone has similar skin tones. And then there’s this deeply problematic racism with a whole race enslaved, which most readers ignore in the first book because Kaladin being enslaved is the focal point. One of the goals in Stormlight is that as Kaladin becomes more and more aware of the injustices in the world around him, the reader becomes aware too. Not to say that this is a book about fighting injustice, it is a book about a world that is not fair, and full of people perpetuating this without realizing it. One big reversal is when readers realize that most of the main characters probably don’t look like them. Most readers don’t make that connection for quite a while… I like the idea that as you read you assume that the offbeat Szeth is “the other” and Kaladin looks like you, when in reality Kaladin is an Asian-Middle Eastern mix, while Szeth is caucasian. Of course, if you read it in Taiwan, then the characters really look like you and Szeth is the oddball… [Laughs] I wanted the first cover not to show somebody’s face because of that reason. It’s hard to get the covers to align, though: in the UK, the cover has basically a white guy on it. It’s not that the cover artists don’t want to, it’s just that they don’t quite make the connection or it doesn’t get through. In the case of Michael Whelan, I was so happy to have him that I didn’t want to go to him and ask “By the way, can you make his skin darker?”. We will get better at this as we progress.

In Mistborn you subvert some of the established tropes in the fantasy genre, like what would happen if evil won. But in Stormlight Archive you seem to be taking a different route, more traditionally epic, so to speak…

Mistborn was about trope inversion: what does it mean to be the hero or to have a prophecy, all the classic fantasy tropes turned on their heads. And so, when I was working on the second draft of The way of kings, part of my brain was looking for tropes to invert. And that was very dangerous to me, because my whole career could become only about subverting what other people did, not adding to the discussion. With Stormlight one of the things I wanted to do is prove that epic fantasy can have worldbuilding like science fiction, with brand new ecologies and a very different planet, something like you would see in a Frank Herbert story. That is what I wanted to bring to epic fantasy, and if I focused too much in inverting tropes I felt that my whole career would become just one footnote. Certainly I will do more: The Reckoners are a trope inversion, but I can’t let my career to be only about that. I’m so glad I realized this, because The way of kings is much stronger a book being a block in the tradition of epic fantasy, taking hopefully a little step forward standing on the shoulders of giants, making the whole genre just a bit better. Not that I dislike Mistborn, I love how it undermines some of the genre expectations, but I don’t think that should sum my whole career. Maybe it would work for someone else, Terry Pratchett would be a good example. But even his books became fantastic when he was writing about great characters and the trope inversion was the subtext for a satire of human experience. I don’t know if you’ve read Pratchett…

Oh, yes! Pratchett is well beloved in this magazine.

In the first few Discworld books he’s trying to do jokes about fantasy, but in the later ones he makes a satire of all humankind with some fantasy jokes prickled in… And some of those Pratchetts are just beautiful, timeless, amazing works of art that stand as some of the best fantasy ever written, and it’s because he got beyond just making fun of the tropes and instead exploring what does it mean to be human.

Some of your books have been nominated or won the Romantic Times award for Best Epic Fantasy… Which romance tropes do you try to put (or subvert) on your stories?

That’s a very good question. When I first won an award from Romantic Times I thought it was an odd choice, but my agent said that they are a very good magazine accustomed to read outside their own specific niche. That’s actually quite laudable. Romance is part of most of our lives, almost everyone has romantic inclinations in times in their lives. Most of us want someone to be with, and part of what makes us happy and fulfilled is to find someone else that we flip with, so most of my books will contain that to an extent… It’s part of the human experience, like religion. One thing that I try to do in my books is to show family relationships and  stable relationships. We don’t see enough of either one of these in stories! In Stormlight I decided that my love story would be between the middle-aged people, not the kids. Kaladin does not have a romance, Shallan does but there is a twist involved, Dalinar and Navani are the ones having a romance. People who are in their forties and fifties fall in love all the time, kids pretend that it’s all about them! But I can’t say more, because I’m playing with some tropes that would give spoilers.

You have written middle-grade books like the Alcatraz series, and young adult books like the Reckoners trilogy or The rithmatist. In which ways do you try to adapt your writing in each case?

Alcatraz is a very unique case. I was writing the Mistborn books, and I felt like I needed a break. I had been writing too much in that world, in part because it’s the first world where I wrote a sequel. So after the second Mistborn book I needed to do something else. So, letting myself complete freedom from the very strict outlines I need for my other books, I started a free-write and this is what came out.  I’ve read a decent amount of middle-grade: the Artemis Fowl series, Eva Ibbotson, Lemony Snicket… So I wasn’t surprised when a middle-grade novel came out, but it isn’t like I was trying to write that. Alcatraz is a really weird series, because the humor involves a lot of sarcasm and wordplays, things that are above a lot of middle-grade readers. It has a very narrow audience: middle-grade readers that are too smart for their own good or the very recent young adult readers. Twelve and thirteen year olds is Alcatraz’s sweet spot, and maybe the nine or ten year olds who like and get sarcasm. As for The Reckoners: it is often published in my adult line, like in Spain or UK, although in the US is published as young adult. It’s just a publisher decision, as the books are so on the line. But I did write it as a young adult book: in this case the big difference was that I focused on only one character as viewpoint. It doesn’t have a lot of the young adult hallmarks, because it’s not set in a school for instance, that’s why it goes both ways.

I have the feeling that some fantasy books should be read during early years to make an impression, while others are enjoyable at any age. Which qualities make a fantasy book appeal to both young readers and adult ones?

The books that have the widest appeal between the age groups tend to be the ones that tell a story at multiple levels at the same time. It’s the Pixar principle: they make movies that are sensibly children’s films but work on all levels… Inside Out was able to speak to anyone who has dealt with depression, while also being a fun kids film. This is very difficult to do, but it’s the way you can make something like Ender’s Game, one of these books that can be meaningful for any age group. I just try to make sure I have a variety of characters in each book with different perspectives of life. Robert Jordan was very good on this. When I read his books as a teenager I empathized with the teenies, and rereading as an adult I empathized with the adults and thought that stupid teens were being stupid.

In the Mistborn annotations you say that a writer must have a certain degree of arrogance: “you have to be arrogant to be an author”. But at the same time, yourself and most of your characters are humble about their accomplishments. How do you reconcile arrogance and humility?

[Laughs] I don’t know, that one is so hard for me… The thing I worry most about myself is getting a big head, becoming a braggart. If I have a fatal flaw, that would be it. At the same time, I do think an artist must have some innate confidence that what they are doing is worth other people spending their time and money on. It’s so weird… It’s got a natural contrast to it, I agree. Trying to write characters like Sazed, who can manage to be humble, is maybe a way to try to inspire myself to abandon a bit of my own ego, but I’m sure bad at this at some times, so don’t hold me up as a role model in this area.

When speaking with Marta Rossich, your Spanish editor, she spoke highly of your team of close collaborators, “the Sanderson Team”… What do they do for you exactly?

Their whole job is to free me up to write books. Anything that I can conceivably give to them to speed up all the things that aren’t writing books, I do. For instance, when I write a blog post, I give it to Peter to edit it rather than going through it three times finding the typos myself. Then he gets it to Adam, who posts it in my website. It’s not that saves me a ton of time, but even half hour is thirty minutes more that I could be writing. Isaac handles art, so he draws a lot of the pictures for the interior art or commissions them, and works with the cover illustrators to make sure we have good covers, so I don’t have to do any of that. He went over the art for White Sands: when the pages came in, he was the one who gave the feedback to the artist, and then I had only to do a final glance-over at the end. These sort of things are very helpful for just keeping me writing.

You co-host a writing advice podcast called Writing Excuses, a work that won a Hugo award in 2013. How did that podcast came to be?

The podcast came to be because of my brother, who was taking some transmedia classes in college. He wanted to do a scripted podcast where I wrote a story and he had voice actors act it out, but I didn’t have enough time for that. Anyway, this got me very interested in podcasts, I started listening to them. Over time, I thought, there’s nobody really doing a writing podcast the way I want. A lot of podcast ramble a lot, which is fun, but I wanted something informative, like Grammar Girl but for writing podcast, specifically for novel writing. So I got together some friends that I thought would be good on-air personalities, and I started it up! So it’s kind of my little baby that has now changed into something much larger.

I’ve read that you are not specially interested in collectible card games, except for Magic: The Gathering. What do you see in that particular game?

Magic releases an extension that revolutionizes the game every three months, so keeeping up takes basically all my playing time. I joke: “you either play Magic or you play all other games”, because Magic is very demanding, not to play but to keep up on. And so, I usually only get to play a new Magic set maybe once or twice, because I get only once a month time to be able to play some games… So I want to use that time to play the new Magic set. It just doesn’t leave time to play one of the others.

Do you also like RPG games, like the Final Fantasy series?

I played them all, and Final Fantasy X is my favourite. VII  is the one that everyone holds up because the worldbuilding is cool. But the story, sorry for all the VII fans out there, was a mess. There were fun characters, and when Aeris died I was ready to punch my TV, but Final Fantasy X story clicked for me, because it was very like the stories I like to write.

I’ve heard that in all your long distance plane flights you work on novellas… Which one have you been writing in this last trip?

On this one, Stormlight has been so demanding and I’m so behind on it that I actually worked on Oathbringer. No novella for me this time, I wasn’t allowed to do it.  

You seem to do a lot of collateral things to your writing, like answering reddit, writing annotations to your books, keeping a progress bar about your next works in your website… Why do you try to be so active with the fandom?

I am a Wheel of Time fan. And it was so hard during those years not to know when a new book was coming and how Robert Jordan was doing on it… I understand that not every writer can be transparent: for instance if Patrick Rothfuss talks too much about his book, psychologically it harms his ability to work on it… But my psychology benefits from interaction and accountability, and if I have to report to the fans how I’m doing I’m more likely to get things done. I’m also part of a generation of people who grew up with the Internet, so I’m used to be able to find whatever I want when I want it, and I understand that feeling. So I want to be able to make sure that my fans, who are supporting me and paying for me to exist, have all the information that I can reasonably give them.

I’ve seen two videos of you writing in real-time: the write-a-thon for the Waygate Foundation in JordanCon 2014, and the writing of the Rysn interlude in Words of Radiance. How did you get the idea of showing so openly your writing process?

This came from people who play video games on Twitch or who sometimes do painting demos online, and I thought “can I do something like this with writing”? It turns out that writing is way more boring to do than playing videogames. [Laughs] In painting tutorials the artist can talk while drawing, but when you’re writing it’s very hard to stop and talk about what you’re doing. I might do more of that in the future, but it was super-hard.

What is your opinion on fan fiction based on your characters and worlds? Authors like Martin or Anne Rice are opposed adamantly to it because of copyright issues and to avoid plot collision. Other authors, in contrast, have no issues with derivative works…

I have no issues with it. I think that fans should be free to do what they want. When I read as a young boy, one thing I always did was to insert my own characters into the books as I read them in my head. I believe strongly that once you are reading a book, it belongs to you, at least your version of it in your head. You have the right to change in your head how you want it to be. And I also believe in the power of fiction and art to inspire more fiction and art. We’ll be posting something in my website after running past our attorneys, to give permission for people to create legally fan art and things like this. Even people who do a transformative work, so if they make music or a visual art piece based on my books they should be able to sell that, because it’s a new piece of art. As for writing, I don’t want them writing books to compete with me, but I’m honored that they would want to for their own fun or to release online for free.

Are you worried about book piracy? Readers torrenting your books without buying them, for instance…

It’s not a main concern for me. I worry about it more in countries that don’t already have a strong science fiction and fantasy readership, because I worry about it undermining the bookstores. But in general I think the worry about this is overblown. My experience has been that readers want to support things they like, and if they can support their favourite artists, they will. But if they are at a point in their lives where they can’t, then it’s better to let them read the stories they want, develop their life and their ideas, and let them support artists when they’re capable of it. So I am a big fan of giving away books for free.

Warbreaker is fully available on your website…

And I encourage Tor to give away The way of kings and Mistborn in the US. I don’t think people should in most cases pirate, but I’m not going to take actions to stop them. I let their own morality guide how they approach that, and I’ll just write my books and be thankful for the people who support me.


