Poli Díaz: “Lo que gané en mi primera pelea lo repartí entre mis compañeros”

Policarpo Díaz Arévalo (Madrid,1966), ocho veces campeón de Europa de los pesos ligeros, subcampeón mundial, el púgil más popular de la historia del boxeo español y máximo exponente los últimos coletazos de la época gloriosa de este deporte, denostado y censurado en nuestros días, concedió a Jot Down Magazine esta entrevista por mediación de un amigo  —porque sin duda así consideramos en esta redacción al también campeón Hovik Keuchkerian— que tuvo lugar en Madrid, en un ring: el lugar más adecuado para un enfrentamiento tan singular. El Potro de Vallecas, con la chispa y la naturalidad que siempre le ha caracterizado, bromeó continuamente con Hovik, el cual debutaba como entrevistador e intentaba parar al esquivo peso ligero con dedicación pero falto de reflejos. Poli habló de lo suyo: el boxeo, y ganó por puntos al peso pesado, que disfrutó tanto como nosotros del encuentro.

Sentado entre doce cuerdas con un amigo, un maestro, un hombre para quien el ring durante muchos años fue su casa, su hábitat natural, el lugar donde hacía lo que mejor sabía hacer: boxear. Tengo delante de mí ni más ni menos que al Potro de Vallecas, uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos y, sin duda, un absoluto fenómeno mediático, el último dentro del mundo del boxeo en España. La afición te adoraba porque eras sincero, natural, contundente, un hombre con un carisma excepcional, ¿lo sigues siendo?

Sí, porque no me he muerto (ríe). No sé, yo no me veo a mí mismo.

Te lo digo yo que sí. Y te voy a contar una historia de la que seguro no te acuerdas: yo trabajaba en el restaurante de mi padre cuando tenía diecisiete años…

Pues no me acuerdo, fíjate. Eso es que no me lo has contado.

Pero te lo voy a contar hoy. Yo no seguía el boxeo en aquella época pero te conocía. Apareciste en el restaurante y en diez minutos te habías hecho con todo el mundo. Luego entraste en la cocina, hiciste allí “sombra” un rato, te metiste a la gente en el bolsillo como haces siempre y cuando te ibas fui a parar un taxi y me dijiste: “no, no, ya lo paro yo”, te quitaste la americana y paraste un taxi con un pase torero.

Eso es de una película que has visto.

No, no, no (risas). Te pusiste en medio de la calle y lo paraste con la americana, te lo digo yo. Esa fue la primera vez que te vi, luego ya empecé a boxear y te conocí personalmente. Comencemos con la entrevista, vamos a ir en orden cronológico. Tu última pelea profesional fue el 16 de marzo de 2001.

De fechas no me acuerdo. ¿Fue en Barcelona?

En Barcelona, correcto. Somos muy dados a destrozar la vida de alguien que ha estado arriba y luego está abajo…

Eso se hace en España. Fuera no ocurre. Al revés, se le ayuda; mira Maradona y otra mucha gente.

Aquí es deporte nacional. Hay gente que olvida que para caer de muy alto hay que haber subido antes. Pero no tengo ninguna intención de hablar de esto. Me gustaría que me dijeras en estos diez años que hace que dejaste el boxeo qué has sentido, qué sentimientos has tenido hacia la gente del boxeo, hacia la crítica.

A nadie le gusta que le critiquen, creo yo. Pero no, no me he sentido muy bien, no me he portado tan mal como la Federación se porta conmigo.

Me contabas antes fuera de cámara que siendo siete veces Campeón de España, ocho veces Campeón de Europa y aspirante al título mundial, no tienes ni un solo cinturón.

No, no valen para nada. Solo para el recuerdo.

¿En estos diez años no ha habido gente que te haya querido ayudar?

La única ha sido mi chica. Siempre se ha portado muy bien. Llevo con ella diez u once años.

El 27 de julio de 1991 peleaste con Whitaker…

Yo las fechas es que no…

Yo te las voy refrescando. Peleaste con Pernell Whitaker en Norfolk, Virginia, y sé —aparte de porque lo he leído, porque conozco a gente de tu equipo— que esa pelea la hubieras podido ganar.

