Johan Cruyff, el legitimador del gozo

Johann Cryuff, 1979. Fotografía: Getty.

Este artículo fue publicado originalmente en nuestra revista Jot Down Smart número 21

Hendrik Johannes Cruijff fue, para los futbolistas, como el amigo que convence al adolescente, atormentado por la culpa cristiana, de que masturbarse no es pecado y de que nadie se queda ciego ni se gastan los huesos por darle al manubrio. El mejor futbolista holandés de todos los tiempos, ya como entrenador, llegó a España un día de primavera de 1988 y, señalándonos un balón, nos dijo: deleitémonos con eso, sin remordimientos. Había hasta ese momento jugadores que disfrutaban con la pelota y entrenadores que aplaudían esa predisposición natural al regocijo sobre el verde, pero vivían apabullados por el mantra generalizado del eterno sacrificio como único camino hacia una recompensa digna. «Hay que sufrir», «Juguemos como hombres y no como nenazas» y otras consignas más propias de disciplinas castrenses que deportivas se escuchaban por todo el ámbito balompédico; incluso algunos futboleros, con prurito de literatos, hacían juegos de palabras del tipo «disfrutar sufriendo». La Furia Roja no era el nombre de un avión de combate ni de un submarino nuclear, sino el apelativo con el que se conocía a la selección española. La Quinta del Buitre era el máximo, si no el único, exponente de una sensibilidad futbolística orientada, además de al resultado, al deleite, pero nunca llegó a provocar una adhesión unánime. Es más, su estandarte, Emilio Butragueño, quizás el jugador español más peculiar y genial que vieron habitualmente nuestros estadios hasta que aparecieron Xavi e Iniesta, fue continuamente cuestionado. El hombre que se paraba en el área como si esta fuera un diván para reflexionar sobre cuál era la mejor solución no mostraba esa ansia hispana que se identifica erróneamente con pasión por lo que uno hace. A pesar de ganar buena parte de las ligas que disputó, a la Quinta del Buitre no se le perdonaron sus continuos fiascos en la Copa de Europa, fruto unas veces de los pequeños detalles que dan y quitan títulos, y otras de detallazos como aquel Milán invencible de los holandeses. Y siempre que había que recriminar, se recriminaba la falta de garra. Camacho jugando con la cabeza medio partida y una venda ensangrentada era una de las estampas que parecía destinada a pasar de generación en generación como ejemplo de dignidad bélico-deportiva.

Entonces llegó Johan y legitimó el gozo. Y uso la palabra gozo no gratuitamente. En su primera acepción, la RAE la define como «sentimiento de complacencia en la posesión, recuerdo o esperanza de cosas o bienes apetecibles». ¿Qué bien más apetecible podría concebir Cruyff que el balón, y a qué sentimiento de mayor complacencia podría aspirar que a poseerlo? Es la de invitarnos al disfrute sin cargo de conciencia razón más que suficiente para tolerar toda adulación desproporcionada al referirnos a sus virtudes como ser humano, sobre todo por los que concebimos la felicidad como el arte de pasarlo bien sin estorbar y sin sentir culpabilidad por ello. Y también este motivo bastaría para que fuéramos indulgentes con los errores del gran propugnador del hedonismo balompédico. Porque, como hemos visto más recientemente, todo entrenador genial ha de apuntarse un Chigrinskiy en su carrera, y Cruyff, el más genial de todos, nos dejó unos cuantos Kornéyevs, en tiempo récord además: Jose Mari, Escaich, Eskurza, Quique Estebaranz… Fue además quien se llevó por delante con su actitud despótica al futbolista que, junto con Guardiola, mejor representaba la ternura futbolística que el holandés había implantado: Michael Laudrup, que, para más inri, acabó jugando en el Real Madrid. Y, seguramente, también una mala gestión deportiva y personal por parte del Flaco influyó para que Iván de la Peña, predestinado a ser uno de los mejores jugadores del mundo, acabara desparramando su talento por hábitats futbolísticos inadecuados.

Merece también que hagamos la vista gorda ante el recuerdo de su nepotismo y que olvidemos que su hijo Jordi y, sobre todo, su yerno Angoy (que acabó dejando el fútbol por el fútbol americano) seguramente no alcanzaban el nivel para jugar en el primer equipo del Barcelona, y que su inclusión con calzador en aquella plantilla implicó que se les cerrasen las puertas a otros que podrían haberlo merecido más. Llegó a circular la teoría, algo descabellada, de que al primer equipo no subían los mejores jugadores porque esta era una forma de que Jordi, entre ese grupo de canteranos, no desentonase. Y es que, efectivamente, Cruyff pareció mostrar predilección por futbolistas del filial como Roger, Arpón, Juan Carlos Moreno o Quique Martín, todos buenos jugadores pero que a la larga pasarían sin demasiado protagonismo por la liga española, y que gozaron de minutos antes que otros que desplegaban un fútbol más llamativo en el anejo del Miniestadi.

Johann Cryuff, 1989. Fotografía: Getty.

Cruyff fue el Copérnico que nos enseñó que el balón es el centro del universo futbolístico y todos los demás actores giran en torno a él. Afortunadamente, una copa del rey, tras una nefasta primera temporada, lo salvó de la pira a la que parecían estar condenados en nuestro fútbol los innovadores que propugnaban el buen gusto como camino innegociable hacia la victoria. Sin ese gol de Alexanko quién sabe qué sería hoy del fútbol español. La consecución del menor de los tres títulos principales, escaso logro, permitió a posteriori que las ideas de un supuesto vendehúmos que se aprovechaba de su condición de ser uno de los cuatro mejores jugadores de la historia alcanzaran el reconocimiento merecido y adquiriesen con el paso del tiempo consistencia y reputación. Sin ese título es probable que el baloncentrismo se hubiera ido al traste y que siguiéramos en búsqueda de «tíos con cojones, que se dejasen de mariconadas», que dieran de una vez por todas un título a la selección, porque la influencia de su «teoría» sobrepasó con creces las puertas de Can Barça. Sin ese gol que evitó que arrojaran a Cruyff a la hoguera, probablemente aquel muchacho enclenque de Santpedor que fue salvando por los pelos la criba que cada final de temporada se hacía en las categorías inferiores del Barcelona hubiera pasado desapercibido, y finalmente se le hubiera defenestrado por no reunir la complexión hercúlea que se le debía suponer a un futbolista que ocupa una posición de capital importancia en un terreno de juego; no, no es descabellado pensar que Pep Guardiola hubiera acabado recorriendo durante los fines de semana campos de segunda B o tercera división hasta que, aburrido y con problemas de cervicales de tanto mirar hacia arriba para vislumbrar un esférico maltratado, quizás hubiera abandonado una insignificante carrera futbolística con veinticuatro o veinticinco años. Guardiola fue como el «En un lugar de la Mancha», el texto inicial que todo artista necesita para arrancar una gran obra que tiene en la cabeza (Luis Milla fue el boceto) pero a la que no sabe cómo dar salida.

Johan institucionalizó, a través de Guardiola, la figura del 4 como cerebro puro, no sometido al músculo; para el que ocupara esa demarcación un físico corpulento sería un extra, nunca mal recibido, pero no imprescindible: pensar era la condición sine qua non. Y cuando esta primera temeridad no solo se normalizó, sino que se asumió como elemento fundamental en la estructura del Barcelona, todas las miradas de los que conocían las categorías inferiores se posaron en Xavi Hernández, un chico de doce años, que jugaba como nunca he visto jugar a nadie a esa edad. No porque no los haya visto tan buenos como él, sino porque lo hacía como ejecutando la partitura que Cruyff componía para sus futbolistas adultos. No quitemos méritos a Van Gaal, que fue quien hizo debutar al cerebro de Tarrasa, pero esta criatura no fue ni más ni menos que la encarnación, en una pequeña anatomía de 1,70 m, del pensamiento cruyffista.

La total sumisión de la fuerza al talento en el centro del campo fue una de las primeras desinhibiciones, pero había otras que rozaban la temeridad; la implantación en España del «arte por el arte» futbolístico condujo a la defensa de tres, que, si ya de por sí sonaba a locura en un momento en el que peligrosamente se iban imponiendo las retaguardias constituidas por cinco tiarrones («carrileros» era una eufemismo para los dos laterales), tenía toda la pinta de ser un auténtico suicidio si veíamos las características de las líneas traseras que más de una vez Cruyff armaba, o desarmaba, con tipos como Eusebio, de enorme calidad técnica pero que aparentemente no robarían un balón ni con pistola y saldrían muy perjudicados en cualquier cuerpo a cuerpo. La obsesión por el dominio de la pelota llevó a Cruyff a la mayor de sus excentricidades: Busquets. Hubiera optado el técnico holandés por colocar como portero a un manco que supiera dar un pase de tres metros con el interior del pie sin caerse antes que seguir manteniendo al mítico Zubizarreta, una verdadera nulidad con las piernas, y que ya tampoco en su última etapa culé fue un prodigio con las manos. Pero Busquets era demasiada broma para una portería como la del Camp Nou. Seguramente, más que un guardameta, fue un lema: aquí la pelota la maneja hasta el que limpia, aunque limpie mal. Busquets no era un genio con las manos y se defendía con los pies, pero su verdadera contribución, impagable, al FC Barcelona y al fútbol español, la hizo con su esperma, del que salió una verdadera genialidad en forma de mediocentro larguirucho.

Pedro Henríquez Ureña afirmó que «de cualquier poema escrito en español se puede decir con precisión si se escribió antes o después de Rubén Darío». Seguro que con el tiempo se podrá decir algo parecido de los jugadores de fútbol respecto a Cruyff, no tanto por su forma de jugar como por su manera de disfrutar jugando, por esa expresión inequívoca del que goza sin remordimientos. No hay mayor victoria que esa.

Después de su muerte, nos vemos obligados a seguir dando gracias a este hombre que no vino a otra cosa que a promulgar que fuéramos felices sin cargo de conciencia. Y le damos las gracias por todo: por sus Kornéyevs, por su hijo Jordi, por su defensa de tres, por el rondo, por el baloncentrismo, por Guardiola, incluso por alinear a Julio Salinas de extremo, por Xavi y hasta por el esperma de Busquets.


Esteban Granero: “Los jóvenes prefieren Twitter o la Play, yo soy más de leer un libro”

Un futbolista del Real Madrid de las Galaxias que estudia Psicología. Tendríamos que echar la memoria atrás sin pensar mucho, como salvas de artillería, para imaginar que lo más parecido sería una mezcla entre Pardeza, que era filólogo, y Butragueño, que hacía yoga, algo que le sirvió por lo menos para tener la mejor elasticidad de la plantilla cuando quedaba último en todos los test de forma física. Pero este no es el caso de Granero. Alto, de espalda ancha, Esteban es fuerte, potente, sutil en la asistencia y contundente en el disparo. Un caramelito de la cantera, bien parecido, como le gustan a su presidente los jugadores de cara a la imagen comercial del club, que afronta su cuarta temporada sin haberse consolidado definitivamente en el once titular pero sin que a nadie se le ocurra tampoco prescindir de él.

No obstante, su entrenador, José Mourinho, es capaz de abrir la caja fuerte del Banco de Inglaterra o con el láser más vanguardista o con un sacacorchos oxidado. Le da igual. Su fórmula de la Coca-cola es tirar de jugadores con alma. Y es ahí donde Granero, desde que era pequeño en el Real Madrid, tiene una nota al margen que dice: muy apto.

Nos cita en la Biblioteca Nacional. Vil estratagema para poder visitarla hasta la cocina. No había podido hacerlo la última vez que vino. Cuando nuestro cicerone se sonríe porque es la primera vez en la que un futbolista se interesa por este lugar, Granero no le cede un palmo de terreno: “¿Y bomberos, vienen muchos?” No está cómodo en el estereotipo de tarugo en calzoncillos millonario pateando sobre césped tripa de vaca cosida. Pero menos aún en el rollito filosófico cultureta que no escasea precisamente tampoco en este deporte. Este chico transmite la sensación de que, para bien o para mal, sólo confía en lo que diga su propia mente.

