Más raro que un vinilo verde

Foto: DP.

En 1989, Sony canceló la producción de discos de vinilo cuando el reluciente compact disc, que llevaba siete años haciéndole ojitos al público y presumiendo de higiene sonora, se merendó por completo el mercado hasta convertir los surcos musicales en un soporte obsoleto.

En 2012, la banda The Flaming Lips publicó un disco en vinilo relleno con la sangre real de los músicos que participaron en él.

En 2018, Sony inauguró en Japón una fábrica de dos plantas para producir vinilos porque los LP llevaban cuatro años seguidos incrementando las ventas en aquel país, y la única factoría del lugar dedicada a planchar discos no era capaz de cubrir la demanda. En el resto del mundo sucedió algo parecido, las ventas de vinilos se dispararon durante 2016 hasta alcanzar cifras que el formato no reconocía desde principios de los noventa. Unos números que significaban ganancias ínfimas para unas compañías concentradas en recaudar con el streaming digital. Pero, al mismo tiempo, unas cifras que insinuaban que el vinilo se había convertido en el soporte preferente para coleccionar música. La cadena de tiendas Best Buy ha anunciado que dejará de vender CD en sus establecimientos durante el verano de 2018 porque ya no los compra ni dios. En Europa, las fábricas especializadas en prensar vinilos musicales (GZ Media en la República checa y Record Industry en los Países bajos) fabrican más de cien mil discos diarios y no cubren todas las peticiones del mercado.

La veneración por el disco de vinilo es comprensible: se trata de un artefacto fantástico, una aguja que navega a través de surcos microscópicos y cuyas vibraciones generan música. Un proceso que conlleva un ritual laborioso y físico donde es necesario hacer girar el objeto y depositar la aguja sobre su superficie. Lo icónico de su imagen supera en glamur tanto a los reflejos del compact disc como al clic en Spotify, y su encanto no solo parece un antojo de los nostálgicos, porque las nuevas generaciones dan la impresión de asumir la existencia del vinilo como el modo ideal de comprar música en formato físico, sobre todo teniendo en cuenta que muchos LP actuales incluyen una descarga digital del álbum para que ni siquiera sea necesario quemar el tocadiscos. Se trata de un revival que no parece disparatado en una sociedad amiga de chapotear en el síndrome de Diógenes: si existe gente dispuesta a pagar trescientos dólares por la edición de coleccionista de un videojuego, no resulta extraño que haya seres soltando un par de billetes por la música que les gusta en un formato que conserva tanto romanticismo.

Pero lo mejor del disco de vinilo es que se trata de un soporte cuya presencia física ofrece a los artistas muchas posibilidades. Tantas y tan variadas como para que el título de este artículo sea una solemne mentira, porque un vinilo verde es una de las cosas menos extrañas que se pueden encontrar girando sobre un tocadiscos.

Música líquida

En 2012, el marciano Wayne Coyne, comandante de los también extraterrestres y geniales The Flaming Lips, explicaba a un periodista de Pitchfork: «Todavía no tengo la sangre de todos los colaboradores, pero ya he recogido unos cuantos viales y están guardados en mi nevera mientras hablamos»; aquella sangre de la que Coyne hablaba era el ingrediente principal de un disco de vinilo. Entre 2011 y 2012 los psicodélicos de Oklahoma grabaron The Flaming Lips and Heady Fwends, un disparatado álbum colaborativo en el que participó una tropa envidiable de artistas entre los que se encontraban Bon Iver, Ke$ha, Nick Cave, Tame Impala, Erykah Badu, Chris Martin, Neon Indian y gente como Yoko Ono. Algunos de ellos, además de participar musicalmente, también donaron una parte de sí mismos cuando a la banda se le ocurrió publicar una edición especial y limitadísima (diez unidades) del disco que contenía en su interior la sangre de los artistas. Cada copia del álbum se vendió por la módica cantidad de dos mil quinientos dólares («es una edición para fans ricos de The Flaming Lips») y la pasta recaudada se destinó a asociaciones caritativas. El mejor detalle de aquel producto de lujo era una pegatina a modo de cerrojo que rezaba «ADVERTENCIA: No rompas este sello. […] Este producto ha sido ideado a modo de objeto de exposición y no debe de ser abierto. […] En caso de abrirlo, que sea bajo su responsabilidad. La sangre no ha sido esterilizada. […] Hecho por freaks en Oklahoma con mucho amor y cariño».

Wayne Coyne explicando que ha parido un disco vampiro.

Pero Coyne y compañía no fueron los únicos que se animaron a inyectar plasma vital en la música. Un par de años más tarde la formación Perfect Pussy publicó Say Yes to Love en un formato muy singular: un embalaje dominado por el blanco impoluto que en su interior contenía un LP fabricado a base de mezclar vinilo con la sangre menstrual de la cantante del grupo, Meredith Graves. Otros habitantes de las galaxias que también rellenaron un disco con sus fluidos fueron los Aliens de James Cameron: la compañía Mondo, una empresa especializada en fabricar ediciones muy agraciadas de bandas sonoras, celebró los treinta años del film publicando la música compuesta por James Horner en una tirada de setenta y cinco discos rellenos de «sangre de xenomorfo» verde y viscosa. Y los machetazos de Jason Voorhees provocaron que otra banda sonora llegase con las entrañas rellenas de sangre (falsa). Waxwork Records publicó un centenar de copias de la música de Harry Manfredini para la película Viernes 13 en discos transparentes con un espeso líquido rojo en su interior.

Black hole, Whortless, Pink Floyd, TMNT, Happy Body Slow Brain, Aliens, Friday the 13th.