Miquel Barceló: “Si se consigue sacar beneficio de clonar humanos, se hará”

Es probable que la monumental “Introducción a la Ciencia” de Asimov nos llevara a muchos a las aulas de las facultades de física. Es posible que el Cosmos de Sagan nos dejara para siempre estrella-heridos. Y no nos cabe duda que las novelas de Clarke, Heinlein, Dick, Pohl, Brown, Herbert o Robinson, por citar sólo unos pocos de los grandes maestros han enamorado a generaciones enteras de lectores de CF. Pero no es menos cierto que todos esos grandes tratados y novelas ocupan la misma estantería que el libro que nos ayudó a descubrirlos, sobre todo en los maravillosos noventa. Nos referimos, claro está, a  la Guía de Lectura de Miquel Barceló (1948), ingeniero, científico, divulgador, editor, novelista y librepensador, referente absoluto en la literatura española de ciencia ficción. Miguel nos recibe en su universidad una tarde de sábado lluviosa en la que juega el Barça a unos metros de allí, y con él charlamos animada y extensamente, sin prisas, entre amigos. Gracias a su actividad editorial pudimos leer en España a los ahora consagrados Orson Scott Card, Connie Willis o Vernor Vinge entre muchos otros. Es Ingeniero Aeronáutico, doctor en Informática por la Universidad Politécnica de Cataluña —de la que actualmente es catedrático del Departamento de Ingeniería de Servicios y Sistemas de información y creó y dirigió el programa de doctorado sobre sostenibilitad, tecnologia y humanismo. Asimismo es autor de diversos artículos y ensayos científicos, libros de texto y numerosos artículos de divulgación científica; también ha escrito relatos, novelas y ensayos de ciencia ficción. Hasta la fecha ha publicado dos novelas, ambas escritas con Pedro Jorge Romero, Testimoni de Narom (1998), ganadora del premio Julio Verne (Andorra), y El otoño de las estrellas (2001). También es autor de la Guía de lectura (1990) de ciencia ficción de la que se espera una nueva actualización y de La ciencia ficción (2008) donde hace un análisis pormenorizado del género. Escribe en diversas revistas de divulgación como la informática Byte o Astronomía. Fue el editor de la colección Nova de Ediciones B, especializada en ciencia ficción; es presidente de la asociación Unidos por la Ciencia Ficción de la UPC y factotum del Premio Internacional Universidad Politécnica de Cataluña de Ciencia Ficción y edita la colección Quaderns UPCF, y miembro de otras sociedades de profesionales, nacionales y extranjeras, de este género.

Los relatos de viajes exóticos y lejanos, desde Ulises a Marco Polo, inspiraron a sus lectores la exploración de los rincones del planeta en peligrosos viajes hacia lo desconocido. Mucho después Robinette Broadhead formó parte de esos exploradores casi suicidas que se embarcaban en los navíos de los Heechees. En estos tiempos de crisis, ¿cree que habría muchos voluntarios para embarcarse rumbo a lo desconocido como hizo en varias ocasiones el protagonista de Pórtico?

Yo soy muy timorato, soy una persona que intenta jugar sobre seguro y me asombran las personas que como John Glenn, hace ahora 50 años, hicieron los primeros vuelos orbitales sobre la tierra. El padre de ese tipo de novelas, dejando de lado las clásicas como la Atlántida de Platón o Utopía de Tomás Moro, fue Julio Verne. En 1860 había una presencia constante de la ciencia y la tecnología en la vida de la gente, aunque no se reflejaba en las novelas. Verne, consciente de esta situación, comentó con su amigo Alejandro Dumas hijo que había que escribir la que él llamo la novela de la ciencia y de ahí surgió lo que los franceses llaman novela de anticipación; esa ciencia ficción ingenua pero que en el fondo habla de ciencia, como el viaje en globo. Es el primero que hace eso. Y esa vertiente la sigue Edgar Rice Burroughs, que para mí es un autor de aventuras. Asimov habla de tres periodos diferenciados en la evolución de la ciencia ficción, el primero centrado en las aventuras, un segundo más preocupado por la ciencia y la tecnología y un tercero que gira en torno a la sociología. Las novelas de Burroughs pertenecen a este primer periodo. Las aventuras de Tarzán discurren en un mundo desconocido y medio inventado, que es lo que era África en ese momento. La serie que protagoniza John Carter en MarteBarsoom para los marcianos— son aventuras totalmente locas, pero es el viaje, la exploración, lo misterioso; el sentido de la maravilla es lo que los enlaza con el género.

Posiblemente el más osado de todos es Robinette Broadhead, que aprieta el botón de la nave Heechee y va a parar a un mundo de metano donde morirá o, como en su caso, a un mundo donde encontrará objetos preciados que lo harán rico, aunque en el camino pierda a su mujer. En Pórtico hay otro personaje reseñable, Sigfrid, que es el psiquiatra-robot de Robinette, y que aparece cinco o seis años después de que Weizenbaum hubiese sacado un programa, Eliza, que parecía ser inteligente. Eliza fue uno de los primeros programas en procesar lenguaje natural y lo hacía parodiando al psicólogo Carl Rogers mientras intentaba mantener una conversación de texto coherente con el usuario.

Se suele decir que la ciencia ficción es escapista, y eso posiblemente haya sido cierto durante mucho tiempo. Pero a partir de los años 40 o 50 en los Estados Unidos, gente de izquierdas como Frederick Pohl empiezan a hablar de una ciencia ficción con retazos sociales, como El túnel debajo del mundo, en el que se hace patente su interés y preocupación por el negocio de la publicidad en el que había trabajado profesionalmente. O aquel viaje en el que van todos por la carretera un domingo de fiesta y si les pillan en un túnel, l0s gasean y mueren. Es una metáfora de que si sales todos los fines de semana un día te va a tocar un accidente y vas a morir. En ese sentido la ciencia ficción ha sido muy reflexiva, y cada vez lo está siendo más, aunque mantenga esa imagen  escapista. En los últimos años, sobre todo en la ciencia ficción cinematográfica más que en la literaria, los productores de cine en Hollywood tienen  la idea de que han de filmar historias de ciencia ficción con muchos efectos especiales, para consumo sobre todo de adolescentes, y deben de creer que sus adolescentes son poco inteligentes. Julio Verne respetaba más a sus lectores.

¿Hacia dónde se pueden dirigir los exploradores del siglo XXI?

Yo tengo un trauma personal. Estudié ingeniería aeronáutica, ingeniería nuclear e ingeniería aeroespacial tal vez por haber leído ciencia ficción. Abrí los ojos al mundo en los años 50, soy de 1948, y entonces la imagen del futuro era el viaje al espacio. Ahora sabemos que el viaje al espacio no lo vamos a hacer nunca, y eso es algo terrible. Hemos ido a la Luna porque Kennedy necesitaba retar a los soviéticos y poner de manifiesto que la tecnología americana era mejor. Cualquier autor de ciencia ficción de los 50 podía imaginar que un ser humano llegaría a la Luna, lo que ninguno podía imaginar es que, una vez llegados a la Luna en 1969, el programa espacial se cerraría en 1972. ¿Dónde vamos a ir? Al espacio no, porque se tarda mucho tiempo. A Marte no se está yendo porque cuesta mucho dinero. Frank J. Tipler especuló, en su libro La física de la inmortalidad, que para esos viajes que duran tanto tiempo tendríamos que enviar robots con inteligencias artificiales, porque nuestro cuerpo tiene límites físicos. Se han hecho varios experimentos en el espacio en relación a la fisiología que corroboran las ideas de Tipler al respecto. Un experimento español consistente en llevar huevos de reptil y hacerlos nacer en órbita no gravitatoria ha constatado la no viabilidad de los mismos. La evolución nos ha hecho dependientes de la gravedad. Si has de ir a Epsilon Eridani, que está a 10,5 años luz, no vas a llegar en menos de 60-80 años. ¿Cómo vas a vivir 80 años sin gravedad? Va a ser muy difícil. También tenemos la paradoja de Fermi, y consiste en que tampoco nos llegan mensajes de fuera. Está la fórmula de Drake, que analiza todas las civilizaciones tecnológicas que puede haber en el espacio, se trata de millones de civilizaciones tecnológicas, pero dado el tamaño de la Vía Láctea, la distancia media entre ellas es de unos 600 años luz. Para una especie que quizá puede vivir 120 años, 600 años luz es otro universo. Creo que las exploraciones en el espacio van a ser más robóticas que humanas para adquirir conocimiento. Por eso la buena ciencia ficción del momento está explorando qué puede hacer la ciencia y la sociología del futuro. Hemos pensado en mundos distintos pero, ¿por qué no empezamos a pensar en sociedades distintas? Las mujeres lo hacen frecuentemente con sociedades no tan machistas como la nuestra. O con economías distintas. Un exponente de este tipo de ciencia ficción es George Turner que en Las torres del olvido, escrita en los años 80, describió una sociedad económicamente dual como la que estamos ahora viviendo.

Hay un consenso sobre la imposibilidad actual de viajar más allá del Sistema Solar, pero ¿a Marte se puede llegar?

A Marte se puede llegar, pero otra cosa es establecer allí una colonia. Las novelas de Kim Stanley Robinson son muy bonitas, pero terraforman Marte en 150 años, cuando más bien lo haremos en 1500. Es un proyecto muy difícil de emprender incluso, aunque hubiera una economía boyante y suficientes recursos, hay un problema de la escala de tiempo. El viaje puede llevar un año, pero vivir allí es duro. ¿Por qué hablamos de terraformar Marte y nadie está pensando en vivir bajo el mar? Está aquí al lado y es un ambiente casi tan inhóspito como el de Marte. Michel Butor, en los años 50, decía que la ciencia ficción trata de los viajes por el espacio, sin embargo en la actualidad ya no trata de eso. Casi nadie hace ese tipo de cosas.

Ari Folman (“Vals con Bashir”) adapta al cine “Congreso de futurología” de Stanislaw Lem

Otros grandes viajeros espaciales fueron Ijon Tychi y Lazarus Long. ¿Cómo vivió sus aventuras cuando los conoció?

Stanislaw Lem es un hombre con un solo defecto en su vida, y es que, cuando se le acercó la muerte, empezó a decir que él no había escrito ciencia ficción, lo cual no es cierto. Lo que ocurre es que es una ciencia ficción muy europea, con un tono de ironía y desapego de la ciencia, porque él era médico y sabía cómo era la ciencia. Los que nos dedicamos a la ciencia sabemos que no es un absoluto, porque la hacen científicos, y los científicos somos seres humanos y nos movemos por lo que se mueven los seres humanos: ambición, poder, dinero. Lo que hace Lem es poner ahí unas historias entretenidísimas como en Ciberiada o en los relatos de Ijon Tychi con ese tono especialmente irónico que las caracteriza.  Lo de Lazarus Long me parece que es una de las muchas cosas que hace Heinlein, que empieza bien y luego no sabe cómo terminar. Heinlein es uno de los dos autores de la ciencia ficción americana a los que suelo etiquetar como personas que están más a la derecha que Gengis Khan, el otro es Jerry Pournelle. Sin embargo, Heinlein es capaz de escribir aquello de “la puerta se dilató” en lugar de “abrió la puerta”. Es una expresión que deja claro desde un principio que el personaje se encuentra en un mundo distinto al del lector. Literariamente es mucho más efectivo que escribir toda una parrafada para describirlo. Yo soy malo escribiendo ciencia ficción porque soy profesor y estoy acostumbrado a explicar y contar. Y cuando escribes no has de hacer eso, sino que debes de plantar las bases para que el lector imagine.

¿Sería posible escribir en la actualidad una novela en la que un padre tiene relaciones sexuales con sus hijas gemelas sin ser acusado de pederastia, como hizo Robert A. Heinlein?

Theodore Sturgeon en uno de sus cuentos plantaba el dilema de si todos los hombres fueran hermanos, ¿dejarías que tu hermano se casara con su hermana? En el fondo habla del incesto, y su consideración depende del momento y los lugares. Esta es una sociedad por una parte muy permisiva y por otra muy hipócrita al criticar esa misma permisividad. Estaría mal visto porque seguramente mucha gente imagina que la ciencia ficción es para consumo de adolescentes, se entendería como un mal ejemplo para ellos. Aunque a mí no me interesen en absoluto escenarios de ficción como el comentado no considero ningún problema que se pueda elucubrar en la literatura de ciencia ficción sobre ellos.

