Mejores videoclips: cosecha 2018

2018, o el año en el que Beyoncé y su marido se instalaron en el Louvre mientras Annie Clark hacía lo mismo entre sudores y cuero en el epicentro de una orgía gay discotequera. El año en el que Carolina Durante perfiló la figura del Cayetano mientras Rosalía ennoblecía el chándal y las figuritas de porcelana. El año que hizo bailar a Alison Brie y llorar a Sissy Spacek. El año en el que Donald Glover se hizo mainstream al volarle la cabeza de un tiro a un músico mientras los videoclips, sabiendo que lo de mudarse a internet es lo mejor que les podía haber pasado, continuaban exprimiendo e incluso burlándose del medio digital en donde ahora reinaban.

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Flasher – «Material»

Director: Nick Roney

La gracia del «Material» de Flasher pasa por dejar de leer ahora mismo sobre él, ponerlo a pantalla completa y disfrutar de la ocurrencia. Y luego pasarse por aquí para que a uno le señalen lo obvio.

Un chiste simpático que utiliza el propio hábitat actual de los videoclips. Una coña ingeniosa que tiene antecedentes: Joe Crespúsculo y Alberto González Vázquez hicieron algo parecido el año pasado con «Música para adultos» al simular errores de conexión y colar banners publicitarios entre las letras de la canción, pero que no dejará de resultar simpática mientras el espectador siga abalanzándose instintivamente sobre el ratón para ver por qué coño se ha colgado la imagen. La metavoltereta incluye un paseo entre un lyric video, una perfomance a capela, un karaoke vergonzoso, navegar entre listas de YouTube, anuncios de calcetines, jump scares baratos y grabaciones absurdas. La chorrada es tan divertida como para que la canción acabe siendo lo de menos.  

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Childish Gambino – «This is America»
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LITO pirateando a Childish Gambino con Carly Rae Jepsen – «This is America, So Call Me Maybe»

Director: Hiro Murai

Al fabuloso universo del realizador Hiro Murai en esta sagrada casa le tenemos tanto cariño como para haberle dedicado un pequeño altar en forma de artículo homenajeando su obra: «Los mundos de Hiro Murai». En mayo del 2018 el hombre que convirtió el funeral de una pareja de niños en un musical bellísimo (ocurrió con el «Never Catch Me» de Flying lotus) pegó un pelotazo mundial al aliarse, una vez más, con Donald Glover (Childish Gambino) y fabricar «This is America». Un espectáculo que arrancaba como una coreografía vanguardista plagada de gesticulaciones, pero que de repente se convertía en algo aterrador cuando el cantante descerrajaba un tiro, sin razón alguna y posando a la hora de apretar el gatillo, sobre la cabeza del guitarrista. La terrorífica sorna de un clip que denuncia la cultura de las armas, la represión policial y el conflicto racial entre coreografías llenas de sonrisas y coros de góspel ametrallados por el protagonista del clip. Murai haciendo lo que mejor sabe y beneficiándose de la viralidad entre una generación tecnológica que parece que ha descubierto ayer el mejunje que da forma a los videoclips contemporáneos: los youtubers, esa camada acostumbrada a que se lo den todo masticado, comenzaron a producir vídeos tratando de explicarse entre ellos el significado del vídeo de Childish Gambino porque no habían entendido nada de nada.

Lo bonito es que frente a esa inocencia imberbe del usuario de internet que necesita que otros piensen por él también existe la maravillosa guasa constante de aquel otro que considera que nada es sagrado. Una persona apodada LOTI planchó la canción «Call Me Maybe» de Carly Rae Jepsen sobre el clip de Murai y descubrió que la música y las imágenes se sincronizaban de una manera tan sorprendente como cómica. Aquella perversión titulada «This is America, So Call Me Maybe» se volvió viral, y en la descripción del vídeo el propio LOTI que firmaba la remezcla se justificaba: «Esto no era mi intención, mis intenciones eran buenas».

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Jack White – «Over and Over and Over»

Director: Us

Una canción que suena a Rage Against the Machine, luce guitarras y sacude al espectador dentro de un apartamento mutante atrapado en un bucle que suda pintura azul y está habitado por todo tipo de seres extraños. O un día cualquiera en la vida de Jack White.

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Carolina Durante – «Cayetano»

Director: Pablo Vallhonrat

El sello Sonido Muchacho fichó a Carolina Durante tras verlos en directo cuando la banda apenas tenían unos pocos vídeos en YouTube y una canción subida a Bandcamp: «Sonaban como si nunca hubieran ensayado juntos, como si no tuvieran instrumentos, como si no hubieran encendido un amplificador… pero madre mía, ahí estaba la fuerza, la rabia, la actitud, y unas letras que hablaban de verdad, a la cara, sin aparentar y sin tonterías» anunciaba en su momento la nota de prensa oficial. Después llegaron «En verano, ornitofilia», «Necromántico» o «La noche de los muertos vivientes» y la sensación de que aquella formación, que tan pronto recordaba a El Niño Gusano como a Los Nikis y tenía algo tan agradecido como un cantante que se sacude con espasmos teatrales, poseía un futuro interesante. Solo les faltaba un pelotazo.

Y entonces llegó «Cayetano», una  parodia fabulosa del estereotipo rancio del payaso con ínfulas, dinero de papá, camisa rosa desabrochada y vacaciones en Ibiza. Una letra cabrona con versos tan geniales como el «Todos mis amigos se llaman Cayetano / no votan al PP, votan a Ciudadanos» y el «Morat, Taburete / qué grupazos / en sus conciertos cómo lo pasamos». El videoclip era igual de cachondo y se paseaba por la choza de un Cayetano de la vida donde el autógrafo de Inés Arrimadas estaba colgado junto al Psycho Candy de The Jesus and Mary Chain, la gente salía del lavabo toqueteándose la nariz y alguien le pedía a un pijillo con moño y ukelele que se tocase «la de “Sirenas”».

Bonus track: a finales de año Carolina Durante lanzó «Perdona (ahora sí que sí)», un tema featuring Amaia Romero en el que versionaban una composición del impagable Marcelo Criminal. El videoclip oficial de todo aquello era una coña en sí mismo: en él se narraba cómo Carolina Durante le robaba vilmente la canción a Marcelo.

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Justice – «Love S.O.S»

Director: Edouard Salier

Un culturista en tacones, envasado en un speedo de lentejuelas y con la jeta llena de cicatrices se frota el higo contra la barra en un espectáculo de pole dance antes de arremeter contra los espectadores del propio show para masacrarlos y coserles la cara con la punta más afilada de sus zapatos. Los franceses de Justice llevan tanto tiempo apostando por forrar su música de clips creativos como para ser ya conscientes de que han creado su propia mitología: en una televisión que asoma por el escenario de este «Love S.O.S.» se emite el espectacular clip de Salier que acompañó a «Civilization», aquel donde un mundo se derrumbaba entre estampidas de búfalos.

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Dua Lipa –IDGAF

Director: Henry Scholfield

A Dua Lipa le van las luchas internas, el año pasado su conciencia le hizo los coros en  «New rules» y a principios de 2018 «IDGAF» se convirtió en una batalla interior por defender el amor propio. Una guerra que enfrentaba a dos ejércitos de bailarinas clónicas comandados por dos encarnaciones diferentes de la propia artista. Espectacular malabarismo con efectos especiales capaces de tejer dos coreografías independientes de manera digital y una artista que se merece aplausos por convertir ese «I don’t give a fuck» («Me importa una mierda») en los cimientos de una canción pop. Tras la cámara se ubica Henry Scholfield y de la asombrosa dirección artística se encarga Mosaert, o el nombre bajo el que se esconden Paul Van Haver (formalmente conocido como Stromae) y Luc Junior Tam.

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LSD – «Thunderclouds»

Director: Ernest Desumbila

En abril de 2018 se anunció la formación de un supergrupo pop compuesto por la cantante Sia, Labrinth y el productor Diplo. Se estrenaron en esto de los videoclips con la catarata psicodélica y multicolor del animado «Genius» y contraatacaron con un «Audio» resultón que combinaba cintas de casete con animales de dibujos animados y coches de segunda mano con efectos CGI que convirtieron a Sia en un globo cantarín. De la dirección de este último clip se ocupó el barcelonés Ernest Desumbila, el mismo realizador que un puñado de meses más tarde filmaría un «Thunderclouds» que resume el espíritu ideal del vídeo musical popero entendido como superproducción visual. Toneladas de FX simpáticos, concesiones jugueteras que transforman a un personaje principal en títere o a una nube digital en secundario y la sensación de que los cielos rosados solo camuflan una letra amarga («Dices esas palabras / como si ahora me odiaras / Nuestra casa está ardiendo / cuando te crían en el infierno» ). Ojo a Labrinth viajando a lo Goku, con su propia nubecilla personal.

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Joey Dosik – «Inside Voice»

Director: Carlos Lopez Estrada

La historia de amor entre una almeja y una albóndiga que emocionó a Spielberg.

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LCD Soundsystem – «Oh Baby»

Director: Rian Johnson

A Rian Johnson hay que aplaudirle un pequeño puñado de logros: haber reescrito las normas del noir en el escenario de un instituto con la fabulosa película Brick, haber confeccionado una historia de viajes en el tiempo tan fantástica como Looper y, por supuesto, haber encabronado a una piara de fans acérrimos (pero poco tolerantes y razonables) de la saga Star Wars al ponerse a los mandos de Los últimos jedi. Desde este año podemos añadir a la lista el haber aprovechado el videoclip «Oh Baby», de los neoyorquinos LCD Soundsystem, para narrar en seis minutos una ciencia ficción emocional y minimalista protagonizada por dos estrellazas como Sissy Spacek y David Strathairn.

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Beck – «Colors»

Director: Edgar Wright

Edgar Wright (director de Shaun of the Dead, Bienvenidos al fin del mundo o Baby Driver) solicitó los servicios de Beck para elaborar la banda sonora de Scott Pilgrim contra el mundo (algo que el californiano hizo con muchísimo arte). Ocho años después, Beck telefoneó a Wright y le ofreció encargarse del videoclip de «Colors». El realizador inglés aceptó e ideó un musical de colorines inspirado en las fanfarrias clásicas de Busby Berkeley (el responsable de coreografías tan acojonantes como estas) pero el presupuesto para llevarlo a cabo se le antojaba excesivo a la productora.

Cuando por fin consiguieron la pasta ocurrió una desgracia: la actriz que había apalabrado meses atrás su participación en el clip se cayó a última hora del proyecto y el equipo no era capaz de encontrar sustituta. Un viernes por la noche alguien sugirió contactar con Alison Brie y un Wright desesperadísimo, porque el rodaje estaba programado para el próximo lunes por la mañana, le envió un mensaje a través del móvil a la actriz: «Felicidades por el éxito de Glow. Por cierto ¿bailas?». Brie lo flipó en colores cuando descubrió que se trataba de colaborar con Beck, con el coreógrafo Ryan Heffington y bajo las órdenes de Wright, pero lo flipó mucho más cuando le dijeron que solo tenía dos días para aprenderse los pasos antes de comenzar a rodar. Aceptó el reto, y cuarenta y ocho horas después se puso frente a la cámara para bordarlo de manera excepcional. Y ahora el mundo es un lugar mejor desde que tenemos a Alison Brie bailando en un vídeo musical. De hecho, es que nos sobra hasta Beck en el videoclip.

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Vince Staples – «FUN!»

Director: Calmatic

Lo más brillante del «FUN!» de Vince Staples no fue solo concebir un vídeo de rap desde el punto de vista del Street View de Google Earth, sino rematarlo con una sorpresa final que convierte el clip en un chiste negrísimo. Uno a costa del propio espectador, y su asimilación moderna de ciertas culturas musicales, con un twist ending que retuerce tanto el culo como M. Night Shyamalan en sus buenos tiempos.

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«Welcome Home»

Director: Spike Jonze

No es un videoclip al uso, pero tiene música de Anderson .Paak (un tema titulado «Til It’s Over» que ni siquiera aparece en el álbum del cantante). No es un videoclip pero tiene a FKA Twigs bailando. No es un videoclip, pero tiene el ingenio de Spike Jonze a cargo de todo y montando un espectáculo coprotagonizado por una habitación con vida propia y propiedades elásticas. En principio no es un videoclip, es un anuncio de Apple, pero se ha colado en la lista de los mejores videoclips del año porque se lo merece. Y porque queremos ver a Jonze pariendo más videoclips.

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Panic! At the Disco – Say Amen (Saturday Night)

Director: Daniel “Cloud” Campos

Lo típico, te estás preparando para salir el sábado por la noche pero te entretienes a última hora destripando a la banda de ninjas se ha colado en tu casa para arrebatarte un artefacto demoniaco. Protagonizado por Brendon Urie (único miembro en la actualidad de la banda) el propio videoclip además de lucir bastante entre salpicaduras de hemoglobina ninja también ejerce de precuela oficial para otras dos chifladuras visuales del grupo: «This is Gospel» y «Emperor’s New Clothes».

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Rosalía – «Pienso en tu mirá»

Director: CANADA

Es probable que el lector no lo sepa, porque hoy en día estas cosas pasan de puntillas y nadie se entera, pero hay una chavala del Baix Llobregat que se llama Rosalía y ha sacado un disco este año. Y la producción visual, a cargo de los estupendos de CANADA, que acompañó a la música es de una potencia extraordinaria. «Malamente» apostó fuerte y acertó, tanto como para encaramarse a las listas de lo mejor del año para entidades tan curtidas como Pitchfork, fardando con tres minutos repletos de imágenes magníficas: nazarenos haciendo piruetas sobre skates claveteados, tunning y espectaculares planos que congelaban matadores toreando motos. Pero con «Pienso en tu mirá» todo apuntaba incluso más alto y parecía mejor cosido a la canción: una folclórica colgada en la cabina de un camión, sangre floreciendo en las camisetas de los camioneros, una tropa de bailarinas encapuchadas botando por el piso y una porcelana cantarina entre ajos, paquetes de tabaco y anís del mono. Una asimilación y reinterpretación de lo presuntamente común y vulgar que lo eleva a los altares de la modernidad, o la fabulosa elegancia inesperada del chándal y los polígonos de camioneros.

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The Chemical Brothers – «Free Yourself»

Directores: Dom&Nic

The Chemical Brothers son una auténtica institución en el mundo del videoclip: su música hizo bailar a toda una discoteca de esqueletos («Hey Boy, Hey Girl»), logró que los habitantes de una pecera perpetrasen un concierto con beatboxing de pescado incluido («The Salmon Song»), construyó un caleidoscopio asombroso («Let Forever Be»), inspiró su propio Mad MaxSometimes I Feel So Desserted»), fabricó mutantes digitales danzarines («C-h-e-m-i-c-a-l») y embelleció viajes en tren («Star Guitar»), revoluciones promocionadas («Out of Control») o competiciones gimnásticas («Elektrobank»). La premisa del videoclip para «Free Yourself» se resume rápido: esto es lo que pasaría si Skynet y sus androides en lugar de esclavizar a la raza humana se rebelaran para montarse una rave loquísima que incluye chips hackeados para fliparlo en una frutería piscodélica. Atención al clásico cameo de los Chemical (minuto 4:37) y a la breve pero simpática escena poscréditos. También es todo un detalle que, entre los componentes que dan forma a los robots bailongos, hayan incluido las extremidades de rejilla que ahuecaron a una bailarina en el extraordinario vídeo de «Wide Open».

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MK, Jonas Blue, Becky Hill – «Back and Forth»

Director: Finn Keenan

Dos productores (MK y Jonas Blue) junto a una cantante (Becky Hill), un hit bailable y un videoclip que utiliza una ocurrencia brillante para retorcer las normas de los géneros y ensortijar la comedia con la tragedia: ¿qué ocurre cuando un personaje de videoclip, una persona que se mueve y actúa al ritmo de la música como si fuese un GIF humano, se enfrenta al mundo real? Pues el drama, la desgracia, la calamidad pretendidamente profunda enquistada en un looping cómico y ridículo. La coña que juega a plantar el melodrama en un escenario tan ridículo que no puede evitar resultar gracioso.

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SOPHIE – «Faceshopping»

Directora: SOPHIE

Se puso de moda decir que las creaciones que elaboraba Sophie era una revisión hipercinética de la música pop. Y aquello fue una solución viable para los periodistas musicales que intentaban explicar con palabras dónde coño se ubicaba la producción de alguien que había parido cosas como «Bipp» o «Lemonade», de alguien que además entendía la promoción como un chiste en sí mismo: en una entrevista de radio de la BBC1 (donde se insinuó que el verdadero nombre de la artista era Sam) Sophie participó camuflando su voz digitalmente hasta lograr que sonase como la de una niña pequeña (lo justificó con un «es que estoy resfriada»). Y cuando en Pitchfork le preguntaron por sus influencias musicales contestó con un «comprar, especialmente todo aquello que prohíben llevar como equipaje de mano». Teniendo en cuenta todo lo anterior no sería difícil definir las imágenes que acompañan al tema «Faceshopping» como una revisión hipercinética del videoclip, pero eso sería el camino evidente. En realidad lo que ocurre en la pantalla tiene tanto de ecos de otros mundos electrónicos, de aquella época en la que el grotesco imaginario visual de Aphex Twin avivaba pesadillas, como de las instalaciones artísticas, de los hinchables de feria, de las orgías tipográficas de Gaspar Noé y, por supuesto, de todo aquello que prohíben llevar en el equipaje de mano.

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St. Vincent – «Fast Slow Disco»

Director: Zev Deans


A estas alturas Annie Clark puede hacer lo que le dé la gana. Y si lo que le da la gana es llamar a Zev Deans, un hombre que lleva años vistiendo con imágenes las guitarras de Ghost y la gótica de Chelsea Wolfe, pues estupendo. Porque a lo mejor solo ese combo podía ser capaz de agarrar una orgía sobre la pista de baile de un bar gay y lograr que se contonee más cerca de la elegancia que de lo sórdido. Ayudó bastante que «Fast Slow Disco» tuviese vida propia: «Siempre sentí que esta canción podría llevar diferentes trajes y vivir diferentes vidas. Y aquí está ella, vistiendo pantalones de discoteca y sudando en una discoteca neoyorquina».

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The Carters – «Apeshit»

Director: Ricky Saiz

A lo largo de seis minutos, Beyoncé y su marido repiten bajo las órdenes de Ricky Saiz aquella artimaña que le salió bien a La gran belleza: empaquetarlo todo con obras de arte incontestables. ¿Funciona? Como un reloj. A Paolo Sorrentino utilizar Roma de escenario le sirvió para camuflar las carencias de su Pollavieja: the Movie, pero en el caso de los Carters filmar el videoclip en el interior del Louvre parisino parece tener mucho más sentido: reclamar el hueco para los artistas negros en aquellas galerías donde siempre han estado ausentes por culpa de la historia. Y probablemente las coreografías y modelitos frente a tanto lienzo ilustre tengan mucho de premonitorio: en un par de siglos Beyoncé y Jay-Z es posible que formen parte de un museo.

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Justin Timberlake – «Filthy»

Director: Mark Romanek

The Chemical Brothers no fueron los únicos que soltaron un robot sobre la pista de baile. A principios de año Timberlake y Romanek agarraron la obsesión actual por las keynotes de Apple y los robots que hacen cosas y la transformaron en un número musical. Uno donde el androide que levanta cajas evoluciona a bailarín superestrella y bola discotequera mientras Timberlake se sacude los glitches del jersey.

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Menciones especiales:

En 2018 ocurrieron muchas más cosas: Die Antwoord añadieron un «Alien» a ese fascinante ejército de criaturas inadaptadas que han reclutado durante los últimos años a base de glorificar el feísmo y descubrir que está lleno de belleza retorcida. Los berridos de Pig Destroyer llegaron acompañados de un clip para «Mt. Skull» deliciosamente cutre que transformaba un funeral en el videojuego Tony Hawk’s Pro Skater arrojando al féretro y al finado a grindear bordillos y efectuar trucos de monopatín sobre mobiliario urbano. Joe Crepúsculo homenajeó a la madrileña sala Galileo Galilei en el plano secuencia de su «Quizá». A los raperos 2 Chainz, YG y Offset se les ocurrió el mejor regalo para el Día de la Madre posible: convertir a sus progenitoras en las raperas protagonistas y gangsta del videoclip «Proud».

Bruno Mars y Cardi B avivaron la idea de que los noventa son los nuevos ochenta con «Finesse». Drake convenció a un batallón de famosas (entre las que se encontraban gente como Olivia Wilde, Zoe Saldaña, Rashida Jones, Misty Copeland, Syd, Emma Roberts, Bria Vinaite, Tiffany Haddish, Jourdan Dunn, Michelle Rodriguez o Rashida Jones) para que le dieran brillo al corte «Nice for What» entre excesos y carreras de karts con neones.

Lo de Khruangbin y su «Evan Finds the Third Room» es difícil de explicar con palabras. El terreno del vídeo con marionetas parecía que iba a estar dominado por la versión de felpa de un amargado Ed Sheeran persiguiendo a una zagala hinchable en «Happier», hasta que llegó el cantante de Panic! At the Disco y desató en «Hey Look Ma, I made It» a una marioneta a modo de alter ego pasadísimo de vueltas: esnifando kilómetros de cocaína, vomitando sobre todo lo que le rodeaba, encamándose en sesiones de sadomaso y convertida en diana de palizas callejeras.

Melodys Echo Chamber construyeron una fantasía animada digna de un Moebius empapado en pasteles con «Breathe In, Breathe Out». The Armed elaboró un clip para «Role Models» con espíritu de experimento moderno y conejillo de indias influencer: llamaron a su amigo Tommy Wiseau, director y protagonista de la catastrófica cinta de culto The Room, y le pidieron que se dejase llevar escuchando la canción (curiosamente, no es el único videoclip que en 2018 protagonizó el tarado de Wiseau). «Low» de Belle Game navegó entre operaciones estéticas y fábricas de muñecas sexuales en cuatro minutos bastante NSFW pese a estar moldeados en silicona. La banda londinense Jungle presentó «Heavy, California» con una coreografía campestre espectacular. Little dragon aprovechó «Lover Chanting» para llevar la música de baile a los terrenos virtules y multijugador de videojuegos a lo World of Warcraft. Christine and the Queens bailaron en las alturas de un edificio en construcción durante «Girlfriend» y Janelle Monáe optó abandonar las metáforas sutiles en una gasolinera y vestirse con unos pantalones con pinta de coño gigante para «PYNK».

Father John Misty convirtió «Date Night» en una alucinación de dibujos animados. A Place to Bury Strangers juntó running con CGI pasado de moda en «Execution». Aphex Twin demostró de nuevo con «T60 Collapse» que sus mundos son capaces de ordenar cuidadosamente el caos y convertirlo en arquitecturas glitcheadas. Y la realizadora Charlotte Abramow sorprendió ideando una oda visual a la mujer para ilustrar «Les Passantes» de George Brassens (una canción de 1972 basada en versos de Antoine Pol).

Bonus track: Probablemente mejor vídeo del año relacionado con la música pero no musical va para Cecilio G. y su entrevista con en El Periódico tras salir de la cárcel durante un permiso. Una pieza informativa profunda y surrealista aliñada con imágenes de animales en el zoo y las preferencias del cantante a la hora de pedirse un durum en Lloret del Mar.


CANADA: «Rosalía ha desacralizado los símbolos, que es lo contrario de apropiárselos»

Para todo el que haya visto el vídeo de Rosalía de «Malamente» va a ser difícil olvidar las imágenes del toreo con motos o el nazareno skater descalzo en una tabla con clavos en la lija. Ese es el objetivo de la productora CANADA, trabajar el impacto de la imagen. Tanto ha sido así que su último clip ha generado una polémica importante en las redes sociales y medios digitales por la iconografía empleada. Se ha acusado a la artista de apropiación cultural y a los autores del vídeo de glorificar la tauromaquia y exhibir símbolos castizos que no serían del gusto de una nueva izquierda. Pero la controversia es diminuta al lado del currículum de esta productora, que es una marca de prestigio dentro y fuera de España y en su división musical, Canadá Editorial, afrontan el reto de ser la discográfica de artistas que se suponía que no necesitaban discográfica. Hablamos con Alba Barneda, Nicolás Méndez, Lope Serrano, Alba Blasi y Borja Rosal.

¿Cómo se elaboró el clip de Rosalía?