Hombre, si no me hubieran sujetado los ayudantes y me hubieran echado crema en la cara, que ni veía… Eran peores los de mi esquina que el contrario. Y el árbitro le ayudaba, pero bueno… Cuando era joven no me daba cuenta de esos fallos; ahora cuando lo veo es cuando me doy cuenta.

¿Preparaste esa pelea?

Sí, estaba bien preparada.

¿Y tú estabas preparado físicamente?

Sí, estaba fuerte entonces y tenía fondo. Lo que tienen que mirar los entrenadores cuando uno está fuerte y tiene fondo es si con el que vas a pelear es zurdo o diestro y prepararte con un sparring zurdo si vas a pelear con uno. Yo no sabía que era zurdo.

¿Pero tú no viste ningún video de Whitaker?

No, para qué. A lo mejor lo veo, me da miedo y no peleo (ríe). No, en serio, yo no veía a mis contrarios porque me daba mucho respeto.

¿Pero tú sabes lo que estás diciendo? Subirse a pelear un mundial de los pesos ligeros con Pernell Whitaker, que es de los mejores boxeadores que ha habido en la historia, un zurdo escurridizo al que era imposible pegarle, en su casa, sin haber visto un video suyo, es de inconscientes.

La inconsciencia sería del que me llevaba, ¿no? Si el entrenador no me comunica bien las cosas… El veía los combates, pero que los vea él no quiere decir que los vea yo.

Te voy a contar una cosa y me dices si es cierto. Hablando con tu entrenador, que también fue el mío, Ricardo (Sánchez Atocha), me contaba que antes de pelear con Jacobsen te puso el video, te levantaste, dijiste: “bah, a este tío le noqueo antes del sexto” y te fuiste. Luego llegaste a Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid y lo noqueaste en el sexto asalto.

Sí. Me quería meter miedo el entrenador. Yo dije: esto está hecho.

¿Y es cierto que te quedaste dormido en alguna ocasión antes de salir a pelear?

Sí, alguna vez me he dormido. Yo le decía a mi entrenador: “¿Por qué no me llevas al cine y media hora antes yo voy?” Pero no me dejó nunca. Era muy aburrido estar esperando.

Hombre, yo he estado en un vestuario antes de pelear, y quedarse dormido…

Daba muy pocas pulsaciones. Me divertía. El trabajo estaba en el gimnasio, que es donde se tiene que trabajar, lo otro era un desfile de modas.

Existió la posibilidad de que te enfrentaras con Julio César Chávez, habría sido un combate importante: El Guerrero mexicano contra el Potro de Vallecas. ¿Te hubiera gustado?

Tenía pinta de luchador. Era un tío pesado, de los de mantener la distancia. No se hizo porque no me querían pagar lo que merecía. Yo no pedí ninguna cantidad, pero cuando me lo ofrecieron me pareció que merecía más, no hubo comunicación. Ellos bien que ganan con publicidad, ¿y yo qué?

¿Qué cambiarías si empezaras ahora a boxear?

El dormir bien, cuidar las comidas, no rebajar peso a última hora siempre; eso es muy malo, le regalas fuerzas al contrario. Entrenar, siempre he entrenado bien, la carrera sobre todo.

Tengo entendido que cuando entrenabas te subías el Puerto de los Leones todos los días.

Eso es fácil, es como abrir ganas para el almuerzo. Luego hacía aeróbico – digo aeróbico porque yo trabajaba sin pesas, con mi propio peso, que para cargar me pongo a llevar sacos de cemento – y por la tarde guanteaba, tenía un buen compañero, Alfredo Cáceres, un colombiano que boxeaba muy bonito. Me hacía trabajar bien, aprendí mucho con él.

Elio Guzmán, que en paz descanse, me contó que cuando eras todavía amateur entrenabas, te duchabas, y si entraban unos chavales con ganas de hacer guantes, te volvías a vestir para guantear. Te pasabas todo el día entrenando.

Con Elio Guzmán aprendí mucho, sólo hablando con él te enseñaba más que el entrenador mil veces. Me enseñó el golpe de Foreman. Era el más inteligente. Me entretenía mucho entrenar, sí, me pasaba el día entero.