Volviendo a Frederik Pohl, en su novela Homo Plus el autor nos narra los sufrimientos de un ser humano alterado mecánicamente para que pueda desenvolverse en Marte. ¿Es este un caso de transhumanismo cibernético? ¿Se apunta a las predicciones de Kurzweil y su convicción de que en el año 2029 se llegará a la singularidad tecnológica en que un ordenador pasará el test de Turing?

Considero que Homo Plus es una gran novela porque, de alguna manera, en lugar de terraformar Marte, lo que hace es marcianizar al hombre. El protagonista, a  medida que se va transformando para adaptarse a las condiciones hostiles de Marte, sufrirá traumas psicológicos. Es curioso cómo, 20 años después, en los 90, Greg Bear escribe Marte se mueve en donde cambia el enfoque adaptativo, pues con la nanotecnología sólo con ingerir una cápsula que toman todos, por lo que desaparece el sentimiento de marginación—, se producen los cambios fisiológicos necesarios para poder sobrevivir en Marte. Creo que es mucho mejor el relato de Frederick Pohl porque profundiza en el personaje. Las novelas le tienen que interesar al lector, y al lector lo que le interesa es lo que le pase a los personajes; lo demás es decorado.

Sobre Kurzweil, no entiendo cómo este señor se ha apuntado lo que es de otro. La singularidad tecnológica es un concepto que establece Vernor Vinge en sus inicios como escritor de ciencia ficción siendo profesor de software de la Universidad de California en San Diego. Vinge, en 1993, en un comunicado a la NASA sobre la robótica y la inteligencia artificial, es el primero que enuncia el concepto de la singularidad tecnológica que desarrolla a partir del concepto de singularidad matemática, que es un punto de una función que no tiene solución. La singularidad tecnológica es un acontecimiento futuro en el que se predice que el progreso tecnológico y el cambio social se verán modificados debido al desarrollo de la inteligencia artificial, cambiando nuestro marco cultural de manera tal que cualquier ser humano anterior a la Singularidad sería incapaz de comprender o predecir. A partir de ese momento, los agentes de la historia futura serán humanos e inteligencias artificiales. El padre de esa idea es Vernor Vinge. A finales de los setenta escribió una historia muy curiosa que se llama True names en la que un grupo de personas se relacionan por internet usando nombres de usuario y tienen que evitar a cualquier precio que se conozca el nombre verdadero asociado a estos nicks.

Kurzweil predijo entre otras cosas la desaparición de la Unión Soviética a causa de que los teléfonos móviles recortan poder a los gobiernos autoritarios eliminando el control por parte del Estado del flujo de información. Actualmente parece que internet cumple esa función. ¿Hay algún autor que anticipara las implicaciones sociológicas de internet?

Además de True Names de Vernor Vinge destacaría Islas en la red, de Bruce Sterling. El tema de la singularidad tecnológica me molesta; Kurzweil utiliza frívolamente el concepto de singularidad. Cuando me preguntan si la ciencia ficción tiene capacidad predictiva yo siempre digo que sí, como el tarot. Haces 10.000 predicciones y alguna aciertas. Luego tienes que convencer a la gente de que no has hecho las otras 9.999. Me gustaría buscar el artículo en el que el señor Kurzweil escribió esto de la Unión Soviética y ver si ese papel es anterior a 1989. Tengo una edad en la que he descubierto que cuando yo tenía 20 años todos eran antifranquistas. Pero yo sé quiénes estábamos en los grupos clandestinos, y éramos cuatro gatos y nos conocíamos todos. Me parece que Kurzweil ha sabido venderse bien, hacer negocio con estos temas. Lo que es un disparate es lo del 2029. Ni de broma. El padre de la inteligencia artificial, Alan Turing, de quien este año se cumple el centenario, cuando habló del proyecto de la inteligencia artificial en Computing Machinery and Intelligence, un artículo de 1950, postuló que en el año 2000 ya habría programas que pasarían el test de Turing, y no ha sido así. No me pongo en la situación ideológica de un Roger Penrose diciendo que eso no se podrá hacer nunca; considero que eso es ideología. Creo que se podrá hacer, pero faltan muchos años. Y que cosnte que respeto a Penrose que tiene un cerebro tan potente como Stephen Hawking, aunque Penrose sea menos mediático porque no está paralítico.

John Haugeland escribió en 1985 el libro Artificial intelligence: the very idea y en la presentación ya nos señala que el nombre que inventó John McCarthy en 1956 cuando surge el paradigma de la inteligencia artificial es muy bueno desde el punto de vista del marketing, pero todo el mundo lo entendería mejor y nadie se llamaría a engaño si en lugar de inteligencia artificial la hubieran llamado inteligencia ortopédica.

Cuando me dicen que un ordenador puede ganar a un ser humano al ajedrez porque Deep Blue ganó a Gary Kaspárov, siempre contesto que seguro que Kaspárov sabe hacer unas tortillas que Deep Blue ni puede soñar hacer. A raíz del libro de Penrose de La nueva mente del emperador Minsky contestó a esto con el tema de los agentes. Pequeños agentes que, por acumulación, puedan hacer lo que hace un cerebro humano. Una de las grandes paradojas de la inteligencia artificial es que, como la empezaron matemáticos, estos creyeron que lo más importante que hace un cerebro humano es enunciar y demostrar teoremas matemáticos. Por eso, desde los años 70 tenemos programas que son capaces de enunciar y demostrar teoremas matemáticos. En cambio, no tenemos programas que sean capaces  de hacer lo que hace un bebé de seis meses, un gato o un perro, que es reconocer a otro humano. Nuestra inteligencia es muy complicada, damos muchas cosas por supuestas. Lo primero que se hace es buscar lo más abstracto cuando, a veces, la cotidianidad también es compleja de procesar.

Otro concepto relacionado es la inteligencia aumentada. Vernor Vinge escribió la novela Al final del arco iris, en la que un poeta muy inteligente padece Alzheimer y, cuando al cabo de unos años lo curan, descubre un mundo donde toda la gente funciona con inteligencia aumentada, interfaces hápticas y mundos virtuales.

En You are not a Gadget el prestigioso informático Jaron Lanier hace una crítica lúcida sobre la deshumanización que provoca la mente colmena entendida como la conciencia que surge de la colaboración entre personas como en el caso de la Wikipedia. ¿Comparte la visión apocalíptica de este gurú de las redes?

Una de las cosas que ha aportado el mundo de Internet es ese aspecto colaborativo. Hay un libro de Pekka Himanen, La ética del hacker, que uso mucho en mis clases, y que en el fondo habla de la diferencia entre trabajar a gusto, como hace un hacker, o trabajar forzado, como hace un trabajador a sueldo. Esa manera de trabajar libremente por gusto y afición de manera acumulativa, aceptando que otro descubra tus errores y tú colabores con él, me parece un punto muy importante. Hoy en día no hay un humano que sepa lo que sabe la humanidad. Esta sabe mucho porque lo sabe colectivamente. Hay personas especialistas en historia, otros en bioquímica, etc.  Jaron Lanier reflexiona sobre la la vida en la red que puede estar haciendo que perdamos la noción de profundidad, algo muy en la línea con el artículo de Nicholas Carr ¿Está Google haciéndonos estúpidos? Después ha escrito un par de libros sobre el tema; cuando uno tiene una idea ha de aprovecharla en este mundo comercial.

Wikipedia tiene ese mismo efecto: buscas cualquier cosa y la primera respuesta es Wikipedia, por lo que la tentación es quedarte en ahí y no profundizar más.

Hay un problema de fondo que ya planteó Umberto Eco hace muchos años en Apocalípticos e integrados, un libro que habla de la cultura de masas. Hasta hace 100 años, la cultura era sólo para las elites, los que se habían formado en latín y griego, los que eran capaces de leer y tenían acceso a esa cultura. En 100 años esto lo hemos cambiado. Personas que lleguen al nivel de Bertrand Russell hay muy pocas; era un chaval que, para que su abuela no se enterara de lo que él escribía en su diario, lo hacía en alfabeto griego con un código especial que se había inventado. Esto hoy no parece muy factible en chavales de 14 años. ¿Eso es malo? No, porque mucha más gente accede a la cultura. ¿Que la cultura se está banalizando? De acuerdo. ¿Que con Internet se surfea y no se profundiza? De acuerdo. Pero es que el autor de ¿Está Google haciéndonos estúpidos? cuenta cómo hay quien le decía que veía un libro como Guerra y paz y no se atrevía a leerlo, porque son muchas páginas y tendría que estar mucho tiempo. Somos más de surfear, y la Wikipedia es un recurso fácil para encontrar cosas. He descubierto que mis estudiantes, desde hace 10 o 15 años, ya no citan un libro en cualquier trabajo que hagan, y en las tesis doctorales hemos tenido que aceptar que la gente cite páginas web y Wikipedia. Lo único que se les pide es que ponga la fecha en que lo encontró, porque al cabo de un tiempo puede haber cambiado y ya no ser comprobable. Creo que es cierto que vamos hacia una banalización de las cosas. La televisión, por ejemplo, es mucho más banal ahora que hace 50 años. Si ves una serie de los años 60 y una de ahora, (y no es nostalgia de viejecito), es que una está cinematográficamente bien hecha, y la otra está hecha fatal porque de lo que se trata es de hacer muchos episodios. Antes, cuando dos personajes hablaban, veías plano y contraplano. Ahora los sientan a una mesa para que estén en escorzo y con un solo plano lo liquidan. Todo se está banalizando, pero es que también somos muchos más. Cuando yo nací, en el planeta había 3000 millones de habitantes, ahora hay 7000 millones. Creo que ahora la ventaja que tenemos es que la humanidad ya no se permite el lujo que se permitía hace 150 o 200 años de desperdiciar inteligencias potentes. Hoy en día, todo el que tenga una mínima capacidad intelectual, aunque haya nacido en Somalia —aunque, evidentemente, lo tiene bastante peor—, tiene la opción de salir y hacer cosas.

En su Guía de Lectura hace referencia a las distintas etapas y tendencias de la ciencia ficción durante el siglo XX. Los años 80 fue el turno del ciberpunk, con ejemplos como Blade Runner. Usted no se refiere al ciberpunk de un modo muy alentador

Diría que Blade Runner tiene una estética personal, pero no una estética ciberpunk. ¡Qué más quisieran los ciberpunk! Yo soy especialista en informática y hay detalles “técnicos” en algunas novelas ciberpunk que son absolutos disparates, y eso me remueve cuando las leo. Posiblemente de otros disparates no me entero. Diría que Blade Runner no pertenece a este subgénero. Su origen es una novela de Philip K. Dick que además es bastante mejor que la película, y se parecen como un huevo a una castaña. Ridley Scott cogió el guión, le preguntaron si iba a leer la novela original y dijo que no; escamoteó el tema del mesmerismo, que es la parte místico-religiosa del asunto en la novela de Dick. Sin embargo, Scott consiguió una estética muy buena. Y es buena porque está muy bien hecha; por ejemplo, se buscó un diseñador industrial para diseñar los aparatos, por lo que no resultan un disparate. En la película, además, notas que la arquitectura es acumulativa, no hay un único estilo arquitectónico. Hoy día, cuando ves 2001: odisea en el espacio, no te cuadra porque hay un único sistema de diseño. Y la realidad no es esa. Aquí en Barcelona, por ejemplo, vas a la plaza de la Catedral y ves la Catedral, que tiene cuatro o cinco siglos, y te giras y tienes detrás el Colegio de Arquitectos con un friso hecho por Picasso. La arquitectura es acumulativa, y Blade runner hace eso: combina ambientes modernos junto con callejones desvencijados. Ese realismo es el que luego copia el ciberpunk. Para mí el ciberpunk consiste en plantear la ciencia ficción del futuro basada en cómo va a cambiar nuestra vida la tecnología informática.

¿Considera que el colectivo Anonymous son los herederos del ciberpunk?