Contesta a las preguntas de Jot Down concentrado. Desprecia la incomodidad del silencio en una entrevista. Medita mucho, calibra lo que dice. Es preciso en el lenguaje. No torea. No hay ambages. Nos lo compramos, parece honesto. Así fue el encuentro:

Uno de los primeros psicólogos que aparecen en la Historia del fútbol, si no el primero, es el que se llevó Brasil al mundial de Suecia 58. Este doctor, tras la preparación, hizo un informe en el que aconsejaba prescindir de Garrincha, quien a la postre fue decisivo en el campeonato que se llevó su país.

Lo desconocía. Seguramente al ser el primero querría empezar teniendo el protagonismo. Típico golpe de efecto que todos los que somos nuevos en una materia queremos dar para significarnos. Menos mal que no le hicieron caso. Pero creo que han pasado más de cincuenta años y ha cambiado mucho la cosa. Ha habido muchos psicólogos que han dado consejos buenos y más que buenos.

Los psicólogos que trajo Benito Floro al Real Madrid fueron muy polémicos. El primero, Emilio Cidad, le planteó a los jugadores ejercicios como imaginar comerse una fruta —que fue portada del Marca con Butragueño tragándose un limón imaginario— y pasará a la historia por haberle hecho a la plantilla recitar poesía con los pantalones bajados.

Lo de la fruta lo conozco. Son terapias que parece que no se adecúan al perfil del futbolista, pero seguramente tenían su fundamento. De hecho lo tienen. Lo de recitar poesía con los pantalones bajados es una forma de acercar a las personas. Ridiculizarte, entre comillas, delante de tus compañeros te hace más humano, más cercano. Muchas veces en el vestuario de un equipo de fútbol existe cierto distanciamiento entre los jugadores, y más en un equipo como el Madrid, en el que cada uno viene de una zona del mundo y cada uno tiene unas ambiciones muy grandes. Ese distanciamiento es malo para el equipo. Una terapia de acercarte a tu compañero haciendo el ridículo es importante. Que funcionara o no, pues no lo sé, no tengo la información. Desde luego los futbolistas somos a veces muy reservados para este tipo de cosas o demasiado prepotentes, en el buen sentido de la palabra, y nos cuesta abrir los brazos a otras nuevas.

En aquella plantilla, Prosinecki dijo que él no hablaba con un psicólogo, que estaba lesionado pero no loco. Mientras que Míchel venía de haber estado viendo a uno a escondidas en los ochenta, Rosa Guisasola, la de la Federación de Atletismo.

¡Eso Míchel no me lo ha contado! Creemos que el fútbol es un deporte que tiene poco recorrido de mejora, sobre todo en los métodos de entrenamiento y demás, cuando en el terreno psicológico tiene más de lo que pensamos.

Más tarde, Iván Campo sufrió crisis de ansiedad cuando fichó por el Real Madrid. Y en otros clubes, ha trascendido que Gerard, a su regreso al Barça, se moría de miedo por no dar el nivel que tuvo en el Valencia, que Julen Lopetegui entró en crisis también de azulgrana; Valerón en el Atlético de Madrid tuvo una depresión terrorífica, como el portero Toni; Guerrero durante sus últimos años en el Athletic estaba completamente estresado, o Giner, en el Valencia, que se sentía obsesivamente culpable por todos los goles que le metían a su equipo… por no hablar de los entrenadores, con Luis Aragonés a la cabeza, que tuvo que abandonar tres equipos por ansiedad fóbica, o Cruyff y sus problemas de miocardio… el idolotrado Sacchi no pudo nunca con la presión de no igualar los éxitos de su revolucionario sistema con el Milan….

Esos jugadores que has nombrado pasaron por situaciones de estrés que son muy habituales. El 95% de los futbolistas de alto nivel tienen esos problemas. Yo los he tenido muchas veces. Es natural, este es un deporte con mucha exigencia. Te exigen por todas partes. Además a los futbolistas también se les señala como iconos, como responsables de la educación de los niños. Y todo esto teniendo que rendir en el campo donde se nos permiten pocos fallos porque estamos a un nivel muy alto. Esta atmósfera crea una situación de estrés que en algunos casos estalla y en otros casos estalla un poco menos, pero todos tenemos esos problemas. Es muy raro que alguien no haya pasado por eso. No sólo por casos similares a los que citas, incluso se pueden padecer todos a la vez. Hay jugadores que han podido lidiar mejor con ello y otros que al final la situación ha terminado yendo muy lejos y su problema sale a la luz.

Rosana Llames, psicóloga del Sporting de Gijón a principios de los noventa, dijo que era fundamental para su responsabilidad saber de fútbol.

Desde luego, igual que un militar, por muy buen estratega que sea no puede ser un buen entrenador, pues lo mismo, [¡Un recuerdo al fallecido Valeri Lobanovsky, coronel del Ejército Rojo y entrenador del Dinamo de Kiev!; Nota del Redactor] es algo parecido. Las diferencias entre los problemas psicológicos que atraviesa una persona en su vida con los que atraviesa un futbolista, en cuanto a intensidad y precisión, tienen poco que ver. Por eso, el psicólogo cuanto más sepa de fútbol, mejor. Si ha sido futbolista o ha practicado un deporte de equipo como el baloncesto también puede funcionar. Son problemas que le resultarán familiares y los podrá identificar mejor.

En el Madrid ahora no tenéis psicólogo, pero en las categorías inferiores sí.

Hasta hace tres sí que había, pero no estoy seguro de que sigan. Yo estuve con Chema Buceta y José Beirán, dos buenos psicólogos. Dábamos charlas cuatro o cinco veces al año. Charlas grupales y alguna charla personalizada según ellos vieran las necesidades de cada jugador. Luego hacían un seguimiento estadístico de los factores psicológicos de los jugadores mediante tests. Sobre todo medían la motivación, el cansancio mental, reacciones en situaciones de estrés, que cuando eres joven en la cantera muchas veces te ves excesivamente exigido por el equipo, pero también por la familia, por el ambiente, por los amigos. Estar cerca de un objetivo importante causa demasiado estrés y ellos lo tenían controlado. Como las reacciones en situaciones adversas, tanto como en los momentos positivos. Identificaban cómo sabíamos analizar una situación y cómo resolverla. Nos ayudaban a discernir bien, en definitiva.

Muchos medios hicieron mofa del uso de psicólogos en el fútbol, pero la selección que fue a la olimpiada de 1992 llevó uno, José Lorenzo González (Del Sporting y Atlético de Madrid, entre otros deportes de elite), y luego Luis Aragonés también apostó por esta figura cuando fue seleccionador (sólo en el Mundial de Alemania). Ambos terminaron siendo equipos campeones.

No creo que tenga tanto que ver. También habrá que contar con el equipo que había. El psicólogo es importante para un equipo, pero hay que saber utilizarlo. Hay que saber escogerlo. Para mí sí es importante. Hay un recorrido de mejora ahí que no se trabaja demasiado, o no se trabaja prácticamente nada. E igual que se mejoran la técnica o la táctica, la faceta psicológica creo que también se puede entrenar y mejorar. Y todo el mundo está de acuerdo en que ésta es un factor determinante en el rendimiento de un equipo y de un futbolista. Creo que es importante, pero no creo que ganasen porque llevasen un psicólogo.

Posteriormente, en el Madrid, el preparador físico Walter di Salvo trajo de Massachusetts una máquina para entrenar la mente, el llamado “Módulo de entrenamiento mental del Real Madrid Tec”. ¿Sigue por ahí?

Sí, la he probado. Ya no está en funcionamiento. La probé sólo por curiosidad. No sé hasta qué punto puede funcionar. Era una máquina de subir o bajar tu activación mental a través de sonidos e imágenes en una pantalla, se incrementaba o se relajaba.

Sin embargo, hay futbolistas, auténticas estrellas, que están como unas maracas. ¿En este caso podríamos hablar de que la locura o una personalidad excesiva, incluso desequilibrada, puede favorecer la práctica del balompié?

Sí, seguro. Ese tipo de futbolista no creo que pueda ser de otra forma. Es decir, no existe Balotelli en versión niño bueno. Esa posibilidad no existe. Hay un carácter que se aprende; él, con 25 años, poco puede cambiar. Además, hay un temperamento que viene en los genes. No digo que estar así, o ser así, le haga mejor futbolista, pero tampoco el hecho de no ser así le va a convertir en mejor. No podemos pensar en Mágico González acostándose a las diez de la noche, levantándose, desayunando y yendo al partido. Esa persona no existe. Tenemos que disfrutar del que era tal y como era: un fenómeno. Igual que George Best Maradona… ¿Tendrían que haberse cuidado más? ¿Por qué? Disfruta de lo que ves, de lo que tienes delante, y ya está.

Mijatovic dijo de ti que no podías aguantar la presión psicológica de estar en el primer equipo.

Ya, se han dicho tantas cosas que… Pero es curioso porque él firmó mi contrato con el primer equipo. No sé si es algo que Pedja pensó luego, pero yo ahí sigo. Y cada vez mejor, la verdad. Y ese problema no creo que sea mío. Al revés, creo que es uno de mis puntos fuertes: llevar bien la presión y superar esa situación de un canterano, que sabe que cada año van a venir los mejores jugadores del mundo a pelear por su puesto y tiene que hacerse un hueco en el equipo. Llevo tres años aquí, ahora empiezo el cuarto y quiero estar… ¡todos! Creo que hasta ahora he dado un buen rendimiento con el club y creo que puedo dar mucho más. La presión no es un problema para mí.

¿Cómo llevas la licenciatura de Psicología?

Voy poco a poco, sin prisa y disfrutando. Mi primer año en la Complutense fue muy bueno, pero por temas de horarios y según crecía mi carrera futbolística, tuve que cambiar a una universidad privada. En fechas de exámenes y temas así me es más cómodo, pero tengo buen recuerdo de la Complutense. Mi primer año allí hice un montón de asignaturas e hice muchos amigos, fue un año bueno.

Como ‘casi psicólogo’, ¿ves muchos cocos dignos de estudio a tu alrededor?

Creo que el fútbol es toda una escuela. El Real Madrid es una escuela mucho más importante que cualquier universidad de Psicología a la hora de dar consejos psicológicos en el ámbito futbolístico. Yo he recibido consejos que me han ayudado mucho de muchos compañeros. De Casillas, de Raúl, de Guti, que son gente que ha estado muchos años ahí. Han tenido que lidiar con muchos más problemas que cualquiera de los que acaban de licenciarse en Psicología. Me fijo mucho en ellos. Ahora sobre todo en Xabi, en cómo resuelve las dificultades. Le admiro mucho en ese sentido. También admiro a Cristiano Ronaldo por la ambición que tiene, cómo se comporta cuando está en la cima de la montaña y parece que no puede subir más, cómo busca otro paso más hacia arriba.

¿Cristiano se baja de la montaña cuando está fuera del campo?

Él está en la montaña porque es un jugador que vive en la cima. Tiene esa exigencia. Es tan bueno y tan determinante que está ahí y es su sitio. Es una persona cariñosa, comprensiva, amigo de sus amigos y compañero de sus compañeros. La imagen que se tiene fuera lamentablemente no se corresponde con la realidad. Sobre todo porque las envidias tienden a desprestigiar a un futbolista cuando está muy arriba. Pero él no se tiene que bajar de la montaña. Está ahí por méritos propios. Y que siga. Desde ahí arriba se puede ser un buen tío y se puede ser humilde. Y la humildad no es sólo agachar la cabeza. Él es bueno y lo sabe, por eso lo dice, la humildad la demuestra cuando sabiendo que es tan bueno quiere más, eso te lo da en cada entrenamiento, en cada partido. Nunca se conforma, eso también es humildad. Cuando dicen que Cristiano no es humilde, me río. Es de los tíos más humildes que conozco.

He echado un vistazo al timeline de los jugadores de la selección olímpica española. En su Twitter uno puede encontrar lo que hacen cada minuto, quiénes son sus parejas, qué hacen con ellas, cuándo… queda claro que también están enganchados a la Play. ¿Qué opinas de este fenómeno contemporáneo?