Los discos repletos de líquidos pronto dejaron de ser anécdota para convertirse en recurso molón: en el interior de la banda sonora de El abismo negro (The Black Hole) bailaban aguas de colores a modo de caleidoscopio psicotrópico. Worthless publicó su single Greener Grass en una edición exclusiva que convertía los vinilos en lámparas de lava a juego con la música. El EP Let’s Kick Shells de las Tortugas ninja (Teenage Mutant Ninja Turtles) duraba unos escasos ocho minutos, incluía tonadillas tanto de la serie ochentera como del videojuego de los salones recreativos, y llegaba embalado en un atractivo disco de vinilo que albergaba cuatro tortuguitas flotando en mocos verdes mutantes. Ghost inyectó aceite y purpurina dorada a Popestar, agua roja a From the Pineacle to the Pit y publicó varias versiones de Majesty  que alojaban líquidos de color rojo, azul y caca. Integrity acogió en su catálogo una edición de Humanity Is the Devil con un mar de tinta roja y negra en su interior. Pink Floyd, Metallica y David Bowie descubrieron que los coleccionistas traficaban con versiones no oficiales de sus discos inyectadas en colores líquidos. La banda Happy Body Slow Brain le dio una vuelta de tuerca al asunto al lanzar su Dreams of Water dentro de una funda rellena de purpurina y agua azulada. Tennessee Jet publicó Reata en el exclusivo formato «Crow & coke»: un disco relleno de dos pequeños ríos de Coca-Cola real y whiskey no inflamable. Fue una edición especial que tuvo a su vez ediciones especiales, la «Texas Tea» estaba rellena de aceite y en Japón se publicó una copia cargada de whiskey rojo.

Tennessee Jet, David Bowie, Ghost.

El caso del Demon Days de Gorillaz es curioso: el disco se planchó en dos LP en una pequeña tirada europea durante 2005, y lo escaso de las copias originales disparó su precio hasta los trescientos dólares en el mundo del coleccionismo. Como consecuencia, comenzaron a brotar infinidad de copias piratas de lo más creativas: vinilos azules, transparentes, con textura de mármol, en combinaciones perla/rosa o azul/verde, en tonalidades púrpuras sobre plástico transparente e incluso rellenos de líquido de colores variados. En 2017, se reeditó por fin Demon Days en una tirada limitada de discos de color rojo (en 2018 se reeditaría en los vinilos de toda la vida). Entre tanto, en internet, los coleccionistas se siguen peleando y arrojando billetes unos a otros para conseguir el original o, lo que es más delirante, la copia pirata original. En un momento dado alguien muestra una edición en YouTube que, además de estar rellena de aceites de colores, incluye juguetes flotando en su interior y nadie tiene claro de dónde coño ha salido eso.

Este disco se autodestruirá

«Escúchalo antes de comértelo» era la recomendación que acompañaba a la edición más singular de By Your Side de Breakbot, una versión del álbum moldeada en chocolate que realmente se podía escuchar si llegaba sin mordiscos hasta el plato del tocadiscos. El cantante croata Gibonni copiaría la ocurrencia pastelera al presentar su 21th Century Man como un single de chocolate que también podía convertirse en merienda.


La edición en chocolate de By Your Side de Breakbot. El futuro era esto.

The Durutti Column se estrenaron en el mundo de la música con un disco titulado con guasa, The Return of the Durutti Column. Mucho más simpático resultaba ser el concepto detrás de su edición física en LP, porque a la banda se le ocurrió empaquetar el álbum en una carpeta de lija para que, al colocarse entre el resto de la colección de vinilos del propietario, jodiese los discos que tenía a su alrededor. Nik Colk Void publicó el Oro EP en una carpeta fabricada con un plástico degradable que era en realidad una copia del propio disco que contenía, con lo que la propia funda del extended play podía ser pinchada y reproducida. Lo efímero del material utilizado era parte de la ocurrencia de aquel Oro EP, porque la idea era que, a causa del desgaste por el paso del tiempo, el sonido fuese mutando y evocando la idea de un disco vivo.

El tema «Blue Ice» de Shout Out Louds se presentó en un disco de hielo, un single de vida efímera que el propio usuario tenía que fabricarse en su casa. Una ocurrencia de los creativos de TBWA Stockholm que incluía un molde y una botella para que el propio comprador elaborase el disco en su congelador como quien se hace unos cubitos de hielo.

Blue Ice de Shout Out Louds. La música congelada.

Contenido extra

Liars embutió lana de colores bajo los surcos del vinilo de su Mess on a Mission. Emperor Yes decidió hacer galáctico su An Island Called Earth añadiendo como ingrediente del disco un poco de meteorito triturado en un mortero, una «especia espacial, pimienta cósmica». The Spook School, The Jazz June y Dads lanzaron discos transparentes rellenos de purpurina. El Subtle Cruelties de Barren Harvest contenía hojas otoñales reales cuyo relieve provocaba que cada una de las cien copias sonase diferente. Hellmouth fueron los más cafres a la hora de añadir ingredientes, se hicieron con una biblia alemana de finales del siglo XIX, le prendieron fuego y mezclaron sus cenizas con el policloruro de vinilo para dar forma al long play titulado Gravestone Skylines. En Eohippus optaron por ser los más cochinos, su single Getting Your Hair Wet with Pee llegó (para sorpresa de nadie que hubiese estado atento al título de la canción) adobado con pelo y pis de los miembros del grupo. A los coleccionistas más pudorosos aquello les supuso un bonito problema, porque los pelos añadidos al vinilo asomaban con alegría más allá del borde del mismo.

Liars, Hellmouth, The Jazz June, Karen Elson, Emperor Yes, Eohippus.

La belleza de lo raro

Money Mark publicó Maybe I’m Dead en un 10″ recortado con la silueta de un chihuahua. Talk Talk distribuyó «Living in Another World» en un picture disc como una mariposa con un tigre impreso en sus alas. Kate Nash regaló a sus fans un corazón que contenía la romántica «Free My Pussy». El Broccoli de D.R.A.M. apareció en forma de brócoli antropomórfico liándose un canuto de brócoli. Snow Patrol publicaron un single para Spiderman 3 con forma de telaraña. La banda sonora de Batman: the Animated Series lucía el contorno del símbolo de Batman. Tangerine Dream produjo un disco con la silueta de Polonia y a Less Than Jake se les ocurrió poner a la venta Cheese en un vinilo con la forma de una porción de queso, agujeros incluidos.