Por la edad probablemente sean las cosas que van con ellos, pero creo que Anonymous es, en el fondo, un colectivo político de queja ante un sistema que está usando las tecnologías como herramientas de dominación. Internet es un proyecto militar fracasado. En 1969 era para uso de los militares y a principios de los 90 cae en manos del gran público. Y en un proyecto militar para usos militares no hay por qué tener sistemas de seguridad, pues el soldado que está operando, como haga un disparate, tendrá un consejo de guerra. La propia disciplina militar permite que Internet pueda ser menos seguro. Recuerdo que en los años 70, en la informática profesional, los bancos no querían saber nada de Internet precisamente por los problemas de seguridad. Desde que en 1999 apareció Napster se ha puesto de manifiesto que no se pueden poner puertas al campo. Durante 10-15 años se ha creado la idea de que, en un sistema capitalista basado en el dinero, la propiedad y el consumo, se podía consumir gratis a través de Internet. Eso tan poco habitual en el sistema económico dominante ha creado un montón de usuarios del “internet gratis total” que quieren seguir haciéndolo a los que las fuerzas vivas se tienen que oponer. Y ahí hay una guerra muy seria planteada. Para mí Anonymous representa una de las opciones. ¿Internet es para un uso comunitario libre o para un uso controlado? Lo que me horroriza es pensar lo que ocurre en China, donde grandes multinacionales como Google o Yahoo ceden ante el poder, y parece que ahí sí se está controlando la red

Otro subgénero apasionante de la ciencia ficción es el que trata los viajes en el tiempo. ¿Considera que la exitosa serie Caballo de Troya si se hubiese promocionado como obra de ficción hubiera podido optar al premio Hugo?

El original optó, pero es que el original fue una novela americana. La idea no es de Benítez. Hay una serie de personas como son Erich von Däniken en Alemania, Peter Kolosimo en Italia y J.J. Benítez aquí, que han vivido de esto. Tiene que ver con aquello que dijo Nietzsche, “si se ha muerto Dios todo es posible”, pues la gente lo que quiere es tener un dios que le proteja. Y si no me protege Dios y sus ángeles me van a proteger los extraterrestres. Partiendo de una idea original de la ciencia ficción, en la que usando la posibilidad del viaje en el tiempo se narra la crucifixión de Cristo, Benítez cambia el enfoque para presentarla como hechos reales, aunque nadie ni él mismo puedan creer que eso sea posible.

La película Frequently asked questions about time travel es una producción británica que trata de forma divertida las paradojas que se producen al viajar en el tiempo. ¿Se pueden rodar películas de ciencia ficción sin grandes presupuestos?

Sí, pero les puede pasar como a esta (que es muy buena), que no tiene público. Lo que se ha hecho bien de los viajes en el tiempo en la ciencia ficción es el tretamiento de las paradojas: paradojas de ciclo abierto, el mismo ejemplo retratado una y otra vez. Incluso hay versiones más light, en las que no viajas por el tiempo pero llevas una cámara que sí lo hace. Hay un cuento de Horace Gold, que fue el editor de Galaxy cuando empezó, en el que los protagonistas tienen una cámara que puede viajar en el tiempo y filmar lo que pasa. Como la han inventado físicos, la envían a ver si Isaac Newton se volvió realmente loco y paranoico en sus últimos días, hasta que se dan cuenta de que si Newton se ha vuelto loco es porque tiene la sensación de que alguien le observa, y son ellos, los observadores del futuro. Son jugadas intelectuales bonitas para todo aquel que sea un poco racional y le guste jugar con la mente; las paradojas temporales dan para mucho.

 

Divertidísima e inteligente comedia sobre los viajes en el tiempo.

 Otra producción británica de ciencia ficción fue la popular serie de la BBC Enano Rojo. Alex de la Iglesia intentó hacer algo similar con Plutón BRB Nero que no llegó a dos temporadas. En su opinión, ¿la diferente acogida de ambas por parte de los telespectadores se debe a la nacionalidad de los mismos o a la calidad de la serie?

La calidad y los guiones. Seamos serios, aquel episodio de Enano Rojo en el que han encontrado un gato que se está muriendo y que sueña como real todo lo que le han contado sobre el fin del mundo en Fiji con la gran salchicha… es reírse de la religión con un nivel de ironía tipo Monty Python. Eso lo pueden hacer los ingleses, los españoles no podemos, solemos ir a lo chabacano. Y eso que Álex de la Iglesia es un señor de chapeau, pero hay una diferencia de calidad.

El último éxito relacionado con la ciencia ficción y la fantasía es la saga de George R. R. Martin Juego de tronos. Ha sido un éxito tanto la serie como los libros. ¿Dónde está la clave?

Es muy sencillo. Es una reconstrucción de una visión curiosa del mundo británico del año 1000, con sus clanes y sus jefes. Tiene sólo una cosa extraña: cada libro tiene como eje central un personaje al que el autor, a falta de uno o dos capítulos para el final del libro, mata. Con ello se obliga, en el siguiente libro, a empezar con otro personaje, a quien también matará. Es sorprendente lo que pasa es que lo hace muy bien,  Martin es muy bueno. Es el autor de Muerte de la luz, Una canción para Lya, Los viajes de Tuf. Se ha dado cuenta de que el filón hoy día es la fantasía y se ha pasado a ella desde la ciencia ficción y además utilizando una técnica que ya dominaban a mitad del siglo XIX como es el folletin. Tiene buenos personajes. Por ejemplo el enano, con sus defectos, es inteligente, astuto. Han hecho la serie de televisión y ha funcionado bien pero es que el muro aquel ¡es el muro de Adriano! Ese muro existía para separar la parte de cultura romanizada de la parte salvaje del norte. Martin toma estos elementos y les da un tratamiento de capa y espada e intrigas palaciegas muy bien llevadas. En mayo del año pasado, cuando salió el último volumen, Dance with dragons, mi hijo estaba en Nueva York y se lo trajo. Estaba muy cabreado porque le cobraron sobrepeso en el avión, pero es que solo el libro ya deben de ser dos kilos. Es curioso lo gordos que son los libros de fantasía; y es como un trauma porque, si lo empiezas a leer, sabes que la siguiente entrega no saldrá hasta dentro de diez meses, por lo que te vas a quedar colgado, y a mí no me gusta quedarme colgado.

¿Por qué cree que hay esta “gordificación”?

La gente quizá lea menos, pero a los que leen les gusta leer. Esto pasó con Harry Potter; las tres primeras novelas tienen 250 páginas, y la cuarta ya son 600. Y dicen que los niños de diez años no leen. ¿Cómo que no, si se pegaban por leer aquello? Tú dales algo que les guste. Yo suelo dar una charla en el Museo de la Ciencia —creo que la he dado 20 o 25 veces—, que se llama Ciencia y magia: del profesor Tornasol a Harry Potter. Por ello he leído y analizado los libros de Harry Potter, y están muy bien construidos. Se nota mucho que Rowling tenía unos hijos que iban creciendo: les daba a los chavales de 10 años lo que ellos querían, y al cabo de 5 años se lo daba a los de 15. Y los últimos volúmenes son oscurísimos, porque posiblemente a los adolescentes les gusta el terror.

La ciencia ficción ha propuesto nuevas disciplinas del conocimiento que quizás en un futuro se estudien en nuestras universidades. ¿Qué opinión le merecen la psicohistoria y la xenología

La xenología ya se hace, incluso hay algún experimento de haber creado mundos imaginarios basados en ciencia como el de Epona. Sobre la psicohistoria, Asimov en sus últimos años decía que ojalá no se hubiera equivocado y la hubiera llamado sociohistoria, que es lo que es. En el fondo es algo que tiene poco que ver con la mente individual y mucho con los comportamientos sociales, pues no deja de ser la transposición a la sociología de la mecánica estadística de los gases. No puedes saber qué hará cada molécula de un gas, pero sí puedes tener variables globales de un gas (temperatura, presión, volumen) y saber cómo se comportará. Asimov plantea la misma idea: no puedes saber qué hará cada ser humano porque tiene libre albedrío y puede ir por su cuenta, pero sí puedes tener unos parámetros globales que te permitan decir por dónde irá la sociedad; esa es la hipótesis. ¿Que eso llegue a funcionar? Es difícil, ya el propio Asimov planteaba el problema metodológico de que de en un gas hay millones y millones de moléculas, pero en una sociedad no hay tantos individuos, por lo que la ciencia estadística de una sociedad es menos fiable que la de los gases. Esto, procedente de un chaval de poco más de 20 años como era Asimov en aquel momento, es para quitarse el sombrero. La idea es ingenua y tiene problemas, por eso hay una Fundación y detrás, preparada para actuar si hiciera falta, una Segunda Fundación. Es curioso, la primera Fundación consiste en científicos, físicos, químicos, biólogos e ingenieros; y en la segunda, en cambio, se trata de sociólogos, psicólogos, telépatas. Y luego, lo que han hecho Benford, Bear y Brin me gustó mucho, porque justifican la aparición del mulo. Intelectualmente es una maravilla. Había por un lado un robot, Giskard que era telépata que había enseñado la telepatía a Daneel Olivaw. Se plantea entonces una especie de escisión entre dos grupos de robots: los giskardianos que, como saben todo de los humanos y son telépatas, quieren ayudarlos al cien por cien; y los otros, que se suelen llamar calvinianos por  Susan Calvin, que creen que los humanos han de tener su libertad. El mulo aparece como una reacción de la especie ante la dominación absoluta de unos robots sobreprotectores. La especie se defiende generando telépatas que puedan escapar de ese control, y uno de estos da al traste con la Fundación. Brillante idea.

Es espectacular que esto se escribiera en los años 40.

Aquí en Cataluña los jubilados asisten a aulas universitarias en las que hay una conferencia cada semana. Para que funcione, cada aula está tutorizada por una universidad y yo estoy coordinando las de la Politécnica. Este año, por ejemplo, estoy dando charlas a los mayores sobre Alan Turing e Isaac Asimov. De Asimov les cuento que se ha dicho lo que se ha dicho sobre él, porque en el mundillo de la ciencia ficción todo el mundo ha tenido que matar al padre, pero que es una de las mentes  más potentes que nos ha dado la ciencia ficción. Inventarse lo de las leyes de la robótica y lo de la Fundación. Todo el mundo se acuerda de Una mente maravillosa, la película, sobre el premio Nobel y la teoría de juegos. Pues bien, en Segunda Fundación, antes de que se escribiera la teoría de juegos, hay como dos páginas que son pura exposición de los problemas centrales de la teoría de juegos. ¡Eso se le ocurrió a un chaval que debía de tener 29 años!

Alrededor de la xenología hay mucha ciencia ficción, desde la galardona La voz de los muertos hasta la gran superproducción Avatar. Sin embargo, en mi opinión, lo más fascinante que me he encontrado es el cómic de Leo, Aldebarán, y sus continuaciones Betelgeuse y Antares. ¿Conoce la obra de este autor? ¿Qué cómics incluiría en su guía de lectura?

Los cómics de Leo están muy bien. Un grupo de personas hemos publicado unos libros. El primero, sobre ciencia, tecnología y literatura. El segundo, llamado, Tiem(pos) modernos, sobre ciencia, tecnología y cine. Y tenemos a medio hacer uno sobre ciencia, tecnología y cómic, y en él uno de los cómics básicos era Aldebarán. Todo ese rico complejo biológico de los planetas es muy atractivo;  hay una unificación global de la trama muy buena. Otro cómic de ciencia imprescindible que incluiría sería Flash Gordon, barroco y fantasioso cuando lo creó Alex Raymond; y que luego en manos de Dan Barry durante los años 50 se convierte en el gran cómic de la exploración del espacio y que estoy seguro tuvo un gran influjo en mi decisión de estudiar ingeniería aeronáutica e ingeniería aeroespacial. También incluiría algunas obras de Philippe Druillet y de  Moebius. De superhéroes aunque hay muchas obras entretenidas, sólo destacaría a Watchmen de Alan Moore por su profundidad y la crítica social.

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Los mundos de Aldebarán, un cómic para xenólogos.

