Antología de la música secreta: las mejores canciones ocultas

The Beatles, 1963. Fotografía: ingen uppgift (DP).

Her Majesty’s a pretty nice girl,
But she doesn’t have a lot to say
Her Majesty’s a pretty nice girl
But she changes from day to day

I want to tell her that I love her a lot
But I gotta get a bellyful of wine
Her Majesty’s a pretty nice girl
Someday I’m going to make her mine, oh yeah,
Someday I’m going to make her mine

«Her Majesty», The Beatles.

Paul McCartney escribió en 1969 un montón de cosas bonitas a quien por entonces era la reina de UK, una Isabel II que casualmente lo sigue siendo hoy en día. Aquella declaración se convirtió en una tonadilla de veintitrés segundos que intentó encontrar hueco en el Abbey Road de 1969 entre los temas «Mean Mr. Mustard» y «Polythene Pam», pero cuando McCartney descubrió que estropeaba el ritmo del álbum la descartó y ordenó al técnico John Kurlander destruir la cinta. Kurlander se pasó por el forro la orden para conservar intacto el contenido del propio forro porque en EMI no eran tontos y tenían prohibido destruir cualquier tipo de grabación de los Beatles ya fuese una canción descartada, una toma mala o un campeonato de regüeldos. El técnico acabaría incluyendo el tema al final del Abbey Road, separado por catorce segundos de silencio tras el último corte del disco para que la cancioncilla no se interpretase como parte de la obra. La pieza inicialmente ni siquiera aparecía en el tracklist impreso en la cubierta del disco y oficialmente no se mencionaría su existencia. Acababa de nacer el concepto de canción oculta.

Este tipo de creaciones que jugaban al escondite entre los recovecos del disco eran guiños del artista hacia sus fans, regalos para quienes peinaban pacientemente los silencios del compacto intentando localizar tesoros escondidos. Pero la razón de ser de dichas hidden tracks murió cuando el CD perdió su posición como el formato más utilizado para almacenar música. Aquellos momentos íntimos entre el intérprete y su público ya no tienen sentido ante la inmediatez y disponibilidad de la música, actualmente nadie aguanta más de un minuto de silencio entre canciones, casi todo está disponible a un par de clicks en Spotify y los artistas han dejado de ser seres indescifrables al convertir las redes sociales en un escaparate.

Pregap

En un CD de audio que siga el estándar habitual la pregap es una pequeña pista fantasma que antecede al primer corte del disco, una huella que leen por defecto la mayoría de equipos musicales con reproductores de CD pero no los ordenadores. A dicha pista solo es posible acceder si el usuario pulsa el botón de rewind en el primer corte del disco y retrocede hasta el inicio del álbum y más allá; si la pregap aloja contenido el equipo seguirá rebobinando a lo largo del mismo, y en determinados sistemas la pantalla mostrará la posición del disco en números negativos.

Lo bonito es que muchos artistas aprovecharon el escondrijo que proporcionaban las pregaps para ocultar todo tipo de material. Los salados de 2 many DJs escondieron allí un remix de «Can’t Get You Out of my Head» de doña Minogue. En As Heard on Radio Soulwax Pt. 2, Pulp rellenó la pregap con platillos en This Is Hardcore; el recopilatorio Rarest One Bowie ocultó un anuncio setentero de David Bowie; Psyence Fiction de UNKLE alojó allí dos minutos de samplers variados sobre los que probablemente ni siquiera tenían los derechos; el Origin de Evanescence escondió una grabación en tono de broma de la canción «Anywhere»; Muse ocultó en Hullabaloo Soundtrack un poema leído por Tom Waits; Morbid Angel insertó ruido estático en Entangled in Chaos y Public Enemy incluyó en la pregap de Muse Sick-n-hour Mess Age un mensaje profetizando las críticas que iba a recibir el propio disco. Super Furry Animals situaron ahí el «The Citizen’s Band» de su extraordinario Guerrilla. Los punkis canadienses de SNFU se las dieron de elegantes e incluyeron en FYULABA una discusión entre la banda y el dueño de un local que habían arrasado. Muchos otros como Mayhem, Pennywise, Damien Rice, Blur, The Music, Blind Melon o McFly  también jugaron a ocultar material en la pregap.

Secretos ocultos

Pero lo normal era hacer como los Beatles y añadir las pistas secretas al final del álbum tras unos minutos de silencio. The Rolling Stones enterraron una melodía navideña tétrica y ralentizada en su Their Satanic Majesties Request. Green Day incluyó una famosa oda a la masturbación en acústico en el fantástico Dookie. Marilyn Manson colocó una canción extra en la pista número 99 de su Antichrist Superstar. Robbie Williams en Life Thru a Lens incluyó un poema dedicado a un caballero que en el pasado se burló del sueño de un pequeño Robbie de ser una estrella pop, en I’ve Been Expecting You insertó dos hidden tracks y para Sing When You Are Winning ya se tomaba a broma lo de esconder cosas: al final del disco, tras veinticinco minutos de silencio, sentenciaba: «No, no voy a hacer una para este álbum».

En la banda sonora The X-Files: the Album anidaba una pista secreta donde el creador de la serie, Chris Carter, explicaba las mitologías y conspiraciones de la misma. El extraordinario Without You I’m Nothing de Placebo contenía un tema oculto («Evil Dildo») que utilizaba como letra varias amenazas que Brian Molko había recibido en su contestador automático, mensajes de un psicópata que anunciaba querer hacerle el amor por la trasera, podar el pene del cantante y masticarlo como si fuese un Boomer, todo en ese orden. Alien Ant Farm incluyeron en su primer disco una versión primigenia del «Smooth Criminal» de Michael Jackson que les haría famosos. Alice in Chains se saltó el protocolo oficial y toda lógica: se les ocurrió colar una canción oculta («Iron Gland») en medio de su Dirt y no avisar, descolocando así el tracklist oficial. Al tema secreto del disco Transgression de Fear Factory solo se accedía introduciendo el CD en un ordenador y siguiendo el hipervínculo que contenía hacia una dirección de internet, difunta en la actualidad, para descargar aquella alegre melodía titulada «My Grave».

The Rolling Stones. Imagen: Andrea Sartorati (CC).

Secretos más ocultos

En septiembre de 2007 Radiohead anunció un nuevo disco titulado In Rainbows y diez días después, el 10 de octubre (10-10), lo colocaron en internet para descargar pagando lo que cada uno considerase: 1$, 10$, 20$ o nada en absoluto. Unos cuantos comenzaron a tomar nota  de la abundancia de ceros y unos en todo aquello que rodeaba a la obra: el título temporal del disco fue Zeroes and Ones, se emitieron diez comunicados antes de su publicación con una prosa salpicada de la letra X, el trabajo se alojó en diez servidores en internet y curiosamente había sido publicado diez años después de OK Computer, un álbum que al igual que In Rainbows tenía diez letras en su título. Con todo esto los fans acotaron una binary theory donde aseguraban que In Rainbows (al que se referían como 10) era un disco complementario a OK Computer (al que se referían como 01) y ambos podían combinarse en una playlist dando como resultado un álbum secreto: era necesario empezar con «Airbag», la primera pista de 01, continuar con «15 Step», la primera pista de 10, e ir salteando del mismo modo el resto de canciones con la excepción de «Karma Police» y «Fitter Happier», ambas del 01, ya que estas dos debían colocarse una detrás de otra antes de continuar alternando temas para servir como puente entre dos grupos de diez canciones. Supuestamente, al programar los temas de ese modo con un cross fade de diez segundos, las canciones se entrelazaban entre sí con naturalidad musical y lírica. La teoría es cuestionable, y las transiciones han sido documentadas para que cada uno saque sus conclusiones, pero lo más gracioso de toda esta hipótesis chiflada era una fabulosa coincidencia: las letras de OK Computer e In Rainbows pueden reordenarse para formar un combination superwork.

Radiohead. Imagen: michael dornbierer (CC).

Mucho más laborioso de destapar era el supuesto enigma del 10 000 Days de Tool. Según los fans, el álbum contenían una pista secreta que solo aparecía tras combinar con precisión quirúrgica tres canciones diferentes del disco: era necesario reproducir los temas «Viginti Tres» y «Wings for Marie», uno detrás de otro, sobre la canción «10 000 Days». Teóricamente en el resultado la música encajaba y las letras se ensamblaban sin pisarse, y gracias a YouTube es posible comprobar hasta qué punto aquello suena intencionado.

Lo de Arcade Fire también se las traía porque la banda ocultó en la pregap de su Reflektor un collage de diez minutos con versiones instrumentales de los temas del disco sonando al revés, un reflejo al que era necesario darle la vuelta para que tuviera sentido. Además alojaron una pieza de cinco minutos y alma ambient tras la «Supersymmetry» que cerraba el álbum. Y los fans más obcecados defendían que existía una tercera canción escondida, la que ocurría si se reproducía «Supersymmetry» sobre una versión sonando al revés de la misma canción.

Pero fueron The Flaming Lips los que le echaron más morro a lo de obligar al consumidor a montar puzles sonoros, porque idearon un disco que era en sí mismo una hidden track enorme. En el 97 publicaron Zaireeka, un álbum experimental  en cuatro CD diferentes que tenían que ser reproducidos al mismo tiempo en cuatro equipos distintos, aunque también se permitía combinar los CD en parejas, tríos o escucharlos individualmente.

Los rebuscados serían los miembros de Information Society al producir uno de los secretos más disparatados del vinilo. En su Love and Peace, Inc del 92 incluyeron una pista llamada «300 bbp N, 8, 1, (Terminal mode o ASCII download)» que en realidad era un código: si se configuraba un módem con las especificaciones que detallaba el título de la canción, se llamaba desde el módem a un teléfono que estuviese a mano y a través del auricular del aparato se reproducía aquella pista del disco, se obtenía como resultado un documento de texto detallando una loca historia donde la banda aseguraba haber sido extorsionada por el Gobierno brasileño.

Discos mutantes

Los Monty Python publicaron en 1973 el vinilo Matching Tie & Handkerchief, un recopilatorio de sketches con el que jugaron a la broma: algunos ejemplares incluían una corbata y un pañuelo a juego y se vendían en tiendas de ropa con la excusa de que el disco era lo que venía de regalo. En las primeras ediciones la portada escondía una ilustración de Terry Gilliam y ambas caras del disco estaban etiquetadas como «Disco gratis. De regalo junto a la corbata y pañuelo a juego de los Monty Python – Cara 2» para despistar. Pero lo más inusual del producto es que se trataba de un vinilo mutante, porque en una de sus caras se habían tallado dos surcos concéntricos con pistas diferentes, y aquello provocaba que el tocadiscos reprodujera un contenido u otro de manera aleatoria (según dónde comenzase a leer el sonido la aguja). Para aumentar la confusión y que esto pillase a todo el mundo de sorpresa, los Python decidieron no incluir ningún tipo lista de canciones o advertencia de aquella travesura.

Monty Python. Imagen: BBC One.

Pero la ocurrencia de añadir surcos adicionales y provocar que repetidas escuchas de un mismo disco tuviesen resultados diferentes no era una exclusiva de los Python. El trío The Fontane Sisters publicó en los años cincuenta un single, The Fortune Teller Song, con cuatro versiones diferentes escondidas mediante ese mismo truco. Kate Bush, Fine Young Cannibals, De La Soul, Garbage, The Smashing Pumpkins, Marillion, Jack White o Motorpsycho también añadieron surcos concéntricos a sus álbumes. Otros optaron por utilizar la artimaña del loop: el Super Trouper de ABBA se quedaba atrapado en una ovación eterna porque el último surco del vinilo enlazaba consigo mismo condenando a la aguja a reproducir el aplauso hasta que alguien parase el tocadiscos.

Las mejores canciones ocultas

Beck – «Diamond Bollocks»

Tras Odelay todos estaban pendientes de Beck y al hombre no se le ocurrió otra cosa que devolver la pelota en la pista que nadie se esperaba sacando Mutations, un álbum que decidía alejarse de su predecesor y mezclar folk rock con bossa nova, tonos oscuros, blues y grabaciones acústicas. Aquello descolocó al público, encantó a la crítica musical y le tocó los huevos al sello musical (Geffen Records). Lo curioso es que tras la última pista incluía un tema, «Diamond Bollocks», de seis minutos con pinta de pertenecer más al Odelay que al Mutations. Beck se explicaba así: «Grabamos ocho canciones en una noche, las montamos todas en una pista y el resultado es esta locura. Es como el hijo rebelde que no encaja con la familia durante la cena de Acción de Gracias, lo pones al final de la mesa».

The Clash –  «Train in Vain»

«Train in vain» es una canción oculta por accidente. Escrita en una noche y grabada en el estudio al día siguiente, era un corte que iba a formar parte de un flexi disc producido por la revista NME, pero finalmente la publicación descartó la idea. El grupo decidió rescatar el tema para el disco London Calling, pero al hacerlo a última hora se encontraron con que la imprenta ya había producido las cubiertas del álbum y no iban a reimprimirlo todo para añadir una canción a la contraportada. Por eso mismo, «Train in Vain» no figuraba en el tracklist del álbum y su letra tampoco estaba incluida en el interior. Aunque lo cierto es que a la propia canción se le dio fatal lo de jugar al escondite porque acabó lanzándose como single y fue un éxito en Estados Unidos.

Lauryn Hill – «Can’t Take My Eyes Off You»

The Miseducation of Lauryn Hill era un pedazo de disco y gozó de tanto éxito como para que Lauryn Hill desde 1998 se haya tomado la vida con calma y no haya sacado más álbumes de estudio. Su maravillosa versión de «Can’t Take My Eyes Off You» se escondía al final del tracklist, pero la canción triunfó tan a lo bestia como para lograr una nominación a un Grammy y que las reediciones dejasen de considerarla una pista oculta.

Ramones – «Spider-Man»

El ¡Adiós amigos! que Ramones sacaron en 1995 llevaba la despedida en el título por tratarse del último álbum de estudio de la banda. Poco después el grupo se disolvería y sus componentes comenzarían a hacer lo mismo al entrar en los dos miles, Dee Dee Ramone, Johnny Ramone y Joey Ramone la palmarían entre 2001 y el 2004. ¡Adiós amigos! incluía como secreto una versión de la sintonía de Spider-Man, convirtiéndose así en la segunda mejor aportación de los Ramones a los dibujos animados tras el cumpleaños feliz dedicado al señor Burns. La canción acabó formando parte de sus greatest hits, de un disco de versiones de temas de dibujos (Saturday morning cartoon greatest hits) e incluso de anuncios de juguetes de Spider-Man.

Bloc Party – «Everytime Is the Last Time»

El energético Silent Alarm de Bloc Party escondió una pieza instrumental serena y flotante que según el país servía como prólogo ninja o como epílogo fantasma: en el Reino Unido apareció en forma de pregap y en el resto de Europa se agazapó al final del disco.

TV on the Radio – «Mr Grieves»

El EP Young Liars de los neoyorquinos Tv on the Radio incluía cuatro temas y una quinta pista que no venía anunciada en ningún lado. Se trataba de una sorprendente versión del «Mr Grieves» de The Pixies reinterpretado a capela por varias voces que mutaban el original hasta un doo wop fantasmagórico y extraordinariamente marciano.

ZZ Top – «As Time Goes By»

Arrinconada al final del Mescalero de los amigos texanos de las barbacas yacía una versión serena del «As Time Goes By», aquel tema que popularizó Casablanca y que la gente sigue creyendo erróneamente que se detonaba con un «tócala otra vez, Sam».

Keith Urban – «One Chord Song»

No te puedes fiar de quien confunde la portada del disco con la foto que su madre enmarcaría en el salón. Y aceptar a alguien que posa así resulta incluso más complicado si tienes en cuenta que el caballero se dedica al country. Pero bueno, «One Chord Song» venía de incógnito y es un chiste de un solo acorde, tampoco pasa nada.

Queens of the Stone Age – «Mosquito song»

Songs For the Deaf era una especie de álbum conceptual de Queens of the Stone Age que simbolizaba un viaje en coche a través del desierto de California sintonizando diversas emisoras. Nick Oliveri lo tenía clarísimo: «Me aburre que un montón de emisoras pinchen las mismas canciones una y otra vez. Nosotros no sonamos en la radio, por lo que me figuré que podríamos arrojar mierda sobre ella». «Mosquito Song» era la canción secreta incluida, una pieza acústica de cuya letra se extraería el título del próximo disco de la banda: Lullabies to Paralyze.

Van Halen – «Growth»

El tercer álbum de Van Halen, Women and Children First, contenía «Growth», o una de las canciones ocultas más innecesarias de la historia. «Growth» arrancaba con ganas y se desinflaba a los quince segundos. La excusa era que la versión completa estaba siendo horneada para plancharse en el siguiente disco, pero aquello nunca llegó a ocurrir.

Pearl Jam – «Master/Slave»

Jeff Ament, bajista del grupo, aclaraba que «Master/Slave» fue parida en un par de días durante los cuales Stone Gossard estaba pachucho o «en el dentista». Una pieza despiezada: sonaba durante los primeros cuarenta y cinco segundos del disco, desaparecía para dar paso a «Once», y reaparecía de nuevo al final, acurrucada tras el último corte del álbum, «Release».

John Mellencamp – «Let It All Hang Out»

John Mellencamp escondió «Let It All Hang Out», su versión de un tema sesentero de The Hombres, porque no pegaba en el disco Big Daddy, una obra que nacía de la propia agonía del artista. Curiosamente la canción acabó recibiendo un videoclip con rubia explosiva y redneck explotado bailando en el camping.

Yeah Yeah Yeahs – «Poor Song»

«Poor Song» apareció abrazada a «Modern Romance» en el debut de la banda, Fever to Tell, y tenía a una suavizada Karen O entonando un tema que de pobre solo tenía el título.

The Rembrandts – «I’ll Be There for You»

Anda que no dio por el culo en los noventa la cancioncita de las palmitas de The Rembrandts por culpa de ser la sintonía oficial de la serie Friends. El éxito pilló desprevenido al grupo y la canción se añadió en el último momento al álbum que estaban a punto de lanzar (LP). No llegó a figurar en el tracklist de contraportada porque el embalaje ya había sido impreso y de ese modo se convirtió en la pista oculta que todo el mundo conocía.

Alt-J – «Hand-made»

An Awesome Wave como álbum era la hostia. Alt-J pecaban de haberse puesto nombre de una combinación de teclas (en un Mac el Alt+J se corresponde con el símbolo delta) pero lo compensaban acariciando acordes y entretejiendo voces. An Awesome Wave contenía maravillas como «Breezeblocks» (que llegó acompañada de un videoclip espectacular), «Tessellate», «Matilda» o «Bloodflood». Al final del disco ocultaba «Hand-made», una creación que no desentonaba con el resto.

Kings of Leon – «Talihina Sky»

«Talihina Sky», un lamento melancólico se agazapaba al final del Youth & Young Manhood con el que debutaron los americanos y daría nombre al rockumental basado en la propia banda: Talihina Sky: the Story of Kings of Leon.

The Afghan Whigs – «Miles Iz Ded»

El 28 de septiembre de 1991 Greg Dulli, integrante de la banda The Afghan Whigs, recibía dos mensajes en su contestador automático de parte del productor musical David Katznelson. El primero de ellos era la dirección de una comilona a la que ambos pretendían asistir, y el segundo era mucho más breve y conciso: «Miles ha muerto. No te olvides de traer el alcohol». El Miles al que se refería Katznelson era el mismísimo virtuoso del jazz Miles Davis, y la frase serviría de inspiración a Dulli para componer «Miles Iz Ded», la duodécima pista de un disco que anunciaba once canciones.

Misfits – «Hellnight»

Con American Psycho (1997) los Misfits presentaron nuevo cantante, Michael Graves, algo difícil de asimilar para muchos amigos del horror punk que habían crecido escuchando a Glenn Danzig. La pista oculta homenajeaba a la película Noche infernal.

Deftones – «Damone»

Lo habitual era utilizar los rincones del CD para apilar descartes, experimentos extraños o creaciones menos dignas. Pero Deftones eran de aquellos que recompensaban al curioso con un tema que no tenía ninguna razón real para estar escondido.

Eels – «Mr. E’s Beautiful Blues»

Dreamworks obligó a Mark Oliver Everett, líder de Eels, a meter la canción  «Mr. E’s Beautiful Blues» en el disco Daisies For the Galaxy y el hombre añadió dicha composición como una pista oculta al considerar que no compartía tono con el álbum. Pero los de Dreamworks continuaron jodiendo al artista y le forzaron a ceder la canción para la banda sonora de la película Road Trip, algo para lo que además tuvo que rodar un videoclip en contra de su voluntad. A día de hoy Everett no se ha molestado en ver Road Trip. Tampoco se pierde nada.

Tool – «Maynard’s Dick»

A principios del 2000 Tool editó una caja, Salival, con vídeos y canciones que incluía un extraño tema dedicado al pito del cantante. Sonaba infantil, y mucho más en un grupo que la gente se tomaba muy en serio, pero a lo mejor no tanto como lo de cerrar la canción con eructos y pedos.

Nirvana – «Endless, Nameless»

Nirvana asustó a todos aquellos que se dejaron el Nevermind rodando en la minicadena sin vigilancia cuando tras acabar el disco, y después de diez minutos de silencio, Cobain y compañía hacían sangrar las guitarras entre berridos durante los nueve minutos de la anárquica y ruidosa «Endless, Nameless». La jugada caló bastante en el ecosistema musical: Weird Al Yankovic no solo parodió la portada del Nevermind y su canción más famosa (transformándola en «Smell Like Nirvana») sino que además insertó «Bite Me», una pista de seis segundo consistente en un puñado de chirridos y chillidos amontonados, tras diez minutos de silencio al final del disco Off the Deep End que homenajeaba directamente a «Endless, Nameless».


Robert Johnson: «The King of the Delta Blues Singers» revisited

Robert Johnson ca. 1930. Fotografía: Columbia Legacy.

A veces se nos olvida que no siempre estuvo ahí, que no fue hasta 1961 que el mundo de la música se enteró de verdad que había existido un tal Robert Johnson (1911-1938). Su historia es una de las más contadas, llena de mitos y leyendas, de falsas verdades o de verdades a medias, todo quizás diseñado a propósito para crear alrededor de su figura un halo de misterio que lo hiciera todavía más interesante.

Los datos históricos son que murió a los veintisiete años tras ingerir whisky envenenado, y que solo dejó grabadas veintinueve canciones, todas recogidas en hoteles de mala muerte o almacenes de Texas entre los años 1936 y 1937. La gran mayoría vieron la luz en su día, en discos de 78 rpm editados por el sello Vocalion, eso sí, sin demasiada repercusión mediática. Solo tuvo una especie de éxito en vida: «Terraplane Blues», pero que nunca trascendió la esfera de lo local.