Esto no le pasa sólo a los futbolistas, aunque igual el futbolista sí que tiene más tiempo libre y también al ser personas públicas se ve más lo que hacen, pero no es algo exclusivo de futbolistas. A mí personalmente no me atrae, no significa mucho para mí. Entiendo que la gente que pasa su tiempo en eso le llene, que los jóvenes prefieran publicar cada minuto de su vida en Twitter, o jugar a la Play, pero yo soy más de leer un libro. Las redes sociales son algo tan nuevo, ha llegado de forma tan explosiva, que es normal que esté acaparando un montón de tiempo sobre todo a la gente joven.

Tú empezaste fuerte en Twitter pero luego te desinflaste.

He ido seleccionando un poco más. Tuve un par de malas interpretaciones que me obligaron a pensar un poco más lo que escribía. También he crecido y hay cosas que las disfruto más guardándomelas para mí que compartiéndolas. Pero como todo, son gustos. Yo tengo el mío, cada uno tiene el suyo. No me creo mejor que nadie.

Twitter tiene su importancia. Por ejemplo, se puso en duda una crónica de Diego Torres en El País que te situaba en el vestuario del Bernabéu aguantando gritos de Mourinho. Que si eras su amigo y le habías traicionado, porque tuiteaste ese día que estabas en casa sancionado… (Granero tuiteó ese sábado 16 de abril de 2011 que estaba en su casa, pero horas antes del partido; Nota del redactor)

Sí, dentro de un vestuario, y menos en el vestuario del Real Madrid, no nos gusta que alguien hable como si estuviera dentro cuando no lo está. Primero porque hoy en día la información tiene mucho poder y lo que una persona lee en el periódico es “la verdad”. Por mucho que acabes desmintiéndola, termina siendo “la verdad”. Y muchas veces ese poder que tienen los medios de comunicación no tiene ningún control. Estamos un poco indefensos ante la posibilidad de que alguien pueda escribir algo que no sea verdad y pueda perjudicar a un grupo como el nuestro, con unos objetivos importantes, y no nos podemos permitir esa clase de problemas. Por eso, a veces también nos tenemos que proteger de alguna forma. En ese caso era cierto que yo tenía tarjeta y estaba sancionado, aunque no creo que esa sea la forma correcta de defenderse, a través de una red social. También fuimos una vez a cenar un grupo de compañeros y un periódico decía que habían ido los españoles, todos menos yo. Que a mí no me habían invitado porque como era amigo del entrenador ya no formaba parte del grupo. Imagínate, al día siguiente salió una foto en la que estábamos todos. Al tener que llenar tantos periódicos todos los días muchas veces tienen que crear historias y a veces esas historias perjudican. Que estamos acostumbrados, sí, pero no nos gusta.

¿Cómo fue tu relación con el anterior entrenador, con Pellegrini?

Fue un hombre que confió en mí. Un hombre cercano, un buen entrenador de fútbol. Yo venía del Getafe, el Real Madrid tenía seis estrellas en mi posición, y le pregunté si iba a ser tratado con las mismas oportunidades que todos o si tenía algún tipo de reticencia. Me dijo que no, que éramos todos iguales y que iba a contar con el que mejor estuviera. Ese año jugué treinta y muchos partidos y era mi primer año, así que en ese sentido cumplió su palabra y tengo un buen recuerdo.

Luego has tenido a lo largo de tu carrera entrenadores que parecen diametralmente opuestos, como Laudrup y Mourinho.

No son tan opuestos. Tienen patrones distintos de trabajo. Es verdad que tienen una trayectoria distinta y una experiencia muy distinta. Pero tenían similitudes. Michael era un tío muy ambicioso. En ese sentido muy parecido a nuestro entrenador. Y aunque Laudrup no lo aparentaba tanto, era un tío muy perfeccionista, igual que Mourinho. Pero claro, no se pueden comparar, uno es el mejor entrenador del mundo y el otro acaba de empezar. Los hay más opuestos.

El Madrid ha hecho fichajes de aparente relumbrón que luego se han pasado la temporada sin jugar. ¿Esto desmoraliza a los canteranos?

Cuando haces un fichaje lo haces convencido. Los canteranos madridistas de verdad quieren que al Real Madrid vengan los buenos. Yo prefiero que el equipo se refuerce aunque eso signifique más competencia para mí. Cuando era aficionado quería que el Real Madrid fichara a los buenos y que jugase el mejor. Prefiero que vengan y pelear con ellos. Si lo que traigan me sirve a mí para mejorar como futbolista, o para aprender de ellos, o que el hecho de superarles sea un aliciente para mí, mejor. Además, el club tiene muy buen criterio y lleva dos años haciendo fichajes muy acertados. Cuantos más jugadores buenos vengan, mejor. Nietzsche decía que los enemigos son los que hacen que mejores, que debes tenerles cariño. Cuando llega un jugador bueno en tu posición es un aliciente.

Qué sentimiento cunde en la cantera, ¿se cree que se confía en ellos?

Se confía en el que se lo merece. En ese sentido nuestro entrenador es justo. Ha dado muchas oportunidades. El año pasado han debutado muchos jugadores con él. En la mayoría de entrenamientos hay gente del Castilla y eso son oportunidades que ya habría querido yo tenerlas en mis tiempos jóvenes. Claro que se confía, pero esto es el Real Madrid y no puedes darle la responsabilidad a alguien que no está preparado. Por su propio bien. No se puede decir a la ligera eso de canteranos sí porque sí.

Qué opinas de esa teoría de que Xavi Hernández gozó en el Barça de oportunidades que se le hubieran negado de no estar su club durante aquellos años tan importantes para su desarrollo en una crisis económica.

No estoy de acuerdo. Eso son cábalas. A lo mejor si el Barça hubiese fichado a otro futbolista, Xavi hubiese jugado en otro equipo donde hubiese explotado, o a lo mejor no hubiese explotado por otra razón. No puedes decir qué hubiera pasado si hubiésemos tomado otro camino. Eso nunca se sabe. A lo mejor Xavi en otro equipo hubiese sido incluso mejor jugador. Es difícil de saber. Creo que Xavi era un jugador con un gran potencial y se encontró con la plataforma ideal para desarrollarlo, convirtiéndose en un futbolista muy bueno.

Un compañero tuyo en el filial, Javi García, se encontró con Emerson y con Diarra, luego con Van der Vaart, Gago, Lass… ahora le va bien en el Benfica. ¿Hablas con él?

No hablamos mucho (sonríe). Hemos sido compañeros varios años. En la cantera, compañeros y rivales, porque éramos de posición parecida con los mismos objetivos. Y aunque éramos compañeros teníamos, por ascender a la vez, una cierta rivalidad. Siempre me alegraré de que le vaya bien y creo que es así. Además, es muy ambicioso. Al final a las personas con las que has peleado, entre comillas, es a las que guardo cariño.

Los responsables de la cantera del Madrid decían que tú, desde crío, te diferenciabas de tus compañeros por tu obsesión por jugar en el primer equipo. A la hora de regresar al Madrid ¿te planteaste recalar en un club donde hubieras podido tener la titularidad más firme o asequible?

Para mí el éxito es el Real Madrid. Este equipo significa éxito, no se puede tener más en ningún sitio. ¿En otro equipo hubiera podido desarrollar más? ¿En qué otro equipo, dónde me pongo el límite? ¿Hasta dónde tengo que bajar para pensar que un equipo es mi tope? No lo sé, no sé si en un equipo de segundo nivel, en uno de segunda división o en uno de segunda B o en uno de tercera. ¿Hasta dónde llego? ¿Si no es el Madrid y es el Valencia a lo mejor ya me encaja más? ¿Si es un equipo de la mitad de tabla, si es un equipo que lucha por permanecer en primera? No sabría ponerme un techo que no fuera el más alto. No sería justo conmigo mismo y no sería justo con haber estado toda mi vida desde que era muy pequeño entrenando y dedicándome al fútbol, que era mi mayor pasión. Si tuviera una oportunidad de jugar en el sitio más alto, por muy difícil que fuera, y renunciar a eso por tener más oportunidades, no. Claro que quiero las oportunidades, pero en el Real Madrid, que es el mejor sitio. Y pudiendo, teniendo esa posibilidad, optar por otra es una locura. Y más si llevas toda tu vida entrenándote y soñando con ser futbolista de alto nivel. Si cuando tienes la oportunidad te da miedo y coges algo más seguro, entre comillas, has perdido el tiempo.

¿Crees que hay otros canteranos a los que sí que les ha ido mejor fuera del Madrid?

No te sé decir casos, cada futbolista toma sus decisiones. Has dicho antes que yo tenía más obsesión que cualquiera de mis compañeros de las categorías inferiores por jugar en el primer equipo del Real Madrid. Puede ser. Pero siempre lo he visto tan lejos que he remado con todas las fuerzas. Si lo hubiera visto cerca, a lo mejor habría calibrado más mis esfuerzos. Pero para mí siempre ha estado tan lejos, siempre ha sido tan complicado, tan onírico estar en este club, que no me podía permitir dejar de hacer un mínimo esfuerzo por ir en esa dirección. No soy un sabio, pero una de las razones por las que he llegado es por pensar que era imposible llegar. Como lo veía imposible, iba a tope. Si no lo hubiera visto así, igual hubiera perdido la oportunidad.

¿Conociste el Bernabéu cuando tenía grada de pie?

Sí, iba con los compañeros del filial.

Aquello era una locura, de gritos, de saltos; había botellas de vino, bocadillos volando por los aires, era demencial. Ahora está todo el mundo sentado, lleno de turistas japoneses. ¿Crees que es mucho más frío?

Ha cambiado el mundo, no ha cambiado el Bernabéu. Antes al Real Madrid iba a verlo la gente de Madrid, los madridistas. Ahora el Madrid, gracias a nuestro presidente, que se ha esforzado mucho en ello, es el club más universal que hay. Tiene repercusión en todo el mundo, lo conocen en todo el planeta. Las comunicaciones, los medios, han cambiado, y el Madrid se expande por todo el globo. Entonces el Bernabéu ya no es el mismo, pero también porque el Real Madrid ya no es el mismo de los años 70 y 80, no tiene nada que ver con el del siglo XXI, que está adaptado a la globalización. Para nosotros no es lo mismo que en el estadio esté la gente que está ahora que la gente que estaba antes. Lo entendemos. Pero también sabemos que depende de nosotros que se muevan más o menos. Y también sabemos que en los partidos importantes el Bernabéu siempre nos ha ayudado. El año pasado hubo tardes muy importantes para nosotros y la grada ha estado ahí como en los mejores días que recuerdo. Lo que pasa es que no podemos pretender que el Real Madrid crezca, a la velocidad que está creciendo y la dimensión que está tomando, y no surjan ese tipo de cambios que son naturales. Yo prefiero que haya japoneses y que en Japón la gente sea del Madrid. He estado en Japón este verano y está lleno de madridistas y de gente con la camiseta del Madrid. Normal entonces que haya japoneses en el estadio…

Bueno, no es una cuestión étnica o xenófoba con los japoneses, es que hay quien se queja concretamente de que el público no anima como antes. A la afición la han bautizado como “piperos” (C) Fans del Madrid.

Es normal que se cansen de celebrar goles. Hemos marcado ciento y pico este año. Hemos hecho una temporada increíble y yo creo que se lo han pasado de miedo. Ya me gustaría a mí ser un aficionado del Madrid e ir ahora todos los días a disfrutarlo. Con jugadores de un nivel de otro planeta, con números brutales. Hemos hecho partidos muy grandes. No les ha dado tiempo a comer muchas pipas (risas).

La prensa dijo que Mourinho había conseguido que estuvierais con él a muerte, hasta que tú protestaras constantemente al linier en la final de la Copa del Rey del año pasado.

No soy protestón. No me gusta meterme con el linier. El pobre está de espaldas y es un poco cobarde darle caña, está haciendo su trabajo. Pero Mou, por su parte, sí que consigue que estemos con él a muerte. Es una de sus virtudes y lo consigue por medio de la honestidad. Y esa es la diferencia. Es un entrenador que ha ganado todo, que quiere seguir ganando, tiene una ambición que se contagia. Te hace estar al 100% constantemente todos los días del año. Y eso el futbolista ambicioso lo agradece.