Nicolás Méndez: Cuando escuchamos la canción vimos que iba a ser bastante pelotazo, por esa razón nos metimos. Vimos que iba a funcionar y ser un éxito. Lo que no esperaba era la controversia. Ella venía con un imaginario muy marcado y definido. El disco está muy pensado en ese sentido, gira alrededor de un mismo tema, está basado en una novela que trata sobre el mal querer, como se llama el disco. El amor enfermo, el que hace daño y mata. Ella bebe del flamenco, es lo que ha estudiado, la novela viene de ahí y por eso está contextualizada en ese entorno. Ella quería hacer una cosa española y con referentes españoles. Lo que hicimos fue buscar imágenes alrededor de los conceptos de la sumisión y el amor dañino e intentar contextualizarlas dentro de esta imaginería española. Las imágenes del toreo vienen de eso, nos parecía una descripción muy gráfica de una relación muy intensa, es pura metáfora. Porque el torero tiene una relación muy profunda con el toro, en esa dirección solamente, pero cuando oyes a toreros hablar se refieren al toro con respeto y amor al animal, es lo que más quieren del mundo, los crían y tal, pero luego se meten en un ruedo y lo matan o el toro los mata a ellos. Hay sangre por medio. Todo esto es perfecto para describir una relación dañina. Pero todo esto Rosalía ya lo tenía en la cabeza, nos mandó un documento con imágenes. Nos habló de Cristina García Rodero, de Bigas Luna. Hay una foto clásica de un encierro en la que se ve al toro por detrás. La gente, delante de él, está subida a rejas y parece que se está agarrando a sus cuernos. Con esa imagen hice la del toro mecánico que en el clip mete a Rosalía en el camión. Esa foto me la pasó ella; Rosalía nos entregó fotos de Cristina García Rodero para que hiciéramos el clip.

Pero todo tiene un toque moderno.

NM: La idea era quitarle lo folclórico.

Lope Serrano: Desacralizarlo. Rosalía ha desacralizado los símbolos, que es lo contrario de apropiárselos. Es una visita al mito totalmente honesta. La haces desde tu posición en el siglo XXI, pero no reproduces el cliché; tomas lo que entiendes.

NM: El nazareno también está ahí por eso, pido perdón a los nazarenos, pero me parece que su relación con Dios es un poco tóxica. Amas a Dios, un amor muy hondo y verdadero, que al mismo tiempo te lleva a hacerte sangre. Inicialmente, cuando pensaba cómo hacer el vídeo, vi el ritual de los empalados de la Vera, en Extremadura. Una procesión que se prohibió en el siglo XVII. La gente salía con un palo atado con una cuerda que le atravesaba de lado a lado por detrás de la nuca. Van con corona de pinchos, descalzos. Salían a la calle así, pero al prohibirse la gente siguió haciéndolo por su cuenta, por penitencia, por agradecimiento, cada uno con sus razones, y siguen saliendo desde su casa a partir de las doce de la noche de manera anónima, con la cara tapada y con cadenas haciendo ruido para avisar a otros posibles penitentes con los que se puedan encontrar… Va mucha gente a ver cómo hacen un vía crucis por todas las cruces del pueblo. Intentamos ir a rodar cómo se vestía uno, con su familia, con los chavales. Lo que hacía Cristina García Rodero, ir a buscar fiestas tradicionales a los pueblos. Nos fuimos por allí un poco a lo Callejeros viajeros (risas) porque salen de manera anónima y es muy difícil dar con ellos. Al final encontramos uno, nos citó de madrugada, y resulta que cuando iba a salir se puso a llover. No pudo salir, porque con el agua la soga se dilata y es peligroso. Y nos volvimos sin nada. Cero metros rodados.

Todo ha salido de la artista.

LS: Cuando el artista tiene una voz es más fácil darle imágenes. Tienes que crearlas y pensarlas, ese es el arte, pero si te guía el artista esas imágenes serán mejores y más precisas. En este caso, ella tenía una voz clara.

¿Cómo habéis llevado la polémica que se ha desencadenado?

LS: La gente puede decir lo que quiera, pero lo del apropiacionismo me parece una crítica perezosa, impaciente, que necesita estigmatizar de manera muy rápida y tiene que ver con la facilidad que hay ahora para poner nuestra opinión en internet. El apropiacionismo no es lo que ha pasado en este vídeo.

Se ha dicho que el flamenco pertenece a una minoría oprimida y ella, que no es gitana ni andaluza, lo ha utilizado para triunfar.

NM: La identidad es un asunto muy importante que la gente se toma muy a pecho. Ahora, meter una canción o un videoclip en este debate como si esto fuera la causa o provocase este tipo de confusiones me parece algo de otro planeta.

LS: Parece que la identidad es algo que solo puede ser genuino e inmutable. A no ser que hayas nacido en el lugar donde tiene origen esa expresión, no puedes interpretarla. Si te mezclas con otras identidades parece que esté mal…

NM: Parece que oprime esa identidad, que humilla. Pero si un colectivo tiene problemas de minusvaloraciones o lo que sea será por otras cuestiones, no porque haya un videoclip. Toda mezcla yo creo que es positiva. No me quiero meter mucho en este asunto porque habrá cosas que no entiendo, pero hacer sociología con un videoclip diciéndole a un artista lo que puede o no puede hacer, lo que debe o no debe hacer, creo que es un camino muy peligroso. Si hay un problema de identidad debe debatirse en otros foros y otros sitios, no a raíz de un videoclip, que es un hecho artístico.

LS: También hay que ver si el artista es frívolo o no. ¿Es frívola Katy Perry cuando se disfraza de animadora?

NM: ¿Pero no puedes hacerlo de manera frívola?

LS: Sí, pero entonces eres frívolo, que no está mal. Marilyn Monroe era frívola y era maravillosa. Igual que Jerry Lewis, que era un genio. Ahora, que no puedas vestirte con distintos ropajes… ¿Por qué no? Eso nunca puede estar mal.

NM: También, si ofende, es que hay un problema que está ahí de alguna manera.

LS: Pero a mí no me parece que Rosalía sea frívola. Lo ama. Ama lo que hace.

Alba Barneda: Lo trata con respeto.

NM: Lo tiene dentro por las razones que sea, porque lo ha estudiado, porque ha vivido allí cinco años, porque ha leído mucho o porque lo ha visto en YouTube, pero lo tiene dentro. ¿Pero por qué puedo sacar una cheerleader en un clip y no pasa nada?

Porque esto rige con las culturas minoritarias, ocurre cuando la cultura predominante toma algo de la pequeña y oprimida para fines poco nobles.

NM: Pues hablemos del capitalismo entonces, que se apropia de todo. ¿Tienes talento? Ven, que lo vendo. De eso se trata. En esa rueda estamos metidos.

LS: Lo importante es si el artista lo siente o no lo siente. Si es tastaolletes, como se dice en catalán, alguien que cada día quiere ser otra persona distinta y no te interesa por frívolo o insustancial. O a lo mejor te encanta porque admiras cómo pasa de, por ejemplo, Ziggy Stardust a otra movida. Pero si ves que el artista lo siente ¿qué hay de robo en eso? Si es todo honestidad.

Lo curioso es que la política oficial del franquismo hacia el flamenco era la de restringirlo a la expresión musical de una minoría étnica, hubo un antes y un después tras la guerra. Y ahora esa postura, en 2018, es la de la izquierda pata negra.

NM: Además eso, es triste que este moralismo, este trato tan condescendiente y paternalista con el artista venga de la izquierda «tolerante» explicándole al artista lo que está haciendo sin darse cuenta.

En eldiario.es decía Dina Bousselham que la idea de España que transmitía el vídeo pertenecía a la narrativa del franquismo.

LS: Hay una España que queremos y se supone que todo ha de obedecer a esa España que queremos. Pues bueno, no sé, tío. A lo mejor es que idealizas tanto la España que quieres que después te das de bruces con la realidad, donde todo es más versátil, más ecléctico y mutable.

NM: Pero hacer sociología a ese nivel ¡con un videoclip! Ni siquiera con una película de Saura o…

LS: Lo cierto es que tampoco es que estemos indignados. Estamos flipando, pero muy contentos.

Lo de la apropiación en sí es una apropiación también, porque es una idea gestada en Estados Unidos que importarla no siempre tiene sentido.

LS: De un sentimiento de culpa nace una voluntad de reparación igual de intensa que esa culpa.

AB: Es que Estados Unidos tiene su realidad y trasladar esos conceptos aquí, que hay otra realidad distinta… Pero esta no es la primera vez, en otros proyectos también nos han pasado cosas relacionadas con la apropiación cultural. En un vídeo tuvimos que cambiar los peinados en posproducción para evitar problemas de apropiación cultural en Estados Unidos, porque se iba a emitir allí también. Yo alucinaba, fue hace unos años y no había oído hablar todavía de eso, pero allí ya estaban muy sensibles. No obstante, no creo que el fenómeno se pueda enfocar de la misma manera en Estados Unidos y en Europa.

En vuestra página de Facebook había gente quejándose de que habíais glorificado la tauromaquia.

NM: Es no saber mirar las cosas. La obra puede ser mejor o peor, pero es lo que es. Las imágenes están en función de una narrativa, no de una apología. También sale un atropello. ¿Eso quiere decir que estemos glorificando la inseguridad vial?

AB: Imagina que la Dirección General de Tráfico nos hubiera dicho algo (risas).

LS: Poner un desierto no quiere decir que quieras quemar un bosque.

En vuestro clip de Scissor Sisters salía un tipo cortando leña, igual estáis en contra de los árboles.

LS: ¡Amamos la deforestación!

NM: Cuando algo funciona siempre hay alguien a quien le ofende. Si a uno le gusta, siempre hay alguien que se significa frente al otro diciendo que lo odia.

LS: España de todos modos es un país de mucha tertulia, de mucho debate, de hablarlo y criticarlo todo. Lo quiero ver así.

NM: En internet el discurso que no responde a la verdad, el más ruidoso, es el que más se propaga. Es como lo que dice Eduardo Inda, que pone mierda y la gente la repite y la repite. Es más fácil hacer propaganda de lo que no existe que hacer algo bien y venderlo. Requiere menos esfuerzo.

Para un anuncio de ropa de Stella McCartney también habéis recurrido al flamenco.

AB: Lo dirigió Manson, que es el que hizo «De plata» con Rosalía en Los Ángeles, un vídeo que también tuvo bastante ruido. Aquí hizo este pequeño fashion film con Stella McCartney Kids y encontró a esta niña que es una maravilla. Habíamos visto vídeos de ella en YouTube y era increíble. Y, efectivamente, también hubo una aproximación al imaginario del flamenco, ya que el proyecto nos llegó de la mano de la plataforma multidisciplinar A Flamenco Catharsis.

En España no hay una gran tradición de videoclips.

NM: El mercado español no es muy amplio. En la televisión pasa lo mismo y con los libros igual. Si vas a vender una serie o un libro intentan que agrade al máximo número de personas, porque si vas solo a un sector es tan pequeño que no es rentable.

LS: En Estados Unidos dan premios en los Grammy a categorías como música country y cristiana. Cuanto más rica es una sociedad, más específica puede ser la cultura. Aquí la industria cultural, la moda y la música florecieron en los ochenta, pero de una manera muy raquítica.

Sin embargo, ahora el videoclip está en auge, antes estaba restringido a programas minoritarios y DVD.

AB: Ahora mismo, y se ha visto en el caso de Rosalía, el vídeo es muy importante, fundamental. Estamos en una cultura visual. La gente consume imágenes aparte de música. La plataforma más usada para escuchar música es YouTube.

NM: Es que ahora haces un videoclip y lo ve todo el mundo. Antes no los veía ni dios.

LS: Ni nosotros.

NM: Los veían cuatro gatos, entre nosotros. Ahora un chaval de veinte años hace un clip y lo ven miles.

AB: Lo que ha cambiado es que las productorasse interesan por los clips. Antes éramos solo nosotros, pero ahora están invirtiendo todas y han dado más valor a sus directores. Han visto que hacer clips no es tirar el dinero, sino todo lo contrario. Ahora hay muchos directores españoles haciendo vídeos para gente de fuera, algo impensable antes.

NM: No pensamos ni que nos fuera a ocurrir a nosotros. Hicimos el del Guincho y de ahí surgió el primer internacional, que fue el de Scissors Sisters, que fue el que nos situó.

Muchos de vuestros clips tienen un toque erótico.

LS: Intento que el erotismo sea una manifestación tan natural como otras cosas que me gustan.

NM: De la misma manera que retratas un árbol de forma bonita, puedes hacer lo mismo con el cuerpo de un chico o una chica.

LS: Que no tienen por qué ser los genitales, el erotismo puede estar en un hombro. También la sexualidad puede ser oscura, con miedo… Como todo.

No sé si habrá habido muchos cunninlingus en la historia del clip como en el que le hicisteis a Tame Impala.

NM: Queríamos establecer una relación de dependencia, de amor, entre un chico y una chica. Nos preguntábamos cómo hacer que ese chico estuviese desde el principio colgadísimo con ella.

LS: Era más narrativa, mostrar lo enganchado que estaba a ella.

NM: Acaba el cunninlingus diciéndole «I love you». Podrían decirse eso mientras brindan con champán, pero preferimos que fuese después de comerle el coño.

Y en el de Beck la caballera que rescata al príncipe, por fin un cambio de roles.

NM: Pues eso estaba puesto al revés. Lo escribí yo y lo cambió Beck. Fue la única corrección que dio cuando recibió la propuesta, que fuese una chica el caballero en lugar de un chico.

Lo más genial de ese vídeo hay que atribuírselo a él entonces.

NM: (Risas) Quedó buenísimo. Yo partía de una foto de una tía de los años cincuenta megaborracha en una fiesta, en un club alemán, pero cuando él propuso cambiarlo vi que era mucho mejor.

¿Qué metodología tenéis para crear un vídeo?

LS: Funciona de muchas maneras, la canción tiene que calar, tiene que meterse dentro de ti. Intentar que la canción dé una respuesta visual en ti, es un poco sinestésico; una respuesta inconsciente a lo que estás escuchando, que no es una receta para el éxito, pero es un punto de partida. Otras veces solo ves imágenes, que es un poco alienante porque no es lo mismo ver imágenes en un libro que en la pantalla. Y después a veces utilizas ideas de otros proyectos o entornos que te gustan. El proceso de creación es algo bastante incontrolable en términos de escritura. No es nunca igual. En Tame Impala había una letra de alguien que estaba jodido porque le había dejado la novia y aparecía por ahí un tal Trevor que nadie sabía bien quién era. Decías: «Esto tiene pinta de triángulo interesante, oye ¿y si Trevor es un gorila?». Y así fuimos…

La referencia yo la entendí más por el hombre lobo de Teenwolf.

NM: Sí, pero hay una película de Nagisa Oshima del 86 en la que Charlotte Rampling se enamora de un gorila. Max, mon amour. Una señora burguesa que vive en París con su marido en una casa de la hostia, el marido les pilla follando, la de Dios…

LS: Lo bueno del videoclip es que te deja usar la imaginería de una manera muy sugerente. Haces que a la pelota le salgan pelos, que el campo de baloncesto venga de un vómito de sangre. Como no estás sometido a una narrativa, puedes hacerlo.

NM: En un clip tienes que estar pendiente de que la gente no lo cierre a los treinta segundos, pero no está tan sujeto a las normas clásicas de la narrativa. Hay que generar expectativas, usar armas narrativas para que el espectador se quede hasta el final, pero son solo tres minutos con lo que es relativamente más sencillo que en géneros más largos y exigentes.

LS: No es tanto prosa como poesía.

Los guiños a clásicos del cine son frecuentes.

NM: En Scissors Sisters había mucha buñuelada. De él tomamos hasta el tono de El fantasma de la libertad, La vía láctea, Belle de jour… Ese tono irreverente y un sentido del humor con el que siempre nos hemos sentido muy identificados. Buñuel para mí es lo máximo.

LS: Era un tío que desacralizaba, pero con un gran respeto a la liturgia y a la iconografía. Odiaba a los curas, pero respetaba la religión como fenómeno.

NM: Era un bromista nato, y en Mi último suspiro cuenta que su última broma fue, en su lecho de muerte, con toda su familia reunida, pedir un cura.

LS: Era un burgués, pero no era hipócrita. No soportaba la autoridad ignorante de aquellos curas brutos, amaba la libertad, pero no podía renegar tampoco de sus raíces. Su mamá le pagó todo hasta que empezó a hacer películas. Más allá de todo esto y del respeto que le tenemos, empezó a hacer cine mudo con una fuerza visual y metafórica descomunal. Y eso son videoclips. Son lenguajes colindantes.

NM: Es algo que tiene más que ver con la poesía que con la prosa. Y en España hay pocos directores que no vengan de la escritura. Saura es uno de los pocos que venía de la imagen.

LS: Trueba una vez me dijo que para él el cine era un género literario más. Hay mucho director de cine español, como Gutiérrez Aragón, García Sánchez o Mario Camús que llegaban a la imagen a través de la idea.

NM: Scissors Sisters estaba lleno de imágenes de Buñuel, pero en el vídeo de Rosalía, cuando está en el camión, es Peter O´Toole subido al tren en Lawrence de Arabia.

LS: O Nicolas Cage en Corazón Salvaje.

NM: Esa era la imagen que yo tenía, que son las que te quedan porque te han seducido cuando las has visto. Con Godard nos pasó lo mismo, cuando lo vimos con veinte años nos alucinaba.

LS: Era un tío del que los directores de fotografía decían que sabía más que ellos. Tenía algo que conmovía, era una persona encerrada en sí misma, con problemas de relaciones, era muy emocional e intelectual y todo le salía muy bonito; muy bonito en los sesenta, claro. Era como alguien encerrado en una sensibilidad y con una necesidad constante de manifestarse, durante doce años hizo una película o dos al año. Me fascina.

¿Cómo empezó Canadá?

LS: Éramos tres amigos, como la película de Chevy Chase. Nico, Luis Cerveró, que dejó CANADA en 2013, y yo éramos muy amigos, trabajábamos como realizadores. Compartíamos una sensibilidad, videotecas, DVD, vivíamos juntos, salíamos de fiesta y eso, éramos muy amigos. Sobre todo compartíamos la infelicidad que produce el trabajo al ser humano, así que decidimos unirnos para, bajo un nombre común, trabajar por nuestra cuenta. Para crear todo esto necesitábamos a alguien para ponerlo en marcha y ahí nos fuimos a buscar a Alba. Era 2007. Todavía guardo el ticket de El Corte Inglés de la primera reunión. Salía el nombre del camarero: Jorge Pérez.

NM: A mí me tocó venirme desde Madrid. El nombre de CANADA tiene un origen formal: tres sílabas con la misma vocal y distinta consonante, como nosotros, que éramos tres directores con sensibilidades similares pero con un elemento diferenciador. Y también porque Canadá es un país que nos parecía representativo de la cultura con la que nos sentíamos identificados. Es un país muy extenso, con zonas inexploradas y salvajes pero al mismo tiempo muy civilizado. Es americano, pero también tiene cultura europea, francesa. Un país con pocos enemigos, es amable. Y es sonoro.

LS: Cogimos este almacén, que llevaba abandonado desde los ochenta, y lo convertimos en nuestra oficina.

NM: Lo rehicimos entero.

Teníais una estructura de cooperativa o colectivo.

NM: Fundamentalmente lo que queríamos era trabajar con los clientes sin pasar por las agencias y… jamás lo conseguimos (risas). En ningún proyecto.

AB: Pensábamos que con internet sería posible. Con Mango, por ejemplo, que no va con agencias, hicimos cosillas. Pensábamos que habría un filón en las empresas que no van con agencias, pero no lo hubo. Era cuando internet era gratis, ahora no, ahora hay que pagar para estar en internet.

NM: No conseguimos hacer prácticamente nada y tuvimos que vivir de hacer anuncios con agencias. Seguíamos trabajando con el nombre de CANADA dentro de otras productoras. El dinero que ganábamos lo invertíamos en la empresa.

LS: En madalenas.

NM: Hacíamos buenas guerras de madalenas, porque como ahora vienen envueltas en plástico, no se desmigajan. Así estuvimos dos años, como una especie de estudio de un director que era CANADA, produciendo material deficitario hasta que logramos que lo que hacíamos se viera fuera y se amplió nuestro mercado.

¿Eso fue por el videoclip de El Guincho?

AB: Ese fue el punto de inflexión

NM: Lo vio poca gente, pero en todas partes.

LS: Fue como, hostia… ¡Estamos en el mundo!

AB: Hacíamos clips de cuatro mil o cinco mil euros y de repente con Scissors Sisters fue un cero más. Ahí entró Óscar Romagosa, productor ejecutivo y pasamos a ser una productora. Aquí ha sido a la inversa, de un director ha salido una productora y no de una productora un director, como es habitual.

Le dijisteis que no a Madonna.

AB: Nos lo pidieron de un domingo para un lunes

LS: No es que le dijéramos que no a Madonna, es que no podíamos. Fue imposibilidad. Estuvimos los tres en tres ordenadores distintos a ver qué se nos ocurría y no se nos ocurrió nada.

AB: Los proyectos megagordos son así, te lo piden para el día siguiente y rodar en una semana. Es para decirles: «Venga, tío».

NM: El otro día mandaron una canción de The Carters, el proyecto de Beyoncé y Jay Z, que era para rodar en seis días en París. Nosotros tardamos normalmente dos meses en preparar un clip. Lo intentamos, enviamos una propuesta a ver si decían que sí, pero nos respondieron: «They don’t likeit» y se acabó. Para que hagamos un clip se tienen que dar muchas circunstancias. Puede que acabemos de grabar uno, que haya llevado dos meses, y no podamos hacer otro porque es un gasto, es una inversión para la productora. Puede llamar no sé quién, quien sea, que nosotros no nos metemos en otro fregado. Llegan canciones todos los días. Un día enviaron los Rolling Stones, también pidiendo una propuesta de un día para otro, y nosotros estábamos en Los Ángeles. Paul McCartney lo ha hecho dos veces. De Beyoncé han llegado varias. Encima con presupuestos de cien mil dólares, que son ridículos.

LS: Cien mil dólares se los gasta Beyoncé en pasta de dientes.

NM: Para una producción que mueve a sesenta personas calcula solo en sueldos lo que puede ser. Ellos juegan también a que a ti te interesa, porque hacerle un vídeo a Beyoncé te da una visibilidad que… Luego sí que es verdad que se aumentan los presupuestos, pero el de Madonna que hizo Megaforce, que son unos franceses muy buenos, nos contaron que empezó con doscientos mil y acabó en setecientos de los que trescientos mil se fueron en peluquería de ella. Con peluquería me refiero a sus tres asistentes, la ropa y tal. Pero pueden permitírselo, Tame Impala vinieron con treinta mil euros y luego nosotros ponemos mucho más, porque un clip no cuesta eso, evidentemente.

En el de Phoenix había horror vacui, los músicos hacían de todo y pasa todo lo posible. ¿Qué pudo costar eso?

LS: No sé si es realista decirlo. Una cosa es lo que cuesta y la otra lo que vale. La cifra que te podamos dar no representa tampoco lo que vale. Siempre llega pasta, pero tú pones más.

AB: Hacer un clip es nuestra publicidad en el fondo, luego vienen clientes a buscar eso que hemos hecho en el vídeo musical.

MN: Si sale bien, te da para un año trabajando.

Pero de dónde salió la idea de hacer… todo.

MN: La canción iba sobre ser lo más cool posible, por eso hacen tantas cosas.

Siempre ponéis algo vintage en vuestros vídeos, desde los muebles en el clip de She&Him, las patillas del primer tipo que sale en el de Scissor Sisters…

LS: Lo que ocurre es que lo antiguo permanece: si ves un mueble de los años veinte, ahora te parecerá de los años veinte, pero entonces era del presente. El presente pasa desapercibido en el presente. Dentro de veinte años lo que pasaba en 2018 será totalmente 2018, pero ahora no lo ves. Ahora solo detectas lo que puedes etiquetar como de los ochenta o como setentero. Lo antiguo está connotado y lo contemporáneo todavía no.

En el de Vogue, sale ahí un Volvo antiguo también.

NM: También ocurre que, por ejemplo, cuando fui a comprarme un coche, me encantaba un Honda que resultó ser del 96. Y si ves el de ahora es que es horrible. Son también los gustos que tienes.

LS: También había cosas feas antes, pero sobrevivieron las bonitas. Selección natural que nos afecta a todos.

Vuestro sello discográfico tiene cuatro mil seguidores en YouTube, el canal de Vimeo de la productora tiene 144 000 ¿Por qué mantenéis la discográfica?

LS: No la montamos para hacer dinero, sino para hacer discos. Dos objetivos opuestos. Tanto que ya no hacemos discos, pero llevamos a los artistas que nacieron al amparo de la marca. Tenemos una pulsión un poco fetichista y nos gustaba la idea de sacar vinilos más que cedés. Para mí, por poner una metáfora un poco cursi, el sello es un pulmón. Al no ser una idea para forrarte, es un entorno que es bueno dentro de una empresa. Hay que trabajar para que no haya pérdidas, su contexto es la supervivencia, pero son más libres, la gente joven se acerca, se hacen fiestas. Es una vía de salida y de contacto con la juventud, que es fundamental para nosotros. Y no lo hacemos porque creamos que nos va a dar followers entre los jóvenes, sino porque nosotros empezamos con esto siendo jóvenes y nos pasábamos la vida en los bares.