El ilustrador HR Giger diseñó y trabajó en todos los aspectos alienígenas de la película Alien el 8 pasajero creando un estilo muy personal en el que se inspiraron muchos realizadores posteriormente. ¿Qué otras criaturas extraterrestres han tenido tanta influencia como Alien en el universo de la ciencia ficción

Muy pocas. Quizá E.T., pero por otras razones. Una de las cosas sorprendentes y geniales de Alien es que no ves al monstruo y muchas veces el espectador no es consciente de ello. Es la historia de la casa encantada con fantasmas, solo que en una nave espacial. Y tú no tienes por qué ver al fantasma. Luego en la continuación de la saga se acaban incluyendo disparates, cómo que Sigourney Weaver acabe dando a luz un alien. ¡¿Qué opinirían de ello los genetistas?! Cuando el alien se hace explícito pierde la fuerza que tiene, mientras que Alien es muy buena porque al monstruo simplemente te lo imaginas, y un horror imaginado es mucho peor. Es como La noche del cazador, de Charles Laughton, con Robert Mitchum en el papel de malo; en el fondo no ves nunca nada, pero estás acojonado por la amenaza que representa para la vida de esos dos chavales.

The songs of the distant earth de Mike Oldfield es una sinfonía electrónica inspirada por la lectura del libro homónimo de Arthur C. Clarke, que a día de hoy sigue teniendo el poder de evocar los viajes espaciales. ¿Qué otras composiciones nos recomendaría para experimentar esas sensaciones?

Yo de música entiendo muy poco. Me gusta, pero no entiendo. Conozco la Sinfonía de los planetas porque era la que se usaba en el programa de radio de Diego Valor del que luego se hizo un cómic. Recuerdo que cuando yo tenía ocho años salía corriendo de la escuela para poder llegar a casa a tiempo y poder escuchar el programa. Ahora releído el cómic me asombro de lo malo que era. Volviendo a la música en la ciencia ficción, rRecuerdo que un año, en el concurso de ciencia-ficción de la Politécnica, me llegó una novela acompañada de un cassette. El autor decía que cada capítulo había que leerlo teniendo de fondo unas determinadas piezas musicales. Me hizo mucha gracia, aunque la historia era mala. En la edición americana de Always coming home de Ursula K. Le Guin, el libro iba acompañado con un cassette de lo que ellos llaman filk music, que es la música folclórica imaginada, donde Ursula K. Le Guin y algunos amigos habían construido las canciones del grupo social del que habla la historia.

Las novelas de Clarke como The song of distant Earth ponen de manifiesto que en la ciencia ficción a veces se cuentan buenas historias pero con una ausencia total de drama. ¿A qué es debido?

Pero es que Clarke no es un novelista. En la estructura de sus libros suele haber muchos capítulos cortos de cuatro o cinco páginas, porque tiene algo que contar, pero no una historia de personajes. Y a veces plantea cosas que están muy bien, como en Las fuentes del paraíso. ¿Qué pasa  cuando la lanza que puede penetrarlo todo se encuentra con el escudo impenetrable? Son dos fuerzas inamovibles. Aquello era una historia potente, pero se diluye en la novela porque no sabe tratarlo. Clarke no es un Dan Simmons, un Neal Stephenson, o un George R. R. Martin. Él te cuenta una historia casi siempre muy lineal y, seamos serios, él escribe 2001: odisea en el espacio después de la película y el resultado es mediocre. La película con el final abierto captura a todo el mundo; pero cuando cierras el relato, eso en la novela acaba limitando la imaginación del lector. Y luego quiere aprovechar el filón y hacer más novelas. Clarke ha escrito novelas que están muy bien, pero casi siempre son cuentos alargados. Como en La ciudad de las estrellas, en que a pesar de que hay una idea muy buena, el desarrollo de los personajes no está a la altura . Si Orson Scott-Card toma esa misma idea, la desarrolla alrededor de unos personajes que te enganchan y que acaban dejando a la gran idea en un segundo plano dentro de la propia novela. Esa fue la gran crítica que hubo en los 60 de la new think, cuando se dijo que los autores de ciencia ficción no escribían novelas, sino que explicaban o divulgaban, y se les empezó a exigir contenido literario.

En contraposición al estilo de Clarke tenemos por ejemplo a la mencionada Ursula K. Le Guin. En La mano izquierda de la oscuridad hay un viaje iniciático de dos personas, con lo cual es una novela de personajes. Y Los desposeídos es una novela muy buena porque plantea una segregación política: la gente de derechas se ha quedado en el planeta Urras y un físico de Arres, la luna de Urras donde se han exiliado los anarquistas, tras encontrar el principio de simultaneidad tiene que bajar al planeta a contarlo. Es la extrañeza que experimenta un tipo que viene de una sociedad pobre y solidaria, y llega a una sociedad rica, capitalista y egoísta; con la idea de la ciencia por medio. En Los desposeídos se describe la invención del ansible que es un aparato basado en el principio de simultaneidad, que permite la comunicación instantánea entre dos puntos del espacio. Curiosamente, desde que lo publica Le Guin lo usa todo el mundo en la ciencia ficción, como ocurre con las leyes de la robótica de Asimov. Le Guin ha inventado un aparato, pues nos acogemos al principio de autoridad y si alguien se queja, las quejas al maestro armero.

Asimov, con posterioridad a las tres leyes de la robótica, introdujo la ley 0, que viene a decir algo así como que el fin justifica los medios. ¿Esa ley 0 no es la coartada intelectual de cualquier totalitarismo?

Sí, lo es.  Cuando Asimov introduce la ley 0 se mete en un berenjenal. Las tres primeras hablan de un ser humano, y la otra de la humanidad, con lo que ya se están introduciendo valores, y las escalas de valores de cada uno pueden ser distintas. Él sabe que las tres primeras leyes de la robótica no son más que juegos lógicos para hacer juegos intelectuales. En las charlas que doy sobre robótica a las personas mayores suelo hacer una especie de trampa. Si cambias la palabra robot por humano tienes, en realidad, unas leyes éticas de comportamiento. La que crea problemas es la importancia de la tercera, que dice que “un robot tiene que procurar por su propia existencia siempre que no vaya contra las dos primeras leyes”. Cuando la cuento siempre digo que es una ley capitalista. Asimov sabe que fabricar un robot será caro, así que mejor que intente sobrevivir todo lo que pueda, siempre y cuando obedezca y no haga daño. Cuando cambias “robot” por “humano” queda una ley muy dura para nuestro mundo individualista, pero en otras comunidades ha sucedido y se acepta que una persona se sacrifique por la comunidad. Y cuando ocurre todo el mundo piensa que tal vez sea tonto, pero de puertas afuera se le califica de mártir y santo. Es uno de los problemas divertidos de la biología de la continuación de los genes tal como lo plantea Richard Dawking en El gen egoista ¿Por qué dejarte matar por una comunidad responde también a una voluntad de preservar tus propios genes? La única explicación es que en esa comunidad también están tus genes, con lo cual tu sacrificio no deja de ser un sacrificio para preservar los genes de la comunidad.

La ingeniería genética ha proporcionado el marco científico para muy buenas historias de ciencia ficción como Parque Jurásico o Gentes de barro. Sin embargo el escenario más cercano es el de la película Moon. ¿Cuándo estima que se clonará al primer ser humano? ¿Es en algún caso ética la clonación humana?

Cuando se clonó la oveja Dolly, en febrero de 1997, los estudiantes de biología ya clonaban otros seres vivos como las moscas, pero la oveja es un mamífero y yo soy un mamífero, luego si se puede clonar una oveja se me puede clonar. Ahí està la novedad. Yesto la ciencia ficción ya lo había visto por ejemplo en Los niños del Brasil. En noviembre de ese año 1997 hubo dos declaraciones: una de los científicos diciendo que había que tener mucho cuidado con el tema ético en la clonación y otra del Vaticano diciendo que no hay que experimentar con células madre por la cuestión ética. Dos años después ya se autorizaba la investigación con células madre en Inglaterra; y hoy día está aceptada en muchos sitios, a menos que haya un condicionante ideológico en el poder político. En una sociedad tan basada en la economía como la nuestra, si alguien puede sacar beneficio de clonar un humano lo hará, y punto. ¿Que va a ser más difícil hacerlo en Madrid, Nueva York o París que en Pekín, Corea del Norte o Buenos Aires? Seguramente. No obstante ante las dificultades legislativas que derivan de los problemas éticos, las empresas biotecnológicas ya tienen el gran argumento a su favor que es clonar no seres vivos enteros sinó tan solo tejidos humanos, por ejemplo para rehacer un hígado, en lugar de clonar a todo un humano. ¿Quién se va a negar a eso? Cuando se hizo la primera niña probeta, Louise Brown, todo el mundo se escandalizó, y ahora  ¿cuántos niños probeta hay? Espera 100 años y se aceptará. ¿Es ético que nazca un niño con una dotación genética determinada para poder curar a su hermano? ¿Por qué no, si se puede hacer y salvas una vida humana? Yo estoy convencido que si en medio de estos avances tecnológicos no hubiese alguien que ganase mucho dinero, no se harían. Hay una frase que decía mi exrector de la Politécnica, Gabriel Ferrater, que es “sabemos cómo se inventa pero no sabemos cómo se desinventa”. Esa frase, en su formulación original, es una idea que forma parte del final de una obra de teatro de Friedrich Dürrenmatt llamada Los físicos.

El coprotagonista de Moones una inteligencia artificial que algunos críticos de cine consideran el análogo bueno de Hal. ¿En qué estado de la técnica está la Inteligencia Artificial

Creo que ahora están siendo más realistas. Están intentando buscar programas distintos, como en la traducción automática. Cuando en los años cincuenta-sesenta se planteó el tema de la traducción, se creía que funcionaría como un cerebro humano: un cerebro humano lee un texto en inglés, lo entiende y lo reescribe en español. Pero esto no funciona así. Hoy día, El Periódico y La Vanguardia sacan dos ediciones, una en catalán y una en castellano. Cada uno de los que escriben lo hace en la lengua que quiera: catalán o castellano. Y luego son programas los que traducen, pero ¿cómo traducen? No entendiendo significados, sino por “fuerza bruta”. Es el procedimiento por el que le gana Deep Blue a Kasparov. Almacenan en una base de datos un gran número de frases hechas, luego ajustan y al final suele haber alguien que repasa. Yo por ejemplo hace un par de años escribí un libro en catalán para la UOC, Una historia de la informática. A los tres días, me enviaron ya las galeradas en castellano para que las corrigiera. ¿Cómo lo hicieron? Podrían pagar un traductor, pero este no traduce todo el libro en tres días. Lo hizo un programa. Y lo hizo bastante bien. Por ejemplo, hay un momento en que hablo de Digital Equipment Corporation utilizando las siglas DEC, pero DEC en catalán quiere decir “debo” que es el vocablo que aparecía en la traducción automática. La sorpresa es que tú tomas esa traducción automática, la repasas página por página, y hay pocos errores, uno o dos por página, no más. Esos programas de “fuerza bruta” son muy buenos. En inteligencia artificial se están haciendo cosas, pero ahora se parte desde un grado de realismo acorde con las perspectivas tecnológicas: vamos a hacer pequeñas cosas, que luego ya sumaremos.

A principios de mayo pasado en Budapest estuve en un congreso patrocinado por la Comisión Europea llamado Science beyond fiction dentro de unas jornadas que se organizan cada dos años sobre tecnologías emergentes y futuras. El congreso es para proyectos terriblemente arriesgados a diez años vista, y a dos de esos proyectos se les va a financiar con un millón de euros a cada uno. Y cuando se le pregunta a la vicepresidenta de la Comisión Económica  “¿cómo podéis gastaros esto en época de crisis?”, la respuesta viene a ser:  “mira, o pagamos esto ahora y dentro de diez años tenemos lo que hayamos conseguido nosotros o si no dentro de poco nos costará mucho más comprárselo a Japón, Corea o Estados Unidos”. Y lo dijo por este orden: Japón, Corea, Estados Unidos. Estaba más preocupada con Corea del Sur que con Estados Unidos…

En el mercado anglosajón hay varias publicaciones especializadas en ciencia ficción que gozan de muy buena salud como la revista Locus o la Asimov’s Sciencie Fiction. ¿Hay algún proyecto similar en España

No. Cuesta mucho mantener una revista de este tipo. Aquí se ha probado varias veces, incluso la revista Asimov ha tenido tres ediciones distintas. En España, se ha intentado incluso a base de coger los mejores cuentos americanos y alguno de aquí, y no termina de funcionar. En cambio, en Estados Unidos hay una cierta tradición, Asimov’s Sciencie Fiction Magazine arranca en la primavera del 77, pero es que la  Analog Sciencie Fiction & Fact arrancó en 1930 y aún continua, y es la que tiene más contenido científico porque tiene siempre un artículo de divulgación. Suele elegir una ciencia-ficción con más contenidos de ciencia;  en cambio Asimov’s Sciencie Fiction Magazine está más abierta a la ciencia ficción más “literaria”. En Europa no hay un mercado de la ciencia ficción tan potente como lo hay en EEUU y allí las ventas también han bajado mucho. Las dos revistas que he comentado a principios de los noventa debían vender cien mil ejemplares cada una, y ahora pueden estar en torno a los cincuenta mil. Aun así ¡cincuenta mil, funciona! En cambio en España nunca se dado una situación similar. Nueva Dimensión, la mítica revista de ciencia ficción en España, en el 82 vendía unos mil doscientos ejemplares; mil en suscripciones y doscientos que se vendían en algunos puntos de venta.