En cualquier caso, al Barcelona de los últimos años no se le pueden añadir muchos elogios, ha sido un equipo increíble y lo ha ganado todo. ¿Cómo ha digerido este hueso el madridismo?

No creo que haya que digerirlo. No creo que el madridismo y la cultura madridista se tenga que limitar a ver los éxitos del Barcelona para luego digerirlos. Nosotros estamos acostumbrados a ser el número uno, que es el lugar que nos corresponde, y tanto los aficionados como los futbolistas no queremos digerir nada. Lo dejamos ahí y peleamos por volver a nuestro lugar, el que hemos vuelto a conquistar el año pasado. El nivel de los últimos tres años de ellos ha sido muy alto, la verdad, pero eso da más mérito a lo que hemos conseguido nosotros. Ahora tenemos un reto importante que es mantenernos ahí y volver a recuperar la hegemonía. Todo el mundo habla del mejor equipo de la historia y otro equipo le ha ganado por nueve puntos cuando no paran de hablar maravillas de ellos ¡Pues nosotros hemos estado muy por encima en esta Liga! ¡Y hemos ganado en su estadio! Hay que entender que el Madrid no es un equipo que se conforme, que se limite a digerir lo que ve; se rebela y que quiere volver al lugar que yo creo que le pertenece.

En un sueño húmedo, imagina, ¿crees que te iría mejor el juego del Barça por tus características?

¡No!, ¡no!, ¡no! ¡Me da exactamente igual cómo jueguen! Como madridista no podría jugar en el Barcelona jamás, ni en las mejores condiciones ni por todo el oro del mundo. No podría por principios. Sería incapaz.

Tras ganar esta liga apareció en Twitter, y destacada en algunos medios, una foto tuya besando a Ramos; también otra en la que tenías el torso desnudo en el vestuario. Esa hoy inevitable imagen extrafutbolística más, digamos, pop, ¿cómo la llevas?

Me niego a adoptar ese papel. Me niego. Soy futbolista, ¿vale? Los futbolistas nos dedicamos a jugar al fútbol y mi trabajo es jugar al fútbol y hacerlo bien. No se le puede exigir a los futbolistas que además de jugar bien se comporten de forma ejemplar pensando en… los niños. No creo que sea algo que tenga que ir inherente a tu profesión. La única diferencia clara que sí que veo es cuando juegas en el Madrid. Una vez que juegas en este equipo, si tienes este escudo en el pecho, tienes que ser un ejemplo. Como si llevaras la camiseta todo el día. Porque la gente no te ve a ti, ve a un futbolista del Real Madrid y el Real Madrid es una imagen que no se puede manchar. Yo me he criado aquí, me han enseñado unas cosas que creo que tengo que divulgar, ellos me han enseñado a jugar al fútbol, pero también me han enseñado muchas más cosas. Debo respeto a esta institución. Es una cuestión de dignidad. Pero no me gusta que se les exija a los personajes públicos, ya sea un cantante, ya sea un deportista, que den ejemplo los niños, que eduquen a los niños. No, a los niños les educan sus padres.

Has publicado una foto con muchos libros: Valle Inclán, Maupassant, Gil de Biedma, Bukowski, Carver, Kafka, Miguel Hernández… ¿Los has leído ya todos?

Los he leído todos. El de Valle Inclán, bien. Hay que hacerse al lenguaje, yo por lo menos. Algunas cosas hay que leerlas un par de veces. No estoy hecho a un lenguaje tan de otra época, tan literario, he tenido que usar el diccionario. Pero el esperpento está más presente casi ahora que antes. Creo que es una buena época para leérselo, tan complicada…

¿Cómo veis esta época los jugadores del Real Madrid?

La gente está enfadada y es normal. Estamos en una situación muy difícil. Con familias y personas que lo están pasando muy mal. Mientras, nosotros tenemos una situación privilegiada, no nos tenemos que avergonzar de ello, pero tenemos que ser responsables para conocer la realidad por lo menos y ser conscientes de lo que está ocurriendo.

¿El sindicato de futbolistas cómo anda?

Peleando por los futbolistas que lo necesitan. La gente piensa que el fútbol es fama y millones, pero hay muchísimos futbolistas que no cobran. Y el fútbol es un trabajo, la gente vive de ello y necesita un sindicato también para defender sus derechos igual que cualquier trabajador.

Volviendo a los libros que has leído este verano… Xabi Alonso nos contó que te tiene loco Kafka.

Lo dice porque me pilló en algún viaje con él. Sí, me gusta. Es diferente. Es de los escritores que te está contando una historia que parece que no te está llegando mucho hasta que paras de leer, te quedas tranquilo unos minutos y te das cuentas de que te ha cambiado el cuerpo. En ese sentido es como Carver, lees uno de sus cuentos, parece una historia normal y corriente y cuando la terminas te quedas con una sensación… Con La Metamorfosis también me quedé con angustia, no la sentía durante la lectura. Es un libro que se lee bien, que está escrito incluso con dulzura aunque hable de un bicho, pero después de acabarlo te queda una sensación de angustia importante. Y con Carver algo parecido, son situaciones cotidianas muy bien contadas y resulta que hay algo que no está en las letras. Bukowski, en cambio, es todo lo contrario. Es realismo puro y duro. Lo bueno es que te lo crees tanto que es así y ha sido así. Su personaje, su alter ego, Henry Chinaski, es real. Te puedes identificar con él veinticuatro horas aunque sea un supuesto perdedor. Incluso llegas a admirarle. Y esa es la parte positiva de todo eso. Luego Gil de Biedma es mi poeta favorito. He hablado mucho de él con amigos, era un gran personaje, la verdad. Tiene cosas muy precisas, me gusta mucho. De Maupassant me he leído tres cuentitos y poco más. Lo que pasa es que me ocurrió una cosa. Estaba en el mercado de las Pulgas en Bogotá, que tiene muchos libros antiguos, encontré este de Maupassant que tiene el relato de Bola de Sebo, el que más me gustó, lo compré y lo guardo con cariño como recuerdo de allí. Por otro lado, de Miguel Hernández no te puedes creer que escribiera eso en la situación en la que lo escribía. Me cuesta meterme en su pellejo. Decir: cómo este tío, con lo que ha pasado, es capaz de expresarse así, de hablar de la forma que habla. Es admirable. Es algo más que admirable, por eso me gusta.

Tienes un gusto muy variado en comparación con Xabi, que reconoció estar entregado a la novela negra.

También me gusta la novela negra. Pero a mí lo que me gustan son los libros buenos. Tanto en la música como en los libros tengo especial predilección por los clásicos. Porque siempre pienso que los clásicos lo son por algo, y siempre pienso que eso es algo que tienes que leer. Y también me gusta leerme un best seller. No tengo el best seller tan estereotipado, para mí la mala fama que pueden tener en los ámbitos más culturetas y yo no estoy muy de acuerdo. A veces no los he leído enteros pero sí tres capítulos o así, o cuatro frases, y creo que suelen ser escritores con mucha calidad.

¿Tenéis tertulia literaria en el Real Madrid?

No, no mucha (risas). Estamos concentrados en el partido. Con Xabi sí hablo más de estas cosas, pero no se comentan demasiado, cosa que es normal.

Has visto cuatro veces Annie Hall.

Me gusta mucho. Tengo también el guión. Soy bastante fan de Woody Allen, la verdad. Me parece muy bueno, pero también me parece muy bueno que se haya inventado lo que hace. Hacerlo es difícil, pero inventárselo es más difícil todavía.

¿Más gustos cinematográficos?

El Padrino. Antes era más fan de Stanley Kubrick… (Piensa mucho) También me gusta aquella película que hizo Sofia Coppola, la de Lost In Traslation.

Sé que te gusta también leer a Haruki Murakami. ¿Has visto Tokio Blues?

Vi la peli, sí. No me parece mala, pero no está a la altura del libro, aunque también me esperaba menos de lo que luego vi. El libro lo leí muy joven y me impactó mucho. Creo que es un libro para leer con 18 años. Por lo menos a mi nivel. Son libros que tienes que leer haciéndote mayor, que te hacen un poco mayor. Como El guardián entre el centeno, Demian, los lees cuando te estás haciendo mayor y te dan un empujón hacia arriba.

Alonso también nos susurra lo de tus guitarras.

No es un gran vicio, pero me gusta tocar la guitarra. Ahora me obligo más porque tengo un amigo que me regaló una que significaba mucho para él y ahora lo significa para mí, por eso me obligo a tocarla de vez en cuando. Es como todo, cuesta, pero cuando funcionan las cosas me siento bien.

Lo que me llama la atención de la lista de músicos que has citado alguna vez que te gustan es que aparezcan Ryan Adams, Lucinda Williams, Wilco, Josh Rouse y, de repente, zas: Pereza.

Me gusta todo tipo de música. También escucho música clásica. De Brahms soy muy fan. Aunque la música electrónica todavía no me ha llegado o no la acabo de comprender muy bien. Me gusta la guitarra y la música americana, sí, y también me gusta mucho Pereza, desde pequeño. Les conocí y son dos tipos geniales. Con Leiva mantengo la amistad. Ahora está en solitario, tiene un talento brutal y es un buen amigo, me ha ayudado mucho con mil cosas. Le tengo muchísima admiración. Y Pereza tiene mucha inspiración americana. Estoy seguro de que Leiva también escucha Wilco y le gusta. También me gusta la música en directo. Aunque sólo sea un tío con una guitarra en un bar. También el jazz, no sólo la música sino el ambiente, que es muy literario… estoy a gusto ahí, la verdad.

Para terminar, te voy a hacer el Test Soylent Green. ¿Has visto la película?

No.

Es una película en la que el Gobierno hace galletitas con los ancianos para el resto de la población. Cuando estos van a morir, acuden a unos centros donde les ponen la música que les gusta, les dan la última comida, ven un vídeo agradable y así, plácidamente, dejan de respirar. Quiero que me digas qué comida, música e imágenes querrías si te vieras en esa situación.

¡Saldría corriendo! Me gusta demasiado vivir, huiría hasta que me ahorcaran. Pero si no tuviera escapatoria… me pondría a Quique González, una canción que no está editada todavía, estará el año que viene, él aún no tiene claro el nombre… pero no puedo decir de qué va… ¡Voy a cambiar de canción! Pondría Tan joven y tan viejo, de Sabina. Y en la pantalla, pediría un vídeo en Super 8 que tengo grabado de hace muchos años de mi madre con mi hermano de pequeño; mi madre tiene 23 años y mi hermano 2. Me gusta mucho. De última comida, un café.

Las galletitas Soylent Green ‘Granero’, pues, sabrían a café.

Fotografía: Guadalupe de la Vallina — Agradecimientos: Biblioteca Nacional


Santi Freixa: “Es una bendición que nos presten atención cada cuatro años”

Si tu primer apellido es Freixa, el segundo, Escudé y has nacido en Terrassa, tienes todos los números para jugar a hockey hierba, muchos para hacerlo bien y no pocos para competir en unos Juegos Olímpicos. Santi Freixa Escudé (Terrassa, 1983) no osó rebelarse contra su destino y hoy es digno depositario de la tradición familiar. Capitán del equipo olímpico español que dentro de pocos días luchará por una medalla en Londres, el Ministerio de Educación debería convalidarle la licenciatura de pedagogía por la santa paciencia y la pasión serena con la que hace proselitismo de este deporte de caballeros practicado por caballeros entre aquellos canallas que solo le prestamos atención de cuatro años en cuatro años. Y todavía nos da las gracias. Sin embargo, su pasión se convierte en atisbo de vergüenza y su paciencia se desvanece cuando se trata de hablar de sí mismo, a pesar de que la suya es una historia que, de tan perfecta, también merece ser contada. Y la de su proyecto solidario “Stick for India”, además, difundida y apoyada. Su máxima: compararse es limitarse. Y, créanme, esta debería ser también su divisa a partir de hoy, pues si se comparan con él muy probablemente salgan perdiendo. Si se cruzaran con él por la calle no lo reconocerían, pero cuando España desfile este viernes, fíjense bien: de los casi trescientos deportistas, a él será al único al que le sentará bien el uniforme.