Te voy a decir otra fecha: 30 de noviembre de 1986…

¡Que yo de fechas no!

Calla (risa)… 30 de noviembre de 1986. En esa fecha te proclamas por primera vez campeón de España profesional.

Estaba en el Metropolitano. Trabajaba de obrero en un taller de costura y vino un día Ricardo con Elio, que me conocía ya y sabía que estaba allí, me dijo que si peleaba: dejé la herramienta y empecé a pelear. Lo que gané en mi primera pelea lo repartí entre mis compañeros.

¿Has sido excesivamente generoso?

Sí, siempre digo que no voy a ser tan generoso, pero cuando tengo dinero no me acuerdo. Muchas veces le digo a mi chica que no hay que gastar y luego soy yo el primero en invitar. Eso que no tenemos ni un duro.

Cuando hiciste tus primeros combates en el campeonato de España, ¿tú pensabas que ibas a llegar tan alto?

No pensaba ni siquiera que iba a llegar a profesional. Pensaba: “voy a pelear el campeonato de España y luego ya veremos”. En los primeros combates del campeonato peleé dos veces con el mismo, la primera pelea me la robaron y la segunda, que la hice peor, me dieron ganador. En la que me dieron perdedor me puse a llorar como el crío que era, decía a los árbitros: “¡pasteleros! (como van de blanco) que le den al boxeo, no vuelvo a boxear más”. Luego pensé que no había empezado y ya lo quería dejar, así que me olvidé de aquella pelea y seguí.

¿Te acuerdas de la primera vez que subiste al ring?

Fue en la Plaza del 2 de mayo. Era juvenil, un crío.

Tienes un record de 47 peleas, 44 victorias, 3 derrotas, 28 K.O.

De amateur tengo 61 combates y una derrota. Peleaba igual de pluma que de ligero. Hasta de gallo. Hacía muchas tonterías con el peso, incluso alguna vez hice trampas en la báscula agarrándome a una viga.

Dime algún momento triste de tu carrera.

Ninguno. Siempre he estado bien, haya ganado o haya perdido.

Y algún recuerdo bueno, imborrable.

El mejor: En Italia, cuando quedé por primera vez Campeón de Europa. También cuando peleé con Hernando y gané el primer campeonato de España, que tenía dieciocho años. En realidad eran diecisiete, pero para la licencia eran dieciocho (ríe).

¿Qué golpes te han hecho más daño?, ¿los del ring o los de fuera?

Los de fuera, los de boca. Hay gente que tiene la lengua muy larga y tiene más que callar.

¿Has sentido la soledad en este tiempo?

No, porque tengo a mi perrita que me sirve de terapia.

Supongo que eres consciente de que tu vida es como para llevarla al cine.

Cada vida de cada persona es como para llevarla al cine.

Hablamos el otro día que hay un proyecto para llevar tu vida al cine, ¿te gusta la idea?

No estaría mal, es entretenido hacer cosas, pero lo que de verdad me haría ilusión es que me pagaran bien.

Supongo que te quedan muchas cosas por hacer, ¿qué proyectos tienes?

No sé… ¿no dicen que Dios proveerá?

¿Te gustaría tener más hijos?

Tengo un hijo. Me gustaría tener una niña, la parejita.

¿Tienes algún ídolo?

Sugar Ray Leonard y La Cobra Hearns. Marvin Hagler, me hubiera gustado tener un combate con él. Boom Boom Mancini… ¿los conoces?

¿Cómo no los voy a conocer? Poli, que yo he sido boxeador.

No me digas. Yo creía que hacías monólogos. (Risas)

¿Fuera del mundo del boxeo tienes algún ídolo?

No.

¿Crees en Dios?

No.

¿Cuando peleabas tampoco?, ¿no tenías charlas con el de arriba?

No, no jodas. Si no me va a oír nadie.

¿Qué les dirías a los chavales que empiezan a boxear?

Que entrenen, que duerman bien y que den el peso a tiempo. Mi peor contrario era el peso, el que más miedo me daba. ¿Tú nunca le has tenido miedo a la báscula?

Yo era peso pesado, con pesar más de 90,6 kg estaba en peso. Mi problema era que pesaba poco.

Qué suerte.