Reverends, Sounds in Space, Little Wings, Talk Talk, Boyz Noize & Eron Alkan, Golden Boots, Lemon Jelly.

Reverends plancharon Derealization Blues en diferentes vinilos adornados con ojos flotantes, salpicaduras de tinta o con pedazos del tracklist embutidos bajo el plástico en forma de papel hecho trizas. El single Ghostbusters de Ray Parker Jr se manifestó en al menos tres formas  sorprendentes: como un disco recortado con la forma del logotipo de Los cazafantasmas, en una versión que brillaba en la oscuridad y también en una edición conmemorativa que olía a marshmallows. True Colors de Split Enz talló dibujos sobre su superficie tirando de láser y otorgando al plástico la apariencia de un CD grabado. Boyz Noize & Erol Alkan también quisieron hacer pasar un LP por un CD al imprimir la imagen de un CD regrabable sobre la superficie de sus remixes de Lemonade (un disco que se denominaba a sí mismo «Ultra rare format Phantasy CD-R 12” disc Lemonade edition»). Lemon Jelly autoeditó Soft/Rock envuelto en una funda hecha con pantalones vaqueros que contenía un condón en uno de sus bolsillos. Y Public Image Ltd colocó Metal Box en las tiendas envasado en el interior de una lata de rollos de cine. La banda sonora de Star Wars: el despertar de la fuerza obtuvo una edición en dos LP que incluían efectos especiales propios: hologramas de un TIE-Fighter y el Halcón Milenario que flotaban sobre las pistas si el disco estaba en marcha bajo la luz adecuada.

Ghostbusters.

El sello People In A Position To Know (Piatik Records) se especializó en convertir en realidad locuras sorprendentes: discos mutantes con múltiples agujeros que permitían instalar el vinilo sobre el plato del tocadiscos en posiciones inusuales (y que además contenían cosas como sonidos del espacio exterior). El Opus VI de Kasparian publicado en una edición limitadísima taladrada sobre un espejo. Singles de varios artistas (Little Wings, Money Mark, American Monoxide o Julien Gasc, entre otros) editados en compact discs híbridos que podían reproducirse tanto en un lector de CD como en un tocadiscos gracias a los surcos horadados en sus superficies. O un disco (Bland Caynon Adventure de Golden Boots) con una portada para colorear acompañada de un pack de acuarelas y la promesa de enviar una copia del álbum con canciones inéditas a todos aquellos que remitiesen la foto de la cubierta coloreada (algo que solo hicieron diez personas).

Jack White y Third Man Records

En el universo de la música en formatos delirantes, Jack White ocupa probablemente un trono importante al haber participado en todas las ocurrencias chifladas posibles a través de su propio sello discográfico, Third Man Records. Su Sixteen Saltines se publicó relleno de un líquido azulado. Editaron discos tricolores, bicolores, con imágenes grabadas sobre su superficie, con carpetas que emitían melodías al abrirse al estilo de una tarjeta musical, fabricados sobre radiografías de rayos X, con materiales que brillaban en la oscuridad, con etiquetas de fieltro azul, e incluso en el simpático «tamaño Texas» de ocho y trece pulgadas frente a las siete y doce habituales. Blue Blood Blues de The Dead Weather se presentó en un doce pulgadas en cuyo interior habitaban dos canciones inéditas en otro disco de siete pulgadas, y para escuchar el segundo era necesario rajar con un cuchillo el borde del primero y extraer de sus entrañas el 7″. The Ghost Who Walks de Karen Elson incluía el olor a melocotón como extra, y el Vicious de la misma artista llevaba embutidos pétalos de rosa en el disco. Para la banda sonora original de El gran Gatsby, la editora hizo historia al atreverse a producir la primera pareja de discos fabricados en oro y platino, una lujosa edición embalada en una caja de madera con dibujos tallados a láser. Boarding House Reach, del propio White, se publicó en nueve versiones distintas que solo se diferenciaban en una frase pronunciada en uno de los temas. Y para celebrar el aniversario del desaparecido Carl Sagan editaron una copia de A Glorious Dawn sobre un vinilo que llevaba impreso en una de sus caras el esquema que viaja a bordo de las Voyager.

Single líquido de Sixteen Saltines y banda sonora original de El gran Gatsby.

La recopilación The First Three Years of Blue Series Singles on One LP at 3 RPM fue uno de los productos más extraños de la industria musical: cincuenta y seis canciones de Third Man Records embutidas en un disco de doce pulgadas, algo que era físicamente imposible pero se había logrado a base de acelerar los temas hasta el absurdo. Un recopilatorio, regalado en exclusiva a los asistentes al tercer aniversario del sello, que solo podía ser escuchado a tres revoluciones por minuto. Teniendo en cuenta que los tocadiscos giran habitualmente a 33 o 45 RPM, aquello forzaba al usuario a frenar la velocidad del disco a mano, una tarea imposible que convertía la rareza en una maravilla inservible. La joya de su catálogo es la edición ultra-LP del Lazaretto de Jack White, por culpa de todas las cosas inusuales que contiene: bajo las propias etiquetas del vinilo se incluyen dos pistas ocultas que la aguja es capaz de leer (una de ellas a 78 RPM y la otra a 45 RPM, convirtiendo el artefacto en el que probablemente sea el primer disco a tres velocidades de la historia), la cara A del vinilo se reproduce desde el centro del mismo hacía afuera (al contrario que la de cualquier disco normal) y el surco desemboca en un loop eterno en el borde exterior, la canción «Just One Drink» incluye dos intros diferentes (una acústica y otra eléctrica) que varían dependiendo de dónde se deje caer la aguja, la cara B tiene un acabado en mate, y el LP, al ser reproducido bajo la luz adecuada, proyecta un pequeño holograma de Tristan Duke con forma de ángel.

