Badiucao: mi arte para la gente sin voz

Badiucao

Un caso diplomático 

«La Cina è vicina» («China está cerca») es una famosa expresión italiana que juega con la asonancia entre las palabras «Cina» e «vicina». Con el tiempo, esta frase se ha convertido de uso común y hoy representa una realidad cada más tangible. La distancia geográfica que separa Italia (y los otros países occidentales) de China se ha reducido sensiblemente gracias a la espesa red de intereses y relaciones económicas tejidas en el curso del tiempo.

La Cina non è vicina, en cambio, es el título de la exposición de Badiucao, poliédrico artista disidente, a menudo definido como el «Bansky chino». Comparación que no gusta al artista, ya que «si Bansky revelase su identidad no sería de ningún modo perseguido, ni mucho menos por las obras que ha realizado». Es conocido también por la variedad estilística y técnica de sus obras, que van desde el óleo al lápiz y de las instalaciones con neones a actuaciones en primera persona. Desde su anuncio, la exposición se ha convertido en un verdadero caso diplomático, con la presión ejercida de la embajada China en Italia sobre el ayuntamiento de Brescia para anular el evento. Sin embargo, tanto la junta como la organización han resistido a dicha presión, y por ello el artista ha mostrado su gratitud en más de una ocasión, afirmando que «nunca se había sentido así de apoyado» y que la acción llevada a cabo por el alcalde de la ciudad Emilio del Bono y la Fundazione Brescia Musei «debería de considerarse un ejemplo a seguir». 

Un cineasta independiente y un reloj ensangrentado

Badiucao

Badiucao sostiene que la disidencia sea una consecuencia de ser artista ya que «el arte no existe sin libertad de expresión». Nace en China en el año 1986, en el seno de una familia ya marcada por la violenta acción de la censura del gobierno. En los años 50, su abuelo paterno, un cineasta independiente, fallece en el campo de trabajo donde lo habían encerrado a causa de su actividad artística. Una vez finalizados sus estudios en Derecho en la Universidad de Shanghái, aun reconociendo encontrarse en una situación de privilegio con respecto a muchos de sus connacionales, Badiucao entiende que no tendría futuro en China. De haberse quedado, no se habrían respetado sus derechos y se habría visto obligado a seguir un camino bien definido, del que no se habría podido distanciar de ningún modo. «Pasar la vida ahorrando para comprar un apartamento en Shanghái no era justo lo que tenía en mente para mí y, sobre todo en China, dada la situación política, no habría podido ser un artista». 

En el 2009 se muda a Australia, convirtiéndose en ciudadano de este país y renunciando así al pasaporte chino. En ese momento, en cambio, se hace más urgente su necesidad de dar a conocer lo que sucede de verdad en China —una realidad bien diferente a la difundida por el PCC—. Aún lejos de su patria, el artista no puede expresarse con libertad; así, temiendo por la seguridad de sus familiares residentes en China, Badiucao trabaja escondido tras una máscara. Sin embargo, en el 2018 descubre que su identidad es ya conocida por las autoridades chinas. Antes de la inauguración de una de sus exposiciones en Hong Kong, donde había apoyado con vehemencia las protestas en curso en aquel periodo, las fuerzas del orden se presentan en casa de sus familiares haciéndoles saber que esa exposición no tendría que haber tenido lugar. Para proteger a su familia, Badiucao decide entonces dar un paso atrás cancelando el evento, pero revela finalmente su identidad. Y lo hace en una fecha histórica, el 4 de junio del 2009, el 30 aniversario del masacro de la plaza de Tienanmen.

Para consolidar el vínculo con este evento, el artista se tatuó en el brazo derecho la icónica imagen del Tank Man: el hombre que, solo, con las bolsas de la compra en mano, intenta parar el convoy de carros armados que se dirigían hacia la plaza. La elección del brazo derecho no es casual; es así como su arte se guía del recuerdo de aquel gesto heroico. La masacre de Tienanmen está en el centro de algunas de sus obras, como The Watch, realizada con la propia sangre del artista. 