Tengo grabado mi debut de profesional y sales sentado al lado del ring. Tú tendrás tus peleas grabadas y estarán en You Tube, ¿las sueles ver?

¿En You Tube hay peleas mías? Están sólo la de Whitaker y la de Steve Boyle, que la subí yo.

Me decías que en un día te habías visto cinco películas, que te gusta mucho el cine. Dime tu película favorita.

El Bola. Además el protagonista se parece mucho a mí cuando hice la comunión, mi madre nos cortaba el pelo casi al cero para no gastar dinero en peluquerías.

Juan José Ballesta, gran amigo mío. ¿Y al teatro te gusta ir? Te voy a invitar al teatro, a verme con tu señora.

A ver si es verdad, que no salimos mucho.

Permítanme que me tome esta licencia final:
Les puedo asegurar que  en la distancia corta,
en una conversación con Poli Diaz, 
en algunas de sus respuestas, 
en su reacción inmediata, 
hay una chispa especial…
hay un destello de genialidad.
Suerte, amigo Poli, y gracias.
Hovik.

 

Fotografía: Jorge Otero


Hovik: “El público no es mi amigo, cuando salgo al escenario los quiero matar”

Hovik Keuchkerian nos recibe —o más bien debería decir que nos acoge— en su gimnasio en el madrileño barrio de Hortaleza donde le paran a cada paso para saludarle. Pero su popularidad no se debe a la reciente fama televisiva por interpretar a Sandro en la serie Hispania ni a su ya larga trayectoria como monologuista; nos cuenta que la fama no ha cambiado nada su vida en el barrio, su reconocimiento se debe al trabajo durante quince años al frente del gimnasio HK y, sin duda, a la afabilidad de estos casi dos metros de boxeador —dos veces campeón de España de los pesos pesados—, humorista, actor y poeta.

¿Qué opinas de que en algunos medios de comunicación el manual de estilo o la política editorial prohíban hablar de boxeo?

Como vivo bastante alejado de las prohibiciones, me molestan en general. En el caso de un deporte como el boxeo, en el que la prohibición nace de un desconocimiento total y absoluto, pues imagínate. Muchísimo más cuando un grupo de personas deciden en un despacho el futuro de muchos deportistas que no van a poder llegar a hacer una carrera deportiva seria; desgraciadamente en este país el boxeo no funciona mucho, quitando dos o tres boxeadores que han dado el salto. Pero a la gente que supuestamente decide esto yo no la conozco, he sido nueve años boxeador y no me he encontrado con ningún político ni periodista que esté en contra del boxeo. Debe de ser que hay determinada gente que no quiere que salga. Luego hay otro problema: que habría que hacer una reforma importante de cómo se organiza el boxeo en este país para que puedan entrar empresarios serios, porque el éxito de todo deporte hoy en día pasa por convertirse en negocio.

¿Tu experiencia en el boxeo fue mala en algún sentido?

Fue mala porque al final lo tuve que hacer yo todo y era muy complicado. Un boxeador tiene que boxear, un promotor se tiene que encargar de promover y un entrenador de entrenar. Cuando lo haces tú todo, lo haces mal. Acabé un poquito “quemadete”.

¿Qué opinas de que el boxeo esté perdiendo cartel frente a las artes marciales mixtas y otros tipos de combate más extremos?

Las MMA es a donde ha evolucionado el Vale Tudo, que conocemos ya desde hace unos añitos, y vienen de EEUU donde están funcionando muy bien. Yo he entrenado WFC y me parece súper completo y muy duro, pero estéticamente no me gusta tanto como el boxeo. En América mueve muchísimo dinero, a lo mejor hasta arranca eso aquí en España antes que el boxeo. Pero el boxeo tiene aquí muchísima afición, muchísima. Marca TV da muy buenas audiencias cuando pone boxeo.

Se dice que la WFC es menos peligrosa que el boxeo, ¿puede deberse a esto que esté mejor visto?