En tu carnet de identidad pone Santiago pero todo el mundo te conoce como Gugu.

Sí. Había un anuncio cuando era pequeño de niños pequeños y jugando con mi padre siempre me iba gateando hacia la tele. Me gustaba mucho el anuncio. Yo golpeaba la tele y decía “gugu”. Mi padre para llamarme para que volviese al sofá me decía “gugu, ven aquí”. Y así empezó todo. La familia me llamaba Gugu, los amigos me llamaban Gugu, en el colegio, en el club… Y al final acabó siendo mi apodo y mucha gente ya solo me conoce como Gugu. 

y apellidándote Freixa Escudé sería un poco absurdo preguntarte cómo te aficionaste al hockey, ¿verdad? 

¡Totalmente absurdo! Es una cosa de familia, cultura y tradición. Y yo desde siempre jugué al hockey. Sí que lo combiné con algún año de básquet o fútbol en el colegio, pero mi base era el hockey, los amigos los he hecho en el hockey y, al final, acabó siendo hockey. 

¿Es cierta la anécdota de que con cinco años dibujaste la silueta de tu pie para que tus tíos te trajeran unas botas de hockey de Seúl cuando fueron allí a disputar los Juegos Olímpicos? 

Sí, sí, me acordaré siempre de mi madre dibujando la silueta del pie para evitar problemas de número. Claro, porque en Corea, ¿qué número te vas a encontrar? Entonces, para evitarlo, papel, silueta en el pie y ellos ya podrían encontrar unas zapatillas y escoger la pisada ideal. No recuerdo si me las trajeron, imagino que sí, pero sí recuerdo la anécdota. Aunque no sé dónde estarán ahora las botas. Tenemos recuerdos deportivos de la familia guardados, pero no esas botas y ahora seguro que serían historia [se ríe]. 

¿No te planteaste alguna vez practicar algún otro deporte en serio, como acto de rebeldía? 

No, jamás. Siempre tuve unos ejemplos en mi familia muy fuertes: mi hermano, mis primos, mis tíos, cuatro de los cuales fueron olímpicos, que hicieron que mi objetivo, mi reto, fuese seguir con el hockey. Y porque me lo pasaba genial. 

Teniendo en cuenta que tu abuelo fue uno de los fundadores del Atlètic Terrassa Hockey Club, ¿jugarías en algún otro equipo de la liga española? 

No, rotundamente no. No me cambiaría, todavía menos por dinero. Nunca puedes hablar de casos hipotéticos, pero en las circunstancias que yo he tenido, no, para nada. ¿Qué equipo aquí en España me puede ofrecer algo que sea más importante que lo que tengo en el Atlètic? La posibilidad de jugar con tus amigos al más alto nivel, una afición detrás que te sigue y el amarillo del Atlètic, que te pone. ¿Cuánto dinero te tienen que ofrecer para cambiar esto? No lo hay, no existe. Para mí, ¿eh? No he tenido nunca ni la tentación, ni, te lo digo en serio, la oportunidad. Ningún club me ha llamado nunca ni yo he tenido nunca la necesidad de probarlo. 

[En este punto el personal del Estadi nos interrumpe. No se puede grabar en las instalaciones, dicen. Son unos momentos de nervios, porque vamos con el tiempo justo ya que es el último día que Santi pasa aquí antes de volver a Holanda. Finalmente, con un poco de buena fe por parte de todos, podemos seguir con la entrevista] 

Encontré una lista —inacabada— con más de sesenta miembros de la familia Freixa que han practicado este deporte de forma competitiva. Y en una entrevista le leí a Pol Amat algo parecido de la suya. ¿Un partido Freixa contra Amat podría resumir la historia del hockey hierba en España? 

Seguro, pero no solo un partido Freixa vs. Amat, hay Malgosas, hay Escudés… Hay muchas familias que han sido las iniciadoras, y ahora mismo hay muchas generaciones, desde abuelos a nietos o incluso bisnietos que practican nuestro deporte. 

Pol Amat tiene una historia parecida a la tuya: jugó en el club fundado por su familia, el Egara, se fue a Ámsterdam, luego volvió. Os lleváis cinco años, ¿eres su sucesor? ¿Su némesis? 

Pol Amat es simplemente un compañero mío. Bueno, y un amigo. Y mi primo. Desde el año 2000 que entré en la selección llevamos compartiendo vestuario. Es un compañero de equipo excelente y yo disfruto de su juego al máximo. No existe ningún problema: es una leyenda viviente y no hay sucesores de Pol Amat. No existen. Pol Amat es único, como todos los demás, pero nadie va a conseguir lo que él ha conseguido. 

Yo soy muy futbolero y, ahora que no nos lee nadie, reconozco que el fútbol es un deporte bastante aburrido en el que apenas pasan cosas interesantes para el espectador medio. ¿Tú serías capaz de decir lo mismo del hockey hierba o para ti es un deporte atractivo y divertido de ver? 

El problema del hockey es que no hay tradición, y si no hay tradición la gente no lo conoce y no sabe las normas. Además la bola es pequeña, lo que es un gran hándicap. Por lo tanto yo puedo entender que si alguien no ve una final olímpica, que de por sí es emocionante aunque sea de parchís, le puede resultar aburrido. Para mí el hockey es un deporte apasionante, pero puedo entender que para quien no lo conoce pueda no serlo. 

Televisivamente el hockey no es un deporte muy atractivo mientras que otros deportes, por ejemplo el tenis, el ciclismo o la Fórmula 1, han conseguido tenernos enganchados horas y horas a la pantalla aunque ni nos guste ni entendamos ese deporte en concreto. 

En el hockey cada año se cambian normas para que sea más atractivo: se quitó el fuera de juego, se ha cambiado este año el color de la hierba, que toda la vida había sido verde y ahora es azul con las bandas fucsias, las bolas eran blancas y ahora son amarillas… Se están haciendo millones de cosas, pero el hockey es lo que es y la bola seguirá siendo pequeña y difícil de ver. Si no eres aficionado, que ya sabes hacia dónde va, reconozco que hay que hacer un esfuerzo visual muy grande. 

¿Crees que todos los que tienen responsabilidades están haciendo tanto como podrían para promocionarlo? Preparando esta entrevista intenté entrar repetidamente en la página web de la RFEH y estaba caída. 

La página web de la Federación en los últimos tiempos está funcionando de maravilla, quizá por eso ha caído, porque no estamos acostumbrados a tantas visitas [se ríe]. A nivel de promoción, el hockey tiene una magia: las familias y la tradición. Pero eso, para mí, también es un factor limitante, ya que nos hemos acostumbrado a ser siempre los mismos, y claro, ¿cómo creces? ¿Teniendo más hijos? Ahora mismo en España, con el monopolio del fútbol, la única manera de crecer es a nivel escolar, que al niño cuando vaya a una actividad extraescolar le den un palo de hockey y ahí empiece a jugar y pruebe si le gusta.  

¿El hockey sala puede ser vuestro futuro? 

El hockey sala puede ayudar, claro. Ahora hay dos proyectos, uno en Toledo y otro en Sant Andreu, que intentan promocionar el hockey hierba a través del hockey sala y sacar jugadores del hockey sala para el hockey hierba.  

Desde mi ignorancia, ¿por qué el stick es tan corto? Como espectador, sufro por vosotros y vuestras lumbares. 

Bueno, esto es un mito, porque hay una sola bola y veintidós jugadores. Muchas veces estás corriendo recto, no siempre vas con la bola. Además, la longitud del palo ha ido cambiando. Yo he jugado con un stick de 36,5 cm y ahora juego con uno de 38 cm. Lo he alargado porque es más cómodo, no te tienes que agachar tanto… Pero si se alarga demasiado la movilidad es más difícil y la gente sería menos técnica.  

¿No es peligroso? Viéndoos también sufro por vuestros dientes, vuestra entrepierna, por la cabeza del árbitro y las piernas de los rivales. 

Te olvidas que puedes dañar a alguien, es solo una herramienta, un accesorio necesario para jugar. No piensas en pegar a una persona. Nunca me ha pasado por la cabeza atizar a un rival con el palo, nunca. Aunque sí que es verdad que a veces jugando, con las pulsaciones al 100%, haces un tackle para robar la bola y puedes tocar al compañero o al contricante, pero jamás he pretendido hacerle daño a nadie con el stick. 

A veces da la sensación que, del mismo modo que en un partido de baloncesto parece que con ver los dos últimos minutos ya los has visto todo, viendo los lanzamientos de penalti córner ya hayas visto todo lo imprescindible de un partido de hockey. Sospecho que no es cierto, pero los resúmenes de los noticiarios han contribuido a ello. 

Eso es cierto. En el hockey cuesta mucho marcar goles y una estrategia que utilizan muchos equipos es tener un buen tirador de penaltis córner e intentar provocar penaltis para marcar goles. Es una jugada diferente, que puede llegar a ser más espectacular, más llamativa para los telediarios, ponen un penalti córner, que llama la atención y te permite ver un gol. Es la imagen típica. Un partido dura 70 minutos y un penalti córner dura sólo un instante. Son momentos importantes del juego, porque pueden decidir partidos y títulos, pero nada más que eso. 

Se dice que el rugby es un deporte de canallas practicado por caballeros y que el fútbol es un deporte de caballeros practicado por canallas. ¿El hockey es un deporte de caballeros practicado por caballeros? Limpio, correcto, sin contactos… 

Vaya, nunca me lo había planteado así. Aunque desde fuera no lo parece, pero en el campo sí que hay contacto. Ahora con los cambios ilimitados se juega a un ritmo que es una pasada, frenético. Si no tienes una muy buena base física no se pueden aguantar ni cinco minutos a nivel internacional. No lo había pensado pero puede que sí sea un deporte de caballeros jugado por caballeros.  

Es que a ver, ¿cuál es el insulto más fuerte que has escuchado en un estadio de hockey? ¿Cáspitas? ¿Caramba? 

[Se ríe] No hombre, no. Lo que pasa es que como hay poca gente, si insultas te van a ver. Ya no es por el juego, es que estamos como en familia. Y cuando vas fuera, si te insultan igual no lo entiendes. 

Hablando en serio, esta falta de agresividad que proyecta el hockey hierba ¿crees que es debida al deporte en sí o al entorno social en el que se practica y se sigue? 

Pienso que es por el entorno social. Sin duda. Aunque el deporte también tiene que ver, porque juegas con un stick y con un mal cálculo puedes llevarte por delante la pierna del compañero, así que andas con cuidado. 

Esto del entorno te lo preguntaba, sin intención de caer en el tópico, porque para los que no lo conocemos demasiado es un deporte que más que de élite parece elitista. ¿Por qué no hay un Zona Franca Hockey Club o un Nou Barris Atlètic? 

Es de élite por tradición. Se crearon unos clubs determinados, donde había un interés por este deporte, pero no ha conseguido despertar el interés general. Y también porque hay muchas barreras de entrada, especialmente en el tema económico, por la necesidad de un equipamiento mínimo para jugar, un palo de hockey, unas bambas de hockey, un casco, unas guardas, un campo. Necesitas muchas cosas y esto no lo pone fácil. Esto en el fútbol no pasa, porque sólo necesitas una pelota. No necesitas nada para jugar con los amigos al fútbol, pides una pelota prestada y juegas. En el hockey necesitas muchas cosas para poder jugar. ¡Pero por supuesto que a mí me gustaría que se generalizara¡ Me gustaría no conocer a todo el mundo del hockey, porque así puedes crecer mucho. Ahora mismo en España conoces a todo el mundo. 

¿La inmigración india y paquistaní ha sido una vía para la penetración de vuestro deporte en entornos que le eran ajenos? ¿Habéis acogido a jugadores de estas nacionalidades? 