En 1938, el empresario neoyorquino John Hammond organizó el famoso festival «From Spirituals To Swing at Carnegie Hall», con el que pretendía dar una pátina de respetabilidad al country-blues de los artistas negros rurales. Quiso entonces contar con Robert Johnson, cuya fama le precedía por aquel entonces, con tan mala fortuna que para cuando dieron con él ya estaba muerto. Su participación en dicho festival hubiera, sin duda, cambiado todo, pues hubiera sido la primera vez que su mítico repertorio se exponía ante un público metropolitano blanco y educado, muy lejano de la audiencia natural de Johnson, allá por el delta del río Mississippi.

Todo lo anterior, ayudó a propagar su leyenda: la de un Robert Johnson que jamás se dejó fotografiar, la del músico que vagaba por las carreteras secundarias, guitarra al hombro, tras haber vendido su alma al mismísimo diablo a cambio del talento necesario para componer sus canciones.

No fue hasta 1961, gracias a la labor del citado John Hammond, que el sello Columbia recopiló por primera vez las grabaciones originales de Robert Johnson. Con el elocuente título de The King Of The Delta Blues Singers, se pusieron en circulación las primeras dieciséis canciones. En 1970 se lanzó un segundo volumen, que incluía las restantes trece. Y ya no había más donde rascar. La influencia de ambos discos recopilatorios es inmensa, y el hecho de que su aparición coincidiera con el inicio y el final de la década de los sesenta fue determinante.

Toda una generación de músicos de rock ha bebido de estas grabaciones, transformando su música en algo vivo, en algo que trasciende el propio blues del Delta de finales de los años treinta. El descubrimiento tardío de la música de Robert Johnson quizás no tuvo gran influencia en el devenir de la música negra, pero para la mayoría de roqueros blancos aquellas veintinueve canciones se convirtieron en algo así como la Biblia: un texto sagrado al que había que cantar una y otra vez:

1. «Milkcow’s Calf’s Blues» (1962), por Bob Dylan

No es nada causal que comencemos esta «revisitación» del legado de Robert Johnson por Bob Dylan. No solo porque lo de revisited sea un más que evidente juego de palabras tomado del título de su mítico álbum Highway 61 Revisited (1965) sino porque ambos músicos compartían entonces (a pesar de que Johnson llevara muerto más de veinte años) manager y escudería: recordemos que fue John Hammond el descubridor de Dylan y el promotor de que el sello Columbia pusiera en el mapa en 1961 el primer volumen recopilatorio dedicado al Rey del Blues del Delta, y también el que en 1962 consiguió que la misma discográfica fichara a un jovenzuelo llamado Robert Zimmerman. Eso explica, por tanto, que el cancionero de Robert Johnson llegara tan pronto a oídos de Dylan, que grabó este «Milkcow’s Calf’s Blues» para su segundo disco, el no menos mítico The Freewheelin’ Bob Dylan (1963), aunque desgraciadamente el corte se quedó fuera del álbum y no llegó a ver la luz (oficialmente) hasta 1991, gracias a las series Bootleg.

2. «Preachin’ The Blues» (1963), por Cyril Davies and His Rhythm and Blues All-Stars

Cyril Davies fue, junto a Alexis Korner, uno de los primeros promotores del blues en el Reino Unido. Ambos grabarían en 1962 el LP R&B From The Marquee, para muchos la primera piedra en la construcción de toda esa escena basada en el rhythm and blues que vivió Inglaterra en los años sesenta y de la que tantas bandas de renombre salieron, como The Rolling Stones, Cream o Led Zeppelin. Tras la aventura con Korner, Davies fundó su propia banda bajo el nombre de The All-Stars, y con ella interpretó esta versión del «Preachin’ The Blues» de Robert Johnson, que fue lanzada como single en 1963 por el sello Pye. Quizás resulte un poco atrevido afirmar que estamos ante la primera versión de Robert Johnson realizada por una formación británica, pero lo que sí que tengo claro es que tras esta vendrían otras muchas (miles, de hecho), como veremos a continuación.

3. «Ramblin’ On My Mind» (1966), por John Mayall & The Bluesbreakers

Si antes decíamos que Korner y Davies fueron los padres del blues en el Reino Unido, justo es reconocerle a John Mayall, al menos, el papel de padrino. En 1966 se lanzó el que sería su segundo álbum: Blues Breakers with Eric Clapton. Que Eric Clapton tuviera tanto protagonismo en el título del disco (cuando hasta la fecha apenas había grabado gran cosa) indica por sí solo el estatus como guitarrista que ya se estaba granjeando el chiquillo. Pero más allá de leyendas de guitar hero, lo verdaderamente importante de esta grabación es que «Ramblin’ On My Mind» supone el primer acercamiento serio de Clapton a la figura de Robert Johnson, la cual terminaría esquilmando hasta la saciedad.

4. «Walkin’ Blues» (1966), por The Butterfield Blues Band

El equivalente americano al Blues Breakers with Eric Clapton fue el álbum East-West (1966), firmado por la Butterfield Blues Band. De hecho, se suele decir que Paul Butterfield es algo así como el John Mayall americano, lo que en todo caso es una triste comparación pues las carreras de ambos son igual de sólidas. No obstante, es cierto que existen muchas similitudes. Por ejemplo, ambos tuvieron siempre a su cargo una banda imponente de músicos, que más tarde o más temprano terminaron germinando en otros proyectos, y mientas que Mayall contó en sus grabaciones con la presencia de guitarristas de la talla de Peter Green o el citado Eric Clapton, Paul Butterfield tuvo entre sus filas a otros grandes como Mike Bloomfield o Elvin Bishop. En cualquier caso, como ahora estamos en 1966, justo es decir que este East-West es un disco mucho más sólido que el grabado por Mayall con Clapton, y por eso las guitarras de Bloomfield y Bishop suenan tan afiladas en este «Walkin’ Blues».

5. «Four Until Late» (1966), por Cream

Que no se me enfaden los seguidores de Eric Clapton por preferir a Mike Bloomfield como guitarrista, por favor. ¿No veis que a Clapton, para desplegar todo su potencial, lo que le hacía falta de verdad era quitarse a John Mayall de encima y formar su propia banda? Así es cómo surgió Cream, uno de los combos más fascinantes de los sesenta, quizás el trío de instrumentistas más espectacular de todos los tiempos. Y en su primer álbum, llamado Fresh Cream (1966), Clapton volvió al cancionero de su admirado Robert Johnson para grabar esta elegantísima versión del «Four Until Late».

6. «Hellhound On My Trail» (1968), por Fleetwood Mac

Otro al que le hacía falta como el comer quitarse de en medio a John Mayall era a Peter Green, junto a Eric Clapton, uno de los mejores guitarristas de blues británicos y otro de los grandes obsesos de la obra de Robert Johnson. Tras abandonar a los Bluesbreakers, Green formó Fleetwood Mac, grupo que terminaría a mediados de los setenta, tras numerosos cambios de formación, transformándose en otra cosa (mucho más exitosa, por cierto) pero que en sus inicios fue una solventísima banda de blues-rock. En 1968 lanzó su primer LP para el sello Blue Horizon, y en él se incluía esta hermosa lectura del «Hellbound On My Trail» de Robert Johnson interpretada en solitario al piano por ¿Peter Green? ¡No! Je, je. Os he estado antes engañando, ya que esta vez el protagonismo se lo vamos a dejar a Jeremy Spencer. Pero tranquilos, que no se volverá a repetir.

7. «Terraplane Blues» (1968), por Canned Heat

Al igual que Fleetwood Mac, Canned Heat centró sus primeras grabaciones en el blues más primigenio. No fue hasta su tercer álbum, el doble titulado Living The Blues (1968), que comenzaron a juguetear en serio con la psicodelia y las boogie jam sessions que terminarían siendo marca de la casa. Precisamente, de unas sesiones anteriores a la grabación de aquel LP (inéditas hasta 1994) pertenece esta lectura instrumental, tan funky, del «Terraplane Blues» de Robert Johnson, de la que destacamos el slide guitar de Alan Wilson.

8. «When You Got a Good Friend» (1969), por Johnny Winter

Si hacemos caso a Charles Shaar Murray, Johnny Winter puede que no sea el mejor guitarrista blanco de blues de todos los tiempos pero, en la medida en que era albino, ciertamente era el más blanco de todos. En cualquier caso, para 1969, Winter era todavía un desconocido para el gran público y un artista bastante limitado, que centraba todo su repertorio en hacer versiones de blues. Así es su segundo disco, de título epónimo, en el que se incluyó esta fantástica versión de «When You Got A Good Friend» de Robert Johnson.

9. «Travelling Riverside Blues» (1969), por Led Zeppelin

En 1993 se reeditó Coda (1982), el último álbum en estudio de Led Zeppelin, con algunos bonus tracks de interés. Entre ellos estaba una versión grabada en directo para la BBC, datada un 24 de junio de 1969, del «Travelling Riverside Blues» de Robert Johnson. Si se escucha con detenimiento, se percata uno rápidamente de que no estamos ante una mera versión, ya que Robert Plant no deja de insertar en la letra frases de otras canciones de Robert Johnson. Se trata, por tanto, de todo un homenaje al Rey del Blues del Delta. Pero el punto álgido llega cuando Plant introduce en esta versión la que probablemente sea su letra más sexualmete explícita: aquel célebre «squeeze my lemon till the juice runs down my leg» que se cantaba en «The Lemon Song», justo a tiempo para comprender que aquella frase no la escribió nunca Robert Plant, que fue un robado que le hizo al «Travelling Riverside Blues» de Robert Johnson.

10. «Love In Vain» (1969), por The Rolling Stones

Esta nos la vamos a despachar rápido. Grabada para el álbum Let It Bleed (1969), con Ry Cooder a la mandolina: ¿la mejor versión hecha jamás de un tema de Robert Johnson? Os reto a que me encontréis algo significativamente mejor.

Y hablando de Led Zeppelin y los Stones…

11. «Little Queen Of Spades» (¿?), por Keith Richards y Jimmy Page

Sí, ya sé. Esto no existe o, si existe, yo no lo he escuchado. Es más, no creo que nadie lo haya escuchado nunca, a pesar de que hay fuentes escritas que aseguran que esto pasó. Pero a nosotros eso nos da igual, porque del mismo modo que siempre ha sobrevolado sobre Robert Johnson la leyenda de que había vendido su alma al Diablo, nos gustaría creer que esta otra leyenda, la de un ensayo entre Keith Richards y Jimmy Page haciendo el «Little Queen Of Spades», también es cierta. Y por eso, aquí la dejamos.

12. «Cross Roads Blues» (1970), por The Doors

Aunque soy consciente de que la versión definitiva del «Crossroads» fue la que hizo Cream el 10 de marzo de 1968 en el Winterland de San Francisco, dado que ya hemos abusado mucho de Eric Clapton (y además, me da en la nariz que lo vamos a tener que convocar más adelante), he decidido rescatar otra lectura del tema en cuestión, otra versión en directo, hecha también por un grupo grande de los sesenta, y le ha tocado sacar pecho a The Doors, que la interpretaron el 2 de mayo de 1970 en el Pittsburgh Civic Arena, digamos que para poner de manifiesto que la versión que hizo Cream sigue siendo la mejor.

13. «32-20» (1971), por The Flamin’ Groovies

Ya es hora de que alguien lo diga: The Flamin’ Groovies es la banda de rock and roll con más clase de la historia. Dicho esto, en 1971 lanzaban su tercer LP, el impecable Teenage Head, que muchos han comparado con el Sticky Fingers de los Rolling Stones, disco que fue grabado el mismo año y que ciertamente comparte con el álbum de los Groovies muchas estéticas sonoras. Resulta curioso comprobar cómo el «32-20 Blues» es interpretado aquí muy al estilo de los años veinte, como si los Groovies se hubieran transformado de repente en una jug band, como si la canción perteneciera a una época anterior a la del mismo Robert Johnson. El origen de todo esto quizás tenga que ver con la versión de este tema que hicieron The Charlatans en 1966, grupo que compartió escena con la banda de Roy Loney y Cyril Jordan en aquel truculento San Francisco de finales de los sesenta.

14. «Come On In My Kitchen» (1973), por Steve Miller Band

Quién le iba a decir a Robert Johnson que una de sus composiciones iba a acabar, en su versión más cósmica, dentro de uno de los álbumes más vendidos de los setenta. En efecto, Steve Miller Band lo petó en 1973 con su disco The Joker, y allí se podía encontrar este «Come On In My Kitchen», extraño corte se mire por donde se mire, porque además resultaba ser la única canción del LP que estaba grabada en directo.

15. «Dead Shrimp Blues» (1974), por Crosscut Saw

Una pequeña rareza, a cargo de un potentísimo grupo de blues-rock de Florida que solo sacó un disco, el inencontrable Mad Bad & Dangerous to Know (1974). Ojito al punteo que se marca al final su guitarrista, un tal Julien Kasper.

Robert Johnson ca. 1935. Fotografía: Hooks Bros. / Delta Haze Corp.

16. «Steady Rolling Man» (1974), por Eric Clapton

La triste historia de Eric Clapton como adicto a la heroína es de sobra conocida, pero una vez superada, volvió a grabar con fuerzas y el resultado fue uno de sus discos más queridos: 461 Ocean Boulevard (1974), que entre otras incluía su exitosa lectura del tema de Bob Marley «I Shot The Sheriff». Decíamos que entre otras, porque Clapton volvió aquí a homenajear a su querido Robert Johnson, versionando con mucho gusto este «Steady Rolling Man».

17. «Kind Hearted Woman» (1977), por George Thorogood & The Destroyers

George Thorogood es hoy día reconocido como uno de los grandes renovadores del blues. Junto a sus inseparables Destroyers, el «conejo de Delaware» ha ido poco a poco construyéndose una imagen de superviviente del género. Lleva toda la vida sobre los escenarios, haciendo más o menos lo mismo, haciéndolo siempre bien, y es ya una especie de leyenda del blues moderno, querido y respetado a partes iguales. Pero en 1977, nadie sabía quién era ese pimpollo de pelo lacio y grandes paletas que irrumpía con fuerza en las listas de éxitos, en plena era punk, con un disco de versiones de blues. Si queréis saber el porqué de su éxito, aquí lo tenéis en su primer álbum, en formato acústico, con su inseparable steel, quebrándose ante este sentido «Kind Hearted Woman» de Robert Johnson.

18. «Dust My Broom» (1979), por ZZ Top

«Dust My Broom» quizás contenga el riff de blues más conocido de todos los tiempos, uno además de los más versionados/copiados/imitados. ZZ Top también es una banda de sobra conocida, y para 1979 sus largas barbas eran lo más de lo más: acababan de ser fichados por una multinacional como Warner Bros., y su primer álbum con ellos, Degüello, llegó a ser disco de platino. Y en su interior, pues eso, este clásico de Robert Johnson.

19. «Malted Milk» (1979), por Lucinda Williams

Antes, mucho antes, de convertirse en una de las grandes damas del americana, Lucinda Williams debutaba con un álbum de versiones de blues y country, bastante anacrónico para 1979. Tres temas escogía Williams del cancionero de Robert Johnson, pero nos quedamos con este «Malted Milk» tan marchoso.

20. «Me And The Devil» (1986), por Cowboy Junkies

Otra pionera en esto del country alternativo, la no demasiado reconocida Margo Timmins, debutaba en 1986 al frente de su banda Cowboy Junkies con un álbum maravilloso de versiones titulado Whites Off Earth Now!!, en el que se incluía esta lectura fantasmagórica del «Me And The Devil Blues» de Robert Johnson, que ya apuntaba buena parte de los sonidos que estaban por venir.

21. «Honeymoon Blues» (1988), por Bob Brozman

Bob Brozman fue uno de los guitarristas más versátiles del siglo XX, capaz de adaptarse a todos los estilos y formatos posibles. En 1988 se decidió por grabar un disco de blues, de nombre Devil’s Slide, en el que puso a prueba su destreza al slide guitar como en esta versión incendiaria del «Honeymoon Blues» de Robert Johnson.

22. «They’re Red Hot» (1991), por Red Hot Chili Peppers

Si ya era raro encontrarse un tema de Robert Johnson en un disco tan exitoso como The Joker (1973) de Steve Miller Band, más lo debería ser cerrando uno como Blood Sugar Sex Magik (1991) de Red Hot Chili Peppers. Sin duda, uno de los discos definitorios de la década, una de esas obras de las que poco más se puede decir ya salvo que, sí, que terminaba con una canción de Robert Johnson.

23. «Drunken Hearted Man» (1992), por Malcolm Scarpa & Ñaco Goñi & Los Jokers

Una pequeña concesión aquí, no por la calidad de la grabación, que me parece intachable, sino por el artista seleccionado: ya nadie se acuerda de Malcolm Scarpa, pero en su día fue de lo mejorcito que tuvimos en este país. En 1992 publicó un disco junto a Los Jokers, con el armonicista Ñaco Goñi al frente, donde se incluía una versión de este clásico de Robert Johnson: «Drunken Hearted Man». Y ahora, cierra los ojos, y si no te hubiera dicho que era un español el que cantaba…

24. «Stop Breakin’ Down» (1995), por The Jeff Healey Band

Jeff Healey se hizo famoso de la noche a la mañana gracias a su primer disco, See The Light (1988) (que fue un exitazo sin precedentes para un disco de debut), gracias también a su trepidante forma de tocar el steel guitar, y, por qué no decirlo, a que era ciego. Aunque yo reconozco que lo conocí en aquella macarrada de película que era Road House (1989), con Patrick Swayze de protagonista. En cualquier caso, en 1995, Healey y su banda decidieron hacer un disco de versiones que terminó siendo horroroso en su conjunto. Ni siquiera la magnífica lectura que hicieron del «Stop Breakin’ Down The Blues» de Robert Johnson fue capaz de salvar los muebles. ¡Ya podía haber tomado Jeff Healey buena nota del título de la canción!

25. «Phonograph Blues» (2004), por Vassar Clements

Tras más de cincuenta años tocando el fiddle, Vassar Clements bien puede considerarse toda una institución del bluegrass. Gracias a The Nitty Gritty Dirt Band, la figura de Clements fue introducida a principios de los setenta a una nueva generación de músicos más afines al rock and roll. En 2004, con setenta y siete años, grabó su último disco, Livin’ With The Blues, en el que pudo despedirse (bien acompañado por amigos como el virtuoso guitarrista Roy Rogers) de su admirado Robert Johnson con esta magnífica versión del «Phonograph Blues».

26. «If I Had Possesion Over Judgment Day» (2005), por The White Stripes

Ya en sus primeros discos, The White Stripes demostraron su querencia por el blues más añejo, incluyendo versiones de canciones de Son House y Robert Johnson. La versión que aquí hemos seleccionado de «If I Had A Possession Over Judgment Day» fue grabada en directo el 24 de agosto de 2005 en el Fabulous Fox Theatre de St. Louis (Missouri).

27. «Last Fair Deal Gone Down» (2006), por Beck

Otro que adelantó la fiebre por lo añejo, antes incluso que The White Stripes, fue Beck. Aquí lo tenemos versionando «Last Fair Deal Gone Down» para el álbum The Harry Smith Project: Anthology Of American Folk Music Revisited (2006), un triple recopilatorio majestuoso dirigido por el productor Hal Willner, en el que jóvenes y no tan jóvenes artistas rendían homenaje a la impagable labor de musicólogo ejercida por Harry Smith a principios de los cincuenta, responsable de antologar buena parte del folclore americano. Por cierto, a Beck se le ha visto en algún que otro concierto hacer esta canción de Robert Johnson acompañado de Jack White.

28. «Stones In My Passway» (2012), por Joe Bonamassa

El último héroe del blues es Joe Bonamassa, que con su álbum Driving Towards The Daylight (2012) debutó directamente en el número 1 de las listas. Y entre los temas que componen el disco se encuentra este «Stones In My Passway», aquí versionada sin tapujos, convertida en una canción de lo más animada: Robert Johnson entrando por la puerta grande en el siglo XXI.

29. «Sweet Home Chicago» (2012), por Barack Obama

Si existe alguna prueba fehaciente de perdurabilidad esa debería ser que tus canciones las interpretara un presidente, a ser posible el de los Estados Unidos, claro. Y eso le ocurrió a Robert Johnson la noche del 21 de febrero de 2012, mientras se celebraba en la Casa Blanca el festival «Red, White And Blues», bajo la atenta mirada de B.B. King, Buddy Guy y Mick Jagger, y en estas que el presidente Obama se arranca y…


Eddie Spaghetti: «El rock terminará siendo un producto delicatessen, para esnobs o para quien quiera recordar los buenos viejos tiempos»

Eddie Spaghetti para Jot Down 0

Edward Carlyle Daly III, más conocido por los pocos roqueros que ya quedan por el mundo como Eddie Spaghetti, es el bajista y cantante de la mejor banda de rock and roll del mundo. Si él dice que lo son, debemos creerle. En frío puede sonar desmesurado, pero la afirmación resulta cierta al menos durante el tiempo que los ves sobre un escenario. Y si Lemmy Kilminster declara que «si no te gustan los Supersuckers, no te gusta el rock and roll» solo podemos contestar «amén». Los Supersuckers, aquella banda que marcó en Seattle un punto garrulo y festivo dentro del catálogo del archiconocido sello discográfico Sub Pop, aterriza en nuestro país y apenas logra reunir un par de centenares de aficionados en la pequeña sala madrileña Gruta 77. Piensen en ello y lloren, si es que aún les quedan lágrimas. Justo antes de subirse al escenario, mientras sus compañeros hacen una prueba de sonido en la que no le dejan participar («como meta mano Eddie, lo jode todo») Eddie nos atiende acodado a la barra mientras bebe y alaba un rioja que muchos modernos no usarían ni para cocinar. Gafas de sol, stetson y un escorpión en la hebilla del cinturón. Rock and roll.

Es bien conocida vuestra trayectoria a partir de que ficharais por Sub Pop, pero apenas se sabe nada de los comienzos del grupo. ¿Qué recuerdas de los inicios de la banda, allá por 1988?

Oh, éramos jóvenes, éramos increíblemente estúpidos y naif. Pero mira, todo eso jugó a nuestro favor, porque no fuimos conscientes de que era casi imposible ganarse la vida tocando en un grupo de rock, así que seguimos adelante. Pensamos que era lo que se suponía que debíamos hacer.

¿Qué quieres decir con que erais muy naif?