Un sistema de control de la población 

Además de recordar los eventos del pasado, el trabajo de Badiucao, que a menudo toma como referencia el estilo iconográfico propio del régimen, son de extrema actualidad. The Wuhan Diary, por ejemplo, rompe el silencio del gobierno chino sobre la gestión de la pandemia del covid-19. La obra es fruto de la colaboración con un residente anónimo de Wuhan que envía al artista notas sobre la vida en la ciudad. Es una obra en proceso —Badiucao recibe aun ahora actualizaciones continuas— y también da paso a abordar el tema de la vigilancia masiva. El artista cree, de hecho, que la pandemia fue aprovechada por el PCC para poner en práctica un sistema de vigilancia masivo en el que llevaban tiempo trabajando. «En China no se habla de certificado covid sino de Red Cross. Si eres etiquetado con la cruz roja, pierdes todos tus derechos como ciudadano. Ahora el gobierno chino está aplicando la cruz roja a todos los activistas y disidentes, para limitar la actividad de todas esas personas que no estén alineadas. El caso más reciente es el de Zhang Zhan, la periodista que se había transferido a Wuhan durante la explosión de la primera ola de covid-19 para contar qué estaba sucediendo realmente. Fue encarcelada y ahora esta literalmente muriendo en prisión. Su abogado ha intentado ponerse en contacto con ella y visitarla, descubriendo que, a pesar de haber sido etiquetada con la cruz roja, no ha tenido ningún síntoma reconducible a la covid. Se trata de una persecución política escondida detrás de la defensa por la seguridad de la salud pública. Es de este modo que China enfrenta la cuestión. El riesgo es que esta estrategia empiece a aplicarse también en otras naciones. China quiere vender su propio sistema de gestión de la pandemia como un modelo para el resto del mundo. Celebrando continuamente el modo en el han controlado la epidemia, a través de confinamientos extremos, con los ciudadanos encerrados en casa y un control titánico de la sociedad.

Si este sistema se hiciese popular también fuera de China, podría ser potencialmente peligroso, ya que resultaría muy atractivo para ciertos políticos autoritarios. La ideología y el modo de gobernar son como el covid: contagiosos y con tendencia a replicarse. Afortunadamente en Europa existe aún espacio para el debate, incluso acerca de políticas juzgadas por algunos como controvertidas, como la del certificado covid. Cuando los ciudadanos se pueden expresar libremente no existe ninguna dictadura». 

Una cuestión de principios

Badiucao

De la actualidad se pasa al futuro cercano. En febrero del 2022 se inaugurarán en Beijing las olimpiadas de invierno. El artista ha pedido más de una vez que se boicoteen, pero es consciente de que la manifestación tendrá lugar en cualquier caso. Confía en acciones individuales de atletas que induzcan al gran público a abrir los ojos frente a situaciones demasiado a menudo ocultadas. Mientras tanto, el artista ha encontrado un apoyo al otro lado del océano, el jugador de baloncesto suizo de origen turco Enes Kanter. Tercera selección general en el draft de la NBA del 2011, el atleta, hoy jugador del Boston Celtics, durante el partido contra Miami Heat del pasado 4 de noviembre ha pisado el parqué del FTX Arena con unas zapatillas donde se podía leer el lema «Free Tibet», también obra de Badiucao. De su lápiz nacieron también los usados durante otros partidos, lemas a favor de los rebeldes de Hong Kong y la minoría musulmana de los uigures. Estos últimos son víctimas de limpieza étnica y encerrados en campos de trabajo donde su mano de obra es explotada por grandes compañías como Nike, de la cual el artista ha intentado demostrar su comportamiento hipócrita. Enes Kanter ha proporcionado «la plataforma mundial que necesitaba. El deporte y los atletas tienen un poder increíble: aquel de involucrar, educar y compartir mensajes importantes. Espero que este proyecto pueda servir de inspiración también para otros atletas y celebridades. Los derechos humanos no son un privilegio de un número limitado de personas. Los atletas americanos non son nuevos en el apoyo de las minorías y la denuncia del racismo, como sucedió con el movimiento Black Lives Matters. Sin embargo, sería muy hipócrita de su parte si de un lado se hiciesen portavoces de las injusticias del racismo en Estados Unidos, pero del otro diesen la espalda al genocidio que está teniendo lugar en China. Es importante que las personas apliquen sus principios de forma universal, de lo contrario no se pueden definir como tal».

Los artistas también tienen un fuerte control sobre el público. Hollywood, que se ha siempre declarado una industria liberal, en el curso de los últimos años se ha sometido a la censura china. La razón es fácil de encontrar: «el poder del dinero. China ha siempre envidiado el soft power ejercido por la industria cinematográfica estadounidense. Ha invertido mucho dinero en Hollywood y ha proporcionado un lucrativo mercado que era todavía inexplorado». Todo ello en detrimento de la justicia y la realidad de los hechos. «Hace años Brad Pitt realizaba una película sobre el Dalai Lama. Hoy, probablemente, pediría disculpas por haber herido la sensibilidad del PCC». 