AB: Nuestra conexión con la música era evidente, hacíamos videoclips, por eso quisimos involucrarnos más. Porque haces un vídeo y al final termina siendo un link. Curramos mogollón y solo queda una url. Tener el objeto lo veíamos como algo bonito. Canadá Editorial es como otro mundo. La gente de la música se sorprende al descubrir que luego también hacemos anuncios y viceversa.

Montáis las famosas fiestas Marabú.

NM: Empezaron en la sala Marabú, por eso tienen ese nombre. La discográfica la llevan Borja Rosal, Alba Blasi y Juan Cervantes, les pedimos que intentaran sacar provecho a la infraestructura que teníamos. Su trabajo diario era intentar vender discos, lidiar con grupos, organizar los conciertos y como era difícil ganar un sueldo decente así, organizamos también las fiestas.

AB: La primera fiesta se llamó Nueva Época porque se hizo en la sala Nueva Época. También queríamos rescatar sitios por los que no habíamos salido, pero siempre habían estado ahí. Salas de rollo latino o donde iba gente mayor a bailar, pero que eran muy chulas. Queríamos recuperarlas.

NM: Al final, el sello es más que nada la oficina de management de los artistas.

¿Cómo pudisteis fichar a Bad Gyal?

Borja Rosal: En el Marabú dio uno de sus primeros conciertos y ahí nos conocimos. Ella no necesitaba un sello exactamente, sino una plataforma de desarrollo.

AB: Muchos medios querían contactar con ella y no sabían cómo, y como yo llevo prensa de otros artistas y conozco a los periodistas, me llamaban a mí. Le empecé a pasar entrevistas a Bad Gyal y ahí surgió la relación. Fue todo muy natural y al final los artistas siempre necesitan a la prensa.

Se ha dicho que era una estrella que no necesitaba discográfica, que estaba cambiando el sentido de la industria porque con YouTube le bastaba.

FC: Al final lo que se ha construido es una oficina que hace de sello, le llevamos el management.

AB: A la palabra discográfica le tienen pánico. Rechazo. Siempre ha estado esa idea de que las discográficas les sacaban el dinero y esta generación se dio cuenta de que por ellos mismos podían llegar lejos autoeditándose. Pero cuando tienen repercusión, un artista necesita una estructura. Otros artistas no, siguen tirando solo de YouTube. Pero ella sola no puede con todo lo de derechos digitales, royalties, etc…

FC: Esta generación de música urbana que está llegando al mainstream ahora, cuando hablan de no estar en una discográfica, a lo que se refieren es a no estar en una multinacional.

AB: Aparte, ahora a ella le viene mejor hacer un story en su Instagram, que lo ven de golpe setenta mil personas, que dar una entrevista en la radio. Por otro lado, a una artista que ha llegado tan lejos ella sola no vas a llegar y a decirle: «Ahora te vamos a cambiar el estilismo». Nos limitamos a seguir su línea, amplificar sus ideas, etc… Ella gusta y tiene muy claro lo que le gusta y lo que no.

Al modelo de negocio de la discográfica que crea un producto se le ven las grietas.

FC: En parte sí.

AB: En el ámbito mainstream ya verás ahora que ha triunfado Rosalía como saldrán de repente dos Rosalías más en Universal o Sony. El mercado ha funcionado así, buscando hacer artistas que se parezcan a los que triunfan en lugar de localizar talento y desarrollarlo.

De los vídeos de C. Tangana y Bad Gyal que hay colgados en vuestras redes me llama la atención que se les vea fumar y beber alcohol de esa manera, incluso hablan de drogas y salen ahí bolsas y rayas de cocaína, como eso de «no tengo tiempo para gramear» de C. Tangana, o en «Candela» de ella.

AB: Candela lo hizo Manson. Estaba Red Bull detrás, se llevaron a Bad Gyal a Jamaica para hacer unas master class con un coreógrafo jamaicano. Nos contrataron para grabar un documental, pero aprovechamos para sacar también un clip. El de C. Tangana también es de Manson. A veces nos ha pasado que si hay una marca nos ponen unas condiciones. Pero las marcas que van a buscar a alguien como C. Tangana no son El Corte Inglés.

NM: Cuando hicimos el vídeo de Beck pusimos a una chica fumando y el representante de Capitol Records vino y nos dijo: «Esto Beck no lo querrá». Pero lo metimos y entró.

LS: Nosotros hacemos lo que el artista hace. Si él fuma y bebe y sus letras van de eso, pues eso sacamos.

AB: C. Tangana hace lo que le da la gana y tiene a todo el mundo acercándose a él. Solo ha cambiado que en el «Antes de morirme» hablaban de follar y tal, cosas que no pueden salir en Los 40 principales. Luego «Mala mujer» es igual de gamberro, con su rol y tal, pero no dice follar y en Los 40 está. Son censuras absurdas, tampoco puedes enseñar un pezón en Facebook. Mucha gente acusa a C. Tangana de haberse vendido al mainstream, pero sigue haciendo vídeos atrevidos. Yo creo que hace lo que quiere y ahora todas las marcas se quieren acercar a ellos.

A la hora de estar en contacto con la gente de veinte o veinticinco años, que decís que os da frescura. ¿Hacéis scouting por YouTube?

NM: Intentamos estar al loro de lo que hacen los jóvenes e intentamos que entre sangre fresca en CANADA.

AB: Los equipos de producción jóvenes pueden tener poca experiencia, pero tienen una energía que hace que las cosas se hagan de otra manera. Por eso seguimos intentando estar conectados con las nuevas generaciones y traer a gente que acaba de terminar sus estudios.

El noventa por ciento de realizadores que contratáis no tienen pasado en otras productoras.

NM: Casi siempre buscamos gente joven que no tenga carrera.

AB: Nos gusta coger gente con su personalidad, pero que le falte todavía, y que crezca aquí con nosotros.

En TV3 se parodió vuestra modernidad, se considera que pertenecéis a un mundo hipster, pero ¿qué es lo hipster?

LS: Tengo la sensación de que lo hipster es una palabra que utiliza alguien desde una perspectiva un poco provinciana cuando encuentra algo que no es capaz de entender. Ve algo joven, moderno, retro o lo que sea y lo llama hipster y se queda tan tranquilo. Es algo con una connotación despectiva, cargado de desprecio.

NM: Me parece curioso, porque estamos al día de las cosas que suceden, pero nuestras referencias son clásicos. Cuando hablábamos de los vídeos de Rosalía, hablábamos de Saura, de su Carmen, de Bigas Luna…

LS: Parece también que el hipster es un apropiacionista (risas) de lo retro, el que va a la biblioteca, toma un libro de algo antiguo y se pone barba porque pensaba que se iba así en los setenta. Si ese es el hipsterismo, nosotros no somos así. Somos contemporáneos a nuestra propia vida, de niños los ochenta, y luego los noventa, que tenías referencias culturales pero no te preocupabas de qué época era cada una.

Tenéis una oficina en Londres. ¿Qué diferencias hay allí comparado con España en este negocio?

LS: Estar en la capital de mundo que inventó el capitalismo y luego España, que se resistió de alguna manera… (risas) En términos generales, para empezar, las agencias de Londres son más arriesgadas. Tienen un diálogo menos jerarquizado y menos hermético con la gente que contratan, con los realizadores y las productoras. Es un diálogo más al mismo nivel. Porque no consideran que tengan que hablar contigo en un idioma distinto, te dicen lo que quieren, generalmente buenas ideas, y tú trabajas siguiendo esa senda. Hay más naturalidad.

NM: Vienen a buscar algo diferenciador, sea lo que sea. Eso no pasa tanto en España. En la industria de la publicidad en España, que es de lo que nosotros vivimos, lo que impera es el miedo y el conservadurismo. Aquí todo el mundo trabaja en una especie de mini pánico porque piensa que le van a echar.

LS: Y el miedo al de arriba se convierte en menosprecio al de abajo.

AB: Nosotros que trabajamos con directores jóvenes, nos cuesta a veces venderlos porque no tienen anuncios en su currículum. Igual han hecho videoclips y cortos, es un tío que sabe, pero no lo quieren para un anuncio porque no ha hecho anuncios. O si quieres hacer un anuncio de coches, te dicen que es que nunca ha hecho coches. Pero algún día tendrá que hacer el primero ¿no?

NM: Aquí no nos los coge nadie, los mandamos a Londres, allí sí ven que son buenos, los contratan, hacen tres anuncios y entonces sí que los quieren en España. De hecho, es que aquí nunca se fijaban en los videoclips que teníamos, lo veían como cosas raras. Sin embargo, en Londres en lo que se fijan es en eso. Allí no querían saber nada de nuestros anuncios.

AB: Un director que en España lleva tres años intentando meter algo, que tienes tú que gastarte dinero en su trabajo, de repente va a Londres, le cogen y le dan un presupuesto razonable.

NM: Porque se arriesgan, si ven que tiene un elemento diferenciador le cogen para dejarle hacer.

LS: Pero tampoco es jauja.

NM: Sí, pero son conscientes del riesgo que implica. Si quieres hacer algo bueno, siempre tiene que estar en el límite de que sea una mierda.

LS: Son más cosmopolitas, si ven algo fuera que pueda enriquecer la cultura británica, lo toman. Eso sí que es buen apropiacionismo. Integra la diferencia y el talento. España es más homogénea y más pacata.

NM: Al final, el miedo se traduce en que no te dejan trabajar. Están encima de ti, hay falta de confianza. Los que te dejan trabajar, que en España también te los encuentras, son después los que más éxito tienen.

LS: Luego, en lo malo, en el mundo anglosajón son demasiado simpáticos y un poco falsos. Todo es amazing, amazing y luego resulta que lo que tienen delante es una pared pintada.

La magia hoy día está en la sala de posproducción, es una frase vuestra.

LS: Antes si a Buster Keaton se le caía una casa encima tenía que estar ahí, atento al hueco de la ventana, para que se le cayese, porque se le caía en sentido literal. Eso ahora lo haces en la mesa de posproducción. Antes el cine se llamaba cine de atracciones, cogían y te electrocutaban un elefante y se grababa, o se hundía un barco. Luego esa ilusión, que era verdadera, se falsificó. Pero sigue habiendo de todo, Zemeckis rodó una película entera con un fondo verde y luego la hizo en posproducción. Wes Anderson, sin embargo, prefiere poner todo delante de la cámara.

Lo relacionabais con las redes sociales, donde nos damos posproducción a nosotros mismos.

LS: Bueno, lo que la gente hace ahora en las redes sociales ya se hacía antes. La gente se maquillaba para parecer más guapa, hombres incluidos, en el siglo XVIII. Lo que pasa es que ahora el salón donde se juega a las cartas en Barry Lyndon es todo. Es tu cuarto, es tu casa, es todo, todo, todo. Pero la vanidad que criticamos hoy en día es la misma de hace siglos. Los seres humanos son muy parecidos, cambian las condiciones, que también cambian al ser humano, pero no me atrevería a decir que antes éramos menos presuntuosos y más elegantes y ahora menos.

 


Videoclips excelsos

Tras vivir durante años una fabulosa efervescencia, el propio concepto de videoclip comenzó a renquear cuando las cadenas musicales descubrieron lo rentable de dedicarle menos tiempo a las melodías y más a la farándula del reality. De repente, todas aquellas imágenes que engalanaban la música con bailes, mundos imposibles e historias fantásticas fueron relegadas a arrastrase por los trasteros de las cadenas televisivas durante horarios poco saludables. Y entonces llegó internet arrojando el salvavidas al presentarse como un flamante albergue para las creaciones audiovisuales excelsas. En 2014, los ingenieros de YouTube tuvieron que reescribir el código de la web al descubrir que un vídeo había roto el contador de visualizaciones tras superar el límite del mismo, un tope tasado en 2.147.483.647 reproducciones, y toda la culpa la tenía un surcoreano llamado PSY con un videoclip de coreografía al galope titulado «Gangnam Style». Hasta entonces nadie en las oficinas de YouTube había previsto que un vídeo superase en algún momento aquel número tan demencial de visualizaciones. Las redes digitales y las plataformas como YouTube o Vimeo habían llegado para catapultar al videoclip hacia una nueva edad de oro.

Y ahora mismo, una vez cerrado 2017, lo que toca es continuar la larga tradición de años anteriores y realizar una selección de los mejores vídeos musicales de la cosecha recién finiquitada.

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Leningrad – «Kolshik»

Director: Ilya Naishuller

«Kolshik» se estrenó en febrero del año pasado y solo necesitó cuatro minutos para sentenciar que sería el videoclip más desmadrado de todo lo que quedaba de 2017. Una salvajada que arrojó cabezas cercenadas de mafiosos, liberó animales hambrientos, electrocutó amantes y estrelló coches de antidisturbios en una pista circense entre surtidores de sangre. Un desbarre salpicado de detalles y ametrallado en pantalla como un gigantesco efecto mariposa narrado marcha atrás, a velocidades que el ojo del espectador no estaba acostumbrado a asimilar, con cada voltereta superando a la anterior y un desenlace (que en realidad era el principio de una tragedia) travieso y retorcido. Detrás del asunto estaba el realizador más cafre del panorama actual: Ilya Naishuller. Una persona que abandonaba el truco habitual de sus anteriores trabajos, la perspectiva subjetiva de un FPS que palpó techo en el largometraje Hardcore Henry, para demostrar que su incontinencia a la hora de parir animaladas era capaz de hacer que las entregas de Crank pareciesen capítulos de Pocoyó.

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Joe Crepúsculo – «Música para adultos»

Director: Alberto González Vázquez

Alberto González Vázquez (autor de Humor cristiano, Todos los hijos de puta del mundo, guionista del excepcional cortometraje Democracia de Borja Cobeaga y director de clips para Los Punsetes o Amaral) es una de las mentes más ingeniosas del mundo del entretenimiento y su capacidad creativa para fabricar maravillas con lo que tiene a mano merece más de una ovación en pie. La «Música para adultos» de Joe Crepúsculo se presentó con un videoclip que simulaba cuelgues e inoportunos anuncios de YouTube para enrabiar al espectador, utilizaba imágenes de spots e informativos para convertir en protagonistas a Jesús Vázquez, Matías Prat, Donald Trump, Cate Blanchett, Antonio García Ferreras o Eduardo Inda y acaba desbocándose hasta detonar una bomba atómica en Murcia o parodiar las polémicas de chichinabo que acuna Twitter. Una auténtica genialidad, o a ver a quién se le había ocurrido antes utilizar los banners publicitarios de YouTube como parte del contexto de la canción.

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Radiohead – «Lift»

Director: Oscar Hudson

En 1997, durante las sesiones de grabación del muy aclamado OK Computer, Radiohead parió «Lift», un tema que permanecería olvidado en un cajón durante las posteriores dos décadas. El año pasado, la banda reeditó OK Computer en una nueva versión titulada OK Computer OKNOTOK 1997 2017 que incluía remasterizaciones, caras B y tres piezas inéditas entre las que se encontraba aquel elevador abandonado. La promoción otorgó un vídeo propio a «Lift», un clip que proponía un paseo en ascensor tan extraño como enfrentarse a esta canción hoy en día. Radiohead ya no suenan así y veinte años separan al Thom Yorke que canta del Thom Yorke que protagoniza la historia: un hombre agotado que intenta bajar la basura pero ha de comerse todas las paradas a lo largo de dieciocho mundos insólitos.

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Vladimir Cauchemar – «Aulos»

Directora: Alice Kunisue

Calidad VHS, alegría flautista, un ruso bailarín, una absoluta ausencia de sentido del ridículo y una edición barata hacen que «Aulos» sea tan entrañable como para acunarlo entre lo más selecto del año. Y ya va siendo hora de dejar de puntuar las cosas con escalas numéricas y erradicar la mohosa justificación «es tan malo que es bueno» para etiquetar lo que nos divierte. Este 2017 hemos visto como Taylor Swift carbonizaba varias montañas de dólares en el videoclip de «Look what you made me do» a base de sobrecargarlo con paladas de CGI, y al final resulta que esta fabulosa chorrada de flautista saltarín, que Kunisue habrá montado en pijama desde su casa, es muchísimo más sorprendente, entretenida, creativa y simpática que los desfases multimillonarios de la estrella pop americana.

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Alt-J – «In Cold Blood»

Director: Caspar Balsley

A primera vista parece un documental sobre el ratón de campo narrado por, coño, el mismísimo Iggy Pop. Pero en realidad es una excusa para que los chavales de Alt-J empaqueten una violenta fábula de crímenes tan astuta como para evitar el tiroteo y centrarse en sus secuelas.

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Cassius junto a Cat Power y Pharrell Williams – «Go Up»

Director: Alexandre Courtès

Un concepto sencillísimo que requiere mucha maña: dividir la pantalla en dos y combinar un par de escenas no relacionadas. El resultado es tan espectacular como para convertirse en una mina de GIFs. Hasta se le perdona que Coldplay ya hiciese algo similar con otra canción que también apuntaba hacia arriba: «Up&Up».

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Young Thug – «Wyclef Jean»

Director: Ryan Staake y Young Thug

A Ryan Staake se le ocurrió que el vídeoclip de «Wyclef Jean» para Young Thug podría mostrar en pantalla al propio rapero haciendo arder en una pila el presupuesto real del proyecto. Pero la discográfica descartó aquel enfoque rompedor y optó por agarrarse a las proposiciones que lanzaba Young Thug para construir el clip: su presencia, una flota de cochecitos de juguete, barbacoas con salchichas gordas y mujeres en bikini. Staake aceptó dirigir las ocurrencias del artista pero cuando, varias semanas después, el director entregó el resultado sucedió algo maravilloso: el metraje definitivo era en realidad el testimonio de cómo Young Thug fue capaz de carbonizar en pantalla todo el presupuesto del proyecto de manera no literal. Porque «Wyclef Jean» quiso ser inicialmente un videoclip al uso, pero el rapero no se presentó en el rodaje y Staake decidió afrontar la catástrofe entregando un minidocumental descacharrante (y real, aunque parezca todo una treta) donde narraba todos los problemas y disgustos de filmar un producto que se la suda a su estrella principal. Tras estrenarse, «Wyclef Jean» se convirtió en un auténtico fenómeno viral.

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Jay-Z – «Moonlight»

Director: Alan Yang

El clip de «Moonlight» de Jay-Z es un producto insólito que zarandea la idea de los vídeos musicales como excusas para explorar un concepto revolucionario. O lo que es lo mismo, es la subversión de la propia idea de subversión. Una pieza que parte de una ocurrencia con potencial suficiente como para apretar llagas: un remake escrupuloso de la telecomedia Friends con un casting formado exclusivamente por actrices y actores negros (Jerrod Carmichael, Lil Rel Howery, Tiffany Haddish o Issa Rae entre ellos). Pero aquel concepto, que por sí mismo ya podría haber sido una crítica ácida sobre lo poco inclusivo de la industria, de golpe decide sabotearse a sí mismo, se autocalifica como «basura» y agarra al protagonista principal para alejarlo de la comedia y sentarlo ante el drama del sesgo racial en el mundo del espectáculo. Siete minutos que sacuden el metalenguaje hasta rematar con uno de los hechos más bochornosos de la historia del entretenimiento: la metedura de pata durante unos Óscar que proclamaron erróneamente a La la land como ganadora del premio a mejor la película cuando en realidad la estatuilla le correspondía a Moonlight, aquel dramón de reparto negro. «Y’all stuck in La La Land / Even when we win, we gon’ lose» canta Jay-Z.

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Lil Dicky – «Pillow Talk»

Director: Tony Yacenda

Lil Dicky decidió que para convertirse en actor de comedia no era mala idea comenzar por fraguar una carrera como rapero cómico. En 2013 estrenó el vídeo de «Ex-Boyfriend», una canción donde Dicky descubría que la expareja de su novia era un hombre perfecto con abdominales en el pene, y se convirtió en un fenómeno viral. Desde entonces, Dicky ha decidido  centrarse en la producción musical cómica y aparcar la carrera de actor hasta que llegue el momento adecuado. Aunque lo que ha hecho en realidad es fusionarlo todo: «Pillow Talk» llegó disfrazada con bases y versos pero en realidad era un gigantesco sketch, sobre conversaciones postcoito con desconocidos, forrado de efectos especiales con un cerebro animado y John C. Reily en el papel de Dios todopoderoso.

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Snails & Botnek – «Waffle House»

Director: Ernest Desumbila

Un apocalipsis provocado por hordas tumorosas de comida basura con pinta de dibujos animados. Tiene a un clon de Conan envasado en VHS y motorizado, la electrónica machacona de Snails y Botnek atronando, animaciones pringosas a base de babas de colores chillones y la desgracia de no rematar al estamparnos un Continuará en el mejor momento. Pero cualquier cosa que contenga la frase «Eso ya no es tu hijo, sino una doble cheeseburguer con bacon» merece reconocimiento instantáneo.

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Bonobo y Nick Murphy – «No Reason»

Director: Oscar Hudson

Un trabajo de artesanía demencial y asombroso, «No reason» atraviesa puertas hacia una misma habitación donde las proporciones y los objetos cuentan su propia historia. Un vídeo que desintegra los sesos del espectador cuando se descubre que no hay ningún tipo de efectos por ordenador implicados en el proceso. Todo lo que ocurre en pantalla es un elaborado truco de perspectivas en un escenario construido artesanalmente. «Hacer esto con CGI hubiese sido mil veces más sencillo, pero para mí esta presencia física y sus imperfecciones son los que lo hacen algo diferente y, espero, que mejor» apuntaba Hudson. Aplausos.

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Their Names – «Burning Star»

Director: Romain Laurent

Un hombre flotando en el espacio entre pezones, vaginas y culos de tamaños planetarios es algo que da para muchas lecturas y debates interesantes.

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The Academic – «Bear Claws»

Director: The academic

A los irlandeses The Academic se les ocurrió una idea tan disparatada como magnífica: aprovechar el retardo de las retransmisiones en directo desde Facebook para elaborar un loop eterno donde la canción se va tejiendo sobre la marcha a partir de la misma actuación del grupo que ha sido retransmitida segundos antes. Rodado en directo desde la red social de Zuckerberg, en una sola toma y con una pantalla que acababa convertida en una ventana hacía un bucle infinito.

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Katy Perry – «Swish Swish»

Director: Dave Meyers

Durante una tarde de mayo, Katy Perry se dejó amasar para convertirse en ingrediente de una comilona con la excusa de «Bon Appétit». Pero su vídeo potente para 2017 llegaría un puñado de meses después con la juerga desatada en «Swish Swish», un partido de baloncesto tan disparatado como para saberse viral de antemano e incluso hacerse el meme a sí mismo (minuto 2:10). Abarrotado de todo tipo de estrellas: Molly Shannon (Saturday Night Live), el reparto de la serie Glow, Hafþór Júlíus Björnsson (Juego de tronos) luciendo pelucas en los sobacos, la bailarina e instagramer Amanda LaCount, Jenna Ushkowitz (Glee), el jugador de fútbol americano Gronk, Gaten Matarazzo (Stranger Things), Doug the Pug (un perro carlino exitoso en las redes sociales), el incombustible Terry Crews, el modelo queer de tallas grandes Dexter Mayfield, la culturista Iris Kyle, el jugador de baloncesto Karl-Anthony Towns y The Backpack Kid, o la criatura que se hizo famosa en internet agitando sus peculiares pasos de baile. «Swish Swish» es tan tontorrón, pasado de vueltas y entretenido como deberían de haberlo sido, y nunca lo fueron, los herederos actuales de la MTV primigenia. También tiene a Nicki Minaj marcando raíces (de pelo) pero bueno, nadie es perfecto y el botón mute se inventó para algo.

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OK Go – «Obsession»

Director: Damian Kulash, Jr. y Yusuke Tanaka

Son ellos. Y siguen siendo la hostia. Hay que dejar de apuntar que su música nunca llegará al nivel de genialidad de sus videoclips porque en el fondo ya no hay manera de separar sus melodías de sus imágenes. A la banda más amiga de lo imposible se le ocurrió que para «Obsession» lo ideal era levantar una pared de quinientas sesenta y siete impresoras y coordinarlas para encadenar, una vez más, una ristra de cabriolas visuales acojonantes.

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Charlotte Gainsbourg – «Rest»

Directora: Charlotte Gainsbourg

La hija de dos iconos pop tan tremendos como Jane Birkin y Serge Gainsbourg debutó durante los años ochenta en el mundo musical junto a su padre y canturreando en un dueto que iba de provocativo pero se convertía en asquerosillo: ella tenía doce años, la canción se titulaba «Lemon Incest»Incesto de limón»), la letra estaba repleta de insinuaciones cuestionables y el videoclip oficial mostraba al padre y la hija medio en pelotas y jugueteando en la cama. Treinta y tres años más tarde, una Charlotte Gainsbourg convertida en reverenciada actriz y cantante publica un cuarto disco titulado Rest y lo utiliza como vehículo para explorar sus sentimientos ante la muerte de su padre (ocurrida a principios de los noventa) y la de su hermanastra Kate Berry (en 2013). Lo mejor de todo fue descubrir que el talento de la mujer también habitaba tras la cámara, porque la propia Gainsbourg se encargó del clip sobre el tema «Rest» confeccionando para el mismo uno de los vídeos más elegantes del año a base de un montaje minucioso. La artista también vistió otro tema del disco, «Deadly Valentine», con un hermoso noviazgo a través de los años.