Third Man Records también tiene el honor de haber efectuado el lanzamiento (literal) más disparatado y absurdo al editar Freedom at 21 en formato flexi-disco. Un single que, tal y como se había anunciado, solo estaba disponible vía «globo de helio»: White y sus socios ataron mil copias del disco a mil gigantescos globos de helio biodegradables y los soltaron a su aire un 1 de abril de 2012.

Third Man Records

Tus muertos

La propuesta más fascinante, siniestra y asombrosa viene de mano de And Vinyl, una compañía británica que permite a cualquiera protagonizar su propia tirada de discos post mortem en el sentido más completo de la palabra. La empresa ofrece la posibilidad de embutir, previo paso por el crematorio, las cenizas de un fallecido en un LP. Un disco (del que se publica una treintena de copias) sobre el que se grabará cualquier tipo de recuerdo sonoro del finado: mensajes para los familiares, testamentos, una banda sonora personalizada, quejas varias, epitafios simpáticos o cualquier cosa que el artista principal considere que es buena idea dejar como legado sonoro a sus seres queridos. Todo ello empaquetado en una edición con carátula personalizada a base de fotografías del fallecido o cualquier otro material gráfico representativo. La empresa incluso ofrece la posibilidad de distribuir el álbum en «tiendas de discos de fiar» (¿?). En general, lo que vienen a ser vinilos a modo de ataúdes sonoros que sustituyen la ceremonia de rellenar el nicho en el cementerio por el ocupar un hueco en la estantería. Un concepto que suena a humor negro y a locura para excéntricos, hasta que uno se para a observar a aquellos que demandan el servicio y descubre que sus motivaciones, volver a escuchar la voz de un ser querido, evidencian que todo es más tierno de lo que parece.



And Vinyl y la vida más allá del vinilo.

Zoótropo

El zoótropo fue ideado por el británico William George Horner en 1834. Consistía en un mecanismo con forma de tambor en cuyo interior se alojaba una secuencia de dibujos que componían una animación si el usuario hacía girar el cilindro. Vendrían a ser algo así como los GIF del siglo XIX, una versión primitiva de los dibujos animados.

Los vinilos-zoótropos son un juguete tan fabuloso de contemplar que resulta extraño que no existan más sellos pintando con secuencias animadas su música. King Gizzard & The Lizard Wizard elaboró una versión muy espectacular de Murder of the Universe que incluía dos zoótropos maravillosos con calaveras de estómago fino y cocodrilos incansables. El dúo artístico Sculpture elaboró ingenios como Plastic Infinite, un disco que al ser observado a través de una cámara a 25 fps con alta velocidad de obturación se convertía en una animación asombrosa. Dj Food lanzó un pack (The Search Engine) donde cuatro EP embellecidos con zoótropos se acurrucaban junto a otros juguetes visuales. Kate Bush hizo corretear a un hombre pez en una remezcla y Allan Gravgaard Madsen puso a bailar a las figuras geométricas de su Waves / Crystal Tapestry. Lary dejó que el arte de Future Deutsche Welle adquiriese vida propia al girar sobre un plato.

Uno de los ejemplos más hermosos de zoótropo en vinilo llegó de la mano de Bonobo cuando decidió que el single Cirrus transportaría a la superficie del disco el extraordinario vídeo musical de la canción. Una docena de pulgadas que al ser contempladas a través de un mecanismo especial, incluido junto al disco, desvelaban un zoótropo fabuloso:

Todos ellos tenían un precursor eminente: los discos/juguetes de Red Raven Movie Records. Un artilugio para niños ideado en los años cincuenta que venía en una caja etiquetada como Magic Mirror. Una pack de vinilos con canciones infantiles que gracias a un quiosco de espejos se convertía en un carrusel de pequeñas películas de dibujos animados:

Red Raven Movie Records. Se puede echar un vistazo al resto aquí.


Antología de la música secreta: las mejores canciones ocultas

The Beatles, 1963. Fotografía: ingen uppgift (DP).

Her Majesty’s a pretty nice girl,
But she doesn’t have a lot to say
Her Majesty’s a pretty nice girl
But she changes from day to day

I want to tell her that I love her a lot
But I gotta get a bellyful of wine
Her Majesty’s a pretty nice girl
Someday I’m going to make her mine, oh yeah,
Someday I’m going to make her mine

«Her Majesty», The Beatles.

Paul McCartney escribió en 1969 un montón de cosas bonitas a quien por entonces era la reina de UK, una Isabel II que casualmente lo sigue siendo hoy en día. Aquella declaración se convirtió en una tonadilla de veintitrés segundos que intentó encontrar hueco en el Abbey Road de 1969 entre los temas «Mean Mr. Mustard» y «Polythene Pam», pero cuando McCartney descubrió que estropeaba el ritmo del álbum la descartó y ordenó al técnico John Kurlander destruir la cinta. Kurlander se pasó por el forro la orden para conservar intacto el contenido del propio forro porque en EMI no eran tontos y tenían prohibido destruir cualquier tipo de grabación de los Beatles ya fuese una canción descartada, una toma mala o un campeonato de regüeldos. El técnico acabaría incluyendo el tema al final del Abbey Road, separado por catorce segundos de silencio tras el último corte del disco para que la cancioncilla no se interpretase como parte de la obra. La pieza inicialmente ni siquiera aparecía en el tracklist impreso en la cubierta del disco y oficialmente no se mencionaría su existencia. Acababa de nacer el concepto de canción oculta.