Un gigante en dificultad

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El artista está convencido de que China ya no es inexpugnable. Actualmente su poder viene de su potencia económica, a su vez derivado de la colaboración con los países occidentales que eran y son atraídos de los bajos costes de mano de obra. «Todos saben que para tener una floreciente economía es necesario tener el libre mercado. Actualmente en China esto no existe, el poder que ha conseguido con el paso del tiempo fue posible a través de la explotación de la fuerza de trabajo y del medio ambiente, pero todo esto no puede durar al infinito». Una señal de la crisis que está atravesando el poder central chino es el drástico cambio de ruta en referencia a la política del hijo único. «Ahora que la sociedad china está envejeciendo rápidamente y al horizonte se avecina una escasez de aquella fuerza de trabajo explotada a bajo coste sobre la que se ha basado la economía del dragón, el partido invita a sus ciudadanos a tener tres hijos». El artista se pregunta también hasta cuándo los emprendedores occidentales dejarán de moverse solamente por la avaricia y se darán cuenta de que este modelo inicia a presentar factura. 

Una esperanza para el futuro 

Han pasado doce años desde que Badiucao se mudó a Australia y dos desde que decidió enfrentarse a su enemigo a cara descubierta.

El artista sabe que el camino a seguir por un mundo más justo aún es largo y que China se opondrá en todos los sentidos: «El mundo que no quiere es aquel en donde reina la democracia y los derechos humanos, porque sería un mundo imposible de controlar». Ahora dice que «ya no es momento de tener miedo»: su objetivo es poder difundir su arte a un público cada vez más amplio porque «es difícil hacer comprender a los extranjeros lo que sucede en China». Por esto experimentara con nuevas formas artísticas, como el cómic y el diseño de juegos. 

Los eventos de la plaza Tienanmen sucedieron cuando Baudicao tenía solo tres años, pero gracias a la obra The Gate of Heavenly Peace pudo aprender sobre ellos y comprender aún más cómo su gobierno manejaba eventos y personas incómodas. 

Su objetivo como artista es asegurarse de que, en el futuro, sus obras ayudarán a las próximas generaciones, que crecieron en una época en la que es más fácil olvidar, en lugar de comprender y ver la realidad del país en el que viven porque, como ha ya afirmado en el pasado, «si no puedo conocer la verdad sobre una nación, ¿cómo puedo tener esperanza en su futuro?».

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Una historia de cisnes, virus y elefantes: viaje al origen de la pandemia COVID-19

Foto: Cordon.

La teoría del cisne negro desarrollada por el investigador, filósofo y matemático Nassim Taleb nos introdujo en los sucesos impredecibles, atípicos, pero que están asociados a un gran impacto, como la terrible gripe del 18 o los atentados de las Torres Gemelas. El nombre de «cisne negro» procede de la impredecible observación de los primeros cisnes negros (en Australia), una vez aceptado en el «Viejo Mundo» que los cisnes solo podían ser de color blanco. Un «cisne negro» también se caracteriza por ser predecible en retrospectiva, es decir, puede explicarse el porqué una vez que ha sucedido. Es impredecible, tiene un gran impacto pero, una vez que se conoce, tiene una explicación. 

Son numerosas las voces que identifican la pandemia de COVID-19 por SARS-CoV-2 como un cisne negro, un suceso impredecible cuya magnitud en el ámbito de la salud o de la economía ha tenido dimensiones descomunales, que aún no podemos evaluar en su totalidad, pero que ya registra terribles cifras a día de hoy con dos millones fallecidos y casi cien millones de contagiados. Y que además se ha explicado retrospectivamente. 

Sin embargo, ¿es acertado hablar de un suceso impredecible, más aún con la experiencia previa desde 2003 de otras zoonosis causadas por coronavirus como el SARS-CoV-1 o el MERS-CoV? ¿No parece demasiada atrevida esta afirmación, más aún en un mundo globalizado en el que la conectividad plena es, o al menos era, un denominador común y por tanto numerosos los canales de dispersión de un virus? ¿Qué ha sucedido para que un coronavirus, «confinado» en un murciélago, uno de esos miles de coronavirus que probablemente están presentes en la fauna silvestre, sea lo que hoy más preocupa a los ciudadanos en todo el mundo? 