Si hubiéramos sabido entonces lo que sabemos ahora, lo duro que resulta mantener en marcha un grupo y todo lo demás, no creo que hubiéramos tenido las ganas de mudarnos a Seattle para poner en marcha toda la movida. Tuvimos que echarle un par de huevos para mudarnos de Tucson a Seattle.

¿Por qué elegisteis Seattle? Ahora ya sabemos todo lo que terminó por cocerse allí, pero ¿teníais noticias de que estaba naciendo una escena muy particular?

No teníamos ni idea de que existiera Sub Pop, ni de que ya otras bandas como Nirvana, Mudhoney, Soundgarden, etcétera, estaban allí formando parte de algo. Solo sabíamos que Jimi Hendrix era de Seattle, que tenían un buen equipo de football y otro de béisbol, y que podías llevar puesta la chaqueta de cuero todo el puto año. Creo que esa fue la razón principal, poder llevar puesta la chaqueta cuando nos saliera de los cojones. En Tucson hace un calor que se te funden los sesos. Supongo que como aquí. Así que un amigo nuestro que había vivido en Phoenix, que está como a ciento cincuenta kilómetros al norte de Tucson, nos llamó desde Seattle y nos dijo: «tíos, tenéis que venir aquí. Hay cuatro sitios en los que podríais tocar, hay un montón de grupos cojonudos y podréis llevar puestas las chupas de cuero todo el puto día». Así que diría que fue el tiempo de mierda que hace en Seattle lo que nos hizo mudarnos allí.

Así que él fue quien os habló de lo que estaba pasando en Seattle.

No nos citó ningún grupo en particular, porque sabía que no nos sonarían de nada. Nos habló bien de la ciudad, y allá fuimos.

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Antes de eso ¿cómo te metiste en el mundo del rock and roll? Eran otros tiempos, y escuchar buena música no resultaba tan fácil como hoy, tenías que confiar en ciertas emisoras, tiendas de discos… ¿Cómo conseguiste formarte musicalmente?

Para mí empezó con «My Sharona», de The Knack. Esa canción salió cuando yo tenía doce o trece años, y eso era lo que yo quería hacer. Poco después me agencié una guitarra. Pronto descubrí que no iba a ser ningún virtuoso, pero que podía componer canciones, así que empecé de inmediato.

¿Sabías algo del punk y la new wave o tan solo escuchaste esa canción y dijiste: eso es?

No sabía mucho. Sabía que esas cosas como Blondie o The Knack eran cojonudas, y me gustaban. Cuando era joven no me gustaba el hard rock. Más tarde, en el instituto, fue cuando me metí en el rollo del heavy metal y la música más cochambrosa, por decirlo así.

¿Te gustaba el heavy metal de los ochenta?

Toma, claro.

¿Incluso las bandas más glam como los Crüe, por ejemplo?

Estaba metido en grupos que hacíamos justo eso. Tocábamos versiones de todos los éxitos de metal-pop. Nos flipaban.

¿Aún te gusta? ¿Lo sigues escuchando?

Algunas cosas me gustan aún, pero ya no lo escucho, la verdad. Cuando cazo alguna canción en la radio, o en un centro comercial, donde sea, me entra un tanto de nostalgia. Solo eso.

¿Qué hacías antes de tocar la guitarra en un grupo?

Buah, era un niño de lo más normal. Jugaba muy bien al béisbol.

¿Por qué te pasaste al bajo?

Oh, yo no lo elegí. Más bien fue el bajo el que me eligió a mí.

Nadie lo elige.

Nadie quiere tocar el bajo. Y yo tenía tantas ganas de tocar en un grupo, que… Había un par de bandas en el vecindario, y las dos necesitaban un bajista. No puedes ser una estrella tocando el bajo, y bueno, pensé que yo podría tocarlo. No sabía ni cómo sonaba. Había escuchado «Back in Black» y ese ¡CHANK-CHANAK! y pensé: «espero que eso sea el bajo, porque es el sonido que quiero hacer». Y resulta que lo que hace el bajo es DU-BUM-BUM-BUM, que es una puta mierda de sonido. Era una puta mierda tocar el bajo. Y aún lo es, porque además cuando metes la pata jodes toda la canción. La única ventaja es que nunca te van a echar la culpa de haberla cagado. Nadie se fija en el bajista.

Y que es más fácil ser el mejor bajista del mundo.

Sí. Pero siempre hay alguno más guay: Lemmy, Phil Lynnot

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¿Qué recuerdas de los años del grunge en Seattle? ¿No era un poco extraño estar en medio de toda aquella filosofía de su escena principal «el rock no es para reír», tan contraria a la vuestra?

Fueron unos años cojonudos, porque a pesar de eso en Seattle siempre había sitio para todo el mundo. No había ninguna norma, no tenías que sonar de determinada manera para encajar. Y aunque nosotros éramos distintos a todo el rollo del grunge y su filosofía de vida, en Sub Pop no pusieron ninguna pega. Vieron un buen grupo y nos ficharon. Todo eso del estilo grunge y de la manera en que debe sonar es un invento de los medios. Allí no importaba si tocabas un determinado tipo de música o lo dejabas de tocar.

Sub Pop es uno de los pocos sellos independientes que es conocido por casi todo el mundo ¿Qué lo hacía (o hace) distinto a los demás sellos, ya sean independientes o majors?

Eran muy muy buenos promocionando el sello. No le daban tanta promoción a las bandas individualmente, le daban mucha importancia al producto Sub Pop. Desde el principio venían a decir: «somos algo, vamos a hacer que algo importante pase». De ese modo tuvieron acceso a un montón de buenos grupos. Y tuvieron suerte. Oh, dios, eran buenísimos dándose a conocer. Nuestra primera gira por Europa fue conjunta con otros grupos del sello, el Reverendo Horton Heat y otro más, y los conciertos se anunciaban: «Sub Pop toca esta noche». La gente sabía que tocaban tres bandas de Sub Pop y les daba igual quiénes fuesen. Solo querían ver cosas de Sub Pop.

Nirvana les ayudó a darse a conocer.

Cuando se empezaron a vender como churros los discos de Nirvana fue la hostia estar en Seattle. Que un grupo al que conoces, con el que has tocado, tenga un éxito tan brutal y saque el disco que todos querríamos haber grabado… ¡Joder, es un disco perfecto! Hizo tanto por la ciudad y por los grupos que sonaban de ese modo… Desgraciadamente también salieron muchos imitadores de Nirvana que eran una puta mierda.

¿Se podría repetir algo similar hoy?

Buf… No siento nada de energía saliendo de la escena del rock and roll. Ya no hay buenas bandas

Hombre, alguna habrá. Vosotros, por lo menos.

Ya. Alguna queda, y puede que nosotros seamos una de esas. Pero somos pocos.

Eddie Spaghetti para Jot Down 2

¿Crees que los días en que un grupo llenaba grandes estadios han pasado?

No, qué va. Todavía pasa en el mundo del heavy metal.

Pero si hablamos de rock and roll…

Ya no hay bandas de rock and roll, de puro rock and roll, como lo somos los Supersuckers, o lo son los Dwarves, o lo fueron los Hellacopters. Esas bandas se enorgullecen de ser parte del rock and roll. Solo eso: rock y roll. Pero eso ya no les interesa a los críos. Andan todo el día trasteando con el puto ordenador. Es a lo único a que aspiran, a batir el récord de no sé qué juego de ordenador.

¿Por qué ya no les interesa el rock?

Tiene mucho que ver con los ordenadores. Ya no interactúan entre ellos, lo tienen todo en los teléfonos y los ordenadores. No hacen una comunidad. El único modo de experimentar el rock es salir a un concierto y ver a un buen grupo volarte la cabeza. Pero prefieren ir a escuchar a un DJ. ¡Joder, no es lo mismo! Escuchar un buen grupo es como una montaña rusa, y te tienes que subir. Y la mayoría de los chicos pasan de eso, están a otras cosas, la tele, las películas… Si no es algo que esté en una pantalla, no es algo que quieran ver.

¿Cómo sobrevivirá el rock, entonces?

Siempre estará por aquí, dando el coñazo. Pasará un poco como con los discos de vinilo; será un producto delicatessen, música para esnobs o quien quiera recordar los buenos viejos tiempos.

¿Cómo conseguisteis que Daniel Clowes os dibujara la portada para The Smoke of Hell?

Bruce Pavitt, uno de los fundadores de Sub Pop, conocía a Daniel de cuando estuvo viviendo en Chicago. Fueron juntos a la escuela de arte. Y sabía que nos gustaban esos cómics que estaba sacando por entonces, así que cuando nos preguntó si nos gustaría que Daniel hiciera la portada del disco casi nos caemos de culo. Era una de las ventajas de estar en Sub Pop.

¿Por qué os quitasteis el Black de los comienzos? Vuestro primer nombre fue The Black Supersuckers.

Al principio éramos cinco, teníamos un cantante. Cuando le dimos la patada necesitábamos un nuevo nombre, y simplemente quitamos el adjetivo.

¿Es cierto que Black Supersuckers es el título de una novela pornográfica?

Es por una película, en realidad. Bueno, no sé si es una película… Quizás un corto. Estaba en una lista de «Títulos cutres de películas» que vi en la contraportada de una revista porno, y lo elegimos. No sé por qué; la verdad es que siempre quisimos cambiarnos el nombre.

¿Por qué tanto punkrocker termina haciendo discos de country? Vosotros grabasteis Must’ve Been High. ¿Qué conexión hay entre country y punk rock?

¡Son lo mismo! Cuando empiezas a escuchar buen rock and roll, buscas más y descubres que todo viene del country y el blues. En el rock las canciones hablan de chicas y drogas y en el country hablan de chicas y camionetas. Es lo mismo. Tres acordes, buenas letras y ser muy honesto. Y como americano es un orgullo, porque el country es una contribución de América al mundo.

¿Escuchabas country de niño?

Yo sí, estaba rodeado de música country, ya sabéis, ¡Tucson!… Y lo odiaba y no quería que me gustara. No me gustaba el sonido de la pedal steel guitar. Quería apartarme de todo eso. Pero cuando empecé a tocar rock le empecé a coger el tranquillo.

¿Hay buena relación entre el mundillo country y el punk rock?

Sí. Una vez más es una cuestión retro. El country no es para los chicos que quieren tener una carrera musical esplendorosa. Lo bueno del country es que depende un montón de las canciones. Hay que escribir muy buenas canciones, y eso a mí me estimula mucho. Especialmente cuanto más viejo me voy haciendo.

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Eres una persona comprometida en asuntos sociales, sin embargo las letras de los Supersuckers nunca tratan temas políticos. ¿Por qué? ¿El rock no debe mezclarse con la política?

Me gusta disfrutar el rock tan solo porque es rock. Me encanta el rock simplón, es mi favorito: Ramones, AC/DC, Motörhead… Estas son para mí las bandas más grandes de todos los tiempos. Lemmy a veces trata algún asunto político, AC/DC jamás, Ramones tan solo un poco…

No te gustan bandas de rock más comprometidas. The Clash, por ejemplo, que en su día fueron el paradigma de banda política.

No, nunca me gustaron mucho. Tampoco ahora. Tienen un par de canciones buenas y ya.

El punk británico era mucho más político que el americano.

Sí, y eso lo estigmatizaba para mí. Era demasiado inteligente. Nos hacía parecer idiotas. Y no lo somos, tan solo nos gusta tocar rock idiota.

¿Te da la misma satisfacción sacar un disco en 2014 que la que te daba en 1992?

No tiene nada que ver. Ya nadie compra discos, todos quieren la música gratis. Es muy difícil para las pequeñas bandas como nosotros vivir de la música. Para nosotros los discos son como un anuncio, una forma de promoción, una manera de atraer a la gente a nuestros conciertos. La gente piensa que no debe pagar por los discos. Los ordenadores, los iPods… Toda esa mierda que todos tenemos y que tanto nos gusta fue lo que mató al rock and roll. Mató el espíritu. Antes costaba un huevo encontrar un buen disco, tenías que gastar muchas balas hasta dar con el bueno. Y si querías escucharlo, tenías que comprarlo. Y lo escuchabas con verdadera atención. Hoy ya no pasa nada de eso, claro.

Hoy nos quedaríamos sin La Mano Cornuda o The Smoke of Hell.

Ambos discos no vendieron una mierda.

El primero, al menos, es todo un clásico del rock.

Seguramente, y el nuevo también lo será, pero le llevará más tiempo alcanzar esa condición. Hace veinte años vender diez mil copias de un disco de punk rock era un éxito. Hoy te puedes dar con un canto en los dientes si vendes cuatro mil. Nosotros vendemos algo más que eso.

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En esta gira estáis llenando los locales.

De puta madre, es un buen síntoma para el rock and roll. Aún hay gente a la que le sigue tirando escuchar música del mejor modo posible. La música sigue siendo popular, y siempre será popular. Es solo lo que esperas conseguir al pagar lo que ha cambiado. Yo también soy culpable: si puedo escuchar algo gratis, lo hago. Es tan fácil… está aquí, en mi puto teléfono. Me pongo los cascos y ¡booom!, estoy escuchando nueva música. Genial. Pero si es un disco que me gusta de verdad, entonces voy y me lo compro.

¿Qué novedades te gustan?

Un disco de una banda que se llama Hellbound Glory. Se titula Damaged Goods. Ese es bueno de cojones. Es un cantante country y tiene muy buenas canciones, y las canta que te cagas. Y los dos últimos de los Dwarves. The Dwarves Invented Rock and Roll acaba de salir. Y el anterior, The Dwarves Born Again. Hay otra banda de Seattle que se llama Zeke. No los conoce mucha gente, su disco se titula ‘Till the Livin’ End y es buenísimo, acojonante. Hay buena música por ahí, pero no es fácil de encontrar.

¿Cómo distingues una buena banda a primera vista?

Nada más verlos, por las guitarras que están tocando. Si no son del tipo adecuado, no van a ser buenos.

Y las malas son…

Cualquiera que no sea una Gibson, una Fender o, quizá, una Gretsch. El bajo también es importante. Esos bajos con demasiadas cuerdas o formas absurdas, madre mía… ¡La estética es importante! Y además nunca engaña. Un grupo nunca sonará bien con un equipo de mierda. Nunca lo he visto, sencillamente porque no puede ser.

La estética es importante en el rock, entonces.

Sí. Importantísima. Es la mitad de tu trabajo. No puedes salir a tocar vestido como si fueras el vecino de enfrente. Tienes que parecer parte de un grupo de rock. Los grupos cojonudos tenían una estética cojonuda. Fíjate en los Ramones.

Hay algo que no entendemos: ¿por qué no te eligieron a ti para sustituir a Lynnot en la gira de los nuevos Thin Lizzy que teloneasteis?

Ya ves, podría haber hecho el trabajo de dos tipos.

Si hay alguien con el carisma para sustituir a Lynnot, ese eres tú.

Pues no lo sé. Probablemente ahora se arrepientan. Ahora, no sé si lo hubiera disfrutado, si os digo la verdad. Porque me parece algo blasfemo subirme al escenario a intentar ser Phil Lynnot. Y de eso se trataba aquello, básicamente.

Alguna vez te has declarado muy afín a la escena roquera escandinava. ¿Qué aportaron al rock que no aportaran otros países?

Sí me gustan, sí. Rompieron el código. Demostraron que no era necesario ser de los EE. UU. o de Gran Bretaña o de un país anglosajón para hacer buen rock and roll.

¿Lo hicieron mejor?

No, no, tampoco os paséis. Pero lo hicieron bien. Mira, nunca he conocido una buena banda de rock en España, ni en Francia, ni en Italia… pero en Escandinavia había un montón; los Hives, The Hellacopters, Turbonegro, The Backyard Babies… y muchas fueron muy populares en los EE. UU. Y antes de todas esas los Hanoi Rocks.

¿Y por qué en Escandinavia sí salían buenos grupos? Has mencionado que en el resto del mundo nunca han salido buenas bandas de rock.

Yo qué sé. Quizá porque aprenden el inglés desde pequeños y lo hablan muy bien, y es el mejor idioma para el rock. O les dan algo en el agua. Sucedió de repente y no se volvió a repetir.

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Cuando tocas en solitario te presentas como el cantante y bajista de la mejor banda de rock del mundo, los Supersuckers. Hay un contraste curioso ahí entre la humildad personal y cierta vanagloria como grupo.

Bueno, no es mi manera de ser el destacar como individuo. Me gusta ser parte de un equipo, prefiero formar parte de un equipo a tener una carrera en solitario. De vez en cuando grabo un disco, toco unos bolos y es muy divertido. Pero no quiero perder la perspectiva de que toda mi carrera en solitario se debe a los Supersuckers. Los Supersuckers son lo más grande, y para ellos escribo mis canciones. Lo que toco en solitario es solo una extensión.

¿Cuáles son tus discos favoritos? ¿Con qué discos iniciarías a un profano en el mundo del rock and roll?

Aparte de los de Supersuckers, supongo.

Por favor.

Rocket to Russia de los Ramones, Powerage de AC/DC…¡Joder, qué difícil! Diría que Ace of Spades de Motörhead, aunque mi favorito de ellos sea Another Perfect Day. Pero este último sería una elección bastante rara para empezar a escuchar a Motörhead. Añadiría el primer disco de The Knack. Y cualquiera de esos discos geniales que sacaron ZZ Top en los setenta. Cheap Trick, quizá el In color (and in black and white).

Te gustan ZZ Top.

Sí, sí, tienen algunos discos cojonudos.

¿Y por qué no son tan conocidos como debieran?

Lo son en los EE. UU. No sé por qué no tienen más éxito fuera de América. Quizá es esa cosa tan western que hacen. En España deberían ser más populares. También tenéis vaqueros, os podríais identificar con sus canciones.

¿Y por qué justo Rocket to Russia, por encima de Leave Home o el primero de Ramones?

Su sonido me gusta más que el de Leave Home. Por muy poco. La verdad es que los dos podrían ser el mismo disco, pero hay algo más, más… más comprimido en el sonido de Rocket to Russsia. Rocket to Russia es un disco con un sonido perfecto.

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Fotografía: Guadalupe de la Vallina


Diez años sin Dimebag Darrell

"Dimebag" Darrell (foto: Corbis)
Dimebag Darrell. Foto: Corbis.

 Era el tipo menos indicado para que le sucediese algo como esto. Era un espíritu dulce, uno de los pocos tipos al que no le importa el negocio sino simplemente ser un músico. (Nikki Sixx, bajista de Mötley Crüe)

El 8 de diciembre del año 2004, en la sala de conciertos Alrosa Villa de la ciudad de Columbus, un individuo de cuyo nombre no queremos acordarnos subió al escenario armado con una pistola y desató el caos cuando la banda Damageplan estaba interpretando la primera canción de su concierto. El objetivo del intruso estaba decidido de antemano: Darrell Abbott, más conocido como «Dimebag» Darrell, considerado universalmente uno de los mayores héroes del heavy metal. El pistolero atravesó el escenario como una exhalación y descerrajó cinco tiros en la cabeza de Darrell, que no sobrevivió al ataque. Tampoco sobrevivieron Jeff Thompson, jefe de seguridad de la gira, ni Erin Halk, un empleado de la sala: ambos trataron en vano de detener al asesino, quien antes los detuvo a ellos a balazos. Idéntica suerte corrió Nathan Bray, un espectador que subió al escenario para ofrecer auxilio médico al guitarrista y que recibió otro disparo mortal cuando estaba practicándole un intento de reanimación cardiopulmonar. Siete personas más fueron heridas por disparos sin que nadie pareciera capaz de parar la sangría, hasta que un agente de policía mató al asesino justo en el momento en que éste estaba apuntando a la cabeza a otro de los miembros del equipo técnico.

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La noticia nos dejó helados a muchos. Es cierto que todos los días se producen muertes trágicas en muchas partes del mundo, pero en el momento de morir Dimebag Darrell —que tenía treinta y ocho años de edad— llevaba bastante tiempo establecido como uno de los mejores guitarristas rockeros de su generación; de hecho no poca gente lo situaba en el número uno de los solistas de heavy metal del momento y básicamente podíamos considerarlo ya como un icono cultural en vida. Es decir: quizá para el gran público resultaba menos familiar que una Amy Winehouse por ejemplo, pero dentro del mundillo metalero Darrell era un auténtico peso pesado desde que su anterior banda, Pantera, había explotado comercial y artísticamente algunos años atrás. Para colmo, tétrica coincidencia, el suceso se producía justo en el día del aniversario del asesinato de John Lennon. Todo esto despertaba muchas preguntas, ¿quién podía querer asesinar a alguien como Dimebag Darrell, un músico que nunca le había hecho daño a nadie? Ni siquiera había tenido una personalidad polémica; por lo que se sabía de él, a Darrell solamente le interesaba tocar la guitarra y pasarlo bien con sus amigos, entre quienes había muchos grandes nombres del negocio musical que habían dado frecuente testimonio de su buen carácter. La suposición más extendida era la de que su asesino era un fan perturbado, y conforme fueron conociéndose detalles esta suposición resultó ser acertada: resultó que no era la primera vez que el asesino irrumpía en un concierto de Damageplan con la intención de agredir a Dimebag. En otra ocasión ya lo había hecho, aunque desprovisto de armas de fuego, y la seguridad había conseguido detenerlo aunque el tipo se arreglase para dañar parte del costoso equipo de sonido. La policía reveló que sufría de esquizofrenia paranoide y que efectivamente estaba obsesionado con Darrell porqu, en sus delirios, pensaba que la banda Pantera había estado leyéndole la mente. Curiosamente, el que la fecha del crimen resultase coincidente con el obituario de John Lennon fue pura casualidad, ya que el asesino desconocía completamente este hecho.

A la gente que no disfrute particularmente con el heavy metal puede resultar un tanto difícil de explicar quién era Dimebag Darrell y en qué residía su importancia. Los medios ya se han encargado de recordar una y otra vez a Amy Winehouse como decimos, pero Dimebag no ocupa tanto espacio informativo y menos en un país como España. Pero si usted no ha escuchado un disco metálico en su vida o si es incapaz de dejar que suene sin taparse los oídos, podemos explicárselo así: en el heavy metal, como en cualquier otro estilo de música, se necesita una considerable cantidad de técnica y talento para dominar un instrumento. Y como en cualquier otro estilo, instrumentistas los hay mejores que otros, o los hay que sencillamente están en mejor forma y más inspirados durante un período concreto. Pues bien: durante los años noventa, uno de los guitarristas que estaba más en forma y que hacía mayores demostraciones de técnica y talento era Dimebag Darrell. Tenía un estilo propio y original. El que un individuo le disparase en mitad de un concierto era el equivalente a que hubiesen asesinado a uno de los mejores pianistas clásicos del mundo durante un recital. Olvide las etiquetas: Dimebag Darrell era simple y llanamente un gran, gran músico.