Este tipo de creaciones que jugaban al escondite entre los recovecos del disco eran guiños del artista hacia sus fans, regalos para quienes peinaban pacientemente los silencios del compacto intentando localizar tesoros escondidos. Pero la razón de ser de dichas hidden tracks murió cuando el CD perdió su posición como el formato más utilizado para almacenar música. Aquellos momentos íntimos entre el intérprete y su público ya no tienen sentido ante la inmediatez y disponibilidad de la música, actualmente nadie aguanta más de un minuto de silencio entre canciones, casi todo está disponible a un par de clicks en Spotify y los artistas han dejado de ser seres indescifrables al convertir las redes sociales en un escaparate.

Pregap

En un CD de audio que siga el estándar habitual la pregap es una pequeña pista fantasma que antecede al primer corte del disco, una huella que leen por defecto la mayoría de equipos musicales con reproductores de CD pero no los ordenadores. A dicha pista solo es posible acceder si el usuario pulsa el botón de rewind en el primer corte del disco y retrocede hasta el inicio del álbum y más allá; si la pregap aloja contenido el equipo seguirá rebobinando a lo largo del mismo, y en determinados sistemas la pantalla mostrará la posición del disco en números negativos.

Lo bonito es que muchos artistas aprovecharon el escondrijo que proporcionaban las pregaps para ocultar todo tipo de material. Los salados de 2 many DJs escondieron allí un remix de «Can’t Get You Out of my Head» de doña Minogue. En As Heard on Radio Soulwax Pt. 2, Pulp rellenó la pregap con platillos en This Is Hardcore; el recopilatorio Rarest One Bowie ocultó un anuncio setentero de David Bowie; Psyence Fiction de UNKLE alojó allí dos minutos de samplers variados sobre los que probablemente ni siquiera tenían los derechos; el Origin de Evanescence escondió una grabación en tono de broma de la canción «Anywhere»; Muse ocultó en Hullabaloo Soundtrack un poema leído por Tom Waits; Morbid Angel insertó ruido estático en Entangled in Chaos y Public Enemy incluyó en la pregap de Muse Sick-n-hour Mess Age un mensaje profetizando las críticas que iba a recibir el propio disco. Super Furry Animals situaron ahí el «The Citizen’s Band» de su extraordinario Guerrilla. Los punkis canadienses de SNFU se las dieron de elegantes e incluyeron en FYULABA una discusión entre la banda y el dueño de un local que habían arrasado. Muchos otros como Mayhem, Pennywise, Damien Rice, Blur, The Music, Blind Melon o McFly  también jugaron a ocultar material en la pregap.

Secretos ocultos

Pero lo normal era hacer como los Beatles y añadir las pistas secretas al final del álbum tras unos minutos de silencio. The Rolling Stones enterraron una melodía navideña tétrica y ralentizada en su Their Satanic Majesties Request. Green Day incluyó una famosa oda a la masturbación en acústico en el fantástico Dookie. Marilyn Manson colocó una canción extra en la pista número 99 de su Antichrist Superstar. Robbie Williams en Life Thru a Lens incluyó un poema dedicado a un caballero que en el pasado se burló del sueño de un pequeño Robbie de ser una estrella pop, en I’ve Been Expecting You insertó dos hidden tracks y para Sing When You Are Winning ya se tomaba a broma lo de esconder cosas: al final del disco, tras veinticinco minutos de silencio, sentenciaba: «No, no voy a hacer una para este álbum».

En la banda sonora The X-Files: the Album anidaba una pista secreta donde el creador de la serie, Chris Carter, explicaba las mitologías y conspiraciones de la misma. El extraordinario Without You I’m Nothing de Placebo contenía un tema oculto («Evil Dildo») que utilizaba como letra varias amenazas que Brian Molko había recibido en su contestador automático, mensajes de un psicópata que anunciaba querer hacerle el amor por la trasera, podar el pene del cantante y masticarlo como si fuese un Boomer, todo en ese orden. Alien Ant Farm incluyeron en su primer disco una versión primigenia del «Smooth Criminal» de Michael Jackson que les haría famosos. Alice in Chains se saltó el protocolo oficial y toda lógica: se les ocurrió colar una canción oculta («Iron Gland») en medio de su Dirt y no avisar, descolocando así el tracklist oficial. Al tema secreto del disco Transgression de Fear Factory solo se accedía introduciendo el CD en un ordenador y siguiendo el hipervínculo que contenía hacia una dirección de internet, difunta en la actualidad, para descargar aquella alegre melodía titulada «My Grave».

The Rolling Stones. Imagen: Andrea Sartorati (CC).

Secretos más ocultos

En septiembre de 2007 Radiohead anunció un nuevo disco titulado In Rainbows y diez días después, el 10 de octubre (10-10), lo colocaron en internet para descargar pagando lo que cada uno considerase: 1$, 10$, 20$ o nada en absoluto. Unos cuantos comenzaron a tomar nota  de la abundancia de ceros y unos en todo aquello que rodeaba a la obra: el título temporal del disco fue Zeroes and Ones, se emitieron diez comunicados antes de su publicación con una prosa salpicada de la letra X, el trabajo se alojó en diez servidores en internet y curiosamente había sido publicado diez años después de OK Computer, un álbum que al igual que In Rainbows tenía diez letras en su título. Con todo esto los fans acotaron una binary theory donde aseguraban que In Rainbows (al que se referían como 10) era un disco complementario a OK Computer (al que se referían como 01) y ambos podían combinarse en una playlist dando como resultado un álbum secreto: era necesario empezar con «Airbag», la primera pista de 01, continuar con «15 Step», la primera pista de 10, e ir salteando del mismo modo el resto de canciones con la excepción de «Karma Police» y «Fitter Happier», ambas del 01, ya que estas dos debían colocarse una detrás de otra antes de continuar alternando temas para servir como puente entre dos grupos de diez canciones. Supuestamente, al programar los temas de ese modo con un cross fade de diez segundos, las canciones se entrelazaban entre sí con naturalidad musical y lírica. La teoría es cuestionable, y las transiciones han sido documentadas para que cada uno saque sus conclusiones, pero lo más gracioso de toda esta hipótesis chiflada era una fabulosa coincidencia: las letras de OK Computer e In Rainbows pueden reordenarse para formar un combination superwork.