No sin dificultad, un equipo multidisciplinar de la OMS acaba de llegar al origen de la pandemia en Wuhan, al menos al origen conocido, para tratar de entender qué pasó en esos últimos meses de 2019 y cómo «escapó al confinamiento en los murciélagos» el SARS-CoV-2 e infectó a lo que se denomina paciente cero y que desafortunadamente nunca se identificó. Un equipo «One Health» formado por quince expertos en salud animal, seguridad alimentaria, salud pública, virología y epidemiología tratarán de encontrar una explicación al origen de la pandemia que nos traslada a la delgada línea que separa en la naturaleza la receptibilidad y la sensibilidad a los agentes infecciosos en todas las especies, incluyendo evidentemente al ser humano. Porque esta delgada línea se ha vuelto a cruzar. Un coronavirus procedente de un murciélago de herradura (SARS-CoV-2) ha recorrido el «largo camino» que evolutivamente separa a los quirópteros de la especie humana y ha generado una pandemia de final incierto en estos momentos. No obstante, resulta aún más inquietante que este agente sea ya el tercero de esta familia de virus (tras el SARS-CoV-1 y el MERS-CoV) que recorre un camino similar en el corto espacio de veinte años, cuando previamente no se habían asociado a ninguna pandemia humana de estas características. ¿Cómo es esto posible? ¿Qué motiva que un agente infeccioso, de repente, recorra este trayecto? ¿Cómo es posible que tres coronavirus distintos hayan recorrido este camino en los últimos veinte años? ¿Qué hay en el origen de la pandemia?

Mucho se ha escrito en referencia al origen de las enfermedades infecciosas y su tropismo por el hospedador. Pero menos de los factores que están relacionados con los saltos entre especies y que el equipo de la OMS tratará de descifrar en Wuhan. La revista Nature, en 2007, publicaba un interesante trabajo de los doctores Nathan Wolfe, Claire Panosian y Jared Diamond, de la Universidad de California, que definía cinco etapas evolutivas diferentes para clasificar a los agentes infecciosos en función del camino que podía conllevar que un agente afectara solo a los animales (etapa 1) a que pudiera evolucionar hacía la infección «exclusiva» del ser humano (etapa 5). En medio, diferentes etapas en las cuales los saltos pueden ser esporádicos desde el reservorio animal (2), o transmitirse con menor o mayor facilidad entre las personas (3,4). 

Cuando un agente alcanza la etapa 5 y, por tanto, pierde «todos sus vínculos» con las especies animales de procedencia, depende exclusivamente de su capacidad de transmisión en la especie humana para sobrevivir. Y son pocos los agentes que lo consiguen. Por ejemplo, ¿por qué los terribles virus ébola o marburg solo ocasionan brotes esporádicos en la especie humana, con una transmisión limitada entre personas? O ¿por qué el virus de la rabia solo ocasiona casos puntuales en las personas, asociados al contacto con carnívoros o quirópteros sin que exista transmisión entre humanos? Son virus que tienen la capacidad de infectarnos, pero no disponen de los mecanismos para seguir «avanzando» etapas, y dependen de sus reservorios animales para su supervivencia. Con estrategias de vigilancia y control de la infección en sus reservorios animales no deberían ocasionar pandemias como la COVID-19. 

Que los virus alcancen finalmente la etapa 5 no es un camino fácil. Pero algunos lo consiguen, como si aplicaran hasta la última línea de la milenaria obra del maestro Sun Tzu, El arte de la guerra. Existen ejemplos de virus que desde la etapa 1 han alcanzado la etapa 5, como el VIH asociado al sida, o bien que transitan «exitosamente» entre las etapas 4 y 5, con una transmisión primaria importante en la especie humana y saltos esporádicos desde sus reservorios animales (como los virus gripales). Tránsitos desde los simios o las aves, respectivamente, que han ocasionado efectos devastadores en la especie humana. Sin embargo, y afortunadamente, son rara avis (in terris nigroque simillima cygno), ya que son muchos más los agentes que se mantienen afectando «exclusivamente» a las especies animales. Y no será por que no tengan contacto con humanos. Pensemos, simplemente, en todas las enfermedades infecciosas que afectan a las mascotas y que no se transmiten a los propietarios.  