Darrell llevaba muchos años en el negocio. A principios de los ochenta había formado el grupo Pantera junto a su hermano mayor Vinnie Paul Abbott, aunque la banda tardó más o menos una década en conseguir un sonido característico y el consiguiente éxito comercial. Los hermanos Abbott, oriundos de Texas, habían nacido y crecido respirando música: su padre era un profesional del country, propietario de un estudio en el que ejercía como compositor y productor. Allí, sus dos inquietos retoños no dejaban de revolotear jugueteando con los instrumentos. Y curiosamente no fue la guitarra el primer instrumento en el que Darrell se fijó, sino la batería… sin embargo, su hermano Vinnie, dos años mayor, demostraba una mayor habilidad con las baquetas y eso le convenció de que debía buscarse otra cosa. Ahí sí, no tardó en decantarse por la guitarra y consiguió progresar rápidamente. Tanto, que siendo un quinceañero su rapidez y técnica llamaban considerablemente la atención en el estado. De hecho, tocaba tan bien en comparación con otros chavales de su edad que ganaba absolutamente todos los concursos regionales de guitarra en los que se presentaba, hasta el punto de que ¡terminaron prohibiéndole la inscripción!

Aunque a los hermanos Abbott les gustaba el country, la música en la que trabajaba su padre, se sintieron más atraídos por el rock duro, consecuencia lógica de la fogosidad adolescente. Es más: Darrell comía, bebía y respiraba mitología del rock duro y el heavy metal Su primera gran inspiración fue Ace Frehley,  guitarrista del grupo Kiss. Aunque Frehley no era exactamente un prodigio de técnica, formaba parte del núcleo de la fantasía rockera de millones de niños y adolescentes, y como muchos de ellos Darrell se apuntó en el club de fans oficial de Kiss, la Kiss Army, y jamás renegó de ese fanatismo hacia su adorado «Space Ace» y la banda neoyorquina. Es más: con el tiempo se tatuaría el rostro maquillado de Ace Frehley en la parte derecha del pecho y nunca dejaría de tener palabras de admiración hacia él («Ace es Dios»), citando solos como el de «Shock Me» entre sus favoritos. También solía reconocer a Eddie Van Halen como una gran influencia, particularmente el instrumental «Eruption» («Lo escuché por primera vez siendo un niño y no podía creer lo que Eddie Van Halen hacía con las cuerdas»). Otros guitarristas que le marcaron serían los de bandas como Deep Purple, Black Sabbath, AC/DC, UFO, Judas Prest, Def Leppard, Metallica o Slayer. Como se ve, prácticamente todos ellos guitarristas de rock duro, aunque también guardaba un lugar especial para un paisano de Texas como Billy Gibbons de ZZ Top.

Ese entusiasmo por el heavy metal le llevó a crear Pantera junto a su hermano, aunque durante los primeros años el grupo tejano no se parecía demasiado al grupo del mismo nombre que asaltó el trono del rock duro a principio de los noventa. Aquellos jovencísimos Pantera seguían los pasos de la llamada «Nueva Ola» del heavy metal británico y tenían incluso toques glam en su aspecto y en su música. Darrell todavía se hacía llamar «Diamond Darrell» en honor a David Lee Roth, vocalista de Van Halen. Aquí podemos ver a Darrell con diecinueve años y el pelo crepado en una voluminosa melena al mejor estilo glammy de los ochenta. Estos eran Pantera por entonces:

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Aquellos Pantera no estaban destinados a llegar demasiado lejos. El propio Dimebag tenía buena técnica pero básicamente se limitaba a imitar a guitarristas más famosos sin aportar nada relevante de cosecha propia. En conjunto no tocaban mal, desde luego, pero estaban sujetos a unos estereotipos heavy que hacia finales de los ochenta estaban quedando comercialmente desfasados. Grupos como Metallica, Slayer o Anthrax estaban definiendo un nuevo sonido, más oscuro y agresivo, menos melódico. Pantera se sintieron atraídos por este nuevo sonido y aquello  supuso el inicio de su transformación en una banda realmente grande. Con un nuevo cantante en sus filas, Phil Anselmo, comenzaron a evolucionar tratando de acercarse a ese sonido. Primero con un disco cuyo título todavía sonaba a cliché (Power metal, de 1988) en el que coleaban retazos de su antiguo estilo. Pero después con Cowboys from hell, de 1990, donde imitaban ya sin demasiado disimulo a Metallica y demás. Todo lo que necesitaban era un álbum en el que no sonasen a un derivado de lo que hacían otros… y ese álbum llegaría en 1992, con el fabuloso título de Vulgar display of power y la bastante fea pero ilustrativa portada que representaba un puñetazo.

Muchos oyentes, la mayoría de hecho, descubrimos a Pantera con aquel disco. Yo ni siquiera estaba particularmente interesado en el metal extremo por entonces, pero Pantera hicieron clic en algún resorte en muchos que hasta entonces no se habían acercado por el estilo más allá de obviedades como los ya mundialmente famosos Metallica, Anthrax y demás nombres populares de los ochenta. ¿En qué habían cambiado Pantera? Menos velocidad, más cuidado por un ritmo con groove, incluso llegando a ser lentos y pesados cuando la ocasión lo requería. Riffs más simples, menos preocupación por hacer demostraciones técnicas y más preocupación por pegarle al oyente un puñetazo en la cara, como prometían en la portada. El disco ofrecía algo nuevo y rompió moldes. Aquel fue el primer momento en que a muchos nos interesó saber quién demonios era aquel guitarrista que sonaba tan único, tan diferente… un momento como por ejemplo el solo de guitarra de la canción «Walk», cuyo primer impacto aún recuerdo perfectamente. Darrell, que ya se hacía llamar Dimebag —por las bolsas donde suele venderse la marihuana— había alcanzado la madurez como guitarrista. Ya no se trataba de lanzar miles de notas por minuto a toda costa, o de imitar a Eddie Van Halen, sino de hacer que cada nota y cada fraseo tuviese importancia por sí mismo (el solo está en el minuto 3:00 de vídeo… incluso si no le gusta a usted el heavy metal, ¡debería apreciar a esta clase de instrumentistas!).

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O momentos como el solo de «No good» (2:50 del enlace, ¡impresionante!). Contra todo pronóstico, Pantera tomaron por asalto la vanguardia del metal mundial, incluso desplazando —no comercialmente, pero sí en cuanto a constituir la punta de lanza del estilo— a unos Metallica que acababan de reventar las listas de ventas de medio mundo, cosechando mil y un elogios con su disco de la portada negra. Pero por muy grandes que Metallica fuesen, la lógica generacional funciona en la música como en la vida y Pantera les hicieron parecer repentinamente «anticuados», porque los chicos de Texas no solamente tenían mayor pegada sino también una habilidad instrumental considerablemente superior. Como mínimo, podía decirse que Metallica no tenían un guitarrista tan bueno como Dimebag Darrell —¡ni de lejos!— y así Darrell estaba repentinamente en posición de colocarse como el gran guitar hero metálico del momento. Cosa que hizo sin demasiado esfuerzo. Es más, ahora que tenía un estilo propio uno podía reconocerlo fácilmente nada más escucharlo, por ejemplo en algunos solos de la discografía de Anthrax (Dimebag participó como invitado en cuatro de sus discos), banda que también estaba situada en la vanguardia del metal aunque el grueso del público metálico, por razones que probablemente jamás serán descifradas, decidió darles la espalda en cuanto evolucionaron.

No sucedía lo mismo con Pantera y el público empezó a rendirles pleitesía. Su siguiente disco era ansiado con tanta expectación que debutó directamente en el número uno de las listas, superando a muchos productos pop. Dimebag, cómo no, seguía destacando con solos enormemente expresivos en ese nuevo estilo que parecía resumir lo mejor de sus tempranas influencias pero de una manera mucho más personal que en su etapa anterior (2:30 de vídeo).

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Ahora que ya no imitaba tanto a Eddie Van Halen fue precisamente cuando la gente empezó a compararlo con su ídolo, porque Dimebag Darrell estaba siendo revolucionario en el heavy metal de una manera similar a como Eddie Van Halen lo había sido en el hard rock. Y eso, en cuestión de guitarras eléctricas, era como que comparasen a un motorista con Valentino Rossi. En estos nuevos Pantera, el cantante Phil Anselmo era la imagen, pero Dimebag Darrell era el corazón.

El éxito solamente duraría un par de discos más: la drogadicción de Anselmo y su carácter intratable —incluyendo no pocos numeritos lamentables en los directos o la exigencia de viajar separado de sus compañeros de grupo— hicieron que el mal ambiente imperase dentro de la banda. Los hermanos Abbott, que más allá de la marihuana y el alcohol se oponían al uso de otras drogas más duras, ni siquiera sospechaban que Alselmo se inyectaba heroína hasta que el vocalista tuvo su primera sobredosis durante un concierto. La situación se hizo insostenible y finalmente el grupo dejó de existir, pero la separación no ayudó a suavizar la tensión interna, que se hizo externa y bien visible para el público. Anselmo por un lado y los hermanos Abbott —sobre todo Vinnie— por el otro, ocuparon páginas y páginas lanzándose acusaciones y culpándose mutuamente de la separación del que había sido uno de los grupos más exitosos del planeta. Phil Anselmo, muy especialmente, se encargó de elevar el tono de la disputa mediática hasta niveles francamente desafortunados, llegando incluso a hablar de asuntos familiares de los Abbott ante los periodistas. La verdad es que daba toda la impresión de ser un tipo desagradable y cuando decía en la prensa ciertas cosas estaba sembrando la semilla para la imagen nefasta que muchos antiguos seguidores de Pantera tienen ahora de él. Hablamos de frases como «Darrell merece recibir una severa paliza». Cuando se produjo el asesinato de Dimebag, claro, la gente recordó las declaraciones avinagradas de Anselmo y de manera muy particular sus aparentemente malintencionadas alusiones a la violencia física contra Darrell. Muchos le acusaron de haber contribuido indirectamente a que el asesino se decidiese a tirotear al guitarrista, entre ellos Vinnie Paul y el resto de la familia Abbott, o Rita Haney, la novia de Darrell desde los tiempos del instituto. La familia, de hecho, prohibió expresamente la presencia de Phil Anselmo en el entierro. El vocalista respondió con un vídeo público en el que expresaba su pesar por el asesinato, aunque sobre el vídeo hubo opiniones para todos los gustos: desde quienes pensaban que se trataba de un pésame sincero hasta quienes veían una mala «interpretación» de Anselmo o una muestra más de su continuo afán de protagonismo. Para gustos, colores.

Foto: Corbis.
Foto: Corbis.

Lo cierto es que el pistolero esquizofrénico que asesinó a Darrell lo hizo por causa de sus delirios, y en contra de lo que muchos quisieron creer, parece que el asesinato tenía poco que ver con la separación de Pantera o con los ataques verbales de Phil Anselmo a Darrell. Aun así, tanto Vnnie Paul como Rita Haney siguieron culpando indirectamente a Anselmo: si sus declaraciones no habían provocado este ataque, bien podrían haber provocado otro con iguales consecuencias. Y eso que, ya antes de que Dimebag muriese, su carácter risueño y amigable era un secreto a voces dentro del mundillo musical. Todo el que lo conocía solía describirlo como un tipo alegre que tenía ganas de divertirse y que aceptaba fácilmente a la gente en su círculo, siendo tremendamente sociable. Al menos en las entrevistas, donde hablaba con un fuerte e inconfundible acento tejano, daba la impresión de ser un tipo bastante tranquilo. No podía decirse lo mismo de Phil Anselmo, claro. Así que los seguidores de Pantera, a poco que conociesen la historia de la banda, iban a tardar poco en elegir al malo de la película. Vinnie Paul vio cómo tiroteaban a su hermano pequeño ante sus propios ojos y siempre se encargó de recordar que las palabras de Anselmo habían traspasado muchos límites. Vinnie Paul y Phil Anselmo no han vuelto a dirigirse la palabra desde entonces. En cuanto a la antigua novia de Darrell, tampoco estaba dispuesta a perdonar a Anselmo hasta que se lo encontró casualmente entre los asistentes a un concierto y decidió dejar atrás los rencores. Ella ha intentado después suavizar las cosas entre Vinnie y Phil Anselmo, pero el mayor de los hermanos Abbott, a día de hoy, continúa sin perdonar al cantante.

Otro que se ha mostrado interesado en una posible reconciliación es el guitarrista Zakk Wylde, amigo muy cercano del difunto Darrell. Wylde se ha ofrecido a ocupar el puesto de guitarrista en una posible reunificación de Pantera, aclarando que sería «una manera de homenajear a Dimebag, no una manera de que yo intente ocupar su lugar». Y nadie tiene dudas de que Wylde desea sinceramente homenajear a Dimebag, porque la estrecha amistad y el respeto mutuo que había entre ambos son bien conocidos por todos y han sido incluso aireados por el propio Vinnie Paul, quien ha calificado a Wylde como «un hermano». Dado que en más de veinte años no ha surgido una nueva banda metálica con la capacidad de impacto que tuvo Pantera en su día —en cierto modo, fueron para el metal la «última gran banda», como Guns N’Roses lo fueron para el rock—, la posibilidad de verlos actuar en vivo es algo que provoca la excitación y curiosidad de mucha gente. Aunque otros pensemos que la idea no tenga demasiado sentido en lo musical, es cierto que como homenaje podría ser emotivo. Pero claro, tal cosa es impensable mientras perdura la mala sangre de Vinne Paul hacia Anselmo. Además, el batería insiste en que «reunir Pantera sin mi hermano sería una estupidez y no voy a hacer algo estúpido solamente para hacer feliz a la gente».

Nosotros nunca sabremos qué pasó exactamente entre todos ellos, al menos más allá de las declaraciones que quedaron en negro sobre blanco en los medios y que, francamente, dejan en el peor lugar posible a Phil Anselmo. Pero líbrenos Dios de juzgar lo que no conocemos con exactitud. Ahora solamente nos queda recordar a uno de los mejores guitarristas de las últimas dos décadas, un apasionado de la vida y de la música que siempre afirmó que quería ser enterrado en un ataúd de Kiss… y lo fue. Su familia cumplió el deseo, porque Darrell jamás había perdido ni un ápice del amor hacia el grupo de su infancia y jamás había dejado atrás su fascinación por la mitología del heavy metal. Así que para terminar este recuerdo y siguiendo con ese amor a la mitología del rock, narremos un detalle emotivo. Tras el salto de Pantera a la fama, Dimebag Darrell había trabado amistad con uno de sus grandes ídolos, Eddie Van Halen. Como buen fan, le pidió a Van Halen una réplica exacta de su famosa guitarra «Bumblebee», que ya no se fabricaba. Solamente unos meses antes del tiroteo de Columbus, Eddie Van Halen le prometió una copia y de hecho había llegado a encargar su construcción, pero cuando se produjo el asesinato la réplica estaba sin terminar. Entonces, Eddie Van Halen simple y llanamente cedió su guitarra Bumblebee original para que Dimebag fuese enterrado con ella, algo que sin duda habrá hecho feliz a aquel chaval adolescente que quería ser como Van Halen y que terminó en un ataúd de Kiss junto a la guitarra de su ídolo. Descansa en paz, Dimebag. O no descanses; a fin de cuentas te has llevado la guitarra de Eddie contigo… será cuestión de sacarle partido allá donde estés.

En agosto de 2014, si le hubiesen dejado, Dimebag Darrell habría cumplido cuarenta y ocho años. No volverá a haber otro.

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Los plagios musicales más sangrantes del siglo XX (II)

noel gallagher

Hace apenas unos días, y a propósito del primer artículo sobre plagios musicales publicado en Jot Down en noviembre de 2012 y firmado por quien redacta estas primeras líneas, una enciclopedia musical andante llamada Isaac Pedrouzo, de cuya amistad tengo el placer de presumir, me dejaba atónito al explicarme que el riff de guitarra de Eighties que Nirvana había copiado en Come as You Are y que yo había defendido como original, no era sino otro plagio de una canción anterior. En su momento, Jaz Coleman explicó que si no había demandado a Kurt Cobain fue porque su confesión en privado le había parecido suficiente reconocimiento, ¡pero lo cierto es que el muy embustero tampoco era el verdadero autor del riff!

Es impresionante la cantidad de material que se recicla sin permiso en la música pop y rock. Sorprende el escasísimo respeto que se tiene por la propiedad intelectual. Como me decía Isaac, tal vez quienes conjugan el verbo «plagiar» en primera persona no sean conscientes de la gravedad de sus actos, pero vivir sabiendo que has vendido como propio algo ajeno es, desde luego, poco castigo para quien por falta de talento o por escasez de ideas se rebaja a la utilización de semejantes artimañas. Escuchar, copiar, cambiar, adornar… y vender.

No sería justo, de todos modos, olvidar que las coincidencias existen. Más aún: la mera semejanza remota tampoco debe ser considerada como plagio. El problema, como decíamos en el artículo mencionado, es que las musas a veces son temerarias y la diferencia entre la simple influencia y la apropiación indebida es generalmente demasiado sutil.

Puede ser que uno haya escuchado lo mismo tantas veces que acabe por no diferenciar hasta qué punto su producción musical es verdaderamente suya. O tal vez en la música ya no quede nada por inventar y estemos recorriendo una y otra vez el mismo camino.

El parecido entre las estrofas de I’d Love You to Want Me y Bailar pegados, por ejemplo, es innegable, pero calificarlo de plagio se nos antoja excesivo. Lo mismo ocurre con el riff de la versión de La bamba popularizada por Ritchie Valens y el de la famosa adaptación de Twist & Shout que The Isley Brothers realizaron de la original Shake It Up, Baby de The Top Notes. Tal vez sea solo el lejano efecto de cierta influencia. Tal vez, sin más, una curiosa casualidad. Pero en estos casos ―acierta Isaac―, el beneficio de la duda siempre se convierte en sospecha. Y en ocasiones, en acusación directa.

Permítannos, en cualquier caso, la licencia de distinguir entre original y plagio a efectos clasificatorios y evitar así galimatías taxonómicos, pero nuestra autoridad en la materia solo alcanza ―salvo evidencias― a la mera exposición de sospechas. Lo cierto es que entre copia, influencia o casualidad resulta muy difícil dirimir. El torrente de comentarios disconformes que suscitó la primera lista vino a confirmar que es el oído de cada cuál el único que mide la suerte de la canción sospechosa, y su veredicto, casi siempre subjetivo, pocas veces es aceptado sin controversia. Será complicado que a estos 20 nuevos ejemplos no les suceda lo mismo.

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21. Original: Life Goes onde 

Plagio: Eighties de Killing Joke

Ya que en el número ocho de los primeros v20 plagios se defendía equivocadamente el honor de Coleman y compañía y que el descubrimiento de tal error ha servido de inspiración para esta nueva ronda de hurtos musicales, es lo suyo comenzar con el célebre riff de Come as You Are. No fue Cobain en el 92. Tampoco Coleman en el 84. El padre de la criatura es Captain Sensible y la engendró en 1982.

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22. Original: Under the Bridgede Red Hot Chili Peppers

Plagio: My Wicked Heart de Diana Vickers

Los estribillos de ambos temas son de un parecido asombrosamente sospechoso. La propia Vickers ha reconocido que efectivamente se parecen y que se dio cuenta de la similitud incluso antes de publicar la canción. Por qué carajo no la modificó, en tal caso, es todo un misterio. Ahora se enfrenta a una posible demanda de plagio por parte de Warner Music. Desde luego, hay que ser rubia…

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23. Original: La caza al bisonte de Piero

Plagio: La chica de ayer de Nacha Pop

La canción original, de 1975, es obra de los compositores italianos Oscar Prudente e Ivano Fossati para el actor y cantante Gianni Morandi. Un año más tarde, el cantautor italo-argentino Piero la versionaba en castellano, y en el 1977 Antonio Vega escribía por fin La chica de ayer, que se publicaría tres años más tarde.

¿Habría escuchado el líder de Nacha Pop La caza al bisonte? Es imposible saberlo, pero que en la original se escuche la frase «la luz de la fogata nos alumbrará» y en la de Antonio Vega «la luz de la mañana entra en la habitación» sobre una línea melódica prácticamente idéntica, da bastante que pensar…

Por cierto, no se pierdan el vídeo del éxito de Nacha Pop. Es la prueba irrefutable de que hace más de tres décadas Pepe Domingo Castaño ya era viejo.

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24. Original: A Whiter Shade of Palede Procol Harum

Plagio: By Your Side de Sade

A pesar de ser uno de esos casos en los que no se sabe muy bien si apostar por la copia, la influencia o la casualidad, en el momento en el que la chiquilla se pone a cantar uno ya está esperando sin remedio el conocidísimo «we skipped a light fandango» de Gary Brooker. Juzguen ustedes mismos.

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25. Original: I Wanna Be Your Boyfriendde The Rubinoos

Plagio: Girlfriend de Avril Lavigne

Después de la demanda por plagio interpuesta por The Rubinoos, Avril afirmó que jamás había escuchado nada de ese grupo y mucho menos un éxito menor como I Wanna Be Your Boyfriend. Curiosamente, los estribillos no solo se parecen melódicamente sino que en el original se escucha «hey (hey), you (you), I wanna be your boyfriend» y en de Lavigne «hey (hey), you (you), can I be your girlfriend». Mujer, habelas hailas, pero tanto…

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26. Original: Going to California de Led Zeppelin

Plagio: Given to Fly de Pearl Jam

Los fans de Pearl Jam dirán que no. Incluso los fans de Zeppelin dirán que no. Pero es la misma canción. Distinto tempo y distinto compás, pero lo es. Comparen melodías y échense las manos a la cabeza. Háganlo. Corran indignados por la habitación. Griten como perturbados y exijan venganza. Es lo mejor para combatir el calor.

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27. Original: Aire de Mecano

Plagio: Faithfulness de Skin

¿Tiene algún sentido que la excantante de Skunk Anansie plagiase en 2003 una canción de José María Cano publicada en 1984? A primera vista no. Tal vez nos encontremos ante un caso de coincidencia pura y dura. Pero es tal la igualdad entre ambas canciones que su pertenencia a esta lista es casi obligatoria. Escuchen el estribillo de la primera y luego la estrofa de la segunda. ¿Cómo es posible?