En la revista Asimov’s Science Fiction Magazine aceptan manuscritos de autores noveles que si son publicados pues le generan al autor ingresos de hasta cuatrocientos euros para incentivar la producción literaria. ¿Qué opciones les da el mercado español a los autores noveles?

Creo que muy pocas. Había una asociación que montaron Brian W. Aldis y Harry Harrison que se llamaba la World Science Fiction, hecha por profesionales. Yo he sido miembro de ella, y representante en España de esta asociación, entre finales de los ochenta y principios de los noventa. Hasta que descubrí que era un chollo que tenía montado Harry Harrison para viajar, porque así conseguía que desde China invitaran a los representantes de la World Science Fiction y… ¡siempre era él quien viajaba!  Mientras estuve trabajando con ellos intentamos lanzar en España algunos proyectos hasta que aceptamos que la lengua era un serio handicap.

 

¿Qué pasó con el premio UPC? ¿Ha desaparecido?

Hay crisis económica y se estudió la posibilidad de dejar de hacerlo, pero surgió la posibilidad de realizarlo cada dos años, y se sigue haciendo. Hemos pasado de recibir 130 o 140 originales, a 70 que tenemos este año, porque no todo el mundo se ha enterado. ¡Pero el premio está vivo! Seguramente antes del verano daremos el resultado y el ganador. Hemos cerrado la recepción de originales el quince de enero y ahora estamos leyendo los originales.

¿Y lo van a editar?

Bueno, ese es el problema; yo ahora no estoy en Nova, es decir, ya no estoy en Ediciones B, y por tanto ya no puedo garantizar eso. Desde hace un par de años no tengo ninguna relación con Ediciones B. Lo que estamos haciendo ahora con el Premio UPC es publicarlo en Ediciones UPC, la editorial de la universidad, pero ahora se publica en digital. Así, por ejemplo, el que ganó hace un par de años está solo publicado en digital.  Era una novela de un ortodoncista chileno, es una novela ciberpunk y  biotecnológica, y es muy entretenida; está publicada desde hace un año y medio, pero no se entera nadie porque está publicada por Ediciones UPC, en edición digital. Y Ediciones UPC, como suele hacer libros técnicos, se lo ha dado a distribuir a Librería Díaz de Santos especializada en ese tipo de textos.

Alejandro Jodorowsky estuvo a punto de rodar la película de Dune con Dalí como emperador de la galaxia y con Giger encargándose de los decorados. ¿Qué opinión le merece este proyecto que no llegó a ver la luz?

La de David Lynch ya fue un disparate porque mete el primer volumen de Dune en dos horas, y simplemente no cabe. Punto. Lo siento, no cabe. Luego se ha hecho alguna serie de televisión con cinco o seis capítulos de una hora, y eso ya funciona. Ah, aparte que David Lynch tiene como actor fetiche a Kyle MacLachlan, que no puede ser el muad’dib, porque ¡el muad’dib ha de ser delgadísimo!  Pero en cambio, el que hubiese quedado perfecto era  Max Von Sydow. Si llegan a hacer la versión de Jodorowski, hubiese quedado seguramente como película de culto para los cuatro chorras de siempre, y uno lo que quiere es que estas producciones lleguen también al gran público.

Sin dejar la space opera, ¿qué serie o película es su favorita: Star Wars, Vorkosigan…?

En cine y televisión mi favorita sin duda es Babylon 5. Michael Straczynski consigue mantener una historia en cada episodio; y además hay un hilo común que consigue mantenerse durante las cinco temporadas, que es el enfrentamiento con las sombras y el problema político en la Tierra . En ese sentido también me gusta Star Trek, especialmente La nueva generación que cuenta con una nueva tripulación y una nueva nave Enterprise y un arco argumental más complejo que la serie clásica. Star Trek es una buena franquicia que ha dado para mucho. Para mí Star Wars son solo las primeras películas; ahora Lucas riza el rizo. Imaginaos al espécimen aquel de las orejas en la nueva versión en 3D, debe de ser horroroso. La historia de la primera trilogía de Star Wars es muy divertida y está llena de anécdotas. George Lucas venía de hacer THX-1138, una película que fue un fracaso, pero consiguió convencer a Universal para hacer una película de aventuras. El proyecto generó muchos ingresos y Universal convención a Lucas para que preparase la continuación, pero él no tenía ni la más remota idea de cómo hacerlo. Así que se fue a ver a Leigh Brackett, que era autora de novelas de ciencia ficción y guionista de cine (Río Bravo, de Howard Hawks, por ejemplo). Lucas le pasó la primera película. Y parece que ella le dijo “como no hagas que el malo sea el padre del bueno no sé qué se puede hacer”.  Y eso es lo que aparece a partir de la segunda película. Lo cierto es que, al ver la primera película, antes de las remasterizaciones y detalles que le han añadido, nadie soñó (ni Lucas…) ni por lo más remoto que Darth Vader pudiera ser el padre de Luke Skywalker, pero ni de coña. Si recordáis, la primera peli termina con que se ha acabado con los malos, se ha destruido la Estrella de la Muerte, la princesa Leia está contenta, los nombra caballeros… y se cierra. Es una peli de aventuras cerrada.

Beroy se está encargando de realizar en comic la saga de Vorkosigan de Lois McMaster Bujold

En todas las entrevistas le suelen preguntar por sus novelas favoritas o indispensables, a nosotros nos gustaría saber cuál es el relato o novela del premio UPC de ciencia ficción que más le haya gustado. ¿Está a nivel de los grandes relatos de escritores anglosajones?

Ahora me cuesta recordar… había uno de Cesar Mallorquí muy majo, en que había que buscar tres determinados sellos de Franco y tenía que ver con la Guerra Civil; me pareció un juego de paradoja temporal muy bien construido. La más famosa que ha ganado este certamen fue Siete vistas sobre la garganta Olduvai de Mike Resnick justo antes de ganar el premio Hugo y el premio Nébula al año siguiente. Hubo un relato muy curioso que se publicó el segundo año, ¿Quién quiere el Pangloss?, de Antoni Olivé que es un catedrático de aquí, de la UPC; me hizo mucha gracia porque reflejaba un departamento, el nuestro, en donde, en una Cataluña del 2050 en que se empleaban el catalán, el castellano y el inglés, se hablaba de construir un aparato, que es el Pangloss, que traducía simultáneamente a distintas lenguas. Olivé lo escribió en 1992, y se daba cuenta de que en un futuro cercano en la politécnica convivirían lenguas como catalán, castellano, inglés, árabe y dentro de poco chino. Estaba muy bien porque la historia trataba de como un técnico desarrolla un aparato que puede resolver un problema social, pero acaba generando muchos más problemas sociales. De hecho el Premio UPC es el único premio en Espeña al que se puede mandar el original en castellano, catalán, francés o inglés. Incluso me han pedido que se añada gallego, euskera, italiano y alemán.  Si me encuentran un jurado que pueda leer los ocho idiomas, por mi no hay inconveniente. Y ha habido quejas y las comprendo, pero… Pero la cosa es así: catalán y español porque estamos aquí, en Cataluña, francés porque son nuestros vecinos y la cultura catalana está cerca, e inglés porque es la lengua franca en el mundo universitario.

En uno de sus ensayos comenta que la ciencia ficción es definida por muchos especialistas como la literatura de ficción que los editores denominan como ciencia ficción.

Eso es una boutade de Norman Spinrad. Los editores publican con la etiqueta de ciencia ficción, cosa que se está dejando de hacer, porque esa etiqueta por un lado te garantiza un mínimo de ventas, pero por otro también te pone un tope, porque hay una serie de personas que no va a leer nunca ciencia ficción.

En España, por ejemplo, Rosa Montero ha escrito una fantástica novela, Lágrimas en la lluvia, que también se ha llevado al cómic y que se desarrolla en un futuro cercano inspirado en Balde Runner. Sin embargo, no se ha promocionado como ciencia ficción. ¿A qué se debe esta política de marketing tan diferente a la de los países de lengua inglesa?

No les gusta esa imagen porque para ellos es reductiva. La ciencia ficción tiene mala imagen, y desde que Hollywood la trata, peor. Incluso en cine hay cosas maravillosas, como Gattaca o In time. Andrew Niccol como guionista y director de cine que, por cierto, se asemeja  a Leo como guionista y dibujante de cómic. Aparece, te hace una maravilla como Aldebarán y dices: “Madre de Dios, ¿de dónde ha salido este tío?”. Niccol aparece, sin que lo conozca nadie, y te hace Gattaca y luego In time, que es la crítica más feroz al capitalismo que yo haya visto en mi vida.

Sin embargo, la fantasía si funciona en el mercado editorial como tal. ¿A qué es debido?

La fantasía tiene éxito y ese es otro mundo. Nació dentro del mundo de la ciencia ficción como con novelas como la saga Darkover de Marion Zimmer Bradley, y acabó creciendo allí, pero se independizó porque tiene más mercado. Hace un tiempo se hablaba de la muerte de la ciencia ficción, y creo que esa muerte se está dando por dilución. Hay una cosa muy importante: la ciencia ficción ya tiene miedo de ocuparse del futuro lejano, porque si miras cómo era la vida hace 30 años y la comparas con cómo es ahora, ¿quién se atreve a decir cómo será en el 2050? El que lo intente tiene muchas posibilidades de equivocarse. Por ello se intenta ir a cosas más cercanas, y eso quiere decir thrillers biotecnológicos, thrillers ciberpunk con informática, thrillers sobre nanotecnología… ese tipo de cosas. Esto resulta cercano, por lo que la vida cotidiana que refleja es muy parecida todavía a la que tenemos. Los mundos extraterrestres ya entran en un ámbito de fantasía, que generalmente suele estar lleno de magia. A mí lo que me preocupa es que ahora usan el vampirismo y los hombres-lobo para consumo de adolescentes enamorados. Se está diluyendo. La televisión pone habitualmente contenidos de ciencia-ficción, ahora mismo hay tres o cuatro series en curso. Se ha convertido en algo normal, pero yo soy de una época en la que la ciencia ficción era una cosa rara que solo leía gente rara. Ahora se ha convertido en algo más cotidiano, lo que hace que sea más fácil quitarle la etiqueta, porque la gente acepta esos contenidos. En cambio no aceptarían algo como Fundación, porque ya se trata de un futuro muy lejano.

¿Aún se pueden leer los clásicos como Arthur C. Clarke o Asimov?

Yo creo que sí. Clarke es bastante plano, y Asimov es legible. No vas a encontrar en su lectura metáforas o la capacidad literaria de Dan Simmons, Neal Stephenson,  Orson Scott Card o Connie Willis pero son autores que narran una historia, en la que pasan cosas, y hay una inteligencia detrás. Ir más atrás ya cuesta bastante. Leer a Rice Borroughs, por ejemplo, es un poco pesado. O leer a Wells, que es durísimo. Me gusta releer a Verne, quizá porque me lo sé de memoria de cuando tenía nueve años, pero coges La máquina del tiempo de Wells y cuesta mucho trabajo, porque es como se escribía hace 100  años. Ese es uno de los problemas que tiene la ciencia ficción catalana; está La piel fría de Albert Sánchez-Piñol, por ejemplo. Está escrita al estilo de como escribía Wells, como se hacía hace un centenar de años. Está muy claro que este señor no ha leído la ciencia ficción del siglo XX. Viene del mundo de la literatura en general (mainstream) y escribe una obra con las técnicas de escritura del siglo XIX, y ha llovido ya mucho. Entre medias tienes, por ejemplo, cosas como Una galaxia llamada Roma, o textos de Theodore Sturgeon que són del mundillo de la CF, pero esta gente de ahora no conoce la historia del género, y escribe como si no hubiera ocurrido.