Todo es cuestión de supervivencia y oportunidad. Si un virus o bacteria es capaz de adaptarse a un nuevo hospedador, incluyendo el ser humano, tiene una nueva posibilidad de transmitirse y sobrevivir. Pero para que ocurra eso, para que un agente salte a la especie humana, debe forzosamente evolucionar, transformarse como si se tratara de Proteo. Y aunque es fundamental, no solo debe aparecer una adaptación asociada a su afinidad por tejidos o receptores celulares, como es al receptor ACE2 utilizado por el SARS-CoV-2. El virus ha de disponer de las condiciones necesarias para que la posibilidad de que se produzca «el salto» sea real. Pueden existir diferencias en el comportamiento de las especies, las vías de trasmisión, o las características de las poblaciones que impidan o al menos limiten su transmisión. A modo de ejemplo, si bien es común que las personas podamos sufrir la mordedura de algunas especies, raramente una persona va a morder a otra. Por tanto, es poco probable que un agente que se transmita de esa manera pueda sobrevivir o transmitirse entre la especie humana. 

Pero hay una condición sine qua non para que un agente infeccioso pueda saltar con mayor o menor éxito al ser humano. Debe contactar con nosotros. A partir de ahí, el éxito depende de muchos factores. Por ejemplo, es clave la distancia filogenética entre especies. Cuanto más cerca estemos, más fácil es que se produzca el salto. La población de chimpancés es desafortunadamente poco abundante a nivel mundial. Sin embargo, a pesar de los encuentros limitados entre chimpancés y humanos, infecciones como el sida o incluso posiblemente la hepatitis B hayan saltado desde esta especie. De los macacos nos ha llegado el virus zika, y existe mucha preocupación actual con el devenir de la viruela de los simios, después de que hayamos erradicado el siglo pasado la viruela humana. En este sentido, se acaba de conocer la presencia de tres gorilas infectados por SARS-CoV-2 en el zoo de San Diego. Sin embargo, otros factores son igual de importantes, como la frecuencia de los contactos. La distancia filogenética que nos separa de los roedores es enorme y, sin embargo, su abundancia y los contactos frecuentes a los largo de nuestra historia nos han legado enfermedades tan devastadoras como la peste negra (Yersinia pestis). 

Aspectos como la carga viral o bacteriana, o la capacidad de un virus o bacteria de producir cambios en su genoma para una mejor adaptación, son también importantes, como estamos viendo en el caso del SARS-CoV-2 con las nuevas variantes británica, sudafricana o brasileña, a las que se les debería prestar mucha mas atención mediante la identificación de personas infectadas por estas variantes. Son muchos los factores y mecanismos que implican que un salto de especie pueda tener o no éxito, pero las evidencias indican que las probabilidades de que ocurra han aumentado en los últimos decenios. 

La invasión de hábitats hasta ahora reservados a especies de animales salvajes o el establecimiento de poblaciones humanas en contacto directo con especies con las que antes solo existían interacciones esporádicas; la globalización del comercio y de los movimientos de personas y mercancías a nivel mundial; o el contacto directo e incluso consumo de especies exóticas de las que simplemente desconocemos casi todo, están generando más oportunidades de salto para agentes patógenos que pueden reunir las características necesarias para provocar una pandemia. Saltar de una especie animal a la especie humana no es fácil y requiere gran capacidad de adaptación a las características del hospedador, pero es el origen. Por eso, aunque en ocasiones pueden intentar el salto de modo directo, es frecuente la utilización de especies intermedias, como pueden ser los dromedarios (MERS-CoV), la civeta (SARS-CoV-1) o el posible pangolín, civeta o gato para el SARS-CoV-2, aunque la OMS sigue considerando sospechosas hasta quinientas especies. En cualquier caso, una transmisión con éxito entre humanos sin dependencia de otra especie es también rara, y pocos son los agentes infecciosos que logran «dejar atrás» sus reservorios animales, ya que dependen de estos para sobrevivir y de ahí saltar esporádica o frecuentemente a la especie humana. 

Por todo ello nuestra salud y la de todos los seres vivos que nos rodean (y los que no nos rodean) es indivisible, no puede separarse. Solo existe una salud, One Health, que debe abordarse desde equipos multidisciplinares de especialistas en salud, independientemente de que sea humana, animal e incluso medioambiental, como el equipo de la OMS que acaba de llegar a Whuan. Las zoonosis, las epidemias o pandemias han sido, son y serán parte inherente de nuestra vida y nuestra propia existencia y debemos entenderlas desde la visión holística que requieren. Y aunque improbable, que un virus pase de un hospedador que puede encontrar en estos momentos en la profundidad de una selva o en un mercado en cualquier lugar del mundo a la especie humana ha sido, es y siempre será posible. Un «efecto mariposa» que requiere reforzar urgentemente los sistemas de alerta temprana y establecer una estrategia fuerte de prevención. Sistemas de alerta e intervención temprana que deben contemplar la totalidad de las especies que pueden estar implicadas en un proceso de naturaleza infecciosa. 