Efectivamente el WFC es mucho menos lesivo que el boxeo. En primer lugar porque puedes jugar con una variedad de golpes y puedes tirar a sitios a los que en el boxeo no puedes —en el boxeo el 80% de los golpes van a la cabeza—, el WFC es pelea de suelo, pelea de pie, una mezcla de todo; y luego mira los guantecitos que llevas, a la que te equivoques dos veces se ha acabado la pelea. Puede haber un cúmulo de castigo, pero una vez que tienes al rival inmovilizado en el suelo, ¿cuánto tiempo le puedes pegar hasta que el árbitro para la pelea?, ¿diez segundos? En cambio un combate de boxeo es más dilatado en el tiempo y es bastante más dañino. Pero bueno, también te pueden matar si toreas.

Hubo una época en que se retransmitía boxeo en canales generalistas, pero no acabó de cuajar.

Pero porque se hizo muy mal. Siento decirlo, pero se hizo muy mal. Otro problema es que hay muchas cosas de las que no se habla. Cómo está el boxeo en este país lo saben todos los grandes periodistas deportivos. Pero no debe de interesar, porque no sale un solo reportaje en serio.

¿Muhammad Ali es la mayor figura deportiva de todos los tiempos?

Para mí Muhammad Ali es el deportista más grande de todos los tiempos, sí. Considero que es el único de la historia que ha trascendido a su deporte. Era un líder, no para un pueblo, sino para una raza. El campeón del mundo de los pesos pesados negro más joven hasta la llegada de Tyson. Un hombre que tenía una cabeza… fue boxeador como podía haber sido político o lo que quisiera.

Humillaba verbalmente a sus rivales, a veces con bastante mala leche.

Es que él se sentía —no lo conozco personalmente por desgracia, pero así lo creo— superior a sus rivales. No ya como boxeador, sino como persona. Se veía más capacitado que cualquier otra persona para afrontar cualquier tipo de reto, pero creo que también tenía que ser muy humilde, porque si no, no sería el campeón que es. Calentaba los combates, pero no se puede ser un campeón tan grande sin tener humildad. Para mí es un referente, desde luego.

Mike Tyson, que tanto bien hizo al boxeo al principio de su carrera, terminó haciéndole tanto o más daño al final.

La de Mike Tyson es una vida tan complicada que, hablar de ella… (Ríe). Podría haber sido el mejor peso pesado de todos los tiempos. Un peso pesado contemporáneo —de la época de los noventa, finales de los ochenta—, con 1,79 m de altura y 100 kilos de peso, lapidar como lapidaba a los rivales era una cosa espectacular. Yo distingo a la gente que no sabe de boxeo cuando dice: “Mike Tyson era un tira hostias, no sabía boxear”, con eso ya es complicado que sigamos hablando, porque tenía una técnica tan depurada y un ataque tan contundente que a mí me tenía enamorado; y en aquella época no se me pasaba por la cabeza pisar un ring ni por todo el dinero del mundo. Y luego me he subido gratis.

¿Qué opinas de la figura de Poli Díaz y lo que significó?

Poli Díaz es un hombre con un corazón salvaje, grande e indomable. Un crack, una fuerza de la naturaleza. Un pedazo de boxeador, amigo mío. No tuvo suerte, no lo hizo bien. Ha sido un referente en este país. Pero bueno, la persona y el deporte tienen que ir de la mano y el Poli ahí… le quiero mucho y le tengo mucho respeto, me parece un gran tipo. Me jode que no llegara a ser campeón del mundo. Después de pelear con Whitaker se le ofreció una pelea con Julio César Chávez, es algo que la gente no sabe. No se hizo nunca este combate, pero hubiera sido muy grande.

En el boxeo ha habido bastantes púgiles famosos que tras su apariencia temible escondían un alma delicada: Joe Louis era la candidez personificada, Floyd Patterson era vulnerable y bonachón, George Foreman era retraído y sensible, incluso en España algunos célebres boxeadores han sufrido depresiones, como Urtain o Pedro Carrasco. ¿Hay mayor proporción de individuos vulnerables dentro del boxeo que en otros deportes?

Creo que en un deporte como el boxeo, que es una metáfora absoluta de la vida, y que es un deporte durísimo tanto en el ring como fuera de él, si el boxeador no tiene una dosis importante de criterio, de equilibrio, de sangre fría, de constancia, de conciencia y de saber rodearse de gente que le va a cuidar y le va a proteger, es un deporte peligroso. Si a eso le sumas que tengas ciertas condiciones, pueden acabar haciendo contigo lo que quieran.