¿Qué final le resultó más sorprendente, el de Ubik o el de Los propios dioses?

Hace mucho que las leí y no recuerdo los finales en particular, pero sí la idea general. Los propios dioses es aquella novela en la que Asimov, bromeando, dice que hay sexo explícito; y Ubik es el epítome de lo más clásico de Philip K. Dick. No sabes hasta qué punto está hecha desde una mente racional o desde una mente tocada por el trauma de la muerte de su hermana gemela el día de su nacimiento o por el abuso de drogas. Ubik es el gran ejemplo de ese irracionalismo real, por decirlo de algún modo, y en ese sentido cualquier final es posible.

La ciencia contemporánea ofrece retos altamente ficcionables. ¿Cuáles son los más relevantes que, por su influencia en el desarrollo humano, podrían tratar? ¿Quizá los neutrinos sumerlumínicos

Yo escribo en Byte, una revista de informática; y ya recordé allí que lo de los neutrinos era un preprint. Que había otro preprint de otro grupo que decía que era posible que  esos neutrinos hubieran ido más rápidos que la luz, pero que energéticamente no se notaba en nada. Seamos serios: es un preprint, no está demostrado, no está aceptado y parece que ya hay nuevos experimentos que invalidan los resultados. Demos tiempo al tiempo, en ciencia no se niega nada, sino que se está a verlas venir. Nos conformamos con certezas provisionales y no buscamos verdades absolutas. Pero como los neutrinos vayan más rápido que la luz no os podéis imaginar el follón que se nos monta. Es como preguntarse si algún día se podrá viajar más rápido que la luz. Pues tal vez. Pero el día que pueda hacerse, tendrá que revisarse tal cantidad de cosas de lo que sabemos de física que es un mal que no le deseo a nadie. Además, yo he estudiado ingeniería aeroespacial en Italia y he estado mucho tiempo allí, y este experimento era del CERN pero hecho y llevado por italianos… pues, con perdón, pero son italianos, tú. Económicamente están peor que nosotros y ya tienen la prima de riesgo más baja que nosotros. ¡Engañan a cualquiera! Son cojonudos en eso. Aunque yo siempre digo que cuando me pierda y no me encontréis me podréis buscar en Italia o en algún lugar perdido de Inglaterra. Me gusta Italia y los italianos. Y en cuanto a Inglaterra tal vez ahora ya no lo diría, porque desde la Thatcher  aquello se ha degradado mucho. Hay tíos, un gran divulgador científico como Paul Davies por ejemplo, que acabó yéndose a vivir a Australia porque no podía vivir en Inglaterra. ¡Por favor!

El ciberpunk ha hecho cosas, y habría que continuarlo, como Vernor Vinge en Al final del arco iris, un nuevo mundo virtual con inteligencia aumentada, interfaces de todo tipo, ropa vestible con informática, etc.. En mi opinión el campo de investigación más ficcionable sigue siendo la biotecnología: todo el tema de las neurociencias, qué ocurre con el cerebro humano, cómo ese complejo electroquímico es capaz de hacer funcionar un ser vivo. Sabemos cómo funciona el cuerpo de un ser vivo, pero no tenemos casi ni idea de cómo funciona el cerebro. Ahí hay un bonito campo de investigación, pero la complicación es que cae en seguida en problemas de tipo psicológico, y se presta a otro tipo de cuestiones. El día que la nanotecnología funcione (ahora funciona, pero muy poco) podremos tener sistemas de control de clima y sistemas farmacéuticos entre otro montón de cosas que pueden cambiar la vida de la gente.

¿Y el fin del mundo?

Soy de una generación que pasó toda la juventud con la espada de Damocles de la guerra fría y la amenaza nuclear sobre su cabeza, sabiendo que hay capacidad nuclear para destruir este planeta miles y miles de veces. Una de las sorpresas, que siempre comento a mis estudiantes, es que llevamos más de 65 años en estas circunstancias y todavía no nos hemos hecho el harakiri. Es decir, que no somos tan idiotas. Nos quejamos mucho cuando Irak quiere tener la bomba atómica porque “no le toca”; pero es que los que se quejan son los únicos que la han lanzado contra población civil y, además, dos veces: el 6 y el 9 de agosto de 1945. Estos, los americanos, son los que dicen que aquellos, los iraníes, no tienen derecho. Es increíble, si alguien no tiene derecho a tener bombas nucleares son los EEUU, que sabemos fehacientemente que son capaces de usarlas. Yo he sido comisionado de sostenibilidad en la UPC, y ahora tenemos el problema de que nos hemos comido el mundo, sus recursos. Hay un gráfico terrible que muestra los recursos que tiene el planeta, que es lógicamente una línea plana, y otra que representa lo que vamos consumiendo; y entre 1986 y 1990 cruzamos la raya. Y esa fue responsabilidad de los 800 o 900 millones de personas que componemos Europa, Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia y poco más. Ahora, cuando vengan a cosnumir como nosotros los 2500 millones de China e India será evidente que no hay planeta para tanto. Es un peligro que hasta los años 80 casi nadie vio como posible.

Esto también da de sí en la ciencia ficción, en el sentido de que aporta estos escenarios de cómo es posible, de cómo manejar este conflicto: con alta tecnología o con la vuelta a la vida simple. Pero con 7000 millones de personas ese regreso a la vida simple es muy difícil.

John Bruner escribió dos grandes novelas, Todo sobre Zanzíbar y El rebaño ciego. Todo sobre Zanzíbar trataba básicamente sobre el exceso de población. La sostenibilidad va asociada a eso: más somos, más consumimos y más problema creamos. Yo no creo que por el problema de la sostenibilidad el mundo se acabe. Cambiará. Los ecologistas de la casa me reñían porque yo decía: “Seamos serios. Lo del cambio climático y el calentamiento global es y no es grave”. Si le preguntas a un ruso te dirá: “Cojonudo, Siberia se podrá aprovechar porque será un vergel”. ¿A nosotros nos va a llegar la desertización? También. Pero el calentamiento global no acaba con el planeta, sino con la manera de vivir que tenemos ahora y con la geoestrategia política actual. A nivel de especie, esto no es tan grave. Lo grave era la guerra fría y la nuclear. Se hicieron unas cuantas películas: Teléfono rojo, La hora final, Punto límite cero, etc.; la idea era que cuando alguien tiraba la primera bomba atómica, aquello no se paraba nunca. Eso era una autodestrucción, y en 65 años no lo hemos hecho; es casi sorprendente.

Esto me lleva a otro argumento que considero interesante, y es que venimos de un tiempo de cierto pesimismo en el que sabemos que esto de los viajes espaciales y los tíos en pijama de Star Trekes optimismo ingenuo. ¿Cómo ve la salida de la paradoja de Fermi

Las dimensiones de la galaxia son las que son, si alguien hubiera enviado un mensaje de radio a esta zona hace 150 años nadie se hubiera enterado. ¿Qué conclusión habrían sacado los que lo hubieran enviado? Esa zona está vacía, ahí no hay nadie. Pero es que, ese mensaje ¿cómo llegaría? ¿Cómo se entendería? Hay una trilogía de ciencia ficción que se llama La desunión del trigono, que es muy buena pero es intraducible, porque trata precisamente sobre un mensaje de una civilización extraña que llega y se traduce. hacer versión española es casi imposible ya que todo el mensaje está en inglés, por lo que volver a construir todo aquello en castellano es un trabajo dificil.

El planteamiento de El efecto práctica de David Brin es de lo más sugestivo, un mundo donde la entropía se reduce con el tiempo. ¿Cuál es para usted el marco de ficción más sorprendente a la vez que riguroso tratado en una novela de ciencia ficción?

Esa es muy buena, porque toma uno de los principios esenciales de nuestro universo y le da la vuelta. Eso de que tú tienes un trozo de hierro y al ir golpeándolo se convierte en una espada de lujo, o que si llevas unos harapos durante mucho tiempo se convierte en un traje de diseño, es una idea atractiva. Hay una anécdota muy divertida con la edición española de esa novela porque la portada la hicieron Aguilera y Paco Roca, el de Arrugas, y en la portada aparecen ellos mismos dibujados. La idea de Los propios dioses me parece que está muy bien. Pero más que científicas, me suelen gustar ideas como la de Los desposeídos oLa puerta al país de las mujeres de Sheri S. Tepper que especula con la eliminación del machismo agresivo del planeta, hasta el punto que la llegaron a acusar de fascismo-feminista. Sheri S. Tepper trabajó durante más de 25 años en una agencia de planificación familiar estatal en Kansas y salió un poco mosqueada. La idea de la entropía me parece muy buena porque si algo conoce todo el mundo de las leyes de la física es la entropía, con el uso, las cosas se desgastan, y en la novela de Brin se hace una inversión clara de eso.

Una novela con una gran idea es Cronopaisaje de Gregory Benford. La escribe en 1980, y cuenta que en 1964 hay un doctorando haciendo unos experimentos que no le salen, y el doctorando parece ser el propio Benford. No le salen esos experimentos porque en 1996 se envía al pasado un mensaje con un haz de taquiones y ese haz de taquiones le perjudica las medidas. Lo divertido es ver cómo este tío no puede hacer la tesis doctoral en 1964 y su director de tesis le dice que acabe como sea porque se les acaba la financiación, y los científicos de 1996 siguen teniendo problemas para financiar su mensaje. Es un juego de paradoja temporal en torno al mundo de la ciencia, que a veces te hace explìcito con unos detalles sobre Kennedy, o de ese estilo. La idea es buena, pero como sucede en todas las novelas que ponen fecha, el 1996 descrito por Benford no se parece en nada al 1996 que vivimos. Se tratam según dice David Brin de ver la ciencia ficción como una profecía auto-preventiva, lo cual justificaría, en palabras de Brin, porque el 1984 que nos detalló Orwell nunca llegó porque nos avisó del peligro y lo corregimos.

Evolución de la USS Enterprise

Como ingeniero, ¿qué opinión le merece la física de Star Trek?

Hay varios libros sobre el tema. Se suele usar mucho desde que Lawrence M. Krauss hizo un libro sobre la física de Star Trek donde explicaba que el Transportador nació en realidad porque no había dinero para mostrar el aterrizaje de una nave. Hay algunos absurdos como el hecho de que haya una máquina para teletransportarse en el punto de partida pero no en el destino. Y aún es más difícil de justificar el tiempo que podría llevar esa teleportación. Lawrence M. Krauss calculó que transmitir esos datos a las velocidades de comunicación en la época de Star Trek, o incluso en nuestro tiempo, es cuatro veces la edad del universo. ¡Pobre Capitán Kirk! A pesar de todo hay un elemento aún más sorprendente que los anteriormente mencionados en la saga de Star Trek: en cualquier lugar del universo al que llegan los protagonistas todo el mundo habla inglés.

Se dice que el género de la ciencia ficción es darwiniano porque apela a la adaptación humana tanto física como mental a los cambios. Desde este punto de vista, ¿se puede considerar un género casi filosófico?

Yo creo que lo es. Hay muchas definiciones, pero aquí en la Politécnica suelo usar la de Asimov: “Es la respuesta humana a los cambios en el nivel de ciencia y tecnología”. Lo cual da por supuesto que habrá cambios en los niveles de ciencia y tecnología, y que estos cambiarán la vida de los humanos. Eso es lo que hace la ciencia ficción: tener en cuenta todo eso e intentar ver cómo viviremos en condiciones distintas. Esa idea se puede extrapolar mucho más, olvidarse de los cambios de la ciencia y la tecnología, e imaginar directamente condiciones distintas. Hay gente que se ha inventado civilizaciones del Pleistoceno para defenderse de algo que pasa en el futuro. Tiene que ver con la ciencia y la tecnología en esa idea original, aunque luego puede cambiar.