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28. Original: Father and Sonde Cat Stevens

Plagio: Fight Test de Flaming Lips

«Quiero pedir disculpas por todo esto. Realmente, me encanta Cat Stevens. Lo respeto sinceramente como un gran cantautor. Y ahora quiere su dinero. Hubo un momento durante la grabación en que dijimos “esto se parece a Father and Son” y cambiamos esas partes. Pero me arrepiento de no haber contactado con su compañía y haber pedido su opinión. Podríamos habérnoslo repartido al 50%. Ahora Cat Stevens tiene el 75% de los royalties de Fight Test. Podíamos haber cambiado la melodía fácilmente pero no lo hicimos. Me da mucha pena que Cat Stevens piense que he plagiado deliberadamente su trabajo. Me da vergüenza. Pero, obviamente, hay una línea muy fina entre estar inspirado en algo y robarlo». Wayne Coyne, líder de Flaming Lips.

En todo el artículo venimos diferenciando entre la influencia, la coincidencia y el plagio, atribuyendo a este último un componente de intencionalidad. La tenga o no, una copia es una copia, y en este caso no es tan difícil dirimir. Son dos canciones prácticamente iguales.

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29. Original: I Want a New Drugde Huey Lewis

Plagio: Ghostbusters de Ray Parker Jr

Es un caso curioso. Los productores de Cazafantasmas se encontraban en negociaciones con Huey Lewis para que su éxito I Want a New Drug encabezase la banda sonora de su película cuando este decidió que prefería figurar en los créditos de otra cinta de ciencia ficción que se iba a estrenar ese mismo año, Regreso al futuro. Ante semejante plantón, Columbia Pictures encargó a Ray Parker Jr. que escribiese una canción de estilo similar a la de Lewis, con tan «mala suerte» que el resultado fue un tema con una base rítmica prácticamente idéntica a la elegida inicialmente. Antes de celebrarse el juicio, Parker aceptó pasar por caja y santas pascuas. Que en las listas de ventas norteamericanas de 1984 hubiese dos canciones que, salvo matices, sonaban igual, es algo que todos le debemos a nuestro amigo el plagio.

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30. Original: Aqualung de Jethro Tull

Plagio: Little Black Submarines de The Black Keys

No hay mucho que decir. Escuchen Aqualung a partir del minuto 1:02 y Little Black Submarines a partir de 0:33. The Black Keys han elegido un pedacito de canción de Jethro Tull que les gustaba y lo han incorporado a una suya. Punto.

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31. Original: My Generationde The Who

Plagio: Magic Bus de The Who

Sin llegar al nivel de aquella situación esperpéntica en la que una compañía demandaba a John Fogerty por haber plagiado Run Trough the Jungle en la canción The Old Man Down the Road siendo ambas composiciones suyas, este también es un claro ejemplo de autoplagio. El patrón melódico de la estrofa se repite una y otra vez a lo largo de toda la canción, lo cual podría quizá atribuirse al hecho de que Magic Bus fue compuesta en la época en la que los Who se encontraban grabando My Generation y tal vez se produjese cierta contaminación de ideas en la cabeza de Pete Townshend. No obstante, ambas se publicaron con tres años de diferencia, así que si no se dio cuenta de la similitud no sería por falta de tiempo.

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32. Original: Almost Independence Dayde Van Morrison

Plagio: Wish You Were Here de Pink Floyd

Semejante parecido no puede ser casualidad, pero tal vez tampoco sea lo suficientemente evidente como para poder afirmar que hubo intención de copiar. Es posible que Waters y Gilmour escuchasen la canción de Van Morrison, publicada tres años antes, y decidiesen escribir algo del mismo estilo, pero se acercaron demasiado a esa línea en la que la simple influencia se convierte en apropiación indebida. Es algo parecido a lo que sucedió con el homenaje que The Eagles quisieron brindar a We Used to Know de Jethro Tull en Hotel California. Puede que sean canciones distintas, pero es imposible escuchar una sin tener presente en todo momento a la otra.

La intro de Wish You Were Here recuerda demasiado a la de Almost Independence Day, pero cuando esta arranca del todo en 0:45 uno tiene la sensación de que en cualquier momento va a escuchar el célebre «so, so you think you can tell». Se pasaron de inspiración.

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33. El curioso caso de Noel Gallagher (segunda parte)

En el último punto de la primera lista de plagios ya comentamos la especial querencia de Noel Gallagher por lo ajeno. La demostró con las melodías de Shakermaker, Whatever, High Horse lady, Step Out, etc. Podríamos añadir muchas más a la lista, y algunas especialmente sangrantes ya que además de la música se apropió también de la letra. Ya hemos mencionado el caso de Hello, pero también ocurre en otras como Put Yer Money Where Yer Mouth Is, cuya melodía es igual a la de Roadhouse Blues y además transforma el «keep your eyes on the road, your hands upon the wheel» de Jim Morrison en «put your money in your mouth and your hands right upon the wheel» con toda la cara del mundo.

Pero lo que queríamos destacar en esta ocasión no es lo mucho que le gusta incorporar a sus canciones melodías de voz ajenas ―tampoco es cuestión de hacer sangre―, sino hasta qué punto lo hace también con los riffs. Adueñarse de la línea de guitarra de Get It On de T. Rex le supuso su segunda demanda por plagio ―de un total de cuatro singles publicados hasta la fecha―, pero eso no le impidió seguir adelante con su modus operandi.

Original: 5 to 1 de The Doors

Plagio: Waiting for The Rapture de Oasis

Es el mismo riff.

Original: Clean Prophet de The La’s

Plagio: The Importance of Being Idle de Oasis

Ídem.

El total asciende a unas seis o siete, pero no queremos aburrirles. Sin embargo, el hurto de riffs no es una disciplina que solo practique Noel Gallagher. Copiar la frase de guitarra o piano que se repite en una canción hasta convertirse en una de sus principales características ―recuerden el ejemplo de Come as You Are y familia― es algo que por lo visto gusta a demasiados. Abramos una sección de plagios de riffs.

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34. Original: Don’t Bring Me Down de Electric Light Orchestra

Plagio: Go Right Ahead de The Hives

En el momento en que The Hives se dieron cuenta de que el riff era el mismo, se pusieron en contacto con Jeff Lynne para ofecerle la posibilidad de figurar en los créditos de la canción. Un caso de coincidencia ―o no― bien solucionado.

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35. Original: All Right Now de Free

Plagio: Rock’n Me de Steve Miller Band

Más colorista, menos saturado y con un final arpegiado, pero el mismo riff, al fin y al cabo.

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36. Original: Crimson and Clover de Tommy James and the Shondells

Plagio: Black Magic de Jarvis Cocker

En la primera se aprecia sobre todo a partir de 0:25. En la segunda, a partir de 0:14. Reproduzcan uno y seguidamente el otro. ¿Alguna diferencia?

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37. Original: Three Girl Rhumba de Wire

Plagio: Connection de Elastica

Hay mucha gente que conoce a Elastica únicamente por este riff. No por la canción, no. Por el riff de guitarra y la batería que lo acompaña. Menuda sorpresa se van a llevar quienes se encuentren en esa situación…

Por supuesto, los chicos de Wire demandaron a Elastica, aunque llegaron a un acuerdo antes de enfrentarse en los tribunales. Sin embargo, Elastica tuvo que pagar a The Stranglers por birlarles parte de la letra de No More Heroes. Muy bonito.

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38. Original: Gloria de Humberto Tozzi

Plagio: Disco 2000 de Pulp

Aquí Jarvis Cocker vuelve a las andadas, pero esta vez se ha producido una transmutación que no por ello consigue ocultar la realidad. El muy listillo cogió la línea de voz del estribillo de Gloria, la convirtió en un riff de guitarra, y a grabar Disco 2000. Quizá la jugada habría pasado desapercibida si además no hubiese cantado el característico coro de la original sustituyendo «Gloria» por «Deborah», pero le pudo la codicia.

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39. Original: Taurus de Spirit

Plagio: Stairway to Heaven de Led Zeppelin

Es difícil calificar una canción como plagio de otra cuando una es un sencillo corte instrumental y la otra una elaborada pieza que incluye una línea vocal. Sin embargo, si el inicio de esta se compone de una reconocidísima progresión de arpegios cuya similitud con la parte principal del tema instrumental es asombrosa, la cosa cambia. Sobre todo cuando esa progresión es tan famosa que incluso en algunas tiendas de música, hartos de escucharla, se prohíbe utilizarla a la hora de probar las guitarras ―lo cual, por cierto, resulta desternillante―. Que Led Zeppelin telonease a Spirit unos años antes y Jimmy Page se quedase prendado de esta canción, no obstante, ayuda a comprender todo un poco mejor.

Pero el caso de Page, como el de Noel Gallagher, es para enmarcar. No nos gustaría saturar el artículo con todas y cada una de las acusaciones de plagio que han recibido los Zeppelin, pero para muestra, un botón. ¿Le encuentran algún parecido a You Need Loving de Small Faces con Whole Lotta Love? Pues por ahí van los tiros…

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40. Original: Thunderbird de The Nightcaps

Plagio: Thunderbird de ZZ Top

No le den más vueltas. Es la misma canción. El plagio entre plagios. ZZ Top decidieron versionar en 1975 una canción que unos chicos llamados The Nightcaps habían compuesto un par de décadas antes. Cuando se percataron de que aquellos muchachos no habían registrado la canción, lo hicieron ellos mismos y se apropiaron de sus derechos. Pasaron de versionar un tema ajeno a interpretar uno legalmente propio pero que no habían escrito ellos, para bochorno de sus verdaderos autores. Menuda marranada.

Y es que el plagio, como el agua, termina abriéndose paso. Ya sea de forma deliberada, ya sea accidentalmente, mientras haya canciones originales habrá plagios.

Lennon solía decir, a propósito del famoso plagio que cometió George Harrison cuando copió la melodía de She’s So Fine de The Chiffons en My Sweet Lord, que lo único que había hecho su excompañero de grupo era seguir el método compositivo habitual de The Beatles: elegir una canción que te pareciese muy buena y modificarla lo suficiente hasta que nadie se diese cuenta de cuál era la original. «Solo que George olvidó la segunda parte», añadió. Y es que las musas, a veces, son temerarias…


David Gistau: “El trauma del periodista es pasar desapercibido”

Finales de septiembre de 2011 d.C., todo Madrid está ocupado por bares que expenden bebidas alcohólicas a los ciudadanos que deciden salir a torrarse en las calles. ¿Todo? No. Un pequeño bar en el Paseo de la Castellana resiste ahora y siempre al embate de los sedientos, y nos lo encontramos cerrado. Precisamente aquel en el que nos habíamos citado con David Gistau (Madrid, 1970) con la esperanza de emborracharle para que se prestara a posar desnudo en un reportaje fotográfico. Con nuestro plan arruinado por elementos a los que no contábamos enfrentarnos decidimos sentarnos con él en el muy decente y señorial Embassy, rodeados por señoras del barrio de Salamanca que toman el té con el meñique estirado mientras conversan con nietos que lucen un corte de pelo a la manera del casco de Darth Vader. Si no existe un grupo de Facebook de esto, debería. En este contexto se nos antoja difícil ejecutar nuestra idea inicial, así que le arrancamos la promesa de un futuro posado integral y aprovechamos la trayectoria profesional de Gistau para hablar sobre ella. Corresponsal, reportero de viajes, guionista de televisión, recaló en La Razón muy joven, donde empezó a distinguirse por su estilo humorístico, polémico y desacomplejado. Desde 2005 trabaja en El Mundo como cronista, reportero y columnista. Con esta fructífera carrera en mente iniciamos con este gran escritor, excelente periodista y mejor conversador una larga entrevista en la que dialogaremos sobre periodismo, literatura, fútbol, política, boxeo, zoofilia, sodomía y rock and roll.

Cuando empezaste, al hacerlo tan joven, te consideraban un columnista prodigio. Ahora, ya pasados los años, ¿cómo definirías una columna?

No es fácil, porque la columna es muy flexible. Aparte, cada autor tiende a inventarse el género. Lo que ha fijado más la columna en los últimos años es el argumento político. Además, este género, la columna española, creo que es propio de nuestra prensa, no lo he visto en ninguna otra parte. Es una suerte de género híbrido entre literatura y actualidad. Y esa es la decisión que tienes que tomar de entrada: si la columna va a bascular más hacia la literatura o hacia el periodismo. Por decirlo en breve, creo que es un acercamiento muy personal a la actualidad con licencias literarias que no tiene ningún otro género del periódico. Es un descenso del escritor al periodismo, o al revés: el tránsito y ascenso del periodista a la literatura. En mi caso, prefiero que sean periodísticas.

Las columnas periodísticas tienen tanto de ejercicio literario como de tribuna de opinión. ¿No hay algunos columnistas que pecan de hablar demasiado de sí mismos en lugar de aquello que ven?

Para mí eso no es un defecto. La criba la hacen los lectores, y cada uno se queda con los que consigue convencer. A mí no me parece mal lo que haga nadie. Mi columna es ajustada a lo que pretendo o soy. Hay otras que son “yoístas”, hay pajas literarias, o líricas, basadas en ti mismo. Se caen las torres gemelas y tú haces una columna sobre el grano que te ha salido en la frente. Eso ocurre, pero uno de mis columnistas preferidos era Francisco Umbral y él hacía eso. Y si él lo hacía, está bien.

Ahora que con Internet la información circula con mucha rapidez, casi en tiempo real y desde muchos puntos de vista, ¿no te parece que la columna es el último refugio que le queda a la prensa tradicional?

Absolutamente. Los periódicos van a desaparecer como formato papel y van a recuperar urgencia cuando estén en el soporte de Internet. Pero los periódicos han perdido completamente la premura, la urgencia de la información. Y cuando no tienen exclusivas, lo que los puede distinguir de la televisión y la radio, aparte del prestigio del papel, que se conserva, es la interpretación. Eso ya lo dijo Montanelli hace muchos años: el periódico va a quedar para los cuatro gatos a los que les gusta leer la interpretación y establecer complicidad con un autor, mientras que la información llegará por otros cauces más urgentes. Lo que tiene el periodismo escrito es la capacidad de hacer con la escritura tanto la interpretación como el puro placer de escribir o leer. Es la única ventaja que tiene sobre un picadillo radiofónico o un informativo de televisión. Y eso a mí me beneficia, porque como soy del género opinativo-interpretativo-pseudoliterario, encontraré siempre hueco en un periódico.

¿Crees que el lector de opinión es más crítico o prefiere una interpretación masticada de la actualidad?

Supongo que hay de todo, aunque a veces también me lo pregunto porque he conocido lectores de columnas que buscan que amplifiquen sus propias opiniones, sintiéndose prolongados por una firma con la que establecen una complicidad por decir lo mismo; hay otra gente que está dispuesta a confrontarse con un columnista que desafía sus propias convicciones y luego, por último, gente que disfruta del talento sin importarle tanto si el columnista prolonga o no sus propias convicciones. Lo que está clarísimo es que, cuando el lector establece una complicidad con la columna a diferencia de lo que ha leído en la parte de información, donde dominan la actualidad y los hechos, cuando busca ese cuadradito del periódico donde está esa firma lo que busca es, precisamente, esa firma; el acontecimiento le importa menos. Los que me leen me van a leer igual escriba de Gadafi o del Real Madrid. Esa es la gran diferencia con el lector de información, que lo que quiere es comprender cómo es el mundo, quiere saber los hechos, mientras que el lector de una columna lo que quiere es renovar esa pequeña complicidad que tiene cada mañana. Aunque, como ya he dicho, no sé si la gente lo lee para sentirse prolongada o confrontada.

¿Queda información en los grandes medios o ya es todo opinión?

Claro que hay información. El director de mi periódico, por ejemplo, se cabrea muchísimo las mañanas que no tiene información y saca a la gente a buscarla. Si no le traes información se enfada, se desespera. Es como un tiburón, necesita seguir nadando para respirar. Un periódico no se nutre solamente de información o de opinión, está calibrado para que haya de todo. No conozco un solo periodista que no dé importancia a la información, me parecería una barbaridad. Lo que sí conozco son periodistas-columnistas que no se la dan, que creen que con el hecho de acumular unas cuantas firmas se salva el día. Pero editores, directores, redactores-jefe o jefes de sección, que tienen una imagen mucho más real de lo que es de verdad un columnista, saben que sin información estás muerto.

Hablando de tu director, entrevistamos a Juan Pedro Quiñonero y lo definió como “inquietante, temible y siniestro”. ¿Coincides con él en algo?

Siniestro no. Hay un mito que rodea a Pedro J, como a toda la gente con poder y con éxito. Parece que cuando sale de su despacho va a sonar la Marcha Imperial, como cuando Darth Vader pasa por el puente de mando de la nave. Es una persona complicada de trato, es muy complicado establecer con él una relación más allá de la profesional, no es el típico coleguita que te da una palmada en la espalda, pero no es siniestro. Temible sí lo es, porque cualquier periodista capaz de crear opinión y que tenga un periódico tan influyente en la vida social por supuesto que es temible, pero tan temible como el propio periodismo cuando es trascendente. ¿Y lo otro qué era?

Inquietante.

Eso ya parece una interpretación casi sexual (risas). De todas formas, como le veo todos los días, tengo una imagen de él mucho menos espectacular, no lo tengo convertido en una especie de personaje mitológico.

Entonces, ¿no te imaginas la respiración de Darth Vader cuando pasa?

Bueno, reconozco que no es un tipo de trato fácil. Pero me parece que es, con sus defectos, el último de una estirpe de periodistas: el periodismo de autor, el gran estimulador y motivador de una redacción, el gran hacedor de periódicos antes de que se conviertan en una gran corporación y una mera cabecera… para bien y para mal, porque el periódico nunca se emancipará de Pedro J. y el día que decida jubilarse el periódico desaparecerá. Pero es una gran personalidad de nuestro periodismo y de nuestra cultura, con todos los defectos y esa parte poco empática que tenga. Y con la aceptación de que no se puede estar en la gran vida de la influencia siendo Heidi. No he conocido a un solo hombre poderoso que sea absolutamente bueno, no existe. Dicho esto, creo que Quiñonero exageró un poco, no es para tanto.

Hace unas semanas Arcadi Espada arremetía contra Juan José Millás por un artículo que éste escribió en abril cuando Zapatero declaró que no se presentaría como candidato. ¿Ahí ves opinión, un intento de desmontar la imagen positiva de Zapatero que quiere transmitir Millás o un ataque personal?

Esto en particular no lo recuerdo, pero lo que sí está claro es que Arcadi ha decidido que tiene que patrullar la profesión para repartir o negar permisos de circulación. No sé quién le ha investido con ese poder; que lo haga, que nos masacre o nos autorice. Pero este caso en concreto no lo he leído. Millás, muy crítico con Zapatero no suele ser, no sé si iba por ahí la cosa.

Más bien todo lo contrario. Escribió un artículo en abril sobre la despedida de Zapatero en el que enumeraba las acciones positivas de su gobierno y Arcadi, bastante tiempo después, lo desmonta punto por punto.

Sí, un “Deconstructing Millás”. Como ya te digo, no lo vi, pero lo que está claro es que el personaje de Arcadi es eso: el gran gurú y patrulla profesional que nos tiene a todos vigilados. Bueno, si le gusta… Además, Pedro J en eso fue muy cabrón porque le dio un blog que consiste no sólo en vigilar la profesión, sino en vigilar a los propios compañeros. Todo el que escriba un artículo en El Mundo, que sepa que Arcadi está mirando desde su garita dispuesto a lanzarle un trueno como Zeus en cuanto se te vaya una esdrújula sin acentuar. Es el papel que ha elegido para estar en la profesión y además se lo han potenciado en el periódico dándole un blog que es como la policía de asuntos internos. Pues que sea feliz, pero a mí no me gustaría; no me siento capaz de dedicarme exclusivamente a dar lecciones a los demás.

Además de tu columna, has escrito alguna novela. ¿Te interesa la literatura actual o prefieres releer clásicos?

La actual no mucho. Y me da miedo este desinterés porque pienso que, a lo mejor, me pierdo cosas, pero es que no me fío de los suplementos literarios, de la parte industrial de la cultura. Intento leer lo que merece la pena, pero además últimamente en la lectura me he vuelto muy pesado, leo casi exclusivamente historia y apenas novela. Me va por rachas, pero no me fío de las novedades, no me gusta perder el tiempo. No me apetece abrir un libro y, a las cuarenta páginas, darme cuenta de que el suplemento literario de El País o El Mundo me ha engañado porque lo que querían era vender a un autor que es amigo de alguien o que forma parte de la industria. Intento esperar a que el tiempo haga un poco de criba.

Las vanguardias artísticas y culturales nacieron entre las dos guerras, un clima muy revuelto. Ahora el ambiente, salvando las distancias, también lo está, ¿puede esto propiciar una generación con talento?

No lo sé, no estoy siguiendo el advenimiento de ningún movimiento especialmente brillante, al menos en la literatura. Para mí, que soy consumidor de cultura popular, el fenómeno cultural más importante de los últimos años son las series de televisión, más que el cine y la literatura. Lo que más me ha enganchado como una forma nueva de contar historias ha sido la HBO. Ellos han dejado la principal huella cultural de la década. Y si crees que por el hecho de estar en un país en el que se ha caído la sensación o prosperidad ahora está germinando por ahí una suerte de Siglo de Oro literario que viene de los escombros de nuestra sociedad, yo no lo veo por ningún lado. Y si, desde luego, la mayor expresión de inteligencia en la actualidad como consecuencia de esta época turbulenta ha sido el 15M, mi confirmación es que no hay nada que esperar. Sacarán sus novelitas los que las han sacado siempre y te interesará o no, pero que vaya a quedar una gran impronta cultural en la literatura española como consecuencia del desmoronamiento de la España post-transición o algo parecido… de momento no lo veo. ¿Qué ha llegado últimamente? ¿Estos de la Nocilla?

¿Qué piensas de la generación Nocilla?

No lo he leído, pero un amigo del que me fío me dijo: “No entres nunca en un libro de esos”. Y le he hecho caso. No he leído una sola línea.

Ahora que has mencionado las series de televisión, ¿cuáles te han gustado más?

Las que le gustan a todo el mundo: desde Los Soprano a The Wire pasando por Roma o El ala oeste de la Casa Blanca. También ha habido muchas series cáusticas que me han gustado, como Me llamo Earl o Shameless. Si tuviera que decir quién es el narrador que más me ha impresionado en los últimos años diría que es Aaron Sorkin, guionista de El ala oeste de la Casa Blanca en televisión, de Algunos hombres buenos y La red social en el cine… me parece que la gran explosión del talento narrativo en los últimos años ha estado en las series. Los Soprano, por ejemplo, es una mezcla de tantas cosas… ahí está hasta Balzac; no ves nada parecido en la literatura.