Escritores como Cortázar, Hemingway, Bukowski, Jack London o Mailer ambientaron algunos de sus escritos en el boxeo. ¿Qué es lo que hace interesante para ti el boxeo desde el punto de vista del escritor, no del deportista?

No he escrito hablando de boxeo, pero muchas cosas de las que escribo parten de las experiencias del boxeo. La escritura y el boxeo se parecen en algunas cosas. El boxeo y la búsqueda de la verdad para mí van de la mano, porque cuando subes al ring y suena la campana ahí no hay vuelta atrás. Cuando escribo, escribo desde la verdad y el boxeo tiene una relación con la verdad muy grande.

¿Qué combate o documental recomendarías a un profano para despertar su amor al boxeo?

Soy nulo a la hora de documentarme viendo cosas y tiendo a la vagancia. Cuando éramos reyes desde luego, es espectacular, pero ese lo conoce todo el mundo. Hay también uno de la vida de Tyson muy contundente.

De boxeador a humorista, ¿te suelen preguntar mucho por Jake LaMotta?

En la primera entrevista que me hicieron después de dejar de pelear y empezar a hacer monólogos me preguntaron por él. Hay una similitud sí, pero relativa, porque Jake LaMotta ha sido uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos y yo sólo fui campeón de España.

España no tiene tradición en el género del monólogo al estilo del stand up comedy americana, algo más de una década desde que el canal Paramount Comedy introdujera este género en nuestro país. ¿A qué crees que se debe su éxito?

Una vez más vamos por detrás, porque los cómicos de stand up comedy de EEUU son referentes en el mundo del humor y hay verdaderos templos del stand up. Allí es mucho más habitual lo que me ha ocurrido a mí: ser cómico y trabajar de actor, compaginar las dos carreras. Aquí es más complicado, te encasillan. Pasa lo mismo si cuentas chistes, eres un “cuentachistes”, no un monologuista. Creo que la cultura aquí es muy propicia para que el stand up triunfe.

¿Se ha adaptado la fórmula a nuestro humor? Allí es algo más agresivo en ocasiones.

Eso depende del humorista y del país en cuestión. En EEUU si un cómico sale a un escenario y quiere decir “esto” no es que vaya a decirlo porque sí, sino porque probablemente el humorista dice “este es mi humor y si no puedo hacerlo así no lo hago”.

Tu estilo sí tiene parecido con algún americano, a Bill Hicks podría ser, aunque lejanamente.

Algo he oído, porque me hacen comparaciones compañeros cómicos. A mí me gusta que el público se ría pero también me gusta generar incomodidad, que no esté a gusto e incluso que le moleste lo que estoy diciendo. Se supone que soy cómico, me subo a un escenario y tengo que hacerte reír durante hora y media y que te rías con todo lo que digo. No, perdona, yo soy humorista y tú vienes a ver mi show y te voy a hacer reír, o lo voy a intentar; si vas a ver a tu equipo vas a verle ganar, pero a lo mejor palma, pues yo igual, de las diez cosas que digo te ríes de siete y en tres piensas y al que está a tu lado no le hace ni puta gracia ninguna y se ríe de lo que tú piensas. Creo que hay un cambio, hay cómicos que están arrancando que “quieren decir”. Considero que toda persona que pisa un escenario para lo que sea tiene la obligación de decir algo.

Tus monólogos empiezan con una declamación dramática, ¿el desconcierto es un recurso para que el público se ría?

La risa viene de la incomodidad. Tú vas a ver un monólogo a reírte, cuando ha pasado un minuto y no te has reído te preguntas a qué has ido allí. Yo estaba empezando a experimentar con esto cuando me salió Hispania. Ahora retomo, empiezo en julio en la Chocita del Loro en Gran Vía todos los jueves.

En You Tube hay poquitas cosas tuyas.

Sí, pero porque Paramount las ha quitado, el monólogo de Cocretas tenía un millón de visitas. Yo ahora voy a estar en el teatro y el que quiera verlo que venga al teatro, pero tuvo un tiempo que estaba entero y se vio mucho.

Supongo que te gustará que pongan estos videos para tu promoción y te perjudica que los retiren.