No hay apenas impacto de la inmigración india y paquistaní en el hockey en España. Lo cierto que los inmigrantes juegan al cricket en la calle y no al hockey, pero volvemos a lo mismo: necesitas un solo palo y una pelota y con eso juegan todos los niños. Pero en el hockey necesitas once palos por equipo. Ahora creo que el Barça de hockey está promocionando nuestro deporte entre estos inmigrantes para captar jugadores. Es más fácil porque a ellos no tienes que explicarles qué es el hockey, lo saben de sobra. De momento, lo he visto poco, pero sería de sentido común que se hiciera. Además, el deporte es una herramienta de integración y adaptación excelente. 

¿Crees que la concentración de tantos equipos en Cataluña puede haber dificultado, como ha pasado en el waterpolo o el hockey patines, que la afición se extendiera al resto de España? 

Por supuesto. Creo que la magia de que estén todos en Terrassa, en Barcelona… es la salsa del hockey pero, a la vez, es un limitante. El hockey en España ha crecido a través de los clubs e introducir este deporte en un club o crear clubs de hockey no es fácil. ¿Cómo vas a crear un club de hockey en, qué sé yo, Ciudad Real, con su campo de hockey, con la inversión económica que supone? Es más fácil construir un campo de balonmano, que también puede servir para el básquet u otros deportes… Hasta ahora, esto sólo se ha podido hacer en Terrassa. 

He rebuscado en las hemerotecas y vuestro deporte parece inmune al dopaje. 

Aquí tenemos la suerte de que somos deporte olímpico y, por tanto, el cumplimiento de la normativa antidopaje lo tenemos que hacer igual que todos. Pero claro que no hay casos. Porque no hay dinero. Nosotros nos alimentamos lo mejor que podemos para rendir al máximo y esta es toda nuestra energía. Pero luego yo, por ejemplo, si me voy de vacaciones y cambio inesperadamente de sitio, tengo que avisar por SMS para que la autoridad del dopaje lo sepa. Es impensable que yo tenga el mismo seguimiento que un ciclista o un futbolista cuando nuestras condiciones son tan distintas. 

Pero ser deporte olímpico también tiene sus cosas buenas, como las becas ADO. 

Tenemos la gran suerte de que el Consejo Superior de Deportes y el Comité Olímpico, gracias a Barcelona 92, impulsaran las becas ADO que a día de hoy todavía existen y que, gracias a ellas, jugadores con experiencia como Pol Amat, Àlex Fàbregas o Ramon Alegre pueden seguir vinculados al hockey. Si no las tuviéramos, ya sería reírse un poco de este deporte. Si no recibes una compensación a todas las horas que le dedicas, sería imposible.  

¿Se puede vivir del hockey? 

Se puede sobrevivir. En el hockey hierba se puede sobrevivir si eres olímpico, si no, no. No existe ahora mismo en España un jugador que no sea olímpico o entrene para los Juegos que viva del hockey hierba. Ahora mismo hay dieciocho personas en España que reciben una ayuda al trimestre para que pueda dedicar su vida al hockey.  

He tenido ocasión de hablarlo con otros deportistas de deportes minoritarios y todos coinciden en que la remuneración que recibís es muy inferior al esfuerzo que le dedicáis. ¿Te gustaría que se ajustara esta relación? ¿Envidias a los futbolistas? 

Nosotros necesitamos más que nadie la ilusión, la motivación, la pasión, porque sin ello no podríamos sobrevivir, no aguantaríamos. Pero claro, ¿a quién no le gustaría…? Aunque yo no le tengo ninguna envidia al futbolista, eso sí que no. Lo que sí me gustaría tener son sus privilegios. Hacer lo que hago y, además, poder ser rico; ¿a quién no le gustaría? Hacer lo mismo que hago y en lugar de que me vinieran a ver sólo mis familiares, que estuviese el estadio lleno; ¿a quién no le gustaría? Es lógico: ¿a quién no le gustaría tener más recursos, más atención, más repercusión, que tu partido lo vieran millones alrededor del mundo? Esto nos gustaría a todos. Pero a mí me gusta el hockey. 

No me imagino a Messi entrenando a los alevines del Barça pero, en cambio, en vuestro caso es algo perfectamente normal. ¿Sigues entrenando a niños? 

He entrenado niños en el Atlètic, en el Amsterdam, en la India… Lo he hecho siempre, pero ahora no puedo por motivos de calendario. Es por la cultura del club, la filosofía… ¿Quién puede transmitir mejor los valores, la táctica, el entrenamiento, el trabajo… que un jugador de primer equipo del club? Nadie. Ahora no lo hago, pero fue una experiencia increíble. Y de hecho, ahora, en el Atlètic, por ejemplo, he jugado con tres jugadores que yo entrené y es muy gratificante. Es inolvidable. 

Debutaste muy joven en división de honor. ¿Eras consciente de las expectativa que despertaste? ¿Cómo conviviste con la presión? Viéndolo en perspectiva, ¿estabas preparado? 

Debuté en división de honor con 16 años y en la selección con 17. La gracia es que a esta edad no existe la presión, viene después. En ese momento no la sientes, no tiene mérito. Tú disfrutas del deporte y punto. Te dan un palo y la bola y te dan la oportunidad: antes jugabas con otros niños y ahora estás en el primer nivel y no ves nada negativo. Lo ves luego. Cuando el niño piensa y dice ¿dónde estoy? Ahí empieza la presión, cuando tomas conciencia. En la balanza sigue la diversión y yo no tuve mucho problema. Al fin y al cabo es sólo hockey y me ayudó mi familia, donde ya se había pasado por esto y se vive de una forma más natural. Claro que si hubiera debutado en fútbol con dieciséis años al día siguiente estaría en las portadas de ochenta diarios, pero en mi caso sólo tienes el Diari de Terrassa [se ríe]. Como referentes he tenido desde mis cuatro tíos olímpicos hasta mi hermano, con el que compartí vestuario en el Atlètic y en la selección y fue también un modelo muy importante a seguir. Ellos te ayudan con su ejemplo y tú te montas tu película. No tengo ídolos de otros deportes. Aunque por proximidad, por humildad, por ser de Terrassa, porque he coincidido alguna vez con él… a Xavi Hernández lo veo un modelo de deportista, que ahora está arriba del todo y sigue con su misma esencia. Me parece envidiable. Y lógicamente, Rafa Nadal, porque es el deportista de los deportistas. 

¿Qué te pareció la decisión de que fuera Nadal el abanderado [ahora Gasol] en Londres? La delegación de los Estados Unidos reúne a sus capitanes que votan quién quieren que sea el portabandera. ¿A quién hubieras escogido tú? 

Yo hubiese elegido a Pol Amat. Porque tiene dos medallas olímpicas en un deporte como el hockey, en España, y ha podido pertenecer a dos generaciones de jugadores de hockey muy importantes. ¿Por qué no? Pero a mí que sea Cal, Iker o Xabi, Nadal… son iconos del deporte mundial y me parece bien, claro, pero si yo pudiese decir un nombre, diría Pol Amat. 

¿Sigues otros deportes? 

Poco. Me gusta el Barça, cuando hay Champions, mundial de fútbol, Juegos Olímpicos, los mundiales de atletismo… Pero no soy especialmente fanático del deporte. Soy fanático de los deportistas. 

Te he leído alguna vez que el problema no es tanto “Fútbol vs. Otros deportes”, sino Barça y Madrid contra todo lo demás. ¿No te supone una contradicción ser aficionado al Barça y, a la vez, ser jugador de élite de un deporte minorizado? 

No, no. Esto lo tienes que ver de una manera natural: el Barça mueve masas porque ha crecido de la manera que lo ha hecho y porque es lo que es. Y yo lo siento igual. Pero es que, aquí, esto está montado de este modo. Y no digo “montado” pensando en el marketing, sino cómo ha sido históricamente, fruto de la tradición. 

Si el Futbol Club Barcelona hubiera decidido tener una sección puntera de hockey hierba en lugar de una amateur como tiene ahora, ¿crees que hubiera ayudado a la promoción del deporte? 

Puede que hubiera ayudado, como también puede ser que lo destrozara. No sé qué podría haber pasado. Poner dinero en un deporte que no está acostumbrado a tenerlo puede ser de ayuda si anima a que el resto de clubes se pongan a su altura. Pero puede ser que lo mate, por ejemplo comiéndose la cantera de otros clubes como ha pasado en otros deportes. 

¿Y la introducción de una rivalidad con, especulo, un acuerdo entre el Real Madrid y el Club de Campo, ayudaría a promocionar el hockey entre los aficionados de bufanda? 

Claro, podría pasar. Pero cada deporte tiene su historia y sus historias. Y la rivalidad del hockey hierba es Atètic – Egara. Y punto. Y eso no hay quien lo mueva. Claro que hay equipos como el Club de Campo o el Polo que son muy potentes y que hay rivalidad, pero del mismo modo que el clásico en fútbol es Barça – Madrid, en hockey es Atlètic – Egara. Es cierto que eso puede hacer que gente ajena pierda el interés o que directamente no le preste atención, pero es así. El hockey tiene muchas cosas que pueden mejorarse, pero hay que saber verle también su magia. Es una pena que el hockey sólo sea conocido en Terrassa, pero ya que es conocido ahí dejad que por lo menos en Terrassa lo disfrutemos. 

¿Recuerdas dónde estabas cuando Eli Maragall empujó la bola a gol en la prórroga que daba a España la medalla de oro en Barcelona’92? ¿Y durante la final perdida de Atlanta? 

¡Claro que me acuerdo! En las de Barcelona estaba justo detrás de la portería, en Terrassa. Fue increíble, aunque en ese momento no entendía muy bien la magnitud de esa medalla. Para mí España era mi equipo, ganaba, y yo, un niño de Terrassa detrás de la portería, estaba supercontento al ver el gol. Y en el 96 estaba en la sede del Atlètic mirando la final. Había un tío mío jugándola, Xavi Escudé, y nos reunimos todos los socios del club para verla. Fue también muy emocionante. 

¿Los Juegos son la máxima aspiración de un jugador de hockey hierba? 

Sin duda. Para un jugador de hockey son lo máximo. No existe nada comparable con unos Juegos, ni siquiera a nivel de clubes. Te permiten jugar al máximo nivel en un evento mundial en el que nunca tenemos la ocasión de participar. No digo que no tengamos nuestro mundial y otros campeonatos, pero en los Juegos estás ahí, entre los mejores del deporte. 

¿Cómo afrontas estos Juegos? 

Voy a estos Juegos a disfrutarlos. Voy a afrontar unos Juegos como nunca lo he hecho: no voy a buscar una medalla, sino a disfrutar. Sé que si disfruto voy a conseguir algo grande. Esto yo lo tengo muy claro. Y a nivel personal voy a intentar vivir cada minuto de estos Juegos. Dormir, por ejemplo. En Sidney no pude dormir ni una sola noche sin tomar pastillas, a causa de los nervios y la tensión. Pero esta vez voy a dormir plano, porque voy a disfrutarlo todo. 

¿Serán los últimos? 

Todo indica que serán mis últimos Juegos. Si de mí depende, serán los últimos. Han sido doce años al máximo nivel. Serán mis terceros Juegos, porque en Sidney yo era el número diecisiete, el que no compite. Pero yo vivo el día a día y si llega una oportunidad de jugar en Río… ¿quién sabe? Igual sí, pero no es algo que me quite el sueño. Para mí lo importante es disfrutar de lo que tienes y si esto te lleva a unos nuevos Juegos, adelante. Y si te lleva a decir adiós al hockey de una manera sana, natural, con agradecimiento a todo lo que has vivido, pues también. 

¿Te gustaría tomar parte de algún modo en unos Juegos Olímpicos celebrados en Madrid? 

¡Me encantaría que los hubiera! Sería lo mejor que le podría pasar al deporte español. Porque el deporte español no es sólo el fútbol, es mucho más que eso. Y el olimpismo también es mucho más que eso. Y para nosotros, egoístamente pensando en el hockey, sería también muy bueno. 

Cualquiera que quiera saber algo más de ti y consulte en Google se tropezará con una foto que a mí me impactó mucho: tú hecho un mar de lágrimas en el podio de Pekín con la medalla de plata colgada al cuello. 