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Los Punsetes –  «¡Viva!»

Dirección: Luis Cerveró

La letra del ácido «¡Viva!» de Los Punsetes entona  «Viva la tristeza, viva el dolor / viva lo que siento cuando estamos los dos […] Viva el terrorismo, viva la guerra / viva tener todo y echarlo por tierra» y la formación madrileña nunca necesitó dar explicación alguna porque en el fondo sus seguidores parecen tener más cerebro que el perfil del ofendido estándar de este país. El muy mañoso Luis Cerveró agarró aquellas celebraciones con sorna y convirtió al grupo en un equipo de payasos revolucionaros, violentos y guerrilleros que clavaban narices de clown sobre fotos de políticos, ametrallaban a un ejército de ratas humanas y torturaban a sus enemigos azuzando sobre ellos a idiotas caníbales con gorritos de cartulina. Entre bambalinas había reverencias a Godard, el payaso Charlie Rivel, la película Mister freedom de William Klein y un montón de anécdotas que el propio Cerveró reveló en un rincón de internet al explicar cómo se coció el vídeo.

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Björk – «The Gate»

Director: Andrew Thomas Huang

Uno puede comulgar en mayor o menor medida con las ocurrencias de Björk, pero incluso esgrimiendo el rechazo como única relación con la islandesa sería difícil no reconocer que se trata de una de las artistas más poderosas a la hora de trasladar su música a imágenes. «The Gate» era tan Björk, tan fastuoso, tan llamativo y tan singular como ella siempre lo ha sido.

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St Vincent – «New York» y «Los Ageless»

Directores: Alex Da CorteNew York») y Willo Perron («Los Ageless»)

«Cada disco que hago es un arquetipo. Strange Mercy era “Amas de casa empastilladas”, St. Vincent era “Líder cultista de un futuro cercano”. Masseduction es diferente, es una bella primera persona. Si quieres saber de mi vida solo tienes que escuchar este álbum». Annie Clark llegó a 2017 con un nuevo vástago musical en brazos y los dos videoclips para los cortes «New York» y «Los Ageless» lograron, a golpe de tonos pastel, cirugía estética, estampados de leopardo y una puesta en escena que convertía lo hortera en exquisito, formar una pareja tan perfecta como para que resultase imposible separarlos.

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Menciones especiales:

Dua Lipa con sus «New Rules» convirtió a sus pensamientos en bailarinas coordinadas y escondió en la piscina un Upside Down habitado por flamencos rosas. End of the world tenía en «One More Night» a la bolsa de plástico flotante de la película American Beauty como coprotagonista de una aventura romántica. Haim empezaron demostrando con «Want You Back» que solo necesitaban salir a pasear por la calle para montar todo un espectáculo y acabaron de fiesta, bajo la batuta del afamado Paul Thomas Anderson, en «Little of Your Love». Royal Blood se preguntó «How Did We Get So Dark?» en un futuro apocalíptico donde lo habitual era liarse a tiros para coleccionar conejitos con los que embellecer el coche. OrelSan enfiló a decenas de extras para un único plano en «Basique». Miya Folick se subió a la montaña rusa con una GoPro y «Give it to Me». Lorde protagonizó un magnífico «Greenlight» cantando frente al espejo, bañándose  en luces, bailando sobre coches y vagando por las calles mientras conservaba aquel aura de Gioconda moderna que la hace capaz de camuflar en el rostro los sentimientos. En «Over Everything», Courtney Barnett y Kurt Vile demostraron sencillez y elegancia en blanco y negro mientras se intercambiaban los versos en un dueto desde diferentes puntos del planeta. Kasabian montó una fiesta en un psiquiátrico con secundarios estelares que canturreaban «You are in love with a psycho».

Gorillaz presentó «Saturnz Barz», un videoclip que también ofrecía una versión en 360º para que el espectador pudiese cotillear entre los rincones de una casa encantada. Jay-Z utilizó el racismo de los dibujos animados añejos como vehículo para «The Story of O.J.» y Kendrick Lamar desplegó en «Humble» todas las triquiñuelas visuales que pudo comprarse. También destacó el (normalmente muy cansino) rapero Logic con su canción 1-800-273-8255, pero no por sus valores artísticos, sino por su impacto social. Se trataba de videoclip muy melodramático con reparto famoso (Don Cheadle, Matthew Modine o Luis Guzmán) que no era nada del otro mundo pero que dejó una importante huella en el mundo real: su título es el número de teléfono de la National Suicide Prevention Lifeline (la línea para la prevención del suicidio) y tras el estreno oficial las llamadas recibidas en dicho número se incrementaron de manera notable. Brendan Maclean, actor y cantante, apostó directamente por liarla tirando de shock value y estrenando en YouTube un clip para su tema «House of Air» donde varios caballeros practicaban sexo homosexual no simulado, explícito y variado (felaciones, coito, anilingus y fist fucking asomaban por ahí) o directamente hacían sus necesidades sobre otros caballeros. Aquella criatura de Maclean, que finalizaba con el propio artista como diana de una hez, aguantó de manera inexplicable durante un tiempo colgada alegremente en YouTube hasta que alguien decidió darle la patada a su coprofagia pop. Putochinomaricón (sí, ese es el nombre artístico del interprete) estrenó vídeos para «Gente de mierda» y «Tu puta vida nos da (un poco) igual» que nunca entrarán en ningún top por tirar de Word Art, iconos de WhatsApp e imágenes sisadas pero aquí lo mencionamos porque el mundo necesita que se conviertan en himno.

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Bonus track:

The Sneepers y David Hasselhoff – «Guardian’s Inferno»

Director: David Yarovesky

El mejor videoclip de 2017 que no era un auténtico videoclip fue la promoción del lanzamiento doméstico de Guardianes de la galaxia vol. 2. Al director de la película, James Gunn, se le metió en la cabeza la chaladura de producir un videoclip de pintas retrosetenteras con Hasselhoff (que tenía un cameo de tres segundos en el film) cantando junto a la ficticia banda The Sneepers formada por el reparto de Guardianes Vol. 2 disfrazado para la ocasión. Por la pantalla asoman nuevas versiones de Zoe Saldana (Gamora en la película), Sean Gunn (Kaglin), Dave Bautista (Drax), el propio James Gunn aporreando la batería, el inmortal Stan Lee, Pom Klementieff (Mantis) o Chris Patt (Star Lord) envasado en un disfraz de robot. Lo más interesante es descubrir que bajo toda la pintura azul del personaje de Nébula de las películas se encuentra una Karen Gillian a la que le sienta demasiado bien el look setentero y que Michael Rooker (Yondu) con peluca es un clon de Billy Ray Cyrus. En la fiesta ha encontrado hueco para colarse hasta el gran Guillermo, aquel afable mexicano que brincó de vigilante de seguridad a cómico gracias al programa Jimmy Kimmel Live! Su presencia tiene toda la lógica del mundo y redondea un chiste casi tan grande como el propio vídeo, porque tal y como se reveló en el programa de Kimmel, Guillermo tiene un cameo en Guardianes de la galaxia vol. 2: hace de Polícia #2 y aparece en pantalla a lo lejos, entre las cabezas de una multitud, durante menos de medio segundo.

Relacionados: Recopilaciones de los mejores videoclips de 2016, 2015, 2014, 2013, 2012, y 2011.


Los videoclips del año

Kenzo World, de Spike Jonze.

Si para algo ha servido 2016 es para descubrir que Susan Sarandon sigue siendo una criatura fantástica, alguien capaz de desencajar bocas y astillar corazones al contonear sus setenta primaveras en el retronostálgico videoclip «Fire» de Justice. Aunque su presencia no ha sido el único hallazgo remarcable en la cosecha anual de clips musicales: Anohni se vistió con el cuerpo de Naomi Campbell para bombardear desde un dron. Slayer arrojó una tormenta muy bestia de puñaladas con «You Against You», precalentando el ambiente para acabar lanzando a Danny Trejo a chapotear entre nazis y gore en «Pride in Prejudice». Milla Jovovich se proyectó sobre sí misma de manera literal en «Signal» de Sohn. Rihanna se dejó llevar por Harmony Korine (director de Gummo y Spring Breakers) entre pistolas, tetas, strippers y yates. John Carpenter estrenó vídeo con zombis y sorprendentemente no lo dirigió él mismo. Aesop Rock convirtió su propia autopsia en una aventura con stop-motion de madera. Olly Alexander se embadurnó de colores pastel y celebración bisex en «Desire» de Years & Years. Boogie se transformó en pieza de museo. Grimes se montó su tank girl en «Kill V. Maim». Fergie fichó de lechero a Jon  Kortajarena y de cohorte a un ejército de silicona milf famosa, Kardashian incluida, en «M.I.L.F.$.». Quentin Dupieux hizo de las suyas para Metronomy con «Night Owl». DJ Snake volvió hipsters a los superhéroes con «Middle». Clipping le metió mano descaradamente a la cultura del GIF. The 1975 jugaron a los payasos tristes en blanco y negro en «A Change of Heart». Y una arquera persiguió un hilo hasta encontrar la diana en el «Two Fish and an Elephant de Khruangbin, una creación donde los créditos duraban más que el propio videoclip a causa de llegar financiada por Kickstarter.

Pero el espacio en el podio de lo mejor del año es escaso y hasta ahí solo llegarían los más exquisitos a la hora de arropar con imágenes la melodía.

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The Chemical Brothers feat. Beck – «Wide Open»

Directores: Dom & Nic

La danza que Sonoya Mizuno deslizaba entre los versos de «Wide Open» venía embellecida por remiendos digitales que transformaban en realidad una metáfora clásica: a medida que se desplegaba el baile el cuerpo de la bailarina se iba transformando poco a poco en una malla, un recipiente hueco a través del cual era posible observar un corazón de latido luminoso.

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Jamie xx – «Gosh»

Director: Romain Gavras

Romain Gavras es tan bueno en lo suyo como rotundo y controvertido. Es responsable de convertir a violentos delincuentes en protagonistas del muy polémico «Stress» de Justice, pero también de la revuelta exquisitamente rodada de «No Church in the Wild» de Jay-Z y Kanye West, del anuncio de Dior protagonizado por Robert Pattinson y del bestial «Born Free» para M.I.A., que imaginaba un mundo donde el ejército ponía en marcha un genocidio de personas pelirrojas. Gavras en «Gosh» renuncia a la polémica y opta por desenrollar su arrollador talento visual, se desplaza hasta una ciudad casi deshabitada en los suburbios de Hangzhou (China) llamada Tianducheng y construida como una fotocopia de París, ficha albinos como protagonistas, entrena a cuatrocientos chavales chinos teñidos como secundarios y rueda un desfile tan intenso y bien coordinado como para que resulte difícil creer que no hay ningún tipo de FX digital implicado (que no lo hay). El Cómo se hizo resulta casi tan interesante como el resultado.

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Massive Attack – «Voodoo in My Blood»

Director: Ringan Ledwidge



«Voodoo in My Blood» jugaba fuerte: no solo llegaba protagonizada por aquella Rosamund Pike que dejó huella en Perdida, sino que se rendía por completo a la reverencia nada discreta del cine de género: Phantasma, de Don Coscarelli, y cierta escena salvaje de La posesión, de Andrzej Zulawski, tenían la culpa de todo.

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Miike Snow – «Genghis Khan»

Director: Ninian Doff

Rodado en 35 mm, «Genghis Khan» convertía el cine cocinado al estilo James Bond en un musical y estrechaba la relación clásica entre héroe y villano mediante una coreografía molona hasta transformar los sentimientos de amor/odio en la antesala del romance. Las estrellas de la función Adam Jones (el villano) y Edward Hayes Neary (el espía) repetirían con Snow y Doff en otro videoclip bastante majo: «My Trigger».

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Tiësto & Jauz – «Infected»

Director: Canada

El DJ con nombre de maceta y Jauz se aliaron para aterrizar en el festival belga de música electrónica Tomorrowland con un imparable «Infected». A las criaturas de Canadá le tocó vestir con imágenes aquel clip que tenía mucho de anuncio (del festival y de su patrocinador, Budweiser) y de allí brotó un ejército de pelajes multicolores contagiosos en una carrera frenética, vertiginosa y muy espectacular visualmente. El planeta entero convertido en una masa peluda bailonga y la misma duda en la cabeza de todos: «¿Dónde se compra un traje de esos?».

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Bonobo – «Kerala»

Director: Bison

«Kerala» es una pieza que provoca ansiedad hasta el punto de resultar insoportable para ciertos espectadores, pero lo interesante es que lo hace a propósito. Bison construye un nuevo tipo de narrativa visual a base de repetir machaconamente secuencias, avanzando lentamente y a tropezones, permitiendo que todo lo que rodea a la agobiadísima protagonista se convierta en objeto de estudio a un ritmo extraño. Una ocurrencia brillante por sus logros: el espectador poco a poco descubre que a su alrededor están ocurriendo cosas extrañas e inexplicables y de golpe el vínculo con la cabeza de la desquiciada mujer es absoluto.

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Novedades Carminha – «Ritmo en la sangre»
Director: Jorge Cantos

Novedades Carminha estrenaron como clip oficial de «Ritmo en la sangre» un vídeo pornográfico en su web porque en YouTube aquello se hubiese convertido en un festival de pixelados pudorosos. Protagonizaban las porn-stars Amarna Miller y Sylvan, dirigía Jorge Cantos y se notaban las ganas de alejarse del porno chusco junto a las intenciones de ser «sexy, bonito, guarro y romántico». Y se le daba bastante bien.

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The Weeknd – «False Alarm»

Director: Ilya Naishuller



Naishuller sigue a lo suyo, después de dos videoclips acojonantes en primera persona para su propia banda Biting Elbows y de llevar el FPS al largometraje en aquel desmadre llamado Hardcore Henry, va The Weeknd y lo pone al mando de «False Alarm» para que el tío siga disparando de las suyas. Sí, es la cuarta vez que hace algo así, pero da igual porque a este zumbado ruso que ha reinventado la first person movie se le da tan bien el asunto que aún no ha empezado a cansar.

«False Alarm» ni siquiera sería el único videoclip en primer persona del año: Panic! At The Disco con «Don’t Threaten Me With a Good Time» combinaron el fiesteo de una chavala con el «Smack My Bitch» de Prodigy y los tentáculos lovecraftianos. Tampoco fue el único plan de The Weeknd, porque un mes antes el hombre había empuñado una cruz de neón para darse una paliza a sí mismo en «Starboy».

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Kanye West – «Famous»

Director: ¿Kanye West?

Por si a alguien no le había quedado claro, Kanye West decidió demostrar que vive obsesionado con la fama estrenando una creación visual de diez minutazos sobre el regazo de «Famous». En la pantalla, y entre sábanas, sesteaban Donald Trump, Bill Cosby, Caitlyn Jenner, Amber Rose, Ray J, Kim Kardashian, Taylor Swift, Rihanna, Chris Brown, Anna Wintour, George Bush y el propio West. Todos pasados por el filtro de una grabación low fi, y practicando un falso mannequin challenge en lo que parecía la mañana posterior a una orgía gorda. Incluía unos agradecimientos de broma insertados a propósito a mitad de vídeo, pero, pese a que los cuerpos se movían, lo que reposaba sobre el lecho era en realidad una colección de figuras de cera hiperrealistas. La estampa estaba basada en el cuadro Sleep del artista americano Vincent Desiderio, que a su vez se había inspirado en la obra Mural de Jackson Pollock. Al legendario director Werner Herzog le encantó el vídeo, las figuras de cera se convirtieron en una exposición en Los Ángeles y un representante oficial de George Bush tuvo que salir a declarar que el expresidente no había colaborado en el vídeo y que aquello de la tele era un muñeco, algo que en el fondo es lo que también piensa la mayor parte del mundo del verdadero Bush.

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Clams Casino feat. Vince Staples – «All Nite»

Director: Ryan Staake

Diversos momentos del día en un mismo lugar combinados de manera magistral, una idea sencilla que daba la impresión de ser tremendamente costosa de llevar a cabo con eficiencia. Sin pomposidades digitales, «All Nite» resultó más espectacular y limpio que la mayoría de videoclips multimillonarios del año.

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Ok Go – «The One Moment /Upside Down & Inside Out»
Director: Damian Kulash

A principios de año Ok Go se metieron en un avión para aprovechar la ingravidez de los picados aéreos y rodar una de las coreografías más espectaculares de la historia musical: «Upside Down & Inside Out». La banda seguía siendo la formación con los mejores videoclips del panorama musical y aquí ya le dedicamos mucho tiempo a su desparrame creativo. Esta temporada incluso han surgido parodias de sus talentos: los de AJJ se rieron de su estilo en el «Goodbye, Oh Goodbye» pero también reconocieron que les profesan veneración y que su sorna era puro clickbait.

Más avanzado el año en OK Go volvieron a atacar con otra pieza que agarraba un juguete ingenioso y lo llevaba a su terreno multiplicando el espectáculo y salpicándolo de pintura multicolor. «The One Moment» arranca con una secuencia apresurada que dura poco más de cuatro segundos y que al ser revisitada a cámara überlenta desvela una cadena de bombas de pintura, proyectiles que revientan sandías de entrañas coloreadas y destruyen cristales, fotografías que cantan, globazos de agua en los morros y guitarras desintegradas. Lo acojonante es que todo ocurre al ritmo de la canción. Un vídeo de los de pegar el dedo en el botón de repetir.

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Pillar Point– «Dove»

Director: Jacob Krupnick

De cuando la neoyorquina Kia Labeija y los colores de las calles de Bogotá bailaron tras un sombrero y una paloma. De cuando el stendhalazo fue inmediato.

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Pup – «Sleep in The Heat»

Director: Jeremy Schaulin-Rioux

Finn Wolfhard antes de hacerse famoso de manera universal con Stranger Things protagonizó un videoclip para los punkis canadienses de Pup, «Guilt Trip», donde ejercía de pequeño macarra cabrón, se regaba con la sangre de un policía tras un disparo desgraciado y acababa de gira con una banda de marginados. Años más tarde, y con Finn convertido en estrella, «Sleep in The Heat» perseguía de nuevo a la pandilla de inadaptados (la versión infante de los miembros de la banda) enfilando una experiencia mucho más cercana: la pérdida de una mascota. La canción había sido escrita por el líder de la banda, Stefan Babcock, como carta de despedida a Norman, un camaleón. El resultado es una de esas historias que soplan motas de polvo en los ojos de los espectadores. Bien jugado.

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James Blake feat. Bon Iver – «I Need a Forest Fire»

Directores: Matt Clark y Chris Davenport

James Blake y Bon Iver son elegantes hasta a la hora de convertir en imágenes su alianza para rogar por un incendio. Luces y sombras orbitando alrededor de puzles fascinantes de papel maché que retrataban artistas y bosques.

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Jane Zhang – «Dust My Shoulders Off»

Director: Outerspace Leo

Jane Zhang es una artista china que lleva en esto de la música desde hace más de diez años, pero, como en EE. UU. son tan de apuntar el prismático a su propio ombligo, hasta que la mujer no se asoció al todopoderoso Timbaland ningún norteamericano se dignó a echarle una escucha. «Dust My Shoulder Off» lograba algo muy inusual, colar a una estrella del C-pop en las listas de éxitos estadounidenses. Lo malo es que la canción no era gran cosa y lo bueno, que el videoclip que lo engalanaba era una maravilla que sumergía a la cantante entre pinturas clásicas y bestiario pop contemporáneo: visitaba la cafetería del Nighthawks de Edward Hooper donde un Mike Tyson posimpresionista merendaba la oreja del autorretrato de Vincent Van Gogh, pervertía Las espigadoras de Jean-François Millet colando en el reparto a La joven de la perla de Johannes Vermeer y sus colegas gangsta, armaba con un bazooka a la musa de Andrew Wyeth, convertía la Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte de Georges Seurat en un cuadro animado que daba escalofríos, infiltraba a los Hombres de negro en El grito de Edvard Munch y también se iba de excursión entre las obras de Salvador Dalí, M. C. Escher y René Magritte.

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Los punsetes – «Opinión de mierda»

Director: Los Ganglios

A ver, el que es uno de los mejores temas de la historia musical de este país, y la canción que sirve para replicar cualquier argumento, podía haber tenido como clip oficial un plano de pintura secándose sobre un ficus y no hubiese perdido en calidad. Pero la pieza final merece la pena porque permite admirar la valentía del pelo de Ariadna, saborear el aroma de Barrio Sésamo chusco (se rodó aprovechando un decorado real de una productora en quiebra) y tratar de localizar en qué momento del videoclip han colado un doble para las escenas de acción.

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Katie Melua  – «Perfect World»

Directores: Karni & Saul

Un mundo perfecto probablemente esté hecho de azúcar. Katie Melua se acercó a los exquisitos Karni y Saul para proponerles que echasen el corazón creando un universo en torno a su «Perfect World». El resultado es delicioso y, aunque no lo parece, ha sido confeccionado por medio de un delicado CGI que simula la stop-motion azucarada.

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Vince Staples – «Prima Donna»

Director: Nabil

Nabil aprovechó la excusa del videoclip para marcarse un cortometraje de diez minutos que camina entre Michael Mann y David Lynch, empapela ascensores con estampados de El resplandor y convoca en un hotel a leyendas musicales fenecidas de manera trágica como Amy Winehouse, Tupac, Jimi Hendrix o Kurt Cobain mientras Staples se dedicaba a vender su alma.

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DJ Shadow feat. Run The Jewels – «Nobody Speak»

Director: Sam Pilling

Partirse la cara durante una asamblea de Naciones Unidas es una idea tan macarra como deslumbrante, mucho más cuando los oponentes han calentado el horno rapeando. Sam Pilling imaginó «Nobody Speak» como una contienda política rotunda al compás del puñetazo, la mesa la puso la DJ Shadow y las voces que se ametrallan pertenecían a El-P y Killer Mike, dos mitades de una asociación excelsa llamada Run The Jewels. Y, por si alguien se lo pregunta, los carteles pixelados del vídeo corresponden a Estados unidos y el Reino Unido.

Bonus: DJ Shadow también estrenó imágenes para su «The Mountain Will Fall» con un astronauta, de evidente naturaleza digital, flotando en un universo extraño y sugestivo.

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Radiohead – «Burn The Witch»

Director: Chris Hopewell

Sí, Radiohead llamó la atención cuando el eminente Paul Thomas Anderson agarró la cámara y puso a Thom Yorke a abrir puertas en «Daydreaming», aquel gajo de un disco que nacía de la reciente ruptura amorosa con Rachel Owen (quien además fallecería de cáncer a finales de año) y que alguno analizó con varias lupas (y ganas de ver más de lo que hay) en piezas como The secrets of daydreamings. Pero a lo mejor resultaba más interesante su otro vídeo, un «Burn The Witch» que se presentaba como una stop-motion de aspecto amable y entrañas oscuras, una visita a un pueblo encantador que más que con Pat el cartero estaba hermanado con El hombre de mimbre (1973).

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Dead Pirates – «Ugo»

Directores: Macbess & Simon

Macbess & Simon ya tienen experiencia en lo de arrimarse a Dead Pirates y parir seres atractivos. Con «Ugo» se dedicaban a lo que mejor sabían hacer: mezclar la estética de cartoon americano añejo con un omnipresente tono tétrico. Y todo era perturbador y bello al mismo tiempo.

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Beyonce – «Lemonade» Ojete Calor- «Tonta y gilipó»

Director: Muerte Horrible

Lo pesada que se puso Beyoncé sacando su propia película con el disco Lemonade, troceándolo en clips pretenciosos y convenciendo por erosión de que tanto despliegue era la polla en soneto, acabó convirtiendo en obligatoria su presencia en cualquier top del 2016. Y, ¿eh?, quizás ni tiene tanto mérito ni era para tanto, qué coño, a lo mejor su puesto se lo merecen otras divas de similar estatus: Ojete Calor entonando la pegajosa «Tonta y gilipó», dirigido por el encantador Muerte Horrible y con un despliegue espectacular de medios. A pastar, Beyoncé.