O los diálogos de Deadwood, que parecen shakespearianos.

O la de Juego de tronos, que parecía una bobada cuando empecé a verla y es una mezcla de El señor de los anillos con sodomizaciones, lo que la hace mucho más divertida, intrigas palaciegas con puntos shakespearianos… lo más divertido está ocurriendo en televisión. Pero en España no tanto. Tengo entendido que van a hacer una versión de Cheers, así que imagínate los españoles dónde estamos.

Es curioso lo de adaptar la cultura americana aquí. Porque antes mencionabas Me llamo Earl, que es una serie para los que hemos consumido mucha cultura basura americana…

¡Para nosotros!

Exacto. Porque si no es imposible encontrarle la gracia. Y ahora hacemos aquí una serie americana y la estropeamos, que es lo que ocurrirá con Cheers.

Además es una serie muy antigua, y adaptar un mito como ese es condenarte a estrellarte. Pasó con Las chicas de oro. Una serie española que me ha gustado en los últimos años es Crematorio, no estaba nada mal. Y además era muy española y muy oportuna, porque hasta el lugar donde ocurría, con la gran corrupción de la costa valenciana… ese personaje de Pepe Sancho es una emanación de la España que nos tiene obsesionados en los últimos ocho o nueve años, con las grandes operaciones judiciales y las grandes redadas. Ahí sí veías una serie con apego. Y me dijeron que la novela, que la tengo comprada, también es buena. Pero si lo demás es como Hispania, esta versión de los romanos… yo es que soy muy escrupuloso con ese tema porque me gusta mucho la historia de Roma. Acepto que esta gente usó lo de Roma como un pretexto para hacer una serie de adolescentes, pero no ves ese rigor intelectual plasmado en una serie, como la Roma de la HBO. Pero claro, establecer comparaciones es ofensivo, es como compararme a mí con Tom Wolfe, siempre perderé.

También puede depender del público al que vayan dirigidas.

No sé, porque las series americanas de las que hemos hablado antes tienen en España un público gigantesco, y tampoco seamos esnobs, no son series complicadas. Ver El ala oeste de la Casa Blanca no es complicado, es muy divertido, y no te cuento Juego de tronos, que se están dando por culo todo el día; no son series herméticas, es cultura popular, no de una élite. Lost era pura cultura popular, puro entretenimiento, en el espíritu de los 80, como esta película reciente, Super 8, que es un homenaje a esas películas spielberguianas que eran mero entretenimiento. Otra cosa es que también tienes a gente a quien le gusta ver a Pilar Rubio en Piratas. Pero vamos, no quiero tener un discurso esnob. No creo que ver El ala oeste de la Casa Blanca te convierta en élite intelectual. Es puro entretenimiento.

Pero entretenimiento bien hecho, bien producido.

Sí, con buenos guiones, historias bien construidas, apegadas a la actualidad, con personajes creíbles… pero es cultura popular. Es que yo soy consumidor de cultura popular, no tengo una visión especialmente elevada de la cultura, me gusta lo que le gusta a cualquiera.

Quizá la mayor expresión cultural en el conjunto del siglo XX haya sido el rock. Y a ti te gusta.

Me encanta, es la única música que escucho.

Lo digo porque te he leído que la movida madrileña no era la promovida por el ayuntamiento, sino que eran Obús y Barón Rojo.

Y los heavies y los mods de Moncloa. Eso era la movida madrileña. Tampoco tuve tiempo de vivirla. Si la fecháramos, sus comienzos me pillarían con unos 14 años. Yo estaba más en la calle a finales de los 80. Y creo que había una parte muy bien institucionalizada y dirigida por la política cuando España buscaba como una loca cambiar su imagen. El gran advenimiento de personajes de Pedro Almodóvar, aparte del talento, que algunos lo tienen y otros no, es que España está saliendo de la transición y convienen a la búsqueda de modernidad del país, que el alcalde de Madrid de entonces, Tierno Galván, lo comprende y lo promueve muy bien, y hay algo cultural y contracultural más o menos interesante, pero inducido por los poderes, porque un tipo cantando en bata de guata nos viene muy bien en ese momento para olvidar a Millán Astray. Pero luego está la movida real, la espontánea, la que emana de la calle sin ayudas de un ayuntamiento ni subvenciones. Y eso es el rock de Obús, Barón rojo, Leño, Ñu y los grandes conciertos cuando vienen a visitarnos Iron Maiden o AC/DC y las tribus urbanas alrededor del fútbol, la Moncloa, los mods que han visto Quadrophenia y se lo han creído, las bandas de skins que aparecen de repente, las movidas del fútbol que empiezan en el 82…

Cuando se decía que el heavy era violencia.

El heavy tuvo una conexión muy fugaz con el fútbol. Había un grupo de heavies del barrio del Pilar que al principio coquetearon con los rollos del fútbol, pero en seguida se apartaron porque los conceptos heavies nunca han sido violentos. Recuerdo de aquellos años, que yo iba a todo, un muerto. Fue en el campo del Rayo Vallecano, en un concierto de Scorpions, y fue un chaval al que mataron dos americanos de la base de Torrejón. Dos americanos que acababan de llegar a Madrid, que creían que venían a un país peligroso y se fueron al concierto armados. Hubo el típico tumulto y mataron a un chico. Pero aparte de ese acto de violencia producido por militares americanos, jamás vi violencia. Al contrario, el heavy era una hermandad. En las discotecas igual, como la Canciller y la Osiris, donde veías a tipos que llevaban guitarras de madera para bailar cabeceando… fueron años muy divertidos. Y las tribus urbanas igual. Llegabas a Moncloa y te pasaban Lambrettas que parecían sacadas de Quadrophenia. También me he hecho más viejo, y tendemos a creer que la ciudad se ha hecho menos divertida y que antes era cuando molaba.

¿Eras heavy, entonces?

Tuve una época heavy, pero no heavy reglamentaria. Me gustaba mucho el ambiente. Además, el colegio al que iba era muy especial. Soy medio francés y mi colegio lo fundaron en los años 70, con el franquismo aún en pie, una serie de familias francesas que querían crear un oasis de educación francesa en Madrid. Parecido al Liceo, pero más pequeño e íntimo, controlado por algunas familias… seguía el espíritu de la Ilustración. Culturalmente era muy a contrapelo para los cánones españoles de entonces. Se creó un ambiente muy libre y progre, y lo que se llevaba era el heavy. Era ese rollo de progre casi forzado en el que los profesores compartían la complicidad hasta el punto de que te pedían un condón. Pero qué me pides, si yo no tengo. Entonces nuestro plan era ir a Osiris. Nunca me he convertido en un estereotipo, en un personaje completamente identificado con un movimiento, pero la música que escuchaba, y que aún escucho, es rock duro.

¿Qué te parece que Metallica saque un disco con Lou Reed?

Me parece una mezcla rara. Lou Reed me gusta mucho, me gustaba la Velvet underground, y Metallica me gustaba, pero no tanto; pero como diría un cocinero, tengo curiosidad por ver el maridaje cómo queda y escucharlo. El otro día, hablando por Twitter con unos tipos muy aficionados a la música heavy, uno me dijo que lo había escuchado y que le había parecido muy bueno. A veces, cuando dos grupos tan distintos se juntan para hacer algo es el abrazo de los dos ahogados, nunca se sabe quién necesita más al otro pero, desde luego, si estuvieran en su época dorada nunca se les hubiera ocurrido juntarse.

Lo he escuchado y la sensación que da es que el peso de la composición lo lleva Lou Reed, pero pasado por la producción de Metallica.

Es decir, Metallica ha hecho con Lou Reed lo que Pitingo ha hecho con el flamenco y el soul. Hablando de Metallica, yo siempre he sido más de Motörhead. Lou Reed me encanta, hay canciones suyas, como Heroine o Perfect day, que son las canciones que llevo escuchando toda la vida. Pero la mezcla con Metallica la veo rara. Tengo en el iPod un disco de cuando cantaba con David Bowie, pero lo veo como estilos más compatibles.

¿A día de hoy sigues escuchando a Motörhead?

Sí, hace poco me compré un recopilatorio suyo donde salían unas 80 canciones. Me sigue gustando. Me doy cuenta de que debería estar escuchando otra cosa, pero me gusta. Te recomiendo Nashville pussy, que los conocí por unas versiones de AC/DC que hicieron, y como me gustó cómo las hicieron, busqué más cosas de ellos.

Nashville Pussy son buenísimos. El año pasado estuvieron tocando en Madrid con los Supersuckers, y veías el cartel y pensabas que no puede haber mejores nombres para unos grupos de rock.

Además te los imaginas bastante rednecks, como una degeneración de los Lynyrd Skynyrd. Pero son un grupo muy divertido, los vi en Madrid y las guitarristas están buenísimas.

Son muy rednecks, de hecho el cantante tiene un grupo paralelo de cowpunk que se llama Nine Pound Hammer. Pertenece a ese estilo que mezcla el punk rock con el country.

No conocía eso, pero suena estupendo. Lo buscaré. Respecto a Obús, me fui con ellos hace poco de viaje. Me metí en la furgoneta con ellos y me llevaron a un concierto en Valencia.

¿Y no escribiste una crónica?

Llamé al tipo que les lleva y le dije que les quería dedicar una página del periódico… no se lo creía, porque era la época de su regreso y nadie les hacía ni puto caso. En Valencia tocaron en un parking delante de mil tíos. Y cuando les dije que les haría una contraportada en El Mundo no se lo podían ni creer. Y me encantó. Parando a comer… además Fortu es cocinero. Me sentía como el de la película Casi famosos, que se va de gira. Un ambiente impresionante. Fortu se acababa de hacer un tatuaje y tenía que llevar el pie elevado, tuvimos que parar en un galpón de Rivas para recoger la pirotecnia del concierto y nos dieron como una caja de dinamita que llevábamos detrás, y los tíos tirando cigarrillos. Son geniales. Paco es un tío mucho más serio, con su chaletito en Rivas… es un señor de 50 que vive como tal, y va a dar conciertos como quien va a cambiar una rueda a un taller; pero Fortu es un personaje entrañable. Muy buena gente, queriendo vivir como una estrella del rock, pero siendo de un barrio de Madrid, teniendo ya una edad. Parece Ozzy Osbourne, es un despropósito. Igual que en Estados Unidos hicieron un reality con los Osbourne, aquí tendrían que hacer la versión castiza con Fortu, sería divertidísimo. Tenéis que entrevistar a Fortu, o mejor hacerle un reportaje. El 5 de noviembre me parece que hacen un concierto en La Riviera, por el aniversario de algo, y voy a ir a verlos, seguro.

Antes hemos hablado de que tu educación fue francesa. ¿Esto ha hecho que ames a los autores franceses o les has cogido manía?

Siempre me ha gustado leer, desde pequeñito. Pero en mis aficiones a la lectura me ha influido muchísimo mi padre. Fue, junto con un profesor de lengua española que tuve en ese colegio, que fue mi gran Pigmalión, quien formó mis apetitos. Cuando eres niño, supongo que todo lo que viene impuesto harta, pero los franceses me gustan. Estoy enamorado de Camus o del Cándido, o el optimismo de Voltaire desde que era un niño. Lo que ocurre es que, desde que dejé el colegio, he ido perdiendo el francés y, aunque lo hago, ahora es un esfuerzo para mí leer en ese idioma, pero me prohíbo leer un autor francés traducido al español porque me parece un pecado. Hace poco, por ejemplo, leí a Céline, pero representa un esfuerzo, y eso es lo que, en los últimos tiempos, me ha distanciado de los autores franceses; me resulta más fácil leer a un autor inglés traducido o a un español. Pero no les cogí manía, la literatura francesa ha sido clave en mi formación. Es muy pedante decirlo, pero La cartuja de Parma o El rojo y el negro de Stendhal son libros determinantes en mi formación como persona. Y los recuerdo como los primeros placeres de lectura. El 80% de los primeros libros que disfruté fueron franceses, y luego Graham Greene. Bueno, y antes de eso Robert Louis Stevenson y Emilio Salgari, como cualquier otro chaval. Con el tiempo me he dado cuenta de que todos los aspectos culturales que, siendo español, me hacen sentir extranjero, son franceses. Hay una parte francesa en mí que me impide sentirme completamente español para muchas cosas.

¿Jacobinismo?

No, es esa inyección de cultura ajena que te convierte en alguien fronterizo. Hay muchas cosas del arquetipo español en las que yo no me veo porque tengo mezclas de otro arquetipo. Y eso me ha condenado a ser una figura que, por una parte, es algo engorroso, porque no terminas de sentirte en comunidad o tribu con nadie —culturalmente digo, con la familia y amigos sí—; pero por otra parte, gracias a la influencia francesa, me he convertido en lo que España siempre necesitó, que es un espíritu menos racial, menos cañí, menos “España, coño”, menos Manolo el del Bombo… un punto más sofisticado que a mí no me ha venido por un esfuerzo intelectual, sino por la suerte de ser un híbrido cultural. La sofisticación que siempre buscaron los españoles que rechazaban el “Viva las caenas”, que era la Ilustración francesa, Jovellanos y demás, una rebaja al exceso de españolidad, a mí me ha venido de forma un modo natural, porque soy medio francés. A lo mejor me ha salvado de ser Manolo el del Bombo, o de ser tantos españolazos que escriben en prensa, como vemos todos los días. Y retornando a la pregunta, todo esto es gracias a los autores franceses. Camus es mi dique de contención que me impide ser tantos y tantos españolazos a los que se escapa el brazo como a Peter Sellers en Dr. Strangelove. Ha sido una vacuna contra muchas cosas. Y al final me siento culturalmente identificado con gente como Chaves Nogales, gente a la que la gran España de fuerte personalidad, la de un bando o la del otro, me da igual, regurgitaba. Ese tipo de español que nunca encontró su espacio en España, escupido por todos los ismos, radicalismos y guerras.

Chaves Nogales está muy olvidado.

Chaves murió en el 44 o así, pero para mí es un autor increíble que está siendo recuperado ahora y que representa la España con la que yo me quedo. Esa forma de no estar integrado a mí me ha venido de forma natural por mi origen multicultural. Es que yo tengo dos patrias, porque soy español, pero además me siento muy francés, yo voy a ver a mi familia francesa y estoy en casa.

¿Te gustaban las vanguardias? Has citado sobre todo a prosistas.

Sí, yo en aquella época leía a los dadaístas, a Raymond Queneau, que me gustaba mucho, era un cachondo de mucho cuidado, a Boris Vian, me encantaba… aunque luego lo he releído y me ha gustado menos. Me parece que era una buena lectura para lo que éramos entonces: chicos de 17-18 años y que teníamos ese punto extranjero por la cultura francesa y demás, esa inyección casi sesentayochista, que no era muy divertido pero es lo que quisieran ahora ser tantos y tantos humoristas del absurdo.

Hay lecturas de adolescencia que no soportan el paso del tiempo; aguantan las que tenían cierto sentido del humor, no las que trataban de ser trascendentes.

Absolutamente. Y revisitar un libro es complicado, porque hay lecturas que tienen un cometido, que te llevan a alguna parte a una edad, pero que a otra no funcionan. Igual que hay lecturas que son inaccesibles a cierta edad. Por ejemplo, yo ahora estoy leyendo ensayos históricos, libros que no habría soportado a los 16 o17 años. Pero a esa edad Queneau me encantaba y lo seguiría haciendo, era divertidísimo.

Era un cachondo, con esa serie de fotografías, el primer photobomber de la historia, estropeándolas poniendo caras.

En una pared yo tenía cuatro fotos de Queneau como las que hacemos nosotros en los fotomatones poniendo caras raras, unas fotos muy famosas, sí. Y una de Boris Vian tocando la trompeta. Por otro lado, cuando murió mi padre me dejé influir mucho por el padre de un amigo que había vivido en París, y él me descubrió a Salinger. A cierta edad es importante tener a alguien que te diga qué leer, porque si lo tienes que descubrir por ti mismo es muy complicado.

¿Y de los actuales? ¿Houellebecq, por ejemplo?

No, no me apetece. He leído algún libro suyo, pero es una literatura que no me apetece.

¿Crees que hay columnistas que buscan ser polémicos porque la polémica vende?

Ser polémico vende y no está mal. El trauma del periodista es pasar desapercibido. A nadie le gusta lanzar un texto y ver que no ha tenido la mínima repercusión. Lo que no me gusta es el no ser capaz más que de escribir boutades por el hecho de provocar por oficio. Y ya sé en quién estás pensando. Yo también (risas)

En un compañero tuyo por el que te voy a preguntar ahora.

Yo también era así al principio de mi carrera, pero llega un momento en el que tienes que madurar, joder, tienes que ponerte a escribir; o a intentarlo por lo menos. No puedes basar toda tu producción periodística o literaria en bajarte los pantalones delante de un colegio. En epatar al burgués. No puede ser. Por eso, la boutade como jugueteo de vez en cuando o como carta de presentación, como cuando entras en el saloon del Oeste, de acuerdo. Pero tienes que evolucionar, no te puedes quedar ahí. Yo no tengo miedo a la provocación ni a provocar reacciones con lo que escribo, pero me niego a quedarme anclado en el arquetipo del enfant terrible que se levanta diciendo: “A ver qué pongo hoy para escandalizar al burguesito”.

Hace poco entrevistamos a aquel en quien estábamos pensando, que es Salvador Sostres, y la reacción de los lectores ha sido bastante curiosa; se indignaban de que en la entrevista no se mostrara como se muestra en las columnas.

Es que Sostres no es así.

Esa es la cuestión, ¿cuánto hay de personaje en un columnista? Ya no me refiero a Sostres, ¿te has caricaturizado alguna vez a ti mismo para que te quedara más redonda una columna e incomodar un poco más?

Ahora soy un cuarentón casado y con dos hijos, mi vida es casi exclusivamente doméstica, pero cuando empecé a escribir columnas en La Razón me acostaba borracho a las cinco de la mañana todos los días, era un veinteañero. Veo que ahora en mis columnas ya no hago chistes de resacas, hago chistes de que no follas con tu mujer, o de que tu niño no sé qué, porque es lo que estoy viviendo. ¿Cómo voy a hacer chistes de salir hasta las cinco de la mañana si hace un montón de años que no lo hago? Lo que de mi propia vida se cuela en la columna es otra cosa: el desencanto, el descubrimiento de la vejez, el tiempo que se va, lo complicado que es el matrimonio, la responsabilidad del niño por la mañana… Sería absurdo hacer otra cosa a los 41 años. Dicho esto, yo intento no ser un personaje. Cuando empecé en La Razón fue la época más intensa de mi vida, y allí sí que se me escapaba un poco ese rollo pseudo-umbraliano de crear en las columnas a un personaje acodado a la barra de un bar. De hecho, mucha gente debe de tener esa percepción de mí, pero en algún punto decidí que quiero ser periodista en los periódicos, quiero que mande la actualidad sobre lo que escribo, quiero preocuparme de los hechos, quiero escribir sin dar el coñazo a la gente con mi yoísmo. Hay gente que sí es un personaje, pero lo hace con mucha gracia. Como Alvite, que es sólo un personaje, le importa un huevo Gadafi, hace unos textos maravillosos y me parece muy bien, porque los borda. Pero yo no creo estar escribiendo como un personaje, y cuando se me escapa algo personal es totalmente desmitificador, es lo que soy: un tío de cierta edad, con una vida doméstica ordenada sin mayores aventuras. No hay ninfas, como diría Francisco Umbral, en mi azotea escondidas. Y luego Sostres es verdad que es muy distinto de cómo escribe. Desde que estoy en el periódico lo he visto cinco o seis veces para salir a cenar y es un amor de hombre. Es un tío encantador. Lo que pasa es que luego tiene ese monstruo creado para las columnas y yo, que cada vez tengo más confianza con él, un día se lo diré: “Basta ya, ponte a escribir. Deja de epatar, que la gente empieza a pensar que eres un friki”. Porque además creo que tiene talento para escribir, lo que pasa es que está tirando por el escándalo y el trazo grueso porque creo que tiene miedo de quitarse esa etiqueta, quizá porque piensa que le costaría más escribir. 

Supongo que el sentido del humor a la hora de polemizar es importante.

Igual que para muchas cosas soy un pelotudo, soy una persona con mucho sentido del humor; forma parte de no tomarte nada de una forma muy personal porque todo, todo, merece que te descojones de ello.

Precisamente, cuando uno se lee tus columnas sobre el Congreso de los Diputados, da la sensación de que allí te aburres profundamente y por eso lo narras haciendo comparaciones con el cine y la cultura popular, para que el lector no lo padezca.

Pues no me aburro, lo que pasa es que me parece decepcionante. No sé cómo debía ser el cronista parlamentario cuando Cicerón le leyó las Filípicas a Marco Antonio, pero hacer las crónicas de cómo se las hace Carme Chacón a Mariano Rajoy no es divertido. Pero al mismo tiempo sí lo es, porque es estar en un lugar, estar cerca de lo que ocurre, hablar con la gente… yo no me aburro, me gusta mucho ir allí. Lo del humor no es nada impostado ni forzado, es que me sale así, y veo que mi humor se me está yendo al cinismo. Y es que el humor y el cinismo son colindantes, te impiden apuntarte con vehemencia y pasión a aquellas grandes cosas que levantan a la gente. Y yo no me apunto a nada, sólo me he emocionado con cosas muy personales, no con grandes causas. Entonces, esa sensación de humor mezclada con desencanto y cinismo es mi estilo escribiendo. No voy a llevar a nadie a una gran pasión ni a creer especialmente en nada, pero creo que hay un punto de distancia que es mi estilo, lo único reconocible.

Millás decía que Zapatero ha sido el único presidente realmente de izquierdas de la democracia. ¿Cómo explicas esta rapidez que han tenido en aprobar unas medidas tan poco socialdemócratas y no dejarlas para el gobierno del PP? ¿Crees que realmente eran tan necesarias, que han recibido presiones…?