Es muy fácil de comprender. Durante cuatro años estás trabajando con un objetivo. En Atenas ya nos quedamos a las puertas: perdimos por gol de oro en el partido por el tercer y cuarto puesto. Y en Pekín lo tienes tan cerca y lo pierdes… ahí está tu frustración. Sí, sé lo que me dirás: ganamos una medalla de plata. Pero yo te lo cuento tal como lo sentí allí. Y al día siguiente, lo mismo. Y después de un mes. Tuvo que pasar un tiempo para que comprendiera una lección muy importante: ¿cómo podía estar triste en un momento en el que tenía una medalla olímpica colgada del cuello? No tenía sentido, no era racional. E intenté ver por qué me pasó eso. Y me di cuenta que me había pasado cuatro años pensando en un resultado, cuando el resultado es en lo único en lo que tú no tienes incidencia. Tienes incidencia sobre tu preparación, sobre tu juego, en cada minuto del partido… pero perder o ganar no está en tus manos porque hay muchos más factores. Si eres capaz de controlar todo lo demás, estará en tus manos. Pero lo que sí está en tus manos es entrenar a tope, es llegar a los Juegos lo mejor preparado posible, dar lo máximo de ti mismo. Y esto entonces para mí no era importante. Lo único importante era ganar el oro y se acabó. Ahora lo vivo de otra forma. Hoy, con una medalla de plata, saltaría en el podio de ilusión. 

Aunque hablando de fotos, a algunos de nuestros lectores quizá les interesará más la foto de una entrevista en la que apareces completamente desnudo. ¿Por qué lo hiciste? ¿Lo volverías a hacer? 

[Se ríe] ¡La locura de la juventud! Fue un acto de rebeldía y me quité la ropa. Quería reivindicar el hockey, lo que hacemos por nuestro deporte y lo poco que recibimos a cambio. Ese era el leitmotiv de la entrevista. Pero claro, ahora vuelves a ver la foto… aunque lo importante es saberte reír de ti mismo. No sé si me volvería a desnudar, no es una cosa que ahora tengo en mente, pero si hubiera un motivo importante en el que yo pudiera tener un impacto, ¿por qué no? 

¿Te parece justo que el mismo país que pasa olímpicamente del hockey, cada cuatro años dé vuestra medalla olímpica por descontada? ¿No sería más lógico un poco más de apoyo que justificara tantas exigencias? 

No es una injusticia, al contrario: es una bendición. Es la bendición que tenemos como deporte. Míralo así: podrían no prestarnos atención ni siquiera una vez cada cuatro años. Si no te lo miras así te pasarías el día haciendo la guerra. Es cierto que si nos hicieran más caso durante los cuatro años nuestras medallas serían todavía más probables y ahí sí que es un poco injusto que los mismos que no han seguido tu deporte de repente, de algún modo, te la “exijan”. Lo que parece que no se dan cuenta es que en recursos o fichas federativas partimos muy por debajo de otros deportes como el fútbol o de nuestros competidores. Pero la bendición es que te presten atención. 

¿Se podría decir que la selección consigue sus éxitos a pesar de ser española? 

Sí, es un milagro. Ahora mismo, si entramos en semifinales de los Juegos de Londres habrá que considerarlo un milagro. Es así. Pero nosotros vamos para conseguir algo grande. Es un milagro si tomas en consideración datos objetivos y los comparas con los de potencias como Holanda, Alemania, Australia, Pakistán o India. Estas cinco federaciones tienen una cantidad de jugadores que no te puedes ni imaginar y nosotros, con una cantidad de jugadores infinitamente inferior, vamos a competir con ellos. Esto es un milagro. 

Si los datos objetivos no lo explican, ¿qué es lo que explica que podáis competirles de tú a tú de manera sostenida durante los últimos treinta años? 

Lo explica la manera en la que vivimos el deporte. Lo vivimos de una manera muy pasional, con mucho trabajo. Y el trabajo de los clubes, claro. Como somos pocos jugadores hemos recibido mucha atención por su parte. Y a pesar de que hay pocos clubes, los pocos que hay están a un nivel altísimo y, con ello, se genera un nivel de competitividad también muy alto. 

Lo has conseguido casi todo en el hockey. ¿Qué te queda por conseguir? 

Me queda mañana vivirlo al 200%. 

¿De pequeño soñabas con ser el mejor? ¿Imaginabas que llegarías hasta donde has llegado? 

Para mí lo importante es querer ser el mejor, no ser el mejor. Si quieres ser el mejor nunca te pondrás un límite que hará que cuando recibas un reconocimiento te pares. El querer ser el mejor no es ser el mejor, es una matización quizá muy pequeña pero que te hace no ponerte límites, y lo más importante, no compararte. La comparación es el factor más limitante que hay en el deporte. Compararte es limitarte y cuando quieres ser el mejor, no hay límites. Es querer, querer, querer. Yo cada día quiero serlo. Es mi forma de vivir el deporte y el día que deje de querer ser el mejor, voy a dejar el deporte. Mi frontera es la motivación de querer más y más. Y querer más no es ser el mejor jugador sobre el campo, quizás es ser el mejor compañero. Quizá me siento bien en el equipo aportando mi experiencia en lugar de marcar goles porque mis piernas ya no pueden, ¿quién sabe? Puede que corriendo menos aporte lo mismo al equipo. 

Tu cuerpo ya te ha dado algún aviso serio en forma de lesiones. 

Una de las bases de mi manera actual de entender el deporte la he forjado a través de las lesiones. He sufrido muchas lesiones y a partir de ahí aprendes una ciencia que es cómo te preguntas a ti mismo para poder seguir adelante. Preguntarse a uno mismo es una herramienta muy potente y mucha gente no la usa. Mucha gente, yo también en algún momento de mi vida, sigue al de delante: sigues al entrenador, a tus compañeros, al equipo, pero no te preguntas el porqué y el cómo de las cosas. Cuando te lo preguntas todo es mucho más fácil. Es una herramienta muy fuerte. Es muy duro aceptarlo. Pero cuando has superado esta fase, es muy fácil, porque solo tienes que luchar para recuperarte y poder volver a jugar. 

¿Cuál ha sido el partido más duro que la vida te ha obligado a disputar? ¿Y tu mayor victoria? 

El verano pasado jugamos la Copa de Europa y fue muy duro porque nos salió todo mal, entramos en una dinámica negativa y no disfruté jugando. Mis malos momentos también están vinculados al deporte. Cuando estaba lesionado, tenía el club en Holanda pero estaba viviendo en España, no podía jugar con mi club… fue muy duro. Tu familia y tu selección en un país, tu club en otro… y tú estás entremedio. ¿Dónde voy? ¿Dónde vivo? ¿Dónde vas a recuperarte? Al fin y al cabo, no somos profesionales, pero me quería recuperar porque mi exigencia sí es profesional aunque mi contrato no me lo exija. Y mi mayor victoria, sin duda, ha sido poder volver a disfrutar después de muchas lesiones. 

Toda tu vida está unida de manera inseparable con el hockey hierba. Tanto que formas parte de Stick for India, un proyecto solidario de cooperación internacional con el hockey hierba como vehículo y a través del cual das salida a algunas de tus inquietudes más allá del deporte. 

Esto es una de las cosas de las que estoy más orgulloso de mi vida deportiva, ya que me ha permitido unir mi pasión por el deporte con unas inquietudes que yo tenía. Un día me reuní con dos amigos, Andreu Enric i Litus Ballbé, con los que compartíamos unas inquietudes y decidimos que queríamos hacer algo para ayudar a la gente. Pero ¿cómo lo hacíamos? Y pensamos: ¿y si usamos el hockey para ayudar a los demás? Aunque el problema era el mismo: ¿cómo? ¿con qué recursos? ¿dónde?  ¿cómo nos organizamos? Después del Champions Trophy en Madras, acompañé a Andreu, uno de mis amigos y compañero de la selección, a visitar a un chico que tenía apadrinado. Y cuando llegamos vimos que ellos tenían un proyecto alrededor del cricket. Y en ese momento vimos que podíamos hacer algo parecido con el hockey. Y qué mejor sitio que en India, donde hay muchos niños necesitados y donde no tienes que explicar el deporte porque ya forma parte de su cultura. En Andra Pradesh, un distrito rural, muy pobre, ya estaba trabajando la Fundación Vicente Ferrer. Y Andreu se dio cuenta de que allí lo teníamos todo para poder aportar algo. La Fundación es una organización diez de desarrollo, hacen un trabajo ejemplar. Y entablamos conversaciones con la gente de la Fundación y ellos estuvieron encantados de trabajar con nosotros y nosotros, de trabajar con ellos, ya que nos permitían, a nivel logístico, desarrollar nuestro proyecto. Y así empezamos. Era 2006. 

¿Cómo se materializa el proyecto? 

Decidimos montar un campus de hockey, para ver la respuesta que tenían los niños y la organización. Y después de este primero, un segundo campus. La cosa iba bien, así que decidimos montar una academia para niños donde les damos educación, alimentación y formación deportiva que, además, permite a las familias que no tengan que hacerse cargo de sus hijos porque duermen en nuestras instalaciones. El proyecto ha ido evolucionando: organizamos torneos escolares, tenemos treinta escuelas esponsorizadas con material y de donde salen los jugadores de la academia, desde hace dos años contamos también con una academia para chicas, lo que ha supuesto un gran salto a nivel cultural… No sabría decirte cuántos niños se han beneficiado del proyecto hasta hoy, pero calculo que unos mil niños. Los recursos salen de pequeñas actividades que montamos, microdonaciones a través de teaming y sponsors privados, uno de los cuales firmó con la Fundación para cinco años, que son, evidentemente, la principal fuente de financiación del proyecto. 

¿Es, de todo lo que has hecho hasta hoy, de lo que te sientes más orgulloso? 

Esta es una gran medalla de oro. No es olímpica, es de la vida. Pero cuando ves a los niños que se benefician de este proyecto está todo pagado. 

¿En India el hockey también es un deporte de élites o es más popular? 

No, ahí no tiene este componente clasista. El hockey en India es el deporte nacional, incluso aparece en la Constitución. La Fundación Vicente Ferrer trabaja sobre todo con los dalits, la casta más baja, pero con nuestro proyecto no queríamos discriminar a nadie. Nuestro proyecto era deporte para niños, y acoge a gente de distintas castas y de distintas religiones. Los niños no entienden de estas cosas y es muy bonito ver su convivencia. 

Cuando estuviste jugando ahí, ¿qué impresión te llevaste del país? 

India es India y quien haya estado allí me entenderá. O la odias o la quieres. Yo jugué en India, pero fue antes del proyecto. Es una forma distinta de la nuestra de entender la vida y la sociedad e ir contracorriente es muy difícil en India. Tiene una magia, una mística muy especial y a mí me cuesta mucho hablar de India [se emociona]. Es muy potente. Yo la amo. Cuando fui a jugar, a competir, es diferente, era un punto de vista distinto. Pero acabé amando el país. El alma de Stick for India es Andreu, que es un amigo, una persona maravillosa, una persona de acción. Y gracias a Andreu yo he aprendido a amar a India. 

El tópico dice que el deportista de élite ni estudia, ni lee… pero en vuestro caso el tópico es justamente el contrario: que todos estudiáis.  

Por una parte tienes que es un deporte de exigencia profesional sin la remuneración profesional; y por otro lado, como no tienes remuneración profesional, necesitas crearte una vida académica, laboral, en paralelo a tu deporte de exigencia profesional. Y esto es un reto. Ahora, por ejemplo, yo tenía una asignatura colgada de Empresariales que no hice antes de marcharme a Holanda y con el plan Bolonia he decidido sacármela, porque si no van a dejar de hacer la diplomatura. He estado estudiando en las concentraciones, entre los entrenamientos. Compaginar el tiempo de entrenamiento, amigos, pareja, familia, con los estudios exige una gestión del tiempo brutal. Yo siempre digo que si alguien quiere aprender a gestionar el tiempo, que ahora parece que está de moda, que venga a la selección española de hockey y pregunte a cuatro. Porque todos están o trabajando o estudiando mientras tienen una exigencia profesional, por ejemplo, en el año olímpico. Y es máxima. Y esto es muy importante, porque cuando finalizas tu carrera deportiva y das el paso a trabajar o a retos personales más importantes, tú tienes un bagaje de años compaginando varios roles. 