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David Bowie – «Lazarus»

Director: Johan Renck

La elegía definitiva de uno de los mayores genios musicales de los últimos años llegó apelmazada en un extraño formato 1:1 que encapsulaba el lamento de un Bowie agonizante, recuperando la venda y los botones por ojos que ya había vestido en el fantástico videoclip de «Blackstar». «Lazarus» entra de golpe en la historia del videoclip más por lo que ha significado en su momento que por lo que es: se estrenó el 7 de enero del 2016 y Bowie falleció tres días después, tras haber sufrido durante meses un cáncer que nunca hizo público. En la pantalla los primeros versos se desgarraban en un lecho de muerte con un eco premonitorio: «Look up here, I’m in heaven / I’ve got scars that can’t be seen […] Look up here, man, I’m in danger / I’ve got nothing left to lose» («Mira aquí arriba, estoy en el cielo / Tengo cicatrices que no pueden verse […] Mira aquí arriba, amigo. Estoy en peligro / No tengo nada que perder»). Estaba todo planeado, el artista utilizó su último disco, Blackstar, para firmar la despedida autoconsciente de alguien que sabe que no le queda demasiado tiempo, un canto de cisne y un regalo de agradecimiento al mundo según sus cercanos. Renck firmaba aquí una pieza que ponía en duda que el mejor epitafio del mundo de la música fuese el colosal videoclip «Hurt» de Johnny Cash. En los últimos segundos de «Lazarus» un Bowie tembloroso, vestido como su alter ego The Thin White Duke en la contraportada del disco Station to Station, desaparecía en el interior de un armario y el mundo se volvía un lugar mucho más gris.

Descansa en paz, hombre de las estrellas.

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Tramposa mención especial:

Spike Jonze, ¿os acordáis de Jonze? Nosotros sí, y mucho. «Mutant Brain» de Ape Drums (en colaboración con Sam Spiegel y Assasin) se cuela haciendo trampa en esta lista, porque en realidad es más un anuncio de perfume que un clip musical al uso y porque parece un remake moderno de otra obra indispensable del director: aquel «Weapon of Choice» junto a Christopher Walken. Llegó protagonizado por una Margaret Qualley increíble luciendo unos pasos de baile loquísimos, y se convirtió en uno de los mejores videoclips del año sin ser un videoclip porque el mundo necesita más gritos, muecas, lametazos, bailoteos, saltos y juegos como estos.


¿Cuál ha sido el mejor vídeo musical de 2016?

Continuamos con el repaso por lo más destacado que nos ha dejado el año y si la pasada semana hablábamos de series, ahora nos centraremos en otra forma de narrar historias mucho más concisa. Aunque en buenas manos también puede dar mucho juego, como veremos a continuación. No es infrecuente encontrarse más talento e imaginación en estas imágenes que en la composición musical del cantamañanas de turno a la que acompañan. Pueden ser cortometrajes de acción o de animación, recurrir al humor o a la violencia, mostrarnos escenas oníricas perturbadoras o bien otras cargadas de sensualidad. Esta es nuestra selección, voten su favorito o añadan el que deseen.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)

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«The One Moment», de OK Go

Empecemos por el principio: da igual de qué año se quiera hacer una selección de los mejores vídeos que OK Go aparecerá en ella. Le han cogido el gusto a esto y no parece que vayan a dejarlo. Así que aquí vemos de nuevo pintura de colores por todas partes, una sola secuencia de acontecimientos que no llega a ser una máquina de Goldberg pero se le parece y, por supuesto, muchas cosas que explotan. En un vídeo que recuerda bastante a otros suyos anteriores, aunque sigue manteniendo un nivel muy alto.

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«False Alarm», de The Weeknd

En 1984 el cantante Rockwell abrió el camino para la utilización de la cámara en primera persona en su vídeo «Somebody’s Watching Me». Años después llegó «Smack My Bitch Up» de The Prodigy, donde el cineasta ruso Ilya Naishuller encontró la inspiración para rodar esa sobredosis de adrenalina de «The Stampede & Bad Motherfucker» de Biting Elbows. Con tan buena mano para las escenas de acción estaba pidiendo a gritos una oportunidad en el cine, que llegó el año pasado con Hardcore Henry. Es una película con escenas muy espectaculares, aunque también mostraba las limitaciones del formato de grabación en primera persona. Noventa minutos empleando únicamente ese recurso llegan a saturar, por no mencionar que toda narración requiere ciertos valles en la acción, un tiempo muerto para que el espectador recobre el aliento. Pero si el largometraje aún se le resiste, cuando Naishuller regresa al corto puede sacar músculo y regalarnos una escena de un robo a un banco y posterior huida tan impresionante como la que ven sobre estas líneas.

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«Gosh», de Jamie xx

En China no es que tengan múltiples Seseñas, es que además esas ciudades y urbanizaciones semiabandonadas han sido construidas imitando a las más características de otros países, por lo que el resultado final es idóneo para filmar cualquier película de ciencia ficción distópica o vídeo musical. Es el caso de Tianducheng, réplica de París incluso con su Torre Eiffel, usada aquí como escenario por Romain Gavras, hijo del cineasta Costa-Gavras y conocido por dirigir «Born Free» de M.I.A., en el que veíamos a adolescentes pelirrojos explotando en mil pedazos.

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«Nobody Speak», de DJ Shadow ft. Run The Jewels

Lo que parece una reunión de la ONU comienza con una discusión a cara de perro que termina a hostia limpia. Una maravilla.

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«Burn The Witch», de Radiohead

The Wicker Man es una película de 1973 que con el tiempo ha logrado entrar en la categoría de clásico. Tuvo la mala fortuna de contar con un remake protagonizado por el siempre esperpéntico Nicolas Cage, y para compensar llega ahora esta otra versión de animación mediante stop motion. El mismo grupo ha estrenado este año otro vídeo que merece la pena mencionar, «Daydreaming», dirigido por Paul Thomas Anderson, en el que vemos al cantante Thom Yorke atravesar veintitrés puertas, que son los años que estuvo casado con su pareja, de la que se separó antes del vídeo y cuya vida en común evoca en dichas secuencias.

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«Murder One», de Metallica

Para la promoción de su nuevo disco, Hardwired… To Self-Destruct, Metallica han decidido lanzar un videoclip por cada una de las canciones que componen el álbum. Si bien la mayoría son vídeos excelentes, destacamos este por ser un sentido homenaje a su único Dios verdadero, Lemmy Kilmister, fallecido a finales del año pasado.

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«Lite Spots», de Kaytranada

Tras cada rutinaria jornada recogiendo chatarra en un mundo abandonado, Wall-E regresaba a su hogar para contemplar cada noche el musical Hello, Dolly!, fijándose con atención en esos movimientos de baile que intentaba imitar con más voluntad que acierto. Cómo no acordarse de él al ver al protagonista de este vídeo, quien resulta más próximo en su apariencia a EVA pero comparte con él su ingenuidad y pasión por el baile.

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«Rings», de Aesop Rock

La autopsia que le hacen a este cantante de rap tras morir atropellado nos revela un peculiar mundo interior, repleto de compartimentos y con un muñeco de madera a modo de alter ego que dibuja en ellos mientras lucha contra una serpiente. ¿Qué significa todo eso exactamente? Tal vez el muñeco represente la conciencia o el alma y la serpiente la muerte, el pecado o vete a saber. En cualquier caso se trata de un vídeo curioso.

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«Closer», de The Chainsmokers ft. Halsey

A veces al poner tanto empeño en lograr la originalidad se puede caer en el rebuscamiento y en la rareza que no interesa a nadie. Entonces es bueno regresar a los orígenes, recordar que lo importante es gustar a los espectadores y hacer algo bonito y sencillo. Como es el caso de este vídeo, que no contiene nada particularmente rompedor, simplemente resulta agradable a la vista, con esa joven y hermosa pareja haciéndose carantoñas en un viaje por la costa del que conservarán para siempre el recuerdo.

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«Genghis Khan», de Miike Snow

La canción lleva por título el nombre de aquel que sentenció para la posteridad la clave de la felicidad: «aplastar a tus enemigos, verlos caer a tus pies, tomar sus caballos y sus bienes y escuchar el lamento de sus mujeres. Eso es lo mejor de la vida». Teniendo en cuenta que por otra parte la letra del tema versa sobre el amor, el director Ninian Doff no lo tenía fácil para reflejar semejante contradicción, hasta que se le ocurrió jugar con la idea de «gente malvada que está enamorada». Así que inspirándose en los clásicos de James Bond mostró al héroe siendo torturado por el supervillano, quien vuelve a casa con su familia al terminar la jornada, pero siente que le falta algo…

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«The Greatest», de Sia

Merece ser destacada la originalidad de esta coreografía, liderada por la bailarina Maddie Ziegler, cuyas muecas y monerías ante la cámara son lo que le da calidad al vídeo. Muy grande.

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«Fade», de Kanye West

Kanye West es un curioso personaje que recientemente, tras salir del centro psiquiátrico en el que estuvo ingresado, anunció su intención de ser candidato a la presidencia de los Estados Unidos en 2024. En otro tiempo nos reiríamos de esa pretensión y la daríamos por absurda, pero visto lo visto mejor no pillarse los dedos. Quién sabe. Mientras tanto sigue componiendo temas como este, para cuyo vídeo ha contado con la bailarina Teyana Taylor, cuya coreografía remite a Flashdance y culmina en una secuencia a la que cada uno podrá dar la explicación que desee.

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«Lazarus», de David Bowie

Cuentan los Evangelios que Lázaro acogió en su casa a Jesús en varias ocasiones, quien quedó tan conmovido por la noticia de su muerte que entró a su sepulcro y lo hizo resucitar. Ese es el nombre con el que titula este tema Bowie, el último que cantó, consciente de la inminencia del final. El vídeo nos lo muestra en su lecho de muerte, fue su manera de despedirse del público que tanto admiró su talento y tan fielmente lo siguió a lo largo de su dilatada carrera. Por cierto, admírense de las dotes proféticas de Jot Down porque este artículo de 2013 sobre el cantante mencionaba en su título a… Lázaro.

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This is David Wilson

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David Wilson quizás sea hoy en día una de los directores más creativos que pueden sentarse tras una cámara. David Wilson nunca ha pisado una escuela de cine.

Nacido en el 86 en la pequeña ciudad inglesa de Wells, Somerset, Wilson fue un chaval inquieto que se dedicó a estudiar animación en la Universidad de Brighton y no tardó demasiado en descubrir que lo de dibujar se le quedaba corto: en su cabeza burbujeaba la idea de que las imágenes estáticas que pintarrajeaba eran tan solo el primer paso y que la evolución lógica del proceso creativo consistiría en dotar de vida a aquellas ilustraciones inmóviles. A Wilson le fascinaba el cine Disney más añejo (Dumbo) y también la creatividad incombustible de gente como Michel Gondry (llegaría a obsesionarse con el DVD recopilatorio The work of director Michel Gondry), aquel realizador francés cuyo clip «Let Forever Be», para The Chemical Brothers, le hizo intuir que el mundo de la música era un laboratorio ideal para sus ocurrencias. La pieza «Tribulations» de Douglas Wilson para LCD Soundsystem supuso el empujón decisivo y, tras presenciarla, el chico de Wells comenzaría a acomodar sus creaciones en YouTube. Pronto su catálogo llamaría la atención de la productora Blinkink y el aspirante a director comenzaría a pasearse por las oficinas de la empresa durante más de un año dando la lata desinteresadamente. Aquel chaval con un aire al Spud de Trainspotting aprendería a canalizar sus ideas y, tras rodar algún mockumentary casero, fabricaría con un presupuesto ridículo un videoclip que dejaba a las multimillonarias producciones contemporáneas completamente indefensas y asiéndose las bragas: se trataba del fascinante «We Got Time» para Moray McLaren.

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Moray McLaren – «We Got Time» (2009)

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CharlesÉmile Reynaud fue un francés inquieto culpable de idear el praxinoscopio en 1877, un ingenio mecánico que era la versión 2.0 del zootropo, otro cacharro de su invención. Ambos aparatos permitían al usuario entretenerse durante toda la victoriana tarde contemplando dibujos animados de un par de segundos de duración. En 2009 Wilson se inspiraría en aquellos artefactos para facturar una obra sensacional que reconvertía unos cuantos tocadiscos en zootropos con espejos. Mecanismos que al girar dotaban de vida propia a los seres dibujados en los paneles, provocando extrañas e hipnóticas coreografías animadas.

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We Have Band – «You Came Out» (2009)

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El espectáculo visual no siempre requiere de decenas de figurantes, carísimos efectos especiales por ordenador o toneladas de atrezo de relleno. En ocasiones tan solo necesita de gente creativa con la suficiente imaginación como para extraer material precioso de cualquier lugar. «You Came Out» es un vídeo de animación sin dibujos animados, una secuencia en stop motion donde el lienzo son los caretos de los integrantes de la banda. Una ingeniosa escena que solo ha necesitado de pinturas, un par de espejos, afición por la pretecnología y mucha paciencia para codearse con las creaciones más caras y vistosas.

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The Japanese Popstars – «Let Go» (2010)

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The Japanese Popstars tiene muy poco de orientales (son irlandeses) y nada de tontos: para lucir «Let Go» pusieron en nómina al realizador y obtuvieron a cambio un fabuloso desfile de criaturas que gracias a su naturaleza de tinta mutaban y evolucionaban continuamente como un gigantesco organismo vivo.

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Keaton Henson – «Charon» (2010)

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Si a las tragedias les añadimos títeres con tendencias suicidas y sangre de lana inevitablemente resultan mucho más trágicas. Codirigido junto a el propio Keaton Henson y John  Malcom Moore.

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Nokia N8 Pink – «Freedom» (2011)

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Una promoción publicitaria protagonizada por muñecas animadas en stop motion que para el director acabaría convirtiéndose en un trabajo divertidísimo: «Cuanto más intentaba forzar a la compañía con ideas disparatadas, más parecían gustarles. Muñecas girando la cabeza como en El exorcista, un ciervo gigante rosa y tetas láser. Y todo aquello de contratar al peluquero y estilista de Lady Gaga para trabajar sobre los pelos de las Barbies fue una ocurrencia bastante estúpida».

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SKREAM – «Listenin’ To The Records On My Wall» (2010)

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Una reinterpretación del encuentro carnal entre Adán y Eva repleta de pinturas, telas, árboles de plastilina y jardines que florecen rodeando al coito en proceso. No es una de las piezas más destacables de Wilson, pero llegó acompañada de un making of bastante majo.

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Keaton Henson – «You Don´t Know How Lucky You Are» (2011)

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«Creo que el arte en su mayor parte se trata de intentar que alguien te ame», aventuró Keaton Henson en algún momento dado. El clip de «You Don’t Know How Lucky You Are» son cuatro minutos con una única persona en pantalla, Sophie Thompson, hermana menor de Emma Thompson, y una interpretación que consigue sin una sola palabra que el espectador acabe abrazando la tele. Probablemente era esto a lo que se refería Henson.

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Metronomy – «The Bay» (2011)

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O cómo hacer un vídeo con estilo a pesar de incluir paisajes costeros, tacones, chavalas en bañador e insinuaciones nada discretas. Como curiosidad, el joven director presentaría en Dazed un interesantísimo vídeo donde comparaba el storyboard inicial con el resultado final y explicaba parte del proceso creativo detrás de su obra.

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David Guetta (y Sia) – «Titanium» (2011)

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Es posible que la figura del niño con superpoderes perseguido por agentes del Gobierno en un entorno de pequeña urbe casi rural fuese en algún momento una idea novedosa, pero a día de hoy está tan masticada como para ser considerada un cliché en sí mismo: en el «Titanium» para David Guetta no faltan ni las ochenteras huidas pedaleando en la bici. El director cumple, pero no se luce.

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Maccabees – «Pelican» (2011)

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Los ingleses de Maccabees presentaron «Pelican» con un clip asombroso en el que se arrastraba al espectador a través del espacio transformándolo en un cuchillo invisible que cortaba en dos mitades todo aquello que se le aproximaba flotando, incluyendo las jetas de unos cuantos críos. La idea inicial había sido una propuesta del propio grupo: requerían un vÍdeo que recapitulase la vida completa de un individuo de manera abstracta.

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Alternative Advent 2011 (2011)

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Durante un tiempo el realizador aprovechó el periodo navideño para encauzarse temáticamente y experimentar con proyectos centrados en esas fechas: diseñó una serie de supuestas postales rechazadas e hizo que el fotógrafo Owen Silverwood capturase el instante exacto en el que hacía volar por los aires una cena navideña. En 2011 decidió complicarse más la existencia y presentó un calendario de adviento inusual compuesto por veinticinco pequeños cortometrajes, que se fueron desvelando durante los días previos al veinticinco de diciembre. Cada uno de aquellos minivideoclips surgía de la colaboración con diferentes músicos de renombre que se encargaban de proporcionar la banda sonora a un apartado visual formado por piezas creadas para los live shows que montaba Wilson. Las entregas de este rarísimo calendario navideño se colgarían en un blog creado para la ocasión.

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Passion Pit – «Take a Walk» (2012)

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Un paseo a través de un barrio desde el punto de vista de una pelota que rebota (de manera poco compatible con la ciencia) hasta llegar a escalar edificios. No es uno de los mejores vídeos del realizador, y ni siquiera es de los que lucen en la técnica (se utilizó una helicam teledirigida para el rodaje, pero incluso tras la posproducción el resultado final llegaba empapado de movimientos toscos) y a lo mejor por eso mismo el trabajo no parece andar a la vista del público en el currículo digital del realizador.

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Adam Buxton – «Sushi Song» (2012)

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Adam Buxton es un cómico y actor londinense que, entre muchos otros proyectos, se encarga de organizar BUG, un show en directo donde repasa videoclips que considera extraños, brillantes, notables o todo lo anterior combinado. Su espectáculo también tiene una versión televisiva (Adam Buxton’s BUG) en el canal Sky Atlantic y «Sushi Song» es un videoclip que se emitió en una de aquellas entregas catódicas, una canción protagonizada por el propio Buxton cantándole al pescado crudo. Wilson dirigiría una pieza sin demasiados alardes en la que destacaba un pez arrojado por los aires con el efecto de cámara a lo Matrix, algo que tarde o temprano iba a ocurrir en la producción de un caballero que había comentado: «Creo que el hecho de ver las escenas de Matrix en las que se ralentizaba el tiempo y descubrir que nunca habías visto nada igual era cien veces más impresionante que ver Avatar en 3D, incluso si no habías visto nada en 3D antes».

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Artic Monkeys – «Do I Wanna Know?» (2013)

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Los publicistas de ese teleñeco que es Abraham Mateo tienen pinta de ser el tipo de gente que apura para finiquitar de cualquier manera las tareas pendientes antes de la hora del café y poder pasarse el resto del día concentrados en peinarse el vello púbico. Ya se intuía algo de esto cuando optaron por fusilar al juguete Action Man para crear un logotipo para el proto Justin Bieber, pero con la portada del AM de los Artic Monkeys fueron incluso menos discretos y, aprovechando que el cantante infante también tiene un disco titulado AM, la fotocopiaron con tanto descaro que incluso la banda británica se defecó en las redes sociales sobre los enterrados del Mateo. Lo importante es que el diseño original de los monos árticos era tan potente como para convertirlo en un videoclip. «Do I Wanna Know?» trabajaba sobre esa imagen otorgándole vida propia al hacer vibrar la línea al ritmo de la voz de Alex Turner y el sonido de varios instrumentos. En un momento dado aquel hilo fluctuante se transformaba en neumáticos asidos por mujeres neumáticas, botas de paso firme, carreras disparatadas de coches, gallinas que cagan cerebros con motores incrustados y toda una montaña rusa de regusto alucinógeno con pinta de brainstorming de Robert Crumb. En internet arrasó y el videoclip acumula ya más de trescientos veinte millones de reproducciones.

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IKEA – «Bright Shiny Colours» (2013)

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La alianza del realizador con Ikea daría como resultado un anuncio de aquellos que no solo no molestan, sino que además invitan al segundo visionado. Una coreografía en el interior de un catálogo de interiores donde el mobiliario baila con luces de colores y el lavavajillas es una puerta de entrada para bucear en un mundo de dibujos animados.

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Race for Life – «The Cancer Slam» (2013)

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Un anuncio que empieza con un «Este coche representa el cáncer. Y nos lo vamos a cargar» ya tiene media batalla ganada. Un ejército de chicas muy concentradas en bailar al mismo tiempo que convierten en chatarra un vehículo a base de hostias con bates de béisbol y palos de golf. Hablad de metáforas poco sutiles.

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Tame Impala – «Mind Mischief» (2013)

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Cinco minutos y medio de aventura sexual entre una profesora espectacular y un alumno enamoradizo en el interior de un Citroën 2CV. El realizador se pone el delantal de animador para las secuencias de roce carnal y tras ahumarlas con un porro las convierte en un delirio psicodélico que navega por el espacio entre galaxias que se abren de piernas, cuerpos que se derriten como velas y chicos con penes que se transforman en palanca de cambios. Un universo cuyas animaciones bebían, según el propio Wilson afirmaba, de The Oriental Nightfish una fábula fantástica desarrollada por Paul y Linda McCartney junto a Ian Emes.

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Hercules & Love Affair – «I Try To Talk To You» (2014)

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La agrupación Hercules & Love Affair encabezada por Andy Butler realizó un movimiento maestro al invitar a Anohni (la líder de Antony and the Johnsons) a colaborar en 2007 en el tema «Blind», un corte pegadizo que con extraordinaria rapidez se convertiría en un éxito rotundo (Pitchfork llegaría a encumbrarlo como mejor canción del año). Para sus posteriores trabajos Butler anunció que no iba a apoyarse tanto en lo de fichar voces de fama y lustre, pero mintió: John Grant le ayudaría a edificar «I Try To Talk To You», una pieza que lidiaba con el problema de ser portador del VIH y que llegaría revestida con un hermoso vídeo donde una pareja de varones ejecutan una elegantísima coreografia (en la que incluso participa la propia cámara bailando al girar sobre sí misma) en blanco y negro. El asunto conllevaba más entrañas de las que era posible adivinar en un principio: Grant, durante un aparición sobre el escenario para interpretar el tema, confesó a la audiencia que él mismo era portador del VIH.

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Arcade Fire – «We Exist» (2014)

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Win Buttler, líder de Arcade Fire, explicaba que «We Exist» era una conversación entre un chico gay y su padre durante la cual el primero confiesa su condición sexual al progenitor. Andrew Garfield, el Spiderman al que el universo entero hace el vacío, se puso a las órdenes de Wilson e interpretó a una mujer transgénero que tras ser agredida en un bar se teletransportaba hacia un musical onírico. Garfield salvaba el tipo notablemente danzando por el escenario acompañado de un colorido grupo gay de bailarines rednecks, con pantalones cortos y top de «camisacuadros», en una función maravillosa. El desenlace del clip se rodaría durante un concierto real de la banda, la prensa musical se derretiría ante el trabajo de Wilson y los Grammy de aquel año nominarían este «We Exist» en la categoría de mejor videoclip.

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Cardbury – «Passport Control» (2014)

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A lo largo de 2014 al chico de Wells se le encargarían un par de spots protagonizados por Lady Gaga y unos cuantos globos. Pero la incursión publicitaria más simpática del director durante la temporada sería la pequeña promo concebida para la marca de chocolatinas Cardbury. Algo así como el Weapon of Choice de Spike Jonze en versión anuncio y cambiando el hotel desierto por un aeropuerto en activo.

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Metronomy – «Boy Racers» (2015)

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Un cortometraje al ritmo del tema «Boy Racers» de Metronomy donde Daniel Schienert, militante del dúo creativo de directores conocidos como Daniels, se pone tan cachondo con el tema instrumental que da título al corto como para despistarse ligeramente al volante.

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Royal Blood – «Out of the Black» (2015)

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El dúo británico Royal Blood azotó los finales de 2014 con el single «Out of the Black» y un par de meses después lo presentó orgulloso en sociedad junto a un vídeo oficial dirigido a cuatro manos por Christy Karacas y David Wilson. Lo que empieza como el atraco sangriento de un criminal disfrazado de conejito con una peligrosa afición por las chocolatinas se acababa convirtiendo en una invasión alienígena con disfraces de felpa, hombres de negro y sana violencia gratuita desembocando en lluvias de entrañas. La gracia del asunto estaba en el formato: el videoclip saltaba entre la animación y la imagen real, reservando para las secciones animadas las secuencias más aparatosas, espectaculares y sobrecargadas de toneladas de gore y litros de sangre. También hay un personaje con nunchakus, un detalle que siempre suma.

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Beagle Street Life Insurance – «Reborn» (2014) «Coins» (2015) y «Limo» (2015)

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Una serie de anuncios de una aseguradora protagonizados por un bichejo monstruoso que se transformaba en un adorable animalito. La campaña inicial tuvo tanto éxito que propició una segunda venida del gremlin adorable, y eso que el spot hacía lo único que no debe hacer nunca un vídeo publicitario: asustar a la gente.

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Tame Impala – «Let It Happen» (2015)

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Un hombre se desploma en el interior de un aeropuerto y comienza un extraño viaje entre nubes, accidentes de avión y hoteles en el que no es capaz de distinguir el sueño del mundo real. Una de las producciones del director en cuyos efectos prácticos (esa moqueta convertida en puerta, ese despertador gigantesco) se intuye con más claridad la influencia de Michel Gondry.