En un artículo del año 2005  expresó usted la convicción de que el estudio de la literatura de ciencia ficción, tanto en los institutos como en las universidades, puede contribuir al acercamiento de lo que nunca debió separarse, esto es, las ciencias y las humanidades. ¿Podría explicar un poco más esta idea?

Ese es el argumento con el que “vendí” la ciencia ficción en la Politécnica. Normalmente tú lees ciencia ficción y te gusta, pero no te atreves a decirlo. A mí me pasó. Yo empecé leyendo ciencia ficción en mi adolescencia y, al llegar a la universidad, comencé a leer el Ulises de Joyce, El hombre sin atributos de Robert Musil, En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, hasta que piensas que todo eso está muy bien, pero ¿por qué no puedo decir que me gusta la ciencia ficción?  Cuando dejé la empresa privada y vine aquí le transmití esta idea al rector. El argumento era que estamos en un lugar de formación de técnicos: ingenieros, arquitectos, informáticos, etc.. Tal como va el mundo, y como dijo C. P. Snow en la célebre conferencia de Las dos culturas en 1959, es un mundo de ciencias separado de un mundo de letras. La historia de la humanidad suele tener como gurús a personajes de letras porque la ciencia moderna tiene sólo dos o tres siglos. La ciencia moderna es Bacon, Galileo y Newton en el siglo XVII. La manera de acercar a los de ciencias al mundo de la cultura de los otros es a través de algo que mezcle las dos cosas, y le “vendí” el tema de la ciencia ficción. Esto fue en 1991, curiosamente el día que empezó la primera guerra del Golfo, y coincidió con que estábamos yendo a Estados Unidos. El sistema de bibliotecas que usamos la Politécnica, la Autónoma, la Diputación de Barcelona y la Pompeu Fabra lo compramos al sistema de bibliotecas de la Politécnica de Virginia. Y fuimos allá porque nos tenían que enseñar nuevas versiones. El técnico que nos la enseñó dijo: “Voy a haceros una demostración de cosas que hacen nuestros estudiantes. Vamos a buscar novelas de ciencia ficción de Paul Anderson que estén en la biblioteca”. Yo aproveché y le dije a Ferraté “¿Ves como la ciencia ficción es seria, como está en las universidades?”. Luego ocurrió que, mientras volvíamos a Nueva York en tren, yo iba leyendo una novela de Michael Flint que se llama En el país de los ciegos, donde se imagina que cuando Babbage diseña su ordenador en el siglo XIX una sociedad secreta lo consigue fabricar y desde entonces controlan el devenir del mundo. Entonces le dije al Rector: “Tú, cuando estudiabas en Inglaterra y tenías 20 años ¿a quién leías? ¿A que leías a Arthur Clarke y Asimov? Pues esto es lo que va a leer nuestra gente. Hemos de meter la ciencia ficción en la Politécnica”. Y ahí creamos el concurso de ciencia ficción, la asociación de ciencia ficción de la Politécnica y la sección de libros de ciencia ficción de la biblioteca, que hoy tiene 6000 ejemplares.

¿Cómo explica que esto no haya ocurrido más?

Porque en España hay que trabajar duro para lanzar algo así. En España, la ciencia ficción no es excesivamente cultivada por científicos e ingenieros o, si lo es, lo es a escondidas, no lo dicen, al contrario que ocurre en EEUU o Inglaterra. Desde esa época me estoy dedicando a hacer divulgación científica usando ciencia ficción. Eso tiene también otros problemas, pues la divulgación científica no está muy bien vista en este país. Sólo hay que fijarse en que un jurista como Eduard Punset tenga fama de divulgador científico; y últimamente está hablando sobre todo de la psique, de ser feliz… ¿Y eso qué tiene que ver con la ciencia? ¡Si todavía alguién discute si la psicología es ciencia! No lo sé. Las ciencias “blandas” como la sociología, la psicología, la antropología, la historia… son las únicas disciplinas en cuyas carreras hay una asignatura llamada “Metodología de las ciencias sociales” o equivalentes. Quieren saber hasta qué punto son ciencias. En física eso no sucede, pues no tienen ninguna duda de que son ciencia, aunque yo no creo que el hecho de usar fórumlas automáticamente califique como “ciencia” lo que se está haciendo…

En sus libros ha definido usted la ciencia ficción como una “literatura de ideas” frente a otra literatura más estética, esto es, más preocupada de la forma y, según los cánones, de mayor calidad. ¿Es esta división necesaria, más allá de un academicismo en ocasiones impostado?  Y, sobre todo, ¿sigue siendo real?

Creo que ya ha cambiado. La revolución de la new wave que llevaron gente como Judith Merril ha funcionado, y a partir de los 70 y 80 ha habido una mayor preocupación por el contenido literario. Hay muy poca gente que escriba literatura mainstream que pueda estar hoy en día al nivel de autores como Connie Willis, Dan Simmons o Neal Stephenson. Y no es que escriban una novela y se agoten en ella, sino que hacen, y hacen, y hacen. Tienen un oficio.

Su Guía de lectura, publicada en la colección Nova en 1990, realiza un recorrido exhaustivo por el género, desde sus orígenes anglosajones hasta los autores españoles actuales. ¿Qué nombres, títulos o datos añadiría hoy?

Para mí los que han aparecido nuevos con fuerza son los mencionados arriba, Dan Simmons, Connie Willis, Neal Stephenson. Orson Scott Card me gusta por la capacidad de novelar que tiene, aunque a veces se repite bastante; pero es muy bueno para iniciar en la ciencia ficción a adolescentes. Lo que pasa es que predica demasiado, es obispo mormón y se nota. También me gusta mucho Sheri S. Tepper. Últimamente me gustan las mujeres que intentan hablar de sociedades distintas y de maneras distintas de funcionar en sociedad. Luego está Ken MacLeod, un señor izquierdoso de Gran Bretaña. Tiene una novela genial en la que empieza preguntando ¿te acuerdas del día que murió Stalin? Todo el mundo sabe qué día murió Kennedy, pero nadie suele saber qué día murió Stalin. Solo con eso ya te está diciendo que el mundo ha sido distinto. Charles Stross me gusta, aunque este autor pone sus libros gratis en la web, y por eso los editores de aquí no quieren publicarlo. Y es que hoy en día ya hay en España muchos lectores de ciencia ficción pueden leer directamente en inglés.

Hace tiempo que la universidad americana asumió las ventajas de enseñar e investigar sobre ciencia ficción, y hoy día ya se ha convertido en una especialidad de prestigio. ¿Cuál es la situación en la universidad española?

Hace poco estuve en la Autónoma de Madrid donde un filósofo montaba un encuentro sobre los viajes en el tiempo y daba el punto de vista de la filosofía, la ciencia y la ciencia ficción. Hace 20 años a nadie se le hubiera ocurrido que una facultad de filosofía pudiera organizar algo de ese tipo. Es decir, se van haciendo cosas. La temática de la ciencia ficción está entrando en la mentalidad de la gente.

La sociedad se está interesando cada vez más por la ciencia y la tecnología

Llevamos 20 o 30 años en los que los cambios de la ciencia y la tecnología han cambiado muchísimo la vida de la gente. Hay un paleontólogo catalán, Eudald Carbonell, que plantea que los descubrimientos tecnológicos tardan un tiempo en extenderse a toda la sociedad. El fuego tardó miles de años en hacerlo y en usarse en todo el planeta. Pero es que el teléfono móvil ha tardado menos de cinco años. La velocidad de cambio en que la novedad tecnológica aparece está siendo vertiginosa… ¿quién se acuerda de cuando se escribían cartas? Es curioso, porque primero se escribían cartas y se dejó de hacer porque se inventó el teléfono. Y luego se ha vuelto a escribir, pero ahora escribimos e-mails.

¿Cómo se relaciona  en su vida la docencia universitaria, la investigación científica y su labor en torno a la ciencia ficción?

De todas estas cosas lo que más me interesa es la docencia. Entiendo que la buena docencia tiene menos que ver con los contenidos que con la actitud. Hay que promover la curiosidad. Organizo clases, por ejemplo, en las que vemos un documental y luego lo discutimos durante una hora; o propongo temas, mis alumnos los preparan y los exponen en clase, y yo se los discuto. Hago investigación, pero de las cosas que me interesan. Estoy un poco fuera de los cánones. Me metí, por ejemplo, en temas de sostenibilidad ya en 1995. Y académicamente esto no te lo reconoce nadie. Estoy en un departamento que se llama “Ingeniería de servicios y sistemas de información” y a nivel curricular en este departamento no me cuentan mucho los artículos sobre sostenibilidad o el que acabo de publicar en Science Communication, con un profesor de la Autónoma y dos investigadores de una universidad Noruega, sobre la ética de la mejora del cuerpo humano con la tecnología, usando la ciencia ficción como referente. Incluye, por ejemplo, toda la cuestión de la cosmética que hay en la película Brazil, una divertida distopía de 1984 que dirigió Terry Gilliam. Lo sigo haciendo. Tengo una edad, tengo un prestigio, he pagado mis peajes haceindo gestión como vicedecano y vicerrector las veces que me lo han pedido. Me dedico a la docencia y cada vez me interesa más la divulgación científica, que es un poco la docencia para la gente que no la espera. Por ejemplo, lo que estoy haciendo con la gente mayor se podría pensar que es algo inútil, pero yo creo que no. Algunos preguntan cómo puedo hablar de sostenibilidad a un anciano cuando no va afectar a su vida. Pero es que sí afecta a la vida de sus nietos y con eso tienes toda su atención, porque sus nietos les interesan mucho más que ellos mismos.

Con respecto a las redes sociales, ¿se adapta?

No suelo usar redes sociales. Conozco todos los problemas de seguridad que tiene Facebook y cómo se usa para controlar a la gente. Mi problema con  Twitter es que 140 caracteres no me bastan, no puedo hacerlo, soy incapaz, soy un “rollista”. Uso poco las redes sociales, aunque estoy metido en algunas para ver de qué van. Sí uso mucho el correo electrónico, Internet, lectores de libros electrónicos. Por ejemplo, en la facultad de Informàtica las tesis no las hacemos , sino en pdf, y si un profesor se queja le dejamos un lector durante dos semanas, y ya está.

Si todo avance tecnológico se produce a costa de algo, es decir, conlleva una pérdida, ¿qué avance cree  que hubiera sido mejor no haber conocido?

No lo sé, es difícil, pero es que yo soy un tío muy raro. Considero, por ejemplo, que uno de los mejores avances es la lavadora. Los hombres hablamos siempre del teléfono móvil, del coche o del avión, pero la lavadora es algo básico. ¿Tú sabes las horas que ahorra? Y si además tienes lavadora y secadora ya es el colmo. Avances buenos hay muchos. En cuanto a los malos, todo lo que sea investigación militar. Lo que pasa es que toda la investigación militar acaba teniendo utilidad práctica. El primer ordenador, por ejemplo, se hizo, pagado por el laboratorio de investigación balística del ejército americano, para calcular trayectorias de obuses durante la Segunda Guerra Mundial. Soy de los que creo que hay que ser conscientes de para qué tenemos las cosas y qué queremos usar.

¿No le parece que la famosa frase de Clarke: “Toda la tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia” ya es una realidad para el común de los mortales?

Te voy a dar un ejemplo. Ahora controlamos los televisores con un mando, pero se podría hacer con la voz. El día que esto funcione, como palabra para encender la televisión de casa voy a poner “Abracadabra”. Porque la mayoría de la gente aprieta un botón y no tiene idea de lo que está pasando ahí dentro. La gente usa la tecnología como magia, porque no entiende los fundamentos de la misma. Acostumbro a usar esta frase de Clarke con los chavales. Y no con extraterrestres. Imaginemos que tenemos una máquina del tiempo y traemos a un señor de hace 2000 años, de la época de Julio César. Y a esta persona le enseñamos un coche, un avión, un teléfono, una lavadora, etc. En realidad, no puede entender cómo funcionan. Los verá funcionar y dirá que funcionan por magia. Pues el 90% de la gente, cuando aprieta un botón de un aparato tecnológico tampoco sabe qué está ocurriendo, por lo tanto dice: “Magia”. Bueno, no dice “magia” porque sabe que es tecnología, pero tiene la misma reacción que con la magia. Y cuando la magia no funciona, como cuando aparece la pantalla azul de Windows, no sabe qué hacer, ha fallado la magia.