El SARS-CoV-2 era improbable pero no imposible, como tampoco lo fueron el SARS-CoV-1 y el MERS-CoV, con la diferencia que, en estos últimos, el efecto sobre la especie humana fue muy limitado a diferencia del efecto devastador de COVID-19.

Que no supiéramos con precisión qué iba a suceder no significa que no supiéramos que podía pasar. Que no estuviéramos preparados no significa que fuese imprevisible y que no debamos prepararnos para la próxima. Como afirman Juan José Gómez Cadenas y Juan Botas en su libro Virus, la guerra de los mil millones de años, «la guerra había durado desde siempre. Nadie recordaba un tiempo en que el monstruo no hubiera estado presente». Por eso el SARS-CoV-2 y la COVID-19 no pueden considerarse el cisne negro de Talev, porque no era inesperado. El SARS-CoV-2 y la COVID-19, en el fondo, siempre fueron viejos conocidos. Una variante de la discutida enfermedad X. El SARS-CoV-2 es el elefante negro de Adam Sweidan, muy visible y conocido. Ese cruce de imprevisto, mas bien poco probable, que tiene un cisne negro con el elefante que está en una habitación, muy visible pero al que nadie le presta atención aun cuando sabemos que un día tendrá terribles consecuencias.

Y como si de un capítulo de la serie distópica Black Mirrow se tratara, como esos espejos que muestran la verdadera realidad del reflejado, el cisne se transformó en elefante. Como el espejo de Atreyu que muestra la realidad del que se refleja o el del famoso cuadro de Dalí en el que cisnes se reflejan como elefantes sobre la superficie de un lago. 

La probabilidad de que un nuevo salto de un virus entre especies ocurra es alta, más aún con un mundo global en donde los contactos entre especies es cada vez mayor. La probabilidad de que se transforme en una nueva pandemia en un mundo físicamente hiperconectado dependerá de la atención que prestemos a los elefantes negros. Porque los elefantes negros siempre están ahí. Debemos conocer las claves, y One Health es parte de la solución.


Cinco sílabas para una epidemia

3 de febrero de 2020. Dos médicos se dicen que todo está bien en el hospital municipal de Zhangzhou, en el que se trata a los pacientes infectados por coronavirus. Foto: Xiao Heyong / Cordon Press.

Cinco sílabas para que cualquiera levante las cejas. Una palabra pronunciada al inicio por unos pocos que ahora sale de muchos. En cualquier parte y a cualquier hora. Se expande, se hace propiedad de cada uno de nosotros. Da igual el quién y el dónde, capaz de cambiar la conversación y hacer de una sonrisa el preludio de la incertidumbre más absoluta. Porque la envolvemos de miedo y la vestimos de duda. Porque nos permite juzgar y hacer de la imaginación una herramienta que sabe de apocalipsis. Y nos atrae pensar en un final mayúsculo, rodeado de esos errores que usted y yo, expertos en opinar con red, sabíamos inevitables. Porque decir «ya lo dije» es un premio estupendo cuando son otros los que se han equivocado.

Cinco sílabas.

Ni más, ni menos.

Porque si dibujas con los labios un discreto orificio no hace falta mucho más para que lo que viene detrás se acompañe de unos segundos de silencio.

¿Estamos listos?

Coronavirus.

Repita conmigo.

Co-Ro-Na-Vi-Rus.

Se hace un punto y aparte para cinco sílabas que ahora son discurso para amantes de puntos suspensivos.

Porque hablamos de un virus que ya estaba ahí. En nosotros, claro, pero también en ellos. Un virus ARN que se sirve de espículas para hacer diana y fijarse en las células que le ofrezcan el mejor plan de pensiones. Habitante de animales varios que también tienen infecciones y leucocitos que caen buscando derrotar a un enemigo que presume de corona. Virus que se cambia el disfraz, optimiza su maquillaje, para pasar quizá de un murciélago al ser humano. Allí, en Wuhan, tan lejos, en un mercado. En esa ciudad de más de once millones de habitantes que usted todavía hoy no sabe poner en un mapa sin mirar Google. Allí esos animales con sus virus de maleta preparada para el embarque. Vertebrados, alimañas varias, que se ofrecían como un producto fresco y distinto para todo el que tuviera ganas de comprarlos. Tratados por manos expertas abriendo su carne, quitando su piel para ser derramados. Mezclándose animal y hombre, sangre y vísceras. Humanos haciendo lotería biológica sin saber siquiera que estaban jugando. Y el animal muerto o atrapado. Y el virus dueño de una mutación que hace de pasaporte y le permite abandonar el lugar que le vio crecer para llegar a otro donde todo es de estreno.