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Shakespeare Lives in 2016: Macbeth (2016)

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Para celebrar el 400 aniversario de la muerte de William Shakespeare, al Consejo Británico se le ocurrió encargar una serie de piezas a gente de creatividad efervescente y sobre Wilson recaería la tarea de transformar en imágenes el monólogo de Lady Macbeth en el acto 1, escena 5 de Macbeth. Vicky McClure (This is England) aprovecha sus escasos dos minutos para desgarrar a su personaje emocionalmente mientras las extraordinarias animaciones de Ian Miller se encargan de despedazarla físicamente.


Los mundos de Hiro Murai

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En el Tokio de los últimos ochenta un niño se sentaba ante la pantalla para merendar a partes iguales raciones del cine de Hayao Miyazaki y americanadas taquilleras dobladas al japonés. A los nueve años una mudanza hacia esa chifladura occidental que es la ciudad de Los Ángeles le obligaría a aterrizar en un mundo extraño: «Cuando me mudé a L. A. recuerdo que todo parecía muy marciano. No ayudaba que yo no hablase el idioma, pero estética y culturalmente todo era completamente diferente. Tengo una imagen muy nítida del póster de una película de Hulk Hogan (creo que era Mr Nanny) donde él sacaba músculo mientras vestía un tutú. Los primeros noventa eran una época muy confusa para introducirse en la cultura americana» (1). Aquel chaval desconcertado por esa cultura pop enmarañada se llamaba Hiro Murai.

Murai afrontaría la adolescencia en las Américas prolongando la dieta con yantares audiovisuales que provenían de dos universos en apariencia antagónicos pero limítrofes en la práctica: el cine de gánsteres de Takeshi Kitano y los delirios de David Lynch, dos ecosistemas que se convirtieron en obsesiones al flotar ambos en una ambigüedad formal y moral que le fascinaba. La afición literaria también jugaría un papel muy importante a la hora de tallar su percepción del mundo, Murai consumiría toneladas de manga y la narrativa tradicional de las viñetas se enraizaría en él adiestrándole a la hora de observar el entorno. De la influencia de aquellos tebeos el realizador no sería plenamente consciente hasta cierto tiempo después, al descubrir leyendo el estupendo Entender el cómic de Scott McCloud que una de aquellas páginas (esta de aquí en concreto) definía con exactitud el ritmo con el que sus ojos percibían el mundo.

En 2009 Bloc Party publicaría un disco de remixes, basado en el notable álbum Intimacy, y para promocionarlo pescaría la remezcla del corte «Signs» como single oficial del disco. Al verse en la necesidad de acicalarlo con imágenes a alguien se le ocurrió ofrecerle el encargo a un desconocido chaval natural de Tokio. El chico sobre el que recayó el trabajo desde aquel momento no soltaría la cámara, se lanzaría a fabricar nuevos mundos y acabaría trepando a velocidad disparatada entre los nombres destacados del ecosistema del videoclip.

Hiro Murai se descubría como un escultor visual elegante capaz de convertir coreografías en actos solemnes. Y se definía por medio de su obra como un ser acostumbrado a habitar la noche, un observador cuya mirada aterrizaba en las sombras proyectadas en el suelo, en los inusuales habitantes noctámbulos y sobre las siluetas de unos monstruos (que podrían ser hijos de Miyazaki) que acechaban incansables a través de ojos pequeños y brillantes.

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Bloc Party – «Signs» [Armand Van Helden Remix] (2009)

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Intimacy remixed contenía una versión de «Signs» pasada por la trituradora de Armand Van Helden. Con ella en el regazo y el propósito de vestirla con cierto decoro, un Hiro Murai limitado a un presupuesto de dos mil pavos hubo de buscarse castañas varias pidiendo favores a todos los artistas que tenía en la agenda. El esfuerzo alumbró una maraña de imágenes tan escalofriantes como fantásticas que arrancaba con un niño, que poseía un altavoz con pinta de desagüe donde normalmente se ubica la boca, dando paso a un desfile de cables y carnes en el que danzaban cuerpos de bailarinas coronados por bolas de espejos, anatomías con entradas y salidas para clavijas y cableado, ecualizadores musicales convertidos en espinas dorsales o gatos con megáfonos por cabeza. Murai remataría a golpe de shock con la fabulosa aparición de la intérprete más sorprendente del mundo del videoclip reciente: una vagina cantante, y lo sellaría todo con un beso entre dos enchufes, hembra y macho. La revista Filter definiría el clip como «La pesadilla de un ingeniero de sonido reprimido sexualmente» y otros cuantos comenzaron a apuntar que estos sueños retorcidos olían a un nuevo Chris Cunningham. Murai entre tanto lo afrontaba todo sin alardear siquiera: al hablar sobre este desvirgamiento audiovisual explicaría que creía que los miembros de Bloc Party ni siquiera se habían molestado en ver el vídeo.

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Busdriver – «Me-Time (with the pulmonary palimpsest)» (2009)

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La idea base prometía: un robot de papel maché aterrorizando niños durante una fiesta. Pero, a pesar de lo colorido de llevarse por delante la cabeza del androide handmade, el resultado no fascinaba lo suficiente. Durante el parto de su segunda criatura el director no parecía centrado del todo y a lo mejor el hecho de que Busdriver ametrallase la letra a una velocidad disparatada dificultaba ligeramente que las imágenes pillasen el ritmo de las rimas.

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The Fray – «Heartless» (2009)

heartless

Con «Heartless», un tema original de Kanye West versionado aquí por la banda de rock The Fray, la cosa empezaba a ponerse seria y los videoclips del realizador interesantes. Garabatos vivos en las páginas de un cuaderno del colegio entre los que un corazón sin cuerpo deambula tropezando mientras la letra habla de los desamores de un cuerpo sin corazón. Una de estas narrativas sencillas y visualmente tan poderosas como para permitirse, durante su tramo final, saltarse los límites del cuaderno escolar y conquistar pared, tiza y pizarra para componer un fabuloso cuadro final.

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Soulsavers  «Unbalanced Pieces» (2009)

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Pillando carrerilla como nadie, Murai aprovecha el tono que mastica el «Unbalanced Pieces» de Soulsavers para marcarse su propio Lynch en un clip que se abstiene de dar explicaciones y ofrece un paseo entre presencias extrañas, una oscuridad invadida por neones y un suelo que absorbe a su protagonista como si de un glitch de videojuego se tratase.

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St. Vincent – «Cheerleader» (2012)

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«Cheerleader» se inspiraba sin disimularlo, más bien todo lo contrario, en las obras del escultor australiano Ron Mueck, un hombre cuya producción de estatuas hiperrealistas provocó que algunos niños gigantescos invadiesen museos y que gran parte del público se escandalizase ante la pieza que representaba una versión reducida del cadáver del propio padre de Mueck. Murai se olvidaba de la provocación y optaba por centrarse en lo de las estatuas gigantes: «Cheerleader» convertía a St. Vincent en una gigantesca efigie admirada por los visitantes del museo donde se encontraba expuesta.

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Friends – «Mind Control» (2012)

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El «Mind control» de Friends transformado en un difícilmente descifrable caleidoscopio de chicas ametrallando cosas, extrañas emisiones catódicas, cuerpos humanos con cámaras de seguridad por cabezas, personajes de televisión de miradas fantasmas, espectadores con bocas por ojos y disfraces de evidente inspiración en el Desafío total de Verhoeven.  

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The Shins –  «It’s Only Life» (2012)

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Una maravilla, un pequeño esqueje de una fábula deliciosamente trágica. Un niño, equipado con un casco con ramas como cornamenta, una capa y un bate de béisbol, trastea y juega con su perro mientras vaga por un mundo funesto. Como escenario un lugar desierto habitado por unos espectros, que se antojan hijos directos de la influencia Miyazaki, y algún alma desgraciada y resignada a ser arrastrada por dichas criaturas. Ese contraste rotundo que lo empapa todo, esa inocencia infantil en apariencia ajena a lo terrible de su entorno convierte «It’s only life» en una de las piezas más sobresalientes del director.

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David Guetta –  «She Wolf» (2012)

shewolf

Es muy probable que lo mejor que le pueda pasar a las composiciones coñazo del señor Guetta es que venga gente con talento y les otorgue cierto empaque adicional que logre que uno se olvide del tufo a discoteca rancia. En «She Wolf» ocurría esto mismo por partida doble: por un lado gracias al vozarrón de Sia, y por otro con aquel videoclip oficial que apostaba por una mujer loba y unas sacudidas que creaban distorsiones poligonales y matrices tambaleantes transformando el entorno islandés en un cuadro digital que se agitaba y reventaba en pedazos.  

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Earl Sweatshirt – «Chum» (2012)

chum

Manteniendo un ritmo de producción de videoclips envidiable, en 2012 Murai aún tendría tiempo de flotar junto al rapero Earl Sweatshirt durante un paseo nocturno acompañando los versos de «Chum», un tema profundamente emocional donde el cantante remueve sus entrañas mientras rebusca su propia identidad. Un deambular noctámbulo que se aventura entre sombras extrañas, esqueletos aporreando baterías, carritos de supermercado y sapos gigantescos mientras los pies del artista avanzan sin tocar el suelo.

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Earl Sweatshirt – «Hive» (2013)

hive

Una nueva asociación con Sweatshirt se convirtió en otra ronda nocturna rociada de imágenes inusuales, máscaras inquietantes y sombras con rostros que parecen caretas acechando en los rincones. Curioso y coherente, pero menos sorprendente al jugar con elementos ya vistos en su filmografía. La parte más realista era el aspecto desgastado del propio músico de Chicago, el tío se presentó con esa cara, tras una gira agotadora, en el rodaje exprés y el director se ahorró la caracterización. Tres días después el rapero cultivaba una sanísima neumonía.

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Cults – «High Road» (2013)

cults

Una cámara inquieta, televisores vetustos, los ojos de un animal en la carretera, insectos, ventanas sumergidas, sillas flotantes, un coche con pasajeros pero sin conductor recorriendo una Carretera perdida, todo en un exquisito blanco y negro.

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Childish Gambino – «3005» (2013)

3005

Donald Glover (nombre real de Childish Gambino), un oso de peluche y Murai se subieron a una noria durante cuatro minutos para documentar un viaje hipnotizante al ritmo de las líneas que confeccionaban el tema «3005». Ideado entre el propio músico y el director a partir de la premisa de centrar todo el clip en un plano secuencia a bordo de la atracción de feria en marcha. La cámara en «3005» se sienta como un pasajero más frente a Glover y un peluche con vida propia, para acompañarles observando desde las alturas el espectáculo de una ciudad en llamas y siendo testigo de la descomposición gradual y agónica de la felpa.

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Queens of the Stone Age – «Smooth Sailing» (2013)

queensofthestoneage

Yuppies japoneses trajeados y completamente desmadrados en pleno fiestorro nocturno, destrozando cosas, liándola muy bestia con la corbata atada a modo de bandana, saltando entre pubs de neones y discotecas de karaokes, forrándose de drogas y alcoholes y sufriendo alucinaciones monstruosas.

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Childish Gambino – «Sweatpants» (2013)

sweatpants

Un batido que combinaba la premisa del modo repeat de aquel día de la marmota de la legendaria Atrapado en el tiempo protagonizada por Bill Murray con la escena de la visita de John Malkovich a los recovecos de su propia cabeza en la no menos extraordinaria Cómo ser John Malkovich de Spike Jonze. Eran ingredientes ya vistos, pero el remix de ideas ajenas no dejaba de ser interesante.

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Spoon – «Do You» (2014)

spoon

Un paseo en coche a través de una urbe en apariencia devastada cuya tragedia se adivina en las siluetas de ruedas ardiendo, gente huyendo, coches abandonados y desperfectos varios que se pasean en un desenfocado segundo plano. Lo inesperado sería descubrir, durante los segundos finales, que el causante de aquel apocalipsis era una coña que parecía la trama fácil de una película de Disney con Rick Moranis como científico loco.

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Chet Faker – «Gold» (2014)

gold

Un clip que grita Lynch en todo momento, o lo que pasa cuando te obsesiona tanto el asfalto infinito de aquellas tomas de Carretera perdida que consideras que la idea más lógica es convertir esa secuencia misteriosa en escenario para una coreografía ideada por Ryan Heffington. Un metraje protagonizado por tres patinadoras (Candice Heiden, April Corley y Appelusa McGlynn) a las que Murai sometió a un rodaje maratoniano de catorce horas en una carretera casi desierta ubicada en algún lugar de California: «Seguro que resultábamos aterradores para los coches que se cruzaban con nosotros», bromeaba el japonés al intuir la capacidad para provocar infartos de un grupo de rollergirls bailando en sincronía por las autopistas de madrugada.

Shabazz Palaces – «#CAKE» (2014)

cakeLa canción que incluía un hashtag pastelero en su título se convertía en una carrera nocturna por calles y edificios entre cuyos muros algunos organismos reptaban y bailaban. Una ensoñación, que incluía gigantes y vuelos sobre las luces de la ciudad, más centrada en los espacios arquitectónicos que sus hermanas.

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Flying Lotus – «Never Catch Me» (2014)

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Junto al vídeo que gestaría para The Shins, el clip de «Never Catch Me» es sin demasiada discusión una de las mejores y más lúcidas piezas del chico de Tokio tras una cámara. Y del mismo modo que ocurría en aquel «It’s Only Life» aquí el director se alejaría de sus referentes cinematográficos (aquellos que en el fondo marcaban toda su carrera) para apostar por hacer algo que por lo visto se le da sorprendentemente bien: extraer algo hermoso de una tragedia horrible. Un funeral de un par de niños convertido en un precioso y energético baile. «Never Catch Me» es una contundente obra de arte, encontrar belleza en el más desesperanzador de los escenarios.

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Childish Gambino – «Telegraph Ave» (2014)

telegraphave

El exótico viaje de una acaramelada pareja a través de una selva, los chapuzones en las playas paradisiacas y los bailes de Gambino en el resort rural donde se alojan no parecen anunciar nada especialmente sorprendente más allá de una fotografía mimada y un escenario fantástico. Y entonces, justo cuando nadie se lo espera, la historia enseña sus tentáculos.

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Childish Gambino – «Sober» (2015)

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En el estómago de un local de comida rápida acontece un extraño encuentro entre dos personas. Una chica trata de distraerse con su teléfono móvil ignorando al Glover danzarín que lleva a cabo lo que parece ser un delirante ritual de cortejo al ritmo de un pesimista pero muy pegadizo «And now that’s it’s over / I’ll never be sober» («Y ahora que se ha acabado / nunca más volveré a estar sobrio»). El vídeo mola lo suyo, el desenlace tiene su gracia y casi todos los pasos de baile del artista parecen haber sido paridos con la idea de convertirse en GIFS animados en potencia.

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Earl Sweatshirt – «Grief» (2015)

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Earl Sweatshirt convertido junto a su grupillo de colegas en extraños espectros, rapeando sobre un enclaustramiento por voluntad propia y logrando que el espectador se rasque la cabeza tratando de averiguar si lo que ve es real o esas lámparas humanas han sido generadas por ordenador. El truco estaba en una cámara termal con la que trastearía Murai, un aparato que atribuía tonos oscuros a las superficies más frías e iluminaba aquellas calientes.

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Massive Attack – «Take It There» (2016)

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Massive Attack se alió con Tricky y 3D para grabar «Take It There» en los estudios. En las pantallas una cámara tambaleante perseguiría el confuso deambular de un hombre escoltado por sus demonios. O lo que ocurriría si la chica con el pelo rebelde de The Ring se trajera a tres colegas y entre todas perpetrasen la coreografía-tormento definitiva.

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Baauer – «Day Ones» (2016)

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Baauer, NovelistLeikeli47 se juntaron en «Day Ones» para dar forma al tema que se convertiría en la banda sonora de un hecho insólito: una batalla campal nocturna en plena urbe, entre parkings y callejones, que enfrentaba a un anacrónico ejército de casacas rojas con lo que parecían ser unos también muy poco contemporáneos soldados de la revolución de las trece colonias.

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Michael Kiwanuka – «Black Man in a White World» (2016)

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Que un tema tan fabuloso como «Black Man in a White World» se merecía un vídeo a su altura resultaba evidente. Un exquisito blanco y negro inicial auguraba tres minutos y medio de elegancia formal observando un cuerpo bailar sobre el asfalto de un barrio. Y entonces sucedía el accidente repentino, el choque inesperado, y el bailarín ascendía poco a poco a los cielos hasta convertirse en un organismo pequeño que flotaba y giraba sobre un mundo inabarcable.

Nota:

(1) Entrevista en Videostatic.


¿Quién coño es Chris Cunningham?

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En 1999 el escritor William Gibson aseguraría que para trasladar su novela de culto Neuromante, considerada la obra seminal del ciberpunk, solo confiaba en una persona: un joven chaval británico llamado Chris Cunningham. «Me dijeron que era muy cauteloso con Hollywood y nunca devolvía las llamadas. Pero también me dijeron que Neuromate había sido su El viento en los sauces, y que lo había leído cuando era un niño, así que viajé a Londres para reunirme con él». […] «Chris es mi elección personal al 100%. Mi única opción posible». Años más tarde el proyecto se cancelaría, pero la huella que aquel chaval inglés y su obra había dejado en el escritor tendría secuelas: en la novela Mundo espejo de Gibson uno de los personajes sería una versión novelesca de Cunningham.

¿Quién coño es Chris Cunningham?

Con veinte años un chico entró a modelar pesadillas en el departamento de efectos especiales de la cinta Razas de noche dirigida por el escritor de terror Clive Barker. Tras aquellas bestias el joven saltaría a diseñar y participar en otras producciones con criaturas robóticas (Hardware, Máquina letal), héroes de cómic (Juez Dredd) y alienígenas legendarios (Alien 3, Alien Resurrection). Stanley Kubrick se fijaría en el mañoso artista y le contrataría para echar una mano con los animatronics de su Inteligencia artificial, aquella película que acabaría en manos de Spielberg. Pero Cunningham tras un año colaborando con Kubrick decidió que tenía más futuro filmando monstruos detrás de una cámara que construyéndolos entre bambalinas y optó por abandonar al director. No llegaría a arrepentirse del volantazo porque a la larga Cunningham acabaría convirtiéndose en uno de los modernos creadores de pesadillas y universos robóticos. Y todo ello sin llegar a rodar ninguna película: si el director ha adquirido fama universal ha sido gracias a su envidiable catálogo de videoclips, instalaciones artísticas y spots televisivos.

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Autechre – «Second Bad Vilbel» (1996)

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«Second Bad Vilbel» llegaría como un collage de imágenes fugaces que contenían parpadeos de monitores, siluetas borrosas, pasillos a oscuras, criaturas extrañas y robots impolutos. Hipnotizante e indescifrable, aquel videoclip mostraba un maravilloso caos que insinuaba que a lo mejor todo eso obedecía a un orden premeditado. Cunningham se presentaba ante el mundo con una estudiada anarquía tecnológica, parecía que estaba perfeccionando algo relativamente nuevo: una coreografía de glitches e imaginería robótica.

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The Auteurs – «Back With The Killer Again» / «Light Aircraft On Fire» (1996)

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«Back With The Killer Again» serviría para asomarse por primera vez a la pasión del realizador por las pesadillas. En aquel vídeo para The Auteurs una criatura con pinta de haberse escapado de El laberinto del fauno ni siquiera era lo más perturbador que ocurría en pantalla. Más amable resultaba el clip «Light Aircraft On Fire», donde se aligeraban las maldades a cambio de disfrazar a los músicos, pero sin renunciar a cierto imaginario retorcido: una niña de pupilas imposibles y cabeza alienígena.

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Holy Barbarians – «Space Junkie» (1996)

spacejunkies

En ese 96 el realizador colaboró con Gene en un «Fighting Fit» de palomos y gravedad caprichosa, y filmó un videoclip sin alardes para «Lodestar». Entre tanto Ian Astbury, tras divorciarse de The Cult, se montaría un nuevo grupo llamado Holy Barbarians, de vida efímera, con un álbum titulado Cream, que gustó en su momento, y para el lanzamiento de uno de los singles le pegó un telefonazo a Cunningham. El director se adelantaría once años a la ocurrencia de Portal de juguetear con los portales de entrada y salida: en el clip, que no dejaba de ser el típico retrato de banda tocando con gimmick añadido, los acompañantes de Astbury tenían pies y cabezas dentro de agujeros engalanados con misteriosos halos luminosos.

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Placebo – «36 Degrees» (1996)

placebo
Otro clip del montón con el recurso del grupo tocando en un escenario extraño: Brian Molko y compañía a remojo, parecía divertido pero para la banda no lo fue tanto. El director aseguraría que lo exigente de los chapuzones y el frío acabaron haciendo llorar al pobre Molko y el grupo juraría que no volverían a meterse nunca debajo del agua para dar un concierto.

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Aphex Twin – «Come To Daddy [Pappy Mix]» (1997)

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En 1997, el inglés rodaría un rutinario «Personally» para 12 Rounds, repetiría el recurso de la gravedad juguetona con Jesus Jones en «The Next Big Thing» y con Geneva en «Tranquilizer», pondría a la Alison David de Life’s Addiction a cantar en un pasillo mientras un zumbado con un martillo le daba a la bricomanía, firmaría un «No More Talk» para Dubstar que solo destacaba por el envoltorio en tonos grises y su «Something To Say» para Jocasta resultaría un coñazo de vídeo pese a incluir un huracán y cosas volando. Parecía que hasta entonces el creador que se intuía el año anterior en «Second Bad Vilbel» se mantenía agazapado detrás del currante que llegaba, grababa un clip siguiendo la línea de puntos y cobraba el cheque para pagar al casero. Y entonces apareció Richard D. James bajo el seudónimo de Aphex Twin y desató los demonios del director.

Aphex Twin es un artista interesante, el que dijo haber sido un crío antipático y carne de centro de detención de menores finalmente acabaría convertido en uno de los músicos electrónicos más importantes de los noventa. Aficionado desde que era un protozoo a toquetear cualquier cosa que produjera sonidos, el músico acabaría trasteando con el ambient, el piano, el drum’n’bass, la electrónica de ritmos rebuscados y las melodías upbeat. Sus EP con remixes destacaban porque en ellos las remezclas generaban temas completamente diferentes. En el 97 uno de aquellos remixes, la versión etiquetada como «Pappy Mix» del tema «Come To Daddy», le catapultaría a la fama a su pesar, y casi toda la culpa de ello la tendría Chris Cunningham.

A Aphex Twin le tocaría bastante los cojones el desmesurado éxito de «Come To Daddy», un tema que albergaba una frase terrorífica («I want your soul») extraída directamente de las misivas que le remitía una fan chiflada. El motivo de tanto odio hacia su propia creación se debía a que la auténtica intención del corte era parodiar el death metal y en el fondo la pieza no era demasiado representativa de su trabajo. Pero fichar a Chris Cunningham para el vídeo abrió el grifo: el director, que hasta entonces estaba bastante contenido, aprovechó la oportunidad para desbarrar y fabricó la gasolina de las pesadillas de la chiquillería de finales de los noventa. Rodado en ubicaciones que también había utilizado Kubrick para La naranja mecánica, el videoclip oficial era una oscura alucinación terrorífica donde una viejecita paseaba a su perro por el último lugar que cualquier persona cuerda elegiría para pasear al perro, cuando una meada del chucho despertaba a una criatura monstruosa encerrada en un televisor. A continuación, una tropa de niños con el aspecto más jodido imaginable —cada uno de ellos lucía la cara del propio Aphex Twin encallada en una sonrisa malévola— aparecía en el lugar causando estragos para liberar al monstruo encerrado detrás de la pantalla. Y aunque aquellas caretas ultrarrealistas sobre cuerpos infantes sembraban un desasosiego considerable, sería el engendro nacido del televisor el encargado de regar el asunto: la imagen del berrido sobre la pobre anciana resultaba tan potente que entraría directamente a figurar entre lo más destacado del horror noventero. Junto a aquella criatura monstruosa también había nacido el auténtico Cunningham.

Tiempo después el director confesaría que había sido incapaz de dejar de reír al filmar esa legendaria escena del grito por culpa de la cara que ponía aquella anciana ante el ventilador que le enchufaron en los morros.

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Portishead – «Only You» (1998)

portishead

Tras el impacto mediático del monstruoso «Come To Daddy», el director se encargó de unos cuantos trabajos publicitarios (una chica que parecía un extra de su universo invitando a donar sangre, un sencillo spot para una radio y un anuncio que combinaba lo decadente de las cabinas de sex-shop con el fútbol televisado) y volvió al mundo del videoclip dispuesto a seguir cimentando su universo personal. Portishead y su capacidad para guisar ambientes a través de la música parecían una elección inteligente, y el inglés tejió con mucho mimo digital «Only You», un hermoso clip de personajes que buceaban en el aire y las sombras de un callejón misterioso.