¿Cómo consigues alargar el día para tener tiempo para todo? 

Aquí hay dos cosas. La primera es la motivación. Necesitas motivación, porque si no no salen las cuentas. El tiempo o lo quitas de las horas de sueño o tienes que quitarlo de otro sitio. La motivación está unida a la pasión, que te une al deporte, a tus amigos, a todo lo que tú quieres vivir. Y la otra es la destreza, el talento, o el trabajo que tú necesites para obtener todo lo que haces. Hay gente que entrenando una hora puede sacar un partido y hay gente que necesita entrenar tres horas para conseguir lo mismo. Y eso pasa estudiando, o para el tiempo que pasas con tus amigos… hay gente que necesita ocho horas y otros que con una bien hecha tienen suficiente. Aquí está un poco la fórmula secreta que cada deportista tiene para compaginar tantos roles.  

¿Llevar esta vida te ha obligado a renunciar a muchas cosas? 

No tengo la sensación de haber renunciado a nada, pero sí que ahora valoro mucho más el tiempo del que dispongo para mí. Durante doce años me he perdido los veranos para entrenar y para mí tampoco era mucho, pero ahora, una semanita tranquilamente en Menorca, buf, cómo la disfrutaría… 

¿Algún vicio no confesable? 

No, no. Los deportistas tienen su disciplina. Muchas veces decides irte a dormir porque es lo que te conviene o comes mejor, porque mañana hay entrenamiento y necesitas gasolina. Pero nada fuera de lo normal porque hay un componente muy importante que es la motivación y la pasión, que si los tienes, todo esto ya no lo vives: ¿salgo o no salgo? ¿Como mejor o peor? Ni siquiera te lo planteas porque tienes un vehículo, una pasión, que te hace seguir tu camino.  

¿Tienes previsto qué harás cuando finalice tu carrera deportiva? 

Ya he encontrado trabajo, por eso vuelvo a Holanda. El trabajo no me va a impedir de momento seguir con mi carrera deportiva, así que voy a seguir jugando al hockey y vinculado con el club. Y seguiré hasta que pueda y esté motivado. En Holanda hay más cultura para compaginar trabajo y deporte. Allí voy a empezar a trabajar en una consultora jurídica y financiera, y mi tarea ahí va a ser la de contar tanto a sus empleados como al cliente las experiencias y mis aprendizajes del deporte aplicados a la vida laboral. Es otra dimensión. Aquí si no vas a trabajar ocho horas al día ya no sirves. Allí, cuando les comenté lo que yo creía que podía aportar a una empresa, crearon un puesto de trabajo para mí. Es la diferencia que yo me he encontrado entre un país y otro. Ellos están abiertos y creen que yo como deportista con tantos años en el deporte de alto rendimiento puedo aportar mis conocimientos deportivos y aplicarlos a la empresa. 

¿Esta diferencia ha sido uno de los motivos de peso que te han empujado a volver a Holanda y establecer ahí tu vida? 

Es uno de los motivos para volver, claro. Yo había ido a jugar al hockey pero ahora quería hacer algo más. Ya he terminado mis estudios y tendré más tiempo, porque el tiempo que necesitas para preparar unos Juegos Olímpicos es mucho. Para empezar en una empresa tienes que hacerlo fuerte, porque eres un deportista al fin y al cabo y quieres demostrar todo lo que vales, ahora no en el campo pero sí en una organización. Para mí era muy importante empezar en un año más tranquilo de entrenamientos. Después de los Juegos será ideal. 

¿Y estas charlas las darás en holandés? Porque en tu primera estancia te cundió el tiempo: aprendiste de cero el idioma, ahora tienes una pareja holandesa… 

Sí, hablaré en holandés. Siempre tienes que buscar el ejemplo que a ti te ayude a mejorar y a tener un reto para conseguir. Para mí fueron Rijkaard y Kluivert, que acabaron respondiendo a las entrevistas en catalán. Vinieron y se integraron, hablaban un castellano perfecto e incluso se atrevían con el catalán. Y para mí esto es un reto porque si ellos lo han podido hacer, ¿por qué yo no? 

Estamos acostumbrados a que a los deportistas de élite se les pregunte por cómo conviven con la fama. Pero a ti hay que preguntarte cómo convive un deportista de élite con la no-fama. 

Esta es la gracia. El nuestro es el éxito que todo el mundo puede entender. ¿Por qué? Yo en mi juventud, cuando iba a la universidad y entrenaba, compartía el tren de las 7.13 de la mañana de RENFE con gente que iba a trabajar. Yo era un deportista que iba a los Juegos Olímpicos y ellos eran trabajadores que jugaban sus propios Juegos Olímpicos diarios. Yo me ponía a un nivel donde te pueden entender. ¿Cómo puede entender una persona normal a Messi si parten de situaciones tan distintas? A mí me pueden entender, a un chico de vela lo pueden entender, pero no a un jugador de fútbol o básquet de élite.  

¿Te gustaría tener más reconocimiento? 

Claro que me gustaría tener más reconocimiento, pero tiene el peligro de dejar de hacer las cosas porque tú quieres y hacerlas por lo que tú consigues. ¿Por qué puede un jugador de hockey aguantar un horario tan intensivo, con trabajo, con universidad? Porque tiene una pasión que le mueve, una motivación, una medalla olímpica… algo muy fuerte. Cuando tú todo esto, que te genera energía, lo sustituyes por un reconocimiento, ya sea a modo de sueldo o de cualquier otra cosa, ahí hay un peligro y lo tienes que saber gestionar. 

¿En Holanda te has sentido más apreciado que aquí? 

Creo que aquí soy más conocido que en Holanda, bueno, tampoco lo sé si deportivamente lo soy más o menos. Lo que pasa es que allí por ejemplo un partido de la liga de hockey sale en primera página de deportes de un periódico de tirada nacional y aquí necesitas una lupa. La lupa sirve aquí para el polideportivo: parece que haya un sorteo y que sólo puedan salir dos. Y si no ha habido muchas cosas de otros deportes o si ha habido alguna noticia especial de hockey, igual sales. Y lo puedes mirar… con lupa. 

¿Querrías tener más oportunidades de contar tu historia, la que hay detrás de los resultados y los tópicos? 

Seguro. A mí me interesan mucho las historias que hay detrás de los deportistas. De hecho, estoy creando una página web para ver lo que hay detrás del resultado, detrás del deportista, qué historia hay detrás, cómo se ha conseguido. Es una cosa que me inquieta muchísimo, y no sólo con el hockey. Me parece fascinante lo que hay detrás de cada deportista, de cada equipo… y me parece tan o más importante que el resultado mismo. Me gustaría tener la oportunidad de contarlo, pero no sólo para mí. Y todavía más en deportes minoritarios, ya que creo que puede ser doblemente inspirador porque parte de la base de que es una persona igual que tú, con las mismas condiciones y los mismos recursos. Los deportes megaprofesionalizados nos quedan tan lejos que se puede perder la esencia. 

¿Qué pregunta querrías responder en una entrevista y no te hacen nunca? ¿Y de qué pregunta estás más harto por haberla respondido más veces? 

Me gustaría poder hablar más a menudo de Stick for India, porque muchas veces ni siquiera me lo preguntan. Es mucho más fácil hablar de tópicos. A mí me han llegado a preguntar si la bola rueda… ¡y a hacerme bromas sobre Belén Rueda! Habiendo sido campeón de Europa un periodista me soltó esto y estuve a punto de colgar. Si sólo tienes tres preguntas acabas tirando de tópicos y es a lo que también nos tenemos que enfrentar los jugadores de hockey, pero esta entrevista ha sido suficientemente extensa como para hablar de todo, no te preocupes. La pregunta que no me gustaría contestar… es la que no se puede preguntar. Pero tranquilo, que de esas tampoco me has hecho ninguna.

Fotografía: Alberto Gamazo

 


Senda de campeones: De La Masía al Camp Nou

Martí Perarnau

Salsa Books, 2011

 

Diez de enero de 2011, sede de la FIFA en una Zurich como predestinada aquella noche por su cercanía al lugar donde naciera el fundador del Fútbol Club Barcelona Hans “Joan” Gamper. En la gran fiesta del galardón futbolístico individual Lionel Messi acaba de recibir el balón de oro como mejor jugador del año en tanto Xavi Hernández se hace con el de plata y Andrés Iniesta con el de bronce. Todos juntos elevan la gala por encima de su propia naturaleza hasta convertirla en una celebración colectiva, aquella que más allá del momento cumbre de unos jugadores geniales premia el éxito de un Barça de época y la idea de cantera que lo propicia. Un Barcelona vencedor de las finales de la Champions League de 2009 en Roma y 2011 en Londres con la participación en ambas citas de hasta ocho jugadores surgidos de La Masía. Los mismos que liderados desde el banquillo por un símbolo de esa misma cantera como Pep Guardiola han conseguido en los últimos tres años ganar diez de trece títulos posibles para convertir al Barça en la actual referencia del fútbol mundial. Una cantera que además el pasado verano nutrió a la selección española con ocho de los jugadores que acabarían convirtiéndose en campeones del mundo en Sudáfrica. Una cantera ejemplar, una cantera de moda en boca y agenda de todos. Inevitable así desde todos los frentes una pregunta de difícil resolución: ¿Cuál es el secreto de su éxito? Surge por ello Senda de Campeones para tratar de dar respuesta al enigma.

Martí Perarnau (Barcelona, 1955) nos ofrece en este libro de honda labor periodística un minucioso ejercicio de geología deportiva a través de la compleja base que soporta la gran montaña futbolística que supone hoy día este F.C. Barcelona. Mediante el sagaz análisis y las voces de los principales protagonistas de una compleja historia que abarca cuarenta años de evolución vamos descubriendo pulgada a pulgada los auténticos pilares de La Masía: el nacimiento de una idea desarrollada parcialmente por Laureano Ruiz, constituida en filosofía por Johan Cruyff y erigida en credo por Pep Guardiola en la convicción de la técnica, la posesión de balón, la inteligencia táctica y el pase como principios inquebrantables. La constitución de todo ello en un modelo, con una metodología y unos sistemas concretos destinados a potenciar un tipo de jugador particular cuyo físico nunca es lo más importante. La creación de La Masía en 1979 como institución para dar cabida a ese modelo, como soporte de educación y valores en los que cientos de chicos son formados como futbolistas pero sobre todo como personas. El organigrama de ojeadores dedicados a buscar esos chicos con fulgor de piedra preciosa en Cataluña, España y el mundo y los entrenadores encargados de pulirlos a lo largo de los años para la conservación de un estilo. Y, por supuesto, el crecimiento de esos cientos de niños que darán como resultado unos cuantos hombres elegidos para dar pleno sentido a tan esforzado sistema pasando a formar parte de la primera plantilla, mientras en tan arduo trayecto una mayoría resulta desechada y deberá buscarse la vida en algún otro sitio. Línea a línea, letra a letra, la Piedra de Rosetta barcelonista es completamente descifrada.

Porque igualmente, a través de la colosal edificación blaugrana se filtra una obra repleta de vida mediante multitud de anécdotas, como las que hablan de la curiosas llegadas a La Masía de Andrés Iniesta o Sergi Roberto. De las confesiones siempre singulares de Josep Lluís Nuñez, Johan Cruyff, el nunca justamente valorado Louis Van Gaal o sobre todo Pep Guardiola —no concede entrevistas pero el autor nos descubre de primera mano muchas de sus ideas tras reunirse con él—. De las palabras especialmente significativas de un ejemplo de éxito como Xavi, pero también de alguno de aquellos que no pudieron triunfar en el Barça. De las pequeñas historias de los padres de los chicos ante la oferta de un equipo inglés o del doloroso pero obligado adiós prematuro a la senda de campeones.

Un libro el que nos ocupa que se promete indispensable para cualquier barcelonista que se precie de serlo, pero también para todo aquel aficionado al fútbol curioso de conocer al detalle esa cantera sobre la que se erige el mejor equipo del mundo y quién sabe si de la historia.