Creo que eran necesarias, pero es que yo no tengo la ideología de Zapatero, no comparto con él las bases ideológicas y morales. Pero la forma en que Zapatero las ha asumido es algo tan sencillo como que gracias a Dios los españoles no somos dueños de nuestro destino. Y digo gracias a Dios porque siempre que lo hemos sido nos ha salido mal. El siglo XX demuestra qué cosas pueden ocurrir en España, como la Guerra Civil, como ser la única dictadura fascista rodeada de países liberales, un tío que en el año 81 entra armado en el Congreso, algo inimaginable en cualquier país a una hora de vuelo de nosotros… los españoles, cuando nos dejan solos, somos todo eso. Y somos también el despropósito de Zapatero, que es menos grave, porque no es lo mismo que un golpista o una guerra, pero lo que le han obligado a hacer demuestra que la frase de Ortega y Gasset funciona, aquella frase de que “España es el problema y Europa la solución”. Y ahora mucha gente reacciona así: “qué vergüenza, qué falta de dignidad, cómo nos han intervenido”. Oiga, pero si intervenidos es como estamos bien. Tengo un amigo argentino que fue ministro allá con el que a veces comparamos los países hablando del peronismo allí, de la corrupción… y yo siempre le digo que la gran diferencia entre España y Argentina es que nosotros hemos sido beneficiados por la geografía. Estamos al lado de países que no nos van a permitir ser como vosotros. Si fuerais vecinos de Alemania estaríais mucho mejor. Lo que le ha pasado a Zapatero, más allá de las adhesiones ideológicas al personaje, es que ha llegado un momento en que este país se estaba desintegrando, literalmente, y a Zapatero le han agarrado los estamentos externos que nos salvan de nosotros mismos y le han impuesto todas estas medidas de las que él ha sido un mero intérprete. Y no se las ha dejado al PP porque tendría que haber dimitido hace un año, pero él no quería convocar elecciones, quería agotar la legislatura. Además tengo la sensación, y esto es totalmente especulativo, de que Zapatero es consciente de lo que ha hecho, no puede no saber el país que deja. Aunque fuera articulado por Europa, creo que este último año ha intentado redimirse, corregir un poco su legado, asumiendo con una actitud sacrificial medidas que él sabía que no iban a gustar a sus votantes.

Sacrificando su imagen ideológica.

Aceptando un sacrificio, que él mismo lo ha dicho. Esto enajena a mi gente, mi ideología, refuta todas las promesas que hice de no cambiar… pero me inmolo, concedo mi vida política, mi carrera y mi prestigio por un sentido de Estado.

¿Está Zapatero sacrificándose por la patria?

De alguna manera, es lo que él quiere expresar. Y además es curioso, porque siempre he pensado que el mejor político es aquel que no necesita ganar las siguientes elecciones. En los EEUU eso se dice mucho, que el segundo mandato de los presidentes americanos es mucho mejor que el primero porque ya no gobiernan para su electorado, sino para la historia, para la sensatez, o para lo que sea. Cuando se vio claro que Zapatero se iba a marchar pensé que, si este presidente no necesita ganar unas elecciones ni salir en las encuestas, quizá sale un presidente mejor. Lo que pasa es que ya estaba devorado por lo que había pasado y era imposible. Pero lo que ha hecho con la reforma constitucional, incluso aliándose con el PP, partido que tenía estigmatizado por razones ideológicas los siete años anteriores, incluido el Pacto del Tinell, era la derecha con la que no puedes estar ni en la misma habitación y con la que de repente pactas una reforma constitucional. Es lo que le pido yo a Sostres: se ha dejado de boutades, se ha quitado al personaje y ha asumido una actitud de sacrificio, aceptando que iba a conseguir la inquina de su propia gente, y ha conseguido una estatura algo mayor. Aunque, por supuesto, ya era tarde para enmendar. Pero a mí el Zapatero de este último año, aunque con algo de lástima por su decadencia personal y por lo solo que se ha quedado, me parece un presidente más serio. Y más serio me ha parecido cuanto menos ideológico ha sido y cuanto más intuitivo. Por así decirlo, cuando le han encarrilado.

Antes de que llegara la crisis, el PP usaba como caballo de batalla algunas de las leyes aprobadas por el gobierno de Zapatero, como la del matrimonio homosexual. ¿Se atreverán a derogarlas cuando lleguen al poder?

No creo que se atrevan. Si lo hacen es que están locos. Creo que es una buena ley, es justa. Traer derechos civiles nunca ha sido malo. Y además creo que es una ley completamente digerida socialmente. Actualmente, ni entre la gente más rancia veo ningún tipo de molestia por esa ley. Mandarían un mensaje tremendo. No sé cómo va a gobernar el PP, pero si sus primeros objetivos son costumbristas o morales se equivoca de medio a medio. Hay que dar trabajo a la gente y no recortar derechos civiles a los demás.

Entonces, ¿no es un poco juego sucio usar eso para desgastar a un gobierno?

Esa campaña fue un error. Fue una trampa muy astuta del PSOE en la que el PP cayó. El PP decía que no rechazaba la ley, solamente su denominación, no querían que se llamara “matrimonio”; un problema etimológico, una estupidez. Pero el PSOE consiguió que por ese presunto problema etimológico el PP desatara tal campaña que se delató como un partido tremendamente reaccionario. No sé hasta qué punto el PP se sintió obligado a contentar a su votante más católico, por así decirlo, pero se equivocó hasta el punto de que en el programa del PP para la siguiente legislatura, de haber ganado, tenía esa ley con una denominación diferente, pero una ley parecida. Con su actitud consiguieron que pareciera que el derecho al matrimonio homosexual se convirtiera en algo de izquierdas, cuando ellos mismos la tenían.

¿Puede ser que fuera una reacción puramente emocional porque a Zapatero se le ha odiado mucho en ese sentido, no sólo en el político, desde la derecha?

Sí, pero en esa reacción emocional hay algo de respuesta, también. La izquierda tiene tal sensación de su propia bondad, su perfección y su narcisismo moral que a veces no se da cuenta del daño que hace y de lo insultada que se puede llegar a sentir la gente por las cosas que dice. La visita del Papa, por ejemplo. No soy católico pero si lo fuera, me tocaría de tal forma los cojones que se metieran con mi fe los mismos que presumen de respetar la libertad de culto y de la pluralidad… Es como cuando Cuerda, el director de cine, agarra un micrófono y suelta: “Todos los que votan al PP son una turba de imbéciles”. Diez millones de tíos, insultados. Estás dividiendo la vida social en banderías. Y la gente insultada reacciona e insulta doblemente. El error está en establecer la vida social española en esos parámetros de colisión ideológica, y eso lo ha hecho Zapatero porque creía que iba a obtener una adhesión gigantesca de su propia gente, que no iba a perder ni un solo voto y que iba a rescatar una suerte de maniqueísmo moral que le iba a convertir en alguien bueno por naturaleza hiciera lo que hiciera. Pero lo que ha conseguido es emputecer mucho la vida social española. Como cuando mandaban a los artistas, con Federico Luppi diciendo aquello de “un cordón sanitario”. ¿Pero esto qué es? ¿Quieres extirpar de la vida social a diez millones de tíos? Pues esos diez millones de tíos se cabrean, porque votar al PP no es algo denigrante, no te convierte en un hijo de puta, por más que Maruja Torres te lo llame. Ese ambiente creado, y estamos hablando de la primera legislatura, antes de la crisis económica, para mí fue lo peor que trajo Zapatero a España: la recuperación de ciertas tensiones políticas e ideológicas que Felipe González no creó. El sentido de Estado de Felipe trascendía mucho más. Una vez conseguido ese ambiente Zapatero también ha sido muy azotado, por supuesto, pero es que ya has creado al monstruo, ¿ahora qué hacemos? A mucha gente le han dolido esas cosas. Si el presidente de la nación llega un día y dice “vuestra nación es un concepto discutible, y lo discuto en función de lo que me dice Carod-Rovira”, a poco que tengas un mínimo de pulsión patriota o identificación con tu país esa mañana, se te caen las pelotas al suelo. Otra cosa es que ellos han conseguido un monopolio moral e ideológico según el cual el que se siente patriota en Cataluña es un progresista pero el que se siente patriota en Burgos es un fascista hijo de puta.

Juan Manuel de Prada nos decía en una entrevista que vivimos bajo una dictadura progre.

Este concepto de dictadura progre me parece muy estúpido y reducido. Todos los movimientos políticos, sociales y religiosos tienen un afán de imponer valores y, en este sentido, este gobierno también ha insistido mucho en ello. Incluso han competido con la Iglesia por el monopolio de la moral. Pero de allí a que vivas oprimido, que te vaya a entrar la policía en casa si piensas según qué… creo que no. Todos los regímenes manejan un concepto oficial de valores, y en todos los regímenes tu obligación es no dejarte ahormar por lo que dice el Estado y buscar otras referencias para formarte tu opinión. En este sentido, este momento no es distinto a cualquier otro. Yo no me siento especialmente oprimido, ni muchísimo menos. No me siento identificado con muchos de los valores oficiales que emanan del Estado, pero no me importa porque no es mi fuente, de ahí no salen mis referencias morales ni vitales. Y cuando me dicen que no fume tampoco me siento como si estuviera viviendo bajo el fascismo, no es para tanto, hay un punto de exageración enorme. 

¿Crees que en este país los medios están al servicio de los partidos políticos, igual que los deportivos con los clubes?

Estoy de acuerdo, lo que pasa es que ahora Internet ha roto un poco ese equilibrio; es un territorio más libre, ha roto muchas de esas dependencias. Pero creo que hasta hace poco tiempo, en los espectros de la izquierda, había un grupo, Prisa, que consiguió absorberlo todo, un monopolio. Todo el periodismo y la circulación de ideas de la izquierda ocurría bajo las siglas de la misma empresa. Nació Público y pareció que iba a romper un poco ese monopolio, pero se ha quedado en nada, una decepción.

Ahora que nombras Público, están inmersos en un ERE. ¿Qué te parece que en un medio progresista los perjudicados vayan a ser de nuevo los trabajadores de base, y no los grandes opinadores y sus sueldos a juego?

Es que no es una arcadia socialista, ni un Shangri-la, es una empresa como otra cualquiera. No conozco en detalle cómo ha hecho Público su ERE, pero imagino que despedirán a la gente en condiciones legales; por más que defienda una ideología asamblearia y comunitaria, es una empresa que pertenece a un empresario, que es quien se juega la pasta y quien decide, dentro de la legalidad, cómo se hacen estas cosas. Lo que lamento es que echen a gente a la calle, evidentemente, y me temo que Público irá a peor, pero no creo que se tengan que comportar como en una república socialista ideal. Roures tendrá su rollo trotskista, pero es un empresario que quiere ganar pasta y despide cuando no le queda más remedio. Pero retomando lo que decíamos antes, la derecha está mucho más fragmentada, hay mucha más competencia entre medios. Mientras que la izquierda tiene un gran periódico, que es El País, la derecha tiene El Mundo, ABC, La Razón. Y en cuanto a televisiones, parece que las TDT están más escoradas a la derecha, las generalistas más a la izquierda y luego está Internet, donde vale todo. Creo que está bastante compensado, lo que pasa es que cuando gobierna un partido de izquierdas los medios de la derecha se vuelven más vocingleros, y al revés. Ya verás, cuando gane el PP cómo los de Intereconomía se van a callar. Y además yo no sé si esa cadena va a sobrevivir sin el tono este de contraperiodismo, porque viven de eso. Pero si ahora estamos oyendo tanto ruido es porque está gobernando la izquierda, y los medios más de derechas están en el contrapoder, que además no les pega, porque la actitud de contrapoder le pega bien a Público. Cuando Público se lo pasa bien es con un gobierno de derechas, porque ser un periódico golfo y a la contra, joven… y aparecer cuando gobierna el mismo tipo que te ha creado es una faena. Imagina cómo se lo hubiera pasado Público con José María Aznar de presidente, la de portadas que habrían hecho… Pero ahora, ¿cómo van a hacer portadas, si los ha creado Zapatero?

Hablando de periodismo, ¿cómo ves el periodismo deportivo? ¿Crees que hay una campaña de El País contra en Real Madrid o Mourinho?

Yo creo que sí. No soy mourinhista, pero estoy empezando a notar cierta tendencia al antimourinhismo. Lo que no voy a valorar es por qué. No sé si es porque se ha convertido en una convención, en una moda, porque la salida de Jorge Valdano ha azuzado a mucha gente con la que él tiene amistad, si es por temas empresariales como cuando Prisa no atacaba a Calderón porque tenían intereses comunes con las televisiones… pero que hay dos convenciones absolutas ahora en el periodismo deportivo que es la beatificación absoluta de todo lo que tenga que ver con Josep Guardiola y el Barcelona, y cierta obsesión por erosionar la imagen del Real Madrid a través de Mourinho, que lo aprovecha todo y se agarra a cualquier cosa para hacerlo, sí lo veo. Hay una pauta continuada. Como cuando el periodista dice que “en la cara que ponía Iker Casillas al subir la escalera para recoger la Copa vi reflejada la tortura psicológica de Mourinho…”

O las narraciones de Diego Torres sobre lo que pasa en el vestuario.

Por ejemplo. Y me da pena, porque a Diego Torres lo conozco y me parece un tío muy majo, pero creo que está obsesionado con eso.

¿Tienes alguna teoría sobre quién es el chivato que hay dentro del vestuario?

No tengo ni idea. Decían que era Pedro León, pero creo que lo decían en broma, para darle caña. Pero luego en esas narraciones se equivocan, como en aquella historia sobre Mourinho acusando a sus jugadores de traición. Si has creado en Mourinho un personaje duro, jodido, un degollador… no me lo pongas luego a llorar de rodillas en un vestuario porque no me lo creo, porque el personaje que me has creado es otro. Como guionista te has equivocado, el personaje no es un llorón.

¿No crees que tanto Mourinho como Guardiola tienen mucho de personaje?

No les conozco personalmente y no sé qué diferencia hay, pero seguro que la hay. Es evidente que Guardiola, por ejemplo, que es un tío muy listo, es perfectamente consciente del personaje que ha armado. Lo defiende y lo matiza, lo vuelve más o menos duro, lo politiza más o menos según le convenga, lo victimiza… y además es muy astuto; sabe perfectamente en qué territorios no tiene que hablar porque no es listo en según qué cosas. Cuando ha emitido juicios en términos políticos, por ejemplo. No es que no tenga derecho a hacerlos, sino que no ha sido inteligente. Mourinho, en cambio, creo que tiene otro personaje, que es el catalizador de emociones, el líder de psicología de masas, el gran redentor alrededor del cual se arracima toda una tropa dispuesta a seguirle. La aceptación y la adhesión que tiene en el Bernabéu son increíbles. Yo no las había visto nunca.

¿El mourinhismo nace porque Mourinho es así o como reacción contra el anti-mourinhismo?

Creo que Mourinho le ha dado al Real Madrid lo que nadie esperaba. Hay un Real Madrid que no conoce a su afición, que permanece en su endogamia y comiendo con directivos; y hay un Real Madrid contracultural que se les escapa, que no tiene nada que ver con la estupidez del compromiso con la huella de los antepasados, el señorío y todo eso. Y es un Madrid con un componente revolucionario, que en un momento de gran humillación y derrota quiere defender al equipo y romper con un montón de tópicos en blanco y negro: a las mocitas risueñas contentas por el juego del Real Madrid… se las van a follar; a esas mocitas no las quieren ni ver. Quieren crear otro Real Madrid que trascienda los complejos que ha creado la era del Barça, no va a aceptar ser corregido por el enemigo ni las interpretaciones sociopolíticas de las identidades actuales de Real Madrid y Barça. Va a luchar contra todos esos complejos y además va a volver a ganar al fútbol. Y el tipo en el que confluyen todos estos afanes es Mourinho. Mourinho se ha identificado con esto, ha hecho suya esta pelea y está dispuesto a librarla por ese Real Madrid, que no es el del tipo que dice que en los años 70 sí que había señorío. Ese nuevo madridista tiene un componente muy joven y  revolucionario.

¿Hay una lucha contra esos supuestos valores?

Es que esos supuestos valores son estúpidos. Para empezar porque no han existido. A ver si el Madrid no ha pegado ni una patada en los últimos 40 años, ni ha tenido futbolistas raciales y duros, a ver si Juanito no le pisó la cabeza a Lothar Matthäus en Múnich y fue expulsado a perpetuidad de Europa por hacerlo. Y ningún imbécil decía que eso era ir contra el señorío madridista. Porque no, porque esto pasa a veces en un partido de fútbol, a veces hay violencia. Esos valores madridistas los está manejando el antimadridismo para bloquear al Real Madrid, porque es Cruyff quien dice que “si haces esto no eres un señor. Resígnate, déjate ganar y serás un señor.” Usan tu imagen contra ti y eso es lo que no acepta este Madrid contracultural: no acepta ser como Cruyff quiere que sea el Madrid. Por ejemplo Santiago Segurola que, por otra parte, me parece un tío muy talentoso. ¿Cómo es posible que el gurú que dice cómo tiene que ser el Real Madrid sea hincha de un equipo antimadridista, como es el Athletic de Bilbao? ¿Va a decir uno del Bilbao cómo tenemos que ser? ¡Si siempre ha sido un equipo enemigo!

¿Y no puede ser que Mourinho tenga cierto despecho o desamor por el Barça?

Meterme en las torturas psicológicas de Mou ya no quiero (risas). Antes de nada ya digo que hay momentos macarras de Mourinho que no apruebo. Y no los apruebo porque están mal y porque nutren al rival del mensaje que quiere dar. Cuando el Madrid arranca la Liga jugando increíblemente bien y cuando se nota que hay un futuro en este equipo, Mourinho ha conseguido que solo se hable de que ha metido el dedo en el ojo de un tipo. Y esas acciones suyas desestabilizan la construcción del nuevo Madrid porque el enemigo las usa. A mí que le meta el dedo a Vilanova me da igual, anda y que se joda, como si le mete el dedo en el culo; pero no nos viene bien, y por eso prefiero que no lo haga. Pero aparte de esos detallitos, de esas cosas que el hombre podría controlar, el equipo que juega ahora me gusta, y no creo que Mourinho esté actuando con una obsesión antibarcelonista, sino que creo que se ha enchufado a librar una pelea donde una parte gigantesca del Madrid estaba buscando a alguien dispuesto a hacerlo. La gente del Madrid estaba buscando un campeón. Y con campeón no me refiero al tipo que gana ligas, sino al tipo que da dos pasos adelante y, ante los muros de Troya, lucha contra el campeón del enemigo con todos los demás mirando detrás. Está buscando un paladín, alguien que dijera: “Dadme vuestra pelea, que yo la libro”. Y Mourinho lo ha hecho. No lo ha hecho Valdano y no lo ha hecho Florentino Pérez. Y los que lo buscaban no son los institucionales, los que están en el mesón Txistu poniéndose morados de filetes y vino. A esos chavales del madridismo contracultural les ha dicho “os comprendo y vuestra pelea la libro por vosotros y con vosotros”. Y de ahí viene la pasión mutua. Y ahí Mourinho ha encontrado una conexión sentimental increíble, y de la que no se han dado cuenta los periodistas de despacho, que se quedan con el tópico del ojo y el dedito. No ha habido más allá. Y no se han dado cuenta de que, a través de Mourinho, se ha abierto ese cauce revolucionario de un Madrid que no interioriza lo que dicen de él ni el personaje malvado que le han creado, que no se resigna, que no se siente oprimido por el pasado y que se quiere reinventar. Y todo eso lo ha catalizado Mourinho. Fíjate todo lo que ha hecho sin haber ganado prácticamente nada.

Pero además proporciona mucho entretenimiento.

En ese sentido yo preferiría que proporcionara menos, que su protagonismo no estuviera en las ruedas de prensa, porque creo que eso perjudica al Madrid, le da munición al enemigo. Pero tampoco quiero un entrenador que sea John Lennon, como Guardiola, al que sólo le falta hacer las ruedas de prensa en la cama con Yoko Ono. O esas declaraciones de Shakira: ojalá el mundo entero se comportara como el Barcelona, viviríamos en la paz universal… tampoco me gustaría vivir en ese ambiente, es todo demasiado empalagoso. Y tampoco me gusta la traslación interesada que se hace de las identidades de Madrid y Barcelona a ámbitos sociopolíticos: el pequeño país oprimido y derrotista, cuando el Barça no lo es; y la gárgola imperialista, que es el Madrid de Mourinho.

Eso también puede ser un error de Guardiola; si Mourinho comete errores con esas salidas de tono que da munición, Guardiola los comete cuando empieza a hablar de pequeños países oprimidos.

Pero no lo hace de forma insultante, eso lo hacía Laporta. Guardiola nunca crea la idea contra otras, siempre crea ideas positivas, y en eso es listísimo. Cuando se inventa el victimismo del Barcelona, que no es tal, hablando de que “somos un pequeño país ahí arriba”, no está ofendiendo a nadie, pero está alentando cierta identidad victimista relacionada con el nacionalismo catalán. Y además es falso, porque el Barcelona es cualquier cosa menos un equipo-víctima; es un equipo hegemónico en todos los sentidos, hasta institucional. Si hasta el presidente de la UEFA reconoce que sus jugadores van a ser protegidos habitualmente, ¿qué victimismo deportivo puedes levantar sobre eso? Pero lo maneja muy bien, ya te digo que Guardiola me parece un personaje muy listo. Y Mourinho también, a su manera, son dos grandes inteligencias tácticas. Pero a mí Guardiola… ¡qué pesado, hijo, tírate un pedo, que no pasa nada! ¡Te podemos ver borracho un día!

No da mucho espectáculo. A ti como madridista no te gusta que Mourinho ofrezca entretenimiento, pero el que no lo es disfruta. Los que no son del Barça también podrían pasárselo bien con salidas de tono de Pep.

Guardiola lo da a su manera. ¿Te acuerdas de la rueda de prensa de la Copa de Europa cuando vino a Madrid, lo del puto amo? Ahí salió un Guardiola que no habíamos visto. Pero estaba todo calculado. Él dijo: nos habéis enrarecido el ambiente, nos habéis desafiado dialécticamente, pues voy a entrar en vuestro juego, y os voy a ganar en él. Y lo hizo. Y es curioso, porque se critica mucho a Mourinho, pero en esa eliminatoria europea Guardiola motivó a su equipo con las tácticas del portugués, buscando la colisión. Y consiguió que su equipo, al volver al hotel, le aplaudiera. Eso fue una lección de Guardiola. Pero una lección haciendo algo que habíamos quedado en que estaba mal. Ganó a Mou en su terreno. A mí lo que me asombra es este doble rasero que condena siempre al Madrid: al Madrid se le acusa de ser un equipo chulo, violento, y de repente la selección española juega un amistoso contra Chile, lo ganas con un robo arbitral en el último minuto y además les das de hostias. Pero la reacción del periodismo es “qué bonito, mira nuestros chicos qué unidos se pegan”.

Muchas declaraciones de que las tanganas son poco edificantes y, de repente, las tanganas son un ejemplo.

Sí, lo que cohesiona a un equipo. Yo me quedé sorprendido, de repente era evidente que no había fisuras internas porque se pegaban juntos. Pero cuando Mourinho cohesiona a su equipo con una tensión que puede hacer llegar a las manos le condenáis porque es un mal ejemplo para los niños, pero si lo hace el puto tiqui-taca es una gozada, incluso después de haber robado a la pobre selección chilena, a la que le han robado hasta el nombre, porque “La roja” es ella, en un partido amistoso.