Radiohead. Imagen: michael dornbierer (CC).

Mucho más laborioso de destapar era el supuesto enigma del 10 000 Days de Tool. Según los fans, el álbum contenían una pista secreta que solo aparecía tras combinar con precisión quirúrgica tres canciones diferentes del disco: era necesario reproducir los temas «Viginti Tres» y «Wings for Marie», uno detrás de otro, sobre la canción «10 000 Days». Teóricamente en el resultado la música encajaba y las letras se ensamblaban sin pisarse, y gracias a YouTube es posible comprobar hasta qué punto aquello suena intencionado.

Lo de Arcade Fire también se las traía porque la banda ocultó en la pregap de su Reflektor un collage de diez minutos con versiones instrumentales de los temas del disco sonando al revés, un reflejo al que era necesario darle la vuelta para que tuviera sentido. Además alojaron una pieza de cinco minutos y alma ambient tras la «Supersymmetry» que cerraba el álbum. Y los fans más obcecados defendían que existía una tercera canción escondida, la que ocurría si se reproducía «Supersymmetry» sobre una versión sonando al revés de la misma canción.

Pero fueron The Flaming Lips los que le echaron más morro a lo de obligar al consumidor a montar puzles sonoros, porque idearon un disco que era en sí mismo una hidden track enorme. En el 97 publicaron Zaireeka, un álbum experimental  en cuatro CD diferentes que tenían que ser reproducidos al mismo tiempo en cuatro equipos distintos, aunque también se permitía combinar los CD en parejas, tríos o escucharlos individualmente.

Los rebuscados serían los miembros de Information Society al producir uno de los secretos más disparatados del vinilo. En su Love and Peace, Inc del 92 incluyeron una pista llamada «300 bbp N, 8, 1, (Terminal mode o ASCII download)» que en realidad era un código: si se configuraba un módem con las especificaciones que detallaba el título de la canción, se llamaba desde el módem a un teléfono que estuviese a mano y a través del auricular del aparato se reproducía aquella pista del disco, se obtenía como resultado un documento de texto detallando una loca historia donde la banda aseguraba haber sido extorsionada por el Gobierno brasileño.

Discos mutantes

Los Monty Python publicaron en 1973 el vinilo Matching Tie & Handkerchief, un recopilatorio de sketches con el que jugaron a la broma: algunos ejemplares incluían una corbata y un pañuelo a juego y se vendían en tiendas de ropa con la excusa de que el disco era lo que venía de regalo. En las primeras ediciones la portada escondía una ilustración de Terry Gilliam y ambas caras del disco estaban etiquetadas como «Disco gratis. De regalo junto a la corbata y pañuelo a juego de los Monty Python – Cara 2» para despistar. Pero lo más inusual del producto es que se trataba de un vinilo mutante, porque en una de sus caras se habían tallado dos surcos concéntricos con pistas diferentes, y aquello provocaba que el tocadiscos reprodujera un contenido u otro de manera aleatoria (según dónde comenzase a leer el sonido la aguja). Para aumentar la confusión y que esto pillase a todo el mundo de sorpresa, los Python decidieron no incluir ningún tipo lista de canciones o advertencia de aquella travesura.

Monty Python. Imagen: BBC One.

Pero la ocurrencia de añadir surcos adicionales y provocar que repetidas escuchas de un mismo disco tuviesen resultados diferentes no era una exclusiva de los Python. El trío The Fontane Sisters publicó en los años cincuenta un single, The Fortune Teller Song, con cuatro versiones diferentes escondidas mediante ese mismo truco. Kate Bush, Fine Young Cannibals, De La Soul, Garbage, The Smashing Pumpkins, Marillion, Jack White o Motorpsycho también añadieron surcos concéntricos a sus álbumes. Otros optaron por utilizar la artimaña del loop: el Super Trouper de ABBA se quedaba atrapado en una ovación eterna porque el último surco del vinilo enlazaba consigo mismo condenando a la aguja a reproducir el aplauso hasta que alguien parase el tocadiscos.

Las mejores canciones ocultas

Beck – «Diamond Bollocks»

Tras Odelay todos estaban pendientes de Beck y al hombre no se le ocurrió otra cosa que devolver la pelota en la pista que nadie se esperaba sacando Mutations, un álbum que decidía alejarse de su predecesor y mezclar folk rock con bossa nova, tonos oscuros, blues y grabaciones acústicas. Aquello descolocó al público, encantó a la crítica musical y le tocó los huevos al sello musical (Geffen Records). Lo curioso es que tras la última pista incluía un tema, «Diamond Bollocks», de seis minutos con pinta de pertenecer más al Odelay que al Mutations. Beck se explicaba así: «Grabamos ocho canciones en una noche, las montamos todas en una pista y el resultado es esta locura. Es como el hijo rebelde que no encaja con la familia durante la cena de Acción de Gracias, lo pones al final de la mesa».

The Clash –  «Train in Vain»

«Train in vain» es una canción oculta por accidente. Escrita en una noche y grabada en el estudio al día siguiente, era un corte que iba a formar parte de un flexi disc producido por la revista NME, pero finalmente la publicación descartó la idea. El grupo decidió rescatar el tema para el disco London Calling, pero al hacerlo a última hora se encontraron con que la imprenta ya había producido las cubiertas del álbum y no iban a reimprimirlo todo para añadir una canción a la contraportada. Por eso mismo, «Train in Vain» no figuraba en el tracklist del álbum y su letra tampoco estaba incluida en el interior. Aunque lo cierto es que a la propia canción se le dio fatal lo de jugar al escondite porque acabó lanzándose como single y fue un éxito en Estados Unidos.