Porque está hecho para continuar con la partida. Así encuentra huésped en un organismo que no era el suyo pero que no es tan distinto. Observa esas células que envuelven el árbol respiratorio del humano. Las saborea de cerca, muy de cerca. Porque a ojos de un algo que tan solo es material genético y proteínas todos somos lo mismo. Somos casa y refugio. Lugar donde hacer daño para seguir siendo. Quizá somos más murciélago que Batman y no lo sabíamos. Por eso el de las cinco sílabas salta, se ancla y abre la puerta para comenzar con las reformas sin pedir permiso. Primero entre aquellos que tiene a mano. Los que pasan por allí. Haciéndose turista celular entre puestos abarrotados, en gente que trabaja y compra y que resulta un murmullo apacible mientras enferma sin darse cuenta. Como la gota que se repite despacio hasta colmar un vaso.

Coronavirus.

Díganlo lentamente, como el que silabea el nombre de un amigo.

Porque ya es conocido, lo ha tenido usted en sus conversaciones de trabajo, en su casa o antes de la última cerveza que se ha tomado. Es tan suyo como mío. Seamos generosos en reconocer que a esto de evitar el silencio todos hemos estado jugando.

Pasan los días y un grupo de individuos cae enfermo allá por ese diciembre de un año que no sabía si terminaba una década o en cambio daba paso a trescientos sesenta y cinco días más de resaca. Nos gusta hacer malabares hasta con el calendario. Gente que sintió mucosidad nasal, dolor de garganta o fiebre. Gente que en su mayoría superaba los cuarenta años y que llevaba a sus espaldas muchos animales y días de mercado. Hombres y mujeres que acudieron al médico para generar desconcierto a quien les estaba explorando. ¿Si aquello parecía una gripe por qué no era una gripe? ¿Por qué no era un catarro? Los más mayores, o aquellos con alguna enfermedad entre sus cicatrices, presentaron los casos más graves. Mostraron un empeoramiento paulatino hasta necesitar cuidados intensivos y provocar que las caras de los sanitarios se miraran detrás de una mascarilla preguntándose qué estaba pasando. Pacientes con síntomas parecidos y que compartían un lugar de trabajo. Es entonces cuando alguien entiende que ante todo problema lo mejor es rebobinar y no precipitarse. Para jugar con las matemáticas lo más importante siempre es leer correctamente el enunciado.

Un militar realiza un test a un civil para ver si hay síntomas de una posible infección por coronavirus, 2 de febrero de 2020, Quanzhou, Fujian. Foto: Cordon.

Y se hace un registro, se agrupan los casos. Se entiende que quizá se encuentran ante un nuevo visitante que no ha perdido el tiempo en ser presentado. Se toman muestras en los enfermos y se acude al mercado. Entre animales quizá se encuentre el principio de una sinfonía peligrosa. Si no son los patógenos habituales tendrán que ser otros los que están haciendo música sin haber ensayado. Finalmente se define el traje del protagonista. Y se aísla en uno, y en otro, hasta ser aislado en demasiados. No hay casualidad en la epidemiología cuando esta se pone seria. El virus era nuevo, pero tenía las mismas costuras de otros que con anterioridad nos habían amenazado. Aquello no era un hecho aislado, eran las primeras líneas de un dilema que apenas estaba comenzando.

Co-Ro-Na-Vi-Rus.

De nuevo, dígalo en alto.

Recordamos el síndrome respiratorio agudo grave (SARS su acrónimo inglés) y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS). Eco de tiempos pasados que nos hacen trazar una pendiente que no queremos continuar bajando. De este modo conocíamos a su familia, pero no al nuevo primo lejano. De ahí que a pesar del tiempo empleado en poner el cascabel al gato el tratamiento de soporte haya sido efectivo en una gran mayoría de casos. El sistema inmunitario generalmente sabe cómo tratar a los tipos sin entrada, aunque presuman de traje nuevo o se muevan muy rápido.