Es la pescadilla que se muerde la cola. Me llamaron para Hispania por el monólogo que tengo en YouTube. Otra cosa es que te cuelguen la hora cuarenta de monólogo, porque juego mucho con la sorpresa y si vienes a mi espectáculo sabiéndote gags, pues me has jodido. Ahora bien, si tú tienes algo muy bueno, lo cuelgas en internet y lo ven un millón de personas, eso es positivo. Con lo que no estoy de acuerdo, ni con Paramount ni con cualquier televisión, es con que me escriba un texto, me lo curre, me lo ensaye y luego resulta que ese texto no pasa a ser propiedad de la televisión pero, vamos, le falta… no sé si esto roza hasta la ilegalidad. Es mi texto, es mi monólogo, lo pongo en YouTube para que la gente lo vea. Y si te pagaran una pasta, vale, escribo el texto y me olvido de los derechos, pero tampoco te pagan una barbaridad.

Tienes alguna imitación de Eugenio. Qué humoristas admiras más y qué tipo de humor es el que más te gusta.

Es que a mí Eugenio me parece, valga la redundancia, un genio. Empecé a ser cómico por Eugenio, porque le imitaba, me vieron un día hacerlo y me llevaron a un garito a hacer monólogos. También me gustan Ozores, Pajares…Yo con todos éstos me muero.

Entonces no tienes una preferencia por la disertación de los monólogos, te gustan también los chistes encadenados…

Sí, sí. He sido un gilipollas toda mi vida. Lo que no esperaba nunca era poder ganarme la vida con ello.

¿Es más importante el guión o la interpretación del monólogo?

Bajo mi punto de vista tienes que tener un buen texto. Un buen texto sin una buena interpretación puede ser un gran monólogo. Hay compañeros —no muchos porque es complicado— que salen una hora al escenario, están plantados con el micro, sin moverse, y revientan un teatro. Me parece inaudito; sin mucho acting, sin mucho gesto y la gente se parte. Yo no podría, juego con eso: voy subiendo, voy bajando, de repente me paro y hago unos minutos muy neutros… Una cosa que funciona en mi espectáculo y que considero que es algo que debería tener todo artista, es que el público que asiste —le guste o no le guste— dice: “este tío se está dejando la piel ahí, está pisando escenario y me quiere ganar”. En este aspecto encuentro una similitud con el rival en el boxeo. Para mí el público no es mi amigo, cuando salgo al escenario los quiero matar. Salgo diciendo “aquí estoy yo y vamos a ver quién gana”. Te quiero matar, te voy a comer el terreno, es la guerra. Cada gag que te tiro —ya sea de coña, sea en serio— es un directo de izquierda y cuando vengo con la buena te meto el directo de derecha y te tengo groggy. Probablemente suelte una que no te rías y me des tú. Cuando termino volvemos a ser amigos, como en el boxeo: suena la campana, buen combate y todos a su casa. Volviendo al tema del guión: si tú tienes un guión malo y tienes un acting espectacular, lo normal es que te pegues el piñazo. Para mí es muy importante lo que dices, y luego cómo lo dices. Y por encima de esas dos cosas, tener muy claro tu personaje. Un cómico en un escenario tiene que tener un personaje, tiene que enganchar. Esto tiene mucho que ver con la energía.

De otros monologuistas, ¿cuál es el estilo que más te gusta?

No veo muchos monólogos, pero en el stand up español a mí Vaquero, aparte de ser un gran amigo, me parece un genio, tiene una máquina en la cabeza; le digas lo que le digas te saca un gag, es impresionante. Goyo Jiménez me parece un maestro, es un referente. Agustín Jiménez, Ignatius me parece fascinante, Luis Álvaro me parece que tiene un humor único, complicado, pero que también es un genio. Y luego hay gente nueva que funciona de puta madre.

¿Te ha servido tu experiencia en los escenarios para interpretar a Sandro en Hispania?

No te podría haber respondido a esa pregunta hace un año, pero ahora sí. El trabajo del cómico de gira, que está todo el día de aquí para allá, curte mucho. Delante de una cámara hay una cuestión de diferencia de técnica. A mí lo que me pasaba cuando empecé es que absolutamente todo lo que decía sonaba gracioso. Decía: “Viriato, vienen los romanos” y la gente se partía.