Lauryn Hill – «Can’t Take My Eyes Off You»

The Miseducation of Lauryn Hill era un pedazo de disco y gozó de tanto éxito como para que Lauryn Hill desde 1998 se haya tomado la vida con calma y no haya sacado más álbumes de estudio. Su maravillosa versión de «Can’t Take My Eyes Off You» se escondía al final del tracklist, pero la canción triunfó tan a lo bestia como para lograr una nominación a un Grammy y que las reediciones dejasen de considerarla una pista oculta.

Ramones – «Spider-Man»

El ¡Adiós amigos! que Ramones sacaron en 1995 llevaba la despedida en el título por tratarse del último álbum de estudio de la banda. Poco después el grupo se disolvería y sus componentes comenzarían a hacer lo mismo al entrar en los dos miles, Dee Dee Ramone, Johnny Ramone y Joey Ramone la palmarían entre 2001 y el 2004. ¡Adiós amigos! incluía como secreto una versión de la sintonía de Spider-Man, convirtiéndose así en la segunda mejor aportación de los Ramones a los dibujos animados tras el cumpleaños feliz dedicado al señor Burns. La canción acabó formando parte de sus greatest hits, de un disco de versiones de temas de dibujos (Saturday morning cartoon greatest hits) e incluso de anuncios de juguetes de Spider-Man.

Bloc Party – «Everytime Is the Last Time»

El energético Silent Alarm de Bloc Party escondió una pieza instrumental serena y flotante que según el país servía como prólogo ninja o como epílogo fantasma: en el Reino Unido apareció en forma de pregap y en el resto de Europa se agazapó al final del disco.

TV on the Radio – «Mr Grieves»

El EP Young Liars de los neoyorquinos Tv on the Radio incluía cuatro temas y una quinta pista que no venía anunciada en ningún lado. Se trataba de una sorprendente versión del «Mr Grieves» de The Pixies reinterpretado a capela por varias voces que mutaban el original hasta un doo wop fantasmagórico y extraordinariamente marciano.

ZZ Top – «As Time Goes By»

Arrinconada al final del Mescalero de los amigos texanos de las barbacas yacía una versión serena del «As Time Goes By», aquel tema que popularizó Casablanca y que la gente sigue creyendo erróneamente que se detonaba con un «tócala otra vez, Sam».

Keith Urban – «One Chord Song»

No te puedes fiar de quien confunde la portada del disco con la foto que su madre enmarcaría en el salón. Y aceptar a alguien que posa así resulta incluso más complicado si tienes en cuenta que el caballero se dedica al country. Pero bueno, «One Chord Song» venía de incógnito y es un chiste de un solo acorde, tampoco pasa nada.

Queens of the Stone Age – «Mosquito song»

Songs For the Deaf era una especie de álbum conceptual de Queens of the Stone Age que simbolizaba un viaje en coche a través del desierto de California sintonizando diversas emisoras. Nick Oliveri lo tenía clarísimo: «Me aburre que un montón de emisoras pinchen las mismas canciones una y otra vez. Nosotros no sonamos en la radio, por lo que me figuré que podríamos arrojar mierda sobre ella». «Mosquito Song» era la canción secreta incluida, una pieza acústica de cuya letra se extraería el título del próximo disco de la banda: Lullabies to Paralyze.

Van Halen – «Growth»

El tercer álbum de Van Halen, Women and Children First, contenía «Growth», o una de las canciones ocultas más innecesarias de la historia. «Growth» arrancaba con ganas y se desinflaba a los quince segundos. La excusa era que la versión completa estaba siendo horneada para plancharse en el siguiente disco, pero aquello nunca llegó a ocurrir.

Pearl Jam – «Master/Slave»

Jeff Ament, bajista del grupo, aclaraba que «Master/Slave» fue parida en un par de días durante los cuales Stone Gossard estaba pachucho o «en el dentista». Una pieza despiezada: sonaba durante los primeros cuarenta y cinco segundos del disco, desaparecía para dar paso a «Once», y reaparecía de nuevo al final, acurrucada tras el último corte del álbum, «Release».

John Mellencamp – «Let It All Hang Out»

John Mellencamp escondió «Let It All Hang Out», su versión de un tema sesentero de The Hombres, porque no pegaba en el disco Big Daddy, una obra que nacía de la propia agonía del artista. Curiosamente la canción acabó recibiendo un videoclip con rubia explosiva y redneck explotado bailando en el camping.

Yeah Yeah Yeahs – «Poor Song»

«Poor Song» apareció abrazada a «Modern Romance» en el debut de la banda, Fever to Tell, y tenía a una suavizada Karen O entonando un tema que de pobre solo tenía el título.

The Rembrandts – «I’ll Be There for You»

Anda que no dio por el culo en los noventa la cancioncita de las palmitas de The Rembrandts por culpa de ser la sintonía oficial de la serie Friends. El éxito pilló desprevenido al grupo y la canción se añadió en el último momento al álbum que estaban a punto de lanzar (LP). No llegó a figurar en el tracklist de contraportada porque el embalaje ya había sido impreso y de ese modo se convirtió en la pista oculta que todo el mundo conocía.

Alt-J – «Hand-made»

An Awesome Wave como álbum era la hostia. Alt-J pecaban de haberse puesto nombre de una combinación de teclas (en un Mac el Alt+J se corresponde con el símbolo delta) pero lo compensaban acariciando acordes y entretejiendo voces. An Awesome Wave contenía maravillas como «Breezeblocks» (que llegó acompañada de un videoclip espectacular), «Tessellate», «Matilda» o «Bloodflood». Al final del disco ocultaba «Hand-made», una creación que no desentonaba con el resto.

Kings of Leon – «Talihina Sky»

«Talihina Sky», un lamento melancólico se agazapaba al final del Youth & Young Manhood con el que debutaron los americanos y daría nombre al rockumental basado en la propia banda: Talihina Sky: the Story of Kings of Leon.