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Madonna – «Frozen» (1998)

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Con el albúm Ray of Light Madonna sustituía los fluidos entre sábanas de Erotica y Bedtime Stories por el rollito místico de la cábala y de paso volvía a convertirse en la attention whore favorita del mundo de la música. Ray of Light era un buen disco y la mujer aún estaba en forma, o al menos más en forma y menos despistada que hoy en día, cuando la reina del pop ha sufrido algún tropezón por ignorar la moraleja de Los increíbles: sin capa.

«Frozen» era una pieza sólida, muy maja y con la curiosidad de que en el futuro 2005 se convertiría en una canción prohibida en Bélgica por un juez que se tomó demasiado en serio la acusación de plagio que agitaba Salvatore Acquaviva (un artista que aseguraba que el parecido con cuatro notas de su tema «Ma Vie Fout le Camp» era como para que le pagasen), un veto que se levantaría nueve años después cuando un tercer artista demandaría al agonías de Acquaviva.

Pero, años antes de la aventura en los juzgados belgas, Madonna elegía personalmente a Cunningham para dirigir el vídeo que acompañaría la salida de «Frozen» como single. La idea inicial de Madonna era ir de paseo hasta Islandia para rodar el asunto, pero tras meditarlo un rato comenzó a pensar que allí refresca mucho como para andar en rebequita y que para cuatro días filmando no le merecía la pena sufrir congelaciones. La artista optó por desplazar el rodaje al desierto y, cuando llegó, se enteró de que allí los grados tiritaban en temperaturas bajo cero por las noches y a ella le tocaba rodar descalza. La idea inicial del director era apilar múltiples Madonnas en medio del azulado desierto y, entre bailes de telas oscuras, transformar sus siluetas en pájaros y perros. Pero el resultado final acabó siendo una versión light de aquel concepto, con chuchos y cuervos revestidos de morphings y tres Madonnas en pantalla. Cunningham acabó desencantado porque, a pesar de tener cierto margen creativo, su trabajo estaba acotado y, en el fondo, al ser una producción millonaria nadie le iba a permitir que hiciese lo que le saliese del pijo. Años más tarde el realizador mencionaría que en el DVD recopilatorio de su trabajo The Work of Director Chris Cunningham se vio obligado a incluir un par de videoclips que odiaba para que la cosa no quedase muy escasa (ya que había descartado sus primeros trabajos por considerarlos «mierda»), y este «Frozen» tiene toda la pinta de ser una de esas obras que el propio Cunningham aborrece.

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Squarepusher – «Come To My Selector» (1998)

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El «Come To My Selector» de ese Tom Jenkinson que se escondía bajo el nombre artístico Squarepusher era una pieza electrónica de difícil digestión para el gran público que al recibir un vídeo igual de insólito acabó gozando de aplauso popular. Un centro japonés para niños con problemas mentales, una chica y su perro en una fuga que empieza con una treta de dibujos animados y terminar con un intercambio de cerebros, lensflares que pondrían caliente a J. J. Abrams, y un montaje que persigue el ritmo de un tema musical que parece obviar alegremente que la música a veces tenga ritmo. En realidad el director aquí estaba rodando su propia minipelícula: el corte «Come To My Selector» realmente no empezaba hasta pasados más de tres minutos de videoclip.

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Nissan Engine (1999)

Un brevísimo y asombrosamente eficiente anuncio de escasos segundos para Nissan protagonizado por un torso musculado. O un trabajo que conjugaba dos de los temas recurrentes del inglés: las anatomías y los autómatas.

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Björk – «All Is Full of Love» (1999)

allisfulloflove

Hace unos cuantos años Kat Dennings anunciaba en su videoblog los escalofríos que había sufrido al ver a un par de robots besándose en la televisión. Probablemente más adelante alguien acabaría aclarando a la coprotagonista de Dos chicas sin blanca que aquello no era un nuevo tipo de porno para fans de Apple sino el vídeo oficial del «All Is Full of Love» de Björk, una auténtica obra de arte.

El propio Cunningham resumía sin dificultad sus motivaciones para la pieza: «Es una combinación de diversos fetiches: robots industriales, anatomía femenina y luces fluorescentes, todo en ese orden. Era perfecto, me permitió jugar con las dos cosas en las que estaba más metido siendo adolescente: los robots y el porno». Björk se presentó en la oficina del realizador con un Kama-sutra chino como referencia y la sugerencia de un escenario esterilizado. Ambos acordaron que el vídeo debía ser blanco y frío pero al mismo tiempo erótico y muy sugestivo sexualmente. Cunningham diseñó unos robots femeninos exquisitos que permitían ser sugerente sin despertar escándalos al estar amparados por su naturaleza artificial. Se decidió iniciar el rodaje una vez finalizada la campaña de marketing del disco Homogenic para disponer de más libertad y enfocarlo como una pequeña película. Cunningham rodó a Björk envasada en un traje azul para combinarla con sus propios robots y mucha postproducción digital mientras su carácter meticuloso se tiraba de los pelos con lo complicado del proyecto temiendo que aquello desembocase en un engendro visual. Pero ocurrió todo lo contrario: «All Is Full of Love», resultó una pieza hermosísima, filmada de manera soberbia, protagonizada por androides con las facciones de la cantante islandesa y con un componente sexual increíble surgir de roces entre máquinas. Encabezaría cientos de tops sobre los mejores clips de la historia de la música, sería alabada con unanimidad por todos los medios y el Museum Of Moderm Art de Nueva York acabaría exponiéndolo de forma ininterrumpida en su galería.

En 2004 se estrenaría la película de Will Smith Yo, robot y hasta el más despistado se daría cuenta de que los androides del film eran un plagio directo del diseño original de Cunningham para Björk. Al director el asunto le desquiciaría, pero tardaría otro buen montón de años en confesarlo.

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Aphex Twin – «Windowlicker» (1999)

windowlicker
La nueva alianza con Aphex Twin tomaría una senda diferente a la de la anterior colaboración entre ambos. Cunningham se enteraría de que «Come To Daddy» resultaba tan aterrador como para que las cadenas solo lo programasen en horario nocturno junto a toneladas de vídeos de hip hop protagonizados por gangstas y tetas. Y aquella ubicación, rodeado de vídeos de raperos hablando de fulanas, se le antojaba tan absurda que pensó que un clip burlesco rodado en Los Ángeles e inspirado en los videoclips de hip hop no sería mala idea.

«Windowlicker» era una broma evidente desde su propio inicio con dos personajes ametrallando palabrotas y siendo golpeados por una limusina absurdamente larga de la que emerge una versión sonriente y pimp del músico electrónico. Pero era una broma ubicada en el mundo de Cunningham y para rematar subrayada por Aphex Twin, lo que significaba que jugueteaba con un humor bastante desasosegante para las mentes comunes: en pantalla las voluptuosas chicas semidesnudas tenían por rostro la mueca sonriente de Aphex Twin y frotaban con lujuria la mata de pelo del pecho del artista. La secuencia final, con cuerpos en bikinis a remojo y caras monstruosas es una de las cosas más jodidas e inquietantes que han ocurrido en el mundo de la música. Las criaturas incluso sirvieron de inspiración a H. R. Giger para garabatear unas cuantas litografías.

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Leftfield y Afrika Bambaata – «Afrika Shox» (1999)

afrikashox
Un hombre extraño que emergía de un callejón en una ciudad que poco a poco le destrozaba física y cruelmente. Una de las obras visualmente más interesantes de Cunningham gracias a la genial idea de convertir el cuerpo del protagonista en pedazos de porcelana.

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Playstation Mental Weatlh (1999)

mentalhealth
En Sony fueron muy listos fichando al artista para concebir la campaña publicitaria de su novedosa consola Playstation. La imagen de aquella zagala marciana hablando sobre las bondades de abonar la riqueza mental ni siquiera tenía nada que ver con la cultura del videojuego, pero el realismo de los efectos especiales y lo extraño del asunto se enraizó en la memoria del espectador. Y ese es el objetivo de la publicidad.

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Flex / Monkey Drummer (2000/2001)

Alejado del mundillo de los videoclips para desgracia de sus fans, el creador comenzaría a tontear con las exposiciones artísticas. La instalación Flex proyectaría un vídeo de diecisiete minutos donde un hombre y una mujer se daban una paliza física y sexual mientras flotaban en la oscuridad. Monkey Drummer sería ideada como parte de Flex pero los retrasos la convertirían en una instalación artística independiente. Un mono de torso mecánico, pene-baqueta y extremidades humanas toqueteaba instrumentos durante dos minutos y medio. Música de Aphex Twin y brazos y piernas de Sigtryggur Baldursson, miembro de la banda The Sugarcubes.

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Rubber Johnny (2005)

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Tras unos cuantos trabajos publicitarios (un par para Levi’s y otro para Orange) el artista comenzó a pasear por el mundo unos exitosos espectáculos en directo de una hora de duración titulados Chris Cunningham Live, que nacieron en Tokio y estaban construidos en torno a música y nuevas creaciones visuales.

En 2005 un DVD titulado Rubber Johnny apareció en las tiendas. En su interior, acompañado de un libro con detalladas fotografías de anatomías deformes, se encontraba una grabación de seis minutos donde una criatura extraña y malformada bailaba entre espasmos, esnifaba una kilométrica raya de cocaína y mutaba despiezándose contra la pantalla al ritmo del «Afx237 V7» de Aphex Twin. Aquel cortometraje con pinta de rave protagonizada por un ser encerrado en el trastero había sido rodado, protagonizado (era el propio Cunningham desnudo quien vestía aquella prótesis cabezuda), editado y animado a lo largo de cuatro años por el director, ayudado por amigos con tiempo libre y a partir de un presupuesto inexistente. Ese Johnny era un hijo extraño que nacía del antojo de un director obsesivo, aquel que fabricaba el proyecto con meticulosidad en su casa editando durante años hasta el más pequeño detalle y desechando una cantidad notable de material entre el que se encontraban numerosas escenas rodadas en pelotas a la intemperie.

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Gucci Gucci Flora (2009)

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En 2009 el realizador aceptó otro pequeño encargo publicitario que produjo un resultado espectacular, Gucci, simetrías y un campo de flores.

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Gil Scott Heron – «New York Is Killing Me» (2010)

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El autodenominado «bluesólogo» Gil Scott Heron fue un notable músico de blues, padrino del rap y poeta del jazz, alguien a quien que en algún momento se le llegó a llamar el Bob Dylan negro. Desgraciadamente desapareció en 2011, pero unos cuantos meses antes entregaría el aclamado álbum I’m New Here tras dieciséis años sin producir disco. El corte «New York Is Killing Me» acabaría convirtiéndose en una melancólica colaboración con el director inglés, un vídeo que navegaba reposadamente por las entrañas de Nueva York.

En la actualidad Cunningham sigue concentrado en proyectos más personales: Jaqapparatus 1, una instalación en Londres basada en el arte y la robótica, y el documental Love Is To Die sobre Warpaint, banda en la que milita su esposa Jenny Lee Lindberg. Pero también continúa persiguiendo el sueño de poder liderar un film para la gran pantalla. Aunque su carácter perfeccionista y milimétrico haya tenido la culpa de que varios proyectos y libretos hayan pasado por sus manos y consumido años de trabajo para, al final, acabar descartados y olvidados. Supuestamente durante 2016 el realizador se estrenará en el largometraje, pero es difícil confiar en una fecha a la hora de hablar de alguien que lleva toda la vida anunciando que tiene una película a punto.


Cómo ser Spike Jonze

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Cuando los antecedentes de un realizador son trabajos para la industria publicitaria y/o del videoclip, inconscientemente se tiende a presuponer que su salto al largometraje acabará azuzando el culo en bragas de Cameron Diaz ante las narices del público y condenando a Lucy Liu y Drew Barrymore a expresarse exclusivamente con dobles sentidos erótico-fiesteros. Y es que aquella gente que venía de filmar a otra gente canturreando muchas veces acababa excretando cosas como Torque: rodando al límite o, peor aún, siendo Michael Bay. En el fondo, en el mundo de la crítica comparar una película con un vídeo musical es sinónimo de desprecio al ser considerados los segundos productos para adolescentes con el cerebro hecho chicle y el culo enraizado en el sofá al estilo del matrimonio Beavis y Butthead. Pero, como la principal razón de ser de toda idea preconcebida es agacharse mucho para que alguien en cierto momento se decida a sodomizarla, pronto comenzó a brotar una tribu de directores emperrados en demostrar que los vídeos musicales no deberían conformarse con bailarines inexplicablemente sonrientes atrapados en vestuarios de tela tacaña, sino que podían ofrecer un terreno de juego de posibilidades ilimitadas. Entre aquellos realizadores se encontraba Spike Jonze, nacido Adam Spiegel pero apodado así en referencia a otro Spike Jones famoso, uno de los más lúcidos e imaginativos creadores de su época.

Jonze asaltó la gran pantalla con un libreto de Charlie Kaufman titulado Cómo ser John Malkovich, una fábula que modernizaba el realismo mágico con un punto de partida increíble: un titiritero localizaba un portal que conducía al interior de John Malkovich, pero no a un personaje interpretado por Malkovich sino a la cabeza del propio Malkovich, la persona, porque así se las gastaba Kaufman a la hora de escribir. Director y guionista repetirían en Adaptation: el ladrón de orquídeas con una idea aún más delirante: ante la incapacidad real de Kaufman para trasladar el libro El ladrón de orquídeas al formato largometraje, la adaptación cinematográfica acabaría mutando en las desventuras de Kaufman (junto a un ficticio hermano gemelo) enfrentado a la escritura del guion de la propia película. Al film le seguiría otra adaptación delirante, porque Jonze se obsesionaría en trasladar el libro infantil Donde viven los monstruos, un cuento ilustrado de diez líneas de texto escasas, al cine. Con el beneplácito del autor, Maurice Sendak, la colaboración de la compañía de Jim Henson y tras años de preliminares, Jonze construiría un relato oscuro y melancólico de factura espectacular. Aquel Espinete goes wild era una absoluta locura para cualquier productora inteligente: un cuento para niños convertido en una película para adultos sobre la infancia, que había mutado desde su docena de páginas hasta convertirse en una superproducción multimillonaria y excesiva con banda sonora de Karen O. Años después Jonze firmaría otro guion en el que Joaquin Phoenix se enamoraba de una Siri con la voz de Scarlett Johansson. Se trataba de Her, una película que se ha asomado varias veces por esta casa.

Lo asombroso es que el realizador no solo había alumbrado cuatro películas fabulosas que regateaban lo habitual, sino que las mismas ni siquiera se parecían entre ellas. Aunque compartían una relectura moderna del realismo mágico, daba la impresión de que el director se asomaba al mundo cámara en mano e improvisaba hasta que a su alrededor sucedían cosas extraordinarias. Jonze además resultaba artísticamente muy revoltoso: actuaba ocasionalmente (era el soldado cortito de Tres reyes, y participaría en Moneyball o El lobo de Wall Street), inventaba alter egos, fundaba revistas culturales (Homeboy, Dirt) o participaba en la creación de cosas tan poco elegantes como Jackass. Resultaba chocante: el hombre que ganaría un Óscar por el emotivo guion de Her también era responsable de un programa donde sus protagonistas se metían coches de juguete por el culo, cocinaban su propio vómito o se abrían la cabeza de maneras sorprendentemente creativas. Parecía que la auténtica identidad del director no solo se construía con sus largometrajes.

Por eso este es un artículo centrado en un director de cine que no trata sobre sus películas, sino sobre lo que no son sus películas.

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Video Days (1991) Yeah Right! (2003)

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A Jonze le apasiona el mundo del skate y antes de tontear con la ficción se dedicó a embellecer el arte del monopatín filmando piruetas profesionales. De aquella afición nacería una docena de trabajos fundamentales para el patinaje callejero: su Video Days se convirtió en el documento que imitarían todas las grabaciones posteriores sobre skateboards. Un vídeo de trucos que contiene la curiosidad de descubrir que un joven Jason Lee, el protagonista de Me llamo Earl o ese tío simpático que te cae bien hasta que descubres que dejó a su mujer porque ella se leyó un libro anticienciología, antes de ser actor era profesional del skate.

La producción de Jonze centrada el monopatín no tiene demasiado interés para el fan de su cine, pero resulta interesante descubrir que en ella el realizador ya se atrevía a introducir ocurrencias que nadie esperaba encontrar en una cinta de cabriolas callejeras. En un momento dado Yeah Right! añadía efectos especiales al metraje, borrando digitalmente las tablas, para obtener secuencias espectaculares de piruetas con monopatines invisibles.

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Weezer  – «Undone – The sweater song » (1994)

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En 1994 Jonze ya había firmado un puñado de videoclips, entre ellos el «Canonball» de The Breeders o el «100%» de Sonic Youth, pero serían los chicos de Weezer las auténticas cobayas de sus experimentos. El clip para «Undone – The Sweater Song» partía de la sencilla idea de mostrar al grupo en cámara lenta con perros correteando alrededor, pero el director tantearía una curiosa artimaña: lo rodaría con la banda interpretando una versión acelerada de la canción para que al reducir la velocidad todo estuviese coordinado con el ritmo del tema.

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Weezer  – «Buddy Holly» (1994)

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Pero sería otra pieza para Weezer la que haría alucinar a todo el mundo: «Buddy Holly», un videoclip en el que la banda entraba a formar parte de un capítulo de Happy Days, aquella serie televisiva cuya importancia para la cultura popular americana era similar a lo que podría significar en estas tierras aquella Farmacia de guardia cuya sintonía nunca han dejado de bailar los góticos. «Buddy Holly» jugaba a mezclar imágenes de la serie original con material nuevo mediante la edición traviesa, la estrella invitada, los dobles humanos y un barnizado que daba aspecto de serie caduca. Arrasó en la MTV y Microsoft se hizo con los derechos para incluir el clip con cada copia de Windows 95.

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Dinosaur Jr. – «Feel The Pain» (1994)

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«Feel The Pain» anunciaría una de las futuras señas de identidad del realizador: agarrar una idea extravagante y perseguirla durante todo el metraje. O los motorizados chicos de Dinosaur Jr. jugando al golf en plena urbe.

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Beastie Boys – «Sabotage» (1994)

sabotage

Y llegaron los Beastie Boys con sus sirenas, sus persecuciones sobre ruedas, sus gafas de sol, sus pelucas postizas y sus bigotes de pega para cometer «Sabotage», una extraordinaria cabecera falsa de serie policiaca setentera que Jonze filmaba con el dinamismo con el que se enfrentaba a los vídeos de skateboard. O cómo producir un vídeo musical inmenso (aparece en todo top de videoclips respetable) con la calderilla que uno lleva en el bolsillo.

Y el mundo desde entonces sería un lugar un poquito mejor.

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Björk – «It’s Oh So Quiet» (1995)

bjork

En el meridiano de los noventa Jonze arrastraría a Elastica a cazar Godzillas de escasísimo presupuesto en «Car Song» y documentaría verbenas de un grupete de adolescentes japoneses al ritmo del «Crush With Eyeliner» de R.E.M. Pero también se atrevería a vestir el enrevesado «It’s Oh So Quiet» de Björk, una canción inusual que saltaba continuamente entre el susurro y el grito. El clip se adaptaba a ese ritmo demencial y rebotaba entre una cámara lenta que vestía la voz reposada, y el fantástico musical de piruetas y alegres bailarines que acompañaban al desparrame vocal. Acababa con una islandesa voladora, que es mucho más de lo que se puede decir de la mayoría de videoclips contemporáneos.

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Wax – «California» (1995)

California

La gente en llamas mola. No en general sino siempre que se encuentren en aquellos eventos donde se supone que han de estar en llamas por el bien del espectáculo. Por eso no existe un solo reportaje de dobles de acción en el que alguien no decida prenderse fuego en un momento dado para demostrar que el traje ignífugo ha pasado el control de calidad.

Hoy la gente apenas rememora a Wax, pero todo el mundo se acuerda del videoclip «California», donde un caballero correteaba ardiendo en slow motion. Una toma de quince segundos convertida gracias a la cámara lenta en videoclip de dos minutos y pico de timing perfecto, con canasta de Loomis Fall en segundo plano, cameo casi inapreciable de Axl Rose y una niña mirando a través de la ventana de un coche llamada Gia Coppola, nieta de Francis Ford Coppola y futura directora de cine, que serviría de enlace con otro videoclip. Para un crítico insigne como Butthead este «California» era uno de los vídeos más molones de la historia. Obviamente toda la escena a velocidad normal (aquí) resultaba menos asombrosa.

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The Pharcyde – «Drop» (1996)

Pharcyde

A los miembros de The Pharcyde les tocó rapear su propio tema «Drop» del revés mientras Jonze los filmaba en las calles, un esfuerzo que cobraría sentido cuando el videoclip final desvelase que había sido ideado para ser reproducido marcha atrás. El resultado era espectacular porque, de ese modo, los saltos y convulsiones, los viandantes que entraban en escena, el striptease callejero, el agua derramada desde las alturas, una simple pelota botando o el martillazo a un cristal parecían cosa de magia.

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Chemical Brothers – «Elektrobank» (1997)

elektrobank

Quizá una de las últimas cosas que evoca la música electrónica son las competiciones de gimnasia rítmica. O al menos lo era hasta que el «Elektrobank» de los hermanos químicos llegó a las televisiones. Protagonizado por Sofia Coppola, el torneo deportivo no solo estaba rodado de manera excepcional, sino que además crearía escuela: hasta Gumball le rendiría homenaje.

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How They Get Here (1997)

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El primer cortometraje del director sería una broma física con final gamberro. Dos minutos con una chavala vestida como Jaimita Zapatilla jugando a imitar a un peatón de la acera opuesta.

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Daft Punk – «Da Funk» (1997)

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El título Big City Nights antecedía a las imágenes que acompañaban el «Da Funk» de unos entonces desconocidos Daft Punk. Las aventuras nocturnas de un perro antropomórfico que caminaba con muleta y un radiocasete sonando perpetuamente. Una historia de la que se intentó extraer todo tipo de segundas lecturas sin entender que funcionaba como aquel «Feel The Pain»: agarrando una idea inusual y persiguiéndola hasta el final.

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Sprite «Sun Fizz»  (1998)

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Si un calvo ciclado irrumpiera en una cocina ajena lo tendría difícil para convencer al dueño de la vivienda de evitar llamar a la policía por mucho que repitiese que ahora se llama Don Limpio. Algo similar ocurriría con los mayordomos que allanan moradas para frotar algodones por el váter y con todas aquellas mascotas que deciden que la etiqueta de su producto se queda pequeña y va siendo hora de conquistar el mundo real. El genialísimo spot «Sun Fizz» retrataba lo que provocaría una criatura publicitaria que decidiera brincar hasta la mesa de la cocina. Spoiler: terror puro.

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Amarillo by Morning (1998)

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En un rodeo el realizador entabló amistad con unos chavales cuyo sueño era triunfar en el elegante mundo de los cowboys que cabalgan toros locos. Amarillo by Morning sería un documental casero donde aquellos adolescentes hablaban de sus sueños de gloria a lomos de las bestias y mostraban su curiosa técnica de entrenamiento: cabalgar un bidón suspendido por cuerdas que sacudían mucho. O Jonze retratando lo que más le gusta: las personas corrientes y sus mundos e ilusiones.

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Fatboy Slim – «Praise You» (1999)

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En el buzón de Fatboy Slim aterrizó una extraña cinta de vídeo que contenía a un tal Richard Koufey bailando con más ilusión que talento el «The Rockafeller Skank». Koufey era un atolondrado alter ego de Jonze, y aquella grabación era la extraña manera del director de lamentar no haber colaborado en el clip oficial de «The Rockafeller Skank», pero a Fatboy Slim le impresionaron tanto esas bellas sacudidas que le encargó dirigir el vídeo de «Praise You». Jonze se enfundaría en Richard Koufey para liderar a los chicos y chicas del Torrance Community Dance Group, una ficticia asociación amateur de bailarines, y plantarse con ellos en la entrada de un cine para ejecutar una delirante coreografía al ritmo del «Praise You». El resultado, con un empleado del propio cine interrumpiendo la actuación al no poder aguantar la tormenta de vergüenza ajena, se convertiría en clip oficial de la canción.

La sorpresa llegaría cuando los MTV Video Music Awards nominaron al grupo de baile en varias categorías, y un Jonze embutido en el personaje de Koufey se lo pasaría teta durante la ceremonia actuando como un niño grande y grabándolo todo con su cámara de vídeo para el falso documental Torrance Rises. Koufey se llevaría a casa tres premios: vídeo más rompedor, mejor dirección y mejor coreografía. El resto de nominados a esa última categoría contemplaban con la boca abierta cómo el premio se lo arrebataba una banda de chalados arrítmicos con una coreo que ponía las obras fin de curso a la altura de Broadway. Y aquello era maravilloso.

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Nike «Morning After» (1999)

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Sí, antes de los 2000 ya existía gente que salía a correr por las calles, solo que no se autodenominaban runners porque aún tenían un esbozo de vergüenza en su interior. Lo que también existía era cierto pánico al llamado efecto 2000, que teóricamente iba a desencadenar el infierno en la tierra. En esos primeros instantes del cambio de año es donde se situaba este simpático spot.