El personaje tiene un punto de candidez…

Sí, claro. En televisión o en el cine ese peldañito es muy pequeño. En un monólogo te puedo decir “mi padre no se corría, mi padre fumigaba” y te partes, pero un pequeño gesto en una cámara se hace muy grande y no vale. Hay que medir la intención con la que dices las cosas, por qué las dices, cómo las dices. Yo al principio estaba acostumbrado a soltar, a largar el texto como yo quería. Me pusieron una coach de interpretación, Raquel Pérez, que me ayudó muchísimo, pero las primeras semanas era complicado que yo leyera un texto sin la musicalidad y la cadencia de un monólogo. Pero sí te sirve la experiencia, mucho.

La serie ha sido grabada con muy pocos medios en comparación con las grandes producciones americanas ¿Cómo evalúas el resultado?

Hombre, considero que el hecho de que se haya apostado por hacer una serie así en España es un paso importante, porque, para lo que se ha hecho en este país, sí que es una superproducción. Claro, no me compares con Roma o con Spartacus. La gente te dice “He visto Roma…”; ya, y yo he visto un Madrid-Barça y me ha encantado y a lo mejor veo un partido de tercera y no me mola tanto. Roma creo que tenía dos millones de dólares de presupuesto por capítulo y la tercera temporada no la hicieron porque, aun con el petardazo que dio, no cubrían inversión. Realmente no sé el presupuesto de Hispania por capítulo, pero sea el que sea se está haciendo bien; habrá fallos, como en todo. Trabajamos todos con muchas ganas y el equipo se implica mucho y creo que eso se ve reflejado. Estamos dando buenas cuotas de pantalla, así que no nos podemos quejar.

¿Crees que se ha tratado el tema histórico con fidelidad o se ha adaptado a las supuestas expectativas del público televisivo?

Es que si quieres contar la historia realmente y te quieres ceñir claramente a lo que pasó, probablemente no darías tres millones y medio de espectadores. Luego pasa una cosa muy curiosa: tenemos un historiador y por lo visto ni entre los propios historiadores se ponen de acuerdo en cosas como por ejemplo si las casas eran redondas o eran cuadradas. Si con eso hay polémica, imagínate con el tema de dónde llevaban la falcata. El planteamiento de los guionistas es hacer la vida de Viriato, manteniendo una serie de cosas y jugando con otras.

¿Cómo es Ana de Armas en las distancias cortas?

Ana de Armas es una niña encantadora. La primera vez que la vi en vivo, cuando hice el casting para la serie, se pasó una hora tocando los cojones con el “pi-pi-pi” del móvil; le entraban mails o mensajes seguidos y ahí estuvimos de coña ya el primer día. Hemos hecho muy buena amistad con esa niña, que tiene veinte años o así, y con su novio también, que es un chaval de puta madre.

Queríamos haber hablado de tus libros con conocimiento de causa, pero es complicado encontrarlos.

Es lo que tiene la poesía. Voy a editar directamente por Internet, ya he hablado con mi editor y el tercer libro lo voy a sacar en e-book y que la gente se lo descargue. El tema de las editoriales pequeñas o de la gente que vende pocos libros, como es mi caso, es que no les compensa tener dos o tres libros en la tienda. Así que lo voy a colgar en mi web para descargar.

¿Qué influencias tienes?

Leo poquísimo, no he sido un gran lector, y poesía he leído muy poca. Llevo escribiendo veinte años pero porque lo necesito. Empecé a escribir porque necesitaba decir determinado tipo de cosas, porque no soy de hablar de lo que me pueda escocer o me pueda hacer daño, soy más de estar de chufla, y empecé a escribir por una necesidad. Publicar fue un accidente, si no vuelvo a publicar no pasa nada, yo siento satisfacción cuando escribo. Cuando empecé a ser cómico no me costó el cambio, el entrenamiento de sentarme a escribir ya lo tenía, sólo tenía que cambiar el foco. Pero no he leído a muchos poetas, escribo lo que sale.

Fotografía: Gonzalo Merat. Vídeo: Javier Villabrille