No es yeísmo, es sheísmo, ¡che! 

Era 1921 cuando el joven Jorge Luis Borges regresó de Europa a su Buenos Aires natal. Contaba solo veintiún años y, del natural culto a las vanguardias que todo americano era susceptible de adquirir en Europa, su incipiente prosa sorprendió por sus inclinaciones hacia un nacionalismo literario. Empezó a escribir relatos sobre los suburbios porteños, sobre el tango y las […]