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Fatboy Slim – «Weapon Of Choice» (2000)

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Jonze imaginó a Christopher Walken bailando en un hotel vacío. Se lo dijo a Norman Cook (Fatboy Slim) y a este le pareció estupendo, se lo comentó a Walken y este preguntó que quién era Fatboy Slim y que qué me estás contando. El director explicó al actor que Fatboy Slim era un músico que jugueteaba con loops y Walken preguntó que qué coño era un loop y que qué me estás contando. Cuando finalmente el intérprete escuchó el tema y decidió que sonaba divertido, todos se fueron al Marriott Hotel para filmar al actor danzando y volando por los vestíbulos. La empresa no resultó complicada porque el propio artista no era ajeno a la danza: antes de dedicarse a la actuación se había machacado lo suyo como bailarín. El resultado catapultaría la canción a la fama y al videoclip a una piscina de premios.

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Levi’s «Crazy Legs» (2002)

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El bailarín callejero Johnny Cervin se hizo famoso de un día para otro por culpa de un spot televisivo ideado por Jonze y emitido durante la Super Bowl. Retoques digitales combinaron las dos mitades de un Cervin que pasea tranquilamente y baila a lo loco al mismo tiempo al ritmo de Control Machete.

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Yeah Yeah Yeahs – «Y Control» (2004)

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¿Niños jugando? Niños jugando.

Jugando a abrazar perros muertos, cortarse las manos con un hacha, destrozar cosas con un bate de béisbol y removerse los intestinos. Joder, sí.

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Ludacris – «Get Back» (2004)

Ludacris

Si tienes a Ludacris con los brazos de Popeye la mitad del espectáculo ya la tienes hecha.

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Adidas «Hello Tomorrow» (2005)

adidas

Un Jonze poseído por Michel Gondry convertía un anuncio en un juguete visual con un escenario que se iba pintando sobre la marcha, un oso como guest star y un techo bajo que recordaba que en Cómo ser John Malkovich ya tuvo al protagonista andando encorvado. La música corría a cargo de Karen O.

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Gap «Pardon Our Dust» (2007)

gap

El spot para la franquicia de comercios Gap era una ocurrencia genial: hacer publicidad de una tienda destrozando la propia tienda en una competición entre sus empleados. Una batalla campal más cercana a Jackass que al manual del buen publicista.

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Levi’s «Doctors» (2007)

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El mejor musical de un minuto de duración de la historia de la televisión era un anuncio de pantalones. Una visita a urgencias acababa transformando el pitido de una máquina de constantes vitales en un karaoke del «Tainted love» de Soft Cell.

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UNKLE – «Heaven» (2009)

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En 2007 Jonze dirigió junto a Cory Weincheque y Ty Evans otro vídeo centrado en el monopatín, titulado Fully Flared. Lo más recordado de aquella cinta era un segmento en un skate park donde virtuosos de la tabla efectuaban sus trucos mientras el lugar explotaba por los aires. Un par de años después aquellas imágenes se repescarían y montarían para engalanar el tema «Heaven», y le sentarían como un guante.

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Softbank «Japan Sumo» (2009)

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Durante un tiempo Brad Pitt hizo un Bill Murray en Lost In Translation y se dedicó a protagonizar anuncios japoneses. Comenzó participando en una afrancesada campaña dirigida por Wes Anderson y acabó ejerciendo de esmerado ayudante de un luchador de sumo cuando Jonze se situó tras la cámara.

En aquel 2009 Jonze también aprovecharía sus reuniones con Sendak por trabajo —era el autor del libro Donde viven los monstruos para rodar un pequeño documental sobre el escritor, titulado Tell Them Anything You Want: A Portrait of Maurice Sendak.

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I’m Here (2010)

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The Giving Tree era un libro para niños escrito por Shel Silverstein que narraba los encuentros entre un árbol extremadamente generoso y un chico durante diferentes etapas vitales del segundo. Una obra curiosa con una interrogante enorme flotando sobre su auténtico significado, desde su publicación se discutiría mucho si su autor intentaba tejer una moraleja o estaba siendo cabroncete al perpetrar una sátira cruel.

Tras su Donde viven los monstruos, Jonze volvería a utilizar como semilla un cuento para niños, aunque en este caso la fábula tan solo ejercería de musa. I’m Here era un cortometraje inspirado por The Giving Tree con un protagonista que heredaba el nombre del escritor del cuento (Sheldon), pero cuyo relato no contenía ni árbol alguno ni demasiados humanos. El motor del corto era el romance entre dos autómatas en una Los Ángeles donde convivían robots y personas, y durante media hora Jonze lucía sus dos mejores virtudes: una capacidad visual arrasadora y la sensibilidad necesaria para retratar pequeños instantes y hacer que respirasen como sinceros, lejos del artificio que domina la ciencia ficción e irónicamente a pesar de tratar con criaturas artificiales. Del diseño de los androides se ocupaba Alterian, Inc, la compañía a la que Daft Punk encargaba los cascos, quienes crearían un protagonista con una vetusta torre de PC por cabeza y con pintas de ser primo lejano de la criatura que bailaba en el clip «Evil» de Interpol.

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LCD Soundsystem – «Drunk Girls» (2010)

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La que para el propio James Murphy, líder de LCD Soundsystem, era una canción tontorrona venía acompañada de un vídeo que parecía tonto pero resultaba aterrador si uno se paraba a meditarlo un rato. O la banda tratando de interpretar la canción mientras era acosada incansablemente por un grupo de cabrones disfrazados de osos panda.

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Arcade Fire – «The Suburbs» (2010)

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El álbum The Suburbs inspiró el rodaje de Scenes From The Suburbs, un cortometraje que retrataba la vida de unos jóvenes en una ciudad sitiada militarmente por razones desconocidas para el espectador. Se estrenó oficialmente en la Berlinale, pero meses antes varios pedazos de ella se ensamblaron como clip oficial del single «The Suburbs». Curiosamente, el cortometraje parecía no conducir a ningún sitio, pero la misma historia comprimida en aquel videoclip funcionaba con la precisión de un cronómetro.

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Lakai «Twizzler» (2010)

Lakai

0:03 Un monopatín girando sobre mobiliario urbano.

0:10 Spike Jonze bendiciendo a un amigo con La Hostia Con Monopatín De Su Vida.

0:16 Skateboard tricks.

0:39 Spike Jonze ejecutando un kickflip literalmente retorcido.

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We Were Once A Fairytale (2010)

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Jonze siempre ha caminado muy cerca del mundo del rap y el hip hop. Trabajaría para Puff Daddy o Jay-Z, filmaría el mítico «What’s Up Fatlip?» (y el muy interesante documental de idéntico nombre sobre Fatlip) y codirigiría con Kanye West una paliza en un maletero en «Flashing Lights». Pero para We Were Once A Fairytale reclutaría al propio West para un ejercicio extraño: un relato donde el cantante interpretaba a una versión (más) gilipollas de sí mismo que acababa extirpándose un pequeño diablillo de sus propias entrañas.

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Beastie Boys – «Don’t Play No Game That I Can’t Win» (2011)

beastieboys

Esto es lo que pasa cuando le encargas a tu amigo el director de culto que ruede algo para acompañar un temazo que has fabricado junto a la maravillosa Santigold: que el hombre agarra un puñado de muñecos Action Man, se pasa la tarde jugando con ellos, lo graba todo y te viene diciendo que ahí lo tienes, que mira tu vídeo. Once minutos, rodados meses antes de la desaparición del gran Adam Yauch y de la disolución del grupo, donde las aventuras de los juguetes sepultan la canción. Graciosísimo, pero esto lo hace cualquiera sin una carrera envidiable detrás y lo empalan en la plaza del pueblo.

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Mourir auprès de toi (2011)

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Codirigido junto a Simon Cahn, el cortometraje que anunciaba Morir a tu lado era una pequeña y hermosa pieza de stop-motion protagonizada por personajes que nacían entre las páginas de una biblioteca.

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Arcade Fire – «Afterlife (Live)» (2013)

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«Afterlilfe» se coló en nuestra lista de los mejores clips de 2013 haciendo algo de trampa: no se trataba realmente de un videoclip al uso, sino de la emisión de un número musical para la ceremonia de los YouTube Music Awards. Daba igual, estaba grabado en directo y protagonizado por una Greta Gerwig efervescente, y aquello bastaba y sobraba.


La fábrica de los mejores videoclips: OK Go

Imagen: Paracadute.
Imagen: Paracadute.

En 1999 una banda de rock se presentaba en los modestos estudios de la Chicago Access Network Television, preguntando por el programa Chic-a-gogo, un show infantil de bailoteos cuya naturaleza de entretenimiento público permitía que cualquier chalado se asomase por el canal para montarse un guateque cantando y bailando ante la cámara. La formación musical llegaba con la ilusión de actuar en el programa, pero por culpa del escaso presupuesto del estudio las instalaciones no disponían de medios para registrar el sonido en directo, así que los chavales agarraron la única canción propia que tenían grabada, «C-C-C-Cinnamon Lips», y decidieron que acometerían una coreografía casera. Para solucionar el detalle de no dejar huérfanos a los instrumentos durante la filmación se tiró de colegas disponibles: una serie de personalidades de la radio (entre las que se encontraban Ira Glass y Peter Sagal), amigas de la formación cubrirían los puesto sobre el escenario haciendo el idiota al simular aporrear cuerdas, baterías y teclados. En primer plano Damian Kulash, Tim Nordwind (simulando cantar aunque lo que se oía era la voz de Kulash), Dan Konopka y Andy Duncan coordinaban alegremente sus contoneos.

Aquella banda se llamaba OK Go, y acababa de descubrir que habían nacido para divertirse ante una cámara.

Videoclip random

En 2002 y en el regazo de Capitol Records la banda publicaba un primer álbum de título homónimo. Para la promoción se contrató al competente Francis Lawrence (director de Soy leyenda y tres entregas de Los juegos del hambre) con el encargo de vestir con imágenes el single «Get over it», obteniendo como resultado un clip de tres minutos y medio competente pero no demasiado destacable. El segundo tema en ganarse un rodaje sería «Don’t ask me», y durante el mismo otro director, Barnaby Roper, clonaría a una bailarina en una producción de colores escasos. El vídeo resultaba más llamativo que el anterior pero seguía sin ser verdaderamente especial. OK Go decidiría darle la vuelta y fabricar su propia versión invitando a los fans a grabarse bailando en una cabina que se llevaron en los tours fabricando su propio «Don’t ask me (dance booth)». El tema «You’re so damm hot» también saltaría a la pantalla en forma de una recopilación de metraje de los conciertos y el backstage de la banda en plena gira realizada por Scott Keiner.

Hazlo tú mismo

Tres años después de su primer disco y con el segundo ya tostado, Andy Duncan abandonaba el grupo y el resto de miembros coordinaban un casting para atrapar nuevo guitarrista. Durante la tanda de evaluación una de las preguntas que se realizarían a los candidatos era «¿participarías en un baile coreografiado sobre el escenario?». Andy Ross respondía que sí a aquella cuestión, y poco después cubría la vacante.

Sería entonces cuando Trish Sie, coreógrafa inquieta y hermana del cantante principal, idearía un baile inspirado en Janet Jackson y los sopapos de Matrix a partir de la canción «A million ways» y la banda lo filmaría a pelo en el patio trasero de la residencia de Kulash. Lo que inicialmente era un vídeo destinado a circular entre los emails de amigos y conocidos acabó convirtiéndose en un éxito viral sorpresa sin que ninguno de los miembros del grupo se hubiese planteado que aquello pudiese ejercer de vídeo oficial y sin que su productora tuviese idea de aquello.

Un año después la pieza se había convertido en el vídeo más descargado de la historia y los programas insistían mucho en que la banda realizase el bailoteo en sus apariciones en directo. OK Go había conseguido más notoriedad con tres minutos y una cámara casera mierdesca que todas las producciones videocliperas multimillonarias de directores renombrados con reverb y batallones de bailarines. El destino del grupo empezaba a oler a one visual hit wonder por lo en apariencia imposible de igualar aquel éxito sorpresa.

Hasta que sacaron el siguiente vídeo.

¿Cómo era posible superar el fenómeno viral de aquella coreografía? Añadiendo ocho cintas de correr y un nuevo bailoteo ideado por Sie. Tras diecisiete intentos la banda logró bordar una toma continua en la que nadie se rompía los dientes y todos ejecutaban una danza espectacular para el pegajoso «Here it goes again» entre máquinas de gimnasio.

En su momento llegaría a convertirse en el videoclip que más veces había emitido la Mtv, se llevaría a casa un Grammy junto a otra estantería de premios, se convertiría en el vídeo más descargado de iTunes y llevaría al grupo a realizar una recreación en directo en la gala de 2006 de los Mtv Video Music Awards. A día de hoy «Here it goes again» ha superado los ochenta millones de reproducciones en internet, tiende a colarse en toda clasificación que pretenda enumerar lo mejor de YouTube y suele tocar podio en aquellas que hacen recuento de los mejores vídeos musicales.

El mismo año el grupo presentaría otro nuevo single titulado «Invincible» con el que hacer circuito por las radios americanas, y en este caso el vídeo que venía agarrado del brazo de la canción abandonaba el bailete para recrearse en ese extraño encanto que generan las cosas que explotan. Consistía en una pantalla partida donde se dinamitaban una colección de objetos alegremente. La descripción oficial del asunto lo resumía todo de manera certera: «Este vídeo es popular entre la gente a la que le gusta a) las explosiones b) la música c) ambas cosas».

Un par de años antes Olivier Gondry (hermano del director Michel Gondry) se había acercado a la banda para proponerles un videoclip fiestero con un truquillo visual muy llamativo que era posible al rodar con varias docenas de cámaras digitales al mismo tiempo. El tema era «Do what you want» y el resultado en pantalla un disparatado baile de perspectivas, un headbanging de puntos de vista.

Pero en 2007 OK Go decidiría agarrar de nuevo ese videoclip (del que también existía una tour version cosida con metraje del directo de la banda) y darle una capa nueva de manera literal: forrándose a sí mismos y a «la colección de los tíos raros con más talento de Los Ángeles» en papel estampado para pegar botes y montar circo delante de la cámara.

Meses después la banda salía del paritorio con un nuevo ábum titulado Of the blue color sky, y ganas de seguir haciendo cosas raras: una alianza con el artista Moritz Waldemeyer y sus juguetitos construidos con LED y artilugios luminosos les permitió llevar a cabo un directo de neón donde los instrumentos pintarrajeaban con láseres de colores la actuación. También se cruzaron en un parking con Tim Nackash y acordaron que sería bonito grabar un vídeo, tras lo cual Nackash no tardó demasiado en enviarles un email con una foto que atrapaba en capas sobrepuestas la secuencia de un salto. Aquello fue el germen del vídeo oficial de «WTF?» una creación psicodélica donde se agitaban un montón de cachivaches, comprados en un todo a noventa y nueve centavos, y se apilaban fotogramas para crear estelas. O cómo convertir el glitch digital en un recurso estilístico.

Tras la orgía cromática de «WTF?» por la cabeza de los chavales comenzó a revolotear la idea de crear una máquina de Rube Goldberg monstruosa, pero pronto descubrirían que el mecanismo deseado iba a tardar bastante tiempo en estar realmente engrasado. En aquellos preparativos andaban cuando se tropezaron en internet con tributo a una de sus coreografías ejecutado por la Band of the Fighting Irish de la Universidad de Notre Dame de Indiana, un espectáculo acojonante.

OK Go dio un telefonazo a la Universidad de Notre Dame y tras coquetear un rato con ellos se llevó a una parte de la marching band al campo para rodar un clip oficial. El objetivo de tanto músico camuflado entre matojos era vestir la canción «This too shall pass», en una versión distinta a la que aparecía en el disco, para entretener a las masas mientras la maquinaria de Rube Goldberg seguía siendo diseñada.

Pero en marzo de 2010 aquel paseo campestre sería borrado de la memoria colectiva con la llegada del artilugio que el grupo, junto a sesenta trabajadores del Instituto de Tecnología de Californa, Synn Labs y el MIT Media Lab, había conseguido hacer funcionar en un almacén tras más de dos meses de planificación y cuatro de rodaje. Una máquina de Rube Goldberg alucinante que se convertía de manera inmediata en uno de los mejores, y más intrépidos, vídeoclips creados nunca para una canción.

Pero aunque la burrada parecía estar rodada en una sola toma, y tanto los diseñadores del aparato como los miembros de la banda aseguraban que el mecanismo había funcionado perfectamente en al menos tres ocasiones de las más de sesenta tomas filmadas, el amigo de los FX Freddie Wong acabó destrozando un poquito la magia del asunto al descubrir algún corte camuflado.

Para su próximo proyecto, «End love», los chicos evitarían complicarse en exceso la vida y optarían por irse al parque vestidos de colores a jugar con la cámara toqueteando las velocidades de reproducción y comprimiendo una secuencia de dieciocho horas, durante las que incluso sacaban los sacos de dormir para pasar la noche, en cuatro minutos y medio. El rodaje se anunció de manera pública por si a algún fan le pillaba cerca el asunto y quería militar entre los extras y también gozó de una guest star inesperada: un ganso que decidió coprotagonizar el show y aparece en el resultado final persiguiendo a los músicos para acabar aparcando a sus pies.

Trish Sie volvería a la carga ideando un nuevo tipo de coreografía loca para la banda de su hermano: tras aquel fenómeno con las cintas de correr a Sie le hacía gracia invertir la idea y convertir a los miembros del grupo en maquinaria que utilizasen otros seres, en este caso una manada de perros. Planteó ese disparate a OK Go y estos, tras recordar que rodar con animales está universalmente reconocido como un auténtico infierno, sentenciaron por unanimidad que la idea era «absurda y asombrosa», lo que era la señal inequívoca de que estaban dispuestos a filmarla. Un equipo de adiestradores, una docena de perros, una cabra y ciento veinticuatro tomas después (más de las necesarias para la máquina de Rube Goldberg) la canción «White knuckles» tendría su propio videoclip y la red un nuevo fenómeno viral.

El vídeo también fue rodado en 3D y una versión para los amigos de las gafas anaglíficas puede verse aquí.

Tras el despliegue canino llegaría «Last leaf», un tema más reposado y una animación en stop motion que utilizaba como lienzo algo bastante inusual: más de dos mil tostadas decoradas a base de láser por el artista Geoff Mcfetridge.

A finales de 2010 el grupo aprovecharía el patrocinio de Range rRover para juntar a cien amigos, unas cuantas cajas de juguetes, instrumentos musicales y muchos tubitos luminosos, y comandar un desfile fiestero con el que dibujaron su nombre entre las calles del mapa de Los Ángeles gracias al seguimiento de GPS proporcionado por la compañía automovilística. Una cabalgata que se convertiría en clip oficial del tema «Back from Kathmandu».

Otra asociación, en este caso con Google, resultaría mucho más fructífera y experimental. El clip perpetrado para la pista «All is not gone» solo se podría contemplar tal y como había sido ideado en un principio tirando de un ordenador, el navegador Chrome y el lenguaje HTML 5. Desde la página oficial el artefacto se valía de las posibilidades de ese código en HTML 5 para multiplicar a los integrantes de OK Go (y a los miembros de la compañía de danza Pilobolus) en distintas ventanas que brotaban en el escritorio del ordenador diseñando una coreografía que el espectador contemplaba bajo un suelo de plexiglás. La versión en YouTube sorprende menos, pero sirve para hacerse una idea de la empresa.

Tras aquel vídeo llegaría la alianza más cachonda: la acordada con la tropa de los Muppets para realizar una versión de la canción de cabecera del show, permitir que los teleñecos se dedicasen a vandalizar algunos de sus videoclips más famosos y convertirse ellos mismos en marionetas.

Un acuerdo con otra marca, en este caso Chevrolet, serviría a OK Go para llevar a cabo otra idea tremendamente disparatada que se les había ocurrido cuando se peleaban con el desarrollo de los mecanismos para «This too shall pass»: crear otra máquina de Rube Goldberg formada por elementos que al ser activados funcionasen como instrumentos musicales e interpretasen la canción del videoclip. Rodado en medio del desierto, el vídeo de «Needing/getting» presentaba un gigantesco circuito donde un Chevy Sonic, tuneado con varios brazos adicionales, circulaba golpeando los más de cincuenta pianos, doscientas ochenta guitarras y el millar de objetos desplegados en fila para lograr que tanto azote motorizado acabe produciendo la melodía del tema que Kulash canta al volante. La preparación de ese rally musical implicó una planificación milimétrica: controlar metódicamente la posición de tanto cachivache alineado y también la velocidad exacta a la que debía circular el vehículo para no descalabrar el ritmo de la canción.

Sie tomaría el megáfono de dirigir y el relevo de la banda para protagonizar el siguiente vídeo para el tema «Skycrapers». Una secuencia sencilla donde la propia Sie y Moti Buchboot bailaban ante murales de colores.

«The writings on the Wall» sería el tema del cuarto álbum, Hungry ghosts, que embarcaría de nuevo al grupo en lo de rodar un rosario de tomas para lograr que una secuencia de cuatro minutos luciese perfecta en un solo plano continuo. El ingenio en este caso se destinaba a fabricar una colección fabulosa de ilusiones ópticas y cabriolas con las perspectivas para que el espectador se sientiese engañado continuamente.

La curiosidad de «The writings on the Wall» era que antes de tirarse a producir el vídeo OK Go había llamado al timbre de Apple en busca de algo de financiación y en la compañía les habían dicho amablemente que pasaban del asunto y que a otro mono con esas pipas. La sorprendente coincidencia es que un poco más tarde la propia Apple presentaba este anuncio en sociedad mientras se oían murmullos entre los fans de la banda.

Mientras tanto, en china, los publicistas de la franquicia Red Star Macalline flipaban con el vídeo original y acababan arrojando billetes a los músicos para crear un anuncio similar que realmente funcionaba como un pequeño videoclip en sí mismo.

Los Honda UNI-CUBs son unos aparatitos que se controlan mediante el propio peso del cuerpo y sirven como unidad individual de transporte si uno no tiene demasiados problemas con lo de que lo vean en público montado sobre ese trasto tan ridículo. El vídeo de «I won’t let you down» comienza con una coreografía a bordo de estos cacharros en interiores, pero pronto evoluciona hasta convertirse en un baile espectacular contemplado a vista de pájaro (un dron octocóptero movía la cámara entre el suelo y las alturas) donde las auténticas estrellas son las chicas que componen el ejército de dosmil trescientas bailarinas sincronizadas y armadas con paraguas de colores que la distancia acaba transformando en píxeles durante en un portentoso plano final. OK Go asegura que solo se echó mano del retoque infográfico para un par de detalles durante la escena que cierra el metraje. El dato peculiar es que originalmente el vídeo se rodó con todos participantes simulando moverse, cantar y bailar a cámara lenta porque la edición posterior ya tenía planeado doblar la velocidad para camuflar los posibles errores de timing. Un alma muy maja ha logrado reproducir el aspecto de la grabación original a base de desacelerar el vídeo hasta la mitad de su velocidad y ha colgado el resultado en internet para los curiosos que quieran echarle un ojo.

En 2016, en uno de los vídeos del canal oficial, Tim anunciaba, mientras arrojaba cosas al suelo, que la gravedad molaba mucho y que ellos acababa de hacer de las suyas rodando una nueva pieza en gravedad cero.

«Upside down and inside out» jugaba una vez más al cuanto más difícil mejor, una coreografía de bailes, globos rellenos de pintura, bolas de discoteca, piñatas, azafatas acróbatas, volteretas aéreas, maletas rellenas de pelotas de colores y mucha gente flotando de un lado a otro y agarrándose al techo. Todo ocurriendo al mismo tiempo en el interior de un avión de gravedad reducida de aquellos que son capaces de simular la ingravidez circulando en trayectorias parabólicas. La hazaña sería filmada del tirón (tras muchos intentos fallidos) en un único plano de cuarenta y cinco minutos. Tres cuartos de hora que se recortarían posteriormente para dejar tan solo los tres minutos y medio que contenían todas las escenas donde la banda entraba realmente en el freestyle de la gravedad cero. Las cicatrices de dichos recortes se limarían en posproducción al unir, a base de morphings, fotogramas de los miembros del grupo permaneciendo muy quietos en sus asientos cuando el avión retomaba el vuelo de subida para efectuar la siguiente parábola. Pero incluso con la ayuda de los brochazos digitales el espíritu perfeccionista del grupo había convertido la filmación en una aventura chiflada que acabó resultando exitosa por los pelos: algunos devenires de la producción, incluyendo a un Kulash a punto de sufrir un jamacuco con tanta pirueta aérea, se pueden contemplar aquí.

Cuatro días después de su estreno el vídeo acumulaba casi cincuenta millones de visitas. Y los integrantes de OK Go se volvían a coronar monarcas en lo de jugar a divertir a la gente. Seguían demostrando que conformaban la fábrica de lo mejores videoclips de la historia.