Entonces, ¿es edificante o no la violencia?

No lo es, pero yo jugué en regional y cualquiera que haya practicado un deporte de equipo sabe que hay unas tensiones terribles y vas siempre a defender a tu compañero. Lo de que un entrenador le meta un dedo en el ojo a otro no pasa tanto, pero que los equipos lleguen a las manos… no pasa nada. Y no te cuento el rugby, que prolonga fuera del campo esa lealtad. Lo sé de cuando viví en Argentina: si tienes un problema con un tío le basta con descolgar su teléfono y viene todo su equipo de rugby. Ese tipo de compañerismo y la camaradería existe, forma parte del deporte. Yo estoy de acuerdo en que la tangana de España cohesionó a la gente, con lo que no estoy de acuerdo es con que me la ensalce el mismo que dice que Mourinho no es un ejemplo para los niños porque dice palabrotas, pega patadas, todo es muy brusco, y no es como diría Shakira. Con esa hipocresía es con la que no estoy de acuerdo. A ver si Shakira va a decir que nos damos patadas.

Para acabar con el fútbol, ¿crees que existe un periodista deportivo actual con el poder que llegó a tener José María García?

Yo creo que no, lo que llegó a ser García… hoy en día está más repartido.

¿Qué opinas del tratamiento que recibe el boxeo? Por ejemplo, en el libro de estilo de El país se prohíbe hablar de él a no ser que sea para hablar mal.

A mí me gusta mucho, lo practiqué y escribo en el periódico todo lo que puedo, para sacarlo un poco del gueto en el que está. Por ejemplo, si un equipo de voleibol femenino, o de amputados, gana la medalla de bronce en los paralímpicos de Vladivostok va a tener una audiencia en La Zarzuela. Tenemos un tío que ha sido campeón del mundo ocho veces, después de Ángel Nieto el español que más veces ha sido campeón del mundo, Javier Castillejo, y no le han recibido ni en el balcón de su pueblo porque es un boxeador y su compañía contamina. Aunque me parece también un signo de estos tiempos: hay ciertas cosas, y podríamos incluir también a los toros, que la moral actual ya no acepta porque no las comprende, porque se va a territorios mucho más dulces, “no queremos ninguna relación con la violencia, y menos aún con la muerte”, y hay una incomprensión absoluta del boxeo, lo están mandando a la clandestinidad, cuando hay una afición soterrada enorme, que está deseando que eso salga, se reúnen 15.000 personas en La cubierta de Leganés, hay ahora buenos boxeadores en España, como Rubén Varón, tenemos un campeón del mundo, Gabriel Campillo. Yo hago lo que puedo: cuando hay una velada voy, si me dejan sitio en el periódico lo meto, he escrito cinco o seis crónicas de boxeo este año, cosa que no ha hecho ningún periódico, ni siquiera los deportivos. Yo no llegué a profesional, pero peleé como aficionado, y como deporte me encanta. Incluso ahora, que ya tengo cierta edad, sigo boxeando todo menos el combate, porque es muy buen entrenamiento. El último fenómeno del boxeo en España fue Poli Díaz. Esta pasada primavera estuve viendo unos combates y se empezó a correr un rumor que acabó a gritos porque habían visto a Poli en la grada. Y el tipo se tuvo que poner de pie y saludar, porque no sabes el griterío de la gente que hubo. El carisma que aún tiene, a pesar del daño que se ha hecho a sí mismo… ha sido el último gran animador del mundo del boxeo español. Porque Castillejo fue mucho mejor boxeador, y campeón del mundo, pero le faltaba un punto de carisma.

Su última oportunidad pudo ser la pelea contra Whitaker.

Como te he dicho antes, aún hago guantes, y entreno con un tipo que fue campeón de Europa de los medios. Me he dado cuenta, después de mucho tiempo de no hacer nada, de que hay cosas que conservas. Te mueves por puros automatismos, lo que has ido entrenando con los años te vuelve a salir solo. Pero hay una cosa de la que te das cuenta que has perdido, que es la ocupación del espacio, las distancias. Estás completamente perdido. Y es lo que le pasó a Poli con Whitaker. El tío con el que boxeé no necesitó ni subir la guardia para que yo no le tocase la cara, porque él dominaba el espacio y yo no. Con un simple paso lateral él me dejaba el golpe descojonado, yo lanzaba la mano y, cuando llegaba, ya no había nadie allí. Y se había puesto en el lugar perfecto para atacarme y contraatacarme inmediatamente. Yo estaba siempre fuera de lugar, o demasiado cerca o demasiado lejos. Y ahí me di cuenta de que eso es lo primero que diferencia a un gran boxeador, más allá de los golpes. Y es lo que le pasó a Poli, si le hubiera metido una mano le habría ganado, pero cuando lanzaba una mano el tipo ya no estaba.

Con toda la épica que ofrece el boxeo es increíble el maltrato que le damos en España.

En los últimos tiempos en España, entre la intelectualidad, ha habido una oleada de desprecio hacia todo lo que fuera popular. Y el boxeo es barrio, es lo popular, lo pobre; y la cultura oficial dice: Pedro Almodóvar sí, pero gente pegándose no.

Y eso que el boxeo podría ser el deporte más intelectual, del que más literatura se ha hecho.

La mitad de los artículos periodístico de Norman Mailer, por ejemplo, tienen ese punto de apoyo. A mí me gusta la literatura deportiva, porque hay gente que la ha elevado a categoría literaria. Pero el fútbol, por ejemplo, se diluye en el equipo; excepto casos como el de Diego Armando Maradona, que es un gran personaje, pero es que el boxeador es un tío épico, homérico, es Aquiles. Que a lo mejor luego es un tarado que no sabe ni abrir la puerta de casa, pero en el ring tú creas un héroe homérico, que contiene todas las virtudes y defectos que esperamos de un semihéroe. Cassius Clay es un personaje literario increíble, por ejemplo, o Chávez, el mejicano, o Poli, dentro de su casticismo o sus debilidades. Pero lo que le ha pasado al boxeador no tiene nada que ver con eso, se ha convertido en un deporte mal visto, y punto. También hubo un momento de crisis de boxeadores que vino con la prosperidad en España: nadie que pueda estudiar Derecho se subirá a un ring, convengamos eso. Nadie que pueda hacer otra cosa acepta que le den de hostias. Y el boxeo en España se mantuvo vivo gracias a la inmigración, cuando los españoles ya no estaban para subirse a un ring y que les pegaran se subían los rumanos y los dominicanos. De hecho, uno de los mejores boxeadores que tenemos ahora en España es Petrov, que es ruso. Y estaba Lacatus, un rumano. Porque el boxeo se nutre de eso, de la pobreza de barrio, de la necesidad. El único boxeador que ha sido boxeador pudiendo ser otra cosa era Arthur Cravan, sobrino de Oscar Wilde, que también era poeta y dramaturgo.

Y performancer, porque sus combates de boxeo eran más bien una performance, en esencia, antes de existir el concepto.

Y se peleó con Jack Johnson, el campeón del mundo, en Barcelona, en la plaza de toros.

Y recibió una paliza.

Sí, claro, era mucho mejor que Cravan. Por Jack Jonhnson inventó Jack London lo de “la gran esperanza blanca”. Mucha gente no sabe que lo de “la gran esperanza blanca” fue un concepto que creó London para animar a James Jeffreys, que era el boxeador blanco, en su pelea contra un boxeador negro, porque era terriblemente racista. Escribió una serie de libros en los que decía que un negro no podía pegar a un blanco. Y la gran esperanza es la esperanza de la raza blanca contra el puto negro que nos quiere ganar. Jack Johnson es quien pelea contra Cravan en Barcelona. Y Cravan, finalmente, muere en México de la forma más elegante: coge una barca, empieza a remar mar adentro y nadie lo vuelve a ver nunca más.

Es uno de esos casos en los que la vida del literato es más importante que su literatura.

Sí, sin duda. ¿Cómo era esa revista que hacía en Francia, que se metía con todo el mundo?

No recuerdo el nombre, pero él la editaba y hacía todo. En la Antología del humor negro de André Breton viene la entrevista que le hizo a Guidé.

Ya recuerdo como se llamaba la revista: Ahora. Era el antecendente de La Fiera literaria, el pasquín que tenemos aquí. Eso está ahí. Hace poco me compré una antología de esas revistas y está esta entrevista; cómo va a verle, hecho un dandy, que parece un gay, y Guidé está descolocado.

Sí, llega en plan “soy el sobrino de Wilde”.

Ahí está muy bien contado.

Tu afición a los toros te ha llegado un poco tarde. ¿Alguna vez te lo has analizado desde una perspectiva ética, además de estética? ¿Son los animales sujetos de derechos?

Mi afición es relativa, pero sí. No creo que sean humanos, que se les pueda igualar, como hace muchas veces el movimiento animalista. La muerte de un toro no es la muerte de un humano. No se puede poner a la misma altura ni comparar. Además creo que hay un concepto muy urbano, que es el de la humanización de los animales. Eso en el campo no lo hace nadie. Un animal es un animal, y su muerte tiene una importancia relativa, pero nosotros, como somos urbanitas y educados por Walt Disney, creemos que los ciervos hablan. Y que su muerte es tan importante como la de una persona. Y no es así. Dicho esto, sí creo en el respeto a los animales. Y, de hecho, yo tengo relaciones afectivas con animales.

¿Afectivas de qué tipo?

No sexuales, sin llegar a la zoofilia (risas). He tenido cariño por perros y gatos que he tenido en casa… sin sodomizarlos. Pero con los toros ocurre una cosa, reconozco la contradicción cultural. Te puedo decir todo esto pero, al mismo tiempo, tengo una inducción cultural que me permite aceptar lo que hacen con un toro en la plaza. Porque además, por esa misma inducción cultural, me parece que lo que le hacen no es indigno. ¿Que es una contradicción con el hecho de amar a un setter? Sí, lo es.

¿Puede ser un sentimiento generalizado en la afición taurina?

Pues me imagino.

Porque seguramente el aficionado no es un asesino de animales en su vida privada.

Claro que no, ni cuelgan gatos de la rama de un árbol, no tiene nada que ver. Es una excepción cultural. Pero yo nunca me peleo por los toros, tampoco me gustan tanto; tengo una afición relativa. Y yo comprendo que, si no estás culturalmente predispuesto, no lo puedes entender. Cuando vivía en Argentina me encontraba con gente que lo consideraba una barbaridad, y yo no intentaba convencerles de lo contrario. Yo comprendo que, desde tu formación cultural, te parezca una barbaridad. Es que es indefendible, no puedo decirte lo contrario, pero a mí me han formado culturalmente para entenderlo de otra manera.

Quizá entra un componente emocional. Es más fácil sentir empatía por un perro o por un gato que por una ostra; a la segunda me la comería, a los primeros no.

Yo no tengo ese problema. No me comería a mi golden retriever, pero puedo acariciarle el morro a un cordero y decir “qué bonito, parece el de Norit”. Y después que me lo descuarticen, que me lo como.

Homer Simpson llegó a sentir mucho amor por una langosta y se la comió.

Se comió a Tenacitas cuando ya había muerto y no por su culpa, eso sí. Pero, como digo, tengo una afición relativa por los toros, porque he llegado tarde, no entiendo mucho y voy a verlos tres o cuatro veces al año, nada más. Y creo que lo de prohibirlos en Cataluña ha sido un error, por la simple razón de que se iban muriendo solos. Ahora los han colocado en una dimensión de causa política que les ha dado una segunda vida.

Ya que hemos terminando hablado de zoofilia y sodomía, tú tuviste un consultorio sexual en larevista GQ. Para dar consejos de sexo, ¿hay que haber follado mucho o haber leído mucho sobre follar?

Eran consejos poco autobiográficos, porque me preguntaban cada cosa… Era una página de humor, poco seria, si alguien se la tomaba por el lado científico debo de haber creado varios monstruos sexuales. Si lo que quieres preguntar es si tengo una vida sexual divertida, ya te digo yo que no (risas)

¿Has leído Las once mil vergas de Apollinaire?

No, no lo he leído, aunque lo conozco.

¿Qué pensarías de alguien que te confesara que se excita con literatura así?

No lo sé, pero los que me preguntaban no solían tener referencias literarias, era todo mucho más inmediato: cómo dar por culo a mi mujer y cosas así. No tenían un gran nivel…

Dices que no tienes una vida sexual muy divertida, pero ¿cuál es la experiencia sexual más demencial que has tenido?

Hombre, tampoco tengo una vida sexual aburrida, no seamos así. Pero sí que tuve una época más activa. Recuerdo una vez haber hecho el amor en un autobús de línea Santander-Burgos.

Pero eso es un clásico, y más en esa línea concreta.

No lo sé, no recuerdo ningún momento demencial en mi vida sexual si por eso entiendes una orgía, o algo así. No lo creo.

¿Cuál ha sido tu educación sexual? ¿Has leído mucha literatura erótica, cómic…?

Milo Manara y todo lo demás, trabajo de campo. La primera vez que vi la palabra orgasmo o clítoris fue en un cómic de Manara.

Te iba a preguntar a qué personaje de cómic te hubiera gustado follarte, pero si me hablas de Manara…

Evidentemente, a Miel. Y de hecho Miel lo usé yo como pseudónimo porque, aparte del consultorio sexual, cuando terminé la mili, antes de Internet, en España había una cosa llamada Minitel, que lo conectabas al teléfono y era una especie de precursor de Internet. Había canales eróticos, en los que entrabas para interactuar y hablar de sexo, y yo trabajé en uno de ellos…

Eso cuenta como experiencia sexual demencial.

Y además haciéndome pasar por mujer (risas)

Vas cogiendo puntos, esto supera con mucho a lo del autobús.

Los tíos entraban rijosos a hacerse la paja y yo, que estaba con mi teclado, tenía que hacerme pasar por mujer y conversar con ellos. Y como veía que algunos repetían me tuve que crear personajes. Me creé fichas y uno de ellos, en homenaje a Manara, era Miel, que era una chica de Elche. Y eso duró un año, hasta que ya pude entrar a trabajar en prensa. Era muy divertido, porque era todo fantasía. Tenía un personaje que era una chica que se dedicaba a hacer tríos, entraba un señor de Valencia y te pedía una cita, y había que demorar aquello como fuera para que siguiera conectándose, que era por lo que tú cobrabas, pero sin llegar a la cita, claro. También escribí cuentos eróticos en una revista porno.

¿Te has planteado escribir literatura erótica?

Un amigo mío montó una revista erótica. Era el editor de la revista Renfe paisajes, la primera en la que trabajé. Se planteó montar una revista sobre las putas en Madrid. El soporte publicitario, de donde sacaría la pasta, eran puticlubs. Yo le escribía un cuento erótico en cada número. Y me basaba mucho en experiencias que me contaban los amigos. Por ejemplo, mi primer cuento erótico se basaba en la experiencia real que tuvo un amigo mío: uno se acuesta con una mujer casada y, cuando están juntos en la cama, llama su marido, que está de viaje en Alemania, para hacerse una paja por teléfono. Entonces ella empieza a contarle como si fuera una fantasía lo que mi amigo le estaba haciendo en esos momentos, mientras el otro desgraciado está masturbándose al teléfono.

En una de las consultas te preguntaban sobre atar y ser atado, y no parecías demasiado partidario de ninguna de las opciones.

No me atrae la sexualidad basada en la humillación o dominio del otro, pero no me escandaliza. Si me atan me siento ridículo, pero eso de reducir a una persona a la categoría de cautivo tuyo… no me parece erótico, no me pone. Yo tengo una sexualidad como en Porky’s; chicas de tetas orondas y un ratito, y ya está. Y luego gracias y adiós.

¿Participarías en un body sushi, como bandeja?

De un body sushi me sobra la bandeja, a mí lo que me gusta es el sushi. Ahora que me acuerdo, en Argentina me llevaron a una bacanal. Era un lugar que recreaba bacanales romanas. Y especifico que fue antes de conocer a mi mujer. Entre otras cosas, había unas chicas que se ponían uvas en los pechos o en el sexo y tú te las comías. Pero claro, yo me encuentro con un grano de uva que ha estado en contacto con una vagina y lo que hago es limpiarla. Esas cosas me hacen más gracia que otra cosa. No soy muy sofisticado para el sexo, qué se le va a hacer. Además, a estas alturas de la vida, no me apetece estar tres horas inventándome cosas.

Antes mencionamos Las once mil vergas. ¿Crees que un autor famoso podría publicar algo así hoy en día, con menciones a la pederastia, la coprofilia…?

Me parecería complicado, porque ya estamos hablando, en el caso de la pederastia, de un delito. Si eres una persona adulta y te gusta comer mierda me parece perfecto, pero si eres una persona adulta y quieres robar a mi niño para darle por culo… pues no. Y me molestaría que alguien hiciera apología de eso. En mi opinión la licencia literaria no puede llegar tan lejos. La ley es la frontera, no es otra, ni siquiera el buen o mal gusto.

¿Y si fuera tratado con humor? ¿Hay fronteras en el humor?

No se puede tratar cualquier tema, yo no haría humor con eso.

Por negro que sea y por mucho que se especifique.

De este tipo de cosas yo no me reiría nunca, de la pedofilia en particular. A mí no me hace ni puta gracia un chiste sobre pedofilia, y no me ha hecho falta ser padre para eso, no me parece un tema gracioso. A veces el humor trivializa cosas que no deben ser trivializadas. A mí me parece que un adulto que abusa sexualmente de un niño es algo tan inmensamente repugnante que no hay que reducir su importancia con nada, ni con el humor ni en nombre del arte. Existe la ley, y el hecho de ser un artista no te ubica en un espacio de impunidad legal o moral en el que puedes decir cosas que yo no puedo decir. Lo demás, mientras no infrinjas la ley, ni abuses de nadie, ni violes, ni ates involuntariamente, ni secuestres… haz lo que te dé la gana, cuéntame cómo le chupas la polla a un caballo, me da igual. Pero me escandalizaría si alguien sacara un libro de poesía ensalzando como virtud o pasión la pedofilia.

¿Y Lolita?

Si hablamos de una niña de 16 o 17 años… yo te estoy hablando de robar un niño de 4 y colgar fotos de su violación en Internet. Que una chica de 17 años tontee con un hombre maduro no es lo mismo.

Bueno, en el libro Lolita tenía doce.

Sí, tienes razón.

Y ahora, para terminar, te voy a preguntar si quieres más a papá o a mamá: ¿Florentino Pérez o Ramón Calderón?

Ninguno. Yo querría que el Real Madrid fuera presidido, algún día, por un exfutbolista. Y me gustaría que fuera Manolo Sanchís. Necesitaría el apoyo financiero y político de alguien, pero tengo ganas de que, por una vez, sea un hombre de fútbol quien presida el equipo, y no un tipo que hace casas. Además, Sanchís tiene cabeza para ello.

¿Grupo Godó u Grupo Zeta?

No me siento identificado con ninguno, pero me cae más simpático Zeta, por supuesto.

¿Puskas o Cruyff?

Puskas, de aquí a Roma.

¿Beatles o Stones?

Stones.

¿Motörhead o AC/DC?

AC/DC.

¿George Best o Cristiano Ronaldo?

Best.

¿Jorge Valdano o Zinedine Zidane?

Zidane.

¿Apollinaire o Balzac?

Balzac.

¿Quevedo o Lope de Vega?

Quevedo.

¿Rimbaud o Baudelaire?

Baudelaire, pero Rimbaud me gusta también.

¿Roquefort o Cabrales?

Cabrales.

¿No eres francés por parte de los quesos?

No, además yo soy muy asturiano, mi padre es asturiano. Yo defiendo a Asturias.

¿Manuel Jabois o tú?

Jabois.

¿Arcadi Espada o Juanjo Millás?

Cualquier otro.

¿Sostres o Sánchez-Dragó?

Pues no lo sé, me pones en un compromiso porque ambos son personajes de los que podemos decir cosas malas, pero Sánchez-Dragó es amigo mío. Ambos.

¿Segurola o Alfredo Relaño?

Segurola.

¿Alfredo, el de la barbacoa, o Ferran Adrià?

Alfredo. Además yo voy mucho a Alfredo’s. Empecé a ir cuando sólo tenía el de Juan Hurtado de Mendoza. Debe de estar ya muy mayor.

Sí, muy mayor. Lo ves por allí con la barba y el sombrero y podría pasar por uno de los ZZ Top.

Yo iba de adolescente y ya me parecía mayor. Me encantaba ir allí con los amigos, era un plan cojonudo.

¿Qué opinas de la cocina de vanguardia?

Me gusta conocer esos sitios una vez, que me descubran un sabor nuevo que no conocía… pero luego me quedo con la sensación de todo es muy retórico. No soy contrario, no me ofende, nunca haría la crítica que hizo Sánchez-Dragó de “donde esté un buen cocido…”. Aprecio la creatividad, pero me gusta sólo como experimento. Hace poco estuve en DiverXo, justamente, el de la polémica de Sostres.

No habló demasiado bien de DiverXo.

No, lo puso a parir, pero porque él es de Adrià y punto. Mi restaurante favorito en Madrid es Viridiana. Me encanta ese restaurante porque tiene el punto medio perfecto entre creatividad, donde ves el talento del tío que cocina y que inventa, pero sin llegar a la pijería de negar la materia prima o la cantidad. Estás con un tío que te da de comer de verdad pero al mismo tiempo lleva la materia prima a un nivel de creatividad superior. Para mí es el punto medio absoluto. Yo he comido en lo de Adrià, no en el Bulli, sino en el de Barcelona, el Tickets, donde encuentras sabores nuevos que no habías probado nunca y que te divierte conocer, pero eso de “es una falsa aceituna que nos hemos inventado, que sabe a aceituna…”. Habiendo aceitunas, ¿para qué me traes algo falso que sabe a aceituna? Es rizar el rizo. ¿Somos un país mediterráneo en el que hay olivares y te tienes que inventar algo que no es una aceituna pero sabe a aceituna? Tráeme una aceituna y ya está, es más fácil y el sabor es el mismo. Tampoco niego la creatividad, no soy de cocido, pero cuando llega a ese extremo… Para mí Viridiana es el restaurante perfecto, porque no es irte a una taberna a que te den el filetazo de toda la vida pero tampoco es llevar la creatividad al esnobismo culinario. Y Abraham me parece un cocinero maravilloso. Voy poco, porque allí se engorda mucho, pero cuando voy disfruto mucho.

Fotografía: Antonio Fortes