The Afghan Whigs – «Miles Iz Ded»

El 28 de septiembre de 1991 Greg Dulli, integrante de la banda The Afghan Whigs, recibía dos mensajes en su contestador automático de parte del productor musical David Katznelson. El primero de ellos era la dirección de una comilona a la que ambos pretendían asistir, y el segundo era mucho más breve y conciso: «Miles ha muerto. No te olvides de traer el alcohol». El Miles al que se refería Katznelson era el mismísimo virtuoso del jazz Miles Davis, y la frase serviría de inspiración a Dulli para componer «Miles Iz Ded», la duodécima pista de un disco que anunciaba once canciones.

Misfits – «Hellnight»

Con American Psycho (1997) los Misfits presentaron nuevo cantante, Michael Graves, algo difícil de asimilar para muchos amigos del horror punk que habían crecido escuchando a Glenn Danzig. La pista oculta homenajeaba a la película Noche infernal.

Deftones – «Damone»

Lo habitual era utilizar los rincones del CD para apilar descartes, experimentos extraños o creaciones menos dignas. Pero Deftones eran de aquellos que recompensaban al curioso con un tema que no tenía ninguna razón real para estar escondido.

Eels – «Mr. E’s Beautiful Blues»

Dreamworks obligó a Mark Oliver Everett, líder de Eels, a meter la canción  «Mr. E’s Beautiful Blues» en el disco Daisies For the Galaxy y el hombre añadió dicha composición como una pista oculta al considerar que no compartía tono con el álbum. Pero los de Dreamworks continuaron jodiendo al artista y le forzaron a ceder la canción para la banda sonora de la película Road Trip, algo para lo que además tuvo que rodar un videoclip en contra de su voluntad. A día de hoy Everett no se ha molestado en ver Road Trip. Tampoco se pierde nada.

Tool – «Maynard’s Dick»

A principios del 2000 Tool editó una caja, Salival, con vídeos y canciones que incluía un extraño tema dedicado al pito del cantante. Sonaba infantil, y mucho más en un grupo que la gente se tomaba muy en serio, pero a lo mejor no tanto como lo de cerrar la canción con eructos y pedos.

Nirvana – «Endless, Nameless»

Nirvana asustó a todos aquellos que se dejaron el Nevermind rodando en la minicadena sin vigilancia cuando tras acabar el disco, y después de diez minutos de silencio, Cobain y compañía hacían sangrar las guitarras entre berridos durante los nueve minutos de la anárquica y ruidosa «Endless, Nameless». La jugada caló bastante en el ecosistema musical: Weird Al Yankovic no solo parodió la portada del Nevermind y su canción más famosa (transformándola en «Smell Like Nirvana») sino que además insertó «Bite Me», una pista de seis segundo consistente en un puñado de chirridos y chillidos amontonados, tras diez minutos de silencio al final del disco Off the Deep End que homenajeaba directamente a «Endless, Nameless».


El resurgir del vinilo

El resurgir del vinilo.

Luis Beltza es el propietario de Beltza Records, una mítica tienda de discos donostiarra especializada en la compraventa de vinilos. Hablamos con él con motivo del renovado interés de coleccionistas y DJ’s por este formato clásico, que no hace tantos años parecía destinado a una extinción fulminante. Sin embargo, según Beltza, esta renovada afección por el vinilo es relativa: “el interés se centra, por el momento, en los medios de comunicación”. Las tiendas especializadas no parecen estar beneficiándose de ello, ya que “no repercute nada en las ventas, éstas siguen siendo cada vez menores hasta límites que pueden llevar a más de uno a cerrar nuestras pequeñas tiendas de discos. La situación es más que preocupante”. Paradójicamente, una renovada demanda perjudica al sector tradicional porque “el vinilo vuelve a estar en las estanterías de los poderosos y las grandes superficies, por lo que hay que añadir más competencia”.

El coleccionismo es uno de los últimos bastiones de resistencia para las tiendas especializadas, pero “es algo muy serio, que cuesta mucho esfuerzo y sobre todo un desembolso económico muy importante. Los coleccionistas han sido, son y serán siempre los mismos”.  Es una minoría de compradores que, por sí misma, no basta para sostener la viabilidad de estos negocios. Hay productos que siempre tendrán atractivo para el comprador de vinilos, como los Beatles, ya que “cualquier ítem relacionado con los chicos de Liverpool es objeto de coleccionismo”, pero el público en general sigue decantándose por formatos más cómodos, los formatos digitales.

El MP3 es el gran enemigo, dado que “la gente lo quiere todo barato y rápido, a ese ‘precio’: más barato que gratis es imposible”, y al consumidor de MP3 parece importarle poco que “la calidad tiene que ser infinitamente inferior, ¡pero es gratis!”. Para Beltza, el MP3 es un ejemplo “de lo que la gente demanda” y no sólo en música, sino respondiendo a un patrón general de superficialidad cultural en una sociedad en la que “esto se puede aplicar desde la política a los medios de comunicación: los contenidos y el arte de calidad brillan por su ausencia”. El oyente medio no parece apreciar los matices sonoros de lo que escucha, porque falta educación musical y “tal vez la capacidad auditiva del individuo no esté preparada”, lo que explica que se acepte “un MP3 al que le faltan cientos de frecuencias”.

Beltza asume que el disco de vinilo sólo es apreciado por una minoría selecta y bien formada de oyentes, porque para apreciar plenamente sus cualidades sonoras “hay que tener una sensibilidad particular, un interés importante y un buen oído: con estos requisitos puedes llegar a diferenciar un abanico mucho mayor de sensaciones auditivas”. Y aunque el CD comercial —no el MP3—tiene una muy buena calidad de sonido, para el melómano exigente el vinilo sigue siendo una perfectamente válida opción: “Escuchar un CD es como viajar en línea recta por una estupenda autopista sin ningún riesgo, mientras que pinchar un LP es recorrer viejas carreteras comarcales plagadas de curvas sin ninguna prisa por terminar el viaje. A partir de aquí el conductor elige el camino que más le interesa”.