A pesar de ello, se conocen las primeras muertes y las noticias locales comienzan a sonar de forma semejante a una tormenta cuando no queremos mojarnos. Se escuchaba lejos pero qué extraña certeza de que nos va a terminar empapando. Y escuchamos hablar de individuos que han perdido la vida por una nueva infección contraída en su lugar de trabajo. China. Exploradores de un abismo que conmocionó primero a un hospital. Después a una ciudad para terminar sacudiendo a un país. Sacudida que es como un golpe en el hombro para todo un planeta. Globo que gira lentamente su cuello hacia las imágenes de un hospital en China donde los pasillos están llenos de gente llorando.

Coronavirus.

Se abre la puerta hacia incertidumbre. Bienvenidos al futuro entre interrogaciones. Primero China y después la Organización Mundial de la Salud toman de forma paulatina medidas para tratar a quien padece y bloquear lo que no se ve. Se intenta poner frontera a esa ignorancia que poco a poco pierde su escondite. La gente trabaja, sanitarios que se unen como una presa siendo pocos para tanta marea. Aparecen los primeros datos. Las primeras publicaciones científicas que ofrecen números y hechos objetivos. Y se confirma la primera transmisión entre humanos. Por cada paciente parece que dos puede ser infectados. Y todos pensamos que las hemos visto peores. Las medidas de prevención son muy simples y las traemos de serie si sabemos cómo evitar un catarro. Más adelante, el 7 de enero de un año nuevo que no esperaba un estreno tan sobresaltado, surge el genoma de las cinco sílabas. Esto permite conocer el manual de instrucciones para saber cómo desarmarlo. Y en todas partes se comparte ciencia. Y las redes y los medios se llenan de gente que cuenta y comparte. También opiniones, las menos, que usan la incertidumbre para practicar un juego que solo sabe hacer daño. Sobreestimando las muertes o difundiendo bulos que infectan un temor fantástico. Opiniones, las más, que usan los datos para poner calma. Que situaciones parecidas se han vivido antes y de nada se aprende más que de lo que deberías haber evitado.

Coronavirus.

Cinco sílabas que ahora son tatuaje en cada tímpano. Porque nos hace callar. Porque nos lleva a mirar la pantalla, el periódico o el rostro de quien la dice. Y después miramos a un lado y a otro. Sospechar como ejercicio. Resulta normal tener miedo al tiempo que también es sensato no utilizarlo. Escuchamos decisiones que quedan por encima de nosotros que puede que nos hagan ver el aire como un transporte para lo que nos da vértigo. Pero siempre hay vértigo cuando saltamos y apenas hemos empezado uno que requiere de días para saber hasta dónde hemos llegado. Creemos que ocultar el rostro tras una máscara será suficiente. Cuando es más fácil toser en el codo y lavarse las manos. Sentido común como el mejor genérico que ninguna industria farmacéutica jamás ha creado. Es más sensato hacer lo que se debe que gritar mucho mientras decimos al resto que está errando. Aunque llame menos la atención y gritar nos sirva para alimentar el ego o caer relajados.

Coronavirus.

Cinco sílabas que han venido para acompañarnos. Tardarán tiempo en irse, porque hay visitas que no aprecian las despedidas cuando estás deseando echarlos. Pero es tiempo de hacer lo que se necesita, tiempo de actuar deprisa con la determinación del que lo tiene todo pensado despacio. Leyendo bien el problema, recuerden el enunciado. Sabiendo que ante la duda no hay nada más importante que saberse completamente preparados.

Policías en la estación de tren de Hongqiao, Shanghai, el 22 de enero de 2020. Foto: Lu Hongjie / Cordon Press.


Conflicto de intereses y agradecimientos: no tengo ningún conflicto de interés con ninguna entidad o empresa farmacéutica. Todo mi respeto y agradecimiento para los sanitarios que están atendiendo a los pacientes afectados por esta nueva infección en China. Ellos probablemente no verán sus nombres en las publicaciones científicas derivadas ni saldrán en medios de comunicación. Pero son ellos los que estando a pie de cama cuidan a los enfermos y constituyen el primer paso para evitar que donde ya hay dolor se sumen otro tipo de desgracias. Mi respeto más profundo.


Bibliografía

  • The Lancet. A familial cluster of pneumonia associated with the 2019 novel coronavirus indicating person-to-person transmission: a study of a family cluster. Available at: https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)30154-9 [Accessed 31 Jan. 2020].